Distinguir para comprender

Francisco Estrada V.

Los estudiantes de derecho son entrenados para distinguir. Son pocas las preguntas que no
admiten comenzar diciendo con voz segura “hay que distinguir.” Esto no es exclusividad de
leguleyos. Las distinciones nos permiten categorizar en clasificaciones y conceptos una realidad
numerosa y abrumadora. Complejizar el análisis de una situación tan lamentable y dramática
como la muerte de niños y niñas al cuidado del Estado exige una serie de distinciones hasta ahora
ausentes en el debate público y, en especial, en el informe de la comisión investigadora.

Cuatro son las principales distinciones ausentes en el informe de la Comisión Investigadora de la
Cámara de Diputados sobre muertes en centros del SENAME.

I. Centro y residencias y Programas Ambulatorios.

La primera cuestión es distinguir entre niños en centros y residencias y niños en programas
ambulatorios. Esto significa que tanto en el área de justicia juvenil (infracción de ley penal) como
en el área de protección de derechos (niños vulnerados gravemente), hay un número de niños en
centros del Sename, otro en residencias (sólo en área de protección) de privados (instituciones
colaboradoras como el Hogar de Cristo); y la gran mayoría de niños y niñas es atendida en forma
ambulatoria, es decir, permanecen viviendo con sus familias, en general, y concurren 1, 2 o 3
veces al mes a reuniones con el programa a cargo. El área de adopción atiende a un número muy
pequeño de casos, y aquellos que están internados lo están en el área de protección.

¿Pero acaso no todos están bajo la responsabilidad de SENAME?

Sí y No. Sí, en cuanto hay un deber de administrador del sistema de protección, pero el ingreso y el
egreso del sistema residencial, p.ej. es resorte exclusivo de los tribunales de familia. Ahora, los
jueces toman esa decisión con base en la información que el sistema les aporta.

No en cuanto no todos los niños y niñas están a la misma distancia del Estado. En la nomenclatura
de la Ley Nº 20.032 (de Subvenciones del SENAME) que reformó el año 2005 la ley orgánica del
SENAME, sólo en el área de protección de derechos existen cuatro líneas programáticas, que en
lenguaje coloquial, significa que hay 4 campos de trabajo diferenciado:

1
Fuente: Anuario Estadístico 2015 de Sename, publicado en su página web.1

1. Diagnóstico, ejercido por los programas denominados DAM. Los DAM reciben órdenes de
tribunales de familia y de fiscalía para la realización de evaluaciones e informes psicosociales.
Estas evaluaciones pueden comprender además del niño a su grupo familiar. Un niño entonces,
ingresado a estos DAM va a 1, 2 o 3 sesiones de 45 minutos a 1 hora y algo. La responsabilidad de
un niño ingresado a diagnóstico y muerto es baja. Pudiera ser que haya responsabilidad si el DAM
recomendó la entrega del niño a un adulto que es quien lo maltrata y mata, p. ej.

El año 2016 se realizaron 40.074 atenciones en esta línea.

¿Hay niños ingresados a DAM en el listado de muertes?

1
La Cuenta Pública 2016 no contiene desglose de las atenciones del área de justicia juvenil por lo que hemos
debido anotar las del año 2015. Tampoco a la fecha ha sido publicado el Anuario Estadístico 2016.

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2. Oficinas de Protección de Derechos, conocidas por su sigla, OPD.

El año 2016 se realizaron 65.919 atenciones en esta línea.

La atención en una OPD contabiliza por igual a quien consulta por una vulneración de derechos y
no regresa que a quien recibe una atención mucho más extendida en el tiempo.

No hay aquí una cercanía física y del tipo relacional que permita un reproche intenso al Estado.
Aun cuando, por supuesto, si en un caso equis, la OPD efectúa una recomendación de alguna
acción o no realiza un monitoreo y a consecuencia de dicha recomendación o de la ausencia de
dicho monitoreo muere el niño puede existir responsabilidad por dicha negligencia.

¿Hay niños ingresados a OPD en el listado de muertes?

3. Programas: La tercera línea programática es la más amplia y numerosa y, al mismo tiempo,
heterogénea. Se alude aquí a los diversos proyectos y equipos ejecutados por las instituciones
colaboradoras de SENAME. Existen numerosos tipos de programas: desde aquellos que
intervienen en casos de maltrato grave o abuso sexual infantil para procurar reparar el daño vivido
por el niño o niña, o los programas d Familias d acogida, donde un niño separado de sus padres
vive con un miembro de su familia extensa o un adulto externo que habiendo sido evaluado, vive
con un niño y es acompañado por una institución colaboradora; hasta los programas
especializados en temáticas como niños y niñas en situación de calle o niños y niñas en ESCI
(explotación sexual y comercial infantil).

En justicia juvenil corresponden a las sanciones y medidas que se cumplen en libertad.

En los programas ambulatorios, el contacto entre el niño –y en algunos casos su familia- y el
programa se limita a 1, 2, 3 o 4 contactos al mes, de 1 hora a 1 hora y media. Evidentemente, en
programas donde se ve a un niño 1 hora al mes, es difícil hacer responsable a ese programa de la
muerte del niño. Como ya hemos dicho, puede haber circunstancias específicas que hagan
reprochable por negligencia o mala atención o erróneas acciones, al programa, pero en general el
reproche es más bien lejano.

El 2016 Sename desglosa su información en programas, donde se realizaron 104.974 atenciones y
en programa de Familias de Acogida, que desarrolló 6.924 atenciones.

4. Y, finalmente, la línea residencial. Es decir, los niños que duermen cada noche en un centro
directamente administrado por el Estado (por eso se habla de centros de administración directa) o
en una residencia u hogar administrado por instituciones colaboradoras, como María Ayuda o el
Hogar de Cristo.

En justicia juvenil existen tres tipos de centros aunque dos de ellos se ubique en un mismo edificio.
Centros de Internación Provisoria (CIP), donde están los adolescentes en calidad equivalente a la
prisión preventiva de los adultos; Centros de Régimen Cerrado (CRC), donde cumplen condena
adolescentes y adultos (por delitos cometidos siendo adolescentes); ambos centros coinciden en

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un mismo edificio (por eso se habla de los CIP-CRC) aunque a veces en la región metropolitana se
usa un centro en forma exclusiva para una modalidad (el centro de Til-Til p. ej., es sólo CRC). Hay
43 centros en el área de justicia juvenil.

En el área de protección, hay 11 centros administrados directamente por el Estado y que se
denominan normativamente, según la Ley de Menores aún vigente, Centros de Tránsito y
Distribución (CTD) aunque Sename les denomina CREAD (Centros Residenciales Especializados de
Administración Directa). El año 2016 ingresaron a estos centros 2.598 niños y niñas.

Y existen también residencias u hogares, administrador por las instituciones colaboradoras
acreditadas. El año 2016 ingresaron a las residencias u hogares 10. 437 niños y niñas.

Es decir sólo en justicia juvenil, durante el 2015 ingresaron a los centros de Sename 5.721
adolescentes y mayores de edad; y en el área de protección, ingresaron a los centros del Sename
2.753 niños y niñas y a los hogares o residencias 11.492 niños y niñas.

En total, 19.966 niños, niñas, adolescentes y mayores de edad.

Es claro que en estos centros, donde niños, niñas y adolescentes están todo el día bajo la directa
mirada de funcionarios del Estado, donde incluso en los CTD la Ley de Menores entrega a sus
directores el cuidado personal de los niños provisionalmente, es aquí donde el deber de garante
del Estado es intenso y pleno y lo que aquí ocurra es de su responsabilidad, total en el caso de los
centros, indirecta en caso de las residencias u hogares.

Cada una de estas líneas y cada uno de los programas cuenta con su propia normativa técnica.
Los montos de subvención también son diferentes en cada línea y en cada programa.

II. Niños con patologías severas y niños sin estas patologías.

La segunda distinción ausente en el informe parlamentario es aquella entre niños con patologías
severas y complejas previas a la muerte y aquellos que no tenían estas patologías.

Este distingo nos permite introducir un dato que ha sido reiterado pero que permanece inalterable
a un año de la muerte de Lisette. Los problemas de aquellos niños y niñas con mayor complejidad
escapan al campo de pura intervención psico social. Hay problemas de salud, física y de salud
mental

¿Cuántos corresponden a cada ámbito y cuáles son esas patologías?

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En Concepción, en el Centro Arrullo –un centro para lactantes- había el 2010 un niño de unos 11 o
12 años postrado en cama por una severa hidrocefalia. Le habían dados 6 meses de vida y había
vivido ya casi una docena de años abandonado por sus padres. Su daño neurológico era tan grande
que no tenía comunicación con el mundo exterior aunque algunas de sus cuidadoras me decían
que a veces abría más grandes sus ojos. Si este niño fallece ¿es posible que se sume a la lista de
reproches al Estado? Ignoro el número de casos similares pero ése era justamente uno de los
productos que el informe debió contener.

III. Muertes públicas o muertes ocultas.

La tercera distinción omitida en el informe comentado es cuántas de las muertes del listado fueron
conocidas públicamente, o al menos al interior del Servicio Nacional de Menores, y cuántas
permanecieron ocultas hasta que la recopilación del año 2016 las contabilizó.

Una hipótesis a explorar, desde mi experiencia y el período de tiempo en que fui director nacional,
es que las muertes hayan sido públicas y conocidas pero no adecuadamente recopiladas lo que
haya dificultado su contabilización en los primeros esfuerzos del año 2016.

IV. Muertes y etapa del proceso proteccional.

Una cuarta y lamentable omisión del informe es apuntar el momento en el que se produce el
deceso. ¿Es lo mismo la muerte de un niño que lleva 1 día en un centro que la de una niña, como
Lisette, que llevaba años en el sistema residencial?

Me parece que no. En el segundo caso hay una gran cantidad de información que el sistema
conocía y que le debió permitir prevenir eventos críticos, incluso en la pauperidad en que funciona
el actual sistema.

No es lo mismo un niño que está en medio de un proceso diagnóstico, donde recién lo estamos
conociendo, que un niño que lleva meses en un centro.

Esto exige, entonces, diferenciar, las etapas del proceso proteccional para informarnos dónde está
la etapa más crítica. Nada de esto aparece en el informe.

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Formular estos distingos no busca, evidentemente, exculpar o absolver reproches sino, cosa
distinta y anterior incluso, entender cómo fue que se produjeron estas muertes.

Comprender es la única manera para evitar que se repitan.

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