Reconstituir el tejido Social

Los jesuitas por el renacimiento de México.
Por Nicola Nicoletti. L’osservatore romano, 24 de marzo de 2017.

Torreón, centro de cerca de un millón de habitantes, a mil kilómetros de
la Ciudad de México, ha registrado un tope de 792 asesinados solo en el
año 2012. En diez años lo s muertos son más de 2500, y lo s
desaparecidos 512. Cifras de guerra. La violencia en México no sólo
crece aquí: en Ciudad Juárez, Michoacán, Veracruz. Y en la capital. El
norte y el sur le país han registrado casos de agresividad constante en
los últimos quinde años. Los jesuitas, presentes en diversos municipios,
están por realizar un estudio para comprender mejor qué está pasando
en una de las realidades más importantes de América. El centro de
Investigación y Acción social por la paz presenta en este sentido un
trabajo riguroso de análisis. Los autores son el P. Jorge Atilano González y
su compañero jesuita Gabriel Mendoza, quienes han aceptado el encargo
de la Compañía de Jesús de investigar causas y metodología revertir el
camino, tomando estímulo de la visita papal de hace un año en lugares
nunca antes vistos por un pontífice. Un viaje esperado también por un
estado de inquietud y violencia excepcionales.

De la situación de los indios de Chiapas hasta la frontera con los Estados
Unidos, Francisco ha animado iniciativas y reflexiones por la defensa de
la dignidad humana. Ahora se ven ya los frutos. El prefacio del texto
recuerda la Laudato si’, explicando que entre los componentes sociales
de los cambios globales se encuentran la exclusión, el crecimiento de la
violencia y la ruptura de los vínculos de integración social.

El precioso trabajo de los dos investigadores, con título “Reconstrucción
del tejido social: una apuesta por la paz” es fruto del estudio de catorce
municipios en diferentes estados de México, territorios en riesgo de
violencia, doga, secuestros y suicidios. La investigación ha escuchado
hombres y mujeres, adultos y jóvenes, frecuentemente relegados en la
penumbra de una vida escondida, evidenciando la división entre la base
del país y los vértices a todo nivel. La transformación social y la pérdida
de identidad han surgido como la causa del desprendimiento. Por otra
parte emerge la irrupción de la tecnología, de la televisión y redes
sociales, y la incapacidad de reencontrarse unidos en la mesa de la
convivencia. Vínculos, identidad y participación son los hilos del tejido
social, objeto de la investigación de un país en crisis.

Los principales conflictos sociales de México representan crisis históricas
que responden a procesos de modernización . Tres grandes etapas: la
guerra de independencia, la revolución mexicana y la conflictividad
presente. Todo parte de la reforma borbónica de 1767, vertida en la
guerra de independencia. La segunda es la reforma liberal de Benito
Juárez, en el 1857, que lleva al país a la revolución. Por último, las
reformas de Carlos Salinas de Gortari, de 1990, las cuales, según el
padre jorge, desembocan en la crisis actual “mal representada
únicamente por el problema del narcotráfico”. En efecto, afirma el
jesuita, “la primera reflexión sobre la cual fundamentarse es estudiar lo
que está sucediendo. No existe solo un problema de droga y
criminalidad. Son análisis simplistas que no resisten una seria
investigación sociológica. Arrestado un jefe de un cartel del narco hace
que despunte otro. En cambio, el problema es más profundo”.

La fractura social nace de un proceso de mercantilización de la vida y
del individualismo exasperado que está obstaculizando la capacidad de
convivencia entre las personas. Esto no se resuelve con las armas o con
el uso del dinero. Lo que sirve son planes de desarrollo integrales que
unan la fe, el uso de la tierra, las comunidades activas en el camino de
la historia.

La investigación apunta pues a comprender el fenómeno de la
complejidad de la violencia y a proponer alternativas válidas. Según los
dos jesuitas, los pueblos que tienen un camino histórico y una visión
integral de la vida son importantes por diseñar un recorrido en una
sociedad sostenible. Se trata de las comunidades indígenas; ellas,
sostienen, “nos ayudan a comprender qué está sucediendo, y a pensar
en alternativas. Por nuestra parte hemos recuperado la experiencia en
algunas comunidades de la costa y del interior para trabajar juntos en
diversas realidades de México. Se trata de integrar, Iglesia, familia,
economía, educación y gobierno local”.

En Tancítaro, comunidad de seis mil habitantes en Michoacán, uno de los
estados más violentos de México, ha venido la inversión de la tendencia.
Los mayores partidos políticos se han aliado. El cuadro de la Virgen de
Guadalupe se ha puesto a las puertas de la ciudad, para protección de la
población. El 16 de noviembre se festeja El día de la comunidad, la fiesta
de todos, desde los niños hasta los ancianos que reivindican paz y
dignidad con cantos y una marcha. Un Consejo compuesto de
trescientas personas toma medidas para proteger del crimen a la
ciudad. Iglesia, gobierno local y escuela se reúnen para discutir los
problemas comunes, orando y recordando las personas víctimas de la
criminalidad. Pronto también en Chiapas nacerá una experiencia de
reconstitución del tejido social similar a ésta, para testimonio de que se
ha iniciado una posibilidad de renacimiento.

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