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A contratiempos

(primera persona)

Te veo sonriendo al otro lado de mi imaginacin, en ese lugar ms all de lo que creen los
hombres y se llena el ambiente del aroma a ensueo.

Cierro los ojos impaciente por recordar cada centmetro de tu rostro, viendo no con los ojos
sino con los labios.

Pasan los minutos intilmente, son las sobras de la densidad del aire, son burbujas
detenidas por mi camino y soy yo quien avanza por entre ellas. Finge el espeso aire un
amanecer un atardecer, la noche obscura y el sol naciendo nuevamente, y yo, que slo he
dado cuatro pasos. Puedo levantar mi mano y pasarlas a llevar, las rozo y empujo para que
floten en la espesura, se mueven lentamente, tan lento que podra no darme cuenta, pero lo
hago, plenamente consciente de la velocidad que llevan en este espacio que se hace infinito,
ms bien eterno. Sacudo entonces mis dedos lo ms rpido que me permite este tiempo, es
ver cmo los dedos bailan en cmara lenta, incluso es como si retrocedieran en vez de
avanzar. Acerco el rostro para acariciar este viento que provoca el movimiento, saboreo la
sensacin en la cara, en los labios y soplo cientos de suspiros en un susurro que tie de
colores este cuadro de ansiedad.

Espero paciente a que cada msculo reaccione, se tense y se destense, contraccin y


retraccin, se muevan diminutamente en pequeos espasmos hasta girar el cuerpo por
completo. Pestaear una vez. Respirar hondo y exhalar. Pestaear otra vez. Suspirar una
ms. Y todas las burbujas delante desplazadas a kilmetros retenidos. Las quiero alcanzar,
en este nado pesado de pie, me desequilibro y siento la cada como una fotografa conocida,
poco a poco, con la lentitud de una hoja para llegar a suelo, mi pecho se dirige hacia abajo
empujando las gotas del tiempo retenido que ahora se pinta tornasolado por la luz de un
nuevo atardecer de un sol ajeno a este universo minsculo.

Ya cuando todo se a anaranjado a mi alrededor cada poro de la piel se electriza. Un viento


penetra desde el exterior para hacer tiritar las burbujas. Tiembla todo el silencio que me
inundaba y sin aviso previo corren los segundos como en un reloj.
Caigo al piso dando fin a mi descenso aletargado. La brisa enfra mi espalda y arremolina el
cabello. Se siente bien el mundo real.

Vuelvo a respirar.

Las calles suenan con la coloquialidad de siempre. Los rboles se mueven y me recuerdan
que an es de da.

Y ah, justo al frente del lugar donde se pierde el tiempo, levanto la cabeza y veo.

Te veo a ti.