“Dale un like a tu escritura: promoción de

escritores juveniles, ENMSCHL”

León, Guanajuato 2017

Página | 1
Contenido
¡Yo sólo iba caminando! .......................................................................................... 3

El Mar ...................................................................................................................... 9

Planes Perfectos ................................................................................................... 10

LADYBUG ............................................................................................................. 12

Días de Octubre .................................................................................................... 15

Corto runrún .......................................................................................................... 15

Amor luminiscente ................................................................................................. 16

Sin ti ...................................................................................................................... 17

CAMILA ................................................................................................................. 18

“La esencia se desvanece” ................................................................................... 24

“Ventana azul” ....................................................................................................... 25

Oda a la muerte del helado. .................................................................................. 26

**Puedes consultarnos en: escritoresjuvenilesenmschl.blogspot.com

Página | 2
¡Yo sólo iba caminando!

Eso dije cuando todos preguntaron ¿Qué era lo que había hecho para ser yo? Para
ser yo "la elegida", en ser diferente de ahora en adelante; sin querer serlo, yo sólo
quería caminar un poco y regresar a casa después de un largo día.
Así empieza ésta historia que seguramente he contado cien veces y probablemente
la cuente mil veces más si no dejan de poner mi foto en internet con el título "Una
Verdadera Chica Especial".
¿Acaso ser diferente es tan importante? Siendo tan diferente no disfrutas totalmente
nada, "lo normal" no te funciona y lo diferente no existe lejos de ti.
Ese día por la mañana desperté temprano, como cualquier otro día para ir a clase,
la única diferencia al resto de la semana era que el viernes había llegado. Tomé la
primera clase e hice equipo con Wallace, él y yo nos habíamos comenzado a juntar
en clase de Inglés desde hacía ya un mes más o menos. Tantas clases nos hicieron
pasar de compañeros de trabajo a amigos, creo que fue genial ¡Él es genial! Pero
es una historia que no contaré ahora.
Seguí con mis clases normales de un viernes cualquiera: Biología, Lógica, Química
y Cálculo. Había quedado de verme con Lean y Val en la salida para ir a casa de
alguna a comer y cambiarnos para la reunión de esa noche en casa de un chico
llamado Alex a quién por supuesto no conocíamos, pero por el simple hecho de
tener música, gente y alcohol en un sólo lugar ya parecía un buen tipo.
Llegamos a casa de Val porque era ahí el lugar más "tranquilo" que encontramos y
por tranquilo me refiero a que no había hermanos ni padres. Sus padres habían
salido por la mañana y regresarían tal vez hasta el día siguiente; comimos lo que
había en el refrigerador y nos probamos todo el closet como niñas jugando en el
armario de su madre.
Un par de horas después de empezar a arreglarnos, por fin estábamos listas, como
cualquier otra noche de reunión nos fuimos a la casa del “nuevo buen tipo” y en el
camino nos organizamos lo suficiente para que ninguna hiciera un ridículo sin razón.
Las tres tendríamos nuestros celulares casi pegados al cuerpo y contestaríamos
siempre, a menos de que estuviéramos muy ocupadas, además nos veríamos cada
Página | 3
cierto tiempo en algún punto de la casa para verificar que todo y todas estábamos
lo suficientemente bien para seguir.
Llegamos a casa del chico y bajamos una a una del auto, Lean lucía muy bien, tal y
como suele hacerlo, definitivamente las faldas pegadas y las blusas holgadas a ella
le quedaban súper; Val había optado por la falda suelta que le quedaba por encima
de la rodilla con estampado floral y una blusa blanca que la hacía resaltar entre la
noche, mientras tanto, yo usaba unos shorts negros lo suficientemente cortos para
no quedar desentonada con las otras dos y una blusa gris claro que siempre he
amado.
Al entrar a la fiesta todo estaba como en cualquier otra, todos se divertían, nosotras
comenzamos a bailar, sin embargo hubo un momento en el que "me harté" y sólo
quería estar un rato sin tanto ruido, sin tanta gente, así que salí y comencé a caminar
sin un rumbo en específico, donde únicamente caminar bastaba.
Caminé cerca de una hora y cuando estaba considerando regresar, vi una luz con
un tono rosado que salía de un lugar lejano, la observé un momento y ahí, me
atrapó. Me acerqué a una distancia considerable, tal vez eran unos tres o cuatro
metros de distancia entre esa cosa y yo. Comencé a caminar hacía esa luz rosada,
no estoy muy segura pero sé que me acerqué poco a poco como si nada más
existiera, supongo que parecía una mosca acercándose a un foco cualquiera, la
única diferencia era que está definitivamente no era una luz cualquiera. Cuando
estuve bastante cerca miré la luz detenidamente y sin pensar la toqué.
¿Por qué lo hice? Es una muy buena pregunta. ¿Sabía esperaba que cambiara algo
de lo que era o de lo que había sido? ¡No! Claro que no lo sabía, de haberlo sabido
hubiera pensado más, probablemente aún así la hubiera tocado pero al menos
habría tenido una advertencia.
Si supieras que un sólo acto cambiará casi todo lo que conoces ¿Lo harías? Yo sí.
Después de tocar aquella cosa extraña no recuerdo bien nada, me acuerdo de luces
de colores, oscuridad en momentos y alguien hablando algún idioma extraño con el
que parecía estar hablando conmigo como si yo entendiera todo.
Realmente nunca supe y muy posiblemente no sepa cuánto tiempo estuve perdida
en no sé dónde con no sé quién o qué. Cuando por fin estuve consciente, al menos

Página | 4
para ubicarme, miré alrededor y vi que me encontraba en el mismo lugar en dónde
vi la luz pero esta vez ya no había luz, no había nada, me juzgue de loca y un poco
de ebria así que sólo tomé una decisión aparentemente fácil y obvia: "regresa a la
fiesta y sigue bailando".
Sin embargo, al ir caminando me encontré con Wallace, o más bien él me encontró
a mí, dio por hecho que yo no estaba en mis mejores condiciones y me llevó con él
de vuelta a la fiesta.
Durante el caminó de regreso Wallace no dijo nada pero yo tampoco hice el intento
de sacar algo a platica ni mucho menos, sólo íbamos caminando. Entramos a la
fiesta y hasta ese punto volvimos a cruzar palabras, él me dijo que bailáramos y yo
accedí. Bailar con él me llevaba de alguna manera a otro mundo, sentía que todo
estaba bien, la música, un pequeño espacio y su cuerpo cerca del mío. De alguna
manera eso me ayudó a distraerme y así no pensar en lo que acababa de suceder,
pero para mi desgracia esto no dudaría para toda la vida.
Lean y Val ya me esperaban en el patio de la casa para irnos juntas y quedarnos en
casa de Val. En cuanto llegamos al cuarto las tres caímos dormidas y no supimos
ninguna de la otra hasta la mañana siguiente; esa sensación me sigue agradando,
parece que todo en tu interior esta fuera de control por la noche y por la mañana
vuelve a ser lo que era antes de enloquecer.
¿Cómo olvidar el momento en que te das cuenta de que algo ha cambiado? Ver y
olvidar. Escuchar y fingir no hacerlo. Saber algo y guardar silencio. Eso no se puede,
así como no pude simplemente fingir que no notaba esa especie de mancha en mi
cuello, no era muy grande e incluso si no te fijabas tanto probablemente ni siquiera
la notarías, estaba debajo de la oreja y un tanto inclinada hacía la nuca así que
podría hasta cubrirse con el cabello, pero yo sabía que estaba ahí y eso me bastaba
para preguntarme qué rayos era y cómo había llegado ahí.
Estuve dandole vueltas a esas preguntas hasta que las demás despertaron luego
de eso lo dejé un rato como si no tuviera importancia, como si esa "mancha" fuera
parte de mi normalidad.
Todo marchaba bien, bastante bien, era un día común para Val, para Lena y se
supone que también para mí debía serlo hasta que alguien más tomó curiosidad

Página | 5
sobre lo que tenía en el cuello.
La mancha no se había conformado con aparecer sino que ahora hasta parecía
estar abultada como si fuera una cicatriz y eso revelaba la figura: era un tallo largo
y delgado con una bella flor en la punta que señalaba hacía la oreja. No sabía si
debía alegrarme por la hermosa figura que portaba en el cuerpo o si debería
ponerme mal ya que no sabía de dónde había salido; un dilema bastante curioso.
El día continuó y todos a mi alrededor hacían lo que se supone deberían hacer, todo
estaba perfectamente normal junto a mí pero yo sentía algo extraño, una pequeña
sensación de que algo anda mal o que algo está por suceder.
Todo sucedió en el momento menos esperado, saliendo de clases las niñas y yo
nos quedamos un momento en la cafetería junto con otros tantos amigos, Aarón fue
a comprar algo de comer y cuando volvió a la mesa con nosotros traía consigo un
plato de fruta que en su gran mayoría contenía guayaba, no soy nada fan de su
sabor; Aarón muy amable me ofreció del plato y cuando acercó el plato hacía mí
pude sentir un pequeño cambio de temperatura en la flor de mi cuello, se sentía más
frío.
Fingí que nada había pasado y seguí fingiendo. Al menos hasta que llegué a casa.
Una vez sola me puse a hacer pruebas conmigo misma acercándome a cosas que
no me agradan y poniendo música que no escuchaba tanto y efectivamente con
todo ello volvía a suceder, la temperatura en esa zona era otra y fijándome bien
pude notar que tomaba un poco tonos en acuarela, muy tenue. Fueron esos
momentos los que me hicieron notar un poco de para qué servía la supuesta
mancha.
Emocionantes momentos donde encuentras algo nuevo, no ocurren siempre, ver
algo nuevo en ti, darte cuenta del cambio, notar la pequeña luz de la diferencia en
medio de la oscuridad de la normalidad.
Intenté durante los siguientes dos días acostumbrarme a sentir el cuello frío y a que
unos cuantos me preguntasen qué era lo que tenía en el cuello y cómo había hecho
para que estuviera eso ahí. Ya formaba parte de mi vida y eso estaba bien por mí,
al menos hasta ese momento lo pensaba.
Llego el lunes y tenía Inglés en la tercera hora y eso indicaba que era momento de

Página | 6
encontrarme con Wallace y probablemente él me preguntaría de lo que pasó la
noche del viernes, no creía que fuera a dejar desapercibido el hecho de que me
encontró aparentemente ebria caminando en la nada.
Era hora de la clase y yo me encontraba bastante nerviosa, intentaba que no se
notara pero no creo que lo haya hecho bien. En cuanto Wallace pisó el salón me
miró y me preguntó si estaba bien, mentí, claramente no lo estaba y ahí ocurrió una
de las cosas que me sorprendió.
Él negó mi afirmación y me preguntó entonces qué era lo que había pasado, no
esperaba que sus palabras fueran tan claras. No quería contarle e intenté marear
un poco sus ideas para evitar el tema, sin embargo no fue suficiente y de alguna
manera hizo que me resignara y comenzara a contarle todo. Wallace tenía algo que
me hacía, me hace, confiar en él. Ahora alguien compartía ese secreto conmigo,
eso estaba bien.
Saber que tu vida no será lo mismo, da miedo, no sabes si estar tranquilo y vivir con
ello o entrar en pánico. Yo debía entrar en pánico pero quería estar tranquila y
disfrutarlo.
Después de haberle contado a Wallace él fue quien me ayudó a a saber qué era lo
que pasaba conmigo, me ayudó bastante a acostumbrarme a mi nueva yo.
Conforme pasaba el tiempo notamos que además de que la flor cambiaba su color
y se ponía un poco fría con las cosas que no me agradaban también había hecho
algo en mí, ahora tenía algo como la conciencia pero esta de manera muy marcada,
me aconsejaba muy bien en lo que parecería mejor hacer o lo que para nada debía
atreverme a realizar.
Al ir descubriendo lo nuevo que podía hacer me fue un tanto emocionante, todo lo
nuevo que me pasaba se lo contaba a Wallace, teníamos una clase, un secreto y
cada vez más momentos que recordar. Realmente estaba disfrutando todo eso. El
problema me llegó el día que todo salió de control.
Si “algo” te dice que no deberías hacer caso, no alguien “algo” ¿Deberías hacerle
caso a ese algo que te dice que no? No le busques más explicaciones a tu sentir,
por alguna extraña o tal vez ni tan rara razón estás sintiendo que no es correcto y
si te lo estás diciendo a ti mismo que no, es no.

Página | 7
Wallace y yo nunca hablábamos de lo que ocurría con mi flor o conmigo en la
escuela a menos de que estuviéramos completa y absolutamente seguros de que
nadie se acercaba y ni un espía nos miraba, pero ese día estaba muy emocionada
y en cuanto pude lo cité en la cafetería (el peor lugar que pude haber elegido) y en
cuanto llegó a la mesa no le paré de hablar sobre que además de lo que ya
sabíamos de los colores, mi súper conciencia y esa pequeña visión diferente ahora
tenía la posibilidad de detener un poco el tiempo.
Así de raro y simple, al lograr concentrarme lo suficiente podía hacer que se
detuviera el tiempo, le conté todo a detalle, desde que tenía que tocar la flor, sentir
bien aquello que quería y como resultado a eso obtendría una pausa en esta vida
apresurada y ágil, él estaba igual de sorprendido que yo y por eso mismo no
notamos que alguien más también lo estaba y ayudaría a que unos cuantos más se
unieran a la emoción y así se fuera propagando una emoción con la que ya no podía
tratar.
Para la hora que salí de mis clases y me paré en la cafetería para esperar a Lean y
Val como todos los días ya había muchos a mi alrededor pidiendo ver mi flor y ver
cómo cambiaba el color o preguntándome cómo había hecho que llegara a mí o qué
debía a hacer para que lo que ellos llamaban poderes, funcionaran. Me abrumé y
estallé, en realidad, sólo corrí. Salí corriendo por todo el patio y no paré hasta llegar
a casa.
Llamé a Wallace con lágrimas en los ojos y la voz quebrándose y lo único que pude
decir fue: "Ven", y colgué; fue suficiente para que él llegara tras unos minutos. Y en
cuanto lo tuve frente a mí supe que no tenía que ser tan fuerte frente a él, que con
él podía caer y que sin duda me ayudaría a levantarme, lo abracé, me abrazó y
supongo que perdí tanto en el momento que no supe cómo ni en qué pero detuve
el momento y al estar cerca de mí él se quedó conmigo, todo a nuestro al rededor
tenía una pausa pero nosotros estábamos recuperando esos minutos que habíamos
perdido en alguna siesta o en alguna clase.
Me miró y me dijo que eso era tan mágico que le costaba creer que estaba de verdad
viviéndolo, sin pensarlo lo besé. Inició nuestra supuesta y rara historia de amor.
Pero es una historia que no contaré ahora. Escrito por: Iglith

Página | 8
El Mar
Veo el mar y veo cada parte de él. A lo lejos veo lo que pudimos ser y en la espuma
lo que fuimos, es como si cada ola me trajera un recuerdo, un día, un abrazo o un
beso. Todos los días me levanto con la esperanza de que en la orilla encuentre más
que sólo recuerdos…
Hay una parte en la playa donde están las grandes piedras, que me encanta y es
que ahí parece que estamos los dos.
El mar se va…pero siempre vuelve, es como si algo lo atrajera hacia la arena, hacia
las piedras, hacia mí.
Tal vez soy algo especial para él o tal vez no sabe de mí.
Tal vez sabe lo que pienso pero no entiende la forma en la que yo lo veo, ante mis
ojos es perfecto, y me perdería en él una y otra vez,
Aun conociendo lo peligrosos que el mar es.
Cuando estoy nadando en él, siento su inestabilidad… me recorre cada centímetro
y hace todo lo posible para dejarme fuera de él.
Todos los días he pensado en cómo calmarlo,
Cómo hacerle saber que cuando estoy cerca, por muy difícil que sea, estaré
dispuesta a hacerle ver lo magnifico que es y todo lo que él crea riesgoso no sea
nada a su lado.
Mi vida siempre ha sido como el mar, estrellándose una y otra vez con esas piedras,
pero al final mostrándose tan claro, que incluso puedes ver hasta lo más profundo
y es que creo que él ha sido la piedra más fuerte con la que me he golpeado, porque
me ha dejado en mi estado más claro, ese estado en dónde ni mis demonios se
pueden ocultar.
Él que vio cada parte de mí…vio mi lado más positivo, cariñoso, el más agresivo y
negativo, lados que cambian en cuestión de segundos y en los cuales ni yo misma
me reconocería.
Me vio como una niña asustada y me vio como una mujer responsable, aunque
nunca supe si me aceptó en cada uno de ellos o si fallé a tal grado de alejarlo de
mí.
Estar aquí es lo mismo que verlo partir, es lo mismo que rogarle con lágrimas en los
Página | 9
ojos sabiendo que no cambiara de parecer, es lo mismo que pedirle que
desaparezca de mi vida cuando lo que más quiero es que se quede siempre, es lo
mismo que saber que no volverá porque así yo se lo pedí.
Hoy dejé lágrimas aquí, lagrimas que espero que el mar guarde y algún día las tome
si las necesita. Son lágrimas que salen espontáneamente, enseñándole al mundo
lo vacía que me siento sin él pero al mismo tiempo lo fuerte que me ha dejado.
Tal vez vuelva como el mar vuelve a mí una y otra vez, o tal vez se pierda
buscándome, o puede ser que incluso haya olvidado cómo buscarme y dónde
encontrarme.
Ver el mar desde este balcón sólo me hace formar una lluvia de preguntas,
preguntas que no tienen respuesta y probablemente no la tendrán jamás, porque lo
único que he entendido es que se fue, se fue como el sol desaparece por las noches
y la luna durante los días, se fue porque no buscó más allá de los arrecifes, más
allá de lo que él creía conocer.
La única pregunta que voy a dejarle al mar es si algún día me recordará…o si una
parte de mí ya se ha quedado con él. Hoy me voy llena de recuerdos, que me han
traído las olas, recuerdos que tal vez sólo guarde; sé que partió hoy, ese velero que
vi toda la semana, y sé que aunque el mar no le hable de mí, llegará alto por el
simple hecho de quien él es, con o sin mí.
RMLV

Planes Perfectos
He visitado lugares inimaginables, lugares que te hacen perder el aliento, lugares
que están llenos de personas que tienen fe hasta por los ojos, personas que te
llenan de amor sin conocerte y donde el cansancio ya no parece algo que esté
sucediendo. Esos lugares donde con una simple playera, un paliacate y un morral
representas al ser más maravilloso del mundo. Y es que no entiendo cómo un ser
tan inútil como yo puede convertirse en eso.
Cada año asisto a estos lugares, en donde encuentro una familia, un abrazo, una
lluvia de sonrisas y risas pequeñas e inocentes, esas de las que hoy en día no se

Página | 10
ven ni se escuchan, porque hemos cambiado, porque vivimos acelerados, porque
pensamos en lo que pasará mañana pero ni siquiera ha empezado nuestro día de
hoy.
Vivimos en el futuro sin saber si aquel ser maravilloso, que para mí existe, nos dejará
seguir mañana. A veces me gustaría quedarme siempre en esos lugares, porque
ahí todo es mejor, todo es el presente y allá siempre he vivido de momentos y de
personas, personas que me enseñan muchísimo más de lo que algún día yo podría
enseñarles, pero lo más importante es que confían en mí sin importar que sea la
primera vez que me hayan visto.
Esos lugares son aquellos a los que no todos van, a los que muchos les temen,
porque son viajes diferentes, en los que relativamente aprendes a estar solo, en los
que extrañas hasta un punto que duele, en los que duermes en el suelo frío, en los
que no comes lo que te gusta las 24 horas del día, en los que caminas por más de
cinco horas bajo el sol, en esos que te mueres de frio por las noches y durante los
días el sol parece ser tu mayor enemigo. Son esos viajes en donde llega un
momento donde dices ‘ya no puedo’, porque nadie dijo que sería fácil, nadie dijo
que habría momentos de soledad y de cansancio, momentos donde tus pies
parecen no dar ni un paso más y tus rodillas se doblan continuamente.
Pero de todo esto he entendido que no todos pueden contemplar lo inimaginable,
esas tardes llenas de risas y cantos mientras caminas por ese sol que te conforta,
esos abrazos de personas extraordinarias que teniendo nada, lo tienen todo, esas
tardes donde juegas sin parar con niños tan inocentes, llenos de sueños que sé que
algún día serán una realidad, esos días en donde tu cara se ilumina de esperanza,
de amor, de compromiso y de valor, donde ahora entiendes que la vida se va así
como viene, donde quienes te rodean son tu única prioridad; tu presente.
Más que lugares, viajes y personas son planes, planes inesperados, planes
perfectos, planes de aquel ser maravilloso que me ha dado la mejor oportunidad del
universo; esa oportunidad que es vivir, vivir de un hoy y no de un mañana.
RMLV

Página | 11
LADYBUG
¿Qué es poesía? dices mientras clavas en mi pupila, tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú. Gustavo Adolfo Bécquer

Y es aquí cuando internamente mi corazón tuvo una chispa de emoción, quinto de
primaria si no mal recuerdo, mi maestra leía Rima XXI de Adolfo Bécquer e
involuntariamente volteé a verlo.
Cuando uno es niño no entiende bien qué es el amor o enamorarse, es una idiotez
que los chamaquitos de ahora a los 8 años digan tener novia o que ya dieron un
beso de lengua, no es momento para eso, no disfrutan lo mágico que es, pero bueno
retomando, yo de niña no podía decir que alguien me gustara, simplemente tenía el
criterio suficiente para decidir si invitarlo o no a mi fiesta de cumpleaños, y
justamente a él siempre lo tendría contemplado para cada cumpleaños.
Cada día que iba a la escuela esperaba ansiosamente la salida, no crean que me
quería ir en cuanto llegaba, de hecho me gusta aprender, tanto que aun vengo
gustosa a la prepa, pero la salida era simplemente donde podía hablar con él. En el
transcurso de la clase me ponía a cuchichear con mis amigos que estaban
alrededor, en el recreo me la pasaba jugando con las 3 mejores personitas que he
tenido el placer de conocer y en la salida esperaba a que mi madre pasara a
recogerme y él también esperaba a sus padres, eran como los 5 o 10 minutos diarios
donde podía decirle hola y jugar con él.
Mis tardes transcurrían con toda la tranquilidad del mundo, salía en la bicicleta a
pasear por la colonia, invitaba a una vecina a jugar, me iba yo a la casa de mi mejor
amiga, cada jueves iba a la placita y si mamá estaba de buen humor había la
posibilidad de ir por mis otras dos mejores amigas para invitarlas a comer, regaba
las plantas, escuchaba a “Parchis” a todo volumen (si, a mis 10 años me encantaba
Parchis, gracias “ma”), veía patito feo o como sea que se llamara la telenovela que
hizo de moda las diademas de tejido con flores enormes.
Para todas estas cosas siempre quise que alguien estuviera, ya fueran mis 3 amigas
o mi conejo Trustris, normalmente eran mis amigas y era raro cuando pensaba en
Página | 12
él, mis pensamientos estaban ocupados por canciones de Parchis (tanto que a la
hora de presentar mi confirmación no recordaba los mandamientos sino la canción
de Parchis; parchis, parchis, parchis, es el nuevo juego que traemos para ti…) y
pues obviamente pensaba en otras cosas pero no ocupaban tanto en mi memoria.
Uno de niño suele distraerse, pero aun así, cada domingo era de ley visitar a una
tía y de regreso a casa pasar la tarde en el parque hidalgo y ¡wow! Era lo mejor de
la semana, pasaba tiempo con mi familia, atrapando catarinas y echárselas a mi
hermana, haciendo maromas con mi padre, dándole flores a mi madre, molestando
a mi hermana mayor para que jugase conmigo, convenciendo a todos de que ir a
los juegos de adentro de la reja era una gran idea y sin embargo esos domingos tan
especiales siempre quería compartirlos con él, que jugara conmigo, que me
acompañara, que estuviera ahí y solamente él, ya ni mis amigas, y ni nadie.
No sé exactamente por qué él, había niños más bonitos en mi salón y otros con los
que hablaba mucho más, pero desde ese día donde la maestra leyó ese poema,
supe que había algo más. Y así transcurrió quinto y sexto de primaria, sin saber qué
onda, qué era eso que me hacía sonreír al hablarle, lamentablemente suceden
cosas inesperadas y me cambié de escuela a mitad de año, fue algo totalmente
repentino, fui un viernes y para el lunes ya estaba en una nueva escuela, no pude
decir adiós a nadie, ni a mis amigas, ni a la vecina, ni a él.
Dirán ¿y por qué no les llamaste? No tenía teléfono, ni Facebook, ni nada, apenas
tuve una cuenta de Windows live o esa cuenta donde podías enviar zumbidos y muy
rara vez iba al cibert, pasó tiempo hasta que mi hermana se apiado de mí y me creo
una cuenta en Facebook (la cual no he cambiado y sigue siendo la misma jajajaja)
y agregué a mi profe de la otra primaria, preguntándole acerca de que si podía volver
a esa escuela donde estaban todos, pero ya en secundaria entendí el por qué me
decía que no, el sistema no lo permitía, ya estaba de alta en otra escuela, más me
invitó al último convivio que era del ciclo escolar, tal fue mi contento que lloré, hice
berrinche con tal de que me dieran permiso.
Llegó ese día, me puse una blusa blanca de mariposas y pantalón negro, me estaba
desenredando el cabello cuando llega mi tía y me da el teléfono de mi hermana:
- Pasaremos por ti como a las 10

Página | 13
- ¿Qué? Pero si es así solo estaré 2 horas
- ¿Y? En cuanto te llamemos te sales, estaremos fuera de la escuela
- Pero mis amigas, el convivio, gu…
- ¡Pero NADA! A las 10 o no vas
Seguí peinándome pero ya había empezado mal el día, llegué a la escuela en su
horario normal, mis amigas y otros compañeros me recibieron con mil
cuestionamientos que me hicieron un nudo en la garganta, cómo decirles que ni
siquiera yo sabía bien por qué había pasado, pero entre todas esas personas no lo
veía, no estaba, se habría enfermado o algo, me puse extrañamente ansiosa y triste
a la vez, sentí que realmente sólo había ido por alguien para quien jugar por última
vez y era él, pero a los pocos minutos se disipó esa sensación, había llegado tarde.
El convivio pasó demasiado rápido, comimos tacos, él había llevado pastel, el cual
fue directo a la cara de Paco, (el niño más desastroso del salón, el profe fue quien
lo aventó, supongo que descargo el haberlo aguantado por un año), claro que
participé en todo lo que me fue posible, pero estaba siempre grabando unos minutos
a cada minuto, e inconscientemente sólo lo grababa a él, quería tenerlo; medio ciclo
escolar sin él y mis amigas y los demás, fue un verdadero estrés, no congeniaba
con nadie. El caso es que dieron las 10, el teléfono sonaba y rechazaba la llamada,
y así hasta las 11 donde me llegaron mensajes de amenazas sobre mis fines de
semana y de ser la chacha en casa por un mes, decidí salir a contestar, cuando
justo en la puerta había un bordito y caí sobre mis rodillas. Empezaron a reír, mis
amigas se levantaron a ayudarme, pensé que él estaría serio o que vendría a
ayudarme, que no vio mi caída o algo, volteé hacia donde se encontraba y comencé
a llorar, se estaba riendo de mí.
Me levante, desistí de la ayuda de mis amigas, contesté el teléfono y no sé cómo
rayos pude articular un “ya voy” cuando estaba rompiendo en llanto, mis amigas
fueron conmigo, me despedí de ellas, las quería y un abrazo fue nuestra despedida.
Pasé de largo el salón, mis compañeros, el profe y a él.
En el coche, estaba enojada con todos y conmigo misma, seguía llorando, no era lo
que esperaba de ese día, todo se había ido a la mierda, literalmente sentía como
mi corazón estaba roto y es una sensación horrible la primera vez, entonces fue

Página | 14
cuando caí en la cuenta de que me gustaba y que yo no a él, ¿O acaso te burlas de
la persona que te gusta? ¿Te da satisfacción el verle humillado? Para mí es lo
menos que querría para él, pero bueno llegué a casa y me la pasé durmiendo toda
la tarde y hasta aquí es lo que recuerdo de ese primer amor.
CLAIRE

Días de Octubre
Alumno: Fabrizio Fava
Despierto y contemplo la bóveda celeste,
Su belleza no decrece y a cada segundo se extiende.
Amo el alba antes de cada mañana, en un silencio de resiliencia y atónito,
Parezco una escultura de marfil absorto en la limerencia de las últimas estrellas.
Cuantiosa cantidad de lindos destellos,
Que hacen de octubre el mes con las noches más hermosas.
Las guras pegan un alto vuelo siguiendo la candorosa
Nueva luz del nuestro apolo.
Rayos de sol que tejen la mortaja de una amena noche.
El sentido del júbilo puede desaparecer en algunas personas,
Pero las razones para tener una inconmensurable alegría,
Están ahí desde el amanecer.

Corto runrún
Dulce vida, espíritu absoluto,
Problema eterno y nuestro.
Déjanos estar despiertos,
En este nuestro encierro.

Página | 15
Amor luminiscente
Alex Persio Dumas

Después de tan dilatado, enrevesado e indecoroso recorrido en el que no llevo
arrastrando nada más que sólo injurias; hoy por hoy te vuelves a aparecer como un
ínfimo vórtice atiborrado de caprichos, pero hueco de sentimientos verdaderos; en
los cuales caí soñando en que yo era el indicado, pero que con engaños de un
sagaz me cautivaste, te valiste de mí, y como un vil saco me dejaste varado,
contemplando en suplicio tu nuevo y engañado amor.
Ahora solamente me poso en la hierba forrajera de cauca, paciente pero dolido,
estacado con la rama de verde intenso y del árbol más podrido, la cual culminó con
mi letargo, dándome cuenta del dominio del mal ante la bondad, la avaricia antes
que la honestidad y el amor marginado del mundo terrenal. Sólo puedo recordar con
dolor, cobardía y desvelo, vivo resignado mientras el vórtice vertiginoso me engulle
y mientras más indago en él, menos tiempo me queda para vivir de nuevo.
Sin embargo, yo he sido el único que vio a través de esos ojos errantes, la
luminiscencia de amor verdadero, custodiado de recuerdos dolorosos y de
sentimientos no correspondidos, pero que con vigor desea florecer. Por ello eres
veleidosa, frívola y en extremas circunstancias cínica, tú solamente has sido una
víctima partícipe del dolor. Recuerdo la sinceridad de tu susurro, que desde la
cámara de eterna oscuridad, pasando por tus cálidos labios, tu boca me dijo:
“Nadie me había mirado a los ojos con tal profundidad como tú lo haces”.
Pero después de todo me duele amarla y me duele pensar que será feliz con alguien
más que nunca la amó como yo lo hice incondicionalmente, ahora sólo pienso en
una vida sin amor, sin comprensión, sin ella; pero si quiero que llegue a ser
venturosa, debo renunciar a ella y marginarme de su vida por lo que queda.
Ahora sólo espero el momento oportuno para contarle lo que siento en verdad, a lo
que he renunciado y a lo que he dejado pasar como oportunidades de vivir
felizmente, de la forma más detallista, tal y como le gusta que le hablen;
manteniéndome sereno y seguro ante el momento, pero dentro de mí yo sé que no
es así, sé que mi corazón late con vigor sólo por su presencia, que mis ojos no
Página | 16
pueden dejar de verla con oscilación a los atardeceres de sus ojos, contarle lo tanto
que la amo y forzarla a que me diga que no me ama tal y como la amo yo y así
acabar con mi cámara de tortura mental.
Intento dirigir una palabra hacia ella, pero siento como si estuviese hablando con
una desconocida, pero sé que no es así, la conozco bien, más de lo que ella cree,
sé lo que le gusta, lo que no le importa y lo que detesta, y en alguna de esas tres
listas debo estar yo, y lo quiero saber ahora; empiezo hablar a la par de que sueño
estar junto a ella, le cuento cada palabra que expresaba correctamente lo que sentía
hacía ella. Pero ella, con un suspiro y su mirada en oposición a la mía, sólo
menciona mi nombre en tono de resentimiento, se levanta y se aparta de mí.
Mientras que yo quedo desahuciado, sé que sin su pasado sobre mí, mis cadenas
han quedado disueltas, y ahora sabiendo lo que es realmente amar.

Sin ti
Porque tal vez todos somos una flor que aún no crece, somos una semilla
esperando ser encontrada.
Y así fue como me ayudaste a florecer, me cantaste y me hablaste bonito, cuidaste
cada uno de mis pétalos, los cuidaste de manera tan peculiar que cada uno abrió
con su propio brillo, aprendiste el secreto de uno a uno.
Pasamos cada día soleado juntos, incluso las tormentas, cuidaste que no me
doblará, que me mantuviera firme en todo momento pero de repente, las tormentas
pudieron más contigo que tú con ellas.
Ya no te quedabas conmigo mientras la lluvia caía, preferías ir a un lugar techado.
Ya no te quedabas en los días soleados, preferías ir a un lugar fresco.
Ya no estabas ahí y los días empezaron a ser nublados.
Aprendí a escribir con cada gota de lluvia y a subrayar con cada rayo de sol, la
niebla ayudaba a poner comas y la noche me indicaba los puntos.
Porque podría escribirte por horas si tan solo me quedara algo de tinta.
Ahí descubrí lo que realmente era volar...
Porque si quiero te revivo en versos o te acabo en un punto.

Página | 17
Hago traer a la primavera o te traslado al invierno.
Te hago volar al compás de las letras hasta que toques el cielo, y de un momento a
otro...
Te dejo en el suelo.
Te suelto...
Así como tú me soltaste antes de tiempo; sí tu intención era que tocase el cielo, has
fallado amor mío, porque ni las nubes pude sentir recorriendo mi cuerpo.
El estrépito que causó mi caída provocó una gran sacudida, tal vez no en ti, pero sí
en mí, aún intento descubrir cómo cerrar las grietas causadas por tal altura, que ni
tanta fue, porque ni el cielo tuve el placer de conocer, me dejaste con ganas de tanto
y me diste tan poco.
Porque puedo llorarte en letras, más no hay motivo.
Siempre supe a lo que me arriesgaba y tal como me decía, nunca fui buena al tomar
decisiones, y el mejor ejemplo, has sido tú.

CAMILA
Las hojas de los árboles que yacían muertas sobre la cerca crujieron bajo mis
zapatos. Mientras mordía las uñas de mi mano palpaba, no sin temor, el bulto en el
bolsillo por encima del abrigo. Metí lentamente los dedos, donde mis yemas apenas
lo rozaron. Quemaba, como si estuviera en llamas, como arde lo que está prohibido.
Un escalofrío me invadió, una ola de espasmos recorrió desde mi mano hasta el
pecho convirtiéndose después un zumbido ensordecedor. Me tambaleé y por un
momento creí que me desmayaría. Pensándolo mejor, sería más prudente…
intentarlo otro día. Me aferré hasta con las uñas a la pared –totalmente roídas, que
me hacían parecer un monstruo- inhalé queriendo tomar fuerzas del viento que me
golpeaba el rostro y me revolvía el cabello. El sudor frío me resaltaba por la frente,
quería vomitar, me tapé la boca y por un instante quise sacar todo en un grito. Por
cómo me miraba la gente debía parecer loco, con rostro sucio y pálido, cerré los
ojos y contuve las lágrimas. Los dientes me castañeaban, tal vez a causa del viento
gélido, tal vez por culpa anticipada.

Página | 18
Caminé un par de cuadras calle abajo hasta la banca que ya muy bien me conocía,
me senté de lado del sol, quería calentarme, pero éste apenas se veía detrás de las
espesas nubes que llenaban el cielo. El aire olía a tabaco y el viento arreciaba.
Exhalé sobre mis manos intentando calentarlas, la rigidez de mis dedos era
insoportable. Las froté sobre mi pantalón y después las metí debajo de mis axilas.
Las personas que recorrían la calle cambiaban de acera cuando se acercaban hasta
donde yo estaba, como si les diera asco, como si supieran lo que soy.
El viento sopló aún con más fuerza. Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás. Las
hojas del árbol que flanqueaba la banca de madera se mecían al compás del viento
y susurraban advertencias en un idioma desconocido. Me acomodé en la banca y
miré hacia el frente. Podía cruzar la calle, entrar a la licorería y comprar whisky, la
botella más grande que hubiera; quería correr hasta alcanzar la puerta, abrirla de
golpe, escupir las palabras como buen alcohólico, lanzar sobre el mostrador todo el
dinero que me quedaba y empinarme la botella, en medio de la calle, en la banca o
donde fuera.
No recuerdo si caminé o corrí, tampoco recuerdo cuándo pedí la botella, aun
mientras escribo esto, ese pequeño fragmento de mi vida sigue siendo un agujero
negro de mi memoria.
Fueron necesarios un par de tragos para darme la fuerza necesaria, ponerme de
pie y tomar rumbo hacia dónde dije que no iría. Mientras caminaba, sujetaba con
fuerza la botella y tomaba tanto como me caía en la boca. Me quemaba al tragar,
pero no importaba, mientras más borracho me sentía, menos abrasador era el
contenido del bolsillo del abrigo. Estaba a unas calles de llegar al parque cuando
pude tocarlo sin que me quemara. Por un instante hasta me sentí sobrio. No estaba
seguro de querer hacerlo, pero ya estaba tan borracho que mis pies parecían haber
tomado el control.
Llegué al parque con las palmas de las manos sudadas. Me limpié el pantalón y me
senté en el pasto. Saqué de entre las cosas que cargaba una libreta pequeña y
comencé a garabatear cuando me di cuenta que de nuevo no podía escribir. Tracé
algunas rayas en vertical y unas cuantas más en diagonal tratando de crecentar la
inspiración, porque por alguna extraña razón, en ese preciso momento, me

Página | 19
invadieron unas inmensas ganas de dibujar ¿Dibujar? ¡Si yo no sabía hacerlo! Seguí
garabateando hasta que distinguí, un caballo. Intenté darle forma durante un buen
rato. Tracé y borré líneas un montón de veces. El pasto estaba húmedo y
comenzaba a sentir el trasero tan frío me estaban cosquilleando. De pronto el cielo
se abrió y algunas vetas de luz cayeron oblicuamente, pero no donde yo estaba
sentado… los rayos del sol caían donde quería acercarme, pero tenía frío y la botella
estaba casi vacía. Me despegué del suelo y caminé hasta ahí, justo a unos metros
donde jugaban los niños.
Me volví a acomodar en el pasto y sintiendo el sol sobre mí, continué dibujando.
Estaba casi a punto de rendirme cuando, de reojo, noté que se acercaba una niña
caminando lenta pero ansiosamente. Tenía entonces el cabello largo como ninguna
otra –entre cinco o seis años- y unos ojos tan abiertos como si no alcanzaran a ver
lo suficiente. Me preguntó qué hacía y yo le contesté que intentaba dibujar un
caballo. La niña me sonrió como supongo que lo hace una hija con su padre y con
aquella infausta sonrisa me rogó que se lo enseñara. Finalmente cedí, lo observó
con calma y me dijo que ella también sabía dibujar caballos; como dando por hecho,
que no era bueno o malo sino simplemente aceptable. Le pedí que dibujara un
caballo, pero ella preguntó qué obtendría a cambio. Entonces mi cabeza estalló, los
brazos me hormiguearon y sentí arder lo que traía en el bolsillo. Camila volvió a
repetir la pregunta y entonces metí la mano al bolsillo y apreté lo que contenía. Le
respondí que por pura casualidad aquella mañana había traído conmigo un dulce
para un momento especial y que sin duda alguna aquel era el momento especial.
Le pregunté si le gustaría cambiarme el dulce por su dibujo del caballo. Camila
asintió con la cabeza y me arrebató de las manos la libreta, se tumbó frente a mí y
sentada con las piernas extendidas y el puño entero sosteniendo el lápiz. Dibujo un
caballo. No pasó ni un minuto cuando Camila levantó la mirada y dijo que había
terminado. Sus ojos cafés resplandecían. Sí Camila consideraba que nuestros
caballos eran suficientemente aceptables, no me quiero imaginar que tan espantoso
lucía el mío. Le pedí que se acercara y yo, siendo consciente de su fragilidad,
acaricié con ternura su mejilla. Nunca mencionó, su nombre, pero en cuanto mis
dedos sintieron su piel, algo en mí dijo que ella sería Camila. Me enamoré de ella,

Página | 20
de la calidez de su rostro, de sus grandes ojos y su maldita sonrisa. Me dijo que
estaba helado, aparté mi mano, la metí en el bolsillo. Sé que algo no está bien en
mí, pero la llama se había encendido y nada lograría apagarla. Gritó de emoción y
tomó el dulce. A pesar de lo fugaz del contacto, estallé en deseo de sentir más como
eso. Lo desenvolvió con prisa y se lo metió a la boca, fue entonces cuando me
arrepentí. Comencé a preocuparme, sentía como si todos estuvieran viendo al
depravado y la niña.me acerqué temeroso a ella, quería sacarle el dulce de la boca
cuando lo mordió y terminó por tragárselo. Probablemente no tenía tan mal sabor
porque antes de desmayarse ninguna mueca perturbó su hermoso rostro.
En cuanto cayó al pasto me levanté de un salto y volteé hacia todos lados, si alguien
la veía podría meterme en problemas. Sentí la adrenalina y la bilis subiéndome por
la garganta. Cargué en mis brazos a Camila y eché a andar lo más rápido que pude
sin levantar sospechas. Al llegar a casa, violé la cerradura con las llaves en un
intento de entrar de prisa y antes de cerrar la puerta a nuestras espaldas eché un
vistazo hacia la calle. Al parecer nadie había reparado en el hombre que cargaba la
niña. Recosté a Camila en la cama y la amarré de los brazos de la cabecera, le metí
un trapo a la boca y se lo pegué con cinta adhesiva.
Estaba nervioso, feliz y borracho. Iba hacia la cocina a preparar algo de comer
cuando le eché otro vistazo. Mi respiración se agitó y las manos comenzaron a
sudarme, regresé hasta un lado de la cama con pasos cortos, acerqué mi cabeza
hasta ella y le olí el cabello. Olía a flores. Le acaricié el rostro y de nuevo me ruborizo
la suavidad de su piel. Empezaba a sentir como la virilidad se me endurecía mientras
el corazón me latía a toda prisa, la desamarré envuelto en aquel éxtasis. Tomé sus
manos y me las llevé a la boca, sobre mis labios podía sentir toda su exquisita
juventud. Llevaba una playera de manga larga rosada. Intenté quitársela, pero la
ansiedad no me permitía hacerlo. Terminé casi arrancándosela del cuerpo. Le toqué
con la punta de los dedos los pezones y después los lamí y los llené de mordidas
hasta que quedaron enrojecidos. Entonces rompí en llanto, estaba mal, todo estaba
mal. Me levanté de la cama y le eché una cobija para cubrir su desnudez, corrí hasta
el baño y cuando estuve encerrado me mordí los puños, después de golpear las
paredes. Grité tan fuerte, que temí que Camila despertara y se encontrara desatada.

Página | 21
Abrí el botiquín y saqué la bolsa que cinco días atrás había jurado no volver a tocar
nunca.
Llegó la noche y con ella el implacable frío. Tenía hambre, abrí la alacena buscando
algo que comer, pero estaba vacía, después busqué en el refrigerador, pero ya no
había más que agua. En la cocina había algunas cucharas sucias con restos de
comida, las lamí todas, incluso las que llevaban semanas ahí. Volví al baño e inhale
un poco de droga, para estar más alerta. Regresé a la habitación y apenas ver a
Camila supe que algo no estaba bien. La tomé por los hombros y dije su nombre, le
repetí un poco más alto, hasta que terminé gritándolo mientras la sacudía. Estaba
muerta. Lloré abrazando su cuerpo y sin pensarlo intenté reanimarla. No funcionó.
Probablemente llevaba muerta más tiempo del que imaginaba. Le dije en el oído
que la quería, que la quería más que a nadie. Estuve abrazando su cuerpo más de
una hora. Cuando las lágrimas se me terminaron fui por un paño limpio y un balde
de agua, le quité toda la ropa y la lancé lejos de nosotros. Metía el paño al balde y
lo exprimía. Se lo pasaba por el rostro, por el torso, las piernas y cuando me disponía
a limpiarle el sexo, el fuego en mi interior de nuevo comenzó a chamuscarme. Con
mis manos empapadas recorrí cada centímetro de Camila. La piel comenzaba a
perder su calor y sin embargo seguía estando igual de tensa y suave. Toqué sus
parpados, sus labios, sus pezones y finalmente su sexo. Toqué todo su sexo con
ambas manos y metí mis dedos, tan profundo como podía. La entrepierna me
punzaba, me bajé la bragueta y con una mano me masturbé mientras con la otra
mancillé a Camila. Terminé quitándome toda la ropa y asfixiando su cuerpo debajo
del mío. El contacto de su piel desnuda contra la mía me volvió loco. Le besé todo
el cuerpo y le pedí disculpas al oído. Tomé con fuerza mi virilidad y la acerqué hasta
ella. La penetré primero con cuidado, como adolescentes que descubren el sexo,
después con brutalidad y fuerza. Una cuantas lágrimas me rebelaron por el rostro.
La besé y empujé mi pene lo más profundo que pude cuando sentí que se acercaba
la eyaculación. Exploté dentro de ella. La volvía a besar y corrí al baño a limpiarme.
Al final del día la arropé y le leí uno de los cuentos que escribí cuando era joven.
Lloré toda la noche hasta quedarme dormido.

Página | 22
Las semanas que siguieron me parecieron insoportables. Camila no necesitaba
comer y aunque lo hubiera necesitado yo no tenía ni una moneda para comprar
comida, simplemente tenía cocaína que día a día se volvía menos.
Ahora me veo en el espejo y veo nada más que huesos recubiertos por una fina
capa de piel que al contacto podría desgarrarse. Me siento débil y temo morir en
cualquier momento, aun así, todas las noches poseo a Camila como la primera vez
que lo hice. Lo sé, mis células me lo dicen si la policía nunca me atrapa terminaré
por morir de hambre.
Esta mañana he hablado con Camila. Le dije que no quiero sufrir y le pedí disculpas
por todo, incluso por lo que aún no hacía. Le conté que detrás del televisor guardo
una pistola que lleva tanto tiempo sin usarse que dudo que sirva, aun así, intentaré
cargarla, colocármela en la sien y si tengo la valentía suficiente, presionar el gatillo.
Llevé a Camila al baño y le limpié el cuerpo. Lavé la ropa que llevaba la primera vez
que nos vimos y se la puse. La cocaína ya se ha terminado y tengo tanta hambre
que he empezado a tener ideas extrañas. Quiero arrancarme los ojos y metérmelos
a la boca. Necesito… a Camila, la necesito.
***
Cuando el policía terminó de leer permaneció desconcertado viendo el fino trazo de
cada una de las letras. Había encontrado la libreta sobre la mesa, justo al lado de
un montón de balas y una pistola que no servía. Investigó en toda la casa. En la
sala había sólo un sillón, en el comedor la escena de un intento de suicidio, en la
cocina una alacena –vacía- un refrigerador –vacío también- y un guisado sobre la
estufa que olía tan mal que era evidente su avanzado estado de descomposición.
Había pocos muebles en toda la casa y apenas tres bombillas para iluminarla toda:
Uno en la cocina, uno en el baño y uno en la habitación donde estaba el cuerpo.
Apenas cruzar la puerta de aquella habitación lo envolvió el pesado olor a muerte.
El cuerpo del hombre podría llevar más de seis meses ahí. La autopsia reveló
después de que había muerto por derrame cerebral. Tenía cincuenta años, era
publicista, divorciado, alcohólico y adicto a la cocaína. No tuvo hijos. El policía
estaba confundido, no había señales de ninguna niña a pesar de que hablaba de
una libreta que se negaba a soltar su mano. Buscó por toda la casa, entró a todas

Página | 23
las habitaciones, revisó el ático e incluso salió al jardín tratando de encontrar tierra
removida. Rendido después de una búsqueda pensó que, tal vez, la niña había sido
simplemente creación de la soledad, alcoholismo y adicción de aquel hombre. Volvió
a la habitación y se acercó al cuerpo caminando casi sin levantar los pies. Al policía
le dio la impresión que, vivo, el hombre debió de tener unos rasgos finos y
afeminados.
Abandonó la casa y caminó hasta donde estaba su patrulla para informar lo que
había encontrado. Abrió la puerta, lanzó la libreta al asiento del copiloto y tomó la
radio. Estaba a punto de presionar el botón e informarlo todo cuando recordó algo
más dentro de lo que había leído: el abrigo. Tal vez podía encontrar algo en el
bolsillo del abrigo.
Entró corriendo a la casa y volvió a la habitación donde estaba el hombre. Buscó en
todas partes, pero no encontró nada. Salió al pasillo, regresó a la cocina y al
comedor, pero en ningún lado estaba. Entonces recordó el sillón de la sala. Había
algo colgado en el respaldo ¿Sería acaso el abrigo? Caminó despacio hasta ahí
sintiendo la incipiente emoción retumbándole en el estómago, tomó el abrigo con
una mano y metió la otra en el bolsillo. Había solamente la envoltura de un dulce.
Los ojos se le pusieron en blanco y finalmente se preguntó qué era lo que olía tan
mal en la cocina.

Alberto Tovar

“La esencia se desvanece”
La esencia se desvanece;
Tal como duerme la luz del sol,
Tal como el dulce arcoíris perece;
Cayendo en la necesidad del alcohol.

Página | 24
Y al borde del sufrimiento,
Llegan las mareas de la resignación,
Que alimentan al lamento,
Cuando se apagó esa bella pasión.

La esencia se desvanece;
Tal como las almas en la guerra,
La vida desaparece,
Y ya no se está en la tierra.
Así como lo grande cae,
El cariño perece, la compañía se pierde…
Y la esencia se desvanece.

“Ventana azul”

En esta noche he decidido mirar a través de aquella ventana;
Entró el viento de una noche veraniega, cálida y acurrucada
Me trae recuerdos…
Crudos algunos, sublimes muchos otros.
Dichos recuerdo deberían cumplir su deber:
Hacerme sonreír cuando llevo el pesar sobre mi alma,
Pero no está cálida noche,
En la cual la nostalgia y la melancolía se han aferrado a mí.
Llegan a mi mente aquellos momentos,
En los cuales reí y reí hasta llorar,
Cuando no importaba el tiempo ni el dinero,
Cuando la felicidad abundaba,
Cuando no había un pizca de maldad,
Cuando aún tenía la virginidad mental…
Momentos sabor miel, que al pasar de los años

Página | 25
Dejaron un sabor amargo en la boca.
Apáticamente me he levantado,
Veo a través de la ventana un cielo despejado,
Un cielo que inexplicablemente me trajo el recuerdo de ti…
¡Cuánto te amaba!, ¡Cuánto me hacías reír!,
¡Cuánto te adoraba!, ¡Cuánto te estimaba!,
¡Cuánto me querías!
Y mírate ahora…
¡Has cambiado tanto!, me gustaría agarrar tu cara y destrozarla,
Escupir a tu asquerosa y maldita actitud,
Sería sacro agarrar tus arterias y arrancarlas para que mueras lentamente,
O bien desenfundar un arma y volar en pedazos tu existencia
Quemar tu falsa pasión, hacerte sufrir más de lo que ya sufres,
¡Pero por Dios! No tienes ni la más miserable razón de sufrir,
No tienes razón para llorar, no tienes razón de estar triste…
¡Adoraría que te murieras!
Tienes todo, pero sientes no tener nada,
Quieres todo, pero a la vez te da igual tener algo…
A través de esa ventana, tan azul en la obscuridad,
Veo el reflejo destrozado de tu libertad,
Cegándote, encadenándote, ahogándote.
Me he vuelto a arropar, me he cobijado,
Pero de tanto pensar no importa si me estoy calcinando,
Yo me siento frío, tan frío…
Ha amanecido.

Oda a la muerte del helado.
¡Oh, triste helado caído!
En el suelo derramado;
No puedo imaginar el sentimiento

Página | 26
De aquél pobre desgraciado.
Cuatro treinta de la tarde,
En medio de la plaza
Hay un triste helado caído
Ajeno a lo que pasa.
De un suave sabor dulce
Como aroma de primavera;
El destino había planeado
Que en ese momento, te viera.
Ignorando lo que sucede
Rápido pasa la gente;
La agonía de un triste helado caído
Les es indiferente.
¡Oh, triste helado caído!
A merced del tiempo y del clima,
Sobre un lecho de granito
Su ocaso se aproxima.
Del sujeto descuidado,
Error en el andar;
Un movimiento repentino
Y a sus pies viniste a dar.
Para el pobre desgraciado,
Lo peor que ha vivido.
Sin embargo te ha dejado;
Oh triste helado caído.
Cuarto para las cinco.
Agoniza el objeto movible;
La grandeza de lo sutil
Y un final terrible.
Muy triste el abandono
Y mayor el olvido,

Página | 27
Con el alma destrozada
Pero él se ha ido.
¡Oh, triste helado caído!
Se acerca tu final,
Más no volverás ni verás a Dios,
Eres un simple objeto banal.
Cinco de la tarde
En el suelo derramado,
Y ya casi nada queda
De la más triste escena.
Poco a poco fue muriendo
Por una lenta acción decidida,
El cruel calor de la tarde
Pronto lo dejó sin vida.
Sobre el suelo,
Ahora yaces inerte
Pero ya dentro de poco:
Sólo vivirás en mi mente.
Pero mientras yo te recuerde,
Seguirás existiendo,
Y así habrás trascendido
Oh, triste helado caído.
José Luis Rojas Vargas.
Elegante y recatada,
Detrás de la ventana;
Lo único que sé:
Su nombre es Viridiana.
Cabello corto, colorido vestido,
Ojos cafés, rosadas mejillas;
Linda sonrisa y delicadas rodillas.
Amable y alegre,
La vi esta mañana;
Tiene gustos peculiares,
Su nombre Viridiana.
José Luis Rojas Vargas.
Página | 28

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful