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PASADO Y PRESENTE Afio Ill — N° 9 _ CORDOBA ABRIL - SETIEMBRE DE 1965_ Jaques Lacan o el inconsciente en los fundamentos de la filoso No hay mejor manera de presentar el contenido y alguno de los movimientos in- ternos de la obra de Lacan, la cabeza de sector més interesante del psicoanélisis francés actual, que hacerlo bajo este titu- lo bizarro, y que he elegido expresamente para situarnos de inmediato en el centro de la posicién lacaniana més inamovible: la opacidad radical del sujeto para el psi- coanéllisis. Es cierto que Lacan no pretende que sean los psicoanalistas quienes deban en- sefiar a pensar a los filSsofos puesto que lama en su auxilio a Hegel, a Heideg- ger, o bien, a Jean Hyppolite para que co- mente en términos de hegeHanismo el tra~ bajo mas nitidamente hegeliano de Freud: La negacién (1). Pero asf como Politzer entendia con razén en 1927 que el psicoa~ nélisis (un psicoandlisis sin inconsciente) -podia y debia constituirse en fundamento de toda psicologfa concreta, Lacan entien- de hoy permanever ficl al espiritu de la obra de Freud y reivindicar, para la pra- xis psicoanalitica, el lugar de una refle- Véace La Paychanalyse (publicacion de la Société Francaise de Psychanalyse) Ne 1 Paris, PUF, 1956. En el mismo némero, Ia presentacién y a contestacién de Lacan al andlisis de Hyppolite. xi6n sobre Ja situacién del hombre en el mundo, que en la medida que debe buscar su propia coherencia, si quiere constituir- se en teorla, es ya, filosofia Lacan, que pone todo su pundonor en Permanecer puntillosamente ortodoxo (or todoxia quiere decir aqui, vuelta a Freud, y a su descubrimiento fundamental: el inconsciente entendido en términos de len- guaje) cuida que sus textos adhieran a las sinuosidades de la “situacin” psicoanali- tica y a la clinica, y las dificultades que ellos ofrecen a la lectura, se deben, ante todo, a que son inseparables de su semi- nario en el Hospital de Saint-Anne. “En Lacan —escribe Jean Reboul uno de los pocos comentadores de Lacan— la praxis precede y manda: el deber y el cuidado de dar cuenta de ella, de tal manera que todo clinico del psicoandlisis pueda reen- contrar su propia experiencia para com- prenderla (...) y justifica los rodeos que cifien cada vez més el conocimiento siem- pre cambiante y movible, comGn a los dis cipulos de Freud, y que no se gana més que junto al paciente” (2). 7 Jacques Lacan et let fondaments de la psy- ‘chanalyse, en Critique, Ne 17, Paris, 192, (2056-1063). wv Pero entrar en un texto de Lacan es quedar expuesto al embate de un entre- cruzamiento de tonos y de jergas que con- minan al lector a un trabajo de descifre. La prosa de Lacan, a la vez coloquial y enrarecida por términos tomados de la fenomenologia aleniana, jamés se desplic ga de manera lineal, sino que en polémica casi constante con las posiciones del cul- turalismo norteamericano y con algunos aspectos del psicoandlisis _anglosajén, avanza como repicando, y también a saltos, abandonando el plano expositivo para adop- tar repentinamente un estilo oblicuo y burlon, sin dejar en otros momentos de exponer las posiciones que rechaza al mis- mo nivel y en el mismo tono con gute ex” pone las suyas propias. Una verdadera en- salada de niveles y de tonos a cuyo sig- nificado se puede acceder —pero que no se explica— por el triple marco te6rico a que se refiere. Este estilo dificil, en cambio, no es her- mético. La nocién de “significante” cons. tituye el pivote instrumental del aparato tedrico lacaniano, y también, la nocién de “barra”, forjada por Saussure en el Curso, para sefalar la imposibilided del pasaje directo (“puntual” o “vertical”) del signi- ficante al significado. Por otra parte, la “intencionalidad” hussetliana no permane- ce ajena para Lacan, quien habla, por ejem- plo, de “agresividad intencional”, pero sus trabajos publicados se dirigen més al en cuentro de la filosofia de Heidegger (). En Lacan hay frases que traducen conclu- siones de la ontologia fundamental, apro- vechando —al estilo de los psiquiatras fe- nomenélogos (4), clertas coyunturas clini- cas para robar la validez de los existen- ciales de Ser y Tiempo. Asi, por ejemplo, ‘ 3 — Eiectivamente, Ia conciencia, en et sentido ‘que la palsbra tiene en fenomenl6gia, no aparece en Ser y Tiempo, libro que no es una antolog{a fenomenclégica, sino tuna reflexién sobre el ser de “inspiracién” (pero no més) fenomenoligiea, como lo re- cuerda Jean Wabl (Heidegger, en| Les cours de Sorbonne, Centre de documentation uni- versitaire, Tomo I, Paris, 1961). 4 — Véate por ejemplo 1. Binswanger, Psiquia- trfa existencial (Introd. trad. y notas de B. 0. Bachler) Santiago de Chile, Ed, Us versitaria, 1962. VASADO Y PRESENTE el ser-para-tamuerte, que en Heidegger es momento fundamental en la constitucién de la existencia humana, del que depende el pasaje a la autenticidad, se convierte en Lacan en “la asuncién por el hombre de su desgarramiento original, por el que se puede decir que‘a cada instante cons- tituye su mundo por su suicidio” (5). Pero Lacan no ha juzgado urgente for mular en términos expresos y coherentes —-salyo de manera esporédica y desorde- nada— las lineas maestras de su reflexisn, y atento a las cuestiones que plantea la clinica psicoanalitica, adherirfa sin reser- vas a las palebras con las que Lévi-Strauss dofine Ia posicién del etnélogo —quien esta mas cerca de las ciencias que de la filo- sofia frente al filésofo: “El filésofo es in- mediatamente culdadoso del _protonga. miento de una posicién: desea que la co- herencia se mantenga, y cuando ve un punto donde la coherencia se debilita, le~ vanta entonces una objecién fundamental, mientras que el etn6logo es més descul~ dado con respecto al futuro” (6). Pero si bien hay puntos de convergencla entre Lé- visStrauss y Lacan —y no se puede acce- der a la vatidez y al alcance de algunas posiciones basicas de este Gltimo sin in terpretarlas a partir de Ia lingiiistica y la etnologia estructural— para Lacan la filosoffa permanece més afin, mas interior, y ms cercana al trabajo concreto de! ana. lista que para Lévi-Strauss de las bisque- das de campo del etnélogo. “Es necesario decir, de la experiencia psicoanilitica, que nos opone radicalmen- te a toda filosofia que tenga que ver con el cogito”, escribe en las primeras lineas de su informe sobre el “estado del espe- jo” (7). Lo que significa, en el contexto lacaniano, no sélo la oposicién a todo idealismo de la conciencia 0 del yo que verfa en estos el polo constituyente de las significaciones del mundo, sino una Jagressivité en psychanalyse ‘en Revue Frincaise de Psychanalyse, N® 3, Tomo XTIT, Paris, 1948, (367-388). 6 — Véase el niimero reciente de ta revista Esprit dedicado a Ia obra de Lévi-Strauss. 7 — Le stade du miroir, en Revue francaise de Psychanalyse, Ne 4, Tomo XTIT, 1949, (449 455) Taeaues Lacan, EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMENTOS DE LA FILOSOFIA 3 critica a toda terapia que formulara sus principios en términos de “fortalecimien- to” del yo. Para Lacan —-como para La- gache— se trata antes que de construir, fortalecer, 0 constituir el yo por cl and Uisis, de disolverlo. Posicién que colo. ca a Lacan en el interior mismo de le tradicién francesa, validando ante todo, aunque también enfrentando, la Critica a los fundamentos de 1a psicologia, ese Ii- bro “cuya influencia ‘sobre el devenir del Psicoandlisis en Francia no ha stdo lo su- ficientemente sefialada” (8). Efectivamen- te, como Io sefiala Henry Ey en una re. censiGn al reciente libro del doctor Hes- nard sobre Freud, existe un paralelismo posible entre la critica politzeriana a la reificacién del inconsciente —que traba, por su perspectiva conductista, una critica simulténea a la reificacién del yo © de la conciencia— con la oposicién de Lacan a todo intento de reificacién del yo. Una y otra enlazan, desde hace més de treinta afios (los ptimeros informes de Lacan datan de los afios no muy posterio- res a 1950) con la critica que Sartre y Merleau-Ponty realizarian de la nocién de substancia tal como aparece formulada a partir de Descartes. Y con respecto al se- gundo reproche politzeriano, la abstrae~ eién, en la que caeria también Freud (so- bre todo en el plano de sus ensayos me- tapsicolégicos y especiticamente para Po- litzer, en el diltimo capitulo de La inter- pretacién de los suefios) si bien Lacan no esté de acuerdo en considerar a la me~ tapsicologia como formando sistema con el mal asociacionismo y el mal empirismo de la psicologia clasica, no deja de repu- diar, en lo que hace a la teoria oa la inter- pretacién, todo pasaje a lo general, y tan to 61 como quienes lo siguen no dejan de recordar que, en anélisis, la marcha va de “lo particular a lo particular Pero el grito politzeriano de “Muerte a la metapsicologia” (la frase es de Laplan- che y Leclaire), que constituia si no el aporte fundamental de la Critlea, al me- ype ce Rey arras- —TJean Laplanche et Serge Lecl ‘lente, une étude paychanalytique, en Les ‘Temps Modernes, julio, de 1961, (81 - 129), pig. 81. nos su propésito més expreso, queda en Lacan sujeto.a una caucién radical. El edificio freudiano puede parecer temera~ rio —sobre todo si uno no se introduce en Gl— pero si se niega el inconsciente, se termina con el psicoandlisis, La me- tapsicologia freudiana podria entonces ser incluida en el area de lo que Politzer lla- maba “psicologia concreta”, y la “descrip. cién” de los fenomendlogos careceria de aleance —por decitlo as— para dar cuen- ta de los “objetos" de Freud, 0 como div ce Lacan, para cefiir la “cosa” freudiana. La “cosa misma” de Husserl no coincide entonces con la “cosa” de Freud, ¥ para decirlo todo de otro modo: el psicoandli.” sis —que puede enriquecerse con los apor- tes del conductismo y de la gestalt— no es en cambio psicologia de la conducta, ni tampoco, psicologia fenomenolégica. Es, para decirlo con una tautologia, psicologia profunda, Asi, el conduétismo fenomenol6~ gico de Lagache, quien adhiero en Parts al grupo Lacan, encuentra su dificultad de base (y no solamente metodol6gica) cuan~ do tiene que aliar la discripeién sartreana’ de 1a conciencia —en la que sostiene su egologia—, estrechamente vinculada con Husserl, quien ha escrito en la Fenomeno- logia del tiempo inmanente que “la reten- sin de un contenido inconsciente es im- posible”, con la nocién freudiana de “re- presentaciones ‘inconscientes”. Pero debemos limitarnos y pasar répi- damente sobre este punto esencial que concierne a la cuestién del inconscicnte, si se lo considera en la perspectiva feno- menolégica, 0 al revés, la cuestién dei va~ lor de la descripeién fenomenolégica si se la considera en la perspectiva abierta por el inconsciente freudiano. Tal vez, como Jo sostienen los discfpulos de Lacan, las posiciones fenomenolégicas quedan irre. mediablemente emparentadas con el cogl- to, y por lo mismo, serian irreductibles al inconsciente de los psicoanalistas (9). O tal vez, como lo sugieren Fink y Whaelens 9 — Bs Ia teris de la comunicacién de Laplanche y Leclaire, y también de J. B. Pontalis, Note eur le probleme de V'inconscient chez Merle ~ Ponty, en Les Temps Modernes, NP 184-5, 1961, (287-303). 4 FASADO Y PRESENTE (10), hay un puente posible desde la es- tructura de la intencionalidad y de la con ciencia (las “sintesis pasivas” de Husser}, los horizontes de latencia) al inconscien- te de Freud. A nuestro entender _habria que revisar la cuestién, y comenzar por dar la razén a los primeros, para intentar solo después recuperar los puntos en co- min entre fenomenoldgia y pero a partir del alejamiento maximo que sefiala lo mas especifico de cada perspec~ tiva, sin intentar traducir los datos de la una en los términos de la otra, puests que efectivamente, qué sentido tiene hablar, como Fink, de la posibilidad de alcanzar una teoria “intencional” del inconsciente si la intencionalidad supone el cogito y la presencia de s{ a s{ de la conciencia tras- cendental husserliana? Se contestaré que la conciencia de Husserl intenciona mas que lo que tematiza y que el decalage en- tre lo que ella sabe de su objeto y eso que cella “apunta” en 61, abre un area de opacidad que podria ser recubierta con la nocién de inconsciente. Pero recubrir una zona de significaciones opacas, o difusas —que para Husser! Mevan ya en sf el pa~ saje a un nivel superior de claridad— o de “latencias", no significa salir de Ia psicoandlisis, conciencia, salvo que se postule la nocién” de una conciencia inconsciente, lo que se~ tia absurdo, Nos hemos visto levados a la fenome- nologia arrastrados por la critica de Polit- zer, ya que sus posiciones, si bien no do claraban su parentezco con la fenomeno- logia, podian muy bien ser consideradas como tales. Pero en Politzer, o contra Po- litzer, las dificultades son menores. Ya no se trata de justificar la nocién de incons- ciente dentro de los limites estrechos de la fenomenologia, sino de rescatar, més bien, los derechos del inconsciente frente ko — Véase el apéndice de E, Fink a Tusserl, La ctisi delle scienze europe © Ia fenome- nologfa trascendentale (trad. Enrico Filip- pini), Fd M Saggiatore (Mondadori), 1961, (498-500). A de Whaclens, por su parte, re- toma las sugestiones del apéndice de Fink en Reflexions, eur une problématique bus serlianne de Tinconsciente, Husserl et Hegel, en Edmund Husserl, 1859 - 1959, Nijhoff, La Haya, 1999, (221-237) una critica hecha desde una perspectiva fenomenolsgica —y que coincide en ~lo esencial con las Jimitaciones de la posi- cidn sartreana. En el informe presentado a las jornadas psiquidtricas que periédi- camente organiza Henry Ey en el hospi tal de Bonneval, los doctores Sergio Le- claire y Jean Laplanche —en un trabajo que a mi entender permaneceré como clé- sico sobre el inconsciente— se han ocupa- do con precisién y sagacidad de los argu- mentos de Politzer (11). Se recuerda lo fundamental de su posicién: Freud habria desdoblado Ia realidad, y en el andlisis del suefio, concebido el contenido latente co- mo una realidad substancial existente por si misma por detras del contenido mani- fiesto. El anélisis del sucfio podia ser in- terpretado como una verdadera traduccion que permitiria pasar del relato del suefio ‘a su sentido, pero el error del realismo freudiano consistfa en considerar esa tra- duccién y en el momento mismo que el suefio era elaborado, como una existencia real bajo forma de pensamiento incons- ciente (12), A ese realismo de lo latente Politzer oponia una teoria de la inma- nencia del sentido y afirmaba que para ha~ blar con exactitud el suefio no tiene mas que un solo contenido, el contenido laten- te, asi como debia decir que no tiene mas que un solo relato, el relato manifiesto (13). Latencia y relato no podian existir entonces como diferentes niveles de pro- fundidad y el movimiento de la interpre- tacién que apresaba a uno apresaria tam- bién al otro. Politzer intentaba entonces hacer sentir al lector cémo debfa ser con- siderada la relacion entre la letra y el sen- tido del suefio, entre el material manities- i — Se tata del art eit, el congreso de noviembre de 1960, dedicado enteramente al inconsciente, anunciadas en la Bibliotheque neuro-psychiatrique de lan- gue francaise (Desclée de Brower) aun no han aparecido. Las actas completas » 12 — Politzer, efectivamente, hablaba del “reali mo simultanefsta” de Freud: Critica a los fundamentos de Ia psicologia (trad. Francis co Gallach Palés), Madrid, Nueva Bblioteca Filoséfica, 1929, pag. 04. 13 = G. Politzer, op. cit... pig. 204 y 212. EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMENTOS DE LA FILOSOFIA 5 to y el contenido latente. Pero Leclaire y Laplanche citan un texto de Politzer, ele~ gido con inteligencia, y que tiene valor probatorio, ya que deja al descubierto las incertidumbres y las dificultades de su po~ sicién: “En el suefio de la inyeeclén dada a Irma, —se lee en la Critica a los fun- damentos de la psicologia (14)— “a Irma le duele 1a garganta” significa “yo anheio un error de diagnéstico”. Por Io tanto, an- te todo, no hay “explicacién” mas que so- bre el plano de las significaciones, puesto que nos hallamos ante una explicacién del texto, o més bien, ante el andlisis de una escena dramitica. El deseo de errar de diagnéstico explica entonces el dolor de garganta como el término latino “pater” explica el término francés “pere”, 0 mas bien, como los celos explican el gesto de Otelo” (15). ¥ los autores Ilaman inmedia- tamente la atencién sobre ese“ mas bien” que aparece dos veces en el texto, por los que Politzer rehuye la primera vez el plano de las significaciones para trepar répidamente al nivel del “drama”, y la se- gunda vez para abandonar también répi- damente la dimensign linglifstica en pro~ vecho de una relacién de otro orden, la expresién de un afecto, los celos, por el gesto. Puesto que de lo que se trata en Freud muy precisamente, es, en cambio, del desplazamiento de una palabra (o de un fragmento de palabra) por otra. Uno se Pregunta entonces si Politzer —que pasa por alto finalmente la importancia que Freud da en La interpretacién de los sue- fios a la palabra— pudo olvidar el andlisis del olvido del nombre Signorelli, y tam- bién, la ejemplificacién grética que hace Freud para indicar las conexiones de des- plazamiento y condensacién que permiten el pasaje analitico desde el nombre recor- dado erroneamente al nombre olvidado 16). 14 — ibid, pig. 19546. 15 — ibid, pig. 198. £6 — Freud vuelve dos veces sobre el olvido del nombre Signorelli, la primera en Los meca- nismos psfquicos de la tendencia al olvido (1898) y la segunda en el primer capitulo de In Psicopatologia de 1a vida cotidians. En Lacan la dimensién lingiifstica no solo viene a ocupar el primer plano de la praetica y de la investigacién, sino que, bien entendido, la nocién de “drama”, que ha quedado formulada por Politzer pero no lo suficientemente explicitada, encuen tra aqui su marco de sentido en Ja inter subjetividad y el deseo, que constituyen el pasaje obligado para’ alcanzar la com- prensién de las nociones “que Politzer, al final de su libro, consideraba como el aporte de Freud a la psicologia concret: la identificacién y el Edipo. Hay en Lacan una profundizacién de Politzer y una te~ mitica que nos devuelve a Freud sin am~ putaciones. “La hipétesis de la existencia de procesos psiquicos inconscientes, el re- conocimiento de la teoria de la resisten- cia y de la represién, la valorizacién de la sexualidad y del complejo de Edipo, son los contenidos capitales del psicoanslisis y los fundamentos de su teoria, y quienes no los aceptan a todos, no debieran en- contrarse entre los psicoanalistas” escri- bia Freud en el Esquema (17). Se conoce el destino, o al menos gran parte de ese destino, que ha ido disolviendo una a una esas proposiciones, que en conjunto con- formaban una exigencia de totalidad que pesaba sobre Freud, y que por lo mismo 41 tenia bien presente, y que no le venia sino del ordenamiento interno, estructural, de los capitones del sistema, La nocién de actos y de representaciones inconscien tes ha tenido que soportar todos los em- bates, desde los que venian del raciona- lismo de Alain y la filosoffa de Sartre, pa- sando por el “neutralismo" conductista ante inconsciente y conciencia, hasta las tempranas construcciones _ancestralistas del confuso sistema de Jung. Se conocen por otra parte las criticas que han caido sobre el “pansexualismo” de Freud; pero Merleau-Ponty ha dicho sobre ellas lo fun damental. Si todo es sexo en Freud, es porque el sexo no atafie solamente al ni- vel genital de la existencia y nosotros “no somos sexuales porque tenemos sexo sino que tenemos sexo porque somos sexuales” jgmund Freud, Obras (trad. I. 1. Baltes teros y Torres) II volimenes, Madrid, Ea Biblioteca Nueva, 1949, vol. IT, pag. 26. 6 PASADO Y PRESENTE (28). La importancia que el sexo cobra en Freud no permite considerario como un “factor” ni como el “factor mas im- Portante” de la conducta, sino como un nivel de la conducta en el que se mani- fiesta el sentido de la conducta entera, Asf, las criticas culturalistas que entien- den contraponer el anélisis de las relacio- nes interpersonales a la importancia que tiene el sexo en Freud, no caen sino en la falacia que Whitehead Hamaba de la “conerecisn mal ubicada” (misplaced con- eretness) y que consiste en el error es tratégico que intenta hacer pasar como factor un nivel de las conductas en que se puede leer, al revés, la significacion de todos los factores (19), ¥ si por lo mis- mo la ensefianza mas original de Freud consiste en haber sefialado ta imposibili- dad de controlar el sexo como variable, es porque el Edipo no se explica por la cul- tura, sino al revés —y se podrian compren- der entonces el origen y la perspectiva de las incursiones freudianas en la antropo~ logia, por més que se quiera rechazarlas © se deba hacerlo. Y si Malinowski no ha podido socavar el Edipo —ni los argumen- tos de Roheim— es porque nunca se ha- brta colocado en el nivel de discusin don- de se situaba Freud, para quien no po- dria haber cultura sin Edipo (20). Los reproches que se hacen a Freud tie- nen, en general, esto en comin: to que Valabrega lama la “opciSn realista” (21). Se trata entonces de retornar, por una critica a los eriticos de Freud, a lo que el psicoandlisis tiene de més original, y en Freud, leido por Lacan, reaparece la importancia que, el creador del psicoand- isis daba a los fantasmas, a la imaginacién y a los simbolos. “El inconsciente —eseribe Lacan en una 18 — Véase especialmente el capitulo de la Feno- menotogia de la percepcién dedicado al cuerpo como ser sextado. 19 — Véase G. Bateson, Naven, California, Stan- ford Press, 1959, pig. 262. 20 — Véase J. P. Valabrogs, Lranthropologie pey- chanalytique, en La Psychanalyse No 3, 1987, (221-245). 21 — Véase el art, formula que lo resume— esta estructurado como un lenguaje”. Es porque algo ha si- do “atado” a la palabra que el discurso puede, en el andlisis, “desatarlo"; y no existe demostracién mas convincente, en favor de Freud, para entender hasta qué punto estaba lejos de hacer del incons- ciente una substancia, que el hecho sim- ple que entre lo sofiado efectivamente y la interpretacién del suefio por el analista, media para Freud el relato que el anali- zado hace de su suefio. Basta leer el libro sobre los sucfios para comprobar cémo Freud se desinteresaba de lo ocurrido “realmente” en el suefio para poner en cambio toda la atencién en las palabras con las que el suefio era relatado. Se ha pre- tendido, en contra de la validez del and- lisis del suefio, que la memoria afectiva es débil y evanescente por naturaleza y que para describir un suefio seria preciso estar infinitamente despierto. Pero casual- mente, Freud nunca ha entendido otra co- sa, y de la imposibilidad de alcanzar to- talmente las imagenes del suefio pasaba a instalarse de derecho y de hecho en el andlisis de los signos verbales. Para Lacan el hombre esta “tomado” por el lenguaje, y el sujeto, antes de ser el lugar centrifugo desde donde emerge el Ienguaje, es decir, antes de ser “sujeto”, esta en cambio “sujetado” por la palabra. Como en Heidegger, aqui, el habla funda al hombre y no al revés (22), y la ense~ fianza de Lacan pone de manifiesto esta verdad comin a la experiencia lingiifstica y a la experiencia psicoanalistica: que es imposible obtener un mensaje a partir de un sujeto cualquiera si no existe previa- mente una “cadena del significante” y una regimentacisn previa de los empleos. Es en la existencia de este mecanismo com- plejo, que hace que un discurso diga siempre més u otra cosa que lo que quie~ re decir, donde se revela el dislocamiento original del sujeto en el psicoandlisis (25). n—M poesfa, en Arte y poesfa (trad. Mexico, FCE, 1958, pag. 104. Heidegger,Holderlin y 1a esencia de Ia S. Ramos), 23 — Para Lacan el “origen”’ de ete Puede ser atisbado en la actitud prematura EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMENTOS: DE LA Pero que el inconsciente esté estructu- rado como un lenguaje no significa que no existan diferencias entre la estructura de una lengua (el “sistema” de los estruc- turalistas) y la estructura del inconscien- te. Es probable, como trata de probarlo Benveniste, que la analogia que hacia Freud entre los términos antitéticos de ciertas lenguas primitivas y el inconsciente se basaba en una falta de informacién filo- logica (24). Por otra parte el modelo en lingilistica es de tipo 1égico, mientras que el modelo del inconsciente exige las meta foras energetistas del modelo econémico de Freud, Y si el sujeto no hace el len. guaje sino que el lenguaje “se hace” en él, y si lo psiquico no puede reducirse al 0 de una conciencia actual, qué es entonces ese “psiquico” para Freud y pa- ra Lacan, sino, como dice Levi-Strauss, “el simple elemento de significacién para un simbolismo que lo desborda y el Gnico me- dio de verificacién para una realidad cu- yos aspectos miitiples no pueden ser apre- sados bajo forma de sintesis fuera de él” (25). Hay entonces una diferencia en la estructura del inconsciente como lengua- je y la estructura de la lengua, pero hay también una semejanza: el significante para Lacan no conduce al significado sino por su lateralidad y por su aspecto difex rencial ¢ incorporal. Pertenencia entonces del significante a la estructura o al sis- tema de la lengua, por un lado; pertenen- cfa en Lacan det significante a lo que la ‘el nie ante el espejo y en el reconocimien- to de Ia imagen corporal como gestalt, pero “el punto mis importante es que esta forma sitia la instancia del yo, previamente a sit determinacién social, en una linea de ficcién, frreductible para siempre en el individuo —o mis bien, que no se tnirh mAs que asintoti- camente al devenir del individuo, cualquiera fuera el logro de las sintesis dialécticas por Ins que debe resolver en tanto que yo st digeerdancia con la propia realidad” (Le sta- de du miroir, pig. 450). a4 — E. BenvenisteRemarques sur la fonction du langage dans la découvert freudiénne, en La Psychanalyse, No 1, 1956, (3-16). 45 — Introduction a Youvre de Marcel Ma Marcel Mauss, Sociologie et _anthropologie, Paris, PUF, 1950, pig. XXVII. PILOSCEIA 7 ma “la cadena del significante", y cuyo Segmento menor, consta, como en ling tica, de cuatro significantes (26). Diferen- cia entonces entre “significacisn” y “v lor", para usar la terminologia de Sau- ssure, y sobreabundancia del significante: en linglifstica, como en anilisis, el hom- bre dispone siempre de un “surplus” de significacién que es propio del orden sim- bélico y propiamente humano. EI sujeto del andlisis deambula para La- can entre el e6digo, o Io que Hama el “lu gar del “Otro” (Otro, aqui, con maydscul: para distinguirlo del otro: el primero gura la relacién simbélica con el otro, el segundo, la relacién imaginaria) (27), y4el mensaje; entre Ia cadena del significante —donde se apresa y se estructura el sujeto que habla en 61 y que permane- ce oscuro para sf mismo— y el “circulo del discurso”, constituido de semantemas y donde el sujeto se hace anunciar cl sen- tido y la verdad de las palabras que él mismo pronuncia —como Edipo ante Tit resias— por la relacién (al otro imagina- rlo) que lo une al analista. “Yo pienso donde yo no soy, yo soy donde yo no pien- so”, eseribe Lacan (28). Y en otro lado: “Los psicoanalistas de hoy tienen tenden- cia a confundir el sujeto y el yo, y a iden- tifiear a este dltimo con un poder de sin- tesis —aunque siempre fracasa— en tan- to que Freud describe un sujeto que fun- ciona més alla de Ia pareja del yo y det otro, que no es sin embargo un doble, ni un “mal” yo; ni un “verdadero” yo, en una palabra, el inconsciente, del cual, ana- lizando sus funciones nos muestra le es tructura (29), ZPero quién es ese sujeto que habla en mi, sin hacerlo en primera 26 — Véase J. Lacan, Les formations de l'incons- cient (seminaire de textes freudiens —1957- 1958; compte rendu de J. B. Pontalis) sepa rata del Bulletin de Psychologie. 27 — Ver A. Hesnard, Lroeuvre de Payot, 1960, pig. 181. Freud, Paris, 28 — Liinstance de la lettre dans I'inconscient ow raison depuis Freud, en La Psychanalyse, Ne a, 1957, Pig. 70. 29 — Les formations de T'inconscient, pig. 4. 8 PASADO ¥ PRESENTE persona, como queria Politzer, y que habla més bien “en persona” (50) sin hacerlo en ninguna de las personas gramaticales? EI inconsciente, contesta Lacan, es el dis- curso del otro, y si a él nos es permiti- do Megar, en buen freudismo, por la hip6- tesis de una via estructural ("Real") que va desde lo que Freud lamaba “formacio- nes” (el chiste, el equivoco de palabras, el sintoma y el suefio) al _inconsciente mismo, ;no se percibe en Lacan la pos- tulacién de un area claramente determi- nada, y cuya objetividad, o cuya resisten- cia objetiva no'es mucho menor a la ob- vidad que los lingiiistas y los etnSlo- gos estructuralistas reivindican para los resultados a que legan en las 4reas pro- pias de sus busquedas, esto es, para sus modelos? Pero entonces no s6lo no es posible rex dueir el Ello al Ego —como lo pretenden los neoanalistas— sino que tampoco, y 1o que seria lo mismo, no podria hacerse del inconseiente un conjunto de funciones que dofinirfan las operaciones al nivel de la conducta —como podria desprenderse de la critica politzeriana— por mas qée se intente salvaguardar la nocién de conduc~ ta de las implicancias ideolégicas de la “adaptacién” de los culturalistas. El pro- blema del status ontolégico del incons- ciente debe ser planteado en los mismos términos que en otras disciplinas el esta~ tus de sus modelos. Cuestién simulténea: cl Edipo, Es cier to que los norteamericanos pretenden no haberlo rechazado totalmente, sino, més bien, la conexién con Ja sexualidad infan- til tal como aparece en Freud. Pero no hay que ver en esta aceptacién delativa si- no el origen de la manera de rechazarlo totalmente. La cuestién del Edipo no se reduce a un problema de autoridad y re- belién en el grupo familiar, y el “mater nage” de los norteamericanos —que se nu- tre y forma sistema con la tesis de Fromm por la cual la madre define la mited del imago super-yoico, y constituye el reflejo, por lo mismo, del amor y de la protect cidn afectuosa, que defenderia de la imax } 30 — Leclaire y Laplanche, art. cit, gen castigadora del padre— es calitic do, por Resnard, quien sigue a Lacan, de “moralismo delirante” (51). Y si se en- tiende hacer del Edipo no thas que el mo- delo de una relacién triddiva, es preciso, para Lacan, comenzar por describir la es~ tructura interna de esa relacién, Asi, el padre debe ser considerado como institu. yendo en el seno de la intersubjetividad primaria del Edipo, la experiencia de Ia ausencia como ausencia, La relacisn con la madre es relaci6n a una presencia: originariamente es relacién a la inmedia- tez del cuerpo de la madre. El padre, en tonces, emergencia de una ausencia pri- mordial, término mediador entre el hijo y la madre, no es “el cuerpo del padre”, + no cl “nombre del padre”, y cuando “algo falta del lado del padre” existe Ia posibilidad de la aparicién de una “iden. tifieacion en el pénico” con el cuerpo de la madre, que los lacanianos descubren en la esquizofrenia, y donde el _personaje principal no es la madre como entidad, sino la relacién a esa ausencia, el padre, © a la ausencia que como hecho estructu- ral permite el pasaje a la profundidad del mundo percibido, y es por lo mismo cons- titutiva del principio de realidad (52). Dialéctica de 1a ausencia y de la presencia, © de lo invisible ylo visible, que Merleau- Ponty deseribia en el coraz6n del mundo per- cibido y que permitfa en el interior de su obra, el pasaje de la temética de la per- cepcisn a la temética de la “vision”, y que en Ios lacanianos sive, en el caso de Ja esquizofrenia, menos. para dar cuenta de la estructura de la enfermedad que para plantear a la esquizofrenia misma como “cuestin” (33): no es en todo caso una 3H A. Mesnard, Ob. cit, 32 — Lacan reconoce a Melanie Klein el haber restablecido Ja tesie de Ia precocidaa ce Ia importancia del padre en el Edipo, “Es el cuerpo de In madre que juega el rol prede- minante en la evolueién de la primera ree lacién objetal, pero entre los malos objetos presentes en el cuerpo de la madre, est el vise, representado por la forma de su pe- ne" (Les formations de Vinconscient, pig. 7) Tal es Ia tesis del libro de Jean Laplace Holderlin et 1a question du pére, PUF, 196t a EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMED mala madre, o una madre frustradora, que se halla en la base de ciertas psicosis, sino algo que falta, la “ausencia de una el deterioro de un cierto tipo de relacién con esa ausencia primordial que es el “lugar” del padre. Pero ;qué puede significar el Edipo, 0 a qué puede ser referido el padre como “nombre del padre” sino a la emergencia de la ley como ley 0 a la institucién de un orden simbilico? ;¥ cual puede ser el sen- tido de esa institucién sino el punto de quiebra y de unién del orden biolégico y del orden humano ;¥ cuél puede ser ese “punto de union de la naturaleza a la cul- tura, que los antropélogos de hoy escru- tan obstinadamente” (34) sino el sexo, es to es, el punto de concurrencia del instin- to (que carece de por si de representan- te psiquico, y que es incapaz de determi- nacién con respecto a sus objetos), con ese punto cero a partir del cual se ordena Ja cadena del significante, y que no es sino el Phallus? El Phallus, que no se Confunde con el pene real, y al que Lacan, tomando una denominacién de la lingiiis- tica, Hama “significante cero”, esto es, un significante que al oponerse a la falta de significante constituye a todos los otros en sistema, Condicién del pasaje de la nece- sidad al deseo, “significante cero del de- seo del otro”, el Phallus instituye en el seno mismo del deseo una “perversiSn” original (35) por la cual no se puede iden tificar a su satisfaccién. En la antigiiedad —dice Lacan— el Pha Hus no es representado como érgano sino como insignia: “es el objeto significative Gltimo que aparece cuando todos los ve- Jos son levantados y cuando todo lo que a 1 se relaciona es objeto de amputaciones y de prohibiciones” (56). Pero tampoco es una imagen, ni un fantasma: es una sefial o més precisamente un indicio, lo que queda de algo cuando algo ha sido borrado: “El Phallus representa la pulsién vital como tal, eso que no puede entrar Sem Le wade du miroir, pi. 455- a8 — Lees formations de Maconsclent, pgs: $8 7 36 — hid, pig. 18. TOS DE LA FILOSOFIA 9 en el drea del significante sin ser barti- do, es decir, recubierto por la castracion” 67). Se recuerda entonces la estofa misma con la que esta hecho el inconsciente freudiano, que Lacan reordena y describe desplegéndose en torno al Phallus y a los impulsos. Si las palabras no dicen propia- miente eso que quieren decir es por la pre~ sencia turbadora del objeto del deseo que no coincide con el objeto de la necesidad. Pero para que las palabras puedan no que- rer decir eso que quieren decir, es pre ciso’ también que puedan decir lo que quie~ ren decir, esto es, que el significante, mo- tivandose lateralmente en el significan- te, encuentre su anclaje en el significado, y que exista un significante privilegiado, in- vertido con los prestigios de lo biolégico, pero del que lo biolégico ha sido ba- rrido, y capaz de reordenar Ia cadena en- tora, La descripeién del Edipo y la temética del Phatlus conducen a los temas més car ros a Lacan: la relaciin entre subjetivi- dad y sujeto, el yo originandose en el es- tado del espejo, el proceso de ta comuni- cacién tal como se revela en la experien- cia analitica, 1a cuestién del intercambio de mensajes (para la cual Lacan forja la nocién de “demanda” para reemplazar la “necesidad” de los culturalistas), la des- cripcién de ta “situacién” psicoanalitica, la estructura y economfa interna del de- seo, la agresividad (58). eulto al Falo figuraba en las fiestas en honor del dios Baco para recordar una en= fermedad de los érganos genitales que, sexin a mito, el dios habria enviado contra los wes, La representacion de Ins partes .cadas figuraba en primer lugar en las dio- nisfacas, que al instituirse habfan aplacalo a Baco y terminado con la enfermedad, Se ve aqui claramente los pasos de Ia conversién que leva, por un “barrido” de lo bioldxi- co, del pene a su “representante” simbéli- 38 — FI sujeto Iscaniano, sin cogito, es a ia vcr tun sujeto agresivo. Como en Hegel Ia “Iu- cha del puro prestigio” 0 la relacién de op sicién por la cual “la conciencia persigue ta muerte de 1a otra conciencia” constitvye el primer “momento” de la dialéctica de yo y al otro, Esta tesis coloca a Lacan més cerca 10 Es necesario al menos comentar uno de estos temas lacanianos, la cuestién del de- seo (que conecta la ensefianza de Lacan con Hegel), 1o mismo 1a agresividad, en la que ve un momento constitutivo de toda relacién con el otro. Pero antes es pre- ciso sefialar, para desvanecer toda sospe- cha de biologicismo, pero también, de idea~ lismo —ya que para Lacan como para Lévi- Strauss los simbolos son més reales que lo que ellos representan—, que ei modelo freudiano tal como es recordado por los lacanianos, no es simétrico, En Freud exis~ ten en verdad dos modelos del aparato psiquico. En uno la energia que viene del sistema Cc. es simétrica a la carga de lo reprimido, y la formacién de compromiso, © el sintoma, adquiere ast un cardcter de “superficie”, aparece como una formacién de superficie y podria ser leido en térmi- nos de conductismo © fenomenolégicos como “un saber de lo que no se sabe y una ignorancia de lo que se sabe" (Mer- leau-Ponty) (39). Pero hay también otro modelo donde la relacién entre las car gas noes simétrica y donde es: posible distinguir en elinconsciente dos niveles de represion, y Ia presencia de un nivel pri- mario, més “profundo”, que Freud lama de Sartre que de Heidegger y Merleau-Ponty, para quienes esa dialéctica se origina em cam- Bio en un “ser-con” o en el anonimats de lo antepredicativo donde mi conciencia no podria oponerse a 1a del otro perque toda ‘via no hay distincion entre yo y el otro Pero. Ta tesis de la opacidad del sujeto, coloca a Lacan del lado de Heidegger y Merleau-Ponty y frente a Sartre, Lacan coincidiria total- mente en cambio con Hegel, con el capitulo sobre la conciencia de si en la Fenomenologta, donde el sujeto es, en el primer momento del desarrollo de esta dialética, a la vez, ‘agresivo” y opaco para si mismo. 39 — Pontalis sefiala que no es por casualiqad que Merleau-Ponty, en su interpretacion del i consciente en Freud, se apoyara andlisis de Ia Gradiva de Jensen: canto y el humor de Gradiva, efectivamente, ino dan la impresion, por wna parte, que da wna secuencia cinematogrifica proyectada al revés y donde se ve a wn personaje adop- tar una serie de rodeos que parecen absur- damente complicados, para conducirse a su punto de partida, por ejemplo Ia silla gonde esth sentado?” (Pontalis, art. cit, pig. 298). PASADO Y PRESENTE “represisn originaria” o “represién pri- mordial" (Urverdrangung), y donde 1a di-~ recciSn dela energia no eshacia arriba, ha- cia la censura, ya que permite aprovechar, al _ revés la energia que viene de la contracarga del sistema Cc. para mantener la_represi6n: “La fuerza repulsiva que actda a partir de lo consciente (...) la tendencia a la re- presién, no aleanzaria (...) su fin (...) — escribe Freud en el articulo sobre el in- consciente recopilade en la Mstapsicolo- gia si no hubiera ya un reprimido ante- rior presio a apoderarse de lo que t ciencia rechaza”. “roprimido rar al Ello con. Al mismo tiempo es ese que impide conside- como el receptéculo de lo bid& l6gico, como pretenden deséubrirlo los culturalistas, puesto que, y para decirlo asi, ahi donde el Ello encuentra su “re presentante” psiquico ya hubo el Phallus, Es necesario, efectivamente, considerar entonces Ia relacién entre Ello, Yo y Su- petyo, como un sistema entrecruzado de motivaciones. Pero por lo mismo, es pret Teconocer que el sistema reenvia a la “pul- sién de muerte” —contra la que tropfezan muchos freudianos— y no como hecho “in- nato de la naturaleza humana” sino como condicién ontolégica de la existencia del hombre: la muerte, el “amo absoluto” del que hablaba Hegel, y cuya presencia nos recuerda el “temblor” y la posibilidad de disolucién de todo lo que es, y por lo mis- mo, la ausencia, nocién clave para enten- der la “compulsi6n de repeticién” que descubre al nifio envuelto en el juego del “Fort-Da”, y sin la cual no podria mante~ nerse la tesis de la importancia de la se~ xualidad infantil, momento “futurizant (Sartre)de Ia existencia y que deja com- Prender c6mo en una vida pueden actuar esos “automatas espirituales", como decfa Merleau-Ponty comentando a Freud, 0 c6- mo la existencia del hombre puede alie~ narse en la locura a un s6lo tema, 0 como escribe Lacan, sucumbir a la “insistencia de la cadena del significante” El psicoanélisis descubre que el deseo no es admitido sino por toda suerte de refracciones y disfraces. Pero sus rodeos sin fin no podrian ser comprendidos — salvo postulando un creacionismo a la obra anterio 0 EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMENTOS DE LA FILOSOFIA WwW en la formacién del sintoma—sino por la estructura misma de la relacién del deseo humano a su objeto, ¥ en Lacan, como en la Eenomenologia del espiritu, el objeto del deseo humano es el deseo de otro ser humano. “El deseo humano —ensehaba Kojeve comentando a Hegel— debe llevar hacia otro deseo. Para que haya deseo ‘hu: mano debe haber primeramente una plu- ralidad de deseos (animales). 0 bie. pa- ra que Ia Conciencia de si pueda nacer det Sentimiento de si, para que la realidad hu- mana pueda constituirse en el seno de la realidad animal, es necesario que esa rea lidad sea esencialmente mtltiple. El hom- bre no puede pues aparecer sobre la tie- ra més que en el seno de una tropa. De ahi que Ia realidad humana deba ser so- cial. Pero para que la tropa devenga una sociedad la sola multiplicidad de los de- seos no basta; es necesario que los deseos de cada uno de los miembros Ileve, 0 pue da Mevar, hacia los deseos de los otros miembros Si fa realidad humana e+ realidad social, la sociedad no es humana sino en tanto conjunto de deseos desein- dose mutuamente en tanto deseos” (49). Se ve entonces cémo el andlisis del deseo —fundamental en Lacan— podria condur cirnos de la intersubjetividad a la int subjetividad, y nos sugiere la conexiin entre el Edipo de los psicoanalistas y la prohibicién del incesto, que como iy ‘a probado abundantemente Lévi - Strauss, queda absolutamente universal. Si en la prohibicién del incesto es !a hermane el objeto prohibido, y por lo mismo, valori- zado por el grupo, es porque antes ha si do valorizado por el amor de la mailre, 0 del padre ode los otros. Por los demas, el deseo humano noes solamente deseo del de- seo del otro, sino que se hace anunciar su ob- jeto de deseo por el deseo del otro o por otros deseos. O para hablar como Lacan: el objeto del deseo es fundamentalmente metonimico, “Uno se asegura de ell> !e- yendo Bel aml, que describe una comida, y donde el lector no sabe més cual es cl ‘objeto real de que-se trata, si es la carne una pee 1 4o — Alexandre Kojeve, Introduction a a lecture de Hegel, Paris, Gallimard, 1947. de una muchacha o Ia carne del cerdo que est servida” (41). Solamente que si esa surrealidad que el andlisis no permite olvidar y que es intro ducida por el deseo (un enfermo de A. Le- vi-Valensi hablaba de “surrealidad” de la relacién analitica) —la aparicién de un objeto desplazado, como movido, en sobre- impresion, al que solo se puede llegar por el rodeo del deseo del otro, por procura~ cién y no por deseripcién— no deja en- trever el modo inmediato de formalizar el inconsciente, permite en cambio el ac- ceso a su estructura formal. Lacan insiste sobre los dos mecanismos des- cubiertos por Freud: la condensacién y el desplazamiento, puesto que eso que mues- tran no es sino el deseo a la obra en la elaboracién del suefio 0 del sintoma, pero también, que las formaciones del incons- ciente pueden ser tratadas como en lin. gilistica se lo hace con el estilo, El pleo- nasmo, la aposicién, la elipsis, ete., es de~ cir, las viejas figuras descriptas pot la retérica, pueden ser utilizadas pata llegar a la conformacién interior de los fenéme- nos que Freud designaba con el nombre de desplazamiento, Y asi como el deseo es el lugar por excelencia de la metonimia — figura que sitve para designar el despla- zamiento de sentido que hace posible nom- brar una cosa con el nombre de otra que guarda con la primera una relacién de contigilidad—, el sintoma, lugar por exce- Iencia del mensaje (en la terminologia de Jacobson, la que emplea Lacan, y que com rresponde a lo que Saussure lama “ha- bla” en oposicién a la “lengua”) no es six no la metéfora del sentido de la perturba cién, o de la estructura entera de la per sonalidad mérbida. Los equivocos de nom- bres, los lapsus, el chiste, los juegos de palabras, revelan la fuerza combinatoria del inconsciente, de cuya estructura se po- dria decir, entonces —para avanzar hacia la comprensién de los verdaderos términos en que se plantea la cuestién de su status ontolégico— lo mismo queLévi-Strauss ha dicho de la estructura en etnologia: que Gv — Lacan, Les formations de Vinconsciente, pie. 5 12 RASADO Y" +9 @6 el “nticleo” del objeto sino al cot. trario, el “sistema relacional él” (42) 0 bien, la potencia capaz de ge- nerar “objetos”. Pero que existan puntos de comparacisn entre la ‘lengua’ y el ‘estilo’ y el incons: ciente, 0 que, el inconsciente esté estruc- turado como un lenguaje, no parece en to- do caso lo esencial, como dice Jean Re- boul, para el punto de vista del aleance ¥ del valor de la significacién filosética de Lacan— sino més bien Ja afirmacién que se desprende de toda Ia teorfa, de que hav bria un formalismo dominando las con- ductas, realizéndose a escondidas y que obligaria al sujeto a la oscuridad y a la pasividad, Efectivamente, entre un Jen- guaje constituyente, con sus signos flo- tantes y substituibles e indiferentes en el limite (como lo deja ver el chiste), y un lenguaje constituido, del lado del. Ello, Ja materia “de las cadenas ya en funcio~ namiento y sometidas a la comulsion de repeticin, el sujeto no queda sino apre- sado a los significantes a los que lo aliey na un trauma arcaico” (43). Un denso unit verso de reglas de substitucién y de efec~ tos de desplazamiento de _ significantes unos por otros, la “cadena del significan- te", esto es, un ordenamiento simbslico, queda aqui definido como constituyente, y todos Ios problemas del orden de lo ge~ nético parecen suprimidos. Se adivinan los reproches que vendrfan tanto del lad> del positivismo ISqico como del materiatismo hist6rico. Los partidarios del primero re- procharian saltar a las cuestiones de “meatina” (y a los “efectos del sentido” producidos por los desplazamientos, las substituciones, los deslizamientos entre significantes). En cuanto a los segundos se negarian a aceptar esta imagen pesl mista —profundamente freudiana, por otra parte— que nos mostraria al hombre victl- ma menos de su insercién on el grur », en la sociedad y en la historia, que de su in- latente en Go — Roger Bastide, Sens ct usages du terme structure dans les sciences humaines et 50 ciales, S. Gravenhage, Mouton y Co., 1962, phe. 15. 43 — Jean Rebotl, arts. cit., pag. 1062, PRESENTE sereién en si mismo, oscurecido por su propia historia individual, empantanado en su “prehistoria” y sujeto a sus “modelos”. Sin embargo y sin intentar discutir aqui un ‘conjunto de cuestiones de fundamen. filoséfica, no se puede dejar de lado el que Lacan sitée el cierre de la cadena del significante, como hemos dicho, en cl sexo —Edipoy Phallus— lugar cuya estructura légica interna no se distingue del lugar donde los antropélogos sitéan el pax saje de la naturaleza a Ja cultura (44): y es posible pensar, entonces, al menos de derecho, la conexién de los “modelos” del individuo con los “modelos” de la sociedad y con la historia, Efectivamente, esa cov nexién se da ante todo como vehiculada por el habla y la lengua, y en Freud, y por las mismas razones que atiende a las palabras con que el suefio es relatado, el pasaje de lo simbolizado al simbolo se realiza menos por la semejanza objetiva que les subyace, que porque en el contexto geogratico, social y cultural de la lengua existen palabras, frases, 0 frases hechas, que ofrecen como ya coagulado el sentido de la semejanza. Los ejemplos abundan en Freud: asf, la mujer resuelve su cuestin de la carencia de pene por el deseo de te- ner un hijo, no porque la forma del cuer- po del nifio se parezca al pene, sino por- que un nifio recién nacido es una “cosita” y porque la palabra “cosita” sirve también para designar el érgano genital masculi no. © bien, en un caso de esauizofrenia tomado por Freud de los historiales de Tausk, un médico de Viena, las palebras de la enferma son interpretadas en rela- ci6n al parecido material con otra palabra de la Ienqua alemana, Este ejemplo es in teresante puesto que en cl momento mismo en que Freud esta sefialando la importan- cia que tiene en la comprensiSn del sin- toma las conductas no verbales —y esté hablando de “lenguaje de la vision", de “lenguaje hipocondriaco”, de “lenguaje de los érganos"— sostiene y asegura la in- terpretacion en la lengua. Asf, dice, reto- mando la explicacién del propio Tausk, eso que la enferma contaba, que estando tacion da — Ver Mesnard, om eit, gra. parte, Cap. VI. EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMENTOS DE LA FILOSOFIA 13 en una Iglesia habla sentido un impulso a “eolocarse, de otro modo, como si coloca- ta a alguien, como si la colocaran a ella”, no es més que un representante de la pa- labra fingir (en aleman, stch.stellen signi- tica colocarse y verstellen, fingir) (45). EI anlisis de los simbolos se ~ realiza para Freud con la ayuda de las asociacio- nes del enfermo, pero el avance de la in- terpretacién es posible porque las cade- nas pasan por el contexto de la lengua (la estructura, la lengua, el cédigo), cuando se ve Ilevado a postular un simbo- lismo universal (que a nuestro entender antes de rechazar seria preciso'rever, simbo- lo por simbolo,a la luz del estructuralismo y la fenomenologia) y después de comprobar gue la censura no es el dnico mecanismo jue se halla en la produccisn del material manifiesto, concluye, él mismo asoribrado, que el pasaje a la constitucién del simbo- © ;puede realizarse también por fuera dol contexto de la lengua. Queremos decir, que si Freud se puede asombrar por el descu- brimiento de que hay simbolos que reba- san el contexto nacional de la lengua, es porque esté seguro —y no ha dejado de tener raz6n— que la lengua es el pasaje sbligado para la constitucién de los sim- polos individuales —y es hecesario volver il texto mismo de Freud y atender al to- to sombrio con que comprueba un hecho menos que afirma dogmaticamente su sugnificacion. ;Pero qué valor puede te- ter para un marxista este interés freudia~ n0 por el contexto de la lengua, por el eSdigo del grupo—estoes, por la estruc- tura —interés que se revitaliza en Lacan a la vez que cobra mayor conciencia de su alcance, puesto que recuerda que para reir de un chiste hay que pertenecer a la “parroquia”, es decir, que el mensaje no 8¢ explica sino por el cédigo del grupo, incluso en el caso del neologismo esqui- zofrénico aparentemente mas caprichoso? Pero para contestar o para introducir aqui la triple problematica de ta relacisn entre estructuralismo, marxismo y psicoa~ seria preciso antes tener resuel- tos un conjunto de problemas metodolégi- 45 — Freud, Obras, vol. 1, pig, 1078. cos que atin no estén lo suficientemente explicitados, De cualquier manera, los mo- delos estructurales do los lingtiistas y de Jos etnlogos no pueden ni deben ser con- fundidos con las inftaestructuras y las superestructuras de los marxistas, sino més bien, deben ser entendidos como el conjunto reglado de mediaciones concep- tuales que pueden permitir el pasaje de unas a otras. Efectivamente, si se quiere evitar la concepcién ingenua de ta rela~ cién entre la “base material” y las super- estructuras que entiende que el pasaje es posible por una comparacién hecha térmi- no a término entre los elementos de la una y los de las otras, serfa necesario comprender —como dice Verén comentan- do a Lévi-Strauss— que las estructuras “no son otra cosa que los productos de la me- diacisn conceptual entre la praxis mate- rial y las pautas de conducta" (46). Pero por lo mismo, hay, que retener entonces de Freud el sentimiento y el reconocimien- to de esas zonas de mediacién —de las que reconocia una, sobre todo, la lengua —, de ese pasaje obligado por las estruc- turas 0 por él cédigo, en qué consiste el pasaje al sentido, 0 la conexién de senti- ‘do, con la accién y la praxis social. El ca- mino que eva desde la alienacién a las psiconeurosis —cuya necesidad y posibili- dad de describir en el psicoandlisis se- fialaba un marxista como Baran hace poco exige uh conjunto de mediaciones concep- tuales que las ciencias del hombre efecti- vamente comienzan hoy a entrever, pero que estan lejos de haber ya clarificado; y si existe la posibilidad de tornar inteligl- ble ese pasaje desde la alienacién (un uni- versal abstracto) al drama vivido del hombre enfermo, si existe como lo quie- re Baran la posibilidad de plantear el pro- blema de Io que lama las “cintas trans- misoras” (47), esos problemas y esas cintas no pueden menos de pasar Orientaciones metodolégicas c- tuales (Seminario: Las ciencias sociales y el método cientifice). Publicacion mimeogra- fiada del Instituto de Sociologia, pag. 12. WE. Verén, 47 —P. Baran, Marxismo y Psicoanélisis, Buenos Aires, J. Alvarez, 1964. 14 FASADO Y PRESENTE por ese lugar donde Ia accién humana se analiza a si misma, convierte en cultura los datos de ta naturaleza y crea las con- diciones y los limites de su propia inte- ligibilidad, esto es, por las estructuras. Se ha dicho que el marxismo no tiene nada que temer del estructuralismo, puesto que el mismo marxismo es un “universo de modelos”. Habria que agregar que la cues~ tion de la conexion entre psicoandlisis y marxismo tampoco tiene nada que temer de las estructuras, y al revés, ya que en- cuentra en ellas el fermento para conver tirse en lo que verdaderamente es, un uni- verso de problemas. Pero esos problemas, y esta perspectiva, —que abren el campo de bisqueda de la Psicologia Social y de la Psiquiatria So- cial— se ciernén sobre dos polos donde no cabe concesién alguna al irracionalis- mo: el inconsciente de los psicoanalistas, estructurado como una ret6rica, y el in- consciente de los lingllistas y de los et- nélogos estructuralistas (que nada tiene que ver, por supuesto, con el inconssiente de Jung). Un inconsciente individual y un inconsciente social, 0 un e6digo social: he ahf los dos modelos que constituyen un doble contexto metodolégico ‘que tenderia a articularse y cierra y abre a la vez la cuestion del pasaje, de la relacién o de la conexién entre psicoandlisis y marxis- mo. Se dira todavia que es ocioso —practi- ca y clinicamente— permanecer en la des- cripeién de lo psiquico y su estructura si no se conectan inmediatamente las signi ficaciones de las conductas puestas de re- lieve por el anélisis con el “sentido” de las conductas sociales consideradas como un todo. A lo que se debe contestar, ante todo, remitiendo la ctiestisn a los psicoa- nalistas, puesto que una misma interpre~ tacién puede soportar —aunque s6lo apa rentemente, segtin entiendo— el manipu- leo en la direccién de un marco tedrico catélico, marxista o existencial. Pero ha~ bria que sefialar al mismo tiempo lo que contestaba Roman Jacobson en momentos que aleanzaba en Rusiala mayor virulencia la polémica entre los partidarios del and- lisis puramente formal en literatura y los partidarios de la explicacién por la in- fraestructura econémica: “La historia li- teraria esté Intimamente ligada a las otras “series” hist6ricas. Cada una de esas se- ries se caracteriza por sus -leyes estructurales propias. Por fuera de esas leyes es imposible es- tablecer las conexiones entre la “serie” literaria y los otros conjuntos de fenomenos culturales. Estudiar el sistema de los sistemas ignorando las leyes inter- nas de cada sistema individual, seria co- meter uh grave error metodolégico” (48). Pero 2cudnto vale esta ontologia sin co- gito, esta filosoffa del inconsciente y de las estructuras, que por momentos pare- ce convertirse en un formalismo genera- lizado donde el hombre tiene menos con- textura que los simbolos y donde los mo delos pre-existen al individuo? ;Cémo es preciso entender la determinacién de la conducta que viene de la cadena del sig- nificante y cual es el status ontolégico de esa cadena entendida como modelo? iCual es el destino, ideolsgico ¢ histérico, de la ontologia que parece desprenderse a la vez de la lingiifstica estructural, de la etnologia de Lévi-Strauss y del psicoa- nélisis lacaniano, ontologia que parece re- enviar a Heidegger —y no s6lo al primer Hiedegger— y donde el “objeto” rebasa los marcos de la fenomenologfa, puesto que ni el desplazamiento ni la condensa~ cién entre significantes, ni las decisiones fonolégicas por las cuales la estructura de la lengua opera en el sujeto parlante, pue- den referirse al campo actual de la expe- riencia vivida? Entendemos, de cualquier manera, que las estructuras, antes de par sar a constituir la infraestructura misma de las conductas, no existen en ningén lado, y que si son formas no lo son en cambio al estilo critico trascendental: no son hormas vaclas que se Henan al con- tacto del contenido sensible para consti- tufr la experiencia, sino que al revés. “en- carnan” 0 laten al nivel mismo de la ex- 48 —Citado por Nicolas Ruwet, en el Pretacio a su traduceién de Roman Jacobson, Essais de Linguistique génerale, Paris, Les Ed. de Minuit, 1963, pag. 8. EL INCONSCIENTE EN LOS FUNDAMENTOS DE LA EFILOSOFIA 15 Periencia. Pero cudl es el “cédigo", o el sistema de transformaciones, o la moda- lidad de 1a intuicién totalizante, que per- mita el pasaje desde la observacién obje~ tiva de los cédigos colectivos, inconscien- tes, a los elementos de las vivencias sub- jetivas, o cual es Ja relacién entre los da- tos de la descripcién estructural y los datos de la descripcién fenomenolégica? Fenomenologia, estructuralismo, marxis~ mo, psicoandlisis, convergen en Lacan y esto al nivel mas inmanente de su obra y de su ensefianza. Hay que lamentac, sin embargo, y en un sentido, que Lacan per- manezea silenctoso y cauto en el plano de las manifestaciones ideolégicas expresas \(y uno se pregunta, si-ha ido o no més allé de Hegel, 0 més acé), y no se atre- va, por ejemplo, a evar adelante el alcan- ce ideolégico de su descripcisn del sujeto como sujeto agresivo, y como Sartre, a conectarlo con la necesidad “material” y con la lucha de clases (49). Finalmente, y al revés, este lacanismo que prende ra- pidamente entre los psicoanalistas france" ses, no nos obliga de ninguna manera a 49 — Si bien, puede Megar a escribir, menos th midamente, que “los delirios no tienen ne- cesidad de ninguna interpretacién para ex- Presar por sus solos temas y a maravills, esos complejos i psicoandlisis tiene que para revelar en las neurosis, No es menos im- portante, por otra parte, que las reacciones jimales de estos enfermos se producen en ‘un punto neurilgico de la actualidad social ¢ histérica” (Le problema du Style et la conception paychanalytique des formes para noiques de experience; carezco de lax re- ferencias bibliogrificas para situar y comple tar esa cita). - Comunicacién lefda el 12 de marzo de 1964 en la Escuela Pichon Riviére de Usi- cologia Social (N. de la R.) in retorno a las tesis falsas de una psico- logia del psiquismo © a una filosofia es- Piritualista de la intimidad, y Levi-Valen. , demuestra haber lefdo mal a Lacan y se equivoca cuando asimila el mundo ex- terior —tal como él cree apareceria con- cebido por el psicoanilisis— al diario de Amiel. Un paisaje no es un estado de al- ma, sino una realidad objetiva, un campo real y virtual de potencialidades que se despliega ante nuestros ojos y “habla” a nuestro cuerpo, tras cia y donde una intencionalidad se entre- laza a otras intencionalidades y a todas las otras, para constituir y fundar, por el mismo movimiento que se constituye y se funda a si misma, la densidad de ser del mundo y el ser de la subjeti- vided en la intersubjctividad o para hablar como el dltimo Merleau-Pon- ty, en Ia intercorporeidad. El hombre de reud no es un hombre interior, mi el amor, como lo entendia Francois de Curel, una danza delante del espejo... A menos que el espejo nos devuelva, como en La- can, la imagen del cuerpo propio desped zada, como en trozos, para obligarnos por lo mismo a salir. de nosotros y buscar la unidad y la unién de las junturas en el cuerpo del otro. En fin, y mucho menos podia serlo para Freud, quien lo descri- bia envuelto en el equfvoco, sujeto por el deseo a otros deseos, y por la convulsién de nuestras coneiencias moralizantes, ca- paz de levantar Ja dltima sospecha que podria pesar sobre las conductas sexuales que lamamos “perversiones' endente ala concien- OSCAR MASOTIA