Está en la página 1de 6

La educación de la niñez PIO XII

Las revelaciones sobre las misteriosas y admirables leyes de la vida, recibidas oportunamente de
vuestros labios de padres cristianos, con la debida proporción y con todas las cautelas obligadas,
serán escuchadas con una reverencia mezclada de gratitud e iluminarán sus almas con mucho
menor peligro que si las aprendiesen al azar, en turbias reuniones, en conversaciones clandestinas...

Ante esta magnífica asamblea que hoy agrupa en torno a Nos en número tan grande a las madres
de familia, junto con las religiosas, las maestras, las delegadas de los niños de Acción Católica
Italiana, las apóstoles de la infancia, las vigilantes y las asistentes de las colonias, Nuestra mirada y
nuestro ánimo van más allá del umbral de esta sala y se dirigen a los confines de Italia y del mundo,
estrechando en nuestro corazón de Padre común a todos los queridos niños, flores de la humanidad,
alegría de sus madres (cf. Ps. CXII, 9), mientras nuestro conmovido pensamiento se vuelve una vez
más hacia el inmortal Pontífice Pío XI, que en su encíclica Divini Illius Magistri, de 31 de diciembre
de 1929, trató tan profundamente sobre la educación cristiana de la juventud.

Los graves deberes de los padres en la educación de sus hijos

1 En materia tan grave, El, después de haber determinado sabiamente la parte que le corresponde
a la Iglesia, a la familia y al Estado, notaba dolorido cómo con mucha frecuencia, los padres no están
preparados (o lo están poco) para cumplir con su deber de educadores; pero no habiendo podido
tratar también de propósito, en aquel claro y amplio documento, de los puntos relativos a la
educación familiar, conjuraba en nombre de Cristo a los Pastores de las almas “a emplear todos los
medios, en las enseñanzas y en los catecismos, de viva voz y con escritos extensamente difundidos,
para que los padres cristianos aprendan bien, no solo en lo general, sino también en lo particular,
sus deberes sobre la educación religiosa, moral, y cívica de sus hijos, y los métodos más adecuados
–además del ejemplo de su vida– para lograr eficazmente tal fin.”

A través de los Pastores de las almas dirigía el gran Pontífice su exhortación conjuntamente a los
progenitores, a los padres y a las madres; mas Nos creemos también corresponder al deseo de
nuestro venerado Predecesor, reservando esta audiencia especial a las madres de familia y a las
demás educadoras de los niños. Si nuestra palabra se dirige a todos y ello hasta cuando hablamos a
los nuevos esposos, Nos es muy dulce en esta ocasión tan propicia dirigirnos exclusivamente a
vosotras, dilectas hijas, porque en las madres de familia –junto con las piadosas y expertas personas
que las auxilian– vemos Nos las primeras y las más íntimas educadoras de las almas de los
pequeñuelos para que crezcan en la piedad y en la virtud.

No nos detendremos a recordar la grandeza y la necesidad de esta obra de educación en el hogar
doméstico, ni la estricta obligación que toda madre tiene de no sustraerse a ella, de no cumplirla a
medias, o de no atenderla con negligencia. Hablando a nuestras queridas hijas de Acción Católica,
sabemos muy bien que en tal obligación descubren ellas el primero de sus deberes de madres
cristianas, deber en que nadie podría sustituirlas plenamente. Pero no basta tener la conciencia de
un deber y la voluntad de cumplirlo: es preciso, además, ponerse en condiciones de cumplirlo bien.

Preparación seria para la educación

2 Es en verdad cosa extraña –de la que ya se lamentaba también Pío XI en su encíclica- que mientras
a nadie se le ocurre hacerse de repente, sin aprendizaje ni preparación, obrero mecánico o
ingeniero, médico o abogado, todos los días no pocos jóvenes y doncellas se desposan y se unen sin

que veis en el adolescente y aún en el hombre maduro. Vuestra Unión de Acción Católica difunde una luz particular y oportuna mediante las organizaciones del Apostolado de la cuna y de la Mater Parvulorum con las que os cuidáis de formar y auxiliar a las jóvenes esposas aún antes del nacimiento de sus niños y luego durante la primera infancia. de la maternidad (cf. se dedican eficazmente a formar. a. S. almas tiernas. preparad. sino también la espiritual. sin embargo. q. ad 3). hechos hijos adoptivos de Dios por el bautismo. pastor. toda vuestra atención para que todos . que sean vigilantes en su ánimo y en su comportamiento frente al mal. bien o mal. Recordad que no pocos rasgos. ¡Oh padres y madres.I. porque es carne de vuestra carne y fruto de vuestras íntimas entrañas. en la que sus ojos y su alma se cubrirán a la luz y a la vida. y que una influencia funesta o un culpable descuido pueden dejar huellas indelebles y malignas. y a la madre está confiada. como la Semana de la Madre. mucho más fácilmente que en la cera. Acción educadora de la madre durante la niñez 3. son los predilectos de Cristo. viendo su desarrollo y la salud de su cuerpecito. oh madres. Pondréis. si San Gregorio Magno no dudó en llamar a todo gobierno de las almas ars artium. en todo orden y clase social. de tan considerable influjo en el futuro troquel de su carácter. ya antes del nacimiento del niño. mientras Nos congratulamos con vosotras por cuanto habéis realizado ya tan felizmente. Ya desde la cuna habéis de iniciar no solo su educación corporal. os acercáis a los llantos de su cuna y asistís a una madre que con su pecho y sus sonrisas alimenta el cuerpo y el alma de un angelito del cielo. XVI. (regul. 14) es ciertamente arte difícil y laboriosa la de formar bien las almas de los niños. tiene realmente su origen en las modalidades y circunstancias de su primer desarrollo físico en la infancia: hábitos puramente orgánicos. que por ser más sensibles amáis también mas tiernamente. tanto en el custodiarlos como en el fortificarlos y educarlos. la primera educación del niño en los primeros meses y años. A semejanza de los ángeles. y. ya por una impresión incauta. os hacéis custodios de la madre y de la criatura que lleva en su seno (cf. el apoyo y el faro de la morada doméstica. XVIII. habéis de ser otros tantos ángeles. que en vuestro cuidado y vigilancia miréis siempre al cielo. porque. y sus ángeles están siempre viendo la faz del Padre Celestial (Matth. atmósfera que imprimirá el buen olor de Cristo en todos los pasos de su progreso moral! Vosotras. También vosotras. el arte de las artes. 1.. inclinadas a deformarse. LXXVII. Dios ha dado a la mujer la misión sagrada y dolorosa. si no los educáis vosotras. quizá se convertirán más tarde en una dura dificultad para la vida espiritual de un alma. herencias que a veces denuncian la vida desarreglada de sus padres tan gravemente responsables de hacer con su sangre tal vez muy difícil a su prole una vida verdaderamente cristiana. para luego llegar a ser ejemplo y modelo en una parroquia con un brillo que alcanza hasta las especiales reuniones femeninas. 21). al aparecer el niño. ¡Afortunados aquellos niños que encuentran en su madre junto a la cuna un segundo ángel custodio para la inspiración y el camino del bien! Por ello. 1: Migne PL. en todo momento. Io. ya por una falaz excitación. serán ellos mismo quienes se educarán por sí solos. educadoras que sientan la altura de su misión. En semejante sentimiento de mujer y de madre reside toda la dignidad y toda la reverencia de la fiel compañera del hombre. No hablaremos de las ocultas herencias transmitidas por los padres a sus hijos. 113. cuyo mutuo amor ha sido santificado por la Fe de Cristo. es el centro. que se iluminan a su vez con su resplandor. almas entre las más difíciles y más delicadas de guiar. durante la infancia de vuestros hijos. Y. Th. no podemos menos de animaros nueva y calurosamente a desarrollar cada vez más las hermosas instituciones que. pero fuente a la vez de purísima alegría. pues. c. el candor de la atmósfera familiar. seguirles con vuestra mirada vigilante.haber pensado un instante en prepararse para los arduos deberes que les aguardan en la educación de sus hijos. 5. debéis. aún morales. contraídos siendo pequeños. antes que nadie. 10). la cual como una columna. Pensad que aquellos niños. seguras y solícitas para el bien. I.

cualesquiera que sean. con bromas o con afirmaciones no verdaderas. robustos. Estudiad al niño en su tierna edad. ¿Quién sabrá decir lo que tantas magníficas inteligencias humanas deben a las largas e ingenuas preguntas y respuestas. por cuyo medio se manifiestan y despiertan lentamente el entendimiento y la voluntad. pronto a dominarse en las alternativas y dificultades más variadas. una buena voluntad paterna y materna. No se nace –como han enseñado algunas escuelas filosóficas. desde la cuna a la tumba. al hallarse penetrado por un profundo sentimiento del deber cristiano. Por ello un irresistible instinto de la verdad y del bien inclina “al alma sencillita que nada sabe” hacia las cosas sensibles. facultades corporales y órganos sanos. ya antes de que sus pequeños labios hayan aprendido a articular ni una palabra? No os maravilléis de ello. La mente de un niño es una página en la que nada se ha escrito desde el seno de la madre. salvo los casos de imposibilidad. ¿Quién podrá examinar las misteriosas influencias que en el crecer de aquella delicada naturaleza ejerce la nodriza de quién depende íntegramente en su desarrollo? ¿No habéis observado alguna vez aquellos abiertos ojitos interrogantes. escribirán en aquella las imágenes y las ideas de las cosas entre las cuales se irá encontrando hora por hora. su entendimiento que no desea sino abrirse a la posesión de la verdad y aprended a conquistarla con los pasos ingenuos de la primera razón y reflexión. Sus ojos y los demás sentido externos e internos. inquietos. aprovechadlas para dirigir y encauzar. sabréis comprenderlo. no inclinada a debilidades ni a incoherencias. intrépido para no retroceder ni ante la lucha ni ante el sacrificio. Los niños. que siguen un movimiento o un ademán. sea la madre misma la que alimente al hijo de sus entrañas. oportunamente aprenderán a ver en ella el intérprete de una voluntad más alta. propias de las niñez.con las ideas de una ciencia innata. de suerte que preparéis y fortifiquéis en ellos. sin tendencias desviadas: ved la gran razón de tanto desear que. en la medida que se desarrolle su incipiente razón. todas esas sensaciones infantiles. de un amaestramiento. Educad la inteligencia de vuestros niños. ceder a su debido tiempo: ¡No a todos los hijos de los hombres ha tocado en suerte una índole buena! Educación de la Inteligencia 4. al sentir sobre sí. No les deis falsas ideas o explicaciones falsas de las cosas. . ni con los sueños de un pasado vivido en otro tiempo. bajo la guía y admonición maternas. que corren por mil objetos fijándose en este o en aquel. Si lo conocéis bien. la cólera y la obstinación. y aquellos indicios de pasioncillas que anidan en el corazón humano. de una vigilante dirección. y dominar la variedad de sus sensaciones. tienen necesidad de una educación.los cuidados prestados a vuestro hijos concuerden con las exigencias de una perfecta higiene. que forman y sostienen un carácter. indispensable para que no quede comprometido o deformado el despertarse y el recto enderezarse de tan nobles facultades espirituales. y toda esta sensibilidad. que a través de su vida le transmiten la vida del mundo. con paciencia y amor. para el momento en que se les despierte el uso de la razón. bajo una palabra rectora. constante y fuerte. Ya desde entonces el niño. que ya denuncian la alegría y la pena. que se suceden en el hogar doméstico? Educación del carácter 5. atenuad o corregid sus defectos. libre de violencia y de cólera. el camino y la obra de su educación. no respondáis a sus preguntas. la de Dios: así es como injertarán y arraigarán en su alma aquellos primeros hábitos morales tan poderosos. aumentad y cultivad sus buenas cualidades y coordinadlas con aquella firmeza que es el preludio de la seriedad de los propósitos en el curso de la vida. irá aprendiendo a no ceder a todas sus impresiones. ante las cuales rara vez se rinde su mente. nunca tomaréis sus cosas ni torcida ni contrariamente. Educad el carácter de vuestros hijos. a iniciar. en una palabra. lo educaréis bien. bajo una mirada amorosa. a medida que con el crecer comienzan a pensar y querer. a distinguir.

les inspiraréis alta estima. de aquellos egoístas cálculos con que se niega a un hijo único la alegría de otros hermanitos que. y ya demasiado versados . aquel período de crisis y de transformación física sin perder nada de la alegría de la inocencia.en cuanto parezca necesario. que peligros preparan no pocas veces en los corazones de los niños. en la escuela de compañeros de poco fiar. le enseñará con la oración a ofrecer al divino Amigo de los pequeñuelos sus ingenuos sacrificios y sus inocentes victorias. ¡Cuántas íntimas y potentes posibilidades de amor. las incautas solicitudes. Pero llegará un día en que este corazón de niño sentirá en sí el despertar de nuevos impulsos y nuevas inclinaciones que perturbarán el hermoso cielo de la primera edad. delicado hermano del sentimiento religioso. no menos frecuente que justo. En aquel peligro. Las revelaciones sobre las misteriosas y admirables leyes de la vida. oh madres. ¡Qué destinos. a medida que éstos crecen. Tal sentimiento del pudor. celo y amor a la pureza. Os pertenece preparar a vuestros hijos y vuestras hijas para atravesar con valor. las empalagosas condescendencias de los padres cegados por un amor mal comprendido. vuestro deber será la máxima trascendencia. y así plantan en ellos la raíz de un desenfrenado egoísmo. recibidas oportunamente de vuestros labios de padres cristianos. gracias a la leal sinceridad de corazón que habréis sabido infundir en vuestros hijos. que alteraciones. que se doblega a sus deseos y a sus caprichos.Educación del Corazón 6. en el adorno. no dejaréis de escudriñar y de discernir la ocasión y el momento en que ciertas misteriosas cuestiones presentadas a su espíritu habrán causado en sus sentidos especiales perturbaciones. las alegres admiraciones y alabanzas. oh madres. como quién pasa entre serpientes. hacia Jesús. hacia María: la Madre Celestial abrirá aquel corazón a la piedad. las despertaréis. y a sentir por su propia mano la compasión hacia los pobres y los desgraciados. señalándoles como fiel custodia la protección materna de la Virgen Inmaculada. recordad que educar el corazón es educar la voluntad contra las asechanzas del mal y las insidias de las pasiones. en espectáculos y representaciones inmorales. Os corresponderá entonces a vosotras con vuestras hijas. la elevaréis hacia quien debe santificarlas. cuando acostumbran a aquellos volubles corazoncitos a ver que todo se mueve y gravita en torno a ellos. Educad el corazón. con la debida proporción y con todas las cautelas obligadas. las cautivaréis. no dejaréis que el candor de sus almas se manche y se pierda al contacto de sus compañeros ya corrompidos y corruptores. de bondad y de generosidad duermen en el corazón del niño! Vosotras. lo habrían apartado de pensar sólo en sí mismo.levantar cauta y delicadamente el velo de la verdad. en las amistades poco decorosas. justas y cristianas a aquellas cuestiones y a aquellas inquietudes. en conversaciones clandestinas. en turbias reuniones. las dirigiréis. vosotras. con su espontáneo recato en que tan poco se piensa hoy. en aquel paso de la inconsciente pureza de la infancia a la pureza consciente y victoriosa de la adolescencia. sincero y puro. sin tormentas ni vendavales! Educación de la voluntad durante la adolescencia 7. al participar con él del amor materno. al padre con vuestros hijos. evitaréis que lo pierdan en el vestido. ante bien vosotras mismas los haréis cada vez más delicado y vigilante. serán escuchadas con una reverencia mezclada de gratitud e iluminarán sus almas con mucho menor peligro que si las aprendiesen al azar. dándoles respuestas prudentes. Vigilaréis con cuidado todos sus pasos. Iniciación Sexual Finalmente. ¡Oh feliz primavera de la niñez. cuyas primeras víctimas serán mas tarde los mismos padreas! Castigo. con vuestra perspicacia de madres y de educadoras. sino conservando aquel natural y peculiar instinto del pudor con que la Providencia quiso proteger su frente como con un freno frente a las pasiones demasiado fáciles en desviarse.

Maestros. para templar el carácter y dirigir la piedad de vuestros hijos? Pero –dirá tal vez alguna madre– ¡son tan difíciles de dominar los niños de hoy! Con este mi hijo. por sabia e íntima que sea. con tal de que con rigores parciales y razonables no os expongáis a descorazonar en aquella almita engreída el fondo de buena voluntad que en ella se esconde. como vosotras y con todo el cuidado que merece el tesoro que les confiáis: la fe. Desnaturalizaréis toda la educación de vuestros hijos si alguna vez descubrieran en vosotras y bien sabe Dios que saben descubrirlo. preferencias en favores. Es verdad: a los doce o a los quince años no pocos jóvenes y doncellas aparecen ya incorregibles: pero ¿por qué? Porque a los dos o tres años les fue concedido y permitido todo. Amad el catecismo y haced que lo amen vuestros niños: es el gran código de amor y temor de Dios. si vuestras debilidades. a la Iglesia nuestra madre. sin embargo. si son ponderadas y discretas. de la sabiduría cristiana y de la vida eterna. podrán convertirse en salvaguardia y aviso frente a las tentaciones de la corrupción que los rodean. sentiréis. Nadie es tan fiero que no se mitigue con los cuidados. a Jesucristo. todo estaba bien. pero aquel pequeñito reservado. que en esta hora tan magnífica de la educación cristiana de vuestros hijos y de vuestras hijas no basta la formación doméstica. que todos vean. Vuestras palabras. no os consideraréis por ello libres y exentas de vuestros deberes y de vuestra educación y vigilancia: debéis colaborar con ellos. nada puede obtenerse.o por medio de ocultas lecturas tanto más peligrosas y perjudiciales cuanto su secreto inflama más la imaginación y excita los sentidos. primeras maestras de vuestros niños. en el catecismo. con aquella hija mía nada queda por hacer. la pureza. testarudo. ¿es que no los habéis recibido todos por igual de Dios? . predilecciones entre hermanos. ¿Cómo les podréis enseñar lo que ignoráis? Enseñadles a amar a Dios. además. lograrán muy poco en la formación de vuestros hijos. si a su acción no unís la vuestra. destruyera en casa cuanto de bueno se hace en la escuela. ¿deja por tales defectos de ser hijo vuestro? ¿Lo amaríais menos que a sus hermanos si estuviese enfermo o contrahecho? También Dios os lo ha confiado: guardaos de dejarlo que se convierta en el desecho de la familia. y bien raro será el caso de que en un terreno pedregoso y silvestre no logréis hacer brotar alguna flor de sumisión y de virtud. si vuestras inclinaciones a un amor que no será sin la envoltura de un mezquino egoísmo. la paciencia. "pues menos hiere la saeta prevista". ¿Qué sucedería si luego en vez de ayudar y fortificar su trabajo. antipatías hacia uno u otro: vuestro bien y el de la familia exige que todos sientan. cuya paternidad y autoridad espiritual y pastoral sobre vuestros hijos se pone a vuestro lado ya que desde el santo bautismo vosotras os debéis hacer cooperadoras suyas en aquellos primeros rudimentos de piedad y catecismo que son fundamento de toda educación sólida y de los cuales deberéis poseer un conocimiento suficiente y seguro vosotras. y los pastores de la Iglesia que os guían. Por muy eminentes educadores que sean los maestros y maestras. poderosos colaboradores en la educación de los hijos En vuestra obra educadora. en las asociaciones católicas. siempre ilimitada. sino que ha de completarse y perfeccionarse con el poderoso auxilio de la religión. se encaminase directamente a contrariarlo o dificultarlo. la piedad de vuestros hijos. la necesidad y a obligación de recurrir a otros auxiliares: escogedlos cristianos. Pero. El poderoso auxilio de la religión Comprenderéis. con el amor. insensible. tanto en vuestra ponderada severidad como en vuestras dulces excitaciones y en vuestras caricias un amor igual que no hace entre ellos otra distinción sino la de corregir el mal y promover el bien. Junto al sacerdote. una vez elegidos. Es verdad: hay temperamentos ingratos y rebeldes.

el carácter y el corazón. esperanza de los padres y de la Iglesia. prenda de las más selectas gracias celestiales. os concedemos de corazón. junto con el reconocimiento de sus madres se dirige a vosotras. En esta caridad. y de esos brotes tan vivos de la sociedad. las emuláis y precedéis en vuestras escuelas. sois madres. en vuestros asilos y colegios.– es la que Nos hemos expuesto solo en algún punto de su belleza! ¡Cuan sublime se presenta ante Nuestro pensamiento una madre dentro de un hogar doméstico. a otras educadoras dotadas de corazón y acción que emulan su amor. pero junto con vosotras vemos hoy en torno a Nos una corona de religiosas. de cien. sino por impulso de amor hacia la primera edad. encontraréis la luz. y si no inspirase y llamase. Mientras. de vigilantas. porque tenéis un corazón de madre y en él palpita la llama de la caridad que el Espíritu Santo difunde en vuestros corazones. y en nuestros tiempos tan erizada de graves obstáculos y dificultades. sois hermanas de una maternidad espiritual coronada por lirios. de apóstoles. si la omnipotente gracia divina no la apoyase. alzándolos a aquella atmósfera espiritual y moral en la que brillan. madres de familias cristianas. tan amada por Cristo y por su Esposa. para colaborar con ella en la formación de aquellas almas juveniles.Las religiosas educadoras Nuestra palabra se ha dirigido particularmente a vosotras. no son madre por sangre de naturaleza. oh madres cristianas y dilectas hijas –cuantas os fatigáis en cultivar los crecientes retoños de los olivos familiares. destinada por Dios junto a una cuna para alimentar y educar a sus hijos! Admirad su laboriosidad. que fácilmente podría creerse insuficiente para lo que precisa. que consagran todos sus sufrimientos y sus trabajos a la educación y a la reeducación de la niñez. . la Iglesia. la fe en Dios y la reverencia hacia las cosas santas. a los padres y a sus hijos. con alegría de la inocencia. de maestras. y vuestro programa que os aproxima a las madres. Educadoras como ellas. la piedad hacia los padres. de asistentas. Sí. y hacia la patria. Nuestra paternal Bendición Apostólica. imploramos del Señor que os colme a todas con la superabundancia de sus favores y haga crecer vuestra multiforme obra en favor de todos los niños confiados a vosotras. que es la caridad de Cristo que os constriñe al bien. de millones de niños y de jóvenes a quienes educáis profundamente la inteligencia. en vuestras asociaciones. dirigiéndola. Nuestra alabanza y gratitud. por lo tanto. Conclusión ¡Qué misión tan incomparable. también vosotras que os hacéis educadoras junto a las madres cristianas. vuestro consuelo. iluminándola. hacéis brotar vosotras una mayor familia de veinte. de delegadas. y sosteniéndola en el ansia y en el sufrir cotidianos.