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¿Es el amor un castigo?

: El concepto del amor según los “Cuentos


Orientales” de Marguerite Yourcenar.

Zoraima Maldonado Prieto


Universidad de Salamanca

1
El amor es un castigo. Hemos sido castigados por no haber podido quedarnos solos1.

El amor. Ese tema del que se ha escrito tanto pero que, sin embargo, no llegaremos
nunca a comprender. Es algo inexplicable, a la vez mágico: eso es lo que lo hace
especial. Aquí, la pregunta es si el amor es un castigo verdaderamente, y, si así fuera,
por qué. Quizás no sea siempre un castigo. Quizás haya diferentes fases para el amor.
Entonces, ¿cuándo es un castigo y cuándo deja de serlo? Todas estas cuestiones, y más
si las hay, intentaremos responderlas a lo largo de esa disertación.

Primero, hay que definir los conceptos esenciales de la frase de esta argumentación que
son, en mi opinión, “amor”, “castigo” y “solo”. Prefiero dejar el término “amor” para el
final y comenzar por “castigo”: corrección, SUPLICIO2, es decir, sufrimiento muy
intenso (dolor físico o, más habitualmente, sufrimiento moral)3. En el caso del amor,
este dolor es tanto físico como moral. Cuando digo físico, me refiero sobre todo al
maltrato que miles de personas sufren cada día, aunque esto no es amor (es difícil creer
que se pueda amar a una persona que te golpea…); pero quizás lo fue en otro momento.
Hay otros tipos de dolor que hay que soportar para que el amor triunfe. Esto me hace
pensar en Marko Kraliévitch y los suplicios que debió vencer hasta que pudo irse con la
joven que había despertado su sonrisa:

- Son necesarios más de mil clavos y cien martillos para crucificar a Marko
Kraliévitch, dice la malvada viuda. Coged carbones ardientes y ponédselos en el
pecho; veréis si se retuerce o no de dolor como un gran gusano desnudo.4

Es necesario tener en cuenta también los sufrimientos de una madre por su hijo, los
sufrimientos de un amor maternal que todas las madres están dispuestas a soportar si se
trata de sus hijos:

- No tapiéis mi pecho, hermanos, que mis dos senos permanezcan accesibles bajo
mi blusa bordada y que todos los días me traigan a mi hijo, al alba, a mediodía

1
“Fuegos”, Marguerite YOURCENAR (1903-1987)
2
Diccionario « Le nouveau Petit Robert de la langue française 2009 »
3
Ibíd.
4
“La sonrisa de Marko”, Cuentos Orientales, Marguerite YOURCENAR (1903-1987)

2
y al crepúsculo (…) Dejadme una ranura delante de mis ojos, para que pueda
ver si mi niño bebe la leche.5

El amor se convierte en un castigo cuando te encadena, cuando estás con alguien por
obligación más que por amor. No puedo evitar citar a Jacques Prévert:

Fui al mercado de los esclavos


Y te busqué
Pero no te encontré
Mi amor6

El amor de Prévert prefirió no seguir con una relación que le esclavizara. La esclavitud
es un castigo, más aún, si nos adentramos en temas de amor.

El amor no correspondido es uno de los peores sufrimientos que puede desencadenar el


amor puesto que el enamorado no llega realmente a conocer el significado del amor. No
tiene momentos que recordar ya que no ha vivido momentos memorables. No hace más
que soñar con quimeras que, posiblemente, no vendrán nunca; ve indicios de un posible
amor, como una sonrisa, una mirada, palabras amables por ejemplo, que solamente le
confunden. Esta situación puede llegar a ser obsesiva, como en el caso de la Dama-del-
pueblo-de-las-flores-que-caen7 o, yéndonos un poco más lejos, del amor que siente el
pastor de “La sinfonía pastoral”8 por la joven ciega Gertrude.

También existe el amor apasionado que es unas veces extremadamente gratificante y


otras, torturador. Pienso, por ejemplo, en la relación de Alfred de Musset y George
Sand, que, a fin de cuentas, estaban hechos el uno para el otro y para quienes sufrir no
era nada en comparación con el amor que se daban:

Verás que ya no existen para mí ni el dolor ni el deseo cuando se trata de ti. (…)
Déjame vivir tu vida (…) Lo único a lo que puedo dedicarme es a amarte9.

5
“La leche de la muerte”, Cuentos Orientales, Marguerite YOURCENAR (1903-1987)
6
“Para ti mi amor”, Palabras, Jacques PRÉVERT (1900-1977)
7
“El último amor del príncipe Genghi”, Cuentos Orientales, Marguerite YOURCENAR (1903-1987)
8
“La sinfonía pastoral”, André GIDE, (1869-1951)
9
Musset a Sand, Correspondencia de George Sand y Alfred de Musset por Félix Decori.

3
También existe, aunque es felizmente menos abundante en el siglo XXI, el amor que
podríamos llamar “amor de dote”. Esas jóvenes que se casa con un hombre de, quizás,
veinte años más que ella, en función del nivel de vida que le pueda proporcionar. Como
la pobre Mariane, que debe casarse con Cléante para tener el dinero suficiente y así,
poder cuidar a su madre10. Es un amor sufrido puesto que, normalmente, uno de los
miembros de la pareja no quiere compartir su vida con el otro, aunque no pueda hacer
nada para evitarlo.

Hay otro sufrimiento extremadamente doloroso: el de los celos, siempre relacionados


con el amor. Esta vez, para ilustrar este tipo de amor, citaré un fragmento de una obra de
la literatura española:

Qué hacer cuando sólo se desea morir. Prudencia deseaba morir. La vida era para ella
una sucesión de días idénticos. (…) Ella sólo quería morir. Morir de una sola vez.
Desde que sabía que su marido tenía una amante, y, sobre todo, desde que supo que
tenía el hijo que ella no le pudo dar11.

Los celos consumen al que los sufre. La idea de compartir a la persona que amas no le
agrada a nadie y, como el amor no correspondido, puede hacer que las personas se
obsesionen hasta puntos inesperados. Los celos son crueles, quizás más fuertes que el
amor; son un verdadero rompecorazones…

No hemos mencionado la pérdida del amor. Si tener un amor que te tortura es


verdaderamente desgarrador, perderlo es insoportable. Sobre todo cuando estamos
enamorados hasta las trancas. No hay más que ver el ejemplo de la viuda que amaba a
Marko Kraliévitch, que, como no podía soportar que Marko ya no la quería, intenta
hacerle la vida imposible:

Pero la malvada viuda se pone a llorar, después a reír:

- Hace falta más de una tempestad para ahogar a Marko, dice, y más de un lazo
para estrangularlo. (…) Si lo tiráis al mar, hechizará a las olas como me
hechizó a mí (…) Crucificad a ese perro como fue crucificado su Dios, que
ahora no vendrá en su ayuda12.

10
“El avaro”, Jean-Baptiste Poquelin, alias MOLIÈRE (1622-1673).
11
“Algún amor que no mate”, Dulce CHACÓN (1951-2003)
12
“La sonrisa de Marko”, Cuentos Orientales, Marguerite YOURCENAR (1903-1987)

4
Después de analizar todos estos tipos de amor, podría parecer que la afirmación de
Yourcenar es verdadera: el amor es un castigo. Evidentemente, cuando vivimos un amor
como los que han sido expuestos a lo largo de esta argumentación, el amor es el peor de
los castigos. Pero, como veremos más tarde, los buenos momentos que nos da nos
compensan de una manera sobresaliente.

Veamos el siguiente término: “solo”: que se encuentra sin compañía, separado de los
otros13. Lo que es verdaderamente un castigo es la soledad. Preguntémosle si no a
Robinson Crusoé14 que, después de algunos días aislado en la isla Speranza, estaba
completamente desesperado, además de sufrir un evidente proceso de animalización. Y
hay que tener en cuenta que su soledad era total: no había ni un pariente, ni un amigo, y
sobre todo, ni un amor que pudiera remplazar las carencias provocadas por la falta de un
hermano. No me voy a extender en este tema, pero considero que la soledad no tiene
nada de agradable, ni moral ni físicamente.

La soledad es muy hermosa… Cuando tenemos a alguien a quien contársela.15

Hemos llegado, al fin, a la definición de amor. Una definición oficial sería la del
diccionario: inclinación hacia una persona, a menudo con un carácter pasional,
fundada en el instinto sexual pero provocando a su vez comportamientos variados16. Sí.
De acuerdo. Pero el amor es algo más. Y es evidente que no tiene el mismo significado
para una persona que acaba de empezar una relación que para alguien que está desde
hace diez años con la misma persona. O incluso para una persona que no está
enamorada. En mi opinión, la definición del amor debería ser personal, es decir, cada
uno tiene su propia definición de este sentimiento tan tormentoso como de cuento de
hadas. Además, la definición de amor puede ser personal y cambiable a la vez. Depende
del momento emocional que la persona en cuestión esté viviendo. El amor no es lo
mismo para una mujer cuando tiene dieciséis años que cuando tiene treinta. Entonces,
sería posible decir que no existe una definición válida y, sobre todo, eterna de este
sentimiento. Me gustaría, no obstante, escribir dos citas que podrían ser definiciones
casi válidas:

13
Diccionario « Le Petit Robert de la langue française 2009 »
14
“Viernes o la vida salvaje”, Michel TOURNIER (1924-)
15
“Cartas literarias a una mujer”, Gustavo Adolfo BÉCQUER (1836-1870)
16
Diccionario « Le Petit Robert de la langue française 2009 »

5
El amor asesino. El amor infame. El amor funesto. Amor. Amor. Lo único de la vida en
este mundo17.

¿Pero quién sin amor existe?18

El amor, aunque asesino como dice Anne Hébert, es esencial. Es un sentimiento único
que todo el mundo, quizás sin quererlo, experimenta. Es algo distintivo: los hombres
somos capaces de amar hasta un punto indefinible. Un enamorado no encontrará nunca
las palabras suficientes para explicar lo que siente hacia su amada. Una enamorada no
se cansará nunca de demostrar su pasión por su amado. ¿Cómo hacer, entonces, para
definir este sentimiento del que ni siquiera somos capaces de encontrar un sinónimo?

Que el amor sea un castigo depende de diversos factores: del tiempo, de las personas,
del tipo de amor que se vive. Y es evidente que, cuando estamos viviendo una relación,
hay diferentes fases. Quizás con el tiempo, el amor puede convertirse en un castigo por
culpa de diversos agentes: la monotonía (una vez más, tengo que citar a Prévert y su
“desayuno”), posibles infidelidades, maltrato… Esto responde a casi todas las
preguntas de esta disertación: el amor puede ser un castigo debido a varias causas
diferentes como la monotonía, los comportamientos de uno de los dos miembros de la
pareja…

Sin embargo, una vez que el amor se ha convertido en un castigo, ¿puede dejar de serlo?
Me gustaría no tener que utilizar el siguiente ejemplo pero, a pesar de todo, es el más
significativo, puesto que es el peor de los castigos que una persona puede soportar.
Cuando un hombre comienza a pegar a su pareja, la única solución es encerrar en
prisión al maltratador. Pero, desgraciadamente, esto está en manos de la Justicia y,
cuando reaccionan, es a veces demasiado tarde. Por mucho que el hombre diga que no
lo volverá a hacer, terminará por pegarla de nuevo.

Si pienso en otros tipos de amor como castigo, tampoco puedo concebir la idea de una
solución. Pongamos como ejemplo esta vez el amor monótono. Sí, la pareja puede
hablar e intentar solucionar esta monotonía pero, generalmente, las personas no cambian
y la monotonía volverá tarde o temprano. Y, si pienso en un amor no correspondido, no

17
“Kamouraska”, Anne HÉBERT (1916-2000)
18
De la canción “Amour sans amour”, de Serge GAINSBOURG (1928-1991)

6
encuentro ningún remedio. Entonces, diría que una vez que el amor se ha convertido en
castigo, es casi imposible volver atrás.

Por el contrario, no estoy de acuerdo con Yourcenar. Según mis argumentaciones,


parece que el amor no tiene más que desventajas, pero no: es tan ventajoso que nuestra
existencia sin él es imposible. El amor no es siempre un castigo, menos aún porque no
hayamos podido quedarnos solos. Es la esencia, el combustible de nuestra vida. Sería
imposible pensar que un sentimiento tan inexplicable pudiera ser malo, aunque a veces
tenga un gusto agridulce. Un solo minuto de la vida de un enamorado es un regalo, uno
solo de sus pensamientos merece el mayor de los halagos. Algo que nos hace pensar en
él con sólo escuchar una canción no puede ser nocivo. Solamente la pérdida de un amor
podría hacernos pensar en que el amor es un castigo, pero es precisamente porque
hemos perdido lo que tanta falta nos hacía. El amor no es desgraciado, tampoco
dichoso: va todavía más allá.

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