Está en la página 1de 6
TDENTIOADES SOCIALES PLURALISMO CULTURAL ¥ CULTURA NACIONAL* El debate sobre la cultura nacional, tan viejo en México como la idea misma de nacién, ha tocada siempre las signientes cuestiones sin aleanzar a resolverlas de manera satisfactoria: + Como crear una cultura nacional, La premisa necesaria es que tal cultura no existe: es un proyecto al que los habitantes del pafs se acercaran paulatinamen- te, unos con mayor celeridad que otros. * Como integrar en esa cultura nacional los elementos necesarios que proceden de diversas culturas preexistentes. Dado que no se forja en el vacio, los ele- mentos constitutivos iniciales (los ladrillos para edificar la nueva cultura na- cional) deben tomarse de donde estén, en primer término, de las diversas cul- turas existentes en el pais. Como la creacion de una cultura no es un proceso natural sino social, esto conlleva la necesidad de decidir, de acuerdo con cier- lus criterivs, qué tiene valor y qué ny To tiene denti de lus acervus cultutales disponibles, con lo cual se llega a un punto més del debate: * Quién decide acerea de la cultura nacional Antes de echar nina astilla mas en la hognera de la polémica, bien vale la pena ha- cer alguna referencia a la realidad tal como se nos muestra México nunca ha sido culturalmente unificado. No digamos ya desde su cons- titucién como nacién independiente; ni siquiera slo desde la inposicién del ré- gimen colonial espanol: hasta donde aleanzan los datos y los indicios de la his~ toria més remota, en el territorio que hoy llamamos México nunca ha existido nada semejante a una cultura tnica o unilicada. Al parecer, los pueblos expansionistas de la época precolonial, forjadores de vastos dominios que controlaron militar y econémicamente, nunca pusieron par- Ucular empeno en alcanzar la umificacion cultural de los pueblos dominados. Mas bien actuaron a la inglesa, mediante el empleo de una especie de indirect ru- le que se apoyaba en lus sefores locales, con quienes @ veces —a diferencia de los ingleses— no dudaban en establecer alianzas matrimoniales. Aunque el idio- ma nahua alcanzé una amplia difusién como lengua franca, titil sobre todo para el comercio, nada indica que se haya intentado imponerla en sustitucién de las centenas de lenguas que seguian empleandose cuando la invasion europea. “Guillermo Bonfil Batalla. Tomado de La Semana de Bellas Artes, nim. 104, 28 de octubre de 1981. GILBERTO GIMENEZ MONTIEL E] regimen colonial, cualquier régimen colonial, es por definicion contrario a la clon cultural. Esta en su propia y mas profunda nawuraleza el marcar y re- marcar la diferencia de cultura que separa a los buenos (es decir, los colonizado- res! de los malos (esto es, los colonizados). Ideolégicamente la empresa colonial © presenta como impulso redentor y civilizador; el colonizador cumple su desti no thuminado al conducir por el buen camino a los colonizados. Y el buen cami- (EAEOMEOEAOD Pero todo con limites, porque si culminara la empresa civilizadora, si el salvaje dejara de serlo y el gentil se convirtiera, la colo- hicacion perderia su razén de ser, aquella que la justifica ideolégicamemte y ate- nud los intermitentes atisbos de mala conciencia, De manera que la distincion en- tre indios y no indios debe seguir, y a la par con las medidas indispensables tendlientes a facilitar la comunicacion y la expropiacion del trabajo y sus produc- tos. se le implantan otras que actian en sentido contrario: prohibiciones, como la de dedicarse a ciertas ocupaciones o trasladarse a ciertos sitios, o imposicione como la de vestir de tal 0 cual manera, caminar solamente a pie y pagar el tribu- io evi ciertas especies y no en ottas. De alguna forma hay que seguir siendo indic (esto es, colonizados) y parecerlo; para nuestra materia esto se traduce como te- her una cultura diferente. No pademos detenernes mucho en la historia, El turbulento siglo pasado en c] que se estrend la nacion independiente, escasamente (uvu tiempo para pico cuparse de estas cuestiones; el problema mayor era sobrevivir como nacién y, na juralmente, estar donde se tomaban las decisiones y se gozaban los privilegios va- canter, Pero el mundo, como decia el locutor de algiin viejo noticiero, sigue su marcha. Y por encima —o por debajo, si se quiere— de facciones, banderias y validades, ocurrian procesos que vienen al caso para nuestro tema. Por ejem- plo. el despojo de tierras comunales que elimin6 Ja base territorial y productiva dle muchas ciudades indigenas y lanz6 a sus integrantes a demostrar ante los ojos del mundo que el liberalismo econémico no era sdlo una etapa superior sino tambien necesaria de la historia. Aunque ellos ni lo creyeran ni lo quisieran y fue- ru. en cambio, los tnicos en pagar los platos rotos. Muchos dejaron, efectiva mente, de ser indios; abandonaron su lengua, su indumentaria y su vida en co muridad y fueron a las haciendas 0 las ciudades, convertidos en flamantes mesicanos. Engrosaron las filas de los mestizos, cuyos origenes se remontan a los alfhores de la colonia, modificaron en algo la manera de expresar sui antigua vi- sion del mundo y se dedicaron a creat To que hoy Hamaros las culturas regione les y populares. 10 IDENTIDADES SOCIALES La revolucion los recogié a todos y se propuso, explicitamente, construir la cultura nacional mexicana como una sintesis arménica y prometedora del pais que renacia, El proyecto ha implicado, como se mencioné, la creacién de una cultura nacional a partir de dos herencias fundamentales: la espafola y la indige- na. Fste serfa un pats mestizo, tanto en lo bioldgico (la raza cdsmica) como en lo cultural. Responderfa a un nuevo llamado, a las urgencias de una nueva época: seria continuacién, pero fundamentalmente creacion. La fusion de culturas era, tan sdlo, un paso necesario para dar’a luz algo totalmente nuevo. En términos concretos y en el nivel de la creaci6n artistica y la reflexion filo- sofica, la primera etapa del Mexico surgido de la revolucion se manifesto en las corrientes nacionalistas (en misica, pintura, literatura, danza y otras expresiones artisticas) y en la reflexion filosofica y politica sobre el mexicano y sus esencias. Los logros no son despreciables. Tal vez nunca, como entre los veinte y los cua- renta, haya habido en el campo de las artes y del pensamiento una posibilidad mas cercana a un verdadero proyecto de cultura nacional unificada. Pero (y no enitremus aqut a discutir causay i culpas), el esfuerzo aborto. El seudocosinepo- litismo de los afios cincuenta perdura atin; y el fuego, la pasion que animé a Co- varrubias, a Diego, a Chavez y a tantos otros, formé cenizas que no todas reposan en la rotonda de los hombres ilustres. Fuera del arte, fue el indigenisma Ia accidn revolucionaria a la que se enco- tmend6 la creacién de la cultura nacional. Mas de cincuenta afios de politica gu- bernamental encaminada a “incorporar” o a “integrar” a los indios y en 1980 hay mas hablantes de lenguas indigenas de los que se registraron en 1921. “Los muer- tos que habéis matado gozan de cabal salud”. El gran recurso, mas amplio en escala y en expectativas, fue la educacién. Una escuela universal, uniforme para todos los mexicanos, capaz por si misma de pro- vocar la anhelada unificacion cultural. Se ignoré, quizas, que el mensaje educa- tivo, como cualquier otro, produce efectos no solo en funcién de quien lo emite sino también de quienes lo rectben. Y que cada quien asimula, interpreta o rein- terpreta el mismo mensaje a partir de lo que tiene, es decir, de su propio esque- ina cultural. De tal manera que a igual mensaje no resulta necesariamemte igual efecto. (Dejando de lado, por supuesto, la consideracién sobre las diferencias y desniycles entre una escuela de monjas de San Angel y la escuela de un solo maestro en cualquier localidad perdida en la Sierra Mazateca.) Agreguemos aqui la desigualdad del desarrollo econémico que caracteriza al sistema imperante. No sdlo hay avance desigual, sino, ante todo, empabrecimien- to de unos muchos y enriquecimiento de otros cuantos. Enriquecimiento mone- 41 GLLGERTO GIMENEZ MONTIEL tatio, por supuesto, pero también de oportunidades, de experiencias, de la reali- dad inmediata que de alguna forma determina la vision del mundo que cada quien posee. Y esto no en términos individuales sino en tanto grupos sociales Muchos veetores apuntaron en contra del impulso revolucionario por construtr wna cultura nacional. ’ero hay algo mas. En una situncion como fa mexicana, plantear la construc- con de una culura tacivnal unificada significa, ineviablememe, exclutr a la ma Porque esa cultura nacional es proyecto, no realidad presente, porque es pmyecto lo imaginan algunos ¥ lo sostienen ottos, pero de ninguna manera ¥ ge la condicion cultural de todos, ni siquiera de quienes son més; porque, et tanto proyecto propuesto por algunos implica que todos loz demas estan fucra que dehen acceder a la culmra nacional porque, como son, no forman parte de ella. Digamoslo ast: esta es la cultura nacional, esta nuestra lengua, estos nuestros nuestros anhelos, nuestras maneras de actuar y de sentir. nuestra form: djsimtiva de entender el mundo y de hacer las cosas. Todo esto, que sélo tienen ©en lo que creen sélo quienes decidieran el proyecto de la cultura nacional la ausemte en la inmensa mayoria, Para ser mexicanas, en el cabal sentido cultu- ral del termino, deben dejar de ser lo que son y adoptar la cultura nacional. La cnypresa que se echa a cuestas la nacién para construirse a sf misma esta fuera de toda proporeion porque no se acepta construir con lo que hay, sino a partir de cero, Paraddjicamente, pues, la intencién de construir una cultura nacional ca- poe de abarcar a todos los mexicanos, ha resultado en la exclusion de la mayo. ria; mas todavia, esa excluston se renueva constantemente, al ritmo en que cam Lia cl pruyeeto y los contenidos concretus que se proponen para definir la culvura ional: entre las previsiones de Vasconcelos y las exigencias culturales de wn México petrolizado, hay tanta distancia como si sc tratara de dos culturas dife- rentes, y las capas, sin duda cuantiosas, que avanzaron por la senda vasconcelis 4 y sus escuelas estan hay tan lejos del nuevo proyecto de cultura nacional co- mo lo estahan al inicio de la esenela mal mexicana: esns gripns sociales cambiaron, pero cambié mas el proyecto de cultura nacional y la distancia entre amibos volvié a establecerse Como asunto a debate proponemos aqui un punto de partida diferente, que no elimina —por supuesto— los problemas, pero si permite afrontarlos de otra manera, tal vez mas apegada a nuestras necesidades y recursos, La alternativa es- iayia dada por el reconocimiento del pluralismo cultural, no como un obstaculo 1 yencer sino como un recurso fundamental e imprescindible para la construc- cintt del México deseado. Al invertir la 6ptica es necesario reformular el concep- valores na IDENTIOADES SOCIALES to mismo de cultura nacional porque la admisién del pluralismo como un com- ponente del proyecto cultural del pafs impide suponer una cultura nacional que vaya més alla de ciertos elementos comunes capaces de aglutinar a los diversos grupos culturales en el seno del Estado nacional. En esta situacion. el concepto de cultura nacional deberia ser diferente del usualmente manejado: la cultura na- cional no puede ser otra cosa que el espacio para el encuentro y el dialogo entre las diversas culturas que conviven en el pais. Conviene precisar brevemente estos puntos. ;Por qué la diversidad cultural puede entenderse y gestionarse como un recurso y no como un obstaculo? Pue- den aducirse varias razones, pero me concretaré a dos que considero particular- mente relevantes, Una cultura es experiencia historica acumulada; se forja coti- chanamente en la solucion de los problemas, grandes o pequenos, que afronta una sociedad. La cultura consta de practicas probadas y del sistema de conoci- ticutus, ideas, sfibulus y emuciones que le dan colerencia y significadu. Eu este sentido, la existencia de diversas culturas es como un arsenal multiplicado de recursos para la sociedad en su conjunto. La tendencia actual en Ia formacién de una cultura dominante en México (y pongo énfasie al hablar de cultura dominan- te y no de cultura nacional) revela que se trata de una cultura exchuyente, no de un proyecto que incorpore la diversidad de experiencias historicas que. por for- tuna, todavia estan vivas en México. Esto significa, en otros términos, que esta- mos manejando un proyecto cultural que tiende a empobrecer los recursos cul- turales del pais. Tal vez un ejemplo simple ayude a entender mejor lo que intento seftalar: los mayas de Quintana Roo saben manejar los recursos de la selva tropi- cal htimeda como parte de su herencia cultural; en el proyecto de cultura nacio- nal vigente, ese conocimiento no es rescatable: ni se incorpora a la nueva cultu- ta nacional ni se admite que los mayas lo contintien empleando. Esto es, lisa y llanamente, empobrecimiento cultural, y como este caso podrian citarse cente- nas. ¥ no se trata de que esas practicas culturales queden como estan (olvidando su cungelamiento durante casi cinco siglos de dominacion colonial), sirtu que la construccién de nuestro nuevo manejo de los recursos de la selva tropical hitme- da se gencra a partir de la expericncia milenaria de los mayas y no, como sc ha hecho, mediante un costoso esfuerzo por sustituir estas capacidades por otras que importamos como si estuviéramos —ya lo dije— a partir de cero. Si vuelvo a un simil burdo diré que para construir el edificia de la cultura me- xicana necesitamos ladrillos (es decir, experiencias culturales existentes): glos im- Portamos, como es la tendencia actual, o aprovechamos los que ya estan aqui, que son diversos, multiples, adecuados a situaciones y ambientes concretos y 113 GILGERTO GIMENEZ MONTIEL que, inalmente, han probado su eficacia al permitir la sobrevivencia de los pue- hlos que los hart usado? Cultura: capital intangible; pluralidad de culturas: ma- oF Laipital dispouible. Un segundo argumento a favor. La construccién del futuro no puede ignorar | situacion presente, Seremos, a partir de lo que somos. Y somos un pais étnica culturalmente plural. Queremos un pais democratico en donde todos partici- pen. pero actualmente pretendemas que millones de mexicanos participen al maiven de su cultura, de su realidad historica, de su forma de existencia social Es como decir: “participa. pero antes reniega de ti mismo. muere como experien- Cla humana: si no lo haces no puedes participar”. Voy a esto: la tinica manera de ue un grupo social participe en la construccién de una nueva sociedad, es a par- tur de su propio ser histérico y cultural: es en ese contexto donde podra crear, proponer iniciativas, resolver problemas. No hay democracia posible si se nieg2 este Gerecho primordial. Y cuando afirmo esto, no estoy pensando que las cultu- ras mnaias, de los campesinos o de otros sectores del pueblo mexicano, deban set siempre tal como son hoy. Toda cultura es dinamica por naturaleza y si muchas uss tradicionales dan la apariencia de estar estancadas, eso es, ante todo, cl restiltaio de un proceso secular de dommacton que les ha negado cualquier es pacto y cualquier posibilidad de desarrollo propios. Pero la potencialidad existe y el problema no esta en la diversidad sino en que se ha inypedido el forecimien- to de esa diversidad. Lo cultura nacional no puede ser otra cosa que la organizacion de nuestras ca pacidades para convivir en una sociedad pluricultural, diversificada, en donde cads grupo portadar de wma cultura histérica pueda desarrollarse y desarrallarls al maximo de su potencialidad, sin opresién y con el estimulo del didlogo con: ante con las demas culturas, No es pues, la cultura nacional, un todo uniforme ) compartido, sino un espacio construido para el florecimiento de le diversidad En esa forma, la cultura nacional sera el campo fértil y el marco de apoyo que es tumule y alimente la iniciativa y creatividad culturales de todos los mexicanos, sin evigir a las mayorfas abandonar para ello el capital intangible que poseen, forma- lo dramaticamente al paso de los siglos. Line politica cultural orientada en este sentido tendria frente a si tarcas enor vies porque la construccién del espacio para el pluralismo implica la modifica- toy) de las relaciones que actualmente vinculan, de manera asimetnca, a las di veas sociedades y pueblos que forman la sociedad mexicana. Significa romper lu dlonntacion econdunica, social ¢ ideulogiea que hit unautenide un sector 1st inv onde la sociedad frente a los grupos con culturas diferentes. Significa descen: 114