Está en la página 1de 48
p Aowarcon et Amigc ingrained la tp nso: Névor Rast Prd Arpedinn ‘acer ingen MxM poplin ©2003 Now Li ‘Quel epi rc ey 1.72. tsavomsconmoney omnes) steerer, | Singin 09 de Sin 2010 cn tls propo Sin Maras Br GosCDG Fide Oe Bases eo) Protas rprdiclin otal 9 pucietde a pbiaion (exo gna doc), Indice Jess me ama a mi también Yuelve a casa, gallinita na visita inesperada Una oracién extrafa Navegé sobre una tortuga Manos a través del trigal - Roma bused a Jesis, Escoltada por delfines Una broma de mal gusto . El ladrén que volaba I bosque encantado La mufieca de maiz de Cyntia I muchacho que no podia cantar. ‘Toda hacienda necesita un perro! u 16 23 28 2 39 ss 59 64 n 7 82 88 Prefacic En el mundo que te rodea hay cosas, Que, aunque no puedes verlas ni siqulera on un microscopio, sabes que existen y crees en ellas: piensa en la electricidad, el viento, el amor, la fe. No puedes ver los, pero’si experimentas sus efectos. La electricidad permite que tengas luz en tu casa, el viento es capaz de provocar tor- nados que pueden destruir casas, y el ‘amor y la fe pueden transformar vidas y ayudar a la gente a triunfar sobre los problemas de la vida, En este librito encontrards relatos Interesantisimos y conmovedores de gen- te que creyé en el poder de la oracién. rar te pone en contacto con el Amigo invisible, que es Jesis; y, aunque tampo- co puedes verlo por ahora, puedes saber ue existe y creer en él, asi como crees en la electricidad y el viento. Y asi como estos dos elementos fisicos producen efectos que puedes comprobar, orar a Jesiis también produce efectos maravillo- ‘50s en la vida, llenandola de bendicién, Deseamos de corazén que la lectura de este libro te inspire, te llene de con- fianza en el amor y el poder de Dios, y te ayude a tener cada vez més deseos de Hablar con el Amigo. ‘Con gran carifio, Los editores. Jess me ama ami tambien ‘onia, con su querida mufieca ‘en bra- S= ‘entré entamente en el aula. “Sonia, Iqué linda mufiecatraes! le dijo la maestra.2Es tuya? si ~contesté Sonia “Pero epor qué estés tan triste? éTe sientes bien? ~pregunté la maestra al Sbservar la cara de la nif “Sefiorte, es que Perico se va a morir =contests la nia tratando de secar Tas ldgrimas de sus ojos. sperico.. cquién es Perico? ~pre- aunt la maestra. “pericd es mi lorito. Lo tenemos desde hace mucho tiempo, y ahora el 7 8 Hablar con el Amigo veterinario dice que Io llevemos a case, porque no hay nada que pueda curario, ~iOh! ¥ équé es lo que tiene, que el doctor no lo puede curar? =Tlene un tumor en el estémago - contesté Sarita-. Estd todo el tiempo arado en el palito, con la cabeza siempre debajo del ala. No juega ni habla mas. & doctor cree que no va a vivir mucho tiem- po mds. Por favor, sefiorita, épodriamos rar esta mafiana por mi lorito?” ~iPor supuesto! A Jesiis le agrada ue le contemos lo que nos sucede cuando estamos tristes, Ademés, ama mucho a uestros animalitos y esté muy atento a todo lo que nos preocupa, Jesis puede sanar a Perico, quella mafiana, todos hablaron acerca del amor de Jesis; y hablaron tam. bién de la naturaleza que Jesiis ha creado Y que podemos disfrutar. Recordaron las Palabras de Jesus cuando dijo que él sabe ‘muy bien cuando un gorrién cae de su ido. Entonces, la maestra comenté: ~2Quién de ustedes quiere orar por Perico? Y cuando todos inclinaron la cabeza, Esteban oré asi Jess me ama a mi también 9 Querido Jesis, asi como ves a los gorriones, puedes ver a Perico que sufre. {Quieres ‘sanarlo? Si él ya estd viejito y tiene que morir, por favor sana el corazén de Sonia, Amén. i Pasé una semana. Perico todavia estaba vivo, pero todo su hermoso plu- maje verde y amarillo se habia caido. Pasé otra semana, y entonces parecid que Perico comenzaba a mejorar. Todos los dias, durante varias semanas, los nics oraban especialmente por Perio. Varias semanas después, una mafia~ na, Sarita bajé del émnibus escolar y se apresuré a entrar en el aula. Sus ojos estaban radiantes de alegria. Sefiorital ‘Todos los compafieros se reunieron 2 su alrededor. Mientras Sonia hableba, se le agolpaban las palabras en los labios, de tanto entusiasmo que tenia: “A Perico le estan creciendo nuevas plumas, sefiorita, y parece que ya no le duele mas el estémago porque vuela y parlotea como antes. iMi vecina dice que es un milagro! Si, Sonia, estoy segura de que es un rmilagro “dijo la sefiorita-. Jestis respondié ct Hablar con el Amigo las oraciones de quince nifios que le han estado pidiendo por un pajarito llamado Perico. Pasaron un mes, dos meses, y llegé cl ultimo dia de clases. Todos estaban muy entusiasmados, especialmente Sonia. Su mamé le habia prometido algo especial, Y al terminar las clases, los nitios antaron todos juntos. Mientras lo hacian, oyeron un “erry, errr’. ISi, era Pericol La mamé de Sarita lo habia traido en su jaula y lo habia puesto Sobre el escritorio de la maestra para que todos pudieran verlo lieno de vida. Le hablan crecido nuevas plumas, mas her- ‘mosas que las de antes; y mientras par- loteaba, Sonia tradujo: Perico dice: “Jesus me ama tam- bién a mi ‘Todos rieron juntos. Vuelve a (asa, gallinita ee Sees Ses sani cers ne eect ncaa Don Pedro estaba angustiado por- a 2 Hablar con el Amigo ‘Como resultado de la miseria provo- cada por la Segunda Guerra Mundial, el lugar donde don Pedro vivia con su fami- lia estaba pasando por un periodo de hambruna. Don Pedro habia trabajado ‘como conserje en un hospital. En los afios de abundancia ganaba lo suficiente como para sostener a su esposa y a sus hijos; ‘ahora, apenas lograba comprar pan, y éste fabricado con harina de cebada de muy baja calidad, Esa familia era cristiana. Lo triste es ue don Pedro habia comenzado a dudar de la providencia divina. Indudablemen- te, Dios permitié que ocurriera lo que ‘ocurri con el fin de fortalecer la fe de ese hijo suyo. Esa noche, la familia comié un poco de pan. Estaba tan seco que tuvieron que remojarlo en agua. Después de terminar la sencilla cena, don Pedro reunié en torno a él a su familia y les ley6 la Biblia para animar- los: "Y yo he mandado a los cuervos que te den alli de comer”. Leyé la experiencia de Elias, pero en su coraz6n sonrié al continuar: "Y los cuervos le traian pan y Vuelve a casa, gallinita 3 carne por la mafiena, y pan y carne por fa tarde’ puede ser que haya sido asi -pen- sé. Pero si eso realmente ocuié,epor ue no nos ayuda Dios ahora? Estamos nas hambrientos de o que jamés estuvo ree dia siguiente, a la mafiana tem- prane, Danllto descubro una hermosa Gating parada sobre ia cera dela huerta Que tenfan detrés dele casa Baja, golinta, y Jugoremost la Invité Darel y a glina se de caer en Ia huerta, Daniel corté a Ta casa para trerle algunas migas de pan. Tos pacres no tardaron en enerarse de la presencia dela gaia frestera en Su pti. Le preguntaron @ Daniel de dén- de hobia vendo, Sabian que no les pete- necia y que debian devolverla a su duefio. Pregurtaron. 2 todos los vecios, pero nage sabia de quién er. ‘De manera que don Pedro pensé que lo mejor seria guardarf glina pare que Daniel Jugare con lla Rasta que apare- Gera e eto. “creo gue eso 65 lo que debemos 4 i F con el Amigo hacer -estuvo de acuerdo la madre- ‘Ademés, nuestro huésped es muy econ ico. Podemos alimentar a la gallina con los restos de verdura que tiramos y, en el Peor de los casos, ella misma puede escarbar la tierra y buscar insectos para alimentarse. Al dia siguiente, cuando Daniel cruzé el patio a la mafiana temprano para bus- cara su gallinita, encontré un huevo Grande junto al arbol. Lo recogié y corrié @ la cocina donde la mama estaba prepa~ ‘ando algo para el desayuno. Al verlo, la ‘mami lloré de alegria. Al mediodia, Daniel les mostré e! huevo al papa y a sus her- ‘manos. Todos estaban muy excitados. Lo primero que pensaron fue guar- darlo pera el desayuno; pero équién io comeria? Finalmente, decidieron venderlo, orgue los huevos tenian muy buen pre. io. Con ese dinero podrian comprar pan, La gallina ponia un huevo.casi cada dia de la semana, Don Pedro vendid los huevos y compré pan, Luego, durante casi dos semanas ya ‘no hubo més huevos, y un dia la gallina desapareci6, Vuelve a casa, gallinita 15 Daniel la busc6 por todas partes, pero sin resultado. Pasaron tres sema- ras. Un dia, la mamé estaba colgando la ropa en el patio de atrés. De pronto, oyé unos ruiditos raros. Dirigiéndose hacia el montén de carbén que tenian en el patio, descubrié que alli, en un hueco, estaba la gallina tratando de cubrir con sus alas a trece pollitos que asomaban or todas partes. La mamé dio la noticia a la familia, y todos se alegraron mucho. Daniel saltaba de contento. Desde ese momento tuvie- ron en el patio catorce huéspedes. A la familia le resulté bastante dificil alimen- tarlos, pero cuando los pollitos se trans- formaron en gallinas, la familia de Don Pedro gané bastante dinero vendiendo todos los huevos que aquéllas ponian, ‘Ahora don Pedro esta seguro de que la experiencia de Elias es una historia verdadera Una visita inesperada samo. (seRor). es peligross dejar les puerias abletas en este gir Lorenzo se 8. Antes de ser maes- tro de escuela hob pasado un tempo vendiendo ios en lain, y consi. taba que aun en un pas extranere sob como cuidarse, ® eee “Hace mucho calor les repli ls tindies"Que a aconelaen gue mantuviera lo puerta ‘desu bungalow cerrado. Demasiado calor. Ami me gua, ta el aire fresco, especialmente eusnco tengo que cocinge “Per, sah, Usted estévviendo en ra Us deberia cerrar la puerta, Una visita inesperada v7 las afveras del pueblo. Por lo menos, cié~ rrela antes de que oscurezca, “Por supuesto -sonrié Lorenzo-. De noche, siempre cierro la puerta; de lo con- trario, entran muchos mosquitos. No se preocupen, muchachos, yo me culdaré. Mientras sus amigos hindies se ale- Jaban de mala gana, Lorenzo continud sonriendo para si. "Esta gente es dema- siado miedosa, le temen hasta a su pro- pla sombra ~pensé-. Ponen barrotes en las ventanas y mantienen las puertas cerradas. No les gusta mucho el aire fresco", Lorenzo sacudié la cabeza, descarté el asunto de su mente y se dedicé a pre- parar las clases para el dia siguiente, Un dia, cuando el sol se escondia detras de los Arboles, Lorenzo estaba preparando la cena y, al mismo tiempo, ‘estudiando. Tenia el libro abierto sobre la mesa de la cocina y, mientras leia, no perdia de vista la olla, que estaba hir- viendo sobre el unico quemador. El ruido del agua de arroz que se voleaba lo sacé de su concentrada lectu- ra. Se puso de pie de un salto. Con toda 18 Hablar con ef Amigo Pericia quité la tapa y tomé con los dedos unos granos de arroz. Los probé centre el pulgar y el indice. ~Esté cocido -murmuré para ahora prepararé la salsa. Y, sacando la olla del fuego, la puso a un lado para que se enfriara. Lorenzo no tardé en pelar unas cebollas y unas papas, y las frié en una mezcla de aceite y especias. Se conside- aba un buen cocinero y se enorgullecia de su habllidad de hacer muy bien las cosas de la cocina. Pensando en el buen gusto que tendria la comida, se relamié anticipadamente y volvié a sus libros. ‘No tardé en enfrascarse de nuevo fen su lectura, con los codos apoyados sobre la mesa y el mentén entre las manos. Tan absorto estaba en su tarea que no vio ni oyé nada, sino el alegre chisporroteo de la salsa que estaba pre- parando, de modo que ni siquiera se levanté a revolverla, hasta qué algo frio le tocé ligeramente la nuca. Volviende la cabeza, se encontré frente a frente con los ojos verdes de un tigre que le estaba oliendo la oreja. Una visita inespet 19 Lorenzo se quedé inmévil, como congelado por el terror que se apoderé de él. Por un instante su mente qued6 en blanco, pero luego sus pensamientos se atropellaron frenéticamente en busca de luna solucién. Aunque era maestro de escuela y, por lo mismo, estaba bien informado, en ningin libro de texto habia lefdo acerca de una situacién pare~ ida, y nunca antes se habia enfrentado con un problema semejante. 2Qué se debe hacer cuando descu- brimos que un tigre nos esta olfateando la nuca? Los lergos bigotes del tigre tocaron a mejila izquierda de Lorenzo, mientras seguia olfatedndole la nuca. Lorenzo se ‘quedé sentado, tan quieto como si for- mara parte de [a silla, pero su mente angustiada buscaba ayuda ~Ayidame, Seftor -imploraba~. iAyii- dame! No vine a la India para ser devora- do por un tigre, éverdad? iAyiidame! En respuesta a su oracién, el tigre dej6 de olfatearie la nuca y se dirigié lentamente hacia la olla donde se esta- ban friendo los vegetales. Alzé la cabeza y olfated inquisitivamente la salsa que se 20 Hablar con Amigo estaba cocinando. El vapor que se levan- taba de la olla le quemé la nariz, y el tigre retrocedié répidamente. Mird a Lorenzo con una expresién de reproche, como si le dijera: €Por qué no me dijiste ‘ue estaba caliente? Pero el terror le impidié moverse. Como hipnotizado, observé al tigre dar ‘otro paso y olfatear la olla donde se esta- ba enfriando el arroz. Al descubrir que no estaba demasiado caliente, metié la cabe- zaen la olla y liquidé lo que habia dentro. ‘Cuando terminé de devorar el ultimo gra~ no, el tigre levantd la cabeza, se relamid la boca con su lengua rosada, como gato igante que era, y le dio una mirada de gratitud a Lorenzo moviendo la cabeza, como si dijera: "Gracias, amigo”. Por primera vez en su vida, Lorenzo estaba orando con los ojos abiertos, observando cada movimiento del tigre, ~iOh, Dios, sdivame! iAyidame! El tigre exploraba la cocinita, olfa~ teando aqui y alld, y mirando a Lorenzo de tanto en tanto, como si estuviera calcu- lando si iba a tener o no un buen postre, Al descubrir que no habia nada mas Una visita inesperada 2 para comer, el tigre se detuvo un momen- to y luego Se dirigié a la mesa, Su rostro felino parecia agrandarse cada vez mas 2 medida que se acercaba, Hasta que abarcé toda la visién de Lorenzo. Cuando el tigre olfates su mejila derecha, Loren- 20 pensé que su fin habia llegado. Sus frenéticas oraciones estaban impregna- das de un temor que iba en aumento, al recordar las historias de tigres cebados, las que se agolpaban vertiginosamente fen su memoria, En cualquier momento esperaba que esas poderosas zarpas le cayeran encima y de una vez le quebra- ran la nuca, El tigre Io olfates de nuevo. A Loren- 20 le dejé de latir el corazén, y luego la esperanza se lo hizo latir con violencia al ver que el tigre, lentamente, casi con desgano, se dirigia hacia la puerta. ‘Cuando la cola del animal desapa~ recié tras el umbral, Lorenzo revivié. Dando un tremendo’ salto, alcanzé la puerta y la cerré de un golpe, Ia atrancé ¥ apoyé la espalda contra ella, temblan- do. Pero desde esa posicién observé la ventana, abierta y sin barrotes. 2 Hablar con el Amigo 2Y sial tigre se le ocurria entrar por la ventana? El corazén de Lorenzo comen- 26 a latirle con fuerza. Esperé reteniendo el aliento, pero no ocurrié nada. El tigre ya se habia ido. Una oracién extrana luego, volviéndose hacia el grupo que ssperaba, anuncié solemnemente: Nadie abandonaré la aldea hoy. La nila esté muy enferma. Se ha hecho todo lo posible para ayudaria, pero ni aun los hechizos del brujo han logrado mejorarla. Puede morir en cualquier momento. Fieles a la tradicién, todos los habi- tantes de la aldea, hombres y mujeres, ermanecieron en el lugar. Si algo pasa~ ba, deseaban, mediante su presencia, compartir con la familia el dolor de la tra- ‘gedia que tan a menudo se produce entre esa gente de la selva. Los hombres se 23 E Jefe sacudié la cabeza muy serio, y 24 Hablar con el Amigo separaron en grupos y formaron corrilos, sentados en cucillas. Hablaban en voz baja, tratando de encontrar alguna solu- cién al problema. Hay una cosa mas que podemos probar ~sugirié finalmente un hombre. ‘Todos lo miraron, ansiosos de asirse de la Ultima brizna de esperanza que les quedaba. ~Podemos usar el libro de Dios que usan los adventistas de la aldea de Stulan -dijo. Pero Lcémo podemos conseguir el libro a tiempo? -pregunté alguien. Lo tenemos aqui mismo =replicé el hombre que habia hablado primero, diri- gléndose apresuradamente a su choza para buscario, ~EDEnde lo conseguiste? écémo lo tenlas aqui? -le preguntaron cuando volvié. Recuerdan cuando el pastor Moung vino hace varios dias? Antes de que par- tiera, le pedi que nos dejara el libro, y él finalmente accedié a hacerlo. =Pero dijo uno de los hombres, sonriendo-, td no puedes leerlo. iNinguno de nosotros sabe leer! Una oracién extrafa 25 Lo sé, lo sé, Pero el pastor Moung dijo que el Espiritu del Libro de Dios es mas poderoso que nuestros espiritus. E1 puede hablarie a ese Espiritu poderoso. Debemos hacer exactamente como él hace. =Pero nadie aqui sabe cémo hablar al Espiritu de Dios -insisti6 el otro. ~iNenganl ~dijo el hombre del libro-. Voy a mostraries cémo podemos hacerlo, Y, con el libro en la mano, guié al ‘grupo hacia la habitacién donde yacta la nifita enferma. Todos observaban mien- tras 6! colocaba culdadosamente el Libro de Dios al lado de la cabeza de la nifta Inerte. Luego, alzando Ia vista, dijo con IDios de la aldea de Stulan! iDios del pastor Moung! iAyuda a esta nifial ISalva su vida! iE! libro de Dios esté aqui! layddala, Dios! En la habitacién reinaba un silencio reverente. Todos permanecieron de pie, ‘observando asombrados lo que estaban presenciando. Apenas podian dar crédito @ sus ojos: la nifia abrié los ojos, se movié y luego hablé: 26 Hablar con ef Amigo ~Quiero agua ~dijo. La impresién que este hecho les pro- dujo les impidié momenténeamente aten- der al pedido de la nif, Cuando por fin le llevaron agua, y la vieron beber y luego recostar tranquila~ mente la cabeza sobre la almohada, uno or uno fueron abandonando la habita- ién, en medio del mayor silencio, Y se levaron consigo el Libro. Los hombres retornaron a su pues- to, debajo de los altos cocoteros. ahora tenian mucho en qué pensar y un nuevo tema de conversacién, Cuando el sol desaparecié detrés del horizonte y las sombras de la noche comenzaron a inundar la habitacién de la enfermita, el temor de lo que podria ocu- ‘rir durante la noche se apoderé de nuevo de todos los corazones. éContinuaria e! maravilloso milagro durante las horas de la noche? Ei Libro de Dios dla habla sana- do? éDeberian usario otra vez? La habitacion estaba casi en tinieblas ‘cuando e! grupo de hombres volvié a entrar Y nuevamente elevaron la misma oracién. Esperaron casi sin respirar. Entonces, 1a Una oracién extrafia Fy nila abrié los ojos, pidié alimento y comié por primera vez después de muchas horas de no haber probado nada. Al dia siguiente, todos se dirigieron hacia la puerta de la enfermita para Infor- marse acerca de su estado de salud. =Vayan a los campos a trabajar ~les dijo el jefe. El gran Espiritu del Libro de Dios verdaderamente la ha sanado. IY eso se comprobs esa tarde, cuan- o los aldeanos volvieron y encontraron @ la nia que habia estado enferma, levan- tada y caminandot Navegé sobre una tortuga im Chung, un muchacho coreano, fue a trabajar aun barco llamado |\\Pedelara. Era un barco liberiano que ‘S€ dirigia rumbo a Nicaragua. Kim Chung trabajaba en la cocina como ayudante de Cocinero. Lavaba las verduras y también las ollas. En la cocina se empefié por ‘aprender todo lo que pudo, y sus servi- ios eran muy itiles Pero era un viaje largo, y a veces Kim Chung se cansaba de trabajar en la cocina. Un dia, Kim Chung subié a cubierta para disfrutar del sol y de la brisa del ‘océano Pacifico. En la cubierta habia 28 Navegé sobre una tortuga 29 varios marineros jovenes que jugaban, e ‘nvitaron a Kim Chung @ sumarse. Pero os juegos terminaron en una ruidosa algazara, y Kim Chung, accidentalmente, fue arrojado por la borda. ~iMuchacho al agua! iMuchacho al ‘agual-corrié la voz. Cuando detuvieron el barco, habian perdido de vista al muchacho. Por mas Que Io buscaron, no lo pudieron encon- trar. Creyendo que se habia ahogado y ya No podrian hacer nada por él, el barco ‘continué su camino y el muchacho fue fabandonado, luchando solo con las olas del mar. Kim Chung se dio cuenta de que estaba solo. Traté de no desesperarse. Nadé y floté durante varias horas, pero poco a poco se iban acabando sus fuer- zas. Desesperadamente deseaba que ‘otro bareo pasara por alli, pero no pasé fhinguno. Después de muchas horas de per ‘manecer en el agua fria, no comer y sen- tirse cada vez mas exhausto, cuando ya habia perdido toda esperanza de vivir, se ‘acordé de orar. 30 Hablar con el Amigo} ~iTe ruego, Sefior, aytidame! No me dejes morir en este sepulero de agua ~ fueron sus palabras-. Amén, Minutos después, una tortugal gigantesca pasé nadando frente a Kim| Chung. El muchacho se asié del reptil y se subié a su lomo para descansar. La tortuga continué nadando, y Kim Chung la empleé como su barco. Sabla que si la tortuga nadaba a mucha profundidad en el agua, él se ahogaria. Entonces, ord nuevamente! =Te ruego, Seftor, que la tortuga que me enviaste nade solamente sobre la superficie del agua. Amén, a tortuga, con Kim Chung sobre su caparazén, nunca descendié mas que unos Pies en el agua, y luego volvia a la super- ficie justo a tiempo para que el muchacho tomara aliento. Durante quinge horas nave- garon juntos. Finalmente, el muchacho pudo divisar muy cerca un barco, Haclendo, un Ultimo esfuerzo, agit su brazo. El capitan del barco lo vio, y llamé algunos hombres a cublerta para que vie~ ran a Kim Chung, que cabalgaba sobre la gigantesca tortuga. Cuando lo rescataron Navegé sobre una tortuga 31 Y lo llevaron a bordo det Citadel, la gente aplaudi. El capitan Werder escribié el notable Incidente en su diario de navegacién. Su barco se dirigia a Los Angeles. Inmedia- tamente, envié un mensaje por cable a los duefios del barco para avisarles que habia recogido a un joven que navegaba sobre una tortuga ; El muchacho descansé y se alimenté muy bien durante varios dias. ‘kim Chung sabe que el gran Dios de! lelo envié Ia tortuga y la guié para que pasara por la ruta del barco sueco. Manes « través del trigal Carlos le gustaba verlo ondear agit do por el viento. ~iParece un mar! ~exclamé Carlos. Su padre sonrié. =Mafiana entrar la cosechadora. La cosechadora es una enorme maquina que da vueltas y yueltas en el campo, cosecha el grano maduro qu hay en las espigas y lo arroja en camio: nes que luego se dirigen al mercado del pueblo. Si la cosechadora comerizaba 32 E: trigal parecfa un campo de oro, y Manos a través del trigal 38 trabajar por la mafiana, lo més probable 5 que por la tarde todo el campo ya estuviera cosechado. “Extrafiaré el trigal, papa -murmu- 16 Carlos. El padre sonrié, y poniendo su mano en el hombro de Carlos, le dijo: “Creo que yo también. Pero es la bpoca de la cosecha; té sabes, la Biblia dice que hay un tiempo para la siembra yun tiempo para la cosecha. Sembramos. {l trigo en la época debida, y crecié bien. Después de muchos meses, el sol, el Viento y las lluvias lo maduraron. Ahora (std listo para ser cosechado. Si perma- fnece demasiado tiempo en las plantas, Jos tallos que sostienen las espigas se debilitaran y caerén. Carlos escuché en silenclo a su jadre. Luego sonrié, y lentamente exten- 1dié su mano y tomé la de su padre. “Me alegro de que sea la época de {a cosecha. “Yo también -afiadié su padre apre- {indole firmemente la mano. ‘A la mafiana siguiente, Carlos y su hhermanita, Lisa, salieron para ver llegar uM Hablar con el Amigi la cosechadora. El cielo estaba claro y el sol brillaba con todo su esplendor. Pasé un largo rato, pero la cosechadora no lle 96 y Lisa se puso inquieta, =éPor qué no cazamos mariposas} mientras esperamos? ~Acabo de ver una que volé hacia el trigal -dijo Carlos. “Si, yo también veo una -coments) Usa, y sallé corriendo hacia la casa tan répido como se lo permitian sus piernas, Carlos se qued6 mirdndola por unos ins~ tantes y luego él mismo se puso a perse- guir mariposas. Pronto perdi de vista una, pero vio otras de todos los colores y tamafios, que atrajeron su atencién. Se olvidé de Lisa y de la cosechadora, y corrié por el trigal, hasta que oyé que venia por el camino la gran maquina. Lisa! -gritd dirigiéndose a la casa. iViene la cosechadoral La mama oyé los gritos de Carlos y salié a la galeria. =tLisa no esta contigo? Pensé que: hhabian salido juntos a esperar la cose- chadora. Manos a través del trigal 35 “Ella estaba conmigo -explicé Car- los-, pero empezamos a cazar maripo- ‘905. Yo la vi correr hacia la casa tratando We aleanzar una. En eso, Carlos vio a su papé que alia del galpén. =Papé, éLisa est en el galpén? -le pregunts. =No -respondié-. Pensé que estaba tontigo. Carlos sintié deseos de llorar. Ella estaba conmigo ~dijo-, pero comenzamos a perseguir mariposas y ahora yo no sé dénde esta, El papa parecié preocupado, pero le dio una palmadita en el hombro para onsolario. La encontraremos ~dijo-. Les diré ‘los hombres que no pongan en marcha Ja cosechadora, Lisa puede estar perdida fon el trigal. Carlos miré hacia el trigal. Eran hectéreas y hectéreas de extensién: Ucémo podrian encontrar a Lisa en ese fenorme campo? Pero el paps tenia un plan: los hombres de la cosechadora y 36 Hi lar con el Amigé 1, juntamente con la mama y Carlos, s tomarian de la mano y caminarian a tra- vés del campo, cubriendo la mayor extensién posible. =Caminaremos y llamaremos hasta que lleguemos al fondo ~explicé el papa~. Entonces daremos la vuelta y regresare- mos caminando otra vez. Asi no pasare- ‘mos por alto ni un solo lugar. Los hombres pensaron que el plan era bueno. Cuando se alinearon y se tomaron de la mano, el papé elevé una: oracién pidiendo la ayuda de Jest. Cuando terminé la oracién, Carlos tomé la mano de su padre y extendié la otra para tomar la mano de otra perso- nna. Pero se sorprendié, pues 6! estaba en. el extremo de la linea, y ya no habia mas nadie a quien tomar de la mano. El papa lo miré y le dijo suavemente: ___=Témate de la mano de Jesus, hijo. E1 nos ayudaré a encontrar astisa. Mientras cruzaban el trigal, Carlos casi sintié que Jesds lo estaba teniendo de la mano. E! trigo estaba muy alto. En. algunos lugares era més alto que él, Manos a través del trigal 37 yero por alguna razén no le costaba tearminar entre esas plantas tan altas. Carlos podia oir que todos los hom bbres que formaban la linea llamaban 2 Lisa; también el papa y la mamé la lla~ maban. El no lo hacia, porque tenia que mantenerse al paso con su papd, que daba zancadas muy grandes. Pero. “iPapa! ~grit6 Carlos-. iPapé, equi esta Lisa! Carlos corrié adelante. Cuando llegé el padre, Lisa se des- perté y se froté los ojos. Me perdi ~solloz6-. Llamé y llamé, pero nadie sabia dénde estabe yo. Carlos la tomé de la mano. =Jesis sabia donde estabas. El me fayudé a encontrarte. Cuando nos toma~ ‘mos de la mano para buscarte, papé me {dijo que me tomara de la mano de Jesus. Jesus me ayudé a verte. Para entonces, los demas que hhabian estado buscando a Lisa llegaron fl lugar y oyeron a Carlos. Uno de los hombres sonrié y le dijo: Hijo, creo que realmente Jess te Neve de la mano. 38 Hablar con el Ami Carlos sonrié nuevamente; estat ‘seguro de que Jess habia extendido mano a través de todo el trigal y lo habi ‘ayudado a encontrar a Lisa. E Rama buscé a Jesus ra una mafiana calurosa en la aldea de Ia India donde Rama vivia. Toman- do su saco de arpillera, el muchacho ‘ve preperé para ira su trabajo; no le que- ba otro remadio que hacerlo: Rama era un barrendero, y cada dia ig tenia que recorrer las calles potvorientas ‘Pare recoger la basura que habia en las feunetas. Rama no era barrendero porque quisiera sero. Era barrendero porque su ire lo habia sido, y también su abuelo ¥ todos su antepasados, hasta donde se lobia. En la India, los muchachos gene- falmente heredan el oficio o el trabajo de ‘hus padres. 39 40 Hablar con el Amigo’ De manera que Rema comenzé a recorrer ‘las calles de. lo aldea. Fue chando en la bosa las guayabes post as, les semilas de mangos y las choc. (98 de otras frutas que habia sido erro. jades aqui y als. al pasar rente fo escuela, se” detuvo lo sufcente ‘come bara atsbar por fa puerta abierts, yal Vie a muchos de os otros muchechos de Ia aldea, sentados en el suelo, con las Dieras cruzades, cantando sus lec: nes. Vio también al maestro, que estaba sentado sobre una pequeta tara a frente de Ta clase, con un iro en una mane, y enla otra, una vara ame no habia ido nance 2 la eseue- la ni esperaba poder hacerlo Jams; Tos sues baendeos dea calm ban aa escuela. Une ver le habia pedldo su Dacre ue lo enviars a i eseula,yéste ~Aprender a leer no te ayudaré 2 recoger la basura -le dijo. Rama no dis- cutié, Sabia que eso era cierto. Poco a poco, el saco que Rama lleva- ba a la espalda se iba llenando de basura Y se volvia cada vez mas pesado. Pasé Rama buscé a Jess aa junto a una vaca que estaba acostada, dando un rodeo. Un poco més alld de la ‘escuela encontré un charco que se habia formado por la lluvia de la noche ante- Hor; en ese charco flotaba un pedazo de papel, evidentemente la hoja de un libro. Pregunténdose cémo serian las palabras, Rama tomé un palo y con él atrajo el pape! hacia la orila. Luego, lo extends Sobre una piedra para que se secara, Cuando tuvo la bolsa casi lena, Rama la llevé al basurero que habia en Js afueras de la aldea y la vaci6. Regresé luego al lugar donde habia dejado el papel, sobre la piedra. El papel ya estaba ‘eco. Recorrié la calle buscando por todos lados a alguien que pudiera leérselo No lejos del templo, vio a un sacer- dote brahaman que estaba profunda- mente dormido a la sombra de un bana- ino, Se quedé mirandolo por unos instan- tes, con la esperanza de que despertara, Cuando vio que el sacerdote levantaba la mano para espantarse las moscas que le caminaban por la nariz, dio por sentado ‘que ya se habia despertado. ‘Se encaminé entonces hacia el gran a Hablar con el Ami hombre... pero no se acercé demasiads Levanté el papel, hizo una reverencia se dirigié a él muy cortésmente. Honorable padre, aqué dice est papel? El brahaman abrié sus ojos lenta: mente y miré a su alrededor. Al ver al muchacho sucio y mal entrazado, sus ojos fulguraron de ira. ~iSal de ahi, perro, y no dejes que tu sombra me toque! 2Cémo te atreves a hablarme? Rama estaba acostumbrado a esa clase de trato, de manera que no se sin- ti6 ofendido. Habitualmente se hubiera retirado humildemente sin decir una palabra, pero en esta oportunidad estaba tan ansioso de saber lo que decia el papel que se inclind nuevamente y le hhabié por segunda vez. =Te ruego, padre, honra a tu siervo leyéndole este papel. El sacerdote cedié, pero no estuvo, dispuesto a tomar el papel de la mano de Rama. “Tiralo -le orden6. Rama dejé caer el papel al suelo. El fama bused a Jess a gacerdote tomé la vara que tenia al lado ¥ atrajo el papel hacia si, Lo tomé, se Ajustd los lentes y ley6 répidamente fgomo cantando. Cuando terminé, tir6 el papel al suelo y cerré los ojos para con Uinuar su siesta. Pero Rama queria pre- guntarie algo. “Padre, édénde esté Cand? =Yo no lo sé. Nunca antes de ese lugar. Ahora, ivete! ‘Dando un gran suspiro, Rama levanto 1 papel y se lo llevd. Esa noche, cuando el padre regres6 del trabajo, Rama le hizo la Iisma pregunta. Papa, édénde esta Cand? =Yo no lo sé, hijo mio. éPor qué lo pre- ‘guntas? na. Cuando murié mi esposo, hace sels meses, me dejé con cuatro nifios. Hemos estado padeciendo hambre, y no hemom ‘comido nada durante los Uitimos tres dios Mientras tanto, el cocinero lleg® la leche. La madre dejé de habla 70 Hablar con el Amigo sostener el vaso de leche, que el bebé tomé ansiosamente. Entonces, continu “Yo oré y oré a Ald, pero no recibi- mos nada de comida; é! no se preocupa por la mujeres ni por los nifios. Después bré.a los dioses hindies, pero seguiamos con hambre. Entonces dije: Voy a orar al Sesueristo de los cristianos, para que nos mande alguna comida para los nifios ¥ para mi, antes de que muramos. Mirando a la doctora a los oj0S, agregé: “Cuando mis manos estaban toda via juntas, y antes de que yo abriera los 005, of el aleteo de un pajaro y senti q sus alas tocaron mi cabeza. Abri los 0305; Y all, enfrente de mi, habia un chapi fntero, relleno de verdura cocida. hifios y yo lo comimos. Eso nos salvo a muerte. Marsi y la doctora prestaban mu atencién, Ambas pensaban lo mis @Seria eso posible? Entonces, la mujer dijo: “Algunas de las mujeres de la al Eline que vol 1 vinieron y me preguntaron: wt ron: Donde con- ute comida, yy es respond Un cuervo me ls trae. Pero no estoy segura de si me creyeron. a a Dra. White ¥ Marsi se miraron Ambes estan my aradecidas de auc ess se habia valigo de un cuervo pare evr amen una pobre vd ya sus hog qe etaon a punto de more El bosque encantade gin, destrias dlspuesto 9 probar — Jie coe “esis cn ‘W elsteindonesio 7 wiPor supuesto que sit Pero écémo puedo hacerlo? oxo estaba realzando reuriones en uke Tendel contin el pastor Sinlin= ens Le habe a i gente acera del amor de bios por ls humanigad perdi; les die Que Dies haba enviado 9 su Ho, Jesu= rst, pre lbrarnes de poder de Sotanés Y de los mals espns. Estoy seguro de 0, sefor. Dios re ha ayuda vii ibre del temor yl Supersticin -aseguré Ingén. 2 El bosque encantado B Pero no todos piensan como ti. Justamente, al terminar la reunién, me di ‘cuenta de que ese tema era muy impor- tante para la gente de la aldea porque todos vivian atemorizados por un bosque- illo de bambi que, segin decfan, estaba ‘embrujado. Esa noche, un anciano, visiblemente muy afligido, me hablé. ~éCree usted realmente que hay un Dios poderoso que puede vencer a Sata- nds y a los malos espiritus? ~me pre- gunté. “Por supuesto que si ~respondi ~éPuedo contarle una historia? ~con- tindo el anciano-. En esta aldea hay un bosquecilio sagrado. En él tenemos que ofrecer sacrificios de vacas, cabras y ali- mentos. SI no lo hacemos, los espiritus se fenojan mucho con nosotros y nos hacen mucho dafio. Esos sacrificios estén resul- tando una carga para nosotros, pero todos tenemos mucho miedo de desobe- decer. Nadie se atreve ni a tocar una ramita de alli. Cierto dia, un forastero de la aldea, que necesitaba lefia para cocinar, junté una brazada de cafias de bambi del 7” Hablar con el Amigo bosauecilo sagrado y las levb a su casa, Esa noche, los malos espiritus Io molesta- ron mucho. Se sentia tan aterrorizado que 0 f0e Y nunca mas volvis.