Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

Globalización neo-liberal: libertad, prosperidad y

derechos fundamentales

Neo-liberal globalization: Freedom, Prosperity and Fundamental Rights

Globalización liberal: libertad, prosperidad y derechos fundamentales 1
Un ruso escribe versos en español 1
Maddison y el gráfico más asombroso del mundo 5
Los mejores ángeles de nuestra naturaleza 9
Derechos fundamentales y globalización 10
Enemigos de la Ilustración: populismos por la derecha y la izquierda 11
Transformación del planeta por el ser humano: tecnología y arte. 15
Democracia, soberanía nacional, globalización 17
Del cosmopolitismo a la globalización: Kant y la paz perpetua 18

Resumen (abstract):

La globalización neo-liberal es la que mejor garantiza la prosperidad económica, la extensión

de la democracia y la profundización de los derechos fundamentales. Los peligros

subyacentes son los populismos de derecha e izquierda. Por ello mismo, además de ser una

oportunidad es también nuestra mejor esperanza.

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Un ruso escribe versos en español

Una célebre anécdota del poeta ruso Yevgueni Yevtushenko lo sitúa en un hotel en la ribera

del Amazonas. Desde allí vio como al otro lado del río se había declarado un incendio.

Cuando propuso ir hacia allá para echar una mano a la hora de sofocarlo, le dijeron que no

merecía la pena porque estaba en el lado colombiano. Entonces compuso, en español, los

siguientes versos:

“No hay lado peruano,/no hay lado colombiano,/solo hay lado humano”

El más profundo sentido del proceso de globalización neo-liberal consiste precisamente en la

difuminación de las fronteras entre las distintas comunidades en las que los humanos tienden

a compartimentarse de manera más o menos estanca. Las religiones, los sexos, las clases

sociales, las naciones, las orientaciones sexuales, las tribus y etnias… son solo algunos de los

modos en los que los seres humanos suelen distribuirse, no solo para comprenderse y

asociarse sino también para ignorarse y matarse los unos con los otros.

La globalización neo-liberal es, esencialmente, un cosmopolitismo: una concepción

universalista de la naturaleza humana que se vincula con la dimensión racional del pensar y la

conciencia, superando los particularismos del sentimiento y del instinto, no eliminándolos

sino transformándolos desde una perspectiva de empatía cognitiva.

No todas las tentativas de globalización son iguales. Tenemos a ISIS (o Daesh) que trata de

imponer un califato universal imponiendo la ley islámica (“sharia”) a través de la violencia.

También el comunismo y el fascismo eran también proyectos globalizadores que pretendían

imponer sociedades cerradas desde el sesgo de clase o etnia. Por no hablar de la mayor parte

de las religiones -sobre todo las dos más proselitistas, el cristianismo y el islam- que tienen

como objetivo final un mundo hecho únicamente a su imagen y semejanza.

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Por el contrario, la globalización neo-liberal consiste en expandir una sociedad abierta desde

el punto de vista económico, político, ético y cultural a través de la cooperación y la

competencia de los libres mercados, la extensión de la democracia y la profundización en los

derechos fundamentales. Gracias a este tipo de globalización hemos visto

● la expansión de las libertades

● la subida de las rentas salariales

● la reducción de la pobreza

● la mejora de los sistemas de salud

● Reducción de los costes de transporte y de las barreras al comercio

internacional.

● Convergencia mundial en venta y en precios.

● Aumento del ratio del comercio internacional.

● Difusión de la alta tecnología.

● La calidad mejorada de productos y programas.

● Multiplicación de los regímenes democráticos

Y, para el tema que nos ocupa,

● Una expansión de los derechos fundamentales

Donde hay globalización, hay reglas. Cuáles son, quién las impone y cómo... esas son las

preguntas que importan. La respuesta neo-liberal pasa por una mayor democratización en el

sentido de que el poder reside en el pueblo al tiempo que se blindan los derechos de las

minorías. Todo ello articulando medidas en la dimensión institucional (con instituciones

como el BCE, la ONU o la OTAN) con otras que inciden en la mejora ética de los individuos

a través de una educación que lleve a que cada ciudadano se plantee, parafraseando a

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Kennedy: “no preguntes lo que la globalización puede hacer por ti sino lo que tú puedes hacer

por una globalización más libre, más justa y más profunda en cuanto a la defensa de los

derechos fundamentales.”

Un ejemplo paradigmático de esta universalización de la conciencia moral, de esta

concepción del bien y de la justicia ligada a una extensión de la dignidad de todos lo seres

humanos en relación a su capacidad racional, lo encontramos en las diversas campañas de la

organización globalizada en la defensa de los derechos fundamentales Amnistía Internacional

para ayudar a personas que están siendo perseguidas y corren riesgo físico por parte de

gobiernos represores en diversas partes del mundo.

Algunas de las campañas actualmente en vigor ponen el foco en distintas partes del mundo,

como el gobernador cristiano de Yakarta, condenado a dos años de cárcel en Indonesia por

“blasfemar contra el Islam”, o la situación en Malasia, donde tres ciudadanos turcos

detenidos por presuntas actividades terroristas se encuentran en peligro de tortura,

preocupando su seguridad si son extraditados a Turquía.

Pongamos rostro y nombre a casos concretos: Azah Levis Gob ha sido condenado a 10 años

en Camerún por compartir un texto humorístico en el que hacía una referencia sarcástica al

grupo terrorista Boko Haram, escribió en relación al apoyo recibido por parte de los activistas

de Amnistía Internacional

“Ustedes no nos conocen, nosotros no los conocemos a ustedes, pero están con nosotros

desde el principio y luchan por nuestra liberación. Lo que Amnistía Internacional hace, ni

nuestros familiares lo han hecho. Siempre les estaré agradecido por ello. Ustedes nos dan

fuerza para seguir día tras día y no rendirnos. No es fácil pero resistimos. Que Dios los

bendiga y los siga ayudando en todo lo que hacen. Gracias por todo.”

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Otro caso es el de Máxima Acuña, de Perú, que ha sido acosada reiteradamente por la policía

y el personal de una compañía minera, y que se encuentra en espera de una resolución

judicial sobre su derecho a permanecer en la tierra que ella afirma que es suya. Se enviaron

150.000 cartas de solidaridad que le llevaron a este reconocimiento:

“Les agradezco infinito ya que así no me encuentro sola, estoy respaldada por mucha gente

de todo el mundo y de muchos países. Gracias por todo. Sigan así apoyando, ayudando, no

solo a mí, ¿no? Porque en diferentes lugares del Perú hay también muchas mujeres que

pasan estos tipos de maltratos, de abusos”

Mientras escribo estas líneas, mayo de 2017, más de 10.000 personas de todo el mundo han

firmado la petición para que Turquía libere a los periodistas encarcelados por ejercer su

derecho a la libertad de expresión y su deber de ejercer la crítica contra el poder establecido.

Todos estos casos muestran que ¿la botella de la globalización está medio llena o medio

vacía?, ¿qué puede más la represión o el activismo en favor de los derechos humanos? Para

ello vamos a dejar por un momento a Azah Levis Gob y Máxima Acuña para estudiar los

números abstractos. Porque tan necesaria es una aproximación micro como otra macro.

Vamos, por un momento, a elevarnos sobre los árboles para ver el bosque.

Maddison y el gráfico más asombroso del mundo

Angus Maddison estudió durante toda su vida el crecimiento económico a largo plazo desde

el ​Groningen Growth and Development Centre. Estas investigaciones se visualizan en dos

gráficos que le hicieron famoso. En el primero observamos cómo hasta la mitad del siglo

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XVIII el mundo había sido muy igualitario porque casi todo el mundo era rematadamente

pobre1.

Sin embargo, desde que se produjo la revolución industrial en Europa los países occidentales

comenzaron a experimentar un crecimiento sin igual en la historia. En el gráfico anterior lo

vemos representado en EEUU, Reino Unido y Alemania. Pero pronto Oriente también se

sumó al crecimiento, gracias a la globalización, y Japón empezó a despegar a principios del

siglo XX hasta explotar definitivamente tras la Segunda Guerra Mundial cuando se incorporó

“a la fuerza” a las dinámicas democratizadoras y capitalistas, basadas en la mayor libertad

individual, la sociedad abierta y los mercados competitivos, que trajeron los vencedores

aliados. Por último, pero de una trascendencia decisiva, China y la India comienzan a

desarrollarse a ritmos mayores del 10% anual a partir de los años 80 (no por casualidad, tras

el giro neo-liberal que llevaron a cabo Reagan y Thatcher en la conciencia común sobre la

prioridad de la sociedad civil y la preeminencia de los mercados sobre el intervencionismo y

1
Ver
https://en.wikipedia.org/wiki/Angus_Maddison#/media/File:1700_AD_through_2008_AD_per_capita_
GDP_of_China_Germany_India_Japan_UK_USA_per_Angus_Maddison.png

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el paternalismo asociados al “zeitgeist” de izquierdas). Dado que un tercio de la población

mundial vive en estos dos países, no solo aumenta el crecimiento sino también disminuye la

desigualdad entre diversas partes del globo.

El segundo gráfico confirma esto último. A medida que declina el tanto por ciento de la

economía global de países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, se incrementa el

de potencias emergentes como China o India. Esto es así porque a medida que la

globalización redistribuye la tecnología, se incrementa la importancia de la población, ya que

la contribución marginal aumenta al sumar los individuos. Y en ese apartado, a igualdad de

tecnología, China e India son mucho más potentes al contar con una población gigantesca en

relación al resto de potencias.

Se da la paradoja de que mientras la desigualdad puede estar creciendo dentro de los países

emergentes, el fenómeno es contrario entre los propios países ya que, como comentaba antes,

los más pobres crecen a una tasa más alta que los ricos, por lo que se está dando una

convergencia entre diversas economías. De resultas de esta globalización económica, desde

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la caída del muro de Berlín y el declive del fascismo de izquierda (comunismo), ha caído

tanto absoluta como relativamente el hambre, la pobreza, el analfabetismo y la mortalidad

infantil2.

Un caso paradigmático es China, el país más poblado de la Tierra, donde se produjo uno de

los cambios más significativos cuando a partir de 1978 se introdujeron ciertas medidas a

favor de la economía de mercado y la globalización. Entonces, se produjo un gran salto en la

renta de los más ricos, al mismo tiempo que una reducción masiva de la pobreza. Al tiempo

que aumentó la desigualdad, la tasa de pobreza se redujo al 3%, de modo que China está en el

mejor momento de su milenaria historia desde el punto de vista de los que están en la escala

social más baja.

Lo mismo sucede en Estados Unidos, donde la desigualdad está creciendo al mismo tiempo

que los pobres están mejorando. Es decir, que tanto en China como en Estados Unidos todos

los segmentos sociales están mejorando, aunque los ricos lo hacen todavía más. Se puede

discutir que la desigualdad sea un problema político, económico y/o moral. Pero no cabe

hacerlo con la mejora obvia de los niveles económicos en todos los sectores sociales.

2
Ver ​https://twitter.com/johanknorberg/status/786556446628610048

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Respecto del valor moral de la desigualdad ha sucedido algo muy peculiar. Desde que se

inventó la agricultura en el Neolítico la mayor parte de la población era muy parecida:

igualmente paupérrima, al borde de la muerte. Entonces, llegó la Revolución Industrial a

finales del XVIII-principios del XIX y las desigualdades se incrementaron entre, por una

parte, los países europeos (más Estados Unidos, al fin y al cabo una franquicia de Europa en

otro continente) y el resto del mundo. Pero en 1980, cuando países muy poblados como la

mencionada China, además de India o Indonesia se sumaron a la economía de mercado y a la

globalización, las desigualdades entre zonas del mundo se comenzaron a reducir rápidamente

debido a que los países emergentes crecen el doble o el triple que los del primer mundo.

Los mejores ángeles de nuestra naturaleza

Este incremento de la riqueza económica de la sociedad humana en su conjunto ha venido

acompañado también de un incremento de la calidad moral y política. Contra la intuición de

que el mundo va a peor (una constante en todas las épocas producidas por el sesgo cognitivo

que nos hace infravalorar los acontecimientos positivos y sobredimensionar los negativos. El

sesgo que hace que los periódicos y los telediarios nos informen solo de lo malo y no de lo

bueno que sucede) en cuestiones relativas a la violencia, Steven Pinker demuestra3 que

vivimos “la época más pacífica de la existencia de nuestra especie”. Desde unos altos niveles

de violencia en las primeras etapas de la historia del ser humano, cada vez nos hemos ido

“domesticando”, amansando a la “bestia” que llevamos dentro. Lo que hemos conseguido

haciéndole caso al “ángel” que llevamos en nuestro interior también. Nuestra parte “bestial”

está compuesta de violencia instrumental, afán de dominio, venganza, sadismo e ideología.

Nuestro lado “angelical” de empatía, autocontrol, sentido moral y facultad de razonar.

3
Pinker, Steve (2012). ​Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus
implicaciones​. Barcelona, España: Paidós.
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Pero con Ortega y Gasset hemos de tener en cuenta que “Yo soy yo y mis circunstancias”.

En este caso, ¿cuáles son las circunstancias sociales, culturales, institucionales y económicas

que han decantando la balanza por la parte de la paz en lugar de la violencia? Steven Pinker

se refiere al Estado como monopolio legítimo de la violencia, lo que ayuda a reducir las

peleas tribales; en segundo lugar, el comercio, un “juego” de suma positiva que también

tiende a reducir roces sociales; también, el proceso de “feminización” de las sociedades que

lleva a tener más en consideración el papel de las mujeres y los valores a ellas asociados; en

cuarto lugar, el cosmopolitismo y la globalización que conducen a tolerar y/o adoptar los

puntos de vista de gente diferente. Por último, pero no menos importante, la cada vez más

intensa aplicación de la racionalidad a los asuntos humanos.

Gracias al proceso de modernización que comenzó la Ilustración mediante la aplicación de la

racionalidad a todos los procesos humanos, no sólo se han reducido la violencia y las guerras

sino que en contrapartida han aumentado la cantidad y la calidad de los derechos

fundamentales asociados a la globalización.

Derechos fundamentales y globalización

Lo que la late en el corazón filosófico de la globalización es una concepción cosmopolita del

ser humano -basada en los valores trascendentales de la libertad, la creatividad, la diversidad,

la igualdad, la fraternidad-. De modo que una globalización sin derechos fundamentales

estaría ciega y unos derechos fundamentales sin globalización estarían vacíos. La

globalización neo-liberal supone una concepción individualista y no colectivista del ser

humano, lo que lleva a considerar los agregados de individuos, ya sea por motivo de sexo o

género, raza o etnia, clase social o religiosa, como características importantes pero en última

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

instancia accidentales frente al carácter esencial que define a todos los seres con dignidad

intrínseca: la racionalidad autoconsciente.

Se comprueba este vínculo determinante entre globalización y derechos fundamentales en las

tercera y cuarta generación de dichos derechos, los “derechos de fraternidad”, que son

precisamente aquellos que surgen una vez que la globalización se ha convertido en un suceso

clave a la hora de articular la dinámica social en todas sus facetas. Así, el “derecho a la paz”

o el “derecho al medio ambiente” se reivindican ante los problemas que surgen a partir de esa

Gran Solución al problema humano: cómo conciliar el dictum de Jesús “amaos los unos a los

otros” con el de Sartre, “el infierno son los otros”, en un contexto de más de seis mil millones

de personas donde hace poco solo había unos miles.

La dialéctica entre el reconocimiento de que los derechos son irremediablemente

individuales, porque axiológicamente el individuo es anterior a la sociedad, pero la

emergencia de los efectos de la espontaneidad social alcanza a colectivos, nos lleva a plantear

que la relación entre globalización y derechos fundamentales también es dialéctica: la

globalización afecta a dichos derechos, ampliándolos y haciéndolos más sofisticados, al

tiempo que los derechos también influyen en la globalización ya que con su pretensión de

universalidad dirige a hacia una globalización en sentido cosmopolita.

Enemigos de la Ilustración: populismos por la derecha y la izquierda

El mayor peligro contra los seres humanos viene de aquellos que están en contra de la

globalización. De Donald a Trump a Madeleine Le Pen, del Papa Francisco al presidente del

Partido Comunista de China, de Nicolás Maduro a Pablo Iglesias, los movimientos anti

globalización tienen una característica en común: el populismo.

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

El Papa Francisco, que ha llevado al Vaticano el estilo peronista que tan bien casa con el

clásico antiliberalismo de la Santa Sede, ha condenado la globalización porque

“Es verdad que en términos absolutos la riqueza del mundo ha crecido, pero la desigualdad y

la pobreza han aumentado”. Lo que es apoyado tanto por activistas de izquierda como Naomi

Klein, una profeta de la desestabilización de la vida en la Tierra, como filósofos de la derecha

como John Gray que de manera tan sofista como apocalíptica ha rebautizado al ser humano

como “homo rapiens”, es decir, rapaz.

Las declaraciones del Papa son un ejemplo paradigmático de lo que ha venido en llamarse

“post verdad” o mentira emotiva como hemos demostrado. Este movimiento reaccionario

anti globalizador que está arrasando a la izquierda y la derecha del espectro político tiene

como característica principal el nacionalismo en todas sus facetas. Un nacionalismo que les

lleva a priorizar lo particular sobre lo universal, la identidad comunitaria contra la diferencia

individualista, el mercantilismo contra la libre empresa. Revestidos de la autoridad

presuntamente taumatúrgica de un líder carismático, los movimientos anti globalización

alientan el miedo y la ignorancia a fenómenos que por el hecho de ser globales resultan sólo

accesibles al pensamiento abstracto.

Comprometidos con la “posverdad”, el desprecio por el pensamiento objetivo que asume que

la verdad, el populismo de la derecha e izquierda trata de hacer creer que no hay diferencia

entre las teorías sobre hechos y los relatos de ficción, creando lo que en el entorno de Donald

Trump se conoce como “hechos alternativos”.

Todos los países del mundo y las instituciones vinculadas a la ONU trabajan conjuntamente

con los gobiernos y la sociedad civil para promover el desarrollo económico para después de

2015. Los objetivos que se propusieron fueron4

4
Ver ​http://www.un.org/es/millenniumgoals/

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1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre/2. Educación universal/3. Igualdad entre los

sexos/4. Reducir la mortalidad de los niños/5. Mejorar la salud materna/6. Combatir el

VIH/SIDA/7. Sostenibilidad del medio ambiente/8. Fomentar una asociación mundial

para el fomento del desarrollo

El resultado final es sintetizado por la ONU con un titular contundente: “Los esfuerzos sin

precedentes han resultado en profundos logros”. Y fijándonos en una de las falacias más

extendidas sobre la globalización, sobre supuestos incrementos de la pobreza y la

desigualdad, el informe de la ONU reconoce lo siguiente en lo que respecta al primer punto,

erradicar la pobreza y el hambre:

“En el curso de las últimas dos décadas, la pobreza extrema se ha reducido de manera

significativa. En 1990, casi la mitad de la población de las regiones en desarrollo vivía con

menos de 1,25 dólares al día. Este porcentaje ha descendido a 14% en 2015. A nivel

mundial, la cantidad de personas que viven en pobreza extrema se ha reducido en más de la

mitad, cayendo de 1.900 millones en 1990 a 836 millones en 2015. La mayor parte del

progreso ha ocurrido a partir del año 2000. La cantidad de personas de la clase media

trabajadora que vive con más de 4 dólares por día se ha triplicado entre 1991 y 2015. Este

grupo ahora compone la mitad de la fuerza laboral de las regiones en desarrollo, a partir de

sólo el 18% en 1991.”

Si observamos lo que ha pasado con el “empoderamiento” de la mujer, también apreciamos

una mejora considerable según el mismo informe de la ONU:

“Muchas más niñas asisten ahora a la escuela que hace 15 años. Las regiones en desarrollo en

su conjunto han alcanzado la meta de eliminar la disparidad de géneros en la enseñanza

primaria, secundaria y terciaria. En Asia meridional, solo 74 niñas se matriculaban en la

escuela primaria por cada 100 niños en 1990. En la actualidad se matriculan 103 niñas por

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cada 100 niños. Las mujeres ahora constituyen el 41% de los trabajadores remunerados en

sectores no agrícolas, lo que significa un aumento en comparación con el 35% de 1990.

Entre 1991 y 2015 el porcentaje de mujeres con empleos vulnerables como parte del total de

mujeres empleadas se ha reducido en 13 puntos porcentuales. En contraste, el empleo

vulnerable entre los hombres cayó en 9 puntos porcentuales. En el curso de los últimos 20

años las mujeres han ganado terreno en la representación parlamentaria en casi el 90% de los

174 países para los que se dispone de datos. La proporción promedio de mujeres en el

parlamento casi se ha duplicado en el mismo período; sin embargo, todavía solo uno de cada

cinco miembros es mujer.”

Por supuesto, queda bastante camino por recorrer. Algo tan obvio como que gracias a la

globalización de la acción política y económica la meta está mucho más cerca que hace

veinte años.​ Por ello, la creencia más razonable basada en la evidencia es que debemos mirar

con optimismo y esperanza hacia el futuro, teniendo en cuenta que ni es algo automático ni

está determinado por supuestas leyes históricas sino que depende de que seamos capaz de

organizarnos de la manera menos mala posible, asumiendo el coste y la responsabilidad de

nuestros errores, además de ser capaces de aprender de nuestras equivocaciones.

En resumen, y siguiendo a Johan Norberg (2016)5, hay diez variables que apuntan a la mejora

de las condiciones materiales que redundan en una mejora cualitativa y cuantitativa de los

derechos fundamentales:

1. Eliminación del hambre. ​El porcentaje de personas con nutrición insuficiente en las

regiones en desarrollo cayó a casi la mitad desde 1990, pasando de 23,3% en el

período 1990–1992 a 12,9% en el período 2014–2016.

5
Norberg, Johan (2016). ​Progress. Ten reasons to look forward to the future​. London, UK: Oneworld
Publications.
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2. Mejora de la sanidad. Por ejemplo, En 2015, 91% de la población mundial utiliza una

fuente de agua mejorada, en comparación al 76% en 1990.

3. Esperanza de vida. En 1770 la esperanza de vida era de 30 años. Hoy, no hay ningún

país en el mundo con una esperanza de vida menor de cuarenta años.

4. Pobreza. En 1820 era del 90% mientras que actualmente es del 9% (y bajando).

5. Violencia. El mundo es mucho menos cruel y mucho más pacífico.

6. Medio ambiente. Hemos hecho innovaciones que han transformado el medio,

ayudando, por ejemplo mediante la revolución verde, ha salvar millones de vida.

7. Educación. África subsahariana ha registrado la más alta mejoría en enseñanza

primaria entre todas las regiones desde que se establecieron los ODM. Esta región

alcanzó un aumento en 20 puntos porcentuales en la tasa neta de matriculación en el

período de 2000 al 2015, en comparación con un incremento de 8 puntos porcentuales

entre 1990 y 2000.

8. Libertad. La caída de la mayor parte de los regímenes comunistas y fascistas ha

incrementado la libertad política en todo el mundo.

9. Igualdad. El Vaticano es el único país del mundo donde las mujeres tienen

explícitamente prohibido participar en el gobierno.

10. Creatividad. Google, Facebook, Zara, Ikea… la creatividad está por todas partes, y en

todos los niveles. Tenemos que mantener el ritmo de integración para que esta

explosión de creatividad se siga manteniendo.

De resultas de estas variables generales se han producido en 2016 diez hechos que son un

índice de la mejora progresiva y global que estamos consiguiendo: los osos pandas, el

símbolo de las especies en peligro, dejaron de estar en la lista de especies protegidas; la

emergencia sobre el ébola, que se consideraba que podría ser una plaga global, se canceló por

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la OMS; algunos problemas de salud de los países ricos -como el cáncer de colón, la

demencia y las fracturas de cadera- se están reduciendo; América en su totalidad fue

declarada libre de sarampión, una enfermedad que ha matado a 200 millones de personas; el

Índice de Terrorismo Global durante 2016 informó que el número de asesinados por esta

causa ha descendido por el 10%; la contaminación ácida retrocedió a niveles de 1930. El

CO2 se mantuvo estable por tercer año consecutivo; las muertes por parto fueron la mitad de

las que se produjeron durante 1990; las guerras en la actualidad son un cuarto de las que

había en los 80; el informe de la OMS sobre la malaria muestra que las muertes por esta

enfermedad han descendido un 60% desde 2000; cerca de 100 millones de personas salieron

de la extrema pobreza.

Todo esto no significa que caigamos en la trampa de Pangloss, el optimista filósofo

leibniziano que interpretaba todo positivamente como si fuese un axioma que vivimos en el

mejor de los mundos posibles. Pero sí que estamos en el proceso de construir el mejor de los

mundos existentes históricamente. Y, de hecho, mucho mejor que cualquiera de las utopías

que nos han propuesto todo tipo de filósofos bienintencionados, en el fondo distopías que

simulaban ser paraísos sólo que estaban construidos con piedras extraídas del infierno de la

fatal arrogancia totalitaria de los que no aprendieron la humilde y fundamental enseñanza

socrática: “Solo sé que no sé nada”, y la cambiaron por el gobierno dictatorial de presuntos

sabios que supuestamente lo conocen todo.

En la base de esta errónea visión sobre lo que constituye una época de avances sin igual en la

historia de la humanidad se encuentra un sesgo cognitivo que nos hace apreciar el pasado con

mucho más belleza y bondad de la que realmente tuvo. Esta ilusión respecto a que cualquier

tiempo pasado fue mejor, fue caricaturizada por ​Franklin Pierce Adams​ cuando sentenció

que

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“Nada es más responsable de los viejos buenos tiempos que una mala memoria”

Incluso el propio ​Marx​, tan crítico del capitalismo, se salvó de la ilusión respecto de una

presunta Edad de Oro cuando en el Manifiesto Comunista expuso el núcleo cosmopolita y

globalizador del cosmopolitismo (aunque erró precisamente en no tener en cuenta la

dimensión política de los derechos fundamentales que es su núcleo fundamental, de John

Locke a Adam Smith pasando por Spinoza y Kant):

“La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de

América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la

navegación y de los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó, a su vez, en el

auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la

navegación y los ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y

relegando a segundo término a todas las clases legadas por la Edad Media.

Cada etapa de la evolución recorrida por la burguesía ha ido acompañada del correspondiente

progreso político. Estamento oprimido bajo la dominación de los señores feudales; asociación

armada y autónoma en la comuna, en unos sitios República urbana independiente; en otros,

tercer estado tributario de la monarquía; después, durante el período de la manufactura,

contrapeso de la nobleza en las monarquías estamentales o absolutas y, en general, piedra

angular de las grandes monarquías, la burguesía, después del establecimiento de la gran

industria y del ​mercado universal​, conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del poder

político en el Estado representativo moderno. ​El Gobierno del Estado moderno no es más que

una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa​.

La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario.

Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales,

patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus

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«superiores naturales» las ha desgarrado sin piedad ​para no dejar subsistir otro vínculo entre

los hombres que el frío interés, el cruel «pago al contado»​. Ha ahogado el sagrado éxtasis del

fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las

aguas heladas del cálculo egoísta​. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de

cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la ​única y

desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por

ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una ​explotación abierta, descarada, directa y

brutal​.

La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad. Ha creado urbes inmensas; ha

aumentado enormemente la población de las ciudades en comparación con la del campo,

substrayendo una gran parte de la población al idiotismo de la vida rural​. Del mismo

modo que ha subordinado el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o

semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el

Oriente al Occidente.”

Transformación del planeta por el ser humano: tecnología y arte.

Hasta el día 20 de septiembre de 2009 era posible visitar en el museo Guggenheim de Bilbao

la panorámica ​Quiero creer​, sobre el artista chino Cai Guo-Qiang. ​El chino es uno de los

más completos, originales, transgresores y complejos artistas vivos. La pólvora, el óleo, el

vídeo, la arcilla son sólo algunos de los diversos materiales que ha empleado para crear una

cosmovisión que combina la aspiración a la eternidad con las realizaciones más efímeras. Por

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

ejemplo, ​Red Flag​ consiste en una bandera roja de 6,4 x 9,6 metros fabricada con tela y

pólvora que fue ​explotada​ en la Galería Nacional de Arte Zacheta el 17 de junio del mismo

año a las 7:30. La obra en sí duró exactamente dos segundos, mucho menos de lo que

durarán, pongamos, las pirámides egipcias (aunque la postal holográfica que recompone el

efecto de la explosión, y que se podían comprar por 4,50 euros en la tienda de souvenirs del

museo, igual dura finalmente más que los monumentos funerarios de los faraones).

Veamos otro ejemplo. ​El Patio de Recaudación de la Renta de Bilbao​(2009), una recreación

en arcilla de uno de los más famosos monumentos escultóricos creados en vida de ​Mao

Tse-tung​, llamado obviamente ​Patio de la recaudación de la renta ​(1965), que representaba

siguiendo el canon del realismo socialista la miseria de los campesinos bajo el yugo de un

terrateniente. Como hiciera un año antes ​Gus van Sant​ (1998) con ​Psicosis ​de ​Alfred

Hitchcock ​(1960), Cai Guo-Quiang se apropiaba del concepto que inspiraba la obra maoísta

para reelaborarla desde la mentalidad postmoderna, planteando la cuestión acerca de cómo

las condiciones (hasta las censuras) en el arte pueden llegar a ser catalizadores de la creación,

al tiempo que la libertad absoluta ocasiona el vértigo de la impotencia creadora.

Mientras que por esta obra le dieron el León de Oro de la Bienal de (la siempre capitalista)

Venecia, en su natal y comunista China lo demandaron por plagio. En la versión de Bilbao,

un factor añadido que me entusiasmó fue que, al estar hecha con arcilla, se va desintegrando a

medida que se aproxima el fin de la exposición, desvaneciéndose su ser en el tiempo.

Cai Guo-Qiang será una de las exposiciones estrella este año del Museo del Prado. La

pinacoteca más importante del mundo podrá contar con la estrella artística china gracia al

patrocinio de Acciona. De esta manera, una institución clásica como el Prado se moderniza y

se globaliza, bajo el amparo de una empresa que ya ha patrocinado a Miquel Barceló, Cy

Twombly y Richard Hamilton. Por tanto, la globalización neo-liberal también lleva a un

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

círculo virtuoso entre arte y economía, donde el derecho a la creatividad de los artistas se

funde con el interés crematístico y de publicidad de las grandes empresas.

El arte tiene esa característica evanescente y abstracta: en sus mejores ejemplificaciones,

termina por elevarse por encima de las circunstancias que lo hicieron emerger. Es capaz de

saltar sobre su propia sombra. Incluso de dejarla atrás. Y, sobre todo, refleja como ninguna

otra actividad la dimensión cosmopolita de la transformación que realiza el ser humano en el

mundo, y que la globalización ejemplifica en su vertiente económica, social y tecnológica.

Democracia, soberanía nacional, globalización

En el acto de apoyo a la huelga de los despectivamente denominados “titiriteros”, título que

ellos asumen ahora con orgullo, escuché a un cantante defender que es a “la ciudadanía a la

que pertenece Europa y que los políticos deben responder ante ella, no ante el FMI”. En esta

sencilla e ingenua frase se esconde precisamente la contradicción que nos tiene sumidos en

la perplejidad. Por un lado, la ciudadanía. Por otro, la soberanía europea y los políticos. Un

poco más allá, el FMI y la globalización. Lo que Dani Rodrik denomina “el trilema de la

economía mundial”. Y el problema reside precisamente en la dolorosa elección: de las tres

variables del trilema cabe quedarse sólo con dos y desechar la restante.

Tanto Zapatero como el presidente del Fondo Monetario Internacional, el también socialista

Dominique Strauss-Kahn y gran esperanza del Partido Socialista Francés para derrotar a

Sarkozy, han optado en el trilema por la globalización y la soberanía europea en detrimento

de la democracia nacional. Lo que era lógico: cada uno de los países de la zona euro,

incluyendo a España, se ha beneficiado durante la época de la bonanza económica de

mercados financieros globales y unificados. El problema ha venido dado por la mala gestión

fiscal de países como Grecia o del cebado absurdo de la burbuja inmobiliaria, la corrupción

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

urbanística municipal y la pasividad en las reformas laborales de España, en lo que son

cómplices, por cierto, los sindicatos que ahora lloran como plañideras lo que no supieron

gestionar como profesionales.

El haber elegido la opción menos democrática del trilema es lo que le costará seguramente la

presidencia al dirigente socialista que ha optado por la ética de la responsabilidad en lugar de

la ética de la convicción, al realizar lo que debía hacer en lugar de lo que le gustaría haber

hecho. Pero es que el cerebro de un político tiene razones que el corazón de un artista no

entiende.

Del cosmopolitismo a la globalización: Kant y la paz perpetua

En su ensayo La paz perpetua, Kant establece tres artículos sobre los que se debería articular

cualquier proyecto cosmopolita y globalizador

1. "La constitución civil de todos los estados debe ser republicana".

2. "La ley de las naciones debe estar fundada en una federación de estados

libres".

3. "La ley de la ciudadanía mundial debe estar limitada a condiciones de una

hospitalidad universal"

No cabe duda de que dicho proyecto está en marcha hoy más que nunca. La ONU es la

institución sobre la que se podría articular la federación de estados libres, una vez que todos

los estados se hayan constituidos como Estados de Derecho de manera que se llegue a una

ciudadanía universal, ligada a unos derechos fundamentales comunes. Entonces la

globalización neo-liberal habrá llegado a una implementación lo más perfecta posible dentro

de los límites habituales.

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

“El hombre quiere concordia; pero la naturaleza sabe mejor lo que para su especie es

bueno: ella quiere discordia”​. Si hacemos caso omiso de su retórica antropomórfica de

deseos y creencias atribuida a la “naturaleza”, Kant hace, en el opúsculo ​Idea de una historia

universal con propósito cosmopolita​, un sucinto diagnóstico del conflicto que funciona como

el motor de esa cosa que hemos llamado “progreso”, entre la ambición de mejorar y la

tentación de descansar. Aunque racionalista, late en la frase de Kant la premonición de lo que

luego románticos como Schopenhauer o Nietzsche denominarán “voluntad (de poder)”.

El ​capitalismo lib-tech​ -ese combo de economía de mercado, democracia parlamentaria y

ciencia tecnológicamente orientada- ha sido el sistema que mejor recoge esa pulsión humana

hacia la “destrucción creadora”, en expresión genial de Schumpeter. El movimiento que

busca la concordia a través de la discordia. Pacificando el guerrero lema latino​ “si vis pacem,

para bellum”​, el capitalismo lib-tech ha transmutado la guerra militar de suma cero en una

guerra económico-política-tecnológica de suma positiva. Tras una batalla hay, en el mejor de

los casos, un ganador y un perdedor. Sin embargo, tras un negocio, siempre que cumpla las

condiciones de posibilidad de una sociedad abierta, habrá dos ganadores (y será tanto más

justo en cuanto que el más desfavorecido en principio gane más con el intercambio).

Para llegar a esta sociedad cosmopolita los ​tratados de libre comercio​ constituyen la puerta

de entrada, dado que contribuyen a generar confianza y comunicación a través del beneficio

económico. La dinámica del negocio funciona a modo de pendiente resbaladiza virtuosa

hacia un ocio civilizatorio. Al destruir el proteccionismo económico también contribuye a

desintegrar el nacionalismo identitario, ampliando perspectivas, cuestionando estereotipos,

deconstruyendo dogmas. El “catetismo”, del que el nacionalismo es fase superior, se cura

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

viajando, decía Pío Baroja; pero si además comerciamos, la curación es más rápida y

duradera.

El TTIP que en la actualidad se está negociando va a ser beneficioso tanto para Estados

Unidos como Europa. Y, de paso, para el mundo. Si, por ejemplo, Estados Unidos es

demasiado laxo en la defensa de los consumidores frente a los productores, en Europa se es

demasiado intransigente con las nuevas tecnologías. No tiene sentido la inquisición

“ecológicamente correcta” de la UE que sataniza los transgénicos, contra el criterio de los

científicos y el beneficio de las empresas y los consumidores. Tampoco lo tiene la falta de

información y protección de los consumidores europeos. Por ejemplo, cuando me compré un

ebook en Amazon de Estados Unidos me topé con la sorpresa de que caducaba la garantía

mucho antes de lo habitual en Europa. Pero aunque los beneficios económicos sean máximos

-en términos de 400.000 empleos y 120.000 millones de dólares-, los resultados positivos

sobrepasan en mucho a la prosperidad ya que apuntan hacia ese cosmopolitismo del que

habla Kant, una de las señas de la identidad de la Ilustración.

Al mismo tiempo que el TTIP entre Estados Unidos y Europa se está negociando el TTP

(Tratado de Asociación Transpacífico) entre Estados Unidos y varios países asiáticos. Con el

horizonte puesto en un Tratado Mundial (“un tratado para liberarnos a todos”, parafraseando

Tolkien) que una a todo el planeta en una zona de libre intercambio de productos y servicios,

una sola moneda y una estructura federal de articulación política en la que la mayor parte de

los países sean repúblicas o monarquías liberales y en el que la civilización consiga articular

las diversas culturas en un proceso de moralización creciente. Con las tecnologías

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Santiago Navajas, Debate sobre “Globalización y DDHH”, IES Maimónides, junio 2017

bioinformáticas de mejora humana realizando injertos en la madera torcida de la humanidad,

que creía Kant que nunca podríamos enderezar.

En otro de sus poemas, Yetchuvenko argumentaba

“Para mí, ser yo mismo no es bastante,/¡dejadme ser todo el mundo!/Estaré en miles de

ejemplares hasta mi último día/para que la tierra vibre conmigo/y las computadoras

enloquezcan/procesando mi censo universal.”

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