Está en la página 1de 1

Que el sueño de mi se apiade, pues partir de este trance no puedo

,
en mi mente la consciencia se ha vuelto un cuervo, y me hastia día y noche,
¿por qué a mi? No lo entiendo!!
No puedo huir, y aunque pudiese, no es lo que quiero
Me quedo aquí, envuelto en las negras alas de mi animal fiero,
Y mientras avanza la oscuridad, el largo cabello de la muerte desenredo.

Que la noche se apiade de mi, que en su regazo me de un respiro,
pues vivir en eterno exilio es un castigo, y que triste castigo...
Pero no me puedo rendir, y aunque pudiese, no es lo que quiero.
Me quedo aquí, arropado por el follaje de los robles,
observando su ciudad, planeando certero el futuro incendio.

Que las voces de mi se apiaden, y guarden silencio por tan solo un momento,
Su pernicioso y continuo flujo, las alas me cortó de pequeño,
y ahora que puedo volar, aún me hacen creer que no puedo.
Pero no puedo hacer oidos sordos, y aunque pudiese, no es lo que quiero,
Me quedo escuchando los cantos, ayudado por la luz en que creo,
rogando a las sirenas que vengan , y que mañana su voz les traiga el infierno.