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EL GRAN VIRAJE DEL SOCIALISMO ae GRAN VIRAJE elt DEL SOCIALISMO ROGER GARAUDY El tedrico marxista investiga, fin del siglo XX y para pre sin polemizar, las causas de —_parar el gran vuelco hacia un esta crisis y las descubre en _socialismo con rostro humano. OWSMYID0S Taq afv¥IA NYYD 13 0 EDITORIAL TIEMPO NUEVO. S.A LIBROS DE BOLSILLO DE TIEMPO CARLOS BER ROGER GARAUDY b EDITORIAL TIEMPO NUEVO s.2. Titulo original en francés LE GRAND TOURNANT DU SOcIALISME Version espahola de MARCIANO SADORNIL © Editions Gattimard, 1969 © de Ia edicion para todos los paises de habla espafiola EDITORIAL TIEMPO NUEVO, S. A, Caracas / Venezuela Portada J Victor Viano Impreso en Venezuela por Ecitorial Arto INTRODUCCION A.No Es posible callar. El movimiento comunista internacional se halla en crisis. El cisma chino, la invasién de Checoslovaquia en 1968, la Conferencia de Mosci en junio de 1969, la negacién impuesta al Partido checoslo- vaco a sus protestas en agosto de 1968 son ma- nifestaciones evidentes de lo mismo. A cada uno de nosotros se nos plantea un problema fundamental en este final del siglo XX. Tomar conciencia del mismo y sentirse res ponsable de su solucién es una sola cosa, La agonia del mundo 0 su resurreccién de- penden de esto. El problema se plantea a escala planetaria, No se trata de un asunto que incumba a los comunistas nicamente: nadie en el mundo deja de estar implicado en su solucién. sa 8 El punto de partida de estas reflexiones ha sido doble en la primavera de 1968: Paris y Praga. ee Y de rechazo el shock de la primavera abor- tada. En primer lugar, la toma de conciencia del impasse de 1a politica francesa y el estudio de Jos medios para salir de este impasse. La menor paradoja de la politica francesa ac= tual no es que la oposicién sea, a este respecto, mayoritaria ¢ impotente al mismo tiempo. Ella no puede conseguir sino victorias nega- tivas sin Ilegar a construir en el futuro. En mayo y junio de 1968 todas las fucrzas vivas de la nacién se levantaron: cerca de diez millones de obreros en huelga; estudiantes ¢ intelectuales en masa; funcionarios y, en cierto aspecto, los campesinos. Este levantamiento po- nia en tela de juicio el régimen del poder per- sonal y el del capital cuya expresin es. Algunas semanas mis tarde tienen lugar las elecciones y el partido en el que se encarna el sistema consigue un gran éxito. En 1969, un referendum en el que el “NO” es mayoritario, obliga al general de Gaulle a retirarse. Un mes después, es elegido presidente de la Republica su heredero mis directo. Una paradoja similar se halla en la oposi- cién: el Partido comunista es también a la yez mayoritario e impotente. En el curso de dos elecciones, legislativas en 1968 y pre~ sidenciales en 1969, obtuvo incontestablemen- te un éxito: es el unico partido de la opo- sicién que no se hunde, antes bien consolida sus posiciones. 8 Pero se encuentra como un torreén aislado en ja lianura, sin ninguna fuerza organizada fuera de él, a su lado. gNo conviene, pues, preguntarse acerca de ‘esta doble paradoja? ~ ¢Quién puede tomar las iniciativas necesa- “rias para salir del impasse —para salir del #m- passe no slo la oposicién sino el pais, y abrirle “una perspectiva de fururo— sino la principal “fuerza organizada de esta oposicién mayoritaria, ‘el Partido comunista, el mas s6lidamente arrai- jado en Ia clase obrera, y el que goza de la con- © fianza de esta clase porque tiene por misién encarnar el proyecto revolucionario? Al término de este estudio, trataré de respon- der a este problema a partir de la doble certeza “que ha terminado por imponérseme como una -evidencia: —no puede hacerse nada eficaz en Francia sin el Partido comunista; —no puede hacerse nada si este se transforma profundamente. Partido no e 4m El problema francés de la revolucién, en el “impase, no es sino un caso particular de un problema mas general. En vastas zonas donde hace algunos afios las fuerzas revolucionarias eran poco numerosas, “Tos partidos comunistas constituian el polo esen- cial de atraccién. Hoy estas fuerzas han crecido y frecuente- mente “contornean” a los partidos comunistas; 9 se desarrollan fuera de ellos; sin ellos; y a veces, contra ellos. En América Latina una sola revolucién so- cialista ha triunfado hasta hoy; en Cuba; y el Partido comnunista, aunque poderoso, no fue su iniciador. Se asocié a ella. En el resto del con- tinente, bajo el yugo casi colonial del imperialis- mo mis poderoso del mundo, las tensiones alean- Zan su paroxismo; grandes fuerzas sociales se despiertan para la revolucién y los partidos co- munistas juegan el papel de meros componen- tes, no siempre el mas dindmico. En Africa negra, donde los movimientos na- cionales anticolonialistas se enfrentan al neo- colonialismo, a su mayor poder, a su riqueza y su estrategia, no existe practicamente el partido comunista. En el mundo musulmin el movimiento na- cional y hasta socialista “‘contornea” también a los partidos comunistas. En Asia los problemas presentan una forma particularmente dramatica. No sdlo en raz6n de Jas posiciones voluntarias del Partido comu- fista chino, que aspira 2 una hegemonia mundial del movimiento, sino también por el hecho de la exterminacién del Partido comunista de In- donesia y de las divisiones internas de los otros partidos, especialmente en Japén y en la India, La afirmacién més clevada de la vitalidad del movimiento se encuentra en los comunistas viet- namitas, que enfrentan victoriosamente, a precio de un sacrificio sin nombre, al imperialismo més poderoso del mundo. 10 En ‘los paises desarrollados de Europa y de América ¢puede esperarse razonablemente que, fuera de los partidos comunistas de Francia, Ttalia y Espafia, la clase obrera en su masa y Tas demas fuerzas revolucionarias sean absor- bidas por los partidos comunistas actualmente existentes? Hay que cuidarse del “triunfalismo” que ins- Piran ciertos pasajes del “Documento” emanado de la “Conferencia de Mosct, y de abordar los problemas reales no sélo detectando y anali- zando, en sus profundas causas, las contradiccio- nes existentes entre paises socialistas, sino tam- bien buscando las razones por las que tantas fuerzas revolucionarias “contornean” a los par- tidos comunistas. Es necesario en adelante una “revision desga- rradora”. Para los comunistas, para los no comunis- tas y para los anticomunistas. see Porque el problema hay que plantearlo en toda st: generalidad. Resulta banal decir que las posibilidades del hombre han aumentado en veinte aiios mas que en muchos milenios. Qué se ha hecho en los paises capitalistas, aun los mas ricos, por adaptar las relaciones hu- manasa esta formidable mutacién? ¢Qué se ha hecho en los paises socialistas fren- te al mismo problema? u La conquista de tres infinitos ha hecho fran- quear una etapa decisiva: —a nivel de lo infinitamente pequeiio: el do- minio de la energia atémica abre la era de una desintegracién controlada de la materia, ponien- do en nuestras manos posibilidades tales que ya no existen limites a la riqueza y al poder de los hombres; —a nivel de lo infinitamente grande: las pri meras exploraciones césmicas abren un horizonte fin fin a las transformaciones y quizés a lee emigraciones de la humanidad en el cosmos; los limites planetarios del espacio han sido fran- queados; —a nivel de lo infinitamente complejo: la revolucién cibernética, Ja de las computadoras, la automatizacién de la produccién y la infor- macién han proporcionado en algunos afios tal suplencia a los calculos humanos, que el cerebro del hombre, liberado en su funcidn creadora, se ha agrandado bruscamente, al punto que sus poderes reales exceden temporalmente su ima- ginacién presa del vértigo ante las perspectivas abiertas. ‘Al mismo tiempo se tiene [a sensacién de que todo es posible y que existe un doloroso desnivel entre la vida realizable ya y la vida real. La energia atémica ha sido utilizada esencial- mente para acumular medios, no de produccién, sino de destruccién. La maravillosa epopeya del espacio se ha con- vertido en la apuesta de una rivalidad de pres- tigio (con intentos militares) entre las grandes potencias, 12 En cuanto a las consecuencias de la ciber- netizacién de las actividades del hombre, la salida es ain dudosa: gconduciré a nuevas alie- naciones de un totalitarismo tecnocratico, 0 a una liberacién sin precedentes de las posibilida- des creadoras del hombre y de cada hombre? soe Plantear de esta manera el problema no es Hlegar a cierto determinismo tecnicista; no es abandonarse al mecanismo del desarrollo de las solas fuerzas productivas de donde dimanarian todas las formas de la vida social, desde las estructuras politicas hasta las ideologias. No creamos que por el simple juego de la entropia histérica, el mundo actual llegar4 nece- sariamente al equilibrio, socializindose el ré- gimen de los Estados Unidos por la fuerza de las cosas y liberalizandose el de la Unién Sovié- tica, también por la misma fuerza de las cosas. ‘No creamos en el primado de la técnica y de las fuerzas productivas, fundamento de todo reformismo, ni en la realizacién automitica ideun futuro cuya historia estaria ya escrita y en el que los hombres estarian ausentes. Hay futuros posibles. Cada uno de nosotros es personalmente res- ponsable de su actualizacién. Nuestra hipdtesis de trabajo no es en modo alguno wna variante tecnocratica del reformis- mo tradicional. Se trata, por el contrario, ante la ausencia de anilisis de lo que es fundamental —ausencia 43. caracteristica del documento de la Conferencia de Mosctt y que podria conducir a la impotencia al movimiento comunista—, ante la ausencia de andlisis de la nacuraleza y de las consecuencias de la nueva revolucién cientifica y técnica, de dar a las fuerzas productivas el papel que des- cubrié en ellas Karl Marx: eI desarrollo de las fuerzas productivas es el que hace nacer las contradicciones nuevas, decir, las nuevas relaciones de clase y los anta~ gonismos nuevos, y exige, en consecuencia, de has fuerzas revolucionarias ua andlisis nuevo pa ra crear sus nuevas estrategias. Contra los sonimbulos de todas las fronteras, que vagan en sus suefios de ayer, ef objeto de este libro plantea tres problemas: —¢Qué mutaciones estin por realizarse y qué contradicciones nuevas originan? —ZQué iniciativas son necesarias para adap- tar el conjunto de las relaciones humanas a esta mutacin? —zQuién tomard conciencia de las nuevas contradicciones y tomara las iniciativas nece- sarias para sobrepasarlas? + 4 oe Dos acotaciones me parecen atin necesarias para definir el espirit con que he abordado estos. problemas. Ia critica de la actitud de los actuales di gentes soviéticos la hemos hecho sin miramien- to alguno. No hay en ella nada de antisovietismo. 14 j 5 ier entre tat Decir que los sucesores de Lenin, desde Stalin a Breznev, oscurecen a los ojos del mundo la alta imagen de la revolucién de Octubre; que su dogmatismo empobrece y desfigura el marxismo y obstaculiza un anilisis cientifico de las con- ‘tradicciones internas del capitalismo, limitando asi las posibilidades revolucionarias de los par= tidos comunistas; que su actitud desde la exco- munién y boicot de Yugoslavia en 1948 hasta Ia invasion de Checoslovaquia en 1968, divide el movimiento por la negacién de reconocer de echo la legitimidad de Ia busqueda de “mode- los” de socialismo correspondientes a las exigen- clas de cada nacién y de cada época, y frena en la misma Unidn Soviética, la construccién del socialismo, esto no pone en tela de juicio Ia significacién de la revolucién de Octubre, co- mo nuestra critica de los actuales dirigentes de Pekin no enjuicia el significado historico de la Larga Marcha y de la Revolucién china, Como militante comunista y con el conven- cimiento de que sdlo el socialismo puede crear relaciones sociales que respondan a las exigen- Glas de Ia formidable mutacién cientifica y téc- nica poniéndola al servicio de la liberacion del hombre y de todos los hombres, decimos clara~ mente a los dirigentes soviéticos: jel socialismo que queremos construir en Francia no es el que yosotros impongis en Checoslovaquia! Por otra parte, no es necesario ser comunista para estar convencido de que el antisovietismo € un crimen contra Francia y contra la paz. Hombres de orientacién politica reaccionaria lo comprenden también asi. ib Independientemente de toda content ideolbgica, los intereses de Estado de la Unién Soviética, en la relacién de las fuerzas inter-_ nacionales, tienden, en general, a la paz: Ia Unibn Soviética constituye el contrapeso mis importante a las empresas imperialistas de los Estados Unidos. De Vietnam a Cuba, su ayuda econémica y militar constituye la mejor defen- sa contra la hegemonia mundial de los Esta- dos Unidos. Sirve por tanto a la causa de la independencia nacional de los pueblos y de Ia paz. Lo mismo hay que decir acerca del pro- Eieay ileuin, donde ls Union Soveseh aaa en jaque las tentativas de restauracién de un imperialismo neohitleriano, Por eso, la critica a los actuales dirigentes so- viéticos no podria transformarse en antisovie- tismo sin poner en peligro la independencia na~ cional y la paz. La segunda acotacién concierne a mis rela- ciones personales con el Partido comunista fran- cés, También aqui, hacer una autocritica (digo: autocritica porque pertenezco a la direccién de este partido desde hace mis de veinte afios y soy, por consiguiente, responsable, por mi parte, su politica), hacer una autocritica de algunas de sus actitudes y anilisis, es trabajar no para debilitarlo, sino mas bien para ¢rear Jas condi- ciones que le permitan desempefiar plenamente su papel. Si hoy me veo obligado a hacer piblico este de- bate, es porque mis sugerencias no han podido — quebrar desde hace mas de tres aiios el callején entral, Se me ha dicho constantemente a lo largo de “estos wltimos afios: eres libre de expresar tu ito de vista, a condicién que sea “dentro del Partido”. Pero esto mismo es una estafa: el Partido no es solamente el Burd politico © yel Comité central; ¢5 el conjunto de sus mili- - tantes. Luego, yo no sé por qué desconfianza © qué desprecio de “'Ia base”, jamds se entablan discusiones. Se piensa que ella es menor de edad € incapaz de separar el buen grano de la cizafa, Ninguno de los érganos del Partido, ni L‘Hus manité, ni France nouvelle, ni los Cahiers du “communisme, dan a conocer a los militantes las ‘opiniones que difieran, por poco que sea, de la “linea oficial” de la maquinaria. Esto es lo que me ha obligado a escribir este libro y a hacer publico el debate, dentro y tuera del Partido, puesto que se trata de proble- mas de los que depende el porvenir de nuestro partido y el de la nacion, Entre militantes que persiguen el mismo ob- jetivo fundamental: el socialismo, debe ser posible entablar, sobre cada problema particular, una discusién abierta acerca de los métodos mis apropiados para resolver estos problemas y po- der alcanzar el objetivo comin, y reunir en un solo esfuerzo a millones de franceses que, a diver- ‘sos niveles de conciencia y de resolucién, persi- guen el mismo fin. Ya no es posible callar. a 8 16 Esta obra no quiere ser polémica. Propone una reflexién comin acerca de la gran iniciativa necesaria para responder a la mutacin fundamental de nuestra época, sugi- riendo hipétesis de trabajo sobre cinco proble- mas csenciales: 1. gEn qué consiste la nueva revolucién cien- tifica y técnica? zCudles son sus consecuen- cias? ¢Coinciden sus exigencias con las del des- arrollo de la democracia y la expansién crea dora del hombre? 2. 2Qué contradicciones inéditas engendra esta mutacin en los paises capitalistas y, espe- cialmente, en el mis rico y mas poderoso de todos ellos: los Estados Unidos? ¢Qué iniciati vas se han tomado o podrian tomarse para sobre= pasar tales contradicciones? 3. ¢Qué contradicciones origina esta muta- cién en los paises socialistas y qué iniciativas histéricas se han tomado para franquearlas? ~Responde el modelo soviético a tal exigencia? 2Y el modelo chino? ¢Y el modelo yugoslavo? 4. 2Qué cambios profundos exige esta mu- taci6n en el Partido comunista francés, en Ja oposicién, en Ia politica francesa en su conjunto? 5. de Jos elementos que permitan Ja utilizacin de Ia computadora y el manejo de ésta, se con- } rte en la educacién primaria bdsica, como la Tectura y el calculo, que a partir de ahi lo esencial de la educacién se realiza por la televi- sign y el magnetoscopio, los “cursos” de la més fa calidad han sido transmitidos y visualizados ‘para millones de nifios, de hombres y mujeres, 10. Radovan Richta, La Civilisation au carrefour, pi- gina 175. 58 59 ¢ in. universal, Tal ‘es el hombre nuevo que hay. ee apt hacer nacer: OS Y LAS SUENCIAS DE LA NUEVA OLUCION CIENTIFICA ¥ osamente mas que alli donde existe la Pees cae encore tee una gran acumulacién previa, Estados Unidos nos proporcionan, pues, peauade capitalista, un ejemplo pri permite estudiar las transformaciones operan cada vez més en un sistema fun- sobre el mercado y el provecho, a conse- cia de la mutacién profunda de Jas fuerzas toras, ia engafioso objetar que alrededor de un de la produccién total de los Estados est4 automatizado, y que por largo tiem- puede analizar su economia y su sistema social segiin las categoria de la industrializacion ‘tipo clasico. Este razonamiento. mecanicista — ‘tan absurdo como si un médico dijera: te el cerebro y el corazén de mi pacien- OL “son las del siglo XIX, sino las de fines del siglo "XX. Lo cual no significa de ninguna manera, como lo demostraremos, que las contradicciones ‘anteriores hayan desaparecido, sino que se han transformado profundamente en otras nuevas. Necesitamos un nuevo tipo de crecimiento, una transformacién de las clases y de las relacio- “nes de clase, un papel nuevo jugado por el Estado, ideologias que respondan, de una manera ‘més 0 menos mistificada, a los problemas ‘planteados por esta insidiosa y brutal meta- morfosis, y un planteo angustioso sobre la cues- tién Ultima: los fines de una sociedad semejante. ¢Cual es el fendmeno bisico a partir del cual pueden esclarecerse estas miiltiples transforma- ‘ciones? La nueva revolucién cientifica y técnica, al “exigir programacién a largo plazo, involucra “ina inversion de relaciones entre la produccion te estén gravemente afectados, pero estos érga-_ nos no representan mas que alrededor del 10 Por ciento del peso del organismo total, por lo cual puedo prescindir de ellos en mi diagnéstico y_tratar al 90 por cien que queda como si estu- viese regido por las leyes habituales de un cuetpo normal... 1 Esto seria olvidar que una formacién econ6- _ mica y social, como un ser viviente, es una ¢s-_ tructura cuyos elementos son interdependientes ¥ que, en el caso que nos ocupa, las consecuen- cias de Ia nueva revolucién cientifica y técnica se extienden més all4 del sector de las fabricas automaticas ya en servicio y las actividades re- gidas por las computadoras. Cada vez ms es el conjunto de la formacién econémica y social lo que entra en metamorfosis bajo el impacto de esta irrupcién masiva de la ciencia en la produccién, y de esta mutacin. de las fuerzas productivas sin parangén con las mutaciones anteriores. ¢Cuales son en los Estados Unidos las conse cuencias de esta nueva revolucién cientifica y_ técnica al engendrar una sociedad “postindus- trial”, es decir, una sociedad en la que la orga nizacién sistematica de la investigacién y del conocimiento cientifico tienda a convertirse en la fuerza productora esencial? ; La primera y la mas decisiva de estas con: secuencias en los Estados Unidos es un despla- zamiento de las contradicciones del capitalismo. © Es inutil repetir ritualmente que “las contradic- ciones se agudizan”, si no se afiade a continua- cin que las contradicciones que se agudizan no. esencial cuyas implicaciones conviene sefialar. _ En la produccién de las “empresas mamuts” "que han podido realizar inversiones para ciberne- wat su produccién pasa un lapso cada vez mayor nivel de la “investigacién-desarrollo”, su acién y Ia puesta en venta en el mer- En estas nuevas condiciones se le hace a la produccién cada vez mis dificil adaptarse a las exigencias del mercado, y cada dia se hace mas 63 ; necesario adaptar el mercado a las exigencias de la produccién. c q Las firmas gigantes alcanzan este objetivo | mediante dos medios esenciales: 1 1. El condicionamiento del consumidor por | medio de diversos procedimientos, siendo la pu- blicidad uno de éstos, pero no el unico; 2. La extensién de mercados fuera del mer- ado, especialmente Ia hipertrofia del sector pi- blico del armamento y de la exploracién espa- cial, q Volveremos mis adelante sobre las nuevas formas de alienacién engendradas por esta in- version, Pero ya a nivel econémico, conviene sefalar | Ins consecuencias de esta nueva relacién entre la produccién y las necesidades. La eleccién de lo que hay que producir en este sistema es cada vez menos exigido por las necesidades del consumidor y cada ve. mis por los imperativos del crecimiento de los monopolios que controlan — el mercado y condicionan al consumidor. Pe Aeotewione exe nusva ley que ee 1m relaciones entre la produccién y el mercado, asi como la mayor parte de las leyes econémi- cas, socioldgicas, histéricas es una ley tenden- cial: seria absurdo concluir a partir de la tesis ‘precedente de que no existe ya mercado en los Estados Unidos. La verdad es que los grandes — monopolios, especialmente en los sectores de van- guardia de la industria, tratan de abrirse camino hacia el mercado y, en una gran medida, llegan a conseguirlo. Aun cuando lo que est4 en vias 64 n de desarrollarse, y por consiguiente determinante para el anilisis y la previsi6n, I receso de Ia economia de mercado en el sen- ido clasico del término, y el progreso de {os ectores donde se manifiestan leyes nuevas. _El capitalismo norteamericano en 1970 no es ‘el capitalismo que Marx podia analizar en In- laterra hace un siglo, Todos los analisis del Capital de Marx se an én Ia teoria de la mercaderia, es decir, la produccién para el mercado, y sus con sptos claves sobre el valor, la plusvalia, lag BCtisis que nacen de las limieaciones intecnas del “mercado capitalista, la ley relativa y absoluta “de la pauperizacién de la clase obrera dimanan ello. ju anilisis ha sido valedero sin que fuesen necesarias modificaciones radicales hasta fines primer tercio de este siglo. La ultima con- cién evidente de ello fue la gran. crisis teamericana y mundial de 1929. Repetir hoy con los marxistas dogmiticos e “las contradicciones se agudizan”, sin pre~ ir que s¢ trata sobre todo de contradicciones as, 0, inversamente, proclamar con fos anti- sistas que “las previsiones de Marx han sido smentidas”, manifiesta una misma interpre- cién escolistica y antihistérica del pensamien- ode Marx, que consiste en fijar este pensamiento ‘un sistema o un catalogo de leyes econdmi- vyalidas en todo tiempo y en todo lugar siendo gue (como lo hemos demostrado en el capi- © sobre “la actualidad del Capital”, en Pour 65 " cubsimos Ja raiz nueva de Ia alienacibn, de Ia - deshumanizacién del hombre. "El trabajo humano y el proyecto humano “han perdido entonces su caricter especifica- mente humano, es decir, la conciencia de los fines y su eleccién que precede al acto de tra- bajo. El problema mis tragicamente planteado en tales condiciones es el de los fines de la sociedad. Los objetivos del aparato econdémico asi conce= © bidos son objetivos de crecimiento y de expan- sion. El crecimiento del aparato y su eficiencia se convierten en fines en si mismos. El dnico criterio de valores es un criterio de ejecucién. "La unica racionalidad es una racionalidad fun- ~ cignal. "De esta manera se instituye una religion de "los medios y un culto del crecimiento. Un econo- ‘mista ha podido resumir esta orientacién del modo de vida norteamericano con una ocurren- "cia: Al llegar al cielo cada ciudadano sera “interpelado por San Pedro, que para encami~ narle al Paraiso, el Purgatorio o el Infierno le Tara esta sola pregunta: ¢Qué has hecho para aumentar el Producto nacional bruto?* un modele francais du socialisme), lo esencial del marxismo viviente, el de Marx y el de Lenin, es el método que permite, mediante ef andlisis de las contradicciones presentes, prever y actua- lizar las contradicciones posibles. En las condiciones actuales del desarrollo de Ja economia norteamericana, gquién puede pen- sar razonablemente que el socialismo se im- plantaré en este pais como consecuencia de una Situacién apocaliptica en que la clase obrera en su masa se ver aguijoneada por la miseria para un levantamiento similar al de la “Comuna de Chicago”, estampa ideada por Jack London en 1907, en su Talon de fer? Las discusiones en Francia sobre la pauperiza- cién de la clase obrera nos habian mostrado* que Ja pauperizacion no puede definirse como una baja’ constante del poder de adquisicién” sino por una alienacién creciente del trabajador, Esta alienacién reviste formas nuevas en la época actual del desarrollo del capitalismo. La inversién de las relaciones entre la produc- cién y el mercado tiene como consecuencia un sojuzgamiento de las sociedades al aparato creado para aumentar su poder. Cuando las necesidades del individuo son mo- deladas o fabricadas en todas sus piezas por los organismos motores de la produccién, cuando Jos objetivos del Estado son, en gran medida, determinados por las exigencias internas de este aparato (el “complejo-militar-industrial”), des- a Se llama producto nacional bruto al valor medio de las mereancias y de los servicios producidos en una hhora de trabajo, multiplicada por el nimero total de horas de trabajo efectuadas en un pais. Por ejemplo, fen los Estados Unidos, una hora de trabajo produce 5,20 délares. 74 millones de personas estin emplea dis en el campo civil y cumplen 2,000 horas por término medio de trabajo por aio y por persona. Esto a aproximadamente 150 mil millones de horas de Roger Garaudy, “Fondements théoriques de la loi de paupérisation”, Cahiers du communisme, janvier 1961 66 7 : : x sumament 1941, el 14 por ciento de las familias dis- ‘iente, pero sin ré ieci nen de menos de 500 ddlares. Ciales del capitalismo: la polarizacién de la ri- | Como escribe André Maurois:’ “La pobreza queza cn un pequefio numero de manos y la — 10 habia sido desgraciadamente eliminada. La miseria en vastos sectores. Evidentemente, en los | piramide no se desmoronaba rapidamente”. Estados Unidos, la proporcién de los deshere- ) En 1961, 1/6 de la poblacién permanece po- dados es inferior a la de la mayor parte de los bre. El presidente Kennedy en su relacién sobre paises del mundo, pero sigue siendo muy im- J Ja situacién de la Unién dice mas: el 25 por portante. ciento. No es cierto que el capitalismo, aun el més En 1964, el economista Leén Keyserling es- opulento, haya Ilegado a resolver esta contra- cribe: “No creo que el sistema actual de distri- diccién primordial. q ‘bucién del ingreso nacional haga posible la re- En 1900, 1-18 de las familias norteamerica- duccién sustancial de la desocupacién, o la dis- nas detentaban el 7-8 de la fortuna nacional. minuci6n sustancial del nimero de pobres”. En 1929, en visperas de Ja gran crisis, sobre | En su libro L'Autre Amerique, que impresio- _ 27.500.000 familias, 6 millones (més del 21 no profundamente al presidente Kennedy, Mi- por ciento) tenian ingresos anuales inferiores a | chael Harrington subraya que en un pais donde los 1.000 délares, 12 millones (mas del 42 por | las riquezas y el armamento absorben el 90 Giento) venian entradas anuales inferiores a | POF cient del ingreso nacional, existen 32 mi- 1.500 délares; llones de indigentes sobre 200 millones de habi~ 20 millones (mis del 71 por ciento) tenian tantes.’ Definia esta “indigencia bajo su forma entradas anuales inferiores a 2.000 délares; 2.000 | més deshumanizante: “Los ciudadanos de la délares en esa época, debido al costo de la | tt’ América son los que viven en un plano de vida en los Estados Unidos, eran considerados |) existencin por debajo de toda cleccién moral: como el minimum necesario para una vida de- hallan tan sumergidos en la miseria que en su ae “| caso no se puede ni siquiera pronunciar Ia pala- Las 36.000 familias més ricas tenian una en- | _ bra “libertad de eleccién’’* trada igual a la de los 12 millones de familias fo lesslecion social protege) menos « lou dug pan’ 1500 dolares. "tienen més necesidad de ello,” decenas de mi- Ae Bawy lejos de: ona) demnoer ica) i 3. Andre Maurois, Histoire paralléle, US.A., pig. 281. RP } 4. Michael Harrington, L’Auire Amerique, pig. 210. trabajo por aflo y por consiguiente un producto na~ 5. Ibid., pag. 209. cional de 780.000 millones de délares. . Ibid., pig, 21. 69 llones de ciudadanos norteamericanos se hallan privados de la Seguridad social y del salario minimo vital. as. categories més duramients acacades son las _minorias raciales (la mortalidad infantil en New York es tres veces mis elevada en el barrio negro de Harlem que en los barrios blan- 0s). Lo mismo sucede con la desocupacién y con los ranchos —3 millones de habitaciones, — en los Estados Unidos son cabafas o villas de emergencia—, que afectan con prioridad al ne- gro. La desocupacién en perlodo de. prosperidad no baja del 3 por ciento, lo cual da una cifra ‘oscilante en los periodos buenos, de ms 0 menos Peillones de desccuadoe Los pobres del campo estin atin peor reparti- dos. Segtin las estadisticas oficiales mas del 50 Por ciento de las familias rurales de entrada baja — sufren de enfermedades de falta de nutricién coma consecuencia de una alimentacién insu- ficiente. EI caso mas tragico es el de los ancianos: mas del 50 por ciento de personas que han pasado de los sesenta y cinco afios yiven de un ingreso | inferior a mil délares al aio. Ocho millones de ancianos del campo, pobres, no se hallan respal- dados por ningtin sistema de Seguridad social. Trescientos mil indigentes viven en New York de la asistencia publica Treinta y dos millones de Parias negros o blancos dan testimonio contra uma economia deforme donde proliferan como un cancer falsas necesidades y donde necesi- — dades humanas elementales no son satisfechas. [sistema sin embargo ha logrado integrar a gran mayoria de Ia clase obrera, uncida Jos objetivos del crecimiento. Si uno se atiene tinicamente a la experiencia "de la sociedad norteamericana, seria dificil “impugnar las tesis de Herbert Marcuse sobre la integracién de la clase obrera. Esta integracién, “que el capitalismo norteamericano puede fécil- "mente, y sin frenar su expansion, acordar a la "mayor parte de su clase obrera niveles muy altos de vida gracias a la explotacién colonial de © toda América Latina y otras muchas regiones del mundo. " Seria falso, pues, especular con el empobre- cimiento global de la clase obrera que la “radi- | calizaria” y la impeleria a la accién revolucio- Maria, como podia concebirse en el siglo XIX. ‘Aun cuando no se excluye absolutamente la posibilidad de nuevas y profundas crisis econd- “micas, seria otro error creer que el capitalismo se encamina necesariamente hacia una limita- " cién de su propio mercado, al reducirse los mer- ' cados interiores por el hecho mismo de este " empobrecimiento de la clase obrera, En primer " lugar, porque tal empobrecimiento es relativo, _y, en segundo lugar, y sobre todo, porque nue- vos mercados pueden ser creados por los gastos publicos. Desde los afios 30 se ha convertido en regla © We regulacién de la demanda global por la " intervencién del Estado, preconizada por Key- "nes, El acrecentamiento de los gastos publicos ha abierto un campo muy vasto para Jas empre- 70 a “sas, especialmente con Jas inversiones consa- gradas a armamentos y a la exploracidn espacial. De esta manéra se ha realizado, segin expre- sién del presidente Eisenhower, “la coyuntura de un inmenso establecimiento militar y de una yasta industria armamental”, En este “complejo milicar-industrial” Ia linea de demarcacién en- tre los grandes monopolios privados y el Estado es imposible de distinguir. Los objetivos del Es- tado se han convertido en los de este “com- plejo”, el aparato econdmico que segrega la ideo- logia de justificacién necesaria para el mante- “nimiento y el crecimiento del sistema. El anticomunismo por el miedo y el odio a Ia Unién Soviética o a China o al socialismo en general, legitima las inversiones militares mas fabulosas. La carrera armamentista es la coar- tada principal para los imperativos de creci miento de las grandes firmas. En el seno del macartismo de los afios 50, en el exterior, desde la América Latina hasta Formosa y Vietnam def Sur, el mantenimiento de Jos dictadores mis corrompidos para mante- ner mercados, para las exportaciones de capitales, todas estas torpezas se hallan cubiertas bajo la fraseologia de la “libertad”, El Estado, en manos de los monopolios, goza asi de un papel decisivo: financia Ja investigacion cientifica condicionando el crecimiento; es él el que compra: 65 por ciento de Jas cifras de los negocios de Ia firma Boeing esta constituido por pedidos militares del Estado, 81 por cien- 72 Por eso la guerra de Vietnam en sus comien- zos, cuando la victoria parecia facil, fue aco- gida con entusiasmo por los grandes monopolios que encontraban en ella Ja ocasién de inversiones rentables, susceptibles de mantener la coyuntu- ta, y para los militares que cre‘an encontrar un campo de experiencia para formar un ejér- cito capaz de vencer en la jungla. El “comple- jo militar-industrial” vivia segiin su suefio, y se hall6 un numero de intelectuales para teorizar sobre esta empresa y darla su “aroma espiri- tual”,? La politica del Estado se ajusta a las nece- sidades de los monopolios; su accién interna y externa es Ja mejor ayuda de su expansién. La comunidad de los objetivos del Estado y de los monopolios es tal, que no sdlo las grandes empresas privadas influyen en los pedidos del Estado y determinan hasta tipos de equi- pamiento, sino que reciprocamente, se les con- fia, bajo contrato, verdaderas misiones mili- tares para la instalacién de una base o la defi- 7. Michael D, Reagan, Politics, Economies and the Ge- neral Welfare (Scott, Foresman and Company, Chi- cago, 1965, pag. 113). 8. En unos afios, ante J2 resistencia popular vietnamita y los reveses politicos y milieares de los norveameri= canos, I situaciin ha cambiado: Ja protests de las universidades es cada dia més fuerte, los militares en Norteamérica misma se ven obligados a la defensiva, ¥ sus industriales han cesndo de ver en la guerra de Vietnam ef asunto mas rensable: después de tres afios, cuando se expanden rumores de paz, la Bolsa sube. 73 nicién de un tipo de misiles. Esta interaccién, mas atin, esta ésmosis, entre las actividades de. las empresas y las del Estado,’ tiene un caréc- | ter econémico y politico al mismo tiempo, dado _ que por medio de los “grupos de presién” (lob- bies) y de Jos distintos gestores administrativos de empresas en la Presidencia, en los ministerios, en las comisiones del Senado o del Congreso, los dueitos de los monopolios pueden comprar a los legisladores ¢ influir en las leyes siempre que los dirigentes de las grandes firmas no estén directa- mente instalados en el poder. Un ejemplo tipico fue el del ministro de Defensa de Eisenhower, Charles E. Wilson, presidente de la General Mo- tors'y detentor de 2.500.000 délares en acciones en esta firma. El formulaba ingeruamente la ley suprema de la politica americana cuando hizo esta declaracién histérica ante la comisién del Senado que le preguntaba como podria suscri- bir contratos imparciales con su propia sociedad: “Pienso que Jo que era bueno para el pais lo era también para la General Motors y vice- versa”. El formidable aparato econdmico y tecnolé- gico funciona por si mismo, su crecimiento se conclusiones de los mejores analistas de la dad norteamericana son convergentes. Ya sc ate de los estudios de Ferdinand Lundberg “sobre la plutocracia norteamericana,* de la " encuesta de Doyglas Carter: Power in Washing- Yon, de los trabajos de Arthur M. Schlesinger 'G. William Domhoff," cualquiera que sea la “ diversidad de los puntos de vista de estos autores, Ia ley general que se desprende es que todas las " palancas de comando de los grandes monopo- " lios, de la Presidencia de los Estados Unidos, del Gobierno Federal y de los Estados y colec- ‘tividades locales, de Ia prensa escrita o hablada, “del ejército, de la C.LA. (Central Intelligence Agency), del F.B.L (Federal Bureau of Tn- | vestigation), estén en manos de una oligarquia, que controla, orienta, dirige, realiza la politica forteamericana actual bajo el velo de dos “par- ‘tidos” tradicionales cuyos programas en térmi- “nos amplios son indiferenciados. convierte en un fin en si mismo. Subordina a os hombres, su Estado, su cultura, sus ideales, éCufles pueden ser las fuerzas renovadoras de ‘un sistema social semejante? 9. Ver Ia obra de HL. Nicbucgs In the name of science (Quadrangle Books Chieago"1966), que con- tiene una rica documentacién acerca de estas relacio- nes entre el Estado norteamericano y los-monopolios. 10. Citado por André Mavrois, Hisfoire paralléle, US.A. (pig, 313), Presses de la Cité, Paris, 1962, as Su iiltima obra: The rich and the super-rich (New York, 1968) ha sido traducida al francés Les Riches et les super-riches (Stock, 1969) Publicado por Randon House en New York, 1964, y taducido al francés el mismo aio por las Edi- tions du Seuil bajo el titulo: Qui gowverne @ Washington: les partis? les lobbies? V'Etat Major? The Riverside, Cambridge, 1959. G, William Dombhoff, Who rules America? (Pren= tice Hall, New Jersey, 1967). Db La oposicién en principio al sistema, In oposi- | “fuerza”, cuando el futuro se jugaba en Ia guerra. cién socialista, ha sido siempre impotente. Po: El movimiento se dividié, de escisién, en una ~ que ha sido incapaz de resolver los problemas | polvareda de sectas cuyo rasgo comin era siem- “especificos de los Estados Unidos. 7 pre una concepcién escatoldgica del socialismo, La primera etapa fue Ia de una espera milena- propaganda sobre los fines ultimos, impo- rista de un mundo nuevo sin relacién con el | tente para elegi los medios del mundo teal. mundo en que se plantean las cuestiones de cada_ dia, Este socialismo no diferia del de los utopis- | El Partido comunista norteamericano, for- tas premarxistas que, debido a una creencia po- | mado en el espiritu del Partido bolchevique, no sitivista en el advenimiento necesario del soci ‘logré poner en practica los métodos de Marx lismo proclamaba: “El programa socialista, de- de Lenin, si bien se convirtid, desgraciada- cia cl primer manifiesto del Partido socialista | mente, como otros partidos comunistas, mucho en 1904, no es una teoria de la sociedad que | mas en un drgano de propaganda de Ia revolu- Propone su aceptacién o su rechazo. Es una | cién de Octubre que en una fuerza interior de descripcién de que tarde o temprano es inevi- § renovacién de la sociedad norteamericana, Ais- table. EJ capitalismo trabaja ya en su propia J [ado en un pueblo cuyos problemas no sabia destruccién”. abordar de una manera sealista, sus altibajos El dirigente de este socialismo mesiinico, Ge- J) seguian las fluctuaciones de las relaciones politi- ne Debs, se habia hecho del dogmatismo una § cas entre los Estados Unidos y la Unién Sovié- moral que repudiaba como furil toda reforma, durante el periodo de ascensién de los y que lo condenaba a la expectativa. peligros fascistas y de la guerra antihitlerisca, La primera Guerra Mundial destruyé las ilu- [) de 1935 a 1945, que se ha llamado enfética- siones de este socialismo que transponia las doc- mente Ia “‘década roja”, sin lograt constituirse — trinas de la salvacién y de la resurreccién. en una gran fuerza en la totalidad del pais, Ileg EI socialismo de los aiios treinta, el de Nor- J a ejercer una influencia no despreciable en los man Thomas, no era més realista: aspicaba a [) sindicatos obreros de fa C.I.O. y en el mundo crear un Labour party, y no queria asumir nin- § de Ja cultura, del cine, de los movimientos li- guna responsabilidad en una sociedad que recha- ff berales antifascistas. zaba en bloque: cuando rehus6 tomar una po- En 1943, el dirigente del Partido comunista sicién critica pero constructiva respecto al “New [ norteamericano, Earl Browder, queriendo hacer Deal” decidido por Roosevelt para detener la | de este amplio movimiento en el que los comu- crisis, perdié su base sindical y obrera. Fue aun J nistas habian tomado parte real, la levadura ‘peor cuando ante la agresién hitlerista ciertos, | de todas las fuerzas de renovacién en los Estados _ socialistas lanzaron el slogan de una “‘tercera Inidos, traté de operar un cambio radical en 76 be 7 edad norteamericana que responda a los im- perativos de la mutacién? @Qué forma especifica pueden revestir, en los Estados Unidos, estas iniciativas revolucio- arins? ~ Desde que con la gran mutacién cientifica y técnica la inteligencia organizada esta en vias “de convertirse en la fuerza productiva princi- pal, Ja mano de obra exigida por el sistema eco- “némico ha cambiado de estructura. _ Galbraith da de esto una imagen atractiva; “La mano de obra que reclama el sistema... “est estructurada en forma de urna: Se en- “sancha a partir del cuello para reflejar las nece- a © sidades de la tecnoestructura en diversas compe- " tencias: administradores, coordinadores, plani- “ficadores, cientificos, ingenicros, directores de entas y otros orfebres de la persuasién, y fi- almente, los técnicos especialistas en la progra- | “macién y el funcionamiento de las computa- 1 ~ doras. Sus flancos se ensanchan para reflejar las ‘| necesidades en “cuellos blancos”, fuego sus li- ' "peas se cierran en punta hacia Ja base para dar Ja imagen de una demanda mis restringida: la | "del personal simplemente apto para los trabajos fisicos y repetidos, que Ja miquina reemplaza sin dificultad”.” Esta curva resume un conjunto estadistico Tamativo: de 1951 a 1964 la fuerza de trabajo, en Norteamérica, subié alrededor de 10 millo- nes de trabajadores, de 60,9 millones a 70,6, Jos principios de organizacién del Partido. Hoy resulta dificil decir lo que hubieran sido las posibilidades de una iniciativa semejante, que Inbiera podido ser decisiva, pero que descansa- ba en bases tedricas y en andlisis de la sociedad “norteamericana demasiado sumarios para tener, plena eficacia. En todo caso, el cambio de las relaciones entre los Estados Unidos y la Unién Soviética al dia siguiente de la guerra —a lo que hay que | afiadir la excomunién mayor de Browder por Ja ortodoxia comunista— condend al Partido | comunista norteamericano a no jugar ningiin. papel importante en Ia vida nacional. La misma, ersecucién macartista, que los militantes co- | miunistas y sus dirigentes afrontaron con valot, no legs a dar a este partido Ja irradiacion que podria hacer de él el fermento de un movimien- to de renovacién. En el curso de estos tiltimos afios se han mul- tiplicado los grupitos de profetas solitarios, trots- kistas, neorradicales, trabajadores catdlicos, nue- va izquierda, sin hablar de los “hippies” que rebusan toda participacién en el trabajo y el consumo y en un mundo rechazado en blo- que. Sin examinar detalladamente las razones sub-_ jetivas de la impotencia de este socialismo sin audiencia, es necesario analizar los cambios introducidos en las clases sociales y las rela- ciones de clase por la nueva revolucién cientifiea sguificati 1 idad de { 1 y técnica, a fin de responder a un doble interro- fF ¥ & Si8nificativo que Ia casi totalidad de los | gante: ¢Quién puede tomar las iniciativas efi- BP 5. John K. Galbraith, Le Nouvel Biat industriel, tead 4 caces para una transformacién profunda de la Gallimard, 1968, pag. 245. a 7 78 79 lugares de trabajo nuevamente creados sea de los “‘cuellos blancos” (nosotros diriamos: per- sonal administratiyo, de estudio o de encuadre). De 1947 a 1965 el niimero de “cuellos blancos” (especialistas, cuadros, empleados de oficina, vendedores, etc.) ha aumentado unos 9,6 mi- llones. Mientras que el numero de los “cuellos azules” (obreros manuales) durante el mismo periodo ha disminuido 4 millones. En 1965 el numero de “cuellos blancos” tenia 8 millones més que el de “cuellos azules”. El fendmeno mis evidente es, pues, el del pre- dominio creciente de los “cuellos blancos”, que constituian el 17,6 por ciento de la mano de obra total en 1900 y el 44,5 por ciento en 1965. En este afio los “‘cuellos blancos” representa- ban el 44,5 por ciento, los “cuellos azules” el 36,7 por ciento, los trabajadores de servicios el 12,9 por ciento, y los obreros agricolas el 5,9 por ciento, En este movimiento global, el crecimiento del aiimero de cientificos y de educadores ha se- guido este ritmo. Habia: en 1900, 24.000 profesores y 238.000 estudian- tes; en 1920, 49.000 profesores; ‘ €n 1969, 480.000 profesores y 6.700.000 estu- diantes (el némero de estudiantes se ha dupli- cado en diez afios: en 1959 habia 3.377.000). Uno de los principios fundamentales del Tarxismo es considerar como “clases ascenden- tes”, destinadas a la direccién del pais, las clases 80 sociales més estrechamente ligadas las fuerzas ‘productivas de vanguardia y que se desarrollan _ ¢on elas. Si en esta perspectiva se plantea el proble- ma: gquién puede tomar las iniciativas eficaces Para una transformacién profunda de la socie- dad norteamericana que responda a los impera- tivos de la mutacién?, ciertas respuestas pueden sip més eliminarse: a menos de alimentar la ilu- sién de una revolucién realizada por minorias, queda excluido que se pueda basar ni en el movimiento negro (que representa el 10 por ciento de la nacién) ni en los obreros menos fayorecidos, que representan menos atin, La nica fuerza que puede ser mayoritaria en las condiciones presentes de Ja sociedad nortea~ meéricana, es la clase obrera entendida en un sentido amplio, es decir, Ja que juega un papel determinante en Ja etapa actual en las fuerzas Productivas y que esta constituida por la unién de “cuellos blancos” y “cuellos azules”. Este nuevo “bloque histérico”® es el Unico capaz de arrastrar capas sociales mas amplias atin en un vasto movimiento de renovacién de la so- ciedad norteamericana. El problema esencial es la articulacién del movimiento obrero tradicional con esos técni- cos, esos cuadros, esos intelectuales y el con- junto de los “‘cuellos blancos”, de los que sola- mente el 12 por ciento estan hasta el presente sindicalizados. 16. Ver més adelante, cap. V. 81 EI movimiento sindical norteamericano tradi- cional ha Iegado hoy a un impasse. Su natura- leza ha sido por largo tiempo ambigua; cra una fuerza econémica importante en el seno del sis- tema, por su intervencién constante sobre el mercado del trabajo para contener los apetitos patronales, y al mismo tiempo una fuerza social que representaba bien o mal la impugnacién del sistema desde fuera del sistema. Ahora bien, la revolucién cientifica y técnica ha tenido dos consecuencias en lo que concierne a la evolu- cién de este movimiento sindical norteamerica- no: principalmente, atrofiar progresivamente la funcién social del movimiento. La posibilidad para el patronato de la gran mutacién, de acre- Centar sus provechos mucho mas por una cle- vacién técnica de la productividad que por una Jas tentativas recientes de creacién de una ter- superexplotacién directa, ha permitido vincular cera central sindical, como el retofio organiza- el aparato dirigente de los sindicatos y, finalmen- | dor que anima cada vez mis a los “cuellos blan- te, la mayor parte de la clase obrera, a los J cos”, a los técnicos y a los cuadros. objetivos del crecimiento, incluso sus peores con- | Puede ser que haya en ello un signo anun- secuencias: la politica armamentista y bélica, ciador de nueva orientacién. Pero lo que es Por es0, los sindicatos obreros en su conjunto eyidente es que la organizacién consciente del han sostenido 1a politica de guerra en Vietnam, muevo “bloque histérico” no puede realizarse Desde el punto de vista patronal, en los sectores sobre la unica base de reivindicaciones salariales, ayanzados en plena expansién y lanzados a pro- es decir, en la prolongacién del proceso de inte- gramaciones a largo plazo, un aumento de sala- gracién y de burocratizacién que ha conducido tios es rentable si asegura la estabilidad de la al movimiento obrero al impasse. mano de obra y la continuidad de la produccién, La clave del problema es probablemente Ja Por eso, el estado mayor de la General Motors articulacién de las reivindicaciones cuantitati- ha ido a la vanguardia de las reivindicaciones vas (aumentos de salario, disminucién de las de los sindicatos tomando la iniciativa de propo- horas de trabajo por dia, tasa de garantia de la ner una escala mévil de salarios ybasados en Seguridad social, edad de jubilacién, etc.) con la productividad a cambio de un contrato de una exigencia cualitative nueva: la de la clase 83 afios que garantice la “paz del trabajo”. iniciativa ofrece ademas para los monopo- Jp concentracién por la liquidacién de las empre- sas menos poderosas que, al no poder mantener el "mismo ritmo de crecimiento de la productividad, " sucumben bajo estas nuevas cargas). De ahi dimana la segunda consecuencia de “la mutaci6n para los sindicatos obreros: reduci- dos a un papel puramente econémico, al al- canzar en este plano el limite de lo que pueden ‘obtener por las negociaciones colectivas, Ia fun- cién se burocratiza necesariamente y el sindicato "se conyierte en un érgano del sistema. La integracién y Ia burocratizacién son, pues, los dos aspectos del impasse actual. Esto explica ‘obrera que no acepta ya ser excluida de la ges- tidn, estar integrada pasivamente al sistema, es decir, no tomar parte alguna en la toma de las decisiones de las que depende el fucuro. De esa manera puede realizarse la unién en los técnicos y los cuadros, entre los cuales co- mienza a manifestarse vigorosamente esta exi- gencia, Es significativo que en 1968, por pri- mera vez, los investigadores del M.LT. (Mas- sachusetts Institute of Technology), una de las mayores concentraciones de “sustancia gris” de_ Jos Estados Unidos, estuvieran en huelga por un objetivo inédito: interrogarse acerca de Ia fina- Tidad y el sentido del trabajo que se les pidié, acerca de su utilizacién militar, acerca de sus. incidencias sociales. El movimiento estudiantil, es decir, el de los futuros cuadros, en los Estados | Unidos y en el mundo entero, plantea el mismo problema fundamental de una manera a veces desordenada y andrquica. as fuerzas sociales que aspiran a dar al sis- “tema una finalidad nueva. jin duda alguna en esta unidn, los ingenieros, snicos, los cuadtos y un gran niimero de intelectuales jugarin un papel primordial. Esto ~ descansa en razones objetivas: en la nueva ¢s- ‘tructura de Jas fuerzas productivas y en el pa- el de primer plano que goza en ella la inte- ligencia organizada, Existe, pues, un riesgo de ‘perversion tecnocratica, Consecuencia inelucta- ble de un desarrollo irreversible. Pero no existen “mis que tres soluciones posibles en lo que con- cierne al control y a la orientacién de los téc- nicos y de los tecnécratas: 0 se urien a Ja plu- toeracia y dependen de ella y de sus objetivos de interés, como acontece hoy en los Estados Unidos y en los paises capitalistas desarrollados; © bien se unen a un estado planificador todo- “poderoso y omnisciente y dependen de él, de “gus opciones politicas elegidas al margen de les masas, como es el caso de la Unién Soviética y de Jos paises donde reina un socialismo estatal, cen- tralizado, autoritario y burocratico; o se unen a la clase obrera en su conjunto para formar “parte integrante de clla, y estar controlados aoe ones por ésta informando y aclarando sus elecciones: hist6rico” en vias de nacimiento. Tanto/asi que la” 5 el camino abierto por el socialismo de auto- clase dirigente misma y las clases medias pierden J gesti6n en Yugoslavia. Este pais, como ye- confianza en sus propios valores, como lo ates- J remos, escapa a los obsticulos del subdesarro- tigua la impugnacién a las universidades en don- ‘Ilo, pero esta experiencia puede sugerir vias de se encuentran. sus hijos. - democraticas de paso hacia el socialismo en El cambio radical en los Estados Unidos no os paises capitalistas altamente desarrollados. se produciré por la victoria de uno de los dos Puede parecer paradéjico plantear esta pre- partidos sobre su contrario, sino por la unién gunta: 2Qué podria ser el socialismo en los 84 85 En las condiciones norteamericanas mas que en los otros paises, en razén del grado de des- arrollo alcanzado, esto puede ser el denominador le estudiantes y los millones de miembros su familias; en el seno del establishment, y en [a resistencia que aparece en la clase obrera a las estructuras y orientaciones tradicionales de los sindicatos. ¢Cémo puede reunirse y orga- ‘nizarse esta “América amarilla”? ¢Cémo pueden. coordinarse y totalizarse estas fucrzas a escala de esta inmensa nacién, para abrir un nuevo horizonte? La experiencia de casi un siglo de socialismo sin audiencia demuestra que no es posible llegar a ello con tipos de importacién. La estructura econdmica y social de los Estados Unidos, en la edad de la gran mutacién, no tiene casi parecido con Ia de la Rusia de la revolucién de Octubre, y menos atin con Ja de Ia China de la Larga Marcha, es decir, que una propaganda llamada “marxista-leninista” o “maoista” no puede fun- dar sino pequefios grupos. E] marxismo, debe- mos repetirlo una vez més, es ante todo un método para arrancar de entre las contradic~ ciones presentes un posible humano. El leninis- mo, heredero auténtico de este marxismo, es el arte de vencer en medio de estas condiciones especificas, teniendo en cuenta la estructura eco- nomica y social sobre la que trabaja la accién ‘reyolucionaria para determinar el tipo de so- cialismo apropiado, las tradiciones nacionales pa- ta precisar las formas y la coyuntura para de- terminar los caminos.” Ser marxista o leninista no consiste en repetir los analisis de Marx y de Lenin en una situacién Estados Unidos? Importa mucho reflexionar en ello, no con Ia pretensién paternalista de “dar lecciones”” de socialismo al pueblo norteameri- cano, sino porque ahi tenemos un ejemplo li- mite de los problemas planteados por la inves- tigacién de caminos especificos de paso hacia el socialismo, en el pais capitalista m4s altamente desarrollado desde el punto de vista econémico, cientifico y técnico. Esta reflexién, aunque no sea mas que fragmentaria ¢ insegura, puede ser rica en ensefianzas para nosotros, franceses, y para nuestra investigacién de un tipo de socia- lismo francés. La primera condicién de un movimiento re- volucionario eficaz en los Estados Unidos es la de ser autéctono y no tomar sus ejemplos de pai- ses extranjeros cuya estructura es fundamental- mente diferente. La segunda, es la de no ser una oposicién puramente ideolégica y negativas critica, sino constructiva; pragmitica en el me- jor sentido de la palabra, es decir, que parta de Jas condiciones especificas, reales, actuales y abra una perspectiva concreta. —/ Los Estados Unidos estan enfrentados a la mayor crisis politica de su historia desde la Gue- tra de Secesién. Una crisis que se desarrolla y se ahonda tras el decorado de las elecciones pre- sidenciales y de los enfrentamientos de panto- mima de republicanos y demécratas. Millones de norteamericanos —lo mejor de este pueblo— se plantean Ia cuestién ultima: el sentido mismo de un sistema y de un modo de vida que éste implica, Este gran interrogante surge en el tu- 17. Ver Roger Garaudy, Por un moddle frangais du multo de las universidades con cerca de 7 millo- socialisme (Gallimard, 1968), pags. 301 2 307. 86 87 radicalmente diferente en la que aquellos no- tienen ya valor. Es aplicar su método de inves- _ tigacién para definir Jas nuevas iniciativas his- toricas. 4 En el caso de Norteamérica existe una tra- dicién revolucionaria autéctona. Los emigran- tes que Ilegaron a este pais desde 1607 han sido frecuentemente rebeldes, pertenecientes a lo que Dickens Ilamaba “la segunda ciudad”. Es significative que la Declaracién de indepen- dencia incluya entre Jos derechos naturales el derecho a la revolucién, El mayor de los “Pa- dres fundadores” de la democracia americana, — ‘Thomas Jefferson, pensaba que la Constitucién debfa ser reescrita cada veinte afos. Es el primer tedrico de la “reyolucién permanente” de Ia democracia: “Dios nos libre, escribia, de vein- te afios sin revolucién... ¢Qué pais podria sal- vaguardar sus libertades si sus dirigentes no sienten que el pueblo conserva su espiritu de resistencia? Que el pueblo se acuerde de tomar Jas armas... :Qué significan algunas vidas hu- manas sacrificadas en uno o dos siglos? El Arbol de la libertad debe ser regado, de cuando en cuando, por-—la—samgre de los patriotas y de los tiranos”.* Tal puede ser Ja raiz del espiritu revolucio- nario de Norteamérica en nuestra época. A con- dicién de considerar a Jefferson y a los “Pa- dres fundadores” dentro del espiritu con que hemos tratado a Marx y a Lenin. La sociedad imericana de hoy tiene muy poco de sido a Ja que describia admirablemente Toc- pueville: invocar a fines de este siglo la Démo- atie en Amérique de Tocqueville, es buscar una coartada y camuflar la realidad con el mito. formas democriticas correspondientes 2 una sociedad agraria e igualitaria en su principio, 10 son mas que un espejismo y una alienacién en "Ta época de las mis implacables desigualdades 'y de la dominacién efectiva de los “dinoswu- tios” industriales. 2@6mo se ha efectuado la metamorfosis? Fl fenédmeno fundamental que ha marcado toda la historia de los Estados Unidos, y euya ™ nostalgia atormenta a los mejores espiritus, és el de Ja “frontera”. La “frontera” para un europeo son los pos- tes, las alambradas, Jas aduanas, un limite ri- gido. Para un norteamericano, hasta fines del siglo XIX, la “frontera” era, como escribe Maurois, “una franja movediza entre Ja civilizacién y ‘el baldio”: Desde 1815 los que huian de la Euro- pa de las restauraciones monarquicas y feudales, y emigraban a Norteamérica sofiaban con un mundo en que cada uno podria desenvolverse segtin sus capacidades y no segtin su nacimiento, y encontraban alli el campo ideal para la igual- dad de las posibilidades. Toda una imagineria de Ia libertad nacié de esta nostalgia: la del hombre con el fusil que conquista su libertad "por sus méritos personales, en un mundo abier- to, en donde Ia libertad del mercado es el prin- cipio y el fundamento de todas las demis li- 89 18. Citado por Saul K. Padover: Jefferson: A great American's life and ideas (New York, 1942), pi- gina 72. 88 bertades del hombre. En 1862, el Homestea Act acordaba 160 acres de tierra a todo inmi: grante. Las olas reventaban del Atlintico al Pacifico y todo hombre activo y aventurero podia esperar construir su reino. La frontera, este horizonte sin fin, era la posibilidad dada a cada uno, cualquiera que fuese su pasado 0 sus origenes sociales, de salir de la servidumbre de las viejas civilizaciones, de caminar libremen- te en extensiones vacias. Todo norteamericano conserva la nostalgia de esta forma de igualdad. En 1390 el frente avasallador de la ola al- canzaba la costa del Pacifico, y el director del “census” (empadronamiento) proclamé “el fin de la frontera”. En adelante los pioneros no tenian ya posi- bilidades, Fue el gran cambio de Ia historia americana, Entonces comenzé la oscilacién de la aguja fatal: algunos creyeron hallar una segunda fron- tera en el imperialismo y la conquista, En unos afios, bajo pretextos diversos, los Es- tados Unidos se anexaron las islas Hawai, ocuparon Cuba, obtuvieron de Espaiia la ce- sién de Puerto Rico, de Guam, de las Filipinas, Signié después la extraccién de dinero a toda América Latina, que se convirtié de hecho, aun- | que no de derecho explicito, en colonia norte- americana. En una primera etapa fue el rapto de Jas materias primas: Ia dominacién de Ja United Fruit en América central y en Ecuador, fa de las compafias de cobre en Chile, las del petrdleo en Venezuela. La segunda etapa fue la de la exportacién de los capitales que realiza- jOs superintereses mediante una superexplo- in. colonial de la mano de obra. En ambos casos el imperialismo norteamericano se apoya gbre las oligarquias locales para imponer Ja dictadura de los elementos més corrompidos y seryiles, desde Nicaragua hasta la Argentina. egtin el nivel de desarrollo, los “colaboradores” ‘del ocupante son Jos grandes propietarios de ha- ‘ciendas o las capas mas flojas de la burguesia ‘comerciante ¢ industrial. : A cambio de su colaboracién los Estados Uni- dos financian la constitucién de aparatos mi- _ litares y policiales hipertrofiados. “Con tal s ‘tema, escribe el arzobispo de Olinda y Recife, don Helder Camara, los ricos se hacen mis ticos y los pobres mas pobres atin...” La situa- " cién, hoy, es tal que uno de los colaboradores mas cercanos del presidente Johnson, su repre- " sentante en [a Organizacién de los Estados Ame- icanos, Sol Limowitz, retomaba casi palabra por palabra la tesis del Che Guevara al escribir: "Los Estados Unidos deberén afrontar un dia una serie de Vietnams al sur del rio Grande si contintan ignorando a América Latina”. Una sociedad dominada por los grandes mo- nopolios necesitaba leyes diferentes a las de las "comunidades agrarias, igualicarias. Ta adaptacién a las exigencias de un mundo transformado por el progreso técnico no se ha hecho. Salvo por medio de reacciones negati- yas. En 1890 fue votada la primera “ley anti- trust”: la Sherman Act, que declaraba ilegal todo concierto tendiente a restringir la concu- Frencia o el comercio entre los Estados o las ot naciones extranjeras, En 1914, el presidente Wil son hizo votar la Clayton Act, que, una vez més, prohibia Ja intervencién de los monopolios para fijar los precios y limitar la concurrencia, Periédicamente desde entonces, fueron invoca._ das 0 completadas estas leyes “monstruos sin dientes”, que no entrevieron nunca la ascensién eros, no se resuelve ningin problema razon de su dependencia econémica en el Sur con respecto a sus patronos y sefores, y ‘en razdn de su situacién social en el Norte, que tiene en ellos primordialmente la mano de obra sin calificacién o desocupados. El tinico método ‘eficaz para abordar Ia solucién de estos pro- del régimen de los monopolios, que son cada } blemas a partir de su base econdmica es, en vez més anacrénicas por su afin de preservar | primer Ingar, la industrializacién del Sur, no fa libertad del mercado, en el mundo de la | s6lo a fin de crear empleos, sino de instituir Programacién a largo plazo, fruto de la nueva relaciones de clase distintas a las de sefior y reyolucién cientifica y técnica. Estas leyes son esclavo que se perpetitan, bajo formas diversas, inaplicables porque es una utopia preconizat | en todo régimen de sociedad agraria. No se trata una yuelta al mercado cuando la tecnologia ac- tampoco aqui de soluciones importadas sino de tual exige empresas cada vez mayores. Son in- — tradiciones nacionales cuya ilustracién més cau- aplicables porque escapan a la realidad objetiva: |) tivadora fue la de Ja ‘Tennessee Valley Autho= In de fos monopolios cada dia mis poderosos. rity, que desperté a toda una regién deshere- Si fuesen aplicadas jugarian un papel retrdgra- dada para Ja construccién de barracas, la dis- do al limitar Ja extensién de Jas empresas cuya tribucién de energia eléctrica barata, la irriga- amplitud es Ja condicién del desarrollo de la @ eign de vastos territorios conquistados para la inyestigacién, de la ciencia y de Ja técnica. agticultura, la replantacién de bosques, la im- 2Cual puede ser entonces la “nueva frontera”, | plantacién de fabricas de abonos, mejorando la de las posibilidades desconocidas y esperanzas el modo de vida de tres millones y medio de no realizadas, que el presidente Kennedy habia norteamericanos condenados hasta entonces al elegido como tema de su discurso de aceptacién atraso y la miseria. en la Convencién del partido demécrata? io campa inmenso abiertoa las inver= La “nueva frontera”, que abriria mercados in- siones productoras es el de los equipamientos mensos a las inversiones de capitales, es ante " colectivos. Hemos subrayado ya,” al igual que todo interior. otros, el contraste que existe en los Estados “Cuesta caro mantener Ja miseria”, anota Ha- fe ridosentre a viqueza privada ya mediogt= rrington.” El problema negro no se resuelve dad de los gastos publicos, contraste caracteris- eon leyes: al reconocer Jos derechos civicos de 20, Roger Garaudy, Pour un moille francais du socia- lisme (Gallimaed, collection “Idées”, 1968, pigi- na 233). 19. Michael Harrington, L’Autre Amérique (trad. Galli- mard, 1967), pig. 178. 92 3 tico de los regimenes de decadencia: en fa de- cadencia de la ciudad griega, como posterior mente de la civilizacién romana, el lujo de las casas privadas contrastaba con la decrepitud de Jos templos. Un fenémeno similar caracteri- za a la actual sociedad norteamericana: las es- cuelas, los hospitales, los estadios, Jas casas de cultura (mejor dicho su ausencia) no estan al nivel de las riquezas privadas. La satisfaccién de estas necesidades colectivas estimularia el conjunto de la economia y la orientaria en un sentido humano. También aqui existen prece- dentes en la economia norteamericana de esta movilizacién orientada de los capitales. Es cierto que era en un periodo de guerra. En 1917, el presidente Wilson proclamaba: “No es un ejér- cito lo que nosotros debemos formar y entrenar para la guerra, es una nacién... Pero esto no puede lograrse si cada uno persigue sus fines privados”. Fue una época en que dos millones de huertas de guerra fueron plantadas en las canchas de tennis de los ricos, en que las rutas de week-end del domingo quedaron desiertas para economizar el combustible y enviar a los aliados el petrdleo necesario para los ejércitos. Sesenta y cinco millones de norteamericanos entregaron veintitin mil millones de ddlares pa- ra los “empréstitos de Ja libertad” lanzados con el apoyo de vedettes de teatro, de la cancién y del cine. A pesar del horror tradicional de los norteamericanos ante las medidas de presién estatal, en 1917, bajo la presidencia de un ban- quero de la Wall Street, Bernard M. Baruch, Ja War Industries Board (Comité de guerra de rioridades, pesd sobre los precios, en una pa- bra, ejercié una verdadera dictadura econémi- ca, En plena paz, las medidas a tomar serian in- inversiones hacia la satisfaccién de. necesidades colectivas que se revelarian no menos rentables, de la construccién de casas de cultura a la de auropistas, que la construccién de caminos estratégicos en Vietnam, 0 las subvenciones a "os dictadores corrompidos de Formosa, de Seti, de Saigén o de Nicaragua. Contra el tradicional individualismo norte- americano, el brillante éxito del yuelo lunar constituye la prueba de lo que puede realizar un trabajo colectivo rigurosamente centralizado de muchas ramas de la ciencia, de la industria y de equipos humanos; ha demostrado que todo es posible. Cémo dudar entonces de la posibilidad de re- solver los problemas mayores: la miseria y el "problema de los negros, el de los equipos co- " lectivos, una ayuda, en fin, verdadera al Tercer "Mundo, sobre la que volveremos cuando trate- mos del impacto de la nueva revolucién cienti- fica y técnica sobre las relaciones internaciona- les. He aqui, pues, tres fuentes principales de in- yersién que pueden abrir 2 una “joven Norte- américa” Ja “nueva frontera” hacia, lo que tie- nen de mejor las tradiciones nacionales, sus- 94 95 “yas: por ejemplo, aplastar con impuestos las “empresas de publicidad hasta obligarlas a conyer- tirse y a invertir en otros sectores, lo cual es transformar en su mismo principio la estructu- ra de la produccin y del consumo a nivel de la " promocion de las necesidades. EI problema mis dificil, pero el més impor- tante que hay que resolver, es ciertamente el _ de Ja reconversién de las industrias de arma- mento, Pero aqui es posible demostrar, sin re- nunciar a los criterios de rentabilidad, que com Jos capitales invertidos en la fabricacién de los bombarderos abatidos o inmovilizados en Viet- nam, los constructores norteamericanos podrian crear la mas formidable de las redes aéreas co- merciales, En el plano nacional es mas facil determinar que con su politica de armamentos y de guerra el gobierno de Estados Unidos no utiliza mis que los subproductos de su verdadera potencia, que se sittia a nivel cientifico y técnico. Cuando “una parte tan grande del potencial norteame- ricano es empleada para la fabricacién de ar- mamentos, y cuando una parte tan grande de su presupuesto es dilapidado en Ja conduccién “de una guerra colonial sin salida, como la de Vietnam, el despilfarro es tan insensato como _ cttando en el Rio de Ja Plata se mataba.a las reses ' tinicamente por sus pieles, y se incineraba la carne. Este programa, realizable sin poner en cues- tin los principios y las leyes fundamentales del régimen, antes bien confiriéndoles su total eficacia y actualizindolos prolongando y reno- noma americana, una era de utilizacién y em- pleo del 100. por ciento del potencial industrial. La especulacién no era una nueva frontera: el crack de 1929, el “jueves negro” del 24 de octubre de 1929, cuando comenzé la catAstrofe de Wall Street, constituye una prueba. El imperialismo y la colonizacién no eran una nueva frontera: la falla del Pentagono y de la GLA. en Vietnam es otra prueba. La nueva frontera, y corresponde demostrarlo a una oposiciéa no sélo negativa y critica sino concreta y operacional, esta en Ia prospeccién de estos tres caminos reales de inversién y expan- sin: Ja liquidacién de la miseria y del problema negro en los Estados Unidos mediante la indus- trializacion del Sur; Ia satisfaccién de fas nece- sidades sociales mediante el equipamiento colec-_ tivo; Ia cooperacién econdmica y técnica, sin condiciones politicas, con el Tercer Mundo y el resto del planeta, sin discriminacién de régimen, Se objetara sin duda que el gobierno federal tendré necesidad de medios poderosos para con- vertir la economia nacional y orientarla de una manera nueva. Es verdad. Pero este esfuerzo efectivamente gigantesco no implica en modo alguno Ja cen tralizacin y la presion estatal tan contrarias a las tradiciones norteamericanas. Los estimu- Jantes y las presiones econémicas pueden ser mis eficaces que las directivas y las reglamen- taciones autoritarias, La politica fiscal debe gozar de un papel determinante golpeando duramente, hasta el punto de liquidar las actividades no producti- 96 97 yando las tradiciones que han creado la gran- deza de los Estados Unidos, no es ain el socia lismo, es un capitalismo finalizado. q Pero este camino es posiblemente el tnico’ que permita una renovacién profunda y prepa. te a los Estados Unidos y al mundo un futuro — creador. Mas alli de una sociedad que ya no es duefia de sus propios fines y de un pueblo — alienado por los imperativos del crecimiento; que se ha convertido en un fin en si, esta el camino de una humanizacién del sistema sobre el que pueden operar unidas todas las fuerzas viyas de la joven América, NACIMIENTO DE UN TIPO DE SOCIALISMO Dara comprender las reacciones de los diri- _* gentes soviéticos cuando tuvieron que afron- tar la nueva revolucién cientifica y técni- ca y la mutacién que exigia en Ia dinamica del sistema, es indispensable tener presentes condiciones en que se cred el tipo soviético socialismo. Marx, en El Capital, habia descubierto las yes generales del desarrollo del capitalismo y contradicciones que Hleva dentro al analizar | sistema capitalista en Inglaterra, donde al- anzaba entonces su forma mas acabada. Casi inmediatamente se puso a la orden del ia la primera interpretacién dogmitica de los “trabajos de Marx. Fue la obra de Kautsky. Ex- _trapolando, segiin el espiritu de un evolucio- smo positivista, las leyes descubiertas por farx, concluyé que el socialismo no puede git mas que a partir de una sociedad capi- ta Ilegada a completa madurez y transfor ndose automaticamente en su contrario. La obrera no tenia més que organizarse y. 98 99 Cuando Lenin comprometié resueltamente partido obrero por el camino de Ja revolu en un pais donde supervivian profundas rai fendales y donde el desarrollo del capitalism Tlevaba mas de un siglo de retraso con respecto | a Inglaterra, Francia y hasta Alemania, Kautsky, que no podia aceptar “el menor desvio del mo delo alemin”* y seguia atado a una “imitacién servil del pasado”, dio a la contrarrevolucién la caucién de su marxismo dogmatico: a partir del postulado segiin el cual una revolucién so- cialista no es posible mAs que en los paises ine dustriales mis avanzados, proclamé que en Ru- sia no existian “las premisas econémicas ob-_ jetivas para el socialismo”, y que, por conse guiente, no era necesario hacer Ja revolucién. orden podia invertirse, “El peor error que eden cometer los revolucionarios es mitar 3, a las revoluciones del pasado, cuando la ida proporciona tantos elementos nuevos”.” A las objeciones de Kautsky respondia: “Rusia hha alcanzado el grado de desarrollo de las “fuerzas productivas necesarias para instaurar el ocialismo. Todos los paladines de Ja Il* Inter- nacional ostentan claramente esta tesis. Esta is incontestable la repiten en todos los tonos Ja juzgan decisiva para apreciar nuestra re- ~ yolucion...” Y aftadia: “zY si la situacién ab- " solutamente sin salida, al decuplicar las fuerzas de los obreros y campesinos, nos ha ofrecido la © posibilidad de proceder a la creacién de las pre- misas esenciales de la civilizacién de manera dis- tinta de como lo hacen los otros Estados de Euro- pa occidental?... Si para crear el socialismo es ~ necesario haber alcanzado un nivel de cultura de- ‘terminado... gpor qué no comenzariamos en "primer término por conquistar revolucionaria- ‘mente las condiciones previas de este nivel deter- minado y luego, fuertes con el poder obrero y campesino y con el régimen soviético, ponernos en movimiento para unir a los otros pueblos?” La revolucién de Octubre ha ilustrado de “manera decisiva esta posibilidad. Asi se abrié Ta primera brecha en el sistema capitalista y se vivo y no dogmitico, es decir, de un marxismo_ que retuvo no la letra de las ensefianzas de’ Marx (un catélogo de leyes validas para el periodo histérico en que fueron descubiertas, ~ extrapoladas para todos los tiempos y todos los lugares) sino el espiritu de esta ensefianza, es decir, la ciencia y el arte de liberar y ac- tualizar, a partir de las contradicciones especi- ficas de un pais y de una época, Ja posibilidad revolucionaria. Contra el determinismo mecanicista, y con sentido tinico, de los “ortodoxos” que se atenian al ejemplo clasico de la Revolucién francesa; madurez econémica, luego revoluci6n politica, 2. Lenin, “Introduction aux résolutions de la Conféren- : ce d’avril 1917", cemures, t. 24, pigs. 320-321. Lenin, “Sur notre révolution” (janvier 1923), arm vires, t. 33, pigs. 489-499. 1. Lenin, “Sur notre révolution” (janvier, 1923), cou ures, t. 33, pags. 489 $5, 100 101 cred la primera alternativa concreta al capi- talismo. Al dirigir y conducir esta revolucién hacia Ja victoria, Lenin no cayé jamas en el error dogmitico de Kautsky: tenia perfecta concien- cia de lo que habia de especificamente ruso en esta revolucién y de los rasgos que tenia de la situacién. Siempre distingue cuidadosamente Jo que en la primera revolucién socialista vic- toriosa tiene un valor universal y lo que di- mana de la estructura social anterior y de la historia, Siguiendo paso a paso la ensefianza de Lenin, hemos demostrado en una obra precedente’ que, contrariamente a lo que se habia convertido en dogma en el movimiento comunista durante un cuarto de siglo, no dimana en modo alguno de los principios del marxismo: —que la existencia de un partido tnico sea la condicién para la construccién del socialismo. —que la dictadura del proletariado deba ser ejercida necesariamente por el Partido comu- nista, —que Ia revolucién socialista implique nece- sariamente la limitacién de los derechos politicos de la burguesia despojada de sus privilegios eco- némicos. Asi ha acontecido en la Unién Soviética no por razones de principio, sino por razones histéricas. Canonizar estas leyes como necesa- rias y universales, es sustituir el pensamiento de Lenin por el de Stalin. Roger Garaudy, Pour un modéle francais du socialisme (Gallimard, 1968), pigs. 113 a 124, 102 En Jo que concierne al paso hacia el socialismo con una pluralidad de partidos, Lenin escribe en octubre de 1917: “Una vez con el poder en Jas manos, los soviets podrian ahora —y es probablemente su dltima posibilidad— asegurar el desarrollo pacifico de la revolucién, la elec- cién pacifica de los diputados del pueblo, la Iucha pacifica de los partidos en el seno de los soviets, la experimentacién de un programa de ‘Jos diferentes partidos, el transito pacifico del po- der de un partido a otro”.’ Solamente por ra- zones historicas, ya que sucesivamente todos los demis partidos se alinearon en la contrarrevo- lucién armada y colaboraron con los invasores extranjeros, el partido bolchevique quedé como el nico partido capaz de conducir Ja revolucion socialista. a su final victorioso. En lo que concierne a Ia limitacién de los derechos politicos de la burguesia, Lenin explicita también: “Qué explotadores han de ser privados del derecho de voto, es una cuestién esencial- mente rusa... Hay que abordar el problema examinando las condiciones particulares de la revolucién, el curso peculiar de su desarrollo. Pero seria un error afirmar de antemano que Jas revoluciones proletarias de mafiana en Eu- ropa... involucrarén por principio restriccio- nes a los derechos electorales de la burguesia”.® Lenin no suefia absohitamente en conferir all Partido comunista el privilegio exclusive de 5. Lenin, t. 26, pig, 62. 6. Lenin, La révolution prolétarienne et le rendgat Kanisky, t. 28, pigs. 264-265. 103 hablar en nombre de Ia clase obrera y de ejer- cer en su nombre Ja dictadura, Est4 aun muy lejos de este camino ya que en lugar de asimilar la dictadura del proletariado a Ia dictadura del partido y de reivindicar para este partido el monopolio del poder del Estado, piensa que el control de las masas sin partido es indispen- sable para impedir las deformaciones burocra- ticas. “Nuestro Estado, escribe en diciembre de 1920, es un Estado obrero que presenta una deformacién burocratica... nuestro Estado es tal, que el proletariado totalmente organizado debe defenderse y nosotros debemos utilizar estas organizaciones obreras para defender a los obreros contra su Estado, y para que los obreros defiendan nuestro Estado”.’ Una de las tareas esenciales de los sindicatos, es decir, de organi- zaciones que agrupan, paralelamente a los co- munistas, amplias masas de obreros sin partido, es, para Lenin, “la lucha contra las deforma- ciones burocraticas del aparato soviético”.* La preocupacién central de Lenin en los ul- timos afios de su vida, de 1921 a 1924, fue com- batir estas deformaciones burocraticas del Esta- do soviético, es decir, la sustitucién de la dic- tadura del aparato del Partido, por la dictadura del proletariado. En febrero de 1921, Lenin escribié a uno de los dirigentes del plan del Estado: “El mayor Lenin, t. 32, pig. 17 (Les syndicats, la situation actuelle), 8. Ibid., pig. 101. 104 * peligro es burocratizar hasta el extremo el plan "de la economia nacional, Es un peligro enorme”.” _ En marzo de 1922, escribe atin: “Nuestro peor enemigo interior es el. burdcrata, el co- munista que en las instituciones soviéticas ocupa un lugar responsable”.”” Lenin veia claramente que el principal obs- taculo para la democracia y para la lucha contra la burocracia, que en el sistema burgués surge ~del seno mismo del régimen, nace en la Rusia de 1919 por el retraso econémico y cultural: “Combatir la burocratizacién hasta el final, has- ta la victoria completa, no es posible sino cuando toda Ja poblacién participe en Ia ges- tién del pais”. Algunas lincas més adelante, al demostrar que el bajo nivel cultural del pais ha conducido a una situacién en que el aparato del Partido se ha -convertide en un aparato burocratizado del Estado, da esta de- finicién profética de lo que sera posteriormente el stalinismo: “Este bajo nivel cultural hace que Jos Soviets, que segiin sus programas son érga- nos del gobierno por los trabajadores, sean en realidad érganos de gobierno para los trabaja- dores, ejercido por la capa avanzada del pro- letariado y no por las masas trabajadores”. 9. Lenin, “Lettre & Krijijanovski”, auvres, t. 35, pag na 489. 10, Lenin, La situation internationale et intérieure”, couvres, v.33, pag. 214. 11. Lenin, “Discours au Ville Congrés du Parti com- muniste (bolchevique) de Russie, mars 1919”, cen res, t. 29, pag. 182. 105 objetivas de esta deformacién. En enero de 1921, respondiendo a una pre- gunta de Bukarin, resume el drama de esta re- volucién: ““Tenemos un Estado obrero con Ja particularidad de que es la poblacién campesina y no obrera la que predomina en el pais”. Esta situacién se agravé cuando la guerra civil y Ia intervencién extranjera condujeron al exter- minio de los mejores cuadros obreros que estu- vieron en primera fila en todos los frentes. Era necesario ejercer una dictadura del proletariado casi sin proletariado. El dilema histérico era tragico: salir del retraso a cualquier precio, o zozobrar en este retraso. Lenin tuvo el genio y el coraje al mismo tiempo de clegir el primer camino con una conciencia licida de los riesgos que se corrian. La tarea gigantesca que habia que cumplir eca realizar una’ acumulacién primitiva que al- eanz6 a veces mas del tercio del ingreso na- cional, y realizar esta hazafia, que ningin régimen burgués habia realizado, en un pais donde Ia clase obrera no constituia mds que pequefios islotes en el océano de Ia poblacién campesin: La tnica palanca posible era el aparato in- fimo del Partido, pues para imponer tales sa- crificios al comienzo, no se podia “esperar la conciencia”. A esta dificultad fundamental, que dimanaba de Ja estructura de Ja sociedad rusa de 1917, 12. Lenin, cewores, t, 32, pig. 16. 106 “se afiadian Jas tragedias de la coyuntura: la desorganizacién de una guerra que habia aca- bado en derrota, la lucha contra los ejércitos Blancos y la intervencién extranjera, el hambre. Para hacer frente a esto era necesatia una concentracién extrema de poder y una disci- plina militar. Era cuestién de vida o muerte, no solo para la revolucién sino para la nacién misma. Por paraddjico que ello pueda parecer, esta rigurosa centralizacién en el periodo de asalto de la revolucién no excluia necesariamente la democracia, no la democracia de los privilegia dos sino la de las grandes masas, pues en estas masas, aun de campesinos, liberadas por el go- bierno bolchevique de Ia guerra y de las ser- vidumbres antiguas, el entusiasmo revoluciona- rio todo lo corregia: el pueblo vivia, trabajaba, combatia de acuerdo en lo fundamental con sus ditigentes. Lenin trataba de mantener esta “re= clita en masa” de la nueva democracia so- cialista: “La actividad viva, creadora, de las masas es el principal factor de la nueva vida publica... El socialismo no se creara por érde- nes venidas de arriba. Es ajeno al automatismo oficial y burocratico. El socialismo vivo, crea~ dor, es obra de las masas populares”. Comentan- do esta circular del Consejo de comisarios del pueblo, del 5 de enero de 1918, Lenin decia en el IIE Congreso panruso de los Soviets, el 11 de enero de 1918: “Al introducir el control obre- TO... queremos mostrar que no reconocemos mas que un solo camino, el de las transforma- ciones yenidas de abajo, en donde los obreros 107 _mismos elaboran desde Ia base los nuevos prin- ~ cipios del sistema econémico... Sabemos muy bien que nuestra tarea es dificil, pero afir- mamos que tinicamente es socialista en la pric- tica quien la acomete recurriendo a la experien- cia y al instinto de las masas trabajadoras”.” Lenin tenia conciencia de la necesidad de compensar los efectos de la ineluctable centra- lizacién del arranque por un esfuerzo constante en suscitar y alentar la iniciativa de las masas, Aferrar los dos extremos de Ja cadena: centra- lizacién arriba, iniciativa y espontaneidad abajo, era Ja condicién primera para vencer las difi- cultades del asalto revolucionario y de la de- fensa contra el cerco capitalista, del atraso eco- némico y cultural, de Ja penuria material y de Ja falta de cuadros humanos. Era la primera condicién para vencer las dificultades derivadas de que en un pais como Rusia en 1917 el mo- ‘vimiento revolucionario se enfrentaba a un obs- _ ticulo mayor: Ja interferencia entie los pro- blemas de la construccidn del socialismo con fos problemas de la lucha contra el subdesarrollo. El hecho de que la primera revolucién socia- lista haya triunfado en un pais subdesarrollado ha impreso con su sello la historia ulterior. La necesidad absoluta de vencer el subdes- arrollo condujo a los sucesores de Lenin a iden- tificar los objetivos del socialismo con los de la primera fase de la lucha: la acumulacién. Realizar una industrializacién rapida, en las condiciones de la Rusia de los aiios 20, exigia 13. Lenin, quvres, t. 26, pig. 489. 108 “una centralizacién muy grande. Esta centrali- " zacién no podia obrar mas que por la fuerza politica. En los primeros aiios de Ia revolucién, esta fuerza politica era el entusiasmo revoluciona- fio; pero diez afios después, esta fuerza po- litica fue Ia violencia, Ja. represién. El drama del stalinismo sera el de una trans- ferencia o una sustitucién de los objetivo: los fines ultimos del socialismo fueron eclipsa- dos por la realizacién de sus condiciones. La esencia del socialismo, tal como lo habian concebido Lenin y Marx, era la liberacién de las fuerzas del trabajo. Por eso Lenin rechazaba tan vigorosamente la burocratizacién del siste- ma y luchaba sin descansar por el desarrollo de Ja iniciativa histdrica de las masas. El punto de partida de la perversién stali nista fue no haber visto mas que un aspecto: el desarrollo acelerado de las fuerzas producti vas, y no pensar mas que en la extensién de los poderes del estado para Ilegar a ello. A partir de ahi comienza la degeneracién del Partido y del Estado, codificada por Stalin en sus Principios de leninismo. En lo que concierne al Partido, Stalin man- tiene como su Unico fundamento la tesis de Kautsky aceptada por Lenin en 1902 en ie acer?, acerca de Ja conciencia “llevada desde fuera” a la clase obrera. En Lenin esto era uno de los componentes de su teoria: desde la ex- periencia de la revolucién de 1905 Lenin enri- quecié su pensamiento sin reducir el “momento subjetivo” de la lucha revolucionaria a sdlo el 109 Partido. Para él, como para Marx, existe otro componente decisivo: la iniciativa histérica de las masas.”* Al no retener m4s que uno de los momentos de Ja “subjetividad’” revolucionaria: el Partido, que aporta “desde afuera” a la clase obrera la conciencia revolucionaria, se va a producir el primer deslizamiento: el Partido sustituye a la clase y es el tinico que decide en su nombre. El Partido, a su vez, queda reducido a su aparato, y este aparato a sus dirigentes. Al final uno solo piensa y decide por todos. Nos encontramos en los antipodas de Marx y. Lenin: en lugar de liberar las energias so- ciales cada vez mis vastas, el Partido, luego su aparato, y finalmente sus dirigentes o su diri- gente, se atribuyen el monopolio de las decisiones y zanjan todos los problemas en nombre de a clase obrera pero sin ella y, al final, contra ella. En razon del desplazamiento de los objeti- ‘vos, este Partido y su aparato se consagran esen- cialmente a la realizacién de las condiciones materiales del socialismo, a la gestién de la eco- nomia. Lo hacen a partir de una concepcién estrictamente centralizada y autoritaria de la economia y del plan. También en esto nos ha- llamos en Jo opuesto a la ensefianza de Leni “Llevad a las masas a una participacién efec- tiva, directa, general, a la gestion del Es- tado: ahi y solamente ahi se encuentra la ga- 14. Ver a este respecto: Roger Garaudy: Lénine (P.U.P., 1967). J10 rantia de la victoria completa de la revolu- ibn”. El Partido se transforma en érgano del Es- tado, y Ia degeneracién de la democracia so- ialista comienza, Cuando Ia propiedad del Es- tado es la tinica forma de propiedad social, cuando los organismos dirigentes consideran Ja economia entera como un solo frast gigantesco en manos de una burocracia que prolifera sin “cesar, cuando el plan es elaborado enteramente desde arriba, no hay lugar para las decisiones en los peldaiios inferiores, y los Soviets cesan de ser estos organos vivos, deliberantes y ac- tuantes, a la vez, creados al ejemplo de la Co- muna de Paris: se rednen atin ritualmente pero es para escuchar y aprobar los informes y las de- Cisiones de las instancias superiores. Con la recaida del entusiasmo revolucionario de las masas, el sistema revela su desviacién: el aparato dirigente del Partido y del Estado, cada vez més restringido, separado de las ma- sas y de Ia realidad, se encierra en el subjeti- vismo y el voluntarismo burocratico. Esta for- ma de direccién de Ja sociedad entra asi en conflicto con las leyes objetivas del desarrollo, y Ja teoria misma, el marxismo, en lugar de ser, como en Marx y en Lenin, un instrumento de transformacién revolucionaria de la socie- dad, degenera en justificacién sin mds de la ac- cién de los dirigentes, y en apologética. ‘Al estar en adelante ditigido todo y contro lado por el Partido y el Estado, desde la pro- 15. Lenin, cewvres, t. 24, pig. 178 (abril 1917). il duccién econdmica hasta Ja cultura y las artes, los diversos sectores de la actividad social se convierten en érganos o “correas de transmi- sién” del aparato central, segtin Ja concepcién staliniana. Este sistema se reveld eficaz en las primeras etapas de Ja construccién, no sdlo porque, como hemos dicho ya, el impulso revolucionario de Tas masas enmascaraba sus deficiencias y las compensaba, sino también porque, en una eco- nomia subdesarrollada, arruinada por la guerra y la intervencién, las necesidades eran tales que la baja calidad de los productos no dafiaba a su yenta y que una produccién masiva, aun cuando no fuese equilibrada, era absorbida ne- cesariamente. Pero ya a fines de los afios veinte, esta forma de racionalidad econdémica se manifiesta insufi- ciente. Los campesinos casi no sienten el deseo de integrarse en semejante sistema de colectiyi- zacién y se atrincheran en un individualismo ‘orgulloso.* Los obretos, que no eran ya Ilama- dos a participar activamente en la gestidn, se desinteresaban de la produccién y se compor- taban como asalariados de una inmensa mé- quina de Estado y, en el mejor de los casos, como funcionarios resignados. En adelante el funcionamiento del sistema iba a exigir cada vez mis la violencia. 16.. Pudiendo saciar por primera vez su hambre, mientras que bajo el antiguo régimen se exportaba el trigo aun cuando la cosecha no cubriese las necesidades del pais, consumieron mucho més que en el pasado y por 30 se resintid el aprovisionamiento de las ciudades, 12 El cambio decisivo se produjo a fines de 1929 "Y a comienzos de los afios treinta, con una serie de medidas represivas contra los campesi- nos, contra los obreros, contra los intelectuales. Este cambio de 1929 constituye en Ia historia de la Unidn Soviética el terrible error de orien- _tacién que en la historia de los Estados Unidos constituyo el viraje de 1890. En 1929, la pri- mera etapa de la construccién del socialismo habia sido victoriosamente franqueada. Desde 1926, a pesar de las destrucciones de Ja guerra y de la intervencién extranjera, “la economia del pais alcanzaba en su conjunto el nivel de fa preguerra”." Rusia ocupaba el quinto [u- gar en el mundo y el cuarto en Europa por el volumen de su produccién industrial. En el marco del plan de electrificacion lanzado por Lenin (el “Goelro”) se habian conseguido éxitos brillantes: en el décimo aniversario de la revolucién de Octubre en 1927, la potencia de Jas centrales eléctricas era dos veces y media superior a la de antes de la revolucién. En el curso de los cinco primeros afios de reedifica- cién, la productividad del trabajo en la indus- tria aumenté tres veces. Cuando en 1926-1927 el gobierno soviético lanzé Ia primera campafia de industrializacién, el crecimiento total de la produccién de Ja gran industria subié a 18 por ciento. Ningtin pais capitalista habia aleanzado hasta entonces este ritmo de crecimiento. Una nueva clase obrera estaba en vias de consti- 17. Histoire de PURSS. (ed, en lenguas extranjeras de Mosc’), pig. 243. 113 tuirse: el numero de obreros y de empleados — en 1928 se aproximaba a los 11 millones. La lucha contra el analfabetismo habia sido Mevada rigurosamente: después del decreto de Lenin del 26 de diciembre de 1919, acerca de la liquidacién del analfabetismo entre los adul- tos, en 1922, 5 millones de adultos habian apren- dido a leer y escribir. El ntimero de estudiantes habia pasado de 112.000 antes de la revolucién a 162.000 en 1925. En el décimo aniversario de la revolucién de Octubre en 1927, el balance de los éxivos obtenidos atestigua la superioridad del sistema socialista para vencer el subdesarrollo y para dar al hombre y a todo hombre las nuevas posi- bilidades de expansién. Solamente la agricultura sefialaba un retraso considerable con respecto a la industria y las necesidades crecientes del pais. Pero las condiciones habian sido ya creadas para dar un: paso nuevo hacia adelante: el V? Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., en 1929, ratificé el primer plan quinquenal que consti- tuia un programa que exaltaba Ia edificacién de los fundamentos econémicos de la sociedad capitalista. El movimiento de los “teabajadores de choque”, al dar cl ejemplo de emulacién so- cialista, prolongaba “la gran iniciativa” de 1919 Ja de los “‘sébados comunistas” en que los obre- os trabajaban benévolamente para crear las bases materiales del socialismo. “Los ‘sdbados co- munistas’, escribia Lenin, tienen un inmenso aleance histdtico, porque son la prueba de la iniciativa yoluntaria y consciente de los obreros 114 “para elevar la productividad, adoptar una nueva disciplina de trabajo, crear condiciones socialistas en la economia y en la vida”."* Rieeiemuoyicuento tenia e los ojonde ening Sun inmenso alcance histérico”, es porque ert la condicién primera. y Ja prueba de la supe- rioridad del socialismo, dado que permitia “crear nuevas relaciones sociales, una nueva organiza- cidn del trabajo, que enlaza la ultima palabra de la ciencia y de Ia técnica capitalistas al con- junto masivo de los trabajadores conscientes, artesanos de la gran produccién socialista”.” Lenin mismo escribia también en 1917: “Hoy, una de Jas tareas m4s importantes —sino la mas importante— es desarrollar lo mas amplia- mente posible esta libre iniciativa de los obre- tos, de todos los trabajadores y de todos Jos explotados en general, en su trabajo creador en materia de organizacién”” “Se debe Iuchar contra toda tentativa de uniformar desde arriba”.* Y subraya la origi- nalidad absoluta del socialismo: “La sustitucién =a mis grande que conoce la historia de Ja humanidad— del trabajo forzado por el trabajo Poluntario”.* En el IIT® Congreso de los Soviets, en enero de 1918, Lenin formulaba la regla de oro que define la grandeza humana del socia- 18. Lenin, “La grande iniciative”, cewores, t. 29, pagi- na 428, 19, Ibid., pig. 427. t. 26, pag. 426. 20. Lenin, “Comment organiser l'émulation?”, aewores, a1. Ibid., pig. 430. 22. Ibid., pig. 424. 15 lismo: “La inteligencia de decenas de millones de creadores proporciona algo. infinitamente mis elevado que las previsiones mis vastas y geniales” De esta manera se recordaba una vez més que en el “factor subjetivo” del movimiento revolucionario, la iniciativa histérica, libre y creadora de las masas es inseparable del ele- mento consciente, del momento tedrico, que el Partido tiene por misién expresar. Lenin reafirmaba estos principios en pleno periodo de asalto de Ja revolucién, cuando era absolutamente necesaria una centralizacién “ja- cobina”. El vuelco de 1929-1930 marea precisamente el abandono de esta dialéctica leninista, de esta unidad compleja entre Ja iniciativa histérica de Jas masas y la teoria cuyo portador es el Partido, que constituyen los dos polos de la subjetividad revolucionaria, Estando en buen camino el progreso econé- mico, las tareas nuevas de la industrializa- cién, de la colectivizacién agricola, de la revo- lucién cultural no podian realizarse, sobrepasan- do los ritmos precedentes para franquear el subdesarrollo, més que utilizando el estimulante especificamente socialiscta de la participacién creadora de Jas masas en Ia construccién, y creando las condiciones nuevas de esta partici- pacién, E] sistema centralizado habia sido necesario hasta entonces: en adelante el desencadenamien- 23. Lenin, “Discours de cloture au HI Congrés des Soviets” (enero 1918), couvres, t. 26, pig. 426. 116 to de Ja iniciativa de las masas mediante una lemocracia no formal ni burguesa, sino Cialista, es decir, que asegurara la participacin efectiva de los trabajadores en la elaboracién y en la toma de las decisiones en la gestién de fa empresa y del Estado, podia tomar el lugar de Ja centralizacién “jacobina” del periodo de asalto. Es entonces cuando dando la espalda al Ie- ninismo, tan atento para adoptar las formas de organizacién segiin las condiciones y exigen- cias de cada periodo, Stalin toma una serie de medidas que constituyeron la “carta magna del stalinismo”. Los dos primeros problemas que habia que resolver eran el de la restauracién de Ja agri- cultura y la colectivizacién agricola, y el de la industrializacién.* En ambos casos, Stalin traté de -resolverlos mediante directivas desde arriba y por la violen- cia. En su discurso en la Conferencia de espe- cialistas en cuestiones agrarias, el 27 de diciem- bre de 1929, Stalin toma el polo opuesto de la concepcién de Marx y Engels y Lenin, en materia de colectivizacién de ia agricultura. Cita la tesis de Engels en “la cuestién cam- Pesina”: “Estamos resueltamente del lado del Pequeiio campesino; haremos todo lo posible para hacerle la vida més soportable, para faci- 24. El problema de Ia produccién agricola no habia dejado de estar en el orden del dia desde 1918. La politica de la N.E.P. habia sido uno de los medios puesto en obra para resolverlo. uz : litarle el paso hacia la asociacién si él se de cide a ello; pero en caso de que atin no este en condiciones de tomar esta decision, nosottos nos esforzaremos por darle el mayor tiempo po- sible para que reflexione sobre su pedazo de tierra”, Inmediatamente después de recordar es- te texto, Stalin explica esta “circunspeccién exa- gerada a primera vista de Engels”: Engels tenia en vistas el “campesinado de Occidente”. “zPue- de decirse que Ja situacién es la misma entre nosotros, en la U.RS.S.? No... Es lamentable que nuestros teéricos de Ia cuestién agraria no hayan tratado atin de demostrar, con toda la claridad debida, la diferencia existente entre la situacién de nuestro campesinado y el de Occi- dente”. Este texto de Stalin tiene una gran signifi- cacién histérica: es el primero en el cual se recurre abiertamente a la teoria para justificar las decisiones ya tomadas y las medidas violentas. La gran inversin del marxismo que, de método de investigacién para la accién revolucionaria, se convierte de golpe en un instrumento apologé- tico a posteriori data de ahi. La situacién era tragica: los kulaks (gran- des propictarios de tierra) hacian obsruccién almacenando y ocultando el grano; organizaban Ja propaganda y la lucha contra Ia colectiviza- cidn. Por otro lado, la debilidad politica de los mailitantes de base los conducia a métodos de colectivizacién brutal no deseados por la plana mayor. 25. Stalin, Les Questions du léninisme (ed. en lenguas extranjeras, Moscii, 1947), pig. 300. 118 ™ Los -viejos bolcheviques dudaban en aplicar ‘a millones de pequefios propietarios campesinos Jas medidas de represién que hubieran sido le- gitimas contra un pufiado de explotadores. Sta- lin procedid, pues, a una depuracidn del partido para eliminar a los que se oponian a semejante método: Rykov fue destituido de sus funcio- nes de jefe del gobierno, en las que habia sucedido a Lenin. Tomsky fue retirado de la direccion de la Internacional comunista y del Burd po- [itico. Decenas de dirigentes formados por Le- nin fueron eliminados y con ellos millares de yiejos bolcheviques. Después de esta “limpieza” el ritmo de co- lectivizacién se aceleré debido a una serie de presiones ejercidas desde arriba y de medidas de violencia; en tres meses, de julio a septiem- bre de 1929, cerca de un millén de explota- ciones campesinas fueron agrupadas en koljosess casi tantas como en los doce afios transcurridos después de la revolucién de Octubre. En el cur- so del segundo trimestre de 1929, 2.400.000 ex- plotaciones® campesinas entraban a formar parte de los koljoses. Las medidas excepcionales de re~ presién contra los kulaks y los saboteadores fue- ron aplicadas a campesinos medios y hasta po- bres, “En ciertas regiones, el mimero de los ‘deku- Jakisados’ alcanzaba al 15 por ciento. Las vio- laciones del principio de libre consentimiento en la creacién de los koljoses enunciado por 26, Histoire du Parti communiste (bolchevique) de PULRSS. (Mosct, 1963), pég. 459. Lenin, provocaba el descontento, sobre todo en- tre los campesinos medios”.” Persuadidos de que sus animales les serian qui- tados en cuanto ingresaran a la fuerza en los Koljoses, muchos campesinos los mataban. La ope- racién de la colectivizacién forzada se convertia en cataclismo: en 1929, la Unién Soviética poseia 34 millones de caballos, en 1933 quedaban 16 millones, mis de la mitad de los caballos habian sido sacrificados, y lo mismo acontecié con el 45 por ciento de los bovinos, el tercio de los puercos, mas del cuarto de los carneros.** Ta ira de los campesinos fue tan alarmante que fue necesario adoptar urgentemente los correctivos, pero entonces los campesinos de- Jaron en masa los koljoses. En razén de la au- sencia de todo control por las masas, las dificultades, tratadas por directivas de arriba, con métodos burocraticos y autoritarios, se atenuaron tan lentamente que en 1953, cuando al final se comenzé a plantear el problema de la descentralizacién y del interés material, Ja produccién de cereales y la existencia de bovi- nos no habian alcanzado el nivel de 1928, En el campo de la industrializacién las difi- cultades fueron de otro orden, “Cuando Pedro el Grande, que tuvo que ha- cer frente a los paises avanzados del Oeste, co- menzé febrilmente a construir fabricas y ta- 27. Histoire du Parti communiste (bolchevique) de PURSS., pig. 473. 28. Ibid., pag. 474. 120 leres para equipar sus ejércitos. ..”", asi abor- dé Stalin el problema de la industcializacion con esta referencia significativa en su discurso del 19 de noviembre de 1928 ante el Comité central, subrayando que la nueva estructura de la sociedad rusa ofrecia condiciones favora~ bles y que solamente. el proletariado, una vez establecida su dictadura, puede realizar esta tarea. La evocacién de Pedro el Grande no era fortuita: inaugura una era en que el naciona~ lismo pasa a primer plano, esfumando, cuando no las eclipsa, las motivaciones propiamente so- cialistas. De hecho, en Ia nueva concepcién sta~ liniana de Ja industrializacién, el voluntarismo autocratico sustituye a lo que Lenin conside- raba como decisivo: el despertar de Ja iniciativa creadora de las masas. Al decretar “el fin de la espontaneidad” en materia de trabajo, pero con el empleo de las férmulas de Lenin acerca del papel de la ini- ciativa, Stalin puso en marcha una serie de me- didas de violencia que desembocaron en el “tra- bajo forzado” bautizado: “reeducacién”. Las inversiones decretadas para el primer afio del plan quinquenal subieron a 3.400 millones de rublos, es decir, cinco veces mas que lo que el comisariado de Finanzas habia juzgado posible permitir. Stalin, imponiendo semejante sacri- ficio material a todo el pais, creyé que todo era posible y delined objetivos desmesurados: en 1928 la Unién Soviética producia 3 millones 29. Stalin, Le Léninisme (ed. de Moses), t. TL, pigi: na 153, 12 y medio de toneladas de hierro bruto. El plan quinquenal preveia que debia producitse 10 mi Hones de toneladas en 1933. Stalin comenzé por lanzar la idea de realizar el plan en 4 afos y hasta en 3 aftos y decidié: “Diez millones de toneladas de hierro bruto... no es sufi- ciente... Debemos producir a cualquier precio diecisiete millones de toneladas en 1932”. Ta- ché de oportunismo de derecha y de sabotaje a los militantes y especialistas que consideraban como al margen de la realidad estos objetivos fijados sin tener en cuenta las posibilidades rea- les. Efectivamente, es en 1941 cuando Ja Unidn Soviética se aproxima a la cifra fijada arbitra- tiamente por Stalin para 1932. En 1930 exigia que la produccién de hierro y de carbén se acre- ecentara fa mitad para el afio siguiente. Debid reconocer, al término previsto, que el aumento teal era de 6 a 10 por ciento. Lo cierto, sin embargo, es que a diferen- cia de la colectivizacién forzada de la agri- cultura, Ja industrializacién forzada se revelé eficaz desde el punto de vista de la produccién: de 1929 a 1939, la produccién de clectricidad aumenta casi 7 veces, la de carbén y acero mis de 4 veces, el petréleo casi 3 veces. En 1941, la produccién total de la industria mecanica soviética es 50 veces mas potente que en 1913. En 1914, ocho millones de alumnos frecuenta- ban las escuelas, doce millones en 1928, mas de treinta y un millones en 1938. En 1913, las Universidades contaban con 112.000 estudian- tes, en 1939 contaban con 620.000. 30. Ibid., t. TI, pag. 375. 122 Pers el método empleado ha sido humana- mente muy costoso. Esta forma de “acumula- cién primitiva” se aproxima en muchos rasgos a la “acumulacin primitiva” realizada en los paises capitalistas, que fue igualmente muy ¢fi- caz y que Marx describe en El Capital: “Al- gunos de los métodos, escribe Marx, descan- san en el empleo de fa fuerza bruta, pero to- dos, sin excepcién, explotan el poder del Es tado, la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, a fin de precipitar violentamente el paso del orden econdmico feudal al orden eco- némico capitalista y abreviar las fases de tran- sicién. Efectivamente, la fuerza es la partera de toda vieja sociedad de trabajo. La fuerza es un agente econémico”.” Después de haber re- cordado la terrible eficacia de este sistema ca- pitalista de violencia, Marx concluye este ca- pitulo sobre “la acumulacién primitiva” del capitalismo y sus métodos: “He aqui a qué precio hemos pagado nuestras conquistas... el capital llega al mundo sudando sangre y fango por todos los poros”.* No cs un deseo piadoso anhelar que el so- cialismo haya Ilegado a esto por otros caminos que los del stalinismo: es un problema de efica- cia. Si es una hipocresia en los idedlogos del capi- talismo reprochar a la construccién del socia- lismo su crueldad primera cuando la acumula- cién primitiva del capitalismo fue mucho més 31. Karl Marx, Ef Capital, lib. I, t. Ul, pag. 193 (ed. Sociales). 32. Karl Marx, El Capitel, lib. I, t. TI, pigs. 201-202 (ed. Sociales). inhumana atin, toca a los marxistas preguntarse si este método era no slo el mis conforme — a su doctrina, sino el mas eficiente, Ahora bien, Ia ausencia de participacién efec- tiva de los trabajadores en Ja gestion de Ia eco- homia socialista no es s6lo contraria a Ia esencia del socialismo para Marx y para Lenin; tiene como consecuencia pocas posibilidades de éxito en el rendimiento econdmico y Ja productivi- dad," Al ser impuesta desde arriba la disciplina del trabajo, se transformé el comportamiento de los trabajadores sovigticos respecto del tra- bajo, Fuera de una pequefia minoria de traba- jadores de choque cuyo ejemplo era ensalzado y alentado, la gran masa se comport6 cada vez mas como asalariada de un poder andnimo y Iejano, y para compensar su indiferencia, fue necesario recurrir a una legislacién del trabajo que multiplicaba Jas medidas de represién y de coaccién. A principio de los aiios 30, las empresas in- dustriales firmaron contratos con los koljoses por los cuales estos uiltimos se comprometian a enyiar cierto mimero de mujeres y de hombres 2 las fAbricas. Asi, muchos campesinos fueron despedidos de los koljoses y expedidos para las fabricas. Otros campesinos que habian tesistido a la colectivizacién fueron enviados a los campos de trabajo para cavar canales, construir vias férreas, talar bosques. 33. Esta no es Ia winica causa de fa debilidad productiva: a gran masa de nuevos obreros venia del campo ¢ ignorabs toda condicién de trabajo industrial, 124 Finalmente, la clase obrera en su conjunto fue sometida a la coaccién: por un decreto del 20 de diciembre de 1938 se instituyé “la libreta de trabajo”; otros decretos castigaban con el despido los retrasos a la Ilegada a Ja fabrica. Por un decreto del 24 de junio de 1940, el ausentismo es castigado con la prisién y se pro- hibe cambiar de lugar de trabajo. La necesidad de tales medidas queda de ma- nifiesto en Ia actitud de los obreros respecto a su trabajo y al régimen. La légica interna de este sistema, fundado sobre la idea de un aparato del Partido y del Estado omnisciente e infalible, que habla y obra en nombre de la clase obrera pero que le impone de hecho sus directivas desde arriba, condujo necesariamente a una inversién radical de la concepcién leninista del Partido: en lo que se sigue Hamando dictadura del proleta- riado el partido sustituye a la clase, el apa- rato al Partido, los dirigentes al aparato. Stalin, en sus Principios del leninismo, ha ca- nonizado esta concepcién del Partido y del Es- tado. “La dictadura del proletariado se compone de las directrices del Partido, junto con la apli- cacién de estas directrices por las organizaciones masivas del proletariado, y de su puesta en prde- fica por la poblacién”.™* Las “organizaciones de masa”, en primer plano las de los sindicatos, 34. Sealin, Les Questions du léninivme (ed. de Mosca, trad, frane,, pig. 135). 125 no son mas que “correas de transmisién” de las directivas desde la cima hacia Ia base, En cuanto al Estado, Stalin aventura dos tesis radicalmente opuestas a las de Marx y Lenin: en primer lugar, la tesis segtin Ia cual el Estado puede subsistir atin en Ja etapa del comunismo, si el cerco capitalista subsiste.** Esto implica una idea del comunismo reduci- da a sus condiciones econdmicas sin tener en cuenta sus fines ultimos: el libre desarrollo del hombre y de todo hombre cuando han sido sobrepasadas mediante el comunismo las contra- dicciones y las alienaciones de Ia economia y del Estado, La segunda tesis, mas asesina atin, es la que presentd a la sesin plenaria del Comité central de febrero-marzo de 1937: “A medida que las posiciones del socialismo se consolidan y el Es- tado soviético progresa, la lucha de clases en el pais debe agravarse sin cesar”. Esta tesis dimanaba necesatiamente de la con- cepcidn stalinista del Partido y del Estado: si a construccién del socialismo esta dirigida por un partido infalible, todo fracaso no puede atri- buirse sino a una conspiracién exterior, organi- zada por el enemigo de clase. Se impone, pues, una represién despiadada. 35. Ibid., pig. 133, 36. Stalin, “Rapport au XVIIle Congrés du P, C. (b) de TULRSS.”, 10 de marzo de 1939, en Les Questions tu leninisme, pig. 628. 37. Histoire du Parti communiste et de PU.RSS. (ed. de Mosci}, 1963, pag. 537. 126 + Esta xepresién se desencadend desde entonces "sin medida en una serie de procesos en que las “pruebas” eran fabricadas de arriba a abajo: la “vieja guardia” del tiempo de Lenin fue ex- terminada entre 1936 y 1937, en el momento mismo en que en la “Constitucién. stalinista” eran proclamados ciertos principios en contra- diccién radical con la practica real, y en el momento mismo en que Stalin, en plena malver- sacién de tanta riqueza humana, se explayaba en discursos sobre “el hombre, el capital mas pre- cioso”** y en citas de Lenin sobre la democracia socialista. La ideologia se identificaba cada vez mas con la apologética. Servia para enmascarar y justificar la represién en todos los érdenes; en el de Ja cultura y con respecto a los campesinos y obreros. La publicacién en 1938 de Materialismo dia- léctico y materialismo histérico de Stalin pro- porciona la carta de ciudadania al dogmatismo, al hacer retroceder el marxismo al nivel del materialismo del siglo XVIII dandole una for- ma de catecismo. Este sucedineo de viejas teolo- gias se convirtid en el Iecho de Procusto donde fueron mutiladas la investigacién y la creacién. En las ciencias, esta perversién dogmatica del marxismo condujo a juzgar acerca del va- Jor de una teoria no en funcién de su aptitud para verificar la experiencia y sugerir nuevas 38. Stalin, Discurso con ocasién de la promocién de los alumnos de las escucl2s superiores del Ejército rojo (Kremlin, 4 de mayo de 1935). 127 hipétesis, sino en funcién de su concordancia © no concordancia con el catalogo de los “tra- zos” de Ja dialéctica canonizada por Stalin. Las controversias sobre la biologia, especialmente sobre genética, al dia siguiente de la Segunda Guerra mundial, han ilustrado claramente lo. daiioso de estas concepciones. Los estragos re- eayeron sobre todas las ciencias: los dafos fueron menos aparentes en fisica, en la que, a pe= sar del griterio pseudofilosdfico sobre el pretendi- do “idealismo” de las teorias de Ja relatividad, de la fisica quantica, de Ja cibernética, tratada Pprimeramente como “ciencia burguesa”, las exi- gencias y las urgencias de la economia y de la defensa militar permitieron que se dejara tra- bajar a los fisicos, aunque se les trataba de idealistas o de positivistas. En los sectores menos inmediatamente vin- eulados a las necesidades y a la practica los estragos fueron grandes: en quimica, en biolo- gia se sufrieron graves retrasos. En cuanto a las ciencias humanas, fueron sofocadas més bru- talmente atin: el historiador puede trabajar en paz si estudia el imperio de Koresme o la civiliza- cién de los Etruscos, pero a medida que se aproxima al periodo contemporineo, sus in- vestigaciones se hacen cada vez mis dificiles pues la ciencia debe ceder el paso a la apologética ¥ no se retrocede ante la destruccién de las fuentes. El psicoanilisis es considerado como “ciencia burguesa”; la escuela de criticos y de Jingitistas lamados “formalistas”, que comenza- ba hace cuarenta afios a elaborar los métodos del andlisis estructural, es condenada al silencio 128 baum, Propp, Chklovski. En economia politica, Stalin zanja la cuestién y no hay nada que comentar. De la psicologia a la sociologia, la exégesis dogmatica mata la inyestigacién ¢ im- pide integrar al marxismo las conquistas de Jos descubrimientos modernos realizados por los no-marxistas. ‘A las artes les fue peor, no porque faltasen los creadores de talento, sino porque fueron re- ducidos al silencio en virtud de una concepcién estrictamente utilitaria del arte y de una trans- posicién mecinica del _materialismo dogmitico a la estética, Una de las grandes victimas fue la pintura, en donde en tiempos de Lenin, Kan- dinsky era vicepresidente de la Academia de Be- Ins Artes; Chagall, luego Malevitch, directo- res de la Escuela de pintura de Vitebsk; Larionov y Gantcharova, las figuras de avanzada de la generacién joven, ‘Todos fueron condenados al exilio o al silencio. En teatro, la creacién soviética de los afios yeinte abria nuevos caminos con Maiakovski, con Meyerhold. Llegs la decisién del Comité central del 23 de abril de 1932, “sobre Ia reorgani- zacin de las asociaciones literarias y artisticas”, que “ponia fin a la existencia de grupos en el seno de estas actividades y abria el camino a la consolidacién, en todos los dominios del arte, del método creador del realismo socialis- ta”. Esto fue como apagar toda tentativa in- novadora. 39, Tzapenko, Des bases réalistes de V'architecture sovie- tique, Mose, 1951. 129 En el cine, la ¢poca heroica de Eisenstein, de Pudovkin, de Vertov sobrevivid largo tiempo, pero el freno administrativo de la creacién no ha cesado hasta hoy, cuando Ja censura pro- hibié en la U.R.S.S. la proyeccién del Rublev monumental de Tarkovsky. Soljenitsin, en sus novelas y en su llamado al Congreso de los escritores soviéticos en 1967, ha desenmascarado estos métodos. Si se recortan las indicaciones dadas en Ia re- Iacién secreta de Kruschev en el KX Con- greso con las que han sido publicadas, en los pri- meros meses siguientes a la denuncia del stalinismo y que han sido reunidas por el fisico Sakarov,” resulta que desde 1936 a 1939 mas de un milléa y medio de miembros del partido, es decir, alrededor de la mitad del efectivo toral, han sido encarcelados y que a partir de 1936 mis de diez millones de soviéticos han muerto en las prisiones 0 en los campos. En todos los aspectos, el gran cambio regre- sivo de la politica artistica y en general de la politica soviética, se sitta en torno a 1929: esta seftalado por Ia eliminacién de Lunatcharski del ministerio de Cultura donde Jo habia man- tenido Lenin, El hermoso suefio de Lunatchars- ki: “unir la vanguardia artistica con la van- guardia politica” se apagaba en la noche. Tales fueron en todos los campos las conse- cuencias de la “Carta magna del stalinismo”, de 1929 y comienzos de los afios trcinta. 40. Andrei D. Sakarov, La Liberté intellectuelle en U.RSS. ef la coexistence pacifique, trad. franc. Ga- llimard, 1968, 130 * Al final de los afios treinta, quedaron marca- das con procesos sangrientos. La agresion hitleriana contra la Unisn Sovié- tica suscité un formidable movimiento patri6ti- €o que enmascaré por un tiempo estas conse- cuencias. La epopeya nacional tomé el lugar de la epopeya revolucionaria y el gran pueblo ruso, a precio de sacrificios sin nombre, realizé hazafias a las que el mundo debe el haber es- capado de Ja barbarie fascista. Pero a cada recaida de la iniciativa popular, el cincer que roia al régimen reaparecia. Después de Ia victoria y los esfuerzos gigan- tescos de Ja reconstruccién“, el stalinismo no realiz6 solamente sus razias dentro de la Unién Soviética sino en los paises que acababan de acceder al socialismo. Después de 1947, las he- catombes de los bolcheviques fieles no sélo su- cedieron en la Unidn Soviética: en el campo socialista todo lo que no es copia servil del “‘mo- delo” soviético de construccién del socialismo es considerado como “objetivamente” revi nista y contrarrevolucionario. Estos crimenes contra el socialismo, perpe- trados por el aparato stalinista, tomaron tres formas principales: —tLa primera fue la de Ja exportacién de Ja polica politica stalinista, que decapité los estados mayores de los paises socialistas como Al, En 1953-1954 aim, he podido revivir en “las gran- des canteras” en los Urales 0 en Kakovska, esta “se~ yolucién en fusién” y muchos aiios después en Bratsk, en Jas grandes barreras del Ankara (Vet Peni-on étre communiste cujourd’bui? pag, 36-40). 131 habia hecho en Ja U.R.S.S. Esta ence poli- tica origind los procesos de Kostoy en Bulgaria, de Gomulka en Polonia, de Rajk en Hungria, de Patrascanu en Rumania, de Slansky en Che- coslovaquia. El testimonio de una de las victi- mas, La confesién de Arthur London, antiguo combatiente de las Brigadas Internacionales en Espafia y la Resistencia francesa, luego minis- tro de Checoslovaquia, ha puesto al desnudo el mecanismo de estos procesos donde se obtenia de Jos acusados, mediante un chantaje con el “espiritu del partido”, la confesién de faltas que no habian cometido, —Ha segunda consecuencia de este centra mo burocritico, fundado en la dogmatizacién a partir del “modelo soviético”, fue la aplica- cién mecanica de este “modelo” a paises que tenian otras estructuras, otras posibilidades, otro pasado, Esta extrapolacién ciega condujo a monstruosidades econémicas: el sistema de la industrializacién forzada, alli donde las con- diciones objetivas no se habian ain realizado, desembocé en “esfuerzos” voluntaristas del género de la creacién de Stalinvaroch en Hungria, donde se instalé un complejo side- rlrgico gigantesco a miles de kilmetros de las fuentes de materia prima: carbén y hierro. Los “consejeros politicos” soviéticos no hicieron me- nos desastres en la economia que en Ia justicia y la policia: los métodos de planificacién cen- tralizada y autoritaria, al imponer a los pueblos una tasa de sacrificio intolerable, desembocaron en el mismo resultado que, veinte aiios an- 132 tes la’ colectivizacién agricola forzada en la URSS." Les hicieron el juego a los peores enemigos del socialismo al darles una base de ma- sa: en 1956, Alemania del Este, Polonia, Hun- gria fueron Ilevadas de este modo al borde de Ja contrarrevolucién. Para impedir la restau- racién del fascismo en el corazon de Europa no hubo otro recurso —necesario debido a los erro- res anteriores— que la intervencién militar so- viéticaren Budapest."* El mismo dogma del “modelo” tinico del socialismo —tan contrario a la enseflanza de Lenin que subrayaba siempre fuertemente, co- mo hemos visto ya, lo que en la revolucién de Octubre tenia valor universal y lo que era es- pecificamente ruso, lo que dimanaba de los principios y lo que resultaba de la historia—— condujo a Stalin a excomuniones que debilita- ron y dividieron el movimiento comunista, En 1948, Yugoslavia era el primer pais so- cialista. que enfrenté al dogmatismo autori- tario y traté de buscar su propio camino para la construccién del socialismo; sus dirigentes fueron denunciados como agentes contrarreyo- lucionarios, espias, asesinos y fascistas. Esto vol- vid a producirse veinte aftos después, en nom- bre de los mismos postulados, y con métodos mas brutales atin, cuando el 21 de agosto de 42. La sinica excepcién fue Bulgaria, donde Ia existencia real de un “partido campesino” como fuerza autd- noma fuera del partido comunista, ha jugado un papel benéfico, 43, Ver Pewt-on étre communiste atjotrd’bui? (Gras- set, 1967), pigs. 43-45. 133

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