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* MARCEL DETIENNE os LOS MAESTROS DE VERDAD EN LA GRECIA ARCAICA Prefacio PIERRE VIDAL-NAQUET Versién castellana JUAN JOSE HERRERA taurus UV Titulo original: Les maftres de verité dans la Gréve archatque © 1967, LiBRAIRE FRANCOIS MASPERO, Paris ISBN: 2-7071-0162-1 Primera edicin: 1981 Reimpresion: 1983 © 1983, TALRUS EDICIONES, S.A. Principe de Vergara. 84, 1° Madrid-6 1S BN. 84-306-1197-5 Depdsito legal. M 22.814-1983 PRINTED IN SPAIN PREFACIO El titulo del libro de Marcel Detienne define a la vez una pa- radoja y un programa. ¢Hay «maestros de verdad»? Una tradi- cidn pedagdgica ya antigua pretende que el maestro sea inde- pendiente de la verdad que ensevia, que le supera y nos supera. Esta tradicién parece haber triunfado a lo largo del siglox1x en fas ciencias sociales. Marx declard un dia que no era marxista, porque estimaba que ta realidad social podta ser objeto de cien- cia, independiente, pues, del que la observa. Este universalisma es hoy ampliamente puesto en duda —no me compete decir por qué y cémo—: para mejor, en la medida en que se es mucho ” mds sensible que antes a las condiciones psicolégicas, sociales e incluso econdmicas de Ia aparicion y desarrollo del pensamien- to cientifico, a la infinita diversidad de los dngulos de vista pro- puestos por los diferentes sabios y ciencias; para peor, desde el momento en que deterntinados Estados, determinados hom- bres, se constituyen en heraldos —y en maestros— de una ver- dad militante: «Estudiar las obras del Presidente X, seguir sus ensefanzas y actuar segun sus directrices»; en torno a esta con- signa se unen los militares de uniforme o de esptritu de todos los paises. Pero alli donde aparece el maestro ya no hay verdad. Cualquiera que sea esta evolucién, permanece invariable precisamente el hecho de que aunque el lenguaje militar sea, como Ja poesia, pero por otras razones, propiamente intradu- ible e incomunicable: una orden no es comprensible mds que para aquellos a los que se dirige, propio es del lenguaje ctentifico poder llegar a todos aquellos que han hecho el esfuer- zo de aprenderlo, y ser convertible en no importa cud! dialecto Aumano. No es negar el valor de otras.experiencias humanas, africa- 7 nas, indias, chinas o amerindias, el admitir que este Lenguaje, bajo ta forma en la que hoy estd difundido principalmente, te- ne Su Origen en Grecia, en una Grecia por otra parte nutrida de una herencia mucho mds rica y compleja que la qué podrian haber transmitido los grupos que, hablando una lengua indo- europea, penetraron en el suelo «griego» a finales del tercer mi- lenario. - La razén, aun cuando fuera griega, debe ser situada en Ia historia. En la historia de ta sociedad griega, del hombre griego, es donde hay que buscar los rasgos fundameniales que explica- rén ef abandono voluntario de! mito, el paso de unas estructu- ras organizadoras inconscientes —quiero decir que no saben que son «légicass en el sentido en que Claude Lévi-Strauss in- tenta, y a menudo logra, demostrar que lo son— a una delibera- da tentativa de describir a la vez el funcionamiento del Uni- verso —la razon de los «fisicos» jonios e italianos—, y el fun- cionamiento de los grupos humanos —la razén histérica—, la de un Hecateo, Herédoto o Tuctdides. Del mito a la razén, ef problema de este paso queda plantea- do ante aquellos mismos que admiten que hay raz6n en el mic. to, Planteado estd desde hace muchas generaciones. Muy re- cientemente, en su Origines de la Pensée grecque!, Jean Pterre Vernant ha proporcionado uri marco que, al igual que el de Marcel Detienne, acepto y supongo conocido, Bdsteme mencio- nar aqut que el «pensarmiento racional» nace en un marco polt- tico, econdmico y social bien definido: ef de Ia ciudad; que ta ciudad en si misma hizo su aparicién aprovechando una crisis decisiva de la soberania, en un espacio social libre de la obsesi- va presencia de! monarca minoico 0 micénico, émulo de los adéspotas» orientales. Pero antes de [a razén, estd lo que la funda, es decir, la representacion que el hombre se hace, en la especie el hombre ertego, de la verdad, Alétheia. No se trata de una historia de la palabra, Cierto que ésta tiene su interés, pero Marcel Detienne es un fildlogo demasiado precavido para confiar mucho en las virtudes de la «prueba mediante la etimologta». El autor define muy claramente su método: «determtnar las lineas de fuerza de un sistema léxico, obtener tas relaciones de oposicion y de aso- ciacién, en resumen, aplicar el método de la téxicologta estruc- tural, probar en el terreno de la Grecia arcaica las postbilidades de la teorta del campo semantico». ‘ Al término del viaje, la singular imagineria que inicia el poema de Parménides y la reflexion sobre el Ser: «Un viaje en 1 Paris, P.U F., 1962. y la. guta de las hijas det Sol, una via reservada al re: Que corioce, un camino que conduce a las puertas det. Dia?y'de la Noche, una diosa que revela el verdadero conoci; mientos, la obligacién de optar entre el mundo del ser y el de ta opinién. Lo que Marcel Detienne ha intentado escribir es un poco la prehistoria del poema de Parménides, Sin duda, se le ha revela- do mas rica y compleja de lo que se esperaba; si bien, mediante una erudicién a veces incluso demasiado copiosa, el camino que sigue es, en suma, muy claro. La verdad es, en primer tu- gar, palabra, y Marcel Detienne toma la verdad en el momento en que atin es privilegio de determinados grupos de hombres, los poetas, los adivinos, adiestrados en el largo aprendizaje de «la memoria», de la «musa», la tinica que sabe «lo que fue, lo que es, lo que serd», la palabra en el momento en que es elogio y desaprobacién, capaz de engrandecer y de dismtnuir, de ser veridica o mentirosa. En la sociedad oriental, egipcia o meso- poldmica el elogio del rey no tiene una naturaleza diferente a ja del elogio del dios. La palabra del! poeta «fortalece» al rey «justo» fortaleciendo al dios. El poema asegura Ia integracion fa naturaleza y de la sociedad en el seno de la persona real. No posee verdad si no estd centrada en el rey. _En el momento en que Ia «literatura griega» da sus prime- ros pasos, el rey micénico ha desaparecido. No es seguro que el rey mitico, al que en pleno siglo V aun conocen Pindaro o Es- quilo, el que se prolongard bajo una forma casi folklérica en la mitologia helenistica antes de ser resucitado por Frazer, sea su heredero directo. El hecho de que haya pasado a ser mttico me parece, por el contrario, mds quizd que a Marcel Detienne, esencial. Por lo demds, Detienne observa por st mismo muy jus- tamente, que el tinico poema griego que pueda efectivamente aproximarse a los poemas orientales, la Teogonta de Hesiodo, estd muy centrado en un personaje real, Zeus, como el Enuma Elis estaba centrado en el dios Marduk, prototipo del rey de Ba- bilonia: «Aun este personaje real no es sino un dios». La formu- fa dice lo esencial: el dios ha subsistido, pero el soporte social que le animaba, el rey, ha desaparecido, Dios y hombres cuen- tan ya con un destino separado; el tiempo de los dioses se sepa- ra progresivamente del de los hombres. Queda una tradicidn, precisamente poética, la del «rey de justiciay sosteniendo la «balanza», dispensador y receptor a la vez de lo verdadero y de fo falso. Paralelamente, toda verdad es enigma y todo aquél gue dice la verdad es él mismo enigma, Ast el personaje del «Anciano del mar», Proteo o Nereo, al que Marcel Detienne consagra su capttulo III. No hay «oposicidn», «contradicctén» 9 entre lo verdadero y lo falso, la verdad {Alétheia) y el olvido (Lethéy «No hay, pues, por un lado Alétheia (+) y por el otra Lethé (—) si bien desarrdllase entre estos dos polos una zona intermedia en la que Alétheia se desliza hacia Lethé, y recipro- camente. La anegatividad» no queda por tanto aislada, coloca- da aparte det Ser, constituye un pliegue de la averdads, su sombra «inseparable», A esta ambivalencia de la palabra eficaz en las obras mds antiguas del pensamiento griego sucede, sin embargo, en la ciudad eldsica una ambigtiedad de la accicn?. Frente al riesgo permanente que cada decision colectiva pre- Senta: guerra 0 paz, expedicion «colonial» o roruracién de uerras, la ciudad elabora lentamente, progresivamente, una pa- labra-didlogo, didlogo de los grupos sociales que se enfrentan en el terreno politico, didlogo de los oradores que proponen tal o cual decisién. La palabra eficaz perdera en lo sucesivo su soberania y el didlogo integrard incluso la ambivalencia de la mdntica. Cuando, en la segunda guerra médica, Delfos da el ordculo afirmando que Atenas sera salvada por una amuralla de madera», Temtstocles sabe interpretarlo traduciendo esta expresiOn equtvoca por «flota atenienses, si bien otra interpre- tacién, mds obvia, era posible y de hecho fue propuesta. Entre estas interpretaciones es donde se establece el didlogo. La aver- dad» entra asi en ef mundo de lo relativo: «Ha gustado al pue- blo», «ha parecido bueno al pueblo», ast se expresan los decre- tos. Marcel Detienne ha agrupado los testimontos en torno a es- tos dos polos. Aceptando una clastficacién cuyos rasgos esen- ciales han sido levantados por Platén, pero que le es con mu- cho anterior, opone la competencia universal, en el dominio de lo relativo, del orador y del sofista al saber de fas sectas filo- sdficas y religiosas. Por un lado, la astucia, el engarto {apaté) deliberadamente acepiado; por el otro, fa posesion de la A\é- theia, posesién no monetizable y transmisible solamente de maestro a disctpulo; pero los maestros de la verdad no Io son mds que de grupos tnfimos que fracasan —eso es lo que nos muestra dramdticamente la aventura pitagérica— cuando in- tentan imponerla a una ciudad entera. Para el orador y el sofis- ta, la verdad es la realidad, ef argurnento malo o bueno que triunfa, la decisién una vez que es aplicada. La evolucién extraordinariamente rdpida del pensamiento historico es un testimonio bastante bueno de la mutacidn que estudia Mar¢el Detienne. El propdésito de Herddoto, el wmuy ho. mérico» como se le definird mds tarde, se apoya atin, por una 2 Hablo aqui de «ciudad cldsica» por comodidad. st bien doy par supues- fo que los primeros lestimonios de la mutaci6n que Marcel Detienne analiza son con mucho anteriores al clasicismno pericleano. 10 parte, en el elogio e incluso en ta funcidn arcaica de la Memo- ria:.«Herdédoto de Turios expone aqut sus indagaciones, para impedir que lo que han hecho los hombres, con ef tiempo se barre de la memoria y que las grandes y fantdsticas hazayas llevadas a cabo tanto por los bdrbaros como por los griegos no cesen de ser famosas...» Pero Herddoto estudia también lo que fue «causa» de guerras, es decir, las acusaciones que griegos y bérbaros, en un didlogo reconstruido, se lanzan los unos a los otros; Herddoto separa expresamente el tiempo de los dioses y el tiempo de los hombres, el tiempo del enfrentamiento. En Tu- etdides todo sera didlogo. Es sabido como Claude Lévi-Strauss encuentra sistemdticamente en los mitos tas estructuras bina- rias que en ellos se ocultan. No se esconden en ta obra del his- toriador atentense y es facil encontrar las parejas superpo- nibles, la decisién racional (gnémé) y el zar (tyché), la palabra floes) y el hecho (ergon), la fey (nomos) y fa naturaleza (physis), la paz y la guerra. La historia toma la forma de una gigantesca confrontacin polttica; los planes de los hombres de Estado se someten a prueba de planes de otros hombres de Estado, a prueba de la realidad, de Ia tyché, del ergon, de esta naturaleza de la que Tuctdides dice curiosamente, al comienzo del libro I, ue compartid el estremecimiento del mundo humano, como si la guerra del Peloponeso, ese didlogo mediante las armas que también fue, y a menudo, un didlogo mediante las palabras, hubiera provocado los temblores de tierra. La universalidad a fa que pueda pretender un Tucidides, a la que efectivamente pretende, ¢cudl es, pues, sino la universalidad del didlogo? La ambigtedad ha dado lugar decididamente a la contra: diccién. Mds exactamente, la ambigtiedad que caracterizaba al discurso en la época arcaica, se refugia en lo sucesivo en los hechos. Pero para el historiador ha desaparecido; se estd en guerra o se estd en paz, a nivel del escritor eso estd claro. La Id- gica de Hesiodo es una légica de la ambigtiedad; ningun ombre sabe nunca perfectamente si se conduce segrin la Diké o segun la Hybris, si esté del lado de fa verdad o del lado de la mentira; la [égica de Tucidides es una ldgica de la contradic- cién, Marcel Detienne no se ha contentado con oponer, en un dip- tico, la palabra eficaz y la palabra-didlogo; ha querdo contri- buir a la explicacién del paso que lleva de una a otra; en un sentido todo su libro gira en torno al capitulo V. «El proceso de secularizacion». No se trata, bien entendido, de una explicacion global que cabria confundir con la totalidad de Ia historia griega, sino de un sondeo que creo, por mi parte, extremadamenie feliz. Muchos historiadores admiten, desde Aristdteles, que la pri- it mera politeia fue ta de los guerreros. La ciudad, se dice de buen grado, comienza cuando al combate desordenado, sembrado de hazarias individuales, que describe Homero, suce- de el enfrentantiento de dos falanges compuestas por guerreros solidarios vestidos con el uniforme hoplita. Los «semejantes» del ejército se convierten en «semejantes» de la ciudad, y es sa- bido que es ese nombre (Homoioi) ef que portan en Esparta los ciudadanos propiamente dichos, Ese es el panorama tradi- cional de lo que bastante impropiamente se llama la sreforma hoplita», a la gue Marcel Detienne ha consagrado un nuevo es- tudio, atin inddito®, Analizando aqui algunos de los procedi- tnientos de la vida militar: concursos funerarios, reparto del botin, asambleas y consejos de guerreros, muestra como se di- buja, en el seno del ejército, un plano prepolitico del que han surgido de alguna manera los procedimentos de la vida de la ciudad. Asi la «vasta asamblea» que reunio Aquiles antes del concurso furterario dado en honor de Patroclo. La palabra em- pleada (agén) es, por lo demds, caractertstica, pues designa a la vez la asamblea y el concurso. Naturalmente, esta explicacién no zanja el problema y no tiene intencién de lograrlo, ya que otras sociedades que no han conocido ni fa ciudad ni la democracia polttica, han conocido la «democracia militares. El libro de Marcel Detienne permite plantear mejor el problema; la solucién, por definicidn, queda siempre para manana. Pierre VIDAL-NAQUET 3 Ha sido publicada en el libro Problemes de la guerre en Gréce Ancienne, ed por J-P, VeRNaNT, Col. -Civilisation et Sociétés», 11, Parls, Mouton, 1968, pp 112-112. 12 PARA JEANNIE CAPITULO PRIMERO VERDAD Y SOCIEDAD En una civilizacién cientifica, Ja idea de Verdad convoca al punto Jas de objetividad, comunicabilidad y unidad'. Para nos- otros, la verdad puede definirse a dos niveles: por una parte, conformidad con unos principios légicos; por otra, conformi- dad con lo reall, y es por eso inseparable de las ideas de de- mostracién, verificacién y experimentacién. Entre las no- ciones que transmite el sentido-comun, la verdad es, sin duda, una de las que parecen haber existido siempre, sin haber sufrido ningun cambio; una de las que parecen también relati- vamente simples, Sin embargo, basta considerar que Ja expe- rimentaci6n, por ejemplo, en la que se apoya nuestra imagen de lo verdadero, no se ha transformado en una exigencia, si- no en una sociedad donde era una técnica tradicional, es de- cir, en una sociedad donde ta fisica y la quimica han conquis- tado un importante lugar. Es posible, pues, preguniarse si la verdad, en tanto que categoria mental, no es solidaria de todo un sistema de pensamiento, si no es también solidaria de fa vi- da material y de Ja vida social®, Los indoiranios poseen una 1 Cf. H. Van Liga, Le Nouvel Age, Paris, 1962, p. 135 y ss. 2 Cfr. V. Brocuarn, Def t'Erreur3, Paris, 1926, p 97 y ss No se trata de delimitar aqui la «verdad» del sentido comun. Es necesario anadir que una representacién 1al de Io verdadero no coincide con la pluralidad de las verda- des contemporaneas (la de los fisicos, los matemiatices, economustas, historia- dores, etc.). 3 «lmplicita o explicitamente, se admute que las categorias del espiritu tal y como ‘as ofreéen el sentido comin o la elaboracién de los Filésofos y los priedloges han existido siempre, son de algon modo consustanciales al mbre y no han sufrido ningun cambio, mientras que la vida material. la vida social, ‘ef conocuniento de las cosas, la vida espiritual en general, no han cesa- do de transformarse=" 1. MEYERSON, Les fonctions psvchologiques et les oeuvres, Parts, 1948, p 120 15 palabra que es traducida corrientemente por Verdad: Rta‘, Pe: to Rta es también [a plegdria litdrgica, la potencia qué asegue ra el retorno de las auroras, al orden establecido por el culta'a: los dioses, el derecho y, en suma, un conjuntd de valores qué: quiebran nuestra imagen de la verdad. Lo simple cede su lu- gar a la complejidad, a una complejidad diversamente organi- zada. Si el mundo indoiranio es muy diferente de! nuestro, équé habremos de decir de Grecia? ¢Guarda allf la verdad el mismo lugar que en nuestro sistema de pensamiento? ¢Abarca el mismo contenido semantico? No es una cuestién de mera curiosidad. Grecia impénese a la atencién por dos razones so- lidarias; en primer lugar, porque entre Grecia y Ja Razén oc- cidental las relaciones son estrechas, habiendo surgido del pensamiento griego la concepci6n occidental de una verdad objetiva y racional. Sabido es, por otra parte, que, en la rica reflexién de los Filésafos contemporaneos sobre Jo verdadero, Parménides, Platén y Aristételes son invocados sin cesar, confrontados y puestos en tela de juicio®. Sera mds tarde cuando, en el tipo de raz6n que Grecia construye a partir del siglo vi, una determinada imagen de la «Verdad» vendré a cupar un lugar fundamental. En efecto, cuando la reflexién filoséfica.descubre el objeto propio de su busqueda, cuando se desgaja del fondo de pensamiento mitico donde atin tiene sus raices la cosmologia de los jonios, cuando conecta deliberada- mente con los problemas que no van a cesar ya de atraer su atencién, organiza su campo conceptual en torno a una nocién central que va a definir, en lo sucesivo, un aspecto de la pri- 4 Cfr. el andlisis gue hace de ello J, DucHESNE-GUILLEMIN, Zoroastre, Parls, 1948, pp. 58-68, y La reltgion de f'fran Ancien, Parts, 1962, pp 193-196, Sobre In +Verdad> en Ia India, f6rmula apropiada y medio de actuar sobre [as cosas, ofr. P. MaSson-OvrsEL, L'Inde antique et [a civilisation indienne, Paris, 1933, pp. 144-147, y las observaciones sobre satya que hace J. VARENNE, en su edicién de La Maha Nariyana Upanisad, t. LU, Paris, 1960, pp. 30-31. G. Dumezn, Ser- vius et la Fortune, Paris, 1943, p. 241, observa que, en la India, la apreciacion cualitativa y la verdad est4n unidas El problema de lo verdadero» en el mun- do indoeuropeo ha sido objeto de varias investigaciones, por ejemplo, por par- te de V Pisani, «Parole indo-europee pro “vero” ¢ “falso"’s, Rtv. IndoGreca- (talica, 1936, p.111 yss., acontinuacion de H. FRisx, fahrheit” und “Luge” in den indogermanischen Sprachen Einige morphologische Beobachtungen», Hogskolas Arssknft 41, Goteborg, 1935, N. 3. A propdsito de Wray sus relaclones, por una parte, con las palabras surgidas de la misma rajz indoeuropea (6rdé, Titus, dptOuds, épuovla, dperh, etc., em las que predomina la nocién de ayuste), por otra parte, con las nociones indias que son solidarias de ello (dhaman., dharman., Varta}, cfr, las observaciones de H. Fucier, Recherches sur Vexpres- sion du sacré dans fa langue (atine, Paris, 1963, p. 148 y ss. 3 Sobre esta reflexion, véase, por ejemplo, J, WAHL, La pensée de Cexts- tence, Parls, t951, pp. 239-288, y A. DE WAELHENS, Phénoménologie et Vérité. Essat sur Vévolution de Vidée de Vérité chez Husserl et Heidegger, Parls, 1953. 16 ‘mera filosof{ en cuanto tipo de pensamiento y del primer filé- : nes cuanto tipo de hombre: Alétheia a la «Verdads. ee Cuando’ Alétheia hace su aparicién en el preludia del pot ce arménides, no brota completamente armada de’ filosdfico. Posee una larga historia. En el estado de la mentacién, comienza con Homero. Este estado, de hecho, ria hacernos creer que tnicamente el desarrollo cronolégi- co'de los testimonios sucesivos, desde Homero hasta Parméni- des, lograrta arrojar alguna luz sobre la «Verdad»*, El proble- ma se Plantea en términos muy distintos. De antiguo se ha convenido en subrayar el extrafio cardcter de la puesta en es- cena de la filosoffa parmenidea: un viaje en carro bajo la guia de las hijas de! Sol, una via reservada al hombre que conoce, . © Ey necesario hacer aqui alusién al hbro que W. LuTHER ha consagrado Ja «Verdad», bajo el titulo «Wahrheit» und «Lupe» in dltesten Griechentum, ig, 1935, y del cual ha vuelto a tomar las conclusiones en Welransicht und Geistesteben, Gottingen, 1954, p. 34 y ss., y posteriormente, con algunos mati- ces, én «Der friihgriechische Wahrheltsgedanke im Lichte der Sprachens, Gym- nasiut, t 65, 1958, pp. 95-107. La investigacién de Luther adopta un orden aparentemente objetivo: el de la cronologia, simple y lineal. El autor parece samiar que toda su labor consiste en decir ¢l sentido de las palabras, enten- diendo por ello lo que hay de mds consciente para los sujetos y de mds superfi- cial para el observador. Toda esta primera investigaci6n est4 marcada por una P da ambigiedad: aunque el més claro resultado del trabajo de Luther sea mostrar que la «Verdad» griega no es la misma que la nuestra, a lo largo de su obra no cesa este eruchto de trabajar sobre una cierta concepcion retéri- cay trivial de la verdad, partiendo de ésta para determinar en la lengua griega Tas expresiones y las palabras representativas de la «Verdad» En lugar de partir del significado, para agrupar las palabras que parecen hacer explicito el mismo sentido, habrfa que haber partido, antes bien, del significance, es decir, de Ayjfium, y ver cémo se organizaba el «campo semAnticor de esa palabra, de tal periodo a tal otro (sobre el libro de Luther, ver las breves observaciones de MoMIGLIANO, Riv. filol istruz classica, 1937, pp. 207-208). Para la investigacion que llevo a cabo, parecla imponerse un método: deter. minar las Iineas de fuerza de un sistema léxico, obtener las relaciones de opo- slcién y de asociacién; en resumen, aplicar los métodos de la lexicologia estructural, probar en ¢l Ambito de la Grecia arcaica [as posibilidades de la teorfa del «campo semantico» (cfr. G. MaToré, La méthode en lexicologie. Do- maine francais, Paris, 1953, y la notable tesis de J. Dupois, Le vocabulaire poli- tigue et social en France de 1869 4 871, A travers les oeuvres des écrivains, les revues et es journaux, Paris, 1962. Sobre la semintica estructural, véase la obra y las observaciones de St Uimann, The Principles of Semantics. A Lin- uistic Approach to Meaning?, Oxford, 1959, p. ($4 y ss., y 309 y ss., el capitu- jo IIT de W. Von WarTBURG, Problemes et méthodes de ta lingutstque? (tr. fr.], Parts, 1963, pp. 148-210) En la aplicacién de esie método. Tobie que contar con graves obst4culos: para que un estudio de lexicologla estructural sea efi- caz, debe ser exhaustivo, apoyarse en el examen de la tolalidad de un sistema léxica. Ademds, 1a investigacion debe fijarse en un lapso de tiempo muy cor- to, ya que las oposiciones y las asociaciones que reinen los diferentes elemen- los se modifican constantemente (en su libro precipitado, J Dusors limita su Investigaci6n a tres afios). Ahora bien, todos sebemos que nuestro conocinuen- lo del perfodo griego arcaico, que al menos cubre dos siglos, tiene tantas lagu- nas como un papiro carcomdo por el tiempo... 17 un camino que conduce a las puertas del Dia y de la Noche, una diosa que revela el verdadero conocimiento y, en’ resu- men, una imaginerfa mitica y religiosa que contrasta singular- mente con un pensamiento losé ‘ico tan abstracto como es el que lleva al Ser en si. Todos estos rasgos, cuyo valor religioso no puede ser puesto en duda, nos orientan de una forma deci- siva hacia determinados medios filoséfico-religiosos en los que el fildsofo no es atin mas que un sabio, diriase, incluso, un mago. Ahora bien, es en estos medios donde encontramos un tipo de hombre y un tipo de pensamiento vueltos hacia la Alé- theia: la Alétheia que Epiménides de Creta tiene e! privilegio de ver con sus propios ojos; la «llanura de Alétheia» que el al- ma del iniciado aspira a contemplar’. Con Epiménides, con Jas sectas filoséfico-religiosas, la prehistoria de la Alétheia ra- cional se encuentra claramente orjentada hacia determinadas formas de pensamiento religioso en las que la misma «poten- cia» ha desempefiado un papel fundamental. La prehistoria de la Aletheia filoséfica nos conduce hacia el sistema de pensamiento del adivino, del poeta y del rey de justicia, hacia los tres sectores en Jos que un determinado tipo de palabra queda definido por la Aletheia Definir el significa- do prerracional?® de Ja «Verdad», supone intentar responder a una serie de preguntas, de las cuales son las siguientes las mds importantes: ,Cémo se dibuja en el pensamiento mitico® T Cfr,. infra, p. 131) ss. ® La indagacién qué aqui llevo a cabo esta clara y nitidamente delimitada (cfr. infra). Pero no es sino una linea de hist y No agota toda Ia «Verdade eriega. Dejo de lado deliberadamente toda una serie de aspecios, de niveles de Aletheia, contentandome con remitirme tanto al articulo ya cilado de W. Luther come a los muy completos y bien encaminados estudios de H. BOEDER, «Der fruhgriechische Wortgebrauch von Logos und Aletheia», Archiv fur Begriftsgeschichte, 1. IV, 1959, pp. 82-112, y de E. Hersch, «Die nichtphiloso- phische Xxfex», Hermes, t 90, 1962, pp 24-33; «Wahrheit als Erinnecungs, Hermes, t. 91, 1963, pp. 36-52 9 «Pensamiento milico la expresion requicre unas palabras. Nadie igno- ra que, comparada con las zaciones arcaicas estudiadas por los america: nistas © los africanistas, Grecia es pobre en «pensamiento mitico». Dejando aparte a Hestodo, la civilizacion griega no nos ofrece sino fragmentos miticos, conservados en escohos tardios 0 relatos de anticuarios, empleados de nuevo por los mitégrafos en las construcciones cscolares, Pero, ¢y ef mismo Heslodo? ¢Puede pretenderse que la Teogonia es realmente el producto de una creacién mito-poéiica, andloga a la de los Bambara © los Bororo? Et pensa- miento hesiddico, como a menudo se ha observado, representa, antes bien, un uivel de pensamiento mitico, nivel intermedio entre Ia religién y la filosofta. (No hay ux pensamienta mitico, como se ha destacado mds de una vez, cfr Luc be HEUSCH, «Situation et position de l'amthropologie structurale», en L‘Arc, n.® 26, 1965, p. 12) Es una reflexién original, con sus problemas espectficos (cfr. las observaciones de J-P Verxant, en su C R de Cl, Ramnoix, La Nuit er les Enfants de la Nuit, Paris, 1959, publicado en el Journal de Psychologie, 1960, pp. 336-338). Hablar de «pensamiento mitico» en tales condiciones, comporta 18 ‘j& configuracién de Alétheia'? ¢Cual es, en el pensamiento re- 'iigios6; el estatuto de la palabra? ¢Como y por qué un tipo de EM “palabra eficaz es sustituido por un tipo de palabra con proble- ‘as especificos: relacién entre la palabra y la realidad, entre ola palabra lo ajeno a ella? ¢Qué relacién puede haber entre “determinadas innovaciones en la practica social del siglo vi y el desarrollo de una reflexion organizada sobre el jogos? “gCudles son los valores que, sufriendo enleramente un cam- bio! de significacién, contingan imponiéndose de un sistema de pensamiento al otro, del mito a Ja razén? ¢Cudles son, por el contrario, los puntos de ruptura fundamentales que diferen- cian el pensamiento seligioso de] pensamiento racional? Las intenciones de este libro no se agotan en el solo proyecto de definir, por su contexto mental, social e histérico, el significa- do prerracional de la «verdad» dentro del sistema de pensa- _Miento mitico, y, solidariamente, su primer contenido en el ‘pensamiento racional"’. En Ja historia de Alésheia, hallamos el ‘el riesgo de extrapolar, No obstante, pese a estas reservas necesarias, Hesiodo _es.el principal testigo de determinados modos de organizacidn, de un determi- “nado tipo de légica que parece caracterizar al pensamiento religioso, diferen- i cidndolo de las nuevas formas de pensamiento que hacen su aparicién en el Curso del siglo v1 v®” 10 No hablaremos, pues, de verdad, sino de Aléthera o de «verdad». Queda claro que la verdad no es una idea simple G, BACHELARD (Le nouvel esprit seientif que’, Parts, 1949, p. 148) decta muy acertadamente; «No hay ideas simples, porque una idea simple... debe estar insertada, para as! ser compren- dida, en un complejo sistema de pensamientos y experiencias » -, Ml Sobre este problema capital del cambio, Iéase J, Meverson, Les fonc- tions psychotogiques et tes oeuvres, Paris, 1948, pp. 119-149, y sus importantes articulos, en panicular, «Discontinuités et cheminements autonomes dans l'histoire de 'esprits, Journal Psychol, [948, pp. 273-289; «Thémes nouveaux de psychologie objectlve: |"historre, la cunstruction, la structure», Journal Psy- chol., 1954, pp, 3-19; Problémes dihistocre psychologique des oeuvres. spécifi- cité, vanation, expénence, Mélanges Lucien Febvre, Paris, 1954, pp. 207-218. Sobre los problemas del cambio ¥ de la estructura, v¢anse las observaciones de CI. Lew-Srrauss, Les limites de la notion de structure en ethnologie dans Sens et usages du’ terme Structure, Mouton & Co, La Haya, 1962, pagi- nas 40.45, y las reflexiones de J. PIAGET, Genese ef structure en psychologie de Vintelligence dans Entretiens sur les notons de «geneser et de «structures, Mouton & Co, La Haya-Parls, 1964. "2 Querria sefialar aqui el caracter ejemplar de la obra de L. GEANet y la importancia, entre otros, de los admirables estudios «Droit et prédroil en Gré- ce anciennes, L’année soctol, 3." serie (1948-1949), Parfs, 1951, pp. 21-119. También desearia afiadir, en homenaje a la memoria de este gran helenista que, desde el comienzo (en 1960), L. GERNET me habla confirmado el interés de esla nocion de dir@na, en un momento en que yo no podia sino entreverla. (Cir. el bres isimo articulo «La notion my thique d’Aatfuas, Revue 61. precques, {. LXXIII, 1960, pp. 27-35.) Pero es con Jean-Pierre VEKNANT con quien he contraido la mayor deuda de reconocimiento Durante tres afios de «conversa- cién» me ha dado tanto y tan gratuitamente, que temo haberle oldo demasiado y ser impotente para distinguit su parie de [a mla. Le agradezco aqu{ muy amigablemente su generosidad. En Picrre Vipat-NaoueT he encontrado un 19 terreno ideal para plantear, por una parte, el problema origenes religiosos de ciertos esquemas conceptuales de la pi mera filosofia, poniende per eso en evidencia un aspecto. del tipo de hombre qué el filésofo inaugura en la ciudad griegay por otra parte, extraer de los aspectos mismos de continuidad,- que tejen la trama que va desde el pensamiento religioso al pensamiento filoséfico, los cambios de significado y las ruptu- ras légicas que diferencian radicalmente Ias dos formas de pensamiento, critico severo pero amistaso. sus observaciones, sus sugerencias me han sido preciosas (Paris, enero 1965). P. S—Salvo muy raras excepciones, las llamadas a las publicaciones mo- dernas han sido interrumpidas en enero 1965. Cfr., no obstante, una puesta a punto. infra, en e] Post.scriptum de la p. 147 M. PapatHoMopoutos (CNRS) me a ayudado a leer las pruebas’ gracias a su discernimiento, ha mejorado a me- nudo la presentacién de estas paginas 20 : : CAPITULO IT LA MEMORIA DEL POETA ‘ada por el poeta al comienzo de un canto, la Musa! de- - a conocer los acontecimientes del pasado% «¥ decidme “ahora; Musas, que habitdis el Olimpo —pues sois vosotras, liogas, por doquiera presentes, y que todo lo sabéis, mientras qu nosotros no oimos mas que un ruido y nada sabemos—, lecidme, cudles eran los caudillas, los jefes de los Danaos. A Ja muchedumbre no podria enumerarla ni nombrarla aunque tuviese diez lenguas, diez bocas, una voz infatigable y un cora- _26n de bronce en mi pecho, a menos que las hijas de Zeus que 3 dn oe das ' Mucho se ha escrito sobre las Musas, su significacién rehiglosa, su Ju- fr en el pensatmiento pottico. Bastenos citar a: 1.°, M. Maver, 5.v. Musal, R-E. 963), ¢. 680-757, que reune y organiza un rico material; K Makot, «Die An- nn der griechischen Literature, Ungarische Akademie der Wissenschaften, 1960, pp. 19-105, uno de Jos mAs importantes trabajos aparecidos recientemen- te. Entre las demas contribucianes recientes settalemos William W. MIXTON, «Homer's Invocations of the Muses: Traditional Patterns, Trans. Proceed », Amer. Philof, Assac,, t. 9f, 1960, pp. 292-309; «Invocation and Catalogue in He- siod and Homer. , £93, 1962, pp. 188-212; S ACCAME, «L‘Invocazione alla Musa e Ia Veritd in Omeroe in Esiodo», Riv fil istruz. class, 1963, pp 257-281 y pp 385.415. 2 Con seguridad, no es un «pasado histérico» Los héraes de Homero se sitéan en un tiempo original, un tiempo poélico. Cfr. las observaciones de Pierre Vinat-NaouET, eHomére et Ie monde mycénien. A propos d'un livt cent et d'une polémique ancienne», Annales. Economies, Socétés. Civilisations, 1963, pp. 703-719 (en particular pp. 716-717), No obstante, hay que afiadir que en este tempo poético no toda perspectiva «histdérica» esta ausente, M. TREU, Von Homer zur Lyrik, Munich, 1955, p. 33 y ss. y p. 126 y ss., ha insistido sobre la amportancia de los dvépts mpdnpor como modelos de los héroes homeéri- cos. Leer las reflexiones de M. L FINLEY, Myth, Memory and History, History and Theory. Studies in she Phitosophy of History, t IV, 1965, pp. 261-302, «The Trojan War», Journ of Helleruc Studies, t. LAXXTIV, 1964, pp. 1-9. 21 leva la Egida, las Musas del Olimpo, no recordasen (pvnoaiad’) a aquellos que Ilegaron a Iliéne*, La palabra del poeta tal y como se desarrolla en la actividad poética, es solidaria de dos nociones complementarias: la Musa y la Memoria. Estas dos potencias religiosas dibujan la configuracién general que con- jere a la Alétheia poética su significacion real y profunda. ¢Cual es el significado de la Musa? ;Cual es la Funcién de Ja Memoria? A menudo ha sido advertida, en el pantedn grie- go, Ja presencia de divinidades que llevan el nombre de senti- mientos, pasiones, actitudes mentales, cualidades intelec- tuales, etc. Mozisa es una de esas potencias religiosas que sobrepasan al hombre «en el mismo momento en que éste siente interiormente su presencia»®. En efecto, por la misma razon que la mésts, facultad intelectual, responde a Métis, es- posa de Zeus, y témis, que es una nocién social, responde a la gran Thémis, otra esposa de Zeus, un nombre comun podea co- tresponde, en el plano profano, a la Musa del pantedn griego. Numerosos testimonios de Ja época cldsica nos permiten pen- sar que povea, en su acepeion no vulgar, quiere decir la palabra cantada, la palabra ritmada’. Este doble valor de potoa —nom- 3 Sm duda el griego no distingue, como lo hacemos nosotros, entre sacordarses y «mencionars —pyvisre significa constantemente lo uno y Io olro (como !o observa E Benveniste, «Formes et sens de pviquate. Fesischnft A. Debrumer, Berna, 1954, p. 16}, pero la retacién gencalégica, es decir, estructural, de la Musa y de la Memoria nos autoriza a acenturar e] sentido de eacordarse> en pvrouiad™. 4 tL, IL 484 ss., edicién traducida P. Mazon. 5 Las paginas que siguen tntentan esencialmente definir el sisterna de las representaciones potticas (disponemos ahora de la excelente recopilacién de G LAnaTa, Poetica pre-platonica Testimonianze e Framment, »Biblioteca di Studi Superiori», vol. XLIIL, Florencia, 1963): no pueden coninbuir sino de forma indirecta a una sociologla de la poesia antigua. Sobre ésta, sus medios, sus IImmles, véase el ensayo de F Lasserre, La Condition du poéte dans ta Gré- ce antiques, «Etudes de Lettres», 1. V, 1962, p. 3-28, A pesar de su titulo Poetry and Society (matizado por el subtitulo: The Role of Poetry in Ancient Greece}, la obra de B. SNELL (publicada en Bloomington, 1961) es muy poco socioldgica. © Cfr J-P VERNANT, «Aspects mythiques de la Mémoire en Gréces, Journ. de Psychol, 1959, p Ly #8. que ciiael ejemplo de Eros. de aidas de Phobos, de Pistis, de Até, de Lyssa, etc. {Mythe et Pensée chez les Grecs. Etudes de psycholo gie historgue, Paris, F Maspero, 1965, p 52 y ss. En las notas siguientes, esta obra serd citada con las sniciales: M. P) 7 Himno hom. Hermés, 447 palabra cantada que calma las preocupa: ciones ineluctables (hotca dymavioy ucktbdwuvy), Eso,, Eum, 308: canto de horror (uoisx etvrepdv), Supl, 695. pradosos acentos de los acdos (eignuov... potsay}, Pino, Nent., III, 28. cantar por Ajax (uotoay géptw), lo que puede también leerse Moisay gipew, ya que los dos valores coexisten muy a menudo; Eun., Fe. nic, 50: cantos de. la Esfinge (notoa Spiryds); Feruc., 788 cantar un aria (yihry yobaav}; Sor., Trag., 643: divinos cantus de Ia flauta; PLat.. Leyes, 829 D. compo- sicion poetica no aprobada (é5éxyov podear). Cir. también Repiibhca, 411 C, 548 By; Evr., Alcestes, 962 recorrer e] campo de las palabras cantadas Gib 22 min y fuerza divina— déjase captar particularmente “bien en un «discurso antiguow (nahmds transmitido por Filén de Alejandria: «CAntase un viejo relato, imaginado por los gabics y transmitide de memoria como tantos otros, de ge- “peracién en generaci6n... Es como sigue: Cuando el Creador hubo acabado el mundo entero, pregunté a uno de Jos profetas si- habria deseado que de entre todas aquellas cosas que habjan nacido sobre la tierra alguna no existiera. Respondiéle el otro que todas eran absolutamente perfectas y completas, y que solamente una all{ faltaba, la palabra laudatoria (tov dxawéryy... Adyov)... El Padre de Todo escuché este discurso y habiéndolo aprobado creé sin dilaci6n el Jinaje de las cantoras llenas de armonias, nacidas de una de las potencias que le ro- deaban, la Virgen Memoria (Mviur), a la que el vulgo, aJteran- do e] nombre, llama Muernosyné»®. Dase entre las Musas y la «palabra cantada» —especificada aqui como «Palabra de ala- banza»—- una estrecha solidaridad, solidaridad que affirmase avin mas netamente en los muy explfcitos nombres que portan las hijas de Memoria, ya que toda una teologia de la palabra cantada se desarrolla en ellos’: Clio, por ejemplo, connota la gloria (Ago), la gloria de las grandes hazafias que el poeta transmite a las generaciones futuras; Talia hace alusién a la fiesta (@@e»), condicidn social de Ia creaci6n poética; Melpd- mene y Terpsicore despiertan ambas las imagenes de la misi- ca y de la danza. Otras, asf Polimnia y Caliope, expresan la rica diversidad de la palabra cantada y la voz potente que da yida a los poemas. Las epiclesis mas antiguas de las Musas son asimismo reveladoras: mucho tiempo antes de Hesijodo, Jas Musas existian en numero de tres, Eran veneradas en un santuario muy antiguo, situado en el Helicén, y [lamabanse povoag; PIND.. Pit, V, 65; ofrecer la palabra cantada o la Musa (biSwo. poicay 0 Moloav), Evr., Jon, 757: palabra lulada (uotca); AnisTOF , Nudes, 313, (yodsa @odoy); Eur , Antiope, {r. 184 N2; Sor., fr 162 N2; AcaTuon, fr 2 N.2; Eur., Pala- medes, fr. 588 N2; Ant. Palat, V, 139, 5; PLut., Erot, p. 789 B; Banquere Sicte Sabios, p. 156 D, (Musa y Logos). Sabre Ia Mai lacénica, especie de canto mezclado con palabras, clr. K. MT. CHRIMES, Ancient Sparta?, Manchester, 1952. p 119 y ss. Laetimologia «atomusta» de Mosca ha dado lugar a varias 1n- terpretaciones de las que se encontrard una relacién breve en A. Seri, «La Memoria e il canto. Saggio di poetica arcaica greca», Studi ital. filologra classt- ca, t. XXX, 1958, pp 129-130, n 1. y una discusion en K, Maror, Die Anfange der griechischen Ltteratur, 1960, p. 66 y ss. FiLon, De Plantatione, 30, § 126, t. IL p. 158, ed P. Wendland. Nosotros sepuimos Ja traduccién de F. CuMONT, «Un mythe pythagoricien chez Posidonius et Philons, Rev. Phifol, t 43, 1919, p 79. Cfr_igualmente P. Bovance, «Les Mu- ses et I"harmonie des spheres, Melanges F. Grat, I, 1946, p. 16 y ss 9 Es lo que ha observado, por ejemplo, B. SNELL, Die Entdeckung des Geistes}, Hamburga, 1955, p 66 y ss.; Die Welt der Gotter bei Hesiod, La notion du divin depuis Homére jusqu’a Paton, Vandoeuvres-Ginebra, 1952, p. 9B y ss- 23 Meleté, Mnemé y Aoidé'®, cada una de ellas portaba el nombre. de un aspecto esencial de la Funcién poética. Meleté'* designa_ la disciplina indispensable para el aprendizaje del méster dé aedo: es la atencién, la concentracién, el ejercicio meéntal;: Mnemé es el nombre de la funcién psicolégica que permite la recitacién y la improvisacién; Aoide' es el producto, el canto épico, el poerna acabado, término ultimo de la Meleté y de la Mnemeé. Otras nomenclaturas han sido también atestiguadas. Cicerén refiere una donde las Musas son en numero de cuatro: Arché, Meleté, Aoidé y Thelxintoé. Dos de ellas desarrotlan as- pectos inédiios: Arché es el principio, el original, pues la pa- labra del poeta busca como descubrir lo original, la realidad primordial". Thelxinoé es la seduccién del espiritu, el encan- tamiento que la palabra cantada ejerce sobre el otro'5. Todos Jos epitetos de la Musa, a iravés de los cuales se desarrolla una auiéntica teologia de Ia palabra, testimonian, pues, la im- portancia, en los medios de aedos y poetas inspirados, de la equivalencia entre !a Musa y !a nocién de «palabra cantada»"*. . La palabra cantada es, sin embargo, inseparable de la Memoria: en la tradicién hesiddica, las Musas son hijas de. 10 Pacs , IX, 29, 2-3, Véase a propésito de esta tradicién el estudio de B, VAN GRONINGEN, «Les trois Muses del'Hélicone, L’Ant, class. 1948, pp. 287-296, que da razones para pensar que la tradicién de Pausanlas se remonta a una época anterior a Aristételes. 1 Sobre los valores de Meleté y ta suerte de Ja nocién en tos medios filo- séfico-religiosos, cfr. J.-P. VERAANT, «Le Neuve Ameélés et la Mélé1é Thanatous, Rev. Philosoph., 1960, pp. 163179 (= M P., pp. 78:94). 12 B.A VAN GRONINGEN, op. cif, p. 290; #No puede tratarse, en principlo, mas que de técnicas rapsdédicas (para las cuales deibuw es el término Lécnico por excelencia) x, si acaso, de canto monddico, es decir, de epopeya heroica o didactica y de lirismo de) género de Anacreonte y de Safo». Se observard (como J Labarde nos lo ha hecho advertir) que estas tres epiclesis antiguas abarcan bastante bien los tres aspectos de ta funcion pottica en ta teorfa de S J. Suys-Reitsma (Het homerische Epos als orale Schepping van een dich- terhetairie, Amsterdam, 1955. Cfr. J. Lagarbe y A. SEVERYNS, «La pagsle homé- rique», La Table Ronde, diciembre 1958, p. 72). funcién de organizacién, fun- cidn de conservacion, funcién creadora. 13 Ciceron, De natura deorum, Ill, 54 ed. Pease, t. UL 1958, pp. 1100-1101, 14 Cr, J.P, VERNANT, «Aspects mythiques de la mémoire en Gréce», Journ Psych., 1959, p. 7 (= M. P., p. 57) \S’ Cfr.. por ejemplo, A. Sertt, eLa memoria ¢ il canto, Saggio di poetica ar- caica grecar, Stud: ital, filol. class., 1958, p. 161 y ss. '6"Las Musas han debido gozar de un culto desde una época muy lejana entre los aedos, aunque los testimonios epigraficos (DrTreNBERGER, Sylloge3, 457, 1117) y arqueoldgicos (cfr. G. Roux, «Le Val des Muses et les Musées chez les auteurs anciens, Bull. Corresp. Hellén, 1. 78, 1954, pp. 22-48) sean mas bien tardios, Cfr tas observaciones de Fiewn, s.v. Thespeia, R-E (1936), c. 45 yoo de M. Maver, sv Musat, R-E. (1933), c 696 y ss. Sobre el «culto a las lusas en [os fildsofos griegos», véanse las mvestigaciones de P Bovance, Paris, 1936 24 EMnemosyné”; en Chios portan el nombre de «remembranzas» (jietn)#® 'y también son ellas quienes hacen que el poeta «se vacue rdea™, *¢Cual es la significacién de la memoria? ¢Cudles ?Son sus relaciones con la palabra cantada? En primer lugar, el {@Statuto religioso de la memoria, su culto en los medios de édos® y su importancia en el pensamiento poético, no pue- deri comprenderse si no tenemos en cuenta que, del siglo xu al siglo 1X, la civilizacién griega no va a fundirse en la tradicié6n escrita, sino en Jas tradiciones orales. é memoria era ne- cesaria en aquellos tiempos! jQué de indicaciones dabanse sobre los medios de identificar los Iugares, sobre los momen- tos propicios para las empresas, a propésiio de los sacrificios que habfan de hacerse a las dioses... sobre los monumentos a fos héroes, cuyos emplazamientos permanecian secretos y muy dificiles de encontrar en regiones tan alejadas de Grecia». Una civilizacién oral exige un desarrollo de Ja me- moria¥, necesita la puesta a punto de técnicas de memoria muy precisas. La poesfa oral, de la que son resultado la Iffada y.la Odisea, no puede ser imaginada sin postular una auténtica mnemotecnia»», Las investigaciones de Milmann Parry y sus pigonos*™, han aclarado con creces los procedimientos de eM Cfr, Hes., Teogonia, 54 y ss., 135, 915 y ss., ed trad, P, Mazon y los tex- tos citados por S. Errnem, s.v. Mnemosyne, R-E (1932), . 2265 y ss. El articulo de B. SNELL, «Mnemosyne in der frubgriechischen Dichtungs, Archiv fir Begrifisgeschichte, t. IX, Bonn, 1964, pp. 19-21, es demasiado conciso. “18 PLoy., Quaest. conviv., IX, 14, p. 743 D. Cfr. Wamowrtz, Der Glaube der Hellenen, 1, Berlin, 193t, p 251. Sobre pvsia-yviun, cfr. SOF., fr. 96 NZ. ~ 49 Cfr. fl, I, 492, y PIND., Nemtea I, 12: Moloa pepviabar pidel Pero, ob+ servémoslo ya, las Musas pueden también «hacer olvidars, es decir, quitar la memortfa al poeta que la ha recibido, sl es indigno de etla (cfr. #1, IL, 599-600: OOabev), tanlo como, por otra parte, verter el olvido mediante sus cantos (véase infra, p. 79 y ss.). 20 Mnemosyné es la «reina de las laderas de Eleutera» (Hes., Teogonia,, 54, ed. P. Mazon. Cfr. la nota preliminar en la p 7 de su edicion, Paris, 1951). Sobre los aspectos de su culto, cfr. S. Ermem, sv. Mnemosyne, R.-E. (1932). ©, 2267-2269, 21 PLUT., De Pythiae oraculis, p 407 F. Clr. Orphicorum fragmenta, Ir. 297 ¢, ed, 0, Kern (sobre ef pape! conservador de la memoria en la historia de la ci- vilizactén}, y tos textos citados por F. ViaN, Les ongines de Thebes Cadmos et les Spartes, Paris, 1963, p. 106, G. Dumezit, Myihes et dieux des Germains, Pa- ris, 1939, pp. 5.6, ha destacado la importancia, en ta sociedad indoeuropea, de los ¢1 pos sacerdotales, encargados de conservar en la memoria «un corpus ideal de muitos, de rituales, de vocablos y de eapresiones sagradas». 22 Sobre los problemas de la tradicion oral, véase cl ensayo de J. VANSIKA, De la tradition orale, Essai de methode historique, Tervuren, Annales, Sciences humanines, n.° 36, 1961, y las observaciones de H Monto, «Les vies de Vhis- toide de l'Afrique. la tradition oralee, Annales. ESC, 1964, pp 1182-1194. 2) Cfr, James. A. NoToPouLos, «Mnemosyne in Oral Literatare», Trans, Amer. Philol Assoc, t. 69, 1938, p. 465 y ss. 4 A propésito de los problemas formutanos, pueden encontrarse indica ciones generales sobre los temas fundamentales en J. LanaRse, L'Homere de 25 composicién de los poetas, mediante el andlisis de la técnica formularia: los aedos, en efecto, creaban a viva voz, «pero naa través de palabras, sino mediante fénnulas, mediante grupos de palabras construidos de anteano, preparados para engra- narse en el hex4metro dactilico»®, Tras Ia inspiracién po¢tica adivinase un lento adiestramiento de la memoria. Los poemas homéricos ofrecen, por otra parte, ejemplos de estos ejerci- cios «mnemotécnicos», que debian asegurar a los jévenes aedos el dominio de la ardua técnica poética**: son los pasajes conocidos bajo el nombre de «catdlogos». Hay un catdlogo de los mejores guerreros aqueos, otro de Jos mejores caballos. El catalogo de los ejércitos griego y troyano, por ejemplo, ocupa la mitad det segundo canto de la Iliada, es decir, cuatrocien- tos versos que representan para un recilante una auténtica proeza. Pero, ces la memoria de los poetas una funcién psicoldgica orientada como la nuestra? Las investigaciones de J.-P. Ver- nant”? nos permiten afirmar que la memoria divinizada de los griegos no responde en modo alguno a los mismos fines que la nuestra; no tiende, en absoluto, a reconstruir el pasado segun una perspectiva temporal. La memoria sacralizada es, en primer lugar, un privilegio de determinados grupos de hombres constituidos en hermandades: como tal, se diferencia radicalmente de} poder de acordarse de los otros individuos. En estos medios de poctas inspirados, Ja memoria es una om- nisciencia de cardcter adivinatorio; definese, como el saber méntico, por la f6rmula: «lo que es, lo que serd, lo que fue»”®, Platon, Lieja, 1949, p.16y ss., y en H FRAENKEL, Dichtung und philosophie des fnilten Griecheniums?, Munich, 1962, p. 30 y ss, Sobre los problemas lilerarios de fa composicidn oral halla: emos lo altima del tema en G. §. Kirk, The Songs of Homer, Cambridge, 1962, p 55 y ss, que discute notablemente las tesis A.B toro, The Singer of Tales, Cambridge, 1960. 1S J, LABARBE, op, cil. p 16. 26 Cfr JP. VERNAKT, «Aspects mythiques de la Mémoire en Grece», Journ Psych, 1959, p Sy ss.(= MP. p 55¥5 27° Cf, J.P VERNANT, art. cit, pp. 1-29(= M P., 5)-78). No podemos seguir a A. Settt, «La memoria e il canto», Study tial di filologia classica, 1958, pd- ginus 130-571, cuando habla de memoria «historica», como tampoco podemos aceptar las observactones de S. Accame, «L Invocazionc alla Musa e la Verita in Omero ¢ in Esiodo», Riv. filol istruz. class, 1963, pp 257-281; pp. 385-415, subre una pretendida everdad histérica» (ransmitida por la poesia Tampoco estamos de acuerdo con la tesis central de sus dos ultimos articulos. A propé- sito de algunos aspectos miticos de la memoria en la India, cfr las muy breves ubsenacianes de M_ ELIADE, «Mythologies of memory and Forgelling», History of Religions, t. II, 1963, p. 329 y ss (lomado de nuevo en Aspects du Mythe, tr. fr, Paris, 1963, p 1425 ss) 28 JT, 1, 70; HEsiopo. Teogora 32 y 38. Sobre este ipo de poeta-~ idente, seanse las clasicas paginas de F. M. CorxrorD, Principium Sapienisae. The ori- gins of Greek Plulasophncal Thought, Cambridge, 1952, p. 62 y ss. 26 te su memoria, el poeta accede directamente, a través a visién personal, a los acontecimientos que evoca; tiene vilegio de ponerse en contacto con el otro mundo, Su me- ja le permite «descifrar lo invisible». La memoria no es so- amente, pues, el soporte material de la palabra cantada, la i6n psicolégica.en que se apoya la técnica formularia, es también, y sobre todo, la potencia religiosa que confiere al verbo poético el estatuto de palabra mégico-religiosa”®, En -efecto: la palabra cantada, pronunciada por un poeta dotado con.un don de videncia, es una palabra eficaz; instituye por ; virtud propia un mundo simbdlico-religioso que es lo real mis- “mo, ¢Cual es, desde entonces, la Funcién del poeta? ¢Con qué fines utiliza su don de videncia? ¢Cuales son los registros de la palabra cantada, inserta en la memoria? ¢CuAl es, en estos _registros, el lugar y el valor de Alétheia? “>. Tradicionalmente, la funcién del poeta es doble: «celebrar a los Inmortales y celebrar las hazanas de Jos hombres intré- pidos»™, El ejemplo de Hermes puede ilustrar el primer re- gistro; «Elevando la voz, tafendo armoniosamente la citara, cliyo amable canto le acompafiaba, realizé (xpalvev)!, mediante us alabanzas a los Dioses Inmortales y a la Tierra tenebrosa; : deefa lo que en un principio fueron y qué atributos recibié ca- , da uno de ellos en el reparto...»*2, Nos situamos en el plano de “Jos mitos de aparicién y ordenamiento, de las cosmogontas, de las teogonfas. Pero al lado de las historias divinas, existe tam- bién en toda la tradicién griega una palabra que celebra las hazafias individuales de los guerreros. El primer hecho no table es, pues, la dualidad de fa poesfa: a la vez palabra que ce- Jebra la hazafia humana y palabra que cuenta la historia de Jos dioses. Este doble registro de la palabra cantada puede 29 Cr. infra, p. $9 y ss., donde estudiamos los rasgos csenciales de este ti po de palabra, comtin al poeta, al adivino y al rey de Justicia 0 Teocrio, XVI, 2.* ed,, Legrand. Es el doble registro del pueta de tipo hesiédico: Hes , Teogonta, 100-101 3 Sobre los valores de xza'vevy, cfr infra, pp 61-67 2 Himno homérica a Hermes, 425 y ss. 33 Es Ja interpretacién defendida desde 1955 por L R Patmer, Achacans and Indo-Europeans, Oxford, 1955. Sabemos que ha sido somctida a Ja critica, por cjemplo.. por D L Pacé, History and the homenc iad, Berkcley and Los Angeles, 1963 (publicado cn 1959 en las Sather Classical Lectures), p. 183 y ss. Cfr. G. §. Kirk, The Songs of Homer, ‘Cambndge, 1962, pp 29 y 36 y ss. y A Yosupa, «Survivance de la tripartition fonctionnelle en Gréce», RHR, 1964, pp. 21-38. 4 En su contribucién al volumen colectivo Problemes de la guerre en Gre- ce anctenne, «Bibliotéque de | Ecole des Hautes Etudes» (VI seccién), Paris, 1967, M. LeseuNE ha tnsistido sobre la excepcional mportancia de las tablillas de la sene Sc de Knossos. unos 140 «caballeros> reciben de la administracién palatina armaduras, carros y caballos. 27 aclararse si lo ponemos en relacién con un rasgo fundamental de la organizacién de la sociedad micénica. Parece™, en efec- to, que el sistema palatino estaba dominado por un personaje real, encargado de las funciones religiosas, econémicas’ y politicas, y que, junto al rey todopoderoso, habia un «jefe del Laos», que mandaba sobre los hombres especializados en el oficio de las armas™. En este Estado centralizado, el grupo de los guerreros constituia una casta privilegiada con un estatuto particular’, Si el segundo registro de la palabra se correspon- de perfectamente con este grupo social especializado en las actividades guerreras, ¢qué relacién puede darse entre las teogonias y el personaje real? Las investigaciones sobre la prehistoria de las teogonias griegas permiten responder a esta pregunta™, En efecto, si Hesiodo ha sido considerado largo tiempo como el primer testigo de una literatura teogénica, no se nos ofrece ya mas que como la ultima prolongacién de un largo linaje de relatos sobre los que los testimonios orientales, hititas y tenicios permiten arrojar alguna luz. El combate de Zeus contra los Titanes y la batalla contra Tifeo han sugerido a F. M. Comford valiosas comparaciones con las teogonias de Babilonia y, mds en particular, con el combate de Marduk con- tra Tiamat*”, La comparacién se nos revela bastante instructi- va, pues Babilonia ofrece ejemplo de una civilizacién en la que el relato mitico est4 todavia vivo, en donde se articula estre- chamente con un ritural, Todos los afios, el cuarto dfa de la fies- ta real de la Creacién del Afio Nuevo, el rey mimaba el comba- te ritual que repetfa la hazaita Ilevada a cabo por Marduk contra Tiamat. Al mismo tiempo que se desarroflaba el ritual, recitabase el poema de la Creacién, el Enuma Elis. Ahora bien, J.-P. Vernant ha podido mostrar que, en las cosmogonfas y en Jas teogonias griegas, la ordenacién del mundo era inse- parable de los mitos de soberania”®, y que los mitos de apari- cién, al tiempo que contaban la historia de las generaciones divinas, situaban en primer plano el papel determinante de un rey divino, el cual, tras numerosas luchas, triunfa de sus ene- migos e instaura definitivamente el orden en el Cosmos. Sin duda, el poema de Hesfodo, principal testigo en Grecia de este tipo de relato, sefiala precisamente su decadencia, pues se trata de una obra escrita 0, al menos, dictada, y no ya de un relato 35 Para Jas instituciones militares del mundo homerico sigue siendo esen- cial la obra de H JeanmainE, Couroi et Couretes, Lille, t939 36 Lo ultimo sobre el tema podrd encontrarse en H. ScHwaBl, sv Welt- Schopfung R E. (1962). Suppl. Band, IX, ¢. 1433 y 85 7 Cir F.M CornForD, Principiton Sapientiae. The ongins of Greek Philo- sophical Thought, Cambridge, 1952. 38 J.-P, Veraanr, Les ongines de la pensée grecque, Paris, 962, p. 102 y ss. 28 ‘Srak pronunciado con ocasién de una fiesta ritual. No obstante, Paavamos en Ja persona de Hesfodo al tinico y ultimo testigo ‘de alabra cantada consagrada a Ia alabanza del persona- je real, en una sociedad centrada en Ja soberani{a, tal] y como dé ello parece ofrecernas un ejemplo Ia civilizacién micénica, Dé nuevo, este personaje real no es sino Zeus™. A este nivel, el poeta es ante todo un «funcionario de la soberania»“°: recitan- dg el mito de aparicién, colabora directamente en Ia ordena- ‘cién del mundo”. En el poema de Hesiodo es donde queda atestiguada la mas antigua representacion de una Alétheia poética y reli- giosa. ¢Cual es, en efecto, la funcién de las Musas, segun los términos de la teologia de la palabra que se desarrolla en la Teogonta? Reivindican las Musas con orgullo el privilegio de «decir la verdad» (GAnféa ynpisxofat)*. Esta Aletheia cobra todo sy sentido en su relacién con la Musa y la Memoria; en efecto, las Musas son las que «dicen lo que es, lo que ser4, lo que fise»“?; son las palabras de la Memoria. Tan sélo el contexto de Ta Teogonia induce, pues, a indicar la estrecha solidaridad de Aletheia y Memoria e, incluso, invita a no reconocer en estas a # Las observaciones hipotéticas que desarrotlamos de esta forma son tri- butarias de los trabajos que, como los de Webster, han intentado mostrar, en el plano podtica, deterraunadas lineas de continuidad que van de Micenas a Ho- mero. No obstante. en conjunto, las conclusiones de M. I. Ftnvey (Historia, 1957, pp. 133-159) sobre ta ruptura entre Micenas y Homero, en el orden de lo econémico y de lo politico, nos parecen ampliamente fundadas, =¢ % Funcién gee desaparece con la soberanla, de la que Hesfodo ya no con- Serva el recuerdo. Cuando Pixpako, P/t, M1, 13-14, escribe: «Cada soberano tlene su poeta, que compone para él ef himno armonioso, recompensa de su virtude, no es sino una modalidad del tera «f¢8).bv alvelve. Sobre el poeta «fun- cionario de la Soberanfas, véanse las clésicas paginas de G DumeEziL, Servius et la Fortune, Parle, 1943. p 64y ss. _-_ 40 Hace ya tlempo que algunos han emitido la hipétesis de una poesia mi- notca; mds recienternente, T. B L. WessTER (La Gréce de Mycénes & Homere [tr. fr} Parts 1962, p. 96 y ss Cfr. A J Evans, «The Minoan and Mycenaean Ele- ment in Hellenic Lifes, Journ, Hell. Stud, 1912, p 277 y ss.) no dudaba al hablar de una tradicién poética micénica. No hay menos razones para postular respecto a Ja poes{a teog6nica, respecto a Hesiodo, lo que algunos postulan pa- ra la poesfa épica, para Homero. No es consecuente, en modo alguno inverosimil, que sea posible trasladar a la civilizacién micénica los caracteres tradicionales de la poes(a religiosa y, en primer lugar, el upo de palabra méagico-religiosa fundada en la memoria. El uso de la escritura en la sociedad micénica no es obstaculo para un estatuto privilegiads de !a memoria; en efec- lo, la escritura parece haber sido en ella e! privilegio de una clase de escribas, de origen cretense sin duda; ademas, parece haber sido reservada a labores administrativas a causa de un imperfecto sistema de notacién, no habria podi- do responder a empencias de publicidad y fundar una civilizacién de lo escrito (cfr. Cl. Preacx, «Du linéaire B créto-mycénien aux ostraca grecs d’Egypic», Chronique ‘Egypte, t. 34. 1959, p. 79-85). 42 Hes. Teog., 28. 43 Hes. Teog., 32 y 3B. 29 dos potencias mas que a una sola y misma representacién. Sin embargo, ser4 solamente colocando en su lugar las nociones que dominan el segundo registro del poeta c6émo la Alétheia de Hesiodo cobrard toda su significacién, . El segundo registro de la palabra poética est4 enteramente consagrado a Ia alabanza de Jas hazafas guerreras. Si el fun- cionamiento de este tipo de palabra cantada no nos ha sido di- rectamente atestiguado por la civilizacién micénica, podemos facilmente representarnoslo observando una sociedad griega arcaica como la antigua Esparia, dominada totalmente por el grupo de guerreros, rendida por entero a los trabajos de la uerra, Dos potencias termbles son ley en la antigua Esparta: fa Alabanza y la Desaprobacion™, Esta sociedad, que ha plan- teado el principio de igualdad entre todos los ciudadanos, no conoce otra distincién que la que se deduce del elogio y de la critica. Cada uno ejerce en ella un derecho de fiscalizacién sobre el otro, y, reciprocamente, siéntese cada uno bajo la mi- rada del otro®. Este derecho de fiscalizacién se ejerce en to- dos los niveles del cuerpo social: en determinadas fiestas, co- mo las Parteneas, tenian las jévenes el privilegio de lanzar burlas a los jévenes que habian cometido alguna falta; por el contrario, cuando eran dignos de ello, hacian largo tiempo su elogio publico*. Fortalecidos con la autoridad que les con- feria una sociedad organizada segin el principio de clases por edad, los ancianos, que pasaban gran parte de la jornada en la «sala de conversaciones», consagraban lo mejor de su tiempo al elogio de las buenas acciones y a la critica de las malas”. En una sociedad agonistica, que valora la excelencia del guerrero, el dominio reservado a Ja Alabanza y a la Des- aprobacién no es mds que el de los hechos de armas. En este plano fundamental, el poeta es el arbitro supremo; no es ya, en este momento, Funcionario de la soberania; est4 al servicio 4 Puut, Lye, VEIL 34; XXVI1, 6. Los poemas recitados en Esparta eran las mas de las veces consagrados al «elogio de aquellos que habian muerto por Esparta, de los que se exaltaba su dicha, y a la critica de los cobardes, de los que se lamentaba su vida deplorable y desgraciadas (PULT., Lye, XX1, 2 inane y ayo). La alabanza y la desaprobacion desempeiian un papel capital en los Preambulos des Lois de Carondas y de Zaleucus (clr A. DETTE, Essai sur la politique pythagoncicnne Lieja Paris, 1922, p. 184 y ss.), como en las Leyes de Platon (Leves, 829 C-E, 855 A, 870 A, etc ), es decir, en sus obras arcayzanics y edorizantes» #5 La rama de la mirada en una sociedad igualitaria como Esparta es mucho mds apremiante que la censura de la «boca de la ciudad: en determina: da monarquia oriental (cfr. JR. Kurper, «L Opimon publique de Maris, Rev. d'Assyr er d’Arch Orient, t LVIII, 1964, pp 79-82) % Pct, Lyc, XIV,5. 7 Plur, Lye. XXV, 3 (inavely y S6yeuv) 30 ide la comunidad de los «semejantes» y de los «iguates»*, de 9s que tienen en comin el privilegio de ejercer el oficio de las “armas. En una sociedad guerrera como la antigua Esparta, ocupan las Musas, de pleno derecho, un importante lugar. Son ~ honradas a doble titulo, primero como protectoras de los flau- i,tistas, de los liricistas y de fos citaristas, ya que la musica for- : ma parte de la educacién espartana, y las marchas y las car- - gas militares se hacen al son de la flauta y Ia lira. Pero las Musas tienen sobre todo otra funcién fundamental: si antes de cada encuentro los reyes les ofrecen un sacrificio, es para ha- cer recordar a sus «semejantes» los juicios que se dictaran sobre ellos, para alentarlos a desafiar el peligro, a llevar a ca- bo Jas hazafias «dignas de ser celebradas»®, las hazanas que les valdran una «memoria ilustre» (uvipn edyders)** En una sociedad de cardcter agon{stico, puede parecer pa- radéjico que el hombre no se reconozca directamente en sus propios actos. Ahora bien, en la esfera del combate, el guerte- rd aristocratico parece obsesionado por dos valores esenciales, Kléos y Kudos, dos aspectos de la gloria. Kudos es la gloria que ilumina al vencedor; especie de gracia divina, instantanea, Los dioses la conceden a unos y la niegan a otros®. Por el contrario, K/éos es la gloria tal y como se desarrolla de boca en boca, de generacién en generacion. Si Kudos desciende de los dioses, Kiéos asciende Fasta ellos. En ningun momento e} guerrero puede sentirse como agente, como fuente de sus ac- tos; su victoria es puro favor de los dioses, y la hazafha, una vez llevada a cabo, no cobra forma sino a través de [a palabra de alabanza, En definitiva, un hombre vale !o que vale su /o- gos*, Ser4n los maestros de Ia Alabanza, los sirvientes de las 48 Cfr. sobre les Aarons, los testimonios recopilades por SCHULTHESS. 5 Hoamovoi, R E. (1913), ¢ 2252\ ss 49 Pavs.. IIL 17,5 Sobre los ritmos de las marchas cfr. Pur, Lye. XX04 30 Put., Lye. XX4, 2, Apophi. tacun, 221 A, De cohib ira, 458 E. 5! Piur., Inytit, facon. 238 C 52 Cfr M, GreiNpe, KAEOE, KYAOZ, EYXOE, TIMH, OATIE, AOZA Emme Bedeutungsgeschichiliche Untersuchung des epischen und Ivrschen Sprach- gebrauchs, Tesis, Munich, 1938. p.95\ ss. y los analisis de W LUTHER, Weltan- Sicht und Geisiesleben, Gattungen, 1954, p & y ss. 53 A proposito de xdbos, cfr las observacioncs de H FRANKEL, Dicduang und Philosopne des {ritheu Greckentums?, Munich, 1962, p. 88 yn. 14. 34 Dos ejemplos nos permuen medir la impartancia dela «Teputacions en el mundo guerrero y aristucratico. | °, 1, XX. 203 y ss., donde Eneas dice a Aquiles; »Sabemos cl origen el uno del otro, sabemos quiénes son nuestros pa- rientes. bistanos oir los famosos relatos (zpowdut’ dwovoveys Exta) de los morta: les»; 2.°, ef episodio de la Petite Hiade (A SEVERYAS Le crcle émque dans I'éco le d'Aristarque, Lieja-Paris, 1928, p 330 y ss., a propbsito de fr. 2 Allen), donde la disputa entre Ulises y Ayax por la alribucién de las armas de Aquiles queda zanjada con el elogio que las jvenes troyanas hacen de! primero. 31 Musas, los que decidirdn el valor de un guerrero; ellos son. los que concederdn o negaran la «Memoria», AY ¢Cual es el estatuto de la Alabanza? En el mundo aristocra- tico es, en principio, obligatoria: «Alabad de todo vuestro co- razon, para ser justos, decfa el Anciano del Mar, la hazafia, incluso la de vuestro enemigo»>’, Los poemas de Pindaro y Baquilides muestran el alcance de lo anterior: no son sino elo- gios a Ja fuerza de los brazos, a la riqueza de los reyes, al cora- je de los nobles’. Mas el poeta no prodiga sus alabanzas al primer recién Ilegado. El elogio es aristocrético; «Néstor y Sarpedon, el licio, ambos de gran renombre, han [legado a ser conocidos por nosotros gracias a los armoniasos versos que artistas de genio han compuesto. Son los cantos ilustres los que hacen durar el recuerdo del mérito, pero pocos Ilegardn a obtenerlos»**. Por la potencia de su palabra, el poeta hace de un simple mortal «el igual de un rey»; le confiere el Ser, la Realidad; su Alabanza es calificada de &rujog*. Ahora bien, co- mo la Camsa de los hindies®, la palabra del poeta es un arma de dos filos: puede ser buena o mala, «El Elogio roza la De- saprobacién», dice Pindaro®. La alabanza posee un aspecto negativo: «la Maledicencia de insaciables dientes» que tiene el rosto de Mémos*®. El campo de la palabra poética parece estar polarizado por estas dos potenctas religiosas: por un lado Ia Desaprobacién, por el otro la Alabanza, En medio, el joeta, arbitro supremo; «rechazando Ja tenebrosa Desapro- Potion. ofreceré a un amigo, como una onda bienhechora, la alabanza real de su gloria». Si en determinadas tradiciones 53 Acordémonos de las palabras de TiRTEO, fr. 9, | D9: edt av prroalany abs" ly Myo Ssbps ci9tiqy x2. No hay «memoria», no hay logos. Toda la gloria del guerrero esta orientada hacia esta gloria cantada, es- ta buena memoria: «No concibo morir sin lucha o sin gloria, ni sin alguna ha- zaha cuyo relato no tIcgue a los hombres que aun han de venir» (/l, XXI, 304 305). La declaracién de Héctor tiene un valor ejemplar, cfr PIND., Pit, [V, 185 y 88. Cualquier guerrera va a la guerra «por miedo a que el demtos trate con desprecio su buena fama (APoL. Roo, I, 141; 447}. Lo que angustia a los Ary Nautas €$ perecer avdvuyvo xai figavcor (APOL. Rov. 1V, 1306, cfr. 11, 892-893), 57 Pinp., Pit, IX, 95 y ss Nem, IX, 6-7. 38 Pt Nem,, 1, 5-6; IV, 93; V. 19, X1, 17 y ss; Pur, 1, 43, IL, 66-67; dstnr., IN, 7-8; V, 59, 43 ss., 39 PI Pit, Wat IV, 83. VIL, 63; Pit, 1, 68. Sobre este aspecto de la palabra, cfr, 61 Pina, Nes infra, p 59 y ss. #2" Cfr. G. DuMEZIL, Servius et fa Fortune, Paris, 1943, pp 76-77 63 Pina. fr inc, 59ed Puech: uauov tenvog xipvaran, 4 Pinp., Pit, It, 53. . Los datos estan recopilados por TUMPEL, s.v Mémos, Roscher's Lexicon, MH, 2 (1894-1897), ¢. 3117 Cfr_ tambien W Kroit,s v Momtos, R -E (1933), ¢. 42. 6} Pino., Nem, VII, 61-63 32 fa Désaprobacién es palabra malévola, critica positiva, queda Pdefinida’ también, mediante algunos de sus aspectos, como Mina ausencia, como una carencia de Alabanza. Calificado co- ®yid stenebroso»"?, Mémos es, en el pensamiento religioso mas “antiguo, uno de los hijos de Noche, hermano de Lethé®. Res- “pecto a sus afinidades con el Olvido, Ja Desaprobacién es el as- “pecto megativo de la Alabanza: simple doblete de Lethé, definese como el Silencio®. Olvido o Silencio, he ah{ la poten- ‘cla de muerte que se yergue frente a la potencia de vida, Me- “moria, madre de las Musas”, Tras el Elogio y la Desaproba- cién, la pareja fundamental de las potencias antitéticas la constituyen Mnemosyné y Lethé?'. La vida del guerrero se julega entre estos dos polos. Corresponde al maestro de Ala- hana el decidir que un hombre «no sea ocultado tras el velo negro de Ja oscuridad»”* 0 que le hagan fracasar el Silencio y el Olvido”, que su nombre bnille en [a luz resplandeciente”, o que sea definitivamente condenado a las Tinieblas”*. E] campo le la palabra poética se equilibra por la tensién de potencias que se corresponden dos a dos: por un lado, la Noche, el Silen- 6? Snore segiin PIvo., Nem, VIL, 61 (axoruvég déyag Se opone a wAtog xiv. Hey aabsety). 2 68 Hes., Teog,, 214. 3 Desaprobacién } Oh ido estdn unidos: PIND., Olin, IL, 105 y 8s, El Silen clo puede también tener valores altamente positives, por ejemplo, en fa civili- zacion de los Bambara (cfr D. Zanan, La dialectique du verbe chez les Bamba- ra, Parls-La Haya, 1963, pp 149-166) que, a pesar de todo, también reconoce en lun aspecto negalivo. Serlalemos que, en su conclusién (pp. 167-168), D. Zanan llama la atencién sobre determinadas relaciones entre la cultura Bam- bara y =lo que conocemos de Ia Grecia del siglo ul antes de nuestra era, partl- cularmente en lo que concieme a Ja filosofia estoica» Los valores creattvos del Silencio, en ef mundo indoeuropeo, y en particular en la India y en Roma, han sido sacados a Ja luz por Jes andlisis de G. Dumezit. Déesses latines ef mythes | védiques, «Collection Latomus, vol. XXV, Bruselas, 1956, pp. 44-70. En tanto que categoria del pensamiento mitico, ¢] Silencio o el mutisrno, que hace pare- ja con el ruido, ha sido objeto de las investigaciones de Cl. Levi-Strauss, Le Cru et fe Cuit, Paris, 1964. 70 Segun e) testimonio de PLLT., De E. ap Delph, p. 394 A, Lethé y Siopé se Oponen a Mnemosynd y a las Musas, come Jo Brillante (Poipad) a lo Oscuro (Exériog. Mnemosyné esta expuesta a la mirada de Lethé en la « Pequenia Crate- Tas 6rfica, fr. 297 c. Kern. SOF., fr 145 N2, opone Xa6a orvytpd de los Piérides y pvdonog wehiow. 71 Pareja que volveremos a encontrar en diferentes planos (cfr rfra}. 72 Baovi., Ill, 13-14 Snell: «Maxima cs entre los hombres que, cuando una hazafia ha sido IJevada a cabo, no hay que dejarla oculta en el stlencia (yh Xapal oyG xadiga) A ella conviene la divina melodia de elogiosos versos» (Pino , Nem. 1X, 6-7). 7 Pino., [stm, Il, 43-44, IV, 30 y ss; V, 5657; Olim, VII, 92, Nem, VII, 12-43 (oposici6n de Mnemosyne y de axéz0 IX, 6-7, 74 Pino, Pit, VI, 14 y ss., 1X, 89-90; Peans, fr Il, 66 yss,ed Puech 5 Pinp., Olim, 1, 43; VIL, 92, Nem., VII, 12-14: 61; Isun., V, 56. Chr. APoL. Rop., Il, 892-893, 33 cio, el Olvido; por otro, la Luz, la Alabanza, la Memoria, Las hazafias que se silencian mueren: «Olvidadizos son Jos mor- tales de todo lo que en sus ondas no han arrastrado los versos que proporcionan la gloria, de todo lo que no ha hecho flore- cer el supremo arte de los poetas»’s, Sdlo la Palabra de un cantor permite escapar del Silencio y de la Muerte; en la voz del hombre privilegiado, en Ja vibracién armoniosa que hace ascender la alabanza, en la palabra viva que es potencia de vi- da, se manifiestan los valores positives, y desvélase el Ser de la palabra eficaz”, Mediante su alabanza el poeta concede al hombre, que por naturaleza carece de ella, una «memoria». Tedcrito Io dirA4 brutalmente: muchas gentes ricas habrian quedado «sin memoria» (Guvacto:), si no hubiera existido Si- ménides”, No quiere decirse que estas gentes habrian sido privadas de la facultad de reconstruir su pasado temporal, si- no, solamente, de que no habrian recibido el precioso bien al que Pindaro Hama Merona o Memorial (uvaprfov)”®. Mas no se trata ya del recuerdo vago y profano que los hombres no niegan a sus muertos. La «Memoria», en efecto, es a menudo un privilegio que el poeta concede a los mismos vivos™, La «Memoriar de un hombre es, con exactitud, el «eterno monu- mento de las Musas»®!, es decir, Ja misma realidad religiosa que la palabra del poeta, hendida en la Memoria, encarnada en el Elogio. En el plano de Ia palabra cantada, la Memoria posee, pues, un doble valor: por una parte, es el don de viden- cia que permite al poeta decir una palabra eficaz, formular la palabra cantada; por otra, esta misma palabra cantada es una Palabra que jarmnds deja de ser, e identif{case con el Ser del mbre cantado, % Pip,, Isim, VII, 16 y ss. 77 Pensemos en 1a potencia a la que 109 griegos llaman “Ooo (de Ia ralz *Wekw., voz divina): es el «Rumor que tiene de Zeus» (Od, I, 282). Cfr. H. Four. NIER, Les verbes «dire» en grec ancien, Paris, 1946, p. 227 y ss. Sobre la voz y sus valores en la epopeya, cfr, Ch Mucten, Les ongines de la science grecque chez Homare Lhtomme et l'univers physique, Parls, 1963, p. By ss. 78 Teocrio, XVI, 42 y ss, ed. feprand. Sobre fa pvquosivn de Saro (fr. 55 Lobel-Page), cfr. H. MAEHLER, Die Auffassung des Dichterberufs im {nihen Griechentum bis zur Zeit Pindars, Gottingen, 1963, pp 59 y 60. 79 Pinp.. Pit, V, 49. Son las Musas las que conceden la «Memoria»: PIND., Tstm., VIIL 63; Olfm., VI, 92; Nem, 80 y ss Por supuesto que la memoria hu- mana desempefia también un papel, el de registro y transmisién. Es una memoria-receptaculo que se define mediante su relacién con la palabra de Me- moria, la del poeta. 80' Cfr., por ejemplo, PInb., Pit,, V, 46-49; Istrn, VIII, 62-63. 8! Baou., X, 9 y ss. Snell6, F. Cumont, Recherches sur le symbolisme fu- néraire des Romains, Paris, 1942, p. 253 y ss., ha analizado con detalle, poste- Tiormente 2 otras, las refaciones entre las Musas y determinadas formas de in- mortalida 34 ee ¢Cual es, en este sistema de pensamiento equilibrado por i tensién de estas dos potencias antitéticas, el lugar de Alé- Vtheia? La tri le oposicién de Memoria y Olvido, Elogio y Des- ‘aprobacién, y Noche, dibuja con mucha precisién la confi- Pguracion que da a Alétheia su significacién. Alétheia es una Ppotencia a la que Pindaro llama chija de Zeus» y que él invoca junto a la Musa, cuando «se acuerda»®. Para Baquilides, iétheia es la aconciudadana de los dioses, la nica llamada a {compartir la vida de los Inmortales»", Es una potencia tan ?prande que le arrastra hacia el terrible Mémos: «Ciertamente, la Desaprobacién de los mortales se aplica a todos Jos Iraba- jos, pero la Alétheia siempre triunfa»™. Solidaria de la Alaban- za, Alétheia no tiene una funcidn diferente a la de la Memo- ria; «La piedra de Lidia revela la presencia del oro; en los - hombres, la virtud tiene por testigo a la Sabiduria (de los poe- tas) y a la todo poderosa Alétheia»™, En términos formales, Alétheia se opone a Lethé como se opone a Momios™, Est4 jun- {to a ta luz Aletheia da brillo y esplendor, «da lustre a todas las cosas», Cuando el poeta pronuncia una palabra de elogio, lo hace por Alétheia, en su nombre®; su palabra es alethés™, oMo su espfritu (vo%)%!. El poeta es capaz de ver la Alétheia™, ‘un «maestro de Verdad». Alabanza Desaprobacién (Epainas) Mémos Palabra Silencio Luz Oscuridad Memoria Olvido Alétheia Lethé La misma relaci6n Alétheia-Lethé es, muy posiblemente, la que organice las representaciones de Ja palabra cantada con- 82 Pix., OL, X, 34 83 BaoutL., fr 57 Snellé, 84 Bari , XIB, 202-204 Snell, V, 187 y ss Snell®. Baoutt , V, 187, y ss Snellé, Baouit., Hypor., (r. Snell6, 87 Cfr. Pina, Of, X, Jy ss; Nem. V, 17-18, Baguit., V, 187 y ss. Snellé. 8 Baoue , VII, 4-5 Snell®. Cfr. EUR, ff Taur, 1026: wrentaw yap 4 vik, sie BadnOuiag 2 gic, Sobre Alerhera y la Luz, cfr W Beierwaltes, Lux iniclligibilis. Untersuchung zur Lichrmetaphystk der Griechen, Munich, 1957, p. 75 y 35. $9 BAOvIL , V, 188 Snell % PIxo. 1,2 ea 2 Pino. Ol, 11, 101. 9 Pinp., Nerm,, VII, 25. Cir. Nem, V. 17; Pit, LL, 103. 35 sagrada a los relatos cosmogénicos: las afinidades de Alétheia, pronunciada por las Musas, con Mnemosyné, que las ha trafdo al mundo, !levan a postular el segundo término de la pareja fundamental, Lethe, Determinadas indicaciones de una obra de Hesiodo, diferente por su objeto pero de espiritu similar, permiten pajiar un poco el silencio de la Teagonta. Los traba- jos y los dias obedecen a la misma ideologia poética que la primera obra hesiédica; el poeta es siempre inspirado por las Musas, su canto es el maravilloso himno que las diosas le han hecho oir”. Commo el profeta-adivino, Hesiodo se vanagloria de revelar los «designios de Zeus»™. Sus palabras son calificadas de txjcvux%, palabras que lienen un caracter religioso por doble razon: la naturaleza religiosa de la funcién poetica y, a Ja vez, el cardcter sagrado de los trabajos de la Tierra que el poeta se propone revelar al arador de Ascra. En el pensamien- to de Hesioda, el trabajo de la Tierra es enteramente una prac- lica religiosa: Jos trabajos son aquellos que los dioses han re- servado a los hombres, los dias que distribuyen los trabajos en el curso del afio son los dias de «Zeus muy prudente»™: el que conoce el encadenamiento ritual de los trabajos, el que se acuerda de cada rito, sin cometer ninguna falta por olvido, es «hombre divino», La rigurosa observancia de las fechas y de los dias prohibidos, es nombrada explicitamente Alétheia por Hesfodo”. En Los trabajos y los dias, la Atlétheia es, pues, doble: en primer lugar, la Alétheia de las Musas, la que el eta pronuncia en su nombre y que manifiéstase en la pala- ra mdgico-religiosa, articulada en la memoria poética; en se- gundo lugar, la Alésheia que posee como propia el arador de Ascra, «Verdad» que esta vez se, define explicitamente por el «no-clvido» de los preceptos del poeta”. Entre las dos no hay una diferencia fundamental: es la misma Alétheia, considera- da bajo dos aspectos, ya en su relacién con el poeta, ya en su relacién con el arador que la escucha, Si el primero fa posee por el solo privilegio de la funcién poética, el segundo no la 98 Hestopo, Los trabajos » los dias, | y ss. y 661-662. 4 Clr. Id, hid, 66)-662. %3 Hesiopo. Los Trab, 10 Sobre écég, Frunog y ismspes, tease el analiss de W LUTHER, + Warkeire und «Lages im ultesten Griechentum, Leipzig, 1935, pa- ginas 51-61 596 HEsiopo, Los (rab, 397 y 769. Seguimos aqui de nuevo, de una manera concisa, un analisis desarrollado con mas amplitud en un trabajo anterior, Cri- se agratre et attitude religieuse chez Hésiode, «Collection Latomus», volu- men LXVIII, Brusclas, 1963, p 42 y ss. 97 Hes , Los trab., 765 768, 818, 824 98 Cfr. las pruebas que de ello ofrecemos en Crise agraire et attitude reli- gicuse chez Hestode, Collection Latomus», vol LXVIII, Bruselas, 1963, p 44 y siguientes 36 i puéde alcanzar sino al precio de un esfuerzo de la memoria. ¢ampesino de Ascra no conoce la Alétheia mas que en la an- iedad¢ de una memoria obsesionada por el olvido, el cual ede, repentinamente, ensombrecer su espiritu y privarle de ja. «revelacién» de los Trabajos y los Dias. Es a nivel del disc{pulo como se acusa la complementariedad de Alétheia y = Lethé. Pero tras la relacién, de algun modo «etimoldgica», de i la Alétheia del arador con Lethé, es posible reconocer, a nivel “del maestro, otra relacién homdloga de Alétheia con Lethé —no ya lethé, olvido de los hombres, sino Lethé, hija de No- che—. De esta doble relacién entre Alésheia y Lethé, una en el plano religioso, la otra en el plano lingiiistico, slo la primera es fundamental: es la que estructura la representacién de la palabra cantada, consagrada a la alabanza del personaje regio, como también organiza el campo de la palabra dedicada a la celebracion de Ja hazafa guerrera. -», Sila primera funcién del poeta no queda atestiguada sino a través de los ultimos ecos de Ia literatura teogénica, la fun- cién de alabanza y desaprobacién se mantiene hasta la época .,clasica, apoyada por poetas como Pindaro y Baquilides que - contindan desempefiando, para minorias aristocrdticas, el pa- pel que sus predecesores han asumido, Pero en ese momento el sistema de pensamiento que consagraba la primacfa de la palabra cantada como potencia religiosa no es mds que un anacronismo, cuya fuerza de resistencia refleja la obstinada potencia de una determinada élite. Se reduce la misién del poeta a exaltar a los nobles, a alabar a Ios ricos propietarios que desarrollan una economia de lujo con gastos suntuarios, y que, enorgulleciéndose de sus alianzas matrimoniales se en- vanecen de sus cuddrigas o sus proezas atléticas™. Al servicio de una nobleza tanto mds avida de alabanzas cuanto que sus prerrogativas politicas son discutidas, el poeta afirma de nuevo los valores esenciales de su funcién, y lo hace con tanto mds esplendor cuanto que empiezan a aparecer anticuados conforme en la ciudad griega deja de haber lugar para esie ti- po de palabra magico-religiosa'™, a medida que este sistema de valores es definitivamente condenado por la democracia clasica. En el limite, el poeta no es mds que un pardsito, encar- gado de devolver su imagen a la élite que le sustenta: una ima- gen embellecida de su pasado. Sorprende el contraste con el cardcter de todopoderoso que el poeta poseia en la sociedad 99 Sobre e] comporiammento de la nableza, Louis GERNET ha esc) ilo unas valiosas paginas. «Les nobles dans la Grece antiques, Annales d'histoire econo mique et sociale, 1938, pp. 36-43. 1 Cir infra, pp 87-108. 37 griega desde la época micénica hasta el fin de la época ar- caica. En la sociedad micénica es posible que el poeta haya te- nido la funcién de celebrante, de acdlito de ta soberanfa, en- cargado de colaborar en la ordenacién del mundo, En la época arcaica, incluso después de Ja decadencia de su funcién litur- gica, que coincide con Ja desaparicién de fa funcién de soberanfa, permanece para la nobleza guerrera y aristocratica como un personaje todopoderose: sdlo él concede o niega la memoria. En su palabra los hombres se reconocen. Funcionario de Ia soberania o elogiador de la nobleza guerrera, el poeta es siempre un «Maestro de Verdad». Su «Verdad» es una «Verdad> asertorica; nadie la pone en duda, nadie la prueba, «Verdad» fundamentalmente diferente de nuestra concepcién tradicional, Alé:heia no es la concordancia de la proposicién con su objeto, tampoco la concordancia de un juicio con otros juicios; no se opone a la «mentira»; lo «fal- sO» no Se yergue cara a lo everdadero». La unica oposicién sig- nificativa es ia de Alétheia y Lethé. En este nivel de pensa- miento, si el poeta estd verdaderamente inspirado, si su verbo se funda sobre un don de videncia, su palabra 1iende a identi- ficarse con la «Verdad»"', 101 Cir los analisis, demasiado breves sin duda, de R. ScHAERER, + Alétheia. Hernage antique et verité d'aujourd'huis, Actes du XH* Congres des Sociétés de Philosophie de Langue francaise, Lovaina-Paris, 1965, pp 87-106, cuyas conclusiones no podemos aceptar 38 CAPITULO III EL ANCIANO DEL MAR Tras haber descrito a los hijos de Noche, potencias negati- vas', Hesiodo enumera a los descendientes de Ponto y; en pri- mer lugar, al mas anciano, que es también el mds venerable, Nereo?, el Anciano del Mar: «La onda engendré a Nereo, ap- y 5eudés y alethés, el primogénito de sus hijos. Es llamado el An- ciano porque es némertés y benigno a la vez, porque jamas ol- vida la equidad (088 Ocurotéwy AxBerar), y porque no conoce mas que justos y benignos pensamientos (Sixaa xai fra)? Tres epi- tetos confieren a Nereo una importancia excepcional: él es alethés, apseudés y némertés. La asociacién de estos tres epi- tetos parece presentar un cardcter tradicional, ya que volve- mos a encontrarlos, con una perfecta correlacién, en la defini- cién de la palabra mantica més elevada: la de Apolo. Cuando en el himno homérico que le celebra‘, Hermes toma la palabra ante los dioses, procede mediante un argumento ad hominem | Cfr. Cl Ramnoux, La Nuit et les Enfants de la Nuit dans la tradition grecque, Paris, 1959. En una comunicacién presentada a la Association des Etudes grecques (sesion de] sabado dia 20 de abril de 1963), J.-P. VERNANT esbo- 26 una inlerpretacién de Nereo muy préxima a la que yo desarrollo, interpre- lacién que descubre tras el Anciano del Mar la smagen de] Rey Bucno, maestro de justicia, que recurte a procedimientos de trpo ordalico, asi la balanza 0 el echar 2 cuertes inediante el agua (Rev. df. grecques, t. LXXVI, juliodiciem- bre 1963, pp. XVIL-X VII). 2 Cir. MP NILSSuN, Geschichte der griechische Religion, 2, Mumch, 1955, pp 240-244, y Henzoc-Hatser, sv. Nereus, R-E (1936), c. 24 y ss. 3 HEslopo, Feogonia, 233-236, ed. Mazon, Segun R. MerKetsac, «Kon- jekluren zu Hesiod», Stud. ital. filol. class, 1956, pp 289-290, los cpitetos de Nereo podrian explicarse mediunte un juego de palabras etimoldgico 4 Himno homérico a Hermes, 368-369, ed. Allen, Halliday and Sikes? (Ox- ford, 1936). 39 dirigido a Apolo; se atribuye las consagradas virtudes de su ri- val: Voy a decir la Aletheia; soy némertés® y apseudés*. La 5 Nauepsic es un epiteto consagrado del Anciano del Mar (Od., IV, 349, 384, 401; XVI, 140). Es el nombre de una de sus hyas (If, XVII, 46; cfr. la Nrytpsic de Enpevocces, fr. 122 ap. Diets, FVS7, I, p 361, 6, y Jas observacio- nes de G. Herzoc Hauser, sv. Nereiden, R-E., 1936, c 18). Junto con dgevbyg, (cfr. la siguiente nota) y aybig 0 dkiSea (cfr. infra), vaterea es un término consagrado para calificar al oraculo o al adivino infahble (cfr Sop., Traq., 173: Himno Apol, Del, 252-253, Apo. Rop , Argon. IV, 1565; Od. X1, 137). La idea fundamental es Ja ausencia de falta [en este pasaye de la Teogonia puede obser- varse la relacién de vepzig y daigzy, del v, 222), de dudpryua (cfr W. LUTHER, «Warhett» urd «Liges in altesten Gricchentum, Leipzig. 1935, p 33 y ss. vk paginas de L GERNET, Recherches sur le développement de la pensée juridig: et morale en Gréce, Paris, 1917, p 305 y ss) En necesario, sin duda, hacer in sitio a la falta por Olvido: «Sin embargo, la mube del Olvido avanza insensible- mente a veces, y oculta el reclo camino al espiritu, fue asf como subieron a la acr6polis sin llevar consigo la semilla de la Nama ardicnte .» (PIxp., Olvnp., VIL 45 y ss. Cfr. el olvido de un sacrificio; 71, 1X, 537; Estestcoro, fr. 46/223 Page, y un tipo de hombre como Epimeteo duapzivoog Hes., Teogonia, $12). "A propasito de geubik en el pensamiento griego arcaico. pueden hacerse tres obséfvaciones: 1° La oposiciéa fundamental no se da entre gevby y 2d7,0%q sino, antes bien, entre devi y agedie. : 2,° fede no significa el «mentirosos: nuestra nocién de mentira no es adecuada para caracterizar la disersidad de! vocabulario griego. Habremos de quedarnos preferenlemente con la nocién de engavio que abarca tanto el bélo, ta pring, la axéty, como-el deiboc. En el uso arcaico de drubvq, pueden reconocerse dos significaciones so- hdarias: gu¥hc significa, en primer lugar, la palabra que intenta engafiar, si bien, puesto que una de las caracteristicas de este tipo de palabra (y, generali- zando mas, de toda anim) es el presentar las «apariencias» de la realidad sin ser lo real, ged puede también significar la palabra «que no ha sido tlevada a cabor, desprovista de eficacia, sin realizacién. Este valor queda atestiguado particularmente en |a imagen de Ja palabra mantica, Sobre el primer punto, la Teogonia no deja lugar a dudas: la adevbla del v. 233, se opone a devbiag del v. 229, al igual que la edrféa del mismo terso se coi responde con Ayferm del v. 236. En cuanto a las relaciones de eabe; 0 dtubi_ con las formas de la andry, se han ido dehmitando claramente a partir de la Teogorria: los Yevbiag xt Adyoug (v. 229) forman parte de los hijos de Ems, hermana de “Anam (v. 224-225) (P. Maas, «Zum priechischen Wortschatz», Mélanges E. Boisacg, t. II, Bruselas, 1938, pa- ginas 129-131, ha propuesto la lectura siguiente del v. 229. WeiBed ze Adyoug ‘). Por otra parte, en Los Frabajos, v. 78, los yedbea estan unidos a los 10 XGyex, a las palabras acariciadoras, cn la representacién de Pandora, que es la araxy de Zeus. Pueden encontrarse otros ejemplos de afinidades con el munda del engafio en Teocsis, 390 (deobedr + efandrag c'oGhouivas t'Eptbos), PIND., OL, 1, 28 (roextha Gesbea), IH, XXL. 276 (hedbeaow Gedye); Od, XIV, 387 (becbeoa yantro wire ~ 8OXye) I, TI, BO-B1 (Sverpov ., peibos... voagoiuela), PInD., Put, I, 37 (donde la nube suscitada por Zeus, su S¢koz, es un Geaboq yhuxi); PIxD., Pit, IIT, 29-30 (Gevdiww Brody Enzevat Kaézre ci viv ov Beds), PIND,, Pit, IX, 43 (Gedo, asociado a rappautv, ) El ‘Anda es, pues, el fendmeno esencial: la aventura de Héctor da una eacelente definicién del mismo En el canto XXO, 226 y ss., de la flfa- da, Atenea adopta «la estatura de Delfobo y su incansable voz» para «per- suadira (cfr. nemdiow del v. 223) a Héctor de que se bata cara a cara con Aquiles, con su ayuda. Pero cuando cl combate se entabla, y Héctor, privado de su lanza, Jlama con un gran grito a Deifubo, «Deilobo ya no esta a su ladoe_ 40 ie ‘Vérdad» del Anciano del Mar parece, pues, abarcar un doble #-¢ampo: méntica y justicia. ¢Cual es la naturaleza de esta «Ver- ¢ dad»? Para responder a esta pregunta urge primero sacar a Ja ? faz las relaciones de Alétheia con la mantica y la justicia; des- ués, precisar las modalidades de Ia justicia que aporta el An- no del Mar. La «Verdad» de Nereo no queda desvelada sino 4 través de la consideracion de las instituciones que parecen _ tener estrechas relaciones con el Anciano del Mar. ” * En la Teogonia hesiodica, Nereo es un justiciero, Pero para toda una tradicién, encarma una potencia mdntica cuya sabidurfa los antiguos siempre han ponderado, y cuyas «sen- tencias» han transmitido esmeradamente’. Sus consultas han «Palas Atenea me ha engafiado» (itanacyaev en el v. 299) Deifobo est alli y a la vez no ¢st4 alll. No era sino su tibwhov, comparable en todos sus aspectos al _ 8Bwlov de Patroclo (2 XXIIE, 65 y 5s.). En ct cngano confluyen una serie de ‘imagenes que se hallan estrechamente asociadas en et pensamiento griego. las “dé la“rémpams, de los Ayo. roudho, de lus Ady: ciushio, pero también aquellas que tienen por denominador comun Ia nocién de «curvas, de «tortypsos, de ‘soblicuos; son {os pio axodiwi (HES . Los Trabajus, 193 y ss., PIND, fr. dub. 90 “edi Puech: sxoduig dxdta, cfr. W. LetHeR, «Warheu» und eLiiges im dltesien iGriechentum, Leipzig, 1935, p. 144 y ss.}. Exoi& se opone, pues, a iis, cd8ts, © Opég,a toda to que es derecho, sin rodeos; % groliég remite a la imagen de la *guadaita (Sipxm) de Cronos, arma mitica de fa yiixy (HES., Teogonia, 161-162), _ La“imagen del rodeo reaparece en expresiones como: xapiG cinch ropaxlibov, napavuatnctan (W. LUTHER, op. cil, pp. 110-111) y de una forma negativa en dxpextux xasodizuy, dyopeiuy, hablar «sin rodeos» (W. LUTHER, op. cu, pa i * ns 43-50). (Sobre las relacianes entre éndy y naplf cintiy rapanlibsy, cfr. Od., Vv. 348; XvIl, 139) El campo del Error (“Azm) es también el de las Plegarias, cojas, blzcas de ambos ojos, «mujercs ublicuass (cfr. F Ronert, Homére, Paris, 1950, B. S54 y5s.). '2y El epiteto ajuvéic califica a la palabra, a] acto, al personaje que no persigue engafo. En particular, se aptica a personajes como el Anciano del Mar, adi- vinos, a fa palabra oracular En efecto, c! ordculo puede siempre ser ambiguo y los dioses siempre persiguen cl engano (cfr, infra, pp. 80-BL) “Aduudig es el nombre de una hija de Nereo, asociada a Naepsix (1, XVIIE, 46), Es el epiteto de la yavvaim (O Kean, Orphiconom fragmenta?, Berlin, 1963, fr 103) con- frontese Eur., /fig. Tdur., 1254 (év adcvBet Spdww wavstias); ESOUILO, Siete, 26 (adi- vino: dpeuBel tixvn): Esovivo, Eremen., 615 (Apolo, uivry cv 6° of drvoonen); Es- quico, Coef, 559 (Apolo yavng d¢evris), Esouito, fr 284, A 5 ed HJ. Merre {ed Dotoy Ortow Sfevbic atdua. }, Hor , 1, $9; 1, 152 (uxectiov dgeubic); UL, 174 Gbeobla pavetpa); Paus., IX, 23, 6 (uavctiov . dpevdic). Conmyna, citada por P GutLuon, Les Trépieds du Ptoion, li, Paris, 1943, pp. 147 149, y también p. 144 y ss., la dedi- catoria métrica de Aristicos (1.5-6: ageuda. . erry... cthtav). Cfr tambien PIND., OL, AV, (7; VI, 66-67; Pit, IX, 42 La palabra 4ev6y; es Ia palabra ambigua, que parece ser la realidad pero que no ¢s mas que la sombra engafiosa de ella. Yevbix puede, pues, significar con Irecuencia la palabra «que no se cumple, sin realizacione: J, X, 534 (gccaouar, % Exvpov igi): Uh. XIX, 107 (gevaenetig O08" abre hog pibeo inGiauc); EUR. Orestes, 1666-1667, (06 gevbduavis Rofl” Sp", Gh’ erirepoc). Esouiuo, Prom encad, 1032 y ss (jeubmyoptly yap otx émiozaca: seéye x3 Atov, aNd nav Enog ceed) Cir. sfeuBloracos reforzado por sto; ap AROUIL., fr, 223 Bonnard. Lasserre. ” Nereo es eddoviog (PIND., Pir, IIL, 93) En Pit, IX, 94 y ss. PINDARO afiade de nuevo un Aéyue Natu. 41 sido célebres®, Nereo es incluso la cabeza de un linaje de divi- nidades oraculares: su hija, Eidé, porta el nombre de Teonoé, «porque conoce todas las cosas divinas, el présente, el porve- nir, privilegio heredado de su padre Nereo»?, Cuando Glauco, que pertenece a Ja misma familia de divinidades de! mar, se presenta a los argonautas, se dice el profeta del Anciano del Mar: esposo de Panteidyia, la Omnisciente, es una intérprete apseudés". Entre las dividinidades de! lipo de Nereo, entre Forcis, Glauco, Ponto, o Halios Gerén, la Funcién méntica es tablece una parentela, e incluso una identidad"!. Ahora bien, el dominio de la mantica es un orden de pensa- miento que concede a la Alérheia un lugar predominante. Sa- ber y palabras manticas afirmanse en una delerminada con- cepcién de la «Verdad». No faltan las pruebas: en el Hirmno homérico a Hermes, las antiguas divinidades, ensefiadas a Her- mes por Apolo, son mujeres-abeja"? que por doquiera van, per- mitiendo crealizarse» a todas las cosas: dotadas de un saber mantico, dicen la Alétheia'3; el ordculo de Ismenion es Ilama- do la sede alethés de Jos adivinos"; cuando Tiresias hace refe- réhcia a su saber, habla de la Alétheia's; los ordculos noctur- nos, suscitados por Gaia, dicen la Aléthosuné'’, Casandra es una aléthomantis"; las visiones de los suefios pertenecen tam- bién a [a Alétheia"*; en definitiva, Olimpia es una «maestra de Alétheia», pues es alli donde los adivinos, «interrogando Ia Ila- ma del sacrificio, preguntan a Zeus... si quiere favorecer a los hombres cuyo corazén arde por el deseo de obtener una gran victoria y la confortacién de sus trabajos». Por otra parte, des- pués de determinadas tradiciones, Alétheia es el nombre que porta una de las nodrizas del gran dios oracular, Apolo”. Ne- § Las des cansultas m4s famosas son las de Heracles (G Herzoc-Havser, Sv. Nereus, R-E., [1936] ¢ 27), y Paris (Ip, sbid.). ° Er, Hel, Loy ss. 4 10 Evn., Orestes, 362-365. Cfr. Weicker, sv. Glaukos, R-E. (1910), c. 1408- 1413. ') Sabre las afimdades entre estos choses del mar, cfr. A Lesky, Tha- tatta, Der Weg der Griechen zum Meer, Viena, 1947, p LIL) ss. 12 Cfr, Ch. Picaro, «L'Ephesia, les Amazones et les Abeilles», Rev. ef anc., 1 XLII, 1940 (Melanges Rades), pp. 270-284 13 Himno hom. a Hermes, 361, 14 Piso, Pir, XI, 6. '5 Sor., Ed. Rey, 299; 356, 369 16 Er., Hig Tdur, 1256-1267 » 1276-1279 17 Esocno, Agam , 1241. 18 Cfr, Esq Stete, 710; Luc., Hist. verd, MI, 33 ap Dies, FVS?, 11, p 337, 10 v siguientes, 19 Pixp., Olimp., VIM, 1-3 20 PLUT., Quaest. conv (piedra o roble «verndicoso) 11, 9, 2, p 657 E Cfr. tambien Prat. Fedro, 275¢ 42 if’ Bésee el privilegio del mds antiguo saber oracular. #55: Pero la Alétheia del Anciano del Mar no hace referencia Anicamente a su potencia mantica; subsume igualmente su po- de «jams olvidar la equidad» y de «no tener sino justos y nignos pensamientos»~, es decir, su funcién de Justicia. Al igual que su hija Teonoé, Nereo es, en efecto, «un santuario vi- viente, augusto templo de Diké», Si bien, en el pensamiento * religioso, Ja justicia no constituye un campo distinto del que _ corresponde a la «Verdads. Las afinidades de Diké y Alétheia son youltiples y muy atestiguadas: cuando Epiménides va en pleno dia a la gruta de Zeus Diktaios, y permanece alli sofiando durante numerosos afios, conversa con los dioses y habla con Alétheia y Diké**, La asociacién es tan natural que Hesiguio define la Alétheia por las «cosas de Diké», las &lxasa"5, Por otra parte, si Cronos es, en virtud de un juego de palabras, Chro- , hos —Cronos, e! pgdre de Afétheia, es sin duda, como dice Plu- _tarco, porque por’naturaleza es «el mas justo» Guxardtatog}—**. "En efecto, la Aletheia es la «mds justa» de todas las cosas”. Fundamentalmente, su potencia es semejante a la de Diké?#: a iké, «que conoce en silencio lo que va a suceder y lo que ha ado», responde la Alétheia, «que conoce todas Jas cosas divi- _nas, el presente y el porvenir»”*, A este nivel de pensamiento, “ng hay entre la Verdad y la Justicia ninguna distancia. La po- itencia de Aléthefa abarca, pues, un doble campo: mdéntica y justicia. “£2 El doble campo de extensién de la Alétheia del Anciano del Mar, permite definir la naturaleza de las formas de justicia que preside: procedimientos judiciales que recurren a formas iS es, con pleno derecho, un maestro de Alétheia!, pues él e 20 Cl, RamNoux, Mythologie ou la fanulle olympienne, Paris, 1962, p. 141 y siguientes, observa, a propdsito de Poscidén, dios-taballo, y sus afinidades con el Anciano del Mar, que en sus apariciones toma de buen grado la forma y el “resiro de un sabio anciano o de un adivino (AL, XXL, 48-80; XIV, 135-154). Sobite tas afinidades de Glaucos «Hatios-Gerén» con Poseidén, cfr. Ed. Wil, Korinthiaka, Parts, 1955, pp. 188-191. 21 Hes , Teogonia, 235-236 23 Eur.. Hel, 1002. % Duets, FVS?, 1, pp. 32. 19-21. Cfr, P. FAtre, Fonctions des cavernes cré- folses, Paris, 1964, p. 96 y ss., sobre las tradiciones rclativas a los montes Ida y ikea. 25 Hestouto, A. 2924 ed. K. Latte, SiIMONIDES DE Ceos, fr. 137/642 Page defi- ne la Buxacomivy mediante ddrpy se Mew xai & Gv haPm 74 &nvbiBovas, cfr, también Lex. Gudian,, p 86, 44 ed, a Stefani, y Etymol. Magn., pp. 62, 51. 2% Pur., Quaest. rom., 12. p 266 F. a Sow it, 15 Behe Dike (Sor,, El, 476). Cir Bur., fr. 555 LON, IIT, 15, DiehI5. Diké es xpspavng (SOF., £1, 476). Cfr Eun. fr. N?; EL, 771. Sobre las afinidades de Diké y Aléiheta en Solén, cfr. E. WoLF, Griechisches Rechisdenken, I, Frankfurt, 1950, p. t93. 29 Cfr. Eur., Hel, 13 y ss 43 de adivinacién y, hasta cierto punto, llegan a confundirse con ellas, Este tipo de juicio no es insélito; todavia en el siglo vi estA en uso en Megara: «Me es necesario, dice Teognis, juz- gar este asunto tan exactamente como lo haria con el cordel . la regla, devolver equitativamente lo que a las dos partes les es debido, recurriendo a los adivinas, a las aves, a Jos al- tares ardientes, para ahorrarme la vergiienza de una falta>™. Pero los dioses del tipo de Nereo, Protea o Glauco, habitan en el seno de los elementos maritimos; otorgan una justicia original. Para consultar a Glauco hay que montarse en un barco, y el dios profetiza cuando surge de entre las ondas”. Estos dioses patrocinan, de hecho una justicia del mar, jus+ ticia de caracter ordalico, que pertenece al pasado mas re- moto de las civilizaciones mediterraneas. Documentos cunei- formes, recientemente publicados por G. Dossin y comentados por Ch. Picard, que los ha aproximado a ciertas tradiciones griegas, permiten precisar su mecanismo™. Desde el III mi- lenio estan claramente atestiguadas, em Sumeria, formas de ordalfas fluviales: el mensaje dirigido por el joven rey Kar-. kemish a su padre Zimri-Lim prueba que, tanto en el Alto Etifrates como en Mari, practicdbase la ordalfa siguiendo un procedimiento idéntico al que se describe en el pardgrafo 2 del cédigo de Hammurabi+!. Las cartas de Mari dan detalles’ técnicos de las circunstancias y modos de inmersién. Parece, en primer lugar, que estos rituales debfan zanjar las preten- siones creadas sobre unos territorios por dos principes riva- les, Mientras que, segtin determinadas tradiciones, este tipo de enfrentamiento era resuelto a veces con pruebas de enig- mas y de adivinanzas, se ha recurrido, en Mesopotamia, a pruebas mediante el agua™. Cada una de las dos partes es14 ® Teocnis, 543 y ss. 3) Schol, Plat Rep., X. 611 D, ed. Greene, y Etr., Orestes, 362 365. Clr. Ed. Wi, Korinthiaka, Paris, 1955, pp. 186-191. 32 Ch. Picarp, «Ordalies sumére-hittites et prehelléniques», Revue hittite ef asianique (Homenaje a E Cavaignac), t XVII, fasc 66-67, 1960, pp. 129-142, a propdsito de una comunicacién de G Dosst, «Deux lettres de Mari relatives a l'Ordalies, CR de l'Acud Inseript B Letires. 19 che. 1958, Paris, 1959, pagi- nas 387-392 33 Cir. G Dossin, Un cas dordahe par le dieu fleuve daprés des lettres de Man, Symbolae Pauto Koschater dedicatae, Leyde, 1939, pp. 112-118. Véanse igualmenie las observaciones de P. MonTET, «A propos des ordalies sumero- hitiles et préhelléniques», Rev. archéol,, 1961. pp. 1-4. % Este tipo de ordalia no tiene en todas los lugares el misma sentido. si en Mari el tnacente es el que escapa al dios-Rio, como ocurre en Ia India (se. gun L REnov, en CRAJ, 1958, Paris, 1959, p 393), en Africa y en Indochyna el culpable es rechazado por las aguas (clr. para Indochina la observacién de G. Coenes, en CRA, 1958, Paris, 1959, p. 393; para el mundo africano la de D. Pauime, «La “pierre du mentcur” en Alrique occidentale», L‘Année sociol., 44 [oS mujeres, y cada uno, por turno, debe arrojarse en el gentro. del rio para reivindicar la causa del justo derecho re el territorio disputado. Uno de los hechos més notables #4 nivel institucional, es que el rey de Mari, en calidad de sobe- ‘ano de los vasallos querellantes, prescribe las condiciones de 1a ordalfa y encarga a un alto funcionario la presidencia, por i delegacién, de la correcta ejecucién del ritual. Es por tanto el ¥ personaje real el que otorga justicia, incluso si la decisién mana de la voluntad del dios-rio. Estos hechos instituciona- Yes del mundo mesopotamico son importantes para Ia civiliza- icién griega: en efecto, determinadas iradiciones miticas de : Grecia parecen indicar que, cuando los aqueo-micénicos se z hubieron instalado en los parajes de Colof6n, pudieron cono- “cer desde el siglo XIV ciertos usos y creencias del mundo ‘ asidnico que los hititas, sin duda, han contribuido en dar a co- er por el archipiélago egeo*’. Pero es muy significativa, co- 1 lo hace ver Charles Picard, que estos rituales ordalicos, pa- ando a la poblacién griega, hayan sufrido un ligero desplaza- {mMiento a la izquierda de cardcter geografico: ya no es el rio el it 2dio de las ardalias, sino el mar que bana las costas y abraza $ islas. Cuando surge un conflicto entre Minos, culpable de jolentar a una virgen, y Teseo, que toma su defensa, el caso * é5 zanjado mediante un «duelo por milagro»™. Para probar su Searacter divino, lanzase al mar Teseo, y va a recuperar el , 4nillo que acaba de tirar al fondo del océano; penetra enton- “ces en el mundo de los dioses, prueba su cualidad divina sur- “giendo de las ondas, sano y salvo, con su anillo. Como el rio ‘para los sumerios, el mar es para los griegos una forma del * més alld; para retornar de él es necesario el consentimiento de . los dioses. Entre estas pruebas del mar” una acusa mds neta- mente los rasgos de una ordalfa por inmersion. En el libro IV _de sus Historias, Herédoto cuenta la historia de Fronimé, la Bee mur por un equipo que comprende a dos hombres y a Bases a 3. seme, (951, Paris, 1983, pp. 344 351) Véanse tambien las indicaciones de F. Le Roux, Les Drurdes, Paris, 1961, p. 89, sobre un tipo de ordalfa céltica bas- Jante cercano a los precedenies, En el volumen XVIII, 3, de los Recueils de la Société Jean Bodin, consagrado a La Preuve (Bruselas, 1963), se encuentran va- Fias exposiciones sobre los tipos de prueba ulilizados en las sociedades ar- Caicas. Cfr. Ch. Picaap, op cit, p. 133, En sus Erudes sociales et juridiques sur VAntiquité grecgue (Paris, 1906), G, Glow ya observe: «El rey Minas y Temisén el justlciero aplicaban la prueba al modo de Hammurabis (p 92} 4 Ch Picarp, op. cit, pp 133-134, segin Baguit, XVIL ed. Snell Sobre este tipo de imagen mitica, cfr L Gernet, «La noon mythique de la valeur en Grécen, fourn Psych , 1948, pp. 432-443. 3? Cfr, Grorz, Etudes sociales et juridiques sur Vannquité grecque, Paris, 1906, pp, 69-97. Sobre la justicia del Mar, cfr también G. GLorz, L’Ordahe dans Ja Gréce primitive, Paris, 1904, p. 61 5 ss, 45 Virgen prudente, calumniada por su madrastra y entregada por su padre a un mercader, llamado Temison, el Justiciero. Una vez en alta mar, el hombre ata a la muchacha con una cuerda, la arroja sobre las olas y la recoge viva: el mar ha da- do su veredicto*. Los contempordneos de Solén compartian atin la creencia de que el mar, cuando no es turbado, es la «justicia para todos». En el mismo conteato histérico y reli- gioso es donde ha podido nacer y fortalecerse la conviccién de que una buena travesia es una presuncién de inocencia, tan seria que un griego del siglo V no duda en prevalerse de ella ante Jos jueces*. Si el Anciano del Mar encarna la forma mas grave y solemne de la justicia, es muy posiblemente porque asume en el mundo griego el papel de foe dioses-rio de Anato- lia y Mesopotamia“. A pesar de todo, na es la dnica forma de justicia ordélica: existen otras, y entre aquellas que pueden convenir al An- ciano, lendriamos que citar al menos la ordalia de la balanza. Doble es su interés: por una parte, es presidida a menudo por un personaje real; por otra, esta situada bajo el signo de Alétheia. En un estudio sobre el Trabajo poético de Homero*, Ch. Picard ha demostrado, a propésito de la famosa escena del juicio sobre el Escudo de Aquiles, que un singular error habfa por largo tiempo equivocado a los comentadores, y en parti- cular a los historiadores del derecho griego. Es sabido que los Ancianos, colocados en circulo, pronunciaban, uno tras otro, su parecer sobre un caso de delito de sangre. «Dos talentos de oro seran para aquel que, entre ellos, emita el fallo mas rec- tow}, No se trata, de hecho, de una cantidad de metal, sino de una balanza de oro, ya que zé\av-a ha designado en primer lu- gar, antes que la unidad de cuenta, la balanza o los platos de 38 Herovoro, IV, 154 49. Savon, fr 11 Diehl}. 4 ANTIFON, Sobre la matanza de Herodes, 81-84. Cr. G. Gotz, ap ci, pa- gina 64 y ss. 41 En su comunicacion Sur fe Views de la Mer chez Hésiode (Teogo- ma, 233-237), J-P. VeRnast afiadia precisiones concermientes al «terrén de lierra» y su utilizacién en procedimentos