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I.

Acerca del Concepto de «Status Viatoris»
Cuando se habla del hombre como «peregrino en la tierra», del «peregrinaje» de la vida terrena, una
especie de unción melodramática suele desvirtuar no sólo la seriedad y virilidad de esta expresión, sino
también su fuerza como imperativo. Esas palabras no son ya el claro espejo de la realidad que deben en
primer término reflejar. Su sentido originario queda encubierto por diversas resonancias de carácter
estético e irresponsable; casi le oculta un velo de alusiones secundarias perturbadoras, cuyo falso
sentimentalismo priva al hombre de hoy, y ante todo a la joven generación y quizá precisamente a los
mejores de ella, del placer de encontrarse con la realidad última a que se alude en aquellas palabras.
Sin embargo, dicha expresión pertenece a los fundamentos de la humana existencia cristiana, pues el
concepto de status viatoris es uno de los conceptos fundamentales de toda teoría cristiana de la vida.
Viator quiere decir el que está en camino, y status viatoris, el estado del ser que está en camino. El
concepto opuesto correspondiente es el status comprehensoris. Quien ha captado, logrado, alcanzado,
no es ya viator, sino comprehensor; la Teología ha tomado esta palabra de una carta de San Pablo:
«Hermanos, yo no creo haber logrado (comprehendisse) aún el fin» (Epístola a los Filipenses 3, 13).
Estar en camino, ser viator, quiere decir caminar hacia la felicidad; haber alcanzado, ser comprehensor,
quiere decir poseer la felicidad. Con la palabra felicidad, sin embargo, se entiende ante todo la plenitud
objetiva en el orden del ser, y sólo en segundo lugar la respuesta subjetiva a esta plenitud. Y dicha
plenitud es la visión beatífica de Dios.
Los conceptos status viatoris y status comprehensoris caracterizan de forma absoluta los modos de ser
primarios de toda criatura, ante todo los del hombre. Más o menos expresamente, casi todas las tesis
teológicas relativas al hombre (y al ángel) están referidas a uno de estos conceptos; y es sorprendente
cómo muchos conceptos fundamentales de la teología tienen un doble sentido según sean en orden al
estado del ser que está en camino o al de la posesión alcanzada.
Es casi imposible una afirmación que cale más profundamente en la zona más íntima de la existencia
creada que la de que el hombre hasta su muerte está in statu viatoris, en el estado de un ser en camino.
La explicación que de esta tesis da la piedad popular —que el alma humana después de esta vida terrena
sin reposo logra el descanso de la patria celestial—, a pesar de ser superior en grado sumo a la
desesperación racionalista del hombre humano, sin embargo, sólo es la fórmula abreviada, plástica y
expresiva, de un comportamiento metafísico que transparenta únicamente de un modo imperfecto el
pensamiento popular y cuya iluminación puede llevar al espíritu humano al más profundo conocimiento
de su propia existencia.
El estado del ser en camino no es, en su sentido más inmediato y externo, una determinación local. Este
estado expresa más bien la constitución más íntima del ser de la criatura. Es el intrínseco y entitativo
«aún no» de la criatura.
El «aún no» del status viatoris incluye en sí dos aspectos, uno negativo y otro positivo: el no ser plenitud
y el ser encaminamiento hacia la plenitud.
Lo que ante todo constituye y fundamenta el lado negativo del status viatoris es la proximidad, en el
orden de la existencia, de la criatura a la nada. Esta relación de la criatura con la nada radica en el hecho
primario de que todo lo creado se crea de la nada.
Este hecho se manifiesta en el reverso de la libertad humana, en la posibilidad de pecar; pues los pecados
no son más que un viraje hacia la nada: «No se puede sustraer, de un modo natural, la criatura dotada
de razón a la posibilidad de pecar; pues, por el mismo hecho de que procede de la nada, su poder se
puede dirigir hacia el no ser». La supresión del status viatoris y el ingreso en el status
comprehensoris significa que este poder de la criatura de dirigirse libremente hacia la nada queda
impedido (ligatur) por la unión sobrenatural con el ser absoluto. La libertad de pecar se convierte en la
libertad, de orden superior, de no poder pecar.
La parte positiva que encierra el concepto del ser en camino, el intrínseco encaminamiento del ser de la
criatura hacia la plenitud, se revela ante todo en su virtud que tiene el hombre de fundamentar con su
propia acción una especie de justa «aspiración» a un término feliz de su camino. Esta virtud no es más

Por eso el «camino» del hombre es la «temporalidad» misma. la confirmatio in bonoes. por tanto. y la aspiración y el encaminamiento hacia la plenitud. el espíritu en sí. sino tampoco el sentido de la existencia misma intratemporal. pues. Pero su camino no era la «temporalidad» (lo cual no quiere decir que participen de la eternidad de Dios). El idealismo yerra en el conocimiento de la esencia de la existencia humana porque «se deja» el status viatoris. sino también la no plenitud. no podemos pensar sino de una forma temporal—. pues. queda definitivamente suprimido y destruido. superado el status viatoris en su aspecto negativo y en su aspecto positivo: la posibilidad del viraje hacia la nada queda superada por la fijación definitiva del ser. Este acto suprimió en el ángel el status viatoris. su encaminamiento hacia la plenitud allende del tiempo. El intrínseco «aún no» del ser de la criatura se convierte simplemente en un intrínseco y entitativo «no». no solamente no ve el «allende» del tiempo. tanto en uno como en otro caso. En la muerte. Desde el primer momento de su existencia el ángel estaba «al final de su camino». Pero en la medida en que esta «filosofía existencial» concibe la existencia del hombre como esencialmente y «en la raíz de su ser temporal» (Heidegger). al comienzo de su historia. El «camino» del hombre conduce a la muerte. el «afianzamiento» de la voluntad en el Ser Supremo. Lo cual no quiere decir que ingrese en el ámbito de la eternidad propia de Dios.que la posibilidad de la actuación «meritoria». En el tránsito del estado del ser en camino al status comprehensoris queda. en sentido estricto. pues. También los ángeles. Desde que el hombre. El «camino» del hombre lleva a la muerte como fin suyo. exclusivamente en su temporalidad. el carácter de un auténtico «paso». porque niega el carácter de «camino» que tiene el status viatoris. El status comprehensoris satisface la «aspiración» de los «méritos» y aquella posibilidad de acción meritoria desaparece como tal. como la nota esencial absolutamente necesaria de la existencia humana. (Con esto no se toca la cuestión de que la actuación «meritoria » presupone algo que no se puede merecer»). como el status comprehensoris. concebir la temporalidad. el encaminamiento hacia la plenitud. El status viatoris termina en el instante en que la revocabilidad limita con la irrevocabilidad. Para el hombre. sin restricción alguna. pues. en una magnitud absoluta. no se da cuenta de la verdadera índole de su objeto. El sentido del status viatoris es el status comprehensoris. También la decisión en favor de la nada es en ese momento definitiva. Dice Santo Tomás que Dios ha fijado al hombre un «camino más largo» que el del ángel. el status viatoris termina con su existencia corporal. Queda superado el estado del ser en camino. viatores. que considera la existencia humana. el margen de un único acto intemporal de decisión le separaba de su fin. pero no como su sentido. y el aspecto negativo se convierte. Así pues. . su vida se convirtió en un incipiente morir. también «Satán perdió en un instante por su pecado el status viatoris». está más alejado de Dios propter maiorem distantiam a Deo secundum ordinem naturarum. La condenación es la irrevocable fijación de la voluntad en la nada. los santos y los caídos fueron. el status viatoris mismo. Quien intenta. La «filosofía existencial» actual. y el del hombre también. en oposición a su ser mismo. como «ser para la muerte». quedó por el pecado bajo la ley de la muerte. el aspecto positivo del status viatoris. un instante de la posibilidad de una decisión espiritual hacia Dios o contra El. La unión del espíritu con el cuerpo funda su unión con el tiempo. En la condenación. aislado. y en rigor. tiene completa razón en la medida en que se opone a una teoría idealista del hombre en la que el status viatoris aparece revestido. estuvieron «en camino». La existencia humana es temporal sólo como status viatoris. Para el ángel era el status viatoris un instante único —«instante» quiere decir ya tiempo. puesto que el hombre pierde el status viatoris. que tiene. así como la libertad para pecar. Este instante consagra no sólo la plenitud. El concepto de status viatoris describe en un especial sentido la estructura interna del hombre como criatura. porque el hombre. de una semejanza divina intemporal. en la jerarquía de las naturalezas. está «por encima del tiempo». y a la «filosofía existencial» le ocurre lo propio. se sale también del tiempo. el status viatoris dura tanto como su existencia corporal. por esta misma. sólo hay tiempo cuando se considera lo perecedero del hombre.

del «hombre en camino». que en status viatoris experimenta ser esencialmente criatura. volver a ella de nuevo. tanto que incluso la decisión por la nada. para ser posible. en el «aún no» del ser en camino se ve como en un espejo de aumento la distensión del «ser» creado «que se hace» (Przywara). Sin embargo. En la virtud de la esperanza se entiende y afirma el hombre ante todo como ser creado. Y a continuación el Doctor Universal de la Iglesia da la siguiente respuesta: la dirección hacia la nada no es el movimiento propio del ser natural. entre los límites del ser y de la nada. sino que la dirección hacia la nada se presenta precisamente por la falta de aquel movimiento propio. el «ser que aún no es» de su propio existir. quiere decir ente). pero. es la auténtica virtud del «aún no». sino que «se hace». el cual siempre se dirige al bien (bien. sin embargo. El «camino» del homo viator. pues el sentido de la existencia creada no es la nada. aunque la realización «aún no» se cumple y el abismarse en la nada «aún no» es imposible. además. Ser criatura quiere decir «estar sosteniéndose dentro de la nada» (Heidegger). si Dios quisiera». pues entonces el «ser que se hace» de la criatura bordea peligrosamente la nada. como criatura de Dios. Ambas. lleva a la realización y no al aniquilamiento. La virtud de la esperanza es la virtud primaria correspondiente al status viatoris. que se expresa con el principio de la «analogía del ser». es decir. el movimiento propio de un ser que procede de la nada se dirige a la nada. sólo hay una respuesta a esa experiencia. la verdad. la dirección del «camino» apunta al ser. mientras que el hombre ya no «es» su esencia. Para el hombre. Esta diferencia está ante todo en el hecho de que Dios es el ser sin más. contradicen la verdad de los hechos reales. La contestación no puede ser tampoco la descansada seguridad de poseer. la desesperación y la seguridad de la posesión. Dios «ha creado todo para que exista» (Libro de la Sabiduría 1. se encuentra una frase que literalmente podría hallarse en los libros de la nihilista «filosofía existencial» de nuestro tiempo: proprius motus naturae ex nihilo existentis est ut in nihilum tendat.La condición del hombre de ser criatura se revela particularmente en la profunda diferencia entitativa frente a Dios. . sino el ser. La única respuesta que corresponde a la situación real de la existencia humana es la esperanza. no es un desorientado ir y venir entre el ser y la nada: lleva al ser y se aparta de la nada. Entre las innumerables objeciones que Santo Tomás se hace a sí mismo en sus cuestiones. ha de tener la máscara de una decisión por el ser. Este carácter que tiene lo creado resalta de un modo especialmente claro en el concepto de status viatoris. La respuesta no puede ser la desesperación. Y se tiene razón al decir que «los seres creados podrían. A pesar de todas las posibilidades de abismarse en la nada. 14). La distensión que la existencia creada mantiene entre el ser y la nada no se puede entender nunca como si la referencia a la nada estuviese simplemente yuxtapuesta en el mismo plano a la referencia al ser o superpuesta o antepuesta. ser criatura significa estar fundamentándose en el ser absoluto y estar orientándose fácilmente hacia el ser: hacia el ser propio y hacia el ser divino al mismo tiempo. puesto que proceden de la nada. en cuya plenitud entitativa la esencia y la existencia son una misma cosa.