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2 Revista Peruana de Derecho Internacional
3

REVISTA PERUANA
DE
DERECHO INTERNACIONAL
ÓRGANO DE DIFUSIÓN DE LA SOCIEDAD PERUANA
DE DERECHO INTERNACIONAL

SEGURIDAD INTERNACIONAL

TOMO LVII ENERO - ABRIL 2007 N° 134
LIMA - PERÚ
4 Revista Peruana de Derecho Internacional

REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL
TOMO LVII ENERO - ABRIL 2007 N° 134

Hecho el Depósito Legal N° 99-1510

La responsabilidad de las ideas y opiniones
sustentadas en los artículos y notas corresponde
exclusivamente a sus autores

Sociedad Peruana de Derecho Internacional
Jr. Miro Quesada N° 247, Oficina N° 508, Edificio "Rimac International", Lima 1
- Perú
Teléfono: 426-5653
E. mail: spdi@rree.gob.pe
Apartado 686 - Lima 1

Impresión
EDICIONES MISKY
«edicionesmisky@hotmail.com»

Impreso en el Perú
Printed Peru
Tiraje 500 ejemplares
5

Totus Orbis Qui Aliquo Modo
Est Una Res Publica
El Mundo Todo Que Al Fin Y Al Cabo
Es Una República

Francisco de Vitoria
6 Revista Peruana de Derecho Internacional
7

SOCIEDAD PERUANA
DE
DERECHO INTERNACIONAL
CONSEJO DIRECTIVO

Presidente Vocales
Gonzalo Fernández Puyó
Vice Presidente Roberto Mac Lean Ugarteche
Juan Miguel Bákula Patiño Elizabeth Salmón Gárate
Secretario
Manuel Augusto Roca Zela Oscar Schiappa-Pietra Cubas
Tesorero Hubert Wieland Alzamora
Claudio E. Sosa Voysest

MIEMBROEMÉRITO
Javier Pérez de Cuéllar

MIEMBROS TITULARES
Alzamora Traverso, Carlos Mariátegui Arellano, José Carlos 
Bákula Patiño, Juan Miguel Mercado Jarrín, Edgardo
Belaunde Moreyra, Antonio Morelli Pando, Augusto
Couturier Mariátegui, Hernán Nieto Vélez, Armando
Chávez Soto, Jorge Osterling Parodi, Felipe
Deustua Caravedo, Alejandro Palma Valderrama, Hugo
De la Puente Radbill, José Revoredo de Mur, Delia
De la Puente Raygada, Oscar Roca Zela, Manuel Augusto
Fernández Puyó, Gonzalo Rodríguez Cuadros, Manuel
Ferrero Costa, Eduardo Solari Tudela, Luis
Ferrero Costa, Raúl Sosa Voysest, Claudio E.
García Montúfar, Guillermo Soto Polar, Alvaro de
García Belaúnde, José Antonio
Trazegníes Granda, Fernando de
García-Sayán, Diego
Tudela van Breugel-Douglas, Francisco
Guillén Salas, Fernando
Ugarte del Pino, Juan Vicente
Luna Mendoza, Ricardo
Llosa Larrabure, Eduardo Valdez Carrillo, Jorge
Llosa Pautrat, Jorge Guillermo Villarán Koechlin, Roberto
Mac Lean Ugarteche, Roberto Wagner de Reyna, Alberto 
Maúrtua de Romaña, Oscar Wagner Tizón, Allan
Marchand Stens, Luis Wieland Alzamora, Hubert
8 Revista Peruana de Derecho Internacional

MIEMBROS ASOCIADOS

Agüero Colunga, Marisol (*) Kisic Wagner, Drago
Alcalde Cardoza, Javier (*) Lázaro Geldres, Jorge
Althaus Guarderas, Miguel de Lévano Torres, Oscar (*)
Alvarez Brun, Félix Lozada Tamayo, Samuel
Alvarez Vita, Juan Mac Lean Urzúa, Alberto 
Arzubiaga Rospigliosi, Augusto Novak Talavera, Fabián
Basombrío Zender, Ignacio (*) Pardo Segovia, Fernando (*)
Belaunde Moreyra, Martín Pérez Sánchez-Cerro, José Luis
Beleván-McBride, Harry
Pinto-Bazurco Rittler, Ernesto
Brousset Barrios, Jorge
Dañino Zapata, Roberto Rodríguez Mackay, Miguel Angel (*)
Delgado Aparicio, Luis Roncagliolo Higueras, Nicolás
Echeverría Herrera de De Pury, María E. (*) Salmón Gárate, Elizabeth
Espinosa Saldaña, José Sandoval Aguirre, Oswaldo (*)
Fernández de Paredes C., Enrique Schiappa-Pietra Cubas, Oscar
García Belaunde, Domingo Tudela Barreda, Felipe
García Calderón Moreyra, Gonzalo Velásquez Rivas Plata, Elvira (*)
García-Corrochano Moyano, Luis (*) Vera Esquivel, Germán
Gutiérrez Reinel, Gonzalo (*) Yrigoyen Yrigoyen, Martín

(*) PARA CEREMONIA DE INCORPORACION FORMAL

MIEMBROS CORRESPONDIENTES

Buergenthal, Thomas (Estados Unidos) Gros Espiel, Héctor (Uruguay)
Cho, Key Sung (Corea) Jiménez Veiga, Danilo (Costa Rica)
De Guzmán Polanco, Manuel (Ecuador) Llanos Mansilla, Hugo (Chile)
Furnish, Dale Beck (Estados Unidos) Maekelt, Tatiana B. de (Venezuela)
Galer, Julio (Argentina) Wolff, Francis (Francia)
Zanotti, Isidoro (Brasil)

COORDINADOR GENERAL
Miguel Angel Rodríguez Mackay
9

SUMARIO
Pág.

HOMENAJE PÓSTUMO
- Alberto Mac Lean Urzúa (1917-2007)
Claudio Sosa Voysest 13

DERECHO DEL MAR
- La necesaria adhesión del Perú a la
Convención del Derecho del Mar
Jorge Colunge Villacorta 17
- El inexistente límite marítimo con Chile:
de los criterios de seguridad a los criterios jurídicos
Alejandro Deustua Caravedo 43
- La Convención del Mar: el mayor instrumento
internacional de los océanos
Jesús Antonio Rivera Oré 65
- El límite exterior del Dominio Marítimo del Perú
Marisol Agüero Colunga 79
- El Perú y la Convención del Mar
Miguel Angel Rodríguez Mackay 95
10 Revista Peruana de Derecho Internacional

POLÍTICA EXTERIOR
- Nacer en el extranjero: los laberintos de la inscripción y
de la omisión. Un asunto que clama por la reforma del Estado
Mario Lovón Ruiz-Caro 109
- La delincuencia transnacional organizada
y la seguridad internacional: los delitos de trata
de personas y tráfico ilícito de migrantes
Zósimo Roberto Morillo Herrada 165
- Importancia de los preceptos constitucionales
relativos a la política exterior
Rodolfo Coronado Molina 179

***
11

HOMENAJE PÓSTUMO
12 Revista Peruana de Derecho Internacional
13

ALBERTO WAGNER DE REYNA 
(1915 - 2006)

La Sociedad Peruana de Derecho Internacional ha tenido a bien
solicitar de los señores Doctor Francisco Miro Quesada
Cantuarias y Embajador Hubert Wieland Alzamora, dos
exposiciones sobre la personalidad de nuestro ilustre colega
desaparecido, el Embajador Alberto Wagner de Reyna y lo ha
hecho por consideración especial de este distinguido miembro
Titular de la institución, precisamente para relievar sus cualidades
en los dos campos principales en que destacó en su brillante
trayectoria personal y profesional, sin haber tocado el espectro
literario que fue en él tan especial y donde denotó con singular
talento la sensibilidad de su espíritu.
Con la publicación de estas dos semblanzas trazadas por las
dos personalidades del ámbito académico ya mencionadas y que
tanto lo conocieron, la institución que me honro en presidir, rinde
homenaje a la figura de quien fuera tan profundo filósofo y tan
hábil diplomático.

G.F.P.

HOMENAJE AL EMBAJADOR ALBERTO WAGNER DE REYNA
Es con gran satisfacción que envío el presente artículo a la Sociedad
Peruana de Derecho Internacional, en honor al Embajador Alberto Wagner
de Reyna. Mi satisfacción se debe a que he sido discípulo del Embajador,
en la Universidad Católica, en la que me inició en el pensamiento moderno
alemán, sobre todo de Husserl y, muy especialmente, de Heidegger. Estudié
14 Revista Peruana de Derecho Internacional

el pensamiento de estos grandes filósofos, en la casa del Embajador, en la
que me daba lecciones particulares. Y me inició, también, en la filosofía
de Hegel. Alberto Wagner había sido discípulo de Heidegger. Regresó al
Perú en 1937, y en 1930, escribió La Ontología Fundamental de
Heidegger, el primer libro sobre el gran pensador alemán, en América
Hispana. Pero, además de las relaciones intelectuales con el Embajador
Alberto Wagner de Reyna, fuimos amigos íntimos. Entre mis recuerdos
de la infancia, tendría unos doce años, destaca, en lugar especial, Chosica,
donde solía ir con mi familia todos los inviernos. Chosica, en aquellos
tiempos era un paraíso, y estaba rodeada de altos cerros. Los Wagner
también pasaban parte del invierno en la “Villa del Sol”, así llamada porque,
entre mayo y setiembre, desde las siete de la mañana, hasta las tres de la
tarde había un sol esplendoroso. Pero por las noches hacía mucho frío.
Había que salir bien abrigado. Con frecuencia salíamos a pasear por el
parque, para respirar un aire puro no contaminado, y para ver las estrellas.
El cielo era maravilloso. A veces había lluvias de estrellas fugaces, que
nos fascinaban.
Los Wagner eran muy aficionados a escalar cerros. Guiados por
su padre, el Dr. Otto Wagner, un distinguido médico farmacéutico, cuya
afición por el alpinismo era tan grande, que se había graduado oficialmente
de guía alpino, trepamos un día el Cerro de la Estación, así llamado, porque
quedaba detrás de la Estación del Tren que llegaba de Lima todos los
días, se detenía en Chosica, y proseguía su marcha hacia Huancayo. El
Cerro era muy alto, tendría unos ochocientos metros sobre el nivel de
Chosica. La ascensión era difícil porque, no sólo era muy empinado, sino
que era de roca viva, casi totalmente recubierta por una delgada capa de
pequeños cascajos, y era fácil resbalarse peligrosamente al menor descuido.
Alberto Wagner de Reyna fue un escritor muy prolífico. Escribió
sobre innumerables temas, como la UNESCO, poemas, incluso en
portugués, llamados Texedeira de Estrellas y una novela. Pero su obra
principal fue filosófica. Por lo menos, desde mi punto de vista, pues su
obra diplomática también es muy valiosa. Sin embargo, creo que no tiene
objeto tratar de comparar la importancia de ambos campos, pues son muy
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diferentes, aunque estoy convencido que sus conocimientos filosóficos
influyeron en sus reconocidas contribuciones diplomáticas.
La obra filosófica de Alberto Wagner, es muy copiosa. Por orden
de tiempo, está integrada por los siguientes libros. En 1937, se puede
incluir Los categoremas de Porfirio. Aunque creo que no hay sino copias
del curso (malas e incompletas) que dictó en el “Curso de Lógica” del
primer año de Letras de la Universidad Católica, en 1937, y un seminario
sobre las “causas” según la metafísica de Aristóteles, comparando la
traducción española con la griega. Alberto Wagner tenía un profundo
conocimiento del griego, y del latín. En realidad era un gran políglota. Y,
en alemán, era completamente bilingüe.
Como todos los participantes en este homenaje sabemos, Alberto
Wagner tenía una profunda vocación de maestro. Pero lo único que le
interesaba, como tal, era la profundidad temática y el rigor. Aunque no se
lo proponía, sus clases eran muy originales, pues tenía un estilo
completamente propio, incluso, con dejos de humor. Por eso, sucedió lo
inevitable: de cuarenta alumnos que asistíamos a sus clases, sólo pasamos
dos. Luis Landeo y yo mismo, que había seguido el curso con enorme
interés. Naturalmente, los estudiantes armaron un escándalo, que se
resolvió con toda felicidad, pues tanto el rector, como el Consejo de
Facultad, lo admiraban profundamente y no podían ni por un momento
pensar en separarlo del claustro, por eso, lo nombraron profesor en el
nivel doctoral. Es allí donde seguí su curso sobre las “causas” de Aristóteles,
cuando estuve en Segundo en Letras.
Cuando me di cuenta que el curso sobre Porfirio, aunque difícil, me
había encantado, me di cuenta que la filosofía era la materia que más me
había gustado de las muchas que había estudiado. Dos años más tarde,
cuando estudié la “Estética Trascendental” de la Crítica de la Razón Pura
de Kant, en el curso que dictaba mi inolvidable maestro Julio Chiriboga,
en la Doctoral de San Marcos, comencé a pensar en dedicarme seriamente
a la filosofía. Y dos años después, leí por completo la Crítica de la Razón
Pura, cuando terminé la última página, mi vocación estaba decidida:
dedicar mi vida, por completo, a la filosofía.
16 Revista Peruana de Derecho Internacional

Me siento incómodo, por hablar tanto de mí, en el presente artículo, pero
lo he hecho, porque mi relación personal con Alberto contribuye
directamente a comprender mejor la exposición sobre su filosofía.
Su obra filosófica es muy amplia y variada. Menciono, a
continuación, sus libros, que son bastantes. Sus artículos son en un número
mucho mayor, pero los dejamos de lado. El primero que publicó, fue La
Ontología Fundamental de Heidegger (1939). Wagner fue discípulo
de Heidegger, de manera que lo que escribió sobre él, fue de primerísima
mano. Fue el primer libro sobre el filósofo alemán escrito en América
Hispana. Luego, por orden de aparición, vienen Introducción a la Liturgia,
(1948). Este es un libro muy interesante, pues ilustra al lector sobre el
significado de la Liturgia, es decir, sobre el sentido de la misa. La mayoría
de las personas que asisten a misa, la siguen sabiendo muy poco lo que
significa. A pesar de estar dedicado a la reflexión religiosa, el libro tiene
una evidente inspiración filosófica, y creo justo incluirlo en la obra filosófica
de Wagner. La filosofía en Latinoamérica (1949), El concepto de
verdad en Aristóteles (1958). Hacia más allá de los linderos
(recopilación de ensayos, (1959), Analogía y Evocación (1976). Este
libro es uno de sus más importantes pues es de orientación cristiana.
Alberto era profundamente católico, y unas de sus metas filosóficas fue
tratar de justificar su especial afición por Heidegger, que era ateo. Porque
una cosa es el conocimiento, y otra la admiración. A pesar de ser cristiano.
Wagner admiraba profundamente a Heidegger, lo que me parece muy
bien, pues un verdadero cristiano, cuya religión se basa en dogmas
aceptados mediante la fe, no puede ser filosóficamente dogmático, ni poner
trabas al desarrollo del pensamiento libre. Lejos están, ya, los años en los
que había un Index, que prohibía leer casi todos los libros interesantes de
filosofía. Su último libro fue sobre Pobreza y Cultura (1982).
El concepto de verdad en Aristóteles, comprende diferentes
aspectos de la metafísica del Estagirita. Pero se concentra sobre dos
puntos fundamentales: el concepto de alétheia y el de ente.
Considera a la alétheia como des-cubrimiento, en el sentido de
hacernos ver una cosa que, antes, estaba cubierta. En cuanto al ente, sus
17

análisis son minuciosos y, a veces, difíciles de seguir, especialmente la
parte relativa al ente en cuanto ente (on je on), en los que se refiere al
to ti estí uno de los conceptos aristotélicos más difíciles de traducir, sobre
el que hay toneladas de ensayos. Es un texto brillante, escrito con una
profundidad, y un conocimiento de causa que producen admiración.
Considero que El concepto de verdad en Aristóteles es el libro
más notable y más original de Alberto Wagner. El conocimiento de la
mayor parte de su obra, me induce a creer, con plena justificación, que es
un filósofo muy importante, y que es una de las grandes figuras filosóficas
del Perú y de América Latina.

Francisco Miro Quesada Cantuarias
Filósofo
***

DATOS BIOGRÁFICOS DEL EMBAJADOR ALBERTO WAGNER DE REYNA

A la par que un distinguido cultor de la filosofía, Alberto Wagner de
Reyna fue también un destacado diplomático.
Inició su carrera como tal en el Ministerio de Relaciones Exteriores,
siendo nombrado Agregado Civil a la Legación Peruana en Berlín (1935),
donde continuó los estudios de filosofía que había iniciado en Lima, en las
Universidades de dicha ciudad y de Friburgo, siendo en la última discípulo
de Martín Heidegger y Romano Guardini.
De regreso en Lima, en 1938, optó el doctorado en Filosofía en la
Universidad Católica, en la que se inició como profesor el año siguiente,
al tiempo de obtener su título de abogado.
En 1941, contrajo matrimonio con Da. Victoria Grau Wiese.
Continuó su carrera diplomática en Brasil, Portugal y Suiza, donde,
como Secretario de la Legación en Berna, trabajó con el entonces Enviado
Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, D. Ventura García Calderón.
18 Revista Peruana de Derecho Internacional

Fue trasladado luego a Chile, donde permaneció 11 años, como
Secretario primero y como Consejero después, lapso durante el cual alcanzó
una sólida posición diplomática y social.
De vuelta a la Cancillería, fue nombrado asesor y luego Secretario
General (1962-1967). En 1964, fue elegido miembro del Consejo Ejecutivo
de la UNESCO, con sede en París. En ese mismo año, publicó su Historia
Diplomática del Perú (1900-1945), libro que, como dice el autor, “recoge
las clases dictadas en ‘El Colegio de México’ bajo el mismo nombre”.
Dicho manual es prologado por el Dr. Alberto Ulloa, a cuyas órdenes
sirvió cuando éste fue Embajador en Chile. El Dr. Ulloa destaca la
importancia y utilidad de dicha obra, en que con gran versación el Embajador
Wagner desarrolla el tema de la Diplomacia peruana en el siglo XX,
principalmente con relación a los países limítrofes.
Durante los años 60 y 70, sirvió como Embajador en la UNESCO,
Alemania Federal, Colombia, Yugoslavia y Francia.
Fue también Embajador concurrente en Grecia y Albania y cumplió
exitosas misiones en Centro América y Africa.
Luego de pasar al retiro, fue elegido, en virtud de su notable
desempeño como diplomático y como intelectual, miembro del Consejo
de la Universidad de las Naciones Unidas (Tokyo), del Consejo Pontificio
para la Cultura de la Ciudad del Vaticano y, por cuarta vez, del Consejo
Ejecutivo de la UNESCO.
En 1981, pasó al retiro en el Servicio Diplomático. Falleció en agosto
de 2006.

Hubert Wieland Alzamora
Embajador
***
19

SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS
20 Revista Peruana de Derecho Internacional
21

TRATADO AMERICANO DE SOLUCIONES PACÍFICAS
“PACTO DE BOGOTÁ”
Augusto Bazán Jiménez*

INTRODUCCIÓN

El propósito del presente artículo es demostrar que el Tratado
Americano de Soluciones Pacíficas o Pacto de Bogotá, tiene como principal
aporte al sistema interamericano de paz que en caso que los Estados parte del
mismo que se encuentren en litigio no logren un acuerdo sobre el método para
solucionar sus diferencias, cualquiera de ellos pueda demandar al otro ante la
Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya.
De este modo, los países del Hemisferio se encuentran en un sistema
«cerrado» en el cual se busca garantizar la paz y prevenir la guerra de la
Región, tomando en cuenta las experiencias del Siglo XIX y primera mitad
del Siglo XX. Si la Organización de los Estados Americanos, por medio
del Pacto de Bogotá o a través de algunos de sus organismos no consigue
que los Estados miembros en litigio acuerden un método para solucionar
sus controversias, éstos, siempre y cuando sean parte del Tratado

* Consejero en el Servicio Diplomático de la República, Abogado graduado de
la Pontificia Universidad Católica del Perú, Estudios de Maestría en Derecho
Internacional Público en la American University (EEUU). Con funciones
recientes en Lima, ha servido en la Representación Permanente del Perú ante
la Organización de los Estados Americanos durante los años 2001 al 2007.
El presente trabajo está basado parcialmente, con las respectivas adaptaciones,
en la tesis de licenciatura del autor, la cual recibió la mención sobresaliente
(Summa Cum Laudem).
22 Revista Peruana de Derecho Internacional

Americano de Soluciones Pacíficas, pueden evitar un entrampamiento
del diferendo bilateral y el consecuente peligro de agravar las tensiones,
al demandar, si lo considera conveniente, al otro Estado miembro ante la
Corte Internacional de Justicia.
A fin de ilustrar la práctica interamericana en el tema, se citan
algunos casos en los que dicho Tratado ha sido aplicado para apelar a la
Corte Internacional de Justicia o cuando los Estados en litigio no eran
parte del mismo, para coadyuvar en el proceso de solución pacífica de
sus diferencias bilaterales.

1. MARCO HISTÓRICO Y JURÍDICO
1.1 Contexto Histórico
La guerra y la historia de América Latina han estado imbricadas
desde que las repúblicas iniciaron su vida independiente a principios del
siglo XIX. Desde entonces, sus respectivos procesos políticos en donde
países fueron escindidos de los antiguos imperios coloniales o se fusionaron
en Estados más grandes no pueden ser considerados como muy diferentes
al proceso europeo después de la Paz de Westphalia. En contraste con su
enorme vecino al norte del Río Grande, el más brutal realismo político fue
esgrimido por sus líderes. En términos generales, las causas de la guerra
entre los países latinoamericanos fueron secesión vs. unión (Buenos Aires
contra las Provincias, 1820-1861), disputas limítrofes (las guerras entre el
Perú y Ecuador, 1828-1829, 1858-1860, 1903-1904, 1941, 1981, 1995),
guerras de conquista territorial (Guerra entre EEUU y México, 1846-
1848), caudillismo (conflicto entre caudillos venezolanos, 1830-1903),
recursos (Guerra del Pacífico, 1979-1883), conflicto dentro de una misma
clase social (Guerra Civil del Brasil, 1893-1894), conflicto entre clases
sociales (Revolución Mexicana, 1910), intervención extranjera (Invasión
francesa a México, 1861-1867) o religión (Guerra de los “cristeros” de
México, 1926-1928)(1).

(1) SCHEINA, Robert L. Latin America´s Wars, The Age of the Caudillo, 1791-
1899, V. I Dulles: Brassey´s Inc., 2003, p. xxiii-xxviii.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 23

Las causas reales o aparentes de las distintas guerras sufridas por
los países latinoamericanos, sean éstas civiles o internacionales, no denotan
la magnitud de las pérdidas, sean éstas humanas o materiales. Por ejemplo,
la Guerra de la Triple Alianza que confrontó al Paraguay con una alianza
formada por Argentina, Brasil y Uruguay entre 1864 y 1870 fue el caso
más extremo. De un estimado de una población de 525,000 paraguayos
al inicio de la guerra, aproximadamente 300,000 murieron como
consecuencia de la misma, lo cual implica una pérdida del 60% de su
población. Como casi la totalidad de la población masculina fue movilizada,
4 de cada 5 hombres desparecieron o murieron en batalla. Las pérdidas
de los aliados, aunque no tan cuantiosas, fueron considerables: de una
población combinada de 10´850,000, sufrieron 180,000 bajas(2).
El sufrimiento humano no ha sido el único costo, también se dieron
importantes pérdidas territoriales para algunos. En la Guerra del Pacífico,
conflicto en el cual Chile derrotó al Perú y a Bolivia, este último perdió su
acceso soberano al mar y, por otro lado, el Perú vio mermado su territorio
y su economía destruida(3).
Otro caso en el cual los costos humanos y materiales de una guerra
fueron considerables es la Guerra del Chaco (1932-1935). En esta guerra
Bolivia no sólo perdió el 90% de sus reclamos territoriales, sino también
52,400 soldados caídos en acción (21% del total de efectivos). Paraguay,
por otro lado, perdió 36,000 hombres pero como este país tenía una densidad
poblacional menor, estos equivalieron al 36% de todos los movilizados(4).
Pero las consecuencias de la guerra no son sólo humanos o
económicos, sino también psicológicos. Hasta la aprobación de la Carta
de las Naciones Unidas, se vivió un régimen post-napoleónico en el cual
se consideraba legítimo recompensar al vencedor e imponer al vencido
los costos de la derrota. Abraham Köning, el Ministro chileno en Bolivia,

(2) Ibid., p. xiii-xiv.
(3) Ibid., p. 375-388.
(4) SCHEINA, Robert L. Latin America´s Wars, The Age of the Professional Soldier,
1900-2001 V. II Dulles: Brassey´s Inc., 2003, p. xiv.
24 Revista Peruana de Derecho Internacional

observó el 13 de agosto de 1900 que “Chile ocupó el litoral (boliviano)
y tomó posesión de él con el mismo derecho que Alemania se anexó
Alsacia y Lorena a su Imperio, con el mismo derecho que Estados
Unidos de Norteamérica tomó Puerto Rico”(5). Tales actitudes y la
sentida pérdida humana y material dejaron cicatrices más profundas en
las relaciones entre estas tres naciones latinoamericanas –Bolivia, Chile
y el Perú– que en cualquier otro conflicto en la región(6).
Tales cuestiones no resueltas, disputas territoriales sin definición y
resentimientos internacionales han aquejado la cooperación entre los Estados
en la primera mitad del Siglo XX y con el fin de alcanzar las metas comunes
contra la pobreza y el subdesarrollo, los países de la región se sintieron urgidos
a diseñar o adoptar mecanismos de solución pacifica de controversias.
En la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos y otros Estados
miembros de la Unión Panamericana (los Estados del Sur, Centro y
Norteamérica, más Cuba, Haití y la República Dominicana), una vieja
organización multilateral creada a fines del Siglo XIX para fortalecer la
cooperación judicial a través de la negociación de tratados tales como el
Código Bustamante de 1929 o el Tratado de Montevideo de 1933, se
reunieron en Río de Janeiro en 1942 con la finalidad de preparar una
estrategia común en contra de las potencias del Eje, siendo por ende un
requisito indispensable dar término a las disputas intestinas en la Región
para poder concentrar esfuerzos contra un enemigo común.

1.1 Origen y Marco Jurídico del pacto en la Estructura de la OEA

La carnicería de la Segunda Guerra Mundial trajo como una de sus
consecuencias una conciencia mundial que las disputas internacionales

(5) MEDINA CASTRO, Manuel. Estados Unidos y América Latina, Siglo XIX, (1974).
Citado por SCHEINA, Robert L. Latin America´s Wars, The Age of the Caudillo,
1791-1899, p. 388.
(6) KIRPATRICK, F.A. Latin America A Brief History. New York: McMillan, 1939, p.
189. Citado por SCHEINA, Robert L. Latin America´s Wars, The Age of the
Caudillo 1791-1899, p. 388.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 25

deberían resolverse por medios pacíficos. Pero los países latinoamericanos
ya habían tenido su propia experiencia de destrucción y costos humanos y
materiales en sus guerras regionales. A fines de la Segunda Guerra Mundial,
una Conferencia Interamericana sobre los Problemas de Paz y la Guerra
fue realizada en la Ciudad de México en 1945 y uno de sus resultados fue
el dictar una serie de mandatos al Comité Jurídico Interamericano (brazo
jurídico de la Unión Panamericana) para que preparan un proyecto de un
“Sistema Interamericano de Paz” que incluiría una serie de distintos métodos
de solución pacífica de las controversias de acuerdo a la doctrina y práctica
internacional. El Comité presentó su proyecto a la Novena Conferencia
Internacional Americana que se realizó en Bogotá, en 1948(7).
En Bogotá, tanto el documento constitutivo de la Organización de
los Estados Americanos (OEA) como el Pacto de Bogotá fueron debatidos
y aprobados. Este último fue suscrito el 30 de abril de 1948 y entró en
vigencia el 6 de mayo de 1949, después de haber sido suscrito por todos
los Estados miembros(8). Este Tratado estableció el marco general para
la solución pacífica de los conflictos internacionales en la Región
Interamericana.
Por otro lado, la Carta de la OEA, también suscrita en Bogotá ese
mismo año contiene tanto en sus artículo 2 y 3 tienen referencias expresas
al tema de la paz:
“Artículo 2
La Organización de los Estados Americanos, para
realizar los principios en que se funda y cumplir sus
obligaciones regionales de acuerdo con la Carta de las
Naciones Unidas, establece los siguientes propósitos
esenciales:

(7) Hervas Silva, Marcelo. Sistema Interamericano de Paz. Bogotá: 1991. p. 46.
(8) Aunque fue suscrito por todos los Estados Miembros, sólo 14 Estados lo
ratificaron, no encontrándose los Estados Unidos entre ellos.
26 Revista Peruana de Derecho Internacional

a) Afianzar la paz y la seguridad del Continente;
c) Prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar
la solución pacífica de controversias que surjan entre
los Estados miembros;

e) Procurar la solución de los problemas políticos,
jurídicos y económicos que se susciten entre ellos;

Artículo 3
Los Estados americanos reafirman los siguientes
principios:
a) El derecho internacional es norma de conducta de
los Estados en sus relaciones recíprocas.
b) El orden internacional está esencialmente constituido
por el respeto a la personalidad, soberanía e
independencia de los Estados y por el fiel cumplimiento
de las obligaciones emanadas de los tratados y de otras
fuentes del derecho internacional.
c) La buena fe debe regir las relaciones de los Estados
entre sí.

g) Los Estados americanos condenan la guerra de
agresión: la victoria no da derechos.

i) Las controversias de carácter internacional que surjan
entre dos o más Estados americanos deben ser resueltas
por medio de procedimientos pacíficos.
…”
Estos artículos deben ser interpretados de acuerdo con el resto del
texto de la Carta de la OEA y, en particular, con el Capítulo V, cuyo título
es Solución Pacífica de Controversias. El mandato general de los
Estados Miembros en el artículo 24 establece que “las controversias
internacionales entre los Estados miembros deben ser sometidas a
los procedimientos de solución pacífica señalados en esta Carta”.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 27

Luego, su artículo 27 establece que “la negociación directa, los buenos
oficios, la mediación, la investigación y conciliación, el procedimiento
judicial, el arbitraje y los que especialmente acuerden, en cualquier
momento, las Partes”.
Más aún, el artículo 25 enumera los procedimientos pacíficos: “la
negociación directa, los buenos oficios, la mediación, la investigación
y conciliación, el procedimiento judicial, el arbitraje y los que
especialmente acuerden, en cualquier momento, las Partes”.
Por otro lado, el artículo 26 establecía la siguiente regla: “Cuando
entre dos o más Estados americanos se suscite una controversia que,
en opinión de uno de ellos, no pueda ser resuelta por los medios
diplomáticos usuales, las Partes deberán convenir en cualquier otro
procedimiento pacífico que les permita llegar a una solución”.
Esto significa que con el fin de apelar a los procedimientos pacíficos
para resolver sus conflictos internacionales enumerados en el artículo 25,
un acuerdo previo debería existir entre los Estados en disputa sobre qué
método o qué procedimiento debería ser seguido.
El objetivo de la solución pacífica de los conflictos internacionales
es uno de los principales propósitos de la OEA cuya Carta contiene otros
objetivos principales que poseen sus propios instrumentos jurídicos y
políticos que pueden sintetizarse en los siguientes: Promoción y
Consolidación de la Democracia a través de la Carta Democrática
adoptada en Lima el 11 de septiembre de 2001; la Promoción y Protección
de los Derechos Humanos a través de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, adoptada en San José el 22 de noviembre de 1969;
la Seguridad Hemisférica a través del Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca (TIAR), adoptado en Río de Janeiro el 2 de
septiembre de 1947.
28 Revista Peruana de Derecho Internacional

2. LOS PROCEDIMIENTOS DE SOLUCIÓN PACÍFICA DE
LAS CONTROVERSIAS INTERNACIONALES DE
ACUERDO AL PACTO DE BOGOTÁ

2.1 Ámbito de Aplicación y Alcances

Los Estados Partes del Pacto de Bogotá luego de reafirmar su
compromiso de abstenerse de recurrir a la fuerza y solucionar sus
controversias a través de procedimientos pacíficos (artículo I), reconocen
su obligación de resolver las controversias internacionales por los
procedimientos pacíficos regionales antes de llevarlas al Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas (artículo II).
Esto quiere decir que el Pacto de Bogotá es el tratado especial
que prevé los medios y procedimientos para resolver las controversias
entre los Estados americanos. El mismo, además de reiterar la obligación
general de resolver las controversias por medios pacíficos, reglamenta
los procedimientos de buenos oficios y mediación, investigación y
conciliación, el procedimiento judicial y el procedimiento de arbitraje
facultativo.
Las excepciones para aplicar los citados medios de solución pacífica
de controversias son los citados en los siguientes artículos:
a.- Artículo V: a las materias que por su esencia son de la jurisdicción
interna del Estado.
b.- Artículo VI: a los asuntos ya resueltos por arreglo de las partes,
o por laudo arbitral, o por sentencia de un tribunal internacional, o que se
hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia en la fecha de la
celebración del presente Pacto.
c.- Artículo VII: un compromiso de no acudir a reclamos
diplomáticos para proteger a los nacionales si éstos no han agotado
previamente las instancias judiciales internas competentes del Estado
respectivo.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 29

2.2 Procedimientos de Solución Pacífica de Controversias

2.2.1 Procedimiento de buenos oficios

De acuerdo a la doctrina, los buenos oficios son las gestiones de un
tercer Estado ajeno a la controversias o, tal como lo establece el artículo
IX del Tratado, uno o más ciudadanos eminentes de cualquier Estado
americano, que acuden generalmente cuando la negociación bilateral ha
fracasado, “en el sentido de aproximar a las partes, proporcionándoles
la posibilidad de que encuentren directamente una solución
adecuada”.
Se trata de una mediación espontánea que puede ser aceptada o
no por los Estados involucrados en un litigio. La gestión de este tercero o
terceros concluye una vez que se ha producido el acercamiento de las
partes y la reanudación de las negociaciones directas, salvo acuerdo de
las partes para que éstos puedan estar presentes en las negociaciones(9).
(artículo X del Tratado)
Más aún, el artículo 84 de la Carta de la OEA establece que “el
Consejo Permanente velará por el mantenimiento de las relaciones
de amistad entre los Estados miembros y, con tal fin, les ayudará de
una manera efectiva en la solución pacífica de sus controversias, de
acuerdo con las disposiciones siguientes”.
El artículo 85 describe los procedimientos en mayor detalle: “Con
arreglo a las disposiciones de la Carta, cualquier Parte en una
controversia en la que no se encuentre en trámite ninguno de los
procedimientos pacíficos previstos en la Carta, podrá recurrir al
Consejo Permanente para obtener sus buenos oficios. El Consejo,
de acuerdo con lo establecido en el artículo anterior, asistirá a las
Partes y recomendará los procedimientos que considere adecuados
para el arreglo pacífico de la controversia”.

(9) CAMARGO, Pedro Pablo. Tratado de Derecho Internacional. Vol. II. Bogotá:
Temis, 1983, p. 8.
30 Revista Peruana de Derecho Internacional

2.2.2 Mediación

La mediación consiste en la intervención de uno o más terceros
Estados o ciudadanos eminentes de cualquier Estado Americano ajenos a
la controversia a fin de asistir a las partes en arreglo de las controversias
de la manera más sencilla y directa, evitando formalidades y procurando
hallar una solución aceptable (artículos XI y XII del Tratado).
La mediación se diferencia de la conciliación y de la investigación
en que se espera que el mediador tenga un rol más activo al impulsar la
negociación e interactuar con las partes al realizar propuestas de
acuerdo(10).
Para que pueda darse una mediación, éstos “…serán escogidos
de común acuerdo por las partes”. (artículo XI del Tratado) .
Se trata, por lo tanto, de un procedimiento cuya iniciativa parte,
generalmente, de uno de los Estados litigantes y el cual es aceptado por el
otro. El mediador es escogido de común acuerdo por las partes.

2.2.3 Investigación

Este procedimiento consiste, en general, en someter la controversia
a una comisión de investigación constituida con arreglo a los artículos XV,
XVI, XVII, XVIII y XIX del Tratado. Esta comisión no analizará el fondo
de la controversia, sino que determinará únicamente los hechos en
controversia. Su principal propósito es sólo el de aclarar o determinar los
hechos, sin expresar opinión o evaluación alguna sobre el fondo de la
controversia(11).
Como este procedimiento es desarrollado en conjunto con el
procedimiento de conciliación dentro del Tratado, sus aspectos

(10) DAMROSCH, Lori Fisler et al. International Law, Cases and Materials. 4ta. Ed.
St. Paul: West Group, 2001, p. 828.
(11) CAMARGO, Pedro Pablo, op. cit., p. 9.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 31

reglamentarios serán desarrollados con mayor profundidad en el acápite
siguiente.

2.2.4 Conciliación

De acuerdo a la doctrina, el procedimiento de conciliación consiste
en someter la controversia a una comisión de conciliación con el fin no
solo de esclarecer los hechos, sino también de ofrecer a las partes en
litigio una solución amistosa(12).
Sobre el particular, resulta pertinente señalar que existe abundante
doctrina, así como procedimientos claros adoptados en diversos tratados
internacionales sobre el procedimiento de conciliación, tales como el
Protocolo sobre solución de controversias de la Convención de Viena
sobre relaciones consulares de 1963 (artículo 3), el protocolo facultativo
sobre la solución obligatoria de controversias de la convención sobre las
misiones especiales de 1969 (artículo 3), el anexo a la Convención de
Viena sobre el derecho de los tratados de 1969 (artículo 66) y el anexo
V de la Convención sobre el Derecho del Mar (artículo 284).
El procedimiento de conciliación se inicia con el nombramiento por
las partes de los miembros de la comisión de conciliación, de acuerdo con
lo previsto en el Tratado cuyo artículo XVIII establece que la “Unión
Panamericana formará un Cuadro Permanente de Conciliadores
Americanos” y la forma en que el mismo deberá ser integrado.
De acuerdo a averiguaciones realizadas por la Misión Permanente
del Perú ante la Organización de los Estados Americanos en diciembre
de 2005, en el presente no existe este Cuadro Permanente de Conciliadores,
aparentemente siendo Chile el único país que nombró sus dos expertos en
1987, por un término de 3 años y cuyo mandato aparentemente no fue
renovado.

(12) Ibid., p. 10.
32 Revista Peruana de Derecho Internacional

A fin de acudir al procedimiento de conciliación, el artículo XVI del
Tratado establece que la parte que promueva el procedimiento de
investigación y conciliación pedirá al Consejo de la Organización de los
Estados Americanos que convoque la Comisión de Investigación y
Conciliación.
Una vez convocada, quedará suspendida la controversia entre las
partes y éstas se abstendrán de todo acto que pueda dificultar la
conciliación.
Este artículo lleva a confusión puesto que podría interpretarse que
una de los Estados Partes en litigio podría convocar unilateralmente a
esta Comisión de Conciliación.
Esta duda es superada realizando una interpretación sistémica del
tratado. En el artículo XVII se norma que las Partes podrán nombrar por
medio de un acuerdo bilateral que se hará constar en un simple cambio de
notas con cada uno de los otros signatarios, dos miembros de la Comisión
de Investigación y Conciliación por cada uno.
En tal sentido, por argumento al contrario, si alguna de las dos
partes no desea nombrar a sus dos miembros de la Comisión de
Conciliación, ésta no puede ser formada.
Esta interpretación es compartida por el jurista ecuatoriano Galo
Leoro Franco, cuyo artículo El proyecto de reformas del Comité Jurídico
Interamericano al Tratado Americanos de Soluciones Pacíficas
(Pacto de Bogotá), publicado en el Anuario Jurídico Interamericano de
1986, recuerda que:
“…la conciliación no es procedimiento obligatorio para
las Partes y que en caso de que una de ellas no nombrara
los miembros de la Comisión de Investigación y
Conciliación (ya que debe existir una Comisión para que
actúe en las controversias entre cada Estado Parte y los
demás del Pacto, según el artículo XVII) o no designara
a ‘dos miembros elegidos del Cuadro Permanente de
Conciliadores Americanos que no pertenezcan a la
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 33

nacionalidad del designante’ (artículo XIX, letra a), no
habría forma de que el procedimiento prospere, puesto que
el Consejo Permanente no dispone de facultades para
nombrar por sí mismo Comisión de Conciliación alguna,
sino apenas para convocarla y determinar el lugar donde
haya de reunirse (artículo XX)(13).
Finalmente, debe recordarse que las comisiones de conciliación
examinan las pretensiones y objeciones de las Partes en litigio y les formula
propuestas para que lleguen a una solución amistosa. La gestión de
conciliación termina cuando se ha llegado a una solución, cuando las partes
hayan aceptado o una de ellas haya rechazado las recomendaciones del
informe, el cual no es obligatorio para las partes (artículos XXII, XXIII y
XXVIII del Tratado).

2.2.5 Arbitraje

Aunque el procedimiento de arbitraje es presentado en el Pacto de
Bogotá después del procedimiento judicial, por razones didácticas lo
presentaremos primero. El arbitraje es un método de arreglo pacífico de
las controversias jurídicas por medio del cual los Estados partes en una
contención jurídica convienen en someterla a un tercero o a un tribunal
integrado por árbitros, con el fin de que sea resuelta conforme a las reglas
jurídicas acordadas por las partes en el entendimiento de que el laudo
será aceptado como arreglo definitivo(14).
El artículo XL fija la forma de establecer el tribunal de arbitraje, el
cual, interpretado sistemáticamente con el los artículos XLI, XLII y XLIII,
nos permite concluir que para formar este tribunal de arbitraje o elegir a
un árbitro debe haber necesariamente acuerdo entre las Partes en litigio.

(13) LEORO FRANCO, Galo. “El Proyecto de Reformas del Comité Jurídico
Interamericano al Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de
Bogotá)”. En: Anuario Jurídico Interamericano 1986, p. 18.
(14) CAMARGO, Pedro Pablo. Op. Cit., p. 16.
34 Revista Peruana de Derecho Internacional

El artículo XLVI establece que el laudo arbitral “…debidamente
pronunciado y notificado a las partes, decidirá la controversia
definitivamente y sin apelación, y recibirá inmediata ejecución”.
Su obligatoriedad es reafirmada en el artículo L que establece que
si un Estado no cumple con el fallo de la Corte Internacional de Justicia o
con el laudo arbitral, se promoverá una reunión de Consulta de Ministros
de Relaciones Exteriores a fin de que acuerden las medidas que convenga
tomar para que se ejecute la decisión judicial o arbitral.

2.2.6 Procedimiento Judicial

La Corte Internacional de Justicia se creó en 1945 como órgano
judicial principal de las Naciones Unidas. Sin embargo, la jurisdicción
internacional sólo obra sobre la base del consentimiento de los Estados
soberanos. No hay, por tanto, jurisdicción obligatoria general(15).
La Corte Internacional de Justicia, en su Sentencia del 25 de marzo
de 1948 en el asunto del Estrecho de Corfú, así como en su Opinión
Consultiva del 30 de marzo de 1950 sobre la interpretación de los tratados
de paz manifestó que “el consentimiento de las partes confiere
jurisdicción al tribunal”, que ”el consentimiento de los Estados que
son parte en un litigio es el fundamento de la jurisdicción del tribunal
en materia contenciosa”, respectivamente.
La jurisdicción de la Corte se encuentra en la llamada cláusula
opcional contenida en el artículo 36 de su Estatuto en virtud de la cual los
Estados pueden depositar declaraciones en las que reconocen como
obligatoria la jurisdicción de la Corte, en determinadas clases de litigio
jurídico.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) tiene tres tipos de
jurisdicción:

(15) JANIS, Mark W. An Introduction to International Law. 4ta. Ed. New York:
Aspen, 2003. p. 131.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 35

a.- Voluntaria o General: Cuando las partes en litigio pactan
expresamente someter la litis a la CIJ en los términos del artículo 36 (2)
de su Estatuto(16). Esta aceptación de la jurisdicción de la CIJ puede ser
incondicional, como fue en el caso de Suecia(17), o bajo la condición de
reciprocidad con ciertos o varios Estados, como fue el caso del Reino
Unido(18) o por un período determinado de tiempo (artículo 36 (3)).
b.- Obligatoria: Cuando los tratados o convenios vigentes reconocen
expresamente la competencia de la CIJ(19). La jurisdicción obligatoria
basada en tratados bilaterales o multilaterales se encuentra diferenciada
de la jurisdicción voluntaria o general del artículo 36 (2). Los Estados que
nunca han aceptado o que ya no aceptan la jurisdicción general de la
Corte todavía son parte de instrumentos internacionales que de acuerdo
al artículo 36 (1) le dan jurisdicción a la CIJ(20).
Asimismo, este tipo de jurisdicción también llamada “jurisdicción
transferida” es reforzada por lo estipulado en los artículos 36 (5) y 37 del
Estatuto(21). Dos limitaciones son establecidas por estos dos artículoS(22):

(16) El artículo 36 (2) del Estatuto estableció lo siguiente:Los Estados partes en el
presente Estatuto podrán declarar en cualquier momento que reconocen como
obligatoria ipso facto y sin convenio especial, respecto a cualquier otro Estado
que acepte la misma obligación, la jurisdicción de la Corte en todas las
controversias de orden jurídico que versen sobre: a. la interpretación de un
tratado; b. cualquier cuestión de derecho internacional; c. la existencia de
todo hecho que, si fuere establecido, constituiría violación de una obligación
internacional; d. la naturaleza o extensión de la reparación que ha de hacerse
por el quebrantamiento de una obligación internacional.
(17) Ibid., p. 132.
(18) DARMROSCH, Lori F. Op. Cit.., p. 861.
(19) El artículo 36 (1) del Estatuto establece:La competencia de la Corte se extiende
a todos los litigios que las partes le sometan y a todos los asuntos especialmente
previstos en la Carta de las Naciones Unidas o en los tratados y convenciones
vigentes.
(20) JANIS, Mark W. Op. Cit., p. 134.
(21) BROWNLIE, Ian. Principles of International Law. 5ta. Ed. Oxford: University
Press, 1998. p. 717.
(22) El artículo 36 (5) del Estatuto establece: Las declaraciones hechas de acuerdo
con el Artículo 36 del Estatuto de la Corte Permanente de Justicia Internacional
36 Revista Peruana de Derecho Internacional

el tratado o convención debe estar en vigor entre los Estados litigantes y
todas las partes en disputa deben ser parte del Estatuto(23).
c.- Cláusula facultativa u opcional de jurisdicción obligatoria: Cuando
los Estados partes en el mismo pueden declarar en cualquier momento
que reconocen como obligatoria ipso facto y sin convenio especial, respecto
de cualquier otro Estado que acepte la misma obligación vis-a-vis.
El segundo tipo de jurisdicción, el obligatorio, es el que se encuentra
expresamente previsto en el Tratado Americano de Soluciones
Pacíficas –“Pacto de Bogotá”, cuyo artículo XXXI expresa que “De
conformidad con el inciso 2do. del artículo 36 del Estatuto de la Corte
Internacional de Justicia, las Altas Partes Contratantes declaran que
reconocen respecto a cualquier otro Estado Americano como obligatoria
ipso facto, sin necesidad de ningún convenio especial mientras esté vigente
el presente Tratado, la jurisdicción de la expresada Corte en todas las
controversias de orden jurídico que surjan entre ellas y que versen sobre:
a) La interpretación de un Tratado;
b) Cualquier cuestión de Derecho Internacional;
c) La existencia de todo hecho que, si fuere establecido, constituiría
la violación de una obligación internacional;
d) La naturaleza o extensión de la reparación que ha de hacerse
por el quebrantamiento de una obligación internacional.

viene de la pág. 35.
que estén aún vigentes, serán consideradas, respecto de las partes en el presente
Estatuto, como aceptación de la jurisdicción obligatoria de la Corte
Internacional de Justicia por el periodo que aún les quede de vigencia y
conforme a los términos de dichas declaraciones.
El artículo 37 del Estatuto también estipula: Cuando un tratado o convención
vigente disponga que un asunto sea sometido a una jurisdicción que debía
instituir la Sociedad de las Naciones, o a la Corte Permanente de Justicia
Internacional, dicho asunto, por lo que respecta a las partes en este Estatuto,
será sometido a la Corte Internacional de Justicia.
(23) BROWNLIE,, Ian. Op. cit., p. 718.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 37

Resulta pertinente señalar que en la doctrina se ha señalado una
aparente contradicción o error del texto del Tratado en su artículo XXXII
que establece que ”cuando el procedimiento de conciliación
anteriormente establecido conforme a este Tratado o por voluntad
de las partes, no llegare a una solución y dichas partes no hubieren
convenido en un procedimiento arbitral, cualquiera de ellas tendrá
derecho a recurrir a la Corte Internacional de Justicia en la forma
establecida en el artículo 40 de su Estatuto...”.
Aparentemente, sería requisito, por interpretación literal del presente
artículo, que para poder acudir a la Corte, se tuviera que agotar previamente,
como si fuera una instancia previa, el medio de solución pacífica de
controversias de la conciliación.
Pero tal como quedó claramente establecido más arriba, para que
los Estados acudan al procedimiento de la conciliación, debe haber acuerdo
entre las partes. A falta del mismo, apelar a la conciliación resulta imposible.
En tal sentido, si el artículo XXXII establece que si el procedimiento de
conciliación no hubiera llegado a una solución, cualquiera de las Partes podrá
demandar a la otra ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya, por
argumento a fortiori, si las partes no hubieran podido ponerse de acuerdo para
formarlo, la jurisdicción de esta Corte también es obligatoria.
El jurista uruguayo Eduardo Jiménez de Aréchaga, en su artículo
Tentativas de reforma del Pacto de Bogotá, también publicado en la
misma edición del año 1986 del Anuario del Comité Jurídico Interamericano,
considera que la función e importancia del citado artículo XXXII está en
“…impedir que un Estado tenga una excusa fácil para intentar eludir
el arreglo judicial o el arbitraje obligatorio, mediante el simple
expediente de alegar que la cuestión que la contraparte suscrita no
cabe en el artículo XXXI y no es susceptible de decisión mediante la
aplicación del derecho internacional”(24).

(24) JIMÉNEZ DDE ARECHACA, Eduardo. “Tentativas de Reformas del Pacto de
Bogotá”. En: Anuario Jurídico Interamericano 1986. p. 6.
38 Revista Peruana de Derecho Internacional

Por lo tanto, sería absurdo afirmar que los Estados no pueden acudir
a la Corte Internacional de Justicia si no han cumplido en pasar por la
conciliación, sobre todo si esta conciliación fue imposible por falta de
acuerdo entre las partes. Esto conllevaría a que una controversia
internacional no pudiera ser resuelta por ningún medio de solución pacífica
de controversias, lo cual, per se, no tendría sentido porque sería
contradictoria con la razón de ser del Tratado.
Finalmente, por vía de interpretación resulta claro que si las Partes
en litigio convienen en alguno de los citados medios de solución pacífica
de controversias, incluyendo la negociación bilateral, no podría acudirse
paralelamente a la Corte Internacional de Justicia.

3. PRESENTACIÓN CASUÍSTICA

A continuación se presentarán algunos casos de litigio entre Estados
Miembros de la OEA, habiéndose invocado en algunos de ellos al Tratado
Americano de Soluciones Pacíficas - Pacto de Bogotá. Escapa del
alcance del presente estudio el análisis de los antecedentes y del fondo de
los diferendos limítrofes de los mismos, estando centrado nuestro trabajo
en los aspectos procesales y en la participación de la Organización, de ser
el caso, en la solución pacífica de las siguientes controversias.
La presentación casuística se dividirá en dos secciones, los casos
amparados en el Pacto de Bogotá y aquellos enmarcados en el Fondo de Paz:

A) Casos enmarcados en el Pacto de Bogotá

Nicaragua y Colombia – Delimitación Marítima y Posesión de las
Islas de San Andrés y Providencia

El 6 de diciembre de 2001, la República de Nicaragua demandó a
Colombia ante la Corte Internacional de Justicia invocando el artículo
XXXI del Tratado Americano de Solución Pacífica de Controversias
– Pacto de Bogotá.
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 39

De acuerdo a la información obtenida de la Misión Permanente de
Nicaragua ante la OEA, el presente tema no fue presentado ante esta
Organización, puesto que las partes nunca pudieron ponerse de acuerdo
en algún mecanismo de solución pacífica de controversias.
En el Comunicado de Prensa de la Cancillería nicaragüense del 6
de diciembre, se informa que:
“Las negociaciones diplomáticas entre Nicaragua y
Colombia no han tenido éxito y por tanto Nicaragua ha
tenido que recurrir a la Corte Internacional para llegar
a una solución definitiva del litigio”.
Asimismo, de acuerdo al Comunicado de Prensa de la Corte
Internacional de Justicia del 6 de diciembre de 2001, Nicaragua también
invocó el artículo 36 del Estatuto de la Corte, habiendo aceptado ambos
Estados la jurisdicción obligatoria de la Corte.

Costa Rica y Nicaragua – Disputa territorial sobre derechos de
navegación del Río San Juan

Este caso merece una especial atención porque antes de que el
caso fuera elevado a la Corte Internacional de Justicia, Costa Rica
pretendió que la disputa fuera ventilada en el marco de la OEA, siendo
ambos Estados parte del Pacto de Bogotá.
Desde el año 1858 estos países mantienen una disputa territorial
por la interpretación del Tratado de Límites de aquel año
En 1888, el Presidente de los EEUU, Grover Cleveland, emitió un
laudo arbitral en el que se habrían amparado los derechos costarricenses
sobre aquel Río, lo cual no habría sido aceptado por Nicaragua, Estado
que ejerce la soberanía del mismo.
El caso fue llevado a la Corte Centroamericana de Justicia, la que
emitió un fallo en 1916, presumiblemente amparando los derechos
costarricenses.
40 Revista Peruana de Derecho Internacional

El 21 de febrero de 1949 aparentemente estos países habían dado
por terminado su litigio con la suscripción de un Pacto de Amistad ante el
Consejo de la OEA.
Sin embargo, de acuerdo a la información proporcionada por la
Misión Permanente de Nicaragua y un Comunicado de Prensa de la
Secretaría General de la OEA de aquella fecha, el 8 de marzo de 2000, en
el marco de una sesión del Consejo Permanente, el Ministro de Relaciones
Exteriores de Costa Rica solicitó la palabra e invocando los instrumentos
interamericanos de solución pacífica de controversias para tratar de poner
fin “a la preocupante situación” que se ha planteado con Nicaragua desde
el mes de julio de 1998, en torno a los alcances del derecho de libre
navegación en el Río San Juan.
Por su parte, el Canciller nicaragüense expuso los alcances del Tratado
de Límites de 1858, afirmando que su país ejerce “sin discusión alguna,
plena soberanía, control y jurisdicción sobre el Río San Juan…”.
En tal sentido, nos encontramos ante una situación en la que mientras
Costa Rica reclama la existencia de un litigio, Nicaragua defiende la
posición que es un tema cerrado.
Ante la falta de acuerdo para acudir a alguno de los medios de
solución pacífica de controversias, los Ministros de Relaciones Exteriores
de ambos países acordaron aquel día reiniciar el diálogo bilateral y aceptaron
el rol del Secretario General de la OEA en un papel de facilitador de dicho
proceso.
Desde aquella ocasión en marzo de 2000 hasta la fecha, el tema
nunca más volvió a ser visto en la OEA. El 26 de setiembre de 2002
ambos países suscribieron un acuerdo para solucionar la controversia pero
las negociaciones no avanzaron puesto que los mecanismos de mediación
y arbitraje propuestos por Costa Rica no fueron aceptados por Nicaragua.
Sobre el particular, el Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica
declaró que:
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 41

“Consecuentemente, de acuerdo con el principio de
convivencia pacífica entre naciones y el fiel apego a la
tradición costarricense de respeto al Derecho
Internacional, hemos decidido elevar el caso a
conocimiento de la Corte Internacional de Justicia”.
Al quebrarse la negociación bilateral, cuando la Asamblea Nacional de
Nicaragua aprobó una resolución “amenazando con imponer sanciones
económicas a Costa Rica en el caso que llevara el presente caso a la
Corte”, Costa Rica decidió demandar de todos modos a Nicaragua ante la
Corte Internacional de Justicia de La Haya el 29 de setiembre de 2005.
Además de invocar diversos acuerdos subregionales
centroamericanos, Costa Rica citó el artículo XXXI del Pacto de Bogotá
de 1948, del que ambos Estados son parte, para argumentar la jurisdicción
obligatoria de la Corte Internacional de Justicia.
A la fecha, Nicaragua todavía no habría respondido la demanda
costarricense.

B) Casos enmarcados en el Fondo de Paz

Un hito importante en la historia de la Organización fue el
establecimiento en el XXX Período Ordinario de Sesiones de la OEA,
realizado en Windsor, Canadá, del Fondo de Paz (actualmente vigente)
mediante la Resolución No. AG/RES 1756 (XXX-O/00).
Este Fondo puede recibir contribuciones de los Estados miembros
de la OEA, de otros Estados, así como también de otras entidades, incluidas
compañías y personas.
Pero este Fondo de Paz es mucho más que un simple mecanismo
de financiamiento. Cuando las Partes interesadas se dirigen de manera
conjunta a la OEA para solicitar asistencia para resolver pacíficamente
una disputa territorial, encuentran ante sí una serie de opciones de
mecanismos de resolución de controversias contemplados dentro de la
Carta de la OEA.
42 Revista Peruana de Derecho Internacional

Las Partes pueden también tener acceso a la pericia técnica de la
OEA en materia de resolución de disputas territoriales, incluida la
experiencia en diplomacia; en derecho internacional, incluido el derecho
del mar; a expertos en geografía, cartografía y geoespacio, a través del
Instituto Panamericano de Historia y Geografía; y además, acceso a
expertos técnicos externos con quienes la Secretaría General de la OEA
mantiene contacto.

Belice y Guatemala – Diferendo Territorial

El presente caso es uno en que las dos partes involucradas han
realizado una solicitud conjunta para que la OEA intervenga por medio de
algunos de los medios citados de solución pacífica de controversias.
Debe destacarse que en el presente caso no se invoca el Tratado
Americano de Soluciones Pacíficas – Pacto de Bogotá puesto que
Belice no es parte del mismo. Sin embargo, dentro del marco del Capítulo
V de la Carta de la OEA, la misma es competente para dar su asistencia
a dicho proceso no siendo necesario que los Estados en litigio sean parte
del Pacto de Bogotá para acudir a los medios de solución pacífica, ya que
la aplicación de los mismos son, por definición, de carácter consensual.
Asimismo, debe recordarse que el Protocolo de Cartagena de
Indias, Protocolo de Reformas a la Carta de la Organización de los
Estados Americanos del 12 de mayo de 1985, modificó la Carta de modo
tal que se otorgaron atribuciones de solución pacífica de controversias
directamente al Consejo Permanente de la Organización (artículos 84, 85,
86 y 87 de la Carta vigente de la OEA).
El 15 de mayo de 2000, los gobiernos de Belice y Guatemala
reiniciaron el diálogo sobre su prolongado diferendo territorial, bajo los
auspicios de la Secretaría General de la OEA. Como resultados de las
mismas, en la sesión ordinaria del Consejo Permanente celebrada el 2 de
agosto de 2000, las delegaciones de ambos Estados anunciaron el acuerdo
de establecimiento de una Comisión Mixta integrada por diez comisionados,
cinco nombrados por el Gobierno de Belice y cinco por el Gobierno de
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 43

Guatemala, encargada de recibir e implementar propuestas de medidas
de fomento de la confianza sometidas por el Panel de Conciliadores, a fin
de promover las relaciones amistosas y de cooperación entre ambos
Estados.
Bajo dicho marco fue que en la XXX Asamblea General de la
OEA, se creó el Fondo de Paz, para dar asesoramiento técnico al proceso
de solución pacífica de esta y otras controversias que aparecerían en la
agenda de la Organización.
Con tal fin, el 31 de agosto de 2000, se instaló en la sede de la
Organización un Panel de Conciliadores constituido por el diplomático
guyanés Sir Shridath Ramphal y el abogado estadounidense Paul Reichley
para encauzar el proceso de negociación. Las partes se comprometieron
a abordar todas las cuestiones relacionadas con el diferendo
exclusivamente dentro del contexto de este proceso.
Resulta pertinente mencionar que con tal fin se aprobó, en la sesión
ordinaria del Consejo Permanente del 1 de diciembre de 2000, la Resolución
CP/RES 780 (1257/00) Apoyo al Proceso de Negociación entre los
Gobiernos de Belice y Guatemala.
En dicha resolución se cita el capítulo de la Carta de la OEA que
trata sobre solución pacífica de controversias y en su párrafo resolutivo
segundo se decide establecer dentro del Fondo de Paz constituido de
conformidad con la Resolución AG/RES 1756 (XXX-O/00) un subfondo
específico titulado Apoyo a las Negociaciones entre Belice y Guatemala,
destinado a financiar los costos relacionados con el funcionamiento del
Panel de Conciliadores en dicho diálogo. Dicho subfondo funcionó sobre
la base de donaciones de los Países Miembros, así como de los
Observadores Permanentes.
En abril de 2001, ambos países convinieron las directrices generales
para presentar sus argumentos respectivos ante el Panel de Conciliadores
y el Secretario General para analizar los fundamentos del diferendo
territorial. A fin de mayo de 2001 las partes presentaron formalmente sus
casos ante el Panel de Conciliadores oralmente y por escrito.
44 Revista Peruana de Derecho Internacional

Los conciliadores trabajaron en la búsqueda de un acuerdo para
superar el diferendo territorial, que fuera balanceado, comprensivo,
definitivo, honorable y permanente. En setiembre de 2002, presentaron,
por intermedio del Secretario General, un documento de Propuestas de
los Conciliadores a ambos gobiernos.
El documento fue preparado de tal manera que todos sus elementos
pudieran convertirse en los puntos esenciales de posibles textos legales,
que les dieran efectividad y validez jurídica y legal, en caso de que las
propuestas fueran aprobadas, a través de consultas populares simultáneas,
en ambos países.
El 7 de febrero de 2003, los Ministros de Relaciones Exteriores de
Belice y Guatemala, así como el Secretario General Adjunto y Secretario
General de la OEA, suscribieron un Acuerdo para Establecer un Proceso
de Transición y una serie de Medidas de Fomento de la Confianza
entre los dos países, ya que con la presentación de las Propuestas había
concluido el Proceso de Conciliación. Además, fue necesario suscribir
dicho acuerdo, porque existían ciertas dificultades prácticas que impidieron
a las Partes realizar simultáneamente las consultas populares en ambos
países, dentro del plazo recomendado por los Conciliadores.
El Acuerdo estableció un nuevo marco, llamado “Proceso de
Transición”, en el que las Partes acuerdan continuar trabajando
constructivamente y de buena fe para manejar sus relaciones hasta
alcanzar una resolución final justa, equitativa, honorable y permanente a
su diferendo territorial. Dicho marco delinea las responsabilidades de las
Partes y también asigna obligaciones y responsabilidades a la Secretaría
General de la Organización, y a la comunidad internacional mediante la
creación de un “Grupo de Amigos” para apoyar la resolución pacífica del
diferendo territorial entre Belice y Guatemala. El Grupo de Amigos llevó
a cabo su primera reunión el 6 de octubre de 2003 en la sede de la OEA.
Un punto central del Acuerdo es la creación de una Oficina de la
Secretaría General en la Zona de Adyacencia, la cual fue establecida el 1
de julio de 2003. La función específica de la Oficina es verificar el
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 45

cumplimiento, por las Partes, de una serie de medidas de fomento de la
confianza, diseñadas para disminuir las tensiones en la Zona de Adyacencia
y para asegurar el respeto a los derechos humanos de los habitantes del
área.
El presente proceso aún está inconcluso.

Honduras y Nicaragua – Delimitación Marítima

Honduras y Nicaragua celebraron el 21 de julio de 1957 un Acuerdo
ante el Consejo de la OEA mediante el cual estos países convinieron
llevar su diferendo ante la Corte Internacional de Justicia.
A pesar que la CIJ emitió un fallo y la frontera fue demarcada,
quedó pendiente el tema de la delimitación marítima.
En diciembre de 1999, fieles a los principios y propósitos de la
Carta de la OEA, Honduras y Nicaragua se comprometieron a resolver
su diferendo por medios pacíficos y de conformidad con el derecho
internacional. Este compromiso fue acogido por los Estados Miembros
en el Consejo Permanente, el mismo que dieron instrucciones al Secretario
General de designar un representante especial para evaluar la situación,
facilitar el diálogo, y formular recomendaciones conducentes a eliminar
tensiones y a prevenir actos que pudieran afectar la paz hemisférica.
Este representante especial fue el Secretario General Adjunto, Embajador
Luigi Enaudi
Con tal fin, se estableció en la OEA un Fondo Específico a finales
del año 1999 para apoyar la misión del Representante Especial del
Secretario General nombrado de acuerdo con la Resolución No. CP/RES
(1257/00) Apoyo a los Gobiernos de Honduras y Nicaragua.
En tal sentido, en la sede de la OEA, ambos países suscribieron el
7 de marzo de 2000, un Memorandum de Entendimiento que estableció
medidas de confianza para asegurar que los dos países no corran riesgos
de enfrentamientos, mientras que esperaban la determinación de la Corte
46 Revista Peruana de Derecho Internacional

Internacional de Justicia. La principal medida para evitar roces fue el
establecimiento de un régimen de exclusión militar.
Posteriormente, el citado Fondo Específico fue incorporado al Fondo
de Paz, como un subfondo separado.

Honduras y El Salvador – Diferendo Territorial

Ambos países tuvieron un breve conflicto militar en el año 1969,
habiendo suscrito el 6 de octubre de 1976 un convenio mediante el cual
sometieron a mediación sus diferencias.
Como es de conocimiento de esa Cancillería, con la mediación del
Presidente José Luis Bustamante y Rivero, ambos países suscribieron en
Lima el 30 de octubre de 1980, el Tratado de Paz y Límites. No se ha
hallado un registro que estos Estados hayan apelado al Pacto de Bogotá
en aquella época pera el nombramiento del mediador.
Como consecuencia de las dificultades en el proceso de
demarcación de la frontera, los dos gobiernos pidieron asistencia técnica
a la Secretaría General de la OEA y al Instituto Panamericano de Geografía
e Historia (IPGH). El Tratado General de Paz de Lima contiene
disposiciones que asignan responsabilidades específicas al IPGH para el
nombramiento de un tercero dirimente que zanje las diferencias técnicas
entre las Partes con respecto a la demarcación de la frontera.
En abril de 2003, la Secretaría General de la OEA y la Secretaría
General del IPGH respondieron en forma positiva y nombraron al tercero
dirimente.
Actualmente, la OEA, por medio de su Fondo de Paz y sobre la
base del acuerdo suscrito en setiembre de 2002, proporciona asistencia
técnica al proceso de demarcación de la frontera común. Sobre la base
de las observaciones in situ, del texto de la Sentencia de la Corte
Internacional de Justicia de 1992 y de los documentos proporcionados por
la Comisión Especial de Demarcación El Salvador-Honduras, de imágenes
satelitales y de otras herramientas técnicas, el tercero dirimente está
Tratado Americano de Soluciones Pacíficas “Pacto de Bogotá” 47

proporcionado soluciones definitivas, respetadas por los dos países, a los
problemas técnicos encontrados por la Comisión.
Este proceso tampoco ha concluido todavía.

CONCLUSIONES

El Tratado Americano de Soluciones Pacíficas o Pacto de
Bogotá tiene los siguientes atributos:
a. Se basó en la doctrina y los métodos establecidos, aceptados por
los Estados parte para la solución pacífica de sus disputas bilaterales a
través de la negociación directa, buenos oficios, mediación, investigación
y conciliación, arbitraje y aquellos que las partes en disputa puedan
especialmente acordar en cualquier momento.
b. Por definición cualquiera de estos métodos requieren la
concurrencia de las voluntades de las partes y no pueden ser impuestos
por la Organización de los Estados Americanos o por cualquier otra parte
a la otra.
c. El sistema de la OEA no tiene un órgano de jurisdicción obligatoria
para resolver las disputas internacionales; los Estados soberanos en disputa
deben consentir que la Comisión de Conciliación creada por el Pacto de
Bogotá, el Concejo Permanente o el Secretario General intervengan en la
disputa bilateral.
d. A fin de apelar a la Corte Internacional de Justicia no es necesario
haber agotado cualquiera de los métodos de solución pacífica de
controversias establecidos en el Pacto de Bogotá, es decir, por no existir
la obligatoriedad de acudir a alguno de los medios de solución pacífica de
controversias sin que exista acuerdo de las dos partes involucradas. Sólo
es necesario para un Estado constatar que no existe acuerdo para aplicar
ninguno de los métodos de solución pacífica de controversias para poder
demandar a la otra Parte ante la Corte Internacional de Justicia.
48 Revista Peruana de Derecho Internacional

e. El principal aporte del Pacto de Bogotá es consagrar, mediante
los artículos XXXI y XXXII, la jurisdicción obligatoria de la Corte
Internacional de Justicia, para todos los Estados parte que no se puedan
poner de acuerdo en recurrir a algunos de los otros medios de solución
pacífica de controversias enumerados en este mismo tratado.
f. De este modo, se establece en la OEA, gracias al Pacto de
Bogotá un sistema “cerrado” por medio del cual si las partes en conflicto
(siempre y cuando sean parte del Pacto) no se ponen de acuerdo en algún
sistema de solución pacífica de sus controversias, cualquiera pueda
demandar a la otra ante la Corte Internacional de Justicia, lo cual puede
servir para prevenir entrampamientos en los que por falta de acuerdo
bilateral pueda agravarse el deterioro de la relación bilateral y ponerse en
peligro la paz de la Región.

***
49

SEGURIDAD INTERNACIONAL
50 Revista Peruana de Derecho Internacional
51

DEFINIENDO EL TERRORISMO INTERNACIONAL
Alberto Hart Potesta*

1. INTRODUCCIÓN

Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 marcaron un
punto de inflexión en la historia moderna de las relaciones internacionales.
Al término de la mañana de aquel día, la comunidad internacional
comprendió que enfrentaba toda una nueva gama de amenazas las que, a
pesar que habían estado manifestándose desde algún tiempo y,
particularmente, desde el final de la guerra fría, no habían merecido su
atención. Peor aún, la población mundial no solamente pudo apreciar con
horror hasta dónde les era posible llegar a los terroristas, sino que, como
resultado de los actos de ese día, se dio cuenta que se encontraba
totalmente desorganizada para enfrentar a estas nuevas amenazas con
celeridad y eficacia.
Al momento de escribirse el presente trabajo, la comunidad
internacional conmemoró el quinto aniversario de dichos ataques en un
ambiente aún más confuso que el caracterizó aquel día. Cinco años después,
las Naciones Unidas no han podido, siquiera, definir el concepto de

* Ministro en el Servicio Diplomático de la República, con funciones en la
Embajada del Perú en Alemania. Master en Gerencia de Sistemas de Información
en Strayer University de Washington D.C. Actualmente se encuentra cursando
estudios de doctorado en Relaciones Internacionales. Es coautor del libro
Rethinking International Drug Control: New Directions for U.S. Policy, publicado
por el “Council on Foreign Relations” de Nueva York, en mayo de 1997.
52 Revista Peruana de Derecho Internacional

terrorismo internacional; Irak se encuentra aún bajo ocupación
militar extranjera y ad-portas de la guerra civil. Asimismo, la situación en
Afganistán se ha deteriorado sensiblemente y las fuerzas del movimiento
talibán ponen en jaque nuevamente al gobierno de ese país; el Medio Oriente
pasa por uno de sus peores momentos como consecuencia de la intervención
militar israelí en el Líbano; en Gran Bretaña y Alemania se frustran atentados
terroristas de gran envergadura, mientras que Turquía, Egipto, India y otros
países del orbe continúan soportando este tipo de ataques.
Como se puede apreciar, el terrorismo se ha convertido en un
fenómeno global que resulta fácil de reconocer pero muy difícil de definir.
Organizaciones, leyes y académicos a lo largo del mundo han tratado de
encontrar una definición a la palabra “terrorismo”, la cual es interpretada
para satisfacer diversos intereses políticos, sociales, ideológicos y
religiosos. Toda esta diversidad de percepciones ha hecho que las
interpretaciones y definiciones del problema resulten de lo más variadas
y, por ello, no es posible contar con una definición universalmente
consensuada

2. DESCRIPCIÓN

En el desarrollo del presente estudio, se tratará de encontrar la
definición de terrorismo internacional, los orígenes y causas del fenómeno.
Finalmente se incluirán algunas conclusiones, que reflejarán el punto de
vista del alumno sobre este asunto.

3. ANÁLISIS GENERAL

3.1. En busca de definiciones

La búsqueda de una definición consensuada de «terrorismo», es un
asunto que ha preocupado por décadas, a la comunidad internacional. A
pesar de los esfuerzos y tratativas realizadas no ha sido posible para ella,
arribar a un acuerdo sobre esta definición, hecho que constituye el principal
Definiendo el terrorismo internacional 53

obstáculo para la adopción de adecuadas medidas que puedan, en el marco
del derecho internacional, neutralizar este fenómeno.
Sin embargo, la cuestión de cómo definir el terrorismo es una que
levanta una serie de preguntas difíciles porque los esfuerzos para definirlo
parecen destinados a tocar las más volátiles, parciales y sensibles
preocupaciones de los Estados. Los trabajos hasta ahora realizados para
encontrar o acordar una definición consensuada del terrorismo, vienen
levantando, precisamente por la sensibilidad antes expresada, una serie
de preocupaciones en torno al impacto de la misma en la observancia de
los derechos humanos, así como en los principios que regulan el derecho
humanitario internacional.
Si en el proceso de arribar a una definición de terrorismo se vulneran
o debilitan los avances alcanzados en la consolidación de la defensa de
los derechos humanos, dicha definición, internacionalmente acordada,
puede tener efectos contraproducentes para el derecho internacional. Es
decir, una definición de ese tipo plantearía, a la larga, más problemas que
soluciones. Por ello la dificultad de arribar a la misma.
Conforme señala Golder (2004), los dos métodos más usados para
definir el terrorismo son el general y el específico. En ese contexto, el
método específico identifica ciertas actividades como terrorismo
(secuestros y toma de rehenes, por ejemplo), mientras que el general
busca encontrar una definición amplia del terrorismo, utilizando criterios
tales como la intensión y la motivación, entre otras.
Como podremos apreciar en las páginas siguientes, algunas
organizaciones internacionales, países, organizaciones no gubernamentales
y académicos han preferido utilizar el método general. Obviamente existen
las excepciones pero estas resultan las menos frecuentes debido a que la
aproximación específica hace difícil la diferenciación entre un acto terrorista
de otros crímenes. Asimismo, las definiciones alcanzadas a través del
método específico se ven fuertemente influenciadas por los avances
tecnológicos, que dan origen a nuevas formas de terrorismo, con la
consecuente desactualización de la definición obtenida.
54 Revista Peruana de Derecho Internacional

El primer intento para acordar una definición de terrorismo se dio en
las Liga de las Naciones, en 1937, cuando se propuso definir el terrorismo
como “todos los actos criminales dirigidos contra un Estado con la
intensión o el propósito de crear un estado de terror en las mentes de
personas particulares, un grupo de personas o el público en general”.
Lamentablemente la convención que contenía esta definición no entró en
vigor, con lo cual la definición no fue nunca adoptada formalmente.

3.1.1. Naciones Unidas

En el marco de las Naciones Unidas, tampoco ha sido posible a los
Estados miembros ponerse de acuerdo sobre una definición de terrorismo.
Unicamente ha sido posible obtener cierto tipo de lenguaje en algunas
resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad. Así,
durante su 49º periodo de sesiones, la Asamblea General, a partir del
Informe presentado por la Sexta Comisión aprobó, el 17 de febrero de
1995, la resolución A/RES/49/60, mediante la cual adoptó la Declaración
sobre medidas para eliminar el terrorismo internacional, mediante la
cual declara que:
“2. Los actos, métodos y prácticas terroristas constituyen
una grave violación de los propósitos y principios de
las Naciones Unidas, y pueden representar una amenaza
para la paz y la seguridad internacionales, poner en
peligro las relaciones de amistad entre los Estados,
obstaculizar la cooperación internacional y llevar a la
destrucción de los derechos humanos, las libertades
fundamentales y las bases democráticas de la sociedad;
3. Los actos criminales con fines políticos concebidos o
planeados para provocar un estado de terror en la
población en general, en un grupo de personas o en
personas determinadas son injustificables en todas las
circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones
políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas,
Definiendo el terrorismo internacional 55

religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer
para justificarlos.”
Como se puede apreciar, este lenguaje más bien califica a los actos
terroristas, así como expresa una posición sobre lo injustificado de su
naturaleza pero, de ninguna forma, establece una definición sobre el
fenómeno.
Una posterior resolución de la Asamblea General, la A/RES/51/
210, aprobada el 16 de enero de 1997, titulada Medidas para eliminar el
terrorismo internacional, refuerza los términos de la resolución A/RES/
49/60, califica y caracteriza los actos terroristas pero no los define, al
señalar que:
“1. Condena enérgicamente todos los actos, métodos y
prácticas terroristas por considerarlos criminales e
injustificables, dondequiera y por quienquiera sean
cometidos;
2. Reitera que los actos criminales con fines políticos
concebidos o planeados para provocar un estado de
terror en la población en general, en un grupo de
personas o en personas determinadas son injustificables
en todas las circunstancias, cualesquiera sean las
consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas,
raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole
que se hagan valer para justificarlos.”
El Consejo de Seguridad, por su parte, tampoco ha conseguido
aprobar una definición de consenso sobre lo que se entiende por terrorismo.
Al igual que la Asamblea General, solamente ha sido capaz de adoptar
dos resoluciones, la S/RES/1377 (2001), de 12 de noviembre de 2001 y, la
S/RES/1456 (2003), de 20 de enero de 2003, respectivamente, en las que
únicamente se califican y condenan los actos terroristas, pero se deja de
aportar una definición sobre el mismo.
56 Revista Peruana de Derecho Internacional

Ante ello, las Naciones Unidas, hasta que no se adopte una definición
con el aval político de todos los Estados miembros, ha aceptado por
consenso la siguiente definición académica aportada por A.P. Schmid, a
solicitud de la entonces Oficina de las Naciones Unidas sobre el Crimen
Organizado, la misma que dice:
“Terrorismo es un método inspirador de ansiedad, de
repetidas acciones violentas empleadas por individuos,
grupos o actores estatales clandestinos por razones
idiosincrásicas, criminales o políticas en las que –en
contraste con los asesinatos- los objetivos directos de la
violencia no son los objetivos principales. Los objetivos
humanos inmediatos de la violencia son generalmente
elegidos de forma aleatoria o selectivamente de un
segmento de la población, y sirven como generadores
de mensaje. Amenaza y violencia son las bases de los
procesos de comunicación entre terroristas y víctimas;
los objetivos circunstanciales son usados para manipular
el objetivo principal, convirtiéndolo en un objetivo de
terror, un objetivo de demandas, o en un objetivo de
atención, dependiendo de si lo que se busca
primordialmente es la intimidación, la coerción o la
propaganda”. (Schmid, 1988) (http://www.unodc.org/
unodc/terrorism_definitions.html)
Al requerirse a A.P. Schmid una versión más concreta que pudiera
ser usada con fines legales, éste aportó la siguiente, “un acto de terrorismo
es el equivalente, en tiempo de paz, a un crimen de guerra” (Schmid,
1992)

3.1.2. Organismos Regionales

A nivel regional, también se presenta un problema similar aunque
es necesario mencionar que los resultados son algo más alentadores por
haber aceptado, los Estados miembros de los respectivos grupos, conceptos
Definiendo el terrorismo internacional 57

base que pueden ser caracterizados, en principio, como definiciones del
fenómeno.
Así, la Unión Europea (UE) en su Decisión marco 2002/475/
JAI del Consejo, de 13 de junio de 2002, relativa a la lucha contra
el terrorismo, define como actos terroristas aquellos que son “(…)
cometidos con el fin de amenazar a la población y destruir o afectar
seriamente a las estructuras políticas, económicas o sociales del país
(asesinato, daños corporales, toma de rehenes, chantaje, fabricación
de armas, atentados, amenaza de cometer tales actos, etc) cometidos
por uno o más individuos y contra uno o más países”. La misma
norma define a un grupo terrorista “como una asociación estructurada
de más de dos personas que actúa de manera concertada”.(http://
www.statewatch.org/news/2002/jul/frameterr622en00030007.pdf)
El Consejo de Europa, por su parte, en la Convención del Consejo
de Europa para la Prevención del Terrorismo, suscrita en Varsovia el
16 de mayo de 2005, define como ofensa terrorista “todos las ofensas
comprendidas y definidas en uno de los tratados que aparecen en el
Apéndice”. Dichos convenios son:
1. El Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de
aeronaves, firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970.
2. El Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad
de la aviación civil, firmado en Montreal el 23 de septiembre de 1971.
3. La Convención sobre la prevención y el castigo de delitos
contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes
diplomáticos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas
el 14 de diciembre de 1973.
4. La Convención Internacional contra la toma de rehenes,
aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de
diciembre de 1979.
5. El Convenio sobre la protección física de los materiales
nucleares, firmado en Viena el 3 de marzo de 1980.
58 Revista Peruana de Derecho Internacional

6. El Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia
en los aeropuertos que prestan servicios a la aviación civil
internacional, complementario del Convenio para la represión de
actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil, firmado en
Montreal el 24 de febrero de 1988.
7. El Convenio para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de la navegación marítima, hecho en Roma el 10 de marzo de
1988.
8. El Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma
continental, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988.
9. El Convenio Internacional para la represión de los atentados
terroristas cometidos con bombas, aprobado por la Asamblea General
de las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1997.
10. El Convenio Internacional para la represión de la
financiación del terrorismo, aprobado por la Asamblea General de las
Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1999. (http://www.icj.org/IMG/
pdf/CoE_Convention-2005.doc.pdf)
La Comunidad de Estados Independientes, en el Tratado de
Cooperación entre los Estados de la Comunidad de Estados
Independientes para Combatir el Terrorismo, suscrito en Minsk, el 4 de
junio de 1999, define el terrorismo “como un acto ilegal, punible por la ley
penal, ejecutado con el propósito de deteriorar la seguridad pública,
influenciar la toma de decisiones por las autoridades o aterrorizar a la
población, bajo la forma de violencia o amenaza del uso de la violencia
contra personas naturales o jurídicas; destruyendo (dañando) o
amenazar con destruir (dañar) la propiedad y otros objetos materiales
para poner en peligro la vida de las personas; causando daño sustancial
a la propiedad u ocasionando peligro a la sociedad; amenazando la
vida de figuras públicas con el objetivo de poner fin a su actividad
estatal u otra actividad pública o en revancha a actos ejecutados en esa
actividad; otros actos clasificados como terroristas en la legislación
Definiendo el terrorismo internacional 59

interna de las Partes o en los instrumentos internacionales destinados a
combatir el terrorismo, universalmente reconocidos”. (http://untreaty.un.org/
English/Terrorism/csi_e.pdf)
La Organización de Estados Americanos (OEA), a través de la
Convención Interamericana contra el Terrorismo aprobada por su
Asamblea General el 3 de junio de 2002 y vigente desde el 7 de octubre
de 2003 (AG/RES. 1840 (XXXII-O/02)), adopta la misma mecánica que
el Consejo de Europa al señalar que “para los propósitos de esta
Convención, se entiende por delitos aquellos establecidos en los
instrumentos internacionales que se indican a continuación…” (http:/
/www.oas.org/xxxiiga/english/docs_en/docs_items/AGres1840_02.htm).
Los instrumentos internacionales a los que se refiere la Convención
Interamericana, son los mismos listados en el párrafo anterior.
La Organización de la Unión Africana, en la Convención para
Prevenir y Combatir el Terrorismo, suscrita en Argel, en julio de 1999,
en su artículo 1º, numeral 3, define el acto terrorista define como:
“a. Cualquier acto que viola las leyes criminales de un
Estado Parte y que puede poner en peligro la vida, la
integridad físico, o la libertad, o causar serias heridas
o la muerte de cualquier persona o grupo de personas,
o causar daño a la propiedad pública o privada, recursos
naturales, al medio ambiente o a la herencia cultural, e
intenta o tiene como objetivo:
i. intimidar, amenazar, forzar, coercionar, o inducir a
cualquier gobierno, organización, institución, público en
general o parte de éste, a hacer o abstenerse de realizar
alguna acción, o a adoptar o abandonar cualquier
iniciativa, o a actuar de acuerdo a ciertos principios, o;
ii. interrumpir cualquier servicio público, la provisión
de cualquier servicio público esencial o la creación de
una emergencia pública, o;
60 Revista Peruana de Derecho Internacional

iii. crear la insurrección en un estado.
b. Cualquier promoción, apoyo, contribución, comando,
ayuda, incitamiento, motivación, intento, amenaza,
conspiración, organización, reclutamiento de cualquier
persona con el propósito de intentar cometer cualquiera
de los actos referidos en el párrafo a.(i) al (iii)”. (http://
w w w. a f r i c a - u n i o n . o r g / O f f i c i a l _ d o c u m e n t s /
Tr e a t i e s _ % 2 0 C o n v e n t i o n s _ % 2 0 P r o t o c o l s /
Algiers_convention%20on%20Terrorism.pdf )
La Asociación para la Cooperación Regional del Asia del Sur en su
Convención para la Supresión del Terrorismo, suscrita en Katmandú,
en noviembre de 1987, tipifica como acción terrorista toda o todo:
“a) ofensa que se comenta en el marco del Convenio
para la represión del apoderamiento ilícito de aeronaves,
firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970;
b) ofensa que ocurra en el marco del Convenio para la
represión de actos ilícitos contra la seguridad de la
aviación civil, firmado en Montreal el 23 de septiembre
de 1971;
c) ofensa que este comprendida en lo dispuesto por la
Convención sobre la prevención y el castigo de delitos
contra personas internacionalmente protegidas, inclusive
los agentes diplomáticos, aprobada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de
1973;
d) ofensa que ocurra en el marco de cualquier otra
Convención en la que los Estados miembros son Parte y
obligue a las partes a ejecutar acciones penales o
garantizar extradición;
e) asesinato, masacre, asalto causando daño corporal,
secuestro, toma de rehenes y ofensas relacionadas con
Definiendo el terrorismo internacional 61

armas de fuego, armas, explosivos y sustancias
peligrosas, cuando estos son usados como medios para
perpetrar la violencia indiscriminada que tenga como
consecuencia la muerte o heridas graves de personal o
serios daños a la propiedad;
f) intento de conspiración para cometer una de las
ofensas incluidas en los párrafos precedentes, la ayuda
o asesoramiento para cometer esas ofensas, o la
participación como cómplice en las ofensas descritas en
los acápites a) al e)”. (http://untreaty.un.org/English/
Terrorism/Conv18.pdf)
Los Estados miembros de la Liga Arabe, a través de la Convención
Arabe para la Supresión del Terrorismo, firmada en El Cairo, en abril de
1998, define como terrorismo, en su artículo 1º , numeral 2, “cualquier acto
o amenaza de violencia, cualquiera sea su motivos o propósitos que
ocurre en el cumplimiento de una agenda criminal, individual o colectiva,
y que persigue crear el pánico en la población, causar miedo por medio
de la amenaza, o poner en peligro sus vidas, libertad o seguridad , o
causar daño al medio ambiente o a la propiedad o instalaciones públicas
o privadas, u ocupándolas o tomándolas, o amenazar los recursos
naturales”.
La citada Convención establece también, en el numeral 3 de su
artículo 1º que constituyen ofensas terroristas, “cualquier ofensa o intento
de ofensa cometida en cumplimiento de un objetivo terrorista en cualquiera
de los Estados Contratantes, o de sus nacionales, propiedades o intereses,
que resulten penados por su legislación interna. Las ofensas estipuladas
en las siguientes convenciones, excepto cuando las convenciones no han
sido ratificadas por los Estados Contratantes o donde estas ofensas hayan
sido excluidas de su legislación, deberán también ser consideradas como
ofensas terroristas:
a. La Convención de Tokio sobre ofensas y Ciertos Otros Actos
Cometidos A bordo de Aeronaves, de 14 de setiembre de 1963.
62 Revista Peruana de Derecho Internacional

b. El Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de
aeronaves, firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970.
c. El Convenio para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de la aviación civil, firmado en Montreal el 23 de septiembre
de 1971, y su Protocolo de 10 de mayo de 1984.
d. La Convención sobre la prevención y el castigo de delitos
contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes
diplomáticos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas
el 14 de diciembre de 1973;
e. La Convención Internacional contra la toma de rehenes,
aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de
diciembre de 1979;
f. Las provisiones de la Convención sobre Derecho del Mar, de
1982, en lo relacionado a la piratería en la alta mar.
Sin embargo, el artículo 2º de la Convención contiene una excepción,
que señala que ”en los casos de insurrección utilizando cualquier medio,
inclusive el armado, contra la ocupación o agresión extranjera, realizada
por movimientos de liberación y autodeterminación, de conformidad
con los principios del derecho internacional, no debe ser considerado
como ofensa. Esta provisión no aplica cuando se trate de una acto contra
la integridad territorial de un Estado Arabe”. (http://www.ciaonet.org/
cbr/cbr00/video/cbr_ctd/cbr_ctd_27.html)
La Organización de la Conferencia Islámica, establece en el artículo
1º, numeral 2 de la Convención de la sobre el Combate al Terrorismo
Internacional, suscrita en Ouagadougou, en julio de 1999, que se entiende
por “terrorismo cualquier acto de violencia o amenaza de uso de
ella, más allá de sus motivos o intensiones, perpetrado para llevar
adelante un plan criminal individual o colectivo, con el propósito de
aterrorizar a la población o amenazando sus vidas, honor, libertades,
seguridad o derechos, o amenazando el medioambiente o cualquier
establecimiento público o privado, u ocupándolo o tomándolo, o
Definiendo el terrorismo internacional 63

poniendo en peligro cualquier recurso natural o establecimiento
internacional, o amenazando la estabilidad, integridad territorial,
unidad política o soberanía de Estados independientes”.
El numeral 2 del mismo artículo, define como crimen terrorista
“cualquier crimen ejecutado, iniciado o en el que se ha participado
para alcanzar un objetivo terrorista en cualquiera de los Estados
Contratantes o sus nacionales, medios o intereses, establecimientos
internacionales y, nacionales residentes en su territorio, que son
penados por las legislación interna”.
Asimismo, en su numeral 3 señala que los crímenes estipulados en
la convenciones siguientes, también son considerados como terroristas,
con excepción de aquellos excluidos por las legislaciones internas de los
Estados Contratantes, o aquello que no las hubieren ratificado:
a) La Convención de Tokio sobre ofensas y Ciertos Otros Actos
Cometidos A bordo de Aeronaves, de 14 de setiembre de 1963.
b) El Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de
aeronaves, firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970.
c) El Convenio para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de la aviación civil, firmado en Montreal el 23 de septiembre
de 1971, y su Protocolo de 10 de mayo de 1984.
d) La Convención sobre la prevención y el castigo de delitos
contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes
diplomáticos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas
el 14 de diciembre de 1973;
e) La Convención Internacional contra la toma de rehenes,
aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de
diciembre de 1979;
f) Las provisiones de la Convención sobre Derecho del Mar, de
1982, en lo relacionado a la piratería en la alta mar.
64 Revista Peruana de Derecho Internacional

g) La Convención sobre Protección Física del Material Nuclear,
firmada en Viena en 1979.
h) El Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia
en los aeropuertos que prestan servicios a la aviación civil
internacional, complementario del Convenio para la represión de
actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil, firmado en
Montreal el 24 de febrero de 1988.
i) El Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma
continental, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988.
j) El Convenio para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de la navegación marítima, hecho en Roma el 10 de marzo
de 1988.
k) El Convenio Internacional para la represión de los atentados
terroristas cometidos con bombas, aprobado por la Asamblea General
de las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1997.
l) La Convención sobre Marcado de Explosivos Plásticos para
propósitos de detección, hecho en Montreal en 1991.
Al igual que la Convención Arabe para la Supresión del Terrorismo,
el Artículo 2º, literal a. de la Convención de la sobre el Combate al Terrorismo
Internacional de la Organización de la Conferencia Islámica, preserva
el derecho de las poblaciones “…a la insurrección, incluida la armada,
contra la ocupación y agresión externa, el colonialismo, y la hegemonía,
con propósitos de liberación y autodeterminación, de conformidad con
el derecho internacional...”.
Finalmente, el literal d. del mismo artículo 2º estipula que “todas
las formas de crímenes internacionales, incluidos el tráfico ilícito de
narcóticos y seres humanos y lavado de dinero destinado a financiar
actividades terroristas, serán considerados como crímenes
terroristas”.(http://www.oic-un.org/26icfm/c.html)
Definiendo el terrorismo internacional 65

3.1.3. En la legislación de algunos de los países afectados por el
fenómeno terrorista

En adición a las señaladas, existen otras definiciones de “terrorismo”
o “acto terrorista”, que son utilizadas por la legislación interna de algunos
de los países afectados o que fueron afectados por el fenómeno terrorista.
Así, el Código Federal de los Estados Unidos, en su Capítulo
113B de la Parte I del Título 18 define el terrorismo y presenta un listado
de los crímenes asociados a este delito.
En ese contexto, la Sección 2331 (Definiciones) del Capítulo 113B,
define terrorismo como:
“(1) el término “terrorismo internacional” significa
actividades que:
(A) implican actos violentos o peligrosos para la vida
humana y que constituyen una violación de la ley penal
de los Estados o de cualquier otro Estado, o que son
considerados como violación criminal si de cometieran
en la jurisdicción de los Estados Unidos o de cualquier
otro Estado;
(B) pretenden:
(i) intimidar o coercionar a la población civil;
(ii) influenciar la política de un gobierno por la
intimidación o la coerción; o
(iii) afectar la conducta de un gobierno mediante la
destrucción en masa, el asesinato o el secuestro; y
(C) ocurre fuera de la jurisdicción territorial de los
Estados Unidos o trasciende las fronteras nacionales
en términos de los medios utilizados para ejecutarlo, de
las personas que son objeto de coerción o intimidación
o de los lugares desde los cuales los perpetradores
operan o buscan asilo; …
66 Revista Peruana de Derecho Internacional

(5) El término terrorismo doméstico significa actividades
que:
(A) involucran actos peligrosos contra la vida humana,
en violación de las leyes penales de los Estados Unidos
o de cualquier otro Estado;
(B) pretenden:
(i) intimidar o coercionar a la población civil;
(ii) influenciar la política del gobierno por la
intimidación o coerción; o
(iii) afectar la condicta de un gobierno por medio de la
destrucción en masa, el asesinato o el secuestro; y
(C) ocurre en la jurisdicción territorial de los Estados
Unidos”. (http://www4.law.cornell.edu/uscode/html/
uscode18/usc_sec_18_00002331——000-.html )

El Patriot Act por su parte, define como terrorismo:
“actividades que (A) incluyen actos peligrosos contra la
vida humana y que están en violación de las leyes penales
de los Estados Unidos o de cualquier Estado, que (B)
aparentan estar dirigidas a (i) intimidar o coercionar a
la población civil, (ii) a influenciar, a través de la
intimidación y la coerción la política del gobierno, o (iii)
a afectar la conducta del gobierno a través de la
destrucción masiva, el asesinato o el secuestro, y (C)
ocurre principalmente en la jurisdicción territorial de
los Estados Unidos”.
El U.S. National Counter Terrorism Center (NCTC), describe como
acto terrorista como uno “premeditado, perpretado por un agente
clandestino o subnacional, políticamente motivado, que incluye
potencialmente motivaciones religiosas, filosóficas o culturalmente
simbólico, violento y ejecutado contra un objetivo no combatiente”.
(http://www.tkb.org/documents/Downloads/NCTC_Report.pdf )
Definiendo el terrorismo internacional 67

La British Terrorism Act 2000, define el terrorismo como actos
que no solamente incluyen hechos violentos contra las personas y a dañar
físicamente la propiedad, sino también a aquellos actos “destinados a
interferir o afectar seriamente sistemas electrónicos” (http://
www.opsi.gov.uk/ACTS/acts2000/00011—b.htm#1 )
Sin embargo, para ser considerados terroristas, todos estos actos
deben también, (a) estar destinados a influenciar al gobierno, intimidar al
público o parte de él, y (b) ser ejecutado con el propósito de apoyar una
causa política, religiosa o ideológica.(http://www.opsi.gov.uk/ACTS/
acts2000/00011—b.htm#1)
El Código Penal español, en su artículo 571 define como delito de
terrorismo, aquellos “…cuya finalidad sea la de subvertir el orden
constitucional o alterar gravemente la paz pública…”. Los delitos incluidos
en esta tipificación incluyen los estragos o incendios; los atentados contra las
personas; los atentados contra miembros de las Fuerzas Armadas, de las
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Policías de las Comunidades
Autónomas o de los Entes Locales; el depósito de armas o municiones o la
tenencia de sustancias o aparatos explosivos, inflamables, incendiarios o
asfixiantes, de sus componentes, fabricación, tráfico, transporte o suministro
de cualquier forma, colocación o empleos de estas sustancias o de los medios
o artificios adecuados; infracciones y faltas; atentados contra el patrimonio;
colaboración; homicidios; las lesiones en el caso de delitos contra los altos
organismos de la Nación: detenciones ilegales; secuestros, coacciones contra
las personas; la provocación, la conspiración y la proposición para cometer
estos mismos delitos. (Artículos 571 a 573). (http://pdf.rincondelvago.com/
codigo-penal-espanol-de-1995.html )
Es necesario mencionar que la jurisprudencia española considera que
ningún delito es en sí mismo terrorista, sino que en determinadas condiciones,
éste adquiere una fisonomía terrorista. Para que puedan ser aplicadas estas
disposiciones, es necesario que tales hechos se realicen por el sujeto activo
mencionado en el artículo 571, es decir por aquel que lo comete “perteneciendo,
actuando al servicio o colaborando con bandas armadas, organizaciones
o grupos cuya finalidad sea la de subvertir...”.
68 Revista Peruana de Derecho Internacional

El Código Penal alemán, por su lado, no define el delito de terrorismo
pero en su Artículo § 129 sí establece quien incurre en el delito de
“Conformación de asociaciones terroristas”, indicando que lo hace quien:
“(1) …funde una asociación cuyos objetivos individuales
estén orientados a cometer
1. asesinato, homicidio o genocidio
2. hechos punibles contra la libertad personal en los
casos del §239a (secuestro extorcivo) o del §239b (toma
de rehenes)
3. hechos punibles según el §305a (destrucción de
importantes medios de trabajo), o hechos punibles que
constituye peligro público en los casos de los artículos
§306 a §306c (incendio, incendio grave, incendio
especialmente grave, incendio con consecuencia de
muerte, respectivamente); el §307 incisos 1 al 3
(provocación de una explosión utilizando energía
nuclear); el §308 incisos 1 a 4 (provocación de una
explosión detonante); el §309 incisos 1 al 5 (abuso de
radiaciones ionizantes); §313 (provocación de
inundación); §314 ( envenenamiento peligroso para la
comunidad) ó §315 inciso 1, 3 ó 4 (intervenciones
peligrosas en el tráfico ferroviario, marítimo o aéreo);
el §316b incisos 1 ó 3 (perturbación de empresas
públicas); o el §316c incisos 1 al 3 (ataques al transporte
aéreo y marítimo). http://www.unifr.ch/derechopenal/obras/
stgb.pdf#search=’Codigo%20Penal%20alem%C3%A1n’
Francia, en su Código Penal (Ley nº 96-647 de 2 de julio 1996 Art. 2
Diario Oficial de 23 de julio 1996), señala en el Título II: Del Terrorismo,
Artículo 421-1 que “Constituyen actos de terrorismo, cuando sean
cometidos intencionadamente en relación con una acción individual o
colectiva que tenga por objeto alterar gravemente el orden público
mediante la intimidación o el terror, las infracciones siguientes:
Definiendo el terrorismo internacional 69

1º Los atentados voluntarios contra la vida, los atentados
voluntarios contra la integridad de la persona, el rapto y el secuestro,
así como el secuestro de aeronaves, de buques o de cualquier otro
medio de transporte, definidos en el libro II ( De los crímenes y delitos
contra las personas) de presente código;
2º Los robos, las extorsiones, las destrucciones, daños y
deterioros, así como las infracciones en materia de informática
definidos en el libro III (De los crímenes y delitos contra los bienes)
del presente código;
3º Las infracciones en materia de grupos de combate y de
movimientos disueltos definidas en los artículos 431-13 (grupos de
combate) a 431-17 y las infracciones definidas en los artículos 434-
6 (complicidad en crimen o acto terrorista) y 441-2 a 441-5(falsedad
y documentos falsos);
4º La fabricación o la tenencia de máquinas, artefactos
mortíferos o explosivos, definidos en el artículo 3 de la ley de 19 de
junio de 1871 que deroga el decreto de 4 de septiembre de 1870
sobre fabricación de armas de guerra;
- la producción, la venta, la importación o la exportación de
sustancias explosivas, definidas en el artículo 6 de la ley nº 70-575
de 3 de julio de 1970 sobre reforma del régimen de la pólvora y
sustancias explosivas; la adquisición,
- la tenencia, el transporte o el porte ilegítimo de sustancias
explosivas o de artefactos fabricados con dichas sustancias,
definidos en el artículo 38 del decreto-ley de 18 de abril de 1939
que fija el régimen de los materiales de guerra, armas y municiones;
- la tenencia, el porte y el transporte de armas y municiones de
las categorías primera y cuarta, definidos en los artículos 24, 28, 31
y 32 del decreto-ley antes citado;
- las infracciones definidas en los artículos 1 y 4 de la ley nº
72-467 de 9 de junio de 1972 prohibiendo la puesta a punto, la
70 Revista Peruana de Derecho Internacional

fabricación, la tenencia, el almacenamiento, la adquisición y
la cesión de armas biológicas o que contengan toxinas.
- las infracciones previstas en los artículos 58 a 63 de la ley nº
98-467 de 17 de junio de 1998 relativa a la aplicación del Convenio
de 13 de enero de 1993 sobre la prohibición de la puesta a punto, la
fabricación, el almacenamiento y el uso de armas químicas y su
destrucción;
5º La reaceptación del producto de alguna de las infracciones
previstas en los apartados 1º y 4º anteriores;
6º Las infracciones de blanqueo previstas en el capítulo IV del
título II del libro III del presente código;
7º Los delitos de uso de informaciones privilegiadas previstos
en el artículo L. 465-1 del código monetario y financiero”. http://
www.unifr.ch/derechopenal/legislacion/fr/CPfrancia_texto.pdf
El Artículo 421-2, establece, adicionalmente, que “Constituye
igualmente un acto de terrorismo, cuando se cometa
intencionadamente en relación con una empresa individual o colectiva
que tenga por objeto alterar gravemente el orden público por medio
de la intimidación o el terror, el hecho de introducir en la atmósfera,
sobre el suelo, el subsuelo o en las aguas, con inclusión del mar
territorial, una sustancia susceptible de poner en peligro la salud
humana o de los animales o el medio natural.
Artículo 421-2-1 (introducido por la Ley nº 96-647 de 22 de
julio d e1996 art. 3 Diario Oficial de 23 de julio de 1996): Constituye
igualmente un acto de terrorismo el hecho de participar en un grupo
formado o en un acuerdo establecido para la preparación,
caracterizada por uno o varios hechos materiales, de alguno de los
actos terroristas mencionados en los artículos anteriores.
Artículo 421-2-2 (introducido por la Ley nº 2001-1062 de 15
de noviembre de 2001 art. 33 Diario Oficial de 16 de noviembre de
Definiendo el terrorismo internacional 71

2001) Constituye igualmente un acto de terrorismo el hecho de
financiar una actividad terrorista aportando, reuniendo o gestionado
fondos, valores o bienes cualesquiera o dando consejos para tal
fin, con la intención de ver estos fondos, valores o bienes utilizados,
o a sabiendas de que se destinarán a ser utilizados, en todo o en
parte, para cometer cualquier acto de terrorismo previsto en el
presente capítulo, independientemente del acaecimiento eventual de
un acto de ese tipo”. http://www.unifr.ch/derechopenal/legislacion/fr/
CPfrancia_texto.pdf
El Código Penal australiano (Australian Criminal Code), en su
Parte 5.3 Terrorismo; División 100 Preliminar; 100.1, establece lo siguiente:
“(1) En esta parte:…
acto terrorista significa una acción o amenaza de acción
en donde:
(a) la acción se encuentre comprendida en la subsección
(2) y no en la subsección (3); y
(b) la acción sea ejecutada o la amenaza de su ejecución
sea hecha con la intención de alcanzar una causa
política, religiosa o ideológica; y
(c) la acción o la amenaza de acción sea hecha con la
intensión de:
(i) coercionar o influenciar por medio de la intimidación
el gobierno federal o un Estado, Territorio o país
extranjero; o
(ii) intimidar a la población o una sección de la
población.
(2) la acción se encuentra comprendida en esta
subsección si:
(a) causa daño físico serio a una persona; o
72 Revista Peruana de Derecho Internacional

(b) causa serio daño a la propiedad; o
(c) causa la muerte de una persona; o
(d) pone en peligro la vida de una persona que no sea
la que esta realizando la acción; o
(e) conlleva riesgo serio a la salud o seguridad de la
población o a una parte de ella; o
(f) interfiere, interrumpe o destruye seriamente un
sistema electrónico, incluyendo pero no limitado a:
(i) un sistema de información; o
(ii) un sistema de telecomunicaciones; o
(iii) un sistema financiero; o
(iv) un sistema utilizado para proveer servicios esenciales
del gobierno; o
(v) un sistema usado por y para servicios para servicios
públicos esenciales; o
(vi) un sistema usado para o por el sistema de
transportes.

(3) la acción está comprendida en esta subsección si:
(a) constituye una apoyo, protesta, diferencia o acción
industrial; y
(b) no pretende:
(i) causar serio daño físico a una persona; o
(ii) causar la muerte de una persona; o
(iii) poner en peligro la vida de una persona diferente a
aquella que está realizando la acción; o
(iv) crear riesgo serio a la salud y seguridad de la
población o parte de ella.

(4) En esta División:
Definiendo el terrorismo internacional 73

(a) la referencia a cualquier persona o propiedad es en
referencia a cualquier persona o propiedad
independientemente de que se encuentre situada en
Australia o fuera de ella; y
(b) la referencia a la población incluye a la de cualquier
otro país”. http://www.comlaw.gov.au/ComLaw/Legislation/
ActCompilation1.nsf/framelodgmentattachments/
6A819525F06C227DCA2571AE00270F6C

El Código Penal peruano (modificatoria establecida por la Ley 24651,
de 19 de marzo de 1987), en su Libro Segundo, Sección Octava “A”, De los
Delitos de Terrorismo, Artículo 288 A, tipifica como terrorista a:
“El que, con propósito de provocar o mantenerse un estado
de zozobra, alarma o terror en la población o un sector de
ella; cometieron actos que pudieren crear peligro para la
vida, la salud o el patrimonio de las personas o encaminados
a la destrucción o deterioro de edificios públicos o privados,
vías y medios de comunicación o transporte o de conducción
de fluidos o fuerzas motrices u otras análogas, valiéndose
de medios capaces de provocar grandes estragos o de
ocasionar grave perturbación de la tranquilidad pública o
de afectar las relaciones internacionales o la seguridad
del Estado, …”. http://www.pucp.edu.pe/idehpucp/images/docs/
terr_d_ley_24651.pdf
Colombia, establece en su Código Penal, Libro Segundo, Título
XII, Capítulo Primero, Artículo 343, que comete delito de terrorismo “El
que provoque o mantenga en estado de zozobra o terror a la población
o a un sector de ella, mediante actos que pongan en peligro la vida,
la integridad física o la libertad de las personas o las edificaciones
o medios de comunicación, transporte, procesamiento o conducción
de fluidos o fuerzas motrices, valiéndose de medios capaces de
causar estragos,…”. http://www.unifr.ch/derechopenal/legislacion/co/
l2t12c1-2.htm
74 Revista Peruana de Derecho Internacional

3.1.4. Las propuestas de académicos y organizaciones no
gubernamentales

La Comisión Andina de Juristas, al señalar que, “…desde una
perspectiva general es posible sostener que el terrorismo es un método
cuyo objetivo es sembrar el terror para establecer un contexto de
intimidación, generar pánico, producir histeria y miedo”, considera
que esta es una definición insuficiente que es necesario ampliar y expandir
para incluir en ella todos los elementos que caracterizan al terrorismo
internacional moderno.
En ese contexto, propone la siguiente definición:
“Es un fenómeno de alcance global caracterizado por
la utilización ilegal o amenaza de violencia premeditada,
encubierta y sorpresiva que, a partir de un motivación
política, busca sembrar el terror para establecer un
contexto de intimidación, provocar repercusiones
psicológicas de amplio espectro mas allá de la víctima
elegida como objetivo, generar pánico, producir
histeria, miedo, y liquidar el orden y la autoridad en las
sociedades, afectando sustantivamente el Estado de
Derecho o “Rule of Law”. El contexto establecido permite
promocionar una causa de índole político, religioso o
ideológico, las cuales requieren de una accionar político.
Como consecuencia de todo ello, se pone en peligro la
vida, salud y bienestar de las personas, atentándose
contra la paz y seguridad internacionales.
Los protagonistas de la comisión de estos actos
terroristas pueden ser miembros de organizaciones no
estatales y sus cómplices, sean Estados o no, de darles
apoyo o asilo. De otro lado, también están comprendidos
aquellos Estados que utilizan, de modo explícito o
implícito, sus servicios de inteligencia y sus agentes”.
(http://www.cajpe.org.pe/terro/adt.htm ).
Definiendo el terrorismo internacional 75

A nivel académico existe un importante número de definiciones
sobre terrorismo. Entre otras, tenemos las de:
- Robespierre Maximilien (1794), fue el primero en referirse al uso
del terror como instrumento político señalando que “…no es otra cosa
que la justicia pronta, severa e inflexible”.
- Brian Jenkins (2006), considerado el “padre” de los trabajos de
investigación sobre terrorismo en los Estados Unidos, que señala que
“terrorismo es el uso o amenaza del uso de la fuerza con la finalidad
de alcanzar un cambio político”.
- Walter Laquear (1977), el terrorismo se define como “el uso
ilegítimo de la fuerza contra gente inocente, para alcanzar un
objetivo político”.
- James M. Poland (2000), define el terrorismo “como el asesinato,
masacre y amenaza sistemática, deliberada y premeditada de
inocentes, para crear miedo e intimidación, para ganar ventajas
políticas o tácticas para, normalmente, influenciar a una población”.
- Yonah Alexander (2001), señala que el terrorismo puede ser
definido como “el uso de la violencia contra blancos civiles para
intimidar o crear un miedo generalizado con el propósito de lograr
objetivos políticos”.
- Jack Gibbs (1989), caracteriza el terrorismo como “la violencia o
amenaza del uso de violencia ilegal dirigida contra humanos u objetos
no humanos, siempre y cuando (1) hubiere sido aplicada o dispuesta
con el objetivo de alterar o mantener por lo menos una norma en por lo
menos una unidad territorial o población; (2) tuviera características
secretas, furtivas o clandestinas destinadas a ocultar la identidad o la
futura localización de los ejecutores; (3) no fue ejecutado para asegurar
la defensa de un área; (4) no formó parte de una acción militar
convencional y, debido a que ocultó la identidad personal, futura
localización, sus amenazas, y/o su movilidad espacial, los ejecutores se
consideraron a si mismos menos vulnerables a una acción militar
76 Revista Peruana de Derecho Internacional

convencional; (5) fue percibida por los participantes como un
hecho que contribuye al objetivo antes mencionado de propagar el miedo
en otras personas (tal ve una categoría indefinida de ellas) diferentes a
aquellas que constituyeron el objeto de su violencia, y/o a la propaganda
de alguna causa”.
- Kshitij Parva (2003), señala que “Hay innumerables definiciones
de terrorismo y cada una, a pesar de parecer correcta desde su propia
perspectiva, ignora ciertos aspectos de la cuestión. En otras palabras,
estas definiciones no representan todos los componentes del terrorismo.
Sin embargo, a partir del análisis de estas definiciones puede
desarrollarse una definición aceptable (…) la violencia y la intimidación
pueden ser medios efectivos de lograr múltiples objetivos. Pueden ser
usadas para beneficios personales, reparar agravios sociales y
económicos, o para ganar envergadura política. De todas formas, no
todos los actos de violencia son terrorismo. Sólo puede definirse como
terrorismo aquellos incidentes de violencia que tienen implicancias
políticas (…) El objetivo último de los terroristas es adquirir poder político.
Las cuestiones sociales y económicas no son primarias para ellos, aún
cuando éstas son vitales para el auge del terrorismo (…)”.
- C.A.J. Coady (1992) señala que terrorismo es “el uso organizado
de la violencia para atacar a no combatientes («inocentes») o sus
propiedades, por propósitos políticos”.
- Igor Primoratz (2004), en un artículo publicado en junio de 2004
en la revista Arena Magazine bajo el título Terrorism: what is it and can
it ever be morally justified?, define el terrorismo como “el uso
deliberado de la violencia o la amenaza de su uso, contra gente
inocente, con el propósito de intimidar a otra gente para obligarlos
a tomar un curso de acción que, de otra forma, no tomarían”.

3.1.5. El terrorismo de Estado

Como se puede apreciar del conjunto de definiciones consignadas en
las páginas precedentes se refieren, en términos generales, a los actos cometidos
Definiendo el terrorismo internacional 77

por individuos o grupos de individuos que no están vinculados al Estado. Sin
embargo, en las discusiones llevadas a cabo con el propósito de arribar a un
consenso sobre lo que internacionalmente debe ser reconocido como definición
de terrorismo, el asunto del Estado como institución que puede practicar o
promover el terrorismo ha sido tratado en profundidad y muchos países
miembros de las Naciones Unidas son de la idea que este tema debe ser
claramente incluido en cualquier convención o definición que, sobre el
terrorismo, se acuerde en el seno de la Organización.

La discusión sobre la definición de lo que se puede considerar como
“terrorismo de Estado” plantea más dificultades que en el caso de los actores
no estatales. Para Primoratz (2002), por ejemplo, es necesario hacer dos
importantes distinciones al abordar este asunto. Primero, señala, “es necesario
distinguir entre estados que utilizan ocasionalmente el terrorismo y
estados terroristas propiamente dichos, que son aquellos que usas el
terrorismo de manera sistemática como último recurso de su política”.
La segunda se refiere a los Estados que usan el terror contra su propia
población, destacando que esta segunda forma de terrorismo de Estado resulta
mucho más repugnante que la primera, puesto que el Estado la usa justamente
contra aquellos que se suponen son el objeto de su protección y cuidado.
Interesante resulta también el punto de vista del juez español Baltasar
Garzón que señala que “el terrorismo de Estado es un sistema político que
gobierna fuera de los límites reconocidos al Estado e impone, de manera
clandestina, impredecible y difusa, inclusive contra población
claramente inocente, medios coercitivos claramente prohibidos por la
ley”.
Teniendo cuenta estos comentarios se podría señalar que el
terrorismo de Estado resulta, moralmente (si asumimos que existe la moral
en la política interna o externa), mucho peor que aquel desarrollado por
actores no estatales, habida cuenta que el Estado tiene a su disposición
una serie de recursos constitucionales y legales que le permiten alcanzar
sus objetivos sin tener que utilizar métodos que son rechazados tanto por
su propia ley como por la internacional.
78 Revista Peruana de Derecho Internacional

En la arena internacional, el involucramiento de los Estados en
actividades terroristas constituye uno de los principales y más peligrosos
medios para vulnerar el derecho internacional de los que ellos mismas
forman parte y han contribuido a establecer. Este tipo de acciones, además
de debilitar sustantivamente el tejido jurídico internacional, constituye un
serio problema cuando los Estados pretenden utilizar el sistema jurídico
internacional para someter a aquellos actores no estatales que hacen uso
del terrorismo.
En todo caso, este es un asunto que cada día cobra más vigencia y
su discusión se realiza de manera más abierta a través de los medios de
opinión masiva y de las discusiones académicas. Ello porque en los tiempos
contemporáneos este tipo de actividad ha registrado niveles alarmantes,
como en el caso de las últimas dictaduras militares latinoamericanas, la
desintegración de Yugoslavia y las guerras étnicas que marcaron ese
capítulo histórico, el conflicto en el medio oriente, el sometimiento de
levantamientos progresistas populares, como el caso de Tian An Men, en
China, y la guerra en Irak, por ejemplo.
Es posible que, antes de arribar a una definición consensuada sobre
lo que es terrorismo, la Comunidad Internacional resuelva primero, como
paso previo, el tema del terrorismo de Estado.

3.2. Causas del Terrorismo
Diversas son las causas que generan las acciones terroristas. Sin
embargo, entre las más conocidas tenemos:
- El nacionalismo, que tiene sus raíces en el deseo de los actores de
obtener la independencia de lo que consideran su país. Se expresa a través
de acciones contra otro país al que se considera como ocupador, imperial
o ilegítimo. En los tiempos modernos, también se reconoce como origen
de esta causa para realizar acciones terroristas, aquella que enarbolan
grupos étnicos, religiosos o regionales, contra su propio Estado, por
considerar que este último les niega el derecho a reconocer su identidad
particular.
Definiendo el terrorismo internacional 79

- La religión, que constituye actualmente la causa más común y
generalizada en nombre de la cual se cometen actos terroristas. Esta
causa se sustenta en el derecho que los actores sostienen tener para
expresar su “violencia religiosa” y, de esa manera, preservar o imponer
los principios religiosos que sustentan la fe que profesan. Este causa ha
dado origen a los denominados “fundamentalismos” - que han desplazado
a los motivos políticos que antaño eran la causa de acciones terroristas –
y en nombre de los cuales se llevan a cabo, en nuestros días, la mayoría
de los actos terroristas.
- La violencia étnica, que responde mayormente a razones de raza,
pero que comúnmente se confunde con motivaciones religiosas y políticas.
- El crimen organizado e internacional, que se sustenta
fundamentalmente en la alianza entre el narcotráfico y movimientos
terroristas. A diferencia de lo que ocurre en Europa, el Oriente Medio y
Asia, esta es la principal causa de la violencia terrorista en América Latina.
En el caso de Afganistán, por ejemplo, esta causa se combina con la
violencia religiosa y el nacionalismo.
- El anarquismo, que persigue la creación del caos a fin de establecer
un sistema político que no conlleve la existencia de ningún mecanismo
regulador de la conducta de la sociedad y del estado.
- Motivaciones políticas, que responden a la disconformidad o
desencanto que puede tener un individuo o grupos de individuos respecto
de determinadas decisiones políticas que no comparte y que, en su criterio,
deben ser abolidas o no implementadas.
Como se puede apreciar, si bien existe una diferenciación entre
cada una de las razones que motivan la ejecución de acciones terroristas,
todas ellas son susceptibles de combinarse entre ellas para justificar las
mismas. Las línea de diferenciación entre lo que constituye una causa
nacionalista, política, étnica o religiosa, por ejemplo, resulta muchas veces
imperceptible. Ello nos anima a señalar que resulta sumamente difícil
identificar causas individuales como razones para la ejecución de acciones
terroristas y que, en la mayoría de los casos, la motivación de una acción
80 Revista Peruana de Derecho Internacional

terrorista por parte de actores no estatales, responde a una
combinación de dos o más de estas causas.

4. CONCLUSIÓN

Como se puede apreciar, a pesar de la profusa bibliografía revisada,
de las definiciones consideradas y de las opiniones evaluadas, resulta muy
difícil pretender ensayar una definición de terrorismo que pueda
considerarse inclusiva e integral. Este problema constituye el principal
obstáculo para establecer un ordenamiento jurídico nacional e internacional
que permita abordar el problema de manera comprehensiva y coherente.
Por el contrario, la indefinición del terrorismo es utilizada, tanto por los
actores terroristas como por los propios Estados, como justificación para
desarrollar sus actividades terroristas o contraterroristas.
Esta situación, a la que es necesario encontrar una pronta solución
en el seno de las Naciones Unidas, motiva una serie de acciones violentas
en nombre del terrorismo o del contraterrorismo que no hacen sino debilitar,
aún más, el frágil andamiaje que sustenta la paz internacional. Asimismo,
se convierte en un elemento que retarda seriamente el desarrollo y que,
sobre todo, afecta a los más débiles y más necesitados.

***
81

LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE SEGURIDAD
INTERNACIONAL: DE LA SEGURIDAD INTERESTATAL
A LA SEGURIDAD HUMANA

Zósimo Roberto Morillo Herrada*

INTRODUCCION

1989, ese annus mirabilis, con el que se hace visible la fractura
del viejo orden bipolar, marcó igualmente el comienzo de una nueva época
en la historia, planteándonos el reto de imaginar nuevos paradigmas para
entender las relaciones internacionales.
Uno de esos conceptos paradigmáticos en profunda revaluación,
ha sido, sin duda, el de la seguridad internacional, que hasta hace pocas
décadas fue concebida casi exclusivamente como un concepto de
naturaleza interestatal. No olvidemos que la más honda inquietud de los
fundadores de las Naciones Unidas, era evitar nuevamente el flagelo de
la guerra, razón por la que ubicaron el mantenimiento de la paz y seguridad
internacional como el primero de los propósitos fundamentales de la
organización.

* Ministro Consejero en el Servicio Diplomático de la República. Abogado por la
Pontificia Universidad Católica del Perú, Magíster (DESS) en Administración
Internacional por La Sorbona, París; Graduado del Instituto Internacional
de Administración Pública-hoy fusionado con la Escuela Nacional de
Administración de Francia (E.N.A.)-; con estudios en la Escuela Doctoral
de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad de Nancy,
Francia. Actualmente, Director de Política Migratoria de la Subsecretaría de
Comunidades Peruanas en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores.
82 Revista Peruana de Derecho Internacional

Sin embargo, el torbellino de cambios en la estructura internacional
desde la década del noventa del siglo XX mostró que las herramientas
analíticas que habían acompañado el pensamiento político, ético y jurídico
hasta entonces, eran insuficientes para dar cuenta del trasfondo y esencia
misma de la nueva realidad internacional. La reaparición del genocidio, la
proliferación de conflictos armados internos, muchos de ellos de naturaleza
étnica y/o religiosa, el impacto de grandes catástrofes ambientales, como
Chernobyl, trajeron al primer plano de la conciencia pública mundial, una
realidad subyacente, que había sido soslayada en los viejos parámetros y
conceptos. Fue entonces, que desde el prisma de la doctrina de los
derechos humanos, que postula la universalidad, inalienabilidad e
indivisibilidad de los derechos y libertades fundamentales, comenzó a
sentirse la necesidad de complementar la visión de la seguridad nacional
o interestatal con un nuevo paradigma que contemplase como nuevo centro
de atención a los seres humanos, de carne y hueso, en sus vivencias y
vulnerabilidades concretas.
Esta nueva visión fue motivada por las emergencias internacionales
de gran complejidad, que aparecieron con el derrumbe del comunismo
soviético. Desde el punto de vista de la asistencia humanitaria, hubo la
necesidad entonces de crear una nueva generación de operaciones de
mantenimiento de la paz, que tuvieran como objetivo no sólo la separación
de fuerzas, y el apoyo a los refugiados, sino incluso la reconstrucción del
Estado y el establecimiento o restablecimiento de la democracia. Se planteó
incluso la cuestión de si existía un derecho a la injerencia, en situaciones
de violaciones masivas de derechos humanos, que estuviese permitido
por el Derecho internacional. Por otra parte, las amenazas no tradicionales
a la seguridad, principalmente en el ámbito del medio ambiente y las
amenazas del terrorismo internacional, reforzaron la idea de quela reflexión
política no debía perder de vista a los individuos como destinatarios finales
de la paz y seguridad internacionales.
De allí que los nuevos paradigmas de comprensión de la realidad
internacional, complementan el concepto de seguridad internacional,
tomando en cuenta esta realidad última y primera de la comunidad
La evolución del concepto de seguridad internacional 83

internacional, que son los seres humanos mismos, constituyendo así un
nuevo concepto conocido como “seguridad humana”, que está orientada
ya no a los estados sino a las personas mismas.
A continuación veremos sucintamente, como ha evolucionado el
concepto de seguridad internacional, plasmado en la Carta de San
Francisco, tratado constitutivo de las Naciones Unidas, hasta el concepto
complementario de “Seguridad humana”, introducido en el debate
doctrinario mediante el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones
Unidas del año 1994.

EL CONCEPTO DE SEGURIDAD INTERNACIONAL EN LA
CARTA DE LAS NACIONES UNIDAS

La comunidad internacional ha sido concebida tradicionalmente
como una sociedad de Estados que interactúan, mediante el conflicto o la
cooperación. Si bien, luego de la Segunda Guerra Mundial, el Derecho
internacional incorporó al individuo como nuevo sujeto de Derecho
internacional, en materia de derechos humanos, era claro, que en la Carta
de San Francisco, la expresión “Paz y seguridad internacionales” hacía
referencia a una situación interestatal. Ello se desprende de un análisis
sistemático e histórico de dicho tratado, cuyo artículo 1, sobre el
mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, tiene como
antecedente inmediato el Preámbulo del Pacto de la Liga de las
Naciones, la cual, a su turno, se inspira en una sólida tradición de visión
estatal, que viene desde los teóricos de la Paz de Westphalia.
Cabe resaltar, sin embargo, que el concepto de “seguridad
internacional” no fue acuñado de esa manera en la Carta, encontrándose
siempre asociado a la paz, noción ésta última, que sí aparece a veces de
manera independiente, como “paz” o “paz universal”(1). Al respecto, es

(1) SIMMA, Bruno. The Charter of the United Nations. A commentary. Oxford
University Press. 1994. Pag. 50.
84 Revista Peruana de Derecho Internacional

interesante anotar que la propia noción de paz irá evolucionando,
de manera paralela al de seguridad internacional, ampliándose en su
dimensión. Así, es claro, hoy en día, a la luz de diversas resoluciones,
primordialmente del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de
las Naciones Unidas, así como de la UNESCO, que la paz no es
únicamente la ausencia de guerra, sino fundamentalmente un estado tal
de convivencia que permite el pleno desarrollo de las capacidades humanas.
Es este concepto de seguridad internacional, asociado a la paz, que
la doctrina política y jurídica clásica, ha entendido fundamentalmente en
su doble vertiente de seguridad nacional o seguridad interestatal, forjando
así el paradigma tradicional de análisis en las relaciones internacionales,
con sus consecuentes modelos de equilibrio del poder y de balances
estratégicos, pensados, básicamente para reflexionar sobre un determinado
statu quo regional o mundial.
Sin embargo, gracias al influjo creciente y explosivo de la doctrina
de los derechos humanos y las terribles emergencias humanitarias, que
aparecieron sobre todo en la década del noventa en el siglo XX, se hizo
evidente la necesidad de desplazar el centro de gravedad de la reflexión
ética y política, hacia los individuos mismos. Estos aparecían entonces
como los destinatarios finales de todo sistema político, nacional o
internacional, surgiendo así un nuevo concepto, “la seguridad humana”,
que no se presenta como alternativo, sino mas bien como complementario
de las nociones clásicas de seguridad interestatal y seguridad nacional.
Veamos ahora cómo se originó este concepto de impronta humanista.

EL CONCEPTO DE “SEGURIDAD HUMANA”

La noción de “seguridad humana” fue introducido en el Informe de
Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 1994 y aún se sigue
debatiendo sobre sus límites conceptuales. El Informe de 1994 buscaba
resaltar la importancia del manejo de amenazas crónicas a la vida humana,
como el hambre, la enfermedad y la represión, así como la protección
contra alteraciones violentas en el modo de vida de las personas. El nuevo
85
La evolución del concepto de seguridad internacional

enfoque buscaba resaltar que en la tradicional perspectiva de seguridad
“se habían olvidado las preocupaciones legítimas de las personas
comunes y corrientes que buscaban seguridad en sus vidas cotidianas.
Para muchos de ellos, la seguridad simbolizaba la protección de la
amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el crimen, el
conflicto social, la represión política y los riesgos del medio
ambiente”(2).
En el referido Informe se identificaron siete áreas críticas, en que
se manifiestan los componentes de la seguridad humana: la ausencia de la
pobreza extrema, el acceso a la alimentación, la prevención y el tratamiento
de las enfermedades infecciosas, la seguridad ambiental, la seguridad
física; la seguridad ante las amenazas grupales, de carácter cultural, por
ejemplo; y las garantías políticas para el ejercicio de los derechos políticos
y libertades fundamentales.
Un nuevo avance se dio a inicios del 2001, cuando se anunció la
creación de la Comisión de Seguridad Humana, en respuesta a la
invocación del Secretario General de las Naciones Unidas en la Cumbre
del Milenio. La Comisión en su Informe “Seguridad humana ahora”,
publicado el 2003, precisó el concepto, a través de dos componentes
esenciales. De un lado, la protección de aquellas situaciones y eventos
que escapan al control individual, tales como las epidemias, el terrorismo,
los conflictos violentos; y de otro lado, el empoderamiento democrático
de los individuos y las comunidades a las que pertenecen. En síntesis,
para la Comisión, el objetivo de la seguridad humana era salvaguardar el
núcleo esencial (“the vital core”) de las vidas humanas de todas las
amenazas críticas, de manera tal que sea consistente con el desarrollo
humano a largo plazo.
Más recientemente, el exSecretario General de las Naciones Unidas,
Kofi Annan, en su Informe: “Una libertad más amplia: hacia el desarrollo,

(2) UNITED NATIONS DEVELOPMENT PROGRAM. Human Delepment Report, 1994.
Page 22 (Traducción del autor).
86 Revista Peruana de Derecho Internacional

seguridad y derechos humanos para todos” señaló tres aspectos,
que son insoslayables en una concepción de la seguridad humana: libertad del
deseo, libertad del temor y libertad para vivir con dignidad, con lo cual planteó
una clara vinculación de la seguridad humana con los derechos humanos, el
desarrollo humano y la construcción de la democracia.
Pero la seguridad humana no solamente es un concepto propio de
la agenda de las Naciones Unidas, sino que ha venido a incorporarse en el
diseño de Política exterior de algunos Estados. Tal es el caso de Canadá,
Noruega y Japón, particularmente éste último, que ha apoyado
decididamente el establecimiento de la Comisión sobre la Seguridad
Humana y el Fondo Fiduciario para la Seguridad Humana que implementa
diversos proyectos de las Naciones Unidas. En lo que concierne a Europa,
es de resaltar que el Consejo Europeo adoptó una estrategia europea de
seguridad humana el 2003, enfatizando que las amenazas presentes y
futuras a la seguridad no podían ser enfrentadas mediante medios
únicamente militares; y en nuestro continente, si bien bajo el nombre de
“seguridad democrática”, la noción amplia de seguridad que denota la
seguridad humana aparece ya en el Tratado Marco de Seguridad
Democrática en Centroamérica, suscrito en diciembre de 2005. Es una
noción que va ganando terreno en la comunidad internacional y si bien, los
Estados Unidos de América, Rusia y China, entre otras potencias, no han
introducido aún en el lenguaje de su Política Exterior el concepto de
«seguridad humana», son al mismo tiempo concientes de que los
tradicionales conceptos de seguridad nacional y seguridad interestatal son
actualmente inadecuados ara llevar a cabo una política integral de desarrollo
de los derechos humanos en el marco del «mantenimiento de la paz y
seguridad internacionales.

LA RED DE SEGURIDAD HUMANA

Con el objetivo de conformar una asociación de países que
promoviesen el concepto de seguridad humana, Canadá y Noruega
suscribieron en 1998 un acuerdo bilateral, sentando las bases para la red
La evolución del concepto de seguridad internacional 87

abierta a la participación de los Estados. Hasta la fecha, la Red ha efectuado
siete Reuniones Ministeriales: en Noruega, en 1999; en Suiza, el 2000; en
Jordania, el 2001; en Santiago de Chile, el 2002; en Austrai, el 2003; en Mali,
el 2004; y en Canadá, el 2005. En la actualidad, los países integrantes de la
Red son los siguientes: Austria, Canadá, Chile, Grecia, Irlanda, Jordania,
Mali, Países Bajos, Noruega, Eslovenia, Sudáfrica, Suiza y Tailandia.
Debe resaltarse que los integrantes de la Red entienden que el
concepto de Seguridad Humana es complementario del concepto tradicional
de Seguridad, añadiéndole la dimensión del interés prioritario del bienestar
de las personas. Al respecto, es interesante resaltar lo señalado en la
Primera Declaración Ministerial de la Red: “La seguridad humana
significa seres humanos libres de graves amenazas a los derechos
humanos, la seguridad y la vida de las personas”.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

El concepto de seguridad internacional ha evolucionado desde las
nociones de seguridad nacional y seguridad interestatal a la noción de
«seguridad humana», que se encuentra aún en construcción. Esta evolución
parte de la necesidad de contar con un nuevo paradigma en la comprensión
de las Relaciones Internacionales, que confronta un escenario radicalmente
nuevo luego del fin de la Guerra Fría. Este nuevo paradigma plantea la
noción complementaria de “Seguridad humana”, que supone en líneas
generales, la existencia de una vida libre de amenazas profundas a los
derechos de las personas, de manera tal que sea consistente con el
desarrollo humano a largo plazo.
Este carácter complementario de la seguridad humana es necesario
en la teoría y práctica de las Relaciones Internacionales, ya que el
mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales no se basan únicamente
en la ausencia de la guerra o de los conflictos armados. Una noción integral
de seguridad internacional requiere por lo tanto, no sólo de la consideración
estatal e interestatal, sino también, de la consideración de otros actores, entre
los que se encuentran las Organizaciones Internacionales, las empresas
88 Revista Peruana de Derecho Internacional

transnacionales y las ONGs, a efectos de poder resguardar al individuo
mismo, que es el fin supremo de toda sociedad humana.
La seguridad humana y el desarrollo humano aparecen así como
las dos expresiones más altas de la evolución de los derechos humanos,
constituyéndose en la razón de ser última y más importante de todo proceso
de reflexión y acción política a escala nacional e internacional.
Sin duda, en los años por venir, la comunidad internacional irá
decantando aún más en su práctica política el concepto de la seguridad
internacional, que si bien no ha perdido el componente estatal, no puede
tampoco olvidar que es en términos de los individuos y de su “seguridad
humana”, que será finalmente juzgada en la historia.

***
89

SEGURIDAD INTERNACIONAL Y SOBERANÍA EN LOS
PAÍSES EN DESARROLLO

Luis Miguel Rodríguez Chacón*

LA NOCIÓN DE SOBERANÍA

Tradicionalmente, el concepto de soberanía de los Estados es
concebido en dos niveles: externo e interno. Mientras que a nivel externo
la soberanía se basa en la noción de que la integridad territorial de los
Estados es inviolable, la soberanía a nivel interno se sustenta en el principio
que cada Estado es libre de conducir sus asuntos domésticos sin
interferencia externa(1).
En tal sentido, algunos autores sostienen que el concepto de
soberanía, en sus dos aspectos, se refieren por un lado al control y la
supremacía sobre una población y un territorio por parte de un gobierno, y
de otro, a la independencia de autoridades foráneas(2).

* Primer Secretario en el Servicio Diplomático de la República, Licenciado
en Relaciones Internacionales y Abogado, viene cursando un Diplomado
en Seguridad y Defensa Nacional. Actualmente, Jefe de la Carpeta de la
Dirección General de Europa Comunitaria del Ministerio de Relaciones
Exteriores, encargándose de los países escandinavos, bálticos y España.
(1) ROBERTSON, David. The Pinguin Dictionary of Politics.
(2) Walter CARLSNAES, Thomas RISSE y Beth A. SIMMONS, Handbook of International
Relations.
90 Revista Peruana de Derecho Internacional

Sin embargo, como se verá más adelante, estas nociones, como
otras en el campo de las relaciones internacionales, son más una percepción
que una realidad.
Los principios que subyacen al concepto de la soberanía se remontan
al Tratado de Westfalia de 1648, que inauguró un nuevo orden legal
internacional para las naciones europeas, que se superpuso al orden religioso
internacional que había sido formalizado mediante el Tratado de
Augsburgo de 1555(3).
El Tratado de Augsburgo puso un fin transitorio a las guerras
religiosas en Alemania y consolidó la doctrina de la soberanía religiosa
mediante la cual el Sacro Imperio Romano Germánico fue dividido entre
los príncipes católicos y luteranos. Sin embargo, esta paz carecía de una
adecuada estructura legal y fue éste concepto de soberanía, entendido
desde el punto de vista religioso, el que originó la Guerra de los Treinta
Años, que fue finalmente resuelta con el Tratado de Westfalia(4)
Es precisamente este último tratado el que establece un sistema
internacional que tiene como piedra angular la soberanía de los Estados
modernos. Si bien, también aseguró el orden religioso, el Tratado de
Westfalia transfirió la soberanía de los líderes religiosos a los líderes
seculares y por más de 300 años la soberanía de los Estados ha devenido
en un concepto aceptado en Europa y el mundo.
Sin embargo, durante el transcurso de la historia la soberanía fue
percibida como una atribución de los líderes políticos y de los gobiernos,
más no de la sociedad civil, y en más de una ocasión, la defensa de la
soberanía ha proporcionado una cuestionable excusa para la imposición
de regímenes dictatoriales.
Como bien señalan algunos autores, durante muchos años la
soberanía fue “un atributo de un individuo poderoso, cuya legitimidad
sobre un territorio se basaba en una supuesta autoridad, directa o

(3) DAVIS, Norma. Europe, a history.
(4) Ibid.
Seguridad internacional y soberanía 91

delegada, de origen divino o histórico”(5). Esta interpretación del concepto
soberanía, que fue popularizada por pensadores como Thomas Hobbes y
Jean Bodin, es evidentemente contraria a los principios democráticos, mientras
que las ideas de John Locke, que redefinió la soberanía como popular, son
más cercanas a los principios de la democracia liberal(6).
La noción de soberanía de los Estados también ha sido asociada al
concepto de defensa nacional y de seguridad. Un ejemplo de ello es la
teoría clásica de las relaciones internacionales centrada en los Estados
que señala que la principal función de las fuerzas militares es asegurar la
supervivencia del Estado en un sistema internacional anárquico, lo que
presupone la protección o preservación de la integridad territorial del
Estado(7).
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial los defensores de la
doctrina clásica de las relaciones internacionales han utilizado el concepto
de seguridad nacional para denotar la ausencia de amenazas militares,
que por lo general significa la protección de un Estado frente a un ataque
militar externo. Esta definición tan restringida de seguridad nacional
equipara seguridad con defensa.
Sin embargo, si la seguridad es definida de una manera amplia,
esta debe incluir los aspectos militares, políticos, culturales, económicos y
ambientales de una sociedad. Algunos autores opinan que este concepto
amplio de la seguridad es característico de la post-Guerra Fría. Sin embargo,
otros autores ya habían ensayado definiciones de seguridad en términos
no militares durante la Guerra Fría(8).
Aunque los autores y los tomadores de decisión continúan
debatiendo sobre el concepto de seguridad, la Organización de las Naciones

(5) Reisman, Michael W. “Sovereignty and Human Rights in Contemporary
Internacional Law”, en American Journal of Internacional Law, vol. 84, Nº 4,
Octubre de 1990.
(6) MAKINDA, Samuel M. Cooperating for Peace and Third World Sovereignty.
(7) CARLSNAES, Walter. Thomas RISSE y Beth A. SIMMONS. Ibid.
(8) FULBROOK, Mary. Europe since 1945.
92 Revista Peruana de Derecho Internacional

Unidas y sus agencias especializadas siempre han utilizado una
definición amplia de paz y seguridad internacional que incluye bienestar
económico, estabilidad política, democracia, desarrollo, armonía social,
derechos humanos y la satisfacción de necesidades básicas como
alimentación, vivienda y salud.
Por ejemplo, el articulo 1 de la Constitución de la UNESCO establece
que el propósito de la Organización es “contribuir a la paz y a la seguridad
estrechando, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la
colaboración entre las naciones, a fin de asegurar el respeto universal
a la justicia, a la ley, a los derechos humanos y a las libertades
fundamentales…”.
Esta percepción de seguridad se basa en que “las guerras nacen
en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde
deben erigirse los baluartes de la paz”(9). Este concepto de seguridad
también se reproduce en la Carta de las Naciones Unidas y se refiere
tanto a la protección del individuo como a la defensa de la integridad
territorial de los Estados(10).
En estos términos, la seguridad es definida como la preservación
de los valores, las normas e instituciones que son consideradas
fundamentales por la sociedad. Por un lado, esto incluye la preservación
de los Estados, sus valores y normas. Por otro, también comprende la
protección de personas de amenazas militares y no militares, así como la
satisfacción de las necesidades básicas y el respeto de los derechos
fundamentales, sin distinción de religión, raza, idioma o género(11).
Esta definición incluye, asimismo, a las libertades políticas y civiles,
económicas, sociales y culturales, así como la libertad de elegir el sistema
de gobierno más apropiado. Aunque muchos de estos temas caen bajo la
jurisdicción de los Estados como asuntos de carácter interno, en esta

(9) Preámbulo de la Constitución de la UNESCO.
(10) Artículo 1 (3) y 2 (4) de la Carta de las Naciones Unidas.
(11) Artículo 1 (3) de la Carta de las Naciones Unidas.
Seguridad internacional y soberanía 93

definición de seguridad subyace la idea de que el límite entre lo doméstico
y lo internacional se viene erosionando cada vez más.
La Organización de las Naciones Unidas es vista como la guardiana
del derecho internacional. Sin embargo, también tiene la responsabilidad
de mantener la paz y la seguridad internacional(12). La labor de velar por
el respeto del derecho internacional supone, en parte, velar por la
protección de la soberanía de los Estados. No obstante, el imperativo de
mantener la paz y la seguridad internacional puede requerir la protección
de los individuos en contra de regímenes autoritarios, lo cual puede
significar interferir con la soberanía, como es tradicionalmente concebida.
Las Naciones Unidas ha enfrentado situaciones en las que ha debido
elegir entre el imperativo de mantener la paz y la seguridad internacional
y salvaguardar la soberanía de los Estados. Mientras que el artículo 1 de
la Carta de las Naciones Unidas declara que la Organización debe
“Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el
respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre
determinación de los pueblos...”, el artículo 2 señala que ninguna
disposición de la Carta “autorizará a las Naciones Unidas a intervenir
en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de
los Estados...”.
Sin embargo, el régimen de protección de la soberanía de los Estados
consagrada en el artículo 2 es cada vez más cuestionada. El Embajador
Javier Pérez de Cuellar señaló en 1991 que la soberanía de los Estados
requería ser reevaluada habida cuenta “el cambio en la actitud pública
respecto a la creencia que la defensa de los oprimidos en nombre de
la moralidad debe prevalecer sobre las fronteras y los documentos
legales”(13). Asimismo, el Embajador Boutros Ghali señaló que “el tiempo
de la soberanía absoluta y exclusiva ... ha pasado”(14).

(12) Artículo 1 (1) de la Carta de las Naciones Unidas.
(13) EVANS, Garet. Cooperative Security and Intrastate Conflict.
(14) Ibid.
94 Revista Peruana de Derecho Internacional

Por su parte, el ex Secretario General Kofi Annan también ha señalado
que “La soberanía de los Estados, en el sentido más básico, viene siendo
redefinida ... Los Estados son vistos en el sentido más amplio como
instrumentos al servicio de los individuos y no viceversa”(15).
El énfasis que la comunidad internacional viene dando al imperio de los
derechos humanos y a las reformas democráticas ha mediatizado el concepto
de la soberanía de los Estados. Sin embargo, aún quedan regímenes en el
mundo en desarrollo que continúan utilizando el artículo 2 de la Carta de las
Naciones Unidas, a fin de evitar ser objeto del escrutinio internacional respecto
a la situación de los derechos humanos en sus países.

LA SOBERANÍA EN LOS PAÍSES EN DESARROLLO

Una evaluación sobre la percepción de la soberanía en los países
en desarrollo debe tener en cuenta varios factores: la voluntad de sus
líderes de salvaguardar su independencia, tanto en el ámbito interno como
externo; el deseo de participar en el proceso de toma de decisiones
internacionales; el lugar que ocupan en la división internacional del trabajo,
así como sus vulnerabilidades.
Cabe señalar que algunos países en desarrollo han obtenido su
independencia hace tan solo pocas décadas, y algunos de sus líderes se
han mostrado más que dispuestos a proyectar una imagen soberana en la
arena internacional, a fin de ganar mayor visibilidad y prestigio.
El término “Tercer Mundo”, que fue utilizado para referirse a los
países en desarrollo, fue acuñado a fines de los años 50 para describir, en
primera instancia, al grupo de Estados no alineados. Dicho movimiento
fue concebido como la expresión política de los nuevos Estados
independientes que nacían a la comunidad internacional(16).

(15) ANNAN, Kofi A. “Two concepts of sovereignty”, en The Economist, 1999.
(16) CALVOCORESSI, Peter. World Politics 1945-2000.
Seguridad internacional y soberanía 95

El no alineamiento fue visto como el derecho a una participación
independiente en las asuntos mundiales, sin las limitaciones impuestas por
las alianzas formales con las superpotencias del mundo bipolar. Durantes
sus reuniones trianuales, entre los años 60 y 80, los Estados No Alineados
criticaban continuamente el orden mundial imperante, que consideraban
favorecía a los países desarrollados en su perjuicio, buscando promover
nuevos valores en el sistema internacional y reafirmando su soberanía.
Los líderes de los Estados No Alineados han tendido a ser
extremadamente sensibles ante cualquier iniciativa que según creían, podría
afectar en algún sentido la soberanía de sus países.
Sin embargo, debido a la debilidad económica de muchos de estos
países y su lugar en la división internacional del trabajo, dichos Estados
eran, por lo general, muy vulnerables a las presiones a las que eran
sometidos por el sistema internacional. Así, uno de los factores que han
constreñido interna y externamente la soberanía de los países en desarrollo
ha sido la interdependencia económica.
Si la interdependencia es definida como la situación en que los
cambios en una parte del sistema afectan o tienen una significativa
consecuencia en otras partes del sistema(17), entonces ningún Estado
soberano puede efectivamente aislarse de las influencias externas a las
que le somete el mundo actual. Vale decir, no es posible hablar de autarquías.
Sin embargo, los países en desarrollo, con un menor grado de progreso
económico, son por lo general mucho más vulnerables que los países que
gozan de un mayor desarrollo económico.
De otro lado, otros retos que deben enfrentar los Estados al
momento de reafirmar su soberanía lo constituyen la problemática ambiental
y ecológica, que es un fenómeno transfronterizo, así como el adelanto en
las comunicaciones y el transporte y la rápida proliferación de instituciones
con carácter y mandato internacionales.

(17) EVANS, GRAHAM and Jeffrey NEWNHAM, Jeffrey. The Pinguin Dictionary of
International Relations.
96 Revista Peruana de Derecho Internacional

Si se desea agrupar los desafíos que enfrenta la soberanía en
categorías, podríamos ensayar la siguiente clasificación:
1. La internacionalización del comercio y de las finanzas;
2. La globalización del sistema de seguridad;
3. La rápida transformación de la tecnología;
4. Los expansión de los problemas ambientales y ecológicos;
Es claro que la interdependencia ha significado la erosión de los
límites que dividían lo doméstico de lo internacional(18). Sin embargo,
además de la interdependencia, existen otros casos en que la misma
Organización de las Naciones Unidas se ha inclinado por relativizar la
noción de soberanía.
Como se mencionó anteriormente, durante las décadas de los 60 y
80 los países en desarrollo encontraron en las Naciones Unidas un valioso
foro en el cual articular el diálogo Norte-Sur. Fue a través de las Naciones
Unidas que los países en desarrollo, organizados en el llamado “Grupo de
los 77”, promovieron el “Nuevo Orden Económico Internacional”, que
había sido diseñado para reducir la brecha entre el Norte y el Sur y
fortalecer de esta manera la soberanía de los países en desarrollo(19).
En tal sentido, los países en desarrollo percibieron a las Naciones
Unidas como un espacio de diálogo en el cual podían expresar sus ideas
sobre independencia política y desarrollar una estructura de toma de
decisiones más democrática, amparados por los dispuesto en el artículo 2
de su Carta, que prohibía cualquier intervención en asuntos internos.
Sin embargo, el citado artículo también señala que “este principio
no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en
el Capítulo VII”. Ello significa que el Consejo de Seguridad determinará
“la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz

(18) Por ejemplo, si se desea encontrar una respuesta efectiva a la amenaza del
calentamiento global, esta debe ser enfrentada por la comunidad internacional
en pleno y no tan sólo por un grupo de países.
(19) CALVOCORESSI, Peter. Ibid.
Seguridad internacional y soberanía 97

o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá que medidas
serán tomadas de conformidad con los artículos 41 y 42 para
mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”.

TRES CASOS

En el pasado, las Naciones Unidas ha llevado a cabo intervenciones
selectivas como en Haití, Irak y Somalia. En este último caso, toda la
población del país se enfrentó a la hambruna y se comprobó la imposibilidad
que las agencias internacionales de ayuda humanitaria pudieran brindar
alguna asistencia sin contar con apoyo militar.
Las Naciones Unidas intervinieron en Somalia por razones
humanitarias entre 1992 y 1995, con base a lo dispuesto en el Capítulo
VII de su Carta. El Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 794 en
diciembre de 1992 y la Resolución 814 en marzo de 1993. Dichas
Resoluciones autorizaron una intervención sin precedente en un país en
que la ley y el orden habían sido quebrantados y donde la masiva hambruna
constituía una amenaza para la paz y la seguridad internacional.
Se podría argumentar que el caso de Somalia era especial en el
sentido que la ley y el orden habían sido completamente subvertidos, la
guerra civil había ocasionado miles de víctimas y que todas las instituciones
públicas habían sido destruidas, no existiendo un gobierno en funciones.
Las Naciones Unidas se vieron en la necesidad de no sólo enviar una
fuerza para el mantenimiento de la paz, sino de contribuir a la reconstrucción
de las instituciones públicas(20).
Por un lado, las Naciones Unidas consideraron que las necesidades
de carácter humanitario primaban sobre el principio de soberanía de los
Estados. Por otro lado, se podría argumentar que en Somalia no existía
gobierno alguno en funciones que pudiera reclamarla.

(20) MAKINDA, Samuel M. Ibid.
98 Revista Peruana de Derecho Internacional

Previamente a este caso, el Consejo de Seguridad adoptó la
Resolución 688 de abril de 1991, condenando el abuso de los derechos
humanos contra la población kurda del norte de Irak y señalando que las
acciones de Irak “amenazaban la paz y seguridad internacionales en la
región”.
Si bien, esta Resolución no disponía acción alguna en el marco del
Capítulo VII de la Carta, los Estados Unidos, Reino Unido, Francia y
otros países desplegaron sus fuerzas terrrestres y aéreas, a fin de crear
una zona de seguridad para los refugiados kurdos. En 1992, dichos países
establecieron una zona de “no vuelo” en el sur de Irak, argumentando
razones humanitarias con el propósito de proteger a los Shiitas en esa
región(21).
El entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Boutros
Ghali, justificó estas medidas señalando que estaban autorizadas en el
marco de las acciones de la Organización frente a la violación del cese al
fuergo en Kuwait. Sin embargo, resulta claro que estas intervenciones
constituyeron una clara violación a la soberanía de Irak.
En Somalia e Irak, las intervenciones se justificaron por razones
humanitarias. Antes de estos casos, el enfoque tradicional aplicado a
situaciones semejantes se basaba en los principios de integridad territorial
y no intervención, y toda ayuda humanitaria sólo podía ser alcanzada a la
población de un Estado soberano si se contaba con el consentimiento de
su gobierno.
Otro caso relevante de mencionar ocurrió en setiembre de 1994,
cuando los Estados Unidos intervienieron en Haití para reinstalar al
Presidente Jean-Bertrand Aristide(22). Esta acción también se llevó a
cabo argumentando razones de orden humanitario y fue autorizada por el

(21) Ibid.
(22) CALVOCORESSI, Peter. Ibid.
Seguridad internacional y soberanía 99

Consejo de Seguridad mediante la Resolución 940 de julio de 1994, en el
marco de lo dispuesto en el Capítulo VII de la Carta(23).
Dicha resolución autorizaba a los Estados miembros a conformar
una fuerza multinacional bajo un comando unificado y a utilizar todos los
medios necesarios para propiciar la partida del régimen miltar en Haíti y
facilitar el retorno del Presidente legítimamente elegido.
El Presidente Aristide fue derrocado por un golpe militar en
setiembre de 1991. Cuando ocurrió la intervención, el entoces Presidente
norteamericano, Bill Clinton, declaró que si bien los Estados Unidos no
era la “policía del mundo”, tenía la responsabilidad de responder ante
“actos de inhumanidad” que ofendía sus valores(24).
El Gobierno norteamericano sostuvo que su objetivo primordial era
restaurar la vigencia de la democracia en Haíti. Aunque resulta muy difícil
argumentar la existencia de un régimen democrático en dicho país antes
de 1991, es posible afirmar que las acciones de las Naciones Unidas y los
Estados Unidos en este caso fueron coherentes con la noción que los
analistas y tomadores de decisión venían desarrollando en aquellos años,
de que la democracia se había convertido en un valor universal, que debía
ser promovida y protegida por la comunidad internacional(25).

CONCLUSIONES

Luego del fin de la Guerra Fría, se ha podido percibir una tendencia
a reconocer el derecho de intervención en casos en que situaciones de
crisis que conlleven la necesidad de salvaguardar los derechos humanos
de poblaciones vulnerables. Dicha tendencia ha originado que algunos
países en desarrollo expresen su preocupación de que se configure un
principio que atente contra la soberanía de los Estados y que pudiera ser

(23) Stephanie Lawson, Stephani. The New Agenda for Global Security, Case Study:
Haiti.
(24) Ibid.
(25) Ibid.
100 Revista Peruana de Derecho Internacional

manipulado por el Consejo de Seguridad para justificar intervenciones
bajo el argumento de operaciones humanitarias.
Las medidas que se adoptarían en base a un principio semejante
requerirían la intervención en los asuntos internos de los Estados, lo cual
tendría un efecto negativo en la soberanía de los países.
Sin embargo, esta tendencia parece haber evolucionado en tanto
que se ha prestado mayor atención a la efectividad y conveniencia política
que pueda tener una intervención que a los límites que el principio de
soberanía podría imponerle. En este sentido, el Consejo de Seguridad ha
sido selectivo al momento de decidir a favor de una intervención de carácter
humanitaria.
Como consecuencia, en los últimos años han sido ya varias las
intervenciones de Estados o grupos de Estados que, sin contar con el
mandato expreso del Consejo de Seguridad, han llevado adelante
operaciones militares argumentando que se trataban de operaciones
humanitarias o que en última instancia tenían como objetivo la preservación
de la paz y la seguridad internacionales.
El 2003, tras presionar al Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, incluso con la presentación de supuestas pruebas sobre la
existencia de armas de destrucción masiva para que aprobara una
Resolución apoyando explícitamente una intervención en Irak, los Estados
Unidos recabaron el apoyo de un grupo de países para formar una alianza
que invadiese dicho país, a fin de derrocar al Gobierno de Saddam Hussein.
La guerra no contó con el mandato expreso del Consejo de
Seguridad, lo que generó que expertos del derecho internacional y vastos
sectores de la opinión pública internacional condene la guerra como
“invasión ilegal”. Así lo expresó el entonces Secretario General de las
Naciones Unidas, Kofi Annan.
Sin embargo, las Resoluciones del Consejo de Seguridad,
especialmente las Nº 1441 y Nº 1483 avalaron las acciones de la “Coalición
de la Voluntad”, recordando otras intervenciones sin mandato de las
Seguridad internacional y soberanía 101

Naciones Unidas que han sido reconocidas posteriormente como
necesarias. Tal es el caso, por ejemplo, de la guerra de Kosovo. Sin perjuicio
de las diferentes opiniones sobre el inicio del conflicto, las Naciones Unidas
hicieron suya la situación en el momento en que las fuerzas ocupantes
empezaron a actuar bajo el paraguas de la Organización. Así, en octubre
del mismo año de la invasión, recomendó en su Resolución Nº 1511 a los
Estados miembros que prestasen a la fuerza multinacional presente en
Irak toda la asistencia necesaria, incluyendo la militar.
Es posible afirmar que el Consejo de Seguridad no ha adoptado
formalmente un principio que relativice la soberanía de los Estados ante
la necesidad de efectuar intervenciones por motivos humanitarios, que en
primera instancia tendría un impacto negativo en la soberanía de los países,
particularmente aquellos en desarrollo.
Cabe señalar que en materia de derechos humanos y democracia,
las acciones de las Naciones Unidas se verían limitadas por el hecho que
algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que han sido
ellos mismos acusados de la violación de derechos humanos, utilizarían su
derecho de veto para bloquear algunas iniciativas que les resultarían
incomodas.
En su calidad de órgano conformado por Estados soberanos con
intereses particulares y disímiles, el Consejo de Seguridad continuará
intepretando el principio de soberanía vis a vis la necesidad de sancionar
una intervención caso por caso, en base a los intereses políticos, económicos
y estratégicos de sus miembros permanentes.
A pesar de ello, el debate sobre la defensa del principio de soberanía
frente a la promoción de los derechos humanos y la democracia en los
países en desarrollo debe continuar. Los casos presentados han tenido
como propósito ilustrar la necesidad de reevaluar el principio de soberanía
frente a la obligación de respetar los derechos fundamentales de las
poblaciones en dichos países.

***
102 Revista Peruana de Derecho Internacional

POBLACIONES EN FRONTERA Y SEGURIDAD HUMANA:
APROXIMACIONES A LOS AWAJÚN
CONNACIONALES DEL COMAINA

Waldo Ortega Matías*

El Informe sobre Desarrollo Humano 2006 del Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD ha recordado que hace
más de una década dicho Programa propuso el concepto de Seguridad
Humana en el debate general sobre el desarrollo(1). Al recoger una visión
en la que predomina la seguridad vista desde el punto de las personas
(centrado en la seguridad de ellas en su casa, en su trabajo, en su
comunidad y en su medio ambiente), sugirió que la seguridad así vista solo
podía ser lograda a través de estrategias de desarrollo humano sostenible.
A continuación he querido relacionar la citada perspectiva de la
seguridad humana con la realidad particular de las poblaciones de frontera,
ensayando reflexiones preliminares para una población de la que por ahora
se recibe pocas noticias. Dicha población amazónica y nativa se ubica en
la zona de la cuenca del río Comaina, afluente del río Cenepa por su
margen derecha, distrito del Cenepa, provincia de Condorcanqui, en el
departamento de Amazonas, y parte del interés en ella reside en su situación
a propósito de encontrarse en las proximidades de un tramo de la frontera
entre Ecuador y Perú.

* Primer Secretario en el Servicio Diplomático de la República. Bachiller en
Sociología con estudios en la Universidad de Tel Aviv y actualmente de Maestría
en Estudios Andinos en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Funcionario de la Dirección General de África y Medio Oriente del Ministerio
de Relaciones Exteriores.
(1) Informe Desarrollo Humano 2006 del PNUD, p. 3.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 103

EL LÍMITE INTERNACIONAL Y SU CONDICIONAMIENTO
A LA POBLACIÓN DE FRONTERA

Podemos entender a la frontera política como el territorio sobre el
que existe una separación social entre dos o más partes o estados,
separación que determina que se reconozca solo una competencia
exclusiva, en cada uno de los lados y cuyas decisiones sobre todo aquello
que de un lado afecte al territorio separado al otro lado, depende en última
instancia al gobierno de las indicadas partes o Estados.
Dichos territorios separados socialmente, se establecen en zonas
tanto habitadas como no habitadas, siendo que las relaciones entre las
poblaciones que quedaron de un lado como del otro, son afectadas por la
subsecuente pertenencia y nacionalidad de uno de los estados que se les
asigna automáticamente.
Tales espacios separados o zonas de frontera, se suelen caracterizar
por la distancia entre sus centros políticos, ello genera un frecuente
aislamiento respecto a la vida del país como conjunto.
Entonces, el hecho de la zona de frontera ha planteado para los
Estados, la necesidad de vigilar el acceso a sus territorios, lo cual lo han
efectuado a través de sus fuerzas armadas, significando ello una nueva
inauguración de presencias permanentes en las zonas de frontera, presencia
inicialmente extraña que se ha sumado a otra que llegó antes para quedarse,
la de los religiosos misioneros.
De manera general se puede distinguir dos restricciones importantes
para la vida de las comunidades, derivadas de la presencia de la línea de
frontera: a) de tránsito de personas, y b) necesidad de autorización para
la explotación de ciertos recursos que se encuentren en las proximidades
de su territorio(2).

(2) Un caso que llegó a la prensa en el primer trimestre del año 2006 fue el de la
explotación de oro en la zona de las cumbres de la cordillera del cóndor, en las
inmediaciones de la zona conocida como Cunhuime, en el lado peruano,
próximo a las quebradas que desembocan en el río Comaina.
104 Revista Peruana de Derecho Internacional

En ese sentido, el tránsito de personas (que bien podría ser en
varias zonas entre antiguos familiares) de una comunidad nativa o
campesina hacia otra comunidad al otro lado del límite internacional (es
decir un tránsito que pudo ser tradicionalmente ancestral), por un punto
que no sea paso fronterizo es prohibido. El control de esta restricción
queda a cargo del jefe de la unidad militar de la zona, a saber un puesto de
vigilancia de frontera.
Esta circunstancia en algunas áreas ha puesto en riesgo a los
pobladores nativos de las zonas de frontera, acostumbrados a comerciar
algunos bienes con posibles “hermanos” del otro lado del límite fronterizo.
Empero, en la actualidad el tránsito transfronterizo sería relativamente
esporádico, siendo además un tanto difícil que todos los cruces de frontera
que realizan los pobladores puedan ser controlados, habida cuenta el limitado
personal militar que está a cargo de la vigilancia a lo largo de toda la
franja fronteriza del país y las características de ese amplio territorio, en
su mayor parte extendido en selva baja.
Hace cerca de un año un joven me dio a conocer el caso de
detención de un poblador aguaruna o awajún por autoridades ecuatorianas
en circunstancias que dicha persona se habría internado en territorio del
país vecino para obtener combustible y llevarlo a su localidad de origen en
nuestro país.
En esa oportunidad tomé nota como desde la fecha de la detención
hasta la comunicación de aviso a la Oficina encargada de la asistencia a
los connacionales en el exterior, pasaron algunos días. La preocupación
por la integridad física de dicha persona por parte de sus familiares y
dirigentes de su zona de origen, tuvo que sortear distancias físicas y
administrativas para alcanzar el pedido de que se efectúen gestiones a fin
de saber el paradero del nativo peruano en Ecuador.
El hecho que el citado incidente haya tenido que llegar a la capital
para su solución, muestra cómo la vida de las poblaciones que habitan en
zonas limite entre dos países, se ve permanentemente afectada por la
realidad de la frontera política.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 105

Las afectaciones señaladas anteriormente, y que se derivan del
hecho de la ubicación de la frontera para las poblaciones que habitan en
las proximidades donde dicho límite se ha fijado lo considero y denomino
condicionamiento.
En la normativa vigente para la situación con Estados vecinos, como
en el caso del Ecuador y el Perú, se contempla como procedimiento para
permitir el tránsito legal de personas de un país al otro, el establecimiento
de pasos fronterizos formales.
El Perú comparte una vasta frontera amazónica con cuatro países,
y el hecho de la vecindad con otros estados se materializa en el trazado
oficial de líneas de frontera. Estas líneas delimitadoras que si bien en el
terreno no son visibles, se encuentran señaladas de manera muy intercalada
a través de marcas o hitos fronterizos que indican el fin y el inicio de otra
soberanía(3).
El proceso de la fijación de las citadas marcas en el terreno, que se
conoce como demarcación de las fronteras entre dos países, ha constituido
una labor que para el caso de la frontera entre Ecuador y Perú, tomó más
de 50 años. Y vale decir que durante todo ese tiempo la vida de los
pobladores amazónicos, que habitaban esas zonas estuvo virtualmente
redefiniéndose, sin que en muchos casos, ellos hayan tenido conocimiento
de ese importante acontecimiento.
La delimitación y demarcación de fronteras en el terreno donde
habitan las poblaciones amazónicas, fue en algunos casos un encuentro
con el Estado en el cual quedaron incorporadas(4).

(3) Dicha información de gran trascendencia registrada en mapas y actas con
validez binacional e internacional, junto a los tratados de límites sustentan la
jurisdicción de los Estados.
(4) En el Archivo Histórico de Límites del Ministerio de Relaciones Exteriores,
hay información sobre las expediciones de reconocimiento de las zonas, así
como de los viajes de grupos técnicos, encargados de las labores de demarcación,
donde resulta interesante el contacto y relaciones que sostienen dichos enviados
con las poblaciones nativas, en las zonas de las cuatro fronteras amazónicas del
Perú.
106 Revista Peruana de Derecho Internacional

Otro aspecto particular de las zonas de frontera es la relación de
las poblaciones nativas que la habitan con la presencia militar en tales
áreas, a la cual se puede decir que se han habituado, llegando incluso a
ser dicha presencia positivamente aceptada.
Una de las razones para ello es que algunos miembros de las propias
comunidades pasan a integrar el ejército (en muchos casos, se vería el
pertenecer a la fuerza armada, como un medio de ascenso social). Así
como por los eventuales materiales que pueden brindar las unidades
militares a las comunidades, en la construcción de alguna obra o la provisión
de alguna otra ayuda como la eventual provisión de medicinas, traslado
en embarcaciones militares o en facilitar la comunicación urgente, cuando
no se cuente con radio (como suele ser el medio más frecuente en las
comunidades).
Sin embargo también se conocen casos en que la presencia de
dicha fuerza armada causa malestar a la población nativa, por eventuales
abusos que algunos de sus efectivos llegan a cometer.
De otra parte, hay que precisar que en los últimos años se ha
desarrollado una política de integración fronteriza, vale decir de permitir y
promover el flujo controlado de bienes y servicios de una localidad en el
estado A, a otra en el estado B, y viceversa, en tanto ello beneficia a las
localidades involucradas. Lo anterior, sin perjuicio de desenvolverse en el
marco de la vigilancia de las fronteras, derivada del mandato constitucional
de defender la soberanía y que se materializa en el trabajo de las unidades
de fuerzas armadas emplazadas en dichas zonas.
En general para las áreas de frontera el marco jurídico de partida
lo constituye la norma que se encuentra en nuestra Constitución en el
Titulo II del Estado, La Nación y el Territorio, en su artículo 44 segunda
parte dice “…es deber del Estado establecer y ejecutar la política de
fronteras y promover la integración, particularmente latinoamericana,
así como el desarrollo y la cohesión de las zonas fronterizas, en
concordancia con la política exterior”. En tanto que un punto de llegada
lo tenemos en la Política que dispone: “Impulsar el establecimiento y
Poblaciones en frontera y seguridad humana 107

consolidación de fronteras vivas como auténticos polos de
desarrollo”(5).
Conviene agregar que probablemente la herramienta más pertinente
al quehacer en materia de desarrollo de fronteras y que ha sido resultado
de un amplio proceso de consultas entre instancias de diversos niveles de
gobierno, la podemos encontrar en el documento Bases de la Estrategia
Nacional de Desarrollo de Fronteras, elaborada por la Dirección
Nacional de Desarrollo Fronterizo del Ministerio de Relaciones
Exteriores(6).

LOS AWAJÚN ESTUVIERON ANTES

Es conocido que en el territorio de la hoya amazónica, y en particular
entre Ecuador, Colombia, Perú, Brasil y Bolivia, habitaban poblaciones
mucho antes que el establecimiento de dichos Estados, así como antes de
la llegada de los españoles. Dichas poblaciones originarias han tenido una
historia marcada por la frecuente necesidad de la defensa de su territorio.
Es poco lo que se sabe sobre la vida precolombina en la cuenca del río
Cenepa, sin embargo el trabajo arqueológico sobre la zona sigue hallando
evidencias que fue habitada desde esa época.
La denominada Cordillera del Cóndor, es una zona de bosque de
altura y ha sido un límite natural que por el lado que corresponde al Ecuador
se la observa como una cadena de montañas en el horizonte, y por el lado
peruano se presenta como una cadena más alta, parecida a un largo farallón
cubierto de tupida vegetación que va cayendo hasta llegar a la margen
derecha del río Cenepa. En dicho medio han habitado desde hace unos

(5) Política No 12.3 del Decreto Supremo No 027-2007-PCM del 25 de marzo
del 2007.
(6) Dicho documento ha sido aprobado por el Consejo Nacional de Desarrollo
de Fronteras, Consejo que fue creado por Decreto Supremo No 057-2001
del 21/05/01. Decreto que también dispone que dicho Consejo contará con
una Secretaría Ejecutiva a través del Viceministro Secretario General de
Relaciones Exteriores.
108 Revista Peruana de Derecho Internacional

MAPA DE LA CUENCA DEL RÍO COMAINA, AFLUENTE DEL CENEPA.
EN LAS QUEBRADAS TEISH Y SHAIM SE UBICAN LAS COMUNIDADES
DEL MISMO NOMBRE

FUENTE: GUALLART, José María S.J. La Tierra de los cinco ríos.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 109

mil doscientos años poblaciones étnicamente cercanas, pero ahora
más diferenciadas.
La vertiente oriental de dicha cordillera, de quebradas que se abren
haciendo paso a corrientes de agua que abajo desembocan en el río Cenepa,
es claramente reconocida como territorio awajún, nombre que usa la
población que habita la zona para autodenominarse en su propio idioma.
También conocidos como aguarunas, parte de la familia de los Jíbaros,
son un grupo étnico con fama guerrera.
José Maria Guallart S.J. que por años recorrió las tierras de los
awajún señala que a diferencia de los ríos Santiago y Nieva, en los tiempos
coloniales en la cuenca del río Cenepa no se estableció la institución de la
encomienda, habiendo sido esta última zona de poco acceso para los
españoles que exploraron el Santiago, acompañados del sacerdote Richter
como misionero de Maynas(7).
Se puede considerar además que los ancestros de los actuales
pobladores nativos de la zona, puedan haber participado en el llamado
gran levantamiento Jíbaro de 1579, que arrojó a los españoles de los
asentamientos que inicialmente lograron establecer en el territorio que
hoy comparten Ecuador y Perú. Si bien Santa María de Nieva fue una de
las localidades fundadas que sí se mantenía, en general el territorio Jíbaro
“quedó libre de la presencia española. A pesar de los múltiples intentos
a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX por volverlos a conquistar
los pueblo de habla Jíbaro lograron mantener un alto grado de
autonomía hasta bien entrado el siglo XX”(8).
Como también lo considera el antropólogo Michael Brown se podría
entender que en general los aguarunas entran en contacto permanente
con las culturas no nativas recién a partir del S. XX(9). Si bien el interés

(7) GUALLART, José María. SJ. La Tierra de los Cinco Ríos, p.73.
(8) SANTOS, Fernando. Etnohistoria de la Alta Amazonía, Siglo XV-XVIII, p. 220.
(9) BROWN, Michael. Una Paz Incierta. Historia y Cultura de las comunidades
aguarunas de la carretera central, p. 19.
110 Revista Peruana de Derecho Internacional

cauchero en la vida republicana también llega a campear en la
zona del Marañón, para la cuenca del Cenepa no habría sido tan
determinante como en otras zonas de la amazonía peruana. Siendo que
los pobladores del lado oriental de la cordillera siguen viviendo en aldeas,
contemporáneamente conocidas también como comunidades, y se dedican
a la pesca, recolección y agricultura de autoconsumo.

EN UN TRAMO DE LA FRONTERA PERUANO –
ECUATORIANA

El cese a las hostilidades del conflicto de 1995 alcanzado a través
de la Declaración de Itamaraty de ese mismo año, será sellada y
acompañada de otros trascendentes entendimientos mediante los Acuerdos
de Brasilia de octubre de 1998, terminando de esa manera el perjudicial
conflicto que por muchos años enfrentó al Perú y el Ecuador. Como parte
de dichos acuerdos nuestro país entregó a Ecuador un terreno de 1 km2
en propiedad, conocido como Tiwinza y sobre este particular se conoció
la siguiente información de algunos pobladores del Cenepa, la misma que
ayuda a conocer un poco más a los connacionales de esa zona.
Tiwi parece ser un nombre propio e inza sería una derivación de la
voz entza, que en idioma awajún querría decir quebrada, es decir la
quebrada Tiwi. Posteriormente se observó que el nombre o apellido Tiwi,
lo tendrían diversas pobladores de la cuenca, vale decir no solo en una
comunidad.
En la comunidad de Pampam Entsa se conoció a un profesor de
nombre Ananias Tiwi Etsam, y en esa misma comunidad se recogió el
relato que Tiwi sería un tatarabuelo y que la quebrada en cuestión
efectivamente, llevaba el nombre de aquel Tiwi. Finalmente en Santa Maria
de Nieva se conoció de la existencia de otros nativos con nombre o apellido
Tiwi, siendo uno de ellos dirigente en una zona próxima a la desembocadura
del Cenepa en el Marañón, por lo que podría ser verdadera la versión del
ancestro Tiwi y en la actualidad existir una familia Tiwi que se ha dispersado
por la cuenca baja del Cenepa.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 111

Cuando las noticias del acuerdo en cuestión eran recientes se
registraron expresiones de pobladores nativos como “¿por qué se entregó
como trofeo Tiwinza …?”, “nosotros no estamos de acuerdo, no
confiamos en el Ecuador, nos traicionan permanentemente”. Si bien
en aquel momento existía cierto desconocimiento del asunto del kilómetro
cuadrado en la provincia fronteriza de Condorcanqui, para los dirigentes
nativos más informados la legitimidad de ese acto podía ser criticable en
el sentido que ellos seguían considerando Tiwinza como parte de su territorio
ancestral, dejando entrever su malestar sobre el asunto de la entrega y
señalando el hecho que ellos no fueron consultados para decidir sobre esa
disposición.
Antes de llegar adoptar los citados acuerdos de Brasilia se produjo
por parte del Estado una nueva aproximación a la frontera con Ecuador,
de modo que del predominante mantenimiento de la seguridad en la frontera
con Ecuador, se busca una más comprehensiva atención a la extensa
franja de frontera con dicho país. En esa lógica se creó en junio de 1998
la Comisión Multisectorial de Desarrollo de la Frontera Nororiental a cargo
del Ministerio de Defensa, la misma que requirió el concurso de todos los
ministerios a fin de promover el bienestar de las poblaciones de frontera a
través del apoyo material y moral a dichas poblaciones.
Así como en varias de las provincias de frontera con Ecuador en
Condorcanqui, en el Departamento de Amazonas, se llevaron a cabo una
serie visitas que consistieron en llevar atención médica básica, entrega de
medicinas, así como entrega de material educativo, de módulos para
aprovechamiento de energía solar, de herramientas para labores agrícolas,
e incluso alguna asistencia para favorecer el autoconsumo a través del
establecimiento de piscigranjas y criadero de aves de corral.
El Ministerio de Relaciones Exteriores también participó de dicho
esfuerzo de atención a la frontera, realizando una labor informativa sobre
las negociaciones y acuerdos alcanzados con Ecuador en todas las
comunidades de los pueblos visitados –entre las que también se contó a
112 Revista Peruana de Derecho Internacional

MAPA DEL RÍO CENEPA PRÓXIMO A LA FRONTERA PERÚ-ECUADOR

FUENTE: GUALLART, José María S.J. La Tierra de los cinco ríos.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 113

las de la cuenca del Comaina y Cenepa– por la citada Comisión
Multisectorial(10).
No cabe duda que toda esa atención alcanzada a las comunidades
mediante embarcaciones por río y con ayuda de vuelos de helicópteros
fue valiosa, sin embargo no tenía el alcance para enfrentar los problemas
de las poblaciones de frontera de manera sostenida. Probablemente uno
de las mayores ausencias fue facilitar la propia generación de ingresos,
considerando que la vinculación con el mercado y el resto de la vida
nacional es cada vez mayor.
Entre los referidos Acuerdos de Brasilia se adoptó el Acuerdo
Amplio de Integración Fronteriza, Desarrollo y Vecindad, el cual a su
vez comprende un Plan Binacional de Desarrollo de la Región
Fronteriza. Este Acuerdo Amplio es actualmente uno de los marcos más
importantes para la actividad de los gobiernos en toda la frontera binacional,
incluyendo la zona de la Cordillera del Cóndor.
Afortunadamente el Plan Binacional de Desarrollo ha llegado a
cubrir la zona de la cuenca adyacente a la cordillera del Campanquis en la
misma provincia de Condorcanqui, a través del Proyecto de Desarrollo
Humano del río Santiago, en importantes etapas ejecutadas con una visión
binacional y es de esperar que en el marco del mismo Plan se pueda
alcanzar a la cuenca del Cenepa. Mientras que en relación con la población
del Cenepa y Comaina, la Dirección Nacional de Desarrollo Fronterizo
del Ministerio de Relaciones Exteriores mantiene contacto con sus
representantes y busca apoyar las coordinaciones que ellos requieren ante
otras dependencias del sector público.

(10) La Dirección de Soberanía y Límites de la Cancillería dispuso el viaje de
algunos de sus funcionarios a estas misiones.
114 Revista Peruana de Derecho Internacional

POBLACIÓN Y SEGURIDAD HUMANA EN TRES
COMUNIDADES DEL COMAINA

En la vertiente norte y occidental de la cordillera o lado ecuatoriano
hay población mestiza, numerosa población colona, y al parecer menos
población nativa que en el lado sur o peruano, donde en cambio la población
es menos mestiza, con poca presencia de colonos y con un ecosistema
menos afectado.
Para el año 1993 la población nativa del distrito de Cenepa fue de
6,096 personas, y el número de colonos en el mismo distrito de 1,024
personas, cuya procedencia a la zona, se estimaría que no es anterior al
año 1942. En tanto que para el año 2005 los datos del total de la población
del distrito del Cenepa es de 11,236 habitantes(11).
Si la población colona sumada a la nativa constituyen el universo
poblacional del distrito, es claro apreciar un aumento de la población en
más de 4,000 personas en 12 años, en cifras que pueden representar
menos del verdadero número de esa jurisdicción.
Se puede señalar que si bien la población de las comunidades nativas
ha vivido con relativo aislamiento del resto de la vida del país, su contacto
ha venido incrementándose, lo cual ha influido en su vida cotidiana y se ha
observado que los jóvenes que concluyen sus estudios se encuentran en
una gran desazón ya que desean una forma de vida diferente a la de sus
padres en sus comunidades. Así, muchos de ellos migran a las localidades
más centrales, vale decir Huampami en el Distrito del Cenepa, Santa
María de Nieva, capital de la provincia, Bagua ya en otra provincia del
mismo departamento y Chiclayo en la costa(12).

(11) GUALLART, José María. SJ. La Tierra de los Cinco Ríos, p.74 y 76.
(12) Este es fue uno de los aspectos más saltantes que pude notar en oportunidad
de breves visitas a la zona del Cenepa durante el año 1999, integrando la antes
referida Comisión Multisectorial de Desarrollo de la Región Nororiental del
Marañón.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 115

Las comunidades que forman parte de la cuenca alta del río Cenepa,
vale decir hasta la confluencia del río Comaina en el Cenepa (y que
abarcaría las cuencas del Comaina y el río Numpatkaim), son:
1. Teish
2. Shaim
3. Kusu Chico
4. Achuim
5. Pampam entsa
6. Shamatac
7. Shamatak Uchj
8. Chija
9. Tuntus
10. Kucha
11. Yanat
12. Yamakey
13. Wayampiak
Se ha podido conocer que actualmente existe una entidad que
representaría cinco comunidades de la zona alta del río Comaina, es decir
desde las nacientes del río, hasta el punto en que recibe las aguas del río
Numpatkaim. La citada organización es la denominada ODECOAC, a
saber la Organización de Comunidades del Alto Comaina, y las
comunidades agrupadas serían:
1. Antiguo Kanam
2. Shaim
3. Teish
4. Nangaritza
5. Cunchai
Los informes sobre Desarrollo Humano mencionados al inicio de
este texto han presentado una concepción contemporánea del desarrollo
expresada como un proceso de ampliación de la gama de opciones o
oportunidades de que dispone la gente.
116 Revista Peruana de Derecho Internacional

Posteriormente, la Seguridad Humana fue formulada en un sentido
complementario al de Desarrollo Humano y consiste en que la gente
pueda ejercer esas opciones sin riesgos, de manera libre y que pueda
tener relativa confianza en que las oportunidades que tiene hoy no
desaparecerán totalmente mañana.
Dicha acepción de seguridad se muestra como un concepto
integrador a diferencia de uno de contenido defensivo como puede
entenderse al concepto de seguridad territorial. De esa manera la propuesta
conceptual del PNUD sugiere hacer una transición del concepto de
seguridad nacional, hacia el de seguridad humana. En donde la referida
transición supone un cambio en el énfasis exclusivo en la seguridad
territorial, a un acento en la seguridad de la población.
Nos hace notar el Informe que la seguridad nacional podría estar
limitada a una cobertura sobre dos formas de amenazas a la seguridad
personal, a saber: Amenazas de otros estados (guerras) y amenazas de
otros grupos de población (como tensiones étnicas). Por ello la seguridad
humana ofrece mayor capacidad comprensiva al permitir un ámbito de
siete aspectos: Seguridad económica, seguridad alimentaria, seguridad en
materia de salud, seguridad ambiental, seguridad personal, seguridad de
la comunidad y seguridad política(13).
Respecto a dichas comunidades, se presenta enseguida algunas
noticias que se ha podido recibir de representantes de ODECOAC de
tres comunidades(14):

Teish

Sería habitada por unas 280 personas y solo el 50% de la población
tendría documento de identidad, (DNI), lo que significaría que alrededor
de 140 personas, no existirían formalmente para el Estado peruano.

(13) Informe sobre Desarrollo Humano 1994 del PNUD, p.26 y 27.
(14) Estos datos han sido proporcionados oralmente por dirigentes de las
comunidades en su visita a Lima.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 117

Ciertamente la escasa educación que reciben es del sistema oficial
del Estado. Existe 1 centro de educación primaria. Y para recibir educación
secundaria se dirigen a una zona en el río Chiriaco, en las proximidades
del río Marañon (son varios días de camino).
Existe 1 puesto de salud donde un técnico sanitario bilingüe presta
servicios, pero no hay equipamiento en el puesto.
Hay problema de desnutrición, particularmente entre los niños y
las principales enfermedades son diarrea y parasitósis. Si bien hay
murciélagos se considera que actualmente no son portadores de rabia
Si bien esta comunidad se encuentra relativamente cerca de un
curso de agua, llama la atención pero tienen poca disposición de ella, lo
que nos lleva a pensar que el agua del río podría estar contaminada,
contando con agua potable de piletas (instaladas con ayuda de un fondo
del gobierno).
Las chacras duran de 2 a 3 años y se produce yuca y platano. Hay
poco pescado y nuestro informante considera que no llega el “Mijano” o
traslado de los peces a las partes altas del río para su reproducción,
entendiéndose que se ha depredado el recurso.
La caza o mitayo se realizaría permanentemente, señalando que
hay mitayo de dos días, que es para la comida diaria, y de cuatro días
(seguramente por el mayor tamaño de los animales) para cazar alimento
para las fiestas. Y en la comunidad se realiza el criado de gallinas criollas
(presentándose también enfermedades de las gallinas).
Otros: No hay energía eléctrica y se alumbran con mechero.

Antiguo Canamp

La población es de 117 habitantes aproximadamente y solo 4
personas contarían con DNI, no habiendo registro de nacimientos ni de
defunciones. Con características similares a la anterior comunidad, sin
embargo se tienen las siguientes precisiones:
118 Revista Peruana de Derecho Internacional

Educación: No hay centro educativo.
Salud: No existe servicio de salud.
Economía. Todos se dedicarían a la agricultura.

Shaim

La población es de 732 habitantes aproximadamente y también
tiene similares condiciones a las dos comunidades antes señaladas.
En lo que respecta a educación, hay una escuela primaria,
contándose con 2 profesores para 90 alumnos.
Salud: Hay un puesto de salud y un técnico enfermero.
Economía: La productividad de los cultivos en la zona sería baja y
por la distancia ningún producto se podría vender.
Las vías de comunicación son las trochas, no utilizan el río ya que
es muy torrentoso y en varios sectores innavegable.
La breve información presentada muestra inicialmente que en las
comunidades de Teish, Antiguo Canamp y Shaim hay una seria inseguridad
alimentaria y por consiguiente inseguridad en materia de salud. El otro
aspecto que puede ser delicado en la situación de estas comunidades que
albergarían a 1,129 habitantes es el ambiental, por el problema del descenso
en la presencia de peces en los ríos, que es uno de las principales fuentes
proteicas para dichas poblaciones.
De otra parte la ausencia de registros de nacimientos y de
documentos de identidad hace que para el Estado dichos pobladores sean
políticamente invisibles.
Dada la situación de relativo aislamiento de esta población puede
ser limitado formular consideraciones sobre la seguridad económica de
ella, si es que este último concepto solo se fundamenta en un ingreso
básico asegurado, o de algún sistema de seguridad financiado con fondos
públicos.
Poblaciones en frontera y seguridad humana 119

Si bien estas observaciones solo pueden ser introductorias aprecio
que en la actualidad y particularmente hacia la atención sobre zonas de
frontera, el concepto de seguridad humana constituye un elemento analítico
alternativo y pertinente al de seguridad nacional.
En términos de inclusión social y sin concluir el abordaje a esta
temática creo que es adecuado convocar la atención sobre la realidad de
toda la banda de frontera terrestre que rodea el país, ya que es un vasto
espacio en el que gran cantidad de connacionales aguardan ser mejor
reconocidos en virtud de esa condición.

***
120 Revista Peruana de Derecho Internacional

LOS MECANISMOS DEL DERECHO INTERNACIONAL
FRENTE AL TERRORISMO INTERNACIONAL COMO AMENAZA
A LA SEGURIDAD INTERNACIONAL

Juan Pablo Pérez-León Acevedo*

1. INTRODUCCIÓN

El terrorismo internacional es en la actualidad una de las principales
amenazas a la paz y seguridad internacionales, toda vez que daña de
manera seria la vida y la integridad individuales. A pesar de ser un
fenómeno de larga data, es con los atentados del 11 septiembre de 2001
que alcanza un lugar central dentro de los problemas contemporáneos. Su
presencia ha influenciado e influenciará el manejo de las relaciones
internacionales así como el desarrollo del Derecho Internacional (DI) en
diferentes áreas. Precisamente, el presente artículo busca abordar cuáles
son los mecanismos con los que cuenta el DI para hacer frente a los
desafíos que implica esta amenaza a la seguridad internacional que, en los
últimos años, ha adquirido facetas nuevas y dimensiones mayores. Para
ello, se ha estimado conveniente dividir el texto en dos secciones. Mientras

* Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Adjunto de docencia
de los cursos Derecho Penal Internacional y Derechos Humanos en la
misma universidad. Consultor Jurídico de Amnistía Internacional - Sección
Peruana.
El presente trabajo está basado parcialmente, con las respectivas adaptaciones,
en la tesis de licenciatura del autor, la cual recibió la mención sobresaliente
(Summa Cum Laudem)
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 121

que la primera parte se refiere a los mecanismos e instituciones jurídicas
del DI público, la segunda aborda nuestro tema desde la óptica particular
del Derecho Penal internacional (DPI). Ambas secciones son
complementarias y guardan una intensa interacción, con miras a dar una
aproximación jurídicamente apropiada.
En la actualidad hay consenso para condenar al terrorismo
internacional, en tanto afecta individualmente a los seres humanos como
a la seguridad y paz internacionales, en general(1). Pese a ello no se ha
podido generar un concepto estándar sobre terrorismo, ya sea terrorismo
estatal o de individuos o de grupos; o terrorismo político o común. Tampoco
se ha llegado a establecer cuál es el enfoque más adecuado -preventivo o
represivo- en la normatividad internacional. Sin embargo, un concepto
base de terrorismo implicaría tanto un elemento subjetivo como objetivo,
como apuntan Carrillo Salcedo y Frowein:
La utilización sistemática de la muerte y la destrucción, así como la
amenaza de su recurso, para aterrorizar a individuos, grupos, comunidades
o gobiernos y forzarles a hacer concesiones en beneficio de los objetivos
de los terroristas (elemento subjetivo) […] los ataques o amenazas a la
vida o a la seguridad personal que afecten de forma indiscriminada a las
personas o impliquen el empleo de métodos de violencia indiscriminada y
atroz condenados por la comunidad internacional (elemento objetivo)(2).

(1) La evolución y la variedad de los métodos del terrorismo pueden analizarse en
el tiempo desde el atentado en Sarajevo (1914), donde murió el archiduque
francisco Fernando y desencadenó la Primera Guerra Mundial hasta los ataques
terroristas en Nueva York, Madrid y Londres. Como ejemplo sobre la definición
de la responsabilidad por actos de terrorismo y los aspectos que involucra se
puede referir el Asunto Lockerbie. En este caso la presunción -y luego
reconocimiento- del apoyo del gobierno libio a los autores materiales de
dicho atentado, dio lugar a varios actos de organismos internacionales que
reflejan el criterio interpretativo de las normas internacionales frente a esta
clase de hechos.
(2) CARRILLO SALCEDO, Juan Antonio y Jochein, FORWEIN. Les aspects juridiques
du terrorisme international. The legal aspects of International terrorism.
Dordrecht: Centre d’Étude et de Recherche de droit international et de relations
internationales. Académie de Droit international de la Haye, 1989, pp. 21 y
122 Revista Peruana de Derecho Internacional

2. MECANISMOS DESDE LA PERSPECTIVA DEL
DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO

2.1. Mecanismos pacíficos

En el DI, en general y en particular en los mecanismos de la
Organización de Naciones Unidas (ONU) se ha buscado con gran esfuerzo
definir de manera precisa un amplio espectro de posibilidades de
jurisdicción para eventos y personas vinculados a actos terroristas.
Ninguna de las actividades ha requerido, de hecho, un concepto paraguas
de terrorismo sobre temas concretos de rehenes, aeronaves, personas
protegidas, etc. El término, puede considerarse limitado para referirse a
la variedad de problemas, con algunos elementos comunes que expresan
la condena de la comunidad internacional sobre dichas conductas(3).
Un primer gran grupo de mecanismos pacíficos con los que cuenta
el DI público está dado por tratados internacionales, que cubren diversas
conductas terroristas. De manera general, debemos precisar que cada
uno de estos tratados desarrolla aspectos concretos de actos terroristas.
Debido a la extensión de este trabajo, se concentrará el análisis en algunos
de ellos(4).

viene de la pág. 121.
57. Citado por SALMÓN, Elizabeth. “De la competencia ratione materiae prevista en el
Estatuto de Roma”. En: SALMÓN, Elizabeth (ed.). La Corte Penal Internacional
y las medidas para su implementación en el Perú. Lima: Fondo Editorial de la
Pontificia Universidad Católica del Perú / Instituto de Estudios Internacionales,
2001, p. 79.
(3) SERRANO FIGUEROA, Rafael. El Derecho humanitario frente a la realidad bélica de
la globalización: México: Editorial Porrúa / UNAM, 2002, p. 122.
(4) Para un análisis detallado de los actos que constituyen terrorismo internacional
véanse: JOYENER, Christopher y Robert, FRIEDLANDER. “International Civil
Aviation”. En: BASSIOUNI, M. Cherif (ed.). International Criminal Law.
Volumen I. 2da Ed. New York: Transnational Publishers, 1999, pp. 837-
858; BASSIOUNI, M. Cherif. “Kidnapping and Hostage Taking”. Ibid., pp.
859-867 y FRIEDLANDER, Robert. “Kidnaping of Diplomatic Personel”. Ibid.,
pp. 869-881.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 123

La elaboración de una reglamentación internacional para la prevención
y represión del terrorismo, estuvo presente en la época de la Sociedad de
Naciones respecto al llamado terrorismo “político”(5). Pese a las dificultades,
se han obtenido logros parciales con la adopción de ciertas obligaciones
convencionales tanto en el ámbito regional como universal.
En el primero, encontramos al Convenio para prevenir y sancionar
los actos de terrorismo de la Organización de Estados Americanos (OEA)
y el Convenio Europeo para la Represión del Terrorismo(6). En el
segundo, debe señalarse un conjunto de convenios que abarcan diversas
manifestaciones del terrorismo internacional. Así tenemos el Convenio
para la prevención y el castigo de los delitos contra personas
internacionalmente protegidas y también la Convención Internacional
contra la Toma de rehenes(7). Más recientes son: la Convención
Internacional para la represión de los atentados terroristas con bombas, el
Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del
Terrorismo(8), entre otros(9).
En relación a la apropiación ilícita de aeronaves, la Convención
de la Haya(10) al igual que la Convención de Montreal(11), hacen la

(5) A través de los Convenios de 1937 para la prevención y represión del terrorismo
y sobre la creación de un tribunal internacional penal, que nunca llegarían a
entrar en vigor.
(6) El primero firmado en Washington el 2 de febrero de 1971 bajo los auspicios
de la OEA y el segundo firmado el 27 de enero de 1977 en el marco del
Consejo de Europa.
(7) Convenio para la prevención y el castigo de los delitos contra personas
internacionalmente protegidas de 14 de diciembre de 1973. Convención
Internacional contra la Toma de Rehenes de 17 de diciembre de 1979.
(8) Convención Internacional para la Represión de los Atentados Terroristas con
Bombas de 15 de diciembre de 1997. Convenio Internacional para la represión
de la Financiación del Terrorismo de 10 de enero de 2000.
(9) Confrontar con los instrumentos señalados en lo referente a las interferencias
ilícitas con la aviación internacional, así como con el Convenio de Roma para la
represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima de 10
de marzo de 1988.
(10) Convención para la represión de la captura ilícita de aeronaves, de 16 de diciembre
de 1970, artículo 1.
124 Revista Peruana de Derecho Internacional

calificación de una serie de actos que ponen en peligro la seguridad de la
aeronave en vuelo, ya sea por su realización como autor, cómplice o en
tentativa. Ambas convenciones, obligan a los Estados a establecer penas
severas para tales delitos; así como la adopción de medidas necesarias
para establecer su jurisdicción, de acuerdo a los criterios de cada
Convención(12). Se establece también, la obligación de juzgar o extraditar
sin ninguna excepción(13). El interés protegido es la seguridad de las
personas y de los bienes, la explotación de los servicios aéreos y la
confianza de los pueblos del mundo en la seguridad de la aviación civil(14).
Sobre los delitos contra las personas internacionalmente protegidas
tenemos la Convención de la OEA sobre la materia(15). Entre las

viene de la pág. 123.
(11) Convención para la represión de actos ilícitos dirigidos contra la seguridad de la
aviación civil de 23 de septiembre de 1971. Además de las dos Convenciones
citadas tenemos el Convenio de Tokio sobre las infracciones y ciertos actos cometidos
a bordo de las aeronaves de 14 de septiembre de 1963. El Convenio de Tokio
versa sobre infracciones a las leyes penales y otros actos cometidos a bordo que
pongan o puedan poner en peligro la seguridad de la aeronave, personas o
bienes en la misma o que pongan en peligro el buen orden y la disciplina a
bordo. Establece un sistema de jurisdicciones concurrentes y no excluyentes
para conocer de tales infracciones y actos y determina las facultades del
comandante respecto del sujeto actuante. Asimismo, contempla el
apoderamiento ilícito y regula las facultades y obligaciones de los Estados.
Resulta particularmente importante citar el artículo 3.3 de este tratado el cual
señala que: “El presente Convenio no excluye ninguna jurisdicción penal de acuerdo
con las leyes nacionales”. Según algunos autores, esta disposición no permite a
los Estados partes ejercer su competencia penal con el fundamento de la
universalidad; mientras que para otros sí es posible tal posibilidad, si es que se
entiende a la universalidad en el sentido más general.
(12) Convención para la represión de la captura ilícita de aeronaves, artículo 4 y
Convención para represión de actos ilícitos dirigidos contra la seguridad de la
aviación civil, artículo 5.
(13) El objetivo de estas convenciones es prevenir los actos que califican y de prever
medidas apropiadas para la punición de los autores.
(14) Preámbulos de la Convención de la Haya de 1970 y de la Convención de Montreal
de 1971. Para un desarrollo más amplio véase JOYNER, Christopher y Robert,
FRIEDLANDER. “International Civil Aviation”. En: BASSIOUNI, M. Cherif (ed.).
Ob. cit., pp. 837-857.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 125

obligaciones asumidas por los Estados con la finalidad de desarrollar la
cooperación figura la inclusión de los hechos delictivos recogidos en la
Convención en la legislación penal interna, sea que ellos estén o no previstos
en la norma interna(16).
En el marco de la ONU, también se han regulado los delitos contra
las personas internacionalmente protegidas, a través de una Convención
sobre la materia(17).Su finalidad, al igual que la Convención de la OEA,
es la adopción de medidas apropiadas y eficaces para la prevención y el
castigo de esta clase de ilícitos. El interés que protege es el mantenimiento
de las relaciones internacionales normales para la cooperación entre los
Estados(18). En esta Convención(19), al igual que en las convenciones ya
vistas, se utilizan los mismos elementos para establecer la cooperación
internacional entre los Estados. Es decir, se determinan los criterios para
establecer la jurisdicción de los Estados en la materia y establecer la
obligación de juzgar o extraditar, salvo que exista una excepción
justificada(20).

viene de la pág. 124.

(15) Convención para prevenir y sancionar los actos de terrorismo calificados de delitos
contra las personas internacionalmente protegidas y la extorsión conexa cuando
esos actos tienen trascendencia internacional de 2 de febrero de 1971, artículo 2.
Esta Convención responde a la necesidad de adaptar las necesidades que
desarrolla el DI en lo que concierne a la cooperación internacional para la
prevención y sanción de tales actos y se justifica por las consecuencias que
pueden derivar para las relaciones internacionales. Véase el preámbulo de la
Convención.
(16) Convención para prevenir y sancionar los actos de terrorismo calificados de delitos
contra las personas internacionalmente protegidas y la extorsión conexa cuando
esos actos tienen trascendencia internacional, artículo 8.d. Cabe precisar que
aunque se califiquen los hechos como delitos comunes con trascendencia
internacional, cualquiera que sea su móvil, la Convención reconoce
expresamente la institución del asilo (artículo 6, que establece que: “Ninguna
disposición de esta Convención será interpretada en el sentido de limitar el derecho de
asilo”). En lo relativo a la extradición, la Convención reserva la calificación de
la naturaleza de los hechos exclusivamente al Estado bajo cuya jurisdicción se
encuentra a la persona sujeta a la extradición. Estas reservas permiten al Estado
determinar unilateralmente si la Convención es aplicable o no (artículo 3
parágrafo 2).
126 Revista Peruana de Derecho Internacional

No obstante, las similitudes entre los instrumentos internacionales
analizados, respecto a la prevención y represión de los delitos que son
calificados presentan diferencias; en tanto realmente las características
en común son el reenvío a los Derechos internos y la previsión de la
cooperación entre los Estados. Adicionalmente, es preciso señalar que
pese a que el sistema de cooperación de las convenciones posee en
términos generales la misma estructura, existen diferencias significativas
sobre el tipo y grado de cooperación internacional(21).
Respecto a los delitos que entrañan problemas de jurisdicción –los
atentados contra las aeronaves en vuelo–, la técnica utilizada para
determinar la jurisdicción consiste en la extensión de la jurisdicción de los

viene de la pág. 125.
(17) Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas
internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos de 14 de
diciembre de 1973.
(18) Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas
internacionalmente protegidos, inclusive los agentes diplomáticos, preámbulo.
(19) Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas
internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, artículo 2.
1. Serán calificados por cada Estado Parte como delitos en su legislación
interna, cuando se realicen intencionalmente: a) La comisión de un homicidio,
secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona
internacionalmente protegida; b) La comisión de un atentado violento contra
los locales oficiales, la residencia particular o los medios de transporte de una
persona internacionalmente protegida que pueda poner en peligro su
integridad física o su libertad; c) La amenaza de cometer tal atentado; d) La
tentativa de cometer tal atentado, y e) La complicidad en tal atentado. 2. Cada
Estado Parte hará que esos delitos sean castigados con penas adecuadas que
tengan en cuenta el carácter grave de los mismos. 3. Los dos párrafos que
anteceden no afectan en forma alguna las obligaciones que tienen los Estados
partes, en virtud del derecho internacional, de adoptar las medidas adecuadas
para prevenir otros atentados contra la vida, libertad o dignidad de una persona
internacionalmente protegida.
(20) Por otro lado la Convención de la ONU, a diferencia de la Convención de la
OEA sobre la materia, no hace una referencia expresa a la institución del asilo
y sólo se limita a los tratados de asilo en vigor antes de la adopción de la
Convención y en lo que concierne a los Estados partes de esos tratados.
Véanse los artículos 4, 7 y 12. Para un análisis más detallado véase FRIEDLANDER.,
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 127

Estados. Esta técnica también es empleada en relación a los delitos contra
personas internacionalmente protegidas(22). En conexión con lo anterior,
se debe señalar que en los instrumentos internacionales relativos a
atentados contra aeronaves en vuelo o contra personas internacionalmente
protegidas se reconoce el ejercicio de jurisdicción universal, requiriéndose
la presencia del presunto culpable en el territorio del Estado(23).
En las Convenciones señaladas, se establece la obligación de juzgar o
extraditar. Sin perjuicio de lo anterior, en el caso de los delitos contra la
seguridad de las aeronaves en vuelo no se admite excepción alguna;
mientras que en los delitos contra las personas internacionalmente
protegidas, dicha obligación se presenta de forma más atenuada(24).
Aunque, todos estos delitos dan lugar a la extradición, lo cual se enmarca
dentro del sistema de cooperación(25). A partir de lo expuesto podemos
señalar las siguientes características comunes(26) de estos delitos.

viene de la pág. 126.
Robert. “Kidnapping of Diplomatic Personnel”. En: BASSIOUNI, M. Cherif
(ed.). Ob. cit., pp. 869-881.
(21) De manera general, el grado de cooperación es más fuerte cuando se trata de
los delitos contra la seguridad de la aviación, posee un grado intermedio
cuando se trata de personas internacionalmente protegidas y alcanza su grado
más bajo cuando nos referimos a la piratería. En opinión de Abellán: “par
rapport à la piraterie les Etats s’engagent à coopérer, dans la mesure du possible,
dans les attentas contre la sécurité de l’aviation civile internationales, les
conventions établissent un système de coopération très renforcé”. ABELLÁN,
Victoria. “La responsabilité internationale du individu”. En: Recueil des Cours
de la Académie de Droit International Public, volumen 280, 1999, p. 291.
(22) En la Convención de la ONU sobre la materia, se recoge lo mencionado; no
así en la Convención de la OEA respectiva.
(23) Véanse por ejemplo: Convención para la represión de la captura ilícita de
aeronaves, artículo 7; Convención para la represión de actos ilícitos dirigidos
contra la seguridad de la aviación civil, artículo 7. Revisar también además de
los instrumentos internacionales citados: Convención Internacional contra la
Toma de Rehenes de la ONU de 17 de diciembre de 1979, artículo 8; Convenio
de Roma para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación
marítima de 10 de marzo de 1988, artículo 7.
(24) Lo último está en relación directa con el reconocimiento explícito del derecho
de asilo.
128 Revista Peruana de Derecho Internacional

En primer lugar, se trata de delitos calificados por instrumentos
internacionales, los cuales exigen de manera expresa su implementación
en los ordenamientos jurídicos estatales. Desde el punto de vista formal,
estas conductas son objeto de una doble calificación tanto internacional
como interna. Todos los tratados al momento de calificar los actos
constitutivos de esta clase de delitos, exigen que sean considerados como
delitos comunes graves, dentro de los ordenamientos internos.
Desde una perspectiva material, y en segundo lugar, el denominador
común es que estos delitos atentan contra los canales normales a través
de los cuales se establecen las relaciones políticas y comerciales.
Asimismo, se sitúan en los ámbitos materiales de la reglamentación jurídica
internacional que comprenden las áreas de la regulación de la aviación
civil internacional y las relaciones diplomáticas y consulares.
Como tercer punto en común tenemos que las consecuencias que
pueden producir sobre las relaciones internacionales así como la necesidad
de reforzar la cooperación entre los Estados para su prevención y sanción
son las razones que justifican la inclusión de estos delitos dentro de un
tratado internacional. No obstante, el sistema de cooperación está limitado,
en ciertas ocasiones, por la facultad que se le reconoce a los Estados de
conceder el asilo o de rechazar la extradición del delincuente.

viene de la pág. 127.
(25) Por otra parte, las Convenciones sobre los delitos contra las aeronaves en
vuelo y la Convención de la ONU relativa a los delitos contra las personas
internacionalmente protegidas establecen un mecanismo de control
internacional. En el caso de las Convenciones sobre la represión de los delitos
contra las Aeronaves en vuelo se trata de la Organización de la Aviación Civil
Internacional (OACI). La Secretaría General de la ONU adopta similar rol
respecto a la Convención de la ONU relativa a los delitos contra personas
internacionalmente protegidas. En ambas situaciones, los Estados tienen la
obligación de comunicar ciertas medidas adoptadas en aplicación de las
convenciones.
(26) Confrontar Abellán, Victoria. Ob. cit., pp. 292-293 y BASSIOUNI, M. Cherif.
“The sources and content of International Criminal Law”. En: BASSIOUNI, M.
Cherif (ed.). Ob. cit. Vol. I, pp. 765 y ss.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 129

Como cuarta y última característica, el interés protegido es la
seguridad de los órganos políticos y de los servicios administrativos que
constituyen el medio habitual de las relaciones políticas y comerciales
entre los Estados. A pesar de ser un interés protegido por el DI, no puede
ser calificado como interés esencial por la comunidad internacional. No
obstante, la calificación de estos hechos ilícitos internacionales como
crímenes o delitos internacionales en sentido estricto, dependerá de las
circunstancias en las que se han cometido. A su vez, como señala
Thiam(27) las jurisdicciones internas son las competentes.
Un segundo grupo de estas medidas pacíficas está dado por las, las
Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la materia. En
efecto, el Consejo de Seguridad puede recomendar o decidir la adopción
de sanciones o contramedidas centralizadas contra Estados que asistan a
los terroristas o que de manera directa o indirecta participen en un acto
terrorista(28). Las Resoluciones del Consejo han establecido que los actos
terroristas constituyen un crimen que debe ser perseguido y penado por
los Estados así como identificadas y suspendidas todas las vías de
financiamiento(29). Ello pese a la falta de un acuerdo unánime sobre la
definición del tipo(30).
Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Estados
Unidos, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 1373 (2001), en la
cual “actuando en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones
Unidas”, menciona una amplia lista de medidas, las que todos los Estados

(27) THIAM, Doudou. Premier rapport sur la responsabilité des Etats, doc. A/CN.4/
364, parágrafo. 32.
(28) CASSESE, Antonio. International Law. 2da Ed. Oxford: Oxford University
Press, 2005, p. 468.
(29) UN.Doc S/RES/1368 (2001). Resolución de 12 de septiembre de 2001;
UN. Doc S/RES/1373 (2001). Resolución de 28 de septiembre de 2001.
(30) Confrontar con Security Council, UN Security Council Anti-terrorism
Resolution. En: http://www.usinfo.state.gov / topical / pol / terror /
o1092902.htm.
130 Revista Peruana de Derecho Internacional

están obligados a implementar. En tal sentido, el Consejo de Seguridad a
través de esta Resolución declaró que:
[…] que los actos, métodos y prácticas terroristas son
contrarios a los propósitos y principios de las Naciones
Unidas y que financiar intencionalmente actos de terrorismo,
planificarlos e incitar a su comisión también es contrario a
dichos propósitos y principios de las Naciones Unidas;(31)
Esta Resolución, ha sido la primera del Consejo de Seguridad en la
que este órgano califica al terrorismo internacional como un fenómeno
global sin referirse a un Estado o a una región en particular. Como bien
apunta Schrijver(32), a través del conjunto de medidas vinculantes anti-
terroristas que contiene(33).

(31) UN. Doc S/RES/1373 (2001). Resolución de 28 de septiembre de 2001,
parágrafo 5.
(32) SCHRIJVER, Nico. “September 11 and Challenges to International Law”. En:
Boulden, Jane y Thomas, WEISS (eds.). Terrorism and the UN. Befote and After
September 11. Bloomington / Indianapolis: Indiana University Press, p. 59.
(33) Entre la extensa lista de medidas de los parágrafos 1, 2 y 3 de la Resolución 1373
(2001) podemos mencionar que los Estados deben hacer su mejor esfuerzo para:
- prevenir y reprimir la financiación de los actos de terrorismo; tipificar como
delito la provisión o recaudación intencionales, para perpetrar actos de terrorismo;
-congelar los fondos de las personas vinculadas a actos de terrorismo o participen
en ellos o faciliten su comisión;
- abstenerse de proporcionar todo tipo de apoyo, activo o pasivo, a las entidades
o personas que participen en la comisión de actos de terrorismo; adopten las
medidas necesarias para prevenir la comisión de actos de terrorismo;
- denegar refugio a quienes financian, planifican o cometen actos de terrorismo, o
prestan apoyo a esos actos, o proporcionan refugios;
- asegurar el enjuiciamiento de toda persona que participe en la financiación,
planificación, preparación o comisión de actos de terrorismo o preste apoyo a
esos actos;
- proporcionarse recíprocamente el máximo nivel de asistencia en lo que se
refiere a las investigaciones o los procedimientos penales relacionados con la
financiación de los actos de terrorismo;
- impedir la circulación de terroristas o de grupos terroristas mediante controles
eficaces en frontera y controles de la emisión de documentos de identidad y de
viaje;
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 131

el Consejo de Seguridad adoptó, de una manera pionera, un rol
quasi-legislativo. Se puede decir que el Consejo de Seguridad ha legislado
de facto en acciones nacionales contra el terrorismo. De igual forma,
esta Resolución ha establecido un Comité, llamado Counter-Terrorism
Committee el cual vigila la implementación de la Resolución. De otra
parte, un grupo de Resoluciones del Consejo de Seguridad constituido por
las Resoluciones 1267 (1999), 1333 (2000), 1390 (2002) y 1445 (2003) no
se dirigieron a los Estados o entidades estatales sino a ciertos individuos o
grupos de individuos acusados de terrorismo como el Talibán, Osama bin
Ladem y otros miembros de Al Qaeda. Las subsecuentes Resoluciones
como la 1377 (2001), 1455 (2003), 1456 (2003) y 1535 (2004) se relacionan
con el Comité señalado.

2.2. El uso de la fuerza frente el terrorismo internacional

El DI contemporáneo prohíbe, en las relaciones internacionales, el
uso de la fuerza (ius ad bellum) ya sea unilateral o colectivo, tal y como

viene de la pág. 130.
- intercambiar información de conformidad con el derecho internacional y la
legislación interna y cooperar en las esferas administrativas y judiciales para
impedir la comisión de actos de terrorismo;
- cooperar, en particular mediante acuerdos y convenios bilaterales y
multilaterales, para impedir y reprimir los ataques terroristas, y adoptar medidas
contra quienes cometan esos actos;
- adherirse a los convenios y protocolos internacionales pertinentes relativos al
terrorismo, inclusive el Convenio Internacional para la represión de la
financiación del terrorismo;
- fomentar la cooperación y aplicar plenamente los convenios y protocolos
internacionales pertinentes relativos al terrorismo;
- adoptar las medidas apropiadas de conformidad con las disposiciones
pertinentes de la legislación nacional y el derecho internacional, inclusive las
normas internacionales en materia de derechos humanos, antes de conceder el
estatuto de refugiado;
- asegurar, que el estatuto de refugiado no sea utilizado de modo ilegítimo por
los autores, organizadores o patrocinadores de los actos de terrorismo.
132 Revista Peruana de Derecho Internacional

se encuentra establecido en la Carta de Naciones Unidas(34), que
también alude a la solución pacífica de controversias(35) y, como corolario,
la libre elección de medios para la solución pacífica de las mismas(36).
Estos aspectos, debido a la importancia que revisten para los intereses
esenciales de la comunidad internacional en su conjunto, son considerados
principios que constituyen normas imperativas de DI general o las
denominadas normas de ius cogens(37).
Lo reseñado en el parágrafo anterior nos da una primera
aproximación a efectos de evaluar, según las normas del DI, el uso de la
fuerza que han realizado algunos Estados en contra de otros bajo la

(34) Carta de la ONU, artículo 2.4. Para la realización de los Propósitos consignados
en el Artículo 1, la Organización y sus Miembros procederán de acuerdo con
los siguientes Principios: […] 4. Los Miembros de la Organización, en sus
relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la
fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier
Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las
Naciones Unidas.
(35) Carta de la ONU, artículo 2.3. Para la realización de los Propósitos consignados
en el Artículo 1, la Organización y sus Miembros procederán de acuerdo con
los siguientes Principios: […] 3. Los Miembros de la Organización arreglarán
sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se
pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia.
(36) Carta de la ONU, artículo 33. Las partes en una controversia cuya continuación
sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la
negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo
judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos
de su elección.
(37) La definición de normas de ius cogens se encuentra, a nivel de DI convencional,
en la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 23 de mayo de 1969:
Convención de Viena, artículo 53. Tratados que están en oposición con una
norma imperativa de derecho internacional general (jus cogens). Es nulo todo
tratado que, en el momento de su celebración. esté en oposición con una
norma imperativa de derecho internacional general. Para los efectos de la
presente Convención, una norma imperativa de derecho internacional general
es una norma aceptada y reconocida por la comunidad internacional de Estados
en su conjunto como norma que no admite acuerdo en contrario y que sólo
puede ser modificada por una norma ulterior de derecho internacional general
que tenga el mismo carácter.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 133

acusación de que éstos han apoyado o cobijado grupos que han realizado
ataques terroristas en detrimento de los primeros.
Ahora bien, aunque el uso de la fuerza está prohibido, existen
excepciones reconocidas por la propia Carta de la ONU. Una de ellas es
el uso centralizado de la fuerza por el Consejo de Seguridad, en aplicación
de los poderes que le otorga el Capítulo VII de la Carta frente a actos de
amenaza de la paz, quebrantamientos de la paz o agresión(38). La segunda
excepción es el uso de la legítima defensa –ya sea individual o colectiva–
y que será analizada en este punto debido a la práctica estatal frente a
ataques terroristas asociados con el apoyo o soporte de algunos Estados.
Es oportuno recordar que la legítima defensa es regulada por la Carta de
la ONU en los siguientes términos:
Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho
inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso
de ataque armado contra un Miembro de las Naciones
Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado
las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad
internacionales […](39)
De conformidad con lo anterior, la resolución 1373 (2001) del
Consejo de Seguridad ya aludida, calificó el derecho de legítima defensa
individual y colectivo como inmanente(40). En este contexto, como señala
Cassese(41), el ataque armado terrorista frente al cual se ejerza el recurso
la legítima defensa debe ser parte de una estructura consistente de
violencia terrorista más que sólo actos aislados o esporádicos de violencia,

(38) Carta de la ONU, artículo 39. El Consejo de Seguridad determinará la
existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de
agresión y hará recomendaciones o decidirá que medidas serán tomadas de
conformidad con los Artículos 41 y 42 para mantener o restablecer la paz y la
seguridad internacionales.
(39) Carta de la ONU, artículo 51.
(40) UN. Doc S/RES/1373 (2001). Resolución de 28 de septiembre de 2001,
preámbulo, parágrafo 4.
(41) CASSESE, Antonio. Ob. cit., p. 469.
134 Revista Peruana de Derecho Internacional

debido a que tal recurso es de ultima ratio y debe ser usado en las
relaciones internacionales únicamente bajo circunstancias excepcionales.
Aunque los grupos terroristas no sean agentes de iure, es decir
integrantes del aparato formal y oficial de un Estado, lo que se debe
identificar es si existe y en qué grado algún tipo de apoyo desde alguna
estructura oficial estatal. Sobre el particular, es posible identificar como
explica Cassese(42) varios supuestos, de mayor a menor grado de
participación de un Estado en el desarrollo de las actividades terroristas.
El primer supuesto consiste en que los grupos terroristas que
cometen sus actividades en el extranjero, involucran de manera directa la
responsabilidad del Estado. Ejemplo de ello fue la explosión de un avión
estadounidense en Lockerbie (Escocia) por agentes del Estado de
Libia(43). El segundo supuesto se refiere a que la actuación del Estado
puede darse a través de órganos de facto, es decir bandas armadas que
son organizadas, equipadas, comandadas y controladas por el Estado
respectivo. Sobre estos dos primeros supuestos, sería posible ejercer el
derecho de legítima defensa siempre que las condiciones de ésta, a las
que nos referiremos hacia el final de este subpunto, se hayan cumplido. El
ejercicio del derecho de legítima defensa, en estos primeros dos supuestos,
se debe a que el ataque terrorista es atribuido de manera directa a un
Estado determinado.
Por otra parte tenemos tres supuestos, en los que la relación entre
los grupos terroristas y un Estado determinado debe ser apreciada de una

(42) Ibid., pp. 470 y ss.
(43) Al respecto es oportuno recordar que, a través de una carta con fecha 15 de
agosto de 2003 dirigida a la ONU, el Chargé de affaires de Libia aceptó la
responsabilidad de las acciones de sus oficiales. UN doc. S/2003/818. El
Estado de Libia ha pagado la respectiva indemnización por el ataque terrorista.
De igual manera, el Estado de Libia ha admitido responsabilidad por el ataque
terrorista -por explosión de una bomba- acaecido en 1986 en la discoteca La
Belle en Berlín. Como consecuencia de las sentencias de los tribunales alemanes,
el Estado libio se vio obligado a hacer el pago de una indemnización de 35
millones de dólares a las víctimas de ese atentado.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 135

manera más cuidadosa. En tal sentido, el tercer supuesto consiste en que
los grupos terroristas pueden actuar de manera independiente, aunque
cuenten con armas o el apoyo financiero otorgados por un Estado. En el
cuarto supuesto, los grupos terroristas pueden recibir soporte logístico,
como facilidades de entrenamiento, por parte del Estado. A su vez en el
quinto supuesto, los grupos terroristas no reciben apoyo activo de parte
del Estado, pero éste les brinda refugio en su territorio o al menos no
toman acciones si es que advierte la presencia de los terroristas en él,
todo ello antes y después de los ataques terroristas.
En estos tres casos, a efectos de determinar si un Estado tiene
responsabilidad en un determinado ataque terrorista y afrontar el eventual
ejercicio de legítima defensa, se debe evaluar el grado de control que
ejerce tal Estado sobre un grupo terrorista en concreto. Tal evaluación ha
sido materia del case law de diferentes tribunales internacionales, por lo
que presentaremos una breve evolución de la misma.
En tal sentido, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el Caso
Nicaragua vs. Estados Unidos, exigió un elevado grado de control o
effective control para determinar la atribución de responsabilidad de los
Estados Unidos respecto a las acciones de los contras que combatieron al
gobierno de Nicaragua. De esa forma, se consideró responsable a los
Estados Unidos por su apoyo a los contras, únicamente en un número
reducido de casos, en los que se atribuyesen los propios actos de los
contras a partir de la participación efectiva y las instrucciones dadas por
los Estados Unidos. En esa dirección, la CIJ estableció que para atribuir
el comportamiento a un Estado era insuficiente una situación general de
dependencia y apoyo(44). No obstante, la Sala de Apelaciones del Tribunal

(44) “Despite the heavy subsidies and other support provided to them by the
United States, there is no clear evidence of the United States having actually
exercised such a degree of control in all fields as to justify treating the contras
as acting on its behalf […]. All the forms of the United States participation
mentioned above, and even the general control by the respondent State over
a force with a high degree of dependency on it, would not in themselves
mean, without further evidence, that United States directed or enforced the
136 Revista Peruana de Derecho Internacional

Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIEY), en el asunto Tadic
emitió un pronunciamiento disímil del de la CIJ. En opinión del TPIEY,
cuando es difícil determinar la responsabilidad de una organización de
tipo militar, es suficiente el control general –overall control– que ejerce
un Estado foráneo sobre tal organización, no siendo necesario por lo tanto
que cada una de las acciones realizadas por este grupo haya sido controlada
por el Estado en cuestión(45).
Se podría afirmar que el criterio en estudio se ha flexibilizado aún
más, después que el Consejo de Seguridad –ver en particular las
Resoluciones 1368 (2001) y 1373 (2001)– autorizó a los Estados Unidos a
reaccionar en legítima defensa contra Afganistán, luego de los ataques
terroristas del 11 de setiembre de 2001. De no ser el caso, el uso de la
fuerza de los Estados Unidos contra Afganistán sólo podría estar justificado
a través de la legítima defensa, siempre que el ataque armado efectuado
por Al Qaeda pueda atribuirse a Afganistán. Aunque, es necesario resaltar
que tal atribución aparente se dio por el hecho del cobijo y apoyo que
proporcionaba Afganistán a Al Qaeda, sin tomar en cuenta la real
existencia de un control general de Afganistán sobre este grupo. Como se
sabe, estos ataques fueron perpetrados por un grupo no estatal Al Qaeda,
protegido por el gobierno talibán, que en ese entonces ejercía el poder de

viene de la pág. 135.
perpetration of the acts contrary to human rights and humanitarian law alleged by
the applicant State. Such acts could well be committed by members of the
contras without the control of the United States, it would in principle have to
be proved that State had effective control of the military or paramilitary
operations in the course of which the alleged violations were committed”.
CIJ. Caso de las actividades paramilitares y militares en y contra Nicaragua
(Nicaragua vs. Estados Unidos). Sentencia de méritos de 27 de junio de
1986, parágrafos 109 y 115.
(45) TPIEY. Prosecutor vs. Tadic, caso n.º IT-94-1-T, sentencia de 15 de julio de
1999, parágrafo 117 y ss. Además de la sentencia citada, respecto a la
jurisprudencia del TPIEY, véanse: Prosecutor vs. Aleksosvski, caso n.º IT-95-
14/1-T, sentencia de 25 de junio de 1999, Prosecutor vs. Blaskic, caso n.º IT-
95-14-T, sentencia de 3 de marzo de 2000. y Prosecutor vs. Delalic y otros
(Celebici case), caso n.º IT-96-21-A, sentencia de 20 de febrero de 2001.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 137

facto en Afganistán. Una cuestión pendiente es si esto significa “un
desarrollo de la norma secundaria aplicable a todas las normas
primarias, y si la nueva norma esgrimida será aplicable a todos los
Estados y a futuros casos similares, requisito indispensable para que
sea legal”(46).
Como último supuesto tenemos que los grupos terroristas actúan
en el territorio de un Estado y éste es incapaz de ejercer un control sobre
ellos, sea porque tal área está controlada por los terroristas o porque las
autoridades centrales no son capaces de tener el control sobre todo el
territorio de ese Estado. Se puede deducir que, en este supuesto, el Estado
no tendría responsabilidad por las actividades de los grupos terroristas
localizados en su territorio. Sin embargo, no podría oponerse a que un
Estado afectado ejerza legalmente su derecho a la legítima defensa contra
los grupos terroristas agresores(47).
En torno a la práctica estatal, en términos generales, se aprecia
que a través de los años principalmente Israel y Estados Unidos han hecho
uso de la fuerza en contra de Estados, en respuesta de ataques efectuados
por grupos terroristas que, en los territorios de esos Estados, tenían sus
bases operativas. Ambos Estados han tratado de justificar sus acciones
con los recursos de legítima defensa y con miras a prevenir futuros
ataques(48), pese a la condena del Consejo de Seguridad, en la mayoría
de tales ataques. Debido a la importancia que reviste, nos concentraremos

(46) S ASSOLI , Marco. “State responsibility for violations of international
humanitarian law”. En: Revista Internacional de la Cruz Roja, vol. 84, n.°
846, 2002, p. 409. Versión en español en: http://www.icrc.org/web/spa/
sitespa0.nsf/htmlall/5tecbx?opendocument
(47) CASSESE, Antonio. Ob. cit., p. 472.
(48) Podemos señalar los siguientes ejemplos:
- En 1975 Israel lanzó un ataque contra campos de refugiados palestinos en el
Líbano.
- En 1985 Israel atacó los cuarteles de la Organización para la Liberación
Palestina en Túnez.
- En 1986 aviones americanos lanzaron ataques contra objetivos en Trípoli.
138 Revista Peruana de Derecho Internacional

en los ataques armados de Estados Unidos y Reino Unido contra
Afganistán (2001-2002).
Como ya señaláramos, el Consejo de Seguridad autorizó el ataque
de Estados Unidos contra Afganistán, a raíz de los sucesos del 11 de
septiembre, basados en un supuesto recurso de legítima defensa. Sobre
este punto específico es necesario hacer algunos alcances para apreciar
si la legítima defensa era aplicable a efectos de otorgar legitimidad a las
acciones de Estados Unidos y Reino Unido. De acuerdo al DI
consuetudinario, la legítima defensa del Estado agredido debe ser inmediata,
necesaria y proporcional al ataque, lo cual ha sido reconocido por la CIJ
en su opinión consultiva sobre la legalidad de la amenaza o el empleo de
las armas nucleares, al señalar que:
[…] existe una regla específica según la cual la legítima
defensa cubre sólo medidas que sean proporcionales al ataque
armado y necesarias para responder a él, tal regla está bien
establecida en el derecho internacional(49).
A su vez, la Carta de la ONU ha establecido convencionalmente dos
requisitos más, los cuales son: que Estado que ejerce la legítima defensa
debe informar al Consejo de Seguridad y, el carácter provisional y
subsidiario que tiene la legítima defensa respecto al Consejo de
Seguridad(50).

viene de la pág. 137.
- En 1993 Estados Unidos lanzó misiles contra los cuarteles de inteligencia
iraquí situados en Bagdad, bajo el argumento de un supuesto intento de
asesinato del ex presidente Bush en Kuwait.
- En 2003, Israel atacó una zona cercana a Damasco, Siria.
(49) CIJ. Legalidad de la amenaza o el empleo de las armas nucleares. Opinión
consultiva de 8 de julio de 1996, parágrafo 41. Traducción propia. Véase
también: CIJ. Caso de las actividades militares y paramilitares en y contra
Nicaragua (Nicaragua vs. Estados Unidos). Sentencia de méritos de 27 de
junio de 1986, parágrafo 176.
(50) Carta de la ONU, artículo 51. Las medidas tomadas por los Miembros en
ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente
al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y

Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 139

Ahora bien, las acciones en Afganistán se apartan de lo antes
presentado. En efecto, mientras la tradicional legítima defensa se daba de
manera inmediata, la respuesta al ataque del 11 de septiembre se produjo
con postergación. Asimismo, al ser una reacción inmediata, no era posible
escoger el objetivo, mientras que Estados Unidos por sí mismo estableció
cual Estado había respaldado a los terroristas, con lo cual se pretendió
legitimar el objetivo de la reacción militar(51). Por su parte, Reino Unido
intervino en el ataque a Afganistán bajo una interpretación –discutible–
de legítima defensa colectiva(52), a raíz de la solicitud americana, al
asimilar la acción de un grupo terrorista a una agresión armada de un
Estado, dentro del concepto de amenaza a la paz.
Pese a que se ha tratado de justificar el ataque contra Afganistán
basado también en el concepto de legítima defensa preventiva –ex ante
de que se produzca el ataque–, no se puede afirmar que exista una opinio
iuris por la cual se haya modificado el sistema diseñado por la Carta de la
ONU, debido a que la gran mayoría de Estados consideran que no es
permitida según el DI. Adicionalmente, debemos recordar que incluso el
Consejo de Seguridad en su resolución 1378 (2001) sólo expresó su
respaldo “a los esfuerzos del pueblo afgano por establecer una
administración nueva y de transición que conduzca a la formación
de un gobierno”(53), es decir el reemplazo del régimen Talibán. En tal

viene de la pág. 138.
responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en
cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o
restablecer la paz y la seguridad internacionales.
(51) Cassese, Antonio. Ob. cit., p. 476.
(52) Se debe recordar que las condiciones dadas por la CIJ para el ejercicio de
legítima defensa colectiva fueron que: 1) el Estado en cuyo beneficio va a
ejercerse tal derecho, declare que haya sido víctima de un ataque armado y, 2)
el Estado que se considere víctima de un ataque armado lo haya solicitado.
CIJ. Caso de las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y en contra
de Nicaragua (Nicaragua vs. Estados Unidos). Sentencia de méritos de 27 de
junio de 1986, parágrafos 195 y 198.
(53) UN. Doc S/RES/1378 (2001). Resolución de 14 de noviembre de 2001,
preámbulo, parágrafo 1.
140 Revista Peruana de Derecho Internacional

sentido, coincidimos con Schrijver(54), en que el derecho de legítima
defensa no otorga una licencia irrestricta a los Estados víctimas del
terrorismo a atacar a otros Estados, incluyendo a aquellos considerados
como parte del llamado «eje del mal». En todo caso, sería interesante
profundizar la discusión sobre si el Consejo de Seguridad tiene algún rol
supervisor a efectos de evaluar cómo el derecho de legítima defensa es
ejercido.

3. LA RESPUESTA DEL DERECHO PENAL INTERNA-
CIONAL

3.1. El terrorismo internacional como parte de los crímenes
internacionales existentes

Sea que se aplique las medidas pacíficas y/o el uso de la fuerza
antes explicados, a nivel del DPI tenemos que los individuos responsables
de actos de terrorismo internacional deben ser sancionados. En este
contexto, un ámbito fundamental es determinar dentro de qué categoría
de crímenes internacionales se pueden incluir tales actos. En tal sentido,
analizaremos si el terrorismo internacional califica como crímenes de
guerra, lesa humanidad, o si constituye una categoría autónoma de crímenes
de DI.
Con miras a satisfacer el principio de legalidad del DPI, es necesario
tener en consideración un tipo penal de terrorismo, que sea lo más preciso
posible. Para tal fin, podemos retomar la definición operativa de terrorismo
internacional dada en la introducción de este trabajo, la cual coincide con
un concepto –más reciente– que ha manejado el Consejo de Seguridad
en su resolución 1568 (2004) en el cual es factible identificar los actos
materiales y el propósito de provocar terror, como elementos objetivo y
subjetivo del terrorismo, respectivamente:

(54) SCHRIJVER, Nico. Ob. cit., p. 63.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 141

[…] los actos criminales, inclusive contra civiles cometidos
con la intención de causar la muerte o lesiones corporales
graves o de tomar rehenes con el propósito de provocar un
estado de terror en la población en general, en un grupo de
personas o en determinada persona, intimidar a una población
u obligar a un gobierno o a una organización internacional a
realizar un acto, o a abstenerse de realizarlo, que constituyen
delitos definidos en los convenios, las convenciones y los
protocolos internacionales relativos al terrorismo y
comprendidos en su ámbito, no admiten justificación en
circunstancia alguna por consideraciones de índole política,
filosófica, ideológica, racial, étnica, religiosa u otra similar(55).
La primera, y más aceptada perspectiva es considerar a los actos
que constituyen el terrorismo internacional como violaciones serias de las
normas del Derecho internacional humanitario (DIH) y que generan
responsabilidad internacional individual de naturaleza penal, es decir bajo
la calificación de crímenes de guerra, los cuales tienen como característica
fundamental su conexión con conflictos armados. Precisamente, desde la
visión del DIH, el terrorismo internacional es una de las manifestaciones

(55) UN. Doc S/RES/1566 (2004). Resolución de 8 de octubre de 2004,
parágrafo 3. Por otro lado, respecto al tema de los conflictos asimétricos Pfanner
señala que: “Such wars are of special nature. They are asymmetrical because a
group of armed individuals linked to varying degrees and sharing vaguely
similar ideas face powerful military structures. The means and methods of the
State party and non-State armed groups differ widely […]. Unlike classic
guerrilla movements, such terrorist organizations do not even tactically depend
on the population’s support, tacit or otherwise, because many of their acts are
carried out with the utmost secrecy in the adversary’s hinterland. After the
first bloody assassinations carried out by organizations like al-Qaeda, nobody
immediately thought of “war” and no connection was made between attacks
in various countries”. PFANNER, Toni. “Asymmetrical warfare from the
perspective of humanitarian law and humanitarian action”. En: Revista
Internacional de la Cruz Roja, vol. 87, n.° 857, 2005, pp. 154-155.
142 Revista Peruana de Derecho Internacional

de los denominados conflictos de tercera generación. Se trata de un
conflicto asimétrico que se origina cuando un Estado –o varios Estados–
son atacados por un grupo terrorista de alcance global y que por lo tanto
comete sus atentados en diferentes partes del mundo(56).
Ahora bien, la condena internacional al terrorismo incide en que los
medios terroristas implican per se una violación grave del DIH y, por
consiguiente crímenes de guerra. Esta calificación se ha verificado a través
de las diferentes fuentes del DIH. En efecto, en lo relativo a los principios
que rigen el DIH, tenemos que según el principio de distinción –que integra
el principio relativo al objetivo militar, el principio de proporcionalidad y el
principio de necesidad militar– únicamente los que participan en las
hostilidades así como los objetivos militares pueden ser objeto de ataques.
Se genera como consecuencia lógica que la población civil y los bienes
que no sean objetivos militares, no podrán ser atacados(57). Es claro que,
los ataques terroristas per se vulneran este principio toda vez que tienen

(56) Véase CONDORELLI, Luigi. “Les attentas du 11 septembre et leurs suites: où va
le Droit international”. En: Revue Générale de Droit International Public, tomo
105, n.º 4, 2001, p. 829. Este autor ilustra la figura del terrorismo internacional
comparándolo con la alegoría del gran pulpo de mil tentáculos.
Por otro lado, respecto al tema de los conflictos asimétricos Pfanner señala
que: “Such wars are of special nature. They are asymmetrical because a group
of armed individuals linked to varying degrees and sharing vaguely similar
ideas face powerful military structures. The means and methods of the State
party and non-State armed groups differ widely […]. Unlike classic guerrilla
movements, such terrorist organizations do not even tactically depend on the
population’s support, tacit or otherwise, because many of their acts are carried
out with the utmost secrecy in the adversary’s hinterland. After the first bloody
assassinations carried out by organizations like al-Qaeda, nobody immediately
thought of “war” and no connection was made between attacks in various
countries”. PFANNER, Toni. “Asymmetrical warfare from the perspective of
humanitarian law and humanitarian action”. En: Revista Internacional de la
Cruz Roja, vol. 87, n.° 857, 2005, pp. 154-155.
(57) Véase SALMÓN, Elizabeth. Introducción al Derecho Internacional Humanitario.
Lima: CICR / IDEHPUCP, 2004, p. 54. A nivel de jurisprudencia
internacional sobre el principio de distinción confrontar: CIJ. Opinión
Consultiva sobre la Legalidad de la Amenaza o el empleo de Armas Nucleares
de 8 de julio de 1996, parágrafo 78: “The cardinal principles contained in the
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 143

como principal objetivo de ataque a civiles, en tanto su lógica es
aterrorizarlos.
A nivel del DI convencional existe una prohibición de los medios y
métodos terroristas tanto en el contexto de un conflicto armado internacional
como en el caso de un conflicto armado no internacional(58). De igual
manera, a nivel de DIH consuetudinario se puede apreciar una práctica
estatal que ha criminalizado los actos de terrorismo, siendo considerado
por el Comité Internacional de la Cruz Roja como una norma consuetudinaria
la prohibición de medios o métodos que busquen expandir el terror entre
los civiles(59).

viene de la pág. 142.
texts constituting the fabric of humanitarian law are the following. The first is
aimed at the protection of the civilian population and civilian objects and
establishes the distinction between combatants and non-combatants; States
must never make civilians the object of attack and must consequently never
use weapons that are incapable of distinguishing between civilian and military
targets”.
(58) En torno a las normas convencionales aplicables en un conflicto armado
internacional tenemos: Convenio IV de Ginebra relativo a la protección debida
a las personas civiles en tiempo de guerra de 12 de agosto de 1949, artículo
33: “[…] están prohibidos […] toda medida de intimidación o de terrorismo»;
Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949
relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales
de 8 de junio de 1977, artículo 51.2: “[…] Quedan prohibidos los actos o
amenazas de violencia cuya finalidad principal sea aterrorizar a la población
civil». Respecto a las normas aplicables en el marco de un conflicto armado
interno encontramos además de las normas del artículo 3 común a los
Convenios de Ginebra: Protocolo Adicional II a los Convenios de Ginebra
del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los
conflictos armados no internacionales de 8 de junio de 1977, artículo 13.
“[…] Quedan prohibidos los actos o amenazas de violencia cuya finalidad
principal sea la de aterrorizar a la población”. Para mayores detalles véase PASSER,
Hans-Peter. “Acts of terror, “terrorism” and international humanitarian law”.
En: Revista Internacional de la Cruz Roja, vol. 84, n.° 847, 2002, pp. 547-
570.
(59) El Comité Internacional de la Cruz Roja, ha establecido como norma
consuetudinaria, aplicable tanto a un conflicto armado internacional como a
un conflicto armado no internacional: “Norma 2. Quedan prohibidos los
actos o las amenazas de violencia cuya finalidad principal sea aterrorizar a la
144 Revista Peruana de Derecho Internacional

A su vez, los actos terroristas han sido calificados como crímenes
de guerra –en el contexto de conflictos armados internos– en el Proyecto
de Código de Crímenes contra la Paz y Seguridad de la Humanidad de la
Comisión de Derecho Internacional (CDI) de 1996(60). A nivel de
jurisprudencia internacional tenemos el caso Galic ante el TPIEY(61). En
la sentencia de apelación de este caso, por primera vez un tribunal
internacional imputó responsabilidad internacional penal individual por actos
terroristas según el DIH. En efecto, a pesar que los actos terroristas no
se encontraban tipificados de manera expresa en el Estatuto del TPIEY
–a diferencia del Estatuto del Tribunal Penal Internacional para
Ruanda–(62) el tribunal consideró que los actos terroristas constituyen
violaciones graves de las leyes o usos de la guerra (artículo 3 del Estatuto
del TPIEY):

viene de la pág. 143.
población civil”. Véase HENCKAERTS, Jean Marie y Louise, DOSWALD-BECK (ed.).
Customary International Humanitarian Law. Cambridge: CICR / Cambridge
University Press, 2005, pp. 8 y ss.
(60) Proyecto de código de crímenes contra la paz y seguridad de la humanidad de
1996, artículo 20. f) iv) Acts of terrorism.
(61) TPIEY. Prosecutor vs. Galic, caso n.° IT-98-29-T, sentencia de 5 de diciembre de
2003. Sobre los hechos del caso tenemos que en septiembre de 1992 una
unidad de 18000 hombres bajo el mando de Galic asediaron la ciudad de
Sarajevo (donde se encontraba el ejército bosnio musulmán), con ataques
contra la población y expansión del terror entre ellos. Véanse también las
acusaciones en los casos Dukic y Karadzic & Mladic ante el TPIEY. que incluyeron
cargos de aterrorizar a la población civil en violación de las leyes y costumbres
de la guerra, como parte de un ataque ilícito. Prosecutor vs. Dukic, caso n.° IT-
96-20, acusación de 29 de febrero de 1996, p. 7, cargo 2; Prosecutor vs.
Karadzic & Mladic, caso n.° IT-95-5, primera acusación de 24 de julio de
1995, pp. 26 y 44.
(62) Estatuto del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, artículo 4. Violaciones
del artículo 3 común a las Convenciones de Ginebra y al Protocolo adicional
II. El Tribunal Internacional está habilitado para perseguir a las personas que
cometan o den la orden de cometer infracciones graves del Artículo 3 común
a las Convenciones de Ginebra del 12 de agosto de 1949 para la protección de
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 145

[…] el crimen de terror contra la población civil en la forma
establecida en la acusación está constituido por los elementos
comunes a las ofensas comprendidas bajo el Artículo 3 del
Estatuto, como también de los siguientes elementos específicos:
1. Actos de violencia dirigidos contra la población civil. 2. El
perpetrador intencionalmente hizo a la población civil o a civiles
individuales, que no toman parte en las hostilidades, objeto de
esos actos de violencia. 3. La ofensa […] fue cometida con el
propósito primario de expandir el terror entre la población civil(63).
Adicionalmente, el TPIEY, en el caso Tadic, señaló que el DIH no se
aplica a actos de puro terrorismo toda vez que no existe, en tal supuesto
elementos tales como organización, intensidad ni prolongación en el tiempo(64).
Una segunda posibilidad es considerar a los actos terroristas como
crímenes de lesa humanidad. Los crímenes de lesa humanidad, en términos
generales, involucran actos como tortura, asesinato, exterminio, que son
realizados de manera generalizada o sistemática en contra de la población
civil y con conocimiento de tal ataque(65).

viene de la pág. 144.
las víctimas en tiempos de guerra, y al protocolo adicional II a dichas
Convenciones de 8 de junio de 1977. Tales violaciones comprenden sin ser
taxativa: […] d) los actos de terrorismo.
(63) TPIEY. Prosecutor vs. Galic, caso n.° IT-98-29-T, sentencia de 5 de diciembre de
2003, parágrafo 133. Traducción propia. En este caso, también se estableció
que: “[…] Terror as a crime within international humanitarian law was made
effective in this case by treaty law. The Tribunal has jurisdiction ratione materiae
by way of Article 3 of the Statute. Whether the crime of terror also has a
foundation in customary law is not a question which the Mayority is required
to answer”. (parágrafo 138)
(64) Véase Prosecutor vs. Tadic, caso n.º IT-94-1-A, sentencia de 15 de julio de
1999. Como ejemplo de actos de puro terrorismo, tenemos las esporádicas
acciones del grupo terrorista ETA.
(65) Véase por ejemplo: Estatuto de la CPI, artículo 7. Crímenes de lesa humanidad.
1. A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por “crimen de lesa
humanidad” cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte
de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con
146 Revista Peruana de Derecho Internacional

Debemos recordar que durante la Conferencia Diplomática de Roma
de 1998 que dio origen al Estatuto de la CPI, algunos Estados propusieron,
sin éxito, la inclusión del terrorismo, dentro de la categoría en análisis(66).
Los motivos por los cuales se rechazó la inclusión del terrorismo
básicamente fueron que: la ofensa no estaba bien definida; la inclusión del
crimen podría politizar a la CPI; algunos actos de terrorismo no fueron lo
suficientemente serios para que sean perseguidos por una corte
internacional; la persecución y el castigo de los terroristas por cortes
nacionales fue considerada como una opción más eficiente que su
realización por una corte internacional(67).
Ahora bien, el ataque del 11 de septiembre ha sido calificado como
un crimen de lesa humanidad(68), debido a la magnitud y extrema gravedad
del ataque que afectó principalmente a civiles, y que revistió los caracteres
de generalidad y sistematicidad, por la cantidad de víctimas y la compleja
planificación de esos actos terroristas(69). En todo caso, con el transcurso
del tiempo los Estados pueden llegar a compartir tal caracterización.

viene de la pág. 145.
conocimiento de dicho ataque: a) Asesinato; b) Exterminio; c) Esclavitud; d)
Deportación o traslado forzoso de población; e) Encarcelación u otra privación
grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho
internacional; f) Tortura; g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada,
embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad
comparable; h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia
[…]; i) Desaparición forzada de personas; j) El crimen de apartheid; k) Otros
actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes
sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental
o física.
(66) En particular Algeria, India, Sri Lanka y Turquía. Véase A/CONF.183/C.1/
L27.
(67) CASSESE, Antonio. “Terrorism is Also Disrupting Some Crucial Legal Categories
of International Law”. En: European Journal of International Law, vol. 12,
n.° 5, 2001, p. 994.
(68) Por ejemplo PELLET, Alain. Le Monde, 21 de septiembre de 2001, p. 12 y
ROBERSTON, Geoffrey, The Times, 18 de septiembre de 2001, p. 18.
(69) Para un análisis detallado de la consideración de los actos de terrorismo como
crímenes de lesa humanidad a la luz del Estatuto de la Corte Penal Internacional
véase PROULX, Vincent-Joel. “Rethinking the Jurisdiction of the International
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 147

Algunos autores como Schabas(70), sostienen que los actos
terroristas podrían ser calificados como genocidio, siempre que cumplan
con el elemento definidor de este crimen que es el dolo especial (dolus
especialis), consistente en la intención de destruir total o parcialmente a
uno de los cuatro grupos protegidos: grupo nacional, étnico, racial o
religioso(71).

3.2. El terrorismo internacional como categoría autónoma de
crimen internacional

Antes de abordar nuestro tema en concreto, creemos necesario dar
una definición operativa de crímenes o delitos internacionales, los que de
manera general son:
Violaciones ya sean de normas de Derecho internacional
consuetudinario las cuales intentan proteger valores
considerados importantes por la totalidad de la comunidad
internacional y consecuentemente vinculantes para todos los
Estados e individuos, o normas convencionales que explican,
clarifican, desarrollan o elaboran los principios generales de
las normas consuetudinarias, y son aplicables al caso en
concreto(72).
Entre estas normas que protegen valores esenciales para toda la
comunidad internacional o normas de ius cogens tenemos la prohibición
de los crímenes de guerra, de lesa humanidad, genocidio y agresión; los

viene de la pág. 146.
Criminal Court in the Post-September 11 th Era: Should Acts of Terrorism
Qualify As Crimes Against Humanity?” En: American University of
International Law Review, vol. 19, n.° 4, 2004, pp. 1010-1088.
(70) SCHABAS, William. An introduction to the International Criminal Court.
Cambridge: Cambridge University Press, 2004, p. 79.
(71) Inclusive, probado que existe alguna intervención estatal, actos como el ataque
al World Trade Center, podrían calificarse como crimen de agresión.
(72) CASSESE, Antonio. International Law…, p. 436. Traducción propia.
148 Revista Peruana de Derecho Internacional

principios de prohibición del uso o amenaza del uso de la fuerza, la solución
pacífica de controversias y; el llamado núcleo duro de DDHH que incluye,
entre otros, la prohibición de la tortura y el asesinato. Por ende vinculan a
los sujetos de DI –lo que incluye a los individuos– a la vez que existe un
interés universal en la represión de esas conductas y si el individuo actuó
en su capacidad oficial, no puede invocar inmunidad de jurisdicción a
efectos de exoneración o atenuación de responsabilidad internacional
individual(73). Tradicionalmente, los crímenes de DI –en sentido estricto–
se han considerado constituidos por cuatro categorías: crímenes de guerra,
crímenes de lesa humanidad, agresión y de guerra, debido a la naturaleza
de los valores e intereses que se vulneran producto de su comisión, lo que
significa un atentado contra las normas imperativas de DI general. Además
de ello, en la actualidad se reconoce que la tortura es per se un crimen
internacional, como puede verificarse en la jurisprudencia internacional(74).
Respecto al terrorismo internacional, no ha existido una posición
unánime respecto de su consideración como categoría de crímenes de
DI, debido principalmente a la naturaleza de intereses –analizados en la
primera parte de este trabajo– que protegen muchos de los tratados que
regulan conductas concretas y que, en principio, no serían de la suficiente
entidad para ser considerado en sí mismo un crimen de DI sensu stricto.
No obstante, como veremos en esta sección es posible que estas conductas
realizadas bajo determinadas condiciones alcancen el umbral de gravedad
suficiente y ser consideradas como crimen internacional, al ser una
amenaza seria a la paz y seguridad internacionales y dañar valores
primigenios de la comunidad internacional en su conjunto.

(73) Véase CASSESE, Antonio. International Criminal Law. Oxford: Oxford
University Press, 2003, p. 24.
(74) Véase, por ejemplo: TPIEY. Prosecutor vs. Furundzija, caso n.º IT-95-17 /1-
T, sentencia de 10 de diciembre de 1998, parágrafo 156; Tribunal Europeo
de Derechos Humanos. Caso Al-Adsani vs. Reino Unido, sentencia de 21 de
noviembre de 2001, parágrafos 60 y 61; Corte Interamericana de Derechos
Humanos. Caso Maritza Urrutia vs. Guatemala, sentencia de 27 de noviembre
de 2003, voto concurrente del juez Cançado Trindade, parágrafo 8.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 149

En este sentido, abordaremos la evolución del tratamiento del
terrorismo internacional como crimen internacional autónomo, a la luz del
DPI. Así tenemos que la versión de 1991 del Proyecto de Código de
Crímenes contra la Paz y Seguridad de la Humanidad de la CDI, incluyó
como parte de su competencia ratione materiae al terrorismo internacional,
aunque con el requisito de la presencia de un agente estatal:
Un individuo que como agente o representante de un Estado
comete u ordene la comisión por otro individuo de alguno de
los siguientes actos, deberá ser una vez determinada su
culpabilidad, ser sentenciado [a…]
- participación, organización, financiamiento, promoción o
tolerancia de actos contra otro Estado dirigido a personas o
propiedades y de tal naturaleza que originen un estado de
terror en las mentes de las figuras públicas, grupo de personas
o el público en general(75).
Como segundo hito, podemos mencionar el Proyecto de Estatuto
de una Corte Penal Internacional de la CDI de 1994. En este Proyecto se
consideró dos categorías de crímenes internacionales. La primera referente
a los crímenes de DI establecidos según el DI general (crímenes de DI
sensu stricto), constituida por: el crimen de genocidio, el crimen de
agresión, violaciones serias de las leyes de la guerra y costumbres
aplicables en un conflicto armado (categoría de crímenes de guerra) y
crímenes contra la humanidad(76). Es decir, los crímenes internacionales
sensu stricto, que vulneran normas de ius cogens.

(75) Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz y Seguridad de la Humanidad
de 1991, artículo 24. International terrorism. Traducción propia.
(76) Proyecto de Estatuto de una Corte Penal Internacional de 1994, artículo 20.
The Court has jurisdiction in accordance with this Statute with respect to the
following crimes: (a) The crime of genocide; (b) The crime of aggression; (c)
Serious violations of the laws and customs applicable in armed conflict; (d)
Crimes against humanity […]
150 Revista Peruana de Derecho Internacional

La segunda categoría se refiere a los llamados treaty crimes, es
decir a los crímenes establecidos por DI convencional –y que no vulneran
necesariamente las normas de ius cogens– para lo cual, la CDI hizo una
selección de tratados en base a dos criterios: a) que los crímenes sean
definidos en el tratado a efectos que la entonces futura corte penal
internacional pudiese aplicar la respectiva fuente convencional respetando
el principio nullum crimen sine lege y; b) que el tratado haya creado un
sistema de jurisdicción universal basado en el principio aut dedere aut
judicare o la posibilidad para que una corte penal internacional procese
el crimen, o ambas a la vez; lo cual reflejaría la preocupación
internacional(77).
Para tales efectos la CDI, entre los tratados, que seleccionó incluyó
algunos instrumentos internacionales que abordan aspectos concretos del
terrorismo internacional. Estos tratados, sobre los que antes dimos más
alcances(78) son: la Convención para la represión de la captura ilícita de
aeronaves de 1970; la Convención para la represión de actos ilícitos
dirigidos contra la seguridad de la aviación civil de 1971; la Convención
Internacional contra la toma de rehenes de 1979; el Convenio para la
represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima
y el Protocolo para la supresión de los ataques contra las plataformas
fijas colocadas en la plataforma continental, ambos de 1988(79). Proyecto

(77) CDI. Reporte de la Comisión de Derecho Internacional de su 46ª sesión de
trabajo, 2 de mayo-22 de julio de 1994. UN Doc. A/49/10, p. 41.
(78) Véase supra 2.1. […]
(79) Proyecto de Estatuto de una CPI de 1994, artículo 20. Crimes within the
jurisdiction of the Court. The Court has jurisdiction in accordance with this
Statute with respect to the following crimes: […] (e) Crimes, established
under or pursuant to the treaty provisions listed in the Annex, which, having
regard to the conduct alleged, constitute exceptionally serious crimes of
international concern.
Annex Crimes pursuant to treaties (see art. 20, subpara. (e)) […]
2. The unlawful seizure of aircraft as defined by article 1 of the Convention
for the Suppression of Unlawful Seizure of Aircraft of 16 December 1970.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 151

de Estatuto de una CPI de 1994, artículo 20. No obstante, la consideración
del terrorismo internacional como crimen de DI autónomo fue dejada de
lado en la versión final del Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz
y Seguridad de la Humanidad de 1996.
En torno al proceso de elaboración del Estatuto de la Corte Penal
Internacional (CPI), debemos recordar que en la Conferencia Diplomática
de Roma, hubo intentos de introducir dentro de la competencia ratione
materiae el tráfico internacional de drogas(80) o el terrorismo internacional,
como crímenes autónomos. Así tenemos que Algeria sostuvo que el
terrorismo internacional era una amenaza contra los cimientos del Estado
y una negación de los valores democráticos. Para Israel, había la necesidad
de alcanzar un balance correcto entre el reconocimiento del terrorismo
como crimen internacional y la atención de los más prácticos y efectivos
medios de cooperación internacional para llevar a los terroristas
internacionales a la justicia(81). No obstante, estos intentos fracasaron,
siendo que en la actualidad la competencia material de la CPI se extiende
sobre: agresión –pendiente de definición–, genocidio, crímenes de lesa
humanidad y crímenes de guerra.

viene de la pág. 150.
3. The crimes defined by article 1 of the Convention for the Suppression of
Unlawful Acts against the Safety of Civil Aviation of 23 September 1971.
[…]
5. The crimes defined by article 2 of the Convention on the Prevention and
Punishment of Crimes against Internationally Protected Persons, including
Diplomatic Agents of 14 December 1973.
6. Hostage-taking and related crimes as defined by article 1 of the International
Convention against the Taking of Hostages of 17 December 1979. […]
8. The crimes defined by article 3 of the Convention for the Suppression of
Unlawful Acts against the Safety of Maritime Navigation and by article 2 of
the Protocol for the Suppression of Unlawful Acts against the Safety of Fixed
Platforms located on the Continental Shelf, both of 10 March 1988. […]
(80) Trinidad y Tobago así como otros Estados miembros del CARICOM
expresaron su desacuerdo respecto a la exclusión del tráfico de drogas de la
competencia ratione materiae de la CPI. Véase UN Doc.A/C.6/53/SR.9. Para
152 Revista Peruana de Derecho Internacional

En el caso del terrorismo internacional, las razones para su exclusión
pueden sintetizarse en las siguientes: 1) la dificultad de definir el crimen
con la precisión necesaria para el DPI y que evitara confusiones y pugnas;
2) a diferencia del genocidio, agresión, crímenes de guerra, crímenes de
lesa humanidad, no se consideró como un crimen bajo el DI general; 3)
existió una fuerte duda sobre si todo acto de terrorismo calificado como
crimen contra la paz y seguridad de la humanidad satisfacía el criterio de
gravedad suficiente para su inclusión en el Estatuto de la CPI y; 4) se
consideró que los actos terroristas implicaban una delicada labor de
investigación policial, que podría efectuarse mejor en el plano estatal(82).
No obstante, tales iniciativas aparecieron en el Acta Final de la
Conferencia, que recomendó su posterior estudio, a través del trámite
del artículo 123(83), con la finalidad de considerar su futura inclusión en

viene de la pág. 151.
mayores detalles confrontar ROBINSON, Patrick. “The Missing Crimes”. En: Cassese,
Antonio; GAETA, Paola y JONES, Jhon. (eds.). The Statute of the International
Criminal Court: A commentary. Vol. I. Oxford: Oxford University Press, 2002,
pp. 498-510. Las principales razones para tal exclusión fueron: a) no alcanzaba
el suficiente nivel de gravedad para su inclusión en la competencia ratione
materiae de la CPI; b) no se configuraba dentro de las cuatro categorías de
crímenes de DI según el DI convencional y el DI consuetudinario y c) el poco
tiempo que se dedicó al tema de la eventual inclusión de estas conductas como
crímenes de competencia de la CPI.
(81) Véase UN Doc. A/CONF.183/C.1/L27/Corr.1. de 29 de junio de 1988.
(82) Para más detalles véase ROBINSON, Patrick. Ob. cit., pp. 510- 521. En opinión
de Kittichaisaree una razón esencial para la resistencia de la inclusión de
terrorismo dentro de la jurisdicción de la CPI fue: “[…] the fear of
politicization of the ICC […]”. KITTICHAISAREE, Kriangsak. Ob. cit., p. 227.
(83) Estatuto de la CPI, artículo 123. Revisión del Estatuto. 1. Siete años después de
que entre en vigor el presente Estatuto, el Secretario General de las Naciones
Unidas convocará a una Conferencia de Revisión de los Estados Partes para
examinar las enmiendas del Estatuto. El examen podrá comprender la lista de
los crímenes indicados en el artículo 5 pero no se limitará a ellos. La Conferencia
estará abierta a los participantes en la Asamblea de los Estados Partes y en las
mismas condiciones que ésta.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 153

la jurisdicción de la CPI(84). Aunque, como acertadamente señala Schabas,
muchos de los llamados actos terroristas además de violar el DIH caen
dentro del ámbito de “crímenes contra la humanidad, o crímenes de
guerra, y quizás genocidio, como se encuentran definidos en el
Estatuto”(85). Por lo tanto, podrían ser juzgados ante la CPI, en tanto
ésta se basa en la responsabilidad internacional individual por la comisión
de los crímenes más graves de trascendencia universal. Asimismo, los
potenciales sujetos no se circunscriben a los agentes estatales sino en
general a todos los que incurran en esta clase de conductas(86). Por otro
lado, se debe recordar que se imputó responsabilidad internacional individual
por actos terroristas –como violaciones graves de las leyes o usos de la
guerra– en el caso Galic ante el TPIEY, ya citado(87). De igual forma,
debemos tener en cuenta que la Comisión Internacional de Investigación
sobre Darfur identificó, entre los hechos que actualmente son materia de
investigación ante la CPI, la existencia de ataques que buscaban la
expansión del terror entre la población civil(88).
Es pertinente mencionar, en este punto, que un sector de la doctrina
considera al terrorismo internacional como un crimen per se de DI.
Siguiendo a Cassese los actos internacionales de terrorismo, que exhiben
los elementos propios del terrorismo(89), podrían equivaler a un crimen
de DI si es que presentan los siguientes elementos:

(84) En efecto, el Acta Final de la Conferencia de Roma de la CPI, incorporó una
resolución recomendando la inclusión de los crímenes de terrorismo y tráfico
de drogas. Véase UN Doc. A/CONF.183/C.1/L76/Add.14, at p. 8.
(85) SCHABAS, William. Introduction…., p. 35. Traducción propia.
(86) SALMÓN, Elizabeth. De la competencia..., pp. 77 y ss.
(87) Véase supra 3.1.
(88) “[…] The manner in which may attacks were conducted (at dawn, preceded
by the sudden hovering of helicopter gun ships and often bombing)
demonstrate that such attacks were also is tended to spread terror among
civilians so as to compel them to flee the villages”. COMISIÓN INTERNACIONAL
DE INVESTIGACIONES SOBRE D ARFUR. Informe Final presentado al Secretario
General de la ONU, 25 de enero de 2005, parágrafo 267.
(89) Estos elementos serían: 1) los actos necesitan constituir un crimen bajo los
sistemas de Derecho nacional como asesinato, toma de rehenes, etc; 2) estos
154 Revista Peruana de Derecho Internacional

[…] ellos no están limitados en sus efectos a un solo Estado,
sino que trascienden las fronteras nacionales tanto como las
personas implicadas, los medios empleados, y la violencia
empleados: y en segundo lugar, ellos son desarrollados con
el soporte, la tolerancia, o la aquiescencia del Estado donde
la organización terrorista está localizada o de un Estado
extranjero. El elemento de la promoción Estatal o de la
tolerancia estatal, o incluso la aquiescencia estatal debido a
la incapacidad de erradicar a la organización terrorista parece
crucial para elevar la ofensa al rango de crímenes
internacionales [en conexión y como tercer elemento] un
fenómeno de preocupación para toda la comunidad
internacional y una amenaza a la paz(90).
De esa forma, como esbozamos en los primeros parágrafos de esta
sección, los actos terroristas que revistan los caracteres antes transcritos
alcanzarían el nivel de gravedad suficiente para ser considerados per se
como crímenes internacionales. En este contexto, en opinión del propio
Cassese(91), los tratados que abordan los aspectos concretos del
terrorismo internacional reflejan o han contribuido a la formación del DI
consuetudinario, según el cual el terrorismo internacional sería un crimen
de DI en sí mismo. Es decir, sin la necesidad de ser incluido dentro de las
categorías de crímenes de guerra o de crímenes de lesa humanidad. Sin
embargo, el propio Cassese reconoce el hecho que en estos tratados no
se establezca un tribunal internacional sino sólo un sistema de cooperación

viene de la pág. 153.
actos necesitan tener como intención la expansión del terror entre los civiles con la
finalidad de intimidar, ejercer coerción o influencia en la política de un
gobierno y 3) tales actos necesitan ser política o ideológicamente motivados.
Véase al respecto CASSESE, Antonio. International Law…, p. 450.
(90) CASSESE, Antonio. International Criminal Law. Oxford / New York: Oxford
University Press, 2003, p. 129. Traducción propia. En opinión de Cassese ya
existe la norma de DI consuetudinario, por la cual el terrorismo internacional
es un crimen de DI con la consiguiente generación de responsabilidad
internacional individual.
(91) Ibid., p. 130.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 155

inter-estatal. Ello, tiene efectos prácticos de indudable importancia en
tanto a diferencia de un tribunal internacional –casos de la CPI o el
TPIEY–, en el caso de los tribunales nacionales son oponibles las
inmunidades personales o diplomáticas incluso frente a la acusación de
crímenes internacionales como lo estableció la CIJ en el caso relativo a la
orden de arresto de 11 de abril de 2000 (República Democrática del
Congo vs. Bélgica)(92). Como se sabe esta clase de inmunidades se
otorgan a cierta categoría de individuos-órganos del Estado –en especial
agentes diplomáticos– que cumplen funciones en el territorio de un Estado
extranjero, a fin de asegurar el libre desarrollo de sus tareas y terminan
con el cese de sus funciones, tiempo durante el cual no podrían actuar los
tribunales estatales foráneos.
Lo anterior se ha verificado en la práctica estatal relativamente
reciente. Así tenemos el caso Gadhafi ante las cortes francesas. Gadhafi,
Jefe del Estado libio, fue acusado de complicidad en la destrucción de un
bien por efecto de un material explosivo que ocasionó la muerte de otras
personas, en relación con una empresa terrorista. En este caso, la Corte
de Casación de Francia anuló el fallo de la Cámara de Acusación de la
Corte de Apelaciones de París, señalando que el crimen denunciado, sin
importar su gravedad no corresponde a las excepciones al principio de la
inmunidad de jurisdicción de un Jefe de Estado extranjero en ejercicio. En
tal sentido, la Corte de Casación estableció que:
[…] en el estado [actual] del derecho internacional, el crimen
enunciado, sea cual fuese su gravedad, no constituye excepción
al principio de inmunidad de jurisdicción de los jefes de Estado
extranjeros en ejercicio, [por lo que] la cámara de acusación ha
desconocido el principio observado […](93).

(92) CIJ. Caso relativo a la orden de arresto de 11 de abril de 2000 (República
Democrática del Congo vs. Bélgica), sentencia de 14 de febrero de 2002,
(parágrafos 51, 54 y 58.
(93) Corte de Casación de Francia. Caso Gadhafi, decisión de 13 de marzo de
2001. Traducción propia. Citado por POIRAT, Florence. “Jurisprudence
française en matière de droit international public. Immunité de juridiction
156 Revista Peruana de Derecho Internacional

En cualquier caso, lo que sí podemos afirmar es que, especialmente
luego de los ataques del 11 de septiembre, las resoluciones del Consejo de
Seguridad han condenado esta clase de ataques como una amenaza a la
paz y seguridad internacionales. Por ejemplo la resolución 1368 (2001),
considera inequívocamente en los términos más enérgicos que los horrendos
ataques terroristas que tuvieron lugar en Nueva York, Washington, D.C.
y Pennsylvania, y que cualquier acto de terrorismo internacional,
constituyen una amenaza para la paz y seguridad internacionales(94).

REFLEXIÓN FINAL

La presencia del terrorismo internacional ha sido uno de los factores
más importantes que ha marcado el desarrollo del DI y de las relaciones
internacionales, especialmente en los últimos años. Es de esperar que,
este panorama continúe o incluso se intensifique en un futuro próximo. En
tal sentido, como se ha podido apreciar, tanto el DI público como el DPI
enfrentan quizás su desafío contemporáneo más importante al tratar de
adaptar sus mecanismos tradicionales e introducir algunos; todo con miras
a dar las respuestas más apropiadas -tanto en los planos preventivo como
punitivo- a este fenómeno que en el presente siglo muestra una
configuración antes desconocida. En este contexto, las aproximaciones
de mediano y largo plazo y no las de corto plazo, parecen ser las más
apropiadas no sólo en cumplimiento de las normas e instituciones del DI,
sino también con miras a lograr una solución duradera que garantice la
paz y seguridad internacionales.
De conformidad con lo anterior, en nuestra opinión, es necesario
centralizar el esfuerzo en una aproximación multilateral e integral del DI

viene de la pág. 155.
pénale du chef d’Etat étranger en exercice et règle coutumière devant le juge judiciaire”.
En: Revue Générale de Droit International Public, tomo 105, n.° 2, 2001, p.
474.
(94) S/RES/1368 (2001), parágrafo 1. Resolución de 12 de setiembre de 2001.
Los mecanismos del Derecho Internacional frente al terrorismo 157

respecto al diseño y fortalecimiento de mecanismos pacíficos y de
determinación de responsabilidad internacional individual frente a los actos
terroristas, con la consiguiente conversión del uso unilateral de la fuerza
en una medida verdaderamente excepcional. En este plano, el DI
demostrará su valía, desde el terreno de la más estricta legalidad, como
mecanismo trascendental para derrotar al terrorismo internacional, el cual
se erige como la principal amenaza de la seguridad internacional actual.

***
158 Revista Peruana de Derecho Internacional
159

ANEXOS
160 Revista Peruana de Derecho Internacional
Anexos - Seguridad Internacional 161

CONVENCION INTERAMERICANA CONTRA EL TERRORISMO
(Aprobada por la Asamblea General. OEA, el 3 de junio de 2002)

Los Estados Parte en la presente Convención,
TENIENDO PRESENTE los propósitos y principios de la Carta de la
Organización de los Estados Americanos y de la Carta de las Naciones Unidas;
CONSIDERANDO que el terrorismo constituye una grave amenaza para
los valores democráticos y para la paz y la seguridad internacionales y es causa
de profunda preocupación para todos los Estados Miembros;
REAFIRMANDO la necesidad de adoptar en el sistema interamericano
medidas eficaces para prevenir, sancionar y eliminar el terrorismo mediante la
más amplia cooperación;
RECONOCIENDO que los graves daños económicos a los Estados que
pueden resultar de actos terroristas son uno de los factores que subrayan la
necesidad de la cooperación y la urgencia de los esfuerzos para erradicar el
terrorismo;
REAFIRMANDO el compromiso de los Estados de prevenir, combatir,
sancionar y eliminar el terrorismo; y
TENIENDO EN CUENTA la resolución RC.23/RES. 1/01 rev. 1 corr. 1
“Fortalecimiento de la cooperación hemisférica para prevenir, combatir y eliminar
el terrorismo”, adoptada en la Vigésima Tercera Reunión de Consulta de Ministros
de Relaciones Exteriores,
HAN ACORDADO LO SIGUIENTE:
Artículo 1
Objeto y fines.
La presente Convención tiene como objeto prevenir, sancionar y eliminar
el terrorismo. Para tal efecto, los Estados Parte se comprometen a adoptar las
medidas necesarias y fortalecer la cooperación entre ellos, de acuerdo con lo
establecido en esta Convención.
162 Revista Peruana de Derecho Internacional

Artículo 2
Instrumentos internacionales aplicables.
1. Para los propósitos de esta Convención, se entiende por delitos aquellos
establecidos en los instrumentos internacionales que se indican a continuación:
a. Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de aeronaves,
firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970.
b. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la
aviación civil, firmado en Montreal el 23 de septiembre de 1971.
c. Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas
internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, aprobada por
la Asamblea General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1973.
d. Convención Internacional contra la toma de rehenes, aprobada por la
Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1979.
e. Convenio sobre la protección física de los materiales nucleares, firmado
en Viena el 3 de marzo de 1980.
f. Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia en los
aeropuertos que prestan servicios a la aviación civil internacional, complementario
del Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación
civil, firmado en Montreal el 24 de febrero de 1988.
g. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la
navegación marítima, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988.
h. Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las
plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental, hecho en Roma el 10
de marzo de 1988.
i. Convenio Internacional para la represión de los atentados terroristas
cometidos con bombas, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas
el 15 de diciembre de 1997.
j. Convenio Internacional para la represión de la financiación del terrorismo,
aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de
1999.
Anexos - Seguridad Internacional 163

2. Al depositar su instrumento de ratificación a la presente Convención, el
Estado que no sea parte de uno o más de los instrumentos internacionales
enumerados en el párrafo 1 de este artículo podrá declarar que, en la aplicación
de esta Convención a ese Estado Parte, ese instrumento no se considerará incluido
en el referido párrafo. La declaración cesará en sus efectos cuando dicho
instrumento entre en vigor para ese Estado Parte, el cual notificará al depositario
de este hecho.
3. Cuando un Estado Parte deje de ser parte de uno de los instrumentos
internacionales enumerados en el párrafo 1 de este artículo, podrá hacer una
declaración con respecto a ese instrumento, tal como se dispone en el párrafo 2
de este artículo.
Artículo 3
Medidas internas.
Cada Estado Parte, de acuerdo con sus disposiciones constitucionales,
se esforzará por ser parte de los instrumentos internacionales enumerados en el
artículo 2 de los cuales aún no sea parte y por adoptar las medidas necesarias
para la aplicación efectiva de los mismos, incluido el establecimiento en su
legislación interna de penas a los delitos ahí contemplados.
Artículo 4
Medidas para prevenir, combatir y erradicar la financiación del terrorismo.
1. Cada Estado Parte, en la medida en que no lo haya hecho, deberá
establecer un régimen jurídico y administrativo para prevenir, combatir y erradicar
la financiación del terrorismo y para lograr una cooperación internacional efectiva
al respecto, la cual deberá incluir:
a. Un amplio régimen interno normativo y de supervisión para los bancos,
otras instituciones financieras y otras entidades consideradas particularmente
susceptibles de ser utilizadas para financiar actividades terroristas. Este régimen
destacará los requisitos relativos a la identificación del cliente, conservación de
registros y comunicación de transacciones sospechosas o inusuales.
b. Medidas de detección y vigilancia de movimientos transfronterizos de
dinero en efectivo, instrumentos negociables al portador y otros movimientos
relevantes de valores. Estas medidas estarán sujetas a salvaguardas para
garantizar el debido uso de la información y no deberán impedir el movimiento
legítimo de capitales.
164 Revista Peruana de Derecho Internacional

c. Medidas que aseguren que las autoridades competentes dedicadas a
combatir los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados
en el artículo 2 tengan la capacidad de cooperar e intercambiar información en los
niveles nacional e internacional, de conformidad con las condiciones prescritas
en el derecho interno. Con ese fin, cada Estado Parte deberá establecer y mantener
una unidad de inteligencia financiera que sirva como centro nacional para la
recopilación, el análisis y la difusión de información relevante sobre lavado de
dinero y financiación del terrorismo.
Cada Estado Parte deberá informar al Secretario General de la Organización
de los Estados Americanos sobre la autoridad designada como su unidad de
inteligencia financiera.
2. Para la aplicación del párrafo 1 del presente artículo, los Estados Parte
utilizarán como lineamientos las recomendaciones desarrolladas por las entidades
regionales o internacionales especializadas, en particular, el Grupo de Acción
Financiera Internacional (GAFI) y, cuando sea apropiado, la Comisión
Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), el Grupo de Acción
Financiera del Caribe (GAFIC) y el Grupo de Acción Financiera de Sudamérica
(GAFISUD).
Artículo 5
Embargo y decomiso de fondos u otros bienes.
1. Cada Estado Parte, de conformidad con los procedimientos establecidos
en su legislación interna, adoptará las medidas necesarias para identificar,
congelar, embargar y, en su caso, proceder al decomiso de los fondos u otros
bienes que constituyan el producto de la comisión o tengan como propósito
financiar o hayan facilitado o financiado la comisión de cualquiera de los delitos
establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2 de
esta Convención.
2. Las medidas a que se refiere el párrafo 1 serán aplicables respecto de
los delitos cometidos tanto dentro como fuera de la jurisdicción del Estado Parte.
Artículo 6
Delitos determinantes del lavado de dinero.
1. Cada Estado Parte tomará las medidas necesarias para asegurar que su
legislación penal referida al delito del lavado de dinero incluya como delitos
Anexos - Seguridad Internacional 165

determinantes del lavado de dinero los delitos establecidos en los instrumentos
internacionales enumerados en el artículo 2 de esta Convención.
Los delitos determinantes de lavado de dinero a que se refiere el párrafo
1 incluirán aquellos cometidos tanto dentro como fuera de la jurisdicción del
Estado Parte.
Artículo 7
Cooperación en el ámbito fronterizo.
1. Los Estados Parte, de conformidad con sus respectivos regímenes
jurídicos y administrativos internos, promoverán la cooperación y el intercambio
de información con el objeto de mejorar las medidas de control fronterizo y
aduanero para detectar y prevenir la circulación internacional de terroristas y el
tráfico de armas u otros materiales destinados a apoyar actividades terroristas.
2. En este sentido, promoverán la cooperación y el intercambio de
información para mejorar sus controles de emisión de los documentos de viaje e
identidad y evitar su falsificación, alteración ilegal o utilización fraudulenta.

3. Dichas medidas se llevarán a cabo sin perjuicio de los compromisos
internacionales aplicables al libre movimiento de personas y a la facilitación del
comercio.
Artículo 8
Cooperación entre autoridades competentes para la aplicación de la ley.
Los Estados Parte colaborarán estrechamente, de acuerdo con sus
respectivos ordenamientos legales y administrativos internos, a fin de fortalecer
la efectiva aplicación de la ley y combatir los delitos establecidos en los
instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2. En este sentido,
establecerán y mejorarán, de ser necesario, los canales de comunicación entre
sus autoridades competentes a fin de facilitar el intercambio seguro y rápido de
información sobre todos los aspectos de los delitos establecidos en los
instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2 de esta Convención.
Artículo 9
Asistencia jurídica mutua.
Los Estados Parte se prestarán mutuamente la más amplia y expedita
asistencia jurídica posible con relación a la prevención, investigación y proceso
166 Revista Peruana de Derecho Internacional

de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en
el artículo 2 y los procesos relacionados con éstos, de conformidad con los
acuerdos internacionales aplicables en vigor. En ausencia de esos acuerdos, los
Estados Parte se prestarán dicha asistencia de manera expedita de conformidad
con su legislación interna.
Artículo 10
Traslado de personas bajo custodia.
1. La persona que se encuentre detenida o cumpliendo una condena en el
territorio de un Estado Parte y cuya presencia se solicite en otro Estado Parte
para fines de prestar testimonio o de identificación o para que ayude a obtener
pruebas necesarias para la investigación o el enjuiciamiento de los delitos
establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2
podrá ser trasladada si se cumplen las condiciones siguientes:
a. La persona presta libremente su consentimiento, una vez informada, y
b. Ambos Estados están de acuerdo, con sujeción a las condiciones que
consideren apropiadas.
2. A los efectos del presente artículo:
a. El Estado al que sea trasladada la persona estará autorizado y obligado
a mantenerla detenida, salvo que el Estado desde el que fue trasladada solicite o
autorice otra cosa.
b. El Estado al que sea trasladada la persona cumplirá sin dilación su
obligación de devolverla a la custodia del Estado desde el que fue trasladada
según convengan de antemano o de otro modo las autoridades competentes de
ambos Estados.
c. El Estado al que sea trasladada la persona no podrá exigir al Estado
desde el que fue trasladada que inicie procedimientos de extradición para su
devolución.
d. Se tendrá en cuenta el tiempo que haya permanecido detenida la persona
en el Estado al que ha sido trasladada a los efectos de descontarlo de la pena que
ha de cumplir en el Estado desde el que haya sido trasladada.
3. A menos que el Estado Parte desde el cual se ha de trasladar una
persona de conformidad con el presente artículo esté de acuerdo, dicha persona,
Anexos - Seguridad Internacional 167

cualquiera sea su nacionalidad, no será procesada, detenida ni sometida a cualquier
otra restricción de su libertad personal en el territorio del Estado al que sea
trasladada en relación con actos o condenas anteriores a su salida del territorio
del Estado desde el que fue trasladada.
Artículo 11
Inaplicabilidad de la excepción por delito político.
Para los propósitos de extradición o asistencia jurídica mutua, ninguno
de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en
el artículo 2 se considerará como delito político o delito conexo con un delito
político o un delito inspirado por motivos políticos. En consecuencia, una solicitud
de extradición o de asistencia jurídica mutua no podrá denegarse por la sola
razón de que se relaciona con un delito político o con un delito conexo con un
delito político o un delito inspirado por motivos políticos.
Artículo 12
Denegación de la condición de refugiado.
Cada Estado Parte adoptará las medidas que corresponda, de conformidad
con las disposiciones pertinentes del derecho interno e internacional, para
asegurar que la condición de refugiado no se reconozca a las personas respecto
de las cuales haya motivos fundados para considerar que han cometido un delito
establecido en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2 de
esta Convención.
Artículo 13
Denegación de asilo.
Cada Estado Parte adoptará las medidas que corresponda, de conformidad
con las disposiciones pertinentes del derecho interno e internacional, a fin de
asegurar que el asilo no se otorgue a las personas respecto de las cuales haya
motivos fundados para considerar que han cometido un delito establecido en los
instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2 de esta Convención.

Artículo 14
No discriminación.
Ninguna de las disposiciones de la presente Convención será interpretada
como la imposición de una obligación de proporcionar asistencia jurídica mutua
si el Estado Parte requerido tiene razones fundadas para creer que la solicitud ha
168 Revista Peruana de Derecho Internacional

sido hecha con el fin de enjuiciar o castigar a una persona por motivos de raza,
religión, nacionalidad, origen étnico u opinión política o si el cumplimiento de la
solicitud causaría un perjuicio a la situación de esa persona por cualquiera de
estas razones.
Artículo 15
Derechos humanos.
1. Las medidas adoptadas por los Estados Parte de conformidad con esta
Convención se llevarán a cabo con pleno respeto al estado de derecho, los
derechos humanos y las libertades fundamentales.
2. Nada de lo dispuesto en la presente Convención se interpretará en el
sentido de que menoscaba otros derechos y obligaciones de los Estados y de las
personas conforme al derecho internacional, en particular la Carta de las Naciones
Unidas, la Carta de la Organización de los Estados Americanos, el derecho
internacional humanitario, el derecho internacional de los derechos humanos y
el derecho internacional de los refugiados.
3. A toda persona que se encuentre detenida o respecto de la cual se
adopte cualquier medida o sea encausada con arreglo a la presente Convención
se le garantizará un trato justo, incluido el goce de todos los derechos y garantías
de conformidad con la legislación del Estado en cuyo territorio se encuentre y las
disposiciones pertinentes del derecho internacional.
Artículo 16
Capacitación.
1. Los Estados Parte promoverán programas de cooperación técnica y
capacitación, a nivel nacional, bilateral, sub-regional y regional y en el marco de
la Organización de los Estados Americanos, para fortalecer las instituciones
nacionales encargadas del cumplimiento de las obligaciones emanadas de la
presente Convención.
2. Asimismo, los Estados Parte promoverán, según corresponda, programas
de cooperación técnica y de capacitación con otras organizaciones regionales e
internacionales que realicen actividades vinculadas con los propósitos de la
presente Convención.
Anexos - Seguridad Internacional 169

Artículo 17
Cooperación a través de la Organización de los Estados Americanos.
Los Estados Parte propiciarán la más amplia cooperación en el ámbito de
los órganos pertinentes de la Organización de los Estados Americanos, incluido
el Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE), en materias relacionadas
con el objeto y los fines de esta Convención.
Artículo 18
Consulta entre las Partes.
1. Los Estados Parte celebrarán reuniones periódicas de consulta, según
consideren oportuno, con miras a facilitar:
a. La plena implementación de la presente Convención, incluida la
consideración de asuntos de interés relacionados con ella identificados por los
Estados Parte; y
b. El intercambio de información y experiencias sobre formas y métodos
efectivos para prevenir, detectar, investigar y sancionar el terrorismo.
2. El Secretario General convocará una reunión de consulta de los Estados
Parte después de recibir el décimo instrumento de ratificación. Sin perjuicio de
ello, los Estados Parte podrán realizar las consultas que consideren apropiadas.
3. Los Estados Parte podrán solicitar a los órganos pertinentes de la
Organización de los Estados Americanos, incluido el CICTE, que faciliten las
consultas referidas en los párrafos anteriores y preste otras formas de asistencia
respecto de la aplicación de esta Convención.
Artículo 19
Ejercicio de jurisdicción.
Nada de lo dispuesto en la presente Convención facultará a un Estado
Parte para ejercer su jurisdicción en el territorio de otro Estado Parte ni para
realizar en él funciones que estén exclusivamente reservadas a las autoridades
de ese otro Estado Parte por su derecho interno.
Artículo 20
Depositario.
El instrumento original de la presente Convención, cuyos textos en
español, francés, inglés y portugués son igualmente auténticos, será depositado
en la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos.
170 Revista Peruana de Derecho Internacional

Artículo 21
Firma y ratificación.
1. La presente Convención está abierta a la firma de todos los Estados
Miembros de la Organización de los Estados Americanos.
2. Esta Convención está sujeta a ratificación por parte de los Estados
signatarios de acuerdo con sus respectivos procedimientos constitucionales.
Los instrumentos de ratificación serán depositados en la Secretaría General de la
Organización de los Estados Americanos.
Artículo 22
Entrada en vigor.
1. La presente Convención entrará en vigor el trigésimo día a partir de la
fecha en que haya sido depositado el sexto instrumento de ratificación de la
Convención en la Secretaría General de la Organización de los Estados
Americanos.
2. Para cada Estado que ratifique la Convención después de que se haya
depositado el sexto instrumento de ratificación, la Convención entrará en vigor
el trigésimo día a partir de la fecha en que tal Estado haya depositado el instrumento
correspondiente.
Artículo 23
Denuncia.
1. Cualquier Estado Parte podrá denunciar la presente Convención
mediante notificación escrita dirigida al Secretario General de la Organización de
los Estados Americanos. La denuncia surtirá efecto un año después de la fecha
en que la notificación haya sido recibida por el Secretario General de la
Organización.
2. Dicha denuncia no afectará ninguna solicitud de información o de
asistencia hecha durante el período de vigencia de la Convención para el Estado
denunciante.
Anexos - Seguridad Internacional 171

CONVENIO INTERNACIONAL PARA LA REPRESIÓN
DE LOS ACTOS DE TERRORISMO NUCLEAR
(Naciones Unidas, 14 de setiembre de 2005)

Los Estados Partes en el presente Convenio, Teniendo presentes los
propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas relativos al
mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y al fomento de las
relaciones de amistad y buena vecindad y la cooperación entre los Estados,
Recordando la Declaración con motivo del cincuentenario de las Naciones Unidas,
de 24 de octubre de 1995, Reconociendo el derecho de todos los Estados a
desarrollar y utilizar la energía nuclear con fines pacíficos y sus intereses legítimos
en los beneficios que puedan obtenerse de la utilización de la energía nuclear
con fines pacíficos, Teniendo presente la Convención sobre la protección física
de los materiales nucleares, de 1980, Profundamente preocupados por el hecho
de que se intensifican en todo el mundo los atentados terroristas en todas sus
formas y manifestaciones, Recordando la Declaración sobre medidas para eliminar
el terrorismo internacional, que figura en el anexo de la resolución 49/60 de la
Asamblea General, de 9 de diciembre de 1994, en la que, entre otras cosas, los
Estados Miembros de las Naciones Unidas reafirman solemnemente que
condenan en términos inequívocos todos los actos, métodos y prácticas
terroristas por considerarlos criminales e injustificables, dondequiera y por
quienquiera sean cometidos, incluidos los que ponen en peligro las relaciones
de amistad entre los Estados y los pueblos y amenazan la integridad territorial y
la seguridad de los Estados, Observando que en la Declaración se alienta además
a los Estados a que examinen con urgencia el alcance de las disposiciones jurídicas
internacionales vigentes sobre prevención, represión y eliminación del terrorismo
en todas sus formas y manifestaciones, a fin de asegurar la existencia de un
marco jurídico global que abarque todos los aspectos de la cuestión, Recordando
la resolución 51/210 de la Asamblea General, de 17 de diciembre de 1996, y la
Declaración complementaria de la Declaración de 1994 sobre medidas para eliminar
el terrorismo internacional, que figura en el anexo de esa resolución, Recordando
también que, de conformidad con la resolución 51/210 de la Asamblea General, se
estableció un comité especial encargado de elaborar, entre otras cosas, un
convenio internacional para la represión de los actos de terrorismo nuclear a fin
de complementar los instrumentos internacionales vigentes conexos, Observando
que los actos de terrorismo nuclear pueden acarrear consecuencias de la máxima
gravedad y amenazar la paz y la seguridad internacionales, Observando también
172 Revista Peruana de Derecho Internacional

que las disposiciones jurídicas multilaterales vigentes no bastan para hacer frente
debidamente a esos atentados, Convencidos de la necesidad urgente de que se
intensifique la cooperación internacional entre los Estados con miras a establecer
y adoptar medidas eficaces y prácticas para prevenir esos actos terroristas y
enjuiciar y castigar a sus autores, Observando que las actividades de las fuerzas
militares de los Estados se rigen por normas de derecho internacional situadas
fuera del marco del presente Convenio y que la exclusión de ciertos actos del
ámbito del presente Convenio no exonera ni legitima actos que de otro modo
serían ilícitos, ni obsta para su enjuiciamiento en virtud de otras leyes,
Han acordado lo siguiente:
Artículo 1.
A los efectos del presente Convenio:
1. Por material radiactivo se entenderá material nuclear y otras sustancias
radiactivas que contienen núclidos que sufren desintegración espontánea (un
proceso que se acompaña de la emisión de uno o más tipos de radiación ionizante,
como las partículas alfa y beta, las partículas neutrónicas y los rayos gamma) y
que, debido a sus propiedades radiológicas o fisionables, pueden causar la muerte,
lesiones corporales graves o daños considerables a los bienes o al medio ambiente.
2. Por materiales nucleares se entenderá el plutonio, excepto aquél cuyo
contenido en el isótopo plutonio-238 exceda del 80%, el uranio-233, el uranio
enriquecido en el isótopo 235 ó 233, el uranio que contenga la mezcla de isótopos
presentes en su estado natural, pero no en forma de mineral o de residuos de
mineral, y cualquier material que contenga uno o varios de los elementos
mencionados;
Por uranio enriquecido en el isótopo 235 ó 233 se entenderá el uranio
que contiene el isótopo 235 ó 233, o ambos, en cantidad tal que la razón de
abundancia entre la suma de estos isótopos al isótopo 238 sea mayor que la
razón entre el isótopo 235 y el 238 en el estado natural.
3. Por instalación nuclear se entenderá:
a. Todo reactor nuclear, incluidos los reactores instalados en buques,
vehículos, aeronaves o artefactos espaciales con la finalidad de ser utilizados
como fuentes de energía para impulsar dichos buques, vehículos, aeronaves o
artefactos espaciales, así como con cualquier otra finalidad;
Anexos - Seguridad Internacional 173

b. Toda instalación o medio que se utilice para la fabricación, el almacenamiento,
el procesamiento o el transporte de material radiactivo.
4. Por dispositivo se entenderá:
a. Todo dispositivo nuclear explosivo; o
b. Todo dispositivo de dispersión de radiación o de emisión de radiación
que, debido a sus propiedades radiológicas, pueda causar la muerte, lesiones
corporales graves o daños considerables a los bienes o al medio ambiente.
5. Por instalación pública o gubernamental se entiende toda instalación
o vehículo permanente o provisional utilizado u ocupado por representantes de
un Estado, miembros de un gobierno, el poder legislativo o el judicial, funcionarios
o empleados de una entidad estatal o administrativa o funcionarios o empleados
de una organización intergubernamental a los efectos del desempeño de sus
funciones oficiales.
6. Por fuerzas militares de un Estado se entienden las fuerzas armadas de
un Estado que estén organizadas, entrenadas y equipadas con arreglo a la
legislación nacional primordialmente a los efectos de la defensa y la seguridad
nacionales y las personas que actúen en apoyo de esas fuerzas armadas que
estén bajo su mando, control y responsabilidad oficiales.
Artículo 2.
1. Comete delito en el sentido del presente Convenio quien, ilícita e
intencionalmente:
a. Posea material radiactivo o fabrique o posea un dispositivo:
i. Con el propósito de causar la muerte o lesiones corporales graves; o
ii. Con el propósito de causar daños considerables a los bienes o al medio
ambiente;
b. Utilice en cualquier forma material radiactivo o un dispositivo, o utilice
o dañe una instalación nuclear en forma tal que provoque la emisión o entrañe el
riesgo de provocar la emisión de material radiactivo:
i. Con el propósito de causar la muerte o lesiones corporales graves; o
174 Revista Peruana de Derecho Internacional

ii. Con el propósito de causar daños considerables a los bienes o al medio
ambiente; o
iii. Con el propósito de obligar a una persona natural o jurídica, una
organización internacional o un Estado a realizar o abstenerse de realizar algún
acto.
2. También comete delito quien:
a. Amenace, en circunstancias que indiquen que la amenaza es verosímil,
con cometer un delito en los términos definidos en el apartado b del párrafo 1 del
presente artículo; o
b. Exija ilícita e intencionalmente la entrega de material radiactivo, un
dispositivo o una instalación nuclear mediante amenaza, en circunstancias que
indiquen que la amenaza es verosímil, o mediante el uso de la fuerza.
3. También comete delito quien intente cometer cualesquiera de los actos
enunciados en el párrafo 1 del presente artículo.
4. También comete delito quien:
a. Participe como cómplice en la comisión de cualesquiera de los actos
enunciados en los párrafos 1, 2 ó 3 del presente artículo; o
b. Organice o instigue a otros a los efectos de la comisión de cualesquiera
de los delitos enunciados en los párrafos 1, 2 ó 3 del presente artículo; o
c. Contribuya de otro modo a la comisión de uno o varios de los delitos
enunciados en los párrafos 1, 2 ó 3 del presente artículo por un grupo de personas
que actúe con un propósito común; la contribución deberá ser intencionada y
hacerse con el propósito de fomentar los fines o la actividad delictiva general del
grupo o con conocimiento de la intención del grupo de cometer el delito o los
delitos de que se trate.
Artículo 3.
Salvo lo dispuesto en los artículos 7, 12, 14, 15, 16 y 17 según corresponda,
el presente Convenio no será aplicable cuando el delito se haya cometido en un
solo Estado, el presunto autor y las víctimas sean nacionales de ese Estado y el
presunto autor se halle en el territorio de ese Estado y ningún otro Estado esté
facultado para ejercer la jurisdicción con arreglo a lo dispuesto en los párrafos 1
ó 2 del artículo 9 del presente Convenio.
Anexos - Seguridad Internacional 175

Artículo 4.
1. Nada de lo dispuesto en el presente Convenio menoscabará los
derechos, las obligaciones y las responsabilidades de los Estados y de las
personas con arreglo al derecho internacional, en particular los propósitos y
principios de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional
humanitario.
2. Las actividades de las fuerzas armadas durante un conflicto armado,
según se entienden esos términos en el derecho internacional humanitario, que
se rijan por ese derecho no estarán sujetas al presente Convenio y las actividades
que lleven a cabo las fuerzas armadas de un Estado en el ejercicio de sus funciones
oficiales, en la medida en que se rijan por otras normas de derecho internacional,
no estarán sujetas al presente Convenio.
3. No se considerará que lo dispuesto en el párrafo 2 del presente artículo
exonera o legitima actos que de otro modo serían ilícitos, ni que obsta para su
enjuiciamiento en virtud de otras leyes.
4. El presente Convenio no se refiere ni podrá interpretarse en el sentido
de que se refiera en modo alguno a la cuestión de la legalidad del empleo o la
amenaza del empleo de armas nucleares por los Estados.
Artículo 5.
Cada Estado Parte adoptará las medidas que sean necesarias para:
a. Tipificar, con arreglo a su legislación nacional, los delitos enunciados
en el artículo 2;
b. Sancionar esos delitos con penas adecuadas en las que se tenga en
cuenta su naturaleza grave.
Artículo 6.
Cada Estado Parte adoptará las medidas que resulten necesarias, incluida,
cuando proceda, la adopción de legislación interna, para que los actos criminales
comprendidos en el ámbito del presente Convenio, en particular los que obedezcan
a la intención o al propósito de crear un estado de terror en la población en
general, en un grupo de personas o en determinadas personas, no puedan
justificarse en circunstancia alguna por consideraciones de índole política,
176 Revista Peruana de Derecho Internacional

filosófica, ideológica, racial, étnica, religiosa u otra similar y sean sancionados
con penas acordes a su gravedad.
Artículo 7.
1. Los Estados Partes cooperarán:
a. Mediante la adopción de todas las medidas practicables, entre ellas, de
ser necesario, la de adaptar su legislación nacional para impedir que se prepare
en sus respectivos territorios la comisión de los delitos enunciados en el artículo
2 tanto dentro como fuera de sus territorios y contrarrestar la preparación de
dichos delitos, lo que incluirá la adopción de medidas para prohibir en sus
territorios las actividades ilegales de personas, grupos y organizaciones que
promuevan, instiguen, organicen o financien a sabiendas o proporcionen a
sabiendas asistencia técnica o información o participen en la comisión de esos
delitos;
b. Mediante el intercambio de información precisa y corroborada, de
conformidad con su legislación interna y en la forma y con sujeción a las
condiciones que aquí se establecen, y la coordinación de las medidas
administrativas y de otra índole adoptadas, según proceda, para detectar, prevenir,
reprimir e investigar los delitos enunciados en el artículo 2 y también con el fin de
entablar acción penal contra las personas a quienes se acuse de haber cometido
tales delitos. En particular, un Estado Parte tomará las medidas correspondientes
para informar sin demora a los demás Estados a que se hace referencia en el
artículo 9 acerca de la comisión de los delitos enunciados en el artículo 2, así
como de los preparativos para la comisión de tales delitos que obren en su
conocimiento y asimismo para informar, de ser necesario, a las organizaciones
internacionales.
2. Los Estados Partes tomarán las medidas correspondientes compatibles
con su legislación nacional para proteger el carácter confidencial de toda
información que reciban con ese carácter de otro Estado Parte con arreglo a lo
dispuesto en el presente Convenio o al participar en una actividad destinada a
aplicar el presente Convenio. Si los Estados Partes proporcionan
confidencialmente información a organizaciones internacionales, se adoptarán
las medidas necesarias para proteger el carácter confidencial de tal información.
3. De conformidad con el presente Convenio no se exigirá a los Estados
Panes que faciliten información que no están autorizados a divulgar en virtud de
Anexos - Seguridad Internacional 177

sus respectivas legislaciones nacionales o cuya divulgación pueda comprometer
la seguridad del Estado interesado o la protección física de los materiales
nucleares.
4. Los Estados Partes informarán al Secretario General de las Naciones
Unidas acerca de sus respectivas autoridades y cauces de comunicación
competentes encargados de enviar y recibir la información a que se hace referencia
en el presente artículo. El Secretario General de las Naciones Unidas comunicará
dicha información relativa a las autoridades y cauces de comunicación
competentes a todos los Estados Partes y al Organismo Internacional de Energía
Atómica. Deberá asegurarse el acceso permanente a dichas autoridades y cauces
de comunicación.
Artículo 8.
A los efectos de impedir que se cometan los delitos de que trata el presente
Convenio, los Estados Partes harán todo lo posible por adoptar medidas que
permitan asegurar la protección del material radiactivo, teniendo en cuenta las
recomendaciones y funciones del Organismo Internacional de Energía Atómica
en la materia.
Artículo 9.
1. Cada Estado Parte adoptará las medidas que sean necesarias para
establecer su jurisdicción respecto de los delitos enunciados en el artículo 2
cuando éstos sean cometidos:
a. En el territorio de ese Estado; o
b. A bordo de un buque que enarbole el pabellón de ese Estado o de una
aeronave matriculada de conformidad con la legislación de ese Estado en el
momento de la comisión del delito; o
c. Por un nacional de ese Estado.
2. Un Estado Parte podrá también establecer su jurisdicción respecto de
cualquiera de tales delitos cuando:
a. Sea cometido contra un nacional de ese Estado; o
b. Sea cometido contra una instalación pública o gubernamental en el
extranjero, incluso una embajada u otro local diplomático o consular de ese
Estado; o
178 Revista Peruana de Derecho Internacional

c. Sea cometido por un apátrida que tenga residencia habitual en el territorio
de ese Estado; o
d. Sea cometido con el propósito de obligar a ese Estado a realizar o
abstenerse de realizar un determinado acto; o

e. Sea cometido a bordo de una aeronave que sea operada por el gobierno
de ese Estado.
3. Cada Estado Parte, al ratificar, aceptar o aprobar el Convenio o adherirse
a él, notificará al Secretario General de las Naciones Unidas que ha establecido
su jurisdicción de conformidad con su legislación nacional con arreglo al párrafo
2 del presente artículo y notificará inmediatamente al Secretario General los cambios
que se produzcan.
4. Cada Estado Parte tomará asimismo las medidas necesarias para
establecer su jurisdicción respecto de los delitos enunciados en el artículo 2 en
los casos en que el presunto autor se halle en su territorio y dicho Estado no
conceda la extradición a ninguno de los Estados Partes que hayan establecido
su jurisdicción de conformidad con los párrafos 1 ó 2 del presente artículo.
5. El presente Convenio no excluye el ejercicio de la jurisdicción penal
establecida por un Estado Parte de conformidad con su legislación nacional.
Artículo 10.
1. El Estado Parte que reciba información que indique que en su territorio
se ha cometido o se está cometiendo cualquiera de los delitos enunciados en el
artículo 2, o que en su territorio puede encontrarse el autor o presunto autor de
cualquiera de esos delitos, tomará inmediatamente las medidas que sean necesarias
de conformidad con su legislación nacional para investigar los hechos
comprendidos en la información.
2. El Estado Parte en cuyo territorio se encuentre el autor o presunto
autor, si estima que las circunstancias lo justifican, tomará las medidas que
corresponda conforme a su legislación nacional a fin de asegurar la presencia de
esa persona a efectos de su enjuiciamiento o extradición.
3. Toda persona respecto de la cual se adopten las medidas mencionadas
en el párrafo 2 del presente artículo tendrá derecho a:
Anexos - Seguridad Internacional 179

a. Ponerse sin demora en comunicación con el representante más próximo
que corresponda del Estado del que sea nacional o al que competa por otras
razones proteger los derechos de esa persona o, si se trata de un apátrida, del
Estado en cuyo territorio resida habitualmente;
b. Ser visitada por un representante de dicho Estado;
c. Ser informada de esos derechos con arreglo a los apartados a y b.
4. Los derechos a que se hace referencia en el párrafo 3 del presente
artículo se ejercerán de conformidad con las leyes y los reglamentos del Estado
en cuyo territorio se halle el autor o presunto autor, a condición de que esas
leyes y esos reglamentos permitan que se cumpla plenamente el propósito de los
derechos indicados en el párrafo 3.
5. Lo dispuesto en los párrafos 3 y 4 del presente artículo se entenderá sin
perjuicio del derecho de todo Estado Parte que, con arreglo al apartado c del
párrafo 1 o al apartado c del párrafo 2 del artículo 9, pueda hacer valer su
jurisdicción a invitar al Comité Internacional de la Cruz Roja a ponerse en
comunicación con el presunto autor y visitarlo.
6. El Estado Parte que, en virtud del presente artículo, detenga a una
persona notificará inmediatamente la detención y las circunstancias que la
justifiquen a los Estados Partes que hayan establecido su jurisdicción de
conformidad con los párrafos 1 y 2 del artículo 9 y, si lo considera conveniente,
a todos los demás Estados Partes interesados, directamente o por intermedio del
Secretario General de las Naciones Unidas. El Estado que proceda a la
investigación prevista en el párrafo 1 del presente artículo informará sin dilación
de los resultados de ésta a los Estados Partes mencionados e indicará si se
propone ejercer su jurisdicción.
Artículo 11.
1. En los casos en que sea aplicable el artículo 9, el Estado Parte en cuyo
territorio se encuentre el presunto autor, si no procede a su extradición, estará
obligado a someter sin demora indebida el caso a sus autoridades competentes
a efectos de enjuiciamiento, según el procedimiento previsto en la legislación de
ese Estado, sin excepción alguna y con independencia de que el delito haya sido
o no cometido en su territorio. Dichas autoridades tomarán su decisión en las
mismas condiciones que las aplicables a cualquier otro delito de naturaleza grave
de acuerdo con el derecho de tal Estado.
180 Revista Peruana de Derecho Internacional

2. Cuando la legislación de un Estado Parte le permita proceder a la
extradición de uno de sus nacionales o entregarlo de otro modo sólo a condición
de que sea devuelto a ese Estado para cumplir la condena que le sea impuesta de
resultas del juicio o procedimiento para el cual se pidió su extradición o su
entrega, y ese Estado y el que solicita la extradición están de acuerdo con esa
opción y las demás condiciones que consideren apropiadas, dicha extradición o
entrega condicional será suficiente para cumplir la obligación enunciada en el
párrafo 1 del presente artículo.
Artículo 12.
Toda persona que se encuentre detenida o respecto de la cual se adopte
cualquier medida o sea encausada con arreglo al presente Convenio gozará de
un trato equitativo, incluido el goce de todos los derechos y garantías de
conformidad con la legislación del Estado en cuyo territorio se encuentre y con
las disposiciones pertinentes del derecho internacional, incluido el derecho
internacional en materia de derechos humanos.
Artículo 13.
1. Los delitos enunciados en el artículo 2 se considerarán incluidos entre
los que dan lugar a extradición en todo tratado de extradición concertado entre
Estados Partes con anterioridad a la entrada en vigor del presente Convenio. Los
Estados Partes se comprometen a incluir tales delitos como casos de extradición
en todo tratado sobre la materia que concierten posteriormente entre sí.
2. Cuando un Estado Parte que subordine la extradición a la existencia de
un tratado reciba de otro Estado Parte, con el que no tenga concertado un tratado,
una solicitud de extradición, podrá, a su elección, considerar el presente Convenio
como la base jurídica necesaria para la extradición con respecto a los delitos
enunciados en el artículo 2. La extradición estará sujeta a las demás condiciones
exigidas por la legislación del Estado al que se haga la solicitud.
3. Los Estados Partes que no subordinen la extradición a la existencia de
un tratado reconocerán los delitos enunciados en el artículo 2 como casos de
extradición entre ellos, con sujeción a las condiciones exigidas por la legislación
del Estado al que se haga la solicitud.
4. De ser necesario, a los fines de la extradición entre Estados Partes, se
considerará que los delitos enunciados en el artículo 2 se han cometido no sólo
Anexos - Seguridad Internacional 181

en el lugar en que se perpetraron sino también en el territorio de los Estados que
hayan establecido su jurisdicción de conformidad con los párrafos 1 y 2 del
artículo 9.
5. Las disposiciones de todos los tratados y acuerdos de extradición
vigentes entre Estados Partes con respecto a los delitos enunciados en el artículo
2 se considerarán modificadas entre esos Estados en la medida en que sean
incompatibles con el presente Convenio.
Artículo 14.
1. Los Estados Partes se prestarán la mayor asistencia posible en relación
con cualquier investigación, proceso penal o procedimiento de extradición que
se inicie con respecto a los delitos enunciados en el artículo 2, incluso respecto
de la obtención de todas las pruebas necesarias para el proceso que obren en su
poder.
2. Los Estados Partes cumplirán las obligaciones que les incumban en
virtud del párrafo 1 del presente artículo de conformidad con los tratados u otros
acuerdos de asistencia judicial recíproca que existan entre ellos. En ausencia de
esos tratados o acuerdos, los Estados Partes se prestarán dicha asistencia de
conformidad con su legislación nacional.
Artículo 15.
A los fines de la extradición o de la asistencia judicial recíproca ninguno
de los delitos enunciados en el artículo 2 se considerará delito político, delito
conexo a un delito político ni delito inspirado en motivos políticos. En
consecuencia, no podrá rechazarse una solicitud de extradición o de asistencia
judicial recíproca formulada en relación con alguno de los delitos enunciados en
el artículo 2 por la única razón de que se refiere a un delito político, un delito
conexo a un delito político o un delito inspirado en motivos políticos.
Artículo 16.
Nada de lo dispuesto en el presente Convenio se interpretará en el sentido
de que imponga una obligación de extraditar o de prestar asistencia judicial
recíproca si el Estado al que se presenta la solicitud tiene motivos fundados para
creer que la solicitud de extradición por los delitos enunciados en el artículo 2 o
de asistencia judicial recíproca en relación con esos delitos se ha formulado con
el fin de enjuiciar o castigar a una persona por motivos de raza, religión,
182 Revista Peruana de Derecho Internacional

nacionalidad, origen étnico u opinión política, o que el cumplimiento de lo
solicitado podría perjudicar la situación de esa persona por cualquiera de esos
motivos.
Artículo 17.
1. La persona que se encuentre detenida o cumpliendo una condena en el
territorio de un Estado Parte y cuya presencia se solicite en otro Estado Parte
para fines de prestar testimonio o de identificación o para que ayude a obtener
pruebas necesarias para la investigación o el enjuiciamiento de delitos enunciados
en el presente Convenio podrá ser trasladada si se cumplen las condiciones
siguientes:
a. Da libremente su consentimiento informado; y
b. Las autoridades competentes de ambos Estados están de acuerdo, con
sujeción a las condiciones que consideren apropiadas.
2. A los efectos del presente artículo:
a. El Estado al que sea trasladada la persona estará autorizado y obligado
a mantenerla detenida, salvo que el Estado desde el que fue trasladada solicite o
autorice otra cosa;
b. El Estado al que sea trasladada la persona cumplirá sin dilación su
obligación de devolverla a la custodia del Estado desde el que fue trasladada
según convengan de antemano o de otro modo las autoridades competentes de
ambos Estados;
c. El Estado al que sea trasladada la persona no exigirá al Estado desde el
que fue trasladada que inicie procedimientos de extradición para su devolución;

d. Se tendrá en cuenta el tiempo que haya permanecido detenida la persona
en el Estado al que fue trasladada a los efectos del cumplimiento de la condena
impuesta en el Estado desde el que fue trasladada.
3. A menos que el Estado Parte desde el cual se ha de trasladar una
persona de conformidad con el presente artículo esté de acuerdo, dicha persona,
cualquiera sea su nacionalidad, no podrá ser procesada, detenida ni sometida a
ninguna otra restricción de su libertad personal en el territorio del Estado al que
sea trasladada en relación con actos o condenas anteriores a su salida del territorio
del Estado desde el que fue trasladada.
Anexos - Seguridad Internacional 183

Artículo 18.
1. Al incautar o mantener bajo control en alguna otra forma material
radiactivo, dispositivos o instalaciones nucleares como consecuencia de la
comisión de un delito enunciado en el artículo 2, el Estado Parte en posesión del
material, los dispositivos o las instalaciones deberá:
a. Tomar medidas para neutralizar el material radiactivo, los dispositivos o
las instalaciones nucleares;
b. Velar por que todo material nuclear se mantenga de conformidad con
las salvaguardias establecidas por el Organismo Internacional de Energía Atómica;
y
c. Tener en cuenta las recomendaciones sobre protección física y las
normas sobre salud y seguridad publicadas por el Organismo Internacional de
Energía Atómica.
2. Al concluir cualquier procedimiento relacionado con un delito enunciado
en el artículo 2, o antes de su terminación si así lo exige el derecho internacional,
todo material radiactivo, dispositivo o instalación nuclear se devolverá, tras
celebrar consultas (en particular, sobre las modalidades de devolución y
almacenamiento) con los Estados Partes interesados, al Estado Parte al que
pertenecen, al Estado Parte del que la persona natural o jurídica dueña del material,
dispositivo o instalación sea nacional o residente o al Estado Parte en cuyo
territorio hubieran sido robados u obtenidos por algún otro medio ilícito.
3.
a. En caso de que a un Estado Parte le esté prohibido en virtud del derecho
interno o el derecho internacional devolver o aceptar material radiactivo,
dispositivos o instalaciones nucleares, o si los Estados Partes interesados
convienen en ello, con sujeción a lo dispuesto en el apartado b del párrafo 3 del
presente artículo, el Estado Parte en cuyo poder se encuentre el material radiactivo,
los dispositivos o las instalaciones nucleares deberá seguir tomando las medidas
que se describen en el párrafo 1 del presente artículo; el material, los dispositivos
o las instalaciones deberán utilizarse únicamente para fines pacíficos.
b. En los casos en que la ley no permita al Estado Parte la posesión del
material radiactivo, los dispositivos o las instalaciones nucleares que tenga en
su poder, dicho Estado velará por que sean entregados tan pronto como sea
posible a un Estado cuya legislación le permita poseerlos y que, en caso necesario,
184 Revista Peruana de Derecho Internacional

haya proporcionado las garantías congruentes con lo dispuesto en el párrafo 1
del presente artículo en consulta con dicho Estado, a los efectos de neutralizarlos;
dichos materiales radiactivos, dispositivos o instalaciones nucleares se utilizarán
sólo con fines pacíficos.
4. En el caso de que el material radiactivo, los dispositivos o las
instalaciones nucleares a que se hace referencia en los párrafos 1 y 2 del presente
artículo no pertenezcan a ninguno de los Estados Partes ni a ningún nacional o
residente de un Estado Parte o no hayan sido robados ni obtenidos por ningún
otro medio ilícito en el territorio de un Estado Parte, o en el caso de que ningún
Estado esté dispuesto a recibir el material, los dispositivos o las instalaciones de
conformidad con el párrafo 3 del presente artículo, se decidirá por separado
acerca del destino que se les dará, con sujeción a lo dispuesto en el apartado b
del párrafo 3 del presente artículo, tras la celebración de consultas entre los
Estados interesados y cualesquiera organizaciones internacionales pertinentes.
5. Para los efectos de los párrafos 1, 2, 3 y 4 del presente artículo, el Estado
Parte que tenga en su poder el material radiactivo, los dispositivos o las
instalaciones nucleares podrá solicitar la asistencia y la cooperación de los demás
Estados Partes, en particular los Estados Partes interesados, y de cualesquiera
organizaciones internacionales pertinentes, en especial el Organismo
Internacional de Energía Atómica. Se insta a los Estados Partes y a las
organizaciones internacionales pertinentes a que proporcionen asistencia de
conformidad con este párrafo en la máxima medida posible.
6. Los Estados Partes que participen en la disposición o retención del
material radiactivo, los dispositivos o las instalaciones nucleares de conformidad
con el presente artículo informarán al Director General del Organismo Internacional
de Energía Atómica acerca del destino que dieron al material, los dispositivos o
las instalaciones o de cómo los retuvieron. El Director General del Organismo
Internacional de Energía Atómica transmitirá la información a los demás Estados
Partes.
7. En caso de que se haya producido emisión de material radiactivo en
relación con algún delito enunciado en el artículo 2, nada de lo dispuesto en el
presente artículo afectará en forma alguna a las normas de derecho internacional
que rigen la responsabilidad por daños nucleares, ni a otras normas de derecho
internacional.
Anexos - Seguridad Internacional 185

Artículo 19.
El Estado Parte en el que se entable una acción penal contra el presunto
autor comunicará, de conformidad con su legislación nacional o los
procedimientos aplicables, el resultado final del proceso al Secretario General de
las Naciones Unidas, quien transmitirá la información a los demás Estados Partes.
Artículo 20.
Los Estados Partes celebrarán consultas entre sí directamente o por
intermedio del Secretario General de las Naciones Unidas, con la asistencia de
organizaciones internacionales si fuera necesario, para velar por la aplicación
eficaz del presente Convenio.
Artículo 21.
Los Estados Partes cumplirán las obligaciones que les incumben en virtud
del presente Convenio de manera compatible con los principios de la igualdad
soberana e integridad territorial de los Estados y la no intervención en los asuntos
internos de otros Estados.
Artículo 22.
Nada de lo dispuesto en el presente Convenio facultará a un Estado Parte
para ejercer su jurisdicción en el territorio de otro Estado Parte ni para realizar en
él funciones que estén exclusivamente reservadas a las autoridades de ese otro
Estado Parte por su legislación nacional.
Artículo 23.
1. Las controversias que surjan entre dos o más Estados Partes con
respecto a la interpretación o aplicación del presente Convenio y que no puedan
resolverse mediante negociaciones dentro de un plazo razonable serán sometidas
a arbitraje a petición de uno de ellos. Si en el plazo de seis meses contados a
partir de la fecha de presentación de la solicitud de arbitraje las partes no
consiguieran ponerse de acuerdo sobre la forma de organizarlo, cualquiera de
ellas podrá someter la controversia a la Corte Internacional de Justicia, mediante
solicitud presentada de conformidad con el Estatuto de la Corte.
2. Cada Estado, al momento de firmar, ratificar, aceptar o aprobar el presente
Convenio o adherirse a él, podrá declarar que no se considera obligado por el
párrafo 1 del presente artículo. Los demás Estados Partes no estarán obligados
186 Revista Peruana de Derecho Internacional

por lo dispuesto en el párrafo 1 respecto de ningún Estado Parte que haya
formulado esa reserva.
3. El Estado que haya formulado la reserva prevista en el párrafo 2 del
presente artículo podrá retirarla en cualquier momento mediante notificación al
Secretario General de las Naciones Unidas.
Artículo 24.
1. El presente Convenio estará abierto a la firma de todos los Estados
desde el 14 de septiembre de 2005 hasta el 31 de diciembre de 2006 en la Sede de
las Naciones Unidas en Nueva York.
2. El presente Convenio está sujeto a ratificación, aceptación o aprobación.
Los instrumentos de ratificación, aceptación o aprobación serán depositados en
poder del Secretario General de las Naciones Unidas.
3. El presente Convenio estará abierto a la adhesión de cualquier Estado.
Los instrumentos de adhesión serán depositados en poder del Secretario General
de las Naciones Unidas.
Artículo 25.
1. El presente Convenio entrará en vigor el trigésimo día a partir de la
fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas
el vigésimo segundo instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o
adhesión.
2. Respecto de cada uno de los Estados que ratifiquen, acepten o aprueben
el Convenio o se adhieran a él después de que sea depositado el vigésimo
segundo instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión, el
Convenio entrará en vigor el trigésimo día a partir de la fecha en que dicho
Estado haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación
o adhesión.
Artículo 26.
1. Cualquier Estado Parte podrá proponer enmiendas al presente Convenio.
Las enmiendas propuestas se presentarán al depositario, quien las comunicará
inmediatamente a todos los Estados Partes.
Anexos - Seguridad Internacional 187

2. Si una mayoría de Estados Partes pide al depositario que convoque una
conferencia para examinar las enmiendas propuestas, el depositario invitará a
todos los Estados Partes a asistir a dicha conferencia, la cual comenzará no antes
de que hayan transcurrido tres meses desde la fecha en que se hayan cursado las
invitaciones.
3. En la conferencia se hará todo lo posible por que las enmiendas se
adopten por consenso. Si ello no fuere posible, las enmiendas se adoptarán por
mayoría de dos tercios de todos los Estados Partes. Toda enmienda que haya
sido aprobada en la conferencia será comunicada inmediatamente por el
depositario a todos los Estados Partes.
4. La enmienda adoptada de conformidad con lo dispuesto en el párrafo 3
del presente artículo entrará en vigor para cada Estado Parte que deposite su
instrumento de ratificación, aceptación o aprobación de la enmienda, o adhesión
a ella el trigésimo día a partir de la fecha en que dos tercios de los Estados Partes
hayan depositado sus instrumentos pertinentes. De allí en adelante, la enmienda
entrará en vigor para cualquier Estado Parte el trigésimo día a partir de la fecha en
que dicho Estado deposite el instrumento pertinente.
Artículo 27.
1. Todo Estado Parte podrá denunciar el presente Convenio mediante
notificación por escrito dirigida al Secretario General de las Naciones Unidas.
2. La denuncia surtirá efecto un año después de la fecha en que el
Secretario General de las Naciones Unidas reciba la notificación.
Artículo 28.
El original del presente Convenio, cuyos textos en árabe, chino, español,
francés, inglés y ruso son igualmente auténticos, será depositado en poder del
Secretario General de las Naciones Unidas, que enviará copias certificadas de él
a todos los Estados.
En testimonio de lo cual, los infrascritos, debidamente autorizados por
sus respectivos Gobiernos, han firmado el presente Convenio, abierto a la firma
en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York el 14 de septiembre de 2005.
188 Revista Peruana de Derecho Internacional

DECLARACIÓN DE SAN CARLOS SOBRE LA COOPERACIÓN
HEMISFÉRICA PARA ENFRENTAR EL TERRORISMO
DE MANERA INTEGRAL
(Aprobada en la quinta sesión plenaria del CICTE, OEA,
celebrada el 24 de marzo de 2006)

Los Estados Miembros del Comité Interamericano contra el Terrorismo
(CICTE) de la Organización de los Estados Americanos (OEA), reunidos en el
sexto período ordinario de sesiones, en Bogotá, Colombia, del 22 al 24 de marzo
de 2006;
REAFIRMANDO que el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones,
cualquiera sea su origen o motivación, no tiene justificación alguna, afecta el
pleno goce y ejercicio de los derechos humanos, y constituye una grave amenaza
a la paz y la seguridad internacionales, las instituciones, y los valores democráticos
consagrados en la Carta de la OEA, la Carta Democrática Interamericana, y otros
instrumentos regionales e internacionales;
TENIENDO EN CUENTA que la lucha contra el terrorismo tiene lugar
dentro del marco del respeto a todos los principios consagrados en la Carta de
las Naciones Unidas y en la Carta de la Organización de los Estados Americanos;
SUBRAYANDO que, de acuerdo con la resolución CP/RES. 837 (1354/03)
del Consejo Permanente de la OEA, ningún Estado democrático puede permanecer
indiferente frente a la clara amenaza que el terrorismo representa para las
instituciones y libertades democráticas;
REAFIRMANDO las resoluciones AG/RES. 2137 (XXXV-O/05) y AG/RES.
2146 (XXXV-O/05) de la Asamblea General de la Organización de los Estados
Americanos;
REITERANDO su compromiso de prevenir, combatir y eliminar actos de
terrorismo y su financiación mediante la más amplia cooperación y con pleno
respeto a las obligaciones impuestas por el derecho interno y el derecho
internacional, incluidos el derecho internacional de los derechos humanos, el
derecho internacional humanitario, y el derecho internacional de los refugiados;
REAFIRMANDO que la amenaza del terrorismo se ve agravada por
conexiones que existen entre el terrorismo y el tráfico ilícito de armas, el lavado
de activos y otras formas de delincuencia organizada transnacional y que las
Anexos - Seguridad Internacional 189

alianzas y beneficios que resultan de dichas conexiones son o pueden ser utilizados
para apoyar y financiar actividades terroristas;1/
RECONOCIENDO que las actividades de la delincuencia organizada
transnacional pueden ser utilizadas por los grupos terroristas para financiar y
facilitar sus actividades criminales;
AFIRMANDO que la lucha contra el terrorismo requiere los más amplios
niveles de cooperación entre los Estados Miembros, así como de coordinación
entre las organizaciones internacionales, y regionales, para prevenir, sancionar,
y eliminar el terrorismo en todos sus aspectos;
DESTACANDO la importancia de que los Estados Miembros de la
Organización de los Estados Americanos (OEA) firmen, ratifiquen, apliquen y
continúen aplicando, según sea el caso, la Convención Interamericana contra el
Terrorismo, así como los convenios y protocolos regionales e internacionales
pertinentes, incluyendo las 13 convenciones y protocolos internacionales 2/ y
las resoluciones 1373 (2001) y 1624 (2004) del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, con el fin de detener, denegar protección y llevar ante la justicia,
en aplicación del principio de extraditar o procesar, a todo el que apoye o facilite
la financiación, planificación, preparación o comisión de actos de terrorismo o la
facilitación de refugio o participe o intente participar en dichas actividades;
RECORDANDO que en la Declaración de Puerto España sobre el
Fortalecimiento de la Cooperación sobre Estrategias para Sustentar y Avanzar la
Lucha Hemisférica contra el Terrorismo, los Estados Miembros expresaron su
intención de continuar explorando nuevas estrategias de cooperación multilateral
entre ellos, con el fin de mejorar su capacidad para promover y sustentar la lucha
contra el terrorismo y promover sus habilidades para la detección temprana y
para impedir el tránsito, presencia y actuación de organizaciones terroristas en el
Hemisferio;

(1) La República Bolivariana de Venezuela no puede respaldar la formulación
contenida en el séptimo párrafo preambular orientada a señalar una conexión
directa y permanente entre el terrorismo y la delincuencia organizada
transnacional, por cuanto ello significa desconocer las normas del debido
proceso y la presunción de inocencia, principios universalmente reconocidos
en materia de derechos humanos.
(2) Ver Anexo.
190 Revista Peruana de Derecho Internacional

RECORDANDO TAMBIÉN que, en la Declaración de Puerto España, los
Estados Miembros reconocieron la necesidad de identificar y luchar contra las
amenazas terroristas emergentes, independientemente de su origen y motivación;
SEÑALANDO que en la Declaración de Puerto España, los Estados
Miembros afirmaron su compromiso de intensificar los esfuerzos para
desestabilizar la capacidad de las redes terroristas de amenazar la habilidad de las
personas de viajar y trasladarse con seguridad entre los Estados Miembros, y de
recrearse en los mismos, mediante el fortalecimiento de la coordinación y la
prestación de asistencia técnica, cuando así se solicite, para el establecimiento,
implementación y cumplimiento de las normas y prácticas de seguridad, incluidas
las relacionadas con instalaciones turísticas y recreativas;
INDICANDO que en la Declaración de Puerto España los Estados
Miembros reconocieron la necesidad de evaluar la eficacia de las políticas y
prácticas actuales para enfrentar el terrorismo, incluyendo las que se refieren a
los controles fronterizos, seguridad del transporte y financiación del terrorismo
a nivel nacional, subregional y regional;
TOMANDO NOTA de la importancia de fomentar la colaboración del
CICTE con los organismos internacionales y regionales pertinentes;
RECONOCIENDO la necesidad de fortalecer la Secretaría del CICTE de
manera que cuente con los recursos humanos y financieros necesarios para
garantizar su funcionamiento institucional , la continuidad de su labor y el
cumplimiento de los programas y actividades contenidos en el Plan de Trabajo
del CICTE,

DECLARAN:

1. PRINCIPIOS GENERALES
a. Su más enérgica condena al terrorismo, en todas sus formas y
manifestaciones, por considerarlo criminal e injustificable, bajo cualquier
circunstancia, en dondequiera y por quienquiera sea cometido, y porque
constituye una grave amenaza a la paz y la seguridad internacionales, a la
democracia, estabilidad y prosperidad, de los países de la región.
b. Su convicción de que la amenaza del terrorismo debe enfrentarse con la
plena participación de los Estados mediante la cooperación internacional, regional,
y subregional efectiva.
Anexos - Seguridad Internacional 191

c. Los Estados Miembros tienen, en el espíritu del esfuerzo y de la
colaboración mutua, la responsabilidad de trabajar conjuntamente para prevenir,
combatir, y eliminar el terrorismo de manera integral y efectiva, y buscar mejorar
cooperación internacional en áreas que incluyen la extradición y la asistencia
jurídica recíproca.
d. Su más firme determinación de impedir la circulación de terroristas o de
grupos terroristas mediante controles eficaces en frontera y controles de la emisión
de documentos de identidad y de viaje, y mediante la adopción de medidas para
evitar la falsificación, la alteración ilegal y la utilización fraudulenta de documentos
de identidad y de viaje.
e. La necesidad de enfrentar el terrorismo mediante una cooperación
sostenida con pleno respeto a las obligaciones impuestas por el derecho
internacional, incluidos el derecho internacional de los derechos humanos, el
derecho internacional humanitario, y el derecho internacional de los refugiados.
f. El compromiso de enfrentar el terrorismo en consonancia con los
principios de igualdad soberana e integridad territorial de los Estados.
2. COOPERACIÓN INTERNACIONAL
a. La urgencia de adoptar medidas para fortalecer los mecanismos de
cooperación internacional en especial en el ámbito hemisférico y el intercambio
de información, incluyendo información de inteligencia financiera, de conformidad
con su legislación interna, con el fin de detener, denegar protección y llevar ante
la justicia, en aplicación del principio de extraditar o procesar, a todo el que
apoye o facilite la financiación, planificación, preparación o comisión de actos de
terrorismo o la facilitación de refugio o participe o intente participar en dichas
actividades.
b. La necesidad de que los Estados Miembros prohíban y sancionen en el
interior de sus territorios, a sus ciudadanos y a toda persona o entidad que de
manera intencional, provean, recolecten o pongan a disposición fondos, recursos
financieros o cualquier otros recursos económicos para el beneficio de personas
o grupos que cometan, intenten cometer, faciliten o participen en la comisión de
actos de terrorismo.
c. La necesidad de considerar el desarrollo e implementación de legislación
sobre nuevos mecanismos que permitan la adopción de iniciativas bilaterales y
192 Revista Peruana de Derecho Internacional

multilaterales que coadyuven en la lucha contra el terrorismo, sin perjuicio y en
armonía con el desarrollo de políticas de comercio y transporte seguro en el
Hemisferio.
d. La importancia de impedir la circulación de terroristas o grupos de
terroristas a través de los territorios de los Estados Miembros o entre los Estados
Miembros y otros Estados mediante controles eficaces en frontera y controles
de la emisión de documentos de identidad y de viaje, y mediante la adopción de
medidas para evitar la falsificación, la alteración ilegal y la utilización fraudulenta
de documentos de identidad y de viaje.
e. La urgente necesidad de fortalecer y hacer más efectivas las actuales
medidas y mecanismos de cooperación hemisféricos para prevenir, combatir y
eliminar los actos de terrorismo mediante la actualización periódica de esos
mecanismos y un mejor acceso a las fuentes de asistencia técnica y financiera
para el fortalecimiento institucional.
f. La importancia de asegurar que el fortalecimiento de la cooperación
entre los Estados Miembros de la OEA en la lucha contra el terrorismo no debe
impedir la capacidad de los Estados de lograr su crecimiento y desarrollo, mejorar
la gobernabilidad democrática, y fomentar el comercio y una mayor y mejor
integración entre los Estados.
3. MEDIDAS LEGISLATIVAS
a. La necesidad de que, en el marco de la lucha contra el financiamiento
del terrorismo, los Estados Miembros refuercen sus medidas legislativas contra
el lavado de activos, el tráfico ilícito de drogas, el tráfico ilícito de armas,
municiones y explosivos, el secuestro y otras manifestaciones de la delincuencia
organizada, y faciliten, de conformidad con su legislación interna y los tratados
aplicables, la cooperación internacional y la asistencia jurídica para detectar,
congelar y decomisar los fondos que financian el terrorismo.
b. La necesidad de que los Estados Miembros, en la implementación de la
resolución 1373 (2001) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, refuercen
y modernicen sus medidas legislativas y mecanismos de cooperación internacional
con miras a congelar sin demora, fondos y otros bienes financieros o recursos
económicos de personas que cometan o intenten cometer actos terroristas o
participen o faciliten la realización de estos actos; de entidades que sean propiedad
o estén controladas directa o indirectamente por tales personas; y de personas y
Anexos - Seguridad Internacional 193

entidades que actúen en nombre o bajo la dirección de tales personas y entidades,
incluidos fondos derivados o generados de la propiedad o control directo o
indirecto de tales personas y personas y entidades asociadas.
c. La necesidad que los Estados Miembros refuercen sus medidas
legislativas y los mecanismos de cooperación internacional, de conformidad con
el derecho internacional aplicable, con miras a prevenir y combatir las distintas
manifestaciones de la delincuencia organizada transnacional y la delincuencia
nacional y evitar la posibilidad de que los grupos terroristas acumulen o puedan
llegar a acumular capital para financiar sus operaciones con el producto de
dichas actividades delictivas. En este sentido, reafirman su compromiso de
participar activamente en los trabajos de la Comisión Especial sobre Delincuencia
Organizada Transnacional.
d. La trascendencia de que los Estados Miembros tipifiquen de manera
autónoma y sancionen con penas adecuadas, proporcionales a toda persona o
entidad que, de manera intencional, provea, recolecte o ponga a disposición
fondos, recursos financieros y cualquiera otra asistencia para el beneficio de
personas o grupos que cometan, intenten cometer, faciliten o participen en la
comisión de actos terroristas.
e. La importancia de desarrollar legislación nacional para evitar y prevenir
que los terroristas encuentren refugio en los territorios de los Estados Miembros
o que sean empleados como zonas de tránsito.
f. La necesidad de que los Estados Miembros que aún no lo hayan hecho
firmen, ratifiquen o adhieran e implementen de manera efectiva la Convención
Interamericana contra el Terrorismo, así como las 13 convenciones y protocolos
internacionales relacionados con el terrorismo,3/ y las resoluciones del Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas, en particular las Resoluciones 1267 (1999),
1373 (2001), 1540 (2004), 1566 (2004), 1617 (2005), y 1624 (2005).
g. Su voluntad de prestarse entre ellos la más amplia y expedita asistencia
jurídica posible, de acuerdo con el artículo 9 de la Convención Interamericana
contra el Terrorismo y los acuerdos multilaterales y bilaterales aplicables, con el
fin de facilitar el juzgamiento y, de ser el caso, y según la legislación interna de

(3) Ver Anexo.
194 Revista Peruana de Derecho Internacional

cada Estado, la extradición de cualquier persona que apoye, facilite, participe o
trate de participar en la financiación, planificación, preparación y comisión de
actos de terrorismo o proporcione refugio.
h. La necesidad de que los Estados Miembros que aún no lo hayan
hecho, consideren firmar, ratificar, o adherir, según sea el caso, e implementen
efectivamente la Convención Interamericana contra la Fabricación y el Tráfico
Ilícitos de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y Otros Materiales
Relacionados (CIFTA).
i. Su compromiso de aplicar de manera efectiva el Código Internacional
para la Protección de los Buques y de las Instalaciones Portuarias (PBIP), de
obligatorio cumplimiento para los Estados contratantes de la Organización
Marítima Internacional (OMI), teniendo en cuenta los vastos recursos que esto
requiere y permitiendo que se canalice la cooperación y la asistencia técnica
entre los Estados Miembros para facilitar la implementación de estas nuevas
medidas internacionales y fortalecer su capacidad de detectar y enfrentar los
riesgos que afectan la seguridad marítima.
j. Su voluntad de aplicar de manera efectiva el Anexo 17 al Convenio de
Chicago de 1944 «Seguridad. Protección de la Aviación Civil Internacional contra
los Actos de Interferencia Ilícita» de la Organización Internacional de Aviación
Civil (OACI), permitiendo que se canalice la cooperación y la asistencia técnica
entre los Estados Miembros para facilitar la implementación de estas nuevas
medidas internacionales y fortalecer su capacidad de detectar y enfrentar los
riesgos que afectan la seguridad aérea.
k. La necesidad de cooperar en materia de control de tránsito fronterizo,
de conformidad con el ordenamiento jurídico y administrativo de los Estados
Miembros, para prevenir, combatir y eliminar los actos de terrorismo en todo el
Hemisferio, sin perjuicio de los compromisos aplicables en relación con el libre
movimiento de personas, el crecimiento del comercio y la integración económica
y el desarrollo.
l. La necesidad de que los Estados Miembros implementen las 40 más 9
recomendaciones del GAFI sobre lavado de activos y financiamiento del
terrorismo.
Anexos - Seguridad Internacional 195

4. AMENAZAS EMERGENTES
a. Su compromiso de identificar y enfrentar las amenazas terroristas
emergentes, cualesquiera sea su origen, tales como el delito cibernético y bio-
terrorismo y las amenazas a la seguridad en el turismo y la infraestructura critica,
según definida por cada Estado, y la posibilidad del acceso, posesión, transporte
y empleo de armas de destrucción masiva y materiales relacionados y sus medios
vectores en manos de terroristas, y de promover la formulación y adopción de
programas de cooperación.4/
b. Su renovado compromiso de implementar la resolución AG/RES. 2004
(XXXIV-O/04), «Adopción de una estrategia interamericana integral de seguridad
cibernética: Un enfoque multidimensional y multidisciplinario para la creación de
una cultura de seguridad cibernética» y la necesidad de que los Estados Miembros
busquen fortalecer su capacidad en materia de seguridad cibernética, creen una
Red Hemisférica de Equipos de Respuesta a Incidentes de Seguridad en
Computadoras (CSIRT), y consideren, de acuerdo con su legislación interna, la
designación de un punto de contacto en aquellos Estados Miembros que tienen
un Equipo según se recomendó en la Segunda Reunión de Especialistas
Gubernamentales en Materia de Seguridad Cibernética del CICTE, Sao Paulo,
Brasil, 2005.
c. Su firme compromiso de fortalecer los esfuerzos nacionales, y
multilaterales para prevenir, combatir y eliminar las amenazas y ataques terroristas
contra los sistemas financieros, de transporte y de telecomunicaciones y los
ataques a la infraestructura crítica.
d. Su compromiso de iniciar el desarrollo de normas y prácticas de
seguridad relacionadas con instalaciones turísticas y recreativas, de conformidad
con la resolución AG/RES. 2137 (XXXV-O/05), mediante la implementación de un
Proyecto Piloto de Seguridad de Instalaciones Turísticas y Recreativas,
involucrando seis Estados Miembros del Caribe como preparación de la Copa
Mundial de Criquet en 2007, y realizar una reunión de expertos entre julio y
septiembre de 2006, en el marco de la OEA, con el propósito de evaluar los

(4) La República Bolivariana de Venezuela no respalda el párrafo resolutivo 4.a
por cuanto no existe una definición común sobre amenazas emergentes y
debido a que introduce elementos no conteste con la realidad del continente
americano, desproporcionados entre si, por la naturaleza de los mismos, como
por lo establecido en la Declaración de Seguridad de las Américas.
196 Revista Peruana de Derecho Internacional

resultados del mencionado Proyecto Piloto y para hacer un diagnóstico sobre
las realidades y necesidades de este sector en materia de la seguridad de los
turistas y de las instalaciones turísticas y recreativas en el Hemisferio.
e. Su compromiso de implementar la resolución AG/RES. 2145 (XXXV-O/
05) «Negar MANPADS a terroristas: Control y Seguridad de los Sistemas
Portátiles de Defensa Aérea (MANPADS)», aprobada durante el trigésimo quinto
período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA, mediante la
cual se busca hacer frente a la amenaza que representa la adquisición de
MANPADS por los terroristas, y asegurar y mantener la efectiva seguridad física
y gestión de los arsenales de MANPADS para prevenir la retransferencia, perdida,
robo, desvío, o uso no autorizados de MANPADS.
f. Su responsabilidad de implementar la Resolución 1540 (2004) del Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas que busca prevenir la posibilidad de acceso,
posesión y uso por parte de actores no estatales de armas y material de destrucción
masiva y sus medios vectores(5)
5. FORTALECIMIENTO DE LASECRETARÍADELCICTE
a. Su decisión de recomendar que el fondo regular de la OEA aporte los
recursos necesarios, previa evaluación de la Comisión de Asuntos Administrativos
y Presupuestarios, para que la Secretaría del CICTE cuente con recursos humanos
y financieros que aseguren la continuidad de su labor y el cumplimiento de los
programas y actividades contenidos en el Plan de Trabajo 2006 – 2007.
b. Reiterar el llamado a los Estados Miembros, a los Observadores
Permanentes, y a organismos internacionales pertinentes a suministrar, mantener
o incrementar, según corresponda, sus contribuciones voluntarias, financieras
y/ o en recursos humanos al CICTE para facilitar el cumplimiento de sus funciones
y favorecer la mejora de sus programas y áreas de trabajo.

(5) La República Bolivariana de Venezuela no respalda el párrafo resolutivo 4.f
por cuanto considera que el CICTE no es el foro pertinente para abordar
seriamente cualquiera de los temas contenidos en la resolución 1540 de las
Naciones Unidas, dada su complejidad, y por que cree firmemente que la
contribución de esta entidad debe estar orientada a promover el espíritu del
Tratado de Tlatelolco que consolidó a América Latina y el Caribe como la
primera zona libre de armas nucleares. Esta iniciativa, si contribuiría a combatir
y erradicar cualquier amenaza nuclear en el continente Americano.
Anexos - Seguridad Internacional 197

c. La necesidad de que la Secretaría del CICTE continúe su trabajo
programático de manera coordinada con otros órganos, organismos, y entidades
pertinentes de la OEA, en particular con la Comisión Interamericana para el Control
del Abuso de Drogas, cuando corresponda, en materia de represión a la
financiación del terrorismo y seguridad portuaria, con el fin de prevenir la
duplicación de actividades y optimizar los programas desarrollados.

***

CONVENIOS DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL TERRORISMO
DEPOSITADOS ANTE EL SECRETARIO GENERAL

1. Convenio sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas
Internacionalmente Protegidas, inclusive los Agentes Diplomáticos. Aprobado
por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1973.
2. Convenio Internacional contra la Toma de Rehenes. Aprobado por
la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1979.
3. Convenio Internacional para la represión de los atentados
terroristas cometidos con bombas. Aprobado por la Asamblea General de las
Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1997.
4. Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del
Terrorismo. Aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de
diciembre de 1999.
5. Convenio Internacional para la Represión de los Actos de Terrorismo
Nuclear. New York, 13 de abril de 2005

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CONVENCIONES MULTILATERALES DEPOSITADAS
CON OTROS DEPOSITARIOS

6. Convenio sobre las infracciones y Ciertos Otros Actos cometidos
abordo de las Aeronaves. Firmado en Tokio el 14 de septiembre de 1963.
(Depositado con el Secretario General de la Organización de Aviación Civil
Internacional)
198 Revista Peruana de Derecho Internacional

7. Convenio para la Represión del Apoderamiento Ilícito de Aeronaves.
Firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970. (Depositado con los Gobiernos
de la Federación Rusa, el Reino Unido y los Estados Unidos de América)
8. Convenio para la Represión de Actos Ilícitos contra la Seguridad
de la Aviación Civil. Firmado en Montreal el 23 de septiembre de 1971. (Depositado
con los Gobiernos de la Federación Rusa, el Reino Unido y los Estados Unidos
de América)
9. Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares.
Firmado en Viena el 3 de marzo de 1980. (Depositado con el Director General de la
Agencia Internacional de Energía Atómica)
10. Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia en los
aeropuertos que presten servicios a la aviación civil internacional,
complementario del Convenio para la represión de actos ilícitos contra la
seguridad de la aviación civil. Firmado en Montreal el 24 de febrero de 1988.
(Depositado con los gobiernos de la Federación Rusa, el Reino Unido y los
Estados Unidos de América y con el Secretario General de la Organización de
Aviación Civil Internacional)
11. Convención para la represión de actos ilícitos contra la seguridad
de la navegación marítima. Firmada en Roma el 10 de marzo de 1988. (Depositada
con el Secretario General de la Organización Marítima Internacional)
12. Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad
de las plataformas localizadas en la plataforma continental. Firmado en Roma
el 10 de marzo de 1988. (Depositado con el Secretario General de la Organización
Marítima Internacional)
13. Convenio sobre la marcación de explosivos plásticos para los fines
de detección. Firmado en Montreal el 1° de marzo de 1991 . (Depositado ante el
Secretario General del ICAO)

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La Revista Peruana de Derecho Internacional Tomo LVII, N° 134, se terminó
de imprimir el 06 de julio de 2007, Día del Maestro por EDICIONES MISKY,
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