Está en la página 1de 100

n.

o 53/2012

MARZO/ABRIL 2012

n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en
n. o 53/2012 MARZO/ABRIL 2012 6,50 € NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en

6,50 €

NEUROPSICOLOGÍA URBANA La vida en la ciudad influye en el funcionamiento cerebral y la conducta
NEUROPSICOLOGÍA
URBANA
La vida en la ciudad influye
en el funcionamiento
cerebral y la conducta
SERIE «EL HABLA» (II)
ENTENDER LA GRAMÁTICA
TRASTORNOS ALIMENTARIOS
COMBATIR LA ANOREXIA
EN LA ESCUELA
PSICOLOGÍA
LA SOLEDAD
MEMORIA
FIJACIÓN DE LOS
MALOS RECUERDOS
RETROSPECTIVA
¿ EXISTE EL LIBRE ALBEDRÍO?
MEDICINA
NANOPARTÍCULAS EN EL CEREBRO
0 0 0 5 3
9
778411 355668
Disponible en su quiosco el número de marzo
Disponible en su quiosco el número de marzo
Suscríbase a la versión DIGITAL de INVESTIGACION Y CIENCIA y MENTE Y CEREBRO y acceda
Suscríbase a la versión DIGITAL de INVESTIGACION Y CIENCIA y MENTE Y CEREBRO y acceda
Suscríbase a la versión DIGITAL de INVESTIGACION Y CIENCIA y MENTE Y CEREBRO y acceda
Suscríbase a la versión DIGITAL de INVESTIGACION Y CIENCIA y MENTE Y CEREBRO y acceda

Suscríbase a la versión DIGITAL de INVESTIGACION Y CIENCIA y MENTE Y CEREBRO y acceda al contenido completo de todos los números (en pdf)*

Durante el período de suscripción, recibirá una notificación por correo electrónico informándole de la disponibilidad de la nueva revista

Podrá acceder a los ejemplares en cualquier momento y lugar

* Ejemplares de IyC disponibles desde 1996 a la actualidad y el archivo completo de MyC

lugar * Ejemplares de IyC disponibles desde 1996 a la actualidad y el archivo completo de
lugar * Ejemplares de IyC disponibles desde 1996 a la actualidad y el archivo completo de

www.investigacionyciencia.es

SUMARIO

NANOPARTÍCULAS EN EL CEREBRO 72

SERIE «EL HABLA» (II) 76 ENTENDER LA GRAMÁTICA

ANOREXIA 10

44 MALOS RECUERDOS
44 MALOS RECUERDOS

56 RATONES EXPERTOS

TERAPIA PREVENTIVA

10 MUÑECAS CONTRA LA DELGADEZ Y LA OBESIDAD

Por Uwe Berger y Andreas Schick

Los adolescentes corren especial riesgo de sufrir trastornos de conducta alimentaria, entre ellos, anorexia, bulimia y atracón compulsivo. Algunos programas de prevención en escuelas alemanas han mostrado su eficacia.

NEUROPSICOLOGÍA

16 EL INFLUJO DE LA CIUDAD

Por Andreas Meyer-Lindenberg

La masificación en las urbes no cesa de aumentar. A su vez, crecen los hallazgos científicos de que la vida en las aglomeraciones repercute sobre la salud mental. ¿Qué sucede en el encéfalo de los urbanitas?

SALUD MENTAL

22 ARQUITECTURA CON CABEZA

Por Emily Anthes

La psicología y la neurociencia ayudan a idear espacios urbanos que contri- buyan a la creación, el aprendizaje, la relajación y la salud.

COMPORTAMIENTO

30 LA PSIQUE AL VOLANTE

Por Annette Schäfer

Existen pocas actividades tan exigentes como conducir un vehículo. El delicado equilibrio entre la concentración y la rutina marca la diferencia.

MEMORIA

44 LA MEMORIA TRABAJA DE NOCHE

Por Ullrich Wagner y Susanne Diekelmann

¿Acostarse para olvidar? Al contrario de lo que se pensaba, los sueños no contribuyen a liberar la mente de las emociones negativas. Más bien intensifica el recuerdo de los detalles angustiosos.

ORIENTACIÓN ESPACIAL

50 DE A a B

Por Tobias Meilinger y Christian Doeller

A diario utilizamos la capacidad de orientación, pero solo la apreciamos cuando extraviamos el camino. ¿Cómo funciona la brújula del cerebro? ¿Qué estructuras neuronales la soportan?

«HOMO URBANUS»

16

EL INFLUJO DE LA CIUDAD

22

ARQUITECTURA CON CABEZA

30

LA PSIQUE AL VOLANTE

COGNICIÓN

56 ROEDORES MUY LISTOS

Por Jonah Lehrer

La creación de más de treinta cepas de «ratones expertos» en los laboratorios nos revela que podrían existir formas de mejorar el funcionamiento del cerebro humano. Pero las mejoras cognitivas pueden tener un precio.

NEUROCIENCIA

62 CUANDO LAS NEURONAS SINCRONIZAN SUS RELOJES

Por Raúl Vicente y Claudio R. Mirasso

La sincronización neuronal representa uno de los mejores ejemplos de coordinación temporal del tejido nervioso. También ilustra la necesidad de nuevos métodos para entender el funcionamiento del cerebro.

MEDICINA

72 MINÚSCULAS Y PENETRANTES

Por Anna von Mikecz

La nanotecnología se ha ganado para muchos expertos el título de «tecnología clave del siglo XXI». Las diminutas nanopartículas alcanzan cualquier tejido del cuerpo, incluso el cerebro.

NEUROLINGÜÍSTICA

76 ADIÓS AL PRINCIPIO MODULAR DEL LENGUAJE

Por Ina Bornkessel-Schlesewsky y Matthias Schlesewsky

Los neurólogos tenían por seguro que el cerebro procesaba la gramática y la semántica de modo distinto. Hoy, el modelo se tambalea.

SECCIONES

5

Encefaloscopio

Maternidad

Personalidad

Percepción

Creatividad

Psiquiatría

Medicina

Desarrollo Infantil

Somatización.

36

Entrevista

Francisco Mora: «El yo es un estado mental que genera el cerebro»

38

Mente, cerebro y sociedad

La autoría de las neuronas. Por Christof Koch Inmunoterapia contra el alzhéimer. Por M. Marín, G. Rivera y S. Villegas Memoria e inteligencia. Por Roberto Colom

81

Ilusiones

Las ilusiones del amor. Por Stephen L. Macknik y Susana Martínez-Conde

84

Syllabus

Soledad. Por Elisabeth Stachura

88

Retrospectiva

Tras el libre albedrío. Por Christoph Herrmann

93

Libros

Cooperación. Neurofisiología. Por Luis Alonso

DIRECTORA GENERAL Pilar Bronchal Garfella Laia Torres Casas EDICIONES Yvonne Buchholz Anna Ferran Cabeza Ernesto

DIRECTORA GENERAL Pilar Bronchal Garfella Laia Torres Casas EDICIONES Yvonne Buchholz Anna Ferran Cabeza Ernesto Lozano Tellechea PRODUCCIÓN M.ª Cruz Iglesias Capón Albert Marín Garau SECRETARÍA Purificación Mayoral Martínez ADMINISTRACIÓN Victoria Andrés Laiglesia SUSCRIPCIONES Concepción Orenes Delgado Olga Blanco Romero

DIRECTORA EDITORIAL

EDITA

Prensa Científica, S. A. Muntaner, 339 pral. 1.ª

08021 Barcelona (España)

Teléfono 934 143 344

www.investigacionyciencia.es

Telefax 934 145 413

Gehirn & Geist

CHEFREDAKTEUR: Carsten Könneker (verantwortlich) ARTDIRECTOR: Karsten Kramarczik

REDACTIONSLEITER: Steve Ayan

REDAKTION: Katja Gaschler, Christiane Gelitz, Anna von Hopffgarten, Andreas Jahn (Online-Koordinator), Frank Schubert FREIE MITARBEIT: Joachim Marschall SCHLUSSREDAKTION: Christina Meyberg, Sigrid Spies, Katharina Werle BILDREDAKTION: Alice Krüßmann, Anke Lingg, Gabriela Rabe

REDAKTIONSASSISTENZ: Petra Mers VERLAGSLEITER: Richard Zinken

GESCHÄFTSLEITUNG: Markus Bossle, Thomas Bleck

DISTRIBUCIÓN

para España:

LOGISTA, S. A.

Pol. Ind. Pinares Llanos - Electricistas, 3

28670 Villaviciosa de Odón (Madrid) - Teléfono 916 657 158

para los restantes países:

Prensa Científica, S. A. Muntaner, 339 pral. 1.ª - 08021 Barcelona - Tel. 934 143 344

PUBLICIDAD

Aptitud Comercial y Comunicación S. L. Ortigosa, 14 - 08003 Barcelona Tel. 934 143 344 - Móvil 653 340 243 publicidad@investigacionyciencia.es

COLABORADORES DE ESTE NÚMERO

ASESORAMIENTO Y TRADUCCIÓN:

IGNACIO NAVASCUÉS: Muñecas contra la delgadez y la obesidad, Minúsculas y penetrantes; NOELIA DE LA TORRE: El influjo de la ciudad; ROLF GASER: La psique al volante; LUIS BOU: La autoría de las neuronas y Encefaloscopio; ÁNGEL GONZÁLEZ DE PABLO: La memoria trabaja de noche; FEDERICO FERNÁNDEZ GIL: De A a B; BRUNO MORENO: Roedores muy listos; NÚRIA COMAS: Adiós al principio modular del lenguaje; SUSANA MARTINEZ-CONDE: Ilusiones; MAR SANZ PREVOSTI: Syllabus; I. NADAL: Retrospectiva

S ANZ P REVOSTI : Syllabus ; I. N ADAL : Retrospectiva Portada: Dreamstime / Swatchandsoda

Portada: Dreamstime / Swatchandsoda (hombre); © iStockphoto / Igor Djurovic (edificios);

SUSCRIPCIONES

Prensa Científica S. A. Muntaner, 339 pral. 1. a 08021 Barcelona (España) Teléfono 934 143 344 Fax 934 145 413 www.investigacionyciencia.es

Precios de suscripción:

 

6 ejemplares

12 ejemplares

España

30,00 euros

55,00 euros

Resto del mundo

45,00 euros

85,00 euros

Ejemplares sueltos:

El precio de los ejemplares atrasados es el mismo que el de los actuales.

Copyright © 2012 Spektrum der Wissenschaft Verlagsgesellschaft mbH, D-69126 Heidelberg

Copyright © 2012 Prensa Científica S.A. Muntaner, 339 pral. 1.ª 08021 Barcelona (España)

Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción en todo o en parte por ningún medio mecánico, fotográfico o electrónico, así como cualquier clase de copia, reproducción, registro o transmisión para uso público o privado, sin la previa autorización escrita del editor de la revista.

ISSN 1695-0887

Dep. legal: B. 39.017 – 2002

Imprime Rotocayfo (Impresia Ibérica) Ctra. N-II, km 600 - 08620 Sant Vicenç dels Horts (Barcelona)

Printed in Spain - Impreso en España

© FOTOLIA / ANATOLIY SAMARA

GETTY IMAGES

ENCEFALOSCOPIO

MATERNIDAD

Modificaciones cerebrales en la madre primeriza

Ciertas áreas del cerebro se agrandan de forma simultánea a la vinculación entre madre e hijo

E l organismo de la madre primeriza experimenta numerosos cambios.

Según una investigación publicada en Behavioural Neuroscience en octubre de 2010, ciertas áreas cerebrales de impor- tancia clave aumentan de tamaño: cuan- to mayor es la hipertrofia de tales áreas, más intensos parecen ser los vínculos de la madre con su hijo. En los cerebros animales, para que las progenitoras cuiden de su descendencia resultan críticos ciertos cambios estruc- turales, explica Pilyoung Kim, neurocien- tífica del Instituto Nacional de la Salud estadounidense. Alteraciones similares en las madres humanas podrían ser ne- cesarias para que estas velen por sus hijos y acaben estableciendo vínculos emotivos de muy larga duración. La investigadora y sus colaboradores, de las universidades de Yale y Michigan en Ann Arbor, elaboraron mediante imagen por resonancia magné- tica mapas detallados del cerebro de 19 madres primerizas al cabo de dos o tres semanas de dar a luz. Al mismo tiempo

pidieron a las mujeres que seleccionaran palabras de una lista de epítetos meliora- tivos («precioso», «perfecto» y «especial») que describieran las sensaciones que les despertaban sus hijos y la maternidad. Unos tres meses después, cartogra- fiaron de nuevo los cerebros maternos. Ciertas zonas habían crecido: entre ellas,

maternos. Ciertas zonas habían crecido: entre ellas, el hipotálamo, la amígdala y la sustan- cia negra,

el hipotálamo, la amígdala y la sustan- cia negra, regiones que, según estudios con animales, participan en el cuidado, el aprendizaje y la formación de afectos hacia los neonatos. También experimen- taron un crecimiento la corteza cerebral prefrontal, responsable de la planificación y decisión de acciones. Asimismo, se ob- servó que el aumento cerebral resultaba más acusado en aquellas progenitoras que en un inicio habían elegido mayor núme- ro de epítetos positivos en la descripción de sus sentimientos. Se ignoran todavía las relaciones causales —si la intensifica- ción de los afectos se debe al crecimiento cerebral, o viceversa—, pero los resultados apuntan por primera vez a la existencia de una relación entre los sentimientos (sub- jetivos) de la madre y las modificaciones físicas (objetivas) de su cerebro. Según explica Kim, existen estudios adicionales para investigar el fenómeno; uno de ellos tratará de hallar modificaciones similares en los padres.

—Nathan Collins

PERSONALIDAD

Hablar con afecto

Las personas cambian de carácter según el idioma en el que hablen

S i es usted políglota, es posible que tenga varias personalidades. Psicólo- gos de la Universidad Politécnica de Hong Kong publicaron en octubre

de 2010 en Personality and Social Psychology Bulletin que estudiantes chinos

nativos que hablaban inglés con fluidez parecían más decididos, extraver- tidos y abiertos a experiencias nuevas (rasgos de personalidad que suelen

asociarse a los individuos occidentales) cuando conversaban en inglés con un entrevistador que cuando se explicaban en cantonés. La etnia del entrevistador también importa. En cualquiera de los dos idiomas, los observadores calificaron a los estudiantes de más extravertidos, decididos, colaboradores y abiertos a experiencias nuevas cuando hablaban con un entre- vistador caucasiano que cuando lo hacían con un interlocutor chino. Los autores sostienen que las personalidades no son fijas. El idioma en el que habla una persona (y con quien lo habla) puede inducir a los indi- viduos a adoptar rasgos de personalidad propios de la cultura asociada a

—Nathan Collins

esa lengua o persona.

MENTE Y CEREBRO 53 / 2012

de personalidad propios de la cultura asociada a —Nathan Collins esa lengua o persona. MENTE Y

5 5

FOTOLIA FOTOLIA / / DMYTRO KONSTANTYNOV

PERCEPCIÓN Se mueve de forma inexplicable ¿Qué sucede en el cerebro cuando observamos a personas
PERCEPCIÓN
Se mueve de forma inexplicable
¿Qué sucede en el cerebro cuando observamos a personas en posturas imposibles?
T anto si vemos al baloncestista Paul
Gasol encestar de forma increíble,
o al bailarín Ángel Corella ejecutar un
liares (mentalmente los practicamos
nosotros mismos). Pero ¿qué ocurre si
vemos realizar posturas o movimien-
grand jeté, nos impresiona cómo se
mueven de formas que nos parecen im-
como se pensaba», afirma Cross, alu-
diendo a la teoría de que tales neuro-
nas reproducen exactamente las ac-
ciones de otros. «Cuando empezamos
a ver cuerpos que adoptan diferentes
posibles de imitar. Unos científicos han
identificado algunas regiones cerebrales
que se activan cuando vemos posturas
fuera de lo común, descubrimiento que
nos ayuda a entender por qué la habili-
dad de los atletas o la flexibilidad de los
contorsionistas nos impresionan hasta
casi quitarnos el aliento.
tos que nos resultan imposibles? Emily
Cross y sus colaboradores, del Instituto
Max Planck de Leipzig, han escaneado
mediante resonancia magnética funcio-
nal el cerebro de 18 personas mientras
se les presentaban fotografías de una
contorsionista en posturas ordinarias
(un estiramiento lateral), así como de-
sarrollando figuras de contorsionismo
extremo (en decúbito prono sobre el
estómago estómag y tocándose la frente con las
puntas puntas de los pies). El sistema de neu-
ronas ronas e espejo se activaba tanto si los
participantes particip veían posturas ordina-
rias rias como com de extrema contorsión. Pero
posturas, parece que el sistema visual
discrimina entre las que podemos y las
que no podemos realizar.» Cross señala
que en este estudio solo se considera-
ron posturas corporales estáticas; sin
embargo, otros experimentos subsi-
guientes (entre ellos, uno en el que los
probandos contemplaban vídeos de
gimnastas) ofrecen una posible expli-
cación de la forma en que el cerebro se
anticipa a lo que va a ocurrir dentro
pocos segundos.
Al parecer, cuando vemos danzar
otra otra reg región del cerebro que responde
con con vig vigor a la visión del tronco y las
o correr y esquivar en una cancha de
baloncesto, nuestro encéfalo imagina
extremidades extrem del cuerpo humano (el
realizar esa misma acción
hasta que
área área cor corporal extraestriada) se activaba
con con ma mayor fuerza cuando se observa-
el bailarín ejecuta una pirueta o el ju-
gador de baloncesto remata de forma
ban ban posturas de contorsión.
«El hecho de que el siste-
ma de neuronas espejo no
discrimine significa que
el asunto no es tan simple
espectacular. En ese momento, el ce-
rebro pone en marcha el área corporal
extraestriada para conferir sentido a lo
que estamos viendo.
—Alyson Snyder
CREATIVIDAD
CREATIVIDAD
En investigaciones En investigaciones anteriores se anteriores se había demostrado que en el cerebro había
En investigaciones
En investigaciones anteriores se
anteriores
se
había demostrado que en el cerebro
había demostrado que en el cerebro
existe existe una una red red de de neuronas neuronas
espejo, la cual se acti-
espejo, la cual se acti-
va va cuando cuando vemos vemos a a
otros realizar mo-
otros realizar mo-
vimientos vimientos
que que
nos nos son son fami- fami-
© ©

Dos narcisistas mejor que uno (o que tres)

Los individuos perfeccionistas y obsesivos consigo mismos no parecen más creativos, aunque sí pueden serlo al competir con otros

L os psicólogos han explo- rado durante años los

posibles vínculos entre el narcisismo y la creatividad. Incluso algunos estudios han señalado que los individuos obsesionados con ellos mis- mos pueden manifestar ma- yor creatividad que el resto de las personas. Nuevas investi-

gaciones realizadas en la Uni- versidad Cornell desbancan tal hipótesis. Se pidió a 244 estudiantes que cumplimentasen un test de evaluación de narcisismo, en el que figuraban afirma- ciones como «Me encanta ser el centro de atención». A continuación se agrupó a

los participantes por parejas. Cada uno debía proponer por turnos ideas para un guión de cine, las cuales eran eva- luadas por el otro. Las pro- puestas de los probandos narcisistas fueron valoradas como especialmente creati- vas por sus compañeros. Sin embargo, evaluadores inde-

pendientes (ignoraban quié- nes de los participantes eran narcisistas), no apreciaron una creatividad superior en tales propuestas. El resultado lleva a pensar que el carisma del narcisista influye en la va- loración de sus ideas, aunque estas no resulten más origi- nales que el promedio.

GODFER© © DREAMSTIME DREAMSTIME / / GODFER
GODFER©
© DREAMSTIME
DREAMSTIME / / GODFER

ces estamos sobrediagnosticando el de TDAH», afirma. Turner

y Fisher son asesores en la revisión del Manual diagnóstico y

estadístico de las enfermedades mentales (DSM), un vademécum

de directrices para el diagnóstico de trastornos psiquiátricos. Turner recomienda cautela en el diagnóstico y tratamiento far- macológico de niños cuya conducta, aunque resulte irritante para muchos adultos, es muy probable que sea transitoria. Joel Nigg, profesor de psiquiatría en la Universidad de Salud

y Ciencia de Oregón y sin relación con el estudio, considera que

la investigación refleja cómo va cambiando nuestra forma de entender el TDAH. Hace 50 años, los expertos sostenían que a

la mayoría de esos niños «se les pasaría al crecer». En los años

1979 y 1980, nuevos trabajos parecieron mostrar que el TDAH iba a durar toda la vida. La verdad puede encontrarse a medio camino. En opinión de Nigg, «posiblemente sea crónico en ciertos

casos, fluctuante en otros, y puede que algunos niños mejoren de forma espontánea».

—Katherine Sharpe

PSIQUIATRÍA

Hiperactivo hoy, tranquilo mañana

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad puede desaparecer con el tiempo

E l déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es de carác- ter crónico; de no tratarse puede predisponer al niño a una

vida de dificultades en el aprendizaje y en las relaciones con otras personas. Tal ha sido la presunción que ha inspirado los métodos más difundidos de tratamiento del TDAH. Nuevas in- vestigaciones apuntan a que dicho trastorno podría ser menos persistente de lo que se creía hasta ahora. Un equipo dirigido por Prudence Fisher y J. Blake Turner, am- bos de la Universidad de Columbia y del Instituto de Psiquiatría de Nueva York, ha revisado los historiales de casi 1500 niños, procedentes de cuatro estudios en los que se habían aplicado entrevistas estándar para detectar el TDAH. Observaron que una mayoría de los probandos diagnosticados en un inicio de TDAH habían dejado de presentar los indicadores del síndrome al cabo de dos años. En el TDAH se distinguen tres subtipos correspondientes a hi- peractividad, atención deficiente y a la combinación de ambos.

En una entrevista de seguimiento realizada dos años después, la mitad de los niños incursos en los subtipos «hiperactivo» y «des- atento» se mostraron asintomáticos. Aunque el subtipo «compues- to» apareció más persistente, entre un 18 y un 35 por ciento de los miembros de ese grupo habían dejado de presentar síntomas del trastorno. Los niños con sintomatología múltiple y limitaciones graves presentaban la misma probabilidad de desaparición del trastorno que otros con sintomatología más leve. Por otro lado, las variaciones no eran atribuibles al éxito del tratamiento. En opinión de Turner, tales hallazgos sugieren que debería darse a la definición de TDAH una mayor especificidad. Si, por

definición, todo trastorno ha de ser de larga duración, «enton- e n c n, o
definición, todo trastorno ha de ser de larga duración, «enton-
e
n c
n,
o
o
ras orno
a
e ser
e
arga
urac
n, «en on
Los investigadores agrupa-
ron después a 292 estudiantes
r
( (que habían pasado previa-
mente por el test de narcisis-
mo) en 73 grupos de cuatro
personas. Les pidieron que
propusieran fórmulas origi-
nales para mejorar la produc-
t
tividad de una empresa. Los
experimentadores observa-
e
r
ron que si en un grupo figu-
r
raban dos narcisistas, el equi-
po producía resultados más
© DREAMSTIME / JAMES STEIDL
© DREAMSTIME / JAMES STEIDL

creativos que aquellos en los

que no había ninguna perso- nas de estas características. Al parecer, si competían dos in- dividuos narcisistas, se excita- ba un torbellino de ideas más intenso. Ahora bien, cuando el grupo contaba con más de dos

narcisistas, ocurría lo contra-

rio: la hipercompetitividad

mermaba la productividad

del equipo.

—David DiSalvo

© DREAMSTIME / OLEG GERASYMENKO

MEDICINA

Pesimismo doloroso

Las expectativas, tanto positivas como negativas, influyen en la eficacia de los fármacos

S e sabe que una actitud op- timista puede mejorar los

resultados médicos, pero ¿qué efectos tienen los pensamientos negativos sobre la eficacia de los tratamientos? Irene Tracey, neurocientífica de la cognición de la Universidad de Oxford, y sus colaboradores han observado que tanto las con- vicciones optimistas como las cínicas influyen en la eficacia de fármacos. El equipo publicó sus observaciones el 16 de febrero del pasado año en Science Translatio- nal Medicine. El equipo practicó una resonancia magnética funcional a un total de 22 probandos sanos mientras un disposi- tivo les calentaba la pantorrilla derecha hasta causarles molestias (unos 10 mi- nutos). Como era de esperar, en el cere- bro de los sujetos se activaron regiones asociadas con la percepción del dolor. Durante el resto del experimento, los voluntarios recibieron por vía intra- venosa un analgésico de efecto rápido (remifentanilo) sin que se variara el ca- lentamiento en la pierna. Asimismo se

H A R R A R S / E M I T S M A
H
A
R
R
A
R
S
/
E
M
I
T
S
M
A
E
R
D
©

les engañó en relación a cuándo recibían

el

fármaco. Al principio, no sabían que

el

tratamiento había comenzado, por lo

que no pensaron en que su dolor fuera

a disminuir. Diez minutos más tarde,

se les informó de que se les estaba pro- porcionando el analgésico, por lo que los probandos creyeron que el dolor iba a empezar a disminuir. Al cabo de otros 10 minutos, se les dijo que habían cesado de suministrarles el analgésico, por lo que los voluntarios dieron por sentado que el dolor en la pierna iba a aumentar.

Los probandos indicaron que el dolor les resultaba menos intenso y molesto cuando creían recibir el analgésico, a pesar de que se les su- ministraba de manera constante. De hecho, cuando esperaban que el dolor aumentase, creyendo que los cientí- ficos habían dejado de proporcionar- les el fármaco, la triste perspectiva anuló los beneficios del analgésico:

manifestaron sentir el mismo dolor que al principio, cuando no recibie- ron el fármaco de marras. Además, la

red cerebral asociada al dolor aparecía

más activa cuando esperaban lo peor, remedando la actividad cerebral du- rante la aplicación inicial de calor. Los efectos del pesimismo resultan,

probablemente, más acusados en los en- fermos crónicos, quienes tal vez lleven

años decepcionados con medicaciones ineficaces, según Tracy. «Los médicos no debieran subestimar la importante in- fluencia que pueden tener las expectati- vas negativas de los pacientes», advierte. Los pacientes, por su parte, deberían in- dicar si sospechan que el tratamiento les merece poca esperanza. —Janelle Weaver

DESARROLLO INFANTIL

Matemáticas mentales

Los bebés comprenden el cuenteo antes de saber pronunciar las cifras

L a mayoría de los niños empieza a con- tar cumplidos los dos años, después

de observar tal habilidad en sus padres, los hermanos y los personajes de televi- sión. Ahora bien, si a los 18 meses, es decir, mucho antes de saber, ven contar a otros, adquieren un sentido de los números, se- gún un estudio de Michael Siegal, de la Universidad de Sheffield. En la investigación, los bebés oían una voz que numeraba hasta seis mientras un vídeo mostraba una mano que iba bien se-

ñalando por turno los peces de un grupo de seis, o bien moviéndose entre dos de los peces. Los niños dedicaron más tiempo a observar las secuencias en las que la voz en off y la mano en pantalla enumeraban los peces de forma correcta, comporta- miento que reflejaba su preferencia. Por tanto, sabían cómo llevar la cuenta. «Los pequeños tienen mucha más conciencia de los objetos de lo que suele creerse», afirma Siegal.

—Janelle Weaver

más conciencia de los objetos de lo que suele creerse», afirma Siegal. —Janelle Weaver 8 MENTE

© FOTOLIA / MANGOSTOCK

SOMATIZACIÓN

Imágenes que sirven de analgésico

Observar la fotografía de un ser querido puede paliar el dolor físico

M uchas mamás toman la mano de sus hijos para

tranquilizarles en el momento

en el que el pediatra se dispone

a inyectarles la vacuna. Por ins- tinto sabemos que el contacto con un ser querido ayuda a mitigar el dolor, supuesto que también respaldan los datos científicos. Dos estudios in- dican, además, que un mero recordatorio de la persona ausente (una fotografía) pro- porciona el mismo alivio. Una investigación publica- da en Psychological Science en 2009 demostró por primera vez tal efecto. La psicóloga Sarah Master y sus colabora- dores, de la Universidad de California, estudiaron a 25 mujeres que tenían pareja masculina desde hacía más de seis meses. Las investigadoras sometieron a las voluntarias

a distintos grados de estimu-

lación térmica mientras estas asían la mano de su amado, sentado al otro lado de un telón, o la de un desconocido al que tampoco veían; o bien mientras observaban una foto- grafía de su pareja o la de otro hombre. La mano de su media naranja e incluso la su retrato reducían el dolor más que el contacto o la visión de un in- dividuo extraño: la fotografía, pues, resultó tan eficaz como el contacto físico. Para comprender mejor cómo el amor alivia el dolor, en un estudio publicado en el número de octubre de 2010 de PLoS One se atisbó en el interior del cerebro. El neuro- científico Jarred Younger y sus colaboradores, de la Universi- dad Stanford, reclutaron a 15 estudiantes que hacía nueve

meses que habían iniciado una relación apasionada. Los probandos tenían que fijarse, mientras se hallaban en un

escáner de resonancia magné- tica funcional, en fotografías de sus partenaires o en retra- tos de personas conocidas por ellos y atractivas, o participar en un juego de asociación de palabras. Durante estas dis- tracciones, los experimenta- dores aplicaron las palmas de las manos de los probandos a temperaturas que causaban un dolor ligero, mediano o agudo. Mientras que las fotografías de conocidos no ejercieron efectos analgésicos eficaces, la visión de los rostros de los seres amados, así como la par- ticipación en el juego de pala- bras redujo, en promedio, la sensación dolorosa subjetiva

entre un 36 y 44 por ciento. En el caso del dolor intenso, la reducción fue de entre un 12 y un 13 por ciento. Por otra parte, tan solo las fotografías de las personas amadas activaron los centros de recompensa ubicados en la amígdala, el hipotálamo y la corteza orbitofrontal medial. Asimismo, los rostros de las parejas sentimentales reduje- ron la actividad de importan- tes áreas de procesamiento del dolor: la ínsula posterior izquierda y derecha. Dado que los centros de re- compensa no se activaron en respuesta al juego de palabras ideados como distracción, los investigadores argumentan que la «pócima lenitiva» que supone el sentimiento amoro- so va más allá que una mera distracción; es un gozo tan po-

va más allá que una mera distracción; es un gozo tan po- tente como el que

tente como el que pueden pro- vocar las drogas (entre ellas, la cocaína) que refuerzan las mis- mas sendas de placer. No obstante, no es necesario mostrar una fotografía de una persona muy importante para producir efectos analgésicos. En opinión de la neurocientí- fica Lucy Brown, de la facultad de medicina Albert Einstein de la Universidad Yeshiva y no participante en el estudio, el retrato de cualquier ser que- rido podría provocar efectos

similares. «No estoy tan segu- ra de que una foto de nuestro novio o amante sea más eficaz que la de un marido, un hijo o, incluso, un animal de com- pañía.» La próxima vez que tenga que estrujarse en un avión atiborrado de gente, o trabajar a pesar de sufrir un fuerte res- friado, considere la posibilidad de llevar consigo una fotogra- fía de alguien querido: le hará la situación más soportable. —Ferris Jabr

Muñecas contra la delgadez y la obesidad

Los adolescentes corren especial riesgo de sufrir trastornos de conducta alimentaria, entre ellos, anorexia, bulimia y atracón compulsivo. Algunos programas de preven- ción en escuelas alemanas han mostrado su eficacia para atenuar el problema

UWE BERGER Y ANDREAS SCHICK

TODAS LAS ILUSTRACIONES DE ESTA ARTÍCULO: CORTESÍA DE UWE BERGER

«Cuando comía con mis padres apenas tomaba nada. Percibía sus miradas de culpa, pues habían dejado de regañarme en voz alta y de obligarme a comer. En cuanto se marchaban, me metía en la cocina y entraba a saco en el cubo de basura. En mi estuche rosa de maquillaje introducía cáscaras y restos de frutas y legumbres, que luego cortaba en pequeños pedazos en mi habitación y consumía como si de alimentos selectos se tratara en una ceremonia que, a veces, duraba varias horas. De esta manera casi no pasaba hambre y seguía fiel a mi principio de no desperdiciar ninguno de los alimentos, que a mí me parecían increíblemente valiosos.»

—Kathrin, 16 años

PROGRAMA DE CONTRASTES La contradicción entre la muñeca sonriente y la declaración de una enferma de anorexia fomenta la decisión de afrontar los trastornos alimentarios.

R ecreo en el colegio Goethe de Erfurt. Anne y Lisa, de 12 años, se apresuran al puesto de

salchichas situado detrás del patio escolar. Lisa,

admirada por todos por sus medidas de modelo

y su aspecto deportivo, corre delante, seguida

de su amiga, algo regordeta y jadeante. Cuando Anne alcanza el mostrador totalmente exhaus- ta, Stefan, su amor platónico, se da la vuelta y di- rigiéndose a las dos muchachas suelta: «¡Ay, por qué nuestra querida y rellenita Anne no jugará con el mismo entusiasmo al voleibol!». Anne, roja como un tomate, se aleja llorando desconso- lada. Ni se imagina que su amiga Lisa se meterá los dedos en la garganta para echar cuanto antes las salchichas en la taza del inodoro. Los problemas de las dos amigas son caracterís- ticos de su edad: la figura y los alimentos consti- tuyen el tema principal de charla en los patios del colegio a los 12 años. En su intento por alcanzar

el ideal de la delgadez, cada vez más, las jóvenes

entran a esa edad en una espiral de miedo a la gordura y ayuno permanente, asociada en ocasio- nes a episodios de voracidad y vómitos secretos. De hecho, las tasas de obesidad de los menores se han duplicado en los últimos 15 años. Los chicos en particular toman demasiada grasa y dulce por frustración ante las burlas o la marginación. Cuando un adolescente muestra por primera vez un trastorno del comportamiento alimenta- rio, atajarlo resulta difícil: uno de cada dos inten- tos de tratamiento fracasa. Para que el problema no llegue a ese punto, los expertos insisten en la prevención. La escuela es el lugar más indicado para llevar a cabo los programas preventivos:

allí es donde niños y adolescentes pasan mucho tiempo juntos, charlan y critican las costumbres alimentarias y los problemas de peso con sus amigos; también es donde deslumbran perso- najes como la delgada Lisa y el esbelto Stefan.

Los problemas alimentarios van a clase

En el Instituto de Medicina Psicosocial y Psi- coterapia de la Clínica Universitaria de Jena se han elaborado tres programas de prevención específicos para las aulas escolares. Son PriMa, proyecto para la «prevención primaria de la anorexia» y que va dirigido a chicas de 12 años; TOPP (siglas para «adolescentes sin problemas de obesidad» en alemán), ideado para prevenir la marginación social y los atracones entre los adolescentes varones, y por último, Torera, un programa de seguimiento enfocado a alumnos de 13 años. De esta manera, chicos y chicas se

RESUMEN

Educación

temprana sobre

alimentación

1 Los trastornos alimen-

tarios comienzan, de

ordinario, en la pubertad.

Los programas de pre-

vención deben iniciarse

antes.

2 Los conocimientos, la

actitud y el compor-

tamiento alimentario de

los adolescentes se modi-

fican sobre todo a través

de los juegos.

3 Las primeras evalua-

ciones de los progra-

mas preventivos PriMa,

TOPP y Torera revelaron

que la conducta alimen-

taria y la idea de la pro-

pia figura pueden modifi-

carse de forma duradera.

Indice de masa corporal (IMC)

Peso corporal /

en kilogramos

(talla en

metros) 2

Para los adultos se considera

normal un IMC de entre

18,5 y 25. Para los niños

y adolescentes rigen otros

valores según la edad y el

sexo. Una niña de 12 años

con un IMC de 17,5 tendría

un peso normal.

ocupan de forma conjunta de la bulimia, de los atracones y del sobrepeso. Esos tres programas, en su conjunto, deben prevenir no solo los trastornos alimentarios «clásicos», a saber, la anorexia y la bulimia,

sino también la obesidad. Esta última no figura oficialmente dentro de los trastornos de con- ducta alimentaria, por más que el análisis de la bibliografía actual lo desmienta: la anorexia y

la obesidad son dos caras de la misma moneda.

La obsesión por las dietas empieza a muy temprana edad. Según una encuesta llevada

a cabo en 2007 a escolares de 11 años, entre

una cuarta parte y un tercio de las niñas y ca-

si una quinta parte de los niños presentaban

una conducta alimentaria peculiar. Un año an- tes, investigadores del Instituto Robert Koch de Berlín habían llegado a conclusiones parecidas

en el estudio alemán más amplio sobre niños

y adolescentes (KiGGS).

En la realidad, los problemas con la alimenta- ción y la figura suelen advertirse a partir de un

diez años, una de cada cinco niñas ha seguido

Curiosamente, dos tercios de esos adolescen- tes de riesgo no presentan ninguna obesidad

sobrepeso notable. Las encuestas demuestran, sin embargo, que muchos adolescentes sufren solo de pensar que están muy gordos, aunque ni siquiera lo estén. Desde la escuela primaria, una de cada dos niñas y más de uno de cada tres niños se encuentran insatisfechos con su propio cuerpo, como demostró un estudio de la Clínica Universitaria de Jena publicado en 2005 por Uwe Berger, Carolin Schilke y Bernhard Strauss. A los

una dieta para adelgazar al menos una vez. El riesgo de los trastornos alimentarios se eleva de manera considerable con el inicio de la

objetiva, sino un peso normal. Muchos padres desconocen hasta qué punto sufren niñas como Anne o Lisa. «Mi hija no es precisamente del- gada, pero tampoco está gorda. Come lo que le gusta y no se interesa por su figura, sino por los caballos», opinaba una madre en una sesión de padres. Con frecuencia, la familia no reconoce o trivializa los primeros avisos y signos. Los programas PriMa, TOPP y Torera preten- den sensibilizar a los escolares de uno y otro sexo sobre los posibles síntomas de los trastornos ali- mentarios. En 2004 se puso especial énfasis en la prevención primaria de la anorexia de las niñas

pubertad, pues, en ese momento, la apariencia externa cobra cada vez mayor importancia en la autoestima, y también de cara a la impresión que se causa en los compañeros y compañeras. Con todo, las chicas sienten mayor presión que ellos para estar delgadas. Ello explica por qué las ado- lescentes sufren unas diez veces más anorexia

de 11 años. PriMa se imparte, en total, en nueve clases prácticas alrededor de un cartel de gran tamaño, en el que se contemplan escenas de la vida de una muñeca (Barbie) y su familia, aso- ciadas a declaraciones representativas de chicas anoréxicas. Cada lección se inicia con la exposi- ción del cartel, que corre a cargo del profesor.

o

bulimia que los varones de su misma edad.

Este recibe formación durante un día y dispone

Si

a todo ello se suman dificultades escolares o

de un manual pormenorizado de consulta.

conflictos con los padres, crece en algunos ca-

Los nueve carteles representan estaciones ca-

sos una fijación inconsciente hacia el cuerpo y

racterísticas del camino hacia la anorexia. Las

el

comportamiento alimentario, el cual se revela

escenas representadas van pasando, de una se-

como una posibilidad para recuperar el control sobre la propia vida.

sión a otra, de una situación «todavía normal» a otra «patológica». Tales situaciones se basan en

Existen trastornos alimentarios subclínicos previos. Los afectados manifiestan síntomas

los conocimientos científicos. Así, el grupo de Corina Jacobi, profesora de trastornos alimenta-

aislados de anorexia o de bulimia, como pue- den ser el recuento sistemático de las calorías

rios de la Universidad Técnica de Dresde, inves- tigó en 2004 qué tipo de conductas facilitaban la

o

las dietas exageradas. El grupo de psicólogos

anorexia o la bulimia. Al parecer, el riesgo resul-

de Bernhard Strauss, de la Clínica Universita-

ta

mayor entre las jóvenes que realizan muchas

ria de Jena, encuestó en 2004 a 736 estudiantes

dietas, que se encuentran muy preocupadas por

universitarios y de secundaria de ambos sexos

el

peso, que rechazan su propio cuerpo y que,

sobre su conducta alimentaria. Las respuestas de las chicas llamaron la atención: un tercio de ellas, con una edad media de 16 años, confir- mó su trastorno alimentario subclínico: no

en general, disponen de escaso apoyo social. En otras palabras, los factores biológicos y psicoló- gicos interaccionan con el ambiente social, caso de la estructura familiar.

solo seguían un régimen riguroso, sino que se pesaban varias veces al día, utilizaban laxantes

¿Cómo puede ayudar una muñeca?

para controlar el peso o creían que tenían una figura deforme.

El objetivo fundamental de las clases PriMa, de 90 minutos de duración, es establecer una

empatía con las personas afectadas. Las parti- cipantes han de seguir la evolución ascendente de la enfermedad sin etiquetar de inmediato el comportamiento como «patológico», a fin de apartarse de él. Durante los trabajos en grupo, las alumnas deben idear una «ayuda para Bar- bie» y buscar salidas para su complicada situa- ción. Las escolares aprenden asimismo que no puede considerarse ningún éxito comer cada vez menos. El adelgazamiento produce nume- rosas manifestaciones carenciales, entre ellas, alteraciones cardiovasculares o daños en los riñones. Una de cada siete anoréxicas adelgaza literalmente hasta morir. Un ejemplo del impacto del cartel es la ima- gen de la séptima lección: «Conducta alimenta- ria anómala». En esa fase de la anorexia, los ali- mentos se consideran de pronto exageradamente valiosos; la relación normal con la alimentación hace largo tiempo que ha desaparecido. La ilus- tración muestra, como todos los carteles PriMa, a una muñeca Barbie a primera vista feliz. Sostiene orgullosa un estuche rosa de maquillaje, como si quisiera decir: «Mira qué estuche más bonito tengo». El contenido que brota del estuche con tonos entre rojo, amarillo y anaranjado resulta a los ojos del observador difícil de definir. Sin em- bargo, cuando se lee la cita que figura junto a la imagen, cambia por completo la sensación inicial del estuche como objeto de deseo. Ahora se entiende todo: en la imagen apare- cen los restos de comida que Barbie ha extraído en secreto del cubo de basura para tomárselos como único alimento en su habitación, siguien- do un ritual que en ocasiones se alarga durante varias horas. El antagonismo entre la muñeca que sonríe con orgullo y su conducta patológica es uno de los principios sobre los que se susten- tan PriMa, TOPP y Torera: el contraste genera una disonancia y sugiere la implicación psico- lógica del tema. A partir de esa autorreflexión, las alumnas comienzan a replantearse su idea sobre la delgadez y, cuando procede, a cambiar su comportamiento alimentario. La evaluación del programa indica que fun- ciona. Entre tanto se ha encuestado a más de 2500 chicas de unos 100 colegios, tanto las que superaron el programa PriMa como las inte- grantes de un grupo de control en espera de participación. Antes de comenzar el proyecto, una de cada cuatro colegialas, con una edad media de 12 años, manifestaba un comporta- miento alimentario de riesgo (bien una dieta rigurosa o el recuento de las calorías). Una vez impartido el programa en el aula, prácticamen-

Revisión de los trastornos alimentarios

El diagnóstico definitivo de los trastornos de conducta alimentaria no siem- pre resulta posible en la práctica, pues existen numerosas formas mixtas, caso de la anorexia asociada a atracones regulares u ocasionales.

Anorexia nerviosa

Peso corporal situado, como mínimo, un 15 % por debajo del peso normal para el sexo y la edad (corresponde a un IMC inferior a 15,4 para una chica de 12 años o menor de 17,7 a partir de los 16 años). Entre los síntomas se encuentran un miedo intenso al aumento de peso, una idea distorsionada del cuerpo, los rituales estrictos de alimentación y la clasificación de los alimentos en «permitidos» y «prohibidos», además de una gran inclinación por los resultados, por el perfeccionismo. El adelgazamiento es voluntario (sin ninguna causa orgánica). Frecuencia de la enfermedad: 0,5 % entre las mujeres jóvenes (de 12 a 28 años), máxima a los 15 años. Afecta diez veces más a las mujeres que a los hombres.

Bulimia nerviosa

Atracones regulares (entre dos y tres por semana) e incontrolables, en los que se degluten grandes cantidades de alimentos (de 2000 a 10.000 calorías) en muy poco tiempo (unos 30 minutos). Purgación posterior mediante el vómito o el uso de laxantes. Frecuencia de la enfermedad: 1 % en las mujeres jóvenes (de 15 a 28 años), máxima a los 18 años. Afecta diez veces más a las mujeres que a los hombres; los límites con la anorexia nerviosa y el trastorno por atracón se encuentran difuminados. Resulta difícil de reconocer por los padres, profesores o amigos, ya que el peso suele situarse en el intervalo normal (IMC de 20 a 25).

Trastorno por atracón

Atracones regulares (entre dos y tres por semana) e incontrolables, en los que se degluten grandes cantidades de alimentos (de 1000 a 3000 calorías) en muy poco tiempo (30 minutos). Ausencia de purgación posterior a través del vómito o de los laxantes (diferencia más importante con la bulimia). Frecuencia de la enfermedad: entre el 1 y el 3 % de la población, entre el 20 y el 30% de las personas obesas. Afecta por igual a mujeres y varones; los límites con la bulimia y la obe- sidad están difuminados.

Obesidad

Sobrepeso importante con un riesgo elevado, entre otros trastornos, de diabetes y de enfermedades cardiovasculares, IMC > 30 entre los adultos. Frecuencia de la enfermedad: 10% de los niños y adolescentes, 20% de los adultos, con tendencia al alza. Afecta por igual a mujeres y a hombres.

(A partir de los criterios diagnósticos de la CIE-10, del DSM-IV y de las directrices de la Sociedad Alemana Para Psiquiatría Infantil y Adolescente)

EL TESORO DE BARBIE En el cartel dedicado a la «pér- dida de control», una alumna con anorexia relata que compra golosinas en grandes cantidades para compensar el adelga- zamiento, aunque nunca las ingiere.

te

cambio, el comportamiento alimentario solo

fue a mejor en un tercio de las jóvenes de ries- go del grupo de control. Además, los ejercicios PriMa mejoraron, por término medio, la idea de la propia figura, así como los conocimientos

y opiniones sobre la alimentación sana y los

la mitad de ellas normalizó su conducta; en

trastornos alimentarios.

Mejor sin los chicos

El programa ha tenido buena aceptacion entre

las destinatarias, a tenor de los comentarios de muchas de ellas: «Me ha parecido muy guai la clase. Está bien que no haya chicos, pues de to- das maneras solo saben reírse». Uno de los prin-

cipales resultados de la evaluación es que cuanta más diversión advierten las participantes en el aula, más aprenden. Otra ventaja de los progra- mas preventivos, frente al tratamiento de los problemas agudos, reside en la posibilidad de tratar, mediante juegos, temas tan serios como

la idea de suicidio.

A raíz de la experiencia favorable con PriMa,

se puso en marcha poco después el programa paralelo para chicos, TOPP, en colaboración con la

psicóloga Melanie Sowa. El objetivo de dicho pro-

grama estriba en prevenir la falta de ejercicio así como el sobrepeso, fenómenos que representan para los varones de esas edades un peligro mayor que la anorexia. Por ello se anima a los alumnos de 12 años a incorporar de forma paulatina la práctica de ejercicio en su vida cotidiana. A par- tir de allí se observa si la mayor actividad física mejora su bienestar y sus relaciones sociales. Los jóvenes deben aprender a combatir con aplomo las críticas a su figura, así como reflexionar sobre su forma de comportarse con los compañeros de clase que sufren sobrepeso. En el caso de TOPP, el eje de cada lección es nuevamente un cartel, pero esta vez exhibe a un chico que está siendo objeto de burla o que aprende a montar en monopatín. Desde el princi- pio del programa, cada lección incluye como mí- nimo un juego dinámico con el fin de estimular a los participantes a la actividad física. También se cuenta con pasatiempos en los que deben hallarse alimentos o golosinas que engordan, además de un juego de mesa con la pirámide alimentaria como argumento central para que los alumnos se familiaricen con el contenido nu- tricional de los alimentos y las raciones diarias recomendadas. Un estudio sobre la eficacia de TOPP, a partir de la experiencia con 960 niños y presentado en un congreso de expertos en Jena en 2008, confirma que la iniciativa puede propi- ciar que un chico que no sale de casa se convierta en un joven activo y orgulloso. Uwe Berger, Bianca Borman y Christina Brix, de la Clínica Universitaria de Jena, han elaborado el programa Torera, ideado para el seguimiento de PriMa y TOPP en adolescentes de 13 años. El nombre de la iniciativa proviene del origen griego de la palabra bulimia («ham-

«Cuando en un día cualquiera la balanza marcaba un peso inferior al del día anterior, me iba al supermercado a llenar el bolsillo de mis golosinas preferidas, no para tomarlas, sino para esconderlas en un lugar secreto e imaginarme cómo las devoraría alguna vez en una maravillosa orgía.»

Natalie, 14 años

Consejos para padres y maestros

1. Los signos de alerta

El niño o la niña tiene la sensación de estar gordo pese a que adelgaza o incluso presenta un peso inferior al normal; ejecuta rituales llamativos, como masticar durante mucho tiempo o desmenuzar exageradamente los alimentos; niega tener hambre a pesar de la fuerte inhibición alimentaria; practica deporte en exceso, incluso con lesión o enfermedad; su comportamiento es compulsivo (clasifica los alimentos en «buenos» y «malos»); vomita después de las comidas (se retira con regularidad al cuarto de baño); presenta episodios de hambre canina, se alimenta a escondidas, hurta alimentos.

2. Respuesta adecuada

El adulto debe percibir siempre la personalidad del niño o la niña en su conjunto, sin criticar la alimentación que sigue ni la figura; debe visitarse cuanto antes al médico o al psicólogo: el adelgazamiento intenso puede deberse también a una causa orgánica (un problema de la función tiroidea); evite aplicar el tratamiento por cuenta propia (a menudo se observan desconocimiento y conflicto de roles); no presione ni fuerce, lo mejor es estimular la automotivación (haga propuestas); debe dejarse al propio adolescente que elija el médico, así como la decisión de acudir solo o acompañado de los padres a la consulta; en general, quien quiera ayudar, deberá primero entablar una relación de confianza.

(De «Recognizing & preventing adolescent eating disorders and muscularity problems». L. Smolak y M. P. Levine en The Prevention Researcher, vol. 14, págs. 15-17, 2007.)

bre de toro»). Las más de las veces, en lugar de adelgazar, los intentos por resolver los proble- mas con la figura y la autoestima a través de las restricciones a la hora de comer se saldan con el efecto contrario: atracones periódicos. Los ayunos y dietas sistemáticos convierten la búsqueda de alimentos en la máxima priori- dad; todas las ideas giran en torno a la comida. Durante los atracones se pierde el control de uno mismo y se devoran cantidades ingentes de alimentos «prohibidos», en particular dulces y grasas. Tales atracones suelen mantenerse en secreto por vergüenza. Los pacientes bulímicos experimentan un ali- vio pasajero con el vómito autoinducido, con el que imaginan recuperar el control. Algunos procuran, además, «deshacerse» de las calorías ingeridas con un incremento de la actividad físi- ca o con laxantes. Existen también adolescentes que padecen episodios regulares de voracidad y que no toman luego ninguna medida «antagó- nica». Este tipo de alimentación compulsiva, a diferencia de la bulimia y de la anorexia, afecta por igual a mujeres y hombres. La enfermedad revela cuán estrechamente vinculados están los trastornos alimentarios con la obesidad, puesto que las personas que comen de forma compul- siva suelen presentar sobrepeso. Por otra parte, un tercio de las personas obesas manifiesta ese tipo de episodios por atracón.

El programa Torera muestra carteles con las falsas promesas de las dietas. Otros temas que abarca son la manera de enfrentarse a las crí- ticas de la propia figura, cómo salir del círculo vicioso de la alimentación compulsiva y el fe- nómeno del retraimiento social. Una grabación de la obra Todeshungrig («Muerto de hambre»), representada por el grupo de teatro de la es- cuela secundaria Kyffhäuser de Bad Franken- hausen, pone el colofón al proyecto. La pieza relata la historia de una muchacha que padece anorexia. Los programas PriMa, TOPP y Torera están apuntalándose en Turinga, pues ya se imparten en más de 150 colegios. Los resultados demues- tran que alcanzan una reducción de las conduc- tas alimentarias de riesgo, un aumento de los conocimientos en torno a estos temas, además de una mejora de la autoestima y valoración del propio cuerpo. El siguiente paso consiste en tras- ladar este concepto a la escuela primaria. A largo plazo, el objetivo es acompañar a los alumnos, padres y maestros durante todo el período es- colar con objeto de ayudar a adolescentes como Anne y Lisa.

 

BIBLIOGRAFÍA

COMPLEMENTARIA

DIE BARBIE-MATRIX: WIRK-

SAMKEIT DES PROGRAMMS

PRIMA ZUR PRIMÄRPRÄVEN-

TION VON MAGERSUCHT BEI

MÄDCHEN AB DER 6. KLASSE.

U. Berger y cols. en Psy- chotherapie, Psychosomatik, Medizinische Psychologie, vol. 57, n. o 6, págs. 248- 255, 2007.

ESSSTÖRUNGEN WIRKUNGS-

VOLL VORBEUGEN. U. Berger.

Kohlhammer, Stuttgart,

2008.

Uwe Berger es psicólogo y colaborador del Instituto de Medicina Psicosocial y Psicoterapia de la Clínica Universi- taria de Jena. Andreas Schick dirige el Centro de Preven- ción de Heidelberg.

ADICTOS A LA INANICIÓN.

T. Gura en Mente y cerebro n. o 44, págs. 70-77, 2010.

El influjo de la ciudad La masificación en las urbes no cesa de aumentar. A
El influjo de la ciudad La masificación en las urbes no cesa de aumentar. A

El influjo de la ciudad

La masificación en las urbes no cesa de aumentar. A su vez, crecen los hallazgos científicos de que la vida en las aglomeraciones repercute sobre la salud mental. ¿Qué sucede en el encéfalo de los urbanitas?

ANDREAS MEYER-LINDENBERG

en el encéfalo de los urbanitas? ANDREAS MEYER-LINDENBERG ducido y sufren un continuo ajetreo. A ello

ducido y sufren un continuo ajetreo. A ello debe añadirse la fragmentación social así como la pér- dida de figuras familiares de referencia. Tal cóctel de circunstancias ofrece un complejo sistema de factores de riesgo a la vez que protectores, cuyos mecanismos de acción biológicos y psicológicos todavía deben comprenderse. Desde hace diversas décadas se sabe que la vida en una gran ciudad perjudica la salud mental. Algunas psicopatologías graves se ma- nifiestan de forma más intensa en un entorno urbano. Aquellas personas que nacieron y vivie- ron su primera infancia en una urbe presentan mayor riesgo de esquizofrenia. Tras validar diez estudios, Lydia Krabbendam y Jim van Os, am- bos de la Universidad de Maastricht, hallaron al comparar a individuos nacidos en espacios urbanos con otras provenientes de zonas rurales que los primeros se encontraban expuestos a un riesgo al menos dos veces mayor de sufrir dicho trastorno psiquiátrico. Otros investiga- dores elevan la proporción incluso a un triple de posibilidades. Los datos se consideran fiables; no obstante, dejan la puerta abierta a una pregunta clave:

L os cambios culturales intensos del Rena- cimiento, la Revolución industrial y, sí,

también las corrientes políticas de los siglos XIX y XX hubieran sido impensables sin la existen-

cia de las ciudades. La urbanización es, segura- mente, uno de los cambios de mayor magnitud acometidos por la humanidad. Hoy en día, más de la mitad de la población mundial habita en urbes; en el 2050 la proporción alcanzará los dos tercios. Mientras Europa y Norteamérica se hallan ya suficientemente urbanizadas, ese proceso será rápido y determinante durante los próximos años en Sudamérica y Asia. En China crecen cada año megaciudades de más de diez millones de personas. ¿Es sana la vida en la ciudad? A primera vista, la respuesta parece afirmativa: en comparación con los habitantes del campo, la economía de los urbanitas resulta algo más boyante —al menos, según el promedio mundial—, disponen de más recursos en servicios sanitarios, además de una mayor oferta para alimentarse. Sin embargo, la otra cara de la realidad muestra que los ciuda- danos de grandes ciudades soportan más ruido, viven en un espacio considerablemente más re-

© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI

© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI MENTE MENTE Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012
© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI MENTE MENTE Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012
© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI MENTE MENTE Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012
© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI MENTE MENTE Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012
© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI MENTE MENTE Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012
© ISTOCKPHOTO / RENÉ MANSI MENTE MENTE Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012

MENTEMENTE YYY CEREBROCCEREEREBRBROO 535533 /// 201220201212

Y YY CEREBRO CCEREEREBRBROO 53 5533 / // 2012 20 201212 MASA ANÓNIMA Las aglomeraciones y

MASA ANÓNIMA Las aglomeraciones y el ajetreo caracterizan la vida en la ciudad.

171717

DREAMSTIME / ELENA SOLODOVNIKOVA

DREAMSTIME / VIKTORAS MOSTOVOJUS

©

©

RESUMEN

Espacio urbano

y mental

1 Las personas que moran en lugares

masificados padecen tras- tornos mentales (depre- sión o esquizofrenia) con mayor frecuencia que las provenientes de entornos rurales.

2 El estrés social provo- ca, sobre todo a los

habitantes de las grandes ciudades, una mayor activación de la amígdala y de la corteza cingula- da anterior pregenual.

Dichas áreas cerebrales desempeñan una función destacada en la vida emocional.

3 Es probable que la sobrecarga producida

por la vida urbana alte- re la fisiología cerebral:

aumenta el riesgo de padecer enfermedades psiquiátricas.

¿Cuáles son las causas subyacentes? Una posible primera aproximación apuntaría a que las áreas metropolitanas atraen a las personas con mayor riesgo de padecer una enfermedad mental o con algún trastorno psicológico notorio; o que los sujetos condicionados por la enfermedad rara vez se trasladan al campo. Los epidemiólogos descartan, por lo general, tales hipótesis de de- riva. Por tanto, debemos suponer que la propia ciudad contiene características que incremen- tan el riesgo de padecer alguna enfermedad mental. ¿De qué factores podría tratarse? El ruido del tráfico o la contaminación del aire aparecen como dos posibles respuestas. Sin embargo, Van Os y Selten señalan con convicción que existe otro fe- nómeno aún más relevante: el estrés social. Numerosos estudios epidemiológicos así lo constatan. Stanley Zammit, de la Universidad de Cardiff, y su equipo mostraron en 2010 en una investigación con 200.000 habitantes de Suecia que el riesgo de padecer esquizofrenia dependía de factores individuales (la condición de inmigrante o el salario), los cuales a su vez se relacionaban con el tamaño de la ciudad. Los probandos que presentaban un riesgo mayor de padecer una psicopatología eran aquellos que se sentían alienados y aislados en su barrio (los inmigrantes, por ejemplo). Con todo, otros análisis similares revelan solo pistas indirectas, ya que se sustentan en una me- dida poco precisa: el diagnóstico clínico de una enfermedad mental. Más idóneo para establecer la relación entre la vida en la ciudad y el estrés social sería utilizar los métodos de la neurobio- logía moderna, puesto que, al fin y al cabo, los trastornos mentales se deben a una alteración en el funcionamiento cerebral. Para ello, debemos medir las respuestas del cerebro de sujetos de

regiones geográficas distintas mientras atravie- san una situación social estresante. El año pasado llevamos a cabo un experi- mento semejante en el Instituto Central de Sa- lud Mental de Mannheim. Los probandos sanos debían someterse a un escáner cerebral. Con ayuda de la resonancia magnética nuclear fun- cional (registra el flujo sanguíneo en las áreas cerebrales) medimos la actividad de sus neuro- nas. Asimismo, pedimos a los voluntarios que resolvieran unos ejercicios de agilidad mental en un tiempo límite. Se trataba de actividades de cálculo mental o problemas geométricos; en esos últimos, tenían que emparejar figuras giradas en el espacio. Mientras se enfrenta- ban a los ejercicios, los experimentadores cual «científicos de bata blanca», presionaban a los participantes. Sin que estos lo supieran, mani- pulamos el experimento para que creyeran que no se encontraban a la altura de las exigencias. Un «medidor del rendimiento» aparecía en la pantalla del tomógrafo, sugiriendo al probando que su rendimiento era bastante peor al del res- to de los participantes. Los científicos del ensayo movían la cabeza en señal de desaprobación y pedían con ademán serio a los sujetos que se esforzasen un poco más en aras de poder valorar sus resultados.

Alarma en el sensor de peligro

El efecto no defraudó. Los sujetos —a quienes, como es natural, explicamos después nuestras verdaderas intenciones— confirmaron que se habían sentido presionados durante el ejercicio. Corroboramos la presencia de estrés mediante la aceleración del pulso, la presión sanguínea y los valores de cortisol. ¿Qué áreas cerebrales se activaban bajo un estrés por evaluación social? Como es natural,

áreas cerebrales se activaban bajo un estrés por evaluación social? Como es natural, 18 MENTE Y
áreas cerebrales se activaban bajo un estrés por evaluación social? Como es natural, 18 MENTE Y

© DREAMSTIME / JVDWOLF

numerosas de ellas. Sin embargo, nos intere- saban sobre todo las regiones cuya actividad se encuentra relacionada con el entorno urba- no de los probandos. Una parte de los sujetos provenía de una urbe con más de 100.000 habi- tantes, otro grupo de alguna pequeña localidad de unos 10.000 conciudadanos, y los restantes vivían en zonas rurales. ¿Existe una región en el encéfalo cuya actividad bajo condiciones estre- santes muestre correlación con la procedencia geográfica? Sin ningún tipo de duda, así es. Se trata de la amígdala, la estructura cerebral con forma de almendra. Del tamaño de un hueso de cereza y situada en la profundidad de ambos lados del lóbulo temporal, la amígdala es bien conocida por psiquiatras y neurocientíficos. Entre otras funciones, sirve de «sensor del peligro» y de- sencadena reacciones en el organismo ante la percepción de una amenaza (miedo o agresión). El aumento de la actividad en dicha área encefá- lica también se relaciona con la depresión y los trastornos de ansiedad. La actividad de la amígdala de los sujetos es- tresados aumentaba de forma progresiva según el tamaño de la ciudad de la que procedían. En el caso de los habitantes de pueblos rurales, el centro neuronal de las emociones parecía no inmutarse; en los ciudadanos de pequeñas urbes se activaba un poco más, siendo la amígdala de los urbanitas de grandes ciudades la que ma- yor activación manifestaba. No esperábamos obtener una correlación tan elevada. Por ese motivo repetimos el experimento con otros sujetos; también modificamos las condiciones estresantes. La estructura cerebral de marras mostró exactamente el mismo patrón. Los resultados son en especial reveladores, puesto que los datos epidemiológicos muestran

cómo el entorno urbano aumenta el riesgo de desarrollar depresión y trastornos por ansiedad; es decir, alteraciones relacionadas con la hipe- ractividad de la amígdala. La activación refor- zada de dicha estructura cerebral podría ser un mecanismo que media entre el estilo de vida urbana y el riesgo de sufrir esas enfermedades mentales. Asimismo cabe la posibilidad de que la acti- vación amigdalina se relacione con la predis- posición a la conducta agresiva. Claro está que en este caso no se trata de una categoría de enfermedad psiquiátrica: la violencia se debe

a influencias muy complejas y multifactoriales

[véase «Los cimientos de la violencia», por A. Blanco; MENTE Y CEREBRO, n. o 49]. Los datos tanto de Alemania como de Estados Unidos constatan que la violencia en las ciudades constituye un problema bastante mayor que en los pueblos. En 2006 demostré, junto a colaboradores del Ins-

tituto Nacional de Salud Mental de Bethesda, que las personas con factores genéticos de riesgo para los actos violentos impulsivos disponen de una amígdala hiperactiva. ¿Qué sabemos respecto a la esquizofrenia? Entre los riesgos despunta no solo el hecho de vivir en una metrópolis, sino sobre todo nacer

y crecer en un ambiente urbano. Así lo verifi-

camos. Con el propósito de cuantificar el tiempo que nuestros probandos vivieron en la ciudad durante su infancia, elaboramos un valor a partir de los años de vida, desde cero hasta los 15 años. Contabilizamos tres puntos por cada año que el participante había vivido de peque- ño en una gran ciudad; dos puntos si se había criado en una urbe más pequeña y, finalmente, un punto cuando el ambiente había sido rural. En total obtuvimos un valor entre 15 y 45 pun-

rural. En total obtuvimos un valor entre 15 y 45 pun- El estrés social de la
rural. En total obtuvimos un valor entre 15 y 45 pun- El estrés social de la

El estrés social de la ciudad podría aumentar el riesgo de padecer una enfermedad mental

LA HUELLA DEL ENTORNO Las personas que habitan en un espacio rural (izquierda) reaccio- nan ante el estrés de manera distinta que aquellas que viven en una pequeña ciudad (centro) o en una gran metrópolis finan- ciera (derecha).

CITY LIVING AND RURAL UPBRINGING AFFECT NEURAL SOCIAL STRESS PROCESSING IN HUMANS. FLORIAN LEDERBOGEN Y COLS. EN NATURE, VOL. 474, PÁGS. 498-501, 2001.

a
a

c

c
b * 1 0 –1 Habitantes Habitantes Habitantes de zonas de pequeñas de grandes rurales
b
*
1
0
–1
Habitantes
Habitantes
Habitantes
de zonas
de pequeñas
de grandes
rurales
ciudades
ciudades
d
3
2
1
0
–1
15
20
25
30
35
40
45
Actividad de la corteza
Actividad de la amígdala
cingulada anterior pregenual

Índice de procedencia (1, 2 o 3 puntos por cada año de la infancia en el campo/ una pequeña ciudad/una gran ciudad)

CIUDAD, CAMPO Y ESTRÉS La amígdala se activa con mayor intensidad en los probandos urbanitas que resuelven ejercicios mentales en condiciones de estrés social (a) que en aquellos sujetos que habitan en entornos rurales o pequeñas ciudades (b). El asterisco (en b) indica que la diferencia estadística resulta notable. Además, las personas que se criaron en una gran ciudad muestran una marcada actividad de la corteza cingulada anterior pregenual (c) como respuesta al estrés social. Su nivel de actividad en situaciones estresantes (d) de- pende del ambiente donde pasaron su infancia. Cada año suma tres puntos si vivieron en una gran ciudad, dos en el caso de haber habitado en una pequeña localidad y uno en relación a la vida en un pueblo.

tos para cada sujeto. De nuevo, solicitamos a nuestros probandos que resolvieran ejercicios mentales mientras se encontraban tendidos en el escáner y el experimentador de turno les es- tresaba sin cesar. Al valorar los datos de las tomografías, ha- llamos una región cerebral que correlacionaba de modo notable con nuestra «puntuación ur- bana»: la corteza cingulada anterior pregenual. Cuanto más tiempo habían pasado los sujetos su infancia en una ciudad, más se activaba di- cha área del sistema límbico en condiciones de estrés social. Validamos ese hallazgo con un segundo grupo experimental.

Alteración en el circuito de regulación

Es posible comprobar el efecto del estrés social que causa la vida en la ciudad mediante una investigación de control. Con ese objetivo so- metimos a otros participantes a los ejercicios mentales del mismo nivel de dificultad que en el caso de los anteriores, pero esta vez sin po- nerles bajo presión. No encontramos ninguna

relación entre la procedencia urbana y la acti- vación de la amígdala ni la corteza cingulada

anterior pregenual. La corteza cingulada anterior pregenual es

interesante por más motivos. Primero, diver- sos científicos, entre ellos, Tsutomu Takahashi, de la Universidad de Medicina y Farmacia de

Toyama, han descubierto cambios estructurales en dicha área de pacientes esquizofrénicos. En ocasiones las alteraciones aparecen en el estadio

inicial del trastorno, incluso en sujetos que solo presentan un riesgo elevado de la enfermedad,

es decir, antes de que se presenten los primeros síntomas psiquiátricos. En segundo lugar, esa región cerebral se halla relacionada de manera

muy directa con la amígdala. Al parecer exis- te un bucle de retroalimentación entre ambas áreas, el cual inhibe a la amígdala y desempeña una función en el procesamiento de emociones negativas. Aquí topamos con un circuito de re- gulación en el que puede influir el nacimiento

y la vida en una gran ciudad.

El círculo de amistades protege

La comparación de los datos extraídos de las to- mografías nos permitió estimar la conectividad funcional, es decir, cuán vinculadas se encuen- tran ambas estructuras cerebrales entre sí. De nuevo, el circuito de regulación se hallaba más perjudicado cuanto más tiempo de crianza había experimentado el sujeto en la ciudad. En 2005, en colaboración con el equipo de Daniel Wein- berger, del Instituto Nacional de Salud Mental, descubrimos una alteración similar en el bucle

de retroalimentación entre la corteza cingulada anterior pregenual y la amígdala en aquellas per- sonas que manejaban peor los acontecimientos vitales negativos debido a la mutación de un gen del trasportador de serotonina 5-HTT [véase «Psi- cología genética», por Turhan Canli; MENTE Y CE- REBRO, n. o 29]. El efecto simultáneo de los genes y del ambiente podría ser decisivo para el riesgo de sufrir enfermedades mentales como la depresión

y la esquizofrenia.

Con todo, existen mecanismos de protección que actúan sobre dicho circuito cerebral. Cola- boradores de Lisa Feldman Barett, del Hospital General de Massachusetts en Charlestown, des- cubrieron en 2011 que el volumen de la amíg- dala (medido a través de resonancias magnéti- cas nucleares) aumentaba conforme lo hacía el tamaño del círculo de amigos y conocidos del individuo. Una red social bien construida pro- tege de los trastornos mentales; precisamente esa protección se da con menor frecuencia en

las grandes y anónimas urbes. En 2010, nuestro equipo de investigación corroboró que la hor- mona peptídica vasopresina modula la actividad de la corteza cingulada, además de que promue- ve el bucle de retroalimentación de la amígdala. Por tal motivo, tanto los factores de riesgo como los de protección influyen de forma simultánea sobre ese circuito. La siguiente pregunta reza: ¿Qué causas sub- yacen en el peculiar procesamiento del estrés de los urbanitas? Hasta ahora sabemos cómo la vida en la ciudad aumenta el riesgo de padecer enfermedades mentales, aunque desconoce- mos por qué. Los experimentos con animales ya mostraron que el circuito entre la corteza cingulada anterior pregenual y la amígdala es muy sensible, y que reacciona al estrés sobre todo durante la juventud. En 2003, el equipo de Katharina Braun, de la Universidad de Magde- burgo, concluyó que las conexiones neuronales en la circunvolución cingulada de un pequeño roedor (Octodon degus) se modificaban de ma- nera permanente cuando se estresaba al animal aislándolo al poco de nacer. Por ello, suponemos que la activación en tales regiones cerebrales no solo indica un aumento del riesgo de padecer una psicopatología, sino que los factores de estrés social que conlleva la ciudad podrían ser la verdadera causa de esos cambios. No obstante, la comprobación de di- cha hipótesis resta pendiente. Por tal motivo, debemos comprender con exactitud los factores ambientales que los habitantes de las ciudades afrontan (la falta de espacios verdes, el ruido o la fragmentación social), así como complementar esos datos con resultados de neuroimagen. De lo contrario, semejante enfoque de investigación podría tener consecuencias de largo alcance: si bien podría evitarse uno de cada tres casos de esquizofrenia con el nacimiento de más perso- nas en el campo, las zonas rurales se poblarían con rapidez, aumentando así el número de ha- bitantes a la vez que se reduciría el espacio dis- ponible para vivir. Por ello, la solución más plausible radica en planificar y diseñar el espacio vital urbano de tal manera que promueva al máximo la salud mental; de este modo se lograrían entornos vi- tales más sanos, además del objetivo principal de cualquier psiquiatría: no limitarse al trata- miento de los trastornos mentales grave, sino también impedir su aparición.

Andreas Meyer-Lindenberg es matemático y psiquiatra; dirige el Instituto Central de Salud Mental en Mannheim.

 

BIBLIOGRAFÍA

COMPLEMENTARIA

CITY LIVING AND URBAN UPBRINGING AFFECT NEURAL SOCIAL STRESS PROCESSING

IN HUMANS. F. Lederbogen y cols. en Nature vol. 474, págs. 498-501, 2011.

CIUDADES, número mono- gráfico de Investigación y Ciencia, noviembre de 2011.

DOSSIER Arqueología cognitiva n. o 425, febrero de 2012 El despertar del pensamiento Por Karin
DOSSIER
Arqueología
cognitiva
n. o 425, febrero de 2012
El despertar del pensamiento
Por Karin Schlott,
Universidad de Heidelberg
Genética de la cognición
Por Miriam Noël Haidle,
Academia de Ciencias de Heidelberg
La evolución cerebral
de los homínidos
Por Emiliano Bruner,
Centro Nacional de Investigación
sobre la Evolución Humana
e ingenioso
Por Miriam Noël Haidle
Talla lítica
y desarrollo cognitivo
Por Núria Geribàs Armengol,
Instituto de Paleoecología Humana
y Evolución Social
www.investigacionyciencia.es

Arquitectura con cabeza

La psicología y la neurociencia ayudan a idear espacios urbanos

que contribuyan a la creación, el aprendizaje, la relajación y la salud

EMILY ANTHES

E n la década de los cincuenta, el galardonado biólogo Jonas Salk (1914-1995) investigaba

remedios para la poliomielitis en un oscuro la- boratorio de un sótano de Pittsburgh. Ante la lentitud con que avanzaba, Salk decidió viajar a Asís, en Italia, para despejarse la mente. Allí, deambulando sin prisas entre las columnas y claustros de la medieval basílica franciscana, le invadieron intuiciones nuevas, entre ellas, la que le conduciría a su exitosa vacuna contra la poliomelitis. Salk estaba convencido de que debía su inspiración al entorno contemplativo que le rodeaba. Llegó a creer con tal intensidad en la influencia de la arquitectura en la men- te que se asoció con el arquitecto Louis Kahn (1901-1974) con el objetivo de construir el Insti- tuto Salk en La Jolla, un centro científico ideado para estimular la investigación y fomentar la creatividad. Desde hace tiempo, los arquitectos intu- yen que el ambiente condiciona aquello que pensamos, sentimos y hacemos. Hoy, medio siglo después de la inspiradora excursión de Salk, los científicos conductistas apoyan tales presentimientos en datos empíricos. Aportan ideas seductoras para el diseño de espacios que estimulen la imaginación y mantengan la con- centración y la conciencia de los estudiantes, a la vez que favorezcan la relajación y la cercanía social. Ciertas instituciones, como la Academia de Neurociencia para la Arquitectura en San

Diego, alientan una investigación interdiscipli- naria sobre los efectos de un entorno concreto en la mente; también existen escuelas de arqui- tectura que ofrecen clases de introducción a la neurociencia. Iniciativas de ese tipo ya han penetrado en el diseño y cristalizado en proyectos de vanguar- dia, como las residencias geriátricas en las que el propio edificio forma parte del tratamiento. De manera análoga, la escuela Kingsdale de Lon- dres fue rediseñada, con ayuda de psicólogos, para estimular la cohesión social. Su estructu- ra contiene, además, elementos que favorecen la creatividad y la agudeza mental. Esto no es más que el principio: David Allison, arquitecto director del programa Arquitectura y Salud en la Universidad de Clemson, afirma que la in- vestigación en ciernes podría ilustrarnos aún mejor sobre los efectos del entorno construido en nuestra salud y bienestar, y cómo actuamos y sentimos dentro de ese ambiente.

Pensamientos elevados

Cien años atrás se acometieron investigaciones formales sobre la interacción humana con el en- torno construido. Diversos grupos analizaron la influencia que ejercía el diseño de los hospitales, sobre todo de las dependencias psiquiátricas, en las conductas y los resultados de los pacientes. Los decenios de 1960 y 1970 vieron florecer el campo de la psicología ambiental.

RESUMEN

Construcciones

creativas

1 Los arquitectos intu- yen desde hace tiem-

po que los lugares donde habitamos condicionan pensamientos, sensacio- nes y comportamiento. En la actualidad, los cien-

tíficos conductistas apo- yan sus presentimientos en bases empíricas.

2 Se busca el diseño de espacios que es-

timulen la creatividad, mantengan la concentra- ción y la conciencia de los estudiantes, y favorezcan la relajación y la cercanía social. El resultado afecta a aspectos arquitectóni- cos: altura de los techos, vistas al exterior, forma del mobiliario, tipo de alumbrado

3 Los trabajos condu- cen a proyectos de

vanguardia: residencias geriátricas para afectados de demencia en las que el propio edificio es parte del tratamiento.

© ISTOCKPHOTO / LEONTURA

ESPACIOS MENTALES El diseño de los edificios y su entorno influyen en la creatividad, estimulación, concentración y relajación de sus habitantes.

WIKIMEDIA COMMONS / THENOSE / CC BY-SA 2.0

WIKIMEDIA COMMONS / THENOSE / CC BY-SA 2.0 DISEÑO CIENTÍFICO Jonas Salk, inventor de la vacu-

DISEÑO CIENTÍFICO Jonas Salk, inventor de la vacu- na contra la polio, esperaba que los espacios sociales abiertos de su Instituto Salk en La Jolla inspirasen y estimularan a los científicos que allí trabajaban.

«En aquel tiempo la arquitectura cobraba una creciente dimensión social», afirma John Zeisel, sociólogo de la Universidad de Columbia y es- pecializado, como presidente del Hearthstone Alzheimer Care, en el diseño de instalaciones para personas con demencia. «Los arquitectos empezaron a preocuparse por lo que deberían saber de la gente para construir edificios que respondieran a sus necesidades.» El desarrollo de las neurociencias de finales del siglo XX ha aportado un nuevo arsenal de técnicas, instru- mentos y teorías. Como señala Eve Edelstein, neurocientífica de la Universidad de California en San Diego y profesora adjunta de la Nueva Escuela de Arquitectura y Diseño en la misma ciudad, sobre esa base se ha comenzado a inves- tigar la manera de aplicar al diseño los rigurosos métodos de la neurociencia y los conocimientos sobre el cerebro. Nuevos descubrimientos podrían arrojar más luz sobre la influencia del entorno físico en la creatividad detectada por Salk. En 2007 Joan Meyers-Levy, profesora de marketing en la Universidad de Minnesota, señaló que la altura de los techos afecta al modo de pensar

de las personas. De forma aleatoria colocó 100 individuos en una sala de 3 metros de altura de techo y otro grupo análogo en otra sala de 2,40 metros. A continuación pidió a unos y otros que clasificaran, según categorías elegidas a su antojo, 10 deportes enumerados en una lista. Los probandos ubicados en la estancia de techo alto recurrieron a características más abstrac- tas, como «duros» o «que les gustaría practicar», frente a los ocupantes de la habitación de techo bajo, los cuales optaron por agrupamientos más concretos, como el número de jugadores de un equipo. Meyers-Levy afirma que la menor altura del techo favorece la concentración en detalles específicos. Así como comprobara en su día que los techos altos transmiten una sensación de liberación fí- sica, Meyers-Levy sostiene ahora que animan a pensar con más libertad, lo que podría inducir a formular relaciones más abstractas. Por otra parte, los techos bajos nos hacen sentir confi- nados, más capaces de un enfoque minucioso, incluso estadístico, lo que puede resultar prefe- rible en ciertos casos. Asimismo depende del tipo de tarea que deba realizarse. Quizá sea mejor un

DRMM

techo bajo en el quirófano para que el cirujano perciba bien los detalles, o en una sala donde deben pagarse facturas; en cambio, un estudio espacioso resulte más adecuado para la produc- ción de grandes obras de arte. Según la investi- gadora, tiene menos importancia la altura real del techo que nuestra percepción sensorial de la misma. También indica que se puede manipular esa percepción mediante pinturas de color claro o espejos que aumenten la sensación de amplitud.

Concentración natural

Además de la altura del techo, el campo visual que permite la edificación ejerce un influjo men- tal: sobre todo en la capacidad de concentración de los residentes. Si bien el acto de asomarse a la ventana suele asociarse a la distracción, lo cierto es que la contemplación de entornos na- turales (jardines, campos o bosques) favorece la concentración. En un estudio publicado en 2000 por la psicóloga ambiental Nancy Wells, hoy en la Universidad de Cornell, se analizaba el com- portamiento de niños de 7 a 12 años tras una mudanza familiar. Al comparar las vistas desde las ventanas de cada casa, la antigua y la nueva, resultaba que la contemplación de un panorama más verde (nueva vivienda) conseguía mejores resultados en una prueba de atención estándar. (Los investigadores discriminaron las diferen- cias de calidad de la vivienda no relacionadas

con la atención.) Otro experimento demostró que los internos de un colegio que veían natu- raleza desde el dormitorio puntuaban más alto en concentración mental que quienes contem- plaban estructuras urbanas. Los espacios de juego verdes pueden resultar en especial beneficiosos para estudiantes con trastornos de atención. El arquitecto paisajista e investigador William Sullivan, de la Universidad de Illinois, y sus colaboradores estudiaron 96 ni- ños con trastorno de déficit de atención (TDAH). Para ello pidieron a los padres que describieran la capacidad de sus hijos para concentrarse (en los deberes o sus instrucciones verbales) tras haber practicado diversas actividades de ocio, entre ellas, la pesca, el fútbol y jugar con video- juegos en los que se exponía a los probandos a distintos grados de verdor. En los resultados publicados en 2001, Sullivan señala que, según indicaron los padres, los síntomas del trastorno en sus hijos se aligeraban después de contem- plar espacios verdes o permanecer en ellos. Tal vez ese tipo de hallazgos se deba al efecto restaurador que ejerce sobre la mente la contem- plación de escenas naturales, apunta la teoría de los psicólogos Stephen Kaplan y Rachel Ka- plan, ambos de la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Dicha teoría reza que las tareas de la vida moderna pueden causar fatiga mental, mientras que la visión de un entorno natural

fatiga mental, mientras que la visión de un entorno natural Los techos altos animan a pensar

Los techos altos animan a pensar con más libertad, por eso quizás ayuden a establecer relaciones más abstractas

MÁS PATIO, MEJORES RESULTADOS La generosa luz natural y los es- pacios verdes mejoran la capaci- dad de atención y los resultados académicos. El amplio patio del colegio Kingsdale en Londres favorece las relaciones sociales.

© ISTOCKPHOTO / ZVEIGER ALEXANDRE

«Hemos evolucionado en un entorno que nos predispone a actuar con mayor eficacia en espacios verdes»

VERDE POR DENTRO Los edificios que, en sentido figurado, meten dentro el exte- rior al ofrecer vistas de la natu- raleza, mejoran la capacidad de concentración de sus ocupantes.

apenas cuesta esfuerzo y ofrece a la mente un descanso necesario. Stephen Kaplan señala que varios estudios atestiguan un aumento de la ca- pacidad de concentración en individuos que han contemplado vistas naturales, bien sean reales o proyectadas en pantalla. Los escenarios naturales pueden resultar más rejuvenecedores que los urbanos, añade Sullivan, porque los humanos muestran una tendencia in- nata a responder de forma positiva a la naturale- za (biofilia). «Hemos evolucionado en un entorno que nos predispone a actuar con mayor eficacia en espacios verdes», afirma. En un artículo de

diciembre de 2008 publicado en Psychological Science, Stephen Kaplan sostiene que los entornos urbanos estimulan en exceso: prestarles atención

(el tráfico, las aglomeraciones

) requiere un ma-

yor esfuerzo cognitivo que cuando se contempla un seto de arbustos. El recurso a la naturaleza para fomentar la concentración debería rendir frutos en el terreno académico. Así lo confirma C. Kenneth Tanner, responsable de la Escuela de Diseño y Laborato- rio de Planificación de la Universidad de Geor- gia. Según el análisis realizado sobre más de 10.000 alumnos de quinto curso en 71 escuelas primarias de Georgia, los escolares que desde las ventanas del aula veían sin obstáculos más

de 15 metros de elementos naturales (jardines, campos o montes) sacaban mejores notas —en comprensión de lenguaje, artes y matemáticas—

que los privados de tales vistas, o aquellos que solo contemplaban calles, zonas de aparcamiento

u otros escenarios urbanos desde las ventanas

de su clase.

Luz para la mente

Junto al verdor, el mundo natural ofrece luz a los ocupantes de un edificio. La luz del día sin- croniza nuestro ciclo de sueño y vigilia (ritmo circadiano). Así, nos mantiene despiertos por el día y favorece el sueño nocturno. No obstante, numerosos edificios institucionales no están concebidos para dejar pasar la luz natural que física y mentalmente necesitamos. La falta de luz en las escuelas puede afectar

a los niños. «Si llevamos a un niño que no ha

dormido bastante a una escuela con muy poca luz natural, es probable que sufra una descom- pensación semejante a los efectos de un largo viaje aéreo», indica Tanner. Según un estudio de- sarrollado a lo largo de 1992 con escolares suecos en cuatro aulas diferentes, los escolares usuarios de salas más oscuras presentaban alteraciones en los niveles de cortisol, hormona regulada por los ritmos circadianos del organismo.

en los niveles de cortisol, hormona regulada por los ritmos circadianos del organismo. 26 MENTE Y

© DREAMSTIME / DANIELA PELAZZA

Se ha demostrado, además, que una expo- sición adecuada a la luz solar mejora el ren- dimiento de los estudiantes. En 1999, Heschong Mahone Group, consultoría de California espe- cializada en la construcción de estructuras de alto rendimiento energético, recopiló las puntua- ciones de pruebas estándar sobre matemáticas y lectura realizadas por más de 21.000 alumnos de escuela primaria en tres distritos pertenecientes

a

otros tantos estados: California, Washington

y

Colorado. Por medio de fotografías, planos ar-

quitectónicos y visitas personales, se puntuó de 0 a 5 la intensidad de luz natural que iluminaba cada una de las aulas (más de 2000). En uno de los distritos escolares, a saber, Capistrano (en Ca- lifornia), los alumnos de las aulas más soleadas avanzaron un 26 por ciento más en sus conoci- mientos de lectura así como un 20 por ciento en matemáticas en comparación con los que disponían de una mínima claridad natural en

el aula. En los otros dos distritos la abundancia

de luz contribuyó a subir las notas entre el 7 y el 18 por ciento. Las residencias geriátricas demasiado oscuras no permiten mantener los ritmos circadianos. En

oscuras no permiten mantener los ritmos circadianos. En un estudio publicado en 2008 , la neurocientífica

un estudio publicado en 2008, la neurocientífica Rixt F. Riemersma-van der Lek, del Instituto de Neurociencia de los Países Bajos, y sus colabo- radores seleccionaron al azar seis de entre doce residencias asistidas en Holanda en las que ins- talar un alumbrado adicional. La iniciativa elevó

lamo que regula nuestros ritmos diurnos) re- transmiten al cerebro la mayoría de los impul- sos nerviosos cuando detectan luz azul. Esa luz de corta longitud de onda, presente en los rayos

solares, informa al encéfalo y al organismo en- tero de que es de día. (Por el contrario, nuestros

LUZ NATURAL PARA ESTUDIAR La luz diurna regula nuestro ciclo de sueño y vigilia; por eso nos afecta corporal y mental- mente. Un estudio sugiere que cuanta más luz natural entre en

la

luminosidad hasta unos 1000 lux en los cen-

conos y bastones, responsables de la visión, se

un aula, mayor será el progreso

tros residenciales elegidos, mientras que en los

restantes solo era de alrededor de 300 lux. En las pruebas efectuadas cada seis meses durante tres años y medio, los residentes de los edificios más iluminados presentaban una pérdida cogni-

activan al máximo cuando reciben luz verde o amarillo-verde.) Los investigadores recomiendan utilizar du- rante el día diodos fotoemisores (LED) de luz azul y luces fluorescentes de espectro total; unos

académico de los alumnos que la ocupan.

tiva un 5 por ciento menor que los ocupantes de

y

otras desprenden suficiente luz azul para acti-

las seis residencias más oscuras. (El alumbrado

var el sistema circadiano y mantener despiertos

 

adicional redujo, además, en un 19 por ciento los síntomas de depresión.) Otros estudios de- muestran que los ritmos circadianos mantienen

conscientes a los ocupantes del edificio. Tras la

puesta de sol podrían usarse lámparas y apara- tos equipados con bombillas de mayor longitud

y

el

funcionamiento óptimo del cerebro mediante

de onda, cuya luz es más difícil de detectar por

la calibración de los niveles de hormonas y la velocidad metabólica. Los ancianos, en especial

el sistema circadiano y que, por tanto, no in- terfieren con el sueño nocturno. Según Mariana

aquellos que sufren demencia, suelen presentar trastornos circadianos. Los investigadores creen que la mayor iluminación natural contribuiría

Figueiro, directora de programa del Centro de Investigaciones de Alumbrado del Instituto Po- litécnico Rensselaer, un plan de alumbrado que

a

restablecer sus ritmos correctos, y así mejorar

permitiera diferenciar el día de la noche sería

la

función cerebral en su conjunto.

una decisión arquitectónica importante.

También resulta esencial la longitud de onda de la luz. Nuestros sistemas circadianos se en- cuentran regulados fundamentalmente por luz azul; los fotorreceptores que retroalimentan el núcleo supraquiasmático (la parte del hipotá-

Una sala que relaja

Aunque la luz intensa pueda reforzar la cog- nición, las investigaciones sugieren que con- trarresta la relajación y la sinceridad, efecto

CORTESIA DE JOHN ZEISEL

Sin salida

Las residencias para personas que padecen demencia deberían cumplir requisitos arquitectónicos especiales. Los ancianos con deterioros cognitivos

a menudo intentan abandonar su centro asistido y acaban por extraviarse,

resfriarse o algo peor. Ese problema tendría una solución muy sencilla: disi-

mular las salidas. Las tentativas de fuga de los residentes disminuirían si las puertas de salida fueran macizas (sin vista alguna al exterior), colocadas a lo largo de pasillos y no a su extremo, con los picaportes tapados con tela,

y se identificaran por rótulos más pequeños. En 2003, el sociólogo John

Zeisel, presidente y cofundador de la organización asistencial Hearthstone Alzheimer Care, ubicada en Massachusetts y Nueva York, estudió un total de 427 residentes en 15 unidades de atención especial para pacientes de alzhéimer. Se estableció una correlación entre la psicología de los residentes (medida a través de evaluaciones estándar) y diversas características de los entornos físicos en los que habitaban. Se comprobó que quienes residían en centros con las salidas bien disimuladas mostraban menos síntomas de de- presión que los alojados en centros con puertas de salida ostensibles. Según Zeisel, el personal que atiende los centros del primer grupo estaría menos preocupado por la seguridad de los pacientes y les dejaría más libertad y autonomía, lo cual mejoraría su talante. El camuflaje de la salida es solo una intervención ambiental dirigida a personas mayores afectadas de demencia. A los pacientes con deterioro de memoria les cuesta trabajo formar mapas cognitivos de su entorno, por eso los centros de Hearthstone utilizan señales indicadoras: en los pasillos se colocan fotografías que sirven de guía a los usuarios. Facilitar así los movimientos puede, a su vez, reducir su zozobra, agresividad y ansiedad. En palabras de Zeisel: «Un gran número de los síntomas achacados a la enfermedad de Alzheimer son el resultado de factores ambientales que no están bien adecuados a las necesidades de esas personas».

están bien adecuados a las necesidades de esas personas». DISEÑO INTERIOR PARA LAS RESIDENCIAS Disimular las

DISEÑO INTERIOR PARA LAS RESIDENCIAS Disimular las puertas de salida en centros para pacientes con alzhéimer puede mejorar el humor de sus residentes.

que en ciertos casos puede ser más importante que la agudeza mental. En 2006 los asesores de un estudio entrevistaron individualmente a 80 alumnos universitarios en una sala de juntas, con luz intensa o atenuada. Los estudiantes completaron luego un cuestionario sobre sus reacciones: los entrevistados con poca luz se sentían más relajados, tenían mejor opinión del asesor y daban más información sobre ellos mismos que quienes habían estado en

la sala bien iluminada. Los resultados dan a en-

tender que la luz tenue estimula la confianza; por eso suele mantenerse la luz baja en fies- tas o cenas donde predomina la relajación y la intimidad. El mobiliario de una estancia también puede apaciguar o, por el contrario, excitar el ánimo. El neurocientífico Moshe Bar, de la Escuela de Medicina de Harvard, y su ayudante Maital

Neta presentaron a los probandos fotografías de objetos neutros, como sofás o relojes. Solo se diferenciaban en sus contornos: unos enseres eran redondeados o curvos; otros, de bordes rectos y esquinas cuadradas. Al recabar entre los voluntarios una opinión rápida sobre ta- les objetos, se apreció una clara preferencia por los curvos. Bar sospecha que ello se debe

a que se asocia los ángulos agudos al peligro:

en una cueva con paredes erizadas de rocas puntiagudas el cerebro suele percibir un riesgo mayor que en otra donde las rocas aparecen redondeadas. «Tal vez el cerebro codifica los contornos aguzados como posibles amenazas», sostiene. Reforzó esa teoría un estudio de 2007, en el que los sujetos volvieron a contemplar una serie de objetos neutros, esta vez al tiempo que se exploraban sus encéfalos a través de una reso- nancia magnética funcional. Se descubrió que la amígdala —implicada en el tratamiento del miedo y la excitación emocional— presentaba mayor actividad cuando los individuos observa- ban objetos angulosos. Según Bar, ciertos atribu- tos visuales se encuentran bien cimentados en nuestro cerebro y transmiten informaciones de alto nivel como «Peligro inminente» o «Calma, no hay riesgos en la zona». El científico reconoce, no obstante, que el contorno de un objeto no es el único elemento que determina nuestras preferencias estéticas; de hecho, su investiga- ción no ha hecho más que empezar. Con todo, a igualdad de condiciones, amueblar un cuarto de estar o una sala de espera con butacas y mesas de bordes redondeados hará que los visitantes se sientan más relajados.

LAS FORMAS SUAVES RELAJAN La visión de sofás u otros objetos con esqui- nas agudas produce en la amígdala, área del cerebro implicada en el miedo y la excitación, una activación mayor (parches rojos y amari- llos) que si esos muebles tuvieran contornos redondeados. Este incremento de actividad puede entrañar una sensación de peligro, la cual se asocia por lo general con los ángulos agudos. Todo indica que las formas suaves son más apaciguadoras.

Afilado Curvado DE «VISUAL ELEMENTS OF SUBJECTIVE PREFERENCE MODULATE AMYGDALA ACTIVATION», POR MOSHE BAR Y
Afilado
Curvado
DE «VISUAL ELEMENTS OF SUBJECTIVE PREFERENCE MODULATE AMYGDALA
ACTIVATION», POR MOSHE BAR Y MAITAL NETA, EN NEUROPSYCHOLOGIA, VOL.
45, N. O 10. COPYRIGHT 2007, REIMPRESIÓN CON AUTORIZACIÓN DE ELSEVIER

La elección del mobiliario influye asimismo en la interacción humana. En los albores de la psicología ambiental se prestó atención a la disposición de los asientos en las residencias sanitarias. Se descubrió que la costumbre de alinear las sillas contra las paredes del salón de estancia diurna impedía la relación social. Para fomentar los contactos resultaba más be- neficioso organizar los muebles en pequeños grupos por la habitación. En 1999, psicólogos de las universidades de Otto von Guericke de Magdeburgo y de Uppsala examinaron la dis- posición de los asientos en entornos distintos. A lo largo de ocho semanas y más de 50 lecciones distribuyeron a unos estudiantes de dos formas en el aula: con pupitres alineados en filas o bien dispuestos en semicírculo alrededor del profe- sor. La configuración semicircular estimuló la participación de los alumnos, según reflejaba el mayor número de preguntas formuladas por los mismos. Otras investigaciones consideran que disponer por filas las mesas anima a los alumnos a trabajar por su cuenta y mejora el comportamiento dentro del aula. El enmoquetado puede también suavizar la interacción social. En los hospitales, la moque- ta hace que los familiares y amigos de los pa- cientes dediquen más tiempo a la visita, según un estudio dirigido en 2000 por Debra Harris, especialista en diseño sanitario que hoy pre- side y dirige RAD Consultants en Austin. Un apoyo social que, en último término, podría acelerar la curación. Sin duda, una moqueta es más difícil de limpiar que un suelo de hospital clásico —en algunos casos entraña un riesgo para la salud—, por lo que no sería apropiada para ambientes como la sala de urgencias, don- de numerosos pacientes entran y salen, y reina el desorden. Pero las habitaciones, edificios o

pabellones que acogen pacientes de estancia prolongada, como las residencias asistidas, pueden aprovechar las ventajas de ese tipo de suelo. Hasta ahora la investigación se ha centrado

en edificios públicos: hospitales, escuelas, gran-

Quienes deseen beneficiar su

mente con el diseño de la propia vivienda deben recurrir a extrapolaciones. Es muy limitado el número de estudios disponibles, por tanto es necesario encontrar patrones más universa- les, afirma Allison de Clemson. De lo contrario contemplamos los problemas a través de ren- dijas; pretendemos generalizar las soluciones. El esfuerzo valdrá la pena, en opinión de los expertos. Es un logro social que el diseño de un edificio considere el bienestar mental de sus ocupantes. Un estudio llevado a cabo por el grupo de Zeisel en 2003 indica que la acertada preparación de las unidades de atención especial para pacientes de alzhéimer ha reducido la ansiedad, agresi- vidad, aislamiento social, depresión y psicosis. Por otra parte, el diseño de la escuela puede explicar que varíen del 10 al 15 por ciento las puntuaciones de los alumnos de enseñanza pri- maria en una prueba de lectura y matemáticas, como sugiere un informe de la Universidad de Georgia de 2001. Los progresos de la neurociencia nos permi- ten empezar a medir los efectos del entorno con mayor detalle del que hasta ahora era posible. Ahora entendemos mejor el ambiente, compren- demos mejor nuestras respuestas, y las relacio- namos con los resultados conseguidos.

des almacenes

Emily Anthes - cido en Seed, Scientific American Mind, Discover, Slate, New York, y el Boston Globe

BIBLIOGRAFÍA

COMPLEMENTARIA

THE IMPACT OF SCHOOL EN- VIRONMENT: A LITERATURE

REVIEW. Steve Higgins y otros para el Design Council, 18 de febrero, 2005.

IS THERE A PSYCHOLOGIST IN THE BUILDING? Christian

Jarrett en The Psychologist, vol. 19, n. o 10, págs. 592- 594, octubre, 2006.

NEUROSCIENCE AND ARCHI- TECTURE: SEEKING COMMON

GROUND. Esther M. Stem- berg y Matthew A. Wilson en Cell, vol. 127, n. o 2, págs. 239-242, 20 de octu- bre, 2006.

THE COGNITIVE BENEFITS OF INTERACTING WITH NATURE.

M. G. Berman, J. Jonidesy

S. Kaplan en Psychological Science, vol. 19, n.º 12, págs. 1207-1212, diciembre

2008.

INFLUENCE OF ARCHITECTURAL LIGHTING ON HEALTH. E. A.

Edelstein en InformeDesign,

vol. 7, n.º 2, págs. 1-5, 2009.

FORM FOLLOWS FUNCTION:

BRIDGING NEUROSCIENCE AND ARCHITECTURE. E. A. Edels-

tein y E. Macagno en Sustai- nable environmental design in architecture: Impacts on health, vol. 56, págs. 27-41. Springer Optimitation and its applications, 2012.

CARO FOTOAGENTUR / ANDREAS MUHS

La psique al volante

30

MENTE Y CEREBRO 53 / 2012

Existen pocas actividades tan exigentes como conducir un vehículo. El delicado equilibrio entre la concentración y la rutina marca la diferencia

ANNETTE SCHÄFER

«E s imposible que lo consiga.» Julián se sien- te frustrado. A una semana para el examen

de conducir, se salta por enésima vez una señal de stop. La intervención del profesor de autoes- cuela le ahorra una colisión casi segura. Numerosos lectores podrán acordarse del es- trés y la ansiedad que padecieron la primera vez que se sentaron al volante de un coche. Cuando se conduce deben controlarse de forma simultá- nea una gran cantidad de funciones sensitivas y cognitivas. Según comenta Tom Vanderbilt, pe- riodista científico, en su libro Traffic: «Conducir es la actividad más compleja que una persona puede afrontar en la vida cotidiana, a menos que se dedique a la neurocirugía». Estudios psicológicos revelan que la conduc- ción de un vehículo comprende alrededor de 1500 actividades. Por cada metro de distancia recorrido, el conductor debe procesar por tér- mino medio dos informaciones. Aunque a priori el dato pueda parecer exiguo, ello supone que a una velocidad de 50 kilómetros por hora se procesan 1700 unidades de información por mi- nuto. Por lo tanto, es comprensible que, tras una hora de prácticas, el sudor empape la camisa de la mayoría de los alumnos de autoescuela. La tensión disminuye a medida que transcurren las sesiones de prácticas. En unos meses, Julián se preguntará por qué al inicio de las clases prácticas consideraba la conducción una tarea harto complicada. Sentarse al volante ya se ha convertido para él en una rutina. Muchas personas estiman el hecho de con- ducir como una actividad sobreaprendida: me- diante la práctica regular e interiorizada pueden manejar el vehículo sin apenas tener que pensar en lo que están haciendo. Un conductor experi-

EN TODAS DIRECCIONES Se piensa que conducir un vehículo no tiene mérito alguno. Sin embargo, circulando a tan solo 50 kiló- metros por hora, los conductores procesan alrede- dor de 1700 informaciones por minuto.

RESUMEN

El desafío

de conducir

1 Las novedades téc- nicas aumentan el

confort en la conducción, pero también el riesgo de accidente: transmiten una engañosa sensación de seguridad, incrementan la monotonía y distraen la atención del conductor.

2 Durante la con- ducción, el cerebro

debe procesar una gran cantidad de información. Una simple distracción reduce alrededor de un 40 por ciento la actividad cerebral necesaria para conducir.

3 Según los psicólogos, un temperamento

impulsivo puede provocar más accidentes e infrac- ciones de tráfico.

RIESGO DE ÚLTIMA GENERACIÓN Los navegadores y los sistemas de control de la velocidad facilitan la conducción, pero también propician la sensación de monotonía. El uso de estos dispositivos puede perjudicar la concentración.

mentado a duras penas nota que pisa el pedal del embrague cuando cambia de marcha, o que acciona el intermitente al girar. La automatiza- ción posee un lado positivo, a saber, no requiere grandes esfuerzos mentales. Si cada maniobra

ras; NHTSA, por sus siglas en inglés), uno de los estudios más completos llevados a cabo sobre los motivos de distracción en la conducción. El instituto dotó a más de 100 coches matricula- dos en los alrededores de Washington D. C. con

se tuviera que desglosar en la multitud de pro- cesos que comprende, si hubiera que analizar de forma consciente cada movimiento y cada riesgo potencial en la calzada, solo conducirían los profesores de autoescuela. Y no existirían los atascos. Sin embargo, la «descongestión» de la activi- dad cerebral entraña un peligro: la propensión a la monotonía. La aparente facilidad con la que un conductor medio circula por las calles

cámaras y otros instrumentos de control, de ma- nera que se podía observar el comportamiento de los conductores en condiciones reales. Du- rante un año y medio filmaron un total de 3,2 millones de kilómetros recorridos, 43.000 horas de conducción, 69 accidentes y 761 situaciones en las que se evitó la colisión por los pelos. El es- tudio consideró «accidente» cualquier incidente (incluso rozar una columna). La conclusión prin- cipal fue que en el 78 por ciento de los accidentes

en las que transita a diario le induce a desviar

y

en el 65 por ciento de las situaciones próximas

sus pensamientos hacia otras tareas, entre ellas,

a

la colisión los conductores se hallaban, por uno

escuchar la radio, ajustar los espejos exteriores, discutir con el acompañante, bostezar, mirar el

u

otro motivo, distraídos.

paisaje, telefonear, leer un SMS

repente, aparece por la derecha un coche salido como de la nada. Los conductores ocupan un 30 por ciento del tiempo que permanecen al volante en acciones que nada tienen que ver con la conducción. Sin embargo, un momento de distracción puede com- portar consecuencias fatales. El riesgo de sufrir un accidente se duplica con solo apartar la vista de la calzada durante más de dos segundos. En 2006, el Instituto Técnico de Transporte de Virginia, con sede en Blacksburg, inició por en- cargo del organismo responsable de la seguridad en las autopistas de EE.UU. (la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carrete-

Hasta que, de

El riesgo se triplica

Cuando realizamos una actividad moderada-

mente exigente (poner un CD, dar un mordisco

a un sándwich o hablar por teléfono) mientras

conducimos, se duplica el riesgo de vernos invo- lucrados en un accidente o una situación próxi- ma a la colisión. Tareas más complejas (marcar un número en el móvil, maquillarse o recoger unas gafas de sol del suelo, por ejemplo) multi- plican por tres el riesgo. La falta de concentración al volante no es un fenómeno nuevo y, aunque parezca paradójico, los últimos adelantos tecnológicos incorporados

a los vehículos agravan el problema. El cambio de marchas automático o el regulador de ve-

DPA / LEHTIKUVA, ANTTI AIMO-KOIVISTO
DPA / LEHTIKUVA, ANTTI AIMO-KOIVISTO

© DREAMSTIME.COM AGENCY

locidad incrementan la comodidad al mismo tiempo que fomentan la monotonía durante

la conducción. Además, fuentes de distracción

nuevas (entre ellas, los móviles y los sistemas de navegación) resultan una tentación incluso para

los conductores más responsables. A más de uno

le habrá ocurrido alguna vez que, minutos des-

pués de haber reprendido a otro conductor por telefonear al volante, no ha tenido reparos en atender una llamada en su propio móvil. Igual ocurre con los usuarios de GPS. Las ansias

de jugar con el dispositivo pueden resultar irre- sistibles, se necesite o no en ese momento. Dichos «juguetes» menoscaban la concentración de los conductores, puesto que comportan un riesgo de distracción en todos los sentidos: se requiere pulsar botones, leer la información que aparece en pantalla, escuchar con atención las indicacio- nes que emite la voz del artilugio y procesar la información proporcionada. Hay que reconocer, no obstante, que peor sería consultar un mapa de carreteras al uso mientras se circula. Una práctica todavía más temeraria mientras se conduce es hablar por teléfono. En los últi- mos años, docenas de estudios desarrollados

a través de métodos diversos (simulaciones,

observaciones sobre el terreno, evaluación de

datos de conexión de los móviles, entrevistas

con los conductores

utilización de un teléfono móvil incrementa con mucho el riesgo de accidente. Atender una llamada al volante resulta in- cluso más peligroso que conducir en estado de embriaguez, tal como demostró en 2005 el psicólogo David Strayer, de la Universidad de Utah. Strayer estudió durante tres días el comportamiento de 40 personas en un simu- lador de conducción. La investigación recreaba cuatro situaciones: conducir en estado de so- briedad y sin teléfono; hacerlo bajo los efectos del vodka, «armado» con un móvil, o con un dispositivo de manos libres. En situaciones de colisión inminente, la reacción de los conducto- res que conversaban por teléfono era un 9 por ciento más lenta que la de los participantes que

han demostrado que la

)

presentaban un grado de alcoholemia de 0,8. Asimismo, los probandos que telefoneaban se veían involucrados con mayor frecuencia en colisiones con el coche que circulaba delante. Después de frenar, dichos conductores necesi- taban por término general un 19 por ciento más

de tiempo para recuperar la velocidad anterior, fenómeno que ejemplifica la facilidad con la que

el tráfico se ralentiza y se forman atascos en las

situaciones reales.

El test de Strayer no mostraba diferencias en- tre los conductores que acometían sus llamadas vía teléfono móvil y aquellos que empleaban un dispositivo de manos libres para ello. Otros estudios confirman el resultado: los dispositivos de manos libres a menudo no garantizan con- versar con total libertad de movimiento; buscar el número, marcarlo y colgar, todas esas acciones exigen apartar las manos del volante. Sin em- bargo, no es el uso físico del teléfono la causa principal de la distracción, sino en el esfuerzo intelectual para concentrarse en las palabras y los sentimientos del interlocutor, y para prestar atención a los mínimos detalles de su timbre de voz. Atender una llamada absorbe parte de la capacidad cerebral que debería destinarse al procesamiento de información relevante para la conducción. En 2008, el neurocientífico Marcel Just, de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, mostró mediante imagen por resonancia mag- nética funcional (IRMf) en qué medida queda mermada la capacidad de concentración en tales circunstancias. Para ello solicitó a los pro- bandos que practicaban la conducción en un si- mulador que contestaran a unas preguntas de conocimiento general. La IRMf reflejó que en el área limítrofe entre los lóbulos parietales y occipitales la actividad cerebral de estos sujetos se reducía por término medio un 40 por ciento en comparación con los conductores no some- tidos a ninguna distracción. Dicha región del encéfalo procesa información relativa al espacio:

el cálculo de distancias y la localización de uno mismo en el espacio (propiocepción).

La experiencia no aporta ventajas

Ni siquiera una larga experiencia en la carretera garantiza una mayor habilidad para el desarro- llo de más de una actividad cuando se está al volante. En un estudio con simulador publicado en 2007 por Steven Kass, de la Universidad de Florida Occidental, los conductores expertos que

de Florida Occidental, los conductores expertos que Lágrimas al volante Pocas personas liberan las emo- ciones

Lágrimas

al volante

Pocas personas liberan las emo- ciones en el bar o en el auto- bús. Dentro del coche, el asunto parece distinto. El psicólogo Paul Rosenblatt analizó en 2004 datos de dos estudios basados en entrevistas con 84 personas afligidas por la muerte de un ser querido. Gran parte de los encuestados afirmaron que a menudo lloraban al volante, incluso algunos se reservaban los momentos de duelo activo solo para las escapadas con su coche: al volante no se sentían ni estorbados ni observados.

(«Grieving while driving». P. Rosenblatt en Death Studies, vol. 28, págs. 679-686; 2004.)

Los conductores ocupan el 30 por ciento del tiempo que pasan al volante en acciones que nada tienen que ver con la conducción. Apartar la vista de la calzada durante más

de dos segundos duplica el riesgo

de sufrir un accidente

© ISTOCKPHOTO / IVAN KRUK

IMPULSO AGRESIVO Tres cuartas partes de los con- ductores muestran su irritación con comentarios mordaces cuando creen que el conductor que les precede circula con lentitud.

creen que el conductor que les precede circula con lentitud. La conducción según los españoles Conductas

La conducción según los españoles

Conductas más peligrosas al volante:

Saltarse la línea continua 91 % Contestar al teléfono sin un manos libres 90 % Conducir sin guardar la distancia de seguridad 89 %

Las que menos:

Conducir en autopista entre 150 y 160 km/h 72 % Circular a 65 km/h en ciudad 63 % Conducir más de dos horas al volante sin parar 47 %

Las conductas más admitidas:

Saltarse los semáforos en ámbar 54% Conducir más de dos horas seguidas sin parar 53 % Ir a una velocidad superior a 65 km/h en ciudad 45 %

Las que menos:

Conducir después de haber tomado al menos dos bebidas alcohólicas 17 % No utilizar el cinturón de seguridad 15 % Cruzar la línea continua 9%

En comparación con el resto de Europa:

Un 65 % de los españoles se siente seguro al volante; la media europea se sitúa en el 75 %. Los españoles se clasifican a sí mismos como los mejores conductores de Europa, solo por detrás de los alemanes, los cuales son los mejores al volante para la mayoría de los europeos. Ningún país europeo valora a los españoles entre los mejores al volante.

Y además:

El 89 % de españoles se manifiesta a favor de incluir una asignatura de seguridad vial en la educación pública.

(Fuente: II Estudio Axa sobre hábitos de conducción en España, 2009. La encuesta se llevó a cabo en 10 países: Bélgica, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal, España y Suiza)

atendían llamadas telefónicas mientras condu- cían mostraron una mayor habilidad que los no- veles en aspectos como mantenerse en el carril

correcto, respetar las señales de stop y evitar las colisiones con el vehículo precedente; en cambio, no se diferenciaron de los conductores inexper- tos en el número de veces en que acabaron en la cuneta, ni tampoco en la cifra de transeúntes atropellados. El conflicto entre automatización y concen- tración no representa el único problema en la conducción de un vehículo. El tráfico también constituye un desafío para la interacción entre las personas, dado que la comunicación con los de- más resulta escasa. El contacto visual —un impor- tante «lubricante» para la cooperación humana— funciona en el tráfico de forma muy limitada. De los demás conductores solo puede verse la nuca o el perfil. La oscuridad, la lluvia, el resplandor de los cristales y las gafas de sol dificultan todavía más el contacto visual. En el asfalto, el lenguaje se antoja incluso inú- til. En otra época, los conductores de carruajes podían entenderse a gritos. Sin embargo, hoy en día el lenguaje de los automovilistas se ciñe a un rudimentario idioma por señas: los intermiten- tes, el claxon, las señales manuales más o menos

Ahora bien, ¿qué querrá decir un coche

unívocas

que se acerca en dirección contraria cuando rea- liza una señal con las luces? Tal vez esté avisando de que un control de velocidad aguarda a unos metros de distancia, quizás esté saludando a un conocido o advierta de que deben encenderse los faros. Según diversos estudios, los conductores, en especial los inexpertos, suelen interpretar de forma errónea ese tipo de señales.

Los probandos que contestaban a preguntas de conocimiento general mientras conducían mostraron una reducción por término medio de un 40 por ciento en la actividad cerebral del área limítrofe entre los lóbulos parietales y occipitales

El aislamiento en el vehículo afecta hasta si- tuaciones extremas. Las personas se refugian en soliloquios cuando otro conductor efectúa una maniobra que no les parece adecuada; se quejan e insultan aunque el otro no les oiga. En

de duración en un simulador con condiciones de circulación reales, incluidos semáforos en rojo, peatones distraídos y atascos de tráfico. Los participantes reflejaban un comportamiento

 

distinto dependiendo de si conducían un ca-

el

año 2000, Andrew McGarva, de la Universi-

briolé con la capota retirada o, por el contrario, extendida. Los probandos que condujeron con

dad estatal de Dickinson en Dakota del Norte,

 

observó cómo 51 automovilistas reaccionaban

el

vehículo sin capota circularon con mayor len-

BIBLIOGRAFÍA

a

la provocación de otro conductor. Para ello,

titud, se saltaron un semáforo en rojo en con- tadas ocasiones, provocaron menos accidentes

COMPLEMENTARIA

la

psicóloga social obligaba a los participantes

a

parar el coche unos segundos ante una señal

y

atropellaron a menos peatones que aquellos

A

COMPARISON OF THE CELL

de stop, donde debían recibir unas hipotéticas instrucciones. En el intervalo, un vehículo cómplice se colo- caba detrás del coche del probando y empezaba

voluntarios que parecían sentirse más seguros bajo la capota de su coche virtual. Sorprendente- mente, la personalidad del conductor no influyó:

los participantes a los que momentos antes se había identificado como personas bastante sere- nas, condujeron con la capota echada de forma tan agresiva como los individuos calificados de irascibles. No obstante, otros estudios muestran que el es- tilo de conducción de cada persona contiene un componente de personalidad. Según una encuesta llevada a cabo en 2008 entre 171 conductores in- gleses, existe una estrecha relación entre el tem-

PHONE DRIVER AND THE DRUNK DRIVER. D. Strayer et

al. en Human Factor, vol. 48, n. o 2, págs. 381-391, 2006.

a

tocar el claxon. Solo una cuarta parte de los

inocentes voluntarios pudo contenerse, el resto

DRIVING VIOLATIONS, AGGRES- SION AND PERCEIVED CON-

se

llenó la boca de improperios: «¡Tú no estás

bien de la cabeza!» o «¡Vaya imbécil!».

SENSUS. Y. King y D. Parker en European Review of Applied Psychology, vol. 58, págs. 43-49, 2008.

Conducción agresiva anónima

A

nadie le perjudica recibir un comentario

mordaz. Sin embargo, muchos, no contentos con ello, liberan sus emociones reprimidas, ya

A

DECREASE IN BRAIN ACTI-

sea aminorando la marcha para fastidiar al ve- hículo que viene detrás, ya acosando al coche de delante que circula demasiado lento, o bien adelantando por el carril derecho con el claxon a fondo y exhibiendo exageradas gesticulaciones. Un comportamiento que ilustra la conducción agresiva. Desde hace tiempo, los psicólogos del tráfico

peramento agresivo de un conductor y el número de las infracciones que comete al volante. Con independencia del carácter exaltado o tranquilo de cada uno, la conducción tiende a con- vertir a las personas en agresivas. Esta agresividad no se limita a los individuos con automóviles po- tentes, como constataron en 2008 investigadores de la Universidad estatal de Colorado. Por otra parte, existen estudios que demuestran que leer pegatinas con mensajes provocativos («Soy el rey del asfalto» o «El que frena pierde») en el chasis o los cristales del vehículo delantero incrementa la agresividad de los otros conductores. Quizás en las autoescuelas, además de la teo- ría y la práctica, deberían dedicarse unas horas

VATION ASSOCIATED WITH DRIVING WHEN LISTENING TO SOMEONE SPEAK. J. Marcel

et al. en Brain Research, vol. 1205, págs. 70-80, 2008.

DRIVER DISTRACTION: A RE- VIEW OF THE CURRENT STATE- OF-KNOWLEDGE. National

y

la seguridad vial especulan sobre las razones

por las que la agresividad se generaliza sobre el

Highway Traffic Safety Ad- ministration (NHTSA). DOT HS 810 787, abril de 2008.

asfalto. Una explicación parece cada vez más plausible: el aislamiento en el vehículo contribu-

ye

a que individuos a priori pacíficos se convier-

 

tan en auténticos «gamberros» de la carretera. El

TERRITORIAL MARKINGS AS

anonimato y la falta de contacto personal llevan

A

PREDICTOR OF DRIVER

a

la agresividad. Si el coche carece de la protección que ofrece

capota, los conductores se comportan de for-

a

la ética de la conducción para que desde un

AGGRESSION AND ROAD

la

comienzo exista conciencia de los riesgos que acechan en la calzada: distracción, agresividad

RAGE. W. Szlemko et al. en Journal of Applied Social Psychology, vol. 38, n. o 6, págs. 1664-1688, 2008.

ma menos agresiva. Para demostrarlo, la inves- tigadora Patricia Ellison, de la NHTSA, sometió a 289 conductores a una prueba de siete minutos

y

rutina.

Annette Schäfer

ENTREVISTA

«El yo es un estado mental que genera el cerebro»

La neurociencia cognitiva nos está acercando al conocimiento de cómo se elabora el mundo subjetivo de los humanos e, incluso, la autoconciencia. El neurólogo Francisco Mora analiza el modo en que el cerebro construye nuestro yo y lo que nos rodea

ENTREVISTA REALIZADA POR MARÍA JESÚS NADAL

Doctor Mora, ¿la mente es el cerebro? La neurociencia y la paleoneurología nos indican, cada vez con mayor claridad, que el hombre es resultado de ese devenir que lla- mamos evolución biológica. La mente, como entidad absoluta, no existe; lo que existen son los procesos mentales, producto ente- ramente del funcionamiento del cerebro.

Si todo es producto de nuestro cerebro, incluso la autoconciencia, ¿no nos lleva eso a un determinismo total? Sí, si por determinismo se entiende que todo el mundo mental y, por ende, su proyección en las interacciones sociales viene determinado por la disposición de nuestro cerebro.

Entonces ¿es una falacia hablar de li- bertad humana? No, en cierto sentido. Es cierto que nues- tra conducta viene determinada por la disposición de nuestro cerebro y las cir- cunstancias que nos rodean. Pero ese de- terminismo cerebral como tal no es fijo, sino abierto. Es decir, la disposición de nuestro cerebro permite un amplio rango de posibilidades en la toma de decisiones. Libertad quiere decir, en su origen, no ser esclavo, no estar sometido a la voluntad de nadie; pero sí limitados a lo que cono- cemos. Hoy empezamos a saber que, al menos a corto plazo, las decisiones que tomamos no son, en gran medida, cons- cientes, sino inconscientes. Cuando a la hora del postre creemos escoger conscien- te y libremente entre una manzana y un plátano, tal decisión ya ha sido tomada por nuestro cerebro, sin nosotros saberlo, casi un segundo antes. Los mecanismos de

la emoción, el placer y nuestros aprendi- zajes a lo largo de la vida, principalmente en las primeras etapas, operan ante la vi- sión del plátano y la manzana, y ponen en marcha los dispositivos decisorios con los que ejecutar la conducta de modo incons- ciente. Solo después, tomamos conciencia del proceso con la falsa impresión de que lo hemos iniciado de modo consciente.

En ese caso, nuestras emociones más notables, la empatía, la compasión, el va- lor ¿son producto del azar de unas deter- minadas conexiones neuronales? ¿Somos simplemente seres biológicos? Sí, efectivamente. Hoy las neurociencias cognitivas nos enseñan que todo ello es la expresión del funcionamiento de circui- tos neuronales específicos del cerebro en interacción constante con el mundo que nos rodea. Dicho una vez más, hoy, desde la neurociencia, se considera altamente improbable la existencia de ningún espí- ritu inmutable o alma sobrenatural. El ser humano es un ser enteramente biológico, es decir, «uno» no dividido en dualismos:

espíritu-cerebro, yo-cerebro o mente- cerebro. El yo, los procesos mentales, los sentimientos, la conciencia del mundo y de nosotros mismos son expresión del funcionamiento cerebral. No somos sim- plemente seres biológicos; somos seres complejamente biológicos.

¿No se escapa a nuestra capacidad de entendimiento esa maravillosa compleji- dad biológica? ¿No hay en ella algo casi más inteligente que la propia conciencia? El gran misterio de esta maravillosa com- plejidad biológica reside en ese juego de

maravillosa com- plejidad biológica reside en ese juego de Francisco Mora Nació en 1945 en Granada.

Francisco Mora

Nació en 1945 en Granada. Es doctor en medicina por la Universidad de Granada y en neurociencias por la Universidad de Oxford. Es catedrático de fisiología en la Univer- sidad Complutense de Madrid y profesor adscrito de fisiología molecular y biofísica. Ha escrtio más de 400 trabajos y comu- nicaciones científicas en el campo de la neurobiología, además de numerosos libros profesionales y de divulgación sobre el cerebro y la memoria.

azar y determinismos ambientales cocina- do lentamente y a lo largo de millones de años. Algo todavía mas difícil de entender que la idea de lo sobrenatural. El yo no es, como se pudiera pensar, una entidad mental indivisible o que esté localizada en alguna parte concreta y especial del cerebro. Al contrario, corresponde a una serie de procesos mentales producidos por circuitos neuronales distribuidos en muchas áreas del cerebro, principalmente

en la corteza cerebral. Esto nos lleva a que ese excelso y único yo puede disgregar- se en muchos elementos o componentes cognitivos o neurobiológicos, y, en conse- cuencia, ser estudiados por separado. De hecho, estos elementos separados del yo se muestran muy claramente en pacien- tes con patologías mentales, psicóticas o puramente neurológicas.

¿En qué sentido? Hay pacientes con lesiones cerebrales muy concretas que pueden ir al médico dicién- dole que su mano izquierda, o tal vez la mi- tad izquierda de su cuerpo, no es de ellos, de su yo; o explicarle la transformación de su yo en otro yo distinto, caso de las esqui- zofrenias; o hablarles sobre la aparición, como consecuencia de alguna interven- ción quirúrgica, de dos yo diferentes en su misma persona, en donde uno no conoce lo que hace el otro. El yo es una entidad que emerge de forma gradual como resultado del desarrollo del cerebro y de la interac- ción del individuo con el mundo que le ro- dea. El yo se pierde cuando, con el sueño sin ensoñaciones, el individuo se desconecta del mundo. Una persona sin interacción con el mundo, aislada por completo de todo estímulo sensorial, pierde su yo y se enajena mentalmente. Su yo se desvanece, se diluye, creando el cerebro una realidad externa ilusoria, alucinada, y con ello un yo distorsionado y fuera de la realidad. Todo ser vivo tiene su yo con el que se diferencia y reacciona ante el medio que lo rodea, des- de el cangrejo al ser humano, solo que en el hombre, gracias a los niveles de conciencia que posee, el yo tiene una realidad inter- na consciente que no posee ningún otro animal. El yo, por tanto, es un constructo cerebral que da unidad al individuo bioló- gico en conexión con el mundo externo. La neurociencia cognitiva se encuentra en el pórtico de este nuevo capítulo.

En todo caso ¿qué determinantes, evo- lutivos y genéticos, hacen que lleguemos a unos y otros pensamientos, desde los más sublimes a los más viles? Ni la evolución ni la genética nos llevan di- rectamente a pensamiento concreto algu- no. La evolución y la genética, a lo largo de los últimos tres millones de años, han cons- truido, al azar, un cerebro capaz de generar

pensamientos. Los pensamientos son ex- presión, por un lado, de códigos neuronales que, expresados en circuitos específicos de la corteza cerebral, generan los abstractos. Los abstractos son los ladrillos básicos del pensamiento. El cerebro posee esos circui- tos neuronales en los que se crean los abs- tractos a partir de la información sensorial de las cosas que hay en el mundo. Con ellos se crean objetos mentales con propiedades que no poseen los objetos concretos pero que pueden aplicarse a todos los objetos concretos del mundo. Valga un ejemplo para entenderlo. Podemos ver muchos ti- pos de libros: de formas, tamaños, letras, colores, etcétera, diferentes; pero de la vi- sión de todo ello, el cerebro obtiene y extrae la idea de «libro mental» que no existe en el mundo pero que se aplica a todos los libros del mundo. Esos abstractos los construye el cerebro no copiando la realidad de ahí afuera, sino a partir de la información que poseen sus códigos neuronales. Por eso se dice que no conocemos la realidad tal cual es, sino la que construye nuestro cerebro. Sin duda, la realidad del mundo construida por el cerebro de un perro o un mono es diferente. La cultura en la que se vive de- termina, en gran medida, los pensamientos concretos.

¿Puede explicarse así que la finalidad última de algunos cerebros sea sobrevi- vir, y la de otros encontrar experiencias placenteras o tener la experiencia tras- cendente de la vida? El cerebro humano, como el de cualquier otro ser vivo, y aun antes de aparecer pro- piamente como tal, es decir, en animales con ganglios o acúmulos neuronales, tiene un diseño orientado solo a la acción y lucha por mantener vivo al portador. El placer es el vehículo principal, junto a la evitación del dolor, que nos lleva a conservar y man- tener la supervivencia. Para algunos huma- nos, una manera de lograrlo es a través de una vida contemplativa. Esto último no es incompatible con lo primero.

Así, pues, la neurociencia puede abor- dar la conciencia Sí, así es. Ese gran misterio que se ha re- sistido a la neurociencia durante tanto tiempo ha comenzado a ser abordado por la neurociencia actual. Existen hipótesis y

datos experimentales que permiten creer que la conciencia está producida por el en- samblaje o agrupamiento funcional de un número determinado de neuronas en la corteza cerebral y el tálamo. Recomiendo

a los lectores interesados el capítulo sobre

la conciencia del libro El reloj de la sabidu- ría, en donde expongo, creo que de modo

asequible, las teorías más actuales de Lli- nás, Crick y Edelman sobre este problema.

¿Se desvirtuaría la razón de ser del científico si este adquiriera un punto de filósofo o de conexión con el universo que le rodea? No, de ninguna manera, antes al contrario. El verdadero científico no se queda jamás con los datos y su significado puntual. El verdadero científico va siempre más lejos. De hecho, es un pensador, y lo que destila como último significado de sus datos es siempre pura filosofía. Es más, llegada cier- ta edad, casi todos los científicos notables han destilado pensamientos de calado filo- sófico importante. La filosofía, diría, es in- herente y complementaria al proceso con el que el científico se aproxima a eso que llamamos verdad y que nunca alcanzará.

¿Tal vez las personas esperamos dema- siadas respuestas de la neurociencia? No sabría cómo responder bien a esta pregunta. Lo que sí le puedo decir es que la gente, de un amplio espectro social, muestra cada vez más un enorme inte- rés por todo lo que se refiere al cerebro.

Y no precisamente, fíjese, en lo relativo a

la resolución de enfermedades de tanto impacto social como pudieran ser las de- mencias, el alzhéimer o las enfermedades neurodegenerativas y mentalmente inca- pacitantes en general, sino en temas como

la atención, la memoria, el aprendizaje de los niños, la emoción y los sentimientos, el mismo pensamiento, las conductas aberrantes y psicopáticas, etcétera. La gente es cada vez más consciente de que de la disposición de nuestro cerebro na- cen nuestros bienes y males, y de donde,

si lo conociéramos más y mejor, se podría

progresar hacia una mejor sociedad y ,po- siblemente, hacia un mejor ser humano.

María Jesús Nadal es periodista especializada en medicina.

© FOTOLIA / ENVFX

MENTE, CEREBRO Y SOCIEDAD

CONCIENCIA

LA AUTORÍA DE LAS NEURONAS

Antes de realizar un movimiento, sentimos la intención de acometerlo. Los neurocirujanos provocan de forma artificial esa sensación

CHRISTOF KOCH

S eguramente le haya recorrido por las mientes alguna vez al lector, de noche

y tumbado en la cama, por qué habrá ac-

tuado de determinada manera o por qué habrá decidido una alternativa y no otra ante una situación complicada. ¿Qué parte del cerebro —suponiendo que tal respon- sabilidad sea suya— determina si vamos a

obrar de una u otra forma? Una de las res- puestas tradicionales afirma que esa tarea

es propia del alma, no del cerebro. El alma,

a modo de águila fantasmal, se cierne so-

berana sobre el cerebro, influye y perturba las redes neuronales que este contiene, y desencadena en consecuencia la actividad nerviosa que se traducirá, finalmente, en un comportamiento. Tales explicaciones dualistas pueden re- sultar tranquilizantes en el plano emotivo

y satisfactorias, pero se vienen abajo en

cuanto se indaga algo más a fondo. ¿Cómo podría ese fantasma, esa suerte de ecto- plasma metafísico, influir en el cerebro sin ser detectado? ¿A qué leyes se atiene? La ciencia ha abandonado las explicaciones dualistas en favor de descripciones natu- rales, que asignan causas y responsabili- dades a agentes concretos y a mecanismos susceptibles de ulterior estudio. Otro tanto ocurre con la noción de voluntad.

Sensación y acción

A lo largo del último decenio, psicólogos

como Daniel M. Wegner, de la Universidad de Harvard, han ido amasando pruebas ex- perimentales para cierto número de sensa- ciones conscientes que acompañan a toda acción voluntaria. Las dos más importantes

son la intención y la autoría, esto es, la sen- sación de ser uno mismo el agente de la acción. La intención consciente es previa a

la conducta voluntaria. Si decidimos alzar la

mano, tal propósito va seguido por la plani- ficación del movimiento y su ejecución deta- llada. En el plano subjetivo experimentamos

COMPLEJA CUESTIÓN ¿Qué partes del cerebro generan las sen- saciones que surgen en nosotros cuando
COMPLEJA CUESTIÓN
¿Qué partes del cerebro generan las sen-
saciones que surgen en nosotros cuando
tomamos una decisión?

una sensación de autoría, de protagonismo. Quien actúa sabe que lo hace; sabe que no es el vecino, sino uno mismo, quien ha ini-

ciado la acción y la ha llevado a efecto. Si nos asen la mano y la alzan sobre nuestra cabeza, sentiremos que la mano está siendo llevada, pero no que seamos responsables de hacerlo. Lo que importa entender aquí es que los sentimientos conscientemente experimentados de intención y autoría no difieren, en principio, de cualesquiera otras sensaciones que experimentamos de forma consciente, como el sabor dulce de la miel

o el color rojo de una rosa.

Como revela una plétora de libros sobre ilusiones ópticas, nuestros sentidos pue- den, a menudo, caer en el engaño y hacer- nos ver o sentir lo que no hay. Otro tanto

vale para la intención y la autoría. Decenios de experimentación psicológica, sumados

a la observación atenta de la naturaleza

humana en nuestras vidas, ofrecen nume- rosas situaciones en las que el individuo se cree responsable, cuando en realidad no

desempeñó en ellas parte alguna. Y recí-

procamente, otras veces sí intervino, mas siente que la responsabilidad corresponde

a otros, o que se debe a una causa ajena.

Pensemos en el ejecutivo que se atribuye

a sí mismo el mérito (que se premia con

jugosas primas) cuando sube la cotización de su empresa, empero culpa a las fuer- zas anónimas de los mercados cuando esta cotiza a la baja. Es humana debilidad, y muy general, sobrestimar nuestras acciones cuando las cosas salen bien. Mas, no deben surgir malentendidos: las sensaciones de intención de actuación y de autoría no tienen cabida en el debate me- tafísico de si la voluntad es libre, o si cabe atribuir al concepto de libre albedrío al- gún significado. Tanto si el libre albedrío constituye una realidad ontológica como si se queda en mera ilusión —cual sostiene Wegner en su monografía magistral— no invalida la constatación de que las accio- nes voluntarias suelen ir acompañadas de sentimientos subjetivos efímeros que con- tienen, para quien los experimenta, tanta realidad como cualquier otro fenómeno.

SCIENTIFIC AMERICAN MIND

Reveladores indicios quirúrgicos

El quid de esas sensaciones ha sido reforza-

da por la neurocirugía. En ciertos tipos de

cirugía cerebral es necesario retirar tejidos nerviosos, sea por su carácter tumoral, sea porque provocan graves ataques epilépti- cos. La determinación de la masa que se ha de resecar entraña un delicado equilibrio entre la Escila de dejar restos de material canceroso, o proclive a serlo, y la Caribdis de eliminar regiones críticas para el habla

u otras funciones semiesenciales. Con el fin

de sondear la funcionalidad de los tejidos vecinos, el neurocirujano los estimula me- diante un electrodo que emite impulsos eléctricos al tiempo que pide al paciente (que se mantiene despierto con anestesia

local) que realice ciertas tareas sencillas (to- carse los dedos de la mano con el pulgar, o

ir contando de forma regresiva).

En el curso de tales exploraciones, allá por 1991, el neurocirujano Itzhak Fried, en la actualidad en la Universidad de Califor- nia en Los Ángeles, y sus colaboradores es- timularon el área motora presuplementa- ria, que forma parte del extenso territorio cerebral situado por delante de la corteza motora primaria. De ordinario, la activa- ción de diferentes partes de la corteza primaria suscita movimientos en distintas partes de las situadas en el lado contra- rio: el pie, la pierna, la cadera, etcétera. El equipo médico descubrió que la estimula- ción eléctrica de dicha región cortical ad- yacente puede, en ocasiones, suscitar el deseo de mover un miembro. El paciente da cuenta de que siente la necesidad de mover la pierna, el codo o el brazo. Michel Desmurget y sus colaboradores, en el Centro de Neurociencia Cognitiva de Bron, desarrollaron y ahondaron en los re- sultados de este trabajo clásico a través de un reciente estudio publicado en la revista Science. En su caso se estimuló mediante electricidad la corteza parietal posterior, materia gris que participa en la transfor- mación de información visual en órdenes motoras (por ejemplo, cuando nuestros ojos exploran la escena que tenemos de- lante y se detienen fijos en un detalle de interés), que podría producir intenciones de actuar en forma pura. Los pacientes hicieron comentarios del tipo: «Me hizo sentir que deseaba mover el pie; no sé ex- plicarlo con certeza», o «Sentí deseo de pa-

Área motora

presuplementaria

Corteza motora

primaria

Corteza

Médula espinal A los músculos (movimiento voluntario)
Médula
espinal
A los músculos
(movimiento voluntario)
Médula espinal A los músculos (movimiento voluntario) Corteza premotora parietal inferior posterior PENSADO Y

Corteza

premotora

parietal inferior

posterior

PENSADO Y HECHO Las cortezas premotora y parietal se cuentan entre las áreas cerebrales implicadas en los sentimientos asocia- dos a la acción voluntaria.

sar la lengua por los labios». En ninguno de los casos llegaron los sujetos a efectuar los movimientos referidos. Mas la estimulación externa suscitó un inequívoco sentimiento consciente de deseo de movimiento. Ese deseo nació del interior, de forma espon- tánea, sin sugerencia del examinador, y no durante la falsa estimulación. Se trata de un sector cortical distinto del examinado en el estudio de Fried, hace veinte años. Una de las diferencias entre las dos regiones estimuladas estriba en que, al intensificar el estímulo eléctrico, los pacientes llegaban a mover el miembro cuando el sitio diana era el área motora presuplementaria. La estimulación parietal, por otra parte, podía desencadenar sen- saciones de que el movimiento se había producido, a pesar de no ser así (ilusión de movimiento). La lección que se deriva de todo ello es que el cerebro cuenta con circuitos es- pecíficos que, al ser activados, se asocian con sensaciones que surgen en el curso del deseo de iniciar y llevar a cabo una acción voluntaria. Una vez delimitados esos circui- tos e identificadas sus signaturas sinápticas, constituirán los correlatos neuronales de la conciencia de la intención y la agencia. Si tales circuitos resultasen destruidos a causa de un ictus u otro motivo, el paciente po- dría actuar sin tener conciencia de que es él mismo quien desea llevar a cabo la acción.

Dichos descubrimientos suponen un auténtico avance en el debate sobre li- bertad personal y trascienden del eterno problema metafísico del libre albedrío, que nunca será resuelto.

Christof Koch Profesor de biología cognitiva y comportamental Instituto de Tecnología de California

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

FUNCTIONAL ORGANIZATION OF HUMAN SUPPLEMENTARY MOTOR CORTEX STUDIED BY ELECTRICAL STIMULATION. Itzhak Fried,

Amiram Katz, Gregory McCarthy, Kim- berlee J. Sass, Peter Williamson, Susan S. Spencer y Dennis D. Spencer en Journal of Neuroscience, vol. 11, págs. 3656-3666, 1991.

THE ILLUSION OF CONSCIOUS WILL. Daniel

Wegner. MIT Press, 2003.

MOVEMENT INTENTION AFTER PARIETAL CORTEX STIMULATION IN HUMANS.

Michel Desmurget, Karen T. Reilly, Nathalie Richard, Alexandru Szathmari, Carmine Mottolese y Angela Sirigu en Science, vol. 324, págs. 811-813,

2009.