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La guerra interminable: 15 años de lucha por el agua en Bolivia1

M. BERTELLI J. SAURAS F. LILL
Cochabamba 30 JUL 2015

Derramaron sangre para no quedarse sin agua. Era el año 2000 y los ciudadanos de Cochabamba
se pusieron en pie de guerra contra la privatización de sus escasos recursos hídricos. Hoy, 15 años
después, la lucha diaria por el acceso al agua continúa en la cuarta ciudad más grande de Bolivia.

Marcela Olivera acababa de salir de la universidad y trabajaba en una oficina muy cerquita de la
Plaza 14 de Septiembre, en el casco antiguo de la ciudad y el centro neurálgico de las protestas.
Vivía en casa de sus padres y todavía no tenía que preocuparse por pagar las facturas. Sin
embargo, cuando a finales de 1999 el gobierno de Hugo Banzer vendió a un consorcio
internacional la compañía municipal de agua, Marcela salió junto a sus vecinos a luchar por sus
recursos públicos.

En unas semanas, la violencia escaló de forma incontrolada. “En abril, la ciudad se había
convertido en un campo de batalla”, cuenta Marcela, hoy convertida en activista internacional por
el derecho al agua. Banzer sacó al ejército a la calle y declaró el estado de sitio. Unidades de la
policía y las fuerzas armadas se enfrentaron a la población, primero mediante el uso de gases
lacrimógenos y después con disparos de francotiradores. Hubo cientos de heridos en la reyerta y
un muerto, Víctor Hugo Daza, que todavía pervive en la memoria de los cochabambinos.

A instancias del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, Bolivia se encontraba hace
15 años en plena oleada de privatizaciones. Para conceder un crédito al gobierno de Banzer, las
instituciones de Bretton Woods habían pedido la venta de las compañías públicas de agua de las
principales ciudades del país. Semapa, la empresa municipal de agua potable y alcantarillado de
Cochabamba, pasó a manos de un consorcio internacional llamado Aguas del Tunari. Este
conglomerado —formado por las compañias estadounidenses Bechtel y Edison, la española
Abengoa y las bolivianas Petrovich y Doria Medina—, decretó, de la noche a la mañana, un
incremento en las tarifas de entre el 30% y el 300%.

Además, para blindar los intereses de las multinacionales, el parlamento aprobó la Ley 2029, que
abría la puerta para que estas nuevas empresas cobraran por el uso particular de los acuíferos
públicos y para que los ciudadanos tuvieran que hacer frente a sus deudas con sus bienes
inmuebles. Sobre el papel, esto significaba que Aguas del Tunari podía cobrar por el agua que los
vecinos obtuvieran de sus pozos, del río o incluso recogieran de la lluvia, y que si éstos no pagaban
estaba autorizada a desahuciarles y quedarse con sus casas.

“Con esta ley no sólo se privatizaba el sistema público de agua, sino que también se privatizaban
los pequeños sistemas autónomos que dan abastecimiento a un 60% de la ciudad”, explica
Marcela. “Estas dos medidas pasan al principio desapercibidas para la población. Son los
campesinos los que vienen a la ciudad y alertan a la ciudadanía sobre lo que está pasando”.
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<http://elpais.com/elpais/2015/07/13/planeta_futuro/1436796771_984802.html>

con la policía y el ejército reducidos en sus cuarteles. el dirigente sindical había sido un diputado sin mucha proyección nacional.. el gobierno de Hugo Banzer se sentó a negociar y acordó expulsar al consorcio internacional y remunicipalizar Semapa. muchos de ellos derivados de la carencia de acuíferos. “Todavía es una tarea pendiente convertir Semapa en una empresa pública comunitaria. confiesa. Si bien ha cumplido con algunos logros.” Desde su casa. Y la gente se erige como un poder soberano. “Medio millón de personas movilizadas deciden el rumbo de la Guerra del Agua. pero la Guerra del Agua de Cochabamba le situó en el centro del mapa político boliviano. como un guerrillero. dice Morales. Así. al menos. quien tuvo que incidir a sus compañeros en la urgencia de manifestarse para “evitar que el agua se convirtiera en un negocio privado”. pusieron en jaque no sólo la voluntad del gobierno. “Como diputado. no yo”. extendiendo redes de agua y alcantarillado. sino todo el modelo de privatizaciones que se estaba imponiendo en América Latina. se ganó el sobrenombre de El Banderas. explica . pero en la zona sur la gente lo que tiene son turriles (barriles). hermano de Marcela y portavoz de la Coordinadora de la Defensa del Agua y de la Vida. afirma con rotundidad. lo explica Óscar Olivera. algo que hoy todavía se está discutiendo en Europa”. Entre los tres y junto a los cientos de miles de bolivianos que salieron aquellos días a la calle. Óscar recela de lo que entonces se percibió como una enorme victoria. así que me dedicaba a cuidar durante el estado de sitio de los demás líderes de la movilización”. Los cocaleros no participaron en la primera movilización. Hace 15 años. porque no nos alcanza para abastecer todo el día a toda la población”. la compañía de agua de Cochabamba.Al frente de los campesinos cocaleros que marcharon por la ciudad se encontraba en aquel momento un jovencísimo Evo Morales. carajo!”. Tras el asesinato de Víctor Hugo Daza. a mí no podían detenerme. y Óscar Olivera. “En la ciudad casi todo el mundo tiene tanques elevados donde almacenar el agua. “En Cochabamba se sectorializa el agua. Marcelo Rojas fue uno de los primeros guerreros del agua que entraron a “liberar” Semapa. durante las protestas. porque su economía no alcanza para más”. con control social. de la Asociación Nacional de Regantes. y apunta también que el conflicto de Cochabamba sirvió para “poner sobre el tapete el tema del bien común y la importancia de lo público. estas redes están secas y el agua sigue sin llegar.” Cubierto con un pañuelo y al grito de “¡el agua es nuestra. al que la comunidad internacional reconoció en 2001 con el Premio Goldman para el medioambiente por su papel en la defensa del agua: “Yo diría que la guerra supuso algo más que la recuperación del agua como un bien común. Óscar Olivera rechaza su protagonismo en aquellas jornadas. el alcalde se escapa. que la gente tomó al asalto. Esos líderes eran Omar Fernández. según recuerda Morales.. vestido con gorra y chaleco en tonos caquis. Hasta entonces. El Banderas no ha abandonado la compañía desde la remunicipalización: hoy trabaja allí como responsable de servicios generales y reconoce que Semapa tiene problemas. Rompe con un esquema económico de despojo y cambia también el modelo político: renuncia el gobernador. y así es como todavía le conocen en Cochabamba.

la ausencia de servicios básicos. sino que también llega a través de los gobiernos. a pocos kilómetros de la ciudad. que se ideó alrededor de 1950. Es en esta zona sur que no cubre Semapa donde se encuentran los barrios de rentas más bajas de Cochabamba. que llegaron a la ciudad desde las montañas o las comunidades indígenas del altiplano y que se organizaron en pequeñas asambleas y comités para cavar sus propios pozos y construir sus sistemas de distribución. paralización de las obras. falta de financiación. Ahora mismo. sino que ahora son las fuentes de agua. La activista advierte que este tipo de privatización no viene sólo a través de las multinacionales. A pesar de todo. la adjudicataria anterior. El Banderas se muestra confiado: “Estamos pensando que en 2015 ya vamos a poder repartir agua tratada también a la zona sur. Muchos de sus vecinos son inmigrantes rurales.. mientras un camión cisterna hace sonar su claxon en una calle adyacente. concluye. “La mejor defensa frente a esto es una comunidad organizada”. en Inglaterra. Sin embargo. Misicuni es una vieja aspiración de la administración pública boliviana que consiste en construir en la cordillera andina. “La privatización ha cambiado la cara. “Después de la Guerra del Agua nos hemos dado cuenta de que lo que nos había pasado en Cochabamba le estaba pasando también a otra gente en otros sitios: en Sudáfrica..” Marcela Olivera asciende por una colina de la zona sur de la ciudad. un vehículo privado que vende agua por litros a los particulares que se han quedado sin suministro. cuenta Marcela. el gobierno de Morales tiene un plan para conseguir abastecer a la población que protagonizó la Guerra del Agua: el proyecto múltiple de Misicuni. es el proyecto más anhelado por todos los cochabambinos”. que empiezan a externalizar servicios o utilizar para otros fines estas fuentes de agua para consumo humano. ¿Acaso ganaron la batalla del agua pero perdieron la guerra? El presidente Morales lo niega: “Esa lucha del pueblo de Cochabamba. Así que hemos buscado la forma de coordinarnos para luchar contra la privatización del agua en todas partes del mundo”.” señala. . problemas técnicos. Es un carro aguatero. Unos cochabambinos que. cambios de constructores. y ayuda también en la organización y gestión de varios comités en los barrios menos favorecidos de Cochabamba. Hoy Marcela trabaja coordinando una red internacional de activistas por el derecho al agua. dice El Banderas. de los diferentes sectores sociales. ha sufrido un sinfín de contratiempos y sigue en ejecución: acusaciones de corrupción y estafas...El Banderas.. muy crítica con el modelo económico de Morales. siguen sin contar con acceso seguro al agua potable en su domicilio. la contaminación por la minería. Ya no son sólo los sistemas de agua. el proyecto. Aún así. se encuentra enfrentada en los tribunales con el estado boliviano por incumplimiento de contrato. ha sido fundamental para hacer entender a la gente que el agua es vida. el gas y todas las demás industrias extractivas. la mayor presa del país para canalizar el cauce de varios ríos cercanos y suministrar a Cochabamba agua potable y electricidad durante todo el año. en Perú. la empresa italiana Grandi Lavori. después de una década y media.. las calles sin asfaltar.