Infancia y poesía

MARIANA ROBLES
CLAUDIA SANTANERA
CONVERSACION
Toda infancia logra algo grande, algo insustituible para la humanidad.
Toda infancia, en su interés por los fenómenos técnicos, en su curiosidad
por todo tipo de inventos y máquinas, vincula las conquistas técnicas
[las cosas más nuevas] a los viejos mundos simbólicos.
Walter Benjamín

Para que mercancías haya fue preciso primero amenazar de muerte el
ensoñamiento materno prolongado en los seres y las cosas para que la
pesadilla del espectro patriarcal borre toda huella del amor de la infancia
en las cosas que produce el hombre.
León Rozitchner
Infancia y poesía

En la Gramática de la fantasía, Gianni Rodari propone un ejercicio de
escritura que denomina binomio fantástico. En su desarrollo advierte
acerca de las relaciones de distancia y extrañeza que se producen de los
encuentros insospechados entre las palabras y los conceptos, y de los
discretos mecanismos que la imaginación pone en movimiento a partir de
ellos. Muchas historias y teorías que conocemos conservan en su origen estas
raras duplas que progresan a través de sus inquietudes y chisporroteos.
En tal sentido, la conversación escrita puede ser un duelo, un delirio, o una
experiencia literaria que deambula por zonas inciertas del pensamiento y
de la práctica. Puede ser parte del brillo inexplicable, eludir preguntas y
formular otras, ser un entretenido ejercicio de distracción, una instancia de
contemplación y pensamiento, o progresar en direcciones aún inadvertidas.
Conversar fue la premisa de intercambio para abordar algunos temas y
dilemas que nos han ocupado y nos ocupan. No hay una forma fija o
estructura. Hay poemas, experiencias personales y lecturas compartidas.
Esta charla corresponde al segmento final de un proceso de trabajo que
lleva casi dos años y una suerte de resumen de las ideas que rondaron en
torno al proyecto de una muestra que se llama Infancia y Poesía* y que
reúne bordados, dibujos, pinturas y obras en cerámica de Mariana Robles
realizados entre 2006 y 2017.
* Museo Genaro Pérez de la Ciudad de Córdoba en el mes de mayo de 2017

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Mariana Robles y Claudia Santanera

A partir de la hipótesis de que el espacio poético esboza un campo
de tensiones entre los diferentes modos de llevar adelante la práctica
artística que supera las diferencias y las formas específicas de realización,
imaginamos esta trama expositiva que vincula lo visible y lo invisible, el
derecho y el revés de la experiencia estética y conceptual de una artista
que se expresa de manera múltiple y desafía la linealidad del tiempo en
cada etapa de su producción.
Los enlaces secretos entre la poesía y el bordado activan originales
maneras de medir el tiempo y el espacio personal. Nos dejamos llevar por
las palabras. Hay un ritmo que viene de lejos, un sustrato poético que se
expande y ramifica hacia los temas, la materia, la historia del arte, las
relaciones familiares y la filosofía. La obra de Mariana Robles se renueva
en cada giro autobiográfico que la alcanza y la torsiona infinitamente.
Claudia

25 de octubre 2016
Mariana, casi sin ponernos de acuerdo, las dos pensamos en una muestra
que articulara estos mundos de la palabra y el bordado, en una suerte
de latido o ritmo que los vincula de manera originaria. Dos estadios o
manifestaciones de la imagen que se complementan y se nutren. Otros
artistas, han indagado en diversas formas de materialidad para abrirse

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Infancia y poesía

paso en el espacio poético. Los dibujos en tinta de Henri Michaux, la
novela-poema Hebdómeros de Giorgio De Chirico. Las escrituras- partituras
de John Cage. Los textos de Erik Satie donde aborda los matices según
los cuales entendió las complejas y a menudo contradictorias relaciones
entre la música y la poesía. Tareas aledañas a veces, indivisibles otras,
complementarias o especulares. Partes de un todo. Derivas o extensiones
de la idea y de la imagen. Pienso en tu trabajo como un sistema orgánico.
Un corpus que se construye de manera simultánea a diferentes bandas. ¿Cómo
experimentas esta posibilidad múltiple que se despliega tanto en el bordado
como en el texto? ¿De dónde viene? ¿Cómo nace? ¿Cómo se alimenta?
Claudia

27 de octubre 2016
Pienso en un cuaderno de poemas bastante antiguo, el único que sobrevivió
a otros de la misma época. Supongo que no lo tiré a la basura porque,
intentando hacer un libro de artista, bordé sus tapas. Una cubierta de
tela de colores claros y algunas puntadas con lanas rojas forman un
artesanal cuaderno, una capa protectora para esos poemas. Recuerdo esa
arquitectura que, probablemente, archivé en algún estante del taller, con
otros papeles que administran la memoria.
Hace un rato fui a buscar a Valentino al jardín de infantes, a unas cuadras

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Mariana Robles y Claudia Santanera

de acá, muy cerca de nuestra casa. Entre todas las cosas que hablamos,
me dijo - ¿viste el árbol de flores amarillas? Antes era hermoso pero ahora
esta buenísimo, las flores secas caen y jugamos a que llueve. La imagen
es preciosa como su desfasada condición temporal. ¿Acaso no parece una
descripción otoñal siendo que estamos en primavera?
Encontré el cuaderno, me llama mucho la atención que sus hojas se
conserven intactas y muy blancas, a pesar de los inadecuados métodos de
conservación a las que fueron sometidas. Sin embargo, toda la anatomía
del objeto denota su precaria y aguerrida condición de sobreviviente. A
primera vista, la arqueología material del diseño permite su adecuación a
la lectura, pero inmediatamente, descubro que lo que allí está escrito no
puede ser transferido, traducido, al flujo del tiempo lineal. Cada palabra
enunciada acumula una extraña densidad de intimidad y misterio que
inventa nuevas espirales, inadecuaciones entre las causas y los efectos.
La tapa, se parece bastante a como la recordaba, es un dibujo abstracto
con fibras, sobre una tela pintada con látex blanco, sujeto a otro lienzo que
cubre el cuaderno de cartón, con puntadas de lana amarilla, otras líneas
rojas recortan el plano. Adentro, hay poemas con tintas rojas y negras,
también pequeños bordados, enredos, papeles calados por donde los nudos
ostentan sus cuerpos antiguos. Son fósiles, Claudia, de otra vida que no
dejan de asomar.

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Infancia y poesía

Ayer imaginaba, mientras viajaba desde las sierras a la ciudad, que una
idea o algunas imágenes no se resuelven en el mismo momento en que
se enuncian. Yo escribo, ahora, algo que se deduce en una encrucijada
anterior o posterior, como la edad del universo o el tiempo de la luz; todo
lo que sucede tiene rastros de incongruencias. Quizás sea porque estamos
acostumbrados a experimentar la realidad como un conjunto compacto de
sentidos, pero podría ser que todo responda a caprichosas acumulaciones
de edades y potencias desfasadas, como el otoño primaveral de Valentino.
El encuentro entre la poesía y el bordado tiene ese carácter, de una potencia
que marca el ritmo de una mecánica vital, sin enunciar la biografía prefiere
propiciar la vida. Dice Giorgio de Chirico en Hebdómeros: En el lugar de
los dramas del adulterio, el artista había representado un perro grifón
sorprendiendo a un par de gorriones picoteando las cerezas del almuerzo
preparado para su amo en la mesa del jardín. La escena de cualquier
creación no contempla el escenario como posible referencia. Lo informe es
la condición real de toda obra, porque en esa indefinición de las cosas es
posible la reconstrucción. Giramos con la poesía, giramos con el bordado.
Mariana

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Mariana Robles y Claudia Santanera

29 de octubre de 2016
Al referirse al espacio poético en la pintura contemporánea, John Ashbery
habla de De Chirico como ejemplo de polinización entre poesía y pintura.
Pienso en la polinización como principio de intercambio entre los seres
y las cosas. Principio de la fecundidad y de la vida. La creación como
potencia en sí misma, más allá de las diferencias específicas.
Por su parte, Valentino atraviesa las estaciones y establece un orden de
discontinuidades excepcional. No sólo pone en cuestión nuestra percepción
del tiempo y el espacio, sino también de la belleza. Desobedece por
completo los órdenes lineales. Es posible jugar a que llueven flores secas y está
buenísimo. Su intuición de la realidad nos conduce a ese presente intemporal
del puro juego. Como el antiguo cuaderno. Los poemas y el bordado.
¿Hay algo de innombrado, un balbuceo en ese origen? ¿Anterior a la
escritura misma, algo muy cercano al rito en ese ir y venir entre el punto
y la palabra?
La sensibilidad desconoce el equilibrio dice Valéry. ¿Hay algo en esa
condición informe, en ese sistema de incongruencias que propone el arte,
en ese territorio de lo inacabado, donde el orden y el desorden son parte
de la obra misma?
Claudia

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Infancia y poesía

3 de noviembre de 2016
Si, exactamente. Quizás ese origen podríamos llamarlo de otra manera y
no arte: invención, juego o desfasaje. Podríamos nombrarlo proto-arte, una
búsqueda desorganizada anterior a las formas visibles donde la singularidad
aún no se ha emancipado. La polinización entre la poesía y el bordado
podría visualizarse como estadio intermedio entre esa condición originaria
y sus materializaciones posibles, la obra. Me parece importante aclarar que
no pienso en una suerte de correlato evolutivo. El arte es una continuidad
vital y encierra o contiene al proto-arte y a la polinización, para generar
nuevas obras. Es decir, cada vez que concluimos una, arribamos otra vez al
mundo del proto-arte, a una esfera de indeterminaciones e incertidumbres
creativas. La polinización, el flujo de intercambio entre poesía y bordado,
reanuda el curso de una posible materialización de lo que allí ocurre: desconcierto
y silencio (condiciones de posibilidad), para luego conducirnos nuevamente a la
creación. El arte oscila entre lo provisorio y lo permanente, lo habitan.
Podríamos decir que la lluvia de flores de Valentino ocurre adentro de
la misma obra y de su propia materialidad. Cada objeto se conforma de
capas tectónicas que pueden conducirnos sin escala a una nueva imagen, a
nueva combinatoria dialéctica.
Si tuviera que describir la geografía inconsciente de mi proto-arte, y
la conducción imaginaria de la polinización, diría que se compone de

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Mariana Robles y Claudia Santanera

escarpadas y jeroglíficas sensaciones biográficas. Sombras que permanecen
y que a veces ni siquiera confirman su estatus de imagen. Cuanto más se
reduce el zoom de mi mirada, más se abre la comprensión de un mundo
que me habita, y se despliega en la experiencia real y cotidiana.
Pienso en uno de los poemas que contiene el libro que te mencioné antes,
un poema de la era “proto” pero que siempre funcionó como una potencia
de escritura, por su estado inacabado y hermético. Una afirmación de
cierto estado del mundo triste, donde aparecen las primeras iniciales de lo
que estábamos hablando, parras e higueras.
Un pantano de arenas movedizas habitado por antiguas parras e higueras,
se encontraba oculto atrás de un cerro, con algunas zonas verdes para
hacer un picnic y otras muy húmedas donde la tierra se desvanecía.
Cuenta una leyenda que dos mujeres, se pelearon por la tenencia de esos
terrenos, y en la disputa, una mató a la otra. Sin sus propietarias, se
convirtió en un jardín secreto y perdido de la civilización donde todo
crecía voluptuosamente, como en un paraíso. Mi imagen primordial en
ese espacio, podría resumirse en una vez en la que caminaba descalza y
cerca de mis pies pasó una víbora, recuerdo que era muy grande y de color
blanca. Mi papá la vio antes que yo y rápidamente le arrojó un cuchillo,
creo que no la mató, pero si la espantó, entonces no la pisé. Ese es mi
espacio poético, no una abstracción, sino una geografía real, una tapera

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Infancia y poesía

con frutales donde las fuerzas vitales se despliegan y luchan. Mi hoja de
escritura es como ese territorio hermoso pero abandonado a su suerte por
una tragedia. Una región soleada, pero con tierras pantanosas y víboras,
ondulantes protuberancias y deliciosas uvas e higos negros.
En estas coordenadas la polinización dispone de todos los materiales para
combinar la imagen con la palabra. Recurriendo al recuerdo, a su aspecto
fantasmagórico, a esas sombras movedizas que no se dejan atrapar.
En un cuento, Bruno Schulz escribe: El padre se volvía plano por un
instante, compenetrado con la fachada, y sentía cómo sus rasgos
ramificados, temblorosos y calientes, cicatrizaban con suavidad en los
almibarados estucos de la pared. El padre es el nudo potencial de casi
todos sus cuentos, la tienda que él llama de color canela, es un universo
barroco en constante expansión. El libro del cuál acabo de tipiar este
párrafo se llama Madurar hacía la infancia. Son las edades que imagino
cuando describía este circuito de posibles ocurrencias, madurar hacía la
infancia, ir hacia el futuro-pasado, una ciencia fantástica, una inversión
(o invención) del tiempo y el espacio. El desfasaje como acontecimiento.
Mariana

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Mariana Robles y Claudia Santanera

15 de diciembre de 2016
Cuando era niña miraba collares de perlas
imitaciones baratas de un ámbar dorado y puntiagudo
allí culmina el puente que une
mis primeras visiones.

Me detengo en la imagen de los cuatro últimos versos del poema Final de
la siesta de tu primer libro Línea de Atlas. Ante ese espacio insondable
o puente que conecta los tiempos y conduce hacia el principio. Hacia esa
edad de origen, sustrato de visiones y territorio de experiencias sensibles.
Atlas imaginario pero indispensable para desplazarnos en la geografía que
sugiere el espacio poético. Donde el juego, el sueño, lo inefable, se integran
en una mirada infantil que desconoce los límites. La palabra del poema
nombra lo que permanece más allá de la ausencia.

Exactas sobre la tarde guardan mustias del bordado
Descubren murallas
Invaden un horizonte paralelo

Se prefigura una zona de superposiciones y zozobras situadas en el origen
de la lengua misma. En el poema Línea de Atlas, ellas (Ana y María)
hablan un alfabeto imaginario, una lengua incubada. El mundo se desdobla

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Infancia y poesía

mil veces, yo mil veces yo, se cruzan las fronteras. Pienso en este libro de
poemas como una pieza clave en tu producción artística. Fui leyendo los
bocetos antes de su publicación en el año 2010. Te propongo hablar de tu
experiencia de escritura. Tus lecturas del momento, tu trabajo artístico de
esa época.
Intuyo que este libro es una llave o primer paso hacia esa estirpe familiar
que luego se irá desplegando en El árbol de los reflejos, El rayo o Alfabeto
de la noche, y de manera simultánea, va ensayando nuevas formas en tus
bordados y dibujos. Hay un momento en que la palabra detona con fuerza
inusitada y desborda hacia otras zonas de la experiencia artística como
expansión o amplificación de lo visual.
Recuerdo un libro de Lilia Lardone llamado Poesía & Infancia. ¿Hay fórmulas
para la magia? Un título evocador que agrega a la experiencia temprana y
sensorial de la palabra en el poema, la noción de magia; y pienso en tu
escritura como una nueva fórmula o camino hacia ese tiempo de inocencia.
Hacia ese tiempo originario de la fábula cuando los animales tenían la
palabra como explica en su libros Infancia e historia, Giorgio Agamben.
Infancia y poesía conforman un binomio conceptual que no sólo administra
diferentes sustratos y conexiones temporales y espaciales, sino que pone a
prueba las cualidades de un lenguaje primordial en estado de inocencia. Se
podría pensar que ambos términos de la fórmula, articulan y escinden de
manera transversal el conjunto de tu obra.

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Mariana Robles y Claudia Santanera

En relación a estos quiebres, te quería proponer que nos hablaras acerca
de la serie Anacronismo personal (reescritura de dibujos de la infancia).
Son trabajos de 2014 que se podrían pensar cercanas a tu experiencia
del modelado en cerámica. Un ejercicio alternativo que habilita nuevos
giros en torno a la idea de la niñez. Tal vez, a partir de esa recuperación
y reescritura de los dibujos del jardín de infantes, se activan búsquedas
cercanas al gesto primordial del modelado. La sorpresa y la alegría ante
esa materia fresca y húmeda que se amasa y va tomando forma. El proceso
de cocción, el dibujo en lápiz sobre esta superficie áspera y su esmaltado.
La materia se transforma y aporta su propia sensibilidad e interrogantes
sobre el tiempo y el espacio en el corazón mismo de la experiencia estética.
Nace un nuevo espacio lúdico que conecta el cuerpo del artista con
prácticas ancestrales. De manera semejante al bordado, el material es guía
de conocimiento sensible, se manifiesta en esa tentativa y ensayo de la
nueva práctica, y en tal sentido deviene, experiencia performática.
Claudia

11 de enero de 2017
Acuerdo totalmente con la idea que Línea de Atlas es muy importante
en mi escritura y mi obra plástica. La particularidad de ese poemario
consiste en no haberlo escrito a partir de un programa conceptual, sino

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Infancia y poesía

evadiendo un circuito ordenado y cronológico. Fueron imágenes reescritas
muchas veces, escritura sobre escritura de un cuerpo que tomó forma
inesperadamente, en una barroca sinuosidad de metáforas. Tiene una
cantidad de imágenes oraculares que los otros libros de poemas no poseen;
estos mundos herméticos son cavernas o pliegues del lenguaje donde lo
esperado se escondió, lo que debía ser dicho se guardó. Línea de Atlas
funciona como núcleo, cúmulo de palabras que dibuja constelaciones. Es el
impulso o fuerza intermitente que modifica la experiencia entre el silencio
y el lenguaje. Su cuerpo poético (incluido el dibujo de tapa) obedece, a la
compleja trama de la proto-poesía personal, desenredando lo que permite
nuevos poemas.
Las pinturas de Vermeer aparecen en algunos poemas, en el fragmento que
citas vos, Claudia, al comienzo de tu pregunta:

Cuando era niña miraba collares de perlas…

Ambiguas referencias donde escenarios, objetos o paisajes se confunden en
atmósferas autorreferenciales. En ese momento, bordé una serie Vermeer
Espejado, y más allá de la referencia bastante obvia a las pinturas de
Vermeer, la escritura y el bordado se autoalimentaron como en ningún otro
momento, la serie Autobiografía Dispersa es también de la misma época.
El espejo y el retrato, muestran su reverso, son indicios de imposibilidad

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Mariana Robles y Claudia Santanera

de la escritura de un yo, con huellas históricas. La insistencia sobre lo
autobiográfico es imposibilidad de un relato lineal, es redundancia barroca.
Así se escribe lo extraño en un poema de Línea de Atlas:

Maqueta vegetal
Hiere de esa flor
bordada
una espina en la tela
que aparece.

La escritura-bordado, modifica la superficie de la realidad, la pueblan o
la hieren. Línea de Atlas fue antesala de otros libros y obras, por ejemplo,
Los Niños de Renoir, ejercicio poético a partir de las reproducciones
de rostros infantiles del pintor francés. Breves manifiestos estéticos,
reflexiones, comparaciones, anotaciones sobre la temporalidad de lo carnal
en la pintura. Las proto-imágenes de los poemas de Vermeer recorren el
lenguaje y apaciguan sus desvíos en las precisas consideraciones sobre un
rostro infantil.

Mapa de la infancia 
El libro de Renoir 
tiene un prolijo índice 
que vincula los rostros 

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Infancia y poesía

a un nombre y apellido, 
a un lugar o a objetos como  
regaderas, cintas y pianos. 

Los niños acechan, 
en esa relación sombría  
donde la referencia puede 
adecuarse sólo a fantasmas. 

En Línea de Atlas aparece un árbol de damasco como esqueleto de lo que
se reúne en cada brote, las frutas que maduran, las mermeladas que se
producen. Un árbol en el centro de un patio seco, en la casa familiar; un
árbol que, se plantó, en el augurio esperanzador de la tierra prometida.
Si se quiere ese mismo árbol se despliega de manera simbólica y enredada
en El Árbol de los Reflejos, un libro donde se visibiliza la intención de
considerar la poesía como el despliegue de una imagen.
En Línea de Atlas, el árbol cae, el damasco que no logra mantenerse en
pie después de un tornado. Cuando escribí eso no conocía la simbología
que se esconde en los troncos cortados de la La Historia de Nostagio Degli
Onesti de Sandro Boticcelli. Más tarde, leí en un libro (no recuerdo si de
Aby Warburg o Didi-Huberman) donde se sugiere que los troncos cortados
representan a suicidas. El hecho que exista una similitud con los troncos
cortados de los cuadros de Boticcelli me hace pensar que, en cada uno

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Mariana Robles y Claudia Santanera

habita una metáfora primordial, una imagen que se despliega, para darle
sentido a los acontecimientos, y en muchas manifestaciones, el arte recoge
esas metáforas primordiales.
Con respecto a Anacronismo personal, es una serie de mis dibujos del
jardín de infantes bordados. En la misma época escribí El Árbol de los
Reflejos, también realicé Las aventuras de Ana, una serie de dibujos sobre
la infancia de mi madre y un bordado Descamisada, basado en estos
dibujos y donde aparece mi madre de niña alimentando a un grupo de
coloridos pájaros. Hay otros proyectos vinculados a un estilo de relatar
la infancia, donde asoma la anécdota, la cadencia de la repetición, un
tono ajeno como fuera del tiempo o de la realidad. En esa época revolvía
los muebles buscando tesoros, algún material de la memoria. Encontré
esa carpeta de dibujos, collages y pinturas infantiles con otros cuadernos,
rastros de mundo extinto, donde el vestigio material era muy frágil. En esa
misma época empecé cerámica y entonces agregué marcos a los bordados,
una combinación corpórea que los acerca a los primeros trazos.
Una vez hice un collage con fotocopias, a la escultura El pensador de
Auguste Rodin, agregué en la zona de la base un grupo de trabajadoras,
artesanas tallando madera. Tratando de reconciliar ese vacío entre el cuerpo
y la mente, la cerámica propicia un encuentro con un pensamiento que
prosigue el ritmo del cuerpo, del modelado, de la pintura, de las manos.

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Infancia y poesía

La cerámica es una forma de meditación que, al igual que el bordado, encuentra
el rumbo de la poesía en el pensamiento y del pensamiento en la poesía.
La infancia es pre-lenguaje, premisa de un paisaje inconcluso o configuración
de una matriz arbórea. Ese aprendizaje o ese ingreso a la lengua no es
mecánico por el contrario se avanza en el habla a través del juego. La
infancia, en su condición opuesta al positivismo, recupera la experiencia, y
con ello un tiempo que no es el tiempo lineal cronológico. El tiempo de la
infancia tiene la densidad del ritual y los destellos de la magia. La poesía
deambula en esas mismas coordenadas de lo inefable como augurio de lo liviano,
lo que parece nunca aferrarse al mundo de la cronología, ni del pragmatismo.
Cuando decidí el nombre de la muestra Infancia y Poesía, pensé que ningún
otro título podría expresar la sensación de abierto como ambas ideas juntas,
tampoco la sensación de felicidad. Infancia y poesía para mí son dos universos
de felicidad y juntos estallan; para mí el arte también es eso, una modesta
apreciación de los elementos del mundo para convertirlos en una imagen y
eso es felicidad. Que algo pueda nacer y luego desborde vida, es felicidad.
Mis trabajos, mis obras, fluctúan en esas dimensiones atemporales o difusas
de la infancia, muchas veces debido al tiempo de producción, la lentitud del
bordado, los procedimientos de la cerámica, los detalles del dibujo y la pintura,
sin embargo, sus acabados son rústicos y simples, más cerca del juego que de
un producto mercantil. El tiempo que le dedico a mis obras no lo siento como
el de la preparación de un producto o un objeto, sino el cincelado desfasado

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Mariana Robles y Claudia Santanera

entre lo visible y lo invisible, le voy agregando cosas al vacío, puntadas al
espacio. Me gusta y me interesa que las obras se alejen del diseño, no quiero
que sean piezas programadas y planeadas para funcionar; prefiero librarlas
a una continuidad sin finalidad. Relaciono también estas ideas, con lo que
Agamben plantea acerca de las miniaturas, pequeñas escenas como la de
los pesebres que son anti-monumento, diminutas maquetas que no intentan
imitar el mundo, sino condensar su potencia. Mínimas dosis de materia que
estallan en su pulsión simbólica.
Mariana

25 de enero de 2017
En ese intervalo o vaivén, en el movimiento de la mente entre el pensar-
sentir y el sentir- pensar, Denise Levertov detecta la interfase donde ocurre
la poesía. De ese oleaje entre la idea y los sentidos nace la corriente,
el ritmo singular que desborda y se propaga. La respiración se imprime
en la materia. Las ausencias emergen de las pausas. Ese ritmo se hace
visible en las puestas en escena de tus pequeños teatros. Reversibles e
intercambiables, aportan la temporalidad infinita de lo que se reitera una
y otra vez. Regular e irregular. Siempre diferente, siempre igual.
Me detengo en tu idea de considerar la poesía como el despliegue de una
imagen. Pienso en la síntesis y la economía de algunos de tus bordados,

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Infancia y poesía

dibujos y pinturas. Las situaciones, objetos o personajes son representados
en un espacio que se completa en otro lado. Un escenario metafórico y
lejano. Las referencias son escasas. Los nombres de las series orientan
sutilmente la lectura de la imagen. El espectador ingresa y se desliza como
Alicia a través de esa superficie donde se refleja. Se reconoce dentro y
fuera de este juego. Allí nace la experiencia de desandar el tiempo para
compartir esa niñez ajena y propia, en todo su esplendor y dramatismo.
Las reglas de lo inacabado o lo incompleto rigen para un linaje familiar
integrado por niños y adultos, pájaros, flores, casas voladoras o frutos
mágicos. Cada personaje aporta su propia etimología a la frase. La palabra
y la imagen se complementan, operan de manera semejante. Síntesis o
derroche, en esta serie de ecos visuales o verbales, se activa el diccionario
de emociones. La infancia se localiza entre el pasado y el presente, en
un ámbito intermedio, donde relucen sus tesoros. El sistema progresa de
manera autónoma.
La consistencia de la trama va aportando datos, por ejemplo, la serie
Árboles y meteoros, del 2013, evoca esas imágenes primordiales que
mencionabas anteriormente. Son bordados pequeños sobre fondo blanco.
Se utiliza hilo negro, como si fuera un dibujo en tinta, y otro color en cada
pequeña escena donde se producen los encuentros y los desencuentros
entre los árboles y los meteoros. Se entrecorta la línea del bordado, se

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Mariana Robles y Claudia Santanera

hace invisible por una breve fracción de tiempo. La imagen incorpora la
pausa. La linealidad del tiempo se interrumpe para inscribir en la tela
un territorio que se desdibuja. Advertimos el peligro. La imagen apenas
se sugiere mediante esa suerte de abstracción de la figura construida
por segmentos de hilos y vacíos. Se produce un desfasaje de la imagen
provocado por el tartamudeo de la línea. Advertimos ese intervalo entre el
vuelo de la aguja y la puntada.
En relación a esas miniaturas o pesebres a las que hace referencia Agamben,
pienso en una de tus últimas series. En los pequeños nidos realizados
en cerámica y luego revestidos y acolchados con sábanas y almohaditas
bordadas. El bordado y la cerámica entablan una renovada tensión de
materiales. Hilos de colores, lentejuelas, perlas y canutillos para abrigar el
sueño de los pájaros. La vida se gesta y transcurre en ese espacio mínimo.
El nido aporta su propia fenomenología y capacidad simbólica en este
despliegue de resonancias y repercusiones que evocan la maternidad, el
nacimiento, la casa. Un pesebre o nido. El sitio más humilde para nacer,
descansar o guarecerse. Sin embargo Mariana, le otorgas los brillos y atavíos
de un cuento de hadas. Esas criaturas aladas y maravillosas pertenecen a
ese mundo frágil y persistente de la palabra que se conserva en el relato y
la memoria. Criaturas ausentes de la escena, podemos imaginar su vuelo y
su llegada hasta este lugar.

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Infancia y poesía

Infinitos fragmentos van componiendo esta joyería. Cada novedad se engarza
aleatoria y libremente a la colección de manera individual o agrupada en
una serie. La casa con raíces, la taza, el plato con patitas, los vestidos
con alas, la niña con cabeza de pájaro. Los personajes conviven dentro de
esa iconografía familiar y sobrenatural del juego. Cada detalle funciona
en el sistema, aportando luces y sombreados. Siempre complejizando el
conjunto con la incorporación de piezas sueltas y rarezas. Reflejándose
unas en las otras. Cambiando de materialidad y renaciendo una y otra vez
en una suerte de metamorfosis incesante.
Indagar en la infancia jugando, de la mano del dibujo y la escritura en
sus primeros trazos. La oralidad como sustrato del recuerdo aporta
importantes datos para trazar un mapa. Cada poema ofrece su versión
expandida de la historia. La pasamanería del bordado atrae con sus brillos
y caireles todos esos seres que revolotean en el tiempo. Seres de un linaje
real coronados por tocados e infinitas plumas coloridas.
Como los cuentos de la tradición oral fuera del tiempo o lugar, o aquellos
cuentos de fórmula y repetición como los de nunca acabar.
Juego, magia, rito abren un capítulo en tu obra del que me gustaría saber
más y del que me gustaría que nos contaras.
Claudia

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Mariana Robles y Claudia Santanera

1 de febrero de 2017
Todo se conecta en esa idea primordial, ese enunciado matriz, de una
imagen que se despliega. Puro movimiento orgánico, las obras siempre
se acoplan a un vacío que irá llenándose, son potencia de un todo que
jamás aparece. La imagen brota, nace, se produce en un continuo que
nunca se detiene. El hilo, el material del bordado, ayuda a ese sucesivo
despliegue de formas, sombras y fantasmas, imita lo inacabado. Con las
pinturas y los dibujos siento mucho más esa comunión con un vacío que
todo lo precede, un vacío sustancial que indica los mapas del futuro. Las
pinturas y los dibujos nunca están terminados, no hay toque final, siempre
hay zonas de materia oscura o garabatos que merodean la hoja, como
un territorio de error o turbulencias donde el buen pintar o dibujar, en
un sentido tradicional, nunca pueden resolverse. Sucede lo mismo con el
tiempo, no es puro, las cosas sufren la invasión contante de un anacronismo
dislocado. Como dice Didi-Huberman …el anacronismo atraviesa todas las
contemporaneidades. No existe – casi – la concordancia de los tiempos.
Para mí el arte no se dirime en el presente y eso es una sensación psíquica y
corporal real, necesito que el tiempo desarrolle su propia ruta de vaivenes,
no sujetarlo a un recorrido lineal y progresivo, algo no controlado. Esperar
que el vacío se pueble en su propio tiempo, y que luego genere otro vacío para
ser llenado con otra obra que más tarde se convertirá en un nuevo vacío.

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Infancia y poesía

Cuando trabajo se lo disloca y fragmenta el tiempo, porque esa misma
incomodidad con el presente me despoja de la inmediatez, es intemperie.
La infancia tiene que ver con la temporalidad biográfica pero no es algo
que sucedió sólo en el presente de su existencia, sigue sucediendo. La
infancia donde las cosas se pronunciaban de mil maneras simbólicas es
posibilidad emancipadora de la conciencia. Así se me aparece con sus
infinitos símbolos y formas, aportando al despliegue de esa única imagen.
Me gusta un verso de Arnaldo Calveyra que dice extraño que la tierra se
divida en agua y pensamiento. Otra vez la imagen desfasada que impone
a la materia temporalidades extrañas.
La infancia y la poesía se reúnen en esa posibilidad de no-presente, en el
vacío y lo inesperado. Por un lado, la imaginación, por el otro el lenguaje,
propician la singularidad como única vía de conocimiento, la filosofía
de lo inesperado. Uno de los ensayos más hermosos que leí acerca de la
infancia y que fue una lectura muy importante es Tesoros Secretos de
Roger Caillois. En Instintos y Sociedad considera la relación de los niños
con los objetos como una oposición a la relación alienada del capitalismo
con la mercancía. Los niños construyen dimensiones mágicas en torno a las
cosas que conforman su realidad, exceden la materia, derrochan sentido.
Mientras que los adultos no encuentran más que utilidad y finalidad, los
niños convierten el sentido, de un frasco de perfume encontrado en un

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Mariana Robles y Claudia Santanera

nuevo mundo. Dice Caillois ¿Qué destino no se le promete a un frasco de
perfume lujoso o pesado, de vidrio perfectamente negro y opaco éste puede
retener hasta almas? Porque al no ser ni claros ni transparentes posee la
rareza suprema de los frascos, su más sorprendente apariencia y la más
propicia a usos importantes. En estos días Valentino y Simón juegan con
sus amigos de la cuadra a que tienen un supermercado, Mariano Panda,
y en una mesa ostentan orgullosos dibujos hechos por ellos, una bolsa
de porotos con una piedra, muñecos de plástico o un saquito de té. Los
precios, el valor, obedecen a una subjetividad animada por el amor que
ellos mismos tienen por esos objetos, cada cosa allí exhibida parece ser la
excusa para una nueva expedición en el reino de los desechos, los adoran.
Dice Caillois La revelación de los objetos constituye, pues, para los niños la
señal suprema de la confianza y coloca de los cimientos de la fraternidad.
Aparece una dimensión política de la infancia donde las relaciones de
poder se ven dislocadas por el juego.
Mariana

8 de febrero
Todo hace pensar que existe un cierto punto del espíritu desde el cual la vida
y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable
y lo incomunicable dejan de ser percibidos contradictoriamente. Vislumbra

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Infancia y poesía

André Breton en el Segundo Manifiesto Surrealista. Las hebras sobre la
tela conectan todos estos planos, entrando y saliendo de ellos. Perlas,
lentejuelas o hilos de colores, superan su propia materialidad mientras
arrastran los fragmentos de la historia y conectan las edades. Una realidad
que se aplica, modifica y se construye sobre otra nueva. El bordado actúa
en el reverso, invierte la escritura. Conecta lo visible y lo invisible. Vuelve la
trama reversible. Va rompiendo y desnudando los filamentos de la materia
en cada movimiento de la mano. ¿Ampliando o suturando ese vacío entre la
mente y el cuerpo como explicabas Mariana anteriormente? Recuperando
el poder de lo intermedio, de lo inacabado o el boceto. ¿Inventando un
repertorio de recursos que espejean sobre el perfil de las cosas? Avanzando
por diferentes caminos hacia esa imagen duplicada ante el espejo. No me
reconocí. Me levanté y fui a cerrar la puerta del armario. Aunque cerrada,
tuve la impresión de que el espejo seguía conteniendo en su espesor no sé
qué personaje, fraternal y odioso a la vez, que disentía en silencio acerca
de mi identidad. Dejé de saber qué cosa se relacionaba más conmigo, ese
personaje o, antes bien, mi cuerpo allí acostado, tan conocido. ¿Quién era
yo? ¿A quién había tomado por mí hasta entonces? Mi nombre mismo no
me tranquilizaba. No lograba habitar adentro de la imagen que acababa de
sorprender. Expresa la narradora de La vida tranquila de Marguerite Duras
en primera persona. Al leer esta descripción de la novela, no pude dejar de

-31-
Mariana Robles y Claudia Santanera

pensar en esa niña de El árbol de los reflejos. La que interroga el tiempo, el
destino y su genealogía ante su propia imagen reflejada en el espejo.
La inquietud sobreviene de inmediato ante la propia ausencia. Lo pienso
en relación a tu propia imagen retratada, reflejada. Tu imagen reescrita
una y otra vez en el dibujo, el poema o el bordado. Y de manera recíproca
en el revés de la misma. Su representación y su ausencia.
El misterio contenido en el vidrio opaco del frasco de perfume o el espejo
oscuro. En esta galería de retratos y autorretratos donde se mezclan los
tiempos de la historia como la gran toma sin pausa ni edición de El arca
rusa de Sakurov. Asistimos al apogeo y ocaso de estos personajes, al gran
baile en su propio palacio de invierno, a las transformaciones sociales
de la estirpe. Los cuerpos y los rostros se iluminan y desaparecen en la
simultaneidad de las épocas.

Cada cuerpo es como una casa donde
llevamos todos nuestros seres
el cementerio sería algo así como
una boca cerrada, una vez que hablamos
las vidas renacen y crecen.*

*De Tres mujeres planchadoras

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Infancia y poesía

Un cuerpo ilimitado y ancestral de mujer capaz de reunir la vida con la
muerte. Un cuerpo síntesis de todos los tiempos. Un cuerpo geografía. Un
cuerpo animal y herencia. Trabajo, maternidad y locura. Los cuerpos sin
límites de estas mujeres unidas por este interminable e invisible cordón
umbilical, y hermanadas por la misma labor y la tragedia. Como si el
dolor les concediera poderes. Cuerpos hogar y casa multiplicados. Mujeres
tejedoras, alfareras, depositarias de la memoria.

En una pequeña gruta
a la orilla de mi corazón
habitan tres mujeres ancestrales.
Sus sombras, en la escala de los sueños,
vagan por mi cuerpo, las escucho
cantar, las observo bordar o trabajar.
Persisten día a día en los recovecos
de la estirpe: estrategia de la herencia
devorando…*

En el centro de una superficie rectangular el Bosco trazó un círculo en
cuyo interior representó la escena de la  Extracción de la piedra de la
locura. Entre el 1501 y el 1505, el pintor creó un espejo en el que se pudiera
ver la necedad y la locura humana.
*De Tres mujeres planchadoras

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Mariana Robles y Claudia Santanera

La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al
sol de su ebriedad. Estos son los dos primeros versos del libro de Alejandra
Pizarnik, Extracción de la piedra de la locura. Sin ir más lejos, ayer me
mostrabas tu versión actualizada de esta antigua idea. Locura y muerte
rondan los retablos infantiles, a veces como parte de una misma trama. Se
bifurcan a través de diferentes campos conceptuales y estéticos como en
los cuentos infantiles tradicionales. En tal sentido, y de manera análoga
conforman otro binomio de tensiones que aportan nuevas coordenadas de
lectura sobre tus poemas y algunas series de dibujos y bordados. Te quería
proponer que nos contaras acerca de estas filiaciones y las motivaciones
personales y teóricas de la serie de las Histéricas de La Salpêtrière.
Claudia

19 de febrero de 2017
El bordado implica continuidad, por el tiempo de realización, y
porque al terminar una pieza, otra vuelve a nacer. También activa una
continuidad histórica proveniente, por un lado, del arte pre-colombino,
de la tradición de tejedoras, de los tapices de las culturas andinas y que
vincula el trabajo del bordado a una tradición artesanal que se instala,
desde mi punto de vista, en el centro del arte Latinoamericano. Para
pensar nuestra actualidad, descubrir relieves en el arte argentino, lo

-42-
Infancia y poesía

que nos provee de una singularidad extraordinaria con respecto al arte
europeo, es poder considerar los diversos lenguajes materiales que aún
circulan y que nacieron con las culturas originarias. Mi vínculo con el
bordado fue posicionamiento consiente para visibilizar un modo de hacer
que, vinculara mi cuerpo al pensamiento, en el trabajo y la materia. La
pintura y el dibujo, y el resto de las disciplinas artísticas también pueden
resolver el dilema del dualismo, pero están mucho más sujetas al derrotero
histórico de occidente. En el caso de la pintura es más difícil liberarnos
del mandato racional, debido al proceso histórico y filosófico en el que
la pintura siempre estuvo involucrada. El bordado, en cambio, es más
permeable a la subjetividad, a la dialéctica entre aquello que heredamos
y el discurso singular que queremos imprimir. Con la pintura, en algunas
ocasiones, la tradición es demoledora. Pero siguiendo con el desarrollo de
la continuidad en el bordado, la práctica permite establecer principios y
conexiones más inciertas o más enraizadas con lo cotidiano. Es interesante
lo que sucede con el bordado porque en ese tranquilo desprendimiento del
orden cotidiano, en esa mínima presencia de la labor constante, se produce
un artefacto perfomático que desestabiliza el tiempo y el espacio: estar es
estar, pero siempre un poquito desfasada del ahora, moviendo los hilos en
la tela, dispersando las cosas, desdibujando el alrededor. Los recuerdos
también se van tiñendo y los hilos van engarzando cosas que la imagen
sugiere, como a un fantasma.

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Mariana Robles y Claudia Santanera

Una vez te mencioné cuando empezamos a pensar en la exposición Infancia
y Poesía que me había gustado mucho, me había parecido muy inteligente,
el concepto de artesanía intelectual de Silvia Rivera Cusicanqui. Ella
define su modo de establecer relaciones como un pensamiento-tejido donde
las diferentes vertientes de sus creaciones intelectuales se vinculan y se
enredan, de la misma manera que lo hacen los hilos y los tejidos de sus
ancestros bolivianos. En este sentido, también mi bordado es un más
allá del bordado, entramados entre mi poesía, ensayos, dibujos, pinturas,
bocetos y el relato autobiográfico, cultural y social.
Me parece muy linda, esa analogía con El Arca Rusa de Alexander Sokurov,
él piensa todo el museo, como un artista piensa toda su obra, como un
organismo. La historia se transforma en la capacidad por desplegar en
el lenguaje un núcleo concentrado de tiempo que guarda para el futuro
misteriosos tesoros. La historia del arte es para mí uno de los relatos más
interesante que la cultura desarrolló, porque en ella se debaten las razones
singulares con las derivas universales, es la trama de las imágenes que
jamás dejan de generar sentido.
La historia del arte y la historia de las imágenes, la antropología, la
literatura infantil, la filosofía, la narrativa, la poesía, el bordado, la pintura,
la sociología, la fotografía, el teatro, la cerámica, la joyería, la historia de
la ciencia, la alquimia, el tejido, la historia de las religiones, modelan un

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Infancia y poesía

cuerpo en un proceso infinito pero que siempre aparece en el punto de
largada. Eso me gusta mucho, me produce adrenalina, saber que todavía
no hice lo que quiero hacer, pero que algo nuevo, que leí o descubrí, me
da una nueva pista para continuar. Cuando lo escribo me doy cuenta que
es un juego. Ese tipo de juegos infantiles, lógicos y paranoicos, donde
la repetición de una acción determinada no debe modificarse, una vez
fijadas las reglas no hay retorno, el juego se pone en marcha y las leyes
establecidas son inflexibles, el arte funciona de esa manera. Lo hermoso del
juego del arte es que te permite enamorarte de esas reglas.
Ese juego, se actualiza por el propio peso de su simpleza, ocupa el espacio
de una estructura matriz que, de no ser por el arte, quizás hubiese perdido
todo interés. El cuerpo es, evidentemente, el receptor de todo lo que sucede,
pequeñas partículas de la historia, individual y universal, configuran
nuestra carne, nos atraviesan. El bordado nos advierte de los estadillos
ínfimos que separan nuestra piel de lo que nos rodea, cada puntada es
la afirmación de la propia individualidad, un derecho creo que todas las
personas deberíamos de tener.
Una gran parte de mi obra, ya lo dije, está centrada en el relato
autobiográfico, porque en un momento decidí que es algo que tengo a la
mano, lo que sé de mí, de mi historia, de la gente que me rodea, puede ser
un inicio interesante para relatar otras historias, aprehender conceptos,

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Mariana Robles y Claudia Santanera

propulsar la investigación y generar un contenido fluido y que le otorgue
una dinámica real a mi obra. Es una búsqueda, que nunca tiene un origen
claro porque siempre esta engarzada con otra cosa. Por ejemplo, comencé
a realizar unos dibujos sobre la casa de mi mamá, esas tintas se vincularon
con un libro de poemas Alfabeto de la Noche, pero también de allí surgió
Locura y técnica. Bordados sobre las fotografías de las histéricas de la
Salpètriere. Me gusta encontrar matices: luz en las sombras, oscuridad en
lo incandescente. En El Árbol de los Reflejos, libero el árbol genealógico,
los fantasmas que acechan. Y luego viene Tres Mujeres Planchadoras,
que vos mencionas, en esos poemas la acción de planchar es una vía de
conexión de las corporalidades entre las mujeres de mi familia que, a pesar
de la muerte o la distancia, en el libro renacen y vuelven a vivir. Acá, es
donde surge esa trama entre trabajo, maternidad y locura, esa tríada que
vos Claudia identificaste muy bien. En el caso de elegir un tema ese sería el
más adecuado y en el de vislumbrar un método ese es la poesía. La infancia
lo es todo, el tiempo único, un gran paneo hacía la propia interioridad.
Mariana

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Infancia y poesía

20 de febrero
Donde se unen los tiempos. Un gran paneo hacia la propia intemporalidad.
El cuerpo de la mujer, el cuerpo del poema, el cuerpo del bordado. Anversos
y reversos de un volumen genealógico que se inscribe en su propio tejido de
rupturas y desequilibrios. Claroscuros de una historia familiar que recupera
parecidos y silenciosas referencias en la historia de la cultura y el arte
latinoamericano y europeo. Del lenguaje tradicional del bordado a la cita
renacentista, del dibujo infantil a Renoir; entre la imaginería medieval y la
alquimia del presente, se elabora un discurso de superposiciones y sustratos
latentes que aparecen y desaparecen. La superficie cobra complejidad en
esa tensión retórica de alusiones, construyendo un argot de estilos, como
lo denomina Severo Sarduy, entre la escritura y la visualidad sobre la que
pivotea tu identidad artística. Los saberes más diversos conforman un
collage alucinado donde transcurren a diferentes alturas los más variados
niveles de significación. En la miniatura, en la figura encontrada, en el
modelado de la cerámica, en el mosaico pintado, en la aguja que atraviesa
la tela, en la imagen poética. La corporalidad de los lenguajes en la
utilización de los materiales va configurando una nueva densidad en el
propio cuerpo de la artista y su genealogía familiar, en el entramado de la
historia del arte a través de la cita o la lectura. Se engendra las imágenes,
en un dar a luz interminable. Es posible reinventar nuestra familia a través

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Mariana Robles y Claudia Santanera

de la poesía, reflejarla en sus espejos para traerlas nuevamente a la realidad
transformadas en diminutas piedras preciosas. Devolverle al juego sus
adornos y capacidad poética. En esa movilidad de la materia se produce
el encuentro del lenguaje con sus temas, se distancian y se potencian,
construyendo una sinfonía donde lo más pequeño se incorpora al corpus
fundante. Las criaturas atraviesan diferentes fases de transformación para
alcanzar un nuevo estado de pureza angélica. Cada pequeño objeto se va
cargando de poderes mágicos precisos. Maternidad, trabajo y locura son
arrebatadas de su condición histórica para encaminarse hacia una zona de
destellos sin fronteras donde alumbra la materialidad poética.
En ese giro autobiográfico, y en su desdoblamiento paralelo, tu obra alcanza
otro motivo de reflexión y pensamiento en torno al lenguaje mismo. En
un claro cuestionar y preguntarse acerca de los estándares vigentes en
el campo de la historia del arte, ensaya un sistema de desfasajes que
ponen al desnudo nuevas preocupaciones en torno a la imagen y la palabra
más cercanas al presente, e interrogan su propia literalidad. A través de
sucesivas y diminutas operaciones se complejiza el pensamiento en torno
a la experiencia estética y la propia concepción del arte. Tu biografía, tu
trabajo son territorio de ruptura y búsqueda política.
Pienso tu obra como un ejercicio de memoria interior y estética, viaja
hacia las primeras letras, los primeros recuerdos de las letras, hacia una

-50-
Infancia y poesía

era pre lingüística. Hacia las primeras imágenes, hacia el lugar donde se
forjan. Desde ese núcleo de inocencia contempla su presente y el devenir
histórico personal y colectivo. Despojada, y sin embargo atenta. Ataviada
con tus vestiditos y tus alas, con tu cabeza de pájaro. En ese espacio
ingrávido y sin leyes, de la invención plena. De la imaginación. Qué nos
decís del arte desde ese locus privado. Cómo se observa el mundo desde
ese nido con almohaditas bordadas con canutillos e hilos de seda del que
te hablaba anteriormente. Porque de manera simultánea a tu ejercicio de
artista y de poeta, se desarrolla otro, orientado a la escritura crítica y la
investigación, a través del cual, vas llevando a cabo un mapeo teórico que
registra los avatares del arte más reciente. En tal sentido, te propongo el
desafío de pensar tu obra en ese gran enigma que plantea la denominación
arte contemporáneo. Ideas, reflexiones, discusiones.
Claudia

28 de febrero
Un pensamiento sobre el tiempo es algo que me inquieta desde siempre y
que, en el arte y en la historia del arte, encontré una heurística propulsora
para entender sus diversos y misteriosos procesos. En algún momento
hablamos sobre la distinción entre el cuerpo y la mente, Agamben
desarrolla su libro Infancia y Poesía en torno a la problemática de ambas

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Mariana Robles y Claudia Santanera

nociones. Yo trato de vencer esa dicotomía en la obra con la percepción de
la materia que se despliega entre mis manos. Los japoneses pueden hacerlo
de un modo natural, ellos creen que dibujar es pensar, la imagen reitera
arquetipos que han sido cuidados y conservados. Desde mi perspectiva
occidental me alimento de esas evidencias ancestrales que promueven un
orden originario donde los hombres accedíamos al conocimiento del mundo
de una manera directa. Pero también entiendo que los procesos por los que
occidente atravesó no sólo se componen de fracasos y conquistas violentas
sino también de una aventura que el pensamiento dispuso para descubrir
nuevas fronteras. No reniego de mi condición histórica o cultural, por el
contrario, me afirmo en ella de manera crítica y creativa, tratando de
comprender y transformar.
El arte es gasto inútil de tiempo, como la poesía y los juegos de la infancia,
por eso la idea de llamar a esta muestra Infancia y Poesía, porque además
de todas las cosas que hablamos, creo que mi obra ostenta pérdida de
tiempo. Perder el tiempo es ganarlo porque lo que se produce no tiene fin,
no es un objeto con dimensiones definidas, no hay un producto que se ligue
a la linealidad del tiempo cristiano.
Un objeto librado al mercado opera en esa línea donde la muerte se
asocia al fin; el fin del arte, el fin de los tiempos. Una concepción singular
del tiempo permite la reiteración de ciclos, el movimiento y el orden, la

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Infancia y poesía

creación. Considero que un artista no debe ser, necesariamente, consciente
de las versiones del tiempo que una obra implica, toda obra encierra una
singularidad latente, es la mirada del espectador, la experiencia estética
es la que le imprime vida a un territorio informe y particular. Como
investigadora y escritora sobre arte lo único que hago es sofisticar cada
vez más mis habilidades como espectadora. Arte contemporáneo es una
categoría realmente obsoleta, podemos hablar tranquilamente de arte,
porque lo que hemos descubierto al investigar sobre el tiempo es que el
principio y el final son las encrucijadas de una cinta de Moebius. El intento
de fundar teorías o verdades generales limita los esfuerzos del cuerpo por
ingresar en la materia de la obra, hay tantas versiones de una obra como
espectadores existan y la escritura, la investigación, para que diga algo
sobre la obra, no debe abundar en reduccionismos teóricos, por eso es
importante la poesía. El lenguaje poético, el ritmo como dice Jean-Luc
Nancy, propicia la apertura de la materia y la aparición de la obra.
Cuando asociamos arte contemporáneo a la noción de fin de arte
inmediatamente pactamos con el mercado. El mercado, la producción
capitalista, y un tiempo lineal, teleológico están vinculados.
Por eso el sentido de afirmación que considero importante es que, al
escribir sobre arte, reflexiono sobre lo que veo, escucho la obra por medio
de sus manifestaciones visuales. Y también recurro a referencias literarias,

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Mariana Robles y Claudia Santanera

sobre todo me interesa la literatura como geografía filosófica para las artes
visuales. En la pregunta anterior te decía que me parecía más interesante
pensar la referencia artesanal del arte latinoamericano, más Violeta Parra
menos Sol Lewitt. Con la teoría me pasa algo similar, es más cercano a
nosotros la literatura que la filosofía positivista, más Augusto Roa Bastos
menos Nicholas Baudrillard. De todas maneras, son ejemplos, operaciones
personales, no recetas, pero por mi experiencia personal puedo decir que
Hijo de Hombre de Roa Bastos, Eisejuaz de Sara Gallardo o Garabombo el
Invisible de Manuel Scorza, entre otros, fueron acontecimientos creativos
complejos y que en esas lecturas advertí cierto desfasaje entre realidad e
imaginación, que permitieron asociaciones entre el arte y la escritura.
La historia del arte también tiene esa riqueza literaria, me apasiona, la
historia de la imagen, de las obras o de las ideas, me llevan por lugares
maravillosos, me gusta recorrerlos sin ninguna finalidad, escribir, leer,
investigar, bordar, dibujar trazando mí desfasada línea de Moebius.
Mariana

4 de marzo
El Canon del Cangrejo, es una pieza musical compuesta por Johann
Sebastian Bach que explora hasta las últimas consecuencias las posibilidades
de la simetría. Su particularidad reside en que la obra se ejecuta de manera

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Infancia y poesía

normal, pero el acompañamiento es un palíndromo musical. Se trata de la
misma partitura pero interpretada al revés. Repite exactamente lo hecho
por la voz principal pero en sentido inverso, el pentagrama de abajo repite
lo escrito en el de arriba pero invertido en el tiempo.*
La banda o cinta de Möbius** es uno de esos objetos geométricos que rozan
la magia. Es el resultado de largas investigaciones topológicas en torno a
giros, semigiros, cortes, divisiones y longitudes. Se trata de una superficie
no orientable, es decir, no podemos determinar si estamos dentro o fuera
de ella, además de poseer una sola cara y un solo borde.
Sin saber si estamos dentro o fuera de ella, Mariana Robles construye su
obra sobre una banda infinita de Möbius. La escritura y la imagen forman
parte de esa doble trama. Se distinguen y se complementan. Cada una
es significada por la otra, a la vez límite y motor de la producción. La
escritura aporta su propia vacilación a la vacilación de las imágenes. La
tentativa y lo incompleto. Transgrediendo las fronteras en el interior de
sí misma y de los diversos espacios que fusiona. Hay una historia en el
origen. Un relato esencia que se transforma en la memoria de la imagen
y retorna a la palabra. Observamos los instantes. Se detiene y dilata el
*Uno de los aspectos más curiosos de esta melodía, es que fue compuesta en el año 1747,
111 años antes del descubrimiento de la Banda de Moebius.
** Fue descubierta de forma independiente por los matemáticos alemanes August
Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing en 1858.

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Mariana Robles y Claudia Santanera

tiempo. Se abre un intervalo sobre lo representado. El diálogo se ubica en
el centro del enigma, como dos fuerzas que se desencuentran, en el espacio
invisible de lo que no vemos, pero que sin embargo vislumbramos. Escritura
invisible, sutura de la imagen sobre un proceso que engarza las partículas
del tiempo. Pequeñas perlas irregulares que aportan su ascendencia a
la amalgama. Así, cada ilusión de espacio evoca una ilusión de tiempo,
generando relaciones especulares en torno a esos silencios o misterios sobre
los que se editan los fragmentos. Lejos de la imagen, los reflejos funcionan
como un eco o redundancia barroca a través de la palabra. No están dentro
de la escena misma para hacer visible lo que no está presente, como en la
tradición de la pintura nórdica. Lo omitido está aún más lejos, dislocando
las convenciones clásicas. Es llevado a un territorio distante y fuera del
campo visual del espectador. Los elementos se presentan a la vista, pero es
difícil verlos. Hay un mapa velado y necesario para transitar los quiebres del
terreno. Se fuerzan las distancias y los puntos de lectura. Lo ausente en este
caso, no es algo secundario, sino que adquiere la cualidad de un dispositivo
que distorsiona, elude y administra una vasta red de significados. Mariana
inventa una serie de reglas extravagantes e inexactas que desregulan la
percepción del espectador ante la obra. Inventa un juego a escala diminuta
y con sus propias leyes, escenarios y personajes, donde la vida convive y
se confunde con la muerte. Esa tensión adquiere un dramatismo cargado

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Infancia y poesía

de inocencia manifiesto en imágenes sencillas pero de remoto simbolismo.
Se despliega un repertorio privado y personal que reelabora recuerdos,
citas, lecturas teóricas y referencias a la historia del arte, para plasmarlo
en la invención de un lenguaje polifónico e indefinible que le permite
acercarse a zonas de difícil acceso. Del retrato al autorretrato al árbol
familiar a la locura, la imagen cobra una reversibilidad muy poderosa, que
la convierte por momentos en una pieza antropológica o un objeto mágico.
O en una Guía de los perplejos actualizada para acceder al conocimiento
sensible de una realidad llena de pliegues y de capas invisibles, que no
alcanzamos a comprender. La imagen es dibujo, bordado, espejo de esas
breves situaciones ante las que nos miramos y nos identificamos. Mariana
modela la cerámica, recupera la gestualidad del niño ante la materia, sin
importar el acabado. Ese gesto contiene y capta el tiempo en su esencia
más extraña, en su imperfección y asimetría. Busca una verdad que escapa
al arte y a su vez lo pone al descubierto. Reescribe la materia y su
significado. El gesto del niño que juega. No sabemos si estamos dentro o
fuera de la banda de Mariana, perdemos la noción individual en ese juego
de miradas e identificaciones que su obra nos propone. Difícil escapar a
ellas. Somos parte de ese universo mineral y vegetal, nos extasiamos ante
la inteligencia de las flores y los frutos que pueblan sus obras desbordantes
y prodigiosas. Compartimos los secretos de ese linaje familiar y su locura.

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Mariana Robles y Claudia Santanera

La simetría y la asimetría comparten las cualidades de esta cinta infinita que
a medida que avanzamos superpone y tuerce la superficie al tornarla reversible.
La fábula se reimprime sobre sí misma como en el Canon del cangrejo.
Altera el tiempo lineal al invertirlo, al volver a interpretarlo. Las distancias
entre la infancia y el presente construyen un espacio no representable.
Claudia

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Infancia y poesía

Mariana Robles nació en Buenos Aires en 1980 y vive en Córdoba desde
1998. Es egresada y docente de la Escuela Provincial de Bellas Artes Dr.
José Figueroa Alcorta. Es licenciada en Filosofía de la Universidad Nacional
de Córdoba. Desde 2008 trabaja en el área de investigación en el Museo
Caraffa. En 2010 publicó “Línea de Atlas” (Editorial Alción), en 2013 “El
árbol de los reflejos” (Ediciones de la Biblioteca Córdoba) y “Constelación
Escarlata Turquesa” (La Sofía Cartonera, UNC) y en 2016 “Los niños de
Renoir” (Editorial Nudista). Desde 2013 dicta talleres de escritura para
artistas, poesía y bordado. Escribe de manera independiente reseñas y
artículos sobre arte y literatura en revistas y suplementos especializados.
En la actualidad administra el blog “Telares de Intemperie” de reseñas
de poesía. Desde 2002 expone su obra plástica en espacios de la ciudad
y el país, abordando diferentes géneros como la pintura, el bordado, la
cerámica y el dibujo. Su obra ha sido seleccionada para participar en
diferentes salones entre ellos el Salón de Pintura Banco de Córdoba (2013)
y el Premio UNNE de Artes Visuales en Corrientes (2015). También ha
obtenido reconocimientos por su obra plástica y poética, su libro “Los
niños de Renoir” obtuvo el Premio Estimulo a la Producción Editorial de
la Municipalidad de Córdoba (2015); su obra “El bordado de la Reina” el
Primer Premio de Ilustración en la Feria Infanto-Juvenil de la Ciudad de
Córdoba (2015); la serie de bordados “Locura y técnica” el Primer Premio

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Mariana Robles y Claudia Santanera

Adquisición en el XXIV Salón y Premio Ciudad de Córdoba (2014);
“Descamisada” obtuvo una mención especial del jurado en el XXIII Salón
y Premio Ciudad de Córdoba (2013) y “El árbol de los reflejos” una
mención del jurado en el concurso de Poesía de la Provincia de Córdoba
(2013). Actualmente vive en las sierras de Córdoba.

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Infancia y poesía

Claudia Santanera es Licenciada en Letras de la UNC. En el año 1997
recibe la mención / publicación – Premio de Poesía Abuelas de Plaza de
Mayo Identidad. De las huellas a la palabra por su trabajo In illo tempore.
Antología publicada por Editorial EUBEDA de Buenos Aires. Publicó
los libros de poesía Tartaruga (Alción Editora, Córdoba, 2004) y Cuatro
visitas (Editorial Vox, Bahía Blanca, 2008).
En 2014 presentó el compilado de sus videos Lullaby en la galería El gran
vidrio de Córdoba. En 2015 realizó la muestra individual de video y poesía
Una medida para pesar el mundo en el Museo Genaro Pérez.
Ha realizado diferentes proyectos curatoriales: CC264 Vía postal –arte
correo– Muestra Homenaje a Edgardo Antonio Vigo en el CCEspaña-
Córdoba (2008), en el Museo de Arte Contemporáneo Castagnino+macro
de Rosario (2009) y en el Museo de Bellas Artes de La Plata, 2009. En 2010
No toda es pintura la de los ojos abiertos, muestra individual de Alfredo
Prior en el Museo Caraffa. En 2013 la muestra individual de Nahuel Vecino
Dolcezza al cuor en el Museo Caraffa. En 2014 la muestra de Mondongo
en el Museo Caraffa, y en el 2016 la muestra antológica Liliana Porter en
el Museo Caraffa y Mi patria de espinas de Indira Montoya en el Museo
Genaro Pérez.

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