Ebria alegría del canto

Pedro Olivella Solano
Ebria alegría del canto
-Antología-

Pedro Olivella Solano

2017
A mi madre, Rosmira Solano,
y a mi hermana, Carmen Mileni,
a quienes he amado en todas mis ebriedades
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Libro de Caín (2015)

1 Mi hermano, frente al río,
contempla la alegría líquida
y la verde sonrisa de la tierra

2 El canto de los pájaros
le picotea el oído como fruta madura,
le da de comer a los peces en la mano
y el viento lo saluda como al más
hermoso árbol del bosque

3 Desde la piedra observo
su ancha espalda
y escucho el latido de su pecho
feliz como el arco iris

4 ¿Le reservaron el paraíso?
¿Llegaré a tenerlo?

5 Mi mano, enérgica,
aprieta el puñal;
su ancha espalda sigue creciendo.

f 7
Revista de poesía Exilio

2 Abel: tus ganados estropean el trigo,
no conocen límite en la tierra
y parecen ángeles en retozo
sobre mis cultivos

2 Tú no haces fuerza
cuando paren las cabras
pero mis uñas se quiebran con el suelo
para germinar la semilla

3 A Dios le agrada tu ofrenda de sangre
y aparta la vista de mis tributos vegetales

4 ¡Mi sudor en la tierra clama justicia!

8 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

3 En el altar infiel celebro la carne
de la oveja preferida de mi hermano

2 Silenciado el deseo escucho
los reproches de Dios

3 Pero es vano el arrepentimiento
ante un pecado repetible.

f 9
Revista de poesía Exilio

4 Antes del mordisco en la manzana
el alma no presentía el temblor de la carne

2 El cuerpo sin saberse

3 La desnudez:
primera revelación
eterna maravilla

4 ¡Gracias madre
por enseñarme la desobediencia!

10 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

5 Hermano: somos hijos del barro y del pecado

2 Dios es nuestro enemigo
y nos ama solamente de rodillas

3 Lo herí con la herida de Abel
como nuestros padres al morder la manzana

4 Heredamos la dignidad de rebelarnos
aunque grave de soportar es la ira de Dios
Aguantaremos hasta el día en que regrese
a pedirnos perdón por su inclemencia

5 La fruta que nos condena
y el puñal que nos mancha de sangre
nos redimen
en sus formas crueles de continuar la vida

6 Escucha hermano:
la tierra, 7 veces negada por su creador,
maldita y cubierta de espinos,
ofrece con sus flores hermosura
pero no es el paraíso

7 ¡Cuídate Set de Dios
y de mi acero!

f 11
Revista de poesía Exilio

6 La sangre de Abel sobre la tierra
desafía al poder ilimitado de Dios

2 El odio corroe la grandeza del Creador
He puesto al descubierto su debilidad
-no es infinitamente bueno-
y sufre por la herida de mi hermano

3 Le perturba -envidioso-
el triunfo de la carne.

12 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

7 Si no fueras Dios, serías mi amigo

2 La envidia nos separa,
y la soberbia,
defecto que heredé de ti

3 ¡Si perdonaras sin arrepentimiento!
¡Si pudiéramos discutir este asunto de Abel!

f 13
Revista de poesía Exilio

8 Fui mejor marido que Adán:
No culpé a mi mujer

2 Ni siquiera pronuncié su nombre
para que nadie pudiera señalarla

3 ¡La escondí de Dios!

14 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

9 También fui el mejor padre:
No puse tentaciones a mi hijo Henoc
lo perdoné sin marcarlo
lo defendí de Dios

2 ¡Y construí una ciudad con su nombre!

f 15
Revista de poesía Exilio

10 Lamec, nieto de Caín,
ven a los brazos de tu amoroso abuelo

2 Hablemos de nuestra valentía de hombres
Recordémosle a Dios nuestros pecados:

3 Cuéntame de tus dos mujeres

4 Cuéntame cómo mataste a esos dos intrusos

5 Repíteme que comprendes y amas
-por encima de Dios-
a tu maldito abuelo.

16 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

11 Me encontré de nuevo con Abel
y reconoció mi rostro peligroso

2 En su cara no había perdón ni olvido

3 En su cara había miedo:
desconfianza de Dios que no pudo protegerlo

4 Miedo de que otra vez
yo pudiera matarlo.

f 17
Revista de poesía Exilio

12 Así habló Caín a Dios:

2 ¿Cuándo vendrás a borrarme la marca?
¿Cuándo dejaré de dar miedo?
¿Cuándo me pedirás perdón por tu injusticia?

3 Ponte ¡Oh poderoso Dios¡
este vestido de carne y hueso

4 Siente ¡Oh poderoso Dios!
el dolor de un perdido

5 Siente ¡Oh poderoso Dios!
el propio abandono de Dios.

18 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

13 En el cementerio de la ciudad de Henoc
la tumba de Caín tiene el siguiente epitafio:

2 Dios lo resucitará junto a su hermano.

f 19
Revista de poesía Exilio

20 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

De Signo de pez (2015)

Poema de fe

Sospecho que la poesía es un vicio adquirido en las
aguas del paraíso. Este indicio de haber sido feliz
perturba el pesimismo de mis horas y algún truco
circular de la memoria me anticipa el futuro en ese
recuerdo. Habito en la deleznable condición del
tiempo y no puedo discernir si nunca tuve o perdí
alguna vez los dones del jardín.

Entre estas ruinas de mi reloj de arena, vuelve Dios
a ser cierto.

f 21
Revista de poesía Exilio

La vida

Tuve paraíso
y creo en la felicidad
-pese a todo–

No amo el dolor, lo sufro.

22 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Retorno

El verdadero viaje es el retorno
a la casa de donde fuimos expulsados.

f 23
Revista de poesía Exilio

Claridad de la muerte

Cada día es vida menos. El río de la noche le devuelve
las cosas a la sombra. Su corriente nos arrastra aguas
abajo. En el viaje tal vez nos acompañen dioses no
revelados en la tierra.

24 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Indagación a la poesía

Poco a poco me acerco a su sagrado esplendor. Ciego
a la superficie enciendo luz profunda, pez que sabe
los caminos de agua en el océano. Más allá de la
tinta y del papel, balbuceo la invisible escritura del
silencio.

f 25
Revista de poesía Exilio

El pez suicida

En el río de las palabras corren las aguas de la muerte
y de la inmortalidad. El ahogado resucita a cada
instante y se arrastra sobre piedras y arenas, cauce
abajo que muere en su propio nacimiento. El hombre,
pez en el agua viva, no tiene suficiente corazón para
aguantar la angustia del tiempo inacabable: sediento
se arroja en las límpidas aguas de la muerte.

26 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Ocio de la vida

Anido en una casa desnuda. El reloj con su tiempo
suficiente me señala las horas fracasadas. La hamaca
mece ligeramente incierta el peso de la vida en
reposo. El mundo se me ha puesto en receso: “estoy
solo y conmigo.

f 27
Revista de poesía Exilio

Elegía

Altura de templo con campana rota;
el repique del silencio convoca soledades:
la elegía de un ángel caído.

28 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Agonía

Me arrastro y canto:
agonía de un dios que se suicida.

f 29
Revista de poesía Exilio

Diario de viaje

Escribo a diario el inventario de mis derrotas para
mantenerme lúcido. Cierto es que la memoria crea
recuerdos de victorias que nunca sucedieron.

30 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Enemigos

Mis feroces enemigos se retiraron del campo de
batalla, no quisieron combatir y me dijeron: es en
vano pelear contigo, tú ya vienes derrotado.

f 31
Revista de poesía Exilio

32 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

De Valle del acordeón (2015)

Nacimiento del acordeón

Corría el viento disuelto
y libre en la Sierra Montaña

La mano que construía el mundo dijo:
-Hay que atrapar a ese pájaro

La voz le respondió:
-No hay jaula para el ave del viento

Entonces nació el Acordeón.

f 33
Revista de poesía Exilio

Paraíso

Bajan los ríos helados de la Sierra de Hielo
El Cañaguate es un árbol de oro
en la falda de los cerros
El mango es una fruta permitida
El acordeón es un animal de viento
en las manos de Adán

34 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

La amistad de Dios

Adán toca un aire de pájaro con su acordeón

Dios está ebrio
y lo llama compadre.

f 35
Revista de poesía Exilio

Job

Señor,
puedes quitarme todas las riquezas
y aún mi fidelidad sería irrompible;
pero si me despojas de las lenguas de mi acordeón
no tengo para ti otra música que no sea blasfemia.

36 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Proverbio vallenato

No lleves al altar una ofrenda que no sea tu música;
es la única que puede agradar a Dios.

f 37
Revista de poesía Exilio

Otros proverbios

Que tu canto no termine en ceniza
Que al sentarte a la mesa
/solo tengas que agradecerle al cielo
Que tu piel no sea el tambor de victorias ajenas
Que tengas un compadre prudente que no olvide
/el vino de su lámpara
Que la lluvia se oriente por el techo de tu casa
Que Dios haya sido amigo de tus padres
y conozca a tus hijos

38 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Oración ebria

Viento ebrio que vienes de la Sierra,
sácame del rincón triste de la abstinencia;
el patio de la lucidez me atormenta
bajo estos árboles que cubren la lluvia.

Viento ebrio que vienes de la Sierra,
condúceme a la vereda borrosa,
llévame a los lupanares donde nació mi vida
para resucitar de esta muerte sobria.

Viento ebrio que vienes de la Sierra,
déjame ver al ciego que toca el acordeón
para preguntarle dónde está la canción verde.

Viento ebrio que vienes de la Sierra,
escucha mi temerosa oración,
déjame caer en todas las tentaciones.

f 39
Revista de poesía Exilio

Francisco El Hombre

En las altas horas del camino nocturno enfrenté
al Diablo. Desenfundó su música de fuego y me
barajustó como animal furioso. Me quería derribar
con la engañosa música de su acordeón. El miedo
rasguñaba el agitado tambor de mi pecho. Nunca
tuve a un rival tan porfiado y astuto como ese
Satanás. Tenía el rabo deshilachado y venía de lejos
dispuesto a derrotarme. No le puse la espalda para
evitar sus traiciones, pero tampoco le miraba sus ojos
encendidos. Cerré las puertas de mis oídos y no le
recibí ningún trago. No le acepté sus términos. Le
canté el Credo al revés para que supiera de lo que
se trataba. Puse delante el nombre de mi Madrina y
toqué mi acordeón con los dedos cruzados. Ese fue
el Santo Remedio para no perder aquella memorable
pelea. Derroté al Diablo y lo puse a beber arena.

40 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Canto final

“…me llevan al cementerio este pedazo de acordeón”
Alejo Durán

Cerrar el acordeón es despedirse
y volver al corazón de la Sierra Nevada
a congelar el agua del canto

Aire vacío de música es la estancia final
La última borrachera es de lágrimas
Nueve noches de parranda fúnebre

Queda la huella del pie en las arenas de la vida
Alguien recordará que fuimos hierba
en las manos del viento

f 41
Revista de poesía Exilio

42 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

De Recordatorio del amor y otros incendios (2007)
-Inédito-

Invencible

Hay un niño mirándote con los mismos ojos que
contemplan las líneas verdes de las montañas en los
bordes del cielo. Esa mirada extensa que pretende
doblegar la distancia. La que busca la otra orilla del
mar.

Ese niño todavía soy yo. Invencible en el tiempo.

f 43
Revista de poesía Exilio

Inquisidores

Si estuviera frente a la autoridad paterna. Sentado en
la prefectura escolar. De rodillas en el confesionario
penitencial. Acusado en los estrados judiciales.
Ante todos esos inquisidores, también callaría mi
inconfesable adhesión a tu ternura.

44 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Urgencias

Eres más allá del recuerdo un cuerpo.

A la memoria le pertenecen imágenes. Acaso sombras
esbeltas del paraíso. Otro cuerpo soñado, objeto de
vicios metafísicos.

¿Dónde tus materiales formas senos piernas acogerán
mi deseo?

El que te ama tiene urgencias en la carne para no
pensarte poesía sino mujer.

f 45
Revista de poesía Exilio

En clave

Hablemos una voz que otro no escuche el asunto que
nos incumbe. Para saber que somos nosotros mismos,
vine a decirte esto y lo otro. Tú sabrás responderme
de tal y cual manera.

Hablemos al revés y en clave. Si somos los que somos,
nos entenderemos. Inclusive, podremos quedarnos
en silencio.

46 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Certidumbre

Porque sé que te amo.
Porque tú lo imaginas,
el amor ya existe
sin ninguna palabra que lo comunique.
Porque puede realizarse como un destino
en el entorno carnal de los cuerpos
o la etérea extensión de la poesía.
Porque no dejará de ser aunque nunca suceda.
Porque en mí es suficiente su callada certidumbre.

f 47
Revista de poesía Exilio

Plural

Por la secuencia de todo lo que he sido, podría
decirse que soy una infinidad de hombres disímiles.
No es del caso juzgarlos, pues solo el de hoy sería
culpable o inocente. Sin embargo, soy el mismo de
siempre por la inalterable sustancia de amarte. No
es que cada uno te haya amado en su tiempo. Soy el
mismo río que se baña en tus aguas.

48 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Otra forma de la memoria

Nadie podrá decir que te he perdido. Los días de
ayer, largos y desiertos de ti, no le pertenecen al
olvido sino a otra forma de la memoria que puede
recordar lo que no ha sido, siempre que sea posible
que suceda. Es posible que mi mano pueda tocar tu
cabellera si hay un viento que despeina la lluvia.
Es posible que puedas dormir sobre mis piernas,
mostrándome esa “orilla de tu vida que tú misma no
tienes”. Es posible el amor si se ha plantado el árbol
que dará la madera a nuestra cama. En fin, es posible
anticipar el recuerdo de lo que será hoy o mañana.

f 49
Revista de poesía Exilio

Huída

Tu cuerpo es la finalidad de mi memoria.
He ido a ti en forma anticipada,
a la inmóvil acción.
De regreso veo rosas y palabras,
frágiles medios de un ángel embriagado
por la llama mortal
que incendió al paraíso.

Mi cuerpo solamente espera repetir
como un eco de músculos y carne
esa mortal huída.

50 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Fragmentada

Tengo en estos poemas lo que nunca he tenido. Tu
cabellera derramada en mis dedos. Tu respiración en
un cuarto de hotel frente al mar. (Las olas se ondean
como una llama en el viento). Las sombras desnudas
haciendo el amor. La inmaterial presencia de tus
uñas rasgándome el cuerpo. La vaga compañía de tus
otros sentidos, imperceptibles por los cinco sentidos.
El diente de la buena suerte desbaratando las maletas
del olvido. Un espejo -siempre hay espejos en los
sueños y en la literatura- para mirar tu rostro. Estás
completa, pero fragmentada como las fichas de un
rompecabezas. Discurres en los versos como los ríos
de aire que se vuelven música en el acordeón.

f 51
Revista de poesía Exilio

Receta

Puesto en recuerdo, el amor se conserva.
La memoria estimula el aliño
de un cuerpo que fue amado.
El tiempo se desvanece en los nuevos apetitos
de un placer cocido a fuego lento.

La sal y la pimienta son ingredientes insustituibles
para servir de nuevo el corazón.
Una porción de albahaca en las axilas.
Un ají entre las piernas.
Miel de abejas en la lengua.
Y, por supuesto, el hambre de querer estar juntos
nuevamente.

52 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Canto Padre

El vigor del día catorce humedece la siembra.
Desbloqueada la contraseña,
abre acceso directo la semilla,
procedimiento rutinario y feliz
en el movimiento de tus ojos.

Desde adentro las cosas suceden secretamente.
Afuera se despliega un misterio
más grande para las ciencias.
Resplandece nuestra belleza de ángeles mamíferos.

Tu vientre consigue los atributos de la tierra fértil,
abundante ternura y otros derivados del amor.

El cuerpo madre es ahora más cálido
para tu esposo amante,
y más bello en su plenitud de regazo.

f 53
Revista de poesía Exilio

Viuda

El hijo huérfano de tu vientre podría ser hijo mío.
Soy el único sobreviviente entre los que te amaron
y se perdieron en las fosas comunes sin memoria.

Tan sensual entre lágrimas tu preñez viuda:
huella redonda del muerto
que no perturba mi lujuria.

Tu cuerpo, vivo y fértil, no reclama fantasmas.
Ya no importan los celos de esas tumbas furiosas.

54 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Poética 1

¡Oh! La mala poesía de amor
solo será remplazada
por otra mala poesía.
Como se remplazan los amantes
por otros amantes
y se acumulan en el recuerdo
como rosas o cicatrices.

f 55
Revista de poesía Exilio

Poética 2

Los malos poetas
se salvarán
siendo buenos amantes.

A los buenos amantes
se les perdonará
la mala poesía.

56 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Siglo XX

Recuerdo el Siglo XX desnudándose el sexo,
el cine, las revistas, la Internet,
Freud diciendo maldades.

Pero en el desacuerdo de esos años
me atrevo a proponer como símbolo sexual
a las muchachas de los Supermercados
(Creo que todos tenemos razones personales).

Generosas de rostro, sonríen como un producto.
Sus uniformes insinúan las mercancías,
su atención es una promesa a los íntimos deseos,
sus ademanes románticos al servicio del Capitalismo
generan una simbiosis excitante
/en la sociedad de consumo.

Descarto a las princesas atrevidas e infieles,
a las santas y su amor anoréxico
por los pobres del mundo,
a las desgastadas prostitutas,
a las actrices de papel y pantalla,
a las peliteñidas de farándula.

f 57
Revista de poesía Exilio

(Excluyo a las de look irreverente
porque a ellas pertenece el Siglo XXI
-si no ganan los andróginos-)

La única competencia para mis candidatas
serían las elegantes mujeres de negocios
y las bien ubicadas en la nómina de la burocracia,
pero se eliminan por sus ambiciones
y sus comportamientos masculinos con el poder.

Insisto en las muchachas de los supermercados
como símbolo sexual del Siglo XX.

58 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

De La abuela Tupe (2003)

Mamá Nicha

Mamá Nicha se sabía el desayuno de memoria.
Recordaba a prender el fogón con un lucero y a
dejar por el camino de humo la huella olorosa de sus
manos (a sus hijos los cogía el día durmiendo en una
hamaca). El reloj de café daba la hora en que se abría
la puerta de la casa.

Mamá Nicha era mi abuela india. Tenía olores de
madre generosa, como de anís en arepa de queso.
Vivió amarrada al fuego de la leña multiplicando el
pan en la cocina.

f 59
Revista de poesía Exilio

Tío Pedro

1
Los rayos silenciosos del sol no despertaron esta
mañana al gallo que debía romper con su pico el frágil
hilo del sueño de tío Pedro en la hamaca. Al medio
día, su canto era un sonoro olor a guiso, porque tío
Pedro no consentía ninguna indisciplina. Menos hoy,
que se atrasaron las lluvias y el tiempo se burló de
sus cálculos de entrada del invierno.

2
Tío Pedro sabía cuántos frutos maduros debían tener
los árboles del patio. Olfateaba las hembras en celo
y distinguía uno a uno los huevos puestos por sus
mil gallinas. En la leche adivinaba el pasto de las
vacas y conocía el sendero invisible de los pájaros.
Su corazón era de miel generosa, pero tenía también
un aguijón de abeja y miraba como si fuera el dueño
de todas las cosas.

3
Los años contrariaron sus designios y hoy está en
el asilo de los dioses ancianos, dando órdenes que
nadie le obedece.

60 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Julio Ramos

Julio, el brujo, conoce las cuatro verdades. Sabe
leer la escritura de la borra de café en la totuma.
Adivina el número de la lotería que jugará mañana.
Sabe perfectamente por dónde le sube el agua al
coco. Conoce, porque ha ido en su burro, el lugar
escondido que hay detrás de los espejos. Baraja las
cartas del recuerdo futuro del destino, donde todos
tenemos el porvenir ya escrito.

f 61
Revista de poesía Exilio

La abuela Tupe

La abuela Tupe leía la piel viva de los animales.
Descubría el eco del fuego en la ceniza y escuchaba la
luz del porvenir. Dejaba gente pegada en los asientos
y espantaba con su escoba a las malas vecinas.
Olfateaba en la palma de la mano el rumbo de la
lluvia y podía amarrar hombres con agua de tinaja.

La abuela Tupe me enseñó a ver los colores del
relámpago, a criar peces en el agua de los cocos y a
buscar la comba de los árboles.

Sus mejores palabras, me las dijo en secreto y en voz
baja.

La abuela se murió, pero está viva y habla desde mi
sangre.

62 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Crisóstomo Ramos

Cuando Pichocho tocaba el tambor, Julia Padilla, flor
del baile, aparecía entre la música: su cadera de agua
encendía la cumbiamba.

La geometría del ritmo multiplicaba líneas en el aire.
Las mujeres repartían guarapo de caña y prendían el
tabaco con las estrellas.

El cuero del tambor parecía animal vivo, acosado
por el galope de las manos. En el tronco de Volador,
cortado en luna llena, se repetían las palabras de
leche que guarda la madera.

Cuando Pichocho tocaba el tambor, apagaba el ojo
de luz de la lámpara en el estantillo. Julia Padilla
entendía la señal de este hombre vigoroso y se fugaba
del ruedo hacia la noche, a esperarlo dispuesta atrás
del patio.

f 63
Revista de poesía Exilio

Leandro el ciego

Es mentira el verde del árbol. Solo su frescura incolora
acoge el cansancio de quien tiene la vida en tránsito y
conoce el rigor del verano que desnuda los bosques.

Es mentira el color del río. Solo su murmullo
cristalino penetra el oído de quien se nutre de su
melodía y canta los sucesos del alma como agua de
pozo profundo.

Es mentira la luz del sol. Solo su cálido color abrasa la
piel del incólume cardón en el extenso grito de arena.

Es mentira, también, la ebria alegría del canto. Solo
es cierto el dolor y la tristeza de su música.

64 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Rana Méndez

Rana Méndez guarda los años en una tinaja. Sabe el
lenguaje del barro escondido y me cuenta el tiempo
de las piedras biches.

Me quiere como si yo fuera de sol y puso en mi pecho
un amuleto contra el odio. Ella sabe el sitio de mi
soledad y la frágil condición de mi arco iris. Cuando
me arrastro en el río de las botellas, me salva de los
vidrios rotos y me lleva hasta la orilla de su pecho,
donde vuelvo a escuchar el primigenio latido que me
arrulló en la infancia. Sus senos tienen los colores de
la tierra, su piel, el barro cocido a fuego lento. Huele a
música recién florecida y a lluvia sobre fruta madura.

f 65
Revista de poesía Exilio

Grillo Beto

Grillo Beto es delgado como el aire. Transparente y
sencillo como el agua. Su odio es un flecha rota y su
venganza la sonrisa de caballo. Le bebe la sangre a las
botellas y parece un silbido en la madrugada. Conoce
la filosofía del hielo heredada de sus abuelos Mamas.
Cambió al Dios hebreo, al que estaba consagrado,
por los Dioses Arhuacos. La sotana y el cíngulo, por
la mochila y el poporo indio.

¡Que Serankua lo guarde! y cuando muera, que lo
lleve a vivir en la Nevada.

66 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

De Soles de juglaría (2002)
-Inédito-

Lluvia de infancia

La lluvia sobre los techos de zinc
es una música de mi infancia
En el vientre nocturno de la hamaca
se mecían mis nueve años

- “Están lavando el mundo”,
murmuraba mi madre

La santidad del agua es un recuerdo antiguo
Yo imaginaba ángeles restregando montañas

El mundo limpio se acostaba conmigo.

f 67
Revista de poesía Exilio

Catalejo a la luna de mi casa

Supe en mi infancia que el Río Cesar era el camino de
agua por donde navegaba la Piragua de Guillermo
Cubillo. Que el maestro Escalona construyó, con
ayuda de los ángeles, una Casa en el Aire. Que
Leandro Díaz, ciego de nacimiento, decía que miraba
con los ojos del alma. Que el Diablo hacía negocios
con los hombres más ricos de San Diego.

Los mangos del patio de mi casa se maduraban con el
beso de los pájaros. Las flores silvestres tenían labios
que sabían a perfumes de todos los colores. Los cerros
tenían nombres de mujeres desnudas. En el verano los
árboles lloraban la ausencia de la lluvia. En el invierno
los agitados caballos del cielo esparcían luminosos
relámpagos en los espejos de agosto. Las nubes eran
vacas de espuma en los potreros del firmamento. Los
gallos despertaban al sol.

Bravonel, mi perro, era en verdad un dragón enano
que vivía clandestino e infiltrado entre los animales
de la casa. Lo decía la tortuga morrocoya, abuela

68 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

centenaria del traspatio. El policía doméstico era un
gato amarillo al que mamá llamaba el micifuz. Un
loro liberal hacía política en el gallinero. El Espíritu
Santo se posaba en el techo en forma de paloma y
bajaba a picar los granos de maíz de la camándula y
los escapularios de la Virgen del Carmen.

Recuerdo que la luna era de queso y vivía en la
cocina. Mi padre tenía unas manos prodigiosas que
convertía en comida para sus 12 hijos todo lo que
tocaran.

f 69
Revista de poesía Exilio

Confesión

Perdón pido a mi infancia
Porque tuve caucheras para matar los pájaros
Porque le declaré la guerra a las lagartijas
Porque Michín fue mi héroe favorito
Porque le tiré piedras al techo de zinc
/de un vecino malvado
Porque le pegaba patadas a los perros
Porque me orinaba en el hoyo de las hormigas
Porque culpé a mi hermano inocente
/para engañar la autoridad paterna
Porque hice trampa en los exámenes de la escuela
Porque me hice la paja a nombre de
/mi joven maestra
Porque intenté culiarme una gallina de la granja
Porque quería crecer y emborracharme
Porque tuve un trompo charrancho
Porque puse cuchillas en la cola de las cometas
Porque tenía pecueca en los zapatos
/y me gustaba olerla
Porque engañé a la señora de la tienda
Porque me comí un queso ajeno

70 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Porque aprendí a llorar de mentira
Porque a los doce años ya tenía una pandilla
y un revólver de palo llamado Tío Conejo

f 71
Revista de poesía Exilio

Cierro los ojos para tocar el acordeón

El mundo era un ciego tocando la dulzaina
El mundo no tenía colores
y la vida era de barro transparente
El mundo era un murmullo de hielo derretido

El Sol le abrió los ojos
y el mundo empezó a colorearse:
Los labios fuego rojo del primer deseo
El cañagüate hojas de oro
El pájaro azul
El agua fiel a su origen le regaló su color a los peces
La noche reclamó su vestido de viuda

El mundo perdió entonces la inicial desnudez
Su inocencia incolora

Por eso digo, Leandro,
al mundo hay que oírlo nuevamente
(olfatearlo, si es caso, cuando llueve)
escuchar su condición de música
tocar el acordeón con los ojos cerrados

72 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Mis alegrías

No uso la metáfora patituerta
de los rebuscadores de versos
Ni escribo salmos
sobre el paño de lágrimas de la Verónica
Soy el mejor poeta porque canto sabroso,
mientras los otros lloran

Estoy contaminado por la risa genuina
de los amaneceres en el Valle de Upar
Tengo asiento en la calle
por donde nunca pasan trenes entristecidos
Y al árbol del buen fruto lo abono con mis manos

Les rompo en mil estrellas
/el corazón a las muchachas
Le cierro los bolsillos a los malos amores
Y no uso las monedas de la melancolía

Soy poeta hasta el último hueso de mi muerte
Sin disfraz de mendigo o santo sucio
Y me gusta el agua limpia del Guatapurí.

f 73
Revista de poesía Exilio

Remedio para matar las penas de amor

No hay mejor metáfora que la de un mango maduro,
pájaro vegetal de mil colores, para provocarme las
ganas dulces por tu corazón fugitivo. Me mortifica tu
ausencia y tu enredo en otro cuerpo es la confirmación
de mi abandono.

Panocha derretida por la lejanía, a esta honda pena
solo puede matarla el canto de otra muchacha.
Delgada como el verano deshojado de nubes. Que no
sea gordita, ni ingrata con mis manos ciegas.

74 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

El ángel del amor amor

Tengo un Ángel de la guarda que me acompaña con
su acordeón al pecho. Su corazón es de brisa viajera
y canta la embriaguez del cielo vallenato; con su
música no hay desierto, ni soledad, ni muerte que no
pueda ser derrotada.

f 75
Revista de poesía Exilio

Instrucciones para la piqueria

Calza tu acordeón con sus propias espuelas.
Suelta sobre el teclado los dedos ariscos
para azuzar un canto rápido.
Desenfunda tu espada de viento.
Tu desafío debe trinar como un veneno fatal.

Recuerda que apostaste todo tu prestigio
y que el escarnio es la pena de muerte
que le espera al vencido.

Puedes reconocer
la superioridad excepcional de tu oponente;
pero nunca admitas tu derrota.
Siempre habrá algún borracho
que salve voto a tu favor.

76 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Contra la patria (2001)
-Inédito-

Nueva canción

(Mi abuelo había participado en una guerra civil
y le quedó una herida de sangre manchada en su
bandera. Mi padre también fue un valeroso soldado
de la patria, pero yo no me siento orgulloso de sus
hazañas, ni me interesa el mapa de los campos de
batalla, ni la ruta heroica de los sables y la pólvora.
Mi hijo no conocerá las charreteras de sus abuelos,
aunque se trate de una tradición familiar.)

Tengo propósitos que difieren de la tradición:
He borrado del viento
/las banderas de todas las naciones
No soy de aquí ni soy de allá
Esa música me gusta aunque sea de otra parte
Dentro del corazón crece mi planeta azul
Soy de este charco de luz sin patio ni fronteras
Hundo mis raíces aéreas en los computadores

f 77
Revista de poesía Exilio

Esa es mi nueva canción.
Si alguien encuentra
mi cédula de ciudadanía de algún país,
le ruego por favor no devolvérmela.
Sentiré una magnífica gratificación.

78 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

A la memoria de W.W.

Reconozco tu plenitud pero lamento
no poder justificarte, querido y amoroso viejo.
Este futuro mira tu orgullosa barba y te dice
que lo más importante no ha sucedido,
ni siquiera tu aliento es suficientemente grande
para despabilar la historia.
Es bueno que descanses en paz en tu pasado
sin que te incumba lo que ahora está sucediendo.
América se está hinchando para reventarse sin parir.
No queremos que nazca otra patria
ni masculina ni femenina ni de ningún tamaño.
El heroísmo no tendrá la medida de las naciones
ni la personalidad tendrá que disolverse
en la palabra democrática.
Estoy dispuesto a vender este poema
en todos los mercados de la tierra
para responder al Fantasma
de dudoso aspecto y terrible belleza.
Le canto a los ejércitos de las mercancías
y a su fuerza.
Oigo contar a los comerciantes sus ganancias
y les celebro sus negocios.

f 79
Revista de poesía Exilio

Devenir

Que la palabra contrabando sea un anacronismo
Que el himno nacional, una vieja canción olvidada
Que las fronteras no queden en ninguna parte
Que nadie muera por una bandera
Que el único mapa sea redondo y azul
Que se vuelvan inútiles los pasaportes
Que se cierren las patrias y sus crímenes
Que la moneda circule en singular
Que “extranjero” designe solamente
un estado de ánimo,
porque todo lo que divide al mundo
está contra el mundo.

80 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

El Canto de la Poesía

El canto de la riqueza es el canto de la poesía
El canto de la riqueza
no es la abundancia sino la satisfacción
El poeta no hace obras de caridad
porque la poesía no es menesterosa
Desde la antigüedad
la poesía es de oro y miel de abejas
En estos tiempos
el lugar de la poesía es el supermercado
en las secciones más costosas
La poesía es un artículo de la canasta personal.

f 81
Revista de poesía Exilio

El tamaño de la poesía

Es perfectamente bello que un holandés
ordeñe su apacible ganado
para servir la leche tibia
de un abuelo austral que le devuelve vinos.

La poesía celebra ese libre mercado,
la mundialidad de las mercancías sin patrias.

La nación ya es una moneda gastada
que engendró sentimientos mezquinos
como el virus de odio de Chauvin

La poesía es del tamaño de la bolita del mundo.

82 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Los derechos del niño y de la niña

Que perdonen los héroes y su sangre derramada,
pero me opongo -desde mi poema-
a que los niños y niñas aprendan a leer con la patria.

Le devuelvo a mi arrugada maestra
“el premio” de los viernes para izar la bandera.
Su historia patria -llena de mentiras-
no debe repetirse.

Esta poesía viene a decir el derecho
a no cantar el himno nacional.

Posdata: también debe evitarse en las escuelas la no-
civa enseñanza de poemas, como el tan gravemente
difundido de: “Patria, te adoro en mi silencio mudo...”

f 83
Revista de poesía Exilio

84 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Apocalipsis rural (1998)
-Inédito-

El padre canta sus dones rurales,
elementales y felices,
después que el hijo conoce
a Jorge Luis Borges

Gracias quiero dar al Divino Misterio
por traerme al Valle del Paraíso,
por mi hijo, que leerá en un espejo
el Otro Poema de los Dones de Borges,
por la literatura, antiguo artificio
que se burla del tiempo,
por la posibilidad de repetirme,
por la sinceridad amarilla de los cañaguates,
por permitir el mango
“oloroso, genuino, amable y tierno”
como el corazón de Raúl,
por los poderes curativos de la yerbabuena,
por el achiote y su color antiguo,
por el cálido olor de la leche
y el mugido de las vacas en la aurora,
por la obstinación de los ríos en el invierno,

f 85
Revista de poesía Exilio

por los gestos prehistóricos de las iguanas,
por la fidelidad del perro en la terraza,
por la humildad de los colores de las margaritas,
por la hamaca, que me devuelve al vientre
/de mi madre,
por la superioridad de los sombreros,
por la manera de caminar de Matilde Lina,
por la Pepita, que no es una metáfora,
por la fertilidad de la lluvia puntual,
por el canto y el color infinito de los pájaros,
por el camino que por las tardes trae de regreso
/a mi padre,
por el nombre propio de los Globos de tierra,
por la riqueza rural alejada de la soberbia,
por el trueque, que nos hace prescindir del dinero
y le otorga a los negocios el regocijo de los favores,
por las indescifrables formas de las nubes,
por la utilidad del calendario de luna,
por las 9 noches continuas de los velorios,
por la felicidad y la tristeza
que son innumerables
y tal vez infinitas e inmortales.

86 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

El diablo es derrotado con un acordeón
y espera un siglo para ponerse a cantar rock

Después de desembarcar del Mar Caribe
el diablo había arrastrado el rabo
por ese otro mar de arena
del desierto en la península Guajira
Lo traía deshilachado y herido
“Uno nunca se acostumbra a la fatiga”, pensaba,
y recordaba su penoso viaje por el Sinaí
en el éxodo con el pueblo de Yavhé
Los demonios de América eran más dignos
y a él le tocaba venir al Valle a cumplir esta cita
donde sería nuevamente derrotado
Coronaría a su rival, un campesino de Machobayo,
con una gloria perdurable
y lo dejaría tocando acordeón con el ganado
Reabriría el Camino de Jerusalén
para las caravanas de Old Parr y de Marlboro
y esperaría un siglo para ponerse a cantar Rock.

f 87
Revista de poesía Exilio

Nostalgia rural en la ciudad de Valledupar

El edificio de la Caja Agraria
mira por encima del techo
a sus modestos vecinos
A ras del suelo desde el Cementerio Central
los gusanos podrían pensar
en la tumba inalcanzable de alguien
que tuvo una muerte más grande
Pero los sepulcros están ciegos
y la Procuraduría no encontró mérito
para abrir las investigaciones
A lo largo de la calle una culebra humana
se desliza frente al Royal
que hoy tiene a Anaconda en cartelera
La nostalgia rural del edifico
se percibe desde el Parque de las Madres
donde puedo sentarme a pensar
que no ha pasado nada
bajo la sombra de un almendro,
a esperar que llegue García Márquez
a conversar toda la tarde conmigo.

88 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Apocalipsis rural

Vivíamos humildemente como reyes rurales
hasta que llegó el dragón de cemento
y derribó las casitas de bahareque
Se abrieron siete sucursales de siete bancos
que traían el nombre del gran ladrón
La luna y el sol se convirtieron
en electrodomésticos
Los días y las noches, plásticos y desechables
Hoy nos damos cuenta que nuestros hijos
no serán príncipes de la tierra
sino carne cruda para la ciudad
Morirán de hambre en las puertas
de l os t emplos h elados d e l as m ercancías
donde solamente comerán
los que tengan la contraseña del dinero
Los que lean los poemas de Harry Martinson
tendrán la posibilidad de comprender la tragedia
de los niños que mueren debajo de los coches
sin llegar a conocer a un caballo
Estos tiempos aciagos
no los anunció el Almanaque de Bristol

f 89
Revista de poesía Exilio

aunque ya venían irreversibles
caminando hacia nosotros.

90 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

El gigante

Atardece y el cielo se llena de mangos maduros
Mi padre lo llamaba el sol de los conejos
y debía sentir una nostalgia vegetal al contemplarlo
En una de esas tardes vio llegar de occidente
al gigante que come seres humanos;
pero como nadie lo había alertado de sus crímenes
mi padre lo recibió confiadamente
pues parecía un anciano tierno y bondadoso
que regalaba cochecitos de juguete
y edificios con ascensores de cuerda
El gigante no cabía en la casa ni en los corrales
y hubo que construirle corriendo una ciudad
con un coliseo mil veces más grande que las ceibas
para servirle en bandeja su comida
Esta no es una broma
yo vivo adentro en el estómago del gigante.

f 91
Revista de poesía Exilio

Mi padre y el tractor

Leyendo a Harry Martinson
descubrí que el tractor no es ninguna metáfora
aunque lo maneje la mujer de Coronel Urtecho
Mi padre insolvente con testamento en rojo
antes de morir dijo que no podía detener
al tractor hambriento conducido por Caronte
Mi padre le tenía pánico a los tractores
Un tractor llegó a Valledupar
y le dijo que sembraran algodón
Le prometió ganancias incalculables;
pero el tractor no cumplió su promesa
y se fue a vivir a un garaje en Novalito
con su hermana menor la motosierra
Mi padre, desde entonces,
le tuvo pánico a los tractores.

92 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Postal aérea

Si me montara en el avión averiado
-que llega todos los mediodías a Valledupar
como un Ícaro metálico que desafía al sol-
miraría al valle desnudo
sin el simpático traje de algodón de rico transitorio
Desnudo como el pollo que se arrancó
/las plumas verdes
para ir a la fiesta de Piko Rico
José Emilio, a mi lado, me diría
que la aridez y el polvo
reinan copiosamente entre su estrago
y preferiría ver de frente a la Sierra Nevada
como monumento de Dios en esta tierra
donde los hombres no han hecho nada memorable
El poeta -me dice- tiene que montarse en un avión
con dos propósitos fundamentales:
alcanzar una vista aérea de pájaro
alcanzar una vista aérea de pájaro
alcanzar una vista aérea de pájaro

f 93
Revista de poesía Exilio

El prisionero público

Vivo con la mujer inadecuada
por no creer que existe la mala suerte
El guardián indoblegable del amor
no me permite escapar
de su cuerpo que me enreda
Esa mujer es un teatro de varias mujeres
conozco sus personajes de memoria
y aplaudo triste
o rompo con un puño la mesa del almuerzo
Ella siempre es feliz de todos modos
con su máscara de cuchillo peligroso
La gente murmura y me compadece
cuando salgo a la calle con ella
esposado como los prisioneros
que llevan de las cárceles para los tribunales;
le sonrío con la espalda a mis amigas
para evitar una bofetada pública
Acostumbrado a tener madre
he aprendido a querer a esa verdugo
en una forma inocente y desvergonzada.

94 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

El falso nombre

Para esquivar las furiosas deudas
con unos acreedores
mis bienes se ocultaron en el nombre
de otras personas inembargables
No era la primera vez
que renunciaba a mi identidad
En Venezuela tuve varias cédulas
con nombres de campesinos de Mérida
También en La Guajira
tuve apodos de contrabando
y un alias famoso entre las sobornables
cadenas de los chirrincheros
La mujer que me quiere
no pronuncia mi nombre
sino que me llama
con diminutivos cariñosos
pero cuando se le sube a la lengua
el mal genio me ofende
con sobrenombres groseros
Nadie me llama
como me llamaba mi padre

f 95
Revista de poesía Exilio

quien sabía mi único nombre verdadero
distinto al de la Partida de Bautismo
y al del falso Registro del Notario
Mis cosas huérfanas
tienen otros dueños aparentes
El pañuelo está marcado
con el nombre de un hermano
Las vacas sobreviven en potreros ajenos
El taxi es de la mujer que vive conmigo
Los poemas son plagiados y apócrifos
Una cédula defiende mi nombre y apellido
a otro lo debe estar buscando
una orden de captura.

96 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Delirio en el Guatapurí

Surgen del día tristes sonidos
claridades que duelen
encandilada embriaguez de luz solar
derrotas bajo soles inclementes.

Lejos de su estación nocturna
la poesía me conduce
a una hora transparente
al mediodía poblado de peces fantasmas
de pájaros invisibles que se reconocen
por el color de su canto
encendido en el fuego del sol.

Si también eres nodriza resplandeciente y
calurosa que nos abrasa en la mitad del día
¿por qué solamente te buscan
en la visión de la noche?

Quiero encontrarte sin tu vestido de sombras
Contemplar con mis ojos la desnudez
que han dicho Octavio, Fernando, Aurelio,

f 97
Revista de poesía Exilio

Harold y Raúl, que fueron primeros
Fundar el delirio de un Ícaro que vio
el alucinado brillo del día en el Guatapurí
y murió ahogado
tratando de tocar el sol bajo las aguas.

98 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Pedro Olivella Solano
(San Diego, Cesar, 1967)

Miembro fundador del Café Literario Vargas Vila.
Sus primeros poemas aparecieron publicados en
El Diario Vallenato y en la antología Nueve poetas
cesarenses y Tres canciones de Leandro (1988). Publicó
5 poetas vallenatos del siglo XX (2005). Ganador del
Premio Departamental de Poesía del Cesar (2007)
con la obra Recordatorio del amor y otros incendios.
En el 2009 volvió a ganar el primer puesto en el
Concurso departamental de poesía del Cesar con
el poemario Valle del acordeón y otras estancias. En el
2015 la colección de poesía Árbol de agua, que se
edita en Valledupar, le publicó tres libros: Signo de
pez, Valle del acordeón y Libro de Caín. Desde hace tres
años reside en la ciudad de Montería.

Ebria alegría del canto es su primera antología, la cual
reúne poemas de 8 libros, tres de ellos publicados
aquí en su totalidad: Libro de Caín, Contra la patria y
Apocalipsis rural.

f 99
Revista de poesía Exilio

100 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Contenido

Libro de Caín (2015) 7

De Signo de pez (2015) 21
Poema de fe 21
La vida 22
Retorno 23
Claridad de la muerte 24
Indagación a la poesía 25
El pez suicida 26
Ocio de la vida 27
Elegía 28
Agonía 29
Diario de viaje 30
Enemigos 31

De Valle del acordeón (2015) 33
Nacimiento del acordeón 33
Paraíso 34
La amistad de Dios 35
Job 36
Proverbio vallenato 37
Otros proverbios 38
Oración ebria 39
Francisco El Hombre 40
Canto final 41

f 101
Revista de poesía Exilio

De Recordatorio del amor y otros incendios (2007) 43
Invencible 43
Inquisidores 44
Urgencias 45
En clave 46
Certidumbre 47
Plural 48
Otra forma de la memoria 49
Huída 50
Fragmentada 51
Receta 52
Canto Padre 53
Viuda 54
Poética 1 55
Poética 2 56
Siglo XX 57
De La abuela Tupe (2003) 59
Mamá Nicha 59
Tío Pedro 60
Julio Ramos 61
La abuela Tupe 62
Crisóstomo Ramos 63
Leandro el ciego 64
Rana Méndez 65
Grillo Beto 66
De Soles de juglaría (2002) 67
Lluvia de infancia 67
Catalejo a la luna de mi casa 68

102 e
Ebria alegría del canto - Pedro Olivella Solano

Confesión 70
Cierro los ojos para tocar el acordeón 72
Mis alegrías 73
Remedio para matar las penas de amor 74
El ángel del amor amor 75
Instrucciones para la piqueria 76
Contra la patria (2001) 77
Nueva canción 77
A la memoria de W.W. 79
Devenir 80
El Canto de la Poesía 81
El tamaño de la poesía 83
Los derechos del niño y de la niña 83
Apocalipsis rural (1998) 85
El padre canta sus dones rurales, 85
El diablo es derrotado con un acordeón
y espera un siglo para ponerse a cantar rock 87
Nostalgia rural en la ciudad de Valledupar 88
Apocalipsis rural 89
El gigante 91
Mi padre y el tractor 92
Postal aérea 93
El prisionero público 94
El falso nombre 95
Delirio en el Guatapurí 97

Pedro Olivella Solano 99

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