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susana v.

garcía

Enseñanza científica
y cultura académica
La Universidad de La Plata
y las Ciencias Naturales
(1900 - 1930)
susana v. garcía

Enseñanza científica
y cultura académica
La Universidad de La Plata
y las Ciencias Naturales
(1900 - 1930)

Rosario, 2010
García, Susana ÍNDICE
Enseñanza científica y cultura académica : la Universidad de La Plata y las ciencias natu-
rales (1900-1930). - 1a ed. - Rosario : Prohistoria Ediciones, 2010.
314 p. ; 23x16 cm. - (Historia de la Ciencia; 3 / Irina Podgorny)

ISBN 978-987-1304-45-5

1. Enseñanza Universitaria.Historia. I. Título SIGLAS y ABREVIATURAS MÁS FRECUENTES................................. 9


CDD 378.098 212
PRÓLOGO............................................................................................ 11
Fecha de catalogación: 19/10/2009
INTRODUCCIÓN................................................................................. 13
colección Historia de la Ciencia, 3
CAPÍTULO I
La “cuestión universitaria” en la transición del siglo XIX al XX............ 21
Composición y diseño: Marta Pereyra
Edición: Prohistoria Ediciones CAPÍTULO II
Diseño de Tapa: Marta Pereyra La república universitaria platense......................................................... 59
Ilustración de tapa: Alumnas en un laboratorio del Museo de la Plata (Herrero Ducloux, 1909)
CAPÍTULO III
Este libro recibió evaluación académica y su publicación ha sido recomendada por reconoci- La tarea educativa de la universidad
dos especialistas que asesoran a esta editorial en la selección de los materiales. y la transmisión del espíritu científico..................................................... 99

TODOS LOS DERECHOS REGISTRADOS CAPÍTULO IV


HECHO EL DEPÓSTIO QUE MARCA LA LEY 11723 El Instituto del Museo y la Facultad de Ciencias Naturales.................... 143
© Susana V. García
CAPÍTULO V
© de esta edición La formación universitaria en ciencias naturales.................................... 191

Tucumán 2253, (S2002JVA) – ROSARIO, Argentina CAPÍTULO VI


La preparación del profesor secundario y superior................................. 231
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, incluido su diseño tipográfico y de
portada, en cualquier formato y por cualquier medio, mecánico o electrónico, sin expresa CONSIDERACIONES GENERALES.................................................... 273
autorización del editor.
BIBLIOGRAFÍA..................................................................................... 279
Este libro se terminó de imprimir en ART Artes gráficos, San Lorenzo 3249, Rosario
en el mes de mayo de 2010. Tirada: 750 ejemplares. ÍNDICE DE ILUSTRACIONES............................................................. 305

Impreso en la Argentina Índice de nombres........................................................................ 309

ISBN 978-987-1304-45-5
SIGLAS y ABREVIATURAS MÁS FRECUENTES

AA.VV. Autores varios


ACA Actas del Consejo Académico del Instituto del Museo-Facultad de Cien-
cias Naturales, UNLP
AGN Archivo General de la Nación
AGN-I Archivo General de la Nación, Sección Intermedia
AHMLP Archivo Histórico del Museo de La Plata
FDR Fondo Dardo Rocha (Archivo General de la Nación)
UNLP Universidad Nacional de La Plata
BUNLP Boletín de la Universidad Nacional de La Plata
RUBA Revista de la Universidad de Buenos Aires
UBA Universidad de Buenos Aires
PRÓLOGO

E
ste libro sobre la historia de una universidad argentina es fruto sobre-
saliente de un proyecto de investigación en historia de la ciencia. Esta
anodina descripción es en realidad una elipsis de arduos debates pasados
y presentes. La historia de la ciencia y la historia de las instituciones educativas
superiores han marchado con un paralelismo sui generis en el que, alternativa-
mente, cada una se ha considerado la línea principal y ha relegado a la otra a la
condición de paralela atrofiada y auxiliar. Que en un proyecto de historia de la
ciencia se enfatice la relevancia de una institución educativa es el primer hecho
que hace atractivo al texto.
Susana García, sin necesidad de mencionar el tema, nos da aquí una lección
de cómo evitar la estéril competencia entre historiadores de la ciencia y los de la
educación. En su relato, ciencia y universidad no aparecen como los tipos idea-
les de la justificación y del descubrimiento, como “texto” y “contexto”, respec-
tivamente. Son dos nombres que alternativamente expresan diferentes aristas,
diferentes concreciones de un mismo continuo. La tarea que se ha propuesto es
la de “complejizar” (echo mano de su útil neologismo) la historia de la Univer-
sidad de La Plata. Bien podría haber agregado que al hacerlo, hace mucho más
compleja la historia de la ciencia vinculada con ella. Bastaría para ello con agre-
gar a su exhaustivo estudio institucional un mayor detalle de corrientes, teorías,
resultados propios del conocimiento científico en circulación por las aulas, des-
pachos gubernamentales, laboratorios de investigación, centros estudiantiles.
No se crea sin embargo que la autora parte de premisas teóricas abstractas
y generales para deducir mañosamente de ellas el contenido de esta rica historia
de las primeras décadas de la Universidad Nacional de La Plata y de su Museo
de Ciencias Naturales en particular. A diferencia de lo habitual en estos asun-
tos, el libro resulta de una minuciosa y ardua excavación en los archivos dis-
ponibles. Los datos recogidos no son las ilustraciones amables de una posición
teórica adoptada a priori; pero tampoco son un reservorio indiscutible para una
basta estrategia de inducción apresurada.
El libro no es una mera narración descriptiva de hechos en sucesión. Nos
hace teorizar como lo hace la autora, con documentos en mano y no con las
habituales abstracciones etéreas del pensador de escritorio. Se advierte en esto
la impronta que su formación científica de base le ha dejado a Susana García.
La diferencia es que los cacharros han cedido su lugar a los documentos. Estos,
como aquéllos, sugieren su propia teoría, y está en la habilidad del científico el
saber escucharla y desarrollarla sin arbitrariedades. El libro resulta de la convi-
12 Susana V. García

vencia igualitaria entre el investigador y los restos que el pasado ha dejado, sin INTRODUCCIÓN
el autoritarismo de ninguna de las partes.
En este contexto novedoso algunas categorías fijadas por el uso sufren
cambios atractivos y, en ciertos casos, valientemente expuestos. Sin tapujos la
autora muestra la trama del continuo que incluye la erección de una nueva uni-

E
versidad y el desarrollo de las ciencias naturales en La Plata. “Conocimiento”, l 12 de febrero de 1905, el Ministro de Instrucción Pública de la Nación,
“enseñanza”, entre otros conceptos, cobran vida con los hilos que se tejen desde Joaquín V. González, envió al gobernador de la Provincia de Buenos Aires
la decisión de Joaquín V. González. Intereses sectoriales y personales en pugna, una memoria detallando la organización de una universidad nacional en
incumbencias profesionales, discusiones sobre la función de la universidad en La Plata, a constituirse sobre la base de los institutos científicos y de enseñanza
la comunidad (ya sea mediante la extensión o la formación de docentes y maes- superior ya existentes en dicha ciudad. En esa época, la universidad provincial
tros), la aparición del estudiantado en la escena cultural y política argentina no creada en 1897 naufragaba en la ciudad fundada en 1882 por el gobernador
son abstracciones. Tienen nombre y apellido certificados, a través de los cuales Dardo Rocha. Los centros científicos provinciales no corrían con mejor suerte.
esas categorías adquieren una vitalidad que incita a la autora a especular con la La “nueva universidad” promovida por el ministro González se erigiría
necesidad de futuros estudios comparativos de otras universidades. como un modelo universitario, moderno y científico, donde se buscaría integrar
La clave de la energía y la pasión que alientan este trabajo está sin duda en las actividades de investigación y enseñanza y responder a los nuevos tiempos
su último párrafo. A diferencia del caso de una novela negra, creo que vale la de la República Argentina (Podgorny, 1995; Biagini, 1999 a). Se procuraba
pena que quien lea este libro comience por esas seis líneas reveladoras. también ensayar otras formas de sociabilidad y soluciones a los conflictos es-
tudiantiles y a los problemas que afectaban a la Universidad de Buenos Aires.
Para algunos, el remedio del Ministro parecía dudoso, pretendiendo resolver
Alberto Guillermo Ranea esos enfrentamientos mediante una nueva institución a sesenta kilómetros de la
Universidad Torcuato Di Tella capital nacional (Podgorny, 2005 c). Con amplias aspiraciones, recursos y una
10 de noviembre de 2009 retórica grandilocuente, la tercera universidad nacional del país se presentaba
como la Oxford local, que llevaría a la sociedad argentina hacia la soñada re-
pública de los sabios. No obstante, los intentos de instrumentar un nuevo perfil
para la universidad argentina encontraron diversas limitaciones y resistencias.
Más allá del éxito o fracaso en la aplicación de algunas de esas ideas y del fun-
cionamiento real de la institución, el discurso fundacional de la casa de estudios
platense permite observar la circulación y la emergencia de nuevos sentidos
sobre la universidad y los grupos ligados a ella. Este libro tiene el propósito de
profundizar en estos aspectos y en la relación ciencia-universidad-sociedad a
principios del siglo XX. En particular, este trabajo se centra en la extensión uni-
versitaria, la divulgación científica y la enseñanza de las ciencias naturales que
se promovieron durante la organización de la Universidad Nacional de La Plata
bajo la gestión de González entre 1906 y 1918. En el caso específico del Museo
de La Plata, incorporado en 1906 a la estructura universitaria como instituto
de investigación y facultad, la indagación se extiende a la década de 1920, para
examinar las continuidades y las redefiniciones en el contexto de esos años.
La Universidad Nacional de La Plata, con sus laboratorios, sus institutos
científicos y aulas integradas por personajes de las más variadas formaciones
y orígenes étnicos, lingüísticos y sociales, constituye un caso interesante para
explorar la articulación de las múltiples esferas que conforman la ciencia y el
14 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 15

mundo del saber. A su vez, la organización de esta casa de estudios remite al quienes se proyectaron como “la nueva generación” defensora de una serie de
problema de cómo estudiar la adecuación de los modelos de investigación y valores y jerarquías de saberes, presentados como inconmensurables con la tra-
enseñanza superior. La indagación que se presenta en las siguientes páginas ha dición precedente (Vásquez, 2000; Portantiero, 1978; Cattáneo y Rodríguez,
procurado traspasar los límites de una historia auto-referenciada a la propia 2000). Por otra parte, Horacio Crespo (1999) reconoce que el “ideario” o los
institución o a un marco estrictamente argentino para dar cuenta además de las “postulados” de la Reforma Universitaria se convirtieron en un eje articulador
lecturas y los debates sobre los modelos internacionales de universidad vigentes de la universidad pública argentina en los años que siguieron a la recuperación
en la época y las prácticas de enseñanza científica más o menos estandarizadas. de la democracia y el triunfo radical en 1983, conformando un palimpsesto de
Nos hemos basado en la lectura de los trabajos que producían y leían los actores tradiciones dentro de un corpus programático, que en su simplicidad resumía
locales para entender, no solo su mundo de ideas, sino también la circulación de las su eficacia como mecanismo legitimador y a la vez defensivo de un status quo.
propuestas e informes universitarios y las redes discursivas sobre las que se fueron Así, señala Crespo:
construyendo sentidos sobre la institución universitaria y sus integrantes. Hemos
prestado atención a cómo o de qué forma aparecieron idealizados ciertos modelos “La historia de la Universidad, si es planteada desde esta situación,
así como las propuestas y limitaciones para instrumentar algunos de sus elemen- tiende necesariamente a formar parte de esta ideología justificadora
tos. Paralelamente se han tenido en cuenta los informes de educación comparada, del poder universitario. [...] En una matriz historicista, la historia de la
especialmente de publicistas franceses de gran difusión en la región del Plata, y Reforma Universitaria se confunde con la historia de la institución, en
los temas tratados en algunos encuentros internacionales como el III Congreso de la cual el alineamiento se produce en términos de elementos positivos
Educación superior realizado en 1900 en París (Picavet, 1902) o los congresos de o negativos respecto de su propio desarrollo, y también en relación a
estudiantes americanos que se llevaron a cabo entre 1908 y 1912 (van Aken, 1971; un momento mítico fundacional que se sitúa en el gran movimiento
Biagini, 1997; García, 2000). Esto último ayuda a comprender parte de las expec- de 1918. Se construye el Panteón, el anecdotario, la hagiografía, los
tativas que luego eclosionarían en el movimiento reformista de 1918. réprobos, los herejes, los textos sagrados, la hermenéutica justificado-
Hasta no hace mucho, la llamada en mayúsculas Reforma Universitaria cons- ra.” (Crespo, 1999: 109)
tituyó una referencia central en los estudios que se abocaron al desarrollo his-
tórico de las universidades argentinas. La historiografía sobre ese movimiento y La parcializada atención prestada a la historia de las universidades desde el re-
la tradición reformista es extensa, constituyendo, quizá, el capítulo más tratado lato reformista creó la ilusión de un espacio ocupado, que no pareció incentivar
en este campo. Por lo general, en ello ha primado la historia intelectual y la de la constitución de un campo de investigación con un objeto de estudio definido
las figuras consagradas. Frecuentemente, el movimiento de 1918 se ha asociado en la especificidad de sus temáticas, sus metodologías de análisis y la organiza-
al “año cero” del proceso de modernización institucional de las universidades ción de sus archivos. Se hace necesario pensar otros marcos para examinar estas
argentinas, caracterizadas hasta ese entonces como profesionalistas en alusión instituciones, donde la Reforma no aparezca como el eje articulador central que
a que la principal preocupación de la institución giraba en torno a la formación da inteligibilidad a esas historias, sino como un segmento de otra clave inter-
de profesionales en aras de salidas laborales lucrativas, descuidando, entre otras pretativa que la incluya, la explique, pero a la vez, permita profundizar no solo
cosas, la formación integral de los estudiantes, el desarrollo de actividades cien- en los idearios universitarios sino también en la particularidad de las prácticas
tíficas, la extensión universitaria y las vinculaciones con la sociedad. A través de concretas y el funcionamiento institucional en sus distintos momentos. Por otro
esos relatos se estableció una imagen homogénea de la organización y funcio- lado, como reconoce Pablo Buchbinder (2005) es indudable que la historia de
namiento de las distintas universidades argentinas y las diversas unidades que las universidades constituye un campo sumamente complejo por la diversidad
las componían con anterioridad a la Reforma. No obstante, como han adver- de actividades, instituciones, actores y conflictos que involucra así como los va-
tido algunos investigadores ese “mito fundacional” fue construido a partir de riados aspectos intelectuales, educativos, políticos, culturales o científicos desde
un conjunto de textos producidos por los mismos actores de ese movimiento,1 donde puede ser examinada. Este libro no es ajeno a esas dificultades y a las
limitaciones de todo trabajo histórico, en especial ante la falta de archivos uni-
1 Entre 1922 y 1927 se produjeron innumerables textos sobre la Reforma o “revolución univer- versitarios organizados y accesibles a la consulta.
sitaria”, seguidos por otros publicados posteriormente y recopilaciones de los mismos. Entre Esta investigación ha utilizado el corpus documental del Archivo Histórico
los autores más citados se puede mencionar a Gabriel del Mazo (1926/1927, 1945); Julio V.
del Museo de La Plata, cuyos materiales comenzamos a reunir y ordenar desde
González (1922, 1927, 1945), o Carlos Cossío (1923, 1927); entre otros.
16 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 17

1998 como parte del proyecto de historia de las ciencias coordinado por la Dra. primaria y secundaria (Podgorny, 1999 b). Por otro, que los procesos de profe-
Irina Podgorny. Principalmente este acervo es de carácter burocrático y admi- sionalización y especialización han ido delineando nuevas formas y mediaciones
nistrativo, integrado por notas internas de su personal y alumnos, resoluciones en la relación ciencia-público y diferentes distinciones entre el campo científico
universitarias y diversos registros institucionales, junto con la correspondencia y otros campos disciplinarios –entre los que se cuenta el educativo-, que en el
externa: cartas enviadas por instituciones escolares y científicas, oficinas públi- pasado fueron sumamente permeables entre sí. Vinculado con ello, en el último
cas, bibliotecas, particulares, empresas proveedoras, libreros-editores del país y capítulo de este libro se analiza la organización de la formación del docente de
del extranjero. Esto permitió observar la amplia red de instituciones e indivi- enseñanza secundaria y los conflictos de autoridad entre pedagogos y científicos
duos que se vinculaba con el Museo de La Plata y una primera aproximación a en torno al diseño de los planes de estudio del profesor de ciencias. Esas discu-
cómo el público miraba y se relacionaba con esta institución. Asimismo, estos siones así como lo examinado en otros capítulos muestran cómo los programas
documentos ofrecen pistas y fragmentos de las prácticas culturales vigentes en la de enseñanza, los ciclos de difusión y planes de estudios jugaron un papel cen-
época, así como indicios para indagar cómo se organizaba el trabajo cotidiano tral en la definición del universo de saberes y prácticas socialmente legítimos.
de investigar, enseñar y difundir en un particular ámbito científico-académico. En este libro se combinan varios enfoques y perspectivas de análisis que
En especial, este libro se detiene en la divulgación de la ciencia, entendida provienen de diferentes campos de estudio. Una gran parte se apoya en tra-
en sentido amplio, enfocándose en tres aspectos: a) la difusión de las prácticas bajos de historia de las ciencias, los museos y los sistemas de educación. En
científicas a través de la educación de estudiantes, futuros profesionales y do- general, la investigación histórica e institucional sobre las universidades argen-
centes, y la formación de un “ambiente” para el trabajo científico de nuevas tinas cuenta en su haber con pocos análisis sistemáticos, basados en el uso de
generaciones de investigadores; b) las prácticas discursivas destinadas a contra- diversas fuentes documentales. En muchos casos, la atención recibida por las
rrestar las resistencias, convencer sobre el mérito de la ciencia y obtener condi- universidades puede caracterizarse en términos de historia política e intelectual.
ciones favorables para el desarrollo de ciertos saberes o proyectos científicos; y Como referencias ineludibles a este trabajo pueden mencionarse el libro de Tu-
c) la popularización de la ciencia en el marco de la extensión de la instrucción lio Halperin Donghi sobre la Universidad de Buenos Aires, escrito en 1962 y
popular y las preocupaciones por orientar la “opinión pública” y la educación que se convirtió en un texto central para los estudios posteriores sobre las uni-
nacional. Estrechamente ligado a este último punto surge la idea de extensión versidades argentinas; los trabajos de Horacio Camacho sobre la enseñanza de
universitaria, un término traducido textualmente del inglés –university exten- las ciencias naturales en la universidad porteña y los de Dora Barrancos sobre
sion– y propagado en el contexto argentino al iniciarse el siglo XX. En esa épo- las iniciativas de divulgación científica para trabajadores, entre otros; y los más
ca, el uso de este concepto envolvió al menos dos sentidos y circuitos de difu- recientes de Pablo Buchbinder que constituyen antecedentes importantes para el
sión. Por un lado, se vinculó a la educación de trabajadores y la popularización período estudiado. Su síntesis sobre la historia de las universidades argentinas
científica, promovida por socialistas, libre-pensadores y grupos de estudiantes (Buchbinder, 2005) presenta un listado de la principal bibliografía sobre este
universitarios (Barrancos, 1995, 1996). Por otro, implicó la presentación a un campo de estudios, mostrando al mismo tiempo, que aún son escasos los traba-
público general de los trabajos de investigación y la enseñanza científica que se jos empíricos que permitan complejizar y comparar el funcionamiento de estas
llevaban a cabo dentro de la institución universitaria. En particular, se procura instituciones y construir una historia más allá de la referencia a las unidades
profundizar en las interacciones entre investigación, educación y divulgación académicas de Buenos Aires.
que se observan en las prácticas de los sectores científicos universitarios a prin- El proyecto universitario de Joaquín V. González, un personaje destacado
cipios del siglo XX. en la vida política y cultural de la Argentina del novecientos, ha sido objeto de
De esta manera, el objeto de estudio de este libro se construye a partir del estudio de varios trabajos (cfr. Nassif, 1967; Roldán, 1993; Biaggini 1999a).
momento en que se cuestiona las conceptualizaciones y distinciones contem- Por lo general, se ha asociado ese proyecto con su actuación política anterior a
poráneas que polarizan la organización del trabajo científico-académico de las 1906, y sus preocupaciones reformistas manifestadas en la ley electoral de 1902,
prácticas de enseñanza y de divulgación así como de las interacciones sociales y el proyecto de ley nacional del trabajo de 1904 y las reformas de la enseñanza
culturales con un extramuros académico. Esta separación encubre, por un lado, secundaria. Por otro lado, se lo vincula con las ideas positivistas y cientificistas.
que la investigación científica es el resultado de un proceso que implica la edu- El análisis que se presenta en este libro, toma como base esos estudios, pero pro-
cación en una práctica científica y, con anterioridad a ella, la participación en cura profundizar en los debates universitarios de la época, las referencias a los
un sistema de ideas y categorías comunes, transmitido durante la socialización modelos internacionales, los intereses de los sectores científicos y las distintas
18 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 19

conceptualizaciones en torno a la figura del profesor y el estudiante universita- fuentes disponibles y la puesta en valor de otras muy poco utilizadas en la historia
rio, temas poco trabajados en la historiografía de las universidades argentinas. de la ciencia en la Argentina.
En cuanto a la actuación de los sectores científicos en la casa de estudios platen- Este libro está basado en gran parte en mi tesis doctoral, realizada como
se, abundan los trabajos sobre el Instituto de Física y las científicos alemanes, becaria del CONICET y bajo la dirección de la Dra. Irina Podgorny. Fue presen-
entre los que se destacan los estudios comparativos de Lewis Pyenson, utilizados tada a fines del 2003 y defendida en junio del 2004 en la Facultad de Ciencias
en esta investigación como marco para situar la actuación de los profesores Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata. Fueron jurados
alemanes del Museo de La Plata y sus propuestas para organizar la enseñanza los Profesores Guillermo Ranea, Carlos Prego y Horacio Camacho, a quienes
de las ciencias naturales. agradezco sus comentarios. En el presente texto, además, se han incorporado
El objeto de estudio de este libro se construyó sobre un conjunto particular otros datos y trabajos desarrollados posteriormente. Esta publicación ha sido
de prácticas y discursos acerca de lo que podría denominarse una cultura aca- posible gracias a los subsidios: PICT 2005 JOV-33496 (Agencia –FONCYT),
démica, según el concepto utilizado por Fritz K. Ringer (1990) en un análisis PIP 5675 (CONICET) y PICT 2005 ET 32111 (Agencia –FONCYT). En el
comparativo del sistema universitario francés y alemán en la transición del siglo transcurso de la investigación se contó con un subsidio de la Fundación Rocke-
XIX al XX. Este investigador propone examinar dos aspectos interrelacionados: feller a través del programa “Pro Scientia et Patria: los museos en la formación
por un lado, las creencias explícitas manifestadas en el seno de una comunidad del patrimonio nacional” del Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y
universitaria en relación con las prácticas de enseñanza e investigación; y por Letras de la Universidad de Buenos Aires. Agradezco al entonces director de ese
otro, las relaciones sociales y las realidades instituciones en las cuales tienen lu- Museo, José Pérez Gollán, y al personal del mismo que atendió mis consultas.
gar estas actividades. Se ha buscado articular analíticamente los elementos idea- De igual forma, estoy agradecida con la Directora del Museo de La Plata, Silvia
cionales con los escenarios institucionales y sociales, con sus reglas y normas Ametrano, y las bibliotecarias de la institución. Muchas personas contribuyeron
que objetivan y permiten ciertas prácticas, sin por ello dejar de tener en cuenta de una u otra forma a que este trabajo se realizara, ya sea facilitando material,
que tanto las ideas como las instituciones son producto de las acciones, elec- respondiendo consultas, discutiendo ideas o ayudando a compaginar la biblio-
ciones y estrategias cambiantes de actores concretos en contextos específicos. grafía. Entre ellos, debo un reconocimiento a Laura Miotti, Guillermo Ranea,
Asimismo, se ha elegido un enfoque micro-histórico y la utilización de diversas Andrea Pegoraro, Máximo Farro, Alejandra Pupio, Wolfgang Schäffner, María
fuentes documentales y materiales de archivos. Este trabajo procura combinar Margaret Lopes, Diego Pereyra, María Caldelari, Diego Hurtado de Mendoza,
la historia de la universidad y de las prácticas educativas con la historia de las Alfonso Bruch, Mariano Bargero, Hugo Biagini, Mónica Ros, Cecilia von Rei-
ciencias, buscando examinar la especificidad de las prácticas de divulgación y chenbach, Genoveva Dawson de Teruggi, familia Delachaux, Ana Ottenheimer,
enseñanza científica que se articularon alrededor de un proyecto de universidad, Bernarda Zubryczki, Marina Sardi, Cecilia Gómez Montes, Adriana Menegaz,
de su funcionamiento institucional y de los distintos significados que le atribu- Adriana Mengasini y, en especial, a mi directora de tesis, mi familia y a Daniel.
yeron los actores de la época. También estoy en deuda con quienes hicieron posible o más provechosa mi esta-
En los distintos acontecimientos, propuestas y personajes estudiados se ha día de investigación en Madrid y México: Javier Ordoñez, Juan Pimentel, María
querido ir más allá de la imagen transmitida por los emprendimientos exitosos, I. Martínez Navarrete, Ana Barahona Echeverría, Carlos López Beltrán, Alicia
para también profundizar en los polémicos procesos ligados a su emergencia y a Villela, Graciela Zamudio, Miruna Achim, Carlos Ochoa y Carlos Guevara.
los proyectos fracasados, donde se refleja el rumbo errático de las instituciones. Obviamente ninguna de las personas e instituciones antes citadas es responsable
Estos casos, como de una u otra manera muestran los libros que integran esta por los errores u omisiones que puedan encontrarse en las siguientes páginas.
colección, pueden servir para iluminar y cuestionar esa visión surgida de los
íconos científicos consolidados, sea en las tradiciones historiográficas, sea en
cierta cultura científica popular que gusta de las celebraciones del pasado o de
anatemizar a la ciencia (Podgorny, 2009; Farro, 2009). Y al igual que los libros
de esta colección, el presente trabajo se enfrenta al desafío de poder mostrar los
puntos de articulación de las prácticas internacionales de la ciencia y la ense-
ñanza con el contexto local, tratando de promover un modelo de trabajo con las
CAPÍTULO I

La “cuestión universitaria”
en la transición del siglo XIX al XX

La creación de nuevos institutos universitarios debe aprovecharse


como una ocasión para plantear [...] y resolver de una manera fun-
damental la cuestión universitaria. Si el espíritu actual es malo, es
un error darle pábulo con nuevas universidades, lo lógico es pro-
pender á que los institutos que se forman se emancipen de aquel,
inspirándose en un espíritu nuevo y mejor.2

H
acia fines del siglo XIX se presenció un cierto malestar en la organiza-
ción y las funciones que desempeñaban las universidades en la Argenti-
na. En el cambio de siglo, la llamada “cuestión universitaria” se volvió
un tema de actualidad dentro de la escena pública argentina, marcada por los
conflictos estudiantiles en la Universidad de Buenos Aires (Halperin Donghi,
1962; Buchbinder, 2000 y 2005). El crecimiento de la matrícula estudiantil y el
incremento significativo de los que alcanzaban el título de doctor, sobre todo en
la carrera jurídica, fueron vistos como una situación preocupante por diferen-
tes sectores de la clase dirigente. Para algunos, esta inquietud se derivaba de la
“masificación” y la pérdida de la propia escala de los valores culturales frente al
ascenso social de nuevos sectores, el fenómeno inmigratorio y el “utilitarismo”
(cf. Romero, 1987; Terán, 2000). Además, ese crecimiento no parecía acom-
pañarse con la responsabilidad que debían asumir los jóvenes universitarios
en la vida pública. A ello se agregaba la pregunta por el tipo de educación más
adecuada para formar las futuras clases dirigentes. Los informes sobre la edu-
cación superior de otros países, las experiencias personales de los que habían
pasado una estadía en el exterior y la lectura de las propuestas de reformadores
académicos europeos proveyeron un marco para la comparación con institucio-
nes similares de otras partes del mundo. Desde esa mirada, la institución uni-
versitaria argentina no parecía cumplir con las “misiones” que le correspondía
asumir en la conformación de una cultura nacional. Muchos coincidieron en la

2 Comentario del diputado salteño Idalecio Gómez al debatirse la nacionalización de los títulos
expedidos por la universidad provincial de La Plata. Diario de Sesiones de la Cámara de Dipu-
tados de la Nación, Buenos Aires, 1897, Tomo I, p. 844.
22 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 23

necesidad de buscar mecanismos más efectivos para reforzar la acción docente Agronomía y Veterinaria de Santa Catalina en Lomas de Zamora.4 Parte de esto
y científica de la institución universitaria. Sin embargo, como ha sostenido Hal- último se concretó precariamente al año siguiente, mientras que la propuesta de
perin Donghi (1962), el descontento hacia el sistema de educación superior no una universidad se materializaría siete años después. El desarrollo de estas institu-
se manifestó en una clara representación de lo que la universidad debía ser sino ciones provinciales se vio condicionado por las reiteradas crisis políticas e institu-
más bien en la convicción de que ella no era y, además, parecía no acompañar cionales, la inestabilidad económica provincial y por la falta de validez nacional
el progreso y los cambios que experimentaba el país. de los certificados y títulos que otorgaban.
En 1905, en medio de los conflictos irresueltos de la universidad porteña, el Las universidades argentinas se habían consolidado como centros de for-
Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación acordó un convenio con la mación profesional, avanzando paulatinamente sobre el control cognitivo para
Provincia de Buenos Aires para organizar una universidad nacional en la ciudad el ejercicio de las profesiones liberales y eruditas.5 Esto se dio de forma para-
de La Plata, que respondería a un nuevo modelo de institución universitaria. Esta
propuesta se justificó a partir de la situación crítica que atravesaban los centros
4 El Instituto Agronómico y Veterinario instalado en la finca de Santa Catalina había sido creado
científicos y de educación superior radicados en esa ciudad, pero también como en 1883, durante el gobierno de Dardo Rocha y con el apoyo de la Sociedad Rural Argentina,
una forma de experimentación y renovación de las soluciones adoptadas hasta con la finalidad de impulsar la educación en temas agrícolas-ganaderos y la experimentación
ese momento en torno a la “cuestión universitaria”. En este primer capítulo se en el refinamiento de ganado. El establecimiento contó con un haras, un conservatorio de
contextualiza la emergencia de este proyecto a partir del clima de ideas con res- vacuna animal, una chacra, una estación agronómica y el Hospital de clínica veterinaria. Para
conformar el cuerpo docente se contrataron egresados y profesores belgas de la Escuela de
pecto al funcionamiento de las universidades argentinas y a la situación de las
Medicina y Veterinaria del Estado y del Instituto Agronómico de Glembloux de Bélgica. Su
instituciones científicas y de educación universitaria provinciales. primer director fue el hacendado y ministro de Hacienda de Rocha, Mariano Demaría, hasta
su viaje a Europa en 1888, cuando fue reemplazado por Emilio Duportal, otro miembro de la
Sociedad Rural. Seis meses después, el gobernador Máximo Paz consideró que la Provincia no
El perfil profesional de las universidades argentinas debía financiar más esa institución y promovió un proyecto para dotarlo de fondos propios y
trasladarlo a La Plata. La ley del 12 de noviembre de 1889 autorizaba el remate de los terrenos
Al terminar el siglo XIX, existían dos universidades nacionales en la Argentina:
de Santa Catalina e invertir una parte en la construcción de un edificio para mudar dicha insti-
la de Córdoba, establecida durante la época colonial y nacionalizada en 1854, y tución a La Plata. Además, se contemplaba la compra de Títulos de la Provincia para proveerle
la de Buenos Aires, creada en 1821 y puesta bajo jurisdicción nacional en 1881, de una renta propia. Finalmente la venta no se efectuó por la depreciación del valor de la tierra
después de federalizarse la ciudad. A fines de 1889, en cada una de las dos pro- con la crisis de 1890, aunque se hipotecó ese establecimiento para edificar la facultad en la
vincias económicamente más importantes se sancionaron proyectos para el esta- capital provincial.
5 Hasta la década de 1870 los estudios de derecho que ofrecía la universidad solo permitían el
blecimiento de una universidad. En Santa Fe, el gobernador José Gálvez impulsó
acceso a un diploma académico que no habilitaba para el ejercicio profesional. Para esto últi-
la organización de un centro de estudios superiores en la capital provincial, como mo se había requerido el ingreso a la Academia de Jurisprudencia y la rendición de un examen
parte de las propuestas de desarrollo y modernización provincial.3 En los mismos en el Superior Tribunal de Justicia (cf. Buchbinder, 2000). Para un análisis de estas cuestiones
meses, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires aprobó dos proyectos de ley: en relación con la profesionalización de la medicina y las ocupaciones relacionadas al área de
uno destinado a crear una universidad, promovido por algunos sectores políticos salud, véase los trabajos de González Leandri (1997, 1999, 2000). El avance de la institución
universitaria sobre el control profesional, se evidencia en el caso de la universidad provincial
e intelectuales locales; y otro, presentado por el Poder Ejecutivo para organizar
de La Plata y la certificación de idoneidad acreditada por ciertas reparticiones públicas. Antes
una facultad de ciencias agrarias en La Plata a partir del traslado del Instituto de de la creación de esta casa de estudios, los diplomas de agrimensor eran otorgados por el
Departamento de Ingenieros de la Provincia. Posteriormente estos títulos debieron ser revali-
3 El 16 de octubre de 1889 la Legislatura santafesina aprobó una ley para la creación de la dados por la universidad, que pasó a ocupar una posición hegemónica en el otorgamiento de
Universidad de Santa Fe, cuyo primer rector fue José Gálvez. Aunque se proyectaron estudios los mismos. También se disputó la autoridad de esta institución para fiscalizar los certificados
de derecho, de ciencias físico-matemáticas y de teología, solo comenzaron a funcionar los pri- y exámenes para el ejercicio de otras profesiones en el ámbito provincial, como en el caso de
meros. Paralelamente, se establecieron becas para que algunos jóvenes fueran a estudiar al Ins- los certificados de idóneos y auxiliares de farmacia que otorgaba el Departamento de Higiene
tituto de Agronomía y Veterinaria de la Provincia de Buenos Aires. La crisis financiera de 1890 o los de procurador que estaban bajo el control de la Corte de Justicia. Los reclamos de los
dificultó el establecimiento de las facultades programadas y luego los problemas políticos y los sectores universitarios intentaban legitimar la competencia de sus respectivas facultades para
levantamientos radicales que se sucedieron en la Provincia repercutirían en el funcionamiento dictar los programas, recibir los exámenes y conceder los diplomas. En el caso de la práctica
de esa casa de estudios (De Marco, 1998). Al igual que en la universidad platense, también se farmacéutica, una ley nacional de 1905 estableció que para ejercer esa profesión o abrir nuevas
presentó el problema del reconocimiento nacional de los títulos para el ejercicio profesional en farmacias se necesitaba un título otorgado por una universidad nacional, concediendo a los
el ámbito nacional. “idóneos” cuatro años para regularizar su situación. Por otra parte, el control sobre la distri-
24 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 25

lela a la ampliación de las funciones del Estado nacional, con el consecuente minantes en la elección de las carreras universitarias parecieron reproducir la
aumento y complejización de su aparato administrativo. Como parte de ese posición y el prestigio social que proveía el título de doctor en esas profesiones.
proceso, los expertos fueron reclamando cada vez más por la especificidad de Hacia 1898 el número de estudiantes en esas facultades alcanzaba el 88% del
su actividad y la autoridad “científica” para el diseño de las políticas públicas. sistema universitario argentino (Tedesco, 1986).7
En ese movimiento, la universidad estatal pasaría a ocupar un papel central El número de estudiantes y la participación de los académicos de las fa-
en la legitimación de los “saberes científicos” de las profesiones así como en cultades de Medicina y Derecho en el ámbito parlamentario y las distintas de-
el control de los procedimientos educacionales y los mecanismos de iniciación pendencias gubernamentales, tenían su correlato en la jerarquización de estas
para acceder al mercado ocupacional, especialmente en el ámbito público. De carreras dentro del ámbito universitario, que se expresó en la mayor proporción
esa forma, el sistema universitario nacional se consolidó a partir de su recono- de recursos presupuestarios, número de cátedras y en el título que ostentaron
cimiento como la instancia oficial que fijaba las condiciones de idoneidad para los rectores de las universidades argentinas hasta la década de 1920. En cambio,
otorgar los diplomas de competencia y habilitación para el ejercicio laboral de los estudios científicos no lograban atraer alumnos ni generar una situación
las profesiones que afectaban los “intereses” del Estado. En el marco de esa estable para sus docentes pese a los esfuerzos por contratar profesores extranje-
función y especialmente al lograr mantener ese monopolio, se generaron las ros, organizar instituciones y programas de estudio en el último cuarto del siglo
condiciones para reafirmar una estructura universitaria cada vez más sólida y XIX.8 En ese sentido, las acusaciones tradicionales a la institución universitaria
con un número creciente de alumnos. Al iniciarse el siglo XX, cumplir con las argentina por el predominio de las carreras profesionales deben ser revisadas no
pautas y aprobar los exámenes exigidos por la universidad estatal se volvió un solo en relación con la oferta educativa sino en función de la estructuración del
requisito imprescindible para obtener un título de competencia para la práctica mercado ocupacional y el interés estudiantil por los distintos estudios y carreras
profesional (Buchbinder, 2000, 2005). A diferencia de la mayoría de los países universitarias.
europeos, la autoridad en la certificación y verificación del saber alcanzado por El incremento significativo en el número de alumnos universitarios9 y de
un individuo para el ejercicio profesional, no se desdobló entre una instancia los que alcanzaban el diploma de doctor, asociado al fácil acceso a los títulos
estatal (Examen de Estado) –o de los profesionales en ejercicio como en Ingla- universitarios, provocó un cierto malestar entre algunos sectores de la clase
terra– y otra académica, sino que ello se concentró en la universidad pública dirigente. El término doctormanía se acuñó en la época para aludir a esa situa-
como dependencia oficial o tribunal del Estado.6 ción. En parte, ello se enmarcaba en una desconfianza hacia la masificación y la
En el imaginario social, el acceso a los estudios superiores y la obtención pérdida de la propia escala de valores culturales y sociales frente al fenómeno
del título de “doctor” fue mirado como una de las vías para ascender social- inmigratorio y nuevos sectores sociales que comenzaron a disputar los símbolos
mente e ingresar a los círculos cerrados de la clase dirigente. Las credenciales de prestigio y distinción de la elite dirigente.10 Para otros, la condición de estu-
universitarias permitían ejercer un amplio rango de actividades, desde la prác- diante no se acompañaba con la responsabilidad social que debían asumir los
tica profesional independiente hasta el desempeño en distintas oficinas técnicas jóvenes de acuerdo a su posición como universitarios ni con la consolidación de
y la docencia secundaria. Como se ha señalado frecuentemente, los estudios de
derecho y medicina parecieron constituir un canal de reclutamiento del personal
7 Los estudios de Derecho, además, contaban con una cantidad de alumnos libres similar a la de
administrativo y político y un paso exigido en la trayectoria de muchos políti-
los regulares y por otra parte, era una carrera más barata y corta que Medicina o Ingeniería.
cos (cf. Zimmermann, 1995; Buchbinder, 2005). De hecho, los criterios predo- El régimen de asistencia libre ofrecía la oportunidad de rendir los exámenes finales en todas las
materias y obtener un diploma sin necesidad de asistir a las conferencias de los profesores.
8 Sobre la organización de la enseñanza universitaria en ciencias naturales y exactas, véase en-
bución de esos certificados y diplomas implicaba una cierta fuente de ingresos. Según calcula- tre otros: Besio Moreno (1915), Babini (1949, 1963), Camacho (1971), Montserrat (1993),
ban los estudiantes platenses, con los aranceles cobrados por esos diplomas se podrían cubrir Myers (1992, 1994), Tognetti (2000).
los gastos de mantenimiento de la universidad provincial de La Plata, por lo menos en sus tres 9 En la década de 1890, la Universidad de Buenos Aires experimentó un rápido crecimiento en
cuartas partes. En el caso de lo recaudado por los exámenes libres o de reválida, la práctica el número de alumnos. En 1888 tenía 715 estudiantes y diez años después se contaban 2.665.
común en aquellos años era repartir la mitad entre los miembros de las mesas examinadoras 10 No faltaron comentarios como el de Héctor Perdiel, abogado y miembro de la Corte Suprema
y la otra mitad ingresaba al llamado fondo universitario. “La Universidad. Nuevas fuentes de de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, denunciando que “merced á ese título [de doctor]
recursos”, en Revista del Centro Universitario, La Plata, Tomo II, Nº 6, 1902, pp. 130-131. las diferencias sociales se borran como por arte de encantamiento. Gracias á el, el hijo de nues-
6 Sobre estas cuestiones desde una perspectiva comparada, véase entre otros: Torstendahl (1996), tro zapatero, del almacenero de la esquina, y el del político ó estadista, se hallan al mismo nivel
Burrage (1996), Neave (2001). social” (Perdiel, 1903: 11).
26 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 27

las asociaciones y actividades propias de la vida estudiantil como se observaba y propósitos de la enseñanza superior, tema que se mantendría presente durante
en las universidades europeas y norteamericanas.11 Según Hobsbawm (1998), las siguientes décadas (Ringer, 1995). Paralelamente, un grupo de reformadores
el aumento del número de estudiantes universitarios en Europa y Estados Uni- académicos franceses en los inicios de la Tercera República, promovió la reno-
dos –triplicado en la última parte del siglo XIX– hizo necesario definir la elite vación de sus instituciones de educación superior a partir de estudios compara-
efectiva en el seno de ese conjunto que se iba haciendo cada vez mayor. En ese tivos sobre las experiencias de distintos países (Weisz, 1983). Los resultados de
proceso, las fraternidades de los Colleges norteamericanos, los Korps estudian- esas observaciones y los informes de educación comparada publicados en París
tiles alemanes o las asociaciones de alumni representaron un papel fundamental tuvieron una amplia circulación internacional a partir de la década de 1890,
como espacios de sociabilidad y de conformación de una identidad social, lo especialmente las obras y revistas de educación superior editadas por la casa
cual permitiría establecer redes más eficaces de interacción intra e intergenera- Armand Colin. En la Argentina, esa bibliografía junto a las opiniones de los
cional (Hobsbawm, 1992, 1998).12 profesores que habían perfeccionados sus estudios en el extranjero se utilizaría
En efecto, durante las décadas de 1880 y 1890 varios países europeos ex- como una referencia para analizar el funcionamiento institucional y las modali-
perimentaron un gran aumento en la matriculación universitaria. Esta situación dades de enseñanza superior.
fue percibida como una crisis de “sobreproducción” o “exceso” de graduados En la última parte del siglo XIX, la opinión pública y personajes influ-
en relación con las oportunidades deseables de empleo para ellos. En Alemania yentes de la vida política argentina, entre los que no faltó el presidente Julio
se acuñó el término de proletariado académico, que también sería utilizado en A. Roca,13 expresaron una cierta preocupación por la cantidad de doctores,
Francia al finalizar el siglo. Varios observadores contemporáneos miraron ese especialmente abogados, que estaban produciendo las universidades argentinas
desequilibrio como algo socialmente disfuncional y peligroso. En particular, los y tendían a engrosar la administración pública. De hecho, los datos del censo
temores se dirigieron hacia la sobreeducación de las jóvenes de sectores hu- de 1895 mostraron un gran crecimiento de este sector y el predominio de abo-
mildes, pensando que podría volverlos un elemento improductivo y subversivo gados entre los profesionales con diploma universitario nacional. Frente a esto,
para la sociedad (Ringer, 1994). En el caso de Alemania, ello también se rela- aparecieron notas que descalificaban esta situación apelando a la jerarquía de
cionó con la percepción que tenían ciertos académicos humanistas acerca de la saberes de Comte e insistiendo en la necesidad de fomentar los estudios cientí-
pérdida de influencia y vitalidad de la educación universitaria. La idea de crisis ficos y técnicos.14 También ciertos proyectos oficiales pusieron de manifiesto el
o decadencia cultural renovó las exigencias para volver a examinar los métodos
13 Roca opinó sobre esta cuestión en la mayoría de sus discursos presidenciales. En 1884, por
ejemplo, señaló que “el estado de nuestras universidades responde a nuestros medios y sobre-
11 A principios de la década de 1890, Ernesto Quesada, un crítico observador que comparaba la pasa nuestras exigencias. Sería de desear tal vez que estos establecimientos no fueran tan concu-
situación de las universidades argentinas con sus pares en Alemania y Francia, concluía: “las rridos, para evitar el aumento ya alarmante de los jóvenes que se dedican a carreras parásitas,
universidades argentinas carecen de vida académica, fuera de las Facultades, de los profesores cuando tanto necesitamos inteligencias y brazos productores” (Roca, 1941, T. I: 135). En 1902
y de los empleados, los estudiantes son apenas considerados [...] Los estudiantes argentinos no agregó: “nuestras universidades que llamaré clásicas por su antigüedad y por el espíritu que
son estudiantes, sino que; o son empleados, ò viven de la vida común del resto de la juventud en ellas domina, continuaran ejerciendo su influencia en la cultura nacional y suministrando
[...] No hay vínculo de unión ninguno y apenas se conocen” (Quesada, 1893: 86). Como ex- año a año a la República los hombres preparados para las altas profesiones liberales [...] La
cepción señalaba los alumnos de la Facultad de Medicina de Buenos Aires que habían formado de Buenos Aires tuvo una concurrencia, que ya recuerda a las más populosas de Europa y
el Círculo Médico Argentino y los de ingeniería que intentaban conformar una asociación pro- Estados Unidos, de 3562 estudiantes, y la de Córdoba de 288. Si las facultades no consiguen
pia. Una observación parecida registró el cordobés Ramón Cárcano acerca de la universidad de establecer un régimen de estrictez y severidad inflexible en los exámenes, en la disciplina interna
su provincia (Cárcano, 1892). La falta de “verdaderos estudiantes” seguiría siendo un tópico y en la enseñanza en sí misma, tales cifras constituirán en lugar de una halagüeña promesa un
presente en las observaciones críticas y las comparaciones de varios profesores universitarios grave peligro para la sociedad y las instituciones argentinas, porque en vez de hombres útiles y
durante la siguiente década. ejemplares ofrecerán solo postulantes de empleos oficiales, charlatanes en todas las ciencias e
12 Los signos de exclusivismo social se manifestarían, por ejemplo, en las prestigiosas fraternida- incapaces para la noble lucha de trabajo y de la vida cívica” (Roca, 1941, T. I: 278-279).
des norteamericanas que adoptaban nombres del alfabeto griego. También dentro del amplio 14 Así, por ejemplo, en una nota anónima titulada “Basta de Abogados” publicada por sectores
conjunto de estudiantes alemanes, existían grupos más exclusivos como los kösener Korp, de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata, se criticaba el exceso de abogados
caracterizados por ser aficionados a la cerveza y tener cicatrices como resultado de los duelos graduados en esos días en la Universidad de Buenos Aires: “como si no fueran bastante los
con espadas. Esto último se consideraba una marca de distinción con respecto a los estamentos que existen ya en el país, la Facultad de Derecho ha otorgado recientemente diploma á setenta
inferiores, ya que demostraba que eran caballeros y no plebeyos. Si bien para principios del doctores más, quienes buscarán cómoda ubicación en los presupuestos nacionales y provincia-
siglo XX, el duelo había sido prohibido por ley, su práctica se mantenía relacionada al honor les [...] lejos de creer que el país gane con tener más abogados, hay que ver en el predominio
del estudiante y la corporación a la que pertenecía (cf. Demaría, 1902). de estos una de las causas y manifestaciones de nuestro atraso. Como lo ha dicho Comte, el
28 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 29

interés del gobierno por imprimir a la instrucción pública una orientación más una forma de descentralizar la educación superior concentrada en la Capital
técnica y práctica y/o establecer una segmentación de estos estudios en los últi- Federal, que generaba un gasto público importante por las becas o empleos
mos años. Con ello se esperaba incentivar nuevas ocupaciones y el desarrollo de otorgados a los estudiantes del interior para financiar su estadía. Otros legis-
actividades industriales, comerciales y agropecuarias. Por otra parte, como ha ladores señalaron que el problema de los numerosos “parásitos estatales” no
señalado Tedesco (1986), la diversificación de los estudios permitía abrir otras estaba en el gran número de estudiantes universitarios sino en la organización
vías para canalizar las demandas educativas de los sectores sociales en ascenso, de las universidades, en los planes de estudio y el carácter dado a la enseñanza.
y mantener el monopolio de la elite universitaria sobre la preparación para la Esto suscitó algunos debates y reflexiones sobre el régimen de las universidades
vida política. argentinas que desembocaron en la idea de proyectar una reforma general. El
De forma paralela, se fueron multiplicando las voces que denunciaban la tema generó numerosos artículos en diferentes revistas intelectuales y académi-
necesidad de organizar investigaciones originales y difundir un “espíritu crítico” cas. Si bien esto se venía manifestando entre otros sectores universitarios desde
o “científico”. Varios académicos insistían en que la universidad debía asumir un hacía varios años, la necesidad de reorganizar las casas de estudios superiores
papel central para resolver los problemas sociales y el desarrollo económico del cobró mayor importancia cuando el gobierno sugirió recortes en el presupuesto
país a partir de estudios de carácter científico. Los debates intelectuales posterio- universitario de 1898, como parte de las economías para costear los prepa-
res, como han mostrado diversos autores, estarían impregnados por una fe en rativos bélicos por el conflicto con Chile. La vulnerabilidad de la universidad
los logros de la ciencia y en la posibilidad de aplicar su método al análisis de la estatal, derivada de su dependencia económica, generó una serie de propuestas
sociedad y como guía de las políticas estatales (cf. Botana y Gallo, 1993; Zimmer- para reformar el régimen de estas instituciones y lograr una mayor “autonomía
mann, 1995; Terán, 2000). En cuanto a la llamada “invasión de profesionales”, universitaria”. Estos proyectos se presentaron como un intento de renovación
los diferentes sectores académicos parecieron coincidir: el crecimiento estudiantil de la ley Avellaneda que regía sobre las casas de estudios nacionales.
no debía resolverse con un incremento de los aranceles, es decir, con restriccio- La ley N° 1597, sancionada en 1885 a partir de un proyecto presentado
nes de carácter económico, sino a través del mejoramiento de la enseñanza, la por el ex presidente, senador y rector de la Universidad de Buenos Aires, Nico-
intensificación de las pruebas de aptitud y el estímulo al trabajo personal. En ese lás Avellaneda, fue la primera ley universitaria nacional (Rodríguez Bustamente,
sentido, el refuerzo de la función educativa de la universidad aparecía como la 1985). Con ello se buscó establecer un marco de homogeneidad jurídica para las
solución para lograr una selección más cuidadosa, basada en los méritos (cf. Ma- dos universidades existentes, afirmando la supervisión del Estado nacional en
drid, 1901). Al mismo tiempo, en el clima ideológico del fin del siècle, corrían las cuanto a planes de estudios, selección docente y aspectos económicos. Sin em-
preocupaciones por la formación de una clase dirigente ilustrada y educada para bargo, este dispositivo legal contenía solo cuatro artículos de carácter general
la vida pública así como las aspiraciones de regeneración espiritual y de transfor- que permitió a las universidades nacionales disponer de un amplio margen para
mación de las instituciones y hábitos políticos del país. ajustar sus estatutos y los aspectos más detallados de su administración. La ley
se centraba principalmente en la formación y las atribuciones de los cuerpos di-
rectivos, en el modo de designación de profesores y en los recursos financieros.
Los proyectos de reforma universitaria Como menciona Buchbinder (2005), fue un instrumento jurídico muy flexible
El aumento de la población universitaria, su repercusión sobre el crecimiento y adaptable a las distintas circunstancias políticas e institucionales. De hecho,
de la burocracia estatal y la “emplomanía” fueron temas presentes en los de- las universidades pudieron reformar sus estatutos, renovarse y reorganizar todo
bates parlamentarios por la nacionalización de los títulos de las universidades su gobierno interno sin necesidad de modificar esta ley que estuvo vigente hasta
provinciales desde 1897. Algunos senadores defendieron estos proyectos como 1947.15
En la propuesta original de Avellaneda se había reafirmado la idea de una
unidad universitaria, la designación de profesores por concurso de oposición,
influjo político de los abogados es propio de una época de transición é incoherencia, en que
puede momentáneamente primar el brillo del estilo por sobre el pensamiento, la retórica sobre la existencia de “docentes libres” y la constitución de un fondo universitario in-
la ciencia. En la materia de instrucción superior lo que el país necesita no son más jurisconsul-
tos y legistas, sinó buenos profesores de matemáticas, física, gimnasia y biología, agrónomos
y veterinarios, ingenieros, médicos, hombres competentes en todas las grandes ramas de la 15 La Ley N° 1597 fue luego restaurada en 1956, aunque de forma más bien simbólica. Sobre las
técnica.” “Basta de Abogados”, en Revista de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La distintas leyes universitarias en la Argentina, véase entre otros: Mignone (1999), Hurtado de
Plata, Tomo II, Nº 19, 1896, pp. 223-224. Mendoza y Busala (2002).
30 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 31

tegrado por una parte de lo recaudado por los aranceles estudiantiles. Además, alumnos.17 Se argumentaba que la disponibilidad de rentas propias permitiría
se contemplaba que en la composición de las “facultades” –entendidas como crear la carrera del profesorado universitario, estableciendo una remuneración
consejos directivos, también llamadas academias– hubiera una cierta participa- que posibilitara e incentivara la dedicación plena a las actividades académicas, y
ción de los profesores que dirigían aulas, al menos en una tercera parte. El trata- evitara que los profesores repartieran su tiempo con otros empleos o el ejercicio
miento de este proyecto de ley en el Congreso originó algunos debates en torno liberal de sus profesiones. En este proyecto se agregaba que las universidades o
a este último punto y a la selección de profesores, que pusieron de manifiesto facultades de creación particular o provincial tendrían validez en la jurisdicción
una desconfianza hacia la capacidad del personal docente para gobernar la ins- nacional si tenían un plan de estudio aprobado por el Congreso de la Nación y
titución (Halperin Donghi, 1962). Finalmente, se estableció que los catedráticos contaban con una renta suficiente para cubrir regularmente su presupuesto.
podrían ocupar hasta una tercera parte de los cuerpos directivos o academias De forma paralela a la presentación del diputado Cantón, las autoridades
mientras el resto se integraría con notables de distinto origen. Los profesores de la Universidad de Buenos Aires diseñaron una propuesta para reorganizar
serían designados por el Poder Ejecutivo a partir de una terna presentada por algunos aspectos de esa institución. Se defendió la unidad universitaria y un sis-
cada facultad y aprobada por el Consejo Superior de la universidad. Uno de los tema federal de gobierno con mayor concentración de la autoridad del Consejo
argumentos de peso para defender el control del Gobierno se basaba en la de- Superior.18 Por otro lado, frente al incremento del número de alumnos se pensó
pendencia económica que mantenían las universidades con el Estado, tema que que un leve aumento de los aranceles permitiría cubrir los gastos ordinarios de
volvería a aparecer en los proyectos presentados al terminar el siglo. enseñanza, pudiendo así reclamarse una mayor autonomía con respecto de la
En 1898 se presentaron y discutieron en el Congreso nacional propuestas intervención estatal. La independencia para establecer el presupuesto y disponer
de reforma universitaria para lograr una mayor “autonomía”. El diputado y libremente de las rentas fue uno de los principales reclamos de las autoridades
académico de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, Elíseo Cantón, elevó un universitarias. El tema de la “autonomía” ocupó el centro de los debates y fue
proyecto de ley para la reorganización del régimen universitario, firmado tam- planteado en principio en términos económicos, vinculado con la autarquía y la
bién por otros legisladores.16 No se introducían demasiadas innovaciones en el posibilidad de modernización de las actividades académicas y científicas. Esto
gobierno de la institución, pero se proponía una mayor participación docente a se hizo particularmente grave al terminar el siglo XIX cuando la universidad
través de su intervención en la elección de las autoridades. Si bien, se evidenció porteña experimentó un rápido crecimiento no solo por el aumento de estudian-
un cierto malestar por el funcionamiento del cuerpo académico con personas tes con el consecuente incremento del peso de las tareas docentes, sino también
ajenas al claustro docente, se mantuvo la formación de los mismos por quince ante la necesidad de acomodarse a las nuevas tendencias educativas y científicas
miembros ad vitam, los cuales no necesariamente tenían que ser profesores. El que demandaban bibliotecas y laboratorios bien equipados así como personal
reclamo por una mayor “autonomía” aludía a una ampliación de las atribu- especializado para fomentar los estudios prácticos y los trabajos científicos.
ciones de cada facultad con respecto del Consejo Superior, especialmente en lo En esos años, se percibía que la principal limitación a la llamada “autono-
relativo a la administración de sus propios recursos financieros. Se buscaba que mía universitaria” era de orden financiero. Se consideraba que los presupuestos
los aranceles estudiantiles percibidos por cada unidad académica se invirtieran elaborados por cada facultad debían ser sometidos a varias instancias de con-
en los sueldos y gastos propios de cada una, en vez de conformar el “fondo trol y modificación: el Consejo Superior de la universidad, el Poder Ejecutivo
universitario”, el cual posteriormente se redistribuía entre el Consejo Superior y y las cámaras de diputados y senadores. Mientras las universidades intentaban
las distintas dependencias. Además, se proponía que el Gobierno nacional des- enriquecer y hacer rentable el fondo universitario previsto en la Ley Avellane-
tinara el 25% de lo producido por la venta de las tierras públicas para formar da, debían depender del financiamiento estatal para completar su presupuesto.
un fondo a repartirse entre las facultades de forma proporcional al número de Por esa vía, los poderes públicos podían controlar y modificar la distribución

16 El proyecto fue firmado por Mariano de Vedia, Marco Avellaneda, Ponciano Vivanco, E. Lo- 17 Como antecedente a esta idea se mencionaba la propuesta de Vicente Fidel López en 1875,
bos, José M. Guastavino, José Ignacio Llobet, M. Carlés y J. M. Gutiérrez. El texto del proyec- quien siendo rector de la Universidad de Buenos Aires había sugerido que el gobierno destinara
to y la defensa realizada por Cantón se puede consultar en el Diario de Sesiones de la Cámara una cierta cantidad de tierra pública para conformar un fondo universitario para esta insti-
de Diputados de la Nación, Buenos Aires, Tomo 1, 1898, pp. 559-569. Algunos comentarios tución. Otra referencia eran las medidas instrumentadas en Estados Unidos a partir de la Ley
críticos sobre el mismo se encuentran en Fernández (1898) y Gallardo (1898). Para un análisis Morrill de 1862 y una segunda ley en la década de 1890 (cf. Geiger, 1992).
de la discusión de estas propuestas en relación con la Facultad de Medicina de Buenos Aires, 18 “El problema de la organización universitaria”, en Anales de la Sociedad Científica Argentina,
véase: Bargero (2002). Buenos Aires, Tomo XLVI, 1898, pp. 268-278.
32 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 33

interna de los recursos de cada casa de estudio, lo que, a su vez, podía repercutir y libres de los pueblos anglosajones, ejemplificadas por las universidades tradi-
sobre las actividades docentes y científicas. De esa forma, la supervivencia de cionales inglesas de Oxford y Cambridge y las de los Estados Unidos. El otro,
algunos aspectos de la vida universitaria como el desarrollo de nuevas cátedras, por las oficiales o del Estado como en Europa continental, Iberoamérica y Asia.
laboratorios o institutos quedaba supeditada a la voluntad de los legisladores Las primeras eran admiradas por contar con una renta propia para costear sus
y la aprobación de leyes especiales que permitieran invertir los derechos estu- actividades y por la independencia que gozaban respecto de la intervención del
diantiles u otras rentas. En varios casos se observa que la creación de cursos gobierno, aunque pudieran recibir una subvención estatal. El claustro universi-
o cargos se decidió en las cámaras del Congreso, beneficiándose generalmente tario elegía sus autoridades, elaboraba su presupuesto, aprobaba los planes de
a la Facultad de Medicina de Buenos Aires en detrimento de cátedras que esa estudios, nombraba los profesores y el personal subalterno, y expedía los certi-
universidad solicitaban para otras dependencias. Por su parte, las facultades de ficados que acreditaban competencia científica. Otro aspecto que entusiasmaba
Derecho, especialmente la de Buenos Aires, fueron las que más insistirían en era el tipo de instrucción “integral” y la disciplina promovida entre los jóvenes
la autonomía de cada unidad académica y la descentralización universitaria.19 a través del sistema de los internados de los colleges. Algunos también miraban
En general, ellas cubrían sus gastos y obtenían además un excedente por los con interés la acción social y la influencia externa que ejercía la institución uni-
derechos de matrícula y examen, aunque las disposiciones legales universitarias versitaria a través de las nuevas experiencias denominadas University Extension
les privaban de estos recursos que ingresaban al fondo universitario general y University Settlements.22 La educación inglesa se difundió a través de publi-
(Buchbinder, 2005). cistas franceses como Max Leclerc y Edmond Demolins, discípulo de Frédéric
Los proyectos de reforma de Cantón y de las autoridades de la universidad Le Play y creador de la famosa Escuela de Roches en Normandía, donde se
porteña defendían la idea de universidad estatal, mientras que un tercer proyecto buscó aplicar el sistema tutorial y la educación integral de los colleges ingleses.
presentado por el diputado Diego Scotto promovía la legalización de universi- En su popular libro A quoi tient la supériorité des Anglo-Saxones (1897), De-
dades libres.20 La idea de un régimen de universidad libre en la Argentina fue molins indicaba que la superioridad anglosajona, manifestada en su comercio,
defendida por el académico y profesor de medicina, Juan R. Fernández,21 quien industria y política, se debía al carácter de la raza sajona y al tipo de educación
también apoyó la propuesta del diputado Scotto. En el proyecto de este último, se dirigida a formar hombres con iniciativa, prácticos y aptos para dirigirse a sí
proponía que las universidades nacionales cuyas rentas les permitieran sufragar mismos y en la vida social.23
más de la mitad de su presupuesto serían consideradas instituciones libres con
amplia autonomía para dictar sus estatutos, nombrar y destituir su personal, esta- 22 La University Extension se inauguró oficialmente en Cambridge en 1873 y unos años des-
blecer su presupuesto y crear las facultades o los estudios necesarios. Los alumnos pués en Oxford y otras universidades inglesas y escocesas. Inicialmente consistió en ciclos de
conferencias en diferentes localidades. Los University Settlements, traducidos como “colonias
costearían sus estudios profesionales –es decir, con las matrículas estudiantiles se
universitarias”, fueron asociaciones de educación para adultos dirigidas por profesores y es-
financiarían los gastos de enseñanza– mientras el Estado subvencionaría las inves- tudiantes universitarios que se establecieron durante la década de 1880 en barrios obreros de
tigaciones científicas y la creación de laboratorios y bibliotecas. Londres y de las ciudades industriales más importantes de Inglaterra. Entre estas instituciones
El proyecto de Scotto generó un debate entre los legisladores, donde se se destacaría como modelo la de Toynbee-Hall en una zona pobre del este de Londres. También
reconoció la existencia de dos regímenes o modelos universitarios internaciona- fueron consideradas workmen’ clubs, ofreciendo a los obreros: clases nocturnas, prácticas de
laboratorio, conferencias, conciertos, obras de caridad, excursiones, garden partis junto con
les. Uno estaba conformado por las universidades completamente autónomas
otras actividades deportivas y de fraternidad. Estas experiencias al igual que la extensión uni-
versitaria fueron vistas como canales para difundir una serie de reformas sociales impulsadas
19 En la Facultad de Derecho de Buenos Aires se formó una comisión para examinar los proyectos desde los sectores universitarios. Instituciones similares se organizaron en Estados Unidos,
universitarios que se discutieron en el Congreso en 1898 y 1899. Al año siguiente, el académico mientras que en el continente europeo hacia 1900 se popularizaron las llamadas universidades
Juan Bibiloni presentó un informe argumentando a favor de la completa autonomía de esa populares más relacionadas con iniciativas de socialistas, intelectuales de izquierda y estudian-
Facultad y la descentralización universitaria, que fue apoyado por las autoridades académicas. tes. Véase entre otros: Espinas (1892), Leclerc (1892, 1899), Buisson (s/f.), Palacios (1904); y
(Bibiloni, 1900, 1903). para su contextualización: Tiana Ferrer (1991).
20 Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, Tomo 1, 1898, pp. 603-606. 23 Este libro fue traducido al inglés, español, polaco, japonés y árabe. También otras de sus obras
21 En esta época, este futuro ministro de Justicia e Instrucción Pública, compartía la concepción de propaganda como L’éducation nouvelle: L’école des Roches (1898) y Nos éleves en Angle-
liberal de las instituciones libres y la idea de que “la raza anglo-sajona adquiere el hábito de terre. L’École des Roches (1899) alcanzaron una gran difusión. La primera fue traducida al
independencia que es su modalidad esencial, con el goce de sus instituciones liberales, con sus español y ruso. Parte de la propuesta educativa de este publicista, sobre todo en relación con
corporaciones autónomas, con sus gremios asociados y enérgicos, los que forman otras tantas la formación moral, intelectual y física de los jóvenes en una institución que contara con todas
fuerzas que contrapesan siempre la acción absorbente del estado” (Fernández, 1899: 294). las dependencias para una educación integral y alejada de los vicios de las grandes ciudades,
34 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 35

Otro de los temas principales en los debates sobre el régimen universi- Por otra parte, algunos planes ministeriales de reforma de la instrucción
tario argentino se relacionaba con el gobierno interno, especialmente con el pública como el de Osvaldo Magnasco en 1899 y posteriormente el de Juan
funcionamiento de las academias o cuerpos directivos de las facultades. Una Fernández en 1904, mencionaron la idea del “Examen de Estado” y la libertad
cierta tendencia a impugnar la estructura universitaria se basaba en la percep- de enseñanza para promover la educación científica. En el caso del primero, se
ción que esto último se había trasformado en un “gobierno cerrado”, con poca buscaba reafirmar la autoridad del Gobierno para fiscalizar los estudios y la
capacidad de renovación y adaptación frente a los acelerados cambios que se validación de los títulos de competencia profesional, mientras se dejaría amplia
operaban en el país. Como reconoce Halperin Donghi (1962), si bien la Ley libertad a las sociedades científicas en la organización de las investigaciones, ya
Avellaneda intentaba evitar la administración universitaria por una minoría ce- que se consideraba que la ciencia era una actividad cultural que no afectaba los
rrada de profesores, en la práctica estuvo lejos de lograrlo. De ahí que algunos intereses públicos y, por lo tanto, no debía ser supervisada por el gobierno.26
sectores reclamaran una mayor participación del cuerpo de docentes titulares En la transición del siglo, ni el plan del ministro Magnasco ni los distintos
y suplentes en la elección de las autoridades universitarias y en la composición proyectos de reforma universitaria presentados en la Cámara de Diputados en
de las academias. En particular, el proyecto de Scotto fue más allá al sostener la 1898 lograrían alcanzar una sanción oficial. Sin embargo, se produjeron algu-
necesidad de participación de los graduados con más de cinco años de ejercicio nas pequeñas transformaciones que permitieron a las universidades nacionales
profesional. disponer de una mayor libertad para administrar sus recursos. En el caso de
Los tres proyectos fueron enviados a los rectores de las universidades na- la Universidad de Buenos Aires, el gobierno autorizó un aumento de cerca del
cionales para que emitieran su opinión al respecto. Al año siguiente, el Consejo 50% en los aranceles y otros derechos estudiantiles, y, además, se estableció una
Superior de la Universidad de Buenos Aires, luego de algunos debates, se expi- partida fija anual de 600.000 pesos moneda nacional en el presupuesto nacional
dió a favor de la propuesta de las autoridades universitarias pero con algunas para que la institución lo administrara como creyera más conveniente. Para la
modificaciones.24 Se consideraba que las bases de la organización universitaria Universidad de Córdoba se fijo un subsidio anual de cerca de 328.000 pesos,
no debían modificarse, excepto para conferir una mayor autonomía en la direc-
ción de la enseñanza con respecto al control estatal, y en el aspecto económico,
dar reconocimiento legal a los títulos de sus egresados (Baruch Bertocchi, 1987). Los estudios
a partir de disponer libremente de los derechos estudiantiles y la subvención brindados por las universidades privadas no gozaron de validez oficial hasta el decreto 14557
del gobierno. Al mismo tiempo, se recomendaba que la universidad no perdiera de 1958, establecido durante la presidencia de Frondizi (cf. Pérez Lindo, 1985 y Hurtado de
su carácter oficial de donde derivaba principalmente su prestigio. En diferentes Mendoza y Busala, 2002). El crecimiento de estos establecimientos fue en general lento hasta la
ocasiones, la idea de la universidad libre, frecuentemente promovida por secto- década de 1990, época en que se expanden y diversifican considerablemente pasando a superar
en número a las universidades estatales.
res católicos, sería rechazada en defensa del monopolio de las universidades es-
26 En 1899 el ministro Magnasco, avalado por el presidente Roca, presentó un plan de instrucción
tatales para otorgar los diplomas de capacitación y habilitación profesional.25 general y universitaria. En ese proyecto se reivindicaban las atribuciones del Poder Ejecutivo
para dictar los planes de instrucción pública y promover los estudios técnico-profesionales,
coincide con las ideas expresadas por Joaquín V. González para el sistema tutorial y de inter- afirmando la autoridad del Estado para controlar la formación de los profesionales: “si el Es-
nados abiertos del Colegio Nacional de La Plata. De hecho, esas obras formaron parte de la tado es la representación política de la sociedad y esta no puede ser indiferente á la producción
colección de folletos de instrucción pública perteneciente a González y donada a la Biblioteca profesional, debiendo por el contrario saber quiénes de entre sus miembros serán los autori-
de la Universidad Nacional de La Plata. zados para defender y amparar el derecho privado, preservar ó restablecer la salud, ejercer
24 “La reorganización universitaria. Opinión del Consejo Superior”, en Anales de la Sociedad sin explotaciones el dominio espiritual de las conciencias, promover y encaminar los grandes
Científica Argentina, Tomo XLVIII, 1899, pp. 5-13. Véase también el folleto Proyecto de re- progresos de la industria, de la agricultura, del comercio y de las artes, etc. es lógico pensar
formas universitarias. Informe del Consejo Superior a la Comisión de Instrucción Pública de que solo el Estado debe elaborar esos planes, imprimirles carácter, darles tendencias y organi-
la Cámara de Diputados, Buenos Aires, 1899. zar la enseñanza de esta clase en órden á los fines sociales. La Universidad no puede aspirar á
25 El proyecto de una universidad católica estuvo presente desde fines del siglo XIX y se presenta- ser un Poder político sinó un Poder científico; nó una autoridad de gobierno, sinó un resorte
ron algunos proyectos promovidos por el Episcopado en los primeros años del nuevo siglo. En particular del progreso general. Por eso mismo una Universidad no debe otorgar diplomas
1909 se crearon los centros de estudiantes católicos y un año después se fundó una universidad profesionales sin ratificación expresa de los Poderes públicos, ni producir nombramientos sin
católica en Buenos Aires, sostenida con suscripciones públicas, donde se dictaron conferencias, esa autorizada confirmación [...] las labores de investigación científica, en cuanto constituyen
cursos y distintas actividades por cerca de diez años. Desde 1910 se buscó, sin éxito, que la no ya una fábrica de profesionales sinó de alta cultura intelectual, son labores inmediatamente
Universidad de Buenos Aires y posteriormente el Gobierno nacional reconocieran oficialmente ajenas á las funciones de gobierno y, en tal terreno, no se podría sin injusticia y sin peligro á
sus certificados de estudios, especialmente los de abogacía. Finalmente en 1920 fue cerrada veces, negar á los eruditos sostenedores de la autonomía, la verdad de sus exigencia y la nece-
por una “incomprensión jurídica de la Universidad oficial” y la negativa del Estado nacional a sidad de su emancipación.” (Magnasco, 1899: 16-17).
36 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 37

monto no demasiado inferior a su presupuesto universitario y que se mantuvo ser pensado como la expresión de los cambios sociales por los que atravesaba la
casi similar en los siguientes años. Argentina de principios de siglo, el resultado de una oposición generacional y el
Igualmente, el tema de los escasos recursos económicos y el pedido de au- agotamiento de una gestión universitaria tras veinte años de continuidad. La di-
mentar el subsidio nacional continuó presente en las Memorias universitarias. námica del proceso derivó de un pedido inicial de cambio de fechas de exámenes
En el caso de la Universidad de Buenos Aires, mientras hasta 1905 la subven- a un cuestionamiento general del sistema de gobierno de las casas de estudio.
ción estatal se mantuvo fija, el presupuesto universitario se duplicó y para cu- En particular, las demandas estudiantiles giraron en torno a la modificación del
brir el déficit se recurrió a la venta de empréstitos del fondo universitario. Por cuerpo académico, la instauración de otros sistemas de evaluación, la rebaja de
ello, indicaban las autoridades universitarias, la renta de ese fondo no se había los aranceles y el establecimiento de la docencia libre. A ello se sumaría un clima
incrementado o mantenido a un nivel rentable como para permitir una cierta de oposición a la elite académica de Medicina, iniciado por sectores de alumnos
autonomía económica. Por otro lado, la búsqueda de fuentes de financiamiento con el apoyo de algunos docentes, reclamando el mejoramiento de la enseñanza
alternativas no prosperó, se tratara de suscripciones públicas,27 benefactores o a partir de trabajos prácticos y de laboratorios y de la “docencia libre” (Bargero
donación de tierras públicas para su explotación, por ese motivo cada vez más 1998, 2002; Buch 2000).
se dependió del erario público para cubrir el presupuesto.28 Como se analiza en Durante las primeras décadas del siglo XX, hubo diferentes argumentos en
el siguiente capítulo, González prestó especial atención al aspecto económico de pro y en contra de la llamada “docencia libre”. Para muchos esto se asociaba
estas instituciones, aunque sin poder llegar a consolidar una alternativa para su a una categoría docente de las universidades europeas, como el liberi docenti
financiamiento. italiano o el Privatdozent alemán. En esos países los graduados debían superar
un examen de habilitación con un trabajo científico original y en algunos casos
Los conflictos estudiantiles en la Universidad de Buenos Aires una prueba didáctica (que podía consistir en el dictado de algunas conferencias)
Al iniciarse el siglo XX, el debate sobre la organización universitaria permane- para poder dar cursos libres y aspirar a una carrera académica. En el sistema
cía abierto e irrumpiría con fuerza al desatarse una serie de problemas con los alemán, quienes obtenían una habilitación tenían derecho a dar clases en la
alumnos en la Facultad de Derecho de Buenos Aires y, luego, en la de Medicina. universidad como “docentes privados”, aun cuando no habían sido elegidos
A fines de 1903, una huelga estudiantil causada por las fechas de exámenes, para ocupar una cátedra. No recibían una remuneración, pero obtenían los
inició un conflicto que afectaría a toda la universidad. El enfrentamiento con las honorarios de asistencia pagados por los alumnos que optaban por su curso (cf.
autoridades académicas y la novedosa intransigencia de los grupos de alumnos, Ben-David, 1971). En las interpretaciones liberales clásicas, las innovaciones y
que tanto cuantitativa como cualitativamente estaban alcanzando un mayor superioridad de las universidades alemanas se atribuían en gran parte a la com-
peso en el espacio público argentino, generaron críticas y discusiones que des- petencia establecida entre los profesores y los “docentes privados” por atraer
embocaron en la reforma de los estatutos y del sistema de gobierno de la casa estudiantes, de quienes dependía el sueldo o parte del mismo (cf. Cárcano 1892;
de estudios porteña. Halperin Donghi (1962) ha señalado que este tema puede Quesada 1893, 1910; Demaría 1902; Bunge 1903). Se consideraba que en ese
reto cada docente intentaba conquistar la mejor reputación, promover nuevos
cursos y realizar el mayor esfuerzo en la enseñanza para reclutar alumnos, quie-
27 A fines de 1886 y 1887, por ejemplo, se emprendió desde la Facultad de Medicina de Buenos
nes de esa forma adquirían una función de “jueces” sobre la actuación de los
Aires una suscripción popular, trunca, para la construcción de un instituto científico tomando
como modelo la campaña realizada para la creación del Instituto Pasteur en Francia (Prego, profesores. Por otro lado, la docencia libre era vista como un paso inicial para
2001). los interesados en desarrollar una trayectoria académica y acceder al profeso-
28 En la Memoria que elevó la Universidad de Buenos Aires al Ministro de Instrucción Pública rado universitario.
en 1910, se sostenía que no había iniciativas privadas para ayudar a la universidad. Se había Los conflictos en la Facultad de Derecho porteña derivaron en un cues-
elaborado un proyecto y organizado una amplia campaña de difusión para incentivar las do-
tionamiento de la composición y la autoridad moral del cuerpo académico,
naciones entre los propietarios de grandes fortunas, pero no se recibieron ofrecimientos. Las
autoridades universitarias coincidían en que los estudiantes –a través de los distintos aranceles provocando la renuncia de sus miembros. Paralelamente, se produjeron varios
que abonaban– no debían costear todos los gastos de enseñanza, lo cual, por otra parte, no análisis y propuestas de reformas que abarcaron desde aspectos parciales en una
alcanzaba para cubrir el desarrollo de otras actividades universitarias. En esos años, hubo facultad hasta la reforma de la Ley Avellaneda. Algunos sectores académicos
distintas propuestas para que el Estado asegurara una fuente permanente de rentas e iniciati- volvían a asociar el origen de la crisis universitaria con ese marco legal. En ese
vas legislativas para entregar tierras públicas a las universidades nacionales, pero no lograron
sentido, se presentaron proyectos para establecer una nueva ley y organización
prosperar.
38 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 39

universitaria. Entre ellos, tres llegaron a ser discutidos en la Cámara de Diputa- Fernández por la educación alemana se evidenciaron en la compra de material
dos de la Nación en 1904.29 En el mes de mayo, el diputado y académico Elíseo didáctico a fábricas alemanas y en la organización de un seminario pedagógico
Cantón presentó un proyecto que retomaba las principales ideas expuestas en al estilo prusiano, con profesores alemanes contratados, destinado a completar
1898, pero con algunos cambios y la opinión favorable de parte de la Facultad la formación de los universitarios argentinos que se dedicarían a la docencia
de Ciencias Médicas, de la de Ciencias Exactas y del Consejo Superior de la secundaria (véase el Capítulo VI).
Universidad de Buenos Aires. Entre las propuestas de reforma, se establecía un Con respecto al sistema universitario, Fernández promovía una serie de
límite de 65 años para los académicos y una forma de elección en la que parti- cambios alrededor de tres cuestiones. Por un lado, la organización del gobierno
ciparan los profesores titulares. En esto se reflejaba uno de los puntos más con- universitario, buscando simplificar los espacios de decisión y concentrar la auto-
trovertidos del régimen universitario: la falta de representación e intervención ridad administrativa en el rector y los decanos, sin la intervención de un cuerpo
del profesorado en la dirección de la institución y la enseñanza. Nuevamente numeroso de profesores o académicos. Las academias, en cambio, debían ser
emergían críticas hacia el cuerpo cerrado y vitalicio de las academias, que apa- corporaciones científicas, dedicadas a promover y divulgar las investigaciones
recían como entidades distantes de las aspiraciones y necesidades de las escuelas científicas y los estudios literarios. Un segundo aspecto era la formación y per-
que dirigían. feccionamiento del profesorado, a través de la creación del sistema del “docente
Dos días después, la Cámara de Diputados trató otro proyecto elaborado libre” al estilo de universidades alemanas, costeado por los alumnos. Sobre esos
por el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Juan R. Fernández. Según este docentes se seleccionarían los profesores titulares. Otro punto era el régimen
funcionario y ex decano de la Facultad de Medicina porteña, en los últimos económico. Se calculaba que los derechos pagados por los estudiantes, como se
años, las universidades nacionales no satisfacían las esperanzas de los Poderes observaba en la Universidad de Buenos Aires, alcanzaban para financiar los gas-
públicos, según las funciones atribuidas a ellas: capacitar profesionales y a las tos de la enseñanza profesional. Para las investigaciones científicas y los estudios
clases dirigentes y promover la producción científica, literaria e histórica. Si literarios se destinaría una subvención nacional. Al igual que los otros proyectos
bien el Poder Ejecutivo admitía que la primera tarea en ciertas facultades se de reforma universitaria, se contemplaba la entrega de tierras fiscales a las uni-
había realizado con éxito, la segunda función, que era la que caracterizaba a versidades, consideradas una “fortuna segura” en un país que trasformaba sus
los institutos de altos estudios, no se cumplía como era de esperar. Como otros desiertos con la agricultura y la ganadería. Con ese fondo universitario, cada
diputados y profesores, Fernández asociaba el problema universitario con la ley facultad podría dotarse de bibliotecas, museos u otra infraestructura adecuada
de 1885 y para ello proponía un nuevo régimen basado en la enseñanza uni- a las distintas necesidades pedagógicas y científicas.
versitaria libre y un tribunal estatal encargado de tomar los exámenes generales A diferencia de estos dos proyectos en los que se mantenía la unidad uni-
previos a la entrega de los diplomas profesionales. A diferencia de sus ideas de versitaria, la propuesta del diputado Francisco Oliver, académico de la Facultad
1898, en las cuales manifestó una cierta inclinación por la organización anglo- de Derecho de Buenos Aires, apuntó hacia la personería jurídica y la autono-
sajona, ahora su propuesta tenía una mayor filiación con las universidades de mía didáctica, administrativa y financiera de cada una de las facultades de la
tipo alemán. Este modelo cobró una gran difusión al iniciarse el siglo XX, a Capital Federal. En cambio, para la casa de estudios cordobesa se mantenía su
partir de la propaganda de los profesores que se formaron allí y de las reformas “tradición” de centralización universitaria. Oliver propuso que las academias
que se introdujeron en las universidades norteamericanas y francesas siguien- estuvieran formadas por un tercio de profesores y el resto por personas ajenas
do algunos aspectos de esas instituciones, pero principalmente como parte de a la facultad, aunque para agilizar la administración se nombrarían a cinco
la Kulturpolitik y la política exterior prusiana, en el marco de las rivalidades delegados para formar un consejo administrativo. En cuanto al aspecto econó-
imperialistas (Pyenson, 1984, 1985 a, 1985 b).30 Las preferencias del ministro mico, se establecía la entrega para cada una de un subsidio nacional y 50.000
hectáreas de tierras fiscales para formar un patrimonio propio inalienable. En
este proyecto también se insinuaba el desarrollo de actividades de extensión uni-
29 Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, Tomo I, 1904.
30 Según ha mostrado Pyenson, el Ministerio de Cultura prusiano apoyó “la misión sudamerica- versitaria y otras vinculadas a la “universidad en el exterior”, como la selección
na” de los profesores alemanes convocados para la organización de instituciones científicas o de estudiantes para que perfeccionaran sus estudios en el extranjero.
de enseñanza en estos países. En la misma época, en Estados Unidos, Francia y España hubo La propuesta del académico de la Facultad de Derecho, retomaba las ideas
interés por incrementar las relaciones culturales y promocionar sus instituciones educativas y insinuadas tiempo antes por otros miembros de esa corporación en defensa de
científicas a través de la visita de profesores, el intercambio de publicaciones y el ofrecimiento
una autonomía completa con respecto al Consejo Superior de la Universidad
de becas y cursos especiales para estudiantes.
40 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 41

porteña (cf. Bibiloni, 1900, 1903). Se argumentaba que este cuerpo directivo, la libertad de aprender (Rivarola, 1904). Con respecto a este punto, reconocía
con atribuciones para decidir sobre el presupuesto y la permanencia o no de que el sistema argentino no permitía implementar el sistema alemán o el suizo
las cátedras, estaba integrado por delegados que no tenían competencia técnica donde cada estudiante podía voluntariamente ordenar sus estudios y elegir los
para decidir sobre los planes de estudios, los programas y otras cuestiones pro- cursos. A diferencia de esos países que tenían Examen de Estado para autorizar
pias de las ciencias jurídicas. Por otra parte, agregaban que esta facultad podía el ejercicio de ciertas profesiones, las facultades argentinas debían supervisar y
autofinanciarse con lo recaudado por derechos estudiantiles e incluso generar sistematizar el ordenamiento de los estudios debido a que eran las responsables
una suma mayor a su presupuesto. Sin embargo, según los Estatutos de la Uni- por la emisión de los títulos de habilitación profesional. Como parte de la idea
versidad más de la mitad de esos ingresos debían pasar a formar parte del fondo de libertad de aprendizaje propuso que las cátedras se abrieran a todos los inte-
universitario, el cual se redistribuía entre el Consejo Superior y las distintas resados en aprender que abonasen los derechos respectivos, aunque no cumplie-
facultades. En este caso, la idea de “autonomía universitaria” que manejaban ran con los requisitos para ser alumnos oficiales. Además, podrían presentarse
ciertos académicos de Derecho no se refería a la relación universidad-Estado, a examen y obtener un certificado sin que ello los habilitara para obtener un
sino a una disolución de la unidad universitaria y a la independencia de cada título universitario. Como se examina en el Capítulo III, esto se incorporaría en
facultad. En cierta forma, esta propuesta parecía ir a contracorriente de las la Universidad Nacional de La Plata con la figura del oyente. Asimismo, otros
tendencias internacionales que tendían a reforzar la idea de unidad, como se aspectos señalados por Rivarola, que en general reflejaban gran parte de los tó-
manifestó en la ley francesa de centralización universitaria de 1896 o la trans- picos discutidos en la época, se pensaron al constituirse la universidad platense
formación de la universidad de Londres en 1904, donde se reunieron varias como institución nacional. De hecho, este profesor sería convocado por Gon-
instituciones y sociedades eruditas para impulsar la tarea educativa frente al zález para organizar y dirigir la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de La
predominio de la función examinadora de esos establecimientos. Plata, donde participarían otros “reformistas liberales” (Zimmermann, 1992,
La campaña “separatista” provocó una polarización de las opiniones con 1995) y profesores de la universidad porteña.
los que defendían la unidad universitaria. Entre estos últimos, el profesor y aca- Las discusiones por la “cuestión universitaria” suscitadas por el conflicto
démico Rodolfo Rivarola apoyó la idea de reformas en la universidad porteña a estudiantil de 1904-1905, en un contexto atravesado por el movimiento polí-
partir de nuevos estatutos y sin necesidad de cambiar la Ley Avellaneda.31 Según tico de recambio presidencial, aplazaron las decisiones de los legisladores con
este abogado, las principales cuestiones relacionadas con una reforma universi- respecto a una nueva ley universitaria. Tampoco el nuevo Ministro de Justicia
taria se concentraban alrededor de seis puntos: 1) las atribuciones del Consejo e Instrucción Pública en 1905, Joaquín V. González, intervendría en esos con-
Superior y de las facultades; 2) la composición de los cuerpos académicos y la flictos, esperando que, según el principio de autonomía universitaria, fuera en
representación o intervención del profesorado en ellos; 3) la constitución de un la propia universidad donde se resolvieran. Finalmente, al iniciarse una nueva
cuerpo de profesores que pudiera influir en los rumbos de la institución, prin- gestión al frente del rectorado de la Universidad de Buenos Aires, ciertas trans-
cipalmente a través de atribuciones electivas y reuniones anuales para discutir formaciones en el régimen de gobierno interno se resolvieron con una reforma
temas de enseñanza; 4) la representación de los intereses estudiantiles, por me- de los estatutos en 1906, demostrando la flexibilidad de la Ley Avellaneda (Hal-
dio del reconocimiento oficial y la regulación de las corporaciones estudiantiles perin Donghi, 1962; Caldelari y Funes, 1997). Se buscó responder al problema
como en los estatutos de las universidades suizas; según Rivarola estas asocia- del gobierno universitario, a través de la creación de dos cuerpos colegiados en
ciones ayudarían a los jóvenes a ejercitarse en los mecanismos de gobierno pro- cada facultad. Por un lado, se mantuvo la idea de las academias, pero redefi-
pios de una democracia representativa; 5) la libertad de enseñanza, reglamen- nidas como corporaciones científica o eruditas y no como cuerpos del gobier-
tando la existencia de profesores libres y remunerados por los estudiantes; y 6) no universitario. Estas se conformarían por veinticinco miembros elegidos por
cooptación y vitalicios, con funciones de asesoramiento y consulta frente a las
autoridades universitarias. En cambio, la administración y gobierno interno en
31 Rivarola defendió la idea de unidad universitaria al igual que la de una república unitaria
como régimen político para el país. Sus opiniones sobre la cuestión universitaria aparecieron cada facultad quedó en manos de un consejo directivo, compuesto por quince
en varios artículos y notas editoriales en la Revista de la Universidad de Buenos Aires, de la miembros renovables periódicamente, de los cuales, al menos, un tercio debían
cual fue el primer director entre 1904 y1906. En la Conferencia Universitaria, organizada por ser profesores que dirigían aulas. La designación de nuevos consejeros estaba a
la Asociación Nacional del Profesorado a principios de 1905, sostuvo la idea de una unidad cargo de cada consejo a partir de las propuestas presentadas por el cuerpo de
universitaria con autonomía administrativa con respecto al Estado y una mayor participación
profesores. Halperin Donghi (1962) considera que ello implicó un cambio pro-
del cuerpo docente (Rivarola, 1905).
42 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 43

fundo en la estructura universitaria, ya que el gobierno interno pasó a quedar mico ubicado en la estancia Santa Catalina y su transformación en la Facultad
en manos de los profesores. Según este investigador, la capacidad de la univer- de Agronomía y Veterinaria. En 1890 con un edificio a medio terminar y 64
sidad para seguir el ritmo de una rápida renovación se puede atribuir, por lo alumnos matriculados comenzó a funcionar esta nueva facultad. Un año des-
menos, en parte a la transformación de su régimen de gobierno. A su vez, ello pués, el Poder Ejecutivo solicitó a la Legislatura la supresión de esta institución.
se enmarcó en una importante promoción de las tareas científicas y culturales A pesar de la reducción de su presupuesto, el cuerpo docente continuó con sus
de la institución universitaria y en una necesidad más sentida de ofrecer una actividades. Cabe recordar que fue la primera facultad dedicada a las ciencias
formación científico-técnica más rigurosa y sistemática, abriendo posibilidades agrarias en el país y tanto sus profesores como los primeros egresados fomen-
para estudios más especializados y la multiplicación de museos, laboratorios e taron esos estudios y la regulación estatal de su práctica profesional (Graciano,
institutos donde se podrían llevar a cabo actividades de investigación. 1998, 2001). A mitad de la década de 1890 comenzaron a presentarse proyectos
y a gestionarse la validez nacional de los títulos para ejercer fuera del ámbito
provincial. Ello formó parte de un movimiento más amplio de valorización de
La Universidad de La Plata y la nacionalización las ciencias agronómicas y veterinarias, vinculado al afianzamiento de la econo-
de las instituciones provinciales mía agroexportadora y el desarrollo agropecuario alentado desde la Sociedad
La creación de una universidad provincial en La Plata se ha asociado a la fi- Rural y varios funcionarios provinciales. Estas disciplinas cobrarían un mayor
gura del senador Rafael Hernández y a la de su pariente Dardo Rocha, bajo impulso con la creación del Ministerio de Agricultura de la Nación en 1898,
cuyo gobierno se creó la ciudad de La Plata como capital provincial en 1882. época en que el gobierno nacional comenzó a patrocinar becas para que los
Hernández y otros senadores presentaron un proyecto de ley para el estableci- jóvenes completaran su formación agronómica en el exterior, especialmente en
miento de una universidad sancionado en la Legislatura bonaerense el 27 de institutos norteamericanos. De hecho, la mayoría de los profesores de la Facul-
diciembre de 1889 y ratificado unos días después por el gobernador Máximo tad de Agronomía y Veterinaria ocuparía cargos jerárquicos importantes dentro
Paz (Castiñeiras, 1985; Barba, 1972, 1995, 1998; Gandolfi, 1999). Esto se jus- de ese Ministerio. No obstante, la situación de esa unidad académica estaría
tificó como una reparación histórica por la nacionalización de la Universidad de sometida a los vaivenes de la política provincial, y al iniciarse el nuevo siglo se
Buenos Aires, tras la federalización de esa ciudad en 1880; pero también como comenzó a buscar la nacionalización de esta casa de estudios con el propósito
un elemento para arraigar y acrecentar la población de la joven capital. En par- de asegurar una mayor estabilidad y recursos.32
ticular, se esperaba que los alumnos del Colegio Nacional pudieran continuar El proyecto de una universidad en La Plata también se vio afectado por la
sus estudios universitarios y permanecer en la ciudad. Recordemos que para crisis de 1890 y los problemas políticos provinciales. La instalación de la misma
la materialización de la nueva capital provincial se tuvieron que instrumentar no se concretó tras la sanción oficial en 1889, a pesar del apoyo de varios legis-
distintas medidas para alentar la inmigración, atraer trabajadores en distintos ladores. Posteriormente, vecinos de La Plata elevaron peticiones al gobernador
ramos y asegurar un núcleo estable de población. En sucesivas oportunidades para establecer los estudios de jurisprudencia y varios magistrados ofrecieron
se decretaron leyes que obligaban la radicación efectiva de los funcionarios y dictar clases ad honorem. En esas propuestas se preveían las condiciones ma-
empleados que desempeñaban tareas administrativas y técnicas en la capital
provincial. Asimismo, se buscó consolidar la incipiente ciudad recreando las
32 En 1895 el senador provincial Ramón Falcón presentó un proyecto de ley, por el cual se auto-
instituciones científicas, educativas y los círculos de sociabilidad predominantes rizaba al Poder Ejecutivo nacional para gestionar la nacionalización de la Facultad. Si bien esta
de la época. Entre ello, se puede mencionar la creación del Museo General de propuesta fue apoyada desde la prensa y por grupos de profesionales, los Poderes Públicos no
La Plata y la Biblioteca Pública en 1884, el Observatorio Astronómico en 1883, parecieron tratar el asunto. En 1900, el Ministro de Obras Públicas de la Provincia envió una
un colegio secundario establecido en 1885 y nacionalizado dos años después; nota al Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, Osvaldo Magnasco, solicitando
la nacionalización de la Facultad o autorizar a la Universidad de La Plata a otorgar los diplo-
la Escuela Normal habilitada hacia 1888, una sucursal local de la Sociedad
mas de Ingeniero agrónomo y doctor en Medicina veterinaria con el mismo estatus que los de
Científica Argentina en 1887 que duró poco tiempo y el Teatro Argentino en Derecho e Ingeniería que expedía esta última. El mismo año, los alumnos gestionaron infruc-
1890 (Paula, 1987). Junto a ello se fundaron varias revistas y periódicos, cuyos tuosamente ante el Ministro de Agricultura de la Nación, la nacionalización de la Facultad.
salones funcionarían como espacios de reunión y exhibición de obras de arte. La campaña en este sentido prosiguió en los años siguientes. Algunos de estos acontecimientos
De forma paralela a la presentación del proyecto de universidad en 1889, el se relataron como parte de la historia de esta institución en los folletos de promoción de sus
estudios, véase por ejemplo: Facultad de Agronomía y Veterinaria, Ingreso, Plan de Estudios.
Poder Ejecutivo provincial impulsó el traslado a La Plata del Instituto Agronó-
Informaciones diversas, La Plata, 1915.
44 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 45

teriales para el funcionamiento de los tres primeros cursos correspondientes a recho; un aula de dibujo, un gabinete de física y un laboratorio de química para
la carrera de abogacía de la Universidad de Buenos Aires. La idea era preparar la de Ciencias Físico-Matemáticas y un laboratorio de farmacia práctica para la
localmente a los estudiantes platenses para que luego fueran admitidos como de Química y Farmacia. El Banco prometió ceder más salas si la universidad cre-
alumnos regulares en los exámenes de la Facultad de Derecho porteña (Barba, cía. La Legislatura destinó una manzana sobre la plaza de 7 y 60 para el futuro
1972, 1995). En estos casos, se volvía a apelar a la misma retórica sobre la im- edificio universitario y se donaron algunas quintas para comenzar la construc-
portancia de contar con una universidad propia para mantener la personalidad ción con su venta. Sin embargo, esto no se pudo concretar ni tampoco se logró
federativa y poder disminuir la atracción que ejercía la Capital Federal, donde cobrar el subsidio prometido por el Gobierno para los gastos de instalación.
residía gran parte de los funcionarios y legisladores bonaerenses. Como ha seña- Para las clases prácticas, algunos profesores recurrieron a las instalaciones
lado Barba (1972), a pocos años de fundada la nueva capital de la Provincia, los de otras dependencias estatales donde trabajaban, ofrecieron en venta parte de
sueños de crear una “nueva Buenos Aires” se desvanecían rápidamente frente a sus colecciones y proyectaron comprar materiales y aparatos para la enseñanza
la cercanía con la metrópolis. a empresas europeas.34 En el caso de las ciencias geológicas, las lecciones se
A principios de 1897, las gestiones de Dardo Rocha y de miembros del complementaron con excursiones, como la que realizaron los estudiantes a las
Centro Industrial-Agrícola lograron que el gobernador Guillermo Udaondo sierras del sur de la provincia en 1901. No hay indicios de que se haya pensado
sancionara un decreto reglamentando la constitución de la Universidad de La en adquirir elementos o instalaciones especiales para investigaciones o estudios
Plata y la Asamblea Universitaria encargada de su organización y dirección.33 científicos de sus profesores. Por otra parte, la situación que atravesó el ejercicio
El Poder Ejecutivo provincial nombró los miembros de esa Asamblea, quienes de la docencia en esta institución fue muy precaria. Los profesores solo cobraban
conformaron el cuerpo académico y docente de la nueva institución. En la pri- al dar clases para una cierta cantidad de estudiantes matriculados, por lo que no
mera reunión se eligió a Dardo Rocha como rector, y se establecieron una serie todas las cátedras funcionaron de forma regular. Algunas personas asistieron a
de medidas para el funcionamiento de las cátedras. Entre ellas, se fijó que los los cursos en calidad de oyentes y alumnos libres, pero los profesores que dieron
cursos se abrirían con un mínimo de cinco alumnos matriculados, los aranceles lecciones a alumnos que no se matricularon o pagaron los aranceles después
costarían la mitad que en Buenos Aires y por ese primer año se aceptarían las tuvieron problemas para cobrar su sueldo. De hecho, en los primeros presu-
matrículas que los estudiantes hubiesen abonado en otras universidades. Se dejó puestos no se estableció de forma fija el número de cargos docentes, aunque se
que fuera cada facultad la que estableciera las condiciones de admisibilidad, el estipulaba una remuneración de doscientos pesos mensuales para cada cátedra
nombramiento de personal y la adaptación de los planes y programas de estudio que funcionara. En 1901, el Consejo Superior sancionó que cada profesor co-
vigentes en las universidades nacionales. Se proyectaron cuatro facultades: la de braría cien pesos mensuales o ciento cincuenta por dos asignaturas dictadas, du-
Derecho y Ciencias Sociales, la de Ciencias Físico-Matemáticas, la de Química rante los nueve meses del año lectivo (Castiñeiras, 1985). En el presupuesto de
y Farmacia y la de Ciencias Médicas, pero solo comenzaron a funcionar las tres ese año se mencionaban doce cargos de profesores para la Facultad de Derecho,
primeras.
La universidad se instaló en una parte del edificio del Banco Hipotecario, 34 Una sección del laboratorio farmacéutico estaba en la Municipalidad donde funcionaba la
un edificio “comodín” entre los palacios fundacionales de la ciudad y donde an- Oficina Química, dirigida por Pedro J. Pando. Este profesor se había doctorado en ciencias
químicas y naturales en la Universidad de Buenos Aires y participó muy activamente en la or-
teriormente se habían ubicado las colecciones y el personal del Museo General
ganización de la Facultad de Química y Farmacia en La Plata, desempeñándose como decano,
de La Plata entre 1884 y 1887 (Podgorny y Lopes, 2008) y la Biblioteca Pública consejero académico y profesor de dos cátedras. Para las clases de química general de la Facul-
(Palcos, 1934; Gandolfi, 1999). Se acondicionaron salas para la Facultad de De- tad de Ciencias Físico-Matemáticas se utilizaron las instalaciones de la Facultad de Agronomía
y Veterinaria. Se proyectó comprar el gabinete de física de esa institución que no se usaba tras
ser eliminada esa asignatura del plan de estudios y completarlo con un laboratorio encargado
33 Según los Estatutos, la universidad se regiría por una Asamblea Universitaria integrada por los en Europa. Para la enseñanza de la geología y mineralogía, el profesor alemán Rodolfo Hau-
miembros titulares de las facultades. Estas últimas se compondrían de doce integrantes, de los thal, quien además era encargado de sección del Museo de La Plata desde 1891, promovió la
cuales al menos una cuarta parte serían profesores. Leyes, Decretos, Estatutos, Ordenanzas y formación de un gabinete con colecciones europeas y trató de vender algunas de las muestras
Reglamentos que rigen la Universidad de La Plata, La Plata, 1897. En la práctica, el número de reunidas durante sus viajes de estudio. La venta de colecciones, especialmente las exportadas al
consejeros fue menor y la participación de personas que también dictaban clases fue mayor de extranjero, generó una cierta desconfianza hacia los naturalistas que trabajaban en el Museo y
lo establecido para las universidades nacionales. En parte, esto refleja el círculo estrecho dentro al parecer un escándalo con este investigador, quien hacia 1904-1905 viajó por Bolivia y luego
del cual se reclutó su personal, pero también las dificultades para retener un cuerpo estable retornó a Alemania. Posteriormente Hauthal no pudo reinsertarse en el Museo de La Plata pese
como se manifestó en varias renuncias y cambios de docentes. a sus pedidos durante la década de 1910 al enterarse de un cargo vacante.
46 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 47

ocho para Farmacia, trece para Ingeniería, de los cuales seis tenían dos cátedras, universitario.36 En 1901 se graduaron las primeras dos mujeres y tres al año
y uno para la Escuela de Parteras recién organizada. La proporción de docentes siguiente. Especialmente la norteamericana Mary O. Graham, directora de
por alumno era sumamente elevada, llegando en los estudios de Derecho e Inge- la Escuela Normal de La Plata, promovió que sus alumnas continuaran estu-
niería a ser de un profesor cada dos estudiantes matriculados. La baja cantidad diando en la universidad. También por sus clases pasaron algunas destacadas
de alumnos fue uno de los argumentos utilizado en la Legislatura bonaerense feministas de la primera década del siglo XX (García, 2006). Recordemos
para intentar recortar los recursos o directamente suprimir toda la partida para que en la transición del siglo existió en La Plata un importante movimiento
la universidad. En esas ocasiones, varios profesores ofrecieron a Rocha dictar librepensador y sectores laicistas favorables a la educación de las mujeres y su
clases gratuitamente mostrando la posición inestable pero prestigiosa que ocu- participación en la vida pública (De Lucía, 1999).
paba la docencia universitaria. Como han mencionado diversos autores, en esos La Facultad de Derecho pareció tener una gran relevancia dentro de la
años la enseñanza universitaria no era desempeñada ni reconocida socialmente estructura universitaria no solo por el número de profesores, sino por la compo-
como una profesión sino más bien como una tarea distinguida aunque colateral sición de su cuerpo docente y académico integrado por miembros del Poder Le-
al ejercicio de otra ocupación o fuentes de ingresos.35 gislativo, la magistratura y otros funcionarios del Gobierno. El reclutamiento de
En 1898 se intentó organizar el primer año de los estudios de medicina, docentes y académicos respondió a ofrecimientos personales y a la pertenencia a
una escuela de dentistas y otra de parteras como parte de la Facultad de Me- los mismos círculos políticos o sociales. Al igual que en las otras universidades
dicina, pero solo esta última se efectivizó hacia 1901. Tampoco se concretó del país, la relación entre clase gobernante, elite intelectual y conducción de
el proyecto de una escuela de electricistas, que había despertado cierto in- esta casa de estudios era sumamente estrecha y reflejaba lo reducido del grupo
terés popular; ni los cursos del doctorado en química por falta de alumnos dentro del cual se reclutaban los miembros del gobierno y los funcionarios pú-
inscriptos, o los estudios de ingeniería industrial o en minas que en cierto blicos. Por otro lado, el caso de Santa Fe, donde inicialmente solo se organizó la
momento se bosquejaron. En general, los estudiantes prefirieron las carreras Facultad de Derecho, muestra la importancia de estas facultades en los proyec-
más cortas como Agrimensura o Farmacia, especialmente esta última contó tos universitarios provinciales de fines del siglo XIX, tanto en relación con los
con condiciones de ingreso menos rígidas y la mayor cantidad de alumnos y sectores políticos que los impulsaron como para la socialización de los futuros
graduados. En la Facultad de Química y Farmacia se aceptaron inicialmente grupos dirigentes locales (Zimmermann, 1995; Buchbinder, 2000).
como estudiantes regulares a los egresados de las escuelas normales. Recorde- Según Gandolfi (1999), la precaria situación de la universidad provincial
mos que en esa época, y por muchos años según las carreras, el acceso a los de La Plata no debe ser asociada solo a las contingencias económicas de la
diplomas universitarios estuvo restringido a los que disponían del título de Provincia sino a otro conjunto de factores como la imposibilidad de articular
bachiller o un certificado de estudios de los colegios nacionales. El alto costo un proyecto político, un modelo pedagógico y un plan edilicio acorde con sus
en estos establecimientos y su perfil elitista y masculino, constituyó una forma necesidades. Por su parte, Barba (1972, 1995) reconoce que esta institución
importante de restricción a la formación y credenciales universitarias para los debió enfrentarse a dos grandes problemas: una baja inscripción de alumnos
sectores de pocos recursos y las mujeres, quienes accedían principalmente al y la escasez de presupuesto. Esto, a su vez, estuvo relacionado con la falta de
circuito de la educación normal. Para estos sectores, la carrera de farmacia en reconocimiento nacional de los títulos expedidos, con su consecuente impacto
la casa de estudios platense constituyó una de las vías para alcanzar un título sobre el número de estudiantes. Esta situación, sumada a la inestabilidad insti-
tucional de la Provincia y los juegos de alianzas políticas, parecieron ser obstá-
culos significativos para la consolidación de esta institución. Una revisión de los
35 En una carta que el geólogo alemán Hauthal le envió a Rocha, el 31 de enero de 1903, cuando archivos de Dardo Rocha, las publicaciones estudiantiles y los proyectos legis-
en la Legislatura se había eliminado del presupuesto los fondos para la Universidad y los secto- lativos permite constatar que una de las principales preocupaciones en torno al
res políticos vinculados a Rocha intentaban derogar esa medida, Hauthal exponía su situación:
“soy pobre, los 294 pesos que me paga el Museo no alcanzan para mantener mi familia –por
esto insisto en la venta de la colección (tenía como 200 pesos en gastos de fletes etc.) y en suel- 36 La concurrencia femenina a las aulas universitarias no era frecuente en aquella época y las
dos que me adeuda la facultad– pero aunque necesito todo mi tiempo para trabajar para mi alumnas de Farmacia llamaron la atención de Rocha. En una carta a Rafael Hernández, dando
familia, escribiendo artículos para periódicos alemanes siempre tendré bastante tiempo para cuenta del primer año de la universidad, comentaba: “en la Facultad de Química existen una
trabajar en pro de la erudición de la juventud platense– estoy dispuesto de dictar mis clases señora y dos niñas que habían obtenido las más altas calificaciones entre sus compañeros: es
gratuitamente en caso, que se suprima la subvención del gobierno para la Universidad”. AGN, pues la iniciativa de una nueva carrera para la mujer, problema tan interesante de la civiliza-
FDR, Leg. N° 2961. ción moderna”. AGN, FDR, Leg. N° 2958.
48 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 49

funcionamiento de la universidad se concentró en la búsqueda de legitimación sistema universitario, como se mencionó en la primera parte de este capítulo.
nacional de sus diplomas y certificados de estudios. Esto generó, por un lado, Tanto Dardo Rocha como los estudiantes nucleados en el Centro Universitario
que el Gobierno nacional impusiera como requisito previo la adopción de la continuaron gestionando ante los sucesivos ministros de Instrucción Pública y
organización interna, los planes de estudio, los textos y las condiciones de admi- los legisladores nacionales. El expediente iniciado en 1897 fue sometido a la
sibilidad que regían en la Universidad de Buenos Aires, mientras se gestionaba consideración de la Universidad de Buenos Aires para que emitiera su opinión y
una decisión favorable por parte del Poder Ejecutivo nacional y del Congreso. analizara si ello afectaba sus intereses. Después de los informes favorables tanto
Por otro lado, la incertidumbre sobre las incumbencias de los títulos y las res- del rector de esa universidad como del inspector enviado por el Ministerio de
tricciones para el ejercicio profesional provocó que la cantidad de alumnos no Instrucción Pública, el Poder Ejecutivo decretó con fecha 15 de enero de 1900
se incrementara y en algunos casos disminuyera notablemente. Además, la falta conceder la validez nacional a los certificados. Para ello, los planes de estudios,
de reconocimiento nacional serviría como argumento para que los grupos opo- los estatutos y la tarifa de los aranceles debían ser sometidos a la aprobación
sitores a la universidad pudieran justificar sus críticas y los recortes del subsidio del ministerio nacional correspondiente, al cual también se tendrían que elevar
provincial.37 informes anuales. Se exigía la organización de la enseñanza y los requisitos
Las gestiones para la nacionalización de los títulos comenzaron a los pocos de ingreso como en las otras universidades nacionales, quedando en cuanto a
meses de organizarse la Universidad de La Plata. Respondiendo a las gestiones títulos y régimen interior en igualdad de condiciones y bajo la vigilancia de la
de Rocha, Carlos Pellegrini presentó el 17 de julio de 1897 en el Senado nacio- Inspección General. No se permitía la creación de nuevas facultades o escuelas
nal un proyecto para que los diplomas de la Facultad de Derecho y Ciencias sin la aprobación de la autoridad nacional y previo informe de la Universidad
Exactas de La Plata –excluyéndose explícitamente al título de farmacéutico– de Buenos Aires. En otro de los artículos, se indicaba completar el laboratorio
tuvieran validez en todo el territorio de la República Argentina. La Comisión de farmacia y fundar un curso práctico de jurisprudencia, un taller de enseñanza
de Legislación se expidió favorablemente al igual que para una solicitud similar práctica en la Escuela de Matemáticas y una escuela de investigaciones agronó-
presentada por la Universidad de Santa Fe. Algunos legisladores defendieron micas o veterinarias. A través de estas últimas disposiciones se manifestaba el
esto como una forma de descentralización de la enseñanza superior concentrada interés del presidente Roca y su ministro Magnasco por fomentar los estudios
en la Capital Federal, la cual atraía a gran cantidad de estudiantes de las pro- prácticos-técnicos. Para satisfacer esas demandas se planeó la creación de una
vincias que eran empleados o becados para financiar sus estudios. Otro argu- escuela de electricistas promovida por algunos miembros del Centro Universi-
mento en apoyo de las universidades provinciales remitía a un tratado firmado tario platense. Al mismo tiempo, se debieron elevar los aranceles estudiantiles
en Montevideo y confirmado por el Gobierno argentino en 1895, por el cual se y las condiciones de admisión para responder a las exigencias del Ministerio
reconocía la validez de los títulos profesionales expedidos por los países ameri- de Instrucción Pública, lo que dificultaría el ingreso de los maestros normales
canos dentro de todo el territorio de la República Argentina.38 En ese sentido, como alumnos regulares. Por su parte, los estudiantes solicitaron aumentar las
la aceptación de los diplomas de los países vecinos y el problema planteado por exigencias de los exámenes como una manera de legitimar la formación ofrecida
los emitidos por las provincias argentinas, creaban una situación injusta para en La Plata.
los graduados de las instituciones del país. Pese al decreto presidencial, los graduados en abogacía encontraron pro-
Aunque las solicitudes de las dos universidades provinciales fueron apro- blemas para legalizar sus diplomas en la Corte Suprema o ante la Facultad de
badas en la Cámara de Senadores, encontraron bastante resistencia y generaron Derecho de Buenos Aires. Los de farmacia, para anotarse en el Consejo Nacio-
un gran debate en la de Diputados. Finalmente, el tratamiento de esta cuestión nal de Higiene. Los trámites para la nacionalización volvieron a ser impulsados
se aplazó ante la propuesta de elaborar un proyecto más general para todo el en diferentes ámbitos, especialmente ante los legisladores nacionales, ya que
parecía imprescindible contar con una ley aprobada por el Congreso. Tanto
los estudiantes de Santa Fe como los del Centro Universitario de La Plata se
37 En una carta que Rocha le envió a Octavio Bunge el 4 de mayo de 1903, le recordaba el
problema de los títulos de la universidad platense: “la falta de inscripción de los diplomas la entrevistaron con el presidente Roca y los diputados de sus provincias, quienes
hacen valer los enemigos de la enseñanza superior para hostilizar esta institución y han estado elevaron algunos proyectos. No obstante, Roca manifestó su disconformidad
á punto de suprimirle los recursos”. AGN, FDR, Leg. N° 2958. por legitimar más instituciones que se dedicaran a la formación de abogados.
38 El convenio de Montevideo sobre el ejercicio de las profesionales liberales fue aprobado por la Según relató un estudiante,
ley nacional del 11 de diciembre de 1894 y confirmado por decreto del Poder Ejecutivo el 30
de septiembre de 1895.
50 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 51

“desde el principio se mostró enemigo de la nacionalización, aduciendo provincial. En el ámbito legislativo, el ministro de Gobierno argumentó que
que había un exceso enorme de abogados sobre las demás profesiones esta institución era importante no solo porque “representa un foco de cultura,
y que desearía que la juventud se dedicara á profesiones más practicas, de preparación, de intelectualidad, de formación del espíritu provincial”, sino
tales como el comercio, industria, etc. Le manifestamos que si bien es porque sobre ella se proyectaba un gran porvenir para la ciudad. Junto con los
cierto que existe exceso de abogados sobre las demás profesiones, no otros centros educativos y científicos existentes en La Plata, aunque pasaran a
lo era menos que esto no constituye un peligro, como el parecía dar a depender del Gobierno nacional: “se podrá realizar dentro de poco, en La Plata,
entender; que había que tener en cuenta que en estos últimos tiempos un gran plan de instrucción y hacerlo un verdadero centro de ilustración y de
las industrias y los progresos materiales habían recibido un impulso estudios. Podemos [...] hacer de esta ciudad la primera facultad de altos estudios
poderoso y que había que equilibrar dichos adelantos con progresos prácticos, que tendrá a su servicio, como auxiliares, una facultad de Agrono-
morales é intelectuales, promoviendo la cultura superior y creando mía, un gran museo y un Observatorio Astronómico de primer orden”.41
clases dirigentes por medio de las universidades”.39 Este anuncio tenía por trasfondo una serie de convenios para el traspaso
de varios de esos establecimientos provinciales a la jurisdicción nacional. En
Las gestiones de los estudiantes y otros sectores resultaron infructuosas. La fal- los primeros años del siglo XX, la Universidad al igual que las instituciones
ta del reconocimiento nacional de los títulos provocó una disminución de los científicas como el Observatorio y el Museo se desenvolvieron en un marco de
alumnos que comenzaban los estudios, sobre todo en Derecho. Esto dio motivo incertidumbre generado por los cambios ministeriales, los recortes presupuesta-
a ciertos sectores bonaerenses para justificar sus críticas hacia la institución y rios y los problemas políticos de la Provincia, sumado a las intervenciones del
tratar de eliminar del presupuesto provincial la asignación de fondos para la Gobierno nacional. Los sectores vinculados a las mismas vislumbraban en el
Universidad. Uno de los momentos más difícil ocurrió a fines de 1902 cuando traspaso a la administración nacional la posibilidad de asegurar una mayor es-
en las discusiones legislativas por el presupuesto se decidió suprimir el ítem tabilidad y la continuidad de recursos frente a la difícil situación económica de
correspondiente a esta institución y crear becas para que los estudiantes conti- la Provincia. En 1902 se iniciaron los primeros acuerdos para la nacionalización
nuaran cursando en Buenos Aires. Esto último constituyó el golpe más duro, ya del Observatorio,42 la Facultad de Agronomía y Veterinaria y el Instituto de Santa
que ante el recorte del subsidio algunos profesores se ofrecieron a dictar clases Catalina (Castiñeiras, 1985).
ad honorem y con el fondo universitario se calculaba cubrir los gastos mínimos. Ello formaba parte de la reforma institucional promovida por el gobernador
Pero, sin alumnos, la institución no podía funcionar. Marcelino Ugarte, a través de la cual montaría una compleja trama de relaciones
La situación de incertidumbre por la que atravesó la Universidad durante que le permitiría dominar la situación política provincial (Barba, 2000). Al iniciar
esos meses fue un reflejo de los problemas político-provinciales que caracteriza- su administración a principios de 1902, se declaró que la Provincia se concentraría
ron los primeros años del siglo XX, como consecuencia de los reiterados con- en la instrucción elemental y dejaría a los poderes federales la educación superior,
flictos entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo provincial, donde participaban que de esa forma dispondría de mayores recursos. Ello, además, permitiría aliviar
los representantes de más de un centenar de departamentos. A ello se sumaban el presupuesto provincial. En esos días, desde las columnas del periódico oficialista
las intervenciones del Gobierno nacional. Tras la normalización de la Legisla- El País, se anunciaba:
tura provincial a principios de 1903 se consiguió el cambio de actitud de varios
senadores y la reincorporación de la partida presupuestaria para la Universi- “la Universidad de La Plata, su museo, su observatorio, la escuela de
dad.40 La supervivencia de esta institución fue defendida por el Poder Ejecutivo artes y oficios y demás institutos de enseñanza superior o técnica, se-
rán impulsados vigorosamente en su desenvolvimiento por el tesoro
nacional [...] Si alguno de los institutos así entregados á la superin-
39 Carta de Zenón González de la Facultad de Derecho de Santa Fe, a los estudiantes Atanasio
tendencia federal resultase insuficiente ó susceptible de adquirir ma-
Rodrigues y Vicente Añon Suárez de La Plata, con fecha 3/11/1902. AGN, FDR, Leg. N° 2958.
40 En noviembre de 1902, la mayoría de los diputados provinciales que respondían al sector ro- yor amplitud y eficacia para sus fines educativos, podría refundirse
quista del P.A.N. pasaron a la oposición del grupo del gobernador Ugarte y expulsaron a tres
diputados. Después de varios conflictos, el Poder Ejecutivo logró controlar la situación y tras 41 Sesión del 22/12/1902. Diario de Sesiones del Senado de la Provincia de Buenos Aires, 1902,
la intervención federal se normalizó el funcionamiento de la Legislatura. A principios de 1903, p. 48.
se derogaron varias de las medidas que se habían sancionado durante los meses que duró el 42 También las estaciones meteorológicas establecidas y coordinadas por el Observatorio de La
enfrentamiento (Melón Pirro, 1994). Plata con fondos provinciales, pasaron a depender de la Nación en esa época (Rieznik, 2005).
52 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 53

con otro análogo y constituir un monumento científico de la Nación. Ministro interino de Instrucción Pública, pareció tener otros planes para estas
No ocultamos que ese sería nuestra ambición patriótica respecto al instituciones. En el caso del Museo de Buenos Aires nombró como nuevo di-
museo, que unido al de esta capital y bajo la dirección de una alta rector a Florentino Ameghino y, aunque nunca terminara de cumplirse, apoyó
personalidad técnica como el doctor Moreno, llegaría, sin duda, á ser la reorganización propuesta por este último (Podgorny, 2009). Con respecto
el primero de América y uno de los más ricos y completos del mundo al Museo de La Plata, las ideas que circulaban en la prensa oficialista y entre
[...] La propaganda científica, cimentada por estos grandes institutos, algunos miembros del círculo de González, apuntaban hacia la integración de
de que se enorgullecen las naciones más grandes de la tierra, sería de este instituto en un centro de educación superior al estilo de las universidades
particular eficacia y alta conveniencia para estimular la inmigración norteamericanas.
europea, atraer capitales y dar expansión al comercio y las industrias, El educacionista José B. Zubiaur, por ejemplo, enfatizó en ello al describir
promoviendo exhibiciones locales y viajeras de las riquezas naturales la vida de los estudiantes argentinos becados en instituciones de Estados Unidos
acumuladas en varios ejemplares, en el gran museo argentino”.43 y Canadá.46 Entre 1901 y 1902, visitó esos países, publicando sus impresiones
en La Nación y La Tribuna y en algunos libros. A partir de esas observaciones
La búsqueda de utilidad pública para la ciencia, como ha señalado Podgorny concluía:
(2000), no fue suficiente para conseguir recursos y evitar las crisis por las que
atravesarían las instituciones científicas y provinciales en aquellos años. Por otra “el estudiante argentino empieza á hacer aquí, con cierta timidez ó
parte, el apoyo poco sistemático que encontraban los investigadores dependía desgano todavía, lo que hace el estudiante norteamericano, y no tengo
del oscilante juego de alianzas políticas y contactos personales, que terminaba ninguna duda de que lo haría de mejor gana allí si se le pusiese en
por enfrentar a los grupos de científicos por los pocos espacios y favores esta- el elemento adecuado, que quizás pudiera ser la ciudad de La Plata,
tales (Podgorny, 2001; Podgorny y Lopes, 2008). En este sentido, es interesante con su espléndido museo, su observatorio astronómico, su facultad
señalar que esa nota periodística apareció unos días después del fallecimiento de de agronomía, su escuela de artes y oficios y el parque y anexos en
Carlos Berg, director del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires, que está todo eso contenido, dedicando á oficinas públicas nacionales
y diferentes sectores comenzaron a disputarse ese espacio.44 En ese contexto, esos inadecuados edificios de las facultades de la capital federal, con
Francisco P. Moreno, fundador y director del Museo de La Plata, bosquejó el excepción de la de medicina, que quedaría bien donde está.” (Zubiaur,
proyecto de fusionar ambos museos bajo su dirección.45 No obstante, González, 1904: 81)

Tanto Zubiaur como otro conocido educacionista, Ernesto Nelson,47 después


43 “Institutos de Instrucción Superior”, El País, 1/3/1902.
44 Los nombres que circularon en la prensa como posibles reemplazantes de Berg fueron Fernan- de visitar las universidades norteamericanas coincidían en admirar el estable-
do Lahille, Florentino Ameghino, Ángel Gallardo, Eduardo Holmberg, Francisco P. Moreno cimiento de esos centros en plena naturaleza, lejos de los lugares poblados,
y Linch Arribálzaga. Por otro lado, en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de formando verdaderas ciudades donde se vivía un medio “depurado” y “noble”.
Buenos Aires y en la Sociedad Científica Argentina se consideró la idea de incorporar al Museo Consideraban que ese ambiente fomentaba entre los jóvenes un estrecho espíri-
de Buenos Aires bajo su supervisión (cf. Sisson, 1902). Véanse las notas de Ameghino al presi-
dente Roca y a su ministro González presentando su proyecto para el Museo de Buenos Aires
(Ameghino, 1932). 46 José B. Zubiaur fomentó innovaciones educativas como excursiones escolares, instalación de
45 En una carta del 21/1/1902, Ameghino comenta a Hermann von Ihering que todavía no se museos, plazas de juegos y la difusión de la enseñanza manual, agrícola e industrial. Tradujo
había reemplazado a Berg y menciona las intenciones de Moreno al respecto: “el odio que a Pestalozzi y otros trabajos sobre educación, además de ser enviado a observar la organiza-
éste señor me profesa es tan grande, que temiendo que quizá pudiera ser yo nombrado como ción de la instrucción primaria en Europa. En su viaje por América del Norte se ocupó de la
reemplazante de Berg, mandó un telegrama al Presidente, pidiendo que retardaran el nom- enseñanza agrícola-ganadera y de informar sobre las universidades donde estudiaban becados
bramiento del sucesor de Berg hasta que él regresara, pues tenía proyectos importantes que argentinos a pedido del Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Zubiaur destacó especial-
comunicar al Gobierno. El gran proyecto de Moreno consiste en refundir ambos Museos de La mente la organización de la Universidad de Cornell, una institución también citada por Gon-
Plata y Buenos Aires en uno solo, bajo la Dirección de él! No sé si el gobierno hará todos los zález como uno de los modelos para el proyecto universitario platense.
caprichos de este señor…” (Ameghino, 1932, Tomo XXII: 65-66). Después del nombramiento 47 Ernesto Nelson realizó estudios en la Universidad de Columbia y posteriormente fue comisio-
de Ameghino, los planes de Moreno cambiaron con respecto al Museo de La Plata, como se nado por el Consejo Nacional de Educación entre 1906 y 1908 para examinar la organización
menciona en una comunicación personal de Julio Migoya García a Ameghino, con fecha 23 de de la educación en Estados Unidos. A su regreso fue convocado por González para organizar
junio de 1902 (Ameghino, 1932, T. XXII: 421). y dirigir el Internado del Colegio Nacional (Gentile y Vallejo, 1999).
54 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 55

tu de camaradería entre ellos y con los profesores. Ese tipo de convivencia era el Centro de Agrónomos y Veterinarios. Por su parte, el Centro Universitario
visto como el elemento más adecuado para estimular actitudes de tolerancia, funcionó hasta aproximadamente 1903, dedicándose a editar una revista de di-
respeto y cooperación (Nelson, 1914). Por otro lado, ambos reconocían que vulgación científica, organizar conferencias y actos patrióticos (Azzarini, 1963).
las diferencias observadas entre los resultados alcanzados por esas instituciones Una de sus principales preocupaciones fue lograr el reconocimiento nacional de
y la educación superior argentina no se debían a una cuestión de raza, como los títulos y el mantenimiento de la universidad, para lo cual desplegaron nume-
sostenían varios autores de la época, sino al tipo de ambiente en el cual se desen- rosas acciones tanto en el ámbito provincial como nacional. De forma paralela
volvían las universidades.48 De esa forma, mientras el problema no estribaba en pero separada, los alumnos de Agronomía y Veterinaria ante los rumores de la
condiciones inherentes a una determinada raza, se abrían posibilidades para la nacionalización de su facultad, iniciaron una campaña por la validez nacional de
Argentina a partir de crear o recrear los ambientes físicos y sociales adecuados los diplomas otorgados por dicho establecimiento. Posteriormente, la movilización
para la formación de una nueva clase dirigente. En este sentido, la ciudad de La de los distintos grupos estudiantiles se desplazaría hacia la nacionalización de las
Plata aparecía como un lugar ideal para experimentar en la constitución de un casas de estudio.
nuevo tipo de sociabilidad. Como ya se mencionó, en 1902 se promovieron los primeros acuerdos para
La creación de un gran centro intelectual o universidad modelo, integrado la nacionalización del Observatorio, la Facultad de Agronomía y Veterinaria y el
por los institutos científicos de La Plata fue promovido en las páginas del El Instituto de Santa Catalina. Sin embargo, durante la presidencia de Roca esos tras-
País y apoyado por el Centro Universitario platense que desde hacía unos años pasos quedarían inconclusos y recién se reactivarían bajo la presidencia del bonae-
venía gestionando la nacionalización de los títulos universitarios. Este Centro se rense Manuel Quintana a fines de 1904.50 En esa época, la alineación de ciertas
había creado en 1898 como una sociedad estudiantil que reunía a alumnos de fracciones de las fuerzas políticas provinciales y nacionales generó una coyun-
las distintas facultades platenses, incluida la de Agronomía y Veterinaria, y a los tura favorable para concretar esas iniciativas. El gobernador Marcelino Ugarte
que cursaban en Buenos Aires. Como socios honorarios y protectores figuraban se había consolidado como la principal fuerza política dentro de la provincia y,
graduados, profesores y, en general, se aceptaban a todos los que tenían un títu- en el ámbito nacional, logró imponer la candidatura presidencial de Quintana
lo universitario, se afiliaran y abonaran una cuota. Se organizó de forma similar (Barba, 2000). Dentro de la nueva gestión, González fue convocado como minis-
a otras agrupaciones como la Unión Universitaria de Buenos Aires creada a tro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación y desde ese lugar impulsaría la
inicios de la década de 1890, o la Asociación General de Estudiantes de París.49 organización de la Universidad Nacional de La Plata. La misma se conformaría
Al igual que ellas, terminó dividiéndose a partir de grupos más especializados sobre la base de una serie de instituciones dependientes, hasta ese momento,
por carreras que prefirieron organizarse separadamente. Los alumnos de Agro- de la administración provincial: la Universidad, la Facultad de Agronomía y
nomía y Veterinaria se separaron y conformaron su propia asociación en 1900: Veterinaria, el establecimiento de Santa Catalina, el Museo General de La Plata,
la Biblioteca Pública, el Observatorio y el Colegio Nacional. El proyecto tam-
48 Un cierto debate sobre el origen de la “superioridad anglo-sajona” se había abierto a partir de bién mencionaba dos escuelas que finalmente no se incorporaron: la de Artes y
la popularización de la obra de Demolins, en la que se reducía esa superioridad a la educación Oficios, que fue cerrada en 1905 y la Escuela Normal que se reorganizó en esa
y las características de la raza sajona. Entre las impugnaciones a esa idea se destacaron las de época, pero se mantuvo independiente.
académicos franceses como Charles Seignobos, cuya carta de réplica “Monsieur Desmolins”
Hacia 1905 cuando se presentó oficialmente el ambicioso proyecto uni-
fue traducida y publicada en la Revista de Derecho, Historia y Letras en 1901. En esa revista
también se incluyeron otras críticas como las de Felipe Semillosa (1900 a y b), quien concluía versitario esbozado por el Ministro de Instrucción Pública, existía una serie de
que “no es la raza la que produce el estado de un pueblo, sino el ambiente que predomina en condiciones políticas favorables que convergieron con los intereses de distintos
las costumbres ó sea el estado social y político el que determina á la larga, las peculiaridades grupos locales por impulsar el desarrollo de la ciudad de La Plata y sus institu-
de la raza ó de los pueblos” (Semillosa, 1900 b: 107).
49 La Unión Universitaria de Buenos Aires se conformó por estudiantes de las tres facultades
que componían la universidad porteña al iniciarse la década de 1890. Se rotaba anualmente 50 En noviembre de 1902, la Provincia acordó con el Ministro de Justicia e Instrucción Pública
entre las facultades para la designación del presidente. Sus actividades, principalmente socia- de la Nación, Juan Fernández, ceder la Facultad de Agronomía y Veterinaria, el Observatorio
les, incluyeron la organización de veladas patrióticas y la recepción de delegados de la Unión Astronómico y el establecimiento de Santa Catalina. Estos traspasos de la esfera provincial a
Universitaria cordobesa. La formación de centros de estudiantes por facultad con un carácter la nacional se concretaron en diciembre de 1904, bajo la gestión ministerial de González. Unos
más marcadamente gremial es una característica del siglo XX. A fines del siglo XIX, el modelo meses después, la Provincia cedió un terreno para la construcción de un colegio nacional mo-
de organización estudiantil de la Argentina correspondía principalmente al de una asociación delo. Como contrapartida el Gobierno nacional se comprometió a saldar una serie de deudas
general como la de París. e hipotecas que pesaban sobre algunas de esas propiedades.
56 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 57

ciones educativas. En este sentido, hay que destacar lo rápido que fue aceptado redefiniciones. Tampoco faltaron quienes pondrían en duda el carácter innova-
este plan en las distintas instancias oficiales, frente a las inconclusas gestiones dor de la propuesta del Ministro (ver Figura I-1).
relacionadas con los proyectos de reforma universitaria o la nacionalización de Los conflictos estudiantiles de la Universidad de Buenos Aires habían agu-
títulos de las facultades provinciales, que en general caducaron en los cajones de dizado el cuestionamiento hacia el funcionamiento de la institución universi-
las comisiones asesoras del Congreso nacional. taria. Si bien en las propuestas de esos años se atendió principalmente a la
La iniciativa pareció responder inicialmente a las expectativas de distintos reorganización del régimen de gobierno, aparecieron otros reclamos vinculados
sectores intelectuales y políticos platenses. Los grupos de estudiantes así como la a nuevas tareas que debían ser desarrolladas por la universidad. Términos como
prensa de distintas orientaciones como El Día51 o la revista católica El Siglo Ilus- “extensión universitaria”, la “universidad en el exterior” o la preocupación
trado52 celebraron esa propuesta como la culminación de los trámites para la por organizar la vida estudiantil aparecieron incorporados en el vocabulario
nacionalización de los diplomas. Otros sectores, como los nucleados en la Cámara de académicos, legisladores y otros sectores universitarios. En ese contexto, la
de Comercio, festejaron el proyecto pensando que la instalación de una gran uni- Universidad Nacional de La Plata se presentaría como la encarnación de los
versidad podría reactivar el poblamiento y la actividad económica de la ciudad. Al- nuevos tiempos y las tendencias modernas en educación superior. Una cierta
gunos, en cambio, lo apoyaron con la esperanza de mantener o conseguir un lugar redefinición del papel social y nacional de la universidad y los grupos ligados a
en la nueva institución. Entre ellos, no faltaron figuras destacadas de los grupos ella sería reforzado a partir de las lecturas de las propuestas sustentadas por re-
católicos platenses como Enrique Plack,53 quien posteriormente se integraría al formadores académicos franceses en la Revue International d’Enseignement; las
heterogéneo grupo que intentó impugnar la nueva universidad nacional. Cabe tendencias educativas norteamericanas difundidas en la Educacional Review, a
destacar que, si bien el proyecto de González intentó articular los intereses de lo que se sumaría la propaganda de los regeneracionistas españoles de la Uni-
distintos actores e instituciones, no a todos los sectores se les otorgaría el espa- versidad de Oviedo y la Institución de Libre de Enseñanza. Como se examina en
cio deseado y durante el funcionamiento de la casa de estudios surgirían nuevas los siguientes capítulos, esas lecturas internacionales acusaban un movimiento
hacia la incorporación de nuevas y variadas tareas educativas, científicas y so-
ciales por parte de la institución universitaria.
51 Inicialmente el periódico El Día, pese a no ser favorable al grupo de Ugarte, defendió el pro-
yecto de la universidad nacional. De hecho, a fines de 1905 promovió una colecta popular para
adquirir una casa para que González se instalara en La Plata. Sin embargo, un año después
desde este diario se comenzó a impugnar la nueva casa de estudios y en sus páginas se dio lugar
a las críticas de los antiguos miembros de las instituciones provinciales desplazados con la
nacionalización. Durante la década de 1910, este periódico formaría parte del aparato político
del radicalismo y desde allí se continuó criticando duramente a la universidad platense.
52 Mientras en las páginas de esta revista católica local se apoyaba la creación de una universidad
que se presentaba como científica, bajo el título de “Fosforescencia científica” se criticaba la
tendencia hacia una mayor enseñanza científica en las escuelas primarias. Los católicos habían
ganado una batalla en 1903 al lograr que se permitiera la educación religiosa durante la refor-
ma de los planes de estudio primarios de la Provincia. Sin embargo, ello no duró mucho. Las
transformaciones curriculares de 1905 volverían a eliminar ese tipo de enseñanza e incorpora-
rían mayor cantidad de asignaturas de ciencias naturales (Pineau, 1997).
53 Enrique Plack participó en varias instituciones de orientación católica de la época, tanto de
Buenos Aires como de La Plata. Fue redactor en la revista platense El Siglo Ilustrado, presiden-
te de la Sociedad Protectora de la Educación y la Buena Prensa, de la Academia de Sociología
de la Congregación de ex alumnos del Colegio del Salvador de Buenos Aires, la Asociación “La
Defensa del Hogar Obrero” creada en 1905, entre otras. Fue profesor de Filosofía del derecho
en la universidad provincial y conferencista en los ciclos de lecturas dominicales de la Biblio-
teca Pública de La Plata. Hacia 1904 comenzaría a competir con los socialistas por el análisis
y la resolución de la cuestión social, organizando conferencias y fomentando la creación de
círculos de obreros, especialmente en el barrio de Tolosa. En 1907 pasó a integrar un Comité
Pro-Universidad, que criticaría duramente a la Universidad Nacional de La Plata y solicitaría
en varias oportunidades la intervención del Ministro de Justicia e Instrucción Pública.
278 Susana V. García

mundo del trabajo y de las instituciones públicas de la Argentina. Lo curioso, BIBLIOGRAFÍA


en todo caso, es la emergencia de ese tópico en algún momento de su historia.
Analizar por qué los científicos y los estudiantes empiezan a creer que viven en
un mundo privilegiado, lejos de los conflictos del país, queda como una tarea
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ÍNDICE DE ILUSTRACIONES

Capítulo I
Figura I – 1. Caricatura sobre la “nueva universidad” en La Plata............ 58

Capítulo II
Figura II – 1. Afiches preparados para el Día del Estudiante en 1916........ 95

Capítulo III
Figura III – 1. Clases de bacteriología y de agricultura especial
en la Facultad de Agronomía y Veterinaria............................................... 104
Figura III – 2. El Laboratorio de Análisis aplicado de la Escuela
de Química y Farmacia del Instituto del Museo....................................... 121
Figura III – 3. Excursión a La Plata organizada por el
Ateneo Popular de Buenos Aires en 1912................................................. 129
Figura III – 4. Clase de carpintería para hijos de obreros
en los talleres del Instituto de Física, ca. 1908.......................................... 135

Capítulo IV
Figura IV – 1. Samuel Lafone Quevedo y los primeros estudiantes
de ciencias naturales ca. 1907................................................................. 147
Figura IV – 2. Plano del subsuelo del Museo con la ubicación
de los laboratorios y depósitos................................................................ 149
Figura IV – 3. Sala de Calcos de piezas arqueológicas americanas............ 171
Figura IV – 4. Trabajo de taxidermia y montaje de animales
para exhibición. Armado de un elefante................................................... 174
Fig IV - 5: Propaganda del Ferrocarril Sud para visitar La Plata
y su museo, 1926..................................................................................... 188

Capítulo V
Figura V – 1. El anfiteatro del Museo en la década de 1910..................... 206
Figura V – 2. Viaje de estudiantes a Tandil en 1907................................. 209
Figura V - 3: El laboratorio de Zoología del Museo de La Plata............... 212

Capítulo VI
Figura VI – 1. Trabajos prácticos en el Laboratorio de Micrografía
y sistema nervioso de la Sección Pedagógica . .......................................... 244
308 Susana V. García

Figura VI – 2. El Laboratorio de Sistema nervioso en la década de ÍNDICE DE NOMBRES


1920 de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación............ 253
Figura VI – 3. Una clase de zoología para los alumnos del
profesorado en ciencias naturales, 1929................................................... 272

Acevedo, Axa: 196 Cattani, Rafael (1845- ?): 166


Acevedo, Lía: 196 Cobanera, María Luisa: 140
Aguiar, Desiderio (1865-1909): 151, 156, Collet, Léon (  ?-1957): 158, 159, 160,
198 161, 169
Aguilar, Félix (1884-1943): 118, 268 Collo, José (1887-1968): 64, 268
Altamira, Rafael (1866-1951): 60, 72, Cortelezzi, Juana (1887-?): 207, 230
115, 136, 137 Coutaret, Emilio (1863-1949): 148
Alvarez, Agustín (1857-1914): 133 Dautert, Erich (1901-?): 185, 186
Alvarez, Nazario: 140 Delachaux, Enrique A. S. (1864-1908):
Alvarez Buylla, Adolfo: 60 93, 133, 148
Ameghino, Florentino (¿1854?-1911): 52, Demaría, Enrique B. (1872-1950): 26, 37,
53, 136, 150, 154, 155, 165, 176, 177, 90, 91
178, 196, 197, 199, 207, 237, 241, Demolins, Edmond (1852-1907): 33, 54
Andreis, Fernando de: 127, 136 Dieckmann, Juana (1888-1960): 196,
Arditi, Horacio: 226,230, 272 Etcheverry, Víctor: 136
Avellaneda, Marco: 30 Fernández, Juan R. (1857-1911): 32, 35,
Avellaneda, Nicolás (1837-1885): 29 38, 39, 55, 236, 237,
Barrio, Maximino de: 143, 190 Fernández, Miguel (1882-1950): 151,
Beatti, Manuel: 243 152, 153, 157, 167, 168, 180, 182, 183,
Besio Moreno, Nicolás (1879-1962): 25, 191, 192, 200, 208, 213, 216, 217, 218,
75, 107, 108, 119, 192, 193, 231 219, 220, 222, 223, 224, 225, 226, 228,
Birabén, Maximiliano (1893-1977): 216 229, 230, 251, 252, 254, 255, 258, 261,
Bose Emil (1874-1911): 119, 139 264, 265, 266, 267, 268, 270
Broggi, Hugo (1880-1965): 259 Ferri, Jorge: 136
Bruch, Carlos (1869-1943): 150, 160, Figueroa Alcorta, José (1860-1931): 60
172, 176, 214, 220, 223 Fors, Luis Ricardo (1843-1915): 128, 132
Bunge, Carlos Octavio (1875-1918): 48, Gallardo, Angel (1867-1934): 30, 52, 185,
67, 68, 69, 70 194, 222, 235
Cabrera, Angel (1879-1960): 185, 229, Gálvez, José (1851-1910): 22
230 Gans Richard (1880-1954): 120, 139,
Calatroni, Ricardo: 127, 128, 136, 140 141, 237, 259, 263, 266, 267, 271
Camis, Mario: 105, 106 Giner de los Ríos, Francisco (1839-1915):
Cantón, Elíseo (1861-1931): 30, 31, 32, 60, 70, 72
38 Gómez, Raúl: 118
Carbó, Alejandro (1862-1930): 247 González Litardo, Donato: 268
Carette, Eduardo (1886-?): 169, 181, 182, González, Joaquín V. (1863-1923): 12, 13,
215 17, 34, 41, 52, 53, 55, 56, 59, 60, 61, 66,
Carnegie, Andrew (1835-1919): 165 71, 72, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 82, 84,
Carrillo, Joaquín (1853-1935): 108 85, 86, 87, 88, 90, 93, 99, 100, 101, 102,
310 Susana V. García Enseñanza científica y cultura académica 311

106, 112, 125, 127, 128, 130, 131, 143, Mercante, Víctor (1872-1934): 133, 136, Sadler, Michel (1861-1943): 70, 131, 132 Taborda, Saúl (1895-1944): 127, 136,
150, 165, 173, 176, 202, 231, 232, 233, 235, 240, 241, 245, 246, 247, 249, 250, Sáenz Peña, Roque (1851-1914): 165 137
237, 239, 240, 242, 249, 271 251, 254, 255, 258, 259, 260, 266, 267 Sáez, Francisco Alberto (1898-1976): 226, Torres, Luis María (1878-1937): 150,
Graham, Mary O. (1842- 1902): 47, Moreau, Alicia (1885-1986): 130 230 151, 156, 157, 166, 172, 175, 182, 184,
Graham Kerr, John: 224, 225 Moreno, Francisco P. (1851-1919): 52, Sanromá, Rafael: 136 185, 186, 187, 190, 197, 199, 215, 224,
Hauthal, Rodolfo (1854-1928): 45, 46 132, 136, 144, 145, 146, 156, 157, 166, Scala, Augusto (1880-1933): 150, 172, 225, 230
Hermitte, Enrique (1871-1955): 221 169, 176, 190, 230 199, 210, 226, 227 Udaondo, Guillermo (1859-1922): 44
Hernández, Rafael (1840-1903): 42, 47 Moreno, Julio C. 131, 132 Schaefer, Guillermo: 217 Ugarte, Marcelino (1855-1929): 50, 51,
Herrero Ducloux, Enrique (1877-1962): Murray, John (1841-1914): 158 Schiller, Walter (1879-1944): 148, 169, 55, 56
82, 83, 85, 110, 111, 120, 121, 122, 133, Naón, Rómulo (1876-1941): 238 187, 196, 207 Urquiza, Teodoro de (1886-¿?): 215
139, 140, 146, 149, 151, 154, 158, 159, Navarro, Dalmiro: 179 Scotto, Diego (1864-1899): 32, 34 Valle Iberlucea, Enrique del (1872-1921):
160, 163, 172, 177, 179, 180, 181, 194, Nelson, Ernesto (1873-1955): 53, 54, 89, Senet, Rodolfo (1872-1938): 136, 198, 97, 130, 133
213, 218 100 240, 241, 242, 247 Vallée, Henri: 118
Hicken, Carlos (1873-1933): 193, 194, Nernst, Walther H. (1864-1941): 106 Spegazzini, Carlos (1858-1926): 83, 136, Vignau, Pedro T. (1878-1957): 217, 219
196 Oliver, Francisco (1863-1924): 39 150, 154, 155, 161, 199, 205, 206, 207, Zubiaur, José (1856-1921): 53
Horovitz, Salomón (1897-1978): 226 Outes, Félix (1878-1938): 150, 158, 166, 210
Hussey, William (1862-1926): 119 170, 172, 176 Spegazzini, Carolina (1887-1925): 199,
Hylton Scott, María Isabel (1889-1990): Palacios, Alfredo (1880-1965): 115, 117 211
182, 216, 219 Pallenberg, Joseph F. (1882-1946): 179
Isnardi, Héctor (1892-1968): 268 Paz, Máximo (1851-1931): 23, 42
Isnardi, Teofilo (1890-1966): 64, 262, Pellegrini, Carlos (1846-1906): 48
263, 267, 268 Peña, David: 130
Isnardi, Vicente: 140 Plack, Enrique: 56
Jakob, Christofredo (1866-1956): 225 Porro de Somenzi, Francisco (1861-1937):
Justo, Juan B (1865-1928): 79, 90 63, 134
Kantor, Moisés: 181, 182, 221, 225 Posada, Adolfo (1860-1944): 60, 70, 72,
Keidel, Juan (1886-1954): 187, 222 115, 132, 137
Keiper, Wilhelm (1868-1962): 237, 238 Quesada, Ernesto (1858-1934): 26, 37,
Lafone Quevedo, Samuel (1835-1920): 88, 90, 116
146, 151, 154, 155, 162, 163, 166, 169, Quintana, Manuel (1835-1906): 55, 60
175, 181, 198, 251 Ramón y Cajal, Santiago (1852-1934):
Legarra, Francisco: 136 105, 243
Lehmann-Nitsche, Roberto (1872-1938): Ravignani, Emilio (1886-1954): 117
148, 152, 156, 163, 169, 170, 178, 180, Ricaldoni, Teobaldo (1861-1923): 131,
196, 197, 198, 203, 215, 226, 251, 252 134
Levene, Ricardo (1885-1959): 82, 186, Rivarola, Rodolfo (1857-1942): 40, 41,
269 77, 80, 81, 106, 114, 179, 181, 221, 233,
Loyarte, Ramón (1888-1944): 64, 268 234, 238, 264, 265, 266
Lugones, Leopoldo (1874-1938): 176, Roca, Julio (1843-1914): 27, 35, 49, 52,
177, 236 55, 60
Magnasco, Osvaldo (1864-1920): 35, 43, Rocha, Dardo (1838-1921): 13, 23, 42,
49 44, 46, 47, 49, 136
Marcinowski, Kati (1877-1955): 151 Rodrigo, América del Pilar:
Matienzo, Nicolás (1860-1936): 266 Roth, Santiago (1850-1924):
Roveda, Nicolás: 243