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Se entiende por literatura infantil la literatura dirigida hacia el lector infantil, es decir, el conjunto de textos literarios que la sociedad ha considerado aptos para los más pequeños al igual que todos los textos adoptados por los lectores más jóvenes como propios, pero que en origen se escribieron pensando en lectores adultos (por ejemplo Los viajes de Gulliver, La isla del tesoro, El libro de la selva o Platero y yo). Podríamos definir entonces la literatura infantil (y juvenil) como aquella que también leen niños (y jóvenes). Géneros literarios para expresar sentimientos y para ello, emplea Se denomina género literario a cada una de las clases en que se dividen los textos literarios, escritos por los autores con una finalidad determinada. Cada género literario comprende, a su vez, otros subgéneros literarios. Cada género tiene sus rasgos característicos: 1. Género lírico: Se usa generalmente el verso. 2. Género narrativo: Se utiliza para presentar historias realizadas por personajes que pueden intervenir mediante el diálogo. El narrador cuenta la historia y para ello puede utilizar distintas formas de elocución, esto es, la narración, la descripción, la exposición o la argumentación. 3. Género dramático: Es aquél destinado a ser representado ante unos espectadores. Los personajes intervienen sin la mediación de ningún narrador, siguiendo las indicaciones sobre vestuario, gestos, movimientos, etc. que contienen las acotaciones del texto teatral. OBJETIVO GENERAL Reconocer la importancia de la literatura infantil en el crecimiento de los niños ya que con ella estimulamos la imaginación, la exploración la creatividad, todo lo que encierra las dimensiones del desarrollo formando un ser integral útil a la sociedad. OBJETIVOS ESPECÍFICOS  Fomentar hábitos de lectura en la infancia, formando a un lector crítico y autónomo.  afirmar que la literatura infantil, enriquece el vocabulario, la creatividad, la imaginación y la exploración, lo cual nos lleva a un aprendizaje significativo y placentero.  Reconocer que los libros infantiles son la base de la educación y la socialización.  Determinar con la literatura infantil, que el lector sea analítico, decodifique símbolos, argumente, comprenda e intérprete textos. Fabula 1 El león y el ratón. Fábula sobre el valor - Días atrás, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora Después de un largo día de caza, un león se echó a descansar debajo de un árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se atrevieron a salir de su madriguera y se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, el más travieso tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte que lo despertó. Muy malhumorado por ver su siesta interrumpida, el león atrapó al ratón entre sus garras y dijo dando un rugido: -¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendáis la lección!- El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando: - Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me necesites – - ¡Ja, ja, ja! – se rió el león mirándole - Un ser tan diminuto como tú, ¿de qué forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír!. Pero el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y su valentía, le dejó marchar. Unos días después, mientras el ratón paseaba por el bosque, oyó unos terribles rugidos que hacían temblar las hojas de los árboles. Rápidamente corrió hacia lugar de donde provenía el sonido, y se encontró allí al león, que había quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar su deuda, le dijo: - No te preocupes, yo te salvaré. Y el león, sin pensarlo le contestó: - Pero cómo, si eres tan pequeño para tanto esfuerzo. El ratón empezó entonces a roer la cuerda de la red donde estaba atrapado el león, y el león pudo salvarse. El ratón le dijo: es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos. El león no tuvo palabras para agradecer al pequeño ratón. Desde este día, los dos fueron amigos para siempre. Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y los demás padres, estaremos encantados de recibirla. Fabula 2 La zorra y las uvas. Fábula sobre el esfuerzo En una mañana de otoño, mientras una zorra descansaba debajo de una plantación de uvas, vio unos hermosos racimos de uvas ya maduras, delante de sus ojos. Deseosa de comer algo refrescante y distinto de lo que estaba acostumbrada, la zorra se levantó, se remangó y se puso manos a la obra para comer las uvas. Lo que la zorra no sabía es que los racimos de uvas estaban mucho más altos de lo que ella imaginaba. Entonces, buscó un medio para alcanzarlos. Saltó, saltó, pero sus dedos no conseguían ni tocarlos. Había muchas uvas, pero la zorra no podía alcanzarlas. Tomó carrera y saltó otra vez, pero el salto quedó corto. Aún así, la zorra no se dio por vencida. Tomó carrera otra vez y volvió a saltar y nada. Las uvas parecían estar cada vez más altas y lejanas. Cansada por el esfuerzo y sintiéndose incapaz de alcanzar las uvas, la zorra se convenció de que era inútil repetir el intento. Las uvas estaban demasiado altas y la zorra sintió una profunda frustración. Agotada y resignada, la zorra decidió renunciar a las uvas. Cuando la zorra se disponía a regresar al bosque se dio cuenta de que un pájaro que volaba por allí, había observado toda la escena y se sintió avergonzada. Creyendo que había hecho un papel ridículo para conseguir alcanzar las uvas, la zorra se dirigió al pájaro y le dijo: - Yo habría conseguido alcanzar las uvas si hubieran estado maduras. Me equivoqué al principio pensando que estaban maduras pero cuando me di cuenta de que estaban aún verdes, preferí desistir de alcanzarlas. Las uvas verdes no son un buen alimento para un paladar tan refinado como el mío. Y así fue, la zorra siguió su camino, intentando convencerse de que no fue por su falta de esfuerzo por lo que ella no había comido aquellas riquísimas uvas. Y sí porque estaban verdes. Las fábulas son una buena vía para entretener y educar a los niños. La fábula 'la zorra y las uvas' enseña a los niños que muchas veces para conseguir lo que queremos tenemos que enfrentar dificultades y que no por ellas debemos perder el interés. Fabula 3 El perro y la mariposa Andando más lento que el tiempo, el perro se asomó a la cresta del monte. Vio lo que ven todos los animales de la selva: más valles, más montes, el río sinuoso, nubes que vienen, nubes que van. Se desanimó. Esperaba descubrir otra cosa. Tomaba el camino de regreso a su casucha en el bajo cuando su vista se dejó llevar por el vuelo de una mariposa azulina. Le preguntó cuánto le había costado llegar a la cresta del monte; la mariposa le respondió que nada. "Perro, a mí las cosas me cuestan nada; perro, a mí todo se me da fácilmente", le dijo con ingeniosa alegría, y desapareció. El perro bajó por la ladera. Pensaba qué sería de su vida si tuviese alas. Pensaba que en las alas residía el secreto de las mariposas. Se amargaba reflexionando acerca de su vida de perro. Un niño pasó corriendo. Le preguntó si había visto a una mariposa azulina. El perro le señaló con la pata la cresta del monte. Al día siguiente se encontró con el niño. Le preguntó si había dado con la mariposa. El niño le dijo: -Perro, estoy feliz. Mírala qué linda es. El perro la vio dentro de una cajita, ensartada sobre un algodón. Sintió una mezcla de alegría y alivio y se marchó pensando que ese animal ya no daría más que hablar, y que tal vez ahora la selva se fijaría en sus ladridos. Fabula 4 La Gallina de los Huevos de Oro Una vez, un Granjero y su esposa tenían la dicha de tener una Gallina que ponía huevo de oro cada día. Sin embargo, su ambición y curiosidad fue tan grande, que creían que su gallina tenia en su interior una milagrosa maquina de hacer oro, y para asegurarse de que nunca les falte aquel oro a cada momento, decidieron sacrificar a su gallina para obtener dicha "maquina". Al revisar las entrañas de la pobre Gallina, su sorpresa fue colosal, ya que no encontraron nada diferente de sus otras gallinas. Y así, este par de ingenuos que creyeron ser más ricos de una sola vez, perdieron su único y seguro ingreso que era por día. Moraleja Nunca destruyas por ninguna razón, lo que buenamente haz adquirido, y te está proveyendo de bienestar. Fabula 5 El Egoísta : Fábula infantil Érase una vez un hipopótamo que tomaba el autobús muy, muy temprano, para acudir a su trabajo. Pero este hipopótamo, en lugar de guardar su sitio en la cola como hacían los demás, no dudaba en imponerse a todos a fuerza de empujones y manotazos hasta verse el primero de la fila. Con frecuencia este hipopótamo egoísta causaba peleas enturbiando el buen ambiente del vecindario. No contento con situarse por la fuerza el primero, una vez se encontraba en el autobús, el hipopótamo subía a lo bruto repartiendo sin vergüenza codazos y pescozones a sus pobres compañeros de viaje hasta que conseguía hacerse también con el asiento que mejor le pareciese. El hipopótamo no reparaba en las formas a la hora de salirse con la suya. Una vez en el asiento elegido, el hipopótamo abría un periódico amarillento y lo extendía al máximo posible con el fin de tapar la cara y agobiar a su compañero de asiento. Además, y por si esto fuera poco, le daba por toser y bostezar con la boca abierta y a un buen volumen, con el único fin de molestar y fastidiar a todo el mundo. A la hora de salir del autobús, el hipopótamo lo hacía del mismo modo que había entrado, arrollando con sus fuertes pisotones a los viajeros del autobús que se situaban delante para salir el primero. ¡Qué alivio sentían todos cuando pisaba la calle y parecía alejarse! Que mala consejera es la envidia, como muestra esta historia. Y es que, amiguitos, es importante recordar que para vivir en sociedad y no ser temidos ni rechazados, hemos de preocuparnos por el bienestar de los demás como si fuera el propio evitando molestar a nadie y mostrando en cada paso nuestra buena educación. Cuento 1 Los tres cerditos Home » Clasicos » Los tres cerditos Había una vez tres cerditos muy simpáticos a los que les gustaba mucho jugar en los prados y estar con otros cerditos. Un día decidieron construirse cada uno su propia casa para así protegerse de la lluvia, el frío y todos los peligros que allí acechaban sobre todo, de un malvado lobo que decían todos, quería comerse todos los cerditos. Tocinete, que era el más pequeño de los tres, hizo una casa de paja para terminar deprisa y así irse a jugar con el resto de cerditos que era lo que más deseaba en el mundo dado que era muy juguetón. Jamoncín que era el mediano de los tres cerditos, decidió hacer una casa de madera porque sabía que si la hacía como su hermano más pequeño, Tocinete, el viento o la lluvia podría derribar la casa. Aún así, hizo la casa muy deprisa para poder reunirse con el resto de cerditos y divertirse. A diferencia de sus dos hermanos Cochinín, que era el mayor de los tres, quería hacer una casa que resistiera todo lo que se pusiera en su camino de esa forma, no tendría por qué preocuparse cuando estuviera fuera de ella ni tampoco cuando se quedara a dormir en la casa así que, decidió hacer una casa de ladrillo que era el material más resistente que conocía. Un buen día el lobo encontró a los tres cerditos y salieron huyendo de él para meterse en la casa de paja, la de Tocinete, pero el lobo malvado la derribó de un solo soplo ya que la paja es un material muy ligero. Lo mismo pasó con la casa de Jamoncín, la cual no fue ningún problema para el temido lobo ya que aunque tuvo que soplar mas fuerte esto no supuso ningún problema para este hambriento lobo. Sin embargo, la casa de Cochinín, al ser de ladrillo, esta no pudo ser derribada por el lobo por mucho que sopló y así fue como los tres cerditos vivieron felices y los hermanos cochinillos mas pequeños aprendieron la lección. Valores en los tres cerditos Cuento 2 PULGARCITO (Resumen) Pulgarcito era un niño tan, pero tan pequeñito, que fácil alcanzaba en una caja de sorpresas. Era el último de siete hermanos y sus padres estaban en la miseria. Una tarde, el niño pudo oírlos en extraña conversación. "Que Dios nos perdone, pero tenemos que eliminar a nuestros hijos o será el hambre y la miseria quienes se encargarán de hacerlo”, decía su dolido padre y ella musitaba incesante llanto. Horas más tarde y con engaños, el padre marchó con sus siete hijos a lo más frondoso del bosque donde los abandonaría, pero el pequeñín que había oído la terrible sentencia, fue dejando guijarros en el camino, lo que les permitió volver a su cálida casa. Su padre se sintió feliz de verlos sanos y salvos, aunque persistiría en acabar con ellos. Esa vez el padre en pleno invierno, revisó a Pulgarcito aunque no pudo hallar las migas de pan que iba a esparcir en el camino. Al ser abandonado, el niño buscó las migas y casi se muere al comprobar que las aves se las habían comido, ¡Estaban perdidos! Mientras que sus hermanitos lloraban, en medio de la oscuridad y el grito de las fieras, Pulgarcito se subió a un árbol y a lo lejos divisó a una solitaria cabaña. "Quizás nos ayuden, pero debemos calmarnos para llegar a ella”; les dijo y sus hermanitos obedecieron. Al llegar tocaron la puerta y un horrible sonido de pisadas hicieron temblar a la Tierra. No podían creer lo que estaban viendo: era el horrible ogro come-niños, cuyos ojos brillaron al verlos allí esperando. Los capturó de inmediato, al tiempo que le gritaba a su mujer: "¡Ya tengo siete niños para mi gran cena!", y el gigante se fue a dormir la siesta. El llanto de los niños hizo que la mujer del ogro se apiadara de ellos y les dio la libertad. Pero el gigante los alcanzaría al despertar, por lo que Pulgarcito planeó una habilísima estrategia. El ogro despertó y al no hallar servida la cena, puso el grito en el cielo: "¡Dónde están los niños!". Su mujer le dijo que una bruja logró liberarlos y el ogro, para ir en su busca, calzó las botas mágicas que había robado al rey de esas tierras. Pulgarcito, por su parte, cobijó a sus hermanitos en un refugio y empezó a correr y correr en círculos, logrando marear al ogro que lo perseguía y que sufriera un ruidoso desmayo. Al verlo así, el niño le quitó las botas, se las calzó y corrió al castillo del rey de esas tierras. Allí devolvió lo robado y el rey, agradecido, ordenó rescatar a los niños, apresar al ogro y honrar a Pulgarcito con un título y una gran recompensa. Los siete hermanitos volvieron a casa, salvaron su hogar y perdonaron a su padre por tan equivocada sentencia. Fin Moraleja: “Todos Los Niños Son Sagrados” Charles Perrault Cuento 3 Resumen del cuento: El patito feo, por Hans Christian Andersen El cuento, El patito feo comienza en la estación de verano. La Señora Pata esperaba con ansias la llegada de sus siete patitos. Junto con sus amigas, observaban con mucha atención cada huevo. Un día comenzaron a romperse los cascarones y salieron seis hermosos patitos. Se percataron que todavía faltaba un patito por salir; esperaron hasta que de pronto salió un patito feo y muy diferente a los demás. La Señora Pata se avergonzó porque tenía un patito feo y siempre trataba de esconderlo. Pasaban los días y el patito feo no mejoraba, se ponía más feo. Crecía demasiado rápido; era mucho más grande que los demás. El patito feo se percató de que en ese lugar no lo querían y decidió escaparse. Al huir, llegó a una granja, en donde una vieja lo recibió; éste pensó que había encontrado un hogar. Ocurrió todo lo contrario, la vieja era mala y lo que quería era comérselo. El patito feo huyó de ese lugar. Llegó el invierno y tuvo que pasarlo solo. Pasó momentos de hambre, frío y de miedo; ya que tenía que huir de los cazadores. Llegó la primavera y el patito feo fue a un estanque, en donde se encontró con unos cisnes. Al verlos se sintió triste porque estos eran bellos y el no. Decidió hablarles y les dijo que si podía estar en el estanque junto a ellos. Le dijeron que sí; que todos eran como hermanos. El patito feo le dijo que no se burlarán de él y los cisnes le dijeron que porque se burlarían de él si eran iguales. El patito feo se ve en el reflejo del agua y nota que era un hermoso cisne. Al darse cuenta fue feliz y vivió con ellos para siempre. Cuento 4 Hace mucho tiempo, un carpintero llamado Gepeto, como se sentía muy solo, cogió de su taller un trozo de madera y construyó un muñeco llamado Pinocho. –¡Qué bien me ha quedado! –exclamó–. Lástima que no tenga vida. Cómo me gustaría que mi Pinocho fuese un niño de verdad. Tanto lo deseaba que un hada fue hasta allí y con su varita dio vida al muñeco. Pinocho –¡Hola, padre! –saludó Pinocho. –¡Eh! ¿Quién habla? –gritó Gepeto mirando a todas partes. –Soy yo, Pinocho. ¿Es que ya no me conoces? ¡Parece que estoy soñando! ¡Por fin tengo un hijo! Gepeto pensó que aunque su hijo era de madera tenía que ir al colegio. Pero no tenía dinero, así que decidió vender su abrigo para comprar los libros. Salía Pinocho con los libros en la mano para ir al colegio y pensaba: –Ya sé, estudiaré mucho para tener un buen trabajo y ganar dinero, y con ese dinero compraré un buen abrigo a Gepeto. De camino, pasó por la plaza del pueblo y oyó: Pinocho y Gepetto Bailando –¡Entren, señores y señoras! ¡Vean nuestro teatro de títeres! Era un teatro de muñecos como él y se puso tan contento que bailó con ellos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que no tenían vida y bailaban movidos por unos hilos que llevaban atados a las manos y los pies. –¡Bravo, bravo! –gritaba la gente al ver a Pinocho bailar sin hilos. –¿Quieres formar parte de nuestro teatro? –le dijo el dueño del teatro al acabar la función. –No porque tengo que ir al colegio. –Pues entonces, toma estas monedas por lo bien que has bailado –le dijo un señor. Pinocho siguió muy contento hacia el cole, cuando de pronto: Nariz Pinocho –¡Vaya, vaya! ¿Dónde vas tan deprisa, jovencito? –dijo un gato muy mentiroso que se encontró en el camino. –Voy a comprar un abrigo a mi padre con este dinero. –¡Oh, vamos! –exclamó el zorro que iba con el gato–. Eso es poco dinero para un buen abrigo. ¿No te gustaría tener más? –Sí, pero ¿cómo? –contestó Pinocho. –Es fácil –dijo el gato–. Si entierras tus monedas en el Campo de los Milagros crecerá una planta que te dará dinero. –¿Y dónde está ese campo? –Nosotros te llevaremos –dijo el zorro. Así, con mentiras, los bandidos llevaron a Pinocho a un lugar lejos de la ciudad, le robaron las monedas y le ataron a un árbol. Gritó y gritó pero nadie le oyó, tan sólo el Hada Azul. –¿Dónde perdiste las monedas? –Al cruzar el río –dijo Pinocho mientras le crecía la nariz. Se dio cuenta de que había mentido y, al ver su nariz, se puso a llorar. –Esta vez tu nariz volverá a ser como antes, pero te crecerá si vuelves a mentir –dijo el Hada Azul. Así, Pinocho se fue a la ciudad y se encontró con unos niños que reían y saltaban muy contentos. –¿Qué es lo que pasa? –preguntó. –Nos vamos de viaje a la Isla de la Diversión, donde todos los días son fiesta y no hay colegios ni profesores. ¿Te quieres venir? –¡Venga, vamos! Entonces, apareció el Hada Azul. –¿No me prometiste ir al colegio? –preguntó. –Sí –mintió Pinocho–, ya he estado allí. Y, de repente, empezaron a crecerle unas orejas de burro. Pinocho se dio cuenta de que le habían crecido por mentir y se arrepintió de verdad. Se fue al colegio y luego a casa, pero Gepeto había ido a buscarle a la playa con tan mala suerte que, al meterse en el agua, se lo había tragado una ballena. –¡Iré a salvarle! –exclamó Pinocho. Se fue a la playa y esperó a que se lo tragara la ballena. Dentro vio a Gepeto, que le abrazó muy fuerte. –Tendremos que salir de aquí, así que encenderemos un fuego para que la ballena abra la boca. Así lo hicieron y salieron nadando muy deprisa hacia la orilla. El papá del muñeco no paraba de abrazarle. De repente, apareció el Hada Azul, que convirtió el sueño de Gepeto en realidad, ya que tocó a Pinocho y lo convirtió en un niño de verdad. Resumen de pinocho Resumen del cuento: Gepetto el viejo carpintero, deseaba que su última creación, "Pinocho", una bonita marioneta de madera, puediera convertirse en un niño de verdad. El Hada Azul le concedió el deseo, no sin antes advertir a Pinocho que para ser un niño de verdad, debería demostrar que era generoso, obediente y sincero. Pepito Grillo le ayudaría en esta labor, él sería su conciencia. Los días siguientes, en vez de ir al colegio, Pinocho se verá envuelto en una serie de malas aventuras llenas de desobediencias y mentiras. Pero en el fondo Pinocho tiene un buen corazón y gracias a Pepito Grillo se dará cuenta de todos sus errores. Al fin Gepetto consigue su anhelado deseo, que Pinocho se convierta en niño y Pinocho no vuelva a ser desobediente ni a portarse mal, ni a decir mentiras. 2 1 3 Cuento 5 RICITOS DE ORO Y LOS TRES OSOS Oso Grande, oso Mediano y oso Pequeño vivían en una casa del bosque. Una mañana, después de hacerse una sopa, salieron a esperar a que se enfriara. Mientras paseaban, llegó una niña a su casa. Se llamaba Ricitos de Oro y si hubiera sido una niña temerosa no habría entrado; pero era curiosa. Vio la sopa y probó la de oso Grande, pero estaba muy caliente. Probó la de oso Mediano, pero la encontró fría. Probó por último la de oso Pequeño; le gustó y se la comió toda. "Ahora quiero descansar", pensó Ricitos de Oro al ver tres sillones. Entró en el sillón de oso Grande perfectamente, pero se sentó tan fuerte que lo rompió. Ricitos de Oro subió entonces al segundo piso, donde estaban las recámaras. Quería dormir. La cama grande era muy alta y la mediana muy baja. La pequeña era la que le servía, así que Ricitos de Oro se metió entre las sábanas y se quedó dormida. Cuando volvieron los tres osos y vieron aquel desorden, se enojaron muchísimo. Empezaron a gritar los tres a la vez: -¿Quién ha probado mi sopa? -¿Quién ha roto mi sillón? -¿Quién se ha acostado en mi cama? Oso Pequeño vio entonces a Ricitos de Oro dormida y dijo: ¡Alguien se ha metido en mi cama! En ese momento la niña se despertó. Vio a los tres osos, se asustó y escapó por la ventana. A Ricitos de Oro no se le ocurrió volver por allí, y,' en adelante, tuvo más cuidado con las cosas que hacía.