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El origen de la sociedad.

Aquí se estudiará por qué existe la sociedad, no cuando apareció. Aquí se pretende explicar cuál
es el vínculo que une a los hombres de un conglomerado, no desde cuándo están unidos. Es decir,
en este párrafo se inquiere no un problema histórico, sino uno filosófico: a que es debida la
existencia de las sociedades.
Cuatro han sido hasta ahora las soluciones que se han dado a este problema. A la pregunta, ¿por
qué existe la sociedad?, cuatro han sido las respuestas, a saber: la tesis contractualista, la tesis
organicista, la tesis naturalista y la tesis ecléctica.

Tesis contractualista 

La idea de contrato o pacto social presente en los pensadores del siglo XVII y de la primera del
siglo XVIII, representa una parte esencial del bagaje intelectual que nutre las reflexiones actuales
sobre la sociedad y el Estado, la libertad y la autoridad, la política y el derecho.

Los principales representantes de esta teoría son: Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau, Grocio
y otros.

El tratamiento de este tema abarcaría amplios espacios, mas como el propósito de este libro es dar
un enfoque introductorio, sólo se hará mención de algunos planteamientos centrales representados
por algunos de sus exponentes.

Para John Locke, según el propio juicio de Dios, el hombre había sido creado en una condición tal
que no convenía que permaneciese solitario; lo colocó, pues, en la obligación apremiante por
necesidad, utilidad y tendencia a entrar en sociedad, siendo la unión entre el hombre y la mujer
como esposa, la primera sociedad que se estableció.

De ella nació la sociedad entre los padres y los hijos; y esta dio origen, a la sociedad entre el amo y
los servidores suyos.

La sociedad conyugal se establece por un pacto voluntario entre el hombre y la mujer. Su finalidad
principal es la procreación.
Juan Jacobo Rousseau coincide con Locke, al afirmar que la más antigua de las sociedades, y la
única natural, es la familia. Esta es, pues, si se quiere el primer modelo de las sociedades políticas:
el jefe es la imagen del padre; el pueblo es imagen de los hijos.

Esta doctrina estima que la vida social no es sino la manifestación de una voluntad de los
individuos, el resultado de un acuerdo que se ha producido entre ellos. Es de tal contrato del que
nació la sociedad, y actualmente todavía, tal sociedad no tiene otras reglas que la que les da el
entendimiento de sus miembros.Las fuerzas y las leyes que la dirigen son entonces, jamás de
orden biológico, sino de origen psicológico y voluntario. No es producto de la naturaleza, sino
precisamente una creación del arte humano.

El contrato social aborda el problema de la justificación filosófica de la sociedad; repetimos que no


trata de resolver sobre su origen histórico. El contrato social es la idea que señala cómo debe ser
constituido el orden jurídico, para que los derechos que el hombre tiene por naturaleza sean
conservados íntegros en la organización social.

Tesis organicista 
Según esta doctrina el hombre es un organismo. Es un ser sometido a leyes biológicas, la sociedad
integrada por organismos humanos es, igualmente, un organismo. Y como es un organismo
existente y funciona como un organismo.
La doctrina organicista, cuyo más célebre intérprete moderno fue Herbert Spencer, para hacer
comprender la naturaleza de los seres sociales, se esfuerza en aproximarlos a los seres a los
cuales nadie les niega naturaleza independiente: los organismos vivientes, vegetales, animales,
hombres. Sin asimilarlos a tal o cual especie de éstos en particular, afirma que se puede encontrar
en ellos todos los caracteres que presentan estos últimos en lo general. Muestra para ello, en su
constitución y en su actividad, las fuerzas y las leyes de la vida tal como los biólogos las han
deducido. Propone entonces comprenderlos en el grupo de la naturaleza animada creando
simplemente un conjunto nuevo: el reino o imperio social.

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Los contractualistas que creen que el hombre creó la sociedad, son partidarios de una tesis en que
predomina la espontaneidad.

Los organicistas, que creen que la sociedad ya estaba hecha, son partidarios de una tesis en que
predomina la coacción.

Tesis naturalista 
El principal representante de esta doctrina fue Aristóteles, quien se ocupó a fondo de los problemas
de la sociedad y el Estado en los ocho libros de su Política.

Para Aristóteles el hombre es un zoon politikón, un animal político. El hombre no es sólo


naturalmente social, sino que también es esencialmente social.

Aristóteles reacciona frente a los sofistas y los cínicos, que por diversas razones interpretaban la
ciudad, la polis, como nómos, ley o convención. Aristóteles, por el contrario, incluye la sociedad en
la naturaleza. Su idea rectora es que la sociedad es naturaleza y no convención; por tanto, algo
inherente al hombre mismo, no simplemente estatuido.

Aristóteles considera el origen de la sociedad. Su forma elemental y primaria es la casa o familia,


formada por la unión del varón y la hembra para perpetuar la especie; a esta primera función
sexual se une la de mando, representada por la relación amo-esclavo; esta segunda relación tiene
como fin lograr la estabilidad económica de la oikía; por esto, para los pobres, el buey hace las
veces del esclavo, como dice Hesiodo. La agrupación de varias familias en una unidad social
superior produce la aldea o kóme. Y la unión de varias aldeas forma la ciudad o polis, forma
superior de comunidad para Aristóteles.

Aristóteles concede un gran papel a la voluntad en lo social, y no distingue entre sociedades


«naturales», como la familia, en la cual uno se encuentra involuntariamente, y asociaciones
fundadas por un acto voluntario, como un círculo, al cual se pertenece o se deja de pertenecer
cuando se quiere.

Se considera que el pensamiento de Aristóteles respecto a la sociedad es de tal manera valioso,


que nadie lo ha superado hasta antes de Comte.

Tesis ecléctica 
La posición de Fouillée puede llamarse la de un conciliador, que trata de armonizar las dos tesis en
lucha. Ambas tesis -la contractualista y la organicista-se han combatido con furor. Ambas han
estado en error. Antes de que el hombre apareciera, había ya sociedad, se ha dicho a los
contractualistas. ¿Cómo es posible que sin lengua, producto eminentemente social, se hayan
entendido? ¿Y conforme a qué normas jurídicas pudo pactarse la sociedad, sin el derecho
igualmente producto de la sociedad, no existía? A los organicistas, a su vez, se les ha dicho que el
organismo social es un todo discreto y que se llegaría al absurdo de que su conciencia estuviera
distribuida en todos sus miembros.

Se llama teoría ecléctica (del griego Eklegoo; ek, fuera, leggo, escoger), a la que carece de
doctrina propia, pues estima como mejor procedimiento para alcanzar la verdad hacer la selección
de lo mejor de los sistemas en pugna. En este caso, Fouillée ha tomado de los organicistas una
parte de su tesis y ha desechado otra parte; y de los contractualistas ha tomado algo,
rechazándoles otra muy considerable.

Así acepta de los organicistas que la sociedad fue un organismo en épocas remotas; pero les
rechaza que por modo exclusivo, en todo tiempo haya sido un organismo. Es aquí cuando acepta a
los contractualistas que hubo un momento en que una horda vencedora obligó a la vencida a
incorporarse a su órbita en ciertas condiciones pactadas o impuestas; es decir, que hubo una
especie de contrato en esta formación de una nueva sociedad; pero rechaza de los contractualistas
la idea de que al inicio de toda sociedad haya habido un contrato. Y entonces la solución ecléctica
es: las sociedades son organismos contractuales.

De las cuatro soluciones propuestas al problema del origen de la sociedad, no podríamos decir
cuál es la acertada. Sin embargo, sí se puede afirmar que tanto la contractualista y la organicista
-en sus versiones originarias- son erróneas. En la tesis ecléctica de Alfredo Fouillée hay una
solución muy próxima a convencernos; y la naturalista del gran Aristóteles es la que, en general,
más nos cautiva.

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