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PELOTAS Y BALAS DE CAÑÓN

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2. PELOTAS Y BALAS DE CAÑÓN

Significados sociales del deporte

All work and no play, makes Jack a dull boy


All work and no play, makes Jack a dull boy
All work and no play, makes Jack a dull boy
All work and no play, makes Jack a dull boy
All work and no play, makes Jack a dull boy
All work and no play, makes Jack a dull boy

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la verdad era verdad de las cosas/ es que nosotros éramos gente de acción/ a nuestros ojos el mundo se

reducía/ al tamaño de una pelota de fútbol/ y patearla era nuestro delirio/ nuestra razón de ser

adolescentes/ hubo campeonatos que se prolongaron hasta la noche/ todavía me veo persiguiendo/ la

pelota invisible en la oscuridad/ había que ser búho o murciélago/ para no chocar con los muros de

adobe/ ése era nuestro mundo/ las preguntas de nuestros profesores/ pasaban gloriosamente por

nuestras orejas/ como agua por espalda de pato/ sin perturbar la calma del universo… (El Gran Nicanor)

En su testamento Nicanor pidió ser enterrado con sus zapatos de fútbol. Cuando eran más

niños, los hermanos Parra (las hermanas incluidas) acostumbraban organizar maratónicas e

inolvidables pichangas de grueso calibre.

Jugar la vida

Como sabemos, jugar es una actividad que supone un comportamiento. Habitualmente el juego se

asocia a los niños y los publicistas. Por medio del juego los niños aprenden a asociar percepciones

visuales y táctiles; emulan conductas; identifican las posibilidades de la interacción social. El juego

también denota un desajuste; una medida de libertad al nivel del comportamiento impredecible.

Para el ex rector Huizinga, que sabía muy bien separar lo divertido de lo serio, “una cultura

auténtica no puede subsistir sin un cierto contenido lúdico, porque la cultura supone cierta

autolimitación y autodominio, cierta capacidad de no ver en las propias tendencias lo más excelso, en

una palabra, el reconocer que se halla encerrada dentro de ciertos límites libremente reconocidos. La

cultura exige siempre, en cierto sentido, `ser jugada´ en un convenio recíproco de reglas” (1968:249).

Huizinga calificó de pueril el peligro de mezclar las esferas del juego y de la vida.

Borges escribió en un examen de la obra de Herbert Quain: “yo reivindico para esa obra, le oí

decir, los rasgos esenciales de todo juego: la simetría, las leyes arbitrarias, el tedio“ (1985:83).

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Roger Caillois (1958) define el juego como una actividad libre (atractiva, alegre); circunscrita en

límites de tiempo y espacio; incierta; improductiva; reglamentada y ficticia. Propone clasificar los juegos

como de competición (agôn), de azar (alea), de simulacro (mimicry) o de vértigo (ilinx). La primera

categoría tiene un carácter disyuntivo; parte de una igualdad artificial entre rivales que pretenden la

victoria con base en estrategias transmitidas (la competición es una violencia donde anida un juego). La

segunda categoría se refiere a la victoria contra el destino y es desconocida para otros animales. La

tercera supone una aceptación ilusa1 que suspende la realidad en beneficio de lo más importante. La

cuarta consiste en destruir la percepción estable para acceder al trance. Todas se reúnen en el fútbol;

un deporte masivo que probablemente haya dejado de ser un juego.

En Bizancio las competiciones hípicas regulaban la vida social, el orden político, las jerarquías.

Aparentemente el juego es más serio que la vida. Es un sistema ritual de obligación, sagrado por

convencional; maneja la hipótesis de que el azar no existe (Baudrillard, 1991).

Nabokov comentó en algún lugar que los rusos amaban el ajedrez por haber sido esclavizados

tantos siglos.

En una de sus cartas sobre la educación estética del hombre, Schiller declamó: “Quede bien

entendido que el hombre sólo juega en cuanto es plenamente tal, y sólo es hombre completo cuando

juega” (Caillois, 1958:7). Aún si su juego fuera la ruleta rusa.

Por fortuna, como señala Elkonin (1980), la palabra juego no es un concepto científico en

sentido estricto ni un grupo homogéneo de actividades. Jugar sería un modo de comunicación que

contempla la posibilidad de reírse de las propias emociones para que abandonen su aislamiento.

El pretexto del juego es un modo particular de relacionarse con los otros en una clave suelta,

aliviada, descomprometida, flexible. “Ese modo lúdico particular se construye sobre la base del permiso

y la confianza; es inversamente proporcional a las presiones externas sobre el resultado y la magnitud

de lo que está en juego” (Pavía, 2000:2). Nadie puede jugar por los demás ya que jugársela implica

1 In-lusio significa entrar en juego.

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exponerse. Una estructuración excesiva del juego significa la pérdida de autoridad y autonomía de los

jugadores, imposibilita la negociación de reglas y sostiene una seriedad que eventualmente vence o es

vencida.

Confieso un fracaso crónico y progresivo en virtud de resistir los impulsos por jugar. Lesieur

alertó sobre esta clase de conducta lúdica, pues “compromete, rompe o lesiona los objetivos

personales, familiares o vocacionales” (1993:222).

El juego siempre vuelve. Como señala Vigotsky: “no encontraremos un niño por debajo de los

tres años que desee hacer algo en los días siguientes” (1988:43). Parece entonces que habrá que fingir

auténticamente. El modo pertenece al orden estricto del entretenimiento del sujeto.

2. Desde un punto de vista: Sudamérica.

Naturaleza de la experiencia

La experiencia se distingue de lo que pasó antes y lo que vino después. “Una experiencia tiene una

unidad que le da su nombre, esa comida, esa tempestad, esa ruptura. La existencia de esta unidad está

constituida por una sola cualidad que impregna la experiencia entera a despecho de la variación de sus

partes constituyentes [...] La naturaleza de la experiencia está determinada por las condiciones

esenciales de la vida” (Dewey, 1949:32). Los propósitos son una inclinación. Parece que ahora

solamente el ingreso al mundo del trabajo y del consumo certifica la existencia.

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Según la acusación de Meleto, Sócrates cometió la injusticia de no creer en los dioses, pero

creyendo en ellos. El enigma es un juego donde anida una violencia.

La principal regla del sometimiento es la aplicación de la minuciosidad, de la separación por

partes, o la generalización y la homogeneizacion de lo que captan nuestros sentidos. “Allí donde

supuestamente se enseña a leer, a usar el cuaderno, se está enseñando lo expresivo y lo estético,

determinadas maneras de relacionar elementos que deben incorporarse como correctas” (Milstein &

Méndez, 1999:12) Las únicas formas legítimas deberán ser las más eficaces y útiles. El acto ínfimo que

está en el origen de todo.

3. Fresco griego.

La estética de la rectitud

La comprensión del gesto como un comportamiento total del individuo hizo de la gestualidad objeto de

control. En el siglo XVI, Erasmo de Rotterdam recomendaba prestar atención a la apariencia, los gestos

y la manera de vestir, tanto como a la propia inteligencia. Ya en el siglo XIX, uno de los fundadores de

la gimnástica francesa, Amoros, podía afirmar que el propósito de su método no era entretener ni

divertir por un frívolo placer.

Marey y Demeny crearon los procesos precisos del método gráfico, cronográfico y cinematográfico para

la comprensión del movimiento humano a partir de los estudios del movimiento de aves y animales.

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Apoyados en nuevas síntesis teóricas, como el descubrimiento de las leyes de la termodinámica (que

permitió la comprensión de las relaciones entre calor y energía), consolidaron para el estudio de los

gestos humanos una racionalidad dada a partir de la máquina [...] Higienista convicto, Demeny creía que

los altos índices de mortalidad, el avance de enfermedades degenerativas, la disminución de la estatura,

la esterilidad y la demencia, eran problemas causados por la ausencia de una buena educación.

(Soares, 2000:4)

Como previno Simmel: sentimos una irresistible inclinación para desahogarnos con los recién

conocidos.

La profusión de códigos y sentidos que contienen los gestos representa una fuerza de

persuasión imposible para la palabra.

Sin palabras

El uruguayo Víctor Hugo Morales trabajaba para una radiodifusora argentina en el mundial de

México ´86. Algunos tienen su relato ligado íntimamente al mejor gol de la historia reciente. Según

Víctor Hugo lo que ocurrió en aquel momento se puede comparar con la emoción violenta de una

persona cuando mata, es decir, cuando trata las cuestiones visceralmente. Parece que él tuvo los

sesos en blanco durante algunos segundos sin saber lo que decía. Y esto fue lo que dijo:

Balón para Diego, ahí la tiene Maradona. Le marcan dos. Pisa la pelota. Maradona [...] arranca por la

derecha el Genio del Fútbol Mundial. Inicia el contraataque e intenta contactar con Burruchaga [...]

Siempre Maradona. ¡Genio, genio, genio! Ta, ta, ta, ta […] ¡Goooooool y goooool! ¡Qué golazo! Dios

santo, viva el fútbol. Golazo. Diegooool Maradona. Estoy llorando, perdónenme. Maradona en un

recorrido memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para

dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina?

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Argentina 2, Inglaterra 0. Diegoool, Diegoool, Diego Armando Maradona. Gracias Dios, por el fútbol, por

estas lágrimas y por este Argentina 2, Inglaterra 0.

Todos se retiran del estadio y del estudio.

4. Barrilete cósmico.

Deportar se quieren

Durante una visita del espíritu deportivo, Ortega y Gasset2 manifestó que:

La actividad original y primera de la vida es siempre espontánea, lujosa, de intención superflua, es libre

de expansión de una energía preexistente [lo cual] nos llevará a transmutar la inveterada jerarquía y

considerar la actividad deportiva como la primaria y creadora, como la más elevada, seria e importante

en la vida, y la actividad laboriosa como derivada de aquélla, como su mera decantación y precipitado.

Es más, vida propiamente hablando es sólo la de cariz deportivo, lo otro es relativamente mecanización

y mero funcionamiento (1966:609).

Como él bien sabía, cada vida es un punto de vista.

2 “Hasta hace muy poco yo creía que Marx y Engels eran una sola persona. Ustedes saben, como Ortega y Gasset.” “Hasta

hace muy poco yo creía que Ortega y Gasset era una sola persona. Ustedes saben, como Eng y Chang, los hermanos
siameses” (Cabrera Infante, 1987:185).

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La palabra deporte viene del latín deportare, `trasladar´, por distraer la mente. “Además de la

significación directa de desterrar y de la traslaticia de descansar, tuvo también deportar la de recrearse

y es de notar que no es este el único verbo de movimiento que se toma en la acepción de recreo, pues

divertir vale propiamente volver o girar en varios sentidos y el mismo valor etimológico tiene también

distraer.” (Monlau, 1941:582) Pasatiempo sí, pero no para todos. “El juego de manos, que es juego de

villanos, como reza el clasista adagio español, queda reservado a los pobladores de la aldea, a los

trabajadores manuales, es decir, a la gente snob.” (Vidart, 1968:297)

El duque de Aquitania, Guillaume de Poitiers tuvo la gentileza de informar (en provenzal) “quan

no la vey, be m´en deport,“ (Piernavieja, 1966) cuando no la veo, también me divierto. En la gesta de

restauración de la honra del Mío Cid se lee: “si non amas sus mugieres Doña Elvira e Doña Sol;/

deportar se quieren con ellas a todo su sabor” (1987:234). El deporte estuvo relacionado con la burla, la

diversión obscena, el ejercicio físico, el juego amoroso y el paseo (Hernández Mendo, 1999). La

palabra fue resucitada en el siglo XX para traducir el inglés sport.

Parlebas (1986) define al deporte como el conjunto finito de las situaciones motrices,

codificadas bajo la forma de la competición institucionalizada. Lüschen y Weis (1976) consideran que el

deporte es una acción social desarrollada en forma lúdica como competición entre dos o más partes (o

contra la naturaleza) y cuyo resultado viene determinado por la habilidad, la táctica, la estrategia. Para

Diem (1966) el deporte es un juego serio, por ende, portador de normas y valores, sometido a ciertas

reglas que tienen como objetivos principales: la integración, la superación, el buen resultado. El deporte

representa facetas del destino humano mediante la forma de un drama público de fácil comprensión y

no tendría un valor absoluto para la supervivencia (Lüschen, 1983).

Así entendido, el deporte tuvo su origen en Inglaterra y se trató de un proceso de

transformación de juegos y pasatiempos tradicionales por parte de las elites. Ello supone la existencia

de un centro de poder del que parte un sentido descendente. Según Mandell (1986), el desarrollo del

deporte en Inglaterra obedeció a factores geográficos, políticos y económicos como el aislamiento

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insular y la invasión normanda, determinando la imposición de una autoridad central que propició una

mayor movilidad económica que la del tobogán o bumerang del resto de Europa; un dinamismo

comercial y financiero que revelaba: “los viejos modos de pensamiento estaban agonizando junto con la

sociedad que los había configurado” (Bloom, 1999:12). A lo largo del siglo XVIII, sentó sus reales una

nueva actitud mental (basada en la racionalización, la estandarización y la precisión de mediciones) que

más tarde sería característica de la era industrial. Norbert Elias (1992) asoció el desarrollo del deporte

al mentecato proceso de civilización de la sociedad inglesa3 y encuentra en el legado sangriento del

siglo XVI la causa para la creación de un marco político (el parlamento moderno) en el que las

diferencias fueran dirimidas perezosamente sin la necesidad de llegar siempre a las manos;

promoviendo la intervención de ciertas habilidades pacíficas; tales como la persuasión, la negociación,

el pacto y la respiración correcta. Elias sugiere que la “parlamentarización” de las clases hacendadas

de Inglaterra tuvo su equivalente en la ”deportivización” de sus pasatiempos. En ese caso, el deporte

resulta una invención utilizada para inculcar ciertos valores y normas de comportamiento a través de su

ominosa repetición. Es un soporte de la cohesión grupal que implicará con su práctica algunos modelos

de socialización y conducta. Para Elias, a través del deporte moderno la burguesía intenta orientar una

violencia espontánea, indisciplinada, hacia formas lúdicas y organizadas; en el entendido de que el

deporte es ante todo una actividad moral. La lógica deportiva relaciona la competición y la cooperación;

el conflicto y la solidaridad. En ese sentido “muchas ocupaciones de ocio ofrecen un soporte imaginario

que se destina a permitir la emoción, a representar, de alguna manera, lo que tiene origen en muchas

situaciones de la vida real, aunque sin sus peligros y riesgos” (Dunning, 1992:26).

Elias y algunos de sus discípulos consideraron que el deporte es un fenómeno estratégico para

entender el proceso histórico (o histriónico) de larga duración denominado proceso de civilización: una

economía de las pulsiones y de las conductas personales.

3 Que derivaría en el stiff upper-lip.

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Enkrateia e hybris

En la Grecia clásica, el dominio de sí4 se desarrolló a través de juegos agonísticos –el sabio como

pugilista- en los que cabe considerar el dominio del ello como una virtud privada que luego ha de

difundirse en lo público. Desde entonces, la esfera pública tendrá que ser dominada por políticos,

filósofos, propietarios, esto es, la humanidad plenamente humana que según los cálculos premonitorios

de los primeros demócratas puede gozar, sin mutilarse, de un estado de contemplación creadora. Bajo

esa óptica, sólo el hombre libre puede poseer el ocio y sólo los hombres ociosos merecen ser

ciudadanos “ya que no es posible practicar la virtud si la vida que uno lleva es de obrero o bracero”

(Veyne, 1990). Ese desdén por los trabajadores se ha convertido en una más o menos reciente

valoración (ética y religiosa) del trabajo; producto de la reforma calvinista que consideraba el ocio como

un vicio improductivo; all work and no play. Más salomónico, Cicerón sugería alternar el ocio con el

negocio.

En su propio molino, el cristianismo hizo del proceso de domesticación humano una tecnología

de la culpa; el dominio de sí se centró en el examen de conciencia, la confesión, los ejercicios

espirituales, la flagelación, los diezmos, la sumisión jerarquizada; procurando desvincular la virtud de la

práctica de algunos juegos agonísticos que bajo ese temeroso dictamen suponen la extinción del

menos fuerte.

Durante el medioevo la caza, el arte de matar, constituyó uno de los principales pasatiempos de

las elites, en tanto su ocio indicaba lo obvio ululante (Nelson dixit) de una elevada posición social; un

signo constitutivo de la nobleza contrapuesta al tiempo servil del trabajo que es señal de la sumisión

mal pagada. Según Elias la caza del zorro fue uno de los primeros pasatiempos que tomó la forma del

deporte amateur (en fechas recientes, multitudes reivindicaron ante las autoridades británicas su

4 La templancia, enkrateia.

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derecho para subvertir la veda). En Inglaterra el término sport se refería específicamente a la caza

innecesaria.

Durante el siglo XVIII se elaboraron códigos de conducta que impusieron restricciones a la

usanza antigua. Fueron prohibidas las armas. Los animales –regularmente entrenados para perseguir y

matar- debieron obedecer ciertas normas para no padecer malos tratos; quedaron establecidos los

lineamentos de la domesticación que, como tal, vincula el ejercicio del cuerpo en relaciones de

sumisión y gratitud al otro. Así las cosas, el deporte aparece como otro instrumento de control social al

lado de la escuela, el taller, el ejército. Es un servicio que el Estado debe proporcionar a los ciudadanos

para que éstos alcancen su derecho al bienestar. Por lo visto, el deporte es una institución social

significativa; una ventana para mirar dentro de la sociedad; tomando en cuenta que la sociedad

acostumbra vernos como mero reflejos que reproducen pasivamente sus rasgos más superficiales. La

sociedad deportiva desea compararse a la vida militar y el régimen en vigor a bordo de las naves de

marina.

Para Brohm (1993) el deporte responde a las necesidades del modo de producción capitalista

(necesidades que como sabemos son eficientes, productivas y competitivas) y no guarda relación con

ninguna actividad lúdica, ritual o militar que se hubiera practicado antes. Es un sistema de

competiciones físicas destinadas a medir y comparar las actuaciones del cuerpo humano, equino,

batracio, etcétera. Donde el cuerpo es una potencia perfectible que registra un progreso objetivo,

verificable. El récord es el elemento semántico esencial del fenómeno deportivo en ese mercado. Las

instituciones deportivas se pronuncian sobre los principios del rendimiento y solamente admiten lo

lúdico en tanto instrumento de la eficiencia. No por otra cosa los anarquistas de principios del siglo

pasado señalaron el combate al deporte como uno de los aspectos de la batalla por la liberación de los

oprimidos.

Bourdieu (1993) señala que la competición deportiva es una posibilidad de promoción social (en

la medida de la honorabilidad, el liderazgo, el servicio) que ansía transformarse en poder político.

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Desde su propio molino, Hargreaves (1993) registró que el deporte puede ser una fuente de

discriminación sexual y el deportista, un foco simbólico del insatisfactorio poder masculino. Según

Dunning: “el deporte es entendido como una cosa vulgar, una actividad de ocio orientada hacia el

placer, que comprende al cuerpo más que a la mente y sin valor económico[5]. Como consecuencia, el

deporte no es considerado un fenómeno que se vincule con problemas sociológicos de significado

equivalente a los que habitualmente están asociados con los temas `serios´ de la vida económica y

política” (1985:76). Graham Wallas, en 1908, lo señaló de una forma más atinada: “quien se proponga

basar su pensamiento político en un reexamen del funcionamiento de la naturaleza humana, debe

empezar por tratar de vencer su propia tendencia a exagerar la inteligencia del género humano”

(Hobsbawm, 2002:278).

Durkheim destacó en un libro clásico la importancia de los elementos irracionales para

mantener la apariencia de una cohesión social. Las nuevas naciones de Europa gestaron una suerte

etnocéntrica de religión cívica (ritual y mítica). La educación primaria, por ejemplo, se organizó como el

equivalente laico de la tenebrosa Iglesia. A su vez, la burguesía inventó la seriedad de las ceremonias

públicas y produjo el aburrimiento de los monumentos en serio. Como era de esperarse, la gente va y

se orina en los héroes de pedestal.

Diversos deportes se inventaron e institucionalizaron durante los tres últimos decenios del siglo

XIX. La estructuración de los deportes significó el afán burgués por crear pautas del ocio y su estilo de

vida como un criterio estable de pertenencia al petit-comité a partir de algunos comportamientos y

valores determinantes. El sistema de competiciones formales inmiscuía adversarios selectos y dignos

desde el punto de vista de una sociedad estratificada. El deporte amateur se esforzó por formar a la

elite; al profesionalizarse, implicó un nivel de especialización ocupacional y por lo tanto se proletarizó.

Nada más hay que recordar los efluvios futboleros que son fulgores en la actitud aristocrática que

deben comportar las audiencias del tenis o del golf.

5 Lo cual requiere un gratuito minuto de silencio.

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El cuerpo de Mauss

Mauss afirmaba que nada sucede de manera natural en el adulto desde que éste es un niño. Para

simular la naturalidad se precisa un trabajo colectivo. Y puesto que el cuerpo es la base existencial de

la cultura las técnicas corporales serán cualquiera de los actos colectivos y eficaces que reproducen

esa existencia. Esto es, el montaje fisio-psico-sociológico de una serie de pensamientos sensibles. Por

lo tanto, la inteligibilidad de las categorías empíricas (crudo/cocido, alto/bajo, fresco/podrido,

mojado/quemado) sólo puede derivar de contextos particulares que son una permanente experiencia de

la corporeidad. Cuando hablamos lo hacemos acerca de aquello que el cuerpo ve y aprende. El

comportamiento es inherentemente simbólico. Es el ritual de una sociedad que actúa porque viene a

mudar un ropaje por otro (1974).

Deportivo Independiente Medellín Giraldo Zuluaga

El tiempo todo lo cura. Recientemente (abril de 2005) la justicia colombiana falló a favor de un

ciudadano de 55 años que pidió cambiar su nombre por el de su club favorito. La corte constitucional le

ordenó a una notaría de Medellín registrar la nueva identidad del hincha. El notario se había negado a

registrar el cambio de nombre por pertenecer a una entidad reconocida, lo que podría causar problemas

a la imagen del equipo en cuestión. Deportivo Independiente trabaja en la oficina de tránsito de

Medellín y solicitó su cambio de nombre desde el año pasado. Ante la oposición del notario, presentó

un recurso de amparo que llegó hasta el Tribunal Constitucional colombiano. Según los magistrados de

dicha corte, sólo puede prohibirse la inscripción de un nombre cuando éste viole valores o derechos

constitucionales o que constituyan apología de un delito y al ciudadano hincha se le estaba

desconociendo el derecho al libre desarrollo de la personalidad.

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Los Profesores

Para el sociólogo escocés Richard Giulianotti las investigaciones sobre el fútbol deberían ser

imaginadas y armadas como situaciones de juego. Giulianotti propone el 4-2-4 creado por los

paraguayos. En la defensa coloca a los clásicos: edad, clase, género y etnia. Para el mediocampo

recurre a la identidad cultural del fútbol y en el ataque pone sus aspectos: épico, sublime, anómalo y

estético.

Deconstruyendo al príncipe.

A mediados de los años ochenta, durante una sencilla operación del tobillo, murió misteriosamente en

el Centro Médico de Campinas un jugador de fútbol, capitán del ejército y miembro de la alta nobleza de

los Emiratos Árabes. Ahmad Atiq Hamed Khalaf abrigaba el sueño de jugar algún día en el Maracanã.

Se desempeñaba como lateral izquierdo y amaba el futebol brazuka pero sobre todo a Falcão. Por ello,

aunque la familia quería que se operara en Inglaterra o en Alemania, Ahmad prefirió tratar su problema

del tobillo en Campinas con el mismo fisioterapeuta (Nivaldo Baldo) que había aliviado al ídolo. Tomó la

ruta Abu Dhabi-Ámsterdam-Campinas.

Nivaldo consideró que resultaba dispensable que Ahmad entrara en la sala de operaciones

para someterse a la cirugía del ortopedista. Después de media hora de iniciada la intervención, a una

hora de recibir una anestesia de la cintura para abajo, Ahmad entró en coma. Moriría ocho días

después. Fue prohibida la realización de una autopsia. Mustafah Hobed, clínico general y ortopedista

de Al Nasser, llegó a Campinas enviado por el sheik Zaid Bem Sultan del Emirato de Dubai. Ahmad

tenía 21 años. Cuando regresó su joven cadáver, medio millón de habitantes empezó el primero de diez

días de luto oficial decretado por el gobierno (Placar, 1985).

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La vitalidad de las metrópolis

Cuando los pies se tornan esclavos de los ojos, caminar se convierte en algo enfadoso. Resulta una

simple cuestión de cubrir distancias. Según Hillman (1993) la vitalidad en las ciudades depende de

caminar y tener una libertad de las piernas que provoque una libertad de la mente.

La pelota que rebota....

Un ritual de olvido

El fútbol es un acontecimiento simbólico que enfrenta a dos equipos en combate y los sitúa como mutuo

impedimento para la consecución de un simulacro mortífero. En la base del acontecimiento hay un

público que se identifica con alguno de los bandos. Los equipos realizan en nombre de todos sus

amigos la liturgia del amor y la muerte. El estadio es el recinto sacro donde se celebra este ritual de

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identificación; para darle vida al ceremonial oficiantes y fieles juegan sus papeles respectivos. La

atención recae en los rumbos que toma un objeto redondo perfectamente cerrado que pertenece a los

mundos circulares y conclusivos. El balón es el misterio de lo sagrado a la medida de una bolea, el

balón y su curso a todos atrae y nadie puede poseerlo. El mayor acontecimiento se manifiesta en la

portería; una puerta dispuesta a ser ganada o perdida; es la meta, el fin. De su interior un balón muerto

nace a la gloria. El gol abre un paréntesis para el duelo o para la fiesta. Cuando cae un gol el juego se

detiene y necesita recuperar su centro. El árbitro simboliza la seriedad de la ceremonia; es un símbolo

del tiempo que no tiene número porque totaliza la reunión. El árbitro certifica la muerte y la sanciona

indiscutiblemente.

El fútbol conjuga en noventa minutos: gloria, derrota, heroísmo, cobardía, victoria, soberbia,

injusticia, risa, llanto, olvido. El fútbol sobre todo es fantasía y metáfora de la vida. Sed de identificación,

partida de caza, religiosidad civil, retorno a la tribu.

La fiesta del enamoramiento y el amor se inventa formas y maneras, símbolos y ritos, para

manifestarse siempre nuevo.

Borges, un eterno enamorado de sí mismo, dijo: “El fútbol me parece una forma de tedio. Creo

que a nadie le interesa el fútbol. A la gente que va al fútbol le interesa que gane tal o cual cuadro: el

fútbol en sí, no. Es un juego brutal que no requiere un coraje especial, porque nadie se juega la vida”

(Labatut, 2005). En 1978, Jorge Luis dictó una conferencia sobre la inmortalidad mientras once de sus

compatriotas estaban buscándola a puntapiés. El corazón tiene razones que el propio fútbol desconoce.

Lo cual no es raro, porque el fútbol se ha convertido en una máquina de olvido.

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Esta historia es un poco verdad y un poco mentira, como toda historia debe ser

La pelota ha sido un elemento singular de presencia repetida en la historia cotidiana de los pueblos. La

pelota se patea desde hace miles de años. Los chinos tenían en el tsu-chú un método de

adiestramiento militar que se jugaba con un balón hecho de crines, virutas de madera, materiales

vegetales; lanzado con el pie hacia una meta que era una red de apertura estrecha. El camino a la meta

tenía obstáculos; había que salvar ataques de un contrario.

6. Reverencia japonesa a la bola.

En Japón, el kemari era un ejercicio ceremonial practicado alrededor de un cerezo con una bola

de fibra de bambú que no debía caer al suelo; sin espíritu competitivo, ni puntos ni marcadores. En

Corea se practicaba el chukkuk. Mientras que todavía juegan en Tailandia e Indonesia, el sepak-takraw,

una combinación de fútbol, malabarismo y voleibol. En Mesoamérica, el juego de pelota fue un sacrificio

crucial. Entre las etnias amazónicas se reitera la práctica ancestral de algunos juegos de bola. Es el

caso de los Peoná de la región del alto Rio Negro, Amazonia. La función principal de su juego consiste

en reavivar los lazos de convivencia armoniosa entre los miembros de la propia comunidad y entre

comunidades enemigas. No existe límite de jugadores. Los participantes pueden entrar y salir a placer

de la partida, que a veces se prolonga por horas. Cuando los equipos son de la misma comunidad

terminan empatados; de lo contrario, la victoria es para los invitados. “El juego se asemeja a una danza.

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A cada jugada cantan, bromean, ríen. El juego es una fiesta, antes que una competencia. A menudo,

salen a correr por el mato, abandonando el juego. Después vuelven, incorporados en la figura de un

animal y entran a jugar como si nada” (Jurema & Garcia, 2002:263).

En cambio, como si fueran todo, los romanos disputaron el harpastum con bolas de vejiga de

buey inspirados en el espejo del episkyros griego. El Ejército Romano fue el principal agente en la

introducción del harpastum en Europa (Tolosa Santos, 1990).

Se sabe que en el marco de numerosas fiestas religiosas del calendario medieval, pueblos

enteros –hombres, mujeres y niños- practicaban un juego de pelota que no tenía delimitado su campo,

ni definido el número de jugadores o el tiempo de duración6. Tras los festejos, el juego de pelota volvía

a su condición clandestina. El clero lo acusaba de ser un instrumento de cultos paganos.7 En Francia, el

soule tenía un antiquísimo carácter religioso; era practicado por los druidas en los bosques de

Normandía en reverencia a una divinidad solar. Fundido con el harpastum originó un juego muy

apreciado desde el siglo XII. Todo estaba permitido con tal de llevar el balón, símbolo del sol, a la meta

contraria. Era muy violento y terminaba siempre con una gran cantidad de heridos y muertos (Werneck,

1987).

En Inglaterra se llamaron ludus pilae los juegos de bola y eran particularmente sangrientos; se

decía que su origen estaba en la forma cómo los ingleses habían pateado la cabeza decapitada de un

rey danés derrotado, hasta hacerla desaparecer8. Es probable que los normandos llevaran la lucha por

el balón a las islas británicas. A partir del siglo XIV queda claro que el ludus pilae incomodaba al poder

público. Entre 1314 y 1467, doce decretos condenaron el juego de bola en Londres, Perth (Escocia),

Halifax, Leicester (Pimenta, 1995). Las autoridades temían que se desvaneciera el empeño en

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Los días de fiesta eran de libertad tolerante. El peso de la vida laboriosa y la rigidez cotidiana podían permutarse por un
segundo mundo, una segunda vida (Bakhtin, 1996).
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“Además del impulso natural por demostrar fuerza y habilidad, aun de modo caótico y turbulento, es claro que en muchos
casos, costumbres paganas, especialmente ritos de fertilidad, jugaron un papel preponderante. La bola simbolizaba al sol;
éste debía ser conquistado para asegurar una cosecha abundante. La bola tenía que rodar alrededor o a través del campo
para fertilizarlo y protegerlo de los ataques de la turba oponente (...) Un significado similar tuvieron los juegos entre mujeres
casadas y solteras que, tal vez por diseño, eran ganados regularmente por las casadas.” (Gerhardt, 2000:9)
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“En 1321, dos muchachos mataron a un tercero en Cheshire. Como que reviviendo la tradición de Derby (...) los dos
asesinos también jugaron fútbol con la cabeza de su víctima” (Werneck, 1987:32).

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actividades de mayor utilidad bélica. Como se acostumbra, las prohibiciones no acabaron con la

práctica. Los participantes tenían por regla entregar al terrateniente del lugar un tributo para transgredir

la ley. En Comedy of errors, Shakespeare deslizó en un parlamento de Dromio de Éfeso lo siguiente:

“Am I so round with you as you with me, that like a football you do spurn me thus? You spurn me hence,

and he will spurn me hither: If I last in this service, you must case me in leather9” (1993:103). Unos años

después, en King Lear, puso en la boca de su conde de Kent: “You base football player”10 (1993:919). A

Shakespeare el fútbol le parecía una cosa repugnante de aldeanos brutos. Con la expansión del

puritanismo se declaró una guerra a los entretenimientos libertinos que perturbaban el descanso

dominical. No obstante, el fútbol masivo se continuaba jugando en las calles y a campo traviesa.

7. Diversiones… 8. … multitudinarias.

En Florencia, el fútbol se llamaba calcio11 y así se le continúa llamando a ese deporte parecido

al fútbol que disputan en la liga italiana –a reserva de lo que Leo tenga por decir. La tradición florentina

informa sobre dos facciones de posiciones políticas contrarias que resolvieron dirimir sus diferencias en

una partida en la Piazza di Santa Croce, agregando al juego un valor diplomático. Maquiavelo fue un

9 ¿Soy tan redondo para ti que como un balón me pateas? Me pateas aquí, y él me pateará allá. Si he de durar en este
servicio, debes forrarme de cuero.
10 Tú, despreciable jugador de fútbol.
11 Puntapié.

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celoso practicante del calcio, escuela de guerra y luz de la vida, noble fatiga de héroes bien nacidos.

Participaban equipos de 27 hombres que podían usar manos y pies para golpear la pelota de viento y a

sus contrincantes. Al punto marcado se le llama caza. Se sigue practicando cada día de San Juan (24

de junio), protector de Florencia. Los partidarios de Antinori usan camisas verdes; los de Castiglione,

trajes blancos.

Desde la época isabelina, el pedagogo Richard Mulcaster adjudicó al fútbol valores educativos

(Gay, 1995). En 1660, Carlos II fue el primer soberano inglés que autorizó el juego de bola. Permitía

que sus criados se midieran contra la servidumbre del duque de Albernale (Gerhardt, 2000). A

mediados del siglo XVIII, los jóvenes ingleses de familias ricas sumaron una especie de football,

apenas menos violento que el del pasado, a un conjunto de actividades físicas que incluía el tiro, la

equitación, la esgrima, la caza. El football que se practicó en los colegios de Inglaterra se consideraba

una preparación para enfrentar desafíos militares, imperialistas y aun morales. Era tomado como un rito

de paso que prefiguraba la observancia estricta de un código de honor. Se suponía que cultivaría la

frialdad, la determinación, el autocontrol necesarios para liquidar al enemigo sin concesión alguna.

Parecía definitivo en la formación de la conducta humana en vías de su asimilación social. En las

perentorias palabras de Lord Wellington: la batalla de Waterloo fue vencida en los campos de football

de Eton. No obstante, la virtud aristocrática seguía siendo un vicio de plebeyos; el deporte más popular

de las islas. Una compensación, un consuelo, una distracción mística o un holocausto. En 1855, en el

condado de York, en Sheffield, centro industrial del acero, fue fundado el primer club inglés creado

específicamente para el football (Ballard & Suff, 1999). Poco después se establecerían los fundamentos

del fútbol moderno.

El cisma entre el rugby y foot-ball comporta una connotación religiosa que permanece a buen

resguardo, en las seguras manos de un silencio fingido. Los practicantes del rugby se demarcaron

como ingleses católicos; los del fútbol confesaron su fe masona.

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En 1863 un grupo de borrachos representantes de once escuelas británicas se reunió en la

taberna Masón Libre12, en Londres, para deslindar al football de la práctica asumida por la escuela de

Rugby, que, entre otras cosas, permite la utilización de las manos. Acordaron asumir las timoratas

reglas de Cambridge. El contacto físico se limitó. Los puntapiés sólo debían dirigirse a la bola. Se

definió el número de participantes en relación a la oncena de escuelas representadas; pero ello sólo se

consideraría obligatorio a partir de 1891. Lo que desde entonces estaba fuera de lugar era

precisamente el off-side, llamado por los etonianos de sneaking13 (Murray, 2000).

9. En Camboriú, Santa Catarina.

Irónicamente, el rígido código de honor victoriano consideraba una bajeza el hecho de clavar

goles a espaldas del antagonista. En 1868 se creó la figura del juez; que en su persona ha

materializado (como el caxias brasileño) una obsesión burguesa por la codificación de las reglas;

controlando el tiempo y el nivel de la violencia; con derecho a expulsar a quien estuviera bajo el influjo

de la hýbris14. Muy pronto el hombre de negro tendría en la boca, como el policía, un silbato; un silbido

de serpiente.

En el campo ilimitado todos corrían detrás de la pelota sin mantener una posición fija. Fue en

Escocia que los equipos se empezaron a organizar en defensa, medio campo y ataque. A partir de

12 Freemason´s Grand Temple en Great Queen Street.


13 Actuar furtivamente, sin escrúpulos.
14 Intemperancia.

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1871 existen esos chivos expiatorios que se llaman cancerberos, arqueros. Defendían una meta menos

ancha que la actual pero mucho más alta (5 metros y medio de altura). En los postes se marcaban las

anotaciones, los goals. Desde 1891 se integraron las redes al arco15 para despejar cualquier duda en

caso de anotación; se determinó el tamaño del campo, de la bola; el tiempo de duración (90 minutos);

se marcaron las áreas y se trazó un círculo en el centro. El universo cabe en un círculo; el movimiento,

en un rectángulo. Tal vez la introducción de reglas haya permitido equilibrar las fuerzas, prolongar los

enfrentamientos, aumentar la emoción. Para Freud: “La educación cultural moderna se sirve, como es

sabido, del deporte en gran escala para desviar a la juventud de la actividad sexual; sería más correcto

decir que sustituye el placer sexual por el placer del movimiento, con lo cual hace retroceder la

actividad sexual a uno de sus componentes autoeróticos” (Vinnai, 1974:36).

Desde 1871 se juega la copa de Inglaterra; la primera competición organizada de fútbol. El

deporte edificante prefiguraba nuevas rivalidades rituales (Manchester City/ United; Liverpool/ Everton)

y contaba con una asistencia regular. Unos cuantos jugadores famosos –que recibían su dinero por

patear el balón de otros- representaron, desde entonces, la única referencia en común entre los

diversos estratos sociales (Hobsbawm, 2002). En la final de la copa de 1883 se verificó la derrota

simbólica del amateurismo aristocrático (Old-Etonians) ante la vulgaridad de la profesionalización

(Bolton Olympics). La primera transferencia estratosférica entre clubes profesionales envolvió a un

jugador de nombre emblemático: Alf Common.

El fútbol implicó un conjunto específico de prácticas que se desarrollaban en espacios rituales

formalizados sobre una base social en constante transformación. El uso cada vez más extensivo de

gorras entre los trabajadores representa un ejemplo de esta alquimia (Hill, 1994). La gorra16 había

aparecido como parte de la indumentaria deportiva entre las clases altas y medias. Se sabe que la ropa

permite comunicar la posición del maniquí dentro de la estructura social. El público proletario del fútbol

era un conjunto de gorras que a veces, al estallar el júbilo, se lanzaban al aire.

15 Que ya había tomado su forma actual y en realidad es un rectángulo.


16 Cap. Un personaje de cómic que parodiaba la vida del obrero se llamaba de Andy Capp.

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La final de la Football Association de 1887 fue presenciada por 27 mil personas. En 1901, a la

final asistieron cerca de 110 mil espectadores; la mayoría de ellos, obreros que habían conquistado el

tiempo libre después del medio día de cada sábado. El football se sumó al sexo como tema favorito de

la conversación masculina.

Desde 1880 gozaron de un gran tiraje en Inglaterra tres periódicos dedicados exclusivamente a

la superficialidad de los deportes (Taylor, 1992). Entre los trabajadores el football era ya una religión

profana17. Para los espíritus cazadores: la mayor goleada de la historia del fútbol institucional ocurrió en

1885 con un 36 a cero que le hizo el Abroath al Bon Accord en el torneo por la copa escocesa.

Evidentemente, el fútbol se difundió en gran medida a partir de los intereses económicos del

capitalismo inglés, como cualquier otro producto de exportación. “Comerciantes, ingenieros de vías

férreas, instaladores de líneas de telégrafo, estudiantes o educadores, marineros o soldados, todos

eran jugadores en potencia.” (Agostino, 2002:24) Inglaterra mantuvo el monopolio del material

deportivo18 (camisetas, zapatos –chuteiras-, espinilleras –caneleiras- y pantalones de pecho a tobillo) y

del verdadero juego, durante algunos años; quizá demasiados para su propia causa. En los imperios

austrohúngaro, ruso y otomano las autoridades consideraron en su momento que la enfermedad de los

ingleses era una práctica subversiva y degenerativa (Murray, 2000).

Los handicaps

Como lo informó la AFP desde Lima un 30 de marzo del 2003:

17 Frente al templo.
18 “El año pasado (2003) la industria de artículos deportivos, trajes, zapatos e instrumentos de todo tipo, desde raquetas de
titanio hasta balones de fútbol antiderrapantes, generó ingresos por más de 65 mil millones de dólares. Se trata de un
negocio redondo, en el que cientos de miles de personas, predominantemente mujeres, laboran en condiciones deplorables
en maquiladoras ubicadas en Asia, África y América Latina […] las empresas buscan reducir costos unitarios por todos los
medios a su alcance” (Nadal, 2004). La cifra de retribución está lejos de alcanzar los 600 mil millones de dólares que el
narcotráfico reportó, sin fiscalización, al gobierno de los Estados Unidos en el 2001.

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La ceguera no fue impedimento para los integrantes del equipo de la Asociación Nacional de Ciegos de

Perú para ganar 3-1 al Sport Boys, de la primera división, un partido de fulbito o fútbol seis […] para

estar en igualdad de condiciones les vendaron los ojos a los del Boys. Disputaron el encuentro con un

balón de cascabeles a fin de ubicar su posición o curso. La prensa descubrió que Johnny Vegas,

arquero del Boys, trató de hacer trampa levantándose la venda para saber dónde estaban el balón y los

rivales. “Jamás había visto algo así, jugar con los ojos vendados es complicado, pero debo reconocer

que el rival nos pasó por encima, juegan de memoria”, reconoció el argentino Guillermo Fórmica. Los

diarios destacaron este día el partido como un triunfo del sexto sentido y señalaron que la pasión no

ciega.

En Angola (tras 27 años de guerra civil) existen tres equipos de fútbol formados por víctimas

masculinas de las minas enterradas. Todos los jugadores de campo tienen una pierna amputada y los

arqueros perdieron un brazo. Los jugadores reclaman que el gobierno angoleño no los apoya con la

misma determinación con la que los obligó a ir para la guerra. Viven con una pensión mensual de 50 mil

kwanzas (unos sesenta dólares) en el país más caro de África.

Uno de los primeros efectos de la Revolução dos Cravos en Portugal fue la declaración de

independencia de Angola en 1975. Brasil, el primer país en reconocer al nuevo Estado.

Se suponía que dos de las tres guerrillas de liberación nacional aceptarían el dominio de una

de ellas. El MLPA contaba con el apoyo de la URSS y de Cuba; el FNLA y la UNITA (al principio

maoísta), de los gobiernos de Estados Unidos, Sudáfrica, Zaire, Marruecos.

La mayor parte de los esclavos exportados a Brasil salió del puerto de Luanda (tierra roja). Tres

millones de personas que habitaron el territorio de lo que hoy se reconoce como Angola fueron

enviadas contra su voluntad a morir trabajando en Brasil. De cualquier forma, en la tierra natal

(república banto) la esperanza de vida es de cuarenta años. Angola es un país muy rico (petróleo,

diamante, uranio). El MPLA se quedó con el petróleo y a fin de cuentas fue el UNITA y no el FNLA el

que se quedó con los diamantes. Lo cual es un eufemismo. El presupuesto armamentista de los bandos

en conflicto es enorme. Petróleo, diamante, uranio y dinero regresan a Europa. Donde tal vez nacieron

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en otro periodo geológico, mas replicante. En Angola las favelas se llaman musseks. Sembrar una mina

cuesta tres dólares, retirarla cuesta dos mil. (Una vaca europea recibe anualmente más subsidio

estatal.) En Angola hay catorce millones de minas a punto de estallar. Una mina por angoleño. Es el

país con mayor número de mutilados por esa causa explosiva (70% de los cuales son campesinos). En

1990 el MPLA abandonó el marxismo. Angola es el noveno exportador de petróleo de los Estados

Unidos. Se espera que a través de la explotación de la cuenca de Guinea el África subsahariana brinde

al imperio declinólogo un cuarto del petróleo que su maquinaria imprecisa, precisa. En 2002 el

mortecino líder de la oposición Savimbi, líder de UNITA, murió. De inmediato fue sellado un acuerdo de

paz que tuvo, por lo pronto, a la selección angoleña de fútbol profesional en la copa del mundo de 2006.

10. Reinserción social.

Corinthian-Casuals

A fines del siglo XIX, el fútbol profesional estaba confinado a las áreas industriales del norte de

Inglaterra y el sur de Escocia (el pantano y pase largo del muddy field) pero luego se movió hacia el sur

(donde la tierra seca era más rápida). En 1891 el Royal Arsenal fue el primer equipo sureño en

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profesionalizarse. Ante la proliferación de trabajadores del balón, Nick Lane Pa Jackson fundó en 1882

un equipo estrictamente amateur: el Corinthian Football Club, conformado por los mejores jugadores de

las public schools y de las universidades (especialmente ideado para duelos de corte internacional). El

nuevo equipo rehusó inscribirse en la copa de la Football Association (FA) por considerar las

competencias un asunto vulgar. Pa Jackson tenía planeado que el Corinthian se convirtiera en la base

de la selección inglesa (que había perdido contra Escocia). En 1884 Corinthian venció al Blackburn

Rovers, campeón de la copa FA, por 8 a 1. (En 1885 el Queen´s Park escocés fue el último equipo

amateur en jugar una final de la FA que por supuesto perdieron.) Nueve jugadores del lado inglés que

venció a Escocia 5 a 0 en 1886 eran Corinthians. Los amateurs corintios fueron dominantes en el fútbol

de fin de siglo XIX y principios del XX. Pa Jackson inculcó en su equipo el drible y el pase corto, una

fórmula que se conoció como Corinthian style. En 1897 empezaron las giras internacionales (en

Europa, África, Norte y Sudamérica). Regularmente vencían a los campeones nacionales de los países

que visitaban. La camiseta blanca y el pantalón negro fueron retomados por los que se llamaron de

Corinthians Paulista.

En 1892, Charles Miller (prócer del fútbol brasileño) fue invitado a jugar con el Corinthian algún

partido. Charles jugaba en Southampton, en el sur de Inglaterra, donde la tierra era rápida, seca y dura.

Miller fue un winger avezado (habilidoso en el drible), pero también era un buen striker. Parece que

esos atributos no se combinaban tan a menudo en el medio futbolístico inglés.

Al término de la Gran Guerra los Corinthians aceptaron participar en la copa FA pero poco a

poco se fueron haciendo un equipo mediocre y medroso, aunque estrictamente amateur. En 1939 el

Corinthian se fusionó con el Casuals. El Corinthian-Casuals ahora tiene una sede en Talworth, Surrey.

Compiten en la tercera división de la liga Ryman, son amateurs y quien reciba una tarjeta roja puede

darse como un ex Corinthian.

Desde siempre, el Corinthian además de ganador era extremadamente caballeroso en campo.

Un verdadero amateur no podría sacar ventaja de su oponente. Según este código no se requiere el

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refuerzo de un agente externo. Aun cuando los árbitros fueron introducidos en campo, el verdadero

amateur estaba obligado a ser su propio policía. Si un penal era concedido al equipo adversario el

arquero corintio no haría nada para defenderlo.

No obstante, a inicios del siglo XX Charles Burgess Fry, el ex capitán de Oxford en cricket,

fútbol y atletismo (erudito en letras clásicas), tenía que admitir que en el fútbol se sabe bien que si los

dos equipos aceptan hacer trampa entonces la trampa será siempre justa.

Parroquialismos

Junto con los colegios y los pubs19, también las parroquias formaron sus equipos; el Aston Villa, el

Blackpool, el Bolton. En Escocia, un pastor de nombre Wilfrid se empeñó en unir a la comunidad

irlandesa en torno del equipo de fútbol que llaman de Celtic, inventado en 1888. El team contó con el

patrocinio del Sinn Fein y del arzobispo de Glasgow. Representa para los irlandeses un punto de

referencia político en relación a su propia autonomía (Home Rule). Lo cual motivó algunas reacciones

abiertamente violentas por parte de los escoceses y otras apenas escudadas, como fue la fundación del

Rangers FC, manifestación de la francmasonería y el protestantismo locales, de carácter anticatólico y

asociado al unionismo tory. No son raros los hinchas de los Rangers que llevan pancartas a favor de las

Fuerzas de Defensa del Ulster y de otros paramilitares protestantes en Irlanda del Norte; tampoco son

raros los que utilizan camisetas alusivas a la Orden de Orange, una de las organizaciones protestantes

más influyentes de la provincia irlandesa y pieza clave del establishment político-religioso. Hasta 1989

los Rangers prohibieron la contratación de jugadores católicos. En su remodelado Ibrox Stadium, uno

de los pocos en el mundo que la FIFA ha catalogado como de cinco estrellas, sus aficionados son una

mayoría que grita: Fuck the pope! cada vez que así lo determina la magia paronomástica de Tina

19 Frecuentados por alumnos veteranos, old boys.

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Turner por los altavoces. El primer enfrentamiento entre Celtic y Rangers ocurrió en mayo de 1888. A

esa confrontación (entre equipos e hinchadas) se le llama de Old Firm (Murray, 1994). Es un viejo

acuerdo. Los clubes actúan en connivencia para obtener los beneficios de su odio mutuo.

A revolução dos bichos

El deporte es un fallido síntoma. Si esta visita tuviera algún efecto sobre las relaciones anglo-soviéticas

sólo sería para hacerlas peores [...] después de cuatro partidas, igual número de malas pasadas. Según

los rusos el Arsenal era prácticamente la selección inglesa; según los británicos se trató de un equipo

cualquiera de la liga [...] Claro, los deportes propician la buena voluntad entre las naciones [...] Las

competencias deportivas internacionales conducen a orgías de odio. A partir de algunos principios

generales uno puede deducir que los deportes son competitivos. Uno juega para ganar […] Lo

significativo es la actitud de los espectadores y detrás de ellos la actitud de las naciones que se prestan

furiosas a estas absurdas competencias, creyendo que al correr, saltar y patear la pelota están

probando una virtud patriótica [...] El deporte en serio no tiene nada que ver con el juego limpio [...] El

público se involucra con un odio celoso que no respeta las reglas; su placer sádico atestigua la violencia

[...] El fútbol es la guerra sin balazos. (Orwell, 1944)

Y como dijo Nelson Rodrigues: O ressentimento funda uma nação.

Todo el arte de la guerra se basa en el engaño.

Shi

La propensión de las cosas, el alineamiento de las fuerzas, el potencial nacimiento de la disposición,

según algunos lingüistas chinos (Lai, 2003), son aproximaciones al concepto del shi. En el Arte de la

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Guerra Sun Tzu menciona cuatro aspectos claves del shi. El primero indica que hay un modo habitual

de hacer las cosas, un conocimiento abierto a los amigos y los enemigos, zheng, que precisa de la

variabilidad de lo extraordinario, qi. El segundo aspecto está relacionado con la creación de una fuerza

tan irresistible como el ataque de un halcón sobre su presa. El tercer aspecto involucra el desarrollo de

una situación favorable, una potencia que alcance sus objetivos políticos. El último aspecto del shi es

tomar y mantener la iniciativa. El arte de la guerra es en esencia un proceso de diplomacia; las batallas

serán solamente la diplomacia por otros medios. Se requiere preservar el interés vital del Estado sin el

uso de la violencia. Las situaciones estratégicas están en una constante transformación. Sin embargo,

las observaciones de Sun Tzu se hicieron componentes proverbiales. Bing yi zha li (la guerra se basa

en el engaño), chu-qi zhi-sheng (gana a través de lo inesperado), yi-rou ke-gang (usa lo suave y gentil

para ser duro y fuerte), sheng-dong ji-xi (haz una finta al este pero ataca por el oeste). Todos estos

proverbios de cuatro caracteres tienen alguno que denota el agua corriendo. El agua tal vez sea el

mejor ejemplo sobre la naturaleza dialéctica de las cosas. No hay nada más blando y débil que el agua

y tampoco hay nada más penetrante y capaz de atacar lo fuerte y duro. El curso de las aguas carga en

sí el shi.

La tradición occidental de la guerra hace énfasis en el uso de la fuerza y su arte se limita a los

campos de batalla. La idea siempre fue colisionar soldados a cielo abierto para que desplegaran coraje,

habilidad, fortaleza física y honor, a través del fair play. Sin que ello signifique una instintiva

repugnancia por la simulación, la emboscada, los ataques furtivos y los daños colaterales.

El fútbol maneja lo proverbial de Sun Tzu. En este juego no se busca la aniquilación del

oponente. Por medio del movimiento continuo del balón los contendientes intentan crear oportunidades

estratégicas para encontrarse con la sorpresa. Los jugadores de fútbol cambian constantemente del

ataque a la defensa. Es un asunto de perspectiva.

Las piedras de otras colinas pueden ayudar a pulir el jade que hay en ésta.

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Mientras se peguen ellos

Las compañías capitalistas también formaron equipos de fútbol como si se tratara de un mecanismo de

disciplina que permitiese desarrollar física y moralmente a su mano de obra; tal fue el caso de Peugeot

en Sochaux. En Italia, Piero Pirelli (Fiat-Juventus) fue uno de los primeros empresarios que explotaron

la vena publicitaria de las figuras deportivas.

En el manifiesto futurista de 1913, Marinetti lanzó algunos pronósticos con respecto a la victoria

de la gimnasia sobre la magnesia de los libros. A pesar de la inminencia de la revolución socialista en el

mundo y de que el tiempo disponible debía ser empleado en la organización que acelerara el proceso,

los propios obreros fundaron sus clubes sin la interferencia patronal como fue el caso del Schalke 04, el

Independiente de Avellaneda, Argentinos Juniors20 (el equipo chico más grande del fútbol), el

Chacarita21, el Corinthians. Gramsci se vio compelido a decir que el fútbol es el reino de la libertad

humana ejercida al aire libre (¿o era el de la lealtad?). Sebrelli por su parte denuncia que el fútbol es un

instrumento de dominación; una forma de represión de pulsiones sexuales (homosexuales) y una

desviación hacia la agresividad sádica22 (1981). El carácter consumista y alienante del fútbol fue

percibido desde sus inicios. Una perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto

redondo. En 1917 el diario argentino La Protesta advertía a sus lectores: “misa y pelota: la peor droga

para los pueblos”23 (Bayer, 1990:46). Para muchos socialistas la práctica en sí podía ser aceptable en

cuanto desarrollaba la comunicación y el sentido de un esfuerzo común; como espectáculo, fanatizaba

irracionalmente a las masas.

20 Producto de la fusión en 1905 de Mártires de Chicago y Primero de Mayo.


21 Nació en una biblioteca libertaria un primero de mayo de 1906.
22
Justin Fashanu fue el primer jugador profesional de fútbol que declaró públicamente su homosexualidad. Esto ocurrió en
1990. De ascendencia nigeriana, Fashanu fue también el primer jugador negro valorado en un millón de libras en el Reino
Unido. Jugó para el Nottingham Forest, hizo la milla en otros equipos y terminó jugando, después de asumirse gay, para el
Maryland de la liga estadunidense. Ahí lo acusaron de perversión de menores. En 1998, apareció colgado en un garaje
público de Londres.
23 En su libro sobre Evaristo Carriego, Borges deploraba que los jóvenes argentinos de la época del centenario, en 1912,

habían perdido su habilidad con el cuchillo y que la pasión por los duelos de honor fue reemplazada por la gimnasia y el
fútbol.

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El camarada Dmitri Shostakóvich fue un fanático del fútbol. Como corresponde: brincaba,

gritaba y gesticulaba durante la escenificación de los partidos y, por supuesto, luego de que estos

culminaran. Era seguidor del Zenith de Leningrado. Con frecuencia rompía los retiros de composición

en algún paraje rural idílico para regresar a la ciudad y vibrar con el equipo en los juegos de local.

Intercambiaba detallados análisis con los amigos y mantenía al día una libreta de anotaciones sobre

marcadores y tablas del campeonato en la forma de pirámides. Aunque presentó su solicitud con

antelación no lo dejaron ir a la copa en Londres. En cambio, le fue permitido subirse a la montaña rusa

en Disneylandia. Obsesionado con marcar presencia en campo Dmitri estudió en una escuela de

árbitros. Era réferi de volley y de football. Víctima de ese frenesí compuso La era dorada. El Bolshoi

presentó la première setenta y cuatro años después de que la obra fuera escrita (2005). Shostakóvich

imaginó un ballet de futbolistas y boxeadores. Un equipo soviético competía en alguna capital del

capitalismo en el marco de una exhibición industrial que se llamó Era Dorada.

El deporte en general, pero sobre todo el fútbol, se ha espectacularizado. La burocracia del

deporte controla el proceso y su finalidad. Los deportistas son sometidos a una serie de conductas

restrictivas que pretenden planificar su sagrada energía. Tienen que entrar al orden de la imagen física

y moral, al orden del aislamiento en concentraciones, al orden de la contención de declaraciones

públicas. Por la parte técnica, el mercado exige una actitud acrítica y disciplinada con respecto a la

autoridad del entrenador; reeditando la relación cazador/can. El entrenador como un ingeniero de

producción que en el caso del fútbol tiene a su capataz en el preparador físico.

Bajo una óptica empresarial lo imprescindible en el deporte resulta ser: la eficacia, la

agresividad, la capacidad de sacrificio y de lucha, la disciplina, el rendimiento, el espíritu de entrega.

Ello requiere una forma objetiva de valorar el trabajo efectuado y de compararlo cuantificando

resultados –el récord- para juzgar la inversión realizada. La actividad deportiva se ha vuelto rutinaria y

mecanizada; las victorias internacionales se interpretan como síntomas de cierto desarrollo

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socioeconómico. La organización de grandes pruebas, como los juegos olímpicos24, es expresión de la

capacidad organizativa de la nación sede y de la pureza intrínseca de la práctica deportiva. Los poderes

públicos y privados pretenden aunar voluntades a través del ejercicio físico controlado y por ello dicen

que hacen viable su crecimiento, expansión y popularización.

El deporte prolifera, a veces especializa, generalmente anexa y multiplica las intensidades de

los cuerpos; una gran tajada del goce se desplazó al acto de contemplación que a través de una

cerradura mediática encanta al voyeurismo amateur del ciudadano consumidor25. Menem lo entendió al

hacer política exhibiéndose corporalmente en campos de juego (fútbol, tenis, automovilismo, ajedrez).

Previo al mundial de 1990 nombró a Maradona –héroe solitario- como embajador deportivo de la

revolución productiva. Luego de que la selección argentina hubo derrotado a Italia para disputar la final,

Menem ponderaba: “tuvimos 11 titanes dentro de la cancha. Ahora necesitamos 33 millones de titanes

para sacar a la Argentina de su situación...”; apenas un día después Camdessus, que era titular en el

FMI, aprovechó el lance para rematar: “ustedes [los titanes argentinos] tienen once héroes [...] en Roma

y deben utilizar su ejemplo para tener constancia, coraje y consecuencia en el sacrificio que implica el

plan económico...” (Di Giano, 2000:3)

A ejemplo de las naciones, los equipos tienen sus banderas, himnos y uniformes. Una

autonomía en el sistema de competencia. Las selecciones nacionales representan mecanismos de

cohesión social que se pretenden inapelables. Hobsbawm afirma que la identificación nacional por

medio del deporte es un fenómeno típico del esnobismo de la clase media (2002).

“Los pueblos, los imperios, las iglesias y sobre todo los Estados nacionales modernos son, y no

en último lugar, ensayos polìtico-espaciales para reconstruir, con medios imaginarios institucionales,

cuerpos maternos fantásticos para masas de población infantilizadas.” (Sloterdijk, 2003:71)

24
En la antigüedad los juegos olímpicos o panhelénicos transcurrían en 5 días. Las pruebas revelaban las cualidades
necesarias para la defensa de la polis. Habían 3 modalidades de pruebas ecuestres; 5 modalidades de carreras; 2 de lucha;
3 de pugilismo; 1 de pancracio y el pentatlón (Tubino, 1993). No se incluía ninguna sphairomakia (nombre genérico de las
actividades que envolvían un objeto redondo).
25 Como parece sucederle siempre a los deportes, el voleibol mudó sus reglas para ajustarse a las demandas y ofertas de

los tiempos televisivos.

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En el auge del nacionalismo europeo se fundó la FIFA (1904). Sus miembros son federaciones

nacionales y no estados. El fútbol estimula la integración simbólica y conforma una identidad que está

en la base de las comunidades imaginadas. Apoyar a la selección es una declaración pública de lealtad

y amor desinteresado por los colores de la patria. Actualmente la FIFA es la mayor organización no

gubernamental del mundo, agrega 204 federaciones y registra 20 millones de jugadores y jugadoras

profesionales.

Mujeres en campo

Ante la previsible oposición de los sectores más conservadores desde 1890 aparecieron en Europa los

primeros equipos de mujeres, la mitad subversiva de la humanidad26. Las contingencias de la primera

guerra mundial permitieron una mayor participación femenina. En 1918 se instituyó un campeonato

específico en Francia. Pero fue en la cuna del fútbol donde la práctica femenina cobró una mayor

relevancia.

11. Dick, Kerr´s Ladies Football Club.

26
Diversas obras del periodo medieval y de la época moderna acusan a las mujeres de ser agentes preferenciales del
demonio para esparcir el mal y corromper a las criaturas de dios. “Mas la razón natural está en que la mujer es más carnal
que el hombre, lo que se evidencia por sus muchas abominaciones. Conviene observar que hubo una falla en la formación
de la primera mujer, por haber sido creada a partir de una costilla cuya curvatura es contraria a la rectitud del hombre”
(Kramer & Sprenger, 1998:116).

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Dos escoceses (W.B. Dick y John Kerr) eran los dueños de una fábrica de piezas ferroviarias

en Preston, al noroeste de Inglaterra. En 1914, cuando la Gran Guerra empezó, tuvieron que contratar

mujeres para producir municiones. Las obreras empezaron a patear el balón durante los recesos del té.

Los muchachos del club oficial de la fábrica estaban en una mala fase, perdían todo; ante las

constantes burlas y desafíos por parte de sus colegas femeninas se encontraron de pronto jugando

contra ellas una partida que por supuesto perdieron. Así nació el Dick, Kerr´s Ladies Football Club.

Estas obreras de Preston organizaron juegos entre mujeres para recabar fondos que auxiliaran

a los soldados heridos y a las familias de los muertos. Convencieron a las obreras de otras fábricas

para que formaran sus propios equipos. La primera partida que realizaron recaudó seiscientas libras y

fue presenciada por diez mil personas; cabe señalar que en el noroeste de Inglaterra el fútbol siempre

se consideró un juego de señoritos afeminados; algunos irredentos llamaban al equipo de Preston de

dickless girls, damas sin pito. Amén de lo deportivo, los juegos eran un excelente pretexto patriótico

para la contemplación de jóvenes mujeres en pantalones cortos. Hacia 1920, las Dick, Kerr´s Ladies

eran tan populares que un encuentro contra las chicas de St. Helen´s en el Goodison Park de Liverpool

registró lleno total (53 mil hinchas dentro y 15 mil fuera del estadio). Ese mismo año marcaría su

internacionalización. Fueron recibidas en Francia por masas de fanáticos (incluyendo soldados

británicos) que buscaban autógrafos y fotos. Los oficiales franceses las trataron como dignatarias y les

ofrecieron hasta una visita guiada del palacio de Versalles. De vuelta en Inglaterra las jugadoras

protagonizaron el primer encuentro nocturno del mundo, iluminadas por dos reflectores antiaéreos. En

1921 rechazaron 121 invitaciones para jugar pero participaron en 67 partidas, a la vez que trabajaban

tiempo completo en la fábrica. Casi un millón de aficionados asistió a los juegos de ese año. Su máxima

figura fue Lily Parr. Debutó con el equipo a los catorce y en su primera temporada marcó 43 goles.

Hacía gala de una pegada fuerte y lanzamientos precisos; además acostumbraba conmemorar sus

goles con un salto mortal. Desde niña había jugado con sus hermanos rugby y football; era una tough

cookie (Newsham, 1997).

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Ante el poder de convocatoria y de recaudación del fútbol femenino, la Football Association

decidió prohibir su práctica (1921) por considerarla inadecuada para las mujeres; se amparaban en el

diagnóstico médico en boga acerca de la amenaza potencialmente fatal del fútbol para la salud y los

poderes reproductivos de las futuras madres. Las Dick, Kerr´s Ladies tenían programada de antemano

una gira por Canadá y los Estados Unidos. Recién llegadas a Quebéc fueron informadas de que no les

estaría permitido jugar. Pudieron hacerlo en el país vecino pero sólo contra equipos masculinos

profesionales; de nueve partidas ganaron tres, empataron tres y perdieron tres. A su regreso fueron

recibidas como heroínas por una multitud. Continuaron jugando aunque de forma cada vez más

esporádica. El fútbol femenino fue finalmente reconocido por la Football Association en 1971.

12. Durante la gira en Norteamérica.

El mundo del fútbol pretende ser un espacio reservado para la expresión del ethos masculino;

como el kefi en Grecia y el dezedor en Portugal. Constituye una forma de educación sentimental para

los reprimidos y fantasiosos. Según Binello, Conde, Martínez y Rodríguez: “el fútbol ofrece la posibilidad

a los hombres de ejercer su pasión legítima públicamente... mientras que en el espacio del trabajo y del

negocio al varón le está vedado ejercer la práctica del gasto improductivo, en el estadio se

espectacularizan públicamente las apuestas por el honor, la gloria y la dignidad” (2000:45).

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Se sabe que el hombre procede filogenética y ontogenéticamente de la mujer. El hombre es el

monstruo de la mujer. 27

Pier Paolo Pasolini alguna vez dijo que para él su madre era Sócrates, puesto que tenía una

visión del mundo sin duda realista e idealizada; creía de verdad en el heroísmo, en la caridad, en la

piedad, en la generosidad y él sentía haber absorbido todo eso de un modo casi patológico.

Pasolini y el fútbol

13. Jogando bola en la periferia.

El poeta de Casarsa amaba el calcio tanto como a la letteratura e l´eros. Sabía que jugar una partida

era como tomar un mes de vacaciones. El fútbol le pareció una lente de aumento a través de la cual los

hombres revelaban su verdadera naturaleza. En Ciampino, el que fue un joven profesor corría en

campo con sus alumnos apenas acabada la lección. Más tarde, improvisaba partidas con la troupe de

27 “Lo que nos lleva a la última blasfemia. Un ginecólogo danés disertará bien pronto sobre la muy científica probabilidad de
que Cristo fuera una mujer. No solamente se apoyará en testimonios de la época (que no lo muestran jamás con la barba
viril de los apóstoles), sino que al declarar científicamente la partenogénesis y la certeza de que Cristo nació de una virgen
pura, se afirma el sexo femenino de Jesús: en los tres únicos casos de nacimiento sin intervención masculina que conoce la
ciencia entre los seres humanos, la criatura ha sido hembra. La mujer puede preñarse a sí misma, pero el fruto de su vientre
será una persona idéntica en facciones, raza y sexo. La tesis científica está corroborada de antemano por la práctica, como
siempre, pero ¿y la fe? El ángel se presenta como un problema de lógica [...] con gran trabajo Cristo convierte al único pan y
al solitario pez en panes y peces milagrosos, desde el fondo del banquete se oye una voz protestante: pero, Señor, ¿no
habrá postre?” (Cabrera Infante, 1998:177).

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sus filmes. Así pues, jugaba en el set, en la calle, en la borgata (versión italiana de la favela). Como

buen feligrés asistía cada domenica al Stadio Comunale para vivar al Bologna en primera fila. Fue un

grande tifoso del rossoblu. Para Pasolini el fútbol, el ludopedio, es el espectáculo que ha sustituido al

teatro.

Pier Paolo consideraba al calcio como un sistema de signos con la misma mecánica, lógica y

normativa que el lenguaje y cuya unidad mínima la constituye el podema (un hombre que usa el pié

para patear un balón). Las infinitas posibilidades combinatorias de los podemi forman la palabra

futbolística y el conjunto de esas palabras forma un discurso dramático. Los jugadores cifran lo que el

público descifra. Como hay tiempo para todo, el juego tiene su momento instrumental, rígidamente

regulado, y su momento expresivo; esto es, el lenguaje del fútbol puede ser prosaico o poético y esa es

una distinción técnica, no una valoración. La objetividad impuesta por la gramática de los fundamentos

tiene su lado subjetivo.

Bulgarelli es un prosador realista. Riva, un poeta realista. Corso es un poeta un poco maldito,

extravagante. Rivera juega en prosa poética [...] Cada gol es siempre una invención, una subversión del

código. Es lo ineluctable, el fulgor, el estupor; irreversible como la palabra poética. El capo cannoniere

de un campeonato será siempre el mejor poeta del año [...] el dribbling es per se poético. El sueño de

cualquiera: partir de la mitad del campo, driblar a todos y marcar, no sucede más. El catenaccio [cerrojo]

y la triangulación (que Bera llama geometría) es un fútbol de prosa, basado en la sintaxis. Un juego

colectivo y organizado. La ejecución razonada de un código. (Pasolini, 1999)

El caso de la selección de Italia es uno de prosa estetizante. Para su compresión Pier Paolo

nos regaló el siguiente esquema:

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En contraparte el fútbol practicado en Latinoamérica, especialmente en Brasil, requería una

capacidad monstruosa para driblar y el gol podía ser inventado desde cualquier posición. “Si dribbling y

gol son los momentos individualistas y poéticos del fútbol, he aquí que il calcio brasiliano es un calcio

de poesía.” (idem) Aquí viene otro esquema de esa autoría (auctor es el que aumenta):

Pasolini siempre sostuvo que el lenguaje del poder (conservador y provinciano, sistémico y

anacrónico) carece del brillo, la riqueza y el dinamismo de la lengua popular (realista, sincrónica,

espontánea). Los inventores trascienden la previsibilidad. Entonces la cultura de masas sería un

simulacro de la raíz popular. Y no sólo según Pasolini: la Italia elitista, antiburlesca, antirealista,

antipoética ha querido representar lo europeo y por tanto lo antibrasil. “En palabras pobres, los

periodistas son simplemente escritores que, a fin de vulgarizar y simplificar conceptos y

representaciones, se valen de un código literario digamos, para mantenernos en el campo deportivo, de

segunda división” (idem). Como su propio asesinato revela (el cadáver apareció en un campo de fútbol

de la periferia romana): la muerte no radica en el no poder comunicarse sino en el no poder ser

comprendido.

La angustia del portero frente a la pena máxima

El centro de cada enunciado se encuentra afuera, en el medio social que rodea y restringe al individuo.

La realidad es un modo específico de su apropiación. Desde una perspectiva al acecho, Peter Handke

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escribió Die Angst des Tormanns beim Elfmeter para seguir combatiendo el aburrimiento de la

hegemonía.

A este autor austriaco, un residente de la torre de marfil, se le catalogó dentro de la Neue

Subjektivität. Una de sus primeras obras de teatro consistió en cuatro actores que discutían

violentamente con la sufrida audiencia. En su conjunto, el trabajo de Handke tal vez constituye el

ejercicio solipsista de una conciencia más o menos perturbada. El personaje central de su novela Die

Angst... es un cancerbero de nombre kafkiano: Josef Bloch, que inesperadamente se deja meter un gol,

insulta al árbitro y es expulsado de la cancha. Enajenado por aquel acontecimiento inexplicable, Bloch

recorre sin rumbo tortuosas callejuelas vienesas, engulle un hotdog, renta un cuarto, conoce a la

taquillera de un cine y sin motivo aparente la estrangula para descubrir que vive una ruptura entre logos

y cosmos. El lenguaje roba a las cosas de su verdadero ser y las convierte al simulacro. Una

desesperación parecida embargaba al extranjero Meursault del libro de Camus.

Según Wittgenstein las palabras son una serie de juegos que se refieren a sí mismos dentro de

su propio sistema auto-contenido. El alter ego futbolista de Handke comporta cierta dificultad para

percibir la identidad de los objetos; habita la realidad como una región extraña privada de vínculos

continuos. A la espera de que la policía le eche el guante encima, Bloch se dirige hacia un hotel

regenteado por una antigua novia, en la frontera con Yugoslavia. Vive el estado de aquel a quien todo

le parece natural. El arquero fugitivo es el espectador de sus acciones. Provoca peleas a intervalos

regulares. Al final de su periplo regresa a la cancha donde perpetró el acto infame pero admira el

evento como uno más en la tribuna imbuido por la indiferencia hasta que el árbitro decreta un cobro

desde el punto fatídico. Entonces Bloch desborda a un hincha vecino con su delirio hermenéutico y

explica la psicología envuelta en los esfuerzos del portero para predecir la dirección del tiro, basada en

su conocimiento acerca de los hábitos del artillero; advierte que al mismo tiempo, el cobrador de la falta

intentará predecir el razonamiento del guardavallas para actuar en contra. La ventaja de quien tira tiene

una dimensión histórica y radica en que el defensor debe decidirse por una esquina un instante antes

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de que la bola sea pateada. Lo ilógico impera. El portero no se mueve y aquel verdugo hipnotizado

dispara el balón hacia las manos del fusilado que rechazando la experiencia previa se salva

mágicamente (1979).

Para la versión cinematográfica de la novela, los realizadores tuvieron en el papel protagónico a

un arquero profesional: Arthur Brauss. Arriba lo vimos luego del estrangulamiento aséptico que

conmemora la gratuidad de sus actos.

No por casualidad la posición que jugaba Albert Camus fue la de arquero. Una revelación

célebre informa:

Debuté en 1928 con el club deportivo Montpensier y pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno

por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades,

donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha. Pero al cabo de un año de porrazos y

Montpensier en el Lycée me hicieron sentir avergonzado de mí mismo: un `universitario´ debe jugar con

la universidad de Argel, R.U.A. [Racing Universitaire d´Alger] En ese periodo, el tipo velludo ya había

salido de mi vida. No nos habíamos peleado, sólo que ahora él prefería irse a nadar a Padovani, donde

el agua no era tan `pura´. Ni tampoco, para ser sinceros, eran `puros´ sus motivos. Personalmente,

encontré que su motivo era adorable, aunque ella bailaba muy mal, lo que me parecía insoportable en

una mujer. ¿Es el hombre, o no es, quien debe pisarle los dedos de los pies? El tipo velludo y yo

prometimos volver a vernos, pero los años fueron pasando. Mucho después comencé a frecuentar el

restaurante de Padovani (por motivos `puros´) pero el tipo velludo se había casado con su paralítica,

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quien seguramente le prohibía bañarse, como suele ocurrir. ¿Pero qué es lo que estaba diciendo? Ah,

sí. En el R.U.A yo estaba encantado, lo importante para mí era jugar. Me devoraba la impaciencia del

domingo al jueves, día de práctica, y del jueves al domingo, día de partido. Así fue como me uní a los

universitarios. Y allí estaba yo, golero del equipo juvenil. Sí, todo parecía muy fácil, pero no sabía que

acababa de establecer un vínculo de años, que abarcaría cada estado de la provincia y que nunca

tendría fin. No sabía entonces que veinte años después, en las calles de Paris e incluso en Buenos

Aires (sí, me ha sucedido) la palabra R.U.A. mencionada por un amigo con el que tropecé, me haría

saltar el corazón tan tontamente como fuera posible. Y ya que estoy confesando mis secretos, debo

admitir que en Paris, por ejemplo, voy a ver los partidos del Racing Club, al que convertí en mi favorito

sólo porque usan las mismas camisas que el R.U.A., azul con rayas blancas. También debo decir que el

Racing tiene algunas de las excentricidades del R.U.A. Juega `científicamente´, pierde partidos que

debería ganar. Parece que esto ahora ha cambiado (eso es lo que me escriben de Argel), cambiado,

pero no mucho. Después de todo, era por eso que quería tanto a mi equipo, no sólo por la alegría de la

victoria, cuando estaba combinado con la fatiga que sigue al esfuerzo sino también por el estúpido

deseo de llorar en las noches luego de cada derrota […] Después de muchos años en que el mundo me

ha permitido variadas experiencias, lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres

se lo debo al fútbol (1996:13).

Nabokov declaró que durante sus años de estudiante en Cambridge fue un portero errático

pero espectacular. Aseguraba que: “El portero es un hombre aparte, un solitario, impávido; es el

hombre del misterio, el último defensa. Cuando jugué fue más para defender un secreto, un sueño, que

un gol. No será difícil intuir porqué era tan poco popular entre mis compañeros de equipo” (Labatut,

2000).

Sepp Blatter, presidente de la FIFA, lo repite como un loro: el fútbol es sobre todas las cosas

una cuestión de relaciones humanas.

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Biomecánica de la chilena

Pelé desarrolló como una firma el chute a la bola en el aire y de espaldas sobre su propia cabeza con

movimientos de temeraria perfección.

Las trayectorias de las partículas subatómicas son trazadas utilizando los principios

fundamentales de la conservación de la Física. Nuevos planetas son detectados a través de esos

mismos principios. No será de extrañar que el análisis detallado del movimiento humano sea también

un asunto complejo. Para caracterizar completamente la posición del cuerpo humano en el espacio

tridimensional se necesitan 244 coordenadas independientes, aún considerando los segmentos del

cuerpo humano como cuerpos rígidos. El cuerpo humano tiene 244 grados de libertad (Zatsiorsky,

1998).

“Pelé es el inventor de un estilo de conmemorar los goles ampliamente repetido hasta hoy por

miles de aquellos que, en los juegos del llano o en los campos del fútbol profesional, experimentan la

catarsis del momento. Se trata, como se sabe, de un impulso frenético que libera al cuerpo del suelo,

gesticulando con el puño cerrado como si estuviera golpeando varias veces en al aire” (Toledo, 2004,

nota 4).

La pierna de palo

Durante una partida informal jugada en Londres en 1977 Danny Baker, comentarista deportivo, dio un

pisotón en el pie derecho de Bob Marley zafándole la uña del dedo gordo. La lesión no fue bien

atendida y derivó en gangrena. En 1981 Bob murió enfermo de cáncer cerebral y pulmonar. Se ha

especulado que contrajo la enfermedad producto de aquella entrada desleal en el campo de juego, toda

vez que su religión le prohibía amputarse la pierna.

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Por alguna razón que sólo el que es nativo conoce, Bob Marley no ha sido santificado en

Jamaica como debiera serlo. Ello tal vez se deba a la campaña inclemente que la industria del

entretenimiento forjó a favor suyo; en tanto símbolo de una venturosa negociación mediática con la Tuff

Gong. Bob no es profeta en su tierra y su esposa Rita insiste en trasladar los restos mortales de uno de

los más importantes iconos del mundo occidental hacia un espacio que también dignifique la resistencia

y venere como únicos a sus santos. Por ello, el cumpleaños número sesenta de Bob (2005) fue más

celebrado en Etiopía –cuna del dios reencarnado Haile Selassie, un Ras Tafari de los pies a la cabeza-

que en el Caribe. Addis Abeba se cubra de gloria.

17. Con la camiseta de Ariola.

Para Bob Marley el fútbol era la libertad. Según los europeos que jugaron con y contra él, Bob

era un mediocampista rápido e innovador. En su única visita al Brasil la prensa le preguntó qué

pensaba sobre la música brasileña y él respondió que amaba su fútbol. Marley llegó al subcontinente

tropical para tomar parte de la fiesta que inauguraba las actividades de una empresa discográfica

alemana: Ariola, la cual había absorbido a su sello patrocinador, Island. Bob tuvo que interrumpir la

grabación de Uprising. Iba acompañado por Junior Marvin, Jacob Miller, Chris Blackwell y señora.

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Viajaron a Brasil en un avión particular. La parada técnica en Manaus (un reabastecimiento del

combustible) significó su retención por algunas horas. El gobierno militar no veía con buenos ojos la

llegada de aquella comitiva humeante. Las autoridades sólo cedieron su paso sin liberar la visa de

trabajo. Pasado el susto llegaron a Brasilia y desde ahí volaron a Rio de Janeiro. A Bob lo conocían en

Brasil de un modo indirecto; era el autor de una música, No Woman No Cry, que había hecho suya

Gilberto Gil para vender casi un millón de copias. La primera mañana en Rio, las visitas exigieron

conocer la favela de la Rocinha sólo para constatar que era igual a los guetos de Jamaica. También

comprobaron la existencia de un clientelismo todo terreno. La compañía, Ariola, programó un duelo de

fútbol con celebridades nativas. Chico Buarque puso la casa y su cancha privada. Por el bando del

rastaman jugaron Chico, Toquinho, Paulo César Caju (ídolo de Bob) y Jacob Miller. Los adulados

vencieron 3 a 0. Según los brasileños, la pasión de Bob por el fútbol era tan notoria como su completa

ineficacia para jugarlo (Léo Vidigal, Massive Reggae).

Una tendencia hacia lo siútico y cuico

Una amiga me informó acerca de la muerte del chileno Roberto Bolaño en España durante mi estancia

en Brasil. En esa torre marfilada no conocen las melodías del cantautor difunto y nadie sintió que se le

hubiera muerto nada. Roberto fue un jugador entusiasta pero bastante malo, aunque su pierna buena

fuera la izquierda “y se supone que los zurdos no desentonan en un partido”. Ese niño disléxico y zurdo

conoció a la selección brasileña que jugó el mundial de 1962. Estaban alojados a cincuenta metros de

su casa en Quilpué. Después, con cara de no matar ni una mosca se lisonjeaba comentando que había

salvado un tiro penal de Vavá. En alguna entrevista Bolaño llegó a decir: “Mi experiencia como jugador

de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por los compañeros de equipo. A

mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama

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Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y

que no te ha hecho nada; mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

18. Vaca crack.

Así pues

El fútbol es un juego profundo que se activa con el error, la proeza y una justicia imperfecta. Para

Bromberger (2005) es un drama filosófico (además de ser un tema cómodo de conversación que ayuda

a crear cierta atmósfera de sociabilidad). Es que la futbolización de la sociedad maneja verdades al

interior de los Pirineos que son mentiras más allá. Por lógica del ser viviente.

El espíritu del fútbol comporta la sanción o tolerancia de acciones dudosas. Como cualquier

episodio de la vida, se desarrolla con un mínimo de arbitrariedad. El criterio subjetivo del error frente a

la letra objetiva de la proeza es una continuidad en la cáscara, en el partido de barrio y en el juego

profesional; incluso en los árbitros de estas esferas. Pues lo arbitrario es el precio técnico que se paga

tácitamente al jugar, ¿o al apostar? Para verificar lo falible que es lo filosóficamente sostenible. Porque

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discutir es un universo donde cabe el mundo, como un rito propiciatorio de registro diverso. Y porque el

mundo es discutible, para algunos de sus habitantes es posible vivir.

Las discusiones en la cancha tratan de imponer su verdad con un manto de interpretaciones

partidarias.

En el fútbol, como en cualquier situación competitiva, es necesario cometer la menor cantidad

de errores posibles, pero sobre todo es necesario que el rival se equivoque más, aunque lo decisivo

radica en saber aprovechar con eficacia esas equivocaciones. Lo cual no es que suceda muy a

menudo. En todo caso, los errores sí que son definitivos. Y a veces no parecen simples desviaciones

de la percepción o del pensamiento sino robos evidentes.

El reino del fútbol es un campo sujeto a la apreciación del árbitro. Su espectro de observación

es el de las faltas fingidas, en la búsqueda de la falta intencional para restablecer el derecho. El

carácter de premeditación, de intencionalidad, es de suyo difícil de apreciar en un deporte en el que la

trampa y el engaño son esenciales. Clarividencia periférica. El campo de fútbol también es un campo

vasto para la injusticia al aire libre.

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