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FUENTE: VIKTOR E. FRANKL: “El hombre en busca del sentido ultimo", Paidés, México, 2000, reimpr., pp. 183-204. Lectura para TEOLOGIA (23108) >>> Tema 2.- EL SER HUMANO Y SUS PREGUNTAS. CAPITULO 9 El hombre en busca del sentido ultimo SENORAS Y CABALLEROS, Si el conferenciante que viene es de Viena, ustedes esperaran, seguramente, que hable con un fuerte acen- to vienés, que es exactamente como hablo; y si encima es psiquiatra, esperarin también que empiece su confe rencia con una referencia a Sigmund Freud; pues por qué no. ‘Todos hemos aprendido de é! a ver el hombre como tun ser principalmente preocupado por la biisqueda de placer. En definitiva fue Freud quien introdujo el con- cepto de principio de placer, y la coexistencia con el principio de realidad no contradice para nada su hip6- tesis acerca de que la principal motivacién del hombre es la busqueda de placer; ya que, como ha repetido él mismo en infinidad de ocasiones, el principio de reali- dad no es mas que una extensién del principio de pla- cer, y que sitve a'un fin dltimo, que recuerda que es el de placer y «nada mas que placer». Z AB EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTINO Pero tampoco debemos pasar por alto que el prin- cipio de placer en si mismo (de acuerdo con lo que di- ce Freud) no deja de estar al servicio de un principio mis comprensivo, es decir, el principio de homeostasis (Cannon,1932), cuyo objetivo es el de reducir la ten- sién para mantener o restablecer el equilibrio interno. Pero en un enfogue con tal imagen del hombre, echamos de menos una caracteristica fundamental de la realidad humana, que yo he dado en lamar la cuali- dad auto-trascendente. Yo quisiera remarcar el hecho intrinseco de que el ser humano se relaciona y se cen- tra siempre en algo diferente a si mismo: mejor dicho, algo o alguien diferente a s{ mismo. Es decir, mas que centrarse en una condicién interna, como puede ser el principio de placer o el principio de homeostasis, el hombre se orienta hacia el mundo que esti ahi fuera, y estando en ese mundo, se interesa por dar sentido a las. cosas, asi como también se interesa por otros seres hu- manos. En virtud de lo que yo llamo una autocom- prensién ontoldgica prerreflexiva, sabe que precisa- mente en la medida en que se olvide de s{ mismo ser capaz de ser mas sincero consigo mismo, y el hombre se olvida de sf mismo cuando se da a si mismo, sea al servir a una causa que esta més alla de sf mismo, sea amando a otra persona diferente a si mismo, Cierta- mente, la autotrascendencia es la esencia de la existen- cia humana, Parece que la segunda de las escuelas clasicas de la psicoterapia vienesa (la psicologia adleriana), tampoco tinde demasiado tributo a la autotrascendencia. Consi- deta al hombre como un ser que debe superar una cier- ta condicién interna, el sentimiento de inferioridad, del cual intenta deshacerse desarrollando el ansia por lasu- mmo 185 EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO perioridad: un concepto totalmente en consonancia con el deseo de poder de Nietzsche. En la medida en que la teozfa de la motivacién gica alrededor del «deseo de placer», como podrfamos lla- mar al principio de placer de Freud, o en el deseo de superioridad de Adler, ésta se convierte en el principal representante de la llamada «psicologia profunda», Pe- ro qué bay de la «psicologia de altura» (Frankl, 1938), que toma en consideracién las llamadas «altas aspira- ciones» de la psique humana: no sélo la biisqueda de placer y poder en el hombre, sino también su bisque da de sentido, Fue Oskar Pfister (1904) quien reco- mendé tomar esta direccién: jy lo hizo ya en 1904!, puntualizando que era «mas importante» (en compara- cién con la psicologia profunda) «reconocer Ia altura spiritual de nuestra naturaleza, tan poderosa como su. profundidad instintivan, Es cierto, la psicologia de altura, mas que ejercer de sustituto de la psicologia profunda, es sélo un comple- mento (y, a buen seguro, un suplemento necesario). Pe- 0 se centra en los fenémenos especificamente huma- nos, y entre ellos, el deseo del hombre de hallar y dar sentido a su vida, 0, lo que es lo mismo, a jas situacio- nes cotidianas que la vida va poniendo frente al hom- bre. He llamado a esta necesidad humana, la més hu- mana de entre todas ellas, con el nombre extraido dela teoria motivacional, el deseo de significado (Frankl, 1949). Hoy en dfa, el deseo de significado se ve frustrado a nivel mundial, Cada vez hay mas gente obsesionada por un sentimiento de falta de sentido, que a menudo viene acompafiado por un fuerte sentimiento de vacto, como yo lo llamo, un vacio existencial (Frankl, 1955), 186 EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTINO Se suele manifestar en forma de aburrimiento y apatfa. Mientras que el aburrimiento es indicativo de una pér- dida de interés por el mundo, Ja apatia revela una total falta de iniciativa a la hora de hacer algo en el mundo, de cambiar algiin aspecto del mundo. Pero dejemos por ahora la fenomenologia del vacio existencial. ¢Qué hay de la epidemiologia? Permitan- me limitarme a coger al azar un pasaje que pueden en- contrar en el libro de Irvin D. Yalom (1980): «De los cuarenta pacientes consecutivos que hicieron una de- manda de psicoterapia en el hospital de dia psiquidtri- co, el 30 % presentaban problemas graves que tenfan que ver con el significado de sus vidas, a partir del jui- cio hecho por ellos mismos en cuestionaties, 0 hechos pot terapeutas 0 por jueces independientes», Yo no creo que todos y cada uno de los casos de neurosis (de- jemos aparte las psicosis) tengan que remontarse a un sentimiento de falta de sentido, ni tampoco que esa fal- ta de sentido en la vida derive necesariamente en una enfermedad mental. En otras palabras, ni todas las new rosis son noogénicas (Frankl, 1959), es decir, derivadas de un vacio existencial, ni, por el contrario, tampoco todos los vacios existenciales tienen por qué acabar siendo patégenos. ¥ menos atin diria que ese vacio tie- ne por qué ser algo patolégico. Mas bien lo concebiria como una prerrogativa y privilegio del hombre, no s6- lo esta biisqueda de sentido sino ademas la capacidad de preguntarse si este sentido existe realmente 0 no. Ningtin otro animal se hace tal pregunta, ni siquiera los inteligentes gansos grises de Konrad Lorenz; pero el hombre si se la hace. De alguna forma, el vacfo existencial podria consi- derarse como una neurosis sociogénica. Sin dada algu- EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTIMO. ‘187 na, nuestra sociedad industrializeda no puede llegar a satisfacer todas las necesidades humanas, y su compa- fiera, la sociedad de consumo, no hace més que crear nuevas necesidades a satisfacer; pero la necesidad mas, humana —la necesidad de hallar y dar un sentido a nuestras vidas— no encuentra sitio en nuestra socie- dad. Como fruto de le industrializacién, la urbaniza- cidn tiende a desligar al hombre de sus tradiciones y a apartarlo de los valores que transmitian las tradiciones. Es comprensible que sea la juventud la mas afectada por el sentimiento resultante que es esa falta de senti- do, tal y como lo demuestran las evidencias empiticas. Concretamente, fenémenos como la adiccién, la agre- sién y la depresién son debidos, en dltimo término, ala sensacién de futilidad. De nuevo me remito a las citas:, de los casos de adiccién a las drogas estudiados por Stanley Krippner, «nada parecia tener sentido» para no menos del 100 %. Pero después de haber buceado a través dela pato- logia del Zeitgeist ha llegado la hora de preguntarnos: ZA qué se refiere con lo de «un sentido, un significa- do»? Bien, yo uso aqui esta palabra en un sentido ab- solutamente «terrenal», y se refiere a lo que una situa- cién dada significa para una persona en concreto. Y respecto a la cogniciGn de ese sentido, yo diria que de- be encontrarse a medio camino entre la percepcién guestiltica, es decir, por entre la teorfa de Max Wert- heimer, y la «experiencia aha», siguiendo el concepto propuesto por Karl Bubler. Al igual que Max Werthei- mer (1961), Kurt Lewin también habla de «caracteris- ticas exigiblesm y «cualidades exigibles», respectiva- mente, como inherentes a una situacién dada, De hecho, cada situacién de la vida cotidiana con la que 188 EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO OLTINO nos enfrentamos coloca una exigencia ante nosotros, presenta una pregunta, una pregunta que debemos res. ponder haciendo algo respecto a esa situacién dada. Asi, la percepcién del significado difiere del concepto clasico de la Gestalt en tanto este iltimo se reduce a la toma de conciencia sibita de la «figura» presente en el trasfondo, mientras que la percepcién del significado, tal y como yo la veo, podria definirse como la toma de conciencia sibita de una posibilidad frente a la reali dad que le rodea. Sobra decir que los psiquiatras no somos quién pa- ra decirle al paciente qué es lo que debe significar para luna situacién dada. Y atin menos decitle si debe o no debe verle sentido a su vida en conjunto. Pero si que podemos mostrarle que la vida no deja de ofrecernos un sentido, hasta el iltimo momento, hasta el dltimo aliento, Nos hallamos en deuda con unos veinte inves- tigadores (s6lo en el terreno empitico, eh?) que nos han convencido de que la gente es capaz de hallar un sentido a sus vidas al ma. gen del género, la edad, el CI, el entomo escolar, las estructura del carécter, el entor. no y, lo que es més importante, también al margen de si se trata de personas religiosas y, en ese caso, al margen dela confesi6n religiosa a la que estén adscritos. Me es- toy tefitiendo a los trabajos de Brown, Casciani, Crum. baugh, Dansart, Durlac, Kratochvil, Levinson, Lukas, Lunceford, Mason, Meier, Murphy, Planova, Popielski, Richmond, Roberts, Ruch, Sallee, Smith, Yarnell y Young (citados en Frankl, 1985a). De ello se sigue que el sentido de la vida puede ha llarse bajo cualquier condicién, incluso bajo las mis in- concebibles. Pero gcémo explicar estos hallazgos, que contradicen 1a obicua sensacién de falta de sentido? EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTIMO 189 Bien, si nos centramos en cémo halla sentido el hombre dela calle, nos daremos cuenta de que existen tres ca minos que nos llevan a dar sentido a la vida: primero, cumpliendo un deber o creando un trabajo; segundo, experimentando algo o encontrando a alguien; en otras palabras, se puede hallar un sentido no sélo en el tra- bajo sino en el amor. Pero el mas importante es el ter- cer camino: cuando nos enfrentamos a un destino que no podemos cambiar, estamos llamados a der lo mejor de nosotros mismos, elevandonos por encima de noso- tos mismos y creciendo més alla de nosotros mismos; en una palabra, a través de la transformacién de noso- tros mismos. Esto es vilido indistin:amente para los tres componentes de la trfada tragica —dolor, culpa y muette—, en la medida en que consigamos convertir el suftimiento en un éxito y en un logro humano; extract dela culpa la oportunidad para cambiar para mejor; y ver en la transitoriedad de la vida un incentivo paca emprender una acci6n responsable (Frankl, 19844). Con respecte al sufrimiento, permitanme citar el li bro de un obispo alemén (Moser, 1978), acerca del si- guiente incidente: Unos pocos afios después de la Segunda Guerra ‘Mundial un médico examiné a una mujer judia que leva- bba una pulsera hecha de dientes de sifio engastados en oro. «Bonita pulsera», le dijo el médico. «Si», respondid Ja mujer, ceste diente era de Miriam, este otto de Esther, y este otro de Samuel...» Mencicné todos los nombre de sus hijas y hijos de acuerdo con su edad, «Nueve hijos», afiadi6, «y todos ellos acabaron en la cmara de gas.» Im presionado, e! médico pregunté: «eCémo puede vivir le vando esa pulsera?», Tranguilamente, Ia mujer respon- dié: «Ahora soy la responsable de un orfanato en Israel 190 EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTIMO Come ven, se puede sacar un sentido incluso del suftimiento, y es la verdadera razén por la que la vida continiia, a pesar de todo, teniendo un sentido poten- cial. Pero gquiere esto decir que sea necesario el sufti- miento para hallar un sentido a la vida? No, para nada Tan s6lo insisto en que existe un sentido a pesar del su- frimiento —no, incluso a través de él—, teniendo en cuenta que, en algiin momento u otro de la vida, nos enfrentamos con un suftimiento inevitable. Si el sufri- miento es evitable, el sentido estriba en elimina: la cau- sa de este suftimiento, ya sea una causa psicolégica, biolégica 0 sociolégica. Un sufrimiento innecesario es mas masoquista que heroico. Cuando nos sentamos a discutir sobre el significado del sentido, yo hago referencia al sentido en términos de algo «terrenal». Sin embargo, no puede negarse que existe algtin tipo de sentido entendido como «celes- tial», si es que puede decirse asi; alguna especie de sen- tido dltimo, eso es; un significado del todo, del «uni- verso», 0 al menos un sentido a Ja vida de cada uno entendida como un todo; en todo caso, un significado en sentido amplio. Y no creo que ningtin psiquiatra — y, por lo mismo, ningtin cientifico— merece negar que cexista tal significado a nivel amplio desde ningiin plan- teamiento @ priori, Para hacer una analogia, tomemos como ejemplo una pelicula: consiste en miles de miles de imagenes individuales, y cada una de ellas tiene sen- tido, llevan un significado en si, aunque el significado de toda la pelicula no pueda verse antes de que se muestee la iltima secuencia. Por otro lado, no pode- mos entender toda la pelicula sin haber antes entendi- do cada uno de sus componentes, cada una de las imé- genes individuales, No sucede lo mismo con la vida? EL HOMBRE EN BUSCA D1 191 El significado Gltimo, gno se revela también al final, a Jas puertas de la muerte? ¥ este significado final, zno depende también de si se ha actualizado el significado potencial de cada situacién en lo mejor que cada indi viduo tiene que ofrecer con respecto a su conocimien- toy creencias? Pero una vez empezamos a tratar con este significa: do global nos encontramos con una ley que a mf me gusta formular como sigue: cuanto mas amplio es este significado, menos comprensible es. Y si se refiere al significado 0 sentido ultimo, también resulta incom- prensible, «Tomemos como ejemplo un pobre perro al que estén viviseccionando en un laboratorion, dijo Wi- lliam James (1897), en la época en que dirigfa la Aso- ciacién de Jovenes Cristianos de Hacvard: El perro no verd ni un solo rayo de rendencién en ese asunto; y atin asi, todos estos hechos udiabélicos» a menudo estin controlados por intenciones humanas con las que todo lo que el perro tiene de heroico si consenti ria, si esa pobre mente pudiera vislumbearlas, Tendido en su camilla, puede que esté desarrollando una funcién incalculablemente mayor a aquella u la que podria aspi- rar la mas préspera de las vidas catinas; y ain asi, para i, Io que le hacen le resulta del todo incomprensible. Apliquémosto ahora a la vida del hombre. Pese a que nosotros sélo vemos nuestro munde, y en é se ineluye el mundo del perro, aunque abarcirainos ambos mundos, podria existic un mundo atin més amplio, invisible para nosotros en la medida en que nuestro mundo esta in- cluido en él. Lo que William James hizo aqui, a mi modo de ver, fue una especie de extrapolacién, Bien, yo me enorgu- 192 BL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTIMO Uezco de haber hecho algo parecido —sin saber que Ja- ‘mes ya lo habfa hecho antes— la vez en que me planté en la puerta de una sala de mi hospital donde un médi- co de mi equipo estaba dirigiendo un psicodrama, Ha- blaba la madre de un nifio que habia muerto a la edad de 11 afios, aceptada en el programa después de un in- tento de suicidio. Estaba contando su histori Después de la muerte de su hijo se habia quedado sola, con un hijo mayor, que tenia graves discapacidades. El pobre chico se movia de un lado a otro en silla de rue- das, y su madre se rebelaba contra su destino. Pero cuando intenté suicidarse, junto a su hijo mayor, fue el chico quien evité que lo hiciera: él queria vivit! Para él, Ja vida aun tenia sentido, a pesar de su discapacidad. ¢¥ por qué para la madre no? ¢Cémo podia todavia encon- trarle un sentido a su vida? ¢¥ cémo podiamos ayudacla nosotros a encontrar ese sentido? De forma improvisa da, me meti en la discusién, y dirigiéndome a todo el grupo, les pregunté a los pacientes si un mono, que se utilizaba en laboratotio para desarrollar un suero para la poliomelitis, pinchindolo para ello una y otra ver, llega- ria a comprender algiin dia la razén de su suftimiento. Al unisono, el grupo respondié que «por supuesto que ‘nom; con su inteligencia limitada, no podria nunca llegar aentraren el mundo del hombre, es decir, el nico mun- do en el que se puede llegar a entender el sentido de su suftimiento. Les foreé a avanzar con la siguiente pre- gunta: «Y qué sucede con el hombre? Estas segaros de que el mundo humano es el punto final de la evolu cin del cosmos? ¢No podriamos concebir que hubiera ain otra dimensién, un mundo més allé del mundo de Jos hombres: un mundo en el que hubiera finalmente una respuesta ante la cuestién del sentido diltimo del su frimiento humano?» (Frankl, 19842) EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTIMO 193, Yo me refetfa simplemente « «otra dimensién», in- dicando al mismo tiempo que no podria accederse a él por la via del intelecto o de la razén. Por Ja misma ra- z6n, eludiria necesariamente cualquier enfoque mera- mente cientifico, Sobra decir que en el mundo que des- cribe la ciencia, el significado dltimo brilla por su ausencia. Pero, gimplica esto que el mundo carece de sentido tltimo? Yo creo que sdlo demuestra que la ciencia esta ciega ante la existencia del significado alti- mo. El significado dltimo esta ocultado por la ciencia in embargo, este estado de cosas no le da derecho a un cientifico a negar que pueda existir un significado alti mo, Es perfectamente legitimo que el cientifico se limi- tea estudiar una «cierta seccién» en la que él divide la realidad, y puede ser muy bien posible que en su «sec- cidn de realidad» no se pueda encontrar ningtin tipo de significado, Pero debe ser consciente de que se pueden concebir también otras secciones de realidad. Consideremos un plano horizontal en el que pode mos localizar cinco puntos —puntos aislados, desco- nectados, sin ninguna conexién significative entre ellos, Bien, esos puntos podrian ser simbolos de even tos que, al menos a primera vista, parecen haberse da- do «por puta casualidad, sélo por azar», citando las pa- labras de Jacques Monod en su libro Chance and Necessity. En él habla de aquellas mutaciones que mas ‘© menos explican la evolucién: concebia estas mutacio. aU LEA 194 BL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ULTINO nes como acontecimientos al azar, es decir, aconteci- mientos sin significado aparente que los uniera. Pero équé pasatia si hubiera un plano vertical intersectado ortogonalmente con el horizontal, de tal manera que Jos cinco puntos fueran los espacios en los que la curva que se dibuja en el plano vertical sirvieran de punto de unién con el plano horizontal? De repente, nos daria- mos cuenta de que sf que existe una conexién entre los cinco puntos, a pesar de que esa conexidn estd oculta entre las diferentes dimensiones. Asi pues, gno seria posible que también existiera una conexién entre lo que, a primera vista, no parecen set mas que aconteci- mientos al azar, como las mutaciones? Cuando consi- gamos acabar con la restriccién que supone ver tinica- mente el plano biolégico, y abrir nuestro horizonte para incluir en nuestra visién una mayor dimensién, re- conoceremos inmediatamente que también puede exis- tir un sentido «mayor» o «mis profundo», pese a que no es posible verlo en Ja dimensién anterior, de la mis- ma manera que las porciones «mas altas» o «mis bajas» dela curva no se podfan ver desde el plano horizontal Este hecho me recuerda que no es posible explicar- lo todo en términos absolutamente comprensibles, Pe- ro lo que si puede explicarse por ahora ¢s, al menos, la raz6n por la cual es necesariamente imposible, Es im- posible al menos en términos puramente intelectuales, Siempre queda un resto irracional. Pero que no sea «conocible» no tiene por qué significar que deje de ser creible. De hecho, cuando se acaba el conocimiento, se pasa la antorcha a la fe. Es cierto, no es posible conocer de forma intelectual si existe un sentido titimo para to- das las cosas, Peto que no podamos responder esta pre- gunta en términos intelectuales no quiere decir que no EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO DLTIMO. «195 la podamos responder existencialmente. Ahi donde fracasa una cognicién intelectual, es debido a una deci- sién existencial. Confrontando vis-a-vis los hechos igualmente concebibles de que absolutamente todo tenga un sentido o de que absolutamente nada tenga sentido, es decir, de que las escalas estén a un mismo nivel, deberemos decantar el peso de nuestro ser hacia una de las partes, Y es ahi donde veo el sentido de mis creencias. A diferencia de lo que la gente parece dis- puesta a asumir —que el hecho de creer significa pen- sar restado de la realidad sobre la cual se piensa—, yo disfa més bien que creer es algin tipo de pensamiento sumado a algo més, siendo ese algo mas la existenciali dad del o de la que hace ese pensamiento.