La mujer que no fui

o
Memorias de un insomne .
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Rogelio Treviño

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SOLAR
COLECCIÓN
La mujer que no fui
o Memorias de un insomne

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RogelioTreviñonace en Chihuahua, Chihua-
hua, el 30 de abril de 1953. Ha incursionado
en los géneros de poesía, cuento, novela,
teatro, ensayo y periodismo. Es autor de
varios libros: Lámpara de lapiedra (poesía),
Rogelio Treviño
publicado en 1980por Ediciones La Plancha
y reeditado junto con su segundo libro Lí-
neas para Sofí.a,en 1983, por la Universidad
Autónoma del Estado de México,en la Co-
lección Semillas. El vértigo de las tentacio-
nes (líbro colectivo, integrado por Rubén
Mejía, Remígío Córdova, Juan Guerrero y
Rogelio Treviño) 1985, editado por la Uni-
versidad Autónomade Chihuahua (poesía).
Viajero inmóvil (poesía), 1987, publicado por
la Universidad Autónoma de Zacatecas, en
su Colección Praxis/Dosillos. Septentrión
(poema épico,Premio Chihuahua 1991) Edi-
torial Azar 1993. Canciones para Laksmi
(poesía, mención honorífica en el Premio
Binacional E.E.U.U. México Pellícer-Frost
o
SOLAR
COl.ECC ÓN
1997, edición bilingüe, Editorial Ponciano
Serie: Premios Chihuahua
Arriaga, 1998.
Ha publicado en los periódicos: El Fron-
terizo, Uno más Uno,El Universal,Excélsior;
Novedades, El Heraldo, Diario de Juárez, El
Nacional.
En las revistas: Siempre, Tierra adentro,
Palabras sin arrugas, Azar, Vai-Ven,El cuen-
to, Mathesis, La palabra y el Hombre y Be- Instituto Chihuahuense de la Cultura
Fondo Estatal para la Cultura y las Artes

--.---
llas Artes de México
Chihuahua, 1998
'F

La mujer que no fui Al hijo de mis noches solas
o Memorias de un insomne
y a mis hijas Xitlhali, Dafne
Primera edición: 1998
y Ámbar.
Fotografía de portada: Héctor Jaramillo

© Instituto Chihuahuense de la Cultura
© Rogelio Treviño
SE RESERVANTODOS LOS DERECHOS

ISBN: 968-6862-19-6
Impreso y hecho en México
Printed and made in Mexico
Instituto Chihuahuense de la Cultura
Avenida Zarco 2654, Colonia Zarco
Teléfonoyfax:(l4) 112311, 112351y112250
31204Chihuahua, Chihuahua, México

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Nota: " ... Había llegado a ese momento de
la vida, variable para cada hombre,
Todos los personajes y situaciones descritos en este libro son en que el ser humano se abandona
puramente imaginarios. Cualquier semejanza con la realidad a su demonio o su genio, siguiendo
es improbable. Si ellos (los personajes) vinieran a reclamarme, una ley misteriosa que le ordena
entonces no los podría desmentir, porque los amo. destruirse o trascenderse."

Memorias de Adriano.
Marguerite Yourcenar
~I "Cada hombre siendo para consigo
mismo, su propia esposa".

Ulises. James Joyce

.. "•'
La mujer que no fui
o Memorias de un insomne
13
La mujer que no fui o Memorias de un insomne

Conocerse es horrorizarse.

1
Esta certeza es comprendida con el cuerpo no con el pensamien-
to. Chalkis, Chalkis, pececito al que teme Leviatán. El hombre

,
escucha detrás de la puerta; la mujer contesta. Los días pasan
según la inmovilidad del hombre. Pensar es demasiado. Hoy por
la mañana mis padres pelean como siempre,como siemprepienso
pero, detesto pensar de esta manera mecánica. Todo tipo de pen-
samiento barniza la realidad que nos rodea, la fija, la mata.
El tiempo se disuelve.

2
Es cierto, lavidaesmuchosdías. Ayer por la noche reconocí mi
sombra detrás de la tapia. Nunca mi propia sombra me había
mostrado el cúmulo de mis antepasados, nunca había escucha-
do el remolino de sus voces. La primera persona. La segunda
corre en el río de la sangre. La tercera murió por nosotros. En-
tonces es la tercera la que habla, la que nos vive. El día como
siempre retoma. Alguien mira en el cristal oblicuo de mis ojos.

3
Nunca antes había presentido que mi vida eran todas las vidas.
Tiresias. Hombre y mujer. Había sido mi propia esposa. Había
sido mi madre pariéndome. Mi padre en la eyaculación. El
médico del parto. Asclepios. Todos los rostros y ninguno. Quién.
En la crucifixión. Tezcatlipoca. Espejo de Humo. Bajando a
los infiernos. Tlahuizcalpantecutli. Una luz, una tea, una grue-
sa tea que no ahuma. Un espejo horadado, un espejo agujerea-
do por ambos lados. Tloque-Nahuaque. El Dueño del cerca y
del junto. Hormiga y hombrembra del pueblo el hijo. Los mil
rostros sin máscara y los sin rostro. Maelstrom. El padre de mí
mismo. Matria. Filius Genetrix Pater. Ad eternum.
14 15
ROGELIO TREVJÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

4 madera es incómoda, se pudre, le digo a mi madre. Unos niños
Abrí lentamente el espejo y salí de la casa. Ideal de mujer la imitan el canto de los pájaros detrás de la ventana. Mi madre
mujer que no fui. Si hubiera sido me hubiera buscado por el no habla, cocina. Este nicho es oscuro, horríspido, pero alguien
mundo para casarme. Despierto en la noche del cuerpo miro canta. Miro las constelaciones en el techo, sin párpados no me
un rostro, un cuerpo frente a mí. La noche intelectual se peina. encuentro en los ojos abiertos. Pienso. La mirada es un muro.
Su cabellera me deslumbra, negra, la contengo en mi vientre, Las mismas estrellas se borran. Todas las escenas de mi vida

, la acaricio. Soy negra pero hermosa porque el sol me ha mira-
do. Ella: espejito, espejito. Yo: dime, la más bella que mi pupi-
la te contiene. ¿No era la misma luz del otro lado del incendio.
No era acaso mi rostro el rostro que miraba? Flores saliendo
del espejo, jardín de plata, nitrato. Sentía mis propios senos.
Dulzura su peso. El sol de los pezones. Naranjas las manzanas
pasan por los canales de mis ojos disolviendo su bruma. Ama-
rillos, violetas, el negro es el color del miedo. He viajado hasta
aquí para reconocerme, pero no puedo, aquí no es un lugar.
Soy -si es que soy- múltiple. Estoy en todas partes y ninguna.
Hay un banco a la luz de una lámpara, hay árboles, me veo
sentada en él. Espero. Tengo en mi mente el rostro de un hom-
del sol. Hespérides. El vellocino de oro era negro entre mis bre. Es algo borroso, pero sé que me gusta. Vislumbro una som-
muslos. Cómo me amaba. Cuanta nostalgia sentí por mí mis- bra acercándose, estoy nerviosa, inquieta. Pero ¿qué me suce-
mo aquella tarde. Toda mujer también busca al hombre que no de?, me pregunto. Sé que puedo manejarlo a mi antojo. Los
fue. Engaño divino el salón en que estamos. Hotel de Dios. El hombres por maduros que sean son unos niños, me digo, con-
1~: otro día, en El Parque de la Regla, ví una sombra enamorada venciéndome. ¿Habrá llegado?, me pregunto, mirando la luna.
de una sombra y, por encima, pude vislumbrar una sombra más No creo que me haya dejado plantado. Enciendo un cigarro del
grande, amándose. Tres en uno, la fórmula de Swedemborg. otro lado del farol. Estoy sentado pero también salgo de la tien-
Los ángeles. Nitrato de plata el sueño. Un ente colectivo abs- da. Tengo frío. Me abrocho el saco y me veo levantarme con
tracto amándose. Narciso. Hidroflor. Reflejo. Jacinto. Ausen- una paleta de dulce en la mano por mí misma. Me arropo con
cia. Nada. Nadie. Recuerdo que yo amaba desde la infancia mi sweter mis bracitos fríos. Por fin llegó. Llevo mi rostro y
estas formas. Sombras enamoradas de las sombras. Pero detrás me miro en mis ojos sintiendo mis cabellos en la solapa de mi
y enfrente de uno, la impotencia del Dios. abrigo. Abro la puerta, mi perro mueve la cola, le sonrío. ¡Uf!,
cómo pesas, me digo, poniéndome en el suelo. ¿Tienes mu-
cho?, digo, mirándome. No mucho, me respondo. Tomo mi
5 bolso que pongo sobre mis piernas y haciéndome a un ladito,
Después de aquello entré a la recámara del sueño para desper- nada más, me invito a sentarme. Me siento y, a unos metros
tarme. Muerte pequeña. Todas la cosas estaban acomodadas más allá del banco donde estoy en mi cita, con mi cigarro a
en la caja serena del espejo. Todos los rincones en un punto. medias, siento envidia. Son muy jóvenes, pienso, aspirando
Sombra de sombras. Biflejo, una bocanada. Me beso y cierro los párpados. Doy el último
Primero se rompe un hueso que una palabra. trago que me queda y lanzo la botella a un terreno baldío. Ca-
Esta hora regresa en el río de los gestos. Se esfuma en su mino por la Calle Ocampo. Soy dos preventivos platicando
vuelo de boomerang. Sonoridad de bóveda. Esta maceta de estupideces en el Parque Lerdo, mientra fumo mariguana a unas
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

cuantas cuadras, llevando una carreola donde estoy dormido. uno de los frascos para terminar de cerciorarme. El tacto cal-
Me paso el cigarrillo y vomito después de haber tirado la bote- ma. Tomo valor y entonces veo mi rostro del otro lado de la
lla en la deportiva. Los pinos dan vuelta en mi cabeza. Me veo luna. Con la mirada fija alcanzo a ver los cuerpos difuminados,
hacerme el amor en el asiento trasero del carro. Todo está muy a mi espalda, la cómoda con el alhajero y el Cristo sobre la
oscuro. Jadeo. Lloro con la telenovela. Río en le Cinema Juá- cabecera de la cama. Fijo las pupilas en las pupilas que están
rez. Muevo la reina y me doy jaque mate en medio de una sala en el espejo, me miran. Repaso lentamente mis facciones y me
lujosa. Ojalá te arrepientas, me grito, colgando el teléfono. veo sonreír en la piel de placa, diciéndome, ya en calma: no te

·.,.f
. '
Manejo ebrio, sobrio, y estoy a punto de chocar conmigo en la
Avenida 16 de Septiembre. Termino la última nota en El Diario
y salgo. Espero el cambio del semáforo frente a la capilla de
apures, no hay otro.

•' San Lorenzo. Me chiflo, bailo, quiebro un vaso en la barra. Me 6
masturbo con mi mano de prostituta borracha. Duermo. Estoy Hilaba, deshilaba, en la rueca del sol mi propio rostro. Era la
de pie mirando a Orión y señalo al Dragón. Estoy solo escu- mujer de mí mismo. Mi propio esposo. No tenía que esperar
chando a Supertramp en la troca. como la otra gente porque siempre estaba conmigo. No había
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Retomo. pensamiento que no conociera de mi amada. La mujer que no
1:t1
1111
Quiero abrir los párpados pero me doy cuenta que se en- fui siempre estaba en mi rostro. El hombre, o bien mi propio
1111

1m1 cuentran abiertos. Me invade, sin que pueda controlarme, una hombre, era yo mismo; la telepatía: mi teléfono en comunica-
rabia infinita. La imagen de mis hijas cierra por fin la etapa. ción perpetua, al menos hasta la muerte. Metempsicosis, ¿qué
Entre la impotencia y el miedo quiero gritar, pero suelto una cosa había que no fuera el semosermismo? Diablodios. Todos
carcajada que no es mía. Recupero mis ojos y trato de ubicar- los deseos y no deseos se realizaban en yoelella, yosotros.
me recorriendo con mi mirada el cuerpo donde estoy. Un rayo Kalpa. Manvantara. Compatía. Panespermia. Como todos tam-
de luz enciende un pétalo de mi maceta a los pies de mi cama. bién sabía que no era eterno. ¿O sí?
Esto me descontrola nuevamente, porque desde el ángulo don-
de está mi almohada no se puede ver la maceta. Me incorporo.
Veo la silla y la cama de mi madre al fondo, vacía..Aunque mi 7
presencia empieza a proyectarme certezas de mí mismo, otra
certeza tensa la zona de mi abdomen. Ideas de religiones y Un Sol polífono, áplomo, enrojece el mantel de la mesa tras
locura vienen a mi cabeza. ¿Soy yo?, me pregunto. Me palpo los cristales de la tarde. Una ventana cruzada por sombras la
la frente, no hay fiebre. Levanto las cobijas y pongo los pies en pupila de Dios. Una casa entre miles. Casa del Norte. Vientre
el suelo de cemento que encuentro, para mi placer, frío. Pienso blanco con techo de lámina refulgente. La Cena de Leonardo
en la noche anterior, la madrugada. Me levanto indeciso y ca- de Vinci el diálogo del día. Ojo que palpita en la calle man-
mino rumbo al tocador de mi madre, me siento en el banquillo chada. La calle de las tumbas infrasolares. San Felipe del Real
de tafetán rojo y veo el mantel blanco, como siempre, sus per- o La Nueva Vizcaya. Un réquiem. El color sonoro de esta
fumes, su shampoo, el televisor, la crema, sus medicinas. Tomo ciudad.
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ROGELIO 'fREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

Aquí en Chihuahua hasta los pobres son ricos -le digo. rán-Durán en la camiseta del Gordo, lo veo de pieza entera.
-En Chirublín sí, y en Delicias -me responde Sergio- pero Huérfano sigue, pero no de mí mismo, me diría. Los críticos se
no creo que sea en todo el estado. fijan en la secuencia de una obra y su puntuación. No todo es
Sergio -el gordo Durán, como todos le decimos- es de Chi- el disfraz gramático, afirmo, sino el sostenuto. El lenguaje es
huahua, pero vive en Monterrey. Recuerdo - tal vez por nostal- la máscara de todo escrito contemporáneo. Filosofía y Física.
gia- la frase de Plutarco: Todo hombre que deja la tierra donde No. Arte, sin más. Alguien se ríe detrás de las palabras.
nació es un adúltero. Carcajadadetrásdelamateria.
-Hablo de la Capital -le digo, levantándome al escu- -Artificio.
-Maya.
, ¡~ char el silbido del pato en la estufa. Apago la llama y le
sirvo en una de las tazas de la vajilla eterna de mi madre, -Todos los apóstoles nos hablan con las manos -me dice,
'!
regalo de mi abuela. señalándome el cuadro de de Vinci frente a la mesa- ningún
-En Monterrey es lo mismo, lo único que las diferencia es crítico nos habla de eso.
la belleza de Chihuahua. -Corcheas, semi corcheas, blancas, negras. Un dos con
Le digo la frase de Plutarco y sonríe. Levanta la taza de un uno en los brazos caminando por la Calle Gómez Farías.
11111
café y critica con su mirada el humo de mi cigarro. Números y notas. La holomúsica. Colores por el lienzo del
1:;11
r1111 Sus palabras son cardúmenes bajo la lámpara diminuta del párrafo. Gestos. Galón de muecas. Puntos en el tapiz del
1111

1l:lii cigarro. Cae el día; cierra suavemente su párpado. La noche -esa día. Cordones.
estancia iluminada por el sol del recuerdo- es aún lejana. El re- -Hay islas del conocimiento que se imponen desde el pa-
cuerdo, ese cuarto donde los seres que amamos se reunen fuera sado a la ciencia contemporánea. Una de ellas es la
del tiempo. Anís brilla en sus ojos. Ámbar en los míos. Fisiognomonía. Usted y yo trabajamos en algo semejante.
-¿Ha leído sobre fisiognomonía? -me pregunta, despla- -Soy cartesiano, no supersticioso.
zando su taza de vidrio en la mesa justo donde los últimos -Por temor al ridículo -le contesto, llenando su taza. ¿Por
filamentos de luz la atraviesan. qué me pregunta entonces por la Fisiognomonía?
-Todo lo que se mueve o es movido implica un significa- -Perdóneme -le digo, abriendo una botella de tequila que
do -le contesto, señalando la taza. Le veo como siempre. Como hasta entonces había permanecido en la mesa- Dostoyevski la
siempre, casi puedo saber su forma de pensar por la carilla utilizó no sólo en sus novelas. ¿Acaso no recuerda El Jugador?
donde nadan sus gestos. Cada uno de nosotros refleja por el [No recuerda sus magníficas defensas de los criminales que
ritmo la vida que vamos viviendo. No somos más que notas en liberó en Pertersburgo basándose en esa rama de la criminolo-
la calle pautada de la vida. En la ciudad de alambre como los gía? ¿Recuerda a Smerdakof? Por cierto, usted siempre me lo
pájaros. No tan fácil. Cuatro. y tres. Tres y dos. Dos y uno. ha recordado físicamente.
Singulare tantum. Los días retoman persiguiéndose. Recuerdo -¿A quién, a Smerdakof?
que por la Avenida Independencia gustaba de ver a mis seme- -No. A Dostoyevski.
jantes como a esqueletos. Mi reloj de bolsillo llevaba una le- Reímos.
yenda: Tú te vas, yo me quedo. Esta tarde viendo el logo Du- -¡Como es cabrón!
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ROCJELIO ThEVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

-Bueno, tal vez así se imaginó el mismo Fiodor. Hablo en -Qué le parece si salimos -le respondo riéndome de sus
serio. Cada uno de nosotros conllevamos las puntas de una zapatos.
misma vara. Cristo es Judas y Judas es Cristo, puesto que for- -¿De qué se ríe?
man parte de un mismo plan. La vara es Dios. -De sus zapatos.
-Stefan Zweig maneja el lenguajede las manos en 24 horas. -¿No le gustan?
-Tomo un buen trago pensando en de Vinci que duró mu- -Sí. Lo que pasa es que me recuerdan el cuento de las
cho tiempo para encontrar entre los jóvenes del pueblo el ros- habichuelas mágicas.
tro de su Cristo. La medida divina. El analogon que heredó de -Sí, verdad. Están cotorros, los compré en Juárez.
.,..f~i Praxíteles y Fidias. Este tipo de encuentros no era común. A veces pasaban
:.~ ~! 1
-El Arquitecto de la Luz. De Leonardo. más de dos años para encontrarnos. Me sorprendió y hasta me
·i' •

-Parece policía del pensamiento. disgustó que hubiera renunciado no sólo al cigarro sino a to-
-¿Por qué? -Me dice, agarrando un pan de dulce. mar, como acostumbramos, unas copas. Me dijo que tenía una
-En eso pensaba. úlcera. Recordé -sobre todo por nostalgia- las palabras de mi
Una mosca, partícula de Argos, vuela en el agua del exsuegro: no fuma, no toma, entonces muérase.
d¡¡

1111 11
diálogo.
1:111,
1!11,,
1111 .•
Apolo para liberar a Europa de este guardián insomne,
11¡:.
11111
1 impuesto por los celos de Juno, le cortó la cabeza después de 8
dormido con su flauta. Flauta del sueño. Origen de las moscas. Gira el tiovivo de la noche. Las voces en el salón se mezclan
-Pero, entonces, ¿usted cree en lo del lenguaje de las con la música. Te recuerdo. Aquella tarde nos reímos de lo
manos? que seleccioné en mis escritos para la exposición en el Pro-
-En cada discípulo del cuadro de Leonardo, la misión que naf. Yo no tenía nada preparado, excepto mi "Gioconda" y
tiene su alma se insinúa por medio de la posición de las manos "Quetzalcóatl". Nuestras hijas nos habían pedido que las lle-
y los dedos. ¿Recuerda la novela de Gustav Meyrink? El Do- váramos. Aceptamos. Cuánto gusto me proporcionó el que lo
minico Blanco. En todos ellos es claro -nos dice Meyrink- el hicieran. Yo tenía siete meses sin tomar. Anoche las soñé en
movimiento de la mano derecha, ya sea que se apoye sobre el la casa de mi infancia. Es duro estar solo, pero lo prefiero a
tablero, cuyo canto está dividido en dieciséis partes, tal vez tus imposiciones. Me pregunto por qué las mujeres -al igual
correspondientes a las dieciseis letras del antiguo alfabeto lati- que nosotros- buscan en sus parejas una reproducción de sí
no, o ya sea que esté unida a la izquierda. Sólo en Judas Iscariote mismas. ¿De qué nos enamoramos entonces? De nuestro ideal,
vemos moverse la izquierda, la derecha está cerrada. San Juan me respondo. Son cristalizaciones del mismo. Una sola pala-
Evangelista, que según Jesús habría de sobrevivir, por lo cual bra, un gesto, una mirada, un movimiento mínimo, una
sus discípulos dijeron que él no moriría, tiene las manos jun- inflexión, un accidente, y ya está. Encontramos a la persona
tas, lo que quiere decir: es un imán que ya no lo es, un anillo en amada. Nuestra imagen soñada. A la persona real ni siquiera
la eternidad: ya no es un caminante. la vemos. La vestimos con las cualidades que buscamos.
-Parece biblioteca. Nuestro sueño. Nuestra sombra. ¿Qué es el amor? -Nuestra
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ROGELIO 'fREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

falta de ser. Conocerse, juntarse, separarse. La vida, como se,juntarse, separarse? Omphalos vitae. Secretum secretorum.
dice Nietzche, es una gran broma. Chíriká-ju.

9 10
La patrona de este mundo subsolar es Lilith. Aquí rigen los Escribo para la Doncella del Arco de Plata. La del rostro blan-
destinos, íncubos y súcubos. La influencia hebrea que emigró co. Metzá en tarahumar. En la celda de hueso permanecen las
al Norte después de la Conquista en el centro de México. La voces de mis antepasados. El mundo, la jaula de los dioses
huída rumbo a los desiertos -otra vez el desierto- de la Nueva leprosos. Un almacén. Almario. Una cuestión almática. Cami-
Vizcaya. La onomástica hispanoamericana de Tibón lo mues- no por los pasillos de mi propia cárcel. Los senderos de mi
tra claramente. Urías, Carbajal, Reyes, Trifinium. La gastro- árbol mental. Árbol verbal. Cuando estuve en El Cerezo com-
nomía. La raíz negra del árbol genealógico. La Shekina. Virgo prendí que la vida es semejante a una cebolla. Cada capa ocul-
intacta. La prostituta de la familia de David. El gran rostro. ta al ser de la cebolla. Las separamos y no queda nada. ¿Qué
Recaudador de prepucios. La circuncisión. Las tortillas de ha- ser se oculta detrás de las palabras? Nadie. Nada.
rina. El toro blanco. Pero, ¿y el toro que sacrifican los Escribo para La Doncella del Arco de Plata. La Señora de
tarahumares? No. Es un caballo. El verdadero misterio está en ojos de Plata. Mi esposa, mi hija, mi amante, mi madre, mi
las cruces que encontraron los franciscanos. Ignorando que este abuela, mi hermosa lavandera del alma. Alfito. La del Rostro
signo no es propiedad única del cristianismo, sino que provie- Blanco
ne de culturas mucho más antiguas. Cómo no recordar el Sim- Quién
bolismo de la Cruz de Guenon; las cruces de los huicholes. Nadie
Los mitotes del híkuri. La cacería del venadito cruzado por Nada
flechas. La recolección. La cruz egipcia, conocida como Ankh
o Llave de la Vida. La cruz de los aztecas, utilizada en sus Nombres de Dios en el Antiguo Testamento. Petaj Daleth.
rituales, hecha con carne de infantes inmolados al Sol y que Puerta, abertura. ¿Hacia dónde? Quién habla por mi boca es-
era comida -eucaristía- por los sacerdotes; hoy semejante a la cribe para La Doncella del Arco de Plata. Pasi thea cale. La del
parafernalia del cristianismo. No puede ser un mero accidente Rostro Blanco. La de la expresión alba. Alfito. Alfito. Blanca.
o coincidencia la manifestación de estas constantes en culturas La diosa que es bella para todos los hombres. Binah. Sí. La
aparentemente tan disímbolas. La hostia, el híkuri, oralidad idea del mundo como espejo de la inteligencia divina.
cósmica, antropofagia celeste. La cruz. Sólo para elegidos. Y Es frecuente.
volviendo a Lilith, pienso en las vírgenes negras. Fátima o Es musst sein.
Fatumeh, árabe. Gunnar Ekelof. La virgen de Guadalupe.
Tonantzin. Coatlicue, diosa de la vida y la muerte. ¿Qué nos
quieren decir? Como pregunta Rainer María Rilke. Maldito 11
embrollo. ¿Qué cosa es el amor? Amors: no muerte. ¿Conocer- Toda mañana es distinta, tiene su propia música. Los co1ores
Blblioteca1
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

emiten sus notas, tonos en el diapasón del Oriente. Cadena de 12
música los días. Yo mismo soy una nota y un color. Busco mis No entender es ya una manera de entender, decía Lezama Lima.
pensamientos en los que pasan, no están. Sin embargo sé que Siete meses antes, a finales de octubre, discutimos, mi primera
no piensan por sí mismos. Sus expresiones me muestran la mujer y yo, por una serie de incidentes que yo había generado.
nulidad de sus oídos. Sé que la nota majestuosa del Sol no es Un perro en busca de su imagen -Xólotl-. Desde la infancia,
percibida por nosotros debido a la discordancia de nuestros como lo supe después, era uno de los protegidos de Toth, dios
movimientos. Pienso en los sonámbulos. El día es entonces de los ladrones. Hermes, Enoc o Idris, que representa también
dodecafónico -me digo-, cada hora una nota, cada cuerpo una la fuente de la que provienen los conocimientos del sacerdocio
melodía, suave o pesada según la lucidez. Somos el músico y egipcio y griego. Mi maestro de teatro me había dicho que el
el instrumento, pero también la música. Cada uno de nosotros verdadero artista, o escritor, no debía oponer obstáculos para
un sistema cerrado, una nota, una octava, un silencio, un inter- realizarse. No valía ningún pero. Me había ayudado con un
valo, un color, un espectro, una cacofonía. La música de la saco que más bien era una gabardina, cosiéndole por los inte-
noche nos rodea el espectro del día. Pero, ¿qué diferencia hay riores unas bolsas en las que cabían algunos libros que no po-
entre una escala de doce y una escala de ocho? Una sola nota día comprar por exceso de dinero. En un año tuve una bibliote-
puede contener las dos escalas. El año también es dodecafónico. ca selecta: Homero, Sófocles, Eurípides, Esquilo, Hesíodo,
Hace mucho en algunas culturas -como la judía y la griega- el Heráclito, Safo o la poesía griega primitiva, la poesía náhuatl,
año se componía de trece meses, y esto me remite a pensar en la china, la europea, Dante, Goethe, Paracelso, Flamel,
el sonido trece de Julián Carrillo. También en la música implí- Fulcanelli, Hefestos, Rabelais, Bergerac, Villón, Apuleyo,
cita de la arquitectura teotihuacana. En los trece cielos del Pue- Apollinarie, Nerval, Vallejo, Cortázar, Rilke: El cosechador
blo del Sol. Me detengo y me siento en la esquina, antes de del suelo nocturno, El gusano luminoso, A que te cojo sin ver,
llegar a la casa. Pienso en la holomúsica que estudiaba el gru- El mirón-vidente, La ostra de Carmela, Los once mil falos,
po donde estaba John Lennon. Pienso también en Henry Moore. Las once mil vírgenes, Zagreo, El coitus interruptus, Los
Miro la botica de enfrente, recuerdo que era una cantina, veo cojones de nuestro señor, La vagina cósmica, La vergamasca,
los colores desvanecidos de las casas, en la Calle 37. La Colo- Kimitake Hitaoka, Serafita serafitus, Tutuguri, El burropeda-
nia Obrera (San Benito) donde pasé la infancia. Levanto la gogo, Tú eres yo, El Sefer ha Zohar, Los Mavlevi; en fin, los
cabeza y observo el Allegretto Azul sobre el mundo. Pienso clásicos. La única consigna era no robar libros innecesarios.
nuevamente que cada cuerpo es un ritmo. Recuerdo a Darío, Robar sabiduría, según mi maestro, no era un pecado tan gran-
"ama tu ritmo y ritma tus acciones". Una canción: mi vida. La de, robar el fuego sagrado, era una empresa prometeica pues
intensidad musical de la mañana empieza a atenuarse. La cas- prometía mucho, para mi formación. Estaba listo para conde-
cada. El extenderse del tapiz cromofónico. Siento frío. Me le- narme. Esto fue el origen de mis problemas, ya que esto -por
vanto y rumbo sin novedad las cinco casas que separan la es- falta de cuidado- me desvió, haciendo de mí un cleptómano,
quina de la mía. Abro y entro, la música se aquieta. Me meto pues empecé a robarme todo cuanto podía. Estos fueron los
en la cama sin desayunar y pensando en todo esto sin pensar, problemas claves de mi matrimonio, aunados además a mi al-
estoy dormido. coholismo. Sello inmarcesible. Recuerdo claramente aquella
...,, Oli ••••• \ 1
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

tarde en que se gestó el embrión del divorcio. La wisteria de- No mentía. La vida siempre me había revelado ángulos
trás de la ventana empezaba a secarse. diferentes. Con esto no quiero decir que era mejor que la de los
-Necesito hablar contigo -me dijo. otros, no, era lo mejor para mí, y eso era todo. A los dieciséis
Llevaba un traje de dos piezas, de seda, que yo le había años 'el mundo real', que me habían enseñado en la escuela y
comprado en Tijuana, en el Congreso de Escritores a nivel na- la casa, se me había derrumbado. Todo aquello, como lo pude
cional que se celebra por el Día de la Raza. En la solapa resplan- comprender era y había sido encabronadamente falso. Sin nin-
decía un pelícano de plata -fiel representante de la palmeta del gún valor. Por aquel entonces -debido a esa experiencia- re-
maestro alquimista-. Por ese entonces tenía treintaicinco años y cuerdo que sufrí un miedo terrible. No podía o más bien no
lucía magnífica. Morena, de cabello lacio, esbelta; puedo quería salir de la casa, mucho menos que se me hiciera de no-
rememorarla con su hermoso lunar cerca de la nariz y sus ojos che, lejos de ésta. Herman Hesse empezó a ubicarme. Poste-
profundamente negros que proyectaban en ese momento una riormente Fragmentos de una enseñanza desconocida de Pe-
mirada fría. ¿De qué? - le dije- a sabiendas de lo que se trataba. dro Demián Ouspenski, me ayudó a comprender lo que me
Nos sentamos en la sala, le ofrecí un vaso de soda, pero lo había pasado, y así fue como pude controlarme. Como lo supe,
rechazó. Sabía que era una estratagemapara tratar de suavizar el yo no era una persona común, simplemente me había desperta-
problema. No pude, pero tampoco quise remediarlo. En verdad do -faltaba mucho trabajo sobre mí mismo-, pero ya no estaba
estabacansadode lo queimplicabael teatrodelmatrimonio.Siem- dormido o muerto, como la mayoría.
pre me había cuestionado sobre el por qué tiene uno que estar -Entonces no queda más remedio que separamos -me dijo.
fingiendocon laspersonasque ama, aunque como lo he planteado -Si así lo deseas -le respondí.
anteriormente,me doy cuenta que el amor es un sueño, o mejor Mi clavicordio resonó en lo profundo. Aquella plática nos
dicho, una experienciarealmente propia, consigo mismo. mostró, uno a otro, desnudos.
-Sabes muy bien a lo que me refiero.
-Sí, lo sé. Pero cada uno tiene su propia forma de ver las Mundo extraño
cosas. Tus ojos aquel día
Yo sabía muy bien que ella nunca estaría de acuerdo -y era Cambiaron tanto
lo correcto- con mis impropiaciones. La noche recién nacida
empezaba a pintar el dintel de la casa. Nuestra hijas salieron de Nuestras hijas no sospechaban la decisión tan grave que
su recámara recién bañadas y listas para nuestra salida diaria al su madre en ese momento estaba determinando.
parque. Ella les dijo que nos esperaran en el jardín.
-¿Y qué implica para tí pensar de una manera propia?
-Ver la vida como tú nunca has podido verla. 13
-¿De manera que tú has logrado comprender la vida me- Después de aquello observo el amanecer en el cristal del día,
jor que yo? los hermosos mandalas de la nieve vuelan tras la ventana. Re-
-No sé, pero la vida desde muy chamaco me ha mostrado cuerdo la madrugada de nuestro primer disgusto en serio. Du-
un rumbo diferente que los demás no ven. rante un viaje. El nombre del poema en el río de las horas. Tú
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

permanecías en la alcoba fuera del tiempo más no de mi me- este es uno de ellos. Ahora lo sabes, vampiro de lo interno,
moria. Nuestras hijas no sabían la distancia abierta, cada vez lector hipócrita, mi hermano.
más abierta en el insoportable abismo de los cuerpos. Ahora,
lejos ya de los acontecimientos humanos, he perdido la impor-
tancia que tiene para ellos el valor de un mes, un año, una se- 15
mana, un día. Tengo en mi poder la piedra que cayó de la frente El universo es una proyección mental. Las mujeres proyeccio-
de Luz-Bella cuando fue lanzado a los abismos, tesoro para mí nes de la diosa. Alphito. Hace un año caminé con mi hija bajo
inapreciable y por muchos buscado: la escritura. la lluvia. Te compré flores. La vida no es para principiantes.
Cómo las extraño. Hablar por hablar es demasiado fácil. Esta
noche toqué a tu puerta y apagaste la luz, no querías verme. Si
14 no duermes me da lo mismo dijiste-, tienes razón, nadie es
La estructura de Dios es tripartita. Dante lo expuso claramente, indispensable, aquí y ahora.
·11~ aunque sin decirlo, en su Comedia. Pero comparar a Dios
~
1111
con un rey que ha construido su palacio sobre una gran letri- Invierno
•I ill!il
1111
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na -dicen- sería pertinente, pero también irreverente. Hoy
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111 1;11::
quiero hablar de lo que no se habla: Los Qlipots. Hashmal es Hoy escribo en la sábana de la memoria
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4¡ ¡,¡:: la Luz de mi Padre. Ámbar. Sin embargo es una sombra el Caminamos bajo la lluvia mi hija y yo
reflejo de lo grande. Una sombra. Una gran sombra. Los Me permití contarle -no sin antes pedirle permiso-
Qlipots son sombras envenenadas de la divinidad, enraizadas lo que ha venido a ser la historia
en el almario de la naturaleza humana. Vampiros de lo inter- de su padre y su madre en estos días
no. Vampiros psíquicos. Lo sé, las palabras no pueden reve-
lar un misterio, si no se ha conocido por uno mismo. El muro Mi lector es testigo ahora
de la sangre es lo primero que se opone. Nadie experimenta No de la historia
en carne ajena. Recuerdo el Libro entregado por El Angel Sino de nuestros pasos con la luna en el horizonte
Raziel a nuestro padre Adán (Adamastos: Tierra roja. De su
nombre proviene Dama). En él se dice que el mundo de aquí Mi hija mi hermosa hija
abajo no ejerce su poder más que cuando las tinieblas lo cu- Camina conmigo todavía
bren y las puertas que le rodean y comunican con el mundo
celeste están cerradas. Reflejos, lo sé, de un ser inmenso. En esta hoja
Lunas. En estos muros escucho el canto de Ofanim, de los sí;
la búsqueda de La Dama en la que encarna La Shekiná es lo
mismo que el acto de tejer el Vestido de la Luz con el que nos 16
presentamos ante el Rey. Puestos los ojos sobre mi territorio Hace once días que no escribo una línea. He caminado cien-
sé que soy múltiple. Todos y ninguno. Hay libros que matan, tos de kilómetros para llegar a ti. No tenías máscara cuando
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

me recibiste. Los rostros que conversan conmigo en el salón dote si me dejabas solo porque tenías que alistarte para ir al
del recuerdo han venido en este ángulo de la esfera, conten- trabajo. Observé con gusto que habían reinstalado mi bibliote-
tos; tan sólo tu haz permanecido en un rincón de la sala sin ca. El retrato del Artista Adolescente, se encontraba abierto
que nadie o como si nadie supiera que nos conocemos y nin- sobre tu buró. Mis hijas adormiladas vinieron a saludarme.
guno se atreviera a presentarnos. Aún cuando en verdad -has- Después de conversar un buen rato con ellas sobre mis planes
ta ahora nos damos cuenta- somos tan distintos y tus ojos al sabor de un café, me abrazaron retirándose nuevamente a su
vuelan esquivándome, nunca antes me había sentido tan aden- recámara para prepararse, porque tenían que irse a la escuela.
tro de ti. Ni siquiera cuando vivíamos juntos, uno para el otro Les prometí que volvería, en cuanto supiera la dirección de mi
¡¡,, ·¡~ en el cuadrilátero de la almohada. Soy en ti -por que lo veo- amigo, por mis maletas y para salir a dar un paseo. La mañana
' ,,"' una persona extraña. Pensándose. Pensándote. Pensándonos. era fría. Pasé las siguientes 24.horasen la casa de Rodolfo Haro.
• Eran las cinco de la mañana cuando llegué a tu casa. El in- Allí me encontré con un excelente cuadro de Pego. Me pareció
vierno era crudo. Caminé por la carretera a Casas Grandes, la un autorretrato. Se encontraba acompañada, en el lienzo, por
·:1 López Mateas, la Montes de Oca hasta desembocar en la In- dos buenos amigos, Perkinke y Manuel. Sesión de café, bien
~ surgentes. Como ya lo esperaba me mostraste una mueca de podría ser el título. En verdad no sabía cuánto iba a permane-
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'
11111~11
'~11' disgusto al verme, pero no tenía en ese momento donde dejar cer en Juárez, pues aun persistía la abulia que me acompañaba
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ftll1;l1i:: encargado mi equipaje; hubiera querido no hacerlo, sin em- desde México. Podía apreciar el calor de la vida en los seres
~11 "';111

~Iifü bargo no había remedio pues no sabía la dirección del amigo que caminaban por la ciudad. Los envidio -pensaba junto con
con quien iba a hospedarme. Llevabas puesta la bata de tu el poeta- porque no son yo. Aun cuando me parecieran seres
madre, muerta dos años antes. sin ser en el ala del viento. Acelgas. O simples hojas arrastra-
-¿Qué andas haciendo? das entre las calles. Por ahora, el cuadro de Pego es mi hués-
-Vengo a vivir por unos meses en Juárez. Quiero estar ped. Mi cuerpo es una casa de huéspedes selectos. Tú, a pesar
cerca de mis hijas, verlas. No te preocupes, no vengo a darte de la frialdad con la que me recibes cada vez que nos vemos,
problemas. Únicamente quiero estar cerca de ellas. Yo sé que permaneces en ella. Yano tienes sangre. Eres una reliquia en la
tal vez no lo entiendas -aunque suene extraño, puesto que todo pared más querida de mi recámara. Un halo de luz muerta ro-
padre necesita ver a sus hijos- tal vez porque tú permaneces en dea el contorno de tu cabeza. Virgen negra. Balkis. Señora de
la misma atmósfera y no sabes lo duro que es vivir alejado de múltiples pechos. Tu padre te había dicho en tu infancia que
ellos. ustedes iban a ser vacas. Yo me reí aquella vez que me lo con-
Un viento frío levantó mis cabellos y aún cuando tenías taste, pero ahora sé que no se trataba de una broma, las vacas
un poquito solamente entreabierta la puerta, tu bata se abrió son sagradas. Era cierto Señora de los desprotegidos, protége-
dejándome observar lo más hermoso de tus piernas. me, porque ahora que me mantengo errante, no sé cómo me
-No pensarás quedarte aquí en la casa. siento. La sustancia del tiempo es bastante fría. Hormiga
-Ni siquiera lo he pensado. ¿Cómo están las niñas? minutera. Te veo dormir de vez en cuando. Cuando he vuelto a
-Bien. tu casa, a escondidas, y me recuerdas en la carilla de la noche,
Tal vez porque tenías frío me invitaste a pasar, disculpán- un arpegio azul.
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

Elegía bocas succionando aire amniótico. Tenso, pienso en los
antropeces de Brueghel el viejo. Bebo un poco de licor para
Tarde a tarde en el ala del párpado aliviar la tensión. Esta vida sólo a tragos, como dice mi padre
se abre la orquídea de la noche -me digo- y enciendo un cigarro. Alexis, con quien vivo, duer-
me profundamente. La música y el licor me suavizan la an-
Sentados en el torbellino de la quietud gustia. Hago una ligera limpieza al departamento y salgo por
tras las ventana de cada uno de los cuartos café y cigarros. Camino por la López Mateos, no hay mucho
miramos las estrías de la luz tráfico, el día está nublado. Veo a la gente como detrás de un
creciendo sobre la piel vidrio, veo sus ojos nublados como el día. Soy -sin duda- una
del vidrio carga para Alex. Cruzo la calle rumbo al Hospital Latino-
americano para hablar por teléfono con Manuel Portillo, pero
Dibujada con el pincel de lo innombrable me dice que no puede venir. Siento el peso del mediodía so-
te veo recorriendo mis razgos bre mis hombros; vuelvo y compro el café en el restaurant de
1
111111
en el lienza abismal la esquina, no hay cigarros. Regreso al departamento y dejo
~

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11llh1 1
·1111~ ' de la memoria el café a un lado de la máquina de escribir, en el suelo, pues
1'11 ~11111'
n 1 11iil;~. mi escritorio es una reja de madera que tengo al frente del
¡¡¡:¡ff Luna disuelta en elfondo visual sillón donde duermo; casi no hay muebles, pongo una hoja
en la máquina de escribir y vuelvo a salir. Bajo los escalones
Infierno de estos meses y un muchacho en la puerta me pide unas monedas para el
donde los dos entre las calles que se pierden teléfono, se las doy y me dirijo al Sambors que se encuentra a
nos estamos nombrando una cuadra y media del departamento, frente a la Clínica del
Seguro Social. Rumbo sin novedad y encuentro para mi co-
modidad que no hay clientes en la tabaquería. Al salir me
17 topo con un conocido, le digo que tengo mucho trabajo; trata
Leyendo Investigaciones de un perro y Blumf eld, el solterón, de retenerme preguntándome por la fecha en que murió Henry
cae sobre mí el agua pesada de la realidad-irreal. El aire es Miller, le respondo que no sé, que posiblemente murió en los
tan denso que puede cortarse con la mano, es una bolsa co- principios de los ochentas y, extendiéndole mi mano, me des-
lectiva. Impresionado cierro el libro tratando de olvidar lo pido antes que vuelva a cuestionarme, me voy. Cuando llego,
que leí, pero es tarde; levanto la vista y descubro la inutilidad el muchacho del teléfono me pregunta por el personal de la
de mi gesto al verme inmerso en el original, la fuente de don- imprenta de enseguida. Sin detenerme le contesto que posible-
de fueron tomados los datos -cruelmente fieles- por el gran mente por ser domingo no trabajen y a zancadas subo los esca-
maestro Franz Kafka. Me levanto y tratando de engañarme, lones. Ya a solas, por el pasillo, me doy cuenta que va en au-
pongo un disco de Bach; me acerco a la ventana y veo desde mento la tensión, abro y entro; Alex sigue dormido. Volteo el
el segundo piso donde me encuentro hospedado múltiples disco, tomo un trago y como remedio contra la locura, escribo.
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

18 para describirla, físicamente es hermosa, en su interior des-
Soy uno de esos temperamentos que andan en busca de la lumbra. No es una intelectual, es una mujer, casada consigo
Bienamada. Toda mujer conlleva en su físico y en su interior misma. Palabras de la noche. Nunca solos de nosotros mis-
una parte de ella. Un lóbulo, una mirada, el timbre de la voz, mos. Ese día me descubrí habitándome. Conversamos en los
un dedo, el vellocino de los muslos. Quien se aleja de su casa montes blancos de Samalayuca. Me invitó a su casa, después
ya ha vuelto. Oro injertado, el nombre de mi amada, ella vive que fuimos a bailar. Cenamos cuando ella dormía. Cómo con-
en un lugar cerca del río Bravo; tres ramas florecieron en su versé conmigo esa noche. Caminamos por la Avenida Juárez.
mano. Tres ramas secas. Si tuvieran que saber mi nombre, no El sol brillaba en lo alto, las luces de neón solecían. Pasamos
es problema, me llamo Pigmalión. Me acosté con ella en un por el Noa-Noa y nos reímos dirigiendo nuestros pasos al
jardín antiguo, muy cerca de la casa, se convirtió en mi aman- Querlee's. Cuando llegamos y pedimos una cubeta de cerve-
te. Ella -¿cómo puedo negarlo?- es, en vida, una estatua. zas, las cumbias nos despacharon a la calle, queríamos rock.
Salimos con las cervezas escondidas en nuestras chamarras;
':I después de caminar algunas cuadras encontramos el lugar ade-
~1'1 19 cuado, un tugurio de nombre Pinkie's, repleto de golfas y grin-
11111~11
Señora de cabellos lunares, escribo en la orilla del mundo, ob-
1 .¡
1

'1111'::
•11r11.1
gos con música en vivo. Bailamos bajo los humos del alcohol,
flljH1111'
lll l 1,iil~1• servando su rostro en la mejilla de zafiro. Voluble en la maqui- música de Floyd, Morrison y Janis, divirtiéndonos como ena-
ii¡:¡~'¡:: naria galerada del movimiento. Altiva cerda. El mes que le nos. Eramos cuatro.
corresponde es febrero. Jana hermana de Jano, Dios de las puer- Cuando llegué, ella estaba sentada en un rincón oscuro.
tas solsticiales. Primavera e Invierno. Madre, hermana y espo- Víctor, uno de los cuatro, me la presentó en el Mardino's, un
sa tejedora del alma; mi oración triple se ovilla en el ombligo café cantante, donde Víctor se presentaba junto con Charly y
de su luna. Puedo verla en su aspecto terrible; lee un libro fren- el Tata, un trío con música propia (Madera Extraña). Al termi-
te a mi ventana, recargada en el muro. Pero, ¿qué lee Señora? nar Charly se nos unió en busca de la noche. Las mesas del
Tal vez la historia de sus hijos, dioses y hombres. Desde el Mardino's, vacías, eran animales dormidos esperando la fies-
ángulo donde me encuentro no puedo ver la tapa. Gira sobre ta. La nuestra se encontraba bastante animada; yo platicaba
nuestras cabezas la rueda del destino. Metza-Meztli-Alfito- con Mónica Merlín de sus poemas, el sótano no estaba ilumi-
Alba-Blanca. Pero basta, lo más seguro es que esté muerto bajo nado, Cuando empezó la música bailé con Mónica, escuchan-
su Arco de Plata. Acaso se pregunte, el cómo es posible y el do la voz de Patricia, su hermana, invitada por el trío esa no-
por qué un vil hombre de las ciudades muertas, se atreve a che. Después me dieron ganas de irme, terminé mi cerveza y
cantarle. estaba a punto de salir cuando una frase me detuvo, inteligen-
te, sencilla.
-Todo ser humano está solo y no es indispensable.
20 La luz permanecía dormida, tan sólo el escenario se en-
Día intelectual, aunque es de noche. Conocí a una mujer inteli- contraba despierto. Un tanto incómodo interrumpí la conver-
gente y no salió corriendo, yo tampoco. No quiero las palabras sación en la penumbra.
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ROGELIO 'fREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

-Perdón, ¿con quién estoy? -La estupidez de mi pregunta que suene cómico, hablaba en serio. Se cortó las venas des-
no provocó ninguna burla. pués de que su compañero de renta se fue al trabajo. Por fortu-
-Conmigo -dijo la misma voz.- ¿No se acuerda de mí? na olvidó unas herramientas y al regresarse lo encontró desan-
Nos acaban de presentar. grándose en una hamaca que había instalado en el patio. Yo lo
Acercó su rostro para que la viera, diciéndome, mi nom- conocí 24 horas después en el Bip-bip, una cafetería que se
bre es Alejandra. encuentra entre la Gómez e Independencia. La curación había
Por la mañana salí sin despedirme. Caminé todo el día sido casera para evitar problemas con la policía. Llegó Chávez
bajo la noche. Me encontré con personas que no buscaba, mi Marín, yo esperaba a Durán. Recuerdo que no me cayó bien.
saludo seco las contrajo y el viento de una amistad no sentida Ahora puedo decir que me pasó eso, no por mí, sino por las
se las llevó de la misma manera que a las hojas en el vaho del vibraciones proyectadas por su vacío (¿vacío") interior. Una
invierno. No volví a verla. Dormir quita el insomnio. ausencia pesada. Todos los rostros eran -para él en ese mo-
mento- ausencias del otro lado del vidrio. La única diferencia
entre ellos y él era su conciencia de ausencia. Cuando llegó Ser-
21 gio, los cuatro decidimos ir al Panteón Municipal. Chávez Ma-
Sol bilioso, Kether o Nada, kilos de nonada. Todo grato o rín fue el de la propuesta. Ignoro si Chávez Marín sabía lo de
singrato. Plata del insomnio, aquí abajo, todo, sostenido por Heber, puesto que éste no había pronunciado una sola palabra al
un hilo de arriba. respecto. Compramos una botella de tequila y partimos. La paz
Siempre que salgo, salgo con ganas de quedarme en la del panteón -como siempre lo he sentido- era reconfortante, en
casa, de dejarme en ella. De que no sea yo sino otro el que se este caso resultó terapéutico. Aquel arco de la entrada del Pan-
marcha. Despedirme de mí como se despide a un amigo, decir- teón de Dolores se me antojó una boca inmensa. Entramos.
me adiós y alejarme tranquilo sin volver el rostro. Sin embar- -Pisamos terrenos de Remigio Córdova -dijo Sergio.
go, qué tedio tener que ser yo quien sale. Con gusto me despe- -El otro día le trajo "gallo" a su madre -respondí.
diría si regresara. -Se mantiene en el "Nueva York" -dijo Heber.
La misma calle del otro lado del vidrio, no la misma ven- Me sorprendió que lo conociera. Las puntas de los pinos
tana. Un amigo y yo rentamos el departamento de enseguida. hundían sus dedos en el corazón de la atmósfera.
Alexis se encuentra por fin solo, sin molestias. Al final de di- -¿Dónde lo conoció?
ciembre fingió un disgusto para que me fuera. Heber llegó como -Allí en el Nueva York.
un milagro, aunque Rodolfo Haro ya me había ofrecido su casa. -Es uno de los mejores amigos de Treviño -dijo Chávez
Un escultor y un poeta. El primero es del Valle de Allende, el Marín.
segundo de México. Diez años y cuatro años de amistad, res- - Y de Sergio también -completé, señalando la tumba y
pectivamente. No se conocían. Mi amistad con Heber nació caminé hacia ella, pues allí habíamos estado la vez anterior,
disuadiéndolo del suicidio. Por aquel entonces Heber tenía precisamente, Remigio, el Chato Reyes, Jesús Arzaga, Sergio
ventitrés años y se quería quitar la vida porque según él eran Durán y yo. Remigio nos tomó varias fotos. Recuerdo que a mí
muchos años y no había hecho nada que valiera la pena. Aun- me puso una corona en el cuello.
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ROGELIO ThEVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

-¿Y usted a qué se dedica? -Le preguntó Sergio. -Yo me he suicidado dos veces -le dije secamente, mos-
-Soy agente de cobranzas -respondió Heber. trando ante su rostro una angustia "real". Al ver que la tensión
Chávez Marínmiraba atentamenteun ángel de canteraros regresaba a su rostro y ante el reclamo de las miradas de Chá-
1911 el año de muerte. Toda la vida es de la muerte. 1860, 1 vez Marín y Sergio, proseguí-. Tendría diecisiete años cuando
fecha de nacimiento. Libertad Torres. El día caminaba lento.l me suicidé por primera vez. Fue como casi siempre sucede -
Pensé en el tiempo con el Sol en lo alto. Aún era muy tempra-i hice una pausa para reforzar el patetismo de mi relato, le quité
no. Todos seguíamos vivos. ¿Hasta cuándo? la botella sin pedirla y le di un buen trago regresándosela con
-¿En una agencia? -dijo mientras abría la botella. un gesto de que también tomara-. Sí, la primera vez -encendí
-Cobranzas del Sol. un cigarro- la primera, fue por desamor. Me corté las venas en
Heber se sentó en la hierba. una fiesta, enel sanitario. Estaba tan nervioso que se me olvi-
-¿Hoy se la echó de falla? dó cerrar la puerta. Cuando estaba abriendo la primera vena,
-En verdad tengo tres días sin ir. con una Guillete que ya traía, entró la que vendría a convertir-

111!1
Me senté sobre la losa, Chávez Marín hizo lo mismo, sólol se en mi heroína y por lo mismo en mi novia -Heber quiso
Sergio permaneció de pie y después de un trago nos pasó lal decirme algo, pero le cerré el paso-; y la segunda vez, también
botella. Chávez Marín brindó por todos. fue por desamor, pero por desamor al suicidio -lo miré de reojo
-¿Por qué no ha ido? -Le pregunté. aparentando mi atención hacia las tumbas.
-Porque no me interesa la vida -su voz me pareció bastan- -¿Cómo dijo?
te seca-. Los tres nos miramos. Me dio la impresión de que -Le voy a explicar -le contesté-, sentándome frente a él,
estaba impaciente. Nuestras miradas viajaron una y otra vez en otra cripta. Sergio se sentó también, en la misma tumba que
sobre nosotros. yo. Chávez Marín permaneció en su sitio,jugueteando con una
-No hay por qué sorprenderse -nos dijo Heber, pidiéndole florecilla seca entre sus manos. Los chanates cantaban entre
la botella a Chávez Marín. los pinos y las tumbas. Excepto nosotros y los pájaros, no se
-Claro que no hay por que sorprenderse -le contestó i; encontraba un alma en el panteón. Sucedió mucho después del
Sergio. noviazgo del primer suicidio -uno no se suicida todos los días.
-Pero lo que me interesa saber, es por qué no le intere- Y si algo detesto son las rutinas-, recuerdo que se llamó Nidia
sa la vida. mi segundo suicidio y, aunque sabía que tenía que matarme,
-Porque tengo veintitrés años y no he hecho nada que val- por sus calabazas, no quería hacerlo -los tres se rieron-, no se
ga la pena. rían, es en serio. Después del truene fui a sentarme enfrente de
-Yo tengo 38 y tampoco he hecho nada -dijo Sergio. su casa; algo me indicaba que ella tendría que presenciarlo.
-Todos somos suicidas en potencia -intervino Chávez Sabía muy bien que me observaba desde la ventana de su casa.
Marín- y si no me suicido es nada más por la curiosidad de Me quité tranquilamente los zapatos, me encaminé hacía la
saber cómo termina todo esto. esquina de la Independencia; me encontraba en la Doblado.
Reímos. También Heber, sorprendido por el sarcasmo su Cuando llegué a la esquina ella estaba parada en la puerta, mi-
tensión se hizo añicos. rándome -yo la vi de reojo-, me detuve; los carros pasaban
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ROGELIO TREV!ÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

como lobos; al paso de un trailer lancé mis zapatos a las prime- habló Guillermo del cariño que le tenía Buñuel a Rodolfo.
ras ruedas, en eso ella gritó y corrió hacia mí, pensando posi- Rodolfo Haro es un hombre magnético y culto. Un agricultor
blemente que yo también iba a lanzarme. Llegó y me abrazó de la lírica compleja. Enamorado hasta el hueso de Blanchot
llorando. Yo tenía ganas de reírme porque lo había logrado, y Bataille.
había logrado zafarme del desamor y del suicidio. Desde ese Perkinke es un niño mimado y muy noble, cuentista exce-
momento nos volvimos inseparables. lente y un psiconauta de la nueva novela. Jesús Gardea me ha
Silencio. No pasaron tres segundos cuando se abalanza- hablado muy bien de sus cuentos.
ron con las manos en alto para golpearme, en plenas carcaja- Y de Manuel Portillo puedo decir que es un poeta bastante
das. Chávez Marín dijo que la muerte, después de todo, era maduro para su edad (Perkinke y Manuel tienen 20 años), aman-
una buena amante hasta la muerte. Heber dejó de parecerme te de Cuesta y Valéry. Muy rígido en sus observaciones sobre
antipático. la poesía joven de México. Es toda una promesa. Ahí está Ro-
-Lo importante es el amor -dijo Sergio-, el amor a la vida berto Vallarino, la promesa de Paz, no pasó nada. En verdad es
y el amor a la muerte. Anima y Animus, como dice Jung. algo distinto, Manuel.
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Sergio salía al día siguiente para Monterrey, me pidió que Una vez me habló Jorge de que existe en el hombre una
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no me separara de Heber, le preocupaba. glándula para la creatividad, llamada o conocida como
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-Ya lo había pensado -le dije. "Perkinke". Me dijo también que no en todos los escritores
11111•111111·1

lliill:: Chávez Marín también se haría cargo. Le ofreció trabajo funciona, o bien no la tienen despierta. Siempre que me ve con
en su estacionamiento, que tenía en la calle Morelos. Después un libro me pregunta: ¿tiene perkinke o no tiene perkinke? Por
de algún tiempo fuimos con él a Valle de Allende, a conocer a eso le pusimos Perkinke.
sus papás. Heber esculpe en nogal la mayoría de sus piezas.
Una vez llegó a Juárez con un bastón labrado con dos serpien-
tes entrelazadas en una sola pieza. Esculapio, Mercurio, 23
Alkahest. Instalamos el estudio dos días después de que me despedí de
Alexis. Heber me presentó a Pepe, su patrón, que me ofreció
inmediatamente trabajo en su taller de "carrocería y pintura'',
22 como secretario personal. Pepe, un poco mayor que yo, es un
Rodolfo es un amigo que me presentó Jorge de la Barrera hombre de muy buen humor, anda en busca del conocimiento
(Perkinke) junto con Manuel Portillo, hace más de tres años. y es de una disciplina de trabajo bastante seria, En esa ocasión
Todos ellos escritores jóvenes (Rodolfo y Manuel son poe- me preguntó sobre la transmigración de las almas. Más bien lo
tas), de buena madera, como dice mi padre. Cuando estuve escuché. Después me presentó a Nazareth, una mujer por su
viviendo en México, un corto tiempo, me dio mucho gusto manera de vestir, pero una adolescente por su edad. Me la pre-
que lo citara Guillermo Fernández, el mejor traductor de poe- sentó como su sobrina, poco después supe que eran amantes.
sía italiana contemporánea al español en el Café de Las Bru- Me invitaron a vivir en el motel en que estaban, mientras arre-
jas, allá por la Insurgentes. Aquel sábado por la mañana me glábamos lo del departamento.
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ROGELIO 'fREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

24 -Ya sé que te refieres a mí -Pepe me mira fugazmente-
Toda palabra respira, sueña, canta, se enamora, odia, da vida, aunque me disgusta, pues sé a donde van tus palabras, y me
da muerte, vuela, arrastra, muestra, oculta, explota e implota, disgusta más porque no puedo negarlo.
pero también es puta, virgen, envilece, exalta y también da la Le veo demasiado molesto. Observo a Heber invitándolo
gloria. sin palabras a que salgamos. Veo por la ventana una banda de
pájaros bifurcando la tarde. Se levanta repentinamente de la
cama y lanza su chamarra como si lanzara a Nazareth en un
25 rincón, cerca de la puerta. El cuarto del motel es pequeño, un
Miro los pies de Nazareth en la cama. espejo nos mira pegado al techo, reflejando la cama. Al verse
Pepe juega bajo la noche el fuego de la pantera blanca. reafirmada alza la voz provocando el naufragio del diálogo;
Nos mira. Heber quiere interrumpirla, pero se hunde en las aguas pesa-
-En verdad siempre he pensado en algo diferente -dice, das, no es posible, nos miramos. La televisión, empotrada en
refiriéndose al desarrollo psicológico que puede obtenerse a la pared, frente a la cama, sin volumen, permanece encendida.
través de las laceraciones de los faquires. Gorbachov manotea en la pantalla. Me levanto y voy al sanita-
Pienso en las tentaciones de San Antonio. En sus rio, no puedo retener ningún pensamiento. Escucho y me aislo.
laceraciones. Las palabras rebotan en el tambor de la puerta. Vibración de
-¿En que se diferencian las autolaceraciones de un santo alas. Aleteo de sirenas. Veo en el agua del espejo que se en-
y un faquir? -le pregunto, encendiendo un cigarro. cuentra encima del lavabo y me sorprendo hablando con mi
-Laceración es igual a dolor, tal vez la diferencia es madre en el comedor de la casa. Borro la imagen cerrando los
que uno es santo y el otro no lo es -dice Heber pintando un ojos, los abro y brota entonces el jardín de tu casa. Ámbar -la
cigarrillo. más pequeña de mis hijas- juega en el macetero al pie de la
Nazareth entra en el diálogo, pero sobre todo conversando wisteria, tiene en sus manos un grupito de cochinillas, las le-
consigo misma. No escucha, su cortedad le permite contrade- vanta y le veo sonreir al contemplar el vuelo de una vaquita.
cirse. Delgada, con su ojos persas, sus labios caminan por la En el momento que fija sus ojos en los míos, del otro lado del
nieve de su monólogo perpetuo, intermitente como una luciér- espejo, se esfuma. Por más que quiero retenerla es inútil, otra
naga en mitad de la noche. Esto me recuerda mi adolescencia, escena la borra; camino por la Avenida Reforma, en la Ciudad
hablaba demasiado entonces y mi padre me dejaba como a las de México, es mediodía. Al fondo, en miniatura, distingo el
aguas, contemplando contento la corriente que posiblemente Ángel de la Independencia, tengo frío bajo el sol radiante, no
le recordaba a sí mismo en esa edad. hay mucha gente, me acerco a un estanquillo y compro unos
-Por cierto, el otro día uno de tus amigos me pareció un Delicados. 1).1 rozar levemente la vigilia del vidrio me estre-
tonto -le dice a Pepe extendiendo el creciente de su cuerpo mezco, siento que alguien diferente y ajeno (¿?) a mí me ob-
sobre la cama. Corto, su cabello castaño roza la funda plisada serva, observándose. El hilo de las voces me jala del otro lado
de la almohada. Sonríe satisfecha de su dardo en el blanco, de la puerta y me ubica otra vez en el baño. Regreso y lo pri-
recordándome el rostro virginal del Rimbaud adolescente. mero que siento es el impulso de marcharme.
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ROGELIO TREVIÑO
La mujer que no fui o Memorias de un insomne

25A 25B
-Con esta chamaca siempre es lo mismo -me dice Heber ce- En cuanto Nazareth conoció nuestro departamento, le insistió
rrándose hasta el cuello su saco bastante delgado. a Pepe vivir con nosotros. Y así pasó, lo hicieron pretextando
Miro Las Pléyades al filo de las casas. Nunca antes el peso de que era mucho el dinero que se gastaban en el motel. Era cier-
la soledad había brillado tan intensamente. to, pero ese no había sido el trato. Aunque era nuestro patrón, y
-Sí, ya lo supe -respondí, nos había prestado el dinero para le renta, no era justo. Se lo
-Espero que se duerma como siempre, sin darse cuenta. dije a Heber, pero Heber se encogió de hombros, la pieza que
-Lo que yo espero es que no quieran venirse a vivir con le correspondía para su estudio fue ocupada por ellos. Sólo los
nosotros al departamento. primeros días -como era de esperarse- fueron armónicos. No
-No creo, Pepe es muy celoso. tardaron en venir los problemas. Pleitos, golpes, cocaína,
Caminamos buscando un restaurante por la avenida Vicen- Heave-metal, noches enteras sin dormir, asaltos de Nazareth a
te Guerrero. No habíamos cenado. Pepe, al ver que lo que que- nuestro estudio, pinceles, libros, ropa, dinero, fonogramas, mis
ríamos en realidad era marcharnos, nos encargó doce cervezas y propios escritos, su coquetería y el descaro de andar -cuando
~~ 111111
' 111~~ una botella de whisky entregándole a Heber doscientos pesos y no estaba Pepe- en pantaletas por la casa, el bañarse con la
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las llaves del carro. Como yo quería caminar para disipar la ten- puerta abierta determinaron lo inevitable. Un mes y medio úni-
~l~::'I,~~ sión, lo dejamos en el Parque Borunda, muy cerca de tu casa, y
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1111.~1~11'1' camente. Pepe rentó otro departamento. Por esos días Luna
· 111'1:::: echamos a andar. Esto, recuerdo, me produjo descanso, por el llegó con Rodolfo. Una noche. Dos noches. Varias noches.
solo hecho de caminar las mismas calles que siempre caminaba Muchas fiestas una sola fiesta. Lunas ahogadas en alcohol. Soles
antes de nuestro divorcio. Mirar las mismas casas levantó en mí líquidos. El rumor de los motores fijo en nuestras cabezas. Ins-
los pensamientos, las frases de mis hijas se arremolinaron en mi piración violenta perspiración. Agotamiento, ausencias, nada.
corazón con la nostalgia de mi vida pasada. Las ventanas abiertas a todas las ventanas, al pasillo para en-
Cuantas ganas sentí en ese momento de encaminarme, trar y salir y seguir la misma fiesta eterna en los demás depar-
como en otro tiempo, a tu casa; de despertar al estar escri- tamentos. Alejandro solicitando un pase para soportar el traba-
biendo esto en un mal sueño y me dijeras, al igual que otras jo. La rueda, la misma rueda de nuestras vidas desperdigándose
noches, "no te apures mi amor, estoy contigo, mírame, abrá- en una idiota indirección. ¿Hacia dónde? Hacia ninguna parte.
zame, ya pasó". Pero no, esa noche caminamos hasta El Co- Todos nosotros mismos en la caja del ojo del triángulo cuadra-
yote Inválido -el mismo restaurante donde celebramos nues- do. Tuvieron que marcharse. Aunque vino la calma, ya no fue
tra primera mañana de recién casados, acompañados por lo mismo. Pepe se fue pensando que yo había tenido relacio-
Antonio y Yolanda, el Chato, Norma y Ricardo. Por fin ama- nes con ella. Viví con Heber unos meses más, no, casi dos para
neció. Pasaron varias horas para regresar al motel. Cuando ser exacto. Más bien sucedió que cada día valía por tres en ese
llegamos Pepe nos recibió contento. Nazareth se había dor- ritmo. No sé cuantas veces acaricié la pistola de Nazareth-una
mido por fin, después de tres días de estar despierta. A mí me 38 colt- entre mis manos. Nunca había durado tres días sin
parecieron exagerados los tres días, pero al poco tiempo me dormir. Según yo, mi preocupación principal era mi obra; sin
di cuenta que sí era posible. embargo todo lo que escribí en ese tiempo terminó por decep-
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ROGELIO TREV!ÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

donarme. Aún ahora, que escribo ya lejos de eso, no me he Mesalina era honesta
recuperado del todo. No sólo perdí amistades sino la posibili- Se llevaba perfectamente consigo misma
dad de visitar a mis hijas. Ni tardos ni perezosos todo se lo Por ese entonces los tres pensábamos en Fourier
comunicaban a Laura. Solo un libro completo, maduro, No- Las lunas de tus dedos destellaban
ches altas fue -en un momento de paranoiocrítica- destruido. Monarmonía
Nunca pude reconstruirlo. En mí Isis había fracasado en su el anillo sonoro de tu zona Sí
recolección. En mí habían vencido Nefthis y Tifón (mi Palabras con las que tiene uno que acostarse
hermanicida). Recuerdo su epígrafe y tres partes únicamente. Caballos del insomnio
El epígrafe: las dos eran la misma. Alondras

a e

Ciudad Juárez Dos de agosto. Una luna azul.
Unsolagostándoseenelcentrodellechoresbaladoenelmuro.
Palabras que se apagan en el cuello estelar de la Vía Unafotografía. Unas partituras y una partida perdida
Láctea en las blancas orillas del amanecer, antes de Tuxtla.
La trastarde Una sola mañana lunescente.
Labio contra labio Tres rostros una xilografía.
Alguien habla tras la ventana un sol de bruma Una alcoba.
Había pensado en una pasacaglia tuya
¿Dónde el principio? Lo único que pude hacer fue reunir estas tres partes bajo
En el mandala de tus labios un mismo título. Aunque realmente nunca me enamoré de
En tus ritmos ellas. Cuánto calor me propocionaron estas dos mujeres. Una
En las noches gran amistad. Mónica y Luna. Donde quiera que estén, Dios
En los abanicos blancos de los días con ellas. Les llamaba las vírgenes. La Blanca y la Negra.
En la corriente de tus movimientos Cerridwen y Fátima. Mucho después mis dos grandes amo-
res las encamarían plenamente. Mi primera esposa y la se-
b gunda.
Luna era la mujer de Haro, pero él sabía que gustaba salir
Entonces eran altas las noches con los que le atraían. Su frase favorita era, "un acostón no se
En la calle Melquiades frente a la ventana le niega a nadie". Frase realmente polifónica. Un rostro abier-
Despiertos en el cuarto bajo la lluvia de un sol blanco to en la caja cerrada del día.
En la mirada del alba el viento bañaba nuestras manos -¿Quiere sentarse? -su mirada me lo pedía.
Lo dijiste claro a la luz de esas noches -¿Cuántos días tiene por aquí?
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne
1:

11

Estas fueron las primeras palabras cruzadas en casa de conmigo? Tú lo único que tienes que hacer es escribir, yo me
Rodolfo. hago cargo de todo. Lo único que te pido es que cuando te falle
Una sensualidad natural. me pegues. Porque eso es lo que me gusta.
-¿Qué está leyendo? -Preguntó. Luna es antropóloga y actriz. Mónica músico. De Mónica
-El Libro del desasosiego, de Pessoa. lo único que puedo contar es que buscaba una relación perma-
La lengüeta del viento por la ventana rozaba nuestros cuer- nente. Un alma cansada de lo innombrable, de lo que no se
pos refrescando la piel de la mañana. Ningún día habría de ser puede decir, de la ola que arrastra hasta lo invisible, desgarrán-
nuestro. No Luna sino Mónica. La última noche con Mónica dolo todo.
todo estaba resuelto, pero pensaba en Luna. -Alguien anda detrás de nosotros, camina o bien se mue-
-Llevo más de tres meses con Rodolfo -me dijo-. Nada en ve dentro de nuestros rostros como marionetero. No sé como
serio. Su esposa está por llegar de México. explicarlo.
Sin decir más se acercó y me besó abiertamente, poniendo -Sí te entiendo -le digo. No Mario Luna sino Mario Sol.
su mano derecha en mi entrepierna. El Héroe de las Mil Máscaras. Pero eso no es malo ni bue-
-¿Y aquél? no. Es y ya. Lo que sí es importante es que te das cuenta de
-Ya lo aceptará, no hay más remedio. eso. Eso es Conciencia. Lo verdaderamente trágico es no
Mi tensión era doble, por supuesto, y me entregué sin más. tenerla. No hay más que un solo camino del otro lado de la
Le amalé el noerna y ella se entregó a succionarme el clémiso. lámina del Sol.
El anillo de su boca de arriba fue elocuente con respecto a su -Mire cómo se llama -me dijo, mostrándome una invita-
boca de abajo y, así, el tiempo en plena panespermia se volvió ción para una exposición de fotografía en el viejo edificio de
eternidad, completamente líquido. Cuando llegó Rodolfo nos La Aduana. El camión donde íbamos dio vuelta en el parque
dijo -sin la menor preocupación- que si queríamos dormir en la Borunda. Nos bajamos.
recámara lo hicieramos, ya que él continuaría con su novela -Hombres y mujeres clonados. ¿Lo ve? Hemos dejado de
hasta la madrugada. Su plan se basaba en 64 capítulos análogos ser únicos.
a los 64 hexagramas del "Yi di Ching" (así lo pronunciaba, -Todo quiere llevarse el rostro de lo antiguo.
refiriéndose al I Ching). El título de su libro era bastante su- -¿Y los tarahumaras?
gestivo: Allá afuera hay leones. Después de aquello, aquellas -Nada. Dense tiempo -no podía recordarlo, estaba ebrio.
noches fueron mías. Tu rostro volaba afuera de la ventanilla Dense prisa que ya es hora, ¿no? Algo así -respondí- dense
del carro. Los Arcontes se reían de mi destino. Noblemente. prisa por favor que ya es hora. Eliot.
Nuestros destinos no eran dos, sino múltiples. -Uno de los versos más grandes del siglo -me dijo.
-Ahora que soy tu mujer - me dijo- si no me pegas te dejo. Alguien podía pensar sensiblemente en el Norte, sentirse
-Sé meter la quebradora -le contesté, sin dejar de sentir- oblicua. Algo pensado para nadie. Alguien para su pensamien-
me confundido. Se soltó riendo. to propio.
-¿Por qué quieres que te pegue? -Un pensamiento propio -dije.
-Voy a poner una granja en San Luis Potosí. ¿Quiéres irte -¿Alguien puede pensar un pensamiento propio?
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

Eso era honesto. Tuyoélnosotrosellos. Algo efímero. Los 25CH
efímeros. Caminatrás, Desándate. Yosotros. Nos sentamos en Nada. Sólo las aspas de la noche.
una banca frente al monumento a La Madre.
-Hace mucho tiempo que no lo veía.
-Para ser exactos cuatro años y medio. 25D
Por aquél entonces Mónica llevabaun rebozo que la enmar- Recuerdo que las dos se encontraron un fin de semana en el
caba en toda su ingenuidad,tenía diecisieteaños.Ahora vestíaun Mardino's. Mónica, que se encontraba conmigo se disgustó
pantalón de mezclilla y una camisa a cuadros rosa, una mascada cuando Luna llegó abrazándome.
blanca en el cuello y sus ojos abrían la niebla de la noche. Sus -¿Qué andas haciendo con mi amor? -Le dijo.
manos en las bolsas del pantalónle dabanuna ligerezade venadi- Mónica sin palabras se cambió de mesa. Esa noche me
t~· arre los rostros que se desdibujabansobre las banquetas. había presentado a su madre. Luna, entrada en copas, sacó una
-Yo pensé que se había olvidado de mí -le dije. botella de cogñac de su bolso y la puso sobre la mesa. Heber, al
-Me lo encontré en Oaxaca. ver la situación, sacó a Luna a bailar. Iban rumbo a la pista
-¿Cómo? cuando Luna descolgó una máscara de sirena que estaba en la
-En una librería. Lámpara de la piedra. Y lo compré. pared frente a la entrada y se la puso, empezando a danzar
-Órale. desde allí en busca de Heber. Ninguno de los meseros vio la
-Pero se me quedó en Tuxtla. botella, la puse nuevamente en la bolsa y, pagando la cuenta,
Nuestros rostros se perdieron desde aquella noche. ¿Re- me salí. Pasaron algunos días sin verlas. Mónica nunca me re-
cuerda? La tomé de la mano y nos fuimos al cine. Después de clamó nada y Luna ni siquiera lo recordaba. Yosabía que había
la función la llevé a su casa. Una llamada por teléfono a Clau- cosas que no podía cambiar. Poco después Mónica me invitó a
dia. Uno solo el tapiz de la noche, y un sin fin de luces legañosas Guatemala. Le dije que lo pensaría, que me agradaba mucho la
en las carpetas de las calles 16 de Septiembre. Ferrocarril, Juá- idea, sin embargo no había dineros y por otra parte quería -sin
rez, el callejón del cine Edén, la plaza de la Catedral, Otumba, moverme de allí- terminar mi novela; la verdad es que también
Mata Ortiz y un poco antes de casa un beso, un abrazo, caricias pensaba en la propuesta de Luna. Recordé en ese momento un
y un hasta mañana, tú no vas a volver. Pero no. Aquellos ojos, verso de Sergio Loya: "La indecisión sigue causando bajas".
bajo la noche completamente blanca, volvieron. Ninguna palabra. La tarde pasa, sola bajo un sol lechoso,
sobre nuestras cabezas.
Las personas encargadas por mi exmujer para espiarme
25C ya le habían notificado mis relaciones con ellas.
La cabaretera, la luna. Lunómetro -me dijo. No había remedio.
-Eso era todo. Mi verdadera preocupación eran mis hijas.
-¿Pero para ké? Recordé el sol negro de su hermoso rostro.
En verdad yo no sabía cómo nombrarla. Acaso.
La cuchilla lunar. Om sai ram Om sai ram Om sai ram.
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RCXlELIO ThEVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

25E taba en su mejilla de yeso, una Menoráh con sus velas de colo-
Un poco antes de la fecha de las dos propuestas empezó lo res correspondientes a cada día de la semana. Había colocado
inevitable. en ella unas estampas -también-, donde sobresalía una Claudia
- Tengo que hablar con usted -me abordó Heber bastante -el primer nombre de Luna- desnuda, amante de Catulo. Esta-
,,
¡¡; nervioso. ba, igualmente, La Virgen de las Rocas, de Leonardo y un ár-
11

-Para que soy bueno. bol sefirótico, en metal repujado, que yo había hecho -técnica 11

-Mucho antes de que se fueran tuve relaciones con ella. que me había enseñado el Chato Reyes en los setentas. Por
l:.
~'
-¿Cómo?
-¿No lo entiende? Me acosté con ella.
esos días Heber y yo caracterizábamos las 24 horas al día, no
sólo para nuestros amigos sino para toda la gente, los famosos
11ill

ft.•'
-¿Con Nazareth? personajes de Alicia en el País de las Maravillas: El sombrere-
t I'
-Sí.
La mañana estaba radiante, nuestro escritorio donde dá-
ro loco (que era yo) y La liebre de marzo (que era Heber). Por
lo tanto, cualquiera que nos visitaba en nuestro estudio tenía
bamos los buenos días estaba limpio, ocupando casi la mitad que entregarnos su reloj para matar al tiempo, ya que allí vi-
11..~:::~ de nuestro cuarto. Me acerqué a la ventana por la que mirába-
mos el paso constante de los carros y la gente en la López
víamos fuera de éste, o sea, nuestra vida transcurría en la eter-
nidad. Algunos no creyendo en su destrucción nos lo entrega-
Í
' llli'tl.11·1~1
1\1~ 11111
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n •~n11·1 Mateos y la Melquiades. Mis libros se encontraban en orden, ban pensando que se los devolveríamos al salir de ahí; sin
'!~~i:,: al igual que sus herramientas de trabajo. Se sentó en su silla embargo, para su sorpresa nuestra caracterización era real, pues
"tipo ejecutivo", frente a la mía, las dos eran muy parecidas; los quebrábamos con un martillito bastante pesado en un yun-
las habíamos encontrado arrumbadas en el taller de Pepe. El que pequeño de metal. Teníamos una colección bastante consi-
cuarto era muy pequeño. Aparte del escritorio había en un rin- derable colgada en la pared, incluso un despertador clásico que
cón, hacia la calle, un camastro de campaña -propiedad de su había sido de Luna. Un omega de Rodolfo, un citizen, un
padre- donde yo dormía. Le serví un café. En frente una mesa steelco, un haste de Pepe, un quartz de Nazareth, un casio de
de centro que tenía un compartimiento donde guardábamos el Alejandro y así ad infinitum.
azúcar, las tazas, vasos desechables, platos, cucharas, los vi- -¿Por qué lo hizo?
deos de Cuadrofenia, de The Who, "El Muro" de Pink Floyd, -Porque pensé que no se sabría nada.
"La Canción sigue siendo la misma" de Led Zeppelin, "Con- -Pepe lo sabe ahora, ¿verdad?
cierto alrededor del mundo" de Police, como también dos pelí- -No estoy seguro.
culas pornográficas, que no veíamos por falta de videocassetera; -Pero si usted conoce mejor que yo a Nazareth.
excepto cuando íbamos con Luna y Rodolfo. Los muros que -Pues sí, por eso estoy nervioso.
nos correspondían a los dos, tenía cada uno nuestros gustos. El -Usted mismo me puso en guardia con respecto a ella.
muro de él, era un mural pintado por él mismo, donde había -Estaba muy borracho, comprenda, ya sabe como es ella.
dibujado en fondo azul un ángel múltiple, que representaba -con -Entonces no queda más que esperar.
el rostro de Luna- El Árbol de la Vida. El mío, donde estaba la -Tengo miedo, Pepe puede matarme.
pequeña mesa con la cafetera y la grabadora-televisión, sopor- -Pues ahora se aguanta, si lo sabe hay que enfrentarlo.
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ROOELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

Además, el mismo la conoce y por lo tanto sabe que es una Esto, por supuesto, me había sido comunicado por mi asesor
cabrona. ¿O no? rarámuri. Haro fue el primero en comunicarnos que no iría por
-Pues sí. cuestiones de trabajo. Luna fue la siguiente. Saúl Vazquez -un
-Por lo pronto compórtese como siempre. ¿Okey? amigo de muchos años, poeta y pintor- nos dijo que por esos
-Okey. días iba a realizar un estudio sobre Paquimé y que debía trasla-
-No va a pasar nada, verá. darse a ese lugar. Yo me reía interiormente. Le dije a Pepe que
Por ese entonces habíamos inventado (Heber y yo) un aje- si nos quería acompañar tenía que ser sin Nazareth. Aceptó. Su
drez especial. Le pusimos -el nombre de ajedrez-zen. Se juega mirada lo traicionaba; iba a ser difícil que se convenciera a sí
con un sólo caballo -que él esculpió especialmente para nues- mismo, ya que se encontraba demasiado ligado a su cuerpo.
tro invento-. Es, porque es, un juego -para las personas que lo Era su imán. En efecto, el día llegó. Pepe fue por nosotros al
juegan- extraordinario. Las reglas son el salto del caballo -tal y departamento, subirnos todo lo que necesitábamos al carro y
como salta en el juego clásico- una sóla vez por cada jugador, ya íbamos de salida cuando dijo que se le había olvidado algo
hacia cualquier parte del tablero, siempre y cuando cumpla con en su departamento -que por cierto le rentaba el Tata- lo cual
el salto clásico, hacia el norte, sur, este y oeste, volviendo a ser resultó que no era otra cosa que Nazareth. Ya estaba esperán-
desplazado, después de cada tirada, sin que exista o implique donos. Supe por intuición objetiva que no lograrían subir al
determinado número de jugadores. Basta un jugador para que cerro. ¿Por qué? Porque Nazareth estaba llena de pulgas. Esto
el juego proceda. La única exigencia, después de la tirada, es lo aprendí con una chamana de Oaxaca (E:S). Pulgas en el sen-
que el jugador diga un verso, un koan o una ley filosófica que tido metafórico o sea vampiros o larvas del alma. Y así suce-
tenga relación o que complete lo que dijo el jugador anterior. dió, yendo para el colmo armados con dos pistolas 38 colt y
Como el ajedrez se encontraba abierto sobre el escritorio, moví por si fuera poco con dos ochos de cocaína que nos ocultaron.
el caballo diciendo: solo el noble salta el obstáculo. Mi movi- Los problemas empezaron desde la garita, no querían de-
miento se desplazó hacia el este. Él lo movió posteriormente al jarnos pasar porque los papeles del carro estaban vencidos, pero
norte, contestando: con la ayuda emergente de sus herederos, Pepe soltó doscientos dólares y pasamos. El aduanal fingió no
pues la verdad se encuentra al fondo del jardín de los naranjos. estar de acuerdo con lo del dinero, pero cuando lo vio, lo único
Lo entendí y le di la mano. Estabamos preparados para la bata- que hizo fue extender la mano sin miramos. Cuando Pepe sacó
lla que se avecinaba. los billetes se le cayó sin que se diera cuenta un ocho, la apa-
rente distracción del aduana}al tomar los billetes resultó efec-
tiva, pues no se fijó cuando lo tapé con el pie por estar mirando
25F despistadamente hacia la lejanía. Lo levanté rápidamente y lo
Días antes habíamos planeado entre todos un viaje que se efec- guardé. Pepe ni siquiera se dio cuenta. Cuando se lo di ya en el
tuaría a Camargo el 20 de marzo. Queríamos estar exactamente carro nada más se sonrió. Diez kilómetros más allá de
el 21 para realizar una ceremonia de primavera recolectando Villahumada nos ponchamos. Heber y yo nos regresamos en
híkuri. Heber y yo sabíamos que sólo las personas escogidas un aventón a desponcharla pues no traíamos extra. Esto fue sin
por el enteógeno -"Dios generado dentro"- llegarían hasta él. duda la segunda renuncia del "dios vegetal". Cuando llegamos
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

a Chihuahua mi madre me preguntó disgustada que por qué antes de que llegara un dompe nos llevó rumbo a La Perla.
andábamos con esas personas. Ni yo mismo lo sabía. Traté de -Qué le parece si en lugar de ir a donde siempre, nos in-
tranquilizarla pero no lo logré. Cuando llegamos a Camargo lo ternamos más lejos.
primero que hicimos fue rentar un hotel. A la mañana siguiente -¿Lo ha hecho anteriormente?
Heber y yo nos levantamos temprano. Eran las cinco de la -Sí.
mañana cuando nos vestimos y le hablamos a Pepe, nos dijo -Entonces vamos -le dije.
que Nazareth se encontraba dormida. Le habló y ni siquiera le
respondió. Noté su incomodidad y adelantándome a Heber le
dije que no era necesario. Que no tenía por qué preocuparse, 25G
que la dejara dormir y que para cuando volviéramos estaría
despierta. No quiso. Entonces le dije que se quedara o se fuera Ya en el cerro empecé a cantar "el yúmare". Íbamos como lo
con nosotros, a sabiendas de que no lo haría, pues definitiva- exige el ritual, de acuerdo a las enseñanzas de mi guía rarámu-
mente estaba enfermo por ella. No le quedó más remedio que ri; en completo ayuno y sin haber tenido, con ocho días de
aceptarlo. Se quedó. anticipación, relaciones sexuales, y realizando nuestras ora-
-Usted sabía que no vendrían,verdad - me preguntó Heber, ciones a Tutuguri (el canto del buho).
ya en camino. El crepúsculo de la mañana se estaba alejando. Un poco antes de llegar al lugar que habíamos escogido
La frescura ondeante de sus pliegues rosáceos rozaba mis me- nos recibieron una pareja de venados, éstos por supuesto eran
jillas. para nosotros el mejor augurio, pues al híkuri le nombran
-Usted también, ¿o no? "venadito" los medicinemen rarámuri. En cuanto nos vieron
-Sí - me dijo-, pero estaba tan entusiasmado. salieron volando literalmente sobre las piedras. El viento no
-No basta el entusiasmo en estas cosas -le contesté obser- había permitido, por su dirección, que nos olfatearan.
vando el azul en la profundidad de la calle. Fuimos dos cerros más allá de lo que yo tenía acostum-
-Tiene razón -me respondió, encendiendo un cigarro- aun- brado. Cuando llegamos Heber me indicó que era el lugar don-
que realmente lo estimo. de él acostumbraba recolectarlo. Eran antes de las doce del
-No -le contradije- usted confunde ahora la amistad con día. Hora perfecta.
el resarcimiento. -¿Lo respira?
-¿A qué se refiere? -No sólo eso, lo escucho.
-Usted lo sabe. -Canta, verdad.
-¿Entonces por qué estoy aquí? Apenas terminó su frase cuando detrás de mí aulló un co-
No entiendo a híkuri, pero también lo conozco a usted y lo yote.
único que cuenta es que aquí vamos. -¿Qué fue eso? -Le pregunté.
Tomamos un atajo por las vías del ferrocarril antes de salir -¿Qué?
de la ciudad, llegando al entronque una hora antes de lo acos- -¿Qué fue ese aullido?
tumbrado, donde siempre tomamos el camión. Nos sentamos y -¿Cuál?
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

-¿No lo escuchó? pues siempre la he considerado la hija más prostituída de la
-No. razón-. A ninguno de los tres les miraba Heber, al menos hasta
-¿No escuchó ese aullido? -mi pregunta regresó como un ese momento. Me acerqué a él y se lo dije. No los veía, pero lo
boomerang, poniéndome nervioso. entendió o lo intuyó porque me dijo que no me preocupara,
-No. que era efecto del híkuri.
Me quedé callado. Regresé sobre mis pasos y no había -¿No los puede ver? [Ahí están!
nada, nadie. Pensé en mi maestro y caí en la cuenta, que aquel -No veo nada.
aullido era sólo para mí. No debía reincidir en la pregunta. -¿Recuerda a Glenn Allen?
Tuve miedo, incluso me dieron ganas de irme, pero no lo hice; -Por lo mismo le digo que no se preocupe.
el encuentro con los venados me fortaleció para no hacerlo. Glenn Allen es un amigo de Massachusetss, está integra-
Por fin empezamos a verlo, respetamos, como siempre, los más do a un grupo que se dedica al estudio del chamanismo en
pequeños. Era una regla, no cortarlos, tampoco los de medio Nuevo México. Cuando estuvo en mi casa me enseñó como
tamaño. Esa decisión, muy nuestra, la habíamos determinado observar el aura de la Tierra y el arte de la meditación en luna
mucho tiempo antes, años atrás. También la cantidad era algo llena por el bien de la humanidad, de acuerdo a los rituales
hablado. No muchos. Empezamos a cortar los necesarios, para apaches, primordialmente del grupo de Crazy Horse. Canté de
nuestra gente, no para nosotros. Cada uno tomó su dirección nuevo "el yúmare" sintiendo otra vez un halo de confianza y
después de que fuimos aceptados por el Maestro, sin alejarnos tranquilidad. El sol era un pilar en el centro del cielo; recuerdo
demasiado. Heber estaba contento, al igual que yo. No pasó que sentí un inmenso amor por la tierra, por mi tierra, por Chi-
mucho tiempo -si es que se puede hablar de tiempo en los ri- huahua, por mi gente. Después de la recolección nos sentamos
tuales- cuando me sentí observado, después de comerme los en unas tinajas naturales de piedra, labradas por la lluvia. Nos
botones que exige el ritual. Volví el rostro hacia el lugar de quedamos callados, mirando el horizonte. Los cantos de los
donde procedía la sensación, vi a un hombre sentado, de cami- pájaros goteaban en todas direcciones. Me sorprendió a esa
sa blanca, observándome. Pensé -no sé por qué- que tal vez era hora ver algunas estrellas en la mejilla azul; rememoré las es-
el dueño de esas tierras, sintiendo un poco de confianza porque trellas de Artaud y La estrella polar que es guía de los rarámu-
se encontraba en el cerro de enfrente. A unos doscientos me- ris; di gracias a Dios por haber nacido en el Norte. Poco des-
tros de distancia, tranquilo, no se movía. No se lo dije a Heber, pués empezamos nuestro descenso hacia Camargo. Una pareja
para no incomodarlo. Esto lo hice porque me sentía protegido de pájaros azules nos acompañó hasta la carretera. Canté para
por híkuri. Lo más que podía hacer era corremos del lugar y, la despedida nuevamente "el yúmare" y partimos sin volver el
pensándolo así, me hice el tonto. Sin embargo, no estaba có- rostro. Mucho antes de llegar al entronque nos levantó una tro-
modo. Al poco rato volví a sentir lo mismo, pero desde otro ca llevándonos a Camargo en unos cuantos minutos.
ángulo; estaba siendo observado por otro hombre vestido exac-
tamente igual que el otro. Poco después lo mismo, en otro ce-
rro. No entendía qué estaba pasando. Lo que me sucedía esta- 25H
ba fuera de toda lógica -aunque nunca he gustado de la lógica, Cuando llegamos al hotel Pepe y Nazareth seguían en el cuar-
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ROGELIO TREVIÑO
La mujer que no fui o Memorias de un insomne

to; pronto se dieron cuenta de nuestra llegada porque estabamos lugar de dirigirse a la puerta, que estaba en el piso de abajo.
en cuartos contiguos y el sonido de la regadera nos anunció. Pepe y Nazareth nunca se dieron cuenta y nosotros tampoco
Estuvimos el resto del día en esa ciudad. Yo me salí a la plaza les hablamos de eso, ya que lo consideramos un regalo bastan-
porque, según Pepe, la vibración que traíamos se sentía en todo te valioso y significativo.
el hotel. Yo pensé que más bien eran sus nervios. La enseñanza
que nos brinda híkuri es benévola -a menos que la persona
traiga muchos problemas, y si es densa pues simplemente no 251
le enseña nada, no le "prende". Como me dijo una vez Rosendo Ya de regreso en Juárez les llevé mis presentes a toda la gente
Muñoz: el híkuri no da lo que no traes; no en vano los que no pudo ir. Pepe y Nazareth volvieron por su propio cami-
tarahumares y los yaquis le llaman "corrector de vida", o tam- no, nosotros por el nuestro. Ei carro se descompuso y nosotros
bién como dijo un viejo tarahumara, un sirúame -bastante fuerte nos quedamos por él, pero no pudimos llevárnoslo porque ne-
por cierto -le llamó "Sulfuro mental". cesitaba motor nuevo y no traíamos dinero suficiente. Nues-
Los niños bastante receptores me saludaban bajo los árbo- tros amigos nos recibieron de excelente humor. Le dejé a Ro-
les en la banca del parque. Glenn Allen me hablaba del poder dolfo 15 botones -ya que no lo encontré en su casa, a Luna 10, a
del híkuri, muy por encima del poder de los hongos, aquí en Saúl 5 a Tata 3, a Charly 5 y Mónica no quiso.
México conocidos como San Isidro, Derrumbe, Pajaritos y que
los mayas llaman, Hurakán Kak:uljá-Rayo Una-Pierna-, Chipi
Kalkuljá -Rayo Enano-, Raxa Kalkuljá -Rayo Verde-. En el 25J
libro La Búsqueda de Perséfone (los enteógenos y los orígenes Aquí la luna cerraba su abanico en el alba. Hablo de Juárez.
de la religión) de R. Gordon Wasson, se encuentra toda esta Serian las cinco de la mañana cuando llegó Antonio Ochoa a
información, sobradamente completa. Yo recordaba la expe- nuestro departamento. Un hermano espiritual con el que había
riencia que me brindaron los "pajaritos" en San José el Pacffi- hecho teatro infantil-de corte ecológico- en 1974, en Chihuahua.
co, muy cerca de Huautla, la tierra de Maria Sabina en Oaxaca, Con él y con su exmujer, YolandaAbbud, vivimos mi exmujery
allá por 1972, los hermosos tiempos de post-hipismo, invitado yo nuestro primer año de casados en Puerto Vallarta, donde na-
por un joven mexicano, un norteamericano -el que me hizo el ció nuestra primera hija, Xitlhali. Habló del matrimonio y yo
honor de regalármelos- y un irlandés; por cierto el mexicano recuerdo el mío con mucho cariño. Laura luda espléndida. Todo
me dijo que se llamaba "Agua corriendo". hombre y toda mujer viven un principio -siempre que hay cuan-
Heber me encontró un poco después y nos fuimos a la do menos un amor Iísico intenso- espléndido. Únicamente por
iglesia; su estilo románico nos atrajo. La noche nos encontró eso vale la pena. Aquella noche de las luciérnagas en la puerta
caminando rumbo al hotel. Al otro día, antes de salir, nos sor- del hotel. Grandiosa. Yolanda, Antonio, Saida, Laura -embara-
prendió la visita de los tres hombres que estaban con nosotros zada-. Es inolvidable. Bueno, basta de nostalgias.
-aunque Heber no los vió- en los cerros de híkuri, venían a -¿Y Treviño?
despedirse. Heber y yo nos quedamos sin hablar. Heber sólo lo -Está dormido -le contestó Heber después de saludarlo-;
aceptó cuando los vimos desaparecer por un muro del hotel en venía del periódico donde trabajaba. Algo tomado.
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ROGELIO ThEVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

-¿Dónde está? El muérdago es una planta parásita que crece sólo en al-
-Aquí en el sillón. gunos árboles, como el encino, el álamo y el roble. Nosotros lo
-¿Este es mi carnalito? llevamos a cabo ese domingo en el Valle de Zaragoza, Distrito
-Sí. Bravo, donde coincidentemente me casé con Laura dieciocho
-¿Estos residuos son mi camalito? años antes. Ese domingo, como aquél sábado, era un día bello,
-Se acaba de acostar. soleado. Luna es una mujer especial, y a pesar de que se siente
Yo lo escuché desde que tocó a la puerta. Su voz me reani- fatal es muy ingenua. La vimos caminar en el campo como
mó. Ninguna otra voz hubiera querido oir. Estaba agotado. Pero sólo puede caminar una niña en busca de su padre que la aban-
él era alguien que no podía dejar o pasar por alto. Mi hermano. donó y que nunca ha estado con ella. Recuerdo que sentí una
Cómo era posible, allí estaba. Después de tanto tiempo sin ver- gran ternura al verla frágil como un pajarito que ha caído del
nos. Me abrazó llorando. nido; pero, al mismo tiempo, esbelta y terrible, al grado que
-¡No te dejes morir carnalito! realmente se puede temer de ella. Pocas veces he conocido
-No pasa nada -le dije- c'est la vie. mujeres con su magnetismo. Miento si digo que me enamoré
-No deje que su pinche vieja se salga con la suya. de ella, sin embargo mis sentimientos -por ese tiempo bastante
-Es musst sein. Pero no se preocupe, no va a pasar nada. confusos- fueron -si así puedo decirlo- algo muy parecido. Yo
Nosotros somos distintos. La única hacha es Dios. Ahí sí en- le decía, a sabiendas que no lo iba a comprender, que yo era de
tregamos el remo. esos hombres que las mujeres gustan de amar, pero que no
Se quedó toda la mañana y parte de la tarde y después de reconocen cuando están frente a ellas. Algo muy semejante me
comer lo fui a llevar al trabajo. Me dejó su carro para que fuera pasaba con Mónica. En verdad el problema era yo, hasta ahora
por él en la noche. Cuando fui por él ya no estaba. El carro se puedo recordarlo, ya que inconscientemente andaba buscando
quedó fuera de nuestro departamento más de dos días. Ignora- a Laura en las otras mujeres.
ba su dirección. Y fui tan pendejo que no volví al periódico Por fin encontramos el lugar adecuado bajo un álamo, su
otra vez. Al siguiente día fue por el carro. copa se derramaba en lo alto repleta de muérdago. Llenamos
-Yolanda es muy pendeja -se refería a todos los chismes dos bolsas de super y comimos sus pequeños frutos blancos
que le llevaba a Laura en cuanto a mí-. Pero casi siempre es allí mismo, ignorando que son bastante peligrosos, pues está
así, las mujeres se alían con las mujeres y los hombres con los considerada -esta planta- por la medicina como altamente nar-
hombres. Fue lo último que me dijo aquel día. cótica y puede causar, si se toma en cantidades considerables,
-Dios las cuide -le respondí. No nos volvimos a ver. un paro cardiaco. Esa tarde su primer regalo fue la visión -expe-
rimentada por los tres- de múltiples estrellas en pleno cielo
azul, volando con la forma del símbolo infinito. Pero al mismo
25K tiempo formaban un triángulo, fluyendo dentro de sí mismo.
Por esos días, después de la visita de Antonio, Luna Heber y Al empezar nuestra visión estabamos recostados en la hierba,
yo decidimos ir a la recolección de muérdago, la planta de los Claudia nos estaba contando su participación en el EZLN; yo
poetas, el rito ancestral de los druidas, los videntes. pensé que eran grullas, pero no, aquello se movía muy alto;
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ROGELIO TREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

topan, in ilhuicac. "Lo que está por encima de nosotros, en los del recuerdo, todos los problemas. Después de dos días de in-
cielos". Ellos también estuvieron de acuerdo que no eran gru- somnio, ya en el tercero, Pepe y yo nos dedicamos a tomar
llas sino estrellas, pues estaban brillando como perlas que rue- tequila en casa de Rodolfo, Heber no quiso acompañarnos por
dan sobre un hermoso tapiz lapislázuli. el cansancio; pasamos varias horas conversando tranquilamente
-No son pájaros -dijo Heber bromeando- son peces. sobre varios temas. Incluso estuvimos de acuerdo en rentar una
-Esa es la primera metáfora de la infancia. casa bastante grande que le ofrecían a Rodolfo -por cierto muy
-Son ángeles -dijo Luna. barata y muy céntrica- para poner un café literario. Otro plan
-Es Metatrón y sus arcángeles. ya en marcha era la creación de una revista que llevaría por
-Los Arquitectos del Universo. nombre La obra, con temas exclusivamente sobre hermética.
t -Es Dios. El Pescador de Lunas -dijo Claudia.
-Y de soles -respondió Heber.
Pero sin más, en un instante, todo cambió, como siempre suele
suceder al calor de las copas. Pepe le lanzó una indirecta de-
-Usted es un pez-luna. masiado directa a Rodolfo, cuestionándole sobre su demasiada
Poco a poco aquel triángulo fue hundiéndose en lo alto, "liberalidad" al permitir mis relaciones con Luna. Esto me irri-
hasta perderse. Nosotros nos encontramos de nuevo rodeados tó definitivamente, al grado que yo le regresé la agresión, pre-
con tlalticpac, en tlalticpacayotl. guntándole el por qué se atrevía a tener relaciones con una
-Vámonos -pidió Luna- mañana tengo que entregar mi tra- niña estando casado. Por supuesto esto derramó no el vaso sino
bajo sobre los municipios en la universidad y no lo he terminado. la tina. Una de nuestras consignas desde el principio era decir-
-Vámonos -contestamos. nos la verdad aunque doliera. Desafortunadamente el alcohol
Cuando volvimos, todo estaba tranquilo. Estuvimos con los es una de las cosas que no tolera. Rodolfo se puso muy nervio-
padres de Heber.Claudia nos hizo tortillasde harina, participando so y trató de suavizar las cosas diciéndole que a él de ninguna
en el ritual de la casa. El hermano de Heber no supo comprender, manera le molestaba lo de mis relaciones con Claudia, ya que
no pudo, lo nuestro. Yo no quise sacarlo de su error, además no no era su mujer. Esto irritó más a Pepe.
podía.Paraél,nosotrosestábamosperdidosen las drogas.Ni modo, -Yo nunca permitiría que nadie se acostara con Nazareth.
era un tonto total y así tenía que ser. Es musstsein. Recordé a Heber. El estudio de Raro se encontraba casi en pe-
Por la noche -cuando llegamos al departamento- los hilos numbras. La mirada de Rodolfo me llevó a la cuenta que él
negros que colgaban del cielo eran, sólo para nosotros, la reve- también lo sabía.
lación de que todo lo de abajo es movido por ellos. Heber los -Usted y Heñer tuvieron relaciones con Nazareth, ¿ver-
bautizó con el nombres de "los cabellos negros". Nosotros, a dad?
esa hora, estábamos libres de su influencia. Sueltos. Su mirada en el odio era terrible.
Nomás la taquicardia. No dormimos. -Heber nada tiene que ver en esto -le respondí.
-Pero usted sí, usted se acostó con ella ¿o no es cierto?
-Si alguien es culpable es Nazareth -le dije-. Por nalga suelta.
25L Palabras demasiado duras para un borracho -o para cualquiera-.
No pasó mucho para que salieran un buen día, por la chimenea Se me echó encima y golpeándome en el pecho con la punta del
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ROGELIO 'fREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

dedo volvía a cuestionarme una y otra y una vez más si me había cánicamente, no sé por qué, simplemente lo hice. Los vidrios
revolcado con ella. Tal vez por el coraje le respondí que sí. de la tarde ardían; ya para llegar vi dar vuelta en la esquina al
, 1o hiice ¿y
- S1, . que....
, ? amigo de Haro en su carro, llegó y sin mediar palabra me abrió
No sé por qué mi respuesta fue afirmativa. Ahora pienso la puerta, pero en ese momento llegó Pepe con Nazareth -su
que inconscientemente lo hice para proteger a Heber. En situa- departamento estaba a unas cuantas cuadras. El amigo de Ro-
ciones como esta existe algo que siempre nos sobrepasa, yo sé dolfo me pidió que me subiera rápido o me quedara, porque él
que no podemos verlo, pero se intuye, lo que se encuentra más no quería problemas.
allá de lo humano y que nos maneja ¿Cómo es posible que no -No se preocupe -le dije- gracias, dígale a Rodolfo que
lo sepamos? No saberlo es estar, automáticamente, muertos . después nos vemos, que todo está bien.
..t Pepe continuó agrediéndome; lo único para él era la agresión.
Yo me encontraba muy tomado, pero sabía lo que estaba pa-
Mis palabras eran nueces sin peso sobre la tierra bajo el
nogal del día. Pepe bajó a golpes a Nazareth. Cuando me acer-
sando. Lo vivía. qué me golpeó dos veces en el rostro, no levanté las manos.
-Tengo una cita -dijo Rodolfo, tal vez para desbaratar aque- -Ella no es culpable -le dije.
lla situación tan incómoda y peligrosa -perdónenme, pero ten- -¿Por qué dijo eso? -me gritó Nazareth. Sentí coraje con-
go que irme. tra ella, pero me controlé. No quería que la siguiera golpeando.
Yo no le creí, lo que buscaba era disolver el pleito, pero -¿Por qué lo niegas? -le gritó Pepe.
cuando salimos, con Pepe gritando a nuestras espaldas, ya en -Porque tiene razón -le contesté.
la banqueta, llegó un carro. Rodolfo, sin decir una sola pala- -Tú me dijiste que te acostaste con ella.
bra, se subió y con una mirada de preocupación total nos dijo -Pero ella lo niega y tiene razón.
adiós. Yo también quería marcharme, pero acepté mi compro- -¿Por qué Rogelio, por qué?
miso, sabía que aún no había terminado. Pepe, al verme, sacó -¡Porque tú te le ofreciste pinche puta!
de pronto la pistola y me apuntó, muy cerca de mí. Me sentía por -¡No es cierto, dígale que no es cierto!
completo insensible. No olvidado de mí, sino diferente. Me daba -Es cierto, le dije, no me acosté con ella. Pero si lo que
cuenta que en ese momento no tenía miedo a la muerte. quieres es encontrar un culpable, obsérvate a tí mismo, tú tie-
-Apriétele -le dije- me hace un favor. nes la respuesta.
Por unos instantes nos miramos únicamente. Dí la media Pepe la tomó repentinamente de la mano y sin mirarme la
vuelta y empecé a caminar. Sentí toda la vibra cuando el carro subió a empellones-en el carro. Se marcharon lanzando los dos
de Pepe se puso en marcha, no volví el rostro, ni siquiera me sobre mí una ráfaga de insultos.
subí a la banqueta. Pensé que me arrollaría con el carro pero no
lo hizo, aunque era fácil, rozó nada más mi pierna con el fender
¿Por qué no lo hizo? No lo sé. 25M
-¡Nomás porque tienes huevos, cabrón! -Me gritó rechi- Heber nunca supo lo de mi apología, pues todo fue tergiversa-
nando las llantas y se alejó. Después de eso volví sobre mis do como siempre sucede. Rodolfo regresó a México. Luna se
pasos, contemplé la casa de Rodolfo y me dirigí hacia ella me- fue a San Luis y Mónica a Guatemala. Tengo entendido que
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ROGELIO TREVIÑO
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La mujer que no fui o Memorias de un insomne

los tres siguen juntos en el departamento, incluso me llegaron 29
noticias de que querían reintegrarme. Pero ya es tarde. Des- Ahora pongo todo mi cuidado al hijo de mis noches solas.
pués de aquello me fui a Tijuana, a presenciar el paso de los
delfines en Playa Encantada. En la cabaña de mis amigos Ser-
gio Acuña y su esposa Irma -un guitarrista clásico y una pinto- 30
ra-. Por un corto tiempo, nada más, pues regresé a Chihuahua Foucault me ha puesto a pensar en el ser del lenguaje. En su
debido a la enfermedad de mi madre. inigualable obra Historia de la locura en la época clásica pro-
fetiza la desaparición o la muerte del horno dialecticus. El

1'
l 26
Delinear el día, espejeante. ¡No disipes el tiempo escribiendo
homúnculo verbal de Descartes, que ya desde los griegos se
prefiguraba su estatura amenazante con la negación de "la sin-
razón de Alcibiades''. Ahora, como sabemos, el lenguaje está
palabras, vívelas! Gotas de música en el viento de la imagina- ligado, manipulado por la mercadotécnica y la psicología, sien-
ción. La música de Scriabin es mi compañera en estos días. He do convertido así en un símil de la moneda (la usura tan criti-
vuelto a reconocerme en los rostros que pasan. Escucho las cada por Old Ez).
alondras y los niños tocan sus instrumentos rumbo a la salida Pero volviendo al ser del lenguaje, me doy cuenta -como
en la espiral de piedra, sólidos, como las notas del grimorio. dijo Diderot- que es el lenguaje, paradójicamente, el que nos
maneja, cuando siempre hemos pensado todo lo contrario. Visto
27
de esta manera, ahora podemos comprender el por qué de los
cambios radicales de la poesía postmodema. El por qué del
Filautía= el amor propio
··:I
trastocamiento magistral del lenguaje en obras tan significati-
Colacia= la adulación
Letea vas como las de un Paul Celán, un César Vallejo, un George
= el olvido Trakl y un Lezama Lima.
Misoponía = la pereza
Hedoné Octavio Paz lo bautizó como metarrealismo.
= la voluptuosidad Hablar de la relación de la música nueva, serial, y el abs-
Anoia = el aturdimiento tracto en la pintura, con el "espacio vano" del lenguaje, como
Trifé = la molicie también con el origen del ser de la materia, inexpresable en
términos comprensibles -según la física cuántica- es algo que
Observa a las hermanas negras mal peinadas, causantes se nos antoja un platillo exquisito difícil de digerir y gustar por
de la degenerescencia. Expulsados del Paraíso viajamos en es- paladares comunes. En narrativa, poesía y pintura la línea es la
tulticia navis.
sombra del ser que no vemos, de la misma manera que la nota
en música, el color de su materia. Puntos de encaje. Lo huma-
28 no se detiene en la orilla del mundo que percibimos. Ser huma-
no es comprender un límite, un hasta aquí, como lo expuso
Sí. La mujer muda de opinión en pocas horas. Einstein en su Teoría de la relatividad y el campo unificado.
70
ROGELIO ThEVIÑO

En estos puntos limítrofes la naturaleza humana intuye la otra
presencia, el doble, la otredad. Religiosamente sería lo que Hombre de un solo lado
sostiene. El Dios encarnado (tal y como Foucault lo acepta en
Las palabras y las cosas) en el Verbo. Pero cual, o mejor di-
cho: ¿Quién es (Whois) el ser de la materia? ¿El Diablo? Cuánta
metafísica hay en una negación-afirmación. Sin duda -aún en
la actualidad- nos encontramos presos en el misterio que con-
lleva "el mensaje dentro de la botella". Es cierto. Conocerse es
horrorizarse.
,.1,
l Finis Coronat Opus.
I'"

Nota:

El autor de esta obra murió en la ciudad de Chihuahua, unos
años después de terminarla, víctima de un paro respiratorio,
debido a su alcoholismo. Lo que me comentaba -cuando me la
"' entregó- respecto a la misma, era primeramente "el grado de
'fil
comicidad" que conlleva. También -decía- que no era una obra
abierta ni cerrada, sino más bien "un lenguaje de persiana a
persiana". Nada intelectual. Si acaso, nada más, una obra en
movimiento en un solo tiempo sin tiempo.

Miguel de Auxerre.
Ciudad de Agharti, 1991.
A mi esposa
Carmen Blanca

•...•., ...
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La mujer que no fui o Memorias de un insomne

"Feliz aquel que haya encontrado
el camino de su casa: en lo sucesivo
ya no tendrá nada que desear."
EmmanuelD'Hoogvorst

No iba solo conmigo mismo aquella noche, sino con otro,
caminando entre las apariencias. El vaso de la luna vertía su
tintura sobre nosotros en la ciudad. Pero, ¿cómo sabía todo
r ' t~'.,, 1
esto, si era otro? No es difícil cuando se sufre este tipo de ex-
periencia, pues se sabe de inmediato que nuestros pensamien-
1' 11
tos empiezan a bifurcarse y que alguien ajeno se encuentra ma-
nipulando nuestro interior.Esta experienciaparadójica y terrible
es comprendida cuando nos damos cuenta que nuestro ser ha
estado comandado desde la infancia -casi en su totalidad- por
todos los datos adquiridos e impuestos por nuestra familia, la
,, educación, los amigos y la sociedad; deviniendo todo esto en
la conformación de lo que llamamos en cada ser humano: "la
personalidad". En situaciones, o mejor dicho desituaciones
,¡ como esta, nuestra psicografía sufre un estrujamiento de tal
11~'
''I!; magnitud que inmediatamente pensamos con nuestra parte
"sana" -nombrada por la psicología profunda bajo el rubro de
"animus" o "esencia" - que nos estamos volviendo locos. Pues
bien, aquella noche no iba solo conmigo mismo, mis pensa-
mientos, si es que eran mis pensamientos, pendían como lazos
negros visibles y ajenos desde la bóveda celeste, elásticos como
hilos de goma ondulando en la blanca clepsidra.
-Extraño libro -dijo Parefata Nostoch mirando el vaso de
la luna lleno tras la ventana de su estudio, bebió un poco de su
t>f:jf;,, '.,·\¡~~
café bajo la cabellera de la lámpara y siguió leyendo.
~w,,.• ·1.\1:~•.t.l"l ), .,,,..Aa:•t< ~.,:.·...h:t7..· \.~, En ese momento tuve la certeza de que el hombre no es un
ser físico. Extraña línea de pensamiento es la que conduce a la
reflexión acerca de quién o qué es el amo en uno y cómo so-
breponerse o, más bien, alejarse de él. No debe decirse ni ha-
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ROGELIO 'fREVIÑO La mujer que no fui o Memorias de un insomne

cerse nada que lo antagonice o lo inflame. No era yo aquella des indeseables, esto lo empezaba a captar en los ojos del "otro
noche el de siempre leyendo el libro de la vida ante mis pasos. el mismo", el de siempre; el temor y la angustia amainaban bajo
Traté de tranquilizarme con la única intención de volver a mi el potens de mi centramiento. Los efectos del silencio interior
casa. ¡Fabián Usted! ¡Fabián Usted! Repetía aferrándome a la fueron un bálsamo y empecé a caminar sin pretender -para no
pertenencia sólida que me quedaba de mi vida pasada. Sin sobrealterarme- el sentido correcto. Fue entonces cuando pude
embargo, cada vez que lo hacía empezaba a parecerme extra- observar, o mejor dicho iluminar, como un simple foco de 60
ño. ¡Fabián Usted!, se repetía en la nada. watts mi soberbia, mi lujuria, mi vanidad, mi egoísmo, en fin;
-Pero ¿es acaso nuestro nombre lo único que nos distin- todo lo que conformaba mi amor propio se encontraba -en el
. i,, gue de los demás? -preguntó Parefata Nostoch como si alguien "ahora" - sobre la mesa de mí mismo; flotando ante la resonan-
rl¡
¡
más estuviera en la habitación-. Fabián Usted por supuesto está cia de mis pasos por aquella calle al revés. En esa situación
1111
loco -dijo en voz alta, recordando aquel poeta chino que pen- sobradamente incómoda comprendí que "la piel psicológica"
r:•"
saba ser una mariposa que pensaba en su vuelo ser un poeta aposentada en el solio del amo estaba aflojándose. Nunca ha-
chino. Patrañas -dijo- puras patrañas- y continuó leyendo. bía sido Yo, ni tampoco conformaba mi totalidad interextema.
Caminaba como si fuera delante de mí por la Avenida In- Fabián Usted no era Fabián Usted sino tan sólo un saco repleto
dependencia. [Entonces aquella "cosa" había sido "yo" por mu- de influencias ajenas, donde por supuesto tenía de todo, eso sí,
chos años! Mi vehículo físico hasta el momento fue accionado menos de sí mismo.
por un sin fin de pensamientos y emociones que no eran en lo Parefata Nostoch levantó la vista y encendió un cigarro, se
absoluto mis pensamientos, mis emociones ni mis acciones. puso de pie y fue hasta la ventana pensando en lo anterior, mi-
Mi escuálido entendimiento de la situación me decía que pasa- rando los conos invertidos de la luz en aquella ciudad, que no
•I ba de la medianoche, me detuve en la esquina y de pronto tuve era su ciudad, por ser nativo de Jerusalem. Disolviendo el humo
la impresión que estaba caminando en sentido contrario, miré del cigarro con su mano, pensó que los ruidos de Chihuahua y el
los edificios para cerciorarme uno por uno y, en efecto, la esca- timbre colectivo de sus voces no eran un adagio o un allegretto
sa ración que me quedaba de "la hija más prostituida de la con brío, un sherzo, un allegro molto, un larghetto, no, tampoco
Razón" así me lo indicaba: iba en sentido contrario. Mi brújula un presto, sino tan sólo -y eso por su idiosincracia y celo
natural estaba descompuesta, ya que en lugar de apuntar hacia crematístico-un réquiem.ParefataNostochy FabiánUsted -autor
el este -donde estaba mi casa- me indicaba el camino hacia el y personaje central de Los encuentros, la novela que estaba leyen-
norte. De golpe, del otro lado de la calle, un hotel enmarcó en do- eran amigos desde la secundaria. Rodeado por la biblioteca
una de sus ventanas a una mujer desnuda acariciándose los de su estudio, volvió sobre sus pasos y, sentándose, contempló
senos, fue por unos instantes nada más el azar de su obsequio, el libro apagando el cigarro en el cenicero de cristal. Un castillo
pues al verme cerró de una manera bastante natural las corti- de Camelot, colgado en la pared a su espalda, semejaba su guar-
nas, sonriendo. La orquídea de la noche temblaba en los espe- dián de lectura. Sin poner atención en la página recordó a Fabián
jos dobles de mis ojos. Sin moverme, traté de relajarme bus- Usted en la conversación que sostuvieron unos días antes de su
cando mi silencio interior en el río de aquellos pensamientos partida a Italia. Fabián Usted se encontraba-en aquella ocasión-
totalmente ajenos. Recuerdo que me sentí una casa de huéspe- sentado frente a su escritorio.
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-No querido Nostoch, recuérdelo, la vida no es para princi- religiones confiables hoy en día son la taoísta, la hindú, la
piantes -Parefata, doctor en matemáticas, no descuidaba sus es- islámica y la hebrea. No sé. Por lo que respecta al Nuevo Tes-
tudios de la Mishná, el Talmudy la Cábala. Fabián Usted era de tamento ya conoce mis opiniones relativas a la cruz. Hay un
Chihuahua, de piel y cabello oscuros, en armonía con la sierra y libro muy interesante del tema. Los rollos del mar Muerto, o
el desierto amaba su tierra con el mismo fervor que Parefata como yo le llamo: los rollos del más muerto.
amaba la suya, uno como escritor y poeta, el otro como matemá- -Eso de la cruz es interesante. No he podido explicarme
tico y místico. Los dos habían cumplido en ese año, y en el mis- cómo fue que la adquirieron los rarámuris antes de que llegaran
mo mes, cuarenta años; después de la prepa cada uno siguió su los franciscanos a la sierra. Pienso que otros misioneros pudie-
vocación sin dejar de frecuentarse. Fabián Usted conservaba su ron haber estado antes, tal vez por causa de un naufragio...
complexión delgada y correosa, mientras que Parefata Nostoch, -¡Por favor!
de ojos claros y de una azulada piel blanca, era gordo y calvo-. -Permítame. [Alguien tuvo que hacerlo! A menos -dijo,
-Tiene razón, eso siempre ha sido así, desde Adán y Eva. mesándose la barba bastante rala y mostrando sus dientes ama-
-Deucalión, Brahma, Vishnú y Krishna, Hunahpú e rillos con expresión burlona- que el rabí haya venido hasta acá.
Ixbalanqué, Tonatiú, Kukulkán y Tutuguri, desde el "Pum- -¿Y por qué no? -Respondió Usted. Nostoch había caído
bang", Cronos y Hera. en su propia trampa.
Fabián Usted bromeaba a sabiendas de que Nostoch se -Esa teoría, por lo que veo, empieza a ser común. Don
molestaba con sus enlistados politeístas. Alfonso Reyes en su carta-prólogo que escribió para el hermo-
-Take it easy -dijo Parefata. so libro de Mediz Bolio, La tierra delfaisán y el venado, dice
-Por lo que se refiere a las cosmogonías siempre es lo que es muy probable que los verdaderos deudores de la
mismo, lo único que cambia o es diferente es la cultura y los piramidología, y por lo tanto de la religión, sean los del otro
nombres. La misma teoría o teorías de la ciencia respecto a los lado del charco y no nosotros.
orígenes no pasan de ser lo mismo: una especulación. Especulita Parefata Nostoch lo miró -ya sin burla- incrédulo.
especulorum. -Eso es imposible Fabián, y usted lo sabe. Además esta-
-Entonces, ¿para usted, señor Usted, El Antiguo y el Nue- mos hablando de Cristo.
vo Testamento son falsos? -Claro. Hablo de los años que se desconocen de su vida.
-No digo eso, sin embargo tengo mis dudas como estu- Muy bien puede decirse que vino a recibir su verdadera inicia-
dioso o lego, únicamente. Por ejemplo la semejanza demasia- ción de este lado. No sea reticente Nostoch, recuerde que la
do obvia de la parafernalia de los ritos judíos con los ritos reticencia esconde en sus repliegues el signo de la duda.
védicos. La adquisición -por no llamarle robo- de las velas, los -Cuando se trata de mis convicciones nunca dudo -con-
inciensos, la similitud de los ropajes y las túnicas, los cantos. testó levantándose sin disfrazar su enojo y tomando una pila
Por otro lado el primer dios de los hebreos se llamó Baal, re- de libros que estaban en el escritorio, los acomodó a su iz-
presentado por un toro blanco, posteriormente fue trasladado a quierda en un hueco de la biblioteca. Fabián Usted también se
la iconografía de sus demonios, como Belcebú, significando el levantó para observar más de cerca, a un lado de los libros
Señor de las moscas. Ahora bien, según Guenon, las únicas recién acomodados, una chanukah con sus respectivas velas y
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su granada en la base. Sin palabras, Parefata y Usted se mira- -recordó la parábola de los talentos- sino aquí arriba, morir sin
ron frente a la media luna de la lámpara y sonrieron. morir. Entonces este es el significado del verso [muero porque
-Onorúame siné rawé tétire buka mapu suwimea gawí. no muero! El fruto intangible del hombre. [El sepulcro enton-
Verso que recordó Parafata Nostoch en labios de Fabián ces es el cielo! -dijo, casi reventando de alegría-. Parefata
Usted en aquella lejana despedida. Nostoch se dio cuenta que el desarrollo de la comprensión, del
-Audi vel audito, audiunto -pronunció en voz alta Parefata entendimiento, la percepción de las diferencias, era un proceso
Nostoch, después de recordar aquel verso extraño y profundo muy largo. Algo realmente muy difícil de lograr, aún con el
como semejante a las palabras de Cristo. Después de esto con- estudio. Sólo se encontraba una vez y había hombres que no le
tinuó su lectura. encontraban nunca.
La ciudad lavada por el agua lustral de mis nuevos senti-
ti'" dos, recibía mi sombra como las ciudades lo hacen con el ex-
Sin haber dormido la noche anterior, la madrugada se le
había presentado como una invitación para desayunar fuera de
I~ tranjero recién llegado. Aquella hiperimpresión repercutía en casa. Después de preparar su ropa, se desnudó en el baño y
~'
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mí de tal manera que hubiera jurado ser la primera vez que empezó a rasurarse, observando ante el espejo su propia ima-
"" contemplaba el mundo. Sólo las impresiones de mi infancia, gen trasnochada con los capítulos de Usted en su mente.
transcurridas bajo la misma nitidez, lo negaban.
Ahora lo recordaba, había sido un cachorro viviendo en "lo Según los caminos del árbol es necesario seguir el
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abierto" -como dice el de Duino- sin saberlo. Los árboles y el curso de las séfiras -la navaja no tenía filo y tirándo-
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ladrido de los pájaros entre sus copas emitían una dulzura prísti- la a la basura tomó una nueva- principiando como lo
na, de ambrosia. Sí, no era algo nuevo, sino algo largamente marca el método respiratorio desde la Shekina aspi-
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olvidado. Los mismos libros leídos a través de los años -en el rando el logos spermatokoi por la fuerza del mercu-
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,¡~' grandioso Libro de la Vida-fueron diferenciándose bajo la gra- rio doble unificado al mercurio lunar pasando por
duación de "lo serio" y "lo no serio" en su memoria a la luz de Tiferet hasta cruzar la muerte para llegar a Kether y
esa metamorfosis por vía purgativa. Su propia nadidad, sus de- así ser lanzado al Ain-sof -terminó de rasurarse y se
fectos, "la calle sucia", el tiempo perdido y ahora este retomo, metió a la regadera convencido de la impecabilidad
devinieron los materiales inmediatos para completar el círculo de su enumeración paso por paso del método respira-
de su propio circuito. La distorsión de sus sentidos en ese gran torio-alquímico-cabalístico- para obtener la coro-
momento, no era o significaba otra cosa que el desgarramiento na del hombre Audias audim audial tararím
de sus pertenencias pseudosicológicas en su vida pasada. Por tararám -poco después salió del baño y empezó
fin, su grano de mostaza, su semilla en la tierra, había muerto. a vestirse- audire vel auditor patatán patatán no
Al otro día, Parefata Nostoch pensó en ese pasaje de la debo olvidar la ropa con la lavandera mazlot
novela de Fabián Usted, al mediodía entre la muchedumbre. Raziel tarahumar tarahumar y la estrella polar.
-¿De manera que esto es un campo de granos de mostaza?
-Se preguntó en voz baja, observando a la gente-. Entonces Cuando cerró la puerta, las calles solitarias fueron
somos semillas esparcidas que no deben reventar bajo la tierra iluminándose paulatinamente por las muchachas de las maqui-
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ROOELIO TREVIÑO
La mujer que no fui o Memorias de un insomne

ladoras en los hilos del viento bajo el agua menuda de unas -Parefata Nostoch.
cuantas nubes. Miró entonces El Cerro Coronel Azubieta, puso -¡Qué raro nombre! ¿Qué significa?
el libro de Los encuentros bajo su axila izquierda y encendió -Perséfone Flor del Cielo.
un cigarro. La aparente serenidad de abril le llevó a reconocer -Pero ese nombre parece de mujer -le dijo riéndose y mos-
que realmente era "el mes más cruel". Fue entonces, después trando su dentadura incompleta.
de esta reflexión, cuando comprendió que el grano de mostaza -Sí, pero no soy mujer. Me lo pusieron para que me cuida-
no era otra cosa que la Fe -entendida esta, como la aceptación ra. Es el nombre de una virgen griega.
de un poder superior en la interioridad de todo ser humano-. -¡Ah! -Le dijo y, mirando el dinero, le dio las gracias en-
También supo que el cuerpo era la tierra, el agua de vida el caminándose al carrito de la nieve.
')1"• recuerdo constante de sí mismo, el cielo Chiaot Hadadech o -¡Oye! -le gritó Nostoch-, ¿y tus papás?
~'· Metatrón, el Sol Negro de los tarahumares, y el fruto por pocos
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-Allí dentro -Le respondió, señalando la iglesia.
conocido y largamente esperado de la siembra celeste: el hom- Sin recordar los nichos, Parefata siguió el camino a la ca-
ttr.
bre interior, el hombre secreto o el hijo del hombre. Pero sa- fetería del Hotel San Francisco. Cuando llegó, las mesas esta-
"'" berlo, no era serlo. Para lograrlo era necesario o, mejor dicho,
~" ' ban esperando para el café y el desayuno. Puso el libro en la
'· ineludible, una remoción interextema, semejante al rompimien- mesa y se sentó. Como Parefata gustaba de estar consigo mis-
to de los vasos talmudicocabalísticos o, así, sin más, una mo la mayor parte del tiempo, la elección de aquella mesa no
implosión sufrida como la expuesta por Fabián Usted en su podía ser mejor, pues se encontraba bastante alejada de los ven-
libro. Cuando llegó a la Catedral, Nostoch se detuvo ante el tanales y semioculta por un pilar de madera y espejos. Cuando
frontispicio, asociándolo con la anatomía oculta. Empezó a se acercó el camarero le pidió café, un vaso de leche y un par
.j., enumerar los nichos cuando una niña de ojos café profundo y de huevos tibios. Sólo cuatro mesas estaban ocupadas, tres de
"'.,. pequeños lunarcitos negros alrededor del iris -sin ningún atis- ellas por ese tipo demasiado común de gente que gusta de ser
bo de mendicidad- le pidió dinero para una nieve. observada cuando desayuna, almuerza, cena o simplemente
-¿Cómo te llamas? -Le preguntó Nostoch, dándole unas toma café. Este tipo de comportamiento no sólo le parecía obs-
monedas. ceno a Parefata, sino una verdadera falta de respeto a sí mismo
-Ix Chel. y, por extensión, a los demás; una hilera de inodoros con pare-
Nostoch dibujó una sonrisa frente al hermoso rostro de des de cristal hacia la calle. Esto le hizo sonreír recordando a
cabello rojizo que llevaba un sombrerito semejante a un pe- Papini. Después del desayuno Parefata pidió un poco más de
queño parasol frente al trueno, irradiando la blancura de su café y, abriendo el libro, se entregó a la lectura.
vestido sobre las palomas que caminaban en la superficie ru- Tanto en el tiempo como en el espacio el hombre tiene
gosa y cóncava de las baldosas. que aprender todas las cosas al revés. Andar por el mundo
-¿Sabes qué significa tu nombre? unívocamente es ser como un caballo con anteojeras. Un ca-
-Sí. Señora del Arcoiris. mino sin izquierda y derecha. Nacer, crecer, procrear, enveje-
-Sí, eso significa. ¿Cuántos años tienes? cer, morir, sin ninguna pregunta que incomode al mundo. Así
-Seis, ¿y tú, cómo te llamas? suele "vivir" la mayoría de la gente, como burros de noria.
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84 La mujer que no fui o Memorias de un insomne
ROGELIO TREVIÑO

-¿Necesita ayuda señor Notosch?
¡Me sacó de mis casillas! Dice la gente. Sí, viven encasillados. -No, no, me siento bien, fue un mareo, nada más. ¿Puede
En su kitsch. Tenemos un nombre, una nacionalidad, una raza,
pedirme un taxi? -Le dijo sin levantar la vista.
un partido, una profesión, una religión, etcétera, etcétera, e in- -Claro señor Nostoch, enseguida. Pero si se siente mal. ..
finidad de etcéteras. Es cierto: un perro es un perro, un gato es
-No, no, estoy bien, hágame el favor.
un gato, un pájaro es un pájaro; pero un hombre no es un hom-
bre: es ingeniero, licenciado, doctor, albañil, paletero, vende- -Sí señor.
Observó la mesa y todo estaba en orden, el libro de Fabián
dor, es todo, menos un hombre. ¿Cuándo en verdad somos no- Usted estaba -ante él- abierto en la misma página. Lo único
sotros mismos? Lo que somos. ¿Sabemos realmente lo que que lo volvió a su extrañeza fue el café, pues se encontraba
somos? ¿Quién vive en verdad la Vida? Más bien la Vida nos completamente frío; otra señal lo puso nuevamente en tensión:
vive. Como dice Vallejo: Ellos murieron siempre de vida. Sí, ¡el restaurant estaba lleno! Fue hasta entonces cuando se dio
tenemos de todo, menos de nosotros mismos. cuenta que algunas personas de las mesas cercanas lo miraban
Cuando salió del restaurante, Parefata Nostoch decidió furtivamente, cuchicheando. Miró entonces su reloj y recibió
deambular por algunas callecitas para reflexionar sobre el li- otro golpe, ¡eran las 11:45!¿Qué había pasado? ¿Qué había
bro de Fabián Usted. Reconoció las palabras de Quino, sus sucedido en todo ese tiempo desde las ocho de la mañana,cuan-
preguntas capciosas, relativas al absurdo del comportamiento
do según él inició su lectura?
humano. A Rainer. A Nicoll. A san Juan de la Cruz. En verdad -Señor Nostoch, su taxi está esperándolo -le dijo el cama-
las influencias no son malas, lo que es malo, son las malas
influencias. Todo y todas las cosas. Los alimentos terrestres. rero.
-¿Qué ...? Ah, sí, dígale que me espere, voy al sanitario.
Digiere aludel, digiere. Carpe diem. Flor del hueso. Pensando
-Sí señor.
en esto subió por la calle Segunda rumbo al Paseo Bolívar, Cuando entró se dirigió al espejo, su imagen reflejada era
para sentarse en la placita Fuentes Mares y disfrutar la nave normal, como la de cualquier hombre vestido de una forma
Art Noveau de La Quinta Gameros. De golpe, a unos cuantos impecable. Sin embargo su mente en ese momento era una ne-
pasos de la calle del Fénix, le sobrevino un mareo y, en el mis- bulosa. Un sin fin de pelotas de pin-pon rebotando estrepitosa-
mo momento, escuchó un trueno de tal magnitud que lo rela- mente en un cuarto cerrado.
cionó inmediatamente con un sacudimiento tectónico. Fue ha- -Señor Nostoch, señor Parefata, ¿se siente usted bien?
cia la pared y, recargándose, cerró los ojos. Una mano en el -preguntó el camarero del otro lado de la puerta.
hombro derecho lo hizo volver en sí. -Sí, voy, no se preocupe. ·
-¿Qué le pasa señor Nostoch, se siente mal? Su nombre en otra boca empezaba a parecerle extraño.
Aquella voz lo tomó por sorpresa, pues se trataba nada
menos que la del camarero del restaurant. Al abrir los ojos se
descubrió en la mesa. ¡No se había movido! Esto, por supues-
to, le parecía imposible, no podía creerlo, no lo comprendía.
Sin palabras levantó una de sus manos dándole a entender que
se encontraba bien.
Índice

La mujer que no fui o Memorias de un insomne 11

Hombre de un solo lado 73
o mentía. La vida siempre me había

N revelado ángulos diferentes. Con esto no
quiero decir que era mejor que la de los
otros, no, era lo mejor para mí, y eso era todo. A
los dieciséis años 'el mundo real', que me habían
enseñado en la escuela y la casa, se me había
derrumbado. Todo aquello, como lo pude
comprender, era y había sido falso. Sin ningún
valor. Por aquel entonces -debído a esa
experiencia- recuerdo que sufrí un miedo
terrible. No podía o más bien no quería salir de
la casa, mucho menos que se me hiciera de
noche, lejos de ésta. Herman Hesse empezó a
ubicarme. Posteriormente Fragmentos de una
enseñanza desconocida, de Pedro Demián
Ouspenski, me ayudó a comprender lo que me
había pasado, y así fue como pude controlarme.
Como lo supe, yo no era una persona común,
simplemente me había despertado -faltaba
mucho trabajo sobre mí mísmo-, pero ya no
estaba dormido o muerto, como la mayoría ...

Instituto
Chihuahuense
de la Cultura U Consejo Nacional
para la
Cultura y las Artes

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