“Dale un like a tu escritura: promoción de

escritores juveniles, ENMSCHL”

León, Guanajuato 2017

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Contenido
¡Yo sólo iba caminando!.............................................................................................3

El Mar.........................................................................................................................9

Planes Perfectos......................................................................................................11

LADYBUG................................................................................................................12

Días de Octubre.......................................................................................................15

Corto runrún.............................................................................................................16

Amor luminiscente...................................................................................................16

Sin ti.........................................................................................................................17

CAMILA....................................................................................................................18

“La esencia se desvanece”......................................................................................25

“Ventana azul”..........................................................................................................25

Oda a la muerte del helado.....................................................................................27

**Puedes consultarnos en: escritoresjuvenilesenmschl.blogspot.com

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¡Yo sólo iba caminando!

Eso dije cuando todos preguntaron ¿Qué era lo que había hecho para ser yo?
Para ser yo "la elegida", en ser diferente de ahora en adelante; sin querer serlo, yo
sólo quería caminar un poco y regresar a casa después de un largo día.
Así empieza ésta historia que seguramente he contado cien veces y
probablemente la cuente mil veces más si no dejan de poner mi foto en internet
con el título "Una Verdadera Chica Especial".
¿Acaso ser diferente es tan importante? Siendo tan diferente no disfrutas
totalmente nada, "lo normal" no te funciona y lo diferente no existe lejos de ti.
Ese día por la mañana desperté temprano, como cualquier otro día para ir a clase,
la única diferencia al resto de la semana era que el viernes había llegado. Tomé la
primera clase e hice equipo con Wallace, él y yo nos habíamos comenzado a
juntar en clase de Inglés desde hacía ya un mes más o menos. Tantas clases nos
hicieron pasar de compañeros de trabajo a amigos, creo que fue genial ¡Él es
genial! Pero es una historia que no contaré ahora.
Seguí con mis clases normales de un viernes cualquiera: Biología, Lógica,
Química y Cálculo. Había quedado de verme con Lean y Val en la salida para ir a
casa de alguna a comer y cambiarnos para la reunión de esa noche en casa de un
chico llamado Alex a quién por supuesto no conocíamos, pero por el simple hecho
de tener música, gente y alcohol en un sólo lugar ya parecía un buen tipo.
Llegamos a casa de Val porque era ahí el lugar más "tranquilo" que encontramos y
por tranquilo me refiero a que no había hermanos ni padres. Sus padres habían
salido por la mañana y regresarían tal vez hasta el día siguiente; comimos lo que
había en el refrigerador y nos probamos todo el closet como niñas jugando en el
armario de su madre.
Un par de horas después de empezar a arreglarnos, por fin estábamos listas,
como cualquier otra noche de reunión nos fuimos a la casa del “nuevo buen tipo” y
en el camino nos organizamos lo suficiente para que ninguna hiciera un ridículo
sin razón. Las tres tendríamos nuestros celulares casi pegados al cuerpo y
contestaríamos siempre, a menos de que estuviéramos muy ocupadas, además

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nos veríamos cada cierto tiempo en algún punto de la casa para verificar que todo
y todas estábamos lo suficientemente bien para seguir.
Llegamos a casa del chico y bajamos una a una del auto, Lean lucía muy bien, tal
y como suele hacerlo, definitivamente las faldas pegadas y las blusas holgadas a
ella le quedaban súper; Val había optado por la falda suelta que le quedaba por
encima de la rodilla con estampado floral y una blusa blanca que la hacía resaltar
entre la noche, mientras tanto, yo usaba unos shorts negros lo suficientemente
cortos para no quedar desentonada con las otras dos y una blusa gris claro que
siempre he amado.
Al entrar a la fiesta todo estaba como en cualquier otra, todos se divertían,
nosotras comenzamos a bailar, sin embargo hubo un momento en el que "me
harté" y sólo quería estar un rato sin tanto ruido, sin tanta gente, así que salí y
comencé a caminar sin un rumbo en específico, donde únicamente caminar
bastaba.
Caminé cerca de una hora y cuando estaba considerando regresar, vi una luz con
un tono rosado que salía de un lugar lejano, la observé un momento y ahí, me
atrapó. Me acerqué a una distancia considerable, tal vez eran unos tres o cuatro
metros de distancia entre esa cosa y yo. Comencé a caminar hacía esa luz
rosada, no estoy muy segura pero sé que me acerqué poco a poco como si nada
más existiera, supongo que parecía una mosca acercándose a un foco cualquiera,
la única diferencia era que está definitivamente no era una luz cualquiera. Cuando
estuve bastante cerca miré la luz detenidamente y sin pensar la toqué.
¿Por qué lo hice? Es una muy buena pregunta. ¿Sabía esperaba que cambiara
algo de lo que era o de lo que había sido? ¡No! Claro que no lo sabía, de haberlo
sabido hubiera pensado más, probablemente aún así la hubiera tocado pero al
menos habría tenido una advertencia.
Si supieras que un sólo acto cambiará casi todo lo que conoces ¿Lo harías? Yo sí.
Después de tocar aquella cosa extraña no recuerdo bien nada, me acuerdo de
luces de colores, oscuridad en momentos y alguien hablando algún idioma extraño
con el que parecía estar hablando conmigo como si yo entendiera todo.
Realmente nunca supe y muy posiblemente no sepa cuánto tiempo estuve perdida

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en no sé dónde con no sé quién o qué. Cuando por fin estuve consciente, al
menos para ubicarme, miré alrededor y vi que me encontraba en el mismo lugar
en dónde vi la luz pero esta vez ya no había luz, no había nada, me juzgue de loca
y un poco de ebria así que sólo tomé una decisión aparentemente fácil y obvia:
"regresa a la fiesta y sigue bailando".
Sin embargo, al ir caminando me encontré con Wallace, o más bien él me
encontró a mí, dio por hecho que yo no estaba en mis mejores condiciones y me
llevó con él de vuelta a la fiesta.
Durante el caminó de regreso Wallace no dijo nada pero yo tampoco hice el
intento de sacar algo a platica ni mucho menos, sólo íbamos caminando.
Entramos a la fiesta y hasta ese punto volvimos a cruzar palabras, él me dijo que
bailáramos y yo accedí. Bailar con él me llevaba de alguna manera a otro mundo,
sentía que todo estaba bien, la música, un pequeño espacio y su cuerpo cerca del
mío. De alguna manera eso me ayudó a distraerme y así no pensar en lo que
acababa de suceder, pero para mi desgracia esto no dudaría para toda la vida.
Lean y Val ya me esperaban en el patio de la casa para irnos juntas y quedarnos
en casa de Val. En cuanto llegamos al cuarto las tres caímos dormidas y no
supimos ninguna de la otra hasta la mañana siguiente; esa sensación me sigue
agradando, parece que todo en tu interior esta fuera de control por la noche y por
la mañana vuelve a ser lo que era antes de enloquecer.
¿Cómo olvidar el momento en que te das cuenta de que algo ha cambiado? Ver y
olvidar. Escuchar y fingir no hacerlo. Saber algo y guardar silencio. Eso no se
puede, así como no pude simplemente fingir que no notaba esa especie de
mancha en mi cuello, no era muy grande e incluso si no te fijabas tanto
probablemente ni siquiera la notarías, estaba debajo de la oreja y un tanto
inclinada hacía la nuca así que podría hasta cubrirse con el cabello, pero yo sabía
que estaba ahí y eso me bastaba para preguntarme qué rayos era y cómo había
llegado ahí.
Estuve dandole vueltas a esas preguntas hasta que las demás despertaron luego
de eso lo dejé un rato como si no tuviera importancia, como si esa "mancha" fuera
parte de mi normalidad.

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Todo marchaba bien, bastante bien, era un día común para Val, para Lena y se
supone que también para mí debía serlo hasta que alguien más tomó curiosidad
sobre lo que tenía en el cuello.
La mancha no se había conformado con aparecer sino que ahora hasta parecía
estar abultada como si fuera una cicatriz y eso revelaba la figura: era un tallo largo
y delgado con una bella flor en la punta que señalaba hacía la oreja. No sabía si
debía alegrarme por la hermosa figura que portaba en el cuerpo o si debería
ponerme mal ya que no sabía de dónde había salido; un dilema bastante curioso.
El día continuó y todos a mi alrededor hacían lo que se supone deberían hacer,
todo estaba perfectamente normal junto a mí pero yo sentía algo extraño, una
pequeña sensación de que algo anda mal o que algo está por suceder.
Todo sucedió en el momento menos esperado, saliendo de clases las niñas y yo
nos quedamos un momento en la cafetería junto con otros tantos amigos, Aarón
fue a comprar algo de comer y cuando volvió a la mesa con nosotros traía consigo
un plato de fruta que en su gran mayoría contenía guayaba, no soy nada fan de su
sabor; Aarón muy amable me ofreció del plato y cuando acercó el plato hacía mí
pude sentir un pequeño cambio de temperatura en la flor de mi cuello, se sentía
más frío.
Fingí que nada había pasado y seguí fingiendo. Al menos hasta que llegué a casa.
Una vez sola me puse a hacer pruebas conmigo misma acercándome a cosas que
no me agradan y poniendo música que no escuchaba tanto y efectivamente con
todo ello volvía a suceder, la temperatura en esa zona era otra y fijándome bien
pude notar que tomaba un poco tonos en acuarela, muy tenue. Fueron esos
momentos los que me hicieron notar un poco de para qué servía la supuesta
mancha.
Emocionantes momentos donde encuentras algo nuevo, no ocurren siempre, ver
algo nuevo en ti, darte cuenta del cambio, notar la pequeña luz de la diferencia en
medio de la oscuridad de la normalidad.
Intenté durante los siguientes dos días acostumbrarme a sentir el cuello frío y a
que unos cuantos me preguntasen qué era lo que tenía en el cuello y cómo había
hecho para que estuviera eso ahí. Ya formaba parte de mi vida y eso estaba bien

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por mí, al menos hasta ese momento lo pensaba.
Llego el lunes y tenía Inglés en la tercera hora y eso indicaba que era momento de
encontrarme con Wallace y probablemente él me preguntaría de lo que pasó la
noche del viernes, no creía que fuera a dejar desapercibido el hecho de que me
encontró aparentemente ebria caminando en la nada.
Era hora de la clase y yo me encontraba bastante nerviosa, intentaba que no se
notara pero no creo que lo haya hecho bien. En cuanto Wallace pisó el salón me
miró y me preguntó si estaba bien, mentí, claramente no lo estaba y ahí ocurrió
una de las cosas que me sorprendió.
Él negó mi afirmación y me preguntó entonces qué era lo que había pasado, no
esperaba que sus palabras fueran tan claras. No quería contarle e intenté marear
un poco sus ideas para evitar el tema, sin embargo no fue suficiente y de alguna
manera hizo que me resignara y comenzara a contarle todo. Wallace tenía algo
que me hacía, me hace, confiar en él. Ahora alguien compartía ese secreto
conmigo, eso estaba bien.
Saber que tu vida no será lo mismo, da miedo, no sabes si estar tranquilo y vivir
con ello o entrar en pánico. Yo debía entrar en pánico pero quería estar tranquila y
disfrutarlo.
Después de haberle contado a Wallace él fue quien me ayudó a a saber qué era lo
que pasaba conmigo, me ayudó bastante a acostumbrarme a mi nueva yo.
Conforme pasaba el tiempo notamos que además de que la flor cambiaba su color
y se ponía un poco fría con las cosas que no me agradaban también había hecho
algo en mí, ahora tenía algo como la conciencia pero esta de manera muy
marcada, me aconsejaba muy bien en lo que parecería mejor hacer o lo que para
nada debía atreverme a realizar.
Al ir descubriendo lo nuevo que podía hacer me fue un tanto emocionante, todo lo
nuevo que me pasaba se lo contaba a Wallace, teníamos una clase, un secreto y
cada vez más momentos que recordar. Realmente estaba disfrutando todo eso. El
problema me llegó el día que todo salió de control.
Si “algo” te dice que no deberías hacer caso, no alguien “algo” ¿Deberías hacerle
caso a ese algo que te dice que no? No le busques más explicaciones a tu sentir,

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por alguna extraña o tal vez ni tan rara razón estás sintiendo que no es correcto y
si te lo estás diciendo a ti mismo que no, es no.
Wallace y yo nunca hablábamos de lo que ocurría con mi flor o conmigo en la
escuela a menos de que estuviéramos completa y absolutamente seguros de que
nadie se acercaba y ni un espía nos miraba, pero ese día estaba muy emocionada
y en cuanto pude lo cité en la cafetería (el peor lugar que pude haber elegido) y en
cuanto llegó a la mesa no le paré de hablar sobre que además de lo que ya
sabíamos de los colores, mi súper conciencia y esa pequeña visión diferente
ahora tenía la posibilidad de detener un poco el tiempo.
Así de raro y simple, al lograr concentrarme lo suficiente podía hacer que se
detuviera el tiempo, le conté todo a detalle, desde que tenía que tocar la flor, sentir
bien aquello que quería y como resultado a eso obtendría una pausa en esta vida
apresurada y ágil, él estaba igual de sorprendido que yo y por eso mismo no
notamos que alguien más también lo estaba y ayudaría a que unos cuantos más
se unieran a la emoción y así se fuera propagando una emoción con la que ya no
podía tratar.
Para la hora que salí de mis clases y me paré en la cafetería para esperar a Lean
y Val como todos los días ya había muchos a mi alrededor pidiendo ver mi flor y
ver cómo cambiaba el color o preguntándome cómo había hecho que llegara a mí
o qué debía a hacer para que lo que ellos llamaban poderes, funcionaran. Me
abrumé y estallé, en realidad, sólo corrí. Salí corriendo por todo el patio y no paré
hasta llegar a casa.
Llamé a Wallace con lágrimas en los ojos y la voz quebrándose y lo único que
pude decir fue: "Ven", y colgué; fue suficiente para que él llegara tras unos
minutos. Y en cuanto lo tuve frente a mí supe que no tenía que ser tan fuerte
frente a él, que con él podía caer y que sin duda me ayudaría a levantarme, lo
abracé, me abrazó y supongo que perdí tanto en el momento que no supe cómo ni
en qué pero detuve el momento y al estar cerca de mí él se quedó conmigo, todo a
nuestro al rededor tenía una pausa pero nosotros estábamos recuperando esos
minutos que habíamos perdido en alguna siesta o en alguna clase.
Me miró y me dijo que eso era tan mágico que le costaba creer que estaba de

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verdad viviéndolo, sin pensarlo lo besé. Inició nuestra supuesta y rara historia de
amor. Pero es una historia que no contaré ahora. Escrito por: Iglith

El Mar
Veo el mar y veo cada parte de él. A lo lejos veo lo que pudimos ser y en la
espuma lo que fuimos, es como si cada ola me trajera un recuerdo, un día, un
abrazo o un beso. Todos los días me levanto con la esperanza de que en la orilla
encuentre más que sólo recuerdos…
Hay una parte en la playa donde están las grandes piedras, que me encanta y es
que ahí parece que estamos los dos.
El mar se va…pero siempre vuelve, es como si algo lo atrajera hacia la arena,
hacia las piedras, hacia mí.
Tal vez soy algo especial para él o tal vez no sabe de mí.
Tal vez sabe lo que pienso pero no entiende la forma en la que yo lo veo, ante mis
ojos es perfecto, y me perdería en él una y otra vez,
Aun conociendo lo peligrosos que el mar es.
Cuando estoy nadando en él, siento su inestabilidad… me recorre cada centímetro
y hace todo lo posible para dejarme fuera de él.
Todos los días he pensado en cómo calmarlo,
Cómo hacerle saber que cuando estoy cerca, por muy difícil que sea, estaré
dispuesta a hacerle ver lo magnifico que es y todo lo que él crea riesgoso no sea
nada a su lado.
Mi vida siempre ha sido como el mar, estrellándose una y otra vez con esas
piedras, pero al final mostrándose tan claro, que incluso puedes ver hasta lo más
profundo y es que creo que él ha sido la piedra más fuerte con la que me he
golpeado, porque me ha dejado en mi estado más claro, ese estado en dónde ni
mis demonios se pueden ocultar.
Él que vio cada parte de mí…vio mi lado más positivo, cariñoso, el más agresivo y
negativo, lados que cambian en cuestión de segundos y en los cuales ni yo misma
me reconocería.
Me vio como una niña asustada y me vio como una mujer responsable, aunque
nunca supe si me aceptó en cada uno de ellos o si fallé a tal grado de alejarlo de
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mí.
Estar aquí es lo mismo que verlo partir, es lo mismo que rogarle con lágrimas en
los ojos sabiendo que no cambiara de parecer, es lo mismo que pedirle que
desaparezca de mi vida cuando lo que más quiero es que se quede siempre, es lo
mismo que saber que no volverá porque así yo se lo pedí.
Hoy dejé lágrimas aquí, lagrimas que espero que el mar guarde y algún día las
tome si las necesita. Son lágrimas que salen espontáneamente, enseñándole al
mundo lo vacía que me siento sin él pero al mismo tiempo lo fuerte que me ha
dejado.
Tal vez vuelva como el mar vuelve a mí una y otra vez, o tal vez se pierda
buscándome, o puede ser que incluso haya olvidado cómo buscarme y dónde
encontrarme.
Ver el mar desde este balcón sólo me hace formar una lluvia de preguntas,
preguntas que no tienen respuesta y probablemente no la tendrán jamás, porque
lo único que he entendido es que se fue, se fue como el sol desaparece por las
noches y la luna durante los días, se fue porque no buscó más allá de los
arrecifes, más allá de lo que él creía conocer.
La única pregunta que voy a dejarle al mar es si algún día me recordará…o si una
parte de mí ya se ha quedado con él. Hoy me voy llena de recuerdos, que me han
traído las olas, recuerdos que tal vez sólo guarde; sé que partió hoy, ese velero
que vi toda la semana, y sé que aunque el mar no le hable de mí, llegará alto por
el simple hecho de quien él es, con o sin mí.
RMLV

Planes Perfectos
He visitado lugares inimaginables, lugares que te hacen perder el aliento, lugares
que están llenos de personas que tienen fe hasta por los ojos, personas que te
llenan de amor sin conocerte y donde el cansancio ya no parece algo que esté
sucediendo. Esos lugares donde con una simple playera, un paliacate y un morral
representas al ser más maravilloso del mundo. Y es que no entiendo cómo un ser
tan inútil como yo puede convertirse en eso.
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Cada año asisto a estos lugares, en donde encuentro una familia, un abrazo, una
lluvia de sonrisas y risas pequeñas e inocentes, esas de las que hoy en día no se
ven ni se escuchan, porque hemos cambiado, porque vivimos acelerados, porque
pensamos en lo que pasará mañana pero ni siquiera ha empezado nuestro día de
hoy.
Vivimos en el futuro sin saber si aquel ser maravilloso, que para mí existe, nos
dejará seguir mañana. A veces me gustaría quedarme siempre en esos lugares,
porque ahí todo es mejor, todo es el presente y allá siempre he vivido de
momentos y de personas, personas que me enseñan muchísimo más de lo que
algún día yo podría enseñarles, pero lo más importante es que confían en mí sin
importar que sea la primera vez que me hayan visto.
Esos lugares son aquellos a los que no todos van, a los que muchos les temen,
porque son viajes diferentes, en los que relativamente aprendes a estar solo, en
los que extrañas hasta un punto que duele, en los que duermes en el suelo frío, en
los que no comes lo que te gusta las 24 horas del día, en los que caminas por más
de cinco horas bajo el sol, en esos que te mueres de frio por las noches y durante
los días el sol parece ser tu mayor enemigo. Son esos viajes en donde llega un
momento donde dices ‘ya no puedo’, porque nadie dijo que sería fácil, nadie dijo
que habría momentos de soledad y de cansancio, momentos donde tus pies
parecen no dar ni un paso más y tus rodillas se doblan continuamente.
Pero de todo esto he entendido que no todos pueden contemplar lo inimaginable,
esas tardes llenas de risas y cantos mientras caminas por ese sol que te conforta,
esos abrazos de personas extraordinarias que teniendo nada, lo tienen todo, esas
tardes donde juegas sin parar con niños tan inocentes, llenos de sueños que sé
que algún día serán una realidad, esos días en donde tu cara se ilumina de
esperanza, de amor, de compromiso y de valor, donde ahora entiendes que la vida
se va así como viene, donde quienes te rodean son tu única prioridad; tu presente.
Más que lugares, viajes y personas son planes, planes inesperados, planes
perfectos, planes de aquel ser maravilloso que me ha dado la mejor oportunidad
del universo; esa oportunidad que es vivir, vivir de un hoy y no de un mañana.
RMLV

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LADYBUG
¿Qué es poesía? dices mientras clavas en mi pupila, tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú. Gustavo Adolfo Bécquer

Y es aquí cuando internamente mi corazón tuvo una chispa de emoción, quinto de
primaria si no mal recuerdo, mi maestra leía Rima XXI de Adolfo Bécquer e
involuntariamente volteé a verlo.
Cuando uno es niño no entiende bien qué es el amor o enamorarse, es una idiotez
que los chamaquitos de ahora a los 8 años digan tener novia o que ya dieron un
beso de lengua, no es momento para eso, no disfrutan lo mágico que es, pero
bueno retomando, yo de niña no podía decir que alguien me gustara, simplemente
tenía el criterio suficiente para decidir si invitarlo o no a mi fiesta de cumpleaños, y
justamente a él siempre lo tendría contemplado para cada cumpleaños.
Cada día que iba a la escuela esperaba ansiosamente la salida, no crean que me
quería ir en cuanto llegaba, de hecho me gusta aprender, tanto que aun vengo
gustosa a la prepa, pero la salida era simplemente donde podía hablar con él. En
el transcurso de la clase me ponía a cuchichear con mis amigos que estaban
alrededor, en el recreo me la pasaba jugando con las 3 mejores personitas que he
tenido el placer de conocer y en la salida esperaba a que mi madre pasara a
recogerme y él también esperaba a sus padres, eran como los 5 o 10 minutos
diarios donde podía decirle hola y jugar con él.
Mis tardes transcurrían con toda la tranquilidad del mundo, salía en la bicicleta a
pasear por la colonia, invitaba a una vecina a jugar, me iba yo a la casa de mi
mejor amiga, cada jueves iba a la placita y si mamá estaba de buen humor había
la posibilidad de ir por mis otras dos mejores amigas para invitarlas a comer,
regaba las plantas, escuchaba a “Parchis” a todo volumen (si, a mis 10 años me
encantaba Parchis, gracias “ma”), veía patito feo o como sea que se llamara la
telenovela que hizo de moda las diademas de tejido con flores enormes.
Para todas estas cosas siempre quise que alguien estuviera, ya fueran mis 3
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amigas o mi conejo Trustris, normalmente eran mis amigas y era raro cuando
pensaba en él, mis pensamientos estaban ocupados por canciones de Parchis
(tanto que a la hora de presentar mi confirmación no recordaba los mandamientos
sino la canción de Parchis; parchis, parchis, parchis, es el nuevo juego que
traemos para ti…) y pues obviamente pensaba en otras cosas pero no ocupaban
tanto en mi memoria.
Uno de niño suele distraerse, pero aun así, cada domingo era de ley visitar a una
tía y de regreso a casa pasar la tarde en el parque hidalgo y ¡wow! Era lo mejor de
la semana, pasaba tiempo con mi familia, atrapando catarinas y echárselas a mi
hermana, haciendo maromas con mi padre, dándole flores a mi madre,
molestando a mi hermana mayor para que jugase conmigo, convenciendo a todos
de que ir a los juegos de adentro de la reja era una gran idea y sin embargo esos
domingos tan especiales siempre quería compartirlos con él, que jugara conmigo,
que me acompañara, que estuviera ahí y solamente él, ya ni mis amigas, y ni
nadie.
No sé exactamente por qué él, había niños más bonitos en mi salón y otros con
los que hablaba mucho más, pero desde ese día donde la maestra leyó ese
poema, supe que había algo más. Y así transcurrió quinto y sexto de primaria, sin
saber qué onda, qué era eso que me hacía sonreír al hablarle, lamentablemente
suceden cosas inesperadas y me cambié de escuela a mitad de año, fue algo
totalmente repentino, fui un viernes y para el lunes ya estaba en una nueva
escuela, no pude decir adiós a nadie, ni a mis amigas, ni a la vecina, ni a él.
Dirán ¿y por qué no les llamaste? No tenía teléfono, ni Facebook, ni nada, apenas
tuve una cuenta de Windows live o esa cuenta donde podías enviar zumbidos y
muy rara vez iba al cibert, pasó tiempo hasta que mi hermana se apiado de mí y
me creo una cuenta en Facebook (la cual no he cambiado y sigue siendo la misma
jajajaja) y agregué a mi profe de la otra primaria, preguntándole acerca de que si
podía volver a esa escuela donde estaban todos, pero ya en secundaria entendí el
por qué me decía que no, el sistema no lo permitía, ya estaba de alta en otra
escuela, más me invitó al último convivio que era del ciclo escolar, tal fue mi
contento que lloré, hice berrinche con tal de que me dieran permiso.

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Llegó ese día, me puse una blusa blanca de mariposas y pantalón negro, me
estaba desenredando el cabello cuando llega mi tía y me da el teléfono de mi
hermana:
- Pasaremos por ti como a las 10
- ¿Qué? Pero si es así solo estaré 2 horas
- ¿Y? En cuanto te llamemos te sales, estaremos fuera de la escuela
- Pero mis amigas, el convivio, gu…
- ¡Pero NADA! A las 10 o no vas
Seguí peinándome pero ya había empezado mal el día, llegué a la escuela en su
horario normal, mis amigas y otros compañeros me recibieron con mil
cuestionamientos que me hicieron un nudo en la garganta, cómo decirles que ni
siquiera yo sabía bien por qué había pasado, pero entre todas esas personas no lo
veía, no estaba, se habría enfermado o algo, me puse extrañamente ansiosa y
triste a la vez, sentí que realmente sólo había ido por alguien para quien jugar por
última vez y era él, pero a los pocos minutos se disipó esa sensación, había
llegado tarde.
El convivio pasó demasiado rápido, comimos tacos, él había llevado pastel, el cual
fue directo a la cara de Paco, (el niño más desastroso del salón, el profe fue quien
lo aventó, supongo que descargo el haberlo aguantado por un año), claro que
participé en todo lo que me fue posible, pero estaba siempre grabando unos
minutos a cada minuto, e inconscientemente sólo lo grababa a él, quería tenerlo;
medio ciclo escolar sin él y mis amigas y los demás, fue un verdadero estrés, no
congeniaba con nadie. El caso es que dieron las 10, el teléfono sonaba y
rechazaba la llamada, y así hasta las 11 donde me llegaron mensajes de
amenazas sobre mis fines de semana y de ser la chacha en casa por un mes,
decidí salir a contestar, cuando justo en la puerta había un bordito y caí sobre mis
rodillas. Empezaron a reír, mis amigas se levantaron a ayudarme, pensé que él
estaría serio o que vendría a ayudarme, que no vio mi caída o algo, volteé hacia
donde se encontraba y comencé a llorar, se estaba riendo de mí.
Me levante, desistí de la ayuda de mis amigas, contesté el teléfono y no sé cómo
rayos pude articular un “ya voy” cuando estaba rompiendo en llanto, mis amigas

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fueron conmigo, me despedí de ellas, las quería y un abrazo fue nuestra
despedida. Pasé de largo el salón, mis compañeros, el profe y a él.
En el coche, estaba enojada con todos y conmigo misma, seguía llorando, no era
lo que esperaba de ese día, todo se había ido a la mierda, literalmente sentía
como mi corazón estaba roto y es una sensación horrible la primera vez, entonces
fue cuando caí en la cuenta de que me gustaba y que yo no a él, ¿O acaso te
burlas de la persona que te gusta? ¿Te da satisfacción el verle humillado? Para mí
es lo menos que querría para él, pero bueno llegué a casa y me la pasé
durmiendo toda la tarde y hasta aquí es lo que recuerdo de ese primer amor.
CLAIRE

Días de Octubre
Alumno: Fabrizio Fava
Despierto y contemplo la bóveda celeste,
Su belleza no decrece y a cada segundo se extiende.
Amo el alba antes de cada mañana, en un silencio de resiliencia y atónito,
Parezco una escultura de marfil absorto en la limerencia de las últimas estrellas.
Cuantiosa cantidad de lindos destellos,
Que hacen de octubre el mes con las noches más hermosas.
Las guras pegan un alto vuelo siguiendo la candorosa
Nueva luz del nuestro apolo.
Rayos de sol que tejen la mortaja de una amena noche.
El sentido del júbilo puede desaparecer en algunas personas,
Pero las razones para tener una inconmensurable alegría,
Están ahí desde el amanecer.

Corto runrún
Dulce vida, espíritu absoluto,
Problema eterno y nuestro.
Déjanos estar despiertos,
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En este nuestro encierro.

Amor luminiscente
Alex Persio Dumas

Después de tan dilatado, enrevesado e indecoroso recorrido en el que no llevo
arrastrando nada más que sólo injurias; hoy por hoy te vuelves a aparecer como
un ínfimo vórtice atiborrado de caprichos, pero hueco de sentimientos verdaderos;
en los cuales caí soñando en que yo era el indicado, pero que con engaños de un
sagaz me cautivaste, te valiste de mí, y como un vil saco me dejaste varado,
contemplando en suplicio tu nuevo y engañado amor.
Ahora solamente me poso en la hierba forrajera de cauca, paciente pero dolido,
estacado con la rama de verde intenso y del árbol más podrido, la cual culminó
con mi letargo, dándome cuenta del dominio del mal ante la bondad, la avaricia
antes que la honestidad y el amor marginado del mundo terrenal. Sólo puedo
recordar con dolor, cobardía y desvelo, vivo resignado mientras el vórtice
vertiginoso me engulle y mientras más indago en él, menos tiempo me queda para
vivir de nuevo.
Sin embargo, yo he sido el único que vio a través de esos ojos errantes, la
luminiscencia de amor verdadero, custodiado de recuerdos dolorosos y de
sentimientos no correspondidos, pero que con vigor desea florecer. Por ello eres
veleidosa, frívola y en extremas circunstancias cínica, tú solamente has sido una
víctima partícipe del dolor. Recuerdo la sinceridad de tu susurro, que desde la
cámara de eterna oscuridad, pasando por tus cálidos labios, tu boca me dijo:
“Nadie me había mirado a los ojos con tal profundidad como tú lo haces”.
Pero después de todo me duele amarla y me duele pensar que será feliz con
alguien más que nunca la amó como yo lo hice incondicionalmente, ahora sólo
pienso en una vida sin amor, sin comprensión, sin ella; pero si quiero que llegue a
ser venturosa, debo renunciar a ella y marginarme de su vida por lo que queda.
Ahora sólo espero el momento oportuno para contarle lo que siento en verdad, a lo
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que he renunciado y a lo que he dejado pasar como oportunidades de vivir
felizmente, de la forma más detallista, tal y como le gusta que le hablen;
manteniéndome sereno y seguro ante el momento, pero dentro de mí yo sé que no
es así, sé que mi corazón late con vigor sólo por su presencia, que mis ojos no
pueden dejar de verla con oscilación a los atardeceres de sus ojos, contarle lo
tanto que la amo y forzarla a que me diga que no me ama tal y como la amo yo y
así acabar con mi cámara de tortura mental.
Intento dirigir una palabra hacia ella, pero siento como si estuviese hablando con
una desconocida, pero sé que no es así, la conozco bien, más de lo que ella cree,
sé lo que le gusta, lo que no le importa y lo que detesta, y en alguna de esas tres
listas debo estar yo, y lo quiero saber ahora; empiezo hablar a la par de que sueño
estar junto a ella, le cuento cada palabra que expresaba correctamente lo que
sentía hacía ella. Pero ella, con un suspiro y su mirada en oposición a la mía, sólo
menciona mi nombre en tono de resentimiento, se levanta y se aparta de mí.
Mientras que yo quedo desahuciado, sé que sin su pasado sobre mí, mis cadenas
han quedado disueltas, y ahora sabiendo lo que es realmente amar.

Sin ti
Porque tal vez todos somos una flor que aún no crece, somos una semilla
esperando ser encontrada.
Y así fue como me ayudaste a florecer, me cantaste y me hablaste bonito,
cuidaste cada uno de mis pétalos, los cuidaste de manera tan peculiar que cada
uno abrió con su propio brillo, aprendiste el secreto de uno a uno.
Pasamos cada día soleado juntos, incluso las tormentas, cuidaste que no me
doblará, que me mantuviera firme en todo momento pero de repente, las
tormentas pudieron más contigo que tú con ellas.
Ya no te quedabas conmigo mientras la lluvia caía, preferías ir a un lugar techado.
Ya no te quedabas en los días soleados, preferías ir a un lugar fresco.
Ya no estabas ahí y los días empezaron a ser nublados.
Aprendí a escribir con cada gota de lluvia y a subrayar con cada rayo de sol, la
niebla ayudaba a poner comas y la noche me indicaba los puntos.
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Porque podría escribirte por horas si tan solo me quedara algo de tinta.
Ahí descubrí lo que realmente era volar...
Porque si quiero te revivo en versos o te acabo en un punto.
Hago traer a la primavera o te traslado al invierno.
Te hago volar al compás de las letras hasta que toques el cielo, y de un momento
a otro...
Te dejo en el suelo.
Te suelto...
Así como tú me soltaste antes de tiempo; sí tu intención era que tocase el cielo,
has fallado amor mío, porque ni las nubes pude sentir recorriendo mi cuerpo.
El estrépito que causó mi caída provocó una gran sacudida, tal vez no en ti, pero
sí en mí, aún intento descubrir cómo cerrar las grietas causadas por tal altura, que
ni tanta fue, porque ni el cielo tuve el placer de conocer, me dejaste con ganas de
tanto y me diste tan poco.
Porque puedo llorarte en letras, más no hay motivo.
Siempre supe a lo que me arriesgaba y tal como me decía, nunca fui buena al
tomar decisiones, y el mejor ejemplo, has sido tú.

CAMILA
Las hojas de los árboles que yacían muertas sobre la cerca crujieron bajo mis
zapatos. Mientras mordía las uñas de mi mano palpaba, no sin temor, el bulto en
el bolsillo por encima del abrigo. Metí lentamente los dedos, donde mis yemas
apenas lo rozaron. Quemaba, como si estuviera en llamas, como arde lo que está
prohibido. Un escalofrío me invadió, una ola de espasmos recorrió desde mi mano
hasta el pecho convirtiéndose después un zumbido ensordecedor. Me tambaleé y
por un momento creí que me desmayaría. Pensándolo mejor, sería más
prudente… intentarlo otro día. Me aferré hasta con las uñas a la pared –totalmente
roídas, que me hacían parecer un monstruo- inhalé queriendo tomar fuerzas del
viento que me golpeaba el rostro y me revolvía el cabello. El sudor frío me
resaltaba por la frente, quería vomitar, me tapé la boca y por un instante quise
sacar todo en un grito. Por cómo me miraba la gente debía parecer loco, con
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rostro sucio y pálido, cerré los ojos y contuve las lágrimas. Los dientes me
castañeaban, tal vez a causa del viento gélido, tal vez por culpa anticipada.
Caminé un par de cuadras calle abajo hasta la banca que ya muy bien me
conocía, me senté de lado del sol, quería calentarme, pero éste apenas se veía
detrás de las espesas nubes que llenaban el cielo. El aire olía a tabaco y el viento
arreciaba. Exhalé sobre mis manos intentando calentarlas, la rigidez de mis dedos
era insoportable. Las froté sobre mi pantalón y después las metí debajo de mis
axilas. Las personas que recorrían la calle cambiaban de acera cuando se
acercaban hasta donde yo estaba, como si les diera asco, como si supieran lo que
soy.
El viento sopló aún con más fuerza. Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás.
Las hojas del árbol que flanqueaba la banca de madera se mecían al compás del
viento y susurraban advertencias en un idioma desconocido. Me acomodé en la
banca y miré hacia el frente. Podía cruzar la calle, entrar a la licorería y comprar
whisky, la botella más grande que hubiera; quería correr hasta alcanzar la puerta,
abrirla de golpe, escupir las palabras como buen alcohólico, lanzar sobre el
mostrador todo el dinero que me quedaba y empinarme la botella, en medio de la
calle, en la banca o donde fuera.
No recuerdo si caminé o corrí, tampoco recuerdo cuándo pedí la botella, aun
mientras escribo esto, ese pequeño fragmento de mi vida sigue siendo un agujero
negro de mi memoria.
Fueron necesarios un par de tragos para darme la fuerza necesaria, ponerme de
pie y tomar rumbo hacia dónde dije que no iría. Mientras caminaba, sujetaba con
fuerza la botella y tomaba tanto como me caía en la boca. Me quemaba al tragar,
pero no importaba, mientras más borracho me sentía, menos abrasador era el
contenido del bolsillo del abrigo. Estaba a unas calles de llegar al parque cuando
pude tocarlo sin que me quemara. Por un instante hasta me sentí sobrio. No
estaba seguro de querer hacerlo, pero ya estaba tan borracho que mis pies
parecían haber tomado el control.
Llegué al parque con las palmas de las manos sudadas. Me limpié el pantalón y
me senté en el pasto. Saqué de entre las cosas que cargaba una libreta pequeña

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y comencé a garabatear cuando me di cuenta que de nuevo no podía escribir.
Tracé algunas rayas en vertical y unas cuantas más en diagonal tratando de
crecentar la inspiración, porque por alguna extraña razón, en ese preciso
momento, me invadieron unas inmensas ganas de dibujar ¿Dibujar? ¡Si yo no
sabía hacerlo! Seguí garabateando hasta que distinguí, un caballo. Intenté darle
forma durante un buen rato. Tracé y borré líneas un montón de veces. El pasto
estaba húmedo y comenzaba a sentir el trasero tan frío me estaban cosquilleando.
De pronto el cielo se abrió y algunas vetas de luz cayeron oblicuamente, pero no
donde yo estaba sentado… los rayos del sol caían donde quería acercarme, pero
tenía frío y la botella estaba casi vacía. Me despegué del suelo y caminé hasta
ahí, justo a unos metros donde jugaban los niños.
Me volví a acomodar en el pasto y sintiendo el sol sobre mí, continué dibujando.
Estaba casi a punto de rendirme cuando, de reojo, noté que se acercaba una niña
caminando lenta pero ansiosamente. Tenía entonces el cabello largo como
ninguna otra –entre cinco o seis años- y unos ojos tan abiertos como si no
alcanzaran a ver lo suficiente. Me preguntó qué hacía y yo le contesté que
intentaba dibujar un caballo. La niña me sonrió como supongo que lo hace una hija
con su padre y con aquella infausta sonrisa me rogó que se lo enseñara.
Finalmente cedí, lo observó con calma y me dijo que ella también sabía dibujar
caballos; como dando por hecho, que no era bueno o malo sino simplemente
aceptable. Le pedí que dibujara un caballo, pero ella preguntó qué obtendría a
cambio. Entonces mi cabeza estalló, los brazos me hormiguearon y sentí arder lo
que traía en el bolsillo. Camila volvió a repetir la pregunta y entonces metí la mano
al bolsillo y apreté lo que contenía. Le respondí que por pura casualidad aquella
mañana había traído conmigo un dulce para un momento especial y que sin duda
alguna aquel era el momento especial. Le pregunté si le gustaría cambiarme el
dulce por su dibujo del caballo. Camila asintió con la cabeza y me arrebató de las
manos la libreta, se tumbó frente a mí y sentada con las piernas extendidas y el
puño entero sosteniendo el lápiz. Dibujo un caballo. No pasó ni un minuto cuando
Camila levantó la mirada y dijo que había terminado. Sus ojos cafés
resplandecían. Sí Camila consideraba que nuestros caballos eran suficientemente

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aceptables, no me quiero imaginar que tan espantoso lucía el mío. Le pedí que se
acercara y yo, siendo consciente de su fragilidad, acaricié con ternura su mejilla.
Nunca mencionó, su nombre, pero en cuanto mis dedos sintieron su piel, algo en
mí dijo que ella sería Camila. Me enamoré de ella, de la calidez de su rostro, de
sus grandes ojos y su maldita sonrisa. Me dijo que estaba helado, aparté mi mano,
la metí en el bolsillo. Sé que algo no está bien en mí, pero la llama se había
encendido y nada lograría apagarla. Gritó de emoción y tomó el dulce. A pesar de
lo fugaz del contacto, estallé en deseo de sentir más como eso. Lo desenvolvió
con prisa y se lo metió a la boca, fue entonces cuando me arrepentí. Comencé a
preocuparme, sentía como si todos estuvieran viendo al depravado y la niña.me
acerqué temeroso a ella, quería sacarle el dulce de la boca cuando lo mordió y
terminó por tragárselo. Probablemente no tenía tan mal sabor porque antes de
desmayarse ninguna mueca perturbó su hermoso rostro.
En cuanto cayó al pasto me levanté de un salto y volteé hacia todos lados, si
alguien la veía podría meterme en problemas. Sentí la adrenalina y la bilis
subiéndome por la garganta. Cargué en mis brazos a Camila y eché a andar lo
más rápido que pude sin levantar sospechas. Al llegar a casa, violé la cerradura
con las llaves en un intento de entrar de prisa y antes de cerrar la puerta a
nuestras espaldas eché un vistazo hacia la calle. Al parecer nadie había reparado
en el hombre que cargaba la niña. Recosté a Camila en la cama y la amarré de los
brazos de la cabecera, le metí un trapo a la boca y se lo pegué con cinta adhesiva.
Estaba nervioso, feliz y borracho. Iba hacia la cocina a preparar algo de comer
cuando le eché otro vistazo. Mi respiración se agitó y las manos comenzaron a
sudarme, regresé hasta un lado de la cama con pasos cortos, acerqué mi cabeza
hasta ella y le olí el cabello. Olía a flores. Le acaricié el rostro y de nuevo me
ruborizo la suavidad de su piel. Empezaba a sentir como la virilidad se me
endurecía mientras el corazón me latía a toda prisa, la desamarré envuelto en
aquel éxtasis. Tomé sus manos y me las llevé a la boca, sobre mis labios podía
sentir toda su exquisita juventud. Llevaba una playera de manga larga rosada.
Intenté quitársela, pero la ansiedad no me permitía hacerlo. Terminé casi
arrancándosela del cuerpo. Le toqué con la punta de los dedos los pezones y

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después los lamí y los llené de mordidas hasta que quedaron enrojecidos.
Entonces rompí en llanto, estaba mal, todo estaba mal. Me levanté de la cama y le
eché una cobija para cubrir su desnudez, corrí hasta el baño y cuando estuve
encerrado me mordí los puños, después de golpear las paredes. Grité tan fuerte,
que temí que Camila despertara y se encontrara desatada. Abrí el botiquín y
saqué la bolsa que cinco días atrás había jurado no volver a tocar nunca.
Llegó la noche y con ella el implacable frío. Tenía hambre, abrí la alacena
buscando algo que comer, pero estaba vacía, después busqué en el refrigerador,
pero ya no había más que agua. En la cocina había algunas cucharas sucias con
restos de comida, las lamí todas, incluso las que llevaban semanas ahí. Volví al
baño e inhale un poco de droga, para estar más alerta. Regresé a la habitación y
apenas ver a Camila supe que algo no estaba bien. La tomé por los hombros y dije
su nombre, le repetí un poco más alto, hasta que terminé gritándolo mientras la
sacudía. Estaba muerta. Lloré abrazando su cuerpo y sin pensarlo intenté
reanimarla. No funcionó. Probablemente llevaba muerta más tiempo del que
imaginaba. Le dije en el oído que la quería, que la quería más que a nadie. Estuve
abrazando su cuerpo más de una hora. Cuando las lágrimas se me terminaron fui
por un paño limpio y un balde de agua, le quité toda la ropa y la lancé lejos de
nosotros. Metía el paño al balde y lo exprimía. Se lo pasaba por el rostro, por el
torso, las piernas y cuando me disponía a limpiarle el sexo, el fuego en mi interior
de nuevo comenzó a chamuscarme. Con mis manos empapadas recorrí cada
centímetro de Camila. La piel comenzaba a perder su calor y sin embargo seguía
estando igual de tensa y suave. Toqué sus parpados, sus labios, sus pezones y
finalmente su sexo. Toqué todo su sexo con ambas manos y metí mis dedos, tan
profundo como podía. La entrepierna me punzaba, me bajé la bragueta y con una
mano me masturbé mientras con la otra mancillé a Camila. Terminé quitándome
toda la ropa y asfixiando su cuerpo debajo del mío. El contacto de su piel desnuda
contra la mía me volvió loco. Le besé todo el cuerpo y le pedí disculpas al oído.
Tomé con fuerza mi virilidad y la acerqué hasta ella. La penetré primero con
cuidado, como adolescentes que descubren el sexo, después con brutalidad y
fuerza. Una cuantas lágrimas me rebelaron por el rostro. La besé y empujé mi

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pene lo más profundo que pude cuando sentí que se acercaba la eyaculación.
Exploté dentro de ella. La volvía a besar y corrí al baño a limpiarme.
Al final del día la arropé y le leí uno de los cuentos que escribí cuando era joven.
Lloré toda la noche hasta quedarme dormido.
Las semanas que siguieron me parecieron insoportables. Camila no necesitaba
comer y aunque lo hubiera necesitado yo no tenía ni una moneda para comprar
comida, simplemente tenía cocaína que día a día se volvía menos.
Ahora me veo en el espejo y veo nada más que huesos recubiertos por una fina
capa de piel que al contacto podría desgarrarse. Me siento débil y temo morir en
cualquier momento, aun así, todas las noches poseo a Camila como la primera
vez que lo hice. Lo sé, mis células me lo dicen si la policía nunca me atrapa
terminaré por morir de hambre.
Esta mañana he hablado con Camila. Le dije que no quiero sufrir y le pedí
disculpas por todo, incluso por lo que aún no hacía. Le conté que detrás del
televisor guardo una pistola que lleva tanto tiempo sin usarse que dudo que sirva,
aun así, intentaré cargarla, colocármela en la sien y si tengo la valentía suficiente,
presionar el gatillo.
Llevé a Camila al baño y le limpié el cuerpo. Lavé la ropa que llevaba la primera
vez que nos vimos y se la puse. La cocaína ya se ha terminado y tengo tanta
hambre que he empezado a tener ideas extrañas. Quiero arrancarme los ojos y
metérmelos a la boca. Necesito… a Camila, la necesito.
***
Cuando el policía terminó de leer permaneció desconcertado viendo el fino trazo
de cada una de las letras. Había encontrado la libreta sobre la mesa, justo al lado
de un montón de balas y una pistola que no servía. Investigó en toda la casa. En
la sala había sólo un sillón, en el comedor la escena de un intento de suicidio, en
la cocina una alacena –vacía- un refrigerador –vacío también- y un guisado sobre
la estufa que olía tan mal que era evidente su avanzado estado de
descomposición. Había pocos muebles en toda la casa y apenas tres bombillas
para iluminarla toda: Uno en la cocina, uno en el baño y uno en la habitación
donde estaba el cuerpo. Apenas cruzar la puerta de aquella habitación lo envolvió

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el pesado olor a muerte. El cuerpo del hombre podría llevar más de seis meses
ahí. La autopsia reveló después de que había muerto por derrame cerebral. Tenía
cincuenta años, era publicista, divorciado, alcohólico y adicto a la cocaína. No tuvo
hijos. El policía estaba confundido, no había señales de ninguna niña a pesar de
que hablaba de una libreta que se negaba a soltar su mano. Buscó por toda la
casa, entró a todas las habitaciones, revisó el ático e incluso salió al jardín
tratando de encontrar tierra removida. Rendido después de una búsqueda pensó
que, tal vez, la niña había sido simplemente creación de la soledad, alcoholismo y
adicción de aquel hombre. Volvió a la habitación y se acercó al cuerpo caminando
casi sin levantar los pies. Al policía le dio la impresión que, vivo, el hombre debió
de tener unos rasgos finos y afeminados.
Abandonó la casa y caminó hasta donde estaba su patrulla para informar lo que
había encontrado. Abrió la puerta, lanzó la libreta al asiento del copiloto y tomó la
radio. Estaba a punto de presionar el botón e informarlo todo cuando recordó algo
más dentro de lo que había leído: el abrigo. Tal vez podía encontrar algo en el
bolsillo del abrigo.
Entró corriendo a la casa y volvió a la habitación donde estaba el hombre. Buscó
en todas partes, pero no encontró nada. Salió al pasillo, regresó a la cocina y al
comedor, pero en ningún lado estaba. Entonces recordó el sillón de la sala. Había
algo colgado en el respaldo ¿Sería acaso el abrigo? Caminó despacio hasta ahí
sintiendo la incipiente emoción retumbándole en el estómago, tomó el abrigo con
una mano y metió la otra en el bolsillo. Había solamente la envoltura de un dulce.
Los ojos se le pusieron en blanco y finalmente se preguntó qué era lo que olía tan
mal en la cocina.

Alberto Tovar

“La esencia se desvanece”
La esencia se desvanece;
Tal como duerme la luz del sol,
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Tal como el dulce arcoíris perece;
Cayendo en la necesidad del alcohol.

Y al borde del sufrimiento,
Llegan las mareas de la resignación,
Que alimentan al lamento,
Cuando se apagó esa bella pasión.

La esencia se desvanece;
Tal como las almas en la guerra,
La vida desaparece,
Y ya no se está en la tierra.
Así como lo grande cae,
El cariño perece, la compañía se pierde…
Y la esencia se desvanece.

“Ventana azul”

En esta noche he decidido mirar a través de aquella ventana;
Entró el viento de una noche veraniega, cálida y acurrucada
Me trae recuerdos…
Crudos algunos, sublimes muchos otros.
Dichos recuerdo deberían cumplir su deber:
Hacerme sonreír cuando llevo el pesar sobre mi alma,
Pero no está cálida noche,
En la cual la nostalgia y la melancolía se han aferrado a mí.
Llegan a mi mente aquellos momentos,
En los cuales reí y reí hasta llorar,
Cuando no importaba el tiempo ni el dinero,
Cuando la felicidad abundaba,
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Cuando no había un pizca de maldad,
Cuando aún tenía la virginidad mental…
Momentos sabor miel, que al pasar de los años
Dejaron un sabor amargo en la boca.
Apáticamente me he levantado,
Veo a través de la ventana un cielo despejado,
Un cielo que inexplicablemente me trajo el recuerdo de ti…
¡Cuánto te amaba!, ¡Cuánto me hacías reír!,
¡Cuánto te adoraba!, ¡Cuánto te estimaba!,
¡Cuánto me querías!
Y mírate ahora…
¡Has cambiado tanto!, me gustaría agarrar tu cara y destrozarla,
Escupir a tu asquerosa y maldita actitud,
Sería sacro agarrar tus arterias y arrancarlas para que mueras lentamente,
O bien desenfundar un arma y volar en pedazos tu existencia
Quemar tu falsa pasión, hacerte sufrir más de lo que ya sufres,
¡Pero por Dios! No tienes ni la más miserable razón de sufrir,
No tienes razón para llorar, no tienes razón de estar triste…
¡Adoraría que te murieras!
Tienes todo, pero sientes no tener nada,
Quieres todo, pero a la vez te da igual tener algo…
A través de esa ventana, tan azul en la obscuridad,
Veo el reflejo destrozado de tu libertad,
Cegándote, encadenándote, ahogándote.
Me he vuelto a arropar, me he cobijado,
Pero de tanto pensar no importa si me estoy calcinando,
Yo me siento frío, tan frío…
Ha amanecido.

Oda a la muerte del helado.
¡Oh, triste helado caído!
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En el suelo derramado;
No puedo imaginar el sentimiento
De aquél pobre desgraciado.
Cuatro treinta de la tarde,
En medio de la plaza
Hay un triste helado caído
Ajeno a lo que pasa.
De un suave sabor dulce
Como aroma de primavera;
El destino había planeado
Que en ese momento, te viera.
Ignorando lo que sucede
Rápido pasa la gente;
La agonía de un triste helado caído
Les es indiferente.
¡Oh, triste helado caído!
A merced del tiempo y del clima,
Sobre un lecho de granito
Su ocaso se aproxima.
Del sujeto descuidado,
Error en el andar;
Un movimiento repentino
Y a sus pies viniste a dar.
Para el pobre desgraciado,
Lo peor que ha vivido.
Sin embargo te ha dejado;
Oh triste helado caído.
Cuarto para las cinco.
Agoniza el objeto movible;
La grandeza de lo sutil
Y un final terrible.

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Muy triste el abandono
Y mayor el olvido,
Con el alma destrozada
Pero él se ha ido.
¡Oh, triste helado caído!
Se acerca tu final,
Más no volverás ni verás a Dios,
Eres un simple objeto banal.
Cinco de la tarde
En el suelo derramado,
Y ya casi nada queda
De la más triste escena.
Poco a poco fue muriendo
Por una lenta acción decidida,
El cruel calor de la tarde
Pronto lo dejó sin vida.
Sobre el suelo,
Ahora yaces inerte
Pero ya dentro de poco:
Sólo vivirás en mi mente.
Pero mientras yo te recuerde,
Seguirás existiendo,
Y así habrás trascendido
Oh, triste helado caído.
José Luis Rojas Vargas.
Elegante y recatada,
Detrás de la ventana;
Lo único que sé:
Su nombre es Viridiana.
Cabello corto, colorido vestido,
Ojos cafés, rosadas mejillas;
Linda sonrisa y delicadas rodillas.
Amable y alegre,
La vi esta mañana;

Página | 28
Tiene gustos peculiares,
Su nombre Viridiana.
José Luis Rojas Vargas.

Página | 29

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