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En tus ojos refleja el rocio, el más claro fulgor del cielo

,
y tus manos con las mías, comparten el calido abrazo del fuego,
¿qué es lo que haremos?, ¿perecer entumecidos ante el poder perplejos?,
¿o rendir batalla espalda con espalda, hasta vencer en nosotros los miedos?.
Y habiendo vencido la noche anterior, levantaremos al alba el vuelo,
Dejaremos atrás para siempre, el servil silencio del cementerio.

No cabemos ni en jaulas ni en tumbas,
nuestra libertad no la frenará el humano,
envuelto en codicia, apatía y hierro,
los oprimidos un día dejarán el juego;
Ese será , señoras y señores,
de todos los días el más bello.

Pero al temple lo aplasta el tiempo,
la alegría perece en manos del orden,
y todo lo cubre una espesa bruma,
que ni la más agil fiera logra morder.

El rocio hoy se refleja en el suelo,
con las entrañas destrozadas, ardiendo muerto,
esperando el día en que quebremos el espejo,
y la libertad, ágil liebre, se hará un lugar en el tiempo.

Desde la muerte del tiempo; mi templo,
te imploro musa de hielo que encantes el viento,
que me atrapes con tu bruma de encanto mi mente,
y que ambos envueltos en la danza del vientre,
Descubramos nuevos horizontes, escalemos nuevas pendientes.

Te pido Flor, que no marchites, que no te apagues,
esta estatua de dolor y hierro promete no consumirte,
Pero no te vayas, no claudiques, querámonos antes de que cualquier excepcion se dicte,
y si mañana nos separa un río, pues que fluya y nos alimente,
como me alimentan de vida tus besos,
oh flor triste, el cielo quiera que no te marches.

Que queda por hacer? Despistados preguntan, magistrados y maestres,
los genios están de paro, y el sol amenaza a un lado, con su calor abrazador,
que nuestro hogar ha traspasado.
¿Qué prometen los años?, más que la pobreza y pudrición de antaño?
El carrusel sigue girando, y con el nos quemamos.
Mañana, tarde y noche, por la revolución rogamos.

Nací muerto, y en el ocaso tu cariño mendigo,
oh maldito tiempo, tantas flores contigo se han ido,
y qué me has traído? La misma rabiosa miseria de antaño,
Escúcha mi alarido, no hagas más oidos sordos,
Deja que implore una vez más por tu clemencia,
dejame morir, aunque sea deshauciado,
Mostrar resistencia me tiene cansado,
porque entre tanto mordisco,
es mi corazon el que acaba rasgado.

que busque otra presa. que el viento no te detenga. que te encienda. se suceden botas y muertos. . y se torna aún más torentoso. Desde su muerte la tormenta me aulla. Que de confines vengo y el abrigo que tengo. y que diluyas tu bondad infame. que te inflames. los despojaron de todo por ser rebeldes. y su eco resuena en la cabeza. me persigue incansable. Calamitosa rabia. Que porfavor se detenga. con los años solo crece. por los siglos de los siglos. El siervo no pudo escapar del tren.Esto sigue? La historia aún no ha terminado. me arranca trozos. y su denso atado de redes. Y nuestros temples achacados por el paso diario. en las aguas - buscan ansiosos los billetes. no me alcanza en invierno. Voráz. la ausencia entienda. se derrumban vencidos por la tristeza. matan al vecino Miles de ojos verdes. que no ignore más el hastío y que de una vez. le imploro cada noche que cese su fuego. Que el conocido final. Tus risas musicalizan tu vereda del río. amén. Y con las rodillas tocando el suelo. no le reste valor a tus pasos. ¿por qué conmigo?. ¡y qué río el que nos separa.

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