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ey A HISTORIA DE LA © REVOLUCION RUSA CLASICOS Rel od a oy Leén Trotsky ay on Ediciones FoF La vida de Leén Trotsky (1879-1940) resume, como la de pocos, la historia de los SH¢H68) yilis) frustraciones que desperté en miles de socialistas la Revolucién Rusa, Durante 1905 fue uno de.los organizadores del primer soviet en San Petersburgo, y tras la derrotalde la insu ree cién sufrié la prisi6n y Ia deportacién. La Revolu cién de Febrero de 1917llowsbsprendid eniel exilio, Se apresuré a retortiar a Rusia, donde se integré nuev: mente al soviet de Petrogrado. ( Bolchevique,integrindose a suidifeccion. Su balance de Ja experiencia previa resulté fundamental en la elabora cién del programa de la Revolteién, que Lenin plasmé nfluyién el Partido en sus Tesis de Abril Ya como direccién debpartido, fue uno de los principales impulsores y organizadotes de la insurreccién de octubre. Entre sus contribuciones a la construccién del Estado Obrera encontramos la nego- ciacién de la paz con)Alemania (el tratado de Brest Litovsk) y la organi n del Bjército Rojo, Luego de la muerte de Leftin, con el ascenso de Stalin, fue expulsado acid de la Unién Sovittical)Il"y sus compafiéros fueron perseguidos, dentro y fucra de la URSS. Desde el nuevo exilio_organizéela oposicién comunista al stalinismo, fundando la TV Internacional. Fin 1940 muere asesinado en México, a manos de un Sicario, Leén Trotsky HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA Ediciones FF Trotsky, Leén Historia de la Revolucién Rusa. - 2a ed. - Buenos Aires : RyR, 2012. 972 p.;21,5x 155m. ISBN 978-987-1421-61-9 1. Revolucién. 2. Socialismo. CDD 940 GCEICS-Ediciones ryt, 2012, Buenos Aires, Argentina Queda hecho el depésito que marca la ley 11723 Printed in Argentina- Impreso en Argentina Se termind de imprimir en Pavon 1625, CP. 1870. Avellaneda, provincia de Buenos Aires, Argentina. Primera edicién: Ediciones ryr, Buenos Aires, noviembre de 2007. Segunda ediciém: Ediciones ryr, Buenos Aires, diciembre de 2012. Traduccin: Andrés Lucia Gonzalez y Jaime Pastor. Correccién de la traduc Eduardo Sartelli. Responsable editorial: Gonzalo Sanz Cerbino. Disefio de tapa: Sebastian Cominiello. Disefio de interior: Agustina Desalvo. Wwwwrazonyrevolucion.org, editorial@razonyrevolucion.org El mejor libro de historia jamas escrito Trotsky, la Historia de la Revoluciéit Ruse y la revolucion argentina Eduardo Sartelli Hace noventa afios, en el pais mas atrasado de Europa, en el baluarte de Ia reaceidn politica, se producia el paso mas audaz, cl mas inesperado: la destruc- cién del estado feudal-burgués y la construceién de una sociedad socialista. A Jos ojos de los grandes jefes de la Segunda Internacional, los constructores de Ia Rusia soviética eran paco mas que un pufiado de barbaros voluntariosos de los que poco podia esperarse. Ineluso despues de consumada la mayor de las hazafias, esa apreciacién no sdlo no cambid sino que alcanzé su formulacién dofinitiva en la mezdla de temor y desprocio que caracterizé a personajes como Kautsky 0 Plejanov. Quienes nos ubicamos del misma lade que esos “arribis- tas” de la gran politica mundial, por el contrario, profesamos la mas sincera de las admiraciones, en particular por el notable dio dirigente conformado por Lenin y Trotsky. Debo decir que, personalmente, el niicleo de mis sentimientos no se encuentra ni en el reconoeimiento.a la indudable vocacién revolucionaria bolehevique (la “actualidad” de la revolucién, diria Lukas), ni en el coraje a prueba de desafios histéricos de esos hombres y mujeres dinicos. No, Se trata de otra cosa, Revolucionarios consecuentes los ha habido de a millones, afar- tunadamente. No menos millonaria es la cifra de los valientes, obviamente, en la izquierda tanto como en la derecha. Lo que caracteriza a los bolcheviques es. Ja eficiencia revolucionaria, una cualidad rara, sélo compartida por Mao y, pro- bablemente, los vietnamitas y Fidel Castro. De hecho, la “via rusa” y la “china” han sido, hasta ahora, las dinicas estratepias exitosas para la toma del poder, Ese e5 el corazén del problema que todo revolucionario tiene por delante: ,asmo es posible la victor Obviamente, la tradicién marxista tiene muchos otros nombres y muchas otras experiencias reivindicables y ningiin militante serio debiera predicar el abandono de todas las tradiciones pasadas en nombre de una supuesta “reno= vacién", En la historia nunca hay “borrén y cuenta nueva”, En el mejor de los casos, se da vuelta la pagina, pero el gran libro de Ia experieneia humana, para bien o para mal, continia organizande la vida en general. Se aprende de las ex- Periencias fracasadas también, Es mis, la derrota sucle ser muy pedagdgica. No- habria habido Octubre sin la Comuna de Paris y sin 1905, Pero las experiencias 7 8 exitosas permiten ver el camino hasta cl final. Las reveluciones rusa y china nos muestran, entonces, el resultada de un trabajo bier heelw, al menos en relacidn a la construccién del poder revolucionario. También es cierto que la victoria no puede adjudicarse exclusivamente a la estrategia. En mas de un sentido, Lenin, Trotsky y Mao han ropresentado el papel de las personas correctas, en el lugar adecuado y en el momento justo. Probablemente existiera mas de un Lenin, mas de un Trotsky, mas de un Mao, que simplemente Hlegaron demasiado temprano ({Babeuf?) o estaban en el l= gar equivecade (,Gramsci?), La reyoluciém depende de muchos factores, uno silo de los cuales ¢s la estrategia, Sin embargo, en determinade momento del proceso histérica, cuando los ¢ elementos ya estan presentes, la estrategia adecuada y sus creadores deben ocupar, mas bien pronto que tarde, el centro de la escena. Es el remate de la receta el que asegura su sabor definitive. Y si Mao descubrié 1a receta para la toma del poder en un pais con las caracteristicas de China, Lenin y Trotsky inventaron la correspondiente a uno como Rusia a co- mienzos del siglo XX. Quienes protonden, a comienzas dol nuevo siglo, repeti aquellas hazaitas, deben reconocer la naturaleza especifica del momento y el lu- gar y recuperar, del conjunto de conocimientos acumulados, la experiencia mds cercana a nuestro presente argentino, De ahi la primacia necesaria de Octubre sobre la Larga Marcha en nuestra no menos necesaria reflexiin sobre nuestra es- trategia para nnestre revolucion. En aquella efieacia pueden encontrarse las bases de ésta. La Historia de la Revolucion Rusa La mayor obra historiogrifica de Lesn Trotsky es tal vez el menos discutido de todos Sus textos, al menos en lo que alafie a su importancia. Hay un cierto consenso en que se trata de una “pie7a maestra”, a la altura de los grandes clisi- cos de la literatura marxista y no marxista. En el primer caso, se lo ha compara- do, con justicia, con El 13 Bromario, En el segunda, con la Historia de la Guerra det Peloponeso, No hay dudas de que estamos ante uno de esos raros monumentos de la ciencia histérica, Sin embargo, no es el mas notable de los escritos trotskistas. La palma se la lleva, sin duda alguna, Resteltados y perspectivas, ol balance de la revolucién de 1905. Digo notable porque es alli donde se encuentra prefigurado, doce afios antes, el proceso que serd objeto luego de hislorin, Larciencia, si tien una virtud, es la de predecir. Resullatos y perspec de las ¢ socialismo cientifico, Con todo, si Trotsky logra anticiparse alli a la forma que asumiré el proceso revolucionario, no acierta a sefalar el instrumento que sera indispensable para Hevar a cabo la tarea: el partido. La primacia que Lenin en el conjunto de dicho proceso se debe, preci aesta cuestién. La Historia de la Revelucién Rusa viene a completar, retrospectivamente, ese andlisis y a hacer justicia con el lugar del creador del Partido Bolchevique. ‘Con todo, la Historia no se limita a constatar y completar la descripeidn el proceso Kigico de la revolucin. Es taml te de la lucha politica por ef destino de esa conmocidn histérica, que es, ironicamente, la lucha por la suerte de uno de sus dirigentes y el autor mismo del libro en el que esa batalla se re- presenta, atra vez, retrospectivamente. En efecto, Trotsky eseribe su obra mas sumird 9 importante como parte de su enfrentamiento con Stalin, Ambas representan dos trayectorias distintas y posibles de la ahora URSS: la consolidact capa burocratica que expropia politicamente a las masas, frena toda expansién del proceso revolucionario y pone en peligro la revolucién misma (Stalin); la continuidad internacional del proceso y la reconstruecién de la demoeracia so- vidtica (Trotsky). En ese combate, Stalin ha logrado aislar a Trotsky del partido, iniciando la tarea de la desaparicié igura, que prin de glorificacién de Lenin. El se paso, ya iniciado para entonces, c« en negar su participacién en el proceso mismo de la revolucién. El tercera, colo: carse como el verdadero eje de la construccién de la victoria de Octubre, De alli que la Historia sea un ajuste de cuentas de Trotsky con su pasado, de su relacién con Lenin, con cl Partido Bolchevique y con sus adversarios, en particular con Stalin. En términas de andlisis social, estas necesidades “bélicas” se traducirin en la reivindicacién del analisis de las lineas motrices de la revolucién iniciado: Resultados y perspectivas, en la deuda que Lenin tiene con él, en la consecuente necesidad de revisién de la formula con 1a cual ha sido preparado el partido, en las resistencias que éste opone y en cl papel que al propio Trotsky le cupo en ese raceso, Como veremos, dos temas filoséificos estén detras de estos planteos el papel de! individuo en la historia; la posibilidad de que ésta dé saltas en Iw gares imprevistos, o lo que cs lo mismo, el fendmeno del desarrollo desigual y combinado. En relacién al primero de los problemas, los primeros scis capitulas inten- fardn dar cuenta de esos condicionantes estructurales que determinan a largo plazo los grandes movimientos de la estructura social. Es falso que Trotsky haya realizado un simple ejercicio de “sicologia de masas” abstraido de los deter- minantes econémicos 0 que no tenga “de marxista sino sus declaraciones ted~ ricas”." El “atraso” de Rusia es la forma en que aparece el determinante econd- mico fundamental, situacidn a la cual la coyuntura de la guerra no hace mas. que agravar. Que Trotsky no haga alusién a las contingencias econémicas inme- diatas se debe a que distingue muy bien entre las determinaciones organicas y Jas coyunturales. Los siguientes capitulos estén destinados a demostrar que la revolucién permanente estaba planteada en la realidad, aunque sus protagonis- tas no lo percibieran, creando esa paradoja de la Revolucion de Febrero, segtin Ja cual quien tenia el poder no queria ejercerlo y quien queria, no podia, Esa paradoja se resolvia con una cansigna que brotaba del propio desarrollo de las ftendencias politicas: “todo el poder a los soviets”. Lenin reconoce La justeza del andlisis trotskista al formular el programa de la tevolucién con el cual deberd batallar, primero que nada, dentro de su propio partido: las Tesis de Abril son ese tribato implicit a Resuilados y perspectivas. Precisamente es este punto es en cl ‘cual Trotsky realiza su mayor hazaia pugilistica: al mismo tiempo que desnuda el “menchevismo” de Stalin, Kameney y Zinoviey, rescata al grueso del partido, que recibié con beneplicito In nueva orientacién. A partir de alli, la historia se mn de ta ne la era ast *El primer problema es sefalade por Nicolas Krassé, mientras que la segunda expresién Pertenece a Paul Veyne. Véanse Krassé, Nicolis, Ernest Mandel y Monty Johnstone: EF mindsivo de Trotsky, Cuadernos de Pasado y Presente, Cordoba, 1970 ¥ Veyne Paul: Como se eserite la historia, Alianza, Madrid, 1984 10 desenyolviendo hacia la insurreccién, siguiendo la conduccion general de un. Lenin que ira dejando, sin embargo, la batuta en manos del autor de nuestro li- bro, Efectivamente, lo que Trotsky intenta, cn particular a partir de las Jomadas de Julio, es demostrar el ral preponderante, casi exetusivo, que le cupo en la organizacién de la insurreceidn, primero, y de la conspiracién, pot dltimo. Justo hacia el final, el futuro creador del Ejército Rojo, abandona el primer plano y vemos a Lenin nuevamente protagonizando las escenas mas emocionantes. Un hombre sin partido, que tiene una relacién directa con las masas, logicamente remarea la intervencién directa de aquellas por sobre las representaciones ins- les. Es asi que presenciaremos en la Historia, mas que la aceién de un conjunto-de funcionaries mas o menas abnegados, el cuadro conmavedor de las masas en movimiento, Das temas filosdficns, dijimos, se esconden detras, soportan cl cuadro: el papel del individuo en la historia; la ley del desarrollo desigual y combinaco. ‘Trotsky, a los efectos de remarcar su lugar en la revolucién, elige, oblicuamente, resaltar el de Lenin. Con Robespierre osin Robespierre habria habido Revolucion Francesa igual, habia ensefiado Plejanoy. Sin Lenin no habria habido Revolucién Rusa, contesta Trotsky, La decisién de exaltar la figura de quien fue su principal antagonista pricticamente a lo largo de toda su vida politica, a quien lego a in sultar gravemente, se puede entender de dos mancras. La primera, como vulgar oportunismo, La segunda, como el reconocimiento de un magisterio tardio pero profundo. La escena en la que ese reconocimiento llega a su nivel mas elevado es aquella que Liborio Justo recordar como “tierna” y que puede verse tal vez como excesiva: cansados, seguros ya del triunfo de la insurreccién de Octubre, Lenin y Trotsky deseansan uno al lado del otro en una de las habitaciones del Smolny. Trotsky ha querido remarear una intimidad entre ambos que nunca tuvo lugar? Parcialmente contradictoria, esta escena choca con la enorme consi- deracién que Lenin tenia para con Stalin, a quien, a poco de morir, equiparé en valor con Trotsky. Lenin, el genio organizativo; Trotsky, el genio de la estrategia; las masas. No hay lugar en la Historia para el futuro Padre de los Pueblos mas. que para remarcar el crror y la derechizacién, Otros personajes clave de la lucha en los ’20 merecen tal vez una condena mayor: Zinoviev y Kamenev debieron ser expulsados del partido, por traicidn, a jucio-de Lenin; Bujarin directamente no existid. Es cierto que esta concepcin del papel individual en los procesos socia- les “suena” poco marxista y que, por lo tanto, el asumto parece tener simple- mente un valor polémico, destinado a la lucha de facciones. De hecho, hasta un defensor tan incondicianal como Mandel parece dudar seriamente de su “co- rreccién”.’ Sin embargo, el argumento de Trotsky es defendible. Como sefala ‘Gramsci, en cl momento inmediatamente politico, militar, de la lucha de clases, el tiempo es oro y Ia situacién se define en cuestin de semanas, dedias. De modo que, siendo en general correcto que cuando el proceso ha avanzado mucho es Justo, Liborio: “Leda ‘Trotsky, hombre, liter y revolucionario”, en Clarida, x” 344, octubre de 1940 y Deutscher, Isaac: Trulsly, ef profeta desterrado, Era, México, 1969, p. 233, nota 35 "Vase articulo de Mandel en et libro ya eitadlo junto a Krassé y Johnstone. En el mismo sentido se expide Deutscher en su andlisis de la Historia, en el texte de la cita anterior. u muy probable que tenga mas de un personaje capacitado para eada una de las grandes tareas, no es necesariamente cierto que la velocidad del reemplazo sea siempre la adecuada. Como sefala Trotsky, el Partido Bolchevique podria haber Negade a las conclusiones adecuadas atin sin Lenin, pero tal vez habria sido tar- de. Interpretado con buena fe, este principio coincide con el lugar central que la teorfa de la guerra le otorga a la dircecién, que debe estar protegida frente a toda eventualidad. Trotsky hace gala de una comprensién real del problema cuando: reivindica la decisién de Lenin de no entregarse a las autoridades cuando el Gobierno Provisional ordend su encarcelamiento. La ley del desarrollo desigual y combinado ha tenido mas suerte que este planteo trotskista de la personalidad histérica, del “heroe”, como diria cl Carlyle con el que tantas veces fue comparado, Detris de la Historia, o mejor dicho, como eje organizador, se encuentra una sensibilidad notable hacia la historia eonereta. Trotsky no utiliza el marxismo como tna excusa para no hacer histo- ria, come criticaba Engels. Todo lo contrario, la entiende como-el desarrollo vivo de las contradicciones reales, En términos estrictos, realiza cl ejercicio completo del método dialéctico: de la realidad abigarrada y confusa, a los determinantes profundos (anilisis) y de alli, a la representacién de esa misma realidad, ahora organizada de modo inteligible, Buena parte de lo que pasa como “marxismo” no es sino el recitado de categorias abstraidas de! proceso histérico real. La pri- macia de la totalidad histérico-concreta, entonces, es la que debe ser objeto de anilisis. Esa totalidad es la que determina a las partes y hace que cada una de ellas se mueva a un ritmo que no puede ser sino diferente. La historia no se re- pite, dirfa Trotsky, y sin embargo, sigue una legalidad, es decir, parcialmente, si- gue siendo la misma: Luis XVI es Nicolis II; Miliukov no puede ser Robespierre; Tenin tiene, esta vez, una oportunidad seria de ganar alli donde fracas Babeu!, La historia es la misma y no lo es, Por su propio atraso, Rusia puede superar la revolucién burguesa, puede ser la Inglaterra del socialismo. amente, puede verse aqui una base para defender ¢ mo.cnun 5 porque cl desarrollo de Jas partes ¢s siempre designal, Pero tambisn 5 combinado, es decir, la totalidad e: n Limite: si la parte que ha de sarrollado esa trayectoria especifica no contribuye a reconstruir esa totalidad Sobre nuevas bases, encontrara obs nitivas que, finalmente, la recon duciran a una variante particular de la trayectoria general dominante, Dicho de ‘otra manera, si Rusia no se comporta como la Inglaterra del socialismo, corre peligro de ser la Venecia dol foudalismo. Noventa aitos después, a La luz del resuiltadd final, la URSS de Stalin (como la China de Mao) puede ser vista como el camino mas largo al capitalismo antes que como la realizacisn del socialismo La Historia de la Revol Is experiencia histérica podia iniciar un camino nw rior de Trotsky demuestra que el stali- a simplemente probable. La “caida del esarrollo desigual y combi en taculos de demuestra que todas sus p encialidades. R gPor qué la Revolucion Rusa hoy en la Argentina? Teniendo en cuenta las conclusiones del acipite anterior, la pregunta que eneabeza éste es completamente pertinente. Si la historia no se repite, si la Argentina no es ni puede ser la Rusia de comienzos del siglo pasada: ypara qué preguntarse por esa experiencia? La pregunta tiene dos partes, La primera inquiere por la pertinencia de la estrategia bolchevique en la Argentina. La se- gunda, por la utilidad de pensar un problema tal en momentosen que se supone el capitalismo argentino pasa por uno de sus mejores momentos. Veamos et primer problema cn este acapite y el segunda en cl que sigue. En qué consiste la estrategia bolchevique? En un pais atrasado, en el senti- do de una transicién incompleta del feudalismo al capitalismo, donde la tinica clase con capacidad de accion histérica es un proletariado reducido pero pode- rosamente organizade, con una burguesia débil y una clase feudal en retirada, flotando todas las clases. en un mar de campesinos numerosos pero impotentes, en medio del derrumbe del aparato ostatal y el traspaso del poder material del Estado a las fuerzas soviéticas compuestas de las vanguardias armadas de las expresiones de las clases subalternas (campesinos-soldados y obreros-solda- dos), la estrategia bolchevique consiste en la construccién de una alianza de clases con direccién obrera, cuya funcién es garantizar la insurreccién armada que triunfa ba i EI instrumento de esa estrategia es el partido de cuadros profesionales cuyo objetivo es, primero, la conquista de la mayoria de la clase abreta y, luego, la di- reccién de la insurreccién y su culminacién conspirativa. La estrategia presupo- ne la quiebra de! aparato militar de la clase dominante, que abre una situacién de doble poder, periodo en el cual se produce la disputa politica (cl “explicar pacientemente” de Lenin) mediante Ja cual cl partido revolucionario “encarna” en [a clase al mismo tiempo que la clase se “hace partido” en el camino a trans formarse en Estado. Todo Octubre, cn esta estrategia, presupone un Febrero, En ese periodo intermedio el partido no sélo debe mostrarse capaz de aleanzar la mayoria en el seno de la clase obrera, demostrando ser el tinico capaz de asegu- rar el conjunto de sus intereses mediatos e inmediates, sino tambien ser el vehi- culo de la hegemonia proletaria al encanar el conjunto de las contradieciones secundarias que vitalizan la actividad del resto de las masas que componen la alianza revolucionaria. En el caso ruso, las demandas de paz, tierra y trabajo se sumaban al problema de las nacionalidades para constituir el nucleo del abani- co de problemas a las que el partide debia articular. La formula que sintetizaba esa tarea era la “revolucién permanente”: el pasaje de las tareas democriticas (burguesas) a las socialistas en un mismo y tinico proceso hegemonizado por la misma clase, el proletariado. La‘forma institucional que debia asumir ese proce- ‘so era la democracia sovietica, el continente de La dictadura (supremacia politica y social) del proletariado. Un elemento mas debe coronar la estrategia: el triunfo de la revolucién en Alemania, La revolucién permanente presupone, entances, la revolucién mundial. Come tal, esta estrategia estuvo a la orden del dia en més de una ocasidn: en la Comuna de Paris, on la Rusia de 1905, en la Alemania de la revolucién espartaquista, en la Guerra Civil espafiola, por mencionar los casos mas 3 conocidos. En todos ellos h cen como # Social. Las clases politica, parecen e4 en conjunte programa sucle 5 ternas. La ebrero, un momento en que las clases apare- s nunca aparecen como talesen la lucha de clase que intervienen lar”. Ese zas de fraccic € ulilizado p el grado de activacidn de las-grar sy el poder dela clase la formacién social. Cuando éstas se encuentran en un momento » y cuando la clase dominante es particularmente débil, las conside- fracciones burguesas son lemerosas, mas atin si estas fra + no ran capaces de controlar el resultado de las movilizaciones popular casos, la burguesia 0 sus fracciones mas movilizadas suelen manifestarse a favor dol proceso de i a protesta, Se trata, sobre todo, de una relajacién de la disciplina estatal que da la apariencia de una complicidad entre las fuerzas represivas y las masas (como ‘cuando los manifestantes atraviesan las lineas casacas por debajode las patas de Jos caballos ante la pasividad de sus jinetes). Ese programa popular tiene como ‘soporte acciones que se producen por fuera del aparato estatal; esa tendencia a la accién directa, superando las mediaciones institucionales, es la. que expresa la contradiccién entre lo limitado de las demandas, por una parte, con loavanzado de las formas de accién. Dicho de otra manera, el programa expresa todavia el dominio burgués, mientras las formas de accién tienden a independizar a sus participantes de las formas de conciencia burguesa. Es en este punto en el que os partidos extremos se expresan en el movimiento come direccién moral ‘contradiccion, sobre la que flotan todas las corrientes politicas intervinientes, se hace visible, valga la paradoja, en la ausencia de direccién técnica. Dicha au- sencia (nadie “dirige” las acciones) es la que funda la apariencia de “esponta- neidad" del movimiento, que semeja una fuerza poderosa sin cabeza alguna, asentada en un amplio “consenso”, pero que oculta las tensiones de clase sub- yacentes y la disputa por la direcciGn, [J resultado mas probable del triunfo es la entrega del gobierno a los partidos “conciliadores”, partidos que expresan en su composicién e] cardcter inestable de la alianza con su direcci6n en disputa, que Por lotanto no representan orgiinicamente (en el sentido gramsciano) a ninguna de las clases movilizadas, Esta disputa es la que estara en primer plano a partir del triunfo de esa fuerza social, La clave del proceso que sigue esti en el entronque del partido argénico del Proletariado con las masas, el pasaje de fuerza social a partido. Este proceso es més importante que cualquier “unidad” de las fuerzas de “izquierda” que no Sea resultado de la lucha por Ja direccién de las masas. En este punto, por el contrario, la disputa por el programa es el elemento central de la vida politica, Si este proceso llega a su fin, el resultado sera la emergencia del partido de la revolucién. Si tal cosa no sucede, normalmente triunfa alguna combinacién contrarrevolucionaria, ndose en una “licen iii ae “En su momento de triunfo, las clases aparecen en la lucha como Estado; el momento ‘transicional le cubre el partide. la transicién del feudalismo al capitalismo se produjo ya hace mu- cho tiempo y fue completa, La Revolucién de Mayo barrié con todas las rémoras existentes, no hay tareas “democraticas” pendientes. Mas atin, no sélo no existe campesinado alguno cuya masa venga en auxilio del partido del proletariado, sino que tampoco nos encontramos con una estructura en la cual la pequefia propiedad capitalista (la pequefia burguesia) tenga un peso sustantivo, La revo- Jucién permanente, al menos cn el sentido de Ja continuidad de las tareas bur- guesas y su progresién hacia cl socialismo, no tiene en la Argentina un campo de aplicacién. @Significa que la Argentina actual cs un pais en el cual el desarrollo de la acumulacién de capital la coloca en el corazdn de la revolucién mundial? jE1 grado de desarrollo de sus fuerzas productivas la ubica en la posicidn de las que deben ir en auxilio de los ms atrasados, ejercitando las bondades del desarrollo desigual invertido? No. La Argentina es un pais de desarrollo capitalista pleno, en cl sentido en que las relaciones sociales capitalistas alcanzan en su interior la mayor extensién posible, Pero es una porcién muy pequefia de la acumulacién, mundial y, por ende, muy dependiente de la cadena capitalista. Dada las escasas fuerzas productivas locales, no hay posibilidad alguna no ya de una revolucién triunfante, sino de que el partido revolucionario se sostengaun par de afiusen el poder, Eso pone en primer plano el problema de internacionalismo proletario, la ereacién de los Estadas Unidos Socialistas de América Latina. Ello nos enfrenta, directamente, con el problema de Ja revolucién brasil En este sentido, la revolucién permanente, como continuidad de la revolucion mundial, adquiere para la Argentina una urgencia inmediata. Al mismo tiempo, la Argentina actual no vive un proceso de industrializa- cidn creciente que tienda a constituir un poderoso y concentrado proletariada fabril. Por el contrario, dada la eseasa magnitud de la acumulacién de capital en ‘su interior, producto de la insuficiente competitividad de la indust del proletariado se ve expulsada de las fabricas por el proceso de relocalizacién mundial de las manufacturas (dependientes de fuerza de trabajo barata) y por el crecimiento de la productividad del capital que continua operando localmente. Al mismo tiempo, la altisima productividad (y la consecuente capacidad com- petitiva) dela produccién agraria, determinan una baja capacidad de absorcion de fuerza de trabajo y una tendencia recurrente a la estrangulacién dela acumu- lacién del capital local, dados los limites relations que la disponibilidad de tierras impone. Estas caracteristicas gestan profundas tendencias a la descomposicién capitalista, que se expresan en la expansién de la masa de poblacién sobrante y del empleo improductivo estatal. De aqui se deduce que la preeminencia poli- tica de los agrupamientos politicos fundados sobre estas fracciones del proleta- riado no resulta aneedética. Por otro lado, la burguesia argentina es una especie en extineidn. Se asienta sobre un Estado poderoso, con un aparato represive de gran poder material, pero dificil de sostener sobre la base de fuerzas productivas endebles, Ese po- der, no-obstante, tiene una utilidad meramente interna, no podria enfrentar una aventura extema. La preemineneia abrumadora de la propiedad extranjera pone 8 en la linea inmediata de confrontacién a los Estados Unidos, pero la creciente importancia de la propiedad de capitalismos vecinos (Chile y Brasil), conduce inexorablemente a wna internacionalizacién rpida de la respuesta burguesa. La debilidad moral del aparato represivo local, producto del resultado de la lucha de clases en los '70 y de la restauracién “demacratica”, probablemente haga mis sencillo cl triunfo de una insurreecién local, pero acelere La respuesta externa, Las fracciones menores del capital local y, en particular, la pequenia burguesi sufren un proceso de proletarizacién y, sobre tado, de pauperizacion profundas. Incapaces de funcionar como “burguesia nacional”, es decir, de postularse como direccién de la nacién oprimida contra el imperialismo, pueden ser arrastra- das a la alianza con la vanguardia proletaria, en particular par los vinculos que manticne con las fracciones mas movilizadas del mismo, que tienen su origen parcial en la pequefia burguesfa, como los maestros. En este contexto, la socializacién de las fuerzas productivas locales mas avanzadas, las asentadas en la propiedad agraria, puede realizarse en forma ripida y eficiente y dar una base firme al Estado revolucionario. La amplia ex- concentraciin de las estructuras financieras y de comercializacién ha- cen dificil pensar en la desestructuracién econémica extrema que llevé en Rusia al comunismo de guerra, El principal problema de la revolucin argentina es, antes que nada, externo, Entonees, de qué sirve la experiencia rusa? La revolucién argentina asu- miré la forma de insurreceién de masas urbanas, que repetird la secuencia Febrero-Octubre, pero sin masas campesinas y, probablemente, sin resolucién del problema militar por la experiencia de la guerra, La revolucién argentina debera, entonces, enfrentar la crisis del sistema politico sin el beneficio de so- viets armadas. Esta situacién pareceria dar pie a la repeticidn de la experiencia de la guerrilla urbana setentista. Sin cmbargo, tal conclusién levaria necesa- riamente al mas grave de los errores. La experiencia de los “70 demuestra que la estrategia bolchevique de asegurar la hegemonia politica de las vastas ma- sas obreras, por medio de la aecién del partido revolucionarin, es la tinica que puede garantizar el éxito. Esa hegemonia debe extenderse a las fracciones de Ja pequefia burguesia, que puede ser arrastrada hacia posiciones reaccionarias ‘© sumidas en la impotencia y la desorganizaci’n, coma hizo el zamorismo du- rante el Argentinazo. Esa alianza, que tienc relaciones orgdnicas con el aparato represivo, puede quebrarlo politicamente haciendo pie en la crisis moral que arrastra desde el Cordobazo a esta parte, 1905-2001 La experiencia rusa nos lega la estrategia insurreccional, que coloca en pri- mer lugar el problema de la construccién del partida revolucionario y su he- gemonia en cl interior del proletariado, que constraye alianzas con la pequena burguesia y privilegia la dimensién internacional de la lucha de clases. El doble Poderyy los soviets son el marco y el escenario en el cual dichos abjetives se des~ plicgan. Esta sabiduria politica no broté simplemente de la cabeza de Trostky, fue el balance de la experiencia del proletariado ruso, fue el resultado de 1905. La Argentina tuvo su 1905: fue el 19 y 20 de diciembre de 2001, No abrié. 16 una situaciée revolucionaria. Tales momentos sdlo aparecen cuando la masa del proletariado y de las clases subalternas se moviliza independientemente de la burguesia, al menos en forma incipiente, y constituye su poder en el soviet. Es decir, cuando se constituye una situacién de doble poder. Tal casa no se produjo en diciembre de 2001. El Argentinazo se parece mas a 1905, en el sentido en que abre una ctapa histérica nueva. En términos de la historia local es equivalente al Cordobazo. La revolucién de 1905, que aleanzé un dramatismo muy supe- rior al del Argentinazo, tuvo, sin embargo, las ciones propias del inicio de un proceso revolucionrrio, Un proceso tal se abre cuando las clases subalternas comienzan a desarrollar formas de accién que superan las mediaciones institu- cionales, es decir, cuando en su accién se comportan, tendencialmente, con in- dependencia politica de la burguesia, No alcanzan, sin embargo, a constituirse como poder alternative, aunque suelen aparecen en este momento, las formas que ese poder se dard si el proceso se agrava y se desarrolla, més adelante, una situacién revolucionaria, es decir, un momento de disputa directa y abierta por el poder. Un proceso revolucionario puede avanzar, retroceder o incluso cerrarse, pero mientras se mantenga abierto las tareas que impone deben levarse a cabo, 80 pena de no encontrarse con los instrumentos adecuados cuando la situacién revolucionaria se presente. Esta comprension de la tarea necesaria es la ventaja definitiva que Lenin obtuvo sobre Tratsky. 2Pero, tal previsién es necesaria para la Argentina actual? {Estamos inmer- S08 en tin proceso revolucionario? Efectivamente es asi, aunque por tazones de espacio me veo obligado a remitir al lector a mi libro La plaza es nuestra’ No s6lo el Argentinazo da por tierra con la clapa contrarrevolucionaria iniciada en los ’70, sino que se inscribe cn un proceso mundial que empuja en el mismo sentido y que se expresa, sobre todo en América Latina, en las transformaciones politicas que son de pablico conocimicnto.’ Obviamente, todo depende de la marcha a largo plazo de la economia mundial. Lamento tener que remitir al lec tur, nuevamente, a atro lado, pero aqui no puedo mas que exponer la cuestién. de manera suscinta” La economia mundial entré en crisis en los afios "70 y desde ese momento to- das las tentativas de reconstruccién han encontrado un limite en una tasa de ga- nancia que se eleva lentamente. proceso desencadena crisis recurrentes cada diez afios promedio (1974; 1981; 1989; 2001), mas crisis parciales que se conocen como “efectos” (“tequila”, “arroz”; “vodka"), Esta lentitud de la recuperaciin de la tasa de ganancia mantiene la continuidad de la crisis, que todavia espera su desenlace, asi como la crisis que se inicia con la Primera Guerra Mundial tuvo la suya en La Segunda. Esta situacion de la economia mundial se manifiesta de manera diferencial, pais por pais y regién por regidn. En los capitalismos mas débiles, como el argentino, las consecuencias no sélo son desastrosas, sino que “Ediciones ry, Bs. As., 2006 *Y que el lector puede seguir en Coggiola, Osvaldo: Rojo Amanecer, La liecha de clases en América Latine Hoy, Ediciones ryt, Bs. As., 2007 PViarse los andlisis de la crisis mundial presentes en varios ndimeros dela revista Raziet y Revolucién y del periédico Ef Aromo, y en el dltime capitulo de La vajita infeliz, 7 se hacen mas agudas con el tiempo, Esti en discusidn si la crisis mundial se corré ya, si va en camino a ello o si, por el contrario, va a desplegarse atin con més violencia. Si esta dltima perspectiva es la correcta, la crisis en la Argentina probablemente supere lo visto en 2001, El gobierno Kirchner no ha hecho mis que repetir el ciclo de expansién propio de cada intervalo entre crisis y crisis. Si la crisis mundial se cierra, la economia argentina se estabilizard de alguna ma- neta y las posibilidades revalucionarias se postergarin por largas afos. Pero si el panorama resulia otro, la realidad nos obligaré a intervenir. En ese trance, mejor andlisis del proceso revelucionario triunfante de la experiencia histér més cercana a un pais como la Argentina, la Historia de la Revolucién Rusa, de Trotsky, se volver un manual ieprescindible. Seevidenciaré, por su capacidad para iluminar el futuro, como el mejor libro de historia jamais escrito, Nuestra edicién ‘Conacemos una sola traduccién directa del ruso al castellano de la obra de ‘Trotsky, la del catalin Andrés Nin, publicada en 1931, en Madrid, por Editorial Conit. La tarva de] organizador del POUM resulté incompleta (faltan siete capi- tulosen el segundo tomo) ni, mucho menos, impecable.' Comprensible teniendo en cuenta el contexto en el que realizé su tarea, la Espaita al borde de la Guerra Civil, las deficiencias de la traduccién se agravan con los modismos propios de la época. La traduccién de Nin fue reeditada sin mayores correcciones, aunque completando los capitulos faltantes, por SARPE, en doy tomos (Madrid, 1985) y por Antidote (Buenos Aires, 1997), esta vez en tres tomos. Una mejor edicién, siempre sobre 1a base de la traduccién de Nin, os la de Editorial Tileara (Buenos Aires, 1962), a cargo del grupo de Jorge Abelardo Ramos. Su suy idad se basa en la correccitn del texto castellano teniendo en cuenta las ediciones italia- na (de Garmanzi) y francesa (de Parijanine). Jorge Enea Spilimbergo realizé la traduccidn de los capitulos faltantes en la edicidn original correspondientes al segundo tomo (“El campesinado ante octubre”, “La cuestién nacional”, “Lenin Mama a la insurreccidén”, “El arte de la insurreccién”, “La insurreccién de octu- bre”, “El eongreso de la dietadura sovictica” y “Conelusién’). Ineluye también, como la de Antidoto y a diferencia de la de SARPE, los apéndices del tomo I de la edicién de Cenit. En los "70, Galera realizé una nueva ediciGn en dos tomos, ‘sobre la base de la publicada en 1972 por la Editorial Quimanti, de Chile, que ‘entendems es similar, sino la misma, que la de Tileara, en tanto los capitulos omitidos por la edicién original y reproducidos por la editorial argentina son los mismos traducidos del francés por Spilimbergo (igual que la traduceiin de los tres apéndices del tomo I, realizados por Harold [lorza). Entendemos que la tinica forma de hacer justicia a la obra de Trotsky seria tna nueva traduccién directa del ruso, posibilidad que eseapa a nuestras fuerzas “El traductor de Deutscher al castellano se quejaba de las limitactones de las traducciones de Trotsky al espafiol, en particular en la correspondis Historia, profiriende utilizar la versién inglesa. Véase Deutscher, Isaac: Thitsky, ef profeta armada, Era, México, 1984, p. 236, nota 8. En el tiltime tomo de la trilogia, sin embargo, le parece wtil la ediciéin de Tilea- ta. Véase El pmjeta desterrado, p. 217, nota 13 Ww actuales, Hemos tratade de hacer una nueva edicién corregiendo la traduceidn nal, deseartando las de SARPE y Antidoto (que repiten todos los problemas existentes en la primera) y teniendo a Ja vista Ia publicacién de Galerna. Habida cuenta de las diferencias en la escritura de los nambres propios rusos, preferi- mos unificar ef criterio tomando como guia la edicién de las obras completas de Lenin de Editorial Cartago, Hemos mantenido también los apéndices del primer tomo, en virtud de la utilidad que tienen para comprender el contexto politico-en e! cual la obra pretende intervenit, pero eliminamos la mayoria de las citas del traductor a la edicién original que nos parecieron superfluas 0 que po- dian resultar mas comodo consultar en un breve Glosario, La traduccién de los siete capitulos faltantes en la edicién original, en nuestro caso, se debe a Lucia Gonaailez y Luis Pastor, que aqui se reproducen con su autorizacién, Creemos haber logrado una versién mas gil y liberada de los frecuentes errores de tipeo, frases incompletas e incomprensibles y modismos ininteligibles. Prélogo En los dos primeros meses del afio 1917 reinaba todavia en Rusia la dinastia de los Romanov. Ocho meses después estaban ya en cl timén los bolcheviques, ‘un partido ignorado por casi todo cl mundoa principios de aie y cuyos jefes, en el momento mismo de subir al poder, se hallaban atin acusados de alta traicién. ‘La historia no registra otro cambio de frente tan radical, sobre todo si se tiene en cuenta que estamos ante una nacién de ciento cincuenta millones de habitantes. Es evidente que los acontecimientos de 1917, sea cual fuere el juicio que merez~ can, son dignos de set investigados. La historia de la revolucién, como toda historia, debe, ante todo, relatar los hechos y su desarrollo. Mas esta no basta, Es menester que del relat se des- prenda con claridad por qué las cosas sucedicron de ese modo y no de otro. Los sucesos hist: no pueden considerarse come una cadena de aventuras ‘oeurridas al azar ni engarzarse en el hilo de una moral preconcebida, sino que doben someterse al criterio de las leyes que los gobiernan. Fl autor del presente libro entionde que su misién consiste precisamente en sacar a la luz esas leyes. El rasgo caracteristico mas indiscutible de las revoluciones ¢s la intervencién directa de las masas en los acontecimicntos histéricos, En tiempos normales, el Estado, sea monarquico o democratico, esta por encima de la nacién; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los ‘burdcratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisives, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de Ia palestra politica, decriban a sus representantes, tradicionales y, con su intervencién, crean un punto de partida para el nuevo tégimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto est’ bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nus los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosatros, por encima de todo, la historia de la irrupeisn violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos. Cuando en una sociedad estalla la revolucién, luchan unas clases contra otras y, sin embargo, es de una innegable evidencia que las modificaciones por Tas bases econdmicas de la sociedad y el sustrato social de las clases desde que comienza hasta que acaba no bastan, ni mucho menos, para explicar el curso 19 20 de una revolucién que en unos pocos meses derriba instituciones seculares y rea otras nuevas, para volver enseguida a derrumbarlas, La dindmica de los acontecimientos revolucionarios se halla directamente informada por los ripiclos, tensos y violentus cambios que sufre la sicologia de las clases formadas antes de la revolucién. La sociedad no cambia nunca sus instituciones a medida que lo necesita, como un operario cambia sus herramientas, Por el contrario, acepta practica- mente como algo definitivo las instituciones a quese encuentra sometida. Pasan largos afios durante los cuales la obra de critica de la oposicién no es mas que una vilvula de seguridad para dar salida al descontento de las masas yuna con dicién que garantiza la estabilidad del régimen social daminante; es, por ejem- plo, la significacidn que tiene hoy la oposicién socialdemécrata en ciertos paises. Han de sobrevenir condiciones completamente excepcionales, independientes de la voluntad de los hombres o de los partidos, para arrancar al descontento las cadenas del conservadurismo y Hevar a las masas a la insurreccién, Por tanto, esos cambios répidos que experimentan las ideas y cl estado de espiritu de las masas en las épocas revolucionatias no son producto de la elasti- cidad.y movilidad de la psiquis humana, sino al revés, de su profunde conserva- durismo, El retraso cranico en que se hallan las ideas y relaciones humanas con respecto a las nuevas condiciones objetivas, hasta el momento mismo en que és- tas se desploman catastréficamente, por decirlo asi, sobre los hombres, es lo que en los periodos revolucionarios engendra ese movimiento exaltado de las ideas y las pasiones que a las mentalidades policiacas se les antoja fruto puro y simple de la actuacién de los “demagogos”. Las masas no van a la revolueién con un jan preconcebido de Ia sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando |a sociedad vieja, Sélo el sector dirigente de cada clase tiene un programa politico, programa que, sin embargo, necesita todavia ser sometido a la prueba de los acontecimientos y ala aprobacidn de las masas. El proceso politico fundamental de una revolucién consiste pre te en que esa clase perciba los objetives que se desprenden de la crisis social en que las masas se orientan de un modo activo por cl métado de las aproximacio- is distintas etapas del proceso revolucionario, consolidadas por el desplazamiento de unos partidos por otros cada vex mas extremos, sefalan la presién creciente de las masas hacia la izquierda, hasta que el impulso adquiri- do por el movimiento tropieza con obsticulos objetives. Entonces comienza la reaccién: decepcién de ciertos sectores de la clase revolucionaria, difusién del indeferentismo y consiguiente consolidacién de las posiciones adquiridas por las fuerzas contrarrevolucionarias. Tal ¢s, al menos, el esquema de las revolu- ciones tradicionales. ‘Sélo estudiando los procesos politicos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos que en modo algunio que- remos negar. Son un elemento, si no independiente, si muy importante, de este proceso. Sin una organizacién dirigente, la energia de las masas se disiparia, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistén, sino el vapor. Son evidentes las dificultades con que tropieza quien quiere estudiar los cambios experimentadas por la conciencia de las masas en épocas de revolucién. men 2 Las clases oprimidas crean Ja historia en las félbricas, en Jos cuarteles, en los campos, en las calles de la ciudad, Mas no acostumbran a ponerla por escri to. Los periodos de tensién maxima de las pasiones sociales dejan, en general, poco margen para la contemplacién y el relato, Mientras dura Ia revolucién, todas las musas, incluso esa musa plebeya del periodismo, tan robusta, lo pasan mal. A pesar de esto, la situacion del historiador no es desesperada, ni mucho: menos. Los apuntes escritos son incompletos, andan sueltos y desperdigados. Pero, puestas a la luz de los acontecimicntos, estos testimonios fragmentarios permiten muchas veces adivinar la direccién y el ritmo del proceso histérico, Malo bien, los partidos revolucionarios fundan su técnica en la observacién de los cambios experimentados por la conciencia de las masas, La senda histévica del bolchevismo demuestra que esta observacién, al menos cn sus rasgos mas salientes, es perfectamente factible. Por qué lo accesible al politico revolucio- nario en el torbellino de la lucha no ha de serlo también retraspectivamente al historiador? Sin embargo, los procesos que se desarrollan en la conciencia de las masas no son nunca aulonomos ni independiente, Pese a los idealistas y a los eclécti- 05, la conciencia se halla determinada por la existencia. Los supuestos sobre los que surgen la Revolucién de Febrero y su suplantacién por la de Octubre tienen necesariamente que estar informados por las condiciones histéricas en que se formé Rusia, por sx economia, sus clases, su Estado, por las influencias ¢jercidas sobre ella por otros paises. Y cuanto mds enigmatico nos parezca el hecho de ‘que un pais atrasado fuera cl primero en exaltar al poder al proletariado, mas tenemos que buscar la explicacin de este hecho ticas de ese pais, 0 sea en lo-que le diferencia de los demas, En los primeros capitulos del presente libra esbozamos répidamente la-evo- luci6n de la sociedad rusa y de sus fucrzas intrinsccas, acusando de este modo las peculiaridades histéricas de Rusia y su peso especifico. Confiamos en que el esquematismo de esas paginas no asustara al lector. Mas adelante, conforme siga leyendo, veri a esas mismas fucrzas sociales vivir y actuar. Este trabajo no esta basado precisamente en los recuerdos personales de su autor. El hecho de que éste participara en los acontecimientos no le exime del deber de basar su estudio en documentos rigurosamente comprobadus. El autor habla. de si mismo alli donde la marcha de los acontecimientos le obliga a ha- cerlo, pero siempre en tercera persona. Y no por razanes de estilo simplemente, sino porque el tono subjetive que en las autobiografias y en las memorias es inevitable seria inadmisible en un trabajo de indole histética. Sin embargo, la circunstancia de haber intervenide personalmente en la lu- cha permite al autor, naturalmenie, penetrar mejor, no solo en la sicologia de las fuerzas actuantes, las individuales y las colectivas, sino también en la concate- Racién interna de los acontecimientus. Mas para que esta ventaja dé resultados Positivos, precisa observar una condicién, a saber: no farsea los datos de la pro- Pia memoria, y esto no sdlo en los detalles, sine también en lo que respecta a los Motivos y a los estados de espiritu, El autor erce haber guardado este requisite en cuanto de él dependia. Todavia hemos de decir dos palabras acerca dela posicién politica del autor, que en funcidn de historiador, sigue adoptando e} mismo punto de vista que las cara n adoptaba en funcién de militante ante los acontecimicntos que relata. El lector ho esta obligado, naturalmente, a compartir las opiniones politicas del autor, que éste, por su parte, no tiene tampoco por qué ocultar, Pera si tiene derecho 1 de un trabajo histérico que no sea precisamente la apologia de una po- sicidn politica determinada, sino una exposicién, internamente ravonada, del proceso real y verdadero de la revolucién. Un trabajo histérico s6lo cumple del todo con su misién cuando en sus paginas los aconteeimientos se desarrollan con toda su forzosa naturalidad. ¢Mas tiene esto algo que ver con la que Haman “imparcialidad” histérica? Nadie nos ha explicado todavia claramente en qué consiste esa imparcialidad. El tan citado dicho de Clemenceau de que las revoluciones hay que tomarlas 0 desecharlas en bloc es, en el mejor de Jos casos, un ingenioso subterfugio: ;como es posible abrazar o repudiar como un todo organico aquello que tiene su esen- cia en la escisién? Ese aforismo se lo dicta a Clemenceau, por una parte, la per- plejidad producida cn éste por el excesivo arrojo de sus antepasados y, por otra, la confusién en que se halla el descendiente ante sus sombras. ‘Uno de los historiadores reaccionarios y, por tanto, mas de moda en la Francia contempordnea, L. Madelein, que ha calumniado con palabras tan ele- gantes a la Gran Revolucion, que vale tanto como decir a la progenitora de la nacién francesa, afirma que “el historiador debe colocarse en lo alto de las mu- rallas de la ciudad sitiada, abrazando con su mirada a sitiados y sitiadores”; es, segdn dl, la dniea manera de conseguir una “justicia conmutativa”. Sin embar- 6, los trabajos de este historiador demuestran que si él se stibié a lo alta de las murallas que separan a los dos bandos, fue, pura y simplemente, para servir de espia a la reaccién. Y menos mal que en este caso se trata de batallas pasadas, pues en épocas de revolucién es un poco peligroso asomar la cabeza sobre las murallas. Claro esta que, en los momentos peligrosos, cstas sacerdotes de la “justicia conenutativa” suclen quedarse sentados en casa esperando a ver de qué parte se inelina la vietoria. El lector serio y dotado de espiritu critica no necesita de-esa solapada impar- cialidad que le brinda la copa de 1a conciliacién Mena de vencno reaccionario, sino de la metédica escrupulosidad que va a buscar en los hechos honradamen- te investigados, apoyo manifiesta para sus simpatias o antipatias disfrazadas, la contrastacién de sus nexos reales y el descubrimiento de las leyes por quese rigen. Esta es la tinica objetividad histérica que cabe, y con ella basta, pues se halla contrastada y confirmada, no por las buenas intenciones del historiador de que 4 mismo responde, sino por las leyes que rigen el proceso histérico y que ‘Ase limita a revelar, Para escribir este libro nos han servido de fuentes numerosas publicacio- nes periédicas, diarios y revistas, memorias, actas y otros materiales, en par- te manuscritos y, principalmente, los trabajos editados por el Instituto para la Historia de la Revolucién en Moset: y Leningrado. Nos ha parecido superfluo indicar en el texto las diversas fuentes, ya que con ello no hariamos més que estorbar la lectura. Entre las antologias de trabajos histéricos hemos manejado muy en particular los dos tomos de los Aprntes para la Historia de la Revolicisn de Octubre (Moseti-Leningrado, 1927). Escritus por distintes autores, los trabajos B monognaficos que forman estos dos tomos no tienen todas el mismo valor, pero contienen, desde hiego, abundante material de hechos, Cronoligicamente nus guiamos cn todas las fechas por el viejo calendario, rezagado en trece dias, como se sabe, respecto al que regia én el resto del mundo. y hoy rige también en los Saviets, El autor no tenia mas remedio que atenerse al calendario que estaba en vigor durante la revoluckin. Ningian trabajo le hu- biera costado, naturalmente, trasponer las fechas segtin cl cémputo moderno. Pero esta operacién, climinando unas dificultades, habria creado otras de mas monta, El derrocamiento de la monarquia pasé a la loria con el nombre de Revolucidn de Febrero. Sin embargo, computando la fecha por el calendario oc cidental, ocurrié en marzo, La manifestacién armada que se organizé contra la politica imperialista del gobierno provisional figura en la historia con el nombre de “jomadas de abril”, siendo asi que, segin cl computo europe, tuve lugar en mayo. Sin detenernos en otros acontecimientos y fechas intermedios, haremos nofar, finalmente, que la Revoluciéin de Octubre se produjo, segiin el calendario europeo, en noviembre. Como vemos, ni el propio calendario se puede librar del sello que estampan en él los acontecimientos de la Historia, y al historiador no le es dado corregir las fechas historicas con ayuda de simples peraciones aritmé- ticas. Tenga en cuenta cl lector que antes de derrocar el calendariobizantino, la revolucién hubo de derrocar las instituciones que a él se aferraban. Len Trotsky Tomo I Capitulo [ Las caracteristicas del desarrollo de Rusia El rasgo fundamental y mas constante de la historia de Rusia es el cardcter rezagado de su desarrollo, con el atraso econdmico, cl primitivismo de las for- fas Sociales y ol bajo nivel de cultura que son su abligada consecuencia. La poblacién de aquellas estepas gigantescas, abicrlas a los vientos incle- ‘mentes del Oriente y a los invasores asiiticos, nacié condenada por la natura- leza misma a un gran retraso, La lucha con los pueblos némadas se prolonga hasta fines del siglo XVI. La lucha con los vientos que arrastran en invierno los hielos y en verano la sequia, atin se sigue librando hoy en dia. La agricultura -base de todo el desarrollo del pais- progresaba de un modo extensivo: en el norte eran talados y quemados los bosques, en el sur se roturaban las estepas ; Rusia fue tomando posesién de la naturaleza no en profundidad, sino en exter Mientras que los pueblos birbaros de Occidente se instalaban sobre las ruinas de la cultura romana, muchas de cuyas viejas piedras pudieron utilizar ‘como material de construccién, los cslavos de Oriente se encontraron en aque- las inhdspitas latitudes de la estepa huérfanos de toda herencia: su antecesores vivian en un nivel todavia mas bajo-que el suyo. Los pueblos de la Europa oc- ‘idental, encerrados enseguida dentro de sus fronteras naturales, crearon los Titcleos econdmicns y de cultura de las sociedades industriales. La poblacién de la lanura oriental, tan pronto vio asomar los primeros signos de penuria, Penetrd en los bosques o se fue a las estepas. En Occidente, los elementos mas emprendedores y de mayor iniciativa de la poblacién campesina vinieron a la ‘ciudad, se convirtieron en artesanos, en comerciantes. Algunos de los elementos activos y audaces de Oriente se dedicaron también al comercio, pero la mayoria Se convirtieron en cosacos, en colonizadores, El proceso de diferenciacién social tan intensivo en Occidente, en Oriente ‘Yelase contenido y esfumado por el proceso de expansién. “El zar de los mas- “ovitas, aunque cristiano, reina sobre gente de inteligencia perezosa”, oseribia Vico, contemporineo de Pedro I. Aquella “inteligencia perezosa” de los: mos- ‘ovitas reflojaba la lentitud del ritmo econdmico, la vaguedad informe de las Telaciones de clase, la indigencia de la historia interior. »@ 30 Las antiguas civilizaciones de Egipto, India y China tenian caracteristicas propias que se bastaban a si mismas y disponian de tiempo suficiente para le= var sus relaciones sociales, a pesar del bajo nivel de sus fuerzas productivas, casi hasta esa misma minuciesa perfecciéin que-daban a sus productos los arte- sanos de dichos paises, Rusia hallibase enclavada entre Europa y Asia, no sélo geograficamente, sino también desde un punto de vista social ¢ histérico. Se diferenciaba en Ja Europa occidental, sin confundirse tampoco con el Oriente asidtico, aunque se acercase a uno u otro continente en los distintos momentos de su historia, en uno u otro respecto. El Oriente aporté ol yugo tartaro, elemen- to importantisimaen la formacién y estructura del Estado maso, E] Occidente era un enemigo mucho mas temible; pero al mismo tiempo un maestro, Rusia no podia asimilarse a las formas de Oriente, compelida como se hallaba a plegarse constantemente a la presién econémica y militar de Occidente. La existencia en Rusia de un régimen feudal, negada por los historiadores: tradicionales, puede considerarse hoy indiscutiblemente demostrada por las madernas investigaciones. Es mas: los elementos fundamentales del feudalismo: ruso eran los mismos que los de Oecidente. Pero-el solo hecho de que la existen- cia en Rusia de una época feudal haya tenido que demostrarse mediante largas polémicas cientificas, es ya claro indicio del caracter imperfect del feudalismo ruso, de sus formas indefinidas, de la pobreza de sus monumentos culturales. $ atrasados se asimilan las conquistas materiales ¢ ideolgicas de Jas naciones avanzadas. Pero esto no significa que sigan a estas ultimas servil- mente, reproduciendo todas las etapas de su pasado. La teoria de la reiteracién de los ciclos histéricos -procedente de Vico y sus secuaces- se apoya en la ob- servacién de los ciclos de las viejas culturas precapitalistas y, en parte también, en las primeras experiencias del capitalismo. El carcter provincial y episédico. de todo el proceso hacia que, efectivamente, se repitiesen hasta cierto punto las distintas fases de cultura en los nuevos micleos humanos. Sin embargo, el ca- pitalismo implica la superacién de estas condiciones. El capitalismo prepara y, hasta cierto punto, realiza la universalidad y permanencia en la evolucidn de la humanidad. Con esto se excluye ya la posibilidad de que se repitan las formas evolutivas en las distintas naciones. Obligado a seguir a los paises avanzados, el pais atrasado no se ajusta en su desarrollo a la concatenacién de las etapas suce- sivas. El privilegio de los paises histricamente rezagados -que lo es realmente- estd en poder asimilarse las cosas 0, mejor dicho, en obligarse a asimildrselas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de ctapas intermedias. Los salvajes pasan de la flecha al fusil de golpe, sin recorrer la senda que separa en el pasado esas dos armas, Los colonizadores europeos de América no tuvie- ron necesidad de volver a empezar la historia por el principio, Si Alemania 0 los Estadas. Unidos pudieron dejar atrés econémicamente a Inglaterra fue, precisa~ mente, porque ambos paises venian rezagados en la marcha del eapitalismo. Y Ja anarquia conservadora que hoy reina en la industria hullera britanica y en la mentalidad de MacDonald y de sus amigos, es la venganza por ese pasado en que Inglaterra se demoré mas tiempo del debido empuitando el cetro de la he- gemonia capitalista. El desarrollo de una nacién histéricamente atrasada hace, forzosamente, que se confundan en ella, de una manera caracteristica, las distintas 3I fases del proceso histérico, Aqui cl ciclo presenta, enfocado en su totalidad, un earcter confuso, embrollado, mixto. Claro esta que la posibilidad de pasar por alto las fases intermedias no es munca absoluta; hallase siempre condicionada en ultima instancia por la capaci- dad de asimilacién econdmica y cultural del pals. Ademds, los paises atrasados rebajan siempre el valor de las conquistas tomadas del extranjero al asimilarlas asu cultura ms primitiva. De este modo, el proceso de asimilacién cobra un cardcter contradictorio. Asi por ejemplo, la introduccién de los elementos de la técnica occidental, sobre todo la militar y manufacturera, bajo Pedro | se tradujo en la agravaciin del régimen servil como forma fundamental de la organizacién, del trabajo, El armamento-y los empréstitos a la europea -productos, indudable- mente, de una cultura mas elevada- determinaron el robustecimiente del zaris- mo, que, a su vez, se interpuso como un obsticulo ante el desarrollo del pals. Las leyes de la historia no tienen nada de comin con el esquematismo pe- dantesco. El desarrollo desigual, que es la ley mas general del proceso histérico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los paises atrasados. Azotados por cl litigo de las ne- cesidades materiales, los paises atrasados vense obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre mas adecuado, calificaremos de ley del desarrolta combinado, aludiendo a la aproximacién de las distinta etapas del camino y a la confusién de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a ‘esta ley, enfocada, naturalmente, en la integridad de su contenido material, seria imposible comprender la historia de Rusia ni la de ningun otro pais de avance cultural rezagado, cualquiera que sea su grado. Bajo la presién de Europa, mas rica, el Estado ruso absorbia una parte pro- porcional mucho mayor de la riqueza nacional que los Estados occidentales, con Jo cual no séla condenaba a las masas de! pucblo a una doble miseria, sino que atentaba también contra las bases de las clases pudientes. Pero, al propio tiem- PO, necesitado del apayo de estas Giltimas, forzaba y reglamentaba su formacién. Resultado de esto era que las clases privilegiadas, que se habian ido burocrati- zando, no pudiesen llegar a desarrollarse nunca en toda su pujanza, raz6n por la cual el Estado iba acercindase cada vez mas al despotismo asiaitico. La autocracia bizantina, adoptada oficialmente por los zares moscovitas desde principios del siglo XVI domené a los boyardos feudales con ayuda de la nobleza y sometié a ésta a su voluntad, entregindole los campesinos como siervos para crigirse sobre estas bases cn cl absolutismo imperial petersburgués Para comprender cl retraso con que se desarrolla este proceso histérico, baste decir que la servidumbre de la gleba, que surge en el transcurso del siglo XVI, S¢ perfecciana en el XVII y florece en el XVIII, para no abolirse juridicamente- hasta 1861. El clero. desemperia, después de la nobleza, un papel bastante importante, Pero completamente mediatizado, en el proceso de formacién de la autocracia Parista. La Iglesia no se remanta nunca en Rusia a las alturas del poder que Mega a ocupar en el Occidente catdlico, y se contenta con llenar las funciones de Servidora espiritual cerca de la autocracia, apuntindose esto como un mérito de su humildad. Los abispos y metropolitanos s6lo disponian de poder en cuanto a2 mandataries del brazo secular. Los patriarcas cambiaban al cambiar los zares. En el periodo petersburguds, la sujecién de la Iglesia al Estado hizose todavia més servil. Los doscientos mil curas y frailes integraban en el fondo la burocta- cia del pais, eran una especie de cuerpo policiaco de la fc: en justa reciprocidad, Ia policia secular amparaba el monopolio del clero ortadoxo cn materia de fe y protegia sus tierras y sus rentas, La eslavofilia, este mesianismo del atraso, razonaba su filosofia diciendo que ‘el pueblo ruso y su Iglesia cran fundamentalmente democriticos, en tanto la Rusia oficial no era otra cosa que la burocracia alemana implantada por Pedro ol Grande. Marx observaba, a este propésite: “Exactamente lo mismo que los asnos teuténicos hicieron caer la responsabilidad del despotismo de Federico IL sobre los franceses, como si los esclavos atrasados no necesitaran siempre de esclavos civilizados para hacer su aprendizaje indispensable”, Esta breve ob- servacién refleja perfectamente no sélo La vieja filosofia de los eslavéfiles, sino también el evangelio modemo de los “racistas”. La indigencia del feudalisma ruso y de toda la historia rusa antigua cobraba su mis triste expresion en la ausencia de auténticas ciudades medicvales como centros de artesania, de comercio, En Rusia el artesanado-no tuvo tiempo de des- glosarse por entero de la agricultura y conservé siempre el cardcter del trabajo a domicilio. Las viejas ciudades rusas eran centros comerciales, administrativos, militares y de la nobleza; centros, por consiguiente, consumidores y no produc- tores. La misma ciudad de Novgorod, tan cercana a la Hansa y que no llegd a conocer el yugo tértaro, era una ciudad comercial sin industria. Cierto es que la dispersién de los oficias campesinos, repartidas por las distintas camarcas, creaba la necesidad de una red comercial extensa. Pero los mercaderes nomadas no podian ocupar, en modo alguno, el puesto que en Occidente ocupaba la pe- quefia y media burguesia de los gremios de artesanos en el comercio y la indus- tria, indisolublemente unida a su periferia campesina. Ademas, las principales vias de comunicacién del comercio ruso conducian al exterior, asegurando asi al capital extranjero, desde los tiempos mas remotos, el puesto directivo y dando un caracter semicolonial a todas las operaciones, en las que el comerciante usa quedaba reducido al papel de intermediario entre las ciudades occidentales y la aldea rusa. Este género de relaciones econémicas experiments un cierto avance en la época del capitalismo ruso y tuvo su apogeo y suprema oxpresién en Ia guerra imperialista. La insignificancia de las ciudades rusas, que es lo que mas contribuyé a for- mar en Rusia el tipo de Estado asiatico, excluia, en particular, la posibilidad de un movimiento de Reforma encaminada a sustituir la Iglesia ortodoxa buroerd- tico-feudal por una variante cualquiera moderna del cristianismo adaptada a las necesidades de la sociedad burguesa. La lucha contra la Iglesia del Estado no trascendia de los estrechos limites de las sectas campesinas, sin exeluir la mis poderosa de todas, el cisma de los “creyentes viejo”. Quince afios antes de que estallase la gran Revolucién francesa se desenca- dend en Rusia el movimiento debs cosacos, labricgos y obreros serviles de los montes Urales, acaudillado por Pugachev. ¢Qué le falté a aquella furiosa insu- rreccién popular para convertirse en verdadera revolucin? Le falté el tercer estado, Sin la democracia industrial de las ciudades, era imposible que la guerra 3B campesina se transformase en revolucién, del mismo mode que las sectas aldea- nas no podian llevar a cabo una Reforma, Lejos de provacar una revolucién, el alzamiento de Pugachev sirvié para consolidar el absalutismo buroceatico. come servidor ficl de los intereses de la nobleza, y volvié a demostrar su eficacia en una hora dificil. La europeizacién del pais, que comenzé formalmente bajo Pedro ol Grande, fue convirtiéndose cada vez mas, enel transcurso del siglo siguiente, en una ne- cesidad de la propia clase gobernante, es decir, de la nobleza. En 1825, la intelee- {ualidad aristocratiea, dando expresién politica a esta necesidad, se lanzé a una conspiracin militar, con el fin de poner freno a la autocracia, Presionada por el desarrollo de la burguesia europea, la nobleza avanzada intentaba, de este modo, suplir la ausencia del tercer estado, Pera no se resignaba, a pesar de todo, a renunciar a sus privilegios de casta; aspiraba a combinarlos con el régimen liberal por cl que luchaba; por eso, lo que mis temia era que se levantaran los campesinos. No tiene nada de extraio que aquella conspiracién no pasara deser Ja hazaiia de unos cuantos oficiales brillantes, pero aislados, que sucumbieron casi sin lucha, Ese sentido tuve la sublevacién de los “decembristas”, Los terratenientes que poseian fabrieas fueron los primeros de su estamento que se iniciaron hacia la sustitucién de! trabajo servil por el trabajo libre. Otro de los factores que impulsaban esta medida era la exportacién, cada dia ma- yor, de cereales rusos al extranjero. En 1861, la burocracia noble, apoyandose en los terratenientes liberales, implanta la reforma campesina. El impotente li- beralismo burgués, reducido a su papel de comparsa, no tuva mas remedio que contemplar el cambio pasivamente. No hace falta decir que cl zarismo resolvié, el problema fundamental de Rusia, esto es, la cuestién agraria, de un modo: todavia mas mezquina y rapaz que el que la manarquia prusiana utilizaria para resalyer, poca después, el problema capital de Alemania: su unidad nacional. La solucién de los problemas que incumben a una clase por obra de otra, es una de las combinaciones a que aludiamos, propias de les paises atrasados, Pera donde se revela de un mode mis indiscutible la ley del desarrollo com- binado es en la historia y cl cardcter de Ja industria rusa. Nacida tarde, no repite Ja evolucién de los paises avanzados, sino que se incorpora a éstos, adaptan- do a su atraso propio las conquistas mas modernas. Si la evoluciém economica general de Rusia salté sobre los periods del artesanado gremial y de la ma- Nufactura, algunas ramas de su industria pasaron por alto toda una serie de tapas técnico-industriales que en Occidente lenaron varias décadas, Gracias a Sto, la industria rusa pudo desarrollarse en algunos momentos con una rapidez. extraordinaria, Entre la revolucién de 1905 y la guerra, Rusia dobl6, aproxi- madamente, su produccién industrial, A algunos historiadores rusos esto les Parece una razdn bastante concluyente para deducir que “hay que abandonar la a del atraso y del progreso lento”. En rigor la posibilidad de un tan rapi- do progreso hallibase condicionada precisamente por el atraso del pais, que no Persiste hasta cl momento de la liquidacion de la vieja Rusia, sino que atin Perdura como herencia de ese pasado hasta el dia de hoy, El termémetro fundamental para medir el nivel ccondmico de una naciin € cl rendimiento del trabajo, que, a su vez, depende del peso especifico de la industria en la economia general del pais. En visperas de la guerra, cuando la ou Rusia zarista habia alcanzado el punto culminante de su bienestar, la parte ali- cuota de riqueza nacional que correspondia a cada habitante era ocho 0 diez veces inferior a la de Jos Estados Unidos, lo cual no tiene nada de sorprendente si se tiene en cuenta que las cuatro quintas partes de la poblacién obrera de Rusia se coneentraban en la agricultura, micntras que cn los Estados Unidas, por cada persona ocupada en las Labores agricolas habia 2,5 obreros industria- les, Afiidase a esto que en visperas de la guerra Rusia tenia 0,4 kilémetros de lineas férreas por cada 100 kilémetros cuadrados, mientras que en Alemania la proporcién era de 1,7 y de? en Austria-Hungria, y porel estilo, todos los demas coeficientes comparatives que pudiéramos mencionar. Como ya hemos dicho, es precisamente en cl campo de la economia don- de se manifiesta con su maximo relieve la ley del desarrollo combinado. Y asi, mientras que hasta el momento mismo de estallar la revolucién, la agricultura se mantenia, con pequefias excepciones, casi en¢l mismo nivel del industria, en lo que a su técnica y a su estructura capitalista se referia, estaba al nivel de los paises mas avanzados y, en algunos respectos, los sobrepasaba. En el afio 1914 las pequefias industrias con menos de cien obreros representaban en. los Estados Unidos un 35% del censo total de obreros indust en Rusia este porcentaje era tan sélo de 17,8. La mediana y la gran industri una némina de 100 a 1.000 obreras, representaban un. peso especifico aproxi- madamente igual; los centros fabriles gigantescos que daban empleo a mas de mil obreros cada uno y que en los Estades Unidos sumaban el 17,8% del censo total de la poblacién obrera, en Rusia representaban el 41,4%, En las regiones in- dustriales mas importantes este porcentaje era todavia més elevado: en la zona de Petrogrado era de 44,4%; en la de Moseti, de 57,3%. A idénticos resultados Hegamos comparando la industria rusa con la inglesa 0 alemana, Este hecho, que nosotros fuimos los primeros en registrar en el aio 1908, se aviene mal con la idea que vulgarmente se tiene del atraso econdémico de Rusia. Y, sin embargo, no excluye este atraso, sino que lo complementa dialécticamente. ‘También la fusién del capital industrial con el bancario se efectué en Rusi proporciones que tal vez no haya conocido ningtin otro pais. Pero la media cin de la industria por los bancos equivalia a su mediatizacién por el mercado financiero de la Europa occidental, La industria pesada (metal, carbéin, petrdlee) sc hallaba sometida casi por entero al control del capital financiero internacio- nal, que se habia creado una red auxiliary mediadora de bancos en Rusia. La industria ligera siguid las mismas hucllas. En términos generales, cerca del 40% del capital en accianes invertido en Rusia pertenecia a extranjeros, y la propor- cidn era considerablemente mayor en las ramas principales de la industria, Sin exageracién, puede decirse que los paquetes de acciones que controlaban los principales bancos, empresas y fabricas de Rusia estaban en manos de extran- jeros, debiendo advertirse que la participacién de los capitales de Inglaterra, Francia y Bélgica representaba casi el doble de la de Alemania. Las condiciones originarias de la industria rusa y de su estructura in- forman el caracter social de la burguesia de Rusia y su fisonomia politica. La intensa concentracién industrial suponia, ya de suyo, que entre las altas esferas capitalistas y las masas del pucblo no hubiese sito para una jerar- quia de capas intermedias. Afidase a esto que los propietarios de las mas ae 35 importantes empresas industriales, bancarias y de transportes eran extranjeros que cotizaban los beneficios obtenidos en Rusia y su intluencia politica en los Jamentos extranjeros, razén por la cual no sdlo no les interesaba fomentar la lucha por el parlamentarisma ruso, sino que muchas veces le haclan frente: baste recordar el vergonzoso papel que desempefaba en Rusia la Francia oficial, Tales eran las causas elementales ¢ insuperables del aislamiento politico y del odio al pueblo de la burguesia rusa. Y si ésta, en los albores de su historia, no habia aleanzado el grado neeesaria de madurez para acometer la reforma del Estado, cuando las circunstancias le depararon la ocasién de ponerse al frente de la revolucién demostré que llegaba ya tarde, En consonancia con ol desarrollo general del pais, la base sobre la que se for- m@ la clase obrera rusa no fue cl artesanado gremial, sino la agricultura; no fue la ciudad, sino el campo. Ademis, el proletariado de Rusia no fue formandase paulatinamente a lo largo de los siglos, arrastrande tras si el peso del pasado, como en Inglaterra, sino a'saltos, por una transformacién subita de las condicio- nes de vida, de las relaciones sociales, rompiendo bruscamente con ¢l ayer. Esto fue, precisamenic, lo que, unido al yugo concentrado del zarismo, hizo que los ‘obreros rusos se asimilaran las conclusiones mas avanzadas del pensamiento revolucionario, del mismo. mado que la industria rusa, Ilegada al mundo con petraso, sc-asimilé las Gltimas conquistas de la organizacion capitalista, El proletariado ruso tornaba a reproducir, una y otra vez, la breve histo- tia de sus origenes. Al tiempo que en la industria metahirgica, sobre todo en Petersburgo, cristalizaba y surgia una categoria de proletarios depurados que habian roto completamente con la aldea, en los Urales seguia predominando el tipo obrero de semiproletario, semicampesino. La afluencia de nuevas hornadas demano de obra del campo a las regiones industriales renevaba todos los afios los lazos que unian al proletariaca con su cantera social. La incapacidad do aceién politica de la burguesia se hallaba directamente informada por el caracter de sus relaciones con el proletariado y la clase cam- posina, La burguesia no podia arrastrar consigo a los obreros a quienes la vida de todas jos dias enfrentaba con ella y que, ademas, aprendieron enseguida a §eneralizar sus problemas. ¥ la misma incapacidad demostraba para atraerse a los campesinos, atada como estaba a los terratenientes por una red de intereses comunes, y temerosa de que el régimen de propiedad, en cualquicra de sus for- Mas, se viniese a tierra. El retraso de la revolucién rusa no era tan sélo, como se : Eyrobiana de cronologia, sino que afectaba también a la estructura social Inglaterra hizo su revolucién puritana en una época en que su poblacién total no pasaba de los cinco millones y medio de habitantes, de los cuales medio millén correspondia a Londres, En la época de la Revolucion francesa, Paris D6 contaba tampoco con més de medio millén de almas de los veinticinco que formaban cl censo total del pais. A principios del siglo XX Rusia tenia cerca de lento cincuenta millones de habitantes, més de tres millones de los cuales se Soncentraban en Petrogrado y Masct. Detris de estas cifras comparativas laten grandes diferencias sociales. La Inglaterra del siglo XVII, como la Francia del si- Glo XVIII, no conocian atin el proletariado moderno. En cambio, en Rusia la cla- Se obrera contaba, en 1905, incluyendo la ciudad y el campo, no menos de diez % millones de almas, que, con sus familias, venian a representar mas de veinticin- co millones de almas, cifra que superaba la de la poblacién tatal de Francia en la época de la Gran Revolucién, Desde los artesanas acomodados y los campesinos independientes que formaban en el ejército de Cromwell, hasta los proletarios industriales de Petersburgo, pasando por los sansculottes de Paris, la revolucién, hubo de modifiear profundamente su mechnica social, sus métodas, y con éstos también, naturalmente, sus fines. Los acontecimientos de 1905 fueron el prologo de las das revoluciones de 1917: la de Febrero y la de Octubre. El prélogo contenia ya todas los elementos del drama, aunque étos no se desarrollasen hasta cl fin, La guerra ruso-japone- sa hizo tambalearse al zarismo. La burguesia liberal se valid del movimiento de las masas para infundir un poco de miedo, desde la oposicisin, a la monarquia, Pero los obreros se emanciparon de la burguesia, organizndose aparte de ella y frente aella en los soviets, creados entonces por vez primera. Los campesinos se lovantaron, al grito de “jticrra!”, en toda la gigantesca extensién del pals. Los elementos revolucionarios del ejército sentianse atraides, tanto como los campesinos, por los savicts, que, en el momento Algido de la revolucidn, dispu- taron abiertamente el poder a la monarquia. Fue entonces cuando actuaron por primera vez.en la historia de Rusia todas las fuerzas revolucionarias: carecian de experiencia y les faltaba la confianza en si mismas. Los liberales retrocedieron ostentosamente ante la revolucién en el preciso momento en que se demostraba que no bastaba con hostilizar al zarismo, sino que era preciso derribarlo. La brusca rupiura de la burguesia con el pueblo, que hizo que ya entonces se des prendiese de aquélla una parte considerable de la intelectualidad democratica, facilité a la monarquia la obra de seleccién dentro del ejércite, le permitié selec- cionar las fuerzas ficles al régimen y organizar una sangrienta represién contra los obreros y campesinos. Y, aunque con algunas costillas rotas, ol zarismo sa vivoy relativamente fuerte de la prueba de 1905. Qué alteraciones introdujo en cl panorama de las fuerzas sociales cl desa- rrollo histirico que lena los once atios que median entre el prologo y el drama? Durante este periodo se acenttia todavia mis la contradiccién entre el zarisme y las exigencias de Ia historia. La burguesia se fortificé econémicamente, pero hemos visto que su fuerza se basaba en la intensa concentracién de La industria y on Ia importancia creciente del capital extranjero, Adoctrinada por las ense= ianzas de 1905, la burguesia se hizo atin mas conservadora y suspicaz. El peso especifico dentro del pais de la pequeria burguesia y de la clase media, que ya antes era insignificante, disminuyé mas aun. La intelectualidad democritica no disponia del menor punta consistente de apoyo social, Podia gozar de una in- fluencia politica transitoria, pero nunca desempefar un papel propio: hallabase cada vez més mediatizada por el liberalismo burgués. En estas condiciones no habia més que un partido que pudiera brindar un programa, una bandera y una direccién a los campesinos: el proletariado. La misién grandiosa que le estaba reservada engendré la necesidad inaplazable de crear una organizacidn revolu- cionatia propia, capaz de reclutar a las masas del pueblo y ponerlas al servicio de la revolucién, bajo la iniciativa de los obreros. Asi fue como los soviets de 1905 tomaron en 1917 un gigantesco desarrollo. Que los soviets ~ paso- no son, sencillamente, producto del atraso histérico de Rusia, sino fruto a7 de Ja ley del desarrollo social combinado, que cl proletariado del pais mas indust durante la marejada revolucionaria de 1918-1919 mas forma de organi ue los soviets: La Revolucin de 1917 perseguia como fin inmediato el derrocamiento dela monarquia burocratica. Pero, a diferencia de las revoluciones burguesas tradi- cionales, daba entrada en la accién, en calidad de fuerza decisiva, a una nueva dlasé, hija de los grandes centros industriales y equipada con una nueva orga- nizacién y nuevos métodos de lucha. La ley del desarrollo social combinado se hos presenta aqui en su expresion ultima: la revolucién, que comienza derrum- bando toda la podredumbre medieval, # la vuelta de pocos meses lleva al poder al proletariado acaudillado por cl partido comunista. El punto de partida de la revolucién rusa fue la revolucién democratica. Pero te6 en términos nuevos el problema de la democracia politica, Mientras los obreras Ilenaban el pais de soviets, dando entrada en ellos a los soldades y, en algunos sitios, a los campesinos, la burguesia seguia entreteniéndose en dis- cutir si debia 0 no convocarse la Asamblea Constituyente. Conforme vayamos exponiendo los acontecimientos, veremos dibujarse esta cuestidn de un modo perfectamente concreto, Por ahora queremos limitarnos a sefialar el puesto que a los Soviets en 1a concatenacidin historica de las ideas y las formas revolucionarias, La revolucién burguesa de Inglaterra, planteada a mediados del siglo XVII, se desarrollé baja el manto de la Reforma religiosa. Fl siibdito inglés, luchando por su derecho a rozar con el devocionario que mejor le pareciese, luchaba con- tra el rey, contra la aristocracia, contra los principes de la Iglesia y contra Roma. Los presbiterianos y Jos puritanos de Inglaterra estaban profundamente con- vencidos de que colacaban sus intereses terrenales bajo la suprema proteccién de la providencia divina. Las aspiraciones por las que luchaban las nuevas cla- Ses confundianse inseparablemente en sus conciencias con los textos de la Biblia Y los ritos del culto religioso, Las emigrantes del Mayflower Hevaron consigo al ‘otro lado del océano esta tradicién mezclada con su sangre. A esto se debe la fuerza excepcional dle resistencia de la interpretacién anglosajona del cristianis- mo. Y todavia es huy el dia en que los ministros "socialistas” de la Gran Bretatia encubren su cobardia con aquellos mismos textos magicos en que los hombres del siglo XVII buscaban una justificacién para su bravura. En Francia, donde no prendié la Reforma, la Iglesia catolica perduré como Iglesia del Estado hasta la revolucién, que habia de ira buscar ne a los textos de Ja Biblia, sino a las abstracciones de la democtacia, la expresién y justificacién Para los fines de la sociedad burguesa. Y por grande que sea el odio que los ac- tuales dirigentes de Francia sientan hacia el jacobinismo, el hecho es que, gracias 41a mano dura de Robespierre, pueden permitirse ellos hoy cl lujo de seguir disfrazando su régimen conservador bajo formulas por medio de las cuales se hizo saltar en otro tiempo a la vieja sociedad. ‘Todas las grandes revoluciones han marcado a la sociedad burguesa una ‘Aueva etapa y nuevas formas de conciencia de sus clases, Del mismo modo que ‘€n Francia no prendié la Reforma, en Rusia no prendid tampoco la democra- Gla formal, El partide revolucionario ruso a quien incumbié la misidn de dejar lo demuestra por si sole el hecho de del mundo, Alemania, no hallase acién as estampado su sello en toda una época, no acudié a busear la expresién de los problemas de la revolucién a la Biblia, nia esa democracia “pura” que no es mis que cl cristianismo secularizado, sino a las condiciones materiales de las clases que integran la sociedad. El sistema soviético dio a estas condiciones su expresién mas sencilla, mas didfana y mds franea. El régimen de los trabajado- res se realiza por ver primera en la historia bajo los soviets que, cualesquiera que sean las vicisiludes histiricas que les estén reservadas, ha echado raices tan profundas e indestructibles en la conciencia de las masas como, en su tiempo, la Reforma o la democracia pura. Capitulo I La Rusia zarista y la guerra Laintervencin de Rusia en la guerra era contradictoria por los motives y los fines que perseguia. En el fondo, la sangrienta lucha entablada giraba en torno ala supremacia mundial. En este sentido, exeedia de las fuerzas de Rusia. Sus “objetivos de guerra” (los estrochos turcos, Galitzia, Armenia) tenian un carie~ ter provincial y sdlo podian ser alcanzados de pasada en La medida en que se armonizasen con los intereses de las potencias beligerantes decisivas. Pero, al mismo tiempo, Rusia, como gran potcncia que era, no podia per- Manecer al margen cn aquellas disputas de los paises capitalistas mas avanza- dos, del mismo modo que, en la época anterior, no habia podido abstenerse de introducir en su pais fabricas, ferrocarriles, fusiles de tiro répido y aeroplanos. Los frecuentes debates entablados entre los historiadores rusos de la moderna escuela acerca do si la Rusia zarista estaba 0 no madura para tomar parte on la Politica imperialista contemporanea, degeneran constantemente en escolasticis- moe, pues enfocan a Rusia aisladamente, como factor suelto en la palestra inter- Nacional, cuando, en realidad, no era mas que el eslabén de un sistema. La India tomd parte en la guerra formalmente y de hecho como colonia de Inglaterra. La intervencién de China, aparentemente “voluntaria”, fue, en rea- lidad, la intervencidn del esclavo en las reyertas de los seftores. La beligerancia de Rusia venia a ocupar un lugar intermedi entre la de Francia y la de China. Rusia pagaba en esta moneda el derecho a estar aliada con los paises progresi- Vos, importar sus capitales y abonar intereses por los mismas; ¢s decir, pagaba, en el fondo, el derecho a ser una colonia privilegiada de sus aliados, al propio tiempo que a ejercer su presién sobre Turquia, Persia, Galitzia, paises mas dé- biles y atrasados que ella, y a saquearlas. En el fondo, el imperialismo de la esia rusa, con su doble faz, no era mas que un agente mediador de otras Potencias mundiales més poderosas, Los “compradores* chins son el tipo clisico de una burguesia nacional €teada sobre c! papel de agente intermedio entre cl capital financiero extranjero Y la economia interior del pais. En la jerarquia de los Estados del mundo, Rusia Ocupaba antes de la guerra un lugar considerablemente mas alto que China. Probloma aparte es ya saber el lugar que hubiera ocupade después de la guerra, a 42 suponiendo que no hubiese cstallado la revoluckin. Sin embargo, la autocracia usa, de una parte, y de otra la burguesia, presentaban los rasgos caracteristicos marcados del tipo de los “compradores”: tanto una como otra vivian y se nu- trian de los vinculos que les unian al imperialismo extranjero, a cuyo servicio estaban, y de no apoyarse en 4, no hubieran podido tenerse en pie. Y ya se vio que, a diltima hora, ni con este apoyo pudieron salir adelante, La burguesia rusa “semicompradora” tenia intereses mundiales imperialistas, a la manera como el agente que trabaja en comisién comparte los intereses de la empresa a quien sirve. El instrumento de las guerras son las ejéreitos. Y como en las mitologias na- cionales, cl propio Ejército se considera siempre invencible, las clases gobeman- tes.en Rusia nose veian obligadas a hacer una excepcidn para el ejército 7a En realidad, éste no representaba una fuerza seria mis que contra los pueblos somibérbaros, los pequeftus paises limitrofes y los Estados en descomposicién; en la palostra curopea, este ejército podia Iuchar coaligado con los demiés. En el defensivo, su cficacia estaba en relacion directa con la inmensa extension del pais, la densidad escasa de poblacién y las malas comunicaciones. El ejército de los campesinos siervos de la gleba tuvo un virtuoso: Suvdrov. La Revolucion Francesa, abriendo de par en par las puertas de una nueva sociedad y a una nueva cstrategia, firmé la sentencia de muerte de los ejércitos surovianos. La semiabolicién del régimen servil y la implantacién del servicio militar obligatorio modernizaron el ejército dentro de los mismos limites que el pai es decir, Hevaron a 6] todas las contradicciones de una nacién que ain no habia hecho su revolucién burguesa. Cierto es que el cjército zarista fue organizado y equipado a tono con el cjemplo de los paises occidentales pero esto afectaba mas ala forma que al fondo. Habia una gran desproporcidn entre el nivel cultural del campesino-soldado y el de la técnica militar. En el mando cobraban expresiin la ignorancia, la pereza y la venalidad de las clases gobernantes rusas. La indus- tria y los transportes fallaban constantemente ante las exigencias concentradas de los tiempos de guerra. Los soldados, que en los primeros dias de la guerra daban la impresién de estar bien equipados, carecieron enseguida no sélo de armas, sino de botas. En la guerra ruso-japonesa, el ejército zarista demostré su nulidad. En la época de la contrarrevolucién, la monarquia, con la ayuda de la Duma, abastecié los depésites de material de guerra y remendé come pudo el @ército, echando también una pieza a su reputacién de invencible. Hasta queen el aio 1914 sobrevino una prueba harto mas dura. En cuanto al armamento y las finanzas, Rusia se nos revela, durante la gue- rra, entregada servilmente a sus aliados, En realidad, esto no hacia mas que reproducir, en el aspecto militar, la subordinacién general en que se encontraba respecto a los paises capilalistas avanzados. Pero ni con la ayuda de los alia- dos salvé Rusia su situacion. La escasez de municiones, la falta de medios para fabricarlas, la ausencia de una buena red ferroviaria, con su consiguiente in- capacidad para el transporte, tradujeron el atraso de Rusia al lenguaje de las derrotas, accesible para todo el mundo, y esas derrotas recordaron a los clemen- tos liberales de la nacién que sus antecesores no se habian cuidado de hacer la revolucién burguesa y que, por tanto, los descendientes estaban en deuda con la Historia. a Los primeros dias de Ja guerra fueron también los primeros dias de la igno- nimia. Después de una serie de catastrofes parciales, en la primavera de 1915 sobrevino la desbandada general, Los generales descargaban los furores de su ineptitud criminal sobre la poblacién pacifica. Los inmensos territorios del pai eran devastados brutalmente. Verdaderas nubes de langosta humana veianse empujadas a latigazos hacia cl interior del pais. El desastre de dentro venia a completar el derrumbe de fuer: Contestando a a la situacidn en el frente, cl ministro de Guerra, general Pol contest textualmente: “Confio en la dilatada extensién intransitable de nuestro territorio, en los pantanos inacabables y en la misericordia de San Nicolis de Mirlik, protector de la santa Rusia.” (Sesién del 4 de agosto de 1915.) Unas se- manas mas tarde, el general Ruski confesaba a aquellos mismo: modernas exigencias de la técnica militar exceden nuestras posibilidades, Desde luego, no podemos entendérnalas con los alemanes.” Y en estas palabras no se reflejaba una impresién pasajera. El oficial Stankievich reproduce estas palabras de un ingenicro militar: “Es inittil que queramos guerrear contra los alemanes, pues no nos hallamos en condicidn de hacer nada. Hasta los nuevas métodos de guerra se truecan para nosotros cn otras tantas causas de fracaso.” Y atin podriamos citar multitud de opiniones por el estilo. De lo unico que los generales podian disponer en abundancia era de carne humana. Con la came de vaca y de cerdo se guardaba mucha mas economia. Aquellas nulidades grises del Estado Mayor, aquel Yanuskievich de la escolta de Nikolai Nikolaievich o aquel Alexéiev de la escolta del zar, no sabian mis que tapar las brechas con nuevas movilizaciones, consolando a los aliadas y conso- Kdndose a si mismos con grandes columnas de cifras, cuando lo que hacia falta eran columnas de combatientes. Fueron movilizados cerca de quince millones do hombres que Hlenaban las zonas de combate, los cuarteles, los contros de ctapa, se estrujaban y se pisoteaban unos a otros furiosos y con la maldicién en los labios. Y estas masas humanas, que eran un valor nulo en el frente, eran, en cambio, un valor muy efectivo de disgregacién en cl interior del pais. Se calcula que el nimero de muertos, heridos y prisioneros rusos fue aproximadamente de cinco millones y medio de hombres. La cifra de desertores aumentaba incesante- Mente. Ya en julio de 1915, los ministros se lamentaban: “jPobre Rusia! Hasta su gjército, que en otros tiempos lend el mundo con el clamor de sus victorias..., ha Venido a quedar reducido a un trope! de cobardes y desertores.”” ‘Los propios ministros que hacian chistes macabros hablando de la “valentia evacuadora” de los generales, perdian horas y horas en discutir problemas como éste: ;Debian sacarse de Kiev las reliquias de los santos o dejarlas estar? El zar entend{a que podian dejarse alli, pues “los alemanes no se atreverdn a tocarlas, ¥ si se atreven, peor para ellos”. Sin embargo, el Sinodo habia empezado ya a trasladarlas a otro sitio: “Cuando nos marchemos, nos Hevaremas con nosotros 16 mas preciado.” Estos hechos no ocurrian en la época de las Cruzadas, sino en Pleno siglo XX, mientras la radio transmitia las noticias de las derratas rusas. ‘Los triunfos alcanzados por Rusia sobre Austria-Hungria no se debian tanto al pais vencedor como al vencide. La putrefacta monarquia de los Habsburgo Sstaba pidiendo a voces desde hacia largo tiempo un sepulturero, el primero 4 que Hegase. No era la primera vez que Rusia triunfaba de los Estadas en des- compasicidn, tales como Turquia, Polonia y Persia, El frente suroccidental del ejército ruso, vuelto hacia Austria-Hungria, alcanzd, a diferencias de los otros, grandes victorias, En él se destacaron algunos generales que, si a decir verdad no revelaron en nada grandes aptitudes militares, por ko menos no estaban con- fagiados hasta el tuétano de ese fatalismo propio de las caudillos veneidos inva Tiablemente, De este medio habrian de salir, andando el tiempo, algunos de los “héroes” blancos de las guerras civiles. ‘Todo cl mundo buscaba en quién descargar sus culpas. No habia judio a quien no se acusara de espionaje. Todo el que llevaba un apellido alemdn veia su casa saqueada. Fl [Estado Mayor del gran duque Nikolai Nikolaievich man- dé fusilar como espia aleman al coronel de gendarmes Miasoiedoy, sin prue- ba alguna fehaciente de lo que fuese. Sujomlinoy, ministro de Guerra, hombre vacuo y poco escrupuloso, fue detenido y acusado, acaso no sin motives, de traicién, EI ministro de Relaciones Internacionales de la Gran Bretafa, Grey, dijo al presidente de la delegacién parlamentaria rusa, comentando cl hecho: “Vuestro gobiemo da pruebas de una gran audacia al atreverse a procesar por traidor en plena guerra al ministro del ramo.” Los eslados mayores y la Duma acusaban de germanofilia a la Corte. Y tanto unos como otros sentian envidia y odio contra los aliados. El alto mando francés economizaba sus tropas, echando mano de soldados ruses. Inglaterra se desplazaba lentamente. En los salones de Petrogrado y cn los estados mayores del frente decianse chanceando: “Inglaterra ha jurado que guerrearia hasta dar la tiltima gota de sangre... del soldado ruso.” Estas bromas acabaron por llegar a oidos de los soldados del frente. para la guerra!”, exclamaban los tros, los diputados, los genorales y los periodistas, “Si -gruiian los soldados en las trincheras, empezando a abrir los gjos-; todos estin dispuestos a combatir hasta la ultima gota... de mi sangre.” El ejéreito ruso experiments en la guerra un nimero de muertos superior al de ninguna de las demas naciones que tomaron parte en La matanza; sus vie~ timas ascendieron a dos millones y medio de mucrtos, o sea el 40% de las didas sufridas por todos los ejéreitos aliados juntos. En los primeros meses, los soldados caian bajo los abuses sin reflexionar 0 reflexionando paco. Pero cada dia que pasaba iba dejando en ellos un nuevo poso de experiencia, esa experien- cia amarga de los “soldados rasos” que no tienen quién les sepa conducir. Los soldadas tocaban las consecuencias de aquel caos de marchas sin rumbo ni obje- tivo que ordenaban sus generales en sus zapatos rotos y en un estémago vacio. ‘Y de aquella papilla sangrienta de hombres y cosas se alz6 una palabra que fue tomando cuerpo y extendi¢ndose por todas partes: la palabra locura. El rudo Jenguaje de los soldados empleaba, naturalmente, otra un poco més fuerte. El cuerpo que primero se desmoralizé fue Ja infanteria, formada por cam: Pesinos. La artilleria, on cuyas filas sucle haber un porcentaje bastante grande de obreros industriales, denota, por lo general, una capacidad mucho mayor de asimilacién de las ideas revolucionarias, como hubo de demostrarse bien clara- mente en 1905. El hecho de que en 1917 la artilleria revelara, por el contrario, tendencias mis conservadoras que la infanteria, se explica teniendo en cuenta que por los regimientos de infanteria pasaba como por un cedazo una sucesién Constante de masas humanas cada vez menos preparadas. La artilleria, que habia 3 sufrido muchas menos pérdidas, seguia conservando los antiguos cuadros, Lo mismo ocurria en otras armas especiales. Pero, a tiltima hora, tampoco la arti- lloria se mantuvo fiel. Durante la rotirada de Galitzia, el comandante transmitié la siguiente orden seereta: “Azotar a los soldados que desorten o cometan cualesquiera otros deli- os.” Pireiko, un soldado, cuenta: “Comenzaron a azotar a los soldados por la mas insignificante falta, como era, por ejemplo, el alojarse del regimiento por algunas horas sin permiso; otras veces se veia que azotaban sencillamente para Jevantar la moral bélica a fuerza de latigazos.” Ya el 17 de septiembre de 1915, apuntaba Kuropatkin invecando cl testimonio de Guchkov: “Los soldades par- fieron a la guerra llenos de entusiasmo; ahora estin cansados y las constantes re- tiradas les han hecho perder la fe en la victoria.” Era, poco mas o menos, por los mismos dias, en que el ministro de Interior, hablando de los treinta mil soldados convalecientes hospitalizados en Moscu, decia; “son una banda de revoltosos que no conocen la disciplina, escandalizan, se pelean con los guardias (no hace mucho que un guardia fue muerto por ellos), libertan por la fuerza a los dete- nidos, etottera. Es evidente que si surgen desérdenes, estas hordas se sumardn ala multitud.” El soldado Pirciko, a quien citébamas mas arriba, escribe en sus Recuerdos: “Todo cl mundo, sin excepcién, concentraba su interés en la paz: lo que menos le interesaba al ejército era saber quitn saldria vencedor y qué clase de paz se sellaria. El ejército: necesitaba, queria la paz a toda costa, pues estaba cansado ya de la guerra.” Una mujer que poseia espiritu observadar, 5. Fedorchenko, tuvo ocasién de escuchar, siendo enfermera, las conversaciones, casi dirlamos los pensamientos, de los soldadas, y los puso por escrito con gran arte en su carnet de notas. Fruto de este trabajo fue un librito titulado El pueblo en la guerra, que nos permite lan- una ojeada a ese laboratorio en que las bombas, las alambradas, los gases asfixiantes y la vileza de los jefes fueron trabajando durante largos meses la conciencia de unos cuantas millones de campesinos rusos y donde con los hue- sos humanos crujian los prejuicias de varios siglos de tradicién. En muchos de aquellos aforismos primitives, grabados por la soldadesca, latian ya en potencia Jas consignas de la guerra civil que se avecinaba, El general Ruski lamentabase, en diciembre de 1916, de Riga, a la que la maba la desgracia del frente septentrional. Era lo mismo que Dvinsk -decia et Beheral-, “un nido de propaganda revolucionaria”, El general Brusiloy confir- Taba que las tropas procedentes de csa regidn llegaban desmoralizadas, que los soldados se negaban a lanzarse al ataque, que el capitin de una compaiiia habia sido muerto a bayonetazos por sus hombres, que no habia habide mas remedio que fusilar.a unos cuantos y otras cosas del mismo tipo. “Los gérmenes que habia de producie la descomposicidn definitiva del ejército existian ya mu- cho antes de la revalucién”, confiesa Rodzianko, que mantenia relaciones con la Oficialidad y habia visitado repetidas veces el frente, Los elementos revelucionarios, al principio dispersos, habianse hundide en. Ja masa del ejército casi sin dejar huella, Pero a medida que cundia el descon- tento iban saliendo de nuevo a la superficie. Los obreras huelguistas, enviados al frente como castigo, reforzaban las filas de los agitadores, y las retiradas les brindaban auditorios propicios, “En el interior, y sobre todo en el frente-denuncia 6 la Ocrana-, el ejército esti plagado de elementos subversivos, de los cuales unos puecien convertirse, Hlegado el momento de una sublevacién, en una fuerza ae- tiva, y otros negarse a ejecutar medidas represivas”, Las autoridades superiores de la gendarmeria de la provincia de Petrograco, denuncian en octubre de 1916, baséndose en un informe del delegado de la "Unién de Zemstvos”, que el esta- do de espiritu que reina en el ejército es inquictante, que las relaciones entre los oficiales y soldados denotan una gran tirantez; por doquicr pululan a millares los desertores. “Todo el que haya visto de cerea cl cjército saca la impresién y el convencimiento de que entre los soldados reina indiseutible descomposicién moral.” Por medida de prudencia, el informe afade que si bien mucho de lo que se cuenta en las citadas informaciones parece poco verosimil, no hay mas remedio que darle crédito, pues muchos de los médicos que regresan del frente de-operaciones se expresan en idéntico sentido, El estado de espiritu reinante en cl interior del pais correspondia a la moral del frente, En la reunién celebrada por cl partido “kadete* en octubre de 1916, la mayoria de los delegados hacia notar la apatia y la desconfianza en cl final victorioso de Ia guerra que dominaban “en todos los sectores de la poblacién, sobre todo en el campo y entre los elementos pobres de las ciudades”. El 30 de octubre de 1916, el director del Departamento de Policia hablaba en sus infor- mes dela “fatiga de la guerra” y del “anhelode una paz pronta, sea cual sea, que se observan por todas partes en todos los sectores de la poblacién”. Meses més tarde, todos estos sefiores, diputadas y policias, generales, médi- cosy ex-gendarmes, afirmaban undnimemente que [a revolucién habia matado cel patriotiamo on el ejército y que los bolcheviques les habian quitado de entre las manos una victoria segura. En este caos de patriatisma belicoso, los que Ilevaban la batuta eran, sin duda, los demdcratas constitucionales (los kadetes). El liberalismo, que ya a fi- nes de 1995 habia roto cl contacto muy problematico que le unia a la revolucién, levanté desde los primeros momentos de la contrarrevolucién la bandera del imperialismo. Y la cosa era Iégica: puesto que no habia manera de limpiar al pais de la basura feudal para garantizar a la burguesia una situacién preemi- nente, no le quedaba mas recurse que pactar una alianza con la monarquia y la nobleza, con el fin de asegurar al capital un puesto mas relevante en la palestra mundial. ¥ si bien es cierto que la eatastrofe mundial se fue preparando desde distintos puntos, lo cual hizo que hasta cierto punto sorprendicse incluso a sus organizadores mas responsables, no es menos indudable que los liberales rusos, en su calidad de inspiradores de la politica exterior de la monarquia, ocupan un lugar bastante destacado en la preparacién de la guerra, Los caudillos de la burguesia rusa hacian justicia ala verdad al saludar como-cosa suya la guerra de 1914. En la sesidn solemne celebrada por la Duma nacional el 16 dejulio de 1914, el representante de la fraceién de los kadetes declara: “No poseemos condicio- nes ni formulamos exigencias; nos limitamos a arrojar en la balanza la firme decisién de rechazar al enemigo.” La “unién sagrada” fue sellada también en Rusia como doctrina oficial. Durante las manifestaciones patridticas de Moseti, ef marqués de Benkerndorf, maestro mayor de ceremonias, declaré a los diplo- miticos: “Abi tienen ustedes la revolucién que nos pronosticaban en Berlin!” “Esta idea -comenta el embajador francés Paléologue- esta manifiestamente en a7 todas las cabezas.” Aquella gente consideraba como su deber abrigar y sembrar ilusiones en una situacién que paree que debia ser incompatible con ellas, No habian de hacerse esperar las frias ensefanzas de la realidad, Poea des- pus de estallar la guerra, uno de los kadetes mas expansivos, el abogado y te- rratcniente Rodichev, exclamaba en una sesién del comité central de “Pero ¢s posible que credis que con imbeciles como éstos puede nadie vencer?” Las acontecimientos demosiraron que no, que con imbéciles como aquéllos no habia manera de veneer, Cuando ya tenia perdida una buena parte de su fe en ol triunfo, el liberalismo intents aprovecharse de la inercia de la guerra para introducir un poco de limpieza cn la camarilla palaciega y obligar a la monar- quia a pactar. El arma principal de que se sirvié para estos fines fue la acusaciin de germanofilia y de preparacién de una paz. por separado, lanzada contra el partido de la corte. En la primavera de 1915, cuando las tropas desarmadas se batian en retirada en todo el frente, las esferas gubernamentales decidieron, no sin la presién de Jos aliados, atraer hacia los trabajos de guerra la iniciativa de la industria pri- yada. A una reunion convocada especialmente para este fin acudieron, ademas de los burdcratas, los industriales mas influyentes. Las “uniones de zemstvos” ¥ municipios, que habian surgido al estallar la conflagracién, y los comités in- dustriales de guerra, creados en la primavera de 1915, se convirtieron on otros tantos puntos de apoyo de la burgues(a en su lucha por la victoria y el poder. Apoyada en dichas organizaciones, la Duma nacional podia obrar con mayor seguridad como mediadora entre la clase burguesa y la monarquia. Sin embargo, las vastas perspectivas politicas no distraian la atencién de los intereses cotidianos, De la comisién asesora especial, formada con aquellos fi- nes, fluian, como de un manantial, cientos de millones de rubles, que, ramifica- dos por diversas canales, regaban copiosamente la industria, saciande a.su paso Jos apetitos de muchos. En la Duma nacional y en la prensa se dieron a conocer algunos de los beneficios de guerra obtenidos durante los afios 1915 y 1916: la empresa textil de Riabuschinski, un fabricante liberal de Moscit, figuraba con un 75% de beneficios netos; la manufactura de Tver jcon un 111%; la fabriea de laminacién de cobres de Kolichuguin, fundada con un capital de diez millones, aparecia reportando mas de doce de utilidades. Como se ve aqui, la virtud pa- tridtica quedaba recompensada espléndidamente y, ademas, bastante aprisa. La especulacién en todas sus formas y las jugadas de Bolsa Hlegaron al pa- roxismo, De la espuma sangrienta surgian inmensas fortunas, El que en la ca- ital no hubiese pan ni combustible no impedia a Fabergé, cl joyero de la corte, vanagloriarse de que nunca habla hecho tan magnificos negocios. La Wirubova, camarera de palacio, cuenta que jamas se habian encargado trajes tan caros ni se habjan comprado tantos brillantes como durante el invierno de 1915-1916, Los locales nocturnos de diversiones estaban abarrotados de héroes emboscados, de desertores legales y demas caballeros respetables, demasiados viejos para guerrear en el frente pero lo suficientemente javenes todavia para gozar de la Vida en la retaguardia, Los grandes duques no eran los que menos participaban fn aquellas orgias, mientras hacia estragos la peste. Y no habia que preocuparse de lo que se derrochaba, pues no cesaba de caer de lo alto una lluvia bendfica de oro, La “buena sociedad” no ten{a mas que alargar la mano-y abrir las bolsillos; 48, Jas damas aristocraticas alzaban las faldas; los banqueros ¢ intendentes, indus- triales, bailarinas del zar y de los grandes duques, jerarcas ortodoxos, damas de la corte, diputados radicales, generales del frente y de la retaguardia, abogados radicales, tartufos augustes de ambos sexes, el tropel de sabrinos y, sobre todo, de sobrinas, todas chapoteaban en aquel cieno amasado con sangre, Todos se daban prisa a robar y a comer a dos carrillos, temerosos de que la ben¢fica luvia se acabara, y todas rechazaban con indignacién la idea ignominiosa de una paz prematura. ‘La comunidad en Jas ganancias, las derrotas en el frente y los peligros del interior, fueron acercando mas y mas a los partidos de Las clases poseedoras. En la Duma, desunida todavia en visperas de la guerra, formédse en 1915 una mayoria patridtica de opasicién, que adopts cl nombre de “bloque progresivo”. Proclamé, naturalmente, como su finalidad oficial, la “satisfaccién de las nece- sidades creadas por la guerra”. En la izquierda quedaron fuera del bloque los socialdemécratas y los fnudoviki; en la derecha, las grupos francamente oscuran- tistas, los tres grupos de octubristas, el centro y una parte de los nacionalistas, entraron en el bloque o se adhirieron a él, al igual que los grupos nacionales: los polacos, los lituanos, los musulmanes, los judios, cte. Para no asustar al zar lanzando la formula de un ministerio responsable, el bloque exigié “un gobier- no de coalicién, formado por personas que gozasen de la confianza del pais". El ministro de Interior, principe Cherbatoy, definia ya en aquel entonces el blogue progresivo como una “unin pasajera provocada por el peligro de la revolucién social”, Para comprender esto no era necesaria, naturalmente, una gran pene- tracién, Miliukoy, que capitaneaba a los kadetes, y desde ese puesto al bloque, decia en una reunion de su partido: “Estamos sobre un volcan... La tensién ha llegado a su limite extremo... Basta con que cualquier imprudente arroje una ce- rilla al suelo para que estalle el voraz incendtio... Urge mas que nunca un poder fuerte, sea el que fuese, bueno o malo: Tan grande era la esperanza de que el zar, intimidado por las derrol avendria a hacer concesiones, que, en agosto, la prensa liberal publics ta lis- ta de un proyectado “Gabinete de confianza” con el presidente de la Duma, Rodzianko, de primer ministro (otra versién indicaba para este cargo al pre- sidente de la “Unién de Zemstvos”, principe Lvov); Guchkov de ministro de Interior; Miliukov, en Relaciones Internacionales, ete. Afio y medio después, la mayorfa de estas personas, que se habian nombrado a si mismas para aliarse con el zar contra la revolucién, obtenian carteras en el gobierno “revoluciona- provisional. Na cra ol primer caso cn que la Historia se permitia bromas de stas, Menos mal que, por esta vez, la chanza resultd de corta duracién. La mayoria de los ministres del gabinete presidido por Goremikin estaban tan aterrorizados como los kadetes ante la marcha de los acontecimientos, razin_ por la cual se inclinaban a pactar con el blaque progresivo. “Un gobierna que ‘no caxente con la confianza del lular del poder supremo, ni del ejército, ni de los municipios, ni de los ‘zemstvos’, ni de la nobleza, de los obreros, no sélo no puede actuar, sino que ni siquiera puede existir. Fs un absurdo manifiesto.” Este cra el juicio que le mereeia, en agosto de 1915, al principe Cherbatov el gobierno en que él mismo desempefiaba la cartera del Interior. “Si las cosas se organizan de una manera decorosa y se deja una salida -decia el ministro de Relaciones Internacionales, Sazonov-, los kadetes serain los primeros en.aceptar el pacto; Miliukow cs un gran burgudés, y a nada teme tanto como a la revolucién social. Ademds, la mayoria de los kadetes tiemblan ante la perspectiva de perder sus capitales.” Por su parte, el propio Miliukov entendia que el “bloque” tendria que hacer “ciertas concesiones”, Como se ve, ambas partes estaban dispuestas a entenderse, y parecia asunto concluido, Pero el 29 de agosto, Goremikin, el presidente del Consejo, un burdcrata cargado de afias yde honores, viejo cinico que se dedicaba a hacer politica entre partida y partida de tresillo y se negaba a atender ninguna queja, diciendo que la guerra no era casa suya, se presenté-al zar en el cuartel general y volvié con la noticia de que todo el mundo debia permanecer en su sitio y las.cosas como estaban, excepto la rebelde Duma, que seria disuelta el 3 de septiembre. La lectura del ukase del zar disolviendo la Duma fue acogida sin una sola palabra de protesta; los diputados dieron un viva al zar y se fueron cada cual por su lado. iCémo este gobierno, que, segtin su propia confesidn, no se apoyaba en na- die, pudo sostenerse cn ol poder mas de ano y media? Los triunfos pasajcros de las tropas rusas surtieron, indudablemente, su efecto, reforzando la benéfica Iluvia de oro. Cierto es que los triunfos en el frente se acabaron pronto, pero en ¢! interior del pais los beneficios seguian viento en popa. Sin embargo, la causa principal de que se consolidase la monarquia por una temporada, doce meses antes de sobrevenir su derrumbe, residia en la aguda diferenciacién del descon- tento popular. El jefe de la Ocrana de Moscti daba cuenta de eémo Ia burguesia evolucionaba hacia la derecha empujada por “el miedo ante la posibilidad de que después de la guerra se produjesen revueltas revolucionarias”. Como ve- mos, la posibilidad de una revolucidn en plena guerra se daba por descartada. Los industriales andaban, ademas, inquietos por los “coqueteos” de algunos de los dirigentes de los comités industriales de guerra con el proletariada. El coronel de gendarmes Martinov, que, par lo visto, no habia perdido el tiempo leyendo por deber profesional las obras marxistas, llegaba a la conclusion de que la mejora relativa experimentada por la situacién politica del pais se debia a “la diferenciacién cada ver. mas acentuada de las clases sociales, en la que se ponen al descubierto de un modo vivo y cada vez mas insensible, on los tiempos que corren, los conflictos planteados entre sus intereses”. La disolucién de la Duma en septiembre de 1915 fue un reto lanzado a la burguesia y no a los obreros. Y sin embargo, mientras los liberales se volvian 4 sus casas vitoreando al zar, aunque, a decir verdad, sin gran entusiasmo, los ‘obreros de Petragrado y Moseti contestaban al reto con huelgas de protesta, Esto acabd cle desalentar a los liberales, que lo que més temian era que un tercero en discordia se entrometiera en su pleito familiar con la monarquia. Qué posicién debian adoptar? Los liberales, con unos cuantes gruiidos timides del ala iz- quierda, optaron por la solucién acreditada: no salirse de la legalidad y revelar la inutilidad de la burocracia cumpliendo estrictamente con sus deberes patrié- ticos, Desde luego, no habia mas remedio que dejar a un lado, por el momento, la lista de un ministerio liberal, Entretanto, la situacidn iba empeorando automiticamente, En mayo de 1916 fue convocada a otra vez la Dura, aunque, a decir verdad, nadie sabia para qué. No entraba en sus intenciones, ni por asomo, hacer un tlamamiento a la 50 revolucion. Y no siendo asi, no pintaba ningun papel. “Durante este periodo -recuerda Rodzianko- las sesiones se desarrollaban perezosamente, los diputa- dos asistian a ellas con irregularidad.., La eterna lucha pareeia no tener ningdn sentido, el gobierno no queria oir nada, el desorden erecia y el pals eaminaba hacia el precipicio.” En el transcurso de 1916 la monarquia hallé un poca de apoyo sacial en el miedo de la burguesiaa la revolucién, unido a la impotencia de la burguesia sin revolucién, En otovto, la situacién se agravé mas adin, Ahora todo el mundo estaba con- vencido de que era initil proseguir la guerra, y la indignacién de las masas populares amenazaba con desbordarse a cada momento. Los liberales, al mismo tiempo que atacaban al partido palatino por su “germanofilia”, creian necesario tantear las posibilidades de paz, preparando asf su porvenir. Sélo de este modo se explican las negociaciones celebradas en Estocolmo, en el otofio de 1916, por uno de los jefes del “bloque progresivo”, el diputado Protopopov, con el diplo- mitico alemin Warburg. La delegacién de la Duma, que hizo sendas visitas de amistad a los franceses y a los ingleses, pudo convencerse sin esfuerzo, lo mismo en Paris que en Londres, de que los queridos aliados estaban dispuestos a sacar a Rusia, mientras durase la guerra, cl mayor jugo vital posible, para después de la victoria convertir a este pais atrasado en terreno propicio para su explotacién econémica. La vieja Rusia, deshecha y a remolque de los alia- dos victoriosos, hubiera vivido una existencia colonial. A las clases poseedoras rusas no les quedaba més recurso que pugnar por desprenderse de aquellos abrazos excesivamente apretados de la “Entente” y buscar por su cuenta un camino que les llevase a la paz, aprovechindose del antagonismo que reinaba entre los dos bandos mAs poderosos. La entrevista del presidente de la delega- cidn de la Duma con el diplomatico aleman, primer paso dado en este sentido, queria ser, acemds, una amenaza para los aliados, can el fin de coaccionarlos a hacer concesiones, y un tanteo de la posibilidad de establecer una inteligencia con Alemania. Protopopov no sélo obraba de acuerdo con la diplomacia zarista la entrevista se celebré en presencia del embajador ruso en Suiza-, sino que ‘su gestién iba avalada por toda la delegacién de la Duma nacional. De paso, los liberales perseguian un objetivo interior no menos importante: “Confia en nosotros -daban a entender al zar- y le conseguiremos una paz. por separado, mejor y mas firme que Sturmer.” Seguin los planes de Protopopov, es decir, de ‘sus mandantes, el gobierno ruso deberia notificar a los aliados, “con algunos meses de anticipacién”, que se veia obligado a poner fin a la guerra, y que si ellos se negaban a entablar negociaciones de paz, Rusia tendria que firmar un armisticio por separado con Alemania. En una confesién escrita ya después de la revolucién, Protopopov dice, como si hablase de una cosa muy natural: “Toda la gente razonable del pais, incluyendo a casi toclos los lideres del partido de la “libertad del pucblo”, es decir, los kadetes, estaban persuadidos de que Rusia no se hallaba en condiciones de continuar la guerra." El zar, a quien Protopopoy, a su regreso, dio cuenta del viaje y del resultado de sus negociaciones, mastrése en absolute conforme con la idea de una paz por separado. Lo que no veia era que hubiese ningtin motivo para asociar a los liberales a la empresa. El que Protopopov, rompiendo -dicho sea de paso- con el bloque progresivo, entrase de pronto a formar parte de la camarilla palaciega, tenia su explicacién en el cardcter personal de ese necio vanidoso, enamorado, segiin propia declaracidn, del zar, de la zarina y, al mismo tiempo, de la cartera de ministro de Hacienda, que le cata del cielo cuando menos la esperaba. Pera este cpisodio de la traicién cometida por Protopopov contra el liberalismo, no hizo variar en un dpice el sentide general que informaba la politica exterior de Jos liberales, mozcla de codicia, cobardia y feloni E11 de noviembre volvié a reunirse la Duma. La tensién reinante en el pais era ya insoportable; todo el mundo esperaba que la Duma tomase alguna reso- lucién decisiva. Era preciso hacer o, por lo menos, decir algo, El “bloque progre- do a recurrir nuevamente a los ritos parlamentarios. Miliukey, ‘enumerando desde la tribuna los principales actos del gobierno, los glosaba una {Es imbecilidad 0 €s traicién?" Hubo también otros diputados que dieron La nota alta. El gobierno no encontré apenas defen- sores, pero contesté a su modo: prohibiendo que los discursos pronuneiados en Ja Duma fucran publicados por la prensa. Por esta razén hubieron de imprimir se en tiradas aparte, distribuyéndose por millones de ¢jemplares, Apenas hal oficina piiblica, lo mismo en el interior del pats que en el frente, donde no se co. piasen estos discursos, muchas veces con interpolaciones y afiadidos, a tono con el temperamento del copista. La resonancia de los debates del 1 de noviembre en todo el pais fue tal que asusté a los propios acusadores. Un grupo de elementos de la extrema derecha, burdcratas de raza, inspira~ dos por Durnovo, cl pacificador de Mosct en la revolucién de 1905, dio al zar tina nota que era en aquellos momentos todo un programa, El ojo avezado de funcionarios expertos que habian cursado en una escuela policiaca se~ ria, no dejé de percibir el peligro, y sisu receta no dio resultado, fue tinicamente porque para la dolencia que sufria el viejo régimen no habia cura. Los autores de Ta hota se pronunciaban en contra de toda concesidn a la oposicidn burguesa, no porque los liberales quisieran ir demasiado lejos, como pensaban las vulgares centurias negras, a ls que miraban por encima del hombro las reaccionarios de las altas esferas gubernamentales; no, sino porque los liberales “son tan débiles, se hallan tan divididos y, digamosto francamente, son tan ineptos, que su triun- fo seria tan efimero como inconsistente”. La debilidad del partido principal de la oposicién, el “demdcrata constitucional” (kadetes) -segula diciendo la nota-, 8@ revelaba ya en su mismo nombre: se titulaba demécrata, siendo come era burgués por esencia; hallandose como s¢ hallaba en buena parte integrado por terratenientes liberales, inscribia en su programa el rescate obligatorin de las tierras. “Si se les quitan esas cartas tomadas de las barajas de otro -eseribian los Consejeros secretos del zar, usando las imagenes que les eran habituales-, los kadetes quedan reducidos a una asociacién numerosa de abogados, profesores Y funcionarios liberales de los distintos departamentos del Estado.” Los revo- lucionarios eran ya otra cosa. La nota reconoce, aunque rechinando los dientes, Ia importancia de los partidos revolucionarios: “El peligro y la fuerza dle estos Partidos consiste en que tienen una idea, dinero [!], y masas bien dispucstas y rganizadas.” Los partidos revolucionarios “pueden contar con las simpatias de Una mayoria aplastante de campesinos, que seguiran al proletariade tan pronto como los caudillos revolucionarios apunten a las tierras de los sefares". ;Qué Se conseguiria, en estas condiciones, con instaurar un ministerio responsable? 32 “La desaparicién completa y definitiva del partido de las derechas, la absorcién paulatina de los partidos intermedios: centro, conservadores, liberales, octubris~ tas y progresistas, por el partido de los kadetes, que, de este moda, adquiriri por fin, una importancia decisiva dentro del plan. Pero pronto los kadetes s verian amenazados por la misma suerte... ¥ luego, qué? Pues luego entrarian en accién las masas revolucionarias, seria llegado el momento de la Comuna, caeria la dinastia, se derrumbarian las clases poseedoras y, por fin, entraria en escena el bandido campesino.” No se puede negar que, en estas lineas, el nécord reaccionario policiaco se remonta hasta alturas de singular sagacidad. En cuanto a las medidas propuestas, el programa de la nota no es nuevo pero si consecuente: un gobierno integrado de partidarios implacables de la au- tocracia; supresién de la Duma; declaracién del estado de sitio en las dos capita- les; aprontamiento de fuerzas para sofocar la rebelién. Enel fondo, no fue otro el programa que sirvid de base a la politica del gobierno durante los iiltimos meses que precedieron a la revolucim. Mas la eficacia de este programa presuponia una fuerza que Durnovo habia tenido en sus manos en cl invierno de 1905 pero que ya no existia en el otonio de 1917. Por eso, la monarquia no tenia mas reme- dio que hacer todo lo posible por estrangular al pais sigilosamente y hacerlo pedazos. El ministerio fue renovado, dandose entrada a hombres de confianza incondicionalmente adictos al zary a la zarina. Pero estos hombres “de confian- za", y ol primero de todos el transfuga Protopopoy, era nulidades lamentables. La Duma no fue disuelta, sino que volvieron a suspenderse sus sesiones. La declaracién del estado de sitio en Petrograd se aplaz6 hasta el instante en que ya la revolucién habia obtenido la victoria. Y las fuerzas militares preparadas para reprimir la insurrecci6n se vieron arrastradas automdticamente al campo rebelde. Todo esto se puso de manifiesto ya a los dos 0 tres meses. Entretanto, el liberalismo hacia los tiltimos esfuerzos desesperadas por sal- var la situacién. Todas las organizacioncs de la gran burguesia apoyaron los discursos pronunciados en noviembre por la oposicién desde la tribuna de la Duma con una serie de declaraciones. La ms insolente fue la resolucién votada el 9.de diciembre por la “Unidn de Municipios Urbanos”: “Unos cuantos erimi- nales irresponsablos, unos cuantos fandticos, quieren Ilevar a Rusia al desastre, alaignonimia y ala esclavitud.” En este mensaje se invitaba a la Duma nacional a “que no se disolviese sin antes conseguir la formacién de un gobierno respon- sable". Hasta el propio Consejo de Estado, érgano de la alta burocracia y de la gran propiedad, se mostré partidario de que fueran llamados al poder hom: bres que gozaran de la confianza del pais. En el mismo sentido se pronuncid cl Congreso de la nobleza: las piedras venerables cubiertas de musgo rempieron a hablar, Pero todo siguié igual. La monarquia se resistia a soltar los restos del poder que atin tenia en las manos. La Ultima legislatura de la dltima Duma fuc conyocada, tras muchas vaci- laciones y aplazamientos, para el 14 de febrero de 1917. Faltaban menos de dos meses para estallar la revolucién, Todo el mundo esperaba manifestaciones en las calles. En el Riech, érgano de los kadetes, aparecia junto al bando del gober- nador militar de la regién de Petrogrado, general Jabaloy, declarando prohibi- do todo género de manifestaciones, una carta de Miliukov en que se ponia en guardia a los abreros contra los “conscjos malévolos y peligrosas” de “origen 53 A pesar de las huelgas, las sesiones de la Duma se abrieron con relativa ilidad. Simulando que la cuestién del poder habia dejado de interesarle, Duma se consagré a un problema muy grave en verdad, pero puramente tico: las subsistencias. El estado de espiritu de los diputados era de abati- to, habia de decidir mas tarde Rodzianko: “se notaba La impotencia de la el cansancio producido por aquella lucha estéril”. Y Miliukov repetia el bloque progresivo “actuaria con la palabra y solo con la palabra*. En. condiciones fue como la Duma se vio arrastrada par el torbellino de In lucién de Febrero. Capitulo III El proletariado y los cantpesinos El proletariado ruso habia de dar sus primeros pasos bajo las condiciones politicas de un Estado despstico. Las huelgas ilegales, las organizaciones sub- terraneas, las proclamas clandestinas, las manifestaciones en las calles, los cho- ques con Ia policia y las tropas del ejéreito: tal Fue su escuela, fruto del eruce de las condiciones del capitalisme que se desarrollaban répidamente y el absolu- tisme que iba evacuando poco.a poco sus posiciones. El apelotonamiento de los obreros en fabricas gigantescas, el cardeter concentrado del yugo del Estado y, finalmente, el ardor combativo de un proletariado joven y lozano, hicieron que las huelgas politicas, tan raras en Occidente, se convirtiesen alli en un método fundamental de lucha. Las cifras relativas a las huelgas planteadas en Rusia, desde principios del siglo actual, san el indice mas elocuente que acusa la histo~ ria politica de aquel pais. ¥ aun siendo nuestro propésite no recargar el texto de este libro con cifras, no podemos renunciar a reproducir las que se refieren a las huelgas politicas desatadas en el periode que va de 1913 a 1917. Nuestros datos, reducidos a su mas simple expresién, se contraen a las empresas sometidas a la inspeccidn de fabricas, Dejamos a un lado los ferrocarriles, la industria minora, elartesano y las pequefias empresas en general y, mucho mas naturalmente, Ia agricultura, por diversas razones en que no hay para qué entrar, Con esto no- nel menor relieve los cambios que acusa la curva de huelgas durante ese: periodo. Nos hallamos ante la curva, tinica en su género, de la temperatura politica de un pais que alberga en sus entrafas una gran revolucién. En un pals rezagado Y con un proletariade reducido -el censo de obreros de las empresas sometidas @ la inspeccién fabril pasa de millén y medio de obreros en 1905, y unas dos inillones en 1917- nos encontramos con un movimiente huelguistico que alean- 2a proporciones desconocidas hasta entonces en ningtin otro pais del mundo. Frente a la debilidad de la democracia pequefioburguesa y a la atomizacién y ceguera politica del movimiento campesino, la huelga obrera revolucionaria es. aricte que la nacién, en cl momento de su despertar, descarga contra las mura- las del absolutismo. Nos bastaria fijarnos cn la cifra de los 1.843.000 huelguistas Politicos de 1905 -claro-esté que los obreros que tomaron parte en mas de una SF 3B huelga figuran en esta estadistica por diferentes conceptas- para poner el dedoa ciogas en el afio dela revolucién, aunque no el calendario politico de Rusia, [____Hlueigaspoliticas hse [sooo | [iw [4000 | [in| sso | is soz000 | Los datos roferentos a las aftos 1903, '904 abarcan todas las huelgas en general] yungue entre ellas predominen, induda- Jomente, las de caricter econémico. En 1904, primer afio de la gues éramos mis dato.que éste sobre -japonesa, la inspeccidn de fibricas no sefialaba mas que 25,000 huelguistas en todo el pais, En 1905, cl namero de obre- ros que oman parte en las huelgas politicas y econémicas en conjunto asciende a 2.863.000, ciento quince veces mas que en el afio anterior, Este salto sorpren- dente induce por si mismo. pensar que el proletariado, a quien la marcha de los acontecimientos obligé a improvisar una actividad revolucionaria tan inaudita, tenia que sacar a toda costa de su seno una organizacién que respondiera a las proporciones de la lucha y a la grandiosidad de los fines perseguidos: esta orga- nizacién fueron los soviels, creados por la primera revolucién y que no tardaron en convertirse en drganos de la huelga general y de la lucha por cl poder. cE Derrotado en el alzamiento de diciembre de 1905, el proletariado pasa dos aiios -afios que, si bien viven todavia el impulso revolucionario coma la estadis- tica de huelgas revela, san ya, a pesar de todo, afias de reflujo- haciendo esfuer- ‘gos heroicos por mantener una parte, al menos, de las posiciones conquistadas. Los cuatro anos que siguen (1908-1911) se reflejan en el espejo de la estadistica de huelgas como aiios de contrarrevolucién triunfante. Coincidiendo can ésta, Ja crisis industrial viene a desgastar todavia mis al proletariada, exangiie ya de suyo. La hondura de la cafda es proporcional a la altura que habia aleanzado e| movimiento ascensional. Las convulsiones de la nacién tienen su reflejo en estas cifras. I perfodo de prosperidad industrial que se inicia en el afio 1910 pone otra vyez en pie a los obreros ¢ imprime nuevo impulso a sus energias. Las cifras de 1913-1914 repiten casi los datos de 1905-1907, slo que en un orden inverso: ahora, el movimiento no tiende a remitir, sino que va en ascenso, Comienza la nueva ofensiva revolucionaria sobre bases histéricas mas altas: esta vez, el nu- mero de obreros es mayor, y mayor también su experiencia. Los seis primeros meses de 1914 pueden equipararse casi, por el nimero de huelguistas politicos, al afio de apogeo de la primera revolucidn. Pero se desencadena la guerra y trunea bruscamente este proceso. Los primeros meses de la guerra se caracteri- zan por la inactividad politica de la clase obrera, Pero el estancamiento empieza yaaceder en la primavera de 1915, y se abre un nuevo ciclo de huelgas politicas que, en febrero de 1917, produce la explosién del alzamiento de los obreros ¥ Jos soldados. Estos flujos y reflujos bruscos de la lucha de masas hacen que ol proleta- riado ruso parezca cambiar de filosofia en el transcurso de unas cuantos aiias. Fabricas que dos o tres afios antes se lanzaban undnimemente a la huelga con motivo de cualquier acto de arbitrariedad pol Puje revolucionario y dejan sin respuosta los erimenes mis monstruosos del poder, Las grandes derrotas producen un abatimiento prolongade. Los militan- tes revolucionarios pierden autoridad sobre las masas. En la conciencia de éstas vuelven a aflorar los viejos projuicios y las supersticiones atin no esfumadas. Al mismo tiempo, la penctracién de los clementos grises procedentes del campo ‘en las filas obreras hacen que se destifia -por decitlo asi- el cardcter de clase de sta, Los escépticos menean irénicamente la cabeza. Tal fue lo que acontecié en tos afios 1907 a 1911. Pere los procesos moleculares se encargan de curar en las masas las lesiones siquicas. Un nuevo giro de los acontecimientos o un impulso ‘econémico subterraneo abre un nuevo cicla politico, Los elementos revoluciona- tios vuelven a encontrar quien les preste ofdos, y la lucha se enciende de nuevo ¥ con mayores brios, Para comprender las dos tendencias principales en que se escinde la clase obrera rusa, conviene no olvidar que el menchevismo cobra su forma definida los afios de reaccin y reflujo, apoyado principalmente en el reduci- do sector de obreros que habian roto con la revolucién, mientras que el bol- , safiudamente perseguido durante el periado de la reaccidn, resurge enseguida sobre la espuma de la nueva oleada revolucionaria en los afios que Preceden inmediatamente a la guerra. “Las clementos, las organizaciones y los res que rodean a Lenin son los mas enérgicos, los mas audaces y los mas 60 -capacitados para la Iucha sin desmayo, la resistencia y la organizacién perma: nentes”; asi juzgaba el Departamento de policia la labor de los bolcheviques durante los aiios que preceden a la guerra. En julio de 1914, cuando los diplomaticas clavaban los tiltimas claves en la cruz destinada a la crucifixién de Europa, Petragrado hervia como una caldera revolucionaria, El presidente de la Repiiblica francesa, Poincaré, deposité su co- rona sobre la tumba de Alejandro III en el mismo momento en que resonaban en las calles los iiltimas ecos de la lucha y los primeros gritos de las manifesta- ciones patridticas. {Cabe pensar que, de no haberse declarado la guerra, el movimiento ofen- sivo de las masas que venia creciendo desde 1912 a 1914 hubiera determinado directamente el derrocamiente del zarisma? No podemas cantestar de un modo categdrico a esta pregunta. No hay duda que el procesa condueta inexorable- mente a la revolucién, Pero por qué ¢tapas hubiera tenido ésta que pasar? No le estaria reservada una nueva derrota? ;Qué tiempo hubieran necesitado los obreros para poner en pica los campesinos y aduefiarse del ejército? No puede decirse. En estas cosas, no cabe mas que la hipétesis. Lo cierto es que la guerra marcé en un principio un pase atras, para luego, en la fase siguiente, acelerar ¢ Proceso y asegurarle una victoria aplastante. El movimiento revolucionario se paralizé al primer redoble de los tambores guerreros, Los clementos obreras més activos fueron movilizados, Los militan- tes revolucionarios fueron trasladados de las fabricas al frente, Toda declara- cién de huelga era severamente castigada, La prensa obrera fue suprimida; los sindicatos estrangulados. En las fabricas entraron cientos de miles de mujeres, de jévenes, de campesinos. Politicamente, la guerra, unida a la bancarrota de la Internacional, desorienté extraordinariamente a las masas y permitié a la direc- cién de las fabricas, que habia levantado cabeza, hablar patridticamente en nom- bre de fa industria, arrastrando consigo a ‘una parte considerable de los obreros y obligando a los mas audaces y decididos a adoptar una actitud expectante, La idea revolucionaria habia ido a refugiarse en grupos pequeiios y silenciosos, En las fabricas, nadie se atrevia a llamarse bolchevique, si no queria verse al punto detenido ¢ incluso apaleado por los obreros mas retrégrados. En cl momento de estallar la guerra, la fraccién bolchevique de Ia Duma, flo- ja por las personas que la componian, no estuvo a la altura de las circunstancias, Se junté.a los diputados mencheviques para formular una declaracién en la.que 8¢ comprometia a “defender los bienes culturales del pueblo contra todo atenta- do, viniera de donde viniese”. La Duma subrayé con aplausos aquella capitula- cién, No hubo entre todas las organizacionesy grupos del partido que actuaban en Rus ino solo que abrazase la posicién claramente derrotista que Lenin mantenia desde el extranjero, Sin embargo, entre los bolcheviques, el nimero de Patriotas era insignificante: muy al contrario de lo que hicieron los naradniki y mencheviques, los bolcheviques empezaron ya cn el afto 1914 a agitar entre las masas, de palabra y por escrito, contra la gucrra. Los diputades de la Duma se rehicieron pronto de su desconcierto y reanudaron la labor revolucionaria, de Ja cual se hallaba perfectamente informado el gobierno, gracias a su red extensi- sima de confidentes. Baste con decir que, de los siete miembros que componian el Comité petersburgués del partido en visperas de la guerra, tres estaban al 61 ervicio de Ia policia. El zarismo gustaba, como se ve, de jugar al escondite con “revohicién, En noviembre fueron detenidos los diputadas boleheviques y em- la represién contra el partido por todo el pats, En febrero de 1915, la frac- parlamentaria comparceié ante los tribunales. Los diputados mantuvieron actitud prudente. Kimeney, el inspirador tedrico de la fraccién, se desen- did, al igual que Petrovski, actual prosidente del Comité Central Fjecutivo Ucrania, de la posicién derrotista de Lenin. ¥ el Departamento de policia itados bolcheviques no provocaba el menor movimiento de protesta entre obreros. Parocia como si la guerra hubiera cambiado a Ia clase trabajadora. Hasta 9 punto, asi era: en Petrogrado, la composicién de la masa obrera se renové si en un 40%. La continuidad revolucionaria se vio bruscamente interrumpi- Todo lo anterior a la guerra, incluyendo la fraccién bolehevique de la Duma, 4 de golpe a segundo término y cayé casi en el olvido. Pero, bajo esta capa y precaria de tranquilidad, patriotismo y hasta en parte de monarquis- “seochan por todas partes, venteando traiciones y sabotajes en favor de emanes, y se entregan celosamente a la busca y caplura de los culpables Muestros fracasos en cl frente”. En efecto, durante este period, la critica de aS que empieza a resurgir se apoya, en parte sinceramente y en parte do ese tinte protector, en la “defensa de la patria”. Pero esta idea no que el punto de partida, HI descontento obrero va echando raices cada ez mas profundas, sella los labios de los capataces, de los obreros reacciona- que, en algunos sitios, toman la forma de verdaderas motines. Las mujeres, los 8 y los jvenes se sienten mas libres y mas audaces on el mereado 0 en la Piiblica que los obreros movilizados en las fabricas. En mayo, el movi- ito deriva, en Moscti, hacia el saqueo de casas de alemanes. Y aunque sus 8 obren bajo el amparo de la policia y procedan de los bajos fondes dela d, la sola habilidad del saqueo en una urbe industrial como Moscti atesti- que los obreros no estan atin lo bastante despiertos para poder infiltrar sus ignas y su disciplina en la parte de la poblacién urbana sacada de sus casi- Al correrse por todo el pais estos desrdenes, destruyen el hipnotisme dela ay preparan el terreno a las huelgas. La afluencia de mano de obra inepta is Fabricas y el afin de obtener grandes beneficios de guerra, se tradueen en S partes en tin empeoramiento de las condiciones de trabajo y resucitan los ts burdos métodos de explotacién, La carestia de la vida va reduciendo auto- ente los salarias. Las huelgas econdmicas se tornan en un reflejo inevi- de las masas, tanto mas tumultuos cuanto mas se le ha querido contener. Las huelgas yan acompaiiadas de mitines, de votacién de acuerdos politicos, de entros con la paliefa y, no pocas veces, de tirateas y de victimas. La lucha se extiende, en primer término, por la regién textil central. E15 de junio, la policia dispara sobre los obreros tejedores de Kostroma; cuatro muertos y nueve heridos. El 10 de agosto, las tropas hacen fuego sobre los obrerus de Ivanove-Vosnesenk: dicciséis muertos, treinta heridos. En el movimiento de los cobreros textiles aparecen complicados soldados del batallén destacado en aque- Ila plaza, Como respuesta a los asesinos de [vanovo-Vosnesenk, estallan huelgas de protesta en distintos puntos del pais. Paralelamente a este movimiento, se va extendiendo la lucha econémica, Los obreros de la industria textil marchan, en muchos sitios, en primera fila. ‘Comparado con la primera mitad de 1914, este movimiento representa, asi en lo que se refiere a la intensidad del ataque como en lo que afecta a la clasi- dad de las consignas, un gran paso atris. No tiene nada de particular: es una huelga en la que toman parte principal las masas grises; ademds, en el sector obrero dirigente reina el desconcierto mas completo. Sin embargo, ya en las primeras huelgas que estallan durante la guerra se pulsa la proximidad de los grandes combates. El 16 de agosto deciara el ministro de Justicia, Ivostov: “Si actualmente no estallan acciones armadas es, sencillamente, porque los obre- ros no disponen de organizacién.” Pero todavia se expresaba mas claramente Goremikin: “E] tinico problema con que tropiezan los caudillos obrerus es la falta de organizacién, pues la detencin de los cinco diputados de la Duma se la ha destruido”, Y el ministro de Interior afiadia: “No es posible amnistiar a los diputados de la Duma (los bolcheviques), pues son el centro de la organizacién del movimiento obrero cn sus manifestaciones mas peligrosas.” Por lo menos, aquellos sefiores sabian muy bien dénde estaban sus verdaderos enemigos: en esto, no se equivocaban, Al tiempo que el gobierno, aun en los momentos de mayor desconocimien- to, en que se mostraba propicio a hacer coneesiones a los liberales, ereia im- prescindible dirigir los tiros a la cabeza de la revolucién obrera, es decir, a los bolcheviques, la gran burguesia pugnaba por llegar a una intcligencia con los mencheviques. Alarmadas por las proporciones que iban tomando en las huel- gas, los industriales liberales hicieron una tentativa para imponer una disciplina patridtica a los abreros, metiendo a los representantes elegidos por éstos en los comités industriales de gu EI ministro de Interior se lamentaba de lo dificil que era luchar contra la iniciativa de Guchkoy: “Todo esto se lleva a cabo bajo la bandera del patriotismo y en nombre de los intereses de la defensa nacional.” Conviene tener en cuenta, sin embargo, que la policia se guardaba muy mucho de detener a los socialpatriotas, en quienes veia unos aliados indirectos en la lu- cha contra las huelgas y los “excesos" revolucionarios. Todo el convencimiento de la policia de que, mientras durase la guerra, no estallarian insurrecciones, se basaba en la confianza excesiva que habia puesto en la fuerza del socialismo Patridtico, En las elecciones celebradas para proveer los puestos del Comité indus- trial de guerra fueron minoria los partidarios de Ia defensa, acaudillados por Govosdiey, un enérgico obrero metalirgico, con el que volveremos a encon- trarnos mas adelante de ministro de Trabajo en el gobierno revolucionario de coalicién. Sin embargo, contaba no sélo con el apoyo de la burguesia liberal, sino tambign con el de la burocracia, para derrotar a los boicotisias, dirigides por 63 polcheviques, ¢ imponer al proletariado de Petrogrado una representacién “en los organismos cel patriotismo industrial. La posicidn de las mencheviques “aparece expuesta con toda claridad en el discurso pronunciado poco después wr uno de sus representantes ante los industriales de! comité: “Debéis exigir g el gobierno burocritico que esté en el poder se retire, cedi¢ndoos el si otros como representantes legitimos del régimen actual.” La reciente amis- politica entre estos elementos, que habia de dar sus frutos mas sazonados spuds de la revolucién, iba estrechandose no ya por dias, sino por horas. La guerra causé terribles estragos cn las organizaciones clandestinas. és del encarcelamicnto de su fraccién en la Duma, los bolcheviques vié- privados de toda organizacién central. Los comités locales llevaban una xcia episddica y no siempre se mantenfan en contacto con los distritos. actuaban grupos dispersos, elementos sueltos. Sin embargo, cl auge de la ampaiia huelguistica les infundia fuerza y dnimo en las fabrieas, y poco a poco e estableciéndose cl contacto entre ellos y se anudaron las necesarias rela- bir ms tarde: “Los leninistas, a los que sigue en Rusia la gran mayoria de vorganizaciones socialdemicratas, han lanzado desde el principio de la guc- a, on los centros mas importantes (tales como Petrogrado, Mosc, Jarkav, Kiev, Kostroma, provineia de Vladimir y Samara) una cantidad considerable de lamas revolucionarias exigiendo ei término de la guerra, el derrocamiento régimen y la instauracién de la Repiblica. Los frutos mas palpables de esta abor son la Organizacisn de huelgas y desérdenes obreros.” E19 de enero, aniversario tradicionalmente conmemorado de la manifest ‘obrera ante el Palacio de Invierno, que el afio anterior habia pasado «: lvertido, hace estallar, en el aio 1916, una huelga de extensas proporciones. ef que no se praduzcan choques con la policia, Los obreras hacen gala de simpatia por los soldados, y la Ocrana apunta més de una vez este hecho ietante. La industria de guerra se desarrolla desmesuradamente, devorando todos Js recursos a su alcance y minando sus propios fundamentos, Las ramas de la luceidn de paz languidecian’y caminaban hacia su muerte. A pesar de todos Planes elaborados, no se consiguié reglamentar la economia, La burocracia ‘ya para tomar cl asunto por su cuenta: chocaba con Ia resistencia de Poderosos comités industriales de guerra: no accedia, sin embargo, a entre- run papel regulador a la burguesia. No tardaron en perderse las minas de én y las fabricas de Polonia. Durante cl primer atio de guerra, Rusia perdié merca de la quinta parte de sus fuerzas industriales. Un 50% de la produccién total y cerca del 75% de la textil hubieron de destinarse a cubrir las necesidades ejército y de la guerra, Los transportes, agobiados de trabajo, no daban abas- la necesidad de combustible y materias primas de las fibricas. La guerra, és de devorar toda la renta nacional liquida, amenazaba con disipar tam- el capital basico del pais. Los industriales mostribanse cada vez menos propicios a hacer concesiones 08 obreros, y el gobierno seguia contestando a las huelgas, fuesen las que fuc- N, con duras represiones. Todo esto empujaba el pensamiento de los ebreros 64 y lo hacia remontarse de lo concreto a lo general, de las mejoras econémicas a ias reivindicaciones politicas: “tenemos que lanzarnosa la huelga todos de una vez”. Asi resurge la idea de la huelga general. La estadistica de huelgas acusa de modo insuperable el proceso de radicalizacién de las masas. En el afio 1915, toman parte en las huelgas politicas dos veces y media menos obreros que las puramente econémicas, Basta apuntar una sola cifra para poner de relieve el papel desempefiado por Petragrado en este movimiento: durante los aiios de la guerra, corresponden.a la capital el 72% de los huclguistas politicos. En cl fuego-de la lucha se volatilizan muchas vicjas supersticiones. La Ocrana comunica “con harto dolor” que, si se procediera como la ley ordena contra “to- dos los delitos de injurias insolentes y abicrtas a'su majestad el zar, el wimero de procesos seguidos por cl articulo 103 alcanzaria cifras inauditas”. Sin embargo, Ja conciencia de las masas no avanza cn la misma medida que su propio movi- miento. El agobio terrible de la guerra y del desmoronamiento econémico del pais acclera hasta tal punto el proceso de la lucha, que hasta el momento mismo de la revolucién, una gran parte de las masas obreras no ha conseguido eman- ciparse, por falta material de tiempo, de ciertas ideas y de ciertos prejuicios que Jes imbuyeran el campo o las familias pequeito burguesas de la ciudad de donde proceden. Este hecho imprime su huella a los primeros meses de la Revolucién de Febrero, A fines de 1914, los precios empiezan a subir vertiginosamente a saltos. Ala inflacién y a la desorganizacion de los transportes viene a unirse la gran escasez de mercancias. El consumo de la poblacién se reduce durante este periodo a mas de la mitad, La curva del movimiento obrero sigue ascendiendo bruscamente. Con el mes de octubre, la lucha entra en su fase decisiva, Todas las manifesta- ciones de desoontento se mancomunan: Petrograde toma carrera para lanzarse al salto de Febrero. En todas las fabricas se celebran mitines. Temas: La cuestién de las subsistenciag, la carestia de la vida, la guerta, el gobierno. Circulan hojas bolcheviques, Se plantean huelgas politicas, Se improvisan manifestaciones a la salida de las fabricas y talleres. Aqui y alla obsérvanse casos de fraternizacién de los obreros de las fabricas con los soldados. Estalla una tumultuosa huelga de protesta contra el Consejo de guerra formado a los marinos revolucionarios de laescuadra del Baltico, El embajador franeés llama la atencién del primer mini tro, Sturmer, sobre el hecho de que unos soldados dispararan contea la pol Sturmer tranquiliza a Paléologue con estas palabras: “La represién seré impla- cable.” En noviembre envian al frente a un grupo numerose de obreros movili- zados en las fabricas de Petrogrado, El afio acaba bajo un cielo de tormenta. ‘Comparando la situacidn actual con la de 1905, el director del Departamento de policia, Vasiliey, llega a esta conclusién, harto poco tranquilizadora: “Las co- rrientes de oposicién han tomado proparciones excepcionales que no habian alcanzado, ni mucho menos, en aquel turbulento periodo a que aludimas.” Vasiliev no confia en la lealtad de la guarnicion. Ni la misma policia le parece incondicionalmente adicta. La Ocrana denuncia la reaparicién de la consigna de huelga general y el peligro de que vuelva a resurgir el terror. Los soldados y ofi- ciales que retornan del frente dicen, refiriéndose a la situacién: ",A qué esperdis? Lo quehay que hacer es acabar de un bayonetazo con esa canalla. Si de nosotros dependiera, no nos parariamos a pensarlo”, y cosas por el estilo. 65 | Schliapnikow micmbro del Comité Central de los bolcheviques, antiguo metalirgico, habla del estado de nerviosismo en que se encontraban los F por aquellos dias; “Bastaba con un simple silbide, con un ruido cual- P para que los obreros lo interpretasen como sefal de parar la fabriea.” detalle cs interesante como sintoma politico y como rasgo sicolégico: antes de echarse a la calle, la revolucién vibra ya en los nervios. | Las provincias recorren las mismas etapas, sdlo que mas lentamente, El »tuado caracter de masa del movimiento y su espiritu combative hacen que centro de gravedad se desplace de los obreros textiles a los metalirgicos, de huelgas econémicas a las politicas, de las provincias a Petrogrado. Los dos eros meses de 1917 arrojan un total de 575.000 huelguistas politices, la ma- -parte de los cuales corresponden a la capital. Pese a la nueva represién des- da por la policia en visperas del 9 de enero, el aniversario del domingo », $¢ lanzaron a la huclga en la capital 150.000 trabajadores. La atmés- vestd cargada, los metaliirgicas van en la cabeza, los obreros tienen cada yer arraigada la sensacién de que ya no hay modo de volverse atras. En cada ca se forma un nticleo activo que tiene casi siempre por cje a los bolchevi- es. Durante las dos primeras semanas de febrero, las huelgas y los mitines: se jeden sin interrupeién. La policia, al aparecer el dia 8 en la fibrica de Putilov, ss tecibida con una lluvia de pedazos de hierro y escoria. El 14, dia de apertura ‘de las sesiones de la Duma, se ponen en huelga en Petersburgo cerca de noventa mil obreros. También en Mosca paran algunas fabricas. El 16, las autoridades -deciden implantar en Petrogrado los bonos de pan. Esta innovacién aumenté el rrviosismo de la gente. El 19 se agolpa delante de las tiendlas de comestibles gran muchedumbre, formada principalmente por mujeres, pidiendo a gri- pan. Al dia siguiente fueron saqueadas las panaderias en distintos puntos de ciudad, Eran ya los albores de la insurreccién que habia de deseneadenarse os dias después. La intrepidez. revolucionaria de! proletariado ruso no tenia su raiz exclusi- Vamente en su seno. Ya su misma situacién de minoria dentro del pais indica que no hubiera podido dar a su movimiento tales proporciones, ni mucho me- Nos ponerse al frente del Estado, si no hubiese encontrado un poderoso punto Apoyo en lo hondo del pueblo, Este punto de apoyo se lo daba la cuestion en 1861 se procedié con gran retraso a emancipar a medias a los os, cl nivel de la agricultura rusa era casi el mismo que dos siglas an- conservacidn del viejo fondo de tierras comunales escamoteado a los esinos en beneficio de la nobleza al implantarse la reforma, agudizaba au- ticamente con los métodes arcaicos de cultive imperantes la crisis de la erpoblacién en los centros rurales, que cra a la par del cultivo alternode tres Los campesinos se sintieron atrapados en una celada, tanto mis cuanto esto no ocurria procisamente en el siglo XVI, sina en el siglo XIX, es decir, © un régimen muy avanzado de cconomia peeuniaria que exigia del viejo 0 de madera lo que s6lo podia dar de si el tractor. También aqui volvemos Tepezar con la coincidencia de varias fases distintas del proceso histérico, como resultado una exacerbacién extraordinaria de las contradicciones Los cruditos, agrénomos y economistas sostenian que habia tierra bastante con tal que se cultivara de un modo racional, lo cual equivalia a proponer al campesino que se colocara de un salto en una fase mas alta de técnica y de cul- ‘tivo, pero sin tocar demasiado al terrateniente, al policia ni al zar. Sin embargo, no hay ningiin régimen econdmico, y mucho menos el agrario, que se encuentre entre los ms inertes, que se retire de la escena histérica antes de haberse ago- tado todas sus posibilidades, Antes de verse obligado-a pasar a un cultivo mas intensivo, el campesine tenia que someter a una tiltima experiencia, para ver lo que daba de si, su sistema de cultivo alterno en tres hojas. Esta experiencia sélo podia hacerse, evidentemente, a expensas de las tierras de los grandes propieta- ios. El campesino que se asfixiaba en su pequefia parcela de tierra y que vivia azotado por el dable Litigo del mercado y del fisco no tenia mas remedio que buscar el modo de deshacerse para siempre del terrateniente. El total de tierra laborable enclavada dentro de los confines de la Rusia eu- ropea se calculaba, en visperas de la primera revolucién, en 280 millones de deciatinas. Las tierras comunales de los pueblos ascendian a unos 140 millones, los dominios de la Corona a cinco millones, aproximadamente; las de la Iglesia sumaban, poco mas o menos, dos millones y medio de deciatinas. De las tierras de propiedad privada, unos 70 millones de deciatinas se distribuian entre 30.000 grandes hacendados, a los que correspondian mas de 500 deciatinas por cabeza, es decir, la misma cantidad aproximadamente con que tenian que vivir unos 10 millones de familias campesinas. Esta estadistica agraria constitula, ya de por si, todo un programa de guerra campesina. La primera revolucién no hab{a conseguido acabar con los grandes terrate- nientes, La masa campesina no se habia levantado en bloque ni el movimiento desatado en el campo habia coincidido con el de la ciudad; el cjército campesi- no habia vacilado hasta que, por tltimo, suministré las fuerzas neeesarias para sofocar el alzamiento: de los obreros. Apenas el regimiento de Semionov hubo sofocade la insurreccién de Moset, la monarquia se olvidé de poner la menor cortapisa a las propiedades de los grandes terratenientes ni a sus propios dere- chos autocraticos. ‘Sin embargo, la revolucién wencida dejé profundas huellas en el campo. El gobierno abolié los antiguos cinones que venian pesando sobre las tierras en concepte de redencidn y abrié las puertas de Siberia a la colonizacién. Los te- rratenientes, alarmados, no sdlo hicieron concesiones de monta en lo referente a Jos arriendos, sino que empezaron a vender una buena parte de sus latifundios. De estos frutos de la revolucién se aprovecharon los campesinos mis acomo- dados, los que estaban en condiciones de arrendar y comprar las tierras de los sefiores, Fue, sin embargo, la ley del 9 de noviembre de 1906, la reforma mas im- portante implantada por la contrarrevolucién triunfante, la que abrié mas an- cho cauce a la formacién de una nueva clase de hacendados capitalistas en el seno de la masa campesina. Esta ley, que concedia incluso a pequefias minorlas dentro de los pueblos el derecho a desglosar, contra la voluntad de la mayoria, parcelas pertenecientes a los terrenos de comunas, fue como un obiis capitalista disparado contra ol régimen comunal. El presidente del Consejo de ministros, Stolipin, definia el cardcter de la nueva politica campesina emprendida por el 67 smo como un “anticipo a jos fuertes”, Dicho mas claramente, se trataba de ara los campesinos acomodados a apoderarse de las tierras comunales, tando mediante compra las parcelas “libres” para convertir a estos nuevos dados capitalistas en otras tantas columnas del orden. Pero este objetivo ra mas facil de plantear que de conseguir. Aqui, en esta tentativa para suplan- 1r el problema campesino por el problema del kidak fue precisamente donde se rellé la contrarrevolucién, 1 de enero de 1916 habia dos millones y medio de labradores que tenian ¢ inseritas como de su propiedad 17 millones de deciatinas, Otros dos es pedian que se les adjudicasen 14 millones de deciatinas en el mismo o, En apariencia, la reforma habia aleanzado un triunfo colosal, Lo malo estas propiedades carcefan en su mayoria de toda viabilidad y no eran pave materiales para una seleccién natural. En tanto que los terratenientes sus parcelas de tierra, entraba en escena como comprador una nueva bur- rural. La agricultura pasaba, indudablemente, a una fase de progreso.ca- lista, En cinco afios (1908-1912), la exportacién de productos agricolas subi 1.000 millones a 1.500 millones de rublos, Esto queria decir que las grandes isa de campesinos se proletarizaban y que los labradores acomodados lanza- banal mercado cantidades de trigo cada vez mayores. Para suplir cl régimen comunal obligatorio desplazado, organizése la coope- ackén voluntaria que, cn el transcurso de pocos aitos, logré adentrarse bastante masascampesinas y no tard en convertirse en un tema de idealismo libe- Ly democratica. Pero el hecho era que la cooperacién no favorecia verdadera- nente mis que a los campesinos ricos, que era a los-que, a fin de cuentas, queria ervir. Los intelectuales populistas, al concentrar en la cooperacidn campesina principales esfuerzos, lo que hacian era encartilar su amor al pueblo por los tieles de la burguesia. De este modo, se contribuyé muy eficazmente a srar el bloque del partido “anticapitalista” de los socialrevolucionarios con lido de los kadetes, capitalista por excelencia. liberalismo, guardando una actitud de oposicién aparente frente a la ccién capitalista del régimen comunal. “En los pueblos -escribja el prin- liberal Trubetskoi- surge una pequefia burguesia potente, tan ajena por su cién y por su espiritu a los ideales de 1a nobleza como a las quimeras “Pero esta magnifica medalla tenia también su reverso. Del régimen comunal -sdlo salié una “potente pequenia burguesia”, sino que salieron también sus podas. El niimero de campesinos que habian tenido que vender sus par- insuficientes egaba, al comienzo de la guerra, a un millon, y este millén. Presentaba, por lo menos, cinco millones de almas proletarizadas. También ban un material explosive bastante considerable los millones de labric- Pauperizados condenados a llevar la vida de hambre que les proporcio- ban sis parcelas. Es decir, que se habian trasplantado al campo las mismas ta en su conjunto, La nueva burguesia agraria, destinada a apuntalar Propiedades de los terratenientes mas antiguos y poderosos, demostré la 68 misma enemistad irreconciliable contra esas masas campesinas que constituian la médula del régimen agrario, que los viejos terratenientes sentian contra la masa del pueblo. Lejos de brindar un punto de apoyo al orden, la propia bur- guesia campesina se hallaba necesitada de un orden firme para poder mantener las posiciones conquistadas. En estas condiciones, no tenia nada de sorpren- dente que la cuestin agraria siguiese siendo cl caballo de batalla de todas las Dumas. Todo el mundo tenia la sensacién de que la pelota estaba todavia en el tejado. El diputada campesino Petrichenko declaraba en cierta ocasién desde la tribuna de la Duma: “Por mucho que discutais, no seréis capaces de crear otro planeta, Por tanto, no tendrdis mas remedio que damnos éste.” ¥ no se crea que este campesino era un bolchevique 0 un socialrevolucionario; nada de eso, era un diputado monarquico y derechista. El movimiento agrario remite, igual que el movimiento obrero de huelgas, a fines de 1907, para resurgir parcialmente a partir de 1908 e intensificarse en el transcurso de los afios siguientes. Cierto es que ahora la lucha se entabla primor- dialmente alentada con st cuenta y raz6n por los reaccionarios en el seno de los propios organismos comunales, Al hacerse el reparto de las tierras comunales fueron frecuentes los choques armadas entre los campesinos. Mas no por ello amaina la campafia contra los terratenientes. Los campesinas pegan fuego a las residencias seftoriales, a las cosechas, a los pajares, apoderandose de paso de las parcelas desglosadas contra la voluntad de los labriegos cle! concejo. En este estado se encontraban las cosas cuando la guerra sorprendié a los campesinos. El gobierno recluté en las aldeas cerca de 10 millones de hombres y unos dos millones de caballos. Con esto, las haciendas débiles se debilitaron mds todavia, Aumentdé el mimero de los labriegos que no sembraban. A los dos afins de guerra empezé la crisis del labriego modesto. La hostilidad de los cam- pesinos contra la guerra iba en aumento de mes en mes. En octubre de 1916, las autoridades de la gendarmeria de Petrogrado comunicaban quella peblacién del campo no creia ya en el triunfo: segiin los informes de los agentes de seguros, maestros, comerciantes, ete, “todo cl mundo espera con gran impaciencia que ‘esta maldita guerra se acabe de una vez". Es mas: “por todas partes so aye discu- tir de cuestiones politicas, se votan acuerdos dirigidos contra los terratenientes y los comerciantes, se crean células de diferentes organizaciones... No existe toda- via un organismo central unificador; pero hay que suponer que los campesinos acabaran por unirse por medio de las cooperativas, que se extienden por minu- tos alo largo de toda Rusia”, En estos informes hay cierta exageracidn; en ciertos respectos, los buenos gendarmes se adelantan a los acontecimientos, pero es evidente que los puntos fundamentales estan bien reflejados. Las clases poscedoras no podian hacerse ilusiones creyendo que las pucblos del campo dejarian de ajustarles las cuentas; pero esperaban salir del paso como fuera, y ahuyentaban las ideas sombrias. Por los dias de la guerra, el embaja- dor francés Paléologue, que queria saberlo todo, conversé sobre ef particular con el ex ministro de Agricultura, Krivoschein; con el presidente de la Duma, Rodzianko, con el gran industrial Putiloy y con otros personajes notables, Y he aqui lo que descubrit; para llevar a la prictica una reforma agraria radical Se necesitaria un ejército permanente de 300,000 agrimensores que trabajasen incansablemente durante quince aftes por lo menos; pero como en este plaro de 69 lempo el ntimero de haciendas creceria.a 30 millones, todos lus cilculos previos je pudieran hacerse resultarian fallidos. Es decir que, a juicio- de los terrate- es, los altos funcionarios y los banqueros, la reforma agraria venia a ser asf como la cuadratura del circulo, Excusado es decir que estos escripulos miticos no rezaban con el campesino, para el cual lo primero y principal $i, a pesar de esto, los pueblos se mantuvicron relativamente pacificos du- te la guerra, ello fue debido a que sus fuerzas activas se encontraban en el . En las trincheras, los soldados no se olvidaban de la tierra en los mo- que les dejaba libres cl pensamiento de la muerte, y sus ideas acerca ‘porvenir se impregnaban del olor de la pélvora. Pero, asi y todo y por muy estrados que estuviesen on el mangjo.de las armas, los campesinos no hubie- hecho nunca por su exclusivo esfuerzo la revolucién agrario-demoeratica, decir, su propia revolucién, Necesitaban una direceién. Por primera vez:en la ‘del mundo, el campesino iba a encontear su director y guia en el obrero. esto es en lo que la revolucidn rusa se distingue fundamentalmente de cuan- In precedieron. En Inglaterra, la servidumbre de Ia glcba desaparceié de hecho a fines del iglo XIV; es decir, dos siglos antes de que apareciera y cuatro y medio antes de e fuera abolida en Rusia. La expropiacidn de las tierras de los campesinos lega, en Inglaterra, a través de la Reforma y de dos revoluciones, hasta cl siglo (IX. El desarrollo capitalista, que no se veia forzado desde fuera, dispuso, por into, de tiempo suficiente para acabar con la clase campesina independiente cho antes de que el proletariado naciera a la vida politica, En Francia, la lucha contra el absolutismo dela Corona y la aristocracia y los principios de la Iglesia obligé a a burguesia, representada por sus diferentes a hacer, a finales del siglo XVII, una revolucién agraria radical. La clase umpesina independiente salida de esta revolucién fue durante mucho tiem- de Paris. jemania, la burguesia revels su incapacidad para resolver de un modo rio la cuestion agraria, y en 1848 traiciond a los campesinos para pa- alos terratenientes, del mismo modo que, mas de tres siglos antes, Lutero, tallar la guerra campesina, los habia vendido a los principes. Por su parte, ell etariado aleman, a mediados del siglo XIX, era demasiado débil para tomar EnAl ta dispuso en Alemania, si no de tanto tiempo como en Inglaterra, del 1a70 necesario para imponer su régimen a la agricultura tal y come habia sali- lo de la revolucién burguesa parcial. La reforma campesina realizada en Rusia, en 1861, fue obra de la monarquia ¥ aristocrdtica, acuciada por las necesidades de la sociedad burgue- Pero ante la impotencia politica mas completa de la burguesia, La cmancipa- ampesina tuvo un caricter tal, que la forzada transformacién capitalista convirtié inexorablemente el problema agrario en problema que sdlo resolver la revolucién. Los burgueses rusos sohaban con un desarrollo de tipo francés, danés.o norteamericano, del tipo que se quisiera, con tal ®, Naturalmente, no fuera ruse. Sin embargo, no se les ocurria asimilarse 70 la historia francesa o Ia estructura social norteamericana. En la hora decisiva, los intelectuales demécratas, olvidando su pasado revolucionario, se pusieron al lado de la burguesia liberal y de los terratenientes, volviendo la espalda a la aldea revolucionaria, En estas condiciones, ne podia ponerse al frente de la revolucidn campesina ms que la clase obrera. La ley del desarrollo combinado, propia de los paises atrasados -aludi do, naturalmente, a una peculiar combinacién de los elementos retrogrados con los factores mis modermos- se nos presenta aqui en su forma mas caracteriza- da, dandonos la clave para resolver el enigma mas importante de la revoluciin rusa. Sila cuestién agraria, herencia de barbarie de la vicja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesia, el proletariado ruso no ha- bria podido subir al poder, en modo alguno, en el afio 1917, Para que naciera el Estado soviético, fue necesario que coincidiesen, se coordinasen y compenetra- sen reciprocamente das factores de naturaleza histética completamente distin- ta: la guerra campesina, movimiento caracteristico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, cl movimiento que sefiala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unidn fue el ao 1917. Capitulo IV El zar y la zarina ea a a ~ Nada més lejos de nuestros propésitos que hacer finalidad primordial de “este libro esas investigaciones sicolégicas de moda, con las que no pocas veoes se _pretende suplir las grandes fuerzas motrices de la Historia que van mas alld de ‘Tos individuos, Una de ellas es la monarquia. Pero no hay que olvidar que estas -fuerzas actian a través de individuos. Ademas, la monarquia hillase consustan= ‘cada por esencia con el principia personal. Esto justifica, ya de suyo, el interés “que despierta la personalidad de un monarea a quien el curso de los acontec!- “fiientos lleva a enfrentarse con la revolucién. Confiamos -ademas- que nuestro estudio pondra de relieve, en parte al menos, dénde termina en la personalidad lo personal -por lo general, mucho antes de lo que a primera vista parece: y eémo muchas veces las “caracteristicas singulares” de una persona no son mis “que el rasguiio que dejan en ella las leyes objetivas. ~ ANicolis IL le dejaron los antepasados, no s6lo un poderoso imperio, sino también [a revolucién, No le adornaron con una sola cualidad que le capacitase para gobernar no ya un imperio, sino ni siquiera una provincia ni un mal mu- Hicipio. A aquella marejada histérica que empujaba sus olas poco a poco hasta Tas puertas de su palacio, oponia el ultimo Romanov una sorda impasibilidad: ‘tal parecia como si entre su concieneia y la época en que vivia se alzara un velo transparent y, sin embargo, absolutamente impenetrable. Las personas que tenian ocasidn de tratar de cerca al monarca recordaron Mas de una vez, despuds de la revolucién, que en los momentos mas tragicos de ‘su:reinado, al sobrevenir la rendicién de Puerto Arturo y la pérdida de la escua- dra en Zusima, como diez aos después, durante la retirada de las tropas rusas €n Galitzia, y dos afios mas tarde, en los dias que precedieron a la abdicack’n, Cuando tacos los que rodeaban al zar estaban abatieos, abrumadas y estreme- eldos, sélo él daba muestras de sangre fria, Se informaba, como de costumbre, del nimero de verstas recorridas en sus viajes a lo largo de Rusia; recordaba Spisodios de sus cacerias y anéedetas sacadas de las entrevistas oficiales y, mien tras retumbaba c] trueno y ya centelleaba el rayo sobre su cabeza, aquel hombre Seguia interesindose por las minucias de su vida catidiana, “;Qué es esto? -se Preguntaba uno de los generales de su intimidad- {Una entereza inmensa, casi Ea a verosimil, conseguida a fuerza de disciplina? {Fe en la determinacién divina de los acontecimientos? 20, simplemente, falta de discemimiento?” Ya el solo rbial “buena edueacidin” del zar, la fuerza con que sabia mostrarse duefio de sf mismo aun bajo las circunstancias mas dificiles, no puede explicarse, en modo alguno, por obra exclusivamente de un amaestramiento en el mode de conducirse, sino que tenia que radicar en su cardcter indiferente, en la indigencia de sus fuerzas animicas, en la pobreza de sus impulses volitivos. Esa mascara de indiferencia que en ciertos medios Haman “educacién” se fundia en Nicolds II con su rostro natural. El diario del zar vale por todos los testimonios; dia tras dia, afte tras aio, van registrandose en estas paginas las notas més sorprendentes de su vacuidad espiritual. “He paseado un largo trecho y matado dos cuervos. He tomado té al escurecer.” Paseo a pie, paseo en lancha. Mas cuerves y mas té. Tada lindando con la pura fisiologia. Y cuando habla de ceremonias religiosas, lo hace en el mismo tono que cuando registra un festin. Por los dias que preceden a la apertura de la Duma nacional, cuando todo el pais se siente estremecido por convulsiones, Nicol4s Il escribe: “14 de abril. Me he paseado con camisa-blusa ligera y he reanudado los paseos en lancha. He tomado el té en la terraza. Siana ha comido y paseado con nosotros. He leido.” Niuna palabra acerca de lo que leyé: lo mismo podia ser una novela inglesa que un informe del Departamento de policia. “15 de abril. Le he aceptado la dimi- sién.a Witte. Han comido con nosotros Mary y Dimitri. Los hemos acompaitado al palacio.” "a dia en que se decreté a disolucién de la Duma, cuando lo mismo los al- tos dignatarios oficiales que los liberales estaban pasando por un paroxismo de panico, el zar escribia en su diario: “7 de julio, viernes. He estado muy ocupado toda la mafiana. Llegamos con media hora de retraso al almuerzo con los off ciales... Habia tormenta y el aire era sofocante. Paseamos juntos. He recibide a Goremikin y. iy firmado el ukase disolviendo la Duma! Hemos comido con Olga y Petia. Por la tarde, lectura.” Toda su emocién ante la disolucién inminente de Ja Duma queda expresada, y gracias, con un signo de admiracién. Los diputados de la Duma disuelta hicieron un llamamiento al pueblo para que no pagase los impuestos y se negara a hacer el servicio militar, Estallaron una serie de sublevaciones militares: en Sveaborg, en Kronstadt, en varios bu- ques de guerra, en diferentes regimientos; reanuddse en proporeiones jamas co- nocidas el terrorismo revolucionario contra las altas autoridades. El zar escribe en su diario: "9 de julio, domingo. {Ya esté hecho! Hoy ha quedado disuelta la Duma, Durante el almuerzo, después de la misa, veianse muchas caras largas... El tiempo era magnifico, Durante el paseo nos encontrames al viejo Micha, que llegé ayer de Gachina. Antes de comer, y durante toda la tarde, me dediqué a leer tranquilamente. Un paseo en canoa...". Nos dice que se pased y precisamen- te en canoa; en cambio, no siente la necesidad de concretar lo que ley, Y asi, wna vez y otra, y otra. iimos copiando de las hojas de aquellos dias prefiados de incertidum- bre: “14 de julio. Después de vestirme, me fui en bicicleta al balneario y me baiié con deleite er el mar.” “15 de julio. Me he bariado dos veces. Hacia mucho hecho de preguntarlo, lleva implicita, a medias, la respuesta. Aquella pro Fd calor, He comido solo con mi mujer. La tormenta ha pasado.” “19 de julio. Me ‘he bafiado por la maiiana. He recibido visitas en la granja. El tio Vladimir y in almorzé con nosotros.” Las sublevaciones, los atentados terroristas slo “Jesugieren una ligerisima consideracién: “jbonitas cosas!", que asombra por su baja impasibilidad, y rayana en c} cinismo si fuese inconsciente. "4 las nueve y media de la maiiana nos trasladamos al regimiento del Caspio... He paseado durante largo rato, El tiempaera esplindido. Me he baa doen el mar. Después del té, recibi a Lvov y Guchkav.” ¥ no dice ni una palabra de que aquella entrevista tan desusada de los dos liberales se relacionaba con Jos planes de Stolipin para atraer a su gabinete a los politicos de la oposicién. Bl principe Lvov, futuro presidente del gobierno provisional, dijo refiriéndose a ‘esta visita: “Cuando esperaba ver al monarca abatido por el infortunio, jeual no mi sorpresa al encontrarme con que salia a mi encuentro un hombrecillo egre y desahogado con una blusa de color frambuesal” Bl horizonte mental del zar no llegaba mas alla que el de un modesto fun- ‘donario de policia, con la diferencia de que éste, pese a toda, conocia mejor Ia ealidad y no vivia atosigado por la supersticidn. El nico periédico que du- muchos afios leyé Nicolas II y del que nutria sus ideas era un semanario do con fondos oficiales por cl principe Mecherski, hombre ruin y venal a despreciaban hasta en la misma pandilla de burdcratas reaccionarios a @ pertenecia. Por delante del zar cruzaron dos guerras y dos revoluciones, sin estos acontecimientos dojasen la menor huella en su horizonte mental: entre jencia y los acontecimiontos se alzaba constantemente el velo impenetra- e de la indiferencia. Nicolas 1] se decia, no sin razén, que era un fatalista, Conviene, sin em- 0, advertir que este fatalismo era todo lo contrario a la fe activa en su “estre- 7 Nicolis Il se tenia por un hombre de mala suerte. Su fatalismo no era mas. ‘una manera de defenderse pasivamente del proceso histérico y se daba la ino con un despotismo mezquino en sus motivos sicolégicas, pero monstruo- ‘SUS Consecuencias. 6 quiero yo, y asi tiene que ser.” “Esta divisa -escribe el conde Witte se éstaba en todos los actos de aquel gobernante débil de voluntad, a quien lidad levé a todo lo que caracteriza su reinado: un derramamiento cons- y, en la mayor parte de los casos, absolutamente innecesario de sangre, iS © menos inocente...” ~ Alguna vez se ha comparado a Nicolas I con el zar Pablo, aquel antepasado © medio loco, estrangulado por la camarilla, de acuerdo con su propio hijo, dro “el bendito”. Y no deja de haber, en efecto, entre estos dos Romanov 4finidad: la de su desconfianza hacia todo el mundo, nacida de la falta de @ Sc cree despreciado por todos, casi podria uno decir que su conciencia irlas coronados. Pero el zar Pablo-era incomparablemente mis pintoresco, u loctira habia un elemento de imaginacién, aunque fuera irresponsable. En cendiente todo es gris, sin un solo destello. is IT no cra sélo inconstante, sino que también era perjuro, Sus adu- Te Mamaban charmeur, un hombre encantador, por la dulzura con que 4 los palaciegos. Pera es el caso que el zar se mostraba especialmente 76 amable con aquellos dignatarios a quienes habia decidido despachar; cuando el ministro, encantado y fuera de si por la amabilidad con que el zar le habia recibido volyia a casa, se encontraba muchas veces con una carta notificindole Ja destitucién. Era una especie de jugada con que el monarea queria vengarse, sin duda, de su insignificancia. Nicolis II no podia ver a ning in hombre de talento, No se sentia a gusto mis que entre las nulidades y los doficientes mentales, junto a los santurrones y per- sonas endebles.a quienes é1 pudiese mirar de arriba abajo. Tenia su orgullo, pero no era un orgullo activo y refinado, sino indolente, sin un dtomo de iniciativa propia, y cuyo mévil era un sentimiento de envidia puesto siempre en guardia. Elegia a sus ministros ateniéndose al principio de dejarse resbalar cada vez mas bajo. A los hombres de talento y de caricter sdlo acudia en los caso extremos, axando no tenia mas remedio, como-se hace con el cirujano, que sélo se le llama cuando se trata de salvar la vida. Asi sucedia primero con Witte y luego con Stolipin, El zar los trataba a ambos con hostilidad mal disimulada. Y, apenas vencia el foco agudo de la situacién, se apresuraba a desombarazarse de unos consejeros que estaban demasiado por encima de él. ¥ tan sistematicay radical era esta seleccidn al revés, que el presidente de la ultima Duma, Rodzianko, se atrevié a decir al zar, el7 de enero de 1917, cuando la revolucién flamaba ya a las puertas: “Seftor, a vuestro alrededor no ha quedado un solo hombre honrado ni dligno de confianza: los mejores han sido alejados o se han ico, quedandose tan sdlo los que gozan de dudosa reputacidn.” Todas los esfuerzos de la burguesia liberal para entenderse con Palacio eran fallidos. El incansable y camorrista Rodzianko intentaba sacudir la modoera del zar con sus informes. Pero jtodo indtil! El zar pasaba por alto los argumentos, incluso las insolencias, preparando en silencio la disolucién de la Duma. El gran duque Dimitri, antiguo favorito del zar y futuro coparticipe en el asesinato de Rasputin, se lamentaba, con su cémplice el principe Yusupov, de que el zar de- mostraba cada dia mas indiferencia ante cuanto le rodeaba, Dimitri se inclinaba a creer que le habian dado al monarca algin brebaje para adormecerle. Por su parte, el historiador liberal Miliukov escribe: “Corrian rumores de que este esta- do de apatia mental y moral del zar provenia del abuso del alcohol.” Invenciones, todo o exageraciones. El zar no tenia necesidad de recurrir a narceticos, pues lle- vaba en la sangre el “bebedizo” fatal. Lo que ocurre es que sus efectos tenfan que suscitar, por fuerza, asombro, en instantes como aquellos en que la crisis interna del pais iba fraguando la revolucién, Rasputin, que era un buen sicélogo, solia decir lacénicamente cuando hablaba del zar: “Le falta un tornillo.” ‘Aquel hombre apagado, impasible, “bien educado”, era un hombre crucl. Pero no con esa crueldad activa, proyectada sobre fines histéricos, de un Ivan el Terrible o de un Pedro el Grande -hombres con los que no tenia la menor afi- nidad Nicolés II-, sino con la crueldad cobarde del diltimo vastago aterrorizado ante la tragedia fatidica de su propio destino. Ya en los albores de su reinado, Nicolas 1 tributé un elogio a los “bravos soldados” por haber ametrallado a los obreros. Solia leer “con placer” las informes en que la Direceiin de policia daba cuenta de haber azotado a latigazos a las estudiantes de “pelo corto”, 0 relataba los pogromos judios en que se machacaba el craneo a hombres inde- fenses, Aquel monstrunso coronade sentiase atraido con todael alma por la hez mW de la sociedad, por los matones de las centurias negras, y no sélo les pagaba idamente sus servicios de las areas del Estado, sino que gustaba de con- yersar afectuosamente con ellos, oyéndole relatar sus hazafas y perdondndoles pindosamente cuando remataban a algiin diputado de la oposicidn, Witte, que subid al peder en pleno periodo represive de la primera revolucidn, escribe en. sus memorias: “Cuando las noticias de las hazaftas insensatamente cruckes per- das por los cabecillas de esas bandas llegaban a oidos del zar, merecian Tidefect mente su aprobacién y encontraban en él defensa.” Despachando un i del general-gobernador de los paises balticos pidiendo que se Hamase atencién de cierto capitin Richter, que “ha ejecutado por iniciativa propia, previa formacién de causa, a personas que no habian opuesto resistencia alguna”, el ar estampé al margen del informe: “bravo muchacho!” Estimulos .éstos nos los encontrames a montones, Aquel hombre “encantador”, abulico, aspiraciones, sin imaginacién, era mas terrible que todos las tiranos de la ia antigua y moderna. _ Elzar hallibase enormemente influide por la zarina, influencia que fue cre- endo con los afios y las dificultades del gobierno. Las dos juntas formaban especie completamente organica. Esta unién es una de tantas pruebas que hasta qué punto, bajo la presién de las circunstancias, lo personal tra complement en lo colective. Pero digamos algo acerea de la zarina. ‘Maurice Paléologue, embajador francés en Petrogrado durante la guerra, sicdlogo muy agudo, sin duda, para los académicos franceses y las porteras su pais, hace un retrato pulcro y relamido de la tltima zarina: “La desazon. moral, la tristeza crénica, una melancolia ilimitada, un trinsito constante de la exaltacién al abatimiento, sus ideas atormentadoras acerca del mundo invisible ultraterrenal, en supersticidn, zacaso todos estos rasgos, que de un modo tan ido se manifiestan en la personalidad de la zarina, no son también los ras~ 898 genuinos del pueblo ruso?” Por muy extrafe que parezca, en el fondo de esta dulzona adulacidn se encierra un granito de verdad. No en vano el satitico Saltikoy Hamaba a los ministros y gobernadores de la serie de los barones “alemanes con alma rusa”; no cabe duda que precisamente estos ex- que no tenian la menor afinidad con el pueblo ruso, fueron los que ‘engendraron el tipo mas depurado de administrador ruso de “pura raza _ Pero, zpor qué el pueblo sentia un odio tan franco contra esta zarina, que, eo ‘encarnaba de un modo tan completo su propia alma? La con- sién es harto sencilla: para justificar la nueva situacién en quese encontraba, a aquella alemana se asimilaba con fria pasién todas las tradiciones & spiraciones de la Edad Media rusa, la mas inteligente y la mas ruda del mun- en una época en que cl pueblo se debatia desesperadamente por emancipar- # dela propia barbaric medieval. Aquella princesa de Hesse estaba literalmente ida por el demonio de la autocracia; cxaltada desde su rincén provinciano a alturas del despotismo bizantino, no queria descender por nada del mundo lo su trono de auticrata. La Iglesia ortodoxa le brind6 1a mistica y la magia de Necesitaba su nueva estrella. Y¥ cuanto mas al desnudo aparecia la indigni- del viejo régimen, mis firmemente ereia la zarina en su misin, Dotada de ‘cardctcr fuerte y de capacidad para la exaltacién seca y dura, la zarina com- al abiilico zar, dominandolo, 78 E117 de marzo de 1916, un aio antes de que estallara la revolucién, cuando el pais martir se revoleaba ya atenazado por la derrota y la ruina, la zarina es- cribia a su marido, al Cuartel General: “... No debes dar pruebas de blandura, nombrar un gobierno responsable, etc... hacer todo lo que elles quieren. Son ti guerra y (w paz, fu honor y el de nuestra patria y no los de la Duma, los que se ventilan, Ellos no tienen derecho a pronuneiar ni una palabra respecto a estas cuestiones.” Por lo menos, era un programa rotundo y escueto, y por serlo, aca- baba siempre por imponerse a las vacilaciones constantes del zar. Cuando Nicolas II salié a ponerse al frente del ejército. como comandante ficticio, la zarina tomé en sus manos, de hecho, las riendas del gobierno interior del pais: los ministros despachaban con clla, ni mas ni menos que si se trata- rade una reina gobernadora. La zarina, con su camarilla, conspiraba contra la Duma, contra los ministros, contra los gencrales del Estado Mayor, contra todo el mundo, hasta contra el propia zar. El 6 de diciembre de 1916, escribiale al monarca: “... Puesto que ya has dicho que querias retener a Protopopov, no de- jes que se atreva (se reficre a Trépoy, el primer ministro) a pronunciarse contra ti, da un puiietazo sobre la mesa, no hagas concesiones, demuestra que eres el amo, cree a tu dura mujercita y cita a nucstro amigo, ten fe en nosotros.” Tres dias después vuelve a insistir: “Sabes que la raz6n esta de tu parte, mantén la cabeza alta, ordena a Trépov que trabaje de acuerdo con él... da un puitetazo sobre la mesa.” Estas frases parecen cosa de invencién; pero no, no inventamos nada, estan tomadas al pie de la letra de cartas auténticas de la zarina. Ademas, aunque se quisiera, la invencién no podria legar a tanto. E113 de diciembre, la zarina escribe nuevamente al zar, volviendo sobre sus sugestiones: “Todo menos el gobierno responsable con el que suefia insensata- mente todo el mundo. Esto esti todo més tranquil y mejor; pero la gente quiere que sientes el puro. Qué sé yo cuanto tiempo hace que oigo por todas partes lo mismol; a Rusia le gusta sentir el escozor del Litigo, lo pide su cuerpo.” Aquella princesa de Hesse convertida a la religién ortodoxa, educada en Windsor y co- ronada con [a tiara bizantina, no sélo “encarna” el alma rusa, sino que la des- organicamente, si cuerpo pide el Litigo, escribia la zarina rusa al zar ruso del pucblo de Rusia, dos meses y medio antes de que la monarquia se sepultara para siempre en el abismo. La zarina, superior a su marido en cardcter, no lo era en intcligencia, sino ‘acaso inferior y mas inclinada todavia que él a buscar la sociedad de los simples de espiritu. La intima y jamas desmentida amistad que les unia a ambos con la Wirubova, una dama de palacio, nos da la medida del calibre espiritual de la pareja autocratica, La propia Wirubova se calificaba a si misma de tonta, sin que en ella hubiese, por cierto, asomo de modestia. Witte, a quien no se le puede ne- gar el ojo certero, decia de ella que era como “una seforita petersburguesa vul- gar ¥ necia, y ademas fea, con una cara que parecia una burbuja de manteca al derretirse”. El zar y la zarina se pasaban horas enteras charlando, consultando los negocios puiblicos y manteniendo correspondencia can esta mujer, a la que cortejaban servilmente, deshaciéndose en reverencias, los viejos dignatarios, los embajadores y los financieros, y que, aunque tonta, tenia cl talento suficiente para no olvidarse de llenar el bolsillo y tener mas influencia en la vida politica que la Duma imperial y todos Jos ministros juntos. 9 Pero la Wirubova no era mas que el “medium” del “Amigo”, aquel “Amigo” cuya autoridad campeaba sobre los tres. “Esta es mi opinién personal -escribe fa zarina al zar-, ya veremos lo que piensa nuestro ‘Amigo’. La opinién del “Amigo” no era ya personal, sino decisiva, “Me ratifico en lo dicho -repite la garina unas cuantas semanas después, Oyeme a mi, es decir, a nuestro “Amigo” y confia en nosotros para todo... Sufre por ti como si fueras un nifio pequeriito y débil, que necesita que le guien, pero que presta oido a malos consejeros, mien- tras el hombre enviado por Dias le dice lo que hay que hacer.” “Can las oracio- ‘nes y la ayuda de nuestro ‘Amigo’, todo se arreglari.” “Si no le tuviéramos a él, ya haria tiempo que todo habria terminado, estoy completamente persuadida dello.” El, el Amigo, el enviado por Dios, era Grigori Rasputin, Durante todo el reinado de Nicolds I y de Alejandra no cesaron de desfilar por Palacio adivinos y epilépticos traidos de todos los ambites de Rusia y hasta de otros paises. Habia proveedores de la real casa encargados especialmente de suministrar esa mercancia, y que se congregaban en toro al ordculo de tur- ‘no, rodeando al monarca de una especie de Camara alta todopoderosa. Habia de todo: viejas beatas con titulo de marquesas, dignatarios que ambicionaban algtin empleo y financicros que tomaban en arriendo a gabinetes enteras. Los jerarcas de la Iglesia ortodoxa, celosos de esta competencia intrusa ejercida por hipnotizadores y adivinos sin patente oficial, se apresuraban a abrirse caminos propios en aquel santuario central de la intriga. Witte Hamaba a esta pandilla gobernante, contra la que se estrellé por dos veces, “la camarilla palaciega de los leprosos". _ Cuanto més se aislaba la dinastia y mis abandonado se sentia el monarca, “mayor era la necesidad que sentia del auxilio del ciclo. Hay tribus salvajes que para llamar al buen tiempo hacen girar en el aire una tablilla atada al extremo deun hilo. El var y la zarina usaban ostas tablillas para los fines mas diversos. EI ‘vagén dol zar estaba literalmente cubierto de imagenes y cuadritos de santos y de toda clase de objetos de culto, can los que quiso hacerle frente, primero, a la attilleria japonesa y. luego, a la alemana. __ Elnivel de los medios palatinos no habia variada gran cosa, en realidad, de lina en otra generacién. Bajo Alejandro IL llamado “cl Emancipador”, los gran- des duques creian sinceramente en los duendes y en las brujas. Bajo Alejandro IM seguia todo igual, aunque mas en calma, La “camatilla de leprosos” existio re. Lo tinico que variaba era'su composicién y sus procedimientos. Nicolas Ino cred aquella atmasfera de medievalisme salvaje, sino que la heredé de sus Sntepasados. La que ocurre es que durante aquellos afios el pais se fue modifi- Sando, los problemas se complicaron, se ¢leve el nivel de cultura y la camarilla Palaciega queds rezagada. Si la monarquia, baje la presidn del exterior, se veia da a hacer concesiones a las nuevas fuerzas, interiarmente no habia conse- Guido, ni mucho menos, modernizarse; al contrario, se encerraba en si misma, y elespiritu medieval se fue coagulando bajo la acciin de la hostilidad y del mie~ do, hasta convertirse en una pesadilla repugnante que se ceria sobre el pais. El de noviembre de 1905, en el momento mAs critico de fa primera revo- lucisn, el zar escribe en su diario: “He conocido aun santo llamado Grigori, de Ia provincia de Tobolsk.” Era Rasputin, campesino siberiano, con un rasgitio ea cerrarse en la cabeza, recucrdo de los golpes recibidos en sus tiempos 80 de cuatrero, Presentado en Palacio en cl momento propicio, el “santo” no tardé en encontrar auxiliares de alto copete, 0, por mejor decir, fueron ellos los que Te encontraron a él, y ast se fue formando una nueva pandilla gobernante, que se aduefio enérgicamente de la voluntad de la zarina y, por medio de ella, de la del zar, En las allas esferas de la sociedad peterburguesa hablibase ya sin recato, desde el invierno de 1913-1914, de que todos los altos nombramientos, los con tratos de suministros y concesiones pasaban por la camarilla de Rasputin, El staretz iba convirtiéndose poco a poco en una institucién publica, La policia le guardaba las espaldas celosamente, y los ministerios rivales tenian las miradas fijas en él. Los agentes del Departamento de policia llevaban un diario de su vida, en que no faltaba un solo detalle; por ejemplo, que al visitar Pokrovski, su pueblo natal, Rasputin, en estado de embriaguez, se habia liado a golpes con su padre en medio de la calle, dejindolo ensangrentado. Aquel mismo dia, 9 de septiembre de 1915, Rasputin enviaba dos afectuosos telegramas, uno a ‘Tsarskoie-Selo a la zarina; otro al Cuartel General, para cl zar. Los agentes registraban dia tras dia, en un lenguaje €pico, las andanzas del “Amigo”, “Hoy ha vuelto a casa a las cinco de la mafiana, completamente ebrio.” “La noche de! 25 al 26 la pasé en casa de Rasputin Ia artista V." Ha llega- do con la princesa D (esposa de un gentilhombre de camara del palacio del zat) al hotel Astoria...” Y a poco: “Ha vuelto a casa, procedente de Tsarskoie-Selo, cerea de las once de la noche.” "Rasputin ha Ilegado a easa eon la princesa Ch, muy embriagado, y enseguida volvieron a sali iguiente, por Ja mafana o por la tarde, en viaje a Tearskoie-Selo. A la pregunta afectuosa del policia de por qué el staretz esta hoy tan pensative, contesta: “No sé qué hacer: si convocar la Duma o no convocarla.” Otro asiento: “Liegé a casa a las cinco de Ja mafiana bastante embriagado.” Siempre la misma melodia, durante meses y ailos, una melodia en que no habia mas que tres notas: “Bastante embriagado", “Muy embriagado” y “Completamente embriagado”, El general de la gendar- meria, Klobachev, reunia y refrendaba con su firma estas noticias, tan trascen- dentes para la vida del Estado. La influencia de Rasputin sc mantuvo en su apogeo durante seis afios, los iltimos de la monarquia. “Su vida en Petersburgo -cuenta el principe Yusupov, coparticipe hasta cierto punto deella y, mas tarde, asesino de Rasputin- se habia convertido en una fiesta continua, en la borrachera inacabable de un presidiario a quien de pronto, inesperadamente, se le viene la dicha a las manos.” “Tenia en mi poder -eseribe el presidente de la Duma, Rodzianko- una gran cantidad: de cartas escritas por madres cuyas hijas habian sido deshonradas por aquel desvergonzado libertino.” El metropolita de Petrogrado, Pitirim, y el arzobis~ po Varnava, casi analfabeto, debian sus puestos a Rasputin. El procurador del Santo Sinodo, Sabler, permanecié en el cargo durante largo tiempo por voluntad. del staretz, y ¢l fue también el que impulsé la destitucién del primer ministro Kokovtsvey, que no habia querido recibirle. Rasputin nombré a Sturmer pre- sidente de] Consejo de ministros; a Protopopov, ministre de Gobierno; a Raicy, nuevo procurador del Sinodo, y asi a muchos més. El embajador de la Repaiblica francesa, Paldologue, solicits una entrevista con Rasputin. Cuando estuvo delan- tede dl le besé, exclamando: Voillt wn veritable il 1, todo por ganar cl corazin a1 “de la zarina para la causa de Francia. El judio Simanovich, agente financiero de] starelz, fichado por la policia como jugador y usurere, hizo nombrar de Justicia, por mediacién de Rasputin, a un sujeto Hamado Dobrolovski, que era, sencillamente, un ladrén, “No dejes de ver la pequeiia lista que te acompa- fio -escribe la zarina al yar, hablandole de los nuevos nombramientos. Nuestro ‘Amigo’ me pide que hables de todo esto con Protopopov.” Dos dias después; Nuestro ‘Amigo’ dice que Sturmer puede seguir siendo presidente del Consejo de Ministros durante algdn tiempo.” Y a poco: “Protopopov siente una verda- dera veneracién por nuestro ‘Amigo’, y el cielo le bendecitd.” En uno de aquellos dias en que los agentes de la policia registraban cui- dadosamente e! niimero de botellas y de mujeres, la zarina escribia, toda afli- a, al zar: “Acusan a Rasputin de besar a las mujeres y de otras cosas par el ‘estilo. Lee los Apdstoles y verds cémo besaban a todo el mundo como saludo.” Seguramente que el argumento de los Apéstoles no hubiera convencido a los agentes encargados de vigilar al starelz, En otra carta, la zatina va todavia mas “Durante la lectura del Evangelio -eseribe- he pensado mucho en nuestro migo” al ver cémo los escribas y fariseos perseguian a Cristo, fingiendo ser g hombres perfectos... ;Qué verdad es aquello de que nadie es profeta en su tierra!” El comparar a Rasputin con Jesucristo era cosa corriente en aquellas altas s. ¥ No tenia nada de particular. El miedo a las poderosas fucrzas de la storia, que amenazaban desencadenarse, era demasiado grande para que los yres pudieran contentarse con un Dios impersonal y con la sombra incorpérea Cristo de los Evangelios. Necesitaban un nuevo advenimiento del “hijo del . La monarquia, empujada al abismo, agonizante, enconted un Cristo a Imagen y semejanza. no: hubiera existido -ijo un hombre del antiguo régimen, el Bor Tpants y- no habrla habido mas remedio que inventarlo.” En estas pa- ras hay mucha mas substancia de lo que imaginaba su autor. Si por “golfe- entendemos lo que hay de mas antisocial y parasitario en Jos senos de la edad, podremos decir, sin temor a equivecamos, que la “rasputinada” fue golferia coronada, en ef apogco de su esplendar. Capitulo V La idea de la revolucion palaciega or qué las clases dirigentes, que buscaban el modo de evitar la revolucién, eron nada por librarse del zar y de los que le radeaban? No dejarian de en ello, pero no se atrevian, Les faltaba la fe en su causa y la decision. dela revolucién palaciega flotaba en la atmésfera hasta que la devord la ladera revolucién. Detengamonos un momento-aqui, pues ella nos dara una més clara de las relaciones reinantes en visperas de la explosién entre la ia, las altas esferas de la nobleza y la burocracia y la burguesia. clases ricas eran de arraigadas convicciones monarquicas, Asi se lo sus intereses, sus tradiciones y su cobardia, Pero una monarquia sin ines, La monarquia le contestaba: “Tenis que tamarme tal y como soy.” a salia al paso de las instancias en que les suplicaban que constituyesen inisterio presentable, enviando al zar al Cuartel General una manzana que d, “Acuérdate -le conjuraba- de que hasta monsieur Philippe (un charlatan tizador francés) decia que no podias dar una Constitucién, pues seria tu ‘Sé Pedro el Grande, Ivan el Terrible, el emperador Pablo; ‘cuanto caiga a tus pies!” {Qué mezcla repugnante de miedo, de supersticién y de rencorasa incom- ya tan sola viendo a Rasputin rodeado siempre de una constelacion as aristocraticas y a la brujeria duefia de los favores de la nobleza. Pera 0. Este misticismo.del miedo, lejos de unir, separa, Cada cual quiere salvarse a Lmanera, Muchas casas aristocraticas tienen sus santos propios, entre los que blece una rivalidad. Hasta en las altas esferas petersburg uesas se ve a la del zar como apestada, cefiida por un cordén sanitario de desconfianza ¥ hostilidad, La dama de la corte Wirubova dice en sus memorias: “Tenia el rofundo y doloreso presentimiento de una gran hostilidad en cuantes rodea- Ma aquellos a quienes ya adoraba, y sentia que esta hostilidad iba tomanda Proporciones aterradoras...” bre aquel sangrienta fondo de la guerra, bajo el ruido sordoy perceptible 6 Sacudidas subterrineas, los privilegiados no renunciaban ni una sola hora 88 wy al contrario se entregaban a ellos con frenesi. Pero en sus orgias aparecia con mayor frecuencia un esqueleto y los arenazaba con las falanges de sus dedos descarnados, Entonces se les antojaba que todas las desgracias provenian del detestable cardcter de Alicia, la zarina; de la felonia abiilica del var, de aquella imbéeil y dvida Wiburova y del Cristo siberiano con Ia frente sefialada, Ofrendas de horribles presentimientos anegaban a las clases gobernantes y sacudidas como de calambres se transmitian desde la periferia al centro: la odiada camarilla de Tsarskoie-Selo iba quedando cada vez mas aisla- da. La Wirubova ha dado expresién con bastante elocuencia, en sus memorias, Henas en general de mentiras, al estado de espiritu de las alturas por aquel en- tonces: “Centenares de veees me pregunté; {Qué le pasa ala sociedad petersbur- guesa? Estin todos enfermos del espiritu o se han contagiado de una de esas epidemias que hacen estragos en tiempos de guerra? Dificil es saberlo, pero lo cierto es que todo el mundo se hallaba en un estado anormal de excitacion. Entre las que habian perdido la cabeza se contaba también la extensa familia de los Romanoy, toda aquella trailla dvida, insolente y por todos odiada de los grandes duques y las grandes duquesas; poseidos todas de un terror mortal, se hacian la ilusién de huir de! circulo que los atenazaba, coqueteaban con la aristocracia rebelde, murmuraban del zar y la zarina, se mordian unos a otros y a quienes les rodeaban, Los “augustos tios” dirigian al zar cartas de exhortacién en las que, por debajo del respeto, se adivinaba el rechinar de dientes. Ya despuds de la Revolucién de Octubre, Protopopov deseribia, sin gran fi- neva, pero de un modo bastante pintoresoo, el estado de espiritu que reinaba en la osferas dirigentes. Hasta las clases mis elevadas conspiraban ante la re- volucién, En los salones y en los clubes criticdbase dura y desfavorablemente la politica del gobierno, analizabanse y dictamindbanse las relaciones creadas en el seno de la familia real; contibanse anéedotas acerca del jefe del Estado; escribianse versos satiricos; muchos grandes duques frecuentaban abiertamente estas reuniones, y su presencia daba a aquellas invenciones caricalureseas y a aquellas malévolas exageraciones, a los ojos de la gente, un mareado aire de verdad. Hasta el tiltimo momento, nadie tuvo conciencia de lo peligroso que era aguel juego. Una de las cosas que mas contribuian a dar pabuloa los rumores que corrian acerca de la camarilla palaciega era la acusacién de getmanofilia e incluso la inteligencia directa conel enemigo que contra ella se lanzaba. El aturdide y atro- pellado Rodzianko declara sin ambages: “La articulacién y analogia de las aspi- raciones era tan ligica y evidente que ami, al menos, nome cabe la menor duda de que entre el Estado Mayor aleman y la camarilla de Rasputin habia alguna re- lacion.” La simple invocacién de la “evidencia” y la “légica” quita fuerza al tana ‘categorico de su testimonio, Aun después de la revolucién, no puede descubrir- se la menor prueba de que existiese una inteligencia entre los rasputinianos y el Estadio Mayor aleméan. Lo de la llamada “germanofilia” es ya otra cosa. No se trataba, naturalmente, de las simpatias y antipatias nacionalistas de la zarina, de estirpe alemana, del primer ministro Sturmer, de la condesa de Kleinmichel, del mayordomo de palacio, conde Frederichs, ni de otros caballeros de apellido alemin. Las cinicas memorias de la vicja intrigante Kleinmichel nos revelan con desnuda evidencia hasta qué punto estaba por encima de nacionalismos la alta a7 acia de todos los paises de Europa, vinculada en todas partes por lazos fe parentesco y de herencia, por el desprecio hacia los clemas simples mortales yy last but not least, por sus libertinajes cosmopolitas entre los muras de los viejas los, de los balnearios de moda y las cortes curapeas. Tenian bastante mas | las antipatias orgdnicas de la pandilla palaciega contra aquellos plebe- ‘abogados de la Republica francesa y las simpatias de los reaccionarios -lo o los de apellido iténico que los de nombre eslavo- contra el espiritu ticamente prusiano del gobierno berlinés, que durante tanto tiempo les a tenido fascinados con sus bigotes ticsas, sus modales de sargento mayor y su estulticia lena de suficiencia. Mas tampoco cra esto lo decisive. El peligro se desprendia de la logica mis- de la situacién, pues la corte no tenia mas salida que buscar su salvacién en paz por separado, tanto mas apremiante cuanto mas peligrosa se tornaba a situacién, Como veremos mas adelante, el liberalismo aspiraba en Ja a de sus jefes a reservarse para si la carta de la paz por separado, enfo- i desarrollar una furiosa agitacién chovinista, engafiando al pueblo y aterro- a la corte. La camarilla no se atrevia, en una cuestién tan espinosa, a 3¢ prematuramente la careta, y veinse incluso obligada a asociarse al tono ‘0 del pais, al paso que tanteaba por debajo de cuerda el terreno para una paz separada. "El general Kurlov, jefe de la policia y miembro de la camarilla de Rasputin, en sus memorias, naturalmente, las simpatias alemanas de sus protec- sj pero, a renglén seguido, afiade: “No hay razén para acusar a Sturmer que sostuviese que la guerra con Alemania era la mayor desgracia que podia a Rusia y carecia de toda base politica seria.” Conviene no olvidar, sin go, que cl tal Sturmer, que sostenia una opinién tan interesante, era el jefe gobierno de un pais que estaba en guerra con Alemania. El dltimo ministro terior, Protopopoy, sostuve, en visperas de posesionarse de la cartera en ma, una conversacién con un diplomatico aleman, de la cual dio-cuenta ry al propio Rasputin; siempre, segdn Kurlov, “habia considerado como a inmensa calamidad para Rusia la guerra con Alemania”. Finalmente, la em- sratriz escribia al var, el 5 de abril de 1916: “No usaran, pues no pueden, decir ¢ él tenga nada que ver con los alemanes, porque sea bueno y generoso para como Cristo, sin preguntar a nadie por la religién que profesa, como debe todo verdadero cristiano.” "Claro est que este “verdadero cristiano”, que casi nunca posaba la borra- podia haber estado perfectamente, como lo estaba, en relacién con espias Onales, con croupiers, con usureros y proxenctas aristocraticas, agentes del espionaje. No nos extrafaria que mantuviese “amistades” de és- Pero los patriotas de la oposicién iban més all4 y formulaban la cosa de modo mas directo, pues acusaban personalmente a la zarina de traidora, EL eral Denikin en sus memorias, escritas a la vuelta de mucho tiempo, dice: an el frente nadie se recataba para decir que la zarina exigia a toda costa una Z Separada, que habia traicionade al mariscal Kitchener delatando, segiin se a, su viaje a los alemanes, etc. Esto contribuyé increiblemente a desmora- las tropas, influyendo en su actitud ante la dinastia y la revolucién.” El 88. propio Denikin cuenta que, y después dela revolucién, al preguntarle el general Alexéiev abiertamente qué pensaba de la supuesta traicién de la zarina, habla contestado “de un mado vago y de mala gana” que al examinar sus papeles se habia encontrado con un mapa en el que estaba sefalada con todo detalle la situacidn de las tropas en todo el frente, y esto le habia producido a él, Ale una impresién abrumadora... “Y sin decir ni una palabra mas -afiade Denikin elocuentemente- cambié de conversaciin.” Si la zarina tenia entre sus papeles ese mapa misterioso, es cosa que ignoramos; pero es evidente, desde luego, que los fracasados generales no veian con malos ojos que se descargara sobre la em- peratriz. una parte de la responsabilidad que les incumbia por sus derrotas. Los rumores acerca de la traicién de la corte partieron segurisimamente de arriba, de los ineptos Estados Mayores. Si era verdad que la zarina, a cuyos mandatos se plegaba cicgamente el zar, ponia en manos del kaiser los secretos de guerra y hasta las cabezas de los ma- riscales aliados, zqué mejor que quitar de en medio a la real pareja? El gran duque Nicolas Nicolaievich, jefe del eéreito y a quien se consideraba como la cabeza visible del partido antigermanico, estaba predestinado oficialmente casi a asumir el papel supremo de amparador de la revolucién palaciega. No fue otra la causa de que el zar, a instancias de Rasputin y de la zarina, destituyera al gran duque y tomara en sus manos el mando supremo de las tropas, Pero la zarina le tem/a incluso a la entrevista que habian de celebrar tio y sobrine en la ceremonia de traspaso de paderes: “Procura, tesora, ser prudente -le eseribe Ja zarina al yar al Cuartel General-, y no dejes que Nikolaska te engaie con alguna promesa ni con nada; acuérdate de que Grigori te ha salvado de él y de sus malvados amigos... Acuérdate, en nombre de Rusia, de lo que maquinaban: deshacerse deti (no, no es ningun rumor vano; Orlov tenfa ya todos los papeles preparadas} y recluirme a mi en un convento. Miguel, hermano del zar, deciale a Rodvianko: “Toda la familia sabe bien lo perniciosa que es Alejandra Teodorovna, Mi hermano y ella estin rodeados por todas partes de traidores. ‘Todas las personas decentes se les han alejado. Pero, iqué hacer en esta situacién?” La gran duquesa Maria Pulovna insistia, ‘en presencia de sus hijos, en que Rodzianko tomara sobre si la iniciativa de “suprimir” a la zarina. Rodzianko propuso que se diese aquella conversacién por no celebrada; en otro caso, si no querfa falta a su juramento, tendria que poner en conocimiento del zar que la gran duquesa habia invitado al presidente de la Duma a quitar de en medio a la emperatriz. He aqui céme aquel ingenioso gentilhombre de cdmara convertia el tema del atentado contra la zarina en un gracioso chiste de salin. El propio gobierno se hallaba, en ciertos momentos, en marcada oposicién con el zar, Ya en 1915, afio y medio antes de estallar la revolucién, pronuncid- banso abiertamente on las reuniones ministoriales discursos que aun hoy nos Parecen inverosimiles. Asi, el ministro de Guerra, Polivanoy, decia; “Sélo una politica conciliadora para con la sociedad puede salvar la situacién. Los insegu= Tos diques actuales no pueden contener la catistrofe.” ¥ el ministro de Marina, Grigorovich: “Nadie ignora que el ¢ército no confia en nosotros y espera cam- bios.” El ministro de Relaciones Internacionales, Sazanov: “La popularidad del zar y su prestigio han disminuido considerablemente a los ojos de las masas 89 ares.” E] ministro de Interior, principe Cherbatov; “No servimos para go- bernar a Rusia en la situacion que se ha creado... Es necesaria una dictadura 0 una politica de conciliacién.” (Consejo de Ministros del 21 de agosto de 1915) Ni una ni otra solucién servian; ninguna de las dos era ya factible. El zar no se decidia a la dictadura, rechazaba la politica conciliadora y se negaba a aceptar Ja dimisidn a los ministros que se consideraban ineptes, Un elevado funcionario hace la siguiente acotacidn a los discursos de los ministros: “Por lo visto, no habra mas remedio que dejarse colgar de un farol,” Con semejante estado de espiritu, ne tiene nada de sorprendente que aun en las altas esferas burocriticas se hablara de la necesidad de una revolucion palaciega como Unico medio de evitar la revolucién inminente. “Cerrando los -recuerda uno de los que tomaron parte en estas conversaciones- hubiera podido uno figurarse que se encontraba entre revolucionarios de toda la vida.” ~ Un coronel de gendarmes, a quien se dio la comisién de inspeccionar las tropas del sur de Rusia, trazaba en su informe un cuadro sombrio: “Como re- sultado de la labor de propaganda, sobre todo en Jo tocante a la germanofilia de la emperatriz y del zar, el ejército se ha hecho a la idea de una revoluciin palatina.” “En los clubes de oficiales se habla abiertamente en este sentido, y ‘sus Murmuraciones no encuentran réplica merecida en el alto mando.” Por su parte, Protopopov atestigua que “un numero considerable de elementos perte- necientes al alto mando simpatiza con el golpe de Estado; algunos de ellos se hallaban en relacién con los elementos del llamado bloque progresivo y bajo su influencia”. Ehalmirante Kolchak, que mas tarde habria de adquirir tan gran celebri- dad, dijo, después de la derrota de sus tropas por el Ejército Rojo, declaranda “ante la Comisién fiscalizadora de los soviets, que habia mantenido relaciones ‘con muchas miembros de la oposicidn de la Duma, cuyos discursos escuchaba ‘con placer, ya que “veia con antipatia cl régimen existente en visperas de la ravolucién”. Sin embargo, Kolchak no fue puesto al corriente de los planes de Ta revoluciin palaciega. Despucs del asesinato de Rasputin y del subsiguiente destierro de los grandes duques, los aristécratas hablaron en voz bastante alta do la necesidad de proceder a la revelucién de camarilla. El principe Yusupoy cuenta que el gran duque Dimitri, detenido en Palacio, fue visitado por oficiales de varias regimientos que le propusicron distintos planes de accién decisiva, “con los cuales, naturalmente, no podia mostrarse conforme.” Se sospecha que los diplamitices aliados, al menos el embajador britinico, estaban complicados en el complet, El dicho embajador, respondiendo indu- te a la iniciativa de los liberales rusos, hizo en enero de 1917, no sin antes solicitar la venia de su gobierno, una tentativa para influir sobre Nicolas. El zar escuché atenta y amablemente al embajador, le dia las gracias y pasé a hablar de otras cosas, Protopopov dio cuenta a Nicolas I de las relaciones de Sir Buchanan con los jefes del bloque progresista y propuso que se vigilase la Embajada britinica. El zar hizo como si no aprobara esta proposicién, por en- tender que el vigilar a las embajadores no se avenia con las tradiciones interna- les. Kurlov dice, sin embargo, sin vacilar, que “los agentes de investigacién an diariamente de las relaciones del lider del partido kadete, Miliukov, la Embojada britanica”. Como se ve, las “tradiciones internacionales” ne 0 fueron obstaculo mayor; pero su infraccién tampoco sirvié de mucho. La cons- piracién palatina no fue deseubierta. zExistia, en realidad, tal conspiracién? Nada hay que lo prucbe. Para ser un complot ¢ra demasiado vasto, abarcaba elementos demasiado heterogéncos y numerosos. Flotaba en el aire como expresién del espiritu de la alta sociedad pe- tersburguesa, como una vaga idea de salvacién 0 como una salida desesperada, pero sin llegar a concrotarse en ningtin plan practice. La nobleza del siglo XVIII introdujo mas de una vez enmiendas de cardc- ter prictico en el orden de sucesién al trono, encerrando 6 estrangulando a los emperadores que no le eran gratos; fue lo que se hizo con Pablo en 1801. No puede decirse, pues, que la revolucién palaciega no tuviese procedentes en las tradiciones de la monarquia rusa; al contrario, constituia un clemente tipico y constante del zarismo. Pero ya hacia tiempo que laaristocracia no se sentia firme en su puesto, Cedia a la burgucsia liberal el honor de estrangular al zar y a la zarina, y el caso es que tampoco los caudillos de este otro poder demostraban mas decisin que ella. Después de la revolucién, fueron reiteradamente sefialadas como jefes de las conspiraciones los capitalistas liberales Guchkov y Terechenko y el general Krimoy, que simpatizaba con ellos. Los propios Guchkov y Terechenko con- firmaron, aunque de un modo vago, la conjetura. Era natural que el duclista Guchkoy, cse voluntario en la guerra de los boers contra Inglaterra, un liberal con espuelas, se destacase a los ojos de la “opinién publica” come la figura mas adecuada para aque! complot. El no era, por cierto, un retérico, como el profe- sor Miliukoy. Guchkov pensaria, indudablemente, mas de una vez en dar uno de esas golpes certeros y rapidos por medio de los cuales un regimiento de la Guardia se basta para suplantar y evitar la revolucién. Ya Witte, en sus memo- rias, denunciaba a este personaje, a quien odiaba, como un devoto de los méto- dos empleados por los jévenes turcos para deshacerse de los sultanes molestos; pero Guchkov, que en sus aijos de juventud no habja tenido tiempo de demos- trar su arrojo de joven turco, era ya un hombre cargado de aiios, Y, sobre todo, al colega de Stolipin no podia pasirsele desapercibida la diferencia que mediaba entre las condiciones de Rusia y la vieja Turquia, ni podia dejar de preguntarse si aquel golpe de Estado palaciego no resultaria a la postre, en vez de un medio de evitar la revolucién, cl iiltimo empujén que desencadenase la tormenta; es decir, si e] remedio no seria peor que la enfermedad. En la literatura consagrada a la Revolucion de Febrero se habla de la conjura palaciega como de un hecho firmemente comprobado. Miliukoy se expresa asi: “El golpe estaba sefialado para febrero.” Denikin amplid el plazo a marzo. Ambos recuerdan el “plan” de detener el tren del zar en ol camino, exigirle la abdicacién y, en el caso que ‘se considerara inevitable, de que se negase, “suprimirle fisicamente”. Miliukoy afiade que, en previsién del posible golpe de Estado, los jefes del bloque pro- gresista, que no participaban en el complot y que no estaban “detalladamente” informades de los preparativos del mismo, estudiaban sigilosamente cual seria ol mejor medio de aprovecharse de Ja situacién, en caso de que diera resultado, Algunos estudios marxistas de estos ultimos aitos aceptan la versién de que el golpe de Estado llegé a prepararse. Este ejemplo -dicho sea de paso- demuestra