Comollamaqueseeleva

-Antología de mujeres poetas del Caribe colombiano-

-AntologíademujerespoetasdelCaribecolombiano-
Comollamaqueseeleva
HernánVargascarreño
Antologador
Como llama que se eleva
Como llama que se eleva
-Antología de mujeres poetas del Caribe colombiano-
Como llama que se eleva
-Antología de mujeres poetas del Caribe colombiano-
Publicación de la Fundación Literaria Exilio

ISBN: 978-958-59592-3-1

© Hernán Vargascarreño -Antologador-
© Todos los derechos reservados pertenecen a cada una de las autoras,
quienes han cedido sus poemas solo para la presente antología

Ediciones Exilio
fundacionexilio@gmail.com

Primera edición: abril de 2017

Tiraje: 1.200 ejemplares

Imagen de portada: óleo de Lord Frederic Leighton, Flaming June
(Sol ardiente de Junio), detalle.

Diseño portada: Luz Mery Avendaño

Fotografía contraportada: Carlos Eduardo Peraza

Impresión:
Editorial Gente Nueva
Tel: 320 21 88 - Bogotá, D.C.
Impreso en Colombia/Printed in Colombia

Ninguna parte de esta antología puede ser reproducida por medio alguno
sin el previo permiso de la(s) autora(s).

Impreso en Colombia / Printed in Colombia
Presentación

Haber vivido durante más de dos décadas en el Caribe colombiano
y haber conocido gran parte de sus poetas, haber recorrido muchos
pueblos, casi fantasmas algunos, y haber degustado desde la voz de
las cantaoras y decimeros hasta las más elevadas formas de la poesía,
me llevaron a pensar en una antología, la primera, que recogiera al
menos una parte significativa del poema hecho cuerpo en el cuerpo y
alma de una mujer.

Recorrer el mapa poético del Caribe colombiano centrándose en
la voz de la mujer, no solo es reconocer la diversidad de herencias
que han amalgamado a esta parte sustancial del país, sino también
sopesar el aliento de la palabra que se niega a callar y que levanta sus
banderas para instaurar una fiesta donde todo goce promulgue las
libertades que bien sabemos han nacido mejor desde la voz de una
mujer. África, Oriente Medio, España y la Colombia indígena, son
básicamente las sangres que al unirse en la costa Caribe colombiana
siguen cantando en la voz de una sola mujer que se sabe portadora de
la luz de la vida, del ritmo que se precisa para ondular sobre la tierra,
de la música que llama desde el mar, la sabana, el río y la ciénaga,
es decir, desde el palpitar de un pueblo que al igual que sus alegrías
también sabe cantar sus tristezas.

Olga Chams Eljach seguirá siendo para las poetas del Caribe
colombiano la voz mayor que abrió el camino para que la mujer
grabara su canto en el cuerpo de un poema, y como homenaje a quien
conocemos más con el pseudónimo de Meira Delmar, elegimos por
votación uno de sus versos para darle nombre a la presente antología:
Como llama que se eleva, verso que no solo fulgura como una llama
sino que también se eleva para que la poesía irradie sus destellos de

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luz y de sombra, los necesarios para entender que la vida misma es un
poema, de tragedia o de alegría, pero siempre un poema. Y aunque no
estoy muy seguro -y les dejo esa pesquisa a los investigadores- Alba de
olvido, publicado en 1942 por el padre de Meira, cuando ella contaba
solo con 20 años, pareciera ser el primer libro de poesía publicado
por una mujer en el Caribe colombiano, libro que fue seleccionado
por un medio periodístico como uno de los mejores del siglo XX en
Colombia.

¿Qué intereses se mueven alrededor de la poesía de las poetas
antologadas aparte de su misma existencia que es el amor y la
muerte? Las lecturas de los grandes poetas del mundo y de nuestros
coterráneos, el dolor de país que nos desangra, la patria de la infancia
presente en todo poeta y el patio Caribe como remembranza de esa
infancia, el exilio del barrio, de la familia al otro lado del mar, los
amores ocultos y los expuestos a la luz de la canícula, la esperanza
de salir de la barbarie que nos malvive, la gastronomía y las fiestas
del gran carnaval de Barranquilla -que se celebra incluso en muchas
poblaciones pequeñas y alejadas de la gran capital de la costa Caribe-
y la vocación natural de ser hija, madre, hermana y amiga con todas
las formas del amor que hacen de la vida al menos algo respirable.

Es bueno precisar que en la presente antología no incluimos poetas
ya fallecidas y que además no todas aceptaron la propuesta de
aparecer, pues al ser un proyecto de autogestión, todos tuvimos que
aportar recursos para que el libro fuese una realidad. Un proyecto
semejante debería haber sido liderado por alguna gran entidad
regional o nacional, pero no podemos seguir esperando que desde
esas instancias algún día se acuerden de la poesía, que por sí misma
tiene la fuerza de convocar como el pan de cada mañana. En total son
26 las poetas que unieron sus voces para que esta primera antología de
mujeres poetas del Caribe colombiano llegue a los lectores y sea una
motivación para que otras voces más jóvenes sigan cosechando en el
verso o en la prosa poética el sentir del ser Caribe. Y sin pretenderlo,
creemos además que la antología puede llegar a convertirse en un
documento que, aunque su esencia es la poesía, puede aceptar otras
miradas desde lo social, lo antropológico, lo psíquico, lo familiar, en
fin, no solo desde lo artístico.

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Es curioso detenernos en una de esas miradas: hay algunas poetas
que les ha tocado vivir y trabajar en regiones inhóspitas, que fueron
testigos de desplazamientos e incluso de hostigamientos entre las
fuerzas que han protagonizado la guerra en nuestro país, poetas
cruzadas y signadas por el dolor y por el temor que implica estar
en medio de un conflicto del que no hacen parte; y en su silencio,
a veces en mitad de la noche, en esos mismos pueblos y veredas
abandonados de la mirada de los buenos dioses, han escrito, lenta
y concienzudamente, trozos de patria adolorida que bien son
un retrato fiel no solo de su propia angustia sino de la de muchos
colombianos. Y a diferencia de lo anterior, pocas poetas tuvieron la
fortuna de estudiar en el exterior, y solo otras pocas están empezando
a salir del país en los últimos años, ya sea por viajes de placer o a
participar en encuentros internacionales de poesía. Y la única de las
poetas antologadas que vive fuera del país, es Lauren Mendinueta,
quien reside en Portugal, y a quien pude visitar en el 2015, ya que nos
une una amistad desde antes de su partida; y quién más apropiada
para llevarme por las callejuelas de Pessoa, señalarme el Tajo como
se señala un mar y enseñarme el verdadero color de la saudade.

Una sorpresa para mí fue leer por vez primera los poemas de Margarita
Jacquin, gracias al puente que hizo la poeta Nazly Mulford. Jacquin
es samaria y desde hace dos décadas vive en una vereda de la sabana
de Bogotá, alejada del gran ruido, y ese estilo de vida casi asceta es
lo que se refleja en sus poemas, verdaderas joyas de la sencillez, tan
difícil de alcanzar en la poesía.

Termino esta mínima presentación citando el siguiente poema:

Antes de decir camino, habías hablado de todas las aguas.
Llanto inútil esto de ser llovizna huesos pueblo.
He perdido las palabras, ya no las sujeto en mis puños.
No intentes habitar este añico del mundo porque aquí el fuego se extinguió.
No me busques en la hendidura donde el embrión se despereza.
No me detengo, ¿para qué hacerlo? Nada aquí es cierto.
Me fui para no arrinconarme llena de temores.
Yo con mi locura, yo con mis ganas dolorosas de mudar de piel.
Teme a los pequeños dioses su pequeña medida de justicia.

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Solo sé que aquí vive la poesía en el exilio afortunado de mis sueños.
Aún así, todas mis tretas son en vano. No levanta ni su vuelo ni su canto.
Escribo para enjaular el susurro del viento. Las hojas duermen silenciosas.
No temo a la muerte, la ceguera de los vivos es lo que me asusta.
Hay solo un tiempo para ser, para hacer. Hacerse. Hágase en mí.
Porque claro, usted asolea el ocio para que no se pudra en sus bolsillos.
Si suben a la noche dejan caer un ramillete de estrellas.
Y no es por desafecto ni descuido que se despoja el ángel de sus alas.
No me detengo ni llego; todas las mañanas comienzo.
Entre la ciega muchedumbre sigo imaginando un rastro de misterio.
Desde entonces amé en verdad a esa otra verdadera que acabó
de nacer en mí.
Acaso si atesoro la palabra nadie descubra de qué estoy hecha.
Conozco los caminos y también los atajos, la muchacha que he sido.
Pero me deslizo y caigo en la única trampa que me liberta.
Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono.
En el centro me hago fuego, invierto los deseos… Ya no me veo.
Como el mismo barco ebrio bailando entre olas.

El poema anterior aparece diseminado a lo largo de la antología, pues
en realidad está armado con un verso de cada una de las veintiséis
poetas solo con el propósito de abrir este umbral al que gratamente
podemos ingresar con el permiso de la poesía.

Queda en manos de los lectores una amplia muestra de esos mapas
que uno quisiera recorrer a ciegas, como lo es el territorio de la Poesía,
no sin antes expresar mi plena gratitud a todas las poetas que me han
permitido esta felicidad por la cercanía con su palabra.

El antologador

8
angéliCa santamaría
(Sincelejo, 1974)
³ ³ ³

Es sucreña por sus raíces maternas y sus lazos filiales con distintos lugares de
la región. Es abogada de la Universidad del Rosario de Bogotá y Psicóloga de
la Universidad del Norte. La escritura de poemas apareció como una vocación
temprana desde que tenía 10 años. Desde aquella época ha cultivado su pasión
por la poesía y otros géneros literarios, así como por el dibujo y la pintura al
óleo, aunque hasta hace poco mantuvo sus trabajos artísticos como un “goce de
la intimidad”.
Ha participado en talleres de literatura y artes plásticas. Admira la obra de
poetas colombianos como Aurelio Arturo y Giovanni Quessep, así como la
narrativa de Tolstoi y Flaubert, principalmente. Algunos de sus poemas fueron
publicados por primera vez en la Revista Huellas de la Universidad del Norte
(2008). En 2015 publicó su primer libro, Museo de los relojes, Editorial Letra
a letra, en cuyo prólogo Joaquín Mattos anota: “Angélica Santamaría ha
cultivado la poesía como una actividad casi secreta, como si se tratara de
un jardín íntimo, privado, celosa y pudorosamente oculto, y cuya ruta de
acceso solo ella conocía”. Actualmente vive en Barranquilla, casada y madre de
tres hijos. Su tiempo lo distribuye entre la escritura, el arte y su trabajo como
psicóloga clínica. Desde hace tres años colabora como columnista en la Revista
Ola Caribe. Tiene inédito un libro de relatos.
Correo: santamaria74@gmail.com

10
Reloj de arena

Fuiste la rosa.
Sucediste en primaveras ignoradas
en este, tu suelo de trinitarias
y noches balanceadas en el canto de los grillos.

Sucediste, como las horas de junios antiguos,
cuando el tiempo hablaba de lunas festivas
y eras la rosa de todas las esencias
a pesar de no haber sido yo
la calma
cuando abracé tu cuerpo aún tibio
ya sin vida en mi regazo.
A esa hora la hierba cantó sobre la tierra
un fragmento de orfandad
entre las cosas que viajaron contigo
en busca del nido y la crisálida
cuando la hierba creía en devenires de sombras.
En las tablas han temblado lamentos
sobre un rumor de fragancias difuntas.
El polvo, solo el polvo,
colorea enseres y alimenta desvelos
en las pacientes noches de los grillos
y este corazón del que me desprendo cada mañana
espera el encuentro de sus mariposas
con tu primavera imaginaria.

Como llama que se eleva 11
Soñar en paz con la bisabuela

Antes de decir “camino” habías hablado de todas las aguas. Apareciste
con la risa escondida bajo el rostro de severo ritual que guardabas
para los velorios. Te hiciste pequeña bajo un luminoso estropicio de
chicharras.

Carlota: hoy me preguntas por tus caminos a pesar de tus
presentimientos. Tienes razón, ya no son nuestras las montañas que
merodean tu patio. Tantas veces desde el pretil les cantabas con tus
recuerdos, con el verdor de naranjales, cerezos y trinitarias alrededor
de un árbol ronco en las brisas de verano. Bajo nidos y palmas
bebíamos esencias de tus frutales, cuando los cuencos servidos en
tu mesa nos parecían la respuesta a toda esperanza. Y nos diste una
senda cubierta por piedras de arroyo dispuestas a defendernos de las
espinas o del barro.

Ya eras gris cuando nos conocimos; para entonces aún relatabas el
todo de tu carne, y sonreías, como entregando al universo un conjuro
propicio para toda levedad. Alcanzaste tus designios gota a gota,
incluso cuando la voz se te hizo lenta para musitar maldiciones y
plegarias. Eras mujer al fin de cuentas. Le habrías mordido la cabeza
a una serpiente, y al rato, podías derramarte blanda y tenue en el
lecho nupcial, Carlota.

Cada día somos menos de algo, cada día vuelves a ser aparición
mientras tu casa se hunde y vuelve a la tierra, a pesar de que allí
bailamos juntas frente al balcón, a pleno mediodía, cuando tu sonrisa
se repartía entre dientes de porcelana y acorazabas en los relojes las
campanadas de la dicha y la aurora.

Vuelves a preguntarme por tus caminos como si yo fuera capaz de
inventarles el mapa que tuvieran en tus días de viento en un océano
cautivo, Carlota. La luna del vientre lleno languidece entre los juncos
y ya nadie sonríe entre su niebla. Algunas voces levantan humaredas
contra los recintos aún perfumados por calillas y tierra de lluvia. Hoy

12 AngélicA SAntAmAríA
son otros los augurios que reciben a los forasteros, si es que llegan a
ver cómo cruje tu casa de tambo.

Somos menos, somos pocos.

Hoy nada alcanzamos de tu mesa. Ni el jazmín, ni la rosa, ni el
bálsamo de azahares se levantan del vuelo a la nostalgia donde erigen
su condena, con tal de quedar a salvo del olvido. Y tú cantas, Carlota,
la canción de los días que el pasado devora, donde no existe el tiempo
que a todos nos redime. Donde no existe el tiempo, como reina o
doncella, tú cantas, Carlota.

Verbo

Quién puede florecer en esta hora
dar un paso atrás
sin retroceder en el tiempo
sólo ir a escuchar
de nuevo la voz
sólo mirar por última vez
el rostro de la despedida

luminoso día de pájaros robados
a las páginas abiertas
por el aire limpio y fresco
de aquel amanecer.

Como llama que se eleva 13
Un paseo de tarde

Olía a Mayo
a su café colado de las cinco
junto al fogón que encendían sus manos
ardientes de humildad.
Pero no era ella.
Ni su voz de matrona guarnecida en el tedio de aquellas tardes
ni su andar eterno de animal golpeado
habrían podido estropearle el corazón a los muros
donde envejeció a pasos tibios y tejió
la antigüedad de su tribulación.
Era la música de ruedas tapizando adoquines
sobre hormigas fuertes, extraviadas.

Mayo las miraba con su valor entumecido
su propia fuerza y valor entumecidos
y jugaba con ellas a aprender el abecedario
mientras él llegaba a instalar sus improperios
en noches que hacía mucho tiempo
habían dejado de ser extensas. Y no era ella.

Pero era el olor de Mayo
asomada
en la ventana de aquellas tardes
o el olor de Mayo
sin socorrerse en estas calles
porque prefirió deshacerse para siempre de sus epifanías
antes que gastarse la sombra
en geometrías de nadie.

14 AngélicA SAntAmAríA
Metáfora de los días

Como las olas
en la noche
adivinando el rastro
de la sombra tenue que presume la luna
y se elevan suaves sobre sus cimientos
danzantes ignorados por la corriente.

Como las olas
al tocar el aire se ablandan en espuma
dibujan el rastro
blancuras inundan humedades nuevas
alcanzan el tiempo
reflejado en destellos que nadie se lleva.

Como las olas
elevan el agua en siluetas de mar
entregan al viento la voz de los océanos
y revientan
para abrazar la orilla

sumergirla, recobrarla
retornarla a su vaivén.

Como llama que se eleva 15
La orilla

Nacen las aguas.
La orilla es mansa y serena
el viento le trae una estela de olas
la música es un dibujo de espumas
en el horizonte.

El tiempo camina desde las aguas
la brisa es suspiro de su regreso.

Vuelve
y se va
siempre en busca de su retorno
repitiéndose en el ocaso y la aurora
se hace péndulo de la luna
bebe cenizas de salamandras
sacia el hambre de los peces
que alimentan a las aves
con su propia sed de aguas dulces.

Lo sabe todo
posee todo
nada se niega en su recorrido
de ave resuelta a romper la transparencia de la ola

el tiempo es agua
entre bruma y espuma escribe el camino
hasta encontrar el canto
de la sal entre la piedra.

16 AngélicA SAntAmAríA
Pregunta por la eterna sed

Acaso, Tántalo,

¿sabes tú si la espesura que se pierde
en la palabra mar
transita un lecho de almíbar
cuyo camino nadie siente

o es preciso saber que entre nacer y morir
una vida se esparce
y lo incierto ahoga el olvido
en la sed del regreso?

Como llama que se eleva 17
Entre mares

Hay niebla.
En el azul agazapado de otra noche sin amarnos
hemos sido eternos.
No hubo un día
no hubo un momento para mirar tanto silencio
nadando entre las voces
que nuestras siluetas abandonan.

Hay lluvia
y es la lluvia un retazo de esta sed
una gota de augurios sellados en los labios
cuando tu dedo en mi boca dibujó el deseo
negándole
a un sereno tormento
la desbordada lucidez de las lágrimas.
He aprendido a caminar
encadenando mi llanto al cimiento de las nubes.

Hay brisa
danza entre chubascos la sombra de un almendro
que callada contempla pétalos náufragos
recogiendo en su contorno remotas despedidas.
El color persiste en esas muertes húmedas
olvidadas para siempre por el aroma de la flor.

Hay mares
y entre mares te recojo una vez más del olvido
te contemplo invisible en un retorno sin ruta
respiro lo que alcanzo de estas noches inmensas
y me siento a recordarte en un futuro que te nombre.

18 AngélicA SAntAmAríA
Piedras húmedas

Trato de tocar las piedras húmedas
de robarles
unas cuantas gotas de llanto
y a través de las lágrimas mirar tu rostro
multiplicado
para así besarte infinidad de veces
sabiendo que de nuevo te he encontrado.
Trato de tocar en mi recuerdo tus manos
de herir tus labios con un amor sin nombre
para que no me olvides
y recuerdes que el alma tiembla
de miedo
de tibieza
de tiempo
de ternura
del cansancio que no se alcanzó.
Intento mentirle a las piedras húmedas
intento negarles la sal que las descubre
decirles: el viento devuelve la tarde
el tiempo es un sueño
el llanto no recorre este cariño solitario
con el que me has dejado
contemplando en la memoria
tu forma y tu sombra
atesoradas por mi llanto
en estas piedras temblorosas.

Como llama que se eleva 19
Son otras

Las gotas de ágata sobre la piedra
invadiendo el horizonte de olvido.
Fue el tiempo la tinta en el hielo
de una noche que fue abismo
atravesando mi pecho.
Se hizo el eco herida del viento,
enmudeció la tarde
sin el umbral de un recuerdo.

Cae al mar
la piel en retazos de un magenta lunar,
azules de nubes humedecen los labios
y danza en la arena un gemido de lluvia
recogiendo en suspiros los colores del aire.

Escucho a solas la caída del rocío
recorro a solas la mañana y el crepúsculo.
Es el tiempo
una y otra vez certeza de sueños
en días de mares que no alcanzan la orilla.
El agua me desnuda con todas mis grietas,
es el tiempo
la certeza final de retornos incesantes.

El eco existe. Regresa el viento.

20 AngélicA SAntAmAríA
Conjuro del albur

Lo sabes, tanto como yo.
Sabemos decir suspiros, tejer alboradas,
cosechar crepúsculos, desmenuzar la sonrisa y esconderla,
encontrar la palabra médano en el fondo de las penínsulas

y todas esas cosas que le sirven al azar

las sabemos, las cantamos
como si en realidad fuéramos ese sonido
parecido al aleteo de una hoja en el agua
o burbujas en un refugio para nuestros luceros.

Eso somos, azar y conjuro
escritura y recinto
que a veces se encuentran en un zaguán del paraíso.
Ocurre a veces, cuando escapamos por una ventana entre las nubes
tras la dicha imperturbable de darle un nuevo color al mar
y luego nos desgranamos en la lluvia
y siempre regresamos a la orilla en busca del médano
de la península
en busca del azar que nos nombre como marea y espuma
en el centro de una misma piedra.

Como llama que se eleva 21
Metáforas del regreso

Es un río que viene de otros mundos
por geografías sin rutas de desesperación
a decirme las palabras de olvido
en el revés de una historia no redimida.
Es la voz frente al espejo encendido en el azul
del cual se desprendió tu nombre
inmensidad resuelta
para enseñarme a suplicar cuánto mide el infinito:

Entonces fui un ser vegetal, dejé de ser luciérnaga
y con los años quietos me hice al destino de un dios dromedario.

Pero el cielo es mirada de los ausentes
el río es un nido de barcos y despedidas ajeno a los frutos
que crecen en altamar
lejanía domesticada en el fragor de puertos
adorados en la silvestre ensoñación que amansa la ribera

enorme surco de sed
siempre de vuelta hacia las aguas prometidas
al nacimiento sereno de las aguas melodiosas.

22 AngélicA SAntAmAríA
Las criaturas de Prometeo

Tenerte, Tiempo
en el fervor de estas heridas
alcanzarte y poseerte
sin dejar de esperarte.
Tenerte en la esperanza
y en el olvido de estas palabras
que a mi lado pronuncias
para designar a este ser que te nombra
desde su soledad.
Me tienes, Tiempo
en tu fuego a cambio de mi piel
cuando empezaste a poseerme a pesar del polvo
para sembrar mi destino
en el temblor del alba.

Como llama que se eleva 23
Liturgia de la sal

Una caracola en la orilla
sembrada en la arena
removida por olas y olas.
Una caracola desnuda en su interior
con la certeza única de su deriva.
El mar
que fue la vida
es ahora eternidad.

La arena
ceniza de caracolas
como cielo de moluscos
como suelo de especies
hoy respiran, mañana vuelan, un día se alejan
confiadas en el refugio y el retorno

la arena

expande y contrae la silueta del litoral
como una criatura mansa.

La piedra
feroz en su calma
martillo apacible al final de las aguas

marea y piedra, salmo irrepetible.

Tal vez eso es la muerte:
una caracola en su deriva
nácar y sal convertidos en arena
oleaje que amansa la piedra
marea que la diluye y devuelve a la inmensidad.
Salmo que se repite.

24 AngélicA SAntAmAríA
La Sierra

Trae una vertiente hecha a manos del rocío
que baja
de la neblina al musgo.

El verde
se levanta de los rellanos y laderas
como un resplandor
de vegetales cavernarios
para servir un día al nido del quetzal.
No hay principio ni fin
entre un pino y un helecho
entre el junco y la palma

un tejido de pencas levanta su peso
hacia el trópico de vírgenes vestidas de nacimiento
y un barullo con aliento frío
de ranas y luciérnagas

esos seres húmedos
plenos de penumbra.

La Sierra
recorre todos los suelos de flor y café
por donde pasa la niebla antes de poseer la cumbre

juega a las escondidas
asusta a las hojas con colores repentinos:
Ámbar en un pétalo
racimos en garanza y alizarín
fractales de cadmio
en setas leales al árbol caído
y un azul de ultramar llevado a la montaña
a veces brilla en la semilla sin nombre.

Como llama que se eleva 25
Ahí la Sierra
Silueta, corto punzante a contraluz del amanecer
madre nutriz de barro y raíces.
Recibe la ofrenda simple y lejana de estos versos
necesarios
como la sed del colibrí.

Un día

Cómo escribir esta historia en la que el tiempo
camina descalzo a través de los muros,
donde su paso recoge levedades y todo lo puede.
Cómo vivir esta historia de días, de horas,
de ruegos
y vuelos que el aire marchita
recoge y levanta entre esfinges de humo.
Cómo alcanzar
con las manos cerradas
la luz detenida en este ser cavernario
mullido de quebrantos, amores y apuros,
cuyo rostro entumecido no se cansa de mirar.
Cómo ser piel en el instante preciso
cómo ser carne en el lienzo olvidado,
cómo ser tiempo
en un remoto e irrecusable calendario…

26 AngélicA SAntAmAríA
anna FranCisCa rodas iglesias
(Puerto Mosquito, Cesar, 1968)
³ ³ ³

Miembro de la Corporación MECA, Escritores y Artistas de Medellín, ciudad
donde reside. Colaboradora de la Revista Horizonte Literario Contemporáneo,
revista rumana que se edita en varios idiomas. Libros de poesía publicados:
Obsidianna (2010) y La soledad de las clepsidras (2014).
Sus poemas han sido publicados en diversas antologías y memorias nacionales
e internacionales, como: Piedraluna (Medellín, 2010); Como verdes guitarras
de eucaliptos (Perú, 2011); Ontolírica del viento (Perú, 2012); Poetas en el
Equinoccio Día Mundial de la Poesía (Pereira/Dosquebradas, 2011/2013/2014);
Compilación de trece poetas colombianas Las mujeres que yo amo… (algunas)
Antologada por José Guillermo Vargas (Editorial Maribelina, Lima, Perú,
2012); Poesía Colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres, Tomo 2 (Apidama
Ediciones, Bogotá, 2014); Antología Internacional de Mujeres Poetas Grito
de Mujer (República Dominicana, 2014); Vértice de Encuentros: 86 Poetas en
los Vientos del Lago Azul (Editorial Maribelina, Perú, 2014). Compiladora del
libro: Genealogía de los susurros Poesía 82 voces (edición que reúne a poetas
de diversos puntos de Colombia y de otros países, Medellín, 2014), entre otras.
Obtuvo accésit de reconocimiento en el III Concurso Nacional de Poesía Inédita
Meira Delmar, convocado en el 2008 en Colombia.
Participó como poeta invitada en el 25° Festival Internacional de Poesía de
Medellín (2015). Diversas ciudades y puntos de la geografía colombiana, al igual
que otros tantos países han contado con su presencia como invitada a diversos
encuentros y festivales en torno a la palabra poética.
Poemas suyos han sido traducidos al italiano, inglés y al rumano.
Correo: annfri1@hotmail.com

28
La palabra que me nombra

Podría llamarme Juana, Salomé, Virginia,
o simplemente, ser bandera,
ejercicio de otros para sobrevivir al cúmulo de palabras
sin destino.
Una oración frente al árbol y pido perdón
por mi árido vientre,
por el silencio insepulto,
por cada pájaro en las jaulas de un dogma ajeno.

Llanto inútil
esto de ser llovizna
huesos
pueblo
trozo de tierra al que volverá mi vientre
en búsqueda del origen:
La palabra que me nombra

Podría llamarme Juana,
Salomé,
Virginia,
Antonia
o, ser liturgia de vagabundos
cuyo nombre devoran
las fieras.

29
Hacia ti
la devastada herida donde la tierra se erige

en ti
la boca fecunda de naufragios donde otra memoria se levanta

a través de ti
los crepúsculos giran silenciosamente

Lo digo:

de fuego es mi lengua
y a veces mis palabras el incendio donde mueres
como las grandes aves

Yo soy quien vendará de nuevo tus ojos
para enseñarte...
Yo,
la que prolonga el rito de los ciegos,
la que se olvida,
la que se olvida y luego aguardas
para dar de comer a los cuervos.
Yo,
la que arde en tu corazón mientras
el mundo se precipita
y con mi aliento protejo a una sola flor
donde anida el misterio del mundo.

30
Ante el espejo

En relación al tiempo -un cuchillo,
las manos del dolor
una copa (de preferencia fuerte)
algo que despierte el asfalto para quien dejó sus piernas
en un campo de guerra
y bifurque la pesadilla de una tierra extraña.

Un animal al acecho
fuma y repite para que otros desangren la ignorancia.

En relación al hombre -la palabra,
piedra sobre piedra
destello galopante y esquivo de quien ignora
que llegará el verano antes del antes
y olvidará escribirse
incapaz del sentido mientras no se pronuncie.

En relación al fuego -una incendiaria,
para deshabitar el refugio de quien olvida su cansancio;
camuflaje de sí, como de pez expuesto tras el vidrio
para aligerar la visión y silenciarse.

En relación al mundo -las calles,
la nada
su máquina de tiempo
que dibuja otro instante
donde nadie nos necesita.

31
Podrás decir

No todos los pájaros están preparados para la tormenta

huyen del campanario
antes del amanecer, huyen,
juegan a inscribir el misterio, y mueren
sin una tumba,
sin un nombre
sin el epitafio de los mortales.

Es posible la nada:

los peces en el hueco de las manos
los peces en los nidos
el ocaso prendiéndose alrededor de las carencias
el universo del instinto,
tus ojos,
tus ojos que interrogan el susurro
para llenarme.

Desaprendo los pasos, el ritmo
donde absuelven los cristales gota a gota
la ceguera de la lluvia

para cuando todo falte, ir lejos
… Lejos

Podrás decir que me gustaba el silencio
que no pude detener el vuelo de los peces
ni la precisión de los relojes,
cuando entiendas de renuncias…
podrás decir:
Siente el otoño,
los pájaros,
los peces,
han huido

32
Todo está escrito en mí

Yo reconozco los signos del desierto,
el dolor de estar sola bajo otra lengua
en una ciudad inexistente.

Yo me reconozco
como profecía escrita a fuerza en la sangre
y amo las palabras que se conjugan (sin saberlo)

Todo está escrito en mí:
Mi naufragio,
mi herida,
el ramo de besos que he negado
y la palabra -Nunca-.

Hoy, tengo frío
y guardo la voz como limosna de nadie
a otra boca sedienta,
y leo libros que no acaban nunca de escribirse
en una ciudad triste donde no me hallo.

Noviembre
transcurre
mientras, recobro el destino de mi idioma
y el derecho a estar tristes
para abrazarnos...

33
Leo poemas
porque
rehúso
la emboscada
de una ciudad
donde las flores se cultivan
en cementerios

Leo poemas
que otros leerán mañana
-como yo-
para huir
con su armadura
de ciegos
ante la profecía

Leo poemas
24 horas después
leo:
“aquí el veneno de ayer está sobre la mesa
los ovarios baldíos el puñado de mariposas que sueltas”

Leo
mientras pasa la muerte
con una flor
y me sonríe

34
Supe de ti

a Enrique De Santiago

viajas en mi sangre, y es pronta y es nunca la siniestra estocada
que erigen los peces contracorriente del instinto

De ti, abrazo candente cual marca de hierro que nos identifica

El peso de la sombra esquiva un negro paraguas no apto para el
colmillo de la fiera

Tu existencia es otra geometría con un puñado de cristales para
romper la cordura

Sentada, sobre esta roca donde el agua juega y se estalla contra la
memoria,
el espiral repite,
se alimenta del nombre que no pronuncio

Supe de ti
con hilos de asombro vaciaste las cuencas de mis ojos
y de repente, como estela de resistencia,
mis palabras:

-Sueño cuidar la última flor del desierto
hasta que vuelvas.

Supe de ti
como rayo de luna que bebe al final de la copa
con el mar impreciso del amanecer y su génesis hecho fuga
Como saben
del fuego y el himno iniciado ante las horas
de la nada que fuimos…

35
Escribiré en tu cuerpo
para cuando abandones la guerra
no quede duda del acto de misericordia que araña la muerte.
Agonizaré en ti, sin miedo ante el resplandor
/donde se anuncian las flores.

Ahora
tengo un vaso de melancolía
una palabra injusta
un beso que arde y extiende como cuerpo de agua ante su isla.

Pero, yo

te escribiré poemas después de la muerte
entre tanto alimente el rito de la verdad a medias.

Procura, eso sí, trazarte la boca con la fe y el opio
de los desiertos…

36
Pronóstico

Duele,
-¿dónde?
Allí,
y señala rincones prematuros.

Todo hombre regresa a sus latitudes,
ave de himnos al margen,
espejismo, leva de burbujas
tras escenarios que abrasan.

Dime,
dónde estaciono la distancia de tus manos,
la ola, tornaviaje de otro libro sin brújulas.

Alcatraz de mis mares,
atestigua la luz del horizonte
rompe el calendario
no dejes que el faro sucumba a sus pies de salitre.

A las seis parte un barco,
y en él, un equipaje para cubrir los días.
Si acaso una lágrima desborde la lluvia,
suelta entonces los remos
atiende esta urgencia, húndete en corales
no importe la deriva
…Inúndame de pájaros al inminente naufragio,
Sin ruta, a la mar vencida.

37
Y así
como aprendimos a pronunciar palabras,
nosotros, los hijos del tiempo
aprendimos
a
revelarnos
entre lenguas
de fuego y sal
ante el árbol herido

A la caza
nos resguarda
un precipicio
donde
crece la flor

Tierra fecunda
nosotros
para la flor
ante la última línea

Nosotros
otra línea
en las manos

…en otras manos

38
Muñeca Rota

Como un sepulcro, cinco gotas de insomnio

Él, trenza un tambor para la guerra
Ella, agoniza ante el rito

Nada sabemos

en la tierra de nadie
semilla de unos
fruto de otros

Las moscas, agónicas, dibujan el tedio
El olor del chocolate guía la niebla,
mientras, danza lo efímero

Estoy libando la creencia del origen

Hago presencia en el pueblo de mi infancia

Busco un rincón que aligere exilios,
un rincón donde la sangre de tu sangre
recobre su nombre

Mi continente, eran tus manos,

hoy
no me alcanzan

39
Antídoto

Atavío de luces encendido en umbrales
¡Acúdeme!, cuando la noche apague
cuando rompa el desvelo bajo esta gota
quemada en tu beso.

No hay cielo sobre la esfera invertida
si pisas el frenesí desde la coronada encina
inmóvil y férrea
tibia y callada al remolino ardiente en su centro.
Longitud que nunca alcanzas a medir este aguacero
desbordando océanos en mi nombre.

Sin pausas,
sin pausas que el tiempo me baila la sombra
desde el oráculo inmisericorde de la muerte.

¿Qué corcel vadeó las cometas
sumergidas de sueños?
¿Quién respiró mi aliento
apostillado de sal y bruma
desde la venda que pretendió el letargo a la existencia?

¿Qué espada cortó la noche?
Dime…

Fue poca la inmensidad,
nos supo a poco
y fuimos antídoto donde el áspid inoculó
la sangre a los ríos.

No te buscaba
y me volcaste…

El fruto ha madurado despacio.
Muérdeme
que anuncio un temporal resonando campanas
al puerto de tu boca.

40
A propósito de quien no podía volar…

Murphy repta sobre la punta de sus alas
extraviado, con temor repta sobre un vuelo en fuga,
bajo un cielo en fuga.
Murphy, hijo de la noche
infante abandonado, lames el piso de las palabras
/que te nombran y te rondan.
Alguien debiera cantarte con amor una canción de cuna,
una canción que mitigue el dolor, el miedo de saberte solo,
/tan solo y solo,
pero ese alguien, como sombra persigue tu rastro de ángel caído.
¿Quién, Murphy, robó tu vuelo?
¿Quién te arrojó al infierno con alas quebradas
/para que solo pudieses arrastrar tu miseria?
Murphy, condenado a la tierra
a la indiferencia de quienes olvidan que volverán a ser tierra.
Enfermo de soledad sorbes el trago oscuro de tu corta vida.
Vistes de noche
Vuelve a la noche
dulce pájaro condenado a las tinieblas.

41
Estos poemas mudos
se devoran
entran al círculo del origen
cruzan a tientas el sonido

Aldabas de una memoria hacia el juego de la muerte
cumplo la cita con el miedo.
Me atraviesa el mundo y la nada.

Aldabas de la memoria,
abran la puerta
o gritaré
su nombre

Besaré
las líneas de otra boca
la voz donde custodia el tiempo su lenguaje arcano
para revelar en silencio los secretos

Besaré la gruta del destino sobre la piel donde el hierro prolonga
la muerte

Yo, te besaré en la hora última que cierra la tarde
para guardar de tu lengua los bautizos
sin nombre

Traigo la boca cargada de signos
…y dispuesta

42
Solo tú

Puede escudarse el verso al inasible manto,
la mañana, al canto de agua
traspasando barricadas de arena.

Sentir el cardumen, cerrando círculos
en punta de olas danzando al ocaso.

Qué grande el amor
cuando desborda redes en tu nombre,
cuando hace vértice en la orilla de mi todo
febril reflejo salvaguardando instantes.

Qué grande es pronunciarte

La piel renueva códigos cifrados y solo tú sabes,
solo tú, que cruzas el umbral del cielo al arribo de mi noche.

Qué importa ser estuario si esperaste por mí
y yo siempre fui tuya en la bitácora del viaje.

Pongo a salvo los fragmentos,
no del fuego o del agua.
A salvo
para signarte mi vida, esta vida mía
bordeando tus labios.

43
Estoy en el mundo
y no conozco más que el jardín
donde prevalecen los silencios.
¿Acaso niego ser presa de una orfandad de patria
y del vocablo que ya no significa?

Soy otra,
una quietud de viento…
Mientras,
Dios, en el recinto de una esquina,
junto a la escalera
me ofrece cigarros.

24

Hoy déjame levantar la pared
hasta la cima del olvido

Mañana libraré otra guerra
Ya no será una voz
ya no serán los muertos ni la ausencia
abstracción apátrida de desierto
sin reglas para caminar
entre la sed de los recintos

Hoy, déjame ir contra el viento
a instalarme en la piel antigua de una ciudad
con horas fugadas
a susurrar canciones
que rompan el miedo

Hoy, déjame
traspasar la angustia
que cierra la noche
con este grito
que se niega
a escribirse

44
annabell manjarrés Freyle
(Santa Marta, 1985)
³ ³ ³

Comunicadora Social y Periodista. Poeta y narradora. La Gobernación del
Magdalena le concedió el primer lugar en poesía y el segundo en cuento en el
Concurso de Poesía y Cuento Joven 2013. Es Premio Nacional de Cuento Bueno
y Breve, de la revista El Túnel, de Montería, 2015, certamen que ganó con el
texto El hombre en su jaula.
Autora de tres poemarios inéditos: El Espejo Lunar Blanco, Óleo de una mujer
acosada por el tiempo y Animales invertebrados. Poemas suyos han sido
traducidos al inglés, al catalán, al francés y al italiano, y figuran en diversas
antologías nacionales e internacionales. Tiene un libro inédito de cuentos.
Trabaja en su primera novela.
Correo: annabellmanjarres8@gmail.com

46
Una soledad anfibia

Una mañana puede desprender
las cáscaras de la que ayer suspiró y lamentarse bajo las sábanas.
Se pone de pie una máquina de carne sin el fantasma orgulloso,
renunciando al sueño unos minutos más
bajo las sábanas, bajo el tapete, bajo una culpa desconocida.
Al lado, en la mesa de noche,
una tacita sin té ni tinto te abre los brazos y dice:
“Sube la roca hasta lo más alto, pequeña Sísifo”.
Sabes que a nadie servirá ver una roca en la cima
pero los dioses obligan.
Sobrescribir tu nombre encerrándolo en un círculo
no devolverá a la que ayer suspiró.
Tu nombre es tu vestido,
tu apellido, tu chaqueta:
Annabell Desnuda Manjarrés Freyle.
Y, por supuesto, tus zapatos no son tu destino,
pero pueden andarlo.
Has visto adormecer el tiempo,
oh sí que lo has visto:
el cuerpo virar hacia un rincón,
en el intento de reconstruir los discursos de la que ayer suspiró.
Y quien hoy suspira suplica dormir todas las ganas de volver
y adormecer el deseo infantil
proyectado en sábanas acogedoras
e ilusiones portátiles.
Sería más fácil acostumbrar el deseo a lo próximo o aniquilarlo
para que los días de agua o de tierra sean excelentes.
Tender la cama, en todo caso,
será como vestir el nombre
de quien a solas recibe tu cuerpo.

Como llama que se eleva 47
Una desempleada

Caen de los árboles gotas de las lluvias de ayer.
Sentada en una banca oigo la conversación
ilustre de los pájaros.
Busca oficio, dicen mis colegas serviles y encorbatados:
No todo lo que tiene garras vuela, respondo.
Las nubes de Santa Marta esconden el sol en Escorpio
mientras la luna es una impostora:
la tuerta y felina mirada de la noche.
En mi espalda se arrugan unas saladas plumas de ángel:
deberían saber del torpe crepitar de estos tiempos.
Sigo esperando, sin suplicios, una ayuda mundanal.
La nicotina prometió calmar la imaginación,
los albores indigestos.
He perdonado al cielo por esconder el coraje de noviembre,
he levantado la mano a todo signo de autoridad.
Para absorber la alegría del viento
no basta con bostezar:
es más honesto creer en las motivaciones del aire,
en el periódico levitando en la Calle Veinte,
en el danzar de los trupillos en una plaza testimonial.
Doblemente eficaz para saltar las aguas negras,
gano tiempo raspando
los números de mi cédula como en una lotería.
Esta ciudad en remojo niega
el juego tramposo de mis afanes.

48 AnnAbell MAnjArrés Freyle
Ciudad del tiempo perdido

Compartiremos el desayuno con las moscas
leeremos los titulares rojos y los amarillos
juntaremos nuestros odios frente a un pick up
devolveremos al mar lo que la vida nos trajo
construiremos sobre pesados sueños
excusas de fantasía
nos levantaremos a ocupar lugares
y claudicaremos ante las sátiras
procrastinaremos hasta que la vejez nos agrie
añadiremos sabor a lo que nos sabe a certidumbre
responderemos No sin que nadie al otro lado nos pregunte apenas
olvidaremos el solsticio por obviedades
nos alzaremos para ponernos la camisa
preguntaremos a Dios por qué el domingo y no el lunes
escupiremos al suelo palabras redentoras
amaneceremos sin saber para qué o hacia dónde
haremos ruido sin decirle a nadie
almorzaremos la carne blanda de una vaca anónima
soñaremos con símbolos inútiles
desconoceremos para siempre su significado
volaremos sobre las ruinas de la tradición
escucharemos canciones repetitivas
bailaremos tales canciones hasta perder el gusto
caminaremos distancias preconcebidas
ayudaremos solo al que nos ayuda
oleremos de las flores su fragancia sobre la mesa
lamentaremos la sobriedad en fiestas decembrinas
sacaremos de la nada nuevas promesas
las sepultaremos en un libro al consumarlas a medias
enmoheceremos la noche con sueño prematuro
estrellaremos contra las rocas el futuro de hijos ajenos
venceremos el tiempo remojándolo en cerveza
“cooperaremos incondicionalmente con lo inevitable”.

Como llama que se eleva 49
He perdido las palabras…

He perdido las palabras.
Ya no las sujeto en mis puños.
Se me fueron en una mala impresión
y con la salud de un cerebro sin verdes lagunas.
Ahora no tengo cómo interpretar este encierro.
¿Cómo traducir la fluidez?
¿Con qué defenderé la alegría cuando abundan
los poemas tristes?
¿Cómo nombrar la indignación?
¿Dónde están las palabras cuando la sorpresa
me trae valles amplios, alegorías de libertad y
tierra negra para sembrar mis terquedades?
¿Podré acaso enumerar mis obsesiones?
¿Dónde está la palabra en castellano
que limite con los bordes de la palabra “imposible”?
¿Es la palabra “sueño” la llave, la puerta, la ventana?
¿Son las palabras la piel donde duermen los descubrimientos?
¿Por qué se han ido adonde no he podido ir a recogerlas?
Esta parálisis es por no poder utilizarlas.
Están allá, en alguna parte, conversadas, transgredidas,
sepultadas en manuales técnicos, en libros novísimos
o en algún entierro sufí.
¿Por qué no las retengo en la mente, en los ojos, en mi pelo
que tanto me habla mientras duermo?
Se me han ido las palabras en numerosos exilios,
me abandonan y las lloro.
Ruego por ellas,
ruego golpeándome la cabeza.
Me culpo como una víctima insegura de su tragedia:
me culpo por haberlas olvidado.

50 AnnAbell MAnjArrés Freyle
El canto del Minotauro

Ser un espejo frente a otro espejo,
la virtud de los seres infinitos.
Y juzgarse infinito en el propio reflejo
revela verdades obsesivas.

Certezas que, involuntarias,
abren puertas insostenibles
de las que solo es posible encontrar respuestas
en la generosidad de los sueños.

Es mi deber esperar a Teseo
para dormir las formas de mi angustia
y encontrar, por intuición de un dios,
la puerta de las epifanías correctas.

¡Cómo no entender que los anaqueles
son las ventanas de Creta!
Yo solo sé que es de noche porque me hago viejo
y mis ojos apenas tientan de Ariadna
su mítica belleza.

Ariadna, Ariadna:
tal vez nunca recuerdes
que fui yo el que te liberó
de los laberintos
de una biblioteca de Buenos Aires.

Como llama que se eleva 51
Estoy siendo nocturna en lugares soleados

Estoy siendo nocturna en lugares soleados.
Te lo dije: una vieja amiga me maldijo.
Te amo, a pesar de su conjuro insensato,
a pesar del hierro que ha traído su frío
en esta noche viciosa.

Cuando te di a leer mis poemas
dijiste que los apreciabas
pero, amor, ellos solo te estaban pidiendo ayuda.
Odié a la doncella esperando a su salvador
y también a la humilde
opacada por mi adicción a la tristeza.

Luego esas voces engreídas:
No me salves, tengo un orgullo patán,
no me salves como una bella durmiendo
el sueño de su desventura.

Y aquí pernoctas aun cuando rugí desde la puerta:
¡Ve a un patio adonde puedas cazar calandrias!
O ¡Busca algo que vuele
y sepa descomponer el cielo a su antojo!

Aquí sigues:
enamorado de la tundra del lince
o del lince que enmarañó la noche
y a las amigas de la noche,
para volverlas su espejo.

Estoy siendo nocturna en lugares soleados
y tú eres espora húmeda
viajando en la vena
que enamorada tiembla.

52 AnnAbell MAnjArrés Freyle
Ya no me leo el tarot

El espejismo del medio día
me demostró
que el bailarín sofocado,
solo era la humedad.

Y en el sopor de la tarde pude ver
el rostro de quienes
se disfrazaron de Dios y me conjugaron.

Les manifesté mi ignorancia
como única verdad
y me convertí
en una creyente de pacotilla.

Arruiné todas las predicciones
quemando las cartas
de tanto barajarlas al azar.

Tomé un puñado de arena…
lo arrojé al mar.
Y la arena fue mi destino
y el mar la nada.

No tiene caso para una criatura de cristal
ver más allá de la noche.
No tiene caso.
Las espadas que me despedazaron
yacen en el suelo con mi sangre primigenia.

Una mujer ajena
es la sangre que me circula con su perfume metálico,
con su oxígeno de manantial
que no supo nombrar a las cosas.

Como llama que se eleva 53
Ya no me leo el tarot, es cierto,
porque se me hizo
destino todo aquello que quise
junto a la suma
de palabras sueltas que
proferí irresponsable.

De lejos fueron llegando
los espejos que me agotaron
abordándome con el instante,
y sin embargo,
de la verdad del instante
no tuve más
que
existencia.

Premonición

Incluso antes de esta historia
de copas y espadas
anudada en mi garganta.
En esos tiempos en el que parecíamos
ejemplo del amor encarnado en la tierra.
Yo, como Casandra,
en quien jamás creíste,
ya escribía poemas de desamor.

54 AnnAbell MAnjArrés Freyle
Caballero de espadas

Él tiene el corazón lacerado
y helado de tanta lluvia.
Alguien tuvo que abrir la puerta misteriosa
y robar sus tesoros.

“Ya no quiero volver a verla”,
decía entre dientes,
y mordiendo las palabras
se le agotó la mirada gélida.

En la tierra empezaron a verlo
como el más común de los hombres.
Tuvo que volver al mar
para arrojar sus escudos quebrados.

“Sólo soy un hombre”, repetía,
y mientras murmuraba
se sintió como el recuerdo ridículo
de una mujer que lo amó.

Para el mar
qué insignificante
resultaba su tragedia.

Como llama que se eleva 55
Manjarrés

Fundaste el óvulo
de mi eterna feminidad
y luego te fuiste
dejándome el vacío de los abrazos
y ese reflejo de tu rostro en el mío
que aún no acepto.

Tienen algo de ti
todos los hombres que he amado,
porque después del delirio
solo queda el poema.

Fuimos un solo cuerpo
mi madre y yo
cuando perseguías
el aroma sexual
de una adolescente
sin ambiciones.

Pero hoy,
en el umbral de tu ancianidad,
he venido a recordarte
que soy tu única hija,
a la que nunca reemplazarás
en los brazos de ninguna otra.

56 AnnAbell MAnjArrés Freyle
Selva y origen

Estoy sola en mi selva de mujer,
tratando de ahogar el símbolo
en mi selva inconquistable.
Poblada de bestias vírgenes
y espíritus indomables.
Poblada de olores a lluvia
(barro en el aire)
y olores a tigres acechando
a mis hembras celosas.

Dejo crecer mi pelo en silencio
para encontrar la quietud del perdón
y la brisa sobre el follaje muerto
de las palabras.

Y desde esta jungla de deseos
desemboco mis ríos
de sangre.

Y grito
para ahogar todos los símbolos
y volver siempre a mí.

Como llama que se eleva 57
Mi voz en un laberinto

Mi voz se deshizo de la lengua.
Fue herramienta de malas palabras en mi contra.
Me condenó a una constelación
de actos predecibles.

Me mantuvo supeditada
a otros cantos,
pero yo no sé de cantos
ni de palomas silenciosas.

No sé de seres sobrevolándome
en tardes de playa acompasada por arpegios,
donde me importó un bledo
arrojar el alma a la vida.

Gesticulé en un papel
un grito poderoso,
para matar a aquellos,
los ilustres de la voz,
y compadecerme:

Pobre de mi voz, pobre.
La que se separó del habla
y habló por hablar.

La que aparentó ser una
guardadora de silencios
mientras llevaba la casa
sucia de ruidos interiores.

Pobre de ella, pobre.
La que visitó soles
y atardeció
en las esquinas.

58 AnnAbell MAnjArrés Freyle
Dislexia

Demasiado drama en tan poco suelo.
Una crisis existencial –supe después–
es no poder llegar a un acuerdo
con cada uno de tus rostros.
Mi rostro aéreo, mi rostro canto, mi rostro cruel.
Rostro tieso frente al monitor
mientras en el teclado las manos sonríen.
Se observa uno como un dios impotente
bebiéndose las decisiones
según el ritmo y los aplausos.
Mejor dormir:
claudicar con ánimo, en un sillón o algo así.
Dormir es colaborarle a la eternidad.
Es poner un trapo arcangélico sobre los espejos.
Mejor despertar:
nombrar los objetos
aunque los rostros duelan,
así la carne cristalina del ojo
no sea tan pura en la incertidumbre.
Mejor aún, una decisión cualquiera:
una lectura imprecisa despierta algo animalesco,
y ese algo, legañoso y estropeado,
desorienta a las palomas.
Qué torpeza:
una acaba de alzar vuelo
y no pude ir con ella.

Como llama que se eleva 59
Poemas en el final de los tiempos

Escribir poemas en el final de los tiempos,
cuando las nubes ya no son nubes
y los techos vuelan.

Cuando el zumbido en el cielo de mi boca
ya no es de las tormentas,
cuando otros vengan a reemplazarnos
y ya no haya tiempo.

Entonces, hay que escribir poemas
y cortarlos por la mitad.
Pegarles la imagen de otro verso casi olvidado
y aprender a convivir con el retazo
de un poema de taller.

Poemas trabajados desde un sentimiento añejo,
vivencia pasada, voz inútil.
Un eco que solo suena a eco.
Poema cansado de decir ausencia,
poema cansado de decir amor,
poema cansado de decir soledad, sexo, otoño, vino,
sentimiento, cielo azul y flores perfumadas.

Poema cansado del perfume de las flores.

Escribir poemas al final de la calle,
con un punto aparte delante de mis pies.
Bajar otra cuadra…
perecer
y descubrir que el perfume de hombre que seguí,
mordiendo manzanas enteras,
resultó ser
sólo una ecuación.

60 AnnAbell MAnjArrés Freyle
Oración para superar a Eva

I

Mujer, has dejado de ser Eva.
Ya no tienes por qué cargar con la culpa
ni amanecer con ese dolor
en un costado del mundo.
Has dejado de ser diosa,
porque todos los dioses
son imaginarios
y traen bajo sus mantos
ilusiones suicidas.

II

Has dejado de ser Eva
por primera vez sobre la Tierra
y la Tierra…
la Tierra está desnuda,
pero tampoco es Eva:
sacude sus faldas volcánicas y se sumerge.
Se siente más de azul y branquias
que de manos emplumadas.
Y la Luna,
la Luna tampoco es Eva.
Nació redonda y magnética
sin que por ello la juzguen.

III

Puedes insistir en llegar descalza
sin buscarte en versiones varoniles
y así evitar el malestar
de comparar la fertilidad
con la de un campo arrasado
por un río déspota.
¿Acaso importa seguir ebria la trayectoria de una estrella?

Como llama que se eleva 61
IV

Vas a la moda con ese sudor ejecutivo,
musitando un padrenuestro
desprendido de la madre;
recibiendo heliconias
para verlas marchitar en el florero,
oxidadas, hediendo a cobre,
como endometrios castigados
por una lunación.

V

Cuando eras niña,
jugabas a las escondidas
con los ojos vendados de inocencia.
Cuando adolescente,
te enamoraste del sol en la mirada de los hombres.
Cuando adulta,
arrojaste la venda
para reconocer a un hombre llevado de tu mano.
Cuando anciana, y llena de pájaros por dentro,
sobrevolaste los escombros
agitando la sábana frágil del pasado.

VI

Costilla deletreable,
otras fueran las victorias
si Eva hubiese escrito
el best seller de Dios.

62 AnnAbell MAnjArrés Freyle
beatriz vanegas athías
(Majagual, Sucre, 1970)
³ ³ ³

Escritora y editora, Licenciada en Lingüística y literatura. Magíster en Semiótica.
Directora de Ediciones Corazón de Mango.
Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia (1993). Premio
Departamental de Poesía Fondo Mixto de Sucre, (2000); Premio Internacional
de Poesía Pilar Paz Pasamar, de Jerez de la Frontera, España (2010); Premio
Nacional de Poesía Casa de Poesía Silva (2012). Poemas, ensayos y crónicas
suyas aparecen en portales digitales y antologías nacionales.
Ha publicado: Galería de perdedores, poemas (2000), Los lugares comunes,
poemas, (2006), Crónicas para apagar la oscuridad, crónicas y reportajes,
Editorial UIS (2011), Con tres heridas yo, poemas, Editorial Caza de Poesía
(2012), De la A a la Z Colombia, poemas infantiles, Editorial Everest, España
(2012), Ahora mi patria es tu cuerpo (antología poética personal) Divulgación
Cultural UIS. Realizó la antología de poesía colombiana Silencio en el jardín
de la poesia Divulgación Cultural UIS. El canto de las moscas y la predicación
sobre la violencia ocultada (Tesis de Maestría sobre la poeta María Mercedes
Carranza publicada por la Universidad Industrial de Santander); Festejar la
ausencia, antología poética Universidad Externado de Colombia (2015), Todos
se amaban a escondidas, cuentos, Ediciones Corazón de Mango (2015) y
Escribir para vivir, antología poética y de columnas (2016) Ediciones Unión
de Escritores de Sucre.
En la actualidad es columnista de El Meridiano de Sucre y de El Espectador.
Correo: beatrimalacara@gmail.com

64
Del libro Galería de perdedores
Editorial Lealon, 2000

Consejos del fracasado

Asegúrate siempre de ser el mejor perdedor.
Asegúrate
y nadie demandará tu sabiduría
ni reclamarán urgidos tu amparo.
Asegúrate siempre de ser el mejor perdedor
y evitarás convertirte
en el ejemplo digno de imitar.

Si fracasas
eludirás los incómodos escrúpulos.
Serás siempre falible
ahorrándote la excomunión del aprendiz.
Si fracasas no conocerás la máscara
ni la servil lisonja.

Cuestiona con escarnio,
nunca fabriques ni siembres nada:
ni un cariño, ni una sonrisa,
ni un hijo, ni un árbol
mucho menos un libro.
Y no dejes de disfrutar descaradamente
si una gallina se traga en dos bocados
al gusano inerme.

Sé pusilánime.
Prostérnate ante este
y también ante aquel.
Erige gesto a gesto
un monumento al ridículo.
Apuesta siempre al gallo tuerto y cojo
al boxeador más desnutrido
al jíbaro de saco y corbata

Como llama que se eleva 65
al bacán que cambió su vida
por un trago de aguardiente
a la puta vientre de llanta
al desesperado que huye en la moto
dejando a sus espaldas
un reguero de amargura
al traficante de esperanzas
que nunca dice lo que piensa
al sepulturero feliz entre los infelices
al mercader de calificaciones
—él te garantiza la inutilidad humana—
al ángel negro y aterido
guardián de la noche en los pretiles
al desgraciado que aplaza
desde una sonrisa
hasta una cópula con ternura.
Sácale el cuerpo a la alegría.
Que sea tu única ley la anarquía.
Nada más honesto
seguro y confortable que el fracaso.

El canto triste del carrao

Cuentan los pescadores que el carrao
inunda las noches de invierno
con su canto triste
porque escasean los caracoles
-su comida preferida-
y desesperado por el hambre
pone fin a su pena
colgándose de una horqueta.

El carrao, a orillas del Magdalena
yo, a orillas de tu desdén.

66 Beatriz Vanegas athías
Del libro Los lugares comunes
SYC Editorial, Bucaramanga, 2006

Todo lo que quiero es un balcón propio

Un balcón propio
con persianas de madera
y cortinas fragantes
para ver a las mujeres lindas
pasear su tristeza maquillada
y a las mujeres feas
conformes con su andar
y amargadas con su sal.
Un balcón con persianas de madera
para ver a los hombres cansados
con el peso del amor inexpresado.
Un balcón propio
para ver la mecedora balancearse en la luna
y las redes aferrarse al azulejo
y al asesino pasear con los bolsillos
plenos de dinero adolorido.
Todo lo que quiero es un balcón propio
para descorrer la lluvia
y encarcelar al aire
y acariciar la gota que se amañó
en la hoja del almendro
y soportar a distancia
la lucha del hombre con el ancla;
y sonreír con la dejadez
del que solo espera la noche y el bocado.
Y una tarde sin premura
tomar tu dulce mano pequeña
tocar como ciega tus ojos punzantes
saborear tu sonrisa confiable
y dibujarle a la noche
los colores del escándalo.

Como llama que se eleva 67
Consuelo

Por las huellas
que no dejaste
me aproximo al recuerdo
que no fundamos.

Solo la lluvia,
cortina transparente
e imprescindible al poema,
te reivindica.

Rastro de Adela

De entre sus piernas salieron dieciséis hijos.
Jamás un médico indagó por sus embarazos.
En mitad del monte,
ayudada a veces por sus parientes,
tuvo alumbramientos en los que
para calmar el dolor de entrañas
partió con su cabeza
la yuca destinada para el sancocho.
No hay centímetro de su piel sin arrugas.
No hay instante de su vida sin sonrisa.
No edad, enfermedad, ni olvido que la venza.
No hay cercanía de la muerte que impida
edificar a sus ochenta y ocho años
el anhelo guardado.

Sus hijos, nietos y bisnietos
ya tienen el solar
donde se levanta pared a pared,
árbol tras árbol
la ilusión de Adela.

68 Beatriz Vanegas athías
Del libro Con tres heridas yo
Caza de poesía, Bogotá, 2012

La herida de la hiena

1

Padre, agradece a Dios esta renguera vergonzante.
Padre contador, ofrece a Dios
el mísero dinero sudado en días de ceniza.
Padre, permanece sereno cuando María y Elizabeth
mueren mientras el sol aún es una esperanza.
Impasible, padre, encomienda a Dios
los tres centímetros menos
de mi pierna vergonzante.

6

Profunda, ancha, casi tibia,
extensa como la esperanza,
la zanja: un vientre de la tierra
de simetría exacta
para la comodidad de la muerte.
Si había alguno vivo
-pues la puntería también
se hastía-
había que bajar
y rematarlo,
a pesar del cansancio.

8

Creo en ti porque no existes.
Creo en la muerte como un bien
y en la vida como daga del horror.

Como llama que se eleva 69
Creo en la intemperie.
Creo en el desamparo
como lecho benévolo.
Creo que el rescate es una humillación
y la ayuda una degradación.
Creo en cada nuevo país que me acoge
como cree una mujer gorda
en cada nuevo vestido
que le promete la talla ansiada.
Creo en la ventana.
Creo en el camafeo extinto.
Creo en las estrellas:
cuando no se pudo confiar
solo ellas sostuvieron la dignidad.
Creo en la historia
como una jeringa que adormece.
Creo en las uvas que sueñan volver al racimo.
Creo en el ángel caído de mi plato de peltre.
Creo que esto jamás ocurrió
jamás ocurrió
jamás ocurrió.

70 Beatriz Vanegas athías
Saga de los desterrados *

1

No intentes habitar este añico del mundo
porque aquí el fuego se extinguió.
Es este un lugar oscuro
donde el fuego fundó su morada
y crecieron ciudades con rostro de carbón.
No intentes habitar este pedazo del mundo,
el fuego fatuo se aposentó en la montaña
y crecieron desiertos con oasis púrpura
y ríos cárdenos de peces purulentos.
No intentes asomarte, Prometeo,
no hay coro para tu gesta.
No intentes asomarte,
el fuego fatuo puede ser tu perdición.

2

Ahora mi patria es tu cuerpo.
Luce vano el trono
del rey de las miserias
ante el poder de mi dolor.
La ley es ese cuervo
que pugna por saciar su hambre.
La ley es el lazo que amordaza
mis lágrimas.
País de cuervos ahítos
y de lágrimas prohibidas.
Ahora mi patria es tu cuerpo.

* (Poema ganador del Premio Internacional de Poesía Pilar Paz Pasamar, Jerez,
España, 2010)

Como llama que se eleva 71
El gran amor en vilo

1

Salvar la última mirada,
la del adiós,
la mirada madurada por el llanto.
Salvar esa mirada para asegurar
los amaneceres por venir.

Salvar la caricia,
la que transcurre como agua cansada,
la que sana dolores dulces, necesarios.
Salvar la caricia que convida
a la fiesta de la sonrisa.

Rescatar un olor, uno solo,
como quien encuentra
la llave del cofre.
Un olor como sutil efluvio.

Salvar la primera frase:
esa que se dijo con la alegría
del verso por fin hallado.

Salvar el abrazo:
única prenda
para festejar la ausencia.

2

Eran los días purísimos de la nostalgia.
Había que consentir al recuerdo
como al hijo que no llegó a nacer.
Una sonrisa, una caricia,

72 Beatriz Vanegas athías
la memoria de una escalera
o cualquier sabor
que lo preserve del olvido.
Proteger al recuerdo
como quien cuida
la última flor
o el primer llanto.
El recuerdo: única certeza
de que esa luz sucedió
y hoy solo es posible
en el silencio.

3

Todos los sabores están en tu cuerpo.
Todos los sueños habitan en tu cuerpo.
Todos los milagros ocurren por tus manos.
Todos los caminos se hacen breves
si transito por tu cuerpo.

4

Como no puedo llevarte de la mano
por los cuatro, cinco sitios
que nos vieron una vez,
trasiego abrazando la añoranza,
esa parcela que sostiene mis días
que sobreviven turbios
sin el vino de tu piel.

Como no puedo abrazarte
te envío los rayos de mi sol,
un sol que hace cabriolas en el alma
y conjura tu lluvia,
incesante melodía
que me reemplaza sin pudor.

Como llama que se eleva 73
Yo que no puedo caminar a tu lado
fundo imperios de esperanza
y recibo la noche alborozada,
porque eres cierta,
irremediablemente cierta.

5

El tiempo permanece inmóvil
honda pisada
que hiere mi corazón enmudecido.
Me siento a la orilla de los días
a ver pasar tus ojos y tus manos
que de tan ciertos, semejan ilusiones.
No hay manera de vivirte,
no hay manera de saborear una sonrisa
que hace feliz a todos.
Gozan las flores y el mar,
el prócer impasible que vela tus pasos,
el viento y la casa de aire
en la que amas
porque así debe ser.

Disfrutan las palabras
obedientes y dóciles
cuando las haces habitar
el palpitar de la belleza.
Gozan los rostros que de tanto verte
te construyen cotidiana
¿Cómo es que se aburren de ti?

No hay manera de vivirte,
y el tiempo permanece seco,
no se entera siquiera, amor,
de la áspera pisada
que hiere mi corazón enmudecido.

74 Beatriz Vanegas athías
6

Yo sé bien cuando me sueñas.
Siento tus sobresaltos
en la escena agónica
donde el beso no pudo ser.
Sé si tu sueño conmigo
es territorio para el golpe seco
o si en tu mundo han florecido
los girasoles que comienzan a caer
como ángeles maduros.
Yo sé bien cuando me sueñas,
pende mi vida del hilo de tu sueño.
Y cuando cansada te ofreces al día,
empiezo yo a soñarte,
y tú sabes bien cuando te sueño.

Como llama que se eleva 75
Crónica del dolor

1

Rebosante de salud
me despedí del día
pero llegó la noche
con sus pasos furtivos
y me trajo su dádiva
puntual y certera:
una caja de Pandora.

2

Bajó la tarde sin dueña
y habita el dolor en mis ojos,
estas tardes perdidas
en llantos que no alivian,
estas tardes de noviembre
cuando el rostro
no desea habitar el cuerpo
y la mirada sueña ser
un tatuaje impasible.

3

Con el paso de las tardes
¿Quién habla del placer?
Yo quiero ser diciembre,
y alejar este temblor misterioso
que habita mis sienes.
Yo quiero ser diciembre,
y dormir tan solo una noche
sin este barco anclado
en mi mirada.

76 Beatriz Vanegas athías
4

Señor Dolor:
no el de la ausencia
no el del desamor
no el de la crueldad.
Señor Dolor
de mis noches diurnas,
si decides marcharte
que la luna disponga
una almohada serena.
Si decides marcharte
hazlo tibiamente y sin afán
y que sea larga tu ausencia
mientras me acostumbro
al don desconocido de la paz.

5

Hay un río de fuego
que atraviesa mi mejilla,
hay un río de fuego
que borra el mapa
del recuerdo.
Cuando exhausta
siento cercana
la orilla deseada
no puede la sonrisa sonreír:
El mar del insomnio
inicia su reto
lento y acompasado
hasta convertir mi rostro
en un puñado
de ceniza enloquecida.

Como llama que se eleva 77
Crónica del patio

Se alza en el corazón del patio,
un palo de mango de azúcar
habitable como catedral del sabor.
Se trata del mango que le ganó
la guerra al calor sofocante de la infancia.
Se trata del mismo árbol alegre
que le sonrió a la creciente
y nos enseñó la geometría de la luz.
Vuela en el patio
una brisa entrenada
en corregir el rumbo de los pájaros,
una brisa dueña del agua
de las tres tinajas
que guardan en su vientre
tres tristes ranas
para mayor dulzura de la sed.
Vive en el patio un silencio de tres de la tarde
que acompaña la melodía
de un acordeón agonizante;
persiste el lirio
de hojas como espadas que dan risa,
y están las noches en que la luna
se troca en sol,
y otras en que estalla y se desgaja
como chubasco de estrellas
encantada con su oficio de farola.
Crecen en el patio unas piedras
que poseen la nocturna virtud
de convertirse en sapos,
y hay un olor a limonero
y una paloma tierrera que
aprueba la tarde bulliciosa,
y también están tus ojos inefables
que siempre miran conmigo
aunque habiten otros patios.

78 Beatriz Vanegas athías
Variaciones sobre la mesa*

1

Mesas hay que pacientes dejan caer sobre ellas
la inocencia de la noche y el amanecer desbocado.
Otras que como altares soportan codos místicos
y se solazan sobre ellas los olores y sabores
para algarabía de las entrañas.

2

Están las mesas tristes, anónimas,
mesas que languidecen como sombras
por los pasillos de la elegancia;
siervas del polvo que embellece
el recuerdo traído de la Arabia.

3

Las hay también poderosas:
se abre y se cierra sobre ellas
la firma que ordena el desalojo.

4

He visto mesas cínicas: destilan sangre,
escamas, vísceras, huesos perforados;
sobre ellas inmolan al galápago,
y se acostumbran…

5

Las hay como camas:
como fantasma entra y sale de ellas el amor,
como fantasma se aposenta la soledad;
todo es escurrir sobre estas mesas.

Como llama que se eleva 79
6

Mesas como sagrarios,
son moradas para los fetiches:
esos bálsamos que apaciguan la añoranza.
Guardan también la carta que
es la perdición para el infiel.

7

He visto mesas como cementerios
habitadas por imágenes de ausentes
ante las que gotea monótona
la madre resignada.

8

He padecido la mesa frugal de la infancia.
Mesa como tierra cuarteada
mesa con arrugas nuevas
donde reina extendida la ternura del bijao
y se aprende a no olvidar la textura
y el color de las manos del hermano.

9

Y está la que soporta el ataúd:
solidaria como andén
cuando cae la lluvia,
ve caer el llanto y aguarda insomne
a que sea de nuevo el silencio
para recibir al siguiente.

* (Poema ganador en el Premio Nacional de Poesía Casa Silva, 2012)

80 Beatriz Vanegas athías
betty brunal
(Montería, 1957)
³ ³ ³

Estudió Sicología Industrial en el Centro de Investigación y planeamiento
administrativo de Medellín. Su creación literaria ha sido divulgada en los
suplementos de los periódicos El Heraldo, El Universal, El Meridiano de
Córdoba y en las revistas literarias Mascaluna, de Medellín, Puesto de combate,
de Bogotá, El Túnel y la revista Impulso, de Montería.
Obtuvo en 1999 el primer premio en el Concurso departamental de poesía,
convocado por la Universidad de Córdoba. Desde su fundación ha participado
en el Festival Internacional de Mujeres Poetas en Cereté.
Coordinó actividades literarias como presidenta de la Fundación Tertulia Bajo El
Puente y actualmente coordina actividades educativas y artísticas como gestora
cultural. Es miembra del grupo literario Fundación El Túnel de Montería. Tiene
inéditos varios trabajos infantiles de cuento y poesía.
Correo: bettybrunal@hotmail.com

82
Nostalgia de tu boca cerrada

Rostro de fábula
insinuando la luz.
Paisaje escarlata
que agoniza entre risas
espejos y miserias.
Hombre que te reconoces
en la mueca de siempre
fruto disecado
alegría que no te alcanza.
No consigo velar tus aciertos
tus huellas son hijas
del turbio alquitrán
y confunden el color de mi noche.
Tu intento viaja en el barco húmedo
del niño de la esquina
estación de miedo
sin raíz sin lluvia y sin lumbre.
Niebla que esculpe una carcajada rota.

Como llama que se eleva 83
Des Concierto

Torelli estila bocetos de certeza
mientras alguien acecha
las rendijas del ingenio.
Bien podría repetirse la agonía
de un viejo guerrero que oxida
sus temores entre cintas de metal
o quedar Aida inmersa
en el álgido gesto de las multitudes.
Pero “aquel lirio que abre en amarilla trompeta”
aproxima dos almas al sutil desconcierto
donde nubes proyectan su locura
y prolija abolengo de los astros.

Ay de los aciertos que duermen
en la tiranía de una vasta quemadura
tan infinita que da miedo mirarla.

84 Betty Brunal
Anónimo

Porque llegar a ser un don nadie es casi imposible,
es lo más extraordinario del mundo
Osho

Ese muchacho que recoge la basura
que hurga calles y gestos
nunca su alma
aún no hay tiempo para el espanto.
Don nadie con manos de ausencias
gusto neutral y mirada vigilante
inmune a las tristezas
y con el crepúsculo a cuestas
viene a perturbar el sueño de los muertos
a resarcir el momento de la dicha.

Preciso buscar su nombre
en algún rincón de la rosa
en la levedad de su risa
en el capricho de dios
broma cósmica diría Lao Tse
en la libertad de la arena
que fabrica caminos adversos.

Acaso en las madrugadas que me adeudas.

Como llama que se eleva 85
Samsara

Soy su huésped hace mil años
terriblemente solitario.
Girando en torno al amor
me he entregado a los suyos
me he doblegado a la duda
y aún me duele el amor
como en aquellos días.

Por eso preciso la palabra
aunque en este nuevo verso
seas tú quien cante
y pida ser amado.

Cómo duelen estos días
y aun no soy la que soy
cómo duele la poesía.

86 Betty Brunal
Acto único

Búhos expectantes
formas de barro con el miedo
del comediante que perdió
la minuta del llanto.
Reflectores que a veces golpean
nuestras mejillas
marcando el paso
por donde caminan
amantes y decimales.
Instantes que congelan la sangre
suspiros en lagunas enterrados
que despiertan al canto de la rana.
Ellos beben nuestro mismo vaso
duermen con ojos suplicantes
como el que pospone el último sueño
para escapar al olor de la pesadilla
de la aguja que rompe la sombra
del límite que aprieta la garganta agonizante.

¿Resistiremos, amor mío,
la noche en que el grito siembre sus raíces?
¿Serán sus ojos semillas muertas,
espanto del reloj porque el tiempo descolgó su disfraz?

Como llama que se eleva 87
Antes de que el grito me alcance

No me busques en la hendidura
donde el embrión se despereza,
su norte es prisión
gemido de la última espiga.
Ni en el rumor que atraviesa
lirios y musaendas
hay recodos que atrapan
el dolor en sus ramas
y la noche se acostumbra.
Tampoco en la danza amarilla
de las constelaciones,
lámparas vagan en el ojo de la ardilla.

Buscadme en la furia del último arpegio
en las entrañas de la cuerda desgajada
que arrastra su mejor canción.

88 Betty Brunal
Del cuyanacentrismo

El dolor torció tu rostro
laceró la piel que ya
habitaba tu tristeza.
Hoy tu voz es fuego
que arroja bocanadas de hastío.
Manos tristes queriendo romper
la vergüenza del azar que llora
inexorable
entre el reloj y las trompetas.
¿Cómo atar la agonía
para no llorar?
Cesad trompeta
que llevas en tu cuerpo
el canto de la muerte.
La noche tiende sus peldaños
y con dardos en su espalda
duerme
aunque su sueño
es el muro que separa
su queja y mi silencio.

Como llama que se eleva 89
Tántalo

Un rostro silencioso
escapa en la certeza de las horas.
Lumbre de miedo que develó
el rito donde amasamos
los secretos de la alquimia.
Tu cara ya casi de ausencia
fue el estallido que oxidó el amanecer.
Leónida solitaria te retuerces cautiva
en el péndulo eterno de las sombras
urdes ya vencida ya cansada
el mismo discurso del adiós.
¿Qué sentido tiene un sueño
que muere al clamor de los tambores?

Una caricia sobrevive al momento blasfemo
al deseo confinado.
¿Acaso alguien sabrá que fuiste mío
aquella hora nimia de los niños?
Mucho amé desde aquel ángulo de fe
tus pies fuertes y sumisos
mientras el monstruo persuadía
la vieja danza del deseo.
Dime amor,
ahora que tu olor se repite en la buhardilla
¿a qué juega Tántalo?

90 Betty Brunal
Cotidiana

En mi corazón había un paisaje triste
como una noche oscura
sin estrellas ni dioses
ni leña para el fuego.

Yo quería un sol
que llenara los rincones de la casa
un murmullo de manteles y flores
muchas flores en el jardín.

Amor mío de auroras sosegadas
amo tus manos sin angustias
y llenas de ternura
que me ciñen al mundo
de las simples cosas:
un libro un armario un poema silencioso.
Yo guardé para ti la fe de la Ceiba
la fragancia del tamarindo
y este presente mío tan humano.

Amor fraguado a mediodía:
que tu luz me envuelva.

Como llama que se eleva 91
Ante la luz de las ventanas

Cuando nos acordemos
de aquellos días
en que la búsqueda del cuerpo
era un pretexto
para establecer las cercanías
del alma.

Cuando nos acordemos
de aquellas noches
en que brindamos
con el más feliz
de los alcoholes.

Y cuando el temor fue ave en retirada
y la lluvia refrescó la soledad

Cuando todo eso quede en el recuerdo
nueva música regresará a los cuerpos
y se reiniciará la fiesta

No importa que el amor muera
ante la luz de las ventanas.

92 Betty Brunal
El gran vals

Los hombres sin memoria
bailan enredando sus orejas
entrelazan sílabas, cascabeles
ensordecen su propia serpiente
y en oscuro ritmo
pierden el límite sublime.

Despacio, espontáneos, mordaces
en inexacto oficio
confunden los zapatos
del que tiene desgastados los talones.

Con gesto monótono cabalgan tras el azar
que viene de regreso.
Comen flores de ayer
vomitan el destino estéril
y danzan preludio de un Mozart que añora
su reencarnación
en el sollozo del colibrí.

Como llama que se eleva 93
Ese río se derrama lento

A ese cuerpo que se estira manso
como un perro domesticado
sobre el herbaje
y la memoria irrevocable de la tierra
llegan cada tarde
las mujeres de mi pueblo
a lavar su desdén
a exprimir hasta la usura
la miseria mojigata que tiñe la piel
y se asienta en forma de polvo
sobre ese polvo que vamos siendo.

Por el ojo del cíclope
un remolino despierta
y no encuentra a “nadie”
solo a María.
Un grito se exilia en los muros
del puente esclavo.
Aquella voluntad se pudre
en la rancia garganta del silencio.

Ese cuerpo se derrama lento
como un cántaro roto
pezón ardoroso para la sed de los hombres
como si una mano despertara
por siempre el agua dura del cristal.

94 Betty Brunal
Celebrando la llegada de nadie

“Ven a vaciar tus copas de sol en mi camino”.
Ven antes de que la risa se gaste.
Llega escondido en la prisa
de una lanza
o como erizo muéstrate a la luna
golpea claveles y abanicos.
Desata la furia amor mío
tibio aliento para un latido conforme
cumbia de espinas
para un silencio que asfixia.
Prometo ir más allá de la angustia
tortura de almíbar
fidelidad de la abeja
demencia encallada
en el coral de una promesa.

Ven y cierra la ventana
que la tarde agoniza
entre la filosofía
y el vivo temblor de las olas
escribe tu poema
“antes de que pasen los trenes
sobre el puente de viejos ejes
que el tiempo arruina”
que yo caminaré descalza a media noche
tras el bonche y la palabra.

Como llama que se eleva 95
Dicen de Borges

Dicen de un hombre que salía a repartir
su corazón a los tigres:
Que su locura ponía de rodillas al mundo
instante supremo de la cordura.
Dicen que su gloria
es directamente proporcional a sus sombras.

Busco al alquimista que se desvanece
en el ademán sin fin de los elegidos
y no es su sabia comunión el peligro
es mi necia pretensión el fracaso.
Me produce tedio y conflicto
la exactitud de su palabra:
Cuando vislumbro la gloria de lo insólito
su piel disfruta lo cotidiano
y cuando hallo el patrón fácil que penetra la piel
entonces juega con el arma metafísica.
Busco resultados nadie me los debe
busco la luz para no malograr su eternidad
superhombre que habituó sus dudas
a la soledad reflexiva donde creaba monstruos
y nombraba lo innombrable.
Humanidad consumida en esferas superiores
te apoyaste en brazos de Thiparet
para ser simultáneo al amor y al dolor.

Con una piedra amarilla
machacabas la vida gota a gota
Cabalista trasnochado en los andamios de la fantasía
aún no te hallo.
Visión limitada es mi sentencia
ante un hombre que lo ve todo.

96 Betty Brunal
Dicen de un viejo testarudo:
que a los ochenta y cinco años
saboreaba sin angustias un helado
y yo con la mitad de los suyos
apenas me como la uña del dedo gordo.

No habrá cuerpos

El olvido marcó el ritmo de tu danza.
Antes de que el acato llegara
tu lengua enmudeció
con el tañido de las rejas.
Lluvia menuda es hoy
aquel lenguaje de invierno
tu cuerpo no gime taciturno
no suplica no palpa el color
ni la simetría de los sueños.
Caderas analfabetas
siguen presas en su aroma
el recuerdo agiganta tus noches
y el acero te involucra en su sombra
no se inquieta el tamaño en tus oteros
arañas moribundas
consintieron la orden del proverbio.
Si la entrepierna se marcha avergonzada
porque el pan y el vino no acuden a tu mesa
apresura el ala de tu camisa
que siga la pausa
que la teoría bostece
en tus rodillas de verano.

Como llama que se eleva 97
Incertidumbre

¿Qué pasará cuando esa luciérnaga
desvelada en su error
advierta un amanecer sin vocación?

Será el asombro
un grito de infancia tras la reja
o su agonía un candelabro
cuyo fulgor es recuerdo.

Acaso vestirá la piel del girasol
y no serán sus pétalos llovizna
en la noche deshabitada.

Entonces treparán por mi cintura
asuetos de luz
que de los ángeles quedan.

Karma

Cómo duelen estos días
que tienen la turbia
influencia del pasado
porque de ellos
es mi añeja vocación de poeta.
Yo vi cómo nacía el fuego
entre las manos del miedo
presintiendo la ferocidad
de las aguas.
Cómo el tiempo
conjura sueños
y burla rostros
porque el destino convoca
lento pero firme,
ávido atraviesa
los huesos del albedrío.

98 Betty Brunal
Carmen Peña visbal
(Barranquilla, 1957)
³ ³ ³

Abogada y periodista. Experta en Comunicaciones Estratégicas. Candidata a
magister en Comunicación Política, American Andragogy University; especialista
en Alta Gerencia, Universidad Militar Nueva Granada; especialista en Derecho
Penal y Ciencias Forenses, Universidad Católica; diplomada (becaria) en Altos
Estudios en Gerencia Política y Gobernabilidad, The George Washington
University-Universidad del Rosario-Banco de Desarrollo de América Latina
(CAF); postgrado en Curso Integral de Defensa y Seguridad Nacional (Cidenal),
Escuela Superior de Guerra.
Ha sido editora regional de El Tiempo en la Costa Caribe, directora de Ciudad
Paz, subsecretaria de Convivencia y Seguridad Ciudadana de Bogotá, secretaria
de Gobierno (e) de Bogotá, jefa de Redacción de El Heraldo, subdirectora de La
Libertad, asesora editorial de El Espacio, editora de Diario del Caribe, directora
de Comunicaciones del Comando General de las Fuerzas Militares, asesora de
Comunicaciones de The Rendon Group y jefa de Información y Prensa de la
Gobernación del Atlántico, entre otros cargos.
Autora de los libros de poesía Dite (1994), Las vestiduras de mi alma (1998),
Mi voz no te alcanza (2008), Todo silencio es esencial (inédito). Incluida en
las antologías Poesía colombiana del siglo XX escrita por mujeres, Tomo 2,
Editorial Apidama; y en Siete poetas. Sueños de un país en paz y sin minas
antipersonal.
Coautora de textos de crónica y reportajes: Epitafio de los inocentes; Historias
de éxito; Palabras en tres tonos; Testigos fieles. El horror de las víctimas de las
minas antipersonal.
Correo: asesoraprensa@gmail.com

100
Del libro Dite (1994)

Homo

“El hombre es un lobo
para el hombre”,
dijo Hobbes,
por eso trato
siempre de envenenar
las aguas
que no consumo.

Vencidos

Podemos darnos
por vencidos.

Nada importa
rendirse en silencio,
si los tambores
de la venganza
resuenan a lo lejos.

Como llama que se eleva 101
Dite

Allí, en las profundidades
de “aquellas cavernas”,
donde el mundo
permanece amarrado
de pies, manos y cerebro.

Allí, donde los suspiros
se entrelazan para huir
disimulados
en ráfagas de miedo.

Allí,
en la ciudad de Dite
he dejado mi vida
lacerada,
mientras los amigos,
felizmente agazapados,
reían y lloraban
hundiéndose todos
en los corazones
espinas del tronco
moldeado por el dolor.

Dite, aquí, una vez más
entre tantos pesares
de edades remotas,
me inclino ante ti,
eso sí, obligada
por los criminales
que Dante creó
como conquista
suprema
contra la posesión
de los demonios
en el más bajo
de los infiernos.

102 Carmen Peña Visbal
Del libro Las vestiduras de mi alma (1998)

Detente

Detente.
No vengan más tus labios
a rasgar las vestiduras de mi alma.
La quietud no conmueve las hojas del hastío
ni enardece el sol unas pupilas.

Tus ansias no son ya las mías
y nuestros caminos
no quiero que converjan.

Detente.
Cortemos de una vez
el lazo infinito que nos une.
Rasguémonos, sí,
para dejar los suspiros
tendidos de cansancio
en cualquier esquina

Las tumbas

De pie ante las tumbas
de Sartre, el ser y la nada,
olvido y rechazo;
Simone duerme plácida
la hora que acaba,
en su tercer sexo;
Wilde sueña que regresa
más joven y hermoso...

Nada nos dicen las tumbas,
bajo las brumas inmensas
de quienes reposan en silencio.
París (Francia), 1999

Como llama que se eleva 103
Del libro Mi voz no te alcanza (2008)

¿Quién?

Otra historia escribo hoy.
El cielo me acosa con sus azules.
Las nubes se posan ante las sombras.

¿Quién vendrá a vigilarnos
mientras nos burlamos de la vida?

¿Quién excusará nuestras faltas,
o construirá nuestras mañanas
extraviadas en el vaivén
de las contingencias corporales?

¿Quién ungirá nuestras almas
con pócimas que sanen heridas?

¿Quién cuidará del vuelo frágil
de blancas palomas liberadas
en un año sin luces,
en una tarde lenta?

¿Quién extenderá sus alas al viento,
mientras cierro los ojos
y acallo al alba?

¿Quién zurcirá las fisuras dibujadas
entre tu distancia y la mía?

Otra historia se escribe hoy.
Otras palabras fluyen,
nuevos silencios.

104 Carmen Peña Visbal
Vallenato para tu piel

‘Que viva el vallenato’, dices.
La voz clama por el amor perdido
y el acordeón deja una lágrima
en noches de cerveza y ron.

Te digo, claro, sin decirlo,
que vallenato es tristeza del alma,
que la guacharaca rasga suspiros
y el acordeón lamentos tardíos.

Mientras tu cuerpo danza-danza
te sumes en sonidos y cantos,
una tambora convoca
extraña comprensión
del no ser siendo.

¡Ay, hombe!,
deja que las estrellas
brillen sin respuesta cierta,
y que el agua fluya
aun cuando bailes a solas
en el rincón de las nostalgias.

Como llama que se eleva 105
Nadie danza

La sonrisa congelada
y la mirada en el infinito.

Su cuerpo yace inmóvil
y nadie danza. ¿Cómo hacerlo?

Un rito silencioso
invade la estancia.

Una ira se acrecienta
mientras cientos de gardenias
ocultan su morada.

Sombras y nubes,
nubes y sombras...

Su cuerpo yace inmóvil
y nadie danza.

Esencial

Estamos a la espera...
El legado de Ciorán
levita y trasciende:
‘Todo silencio es esencial’.

Más allá de los deseos,
al interior de las soledades,
una fuerza nos impulsa
a superar la realidad.

Renunciar es imposible.
Asumimos, en vigilia,
una larga espera.

106 Carmen Peña Visbal
Insalvable

No hay, ni habrá
quien pueda salvarme.

He caminado
hasta el cansancio
huyendo de recuerdos.

Me persiguen, me despiertan,
pareciera que las nubes
delataran mi presencia.

No me detengo...
¿Para qué hacerlo?
Nada aquí es cierto.
Sigo unos pasos,
tal vez los mismos,
tal vez...

Bogotá, 2011

Comprensión

Hoy, mientras te observo,
descubro que no somos peores
que el látigo
que golpea a los penitentes,
ni mejores que la sangre
que se desliza por sus cuerpos.

Bogotá, 2011

Como llama que se eleva 107
Cansancio

Después de todo, amor,
el cansancio no llega solo.

Hay momentos,
extraña sensación,
en que las palabras
se tornan en lamentos
y los deseos en iras.

Es entonces, amor,
cuando descubrimos el vacío,
-cae la lluvia mientras
pensamos en la vida-,
y nos dejamos llevar,
a duras penas,
por el deseo de perdernos
en una noche
carente de pasiones,
pródiga en silencios.

Bogotá, 2011

108 Carmen Peña Visbal
Signo de los tiempos

Nombres, pronombres, artículos...
Prefijos de lo cotidiano,
sufijos de lo permitido.
Verbos que regulan conductas
y adjetivos que califican injusticias.

Nombres, pronombres, artículos...
Formas exactas fáciles de invertir.

La letra, liberada en ocasiones, se rebela.
Y suma, pero, también divide.

La palabra está maldita.
Es el signo de los tiempos.

Bogotá, 2011

Como llama que se eleva 109
Lo cierto

La tarde no está bien. Eso es lo cierto.
A la tarde le duele el odio
proclamado a los cuatro vientos,
el desangre de los hijos sin padres conocidos,
el parto desgarrado de una mujer sin nombre
y los huérfanos de la horrible noche que no cesa.

Le arde la herida causada a los oídos
que no podrán escuchar palabras de amor
ni sinfonías eternas de una paz lejana.
Ojos que no conocerán amaneceres
ni la amplitud de un océano
en el que navegan nuevas esperanzas.

La tarde no está bien, porque
la tarde eres tú y soy yo,
en la inmensa melancolía que escondemos,
cuando ahogamos el llanto
y nos quedamos sin fuerzas
para construir un futuro
que no sea de horror.

110 Carmen Peña Visbal
Todo silencio es esencial (inédito), 2011

Hora sublime

Son las 6:30 de la mañana.
Supongo que tomaste tu pastilla,
bebiste lentamente el agua
que reposaba en la mesa de noche,
y que a esta hora bebes a sorbos
tu gran taza de café.

Supongo que tu mirada
se pierde en la distancia,
mientras nuestro mecedor
permanece quieto en la estancia.

Supongo, porque así
lo hacías cada día, a esta hora,
recordarás la letra de la canción
que me cantabas cada mañana.

Supongo que una sonrisa
se dibujará en tus labios,
y recordarás los sueños
que construimos,
las ilusiones que juntamos.

Supongo que tus manos
estarán tibias,
aferradas a la taza de café,
en tu hora sublime e incontaminada,
y, tal vez, sólo tal vez,
recuerdes mi nombre
y ansíes mi regreso.

Barranquilla, 2013

Como llama que se eleva 111
Antes, amor...

Déjame mirarte antes del ocaso,
una leve brisa
mece las hojas de los árboles
y el silencio amenaza la estancia.

Déjame mirarte al despertar.
Un murmullo nos invade
y un batir de alas alienta el día.

Déjame mirarte sólo un instante
y sumergirme en tus pupilas
mientras nuevas sensaciones
abordan las naves de mi alma.

Déjame mirarte cuando me mires
para descubrir el encanto
de una sonrisa,
que espontánea me sorprenda
y alegre me cautive.

Déjame mirarte
antes del ocaso y antes
de que el tiempo imponga lejanía.

Bogotá, 2013

112 Carmen Peña Visbal
Para amarte

Para amarte necesito tiempo.
Espacios conjugados y acuerdos tácitos.
Tú me buscas, yo te espero…
Yo te busco, tú me encuentras…
Infinidad de palabras musitadas
Un baile y mil abrazos.

Para amarte necesito tiempo,
caminar horas evocando tu memoria,
mirar por enésima vez
la foto que tanto nos gusta
y suspirar en esas noches
en las que la distancia nos atrape.

Para amarte necesito tiempo
que propicie nuestras alianzas.
Recibir tus besos, cálidos y eternos,
y sabernos en las horas prófugas
que nos hallan en las miradas.

Para amarte necesito tiempo
que nos permita descubrirnos
en una playa de arenas blancas…
Aves fugaces de vuelo alto
y olas bravías que se desvanezcan
cerca, muy cerca, a nuestros pasos.

Para amarte necesito tiempo,
no para contar minutos o segundos…
Sí, para disfrutar instantes
que parezcan, simplemente, eternos.

Bogotá, 2014

Como llama que se eleva 113
Eterno

Nada es cierto.
Caricias que se olvidan,
palabras que no musitamos.
Un aroma a incienso
y un olvido,
que esta tarde,
siento eterno.

Bogotá, 2014

Te querré

Te querré en el silencio
de quien debe hacerlo.
Te querré hasta agotar
las horas tardías.
Que ninguna sospecha
nos aleje...
Que ninguna lejanía
se interponga...

Bogotá, 2014

114 Carmen Peña Visbal
No

El roce de tu piel
me dijo que el silencio
no era casualidad.

Esta noche prefiero
imaginar las sombras
que se dibujan en la ventana,
suspirar pensando
que los días idos
no fueron mejores
que este hoy de invierno.

Bogotá, 2016

Del libro Sigilo (2014)

Lejos

Esta noche, amigo,
huye a bordo de tus sueños,
galopa lejos de fatigas
y reencuentra en la distancia
la calma que precisas.

Si…

Me sé tu nombre
como si fuese mío,
como si algo mío
estuviese en ti.

Como llama que se eleva 115
Renuncio

Sí. Renuncio
a las discusiones estériles,
a las sonrisas falaces,
a los discursos hipócritas,
a los abrazos indeseados.

Sí. Renuncio
a los amigos eventuales,
a los bailes de acordeón,
a las brisas ausentes de mar,
a las palabras ahogadas,
a las lágrimas reprimidas.

Sí. Renuncio
a transitar la vida pensando
en ti, en ellos, en los otros…

Sí. Renuncio
a esos vagos recuerdos
que no le dicen nada
a un corazón deshecho,
pero sí saturan de nostalgia
la mirada que se pierde,
las palabras acalladas…
Simplemente, renuncio
a las horas que no me dicen nada,
a esta vida apenas vivida.

116 Carmen Peña Visbal
dina luz Pardo olaya
(San Marcos, Sucre, 1973)
³ ³ ³

Periodista, dirigente gremial, gestora social y cultural. Ha publicado cuatro
poemarios: Quebranto de Flor, Albricias, El leve trazo de mis huellas y su
poética culinaria Concierto sobre el fuego.
Parte de su obra literaria ha sido incluida en antologías dentro y fuera del país y
en ediciones especiales en lenguaje Braille y traducida al italiano y al portugués.
Ha participado en festivales internacionales de poesía en México, Perú, Ecuador,
Argentina, España, Alemania, Francia y Colombia.
Es miembro de la Asociación de Escritores de la Costa y expresidente del
Parlamento Nacional de Escritores de Colombia.
Ha sido publicada en las antologías Revista Taller Luna y Sol, Vuelo de Jazmines,
en homenaje póstumo a Meira Delmar, Barranquilla (2009); antología Premio
de Poesía Simón Bolívar, El Libertador, Edizioni Lo Spazio, Italia (2010 y 2014),
El rostro secreto de Eros, Argentina (2011), Las voces de las mariposas, México
(2012), Ellas escriben en el Caribe, (2012), El Rostro Secreto de Eros, Parnasus,
Argentina (2013), Los Poetas van a la escuela, Barranquilla (2013), Cartagena
de Indias, Territorio Literario, Pygmalion editores, Madrid, (2016); Grito de
Mujer, (2016), Mujeres a toda costa, Cedesocial Barranquilla (2016), revista
Víacuarenta, Memorias del Festival Internacional PoeMaRío (2014 y 2016),
Puesto de Combate (2015), La Guardarraya, del periódico Día a Día News de
los Ángeles, USA, (2016).
Ganadora de una Beca de circulación internacional para creadores, investigadores
y emprendedores del área de literatura, del Ministerio de Cultura de Colombia, a
través del programa de estímulos 2011.
Correo: dinaluzpardo@gmail.com

118
Del libro Concierto sobre el fuego
-Poética culinaria-

La receta de hoy

La cocina esperó por mí
para hacer de ti mi mejor receta.

Adobé tu piel con dulce fragancia de naranja,
le puse la sazón de mis manos
y a los olivos le extraje su opulento aceite,
para que el roce fuera fluido, suave, armonioso.

Tras mezclar y entremezclar,
quedaron residuos en mis uñas,
se me empotró algo de ti,
así que lamí uno a uno mis dedos,
para que tu amor no sólo me entrara
por tus besos, tus caricias y tu sexo.

El vino,
el vino lo caté de tu sonrisa
que me dejó un halo de entrega total,
de una cosecha que hoy ya no existe,
que me embriagó y endulzó
al brasearte en tus propios jugos.

Todo estuvo dispuesto.
Te cociné a la temperatura exacta de mi cuerpo,
de mi vientre.
Probé y supe que mi plato era perfecto,
exquisito, para repetir.

Como llama que se eleva 119
Antojos

¡Se me antoja mucho de ti!

Se me antoja saltearte y saltearte hasta dorarte;
luego glasearte y servirle
a mi apetito voraz y encantado,
mi antojo en remojo, madurado y sellado al calor.

Se me antoja lloverte a cántaros,
relampaguearte y estremecer hasta tu último vello
confundido y remotamente apartado de mi vista.

Se me antoja encontrarte al “dente”,
en un coctel de camarones,
en unos calamares al ajillo
o tal vez en el dulce estallido
de una ola reventándose entre mi boca y la tuya.

¡Antojos!
Dicen que el verdadero antojo no se debe comer,
igual, no me resistí,
mi piel, mis labios, mi cérvix y mi corazón,
se antojaron,
degustaron
y se saciaron.

Se rompió el dicho,
hoy hicimos historia.

120 Dina Luz ParDo oLaya
Tus besos

Yo sé del océano que se rebosa en tus besos.
Sé de tu vigor al besar
ascendente como ola en puntada
colisionando con el dorso de un viento marino.

Sé que tus besos saben al espumoso
oleaje encrespado que rompe contra la roca.
Sé que suenan como una tibia nota sacrosanta
que recrea mis oídos
y atiende nota seguida
un falsete que logra el clímax de esta melodía.

Sé que huelen a vientos de sal,
los intuyo tiernos, calurosos,
amorosos, intensos, vibrantes,
ardientes, delirantes,…

Besos presentidos y soñados:
besos que forman ríos en mi piel
y desembocan de madrugada en mis labios.

Tus besos, ¡ah!, tus besos,
crujientes cristales del mar
perfumados con algas y corales;
me los bebo a sorbos,
¡te lo juro, amor!,
me los bebo a sorbos;
con solo imaginarlos,
se me hace agua la boca.

Como llama que se eleva 121
Pan y Vino a lo eterno

A Camila

Hoy me sabes a queso derretido
sobre arroz con ajo,
recién hecho y servido a tu gusto.
Hoy me sabes a los espaguetis juguetones
que se dejaban atrapar por tu boca.
Hoy me sabes a la lluvia que se enredó en tus rizos
y congeló un día más en mi memoria.
Hoy me sabes a mantequilla desleída
sobre yuca harinosa y blanquecina,
que acentúa tus orígenes,
tus raíces de niña sabanera nacida en La Arenosa.
Hoy me sabes a ausencia,
al dolor que me trago y me indigesta
cada segundo de vida sin ti.
¡Hoy me sabes a azul celeste
bordeado de oro finísimo!

Mañana me sabrás a hoy,
mañana me sabrás a eternidad.
Así lo anhelo, alimentarme
del mismo Pan y del mismo Vino,
que te hizo inmortal.

122 Dina Luz ParDo oLaya
Del libro La danza de las piedras,
poemas inéditos o publicados
en revistas impresas y virtuales

Raíces

En la hora azul de una mañana
con arreboles nacientes en las nubes,
el Creador de un rayo de sol biche
coquetea, abraza y apapacha.

Y desde de la ventana
con vista al río y al mar,
una mujer Caribe va.

Va por el día con un reloj sin tiempo,
va por los ojos con la verdad por lo vivido
va diciendo indígena soy
con sus pómulos de certezas
y el maíz tierno que brota de su aliento.

Una mujer Caribe,
con el borde de sus labios
delineados por el cacao
y sus trenzas que guardan
el aroma del café de la sierra,
va diciendo indígena soy.

Una mujer Caribe
con una sonrisa en vuelo
y desparpajo al hablar,
con mirada de alas agitadas
y puños de tierra arrojados al mar,
va por la vida.
orgullosa de sus raíces.

Como llama que se eleva 123
Reverberación

A Soraya M.

Día que ocultas
la claridad de tus horas,
silencios inflados
a punto de estallar.
Ven, reivindica mis ojos
de llanto dormido
y de paso lava mi alma
sin sal, sin agua, sin olas,
sólo con Tu Nombre.
Quita las marcas en mi mejilla
porque no fueron caricias,
no fue el amor lo que afloró ese día
ni mis gritos silenciados
fueron de éxtasis
y entrega complaciente.
Reivindícame de la mano
de quien intentó hurtar mi esencia,
mi honra, mi vida.
De nada vale mirarme
como luna sobre el mar;
mis lágrimas aún después
de este último suspiro
reflejan que me convertí
en silencio
a punto de estallar.

124 Dina Luz ParDo oLaya
Lloro por los que maúllan a la sombra
de los que viven de la ciudad

La ciudad río
habita en la memoria
y amenaza con detenerse,
amarilla y púrpura se suspende
a la sombra de robles
y tibios soles al amanecer.
La ciudad gata ronronea
al sentirse amada y libertaria,
la ciudad mulata emprende el vuelo
y regresa a orillas de sus aguas,
roja de bordillos oscuros y solitarios
-inframundo inimaginado-
aún así, la ciudad mar,
ama y sabe aguardar
entre cantos y bailes.

La ciudad que habito, o debo decir,
¿la ciudad que me habita?

Yo río, yo mar, yo roble, yo mulata,
yo gata, yo roja, yo negra,
yo bailo, yo canto,
yo río, yo lloro.

Lloro por los ausentes en los bordillos,
por las risas que ya no están en la urbe
de tardes amarillas,
lloro por los que maúllan a la sombra
de los que viven de la ciudad.

Como llama que se eleva 125
La piel que mudo

La piel que mudo
musita entre libros
donde guardo mi historia.
Cada página con el olor
a hojas en desvelo
a plena luz de la noche
en puntos donde
ya no habitan los ojos
ni la boca del tiempo,
oscuros, húmedos,
escondidizos.

Esta piel que muda de mí
duele como duelen las espinas
que se entierran en la oscuridad.
Duele como duele el tiempo
que lo hurga todo
y no acepta vacíos.

Heme aquí,
con la piel expuesta
y el corazón hendido
reencontrando mi historia
en la historia de otros
que habita en libros viejos
y en la historia de otros
reinventando la mía
en un libro por escribir.

126 Dina Luz ParDo oLaya
Canto a la tradición de tus besos

Siguen tus besos recitando versos
en la comisura derecha de mi boca,
lames los vestigios de la noche en mí
con el mismo goce de ayer,
flirteas para que el tedio no nos gane
y una tregua efímera nos invita
a reencontrarnos en otro cielo:
la cocina.
Un recién preparado café con canela
y una pizca de jengibre, te espera.
Es costumbre preparar una cafetera a rebosar
cuando el sol tímido se asoma,
es historia nuestra reír por la primera taza
de café derramada sobre el mesón
tras un juego sugerente.
Te diré como otras veces al anochecer
mi manera de hacer poesía
cuando lames -ahora, tus dedos-
al cocinarte unas patatas
con anillos de cebollas caramelizadas
y una punta anca madurada y marcada a la brasa.
Saberte en el poema que reconstruyo
entre especias y tus sudores
con la casa envuelta en efluvios hirvientes,
hace placentera la espera
de una mesa para dos.
Así te he seducido en mi pecho
con el ritual de tus besos
que tocan con la punta del día
la noche encendida en mi boca.

Declaro tus besos patrimonio de mi humanidad,
los preservaré en mi fa sol-tenidos
como canto a la tradición
y al enamoramiento de todos los días.

Como llama que se eleva 127
Polvo

¡Qué somos sino el polvo
con que nos maquillamos
para mostrar el mejor rostro!,
el que levanta polvareda a nuestro paso
hacia lo incierto o hacia los sueños.
El que sacudimos del cristal de la sala,
el que nos cubrirá cuando el alma trascienda.

Polvo que se ufana de grandeza,
polvo con ínfulas elitistas,
polvo pintado de blanco, de negro,
polvo de apariencia natural
que se esfuma con el viento.

Polvo molido, solo polvo molido,
sin picante, sin aroma a canela,
sin sabor a guasca,
esparcido y confundido
entre los que hoy son polvo también,
compartiendo el mismo lecho de tierra,
bajo la misma lluvia fría y filosa.

Solo un soplo y seremos menos que polvo,
partículas volátiles e insignificantes,
menos que náufragos en medio del océano,
menos que el gusano que come nuestros restos.

¡Seremos nada que a la nada volverá!

128 Dina Luz ParDo oLaya
Como agua que baila entre mis labios

Esa lengua tuya que hurgó
el cielo de mi boca,
esa boca tuya
que me puso
a bailar los labios
estos labios nuestros
que se reclaman en besos
cuando aún se tienen.

En este arrebato de besos
empapados de sudores
hasta lamernos
las comisuras de la boca
mordimos el borde
y la profundidad de las ganas.

Nuestros labios
vivenciaron la danza
del beso perfecto
-sin tiempos ni manuales-
y se declararon bocas mojadas
para danzar al borde del abismo,
como agua que baila entre mis labios
tras la llegada de otros flujos
vertidos en las entrañas.

Como llama que se eleva 129
Cobardía

El dedo que jaló el gatillo
huele a pólvora y a espanto.
Vienes con las manos untadas de guerra,
pretendes recorrer mi cuerpo y besarlo.

Llegas cargando
muertos en la conciencia,
y desnudo
buscas mi complacencia.
Llegas y dejas de lado la armadura
que te trajo de vuelta.
No sonrío, no me alegro,
siento pánico,
podría ser tu próximo campo de batalla.

Qué sé yo si una noche en guerra
cargues el fusil y sin reparo
descargues tus traumas
dejándome en cama
con las vísceras afuera
y mi sonrisa mustia
para el retrato en la pared
de los difuntos.

130 Dina Luz ParDo oLaya
Tiempo

El tiempo pasa, pesa, pisa, posa
el tiempo es sofisma y sofoca
el tiempo da flojera y estresa
besa y escupe, canta y llora
abraza y suelta, cocina y lava trastos
tiende la cama y la alborota
el tiempo mata y sana -dicen por ahí-.

Manecilla que gira hacia la espera
con una cuerda rota que detiene el vuelo
de aquello que llamamos tiempo.

Artificio de lo que se vive,
invento del que gasta y no invierte,
recurso ahogado del que mira para atrás,
agonía infinita del que no vive
por pensar en lo que aún no llega.

El tiempo pasa, pesa, pisa, posa,
el tiempo besa y escupe,
el tiempo entierra,
y a veces, permite el olvido.

Como llama que se eleva 131
Pazdemia

“Sin camuflajes,
botas
ni armas de fuego,
sin fronteras,
nacionalidades
ni Estados,
sin políticas públicas,
económicas,
o sociales,
he aquí mi cuerpo,
reinventando
en el amor
otras formas
de hacer la paz
contigo”.

Umbral

El cuerpo tendido sobre el diván,
las rodillas separadas
las manos entrecruzadas
sobre su cabeza,
los ojos cerrados
la sugerente caricia
de otras manos debajo de su vientre
y el alma en vuelo.

132 Dina Luz ParDo oLaya
Es el tiempo…

… Digo que el fondo
tiene una forma diferente
y que la forma no tiene fondo,
digo que eres tú aunque
solo escriba tu nombre.
No es descabellado presentirte
en el delfín que sonríe y lanza besos,
en el pulpo que me
abraza con sus tentáculos,
en serpentinas de peces plateados
besándome los muslos,
en las algas que me revelan
tus misterios indescifrables
o en un viento de puntillas
que danza debajo de mis faldas
formando olas inhóspitas.

Una palmera mece sus ramas,
los patos se espantan y emigran,
el gorjeo sostenido de golondrinas
forma ecos en el mar,
ante un sol que se abre en pétalos de fuego
y arroja fragancias de un día maduro.
Es tiempo de zarpar,
no esperes que suba la marea de tarde,
porque la noche se avecina
y cambian los tiempos
y cambian los fuegos
y cambia mi fuego.

Como llama que se eleva 133
Corrida la tinta, borrar no es una opción

Teclear con todos los dedos
la saliva despavorida del silencio.
Hoja involuta que deja escribir
de golpe las palabras rotas
sobre el vacío lleno
de todos los tiempos.

Y no hay más que una página,
el blanco efímero e irreal
donde converjo toda yo,
después de corrida la tinta
borrar no es una opción.

Resulta que a menudo
escribo en voz alta
lo que leo en silencio
y dibujo trazos amarillos
en la tarde de mi soledad.

Resulta que escribo en voz alta
lo que pinto cuando escucho
el silbato de una niña
que me persigue
hasta hacerme sonreír.

Esta máquina de escribir con poco uso
y el golpe de sus teclas en mi piel
son borrasca indeleble de los años
de lo que escrito está.

Ahora sé hacer una pausa
que parece punto final
ahora sé lanzar todo a la canasta
y empezar a escribir otra historia
en esta página en blanco
donde converjo toda yo.

134 Dina Luz ParDo oLaya
ela Cuavas
(Montería 1979)
³ ³ ³

Poeta y ensayista, Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de
Córdoba. Candidata a Magister en la Universidad de Ciencias Pedagogías
Enrique José Varona, de Cuba.
Ha participado entre otros, en el Festival Internacional de Poesía PoeMaRio, de
Barranquilla, y en el Festival Internacional de poesía de Cali.
Sus poemas y ensayos han aparecido en periódicos como El Universal de
Cartagena y El Meridiano Cultural de Montería, así como en revistas de
circulación nacional como Puesto de combate y la revista Clave, de la ciudad de
Cali entre otros.
Hace parte de la Antología de poetas colombianos preparada por Federico
Díazgranados para la Revista mexicana de literatura Círculo de Poesía. Su
primer libro de poesía, Juntar los huesos (2011), fue publicado dentro de la
colección Voces del fuego, Testigos del Bicentenario de la Editorial Pluma de
Mompox, de la ciudad de Cartagena.
La revista de poesía Exilio, de la ciudad de Bogotá, publicó en 2014 la antología
Músicas lejanas, preparada por Hernán Vargascarreño.
Algunos poemas suyos han sido traducidos al Alemán por KarinaTheurer para
la Revista Alba de Berlín.
Correo: elamarieta@gmail.com

136
Alfabeto

Las palabras me asaltan y de tanto tocarlas enloquece el piano. Las
palabras duermen en mí, pero al tomar el lápiz despiertan todas en
confusión de pájaros.

Platón y el nombre de los amantes, Van Gogh y su desordenado
alfabeto, Artaud y su Torre de Babel.

Las palabras juegan a las escondidas y yo quiero atraparlas como a
moscas, derribarlas con mi arco de fuego sin molestar a Dios.

Después de mí está la luz

¿Qué hago yo detrás de los ojos?
Rafael Cadenas

Después de mí está la luz a la que le sobra todo este cuerpo.
Quisiera ser un agujero por donde se cuele
la mañana con lluvia y pájaros muertos en el jardín.
Un ojo sin más ambiciones que bañarse de luz,
o teñir de amarillo los vacíos rincones que pudieron ser huesos.
La innombrable belleza,
esa que no está donde los hombres la buscan,
solo el ojo la posee,
a él le basta un rayo atravesando la ventana en medio de dos siglos,
o desbordarse en una lágrima al ver el dibujo de un tal Botticelli.
Un ojo nada más que circunde el universo.

Como llama que se eleva 137
San Fernando

Esta noche me gustaría recorrer la ciudad
con los labios rotos por el silencio
y algo en la cara parecido a la tristeza o a la resignación.
Entrar al bar donde aprendiste a ganarte la vida.
Verte rasgar la guitarra con esas manos
de ángel rebelde y escuchar tu voz
como arañada por el sueño;
que no es la voz de un gran cantante,
pero hay una canción que solo suena en la tuya.
Tal vez te pediría algo de Willie Colón
y yo sería la niña que duerme al sur
y sueña contigo y tu risa no la daña.
Pero a tu lado los besos son monedas
y el amor una melodía enredada entre los árboles.

Arte poética

Noche a noche me interno en esta casa
de corredores oscuros
donde es preciso aguzar el ojo para no caer.
La lluvia, como música, se despeña sobre mí
y de tanto cantar lloro como una niña extraviada
en mitad del bosque.
En la alta noche crujen los postigos de mi casa,
es el espíritu del árbol que ha despertado
reclamando toda su savia.

138 Ela Cuavas
Poema para la madre

Mi madre hilvana mi universo con su aguja de luz.
Ella reconstruye de noche lo que de día me roba la tempestad.
Cose mis alas deshechas por los vientos del sur,
remienda mi coraje, mi libertad y teje cuidadosa su amor
en los rincones de mi cuerpo.
Madre es avezada en estos temas,
son muchos años remendando soledades,
cosiendo con su aguja de punta afilada y dulce
eso sucio que le avergüenza de mí.
Un rumor de seda escucho en la madrugada,
es madre cosiendo mi vestido de bodas
para cuando decida yo abandonar el abismo.
Cuánta luz en la punta de una aguja,
cuánto amor trenzado por dos manos.
Todas las agujas proyectan una luz,
y a veces podemos identificar de qué universo proviene.

Oscuro animal

Un oscuro animal roe mi corazón, quiero revelarme, decirle que soy
dueña de todo lo que me pesa, que he sobrevivido inventando amores
y dibujando estrellas en el fango; pero él se metió sin permiso en el
único lugar vivo que me queda.

No sé si es el fin o el principio; quizá sea yo Eva y esté inaugurando El
Paraíso y por falta de experiencia, este delirio.

Quiero pedirle a Dios que me preste por un momento mi cuerpo, para
saber si las hormigas del tiempo se están comiendo mi cabeza; mirar
dentro, muy dentro, allí donde persiste el frío, para estar segura de
que sigo siendo una mujer o solo sombra de mi sombra.

Como llama que se eleva 139
Impedida para escribir
ni una sola palabra de amor

Porque amar
es hacer el nudo y apretarlo,
y soltarlo si te da tiempo.
Porque amar es poner a girar el reloj
que perdió sus manecillas.
Saciar la sed con una boca
que no es la tuya.
Alimentar a las arañas del insomnio
con tu propia sangre.
Porque me siento incapaz
de escribir una sola palabra de amor
cuando su fuego quema hasta mis manos.
Hago este último e inútil esfuerzo
ya que en tus ojos también veo
ese color que tiene lo fugaz.

Jugar con fuego

Es un oscuro juego
como aquel que jugábamos
a escondidas de mamá.
Precisa la noche para llevarlas
una a una por oscuros corredores,
arrastrarlas o acariciarlas hasta que cedan.
Jugar con fuego, jugar con palabras.

140 Ela Cuavas
Con deseos de escribir

Quiero escribir y mi mano no obedece;
trazar los pasos que me conduzcan
a un laberinto menos terrible,
comer de ese fruto desgarrado con mi boca de fuego.
Pero mi mano se acostumbró al retorcido destino
y al sacrificio del árbol que habita el huerto prohibido.
Ángel de sombra, esta noche robaré tus palabras
para encender mi estrella a la hora que adivinas,
porque tú no sabes del dolor de los tendones
ni de la madrugada que se estaciona en los ojos.
Quiero escribir, y entonces toco tu lengua
y mis manos se queman.
Con mis manos, ahora cenizas,
empezaré el primer verso.

Lumbre del deseo

No creo en muchas cosas
menos en mis manos;
pero con ellas dibujo
el péndulo de tu hora.
Carezco de verdades:
solo la lumbre del deseo
que enciende tus palabras.
Solo lo que veo cuando cierras los ojos,
el fragmentado amor que das.
No soy devota de ningún dios,
solo tu cuerpo es cierto.

Como llama que se eleva 141
Otra muerte

Esta nueva muerte mía es espejo que se destroza cuando toco tu
rostro. Gotas de agua que rompen el misterio, ojos ciegos, cuerpo
resquebrajado. Eterno Adán y pasajera Eva. Amor acumulado en
los hoteles de la ciudad, pies que recorren las calles cifradas por tu
extravío.

Este mi delirio: tú en el parque, en la plaza, en mi noche. Quiero
ser piedra, hoja seca; tocar la luna de sangre que te nombra, volver
de otro siglo, mirarme en un retrato y descubrir que mi deseo de ti
sigue intacto; que tú estás justo en el centro de todas las cosas; que
el tiempo no es más que agua sucia, una espina clavada en mi pupila,
o tu cuerpo lleno de polvo padeciendo mis desórdenes del corazón,
mis quejas detrás de la ventana, mis gritos de victoria en el orgasmo.

Yo con mi locura, yo con mis ganas dolorosas de mudar de piel; tú y
tus diversas formas de tocar un cuerpo, tú y tu sucia concepción del
amor, tú y Nietzsche hermanados en el pensamiento, diciendo que la
mujer es el máximo error de Dios.

Todo y nada en una sola noche, placer y locura concertados; largas
caminatas dejando que el viento se lleve nuestras ganas de vivir;
pendientes de lo más vil: la basura que se acumula en las esquinas,
el rastro del mendigo en la acera, la sombra de lo que una vez fue el
río o los perros que atraviesan la encrucijada, y tú pendiente de ellos
como de un espejo.

Tú y yo con los labios húmedos de deseo, Baco presidiendo esta
ceremonia, este incendio de los cuerpos bajo los astros; los dos en una
sola trampa. Los años cumplen su tarea corruptora, y a la vuelta de la
esquina, nos descubrimos llenos de fatiga y con el sexo petrificado.

Tú y yo desconocidos por los espejos del bulevar, ciegos de desdicha,
ebrios de años, cansados de soledad. Tú y yo en el cementerio
despidiendo a un amigo en común o presidiendo esta otra muerte.

142 Ela Cuavas
Una palabra

Quiero una sola palabra
que lo nombre todo,
el dolor de la infancia,
el miedo al amor,
la rosa que se desborda de belleza,
el canto de la luz en mi ventana.
Quiero acertar
con una sola palabra.
Porque el poema no basta.

Silencio

Ya no tengo afán por las palabras,
no hay sistema ni filosofía que seduzcan a mi pluma,
y la espina dorsal del sueño la destrozaron los fantasmas.
Se acabaron los juegos nocturnos
y la mano que a hurtadillas cerraba la puerta.
Desmantelado está el lecho y sobre él duermen cenizas.
No diré una sola palabra más en esta confusión de luciérnagas,
acabada está la luz porque vale menos que mis manos.
Quiero mío el silencio que antecede a lo terrible,
mío el ruido de la lluvia que azota los tejados,
y un desfile de muertos blancos penetrando por mi lengua.

Como llama que se eleva 143
El hombre es un animal cansado de sus alas

El hombre es un animal cansado de sus alas,
de sus plumas de su alma.
El hombre se duerme y de sus párpados
brota el agua de los sueños.
Qué sueña,
ni él lo sabe,
Quizá con el tiempo en que fue pájaro
y habitaba los árboles.

En tu nombre guardabas
la tristeza de las noches
que antecedieron a la creación.
Tu luz era muerte en la más ciega muerte.
Apacentabas caballos
a la orilla de un río de aguas turbias
y animales muertos.
Todo en ti fue noche y desazón,
pájaros de odio bordeando el cielo.
Amor que todo lo quema y destruye,
cenizas.

144 Ela Cuavas
De la tristeza algo nos queda.
Por lo menos cicatrices que
abonen el camino.
Pies acostumbrados a espinas.
Del dolor nos queda la frente agrietada
en señal de golpes resistidos.
Manos, que aferradas a cualquier cosa
no se soltarán así no más.

Alejandra Pizarnik

Ha amanecido nuevamente,
pero el mundo ya no es lo que antes fue.
Todo está agrietado y disperso como mi alma.
Estoy sentada en una piedra,
solo conservo mi boca y mis mordidas uñas,
lo demás se perdió en el naufragio.
Los peces lo comieron tímidamente.
Leo sin ojos mis poemas,
me las arreglo para que sea memoria mi boca.
¿De qué me servirá mi verbo en este mundo que me inaugura?
Es como comprar un vestido roto.
Siempre soñé este Apocalipsis
conmigo sobreviviendo a sus sombras.
Ahora debo crear un nuevo lenguaje para nombrarme.
Intentaré un canto de ave,
pero aquí no hay aves, tendré que inventarlas.
Pero primero inventaré el bosque.

Como llama que se eleva 145
Virginia Woolf

Un tambor no deja de sonar en su pecho y la cabeza es una confusión
de estrellas en el acantilado. Es de noche, no es de noche; pasa la
mano por la hoja del cuchillo, pero piensa que…

No de esta manera; además, algo no termina de escribirse aún.

Decide caminar, camina sin rumbo. Es poco lo que puede controlar de
ese cuerpo ahora despojo. Recoge flores en el camino, recoge piedras;
llega al río. Le duelen los pies, tiene sueño, pesa su vestido.

Serguei Esenin

La casa paterna
como metida en uno de esos paisajes invernales de Bruegel
y un sauce o un ladrido de perro anunciando la fuga.
Este muchacho sabe cantar, pero su voz no se escucha;
entonces decide brindar su concierto a las ratas.
El amor, invisible lepra que lo aniquila,
y el vino, siempre el vino para escapar de lo absurdo.
Goza con el escándalo y la injuria;
si no hiciese tanto frío se desnudaría en la taberna.
Un día en que el mundo ya no le quedó más,
decide salir de lo anodino ajustando el nudo.

146 Ela Cuavas
Georg Trakl

Soy puntual y perfeccionista en mi trabajo,
es una forma de gobernar mis miedos;
si pudiera vivir solo para el arte
esta ciudad no sería una condena
y mi alma dejaría de ser un girasol ensangrentado
pudriéndose en mitad del bosque.
Quiero la palabra que me condene o me salve.
Oficiar cada noche como un monje invisible.
Ordenar el mundo en un poema.
Hacer de los gusanos sagrado alimento.
Pero la vida es dura y mi voluntad no me pertenece ya,
tengo un amor culpable de estirpe maldita,
pero sagrado como el viento bajo los robles.
Mi garganta está llena de sangre
y solo busco la oscuridad de las tabernas;
el vino amargo para apaciguar los sedientos caballos del alma.

Sylvia Plath

Esta mañana he recorrido las librerías en busca de un libro tuyo; solo
hallé el poema que escribiste la víspera de tu suicidio.

Sylvia, que esconde su nombre y resuena en mi cabeza cada vez que
las luces de la ciudad se apagan, cada vez que mi padre me recuerda
que soy mujer y por tanto he de ser sumisa.

Sylvia Plath, cuánto dolor albergabas en tu corazón para querer
anular de una buena vez todos tus pensamientos.

Yo me suicido cada noche en un poema por temor a cerrar la puerta.

Como llama que se eleva 147
Dylan Thomas

Yo caminaba por la noche gris del Norte y pensaba en Whitman y en
los muchachos de piernas blancas que adornaban su cielo.

Repasaba en la memoria mis poemas y los sentía tan ajenos, tan
frívolos, tan sucios de nada; insensibles al tacto, ajenos a la flor,
turbios como el ojo del pez.

Yo caminaba por calles insomnes llenas de letreros y voces y no
entendía nada. Mis ojos se ennegrecían y las letras mudaban de piel,
solo guardaba tres de ellas en mi memoria.

Yo solo quería tomar una cerveza.

El poeta

Dolores en ninguna parte, vocablos rotos, mudos, viejos,
indispensables; verbos picoteados por la noche, por la espesura del
silencio. El poeta es la sombra lejana de un árbol que no dio frutos.
La flor que brota del estiércol. Dios y el diablo jugándose el trono en
una partida de azar.

Piedras hartas de habitar el mismo sitio, la misma lluvia, la misma
noche; el poeta es el despertar a un día remoto, una mirada hacia
ninguna parte; es un fantasma sin sombra, una boca que emana
verdades inesperadas.

148 Ela Cuavas
Herencia

I

Muda la existencia del hombre
porque las palabras aún no corrían
por las raíces del árbol.
El hombre vagaba por el bosque
y recolectaba frutos,
y entonces fue verbo su alimento.
Él lo supo siempre;
por eso este lápiz con el que dibujo
los signos que me heredó el árbol.

II

Recuerdas la noche en que te fueron dadas las palabras.
Tú dormías junto al río y despertaste sediento,
y bebiste de la orilla, donde abundaban flores.
Un pequeño grito de placer fue el primer indicio.

Te puedo llenar de rosas

No somos los mismos;
un hilo que debería unirnos
ahora nos separa.
La noche, muchacha luctuosa,
empaña y desfigura mi universo.
Tú, ángel venido a menos,
malgastas horas que me pertenecen
y quieres y no quieres que hablemos del pasado.
Sigue empeñado en desafiar al destino.
Sigue arando sobre un bosque donde crecen espinas,
sabiendo que tu descanso está en mis rodillas,
sabiendo que te puedo llenar de rosas el pecho.

Como llama que se eleva 149
Un poeta

Poco importa que perdamos al poeta
si salvamos la poesía.
Henry Miller

Este es el mundo
y bajo mis pies no funciona.
Debo internarme en él sin miedos,
A fuerza de golpes se transforma lo vil.
Esta maleta es demasiado grande
para mis sueños, han de caber todos en
mi bolsillo, si no caben, desecharé algunos.
Quiero vivir como en el poema, pero me falta
coraje, entonces el papel se vuelve pretexto.
¿Cuántas noches malgastadas
incendiando el lenguaje?
Pero no fue aquella noche en la taberna
cuando los ojos de tu amigo
te revelaban el mundo, tu más bello poema.
La poesía no está contenida en engañosos
caracteres, la poesía es esta luz,
ese labio, esta ebriedad.
Hagámosla con el cuerpo.
Un cuarto oscuro y alejado
no será nunca el laboratorio del poeta.
Debe ser Abisinia
o cualquier otro lugar del mundo
que le proporcione emoción.
Una gira por Norteamérica deteniéndose
en todas las esquinas
solo para beber una cerveza,
no es nada despreciable.
Incluso irse a la guerra
dejando de lado todo bienestar,
puede ser una opción.

150 Ela Cuavas
Vida, eso es lo que se necesita,
meter las uñas en la tierra
para descubrir sus secretos.
El poeta no tiene entrañas,
nació del sueño y debe vivir en él.

Te sedujo el canto de un pájaro

Tú me esperabas frente a la galería,
con aquella blusa azul casi transparente
y una fina sensualidad en tu labio inferior
que no necesita lápiz,
porque las mujeres como tú
son más que carne.
Yo, al otro lado, en la estación,
viendo partir autobuses,
con la tristeza de un judío
que ve partir el tren en una película nazi,
atravieso la calle; y el agua y sus colores
se desvanecen lentamente en la acera;
los cristales de la galería revelan
las trampas de la luz.
Eres la mujer con la que soñé una noche,
sentada en mi mesa,
bebiendo de mi vaso,
bailando un jazz de John Lee Hooker,
cabello azabache, ojos de pantera.
¿Dónde hubiéramos ido esa tarde
de alucinados demonios
en la que neones y automóviles
nos ocultaban el cielo?
Aquel día que no quisiste seguirme
porque te sedujo el canto de un pájaro
y yo tuve que devolverme ebrio
a mi barrio de hojalata.

Como llama que se eleva 151
Lo que ya no podré decir

Sobre mi labio pesaba un silencio tan duro como si caminara con los
pies agrietados. Todo lo que quise decir, todo lo que planeé como un
papel en el teatro, se diluyó como agua, y volví a ser la niña que a los
siete años perdió su paraguas amarillo, porque no fue capaz de decir
que ese era el suyo cuando la maestra lo preguntó.

Pesa sobre mí un silencio de uñas mordidas y sangre en las comisuras
de los labios; silencio de lluvia sobre la carretera que espera mi
muerte. Pesado fardo que solo me permitió una mano en su hombro
para que olvidara la rabia porque el autobús no salió a tiempo.

El silencio de esos días ahora me pesa como un desfile de muertos
blancos penetrando por mi boca; y yo solo quería decir: “Caminemos
por el muelle y busquemos estrellas en el mar”, para olvidar que la
próxima vez tendré que atravesar medio mundo para verte.

Pero mi madre cambió de rostro a mis cinco años y nada dije; de ahí,
quizá, esta incapacidad de nombrar lo que quiero, por no haber sido
capaz de decir que yo quería a mi madre de antes y desde entonces
nada más pude decir.

152 Ela Cuavas
eliana díaz muñoz
(Barranquilla, 1987)
³ ³ ³

Algunos de sus textos aparecen publicados en Víacuarenta, Casa de Asterión y la
revista danesa Aurora Boreal. Ha participado en el Coloquio sobre la diversidad
caribeña en Casa de Las Américas, La Habana-Cuba en 2013 y 2015; Congreso
internacional de Literatura Hispánica en Córdoba, Argentina; la jornada de
estudios Mujeres en tiempos oscuros en la Universidad de Toulouse, Francia;
en el Festival de poesía Poemarío y el Encuentro internacional de mujeres
poetas de Cereté. Se desempeña como docente de literatura en la Universidad
del Atlántico.
Correo: movilarcadia@yahoo.com.co

154
Tránsito de la tarde

Si el sol traza una raya difusa en el suelo
es la tarde que pasa
Abandona la roja soledad de los almendros
el seco rostro de la maleza
y avanza sin prisa
Va expiada por las nubes hacia otro destino
y siembra su huella en los ojos
de quienes pasamos sin prisa
sin dolientes

Pronto se duerme la luz

Pronto se duerme la luz en los vitrales
pronto es nulo el verdor de las hojas
la llama inicial es cosa del recuerdo
un acto de depuración
un canto memorioso de otras latitudes

Como llama que se eleva 155
Presagio

Allí donde ocurre tu noche
donde te encuentra la negrura voraz de tu noche
el tiempo lanzará su pedrada desmedida

Diagrama

Supones que tumbada sobre la hierba
(como quien recuerda al viejo Walt)
tu cuerpo oscila entre su centro
y la curvatura del infinito.
No obstante, te sientes cansada de encerrar
con una misma línea
las palabras y las cosas

Diagrama II

Circula en su entraña un dolor aparente
Dolor de nombrar las cosas
de hacerlas tronar de desencanto
Las cosas
atoradas en la suerte lineal de lo que sigue
como aristas que se miden a oscuras
en la balanza de la noche

156 Eliana Díaz Muñoz
De fogatas y otras combustiones

I

Todo el día fuiste madera atravesada por cuchillos
la línea voraz de la carcoma
una gota que insiste sobre el lomo de la mesa

Nunca hubo para ti
la indulgencia de una forma menos corrosible

Porque una vez desprendida la rama
nada traiciona su vegetal destino.

II

Debe existir un fuego para las tierras arrasadas
un pozo seco
una negación
Y sin duda existe
Solo que llega pronto y permanece
Entonces se suele creer
que ha estado allí desde siempre

Incendios

A mediodía la tierra se abre
las ramas inclinadas escurren su verdor
un chasquido vegetal sella el derrame
y no es vana la entrega
Esta reverberación convoca a los cuerpos
los une en sus hedores
los maltrata
hasta la blancura de las paredes es insulto

Pero las formas sudorosas, vegetales, persisten
mientras la vida va fugándose
en breves incendios

Como llama que se eleva 157
Brotes de inocencia

Aliméntame con los brotes de la inocencia
hoja
tallo
descubrimiento
Tengo hambre y sosiego y pulcritud en mis uñas
Aliméntame
no le niegues al fruto el abandono de la cesta
no le niegues el viaje hasta la mesa lisa, blanda, quebrada, ausente
no le niegues el calor de una taza
la solidez del plato
Ser fruto y silencio

Desprendimientos

Tenía ante mis ojos una lengua convulsa
el cuerpo contraído de un perro
que cruza la calle entre bocinas
pausas, estación
Para describirlos mejor vaciar de sentido las palabras
dejar que crucen monógamas y devotas
Ellas vocálicas y sencillas
mejor no tener un puñado con qué tapar la boca
Yo misma era una palabra demasiado sonora
demasiado esquemática
demasiado esquelética
mejor no tener nada que aprisionar

158 Eliana Díaz Muñoz
Tríptico de la hermana ausente

I

Cuando vinimos
dijeron los cronistas que
un enemigo salobre y encabritado
vagaba en nuestras entrañas
En los cuerpos soñolientos y duros
difíciles de amar
y quisimos domarlo
y mirarle a los ojos empozados
de oceánica incertidumbre
y fabricarle raíces
hasta que aprendiera a llevarlas consigo.

Mas era imposible.
Entonces preguntamos:
cómo fue que desembarcamos en estos pies
cómo en una maraña de tejidos
Sin antes proferir la sentencia
Sin antes visitar las redes en los sueños
y sostener nuestro peso y nuestra muerte
y tasarnos con el precio de lo dicho
y nombrarnos con los oscuros nombres de la ausencia.

Mas no llega la respuesta, querida.
No viene.
No la traemos empozada en los ojos.

II

A la hermana le fue creciendo
una llaga
en la acidez de las horas
Un país de ciruelas
en la soledad de los pechos

Como llama que se eleva 159
Ella quiso llamarlo desciframiento
cosecha
puñado de gemidos
pero a mi voz ningún nombre volvía
para lo que crece sin remedio

III

“Yo tuve un hermano
de esos que duelen siempre en la conciencia”
Enriqueta Ochoa

No preguntes más,
pues se ha ido a buscar su porción de infinito
que se ha sentado a pescar una estrella
en aguas livianas
Tampoco llores el pequeño viaje emprendido
con un mapa inocente
porque nuestro viaje es seguro y lamentable
porque vamos cargadas
con la carga que ella ignora
sin suerte
y sin mapas
heridas para siempre
por el mentido gesto del amor.

160 Eliana Díaz Muñoz
Leo a Marina Tviestaieva en un aeropuerto

Leo a Marina Tviestaieva en un aeropuerto
leo mientras espero
Tengo veintiséis años
Marina tendría al menos unos cuarenta
cuando se quedó sin hijos
sin marido,
sin amigos
sin nación
pero no sin poesía
La poesía era precisamente lo que no perdía
La poesía es todo lo que pierdes:
un botón, una moneda, un billete,
la sonrisa
leo y sus palabras me ahogan
no caben en mi boca
y tengo que morderlas
Las palabras de Marina pesan
saben a bosque y a centeno
Recuerdan los besos torpes que
mi lengua anticipa
esquivo su amargor
Marina duele mucho
en esta hora constante de nieblas
de pasos extraños en lenguas extrañas
¿Qué hay entre ella y esta que soy ahora mientras leo?
En esta hora
de vuelos
desprendimientos
desgarros
Amo secretamente a Marina
Soy cómplice de su palabra
Soy tan vieja
-de querer está cansada mi cabeza-

Como llama que se eleva 161
Martha:

Esto pudiera ser una carta que llega con retraso
a una casa del centro de Toulouse
o al hotel en París
Ya no importa el buzón en donde se instale
porque para mí
estás instalada para siempre en la estación de autobuses
Detrás dejas
los secos inviernos ucranianos
el centeno
el hijo que estudiaba medicina
(que temía a los muertos y a la guerra)
y a los azules ojos del monstruo
Adelante están las horas que le ganarás a la muerte
mientras friegas los pisos o lavas la ropa.
Nada de olvidar la sensata explosión de tus ojos
donde no hubo extrañeza
donde fui la amiga del otro lado
que tendría una madre triste como lo eras tú
con muy poco dinero para la cena.
Seis grados, seis de la mañana, no muchas cosas para cargar
Cincuenta y pocos años

Un día
de súbito
también te escribiré un poema
no sé qué dirá
quizás que te conocí en enero
a muchas horas de mi casa
y que me persigue y alienta tu mirada
que me salva de las guerras.

162 Eliana Díaz Muñoz
Canción para Ana

Estamos de frente
y las niñas que éramos
en silencio
nos miran
Yo busco en ti
como en una caja
solo alfileres y tu vestido
Aquel vestido zanahoria naranja gaseoso
Ese azuloso de bombones con paragüitas
ese que ahora llevo
y me hace atractiva:
un milagro Ana si consideramos lo triste que debe ser
mirar a una mujer como yo
con esta vejez improvisada que me aflora en el rostro
¿Mis años, Ana?
Son veintisiete soles ardiendo
en la lengua del beso
no son aguas pacíficas
no son descanso.
¿Y mi nombre?
Tú eres la mitad de mi nombre
y todos mis otros ardiendo.
¿Y tú?
¿cuántos años tienes ahora?
¿a qué edad empezaste a desreír?
Qué sola debió verse la muerte a tu lado
Qué vieja
con el viento ondeando
en el primor de tus cincuenta.

Yo busco
en una llaga que entra en mi dedo
hasta el fondo de mí
para deletrear
despedida

Como llama que se eleva 163
En una mañana de los noventas
volvía del colegio y no te encontré
No hubo mentiras.
Ni la idea de un cielo.
Tampoco forma de engatusar al llanto
porque
el grito vino solo
Con los libros y los juegos
Vino sin ruido y sin marasmo
Era un visitante bonito
de esos con aire de viajero perdido
Y yo lo dejé pasar
El grito hizo una casa de muñecas
El grito armó sus grutas y bibliotecas
El grito negó la entrada a los viejos terrores
El grito me hizo la vieja chiquita con todas las respuestas.
El grito me dio la lengua
Y de ella me quiero deshacer
en este poema
porque los demás serán insuficientes.
Estamos de frente
y la niña que soy
enmudece.

Séneca y las sentencias

Teme a los pequeños dioses
su pequeña medida de justicia:
su piel recordada a la sombra
de un violento resplandor
a la piel irascible que habrás tocado con cierta alevosía
Teme, pequeña,
y deja que un manto de torpeza cubra tu falta
con dulce premeditación

164 Eliana Díaz Muñoz
Paisaje con escombros

Quién es el paisaje abarrotado de escombros
de interjecciones
de muselinas y macramés
que no puede ir más allá de su carne
del aquí ahora que empieza cuando digo
paisaje abarrotado
Pero mi lengua como un trozo abismado
sobre ningún abismo se repliega
y no renuncia
a articular
Quien puede ir lejos en su honda noche
de simulaciones
puede mentir un largo beso
adeudado para siempre a la severa multitud
y no callarse
en la trampa de una página

Esbozo de una Esfinge

Convencida
pero
Errática.
Erudita
pero
Ciega.
Abismal
e
Inconclusa
Acaso existió un castigo
menos dramático para los hombres

Como llama que se eleva 165
Museo de historia natural

Afuera ronda un viejo animal dorado
hilado en enciclopédicas visiones

y mi corazón mordido para siempre
por una tormenta solar

Poemas con batallas

Amo los poemas con batallas
batallas navales
donde la luna desgrana el pecho del enemigo
y fieros cañones avanzan
hasta las bocas pequeñitas
donde los más fuertes
escriben a sus mujeres no volveremos

A veces el mar arrastra sus gritos
al borde ciego de la página
También allí fantasmas
que cantan, combaten, se resignan
y abandonan
el blanco lugar de los estrépitos

166 Eliana Díaz Muñoz
Libros

Los atravesaba una luz enfermiza
un borde dorado en la cubierta mohosa
El delirio de verse solos
en medio de los anaqueles vacíos
Tenían muchas líneas abarrotadas en el filo de la lengua
como piedras convulsas por el tropiezo
En todo caso
era algo lo que se desgajaba en sus páginas
hormigas
arañas
agujas
grafías
todo en minúscula floración
como el amor
o las cotidianas promesas

El bello texto

Hecho un kamikaze
el poema
era un escupitajo sangriento,
tuberculoso de historia
que estallaba
en el blanco vacío de mi corazón

Jugar en el anticuario

En su correcta ubicación,
cada cosa sirve para
prolongar las ausencias.
Es el destino de un oficio
que va desde vaciar la luz carcomida
hasta esculpir la redondez del mundo.
Como llama que se eleva 167
Cartografía de la culpa

Como una mano nocturna
que muerde tus claridades
se instala
insulsa
pendenciera
te sondea y desaparece a orillas de tu noche
pulula en los ojos de los peces
y en la lengua yacen sus salobres recorridos

Poema reiterativo

Si se enterraran los amores
claro que habría aquí
(en el poema)
un cementerio apacible
claro que vería pasar los amores
camino al poema
en sus vacíos cortejos tipográficos
muertos
bien muertos
demasiado muertos de una muerte innatural
leería sus lápidas y en ellas sus epitafios
y en sus epitafios sus dolientes
y detrás de sus dolientes los asesinos
confundidos todos con el muerto y con la muerte
porque quién se muere cuando muere un cuerpo amado
y quién en el apacible gesto que sepultas
bajo la aparente vida de la letra

168 Eliana Díaz Muñoz
Lección de albañilería

Robinson De la Hoz, maestro de obra,
dice
que si una pared se descascara
y va mostrando pronto la grieta
mejor descubrirla
mejor rasparla
mejor machacar hasta la última piedra del cimiento
mejor arrancarle las honduras
mejor desechar la tierra
hasta la mano misma
de un soplo borrarla…
y volver a construir.

Plegaria

Señor, dame de los suicidas
la placidez del rostro satisfecho
el arrojo con que saludan al vacío
toda negativa a las citas
que el amor les impuso en el descuido de la calle
y por favor, no se te olvide
aquel beso envenenado

Concédeme parte en su cielo desgarrado
y si te es posible
confórmame con una muerte menos heroica
sin notas explicativas a pie de página.

Como llama que se eleva 169
Atesora tu sombra

Atesora tu sombra
tus despojos
el sonido que con irremediable amargura vuelve
pero es espuma, aire y tinta que nada mancha
el pozo donde emergen monedas y desastres
guarda tus ires y venires
la huida que muy lejos o muy cerca preparan los pies
guárdate de la espera y sus quebrantos
porque infinito es el hilo del que penden tus circunstancias
y filoso el tiempo que viene a amenazarlo

Tratado del tiempo y la caída

Piensa en una mano de siglos que te cruce la espalda
en un vientre que se abra
con profundidad y eco
Luego, pregunta por el tiempo
que abraza la caída:
una línea huérfana de puntos dónde sostenerse

Te colman la boca
palabras de ceniza

170 Eliana Díaz Muñoz
hortensia naizara rodríguez
(Cartagena, 1963)
³ ³ ³

Profesora de la Universidad de Cartagena. Dirige el grupo de investigación
Mujeres, Prácticas Culturales y Género. Tiene publicados tres libros de poesía:
Celeste vicio de mis días (1994), La inmóvil canción del alba me detiene (2004),
libro con el que obtuvo beca de creación artística del Ministerio de Cultura de
Colombia en 1998, y la Antología Celeste vicio de mis días y otros poemas,
publicada por la Universidad del Valle (2008). Editó la obra completa del poeta
Luis Carlos López en el 2007, con el sello de la Universidad de Cartagena,
con el proyecto Reino Errante, del programa de literatura de la Facultad de
Ciencias Humanas. Es miembro del Consejo editorial del proyecto Biblioteca de
Autores del Caribe colombiano. Realizó estudios doctorales en la Universidad
de las Américas de Puebla, México, como becaria de excelencia académica,
con la tesis titulada Apuestas literarias en el Caribe colombiano: Luis Carlos
López, Oscar Delgado, Jorge Artel. Periodismo y poesía en contrapunteo
con el provincianismo cultural 1900-1948. Su proyecto doctoral obtuvo beca
de investigación cultural Héctor Rojas Herazo en el 2012 otorgada por el
Observatorio del Caribe colombiano. Fue profesora invitada de la Universidad
de Kentucky en el 2015 para promover el curso de identidades de los pueblos
del Caribe colombiano, literatura caribeña e identidades en el Doctorado de
Estudios Hispánicos. Sus investigaciones actuales giran en torno a los estudios
de género y literatura del Caribe.
Correo: naizara@hotmail.com

172
Esta noche se han marchado
mis poemas

Esta noche se han marchado mis poemas
armaron un resorte de palabras
Una valija de palabras
Se han ido lejos de mí,
de mi cuarto, de mi casa
Y en aquel viejo campo
unas palomas han comido de ellos
Y los huracanes del Este
se han tragado a las palomas
Ahora las palabras están en otros lugares
y revientan las paredes.
A Herbert Protzkar Andrade

He vuelto a navegar sobre las mismas palabras

Las palabras divorciadas del lenguaje
son cosa muerta, no entregan secretos
Henry Miller

He vuelto a navegar sobre las mismas palabras
capturadas por la memoria
en un vaho de tiempo
La tarea del verso y la palabra
-que por sí sola no es nada-
Y este camino que enfrento me acecha
como mi mejor enfermedad
Me consume día a día
el terrible pronóstico del poema
al que paso a paso cedo
sin lograr mayores conclusiones
Así la memoria, el verso y yo
convivimos en un solo cuerpo.

Como llama que se eleva 173
Índice del poema

El poema viene de pensar en el mar
y caminar despacio
Apreciar la diminuta posibilidad de vida
entre las hormigas
Contrariar los relojes y asumir
el derecho al vacío
El poema viene de reparar el detalle
de una lentejuela
y sembrar un árbol
prodigarle caricias a un perro en una calle azul
y acicalar el ombligo de un niño
El poeta construye sueños con las manos
Es un dios orfebre de buen genio.

Poema para convocar el misterio de las palabras

Ocurre que aquí la palabra llega sin dar aviso
es la vecina codiciosa de la noche
entra por la descuidada puerta de mi casa
y sucumbe al delgado sueño
practica el sutil asedio de los amantes
y manosea los sentidos
como si fuera poco, oprime la garganta
desgarrada, reveladora, e induce al tosco verso.

Las palabras se instalan cómodamente
en barcos, trenes, aviones
viajan en sobres de cartas selladas
Vienen de un cielo de estaño -duro, espeso-
Circulan en las paredes de los baños públicos
Para ellas no existen semáforos
ni departamentos de inmigración

174 Hortensia naizara rodríguez
más bien gozan de una exquisita libertad
se deslizan con soltura, como si tal
No resisten las gavetas oscuras
y regresan a los submarinos,
a la tienda de bombas,
a los cuartos del amor.

Las palabras vienen del agua
y se miran en el espejo del agua

I

Tenía los ojos bien abiertos como Sam Hamill
Cuando veía las rosas caer por las ramas
y el canto de las ranas inesperado
cobraba sentido en este silencio milenario
en este silencio de ruinas
Descorría las ventanas y ahí comenzaba el delirio día a día
El dolor no es ajeno a mi piel, a la luz
Los niños vienen llorando
muriendo a falta de aire y agua
Los enemigos del poema están en todas partes
No creo en los himnos ni en la madre patria
ni en los mitos elaborados para destruir la libertad del pensamiento
Al filo de la guerra solo se escucha
la última bocanada de aire
Las palabras vienen del agua
y se miran en el espejo del agua
no necesitan a los fantasmas que hurtan la risa de las gentes.

He podido ver cómo los líderes
de las grandes corporaciones globalizadas
se educan para la guerra, dijo Sun Tzú
y les enseñan a sembrar miedos colectivos
a llevar para la venta carne humana por toneladas
Si antes era el triunfo de la barbarie,
hoy es de la civilización y del olvido.

Como llama que se eleva 175
II

La poesía que siento y vivo es urgencia de un río interior
vicio, pasión, enfermedad que no ahoga
el ego de las manos que cobran vidas
Entrego el poema para dar al alma lo suyo
Una tentativa de luz para los invidentes
La poesía que escribo no sirve para nada
Sino para decir en voz alta no a los uniformes,
no a las guerras,
no a las religiones
Es iluminación
está en el hogar, en el rostro de mi bienamado padre
a quien la vida le sonreía antes de la muerte de su esposa
en el calor de los pechos de la madre embarazada
y en el dolor de la mujer que espera al amado muerto,
que no volverá jamás
El delirio del día sobreviene,
las palabras vienen del agua, regresan al agua

Gratitud bajo los árboles de mango

Quiero saber si aún recuerdas mi voz debajo de los árboles de mango
la tarde en que te vi por vez primera
cuando amamantaba a mi hijo
Te busqué en diferentes lugares
cruzando las vallas de esta ciudad grande
y de este pueblo pequeño en el que habitan mis deseos
He perdido la noción del tiempo
y solo las luces azules dibujan el entorno de tu lejano rostro
Veo la luz que rompe las frágiles ventanas de mi habitación
Suenan las campanas, se viene hacia mí la furia de los volcanes
de esta tierra ocre, rojiza que habito ahora
Su oculta voz desde adentro trae murmullos de fuego y lava
Tal cual como el tiempo ha venido a mi favor

176 Hortensia naizara rodríguez
he perdido los recuerdos
Tengo mala memoria y eso ayuda a cualquier ser humano
a la armonía
No tengo palabras para decirte que las estrellas desaparecieron
de mi camino
como los miedos que sentía mi madre ante la muerte
y la levedad de mis manos en su rostro en ese nuevo viaje
que ella no deseaba
Aún guardo la ilusión de que escuches mis silencios y mis preguntas
que nunca respondiste
Solo te pediré agua tan pronto yo pueda verte.

La música que haces para mí es un escándalo sensual

Esta puerta grande y amplia por donde yo entro
es tu alma cargada de ansias y música
Los pasos vienen del Caribe
Oigo los timbales de tu orquesta
los pasos de tu baile negro
La música que haces para mí es un escándalo sensual
y la puerta húmeda de salitre y agua
toca leve el desprendimiento de mi sangre
Allí frente al mar te encuentro

Voy a tus sueños para que escuches mis palabras
Llevo en mis manos la resina de los árboles
de la sierra oriental de México
que recojo todas las mañanas
para untar en tus cabellos y humedecer con mi saliva
Los árboles me aguardan
y puedo respirar contigo en silencio cuando cierro los ojos.

Como llama que se eleva 177
Una diminuta marca
en el universo interior de mis aguas

Desde ayer una diminuta marca
un alfiler insertado en la tela de mi vientre
me levanta desde muy temprano
a saborear el olor de la mañana
y la espesura de la Bahía de Cartagena
Vino de la nada, del pensamiento
y su pequeñez me hace sentir insólita
desandando viejos caminos
descomponiendo el orden del ajedrez
Lentamente recorre el universo interior de mis aguas
y se acoge al lugar más tibio mientras le espero
Él es una espina pequeña, doblada
que me mantiene en ascuas.
A mi hijo Luis antes de su nacimiento

Se me antoja que la luz de mis manos llegue a ti

A mi padre

Se me antoja que la luz de mis manos llegue a ti
como el libro de sueños encendidos que sale de mi pulso
Ya sabes que guardo silencio cuando escribo
En mi habitación mueren los días mientras vivo en esta montaña
rodeada de volcanes inmensos cargados de furia y cenizas
Escucha el sonido del movimiento de mis manos
hay calor en la yema de mis dedos
la puedes sentir en tu corazón que ahora late con más fuerza
Escucha la intensa lluvia que rompe los tejados de mi casa
No sé adónde ir ahora que se han roto los circuitos eléctricos
Afuera hace mucho frío
y mi abrigo no alcanza a protegerme
Perdida en esta oscuridad mis manos tiemblan
Solo sé que aquí vive la poesía
en el exilio afortunado de mis sueños

178 Hortensia naizara rodríguez
Río interior de mis deseos
Delirio de la verdad de mi sangre
Puedo escuchar mi voz interior
los sueños encendidos en mi cuerpo
los recuerdos de mis ancestros
La vigilia se alimenta del agua de mi cuerpo
del jardín que cae como en loca carrera por unir las distancias
-como dice mi padre-
Me habita el silencio y las rojas noches
en las que solo veo el desarreglo de mis sentidos.

Poesía

Agua de un río recién nacido
libre, desaforado
ante la impecable y terrorífica belleza
de la naturaleza
Único canto cuyo paradigma
es la aventura y el sueño
La tarea de los poetas es vendarle los ojos
a los videntes
y darle una tentativa de luz a los ciegos.

El poeta es el que espera

El que aguarda
ofrece su meditación
atrapa el silencio entre sus dedos
explica el cielo
porque el cielo en todas partes es diferente
Hilvana versos en la soledad y en el invierno
el ojo del verso lo acecha, lo condena
y ya no puede dar marcha atrás
Sin pausas reflexivas se inicia en lo mítico del misterio.
A Alfonso Amarís.

Como llama que se eleva 179
Poema de mi hijo

Un niño me sigue
es mi cola
es mi niño de tres años
me pide una canción
me siento inútil, yo no sé cantar
sigue hablando
dispara palabras
dardos al corazón
continúa construye imágenes
y me siento aún más inútil.

Por fin puedo manosear las palabras
Alegría, el muñeco de trapo
de una estación cubana nos convoca
a una nueva canción
¡yo tiemblo sabes!
y ahora viene el niño mi cola de tres años
y dice en voz baja
mamá no quiero ser noche ni estrella ni pájaro
¿Por qué dices esas cosas?
Me muestra el cajón de cuentos y dice
quiero ser la ventana
para que la lluvia me moje y me moje
para recibir las buenas noticias
para esperarte para esperarte.
A mi hijo Juan Sebastián

Una señora bien puesta se viene encima de mí

En el autobús de Puebla al Distrito Federal
Me grita: -este es mi puesto-.
La ignoro
Luego grita ¡Este es mi puesto!
Entonces le sonrío y le hablo con algo de ironía inusual
Sí, este es el puesto que aún no ha encontrado en el universo.

180 Hortensia naizara rodríguez
¿Dónde podría residir la belleza de un poema?

¿Dónde podría residir la belleza de un poema?
No en el número exacto de sus versos
podría ser en las azarosas imágenes de lo casual
El camino del poema es libre, aleatorio en sus deseos
y desborda en las manos del aire
escúchalo
el espíritu de su voz cuenta infinitas perlas
de un collar que no tiene dueño
Los dedos del poema se han arriesgado
a un juego de dados
¿hay clave alguna para encontrarlo?
No. Solo que habita en los deseos
en la urdimbre del mundo de los deseos
como quien arriesga una palabra
tal cual como un canto
como el sudor y la humedad de los amantes.

Tengo el corazón desordenado

Tengo el corazón desordenado
la cabeza desordenada
la casa desordenada
los hijos desordenados
los muebles rotos por el desorden de los hijos
los libros desordenados en la mesita de noche
la noche tibia abruma a mis ojos
la lluvia entra por el entrepiso y la escalera
aquí el vacío tiene poder para nombrar al silencio
Por mi calle unos muchachos han pasado
tirando piedras por todos lados
están sofocados
mojados de sudor y rabia
han hecho un hueco en mi ventana
las flores rojas entran por allí.

Como llama que se eleva 181
Te hago responsable de los sueños no reparados

Te hago responsable de los sueños no reparados
y las vigilias anheladas frente al mar
de la llama púrpura que me cubre
a las seis cero cinco a.m.
del color del horizonte cuando tú no estás
del llamado que clama como urgencia
de un río interior
de las mediasnoches resquebrajadas frente al teclado
de la hierbabuena y el toronjil sembrado
al pie de mi ventana
de la sonrisa que se dibuja en mi rostro cuando te veo
de las rosas de octubre que tú has traído
en un día de lluvia
Te hago responsable de la poca tranquilidad que tengo
del deseo mordido cuando escucho tu voz
Estoy en un desierto
y tú eres el agua que necesito para beber.

El insomnio del poeta

Me llega una luz roja desde la puerta del baño
y desahoga su rabia en la liviana tela de mi bata de dormir
Esta noche la fiebre se alimenta de humedad y
la inocencia ha roto mis ojos
Un dolor de ciudad triste me visita
y escapo para ver la puerta que se abre
el milagro del alba habitada.

Mi camino azul es un extraño túnel
que acontece para embargar a la noche
Podría ocurrir que un intruso
haya atrapado al fin
los alfileres que me levantan en las sombras.

182 Hortensia naizara rodríguez
Señora noche

Tejedora de luces al límite del tiempo
Crece la ciudad a su amparo
Esperan su aviso los niños
Suele acurrucarse usted en el hombro
del hombre que viaja en autobús
ensayando el regreso a casa
Si lo quisiera podría dar rienda suelta a la belleza
que celosamente guarda
Ahora se me antoja irremediable
el silencio de su rostro
y lírico su oficio
de tragar el insomnio de todos los ausentes.

Conversación con el abuelo

Nunca me olvido de ti, te lo advierto
-por si alguna vez lo has creído-
Te llevo en mi alma y pensamiento
Alguna vez podré romper la pirámide
de la distancia
y destrozar el viento que nos separa
Este andar mío en la dirección equivocada
me dice algo
es posible que no lo entiendas
pero perfectamente sé que conoces el simbólico
lenguaje del amor
-y este no nos pierde de vista a los dos-
Después de todo, el silencio
creó la costumbre de llevar secretamente
tu imagen conmigo
y no sé por qué te imagino con tus pantuflas en mano
buscando una jarra de agua azucarada
y una aspirina,
y hurgando palabras sueltas en mis cartas…

Como llama que se eleva 183
Hay un hombre gozoso y moribundo en mi silencio

Hay un hombre gozoso y moribundo
en mi silencio
un niño dibujando la música de mis labios
¿Quién sabe por qué?
No tengo respuestas
Solo sé que tiene el privilegio
de desviarme del paraíso

Este hombre me conmueve

Este hombre me conmueve
camina iluminado por una exquisita luz,
de un lado a otro en su balcón del placer
Vive y muere en su calle
desde su hamaca suramericana
en un barrio de beatería, marihuana y milagros.

Lo veo precipitándose a su misterioso dolor.

Me desvela, me excita
Ese extraño hombre que no pestañea
que no se lamenta de su felicidad,
de mi compasión...
No conoce otro mundo que el de su placer
Extranjero, transeúnte de su propia vida
La sombra de sus ojos me dice que extraña
el esplendor de la calle que no amó.
los niños y la mujer que no amó.

El temblor de sus labios rotos
diluye el tiempo que los demás no perciben.

184 Hortensia naizara rodríguez
Armonía

Arquitectura perfecta del cuerpo
selva devoradora de soledad
huracán redimiendo los presagios del alma
atmósfera del ser y del no ser
semilla de canto
río interior
mar abierto
brazos extendidos
perfume del barro húmedo
perfume de la lluvia recién caída.

A Carlos Jacquin

••• Y era una luna roja

Recuerdo esos ojos pequeños, apacibles
los vi la otra noche en sueños
Daba la impresión de un río grabado con rosas
Un día cualquiera irrumpió
...Y era una luna roja -piel y sangre
y desde aquella ventana podía fantasear
con las estrellas en la fría madrugada de septiembre
Escribí entonces un verso pálido
y lo condené a la oscuridad
Al fin y al cabo la madrugada no finalizaba
era mía, dulce, única
Hacía apenas unas horas
su cuerpo se había desprendido de mí
Estaba allí, cálido, hambriento entre mis senos
Volví a mirar esos ojos
Recuerdo, los había visto la otra noche en sueños.

A mi hijo Luis

Como llama que se eleva 185
Carta al alba

Que partir es la noche
y la presencia simplemente el alba
Emily Dickinson

Quién podría dudar que eres la cómplice
perfecta de los amantes
que despiertas al ruiseñor de la mañana

En el humilde oficio de la poesía te invento
pero no puedo
eres un rayo de luz potente
como la gracia de Dios

Guardas celosamente
tus infinitos ojos de rocío
y en tus ojos me veo
navegando en el tranvía altísimo de la pasión

Hay en tu presencia una magia que me transforma
y en un soplo de tus labios querida alba
está tendida misteriosamente tu palabra

Tu dulce canción que me acompaña
tu música que me defiende
Llegas a mí viva
y tomas con arrojo mis sentidos
te haces vestir de musgos y silencios
y tu piel claroscuro leve me hace revivir en tu abrazo
en el que los astros tuyos juegan con mis palabras

186 Hortensia naizara rodríguez
Como pan, como sacrificio

El cuerpo yace ausente de sí mismo en la mañana
y su corazón espera por el espíritu del alba

Me ofrezco para entretener las ausencias
como pan, como sacrificio

Ya no hay miedo
la vida puede abrir su mapa sin límites

El poder que más deseo

El único poder que yo deseo
es el de caminar firme sobre la arena caliente
perderme frente a la belleza del azul obscuro del horizonte
y dialogar con las olas que vienen y van y acarician mis pies
El poder que yo anhelo
es el de ver los ojos brillantes de mis hijos
a la hora primera del alba
y recibir sus bendiciones para luego ir a mis clases
El poder con el que sueño
es el de convocar al amor
cada vez que fuere necesario
para presagiar las alegrías de mi alma desaforada
El poder más tierno y deseado es el de la libertad de reírme
de mis fracasos
El de exorcizar las escaleras que me persiguen en los sueños
en las que no puedo ascender ni descender
como lo hacen el resto de los mortales,
porque siempre me rompo los huesos.

Como llama que se eleva 187
Soledad de las ventanas

El hombre que persigue este poema
no lo encontrará
ni aún en la soledad de las ventanas
Para hallarlo
ha de venir sin vestiduras
aquí donde el vino se mezcla con los ojos
la mañana y el deseo
Después poco a poco
podría detener el corazón
podría leerlo sin espantos.

Voy hacia dentro de mí

Voy hacia dentro de mí
y confieso que este lugar no lo conozco
No es mío y aún así me habita
un mapa incierto de emociones
Una invisible fuerza me asedia
El movimiento de las flores me despierta
Mis delgadas manos tocan los sueños que aún no he vivido
La luz me acontece
Encuentro nombres de antiguas muertes
Cruzo un pequeño espacio insomne
Contemplo sombras y antiguas palabras
Al llegar al lugar del que no se sabe por qué se desea,
se vive o se muere
Un hombre viejo y cansado toca el violín
manosea mis palabras que vuelan como pájaros
Otra magia pervive
para nombrar el exilio.

188 Hortensia naizara rodríguez
irina henríquez
(San Juan Nepomuceno, Bolívar, 1988)
³ ³ ³

Poeta, productora de cine y Licenciada en Humanidades de la Universidad de
Córdoba, Montería. Dirige en la Universidad de Montería el Taller Literario
Manuel Zapata Olivella, adscrito a Relata. Libro de poesía publicado: A Riesgo
de Caer, Ediciones Corazón de Mango(2012). Sus poemas han sido publicados
en antologías y revistas de Colombia, Ecuador, Argentina, Brasil, España, y
traducidos al portugués e inglés.Es coordinadora del Encuentro Internacional
de Mujeres Poetas de Cereté.
Productora de los cortometrajes Tierra Escarlata, Premio Macondo (2013),
dirigido por Jesús Reyes; Genaro, Mejor Montaje-Bogoshorts 2016, dirigido por
Jesús Reyes y Andrés Porras y Hombre Macho, largo documental en desarrollo
dirigido por Jesús Reyes.
Correo: cineciego@gmail.com

190
Vértigo de la tarde

I

¿Y esa esfera de fuego, cómo es que nos reduce a su eterno llegar y
esconderse?

Esta condición de observadores de un Todo sin poder ascender a su
fuego milenario, concibe en mí la virtud del ave del río, del deseo de
todos los vuelos de mi carne.

II

Me extingo. Me vuelvo a encender. Es el conjuro del viento en las
alargadas ramas de la tarde.

Un murciélago adorna la nostalgia del trópico poco después de haber
doblado las campanas.

Pero no es suficiente. No me pierdo en la música, en las voces, en los
ríos de palabras. No me olvido de la noche…que ya llega.

III

Ahora cierro los ojos, dispongo mi cuerpo y me torno en fruto de la
espera.

Como llama que se eleva 191
La negación de la locura

Cae sin tregua la lluvia.
Una lluvia áspera de invierno del Trópico.
Burbujas en apariencia inútiles se mojan en la intemperie.
Dentro de una estoy yo,
seca de agua empapada de miedo.

Alrededor de esta burbuja,
los sueños del pasado reanudan la noticia
de mi lucidez temprana:
ratas del bosque
puercoespines de agua
aves monstruosas regresan a roer la piedra del destino
que he escogido para esta vida.

Entonces de regreso a mis visiones
me doy cuenta de que este bosque
por el cual he transitado tiene orejas y ojos
que lanzan miradas de hambre sobre mí,
y a través de la burbuja
un sapo me es arrojado al pecho desnudo
para que el grito condensado de todas las noches anteriores
me despierte
seca de lluvia
ahogada en un poema.

192 IrIna Henríquez
“En extrañas cosas moro”*

I

Desde esta portentosa vela las sombras buscan otras sombras como
prolongación de los espíritus. Las sombras los cuerpos los espíritus
teñidos en el muro de la noche en esa viscosa sensación de encierro
entre el universo abierto que es la noche. Pero ningún espíritu de alas
grises se atreverá a tocar el halo que la vela ha puesto en mi cabeza.

II

Pero en el recinto de mis sueños las sombras que transitan le dan
paso a duendes deformes y estridentes y ya nada es más sórdido que
sus voces al otro lado de la ventana. Esa sensación vertiginosa me
quema las entrañas y comienzo a pender de sus miradas invisibles.
Pero no los escuches, despierta y salta de la casa. Verás que el mundo
se ha vuelto verde y verás a los árboles correr a través de la ventanilla
de barrotes también viscosos.

III

He vuelto a soñarlo y de nuevo despierto conmigo porque el amor no
es más que mi sola imagen en el espejo. Sé que aún en la vigilia los
espíritus de alas grises regresan. Si no me vuelvo contra ellos ya no
seré digna de ocultarme ni de mí misma.

Con los hilos del humo tejo esta soga mientras aguardo.

* Alejandra Pizarnik

Como llama que se eleva 193
Confines de la noche

Escucha el rumor de la tarde que se aproxima con todo su vértigo
hacia tu sombra. El silencioso andar de las hormigas a tus pies. El
gorjeo de las aves que se encuentran justo donde el árbol deja de serlo.

Confina tu tristeza en el temblor de esta habitación, luego, da la
espalda y sé la que observa y nombra al mundo. Pisa con tu mirada
las hojas caídas al pie del mango, marcha hacia las rocas juntadas por
el tiempo y descalza, húndete en el dolor de sentirlas bajo tus pies.

Ten presente que la luz del poniente es vaga y que la brisa no
recuerda los cuerpos que ha rozado. Que la noche es tu hora de volver
al temblor de las paredes, de abrir la página y desanudar la tela con
que te cubrirás hasta que el gallo vuelva a ahuyentar los demonios
nocturnos con su canto.

Pájaro

Se posa en la rama
y la rama ignora si es viento
o pata de pájaro su roce.

Vuela
y el viento ignora si es rama
o ala herida su vuelo.

Cae
y no hay rama o viento
que detengan su doloroso
encuentro con la tierra.

194 IrIna Henríquez
Para beber no

Agua, agua por todas partes,
y no hay una sola gota para beber.
Samuel Taylor Coleridge

Para beber no.
Solo para ahogarnos brinda su cauce el río.
Para ver morir la tarde inundada de pájaros heridos
/que se llevan las aguas.

Pero he de morirme de sed,
no de arrojada a las aguas.
Pero he de morirme ahogada,
no de reseca la garganta.

Partiré para inclinarme ante otros ríos,
los de palabras, los de silencios.
Partiré al filo de la tarde con el corazón en mano
porque en mi espalda ya no caben más miradas opresoras,
porque mis ojos vuelan lejos de este cuerpo
en busca de las olas verdes de los días
y de las olas negras de otros ojos.

Para beber no.
Solo para ahogarnos en su cauce el río se desborda.
Aguardaré a que sobrepase mis fronteras.
Me invada.
Me consuma.

Como llama que se eleva 195
La preponderancia de lo pequeño

I

Eso que escucho no es un pájaro
que canta en esta tarde.
Sino el recuerdo de otro que cantó
aquella mañana en que desperté
tan escindida como un árbol
que el rayo mutiló.

Y aún aquel canto fue el recuerdo
de otro que creí escuchar
una tarde como esta bajo un árbol
que le sirvió de sombra
a una tumba olvidada.

El tiempo es ese pájaro encerrado
que no cesa de cantar.

II

El pájaro hiende veloz
el aire denso de este día.
Y conduce mi visión por pasajes en donde es lícito callar
para que el viento y las copas ebrias de los árboles
hablen.

¿De qué hablarán?
No sabría descifrarlo.

Musitan suavemente una canción antigua
camuflada de rama en rama
como los pequeños animales.

Al llegar a la más alta
un lejano trueno enmudece la canción
y precipita al vacío su silenciosa muerte
justo antes de que el pájaro hienda de nuevo
la ebria densidad del mundo.

196 IrIna Henríquez
Una terrible claridad

Han desnudado un dios entre mis aguas,
entre mis venas han degollado un dios
y han puesto en mis rodillas
el filo de una terrible claridad.
Héctor Rojas Herazo

Ahora soy quien convoca a las formas
a que me muestren los orígenes
del azul misterioso de cielo y mar.

Anduvo mi antepasado
por desiertos de arena y nieve
colmado de incertidumbre
por la lumbre vegetal
que le pudrió las sienes.

Hasta la muerte misma interrogó luz y sombra
abrumado por el polvo
de las alas en su espalda.

Ahora
la misma lumbre vegetal ciega mis párpados,
ahora soy quien convoca a las formas
a que me muestren los orígenes.

Como llama que se eleva 197
La inocencia de los mundanos

Es preciso dejarnos caer
como estrellas fugadas
y no dar cuenta de cada línea
del poema que nos salva.
Sentirnos mundanos y pequeños
al llegar la nocturna marcha estelar,
y que el mundo nos mire
como a un puñado de mundos
torpes, infelices e insomnes.
La noche cuelga su soga a disposición
de los suicidas transidos a la inocencia.
El sol despunta a un nuevo día
y un inocente menos
molestará con sus preguntas.

El ave de los sueños

En el techo de mi casa
anida el ave que perturba los sueños.
Cada noche
su canto interviene mi paz
y de manera sombría
dibuja la aguja que perfora mi cabeza.
He conjurado su alevosía
con palabras ancestrales.
He puesto el incienso
que ahuyentaría cualquier canto
cada noche.
Aun así, todas mis tretas son en vano.
No levanta
ni su vuelo
ni su canto
ni desdibuja el hilo de sangre en mi cabeza.

198 IrIna Henríquez
La restricción

El oráculo dijo:
“Ejerce con dignidad
la restricción del corazón.
Hágase silencio donde hubo palabras
y un cielo indescifrable
donde señales de humo.
Corta ese hilo azul que une cada vértebra de su cuerpo al tuyo.

Solo cuando sea posible
quitar las vallas del lago sin que se desborde
se levantará la restricción”

Desde entonces
intento ejercerla sin amargura.
Yo celebraré en tu nombre la música de cada uno de mis días.

Pequeños animales muertos
he encontrado en mi casa al despertar esta mañana.
Ofrendas de gatos
accidentes nocturnos
vuelos desafortunados
dejan
pequeños cuerpos muertos en el piso.
Un olor penetrante a orina invade la sala
Y en el jardín mis plantas tienen el color pálido
de una semana sin agua en la raíz.

¿Qué torbellino del tiempo pasó por aquí mientras dormía?

Como llama que se eleva 199
Luna en junio

Nos caerá la luna encima.
Lo sé por la línea cóncava
que nace en el cielo.
Ahora se alinea vertical a dos estrellas
ahora presiento su caída en el río
en esa serpiente cobriza tan antigua como junio
cuando el cielo remueve la sal
que alimenta nuestro fuego.

Ahora
todos los astros
se miran en el espejo del río:
he sido hipnotizada por el doble de la luna
y por la visión de mi amante
que se marcha
en la serpiente cobriza de mis sueños.

Noche sin luna

La noche ha vuelto a caerme encima.
Esta vez con lluvia
y silvestre agonía de grillos y luciérnagas
que hurgan mi silencio.

Más allá de esta ventana
es la noche quien me observa
y hace de mí una sustancia temblorosa
doblegada por su misterio.

200 IrIna Henríquez
No hay quien venga en mi auxilio en esta noche
cuando el deseo de respirar se me ha quebrado.
Solo una sombra pasa por mi casa
pero no tocan a la puerta
no introducen una llave
no aparece un familiar

Entre la idea de partir o quedarme
gime mi última noche en este mundo.
Pero pido una señal para atisbar si es acierto o error
si rendirme o batallar. Sin embargo
ni campana ni llamada

Así que sin más augurio
siento ahora el desmayo sobrevenirme
un hilo de sangre brotar de mi nariz
el corazón de piedra
y a lo lejos
el sonido de este miserable pueblo extinguirse.

Solo un destino poseo

A Lucía Estrada
Solo un destino poseo.
(Y la sospecha
de que resbala de mis manos
sin poderlo reclamar)

Solo una contracción espiritual
ante un espejo que nada dice.
(Y la certidumbre
de que la araña existe
a pesar de su belleza inútil)

Unas manos precursoras,
unos ojos temerosos de la noche
y unas cuantas vidas aplazadas
tan solo poseo.

Como llama que se eleva 201
A riesgo de caer

Yo estoy vigilante para hablar de lo que veo
a través de la ventana
Orietta Lozano

Se han agolpado todas las aves
en el verde manto de la tierra que atisbo por la ventana.

He confundido a peces voladores y golondrinas,
y desde que las aguas visten el color del pasto
me es imposible diferenciar tierra y lago
si sobre ambos, piedras y nenúfares,
arden como la flor del día.

Comprobarán mis pies que la tierra es tierra
y que el agua es agua,
porque de ambas ascienden árboles inmensos
sin procurarme sombra.
O seré ave a riesgo de caer.
O seré mujer a riesgo de volar
de flotar
de caminar sobre las aguas
o morir ahogada.

Entonces arderá en mí lo vegetal
y desestabilizará el color de la materia.
Porque preciso locamente
palpar la savia de los bosques y los campos
olvidar la ventana y hundirme para siempre
bajo el verde manto de estas aguas.

202 IrIna Henríquez
No me ha sido dado comprender
el vuelo con que atraviesa el tiempo
al cielo de mis días.
Mucho menos cuando
vertiginoso,
tuerce caminos para girar
hacia el estupor.

Aun así, insisto en avanzar entre piedras:
ya cautelosa,
ya temeraria,
pedazo de criatura repetida
desde antiguo en sí misma
que cree ir a parte alguna.

No.
Aún el tiempo no se decide a revelarme
el porqué del vuelo.
Solo su ojo de cuervo logro atisbar desde mi cerradura.

Tardío y turbio

En la última hora de la luz del día
cada segundo cuenta para el pájaro.
Su loco aleteo busca -con premura-
el cálido lugar de su memoria vegetal.
Y desciende,
solo o acompañado
hasta el país de plumas que fundó en el día.
Y desciende
a la luz de la primera estrella y el último sol.

Desciende y aguarda
-como nosotros-
las primeras gotas de este tardío y turbio abril.

Como llama que se eleva 203
Hallazgo

Es obsesiva mi forma de esperar a que algo ocurra. A que salte sobre
mí la fiera que se esconde tras la maleza de los acontecimientos del
día. Pero no espero por más de unos segundos: yo deseo que me
hallen mientras busco o mientras celebro un hallazgo equivocado.

Y la mejor forma de encontrar es estando inmóvil mientras todo rota
o tañen las campanas: el mundo es entonces todas las cosas que antes
o después se camuflan bajo la apariencia de lo cotidiano.

Yo deseo la marea de imágenes que quedan tras cada movimiento
en las más finas mallas del aire. Deseo poseer aquello que miras sin
saber, todas las cosas que en el nombre del azar han sido consignadas
en la nada del abandono. Porque no te diste cuenta, porque el gavilán
es dueño de su queja pero desconoce que a mí ha llegado, porque está
en el mundo y es mi hallazgo.

204 IrIna Henríquez
Treinta de marzo

Esta fecha no dice nada
No hay en estos números un oculto significado
Que hable del devenir de los días No son estos días
el puente hacia otros más obstinados
Solo son en sí mismos el asiento en el agua clara del ahora
Sin oráculos ni brújulas
La corriente que no cesa de bajar entre las piedras
Ese pájaro sin tiempo que no deja de aletear en mi memoria.

Como llama que se eleva 205
Ahora ocurre del día
la mitad de su planetaria vida.
Hora meridiana para dejar reposar el dolor en lo alto de un árbol.
Ocurre la hora vital del día cuando la noche
está más lejos de mis ojos y de este cuerpo que no me pertenece.
¿A quién, entonces?

Todos los dioses lloran en el trasfondo de mi jardín,
lágrimas caen sobre las hojas, el tallo se estremece y bajo su sombra,
sobre la tierra, la flor caída.
No la pises. Es mi cuerpo.

206 IrIna Henríquez
ivethe roCío noriega herazo
(Purísima, Córdoba, 1977)
³ ³ ³

Licenciada en Artes Plásticas en la Universidad del Magdalena. Magister en
Literatura Hispanoamericana y del Caribe en la Universidad del Atlántico.
En 1998 obtiene la beca de creación del Ministerio de Cultura y el Fondo
Mixto distrital de cultura de Santa Marta con el proyecto “Bitácora del Aire”.
Realiza un diplomado en Gestión Cultural y recibe la Beca de Creación con el
proyecto “Plaza, Encuentro de universos”, Ministerio de Cultura y Fondo Mixto
departamental de Cultura del Magdalena. En el 2000 obtiene el primer puesto
en el Salón Regional de Artistas, luego viaja a realizar estudios en Cerámica
Artística y Gerencia Cultural en la Habana, Cuba. En el 2001 participa en el
38 Salón Nacional de Artistas. A partir del 2002 se radica en España donde
participa en varias exposiciones colectivas y recitales poéticos; en el 2012 obtiene
el segundo lugar en el concurso de Poesía y Cuento Joven del Magdalena.
Su obra poética se ha publicado en los periódicos El Heraldo, El Universal, Hoy
Diario del Magdalena, el Informador y en las revistas literarias Voces Nuevas,
Trenzando y Vía 40; y en las antologías En esta ciudad del mar, Poetas Bajo
Palabra, de la Fundación Casa de Hierro, Barranquilla 2009, Ellas escriben
en el Caribe, 2012, Marejada –Mujeres poetas del Magdalena- 2014, en la
revista Empireuma de Alicante-España, en la revista virtual Casa de Asterión, y
algunos de sus artículos de investigación literaria en la revista Visitas al Patio,
de la Universidad de Cartagena. Así mismo ha participado como ponente-
investigadora en varios congresos nacionales e internacionales de literatura. En
el año 2014 publicó el libro de creación literaria y plástica Palabras, mariposas
y pinceles, una nueva mirada a Macondo, resultado de los talleres con niños de
Aracataca, Magdalena; en el 2015 publicó su primer poemario Del mar, canto
Náufrago, Collage editores.
Se ha desempeñado como directora del taller de creación literaria de la Casa-
Museo Gabriel García Márquez y del taller literario Libertad Bajo Palabra, de
la cárcel Modelo de Barranquilla Inpec-Mincultura. Actualmente se dedica a la
docencia en artes plásticas, a la gestión y asesoría cultural.
Correo: libélula_zen@yahoo.es

208
Recién mojado

A Lina Marcela

Reescribo sobre el asfalto
el agudo miedo de nacer,
nacer idiota, nacer gris, nacer enclaustrada
en un pequeño huevo giratorio,
nacer sin entender
que se me destinan las lunas de otro yo.

El asfalto es gris y se hunde.

Lina, tiende la ropa, los sueños, el café,
luego mi corazón envuelto en mentiras
palpita despacito, despacito
sólo para cuando ella lo necesite.

Nacer, sin secretos, sin huellas
ni fragmentos
solo con la certeza de pertenecer
a un universo de estrellas eternas.

En la danza de la luna

Las luciérnagas se detienen,
no comprendo las ausencias,
el rojo de mi espíritu
se diluye…
ondas suaves,
río terciopelo…

Solo el susurro de los espíritus
calma el dolor
asciendo, renazco
desde las aguas, desde el fuego.

Como llama que se eleva 209
Soy nube-vacío,
simplemente,
pájaro poseído de cielo.

Solo soy
raíz antigua
engendrada por el tiempo.

Sombras circulares
tatúan la memoria
del universo.

Después de las montañas
solo queda el sueño
de los pájaros
y el reflejo de la lluvia
en el alma del cerezo.

En el exilio del ala

Suena invisible
el subversivo grito de la imagen.
Triste es recordar el deseo extraviado,
tus ansias ancladas a mis aguas,
la memoria de la piel derramada en el tiempo,
en el vacío cálido de mi cuerpo al despertar
pierdo la voz de aquella noche,
música en espiral,
almíbar primigenio de los dioses.
¿Qué es el amor?
Ese olor dulce
de la tierra recién mojada por la lluvia,
el aire de tu perfil alumbrado
por la sombra del almendro en el patio.

Sola la niebla de tu nombre
me responde.

210 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
Rihad

Siento el olor metálico
subiendo veloz,
sangre, pólvora
y el humo de la noche
traspasando la ventana.
En la cuna yace su cuerpo
inocente, silencioso.
Rihad, espíritu del desierto,
en el sudor negro de la batalla
se esconde tu alma luminosa,
tus ojos son escombros de sí mismos
no entienden la barbarie
ni las raíces de odio
rompiéndote.
El esposo amado
duerme en el vientre de la tierra.
Tus hermanos,
degollados en una tarde de invierno,
tus manos tratando de atrapar la vida…
Rihad ya no preparas el té,
el humo del oráculo
no pudo vaticinar
la bestialidad, la guerra,
putrefacta con su propia indecencia.
Las lágrimas tras el velo
son la fuerza, el coraje.
Rihad, manos de loto,
son mis palabras las tuyas,
las hilvano en la soledad de la penumbra
como cuentas de una religión antigua;
en el temblor inmutable de tus cabellos
el fulgor de la vida se resiste
al olvido.

Como llama que se eleva 211
Evas

¿De qué manera la ausencia fragua sus cuerpos?
Calabazos de un cosmos primigenio
líquido fuego que se cristaliza en los poros.
En sus cabellos,
raíces trenzadas de agua
se esconde el enemigo.

Guardianas de lo Absoluto,
pueblan la tierra,
es su silencio mineral,
vaho de noche que conquista a los hombres.

Son hijas de los huesos,
herederas del universo,
lloran a sus hijos sembrados en la tierra
atrás la infancia y el baile de cometas.

Señoras de la manzana,
poéticas pecadoras del alabastro,
el mar agoniza en su vientre.

Cobijo coral,
cobijo pluma,
dulces espíritus,
es el deseo su alimento,
la incertidumbre su morada
en el día a día, en el café de las mañanas,
en la lucha de las bocas,
lengua, saliva, miel.

Evas
Encuentro,
barro,
vida.

¿La traición dónde está?

212 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
Al leer este libro que no he escrito
aparecen pequeñas ensoñaciones
sombras…
que flotan en el cosmos
dibujadas por la luz de una lámpara,
llaga primera de mi infancia.

Domestico mis huesos,
la sonrisa fácil, la piel,
vestido largo fecunda el deseo
las miradas crecen, crecen…
pero las niñas bien
no sienten, no corren,
no trepan en los altos brazos de los árboles,
no abren las piernas…

Las niñas bien
zombies sonrientes,
cabellos lisos, brillantes, perfectos
para la foto, para él, para la red,
para ellos
para todos.

Me sueño ayer de nido

Abrazando a luciérnagas sordas
paja mis ojos
paja mis vellos
paja mi espalda,
que astuta ama al árbol
y crece en él
su sangre-savia
recorre los rincones
cómplices de mi infancia,
habita el vacío de ser casa,
vientre en luz
de mi fantasma.

Como llama que se eleva 213
Abre la flor

Lento.
Suave estremecimiento de pétalo.

En la cima de la montaña etérea,
fluyen cosquillas de oro
en la comisura de mis labios…

Grietas ocultas,
refugio sagrado del viento.

La piel tibia,
se diluye.

Antropófaga

Ya conoces el ritual.

Desde este calor de tierra, de vientre, te envío en el crepúsculo
soñoliento, mis besos envueltos en dulce de leche y estas ganas de
verte creciendo como un árbol solitario entre mis huesos.

Amor, estoy en cama, luego de lloverme en ti,
en la antesala del sueño,
exenta de guerras y pirámides, de antesalas dolorosas.
Tengo la garantía (si es que existe),
de lo improbable
de la evocación
del cuerpo, de la mirada, de la sospecha.
Entonces
lo fraguado
se abre
devorándonos.

214 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
Vendedoras de Frutas

Reinas de una altísima comarca.
Héctor Rojas Herazo

En el instante en que cerraban los ojos,
sus cuerpos se iban transformando
en pequeños gritos de agua.
Ascendían brillando en el baile de la espuma
hacia el gran mar.

Huellas de corral
en la memoria del fogón,
en el aire remoto, desvanecido
de su silueta
en el horizonte naranja
del crepúsculo.

¿Qué hay detrás de la muralla?
sus trenzas, retoños de luz,
fugitivas plumas que develan
el camino de la libertad.
En el palenque,
la fuerza es la voz quebrada de la noche
el clamor galopando volcánico desde el vientre.
La muerte no se llora,
se canta.

¿Cómo descifrar la sabiduría
sostenida en sus cabezas?
Nosotros,
analfabetas de las aguas,
osamos comprender
el brillo de la espuma
cuando duerme en la arena
el eco sinuoso del tambor

Como llama que se eleva 215
que retumba al otro lado del mundo
y es la ola,
es el boga,
es la pantera,
es África estremecida
en nuestra sangre
en el ónix de sus ojos,
que nos mira
y nos reta con su verdad
anclada a la piel.

En el silencio de las amapolas
(Friné, Débora Arango)

Espejo de piel
se curte en la habitación.
El espectro de la lujuria
duerme en el tacón desgastado.

Ella,
la que no tiene nombre,
la del imperio callado de los cuerpos,
recibe el vaho penitente de los hombres.
El hambre, laberinto de cenizas
se sienta de espaldas
en la última banca.

¿Cómo saciar el deseo del mundo?

Ella,
la invisible,
sepulta sus lágrimas.
Su voz, lejana
se esconde de los buitres.

216 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
Oficios inéditos

Madre:
cazadora de libélulas.
Aquella que devela encantamientos
de caballitos de mar y dragones de papel,
que trenza silencios
en reinos de nube y cristal,
rodeada por el advenimiento,
por el temblor amado
de sus voces, de sus nombres…

Hermana:
música tejida de estrellas,
resistencia en el aire dormido
de unas manos extraviadas.

Hija:
Fruto azul de tantas vidas,
promesa de un río ascendido.
Florezco- augurio.

Poeta:
cristal camino al silencio.
Fuego frío de la tierra,
heredera de la palabra.
En el soplo de los dioses,
gemido desconsolado de la caña,
hallo mi retrato sin espejismos,
sin la complacencia
del maquillaje-máscara;
descubro la sed del signo,
vibro en el filo del silencio
convocando el rictus
del labio que acecha el sonido,
el rumor oscilante del poema

Como llama que se eleva 217
creciendo
en la quietud,
en la neblina
suspendida
como una indulgencia errante.

De la escriba (nostalgias)

Escribo para escapar al indomable vestigio del tiempo.
Recuerdo la mañana y el café acampando
en el rostro de mis padres,
su angustia sobreviviendo al teléfono
¿Cómo estas?...
El océano anclado a esta isla
y yo a ella.

Escribo para enjaular el susurro del viento.
Las hojas duermen silenciosas.

El viento, el viento...
ya pasó.

Llegas por segundos

Tu voz se desliza.
Imagino tus ojos, tus manos.
Me alimentas.

Un extraño halo
ronronea en mi pecho,
no sé si reír o llorar.

218 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
En este silencio
siento tu presencia
en la memoria de tus palabras,
en el vacío de mi ombligo,
en la última nostalgia
prendida del botón.

Penélope en Ítaca
desteje el tiempo
y yo aquí en mi casa
bordo fragmentos de mí misma.

La distancia en hilos de plata
se detiene a la puerta.

Viaje en el umbral de la memoria

Lo único verdaderamente mío
son estos huesos,
estas vísceras de leña y sal,
mariposas alquiladas
que habitan mis escamas.

¿Dónde está la virgen que fui?
Aquella
que soñó la grafía de la tarde,
que siendo océano
fue ola.

¿Dónde está la niña que seré?
Sigilosa
ausente de mí misma,
insegura y fantasmal, esa….

que piensa la montaña
y es la cima.

Como llama que se eleva 219
Anita

Espíritu de luz,
tinto con casabe
en el regazo de la mañana,
eres ese cielo fucsia de la alborada,
los gráciles andares de un porro
en la rueda del fandango,
al grito ardiente de candela viva y clarinete
arropada en la penumbra de una corraleja.

Sólo te recuerdo hecha de sonrisas,
desde el día que me pariste
empapada en el suero de tu canto.

Perdidas en el tiempo

A Ángel Loochkartt

Viajeras inexorables
buscan la verdad,
la sutil consciencia de las estrellas.
En las espirales de la vida
se fecundan hojas,
como las lunas de cada calendario,
mariposas distraídas
en el naranja de la tarde.

Bajo la voz del cielo
se quiebra el rumor de sus aguas.
Ellas, madres del universo,
cobijan en su vientre iluminado
la sinfonía de los cuerpos,
el secreto inmóvil, más allá de la existencia
de las horas perdidas en el paraíso,

220 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
en el nacimiento del fuego,
en la brizna mordiendo el amanecer.

¿Dónde quedó el llanto por las ausencias?
¿Dónde los rostros invadidos por la niebla?

En la dulce voz de las caracolas
se esconde el misterio de su tiempo.
Allí habita, contenida en el fulgor de la sombra,
su palabra revelada
para sentir, para vibrar
el pálpito de un recuerdo.

Ellas enternecidas por nuestro espanto,
por nuestro dolor que sabe a tierra,
a mares dormidos, a nombres mutilados
en la costumbre del silencio,
nos protegen bajo su pregón de trueno,
con sus manos ajadas de sabia constancia
de espigas milenarias
del camino en escombros,
de la gloria banal,
de la intemperie donde se apaga la lluvia.

Resucitadas en el desamparo de la línea
en el ojo certero que recorre la pincelada,
poética, estremecida.
En el alumbramiento de la forma,
se enciende el contorno huidizo
bajo las cenizas ultrajadas de su linaje.

Su ángel alza la mañana temblorosa,
invicto de tiempos,
aferrado a las líneas,
al vacío libertario del alba.
Ángel que corona el olvido de tibio asombro,
de candor sublevado en la víspera del mundo,
para ellas, las perdidas en el tiempo,

Como llama que se eleva 221
renaces en el umbral renovado de viento salobre,
de azul rebeldía, de repetida añoranza
caribe verde,
rojo carnaval,
escándalo desnudo de mentiras.
Persistes en el abrazo tendido,
en el rostro, en la boca que vence al lienzo
y entonces, ellas, nosotras,
nos develamos para siempre eternas.

Solo tus alas llenan el silencio,
irrenunciable
y en tu florecimiento,
las nombras.

En-marejada

Llego al portal,
las acacias rojas del patio
se abren.
Espíritus del Caribe
fluyen en el olor de la lluvia,
en la llama -viento que se apaga,
en el simulacro cotidiano
que como una ofrenda late
en el desvanecimiento
de la lámpara.

Las islas en su orfandad
olvidan el asombro
de la intemperie.

En el mar de olivos coronados
solo puedo -callar-
esperar en el silencio,
la fuga,
el abandono de las aguas.

222 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
Las hojas
se desprenden del tiempo,
danzan en el caos
inusual de la vida.

Los pies se incrustan
en el vientre de la tierra.

Recuerdo mi esencia,
hija de las estrellas
transeúnte cósmica
sacerdotisa extraviada
en la noche de los hombres.

¿Y ahora qué?

Si la noche no se detiene,
lujuriosa
si en la azotea las golondrinas
tejen su último palacio.
Por mis venas
las acacias se evaporan
indecisas de mis ojos.
Aquí estoy
soñándome despierta
silenciosa
oceánica.

Como llama que se eleva 223
Ágora

Silencio calcinado,
memorias desposeídas.

La felicidad es anticipar
la brisa respirando transparente
en el rostro de mi hijo,
sentir el eco del mar,
suspendido en la verdad
contenida de la roca,
vislumbrar el tesoro,
su cristalino resplandor.

Escribo rápido
antes de que se esfume el ángel.
Ella, la poesía, es la promesa
que me otorgo a mí misma,
el único sortilegio permitido.

El café y su inexplicable pureza
me aturden.
Confronto a mis demonios matutinos
en los pasos desgarrados
de la manzana profanada.

La palabra es la grieta
que me cobija,
el sonido del universo
que expando.
La felicidad sigue ahí.
-No me lo perdono-

224 Ivethe Rocío NoRIega heRazo
Kenia martínez GóMez
(Cereté, Córdoba, 1981)
³ ³ ³

Licenciada en español y literatura de la Universidad de Córdoba. Inició su vida
literaria en el Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres Poetas que se
realiza en Cereté y en el cual ha participado en varias ocasiones, lo que le ha
permitido su enriquecimiento literario. Sus poemas han sido publicados en el
Magazín cultural del periódico El Meridiano, de Córdoba, en varias antologías
del Encuentro de mujeres poetas de Cereté y en la Antología de mujeres poetas
afro-colombianas, Ministerio de Cultura (2010). Libro publicado: La Última
Canción del Fauno, Editorial Zenú, 2013. Tiene un libro inédito titulado El
Evangelio del Miedo, libro en el que manifiesta la cara oculta de la guerra en
Colombia. Actualmente se desempeña como docente en el departamento de
Antioquia.
Correo: sauleth@yahoo.com

226
Miedos

I

El miedo se puede oler. Tú te acercas a las ventanas a las puertas
y se cuela, te recorre todo el cuerpo y como un olor se te mete por
la piel. El miedo nos enseña a ver en la oscuridad, a acechar como
los gatos, a respirar en silencio. Esta noche ha llegado el miedo, se
siente cómo husmea entre la ropa. Todos esperamos a que algo lo
quiebre, que rompa su costilla derecha un golpe o un suceso trágico,
pero solo las voces de los geckos rompen el silencio. Estas líneas son
las únicas palabras que lo desafían. Todos duermen en la oscuridad,
todos duermen con los ojos bien abiertos o pegados a las hendijas.
Los mayores vigilan el sueño de los niños, aprendieron a levitar para
que el miedo no los escuche. Todo ha quedado aplazado, postergado
para cuando regrese la vida. Ahora es la muerte la que recorre las
calles y con el miedo metido en todas partes. ¿Quién osara abrir la
puerta? ¿Quién irá al rescate de los señalados?

III

El miedo viene zumbando, apagando los restos de vida que le ardían
dentro del pecho. No pensó en su madre, ni en el hijo que no tuvo. La
naturaleza le parecía extraña a la vista. Pensó en la vida que ya jamás
tendría… Una ráfaga le interrumpió el silencio.

IV

Todos tienen miedo, es tanto su temor que algunos no saben a qué le
temen. Con el caer de la tarde llega la zozobra. Las puertas se cierran
temprano y la vida se susurra, bien bajito, para que el miedo no la
sienta… Volvieron a dejar que las puertas se cerraran después de la
hora señalada, pero bajó el miedo de la montaña, venía armado hasta
los dientes, y todos apretaron los labios para que no los delataran las
palabras que no tenían por qué pronunciar, pero que el miedo metido
en las tripas las hacía salir solo con su presencia. Los niños sentían
el terror en el rostro de los grandes, iban entrándose, recogiendo los

Como llama que se eleva 227
juguetes, desmontando sus armas de mentira, que nada tenían que
ver con las de verdad. Esa noche la calma apaciguó las noticias; nadie
contaría el capítulo de la novela en la mañana. Pocos asistieron a la
escuela y las miradas perdidas en la distancia anunciaban un nuevo
temor, un frío vaticinio que traería el miedo a la muerte.

V

El miedo se confunde con la música de las cantinas; las historias de
las rancheras toman vida. Una mirada, una frase mal dicha puede ser
la causa. Un tiro no vale nada. Las mujeres susurran en los rincones,
como parcas los próximos trágicos sucesos que arremeten los días.
Cada hombre saca la cabeza con temor por las mañanas. Nadie
sabe de dónde viene el miedo. Todos rezan y espantan a la muerte
con oraciones, pero él, el miedo, tiene pies y manos y otro santo
más poderoso. Aquí en la tierra no hay esperanza, quizás todos los
muertos de estos días encuentren la justicia en el cielo, aunque ellos
también sean condenados.

VI

Nos fuimos camuflando, caminando despacio, con los ojos bien
abiertos. Aprendimos a escuchar los signos a lo lejos. En la mañana,
entre tropiezos casuales y citas inesperadas, sabíamos el nivel del
miedo que se mide por el volumen de las palabras. Desde los buenos
días hasta despácheme un pan, traen su carga de miedo. Si salíamos
temprano a la calle y no había nadie, debíamos entrarnos prontico
ya que él debía estar cerca. Las instrucciones para vivir son simples:
Hable bajito, no visite a nadie, no diga más de lo necesario, y de vez
en cuando, olvide nombres y lugares y tendrás larga vida.

VII

A mí me asusta el miedo. No tiene edad, se conoce en la mirada de
todos los hombres. De vez en cuando se mete entre las cosas y ellas
solitas se van desintegrando. A la una en punto deja su estela lánguida,
tenebrosa, que recorre las calles y espanta el café de la tarde. Yo lo he
visto salir en pijama destrozando el pudor de las mujeres. También

228 Kenia Martínez López
dejar la cena servida expuesta a los gatos de la casa. El miedo hace
tiempo instaló su tienda en estos patios. No se puede aprender a
vivir entre él. Todos sabemos su origen, sus antecedentes nos culpan.
Estamos involucrados; por eso nadie ha querido matarlo.

VIII

También el miedo se come, empieza con las uñas; acaricias suavemente
con pequeños mordiscos los dedos. Evoca la sangre, acelera el ritmo
cardiaco. El miedo pierde la mirada. En la distancia espanta a los
pájaros. El miedo se cuelga detrás de las puertas. Adorna las paredes
con rostros melancólicos que parece que miraran allá a lo lejos,
desde el fondo de los retratos. El miedo cambia el semblante, arruga
el cejo, revuelca la ropa, llama nostalgia. De vez en cuando en la
casa, sentada en la cama, ella recuerda al miedo y llora por todos los
caídos. Esta tarde no esperará la cena. Su cara en rictus de soledad,
no dirá nada, se irá a dormir temprano. Rezará más oraciones de las
acostumbradas, y cuando todos duerman, ella llorará en silencio,
morderá la almohada con las manos bien apretadas, llenas de miedo.

IX

El olvido no supera al miedo. Su cara no muestra lo contrario. Volvió
a la casa de donde se lo llevaron. Tendió la cama, pintó las paredes,
plantó flores nuevas. Todo es inútil, los otros con sus miradas de
pesar evocan la nostalgia. Entonces aparece el miedo, bien tardecito,
a eso de las cinco, trae su canto y un gran batir de alas.

X

El miedo se ha cambiado el vestido, se ha maquillado el rostro
seduciendo a los incautos, a los solitarios que encuentra en los
caminos. Con sus manos desprende los pétalos de la luna y arroja a la
mar los sueños más profundos. El miedo se ha puesto su bata blanca,
disfrazado de novia seduce a la vida. Todos vamos al encuentro con
la muerte.

Como llama que se eleva 229
Poemas dispersos

I

Nadie fuera de mí puede salvarme.
Solo yo voy al rescate
con mi capa de mago y mis zapatos de cristal.
Nunca antes quise darme la mano.
Me prodigaba un desprecio,
un profundo miedo a mi condición.
Todos los que me amaron lanzaron su cordel para sujetarme
pero ninguno quise estrechar.
La que me habita me dará mi redención.

II

Si el amor era otra cosa, ¿por qué deambulé tanto tiempo buscán-
dolo en los tugurios del corazón? Todo es tan simple después de la
tormenta. Solo queda lo que ha de seguir, la esperanza de la nueva
vida. La sencillez de las cosas tiene nombres y olores, sabores que se
parecen a lo que llamaba amor, pero no es el amor realmente lo que
te pierde, es el miedo a la soledad, a la falsedad de los rostros, al qué
dirán de ti los otros. ¡Yo, que no ha sabido ni qué decir de mí! Todo
se lo come el tiempo y solo la alegría de saberte libre te reconforta.
Sobreviviente de mí ando ahora saboreando el amor por el mundo.

III

Qué he hecho de mi vida.
Como narciso, por amor al reflejo,
me lanzo al pozo.
Me lanzo al vacío de mi insoportable destino.
Me moldeé y la figura que quedó no me gustó.
Tantos años acumulando desolaciones,
falsa imagen de mí misma.
Cada mañana destruyo la mentira
pero es tan fuerte el pasado

230 Kenia Martínez López
que me susurra frases fatídicas al oído.
Cómo deshacerme de mí
sin destruirme.
Cómo salvarme, yo, que siempre he sido náufrago.

IV

No me preguntes qué hago aquí;
pregúntame por la familia
la cena de ayer
o la ropa de moda.
De lo otro apenas sospecha
o te daré indicios.
Estoy de paso,
soy un expectante.

V

Ahora que la vida tomó su liviandad,
que la lluvia huele a distancia
y mi cabeza empieza a tornarse blanca.
Ahora que el tiempo no es solo la hora que se asoma en el reloj,
miro en la distancia y veo el camino largo.
Las angustias de ayer son pasajes, simples recortes en un libro
de vanidades.
Todo va mostrando su forma original,
ya no hay tanto por qué sufrir.
La vida solo son los días y lo que anuncia la prensa.

VI

Como un perro,
como un perro abandonado por su amo
como un niño que espera que le vuelvan a crecer las manos
como un Dios solitario
crucificado en una iglesia
como un dolor que no conoce el llanto.
Todo me pesa.

Como llama que se eleva 231
VII

Han mojado mis ojos
y tatuado sus palabras
a fuego lento sobre el color de mi piel.
Suspiran cerca de mi oído.
Yo no les temo,
sé que con ellos se irá la vida.
Asaltantes de caminos
que alguna vez tuvieron casa y madre
y fueron a la escuela.
Pero ahora, desechos sus corazones,
esclavos de las circunstancias,
merodean por mi puerta.
Guardianes ajenos del destino,
pobres marionetas
que desaparecen con el alba
dejando sucio el rocío de la mañana,
húmedo de muerte.

VIII

De aquellos días en que no tuve nada
observé el cielo por los orificios de mi techo.
De aquellos días en que mi casa era un bote hundido en el río
y mi madre un mago antiguo que con sus manos maquillaba el hambre.
De aquellas horas en que perdí un hermano,
guardo ese rencor,
esas ganas de cambiarlo todo.
No tengo más de lo necesario y eso es mucho para mí.
De ese tiempo me ha quedado una sensación de vacío en las vísceras,
de huérfana del mundo.

IX

Magdalena tiene un nombre largo como sus dolores;
entre conversaciones de café relata
herencias de sus antepasados.

232 Kenia Martínez López
Tantos años amasando futuros,
ningún premio en este mundo
te serviría como recompensa.
Ha sido el primer gran amor de mi vida
pese a que nos separaron las ideas.
Tantos ojos recorrieron tu cuerpo
buscando el origen de tu fuerza
habitada en el centro de tu corazón.
Magdalena es mi madre,
me regaló la libertad
el deseo de ir más allá de lo posible.
Sus palabras,
fuerte viento,
me salvan en las noches más oscuras.

X

He dejado a la soledad todas mis ambiciones;
camino a casa olvido todos los fantasmas que me rondan.
Cada noche arreglo mi vestido y
decoro mi alma
como un actor trágico que sabe lo que representa en cada escena.
No recuerdo el tiempo en que las cosas tenían sentido
ni el día en que aprendí a jugarle sucio al amor.
Si estas calles no me reconocen,
las otras, las de antes, ya me olvidaron.
¿Qué pieza soy en el ajedrez?

XI

Esta es mi insoportable levedad,
la propia, la de bolsillo,
la que me deja libre de comer
de asearme las uñas
o de ir por la calle con el cabello largo.
Es la mía,
la que me deja libre de toda culpa

Como llama que se eleva 233
de todo peligro.
Donde mi cuerpo independiente de preceptos no le teme a nada.
Soy yo
con lo justo en la cartera
con los pantalones repetidos.
Sin ver
sin oír
con todos los sentidos dispuestos.
Sin mis máscaras.
Como una hoja elevada por el viento

XII

Mutilados, con sus cuadernos sin letras,
vienen los niños a la escuela.
Yo repito la misma lección
mientras miro de reojo por la ventana.
Callará mi boca lo debido,
seguiré vacía en este espacio
repitiendo la oración de todos.
Dando la espalda
con la cara pintada
y el corazón cabalgando sobre un potro salvaje.

XIII

No temo a la muerte, la muerte se ha puesto ya muchas veces mis
zapatos, ha tocado muchas veces mi puerta. Esta vida estéril es la
que me espanta, esta vida en la que no soy más que la sombra que
ensucia la pared. Las rosas se han marchitado y no quiero escarbar
más la tierra, está llena de difuntos y me espantan los huesos que
se confunden con los arbustos secos del verano. Quiero exprimirme,
agotarme, utilizarme para hacer de esta vida algo húmedo, algo que
le devuelva el color a las plantas. No ser más este paisaje opaco, sucio
de tristeza, que se confunde con la muerte.

234 Kenia Martínez López
Del libro La última canción del fauno

I

Entre la alambrada,
presa del yugo de los hombres
camina la vida.
Máquina de muerte.
Manos sucias de sangre.
Mitología de dioses antiguos.
Presagios del caído
que una madre anunció en el café de la mañana.

II

La muerte está sentada en la puerta desde esta mañana.
Ha vigilado mi día.
Estuvo presente en el sacrificio de las palabras.
Comió en mi plato
las sobras de la noche.
Los niños corrieron entre ella pisoteando su vieja túnica.
Sigue esperando.
De puro paciente descansó toda la tarde.
La muerte está aquí conmigo,
no sé qué espera.
le han crecido las uñas y el pelo,
ha devorado mis ojos.
Desmembrado de mí
sigo esperando su hambre final.

III

Esa es la canción que me cantabas.
Yo reía a carcajadas
mientras los otros hombres te observaban
con ojos de envidia.

Como llama que se eleva 235
Ahora pasas por mi lado.
La letra de esa canción duerme en un papel.
La música no evoca risas.
La tarde con sus pájaros vaticinan tristezas.
Cuando cayó la noche te fuiste con los otros hombres,
olvidaste.
Tu nuevo disfraz te hizo ciego.
Soy la simple profesora de escuela
que no encontró otra cosa útil que hacer con las manos.
Se negó a la guerra,
se quedó sin máscaras.
Encontró en las palabras su única arma.

IV

Sabiendo que me voy a la guerra
me subo en este tren.
Tengo las manos vacías y un par de deudas en los bolsillos.
Más allá de la frontera se deshojarán las margaritas.
Los peces huirán del agua,
la mañana mostrará otra pesadilla.
La noche no descansa.
Mi cuerpo aún libre de uniforme
dibuja tu imagen en el cielo.
El vuelo de las palomas contrae el corazón.
Libertad,
pájaro con la jaula abierta
que a fuerza de estar preso perdió para siempre el vuelo.

V

Da miedo,
da espanto.
Repetir y repetir lo de siempre.
La hora de la comida,
el tinto de la media tarde,
las letras que se desgastan en el tablero.

236 Kenia Martínez López
Nada más útil hacer con las sillas que sentarse.
Mi lápiz ya no recuerda tu nombre
y la tristeza se despierta con el miedo
de los buitres acechando en el árbol.
Todo pasa como siempre.
El saludo de las huestes de la muerte
que se lavan la sangre en la alberca donde los niños toman agua.
Hace tiempo que estamos así de fríos.
Más muertos que los muertos de la bomba de ayer.
Era Juan, era Pedro.
Ya sus nombres se confunden con los nombres
de la lista de la escuela.
Qué sola está la tarde
qué vacíos hemos quedado.
Costumbre de la muerte,
rutina de la vida,
ceguera de las manos.

VI

He rezado mil oraciones,
he buscado refugio detrás de las paredes
ocultando mi rostro del espejo
que me acusa de cobarde.
En esta tierra de nadie soy mártir.
Heridas que heredé de antepasados.
Maldiciones antiguas
asolan mis días.
No concibo el llanto.
Este crujir de metrallas
quema mis vísceras.
Los hombres y mujeres bajan en bandadas.
Palomas solitarias que ven con espanto
arder el nido.
No temo a la muerte,
la ceguera de los vivos
es lo que me asusta.

Como llama que se eleva 237
Ver cómo siglo tras siglo
crucificamos al mismo cristo.

VII

La sangre cubre los potreros.
Dientes esparcidos.
Comercio de cabezas.
Guirnaldas del infierno decoran árboles.
Navidad del más allá.
Oscuro goteo que se confunde con el rocío de la mañana.
Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-tá.
Ocho mil balas esparcidas.
Semillas de nuevos tiempos.
Los niños las cuelgan como amuletos en su pecho.
Sigo enseñando las vocales,
sílabas que perdieron el acento.
Voces que susurran en la noche:
acuéstate temprano,
ya suenan las botas.
Siente el viento cómo huele a muerte.

VIII

Entre los cerros el otro mundo hace lo suyo.
Corre el río trayendo cadáveres de ayer.
Las mujeres lavan la ropa
que de nuevo se teñirá de sangre.
Los gritos del monte se confunden
con el atroz ruido del silencio.
Soy espectador.
Pobre hombre
que solo cultiva flores y organiza libros.
Todas las noches traen la misma certeza.
Nunca me cambio el vestido.
Los zapatos me conducen por los mismos caminos.
No hay sepulturas.
Los buitres hacen la limpieza.

238 Kenia Martínez López
Soy un testigo sin ojos
con las manos crucificadas en los bolsillos.
Mi boca solo escupe este sabor amargo que palpa el día.
Yo le llamo muerte,
pero es otra vida.
La única puerta que se abrió cuando Dios descansó
el último día.

IX

Ahora que saboreo la soledad,
que la abrazo con ternura y la saco a pasear
sin temor al qué dirán.
Ahora que es mi amiga,
que cenamos juntas y bebemos el vino de la nostalgia.
Cuando todo es calma
y no faltan manos a esta carne.
Ahora,
cuando cae la tarde, aparecen tus ojos de niño
a perturbar mis cuatro décadas,
mi tranquila resignación de poeta.
Qué mal signo del tiempo
es este oscuro presagio que no trae agua.
Oscuridad de tus ojos negros
donde echo por la borda toda mi sapiencia
y me dejo arrastrar como hoja en medio de la tormenta.

X

El uno o el otro.
Muerte o vida.
Todo está oscuro de este lado,
revueltos como en revuelta multitud.
Sin utopías,
sin esperanza
andamos los hombres de hoy.
Luchan todos,
nadie gana la partida.

Como llama que se eleva 239
XI

De los muertos de ayer
solo queda un suspiro lento.
El olor de las flores trae animales de carroña.
Una mano a medio podrir es masticada por un perro.
La gente decora los caminos con sus mudanzas ligeras.
Del otro lado el monte se sacude.
Un ojo está presto en la mira.

XII

Qué hago ahora subiendo y bajando ascensores,
repitiendo cotidianidades,
mirando largo cómo la tarde devora el día.
Qué especie de letargo es este
donde la luna solo inspira el aullido de los perros.
El sueño tampoco me salva.
Es hora que vuelva al pasado,
es hora de ir tras lo mío.
De espantar los cuervos a pedradas
y sembrar nostalgias como un capullo nuevo.

XIII

De la oscuridad he de resurgir
como un amanecer nuevo,
como el llanto que cesa y se convierte en risa.
Mis zapatos rotos son signo del caminante,
del hombre que salió a buscar el amor y encontró a la madre.
En mis manos la tierra confió sus legados.
Ahora soy un mundo para alguien.
Más que la sombra inerte que habitaba la cama,
más que el potro que descubrió
que detrás de la alambrada existía el universo,
ahora puedo escribir sobre otras líneas
con una tinta menos amarga,

240 Kenia Martínez López
menos esquiva,
menos exigente.
El mundo es una página abierta.
Y la noche con sus tormentas
me acerca más pronto a la luz.

XIV

Una mujer puede ser cualquier cosa.
Una cena bien servida a las cinco de la tarde.
Unos zapatos olvidados.
La leche que se derramó en la estufa
porque nadie llegó a tiempo.
¡Tantas cosas puede ser una mujer!
El hombre que perdió la cabeza
y se tiró al fondo del lago.
Un farsante que duerme sin su miembro.
La serpiente que mató al caballo.
Un hijo olvidado en un cesto de basura.
Una gota de sangre detrás de la puerta.
Una mujer casi siempre puede ser cualquier cosa.
Pero no casi siempre
cualquier cosa puede ser una mujer.

XV

No soy el perdón
jamás seré el perdón.
Todos se arrodillan ante ti,
Cristo,
pero cuántos,
tan solo dime cuántos
están verdaderamente contigo.
La boca que me sonríe por la mañana
me acusa por la tarde.
De los llamados
no he visto ningún escogido.

Como llama que se eleva 241
Para qué me das las palabras
si me niegas los pensamientos.
Estoy desnuda al sol.
¡Como un niño huérfano!
¡Como la muerte sin la guerra!
Desnuda y presa.
No, yo no soy el perdón.
No lo busco, no lo doy, no lo quiero.

XVI

Todos dentro de una carroza negra.
Todos solos,
multitudinariamente solos.
Sin manos para protestar.
Con la sopa servida
en todos los restaurantes del mundo.
Ojos cerrados por millones.
Sin nadie protestando.
Con la lección a medio aprender.
Por fin serán las ratas las dueñas de la casa,
mientras el gato distraído
hace la infinita siesta .

XVII

El rostro del mundo ahora es una máscara,
una calamidad larga y silenciosa.
Un niño defraudado,
solitario,
que perdió la cuerda de su trompo.

242 Kenia Martínez López
lauren mendinueta
(Barranquilla, 1977)
³ ³ ³

Ha publicado ocho libros entre poesía, ensayo y biografía. Recibió en Colombia
cuatro premios nacionales de poesía y el Premio Nacional de Ensayo y Crítica
de Arte del Ministerio de Cultura (2011). Además ganó en España los premios
internacionales: Martín García Ramos por la Vocación Suspendida y el Premio
César Simón por Del Tiempo, un Paso. En el 2013 ganó el premio de poesía
Barranquilla Capital Americana de la Cultura con el libro Una Visita al Museo
de Historia Natural.
En portugués es autora de los libros: Vistas sobre o Tejo (2011) y Uma Visita
ao Museu de História Natural (2014). En Portugal organizó y prologó varias
antologías, entre ellas: Un País que Sueña. Cien años de poesía colombiana
(2012) y Los Versos del Navegante. Antología poética de Álvaro Mutis (2013).
Ha sido incluida en más de una veintena de antologías europeas y americanas.
Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, italiano y alemán.
Vive en Lisboa.

244
Así pasan los años

Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad,
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,
sin esperanza distinta de la muerte.

Bogotá, después de una visita a Helena Iriarte

No hay relación entre las cosas
y aquello que las encarna.
La realidad acaso es un vacío
y el reflejo en los espejos
la evidencia de su precariedad.
Los nombres van por el mundo
retratando la angustia de no ser lo que nombran.
La gente corre afanada hacia el vagón del metro
o el autobús porque la vida depende de un concepto.
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,
pues no se puede llegar con retraso al destino.
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?
¿no serán un binomio inseparable,
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?
En estos temas, como en tantos otros,
me atropella la retórica,
y vuelvo a preguntarme si será posible
nada más vivir.

Como llama que se eleva 245
Muerte civil de la poeta

El amor, dijo la poeta, es toda la vida para mí.
Y así abandonó la escritura,
renunciando a lo suyo como lo haría una camarera.
Creyó que hacía falta ser otra para que la amaran.
Por la noche tomaba un somnífero para dormir bien
como cuando la poesía era toda su vida.
Por el día se ocultaba para que nadie la viera escribiendo
sobre otra mujer
(especialmente para no verse a sí misma traicionando su renuncia).
Aunque le avergonzaba ella seguía en su oscura tarea
porque al escribir sobre la vida de la otra
podía intercambiar las exigencias cotidianas por las del amor.
Después se divorció y con el divorcio fue su muerte civil
y la lenta resurrección de su alma.

Deseo de nada

Todavía es temprano.
Mil noches han caído sobre la tierra,
y otras mil cayeron antes,
pero aún no es tarde.
El viento arropa con tanta fuerza la casa
que se diría una madre enloquecida de amor.
Pero el viento no puede amar.
Tengo miedo.
El mar no está lejos de aquí,
y yo soy esa misma arena sobre la que caen
furiosas, incontenibles y enajenadas las olas.
Más allá, en el centro mismo de la tormenta,
mi ojo busca las razones de tanta rabia.
Tengo ganas de azotar a la noche
hasta verla sangrar.
Deseo hasta el infinito
poseer algo que jamás se entregue.

246 Lauren Mendinueta
Mayéutica

El mundo sugiere.
No espero la visita de la musa,
voy por ella, la traigo de la mano.
Los que me conocen
dicen que la mía es una vida triste.
Pretender pasar las horas con una desconocida
discutiendo, discutiendo.
No pueden imaginar cuánto prefiero
su hiriente compañía,
el argumento casi siempre contrario,
la sarcástica sonrisa triunfadora
al dominio común de todos ellos.
Mis simpáticos amigos
dicen también que mi figura da pena
cuando a cualquier hora y de cualquier manera
salgo a buscar la escurridiza musa,
y vuelvo sola y se me oye inventar monólogos
que imitan sin gracia al diálogo.
Pero después de cada fracaso pienso:
Mañana volveré a buscarla,
si tengo suerte
ella traerá su arpa y entre discurso y discurso,
tocará para mí una música espléndida.

Reloj sin manecillas

Tengo el boleto para un viaje que promete el Jardín como destino,
la costumbre de rondar sobre cenizas para no olvidar el fuego
y la voz de mi madre que me arropó con rumor de palmas en la tarde.
Tengo también el compromiso de estar viva, de preservar lo intocable
para que el mundo siga siendo aquello que no soy.
Pero vivir en redondo como aguja de reloj termina por cansar.
Cuánta ironía: tener que envejecer para al fin recobrar la infancia,
tener que morir para que ya nadie pueda robármela.

Como llama que se eleva 247
Del tiempo, un paso

Hace años, tantos que da hasta miedo recordar,
en un lugar que quedó tan lejos de mi geografía actual
y que antes fue el aquí, ahora ¿hasta siempre?
Allá donde duermen los sueños inconclusos y el aullido del lobo malo,
donde bellas caperucitas se levantan las faldas de satín
y ogros desvelados leen poemas a sus amores medievales;
en esa tierra imposible hoy, real y conocida antaño,
donde voces que fueron familiares suenan inauditas para el hoy.
Tan duras como la piedra tan verdes como las enredaderas
/hablaron esas voces,
voces que se agitaban en un pozo vaciado de tiempo y sin palabras.
Y en igual medida los dones y las promesas de los dones
me fueron concedidos por entonces
en el tiempo sin tiempo de la infancia cumplida.
Después fue la vida y su despilfarro.
Heme aquí, sin dádivas para mostrar, sin gracias para compartir.
¿Quién alejó de mí aquellos dones que me pertenecían?
¿Por qué se fueron contra mi voluntad hasta el nunca-jamás?
¿O fui yo misma la que huyó a espaldas de un sátiro mentiroso,
y las promesas traicionadas se exiliaron en una esquina recóndita?
Me pregunto si no seré una fugitiva de mis propios dones,
si este deseo de nada no será el principio de otro nacimiento.

Olvido de mí

Octubre ha llegado dominado por las lluvias,
y los demás meses lo han seguido hasta aquí.
De repente este amontonado tiempo lo ha llenado todo,
el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso
cuando en el verano me recuesto a leer.
En mí no es posible el abandono del tiempo,
la gracia que supone el olvido
me hubiese salvado de esta invasión.

248 Lauren Mendinueta
Ahora debo caminar con cuidado
para no maltratarme con tantos recuerdos.
¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?
Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.

Los gritos adultos

Para Silvia Favaretto

Acontece que a veces es necesario recurrir al grito,
el alma se angustia y viene el cuerpo en su auxilio.
El cuerpo vaciado de palabras,
lleno de miedo,
ahíto de lamentaciones
terminará por gritar.
Rara vez el grito de un cuerpo es oído por otro cuerpo
(por eso aprendemos a gritar hacia dentro,
atesoramos nuestra desesperación,
renunciamos a gritar como niños perdidos,
crecemos).
Los hospitales están repletos de gritos mudos
y los llamamos cáncer o artritis o depresión
uno y mil nombres asustadores
y a veces definitivos.
Un cuerpo que grita sólo desea ser escuchado por otro cuerpo.
Cada uno con su necesidad del otro porque el yo no basta.
No tiene por qué bastar.
Pretendo gritar, gritar hasta perder la voz.
Volver a ser pequeña,
ir hacia atrás,
hasta los tiempos en los que solo podía expresarme con llanto
y a nadie asombraban mis bramidos absurdos.
Ambiciono incluso ir más allá en el tiempo
hasta regresar a la edad definitiva y segura de la nada.

Como llama que se eleva 249
El jardín como destino

En los umbrales del jardín te espera la más hermosa nada.
No encontrarás al gran ángel negro de alas encendidas
ni saldrá a recibirte el viejo barbón que custodia la casa.
Ahí has de encontrarte con el gran desconocido que fuiste,
con aquel obscuro murmullo que aterrorizó tu niñez,
el mismo canto de sordos que cargaste la vida entera.
No encontrarás girasoles que se inclinen a occidente,
ni azaleas encarnadas que escapen al alba.
Atrás habrán quedado los árboles del Paraíso
con sus ramas desfloradas
erguidas al cielo con orgullosa inocencia
y conocerás la vergüenza de haberte avergonzado
/un día de tu desnudez.
Si alguna vez llegas a los confines del jardín,
ahí donde todo lo ha quemado el cielo,
donde la materia cumple su único destino,
sabrás que tu vida ha sido como un poema atravesado de tormentos
pero insensible a sus propias palabras.
Y te preguntarás cómo has podido no entender
que tu anhelo de vivir eternamente,
tu miedo animal a la soledad,
no tenía el poder de construir otros mundos.
El jardín es uno solo y a él vas y vuelves sin percatarte.

Y como el alma no siente, solo sabe,
te sorprenderás al saber que la nada posee tu propio rostro.

250 Lauren Mendinueta
Una visita al museo de ciencias naturales

Un esqueleto. Un dinosaurio. Un fósil.
Una piedra también me interesa.
Largos corredores,
lámparas de luz fosforescente y fría.
Un meteorito. Un cuarzo gigante.
Otro fósil.
Una sala detrás de otra.
Poca novedad.
Y sin esperarlo
mi propio rostro me sorprende.
¿Ya tengo edad
para encontrarme en una vitrina?
Fosilizada, pero no sola.
Gentes que me fueron familiares,
amores que no volverán,
todo grabado en piedra.
Como de otro planeta, todo.
Todo tan doméstico y lejano,
tan de otros ámbitos y, sin embargo,
como si perteneciera al museo.
El amor junto a mí, como un dinosauro,
fosilizado.
El amor como un animal extinto:
familiar y extraño a un tiempo.
El reflejo de mi rostro en la vitrina iluminada,
su gesto sorprendido, y en mí,
los deseables estragos del tiempo.

Como llama que se eleva 251
Los circos de pueblo

Para Armando Romero

Un payaso gordo y mutilado,
otros a los que no les faltaba nada, salvo la gracia,
varios enanos, un gigante, el hombre bala,
un mago torpe y una joven funámbula.
Yo me acercaba a los once años
cuando aquel circo de maravillosa tristeza
llegó a mi pueblo.
La niña que caminaba sobre la cuerda no debía tener más de diez.
Sí, era mujer aquella niña del circo,
su pecho era plano como el de un buitre desnutrido,
pero en su mirada afloraba una ave exuberante.
Era menudita aquella cría de buitre
y casi parecía natural verla caminar sobre la cuerda floja.
Era un circo pobre, para los hijos de los pobres,
y con descaro feliz los payasos pregonaban:
“¡Esta noche a las siete
no se pueden perder el mayor espectáculo del planeta!”
“¡El circo más famoso del mundo,
los invita a una única función!”
Así lo anunciaron noche tras noche,
y los niños noche tras noche creímos que era cierto.
En esto consistía el milagro:
en los payasos que mentían y amaban su mentira descaradamente.
Y en aquella avecilla salvaje disfrazada de bailarina,
la pequeña funámbula que caminó en nuestro pueblo
sin llegar a pisar tierra,
y sobre todo
en las boletas mágicas de pague uno y entren dos
y en esas funciones únicas
repetidas noche tras noche.
Ha pasado un cuarto de siglo desde aquella visita del circo
y sin embargo pocas cosas han cambiado,
la niñez sigue siendo un sueño enamorado de sus mentiras

252 Lauren Mendinueta
y la vida con sus personajes de inexplicable extrañeza
continúa pareciéndose al milagro triste
de los circos de pueblo.

Hay solo un tiempo

¿Hoy que vives entre cosas cotidianas
te olvidas de aquella época ilustre
cuando a tus pies tuviste la poesía?
me pregunta desde un poema Raúl Gómez Jattin.
Asustada yo no me detengo a contestar.
Dice el evangelio que allí donde está el tesoro
reposa el corazón.
¿Será por eso que quien soy
no concuerda con lo que Soy?
Decidirme por lo que no me agrada.
Pensar en el futuro como si creyera en él.
Temeridad.
Hay solo un tiempo para ser,
para hacer. Hacerse. Hágame. Hágase en mí.
Ya no me hago. No puedo hacerme.
Me dejo hacer por lo cotidiano.
Me harta el final del día
y no hay esperanza que me ilusione más allá del lunes.
Me siento como una enamorada
que persigue a su compañera infiel, la poesía,
de antro en antro,
buscando la ocasión de darle una bofetada
para regresar con ella a casa y lamerle los pies.
Aunque sé que la verdad es otra
porque en realidad nunca salgo a buscarla
soy la infiel,
la amante egoísta y ególatra
que se deja manosear en los bares.
Tengo que reconocerlo aunque me avergüence:
en mí se ha perdido lo más valioso del recuerdo
y no sé si tendré fuerzas para salir a encontrarlo.

Como llama que se eleva 253
Lo que en verdad me pesa

Lo que en verdad me pesa
nada pesa en la balanza:
tiene el amarillo de los canarios,
la ligereza de un aroma
y el filo de un hacha.
La vida prometía recompensas
y cumplió su promesa con penas.
Contra mi voluntad
me doblegué bajo su yugo,
sostuve su peso sobre los hombros,
crecí.
Vivía, sí, pero sofocada y furiosa,
impotente y sola.
¿Cómo logré librarme de su peso infernal?
Una corriente de aire me había sometido
amarrándome al pasado.
No podía levantar la cabeza,
había olvidado ese gesto
de animal erguido.
Pesaba demasiado la cabeza sobre los hombros.
Nada sabía del futuro pero resistí.
Pensaba que moriría bajo su peso,
pero resistí.
Adentro era la borrasca,
el hacha,
la cabeza mil veces cercenada,
la tumba que cavé con las uñas.
Afuera una brisa delicada,
una bandada de pájaros emigrando hacia el sur,
el aire tibio del Caribe
envolvente como un útero.
Mis días eran de blanco hielo,
mis noches
amarillo tormento.
Pero resistí.

254 Lauren Mendinueta
Sobre los hombros
un pájaro ensangrentado.
Mi espalda se curvaba
bajo el peso de mis delitos,
y el verdugo cumplía solícito
su tarea macabra.
Con mis propias manos
aprendí a apartar el cabello,
a entregar el cuello con gesto delicado.
Mis manos besaron las manos del verdugo,
acariciaron su rostro,
palparon su sexo con amor.
Un día y una noche, uno tras otra:
mis delitos, mi verdugo, mi hacha.
¿Cómo pude resistirlo?
Pájaros decapitados.
¿Cómo logré librarme
de su peso infernal?
Hachas inocentes.
Para recuperar la cabeza
fue preciso morir mil veces.
Abrazar mil veces a la muerte.
Despacio,
como una hija inocente y cruel
la poesía brotó de mi herida
y me envolvió en su río de sangre.
Mis días y mis noches
ni blanco hielo ni amarillo tormento.
La poesía remplazó con su hacha al verdugo,
en su altar purificó mis delitos,
sin vacilar
echó sobre mis hombros todo su peso
y en un milagro de contradicciones
aligeró mi carga.
Bajo su presencia imperiosa
he vuelto a mirar de frente.
Ahora lo sé: estoy viva porque resistí.
Escribo poesía para acostumbrarme a vivir.

Como llama que se eleva 255
Para mi abuelo Antonio, veintitrés años después (2011)

Esta es la razón por la que procuro con el lenguaje la belleza.
Tú no moriste, a ti te mataron.
Para recibir un tiro en la Aorta viniste a la Tierra.
Abuelo, tú que en vida fuiste fuerte y autoritario
llegado el momento supiste cumplir tu destino de víctima.
Los periódicos apenas te mencionaron.
Para ellos no eras importante, tu muerte carecía de originalidad.
Un hombre que recibe un disparo destinado a otro.
Uno más en aquella avalancha de muertos inútiles.
Tu funeral fue concurrido pero nadie pronunció un discurso.
Al cementerio íbamos a visitarte con frecuencia,
mi abuela siempre atenta a tus necesidades de muerto reciente,
jardinero, oraciones y suspiros para su amado difunto.
Sobre tu cuerpo crecía hierba verde y recortada
como la mejor alfombra, decía el criado.
No faltaban rosas frescas en los jarrones.
Junto a ti crecía un almendro. Los adultos aprovechaban su sombra
mientras tus nietos correteábamos entre sepulturas ajenas.
Recuerdo que lo que más me sobrecogía en el cementerio
era el abandono de la mayoría de las tumbas
y en secreto juzgaba que eran muertos a los que nadie amaba.
Con los años se espaciaron las visitas,
ocupaciones, nacimientos y nuevas muertes te fueron dejando atrás.
Recuerdo que las últimas veces tu túmulo había cambiado.
Una hierba desaliñada y amarillenta
crecía sobre ti y en lugar de rosas frescas
un par de claveles de plástico adornaban tus jarrones.
Nadie pagaba jardinero.
Como la mayoría de los muertos estabas a tu suerte.
Empecé a entender la naturaleza del amor
cuando comprendí que finalmente te habíamos dejado solo,
solo en tu túmulo de lápida de mármol tallada a mano,
solo en tu desaliñado jardín, solo bajo el incendiario sol del Caribe,
solo como solo los muertos amados pueden terminar.
Hoy que tengo deseos de volver a visitarte

256 Lauren Mendinueta
reconozco con pesar que la mala memoria se tragó tu tumba.
Te sepulté en mi propio corazón.
¿Cómo saber si hice bien o mal?
Esa es la razón por la que procuro con el lenguaje la belleza.
Creo.

La libertad después

La vieja noche en las montañas junto al mar
y nosotros en el andén todavía somos jóvenes.
Con gesto poco entusiasta te veo mirar las vías del tren.
La palidez de tu cara me recuerda las páginas de un libro
que alguna vez me acompañó en un viaje
y que ahora está en los entresijos de ya no sé qué estantería.
Cada uno lleva su pasaje en la mano
y tú volteas a mirarme porque esperas que te confirme lo que sabes:
el tren que esperamos llegará.

Inútil cielo, inútiles estrellas de todos los cielos,
bienamada luna que brillas sobre los trenes en lontananza,
aquí estoy yo.

Conozco esas montañas junto al mar
donde anidan la serpiente y el armadillo
una forma siempre cambiante de mi vida
roída por los grandes problemas.
La infancia ya pasó, la juventud se está marchando,
impasibles los trenes silban en la distancia.
Pronto llegará el que esperamos y seremos libres,
me dices desatando la tristeza.

Tú, la estación desolada, el tren que no termina de llegar,
todo empieza a recordarme un pasado en otra parte,
la forma siempre cambiante de mi vida
roída por los grandes problemas.
Somos una afirmación de vida

Como llama que se eleva 257
dos cuerpos que mueren orgullosos de estar vivos,
cada uno con un pasaje para después de los días
para antes de los días sin retorno.

Inútil cielo, inútiles estrellas de todos los cielos,
bienamada luna que brillas sobre los trenes en lontananza,
aquí estoy yo.

Escucho cómo se acerca a lo lejos el tren, la promesa metálica,
y me estremezco porque en sus vagones
podemos ir donde elegimos ir.
Deja que te mire por última vez en esta noche olvidada del mundo
en la que dejamos padre, madre, casa y jardín.
He decidido abandonarlo todo sin mirar atrás y sin lágrimas.
No sé por qué siento que sólo yo saltaré en el momento justo.

Sigues aquí junto a mí y todavía somos jóvenes
cada uno con su pasado alto e inaccesible
como torre de reloj de aldea.
¿Saltarás de esa torre a tiempo
o dejarás la libertad para después?

No habrá sido por miedo a la tempestad

Imagina un montaña
por el día.
Una elevación de tierra enorme cubierta de hierba verde.
¿Puedes verla?
La hierba ondula, resplandece, silba.
Liebres y conejos asoman las orejas aquí y allá
y si miras con detenimiento algunas flores tiemblan.
¿Qué ves si te pido que imagines una montaña a plena luz?

Ahora imagina la misma montaña
por la noche.
La tierra se eleva escabrosa y en la cima hay rocas,

258 Lauren Mendinueta
grandes rocas que amenazan con caer,
o que al menos simulan que podrían caer.
El cielo está oscuro, sin luna,
relámpagos y truenos iluminan aquí y allá.
¿Qué ves si te pido que imagines una montaña en el principio
de la tormenta?

Soy yo la que desde la cima de esa montaña te mira.
Es domingo, la montaña a plena luz, en fiesta.
Estás a unos pocos metros de mí
si quisieras podrías mirarme a los ojos.
Pero si estando en la cima nos alcanza la borrasca,
desde esta cumbre atormentada por la lluvia yo no te miraré.
Si tú no me miras no será por miedo a la tempestad:
con ese aire entre patético y aterrado
me pareceré demasiado a la mujer que no quiero ser.

Querido Oscar, he aquí el verdadero enamorado

Es el verano.
El ruiseñor gimotea en la tarde
y su vuelo milagroso atraviesa la luz
como una espina.
Sí, es verano y pronto no habrá canto,
ni tiempo, ni recuerdo, ni gemido.
A lo lejos las acacias bailarán con lentitud
la música que el río les ofrece,
y la tarde terminará por tragarse la luz.
Abajo, junto a la ventana de mi cocina, el ruiseñor,
él único que conoce mi nombre desde siempre,
ese pájaro centenario e imposible
que endulzó las noches de mi niñez,
ofrecerá su corazón para que yo pueda ver la rosa.
Ingenuo pájaro que escuchó los delirios de mi fiebre
en balde clavará su corazón en el rosal.
Sí, amo esta hora pasajera
y el rosal ensangrentado, pero florecido.

Como llama que se eleva 259
Sí, amo esta estación del tiempo que no pasa,
y el ruiseñor sacrificado en vano.
Inocente ruiseñor junto a la ventana de mi cocina.
¿Para qué sirve el amor?, le pregunto.
Mañana habrá una rosa, me dice,
en el jarrón vacío de hoy.

Contigo yo conocí

Contigo yo conocí un teatro que parecía hecho para nosotros.
En él, dijiste, representarían alguna vez la historia de nuestro amor.
Era tan grande ese lugar que hasta el final no supe por dónde se salía,
o cómo era que habíamos entrado.
Una chica morena acomodaba,
recogía los boletos y los agujereaba con un artilugio metálico.
Parecía tan triste esa muchacha,
nunca nos miró a la cara,
nunca vino a sentarse a nuestro lado,
su rostro me recordaba las campanas de San Roque
y también las de San Nicolás.
Así de triste se veía esa chica, ella que se llamaba Esperanza.
Era hermoso ese teatro que tú me enseñaste,
con todas aquellas sillas vacías
y el escenario sólo para los dos. De allí yo no quería salir jamás.
Pero como todo lo bueno llega alguna vez a su fin,
un día tuvimos que irnos para cumplir el destino.
La acomodadora parecía contenta por nuestra partida.
Movía los labios como intentando sonreír,
o quizás musitando alguna frase.
Imposible saber lo que significaban sus muecas,
a esa chica le gustaban los misterios.
Desde entonces estamos de vuelta en el mundo.
Ya no hay Esperanza, ni sillas vacías, ni gran escenario,
hay mucho tráfico, estaciones de metro que estallan,
un trabajo con horarios, y a pesar de todo aún te amo.

260 Lauren Mendinueta
lya sierra
(Barranquilla, 1953)
³ ³ ³

Licenciada en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Atlántico.
Ganadora de la Beca de Creación del Ministerio de Cultura y el Fondo Mixto
del Atlántico, modalidad ensayo con el trabajo Meira Delmar y otras voces
femeninas del Caribe colombiano.
Segundo lugar en el Concurso de poesía universitaria de la Universidad
Externado de Colombia. Incluida en la Antología de Poesía del Bicentenario.
Libros publicados: Baladas para nombrar este tiempo de Sombras (poesía).
Esa gordita sí baila (novela). Sus poemas han sido publicados en varias revistas
del país y en revistas de Suecia, México, Argentina, Bolivia y Venezuela.
Correo: lisgar2@hotmail.com

262
Silvia Castro habla de su Joaquín

silvia castro
habla de su joaquín
como una colegiala de antaño
hablaría de su amor inicial
la picardía le patina por el cuerpo
de cañabrava en reposo
en sus ojos se atropellan
los días de otro siglo
en el que se quedó su hombre
enredado en un laberinto
de tiempos

vuelve al día en que lo vio
vestido con la elegancia
propia de los veinte
y sucumbió a su estampa
de carpintero serio
que hacía los mejores muebles
de toda la comarca

fue en el primer baile de ella
que ahora danza en sus pupilas
de bisabuela inconforme
dibuja el vestido
hecho por las manos
de la tía solterona
la que anduvo recogiendo sobrinos
por los pueblos olvidados
los frutos que fueron dando
los ímpetus de manuel
el que fue músico de banda

silvia cuenta del abrazo
en que la encerró joaquín
para protegerla del trueno

Como llama que se eleva 263
que paralizó a la orquesta
que molía sus cadencias
en el rincón del agua fresca

con memoria juiciosa
revive la salida por las calles
donde la lluvia trazaba
charcos de impaciencia
y el cochero esperaba
para llevarla a la curiosidad
de la tía
por saber las impresiones
de la primera salida

habla de su noviazgo
que siempre fueron
visitas controladas
por toda la parentela
de gómez de risa corta
a la caza de un descuido
para que hablaran las manos
que por supuesto no lo hicieron
cuenta de los consejos de tía
sobre cómo enfrentar
las malas mañas
que todos los hombres adquieren
sentenciaba solemne
con la certeza que daban
las experiencias ajenas

el vientre de silvia
se ensanchó
por quince veces seguidas
y ya el amor fue otra cosa
pero aún cuando habla
de las mujeres sonsacadoras
que asediaban a su joaquín
de las borracheras

264 Lya Sierra
que restaban el pan
y de las iras que menguaban
su paciencia de señora
de su señor
los ojos de silvia castro
son los de una quinceañera
aunque lleva veinte años
sin su bello parejo de vida

Onírico

esta mañana de octubre
bien despierto
salvador dalí
se pasea por veinte de julio
luce una desfachatez
de piyama y de sus
infaltables bigotes
que son un desafío
al caos de las aceras
esta arrogante criatura
que con una pirueta galante
me ha cedido el paso
¿de qué sueño habrá salido?
aclaro que de ninguno de los míos.

Al olmo de Guizors

también el árbol sabe
de misterios y de cábalas
por algo sus hojas son
los oídos del tiempo.

Como llama que se eleva 265
Un brindis triste por la medialuna

dejad las lámparas
no hay amanecer
entre los muertos
omar khayyam

ese rojo que enluta las arenas
no es el de las rosas ni el del sol
que nos entrega al esperado
abrazo con la noche
es el rojo que alimenta
al águila insaciable
que parte mezquitas y plegarias

el odio se bebe todo el cielo
de bagdad la ciudad dada por dios
el mismo cielo al que scheherazada
conjuró para alargar sus días
con un vuelo de alfombras
con aquel árbol que canta
con las buenas trampas de aladino
con genios seducidos
por la picardía de las amantes
con caderas que son lunas opulentas

los dátiles reciben
todas las apuestas de la muerte
sangra la memoria del profeta
gime el cubo

sin que el grito del muecín lo anuncie
bagdad ya no es la ciudad dada por dios
sino la devorada por legiones
de llamas codiciosas.

266 Lya Sierra
Ocurre que me pierdo

ocurre que me pierdo
cuando intento acercarme a mí
conocer mis desatinos
mis pobrísimos aciertos
ocurre que a veces muchas veces
la brújula secreta se enloquece
y mi norte es una enloquecida referencia
puede ser un claroscuro
donde la luna instala su miedo
(con leñador y todo)
suele ser por contraste la noción
de un inminente optimismo
que al no encontrar mis cardinales
cómodamente instalados
se confunde con los ángeles feroces
que el filósofo de atenas no advirtió
cuando ingenuamente quiso
que viajáramos adentro de nosotros.

Adivina adivinador

sin ser peter pan
yo vivo en el país
del nunca jamás
no voy a decir por qué
al igual que francisco urondo
yo también creo
“que la vida es lo mejor
que conozco”.

Como llama que se eleva 267
De vez en cuando

de vez en cuando provoca
darle un pellizco a la luna
para arrancar un respingo
al leñador sentado
sobre todos los milenios

de vez en cuando conviene
alterar el compás
de los insoportables relojes
que nos acortan el tiempo
del amor
y con ello el de la vida

de vez en cuando es muy bueno
tirar de las barbas del día
para que no se repita mañana
con los mismos desafueros

de vez en cuando es muy útil
revolver nuestra memoria
separar con cuidado
los claroscuros vividos
inventariar luces y sombras
ocasos y amaneceres
osadías e inhibiciones
y tirar por el olvido
los necesarios fracasos
que hemos acumulado
por las edades de la vida.

268 Lya Sierra
Del presente que no es efímero

en este país mi país
yo vivo de conjuros
y me invento una casa
de todos los encuentros
con ventanas abiertas a otro suelo

en este país tu país
tú eres mago
y a falta de palomas
que otros desprestigian
en una algarabía sosa de campanas
tienes lluvias de colores
y ese árbol tierno
que además de cantar
siempre ofrece sueños
que entran por mi piel
desde todas las distancias

en este país su país
él saca imprecaciones de la rabia
es su recurso preferido
cuando mira lánguidas canastas
donde el pan es menos que los circos

en este país nuestro país
nosotros oscilamos
como péndulo oxidado
de la verdad a la mentira
y muchas veces no sabemos
si nuestra orilla es verdadera
o una amenaza de arena movediza

en este país vuestro país
la segunda persona del plural
no se conjuga como no se conjugan
muchas cosas

Como llama que se eleva 269
en este país el de ellos
pocos muy pocos hacen el país
mi país tu país el de él
el de nosotros el de los muchos.

Cuando a veces la primera encrucijada

a veces la primera encrucijada nos asalta
suele venir detrás de la figura de aladino
o de aquel árbol parlanchín
separado de ariadna por otros meridianos
pero confundidos en una misma
visita de noviembre que nos trajo
el primer luto de familia
por el controvertido amigo del azúcar
o tío sin segundas intenciones
pero en primera línea del afecto

la inicial encrucijada
con una primavera ajena por supuesto
y por añadidura rota
con un mayo bien extraño
girando en las noticias
y tantas preguntas merodeando en los descansos
muchos nudos al acecho del asombro
el perfil de la puta más santa de los tiempos
las primeras barbas que barrieron el desahucio
limpiaron las infamias de la nieve
y le inventaron canciones al futuro
también la obligada confidencia 4 p.m.
de todos los bullicios
suele asaltarnos
pero claro
sin la suerte de aladino.

270 Lya Sierra
Amantes del siglo pasado

es de noche: a esta hora despiertan
las canciones de los amantes, y también
mi alma es la canción de un amante
friedrich nietzsche

con este afán de tiempo
que todos tienen
pronto tú y yo seremos
amantes del siglo pasado
y eso tiene sus ventajas
a pesar de que los astros
seguirán presagiando
(es su vieja costumbre)
que con tu tierra y con mi aire
somos un torbellino en seco

tú seguirás siendo
mi incansable seductor
que por instantes olvida
su talante cartesiano
y se desboca como un corcel
conducido por dionisio
(diría aquel inocente
que oyó hablar a zaratustra)
yo seguiré viviendo
con la medida exacta
del menos común de los sentidos
con mis frecuentes equívocos
para la vida práctica
con mi difícil adaptación
a otras circunstancias
y otras gentes
y seguiré soñando
que vivo en otros días

Como llama que se eleva 271
quizá muy peligrosos
pero seguramente más humanos
viviremos amándonos
con todas nuestras claves
esas que nos inventamos
y los demás nunca tendrán
con su inútil afán de tiempo
en fin para eso ya casi somos
amantes del siglo pasado.

Oda para nombrar a Palestina

jenin como mapiripán
parece el nombre
de una pista abierta
al retozo de todas las ardillas
pero qué va
jenin como mapiripán
es una sola boca suplicante
y toda ella roja
que bebe en la arena
el aliento postrero de sus hombres
el lamento final de sus mujeres
no alcanzó la sangre
de sabra y de chatilla
para saciar al minotauro
posmoderno
que no fue engendrado
por un toro
en el vientre
de una reina soñadora
sino por el águila implacable
que fecundó
a la estrella de david.

272 Lya Sierra
Huamán por los caminos
del Alto Valle del Sol (1525)

huamán sabe de ciertos hermanos
que copularon con sus hermanas
aunque los viejos del ayllu
dicen que fueron dos
que después de salir del alto titicaca
hundieron su vara en el valle
donde nació la ciudad
que los guerreros volvieron
el ombligo del nuevo cielo
y poblaron con llamas
que pueden oler la luz
de la cercana centauro

huamán cuenta en las cuerdas
los soles que lo separan
de las piedras de su cuzco
ha señalado caminos
entre todos los caminos
para los chasquis de pies veloces
y por ellos ha sabido
que la sombra de la guerra
confunde a huáscar y atahualpa
pero no han podido decirle
-ellos tampoco lo saben-
que pronto las muchas lenguas
infectadas de codicia
ocuparán los cuatro suyos
pisarán el fuego
que las mujeres del sol
siempre tienen encendido
y dejarán su infierno aquí
en el alto ombligo del mundo.

Como llama que se eleva 273
Todos los amantes niegan a Platón

porque sienten
que su entrega es real
y el reflejo de sus cuerpos
solo sombras en un cuarto
inundado por la luna o por el sol
todos los amantes niegan a platón.

Balada para los ociosos
de las cuatro esquinas que miran a Colón

usted
que se traga la ciudad por un zapato
seguramente sabe cuántos hombres
colgaron su último gesto de cordura
en la seriedad de las estatuas
mira el orgullo de piernas manos cuellos
estrenando una primavera de sorpresa
oye y repite las decisiones de aquella
ex-señorita que nunca aprenderá
la situación exacta de turquía
envidia al hombre que no necesita
esforzarse demasiado
asiste a la comedia de todos
los habitantes del progreso
porque claro usted asolea el ocio
para que no se pudra en sus bolsillos.

274 Lya Sierra
Fotoroust

el niño pálido
con sus delicados rasgos
enmarcados por rizos negros
saborea la galleta con delectación
esa galleta años después
será una de las claves
para iniciar la búsqueda
del tiempo perdido.

Invitación para Whitney Houston

si le agarras
la cola a la fama
y giras con ella
en el carrusel
de las frivolidades
y subastas a ningún postor
tus ratos esenciales
y disuelves el vacío de toda existencia
en los paraísos artificiales
desandados por baudelaire
y por tantos desesperados
y te dejas encerrar por los espejos
donde los números
fáusticamente consumen
tu escasa ración de sosiego
y ferias tus ojos de niña sola
a los aplausos planetarios
entonces aquí está el agua
con toda su quietud invitadora
será volver a la esencia
al origen
que nunca te armó trampas
ven…

Como llama que se eleva 275
De aquellas sombras

de aquellos días de guitarra de él
de aquellos días de canciones de ella
que alborotaban suavecito la inconformidad
de aquellas noches de trova cubana
con alguna película por casualidad cubana
¿qué queda?
únicamente dos sombras
que vagan por los parques
donde los enamorados
se besan con el guiño alcahuetero
de la brisa que apenas toca
las dos cabezas de esos bohemios
que se la fumaron toda
es decir la vida

ahora cuando él saluda
con un aforismo preferido de cioran
ella asiente con una risa idiota
luego se alejan engatusando la tarde
con las baratijas
que les permita seguir fumándose
lo que aún tienen de vida.

276 Lya Sierra
Este Manuel que se yergue

este manuel que se yergue
con una estatura de más de siete
vientos desbocados
no es el manso olivo de postales
diluidas en un paisaje de trasnocho

este manuel que se yergue
como árbol innombrable
mas allá de toda sangre
tampoco es el último guerrero
de la vida

este manuel que se yergue
desde el inacabable paréntesis
de lenguas sumergidas en silencio
siempre supo que soles burlones
apuntaban a sus días

supo de los paquidermos
que tiñen de complicidad
las oficinas donde juegan a la guerra
y no precisamente con los soldaditos
de plomo de los cuentos

este manuel que se yergue
aquí en este baile alucinante
de calibres
señala desde todas las bocas
desahuciadas
acusa desde todas las sonrisas
trituradas
pues lo suyo fue la vida
el horizonte de las barbas limpias
este manuel que se yergue.

Como llama que se eleva 277
Para volver a Scheherazada

tendría
que correr
a perseguir lámparas
para arrancar deseos
al humo de los siglos
esperar botellas
armar las rodillas de la ira
y entonces regalar un eclipse
al homosapiens
tendría que dejar las uñas
llegar al idioma de los peces
y ver al sultán del agua
en su silla de algas
volvería a las moscas imprudentes
en su tumba de miel
al oficio de atravesar
las piernas del gigante de rodas
para tener la primera noción
de la astuta scheherazada.

Petra

petra ciudad de los beduinos
ruinas de antes del imperio de las cruces
la medialuna besando las arenas
desde cientos de siglos
sin profetas que entregaran la memoria
la sed de los leones
nunca tuvo morada entre las grietas
los alfanjes ya se sabe
sobreviven sin el agua
dice el beduino
dadme un caballo
y venceré la hostilidad de los desiertos.

278 Lya Sierra
margarita esCobar de andreis
(Santa Marta, 1949)
³ ³ ³

Socióloga que ejerció como directora de la Corporación Promujer. Sus poemas
y artículos han sido publicados en varias revistas literarias del país. Libros
publicados: Una grieta en el espejo (1995) y Tan solo un decir (2006).
Correo: escomar70@hotmail.com

280
De Tan solo un decir (2006)

Sin salida

No quisiste dejarme entrar en tus abismos.
Los cubriste con racimos cargados de palabras.
Yo en cambio te alojé en lo hondo
donde reside blanca la callada incertidumbre
donde nace el sol y se doran las heridas.
¿Sabías acaso
que entrar en el silencio
puede no tener salida?

Regreso

¿Y si nos devolviéramos
bordeando las estribaciones
de la música?
¿Y si desandáramos
el umbroso zaguán
que nos puso en este día?
¿Y si a nuestro cuerpo
lo arrastrara una barca
hacia el olvido?
¿Despertaríamos acaso
en otro sueño
en otra brisa
dibujándole orillas al umbral
llenándolo de borrones
y de enmendaduras?

Como llama que se eleva 281
Al cuerpo

Mientras lo dicen con estupor
o lo nombran con indigencia las palabras
todo ocurre
en esa suntuosa nada
con la que alguien nos vistió
para dejarnos en esta fiesta.
Ocurren nombres, abrazos y desconciertos.
Suceden abismos
que solo se atreve a mencionar la música.
Acontecen ecos
cuando se borran los espejos con la brisa
nada nos pasa
fuera del frágil recinto
con el que nos encerraron para soñar
con amores eternos y paraísos.

Poemas sin publicar

A la deriva

Asómate a mi extrañeza
y encontrarás un barco ciego
navegando
con un dudoso itinerario.
Una nave alucinada
que intenta borrar
de todos los espejos
las cicatrices que se tuercen
en las olas.
Un buque en convulsión, temblando.
Asómate y verás que el barco
se enrumba hacia el final
hacia esa inmensa grieta
donde tenemos
una deuda con el mar.

282 Margarita Escobar dE andrEis
El cuerpo

A veces el cuerpo es un ala
que se debate
con los guardianes de la intemperie.
Se despliega
persiguiendo la música
con movimientos de danza.
A veces es una espada
que si lo roza otro cuerpo
se desangra.

A veces es trino
de un pájaro cansado
o la palabra de un niño
que busca equilibrio
en el hilo de una voz.

Rescate

Los recuerdos se zambullen en un mar lejano
para que no se seque el baúl de la memoria.
Las islas que evoco
parecen barcas
ancladas en su quietud,
no conocen su itinerario.
Los alcatraces planean
tragándose el horizonte.

Del agua sube
el humo salobre de las lágrimas
que no hemos llorado todavía.
En el oleaje del cuerpo
cada uno tiene su mar.

Como llama que se eleva 283
Hacia la niñez perdida

Emprende camino hacia la niñez perdida
Escarba entre los desechos
y recupera los granos de oro
que obnubilan tu memoria.
Ponle cara a los fantasmas
que bailan en los alrededores
de tu cama.
Prende la luz de los rincones
Vuelve a escribir las frases
que se deshicieron con la brisa
Abre el corazón de las respuestas.

Bajo la piel de tu cara
hay una máscara
Encuéntrala

Soledad desnuda

La misteriosa sombra
me acompaña al borde del camino.
Como no tiene voz
hablo en secreto con su transparencia.
Intercambiamos sueños
con la ausencia que nos ronda
desde que entramos en el mundo.

Voy con la soledad desnuda, indescifrable,
sin música sin palabras.
La antorcha que sosiega el miedo
y enciende la penumbra
dice con su voz de fuego:
Rescata la música del cuerpo
antes de que se acabe el instante.

284 Margarita Escobar dE andrEis
Volver al poema

Cuando suena la música
entro a lugares oscuros
El pecho se estremece y llora
Bordeo las horas que atraviesan el tiempo
y la soledad se serena.

Vuelvo al poema
a desandar cada palabra
a perseguir la máscara que huye.
Abro la puerta de la herida
que no han curado los días
y regreso a la nostalgia de un paisaje
que no he visto todavía.

Un regalo del mundo

Asomada a la columna de nubes
observo el espacio de la música
Se vuelve clara la noche
y deletrea el milagro del sonido.

La oscuridad llega desde lo profundo
mientras el estruendo de un relámpago
bordea la penumbra.

Las palabras, barro de alfarero,
son un regalo del mundo
para dialogar con lo que existe
para dar forma y nombre
a lo invisible.

Como llama que se eleva 285
Necesito una voz

Necesito una voz
que dialogue con mi silencio
Las palabras enmudecen
no alcanzan
a desenredar el nudo del poema.

La penumbra blanca
circula con el aire
a fuego lento,
en las manos
se vuelve espíritu sensible.

Hay una franja en los días
donde la palabra es duda
camino tortuoso
soledad invulnerable.

Necesito una voz
que hable con la incertidumbre
para que la esperanza brille
entre los escombros.

Atada a una sombra

El espejo de arena
me busca y me atormenta.
Me mira y no entiende
por qué estoy en la copa de los árboles
donde florecen los pájaros.
No conoce los latidos del cuerpo
ni la suave lluvia que humedece
el corazón de mis oscuridades.

Me llama pero no puedo seguirlo
porque estoy atada a una sombra.

286 Margarita Escobar dE andrEis
Atardecer

Los colores del mar
vuelan hacia el horizonte
para hacer una fiesta en las nubes.
Chorros de sudor
que el sol derrama
se convierten en un manto rojo
que arropa la intemperie.
El atardecer no es tuyo,
solo la noche te pertenece.
Sales de la oscuridad
y regresas pronto a ella.
Sigue tu camino
Deja la huella blanca en la arena
Vuelve a donde nadie te espera,
allí donde el tiempo
se deshace en brumas.

Ciudad de la palabra

Hablar de nuevo,
remover los racimos de piedra
que aprisionan la garganta,
deshacer los nudos de agua
con los que se atraganta tu voz.
Caminar por senderos
que te alejen del vacío
sobre calles inciertas
entre huellas perdidas.
Que tus pasos te lleven
a la indescifrable ciudad
donde la palabra escurridiza
se aloja.

Como llama que se eleva 287
Huéspedes del tiempo

Los huéspedes del tiempo
caminan en el silencio
hacia lo oscuro.
Por peldaños de arena
los guían árboles blancos
hacia territorios desconocidos.

Si suben a la noche
dejan caer
un ramillete de estrellas.

Silencio dormido

Hay un poema perdido
en el laberinto de la noche.
La caricia de una palabra
dejó la nada en los versos.

Una ráfaga de aire
lo lleva hacia el olvido
y nunca regresa
al cristal empañado de la memoria.

Tal vez un rayo,
hijo de una tempestad callada,
lo transformó en tinieblas,
o una luna de fuego
apenas dejó un silencio dormido.

288 Margarita Escobar dE andrEis
A la orilla de un poema

Mientras todo duerme
las palabras insomnes
salen del sueño.
Un pájaro recién nacido
se vuela de la jaula
y el agua sedienta
se derrama en el aljibe.

Despertar
cuando el ángel de la lluvia
que cuida mi sueño
recueste la cabeza
en la orilla de un poema.

Fugaz

Aunque el corazón te tiemble
y la respiración agitada te robe el aire,
aunque te duelan tus raíces más profundas,
abre tus manos a la música.
Recíbela como si fuera
el secreto de una larga ausencia.
Déjala que entre con su luminosa estrella
al río de piedras blancas que golpea la ventana.
A veces el coro de pájaros y sus fugaces momentos
se desvanecen antes de que regrese la voz.

Como llama que se eleva 289
Preguntas al viento

¿Qué hacer cuando el dolor te duele
y la sed evapora el agua de la quebrada?
¿Qué hacer cuando la mirada se esconde
en el socavón de las entrañas?
¿Qué hacer cuando las palabras
amanecen regadas
en un campo sembrado de abrojos?

Días de guerra

En las calles rotas
los niños cantan y juegan;
no saben que retozan
sobre las arduas pasarelas de la muerte.

Nosotros deambulamos en los arrecifes
recogiendo esquirlas
entre los alaridos del mar.
El sosiego que aguardamos
se pierde en una isla de sueños,
ilumina la oscuridad herida,
la montaña de palabras deshechas
y un lago rebosante de flores marchitas.

290 Margarita Escobar dE andrEis
Voces ausentes

¿A dónde han ido aquellas voces
que callaron para siempre?
A veces regresan mudas,
a tientas, del fondo de la nada.
Solo la sombra de un adiós
puede escucharlas.

Contrariar al tiempo

Anda despacio, contrariando al tiempo
y su trasegar ligero.
Sumérgete en las profundidades del agua,
nada en su tejido azul, en su disfraz de espuma.
Camina lento
hasta llegar al paisaje
donde las palabras se regodean.

Demórate mientras recoges piedras en el vacío.
Reúne semillas para que los árboles
hagan sombra al coro de niños abandonados.
Dilata las horas quietas que acumulan el descanso.
Busca el sosiego, instálate en el reposo,
retrasa el momento de la partida.

Si no obedeces al afán que te proponen las horas
tal vez te encuentres con las alas de un poema.

Como llama que se eleva 291
Un grito en la madrugada

¿Qué hacer
con ese grito de la madrugada?

Escríbelo
en el pliegue de las sábanas.
Anótalo
en el suave declive de la almohada
y vuelve a soñar
como si nada hubiera pasado.

Dolor de música

Está oscura la tarde.
Abro la ventana para que se vaya el silencio
y regrese de su misterioso lecho
la música.

Música que suena en el azul del aire.
La que trae en una canción todo el pasado
y gotea como hilo de agua
en la lluvia.

Música con palabras o sin ellas.
Música ligera que estremece el cuerpo.
Música ardua que nos confunde con sus oscuridades.
Música que nunca he podido saber por qué
duele.

292 Margarita Escobar dE andrEis
Camino de regreso

Atareadas esperan las calles.
El sol reciente y esquivo
ilumina la ciudad
con la luz tenue de la luna
que se oculta.
Voy por un camino de regreso
sin haberme ido todavía.

El olvido donde nací

¿A dónde puedo ir con esta estrella sin luz
con estas palabras rotas y las alas cortadas?
¿A dónde iré con este claroscuro
que oficia ceremonias silenciosas
y solo ilumina la ruta
con la luz de una luciérnaga?

Tal vez a desandar el camino
a escuchar el rastro de voces
a resucitar imágenes ciegas
a restaurar palabras borrosas
que se desbarataron con la brisa.

A cambiar el rumbo a la memoria
para que trace una vía lenta
donde los sueños vuelen asombrados
hacia el olvido donde nací
hacia el suelo donde mi cuerpo
recuerda.

Como llama que se eleva 293
Partir

Borrar los recuerdos
cuando duele el pasado
Apagar las melodías
cuando la música hiere
Entrar en el olvido
Partir hacia el silencio.

Dos guerras

Hay una guerra ajena
que no duerme
donde se deshace la risa
y la música se apaga.
Y hay una guerra tuya
que ama y aborrece al espejo,
la que debes derrotar todos los días.
Una guerra que compartes
sin saber quién es
ni qué quiere el enemigo.

Palabras calladas

Las palabras calladas
entran en el amanecer,
nos despierta su silencio.

Nos alumbra
la pequeña luz
que sobra
de la luna derretida.

294 Margarita Escobar dE andrEis
Las palabras
no saben qué decir
cuando ven correr la libertad
arrastrando sus cadenas.

En el umbral de la memoria

La carcajada rota
El ala detenida a las puertas del canto
La fatiga deambulando
al otro lado de la lluvia
mientras las gotas de tiempo
humedecen el cansancio de las sombras.

La música, el dibujo íntimo de la palabra
se esconde tras las luces.

En el roce cotidiano de los cuerpos
hay un cerrojo.
Los recuerdos amordazados
sueltan las cadenas de la memoria.

Sin historia

Hoy no tengo ninguna historia
que contar
salvo el reflejo del mar
que duerme en la memoria,
salvo esa niña tan mía y tan ajena
que juega en lo más hondo de mi piel.
Porque el silencio cruje
en el suave declive de la almohada,
porque se fue y sigue aquí
el perfume de la infancia.

Como llama que se eleva 295
Exilio

A donde vayas tu exilio irá contigo.
El aire que forma tatuajes en el agua
llegará como un íntimo recuerdo,
como la muerte que nos visita cada día,
como una brisa suave en el atardecer.

La guardiana del silencio

Siempre estoy en otra parte
persiguiendo palabras
para hacerle
un cerco de puñales
a la herida.
Entre tanto, la voz
mira hacia adentro
y calla.
Es la guardiana del silencio.

El amanecer

¿Cómo decir del amanecer
si ya es de noche?
El que trae la luz
no puede verla.
Busca la gruta
que lo salve de la intemperie
lo proteja de la luz
y lo arrulle en la penumbra.
En la aurora
al salir del sueño
hay una ventana
que mira hacia la sombra.

296 Margarita Escobar dE andrEis
margarita galindo steFFens
(Barranquilla, 1946)
³ ³ ³

Periodista egresada de la Universidad Javeriana de Bogotá; ha ejercido como
reportera y columnista de los periódicos Diario del Caribe, El Heraldo y El
Tiempo.
En 1980 se vinculó a la Universidad del Atlántico en la Facultad de Bellas
Artes y posteriormente fue directora del Museo de Antropología de esa misma
universidad. Fue Coordinadora general de la Escuela de Arte del Distrito. En
la actualidad dirige en el Centro Cultural de Comfamiliar del Atlántico el taller
literario Ojo de Agua. Es Directora Ejecutiva de la Fundación Página Suelta,
para el desarrollo del talento artístico y la motivación al conocimiento en los
sectores menos favorecidos del departamento, y forma parte del Consejo
Editorial de la publicación literaria que lleva el nombre de esa fundación.
En el año 2008 la Consejería para la Equidad de la Mujer de la Presidencia de la
República le concedió el Premio Nacional de Poesía Meira Delmar, modalidad
Libros Publicados 2006-2007, por su poemario Detrás de la Lluvia, con edición
del Fondo Editorial Universidad EAFIT.
Correo: magalindo0509@gmail.com

298
Del libro Detrás de la lluvia (2006)

Tu voz

Ahora no es la palabra,
es una alondra
en el preludio diáfano
del canto.
En el sol que es memoria
de tus labios,
donde arde el mediodía.
Son tus ojos dorados,
canela y musgo,
en sueño convertidos
al paso de la abeja.
Es tu voz que regresa
de un silencio profundo
hasta el brocal de mi oído,
pozo de amor,
remanso de agua limpia,
espejo de tu ausencia.

Como llama que se eleva 299
Bajo la lluvia

Tu voz…
Aroma, pétalo nuevo.

Un ángel de oro
viene despacio,
manos de plata,
labios de bruma.

Tu voz,
la casa, jazmín y puerto.

Con hilos claros
teje coronas
y las mujeres,
en las ventanas,
sueltan las trenzas,
lavan el cuerpo
bajo la lluvia.

Tambores suenan,
trota la sangre,
un potro de alba
bate sus crines
sobre la luna.

Otra vez pasa
el niño con alas,
van sus sandalias
llenas de espuma.

Tu voz de sueño,
de humo, de viento,
corola abierta,
mordisco y fruta.

300 Margarita galindo SteffenS
Trae hojas de luna

Tu árbol
se llena de caracoles
como la noche.
El viento juega
soplando historias
por las ranuras.

Mi árbol de plata
riega sus raíces,
agua de menta.
Tu árbol que tiembla
como los hombres,
trae hojas de luna.

En el silencio
hay sábanas nuevas:
hilos de aroma
cosen los bordes
de su blancura.

Como llama que se eleva 301
En tu caña de lluvia

Descansaré a tu sombra
árbol mío,
raíz del alba.
Me embriagará tu savia.

Seré una gota nueva
en tu caña de lluvia,
desbordaré
los dédalos del agua.

Hecho con sol,
el iris en tus hojas
es un camino abierto
que fulgura.
Desandando por él
iré disuelta,
y volveré a la fuente
del cauce elemental
que me ha dejado
alondras en el alma.

302 Margarita galindo SteffenS
Y bien pudiera amarte

Hablemos, muerte mía,
desconocida mía,
oigamos caer la lluvia.

A su lado
tranquilo pasa el viento.
Humedece mis manos
su rauda cabellera
finísima de gotas
y la brisa le deja
sus cánticos azules
al silencio..

Hablemos,
te he encontrado
en la frente pequeña
del rocío
y bien pudiera amarte.

Quiero esperar la noche
hablando de la vida
contigo, muerte mía,
mientras la lluvia cae.

Como llama que se eleva 303
Para entender el agua

Desnúdate en la lluvia,
cambia tu cuerpo en flauta
para hablar con los pájaros del aire.

Lava tu árbol,
sus hojas han tejido una historia
con las voces del viento.
Podrás oírlas, se vuelven
luciérnagas cantoras
cuando pasa la luz.

Desnúdate de formas
para entender el agua,
la experiencia encantada
de la gota,
llevas huellas de luna,
adorno de tus muslos,
anillo de tus dedos.

Desnúdate y florece,
hay un camino ansioso
esperando tu vuelo.

304 Margarita galindo SteffenS
La luna sobre la casa

Lucernas altas.
De noche
se oye el canto
de las ranas,
visajes hace
la sombra
manchando
la pared blanca.

Hay un farol
encendido,
a veces un charco de agua,
sobre la calle
papeles
y pedazos de nostalgia.

¡Se ve la luna
tan grande
bailando
sobre la casa!

Nos mira
con ojos hondos,
prendidos en la distancia.
Sus pies
parecen un vuelo
sobre las tejas
que le hablan.
Unas le cuentan sus cosas,
otras tan sólo las callan
pero le preguntan
dónde
despertó la madrugada.

Como llama que se eleva 305
La luna
que luce anillos
de mágica filigrana,
por los alares
del techo
viene enredando
la falda.

Con fondo de mar

1

Rada de Caño Dulce,
ancha mano de arena
extendida en la luz;
sobre tu palma se alzan
luminares,
y se adelgaza el aire
para que fluya el sol
eternamente.

Tus lavadoras de algas,
insomnes, urdidas
con hilos de humo blanco,
cantan sobre las piedras,
recogen en la espuma
los lirios de la sal.

Brujas de agua, medusas,
altas magas
del líquido universo
que guardan su conjuro
en caracoles,
en vientres abrigados
de nácar.

306 Margarita galindo SteffenS
Rada de Caño Dulce,
hay torres empinadas
en tu fondo,
peces espada armados
Caballeros,
peces trompeta,
rayas de la luna,
caballitos de mar.
Con ellos los fantasmas,
las huellas,
las cabelleras sueltas,
las pisadas y todas las palabras
que un día fueron.

2

Miro
por la ventana
de tu casa de agua.

Desde arriba, donde andan
las quillas de los barcos
y amanece con sol.

El óxido del muelle
ha florecido oscuro;
muestra
su fibra derrotada,
somete su impotencia
al embate de la ola,
al rudo tratamiento
de la sal.

Sin embargo, alcatraces,
Sin embargo, gaviotas.

Las libélulas rojas
en la orilla,

Como llama que se eleva 307
apaciguan
las horas del olvido,
y en el aire
se quedan detenidos,
el trasmallo, las manos,
las piedras de la vida,
el ocaso que sueña,
la nave que se va.

3

Debo decir la lluvia
cuando la miro caer
indefinible,
sobre la piel del mar
y la respuesta
es circular, intensa,
nimbada como un astro.

Debo decir el mar
cuando lo veo
ansioso y ondulante,
porque la esencia líquida
lo invade
al entrar en los sueños
de su sangre.

En la playa se esconden
los cangrejos,
las garzas van buscando
otro destino
en los acantilados.

Es ya de tarde
y llueve mansamente…

Por todos los caminos
anda el agua.

308 Margarita galindo SteffenS
Del libro Tocado por el ángel (1998)

Signos de partida

A mi padre
Este viento,
la ojera en sombra
que cobija vinos
y vagas rosas,
la palabra tiempo,
la escala memoriosa
del río que respiramos
y bebemos,
son algo que nos lleva
al infinito.
Al cántico secreto
donde la voz no es voz
y la distancia
perdió el principio.

A lo mejor azules,
amarillos,
guerreros rojos
de un final de cuento,
abriremos cantando
el libro de la muerte.

Este viento
es uno de los signos
de partida.

Como llama que se eleva 309
Breve

Estamos en el sueño,
permanecen
la errática paloma
que golpea
la muralla de vidrio
y el eco numeroso
del espejo
que copia el vuelo
en las paredes rotas.

Alguien cita
la voz que vibra
en los primeros juegos,
la misma sed de sol,
los pasos del amor
y el camino.

Es nuestra sombra
el viento repetido,
la brisa fresca,
el huracán tremendo,
los pedazos del tiempo
que se acorta.

Somos
el impreciso espacio
que bordea
la tregua de la muerte.

310 Margarita galindo SteffenS
Ángeles

Del Alba

El alba circular que se retira
y en la arquitectura
de su aliento
lleva sombra de flor,
ni siquiera percibe
el horizonte
que a sus espaldas deja.

Y no es por desafecto
ni descuido
que se despoja
el ángel de sus alas.

Del Día

Al borde
del aire desatado,
transportador de alas
y silencios.

Al borde de lo oscuro,
allá en el mismo sitio
de las contradicciones,
está apenas la sombra.

La detenida florescencia
que ahoga la luz,
la distancia más ágil
de la palabra al sueño,
el balbuceo del día.

Como llama que se eleva 311
De la Muerte

Inventando gradas
de cal y arena
llegó tu mano
hasta el eclipse.
La libélula
sembró cruces
de fuego.

Con el saco
en los hombros,
repartiendo milagros,
me enseñaste
las raíces de la estrella
y en tu barca
se quedó mi vida,
invisible recogedor
de naufragios.

De la Voz

A Meira Delmar

Enhebrando ciudades,
cantando islas
de geométricas olas,
derramando el aceite
de las lámparas,
tatuándole al silencio
mariposas,
tu palabra, ave
o ecuación de trigo,
tiene la simetría
del paraíso.

312 Margarita galindo SteffenS
Del libro Vendedor de mariposas (1962)

Vida

Si nos situamos tristes
en medio de la tierra,
veremos en las hojas
un resumen de vida
y sabremos amar
cada grano de arena,
cada ser que palpita.
Sin buscar hallaremos
en los ruidos del agua,
en la flor, en la espiga,
también en el vacío
que es huella de la siega,
cierta melancolía…

Una sonrisa dulce
nos ahogará los ojos
pues todas las colmenas
habrán sido vertidas.
Líquida savia de árbol
nos llenará las venas
y tendremos arena
y tendremos espiga.

Pero siempre, en el centro,
elevará su cuerpo
de imprecisa nostalgia
cierta melancolía.

Como llama que se eleva 313
Puñal de luz

Allá, en la parte más alta
de la mayor de sus ramas,
tiene mi acacia un puñado
de luciérnagas de plata.
Cuando se apagan se viste
de luto rama por rama
pero se encienden y entonces,
como a una niña encantada,
le van creciendo luceros
en el pecho y la garganta.
Es como un beso del río
que con la luna en su espalda,
se bebiese gota a gota,
una a una, las luces blancas.
Empalidecen los cielos
al mirarle cara a cara,
trémulos todos los vientos
le forjan duendes con alas
para que le den suspiros
a su boca sin palabras.
Hoy sentí que mis pupilas
estaban encadenadas,
supe de arpegios que vuelan,
de raíces enterradas
en una arena distinta
que no conoce pisadas.
Traigo un puñal de luciérnagas
hiriendo el centro de mi alma.

314 Margarita galindo SteffenS
margarita jaCquin gutiérrez
(Santa Marta, 1953)
³ ³ ³

Ha publicado un solo libro titulado Poemas (1995), impreso en Bogotá en
Atípicos Editores. Desde hace dos décadas vive retirada en una vereda de la
sabana de Bogotá y es autora de veinte cuadernos de poesía, que escribe de su
puño y letra, y comparte entre sus amigos más cercanos.

316
De su libro Poemas (1995)

I

El amor
no ha de ser atadura
sino hilo de agua
que fluye y refluye

II

Hay calma
El tiempo y el espacio
son míos
La calidez del silencio
Íntima plenitud
de vivir sin testigos

III

El silencio no consuela
el vacío de las ausencias
La fuerza de la vida
se vuelve lágrima

IV

Patria es verde
mar
calles
neblina de la sierra

La abuela
sus cabellos largos
sus manos valientes

Como llama que se eleva 317
Mi madre
haciéndome rica
regalándome un verso

Tres niños lejanos
tomados de la mano
para iniciar un baile

Patria
un perfume de la infancia

V

La muerte es pasadizo
Ceremonia
Ritual que nos consagra libres
del enigma del ser y el universo

318 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Un camino (1999)

Un camino

En el transcurrir alcanzo
la plenitud que celebro
En ello pierdo lo que soy

Amargos dones
la conciencia y el tiempo
Incesante la obligación de rehacerme
hasta desembocar en la consumación

Quiero convertir la obligación
en el privilegio de transitar lo impracticable

Afluentes

La eternidad es fuente
En nuestra brevedad la eternidad es río
El tiempo es afluente de la eternidad
El tiempo es eternidad humanizada
nosotros que somos carne y tiempo
también somos afluentes de la eternidad

Ante la brevedad la eternidad es nada

Huella de la Madre

No he salido nunca del secreto centro de tu corazón
tal vez no he salido nunca de un sueño
o me niego a estar en el presente
Un deseo incesante me conduce siempre
al centro de tu huella en mí

Como llama que se eleva 319
De su cuaderno Variaciones de la Luz (2001)

Trama

Tolero la existencia si me embriago
aspirando a volverme llama y vuelo
Si no voy por el camino del rebaño
si únicamente lo inaccesible me sostiene
Entrelazo estos hilos en la urdimbre
de la impermanencia y la nada
No sé lo que religa mi vida a lo inasible
Resurjo en la llama de mi contradicción

Cauce

Querer grabar un rastro
de lo que se desgaja de nosotros cada día
horada en mi sombra un cauce para las palabras
Escudriñarlas le restaura la luz a mi horizonte
Plasma claridades en la noche

Bienaventuranzas

Bienaventurados los que quieren
hacer brotar lirios en el desierto
desplegarle las alas a la roca
resucitar el canto
que ahogaron las tinieblas
Bienaventurados los que viven
de aquello que desean

320 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Dibujos en la Arena (2003)

La Ola

El agua vacila en la arena
la reclama el mar
La espuma inmóvil acepta la orilla
¿Es morir
penetrar en la vida del aire?

Casa en el Silencio

Serenidad es el tejado
Soledad los muros
lucidez las ventanas
ausencia de soberbia los cimientos
La puerta es cada aurora

Llama

De las entrañas de lo sin nombre
de un hilo de sombra
nace hambre de luz que reverdece
en la llama del instante

Como llama que se eleva 321
De su cuaderno Viático (2006)

Plegaria

Tierra que has tejido mis entrañas
revela tu presencia en mi sed de luz
Enséñame a amarte en la travesía

Vía

El peso que te dejan
las palabras sin mesura
vuélvelo vía fecunda
del reposo en el silencio

Travesía

Se apagan las palabras
se van desdibujando las sonrisas
en el curso del sol
Teje perennidad lo que prodiga el amor

322 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Crisálida (2007)

Crisálida

Vivir luminosamente
es aceptar brotes y podas
Lo mutilado recorre
los meandros que habita la crisálida

Agonía

Toda la noche lucharon
el abismo y el hilo de luz que reverdece
No hubo victoria
resuenan acordes y disonancias
Hay danza de alas y cadenas

Soliloquio

No temas tu propia voz
Atrévete a vivir
en lo secreto de tu centro
¿Quieres que nazca Dios del soliloquio?

Como llama que se eleva 323
De su cuaderno Fronda de la Soledad (2008)

Iniciación

En la fronda de la soledad
puedo iniciarme en mil trabajos
Elijo curarme la ceguera
Abandonar muchas maneras de la sed
Pulir los muros de la sombra
hasta que surjan las alas de la aurora

Silencio

La luna vela el sueño del ocaso
Guirnaldas de soledad
rodean el blanco abrazo del silencio

Funámbula

Tejo
suelto y vuelvo a tejer
alas que susurren equilibrio
cuando la aguja en la brújula
no pueda detenerse

Hendidura

Camino de la valentía
también es aceptar ser huésped
de la hendidura que empieza
en las inconcebibles claridades de la quietud

324 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Segundo Cuaderno de Bitácora (2009)

Fugacidad

Sonaron todas las campanas del poniente
dorada fue la fiesta de la tarde
Un instante duró
la transfiguración del monte

Poética

Contemplo y escudriño manojos de palabras
para elegir la ofrenda del rito itinerante
que inicio al aceptar el desafío de la aurora

Aventura

La soledad amuralla mi aventura
Entre dos orillas
dibujo rastros que fecundan mi desierto

Ascensión

Ninguna herida del alma cierra para siempre
Con hilo de las suturas es posible tejer universos
enlazar audacias y temores insospechados
Emprendo mi última conquista
voy a escalar una montaña de cristal

Como llama que se eleva 325
De su cuaderno Umbral (2010)

La Desconocida

La gran desconocida vela siempre
Todo lo atraviesa
guía el oleaje del tiempo
Palpita en la entraña de un pozo
igual que en la sonrisa del espejo

Umbral

Honduras de soledad destejen velos
Encienden los confines de la quietud
me consagran oficiante de un ritual

Ascesis

Volver un templo el camino
que inauguran las auroras
es seguir jugando
con la arena junto al mar

326 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Peldaños (2011)

Ficciones

La epifanía del silencio
acrisola ficciones que instauran
profundos horizontes
hospitalarias soledades

Umbral

Quien acude a la llamada
por la que toda pregunta se extravía
está obligado a cruzar el puente
del que se alejan las orillas

Vigilia

Velar en la hendidura del presente
hasta los cimientos del relámpago
le puede conceder al náufrago un reino
al peregrino soltar el bastón y las sandalias

Albergue

Claridades nacidas de la sima del silencio
prodigan desnudez
para anidar la soledad
A toda brizna le preguntan por la fuente

Como llama que se eleva 327
De su cuaderno Orillas (2012)

Los Adioses

Lejana orilla del mar
regazo primordial de mi alegría
enséñame otra vez a despedirme
en el juego con la ola

Las Estrellas

Madre tu voz desde el comienzo
convirtió las estrellas en llamada y puerta
En hilo de la trama que dibujo sin saber

Escribo

Escribo para aventurarme a regresar cada
mañana al laberinto. Para iluminar la cadencia
de la sangre, mantenerme de pie con gracia,
hasta que vida y muerte no me convoquen más.
Para tener una mano que me lleve, horadar el silencio
y vivir conmigo en soledad ardiente.
A Evangelina

A la manera de un jaiku

En la media noche
despierta un filo de luz
Mengua la luna

328 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Manto y Espada (2013)

No Saber

De Dios no podemos saber
Soñarlo es arriesgarse
a enmudecer y oír

Instante

El ocaso recibe la tarde
Pasamos como las nubes
Brizna
pájaro
enlazan eternidad y ahora

Errancia

Todas las mañanas
escucho el tañido sin retorno
comienzo lo que se va
en la barca que viaja con el sol
No me detengo ni llego
Todas las mañanas comienzo

Juego

Mientras la tierra juega
a la ronda con el sol
me cuento un cuento
para que sea mi brújula

Como llama que se eleva 329
De su cuaderno Otro Umbral (2014)

Huésped

III

En los entresijos del tiempo sin tiempo
me acuna el agua de la vida
Vuelvo a nacer de lustrales claridades

I

Luna de cobre viajando hacia el mar
Luciérnagas
canto de grillos
ahondan el silencio

A la manera de un jaiku

Con luz de luna
me acompaña mi sombra
Testigo el viento

Después de la lluvia
flota la luna
en el camino

Viento y espigas
me recuerdan que la tierra
siempre danza

330 Margarita Jacquin gutiérrez
De su cuaderno Lazarillo (2015)

Llevamos huellas
que tendremos que pasar muchas veces
por filtros de olvido y aurora
hasta volverlas eco
de la perseverante cadencia del corazón

VI

La estrella preludio del amanecer
grabó un rastro en el fondo de mí
Una rendija se abrió
Atesoro el don de aquella madrugada

VIII

De naufragar en el vértigo
del miedo que mana de la ceguera
me rescatan liturgias celebradas
en el alcázar del agua y el pan
El relampagueo de un pájaro
en la ventana

XXV

Velemos en la orilla de nosotros mismos
para volver a sentir
entrelazadas nuestras manos
con las raíces del árbol y la hierba
Para ser iniciados
en el manantial de la esperanza

Como llama que se eleva 331
De su cuaderno Liturgia (2016)

V

Algunos vocablos viven un largo sueño
Los despierta la paciente voz que los ha esperado
para labrar con ellos surcos de sentido

IX

Un resplandor se ha convertido en mi lazarillo
Para seguirlo
lucho contra el sortilegio de las cadenas
emboscadas en los pasos de mi sombra

Saber

El ciego ignora
el recorrido de la lluvia en el cristal
El ciego sabe de la lluvia
por su cara ofrecida al cielo

332 Margarita Jacquin gutiérrez
maría merCedes gonzález
(Valledupar, 1961)
³ ³ ³

Trabajadora Social por formación y vocación; actualmente se desempeña como
educadora. Madre de dos hijos y radicada en Valledupar.
Ganadora del segundo lugar en el Premio de Poesía del Departamento del
Cesar, (1994), en el marco del Festival Literario Café Vargas Vila. Hizo parte
de la agrupación cultural Asociación Casa de la Cultura Francisco Bolaños, de
Barranquilla, con un grupo de escritores y artistas audio-visuales de la Costa
Caribe. Con este colectivo participó como investigadora y colibretista del
documental audiovisual El Torito Nunca Pierde, realizado para el Programa
Cultural Aluna Caribe, en 1990. Este proyecto, auspiciado por Colcultura y
Telecaribe, se centró en la vida y obra de la Danza del Torito, la más antigua del
Carnaval de Barranquilla.
Investigadora en la publicación del libro biográfico Peñaloza en Tono Mayor, de
la Fundación Nueva Música, Barranquilla, 2004.
Ha sido publicada en las antologías Poética de autores Cesarenses, Ediciones
Instituto Departamental de Cultura y Turismo (1994); Tejido de viento (2010);
Literatura contemporánea del Departamento del Cesar (2010); Genealogía de
susurros (2014) y en las revistas Cofa de Mesana y Puesto de Combate.
Correo: iyatisi4@gmail.com

334
Antípoda de un tiempo de espera

¿Acaso he de huir? ¿Tomar la lancha que avanza
como el sueño sobre las negras aguas?
No es tiempo de huir, sino de leer los signos.
Humberto Díaz-Casanueva

El poema:
voz estéril, viento helado,
barca de papel a la deriva,
tránsito a las fronteras del vacío.
Lo sublime:
aire fugaz, claraboya incierta,
desliz sofocado por el vino.
Lo cotidiano:
tiempo fundido en el lugar deshabitado,
agujero negro engullendo los sentidos.
La piedad:
el más perverso acto de blasfemia
cuando el alma se hunde.

Canción de Irina, la muñeca rota

Quiero un cuerpo.
Un cuerpo ondulante, extendido al sol de los venados.
Un aleteo de mariposas en el lugar innombrable.
Un resplandor de luna llena sobre el vientre sudoroso.
Un vaivén de piernas enredadas.
Un trepidar de deseos prohibidos.
Una marca húmeda en el pasto.
Una canto visceral al final del camino.
Quiero un cuerpo luminoso al acecho de las sombras.

Como llama que se eleva 335
El origen

I

Era el mar,
sin soles ni lunas que develaran su misterio.
Era la noche,
con todas sus cadencias de silencio y ausencia.
Eran…. él y ella, dos sombras desnudas de sí mismas,
sin su árbol prohibido, ni una serpiente insidiosa
para subvertir los símbolos de la esperanza.

II

Confiscado en los despojos de un paraíso perdido,
un aleteo reclama su rama de olivo, su nido, su cielo,
para anunciar el último vestigio de Dios en los restos de aluvión.
La lluvia sin tregua se ha llevado todo: la entrega, la espera,
la memoria.
Él y ella…. un destello inaudible en las fisuras de los sueños.
Detrás del horizonte, solo la oscuridad es visible.

Noctámbula

En la levedad de la vigilia,
soy una brizna ondeando en la noche;
pájaro vencido
adivinando los soles de oriente.
Numerosas puertas sellaron su umbral
a la sombra que busca su alma.

336 María Mercedes González
Esquelas para no dimitir I

Parece que el tiempo, apenas comenzando,
se nos agotó entre los fetiches de papel y caucho del pasado,
de ese pasado que se me ha dado en desandar
como un doloroso ritual de exorcismo para llegarte clara.
Quizás los palimpsestos de las mil y una noches
no contienen el código apropiado
para desterrar a mis fantasmas
y liberarme entre tus dedos.
Quizás el cansancio
y tu silencio secan mis labios.
Las llanuras me invaden nuevamente.
Dime
¿Cuál es el lenguaje para deshacerme de mis ropas viejas
y desnudarme ilesa ante ti?
Dime, ¿Cómo me mantengo suspendida entre tus manos a salvo
si has desarmado mis preguntas?
Los recuerdos de azúcar de mis niños
se escaparon de la caja de pandora;
se han quedado confinados con tu ardor
en un lamentable cubículo de ladrillos.
¿Cuándo llegarás?
¿Me encontrarás?
La madeja de Penélope se ha perdido.
¿Cómo podrá escapársele la espuma de agua
al ojo de remolino?

Esquelas para no dimitir II

No sé cuál es la sustancia que sirve
para pegar las risas y los sueños y las ganas de vivir,
pero aún así recogeré uno a uno tus pedazos y partiré.
Cuando el sosiego llegue a mi espíritu
te habré reconstruido

Como llama que se eleva 337
y te guardaré entre las páginas de un libro
para no dañarte de nuevo.
Voy a recoger los pedazos
de tus ojos genuinos,
de tus primeras palabras,
de mis manos entre las tuyas,
de la ilusión del primer encuentro,
y seguiré tomando la distancia que sugieres.
¿Qué pasó? ¿Por qué la ansiedad lo corrompe todo?
Me despistas cuando la oscuridad te inunda.
No hay tiempo ya
mientras pienso qué hacer.
No hay hogar aquí que me sostenga.
Treinta cápsulas de barbitúrico
me acechan como un animal ponzoñoso.
Seguiré.
Debo seguir
¿Cómo retomar el camino?
No sé.
Seguiré.

Esquelas para no dimitir III

Aquella vez, después que arrancaron el ángel de la laguna de mi
abrazo, corrí desnuda entre una urdimbre de mujeres espectrales
que me miraban ausentes:
Mujeres de boliche, de luces de neón y de rockola.
Prestidigitadoras ambulantes de relojes y carteras.
Mujeres de azadón y de plaza de mercado.
Mujeres de la triste estirpe de la estridente calle.
Mujeres de eternas heridas abiertas.
Mujeres todas, igualmente desalojadas de las risas de sus hijos, del
amado soñado.
Mujeres apresadas en un largo cubículo con catres apestando sudor
y sueños malogrados.

338 María Mercedes González
Yo era un espectro más corriendo hacia el agua para bañar mi cuerpo
sucio.
El agua cayó sobre mí, invadió el recinto y no pudo desprender la
costra que cubría mi piel. El agua no pudo lavar mi tristeza.
Un boletín anunciaba una crónica policial: Nunca entendí qué
relación podía tener un acto de ternura con una estrategia de guerra,
o con el negro mercado de los sentimientos. Mucho menos entendí
por qué el ángel cerró sus alas para siempre desprendido de mi seno:
se supone que los ángeles no mueren: Vuelan.

Poeta abisal

Al poeta Luis Mizar Maestre
In memoriam

Poeta de largos silencios y mirada eterna:
en los esguinces de la vida
habrías podido levantar trincheras de neón
en campos de tiniebla,
puentes de espuma para la felicidad ajena,
moradas subterráneas para el amor furtivo…

Pero elegiste por propio designio
darle la pelea al espectro de los vientos,
cabalgar un rocinante desbocado,
sin escudero,
sin garrocha,
sin una dama incierta.

Poeta de largos silencios y mirada eterna:
una lumbre en tu mano izquierda se levanta
para encontrar las aristas de tu alma
que germina en los rincones de la noche.

Como llama que se eleva 339
Un sello de cristal en la cicatriz del tiempo
estampa la palabra inconclusa en las fisuras de los sueños.
Un cúmulo de azares se disuelve
en los pliegues de la vida.

¿Bastaría saldar viejas cuentas
al imperio de la muerte para amurallar la tristeza?

En las orillas de la memoria
Ariel y Calibán sucumben
en la levedad del insomnio.
Ripios de banderas
ondean el horizonte desierto.

En el lugar de tus ancestros,
los campos amarillos de cañahuate
volverán a aparecer cada verano
atestiguando tu diatriba a la palabra estéril.
Un concierto de chicharras en celo
ahogará el eco del monte.

En los anaqueles de cualquier lugar
tu voz alquimia seguirá como un demonio preso
acicateando la conciencia
de quienes cambiaron la dirección de un grito urgente
por un plato de lentejas,
por una factura saldada
por el falso confort del hogar seguro.

Tú, venerable hereje de caminos abismales,
dolorosamente incorrupto,
ofrendarás en el limbo tu risa distante
al crepuscular retorno de los desterrados.

340 María Mercedes González
Anamorfosis bajo la lluvia

Llueve,
adentro,
afuera,
en la sombra del abrazo.

Las manos perdieron la noción de la locura.
En la garganta se quebró la magia al filo de un fonema
–me abandona tu canción-.

En la jaula,
el mirlo erige su vuelo estéril
contra el último esfuerzo de la estrella desertora.

Un diente helado atraviesa la cuerda del trapecio.

Llueve
adentro;
afuera,
en la herida del poema.

Pompas de jabón para Yarima

I

Una isla sin lugar ni tiempo,
un espejo transparente;
infinita tarde penetrada por las sombras
sorbiendo grito a grito
las heridas de la ausencia.

Como llama que se eleva 341
II

En un primer acto,
el silencio prodiga.
En un segundo acto,
el antiguo engendro
de la palabra.
Después,
solo yo lo supe:
un poema vivo
revelando su osadía.

III

Se ha ido el espíritu de la ternura.
Se ha ido antes de ser.
Se va,
se aleja,
se reserva el eco de sus huellas.
En su lugar,
la fría semántica
de carne desollada
de sangre detenida.

IV

El mito se congela en la laguna.
Un símbolo me abandona en el vacío.
Sabía de cualquier cosa,
estruendosa,
abismal.
Cualquier cosa es un rastro,
una historia,
un simple acto humano
huérfano de manos tiritando,
golpeteando al aire una sonrisa.
Sabía de un montoncito de piel

342 María Mercedes González
dejado a merced de la ventura.
Sabía del riesgo.
Supe del miedo.
Sé del castigo.

V

He perdido
el vuelo incipiente
de mis viejas mariposas.
Una explosión de graznidos
me anda aguzando el tímpano de los sueños,
y una gota de cristal se derrite entre mis dedos.

Ficciones del vagabundo

En el diario juego del ignorar
lo que puede olerse en el aire,
bastaría fabricar mordazas blancas
al murmullo del silencio,
cruzar al otro lado de los rostros
que encarcelan el misterio del asombro.

Como llama que se eleva 343
En el filo de las palabras

Se incumple el cuerpo
en el deseo desierto
del alma andando.
Insel Marti

Sueño las voces de la ausencia:
Silencio hueco en los flancos del vacío.
Conjetura de manos crispadas.
Mordazas transparentes.
Veo que sueño
agujeros en el rostro de látex.
Lo sueño a usted…
navegando ileso en el filo de las palabras,
y haciendo de la promesa
un nudo en la garganta.
Sueño que lo creo
hurgando en la cisura del círculo,
untando de vinagre la llaga del costado.
¿Por qué los ángeles malditos
debieron bajar a la sima del vituperio
para asirse eternamente a un sueño elemental?
Habría bastado tal vez un címbalo de cristal
en la mano del psicópata
y una cisterna caliente bajo sus pies
para aprisionar el amor entre sábanas de púa.
¡Cuánta voz retumbó
en las cloacas de una ciudad imaginaria!
Poderosa voz en los rincones del laberinto,
en las grietas del tiempo perdido.
La noche se deshizo de nosotros
y la pregunta de un niño
se congeló entre manos suspendidas:
manos que no tocaron nunca el corazón del misterio.
Si sueño vano fue su vuelo,
¿adónde estarán gravitando

344 María Mercedes González
los despojos del pájaro nocturno?
¿Cuál será la próxima entrada del
túnel de colores?

Itinerario del olvido

Entre laberintos de papel
a contrapuntos de reloj
bastaría un abismo
en el trayecto del círculo
para encontrarte.
Tanta cordura
Tanta mesura
El itinerario del olvido
va aplazándose a trazos de péndulo.
Ya no hay ofrendas
para la flor de agua.
Una promesa,
un efímero espasmo.
El alma se ha eclipsado en el espejo.
Ya no somos más uno con la noche.
La incongruencia de los símbolos
ha surcado de espectros blancos
los horizontes esperados.
El aforista de cachivaches
incursiona en la algarabía del mercado
y puede que le quede una ecuación fonética
y puede que llegue al corazón del estrépito
y puede que no encuentre la respuesta.

Como llama que se eleva 345
Caos

Si te detuvieras un poco
en la soledad del hombre
tú ganarías
Oscar Flores

Aquí o allá,
las miradas quebradas
se irisan de futuro ausente;
el grito neurálgico del silencio
crepita su metamorfosis;
los amantes celestes
carecen de las plumas de su vuelo,
la vida se amanceba con la muerte.
Aquí o allá,
la lógica rebosa de otoño,
la razón del deseo se encoge,
los titanes del sagrado orden
declaran la oquedad de la palabra;
los niños prestan la locura
para acribillar sus símbolos maternos;
la incompetencia humana esgrime sus horrores.
Aquí o allá,
el caos se destila por los poros,
por los sentidos y el pensamiento,
por la rutina del péndulo.
Pero…. aún así,
entre la ciega muchedumbre
sigo imaginando un rastro de misterio
para cubrir de verde
el naufragio universal.

346 María Mercedes González
Imágenes

Están aquí…
Estamos…
Entre cuatro pantallas
abiertas al trasnocho.
Un instante más al estrépito.
Un cantil al olvido.
Están aquí…
Estamos…
En realidad estoy
donde no es posible un resquicio de presencia.
Sucesiones de ausencias agrietaron la memoria,
el presente ignora sus canteras.
El futuro es una mancha en el lugar del tragaluz.
Están aquí…
Estamos…
En realidad estoy
sobrehabitando la magnitud del desierto.

La pared

Se abre el telón,
se devela el secreto blando de la pared.
Una máscara al desnudo
cristaliza el silencio en la rutina.
Reposan los rastros de Eolo
en un anticuario de voces subterráneas
gestos,
formas,
sonidos congelados
desterrando los sueños del vidente.
Se doblegan mis insomnios
sobre nueve ojos triplicados por seis.
Esculco la caja mágica:
emerge un agotado surtidor

Como llama que se eleva 347
de sombras de ultramundo,
mientras,
victorioso,
el ciego inquisidor de la locura
conecta su ombligo a mis delirios.

Irredención

¡Qué pena, Salvador de almas de barro!
Mientras tus divinos átomos
se transmutan en pan y vino,
tus corderos
hurgan la herida milenaria,
buscan la fascinación negada por tu cruz.
¡Que disímiles son la sangre y el vino!
¡Que incompatibles la carne y el pan!
¿No te das cuenta,
preceptor de causas perdidas,
que a la unidad irredenta del rebaño
se ha superpuesto un rumor sonámbulo
de voces en desbandada?

Retrospectiva

Pudiste
ignorarlo,
blasfemarlo,
negarlo,
sepultarlo en la zona palpitante del olvido,
pero no supiste anular
su reclamo a una porción de tu sonrisa,
al peso tibio de tu mano sobre la espalda,
aunque solo tuvo por voz
un zarpazo milimétrico
hurgando el hilo suelto de la telaraña
desde la noche abierta al silencio.

348 María Mercedes González
Espuma de agua

Más allá de la inasible cercanía,
en lo palpable del péndulo instaurador de distancias
entre la fiebre y la piel,
yo, el más réprobo de los acertijos,
busco los jeroglíficos de la noche
por los agujeros del techo,
mientras habito, por azar o por destino,
un planeta suspendido en un frasco de aerosol.
En algún recoveco urbano
Marcelina, la maga de los andenes,
saca tres pestañas de los pliegues de sus párpados,
dos dedos se entrelazan,
un hilo de sudor moja los zapatos.
¡Silencio!
La diosa del deseo inicia su danza.
Me bastaría por derecho una puerta en el espejo;
llegar al punto donde oriente y occidente se conjugan
y desde allí, desde el mismo núcleo del misterio,
presenciar entre cópula y cópula
el poema de la rana y la serpiente.
Me bastaría en mi calzada
un lecho, una piedra, una gruta húmeda,
un santuario del amor perdido,
penetrar en la herida del hereje de los páramos,
en la venas del hombre aquel que tuvo miedo de nacer,
miedo de su propia madre;
volver al principio, al primero de todos los códigos,
al primero de todos los vestigios, antes de todo,
antes de nada;
sembrarle al pavimento
una burbuja de sangre impura, con un rizo de cabello.
Marcelina, la maga de los andenes,
ha extraviado su chistera.

Como llama que se eleva 349
A mí me habría bastado encontrar
entre sombras de algodón,
la nomenclatura de unas manos
y un astrolabio fosforescente
para ver el lugar donde imagino una sonrisa.

350 María Mercedes González
maría teresa esCobar de andreis
(Santa Marta, 1954)
³ ³ ³

Hizo parte activa de los grupos de lectura que se crearon en la extinta Biblioteca
de Poesía Oscar Delgado cuando se integró al grupo Exilio. Poemas suyos fueron
traducidos y publicados en inglés en la revista Talus & Scree (USA). En 1998
publicó la plaquette Fragmentos de un siglo que acaba y otro al que me resisto
a entrar. En el 2014 fue incluida en el libro Marejada -Antología de mujeres
poetas del Magdalena- publicado por la Gobernación del Magdalena.
Correo: escobardeandreismariat@hotmail.com

352
Convida la palabra

A un trago, a otro, a otro...
Emborráchate con ella,
hay tantas botellas de poesía,
tantas lenguas sedientas
de su peligroso placer.
Inhala la saciedad del vértigo,
cambia tus quejas por gemidos,
dale al amor trozos de hambre.
Satura la pasión de carne,
trastorna sin escrúpulo el alma,
devora la vida convencido de no indigestar
el animal que te invade por dentro.
Sálvate, sálvate, sálvate
de todos esos dioses
que te quieren proteger
de la felicidad.

Como llama que se eleva 353
Duermo y despierto

Con la misma luna
y el mismo sol,
fecunda,
grávida de sueños y desvelos
en los que siempre
me arrojo frágil y fuerte
como una mariposa
acuchillada por el viento,
desemboco
como un barco
cargado de extravío
que boga entre expectantes
banderas de fuego.

354 María Teresa escobar de andreis
Los sentidos

Mis manos:
A disposición de acariciar siempre la poesía
Mi boca:
susurrante bebe el llanto de los ángeles
desengañados y fugados del cielo
Mi lengua:
Lame con ansia la conversación
con los que partieron primero que yo
Mis labios:
Gestan besos, palabras que fui
en los abismos del amor
Mis ojos:
Socavan el último rincón de la mirada
de aquel paisaje que ya no existe
Mi nariz:
Exhala el placer que aún queda dentro de mí
Mis oídos:
Atentos procurando no oír los lamentos
de tantos mares intoxicados
Mi cuerpo:
Gotea indeciso, seco y lentísimo
sobre sus ruinas hasta dejar vacías
las venas que deslizan el silencio
entre la vida y la muerte

Como llama que se eleva 355
Anatema

Así llaman con fúnebre acento
desde el púlpito de las iglesias
a quienes no tienen a su dios en su corazón.
Desde su mundo embrutecido
desde su tenebrosa y superficial creencia
desde la oscura cárcel donde viven aprisionados
desde su fe implacable,
mi corazón es un templo
sostenido por los pilares del cuerpo
con espíritu profundamente religioso
materia sin remordimientos
en el que habita un dios sereno.
Templo de alma sana y fuerte, muy fuerte,
que no se deja confundir
con el inagotable cantar de los cantares
ni asfixiar con el penetrante aroma del incienso.
Un aposento puro que se agita, excita y vive
desde el que consumo amor del amor,
único oasis del que a raudales bebo
su sangre como el mejor vino de dios.

356 María Teresa escobar de andreis
Paisaje del alivio

Cuelgo en la pared
marcos vacíos
para que ninguna sombra agobiante
me siga en el camino del paisaje
en el que me abandono y me libero.
Alivio la carga del viaje terrenal
para llegar a otras cumbres,
ave inmóvil,
para alcanzar las ramas
del desierto donde florezco
y sobre el que llueven
multiplicados poemas.

Como llama que se eleva 357
No puedo detenerme

Las palabras se descuelgan de mi mente
formando poemas que arden en el pensamiento.
No sé quién los escribe ni a quién los dirige.
Ni siquiera sé quién traza estas voces incompletas
ya que ninguna termina pero se sostienen en el papel
a la espera que alguno las robe y parezcan suyas.
No sé, nunca lo he sabido,
si alguna vez servirán para algo o para alguien
que copie la figura del amor
desde mis ruinas de palabras,
únicas ruinas que no son pobreza.

358 María Teresa escobar de andreis
Mi cuerpo

Este cuerpo que me ha sostenido
y me sostendrá durante toda mi vida,
me necesita
y reclama que lo ame
como a un niño recién nacido,
que lo provea de gozos inacabados,
de agitaciones, de dulces amarguras,
de infiernos de silenciosas algarabías
y fértiles congojas
...
Y lo más importante:
Que lo despeñe sin parpadear
en un mar de crepúsculos
sobre el que yo misma
desemboque desnuda
y sin cauce.

Como llama que se eleva 359
La otra

Ven,
acércate bien a mí
porque voy a decirte
que te vayas
ahora que me sobrevienen
palabras de golpe,
palabras nacientes
que respiran asfixiadas
desde el mismo momento
en el que despierto,
desde que mis pies,
mis piernas y mi cuerpo
se levantan a buscarme.

360 María Teresa escobar de andreis
Grita

Que sea la voz del cuerpo
la que hable de tu carne
sin contener ni una sola fibra.
Pon sobre la piel sonidos desnudos,
dilucida cada parte de ti,
no te niegues nada, nada, nada.
Entrégate sílabas,
verbos, sustantivos, adjetivos...
Álzate ante la poesía
y de pie frente a una hoja
regala vocablos a la sombra
que siempre te persiguió.
Ríete de ella,
la que camina tus pasos
y te lleva donde siempre
has temido ir.

Como llama que se eleva 361
Animal

Todos los poros de la mente
sedientos de uñas.
Muerde con la garganta
la voz que anuncia turbulencias.
Cincela con tus manos de fiera
el animal que llevas dentro.
Muestra el fantasma
que puebla tu imaginación.
Deja que emerjan triunfantes
todas las aberraciones sacrílegas
que armonizan las formas del arte.
Vístete solo con ropas
que desnuden el alma
y dejen ver la lumbre
que espejea bajo la piel
de los creadores.

Estoy aquí

Estoy aquí
a esta hora de la vida
guardando en el cuerpo
las entrañas de mi alma.
Estoy aquí
muy lejos ya de los gritos
que me hirieron,
consolada de mí,
único lugar
donde solo escucho
la bestia que lame suave
todos los extremos
de mis voces internas.

362 María Teresa escobar de andreis
Piel de ojos

Acaricia el borde de cada palabra
cuando toca lo que siente
soportando la lejanía del cuerpo
despojada de carne
anegando sequías
-ojo seco que llaman-
brillando sobre la pupila muda
que abraza sudores
cuando la tinta
roza su mirada
y la enciende, fogón oculto,
en el secreto rincón de su sonido
donde desnuda
se envuelve en poemas.

Escribiré un poema

Escribiré un poema
encima de tu cuerpo,
un verso que ninguno
pueda borrar.
Será tu segunda piel
alfabetizando tus sentidos
y aprenderás a leer por dentro
frente al espejo de la conciencia
revoloteando, ardiendo,
gestándote a ti mismo
ante el estupor de la palabra.

Como llama que se eleva 363
Ya yo morí una vez

Nada más valioso
que una muerte anterior
y una lenta convalecencia
para quien creyó morir un día:
14 de marzo de 1994.

Cuando las alas de la muerte
nos han rozado
lo que parecía importante
ya no lo es. Se empieza a ver.
La vida se muestra al desnudo.
El vestido que nos cubría
se cuartea dejando ver esa otra
que escondía nuestro rostro,
esa que el evangelio no quiere que seamos,
la misma que la religión intenta eliminar.
Desde entonces amé en verdad
a este ser primario, resucitado,
a esa otra verdadera
que acabó de nacer en mí.

Rito de agua

Azotada por un mar embravecido
cavilosa me arrodillo sobre la arena
a retener entero mis pecados
bajo el sol que muere al atardecer…
Respiro todo el paisaje poseída:
soy pez hundido en el aire,
altar desprendido del cielo,
pegadizas estrellas de rocío,
bestia exaltada
atrapada en el trasmallo
de una libertad intransfigurada.

364 María Teresa escobar de andreis
La letra entra con sangre

No hay vocal, consonante, oración,
frase que no se adhiera a la memoria
cuando, con toda su fuerza,
con un abanico de reglas,
Minena Correa
ventilaba sobre mis manos
para meterme completo
el idioma a la imaginación,
rúbrica eterna
que figura al pie de mis poemas
devorándose crudos,
metáforas revolcadas en recuerdos
que se arrojan al papel
agradeciendo su virtud
para que yo hoy escriba
todo lo que sueño
sin permitirme omisiones.

A la memoria de Minena Correa,
quien me enseñó a leer y escribir.

Balbuceo

Y todo entre la lengua huye.
Mi boca vacía no necesita a nadie
para seguir nombrándote, mar.
Solo palabras
flotando en el agua del poema,
flotando dentro de mí.

Como llama que se eleva 365
Laberintos

Tranquila y segura
cruzo laberintos de la vida,
emprendo despacio
la carrera del tiempo
confiada en caminos desiguales,
siempre guiada
por la nomenclatura del alma,
siempre buscando
las conversaciones íntimas
que hostigan el cuerpo.
Renunciando a todo lo impuesto
voy libre sobre las páginas
sin prólogo, sin epílogo
ni epígrafes
al libro ilegible sin publicar
a la obra inacabada
al poema sin doctrinas.

Tempestad

Otra vez lluevo
dentro del cuerpo
Un océano plagado de
truenos y relámpagos
hace mía la tormenta y
tuyo el diluvio
Mordemos las gotas
derramadas del cielo
Calmamos la sed
bebiendo el horizonte.

366 María Teresa escobar de andreis
Los amantes

Despiertan vértigos
muerden instantes
abrazan gritos
acarician voces feroces
besan temblores
babean, sangran
asidos a sus inocentes pecados
sobre hojas, sobre lechos,
sobre arena…
Cuando resuenan
las retorcidas campanas
de la realidad,
los amantes
renacen con el día
ante el espejo
donde se refleja
perplejo
el tiempo
en que se amaron.

Como llama que se eleva 367
Diálogo

Voces mudas gritan en silencio:
En qué estrofa del poema Tú
Dónde Yo en el lienzo
En qué poema mío te escribes
En qué cuadro tuyo me pinto
Tomados de la mano
hablan los cuerpos
Se acarician ausentes
Tocan sílabas
Muerden tonalidades
Bailan abrazados
Se penetran
Se tornan eternos
en sombras
Erguidos
escritos y dibujados,
ya laxos y callados,
tallan el silencio
del poema

Sentires

Siento el ansia de unos ojos
sobre la enmudecida piel
Muerdo satisfecha y ciega
la luz del vocablo
Lamo una y otra vez
cada párrafo de sombra
Siembro caricias cuerpo a cuerpo
Repaso el acto clandestino, puntual
Bebo con sed
todas las imágenes
que hacen posible al poema

368 María Teresa escobar de andreis
monique FaCuseh
(Santa Marta, 1964)
³ ³ ³

Poeta descendiente de abuelos palestinos. Adelantó estudios de piano y de
Filosofía y Letras y es Tecnóloga de Empresas Turísticas. Se ha desempeñado
como profesora de inglés y de música.
Obtuvo la primera mención en el VIII Encuentro de Mujeres Poetas del Museo
Rayo, Roldanillo, en 1992 y Mención especial en el Premio Latinoamericano de
poesía revista Koeyu , Caracas, 1994. Fue cofundadora de la Fundación Poetas al
Exilio, de la ciudad de Santa Marta, y coordinadora de la revista de poesía Exilio.
Libros publicados: Interno (1992), Ciudad al fondo (1995), Entre tonos (1998),
Lianas (2009) y Palabras que marcan (2016), editados por el sello Ediciones
Exilio.
Correo: facuseh@hotmail.com
De Ciudad al fondo (1995)

370
Ciudad al fondo

El viento se extendía como un bosque de grosellas.
A lo lejos, el banco de nubes semejaba la ciudad.
Sus finas torres como alfiles me aproximaban
secretamente a sus orillas.
Atrás queda el vaho que escasamente se sujeta del
recuerdo.
Soy otra. Me convierto entonces, en el pensamiento
diario, ese compuesto de bulla y carcajada o de
silencio; un silencio abreviado, justo y vengativo.
Me convierto en los sueños sin memoria o en
aquellos peregrinos que se plantan al costado como
un pedazo perdido.
Llego. Del otro lado soy habitante desprendido.
Mi cobija es otro sol y es otro canto.
La ciudad al fondo tiene la forma del amor.

La anémona
la solitaria
la del amor confuso
la que vuela en la curva de sus sueños
la que se esconde
la que fluye
Ella,
la de rótulo indefinido
la de otoño desvariado
la que nace y huye
la de dormido instinto
la de flor perversa
la bella
la loca
la cuerda
yo…

Como llama que se eleva 371
El extranjero

Despierta.
Aún conserva el rostro ajado, de la noche que le
vio diluirse entre humo y luces.
Su mirada, desnuda impaciente cada recodo del
lugar.
Está solo.
Kilómetros de distancia despejan el miedo que a
menudo logra perturbarlo.
Se abre paso a la mañana
cegando sus ojos ante el sol verdugo.
Ladea su rostro una y otra vez gimiendo acosos e
imposibles.
Patea su destino.
Ahora vaga con un dejo de abandono, con el justo
fin de hallarse un cupo en la memoria.

La noche…
Esa inasible forma de decirnos
que pronto estaremos cerca de esa otra luna
-doncella o pedestal-
próximos al embate final del canto
callejón o portezuela que es la muerte,
esa huella que nos inventa un país en el ocaso.
Qué tarde para decir que he sobrevivido a
las enormes llagas de luz que encantaron mi alma.
Ah, si la noche me hablara de su largo encuentro
con la muerte…

372 Monique Facuseh
De Entre Tonos (1998)

Adagio

Ahora que llueve
y el cielo es oscuro
una sonata de agua ronda

De algún lugar la memoria vuelve
como una herida
que no cesa

En esta hora de humedad
el sol se inclina
Leves caen las centellas
graves sus acordes de luz

La vida ora en el pentagrama
como un lamento que no redime
La ausencia llueve la tarde

¿Quién sabrá del resplandor del ángel?

Lento

Serena
Miro mis pensamientos
que salpican
Las horas se harán tormenta
en el corazón cargado
Noche que no eres mía
mañana me pertenece
y dormiré sobre ti
como quien reposa

Como llama que se eleva 373
Crescendo

I

Recuerdo el rostro de la abuela
su sombra meditándome
Cuánta sequía en sus ojos trigo entonces

II

Un aliento de luz
apenas si cruza el cuarto
La memoria se abalanza
como un recuerdo enceguecido
como el hervor de la muerte

III

La tarde reposa
sobre un sol callado
El mar expande
mi visión de lo efímero
y me transporta
a un mundo olvidado
Mi padre alarga sus brazos
Un sollozo resuena
en los pasillos de mi cuerpo

IV

Cuánto hará entonces…
El tiempo
se avecina en mí
se agolpa como una marea que quiebra

374 Monique Facuseh
V

Conmigo llegan
y se van
todas las sombras
Aquello que atraviesa la luna
es solo la mancha
entre mis ojos
Me duelo
como una estrella con sus puntas rotas

VI

Las horas se conjugan con la noche
y una tranquilidad
que espantan
Me tiendo en la lejanía
como un río olvidado
El lugar de las ansias
se desborda
Mis pasos se agitan con dolor

Enérgico

Estamos
en la medida
en que sentimos
El corazón deshecho
es equipaje inútil

Ajeno es el tiempo

Al fin y al cabo
lo que nos es dado
tampoco es nuestro

Como llama que se eleva 375
De Lianas (2009)

VI

Sobre la arena,
sobre el sol de las doce,
a un paso del mar
estoy ligera.
Recuerdo que llovía y la noche se perpetuaba.
En la casa grande
conmemorábamos la falta de luz
contando historias alrededor del miedo.
Éramos jóvenes entonces.
Ligeros de ropa
nos tirábamos a la baldosa
que mantenía aún el frescor de la mañana.
Los moscos zumbaban en el oído
y casi sin poder abrir los ojos
le palmoteábamos en el aire invisible del silencio.
De tarde, después del sudor
me recostaba toda en la grama china
ensanchando los ojos en un azul que ya no era.
La casa ya no guarda historias.
La grama no es la misma que antaño fuera.
Quedan intactas las baldosas
frías y tristes
y los zumbidos
o las voces incesantes
de lo que algún día fue
de lo que nunca más será.

376 Monique Facuseh
VI

Estos aires de un nuevo enero
tibios y melancólicos.
Cuando la voz declina
y las preguntas se pierden lejos
a no sé dónde.
Cuando han quedado tantos brazos
alargando el viento.
Cuánto nos queda en el pecho
si el mañana es sombra.
Este aire incierto que sobrecoge
cuando la vida teje en la piel su infalible trazo
y en la boca persiste ese duro sabor
como el amargo intenso de la naranja.

XVII

Algo falta en el aire.
Algo en su andar transparente
me revuelve toda.
Como lo inevitable
el ayer se me revela.
Como una brizna
que dulce y delicada
toca los pliegues del alma.
De nada sirve anhelar lo que nunca estuvo.
Lo que fue apenas es asombro
vana melancolía.
Algo falta en las venas de mis pasos.
¿Qué será de mí si me doblego?
Algo falta en el aire que se alarga
y esa sombra que me lleva y que me rompe
acaso el amor quizá
como ola que ondula
en las mágicas garras del olvido.

Como llama que se eleva 377
XVIII

Llueve y la infancia se repite
en los chorros que caen de los techos.
Pienso en ti y en lo oscuro de la tarde.
Veo mi vida y el tiempo
que avanza como loco.
En tu risa está la canción del viento.
Tu risa insustituible
que se ofrece como pan divino.
Estos días de extremos duros
denso el abecedario de la ausencia.
Porque un poco del vivir está en tus ojos.
Porque a ratos de nada sirven las respuestas
y en la liana de los años
nos hacemos tan pequeños
otra vez.

XIX

El silencio del pueblo es mi casa.
Camino el asfalto
sus casas pequeñas
como un vago sin destino.
Ardo en calor
a esta hora de la mañana
en que el río se atraviesa.
Los perros se apostan
en las esquinas solitarios.
El pecho me oprime
como si llevara el peso
del mundo encima.
La luna de estos días
ha hecho estragos en mí.
Luna de agua en el mes de julio.

378 Monique Facuseh
Quisiera sostenerme en el tiempo
igual que las cometas
pero siento que muero un poco
como una tarde desolada y triste
después de la lluvia.

XXVI

Nunca estés tan seguro
tan convencido.
Acuérdate que todo nos es ajeno.
Alguien fue el principio y el fin
del mismo cuento de nunca acabar.
Quién podría asombrarse…
Más de uno en silencio
nos agradece la estancia.
¡Fíjate cómo es la vida!
yo que siempre he estado en la mira
y no ha sido a mí a la que apuntan.

XXXIII

Todavía me recuerdo.
Viví en el jardín de Amherst
y paladeé las delicias de Alejandría.
También recuerdo mi muerte
no hace mucho.
El tiempo en que nadie nunca
divisó las comisuras de mis labios.
El mismo de ahora.
¿Por quién pregunto en el país de Alicia?
Aún no sé qué hago aquí
ni qué peldaño del alba me sostiene.

Como llama que se eleva 379
XXXVI

El segundo.
El momento.
Eso es el todo en la vida.
La caducidad de la rosa.
La desvanecencia de tu rostro.
Eso dicen
cuando te hablan de amor
y uno se encuentra tan solo.

XL

Hay una soledad que el más grande amor
no suple.
El agua en racimo inaugura abril
y a nadie le importa.
Cómo me falta todo el ayer que fui.
Esta soledad que no me horma, este vientre
cuarteado, el espejismo que soy.
Que el desierto de mi vientre me traduzca.
Que mi edad primaria no me condene.
Que tiempo me dé el tiempo.
Que ojos tenga tan libres como una patria
para ver mi desnudez,
mi cardinal dolor.
Porque hay una soledad
que el más grande amor
jamás sabrá.

380 Monique Facuseh
De Palabras que marcan (2016)

IV

Debo cuidarme
echarme un vistazo
decirme unas cuantas cosas.
La noche está al alcance
menos de mí.
Estoy enferma
moribunda
con el miedo de siempre
conmigo
el miedo mayor.
Me abandonaron las palabras.
¿Cómo es que se arrodilla un poeta?
Necesito escribirme
recordarme la tinta que soy.
¡Ojalá que estalle!

V

En un día aciago no
basta una actitud serena.
De unos años para acá
no hay día que haga
la diferencia
rutina que valga o
lidia que me resista.
Tengo que aprender a
convivir un poco sin mí.
Construir la soledad.
Poblar su fantasmal abismo.

Como llama que se eleva 381
VI

No pretendas
contemplar tu vida
desde la ventana
sin armarte primero
adentro.
¡Y cuidado parpadeas!
No pretendas
que no sabes de tus
tantos años entre rejas
el paisaje repetido de ti
con la vista de siempre.
¡Y no le mientas a tus manos!
Faltan piezas
descifrar acertijos
claves secretas
la llave maestra
¡Algo que te sacuda dentro!

VII

Debo ordenar el closet.
Si muero ahora
no habrá servido el sigilo
de tantos años
de horas interminables
al abrir y cerrar su puerta.
Debo extender mi brazo a lo oculto
que nadie sospeche de mí.
Ordenar el closet
arrancarme de adentro.
Ni vestigio alguno que me delate.

382 Monique Facuseh
XI

A solas ya
después de repasar las aceras
de haber bebido lo mismo
de hacerme la dura en
una mesa de cuatro.
A solas
como lobo inconforme
vociferando al cielo.
Cada día me pongo a prueba
sin saber si voy a soportarme.
Cada día entiendo menos
las razones que me estallan.

XIV

La verdad es ruda.
Merecer es un castigo.
Ojalá dulce sea
my ending story.
Un instante de placer bastaría…
¡Maldecir algunos nombres!
La verdad es ruda.
¿Quién habló de tesoros al final?

Como llama que se eleva 383
XV

El final que esperas
puede estar en la bocanada
del humo que te absorbas
en la mano que aprieta el aire
o en la pisada en falso
que te apures.
El final que anhelas
puede estar en el
vino tinto de tu boca
en el cuarto de hora del deseo
o en el ojo que avista la cerradura.
El final que te procuras
puede que empuñe el
tintero del alma
agite el acorde de tus fibras
o paladee el intento
de un poema.
El final que te provocas
es el inicio de lo que
tanto ansías y
nunca será tuyo.

384 Monique Facuseh
XVII

I

Entre la multitud
no eres el transeúnte
de los mil y uno más que
proliferan como moscas.

II

Hay una pausa inquietante
entre el canto del pájaro
y el arribo del amanecer.
Apura el paso.

III

Acaso si atesoro la palabra
nadie descubra
de qué estoy hecha.

Como llama que se eleva 385
XXII

I

A solas
me detengo a pensar
si morir es
contemplar de lejos
los sollozos de Dios.

II

A la hora de la verdad
morir es descansar
un poco del
horror humano.

III

A todos nos llega un día
en el que hablamos
seriamente con
la muerte.

XXIV

Rara vez se ve lo que
de adentro crece.
Hay quienes evaden la realidad
de mil maneras.
La vida es tu propia creación.
Como milagro divino
así ocurren las palabras.
Domestica tu libertad.
Deja huellas
como si te sembraras.

386 Monique Facuseh
nazly mulFord romanos
(Plato, Magdalena, 1957)
³ ³ ³

Directora de la revista Mujeres a toda Costa, de la Fundación Cedesocial de
Barranquilla, de la cual es fundadora y donde se desempeña como Directora
Técnica. Mención honorífica en el IV Certamen Internacional Nuevas Voces para
la Paz 2016; es una de las ganadoras del Concurso Nacional de Poesía Capital de
la Casa de Poesía Silva, 2005. Reconocimiento en el programa Noches de Poesía,
del Museo de Antropología de la Universidad del Atlántico, 2014; Becaria del
Ministerio de Multiculturalismo y Ciudadanía de Canadá en los cursos Iniciación
y Lógica del Guión 1990 /1992.
Libros publicados: Destino de Versos (2006) y Epístola del Amor y sus variantes
(2014). Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías y revistas.
Correo: nazly_mulford@yahoo.es

388
De Destino de versos (2006)

Frente al espejo

Más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia.
Alejandra Pizarnick

Te descubres frente al espejo,
te lidias a ti misma
en monólogo febril,
lames tus cicatrices;
y desde lejos surge la
voz honda de la infancia.

¿Cómo descifrar la incertidumbre
del ahora,
si la noche no duerme tus miedos,
el amor no te funde,
y los límites desconocidos
te aprisionan?

¿Cómo detener ese diluvio,
tu legión de seres
sin domesticar, tu esperanza?
Frente al espejo,
sumida en el dolor
de la espera;
una mujer se quebranta.

Como llama que se eleva 389
Idris

Llegó de tan lejos
que el desierto
aún entibiaba
sus ojos.
Sobre sus labios,
el lento vaivén
de la yema de sus dedos,
acariciaba su historia
de niño que no quiso ser
guerrero.
Su soledad era tan seca,
que me hizo su oasis
y fue mi vértigo.

Porque somos así

A Leyla
Porque somos así
de barro tibio…
de júbilos ciertos
e inciertos,
porque somos
una estirpe que no niega,
como se moldea
y cuece esta tierra,
para que el cántaro
permanezca.

390 Nazly Mulford roMaNos
Nada me incita
a inventarte
porque a veces
el sueño se agota
y olvido
la elemental fórmula:
Cerrar los ojos
con fe ciega
de infancia.

Noctívaga

Ancha vida…
Tuve nostalgia
de su cuerpo,
de recoger
su suspiro
debajo de
la sábana;
de palpar
con el cielo
de mi tacto
la boca que ríe,
y escudriñar
sus gestos
de impaciente
que sueña
otras vidas.

Como llama que se eleva 391
Alfa Centauri

Qué goce
no pender
de tu
extremo
cielo
ni
de tu
extremo
infierno.

Todas las noches

Todas las noches
que trastabillé canciones
con “saudade de vôcé”,
se las conté al silencio.
Créeme,
ruborizado por nuestro
inventario de historias,
exhumó franjas de instantes
que sólo él y el tiempo,
recobran atardecidos.

392 Nazly Mulford roMaNos
Mi nostalgia de ti es exacta
Vuelve a menudo y tómame,
sensación amada, vuelve y tómame,
cuando despierta del cuerpo la memoria
y un ansia antigua por la sangre pasa.
Cavafis
Mi nostalgia de ti
es exacta.
No sólo porque
a veces recorre
la huella indeleble
de tu risa;
sino porque acude
puntual a la memoria
tu verbo apresurado,
el diseño legítimo de tus dudas
el filo ardiente
de tu filosofía.
Pero cuando más intuyo
su medida,
es cuando la piel
se me vuelve cantarina
y se despiertan los besos,
un murmullo detenido en el tiempo,
un gesto alucinado en las noches,
entonces mi propia voz me inunda.
Mi nostalgia de ti, es exacta.

Milenario

Milenario
es uno
solo
el grito
de las
mujeres
sin voz.

Como llama que se eleva 393
Ser y no ser
El camino del no ser lleva a contemplar
la maravillosa esencia del ser
Lao-Tse
Estrafalaria
es la tarea
de
hurgarme
toda
sin
dejar escombros
en el resquicio
de las
sombras.
Sumida en la
oscuridad,
descubro
la claridad que
me contiene.

Aquella muchacha

¿Cuándo pondrá
los pies sobre la tierra
aquella muchacha
osada como Ate
descrita por Homero?

394 Nazly Mulford roMaNos
Verónica, qué manera la tuya

A Yaneth

Sin la mujer salvaje,
nos morimos nosotras
Clarissa Pinkola

Verónica,
hoy recorrí todos tus caminos,
y me fui contigo en bicicleta
a cantar en el Neusa.

Te vi teniéndote a ti misma,
en la gran casa de tu cuerpo.
De repente te brotaron alas,
un corazón de niña desafía
a una mujer que se pertenece.

Qué manera la tuya
de explorar el mundo
sin jamás huir de ti,
qué sabios espacios los de tus entrañas
parir mujeres de luna y hombres de sol,
vagar por los montes, inventar sopas,
juntarte con los perros,
y cerrar los ojos de los muertos.

Verónica, qué manera la tuya
invadir tu ausencia como una plaza
agolpada de sueños que no duermen,
de palabras que resbalan por los techos,
de dormir todo tu dolor
en el azul impreciso de la noche.

Como llama que se eleva 395
De Epístola del amor y sus variantes (2014)

A pesar de ser tierra

A pesar de ser tierra
no habías amasado
el barro ablandado
por la lluvia.

Nunca antes las luciérnagas
a tropel habían golpeado
nuestros pechos
y los muros
justo antes de sucumbir
en la boca oscura de
la misma noche.

No sabíamos aún
los acertijos del tiempo
ni comprendido
el lenguaje
del milagro cotidiano
que en realidad
sólo se siente en el
momento mismo
que acontece.

Edith

Antes de mirar hacia atrás,
Edith, la mujer de Lot,
quiso contemplar
su salvación:
Sodoma.

396 Nazly Mulford roMaNos
En el desierto de la Alta Guajira

En el desierto de la Alta Guajira
se quedaron tus ojos.

En ellos quise navegar
y fue en vano.
He ido
algunas veces a buscarlos
creyéndolos anclados;
No hay señal de tu pupila,
ni velero alguno amarrado
en la arena tibia de las dunas
de Taroa.
Sólo el viento canta
la eterna canción
de todas la huidas.

Navegué por las orillas del Cabo,
en el tiempo preciso de las cometas,
tu nombre como la sed
se deshizo en mis labios,
y quise llegar a cualquier puerto.
En el trémulo ocaso de mis pervigilios,
supe de nuevo
las tormentas no duran para siempre.

De vuelta a la Soledad

De vuelta a la soledad
reconozco la sombra
que me aguarda.

Intuyo que me necesita.
No sé si ella o yo,
quiere mirarse

Como llama que se eleva 397
en el oscuro espejo de la noche
y nutrir uno a uno,
el olvido de todos los amores;
o si por lo contrario
al igual que yo,
ella respira
un aroma envolvente
que trae la levedad de la tarde
y nos sumerge en goces vividos.

Nunca te dije
cuántas lunas pasaron
antes de que tu sombra
abandonara
el lado izquierdo de mi cama.
Tibia y acomodada sobre
el cobertor morado
ella sostuvo tu ausencia
y se fue distinto a ti…
que no supiste irte.

De vuelta a la soledad,
no queda otro camino
que recorrer tu propia mismidad,
palparla
con tu rostro lavado;
no habrá testigos
para las
felices coincidencias descubiertas,
ni tampoco para el estupor
de cada lunes.

De vuelta a la soledad,
reconozco la sombra
que me aguarda.

398 Nazly Mulford roMaNos
Anduvimos en el camino

Anduvimos en el
camino funesto
de la muerte,
en el largo atajo de
las despedidas,
en cuyos bordes
la ausencia y su eco
se visten para siempre.
Sólo el amor
alivia
bálsamo ungido,
sólo el amor
calma
la inexplicable
cicatriz de la noche.

Hay momentos perfectos

Qué importan los aullidos de las nimiedades
Alejandra Pizarnik

Hay momentos perfectos
en la vida simple.
La noche casi azul,
música de viento,
la voz de Aly Roby
cantando en francés,
“amour, bonheur et toi”
y yo ebria de ti,
yo, la que te amaba.

Como llama que se eleva 399
Tenía aire de Latina

Tenía aire de latina.
Pestañeaba como la reina
del país llamado fantasía.
Tenía ojos hundidos,
boca de fruta
y sobre todo,
tenía miedo del ruido,
de la prisa de los otros.
750 voltios de tristeza
en el metro de Montréal.

Quería su voz

Quería su voz
cantando a cántaros
como aguacero de
diciembre.
Y su tristeza
sin morada
como pueblo
al mediodía.
Y su zurear
de paloma,
su voz transparente
al filo de la tarde.

400 Nazly Mulford roMaNos
Poemas sin publicar

Inventariumpax

De tanto camino de dolor
nos queda por inventariar
la herida que se espanta
a sí misma;
espejo lacerado,
cadáver semilla,
tanta sinrazón
en todas partes.
De todo lo que queda,
de lo andado,
de lo vivido,
del trasegar
día y noche
de todos los tiempos;
surge de la nada
del revés y del límite
un susurro devuelto
de fuente primigenia
luz del alba…
envolvente.
No es esquiva la alegría,
si la paz desde los huesos
hasta el corazón nos colma.

El Ojo de Agua

En el ojo
de agua
se asoma
azul
y profundo
el gran océano.

Como llama que se eleva 401
Se me antoja

Se me antoja
que nos bebamos el mar
y la sal nos cueza
la piel de memoria traslúcida.

Estará limpia la casa
para cuando llegues,
me entregues tus sueños.
Se me antoja quererte.

El último Latido
A Ruthis

Pero existen gatos que no son gatos.
Que los hay los hay.
Dario Jaramillo

Mi mano sostuvo
el último latido,
del corazón de la bestia.

Aún siento sus pasos
de algodón y garra,
como si viniera a recorrer
su tibio territorio de pájaros,
sus nidos de salamandras,
su cama mullida de huellas.

Mi mano sostuvo
el último latido
de su corazón;
y su acecho
de caza
se quedó
en el mío.

402 Nazly Mulford roMaNos
Virginia

Soy la espuma que avanza
y cubre de blanco el borde superior de las rocas,
soy también una muchacha, aquí, en esta habitación.
Virginia Woolf, Las Olas

La muchacha que he sido
estuvo contigo
presintiendo
el tibio sigilo
de la palabra
en la hoja de papel.

Luego te he visto
con tu mirada triste
tal como apareces
en tu tradicional fotografía:
con tu cigarro lleno de cenizas
a punto de caer
mientras tu pensamiento veloz
recorre la vieja casa de Hyde Park.

Aún se respira el olor fresco del césped
en los jardines de Londres,
las máquinas de Hogart Press sin callarse
y tú en vigilia delirante,
antes de correr hacia el río
con los bolsillos de tu vestido
llenos de piedras
y tu eterna melancolía
de niña creadora.

He atesorado mi habitación propia, Virginia
donde las voces insensatas no llegan.
Conozco los caminos y también los atajos.
La muchacha que he sido,
sigue sumida en tu sueño libertario.

Como llama que se eleva 403
Si digo la casa
A mis hermanos Jose, Jairo, Adalberto y Mundi
Si digo la casa
quiero decir la nuestra,
la de azotea
de atardeceres rojos,
en cielo de jolgorio.
La de baldosas verdes
de figuras redondas,
donde quedó
por siempre
el mágico andar
de la abuela.
Si digo la casa
quiero decir
la de la esquina,
en la calle de los turcos
donde tantas veces
nos soñamos otros
en juegos y odiseas.

Si digo la casa
quiero decir la nuestra,
con su radiola Philips
y su sala dispuesta
al gozo
de danzantes.
La de mesa grande,
con pródigas viandas
y aromas despiertos.
La de árbol escalera
y fervor de río
en los patios.
Algarabía tibia
de la memoria
guardada
en el corazón.
Si digo la casa
quiero decir la nuestra.

404 Nazly Mulford roMaNos
nora Carbonell muñoz
Barranquilla (1953)

Fotografía por David Britton
³ ³ ³

Licenciada en Filología e Idiomas (Universidad del Atlántico). Especialista en
Pedagogía de la Lengua Escrita (Universidad Santo Tomás). Estudió como
becaria de la AECI en Taller Internacional de Formación de Docentes en Madrid,
España. Durante 5 años dirigió el programa Viva la Literatura en Comfamiliar
del Atlántico y el Taller Libre de Creación Literaria.
Autora de los poemarios Voz de ausencia, Horas del asedio, Trece poemas y
medio, Del color de la errancia y El tiempo es redondo y atormenta. También
ha publicado 13 libros de literatura infantil y juvenil.
Sus textos han sido incluidos en antologías nacionales e internacionales como:
Desde el Umbral II (UPTC, Tunja), Silencio en el Jardín de la Poesía (UIS,
Bucaramanga), Cuentan, relatos de escritoras colombianas contemporáneas
(Sílaba Editores, Medellín) y la Antología del XIX Encuentro de Poesía en
Zamora, México; además en portales digitales como la revista colombiana Casa
de Asterión y la chilena Mal de ojo. Participante en Festivales Internacionales de
Poesía en Colombia, México y Cuba.
Primer premio en el 1º Concurso de Cuentos Infantiles (Comfamiliar del
Atlántico), mención de honor en 7º Concurso de Cuentos Infantiles (Comfamiliar
del Atlántico), mención de honor en el 3° Concurso de poesía Xicoalt (Salzburgo,
Austria). Primer premio en el 1° Concurso Regional de Cuento Caribe (Convocado
por el Grupo Literario El Túnel de Montería) y Primer premio en el Concurso
Poesía de los Objetos de la Casa de Poesía Silva (Bogotá, 2012).
Premio Mujer Sobresaliente del Atlántico, Área de Literatura (Asociación Día
Internacional de la Mujer, 1999).
Correo: nokar12@gmail.com

406
Tiempo redondo

Con cada nuevo resplandor
el día establece su círculo de fugas;
con sigilo se desliza
entre fatigas
y diminutas historias que defiende.
Inaccesibles, los árboles
nos miran desde su grave silencio.
Un pájaro mira a otro
y es la sombra de sí mismo.
Ese otro misterio del tiempo
que transcurre
sin detenerse a mirarnos,
inasible, nos desborda y se regresa.

Escenas
Tanta gente sola
Juan Bonilla
Cada instante nos llega
con su propio milagro.
Sobre la arena que las calcina,
las huellas de las garzas
son un mensaje cifrado.
Niños en contraluz juegan
al fin del mundo
en el centro del resplandor.
Convertido en árbol, el abuelo me habla
bajo la luz rojiza que cae de la noche.
“Tanta gente sola”, todos, todas,
vamos leyendo el texto finito,
la historia sin patria de cada quien,
llenando con verbos y negaciones
la memoria de los amados.
El universo y el tiempo, hechiceros,
son hijos del Absoluto.

Como llama que se eleva 407
Onírica

En el libro memorioso de cada quien
interpretamos los sueños,
creemos los espejismos.
Como en una habitación alucinante
desfilan textos de duda y realidad.

Ejemplo de lectura superficial:
un hombre de blanco
sostiene a una niña en sus brazos;
tiene sus mismos ojos y el lunar de la familia.
A su lado, una mujer sonríe.
Su hombre acudió a la cita
y levanta a la hija
que aún no tiene su apellido.

Lectura profunda:
la niña balbucea frases ininteligibles
de hondos presentimientos,
un fuelle de angustia apalea su pecho
y rompe el dique del llanto.
El tiempo, como una araña implacable,
tejió de prisa y tormentas
aquella escena en el parque.
Como una loca naufrago
en sus interpretaciones.

Canción

Desolada
ceremonia de la noche
canto
en el silencio
del viento
leve
que pasa.

408 Nora CarboNell Muñoz
El duende

Mi tío era muy rubio
se cambiaba el nombre
y lustraba los zapatos
para seducir a las mulatas
que le encantaban.
De su época de boxeador
le quedó la nariz chata,
y hablaba de la segunda guerra mundial
como si la hubiera vivido.
Mi tío acunaba la ingenuidad de un niño
y yo lo amaba con amor de madre.
El amanecer que murió
prestó un canto de lechuza
para anunciarme que se iba,
mas yo no quise escucharlo.
Mi negativa lo mantiene vivo
y ahora es un duende que se trepa
en el muro frágil de la memoria.

El remo en la pared del bar

El remo en la pared de un bar
extraña al agua,
la sinuosa humedad
que lamía sus hendiduras,
el chasquido abierto bajo su golpe,
la curvatura del río sobre el cauce de arena.
Una bella mujer atraviesa entre las mesas
y la levedad de su sombra toca el remo.
En su abandono,
el exiliado despierta a humanas fantasías.
Primer premio Poesía de los objetos,
Concurso Nacional de Casa de Poesía Silva, 2012

Como llama que se eleva 409
El hombre de la foto

Se llamaba Luis,
tenía cejas espesas
y unos ojos gitanos.
Lo conocí en el álbum de mi madre
cuando su historia había palidecido
entre páginas inconclusas.
Con una guitarra, caoba clásico,
tocaba canciones
en la esquina del barrio,
mientras ella lo deseaba en silencio
tras la celosía.
Luis no pudo ser mi padre,
la intemperie lo mató de frío,
pero su fotografía desde el álbum
sostiene mi mirada y sonríe
con indescifrable sentimiento.

El amante

En la novela de Marguerite Duras (…)
todos los personajes son inocentes
Rafael Conte

La niña blanca y su amante chino
buscan el placer
dentro del miedo agazapado
en su desnudez.
Un bello ojo arrugado
espía por el ojo de la cerradura,
mientras el índice
dibuja imágenes
en la transparencia
del verano.

410 Nora CarboNell Muñoz
A una mujer que ha tocado el miedo

El miedo es una suicida que toma su veneno frente a la debilidad de
su testigo, con fondo de Simone y sus amores contrariados.

Castigo planeado minuciosamente es el miedo, con el sigilo de un
reptil sube por la columna vertebral y muerde sin aviso. El miedo se
parece a la ira, soga que se anuda a tu garganta y te fija las manos a
los costados del cuerpo.

Suenan los pasos del perseguidor detrás de tu espalda; no voltees,
puede ser la muerte que ha llegado aunque la detestes, porque a ti te
gusta la vida con sus contradicciones, sus miradas torvas, sus delicias.

Vence al miedo. Disimula. Atemoriza al verdugo, sepulta el temblor y
sacude el llanto. Saca el valor de tu cartera como un arma de defensa.
No te detengas, al final del pasadizo del miedo hay una puerta.
Cuando cruces su umbral encontrarás a alguien que te espera; estarás
a salvo entre sus brazos, serás tú misma que emerges de las sombras
del peligro. Eres tú misma, no hay nadie más.

Salmo único

Señor, soy libre
y me apremias con furor;
con lúgubre ausencia
de respuestas
tus manos vuelan
en pos de las preguntas.
Ardoroso es el clima de mi corazón
al que no inmutan
los animales de la ira.
Dios de egolatría,
amargo simulador de hazañas:
no es tu cuerpo,
son los nuestros.

Como llama que se eleva 411
El percusionista

Las copas, burbujas
ceremoniales, responden
a la exquisita táctica
del percusionista
que hace saltar
la música del cristal.
La brisa tiene olor a uva
y los caminantes beben
el agridulce vino
de las despedidas.
El percusionista sonríe
sin advertir la trascendencia
de su magia,
el aura que anuncia
el advenimiento
de la patria lejana.

Movimiento de la noche

Mi vigilia despierta
los misterios de la casa.
Un jaguar en delirio
se aposenta
en el techo rayado
por las sombras,
y el movimiento de la noche
desvanece
las ocultas razones
del ensueño.
Una casa está hecha
de espacios
y fragmentos que la habitan.
No hay silencios
en el candente cielo
que brama y entra
por la madrugada.

412 Nora CarboNell Muñoz
La búsqueda

Hojas de naranja caen ante mis ojos
cuando me extravío como Dante
en el bosque de su siniestra comedia.
Busqué en el asombro de una niña
frente a la muerte de un pájaro:
su inocencia se marchó
cuando los gatos esparcieron las plumas
en el patio soleado.
Busqué en el desamparo de una anciana
cuando invocaba a sus hijos:
ya, inmateriales en el país ineludible,
no tenían bocas para besar su frente.
Los caminos perdidos
hay que buscarlos
en la arena de los relojes.

Tango breve

Del bandoneón fluían las quejas
de un tango malevo
en la Placita Cortázar
del barrio Palermo Viejo.
Pájara transeúnte
entré al olvido
como al preludio de una tormenta.
Una pena sin lágrimas
vino a vivir en mí.

Como llama que se eleva 413
Barranquilla a las seis

Ilusión de Caribe blanco azul
de Colombia tendida en el umbral
Amira De La Rosa

En la calle San Blas
sobre los altos andenes
y bajo ramas de almendros
escapan diminutas estrellas
de las manos del latonero,
y una canción deambula lujuriosa
por los bares de la treinta y siete.
Suena el ángelus
en el campanario de San José
y el cielo junta simple
los círculos que me asedian.
En esta hora de leyenda
hay otro río
que atraviesa la ciudad
con su vaho gris y cálido,
una gota de sílaba marina
que advierten todos mis sentidos,
una mano que lleva la mía
por espejismos de la infancia.
Es inevitable. En Barranquilla a la seis
convergen
la distancia que me atrae
con su bohemio sol de invierno,
la obstinación de la memoria
y los sueños que parten
hacia el último presagio.

414 Nora CarboNell Muñoz
Nerudiana

En jóvenes lecturas me rondaba
tu aliento de cíclope que todo lo percibía
con el ojo del instinto.
Tus poemas me trajeron
el árbol de las palabras, dédalo
de espejos, donde vagué sin encontrar
el sosiego a mi extrañeza.
La inutilidad de los caminos me llevó
al mapa de las decisiones
y cuando sonámbula pisé tus huellas
en “los huesos de la tierra”,
vi tu alma que atravesaba cumbres
de la nieve andina.
En Isla Negra conocí el umbral de tus
desapariciones y escuché la convocatoria
de tu voz al juntar mi oído
a las paredes de tu casa.
Entendí la resistencia de tu verbo
frente a la mesa que llegó del mar
y con la mirada ciega de la mujer de proa
lloré tus amores de paso .
Ahora, exaltado Pablo, amada por tus indicios,
he regresado al centro de mis obsesiones
con el Pacífico todo
en el diminuto prodigio de una caracola.

Como llama que se eleva 415
Lisboa

Cierro los ojos y regreso a Lisboa.
Inmóviles, los navegantes
vigilan el infinito.
En el horizonte, los mástiles
cruzan la niebla antigua del puerto
y el ferry sesga el agua dócil
de invierno.
Bajo la lluvia,
Margot se busca
en el mapa humedecido
(ella buscaba un recuerdo
que se negaba a abandonar).
Aquel desconocido,
manos fuertes, pulsera de plata,
nos lleva hasta el fado,
señor musical de la nostalgia.
En el bar, los marineros hablan
en babélico rumor
y la seducción persigue
las hambrientas soledades.
Madrugada en Lisboa.
Cómo escucho nuestras pisadas
sobre las piedras de la plaza
y la voz de Amalia Rodríguez
tan vívida, como el filo de luz
que roza mis ojos y me hace despertar.

416 Nora CarboNell Muñoz
Extravío

Sucede que me pierdo
en una antigua ciudad
a la intemperie
que alguien nos ha soñado
y en la mitad de ella
intento sobrevivir,
aferrándome
a razones tangibles
como unos ojos o una rosa,
pero me deslizo y caigo
en la única trampa
que me liberta.

El juego

De improviso,
el estruendo de la nada
hace tangibles
los árboles de niebla.
La tierra y el agua
se confunden
en la mirada del contemplador:
no hay regreso
ni señales de partida
en este juego de ardor
y soledad.

Como llama que se eleva 417
He mirado atrás

Pensar en París
entre el calor pastoso del verano
y la voz de mi madre a través del teléfono.
Escuchar el eco de mis tacones
y traer a la memoria
una aldea en mi absurda adolescencia.
Mirar el mismo atardecer,
la misma lluvia,
la misma urdimbre de monotonía.
Bailar una melodía imaginaria
entre miradas cándidas,
con la saliva acumulada
y tanto llanto:
la sal en el rostro me hace igual
a la mujer de Lot.
He mirado atrás.
No tengo escapatoria.

La ventana

La ventana es el ojo
de la luna
que acecha los ruidos
de la casa.
Por ella, la luna mira
a una muchacha
bajo el reflejo de su luz
en el cristal.
Hay un poblado silencio
en el verdor
de la noche.

418 Nora CarboNell Muñoz
Los extraños

En este restaurante
poblado de voces y pisadas,
un desconocido atisba
mi aire de viajante,
y a través de su húmeda ilusión
por la sopa del día
percibe que somos extranjeros
entre cotidianidades
como su soledad al acecho
y mi clandestino amor
de ausencia a cuestas.

En Granada, la luna

En Granada, la luna
enciende temprano
los naranjales de la Alhambra.
Invisible, Federico deambula
por las callejuelas de la morería,
y en las cuevas del Sacromonte
los gitanos taconean
sobre el tablao de la noche.
Nosotros, invadidos por
la embriaguez de los viajeros,
también vagamos
insomnes y delirantes
por las orillas del Darro,
ilesos caminamos
entre el fuego de las luciérnagas.

Como llama que se eleva 419
La celada
(O la seducción)

Para cazar al cazador.
Va y viene.
No hay jaque en juego limpio
ni delación
que no haya sido presentida.
Se trata de caer sin eludir
ninguno de los hilos invisibles
de la trampa.

El viaje de Cristina

Primero, Cristina se alejó de sí misma.
Con voz inaudible,
entre la distracción y la alarma,
murmuraba canciones que arrullaban
las zonas vacías de su memoria.
Para aviarse, tejía un manto invisible
como una Penélope asaltada
por oscuros pretendientes
que se fueron antes que ella
a una isla más lejana.
Yo la llamaba con palabras de dulzura
que quizá no le dije cuando aún era mi madre.
Cuando se convirtió en mi hija,
yo temía que se perdiera
en el bosque espeso de su olvido.
Después se alejó de todos
menos de mi nombre;
quizá porque fui su única osadía,
la que en vez de nietos
le regaló la incertidumbre
para conmover su ingenua santidad.

420 Nora CarboNell Muñoz
Umbral del agua

Junto al agua: luna-cristal-reflejo
surge el espejismo,
el absoluto encuentra su principio,
un gesto despeja la penumbra.
Presencias de antiguo desencanto
se develan en el umbral sagrado.
Junto al agua: brisa-círculo-destello
emerge sensual el movimiento.

Paisaje del Sinú

Otra vez febrero
y su brisa de río que abre
el desesperado cancel
de mi memoria.
Fluir del tiempo
en la sabana:
la ensoñación
-ese instante
inmortal y breve-
siega la quietud
del campo.

Una abuela pasea el tiempo
sobre la mansedumbre
de una bestia
frente al horizonte
que transcurre taciturno.

Bajo la línea indeleble
de la tarde,
miro y siento.
No hay púrpuras ni blancos
en este sol interno
que me calcina toda.

Como llama que se eleva 421
Hablando de estaciones

En la estación pendular de las indecisiones
recuerdo al sabio de una película asiática:
“Entre dos caminos, escoge siempre el
más intrincado”, pero yo elijo el más fácil;
como el árbol, sereno y misterioso,
que deja a los pájaros anidar en sus ramas
y luego marcharse por las rutas del cielo.
Como el reloj que avanza
sin llegar a ninguna parte,
mientras el tiempo despliega
su abanico de ases.
Confieso que me gusta lo difícil:
los amores inútiles,
los viajes sin brújula,
la estación de los asombros,
las distancias infranqueables;
esa mirada tuya,
asaltada por la incertidumbre.
Pero elijo lo más fácil,
esta calma sembrada de preguntas,
la paz de la contemplación,
el derrumbe elevado sobre
construcciones cotidianas.
Quizá porque la estación
de los cobardes
es la más difícil de sobrevivir.

422 Nora CarboNell Muñoz
PatriCia iriarte díaz granados
(Sincé, Sucre, 1962)

Fotografía por Carlos Londoño
³ ³ ³

Comunicadora Social de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y
Magister en Estudios del Caribe de la Universidad Nacional de Colombia. Sus
intereses la han llevado a incursionar en el periodismo, la investigación, la
museografía y la gestión cultural. En estos campos se destaca su trabajo por más
de una década con el Observatorio del Caribe Colombiano, su participación en
la fase de diseño conceptual y guiones del Museo del Caribe, la investigación y
museología de la exposición Caribe Espléndido del Museo Nacional y el guión
de la Casa Museo Gabriel García Márquez de Aracataca, junto a Alberto Abello
Vives y Ariel Castillo Mier.
Como académica dirige la cátedra de Poética latinoamericana y caribeña en el
Programa de Danza de la Universidad del Atlántico, labor que comparte con
la dirección de la Fundación IriArtes, el trabajo editorial y la participación en
espacios de investigación y creación.
Sus publicaciones en poesía incluyen: Mal de amores (1992), Territorio de delirio
(1998), Libro de viaje (2008) y Los cuartos de la casa, de próxima aparición. En
periodismo se destacan Manual para cubrir la guerra y la paz (1999) y Totó,
nuestra diva descalza (2004 y 2011), mientras que en investigación figura Los
usos del audiovisual en el Caribe colombiano (2011).
Sus poemas y trabajos periodísticos figuran en varias antologías nacionales
y en revistas literarias como Puesto de Combate, Arquitrave, Atlántica
(España), Aguaita, Semana y Latitud, entre otras. Publicaciones virtuales
y portales literarios como www.anceo.com, www.badosa.com, www.
casadeasterion.com, www.otroparamo.com, www.elcautivo.org, Efory Atocha
y Osservatorioletterario tienen publicados sus cuentos y poemas.
Correo: orianauta@gmail.com

424
De Mal de amores (1992)

Poción de amor

Agua
Sal
Besos
Almíbar
Otros besos
Cerrar los ojos
Abrir el cuarto de los vinos
Hundir los dedos
en el cajón de las especias
Aspirar
Tragarse el aroma
Apretar la mora entre los dientes
Encontrar la hierba precisa
entre tanta espesura.

Travesía

En esta orilla
se agolpan todas mis preguntas.

En la otra
aguardan las respuestas.

Mientras tanto, discurre
lento
el río de tu silencio.

Como llama que se eleva 425
Tú, invierno

Hoy el sol ocupa todo el cielo
pero tan cierto como eso
son los truenos que estallan
aquí adentro.

Las gotas caen sobre mí
como plomadas
mientras otros celebran
la fuerza inusitada del verano.

Afuera las calles relucen como nunca
pero aquí adentro yo esquivo lodazales.

Nadie sabe
cuánto pesa sobre mi ropa
este diluvio.

Tiempo de mar

Miro el reloj:
han pasado treinta años.

No espero más,
renuncio a sentir
el ardor en medio de mi pecho.

Cansada,
pongo sobre mí el mar
como una manta.

426 Patricia iriarte Díaz GranaDos
Poética

Una piedra en la luna del espejo
rompe esta noche
mi sueño ligero.

Estoy aquí, con un flanco abierto
y derrotada
porque mis armas nunca fueron
a la fragua del herrero.

Doy la batalla con lanzas de cristal.

Una piedra en la luna del espejo
rompe esta noche
mi sueño ligero.

El país del asombro

La veo dormir y no me asiste la prisa del futuro. Guardaría su sueño
el tiempo necesario para mirar cómo crecen sus cabellos o distinguir
cada latido que asome por su sienes.

La veo dormir y me pregunto si merezco cosechar tanta ternura.

La veo dormir y solo le prometo un viaje por el país del asombro. Verá
el vuelo de mantarraya sobre un cielo sumergido y la danza ingrávida
de la medusa frente a un edificio de corales. Verá que hay praderas
surcadas por criaturas invisibles y un jardín donde crecen los colores.

Sabrá que no existe en la tierra otro paraje con más trinos para
despertarse ni más ríos para mirar atardeceres ni más árboles para
colgar hamacas ni montañas más bellas para aprender de geografía
ni mejores contadores de cuentos que los hombres que habitan en
sus selvas.

La veo dormir, y le ruego defender sus sueños de los míos.

Como llama que se eleva 427
De Territorio de delirio (1998)

Denso y ácido

Es sábado
y la mañana ha logrado cuajar
un sol de mayo

Un paisaje me espera
más allá del embalse
para limpiar mis ojos

Un paisaje, pienso,
como hoja fresca de menta
para el aire denso y ácido que
la ciudad ha metido en mis pulmones

Conduzco sola por la ancha vía
De pronto
el fluido metálico y ruidoso
se hace lento se atasca se detiene

La mañana se ahoga en un cordón policial
el sol se estrella en una sábana blanca
que alcanza a duras penas
a cubrir un cuerpo

Los brazos en cruz
la espalda enfriando el pavimento
el auto manchado

la cicatriz en mis ojos
la cicatriz en mi memoria
la cicatriz
que nunca cierra.

428 Patricia iriarte Díaz GranaDos
Territorio de delirio

Madera y cristal
que te guarda
que te contiene
que te anuncia

Que me revela
dulces caminos
que me salva

Tu cuerpo
curso de agua
sobre la piel del mundo

Hoja en blanco
para mis labios

Libro abierto
región alada
territorio de delirio
vestido azul
para mi sed

Tu cuerpo,
mi secreto.

Como llama que se eleva 429
Romance de ciudad y lluvia

Ahora es la una y veinte de la tarde y llueve con ganas, como casi
nunca llueve en Bogotá. Me gustaría estar contigo, aquí o enfrente de
cualquier ventana, mirando esta persiana de agua que se descuelga
sobre la ciudad. Me gustaría mirarla abrazada a ti, para conjurar esta
nostalgia y el frío que viene con las tardes lluviosas.

Llueve con ganas, y mientras la ciudad se deja querer por el agua, yo
me muero de ganas de quererte y de cubrirte de besos húmedos. De
miles y miles de besos que caigan sobre ti, como aguacero.

Volcánica

Sé cómo sucede
La tierra que llevas dentro
se te agita
El sol aumenta el calor
de tus miradas
La luna, más discreta,
hace crecer tus aguas

Luego advierto los tambores
en tu pecho
el cálido sudor
en el centro de tus palmas
y después
un instante después
lenguas de fuego
lava candente
es todo lo que eres
es todo lo que tienes
es todo lo que quiero
y pongo mis manos
en el fuego.

430 Patricia iriarte Díaz GranaDos
Eclipse

El amor destruye lo que inventa
Vicente Quirarte

Un poco más
y todo esto habrá acabado
como un sueño
o una tragedia.

Un paso más
y el mundo se esfumará bajo
mis pies
como un mantel que se sacude.

Estoy cercana a la renuncia
y tú al abandono.
El tedio escapa silenciosamente
como un gas
y lo hará estallar todo en mil pedazos
hiriendo para siempre nuestros ojos.

Es de noche
y estamos aquí
esperando
que una flecha encendida
cruce el cielo.

Como llama que se eleva 431
Nube a tierra

Miro mi tierra allá abajo
y al verla tan verde
tan hermosa
(tan pacífica, diría cualquiera)
me pregunto cómo hace
para albergar tanta tortura

Miro mi tierra allá abajo
y celebro que tu corazón palpite
en algún lugar de su ancho cuerpo
(sé que una villa, un riachuelo
una concha de la playa
o un helecho del camino
te protegen)

Miro mi tierra allá abajo
y le pregunto
¿quién habrá de apaciguarte?

432 Patricia iriarte Díaz GranaDos
De Libro de viaje (2008)

Del viajar

El viaje comienza en el insomnio de la víspera, cuando la mente
repasa los motivos de la errancia. Sus aperos. Sus peligros.

Luego hay que vérselas con el acre sabor del abandono, percibido
en el gesto de entregar ese reducto del mundo que habíamos hecho
nuestro.

Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene el recuerdo de despojo:
el alma plasmada en las imágenes nos dice que nada nos perteneció
jamás.

Y cuando al fin sobreviene la partida, ahí vamos, viajantes solitarios:
un atado de objetos -casi siempre inútiles- y en los huesos, la fatiga.

El náufrago

Apacentar mis sueños
a la sombra de tu acacia en flor,
pastorear la bestia del deseo
hasta tu manso abrevadero,
amor

Imaginar la ruta
que elegirán tus manos
para hallarme,
escudriñar el horizonte con
la tristeza de un marino
en busca de tus ojos:
esos faros
que me lanzan su luz
como una soga al náufrago.

Como llama que se eleva 433
De lunares y de lunas

Llegué preguntando dónde estaba
la casa de los ángeles heridos
y me invitaste a entrar.
Quizá reconociste en mí a uno de ellos
o tenías tú también un ala rota.

Abordé tu cuerpo
y descubrí
la geometría celeste
que dibujan tus lunares.

Encontré en tus ojos,
escondido,
un árbol de castañas,
y reconocí en tu corazón
el mayor de los tambores
de la tribu.

Yo vengo a ti
para tocar en él y desatar la lluvia.
Para tentar
en el mapa de tus manos
a los demonios de la risa.

Aquí estoy, criatura de lunares y de lunas
tú que conoces el lenguaje de los bosques
ayúdame a leer en este rastro de hojas secas.

Ceremonia

Tú no lo sabes
Nadie lo sabe
Pero cada día
al despertar
beso la llama de tu ausencia.

434 Patricia iriarte Díaz GranaDos
Hablaremos de amor en medio de la guerra

Desde el centro de tu ciudad sitiada me contarás que oíste de nuevo
unos disparos. Como aquella noche. Como tantas. Que mañana quizá
no venga el vendedor de frutas porque hay orden de cierre en el
mercado. Aplazaré entonces la visita del sábado y hablaremos de amor
en medio de la guerra. Planearemos una emboscada a la esperanza
cuando pase corriendo por aquí y la esconderemos de sus enemigos
el tiempo que sea necesario. Porque los asesinos se persignan antes
de la masacre, como pescadores que parten hacia el mar.

Balada del destierro

Dejé mi tierra para burlar el miedo
pero el miedo se pega a mis zapatos. Como la sangre a la memoria.

Tierra y terror resultan ahora palabras hermanas.

Sangre que el sol ha secado. Ira que amarga los amaneceres.
Rabia que enturbia los ojos de mi hijo.

No fue rojo el amanecer sino la noche entera. A gritos dijeron:
marcha o muerte. Hoy en silencio marcha y muere.

Otro lugar comienza a llegar bajo mis pasos. Otro aire, sucio, y otra
tierra, gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida. La vida, que
se compra y se pierde en las esquinas.

De repente, el sueño de ciudad se convierte en pesadilla...

Porque nada soy en la tierra de otros. Solo una intrusa bajo un sucio
vestido.

Como llama que se eleva 435
Golfo del Darién

Con rumbo norte
la selva estará siempre a mi derecha
La mar, junto a mi corazón.

A ella la he visto, apacible,
lamer la arena y besar el arrecife.
La he visto teñirse el pelo con el color del río
y ponerse el traje negro para sortear la noche.

He visto el bosque nocturno cerrarse sobre mí
y rodearme con sus cantos de todo origen.
Me he sentido una hoja más, un soplo
entre sus manos.

He temblado ante su grandeza y sus criaturas.
Me he asombrado con su esplendor diurno.

He transitado ese mapa bajo un aguacero,
temiendo a la roca lisa, al lodo, a la serpiente.

Pero he visto más: he visto la triste huella
del hombre sobre la playa.
Su rastro de desperdicios, su voracidad, su indiferencia.
He oído, al atardecer, el ronquido de la motosierra,
y sentido escalofrío al imaginar su tarea.
He escuchado el testimonio de su gente
sobre lo que había, y lo que era.
Y yo, que no puedo comparar, lloro con ellos.

436 Patricia iriarte Díaz GranaDos
Fotogramas

Pasan mujeres frente a mi ventana; mujeres que decido mirar un
momento más, como una condición para continuar el día.

Mujeres que pasan por la acera de enfrente enseñándole al mundo su
andar de mujeres.

Algunos hombres entran en el cuadro que forma mi ventana, pero la
gracia, hay que decirlo, quizás no sea una virtud masculina.

Ellas saben llevar sus livianos vestidos, sus bolsos de mano, su
caminar ausente o atento o distraído. Llevan su vida, la muestran, la
ofrecen al mundo en su paso sereno, en la curva de su espalda, en el
gesto de su frente, en la distancia que pueden alcanzar con su mirada.

Observo esas mujeres, a veces; alguna que pasa, que roza mis ojos,
que me atrapa. La sigo entre las palmas y el follaje de los robles
hasta el tejado de una casa que me la arrebata. Luego se pierde en la
siguiente cuadra.

Entonces imagino su voz, le invento una historia... la abandono, me
abandona.

Regreso a mis quehaceres hasta que en la próxima mañana o en la
tarde de la espera, otra mujer pasa frente a mi ventana.

Como llama que se eleva 437
Nota desde la ciudad

Homenaje a El Transeúnte,
de Rogelio Echavarría

A las cinco y treinta, en su lisa piel de vidrio, la ciudad refleja el
incendio de la tarde. Tejas y ladrillos reflejan el sol en sus destellos, y
los cerros elevan su dorado responso.

Abajo, la muchedumbre permanece indiferente. La mirada, atenta a
los movimientos del extraño, no se eleva más allá de las luces del
semáforo.

Media hora más tarde laten con ahínco las arterias de la urbe.

La sangre fluye, penosa y agitada, a lo largo del asfalto, dentro de
los autos, bajo las pisadas de la turba que abandona su trabajo, que
asume el turno siguiente del rebusque, que sale a inventarse el pan
del otro día.

Es la hora en que la ciudad engulle y se atasca de sí misma, incapaz
ya de escupir su sangre, sus buses, su concreto, sus contribuyentes,
su miseria, su delirio de metrópoli suramericana.

Mansedumbre

Un cordel
podría atravesarme ahora
como a una barra de mantequilla.
Tan poca resistencia ofrezco al mundo
a cambio de tan poco.

438 Patricia iriarte Díaz GranaDos
De Los cuartos de la casa (inédito)

Árbol, pájaro, nido

Para Amalia y Eduardo

Esta mañana el ajetreo de los pájaros me resulta insultante. Son
casi las once y divago, me distraigo y me debato entre hacerme el
desayuno o estrenar los libros relucientes.

Qué hago aquí, me pregunto, como si tuviera una respuesta. Como
si tuviera que tener una respuesta. Son casi las once y los pájaros
parecen recién levantados. Vuelan por todas partes, diseminando
semillas y anunciando algo de lo que no nos percatamos; discutiendo,
silbando, resolviendo cosas del almuerzo, supongo. ¿No era pues, al
amanecer cuando encendían sus gargantas para después volverse
invisibles entre el rumor de la ciudad, hasta la hora del ocaso?

¿Qué hago yo aquí, ociosa, inútil y humana entre tantas aves laboriosas
que no cesan de poblar esta mañana? Por todas partes se escuchan;
por el manglar, por la playa, por la avenida; alargando el día con su
sola presencia, con el solo sonido de su palabra: pájaro, que es toda
música y libertad, libertad y desorden en las horas.

Pájaro, árbol y nido se confabulan en un himno elemental, en una
imagen esencial de la naturaleza que persiste en su quehacer, en su
milenaria colaboración para producir más árboles, más pájaros. Para
arrullar la semilla que vuela y luego se sumerge en la tierra oscura
y tiembla y se deshace en hojas que guardarán al nido y así pueda
producirse, entonces, una mañana como esta en la que no me queda
más remedio que escribir este poema.

Como llama que se eleva 439
Vuelo 7536

Las seis de la tarde en el cielo. Cuarenta personas tienen en su ventana
la imagen sobrecogedora del atardecer a 30 mil pies de altura: las
franjas de luz al horizonte, el lecho de algodones que pasa bajo la
nave ocultando por momentos el manto de la tierra; la ceremonia
cromática que crea en el firmamento el encuentro del sol y de la
noche; las señales rosa y naranja con que se despide el día. La tarde
deshaciéndose en inéditos azules.

¿Cuántos pasajeros bajarán a tierra convertidos, tocados por la luz y
la belleza?

Aéreo

Después, cuando el viaje ha quedado atrás, el sitio aparece en la
memoria como un corredor lleno de caras a quienes tu cara tampoco
dice nada. Un aeropuerto es una estación en medio de la nada, un
espacio de tiempo ocupado, casi siempre, por un afán, por una
ansiedad, por una pregunta.

Después, cuando el viaje ha quedado atrás, el puerto, aéreo se disuelve
en su propia nebulosa.

440 Patricia iriarte Díaz GranaDos
tallulah Flores Prieto
(Barranquilla, 1957)
³ ³ ³

Ha dedicado gran parte de su vida a la docencia como tallerista y profesora
de Español y Literatura en los colegios hebreos de Barranquilla y Medellín, y
catedrática del programa de Comunicación Social de la Universidad del Norte.
Fue columnista de Diario del Caribe y colaboradora de la revista Olas. En la
actualidad, es miembro del Consejo Editorial de la revista Víacuarenta de
la Biblioteca Piloto del Caribe. Sus poemas han sido antologados en
colecciones nacionales e internacionales, y traducidos al inglés, francés y
rumano.
Ha publicado los libros de poesía: Poesía para armar, Cinematográfica, Voces
del tiempo y Nombrar las voces.
Es considerada una de las voces femeninas más importantes de su región
y del país, y ha recibido reconocimientos de la Asociación de Periodistas del
Atlántico, la Universidad Simón Bolívar y la Asociación de Empresarias de
Barranquilla. Ganó el Premio de Arte y Poesía del Festival Internacional
de Poesía de Curtea de Arges, Rumania. Desde hace nueve años codirige
con el poeta Miguel Iriarte el Festival Internacional de Poesía en el Caribe,
PoeMaRío. Actualmente prepara su libro Poemas ocultos.
Correo: tallulahflores@hotmail.com

442
De Poesía para armar (1988)

Composición en blanco

Antes de cerrar los ojos,
imagino haciéndolo definitivamente.

Los colores –ya uno –
conforman los objetos.

¿Son cosas o es el tiempo
que ocupó en la imagen
la palabra por decirse?

Antes del fin
me vuelvo, me desdigo.

La mirada pretende
poseer instantes.

Sin saberlo,
atraviesa lugares
ya traducidos por otros ojos.

La mirada salta
y regresa ajena.

Como llama que se eleva 443
De la tierra

Y me agobian los días como estos:
pasos mudos
rostros con rumbos.

Las miradas:
sombras tardías
de una sombra.

La tierra ya habla a solas
y la palabra se esconde
tras los colores del pueblo.

Y seguimos callando.
Nos aleja el reposo.
Todo desciende.
¿Es la ventana o la página?
El secreto no avanza.

Andorra la vella*

La ciudad ocupa al río
que cruza la avenida
frenético
ante la presencia de los hombres
que lo observan desde el puente.

Hay un vago olor a río
en cada piedra transparente
en cada calle en cada casa
que de pronto se levanta y se repliega
fluye y se repasa
cuando el río condesciende y edifica la ciudad.

* Andorra la vieja, capital del principado de Andorra.

444 Tallulah Flores PrieTo
De Voces del tiempo (1993)

Nervios de invierno
Homenaje a George Bacovia

El cuerpo de la noche se recoge.
Lentas, bajo sombras,
las tabernas gritan.
Caigo.
Y una sola palabra sobre el aire
que es de pronto un círculo de aves
mancha mi memoria.

Bacovia, poeta:
te leí con prisa,
sin sol,
incontrolable.
Me enseñaste hace tiempo una tristeza
de carcajadas lúgubres
y una humedad que sólo hallaba
en tus siempre escasos árboles
que me advirtieron el peligro.

Pensándolo bien
desde este trópico de rones,
de mitos
y de restos de basura,
me extravié en Rumania
durante aquel invierno ajeno.

¿Cómo adivinar que más tarde
habría de confundirme contigo en el espejo?
Siglos de sol,
una línea de luz en medio de la arena.
Barranquilla enterrada en una esquina
de risas y de baile.

Nada olvidado, todo decisivo.
Así tus cuervos y tus buitres de cristal

Como llama que se eleva 445
posados por siempre en cada hoja,
en cada texto,
en cada soledad mía
una y mil veces corregida.

George Bacovia:
a mí me gustaría repetirte en este cielo,
en esta página que traza
cada fase final del optimismo,
la historia de un poeta o
el estallido de una orquesta
que resiente cada noche mis sentidos.

Carrera enloquecida
o una leve manía por la vida.

Epitafio

¿Qué clase de dios eres que no tienes medida,
ni duermes
ni abres los ojos
y trazas los pasos
y borras la huella del hombre en la tierra?

Traficante de sueños adversos,
¿quién eres?
Lectura maldita en el oído que trepas
sin tregua
haciendo posible el aullido de todos los ciegos,
los locos, los santos, los héroes
ardiendo en mitad de una hoguera.

Ritos tristes: ¡qué engaño!
El aplauso espera en un jardín terrestre ahora,
quietud furiosa en el tambor que gira
el hombre –vino- en tu palabra roja.

Dios, antiguo espejo chino.
Permítenos vengarnos, de momento.

446 Tallulah Flores PrieTo
Y no construyas, por favor,
pilares tan perfectos
sobre estas tumbas pestilentes y vacías.

Puerto Colombia

I

Se diría que no es más que el mediodía,
lo sofocante del sol o
los patios que ingenuos
se levantan de tumbas sin mármol y sin verde.

Todo allí se traga el polvo de los muertos.
Incluso el mar
visitado los domingos
cualquier día se desgarra en un volcán de luz
que grita hacia las doce
compitiendo con la risa miserable de los niños.

Ellos saben del combate con las olas,
se desmoronan en el agua,
acomodan sus huesos entre trapos
y chillan incansables hasta dejarse poseer
por los fantasmas de su pueblo.

La historia ya no cuenta para nadie.
Las horas se juntan con las horas en lo que resta de este puerto
y la música estalla incesante y se adormece
en los ojos de los peces, en los vidrios de la arena.

Más allá las redes se devuelven.
Se diría que perciben lo implacable del reposo,
el misterio más profundo de las aguas,
las trincheras en la arena.

Como llama que se eleva 447
II

Así, la mirada obedece a un sol soberbio,
a un rojo indeciso que se humilla y se pierde
sin colinas que oculten un poco su agonía.

Las aves encierran el paisaje,
dialogan en secreto, giran libres
y se apoyan locas en el aire
con un grito que resuena todavía
en cada pie descalzo,
en cada remo,
en cada red que se aproxima.

Se cubre de luna el mar en ese instante.
Los peces se rinden en el agua,
los pájaros se duermen
y los faroles incendian las ciudades
inventadas cada noche
bajo el muelle.

Un doble Olimpo, por ejemplo.
Hoy, un acto inescrutable de columnas infinitas
hacia arriba-hacia abajo
un dibujo sin alma, sin olor,
sin dioses, sin desastres.

Finalmente, el espacio. Todo.
Y yo, al borde de la noche
o en esta orilla del Caribe.

Nocturno

Cuando se imponen las sombras
y se distrae el miedo bajo la indómita hierba,
se cierra una ventana
para cada palabra que se pierde de vista
descansando solemne entre piedras.

448 Tallulah Flores PrieTo
Enmudeció la noche.
¿Qué haré si estoy viva?

Si se nombra el río

No poseo absolutamente nada
que pueda igualarse a estos hombres hermosos
que asaltan ingenuos
la lengua oxidada del agua con sus cuerpos.

Los pescadores son ríos pequeños en el río.
Geometrías tatuadas por la mugre de este siglo
que pasa y permanece en cada puerto,
en cada orilla coloreada por el agua:
un verde, un ocre, un rojo en la certeza
que sólo suelen dar las cosas vivas
y todo tan intacto.

Intacto el negro río
y el marino intacto entre mis piernas
dementes y obstinadas algas
que respiran cansadas cuando el sol se lanza en sombra
haciendo otro ejercicio del paisaje
inclinado por buques de océanos distantes.

No quiero que este río se ahogue entre sus aguas.
No quiero que pierda la memoria y se detenga en lodo.
No quiero que ceda a la pobreza
y que todo se reduzca a la antigua afición de un espectáculo:
a la imagen de algún cine recordado.

Como llama que se eleva 449
El revés de la caída

Que nunca está de más el simulacro
que supera el miedo en la mañana.

Que un solo acto
puede rescatar
toda la obra cada día.

Que no importa la memoria
si se pierde
si se sabe conjurar todo el horror
que habita en ella
y se rescatan los rasgos memorables
por sucios que estos sean.

Que la vida es solo eso:
lo infausto de la máscara,
fragmentos aprendidos a destiempo,
la caída que no enseña
entre palabras que se agotan
entre recuerdos diluidos
y entre sueños
este río eternamente desviado y desertando
o una nube que entra lentamente y nos recorre
y se deja transitar cuando traspasa la ventana
que nos llama y nos prepara para el día.

450 Tallulah Flores PrieTo
De Cinematográfica (1996)

Si es muda la muerte

Sucede que de pronto no esperamos el sueño
ni somos impacientes y ya nada nos deja.

Sucede tan solemne,
de un modo irrevocable cada buena palabra
lanzada hacia el abismo
urgida por el tiempo, hecha rueda y sustento
delante de los ojos
la luna como escudo si no invita a soñar,
el poeta es memoria cuando despierta solo,
camina y se distrae,
y se vuelve sospecha si no sabe qué piensan
vagabundas las almas con sus formas corrientes
ensayando las manos, severo en los pretextos.

Así vuelve la vista hacia el centro otra esfera,
un cielo de palabras diciéndose en el frío
y explicando su muerte.

Sucede que de pronto si añadimos las citas,
perseguimos sollozos, duplicamos ejemplos.

Sucede que quizás el horror se hace inocuo.
Si es preciso el fracaso,
las palabras se abren y él regresa a la tierra,
a su cuarto, al diván, al enigma, al tarot
que presagia
asomados al borde los amigos posibles,
intimando en la hondura y cayendo hacia adentro.

No miraste la espada, poeta.
Fue tan claro el discurso, la gloria, tu rezo.
Repetiste la escena comprendiendo la trama,

Como llama que se eleva 451
sin pensar en finales proseguiste la marcha,
desertaste acostado, intrincado en las curvas
viste el último sol y aquel valle inmortal
derribando la puerta, lo imposible fue tuyo
habituado a vivir de palabras,
entre libros, papeles fortuitos y viajes disueltos,
compuestos de gritos ahogados el río y el sueño.

Sucede que la voz es pereza.
No hay ultraje ni engaño de afuera.
Nadie sabe del muerto.
Los labios se cierran.
Nada existe. Tan sólo sucede.

452 Tallulah Flores PrieTo
De Nombrar las voces
(En proceso de edición)

Tiriel

Para Carlos, mi hermano,
quien yace aún bajo ese árbol.

Ahora tus nervios son puro vegetal, hermano mío.
como convino Da Vinci,
sabio aprendiz,
supiste tenderte sobre tu propio cuerpo
para que yo te tocara
entre los árboles y el sol,
sobre el lugar más bajo,
aquel desde donde el sol no puede ver.

Te recibí recio y duro,
acoplado a la hierba, hermano mío,
para escuchar por tus ojos
tu fuerza y tu flaqueza,
y las mías también
hasta que confirmamos juntos
que serías un árbol erguido de luz.

Si tú me reconoces, hermano mío,
serás mi mensajero, el de los hombres sin ojos
que aprovechan la noche segados por los bordes
como si fueran Tiriel:
el hombre de la espada que reinventó los mitos,
llorando el dulce sueño,
llorando el dulce sueño,
llorando el dulce sueño para saber morir.

Estoy bajo tu árbol, hermano, hermano mío,
sin pronunciar las sentencias
que creí saber de las guerras
de tanto contemplar la afrenta y la prudencia,
las horas que nos miden el énfasis del gesto,

Como llama que se eleva 453
la angustia de los hombres
que es la misma de Dios.

El júbilo que engendra toda clase de injurias,
los ángeles que arrojan señales del imperio
con sus curiosas manos como si fueran ciertas.

Si tú me reconoces, me buscarás a tientas,
que estoy bajo tu árbol para saber morir.

Aurelio Arturo

El noble Aurelio no lamentaba nada de este lado del río
donde el agua demasiado silenciosa
no dejaba escuchar el aliento de los pinos.

Pero más arriba, más allá de los sueños,
deseaba el poeta una ciudad callada de gritos y susurros
parecida a la noche de corazones cansados
en calma o en tiempo de tormenta.

Sueños de viajes desmedidos los de Aurelio,
de árboles, de agua, de estrellas y de nubes
cuando lo natural era su voz vertida toda en la tierra de nadie.

Su país se perdió y ya no canta.
Donde crecían las hojas más finas y más largas
la hierba está demasiado inclinada y un lamento se escucha
cuando el viento la acecha
él calla con los robles.

Ni una gota para beber,
ni el tic tac profundo del viejo bosque del norte,
ni el viento curvo del sur
ni la canción que murmuraban sus estrellas….

Nada queda, pero su voz de fragancias y de noche,
entre viejos fantasmas, es un país que sueña.

454 Tallulah Flores PrieTo
Octavio Paz

Mas cada vez que esta tierra se abre
y la noche nos pesa
y el día amanece dudoso y errante
titubea la memoria confusamente entonces
hacia esta página que finge con vehemencia
y escribe entrelíneas lo oído apenas a deshora.

Décadas de muerte veladas por el miedo y el deseo
en la primera ronda un poblado que desciende
sin los dones del río y sin los dones del mar
para el espíritu
perdiéndose en un nombre de país
que nos hizo hábiles en el ocio y la tristeza
en la suerte y la calma.

Petrificado pensamiento
seguimos en la primera ronda que es la última de todos
sin clamor ni desesperanza alguna.

Nada somos
si tus palabras fueron cascada de silencios
no podemos copiarte
aquí son reales los fantasmas
y las ideas nos caen
sobre cada palabra
hay un cuerpo de aire que nos mata
sin saber del alma que dura
entre las peñas y las penas de tus días.
Ya nada nos confunde.

Es verdad
la noche nos palpa y nos palpa el día
pero el día y la noche dialogan el poema con los muertos
y más allá de su orilla solo estamos nosotros

Como llama que se eleva 455
porque no hay palabras que recuerden la primera vez
ni la última de la fatalidad de las palabras
que mataron el asombro ante la muerte.

No hay hoja disponible
no hay piedra sobre la cual esculpir una frase inmortal
un territorio de insomnio es este país
sin imágenes
sin palabras
sin silencios
sin nada.

Héctor Rojas Herazo

Que no se diga nada de tu ausencia,
porque ahora tu mirada se posa sobre el mar
y tu perpetuo irte por tanto asombro y miedo
te acomodó justo en la bóveda de Dios
quizás antes de tiempo
un tanto sabio un tanto presumido
para poder pelear con él ahora que estás muerto
y no sabes dónde estás.

Que no se diga que no lo tienes todo,
porque nombraste el terreno pantanoso
que heredamos de ti en este Caribe pobre y concluido
que de tanta memoria desafiaste
afirmando tu propia eternidad en una idea de patio,
en un proyecto de luz a eso de las cinco
cuando la certidumbre de lo simple
mereció tu aprecio y tu dolor por saberte tan triste
y sabernos tan tristes en este lado del mundo.

Pero que no se diga que tampoco fue el mar
cuando el mar dirigió tu embarcación a remo
y el silencio fue más que ruido de tambores y de noche,
la voz de tus parientes y tus dulces caballos
reconstruyendo tu historia en la oscuridad del tiempo.

456 Tallulah Flores PrieTo
Tus parientes, que pusieron tus ojos en los ojos de ellos,
recogieron con cuidado los bordes de tu cuerpo,
y sin la frase acabada de las tumbas
te regalaron el sueño de tu azul salado
para que por fin vivieras una vida por fuera de la muerte.

Silvia Plath

Para recobrar el sentido, el grueso de una hoja
Para ocuparte de la luz, lo absoluto del ojo
Para acallar los rumores,
está la brisa que crece
Mientras tú casi intacta ante tu propia sombra
Permaneces tendida
Donde te yergues sola
Para ser solo voz en la hierba.

Alejandra Pizarnik

Ya nunca podrás abrazar
lo que vendrá después del final.
Otro amante mintiéndote con el anillo
en su mano derecha.
La noche y la noche
intercambiando palabras de honor.

Lo que tú necesitas te lo dará el viento:
un poco de vértigo.

Tu polvo amenazando el rigor
como una providencia para mucho tiempo.

Tu falsa inocencia, Alejandra.

Como llama que se eleva 457
De Poemas ocultos
Desaire

¿Cuál de las noches?
¿Cuál noche para explorar ese que soy cuando me acecha
/el rostro de mi mejor enemigo?
¿Cuál rostro para saber quién soy si lo que veo es su delirio?
Y entonces cierto desdén
Este desdén con que lo alcanzo le disparo
Justo
En el centro
Me hago fuego
Invierto los deseos
Lentamente
Suplanto a mi enemigo
Para salvar mi honor
Ya no me veo.

N.N.

Pero es necesario el llanto,
es necesario el llanto para ordenar el tejido de la trama
del gran lamento sin voz.

Un llanto más enorme que el insondable llanto de los desposeídos,
que el llanto terrible y moderado de las mujeres violentadas,
que el inocuo llanto de los arrepentidos y los necios,
que el llanto miedoso de los niños, de los atolondrados y los sabios,
que el llanto cansado del amor.

Por el pasado infructuoso que nos tocó,
por el futuro infructuoso más viejo que el ayer,

tanto ardor
tanto ardor

atravesando
invisibles
nosotros
el más antiguo miedo.

458 Tallulah Flores PrieTo
ubaldina díaz
(Sabanalarga, Atlántico, 1954)
³ ³ ³

Ha publicado en diferentes revistas y magazines del país y en algunos blogs
del exterior. Parte de su obra ha aparecido en las Antologías Diosas en Bronce,
California (USA, 1999), Mujeres Poetas del Caribe (2012), El Paraíso Recobrado,
Ediciones Zona, Poesía colombiana del siglo XX escrita por Mujeres, Tomo 2,
Apidama Ediciones, Bogotá (2014) y Puentes de Agua, Santa Marta (2016).
Participó en el equipo de trabajo que filmó el primer documental del Carnaval
de Barranquilla, El Torito nunca pierde, un video-arte sobre los miembros de
la centenaria Danza del Congo El Torito, en el marco de los convenios entre el
Canal Telecaribe y el Ministerio de Cultura Aluna-Caribe en 1.990.
Correo: uba.diaz@gmail.com

460
Armando encuentros

Luzco apacible, paciente y como una gota de rocío
plena y sencilla
Estreno espacios en el campo de la vida
Madrugo para oír el murmullo de las nebulosas
los sonidos impares de la placenta cósmica
Amarillo percibo el espacio donde fluyen las luces del día
allí cargadas de notas y perfumes

Busco la línea movediza de los caminos sinuosos del deseo
y empiezo desvelando los secretos del espejo,
y la densa calma del reflejo
me lleva al mundo de Alicia transportada
entre esencias de canela y sándalo
¿Cómo así que el mundo se disuelva
entre aspiraciones olfativas?
Cada vez el aliento es más pesado
y los golpes en el pecho resuenan cual tambor alegre
pero aún no veo dibujada la fronda
ni el perfil del espejismo del oasis
ni la nave absurda y silenciosa
que me indique me confirme
que estoy del otro lado del espejo.

De regreso

Disuelvo las blancas rocas
en un cauce helado, retumbante
Amanso la corriente y vengo
de vuelta al mundo citadino
con la música en el alma.

Como llama que se eleva 461
Qué bonito sería

Encontrarte en un parque leyendo
ensimismada
los últimos debates sobre género
o verte hacendosa preparando tetero a tu nieto.

Escucharte al menos
a través de una línea telefónica
concertando cosas, fraguando los encuentros
o tal vez amando a hurtadillas,
volver a tantas cosas ya por ti vividas.

Amiga de los eternos afanes,
faro de luna en las noches aciagas,
espíritu andariego, irredento,
qué bonito sería
explotar la puerta del tiempo.

462 Ubaldina díaz
Aquiles

Cuando el espléndido regresa del fragor de la batalla
con los ardores del coraje brotando
como chispas estelares,
tiendo sobre la hierba húmeda mis mejores mantas,
enciendo con sándalo y canela
los pebeteros de mi furia sostenida.

Soy la diosa del retorno.
Su cuerpo exige ser ungido con aceites.
Mis manos son ojos, boca y oídos.
Escucho rumores de un cuerpo
que habla con el lecho de hierbas.
Aspiro los humores escondidos
al tacto de sudores y savia delirante.
Y luego sucede: el roce de las manos untadas
anima al molusco guardado en mi boca,
lánguida larva posesiva
entre los pliegues de la piel y los recuerdos.

Cuando el espléndido regresa del fragor de la batalla
la noche con sus arrullos apacienta los suspiros,
espacios de luna entretejidos en la bruma de los cuerpos.
Su nombre es Aquiles,
parido de diosa y mortal.
Al conjuro de su voz que apremia mi deseo
despierta el furor dormido
que guardo desde siempre en mis entrañas.

Como llama que se eleva 463
Sentires

He mirado en la zaga de la calle
colillas, desechables, envolturas,
la sucia acera pálida y fría,
el acre olor de orines de otros días,
el amarillo limón de los rincones,
el aliento agrio de las sombras,
luces de insomnio nublan la esperanza.

Fardos, suelas raídas, abrigos de otros años,
la miseria es más miseria entre el frío
aunque no haya moscas ni hormiguitas
caminando por la piel erizada.
El frío es el dominio de la Parca insomne.

He mirado los cerros vigilantes, guardias,
las casitas desparramadas por sus faldas,
el moreno color de la niebla ácida,
la prisa sin fin de los transeúntes,
el negro espejo de la calzada que nada dice,
de la sangre los cuchillos la embestida
en las noches de lluvia cantarina.

464 Ubaldina díaz
Qué puedo desear

Qué puedo desear
si no hay espacios para el deseo
si la marca del tiempo
si el escarnio del agua
si el brillante Esculapio
me presta el gallo
para pasear por las tardes
y anegarme de razones
de improperios y bastiones.
Qué puedo esperar si la espesa
selva no permite el encuentro
de los labios, los latidos, las membranas.
Qué puedo ansiar fuera de esta calma
insomne, de las tardes apacibles,
los eternos desengaños,
el ratón que huye
cuando entro a la cocina,
el megáfono de la yuca y la papaya
a la hora del crepúsculo,
el sonsonete de mi vecina
peleando a los sobrinos,
el amago de una meta
desdibujada en el tiempo,
susurro de la noche indolente,
mentira de la risa,
fantasma de mí misma
merodeando en las esquinas.

Como llama que se eleva 465
Violeta

Que nazcan niñas en los hospitales
es cuestión casi ordinaria
Que nazcan en veredas y caseríos
a lo largo de mi tierra,
un reto al siglo XXI

Una violeta en el pecho
que echa raíces de caucho,
eso ocurre cada vez que el Halley
se aproxima.

Aquí la tengo enraizada
en el tuétano de los huesos
entre paredes del corazón
del hígado y del cerebro

Una violeta alta y segura
plena de dones rica en talentos
La musa de mis sueños enquistados
El sol de mediodía que alumbra
Un estío intenso como su canto

466 Ubaldina díaz
Y entonces

Y entonces, se fue al destierro
agarrada de la mano de un recuerdo
mascullando en las auroras
maldiciendo en las burdas trampas
de aquellas pestilentes mañanas

Ubicó el espacio más soleado
suplicó por un trozo de cincel
dibujó el arpa clara de sus manos
y de cuando en cuando rasgó una cuerda
para acompañar el quejido
de una gata en celo.
Cuando ya su espacio reinó
era un vulgar rincón
del pensamiento.
Descansa, toma de nuevo el aire
alivia el amargo de la garganta
respira profundo, respira
y marca el compás de los diluvios

Ya vendrá otra resaca:
Un turbión de ensueños inquietantes
antes que la parca fría devore
los huesos los sueños los amores.

Como llama que se eleva 467
Ars erótica

Lo digo:
nada es la incierta oquedad
de los ansiosos cuerpos
sin la mirada.

Como Midas,
lo que toco
convierto en pulpa
acezante y temblorosa.
Torno húmedas las gargantas.

Hago de la sangre un río tumultuoso
a cuyo paso brotan los espíritus del aire.
Hago un puente entre los jugos de la tierra
y los néctares del Olimpo.
Soy la semilla alimentada
por lluvias y minerales.

Puedo vivir un éxtasis
en la contemplación de la hojarasca
y el aroma de ramas recién cortadas
o de una camada de gatos amorosos
lamiendo ciegos sus cuerpos sin distingo.

La danza paciente de las abejas
halla eco en las urgencias del momento.

Mi cuerpo escucha, palpa, ve y huele
con creciente arrobo
el horizonte extenso donde la naturaleza
recrea su profunda vocación de amor.

468 Ubaldina díaz
Nunca supe primera persona en singular

Solo puedo conjugarme en plural
No sé hablar del amor de parejas
Desde la orilla del sentimiento
vivo en penumbra desde siempre

Mirando a hurtadillas
Recogiendo dolores
en clave cósmica
Coleccionando presentimientos
que dejan por ahí tirados
que olvidan siempre olvidan
Pero yo nunca puedo
Así vivo

Desde Turbo a Sarajevo

Desde Turbo a Sarajevo
pasando por Mururoa
algo tienen en común
el monte y la ola:

la convicción suicida
de quien abre la llave del gas
que lo envuelve y se lo lleva.

Como llama que se eleva 469
Es evidente

Lo correcto es atenuar el paso
cortar el cabello como duelo
blandir las armas cosméticas
salir espada en mano
a minar resistencias y azares

Se espera un fugaz relampagueo
de una música romántica
y el paseo sempiterno de las tardes
la visita al salón cada ocho días
el glamour la pedicure el hombrecure
la excelsa salsa en noches de llena luna

Se espera un guiño coquetón
en el saludo de siempre
acompañando el sinuoso movimiento
la espléndida felina al acecho
merodeando en torno a su trampa.

Se espera la presencia insistente
en conciertos, desfiles, glamoures
el restaurante de moda
las deudas de moda y la lencería de moda.

Se espera el avance enfilando artillerías reconocidas
pero los tiempos admiten cañones versátiles
estamos en vanguardia ante un cielo
azul repleto de cometas de colores
esgrimiendo un arsenal de sueños desbordados
sin otro polo a tierra
que la voz que nos despierta cada día.

470 Ubaldina díaz
Que no se quedara en el 2007

Hicimos toda la fuerza interna
el artilugio más exótico
de la imaginación macabra
abrimos compuertas, escupimos
golpeando furiosos los flancos del barco
que aún caliente se lo llevaba

Montamos carnaval ceremonia
increpamos porqués y cómos
que la aurora y los amigos
padecieron desde entonces

La plena incertidumbre del mañana
ganó la partida y no se pudo
deshacer el lazo férreo que anudó
la agorera mano callosa a tu garganta
enlazando el último suspiro
como enlazar un novillo
castigando el febril gesto de la ira
una huida de fluidos
que cual rosa moribunda se posó
en el pecho rugiente de la noche
aquella inmensa noche decembrina

Y luego hicimos de la memoria un diván
para apacentar los bizarros dolores
de la ausencia.

Como llama que se eleva 471
Inventario

Dispongo de una esfera temporal
que me acompaña siempre

Al amparo de miradas indiscretas
crece y se hace adulta

Prefirió la edad contemplativa
de los años verdes
a la plaga feroz de las langostas
que amenaza la calma de los treinta

Para el amor de los círculos concéntricos
dispongo de una esfera de cristal tallado.

Claros del bosque

A María Zambrano
Si toco a María
diciendo del silencio
la suprema voz,
no importan los espacios,
el sesgo profundo
de la aurora ensombrecida.
Si toco del silencio
las aristas del dolor
cierro el compás
y ante mí
ascienden
los claros del bosque
la quieta voz
palabra oculta.

472 Ubaldina díaz
Recordando a Rimbaud

Como el mismo barco ebrio
bailando entre olas
como corcho
rodeada de una babel de centauros

atardezco en la distancia
con la sola visión del silencio
que en la grupa de los días
se apodera de la sangre.

He venido poco a poco completando
entre vaivén y vaivén
el arreglo de cruces y deseos
para la fecha imprevista.

Para el escribidor

Él se fue
como un quijote de estos tiempos
cargando molinos de libros
conchas marinas estatuas de madera
y rezagos de una mar en sus bolsillos.

Vibra un silencio cual piedra
presa al fondo de la quebrada.

Sus barbas serán testigo discreto
del solemne y solaz insomnio
alimentando las dudas en las noches
en que te preguntes corazón en mano
si fuimos cansancio hierba marchita
o apenas un leve punto negro en tu retina.

Como llama que se eleva 473
Siempre

Arriamos las banderas destrozadas
los cuerpos las armas el rictus del último golpe.
Claudicamos
dejamos correr la espera a medias tintas
recorremos los espacios, traviesos duendes,
del mundo que habita tras la cortina de humo
del día a día.

Cruzamos una calle polvorienta,
estrecha conjunción de asfalto y playa,
corrimos tras la última estrella de la noche.

Y la risa desgajada tuvo su sino trágico:
Era el mundo y sus fauces afiladas,
era un dolor estremecido
el roce de una piel cálida y triste.

Saboreamos los labios de aserrín
imaginando el sin igual momento
de su roce cálido furioso atropellado.

Volutas de humo cobarde
por la ventana
de los años dorados.

474 Ubaldina díaz
Borgiana

Al ciego universal

Más tarde el sentimiento entró
en crescendo por las abierta dianas
cantos helados sin pasado fueron vertiendo
arreboles de cristal
La luna solo un accidente estrellas a granel
en tus zapatos

Lágrimas las naves del recuerdo
marimbas los ecos de los cantos gregorianos
Avanzas a pasos de cometa mientras
se mueve entre las sombras un arrabal de formas
Estiras ambos brazos se pierde la distancia
el yo en el tú se desdibuja
y un señuelo sumergido al impreciso brote de siluetas
te ha traído la entraña enternecida
la carne abierta burbujeante
cayendo al borde de un tango
sublimado por magia y sangre de poeta

Te vi meditar sujeto a las reglas del discurso
deambulando entre calles playas y esquinas de tiempo
cazando mariposas en cada vuelta de mirada
buscar recursos postreros escudriñando el pasado
y encontrarte en el camino con que Ariadna
sabía mucho de hilos y minotauros
y que los relojes de arena son incautos sin tu verso

Supe de tu espera estremecida entonces
del hombre en el espejo y los tigres clandestinos
… aún sigo al galo ciego por su amor de Prometeo
y alivia saber que su carga ya no vencerá la espalda
pues otro ya le acompaña en la guarda del secreto
sobre el alba y la costumbre
la alquimia y el holocausto.

Como llama que se eleva 475
8 de marzo

Qué me importan los fusiles,
escúchame;
Escúchame ¿qué impórtanme,
si la bala circula ya en el rango de mi firma?
¿Qué te importan a ti las balas
si el fusil está humeando ya en tu olor?
Hoy mismo pesaremos
en los brazos de un ciego nuestra estrella
y, una vez que me cantes, lloraremos.
César Vallejo

Heme aquí danzando al impulso siniestro
de las horas
entre grafías y caminos de montañas
rescatando ensueños en vigilia
pies dormidos, manos en suspenso
y un cepo aprisionando luces tercas
Aquí estoy alerta a aquel indicio
las cuerdas como nervios de guitarra
y un anhelo hecho nudo mudo entre las vísceras
Vuelvo de una roma calcinada
recogiendo aromas y desechos de nostalgias
las sienes rotas el corazón dormido
debajo de un vestido de añoranzas
Vuelvo al afán de ser sintiendo
la caricia del aire enrarecido
Vuelvo del sendero
a medias sin calzado
musitando
la canción del ser
que se hace siendo

476 Ubaldina díaz
Contenido

Presentación 5 Leo poemas 34
Supe de ti 35
angéliCa santamaría
Escribiré en tu cuerpo 36
Reloj de arena 11 Pronóstico 37
Soñar en paz con la bisabuela 12 Y así 38
Verbo 13 Muñeca Rota 39
Un paseo de tarde 14 Antídoto 40
Metáfora de los días 15 A propósito de quien
La orilla 16 no podía volar… 41
Pregunta por la eterna sed 17 Estos poemas mudos 42
Entre mares 18 Besaré 42
Piedras húmedas 19 Solo tú 43
Son otras 20 Estoy en el mundo 44
Conjuro del albur 21 24 44
Metáforas del regreso 22
annabell manjarrés Freyle
Las criaturas de Prometeo 23
Liturgia de la sal 24 Una soledad anfibia 47
La Sierra 25 Una desempleada 48
Un día 26 Ciudad del tiempo perdido 49
He perdido las palabras… 50
anna FranCisCa rodas iglesias
El canto del Minotauro 51
La palabra que me nombra 29 Estoy siendo nocturna en
Hacia ti 30 lugares soleados 52
Ante el espejo 31 Ya no me leo el tarot 53
Podrás decir 32 Premonición 54
Todo está escrito en mí 33 Caballero de espadas 55

479
Manjarrés 56 Dicen de Borges 96
Selva y origen 57 No habrá cuerpos 97
Mi voz en un laberinto 58 Incertidumbre 98
Dislexia 59 Karma 98
Poemas en el final de los tiempos 60
Carmen Peña visbal
Oración para superar a Eva 61
Homo 101
beatriz vanegas athías Vencidos 101
Consejos del fracasado 65 Dite 102
El canto triste del carrao 66 Detente 103
Todo lo que quiero es Las tumbas 103
un balcón propio 67 ¿Quién? 104
Consuelo 68 Vallenato para tu piel 105
Rastro de Adela 68 Nadie danza 106
La herida de la hiena 69 Esencial 106
Saga de los desterrados 71 Insalvable 107
El gran amor en vilo 72 Comprensión 107
Crónica del dolor 76 Cansancio 108
Crónica del patio 78 Signo de los tiempos 109
Variaciones sobre la mesa 79 Lo cierto 110
Hora sublime 111
betty brunal
Antes, amor... 112
Nostalgia de tu boca cerrada 83 Para amarte 113
Des Concierto 84 Eterno 114
Anónimo 85 Te querré 114
Samsara 86 No 115
Acto único 87 Lejos 115
Antes de que el grito me alcance 88 Si… 115
Del cuyanacentrismo 89 Renuncio 116
Tántalo 90
dina luz Pardo olaya
Cotidiana 91
Ante la luz de las ventanas 92 La receta de hoy 119
El gran vals 93 Antojos 120
Ese río se derrama lento 94 Tus besos 121
Celebrando la llegada de nadie 95 Pan y Vino a lo eterno 122

480
Raíces 123 En tu nombre guardabas 144
Reverberación 124 De la tristeza algo nos queda 145
Lloro por los que maúllan a la Alejandra Pizarnik 145
sombra de los que viven Virginia Woolf 146
de la ciudad 125
Serguei Esenin 146
La piel que mudo 126 Georg Trakl 147
Canto a la tradición de tus besos 127 Sylvia Plath 147
Polvo 128 Dylan Thomas 148
Como agua que baila El poeta 148
entre mis labios 129 Herencia 149
Cobardía 130 Te puedo llenar de rosas 149
Tiempo 131 Un poeta 150
Pazdemia 132 Te sedujo el canto de un pájaro 151
Umbral 132 Lo que ya no podré decir 152
Es el tiempo… 133
eliana díaz muñoz
Corrida la tinta,
borrar no es una opción 134 Tránsito de la tarde 155
Pronto se duerme la luz 155
ela Cuavas
Presagio 156
Alfabeto 137 Diagrama 156
Después de mí está la luz 137 Diagrama II 156
San Fernando 138 De fogatas y otras combustiones 157
Arte poética 138 Incendios 157
Poema para la madre 139 Brotes de inocencia 158
Oscuro animal 139 Desprendimientos 158
Impedida para escribir 140 Tríptico de la hermana ausente 159
ni una sola palabra de amor 140 Leo a Marina Tviestaieva
Jugar con fuego 140 en un aeropuerto 161
Con deseos de escribir 141 Martha: 162
Lumbre del deseo 141 Canción para Ana 163
Otra muerte 142 Séneca y las sentencias 164
Una palabra 143 Paisaje con escombros 165
Silencio 143 Esbozo de una Esfinge 165
El hombre es un animal Museo de historia natural 166
cansado de sus alas 144 Poemas con batallas 166

481
Libros 167 El insomnio del poeta 182
El bello texto 167 Señora noche 183
Jugar en el anticuario 167 Conversación con el abuelo 183
Cartografía de la culpa 168 Hay un hombre gozoso
Poema reiterativo 168 y moribundo en mi silencio 184
Lección de albañilería 169 Este hombre me conmueve 184
Plegaria 169 Carta al alba 186
Atesora tu sombra 170 Como pan, como sacrificio 187
Tratado del tiempo y la caída 170 El poder que más deseo 187
Soledad de las ventanas 188
hortensia naizara rodríguez
Voy hacia dentro de mí 188
Esta noche se han marchado
mis poemas 173 irina henríquez
He vuelto a navegar Vértigo de la tarde 191
sobre las mismas palabras 173
La negación de la locura 192
Índice del poema 174
“En extrañas cosas moro” 193
Poema para convocar Confines de la noche 194
el misterio de las palabras 174
Pájaro 194
Las palabras vienen del agua
y se miran en el espejo del agua 175 Para beber no 195
Gratitud bajo los árboles La preponderancia de lo pequeño 196
de mango 176 Una terrible claridad 197
La música que haces para mí La inocencia de los mundanos 198
es un escándalo sensual 177 El ave de los sueños 198
Una diminuta marca en el Pequeños animales muertos 199
universo interior de mis aguas 178
Luna en junio 200
Se me antoja que la luz
Noche sin luna 200
de mis manos llegue a ti 178
No hay quien venga
Poesía 179
en mi auxilio en esta noche 201
El poeta es el que espera 179
A riesgo de caer 202
Poema de mi hijo 180
No me ha sido dado comprender 203
Una señora bien puesta
Tardío y turbio 203
se viene encima de mí 180
Hallazgo 204
¿Dónde podría residir
la belleza de un poema? 181 Treinta de marzo 205
Tengo el corazón desordenado 181 Ahora ocurre del día 206

482
ivethe roCío noriega herazo Poemas dispersos 230
I 230
Recién mojado 209
II 230
En la danza de la luna 209
III 230
Solo soy 210
IV 231
En el exilio del ala 210 V 231
Rihad 211 VI 231
Evas 212 VII 232
Al leer este libro que no he escrito 213 VIII 232
Me sueño ayer de nido 213 IX 232
Abre la flor 214 X 233
Antropófaga 214 XI 233
XII 234
Vendedoras de Frutas 215
XIII 234
En el silencio de las amapolas 216
Oficios inéditos 217 I 235
De la escriba (nostalgias) 218 II 235
Llegas por segundos 218 III 235
Viaje en el umbral de la memoria 219 IV 236
V 236
Anita 220
VI 237
Perdidas en el tiempo 220
VII 238
En-marejada 222
VIII 238
Las hojas 223
IX 239
¿Y ahora qué? 223
X 239
Ágora 224
XI 240
Kenia martínez GóMez XII 240
XIII 240
Miedos 227
XIV 241
I 227
XV 241
III 227
XVI 242
IV 227
V 228 XVII 242
VI 228
lauren mendinueta
VII 228
VIII 229 Así pasan los años 245
IX 229 Bogotá, después de
X 229 una visita a Helena Iriarte 245

483
Muerte civil de la poeta 246 Huamán por los caminos 273
Deseo de nada 246 del Alto Valle del Sol (1525) 273
Mayéutica 247 Todos los amantes
Reloj sin manecillas 247 niegan a Platón 274
Del tiempo, un paso 248 Balada para los ociosos 274
Olvido de mí 248 de las cuatro esquinas
que miran a Colón 274
Los gritos adultos 249
Fotoroust 275
El jardín como destino 250
Invitación para Whitney Houston 275
Una visita al museo
de ciencias naturales 251 De aquellas sombras 276
Los circos de pueblo 252 Este Manuel que se yergue 277
Hay solo un tiempo 253 Para volver a Scheherazada 278
Lo que en verdad me pesa 254 Petra 278
Para mi abuelo Antonio, margarita esCobar de andreis
veintitrés años después (2011) 256
La libertad después 257 Sin salida 281
No habrá sido por miedo Al cuerpo 282
a la tempestad 258 A la deriva 282
Querido Oscar, he aquí El cuerpo 283
el verdadero enamorado 259 Rescate 283
Contigo yo conocí 260 Hacia la niñez perdida 284
Soledad desnuda 284
lya sierra
Volver al poema 285
Silvia Castro habla de su Joaquín 263 Un regalo del mundo 285
Onírico 265 Necesito una voz 286
Al olmo de Guizors 265 Atada a una sombra 286
Un brindis triste Atardecer 287
por la medialuna 266 Ciudad de la palabra 287
Ocurre que me pierdo 267 Huéspedes del tiempo 288
Adivina adivinador 267 Silencio dormido 288
De vez en cuando 268 A la orilla de un poema 289
Del presente que no es efímero 269 Fugaz 289
Cuando a veces la primera Preguntas al viento 290
encrucijada 270 Días de guerra 290
Amantes del siglo pasado 271 Voces ausentes 291
Oda para nombrar a Palestina 272 Contrariar al tiempo 291

484
Un grito en la madrugada 292 Huella de la Madre 319
Dolor de música 292 Trama 320
Camino de regreso 293 Cauce 320
El olvido donde nací 293 Bienaventuranzas 320
Partir 294 La Ola 321
Dos guerras 294 Casa en el Silencio 321
Palabras calladas 294 Llama 321
En el umbral de la memoria 295 Plegaria 322
Sin historia 295 Vía 322
Exilio 296 Travesía 322
La guardiana del silencio 296 Crisálida 323
El amanecer 296 Agonía 323
Soliloquio 323
margarita galindo steFFens Iniciación 324
Tu voz 299 Silencio 324
Bajo la lluvia 300 Funámbula 324
Trae hojas de luna 301 Hendidura 324
En tu caña de lluvia 302 Fugacidad 325
Y bien pudiera amarte 303 Poética 325
Para entender el agua 304 Aventura 325
La luna sobre la casa 305 Ascensión 325
Con fondo de mar 306 La Desconocida 326
Signos de partida 309 Umbral 326
Breve 310 Ascesis 326
Ángeles 311 Ficciones 327
Vida 313 Umbral 327
Puñal de luz 314 Vigilia 327
Albergue 327
margarita jaCquin gutiérrez Los Adioses 328
I 317 Las Estrellas 328
II 317 Escribo 328
III 317 A la manera de un jaiku 328
IV 317 No Saber 329
V 318 Instante 329
Un camino 319 Errancia 329
Afluentes 319 Juego 329

485
Huésped 330 Paisaje del alivio 357
I 330 No puedo detenerme 358
A la manera de un jaiku 330 Mi cuerpo 359
VI 331 La otra 360
VIII 331 Grita 361
XXV 331 Animal 362
V 332 Estoy aquí 362
IX 332 Piel de ojos 362
Saber 332 Escribiré un poema 363
Ya yo morí una vez 364
maría merCedes gonzález
Rito de agua 364
Antípoda de un tiempo de espera 335 La letra entra con sangre 365
El origen 336 Laberintos 366
Noctámbula 336 Tempestad 366
Esquelas para no dimitir I 337 Los amantes 367
Esquelas para no dimitir II 337 Diálogo 368
Esquelas para no dimitir III 338 Sentires 368
Poeta abisal 339
monique FaCuseh
Anamorfosis bajo la lluvia 341
Pompas de jabón para Yarima 341 Ciudad al fondo 371
Ficciones del vagabundo 343 La anémona 371
En el filo de las palabras 344 El extranjero 372
Itinerario del olvido 345 La noche… 372
Caos 346 Adagio 373
Imágenes 347 Lento 373
La pared 347 Crescendo 374
Irredención 348 Enérgico 375
Retrospectiva 348 VI 376
Espuma de agua 349 VI 377
XVII 377
maría teresa esCobar de andreis
XVIII 378
Convida la palabra 353 XIX 378
Duermo y despierto 354 XXVI 379
Los sentidos 355 XXXIII 379
Anatema 356 XXXVI 380

486
XL 380 Se me antoja 402
IV 381 El último Latido 402
V 381 Virginia 403
VI 382 Si digo la casa 404
VII 382
nora Carbonell muñoz
XI 383
XIV 383 Tiempo redondo 407
XV 384 Escenas 407
XVII 385 Onírica 408
XXII 386 Canción 408

XXIV 386 El duende 409
El remo en la pared del bar 409
nazly mulFord romanos El hombre de la foto 410
Frente al espejo 389 El amante 410
Porque somos así 390 A una mujer que
ha tocado el miedo 411
Nada me incita 391
Salmo único 411
Noctívaga 391
El percusionista 412
Alfa Centauri 392
Movimiento de la noche 412
Todas las noches 392
La búsqueda 413
Mi nostalgia de ti es exacta 393
Tango breve 413
Milenario 393
Barranquilla a las seis 414
Ser y no ser 394
Nerudiana 415
Aquella muchacha 394
Lisboa 416
Verónica, qué manera la tuya 395
Extravío 417
A pesar de ser tierra 396 El juego 417
Edith 396 He mirado atrás 418
En el desierto de la Alta Guajira 397 La ventana 418
De vuelta a la Soledad 397 Los extraños 419
Anduvimos en el camino 399 En Granada, la luna 419
Hay momentos perfectos 399 La celada 420
Tenía aire de Latina 400 El viaje de Cristina 420
Quería su voz 400 Umbral del agua 421
Inventariumpax 401 Paisaje del Sinú 421
El Ojo de Agua 401 Hablando de estaciones 422

487
PatriCia iriarte díaz granados Nocturno 448
Si se nombra el río 449
Poción de amor 425
El revés de la caída 450
Travesía 425
Tú, invierno 426 Si es muda la muerte 451

Tiempo de mar 426 Tiriel 453
Poética 427 Aurelio Arturo 454
El país del asombro 427 Octavio Paz 455
Denso y ácido 428 Héctor Rojas Herazo 456
Territorio de delirio 429 Silvia Plath 457
Romance de ciudad y lluvia 430 Alejandra Pizarnik 457
Volcánica 430 Desaire 458
Eclipse 431 N.N. 458
Nube a tierra 432 ubaldina díaz
Del viajar 433
El náufrago 433 Armando encuentros 461
De lunares y de lunas 434 De regreso 461
Ceremonia 434 Qué bonito sería 462
Aquiles 463
Hablaremos de amor
en medio de la guerra 435 Sentires 464
Balada del destierro 435 Qué puedo desear 465
Golfo del Darién 436 Violeta 466
Fotogramas 437 Y entonces 467
Nota desde la ciudad 438 Ars erótica 468
Mansedumbre 438 Nunca supe primera
Árbol, pájaro, nido 439 persona en singular 469
Vuelo 7536 440 Desde Turbo a Sarajevo 469
Aéreo 440 Es evidente 470
Que no se quedara en el 2007 471
tallulah Flores Prieto Inventario 472
Composición en blanco 443 Claros del bosque 472
De la tierra 444 Recordando a Rimbaud 473
Andorra la vella 444 Para el escribidor 473
Nervios de invierno 445 Siempre 474
Epitafio 446 Borgiana 475
Puerto Colombia 447 8 de marzo 476

488
Este libro se
terminó de imprimir en
el mes de marzo de 2017, en
los talleres de Gente Nueva Editorial,
en el barrio Teusaquillo, de Bogotá, como
homenaje a la poeta Olga Chams Eljach,
quien partió al reino de la Poesía
en el mes de marzo de 2009.
Ella sabe que la seguimos
extrañando.
Angélica Santamaría Anna Francisca Rodas
Annabell Manjarrés Beatriz Vanegas Athías
Betty Brunal Carmen Peña Visbal Dina
Luz Pardo Ela Cuavas Eliana Díaz Hortensia
Naizara Rodríguez Irina Henríquez Ivethe
Noriega Herazo Kenia Martínez Lauren
Mendinueta Lya Sierra Margarita Escobar

-AntologíademujerespoetasdelCaribecolombiano-
De Andreis Margarita Galindo Steffens

Comollamaqueseeleva
Margarita Jacquin María Mercedes González
María Teresa Escobar Monique Facuseh
Nazly Mulford Nora Carbonell Patricia
Iriarte Tallulah Flores Ubaldina Díaz Angélica
Santamaría Anna Francisca Rodas Annabell
Manjarrés Beatriz Vanegas Athías Betty Brunal
Carmen Peña Visbal Dina Luz Pardo Ela Cuavas
Eliana Díaz Hortensia Naizara Rodríguez
Irina Henríquez Ivethe Noriega Herazo
Kenia Martínez Lauren Mendinueta Lya
Olga Chams Eljach
Sierra Margarita(1922-2009)
Escobar De Andreis Margarita
Galindo Steffens Margarita Jacquin María
Mercedes González María Teresa Escobar
Monique Facuseh Nazly Mulford Nora
Carbonell Patricia Iriarte Tallulah Flores
ISBN 978-958-59592-3-1

Ubaldina Díaz Angélica Santamaría Anna
Francisca Rodas Annabell Manjarrés Beatriz
9 789585 959231

Vanegas Athías Betty Brunal Carmen Peña
Visbal Dina Luz Pardo Ela Cuavas Eliana Díaz

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