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Norbert Elias La casa galante Interiores del Antiguo Régimen La conformacion tipologica de una vivienda puede llegar a ser todo un tratado de costumbres desde el momento en que las relaciones entre sus moradores imponen un orden determina- do. Pero esa trasposicién espacial no revela s6lo el tipo de organizacion que rige al pequefio grupo que cohabita en una casa, ya que éste aparece enhebrado con toda esa marafia de sobreentendidos que configuran un orden social. Norbert Elias toma como punto de partida el tipo residencial de la aristocracia francesa del XVIII el hdtel— para llegar a conclusiones relativas al propio concepto de familia No todas las unidades sociales 0 formas de integracién de los hombres son, al mismo impo, unidades de vivienda. ‘No obstante, todas pueden ser caracterizadas mediante determinados tipos de confor- macién del espacio. No cabe la menor duda de que son siempre unidades de hombres que mutuamente se relacionan y entrelazan; ¥, si Bien no puede ciertamente expresarse munca lo itimo y esencial de este modo o tipo de relaciones median categorias espaciales, se puede, no obstan- te, formular mediante estas categorias, pues todo tipo de «coexistencia» corres. onde a una determinada conformacion del espacio, donde las personas conviven © pueden convivir efectivamente, si no juntas, al menos en unidades parciales Ast pues, la expresion de una unidad social en el espacio, e! tipo de su confor- -macién espacial, es [a representacién de su cspecificidad palpable y —literalmente— visible. En este sentido, por tanto, el tipo de vivienda de los cortesanos permite lambign un acceso muy grafico para le comprension de ciertas relaciones sociales, caracteristicas de la sociedad cortesana. Es, en primer lugar, distintivo del tipo de vivienda de los cortesanos que todos, 0 una parte importante de ellos, dispusieran simulténeamente de un alojamiento en Ia casa del rey, en ef palacio de Versalles, y de una viviends —un hitel— en Pat Si se considera por separado, resulta Gificilmente explicable Ia manera en que convivian en el palacio de Versalles —la auténtica corte francess— el noble corte 26 sano y el propio rey: este fendmeno es s6lo la faceta mas evidente de una socie dad jerirquicamente estratificada en to- das sus expresiones. Es preciso observar como vive en su propia casa el cortesano para comprender cémo habitan en la casa del rey el monarca y el aristécrata, Las casas urbanas de los nobles —los hdtels— constituyen una buena muestra de las ne- cesidades residenciales sociolégicamente relevantes de aquella sociedad y, al mismo tiempo —una vez multiplicadas, imbrica- das y complicadas por las funciones es- pecificas de dominio y representacién de la corona—, determinan la forma del pa- lavio real que debe cobijar a la sociedad fen su conjunto como un todo. En cada una de las dos alas del Aétel hhay un appartement privé, adosado a las partes del ala que estin delante de las bbasses-cours: uno de ellos es del sefior de la casa; cl otro, de la sefiora, Uno esti ala inquierda, cl otro a la derecha del gran patio. La construccién de ambos es casi fotalmente igual. Un dormitorio esta si- tuado exactamente frente al otto, pero separado por toda la anchura del patio. Y sus habitantes no se ven, digamos, por la ventana, pues el frente de las ventanas, en ambos dormitorios, esti orientado hacia los jardines de flores, que estan detr para evitar, segiin opinion de la Enciclo- pedia *, el ruido de los carruajes que fre- cuentemente Hegan y salen. El sefior y la seffora tienen adosado a su darmitorio su propio gabinete, en cl cual, duranie o después del aseo, pueden recibir visitas; ambos tienen su antecémara aneja y, por supuesto, un euarto que sirve de guarda- ropa Apenas se puede caraclerizar Ja posi- cién del hombre y la mujer en esta soci dad mas clara y concisamente que remi- tiendo a esta disposicién de sus aparia- menios privados. Se topa uno aqui con una forma de matrimonio y familia que quizd mereciera mayor atencién en las teorias sociolégicas sobre le familia. «Como vive ella con su marido?s, pre- gunta el nuevo sirviente a la doncella de la sefiora * «Oh, por ahora, muy bien!», es la respuesta. «El es un poco petulante y orgulloso; ella tiene muchisimos amigos; no asisten a las mismas reuniones y convi- ‘yen con mucha decencia.» Este es naturalmente un caso indivi- dual; ni todo hombre de esta sociedad es petulante y orgulloso, ni toda dama tiene ‘muchos amigos. No obstante, aqui apare- cc, al mismo tempo, algo completamente pico de Ia estructura de esa sociedad: tiene un espacio tan amplio que el hom- bre y la mujer pueden frecuentar diversos cireilos. El campo de accién para una vida personal de los cOnyuges es, a partir de esto —aunguc, no s6lo a partic de esto—, completamente distinto del de una sociedad mas limitada en el espacio, Por otro lado, la decencia, Ia conven: cién y los deberes de representacion exi- gen cierlos contactos entre los conyuges. Este minimo de contactos que la sociedad cexige constituye, en determinados aspec- tos, limitaciones de Ia vida personal de 12 (1987) A&v 7/ #1 sefor recibiendo una visits en #8 gabinete tnientras sus doncells Ia asisten on ia oiler Grabado posterior 2 1650, dele Biblotece National de Pac, 2 Plants y Alvao de un modelo de Hote! que aparece en / Encyclopédie dle Diderot» D'S mbert ambos conyuges. En qué direccibn se en- ccamina fo que el grandseigneur debe recla- mar de su esposa queda de manifiesto, por ejemplo, cuando el seftor de quien hable la camarera en In cita que acaba de hacer- se llega, avanzada la mafiana, al aparti- mento de su mujer que ain duerme, y odena a In doncella que le dé el siguiente mensaje: «Digale usted que estamos ocho dias de Into por Mme. de Saucourt y que tal vez desearia visitar a mi madre, que esti enferma, Voy a Versalles y volveré mafana o pasado mafiana.» El deber frente 2 la sociedad —y de éste forma parte también la visita a fa suegra enferma-~, en un sentido més amplio, el mantener fa apariencia y la honra de la asa» quedé rezagado como algo comtin, cuando otras solidaridades individuales se perdieron, y cuando la deficiente inclina- Gidn recipraca de los eényuges les permi- {6 hacer uso del campo de accion de su libertad 9 : Casa o familia La relacion entre hombre y mujer, legiti- mada piblicamente, encuentra en la sacie~ dad profesional-burguesa su expresion en la formacién y en el concepto de «fami Jia». En la sociedad de los grandes sefiores del ancien régime, se express en el concep- to de «casa». No s6lo se habla de la «Casa dle Francia» para seftaiar la unidad de la familia real a través de las generaciones, sino que asimismo cada grandseigneur ha bla de su casa». En el uso lingtistico del Ancien Régimen el concepto de «familia» se limita mas 0 menos a la alta burguesia: el de weasa», al rey ya la alta aristocracia, La Enciclopedia constata explicitamente, aunque, desde luego, con una critica vic- Jenta, esta diferencia en el uso lingitistico de Ins diversas capas *, No se trata aqui, como es evidente, s6lo de una fagon de arler, sino que detris de este uso lings. fico se esconde una realidad, una diferen: cia verdadera en la estructura y conforma cién de las relaciones entre los. sexos, socialmente legitimadas, en Ia alta aristo- cracia y en la alta burguesia profesional ® En este contexto, no se puede entrar en Aa (1987) 12 mis detalles. Debe bastar con mencionar gue el matrimonio cortesano-aristocratica no esti de ninguna manera orientado a lo ue, en la sociedad burguesa, se acostum- bra‘a llamar «vida de familia, sino que lo que importa, de hecho, al contraer matri- ‘monio en este circulo, es una «representa. ciérm que corresponde al rango del hom- bre y aumenta, a ser posible, su prestigio y sas relaciones, y una econtinuaciony de st casa; lo que importa es incrementar el rango y el prestigio de los contrayentes, como representantes de esa casa, o al ‘menos afirmarlos, Por lo tanto, eben enienderse en este contexto las relaciones entre cl seor y la sefiora de la casa, entre cl grandseigneur cartesano y su mujer. Lo gue controla la sociedad es, en primer lugar, Ia relacién de ambos seres humanos como representantes de su casa; por lo demas, pueden amarse 0 no, guardarse no fidelidad, su relacion puede ser tan pobre en comunicacién cuanto lo permita nti Ja obligacion que tienen de una represen- tacién comitn. A este respecto, el control social es indiferente y debil. La disposi- ci6n deserita de los apartamentos privas dos de los sefiores constituye, en cierto grado, la solucién éptima de las necesida- des de vivienda que corresponden a este tipo eortesano de matrimonio, Dificilmen- te podria aplicarse en este easo ef concep- to burgués de «familiay. Trace Caen ve Mira dg en, Ne Ba rte lage siete ete 2 as 2”