LA ESCALERA INTERIOR

“El Rosacruz” de Noviembre de 1984.

¿Hay en verdad una escalera para ascender por el tallo de un fríjol, que
pueda ser usada por un adulto mientras hace frente a las miserias del
mundo real? Sí la hay.

Así como una escalera ayuda a un niño a ascender por el tallo de un fríjol,
hay escaleras celestiales, como la de Jacob, que ayudan a los místicos a
ascender interiormente. Como sabemos, casi siempre los adultos nos
encontramos demasiado atados a lo externo, al mundo material. Es por eso
que para muchos el pensamiento de viajar más allá de la conciencia objetiva
y hasta el viajar más allá de la tumba, es la causa de una inútil ansiedad y
temor. Sin embargo, las leyendas sagradas siempre han proporcionado
imágenes de consuelo y son temas que ayudan a los adultos a prepararse
para su viaje al mundo más allá del presente. Pero para el estudiante de
misticismo, estos misterios sagrados del renacimiento ofrecen algo más que
consuelo. Nos hablan al corazón acerca de la polaridad de la vida, de su flujo
y reflujo, de su ritmo incesante. A través de las narraciones de la división e
Integración del Hombre de la Luz, Osiris, como un ejemplo entre muchos, el
místico agrega mayor luz a los poderes que estimulan su imaginación.

Para el místico Rosacruz, los jeroglíficos con que se representa el nombre de
Osiris simbolizan una escalera, la sagrada columna vertebral del Pilar Djed y
el Ojo Único del Alma, asentados sobre el corazón. El Ojo Único, al igual que
Osiris, simboliza Maat, Verdad u Orden Cósmico. Como una imagen
orientadora, este Ojo Único simboliza el Ojo que Todo lo Ve en el Este
Sagrado de donde procede la más grande Luz.

Algunos místicos rosacruces llaman también intuición al Ojo que Todo lo Ve,
cimentado en el corazón. La visión interna es un atributo divino que se
expresa a través del Cuerpo Psíquico. Este es la mitad inmaterial del ser
externo, por lo tanto el Cuerpo Psíquico no sólo puede ver a través de los
ojos físicos el mundo material que se encuentra afuera, sino también mira el
verdadero Sanctum Interno, es decir el centro oculto del corazón. Mirando
dentro de sí mismo, el místico percibe un paisaje ilimitado de una tierra
remota.

Sin embargo, esta tierra lejana es visitada también por muchos otros
viajeros que no han desarrollado una habilidad para oír o percibir la ruta por
la cual transitan. Tales viajeros son como sonámbulos pasivos. A pesar de
que perciben una extraña escritura, como jeroglíficos desconocidos bajo la
antigua muralla del Gran Templo, el sonámbulo pasa de largo sin advertir la
experiencia interna y sin que ésta lo toque. No así el dedicado viajero
rosacruz. El viaja a esta tierra remota de una manera completamente
diferente, es decir, poseyendo un mapa del territorio al que desea entrar. El
caminante no siempre sabe si su mapa es completamente exacto, pero
reconocerá ciertas señales a lo largo del camino. Estas señales son similares
a las imágenes y temas de los tradicionales cuentos de hadas y leyendas de
su juventud. Y, quizás, uno de esos jeroglíficos especiales que vio sobre la
pared podría ser la llave viviente que abrirá la puerta misteriosa del Gran
Templo.

Una vez dentro del Templo, el estudiante verá la Gran Sala de Archivos, ese
tesoro de conocimientos de la Humanidad, y la Memoria Akáshica del
mundo. Aunque el viajero, siendo un místico solitario de noble corazón,
quizás no comprenda todavía lo que percibe, aún así será premiado con un
símbolo de vida, su propio símbolo. Después que el viajero regrese
descendiendo la escalera celestial al mundo externo de la realidad objetiva,
entonces deseará guardar su preciado símbolo en lo más recóndito de su
corazón.

Este símbolo, este tesoro, es decir el símbolo viviente, produce un profundo
florecimiento en el centro del corazón y el místico solitario puede reconocer
lo que otros místicos siempre han conocido: que las imágenes sagradas
preservadas en los cuentos de hadas y en los mitos vivientes, a través de su
poder de fascinación, nos llevan siempre adelante para percibir el verdadero
significado de la “flor de luz”, la Rosa de Sharon. Es entonces que el Patito
Feo del Ser Interno se transforma en el cisne que siempre ha sido.