V I S O R revista literaria

Nº9-May./Ago.2017

Reseñas: Abraham Pérez / Agustín Monsreal y Fernando Sánchez
Ensayos: Muchas veces de Érase / Análisis de “El niño proletario” de
Osvaldo Lamborghini / Intertextualidad en la obra de Joseph Conrad
Creación: Carlos Ardohain / Antonio Costa Gómez / Carlos Segovia
/ Facundo Re / Niobe Mariana Rojas Sarabia / Edgardo Nieves-Mieles
© Revista Literaria Visor
ISSN 2386-5695
Contenido
Revista Literaria de difusión cuatrimestral

Dirección:
Noel Pérez Brey Editorial.................................................................3
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com Reseñas..................................................................4
Consejo Editorial: Esferas. Abraham Pérez.............................................5
Vega Pérez Carmena
Noel Pérez Brey Vamos al circo. VV. AA...............................................6

Imágenes: Ensayos..................................................................7
Portada: Catherine
www.flickr.com/photos/catheadsix/ Muchas veces de Érase, por Sara Martín Fernández.
Contraportada: Catherine/Fuente: Flickr .......................................................................................8

Contenido: Nikon Peeper/Fuente: Flickr; Reseñas:
Timur Yalcin/Fuente: Flickr; Ensayos: Damian Varia/ Un cuerpo violado: una clase social. Análisis políti-
Fuente: Flickr; Creación: Evan Leavitt/Fuente: Flickr. co-genérico de “El niño proletario” de Osvaldo Lam-
borghini, por Andrea Armijos Echeverría...............14
Diseño:
Noel Pérez Brey Intertextualidad en el cuento “Una negrita haciendo
señas” y la novela corta Gaspar Ruiz de Joseph Con-
rad, por Carlos Martínez Buelvas............................21
Esta revista se edita desde Toledo (España) a través de la si-
guiente dirección: Creación............................................................... 27
www.visorliteraria.com
La vida sucia, por Carlos Ardohain..........................28
Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente direc-
ción de correo electrónico: Rilke en los prostíbulos, por Antonio Costa Gómez....
visorliteraria@gmail.com .....................................................................................36
Presente perpetuo, por Carlos Segovia.....................39
Diálogos, por Facundo Re..........................................46
Todos los textos e imágenes publicados en este número son Parásito, por Niobe Mariana Rojas Sarabia.............51
propiedad de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohi-
bida la reproducción total o parcial de los contenidos de esta ¿Desde cuándo no te sudan las manos porque no
publicación en cualquier medio sin el consentimiento expreso abrazas a nadie, ni siquiera al viento?, por Edgardo
de los mismos. Por otro lado, esta publicación no se respon- Nieves-Mieles.............................................................60
sabiliza de las opiniones o comentarios expresados por los
autores en sus obras.
Colaboraciones..................................................... 68
EDITORIAL

Ahora el cuento va a cambiar
Hace algunos días, nos hicimos eco en nuestras redes sociales de una noticia
cuyo titular rezaba que la asignatura de Literatura Universal iba a desaparecer
del Bachillerato (en realidad, parece ser que no se suprime, sino que es relegada a
un papel más que secundario, primer paso quizá para su eliminación). Vale, pues
sea como sea, yo me alegro. Esperad, esperad, no me azucéis a los perros toda-
vía, dejad que me explique. Yo siempre he sido un tipo del montón: la mayoría de
las veces se me atragantaban las matemáticas; jugando al fútbol en la escuela,
el capitán de turno a menudo me elegía cuando el grupo estaba ya bastante más
que mediado, y creo que no me despiden del trabajo por el simple hecho de que,
descontando los cubículos vecinos, ni mi jefe directo sabe muchas veces que ando
por allí. Ay, amigos, pero ahora que se van a cargar de un plumazo la literatura,
el cuento va a cambiar.
Con la asignatura fuera de combate, tal vez el siguiente paso sea acabar con
las clases de Lengua Castellana. Total, para qué, si los chavales ya saben expre-
sarse, al menos lo necesario para «propiciar su empleabilidad» (no extrañaría ver
a otro ministro soltar algo semejante). En ese caso, los escritores, los lingüistas,
los filólogos y demás seremos cada vez menos, un pequeño reducto de marginales

Reseñas
con preparación para definir el mundo que les rodea, con capacidad de análisis,
de imaginación, de reflexión, porque eso y otras muchas cosas, señores, además
de divertimento, evasión, etc., es lo que aportan la literatura y las humanidades
en general. Formaremos parte, pues, de una tribu similar a los galos contra el
Imperio, algo así como una especie en extinción, y acaso, cual osos panda en un
zoológico, nos mimen y nos rasquen la barriga, y puede que hasta nos proporcionen
novelas gratis, de esas que a ellos de nada les sirven, para que el nuevo mundo
cien por cien pragmático y mercantilista vea un puñado de extraños seres desde
la seguridad de la barrera, por precaución, obedientes ante el cartel de «no eche
de leer a los letrasados». Está bien, cierro ya la boca, es probable que desvaríe en
exceso. Lo peor es que no soy el único. Bueno, al menos yo no tengo la educación
de los jóvenes en mis manos.
Me he pasado con lo del zoo, lo sé, y seguro que continuamos suspendiendo ma-
temáticas y sin dar una patada a derechas a la pelota (con lo que me gustaba),
pero es posible que, con las humanidades condenadas a garrote, los supervivientes
adquiramos ese halo de misterio de lo desconocido, que nos miren con el interés
de quien ve algo extraño, especial, poco común, y tal vez le suceda lo mismo a
aquellos que estudiaron música (con la asignatura arrinconada porque «distrae»)
y a los licenciados en Humanidades y a los filósofos (ambas carreras degradadas
en la universidad), qué demonios, pues entonces al final vamos a ser unos cuantos.
Vaya tela.
Noel Pérez Brey

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RESEÑAS RESEÑAS

Esferas de las reverberaciones que produce el
mismo.
Vamos al circo tico entorno en
el que conoció el
Abraham Pérez La eterna fragilidad de la memoria
VV. AA. hielo el coronel
es una constante, una propuesta para Buendía, sino,
Desde siempre el entorno en el cual un mundo inmediato y excesivamente Hay convocatorias que sorprenden al que los his-
nos desarrollamos como seres huma- rápido, que nos hace volver una y otra por la minuciosidad con que constru- panohablantes
nos ha condicionado de alguna manera vez a lo mismo, llevando a los perso- yen sus pretensiones y Vamos al cir- hemos construi-
la naturaleza de cada individuo. En el najes al límite de la condición humana, co es producto de una de ellas. Imagina do para dialo-
caso de Abraham Pérez, su entorno, su donde Abraham cuela un toque de hu- una convocatoria en la que participen gar entre gene-
ciudad, su gente, etc. han influido en su mor satírico como si pretendiera quitar escritores de minificción a lo largo de raciones. Esa
interioridad, carácter y forma de escri- hierro al asunto. Latinoamérica y España, pues eso fue tertulia infinita
bir; todo esto queda plasmado en cada Siempre nos quedará la duda al leer este grandioso proyecto que hoy puedes en la que char-
párrafo de Esferas. Esferas, de si el autor quiere jugar al encontrar en una antología, de 183 pági- lamos, sin pa- Vamos al circo
Esferas es una obra realizada desde escondite con el lector: aparece ante no- nas, editada por la Dirección de Fomen- rar ni respetar VV. AA.
la interioridad, un trabajo donde se pone sotros al inicio de cada relato pero se to Editorial de la Benemérita Univer- turnos, ajenos Dirección de Fomento
de manifiesto elementos tan humanos esconde para difuminar los personajes sidad Autónoma de Puebla, en México. a las “buenas Editorial de la Bene-
como la soledad, el amor y desamor, la y la misma historia. Lo que pretende es Se convocó a los cuentistas a escri- costumbres”, o mérita Universidad
muerte, el paso del tiempo; donde el ser que el lector se sorprenda, se sorprenda bir historias, de menos de 250 palabras, más bien, aten- Autónoma de Puebla
humano desgarrado muestra su interio- ante unas historias que, en un princi- con la temática del circo. La respuesta diendo a la cos- Puebla, 2017
ridad. Sus personajes dialogan con él, no pio, se antojan historias comunes, pero superó la expectativa y los antólogos, tumbre de la fa-
direct am e nte, que al final nos hace releer una y otra Agustín Monsreal y Fernando Sánchez milia, de la fraternidad.
sino al modo del vez la misma historia para saber dónde Clelo, no pudieron decir no a 174 narra- Eso es Vamos al circo: un recordato-
eco que produ- está el truco final. ciones. rio de los miedos e ilusiones que com-
cen las pisadas Además de los ocho relatos de los El libro es una delicia con las más partimos los que hablamos esta mara-
de los mundos que consta la obra, Abraham nos regala sorprendentes historias: desde payasos villosa y caleidoscópica lengua.
circulares en un microrrelato final, donde el atento que ríen de dolor a magos que se borran
los cuales ha- lector podrá descubrir parte de la ma- la cara en un descuido; domadores que © Concepción Figueroa
bitan. Nuestro gia de Esferas, donde lo relevante no es tragados por los leones son rescatados
autor interpreta la historia en sí misma, sino la propia de una realidad alterna o una hermo-
el silencio como construcción del texto que desarrolla sa mujer que se transformó para ser la
nadie (Samuel con el lenguaje. Sra. Elefante; no podían faltar la niña
Beckett es una araña desobediente ni los siameses bur-
Esferas constante), tie- © José Manuel González Lemos lones…
Abraham Pérez ne la capacidad En verdad esta lectura nos trans-
Ediciones Oblicuas de hacerlo re- porta al circo, pero no solo al fantás-
Barcelona, 2017 sonar a través

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ENSAYOS

Fuente: Pinterest

Ensayos
Muchas veces de Érase situación individual de cualquiera que
por Sara Martín Fernández se acerque al cuento.
Pero si nos colocamos únicamente
desde la perspectiva de las historias,
“Érase una vez” es, en todas las oca- dejando a un lado emisor y receptor, el
siones imaginables, no solo una puerta asunto cambia.
rígida que se abre y se cierra a partir de Lo primero que debemos diferenciar
las cubiertas de los libros, que sirven de en cuanto al nacimiento de un cuento es
escudo de entrada desde el mundo de la su procedencia, o mejor dicho, el mo-
realidad y la razón, hacia un cosmos de mento histórico en el que surgió, para
ensoñación de lo posible. Además, esta deducir si se trata de un cuento tra-
puerta tiene la característica de ser gi- dicional o, por el contrario, un cuento
ratoria, por lo que permite entrar y sa- moderno. Podríamos realizar el corte
lir a cuanto la imaginación pueda llegar trazando una línea temporal en el mo-
a crear, sin diferir entre si eres escritor mento exacto que se separaron unos de
o lector, ya que, indistintamente, se van otros para delimitar así los dos perio-
a crear numerosas nuevas fábulas que dos, como ha ocurrido a la hora de di-
tendrán una íntima y profunda concep- ferenciar las distintas etapas en la his-
ción de acuerdo a la vida pasada y la toria de la literatura, pero lo cierto es

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ENSAYOS ENSAYOS

que, el cuento, siempre ha estado bajo dizaje más, en donde la altura será un vuelta a gente que se ha ido y adquirir todo ser humano puede lidiar con esos
otro yugo muy distinto al de las demás nuevo símbolo de poder, la digestión, la posibilidad de que uno mismo pue- devenires del destino. Además, el villa-
obras literarias, en el que el tiempo ha de relajación e intimidad, y el sexo, del da regresar de aquel lugar inexplicable. no será castigado con torturas o con la
dejado algunos estragos, pero que a su ritmo y del placer. Quizá sea este concepto la mejor forma muerte.
vez, ha permitido la convivencia de la Durand explica que, si a la mezcla de de entender la fragilidad de la huma- No podemos olvidar que este tipo de
simbología desde la más antigua tradi- todos estos ingredientes un poco compli- nidad. cuentos están directamente influencia-
ción literaria. Podemos hablar enton- cados de digerir, les cocinas dentro del Pero volviendo al tema de la sepa- dos por las civilizaciones antiguas, en
ces, gracias a esta manera tan sutil de horno del “Entorno Social”, surgirá la ración entre los dos tipos de cuentos y las que había multitud de ritos iniciales
escapar de las manillas del reloj, que mezcla de lo biológico con lo imaginario su relación con los símbolos, los cuentos que eran necesarios para la superviven-
nos encontramos ante conocimientos, dentro del ambiente cotidiano, y como más tradicionales, como pueden ser las cia dentro de una tribu, y que consistían
entendimientos y conceptos universales resultado final tendremos la creación leyendas o los mitos, suelen terminar en superar una serie de pruebas que de-
que son compartidos por cada una de de cuentos con una serie de caracterís- con un final feliz, donde un héroe (siem- mostraran tu valía como partícipe de
las personas que te rodean día a día, y ticas comunes a la humanidad que no pre suele ser hombre, ya que la socieda- la convivencia dentro de esa comunidad
de las que también rodearon a nuestros podrán pasar desapercibidas. des solían ser patriarcados) símbolo de (como sucedía en Esparta, por ejemplo).
antepasados. Pero, ¿cuáles son estos símbolos de poder, tras atravesar duras y compli- Ensalzar en las alturas a los héroes,
Esta idea de la simbología repetiti- los que hablamos? cadas situaciones, salva a una doncella dejar descender en fama y matar villa-
va del cuento ha estado rondando en la Existen muchos y todos son muy di- en apuros, símbolo de debilidad, con la nos, los símbolos estaban servidos: las
cabeza de grandes teóricos de la lite- ferentes. Durand hizo una tabla organi- que se casará o al menos, liberará de colinas y las montañas donde se escon-
ratura, como Carl Gustav Jung, quien zándolos minuciosamente, uno por uno, su pesar, símbolo de unión de fuerzas y dían los dioses en Atenas o el subsuelo
propuso dicha idea de los arquetipos en géneros y subgéneros. Pero si redu- felicidad. donde se escondía Hades, la oposición
universales, y que cautivó al francés cimos todos los símbolos que componen Pero en el final de estos cuentos solo de la luz y la oscuridad, el ascenso y
Gilbert Durand, quien tuvo en cuenta el entendimiento común y social a su se expone que “vivieron felices para la caída, el bien y el mal. El mundo de
sus postulados y las combinó con las del mayor simplificación, podemos afirmar siempre” sin mencionar ni una sola los símbolos de lo imaginario repercute
los rusos Vladímir Propp y su proposi- que el concepto que se esconde detrás de vez que es siempre, como en todos los directamente, al igual que en los ritos,
ción de las 31 funciones de los cuentos, todos ellos siempre es el paso del tiem- asuntos del hombre, terminará con la tradiciones orales y leyendas, en las re-
y Vladímir M. Bechterev, quien daba po, el devenir del destino, la angustia de muerte. ligiones. Todo consiste en crear perso-
mucha importancia a la biología como pensar el momento de la muerte. En muchas otras ocasiones, se inten- najes que oculten en su interior símbo-
medio de expresión humana. Dio nom- El ser humano, desde que tiene con- ta tratar de explicar por qué suceden los de lo considerado moral y aceptable
bre, a través de la simbología, a una ciencia de que lo que es ahora pasará desastres naturales o situaciones injus- contra lo inmoral y despreciable, para
serie de funciones dominantes en los re- pronto, y que lo que será mañana es un tas en el mundo, y se buscan respues- terminar con el ensalzamiento del bien
cién nacidos, como son la verticalidad lodazal de incertidumbre, prefiere eva- tas o culpables. Para eso está la figura y de lo idílico para el ser humano.
(o el entendimiento del niño acerca de dirse de estas sensaciones a través del del villano, que en muchas ocasiones es Es curioso cómo, de manera to-
las distancias y las alturas), la diges- maravilloso mundo de la imaginación, una mujer (recordemos la imagen del talmente automática y sin ni si quie-
tión (o el entendimiento de la deglución que es la única máquina capaz de en- patriarcado y la idea clásica de la mu- ra planteárselo, se repiten los mismos
placentera de la caída del reposo), y el tender las realidades posibles de un he- jer como seductora y envenenadora de símbolos en muchos de los cuentos tra-
sexo (o el entendimiento del placer se- cho que nosotros queremos que pasen, mentes, como es el papel de Eva en La dicionales de China, Perú o España, en
xual localizado en los genitales), en las ya sea pasado o futuro, y transformar- Biblia, por ejemplo) otras veces, el vi- donde, sin saberlo, la persona o per-
que el recién nacido centrará toda la lo a nuestro antojo, en forma de relato llano puede ser un monstro, de propor- sonas que lo crearon tenían la misma
atención durante su proceso de desarro- fantasioso. ciones inimaginables, o un hechicero, consciencia de escape del devenir.
llo y se olvidará de todo lo que ocurre a Es importante destacar que incluso que aparentemente tendrían más poder Los cuentos modernos, por su parte,
su alrededor. Esas sensaciones pasarán la imaginación permite en más de una que cualquier hombre normal, pero el suelen tener un final trágico, que no tie-
a formar parte del niño como un apren- ocasión revivir de la muerte, traer de héroe nos demuestra que con astucia, ne porque ser la muerte. Incluso es aquí

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ENSAYOS

zón, el conocimiento el héroe Eneas en La Eneida, descendió
y la ciencia tienen a los infiernos y consiguió salir, apor-
la puerta cerrada tando luz sobre el conocimiento que se
por un millón de tenía sobre el inframundo hasta el mo-
llaves, ya que en es- mento, y tras haber resuelto sus dudas.
tos casos en los que Al igual que Orfeo, cuando quiso recu-
las fronteras están perar a su amada Eurídice. El final no
totalmente tapadas fue el más feliz que podría ser (pero en
bajo una densa capa este caso, la razón está en que Orfeo fue
de desconocimien- el Villano que desobedeció a los Dioses,
to, el “Siempre” sí y debía ser castigado) pero nuestro pro-
significa siempre, o tagonista, al menos, salió del infierno
hasta que el racio- con respuestas.
cinio entienda dónde En cuentos modernos como el de Ale-
está los límites del jo Carpentier Los Advertidos, se plan-
más allá y de la lo- tean una multitud de preguntas a cerca
cura, de la misma de las religiones y sus similitudes que
forma que se deli- ningún personaje es capaz de responder,
mitan el nacimien- y el final del libro se quedan totalmen-
to y la muerte. Los te abiertas y sin respuestas. Por lo que
personajes son muy podemos deducir que una de las gran-
redondos, tienen un des diferencias quizá sea que los autores
transfundo que per- más modernos han intentado entender
mite empalizar con el porqué del nacimiento del cuento,
ellos. Además, los y cuando ya tenían sus respuestas, se
temas de los que se han atrevido a componer nuevas y más
preocupan son algo complicadas preguntas.
más sentimentales Pero la llave de esa puerta de “Érase
y profundos, ya sea una vez”, no es un utensilio fácil de en-
el amor, cómo su- contrar. Podríamos atrevernos a decir
cuando más aparece la figura del muer- nino en apuros-Superación de pruebas- perar una muerte de un ser querido o que, en temas de la imaginación, puede
to viviente, para sembrar más terror Final feliz. Se juega más con el concepto cómo enfrentarse a la de uno mismo, haber verosimilitudes infinitas que solo
y desconcierto entre los lectores, pero de la verosimilitud, ya que el personaje sin tratar de camuflarlo bajo ningún se abren con unas pocas llaves, Y que se
nunca para dar respuestas. Autores se adentra en mundos como la locura o símbolo que permita evadir al pensa- presentan todos los días antes nuestros
como Horacio Quiroga, Manuel Gutié- el más allá, pero que están situados en miento de cualquiera de estas ideas. ojos, en forma de revistas, periódicos,
rrez Nájera o Emilia Pardo Bazán, es- el marco de lugares reales, en ciudades Como empezábamos diciendo en los tabletas electrónicas, anuncios publici-
cribieron relatos en los que los protago- y pueblos existentes. El drama está ser- primeros párrafos de este ensayo, aun- tarios, novelas y cuentos, en forma de
nistas, el ambiente y el marco, no tenían vido la mayoría de las veces cuando el que los cuentos tradicionales y los cuen- palabras. Pero que la “palabra” no es
nada que ver con los cuentos tradiciona- personaje que está dentro de ese mundo tos modernos se diferencien en muchas más que el disfraz del símbolo y el sím-
les. En estos casos, no se suele seguir la de la “no consciencia” no consigue salir cosas, lo cierto es que los símbolos que bolo está dentro del jardín de lo imagi-
estructura Héroe-Villano-Ayudante del y se queda totalmente atrapado, para aparecen son los mismos, pero se utili- nario.
Villano o del Héroe- Personaje Feme- siempre, en un ámbito en la que la ra- zan de distintas formas. Por ejemplo, No se pueden abrir puertas de cerra-

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ENSAYOS ENSAYOS

duras escondidas. Hay que encontrar Durand, Gilbert, Las estructuras an-
la ranura y sentirse capaz de soportar tropológicas de lo imaginario (1960),
el peso de poseer la llave de la caja de Madrid, Fondo de Cultura Económi-
Pandora o del armario de Narnia. ca, 2005.
Los cuentos siempre han sido un re- Martín Jiménez, Alfonso, Tiempo e
ferente puro de nuestra naturaleza. Es imaginación en el texto narrativo,
precioso analizar las ramas en las que Valladolid, Universidad de Vallado-
se han ido bifurcando a lo largo de los lid, 1993.
siglos, manteniendo el tronco común. El Pintor Iranzo, Iván, “A propósito de lo
cuento es arte, el cuento es vida. imaginario”, en http://132.248.35.1/
cultura/ponencias/ponen2faseindice/
Bibliografía Durand.htm, sin fecha.

Sara Martín Fernández (Segovia, España, 1992). En 2015, terminó en Va-
lladolid el Grado en Español: Lengua y Literatura (la antigua Filología Hispánica).
Después, se mudó a Madrid, donde realizó el Máster en Formación del Profesora- Fuente: www.clarin.com
do en la Universidad Complutense de Madrid, y poderse ganar la vida intentando
enseñar a los nuevos adolescentes para que amaran tanto como ella la lengua y la
literatura castellana. A día de hoy se encuentra aprendiendo inglés en Manchester,
Inglaterra, donde sigue alimentando su sueño día y día sin perder la esperanza de
volver algún día con más experiencias. Un cuerpo violado: una niños de sus madres en las montañas
de la Cabilia, en el cual se entrega a
clase social. Análisis po-
los infantes un huevo y un candado, los
lítico-genérico de “El niño niños deben romper y abrir los objetos
proletario” de Osvaldo respectivamente, el primero como sím-
Lamborghini bolo de desfloración y el segundo como
por Andrea Armijos Echeverría metáfora del poder viril frente a la co-
munidad. En este caso, como en una
enorme cantidad más, la sexualidad
—Es un texto provocativo, escanda- (simbólica o física) y su aplicación, es-
loso, totalmente perverso, ¿no? pecialmente en su grado de aplicación
—No, no es perverso, es sexual. conforman uno de los medios más visi-
bles de ejercer poder o de al menos ilus-
(Entrevista a Osvaldo Lamborghini, trar la dirección en que se ejerce cierto
Revista Lecturas críticas, 1980) poder. “El niño proletario” de Osvaldo
Lamborghini es de esas historias ab-
En su reconocido ensayo “La domi- yectas que satirizan el mismo discurso
nación masculina”, Pierre Bourdieu político de reivindicación justamente a
menciona el rito de separación de los través de una narrativa sexual y cruda,

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ENSAYOS ENSAYOS

porque el autor argentino no se dedica a causa por la que reza el texto, claro, sin terminar por dejar a un niño inocente interesante y rica de conceptos sale del
romantizar al proletario, sino que des- exhortarlo con palabras bonitas o gritos violado y muerto en medio del barro re- nudo de la historia, cuando los niños de
cubre las capas del pregón folletinesco de guerra tal cual manifiesto. En una cae en el hombre, "su semen se convier- clase alta empiezan a atacar al prole-
tan reusado y lo revierte. La historia de entrevista al autor, en la que se le pre- te en venéreos niños proletarios" (Lam- tario. En este punto la caricaturización
tres niños burgueses que violan y ase- guntó justamente este rasgo de estilo en borghini, 1), hay una responsabilidad, de un proceso físico y visible de domi-
sinan a un niño proletario por el sim- este mismo texto respondió: más bien una irresponsabilidad o mala nación tiene una serie de acciones inte-
ple motivo de “gozar” con su cuerpo y “¿Por qué salir como un estúpido a
suerte de ser proletario, hijo de PADRE resantes; cuando los niños empiezan a
su sufrimiento es la fórmula utilizada decir que estoy en contra de la bur-
proletario. La filósofa Judith Butler, en quemarle los periódicos y a la vez qui-
para este fin. guesía? ¿Por qué no llevar a los lími-
“Deshacer el Género”, hace un acerta- tarle las monedas a Estropeado, se hace
Osvaldo Lamborghini fue un escri- tes y volver manifiesto lo que sería el
do análisis de cómo la generización de eco de la pérdida de libertades, de la
tor y poeta argentino, cuya literatura discurso de la burguesía? ¿Qué va a
los sexos o su construcción social pone miseria inmortalizada por la burguesía.
siempre estuvo rodeada de polémica quedar comprometido? Planteado en
en dos categorías opuestas a hombres y El acto se torna al cuerpo; el dinero y
y controversia. Su estilo provocador y términos gramaticales: un pronom-
mujeres, de manera que su comporta- los pocos periódicos ya destrozados eran
diferente que incluía temas sexuales, bre: yo” (1980).
miento y sobre todo las consecuencias la iniciación de una humillación mucho
de violencia explícita, como de crítica de su comportamiento se ven alineados más manifiesta. Los tres niños burgue-
y sátira política le atribuyeron un halo Ya entrando en la narrativa misma, por un sistema de valores limitado: “El ses, además de causarle varias heridas
peculiar a su figura literaria. En “El es importante anotar que este niño pro- género es el mecanismo a través del con un vidrio cortado, proceden a vio-
niño proletario”, es posible vislumbrar letario es hijo de dos "autores", como cual se producen y se naturalizan las larlo, esta acción en solitario es como el
estas tres características en una misma menciona Lamborghini, una madre nociones de lo masculino y lo femenino, leitmotiv alegórico del texto, Gonzalo y
lectura, se trata del texto de protesta pobre, triste, prostituta, y un padre junto con las formas psíquicas y perfor- Esteban violan a Estropeado, mientras
menos obvio posible, con los métodos alcohólico, despreocupado y violen- mativas que el género asume” (Butler, el narrador lo obliga a darle sexo oral,
menos rosas también, amenazar al lec- to. Aunque esta parte de la narración 70). En este caso, la mujer es apenas pero todos, mientras lo hacen siguen
tor con una escena tan evitada como la es corta resulta extremadamente útil una sombra, un elemento más del jue- lastimándolo con el vidrio y sobre todo,
de la violencia física y sexual a un niño para construir un contexto en el cual go de sucesión que perpetra el hombre los tres sienten un magnifico placer al
pequeño es el medio de hacerle notar se mueven los personajes. Hay una dis- como él quiere, el contraer sífilis no es hacerlo: “la cara de Gustavo aparecía
que es tan real y descarnada como sus cusión acalorada sobre la herencia del una decisión, pero sí contagiarla y per- contraída por un espasmo de agónico
palabras y su estilo. padre proletario al hijo proletario, una petuarla por años. placer (…) yo me aferraba a mis testí-
La narración en primera persona dis- que consiste sobre todo en pobreza, mi- Sin embargo, esta perspectiva es nor- culos por miedo a mi propio placer”.
pone aún más al lector a repelerse por seria y sífilis: mal, o normalizada, y de hecho este tipo Puede interpretarse desde sinnúmero
el texto, las primeras líneas se dedican "Con el correr de los años el niño pro- de familia constituye la unidad básica de ángulos al acto sexual violento e im-
a describir desde la perspectiva de uno letario se convierte en hombre prole- social de una clase trabajadora. Podría puesto, sobre todo desde un niño a otro.
de los niños torturadores al proletario, tario y vale menos que una cosa. Con- bien decirse que la ideología que opera en Lo interesante es que en este enfrenta-
o al menos como él lo ve, la reacción trae sífilis y, enseguida que la contrae un sistema de contexto argentino, como miento de clases, la culminación de una
frente a esta clase social es clara, al siente el irresistible impulso de ca- en este caso, latinoamericano para ser serie de vejaciones al proletario es jus-
mismo tiempo satírica, y cruel: “Me sarse para perpetuar la enfermedad más generales, es el mismo que orde- tamente una que incluye abiertamen-
congratulo por eso de no ser obrero, de a través de las generaciones" (Lam- na la dualidad sexual, la amputación te la ofensa sexual. Así como las posi-
no haber nacido en un hogar proletario” borghini, 1) de las diversidades, y sobretodo tener ciones sexuales tienen una ordenación
(Lamborghini, 1) como si eso de haber por obvias este par de cuestiones de ser simbólica en una relación heterosexual
¿A que remite esto? Empezando en
nacido o no en algún lugar sea menes- mujer/madre y ser hombre/padre. (hombre sobre mujer como la más co-
que se trata de un niño y no una niña
ter de un ser que ni ha nacido. El “yo” Este marco de análisis del texto es mún y aceptada), el hecho de fundar
proletaria, es decir, que la reproducción
en el texto es un intermediario de in- apenas una parte de la reflexión gené- el placer masculino en la obtención del
de un sistema separatista que puede
clusión, es volver al lector parte de la rica que aporta el autor, la sección más placer del compañero, el hecho de “po-

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ENSAYOS

seer” a otro son actos simbólicos de autoridad también ejerce
un significado que sobrepasa lo corporal. Si “la penetración,
sobre todo cuando se ejerce sobre un hombre, es una de las
afirmaciones de la libido dominandi” (Bordieu, 34), la posesión
sexual de los burgueses al niño se ve justificado como un acto
político que legitima su posición social. Como menciona Ofelia
Ros en su análisis del cuento:
“el realismo lamborghiniano no sólo se interna en las fantasías
de dominación y sometimiento que estructuran una realidad
social clasista jerárquica y explotadora, sino en las prácticas de
tortura y exterminio en las que se funda dicha estructura” (p.
11)
Esto nos remite a pensar que no solo el hecho de penetrar
sino el de cortar la piel del niño, ignorar el paso del tiempo,
sentir un enorme placer y finalmente asesinar sin culpa (por-
que así mismo lo describe el narrador) configuran una corrien-
te de pensamiento definida. En sumo, todo el texto tiene ese
tinte hiperbólico de un desdén al proletariado que puede ser
real, pero que traducido a lo físico es casi como materializar
las actitudes cotidianas figurativas que sin un pedazo de vidrio
o un falo enorme como el de Gustavo, también terminan por
violar y matar a una clase social.
Ahora bien, hay una palabra que resuena en el texto y que
configura también un espacio de desenvolvimiento de la domi-
nación y la sumisión: venganza, esta palabra a la vez se con-
funde con una segunda: placer. ¿Qué puede hacer de estos dos
conceptos parte de un mismo procedimiento? Primeramente,
el reconocimiento del impulso del placer, junto a la resignifica-
ción por parte del mismo narrador: “Evidentemente, la socie-
dad burguesa, se complace en torturar al niño proletario, esa
baba, esa larva criada en medio de la idiotez y del terror”. El
hecho de complacerse viendo sufrir al obrero, como ya muchas
veces confirma el narrador, es una revancha a lo detestable
que tiene esta clase, tanto estética como políticamente para una
clase alta. Esto es ya en sí una declaración hostil de jerarquía,
pero ¿qué sucede cuando esa declaración toma la forma de un
cuerpo? Este cuerpo, o estos cuerpos, se reducen a los típicos
“discursos restringivos de género y sexo” (p. 70), como diría
Butler a los que desafortunadamente están auto-inscritos todos
los cuerpos. Es terminante la explicación del narrador, a tra-
vés de estas dos pablaras y de la sexualidad, para entender la

Fuente: lamonomagazine.com visorliteraria.com | 18
ENSAYOS ENSAYOS

incidencia metafórica que está teniendo, gués, bueno/malo, rico/pobre, natural/ Tras una primera lectura del texto pue- Butler, Judith. (2004). Deshacer el gé-
en el espacio temporal del cuento (el salvaje, masculino/femenino vuelve a de parecer difícil de apreciar las capas nero. Barcelona: Ediciones Paidós.
recuerdo del narrador), la violación de ejercerse forzando también la mate- de significado que Lamborghini es ca- Guaragno Liliana. (Noviembre/di-
Estropeado: “Porque la venganza llama rialización de la oposición dominante/ paz de añadir a un texto evidentemen- ciembre 2001). Acerca de El Fiord,
al goce y el goce a la venganza pero no dominado. Estropeado, a pesar de ser te “sexual”, porque es sexual, pero es de Osvaldo Lamborghini. Revista de
en cualquier vagina y es preferible que un niño, se subyuga a otros niños que genérico, cultural, social y político. La cultura 18/19. Fortaleza, São Paulo.
en ninguna” (Lamborghini). Entende- toman el rol inicial de un teatro coti- versatilidad de esta composición ilustra Extraído desde http://www.jornalde-
mos que aquella satisfacción tan repe- diano de solo dos papeles posibles, pero lo que dice Liliana Guaragno sobre la poesia.jor.br/ag18guaragno.htm
tida en el texto no es de corte erótico, obligados a ser performados. El acto de literatura de Lamborghini: “Esos pun- Lamborghini, Osvaldo. El niño proleta-
o al menos no es solo eso, sino que per- violación y violencia física al niño prole- tos de acción máxima (del poder que se rio.
sonifica la venganza cumplida y eso, en tario es como la audición para el papel encarna y desencarna), ocurren entre Ovando, Francisco Javier. (Enero 2014).
la cara del niño proletario ahorcado en de dominador, la parte curiosa es que el el accionar constante y mecánico de las El Matadero y El Niño Proletario,
un charco de agua sucia, es placentero. dominado no debe audicionar, sino que pulsiones - sexuales (genitales, orales eslabones de una tradición barbárica
No podríamos decir que el niño bur- a través de este mecanismo él adopta - anales)” describiendo una técnica de en la literatura argentina. Tesis de la
gués necesita cometer un acto semejan- la sumisión instantánea e involuntaria- abstracción que amalgama recursos y Escuela de Lengua y Literatura his-
te para reivindicar su posición y sen- mente. actores literarios para traducir y de- pánica. Universidad de Chile. Extraí-
tirse en estabilidad con él. Recordemos ¿Por qué el mismo Lamborghini con- nunciar las condiciones de un mismo do desde http://repositorio.uchile.
que la sátira en Lamborghini es suma- sideraba a este un cuento sexual por so- contexto. cl/bitstream/handle/2250/115704/
mente poderosa, y si bien este podría bre la perversidad y el mismo mensaje Ovando%20Francisco_2014.pdf?se-
configurar un caso real, inaudito, pero social? Quizás la narrativa es una jus- Bibliografía quence=1&isAllowed=y
real, una lectura menos literal pone tificación para ello, pero me convence (1980). El lugar del artista: Entrevista a Prieto, Martín. (2006). Breve historia
en evidencia otras formas de discrimi- más una hipótesis de que la sexualidad Osvaldo Lamborghini. Lecturas críti- de la literatura argentina. Buenos
nación y separación que aunque menos y la biología están tan determinados por cas: revista de investigación y teorías Aires: Taurus.
palpables, son igual de efectivas. Pro- la cultura que son el campo de acción literarias, Año I, No 1, p. 48-51. Bue- Ros, Ofelia. (Noviembre 2014). Perver-
bablemente la ritualidad del acto, que perfecto para acercar a los individuos nos Aires. Extraído desde http://go- sión e historia en “El niño proletario”
cuenta casi con pasos repasados, esté a problemas de aspecto político y eco- losinacanibal.blogspot.com/2005/11/ de Osvaldo Lamborghini. Dissidences:
más marcada por Estropeado que por nómico incluso. Quiero decir que pue- el-lugar-del-artista-entrevista.html Hispanic Journal of Teory and Criti-
los mismos burgueses. Y es que Estro- den configurarse mundos paralelos de Bordieu, Pierre. (2000). La domina- cism, Vol. 5, Iss. 6. Extraído desde
peado o Stroppani configura una cons- significación donde “la violencia políti- ción masculina. Barcelona: Editorial http://digitalcommons.bowdoin.edu/
trucción tanto social como genérica que ca argentina es puesta en acto a través Anagrama. dissidences/vol5/iss10/6
da para mucho estudio; él, tanto como de la violencia sexual” (Prieto, 433) en
los burgueses son hombres biológica- este texto, y puede ser tanto metafóri-
mente, incluso discursivamente tienen ca como concretamente. En resumen, Andrea Armijos Echeverría (Quito, Ecuador, 1996). Estudiante de último
una posición similar, pero algo hace que Estropeado es despojado de su mascu- año de la carrera de Artes Liberales con especialización en Literatura e Historia
Estropeado de repente pierda su esta- linidad que lo heterogenizaba con los del Arte en la Universidad San Francisco de Quito, Ecuador. Trata de vivir leyendo
tus simbólico masculino (entendiendo burgueses, es vejado sexualmente, la y escribiendo. Intereses en estudios interartísticos e interdisciplinarios, literatura
que la ideología del contexto real de la dominación burguesa sobre el proleta- latinoamericana, distopía y arte visual. Ha publicado artículos en revistas de lite-
obra es heteropatriarcal y construye riado se significa en dos penetraciones y ratura y arte plástico, Líneas de Expresión e INDEX, Revista de arte contemporá-
una masculinidad dominante) y pase a una felación, claro que hay más símbo- neo. Actual editora de la revista Líneas de Expresión de la USFQ y muy reciente
representar uno muy inferior, casi se los de cómo la subordinación se inflinge, autora del libro de cuentos y prosas poéticas “Cómo tratan las mujeres a sus peces
podría decir, el femenino. El sistema de pero estos son los más importantes por dorados” publicado por la editorial FLAP en 2016.
valores que maneja lo proletario/bur- ser los más dramáticos y lacerantes.

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ENSAYOS

Intertextualidad en el violencia.
En conse-
cuento “Una negrita ha-
cuencia, en pri-
ciendo señas” y la novela mer momento
corta Gaspar Ruiz de Jo- se partirá del
seph Conrad concepto de in-
por Carlos Martínez Buelvas tertextualidad
propuesto por
Genette (1989),
con el fin de
“El intertexto es la percepción, comparar am-
por el lector, de relaciones entre una bos textos en lo
obra y otra” que respecta al
Michael Riffaterre (citado por Gérard viaje, teniendo
Genette) en cuenta que
la novela de
El Caribe como entidad geográfi- Conrad es eu-
ca y llena de costumbres es intertex- ropea, pero sus
tual por sí sola o una isla que se repite, hechos trans-
tal como la denominase Benítez Rojo curren en la
(1986) en su libro. El caribe, además de Suramérica
ser transcultural, se presenta también dominada por
como un espacio sincrético dentro del la colonia. En
cual, como dijo el mismo Benítez Rojo segunda ins-
(1986), emerge una diversidad saturada tancia, se di-
de lenguas europeas, en donde se conec- sertará sobre
tan las Antillas, Sudamérica y Nortea- el viaje como
mérica (p. 116). un acto de bús-
En el caso de la literatura, según queda de iden-
Montes (1999), esta se presenta como tidad en ambos
una frontera indómita de las palabras textos, basándose en la caribeñidad que ma “una integración teniendo la identi- en formas destinadas por la historia”.
en las que los territorios tienden a ha- subyace en el texto de Trevisan y, lue- dad como fundamento” (2009: 51). Par- Si bien es cierto, que este personaje
cerse angostos y anchos (1999: 52). Por go, se comentará sobre la influencia de tiendo de esto, en el texto de Trevisan, no decidió su profesión porque lo deseó,
tal motivo, durante el desarrollo de este la búsqueda de hallar El Dorado en am- este tipo de integración identitaria se sino por una necesidad económica, ella
trabajo se pretende demostrar al Caribe bas obras. manifiesta desde el título y el color de es víctima de la violencia, tal es el caso
como ese territorio continental median- Con respecto al postulado de Genette piel de la chica, “una negrita”, en este de padecer la ausencia de algunos dien-
te la intertextualidad que se evidencia (1989), “la intertextualidad se presenta caso la negritud como ente de integra- tes; los cuales también pueden eviden-
entre el cuento “Una negrita haciendo como una copresencia entre dos o más ción no es solo un color de piel y sabien- ciar un símbolo de resistencia al igual
señas” de Dalton Trevisan1 y la nove- textos” (p. 10). Con base a lo anterior, do además de la profesión del personaje que Gaspar Ruiz a quien fue condenado
la corta Gaspar Ruiz de Joseph Conrad, se puede afirmar que la copresencia de Trevisan, sino que va más allá a lo a muerte, pero era incapaz de “pensar
en las cuales sus personajes utilizan al donde confluyen las obras en análisis que Cesaire (2006) denomina “la suma en un su pueblo natal en la dulzura de
como forma de resistencia frente a la hace parte de lo que Valdez (2009) lla- de experiencias vividas caracterizadas sus padres” (2001, p. 29).

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ENSAYOS ENSAYOS

Lo anterior es pertinente, con el fin forzados y son víctimas de un ente do- to de la mujer como sujeto, durante el Teniendo en cuenta la teoría de Ge-
de adentrarse al tema de la intertex- minante como el gobierno brasileño o la desarrollo de ambos textos y como los nette (1989), es allí, cuando además de
tualidad existente entre la nouvelle de colonia misma. autores transgreden esas sociedades las ya mencionadas maneras de inter-
Conrad (2001) y el cuento de Trevisan, Esta migración interna, además es conservadoras de la época, por un lado textualidad se presenta a esta de “for-
esta copresencia se hace manifiesta, una respuesta a estos actos de domina- la Brasil de la dictadura y por el otro, ma explícita y literal”, para que la
además como forma de supervivencia. ción, es huir por un instante de lo que como ya se había dicho, la Chile colo- copresencia se haga visibile, porque la
En el caso de “la negrita” del cuento le aflige, viajar dentro de sí mismos nial. Esto con el fin de no dejar cabos mujer está siendo víctima de algunas
de Trevisan, las expresiones “me lle- sin olvidar que han heredado un pasado sueltos en cuanto a la intertextualidad prácticas patriarcales por parte de al-
va joven” y “estoy de levante” propo- y deben enfrentarlo. Es dentro de esa entre la nouvelle y el cuento. Para Mata gunos entes exteriores como la figura
nen un símbolo de viaje en búsqueda de migración interna o viaje imaginario, & Crespo (2003) Trevisan alimentó su gubernamental, ya sea desde el dentista
dicha supervivencia, igual caso pasa en cuando la búsqueda de la identidad se obra basado en las miserias cotidianas del gobierno o del General Santierra.
Gaspar Ruiz; dónde este huye para que hace más latente, porque en el caso de y en la desesperanza (p. 21). En cuanto al viaje o migración como
no lo asesinen. No obstante, a pesar de “una negrita” cuando primero al refe- En ese sentido, el postulado de Mata búsqueda del dorado se refiere, Ruiz
aparecer la circunstancia tanto econó- rirse a su hijo alega que “Con o sin llu- & Crespo (2003) explica el porqué de la (1959) retrata de forma narrativa a la
mica como la resistencia a no dejarse via. Son dos cajas de leche por día”. Y resistencia, la identidad y el viaje den- leyenda como “el deseo de los españoles
asesinar; la supervivencia se presenta luego cuando a quien ella llama joven, tro de “Una negrita haciendo señas”; de encontrar el oro, luego de andar de
como una especie de identidad del cari- le pregunta: “¿Sientes placer?” y ella las miserias cotidianas se manifiestan fracaso en fracaso” (p. 1). Tanto para
be y latinoamericana, teniendo en cuen- responde “Difícil”. no solo en el trabajo de la “negrita”, la “Negrita” como para Gaspar, apar-
ta lo citado con antelación sobre Val- Lo anterior demuestra que esta no sino en la violencia, no tener dentadura te de ser una copresencia entre ambos
dez (2009), se puede inferir en cuanto es feliz con su trabajo, el cual consi- es una señal de violencia gubernamen- textos, el dorado está claro consistía en
a ambas obras que en el fundamento y deramos es forzado y de esta manera tal en contra de ella y la desesperación la supervivencia mediante la resisten-
el propósito en que confluyen es la su- transmite resistencia; porque si llegase para que el cielo no derrame lágrimas cia y el viaje o migración interna como
pervivencia como fórmula identitaria, a disfrutar su oficio no existiría ningu- y le permita salir a buscar las bolsas fundamento y propósito. Sin embargo,
es como el ave que busca un mejor ho- na resistencia ni identidad por parte de de leche para su nene. En el caso de ellos al igual que el sueño de los españo-
rizonte en las nubes de otra ciudad. Es ella. Es en esta parte donde la resisten- “Gaspar Ruiz”, el general Santierra, les no podían conseguirlo de forma exi-
decir, no viajar por conjugar el verbo, cia como identidad es un intertexto con como personaje antagónico de la obra tosa. Finalmente, la intertextualidad
sino por buscar el dorado de la super- lo vivido por Gaspar Ruiz al momen- dice que: “las mujeres están dispuestas entre un texto y otro, no solo es una
vivencia. to de su ejecución: “Gaspar Ruiz había a elevarse a cumbres de abnegación” copresencia sino que se convierte en un
Cabe acotar, que la identidad en el contenido un grito aunque creyó que le (2001, p. 53). En cuanto a Gaspar Ruiz momento dado en dos siameses atados
Caribe y Latinoamérica no es solo un cortaban la cabeza de un solo tajo” (p. (2001), también es válido hablar de mi- a un mismo cordón umbilical, porque
propósito o un fundamento, sino tam- 45). Aquí los textos se unen porque am- serias cotidianas, porque la visión del la Latinoamérica de la colonia le otorgó
bién una paradoja, como la definió Oos- bos personajes se resisten a regocijar- General Santierra no solo es machista, como herencia tanto a la Latinoaméri-
tindie (2014). Esta paradoja comparte se del destino que le tocó en suerte, el sino ultraconservadora. Es decir, entre ca fuera del Caribe como al propio Ca-
la herencia de un pasado del que subya- simple hecho de callar ante una posible el Brasil de la dictadura, por parte del ribe lo citado por Oostindie (2014) “una
cen el colonialismo y el trabajo forzado ejecución o de no demostrar placer al- Caribe y el Chile de la colonia, en el identidad paradójica”, una identidad en
(p. 262). Esta singularidad que propo- guno es un acto de valentía y de resis- caso de la Latinoamérica fuera del Ca- la que habitan el viaje o migración in-
ne el destino en el caso de los textos tencia, que pone en manifiesto la identi- ribe, hay siglos de diferencia, mas no de terna como búsqueda del dorado y, por
en estudio es lo que Álvarez & Palmer dad del Caribe en “una negrita haciendo pensamientos, y es allí, donde citando a supuesto, la resistencia como forma
(2004) llaman “migración interna”, en señas” y la identidad latinoamericana Benítez Rojo (1986), se conecta todo el de supervivencia y de valentía, en este
lo que corresponde tanto al cuento de en “Gaspar Ruiz”. continente americano, ya que la visión último aspecto aparecen tanto Gaspar
Trevisan y a la nouvelle de Conrad, los Por otra parte, es preciso adentrar- de mundo no ha cambiado frente a la como representante del género mas-
personajes por un lado tienen trabajos se en lo que concierne al padecimien- resistencia y la identidad. culino y la Negrita como la del género

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ENSAYOS

Madrid. Holandés: “El colonialismo
Mata, R., & Crespo, R. (2003). y sus legados transatlánti-
Presente de la literatura cos”. Editorial José Martí.
brasileña. Letras libres, 20- Ruiz, H. (1959). La búsqueda
22. de Eldorado por Guayana.
Montes, G. (1999). La fronte- Anuario de Estudios Ame-
ra indómita: “en torno a la ricanos, 16, 1-166.
construcción y defensa del Valdez, F. (2009). El caribe:
espacio poético”. Fondo De “integración. Identidad y
Cultura Economica USA. choteo”. Utopía y Praxis
Oostindie, G. (2014). El Caribe Latinoamericana, 9 (27).

Carlos Andrés Martínez Buelvas (Barranquilla, Co-
lombia, 1988). Estudiante de VIII semestre de Lic. Español y
Literatura de la Universidad del Atlántico de Colombia, ta-
llerista y coordinador de lectura Oktopus de Barranquilla. Ha
publicado para revistas como La Periferia Literaria (Bogotá)
y un artículo científico en el libro de memorias del Endil 2016
de la Universidad de Carabobo en Venezuela (próximo a publi-
carse).

femenino. Lo cual implica y explica a Álvarez, L. Á., & Palmer, M. M. (2005).
la resistencia como forma universal de El Caribe en su discurso literario.
identidad dentro del Caribe y Latinoa- Editorial Oriente.
mérica. Benítez Rojo, A. (1986). La isla que se
repite: “para una reinterpretación de
Notas la cultura caribeña”.
(1) http://matiasaldaz.blogspot.com. Césaire, A. (2006). Discursos sobre el co-
co/2013/07/una-negrita-haciendo-se- lonialismo (Vol. 39). Ediciones Akal.
nas-cuento-de.html Conrad, J. (2001). Gaspar Ruiz. Madrid:
Punto de lectura
Bibliografía Genette, G. (1989). Palimpsestos: “La
literatura en segundo grado”. Taurus:

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CREACIÓN

© Rudolf Vlcek
Fuente: Flickr

Creación
La vida sucia encontrar ya estaba húmedo y no servía
por Carlos Ardohain para nada, lo tiré a la basura.
Dije que esa mujer estaba medio loca
porque le faltaban un par de peldaños
1 para alcanzar ese estado perfecto de
haber perdido el timón para siempre.
Una vez tuve un gramo de cocaína ti- A veces me parecía que su inestabilidad
rado debajo de la cama durante un mes emocional era actuada. Hacía solo seis
y medio. No es que no lo quisiera consu- meses que vivíamos juntos, teníamos
mir, sino que lo olvidé. amigos comunes y nos habíamos cono-
En ese tiempo yo vivía con una mu- cido en un taller de teatro. Nos engan-
jer que estaba medio loca y no lo que- chamos enseguida y nos entendíamos
ría compartir con ella, ya bastante te- bien en la cama. Pasado un tiempo sur-
nía con sus borracheras, sus gritos, sus gió la posibilidad de alquilar una casa
pesadillas diurnas y sus celos. No, ese muy barata sin necesidad de presentar
gramo era mío. Alguien me lo había garantía y nos mudamos sin más trá-
dado una noche y yo lo había dejado ahí mite. Enseguida me entraron dudas y
para ocultarlo más tarde en algún otro pensaba si no habría cometido un gran
lugar. Pero lo olvidé. Cuando lo volví a error. Todos los días me preguntaba por

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CREACIÓN CREACIÓN

qué estaba con ella. piaba en un dibujo la disposición de los Teníamos una perra como mascota, asesino hijo de puta. Tuve que calmarla
Ahora pienso tener no una respuesta, cables y después los estudiaba en casa. pastor alemán, esa raza que la gente y convencerla de que no teníamos modo
pero sí un indicio. Creo que el mal que A veces superponía el dibujo al plano de llama de policía; era una cachorra en- de estar seguros de que hubiera sido él
la tenía prisionera no era compacto ni la ciudad y recorría a pie alguno de los cantadora aunque un poco boba. Tal vez y que de todas formas, no nos convenía
perfecto, tenía una grieta, una rajadura trayectos que se marcaban como si fue- por no haberla adiestrado o a causa de hacer nada de eso.
por donde ella podía respirar y darse ran un diagrama estrafalario de subte- un golpe terrible que sufrió cuando la Mientras tanto seguía cavando. En
cuenta de las cosas, y yo podía ver esa rráneos. En ese deambular encontraba atropelló un auto, vivía en una infancia un momento la pala golpeó algo duro.
falla, y creía que hurgando en ella se objetos que traía a casa como piezas de eterna. Era cariñosa al extremo y bas- El pozo no era muy hondo todavía, su-
podía agrandar hasta que esa capara- una colección arbitraria: fotos, relojes tante ladradora. puse que sería una piedra y enfoqué con
zón de desequilibrio acabara por ceder y rotos, cartas, una caja de cartón bas- Me gustaba jugar con ella en el fondo la linterna, parecía más bien un hue-
se rompiera por completo. Yo me veía tante grande con la que pensaba hacer cuando volvía de trabajar, me relajaba so, saqué algo de tierra de alrededor y
como el héroe destinado a liberar a la una escultura y otras cosas que mucha y me divertía, después la mojaba con cuando volví a enfocar, lo que vi me dio
prisionera del hechizo, el guerrero que gente consideraría basura. Podía decir- la manguera para refrescarla y ella se terror. Eran huesos humanos, una ca-
mataría al dragón. Pero el enemigo era se que era un artista sin obra, pero te- tiraba a la sombra a descansar. lavera y lo que parecía la parte superior
fuerte y pertinaz, y yo no estaba muy nía mis ínfulas. Una tarde, ya anocheciendo, escu- de un tórax. Tuve que sentarme en el
bien alimentado. Era más grande mi No hacía mucho había conseguido un ché unos ruidos extraños en la puerta, pasto, no podía tenerme en pie. Me vi
fe que mi destreza. Eso les ha bastado trabajo en una agencia de publicidad como si alguien raspara la madera sua- a mí mismo inmundo de tierra, de un
a muchos héroes de leyendas y relatos donde dibujada, armaba originales, un vemente, cuando abrí la vi tirada en la lado el cadáver de mi perra y del otro
fabulosos, pero en la vida sucia de to- poco de todo, era una agencia chica y entrada, con la pata rascaba la puerta un pozo con restos humanos, enfrente
dos los días no alcanza, son necesarios el sueldo era bajo, sin embargo con eso como pidiendo auxilio: temblaba o, más tenía a mi mujer que estaba gritando
muchos otros atributos de los que yo ca- podía sobrevivir. bien, se estremecía, y me miró llena de desaforada. Intenté calmarla hablándo-
recía. De modo que todo se fue al dia- La casa en que vivíamos era modes- miedo. Entendí enseguida que se estaba le, pero era inútil, gritaba y gritaba. Su
blo cuando pudo más el delirio que el ta pero nueva, una de varias que había muriendo. Envenenada. La metí en la conducta se estaba poniendo peligrosa,
amor o el deseo. Pero todavía faltaba construido en la zona un italiano para casa y le hablé con dulzura para cal- entonces me paré y le di una bofetada
para eso. En esos días yo estaba lleno de vivir de rentas en su vejez. Tenía un marla, tenía una expresión de inmensa para que se callara. Me miró con los
dudas, sin embargo tenía una confianza terreno al fondo donde crecía un pas- perplejidad, como preguntándome qué ojos muy abiertos y se puso a llorar en
ciega en mi futuro, una palabra era mi to irregular y desordenado que yo casi le estaba pasando. Al rato murió en mis silencio.
talismán secreto, la palabra todavía. nunca cortaba. El lugar había sido du- brazos. Me puse a llorar de dolor y de No sabía, no sabíamos, qué pensar ni
No había hecho una obra, todavía. No rante mucho tiempo un basural. Esta- rabia. Más tarde llegó mi mujer y tuvo qué hacer. Pensé en tirar a la perra en-
había escrito nada interesante, toda- ba ubicada en un barrio tranquilo de las una crisis de llanto, gritos y demás. Nos cima de los huesos y tapar todo. No era
vía. No había viajado mucho, todavía. afueras, muy cerca de la comisaría del quedamos mucho tiempo junto al cuer- sano ni aconsejable hacer una denuncia
Y así. Con los años aprendí que tampoco barrio. El comisario era un hombre gor- po tratando de entender lo que había en la comisaría. Pensé también quemar
cargaba tantos muertos a mis espaldas do de mediana edad, portador de regla- pasado. los huesos y enterrar las cenizas y res-
todavía. Esa manera algo irracional de mentario bigote, casado con la directora Cerca de la medianoche nos pusimos tos en otro pozo distinto al de la perra,
creer en el futuro quizá era una forma de la escuela, que también era gorda, y de acuerdo en enterrarla en el fondo. pero me parecía un acto muy cobarde,
de defenderme o de mantener más o vivían en una casa frente a la nuestra. Mientras hacía un pozo cerca de la me- paralelo al que los había enterrado la
menos a flote el barco. No teníamos trato con ellos salvo el co- dianera intentábamos deducir quién ha- primera vez. De pronto tomé una deci-
Había adquirido una costumbre que tidiano de vecinos, saludarnos con for- bía sido el que la había envenenado: el sión.
alimentaba mi fantasía: imaginaba que malidad cuando nos cruzábamos y no principal sospechoso era el comisario de Seguí cavando hasta despejar del todo
los cables que colgaban entre los edificios más que eso. Yo veía en él una actitud enfrente. Mi mujer quería ir a golpearle los huesos, me puse unos guantes y los
tenían mensajes ocultos en su recorrido de amenaza, era evidente que no le gus- la puerta y hacerle un escándalo, gri- saqué al pasto, no era un esqueleto com-
y yo intentaba descifrarlos. Primero co- tábamos mucho. taba que tenía que ser él, que era un pleto, los huesos de las piernas faltaban

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CREACIÓN

o estarían enterrados más abajo, no sé, no tuve ganas de ave-
riguarlo. Cuando terminé de sacarlos tuve que vomitar un par
de veces entre las dalias del cantero. Vencí el asco y el miedo y
enterré en el mismo pozo a mi perra, la tapé y planté encima
de ella una de las dalias florecidas.
Fui hasta la casa y traje una botella con un resto de gine-
bra que me tomé muy rápido para darme coraje. Mi mujer no
paraba de preguntarme qué iba a hacer, qué pretendía. Le hice
una seña que la hizo callar y ayudarme sin más preguntas.
Llené el piletón del lavadero con agua mezclada con cloro
y tiré los huesos ahí, la calavera tenía un orificio de bala. Los
cepillé con fuerza para limpiarlos, estaban bastante secos, pero
tenían adherido algo que despedía un olor repulsivo y era difícil
de desprender. Ese olor mezclado con el del cloro era de una
fetidez insoportable, cada tanto daba vuelta la cara para res-
pirar, mientras tanto no podía dejar de especular sobre quién
habría sido esa persona, varón o mujer, joven o viejo, cuánto
tiempo llevaría enterrado ahí y quién lo habría matado, porqué
estaba enterrado en nuestro terreno. Alejaba de mi mente las
preguntas y volvían, una y otra vez.
En un momento oímos el ulular de una sirena que se acerca-
ba, se me erizaron los pelos de la nuca y nos miramos aterro-
rizados, pero de a poco el sonido se alejó y se diluyó en la noche.
Estuvimos en eso un par de horas largas y cuando me pareció
que estaban más o menos limpios, desagoté el agua inmunda
de la pileta y dejé que se escurriera hasta el final. Fui hasta
mi habitación, traje la caja que había encontrado en la calle
hacía un tiempo, envolví los huesos en papeles y los metí con
cuidado en ella. Después la cerré y la até con un cordel grueso.
Mi mujer me miró, me pareció que empezaba a entender. En-
juagué la pileta y limpié todo, me saqué los guantes y los tiré
a la basura.
Ya estaba amaneciendo, en la parte baja del cielo asomaba
una claridad lechosa. El mundo parecía nuevo e inocente, ajeno
a toda contingencia humana.
Me fui a dar una ducha. Estuve un rato bajo el agua tibia y
vomité otra vez, salí del baño temblando y con un fuerte dolor
de cabeza, me faltaba el aire. Mi mujer se bañó también y nos
fuimos a la cama sin hablar ni mirarnos. Faltaba apenas una
hora o dos para que tuviera que ir al trabajo, todo había pasado
muy rápido, sin embargo había sido una noche interminable.
Al rato me levanté y me vestí como un autómata. Agarré la

© Natalia Lozano visorliteraria.com | 32
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CREACIÓN CREACIÓN

caja y me fui al centro con ella, antes nerla cerca pero me pesa, me recuerda bién, todavía me acuerdo del otro, cómo conoceré, pasada de alcohol, llorando y
de ir al trabajo pasé por el correo y la que me pueden matar en cualquier mo- lloraba y me pedía que no lo matara, puteando y gritando contra todo, pro-
despaché con remitente falso. mento. Ahora después de tanto tiem- creo que se cagó encima del miedo, se vocando hasta llegar a límites peligro-
po viene a desenterrarse esta historia, puso de rodillas, yo esperé un rato para sos. Me voy a servir otro whisky. Una
2 menudo quilombo se armó con mi mu- pegarle el tiro porque me gustaba ver- noche les mandé un patrullero porque
Este whisky se pone mejor después jer cuando vio la caja en el living, no es lo humillarse. Por suerte nadie sabía los gritos eran más fuertes y violentos
del tercer vaso, siempre lo dije, a esta que ella supiera, pero siempre sospechó que andaba con la mina. No lo buscaron que nunca, cuando se fueron los agentes
hora es bueno poner atención a los de- algo raro con la de enfrente…, y ahora mucho parece, no era un pescado gordo, apagaron todas las luces y se callaron
talles, aparecen las cosas que tenemos llegó este bulto que no dejé que abriera… aunque después tendría que haberlo he- por un rato, después se veía luz de velas
guardadas, escondidas en la memoria, como si hiciera falta…, los dos sabemos cho desaparecer, usar ácido o algo así, y sombras moviéndose acompasadas en
ya no me acuerdo cuánto hace de la úl- que viene del pasado, del otro lado de la o llevarlo a la cantera de Arana que les la pared, parecían fantasmas, pero eran
tima vez que estuve con ella, me gus- calle. Malditas las ganas que tengo de tiran cal viva y no queda nada. Ahora ellos que estaban cogiendo. Después de
taba mucho cuando se ponía frenética ver eso ahora, qué puntería este roñoso ya es tarde, lo tengo en el living, en esta todo ese quilombo se pusieron a culiar,
de tan caliente y saltaba encima mío venir a encontrar al fiambre. Pero la caja de mierda que mañana tengo que hijos de puta. Hace unos días lo vi salir
como una buena puta de cualquier qui- mugre siempre sale a relucir, yo sabía sacar de acá de alguna manera. O me- al flaco con una caja grande bien tem-
lombo, pero después tomaba mucho y que a la larga alguien iba a encontrarlo, jor esta noche, a la madrugada la cargo prano, pero qué me iba a imaginar que
le daba por llorar y gritaba que yo era fue una boludez enterrarlo ahí, aunque en el auto y la llevo hasta un parque. era esto, que me la iba a mandar a mí
un milico de mierda, un asesino y tor- esa noche yo estaba más borracho que Ahora que lo pienso la loca me dejó casi y que era esto, para colmo cuando la
turador y un montón de huevadas más, ahora, estaba como loco. Cuántas caga- enseguida después de eso, como si ya no trajeron estaba mi mujer, tuve que de-
muchas veces le tuve que pegar un bife das hace uno, la mina me llenó tanto la me necesitara. Parece que una vez que cirle que eran pruebas para un caso que
para que se callara de una vez. Pero a cabeza, me dijo y me dijo tantas veces le maté al machito que la jodía, mi tra- estamos investigando pero no me creyó.
pesar de tanto grito siempre me pareció que el tipo la perseguía, que no la dejaba bajo estaba hecho, qué hija de puta. A Nunca mandaron un paquete con prue-
que le gustaba que yo tuviera el arma vivir, que la amenazaba, que al final lo mí me jodió porque estaba enganchado bas en todos estos años y menos a mí,
en la mesa de luz mientras cogíamos, boletié y a la mierda, quedó seco para con ella, me gustaba lo que hacíamos y ahora hay que ver cómo lo soluciono.
porque la miraba de una manera rara siempre. Lo tendría que haber tirado al cómo era en la cama, nada que ver con Ahí está la caja, como una trompada.
y un par de veces la había agarrado y río, pero no sé qué me dio de plantarlo la gorda, además de que es mucho más Me dan ganas de cruzar la calle y me-
hacía cosas con ella. Muchas veces me en el baldío, justo enfrente de mi casa. joven. Pero me dijo que mejor dejára- terle un plomo a cada uno, a ella en la
preguntó a cuánta gente había matado. Ahora capaz que lo voy a tener que en- mos de vernos, que era muy peligroso boca, al tipo en el pecho, o los pongo
Insistía con eso aunque yo nunca le con- terrar de nuevo, no sé…, no puedo andar después de lo que habíamos hecho, no con estricnina como a la perra. Mirá si
testaba. Por las dudas siempre la deja- por ahí con el muerto a cuestas, aunque me dio más bola, cambió de actitud, voy a tener problemas ahora con el tipo
ba descargada, recién cuando me vestía a cuestas ya lo tengo. Y ahora qué se le después conoció a este flaco raro y se que limpié por esta loca después de ha-
le ponía otra vez el cargador, esa cos- dio a este hippie de mierda de mandár- vinieron a vivir acá, no lo podía creer, ber zafado de tantos otros, siempre salí
tumbre que uno se agarra en este oficio melo a mi casa, como si supiera. Pero justo donde había enterrado a ese infe- limpio sin drama. Me duele un poco la
de tener siempre el arma a mano, en saber no debe saber nada, debe ser de liz. Y la muy perversa lo sabía, yo le cabeza, tanto dar vueltas alrededor de
el escritorio de la comisaría o cuando boludo nomás o por venganza por lo de dije al tano que no les alquile, que no lo mismo. Tengo tentación de abrir la
está dándole máquina a alguien en la la perra. Por algo no me gustaba que le iban a poder pagar, pero la mina le caja y ver cómo están los huesos. Mejor
leonera. Ya ninguno de nosotros tiene se vinieran a vivir ahí con la loca, todo cayó simpática y les alquiló igual, y en- no, mejor me deshago de ellos rápido y
presente que eso sirve para matar: es muy mezclado, muy a la mano. ¿Ella cima tenían esa perra de mierda que se me olvido del asunto. Pero no puedo de-
una herramienta, una prótesis, un ju- le habrá dicho algo?, ¿le habrá dado la la pasaba ladrando y jodía la paciencia, jarlo pasar así nomás, el tipo sabe que
guete, qué se yo, parte de uno, eso di- idea de que me mande el muerto a mí, era muy rompebolas. Cuando se pelean los recibí, es una provocación, no me
cen. Pero yo no lo digo, me gusta te- o no sabrá nada y será cosa de él? Si y discuten fuerte se escuchan los gri- puedo hacer el boludo. O a lo mejor sí.
se ponen pesados lo boleteo a este tam- tos desde acá, sobre todo de ella, si la Eso sería peor para él, que yo no reac-

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CREACIÓN CREACIÓN

cione, que lo que hizo sea inútil, como un me tomo otro whisky, pongo la caja en
boxeador que no acusa el golpe recibido. el auto, la llevo a un baldío, entierro de
No voy a mostrar debilidad ni desequi- una vez y para siempre el contenido,
librio. Lo mejor será hacer de cuenta quemo la caja y me vuelvo a dormir.
que esta caja no contiene lo que contie- Y acá no ha pasado nada, no ha pasado
ne, que no existe, que no llegó nunca. Si nada de nada.
no llegó, nadie me la mandó, si nadie la
mandó, no hay de qué preocuparse y el
flaco de enfrente es un pobre gil. Ahora

Carlos Ardohain (Mar del Plata, Argentina, 1953). Premiado en el Concurso
Poesía en Tierra organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires en
el año 2004. El libro Poesía en Tierra con las obras premiadas fue editado en 2005
por el Fondo de Cultura Económica. Seleccionado en el Primer Concurso Interna-
cional de Cuento Breve organizado por el Salón del Libro Hispanoamericano, Ciu-
dad de México, publicado en el libro Voces con Vida, México, 2009. Seleccionado en © Angélica Miranda
Fuente: Flickr
el Primer Premio Internacional de Microrrelatos Museo de la Palabra, publicado
en el libro Más allá de la medida, España, 2010. Seleccionado en el Segundo Premio
Internacional de Microrrelatos Museo de la Palabra, publicado en libro por la Fun-
dación César Egido Serrano, España, 2012. Ha publicado relatos en el suplemento
cultural del diario Perfil, El Cuaderno de Asturias, Revista Narrativas, Al otro Rilke en los prostíbulos cía las entrañas.
lado del espejo, En sentido figurado, Otro cielo y diversos medios de Argentina, por Antonio Costa Gómez El asesino había dejado varias notas.
España, Brasil y México. Su primera novela, Los incógnitos, se publicó en España Decía que mataba a las putas porque
por el sello Caballo de Troya en el año 2011. Su segunda novela, Bonarda López falseaban la poesía de Rilke. Cambia-
resultó finalista en el Premio Herralde de Novela 2014. Yo solía fracasar. No estaba con los ban algunos versos, los recitaban sin
tiempos. Me gustaba el ron y no las be- exactitud. La última que vi fue en la
bidas de diseño. Aún hablaba de follar calle Orense. Tenía una forma inocente
cuando la gente decía tener una corre- y desmadejada de estar muerta.
lación. Entraba en los pubs y pretendía Hice unas cuantas averiguaciones en
escuchar música. el mundo de los macarras. Fui a libre-
Me encargaron el caso a finales de rías cutres y pedí que me hablaran de
marzo. Alguien había matado a unas poesía. Quise saber un poco quién era
cuantas prostitutas. Se creía que era Rilke.
por motivos poéticos. La poesía se había La poesía es peligrosa, me dijo un co-
vuelto algo vergonzoso y solo se consu- misario. Hace que la gente divague, em-
mía en los prostíbulos. Yo había ido a piece a desear otras cosas. No hay nada
veces a putas pero no me interesaba la más perdido que un tipo que lee poemas.
poesía. Me bastaba con que una joven Algunos vagabundos en los callejones se
me rascase la espalda mientras me co- dedican a recitarlos, otros babean bala-

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CREACIÓN CREACIÓN

palabras en un pub de Lavapiés y que a testé—. Supongo que las chicas besaban
ratos tenía la cara amarilla. Me había bien y hacían lo que podían con Rilke”.
dicho que se iba el tres de septiembre a Eso puede matar a la gente, dijo él.
Barcelona. Me pregunté qué haría entonces. Tra-
Consulté los horarios de trenes y me té de desenfundar pero me pegó un tiro.
fui a la estación de Chamartín. Estuve Estuve bastante rato perdiendo sangre,
vagando por los pasillos de un tren y fi- con un dolor lejano. He fracasado en
nalmente me senté en un departamen- tantas cosas. El hombre cogió un libro
to. Casualmente el tipo estaba enfrente. de Rilke y me leyó: “Cada cosa una vez.
Tenía la cara amarilla. Una vez y no más. Y nosotros también
Me dijo que no podía permitir que fal- una vez”
searan a Rilke. Cambiar una palabra
era un crimen. “Pero a estas alturas
quién sabe lo que ha dicho nadie —con-

© Shredder
Fuente: Flickr Antonio Costa Gómez (Barcelona, España, 1956). Criado en Chantada,
Lugo. Estudió Filología Hispánica e Historia del Arte. Fue profesor de Literatura
en enseñanza media. Publicó libros de todos los géneros: “El tamarindo”, “Las
campanas”, “La reina secreta”, “La seda y la niebla”, “Las fuentes del delirio”,
“La calma apasionada”, “Mateo, el maestro de Compostela”, “El fuego y el sue-
das. Conocí a una pija que daba unas sesio- ño”. Aparece en antologías: “Poesía española última”, “Elogio de la diferencia”.
Alguien empezó a dejarme pistas in- nes locas de poesía en un piso de amian- Ganó diversos premios: “Estafeta Literaria” 1976, Ministerio de Cultura en Ma-
tencionadas, me di cuenta a los pocos to y fui a una. Mezclaba a Rimbaud con drid 1981, Amantes de Teruel 1985, etc. Llegó a la última votación del Premio
días. Parecía que el tipo quería estar en poetas rusos de finales del XIX. Creí que Nadal 1994 con “Las campanas”. Estuvo entre los finalistas del Premio Herralde
contacto conmigo. Me llamó por teléfo- me reventaba la cabeza, empecé a ver- en 2014 con “El misterio del cine”. Ha colaborado en más de treinta diarios y re-
no con la voz distorsionada y me leyó los a todos borrosos. A veces me parece vistas, entre ellos “La Voz de Galicia”, “ABC”,”Córdoba”, “El Correo Gallego”,
poemas de Rilke. que la metáfora es peor que la heroína. “La Estafeta Literaria”, etc. Su novela “La calma apasionada” fue traducida al
Un día me citó en una discoteca. Pedí Hubo otra muerte a finales del ve- francés y al rumano. Le gusta Jacqueline Bisset y el vino tinto.
ron en la barra y las camareras se rano. Era una muchacha de diecisiete
echaron a reír. No sé qué coño de be- años, estaba tendida con un libro de Ri-
bidas tecnológicas daban allí. Un tipo lke junto a la cara. Tenía una boca des-
como unas natillas se acercó y me dijo pistada y devota. Lo que más pena me
si quería una charla eléctrica. Le dije daba era ver las bocas de las prostitu-
que la tuviera con su madre. El desco- tas. Los ojos podrían mentirte, pero en
nocido me llamó por un móvil y estuvo las bocas veías su soledad.
charlando conmigo. Yo trataba de ave- Había una nota diciendo que la puta
riguar quién coño era. Se le escapó una adulteraba la poesía de Rilke. Por la
alusión y busqué a alguien con la cara colocación de un adjetivo me acordé de
amarilla. un fulano con el que había cruzado unas

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CREACIÓN

Presente perpetuo
por Carlos Segovia

A Luis Buñuel

Está bien, no la vayamos a cagar ahora, siéntate donde te
toca y punto. Quedarán apenas unos cientos de kilómetros, al-
gunas horas, pocas. No te van a reconocer en el último momen-
to, eso no ocurriría ni el thriller más calamitoso. Además,
¿acaso no ves cómo van?, ¿no entiendes que un tipo en «búsque-
da y captura» es lo último que les importa? Como si no tuvie-
sen otra cosa mejor que hacer que meterse en líos y perder el
tiempo con cuestiones de las que no sacarían provecho en abso-
luto. Duermen, o miran a través de la ventanilla por más que
ahora esté todo negro ahí fuera y no haya nada que ver; o hacen
que leen una revista o un libro bajo la bombilla mortecina de
esa lámpara personal que se enciende o apaga a discreción; o
simplemente cierran los ojos y mueven los labios como mur-
murando confesiones o rezando una letanía, como esa vieja
junto a la que te sentaste hasta que apareció la niñata que tie-
nes ahora enfrente y que no deja de mirarte a los ojos después
de reclamar su sitio explicando Lo siento, señor, pero me ma-
reo si viajo contra marcha. Y no te ibas a negar. La chica esta-
ba en su derecho. Entonces sí llamarías la atención de todos los
pasajeros del coche y eso es justo lo que no quieres que ocurra
ahora que estás a pocas horas y kilómetros de la frontera. Por-
que el problema no te lo ocasiona ella, sino ese incompetente
que te vendió el billete y al que le explicaste de forma clara y
por dos veces que en ningún caso te diese uno de los asientos que
quedan de cara a todos los demás y que te obligan a viajar de
espaldas mientras le ofreces el rostro a los pasajeros que a pe-
sar de eso, estás seguro, no te reconocerán. Tranquilo. O al
menos simula calma y tampoco te escondas. Muéstrate natu-
ral. Están a lo suyo. La vieja intentando que ese icono que aca-
ba de extraer del bolso se mantenga en pie sobre el brazo del
asiento y contra la ventanilla. La adolescente que no deja de
mirarte mientras le da vueltas a un chicle como un herbívoro
rumiaría el pasto. En todo caso, si se trata solo de ella, si ves
que ella te reconoce e intenta algo, si de repente la notas inquie-
ta y se levanta para llamar por el móvil o para contactar con

39 | visorliteraria.com © Dalio Photo
Fuente: Flickr
CREACIÓN CREACIÓN

el revisor, en todo caso, si solo se trata guida apoya la mano contra el cristal ción a nada que no sea su teléfono. Al rras la puerta. Antes de volver, tras el
de ella podrías arreglarlo, al fin y al de la ventana haciendo visera y asegura cambiar de coche casi pisas una gallina alivio y arrojarte agua sobre la nuca,
cabo, un cuerpo más sobre tu conciencia que Nunca he visto un túnel tan largo que correteaba suelta y te has pregun- decides echar un ojo al resto de los co-
no va a incrementar el peso con el que como este, ¿se dan cuenta de que lleva- tado por qué el revisor no hace su tra- ches. Mejor ver lo que hay. Por más
cargas. Aunque no se trata de que te mos dentro un buen rato? Y tú que te bajo aunque enseguida concluyes que es que, mientras el tren siga dentro del tú-
haya reconocido. Lo sabes. El viaje no limitas a mover la cabeza de forma preferible que todo siga como está; nel, no exista el riesgo de que alguien te
es del todo corto y se aburre. Mastica la afirmativa sin decir una palabra y pien- cuantos menos empleados te encuen- reconozca. Llegas hasta la puerta que
goma mostrándote los incisivos de lie- sas que mucho mejor así, porque cuanta tres, mucho mejor para ti. Aunque no te separa de la cabina del maquinista y
bre mientras se sienta sobre las piernas menos visibilidad, menor el riesgo. Y la deja de ser extraño, esa es la verdad, no te has cruzado ni una sola vez con el
desnudas que retrae bajo su culo a la chica que te pregunta si sabes dónde es- que el revisor no aparezca ni para per- revisor o con algún trabajador del tren.
vez que observa los intentos de la vieja tán los servicios y le explicas que es forar los billetes. La gallina está ya en En uno de los coches un niño llora y la
por mantener el icono en su sitio y es- cuestión de seguir la marca iluminada manos de su dueña cuando observas a madre le dice que no se preocupe, le ex-
boza una sonrisa de la que intenta ha- y ella responde Qué miedo ir sola con la chica entrando en el servicio. Así que plica que No estamos dentro del castillo
certe cómplice. Pero no te interesa la todo tan oscuro. Mientras, la vieja con- puede ser que es cierto que solo necesi- del ogro ni nada parecido, ha sido solo
niñata sino el hombre que viene por el tinúa con los ojos cerrados, murmuran- taba orinar o lo que fuese. Se cierra la una pesadilla, amor. En otro comparti-
pasillo con prisa evidente. Se trata, se- do algo en ruso, en ucraniano o en esla- puerta del coche en el que se ha monta- mento una mujer sufre un ataque de
guro, del inquilino de ese asiento que vo antiguo, no lo distingues. Y el do algo de revuelo por culpa de la galli- histeria que alguien intenta detener con
queda libre a tu lado, el único vacío en caballero que ha extraído una revista y na y aguardas a que la chica salga del una bofetada. Es verdad que el tren lle-
todo el coche. Tenías esperanza de que te pregunta si no es molestia que en- servicio. Tampoco te vendría mal utili- va cierto tiempo dentro del túnel, aun-
no lo ocupase nadie. Demasiado bonito. cienda la lamparilla para terminar de zarlo, ahora que estás ahí. El hombre que, a tu juicio, no es para ponerse así.
Estás cerca del final pero no has llega- leer un artículo que tiene pendiente, que que lleva el teléfono móvil pegado a la Quizá tú lo veas de otra manera, porque
do aún, no lo olvides. Sabes que nadie te Siento perturbarle, pero hasta que no oreja vuelve sobre sus pasos, te roza te beneficia, y porque, la verdad, si fue-
va a reconocer ahora que estás a punto salgamos del túnel hay muy poca luz cuando dice en alto un nombre mien- se por ti, desearías que el tren hiciese el
de traspasar la frontera y dejarlo todo para mi vista cansada. Y dile que sí, que tras le pregunta, a ese nombre, si le es- recorrido completo dentro de ese túnel
atrás. Sería un final demasiado tosco, no hay problema, y que se calle de una cucha. El idiota ni siquiera se da cuenta o bajo tierra. Si fuese por ti, que el tren
de novela de principiante, de película de vez y se ponga a leer, porque la chica te de que no hay cobertura mientras se no abandone jamás esa oscuridad. La
domingo a media tarde. Pero no te con- ha mirado y se levanta y camina ahora atraviesa un túnel. La chica abre la señora que ha conseguido atrapar a la
fíes. Por más que el hombre no haya por el pasillo con intención de abando- puerta del servicio y se queda inmóvil, gallina la posa ahora sobre sus piernas
reparado en ninguno de sus compañeros nar el coche y no te puedes fiar, así que sin salir ni entrar. Te sonríe con un ges- mientras le acaricia el pico y la papada
de viaje, por más que se limite a salu- vete tras ella. Camina en dirección con- to algo bobo mientras insiste en masti- al tiempo que le susurra Tranquila, hija,
dar de forma educada y quizá demasia- traria al servicio más cercano. Y no car ese chicle gastado del que aún no se tranquila. Caminas y tomas asiento y la
do correcta, y que parezca más preocu- despacio. No le quites ojo de encima. Al ha desecho. Se queda ahí. Mira a un lado adolescente aficionada a la goma de
pado en que no se le arrugue la mínimo movimiento en falso actúa, ya y al otro. Te agarra de la camisa y tira mascar ni te mira. Por un instante
chaqueta y no se le abolle el sombrero sabes, con profesionalidad, que parezca de ti como invitándote a entrar en ese vuestros ojos se cruzan y en los de ella
que deja en la balda fijada sobre la ven- un desmayo y que tú la ayudas aunque servicio diminuto. Así que era esto. Me- no hay otra cosa que desprecio. El caba-
tanilla, por más que simplemente haya al final nada se pueda hacer por ella. jor. Ambos fuera de peligro. Le dices No llero que viaja junto a ti consulta un
exclamado que casi no llega a tiempo de Algo por el estilo en cuanto haga el mí- estoy interesado, reina, y la empujas a mapa. ¿Se dan cuenta de que el trayecto
coger el tren y que como está todo tan nimo gesto sospechoso. La has perdido un lado para que te deje la vía franca. del tren transcurre por una llanura?,
oscuro ha tardado lo suyo en dar con su de vista, idiota. Está todo muy oscuro. Tu comportamiento no deja de recor- dice. ¿Entonces…?, preguntas, porque te
asiento, por más que parezca absorto en Desde luego, mejor así en caso de que te darte al del agente de la Continental o has cansado ya de estar alerta y co-
sus preocupaciones banales, no te fíes. obligue a actuar. Tropiezas con un hom- al de cualquier antihéroe de novela ne- mienzas a sospechar que nadie tiene el
El hombre se sienta junto a ti y ense- bre que viene de frente sin prestar aten- gra. Entras en el servicio, solo, y cie- más mínimo interés en ti, y aunque al-

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CREACIÓN

gunta ¿Tiene cober- forma afirmativa, aunque no entiendes
tura? Necesito ur- qué afirma. Cierra los ojos. Es seguro
gentemente cerrar que cuando los abras habréis salido del
una operación y no túnel y es seguro que estarás ya del otro
hay manera de co- lado, que habrás traspasado el umbral,
municar con mi la frontera, que te encontrarás fuera de
agente, agrega, y sin todo peligro y a salvo de cualquier ame-
esperar respuesta naza. Intenta dormir. A pesar de ese
asegura que Es aleteo que te obliga a abrir los ojos y el
cuestión de vida o susto que te despabila. A pesar de esa
muerte, y se aleja. maldita gallina que acaba de quebrarse
¿No tendríamos que la cabeza contra la puerta cerrada jun-
llamar al revisor?, to a tu asiento. Y ahora la señora que
le pregunta la chica viene corriendo y que gime y dice Hija
al caballero, ¿que mía, pero qué te has hecho. Y el caba-
alguien nos explique llero que vuelve con la chica agarrada
qué ocurre? Y a pe- de su mano e intenta consolar a la se-
sar de que sabes que ñora, pero que, asegura, No hay manera
tú no eres lo impor- de dar con el revisor ni con operario al-
tante ahí, dentro de guno, y que Hay pasajeros que incluso
ese tren tragado por están intentando echar abajo la puerta
un extraño túnel, la que nos separa del cuarto del maquinis-
idea no te gusta, por ta. Que no hay manera de comunicar
más que el caballero siquiera con el exterior lo corrobora el
le dice que sí y que él hombre del teléfono que insiste en pre-
mismo irá en busca guntar a viva voz si alguien en el coche
de algún operario. tiene cobertura, que se trata de una
La chica le acompa- operación decisiva, de vida o muerte, y
ña, por supuesto. Y el caballero, tu colega de viaje, hasta
ya la imaginas invi- ese instante tranquilo, se le enfrenta y
guien te reconociese serías su última pingo en su asiento, los tres hacéis como tando al caballero a compartir servicio. le pregunta si no entiende lo que está
preocupación ahora mismo. Así que que no la habéis oído. Tampoco puede Quizá deberías haber accedido, ser cor- ocurriendo. Y claro que nadie entiende
después de meses es la primera vez que ser un túnel bajo tierra, explica el caba- tés con ella, para que no te ocasione lo que está ocurriendo. Claro que nadie
te sientes liberado, como si ya hubieses llero, intentando racionalizar las pala- problemas. Pero qué importancia tiene sabe qué es lo que pasa, por qué el tren
cruzado la frontera y dejado todo peli- bras de la vieja, eso está claro, conti- todo eso. Lo sabes. Lleváis horas dentro lleva horas viajando bajo un túnel, tra-
gro y todo riesgo a la espalda. Por eso lo núa, no tiene ningún sentido, del túnel. Y ningún túnel dura horas. gado por toda esa oscuridad que parece
digo, continúa el caballero sin quitarle recorriendo una llanura como esta, ter- Tendríais que estar dando la vuelta al que no abandonará nunca. Y la chica
ojo al mapa, porque es imposible que en mina mientras apoya el índice sobre el mundo bajo tierra. La vieja que rezaba que comienza a hipar y a decir quizá
este trayecto nos encontremos con un segmento del mapa que se supone reco- parece ahora más tranquila, incluso para sí Soy muy joven, no puedo morir
túnel como este. Y la vieja que dice Va- rréis. Lo que te asusta es ese tipo del más joven, de alguna extraña manera aún, si ni siquiera lo he hecho nunca con
mos derechos al infierno, aunque por teléfono que sin que lo vieses venir te es como si tuviese treinta años menos. un hombre. Y la anciana del icono que
supuesto, y aunque la chica da un res- pone una mano en el hombro y te pre- Te mira y mueve despacio la cabeza, de ahora parece incluso una niña, que no

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CREACIÓN CREACIÓN

es en absoluto una anciana, o quizá es del túnel y estarás ya del otro lado. Cie-
que la oscuridad y la poca luz no te de- rra los ojos. Duerme. No pienses. Espe-
jaba ver sus rasgos con claridad. Qué ra a que todo pase. Será lo mejor. No
importa. Cierra los ojos. No escuches. hacer nada. No mover un músculo. No
Mejor así. Cierra los ojos e intenta in- pensar. Esa es la solución. No hacer
cluso dormir. Descansar un poco. Te nada. Esperar. Cerrar los ojos. Ya. Y
vendrá bien entrar en tu nueva vida re- Amén, escuchas que dice esa vieja con
lajado. Cierra los ojos y no escuches, no voz de niña.
pienses. Al abrirlos el tren habrá salido

Carlos Segovia (Vigo, España, 1971). Graduado en Filosofía. Máster en Filoso-
fía Contemporánea. Doctorando en la UNED. Formado en Narrativa en la Escuela
de Escritura del Ateneo de Barcelona. Titulado en Música. Estudios en Historia del
Arte, editing y edición profesional. Marketing literario en Random House Monda-
dori.
Editor externo, antólogo y profesor en talleres de escritura. Ha escrito y publica- © Ink Photo
Fuente: Flickr
do novela, relato, ensayo y teatro. Seleccionado por La Fábrica Editorial para el
festival Novos.
Últimas publicaciones: Mi padre, ese idiota. (Novela corta). Playa de Ákaba, 2015.
El espacio salvaje: la bestia de Derrida en la isla de Robinson. (Ensayo). Ápeiron,
2017. Diálogos vivían en Europa y de cómo sentía que
por Facundo Re una parte de mí había muerto con ella.
No sé por qué lo hice, nunca me sentí
La primera vez que hablé con Ho- cómodo hablando de mi vida con desco-
racio yo tendría unos sesenta y pico de nocidos. Pero como ya dije, mi recien-
años. Acababa de fallecer mi mujer y lo te soledad me había afectado mucho, y
recuerdo más que nada por eso, porque necesitaba algo a qué aferrarme. Cual-
de no sentirme tan solo ni se me hubie- quier cosa.
ra ocurrido seguirle la corriente. A partir de allí empezamos a entrar
Llamó a la noche, para decirme que en contacto bastante seguido. Hablába-
la había conocido a Marta, que lamen- mos por teléfono dos o tres veces por se-
taba mi pérdida y todas esas cosas que mana, nos mandábamos cartas, porque
se dicen en momentos así. Yo estaba de- ninguno de los dos sabía usar la compu-
vastado por la reciente viudez, por lo tadora, y él me visitaba de cuando en
que ni pensé en preguntarle de dónde la cuando para darme alguna sorpresa.
conocía. Terminamos hablando como Pero nunca cuando yo estaba. Porque
una hora y se hizo realmente muy Horacio tenía una sola regla: nunca de-
ameno. Le conté anécdotas de mi ma- bíamos vernos, bajo ningún motivo. El
trimonio, le hablé de nuestros hijos que no me buscaría y yo no debía buscar-

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CREACIÓN CREACIÓN

lo a él. Era muy insistente sobre eso mejor vino que pude comprar. El taxi anduvo como media hora. do. Eran mis cartas. Las que le había
y se enojaba cuando yo quería intentar Fueron corriendo los años y cada vez Era una dirección casi en las afueras de mandado a Horacio. Y debajo de ellas,
un acercamiento. Yo imaginaba que se pasaba más tiempo dentro de mi casa la ciudad. la botella de Bianchi, herméticamente
avergonzaba de su apariencia por algún comunicándome con Horacio. Llegamos —Llegamos —me avisó el chofer, al cerrada.
defecto físico o algo por el estilo, y por al punto de hablar todos los días, por detenerse en una angosta calle de tie- El empleado me informó que había
eso no quería que lo viera. Con el tiempo períodos de dos o tres horas sin ningún rra en un barrio bastante humilde. Es- más cajas en el depósito. Le pregunté si
dejé de preocuparme por ello. esfuerzo. Tocábamos todos los temas: tábamos frente a un gran terreno vacío no habían podido entregar ni una sola y
Como decía, él venía a mi casa, pero política, fútbol, salud, música y litera- cubierto de yuyos y un montón de des- me dijo que según el registro informá-
solo cuando yo no estaba. Sucedía cuan- tura, entre otros. Horacio demostraba perdicios de diversa índole. tico absolutamente todas habían retor-
do por algún mandado debía ausentar- un conocimiento asombroso sobre todos —Es un baldío —observé. nado.
me algunas horas, y a la vuelta encon- ellos y muy a menudo dejaba en ridícu- —Es la dirección que me dio —objetó Con el corazón palpitando y haciendo
traba cosas que Horacio había dejado lo mis opiniones. Las cartas no eran tan el taxista. grandes esfuerzos por no caerme, salí
para mí. La primera vez recuerdo que frecuentes pero no las abandonábamos. Chequeé los datos para comprobar si del correo y fui a la empresa de telé-
fue un libro de Bukowski, que anhela- Por lo menos dos o tres veces al mes le eran correctos. Calle Matheu número fonos, que no estaba muy lejos de allí.
ba leer pero no lo encontraba en ningún escribía. 467. El conductor me aseguró que no Llegué diez minutos antes de que ce-
lado (yo se lo había dicho en alguna de Al cumplir yo los setenta y cuatro había otra calle Matheu en toda la ciu- rrara, porque ya eran casi las ocho de
nuestras diversas charlas), y me sor- algo había cambiado. Mi enfermedad dad. La casa que seguía tenía el número la noche.
prendió mucho llegar y encontrarlo en- avanzaba velozmente y, según el médi- 469. La anterior, el 465. No había error. Estaba abombado, con dificultad para
cima de la mesa del living. co, no llegaría a los setenta y cinco. Se Pedí al chofer que me esperara un respirar y sin poder pensar claramente.
Después me fui acostumbrando a lo comuniqué a Horacio, quien se des- momento y bajé a hablar con los veci- ¿Cómo había podido Horacio contestar
esas cosas, al punto de tomarlo como pachó con un maravilloso monólogo so- nos. Pregunté en las dos casas que flan- mis cartas durante todos esos años si la
algo natural y sorprenderme en caso de bre la vida y la muerte, sobre nuestras queaban el terreno pero no conocían a dirección a la que las enviaba no exis-
que no hubiese nada extraño cuando yo acciones en la tierra, sus consecuencias ningún Horacio, y en ambas aseguraban tía? Es más, ¿cómo había contestado si
regresaba. y sobre el próximo paso. Al cortar la que esa parcela había estado vacía por en verdad todos mis envíos habían re-
Otra de las veces que más recuerdo comunicación rompí a llorar. lo menos los últimos cincuenta años. gresado cerrados al correo?
fue al volver de una de mis visitas al Ya lo tenía decidido. En realidad lo Me sentía muy desorientado. La ca- Mi cabeza era un torbellino de ideas
médico (que con el correr de los años se venía pensando hacía varios días. Sabía beza me dolía y creí que iba a desma- que se anulaban mutuamente, y mi cara
hicieron habituales), y encontrarme con que no me quedaba mucho tiempo, y yarme. Volví al taxi y le pedí al chofer debió reflejarlo, porque el empleado de
una caja de habanos Cohiba, mis favo- bajo ningún aspecto quería morirme sin que por favor me llevara a la central la telefónica me ofreció un vaso de agua
ritos, que Marta siempre me había pro- ver a Horacio en persona. Ningún de- del correo. antes de preguntarme qué necesitaba.
hibido, aduciendo que eran malos para fecto físico o lo que fuera a encontrar- Creo que el taxista me hablaba pero Acepté, y un poco más repuesto le
mis pulmones (tenía razón, por supues- me me impediría ver cara a cara a la en realidad lo adivinaba porque era in- dije que quería saber los datos de una
to). Yo no compraba los cigarros des- persona más importante de los últimos capaz de escucharlo. Todo me daba línea de teléfono. Sonrió, me dijo que no
pués de enviudar como una cuestión de diez años de mi vida. vueltas. habría problema y me solicitó el núme-
respeto hacia mi fallecida esposa, algo Al día siguiente me puse mi mejor Una vez en el correo, consulté en la ro de línea del qué quería los datos.
que hablándolo con Horacio, él se en- traje, anoté cuidadosamente la direc- mesa de entradas sobre las cartas en- Abrí la boca para contestar y en ese
cargó de menospreciar por completo. ción a la que enviaba las cartas y tomé viadas a la dirección de la que acababa momento me di cuenta de que no lo sa-
Le agradecí mucho el regalo por telé- un taxi. Por supuesto, a Horacio no le de llegar. Un empleado pidió mis datos bía. Tantos años, tantas llamadas tele-
fono e insistí en verlo o ir a su casa para dije ni una palabra. Sería una sorpre- y desapareció unos instantes. Al rato fónicas, y nunca se me ocurrió pregun-
retribuírselo, pero se mostró férreo en sa. Yo estaba convencido de que, por volvió con una caja llena de sobres sin társelo. Siempre me había llamado él.
negarse. De todas maneras al otro día más que protestara, al final me lo iba a abrir. Por más que parezca una obviedad,
le envié una botella de Bianchi 1887, el agradecer. Me puse a revisarla, desespera- nunca me había percatado de ese deta-

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CREACIÓN CREACIÓN

no me buscaras. Ahora tenemos que fuerte ruido se oyó en la cocina, y luego
hablar”. pasos que se acercaban. Sentí un aliento
Fue lo último que vi. La luz de la helado soplándome la nuca.
sala estalló, dejando todo a oscuras. Un Horacio estaba allí.

Facundo Re (Argentina, 1987). Es periodista y Licenciado en Comunicación
Social. Ha publicado el ensayo Historietas, una forma narrativa compleja en la
revista Medios y Enteros y el artículo La política transmediática: Nuevas formas
de participación ciudadana en el anuario La Trama de la Comunicación, ambas
publicaciones periódicas de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacio-
nales de la Universidad Nacional de Rosario. Asimismo, obtuvo el primer premio
en el Concurso Internacional de Cuentos “Hontanar” organizado por Cervantes
Publishing y fue finalista en el I Concurso Literario Actúa.

© Lorena Gallardo
Fuente: Flickr

lle. Nunca lo pensé, nunca se me ocu- Atravesé la puerta como un rayo,
rrió. Ya dije que todo lo que sucedió lo con el corazón a punto de salirme por
fui tomando como algo natural. la boca y todos mis nervios en estado de
Maldita soledad. tensión. Sudaba como hacía años que no
No recuerdo con que excusa abandoné me pasaba, tenía las manos completa-
el lugar. Casi dando zancadas llegué a mente frías y no podía dejar de temblar.
la calle y tomé un taxi a mi casa. La Recorrí la casa de punta a punta para
noche lo cubría todo y las nubes en el ver si había algo extraño, una señal de
cielo no dejaban ver las estrellas. que Horacio había estado allí. La vi al
Yo no podía parar de pensar. Re- final del recorrido, en el living.
cordaba que en todas nuestras charlas Encima de la mesa ratona había un
Horacio nunca mencionaba nada de su papel escrito a mano. Era la letra de
vida ni de algo que tuviera que ver con Horacio, aunque su escritura no mos-
él. Hablaba de temas generales, me traba la prolijidad habitual, sino que
preguntaba cosas, opinaba. Pero nun- parecía como garabateada a las apura-
ca decía nada que pudiera darme pistas das, o alterado por algo.
de quién era. Diez años hablando casi a Tuve que hacer grandes esfuerzos
diario con una persona y resultaba ser para mantener la nota quieta en mi
para mí un perfecto desconocido. mano y poder leerla. Decía: “Te dije que

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CREACIÓN

Parásito lo había sen-
por Niobe Mariana Rojas Sarabia tenciado. A los
siete años Eva
se dio cuenta
Eva se había pasado la mayor parte de su propia
de su vida bajo los efectos de drogas, enfermedad,
y eso que apenas contaba con diecisiete y quiso expe-
años. Nunca asistió a una escuela nor- rimentar con
mal, ni tuvo amigos normales. La gente ella, dejando
le tenía lástima a Eva, porque, a pe- de tomar las
sar de ser ella sumamente inteligente y pastillas, por
habilidosa, buena para el álgebra y una lo que las es-
prodigio con el piano, Eva vivía reclui- condía bajo la
da en su casa, como un monstruo, los lengua y las
veintinueve días restantes del mes en escupía cuan-
los que no tenía consulta en el psiquiá- do su mamá se
trico. daba la vuelta.
Lo cierto es que Eva sufría, desde que El resultado
demostró conciencia de sí misma, tras- de este expe-
tornos de doble personalidad. Un caso rimento fue la
muy extraño y evaluado por cientos de muerte de un
médicos, ya que dicha enfermedad, en niño que vendía
condiciones normales, no se desata en el galletas, aho-
ser humano hasta la etapa joven-adul- gado en el tan-
ta, mientras que Eva la tuvo práctica- que de agua de
mente desde siempre. la casa de Eva,
Por esta razón Eva asistía, hastiada y junto a eso,
y en contra de su voluntad, el primero seis meses de
de cada mes a su consulta médica, don- prisión para la
de el ancho y miope doctor Chacón le madre de Eva
y seis meses de reclusión para Eva en a limpiar la casa, seguida por su hiji- siquiera su edad, pero era guapo, y le
mandaba una serie de medicinas que la
un hogar para niños de cuidados espe- to de tres años que le jalaba incesante- escribía a Eva hermosos poemas que le
madre de Eva se encargaba de suminis-
ciales. Luego de ello Eva nunca pudo mente los pantalones hasta que ella le pasaba por internet, único medio por el
trarle puntualmente todos los días, bajo
volver a experimentar; se le asignaron sentaba frente a la televisión de la sala que se comunicaban y entablaban con-
amenaza de quitarle el piano.
las visitas periódicas permanentes al a ver caricaturas. Esta chica de servi- versaciones de largas horas durante la
A Eva le diagnosticaron la enferme-
psiquiátrico, y su madre le tomó cierto cio se llamaba Lisa, y escuchaba todos madrugada. Por último, Eva también
dad a los tres años, cuando de una pa-
rencor natural, producto de los malos los delirios de Eva incluso bajo los efec- había conseguido que su madre le per-
tada envió al cachorro puddle de la an-
tratos que sufrió en la cárcel. tos semipermanentes de la droga. Eva mitiera dar paseos en solitario, siempre
ciana vecina directo a las ruedas de un
Por supuesto, la Eva de diecisie- también tenía un pretendiente, un joven y cuando se hubiese tomado antes todas
camión en movimiento, y horas después
te años había hecho varios progresos. depresivo llamado Hugo que conoció en sus respectivas pastillas y volviera an-
estuvo buscando desesperadamente al
Tenía de amiga a la madre soltera de una de sus tantas idas al psiquiátrico y tes de la hora de cenar, infalible a las
perrito, sin recordar que ella misma
diecinueve años que iba todos los días de quien sabía prácticamente nada, ni seis en punto.

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CREACIÓN CREACIÓN

El lugar favorito al que Eva acudía puso a preguntarle: algún día quieres mi ayuda, allí estaré. Eva pero sin tocarlas, y cerró los ojos.
en sus paseos era el museo de arte. Los −¿Algún pariente tuyo acaba de fa- La mujer gitana se bajó cojeando con −¡Es un pariente tuyo! –le dijo cinco
cuadros surrealistas y las esculturas llecer, jovencita? sus muletas en la misma estación en minutos después−, y es una mujer, jo-
abstractas casi complementaban el uni- Eva levantó la mirada con pesadez, que planeaba bajarse Eva, dejando su ven. Tienes que averiguar su nombre y
verso atemporal en el que se veía ella como sacada de un profundo sueño, y olor a citronela vencida y un coro de pedirle que se vaya. Averigua quién es.
inmersa a diario con las medicinas; y a comprendió que la pregunta iba dirigida risas y palabras burlonas dentro del Eva salió de la tienda con tres ve-
ese sitio justamente se dirigía ella ese a ella. A lo más pronto que le permitía vagón. Eva, un tanto asustada, prefirió litas blancas, un incienso de sándalo y
día, mientras aguardaba en el vagón del su estado de embriaguez resolvió con bajarse en la estación siguiente y cami- un polvo de baño de arcilla, todos ob-
metro, sentada en uno de los asientos un rápido y horizontal movimiento de nar de regreso el tramo hacia el museo, sequiados por la gitana, junto con unas
para personas con discapacidad, lugar cabeza. con la intención de que la gitana no la precisas instrucciones de uso para que
que tenía permitido porque las drogas La gente, antes interesada en el com- interceptara en el camino; mas no obs- Eva lograra alejar de ella al espíritu in-
le dejaban en un estado soñoliento en el portamiento exagerado de la gitana, tante, mientras avanzaba, le iba dando truso.
que podía olvidar sujetarse estando de ahora casi se amontonaba alrededor vueltas a esas palabras, que dentro de Esa noche, durante la cena, Eva le
pie. De pronto, en una de las estacio- para curiosear lo que le decía a la chica su naturaleza extraña estaban carga- preguntó a su madre si alguien de su
nes se sentó a su lado una señora con aparentemente enferma. das de mucho sentido. Y además, ¿qué familia había muerto. La señora res-
muletas que lucía tal cual una gitana, −Bueno –continuó la extravagante motivo tendría esa mujer para engatu- pondió negativamente, procediendo a
con los pelos enmarañados «adornados» mujer, sin apartar por un segundo de sar a una jovencita de familia humilde? regañar a Eva por hacer esas preguntas
con ganchitos multicolores, una suerte Eva sus ojos saltones embadurnados Eva llegó hasta el museo y cruzó la en la mesa y haciendo luego un recuen-
de guindalejos alrededor de cuello, bra- de sombra azul−, en todo caso hay algo calle, dirigiéndose a la perfumería sin to de todos sus familiares para bende-
zos y manos, algunos de madera y otros que necesitas saber. Hay otra persona titubear. Abrió la puerta, y para su sor- cirlos bajo su fe cristiana. Rato después,
de metal, que hacían ruidos diversos al viviendo contigo, allí, en tu cuerpo. presa el lugar olía muy bien, como a cuando ya la cena había acabado, se
chocar entre ellos, y una ropa desven- A este punto de sus palabras había frutas, y aceite mentolado. El visco- acercó a Eva para decirle:
cijada y con múltiples huecos de hor- conseguido toda la atención de Eva, más so olor de la gitana debía ser su mar- −Mi embarazo fue de gemelos. Tú te-
miga que desprendía un olor nausea- allá de su letargo y de lo adormilada ca personal, y esta, por cierto, era la nías una hermana, pero murió con el
bundo entre incienso y humedad. Eva que podía estar; sin mencionar al resto dependienta que recibió a Eva con una cordón umbilical justo antes del parto.
quiso levantarse, pero había olvidado en de los pasajeros, que ahora murmura- inesperada emoción desde detrás del Pero Dios sabe lo que hace…
casa el MP3, única cosa que a suficiente ban burlas sobre la gitana y esperaban mostrador. Para entonces la mente de −¿Le habías puesto nombre? –le in-
volumen le despejaba la bruma mental atentos sus palabras para después des- Eva estaba mucho más despierta, y terrumpió Eva, ansiosa.
cotidiana, y aún le faltaban cinco esta- ternillarse de la risa. Eva, en cambio, tomó la precaución de dar un vistazo −Por supuesto. Había pensado sus
ciones para llegar a su destino. La se- no se lo estaba tomando a broma. alrededor: velas con formas y aromas nombres desde que supe que eran dos:
ñora miró a Eva y se sobresaltó en sí −Puedo ayudarte a descubrir quién variados, figuritas de santos, collares Eva y Paola.
misma, agitándose en su asiento y mo- es. Puedo ayudarte incluso a expulsarlo tribales, piedras de colores, medallas, Tras dar a Eva sus medicinas su
viendo la mano derecha como dispuesta –dijo la mujer, de manera firme pero anillos y por supuesto, perfumes. Nada madre se fue a dormir. Eva era ahora
a dibujarse en el pecho la señal de la atropellada−. Te verás libre de todo lo de que preocuparse. dueña del nombre, y la excitación por
cruz, pero dio un par de bocanadas y se que te atormenta. −Qué bueno que viniste –dijo la mu- el logro pudo más que el efecto de las
repuso, consciente de que estaba sien- −No tengo dinero –repuso Eva en un jer−. Acércate, tomará solo un momen- drogas, ahora inútiles sobre ella.
do observada por una multitud con ojos murmullo de voz ronca, hablando por to. −¡Paola! –exclamó, a solas en su
mucho más curiosos y consternados que primera vez desde que salió de casa. Eva se acercó a la gitana, y siguiendo cuarto− Paola, ¿es cierto? ¿Comparto
de costumbre. Miró a Eva de nuevo − −No voy a cobrarte, no soy una es- sus instrucciones colocó ambas manos mi cuerpo contigo?
quien en su letargo no había ni siquiera tafadora –respondió la gitana, eviden- sobre el mostrador, con las palmas ha- Nada pasó. La gitana le había asegu-
notado que era ella el motivo del ataque temente ofendida−. Trabajo en la per- cia arriba. La gitana colocó las suyas de rado a Eva que los espíritus atendían al
nervioso de su acompañante− y se dis- fumería que queda frente al museo. Si manera inversa, justo encima de las de ser llamados por su nombre.

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CREACIÓN

trabajar. ¿Quién es Paola?
Eva pensó que era −¡Tú!
la oportunidad per- −¡No es cierto!
fecta para hacer el Lisa, nerviosa, abrió uno tras otro los
ritual que le había gabinetes del baño.
indicado la gitana, −¿Dónde están tus pastillas? ¿Te las
antes de que su ma- tomaste hoy?
dre volviera a casa. −¡No las necesito! ¡Lo que necesito es
Le explicó a Lisa deshacerme de ella!
con pocos detalles lo Lisa la miró estupefacta.
que necesitaba ha- −¿De quién?
cer y esta accedió a Eva, sin contestar nada, salió cho-
ayudarla. rreando de la bañera, empapando el
Llenaron de agua piso, y se disponía a salir del baño cuan-
la bañera y le echa- do Lisa la detuvo, tomándole por un
ron las sales de brazo.
baño. En todo el −No te vayas, quiero ayudarte.
borde situaron las −¡Tú estás ayudando a Paola! –dijo
tres velitas blancas, Eva, empujando a Lisa con la mano li-
y Lisa se encargó de bre lo más fuerte que pudo, haciéndola
encender el incien- resbalar con el piso mojado. Lisa soltó a
so mientras Eva se Eva y cayó de espaldas, y su cabeza dio
sumergía con todo a parar al filo de la bañera.
y ropa en las aguas Eva salió a prisa del baño y cerró la
burbujeantes y olo- puerta, con el corazón desbocado, ace-
rosas a lodo. Desde lerado de adrenalina. Por debajo de la
la sala, el niño de puerta comenzó a asomarse un charco
tres años llamó a su de agua mezclada con arcilla y sangre.
madre. El teléfono sonó, y Eva imaginó a su
−¡Ya voy, amor…! madre volviendo de la iglesia. La inva-
−Paola, ¡te ordeno que te muestres! aspiradora y las voces de las caricatu- –contestó Lisa en voz alta−. Estoy en el dió el pánico. El teléfono sonó otra vez
Esa noche Eva no obtuvo mayores re- ras en la televisión. Lisa ya estaba en baño ayudando a Paola. y Eva corrió a contestar.
sultados que una serie de pesadillas, en casa, así que ya eran pasadas las diez, Eva se puso de pie dentro de la ba- −¿Aló?
las que peleaba y forcejeaba con una fi- y su madre no le había levantado para ñera de un salto, como tocada por un −Buenos días, le hablo de la perfu-
gura oscura, una mujer malvada. Poco darle las pastillas como hacía con pun- rayo. mería que queda frente al museo.
recordaba de esto cuando se despertó la tualidad todos los días. −¿Qué dijiste? –le recriminó. Eva reconoció la voz de la gitana.
mañana siguiente, tirada en el piso a −Hola, Lisa. ¿Y mi madre? –pregun- −Que estoy en el baño… −contestó −¡Usted! ¿Cómo consiguió este núme-
un lado de la cama. Eva supuso que se tó Eva al entrar a la sala. Lisa aspiraba Lisa, confundida. ro?
había caído debido a las pesadillas, y el los cojines del sofá. −¿¡Con quién!? –gritó Eva, asustando −Anoche dejaron un mensaje de au-
golpe explicaba los magullones que sen- −Hola, ¡buenos días! Pues debe estar a Lisa. xilio desde ese número, muy tarde, la
tía en varias partes del cuerpo. en la misa, ¿no va todos los domingos? −¡Contigo! tienda estaba cerrada.
Desde la sala llegaba el ruido de la –respondió la muchacha, sin dejar de −¡No! Ayudando a Paola, dijiste. −¡Mentira! Yo no he llamado a su

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CREACIÓN CREACIÓN

tienda. mada sin colgar, Eva persiguió al niño −No me dijiste tu nombre en el hos-
−¿Hablo con la chica que vino ayer? por la sala, tropezó con la aspiradora pital.
¿Paola? junto al sofá y antes de caer logró sos- −Soy Hugo, mucho gusto. ¿Y el tuyo?
−¡No! –gritó Eva al auricular, y lue- tenerse del escritorio en que estaba la −Mucho gusto, Paola.
go lo trancó de un golpe contra el teléfo- computadora, que tembló completo bajo
no−. ¡No soy Paola! –añadió, al teléfono su peso.
ya colgado. El monitor se encendió solo, traído
Aún escurriendo agua, corrió a su de vuelta de su estado de suspensión,
cuarto para buscar ropa seca que po- y brilló en la ventana inactiva de un Niobe Mariana Rojas Sarabia (Carúpano, Venezuela, 1992). Proceden-
nerse. El teléfono volvió a sonar, una chat. Eva se enderezó frente al aparato te de una familia humilde, hija de padres docentes. Desde los 6 años comienza a
y otra vez, pero Eva hizo caso omiso, y ahogó un grito de espanto. El último escribir cuentos y a hacer dibujos, recibiendo apoyo y motivación de parte de su
cerró la puerta desde dentro y se diri- mensaje era de Hugo, a las 5:50 de la mamá, pero no será hasta su adultez cuando decide tomarse en serio la actividad
gió a cerrar la ventana disponiéndose a mañana, y encima de este había pala- de cuentista. Pierde a su mamá a los 11 años por una meningitis crónica, hecho que
quitarse la ropa. Entonces notó que, del bras enviadas por ella. Había conver- influye mucho en sus cuentos. A los 18 años se muda en solitario a la capital del
otro lado de su cama, en el piso, yacía sado con él en la madrugada, mientras país para estudiar Artes en la Universidad Central de Venezuela, y es allí donde
la mujer de sus pesadillas, inerte, con ella creía estar durmiendo. ¿Cuántas vive actualmente.
los ojos abiertos y los labios arqueados, veces había pasado esto antes? Se olvi- Es aficionada a la lectura de cualquier género literario, a dar largos paseos por las
llenos de una espuma reseca que dibu- dó del aterrado niño y leyó la conversa- montañas de la ciudad y a ver películas. Tiene una gata a la cual considera su hija.
jaba un charco blancuzco desde la boca ción. Ella pedía ayuda, decía que estaba Desea graduarse de su carrera, viajar por el mundo y seguir escribiendo cada día
hasta el piso, pasando por su mejilla y en peligro. Hablaba de lo difícil que le más y mejor.
su cuello hinchado. La madre se había resultaba tomar sus medicinas, que a
tragado todas las pastillas de Eva, y los pesar de ser lo único que le hacía sen-
tres frascos rotulados de las drogas es- tir mejor, algo dentro de ella doblegaba
taban vacíos en el suelo, junto a ella. El su voluntad y las rechazaba. Eva leía
teléfono seguía sonando, retumbando en espantada las palabras que ella no ha-
la cabeza de Eva. Se acercó a su ma- bía escrito. Subió a las conversaciones
dre, despacio, de puntitas, como si el pasadas, y entre los poemas y palabras
cadáver pudiese levantarse y llevársela amables de Hugo encontró sus propios
consigo al inframundo. Se arrodilló a su gritos de auxilio, sus propias súplicas
lado y recogió los frascos sin píldoras, y por consejos, pero todos desconocidos,
tras leer el rótulo sus manos comenza- todos escritos en su nombre por una
ron a temblar tal como si le estuvieran mano que no era la suya. Subió y su-
quemando las palmas. Todos y cada uno bió en la conversación, ahora molesta,
de los frascos estaban recetados a nom- desquiciada, desesperada por entender
bre de Paola. la verdad, y unas sirenas comenzaron
El sonido del teléfono se interrumpió a sonar en su cabeza, alrededor de la
a mitad de un repique, Eva tiró al piso sala, en toda la casa. Eva llegó hasta
los tres frascos y salió corriendo hacia la primera página de la conversación, y
la sala. El hijo de Lisa había contesta- mientras la policía tocaba a la puerta,
do, y pedía ayuda por el auricular; al y justo antes de que entraran a la casa,
ver a Eva abandonó el teléfono y salió Eva leyó las primeras líneas que había
corriendo, espantado. Ignorando la lla- intercambiado con el muchacho:

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CREACIÓN

¿Desde cuándo no te sudan las manos por-
que no abrazas a nadie, ni siquiera al vien-
to?
por Edgardo Nieves-Mieles

a Alexandra Pagán y al “Primo”, José Hernández; a Ivelisse
Álvarez y al “Gallego” González

1
Emergiste del puro polvo. Sucio y reseco. Naciste como bac-
teria. Con el discurrir del tiempo, te convertiste en hacendosa
hormiga. Igual que antes aprendiste a morir, a no tener ojos, a
mirar desde abajo el orgullo y a ser apellido olvidado, también
aprendiste a seguir al líder a la cabeza de la fila. A acarrear
migajas de pan y a contar granos de azúcar sobre la mesa. Lue-
go, poco a poco, fuiste modesto acerolo y hasta gato, nocturno
monarca de los tejados. Un nudo más en el hilo de la vida.
Te fuiste oxidando, como la herradura lejos de su caballo.
Viniste al conocimiento de que todo palpita, muere y continúa.
Aun lo que ya no tiene voz ni fuego. Que todos vamos pasando
y, con nosotros, el tiempo. Que a todos nos crecen los ojos y las
manos para cumplir nuestras respectivas faenas y completar
el destino de cada cual. En la ceniza ardieron y se revolcaron
tus sueños. Tus mejores ganas. Y así, anduviste y desanduvis-
te hasta que al cabo de los años, regresabas al barro. A lo que
fuiste y a lo que eres. Y cuando pudiste, encarnaste otra vez sin
ser notado. Y sin remedio, todo recomenzaba.
Esa vez te tocaría emerger como modesta vasija de recién
estrenada alfarería. Luego serías fruta redonda colgando en la
rama, carpintero, hospital de veteranos, chiringa colorá, le-
gendario baúl de un poeta en cuya persona moraba otra legión
de personas, botellita de jerez, romero, grafiti denunciando la
brutalidad policiaca, caleidoscopio, anuncio de motel, lagartija,
tamborcito de hojalata y hasta piscina del Escambrón.
Un puñado de piedras rueda, barruntando una voluntariosa
corriente de vida. Igual que un juego de palabras que de pronto
corcovea, rebuzna y muta en otra cosa, ahí estás nuevamente.
Un latido circula en tus arterias. Sientes alegría de no ser tú
mismo. De mirarte desde afuera. Como un fantasma sin estela
ni sombra. Todo navega en derredor tuyo.

© Manu G. Daganzo visorliteraria.com | 60
Fuente: Flickr
CREACIÓN CREACIÓN

Sin saber cómo, has regresado. Re- rácter se tornó hosco y avinagrado. Tan chara. par, mandarinas, plumas de pavorreal
construyendo todas las cenizas. Como si así, que su techo de botellas perdió sus Así todo recuperó su ritmo usual. Ya (esas en las que siempre palpitarán los
cambiaras de envoltura, te has puesto a siete tonalidades de azul verdoso. Aho- después se replegaría sobre sí mismo en hermosos e inolvidables ojos de Argos),
vivir otra vida. Y eso porque sí. Así son ra el albo rebaño de espumas y nácar su rincón favorito y se pondría a escu- almendras, sándalo, nubes de algodón y
las cosas. Engavetas tu deseo de vol- era de un amarillo purulento. Temiste char lo que por la brisa discurre y que vainilla, higos, jade, casquitos de guaya-
verte río para conocer adónde conducen que en cualquier momento la incandes- no se habla y solo es papel de murmu- ba, gardenias, hipocampos, amatistas,
atrechos, veredas y caminos. Sientes cente intensidad de su presencia te pro- llo. A trenzar y destrenzar la feliz ar- café con leche y tres de azúcar negra,
tierra fresca bailándote por la sangre y vocaría sangrar por la nariz. monía de los colores que conforman su golondrinas, cascabeles y otras maravi-
arena tapizándote la garganta. El riñón Al día siguiente, a primera hora, via- antediluviano y cambiante perfil. llas siempre agradables al corazón.
se te alucina y la saliva se te enturbia. jaste a la ciudad y compraste una pece- Solo hubo otro incidente que desata- La inclemente nieve del calendario
Te crecen el alma y las uñas. Vuelves ra en la cual depositaste un puñado de ría el bramido de sus campanas. Era golpeándote las pupilas con sus sucias
a tener ojos en la cara y voz en la boca. pececillos rutilantes. Llenaste la habi- una noche toda llena de luciérnagas y mariposas de papel no ha entorpecido
Y con ella, a sembrar de nuevo la pala- tación de caracolas y veleros en minia- de música de alas cuando repentina- el robustecimiento del vínculo afecti-
bra. A recomenzar su eterna y jubilosa tura. Adquiriste, además, una réplica mente una lluvia de relámpagos ceñidos vo entre el mar y tú. Tan así, que él
catarata. tamaño natural de la Virgen del Car- de oro y diamantes rasgó el armonioso se ha convertido en tu maestro. Hasta
Te miras y por vez primera te ves men. La colocaste en un lugar estraté- velo con sus garabatos seguidos de una te enseñó a caminar sobre el compac-
desnudo en el espejo. Abres tu lonche- gico desde donde él pudiera divisarla en estruendosa ferretería de címbalos que to amasijo de esmeraldas que juntas
rita y, uno a uno, te comes todos tus todo momento. Ello, con tal de evitar daba la impresión que en algún momen- componen su interminable arboladura.
miedos. que volviera a extrañar su lugar. to empezarían a llover paraguas. Tem- (Es como si un tapete de vicuña aca-
No resultó. Descubriste que todo se blando del susto, a duras penas pudo él riciara tus pies desnudos). Al principio
2 debía a que se sentía incompleto. (Tam- guardar bajo la fronda de tu cama su te atemorizó. Como consecuencia, se te
El mar que guardas bajo la cama, te bién aún punzaba su memoria el re- apretado racimo de anillos y su esplen- hundían los pies hasta los tobillos en la
lo robaste porque él te devuelve tu in- cuerdo de aquellos niños temerarios dente diadema de coral. magnífica y verde espesura. Ya después
fancia perdida en un pueblo costero de que, fugados del aula, le desafiaban gri- Nadie sabe qué le susurraste, pero terminaste haciéndolo con la seguridad
tu paisito, ese raspón en medio del Ca- tándole desde sus orillas: “¡María la O, con ello aplacaste el atormentado ga- del Mesías. Y tus ojos no daban crédito
ribe. Poco a poco le fuiste retirando del tu madre es puta y la mía nooooo!”). lope de su encrespado follaje y el cen- a las hermosas constelaciones subma-
costillar las aceitosas huellas digitales Entonces, achicaste las cortinas que trípeto arrecife de sus belfos. Lo que de rinas que moran en las profundas pra-
y los grumos de petróleo enredados en cubrían la ventana. Esto posibilitó que seguro sí ocurrió fue que el alud de ar- deras de sus abismos.
su voluptuosa cabellera. A los pocos él levantara su enjambre de ojos y al- pegios cesó y el incandescente granero A la hora del sueño, te arrulla con la
días, él terminó acomodando sus huesos canzara a ver la vastedad de su gemelo de chisporroteos, acurrucado en per- dulzura de una madre. Cuando no, im-
y plumas en tan estrecho recinto. (En- fraterno en lo alto, limpio y azul. Y en- fecto silencio detrás del sofá, tornó a provisa valsecitos sepultados en algún
contraste que el armario quedaría lleno trada ya la noche, que por encima de la seguir espiando sobre tus hombros los cofre milenario o silba extrañas cancio-
de perlas y vaporosos encajes.) Se acos- cruz de la iglesia esbelta y blanca, del programas de Discovery y las series de- nes salidas de los labios de algún gru-
tumbró de tal modo a tu presencia, que algarrobo y los bucayos, se viera en todo tectivescas que también se convirtieron mete nórdico atrapado en el más turbio
enarcaba su lomo y te arropaba con sus su esplendor la quilla de plata y estaño en su alimento favorito. burdel de medianoche. En ocasiones, al
torrenciales caderas de sal y terciopelo. de su enamorada, la Luna con su panza Ya después, no resultó difícil que ter- amanecer te despierta con la eferves-
Amanecía echado a tus pies como un llena de mareas y cartas extraviadas. minaran intercambiando entre sí es- cente algarabía de tus excompañeros al
perro rumoroso coronado de magnolias Decidiste abrir la ventana permanen- caleras de yedra, caleidoscopios, gui- salir de clases los viernes.
y escarcha verdiazul. temente para que también escuchara el tarras, refrescos de toronja y ajonjolí, Habría que añadir que, en cambio, él
Una noche, sus espantosos mugidos chillido de las gaviotas y el peregrino flautas, naipes, cedés con la música de se ha hecho afecto a jugar a la gallinita
de bestia en celo te despertaron. Su ca- glú-glú del Salto Collazo cada vez que Debussy, Sabina, Steely Dan y Coldplay, ciega contigo. A que le leas poemas de
su montaraz y líquida cintura se hin- piñatas, botellas de vodka, conejos sin Cummings, García Lorca y Dylan Tho-

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CREACIÓN CREACIÓN

mas. También novelas de Marcial La- tola y dispararle un piropo. Ya después,
fuente Estefanía e historias para niños ella no paraba de hablarte de pájaros y
(y no tan niños) que él alteraría cuando jaulas. De jaulas y pájaros. La distancia
le tocara su turno repetirlas. Acude a y el paso de los días han carcomido su
tu pensamiento Catilangua Lantemué, imagen rompiéndose en las filosas pie-
pero sin duda te encantaría más que dras del acantilado. Fuiste borrado de
ninguna otra la versión de la Caperucita su vida de igual manera que el fuego es
Roja que él desgranaría para ti. Al final arrasado por el viento y la lluvia. No
de esta, colocaba a Caperucita unida puedes recordar el vuelo de sus cabe-
a los lobos para juntos cantar su regio llos, pero sí sus ojos color de amor mar-
aleluya menstrual. Además, alterna- chito fijos en el vacío.
ban esos ciclos de lectura con jugadas Por aquel entonces, tendrías la edad
de dominó, bingo y briscas. en que pisabas charcos y aún no existían
Los plumosos gestos y sus cariciosas las cicatrices. Solo juguetes y risas. Lo
hebras de agua han venido a llenar tu demás no importaba. Pero un silencio
vida antes hecha solo de espejismos, ca- rugoso te cosería los labios. (Por unos
rencias y extravíos. En fin, él es el úni- instantes te parece ver al fantasma que
co amigo que te va quedando. cruza la calle esquivando las balas).
Tal pareciera que durante todo el año Ahora solo cuentas con una herencia de © Ciscolo
Fuente: Flickr
solo tuvieran dos estaciones climáticas. jaulas vacías y esa enramada metálica
Se siente la segunda: puritito infierno. sobre tu magnífica cabeza.
(La primera, verano). Es algo similar Inunda tu cerebro la primera vez que
a abrir el interior herméticamente ce- rozaste una de sus manos. Como una
rrado de un auto que se encuentra en medusa, de inmediato se contrajo. Poco ta crueldad de: “El universo está he- que ante ti todos huyeran al observar el
medio del estacionamiento de un cen- después, caminaron juntos la distancia cho de protones, neutrones, electrones negro y aceitoso fulgor que dejabas a tu
tro comercial a merced del calor del del cariño. No hubo nada que esconder y de… morones. Como tú”. (También paso.
mediodía y, de pronto, puedes ver la en los ojos de ambos. Y terminaron en- del “Consíguete una vida. Una propia”). Así, durante las tardes comenzaste a
oleaginosa marejada de aire buscando señándose sus heridas como si fueran Todo por responderle a tu maestro de dar largos paseos por la orilla del mar.
desesperadamente algún punto débil tatuajes. Ciencias que los seres humanos estamos Desmenuzabas pan de luna y jengibre y
por donde escabullirse. Podría pensarse Luego sobrevino el desconcierto ade- hechos de átomos, pero también de his- les arrojabas migajitas a los peces que
que solo sirve de consuelo observar a rezado con la urticante ausencia de pa- torias. Por si fuera poco, ese mismo día se te allegaban. Tan pronto percibías
las palomas que se solazan y engullen labras. Te miraba como si no existieras. aseverarías que las cosas sencillas de que a lo lejos titilaban las luces de la
semillas de roble junto a la gran fuente Como si ella tampoco existiera. (Dicen esta vida importan más que las guerras ciudad, te regresabas. Después, duran-
de la plaza. Pero tú, tú no te cansas de que se la pasa leyendo en voz alta los y el dinero y que la verdadera muerte te las mañanas, te dedicarías a obser-
pastorear las aguas que lavan la sucie- anuncios clasificados del periódico). A es el olvido. Que el amor no puede vi- var las órbitas que trazaban en su vuelo
dad de este mundo. partir de esto, abandonarías la costum- vir encerrado en las bóvedas de la Milla las abejas de tu padre; a estar horas
A veces, cierras los ojos hasta escu- bre de entrar en la iglesia, mojar tus de Oro ni en las azoteas santurcinas. y horas escuchando, con los párpados
char los cristales rotos de la risa de Ma- dedos en la pila de agua bendita y per- Semejantes atrevimientos no te fueron apretados, el sedante murmullo de tus
nuela. (Su risa, esa que traes como una signarte. Cual bisonte herido de muerte, perdonados. Por ello fuiste desterrado a melíferas amigas en plena faena. (Ya
rencorosa bala alojada en tu costado). aquel domingo se desplomaba ante ti. Y un rincón de rencorosas espinas. Perse- más adelante, en tu adolescencia, cap-
Desde la primera vez que la viste en se te llenó de alfileres la boca. guido por una jauría de injurias y altiso- taría tu interés el cuido y crianza de
el patio escolar deseaste sacar tu pis- En tu cráneo aún retumba la gratui- nantes maledicencias. No podías evitar aquello que te ganaría para siempre el

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CREACIÓN CREACIÓN

mote de Tito Cabra). Así suavizabas el bién provienen los acordes cortavenas heliconias y otras plantas tropicales, parece oír el fuselaje de la risa de Ma-
volcán que cargabas por dentro. que vomita la vellonera. Ya conoces de doña Satu ingiere su té de tilo). Ya no nuela. Su voz, ahora solo un susurro de
Cada nuevo día relucía cual plato va- memoria el menú a la carta que a es- serás más el andador en la cuerda flo- hojas secas, llamándote por tu apodo,
cío. Pero, más que todo, tú deseas es- tas horas suelen marcar una y otra vez ja. Tampoco ese combatiente que escapa una, dos, tres veces: Tito, Tito Cabra.
pantar ese cuervo negrísimo posado en los parroquianos. Esos dos portentos de del campo de batalla y que, apoyado en Por un momento la ves brillar delante
tu boca. Ni siquiera el mar ha evitado la canción para despechados incurables, su escudo, voltea a mirar las hieles de de ti como una magnolia. Salta la cuica
que él baile sobre tu esternón cuando José José y Marco Antonio Solís, llevan la derrota. Sus calcinadas ruinas. Bajo sin dejar de sonreír. Por sus labios es-
duermes. siempre la parte gruesa del concierto. el sol inmisericorde de todos los días, te capa un: “Algo tiene que cambiar para
Lejos de estar muerto en vida, te en- Sobre la mesa, contemplas por vez convertirás en el héroe de la comarca. que todo siga igual… Alguna vez todos
simismabas para lo más recóndito de última la figura de la catrina que tanto Si bien es cierto que la ficción no co- fuimos hermosos”.
tus adentros. Aguardando la oportuni- te gusta y, a su lado, la novelita de títu- rrige la realidad, al esgrimir tu más re- Tu rostro sonríe, radiante, como los
dad ideal para despertar en otro cuerpo. lo festivo escrita por el audaz cosmopo- gia escaramuza, esquivarás las cuentas colores de la Plaza del Mercado. (Aprie-
En otra voz. En un mundo más diverso lita con pinta de mariachi irresistible. claras de su servidumbre y burlarás los tas y abres los ojos y a lo lejos ves que
e incluyente. (Esa que juzgas fallida porque, mien- ardides de la sumisión. Derrotarás los un joven que empuja una larga hilera
tras leías, la aguja de tu emocionóme- ordenamientos y protocolos de la lógica de carritos de compra, se detiene para
3 tro apenas dio un par de saltos leves. La y el gobierno déspota de la razón. En- revisar su teléfono móvil. Un tanto más
Y hoy, Tito Cabra, ha llegado el tan resonancia voltaica entre lo escrito y tú tonces, el fruto caído saltará y se re- allá, ahora ves a los girasoles plantados
esperado día de exhibir al fin tu más nunca alzó vuelo. Resultó natimuerta). unirá con su rama, no gracias a la fe detrás del muro del cementerio aso-
cartesiana certidumbre. Te aprestas a El mismo que al hablar transpiraba ai- y a la paciencia. (Tampoco al pajarito mando sus orgullosas cabelleras, como
desterrar de tu presente la abulia que res de Balzac y a quien la ruleta del mandón). jirafas de zoológico por encima de las
hundió sus rancias garras en tu gar- azar le arrebataría el más codiciado ga- Bailas en los brazos de tu propia ale- jaulas). Adquiere una mueca solemne.
ganta y, con ello, a encontrar tu ritmo lardón a favor de otro compatriota suyo gría. Al fin serás un rey, pero no de la Casi beatífica. Alcanzas a ver cuando ni
perdido. Atrás quedarán los demasiados de relevancia un tanto mayor. Hecho baraja. siquiera eras la idea de un cigoto en un
días mirando por el cristal de la única este que, muy para sus adentros, ter- Convencido de emprender la haza- apartamento alquilado en Villa Palme-
ventana. Conmovedoramente solo. Indi- minaría corroyéndole la paz y amar- ña de olvidar tus 23 pares de cromoso- ras. A tu padre aluzando un huevo con-
ferente a la sutil fragancia que exhalan gando las fuentes que amamantaban los mas, te inyectas agua de mar. Sientes tra el Sol para desentrañar los miste-
las orquídeas en el traspatio de doña Sa- guiños de su buena estrella. (Recuerdas que te abren el pecho para alimentar rios encerrados en su interior. También
turnina, al rumor de los cuerpos celes- la sorpresa que te dio cuando, no em- esa gigantesca corola en llamas que se a tu madre conversando a solas con su
tes y al enamorado violín de los grillos. pece a venir impecablemente trajeado, enseñorea sobre tu persona. Un vértigo Alzhéimer. Y, por supuesto, la banda
Te empinas el último trago de ese soltó un acento regionalísimo al aceptar burbujeante y calientito te recorre toda sonora de lo que esta vez te ha tocado
sabroso refresco de horchata y tiendes de buena gana darte su autógrafo a la la piel. Eres Jim Morrison bailando con vivir.
la mirada por la ventana. En la esqui- salida de su conferencia en el teatro). la fiera y tus dedos ahora son un espec- Ya no te dolerán más los huesos mu-
na, con ojos sonámbulos y desemplea- Levantas la catrina. De un soplido le táculo de luces centelleantes salpicán- sicales del alma. Ni sentirás que nadas
dos, los chamacos esperan a que pase quitas la leve capa de polvo. La acari- dote los ojos con un incendio de nuevos dormido y con las manos amarradas
algo que les restriegue el alma. La cor- cias y regresas a su lugar. Sonríes. colores. dentro de un tonel de Brugal. Comien-
tina con motivos amarillos pollito no Lo tienes muy decidido. No hay vuel- La embriaguez de un agradable olor zas a dejar pedazos de ti mismo en ese
logra amortiguar el seco chasquido de ta atrás. Ya no te importa un bledo el a copal te lleva a escuchar cómo bulle viaje a lo desconocido que te llevará a
las bolas de billar. (Tu amigo parece archipiélago de gente que pasa –su co- tu espumosa sangre. Entras por el ojo perder el camino de regreso. Y es como
entregado al descanso). Se trata de la mercio de rostros políticamente correc- de la cebolla. Ves a una persona lim- si la frágil pelusa del rocío se escarcha-
barrita de Moncho Garata ubicada al tos– y con descaro obsceno, señala re- piando los cristales de El Paraíso de las ra en tus manos.
lado izquierdo de tu ojo. De allí tam- parando en tu apariencia. (Sentada en Novias y, al frente, las tablas de surf Acabas de inventar tu propio para-
su mecedora en el balcón atiborrado de clavadas en la arena como tótems. Te caídas.

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CREACIÓN COLABORACIONES

Y así, hasta que te transformas en transparentas. Y ahora, pufff, te invi-
molusco. Arisco, sueltas tu tinta ca- sibilizas.
lamar. Te ensombras. Te evades. Te

Colaboraciones
Edgardo Nieves-Mieles (Puerto Rico, 1957). Es el feliz culpable de 10
poemarios, entre estos: El amor es una enfermedad del hígado (1993; 2013), y La
esperanza es verde como el mugir de las vacas (2015). Compiló la antología Este La Revista Literaria Visor se centra en diversos aspectos del relato corto. Está
juego de látigos sonrientes (Poesía puertorriqueña de fines de siglo XX y comien- estructurada en tres bloques fundamentales: reseñas literarias, ensayo y creación.
zos del XXI), (2015). Dos de sus 3 relatarios son El maligno fulgor de la desdicha Toda colaboración será bien recibida en cualquiera de estos campos siempre que
(2012) y Un monstruo no debe tener hermanos (2014). Muy a la tradición Lennon sea original, inédita, escrita en español y relacionada con los distintos aspectos del
& McCartney, José M. Liboy-Erba y él armaron otro relatario, Las aventuras del relato breve. Los textos deben remitirse en fichero adjunto y en formato Word,
Pez Gato (2012). De sus industrias cerebrales (y mano izquierda) también salieron junto a una breve reseña bio-bibliográfica de no más de diez líneas, a la siguiente
la novela Los mejores placeres suelen ser verdes (2013) y el ensayo En el mall la dirección de correo electrónico:
vida es más sabrosa (2015). Algunos relatos suyos han sido publicados en varias
antologías, entre estas: Puerto Rico indócil. Antología de cuentos puertorriqueños visorliteraria@gmail.com
del siglo XXI (Sevilla: Algaida, 2015). También en Pequeñas resistencias 4. Anto-
logía del nuevo cuento norteamericano y caribeño (Madrid: Páginas de Espuma, El consejo editorial leerá todas las colaboraciones enviadas, reservándose el de-
2005). Su obra ha sido ampliamente premiada. Ha participado en congresos y recho a su inclusión en la revista. No se informará en ningún caso sobre aspecto
encuentros literarios en su país, en México, República Dominicana, El Salvador, alguno del proceso de selección, y solo se mantendrá correspondencia con aquellos
Perú, Ecuador y Cuba. Como parte de su compromiso insobornable con el conoci- autores cuyos textos sean elegidos.
miento y la descentralización de la cultura, a partir de octubre de 2014 administra Los autores son siempre los titulares de la propiedad intelectual de cada una de
un quiosco de libros, McHondo, en San Sebastián de las Vegas del Pepino. Desde sus obras y solo ceden a la Revista Literaria Visor el derecho a publicar los textos
2006, junto a Herminia Alemañy-Valdez comanda las huestes de Espejitos de Pa- en el número correspondiente.
pel Editores e Indómita Editores. Además de responder a los estándares adecuados de calidad artística y de re-
dacción, los requisitos de publicación serán los siguientes: para reseñas literarias,
los textos no sobrepasarán la extensión de una página; para ensayos, no más de
10, y para creación, no se excederán las 12 páginas. En todos los casos, los textos
se redactarán en A4, con letra tamaño 12, doble interlineado y, de haberlas, notas
al final del documento.

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VISOR revista literaria

ISSN 2386-5695 Web:
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