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QUADRINHOS DE FUTEBOL BRASILÍRICO

1. QUADRINHOS DE FUTEBOL BRASILÍRICO

Orígenes brasileños del fútbol y su expropiación estatal

Cierto brillante cofrade me decía ayer que `el fútbol es la bola’. No hay juicio más
inexacto, más utópico, más irreal. El colega vacía al fútbol como un neumático y
repito: retira del fútbol todo lo que éste tiene de misterioso y de patético. La más
sórdida cascarita es de una complejidad shakesperiana. A veces en un corner mal o
bien ejecutado hay un toque evidentísimo de lo sobrenatural. Yo le diría al ilustre
cofrade aun lo siguiente: en fútbol, el peor ciego es el que sólo ve la bola (Rodrigues,
1998:38).

A bola

Ante la inconsecuencia de los balonazos, Walter Firino no se cansaba de repetir: “La bola está hecha

de cuero, ¿cierto? El cuero viene de la vaca, ¿cierto? ¿Qué come la vaca? Pasto. Luego, la bola está

hecha para rolar en el pasto, ¡pôrra!”

En el Brasil la bola que se toca (y que sólo a veces se golpea) se llama de gorduchina doce,

menina, boneca, moça, leonor, maria, guiomar, margarida, bichinha, nêga, esfera, ameixa, redondinha,

verruga, castanha, mortadela, caprichosa, enganosa, demônia, bexiga, número cinco, a perseguida… 1

1 Gordita dulce, niña, muñeca, moza… margarita, bichita, negra, esfera, ciruela, redondita, verruga, castaña...

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Los orígenes

“Para ellos es motivo de gran satisfacción o de inmenso sufrimiento el que esa vejiga amarillenta entre

en un rectángulo formado por postes de madera” (Filho, 1964:35) explicaba un periodista brasileño en

1896 en relación al esportezinho que para la historia oficial introdujo al país Charles Miller, paulistano

del barrio de Brás o Braz (de padre escocés anglófilo y madre brasileña de ascendencia inglesa) que

desde los nueve años se marchó a la madre patria para recibir una educación de public school. Los

primeros partidos de football organizados por el repatriado Miller se disputaron en la chácara2 de la

familia Dulley, en el barrio del Bom Retiro. Pero los ingleses de São Paulo seguían prefiriendo el cricket.

En Rio el papel de introductor corresponde a un Oscar Cox que había estudiado en Suiza y que recién

llegado al Brasil fundó el Fluminense, el segundo equipo carioca de football (primero, el ya extinto Rio

FC). Resulta desafortunado afirmar que este par de jóvenes fueran los primeros que impulsaron la

práctica del juego en tierras tropicales (antes que ellos marineros, ferroviarios, misioneros,

comerciantes). Lo que sabemos a ciencia cierta es que pébol, bolapé, balípodo ya nada significan y lo

que rifa es una transliteración que se utiliza para denominar al futebol.

Los clubes

El club de fútbol más vetusto de Brasil (un club en actividad, otros más viejos ya desaparecieron) nació

en una ciudad portuaria del sur, Rio Grande. Un conjunto pobre de fortificaciones levantadas en 1737

por unos cuantos portugueses y sus esclavos (la conquista suponía una expansión territorial para el

menguado imperio) que luego fue tomado por los españoles –el conjunto pobre- durante trece años,

2 Casa de campo.

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reconquistado por soldados lusitanos en 1776 y descubierto por comerciantes europeos (ingleses y

alemanes) en el siglo XIX, época durante la cual Rio Grande se convirtió en el principal puerto gaúcho.

El sur de Brasil fue colonizado a través de la inmigración europea, principalmente de alemanes.

Se sabe que los alemanes no desconfiaban del esfuerzo físico de la misma forma que los esclavistas

portugueses y sus exegetas los caramurus nativos. La vida social brasileña no estimulaba los ejercicios

físicos de las clases dominantes (Azevedo, 1930). Había que dejar clara la diferencia con aquellos que

precisaban de los músculos para ganarse la vida.

La corriente alemana fue la más importante en el renacimiento de la educación física en Europa

(una sistematización de ejercicios desde el punto de vista del interés militar). A partir de 1774 se

fundaron establecimientos escolares donde la gimnasia tenía el mismo peso curricular que la filosofía

(Oliveira, 1994). Murray (1994) constata que Alemania fue la primera nación europea que organizó una

vida deportiva, como un entrenamiento político desde la medicina. Y si no pregúntenselo a Daniel Paul

Schreber. Su padre (Daniel Gottlieb Moritz Schreber) nació en 1808 en Leipzig y terminó siendo médico

personal de un príncipe ruso pero antes, alrededor de 1836, era ortopedista, profesor universitario y

fundador del primer club de gimnasia en su ciudad natal; un convencido del higienismo moralista.

Luego, alrededor de 1842 tuvo a su primer hijo (Daniel Paul). Escribió algunos libros pedagógicos y por

lo visto, su concepción educativa (de un autoritarismo feroz) puede tildarse de aberrante. Proponía el

castigo corporal, la dosificación del alimento y la ausencia de muestras de cariño. Recomendaba

colocar a los alemanes del futuro en tinas con hielo desde los tres meses de edad. Daniel Schreber

padre era partidario de oponerse con ventaja al predominio intelectual sobre el desarrollo físico pues le

parecía que la actividad precoz de la mente es el germen fecundo de una infelicidad reproductora de

frutos amargos y desconsoladores. El pedagogo iluminado ideó dispositivos gimnásticos y ortopédicos

de carácter sádico. Estaban planeados para utilizarse en parques públicos pero por alguna razón se

reservaron entre cuatro paredes. Por supuesto, los hijos de Schreber no escaparon de esas garras. El

objetivo era crear una resistencia al dolor y tal vez de paso eliminar la debilidad de raíz. (El camino

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hacia la renovación de la esencia alemana conduce necesariamente a la profesión de fe en la sangre y

en la tierra, dijo el joven nazi Alfons Ritter en una tesis de 1936 sobre el pedagogo iluminado.) Uno de

los hijos de Schreber (Daniel Gustav) se suicidó a los 39 años; el otro, Daniel Paul, fue juez y

presidente de un tribunal sajón. El presidente Schreber escribió ciertas Memorias de mi enfermedad

nerviosa que se convirtieron en un clásico de la paranoia y del estudio de la paranoia, además podrían

haberse convertido en un best-seller pero la familia compró en bloque la mayor parte de la edición y

destruyó los ejemplares. Daniel Paul Schreber pensaba que se estaba transformando en una mujer

judía.

Por lo que respecta a la formación de asociaciones privadas de carácter deportivo en Brasil fue

creada en 1867 la primera sociedad gimnástica en la región sureña del país; la Deutscher Turnverein

todavía existe pero ahora bajo el nombre de Sociedade Ginástica Porto Alegrense. La educación física

podría verse como un medio de preservación cultural (Tesche, 1998) que los inmigrantes se encargaron

de difundir y diseminar a través de la creación de sociedades gimnásticas y clubes de tiro y caza, remo

y ciclismo. Prolongaciones de la identidad.

Las asociaciones alemanas (a diferencia de las británicas) llegaban a aceptar la eventual

participación de miembros selectos de otras etnias. Claro que en Porto Alegre (una cidade de alemães)

la guarnición hamburguesa era la mejor en remo.

Para 1880 la ascensión económica de la colonia alemana en Rio Grande do Sul se manifestaba

por su control de la industria y el comercio. Una metodología teutona del enriquecimiento en los

circuitos coloniales.

En julio de 1900 la colonia alemana de Rio Grande recibió una nota firmada por Johannes

Minneman, nacido en Hamburgo, en la que invitaba a un partido de football en el club de Tiro Alemán;

además anunciaba que después del juego se discutiría la creación de un equipo. Así fue. Entrada la

noche (era el cumpleaños de Johannes), en la sede social de una entidad dedicada primordialmente a

las bicicletas: el Club Germânia (después de la segunda guerra mundial llamado de Sociedade Cruzeiro

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do Sul) se registró la fundación del Sport Club Rio Grande, en alemán y con caracteres góticos. Hasta

mediados de los treinta, las actas de reunión de los asociados se escribían en el idioma materno. Los

hinchas del Rio Grande se denominan veteranos desde niños. El equipo que apoyan ha defendido

siempre los colores de la bandera estatal, la riograndense (rojo, verde y amarillo).

En 1939, los tres clubes de Rio Grande (el homónimo, el São Paulo y el Rio-Grandense)

rompieron relaciones. Para sellar una posterior reconciliación realizaron un mini-torneo en el que

acabaron empatados el Rio Grande y el São Paulo. Después de tres nuevos empates y para evitar otro

cisma prefirieron cortar por la mitad la copa Confraternização en sesión solemne. Todavía exhiben la

copa demediada en el museo del Rio Grande. Actualmente, el equipo de los veteranos juega en la

tercera división del campeonato gaúcho y paga a sus mejores jugadores el salario mínimo. Cada inicio

de temporada ignora la cantidad de adversarios que enfrentará. Los clubes están quebrados, las vacas

están flacas y aún así el vovô, el abuelo del fútbol brasileño tiene a la totalidad de sus cinco mil

asociados pagando la cuota religiosamente. Y eso es más de lo que un club como el Corinthians puede

presumir. La recaudación que genera el club paulista como una entidad de lazer3 y de práctica

deportiva es poco menos que insignificante.

Desde fines del siglo XIX se formaron clubes deportivos en Brasil; como lugares de sociabilidad

urbana que prolongaban, así fuera a través de actividades físicas, el ambiente de los salões4 y saraus5

(Sevcenko, 1992). En Rio de Janeiro, São Paulo, Manaus, los jóvenes de buenas familias practicaban

tenis, lucha grecorromana, box, turfe6, ciclismo, esgrima, golfe, patinaje, billar, caminata, natación,

rugby, cricket, béisbol, handball, tiro al blanco, pesas, peteca y poco después, automovilismo. La elite

veía en la práctica del deporte una transición para el trabajo; una preparación para el ejercicio frívolo de

3 Tiempo del que se puede disponer sin perjuicio de las ocupaciones ordinarias.
4 Sociedad mundana.
5 Reunión nocturna para danzar, oír música y conversar. También con finalidad literaria.
6 Carreras de caballos.

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la dominación económica y política. Jugadores y público pertenecían al mismo círculo social, grã-fino.

Varios equipos de fútbol se crearon en el seno de clubes preexistentes. Por ejemplo, en Rio de Janeiro,

el Clube de Regatas Botafogo fue fundado en 1894 y su departamento de futebol diez años después.7

Por otro lado, también surgieron clubes específicamente dedicados a la práctica del deporte bretón,

bondad graciosa. Es el caso del Fluminense FC, fundado en 1902 por jóvenes educados en Suiza e

Inglaterra que se llamaban Oscar Cox y que desarrollaron su sede social8 con base en su equipo de

football.

En 1901, el público presente en la primera partida de futebol disputada en la capital (RJ) era

menor que el número de jugadores9. Poco después, en 1905, las mil quinientas personas que

presenciaron un match entre ingleses y brasileños constituyeron una audiencia pretendidamente

refinada y cosmopolita que vivaba a los suyos con el tristemente célebre hip-hip-hurrah. Desde los

árboles o en los tejados de construcciones vecinas al estadio del Fluminense los marginales espiaban

los avatares del juego.

El deporte exclusivo provocó casi de inmediato la adhesión popular. Porque según Oswald de

Andrade: “el sentido verdadero de la vida, su secreto, está –y eso los sabios lo ignoran- en la

transformación del tabú en tótem”.

Sólo se requería una bola que bien podía improvisarse. Las peladas10 se multiplicaron en el

espacio y el tiempo despertando sospechas de vagabundagem y latrocinio (ya que dos son banda).

Casi todos jugaban descalzos. El esporte bretão comportaba la brincadeira11 preferida de los pretos en

7 En 1831 surgió en Londres el primer club de regatas en el mundo.


8 Donde “hay diariamente diversión para los socios y sus familias, sea de naturaleza deportiva, artística o social –bailes,
presentaciones de artistas de radio, representaciones teatrales, danza clásica, conciertos sinfónicos, variedades, noches
sociales, sesiones de cinema- todo al lado de competiciones atléticas de toda especie” (Coelho Neto, 1952:143).
9 La primera liga de fútbol de Brasil fue creada en São Paulo, en 1901. A la Liga Metropolitana de Rio de Janeiro la crearon

en 1905.
10 Partidas espontáneas. Según el diccionario Houaiss de Lengua Portuguesa la palabra pelada viene de la palabra pêla que

surgió en el siglo XIV y significa bola de goma. Roberto DaMatta considera que el término se refiere al terreno de juego, de
tierra batida, donde se desarrollaban las partidas espontáneas (sin marcas, sin postes, sin árbitros). Entonces, por
extensión, al fútbol pobre que se practicaba en campos pelados se le designó con ese término.
11 Divertimento.

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el país que más esclavos importó en el mundo. Su apropiación del juego significó auténticamente un

acto creativo.

Indios botocudos, negros cabindas y algo gallegos

1. Assaré, Vale do Cariri, Ceará.

“Meu sertão da sariema,


sertão queimado de sol,
que não conhece cinema,
teatro, nem futebol.”
(Patativa de Assaré)

Los terrícolas ya casi no se preguntan por qué razón la plaga fatal del fútbol vive entre ellos. En 1921

Graciliano Ramos12 publicaba en O Índio, diario del municipio de Palmeira dos Indios, Alagoas, una

12Nacido en 1892 en Quebrangulo, Alagoas. (NE) La región que fuera dominada por los palmarinos, esto es, aquellos
habitantes de la nación libertaria paralela al poder colonial.

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columna llamada Traços a esmo13 bajo el pseudónimo de J. Calisto. (Aunque en realidad, el Mestre

Graça escribía casi todo lo que se publicaba en ese periodiquito del padre Macedo y por lo mismo

podía decir que todo aquello era una porcaria.) Los Trazos son un documento irónico de enorme valor.

En una de sus catorce entregas Graciliano utiliza al futebol para criticar la ligereza de las formas de vida

de la ciudad, la simpleza de las rurales, así como el clientelista comportamiento político de las elites

todo terreno, desde los coroneles hasta el presidente de la república.

Como el conocimiento es buena base de predicción, Graciliano aseguraba que el fútbol en la

tierra del cangaço era ropa prestada que pasaría pronto de moda. A sus ojos, la sólida tradición

nordestina no permitía la ambigüedad de ciertas innovaciones. Los procesos de resignificación y

ruptura serían como la lluvia en ese lar, escasos. El Mestre afirmaba que no es repulsiva en sí misma la

introducción de cosas exóticas siempre y cuando armonicen con la índole del pueblo hasta

transformarse en un hijo híbrido que pueda estar en casa.

¿Graciliano pensaba como J. Calisto? El Mestre estaba divirtiéndose, pero llegaba la

melancolía y tenía que decir que el futebol, furor dos demônios, iba a ser al principio bien recibido por

un público nordestino que adora las novedades pero que apenas pasado un mes olvidaría el fuego de

esa paja.

Además, la población brazuka era de por sí enfermiza y perezosa, tanto en los rubros de la

salud como en los de la ideología y la conciencia crítica; “esmirriados, flaquitos, de una pobreza de

músculos lastimosa […] blandos, indecisos, secos, tristes […] una verdadera miseria […] párpados

caídos, mofletes caídos, brazos caídos, un decaimiento generalizado que hace de nosotros un ser

desencajado, bisoño, indolente que sólo puede decir: me deja…”

Abrevando en la paradójica máxima de Rousseau, “cuanto más débil es el cuerpo, más manda;

cuanto más fuerte, más obedece” -subversión del cerebrito o conformismo del atleta- Graciliano exige el

fortalecimiento de la carne. Propone rehabilitar deportes regionales como son los puñetazos y las

13 Al azar.

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puñaladas. El Mestre sostenía que la única parte del organismo desarrollada por sus compatriotas eran

las orejas, gracias a la constancia implacable de los jalones maternos. Tener orejas grandes en este

mundo de sordos no es suficiente, habida cuenta que el burro posee “consideráveis apêndices

auriculares, o que não impede que o considerem, injustamente, o mais estúpido dos bichos”. Alguien le

dijo al asno que se frotara contra el asno. En ese tenor, sólo los tísicos, que apenas consiguen patear

una bola, se entusiasmarían por el futebol. En las ciudades del litoral, sin embargo, era factible que

pegara un deporte que realmente nadie podía pronunciar; máxime que la identidad urbana -fluctuante y

superficial- se debía a la naturaleza multirracial de su población. En contraste con la profundidad de las

raíces culturales del sertão14, en la ciudad las personas pueden simular los orígenes y abandonar las

tradiciones. Se perfila entonces una tensión entre el interior y la capital, entre lo nacional y lo extranjero,

que acostumbra reflejarse en los pequeños detalles. Por ejemplo, en el sertão la gente fumaba

liamba15, una extraordinaria planta que sin ser originaria había sido adoptada con cariño y simpatía; en

cambio “nas cidades os viciados são elegantes, absorvem o ópio, a cocaína, a morfina”. Por lo tanto,

los vicios del sertão serían, siempre químicamente, más puros. Aquí Graciliano era tan J. Calisto que

podía asegurar con un desparpajo triste que el fútbol no era asimilable en ese campo para luego

proponer a la rasteira, la zancadilla, como el verdadero deporte nacional, por excelencia. El Brasil, que

como sabemos comporta un conjunto de regiones con características culturales totalmente diferentes,

tendría en común la aplicación de rasteiras en todo tiempo y lugar. “Todos nós vivemos mais ou menos

a atirar rasteira uns nos outros”. Del presidente de la república al coronel de la roça, todos practicaron

la rasteira. En el comercio, en la industria, en las letras, en las artes, en el periodismo, en el teatro, en el

mercado negro. Graciliano admite que es bueno estimular el cerebro pero constata que esa opción no

es muy provechosa en el contexto brasileño, donde la fuerza es el único argumento, donde impera el

poder autoritario de una elite ignorante y donde la ética es demasiado frágil. Con su vida, Graciliano

14 Donde para nuestro autor nordestino favorito todos eran indios botocudos, negros cabinda y algo gallegos.
15 Maconha, aliamba, riamba, birra, dirigío, fumo-do-mato, fumo-selvagem, pango, soruma...

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evidenció que la ciudadanía no es posible en una sociedad que finge jugar con las mismas reglas y que

tiene en la rasteira una síntesis del comportamiento nacional.

Por lo menos en el imaginario, el futebol presenta, por la estructura del juego, un modelo más

democrático que la mayoría de las instituciones (no sólo las brasileñas). En ese deporte hasta un

gordito petiso de piernas cortas puede ser un crack utilizando el crack. La dinámica del fútbol permite

que ciertas desigualdades corporales se vean compensadas por una habilidad relativa a la cabeza,

hermana de la visión y musa pedestre; además, proporciona una experiencia legítima del acatamiento

de las leyes de la gravedad (unas leyes que nadie sabe bien a bien para quién trabajan).

En Brasil el football fue un espacio social que nació para las elites y del cual, con un jeitinho16

expedito, se apropiaron los mejores siervos para constituirlo –ante el constreñimiento internacional- en

una de sus escasas experiencias de participación democrática. Algo sin duda destacable en una

república que mantiene cerrada la esfera política de la toma de decisiones. El futebol se hizo un hijo

híbrido y echó raíces profundas en el Brasil, desde Oiapoque hasta Chui17 (Soares & Lovisolo, 2000).

La distancia que existe entre el extremo norte y el sur de ese país es mayor que la distancia entre

Londres y Bagdad18.

Mirado de lejos el Brasil es como Carmen Miranda19, es decir: una terra incognita dotada con

generosidad por la naturaleza, geográficamente extensa, socialmente estratificada, culturalmente

diversa. Para Roquette-Pinto: un impagable laboratorio antropológico. A través del futebol, de forma

16 Entidad social que parece la manifestación de una vida independiente; también, medio de obtención de favores en una
cadena reproductiva de jerarquías. Jeito es disposición, modo, habilidad, propensión. Dar um jeito es encontrar la solución.
Jeitinho se llama aquel acto ligero que trastoca las leyes sociales para instaurar otro orden de cosas.
17 Bahía en el extremo septentrional y río que corre por el extremo meridional.
18 En el estado norteño de Amapá, uno de los menos poblados del Brasil, sin conexión carretera con el resto del país, hay un

estadio: el Cerote, Zerão, que tiene marcada la media cancha donde se marca la línea del ecuador. Así como la Gran
Bretaña construyó un observatorio en el Meridiano de Greenwich para enfatizar el privilegio longitudinal de su puntualidad;
los brasileños levantaron un templo de fútbol en homenaje al ecuador. Como corresponde, un equipo ataca al hemisferio
norte, el otro al sur. En las tribunas hay un baño de cada lado. Si el partido está muy aburrido, los hinchas pueden aún
entretenerse mirando correr el agua en distintas direcciones. Antes del estadio solamente una línea de concreto señalaba la
latitud cero; cuenta la leyenda que era utilizada por garotos y garotas para trepar a placer con una pierna en cada
hemisferio, aproximándose paulatinamente al centro de la tierra (Bellos, 2002). El ostentoso proyecto, la construcción más
grandiosa del estado fue inaugurada por Collor en 1990. Zico y Carpegianni lideraron un equipo de craques del pasado
contra veteranos de Amapá. A estas alturas, el estadio es una ruina histórica. Comenzó, también, a venirse abajo.
19 Quien, por cierto, nació en Portugal. Carmen fue un producto temático de la propaganda hollywoodense, la sensualidad

latina con frutas tropicales y una tradicional vestimenta baiana. Icono camp.

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contundente y amistosa, los brasileños han expresado sus regionalismos, jerarquías socioeconómicas y

diferencias étnicas. El futebol constituye un drama social, una situación que los brasileiros se cuentan a

sí mismos, desde distintos puntos de vista. Estamos ante una forma alternativa de organización y

clasificación de la realidad. Las variantes regionales de esa tabla periódica por lo menos coinciden en el

hecho de que México, antes que nada, es un fregués20.

2: El sueño sudamericano.

Das Fussballspiel in Brasilien

Huyendo de la persecución nazi, Anatol Rosenfeld se exilió en el Brasil a mediados de los años treinta.

Ahí continuó su obra, escribiendo cuentos, poesías y crónicas. Además se hizo de la oportunidad para

opinar sobre arte, teatro, filosofía, política y antropología. En la versión brasileña del ensayo Das

Fussballspiel in Brasilien, originalmente publicado por el Instituto (del todavía fugitivo) Hans Staden,

Anatol advirtió que: “entre los negros, mulatos y blancos pobres, había un gran número de jugadores de

primera clase, sea porque los ayudaba un talento natural, sea porque la `succión de subida´ y el

remolino de los chances del fútbol los envolvía y canalizaba, sea porque ellos, que no eran estudiantes

20 Cliente. Pelé dedujo que el problema de México es un problema psicológico.

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de medicina o derecho y frecuentemente no tenían una profesión, podían lanzar toda su pasión en el

juego; porque tomaban el juego en serio y no `tenían nada qué perder´[…] Dar puntapiés en una bola

era un acto de emancipación. De repente el propio juego se volvió para ellos un trabajo, y puede

igualmente relacionarse con la emancipación de los esclavos –en un país que nunca tuvo el equilibrio

de una ética puritana del trabajo- el hecho de que, por otro lado, muchas veces también el trabajo fuera

realizado como un juego” (1993:85).

El football de los ingleses estaba asociado a la fuerza, la disciplina, el método, lo colectivo y

todo aquello por lo cual el azar dejaría de manifestarse para repetir fenómenos como una máquina. En

América del sur, el fútbol practicado por gente que no podía comprar una perseguida se jugaba en

espacios irregulares a través de simulacros, de fintas, de engaños. La agilidad y el virtuosismo eludían

musicales el choque corporal con la nada. En tierras sudamericanas al fútbol mecánico le brotó un

genio que de pronto se escapaba.

3: Bangu.

El Bangu Athletic Club, fundado en 1904, propiedad de la fábrica textil Progresso Industrial de

capital inglés, fue el primero en alinear jugadores negros (1911). Percibieron que el fútbol era un

estímulo para los trabajadores pues aumentaba su sentido de pertenencia a la comunidad de la

empresa. Los directores de las fábricas colocaron a sus jugadores destacados en los trabajos más

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leves. Sin embargo, la práctica estaba subordinada a las actividades de producción fabril, y con todo su

entrenamiento –pero sobre todo por la falta de éste- los equipos de elite que llegaban a disputar

partidos contra los equipos de obreros generalmente ganaban. Los torneos oficiales eran de acceso

restringido y de carácter amador porque, supuestamente, nadie recibía una gratificación económica por

participar.

La segregación se disimulaba en un sistema nominalmente abierto. La práctica del deporte

bretón fue considerada una distinción social y un pretexto para teorizar sobre la supremacía blanca. Sin

embargo, la etiqueta permitía sus excepciones. Es el caso del negro Joaquim Prado, miembro de una

tradicional familia paulista y jugador del Paulistano, el club más chique de la ciudad fronteriza del

planalto.21 En sentido contrario, el primer jugador mulato del aristocrático Fluminense, Carlos Alberto,

interiorizando lo que informa cierta historiografía, se blanqueaba con polvo de arroz antes de entrar al

campo. Entonces a medida que el maquillaje iba cayendo los aficionados contrarios gritaban un pó-de-

arroz! pó-de-arroz! que, por supuesto, es todavía el sobrenombre del club.

Artur Friedenreich, hijo reconocido de un alemán y una lavandera negra, representa el primer

ídolo del deporte más popular en Brasil. Anotó 1, 329 goles; con uno de ellos la selección brasileña

venció su primer campeonato internacional en 1919, el Sudamericano, contra Uruguay22. La chuteira

con la que marcó ese gol fue exhibida en una joyería del centro de Rio de Janeiro como reliquia. Al

mulato Friedenreich (el Tigre, el Namorado de la América) lo utilizaría la propaganda oficial, años

después, en tanto figura reductora de antagonismos; la transparente metonimia del mestizaje bien

habido y, por ende, símbolo del Brasil.

Apenas en 1910, Rio de Janeiro (la tarjeta postal del país) fue el escenario de la revuelta de la

chibata23, un motín negro en cuatro navíos anclados a la Bahía de Guanabara que se la jugó en

superioridad de condiciones contra un sistema de suplicios y torturas existente en la Armada, propio de

21 Los jugadores del Paulistano se preciaban de ser paulistas de cuatrocientos años.


22 La ocasión inspiró en Pixinguinha el bello choro 1X0.
23 Azote.

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una mentalidad esclavista que no se mira a los ojos y que apenas acabado el estallido chibató a los

sediciosos. Estos habían amenazado con bombardear la ciudad maravillosa para que la injusticia

sucumbiera. Años después (1921) el presidente Epitácio Pessoa impidió que la selección brasileña de

futebol utilizara jugadores negros en la disputa por un campeonato sudamericano en Argentina, toda

vez que podrían ser llamados de macaquitos por la afición local, produciendo un desgaste en la imagen

internacional del Brasil.24

En 1915, un columnista de la revista carioca Sports denunciaba: “de modo que nosotros que

frecuentamos una Academia, tenemos una posición en la sociedad, hacemos la barba en el Salón

Naval, cenamos en la Rotisserie, frecuentamos las conferencias literarias, vamos al five o´clock...

somos obligados a jugar con un obrero, un limador, un tornero mecánico, un chofer y otras profesiones

que no están, absolutamente, en relación con el medio donde vivimos. En este caso la práctica del

deporte se torna un suplicio, un sacrificio, pero nunca una diversión” (Galeano, 2002:34). De manera

similar, en 1912, el atacante escocés Archie McLean, avecindado en São Paulo, se refería a los

refinados brasileños: “Habían grandes jugadores allá, mas eran terriblemente indisciplinados. Sus

payasadas no serían toleradas en Escocia. Durante algún juego, unos jugadores intentaron descubrir

quién chutaba más alto la bola. Yo puse punto final en ese tipo de cosa” (Bellos, 2003:39). Se sabe

que el gusto por la imitación cedió el sitio, paulatinamente, a la producción de diferencias contextuales.

La gente jugaba su pelada, su racha, su baba (como se le llama en baianês). Y toda hora era

buena para bater uma bolinha.

24 La virtualidad genera territorios para pasar a lo concreto. En 1996, Argentina jugó un partido contra Nigeria en el
campeonato sub23. Elias Farías, un brasileño de 45 años, trabajaba en Buenos Aires y vivía con una porteña en una
pensión cercana al bar donde estaba viendo con un amigo el partido. Torcía por Nigeria. El marcador fue favorable a
Nigeria. Su efusión no se debía solamente a la vieja rivalidad futbolera que separa a los argentinos de los macacos (dicho
sea con todo respeto, como aclaró en alguna ocasión un cronista de ATC). Además de ello, estaba contento y festejó de
antemano el asado que había ganado al capataz, en una fábrica de electrónica en la Matanza. Al parecer, se vio
prácticamente obligado a aceptar la apuesta. No se sabe exactamente si haya sido por el espíritu agonístico, por la
camaradería de un grupo de trabajo, por el honor masculino, por el pretexto de algo en común. Como sea, no llegó a ver el
asado que ganó limpio en el juego. Los primeros ataques los recibió de los contertulios que no entendían tanta euforia. Así
Elias resistiera con entereza y sin retroceder; algunos fueron en busca de ayuda. Entonces acudió el dueño de un puesto de
diarios frente al bar, con su barrita. De las que va al frente en todas. A partir de ahí, la ventaja sobre el brazuka fue
abrumadora. Lo tumbaron al suelo y le dieron hasta terminarlo. El amigo sobrevivió. (Romero, 1999)

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Coelho Netto y Lima Barreto. Academia Brasileira de la Rima

El fenómeno futbolístico ha merecido siempre una elección entre dos posturas: el amor defensivo o el

odio detractor (parece que los puntos medios de la indiferencia se alcanzan investigando sobre el

tema). Paulo Coelho Netto, hijo de un comerciante portugués y una tamoio, miembro de la Academia

Brasileira de Letras (profesor, político, abolicionista, literato), fue una destacada figura intelectual de

principios de siglo y, por sobre todas las cosas, un apasionado hincha del tricolor Fluminense. Siendo

diputado federal protagonizó (bastón en mano y acompañado por otros vándalos) la primera incursión

en el campo de que se tenga noticia en Brasil provocando la anulación de un juego que su equipo

perdía ante el Flamengo (hijo bastardo del Fluminense). Coelho Netto era un hombre bajo, flacucho y

miope que confiaba en los beneficios físicos y morales proporcionados por la práctica del fútbol aunque

le irritara esa misma práctica en las calles y los baldíos.

Coelho Netto compartía las ideas de Rousseau sobre las virtudes de la fatiga. En el Emilio

Rousseau propone la mortificación fortificante del cuerpo para controlar las pasiones adolescentes.

Peligros de toda índole se evitan engañando al espíritu mediante trabajos arduos. Coelho Netto

sostenía que la práctica controlada del fútbol era una saludable forma de liberar a la juventud de la

cachaça, el jogo do bicho, la samba y todo ese malandragem. El sentido de la colectividad del juego

conduciría a una propagación de aquellos sentimientos nobles (propios de razas superiores) como son

el respeto a las reglas, el espíritu cívico o el amor a la patria. Coelho Netto andaba en la búsqueda de

“crear en el país una nueva raza que dejase definitivamente atrás su malhadada herencia cultural”

(Normando, 2003). Un hijo del hombre de letras, Preguinho25, sería la encarnación de los ideales.

Campeón de básquet, de atletismo, de tiro (estuvo a punto de matar a una Reina de Inglaterra por

equivocación); también jugó polo acuático, voleibol, natación, hockey y, por supuesto, futebol. Marcó el

25 Clavito.

20
21

primer gol brasileño en una copa del mundo26. Años después, ante una mayor inclusión de jugadores

pobres en los equipos, Coelho Netto sustrajo las virtudes guerreras de defensa de la patria y decretó

que el fútbol es sobre todo una escuela de obediencia y solidaridad.

Por el contrario, el iconoclasta Lima Barreto27, consideraba aquel que llamó de bola-pé como

una de las formas más estúpidas de la dominación ejercida durante décadas por el régimen esclavista;

un elemento perturbador que contribuía a la desorganización de la vida urbana, que hacía aflorar

rivalidades regionales y que reproducía en la cancha los prejuicios de raza y de clase. Los footballers

no eran más que un discriminador grupo de ricos compitiendo entre sí, completamente ajenos a la

utilidad de las conductas; la del fútbol, era “una actividad de mamarrachos que se disponen

semidesnudos a dar puntapiés, soltar palabrones y envolverse en broncas” (Meihy, 1982:14). Lima

Barreto detestaba otras formas típicas de la modernización, como el cine y los rascacielos...

Así se refirió al laureado defensor del deporte de las patadas: “El señor Netto se olvidó de la

dignidad de su nombre, de su misión de hombre de letras, para ir a discursar sobre semejante futilidad.

Los literatos, los grandes, siempre supieron morir de hambre, pero nunca rebajaron su arte para el

placer simple de los ricos. Los que sabían alguna cosa de las letras y eso hacían, fueron los histriones;

y éstos nunca se sentaron en las sociedades sabias” (Pereira, 1998:200). Por lo tanto, Lima Barreto

organizó en 1921 una Liga contra o Futebol para combatir esa barbarie aristocrática basada en las

habilidades de los pies, una actividad inhibidora del desarrollo intelectual que disponía a su antojo de

los diezmos. Al final de cuentas los senhoritos financiaban sus viajes futbolísticos con dinero público,

una parte del cual eran impuestos pagados por los negros. Lima Barreto denunciaba que la

enaltecedora función social del bola-pé consistía en ofender a la mitad de la población brasileña.

26 El barón de Coubertin en una arenga sintetizó el tema: “si ustedes fueren más tarde un gran comerciante, un distinguido
periodista, un osado explorador, un industrial previsor [...] para todo eso es necesario que sean un hombre de iniciativa, un
buen jugador de fútbol, no teniendo miedo de los golpes, siendo siempre ágil, rápido en las decisiones, conservando la
sangre fría [...] yo adoraría ver que su atención se fijara en cosas distantes [...] que tuviesen la ambición de descubrir
América [...] el fútbol es el prólogo de todas las cosas” (Agostino, 2002).
27 Novelista y cronista, carioca y mulato, favorito de la vida turbulenta, que pasó al desamparo desde muy joven ante la

muerte de la madre y la locura del padre; fue internado dos veces en el Hospital Nacional por alcoholismo; separado de sus
funciones en la Diretoria de Expedientes da Secretaria de Guerra; luego influenciado por la revolución rusa, militó en la
prensa socialista; su obra estuvo fuertemente marcada por preocupaciones sociales y un sentido del humor ácido.

21
22

Habida cuenta que el sacro colegio del football actuaba como la iglesia y rechazaba ordenar padres

negros. Además su exclusión significaba un esfuerzo vano puesto que aún los blancos eran llamados

de macaquitos por los argentinos. La única solución viable sería contratar ingleses para representar al

Brasil en el exterior.

Como sabemos, la Liga no corrió con suerte. Casualmente, lo mismo sucedería en relación a

los intentos de Lima Barreto por ingresar en la Academia Brasileira de Letras.

Primeras letras

Hacia 1920 era analfabeta un 75% de la población brazuka. Por ende, hasta finales de los veinte la

prensa brasiliense (Varnhagen dixit) prefirió informar con detalle sobre hipódromos y turfe y no sobre

futebol. Años después, en los sesenta, el periodista botafoguense Stanislaw Ponte Preta (Sérgio Porto),

acostumbrado a revelar el festival de besteiras que assola o pais, el febeapá, podía decir con toda

tranquilidad: “quien dice que el fútbol no tiene lógica, o no entiende de fútbol o no sabe lo que es la

lógica” (Costa, 1994:85). Con un alto contenido dramático el fútbol se repite que es como la vida. Una

escenificación del dilema de la comedia social que guarda alguno de sus múltiples sentidos en el error.

Los primeros amateurs, los victorianos, advertían que no había que tomarse el deporte

demasiado en serio pues se corría el riesgo de no volver a tomar nada en serio.

Nombres de batalla en el medio futbolero

Canhoteiro, Cafunga, Astronauta, Quirino Pé-de-samba, Tromba, Veludo, Zé do Monte, Maizena,

Risada, Tesourinha, Pau Preto, Meio Quilo, Peruca, Fio Maravilha, Mário Bocão, Carlinhos Pé-de-

22
23

Vento, Tatu, Biguá, Bironga, Marciano, Feitiço, César Maluco, Alessandro Chicletão, Gilmar Fubá, Biro-

Biro, Cafuringa, Labilá, Beto Fuscão, Jorginho Pé-Murcho, Mauro Shampoo, Aílton Beleza, Fumanchu,

Picolé, Ventilador...

O time da virada

Según Bordieu el habitus tiende a reproducir el sistema de las condiciones objetivas del cual es el

producto. La comunicación a veces disimula las relaciones de poder y la violencia simbólica que existe

entre los seres humanos. Un principio silencioso de cooptación y reconocimiento opera las

clasificaciones para que éstas parezcan el destino que trazaron de antemano. Para Coulon (1995), así

visto, el habitus resulta una totalidad construida de una vez por todas que debería funcionar estable e

indefinidamente. Por fortuna, como señaló Abric (1994), existen dos sistemas: el central (representante

de la memoria colectiva, la historia del grupo, la consensualidad de la coherencia y de la rigidez) y el

periférico (flexible, evolutivo, sensible al contexto inmediato). Las representaciones se organizan en

torno de un núcleo central que tiende a resistir la mudanza. En el Brasil, la reproducción del racismo se

realiza a través de las interacciones diarias.

Como se ha dicho, la primera liga brasileña de fútbol fue creada en São Paulo en 1901;

estrictamente amateur. En 1905 surgió la Liga Metropolitana de Rio de Janeiro. Los clubes eran

asociaciones elitistas de carácter amador que a partir de la segunda década del siglo XX conocieron un

profissionalismo marrom o falso amateurismo que evitaba a los jugadores negros en la medida de lo

posible. (Lo posible, como de costumbre, depende por donde se lo vea.)

A principios de los años veinte el Vasco da Gama (un club de suburbio carioca) empezó a

preparar la desestabilización de una hegemonía dominante en el fútbol.

23
24

Los portugueses en Brasil pelean con fuerza por el primer lugar como objeto de piadas28.

Algunos eran dueños de almacenes; conocemos el mecanismo. Los avecindados en Rio de Janeiro

fundaron el Vasco da Gama en 1915 con la intención de saldar algunas cuentas a las patadas29 (Silva,

1999). La mayoría de los jóvenes portugueses entraban a trabajar en las casas comerciales de la

comunidad y no tenían tiempo para estar jugando; sin embargo, ésa no fue la única razón por la cual

los del Vasco seleccionaran a sus jugadores entre los cracks de las ligas suburbanas sin importarles el

color de la piel (los negros tenían que ser muy pero muy buenos). Sus jugadores de alquiler debían

dedicarse de tiempo completo al futebol en un régimen casi monástico. Recibían alimentación, casa,

uniformes. A cambio, el Vasco en campo era un escrete30 de suburbio.

En 1923, el Vasco subió a la elitista primera división del fútbol carioca (la Liga Metropolitana) y

terminó campeón. Para la siguiente temporada los clubes de elite se desligaron de la Metropolitana y

crearon la Asociación Metropolitana de Deportes Atléticos. El Vasco quiso entrar pero los asociados

plantearon exigencias basadas en la distinción social. Los jugadores de la nueva liga debían saber leer

y escribir (los del Vasco enseñaron a sus empleados a escribir por lo menos su nombre o uno

estandarizado, Silva, cuando el asunto era complejo); los jugadores estarían sujetos a una investigación

para verificar sus medios de manutención (los del Vasco dispusieron empleos de fachada en sus

tiendas) y por último, el club debía poseer un estadio. Los del Vasco no tenían estadio y no podían

inventarlo de la noche a la mañana. En 1926 iniciaron la construcción del São Januario en el barrio de

São Cristovão. Inauguraron el estadio con capacidad para cincuenta mil personas en 1927. El fútbol ya

era un negocio rentable para los clubes. El estadio y su función integradora se utilizaron en los años

28 Bromas. Alusiones maliciosas.


29 El departamento de futebol fue fundado ese año. El club deportivo existe desde 1898.
30 Según el diccionario Houaiss escrete viene de scratch en su acepción de línea o marca diseñada para servir de punto de

partida. Según Alex Bellos fue común en Inglaterra hablar de un scratchteam cuando el equipo se había armado en el último
minuto, pero ignora cómo fue que la transliteración cambió su significado en el Brasil. Escrete se refiere a un equipo con los
mejores jugadores. Según la revista Placar el término es una abreviación de aquel scratchteam por equipo escogido a dedo
y por extensión el equipo formado por jugadores seleccionados en diversos clubes para representar una entidad oficial, una
ciudad, un país. También habrá quien diga que escrete entró a la gíria deportiva brasileña a través de un particularismo
porteño que en las carreras inglesas y nacionales de Buenos Aires definía como scratch al caballo favorito. ¿Qué no dirá el
idioma burrero? En todo caso, actualmente el término escrete sólo se utiliza en términos paródicos.

24
25

treinta para la organización de grandes manifestaciones cívicas. Como la promulgación de las leyes

trabalhistas, la institución del salario mínimo y las fiestas del siete de septiembre (el día del nacimiento

de la deuda externa, la independencia de Brasil). El Vasco dominó el fútbol carioca en los cuarentas, se

le conocía como el Expresso da Vitória. Fue la base del equipo que perdió la final del cincuenta en un

Maracanazo que todavía mira estrellas en el mar de la memoria.

4. Campeones vascaínos.

El Vasco, el equipo de los cruzmaltinos, fue un factor para la democratización asistida del fútbol

brasileño al incorporar negros, mulatos y blancos pobres en el duelo de los bien nacidos. A través de su

juego la audiencia también se masificó.

El Vasco abrió el fútbol a la participación de todos. Profesionalizó el ambiente. Antes de la

institución varguista del fútbol profesional se habían establecido premios y salarios indirectos. El bicho,

por asociación al juego de lotería, se consolidó en el Vasco; la expresión se refiere al valor de la

gratificación por buenas actuaciones que recibe el jugador; todavía se le denomina de este modo.

25
26

“Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad” (Borges, 1985:72)

El popular jogo do bicho es un juego azaroso (probablemente originario de Camboya) que surgió como

un divertimento de la alta sociedad fluminense31. Con el advenimiento de la república el barón João

Baptista Vianna de Drummond dejó de recibir la subvención monárquica a la que estaba bien

acostumbrado. Por suerte, para él, era dueño del jardín zoológico de Rio de Janeiro. El mexicano

Manuel Zavala o Zevada le dio la idea de invertir en el juego del bicho. Entonces, los visitantes del

jardín recibieron un papel con la indicación de un animal entre los 25 que se exhibían en el zoológico

para un sorteo que proporcionaba una cuantía veinte veces superior al costo del ingreso. En la taquilla

no se vendieron más boletos, los visitantes pedían un puerco, una vaca, un perro... Zavala o Zevada

fue premiado con la gerencia del jardín. Intentó lucrar con un juego de flores pero no funcionó pues

como decía el barón: los animales son los suburbios del hombre. Sin embargo, Zavala o Zevada está

reconocido en la calidad de contertulio del primer bicheiro y como tal, es una figura arquetípica del

malandragem carioca. El juego del bicho se expandió por toda la federación y vive entre tapas e

beijos32 con la ley, conforme a las conveniencias. Es ilegal pero supone simplemente una contravención

y no un crimen. Las redes que reciben las apuestas gozan de cabal salud, pues la esperanza por salir

del anonimato no ha muerto. Se permite apostar cualquier cantidad y por tanto la riqueza súbita está al

alcance de todos. Mucha gente lo juega a través de la interpretación de los sueños. El jogo do bicho

constituye una de las pasiones centrales que conforman el estereotipo del pueblo brasileño junto con el

carnaval y el futebol. En su calidad de disolventes de la agitación.

31 Esto es: de Rio de Janeiro.


32 Palmadas y besos.

26
27

5. Jogo do bicho.

Como si hubieran quedado atrás las peleas de gallos (apenas en 2004 arrestaron en una de

ésas al publicista Duda Mendonça, ideólogo de la campaña de Lula en 2002). Es que hay diversiones

saludables y eso no comulga con las peleas de gallos, perros, canarios (pero la evidencia destaca una

profunda conexión entre el deporte y las apuestas). En el siglo XIX las peleas de gallos eran tan

populares que Machado de Assis las llamaba de jockey club de los pobres. Fueron consideradas una

práctica deportiva en ciudades con poca diversión. Sus avatares eran cubiertos por los diarios. Lo

mismo ocurría con las corridas de toros, las touradas en formato portugués. Fueron un deporte muy

popular en el siglo XIX; no mataban al toro, sólo lo martirizaban. Por lo general el público criticó esas

corridas. Críticos ardientes llegaron a destruir las instalaciones. La organización del espectáculo era

mala y era baja la calidad de los toros; unos muy mansos. En la tauromaquia brasileña brilló con luz

propia Adelino Raposo.

Hasta 1920 llegó a resistir una plaza de toros en el barrio de Flamengo.

Gallos, toros, pelota vasca y aún el juego del bicho se consideran públicamente como rémoras

bárbaras de un bicho, un país, que desea ser moderno y vertiginoso.

27
28

Tenentismo y Depresión

El positivismo fue la matriz ideológica de los tenientes que en 1922 desafiaron la mezquindad del

gobierno federal (la Vieja República) y las oligarquías regionales (paulistas y mineiros).

La columna del teniente Prestes, una fracción de este movimiento militar así llamada en honor

a su líder, recorrió en el lapso de tres años 33 mil kilómetros del interior brasileiro a la manera de los

penitentes, trabando en el camino caninos combates. Incluso el cangaceiro Lampião33 fue contratado

para acabarlos. Infelizmente, la columna no tuvo la fuerza para derribar al gobierno federal ni consiguió

rebelar a ningún miembro del pueblo contra el régimen. Agotada pero invicta, la columna se internó en

Bolivia. Luiz Carlos Prestes, gracias a la hazaña, ganó el sobrenombre de Cavaleiro da Esperança.

Tiempo después se convertiría en el secretario general del Partido Comunista Brasileiro, el Partidão.

Con el paso de los años, Prestes conseguiría ser, a su modo, como el rábano: rojo por fuera, blanco por

dentro y siempre en el lado donde el pan está untado de mantequilla.

Durante los años veinte el comercio y la industria prosperaron gracias a un mercado

consumidor formado por los moradores citadinos. A los impacientes debió causar una fuerte impresión

la creciente velocidad de los medios de comunicación y de transporte (coches, tranvías, trenes,

telégrafos, radios, teléfonos, bolsas de valores, fonógrafos, películas, nuevas drogas). Las mujeres

respetables fumaban, iban sozinhas al cine, enseñaban las piernas, imponían la moda de los hombres

que querían vestirse como mujer.

El mismo año de la Depresión34 la oligarquía paulista se enfrentó a los mineiros y gaúchos sin

mucha fortuna. La eficiencia acumuladora de la economía cafetera se estaba agotando. La participación

de Brasil en la primera copa del mundo en Uruguay (1930) estuvo marcada por la discordia del eje Rio-

SP. Sin oportunidad de jugar, los paulistanos conmemoraron el fracaso de la organización carioca y

33
El padre Cícero fue quien lo invitó a integrar un Batalhão Patriótico en el combate a la columna.
34 El juego denominado Monopoly apareció como resultado de la misma.

28
29

realizaron en el viaduto do Chá el entierro simbólico de la Confederação Nacional de Desportos

(Agostino, 2002). Esa confederación fue creada en 1916.

Fútbol sudamericano

De forma cada vez más frecuente, dirigentes de equipos europeos llegaron a América del Sur para

reclutar talentos argentinos, uruguayos y brasileiros. Antes de la formalización del sistema profesional,

los jugadores podían abandonar los clubes sin represalias. Se sabe de uno que aprovechó la ocasión

de su último partido en tierras americanas para golpear al árbitro en plena cancha. Hacia 1931,

cuarenta jugadores brasileiros habían sido transferidos para actuar en equipos italianos. Los jugadores

salieron principalmente de São Paulo. Uno de ellos, el atacante corinthiano Filó, Amphilóquio Marques

Guarisi, fue el primer brasileño campeón del mundo, sólo que jugando para la selección italiana, la

squadra azurra de Mussolini, en la copa de 1934. Los jugadores blancos del Brasil podían ejercer su

talento de aire acondicionado en Europa; mientras que los negros estaban limitados al éxito local del

abanico. De cualquier manera, ya era evidente, aún para los europeos, que la bola se trataba mejor en

Rio y La Plata35.

Amilcar Barbyun lo dijo así: “Voy para Italia. Me cansé de ser amateur en un fútbol donde esa

condición dejó hace mucho tiempo de existir, todo está contaminado por el régimen hipócrita de la

propina que los clubes dan a sus jugadores, reservándose el grueso de las rentas. Los clubes se

enriquecieron y yo no tengo nada. Voy para un país donde saben remunerar la capacidad del jugador”

(Caldas, 1994:45).

35En 1923 el Gráfico argentino advertía que “entre los sudamericanos existen esas diferencias de estilo. Los argentinos se
han distinguido por rápidas arremetidas a pases largos, terminados con potentes shots. Un juego muy distinto es el de los
uruguayos, quizá más brillante pero menos eficaz. Pases precisos, cortos, con poco trabajo de las alas, siempre próximo al
arco contrario, aunque sin rematar bien al ataque. Los chilenos, un juego completamente abierto y violento, carente aún de
táctica, sus hombres hacen derroche de resistencia física. Los brasileños con táctica semejante a la de los uruguayos
aventajan a éstos en sus tiros al arco hechos a toda carrera. Los paraguayos tienen un juego semejante al de los
argentinos” (Archetti, 1995:4).

29
30

Jaguaré

Jaguaré Bezerra de Vasconcelos fue estibador por necesidad y goleiro por vocación. Tenía un espíritu

humorista, era un moleque brincalhão. Cada partida inventaba una jugada nueva para desmoralizar al

adversario. Desde fines de los años veinte y durante todos los treinta, Jaguaré fue considerado el mejor

arquero del Brasil. Jugó para el Vasco y después para el Barcelona y el Olympique de Marsella. En

Europa sus bromas y estilo relajado no eran del todo bien vistos. En algún juego defendió su marco con

una chilena. Después de una atajada, jugando en Inglaterra, arrojó la bola a la cabeza de un rival. Sin

embargo, fue más por miedo a la guerra que volvió al Brasil. A su regreso jugó para el Corinthians, pero

ya nada era lo mismo. Volvió a trabajar como estibador y después murió en la miseria de los golpes de

la policía en la ciudad de Santo Anastácio, en el interior de São Paulo (Mendes, 1998).

La Revolução del treinta

Una voz interior decía incesante: debemos hacer la revolución antes de que el pueblo la haga. Como en

otras partes del mundo, en Brasil, ciertas clases dirigentes gestaron un ideario de inspiración fascista

en nombre del orden y el progreso que se habían quedado en la bandera. La Revolución de los

Tenientes dio un golpe a la República Velha en 1930 y tiró al presidente paulista fraudulentamente

electo para poner en su lugar al gobernador gaúcho Getúlio Vargas (gobernador de Rio Grande do Sul;

el estado de la bandera roja, verde y amarilla). La plutocracia ligada al comercio de exportación tuvo

que hacer un espacio para la industrialización que proyectaba unificar el mercado nacional sin realizar

una reforma agraria.

30
31

6. Getúlio.

Los tenientes no sólo ocuparon gobiernos estatales y puestos estratégicos en el área militar. A

través del Club Tres de Octubre definieron el ideario de una República unitaria y nacionalista en

oposición al federalismo (considerado la ideología oficial de los oligarcas regionales).

Con justa razón Aspásia Camargo considera que el golpe militar de 1964 “fue, en realidad, un

retorno al primer ciclo getulista iniciado en 1930. La Revolución de los Tenientes se repite, 30 años

después, como la Revolución de los Generales. Algunos de los principales tenientes que prepararon la

Revolución de 1930 se convirtieron en los generales de 1964, como fue el caso de Cordero de Farias,

Juárez Távora y Eduardo Gomes. El general-presidente Geisel había sido, en 1933, secretario de

Hacienda del gobierno revolucionario de Paraíba. Otro general-presidente, Costa e Silva, participó en el

movimiento tenientista de 1922. La colaboración activa que los tenientes prestaron al primer gobierno

de Vargas incluyó la lucha por la centralización política y por la reforma del Estado (1930-1945),

además de la preocupación por crear empresas estatales, expandir las redes de comunicación y crear

fuentes de energía. Las mismas preocupaciones se repetirán con idéntico énfasis en el régimen de

1964” (1993:309).

En sus Memórias do cárcere, el querido Mestre Graça (Graciliano Ramos) denostó el

palavrório chocho de la demagogia tenentista de los años treinta: “Latrocinios, confusión, malos

31
32

entendidos, una ola de estupidez que todo lo inunda, charlatanismo, energúmenos microcéfalos

vestidos de verde para desgañitarse en discursos imbéciles, para sembrar delaciones” (1992:51).

Getúlio Vargas fue una manifestación del cientificismo brasileño, tal vez la más acabada.

Estaba empeñado en transformar las cuestiones políticas en problemas técnicos. La herencia del

castilhismo gaúcho lo convenció de que o regime parlamentar é um regime para lamentar. En 1931

declaró a su nación: “La época es de las asambleas especializadas, de los consejos técnicos

integrados a la administración. El Estado puramente político, en el sentido antiguo del término,

podemos considerarlo actualmente una entidad amorfa que, poco a poco, va perdiendo valor y

significado. Considero oportuno el momento para la cancelación de antiguos códigos y la elaboración

de nuevos. La vieja fórmula política, patrocinadora de los derechos del hombre, parece decadente. En

vez del individualismo, sinónimo de exceso de libertad, o del comunismo, nueva modalidad de la

esclavitud, debe prevalecer la coordinación perfecta de todas las iniciativas circunscritas a la órbita del

Estado, y el reconocimiento de las organizaciones de clase, como colaboradoras de la administración

pública” (Paim, 1978:75).

La revolución constitucionalista fue un movimiento organizado por la oligarquía de São Paulo

que llevó a muchos jugadores del fútbol regional a participar de la causa. Friedenreich donó trofeos y

medallas; comandó una tropa (Santos, 1981). Los ejércitos paulistas no llegaron muy lejos y sólo

consiguieron que una asamblea constituyente eligiera a Vargas para ocupar la presidencia con todas

las de la ley.

Entre otros órdenes de su incumbencia, Getúlio impuso disciplina en el área deportiva (la

Asociación Paulista de Deportes Atléticos se instituyó en 1931; la Liga Carioca de Fútbol en 1933; la

Confederación Brasileña de Deportes creó una Federación Brasileña de Fútbol para profesionales

marrom; finalmente, se trataba de un elemento favorable a la identidad nacional; por ello el Estado

procuró la integración de los dos principales centros deportivos del país. En 1933 Vargas dispuso una

copa RJ-SP (entre los campeones de ambos torneos). El potencial del fútbol (un canal de comunicación

32
33

con el espectro de las masas) estaba demostrado en el caso italiano de los fascistas y en el alemán de

los nazis. En 1937 el gobierno revolucionario de Getúlio Vargas reconoció a través de su órgano

federal: la Confederación (centralizada) de Deportes, el régimen profesional en el fútbol brasileño.

Como todo trabajador asalariado, el jugador de fútbol fue obligado a sindicalizarse en otro más

de esos organismos controlados cuyos líderes se conocen como pelegos36. A cambio de una legislación

laboral y de justicia del trabajo (proclamada en un São Januario abarrotado), los sindicatos perdieron su

autonomía y quedaron bajo la tutela estatal.

La popularidad del fútbol en la tierra sin mal (un síntoma ufano de su importancia creciente en

el imaginario) era un bien común que ha expropiado para capitalizarse el Estado brasileño desde

Vargas. A partir de la evocación de sentimientos nacionalistas se pretende provocar un apoyo del tipo

incondicional en otros campos. Así pues, Vargas confiscó la organización y preparación de la selección

nacional para el mundial de 1938 en Francia. Promovió una campaña de recaudación de fondos para

que el escrete viajara con más comodidad y para que se hospedara de mejor forma en Europa; a mayor

confort, mayor disposición y aplomo. Exacerbado, el nacionalismo brasileño tenía la trompa, las orejas y

los pies en los campos franceses. Getúlio no perdió la oportunidad para nombrar a su hija Alzirinha

como madrina de la selección nacional.

Funcionalidad simbólica

El juego inventado por los ingleses, o jogo bretão, se convirtió (y lo convirtieron porque había terreno)

en la afirmación verdadera del Brasil y cobraba cada vez mayor importancia política, en tanto

manifestación popular de masas. Para los revolucionarios técnicos de una milicia gaúcha la

espontaneidad individual, característica de una supuesta brasilidade, necesitaba una organización que

36 La piel de cordero que se coloca entre la silla de montar y el caballo. Persona servil.

33
34

imprimiese disciplina. Los patriotas debían realizarse a través del trabajo productivo, dirigido hacia el

fortalecimiento del bien común. La educación física había ganado mucho prestigio como campo de

conocimiento para entrenar la mente. El deporte sería un supuesto de racionalidad operativa y de

eficacia competitiva que parte de la existencia imaginaria de operaciones neutras.

“El raciocinio está fuertemente tentado a ver el fútbol como un terreno propicio para representar

simbólicamente las relaciones existentes en una sociedad competitiva, como las occidentales, y a

legitimar las desigualdades sociales resultantes. Se le puede encarar como una especie de lenguaje

ritual que dice: las oportunidades iniciales son las mismas, todos están sometidos a las mismas reglas;

si, no obstante la igualdad de oportunidades, hay vencedores y perdedores, esto se debe justamente a

los méritos de cada uno; o, entonces, a la intervención ciega de los factores de la suerte. Así mismo, de

modo semejante a lo que se quiere que se piense ocurre en la sociedad, las derrotas en el fútbol son

efímeras: siempre es posible `levantar la cabeza y salir para la otra´. Se comprende entonces que

exista en el fútbol una dimensión política latente, que tal vez responda por la larguísima aceptación que

o violento esporte bretão ha tenido en las competitivas sociedades industriales: en los intersticios del

lenguaje futbolístico se pueden encontrar, expresados de manera connotativa, mensajes virtuales sobre

igualdades y desigualdades sociales” (Rodrigues, 1992:81).

A Torcida

Amigos, cierta vez escribí lo siguiente: la actriz o es actriz o es inteligente. Diría yo


que lo mismo acontece con el fútbol. El torcedor es torcedor o es inteligente. Una que
otra vez, sin embargo, se juntan cuatro o cinco torcedores inteligentes. ¿Me
entienden? Inteligentísimos. Y es una delicia completa, aún más cuando hay un
mayordomo de levita, como en los filmes policíacos de Agatha Christie (Rodrigues,
2002:177).

34
35

Para Canetti el hombre y la sociedad son productos de un conflicto. El orden, la jerarquía y las

distancias individuales surgen a partir del temor al contacto con los semejantes. Este miedo se disuelve

en la masa. “En la masa ideal todos son iguales, todo pasa como en el interior de un cuerpo único. Tal

vez esa sea una de las razones por las cuales la masa busca concentrarse de forma tan densa; ella

desea liberarse tan completamente como fuera posible del temor individual del contacto. Cuanto más

enérgicamente los hombres se aprietan unos contra otros, tanto más seguros ellos se sentirán de no

temerse mutuamente. Esa inversión del temor del contacto es característica de la masa” (1995:14). En

el contexto del fútbol Rosenfeld explica: “La victoria de su equipo, que se transmite para el grupo

entero, significa un triunfo colectivo, un incremento de la honra y del poder al mismo tiempo, una

revelación del curso feliz de las cosas“. (1993:102)

Así pues, en Brasil (como en una buena parte del mundo) junto con la propagación de la

práctica del fútbol surgió entre los espectadores una identificación progresiva de fratría, de clan

totémico, relacionada con alguno de los equipos contendientes. El sustantivo torcedor designa la

condición de aquél que alentando una parcialidad tuerce casi todos sus miembros en la esperanza

apasionada de la victoria. Por lo tanto, en Brasil, torcedor es aquel ciudadano que manifiesta sus filias y

fobias desde las parciales tribunas de las canchas, como si pudiese contribuir con la conducta al triunfo

de su equipo. Algo que a veces acontece...

Verdaderas multitudes, torcidas, acudieron cada fin de semana a los estadios de Rio y São

Paulo, configurando un nuevo espacio de sociabilidad. Los hinchas se volvieron parte esencial del

juego; un espectáculo aparte37. La charanga que apoyaba al Flamengo utilizaba uniformes, música y

fuegos de artificio. El género de la torcida uniformizada fue ampliamente cultivado hasta los años

sesenta. Por lo general los grupos de animación estuvieron vinculados a clubes, políticos, funcionarios

de las federaciones, dirigentes. En los años ochenta se consolidaron las torcidas organizadas,

37 Ya en los cincuenta, Nelson Rodrigues encontraba el fútbol empobrecido líricamente por la desaparición de torcedoras
histéricas. Que si bien no están extintas, tenemos por escasa su grandilocuencia operística.

35
36

entidades burocratizadas con estatutos y normas propias aprobadas por los miembros según las

normas y estatutos aprobados por los de más alta jerarquía. Uniformizada es infiltrada y no es

organizada.

Según Giulianotti (1996), el proceso de construcción de significados identitarios en el universo

del fútbol depende de dos principios: el semántico que establece lo que se es y el sintáctico que indica

lo que no se es.

En un laberinto de relaciones humanas los torcedores viven la fuerza del ritual en el triunfo, el

empate o la derrota (sus niveles de sarcasmo son defensas incluyentes pues participan de la fatalidad).

La elección del club del corazón, topos corporal en el que se representa la emoción del sol, se

realiza desde muy temprano. Freyre decía que la masa se comporta, delante del ídolo, como el gato,

que enroscándose a la pierna de su dueño, parece adularlo cuando, en verdad, acaricia

voluptuosamente su propia piel y pelo (Rosenfeld, 1993:93). De modo aparentemente irreversible el

futebol, que tanto desagradó a Graciliano, se ha instalado como un referente simbólico de la identidad a

la brasileira.

En el contexto del Atlético Mineiro, o Galo, Roberto Drummond (autor de Sangre de Coca Cola)

ejemplifica la cuestión: “Se houver uma camisa preta e branca pendurada em um varal, durante uma

tempestade, o atleticano torce contra o vento”.

El viento del rey luego es como una cáscara. En la óptica de la gestión empresarial orientada a

la ética del lucro (por estrategia de marketing) el torcedor es un ser con bajo grado de

comercialización. Vale más un cliente y un consumidor del evento que es el espectáculo.

En 1992 la FIFA (antidemocrática e impune) decretó que no admitiría un segundo más a los

asistentes de pié en los estadios. Las terraces, los skop del fútbol inglés donde los poetas cantaban las

batallas se hicieron camarotes de un barco VIP. Es el horror que las elites sienten ante la organización

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libre del povão, ya sea en el caso de la gangue (la gang, la pandilla), el sindicato, la escuela de samba

o la torcida de futebol.

La transformación brasileña de los clubes de fútbol en empresas resulta contradictoria para un

sector de la población que asume los destinos de los clubes de fútbol como propios sin que le

pertenezcan jurídicamente. Los dirigentes la tienen más clara. En Curitiba, los del Atlético destruyeron

un estadio para construir otro más moderno. Lamentablemente la Arena da Baixada todavía carece de

una tribuna que cierre el anillo porque el dueño del terreno vecino es del equipo contrario (el Curitiba) y

además hay una escuela que se mudará hasta 2007. La Arena tiene forma de C por el momento. El

Atlético ganó el campeonato brasileño de 2001 y quedó segundo en el de 2004. Se mantiene a la alza.

En la tentativa deliberada de alejar a un sector de su torcida aumentó el ingreso (llega a costar 50

reais). También prohibieron la entrada de torcedores portando banderas, cargando tambores,

extendiendo pancartas o vistiendo las camisetas de las torcidas organizadas.

El presidente del Atlético Paranaense lo explica muy bien: “El povão ya no va a ningún lado

hace mucho tiempo. Quien hace exclusión social no es el Atlético. Buena parte de los que reclaman son

aquellos que después de salir del estadio van a beber y asaltar” (Placar 1270, 2004).

En el Caio Martins Jr. del Botafogo (un estadiecito de doce mil personas) los socios del club

(los pobres) tienen cadeiras VIP, los socios ricos tienen camarote VIP. También algunas empresas (que

por ninguna razón serían socios del Glorioso) compran por una temporada su cuartucho pavimentado

para alegrar la vida de los empleados del mes. Las torcidas organizadas del Botafogo tienen su lugar

reservado en unas precarias tribunas tubulares (son mayoría en el Caio y ninguno es socio del club).

Gritan de todo cuando aparece el presidente botafoguense. Los socios brincan por su líder y se arma el

traca-traca. El presidente no monta buenos equipos porque su prioridad son las reformas estructurales.

El Botafogo da pena y los torcedores tiemblan con las estructuras metálicas.

El estadio como un galvanizador do povo está pasando de moda. En el discurso también

resulta anacrónica la gestión tradicional de los clubes. Un tipo de administración en el que el dirigente

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(el cartola) actúa como un torcedor o como un amateur; practicando una política de intercambio de

favores; practicando el paternalismo con empleados y público; practicando el culto de su personalidad.

Su contraparte, la gestión moderna de los clubes busca convertirlos en empresas dirigidas por

profesionales (que siempre son los mismos cartolas o sus hijos o los hijos de sus hijos, después de

haber tomado un curso de capacitación).

El periodista Washington Rodrigues denominó como arquibaldos a los que se sentaban en

arquibancadas cubiertas y como geraldinos a los de a pié en las gerais sin sombra. La maximización

del lucro contempla la extinción de los geraldinos. Máxime si Brasil pretende ser el país anfitrión de la

copa del mundo 2014. El modelo platónico de los nuevos escenarios es un shopping center, un mall

aséptico.

En las gerais la gente podía circular y agruparse a su buen entender, con la tribuna cubierta de

asientos se intenta imponer un límite para la libre asociación de los torcedores. En lugar de

aglomeración espontánea, predeterminación. Vigilancia omnipresente. Castigo al uso de palabras,

gestos, cantos, símbolos (las torcidas organizadas de São Paulo fueron prohibidas de ostentar su

adscripción en los estadios desde 1994 hasta 2003). El argumento que esgrimen las autoridades

deportivas (empezando por Europa) es el de la propia seguridad de los asistentes. Lo que se busca es

una tribuna pasteurizada de cuerpos dóciles.

Los espacios tradicionales de las hinchadas serán sustituidos por suites ejecutivas. En las

copas del mundo los torcedores tradicionales, criaturas dispensables y fastidiosas, ya fueron sustituidos

por agrupamientos formados en agencias de viajes. Algunas empresas contratan torcedores

uniformizados que portan camisetas nacionales con el logotipo de la Coca-Cola, McDonald´s,

Panasonic, Samsung…

El banco ABN-AMRO llevó a 900 clientes al mundial de ´98 en Francia. Los clientes eran

funcionarios de revendedoras de autos que financiaba el banco. Fueron premiados según criterios de

eficiencia de ventas (Oswaldo Cruz, 2005).

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En 2002 el congreso brasileño aprobó el Estatuto del Torcedor; entre los beneficios para el

torcedor encontramos su monitoreo a través de circuitos cerrados de televisión.

Schreber padre podría prestarles una de sus invenciones para corregir la postura ante la mesa

donde transcurre callada la cena.

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