Está en la página 1de 274
CP - ciencia política

CP - ciencia política

EDUBP | ABO

| primer cuatrimestre

presentación

programa

4

3

contenido módulos

  presentación programa 4 3 contenido módulos  mapa conceptual 6  macroobjetivos 7 

mapa conceptual

6

macroobjetivos

7

agenda

7

material

9

material básico material complementario

glosario

10

módulos *

m1 | 16 m2 | 80 m3 | 193

* cada módulo contiene:

microobjetivos

contenidos

mapa conceptual

material

actividades

glosario

evaluación

274

índice

impresión total del documento 142 páginas

!
!

Bienvenido a Ciencia Política

Bienvenido a Ciencia Política presentación ¡Hola!, ¿cómo le va? Durante este cuatrimestre compartiremos con usted el

presentación

¡Hola!, ¿cómo le va? Durante este cuatrimestre compartiremos con usted el desarrollo de esta asignatura, Ciencia Política. Seguramente se preguntará el porqué de una materia como la presente en una carrera de Abogacía, ¿no?. La respuesta podrá tenerla acabadamente una vez que hayamos podido desarrollar el programa, pero déjeme decirle como una primera aproximación que nuestra

disciplina se ocupa de estudiar y analizar la problemática del poder y del Estado,

y si tenemos en cuenta que los abogados monopolizan uno de los “poderes

del Estado” –me estoy refiriendo al llamado Poder Judicial– obviamente va de suyo la incumbencia que esta disciplina tiene para un futuro profesional de la

abogacía, sea que la salida laboral suya sea el ejercicio liberal de la profesión

o que se dedique a la carrera judicial. ¡Ni qué hablar si en un futuro se dedica

a la política, actividad que mayormente se despliega en los llamados poderes ejecutivo o legislativo!.

Con lo dicho en el párrafo precedente, creo justificar el porqué de una materia como la nuestra en la carrera que usted ha elegido, pero permítame ahora hacerle una síntesis de lo que veremos a lo largo del cuatrimestre:

El primer módulo, que contiene dos unidades, persigue como finalidad desentrañar el objeto de nuestra disciplina y además indagar sobre cómo se ocupa la ciencia política en el abordaje del mismo. Veremos las distintas posturas respecto a cuándo se originó la disciplina y las distintas formas de hacer ciencia política. Se debe tener en cuenta que el objeto de estudio, la política, también puede ser estudiado por otras disciplinas pero con otra visión, tales como la economía, la sociología, etc. En la segunda unidad veremos como ha evolucionado el fenómeno político en el contexto histórico.

En el segundo módulo nos ocuparemos del Estado como modelo de dominación político paradigmático de la modernidad (desde el siglo XV a

nuestros días), pero la segunda unidad de este módulo nos presentará las distintas versiones por las que ha pasado. Yo siempre suelo decir a mis alumnos del presencial que, así como el sistema operativo de computación que todos conocemos como Windows ha pasado por distintas versiones (ejs: 95, 98 y 2000 o Milllenium), también el Estado moderno ha tenido

hasta llegar al

distintas versiones: el absolutista, el liberal, el de bienestar proceso actual de globalización.

En el módulo 3 nos ocupamos de la democracia y de los actores políticos que no son el Estado. La primera unidad del módulo se ocupa de la democracia, un tema tan caro a la cultura política posterior a la Revolución Francesa (1789), aunque reconoce antecedentes muy antiguos. Si bien la democracia es una forma de gobierno, y desde una perspectiva más actual es uno de los regímenes políticos imperantes en el globo, ha recorrido un largo camino y su pretendido triunfo –por lo menos en el discurso luego de la caída del muro

de Berlín y el fin de la llamada “guerra fría”– no es tan así, ya que existen

¡¡¡y

ni qué decir de otros en donde si bien formalmente impera, en lo sustancial dista mucho de hacerlo!!! En la otra unidad ahondaremos en otros actores políticos que juegan en la “arena política” y que no son el sistema político mayor –el Estado– sino subsistemas dentro de él; nos referimos a los partidos políticos, los grupos de presión, etc.

grandes porciones del planeta en donde aún todavía no está vigente

Hemos realizado así un “paneo” del programa de la asignatura y una presentación de nuestra disciplina. La selección de los contenidos que en ella se incluyen ha sido realizada teniendo en cuenta los objetivos que la UBP se planteó al desarrollar la curricula de la carrera de Abogacía y, muy especialmente, la consideración de la ciencia política como instrumento útil para comprender la realidad política –y especialmente estatal– en la que el abogado desarrolla su profesión. De esta forma, su estudio le aportará las herramientas para manejarse en los nuevos procesos de integración y con los nuevos actores que, desde lo político, sirven de marco referencial para comprender mejor las nuevas realidades y relaciones jurídicas que se le presentarán, a la par que tener una visión más completa y acabada desde lo social –y lo político– a los fines de poder abordar y llegar a mejores soluciones en el ámbito de lo jurídico.

Cada uno de los módulos de la asignatura, como así también la presentación del programa, está acompañado por un mapa conceptual de los contenidos en él incluido. Su lectura e interpretación le servirán para tener una visión general de los conceptos globales que conforman la asignatura y sus módulos, las relaciones que se establecen entre ellos, como así también constituye una forma de sistematizar los conocimientos de las temáticas que se abordan. Luego de que usted haya efectuado su proceso de estudio, le aconsejo vuelva a los mapas para articular el proceso de comprensión realizado, llenar de contenidos el esquema e incluso modificarlo de acuerdo a su propio acercamiento a la interpretación de los temas y sus relaciones.

¡¡Bienvenido y éxitos en el aprendizaje de estos contenidos!!

y éxitos en el aprendizaje de estos contenidos!! programa Módulo 1: Unidad I: LA POLITICA Y

programa

Módulo 1:

Unidad I: LA POLITICA Y SU CONOCIMIENTO

I. La Política: Delimitación conceptual y caracteres. Distintos enfoques sobre

su especificidad. Autonomía de lo político. II. La Ciencia Política: Su función. Descripción, interpretación y crítica de los fenómenos políticos. Distintas posturas respecto a su origen. Teoría del Estado, Historia de las Ideas, Dinámica Política, Relaciones Internacionales.

Módulo 2

Unidad II: TEORIA DEL ESTADO

I. Los modelos históricos de organización política pre-estatales. II. Proceso

histórico de surgimiento del Estado moderno. lo público y lo privado. III. Sociedad Civil: concepto. Diversos enfoques respecto a su relación con el Estado. IV.

Distintas perspectivas teóricas sobre el Estado.

Unidad III: TEORIA DEL ESTADO (CONT.)

I. Elementos del Estado: Territorio, población, poder. El Derecho. Concepto de

Soberanía. Distinción entre Estado y Gobierno. II. Estado, Sociedad y Derecho. Distintas posiciones teóricas. III. El Estado de Derecho: origen y evolución. Estado de Derecho liberal. Origen, evolución y crisis. Análisis a partir de la relación Estado-Economía y Sociedad. Estado Social de Derecho o Estado de bienestar. Origen, desarrollo y crisis. Nuevas perspectivas. Estado y Mercado:

nuevas relaciones. El retiro estatal del ámbito del mercado: el neoliberalismo. V. El Estado-Nación y la globalización: El final de un modelo?

Unidad IV: IDEOLOGIA CONTEMPORANEA

Liberalismo; marxismo; socialismo-democrático; social-cristianismo; totalitarismos. Crisis de las ideologías. La postmodernidad.

Módulo 3:

Unidad V: LA DEMOCRACIA

I. Discusión en torno a sus significados. II. liberalismo y democracia. III. Diferentes modelos de Democracia. Distintos enfoques teóricos sobre la democracia. IV. Gobernabilidad y Democracia. V. Representación y participación política.

Unidad VI: DINAMICA POLITICA

I. Partidos Políticos. Sistemas de Partidos. II. Los Grupos de Interés y los Grupos

de Presión. Los movimientos sociales. III. Crisis de representación, recomposición y nuevos actores. IV. Opinión pública. Medios de Comunicación social y Política.

Unidad VII: ESTADO Y POLITICA INTERNACIONAL

I. Nuevas formas de interrelación e interdependencia. Hacia el fin del Estado

Nación?. II. Mundialización, Globalización, Regionalización. Procesos de integración y desintegración. III. Nuevos actores políticos transnacionales. La empresa trasnacional y las O.N.G. IV. Política y problemática mundial: Seguridad; Derechos Humanos; Medio Ambiente; Narcotráfico; Corrupción, etc.

mapa conceptual EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 6

mapa conceptual

mapa conceptual EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 6
macroobjetivos • Identificar la especificidad de lo político dentro del ámbito de lo social, comprendiendo

macroobjetivos

Identificar la especificidad de lo político dentro del ámbito de lo social, comprendiendo los problemas medulares de la ciencia política.

Desarrollar habilidades en el manejo del instrumental analítico para la descripción, interpretación y crítica de los fenómenos políticos en el marco de los procesos histórico-sociales.

Profundizar el estudio –iniciado con la asignatura Constitucional I– del Estado y sus diferentes manifestaciones históricas, a los fines de contextualizar institucionalmente el estudio del derecho.

Distinguir las notas características de los distintos actores políticos en el marco de los procesos histórico-sociales.

Distinguir las distintas corrientes ideológico-políticas que surgieron con la modernidad, necesarias para interpretar los fenómenos políticos actuales.

Desarrollar una metodología de estudio que permita comprender la realidad política regional y argentina, a través de procesos reflexivos que promuevan su análisis crítico.

Conocer los problemas de la globalización y sus consecuencias en lo político-institucional.

Desarrollar los valores democráticos, los derechos humanos y la solidaridad, como actitud permanente ante los acontecimientos cotidianos de la vida personal y profesional.

cotidianos de la vida personal y profesional. agenda Pocentaje estimativo por módulo según la cantidad y

agenda

Pocentaje estimativo por módulo según la cantidad y complejidad de contenidos y actividades

MÓDULOS

PORCENTAJES ESTIMADOS

1

30%

2

45%

3

25%

TOTAL

100%

Representación de porcentajes en semanas

SEMANAS

 

MÓDULOS

 

1

2

3

1

     

2

     

3

     

4

     

5

     

6

     

7

     

8

     

9

     

10

     

11

     

12

     

13

     

14

     

15

     

Material Básico:

Material Básico: material • Material de apoyo elaborado por el Dr. Carlos A. JUÁREZ CENTENO. UBP.

material

Material de apoyo elaborado por el Dr. Carlos A. JUÁREZ CENTENO. UBP.

Educación a Distancia. 2002. (El alumno encontrará estos materiales en el

CD

en forma de enlaces).

BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y PIÑERO, Ma. Teresa: El conocimiento de la Política. Ed. Advocatus, Córdoba, 2001. (El alumno encontrará los temas que la cátedra considera obligatorios en el CD en forma de enlaces).

BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana (y otros): Notas sobre Teoría del Estado. Ed. Advocatus, Córdoba, 2000.

BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y JUÁREZ CENTENO, Carlos A.: Temas de Historia de las Ideas Políticas. Ed. Advocatus, Córdoba, 2001. (Hay ediciones anteriores).

BONETTO de SCANDOGLIERO, María S. y PIÑERO, María Teresa: El Estado y sus modelos histórico-políticos en Europa y Latinoamérica. Ed. Advocatus. Córdoba, 2015.

BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana: “La Democracia”, pp. 185 a 207. En: Cuadernos de Política. Ed. Advocatus, Córdoba, 1998. (El alumno encontrará este material en el CD en forma de enlace).

“El

horror de un error Argentino”, En: SERÁ JUSTICIA, año V nº VIII, junio

1996. Revista del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. (El alumno encontrará este material en el CD en forma de enlace).

TOMASINI, L., TUSSIE, D. y ESCUDÉ, C.: Video 2do. Congreso Nacional de Ciencia Política, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1995.

Diamint, Ruth. “Democracia: Civiles y Militares”. Video.

“La democracia argentina 1983-2001”. Video sobre “18 años de Democracia”, extractado del programa especial de Canal 7 – Buenos Aires.

Materiales Complementarios:

CERRONI, Humberto: Política, teorías, procesos, sujetos, instituciones y categorías. Ed. Siglo XXI, México, 1992.

LÓPEZ, Mario Justo: Introducción a los Estudios Políticos. Tomo 1. Ed. Depalma, Buenos Aires, 1987. (Hay otras ediciones).

LÓPEZ, Mario Justo: Manual de Derecho Político. Ed. Kapelusz, Buenos Aires, 1981.

PINTO, Julio (comp.): Introducción a la Ciencia Política. Eudeba, Buenos Aires, 2001. (Hay ediciones anteriores).

VALLÉS, Joseph M.: Ciencia Política. Una introducción. Ed. Ariel, Barcelona,

2000.

JUÁREZ CENTENO, Carlos et al.: La Ideología Contemporánea. Ed. Avocatus, Córdoba, 1991.

glosario Actores políticos: Denominación que se puede utilizar como sinónimo de “sujetos políticos”, “fuerzas

glosario

Actores políticos: Denominación que se puede utilizar como sinónimo de “sujetos políticos”, “fuerzas políticas”, etc.

Administración pública: El conjunto de personas que no están involucradas de manera directa en la toma de decisiones políticas importantes, pero que construyen y ponen en práctica las políticas que cumplen estas decisiones. Ejs.:

policías, enfermeras de la salud pública, agentes de hacienda, etc.

Agonal (lucha): Es una de las fases de la política. La misma hace a la dinámica de la política (ver Dinámica política).

Autonomía: También respecto a la política, en el sentido de que tiene “leyes” propias, explicaciones, causalidades que le son inherentes y que difieren de las de otros ámbitos como la economía, por ejemplo.

Burocracia: Una manera de organizar la administración pública que enfatiza el profesionalismo, la contratación y los ascensos en base al mérito y la profesionalización. Se suele usar en forma “peyorativa” de la noción de administración pública.

Causalidad: Una interpretación de las relaciones entre eventos, en la que un evento “provoca” o produce otro evento.

Ciencia política: Disciplina científica. Un ejemplo de las llamadas ciencias sociales, culturales o “blandas”. Entre ellas podemos señalar, también, la ciencia jurídica, la historia, la sociología, etc. Tiene por objeto el estudio de la política. Podemos sostener que es el campo académico que toma como su tarea única y general el análisis de la política, en especial la del Estado.

Ciencia política “conductista”: Es la que enfatiza el análisis estadístico y las teorías abstractas en busca de regularidades básicas y esenciales a lo largo de un conjunto de eventos.

Ciencia política “interpretativa”: Es la que enfatiza los métodos históricos, antropológicos, legales y el todo complejo que se está estudiando. Heller, cuando sostiene que su teoría del Estado será ciencia política cuando logre describir, interpretar y criticar los fenómenos políticos, se enrola en esta postura de una manera mucho más acabada, o podemos decir “científica”, que los que sólo apelan a uno de los métodos señalados.

Compleja e indivisa: Compleja e indivisa: Como una suma de todas las otras características de la política, y como parte de la realidad humana y social, la realidad política es compleja y de imposible división. La efectividad humana implica un todo inseparable en los hechos, aunque en las reflexiones o “in abstracto” cada ámbito de ese acontecer sí pueda ser “partido”, separado o desagregado a los fines de su análisis.

Comunismo: Es una versión del socialismo marxista, la más radical. Los comunistas, en general, sostienen que la única forma de construir un Estado socialista es mediante la revolución, por lo que en ocasiones están menos interesados por las elecciones que los socialistas democráticos. Después de 1920, los comunistas reconocieron mayoritariamente el liderazgo de la ex Unión

Soviética (URSS) en la formulación de sus objetivos y estrategias. Se suele expresar que el sistema comunista cayó con la desaparición de la ex URSS, en la década de los ´90. Aunque también podemos señalar que todavía existen modelos que se acercan a lo que era ese tipo de Estado socialista: China, Corea del Norte, ¿Cuba?.

Conservadurismo: Ideología que postula como el objetivo más importante de la política la de crear sociedades estables basadas en una jerarquía de poder. Éste debe estar en manos de una clase tradicional de gobernantes. Aparece como una reacción al liberalismo por parte de quienes se sienten amenazados en su condición social privilegiada: nobleza terrateniente, jerarquías eclesiásticas.

Democracia: Reafirmando el conocimiento vulgar, podríamos decir que es el gobierno del, por y para el pueblo. Su terminología proviene del griego, y está integrada por las voces “demos” y “cracia”, esto quiere decir, el gobierno de los demos. Éstos era pequeñas divisiones territoriales de las polís griegas, por los cuales se accedía a la vida ciudadana. Como el origen de la democracia lo encontramos en Grecia, de allí su nombre. Es una forma de gobierno, un régimen político, y hasta se habla de una forma o estilo de vida. Existen distintos tipos de democracia, pero las denominaciones más conocidas y que implican mayores devaneos de los teóricos y los políticos son: democracia formal y democracia sustancial (social); directa o indirecta, etc. Obviamente, cuando nos adentremos en su estudio veremos que el término tiene más acepciones según vaya acompañado de algún adjetivo calificativo: “delegativa”, “participativa”, “representativa”, “liberal”, “procedimental”, etc.

Dictadura: Toda forma de gobierno en la que el o los titulares del poder no lo han obtenido constitucionalmente, o cuando lo ejercen sistemáticamente en contra de esos principios y reglas, de tal suerte que no tienen responsabilidad alguna en el ejercicio del poder. Lo que legitima su accionar es el temor de los ciudadanos o súbditos.

Dinámica política: Como la política es polifacética, una de esas faces que la integran hace referencia a su dinamismo. Cuando se habla de dinámica política, en el campo de la ciencia política, estamos refiriéndonos a los distintos actores políticos que protagonizan el hecho político: partidos políticos, grupos de presión, opinión pública, etc. Son los que ponen en movimiento la estructura de la relación política para que ésta no esté siempre inmóvil e igual, lo que impediría la evolución, el cambio, etc. Algunos autores, como Prelot, la denominan vida política.

Especificidad: Nos estamos refiriendo al ámbito de lo político. Queremos decir que tiene características propias.

Estado de derecho: Hace referencia a una versión del Estado moderno que implica el ejercicio del poder estatal según los parámetros del derecho, o si se quiere, el ejercicio del poder estatal con las limitaciones que el derecho le impone.

Estado liberal de derecho: Es un tipo de Estado de derecho. Luego de la primera versión del Estado moderno, la absolutista, a partir de fines del siglo XVII en Inglaterra, pero con la consolidación en las democracias constitucionales del XIX se evidenció el ejercicio de este tipo de Estado que hizo crisis a finales del primer tercio del XX. También se lo llamó Estado liberal o Estado de derecho formal o clásico. El rol del Estado en esta versión es la de ser un Estado gendarme o abstencionista. Los neo-liberales hablan de un Estado mínimo.

Estado moderno: Modelo de dominación política que surge a partir del siglo XV en el círculo cultural de occidente. Se ha convertido en el modelo paradigmático de la modernidad. Ha tenido distintas versiones o estilos y perdura hasta el día de la fecha, aunque algunas teorías o autores preanuncian en la actualidad la hora de su fin o extinción.

Estado social de derecho: Es la versión que adopta o hacia la que evoluciona el Estado liberal de derecho luego de su crisis en la década del ´30. Su época de vigencia es hasta 1970, aproximadamente. También se lo conoce como Estado de bienestar, Estado democrático. Estado de justicia, Estado keynesiano, etc. El rol del Estado en esta versión es el de un Estado intervencionista o asistencialista.

Fascismo: Movimiento político que apareció en las décadas de los ´20 y ´30. Enfatizaba el boato militarista, el nacionalismo, la representación corporativa bajo el mando de un dictador único. El ejemplo arquetípico lo constituye Benito Mussolini. Pero también se suele señalar a Franco en España, Salazar en Portugal, etc. En un sentido estricto, se reduce a la Italia fascista de Mussolini, pero en una acepción más amplia, en la Argentina se utiliza el vocablo fascista para calificar las actitudes anti-democráticas.

Fenómeno político: Nos referimos a la actividad y a la relación (humana) que constituyen la realidad política.

Fin del Estado: Se relaciona con la cuestión del para qué existe el Estado. Siguiendo el pensamiento de Heller, hace a la existencia misma del Estado, a su “ser”. Es sinónimo de su función social.

Globalización: Es un fenómeno que supone el acortamiento del tiempo y el espacio fruto de la revolución tecnológica operada en el siglo XX. Para algunos es una nueva etapa del capitalismo. Suele ser catalogada como un fenómeno económico, tal vez por sus implicancias, pero es un proceso complejo y más amplio que no puede agotarse con una explicación “economicista” o monocausal.

Grupo de interés: Es una asociación o grupo de personas que se ven unidas por un interés en común. Puede ser deportivo, cultural, económico, social, etc.

Grupo de presión: Todo grupo de interés que, además, intenta presionar al gobierno para que éste tome medidas de gobierno que recepte sus voliciones. Todo grupo de presión es grupo de interés, pero no viceversa. Es una fuerza política o actor político.

Historia de las ideas: Otra parte de la ciencia política que hace un estudio de la evolución del pensamiento político, cómo se ha ido generando la teoría política a través de la perspectiva de los distintos autores a lo largo de la historia. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)

Ideología: Conjunto de ideas que están relacionadas y que se modifican entre sí; conjunto de ideas organizadas sobre algo.

Justificación del Estado: ¿Por qué existe el Estado? Es un problema del “deber ser” que se relaciona con la función jurídica del Estado y el derecho. Es más bien un problema de la filosofía jurídica que de la ciencia política.

Liberalismo: Ideología que postula que el objetivo más importante de la política es ayudar a los individuos a desarrollar el máximo de sus capacidades, con la menor intervención posible por parte del gobierno. Resalta el papel protagonista del individuo: su libertad es el valor supremo que sólo tiene como límite la libertad de los demás.

Medios de Comunicación Social: Son lo que se conoce como “medios”; también se los denomina medios masivos de comunicación: la prensa, la radio, la televisión, etc. En los últimos tiempos han adquirido una relevancia inusitada en el escenario político. Hoy es más importante para un político asistir a un programa de televisión que ir a un mitín político en algún barrio debido a la masividad del público que posibilitan estos nuevos medios. Además pueden erigirse en un instrumento para la contienda electoral. Ejemplo de ello lo constituyó Berlusconi, monopólico empresario de la televisión privada de Italia, que a través de ella llegó al poder en ese país.

Mercado: Para los liberales es sinónimo de sociedad civil. En contraposición con lo estatal, que es el ámbito de lo público, el mercado es el ámbito de lo privado.

Modelos de dominación política: Formas de organización política. A lo largo de la historia humana han existido distintos ejemplos.

Modelos históricos de organización política: Véase Modelos de dominación política. Ejs.: la polis griega, el feudalismo, el Estado, etc.

Nación: Grupo grande de personas que están unidas y reconocen una semejanza entre ellas debido a una cultura común. En particular, un idioma común parece importante en la creación de la nacionalidad, pero también puede ser una religión, una forma de vida, etc. Las naciones suelen coincidir con los límites políticos de los Estados, pero no siempre. Así, el idioma y la cultura kurdos se extienden a lo largo de partes del territorio de Turquía, Irak e Irán; nacionalismo irlandés y británico se encuentran mezclados en el territorio de Irlanda del Norte. Existen sobrados ejemplos de la falta de concordancia entre los “límites” nacionales y los límites de los Estados. Tal situación es una fuente poderosa de conflictos y agitación política.

Nacionalismo: Ideología que se identifica apasionadamente con un Estado de parte de sus ciudadanos. Es importante tener en cuenta que el nacionalismo es un concepto proteico, esto es, que puede ser de diferente tipo. En realidad, todas las ideologías tienen distintas versiones, sub-tipos, etc.

O.N.G.: Organización no gubernamental. En el ámbito de las relaciones internacionales, y en lo que podemos llamar la “arena política internacional” (o si prefiere, el escenario internacional en el que se desenvuelve la política), se denomina de esta forma a ciertas organizaciones que cumplen una función similar a la de los grupos de interés y que en reiteradas oportunidades se transforman en grupos de presión. Ejemplos de ONGs son: Amnesty International, Greenpeace, por sólo citar las más conocidas.

Opinión pública: El proceso político tiene en la opinión pública un elemento integrador de su legitimidad. Si bien la mayor libertad de opinión se encuentra en las democracias, en todo régimen político las decisiones tienen un gran soporte en la opinión pública. Es otro de los actores o fuerzas políticas. Es volátil, cambiante.

Partido político: Es otro ejemplo de fuerza política o actor político. Si bien hay

distintos tipos y clases de partidos políticos, desde una perspectiva tradicional, podríamos decir que es un grupo de personas que unidos por una misma ideología intentan llegar al poder (o al menos desplegar una función de control

si no logran acceder al gobierno). Sin embargo, también podemos señalar como

uno de sus rasgos característicos la de ser un mediador entre la sociedad y el gobierno. Es un actor político fundamental toda vez que “monopoliza” la oferta política. Con esto queremos expresar que para ser presidente, legislador, concejal, etc., hay que alcanzar el cargo, casi en todos los países, a través de un partido político.

Poder: Capacidad de una persona para causar que otra haga lo que desea aquella, por cualquier medio. // Uno de los elementos que constituyen la organización estatal. En tal sentido no debe confundirse poder con gobierno. El poder hace referencia al poder del Estado, en cambio el gobierno es sólo una “parte” del poder estatal.

Polifacética: Es una de las características de la política. Significa tener muchas fases.

Política: Objeto de nuestra disciplina, la ciencia política. Implica una actividad humana que supone una relación. Esta relación es una relación de mando, subordinación, por la cual un individuo logra doblegar la voluntad de otro/s. Es un término complejo, multívoco, que en general es usado por las personas de manera irreflexiva. Nosotros debemos utilizarlo en su acepción estricta, y en tal sentido esa relación de mando y obediencia de la que venimos hablando exige no solo la formalidad de tal relación sino un contenido, esto es, la construcción, consolidación y conservación del agregado humano. Se utiliza así como sinónimo de sistema político, y debemos aclarar que el sistema político paradigmático de los últimos siglos es el Estado.

Política internacional: Política conducida entre Estados, en lugar de aplicarse dentro de un solo Estado.

Privado: El ámbito de lo individual, lo opuesto a lo estatal. Ámbito donde impera la autonomía de la voluntad de la persona, donde el Estado no puede ni debe interferir. Para los liberales es sinónimo de mercado.

Público: El ámbito de lo estatal, lo político (a partir de la modernidad). Lo opuesto

a privado.

Relaciones internacionales: Otro ámbito de la ciencia política que en los últimos tiempos ha adquirido una relevancia mayor debido a los fenómenos de internacionalización, trasnacionalización y globalización de las sociedades y la política. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)

Simbólico: Otro de los caracteres de lo político: que se expresa simbólicamente,

a través del signo. No es como la realidad de la naturaleza, totalmente objetiva.

Sindicato: Una de las formas asociativas más importantes de los últimos tiempos. También fue una de las más precoces. Sus orígenes se remontan al proceso de formación del Estado moderno, allá por el Renacimiento. El peso de los sindicatos en la vida social y política de los países ha adquirido tal presencia y relevancia que se ha llegado a hablar de “política de los intereses” y a configurar el mismo proceso político como una contratación triangular entre sindicatos

obreros, sindicatos patronales y gobierno. Si bien la palabra, técnicamente, engloba tanto a los sindicatos obreros como a los patronales, usualmente prepondera su uso en referencias a los primeros. Adquieren gran relevancia por su defensa de intereses económicos comunes en su rol de fuerza contractual (que se ejercita en los enfrentamientos con la contraparte económica, esto es, los sindicatos patronales), pero que también se manifiesta en su lucha con las

otras articulaciones del poder político (gobierno, parlamento, entidades locales)

y con los partidos políticos. Son un ejemplo de fuerza política, sujeto político, actor político, como se lo quiera llamar. Depende el rol que “jueguen” son un tipo de grupo de interés y se pueden tornar en el ejemplo más claro de grupo de presión.

Soberanía: Es un atributo del poder del Estado. Es lo que lo hace diferente al poder de las otras organizaciones que existen dentro de su territorio, y que se traduce en el monopolio de la fuerza física, en el hecho de decidir en última instancia, etc.

Socialismo: Ideología que plantea que la sociedad está integrada por clases que se hallan en constante conflicto y que a los fines de establecer una sociedad justa, con personas iguales, el proletariado o clase obrera deberá hacerse del poder y así llegar a esa etapa final donde las clases, y por lo tanto el Estado, no sean necesarios.

Socialismo democrático o socialdemocracia: Rama del socialismo que apoya la democracia electoral. Por lo tanto, promueve el acceso al poder del proletariado por vía de las elecciones. Postulan una evolución mucho más gradual, un progreso paulatino y no un cambio radical.

Sociedad civil: Concepto y realidad que surge contemporáneamente al surgimiento del Estado. Para los liberales es sinónimo de mercado.

Sufragio: Voto. El sufragio universal (un hombre, un voto) representa la mayor fuerza política de los tiempos modernos y uno de los signos principales –sino el principal– de la democracia moderna.

Sujetos políticos: En sentido estrictamente técnico se utiliza como sinónimo de actores de la política (“actores políticos”). Podemos señalar a los partidos políticos, grupos de presión, etc.

Teoría del Estado: Es una forma de hacer ciencia política. Se ocupa del estudio del Estado. La primera obra científica sobre el tema fue Teoría del Estado, de Hermann Heller. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)

Tercera Vía: Es una posición del gobierno laborista inglés del actual primer ministro, Tony Blair. Fue esbozada por Anthony Giddens, un cientista social

y político inglés de gran renombre y de origen marxista, que actualmente es profesor de Sociología en la London School of Economics. Intenta ser una

suerte de simbiosis entre la antigua social-democracia y el actual liberalismo económico o capitalismo. Fue presentada como programa político e ideológico

a fines del siglo pasado, circa 1999.

Territorio: Es uno de los elementos del Estado. Constituye su “base” física, pero entendida en un sentido más amplio, ya que lo integran su espacio aéreo, el subsuelo, el mar adyacente, etc., e incluso la sede de sus embajadas en el extranjero.

m1
m1

¿Qué tengo que lograr?

microobjetivos

módulos m1
módulos
m1

Identificar la especificidad de lo político dentro del ámbito de lo social.

Distinguir lo político como fenómeno social de la ciencia política, y a ésta como la disciplina que lo estudia.

Discernir las distintas posibilidades de hacer ciencia política, identificando las distintas posturas científicas respecto al origen de la disciplina.

Distinguir los distintos modelos de dominación política, profundizando en el modelo paradigmático de la modernidad, el Estado, a los fines de comprender los procesos histórico-sociales.

Comprender el proceso de formación del Estado moderno, diferenciando el Estado de la sociedad civil, a los fines de distinguir el ámbito de lo público y lo privado.

Conocer qué es el Estado y cuál su funcionamiento, como herramienta indispensable para comprender la realidad política y estatal en la que el abogado desarrollará su profesión.

m1 contenidos
m1
contenidos

Introducción al conocimiento de la política y el estado

Estimado alumno, obviamente tenemos que empezar por el primer módulo de la materia. El mismo lleva por título “Introducción al conocimiento de la política y el Estado” y abarca dos unidades.

La unidad primera consta de dos partes. Una primera o introductoria, en la que

estudiamos el objeto que hace a nuestra disciplina, esto es, la “política”

tal sentido debemos conceptuar el fenómeno político y creemos que una buena manera es a partir de comprender sus caracteres. Ello debido a que la palabra “política” encierra cierta dificultad, a causa de sus diversas acepciones y usos, especialmente en el vocabulario vulgar.

1. En

IC

Una segunda parte de la unidad comprende el estudio de lo que debemos

entender por “ciencia política”

respecto al origen de la disciplina así como distintos enfoques que pueden encontrarse respecto al modo en que se aborde el estudio científico de lo político.

2. Además, veremos las distintas posturas

IC

También consideramos importante hacerle comprender que hay diferentes ámbitos que pueden constituir un estudio científico del fenómeno político: así

el estudio y comprensión del modelo de organización política que conocemos con el nombre de Estado, o el abordaje de la historia de las ideas políticas a través de los diferentes autores que han contribuido a la formación de la teoría política; o bien ocuparnos del estudio de otros actores políticos que no sean el Estado; o, en fin, visualizar que en cierta forma la problemática de las relaciones internacionales también son parte de nuestra disciplina.

La segunda unidad del módulo lleva por título “Modelos de Dominación Política

y el surgimiento del Estado”. ¿A qué nos referimos con este título?; en primer lugar entendemos que a lo largo de la historia han existido diversos modelos de dominación política, aunque desde hace unos cinco siglos el modelo “paradigmático” es el Estado. En tal sentido comenzamos por presentar los

diferentes modelos políticos pre-estatales

adentrarnos a profundizar el estudio sobre lo que es el Estado.

Para que podamos tener una idea acabada de lo que es el Estado, debemos comenzar por comprender bien cómo nace, es decir, como fue su proceso de formación histórica. Y cómo de ese proceso surge una distinción inexistente hasta el advenimiento de la edad moderna: lo público de lo privado.

Como ya lo señalara, hacer historia de las ideas es una forma de hacer ciencia política, siendo por ello que al estudiar los distintos modelos de organización política que el hombre ha diseñado a lo largo de la historia nos ocuparemos de algunos autores de la teoría política que son importantes para comprender ese momento, pero sobre todo los que son considerados “clásicos” en el sentido de que sus conceptualizaciones han perdurado hasta nuestros días. Así por ejemplo: Aristóteles, Maquiavelo, Bodin, Hobbes, etc.

3 que existieron, para luego

IC

Hemos expresado que con el surgimiento del Estado se perfila el ámbito de lo público y lo privado, lo que conlleva una diferenciación –aunque de manera relacionada– de ambas esferas, es por ello que es de suma importancia comprender lo que es la “sociedad civil”, concepto e institución coetánea con el surgimiento del Estado y que, al decir de Hermann Heller, es una pareja dialéctica del Estado dentro de la realidad social, toda vez que ambas se articulan, son como las dos caras de una misma moneda.

Aunque esta relación sea tratada o “visualizada” de diferentes maneras según los autores y sus posturas ideológicas, desde una postura científica debemos analizar como interactúan sus términos en la realidad y contextualizarla en el proceso histórico-social.

Estimado alumno, espero que haya entendido y comprendido la presentación de este primer módulo, para que de esta forma podamos dar inicio a la tarea que comenzamos a emprender. Asimismo, lo aliento a que ponga toda su energía y esfuerzo en la tarea que se inicia y me pongo a su disposición para aclararle cualquier duda.

¡¡¡Éxito y mis mejores augurios!!!

m1 |contenidos | IC

i n f o r m a c i ó n

c o m p l e m e n t a r i a

1

Política

Concepto y caracteres.

La política

Conceptos y carácteres

a) Origen del vocablo Política.

En primer lugar veremos la extensión de su significado y, por ende, la dificultad de una definición.

Este vocablo deriva de la voz “Polis”, usado en el griego clásico. En sus orígenes estaba circunscrito al tipo de sistema político a que se refería, esto es la polis. Es decir que históricamente estaba condicionado.

Con el tiempo el significado etimológico originario fue extendiéndose. Por una parte, comenzó a referirse a otros sistemas políticos, como por ejemplo:

Imperio, Estado, etc. Pero por otro lado, comenzó a aludir a las más diversas clases de subsistemas –obviamente políticos- que, para su funcionamiento,

requerían la existencia de un sistema político mayor: así, “la bulé” ateniense; “la geruxia” espartana, etc. A esta extensión ya apuntada se fueron agregando otros significados atendiendo a la función gramatical de la palabra. Por ejemplo, no es

lo mismo decir política (para designar una realidad sustantivada) que decir forma

política (para cualificar esa realidad); o la política (para designar la estructura de esa relación); o una política (para designar una actividad específica tendiente a ocupar el puesto de mando en la adopción y ejecución de una decisión) Ello, sin contar otras acepciones, significaciones cargada de valoraciones, como por

ejemplo, cuando se utiliza en sentido peyorativo “

Con este breve introito queremos poner de relieve lo difícil, peligroso y hasta casi imposible de esbozar una definición mono-conceptual. Lo que sí intentaremos será delimitar, precisar el fenómeno real –o los distintos fenómenos reales- que se designan con el vocablo “política”.

es pura política!

.

b) La política como realidad

A través de sus numerosos significados, la palabra política designa siempre un

sector de la realidad humana. Si bien desde Aristóteles se ha venido utilizando, también, para designar el conocimiento de esa realidad, nosotros utilizaremos

el término para referirnos a ese sector de la realidad humana, y nos valdremos

de otras expresiones, como por ejemplo Filosofía política, Ciencia Política, etc. para designar el ámbito, la o las disciplinas que se dedican o se ocupan de su conocimiento.

La política, como realidad humana, supone ante todo la existencia de seres humanos, hombres, que conviven: esto es, convivencia humana, vida social, seres humanos relacionados, interactuantes. Sin seres humanos que conviven, no hay política. Pero cuidado, no toda convivencia humana es convivencia política, aunque sin sistema político –con sus ingredientes de actividad política y relación política- no hay convivencia humana organizada y persistente. Este es el supuesto básico para que pueda haber lazos no políticos de convivencia. Es por esto que Aristóteles nos decía que el hombre era un son politikon.

Concluyendo, la realidad política –no distinta del sistema político o convivencia política- es la relación de mando-obediencia entre los hombres.

De lo expuesto y esta noción que damos como conclusión se desprende que Sistema, relación y actividad política se suponen recíprocamente.

La realidad política (comprensiva, por consiguiente, del sistema, la relación y la actividad política), ofrece como sus más salientes manifestaciones la de ser:

múltiple, polifacética, variable, simbólica y multirrelacionada (y por lo tanto, compleja e indivisa)

c) La Política: realidad múltiple

Según el grado de generalidad que se tenga en cuenta, la realidad política puede

ser considerada en sentido lato, en sentido intermedio y en un sentido estricto.

O lo que, siguiendo a Bertrand de Jouvenel, denominaríamos “sentido formal”,

“sentido material” y “sentido material limitado”.

En un sentido formal, para que haya política en este sentido, basta que la actividad de un hombre o de unos hombres en relación con otro u otros tienda a que el comportamiento de éste o éstos sea el que aquél o aquellos se proponen. En este sentido, la actividad es formalmente política si obedece a una técnica para inclinar voluntades ajenas y regir sus comportamientos hacia metas propuestas. No importa el modo de acción de los promotores, ni la naturaleza de la empresa por realizar, ni la transitoriedad o permanencia del concurso. Ejemplos en este sentido lo serían: una reunión de vecinos que se juntan para apagar un incendio; una banda de delincuentes; una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para decidir la intervención humanitaria en alguna región del planeta, etc. En todos estos casos, formal y técnicamente, la actividad es igual. No importa que varíen los “modos” de la actividad –los fines- ni el grado de su integración:

transitoriedad o permanencia.

En un sentido material, es necesario que la actividad humana se torne persistente. Ésta actividad debe estar dirigida como medio a construir, consolidar y conservar el agregado humano –grupo- de que se trate. Pueden servirnos de ejemplos para comprender esta acepción la creación y mantenimiento de una Sociedad Anónima, Iglesia, Asociación, etc. Es importante, en este caso, advertir que sigue sin interesar los fines u objetivos pero que sí requerimos ahora, de la permanencia.

La política en este sentido, se utiliza como sinónimo de sistema político en sentido amplio.

Ahora bien, pero si el agregado humano persistente de que se trata no es uno de los muchos y diversos que existen con fines específicos: religiosos, culturales, etc. sino aquel, único, con el fin más abarcador, del cual dependen los demás sin que él dependa de ellos, es que estamos en presencia de la política en sentido material restringido, o del sistema político estricto sensu.

Con este significado, la actividad y la relación que constituyen la realidad política

se refieren al Estado, el sistema político paradigmático de nuestro tiempo, y a los

sistemas políticos mayores que él, actualmente en gestación (Unión Europea, bloques regionales, etc.) En este sentido, son ejemplos: actividades y relaciones estatales; actividades de órganos estatales; o de un partido político –sistema político menor- que procure el acceso a ese órgano; o la de un grupo de presión que busque influir sobre su actividad.

d) Política: Realidad polifacética (fases)

La realidad política se nos presenta como una actividad y una relación que configura un sistema. Estos distintos aspectos de la realidad política, existencialmente unidos, ponen de relieve dos faces conceptualmente diferenciables: La faz estructural y la faz dinámica. Además, la faz dinámica, en su inseparable vinculación con la estructural, se manifiesta como dos fases también diferenciables conceptualmente: la faz agonal y la faz arquitectónica.

La actividad política se da dentro de una relación y ésta implica una estructura en la que se articulan las partes de un todo. Así, encontramos diferentes “jerarquías”:

mando y obediencia. Esta estructura tiende a traducirse en Instituciones Políticas. Dentro de esta estructura y alrededor de ella apreciamos “actividad” que se traduce en la otra faz, la faz dinámica de la política. En esta última, a su vez, encontramos las dos restantes: agonal y arquitectónica.

En todo sistema político nos encontramos con cargos, roles, en torno a los cuales se desenvuelve “actividad”, ya sea para acceder a ellos, ya sea para conservarlos. Desde esta perspectiva la política es “lucha” y “conflicto”, lo que supone la “agonalidad” de la política, o en otros términos su faz agonal.

Pero quedaría incompleto este panorama si redujéramos la política a la lucha por el poder. Una vez poseído, o una vez en él, es también un medio para construir, consolidar, consensuar la vida política, la convivencia política. Todo ello con el fin de alcanzar y lograr objetivos, metas comunes. Este sentido constructor, integrador, realizador de objetivos comunes del poder hace a su faz arquitectónica. En otros términos, el politólogo alemán Carl Schmitt nos habla de la “relación amigo-enemigo” que siempre se encuentra en la relación política, en las relaciones de poder. En nuestra opinión, y en otros términos, se refiere a estas dos fases de las que estamos hablando y que siempre están presentes en la política. Aunque alguna de ellas pueda preponderar más en un caso o ejemplo dado, analizado.

e) Política: Realidad variable

Esta realidad a la que llamamos política no fue siempre la misma, igual, ni en el espacio, ni en el tiempo. Es por eso que aún cuando la realidad política tenga siempre las faces ya señaladas (lo permanente), diferirá –en cuanto realidad- de un lugar a otro o de una época a otra (lo contingente) Ejemplos: no es lo mismo la realidad de la polis en la antigüedad que la de los Estados modernos; en igual época no es igual la realidad política de un régimen totalitario que la de uno democrático. En otro tipo de ejemplos, podemos apreciar esa “variabilidad” comparando la realidad política de Usuahia con la de Dusseldorf (Alemania), aún cuando esa realidad política esté integrada por las mismas partes constitutivas.

También varía la realidad política de la Córdoba de fines del siglo XIX con la de fines del XX.

g) Política: Realidad simbólica Todos los actos, los hechos, situaciones, etc. en que se manifiesta

g) Política: Realidad simbólica

Todos los actos, los hechos, situaciones, etc. en que se manifiesta materialmente la política son traspuestos a un registro compuestos de símbolos. La política es una realidad simbólica. Así, los fenómenos políticos no son tales sino a través de los símbolos que le dan sentido.

En la realidad política lo esencial no es el fenómeno en sí mismo, sino lo que se ve de él, o como se cree verlo, como se lo siente. Lo esencial es la imagen, que en el universo político es creada por un conjunto de símbolos. La “imagen” la dan los oropeles, que consisten a veces en tradiciones, normas, creencias, etc. Ejemplos: Rey, Juez, líder. Alguien es juez aunque intrínsecamente no le interese la justicia. Rey aunque sea “lelo”. Lo que importa para ser líder, es que por ejemplo, alguien parezca ser valiente aunque en realidad sea un cobarde; o que parezca ser un genio aunque en realidad sea un mediocre. También pueda que sea valiente y genial, pero lo que importa es que lo parezca, que lo represente. De ahí la importancia de la imagen.

También ocurre que un mismo hecho tiene connotaciones distintas en función de la imagen. Así por ejemplo, la elección de Reagan como presidente de USA –un mismo hecho- puede ser tenida como una desgracia o como una buena estrella, un augurio –distintas imágenes-. El pacto que Petain hizo con Hitler para que este no invada el sur de Francia –un mismo hecho- para algunos fue una demostración de Petain como traidor mientras que para otros logró la salvación –distintas imágenes-.

Dada esta característica simbólica de la realidad política, se convierte en un factor determinante de ella, por un lado, los distintos resortes sicológicos, con alta dosis de irracionalidad: ambición, vanidad, temor, el deseo, la fe. Y por otro, las distintas doctrinas operantes: ideologías, mitos, utopías, etc. Además, en la actualidad, y desde hace ya unas décadas, juegan un papel preponderante en esto los medios de comunicación con fines de propaganda. Un sector importante de la realidad política consiste en crear la imagen y “venderla”.

Duverger, en este sentido expresa: “El siglo XX no es sólo el siglo del átomo:

también es el siglo de las ciencias sociales. Los nuevos métodos de propaganda y encuadramiento de los hombres pueden ya cambiar al mundo tanto como la

El desarrollo de la ciencia política permite

entrever la posibilidad de una política consciente, en la que los hombres dejarán de ser objetos, cosas en manos de sus dirigentes. Es de esperar que al fin un día será falsa la fórmula de Marquiavelo, por desgracia aún verdadera: `gobernar es hacer creer’”.

utilización de la energía nuclear(

)

h) Política: Realidad multirrelacionada

La política, como realidad existencial, se encuentra relacionada con otras realidades. Pero algunas de esas realidades con las que se relaciona no son, en rigor, sino manifestaciones o modalidades, elementos de ella misma. Así corresponde señalar que, a más de multirrelacionada es una realidad compleja e indivisa.

Compleja por estar constituida por diversos elementos: ideas, instituciones y vida política, siguiendo a Prèlot. Pero es también indivisa, porque existencialmente –ontológicamente- es una, sin desmedro de la diversidad de sus elementos constitutivos y dejando en claro que ellos se interrelacionan, se interinfluyen.

La multirrelación que se opera “dentro” de esa realidad se traduce en el influjo recíproco existente entre la vida política, las instituciones políticas y las ideas políticas. Así por ejemplo: de las ideas del racionalismo filosófico del siglo XVIII, de esas ideas de la ilustración, de los “contractualistas”, etc. hubo una influencia hacia hechos que ocurrieron como por ejemplo la Revolución Francesa, y ésta generó –a su vez-nuevas instituciones que gestaron nuevas prácticas, nuevas ideas y así sucesivamente. O podríamos comenzar el ejemplo a partir de alguno de los otros ingredientes de esta multirrelación hacia “adentro” de la política y el resultado sería apreciar de cualquier forma la relación recíproca entre ellos –vida, instituciones e ideas políticas-

Pero, como ya lo señaláramos, se relaciona con otras realidades extrañas a ella: con normas jurídicas y morales (derecho y moral) que la estructuran como relación y la regulan como actividad. También, obviamente, con todo el contorno ambiental que la rodea, condiciona: factores o condiciones –mejor esta última acepción- sociales, sicológicas, históricas, económicas, geográficas, etc. Hemos visto, aunque muy al pasar que la política es variable y está históricamente condicionada. Por ende, su vinculación con la historia aparece manifiesta.

La “multirrelación” es doble: “dentro” de la realidad política y “con” la realidad extrapolítica.

Múltiple, polifacética, variable, simbólica y multirrelacionada, la realidad política es una realidad compleja que no puede dividirse en compartimientos estancos. Aunque susceptible de diversos enfoques conceptuales, - es existencialmente una, sin desmedro de la diversidad de sus elementos constitutivos, de los factores que la condicionan y de las consecuencias que origina. Como ya lo señaláramos, y siempre que esto no se olvide, científica y didácticamente resulta de utilidad la división ternaria que de ella hace Marcel Prélot en ideas, instituciones y vida políticas. En este sentido la estructura de la curricula de la asignatura sigue este diseño ya que analizamos ideas-marxismo, liberalismo- y teorías –normativas, institucionalistas, críticas-, estudiamos instituciones –por ejemplo el Estado- y en lo referente a la dinámica política nos ocupamos de lo que es la vida política, el rol que juegan los actores políticos –partidos, grupos de presión, opinión pública, etc.-

La Política

María Susana Bonetto María Teresa Piñero En: El conocimiento de la política. Ed. Advocatus. 2000.

1. CARACTERIZACIÓN DE LA POLÍTICA

Desde un punto de vista amplio podríamos decir que la política se traduce en el conjunto de actividades destinadas a organizar la vida de un grupo a través de la discusión e implementación de un proyecto común de orden. Esto supone

las acciones realizadas con la intención de influir, conservar o modificar el poder

y la organización necesaria para llevar adelante ese proyecto de orden. Desde

este punto de vista, la política es una actividad generalizada que tiene lugar en todos aquellos ámbitos en los que los seres humanos se ocupan de producir y reproducir sus vidas en el marco de un fin común determinado.

Esta actividad puede suponer tanto enfrentamientos como cooperación, ya que pueden existir disputas tanto sobre el proyecto en sí como sobre sus formas de implementación.

Así en la vida de los grupos, de la más diversa índole, por ejemplo religiosos, académicos, deportivos etcétera, las reglas y normas que se discuten y dictan como las actividades que tienen que ver con el proyecto que el cuerpo estructura para su conformación y reproducción (ese proyecto de orden) entrarían dentro de lo que llamamos política en sentido amplio.

Desde un punto de vista más específico la política se liga a cuestiones relacionadas con lo público. En eso pensaba Cicerón cuando habló de res pública, la cosa pública, la que es común a todo el grupo social.

Anteriormente en Grecia, ya se había considerado el orden político, como un orden común, creado para resolver las cuestiones en que todos los integrantes de la comunidad tenían algún interés. Así el concepto de un orden, que era político y común al mismo tiempo, fue expuesto por Platón.

Se puede decir que las palabras «pública», «común» y «general» tienen una prolongada tradición de uso que las ha hecho sinónimo de lo político.

El carácter común del orden político se ha reflejado en la historia política, en la idea básica de que la política se ocupa de los intereses generales, compartidos por todos los integrantes de la comunidad; la autoridad política habla en nombre de una sociedad considerada en sus cuestiones comunes, en las “cuestiones públicas”. Lo público se diferencia de lo privado - la familia y el ámbito de intercambio de mercancías- y de lo estatal - monopolio del poder soberano -. Lo público se refiere a aquel espacio de discusión de temas comunes, abierto a todos.

Teniendo en cuenta lo expresado sostenemos que desde un punto de vista específico y en el sentido utilizado desde nuestra perspectiva por la ciencia política, contemporáneamente, la política se refiere más concretamente a las

actividades realizadas en el marco del Estado, pero que no se agota en lo estatal, orientadas al ámbito de lo colectivo y que tienen el carácter de vinculantes para

la comunidad.

La política así se refiere a lo relativo a la “cosa pública”, y al poder político ya que es allí el espacio organizativo de las cuestiones comunes, donde se discute

e implementa el proyecto común de orden, el que adquiere las características de ser vinculante y colectivo.

Pero también debe destacarse que en la historia política han existido y existen (sucesiva y simultáneamente) opiniones diversas referentes a lo que debía ser incluido dentro del concepto de «buen orden». Así se podría enunciar desde las ideas de la «polis griega», pasando por las concepciones cristianas, el enfoque liberal moderno, el marxista y muchos otros más.

Atento a que existen alternativas y a menudo contrarias propuestas de orden, la política incluye también el conflicto, la lucha por distintos proyectos de convivencia.

Desde otro punto de vista, estas actividades provocan conflicto, porque representan líneas de acción que se cruzan, mediante las cuales, individuos y grupos, tratan de estabilizar una situación de modo afín a sus aspiraciones o necesidades, según sus valores o intereses.

Por ello, la política es tanto una fuente de conflicto como un modo de actividad que busca resolverlos y promover ajustes en aquellas cuestiones comunes, compartidas por todos los miembros del grupo social.

Mario Justo López (1969) destaca dos faces conceptualmente diferenciales de la política: la faz estructural y la faz dinámica.

1) Faz estructural: Como relación interhumana, la política implica una estructura. Esa estructura, aunque puede presentarse circunstancialmente débil o muy fluida, muestra siempre una tendencia a traducirse en instituciones políticas, órganos y normas, con vocación de orden y estabilidad. Los órganos y normas comprenden cargos y roles diferenciados y establecen una jerarquización de ocupantes de ellos.

2) Faz dinámica: En torno y dentro de esa estructura se desarrolla la actividad que constituye la faz dinámica de la política, la cual dinamiza constantemente la estructura, y en la cual se advierten también dos faces:

a. faz arquitectónica: Esta actividad tiene fines mediatos y concretos de

construcción, conducción e integración de un grupo de acuerdo a metas

propuestas.

b. faz agonal: Tiende en forma inmediata a la conquista y conservación de

cargos o a resistir la actividad desplegada desde ellos. En este marco la faz dinámica de la política evidencia su tendencia al movimiento y al cambio.

En definitiva las distintas faces que forman parte de lo que en conjunto constituye la política plenaria están entrelazadas. Si tuviera únicamente la faz agonal, la competencia por el acceso a los cargos y su conservación y la resistencia de los oponentes, lo político aparecería sólo como pura lucha, como fuerza destructora del sistema político.

Si tuviera únicamente la faz arquitectónica, la política correría el riesgo de estancamiento y fosilización.

Asimismo sin la faz estructural, la faz dinámica tendería al caos, pero sin la faz dinámica la mera faz estructural carecería de vida y movimiento.

La política se presenta así como proceso de lucha y de movimiento de acomodamiento y ajuste. Se evidencia la estabilidad y el cambio, el conflicto y el consenso. Sin este dinamismo sostiene Mario Justo López la «entropía», el desgaste natural del orden, concluirá con los grupos humanos.

Contemporáneamente, entonces, la política se analiza como la forma «natural» de conflicto social, acerca del desarrollo de las organizaciones políticas, y tiene ámbitos institucionales definidos: los partidos políticos, el gobierno, y otros similares; en términos generales: el Estado.

2. LA ESPECIFICIDAD DE LA POLíTICA

Atento a ello pasaremos a desarrollar el proceso histórico de definición del ámbito de lo político en el marco del análisis propuesto.

En el círculo cultural de Occidente se atribuye el origen del estudio de la política

a la cultura griega, más específicamente se ubica el comienzo de la política y

de la reflexión sobre ella, en Atenas. Así se sostiene que el análisis sistemático

y riguroso de los hechos políticos, surge en el momento histórico, en que en el

siglo IV a.C., la crisis terminal de la polis suscita la reflexión de Aristóteles (Pinto,

Julio, comp. 1995).

Este autor, mencionado por algunos enfoques como el «iniciador» de la ciencia

política 1 en su clasificación de las ciencias, diferencia ésta de la ética y la coloca en la cúspide de las ciencias prácticas, en tanto se ocupa del estudio de la vida en común de la polis, la cual era lo más relevante en la cosmovisión ateniense de

la época. Esto explica el destacado lugar de 1a ciencia política en ese momento.

Una vez pasada la polis, nuestra disciplina se hace más jurídica, desarrollándose en la dirección indicada por el aporte romano.

Posteriormente, en la Edad Media, la política se teologiza, primero adaptándose

a

la visión cristiana del mundo, luego en el marco de la disputa entre el papado

y

el imperio; y finalmente en función de la ruptura entre el catolicismo y el

protestantismo. Pero en la Antigüedad y en la Edad Media, en todos los casos, y a pesar de la distinción inicial aristotélica, el discurso sobre la política se configuró como un discurso limitado e incluso subordinado a los otros dos discursos ya mencionados.

Así, se puede sostener que hasta la Modernidad, y con Maquiavelo, la política no se configura con cierta especificidad y autonomía.

Con el autor florentino se produce una autonomatización de la materia objeto de

estudio, lo político escindido ahora de las acostumbradas sujeciones a lo ético y

lo religioso, ya no es algo determinable en función de ellos.

En términos generales queremos señalar que la política es «distinta», lo que

implica una condición necesaria y no suficiente de autonomía, y además que no es solamente distinta, sino que también tiene cierta independencia en cuanto

a sus leyes de funcionamiento. La política es tal, por medio de un imperativo

que es propio y tiene sus leyes que el político debe aplicar. En el sentido antes precisado, es Maquiavelo y no Aristóteles, quien «descubre» la politica(Sartori,

1992).

Se debe precisar también, que cuando hablamos de autonomía de la política, ese concepto no ha de entenderse en sentido absoluto, sino relativo.

Luego de esta primera distinción, debemos destacar que el ámbito de la política inicia un proceso de diferenciación que lo distinguirá de lo que es materia económica, social o de derecho público, porque en el transcurso de los siglos

XVIII y XIX, estas materias cortaron el cordón umbilical, para constituir otras

disciplinas (Strasser,1991).

¿Cómo se desarrollan estos procesos de diferenciación que nos permiten perfilar contemporáneamente el espacio y la autonomía de la política?

Como hemos señalado, la diferenciación de la política de otros ámbitos--o

esferas, se da también a través de un proceso histórico. En este sentido, es en el

seno de la modernidad en que se produce una distinción fundamental en nuestra

temática: la diferencia entre Estado y sociedad, o en otros términos, lo público y

lo privado, correspondiendo a la política, la esfera de lo público.

La afirmación de la sociedad como una realidad independiente y autosuficiente tiene, sin embargo, un lento desarrollo.

Sostiene Sartori (1992), que es sintomática la ausencia de la idea de sociedad en la literatura del siglo XVI, que teorizaba el derecho de resistir a la tiranía.

Se le atribuye a Locke, una primera formulación de la idea de sociedad. En realidad, la idea de sociedad no es tampoco una idea que se formula y aplica en los acontecimientos revolucionarios. Es una idea de paz que pertenece a la fase tardía de la escuela de derecho natural.

Es el espacio de libertad e igualdad en el que se desarrollan las libres relaciones entre hombres libres e iguales, sólo reguladas y no reformuladas jurídicamente.

Si bien Locke y Montesquieu fueron los precursores del descubrimiento de la sociedad, el liberalismo político no tenía la fuerza del liberalismo económico (capitalismo) porque desde su óptica política la sociedad debía ser regulada por el derecho, en cambio las leyes de la economía no son leyes jurídicas (políticas), sino leyes «naturales» del mercado.

Así, son los economistas clásicos Smith y Ricardo, y en general los librecambistas, quienes se esfuerzan por demostrar cómo la vida asociada encuentra en la división del trabajo, su propio principio de organización y que es una esfera ajena al Estado, no regulada por sus leyes, ni su derecho.

Son los economistas de los siglos XVIII y XIX los que construyen la hegemonía de las ideas que postulan la imagen positiva de una realidad social capaz de autorregularse, de una sociedad que vive y se desarrolla según sus principios.

Entonces el modelo y el ejemplo de la «sociedad espontánea» de los economistas, se extiende a la sociedad en general y sienta las bases de la definitiva diferenciación entre sociedad y Estado. Las premisas que no aparecían claras en Locke ni Montesquieu para descubrir a la sociedad como «realidad autónoma» estaban maduras ya en el siglo XIX por obra de los economistas del capitalismo.

Por ello, por una parte, la política ya no comprende el estudio de los procesos económicos de la sociedad civil, sino que son objeto de una nueva y prestigiosa disciplina, la economía.

Por otra parte la obra El sistema industrial, de Saint Simon (17701825), prefigura con profética genialidad la sociedad ya transformada en sociedad industrial. La sociedad se configura entonces como una realidad tan autónoma que se convierte en objeto de una ciencia por sí misma, que es distinta también no sólo a la política sino a la economía y que Comte (l 7981857) bautizó como «sociología».

Luego de esta descripción del devenir histórico de la política, advertimos que se ha diferenciado de lo ético-religioso, luego de la economía y tampoco incluye ya al sistema social. Finalmente se rompen los nexos identificantes entre política y derecho, al menos en el sentido en que un sistema político no se comprende como un sistema jurídico, y éste puede ser objeto de estudio de la ciencia jurídica.

El ámbito de la política queda así referido a la organización y gobierno de las comunidades humanas.

La política comprende las actividades humanas efectuadas en un “espacio público” destinadas a organizar la vida de un grupo. De allí deriva el ordenamiento de las conductas humanas.

Consiste en actividades realizadas con intención de influir, obtener, conservar, modificar o extinguir el poder, la organización o el ordenamiento de la comunidad.

Podrían invocarse esas acciones como lucha o disyunción, o bien como paz,

equilibrio o armonía. Podrá considerárselas mero reflejo de los móviles económicos

o visualizárselas exentas de esas motivaciones. Tales consideraciones no alteran

la distinción de la actividad política frente a otras formas de actividades, sólo muestran los motivos que pueden encontrarse insertos en la acción política.

La referencia de la política con el espacio público y el poder de decisión, permite diferenciar los actos políticos de los actos sociales y económicos.

Y por referirse al poder político de decisión sobre un espacio territorial, la política

se enmarca en el Estado.

En torno a los conceptos de poder y Estado se ha dado una disputa por su postulación como «objeto» de la ciencia política. A nuestro juicio, esto constituye un debate irrelevante, en cuanto nos interesa el poder estructurado en el marco de la organización estatal, que incluye el poder institucionalizado y el poder socialmente construido que busca participar en las decisiones.

El Estado es una organización que dispone de niveles y estructuras que le permiten monopolizar el uso legal de la fuerza. Es la organización en la que,

a partir de la modernidad, se encarna el poder político institucional izado y los distintos grupos de poder que buscan disputarlo o influir sobre él.

3. HACIA UNA DEFINICIÓN DE CIENCIA POLÍTICA

a. La importancia del saber científico político

El campo de la política parece ser de por sí el más fructífero para la discusión y el debate, tanto es así entre los preocupados por razones profesionales como incluso con respecto al hombre de la calle. Se trata de un terreno impreciso en el que los aspectos valorativos generan una complicación añadida y cuyo interés depende de los momentos históricos que se atraviesen.

La política parece haberse constituido en tierra de todos y de nadie, en dominio

de aquellos que operan con la política, los que hablan sobre la realidad política

y los que profetizan sobre ella. Lo que es comprensible en tanto la política nos

envuelve, sobre todo en las democracias, ya que es en ellas cuando estamos autorizados a evaluar, a participar y a soñar con decisiones políticas compartidas.

Pero detrás de las especulaciones que todos nos consideramos autorizados a realizar, existe la pretensión de constituir un tipo de conocimiento de la política que sea distinto al vulgar. Es decir un conocimiento científico.

Este tipo de ambiciones generalmente resulta difícil de entender para el observador corriente, ya que si bien es frecuente oír que la palabra ciencia es algo importante, es frecuente también que no se puedan dar fundamentos de tal apreciación. Inmediatamente el observador asocia la importancia con los progresos visibles en las ciencias naturales, sobre todo en la ciencia aplicada; por ejemplo, cuando se estudian problemas prácticos, como el desarrollo de una vacuna contra el Sida.

Pero ¿qué sucede con las investigaciones en el campo de las ciencias sociales?

Aun cuando reconozcamos la importancia de estudios en estas áreas, lo que sería ya un gran logro, es poco común que se reconozca el soporte sobre el que se asientan las investigaciones. Estas están fundadas sobre un tipo de conocimiento sobre la política al que se le reconoce el carácter de científico.

Pero ¿por qué le asignamos tanta importancia a esta cuestión de dotar de cientificidad al estudio de la política?

Diremos que los parámetros de la ciencia establecen reglas para poder generar un tipo de conocimiento de lo político distinto al vulgar, un tipo de conocimiento cierto y bastante seguro que admita la refutación racional o empírica de sus presupuestos. Por lo tanto, si hay posibilidades de hablar de algún tipo de conocimiento racional, cierto, seguro y bastante cierto podemos decir que habría algún tipo de progreso en el conocimiento.

Pero, además, la ciencia constituye, en el mundo contemporáneo, una muy importante fuente de validación y legitimación del conocimiento y de las decisiones basadas en él, es decir es una fuente de poder, como lo fue la religión cristiana en la Edad Media europea cuando constituía el paradigma dominante para describir, explicar y predecir la realidad. La ciencia como criterio de verdad tiene prestigio y constituye una manera de entender al mundo, la que como tal no es meramente descriptiva, sino además potencialmente ideológica. Por lo tanto afirmar que un conocimiento es científico no constituye un juicio meramente neutro (Lista, C, 1992: 3).

La ciencia, tal cual se la entiende en el mundo contemporáneo, incluso es cuestionada por autores dedicados a ella, tal el caso de Paul Feyerabend. El autor dice que la ciencia ya demostró su poder cuando en la historia venció al mito, a la religión y a la brujería; pero esto no hace que sea la mejor forma de conocimiento, por ello no puede excluir otras formas cognoscitivas para la resolución de los problemas humanos.

Como se advierte, la justificación de la importancia del conocimiento científico de

lo político ha sido excesivamente escueta. Pero ustedes verán que la elección de

los argumentos para justificar dicha importancia implica elegirlos pertenecientes

a alguno de los enfoques que veremos, y adoptar su modelo de «ciencia». O muchos de los otros existentes, que no abordaremos.

b. El nacimiento de la ciencia política

Sucede lo mismo en cuanto tratamos de ubicar el nacimiento de la ciencia política o de establecer qué es la ciencia política.

La aproximación a los distintos enfoques sobre lo político nos dará la pauta que no es para nada unánime el concepto de ciencia política, porque no es para nada unánime el concepto de ciencia en general, ni los requisitos que debe cumplir el conocimiento para poder ser calificado de científico.

De allí que entrar dentro del campo de la ciencia política, como ciencia social, equivale a penetrar en la polémica.

Como ejemplo palmario del grado de conflictualidad que implica hablar de ciencia, podemos preguntamos por el nacimiento de la ciencia política.

Tendremos que decir que para ubicar el nacimiento de la ciencia política debemos partir del supuesto que no hay una línea de demarcación objetiva, no hay univocidad de criterios sobre el tema, ya que fijar sus comienzos depende de diferentes visiones sobre temas conflictivos que hacen a las ciencias sociales en general.

Uno de estos planteos es lo referente, por ejemplo, a la cuestión del objeto

y del método de las ciencias sociales. Estos son sólo dos de los tópicos que

aún son cuestionados, y que de una u otra manera irradian sus efectos sobre la conceptualización de la ciencia política y por ende sobre los datos de su nacimiento.

Ahora bien, si nos enrolamos en un concepto positivista de ciencia (cuyos orígenes veremos) podemos decir que ésta aparece en la década del cincuenta, a partir de la llamada revolución conductista.

Y esto porque hasta entonces, entenderíamos que la protociencia política

había sido una laxa conjunción de áreas de investigación sobre diferentes temas políticos en las que convivían pacíficamente historiadores de la política, juristas y teóricos políticos. Pero la llamada revolución conductista (que luego desarrollaremos) impuso una rigurosidad positivista para la ciencia política que conllevaba la obligatoriedad de diferenciarla claramente de las ideologías y de las especulaciones filosóficas. Se aspiraba a llevar el ámbito de la política, como el de todas las disciplinas humanas y sociales, a cánones exactos como el modelo que daban las ciencias físicas.

Otra posición como por ejernplo la de Marcel Prelot (1961:17), es la que considera que los griegos son los creadores de la política y de la ciencia política, en tanto históricamente la ciencia corresponde al conocimiento sin otra especificación. Así se opone a quienes sólo llaman ciencia a la ciencia positivista.

Autores como Stoker y Marsh (1989) definen la ciencia política de manera amplia, refiriéndose a la existencia de una tradición académica de estudio de la política, que presenta un conocimiento estructurado y exige que quienes la practican respeten ciertas normas intelectuales a la hora de debatir.

En este marco se incluirían los tres enfoques que desarrollaremos; normativos, empíricos-analíticos y críticos dialécticos.

Los primeros en su producción intelectual ponen más el acento en la coherencia lógica de sus argumentos, estableciendo con precisión sus conceptualizaciones principales y sus correctas derivaciones.

Los segundos se orientan al cuidado y rigor metodológico para la presentación

de teorías y análisis causales y falsables.

Los terceros ponen el acento en la posibilidad de marcos de análisis que no solo den cuenta de los procesos políticos, sino que sean críticos y con un compromiso práctico de transformación.

Pero, en definitiva, todos exigen, que quienes practican la ciencia política aporten argumentos y datos fundados y sistemáticamente presentados, aunque las conceptualizaciones teóricas sean diferentes y también los distintos tipos de datos. Pero ninguna perspectiva afirma que ambos no sean necesarios.

4. APROXIMACIÓN A LAS TEORÍAS POLÍTICAS CONTEMPORÁNEAS

Entonces, tratando de abarcar una gran amplitud de definición, podemos decir que la ciencia política pertenece al nivel de la reflexión de la política como actividad que hemos caracterizado antes, y que toma la forma de una disciplina académica que pretende describir y/o analizar, y/o interpretar, y/o criticar de forma sistemática lo relativo a la política como actividad, así como sus valores, puntos de vista e ideologías subyacentes.

La ciencia política no es un único ámbito de conocimientos sobre lo político, ni

está constituida por un conjunto de verdades sobre temas políticos, más bien

nos inclinamos a pensar que la ciencia política es un campo donde convergen numerosas visiones sobre lo político.

Estas diferentes miradas que tienen los teóricos políticos sobre todo lo relacionado con la disciplina, constituyen sus perspectivas teóricas; que como

tal significan maneras de describir e interpretar lo político, y por consiguiente implican la elección de herramientas metodológicas para abordar el objeto de estudio y la construcción de distintos conceptos básicos para describirlo, explicarlo o interpretarlo.

Lo que nos interesa destacar en este tema es que la historia de la reflexión política, es la historia de hombres que miran lo político, pero esta mirada no es una visión ascética, sino cargada de ideología, entendida ésta como posición frente al mundo.

Von Beyme (1977) llama a esto enfoques metateóricos, que serían como perspectivas teóricas que condensarían lo que numerosos autores tienen en común sobre ciertos aspectos fundamentales de la disciplina.

Esta comunión de autores ni es completa ni absoluta, sino que responde a una decisión clasificatoria, que si bien se articula con afinidades en aspectos centrales, se alejan en algunos puntos, por lo tanto su inclusión en uno u otro enfoque puede generar discusión.

Además esta clasificación no significa que haya abismos infranqueables entre todos los teóricos pertenecientes a los distintos enfoques; incluso muchos de ellos comparten conceptos o métodos que pertenecen más específicamente a otro enfoque.

Todo teórico político tiene ideas sobre lo político, y estas ideas son el reflejo de su posición frente al mundo, frente a la realidad social, tiente al hombre, frente al Estado, etcétera. Esta posición le da forma a un discurso del teórico, debajo del cual subyacen supuestos básicos.

Estos supuestos pueden ser de los más variados: pueden ser presupuestos ontológicos como los referidos a la naturaleza del hombre, la naturaleza sobre la realidad social. Pueden ser presupuestos epistemológicos-metodológicos como los referidos alas formas de conocer, la relación básica entre teoría y hechos, y otros. Entre éstos hay una infinita gama de supuestos básicos, que incluso son irreductibles para algunos pensadores.

Así los distintos enfoques se clasifican teniendo en cuenta estos supuestos nucleares, explícitos o implícitos, presentes en las teorías políticas.

De allí que cada teoría o enfoque contiene diferentes conceptos básicos y distintas definiciones de lo político como concepto central de la ciencia política. Por lo tanto tienen discursos políticos y sociales diferenciables, los que pueden seguirse, no en todos los casos, a través de una mirada sobre los argumentos que estructuran su discurso.

De esto surgiría que un discurso determinado perteneciente al mundo de lo político, no podrá entenderse y aun menos criticarse, a menos que se tomen en cuenta dichas presuposiciones.

Como estamos en el nivel de la reflexión sobre lo político, en el nivel de la teoría, debemos aclarar que no resulta fácil mantenerse en el término ideal entre la exposición de las teorías, la referencia a la realidad política que contienen y la valoración y crítica de ellas. Para ello se tratará de describir el pensamiento general y aconsejar al estudiante la lectura directa de autores de cada enfoque.

Los enfoques que plantearemos, con la intención de exponer los supuestos que las conforman y guían, son:

Enfoques normativos u ontológico-normativos.

Enfoques empírico-analíticos, o empírico-racionalistas o neopositivistas.

Enfoques crítico-dialécticos.

Cabe decir que a estos enfoques se los suele identificar, aunque esto no es

absoluto ni implica un criterio definitivo, con alguna posición política, entendida como la adopción de una ideología. Así a los normativistas se los puede articular con ciertas concepciones conservadoras, aunque hay gran variedad de normativistas contemporáneos con concepciones reformistas, a los empírico- analíticos liberales (aunque desde los críticos son estimados conservadores) y

a los crítico-dialécticos, neomarxistas o más genéricamente de izquierda. Dicha

relación permite explicar el surgimiento histórico de ciertos enfoques; pero no hay una relación causal entre un enfoque y la inclinación política de los teóricos.

5.

PRÁCTICA POLÍTICA

TEORIA

Y

PRAXIS

POLÍTICA.

LA

INFLUENCIA

DEL

SABER

EN

LA

En primer lugar debemos realizar algunas consideraciones previas. Hemos hablado de actividad política, realidad política, cuestiones políticas, etcétera, y aunque pueda resultar obvio, debemos acordar que haremos un abordaje de esta problemática, a partir de la teoría política 2

La actitud del teórico político sobre estos procesos, es distinta a la del político práctico, el cual se caracteriza por participar, o intentar hacerlo, en la adopción de las decisiones políticas. Esto no quiere decir que el político práctico no pueda estar, en mayor o menor medida, influido por los aportes de las teorías políticas, sino que el aspecto más relevante de su accionar está vinculado a su participación en la formación de los procesos políticos, y no al estudio de ellos.

En cambio, el teórico político, se orienta específicamente al estudio de esos procesos. Aunque, debemos destacar, que los teóricos políticos se encuentran

inmersos en los procesos políticos reales y que gran parte de las teorías políticas causantes de verdaderas transformaciones, constituyen propuestas que no sólo buscan cambiar el modo de observarlo político, sino también las propias instituciones políticas reales. Tal es el caso de Aristóteles, Hobbes, Locke, Marx

y tantos otros.

Ahora bien, recordemos lo que dijimos con relación a que las ciencias constituyen en la actualidad el tipo de saber más legitimado en Occidente y por lo tanto una fuente de poder, por ello se convierten en un “saber especializado” que dota de autoridad a quienes se sirven de este saber. Esto ocurre por el lugar de privilegio que ha alcanzado en Occidente el conocimiento científico, como límite demarcatorio de la mera opinión, de lo subjetivo, y hasta de lo “irracional”, lo que comenzó en la Modernidad.

En nuestro caso, la ciencia política ha estructurado un “saber científico político” que permite revestir de autoridad a quien se apoya en él, sirve como justificación

a las decisiones que se tomen, ya que por su poder “racionalizador” son su

sustento legitimador. Por ello, todo político práctico cuando debe justificar las

decisiones que adopta, remite de una manera directa o indirecta a este tipo de saber especializado, por ello hay una implicancia entre los aspectos teóricos y prácticos de la política.

Hoy en Occidente no consideraríamos justificada una decisión tomada por un gobernante cuando la fundamentara en una especie de “intuición” o en su fe en Dios. Esto porque desde la modernidad el tipo de conocimiento considerado válido para explicar el mundo y servir de criterio diferenciados de lo irracional, subjetivo y metafísico, es el conocimiento científico. Esto le ha permitido a las ciencias constituirse corno un discurso validador o justificador de las decisiones que lo tengan como base. De allí que es poco probable que, en nuestro caso la política, no tenga como fuente directa o indirecta ese saber especializado político, que no es sino lo que llamamos ciencia política o teoría política.

Entonces, debemos aclarar que de acuerdo a nuestra posición existe una ineludible relación entre la teoría y la práctica, entre el desarrollo científico de la disciplina y los valores políticos que la estimulan.

Es por eso que las teorías políticas se instituyen, a la vez que en paradigmas científicos que orientan a la disciplina, en perspectivas ideológicas que legitiman la práctica política; las teorías replantean, a la vez que el discurso científico vigente, el orden político existente. El horizonte histórico de comprensión es el que hace inteligible las grandes teorías que dan sentido al análisis científico de la política (Pinto, Julio, comp. 1995).

1 Utilizamos aquí la denominación «ciencia política» en su sentido histórico, como conocimiento sistemático

y fundado sobre la política, sin atender por ahora a otras distinciones que se formularán posteriormente.

2 A los fines del desarrollo de este tema introductorio usaremos como sinónimos las palabras ciencia política

y teoría política.

m1 |contenidos | IC

información complementaria 2

Ciencia Política, por Mercedes Prelot

Introducción

I.La política:

La palabra política se origina en las palabras griegas polis, politeia, politica, politiké.

é polis: la Ciudad, estado, el recinto urbano.

É politeia: el Estado, la Constitución, el régimen político.

Tá política: cosas políticas, cosas cívicas.

É politiké: el arte de la política.

Para los antiguos, la política pragmateia es el estudio o el conocimiento de la vida en común de los hombres según la estructura esencial de esta vida que es la constitución de la ciudad.

El hombre antiguo, tal como lo definió Aristóteles, aparece así como un ser o animal cívico. Se disminuye enormemente el alcance de la definición al traducir zoon politikon por animal social. El animal es también social, pero solo el hombre es político. Su carácter específico es vivir insertado en el organismo social que constituye la Polis, y ésta es para él tanto una necesidad natural como ideal.

La Polis no es solo la ciudad como planta urbana, sino también un territorio agrícola, la campaña circundante.

Hay pues correspondencia, en cuanto al concepto mismo, entre la Ciudad antigua y el Estado moderno.

La correspondencia verbal entre la Ciudad y el Estado se halla asegurada, en latín, mediante la palabra respublica; lo que concierne a la ciudad, corresponde res publica: la cosa pública. Como adjetivo, repúblico es equivalente a cívico.

Más tarde la palabra Estado se une a la expresión res pública. La conjunción estado de la cosa pública. En sí mismo, por otro lado, el término status solo significa una posición.

Con el correr del tiempo la palabra status y la expresión res publica fueron adquiriendo poco a poco, y separadamente el mismo sentido. La latinidad media y baja desconoce la palabra política.

Las otras políticas del Siglo XVI se denominan Il Príncipe, Maquiavelo incorpora al uso corriente la expresión Estado.

Hoy en día el lenguaje corriente ha enriquecido con otras acepciones la definición de política, pero deja al sentido principal su acepción tradicional.

La Academia Francesa dice que política es el conocimiento de todo lo que se relaciona con el arte de gobernar un Estado y de dirigir sus relaciones exteriores. Hatzfeld y Darmesteter dicen: “politique: relativo al gobierno de un Estado; Droit politique: derecho por el cual un ciudadano participa en el gobierno de un Estado; homme politique: el que se ocupa del gobierno de las cosas públicas; politique, como sustantivo: el arte de gobernar, todo lo concerniente a los asuntos públicos”.

Littré, “la ciencia del gobierno de los Estados, el arte de gobernar un Estado y de dirigir sus relaciones con los otros Estados”.

La grande Encyclopédie, “la política es estrictamente el arte de gobernar un Estado. La ciencia política puede, pues, definirse como la ciencia del gobierno de los Estados, o el estudio de los principios que constituyen el gobierno y deben dirigirlo en sus relaciones con los ciudadanos y los otros Estados”.

La política alude tanto a los hombres y a los hechos como al conocimiento que se tiene de ellos. Actualmente se hace la distinción mediante el uso del término ciencia política.

Estadística y estadístico: la palabra estadística, en un sentido diferente del que aún en el Siglo XIX expresa Carnot, es la recopilación de los hechos originados en la aglomeración de los hombres en sociedades políticas.

En lugar de estadística, un profesor de la Escuela francesa de Derecho de El Cairo propuso la palabra statologie (estadología). El término estadología no tuvo aceptación. Bigne, distingue la sociología política de la estadología. La primera sería el estudio del comportamiento de las sociedades humanas y de sus relaciones recíprocas. La segunda se limitaría al aspecto de esta disciplina que se refiere a la ciencia y al arte de gobernar las comunidades.

La palabra politología parece perfectamente aceptable. Su primera ventaja con respecto a estadología, es que sus dos componentes han sido tomados del mismo idioma. Constituido por dos palabras griegas: polis-ciudad, Estado; logos-razón, exposición razonada de un tema, el término está bien elegido para designar el conocimiento sistemático de la cosa pública o del Estado.

La objeción más seria que podría hacerse a politólogo es que no se forma directamente a partir de polis (la ciudad Estado), sino de su derivado polites (el ciudadano). En consecuencia, la politología sería más bien la ciencia del ciudadano que la de la ciudad.

Una tendencia disidente propone politicólogo, que se acerca más a la palabra griega politicos. Pero politicología no presenta, desde el punto de vista de su formación, ninguna superioridad sobre politología.

Hablaremos aquí de politología, cada vez que consideremos el conocimiento sistemático y ordenado de los fenómenos relativos al Estado.

La politología clásica

El nacimiento de la politología:

Los griegos son los creadores de la política y de la ciencia política. Grecia le imprimió su carácter dominante: la ciencia. Aristóteles fue el principal promotor del conocimiento científico. La clasificación aristotélica se apoya en la distinción de tres operaciones del espíritu: saber, hacer y crear. Existen tres grandes

categorías de ciencias: las ciencias teóricas, las ciencias prácticas y las ciencias poéticas. Las teóricas, matemáticas, la física y la metafísica. Las poéticas, la lógica, la retórica y la poética. Las ciencias prácticas son la ética, la económica

y la política.

La ética es la ciencia del comportamiento personal, el conocimiento de la conducta del individuo, la moral. La económica es la ciencia de la familia. La política es al ciencia de la constitución y de la conducta de la Ciudad Estado; ocupa prácticamente la cúspide de la jerarquía, porque su objeto, la Ciudad- estado, engloba toda la organización estatal.

La política domina teóricamente a las otras ciencias, porque regula todas las actividades humanas.

En la Etica a Nicómano, Aristóteles subraya que “hay algo de más noble y elevado en ocuparse del bien y del contenido del Estado en su totalidad que en el de un solo hombre”. La frontera entre la ética y la polïtica no es siempre trazada claramente. El objeto de la ética es una especie de política. Incluye la política, elementos que, formarían parte de la ética y de la económica: la procreación, la educación, y hasta la música.

Distingue con claridad entre la política, que es el conocimiento de las cosas cívicas y la económica, que es la ciencia de las cosas domésticas. Aristóteles

considera tres tipos de relaciones sociales: entre esposos, entre padres e hijos,

y entre amo y esclavo.

Rechaza desde el principio la idea de que el Estado sería una familia ampliada, ya que no hay entre la familia y la ciudad una diferencia de grado, sino de naturaleza.

II.La tradición antigua y Medieval:

Cicerón (romano helenizado), de inspiración aristotélica, acepta como básica la noción de Ciudad, pero amplía el marco y la define de un modo mucho más jurídico. Escipión el Africano, en el diálogo de la República figura como el héroe cívico al que se dirige la admiración del gran orador: “La República es la cosa del pueblo, y el pueblo mismo no es no importa qué conjunto de hombres, sino una colectividad unida por un acuerdo de derecho y por una comunidad de interés”.

Cicerón pone en primer plano el aspecto jurídico de la Ciudad: el derecho común

a todos, aceptado por todos, efectivamente obedecido por todos.

La revolución cristiana (sociológicamente) o la revelación cristiana (filosóficamente), trajo cambios morales y psicológicos con San Agustín, quien modifica la definición ciceroniana de Estado: “Como el pueblo de Cicerón, el pueblo de la ‘Ciudad de Dios’ es también un agregado humano, una multitud

razonable, pero unida poor la pacífica y común posesión de lo que ama y no por el derecho y la utilidad. Paso de una concepción jurídica a una afectiva; de una noción societaria a una comunitaria. San Agustín prepara así ese sometimiento del Estado respecto de la Iglesia. Hay en el obispo de Hipona una transposición

y ampliación del ideal terrestre. La noción de Estado puede aplicarse a otra

comunidad que trasciende la ciudad carnal, a la ciudad espiritual, Civitas Dei.

El agustinismo político domina el pensamiento medieval; Santo Tomás de Aquino vuelve a la concepción de los autores paganos, tomando una definición de Ciudad que es en realidad la de Cicerón. (la definición ciceroniana es perfectamente válida para la naturaleza, mientras que San Agustín se ha ocupado de lo sobrenatural).

La concepción tomista es simplemente una formulación detallada de las doctrinas aristotélicas. La ciudad forma una unidad indivisa, constituida bajo una autoridad suprema, donde cada uno conserva su propia autonomía mientras contribuye al ordenamiento general.

Con Santo Tomás la política pierde la primacía que le había asegurado Aristóteles. Conserva el primer lugar entre las artes prácticas, ya todas las ciencias y las artes no convergen más hacia la política, sino hacia la teología. La política, como las demás ciencias, es su sirvienta.

La noción de Estado pasa de la colectividad popular al gobierno, del gobierno a

la persona de quien gobierna, del Estado al reino y del reino al príncipe.

III.Las concepciones modernas:

El Príncipe, es el título del libro que inicia la politología moderna. La política se inclina hacia la psicología y la pedagogía. Maquiavelo distingue entre repúblicas

y principados. Da a la palabra “república” un sentido preciso: el de gobierno temporario.

Mientras el Estagirita dirige sus investigaciones hacia el buen gobierno que asegura una vida buena a sus buenos ciudadanos, Maquiavelo tiende hacia un gobierno eficaz para una Italia unida y descentralizada. La política es el arte del Estado, dirigido menos a la felicidad de los miembros de la Ciudad que a la obtención de su obediencia.

Ya se trate del bien de los hombres o de su obediencia, el objeto del conocimiento político sigue siendo el Estado, concebido así como un cuerpo político.

Bodin abarca toda la ciencia política, con los diversos órdenes de hechos que comprende y las leyes fundamentales que la integran. “Geschichte des allgemeinen Staatsrechts und der Politik seit der 16. Jahrhundert bis zu Gegenwart” (Historia del Derecho general del Estado y de la política desde el siglo XVI hasta la actualidad), “Die Staatslehre Bodins” (La teoría del Estado de Bodin). Bodin enriquece el esquema aristotélico, con el aporte de puntos de vista que son tanto el resultado de su reflexión personal como del paso de la Ciudad- estado al Estado monárquico, a principios del siglo XVI.

Bodin ve en el Estado el producto de una evolución secular que engendra un equilibrio de derechos y obligaciones en el seno de un grupo más complejo que el estudiado por el Estagirita. No solo hace del Estado “el recto gobierno de varias familias”, sino que interpreta las desigualdades comprobadas por él como causa de una división del trabajo.

Althusius, “Política Sistemática”, define la política como el arte de constituir, cultiva

y conservar la vida social. Le da, en consecuencia, el nombre de simbiótica,

que toma del griego. El Estado es una comunidad política superpuesta a las comunidades más simples, a las familias, a las corporaciones, después a las sociedades más complejas, las comunas y las ciudades. Llega a una concepción contractual y orgánica de la soberanía. Se pasa por gradaciones de

las sociedades más simples a la sociedad estatal. Por ello se puede considerar

a Althusius como el precursor de las doctrinas políticas que más tarde serán calificadas de federalistas o aun de corporativas.

Mientras que Althusius considera al Estado como una federación de grupos ligados poor un contrato del que surge la soberanía, Bodin afirma el carácter unitario e indivisible de esta soberanía. Althusius es un organicista popular para quien la autoridad reside en el pacto concluido por los elementos orgánicos que constituyen el Estado, Bodin es un monarquista unitario, partidario de la soberanía, que reposa en la persona del príncipe. El Príncipe prevalece definitivamente sobre el Estado y domina la politología de los siglos XVI y XVII.

De manera opuesta, la Escuela de Derecho natural y de gentes redescubre la concepción social. Puffendorf y Barbeyrac vuelven al término Civitas.

JJ. Rousseau, y su Contrato Social, “la persona pública que se constituye así mediante la unión de todos los otros tomaba en la Antigüedad el nombre de Ciudad y se la denomina actualmente república o cuerpo político, al cual sus miembros llaman Estado cuando es pasivo, soberano cuando es activo, y potencia al compararla con sus semejantes”. “Se confunde el recinto urbano con una Ciudad y a su habitante con el ciudadano”.

De Aristóteles al siglo XVIII, la tradición es una y segura. Hay, como lo expresa bien Paul Janet, quien escribió la historia de este período, “una ciencia del Estado, no de tal o cual Estado en particular, sino del Estado en general considerado en su naturaleza, en sus leyes y en sus formas principales. Es la ciencia política, y nadie derivó entonces de ella otra rama del conocimiento de la vida social.

LA SUSTITUCIÓN DE LA POLITOLOGÍA

I. La politología sustituida por la ciencia económica:

El uso cada vez más generalizado de un término que se origina a principios del siglo XVII, el de economía política, provoca una incertidumbre creciente. Con Aristóteles se vio florecer la rama fértil de la política, mientras que la económica se marchitó rápidamente. Con el cristianismo las relaciones de familia tomaron cada vez más el aspecto de relaciones personales atinentes no a la económica, sino a la ética; sólo quedó a la económica la administración del patrimonio y el cuidado de la casa.

El siglo XVII produce cambios que modifican completamente el sentido del término “económica”. Montchrestien sostiene que el Estado debe comportarse, con respecto a sí mismo, como si se tratara de una casa cuyos limitados recursos deben administrarse juiciosamente (idea de una gestión económica, o sea “familiar”). El Príncipe debe aplicar al Estado las leyes de administración de un hogar. Llama Economía Política a las reglas de una buena administración de los bienes del reino.

Sully, “transportada del hogar al Estado, la economía se convierte en el arte de la administración de las cosas materiales. Unido a economía, que es el sustantivo, el adjetivo política es equivalente a estatal”.

Piettre dice: “el carácter nacional de la economía sobrepasa en mucho su carácter crematístico”. Más adelante da a esta economía el calificativo de “monarquizada”, invocando a Hauser, para quien el rey es “el legislador y el regulador de la vida política”.

Adam Smith, “la economía política conserva su dependencia tradicional respecto de la política, rama de los conocimientos del legislador y del hombre de Estado, que se propone enriquecer a la vez al pueblo y al soberano, particularmente con el objeto de proporcionar al Estado renta suficiente para el servicio público”.

Desde la segunda mitad del siglo XVIII la economía se aleja de la política. Se convierte en un sistema lógico de asuntos económicos que deben ser considerados en sí mismos, por ellos mismos y para ellos mismos.

Piettre decía que la económica, no solo se ha separado de la política, sino que pretende una autonomía total. La economía es una fisiocracia, un gobierno de la naturaleza; la política sea cual fuere el régimen considerado, es un gobierno del hombre, una antropocracia.

La economía reivindica su autonomía tanto en el orden práctico como en el orden intelectual. En el práctico, rechaza la dominación política de los regímenes en vigor. En el intelectual desea ser una ciencia independiente con respecto a las otras ciencias, y sobre todo con respecto a la ciencia del gobierno del Estado.

La economía no solo quiere separarse de la política, sino desvalorizarla colocándola en un segundo plano. En esto concuerdan las dos escuelas rivales del liberalismo y del socialismo.

La idea fundamental del individualismo liberal está constituida, más que por nociones de libertad y de individuo, por el concepto de espontaneidad. Los fenómenos económicos son una manifestación de la naturaleza: surgen inevitablemente y se organizan por sí mismos.

La economía se halla sometida a leyes naturales. En consecuencia, la política

nada tiene que hacer en este terreno. Si interviene, será para ponerle obstáculos

a esta rueda maravillosa, que de otro modo giraría por sí misma. El liberalismo

concluye en una concepción minimalista del Estado en la que se le deja el menor sitio posible. “El hombre de la era liberal es el hombre menos politizado que ha existido”.

En lo que se refiere al antipoliticismo, en el fondo el socialismo se halla de acuerdo con su adversario. Todos desean la desaparición del poder político en su esencia. La primacía de lo económico, la desvalorización y la exclusión de lo político se expresan en la famosa parábola de Saint Simon, y fue Proudhon quien le dio un extraordinario relieve: “La única y verdadera revolución es la revolución social, que opone a las seudorrevoluciones políticas; ella reemplazará el Gobierno por

el Taller; ponemos la organización industrial en lugar del Gobierno, y las fuerzas

económicas en lugar de los poderes políticos”.

La idea de la disolución del gobierno en la sociedad no es menos fundamental en Marx: los regímenes y el Estado mismo son superestructuras que deben ser completamente eliminadas por la evolución económica, que conduce a la revolución social. La única realidad es la economía”. Cuando el proletariado sea dueño del poder, no habrá más poder ni habrá más Estado, porque la autoridad política es la consecuencia de la lucha de clases.

La economía política de los siglos XIX y XX ya nada tiene que ver con la política. Las nuevas definiciones la califican como “ciencia de la riqueza” o “ciencia del cambio”. Algunos proponen el de “crematística”, que se encuentra ya en Aristóteles, otros, “plutología” o “cataláctica”.

II. La politología sustituída por la sociología:

Ahora se separan lo político de lo social. Cierta distinción entre lo político y lo social aparece desde el renacimiento del Estado. Ya en Bodin y Althusius había la idea de que existiría lo social fuera de lo político, o un elemento social distinguible, si no diferente de lo político.

En el siglo XIX, autores alemanes como Robert von Mohl, separan la ciencia social

de la ciencia política. El término social designa las instituciones, las costumbres,

o los comportamientos no organizados directamente por el poder: la familia, la

propiedad y las clases sociales. Se opone el Estado social al Estado político. Hauser distinguirá la historia llamada política, que se preocupa sobre todo de las formas de gobierno de las sociedades, y la historia calificada de social, que se interesa principalmente en la vida material, económica y moral en las mismas sociedades. Lo social comprende así toda la vida privada, no solo en su aspecto individual e interindividual, sino colectivo.

El orden de la sociedad es considerado más rico que el orden jurídico del Estado;

en forma paralela a la corriente económica, el flujo social desvaloriza también a

la politología.

Es mucho más grave para la integridad de la política la pretensión de lo social de convertirse en ciencia autónoma y global, bajo el nombre de sociología. La

iniciativa de Augusto Comte priva a la política de su primacía tradicional, porque

la sociología la reemplaza como ciencia arquitectónica.

Cuando la sociología sustituye a la politología, el interés pasa de las Ciudades

o los Estados a la Humanidad: conjunto de seres humanos pasados, futuros y

presentes. Los más numerosos, y siempre en aumento, son los muertos, que subsisten por la inmortalidad subjetiva, sea porque se guarda su recuerdo, o porque el resultado de sus actos permanece gracias al progreso.

Sólo será sociológico, en sentido preciso, el conocimiento de los fenómenos humanos en tanto que sociales, o sea no como productos de la voluntad de los individuos, sino como resultados de la influencia ejercida por el grupo social. Éste origina actitudes que los miembros que lo componen no habrían tenido nunca si no estuviesen agrupados. La sociología no estudia todo lo que ocurre en las sociedades existentes; solo se pregunta de qué modo y en qué medida los hechos sociales se originan en la vida social, y cómo, a su vez, actúan sobre ella.

Los actos políticos interesan realmente al sociólogo, pero no se ocupa de ellos del mismo modo que el politólogo. El sociólogo no estudia la política más que como una manifestación específica de vida colectiva. El politólogo considera todos los aspectos de las instituciones y de la vida del Estado. Desde el punto de vista estricta y esencialmente político, mientras que el sociólogo solo toma en cuenta los fenómenos políticos en tanto que son sociales, y exclusivamente en ese aspecto.

Cabe mencionar que Durkheim logró que la sociología fuera reconocida como ciencia y se le concedieran cátedras.

III. La politología reemplazada por la ciencia jurídica:

La Economía se desarrolló bajo la influencia inglesa, la sociología nació en Francia; Alemania, a mediados del siglo XIX logró reintegrar la economía en la política, y volvió a colocar lo social en lo político.

Muller consideró al Estado como un conjunto que domina a los individuos y aun a las generaciones. Sintetiza una triple corriente jurídica, lingüística y filosófica, que a las tres tendencias de la economía clásica: el individualismo, el cosmopolitismo y el perpetualismo, opone, en orden, el espíritu comunitario, el ideal nacional y la relatividad histórica. Autores como Dahl, Waitz y Treitschke.

La escuela alemana redescubre Aristóteles, superando el divorcio entre lo económico y lo sociológico, engendrando ella misma la separación de lo jurídico.

El derecho procede de la política, y la política presupone el derecho como condición fundamental de la libertad. Bluntschli sostiene que la política no es más que una parte del dominio de los conocimientos sobre el estado. Jellinek observa que la política significa en griego “doctrina de la Polis”, y que se debe traducir por “doctrina del Estado”. Se divide, por una parte, en una doctrina social del Estado, y por otra, en una doctrina jurídica, o derecho público en general.

Gerber, padre del derecho público, se esfuerza por clarificar los principios del derecho sobre los cuales debe edificarse el derecho público, y se propone eliminar las tendencias políticas, históricas o doctrinarias. Para él, el derecho público es exclusivamente el derecho del Estado concebido como sujeto de derechos. Lo dogmático termina sustituyendo a lo sociológico, para llegar a la creación de un derecho público que nada debe a ninguna disciplina, salvo al derecho mismo. Laband exige que el análisis del sistema constitucional de un país determinado sea puramente jurídico. Se considera a la ciencia política, “literatura de periódico”.

LA POLITOLOGÍA DESMEMBRADA Y ABANDONADA

I. Una ciencia sin contenido:

El contenido de la política disminuye hasta desaparecer por completo, debido

a la creciente especialización de las ciencias políticas. Existen ahora sociología

política, que estudia los fenómenos políticos en su aspecto social; economía política, que examina al Estado como agente o como marco económico; derecho político, o público, que considera el aspecto jurídico de las instituciones y relaciones públicas; historia política, filosofía política, geografía política, etc

Cada vez que aparece, la política es absorbida por otra ciencia. A fines del siglo XIX la política desapareció como sustantivo que designa una disciplina autónoma, y solo quedó como calificación de otras disciplinas. No existe más la ciencia política, solo subsisten las ciencias políticas. Ya nada queda para la politología como tal. Algunos, sin embargo, consideran que esta reabsorción

total es excesiva: la politología conservará lo que las disciplinas particulares no hayan podido asimilar. Esta teoría residual no puede servir de base para una supervivencia honorable de la ciencia política. Paradójicamente, la multiplicidad

y el progreso de las ciencias políticas engendran la desaparición de la politología.

II. Una ciencia sin adeptos:

Durante el siglo XIX y comienzos del XX se produjo un debilitamiento de la literatura politológica. Hay pocas “Políticas” escritas durante tal período. Ivan Golovine sostuvo en 1844: “La política es la ciencia del gobierno tanto en sus relaciones interiores como exteriores, la ciencia del Estado por excelencia”. Por otro lado, sostiene Buchez: “La terminología y las definiciones de Platón y Aristóteles constituyen todavía hoy la base de la ciencia política, la cual debe ser completada por una idea de progreso”.

LA POLITOLOGÍA RENACIENTE

I. El nuevo Clima:

La primera guerra mundial no contribuye en absoluto a sacar del marasmo a la ciencia política. La segunda guerra mundial da el impulso decisivo al renacimiento politológico.

En el renacimiento de la politología tiene gran importancia, ante todo, el ejemplo norteamericano. Las universidades de los Estados Unidos desde fines del siglo

XIX crearon y extendieron su departamento de ciencias políticas.

La brusca ascención de la ciencia política solo pudo producirse porque durante todo el siglo XIX y comienzos del XX las Facultades de Derecho has sido, a pesar de las reticencias y las hostilidades, la verdadera Escuela de Ciencia Política. Hombres como Hauriou, Esmein, Soulier, Barthélémy, Chevallier, etc. En estas obras la ciencia política presente en todas partes, no se afirma a cara descubierta, sino que toma la apariencia del “punto de vista”. El estudio del Estado, de los fenómenos constitucionales y relacionales, contiene algo más que lo que capta y explica el Derecho.

Le tocó a Burdeau efectuar la revolución ya latente pero todavía insegura de sí misma, de hacer pasar el Derecho Constitucional de la situación de ciencia principal a la de ciencia complementaria.

II. Redescubrimiento de la política:

El politólogo se considera un investigador a través de todo lo social; lo que el descubre es la realidad social. La teoría del “interés selectivo”, subyace en los trabajos de la Unesco en 1948, en relación con el establecimiento de la lista-tipo. La primera y fatal consecuencia del renacimiento de la ciencia política debía ser necesariamente un debate sobre su objeto.

Dabin sostuvo que la ciencia política no es ni puede ser otra cosa que la ciencia

del Estado. Si partimos de la palabra política, la ciencia política tiene un objeto

específico, perfectamente distinguible, o sea, la cosa política, res política.

Los esfuerzos se dirigieron a enumerar aquello en lo que se interesaban, las instituciones y los hombres dedicados a su investigación y a su enseñanza:

LISTA TIPO DE LA UNESCO

1-

La teoría política:

a) La teoría política;

b) La historia de las ideas;

2-

Las instituciones políticas:

a) La Constitución;

b) El gobierno central;

c) El gobierno regional y local;

d) La administración pública;

e) Las funciones económicas y sociales del gobierno;

f) Las instituciones políticas comparadas;

3-

Partidos, grupos y opinión pública:

a) Los partidos políticos;

b) Los grupos y las asociaciones;

c) La participación del ciudadano en el gobierno y en la administración;

d) La opinión pública;

4-

Las relaciones internacionales:

a) La política internacional;

b) La política y la organización internacional;

c) El Derecho internacional.

La lista-tipo ofrece triple serie de ventajas:

1)Registrar los temas objeto de escritos o de investigaciones diversas; 2)La vida política, en sus diversos aspectos, necesita de las variadas investigaciones del sociólogo, del geógrafo, del historiador, del psicólogo, etc.; 3)La lista-tipo evita caer en los peligros que la politología no supo evitar anteriormente, disolviéndose en una serie de ciencias especializadas que solo dejaban a la ciencia política un residuo carente de interés.

El origen de la Ciencia Política

I- La revolución conductista

Si hablamos de la ciencia política como actividad científica dentro de un paradigma teórico establecido, en un concepto positivista de ciencia, ésta aparece en la década del cincuenta, a partir de la llamada revolución conductista.

Hasta entonces, la protociencia política había sido una laxa conjunción de áreas de investigación sobre diferentes temas políticos. La llamada revolución conductista, impuso una rigurosidad positivista para la ciencia política que conllevaba la obligatoriedad de diferenciarla claramente de las ideologías y de las especulaciones filosóficas. Se aspiraba a llevar el ámbito de la política a cánones exactos como las ciencias físicas.

Para hablar de ciencia política, hay que referirse al contexto de aparición de las ciencias sociales (siglo XX).

El auge de esta cientifización de la política tuvo su epicentro en la tierra del pragmatismo: Estados Unidos, a partir de la llamada revolución conductista. Fue un movimiento intelectual que se desarrolló en importantes universidades norteamericanas (Chicago y Stanford) y que produjo una comunidad científica especializada.

El conductismo o behaviorismo implica la posibilidad de estudiar la conducta humana sin una interpretación síquica, sino partiendo de entender a la conducta humana como respuesta a los estímulos del entorno.

El hilo conductor de la experiencia conductista será la adopción por parte de la ciencia política, de los métodos de investigación de la sociología que toma como propios, en tanto son precisos como los de las ciencias naturales.

Su desarrollo se divide en tres fases; en la primera, alrededor de 1908, se destacan los nombres de Bentley, Alan Ryan. La segunda, de 1950 en adelante, donde afirmaba David Easton “el centro de atención de la ciencia política se ha desplazado del análisis de las instituciones al de los individuos, cuyas motivaciones, personalidades o sentimientos observa, para poder de este modo investigar adecuadamente cómo están relacionados y qué influencias tienen en un proceso político; Almond, Deutsch, Simon, etc. En la tercera fase, de gran auge en la década de los 80, destacándose las figuras de Olson, Downs, Schumpeter, etc.

En SINTESIS:

1. La ciencia política puede dar explicaciones y hacer predicciones según el modelo de las ciencias naturales, y ofrecer en lugar de estudios descriptivos, análisis sistemáticos, con la guía de teorías que habrán de corroborarse empíricamente.

2. Los fenómenos que pueden observarse habrán de ser el límite de la ciencia política. Se rechazará el planteamiento institucional porque entiende las instituciones como conductas sociales estancadas.

3. En vez de dedicarse a la investigación pura, investigación aplicada.

4. La ciencia política debe prescindir de los grandes issues, pues no puede demostrar científicamente la exactitud y la falsedad de los valores (democracia, igualdad, libertad, etc.); debe abstenerse de hacer valoraciones.

5. La ciencia política debe ser interdisciplinaria.

6. Debe utilizar un lenguaje técnico.

7. Se generaliza el método hipotético – deductivo, superando el empirismo ingenuo.

Posturas acerca del origen de la ciencia política

II- Postura de Prelot

Aristóteles (Siglo V a.C.) es el fundador de la ciencia política, ya que es él quien da el gran salto en Grecia de la especulación metafísica al campo de lo empírico, realizando un estudio exhaustivo de más de cien constituciones políticas. Es Aristóteles quien comienza a detallar la organización de las instituciones y de la comunidad política en la polis griega.

III- Postura que considera a Nicolás Maquiavelo como su iniciador.

La auténtica separación racional entre política y ética no se produce sino hasta la Edad Moderna, siendo Maquiavelo un gran exponente de la construcción de una técnica del poder destinada a eliminar cualquier clase de límites normativos – morales que pudieran trabar la autoridad del príncipe.

Atribuir la iniciación de la ciencia política a Maquiavelo, es tradición, sobre todo por la autonomatización de su objeto de estudio: lo político, escindido de las acostumbradas sujeciones a lo ético (Grecia) o lo religioso (Edad Media).

IV- Postura de Brecht

Coincide con Duverger; la ciencia política surge en 1900; pero no sólo es necesaria la creación de universidades, cátedras, Centros de Investigaciones, sino que son necesarios los resultados que permitan elevar a carácter de científico a la política.

V- Postura de Duverger

Del siglo XX, considera que la política posee una gran prehistoria y una corta historia. La ciencia política comienza en nuestro siglo, con el auge de las universidades. Duverger ha encontrado en la entrada de la ciencia política en la Universidad el hecho decisivo para marcar y precisar su nacimiento como verdadera ciencia (historia). El origen de la ciencia política no ha sido simultáneo en todas partes. En Estados Unidos la entrada oficial en gran escala de la ciencia política en las universidades se produjo entre 1890 y 1914. En la mayor parte de los países europeos y con algunas excepciones (Oxford, Londres, Cambridge), el hecho se ha operado con posterioridad a la segunda Guerra Mundial.

Realiza la siguiente esquematización:

Prehistoria:

Prehistoria propiamente dicha (período anterior al siglo XIX), PRECURSORES, dieron o crearon un método para elevar la política a la categoría de ciencia.:

1) Aristóteles, “Método de observación”.

2) Maquiavelo, “Método objetivo” (separa consideraciones metapolíticas de las realidades políticas).

3) Bodin, “Desarrollo del método de la observación”.

el

4)

método aristotélico).

Montesquieu,

“Método

de

observación

sistemática”

(sistematiza

Intermedio, siglo XIX, FUNDADORES:

1) Tocqueville, que aporta el método de la “Observación profunda” (no creía en la democracia, pero anticipa la revolución democrática a la que denomina la “revolución irresistible”; su obra, “La democracia en América”).

2) Comte, con su “Método positivo”. Es el padre de la sociología.

3) Marx, “Una nueva cosmogonía” con método: materialismo histórico. En las ciencias sociales hay un antes y un después.

Debemos aclarar que el criterio que sigue Maurice Duverger para señalar a los autores arriba citados como precursores o fundadores de la Ciencia Política, en su larga etapa prehistórica –de más de 20 siglos: V a.c. hasta el XIX de nuestra era- es el aporte respecto al método que utilizaron para esbozar sus teorías, ideas respecto a la política, ya que para que nuestra disciplina sea científica, al igual que otras, necesita de un método.

Origen y Desarrollo de la Ciencia Política:

Temas y Problemas

Héctor Zamitiz Gamboa

FCP y S-UNAM

Resumen: El presente artículo profundiza en tres grandes temas de interés que, además de encontrarse claramente entrelazados en la historia de la disciplina, ilustran algunos de los principales desacuerdos que se han generado por los cambios en los cánones. Esto con el fin de pensar la política en las distintas épocas (lo que desde la perspectiva khuniana podría ser considerado como una revolución científica).

Ab stract: This ar ti cle goes deep into three im por tant themes, which, be side the fact that they are clearly braided in the his tory of po lit i cal sci ence as a dis ci pline, they il lus trate some of the main ar gu ments that have emerged prin ci pally due to the changes in the rules on how to think of pol i tics dur ing dif fer ent his tor i cal pe ri ods (what could be con sid ered, ac cord ing to khunian’s perpective as sci en tific rev o lu tion).

Parece que al interesarse por el desarrollo científico, el historiador tiene dos tareas principales. Según Thomas S. Khun, por una parte, debe determinar quién y en qué momento se descubrió o inventó cada hecho, ley o teoría científica contemporánea y; por otra, debe describir y explicar el conjunto de errores, mitos y supersticiones que impidieron una acumulación más rápida de los componentes del caudal científico moderno. Sin embargo, durante los últimos años, algunos historiadores de la ciencia han descubierto que es más difícil desempeñar las funciones que les asigna el concepto de desarrollo, por acumulación. Quizá –apunta Khun– porque la ciencia no se desarrolla por la acumulación de descubrimientos e inventos individuales, y las teorías anticuadas no dejan de ser científicas por el hecho de que hayan sido descartadas. Esto hace difícil considerar el desarrollo científico como un proceso de acumulación (Khun, 1986:2).

Lo anterior ha obligado casi siempre a los historiadores a privilegiar la integridad histórica de una ciencia en su propia época y, después, a buscar sus contribuciones permanentes al caudal nuevo de conocimientos. No obstante, la existencia de episodios extraordinarios subvierten la tradición de prácticas científicas y se inician investigaciones extraordinarias que conducen a un nuevo conjunto de compromisos , denominados por Khun: revoluciones científicas . Septiembre - diciembre 1999, Núm. 20, pp. 89-122 1

Si pretendemos seguir el razonamiento de Khun, es pertinente preguntarnos:

¿Cómo ha sido el proceso histórico en el estudio de la política, para lograr su status como ciencia? ¿Existen desacuerdos fundamentales entre la comunidad de los científicos políticos? ¿Cuáles son las controversias que persisten con el paso del tiempo?¿Cuáles y por qué pueden ser considerados episodios extraordinarios en el desarrollo de la ciencia política?.

La complejidad en esta última área nos obliga como miembros de dicha comunidad, a esclarecer conceptos y corregir malentendidos.

Para responder algunas de estas interrogantes tomamos como punto de partida el planteamiento de que la evolución de la disciplina ha sido continua y se ha producido a través de la definición y redefinición de su objeto de estudio. En el transcurso del tiempo ha cambiado tanto el objeto (la política) como el método (la ciencia), por lo que su desarrollo puede y acaso deba trazarse y analizarse

precisamente con referencia a estas dos modificaciones (Sartori, 1992:201-260; Pasquino, 1998:15-35).

Para atender esta problemática, el presente artículo profundiza en tres grandes temas de interés que, además de encontrarse claramente entrelazados en la historia de la disciplina, ilustran algunos de los principales desacuerdos que se han generado por los cambios en los cánones. Esto tiene el fin de pensar la política en las distintas épocas (lo que desde la perspectiva khuniana podría ser considerado como una revolución científica).También se abordan las controversias, “temas pendientes” y hasta falsas disyuntivas que obedecen, por una parte, a la vinculación de la ciencia política con la filosofía política y con la historia de las ideas y del pensamiento político; y, por otra, al desarrollo y diversificación de nuevos métodos y técnicas preferentemente empíricas.

Khun asevera que al pasar un año en una comunidad compuesta principalmente por científicos sociales, se asombró ante el número y alcance de los desacuerdos patentes, sobre la naturaleza de problemas y métodos científicos aceptados. Tanto la historia como sus conocimientos le hicieron dudar de que quienes practicaban las ciencias naturales poseyeran respuestas más firmes o permanentes para esas preguntas, que sus colegas en las ciencias sociales. Sin embargo, hasta cierto punto, la práctica de la astronomía, de la física, de la química o de la biología no evocaba para él, normalmente, las controversias sobre fundamentos que, en la actualidad, parecían endémicas, por ejemplo entre psicólogos y sociólogos. Así, al tratar de descubrir el origen de esta diferencia, Khun llegó a reconocer –según lo afirma– el papel de la investigación científica. Desde entonces llamó paradigmas a las “realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.

Dos formas de entender la política: la aportación de Aristóteles y

Maquiavelo

En los inicios de la década de los 60, el ensayista francés Georges Mounin invitó

a los interesados en comprender los orígenes de la ciencia política, a discutir lo que él consideró una cuestión pendiente que todo estudioso, debía conocer y reflexionar. En este sentido escribió:

“La idea más corriente es que an tes de Maquiavelo no existía, en cuestión de ciencia política, más que balbuceos apenas dignos de una mención o utopías sin valor objetivo, o tratados escolásticos y mo rales llenos de verbalismo. Todos los que al consagrar un estudio a Maquiavelo han examinado lo que era la ciencia política an tes de él, señalan en mayor grado el vacío en tre sus predecesores y Maquiavelo, y no la continuidad” (Mounin, 1962:115).

El estudioso francés Marcel Prélot escribió en 1964 que el conocimiento sistemático y ordenado del Estado había constituido una ciencia desde sus

orígenes y que los griegos eran, a su vez, los creadores de la política. Entre ellos, Aristóteles era no sólo el principal promotor del conocimiento científico, sino también el autor de un gran descubrimiento: cada ciencia tiene su individualidad.

A él le debíamos la política, la ciencia política y la situación de ésta en el seno de

las ciencias (Prélot, 1964:17).

Prélot se empeñó en aclarar por qué La Política de Aristóteles se consideraba más un conocimiento filosófico-político que científico, y señaló que la clasificación aristotélica se apoyaba en la distinción de tres operaciones del espíritu: saber, hacer y crear. En consecuencia, según su planteamiento, existían tres grandes

categorías de ciencias: teóricas, prácticas y poéticas. Las ciencias teóricas eran las matemáticas, física y metafísica; las poéticas incluían la lógica, retórica y poética y, situadas entre ambas, las ciencias prácticas eran la ética, económica

y política.

Así, la ética era la ciencia del comportamiento personal; la moral, el conocimiento de la conducta del individuo; la económica, la ciencia de la familia, de su composición y del mantenimiento del hogar y; la política, la ciencia de la constitución y de la conducta de la

Origen y Desarrollo de la Ciencia Política: Temas y Problemas

La política ocupaba –según Aristóteles– la cúspide de la jerarquía, porque su objeto: la ciudad-Estado englobaba toda la organización social, pero, sobre todo, porque dominaba teóricamente a las otras ciencias, es decir, regulaba todas las actividades humanas.

Sin embargo, la frontera entre la ética y la política no siempre se trazó claramente. “El objeto de la ética es una especie de política”. Esta afirmación del estagirita, según Prélot, mostró que hubo en él alguna incertidumbre en lo relativo a la delimitación de las diferentes artes. En cambio, distinguió con claridad entre la política, que es el conocimiento de las cosas cívicas y la económica, que es la ciencia de las cosas domésticas.

Lo que sí es un consenso gen eral es que El Príncipe de Nicolás Maquiavelo es

el título del libro con el que inicia la ciencia política moderna. El detentador del poder absoluto reclama toda la atención. Es a él a quien es necesario conquistar

e instruir. La política se inclina entonces hacia la psicología y la pedagogía y,

aunque bajo estos aspectos continúa fluyendo la corriente antigua, la ciencia política en la obra de Maquiavelo es una disciplina que no sólo reconoce la realidad presente en la que se aplica, sino que demuestra ser ciencia trascendiendo la realidad. No se limita a describir los fenómenos que estudia, busca siempre las mejores soluciones teóricas y prácticas que se derivan de tales fenómenos.

La característica de Maquiavelo –nos dice Arnaldo Córdova– es que aceptó los hechos de su tiempo con un sentido de objetividad, de la verdad efectiva de las cosas que aún sigue siendo ejemplar, para la investigación científica de los hechos sociales. Por tanto, comienza a inventar la ciencia política en el momento mismo en que reconoce en los hechos de los hombres, una forma especial de actuar que se relaciona claramente con la existencia del Estado.

En primer término, el actuar político es ya evidente, identificable en la vida social como una forma de actividad, distinto de otros modos de comportamiento social que da a su obra un carácter diferente; no sólo con relación a obras escritas en otras épocas, sino aún respecto de aquellas que en su tiempo no lograban ser obras políticas especializadas. En segundo término, el Estado como un organismo que se coloca por encima de la sociedad con sus propias relaciones, que es indiferente a toda actividad que no sea la política y la militar, está ya presente y a él se refiere Maquiavelo como centro de su preocupación científica.

“En efecto, el pensador florentino es el primero que escribe perfectamente sobre el Estado, el primero que usa el término Stato en un texto político especial; es, además, el primero que identifica al Estado como una entidad autónoma ” (Córdova, 1976:101).

¿Cuál es la característica de la ciencia política de Maquiavelo? El problema del significado que ha tenido el secretario florentino en su tiempo y de los fines que

se proponía escribiendo sus libros y especialmente El príncipe es abordado, entre muchos otros, por Antonio Gramsci. El pensador y dirigente italiano nos dice que la doctrina de Maquiavelo no era en su tiempo puramente “libresca”, un monopolio de pensadores aislados, un libro secreto que circula entre iniciados. Su estilo no es el de un tratadista sistemático como los había en el medievo y en el humanismo, sino todo lo contrario, es el estilo de un hombre de acción. El mismo Maquiavelo destaca que las cosas que escribe son aplicadas y lo han sido siempre por los más grandes hombres de la historia. De allí que no parezca sugerirlas a quienes ya las conocen. Su estilo no es tampoco el de una desinteresada actividad científica, ni puede pensarse que llegó a sus tesis

de ciencia política por especulación filosófica, lo que en esta materia particular tendría algo de milagroso para su tiempo, si aún hoy encuentra tanta hostilidad

y oposición. Por ello, “

representa la filosofía de tal época

Lo cierto es que, sin proponérselo, Prélot profundiza en el de bate que abre Georges Mounin. Dice que la filiación aristotélica del secretario florentino es segura, pues leyó y meditó una traducción italiana de La Política publicada en 1435 por el erudito Le o nardo

Bruni, cuya edición se multiplicó desde 1470. Prélot puntualiza que la inspiración del florentino no es la de Aristóteles, pues éste dirige sus investigaciones hacia el buen gobierno que garantiza una vida buena a sus buenos ciudadanos. Maquiavelo tiene un objetivo más directo y brutal: un gobierno eficaz para “una Italia unida y desclericalizada”. En consecuencia, para Maquiavelo la política es el arte del Estado dirigido más hacia la obediencia de los ciudadanos, que a su felicidad. Empero, ya se trate del bien de los hombres o de su obediencia, el objeto del conocimiento político sigue siendo el Estado, concebido así como un cuerpo político. Origen y Desarrollo de la Ciencia Política: Temas y Problemas 5

A decir de Mounin, es contra Aristóteles que se quiere defender una suerte de

primicia de Maquiavelo, en materia de ciencia política. Contra Aristóteles, autor de La Política, pues existe una opinión común de que Maquiavelo ignoraba el tratado del estagirita.

Aunque las pruebas que ofrece este autor no son del todo decisivas, su planteamiento nos obliga a la reflexión. La polémica se sitúa en que, si bien la distancia entre Aristóteles y Maquiavelo es inmensa, con seguridad el segundo se nutrió de La Política, como todos los de su tiempo, incluido el mismo Savonarola. En primer lugar, se asegura que

Maquiavelo fue el primero en proclamar su positivismo político en la famosa frase

Me “

lo que de ella se ha imaginado. Porque muchos se han imaginado repúblicas y principados que nunca se han visto ni conocido como si existiesen realmente”. Para Mounin esto es inexacto, pues Aristóteles, con menor jactancia, ya había reprochado a Platón dos veces seguidas que su República no había jamás existido (Libro II, Caps. 2 y 3) (Mounin, 1962:116).

Por ello no es posible –apunta Mounin– disminuir el aporte de Aristóteles, ni aun para dar a Maquiavelo lo que le pertenece. Es evidente que la ciencia de Aristóteles está condicionada a las formas de civilización que él observa, pero debe reconocerse como el creador de una ciencia política empírica, por su cuidado en apoyarse sobre los hechos (se le ha reprochado de recurrir a la historia más que a la razón pura y haber “con demasiada frecuencia creído que lo que es, era lo que debía ser”); por su laicización de la política (al decir que el hombre es un animal político, hace de la vida política un hecho natural y se libera de toda explicación mitológica) y por su curiosidad por cuestiones económicas. Mounin enfatiza:

ha parecido conveniente atenerme a la verdad de hecho de la cosa y no a

es

todo un hombre de su época; y su ciencia política ”

(Gramsci, 1986:37).

el nombre de Aristóteles del punto de partida de una larga línea de

escritores que van constituyendo lenta mente la ciencia política en provecho de Maquiavelo, con el pretexto de que Aristóteles no ha codificado la experiencia ”

política del siglo XVI, es anti-histórico

borrar “

(Mounin, 1962:117).

Filosofía política, teoría política y ciencia política: relaciones y especificidades

Uno de los problemas actuales que gen era cierta confusión, es el que tiene que ver con la ubicación de los ámbitos entre la filosofía, la teoría y la ciencia política, así como sus relaciones y especificidades. La cuestión no se resuelve fácilmente. Para entender el núcleo del problema es necesario conocer las diferentes tradiciones de ciencia política (europea y norteamericana fundamentalmente) y el modo de posicionarse respecto de algunas corrientes de la filosofía política. De lo contrario, en lugar de demostrar cómo y por qué existe un enriquecimiento mutuo entre filosofía política y ciencia política, seguirán existiendo enfrentamientos por la defensa de las fronteras de las disciplinas, o bien, no asumir qué significa en realidad hacer teoría en la ciencia política contemporánea, lo cual hace aún más difícil dominar los componentes de la disciplina. Durante este proceso se ha presentado una primera dificultad y, al igual que Gianfranco Pasquino, nosotros suscribimos: no existe una concepción aceptada por todos de lo que significa teoría política (Pasquino, 1988:33).

Veamos el siguiente ejemplo. Sobre las relaciones en tre la filosofía, la teoría y la ciencia política, Raymond Aron observó en 1962 que a la pregunta: “¿Qué es la teoría política?”, filósofos y politólogos interrogados por la Revue francaise de science politique dieron una respuesta dictada por su respectivo modo de pensamiento. Los tres filósofos: Isaiah Berlin, Eric Weil y Richard Wollheim definieron su teoría en función de la filosofía. Por otra parte, tres estudiosos de la política considerados como pertenecientes a otro género: Henri Lefebvre, Bertrand de Jouvenel y An thony Downs, explicaron la teoría política a partir de una doctrina política diferente entre sí, o en función de la teoría con otras ciencias sociales, en particular la economía.

Una de las primeras observaciones de Aron fue que, mientras para los filósofos entrevistados –aunque no todos distinguían claramente entre teoría y filosofía– la teoría era más o menos caracterizada por evaluaciones (o si se prefiere juicios de valor), o en función de consideraciones meta-empíricas. Así la teoría de los politólogos sería esencialmente descriptiva. Sin embargo, al aseverar que no había nada más normal y legítimo que estos últimos buscaran una teoría empírica, Aron se preguntó: ¿Por qué, a pesar de múltiples esfuerzos, no hay el menor consenso sobre la teoría política, sobre sus conceptos fundamentales, sobre sus modelos?.

Al referirse particularmente a Downs en la construcción de un modelo económico de la democracia, Aron formuló la siguiente objeción:

Origen y Desarrollo de la Ciencia Política: Temas y Problemas

cada teórico tiene el derecho de construir un modelo si en ello encuentra diversión o interés. Pero se equivocaría singularmente sobre la naturaleza de

la realidad y la ciencia política, si atribuyera a semejante modelo un alcance com parable al de los modelos económicos, (pues) un modelo que incluye los dos postulados que hemos recordado no ofrece una imagen simplificada o esquematizada de las conductas políticas, sino que deforma o falsifica esas conductas, o, por lo menos, hace de ellas una interpretación que los propios

actores no aceptarían

(Aron, 1997:147).

Esta advertencia será el eje de su preocupación, de lo que llamará “una teoría

de la teoría política”. Lo que en realidad le interesaba a Aron, era dejar claro

que las filosofías políticas del pasado se apartan menos de la realidad que

los esquemas abstractos de los teóricos de hoy; y que ni la ciencia ni la teoría política contemporáneas, respondían categóricamente a las preguntas que tradicionalmente había planteado la filosofía. Dichas preguntas nos ayudaron a reconocer sentidos y valores específicos de la política y, por tanto, a identificar las variables y las soluciones históricamente cambiantes, dadas a problemas permanentes.

La crítica a la formulación y uso de modelos abstractos en la ciencia política llevará

a entender la teoría como filosofía, o a proponer la recuperación de la filosofía

política puesto que “el esfuerzo del teórico no debe ten der a la elaboración de un esquema simplificado”, en el cual actuaría una motivación única. Como toda

teoría social, la política tiene como fin la comprensión de un universo específico,

con derecho de simplificar éste, pero sin falsear su sentido. Por ejemplo, no se

comprendería a la política real, a los políticos, ni a las filosofías políticas, si se decreta que la lucha por el poder, o la lucha por la participación en los beneficios del poder, constituye su esencia, revela su importancia permanente o descubre su mecanismo.

Por tanto, –dirá Aron– ni la teoría como elaboración conceptual, ni el estudio

empírico alcanzan una entera neutralidad si ésta exige el rechazo de toda

valoración. La ciencia política, al menos implícitamente, suele juzgar los valores

que profesan los actores que ella estudia. No es posible comprender el sentido

de una conducta política, sin incluir en esta comprensión ciertas distinciones de valores.

Al respecto Aron pregunta: ¿Cómo determinar o definir una ciudad ejemplar y

cómo fundar la obediencia si se ignora el lugar del individuo en la ciudad y el del hombre en la naturaleza, cuanto que “el orden político, con sus necesidades

y sus valores, no constituye toda la existencia humana”? La teoría que identifica

la textura inteligible de ese orden es parte de la reflexión sobre la existencia humana, es decir, la filosofía. ¿Tiene ésta la capacidad para determinar dicha existencia y, por consiguiente, el orden ideal de la política? ¿O puede aislar el curso de la historia aquello a lo que tiende, a lo que aspira el hombre político (el hombre moral)? ¿o no pasa la filosofía de ser un análisis de los valores políticos, sin conclusión imperativa y sin sistema? (Aron,1997:166).

Ahora bien, Leo Strauss explica el problema en los siguientes términos. Por tradición, la filosofía y la ciencia no se distinguían: la ciencia natural era una de las partes más importantes de la filosofía. La gran revolución intelectual del siglo

XVII que sacó a la luz la moderna ciencia natural fue la revolución de una nueva

filosofía o ciencia, contra su versión tradicional (principalmente la aristotélica). Pero la nueva filosofía sólo se impuso en la parte correspondiente a la nueva ciencia natural, la cual se hizo más y más independiente y por decirlo así, hasta llegó a ser una autoridad para la filosofía. De este modo, escribe Strauss:

generalmente aceptada la distinción entre filosofía y ciencia, y con el

paso del tiempo, también la distinción entre filosofía política y ciencia política como una especie de ciencia natural de las cosas políticas. Sin embargo, por

tradición, filosofía política y ciencia política eran lo mismo

quedó

(Strauss y Cropsey,

1996:13).

Conviene subrayar que para Strauss la filosofía política no es lo mismo que pensamiento político en gen eral. Por ejemplo, la filosofía política clásica de Sócrates fue predominante hasta que apareció la moderna en los siglos XVI y

XVII, que surgió por la ruptura con los principios del pensador griego. Aunque

Sócrates no fue el primer filósofo –lo cual significa que la filosofía política fue precedida por la filosofía–, él se apartó del estudio de las cosas divinas

o naturales y dirigió sus investigaciones por entero a las cosas humanas, es

decir, a las cosas justas, nobles y buenas para el hombre. Aunque no escribió libros, al llevar adelante sus investigaciones por medio de diálogos, partió de las opiniones generalmente sostenidas. Entre éstas, las más autorizadas eran las que contaban con la sanción de la ciudad y de sus leyes por la más solemne convención. Pero resulta que dichas afirmaciones se contradicen entre sí. Por tanto, es necesario trascender toda la esfera de las opiniones generalmente sostenidas, o del concepto como tal, en dirección de un conocimiento.

Pero, ¿cuál es la razón por la que Sócrates fue fundador de la filosofía política?. Según Strauss, cuando consideramos el carácter de las preguntas que planteó en sus conversaciones, observamos que éstas pretendieron destacar la naturaleza de la cosa en cuestión, es decir, la forma o el carácter de la cosa. Este fue el caso del significado de “naturaleza”, que debe entenderse principalmente como “forma” o “idea”.

Como ninguno de sus predecesores, Sócrates no se limitó a apartarse del estudio de las cosas naturales, sino que originó una nueva clase de estudio en el que la naturaleza o idea de justicia, o derecho natural y, sin duda, la naturaleza del alma humana sería más importante que, por ejemplo, la naturaleza del sol.

Strauss lo explica en una forma tan ilustrativa que conviene citarlo ampliamente:

“No podemos comprender la naturaleza del hombre si no comprendemos la naturaleza de la sociedad humana. Sócrates, como Platón y Aristóteles, supuso que la forma más perfecta de sociedad humana es la polis. Hoy, polis es interpretado como la ciudad-Estado griega (sic). Para los filósofos políticos clásicos era puramente accidental que la polis fuese más común entre los griegos, que entre los no griegos. Tendríamos que decir, pues, que el tema de la filosofía política clásica no fue la ciudad-Estado griega, sino la ciudad-Estado. Sin embargo, esto presupone que la ciudad-Estado es una forma particular del “Estado”. Por consiguiente, presupone que el concepto de Estado, comprende la ciudad-Estado entre otras formas. Y sin embargo, la filosofía política clásica carecía de este concepto. Cuando la gente habla hoy del “Estado”, habitualmente comprende eso y no “sociedad”. Esta distinción es ajena a la filosofía política clásica. No basta decir que la polis abarca a la vez Estado y sociedad, pues el concepto “ciudad” es anterior a la distinción entre dichos términos; por tanto, no entendemos “la ciudad” diciendo que ésta comprende Estado y sociedad. El equivalente moderno a la “ciudad”, en el nivel del entendimiento del ciudadano, es “el país”; pues cuando un hombre dice, por ejemplo, que “el país está en peligro” tampoco ha hecho una distinción entre Estado y sociedad. La razón de que los filósofos políticos clásicos se preocuparan principalmente por la ciudad, no fue porque desconocieran otras formas de sociedades en gen eral y en particular. Conocían la tribu (la nación), además de estructuras como la del Imperio persa. Se interesaron sobre todo por la ciudad, porque la preferían a esas otras formas de sociedad política” (Strauss y Cropsey, 1966:17).

Para Sheldon Wolin, otro importante estudioso de la filosofía política, ésta debe ser comprendida de la misma manera en que se entiende una tradición compleja

y variada. Aunque tal vez sea imposible reducirla a una breve definición, él

propone elucidar las características que la distinguen de otras formas de indagación. Pues desde que Platón advirtió por primera vez que la investigación acerca de la índole de la vida buena del individuo, se relacionaba inevitablemente con una indagación convergente (y no paralela) acerca de la comunidad buena,

se ha mantenido una íntima y continua vinculación entre filosofía política y filosofía en gen eral. La mayoría de los filósofos, además de haber contribuido generosamente al acervo principal de las ideas políticas, han proporcionado al teórico político muchos de sus métodos de análisis y criterios de evaluación. Históricamente –nos dice Wolin–:

diferencia fundamental entre filosofía y filosofía política ha radicado en un

problema de especialización y no de método o de temperamento. En virtud de

esta alianza los teóricos políticos han adoptado como propia, la búsqueda básica

de conocimiento sistemático que lleva a cabo el filósofo

Para explicar la vinculación de la teoría política con la filosofía, Wolin advierte que esta última puede ser diferenciada de otros métodos para extraer verdades, tales como la visión mística, el rito secreto, las verdades de conciencia o el sentimiento íntimo, porque refiere a verdades públicamente alcanzadas y demostrables. Al mismo tiempo, una de las cualidades esenciales de lo político –que ha moldeado definitivamente el enfoque de los teóricos acerca de su objeto de estudio– es su relación con lo público. El ejemplo que nos da al respecto es el de Cicerón, cuando denominó al cuerpo político una res pública, una “cosa pública” o la “propiedad de un pueblo”. Así, de todas las instituciones que ejercen autoridad en la sociedad, se ha singularizado el ordenamiento político como referido exclusivamente a lo que es “común” a todos. Ciertas funciones, tales como la defensa nacional, el orden interno, la administración de la justicia y la regulación económica fueron declaradas responsabilidad primordial de las instituciones políticas, con base en que los intereses y fines servidos por estas funciones beneficiaban a todos los integrantes de la comunidad. Por tanto, a decir de Wolin, la íntima conexión entre instituciones políticas e intereses públicos se incorporó a la práctica de los filósofos. Por ello se ha considerado a la filosofía política como una reflexión, sobre cuestiones que preocupan a la comunidad en su conjunto.

Desde su perspectiva, el objeto de la filosofía política sería el estudio de las relaciones de poder entre gobernantes y gobernados, la índole de la autoridad, los problemas planteados por el conflicto social, la jerarquía de ciertos fines o propósitos como objetivos de la acción política, y el carácter del conocimiento político. Si bien los filósofos políticos no se han interesado por igual en todos estos problemas, se ha establecido, en cuanto a la identidad de los mismos, un consenso que justifica la creencia de que estas preocupaciones han sido permanentes. La circunstancia de que los filósofos hayan disentido, a menudo violentamente, respecto de las soluciones no desmiente que haya un objeto común de estudio. Lo que importa, enfatiza Wolin, es la continuidad de las preocupaciones, no la unanimidad de las respuestas.

En este sentido, es importante enfatizar que el acuerdo del objeto de estudio de una disciplina, presupone que aquellos a quienes les interesa ampliar el saber dentro de un campo determinado, coinciden sobre lo que es pertinente para dicho objeto y lo que debe excluirse. Lo anterior significa que el filósofo debe tener claro qué es político y qué no lo es. (Para Wolin, Aristóteles aducía al comienzo de su Política, que no se debía confundir el papel del estadista politikós, con la del propietario de esclavos o el del jefe de familia; el primero era específicamente político; los otros, no).

De lo anterior se deriva uno de los problemas básicos que enfrenta el filósofo político, cuando intenta establecer la especialidad del objeto de estudio de su disciplina. ¿Qué es político? ¿qué distingue, por ejemplo, la autoridad política de otras formas de autoridad, o la participación en una sociedad política del activismo en otros tipos de asociaciones?.

la

(Wolin, 1993:12).

Para responder a estas cuestiones, varios filósofos –entre ellos

Hannah Arendt, durante la década de los años cincuenta–, contribuyeron a gestar una concepción de la filosofía política como forma permanente de discurso acerca de lo que es político, y a describir al filósofo político como alguien que filosofa acerca de lo político.

¿Qué condiciones debe satisfacer determinada acción o situación para que se le llame política? ¿Cómo han llegado los filósofos políticos a escoger determinadas acciones e interacciones, instituciones y valores humanos, y llamarlos políticos?

A la pregunta: ¿qué es la política? Hannah Arendt responde en forma categórica:

la política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres” (Arendt, 1993:46). Para ella la política trata del estar juntos y los unos con los otros de los diversos. Por ello, plantea que los hombres se organizan políticamente según determinadas comunidades esenciales en un caos absoluto, o a partir de un caos absoluto de las diferencias. En la medida en que se construyen cuerpos políticos sobre la familia y se les entiende a imagen de ésta, se considera que los parentescos pueden, por un lado, unir a los más diversos y, por otro, permitir que figuras similares a individuos se distingan las unas de las otras. Sin embargo, desde un punto de vista práctico-político, la familia adquiere su significado, por el hecho de que el mundo está organizado de tal modo que no hay ningún refugio para el individuo. Las familias se fundan como albergue y fortificación en un mundo inhóspito y extraño en el que uno desea establecer parentescos. Este deseo –según Arendt– con duce a la perversión fundamental de lo político, porque a través de la introducción del concepto de parentesco, suprime, o más bien pierde, la cualidad fundamental de la pluralidad (Arendt, 1993:46).

En algunos manuscritos que esta filósofa preparaba, entre 1956 y 1959 para su proyecto de libro “Introducción a la política”, leemos que el hombre, tal

como filosofía y teología lo entienden, sólo existe –o se realiza– en la política con los mismos derechos que los más diversos se garantizan. En esta garantía voluntaria y en la concesión de una exigencia de igualdad jurídica, se reconoce que los hombres que deben su pluralidad únicamente a sí mismos, tienen que agradecer su existencia a la creación del hombre. Es por ello que Hannah Arendt anotará –en contradicción al propio Aristóteles– que la filosofía tiene buenos motivos para no encontrar nunca el lugar donde surge la política. Uno de ellos es: Zoon politikon, como si hubiera en el hombre algo político que perteneciera

a su esencia. Pero esto no es así –acota Arendt–:

hombre es a-político. La política nace en el entre –los–hombres, por lo

tanto completamente fuera del hombre. De ahí que no haya ninguna substancia propiamente política. La política surge en el entre y se establece como relación.

Así lo entendió Hobbes

el

(Arendt, 1993:46).

Arendt reflexiona sobre la importancia del prejuicio que existe contra la política y lo que es la política. Ella considera que si se quiere hablar de política se debe empezar por los prejuicios que tienen todos los que no son políticos de profesión, toda vez que los prejuicios que se comparten y que son obvios para los que entienden de política, pueden intercambiarse sin tener que explicarlos detalladamente.

“Por eso la política siempre ha tenido que ver con la aclaración y disipación de prejuicios, lo que no quiere decir que consista en educarnos para eliminarlos, ni que los que se esfuerzan en dilucidarlos estén en sí mismos libres de ellos. La pretensión de estar atento y abierto al mundo determina el nivel político y la fisonomía gen eral de una época, que no puede pensarse ninguna en la que los hombres, en amplias esferas de juicio y decisión, no pudieran confiar y reincidir en sus prejuicios” (Arendt, 1993:52).

A la pregunta: ¿Tiene la política todavía algún sentido? Arendt responde: el

sentido de la política es la libertad, pero aclara que la simplicidad y contundencia de tal respuesta reside en que es exactamente tan antigua, no como la pregunta, que naturalmente ya surge de una sospecha y está inspirada por la desconfianza. Pero hoy, esta respuesta no es, ni obvia, ni inmediatamente convincente. Ello se aprecia con claridad, puesto que actualmente ya no cuestiona el sentido de la política tal y como antes se hacía: a partir de experiencias que eran de naturaleza no política o incluso anti-política. Ahora la pregunta surge de experiencias muy reales: de la desgracia que la política ya ha ocasionado en este siglo y de lo mucho que todavía amenaza realizar.

No obstante, para Arendt, en la cuestión planteada de este modo resuenan dos

ecos: primero, la experiencia de los totalitarismos, en los que presuntamente

la vida entera de los hombres está politizada, con la consecuencia de que no

hay ninguna libertad; y, segundo, ante el inmenso desarrollo de las modernas posibilidades de aniquilación, las cuales, al ser monopolio de los Estados, nunca se hubieran desplegado sin ellos, por lo que sólo pueden aplicarse en el ámbito político.

Giovanni Sartori es otro de los autores que establece la distinción entre filosofía política y ciencia política, pero lo hace de una forma mucho más sistemática.

Él parte de la premisa de que la política es el “hacer” del hombre que, más

que ningún otro, afecta e involucra a todos. Este hacer está precedido por un discurso que se vuelve hacia tres antecedentes: la filosofía política, la ciencia o conocimiento empírico de la política y el discurso común u ordinario sobre la política (Sartori, 1992:15).

Al referirse a la filosofía política o más precisamente a las “filosofías de la

política”, este autor señala que éstas han sido la principal fuente de inspiración de la teoría política hasta hace alrededor de un siglo. Es por ello que todavía hoy gran parte de los problemas políticos de fondo están referidos, aún sin saberlo, a los planteamientos que recibieron dichos problemas en el dominio especulativo. No obstante, nos dice que muchos autores hablan con desprecio de la filosofía tradicional como de un saber “infecundo”. Por ello advierte que es preciso no dejarse arrastrar por la polémica, contra la aparente esterilidad del saber especulativo hacia otro exceso: el de una actividad práctica a toda costa, pues la dimensión de la vida humana no conviene reducirla solamente a

la búsqueda de la acción.

En ese sentido, nos dice Sartori, la filosofía política ha sido un componente esencial e imposible de eliminar del discurso político, por lo cual:

es justo que la ciencia empírica de la política venga a eclipsarla, ni tampoco

tiene sentido que el científico político desconozca lo que es el fundamento de su

campo

no

(Sartori, 1992:47).

¿En qué consiste la diferencia entre la filosofía y la ciencia? o más bien ¿qué

diferencia a la filosofía (de la) política, de la ciencia (de la) política? Sartori responde que la filosofía se puede ver como un contenido de saber y/o como un método de adquisición de ese saber, por lo que es válido partir de la individualización de los contenidos, que se repiten y se caracterizan al filosofar.

El ejemplo, según Sartori, es el que propone el filósofo político italiano Norberto

Bobbio, cuando redujo la filosofía política a cuatro grandes temas de reflexión:

1) búsqueda de la mejor forma de gobierno y de la república ideal; 2) búsqueda del fundamento del Estado y justificación del compromiso político; 3) búsqueda de la naturaleza de la política, y 4) análisis del lenguaje político.

Es por ello que afirmará que la línea divisoria entre la filosofía política y la ciencia política reside en el “tratamientoy, en este sentido, en el método. Al seguir

a Bobbio, Sartori subraya que el tratamiento filosófico se caracteriza por “al

menos uno” de los elementos siguientes: 1) un criterio de verdad que no es la comprobación, sino más bien la coherencia deductiva; 2) una tentativa que no es la explicación, sino en todo caso la justificación, y 3) la valoración como presupuesto y como objetivo (Sartori, 1992:227).

Este planteamiento presenta también la ventaja de poner frente a frente los criterios constitutivos del tratamiento filosófico con los del método científico, que consisten en: 1) el principio de la comprobación; 2) la explicación; 3) la no valoratividad.

En este sentido, nos dice Sartori, Bobbio admite que Maquiavelo debe ser incluido en la filosofía si se toma en cuenta su tema: la indagación sobre la

naturaleza de la política. Pero resulta difícil decidir esta inclusión, con base en uno de los tres criterios que según este filósofo político italiano, distinguen al filosofar. A este respecto Maquiavelo estaría más próximo a la comprobación que

a

la deducción, a la explicación que a la justificación y a la no valoración que a

la

axiología.

Si

se les ve por separado, ninguna de las distinciones que acabamos de enumerar

parece exhaustiva, pero ya en conjunto dentro de la acepción filosofía se incluiría

el pensar caracterizado, según Sartori, por más de una de las características

siguientes, aunque no necesariamente por todas: 1) deducción lógica, 2) justificación, 3) valoración normativa, 4) universalidad y fundamentalidad, 5) metafísica de las esencias y 6) inaplicabilidad.

En cambio, dentro de la acepción ciencia tendríamos el pensar caracterizado por más de uno de los siguientes rasgos, aunque no obligatoriamente por todos: 1) comprobación empírica, 2) explicación descriptiva, 3) no valoración, 4) particularidad y calculabilidad, 5) relevamiento de existencias y 6) operacionabilidad y operatividad.

Ahora bien, el planteamiento anterior no indica que al saber sólo se le clasifica en términos de filosofía o de ciencia, también se le incluye en el término teoría. Además, en el ámbito de la política hablamos también de doctrinas y de ideologías, que son diferentes a las puras y simples opiniones.

Para comprender mejor la comparación entre filosofía y ciencia (y teoría), es preciso entender la explicación formulada por Sartori en el sentido de que, en su acepción más restringida, todas las ciencias se miden en función de una ciencia mayor, cuyo significado es de ciencia exacta, es decir, de tipo fisicalista. En la acepción, la unidad de la ciencia está referida al mínimo común denominador de cualquier discurso científico. En este caso “ciencia” equivale a ciencia en general, en la cual se reconoce la existencia de una pluralidad de ciencias y de métodos científicos, que van desde las “clasificatorias” hasta las “fisicalistas”, con toda una gama de casos intermedios.

Esta concepción flexible es la que admite mejor el discurso sobre las ciencias del hombre, aunque la advertencia es por demás clara: al concebir la ciencia con flexibilidad, el patrón historiográfico resulta necesariamente más elástico que el establecido por la epistemología contemporánea. Pues lo que puede considerarse ciencia con referencia al pasado, es decir, en una perspectiva diacrónica, no quiere decir que pueda ser caracterizado como ciencia en el presente. Si distinguimos entre estos dos patrones podríamos evitar muchas polémicas inútiles.

A la pregunta ¿Aristóteles y Maquiavelo fueron científicos de la política? Sartori

señala:

el dominio historiográfico se puede responder afirmativamente; pero en

el epistemológico se debe responder en forma negativa. El historiador podrá alegar que una observación realista constituye la premisa y sigue siendo una parte integrante de la forma científica. Podrá también destacar que Aristóteles se coloca en una historia de la ciencia política (y también en otras ciencias), no sólo como una atento descriptor de los sucesos de su época, sino por el afán de clasificar. De modo semejante, el historiador podrá ver la cientificidad de Maquiavelo en el hecho de que con él, el observador se separa de la cosa observada, aún sin despojarse de sus propios fines y valores. De este modo,

Maquiavelo rompe con la tradición filosófica, es decir, se aparta de la filosofía. Y todo eso es verdad, pero el epistemólogo tiene el derecho –y hasta el deber– de replicar que si la observación realista se anticipa a la ciencia, tomada en sí misma, todavía no es ciencia. De modo análogo, el epistemólogo deberá precisar que si la ciencia no es filosofía, no se hace ciencia por el sim ple hecho de no

hacer filosofía

en

(Sartori, 1992:227).

No está por demás señalar que la diferencia en tre el patrón del juicio histórico

e historiográfico por un lado, y el patrón del juicio epistemológico por el otro, se

plantea también para el caso de autores más contemporáneos como Gaetano Mosca, Roberto Michels y Vilfredo Pareto, los cuales han establecido tres “leyes” de la política, que hasta hoy están en el centro del de bate politológico: la ley de la clase política, la ley de hierro de la oligarquía y la circulación de las élites.

La “revolución behaviorista”: la influencia de un nuevo paradigma

Como materia de estudio universitario, la ciencia política tal como hoy se concibe es, sobre todo, una creación angloamericana y en su actual formato le deba tal vez más a las iniciativas estadounidenses que a las británicas. Tanto Gran Bretaña como Estados Unidos comparten una herencia pragmática, que otorga gran importancia al saber práctico y a sus aplicaciones para fines productivos, lo cual es expresión de un talante empírico que, en muchas ocasiones, acentuó el aspecto utilitario de los argumentos morales y la apreciación de sus consecuencias a la hora de formular juicios políticos.

En Cambridge, por ejemplo, a finales del siglo XIX la ciencia política llegó a considerarse “como una materia de gran valor para los hombres capaces pero inútiles, e incluso perjudicial para los estudiantes más débiles”, lo que fue motivo para que su análisis se convirtiera en opcional, porque “en algunos casos resultaba estimulante y útil; y en otros, fomentaba un gusto dañino por la vaga disertación” (Collini, Winch y Bur row, 1987:381). Tal situación se pudo comprobar a través de los cambios que experimentó su desarrollo: el estudio puramente empírico de las instituciones políticas se debilitaba al incluir un elemento mayor, en la historia del pensamiento político.

Ahora bien, la ciencia americana de la política, como Bernard Crick se refirió alguna vez a esta disciplina académica, (Crick, 1959) ha tenido una relación ambivalente entre la política norteamericana y su democracia. La historia de esta relación está determinada por el reclamo a la ciencia política acerca de su status “científico”, por su

“neutralidad valorativa” y por la influencia de otras corrientes de pensamiento. Pero fundamentalmente por la controversia en los Estados Unidos de que, por una parte, la ciencia política debería ser neutral y cumplir la tarea de educar cívica y políticamente a los ciudadanos; y, por otra, de servir al Estado como

instrumento de control social (Ball, 1995: 41-65). La tensión entre estas dos posiciones atravesó por tres momentos de la historia de la ciencia política norteamericana: el wilsoniano, el progresista y la era de la revolución behaviorista (Zamitiz, 1997: 103-118).

En el primer periodo, que podemos situar en 1880, los científicos políticos mostraron una falta de credibilidad hacia la democracia y específicamente hacia la educación cívica. En manos de Woodrow Wil son la ciencia política se concentró en los temas del liderazgo y de las “ciencias de la administración” al servicio del Estado; pero a principios del siglo XX la ciencia política había experimentado un acercamiento con las ciencias morales, a fin de convertirse en una descriptiva y explicativa. Sus nuevas fuentes de inspiración y su mirada interna incluyeron teorías evolucionistas vía la selección natural, así como los nuevos desarrollos en la psicología.

El segundo periodo llamado progresista reflexionó sobre los descubrimientos de un impulso inconsciente o irracional, que aparece en el pensamiento de los ciudadanos comunes. Estos descubrimientos “llevaron agua al molino” no sólo de los escépticos, sino de aquellos que pensaban que la ciencia política continuaba bajo sospecha de su propio objeto de estudio e influyeron en el de bate sobre el concepto de opinión pública. A esto se le consideró una situación maleable y manipulable incapaz de descubrir y de, incluso, dirigirse hacia las cuestiones de interés público.

En el tercer periodo, por el temor del surgimiento de los regímenes socialistas en Rusia y Europa, el trabajo de los científicos políticos durante los inicios de la revolución behaviorista, representó un intento por demostrar que Norteamérica no era Weimar y que las condiciones propias de Estados Unidos eran precursoras de la posibilidad de que la democracia en América, pudiera ser su propio y peor enemigo.

Esta tensión o ambivalencia de la ciencia política y la democracia en el contexto norteamericano, Samuel P. Huntington la recuerda como una relación histórica que fue parte de una expansión de la reforma progresiva en la vida política e intelectual de la nación americana, hacia fi na les del siglo XIX. Las principales figuras para él fueron A. Lawrence Lowell, Woodrow Wilson, Frank Goodnow, Alber Bushnell Hart y Charles Beard.

Esta particular asociación histórica entre la ciencia política y la reforma política se sustentó, según Huntington, en bases lógicas, pues la ciencia política, –como Lowell y Wilson enfatizaron– es o debería dedicarse al estudio de las realidades políticas, a explicar el cómo y el porqué del comportamiento político. Es decir, este considerable énfasis sobre la exploración empírica de las realidades de la

política llevó a los científicos en dos direcciones: en la primera, la política tendía

a ser extremadamente compleja y ambigua, por tanto no sólo no existían en

términos genera les soluciones obvias y simples a los problemas políticos. Por

su naturaleza, la política reforzaba las tendencias no ideológicas, no doctrinarias

y las tendencias pragmáticas entre aquellos que la estudiaban; no obstante,

algunos politólogos se convirtieron en ideólogos aunque no doctrinarios y avanzaron de manera sim ple, aunque no simplista, en la solución de los problemas existentes. En la segunda, el estudio de la realidad política pudo empujar a los científicos a medida que descubrieron el comportamiento de los

políticos, burócratas y votantes, así como las operaciones de las instituciones

y de los procesos políticos –los cuales dejaban mucho que desear– hacia una

dirección conservadora y dejarlos insatisfechos. Entonces el problema que se presentó fue saber combinar las verdades y enseñar el tema a los estudiantes, sin desilusionarlos.

Huntington argumenta que es imposible tener científicos políticos en una sociedad donde no hay participación política, ni competencia en el poder, pues éstos no tendrían nada que hacer. En este sentido, la conexión entre la democracia y la ciencia política ha sido estrecha y continua. Hay que recordar una famosa reunión en Harvard en el año en que la Constitución de los Estados Unidos se ratificó, en la que se votó mencionando que:

es

más necesario en una República, que en cualquier otra forma de gobierno,

que los jóvenes sean instruidos en la ciencia política

(Huntington, 1992:131).

En Estados Unidos es evidente que las tensiones interiores del crecimiento económico y el desarrollo social pueden explicarse, en parte, por la tradición que limitó la ciencia política al microcosmos del derecho, las ciencias sociales y las humanas. Los estudiosos de la ciencia política inmigraron habitualmente desde otros puntos del universo académico: de la historia, la filosofía y el derecho. Las modernas concepciones ampliaron los precedentes intelectuales y determinaron un contacto más íntimo con la economía, sociología, psicología y la antropología social.

Charles Merriam estuvo convencido, desde un principio, que la ciencia política estaba demasiado dominada por la tradición de “investigación en biblioteca” de los historiadores, por lo que intentó equilibrar la formación de los estudiantes de esta disciplina, haciendo que éstos utilizaran métodos especializados, para describir los acontecimientos políticos que ellos observaban directamente.

La búsqueda de este equilibrio –también conocido como el péndulo behaviorista– entrañó algunas dificultades. La ciencia política tecno-descriptiva recibió una admisión parcial y a regañadientes en ciertas Facultades. Con frecuencia, “el zapato del pie derecho iba en el pie izquierdo”; y la erudición tradicional concerniente a la teoría política, padecía privaciones y mutilaciones de todo tipo. Con ese carácter mixto de los especialistas en ciencia política, resultaba posible en un ataque de xenofobia decir a los filósofos: “si realmente valéis para algo, debéis valer lo suficiente para conseguir un cargo en un departamento normal de filosofía”. Lo mismo se decía a propósito de los especialistas en derecho

público: “que se vayan a la Facultad de derecho

Quienes se formaron en Estados Unidos entre 1920 y 1940 estuvieron ampliamente expuestos a la vocación teórico-empírica de la ciencia política en esta etapa. Cabe señalar que, desde el punto de vista del método, la investigación se caracterizó por atender más a la mera descripción y a la recopilación de datos sobre los procesos políticos, que a teorizar sobre cómo funcionaban; aunque alguna teoría latente orientaba la investigación, la cual se encontraba en las turbias aguas de la ciencia política. Es posible que aquella haya sido la que gravitaba sobre el fenómeno denominado comportamiento político, o más bien, método conductista o investigación del comportamiento (Behavioral [is] Research) (Easton, 1992:19).

El rápido florecimiento de este método se debió seguramente a la existencia de ciertas actitudes y predisposiciones engendradas en la cultura estadunidense:

pragmatismo, realismo, confianza en la ciencia, etcétera. Robert Dahl menciona también la existencia de poderosos estímulos que contribuyeron a su crecimiento, entre otros, la viabilidad de un nuevo método para estudiar el comportamiento político de los individuos en determinadas situaciones: por ejemplo, el estudio de actitudes y preferencias políticas y, concretamente, el estudio del comportamiento de los votantes (Dahl, 1964:85-107).

(Lasswell, 1963).

La influencia de la “revolución behaviorista” en sus inicios se puede leer en diferentes formas, pues fueron diversas sus repercusiones. Por ejemplo, durante la década de 1960 varios historiadores del pensamiento político, muchos de ellos relacionados con la Universidad de Cambridge –por grata y oportuna coincidencia nos dice Rich ard Tuck– publicaron una serie de reflexiones de carácter general sobre su actividad profesional: John Pocock, John Dunn y Quentin Skinner. El objetivo principal fue discutir que en el mayor número de estudios, las cuestiones filosóficas de más alcance daban lugar a un mayor número de confusiones. Este planteamiento estaba ligado a la historia de las ideas tanto como a los estudios estrictamente literarios; es decir, el interés de estudiar obras antiguas de filosofía (o literatura) residía en el hecho de que contenían “aspectos intemporales”, en forma de “ideas universales”, o incluso, una “sabiduría perenne” de “aplicación universal” (Tuck,1996:240-255).

Skinner resumió la discusión en el sentido de proporcionar una recuperación de los escritos clásicos, sin tener en cuenta –sobre tentativas importantes y perennes, para establecer proposiciones universales de la realidad política–, las circunstancias de la evolución histórica. Pues sugerir que el conocimiento de la circunstancia social era condición necesaria para comprender los textos clásicos, equivalía a negar que contenían elementos de interés intemporal y perenne y, por tanto, se restaría toda importancia al estudio de lo que dijeron. Por su parte, Dunn se quejaba de que pocas ramas de la historia de las ideas se habían escrito como historia de una actividad. Más bien en distintos momentos se analizaron complicadas estructuras de ideas, lo más cercanas posible a sistemas deductivos, siguiendo el rastro de su morfología a lo largo de los siglos; aunque ciertas construcciones cosificadas de las ideas más accesibles de una gran personalidad, se habían comparado con las de otro gran hombre. De ahí la misteriosa tendencia de muchas publicaciones, sobre todo en la historia del pensamiento político, a reducirse a las proposiciones de grandes libros.

Como alternativa a esta situación, Skinner y Dunn insistieron en que la manera adecuada de leer un texto histórico, era considerarlo un producto en el que las intenciones re ales del autor –en la medida en que éstas pudieran reconstruirse razonablemente–, deberían ser la guía principal para saber por qué determinado texto adoptó la forma concreta que tiene.

Nos dice Tuck que, a pesar de que la intención principal de Pocock no fue argumentar en los mismos términos que los otros dos historiadores referidos, su ensayo fue una llamada para tomar en serio, como material que se debía entender y explicar. Hablamos del conjunto de escritos y otras producciones disponibles sobre política, procedentes de una determinada sociedad, lo que él denominaba “estereotipos” y “lenguajes” y que, posteriormente bautizó con el término de “paradigmas”.

Lo sucedido en la década de 1960 es un referente importante sobre las cuestiones tratadas en aquel de bate metodológico, no sólo por el énfasis al compromiso de que si alguien desea entender la historia de algo, debería investigar las pruebas y descubrir qué hacían las personas estudiadas, sino porque anunció el inicio del gran de bate que se presentaría diez años después. Así, desde otra perspectiva, John Gunnell esbozó una historia en la que el desarrollo del “conductismo” en la ciencia política, durante las décadas de 1950 y 1960, habría desembocado en un ataque contra la historiografía del pensamiento político, considerada como actividad de escasa importancia.

Gunnell describió un pasaje que, al igual que otros, como Giovanni Sartori interpretan al responder a la pregunta: ¿Cuándo apareció una ciencia política en sentido estricto, que nos permitió diferenciar entre una fase precientífica de

la disciplina y su fase propiamente científica?, como una transición entre una

y otra fase, la cual “tuvo lugar alrededor de los años cincuenta, en función de

la denominada “revolución behaviorista”. Naturalmente, esta revolución se incubaba desde hacía tiempo. La introducción de las técnicas cuantitativas se remonta a Stuart Rice y a Harold Gosnell, y muchas premisas las habían planteado entre 1908 y 1930: Bentley, Merriam y Lasswell. Pero recién se puede hablar de un viraje de la disciplina en su conjunto, a Gunnelll cita a David Easton en 1953 lamentándose de que el pensamiento político tradicional de occidente fuera sustituido por estudios de historia del pensamiento político, actividad que vivía “parasitariamente” de ideas del pasado, y no intentaba ya proporcionar una ciencia política propiamente empírica, ni construir “un marco de referencia valorado” (Gunnell, 1979).

En su libro The Political Systems de 1953, Easton señaló que resultaba imprescindible justificar la construcción de una teoría general de orientación empírica en la ciencia política. Y en 1965, en A Frame work for Polítical Anal y sis, escribió:

el rasgo más notable de esta revolución intelectual fue, en realidad, el

ritmo con que esta disciplina cambió de rumbo sin perder el con trol de su

aparato intelectual. Ello es testimonio de la gran reserva de talento, aptitudes

y conocimientos heredados que la ciencia política como disciplina ha logrado

todo esto ha ocurrido bajo el signo de un sismo intelectual que ha

reunir (

sacudido a todas las ciencias sociales, y al que durante un tiempo se le denominó be havioral approach. La nueva teoría, que luchó por ver la luz en la ciencia política durante toda una década y que sólo ahora comienza a tener vida propia,

es en gran parte hija de ese cataclismo

Gunnell consideró que el principal punto de crítica de Easton a la historia del pensamiento político, era una invitación implícita a que la ciencia política empírica se convirtiera en el modo de pensamiento dominante en política. Según sus conjeturas:

respuesta de los historiadores de la teoría política a la crítica de los

conductistas, en cuanto a la importancia de estudiar la tradición, no consistía solamente en reafirmar su pertinencia tanto para la ciencia política como para la política en general, sino en mantener, además, que en ese momento era

absolutamente crucial

que

)

(Easton, 1982:19).

la

(Gunnell, 1979).

La idea de una gran tradición en el de bate político en Europa occidental, según Gunnell, se había convertido en el centro de una crítica de la actitud moderna representada por Easton y otros como él. Su repudio a la historia del pensamiento político se había transformado en un antagonismo histórico, entre una manera de pensar en política susceptible de expresarse sólo en el lenguaje de la civilización, tomado de los textos clásicos de Platón a Marx; y otra, expresada en la pseudociencia del análisis de sistemas o cualquier otra cosa de la cual se manifestará la teoría “conductista”. Escritores como Strauss o Arendt eran para Gunnell los principales ejemplos de teóricos que se adherían a este aspecto de

la tradición.

El mismo Dahl parece corroborar la apreciación de Gunnell cuando señala que, históricamente hablando, el método conductista fue un movimiento de protesta dentro de la ciencia política. Sobre todo por aquellos científicos de la política que compartían una fuerte insatisfacción por las realizaciones de la

ciencia política convencional, principalmente en los terrenos histórico, filosófico

y descriptivo institucional. Ésto junto con la creencia de que debían existir o

podían desarrollarse métodos y procedimientos adicionales, que aportasen a la ciencia política proposiciones empíricas y teorías de naturaleza sistemática,

comprobadas por observaciones más estrechas, directas y rigurosamente controladas de los acontecimientos políticos.

A la pregunta: ¿A dónde irá a parar la postura conductista considerada como

movimiento de protesta?, Dahl respondió en 1964

como postura propia, el conductismo se incorporaría a la disciplina, pues estaba

convencido que no desaparecería por haber fracasado, por el contrario se iría por haber tenido éxito. A pesar de valorar la importancia del movimiento de protesta que, permitió un “desgajamiento” rápido de la ciencia política en relación con las otras ciencias sociales en la búsqueda de autonomía, Dahl consideró que

el método conductista, por restaurar algunas unidades de la disciplina, había

resquebrajado otras (Dahl, 1964:85-107).

No sabemos hasta qué grado, hoy tengan unidad y cohesión los cinco fragmentos que en aquel tiempo Dahl veía desunidos: la ciencia política empírica, los patrones de evaluación, la historia, la teoría general y la especulación. El hecho es que este estudioso se percató, no sólo de la falta de cohesión de la disciplina en sus niveles de saber, sino que las transformaciones experimentadas seguramente fragmentarían a la misma.

Con esta opinión quería señalar que,

creo

que desaparecerá gradualmente

”.

David Easton señala que afirmaciones sobre el ser y el deber ser, sobre los hechos y los valores, a menudo estuvieron entrelazados durante su formación. Al respecto cita su propia experiencia como ejemplo de la falta de coherencia teórica, cuando realizó sus estudios en Harvard, lo que él denominó posteriormente la etapa de la ciencia política tradicional:

nadie

había tratado de explicarme por qué motivo mi interés por la política requería del estudio de un abanico de materias tan amplio, más allá del sim ple hecho de que todas ellas estaban relacionadas con ese algo llamado gobierno. No lograba comprender sobre qué bases la ciencia política podía considerarse como un cuerpo de conocimientos coherentes, dada la ausencia de una estructura teórica, dentro de la cual sistematizar todos aquellos cursos y verificar su relevancia (Easton, 1985).

al finalizar mis estudios me encontraba sumamente confundido (

)

La búsqueda de una teoría política sólida llevó a Easton a participar en la revolución también referida por Dahl, a la que Easton calificó conductivista, fase que constituyó también –como lo referimos anteriormente–, la transformación fundamental que ha caracterizado la ciencia política de occidente en este siglo. Es este autor quien aclarará que pese a la raíz común de los términos conductismo (be haviorism) y conductivismo (behavioralism), ambas posiciones teóricas tenían poco en común y que la ciencia política nunca había sido conductista, ni siquiera durante el auge del conductivismo (Easton, 1992).

Lo que debemos dejar muy claro es que el conductivismo, como lo explica Easton, sostuvo la existencia de una uniformidad comprobable en el comportamiento humano y, secundariamente, que tal uniformidad podía comprobarse mediante pruebas empíricas. Así, la cuantificación posible y plausible encontró un lugar

importante en la ciencia política. El resultado fue que durante los años cincuenta

y sesenta, dicha ciencia alcanzó la capacidad de utilizar una vasta gama de

técnicas empíricas cada vez más sofisticadas: cuestionarios, entrevistas, muestreos, regresiones, análisis factoriales, modelos racionales, etcétera.

Es importante subrayar que la búsqueda de un conocimiento sistemático, basado en la observación objetiva, llevó a un cambio decisivo en el significado de la teoría. Por tradición, ésta había tenido un carácter filosófico e histórico

que buscaba explicar el desarrollo de las ideas políticas. Por ello, una parte considerable de los esfuerzos teóricos se dirigió a la construcción de teorías empíricamente orientadas a los diversos ámbitos de análisis. La llamada teoría de alcance medio dio vida a amplios segmentos de la disciplina, como en el caso de la teoría pluralista o la teoría de juegos (Zamitiz, 1993:81), comprobando lo que alguna vez escribió Oran Young:

“Por encima de todo, hay indicios de que los desacuerdos en el campo de la ciencia política son mucho más amplios y radicales en el nivel del análisis abstracto y epistemológicos, que en el nivel más concreto de la investigación práctica” (Young, 1968:72).

Ahora bien, regresando a la historia del pensamiento político, hay que aclarar que tiene razón Gunnell cuando explica que el movimiento contra el que se dirigían los ataques de Skinner, Dunn y Pocock fue una respuesta a la hostilidad de la ciencia política de posguerra, en contra de la historiografía del pensamiento político y como una afirmación de la permanente idoneidad de una ciencia política no cuantitativa y no conductista. No obstante, Richard Tuck hace dos importantes señalamientos a Gunnell: en primer lugar, aunque las observaciones de Easton eran aplicables a Strauss o Arendt, “los objetivos reales de su crítica explícita eran mucho más a estudiosos rutinarios de la década de

1960, que escribían sobre la historia del pensamiento político desde un punto de vista científico convencional”; en segundo lugar, el no haber tomado en serio las afirmaciones conductistas de Easton para quienes el estudio de la política debía implicar hechos y valores, aunque unos y otros pertenecieran a ámbitos lógicamente distintos (Tuck, 1996:246).

Por tanto, el rasgo más llamativo de la ciencia política angloamericana (y sobre todo norteamericana) en la primera mitad del siglo XX, fue la combinación de ese reconocimiento con un empeño muy débil por considerar realmente cómo podían aparecer o justificarse los valores. De hecho llama la atención que algunos libros de texto (como el de G. Sabine) estuvieron dispuestos a manifestarse en favor de cualquier declaración, sobre la verdad o falsedad de las teorías políticas que examinaban.

Es importante reconocer –nos dice Tuck– que esta opinión negó la existencia de teorías políticas universales u objetivamente verdaderas; pero afirmaba, al menos, la pertinencia de las cuestiones tratadas por los grandes textos y en eso consistía su utilidad. Por ello, se debería distinguir la actitud de escritores como Strauss o Hans Morgenthau quienes, aunque con orientaciones diferentes, insistieron en la existencia de verdades en teoría política “al margen del tiempo

y lugar”. Con sus opiniones daban a entender que los textos debían estudiarse por sí solos, pues eran la respuesta de “grandes mentes” a un conjunto de problemas permanentes conocidos, tanto por el estudiante norteamericano de la década de 1950, como por el habitante de la polis griega.

Según las pautas de una cultura política a largo plazo, se pensaba en la posibilidad de inculcar a los ciudadanos un conjunto heterogéneo de valores y educarlos en una serie de textos razonables y no demasiado exóticos, que divergían entre sí de una manera intelectualmente estimulante. La obra de Kennet Arrow, –nos dice Tuck– que tuvo una especial influencia tras la segunda edición revisada de su obra Collective Choice and In di vidual Values aparecida en 1963, impresionó

a los más “duros” politólogos. Por su rigor metodológico los convenció de que

debían revisar sus vagas hipótesis sobre el carácter social de los valores. De este modo encajaba en una opinión en desarrollo a mediados de la década de 1960 (sobre todo en Estados Unidos), según la cual la filosofía política de

tipo aparentemente tradicional debería escribirse otra vez. (Para Tuck no fue una coincidencia que el exponente más destacado de una nueva filosofía política fuese John Rawls y se le viera en buena medida como kantiano).

Pero si en el paisaje ético de la ciencia política norteamericana no tenía ya sentido una pluralidad de valores fundamentados de una manera indeterminada, quedaba socavada la función tradicional del pensamiento político. Esto fue lo que sintieron Dunn y Skinner al final de los años sesenta y su polémica contra la historia tradicional del pensamiento político coincidió con un sentimiento claro de la posibilidad, al menos, de una filosofía política moderna y sistemática.

La “nueva” historia del pensamiento político fue la contrapartida de la “nueva” filosofía política del mundo anglosajón de las décadas de 1970 y 1980. Tuck aclara que el ideal de una nueva filosofía política que proporcionaría a la moderna Norteamérica (y, por extensión, a sociedades en situación sim i lar) un conjunto de valores, parecerá mucho menos plausible en 1990 que en 1970, pues veinte años de impresionante actividad filosófica habían servido en gran parte para subrayar la naturaleza dispar de los valores modernos, a pesar de cierta complacencia al respecto, por parte de algunos teóricos liberales. En el caso de los especialistas de lengua inglesa tuvo una función crucial la decadencia de la teoría política en este idioma a principios del siglo XX y su renacimiento a finales de la década de 1960. Las cuestiones debatidas en las tradiciones intelectuales de Francia y Alemania, distintas a la inglesa, tuvieron (al principio) poca influencia en estas discusiones de los años sesenta (Tuck, 1996).

La explicación anterior coincide con la afirmación de finales de los años 80, de que la teoría política había experimentado un renacimiento.

Si se comparan las dos décadas de 1970-90, con las dos precedentes de 1950- 70 (tiempo en el que se verifica la “revolución behaviorista”) se observa un ascenso en el interés por la materia y un incremento al interior de la comunidad de estudiosos de la política.

El cambio, nos dice David Miller, se había experimentado en la forma en la que se hacía la teoría política, por el surgimiento de muchas divisiones marcadas entre las diferentes áreas de la disciplina.

En ellas la mayor parte del trabajo teórico era realizado en una u otra subdisciplina, lo cual resultaba cada vez más difícil para los practicantes, pues no podían moverse confiadamente a través de las fronteras internas del campo de estudio (Miller, 1997:488).

Aunque no parece claro que la filiación nacional haya tenido que ver con el tipo de contribución que ellos hicieron, los teóricos británicos jugaron en diversas formas un papel importante en el revivir de la teoría política. Debido a ello se enfatiza en la existencia de una “teoría política británica” que, en comparación con la producción estadounidense, había enfrentado cierto en feudamiento intelectual que había desfigurado el pensamiento político norteamericano, sobre todo en la respuesta a la obra de Leo Strauss y sus discípulos.

El hecho es que durante los últimos veinte años han existido importantes transformaciones, que se pueden simplificar de la siguiente forma:

a) El estudio de los textos clásicos se reemplazó por el análisis histórico del pensamiento político, atribuible –como lo vimos a lo largo de la última parte del presente artículo–, principalmente a varios autores de la llamada “Escuela de Cambridge”, especialmente Peter Laslett, Quentin Skinner, John Pocock y John

Dunn. La tesis clave que estos autores sostuvieron fue que el significado de un texto del pasado –cuya determinación constituye los prolegómenos esenciales

a todo análisis crítico–, no puede ser establecido simplemente por medio de

una lectura (o serie de lecturas) detallada que use parámetros modernos de interpretación, ya que el significado por los términos clave, así como la lógica de los argumentos usados en el texto, dependerán, en cada caso, del medio intelectual en el que el texto se produjo.

b) La mutación del análisis conceptual en teoría política normativa (filosofía

política) y los intentos para establecer un conjunto de principios, de algún modo fundamentados y con implicaciones prácticas para la constitución del Estado y

la sociedad. Esto significó un retorno a la tarea tradicional de la teoría política,

aunque para ello enfrentó el problema de encontrar alguna base objetivamente racional, para que los principios propuestos se orientaran a un interés práctico4.

c) Por último, trazar el desarrollo de la teoría política normativa a partir de

Rawls supone una distinción entre teorías de corte individualista, que intentan

la formulación de principios políticos partiendo de una especificación abstracta

de los individuos, de sus intereses y aspiraciones morales; y teorías de tipo comunitarista, que parten de personas previamente inmersas en relaciones sociales –prácticas, comunidades, etcétera– e interpretan los ideales políticos, fundándose en una comprensión de tales relaciones. Así, el individualismo y el comunitarismo han representado dos puntos de partida opuestos, para la formulación de la teoría política. Esta parcelación metodológica –aunque no del todo clara en el terreno ideológico–, ha sido en los últimos años, la fuente más importante de desacuerdos al interior del campo de la teoría normativa (Miller, 1990: 495).

Conclusiones

Reafirmar el rigor analítico de la disciplina en la ampliación de su objeto de estudio.

Gerry Stoker ha escrito recientemente que los británicos nunca se han sentido cómodos al utilizar el término “ciencia política”, por ello en sus universidades han preferido utilizar denominaciones como “gobierno”, “política”, “teoría e instituciones políticas” y “política y relaciones internacionales”. Además, los escrúpulos que suscita el uso de la palabra “ciencia” reflejan, sin duda, la posición especial que las ciencias naturales reclaman para sí y el desprecio por las ciencias sociales que a veces han expresado políticos de renombre. No obstante, apunta Stoker:

referimos a la ciencia política en el sentido de que existe una tradición

académica de estudio de la política, una disciplina que se transmite de profesor

a alumno, a través del discurso y de la escritura. La disciplina no copia los métodos de las ciencias naturales porque no serían apropiados. Presenta un conocimiento estructurado y exige que quienes la practican respeten ciertas

normas intelectuales a la hora de debatir

nos

(Marsch y Stoker, 1995:15).

En su libro Teoría y Métodos de la ciencia política, Da vid Marsch y Gerry Stocker expresan su compromiso de recuperar el término “ciencia” para designar todas las disciplinas organizadas de forma académica; pues la palabra “ciencia” procede del término la tino scientia, que significa un conocimiento adquirido a través del estudio.

En el libro se desprende que el desarrollo de la ciencia política se ha visto acompañado del deseo de ampliar su campo de estudio como resultado, durante

las dos últimas décadas, de la presión en favor de ampliar la definición de lo político, aumento que en buena medida se justifica en el hecho de que la política es una actividad ubicua. Es decir:

actividad generalizada que tiene lugar en todos aquellos ámbitos en los

que los seres humanos se ocupan de producir y reproducir sus vidas; actividad que puede entrañar tanto enfrentamiento, como cooperación, de forma que los problemas se presentan y resuelven a través de decisiones tomadas

colectivamente

una

(Marsch y Stoker, 1995:19).

Dicha extensión de la definición de la política ha tenido una primera implicación para la disciplina: describir los fenómenos y analizarlos de diferentes modos. Por tanto, hay que señalar que la ciencia política no sólo se ha caracterizado por la variedad de sus enfoques durante la última década, sino que éstos se han incrementado.

Estos autores describen seis enfoques 6 y señalan que, aunque a la teoría normativa y a los estudios institucionalistas se les ha otorgado “certificados de defunción”, siguen siendo el “doble pilar” de la ciencia política tradicional. Si bien el primer enfoque entró en decadencia en los años cincuenta y sesenta, como se explicó ampliamente en el apartado anterior, desde los setenta se ha recuperado. Ya en los años noventa se registró un súbito incremento tanto del interés en esta materia, como de la confianza en aquellos que la practican y su reputación entre los politólogos también parece haber mejorado.

Al

estudio de las instituciones políticas le interesan las reglas, los procedimientos

y

las organizaciones formales del sistema político, así como su impacto en la

práctica política. Desde un punto de vista histórico, la vitalidad del enfoque institucionalista en ciencia política pone de manifiesto la influencia que, sobre su desarrollo como área de estudio independiente, han tenido el derecho, la filosofía y los estudios históricos.

Dos de los enfoques más recientes son la teoría conductista y la elección racional. De hecho, ilustramos cómo en los Estados Unidos el enfoque conductista ha sido

el dominante dentro de la disciplina. Su impacto en Europa ha sido considerable

pero, a pesar de todo, sigue siendo un enfoque más. La teoría de la elección racional también ha logrado muchos adeptos desde mediados de los años cincuenta. Su presupuesto implícito es que el comportamiento político puede entenderse como el resultado de las decisiones de los individuos que actúan según su propio interés. Los estudios de la elección racional han procurado arrojar luz sobre cuestiones en todos los campos de la ciencia política, mismas

que van desde la lucha electoral hasta el funcionamiento de la burocracia.

El último binomio de esta apretada descripción de los enfoques de la ciencia política en la actualidad son el feminismo y el análisis del discurso. Este último representa un reto importante para las corrientes más consolidadas; aunque cabría encontrar antecedentes de ambas perspectivas en la historia de la disciplina, que sólo han pasado a un primer plano a partir de los años setenta.

El impacto del feminismo ha sido considerable en muchos sentidos, pues ha favorecido la revisión de los elementos más sólidos de la ciencia política. De este modo, los estudios de género han sido decisivos en la ampliación de los horizontes de la ciencia política. El análisis del discurso, aunque ha tenido menos impacto que el feminismo, constituye un importante vínculo entre la ciencia política y el posmodernismo, pues considera que, estructurar el significado de lo social, es el principal hecho político. Los estudios de discurso analizan, además, cómo los sistemas de significado o “discursos” conforman la manera de entender

la propia posición o actividad política. Según este enfoque, la producción, el funcionamiento y la transformación de los “discursos” deberían ser objeto de estudio, ya que constituyen una herramienta útil para entender la articulación y el carácter de la política en las sociedades complejas.

zamitiz@sociolan.politicas.unam.mx

Bibliografía

Arendt, Hannah (1997), ¿Qué es la política?, Bar ce lona: Ed i to rial Paidós, ICE-UAB.

Aron, Raymond (1997), Estudios Políticos, México: Fondo de Cultura Económica.

Ball, Terence (1995), “An Ambivalent Alliance: Polítical Science and American Democracy”,

Political Science in History. Research Programs and Polítical Traditions: Edited by James Farr, John S. Dryzek and Stephen T. Leonard, Cambridge University Press.

Collini, Stefan, Winch Donald y Burrow John (1987), La política ciencia noble. Un estudio de la historia intelectual del siglo XX, México: Fondo de Cultura Económica.

Córdova, Arnaldo (1976), Sociedad y Estado en el mundo moderno, México: Grijalbo.

Crick, Bernard (1959), The American Science of politics, Berkeley Los Angeles: University Press.

Easton, David (1982), Esquema para el análisis político, Bue nos Aires: Amorrortu Editores.

Easton, David (1992), “Pasado y presente de la ciencia política en los Estados Unidos”, en

Estudios Políticos, núm. 11, Tercera época, julio-septiembre, México: Facultad de Ciencias

Políticas y Sociales-UNAM.

Gunnell, John (1979), Political theory: Tradition and Interpretation, Cambridge: Mass.

Gramsci, Antonio (1986), Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado Moderno,

México: Juan Pablos Editores.

Huntington, P. Samuel (1992), “Ciencia política y reforma política. De alma en alma”, en Estudios Políticos, Tercera época, núm. 12, octubre-diciembre, México: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

Kuhn, S. Thomas (1986), La estructura de las revoluciones científicas, México: Fondo de Cultura

Económica.

Lasswell, Harold D. (1963), El fu turo de la ciencia política, Edit. Tecnos.

Marsh, David and Stoker Gerry (1995), Theory and Methods in Political Scince, Gran Bretaña:

Macmillan Press.

Miller, David (1997), “El resurgimiento de la teoría política” en Metapolítica, Revista trimestral de teoría y ciencia de la política, vol. I, núm. 4, octubre-diciembre, México: Centro de Estudios de Política Comparada A.C.

Mounin, Georges (1962), Maquiavelo , Buenos Aires, Argentina: Ediciones Cenit.

Pasquino, Gianfranco (1988), “Naturaleza y evolución de la disciplina” en Pasquino, et. al. Manual de ciencia política, Madrid, España: Alianza Universidad Textos.

Prélot, Marcel (1964), La ciencia política, Bue nos Aires, Argentina: EUDEBA.

Sartori, Giovanni (1992), La política, lógica y método en las ciencias sociales, México: Fondo de

Cultura Económica.

Strauss, Leo y Cropsey Joseph (1996), Historia de la filosofía política, México: Fondo de Cultura

Económica.

Tuck, Richard (1996), “Historia del pensamiento político”, en Peter Burke (ed), Formas de hacer

Historia, Madrid, España: Alianza Universidad.

Wolin, S. Sheldon (1993), Política y perspectiva. Continuidad y cambio en el pensamiento político, Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.

Young, R. Oran (1986), Sistemas de ciencia política, México: Fondo de Cultura Económica.

Zamitiz, Héctor (1993), “La ciencia política entre el racionalismo y el empirismo”, en Estudios

Políticos, cuarta época, núm.1, octubre-diciembre, México: Facultad de Ciencias Políticas y

Sociales, UNAM.

Zamitiz, Héctor (1997), “De la democracia al pluralismo y por qué”, en José Luis Orozco y Ana

Luisa Guerrero, Pragmatismo y Globalismo. Una aproximación a la política contemporánea,

México: Fontamara-Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM. Origen y Desarrollo de la Ciencia Política: Temas y Problemas

Modelos políticos pre-estatales

Las formas preestatales de dominación política

Reflexiones previas

En esta obra se ha seguido el criterio e Heller de considerar que el Estado

propiamente dicho, a los efectos de la teoría moderna del Estado, comienza con

el Renacimiento. Ahora bien, una determinación tan exacta requiere algún tipo

de legitimación teórica; y ésta no vendrá dada por el hecho de que acumulemos factores que alimenten una casuística de parecidos. No será suficiente que señalaremos cómo llamamos “Estado” a las formaciones políticas renacentistas

y postrenacentistas debido a la que forman unidades territoriales. Con

anterioridad ha habido formas preestatales dotadas de tal unidad territorial y, con posterioridad, muchos “Estados” nacionales han tenido muy cambiantes formas territoriales: desde la Paz de Westfalia, en 1648, que pretendía delimitar con carácter definitivo las fronteras interestatales en Europa, hasta los acuerdos de Moscú, Yalta y Postdam, que han vuelto a cambiarlas por enésima vez, en el continente han nacido y muerto varios Estados nacionales (Polonia, en el caso más patético, Servia, Croacia, Montenegro, etc.) y una gran parte de ellos ha

sufrido cambios importantes en su composición territorial. Si, por el contrario, se explica su aparición por otros factores, como la existencia de ejércitos permanentes –cual a veces s hace-, conviene recordar que Romo los tuvo, por

lo menos desde la época de las reformas de Mario (y nadie la clasifica entre

los Estados nacionales), mientras que Inglaterra ha solido no tenerlos y es el prototipo de ese Estado nacional; si el factor explicativo es la Hacienda Pública, de nuevo debe reseñarse que ésta llegó a estar muy bien organizada en Roma, por lo menos desde los tiempos de Diocleciano y no tan bien, en cambio, en los Estados nacionales sino hasta la aparición del cameralismo prusiano. Y lo mismo cabría decir del resto de los factores que se aducen para explicar la aparición del Estado nacional.

Ciertamente – y ello parece más acertado- puede aducirse que lo que diferencia

al Estado en nuestro sentido moderno, de las formas anteriores de dominación

política, no es ninguno de aquellos factores en aislamiento, sino su conjunto,

la feliz coincidencia de todos para la formación histórica de aquella figura

política que Maquiavello llama lo Stato. Se trata, simplemente, de no presentar explicaciones nonocuasales de los acontecimientos históricos, sino de atender

a la multiplicidad de factores causales que intervienen en la configuración de

tales acontecimientos (especialmente si éstos son institucionales) Ahora bien, pretender extraer una categoría teórica por el procedimiento pedestre de acumular rasgos empíricos que la definan es algo insatisfactorio. Lo razonable parece ser ubicar la categoría (a la que se llega por un proceso de razonamiento deductivo) en un contexto teórico explicativo más amplio que le dé su dimensión auténtica. En esto reside la diferencia capital entre la historia como ciencia de lo singular y la Teoría del Estado que, en cuanto ciencia social, trata de encontrar las regularidades.

Si se entiende que el Estado es un instrumento de dominación política dentro de

un proceso de evolución de los modos de producción en la historia, cada uno de los cuales tienen formas distintas de cristalizar políticamente (y aquí conviene advertir que se alegan todas las reservas posibles respecto a los dislates en

que puede incurrir un evolucionismo lineal ingenuo), sí podremos ver qué es lo que singulariza al Estado en cuanto forma de dominación polí