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Museo Comarcal de Molina de Aragón, del 27 de octubre al 9 de diciembre

El alma de los árboles

Miguel Herrero Uceda

¿Qué sentimos cuando contemplamos un árbol? En Molina de Aragón se acaba de inaugurar una exposición que responde a esa pregunta, una exposición basada en el libro El alma de los árboles (Miguel Herrero, Elam Editores) y la extensa colección de cuadros de Benilde Edo. Esta iniciativa se incluye entre los actos para la promoción de la Candidatura a Geoparque Europeo de la comarca de Molina - Alto Tajo.

La naturaleza siempre ha sido la principal fuente de inspiración de los artistas y los cuadros de Benilde son buena prueba de ello, constituyen una perfecta manera de acercarse a los árboles. El proceso de hominización tuvo su origen en los grandes bosques tropicales y es algo que se con- serva en nuestra conciencia colectiva como ima- gen del Paraíso. Desde entonces, las civilizacio- nes han recorrido mucho trecho, pero lamentable- mente sus derroteros les han llevado a distanciar- se cada vez más de ese medio natural, hasta casi olvidar cuánto dependemos de los árboles. Sí, pocas veces reparamos en lo funda- mentales que son las plantas, no solamente por- que aporten el oxígeno que precisamos para vivir, es que son el único motor de sustento de todos los

Museo Comarcal de Molina de Aragón, del 27 de octubre al 9 de diciembre El alma

Inaugur a c i ón de l a e xpo si c i ón. En e l c ent ro , de izquierda a derecha: Miguel Herrero, Benilde Edo, Jos é Manuel Monast erio (director del Mus eo de Mo lina ) y J e sús He r r anz ( a l c a lde de Mo lina de Aragón).

seres vivos. Nosotros estamos aquí porque seguimos teniendo bosques. Frente a la erosión, los árboles retienen la tierra, minimizan el riesgo de riadas, rellenan los acuíferos, mantienen la humedad, favorecen la biodiversidad con lo que se evita la aparición de plagas, absorben el CO 2 , ese gas

responsable principal del efecto invernadero y, en definitiva, disminuyen las causas que precipitan el Cambio Climático. En efecto, los árboles son todo eso y mucho más. Los árboles están presentes en todos los capítulos de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestra vida. Incluso aunque no pensemos en los bosques, al hablar siempre nos referimos a los árboles. Palabras tan diversas como materia, hígado, libro, empinarse… tienen su origen en nuestros compañeros verdes. Siempre los árbo- les están detrás de cualquier logro humano, como inspiración, soporte, materia prima o sim- plemente fascinación. Una vez le preguntaron a Gaudí cual era su mejor libro de arquitectura; él, en vez de coger un sesudo tratado de su biblio- teca, miró a través de la ventana del estudio y dijo, apuntando a un árbol que se veía en el exte-

Museo Comarcal de Molina de Aragón, del 27 de octubre al 9 de diciembre El alma

El alma de los árboles

El alma de los árboles El alma del los árboles, conferencia inaugural a cargo de Miguel

El alma del los árboles, conferencia inaugural a cargo de Miguel Herrero Uceda.

rior: Ese, ese árbol de ahí fuera es mi mejor tratado de arquitectura.

Durante años he estado recopilando historias, leyendas, saberes populares, mitos y textos acerca de los árboles como queda

reflejado en el libro El alma de los árboles, d o n d e a p r e c i a m o s u n a c u r i o s a r e f l e x i ó n :

Civilizaciones que no han tenido ningún con- tacto entre sí, han sentido lo mismo ante los mismos árboles y lo han sabido plasmar

según su cultura; porque más allá de su apa- riencia física y de su utilidad, los árboles nos

trasmiten sentimientos que brotan de la propia alma de árbol. Sin ellos no serían concebibles los montes, los campos, ni aún nuestras pro-

pias poblaciones. Así, por ejemplo, el almendro estalla en multitud de florecillas blancas como anticipo de la primavera, por eso siempre se ha visto como un árbol juvenil, puro, con un gran corazón que explo- ta de alegría. En muchas, culturas el almendro es la imagen del primer amor. Los antiguos griegos explicaban esta espectacular floración a partir de un mito de dos jóvenes amantes. Pasado los siglos, nuestro poeta Antonio Machado vuelve a pensar en el almendro florido como imagen del

amor juvenil: Bajo ese almendro florido, todo cargado de flor –recordé–, yo he maldecido mi juventud sin amor. ¡Juventud nunca vivida, quién te volviera a soñar!

El alma de los árboles El alma del los árboles, conferencia inaugural a cargo de Miguel

La fuerza vital de la naturaleza se mues- tra en los ambientes más hostiles, en las monta- ñas. Lugares donde los elementos actúan de forma muy vigorosa, lo que genera ambientes de gran erosión. En estas duras condiciones, las raíces de los pinos son capaces de agarrarse fuertemen- te a las últimas piedras, en un intento desesperado de supervivencia. Por este motivo, y por ser árbol perenne, el pino siempre se ha visto como símbolo de inmortalidad y de fuerza vital. Toda la rica biodiversidad del mundo mediterráneo gira alrededor de la encina, desde las plantas aromáticas como el tomillo y el rome- ro hasta animales como los jabalíes y las aves rapaces. Volviendo a las palabras de Antonio

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Machado: El campo mismo se hizo árbol en ti, parda encina.

Entre los árboles, el olmo es muy querido. En muchos de nuestros pueblos ha presidido la plaza mayor. Estos olmos frondosos y corpulen- tos a menudo han sido tan importantes para la vida social del pueblo que adquieren el protago- nismo de una matrona que con cariño vela por

Exposición en Molina de Aragón

todo el pueblo, por ello a veces surge, de forma espontá- nea, la denominación de olma. ¿Puede concebirse un alegre arroyo sin sus chopos, o unos montes sin pinos? El alma de los árboles es tan grande que llena el paisaje donde se hallen, incluso aun- que se trate de entornos creados por el hombre, ¿puede tener poesía un claustro sin ciprés? o ¿qué sería de los patios andaluces si faltara su limonero? En muchas culturas repartidas por todo el mundo, es una práctica común abrazar a los árboles, sentir la vida que late en su interior y, de esta forma, estar en unión con la naturaleza, con unos seres que hunden sus raíces en las profundidades de la tierra y elevan sus ramas hasta el cielo. En palabras de Federico García Lorca… ¡Árboles! ¿Habéis sido flechas caídas del azul? ¿Qué terribles gue- rreros os lanzaron? ¿Han sido las estrellas? Vuestra músi-

ca viene del alma de los pájaros, de los ojos de Dios, de la pasión perfecta.¡Árboles!

¿Y qué hacemos nosotros, los humanos?, por nuestra torpeza, cada año desaparecen más de 13 millones de hec-

Exposición en Molina de Aragón todo el pueblo, por ello a veces surge, de forma espontá-

Cartel de la exposición

táreas de bosques en el mundo. La desertificación avanza afectando a más de 1.000 millones de personas. Estamos provocando nuestro lento suicidio, proceso que deberíamos detener. En nuestra mano está reducir nuestra huella ecológica, no malgastando recursos naturales y reforestando con especies autóctonas, pues con la tala de cada árbol de los

bosques primarios, el mundo se nos muere un poco más. El día que ya no queden suficientes bos- ques, el cielo caerá sobre noso tros (Leyenda recogida en Alto Xingú, Amazonas)

Exposición en Molina de Aragón todo el pueblo, por ello a veces surge, de forma espontá-

Un poeta definió al hombre como raíz que anda. A semejanza de los árboles, llamamos raíces al origen de nuestra cultura, de nuestro conocimiento, de nuestra forma de ser, del entorno natural de los pri- meros humanos. Raíz es una palabra llena de signifi- cados, porque nosotros, como los árboles, tenemos profundas raíces en la madre Tierra. Nuestra misión en la vida consiste en mantener vivas estas raíces; sólo así, nuestra actividad florecerá y será grato el fruto de nuestro esfuerzo. Si cumplimos con este pre- cepto, cumpliremos con el compromiso adquirido como especie cuando se creó la vida. Una vida que nació hace muchos millones de años y que evolucio- nó dando multitud de seres distintos, de los cuales uno de ellos somos nosotros, una especie que goza de la capacidad de tener conciencia de nuestra propia existencia. Nuestro mayor delito sería usar esta mara- villosa conciencia para acabar con la vida en este pla- neta. Recordemos nuestras raíces porque todavía está en nuestras manos la elección para recobrar la digni- dad como habitante de este bello y frágil planeta. Dejémonos seducir por el alma de los árboles.