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Historia local Experiencias, métodos y enfoques ‘Renzo}Ramirez}Baccal(comps) ha Garreta Mistériaca La historia local tiene principios auténomos que la diferen- cian de la historia general, Es una historia que desemboca en Ia actualidad; es cualitativa y no cuantitativa; es flexible en cuanto a los marcos cronolégicos; puede ser una historia sectorial y también da preferencia a la vida cotidiana y a los problemas materiales; es una historia diferencial pues permite ser evaluada segin la evolucién general y con ello permite observar el ritmo de las evoluciones, el nivel de desarrollo, las resistencias psicol6gicas, etc. La raz6n de este libro puede resumirse en las siguientes preguntas: ¢Cusles son las tendencias historiograficas de la historia local en Colombia en los diltimos afios? éCuales son. sus componentes tedricos y metodolégicos? articularidades de alcance medio prevale- cen sobre el anlisis micro, lo cual también se refleja en los iltimos congresos nacionales de historia", Pues aparte de las anteriores tema ticas se destacan estudios historiogréficos, empresariales, étnicos, de género y familia, guerrasy violencias, miradas comparadas sobre his- toriade América Latina, archivistica, pedagogia, inmigraciones y bio- grafias entre otras. Sin desconocer que hay grandes expectativas so- bre el tema del bicentenario de la independencia de Colombia”. Retomando los grupos de investigacién, ~en los cuales hay un buen. rnimero de profesionales estudiantes universitarios-, cuando se abor- dan perspectivas locales éstos oftecen casos a partir de los lugares de radicaci6n de los grupos y de algunos de sus investigadores. La histo- tia de los pueblos parece olvidada, pero se destacan las ciudades de Barranquilla, Bogoté, Medellin, Pamplona, Cartagena de Indias, Cartago, Yumbo, Cali, Tunja, Turmequé y Tamara, El logro més recients se atribuye al Grupo de Investigacién en Historia Social de la Un versidad de Antioquia, el cual organiz6 el I Simposio Colombiano de Historia Local en la ciudad de Medellin. Fruto de ello es la presente compilacién, que constituye una invita- 22. Fernand Braudel, “ historia operacionel: ls historia y la investigacién del presente”, en Contrahisorias. La otra mirada de Clio, Michoaesin, México, Revista semestrl, N°2, marzo-agosto 2004, pp. 29-40. 23. Datos tomados de: http://www. colciencias.gov.co/ Copiado el 5 de mayo de 2005, 24. Memorias, XIII Corgreso Colombiano de Historia, Popayén - Universidad del Cauca, Agosto, 2003. Cf http//atenea.unicauca.edu.co/~congresohistorial paneles_html Copiado el 6 de mayo de 2005; Memorias, X11 Congreso Colombiano de Historia, Bogoté, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogots, Agosto 22- 25,2000. 25. Ii 26, Datos tomedos de: http:/Arww.colciencias.gov.co/ Copiado el 5 de mayo de 2005, 18 ci6n y un importante referente para estudiantes, historiadores y autodiidactas interesados en el quehacer hist6rico local Al evento fueron invitados historiadores de diez universidades, tres academias y un centro de Historia, con la intencién de realizar un balance disciplinar, teniendo en cuenta aspectos historiograficos, metodol6gicos y temsticos en los iltimos afios" En resumen, se destaca la propuesta conceptual y analttica desde la perspectiva de la sociologfa de los regimenes, presentada por Ar- ‘mando Martinez ¢ inspirada en Norbert Elias y Fred Spier. La valiosa experiencia de Eduardo Santa en el uso de la fuente oral aplicado a la investigacién hist6rica local, y manifiesto en su monografia pionera ~Arrieros'y Fundadores (1961)-. Fabio Zambrano, de igual modo, cons- truye a partir de la experiencia urbana de la capital del pafs, la Atenas Suramericana, una explicaci6n socio-cultural sobre la dingrnica global ‘yurbana de la ciudad y las historias locales y comunes de la gran urbe, La dificil tarea de historiografiar dos zonas Antioquia y el surocci- dente colombiano- ricas en trabajos de indole regional y local es asu- mida por el Grupo de Investigacién en Historia Social y Francisco Uriel Zuluaga. Proyectando la historia pueblerina de localidades an- tioquefias y desde una perspectiva historicista —fielmente apoyado en fuentes primarias escritas— se manifiesta la visién de Victor Alvarez Morales. En cambio, Amparo Murillo acudiendo a su experiencia investigativa y de campo en localidades del Magdalena Medio, re- flexiona, provoca y llama la atencién sobre la historia local en socie- dades de fronteras y la perspectiva de subalternidad y sus fuentes. La oralidad es tenida en cuenta por Maria Mercedes Molina Hurtado, quien retoma su experiencia investigativa doctoral y nos expone lo que representa Ia historia oral como alternativa metodol6gica intro- duciendo el caso de los extranjeros del gran Caldas a comienzos del siglo veinte. Alvaro Acevedo Tarazona, de otro modo, innova el dis- ‘curso y perspectiva local a partir de la problemética ambiental en lo- calidades y caminos del centro-occidente colombiano. Finalmente, es necesario sefialar que los énfasis temsticos estuvieron abiertos a la iniciativa de los ponentes y en tal direccién se destaca un bueno nt- mero de textos. Pero, quiero mencionar el valioso aporte en la discu- sign y realizacién del evento oftecidlo por Pablo Serrano, Victor Zu- 27. Memories, I Simposio Colombiamo de Historia Local, Medellin, Grupo de InvestigaciGn en Historia Social - Universidad de Antioquia, 28, 29 y 30 de oc- tubre. 9 | uaga, Oscar Londofio, Rafael Ivan Toro Gutiérrez, Zamira Diaz, Jor- ge Conde, Marta Ospina, Isafas Tobasura y una decena de profesiona- Iesy estudiantes imposibles de mencionar aqui ‘Sin embargo, cualquier esfuerzo académico e institucional en la actualidad no refleja la realidad historiogratica local del pais. Recor- demos que en los inicios de la profesionalizacién de la disciplina se valoraban los enfoques regionales, que atin tienen vigencia. Es posi- ble que el mayor aporte al género de las historias locales sean las ‘monografias trabajos de pregrado, olvidados en los archivos de los departamentos de Historia y otras disciplinas del drea de Ciencias Sociales y Humanas®. En cuanto a las carreras de posgrado y especfficamente los progra- mas de Maestrfa, al hacer un balance sobre las Tesis de la Universi- dad Nacional de Colombia, sede Bogot4, resaltan las problemticas sobre violencia, politica, colonizaci6n, esclavitud, género, religion y ciencias. Los textos son eseritos a partir de perspectivas nacionales e interregionales; y lo local se aborda desde el componente urbano, de modo particular en los casos de Bogota y Cartagena de Indias®. En la sede Medellin, varias tesis toman en cuenta los casos de Medellin, Belloy Pensilvania. Pero as problematicas giran en tomo a la historia politica, social, de mentalidades, de las culturas y la religion. Ade- ims, se destacan las regiones de Urabs, Suroeste, Magdalena Medio, ‘Choc y en particular la historia regional de Antioquia”. En el caso de la Universidad Industrial de Santander las investigaciones que abordan una perspectiva local se limitan al caso de Bucaramanga”, En general, los temas abo:dados en los anteriores programas se apoyan en las experiencias investigativas de los profesores asesores, reciente- ‘mente de los grupos o lineas de investigacién de la escuela, y de igual 2B Ibid 28. Los primeros departamentos que oftecen programas de pregrado en. Historia se crearon en Bogcté, Medellin, Cali, Popayén, Pesto y Bucaramanga. ‘Memorias, Encuentro Nacional de Carreras de Historia, Medellin, Departamento de Historia -U.de A., 12 13 de octubre de 2000. 30. Bernardo Tovar Zambrano, Bualuacion de la Maestia en Historia. Informe final, Santafé de Bogots, Unversidad Necional de Colombia, Departamento de Historia, 1997, pp. 102-108. 31. Documento, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellin, Facul- tad de Ciencias Sociales y Humanas, "Maestria en Historia. Tesis de Grado. Estu- iantes, Asesoresy Jurados, 1993-2000”, s 32, Documento, "Universidad Industrial de Santander. Escuela de Historia. Programa de Maestria en Hisoria. Estudiantes Graduados, 1997-2004", sf 20 modo en los énfasis y acentos de la formacién doctoral de algunos profesores. De modo paralelo, existe decenas de textos —imposibles de eva- luar aqui creados por historiadores, miembros de las academias de Historia, posiblemente con un buen grado de erudicién, apologia y empirismo. As{mismo, sin desconocer @ loshistoriadores autodidactas cuyos recursos primarios se apoyan en Ia fuente oral y documentacién en tomo a sus lideres, acontecimientos locales y tradiciones folel6ri- cas. Recordemos, que en el pais existen 1.205 municipios que alber- gan personas inquietas por conocer y rescatar el pasado local”. No hay balances, pero sin duda, representan un objeto potencial de in- vestigaci6n pata los historiadores de distinto raigambre. La historia local: una propuesta metodolégica Ahora bien, tenemos el contexto internacional y nacional de los enfoques locales, pero c6mo podemos comprender la perspectiva local desde su fundamento epistemol6gico. Es sugerente considerar la his- toria local como un enfoque potencial abierto a la creacién de una diéspora historiogréfica. Ello permite desarrollar nuevas variables de andlisis, claro esta, a partir de la construcci6n y escogencia de cate- gorias, Gtiles en nuestra comprensién y explicacién investigativa. No de otro modo podemos entender la microhistoria localista de Luis Gonzélez y la microhistoria literaria e indiciaria de nuestros colegas, italianos. Enel panorama hay una multiplicidad de variantes. La mayorfa de ellas por construir y verificar; espacialmente, si entendemos que la relacién localidad-territorio es indiscutible y que el concepto de es- pacio es una categoria de andlisis importante que adquiere connota- ciones distintas segiin la problemitica, el objeto de estudio y la tco- rizacién. Tal relacién parte de la nocién del entorno y lo que sus fronteras permiten; lograndose entender, de este modo, su flexibilidad. Por ejemplo, en términos de la territorialidad, los seres humanos y el espacio circundante, la perspectiva ecoldgica puede ayudamnos a diferenciar lo rural de lo urbano. Magnus Mémer ya lo advirti6. En. funcién de lo local, el ecotipo abre espacios para adoptar diversos 33. hetp:/www lablaa.org/ayudadetareas/geografiajgeo90 htm Copiado el 6 de mayo de 2005. a enfoques teéricos propios de la ecologia humana, la conespacialidad, los lugares centrales y la geografia del tiempo". La experiencia, en el mismo sentido, sefiala la importancia de la interdisciplinariedad. Actividad orientada a: la basqueda de expe- riencias y nuevas promesas teérico-metodolégicos; la critica heurfsti- ca; al uso diverso de fuentes; y la clara definicién de conceptos y categorias de andlisis y sus métodos de codificacién. Es un conjunto de acciones en funcién d= lograr una adecuada explicaci6n hist6rica yuna teorfa fundamentada de alcance medio, «til para la compren- sién de ciertas realidades complejas. Lo anterior, teniendo en cuenta que historiar lo local es explicar la proyecci6n social y humanista de lo especifico, desconocido y apa- rentemente sin importancia; donde necesariamente debe existit una relaci6n con el efecto de esas posibles circunstancias externas o inter- nas que afectaron la cotidianidad en el tiempo de larga duracién. Su importancia radica en que se trata de la historia de las raices que producen una mayor identidad cultural individual y comunita- ria, reversible en el preseate. De modo aleggrico, es la historia de las alas, que en su vuelo proyectan la trascendencia de una localidad. En otras palabras es la histor.a de nuestros valores y de nuestras interpre- taciones. Refleja la necesidad de la gente por recordar e historiar los espa- cios donde merodes su infancia, por su cercanfa con el mundo rural, el paisaje, lo tipico y fole 6rico. Es el método para crear una interco- nexi6n que dé forma a nuestros instintos de relacién humana con otros espacios y otros grupos. Es posible legitimarla de tal manera que los grupos sociales y los individuos, indistintamente de su condiciSn, sexo, clase, etnia o edad, también puedan crear sus propias historias. Para que los historiadores naturales tengan espacio a la interpretacin de su propia realidad sobre los personajes cercanos a sus comunidades; ya por afectos, pro- yectos o por una intencién sana de crear conocimiento y ser fieles al recuerdo sobre acontecimnientos que pudieron en algtin momento afec- tar sus vidas. La historia local es una alternativa que ofrece posibilidades com parativas —diacr6nicas y sincr6nicas~y de sintesis. Permite relacionar Ta aplicacién conceptual con las técnicas de anilisis y de interpreta- cin, enriqueciendo la diversidad discursiva. Es més una virtud que 34. Ibid. 2 una debilidad del enfoque local; debido a la multiplicidad de las ca- racterfsticas sociales, tecnol6gicas, culturales y econémicas entre otras; y porque refleja parte de la diversidad, tradicién e identidad socio- cultural del mundo contemporaneo. La perspectiva local aparentemente tendrfa no un problema sino una ventaja cuando nos referimosa las posibilidades de historiografiarla. Al igual que un objeto de estudio, el abanico de métodos y técnicas conocidos esta a disposicién del investigador. Pero el carcter holistico, que en ocasiones tienen las explicaciones hist6ricas hace ver lo que sefiala Giovanni Levi: el problema de la escala de observacién. La interacci6n entre distintos niveles de observacién ~macro, meso y micro—y las distintas dimensiones del espacio y posibles énfasis hacen necesario reflexionar sobre el perfil de la uni o multidimencionalidad de los enfoques". Es quiaés el modo de evitar un localismo estrecho, que no permita la comparacién; y que como bien lo seftalan Serna y Pons, inspirados en nuestros colegas antropologos: “La meta no ha de ser s6lo analizar la localidad, sino sobre todo estudiar determinados problemas en la localidad”®. Las situaciones objetivadas y subjetivadas pueden ser las imitantes del enfoque 0 su ver su fortaleza. Bs cuando la motivacién personal y natural puede jugar un papel determinante; la que como lo indica Oscar Londo, puede ser personal o familiar, de orden reivindicativo, emocional 0 psicolégico, social e incluso pedagégico”. En dicho en- tramado individual y psicolégico aparece el protagonismo de los agen- tes locales apoyados en una préctica natural del método erftico sobre lo acontecimental 0 cotidiano y, por supuesto, en funcién de un revisionismo de la historia o de la aprobacién de las versiones discursivas escritas u orales que buscan mejorar la identidad cultural de una comunidad. En tal sentido es también una categoria flexible, pero que atafie a una realidad de indole psicol6gico, es decir depende del 35. Giovanni Levi, “Un problema de eseala”, Op. cit; Giovanni Levi, “Sobre ricrohistoria” Op. ct, Press, Pilty y Bosi, Blackwell, Formas de hacer histori, Op. 36. Justo Sema, y Anaclet Pons, “Una reflexién sobre la historia local y el sieroanslisis”, Op. cit. 317. Oscar Londofio oftece un balance sobre las motivaciones personales para escribirla historia local. Léase Oscar Londofio Pineda, “Algunas motivaciones pera eseribir la historis local”, Poneneis lefda en el I Simposio Colombiana de Historia Local, Op. cit, publicada en Oscar Londofio Pineda, Tilud, vsién personal, t. 1, Bogotd,s.e., 2004, pp. 95-114, observador, que contempia el mundo exterior y sus motivaciones. Las razones son diversas. En un medio donde los historiadores pioneros confundtan los fun- damentos ideol6gicos y politicos con un marco tedrico apropiado, la innovaci6n conceptual poco o ningtin espacio tenfa en la historia lo- cal; s6lo la erudicisn y el empirismo eran mojones que alimentaban el discurso histérico. Sin desconocer lo que sefiala Topolsky J.: la disci- plina es siempre susceptible de “ideologizacién’, y por lo tanto su ensefiaza es una de las bases para confirmar la conciencia ideoldgica y politica de la sociedad. Hoy, aunque los tiempos son diferentes, la disciplina hist6rica si- gue siendo una profesién naciente. Todo proyecto es potencialmente inédito si lo apreciamos desde su temética, pero adn son escasas las ‘innovaciones metodol6gicas. Es necesario reinterpretarla empiria. La tradici6n de identidades regionales, la territorialidad y el sen- tido de pertenencia a losespacios micro puede ser un detonante que estimule la indagacion, la critica y la creacién de una pintura. Todo ‘motivado en las evidencias fragmentadas que se depositan en los ar- chivos parroquiales, judiciales, municipales, notariales o privados, ademés de la tradicién oral; y, de igual modo, en los intereses reivin- dicativos locales o el sentido de pertenencia étnico, cultural, social o politico. Hasta el momento, las posturas varfan segtin la formacién discipli- nar yla experiencia personal. Parecen prevalecer dos tendencias y dos tipos de investigacisn. Los que apuestan por los enfoques descriptivos ~sin rigor analitico-, orientados en la narrativa y apoyados en la idea de ordenar el sinnimero de datos encontrados; y su antipoda, los que toman partida ~conscientes de las limitaciones documentales- por la problematizacién de los cbjetos de estudio —basado en el potencial de Jas fuentes-, pero, de modo transversal, edificando propuestas con- ceptuales, sin perder la importancia del estilo en la narrativa y la explicacién del pasado hist6rico. Estas dos tendencias parecen darse en los dos niveles de investigacin existentes. En la investigacién. formativa que corresponde al nivel de pregrado, y en la investigacién ientifica que corresponce a los programas de posgrado. 38. Citado por Julio Veldeén Baruque en “/Ensefiar historia o ensefiar a historiar?", Rodriguez Frutos, Julio et ai., Enseflay Historia, Nuevas propuestas, México, Editorial Lia, S.A, 2000, pp. 19-31 4 La fase actual es tendiente a enfoques neopositivistas 0 neohisto- ricistas, neomarxistas e interdisciplinares, donde se considera impor- tante la conceptualizaci6n en la explicacién hist6rica. Parece ser el ‘momento para resaltar la importancia de la historia local, todo ello gracias a los procesos de conciencia y aceptacién politica sobre el papel de lo multiétnico, multicultural, y de la importancia de los roles individuales segtin el género en la identidad del elemento colombia- no. Pero en el panorama y formacion disciplinar o investigativa falta definir sobre el cémo de la construccisn de conceptos, asf como de- tectar y reconstruir errores conceptuales. Los historiadores locales y, en general, todos aquellos que nos lanza- mosa la aventura de explicar el cantorno, sin duda encontramos limi- taciones de diferente factura. Las estructurales ya las sabemos falta de recursos, infraestructura, etc.— pero es evidente que se requiere deméseventos y espacios de socializaci6n. Reconociendo el gran aporte de los congresos nacionales y de las convocatorias dirigidas a investi- gadores especializados en los dltimos afios®. Aun asi, los resultados preliminares necesitan mecanismos de comercializaci6n 0 de sociali- zaciGn pablicos o privados para las publicaciones impresas. Eloficio de historiar todavia es un oficio humilde y artesanal, que requiere de vocaci6n y amor al arte, al eerrufio, a las gentes ya socie- dada la cual se pertenece. Es un oficio donde a pesar de las cambian- tes herramientas tecnoldgicas, conceptuales, metodolégicas y temati- cas, se sigue en el terreno artesanal. La revolucién tecnolégica —uso de computadores, Internet y materiales virtuales hace que el oficio se haya individualizado més que en el pasado. A pesar de la tenden- cia oficial de agrupamos 0 identificamos por grupos de trabajo, serfa ‘mas justa una identificacién en torno a las lineas de trabajo. En cual- quiet caso el uso de las herramientas de multimedia y programas de edicién son parte del taller del historiador. Son los elementos para convertirse en editor de su propia obra, acorde a las demandas tecno- lgicas y en funcién de mejorar su calidad®. Bs sin duda una revolu- 39. _Lossimposios, seminatios y conferencias sobre historia de laciencio, his- toria local, historia ambiental, historia empresarale historia de los colombianistas rinden cuenta de ello. 49. La multimedia es una herramienta atin exétice para algunos historiado- res. Es muy limitado st uso en el ejercicio docente, aunque se empieza a dar ‘mportancia a las revistas virtuales, como espacios de socializaciOn y presentaci6n de los grupos de investigacién y sus resultados preliminares de investigacién. cin. El sofisticado software para el anélisis cualitativo de la informa- ci6n empirico son otra demanda*!. Probablemente ayude a racionali- zar el tiempo y a remplazar de modo provisional las fichas tradiciona- les, que permiten la sistematizaci6n de la informacion. Pero, aunque se requiere de un factor muy importante: el raciocinio y rigor analiti- co del hombre. Y, con ello, la originalidad teérico-conceptual y metodolégica. También los historiadores deben dominar una segunda lengua®. Las traducciones de textos disciplinares que llegan de México, Espa- fia y Argentina son muy escasas. El historiador profesional del futuro esté llamado a adquirir ydominar textos en un segundo idioma. Son contadas las historias locales colombianas en un segundo idioma. La excepcién la presenta el caso del municipio del Libano (Tolima) que cuenta con cuatro tesis doctorales y varios escritos publicados en in- gles, francés, holandés, sueco y espanol En estos tiempos resulta necesario decir: Iam where I think, quizés porque es el mecanismo para obtener una nueva conciencia de lo geopolitico y de las diferencias epistémicas del colonialismo. Porque desde lo micro podemos universalizar la mirada tratando problemas locales, comunes a todoslos habitantes de este planeta. Aunque ten- gamos la necesidad de ercontrar los elementos que nos hace diferen- tes, como por ejemplo en el lenguaje, la literatura y la identidad o conciencia de lo local. Es la razén que nos estimula a repensar nues- tros presupuestos y a corsiderar nuevas herramientas cuando quere moshistoriarel nivel micro. De tal modo, que la Historia y su produc- cin sean parte bésica dela conciencia nacional y de un pensamiento més universal. 41. Elprograma Atlas Ties un buen ejemplo. 42. _Laexcepeién son los profesores con formacién doctoral que han publica- do articulos en ingles, alemén y francés en revistas extranjeras, 43. James Henderson, Donny Mertens, Maria Errazurie, Roland Anrup y Renzo Ramirez son los investigadores que han publicado textos en distintos iio ‘mas sobre problemsticas relacionadas con la Violencta, cl agro, la caficultura y r6gimen laborales en el Libaro. 26 Bibliografia Aguirre Rojas, Carlos Antonio, "Contribucién a la historia de la microhis- toria italiana”, Revista de Historia Social, Medellin, N° 2, Semestee 1 - Affio I, 2004. Barriera, Dario (compilador), Ensayes sobre microhistoria, Morelia, México, Red Utopia Prohistoria, 2002 ____, "Después de la microhistoria, Escalas de observacién y princi- pios de anilisis: de la microhistoria al microanélisis radical”, en Dario Barriera (compilador), Ensayos sobre microhistoria, Morelia, México, Red Utopia Prohistoria, 2002, 286 p. _____, "Las "babas’ de la microhistoria. Del mundo seguro al universo Teo posible”, Prohistoria, afio m, N°3, 1999. Braudel, Fernand, “La historia operacional: la historia y la investigaci6n del presente”, Contrahistorias. Laotva mirada de Clio, Michoacén- Méxi- co, Revista semestral, N° 2, mar20-agosto 2004, pp. 29-40. Ginzburg, Carlo, Tentativas, México, Universidad Michoacana de San Ni- colés de Hidalgo, 2003. , El queso ¥ los gusanos. El cosmos segiin un molinero del siglo 21, Wikio, DLE, Editorial Océano de México, S.A. de CV, 1997. Giovanni Levi, “Un problema de escala”, Contrahistorias. La otva mirada de Clio, Michoacéin- México, Revista semestral, N22, marzo-agosto 2004, pp-63-70. _, "Sobre microhistoria", Press Pility y Basi Blackwell (ed.), For nas de hacer historia, Madrid, 1994, Alianza Editorial, pp. 144-176. Tra- ducido por José Luis Gil Aristu. Titulo Original: New Perspectives on Historical Writing. Esta obra publicada en inglés por Pility Press en 1991 por acuerdo con Basil Blackwell. Gonzilez, Luis, Pueblo en vilo, (serie: Lecturas Mexicanas, N°59), México, 1984 , ‘Microhistoria y ciencias sociales”, en Gonzélez, Luis, etal, His- Toria Regional. Siete ensayos sobre teoriay método, (Serie Estudios Regiona- les 1), Caracas, Tropycos, 1986, 132 p. Grendi Edoardo, "Paradojas de la historia contempordnea”, Contrahistorias. La otra mirada de Clio, Michoacéin, México, Revista semestral, N° 2, marz0-agosto 2004, pp. 55-62. 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Las descripciones de los lugares terrestres ocupan a los geégrafos, pero loshistoriadoresnos ocupamos de lo primariamente hist6rico: los hom- bresen sociedad. Lo secundariamente hist6rico es l mundo, horizon- te de sentido construido por las sociedades. Asf que una historia de los lugares parece ser un despropésito historiogréfico. Pueblo en vilo, la paradigmética historia de una supuesta locali- dad, en realidad es -como lo dijo su autor-, la historia universal no. de un lugar, sino de “una comunidad mestiza de la regi6n montatiosa del México central” que podria servir para “encontrarle el hilo a Méxi- co", El mindsculo ramafio de esas comunidades pueblerinas atrajo sobre esta tematizacién el mote de microhistoria, fuente de equivocos y de comparaciones intitiles con las “grandes historias”. Un lugar te- rrestre bajo el sol no tiene historia porque la historicidad es uno de los. atributos exclusivos de la existencia humana, Somos hist6ricos por- aque somos seres humanos, y no porque vivamos en algin lugar espe- cial, grande o chico. Es tan hist6rico el parroquiano de Cepité, que ensarta y cuelga sus hojas de tabaco en su caney, como el cosmopolita de Medellin que no se pierde un desfile de modelos en Colombiamoda Historia local y microkistria son dos neologismos extrafios que con- ducen a confusiones conceptuales, a las ambigtiedades y a las indefi- niciones, en suma,a una escasa formalizacién de una peculiar temati- zaci6n de la ciencia hist6rica. Como nos han ensefiado en las universidades, las ciencias rehuyen las ambigtiedades conceptuales. Para que una peculiar disciplina no se considere fantasmal es preciso que sus conceptos fundamentales sean univocos entre las comunida- Profesor Titular de le Universidad Industrial de Santander. E-Mail: armandom(@bucaramange.ceteol-net.c. 1. Luis Gonzéles, Pueblo en ilo, México, et, 1984, pxSlogo 29 des cientificas. Los conceptos mencionados son constructos recientes en ver de determinaciones contemporéneas del momento hist6rico estudiado mediante los cuales los hombres tuvieron conciencia de lo que estaba aconteciendo, ‘Un viejo maestro francés ensefi6 alguna ver que la historia essiem- pre historia de los hombres: “Tias los rasgos sensibles del paisaje, tras los escsitos en apariencia més fifos y las instituciones en apariencia mis distanciadas de quienes las establecieron, la historia quiere captar a los hombres. Quien no lo logre ‘nunca ser4, en el mejorde los casos, sino un obrero manual de la erudi- ci6n. El buen historiador se parece al ogro de la leyenda. Ahf donde olfatea carne humana, abi sabe que esté su presa’ La llamada historia local, si quiere ser historia, debe buscar a los hombres. Pero, icules son los hombres de su interés? La historia polt- tica se ocupa de todos los ciudadanos que integran una nacién mo- derma, en tanto pugnan por su reconocimiento y su representacién piiblica. La historia econémica se interesa por esos ciudadanos en tanto productores, cambiadores y consumidores de mercancias, 0 como apropiadores de una parte dada del producto y de la renta social. La historia social se interese por algunos grupos mal representados, no reconocidos o tradicionaimente marginados de la esfera publica y ex- propiados del ahorro social. Don Luis Gonzélez dijo que su microhistoria de San José de Gracia tra:aba de una “comunidad minéscula, mestiza y huérfana de una region montafosa". Esta idea de comunidades mintisculas que habitan localidades espectficas puede servimnos para identificara la clase de hombres pro- pios de la historia local. El concepto de comunidad insiste en una vo- luntad unénime de cambiar, de ir muchos en alguna direccién,? de concertarse muchos para el intercambio social, excluyendo los des- acuerdos yas tensiones saciales, To camtin es un atributo de todos en un grupo, un elemento de homogeneidad social. Por ello, al hablar de comunidades tendemos a imaginar grupos sociales de reducido tama- fio, muy homogéneos en sus modos de decir, hacer y representar. Na- 2. Mare Bloch, Apolegia para la historia o el oficio de historiador, 2 ed. revisada, México, Fondo de Cultura Econémica, 2001, p. 57. 3. | De la palabra latina communis, y ésta derivada de la tate indoeuropea imei, que evoca la aceién coectiva de cambiar bienes y servicios dentro de un ‘grupo regido por tradiciones seculares, de moverse colectivamente de un lugar a ‘0140, ode ir muchos por una diteceién. 0 die se imagina a Bogot4 como una comunidad, porque allfse expresan todos los modos culturales de muchos grupos sociales distintos llega- dos de todo el pais y del exterior, En cambio, imaginamos con facili- dad que los habitantes de Uribia, en la alta Guajira, es una comuni- dad, Esta comunidad, perfectamente localizada en una peninsula del mar Caribe, ejemplifica bien los claroscuros del tema fundamental de la historia local. Conocida como la capital wayGu, de lejos Uribia evoca una comu- nidad local idénea para ser convertida en tema de una historia local. Su extrafio nombre parece indicar una fuerte presencia aborigen y promete el hallazgo de una comunidad minkiscula, mestiza y huérfana de una planicie semidesértica cubierta de cujfes y plantas cactéceas. Gracias a su cronista nativo, Edén Vizcaino Escobar —un nombre que anuncia ya su pertenencia a una comunidad mestiza~, podemos pe~ netrar un poco en su historia local¥, Y aqui comienzan las sorpresas de su historia, las cuales narso enseguida para ilustrar esos claroscuros de las historias locales cuyo tema son las supuestas comunidades minis- culas, mestizasy huérfanas. Como entidad politico-administrativa del Estado colombiano, Uribia comenz6 su existencia legal el dia viernes primero de marzo de 1935. Ese dia, todos los lauréa del grupo Epinayus de la alta Guajira se reunieron en la rancherfa de Chitki, situada en la planicie llamada lchitkirrua por la abundancia de drboles de dividivi. Habfan, sido convocades por el capitn Eduardo Londonio Villegas (1890-1955), a la saz6n comisatio especial de la Guajira. Lo acompaftaban una parti- da de soldados del Grupo de Caballerfa Rond6n, varios frailes capu- chinos y el principal comerciante de dividivi de la Guajira, don Luis Cotes Gémez. En medio del silencio general, Londofio ley6 en lengua castellana el decreto 300 dado en Bogoté, el 19 de febrero anterior, por el presidente Alfonso Lopez Pumarejo y su ministro de Gobierno, Darfo Echandia, Su escueto texto apenas aprobaba el decreto dado el primero de febrero por el mismo comisario ordenando la fundacién de ‘Uribia, que en adelante se considerarfa capital de la Comisarfa Espe- cial de la Guajira. El reciente recuerdo de la guerra con el Pert por el trapecio amaz6nico habia incluido una politica de aseguramiento de las fronteras nacionales en la agenda de la administracién L6pez. 4. Todas as cits siguientes corresponden a libro de Edén Vizeafno Escobar titulado Crénicas de la fundacién de Uribia, Barranquilla el autor, 1995. Las cartas del capitin Londofw a su esposa fueron incluidas en esta obra, 31 El sentido de este solemne acto fue explicado por el comisario a su esposa, dofia Lola Sanchez de Londofio, quien recibfa sus amorosas cartas en su casa paterna de Zipaquir4. En su opinion, la fundacién de Uribia habia sido “un acontecimiento de la mayor trascendencia en la vida salvaje de la Guajira’ y la reuni6n de lauréas “una gran novedad yuna verdadera revolucién de costumbres”. A los telegramas de feli- citacién que habja recibido de los politicos de todo el pais y del presi- dente de la Replica se sunaba la buena opinién de los “entendedores” de la Guajira, para quienes “estoy dando por el suelo, en una forma répida, con la influencia venezolana”. El mismo habja escogido el nom- bre de la fundaci6n, “en honor a la memoria del eminente hombre piblico y gran ciudadano, general Rafael Uribe Uribe”, y trazado el nuevo poblamiento: “De la plaza principal (en forma octogonal) sal- drén ocho avenidas que se llamarén del Libertador, de la Marina, del Cacique Marah, de Juyacirain, de la Guajira, de Bogoté, del Presi- dente Lopez y de la Victoria”. Todos los lauréas le prometieron su “amistad, obediencia y fideli- dad’, Ilaméndolo en su lengua zu lauréa maj (jefe de jefes), y él espe- raba poner todo su empeiio para “conducirlos gradualmente a la civi- lizacion’. En su primer recorrido por la Alta Guajira, al volante de su nuevo automévil Ford mcdelo 1935, pudo comprobar el significado de su rango de 2u lauréa ma: Los indios me tratan con un respeto y unas consideraciones casi mo- nérquicas, Cuando Ilego a una rancheria, el jefe de la tribu me recibe con honores reales. El mejor rancho, la mejor hamaca y la comida mejor son para mf. Por la noche, mientras duermo, es curioso el servicio de guardia que los indios montan en torno mfo, como si me amenazara algiin peligro. Los centinelas de bronce velan silenciosamente mi sue- fo Sabenque nada ha que temer port peo obedecen enn garda aun ritual. Solamente una gran lauréa cristiana, viuda del célebre laurda José Dolores y sefiora “muy rica y orgullosa”, se habia negado a reconocerlo como zu laura maj “alegando que la herencia de ese poder le corres- pondia a su hijo Muryj. Pero nada lo detendria en su empefio de construir con rapide y simulténeamente la Casa Consistorial, el tem- plo catdlico, los cuarteles del Grupo de Caballeria y de la Policia de fronteras, y el Intemado de nifias indigenas, “antes de que me cam- bien. El obispo de la Dicesis, monsefior Bienvenido Alcalde y Bueso, realiz6 su primera visita pastoral a la nueva fundacién durante el si- guiente mes. Un busto del general Francisco de Paula Santander fue puesto en la plaza, donde se instal6 ademés una columna que soports elasta donde se izaba todos los dfas la bandera nacional. La accion de los Orfelinatos de Dios que regentaban los frailes capuchinos y las misioneras terciarias capuchinasen la Guajira complement6 la inten- i6n del comisario: “A los dos o tres aios salen todos (los nifios) capa- citados para llevar con honor el titulo de colombianos”. Durante el siguiente mes de julio fue puesta a prueba la pruden- cia del comisario Londofio con ocasién de un enfrentamiento de los indios pescadores de perlas con los gendarmes de aduanas. Consul- tando con el Ministerio de Hacienda, el capitan Londono logré que fueran destituidos los gendarmes responsables de abusos y que se les reconociera a los indios su muy antiguo derecho a la libre pesqueria de perlas. En adelante, los indios lo llamaron Nu Chon Kai (hijo del sol) y lo consideraron su protector. La condicién de capital de Comi- saria especial de la Guajira atrajo un ininterrumpido flujo de colonos que instalaron tiendas, ventas de gasolina, expendios de carnes y que construyeron casas de bahareque y techo de palma, pronto reemplaza- das por las de ladrillo rojo que salieron de los hornos de una ladrillera local. El rapido crecimiento poblacional de la localidad justificé la asignacién de su condicién de municipio por la ley 105 del 30 de diciembre de 1960. Esta corta historia local de Urihia subvierte la confianza que ha- bfamos puesto en los tres atributos descriptivos asignados a las comu- nidades objeto de la microhistoria: el tamafto mindsculo, su condi- cin mestiza y su orfandad. En realidad, en su origen lo que tenemos esuna autoridad que impone un régimen politico sobre los hombres y anuncia un proceso de civilizacion de las costumbres y de transforma- ién de un régimen anterior, acompafiado de un renombramiento del mundo previamente conocido. La misma fundacién de San José de Gracia, el 19 de marzo de 1888, sigui6 este patron: con permiso de su obispo, el parroco de Sahuayo que habfa convencido a un grupo de rancheros del Llano de la Cruz procedié a trazar el nuevo pueblo con su plaza, su templo y sus calles a cordel. Comenz6 entonces a funcio- nar la nueva vicarfa, adscrita a la parroquia de Sahuayo, con unas tres mil personas. La llegada del abispo de Zamora para administrar el sacramento de la confirmacién a un tallar de nifios, dos afios después, Ecos dela Misién, 6rgano del Vicaristo apostblico de la Guajira, 364-365, julio-ogosto 1946, citado en Vladimir Daza Villas, Guajira, memoria usual, Bogots, Banco de la Replica, 2002, p.9. 3 refor26 la fundaci6n del ruehlo, anunciando una sociedad de ranche- ros regida por su cura. La llegada del padre Othén, nombrado por el obispo como vicario “conla misién de modelar una sociedad pueblerina naciente” y quien “us6 la representacién teatral y otros medios para consolidar la doctrina cristiana en la feligresfa", consums la funda- cin, Con este régimen original, a nadie se le hizo raro que el 9 de julio de 1927 cuarenta de sus vecinos armados se unieran al movi- tmiento cristero para luchar contra las medidas anticlericales del pre- sidente Plutarco Elias Clles. Puede que en su origen un poblamiento local sea mindisculo, bien aborigen o bien mestizo, pero nunca estard huérfano de autoridad divina o secular. En realidad, es una autoridad la que funda el poblamiento de un lugar ylo conduce efectivamente en alguna direc- cién. Al igual que la legendaria fundacion de la ciudad de Roma por Romulo y Régulo, toda ‘undacién de una comunidad politica local tiene que tener un condactor, alguien que establezca el régimen del hacer, del decir, y del representar en el sitio. El capitan Eduardo Lon- dojo estableci6 en una rancherfa wayciu el régimen soberano del Es- tado colombiano como réplica a unos supuestos peligros que corrfa la frontera guajira con Venzzuela, dos afios después del esfuerz0 nacio- nal realizado por el dominio sobre Puerto Leticia en la frontera con el Perd, Los primeros vicarios de San José de Gracia establecieron en el Llano michoacano de la Cruz el régimen de la Iglesia Cat6lica sobre un feligresado ranchero que no dud6 en tomar las armas contra el Estado febrilmente secularizador nacido de la revolucién mexicana de 1910, Autoridad, régimen politico. {Cémo es que estas palabras del vo cabulario politico han irrumpido en la arcadia pastoril de las historias locales de las mintisculas comunidades mestizas? La palabra régimen derivé de una antigua rafe indoeuropea (reg-) que evoca la accidn universal de conducir y gobernar personas. El verbo latino rego insiste en esa accién de dirigit y gobernar hombres. Sila politica se basa “en el hecho de la pluralidad de los hombres”, de tal suerte que designa “cl estar juntos y los unos con los otros de los diversos”,® podemos afirmar que donde quiera que las personas se juntan en un luger para reproducir su vida saben de su diversidad original y aprenden a someterse a un régimen del decirlo todo, del hacerlo todo y del representarlo todo, Con el tiempo, su peculiar tégi- Hannah Arendt, ‘Qué s la politica?, Barcelona, Paid6s, 1997, p. 45, 34 ‘men resulta diferencidndolas de otros grupos que han adoptado regf- ‘menes distintos, y entonces se representan a sf mismos como una re~ gin distinta a las otras regiones. Bs posible que terminen atribuyendo esas diferencias a los lugares distintos en los cuales desenvuelven sus vidas colectivas a sus distintos dioses o a sus diferentes antepasados legendarios, olvidando que son sus distintos regimenes los que los han diferenciado culturalmente en un largo proceso. Norbert Elias advirti6 alguna vez que los procesos socialmente conducidos no son planeados por alguien en particular, asf hayan.con- tribuido muchosa provocarlos. Son las multiples interrelacionesy po- siciones de los individuos en una figuraci6n social, los cambiantes equilibrios de sus poderes contrastados, los que van conduciendo en alguna direccién no planeada el movimiento de toda la sociedad, con ‘mucha frecuencia en direcciones no deseadas por nadie. Pues bien, el acontecer social regido que institucionaliza una figuraciGn social di- ferenciada por sus modos de decir, hacer y representar, a la cual Ila- ‘mamos “lugar hist6rico”, tiene su propia historia, es decir, su decisién por una posibilidad de existencia colectiva. Es asf como la historia local puede salvarse si convenimos en entender que los atributos de homogenecidad elegidos por el historiador son modos institucionalizados y regidos del decit, del hacer y del representar de un grupo que ha sido conducido tras una posibilidad de existencia colectiva libremen- te clegida. El término régimen fue introducido en la sociologfa de los procesos sociales desde la década de los afios ochenta del siglo 20 con el signi- ficado de orden social de comportamiento regulado y gobernado de alguna manera, es decir, “complejos sociales de coaccién externa y de autocontrol”’. En la actualidad, se habla de regimenes religiosos, re- gimenes politicos o de regimenes econémicos como “conjuntos de re- Iaciones de dependencia" social que incluyen tanto las relaciones mutuas como los comportamientos esperados, ambos relacionados con los equilibrios del poder social. En general, las personas hacen parte 7. Fred Spier, "La teoria del proceso de le civilzacién de Norbert lias puevamente en discusién. Una exploracién de la emergente sociologta de los egimenes”, en Vera Weiler, comp., Figuraciones en proceso, Bogoté, Fundacién Social, 1998, pp. 257-298. Spier considera que el concepto de régtmen “debenfe vvolverse una pieza central de la formulacién teérica en las ciencias sociales" por cuanto permite establecer una relaciin entre vinculos de dependency esténdares de comportamiento, desplazando al concepto de fguracién propuesto por Norbert lias, 35