I

ROAD TO CIUDAD JUÁREZ
CRÓNICAS Y RELATOS DE FRONTERA

Compilación de
ANTONIO MORENO

SAMSARA
2014
• ÍNDICE

Coordenadas I 9
Antonio Moreno

Prólogo:

La cronica como literatura ciudadana: escritura y Ciudad[uarez a comien­
zos del siglo XXI I 16

Danny J. Anderson

PRELUDIO

Rodolfo Hasler
Ciudad]uárez I 19

Verónica Grossi
Paso del Norte I 20
Road to Ciudad [udrez.
Crónicas y relatos de ftontera. I. TROTAMUNDOS Y PASAJEROS
Antonio Moreno (Compilador).
Primera edición, enero 2014. 1. Uberto Stabile
]uárez mon amour I 25
© Samsara Editorial, 2014.
2. María Bern
© Antonio Moreno, 2014. Hoy estamosy mañana nos llevan a ]uárez.
Ficcionespara una ciudad I 29
FOTOGRAFÍA DE PORTADA:
© Joe! S. Casas Ávila. 3. Eleonora Achugar
El cuadrilátero vacío I 40
DISEÑO:
© Sergio. A. Santiago Madariaga 4. Andrea Salgado
maquinahamlet@gmail.com El último día que crucé la ftontera I 45
Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total y 5. Maarten van Delden
parcial sin autorización de la editorial. Algo sobre una visita a Ciudad]uárez I 55

Impreso en México / Printed in Mexico 6. César Sllva-Santisteban
Un día en Ciudad]uárez I 67
ISBN 978-970-94-2896-4
7. Betina González
]uárez revisited I 77
8. María Alzira Brum 6. José Ángel Leyva
La frontera I 82 Entre el miedo y la esperanza 1168

9. Alfredo Fressia
7. Élmer Mendoza
Los extraño todavía 1 91
]uárez, ]uaritos 1172

10. Enrique Rodríguez Araujo 8. Max Parra
Misión Ciudad]uárez I 99 De El Paso a ]uárez. Crónica de un crucefronterizo 1175

11. Nelson de Oliveira 9. Jorge Humberto Chávez Ramírez

Calles 1103
La ]uárez I 183

12. Luis Carlos Ayarza Riveros 10. Socorro Tabuenca
Vampiros en El Paso 1109
]uárez 01 my Rivers I 193

13. José Prats Sariol
11. Magali Velasco

Una ciudad sin atributos 1 112
Ballenas en el cielo de ]uárez I 204

14. Miguel Ildefonso 12. Bias García Flores

Vamos al Noa Noa 1116
La ciudad chicley sus héroes menores 1 207

15. Paolo de Lima 13. David Ojeda
Gali 1119
La parábola del cieloy el infierno 1212

11. PASEANTES Y TROTACALLES 14. Mauricio Montiel Figueiras

Tierra de nadie 1 221

l. Ricardo Aguilar Melantzón
A barlovento \133 15. Pedro de Isla
6001223

2. Yuri Herrera

La alcurnia extraviada / The law is the law is the law 1 142
16. Antonio Moreno

La ne-brerfa de Polo o puro juaritos I 226

3. Ignacio Alvarado Álvarez
La ciudad del whisky 1149
17. Martín Camps

Estampas de ]uárez 1 232

4. Miguel Ángel Chávez Díaz de León
Salvador Dalí en Ciudad]uárez 1156
18. N adia Villafuerte
Botas texanas I 242
5. Enrique Cortazar

Sucedió en un baldío 1 160
Ficha técnica de los colaboradores 1 249

ANTONIO MORENO

Coordenadas .. .

Latin()am~r.ica.-J:.ill.IÚ.~za ~QCiudad.llJªr~z. De diciembre de 1999 a
-re¡;;~r~- -del año entrante, el escritor ~~lombiano Héctor Abad
Faciolince recorrió buena parte de Egipto para escribir un libro de
viajes que tituló Oriente empieza en El Cairo (2002); el título pro­
viene de una afirmación hecha por Gustave Flaubert cuando a
mitad del siglo XIX viajó a Egipto para tener al alcance de la mano
lo exótico y lo enigmático, la sensualidad que Europa añoraba.
Para el ensayista palestino Edward Said, Oriente es un concepto y
un discurso que pone en juego una red de intereses y poderes en
detrimento del mismo concepto. Desde el punto de vista de Occi­
dente, siguiendo a Said, en el mundo árabe campea el despotismo,
el esplendor y la crueldad. Con respecto a Latinoamérica, y aun
cuando se trate de imponer una percepció~;'~~ntanünad~por el
estereotipo, la indiferencia y la ignorancia, nunca ha dejado de ser
_----...... o,, '" . ....• o•• · . ,'c =¡¡
ese vasto territorio geográfico y lingüístico que la constituye como ;,
i _,?
una narración cultural hecha de mezclas, pero en la que cabe des- 1 "'.
afortunadamente la barbarie y el horror. j
Leí el libro de viajes de Abad Faciolince cuatro años antes de
que el gobierno mexicano le declarara la guerra al crimen organi­
zado, y al cabo de meses Ciudad Juárez se convirtiera en una au­
téntica zona de desastre. i2!.!i..'!!.:,-!.?J/;Eit3f!:.-!.!J".!!..Udiro forma parte :-"-."....;,
de la Colección Año Cero, impulsada por la editorial Mondadori
en el año 2000, en la que comprometió, con el nuevo milenio en
curso, a ocho autores en lengua castellana a viajar a las capitales
mundiales más importantes: Rodrigo Fresán viajó a la ciudad de
México; Roberto Bolaño, a Roma; Gabi Martínez, a Nueva York;
Rodrigo Rey Rosa, a Madrás; José Manuel Prieto, a Moscú; San­
tiago Gamboa, a Pekín, y Lala Isla, a Londres. Como se indica en
la cuarta de forros: realidad y ficción se conjugan en las novelas
cortas y largas, crónicas calidoscópicas o diarios de viaje. En 2008
retorné a la frontera, después de una larga estancia en la Universi­
dad de Kansas, en Lawrence, año en el que empecé a gestar un
proyecto ~imilar al emprendido por los directores de la Colección
Año O. En la Universidad de Texas en El Paso, institución donde
\J-rlf
9
impartÍ dos cursos de lireratura en el semestre de primavera de ese cuchillo entre los dientes para explorar otros horizontes menos
mismo año, conocí a varios escritores sudamericanos que cursaban hostiles. De modo que la advertencia fue:la violen<:!a n().RoQ!~Lz.r
allí estudios de postgrado, quienesr;-ü sólo~~~'~;on inmediata­ en esta ocasión la protagonista, había que darle importancia a la
mente las condiciones del proyecto, sino que me conectaron con sutir re;~a6ñq~e el s~r' humano experimenta en sus andanzas
otros escritores del Cono Sur que habían manifestado mucho cotidianas en la ciudad, y la manera en que lo aparentemente im­
interés por C=illd.adJuá.rl':!" A medida que el diálogo fue fructifi­ perceptible puede enriquecerle los sentidos, bajo el entendido que
cando me percaté que cada quien hablaba deuna ciudaddistinta; toda crónica es un viaje y: una!.1l9ªgawcia. ~.
C'l
al mismo tiempo que rec~~dé l;'s palabras de Bruce Chatwin:"":':"Se Después de que el colombiano Luis Carlos Ayarza planteara la
viaja literariamente"-, percibí que las opiniones vertidas mostra­ posibilidad de indagar la ciudad desde una casa de empeño en El
ban los resortes de Ciudad Juárez, a los cuales había que asirnos Paso, cuyos clientes cruzan a menudo la frontera para dejar en
para ingresar a una realidad real e identificable, pero estos paulati­ prenda sus ajuares; y el peruano César Silva-Santisteban delineara
namente eran superados por las emociones: antes que nada, Ciu­ su recorrido a partir de un itinerario sometido a la perturbada
dad Juárez era para ellos un sitio que ofrecía la posibilidad de lógica de las funerarias, se unieron a este vagabundeo urbano las
argentinas Betina González, Premio Clarín de Novela, y la cineas­
r~E.~.~<i.r._~\,e~n.:r.'!E~~ culturales que la te,!all~siuda(L~l.P~QJ~
o

ta María Bern; así como la uruguaya Eleonora Achugar, la cuentis­
~~I~<l~.~?- que era dueño de ~~~~t:.~l..P.~l:'~~1!:'m1c.vOS y de un
fulgor tonificante que solo la ho§pJt?Jida4 puede dar. Los resortes ta colombiana Andrea Salgado y el mexicano Yuri Herrera, finalis­
estaban allí a la vista de todos, pero entre la descripción y el proce­ ta del Premio Rómulo Gallegos 2011. La nómina se incrementó
so de narrar o atestiguar una experiencia compleja (el mercado con la incorporación de los narradores brasileños María Alzira ~'

J uárez, el desierto de Samalayuca, la Catedral, el museo de la Ex Brum y Nelson de Oliveira; los poetas mexicanos Miguel Ángel S
Aduana, el parque Chamizal, la casa de Juan Gabriel, sus cantinas Chávez Díaz de León, Enrique Cortazar y MartÍn Camps; y los '01<0
I.f\

legendarias y bares míticos, el río moribundo y los puentes inter­ también poetas limeños Miguel Ildefonso y Paolo de Lima; el
nacionales), Ciudad Juárez ingresaba a otra dimensión, no es que narrador colombiano Enrique Rodríguez Arauja; la poeta y aca­
se volviera irreal o incomprensible sino que al momento de escu­ démica Verónica Grossi, el crítico y narrador cubano José Prats
charlos la ciudad se revestÍa de un ánimo alimentado por una ima­ Sariol; la narradora chiapaneca Nadia Villafuerte; los narradores
Pedro de Isla y BIas García Flores; el crítico y narrador Mauricio
ginación puramente literaria.
Decidí entonces imaginar un libro. dividido en dos partes; que Montiel Figueiras; la cuentista y académica Magali Velasco Var­
la primera aglutinara las crónicas y r;Gü;~-de ;utores -~njeros gas; los periodistas Ignacio Alvarado Álvarez y Jorge Humberto
que estuvieron de paso por la ciudad, a modo de imp~~~rle una Chávez Ramírez, y los académicos Max Parra, Maarten van Del­
carácter nómade al libro, pero no ajena a la ciudad; y la segunda den y Socorro Tabuenca. Gracias a la intervención del poeta Jorge
parte, como contraste, donde la ciudad representara el papel de Humberto Chávez Díaz de León, fundador del Encuentro Inter­
una vieja conocida, estaría formada por las crónicas y relatos de nacional de Escritores Literatura en
....---::----~_
el Bravo, accedieron colaborar
....,~.-_."""..---
.

autores mexic<inos que habían nacido en ella, vivido o la habían el novelista y cuentista David Ojeda, el poeta y editor valenciano
visitado··;lg~~a~~ez. El propósito no era confrontar miradas para Uberto Stabile, el poeta uruguayo Alfredo Fressia, el poeta cu­
deducir posteriormente que la ajena es, en estos casos, más certera bano-español Rodolfo Hásler, el poeta y editor J osé Ángel Leyva y
que la mirada autóctona; la idea era mostrarle al futuro lector que el novelista Élmer Mendoza. Sobre la crónica de Ricardo Aguilar
el mapa que llbica Ciudad Jllárez es una supereosición de otros
o.
Melantzón (1947-2004), que corresponde a su novela autobiográ­
Illapas, t;:i:z'ádü p'o¡:-'p~i~~je~ secretos ciertos O~~ig~~-;ublime-Zy
o y fica A barlovento (1999), me tomé el atrevimiento de seleccionar
-~tl.k medida de lo posible, estemos de paso o no, el mae~._~~ aquellas impresiones sobre Ciudad juárez que mejor encajaban en
perten~~.. a todos. Dejamos de lado el revólver humeante y el este proyecto.

10 11
A pesar de los cataclismos infames de la hora, Ciudad Juárez si­ matográfico, y que por lo mismo sobrepasa la estética del~~stern
gue conservando un aire cultural inquietante. No creo que corran urbano. En un filme de vaqueros, por lo menos, los críme~es no
peligro sus mi~ fl,!!lclªe<;jQJlales (desde Cabeza de Vaca hasta Fray ~~eleñ quedar impunes. El caso supone y exige una tipificación
García de San Francisco), ni tampoco sus credos subversivos e emocional: neurosis urbana. Desde que el presidente de México en
insondables (desde Benito Juárez hasta Pancho Villa). Las ciuda­ turno le deaaró-i~~;-~;;-;l crimen organizado, hasta la militariza­
r des erigidas sobre discursos épicos y religiosos, que es una idea ción peliculesca de casi todo el norte de! país, Ciudad juárez pasó
a ser la población más violenta del mundo. Y de cierta manera, en
./ :! generalizada, viven emociones cíclicas; y cada cierto tiempo, defi­
esta confrontación estratégica, que parece ser el único empeño de
j nido por el azar, la fuerza natural que las constituye se desborda.
\- dicho gobierno, se ha derramado mucha sangre inocente.
De acuerdo al lenguaje gráfico del momento, Ciudad juárez vive
en la zozobra, esto es como tratar de silbar contra el viento en Desde su fundación hasta la actualidad, Ciudad Juárez ha sido
medio del fuego cruzado. Los mitos fundacionales donde los haya objeto de seducciones, pero también de horror y de perversiones.
(esos que nos ayudan a formar nuestro mundo diario), nos de­ Estos dos polos originan una tensión casi metafísica al momento
muestran plenamente que esta ciudad conserva un mecanismo que de plantear sobre la ciudad un buen juicio crítico, y objetivamente
la convierte en un campo Ae, d.~spl!-t;l.~epcÍsl).di2.s de toda índole, fiable, de cara a la coyuntura del momento. Se han publicado
pero por sus efemérf&;;';~s damos cuenta que hay ciertos hechos muchos libros recientemente, algunos de ellos estupendos como
que no carecen de dramatismo; porque no hay mito sin barbarie. La guerra por ]uárez (Alejandro Páez Vare!a e Ignacio Alvarado
Luego del ataque sorpresa de las tropas re;~;I~¿~~~;¡;~~~-;Jian­ Álvarez, et al., 2009) y Murder city : Ciudad ]uarez and the global
za ofensiva, en mayo de 1911, hace poco- mi;~d~~'~iglo exacta­ economy's new killingfields (Charles Bowden, 2010), cuyos autores
mente, ocurrie;;;-n co~b~~~~-;;:;roces durante tres días continuos en exploran con toda la firmeza periodística esos dos rostros emocio­
la ciudad. Con la derrota de las tropas federales, sobrevino la fusí­ nales de Ciudad Juárez. Aunado a este vínculo, dentro de la mis­
lata, el pillaje y el alboroto. A cientos de kilómetros de allí, en el ma escena social fronteriza, está presente e! tema de los feminici­
mismo estado de Chihuahua, en el pueblo de T ornóchic, pero dios, sostenido por una serie de eventualidades dramáticas que
veintitantos años atrás (1891), prosperaba una cié-iia'hé'iejía entre fomenta cierta paranoia hipocondriaca. En La ciudad de las muer­
sus habitantes, y al m~~;'ti;mpo, una disconformidad colectiva tas: la tragedia de Ciudad ]uárez (Marcos Fernández y Jean­
en contra del sistema de repartición de las tierras nacionales. Co­ Christophe Rampal, 2008), se pone de manifiesto que la ciudad,
mo los habitantes del pueblo de Béziers, en el Languedoc, cuna de en e! lapso de casi veinte años a la fecha, se tornó en la capital
la herejía catara en el siglo XII, los tomochitecos que eran a su vez mundial de crímenes en contra de mujeres. Siguen esta misma
sediciosos y herejes, por su devoción a la Santa de Cabora, fueron cobertura temática Huesos en el desierto (Sergio González Rodrí­
aniquilados por el ejército de Porfirio Díaz. La inmolación de un guez, 2002) y Homicidios y desapariciones de mujeres en Ciudad
;". pueblo, por un lado, y el heroísmo de un ejército insurgente, de ]uárez: análisis, criticasy perspectivas (MartÍn Gabriel Barrón Cruz,
/1 et al., 2004). Del mismo modo que estas producciones culturales
otro, no representan hechos aislados sino que, respectivamente,
anticipan yconsolidand conflicto armAd,o_conocido como la Re­ plantean al lector diferentes miradas y evaluaciones de las causas y
~í~~i6~~M~;i~;~;~--~' ..... efectos de los feminicidios, la desgracia adquiere su propio relieve
Ahora implica una espiral de violencia sin precedentes, GUYO ex­ y traza ya no secretamente una trayectoria dialéctica que la posi­
cesivo espectáculo de crueldades cotidianas (como los fusilamien­ ciona, aunque no lo queramos, por encima del accidente.
tos en la vía pública, detonaciones de explosivos, ejecuciones, de­ En otro terreno y con el desafío a lo real propiamente estético,
capitaciones, incendios, extorsiones, secuestros, el robo de autos a Roberto Bolaño, ángel tutelar de una cofradía literaria que lleva su
mano armada y tiroteos a la orden del día), es decir, terrorismo a mismo nombre, fabuló y conjuró sobre el tema en la novela 2666
secas, concentra una realidad en estado puro, más allá de lo cine­ (2004). En La parte de los crimenes, Bolaño narra los feminicidios

12 13
en SantaTeresa (Ciudad Juárez), y al hacerlo, transmite la sensa­ N O sé si lo escrito por Kerouac sea una exageración o una im­
ción al lector de estar poniendo un pie dentro de una atmósfera precisión, pero estoy seguro que ese Valle del Mundo que él oteó,
diabólica. En Entre paréntesis (2004), un libro misceláneo hecho reúne un cruce de dos caminos, y no es extremado afirmar que las
de notas y declaración de principios, cuenta el escritor chileno que dos ciudades (Ciudad juárez-El Paso) comparten orígenes comu­
el asesinato impune de mujeres es otra forma del mal y de la co­ nes y algunas vicisitudes históricas. Las crónicas literarias aquí
rrupción; y también, una metáfora de México y del futuro incierto compiladas tienen como propósito mostrar varios de los rostros
de toda Latinoamérica. Carlos Monsiváis, un hombre dotado para posibles de la ciudad, exceptuando aquellos que ya han sido inves­
el género de la crónica, sostuvo en algún lugar que las ciudades tigados como la violencia feminicida y la violencia entre narcos y
que hacen frontera con los Estados Unidos son ciudades de avan­ militares.
zada. Lo que ellas generan culturalmente, poco tiempo después, se
esparce hacia el resto del país. REFERENCIAS

Las anomalías e infortunios sociales que padece hoy Ciudad
ABAD Faciolince, Héctor. Oriente empieza en El Cairo. Barcelona: Random
Juárez, en efecto, condenables, no son la totalidad del mundo, House Mondadori, 2002.
sino que forman parte de un percance. Me gustan las ciudades AGUILAR Melantzón, Ricardo. A barlovento. Torreón, Coahuila : Editorial de
manejables, y también me atrae de ellas su perfil decadente y diso­ Norre Mexicano / Universidad Iberoamericana Laguna, 1999.
luto, una dualidad que nos ilustra referencias sensibles, por la BARRÓN CRUZ, Marrín Gabriel, et al. México, D.F. : Instituto Nacional de
Ciencias Penales, 2004.
manera que el sujeto establece sus contactos al momento de estar
BOLAÑO, Roberto. 2666. Barcelona: Anagrama, 2004.
en medio de las cosas, con sus límites y contradicciones. - . Entre paréntesis. Barcelona: Anagrama, 2004.
Nos queda la cita literaria de Jack Kerouac sobre Ciudad Juárez, BOWDEN, Charles. Murder city : Ciudad [uarez and the global economy's new
que es memorable, para tratar de articular un marco en torno a killingfields New York: Nation Books, 2010.
este libro de crónicas en el que concurren el asombro y la curiosi­ FERNÁNDEZ, Marcos y Jean-Christophe Rampal. La ciudad de las muertas: la
tragedia de CiudadJuárez. Barcelona: Debate, 2008.
dad ante los usos y costumbres de la gente que habita una vasta
GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Sergio. Huesos en el desierto. Barcelona: Anagrama,
ciudad, con sus espejismos circunstanciales, la canalla urbana, 2002.
quimeras, variedades del color local, deidades nocturnas, síndro­ KEROUAC, Jack. En el camino. Trad. Martín Lendínez. Barcelona: Anagrama,
mes y patologías culturales, al igual que el estilo excepcional de 2007.
usar el idioma: PÁEZ VARELA, Alejandro, et al. La guerra por [udrez. México, D.F. : Planeta,
2009.
SAID, Edward. Orientalismo. Trad. María Luisa Fuentes. Barcelona: Random
Dean y Marylou aparcaron el coche cerca de Van Horn y folla­
House Mondadori, 2007.
ron mientras yo dormía. Me desperré precisamente cuando ro­
dábamos por el rremendo valle de Río Grande, a rravés de Clint
e y sleta hacia El Paso. Marylou saltó al asiento trasero, yo al de­
lantero y continuamos la marcha. A nuestra izquierda, pasamos
los vastos espacios de Río Grande, estaban las áridas y rojizas
montañas de la frontera mexicana, la tierra de los tarahumaras;
un suave crepúsculo jugaba en las cimas. Delante se veían las le­
janas luces de El Paso y Juárez, sembradas por un inmenso valle
tan grande que se podían ver varios trenes humeando al mismo
tiempo en diversas direcciones como si aquello fuera el Valle del
Mundo. Descendimos a él (192).

14 15
DANNY J. ANDERSON nos: escenarios de modernización, de mediación, y de marginaliza­
Universiry ofKansas ción (l8-19V
Es importante amplificar los ecos que reverberan entre los voca­
La crónica como literatura ciudadana: blos "literatura ciudadana" y "ciudad." No es sólo la raíz etimoló­
gica "ciudad" compartida por estas palabras que se nos invita a
escritura y Ciudad Juárez a comienzos
escuchar. Es también la invitación a tomar el E~_~o~..p<lr,ÜcApan~e ..
del siglo XXI social como ciudadano o ciudadana que práctica un género litera­
rio para entender la realidad, para entender nuestras perspectivas
sobre la realidad, y tal vez para entender nuestras identidades den­
Ciudad juárez es un~~~<:>_~~.~()nstante.tra~sf()E~.~s!2n, un es­ tro de esta realidad que debemos oír en estas palabras. En este
pacio liminal. Fue un espacio de trá~s.ito y luego de~.~<:n!.~mient9 sentido, estas crónicas sobre Ciudad Juárez son citizen literature­
por comunidades indígenas antes de la colonización española. una literatura ciudadana.
Llegó a ser EIPaso<:J.el Norte en el siglo XVII y fue escindida en E; la~ crónic~s'q~~ siguen, los cronistas ponen a prueba algunos
dos a mediad;;'d~l siglo XIX por el Tratado de GuadaJup~Hidal­ de estos conceptos de la crónica al escribir sobre sus encuentros
go. A finales del XIX un cambio de nombre dio honores al prócer con el espacio liminal de Ciudad [uárez. Si bien las~~.L4~
Benito Juárez. A principios del XX adquirió imR~~ia estratégi­ ciuda9-anJa-de ser ciudadano o no-motivan una gran parte de
ca durante la Revolución Mexicana. A fin~les del siglo XX, se ti r~'tórica relacionada con la frontera y quienes la atraviesan, mu­
convirtió en sede de maquiladoras y teatro de violentos conflictos chos de los cronistas aquí reunidos revelan una nueva sensibilidad
y crímenes. Mientras tanto, siempre ha sido el hogar de muchos, globalizada como cronistas extranjeros que se ;i~~t~n ~ovid~~';­
lugar de querencia, añoranza y nostalgia; muchas veces ha sido
'd~-;~~t¡;;onio de su _~e~i~~Il<::ia,,:;i!:1~.~4~~SIJ;_S:::iy,4<l<!I!1:~!:sz. Son
poco comprendido por los que sólo están de paso. ciudadanos del mundo, y como tal, reconocen, aceptan, y así, sin
En las crónicas aquí reunidas por el editor Antonio Moreno, los
ofender, buscan J!~~~R4er,"~.n,,..!?'.Eo.~}~I~, su condición como per,:
lectores encuentran la lucha entre Íiteratura X realidad que cobra
Ct\),~~,L¡¡"'" sanas d.~,l?,<l~9P()r1<l.9Ild~<;I,..Como poetas y académicos invitados
forma en el género de la "crónica." Y-ñ~'hay género más adecuado a--;G¡~-~r Ciudad J uárez, recorr~.u..cierra..cart:9~r.ªfía.illtelectual de
que la crónica para representar, explorar, y cuestionar Ciudad bares, calles, y espacios d;'sociabilidad liminal donde las reglas del
Juárez como ~~T1.~~.1 a comienzos del siglo XXI. En la in­ juego van desde lo obvio hasta lo más oculto, sólo observables de
troducción a su colección de ensayos, The ContemjJ.orary Mexican
'-~ . --
'~·_··~V"'_~~~""'---"""""'" soslayo. Son cronistas que ejercen su ~ÜUs:LI:W:;1ª.ci6!h .!2e~:,_,_
Chronicle: Theoretical Perspectives on the Liminal Genre (2002), samiento crítico y memoria letrada. Reconstruyen ciertas memo­
rg~;2r~- Corona y Beth E. Jorgensen reseñan la historia de la cró­ nas-delaboh~mia'-fto-;;t~~i~~que cuestionan, implícita o explíci­
nica en México y el estado de la crítica sobre este género mutabley tamente, los códigos y comportamiento sociales, y los contrastes
movedizo; en palabras de Corona y [orgensen, e~exn;r;y~;¿;.;:~-­ culturales entre Ciudad Juárez y El Paso. Entre tanto, como para­
-;;¡;:¡¡;;» (2). Un uso importante de la crónica mexicana en el sigo dójicos ciuda1anos fuereños, confrontan miedos, estereotipos que
XX ha sido su papel como lite@!l!I.ª-_ciu4~~~-'l~: la crónica de la quiere;d~;:;;;:itificary desment'ir; denuncian prácticas, sexismos, y
ciudad o la crónica urbana. Si esta práctica fue clave para evocar el
crecimiento de la Ciudad de México a lo largo del siglo ~X, tam­ 1 Ignacio Corona y Beth E. Jorgensen, editores, The Contemporary Mexican
bién sirvió para entender muchos otros escenarios sociales urba­ Chronicle: Theoretical Perspectiues on the Liminal Genre (Albany: Srare U niversiry
Press of New York, 2002). Ver en particular la introducción de Corona y
Jorgensen (1-21) y los capítulos por Mary K. Long (181-200) y por Juan G.
Cuelpí (201-20) para más información sobre la crónica urbana en México.

16 17
violencias que han encontrado su expresión en Ciudad juárez RODOLFO HA5LER
aunque sus causas se originan en otros lugares. Describen su expe.: (Cuba-España)
r~ia d~LL~.f~<2D!<:E<l, pasaporte en mano, a comienzos del
siglo XXI. Hacen visible una red de conexiones que nos atan y nos Ciudad Juárez
afectan a todos. Ciudad Juárez es la manifestación local de estas
fuerzas globales vividas y encarnadas por estos cronistas.
Al mismo tiempo, otros cronistas ciudadanos-a veces dueños Caminando por la ancha avenida, en dirección norte,
de pasaportes mexicanos y otras veces juarenses, sean mexicanos o, el paso lento y cimbreado, las manos en los bolsillos
como escriben Socorro Tabuenca, "iuescírisen"-nos dibujan otro del estrecho pantalón vaquero, azul como las largas piernas.
mapa, otra cartografía más sentimental de Ciudad Juárez. El pre­ La cadera apretada por el cinturón incitaba a la lectura
sente se caracteriza por ~~~~e.~~1s:1~~:~~!l,<:;.L¡;1~0,muchas veces de dos iniciales entrelazadas en plata, trofeo ostentoso y viril
con lo que se ha perdido con el transcurso del tiempo. El fragmen­ que anunciaba vete a ver qué locura desbocada,
.¡( to de un texto más extenso de Ricardo Ag.uilar _... Melantzón, cronis­
~.,...,,-~,"-,", ~
allí mismo, en un oscuro lugar, verde y amarillo sobre el metal
ta por excelencia de Ciudad Juárez, recuerda los lugares del pasado quemante de tanto manoseo.
y algunas leyendas que daban sentido a la realidad inmediata. Saliendo del Kentucky el aire achicharraba a los insectos
Otros cronistas captan personajes, lugares, y situaciones que defi­ y la noche ya oscura lucía su oferta cercana a la frontera,
nen las dinámicas y las distinciones de la realidad inmediata. Soco­ la camisa abierta y plateada era el diccionario sofocante
rro .-v··...
Tabuenca da crónica del recuerdo de un retorno a Ciudad
,,~
de un lenguaje incisivo de resabio tex-rnex,
Juárez después de seis años de ausencia en la década de los sesenta; el alcohol verdoso, la madre de las margaritas,
su descripción de la ruta para llegar a casa es también la historia no apremiante ligereza para la voluntad vencida.
narrada del ahora en que ella recuerda, un ahora que ella reconoce No podía imaginar el cielo cuya luna es un sombrero stetson
como una zona que "se sigue reinventando." blanco, lo único puro que asiente en mi cabeza.

u Si bien Corona y J orgensen aciertan al caracterizar la crónica De nuevo en el bar las chicas nos sirven guacamole, fajitas,

como un género liminal, este aspecto es doblemente cierta cuando machaca norteña, y mientras traen más bebidas

se practica para conocer un espacio liminal como Ciudad Juárez. Y y nos obsequian con dulzura maquillada,

la lectura de las crónicas aquí reunidas nos invita a ejercer nuestra sus largas uñas buscan surcos en la carne de la espalda.

~1:l-ªgin~<;:jQQ.,..~iuC!-.~4:!!la para entender, aunque sea fragmentaria, El paladar ansioso de ardiente chipotle

parcial, e imaginativamente, Ciudad juárez, Si bien los medios rumia palabras enredadas que no puedo pronunciar,

masivos reportan estadísticas difíciles de aceptar e historias difíciles válidas no más para una noche arrebatada, inesperada,

de creer, las crónicas aquí hacen visible su propia lucha con la noche rabiosa y cruel bajo el polvo del desierto.

realidad, con la dificultad de entender y de representar el pasado y
el presente en un espacio de constante transformación. Tergiver­
sando las palabras del cronista Mauricio Montiel Figueiras un
tanto, estas crónicas en su lucha con la realidad de Ciudad juárez,
nos invitan a no darnos por vencidos sino, "por trucos -de la ima­
ginación," entender cómo a través de la literatura ciudadana po­
demos "empatar con la realidad."

18 19

VERÓNICA GROSSI no poder recordar
(México) borrar
enterrar
Paso del Norte cicatrices de polvo
sobre la arena
Del paso del río al Norte. ¿Dónde quedan las sensaciones?
Arenales y desierto. Al Sur, desierto y arenales.
en cada esquina una sombra
El río en medio es un oasis.
la rapidez del movimiento
Una historiacompacta se constituyó en imagen
{Paso del Norte, ci [udrez) no deambulaban
JOSÉ DE LA Luz HERRERA no logramos distinguir
quisimos detenernos a mirar
Desde el aire adiviné su geometría: cafés, rojos, amarillos ocre. No pero no lo hicimos
llegué a ver el desierto. Era una ciudad, no un desierto. El cielo, en la esquina
sin nubes, una planicie de azul amado, flotando sobre e! cemento. ventanas-espejo
Llegamos a un motel. Los cuartos daban al centro, a una piscina opacadas
vacía. Sentados en los bordes, hablamos de búsquedas y fracasos. por la noche
U n poeta anciano de ojos rasgados plañía su viudez con tristes
gestos. cristalería rota
El cuarto era angosto y oscuro, sin ventanas; las colchas naranja desde la ventanilla
brillante. Las cortinas cercaban el fuego de la tarde. Sobre la polvareda de las calles, se arremolina el viento. Una plan­
En un bodegón nos atiborramos de platillos típicos. Al día si­ ta del desierto, seca, espinosa, gira y salta en remolinos de polvo.
guiente, en la plaza, declamamos poemas. Un hombre gordo, de En las calles, sólo el polvo.
sucia barba, pedía limosna, absorto en su pierna hinchada de gottt. ¿Cómo descifrar la soledad, el sempiterno rodar ciego del cha­
Una señora embozada gimoteaba en el ruido. Nos contaba su mizo volador?
historia. Nosotros subíamos y bajábamos las escalinatas de! quios­ Ilegible abandono. Dolor que rebasa la vastedad del desierto pa­
co de hierro forjado. En las bancas, las parejas se auscultaban y ra pulverizarse, enterrarse. N o poder recordar.
besaban. Los niños, en e! suelo, jugaban desperdigados. Sentimos deshabitada
los árboles, las plantas y las enredaderas. El parque se llenó de estancia hueca
verdes y murmullos. ¿Dónde se sitúa el hogar de mi madre?
Fuimos a la radiodifusora. Pude leer mi poema fragmentario.
No dije mucho. Era una casa grande, con amplia respiración, de pasillos anchos y
Por la tarde nos dimos una vuelta por la ciudad. Apretujada en el baldosas frías. Las paredes de un blanco grisáceo, rasposas. Había
coche, apenas pude avizorar el callejón oscuro y sus fachadas des­ macetas en el patio. Trepaba una enredadera de fulgurantes amari­
cascaradas.' llos. Por las mañanas, una viuda negra, agazapada, bebía rocío.
vidrios-espejo Las macetas se aposentan, orondas y húmedas. Sofoca la calor
no distinguir del desierto. Caída plomiza inclemente, sin tregua, en la nuca.
desde la mirada
escarbar sin poder ver

20 21
Entre encajes y holanes, la abuela respira de un frágil hilo. Sin­
copado latido. Desde el resquicio de la puerta, las dos niñas se
asoman, suspensas, ahogadas de amor.
"La vida estaba en un hilo"
"Hilitos, hilitos de oro... "
Helechos filosos. Las raíces se pudren. Cuelga la enredadera y la
araña se esconde. Hastío de domingo. Coágulo que lenramenre
explota en floraciones de fuego.
¿Dónde quedan las respiraciones, la tibieza de los cuerpos, el so­
por de las despaciosas tardes?
Repetida traición.
"Sigue después la odisea
TROTAMUNDOS

de ]uárez peregrinando,
Llega hasta Paso del N arte
Y PASAJEROS

Donde establece el gobierno,
Desde enronces Paso del N arte
Se llamará Ciudad ]uárez" 1

Mi abuela sonríe sobre almohadones bordados, envuelta en
blancura. Se le acercan las niñas. Sus tibias manos: jacintos y
azahares. Desde ese cuarto en penumbra, la luz esplendente, cega­
dora, se aprisiona tras gruesas cortinas.
T odas los días las niñas, hasta los catorce y dieciséis, cruzan el
puente para ir a la escuela. Al otro lado, compran helados; saltan
sobre rociadores de frescas gotas. "Hilo de pena la niña". Borrados
los territorios de la pobreza. La Mariscal invisible.
] osé de la Luz Herrera, mi abuelo, iba y venía, cantaba, coráaba:
"Los soles ardientes
y los fríos bajo cero del invierno,
y la tierra áspera e inhóspita
Han endurecido su piel,
y la han pintado,
A través de los siglos,
De rojo."
8 de mayo de 2010

22
distas fueron a verlo a su hotel, se bajó los pantalones y les enseñó CÉSAR SILVA-SANTISTEBAN
las nalgas. Y eso es lo único bueno que Schwarzenegger ha hecho (Perú)
en su vida, termina riendo a carcajadas.
Está oscuro cuando enfilamos hacia Juárez. De pronto, los fa- Un día en Ciudad Juárez
ros de la mini van de Jorge Humberto escurren sobre el cuerpo de
una joven con un corto vestido negro y tacones altos que camina I, with my mad presumption of throwing a Iittle
por la orilla de la autopista. ¿Qué fue eso?, pregunta Jorge Hum- light on something.
berto. ¿Iba sola? Cerca de una milla más adelante hay un punto de SAMUEL BECKETT

retorno. Jorge Humberto da una vuelta en U y se enfila hacia l.
donde vimos a la mujer caminando en la oscuridad. Cuando la
vemos al otro lado de la carretera, Jorge Humberto da otra vuelta Siempre me conmovió el contraste entre El Paso y Ciudad Juárez.
en U y reduce la velocidad para conducir detrás de ella. La mujer Separadasapenas por un río y una extensa vía de ferrocarril, ambas
se vuelve y mira la mini van. Jorge Humberto descubre la bolsa de poblaciones habitan mundos distintos. La primera está considera-
mano que lleva sobre el hombro. ¡Está aquí porque quiere estar!, da una de las urbes más seguras de los Estados Unidos; la segunda,
exclama Jorge Humberto, y sigue su camino. una de las más peligrosasdel planeta.
¿Has querido alguna vez escribir acerca de las muertas de Juá- Desde mi departamento en El Paso puedo ver ese lado de Méxi-
rez?, le pregunto a Jorge Humberto, mientras nos adentramos en co. Lo veo a simple vista, pero sobre todo con el tamiz de varios
las afueras de la ciudad. ¿Has leído el poema de Jaime Sabines recuerdos. Es verdad que tengo imágenes de callespolvorientas, de
acerca de la muerte de su padre? Me responde con otra pregunta. bares abiertos todo el día, de vendedores ambulantes, de bulla
No, le contesto. Es un poema extraordinario, dice. Deberías leerlo. incesante, de un tráfico endemoniado de gente y carros viejos; sin
Hay una parte donde Sabines habla de la vergüenza que siente al embargo, sé que únicamente mi memoria ha registrado el aspecto
escribir acerca de la muerte de su padre. Siempre recuerdo esos menos agradable de una ciudad que tiene, asimismo, bellezasdifí-
versos cuando la gente me dice que debería escribir acerca de las ciles de explicar. Como sabemos, la memoria inventa tanto como
muertas de Juárez. Cuando Jorge Humberto me deja en mi hotel, actualiza nuestros recuerdos, y en mi caso, asimismo, los recuerdos
me ofrece el CD de Joan Manuel Serrat que hemos estado escu- sobre Ciudad Juárez tienen la forma que los periódicos y los noti-
chando toda la tarde. No, no lo puedo aceptar, le digo. Es tu disco cieros de televisiónperfilan.
favorito. Tómalo, me dice. Tengo otra copia. Tengo referentes íntimos para esa ciudad, por supuesto. Soy
¿Qué le pareció su visita a Playa Juárez?, me pregunta el joven sudamericano. Soy peruano. La primera vez que atraveséla fronte-
que me conduce de vuelta a el aeropuerto de El Paso. ¿PlayaJuá- ra hacia México pensé que había ingresado a uno de los distritos
rez?, le pregunto. Sí, dice riendo. Mar de sangre y olas de violen- más populosos de Lima. Hallé, entonces, una mezcla semejante de
cia. atraso y modernidad, de confianza y peligro, de pobreza y derro-
che funesto de dinero. Un territorio con ley propia. Una ley, des-
Versiónde Luis Arturo Ramos. de luego, hecha a la medida de los negocios turbios y el abuso de
unos cuantos hombres: el código de los verduguillos y la metralla.
De esto último me di cuenta en la última visita que hice, hará
unos meses; el 18 de mayo, para ser precisos. Ese día, los embal-
samadores de Ciudad Juárez no se daban abasto y, pese al trabajo
intenso, estaban de buen humor. Claro está que las funerarias son
un negocio seguro en cualquier lugar del mundo, pero hay sitios

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donde gozan de prosperidad. Pensemos, por ejemplo, en el Lí- la secta... todos se enorgullecen de ser implacables y todo viene a
bano, Afganistán, la República del Congo o lrak. Y en México, reforzar el odio y los conflictos; se sospecha inmediatamente de la
donde los juarenses dan una muy alta cuota de muertos a sus fu- tibieza; la vehemencia tranquiliza en vez de asustar... En ella la
nerarias. regla es soberana y sólo cabe observarla exactamente o no obser-
No digo nada nuevo, sin duda. Pero un asunto es la informa- varla. No se permite error ni desánimo. Todo defecto es punible».
ción ascéptica y otra, bastante diferente, la vivencia próxima de Esta normatividad rupestre nos indica que lo que importa es el
aquella manera de vivir a diario sobre una cuerda floja. Sin ir más grupo, y aun más que el grupo, el negocio que éste lleva a cabo.
lejos, esa semana del 18 de mayo, un martes, los narcotraficantes En la secta, pese a sus ostentaciones de cofradía, el individuo es lo
regaron las calles de cadáveres. En una entrevista para El Diario de de menos. Resulta natural, entonces, que los sectarios vean a los
Juárez, un embalsamador decía, sonriendo: «Vienen totalmente demás como objetos, como piezas corrientes de un engranaje mer-
desechos los cuerpos. Y es que ahora se están yendo fuerte. La otra cantil. De allí que siempre se le pueda decir a la víctima, antes de
vez me tocó un joven con ciento veintitantos agujeros chicos y liquidarla: «No es nada personal».
grandes, y también una mujer, agente del ministerio público, ase- Aquel martes que deambulé por Ciudad Juárez vi algunas fune-
sinada en su casa, que llegó totalmente destrozada: tenía más de rarias. Una de ellas, Perches, ofrecía ataúdes de metal o laminados
cien balazosen el cuerpo». en pan de oro. Recuerdo que el gerente del local sólo tenía una
Al parecer, hace unos años los crímenes eran el resultado de un queja con respecto a la situación: la morgue oficial, el SEMEFO, no
ajuste de cuentas vinculados al comercio de las drogas; ahora, los podía con tanta necropsia y le remitían los cadáveres tarde y con
motivos no son tan evidentes, aunque tarde o temprano están gotero. Pero era comprensivo con la situación y se armaba de pa-
relacionados con el afán de poder y dinero. Los hechos también ciencia. A fin de cuentas, en todo el 2007 se habían reportado 316
sugieren que el homicidio en Ciudad Juárez significa, por lo co- homicidios ligados al narcotráfico; en cambio, a mediados de
mún, el ejercicio de un tribalismo permanente y sanguinario. Lo 2008 aquella cifra se había triplicado (hoy, cerca a diciembre,
digo así, ya que entre varios antropólogos existe una teoría que rebasa los 1.500). Lo mismo repitió en la entrevista que tuvo con
explica las guerras entre clanes como el efecto de la interacción un reportero de El Diario, pero se explayó en detalles: «Hace una
entre una escasezde recursos y un excesode población: las matan- semana vino un señor a agradecernosporque, aunque el cuerpo de
zas reducen el volumen de gente y, por lo tanto, aminorarían ese su familiar venía totalmente destrozado, gracias a Dios le pudimos
problema. Probable o no, la teoría es incómoda. Explicaría asi- reconstruir el rostro y se lo tuvimos dos horas antes de lo que ha-
mismo, en el marco de un universo irracional pero con un engra- bíamos dicho».
naje brutalmente lógico, el asesinato de niñas recién nacidas y el El gobierno mexicano había enviado tropas para controlar los
de mujeres en edad de concebir.2 estallidos de violencia, cada vez menos esporádicos. Fue en vano.
De igual modo, la teoría de las sectas podría caber en los estu- Después de muchas semanas de escaramuzas, redadas y tiroteos,
dios sobre Ciudad Juárez. Me viene a la memoria lo que sobre los soldados se percataron de que los delincuentes tenían más ar-
ellas escribió Roger Callois hace 44 años. En su libro Instintos y mas y estaban mejor organizados, de manera que, acaso con gran
sociedaddecía: «En la sociedad es estimada la tolerancia; en la secta alivio, muchos se integraron al sistema de sobornos y el resto se
se la considera como una debilidad culpable».Y más adelante: «En dedicó a mejorar su saludo a la bandera. «Ahora»,me decía una
amiga de Chihuahua, S.D., «siestás en tu coche y otro te adelanta
a lo bestia, o se planta adelante, mejor ni tocarle el cláxon porque
2
«La evidencia de esta interpretación ecológica de la guerra consiste en estu- no vaya a ser que el conductor se baje con una metralleta para
dios comparativos entre culturas que correlacionan ratios desequilibradas de sexo
quitarse el estrés y te deje peor que un queso suizo.» Estas fueron
con la guerra activa. Sin embargo, la teoría es controvertida», nos recuerda Mar-
vin Harris en su libro Antropología cultural. sus palabras hará un mes en el estado de Illinois, sintiéndose a

68 69
salvo en una discreta cafetería, con su brazo inmovilizado y tími- arenisca llena de parientes hechos fiambre y picoteados por los
damente escondido bajo la chaqueta. A su novio, T.Z., recién zopilotes. Semanas atrás, por ejemplo, las personas que iban a
graduado en criminología, lo acribillaron cuando iba con ella de la cruzar el puente Al Revés se dieron con la sorpresa de un muerto
mano, saliendo del cine. S.D. sobrevivió gracias a que él la cubrió decapitado e izado sobre uno de los pilares. En otro punto transi-
con su cuerpo, aunque de todos modos se le incrustaron tres balas tado de la ciudad, otro cadáver, éste de un policía, fue también
que atravesaron al chico. Tenía los ojos cerrados cuando oyó que enarbolado, aunque en lugar de su propia cabeza tenía cosida la de
un fulano se acercaba a ellos carajeando; al instante sintié las salpi- un cerdo. Como se ve, tal parece que la gente de Ciudad Juárez
caduras de un líquido caliente, un tufo a herrumbre y pudo oler la habita en un infierno que, como todos los infiernos, se nos antoja
pólvora y el olor a pellejo chamuscado por un tiro de gracia que vitalicio. Y esa gente parece resignada a la condena.
aquél largó sobre la nuca de T.Z.
Pero no todas son desgraciasen Ciudad Juárez. O, cuando me- 2.
nos, no todas las desgracias son intolerables. Los seres humanos
nos acostumbramos al escenario que nos tocó en suerte; incluso al Hace poco, el 20 de diciembre de 2008, la BBC comentó la repeti-
terror, si es que se hace crónico. Los juarences de claseacomodada, ción de la prueba Milgram que llevó a cabo un equipo de investi-
los profesionales, los que administran pequeños negocios se ven gadores de la Universidad de Santa Clara, en California. Para los
obligados a pagar cierta protección, a confiar en su buena estrellay que no estén al tanto, la prueba Milgram fue hecha en 1963, y se
a enviar a sus hijos a este lado de la frontera para librarlos de la hizo tristemente célebre porque sus resultados mostraban que las
violencia. Sus paisanos pobres trabajan siete días a la semana y personas, incluso si se nos conmina a infligir dolor o poner en
ganan la mitad de lo que merecen, o hasta la tercera o cuarta parte riesgo de muerte a nuestros semejantes, estamos dispuestas a obe-
de lo que recibirían por hacer lo mismo en nuestra orilla del Río decer a quien ejerce un rol de autoridad. Y el estudio de la Univer-
Bravo. Cada cual se las arregla como puede, por supuesto. Los sidad de Santa Clara ratificó las conclusiones de hace 45 años.4
maestros jóvenes, por ejemplo, pueden llegar a ganar hasta 7 dóla-
res por hora de trabajo; los obreros, a veces poco menos de la mi-
tad que eso. De acuerdo con cifras estimadas, funcionan 320 ma- 4El experimento fue diseñado de la siguiente manera: a los participantes se les

quiladoras, pero un 25 por ciento de toda la planta industrial re- asignó el rol de instructores, quienes, dirigidos por un científico, iban a observar
duce su producción y sus jornadas laborales con el fin de pagar las reacciones de un alumno al castigo; tanto el alumno como el científico eran
apenas un 50 o un 60 por ciento de las remuneraciones.3 Y pese a actores, pero los participantes no lo sabían; los castigos serían una serie de descar-
gas eléctricas de voltaje incrementado que debía aplicar cada instructor, por
todo ello, todavía se cantan serenatas, se organizan matrimonios,
separado, con la guía del falso científico, cuando el supuesto alumno cometiera
se oyen bromas por las calles y las familias salen a flote echando un error.
por la borda su desesperación. En la prueba original se encontró que, después de escuchar los primeros gritos
Hay que tener un duro callo en el alma para aguantar tanto. De de sufrimiento (afortunadamente fingido) del alumno tras una descarga de 150
otra forma nadie sería capaz de sobrellevarel levantamiento de una voltios, el 82,5% de los instructores voluntarios continuó aplicando las descargas.
De éstos, el 79% siguió con las descargas hasta el límite del generador, a 450
hermana destazada, el encuentro con un primo o una prima cuyo
voltios (una descarga mortal). El estudio, además, no halló diferencias de conduc-
rostro fue aupado como tortilla, o el choque con una cuneta de ta entre las voluntarias y los voluntarios: ambos sexos obedecieron por igual al
mandato del falso científico, pese a la aparición fortuita de otro científico (tam-
3
La presidenta de la Asociación de Maquiladoras A.C. (AMAC), Sandra Luz bién un actor) que cuestionó su proceder, y pese a conocer de antemano las
Montijo-Dubrule, «señaló que el número de empleos en las 320 maquiladoras en consecuencias del suplicio que ocasionaban. El nuevo experimento, llevado a
Ciudad Juárez pasó de 260 mil a 250 mil en los primeros meses del año, lo que cabo por el doctor Jerry Burger, no representa, como desearían muchos, la justifi-
implica una disminución de 3.8 por ciento respecto al cierre de 2007» (Diario cación infame de tales actos. Sin embargo, otra vez pone en evidencia nuestra
Excelsior, México, 27 de mayo de 2008). proclividad humana a cometer atrocidades cuando estamos bajo presión. «Como

70 71
Imposible no establecer un paralelo entre estos penosos resulta- cuentes vieron que las reglasdel comercio se habían transformado:
dos y lo que sucede día tras día en Ciudad Juárez. Las condiciones nadie tenía que esconderse para comprar ni para vender. Obliga-
allá son predatorias y la autoridad la ejercen los narcotraficantes y dos a negociar abiertamente dentro de los canales de circuito co-
delincuentes, no las instituciones gubernativas. U na gran parte del mercial, los traficantes entraron en vereda. En un inicio las entra-
resto de la pirámide social llega al escarnio y sólo atina, incluso das en metálico irían a ser mucho menores, pero a la larga se aho-
con beneplácito, a obedecer; unos cuantos miles, en cambio, op- rraba en sobornos, en fletes arriesgados,en la seguridad de la fami-
tan por camuflarse con el paisaje o se encaminan -hacia el exilio. lia. Incontables mafiosos descubrieron con sorpresa que los nego-
De lo que se trata, en apariencia, es no sólo de una condena tangi- cios lícitos también podían dar mucho dinero y, por si fuera poco,
ble sino también metafísica. El miedo, un miedo a todas luces una pátina de respetabilidad.
comprensible, impide la resistencia contra esta persistente barba- Se sabe que en ciertos países de Europa no sólo se ha legalizado
rie, pero asimismo la mitificación del criminal y del narcotráfico las transacciones de droga sino que el Estado entiende que debe
como una fatalidad diabólica. brindar asistencia sanitaria a los adictos. El criterio es que varios
Ahora bien, toda prohibición en el consumo de algo que tiene tipos de adicción resultan incurables, lo que significa que hay
demanda origina, por supuesto, la aparición de mafias. Sin ir más consumidores que son, técnicamente hablando, enfermos crónicos
lejos, en los años veinte, aquí en los Estados Unidos, se padeció y como tales requieren las prestaciones del seguro médico. Este-
casi una década y media de estupros y homicidios de los cuales, mos de acuerdo o no con este criterio, es innegable que antepone
entonces, nadie parecía estar a salvo. ¿Qué la originó? El contra- una idea humanista de la persona a la vez que rechaza la noción
bando de whisky causado por un pliego de peticiones, respaldado del adicto a las drogas como un apestado. Lo cual hace que la
por seis millones de firmas, exigiendo el veto a la fabricación y Declaración de los Derechos Humanos no sea, como en tantas
venta de bebidas alcohólicas. Pliego que fue recibido por el Con- otras ocasiones, letra muerta.
greso norteamericano en 1914, y que luego, en 1919, tras una No se trata únicamente de altruismo. De ninguna manera se tra-
enmienda constitucional, adquirió la calidad de ley. El remedio, ta de ingenuidad. Hay sobradas motivaciones económicas en jue-
naturalmente, resultó peor que la enfermedad. Y la pacatería del go: el narcotráfico es un cáncer que estúpidamente acaba matando
momento (una pacatería afín a la de hoy) tanto como los formi- el cuerpo que le permite vivir.
dables dividendos del negocio ilícito que llenaban las manos de
numerosos políticos, fueron suficientes acicates para oponerse, en 3.
principio, a eliminar aquella ley que trajo profusas desgracias y
que, por lo demás, había violentado la constitución. Los antiguos griegos habían notado que, para el hombre, el carác-
No bastó que un puñado de hombres se rebelase contra todo ter puede ser su destino. «Ethos antrophos daimon», decían refi-
ello y adoptara la decisión histórica de enmendar aquel nefasto riéndose a ese aspecto tirante, personalmente conflictivo, de la
error de la prohibición para que la mafia relacionada con el al- condición humana. Nuestro destino como ethos: hábitos, costum-
cohol se diluyese. Tamaña decisión, por su trascendencia, obvia- bres, tradiciones, rutinas de las que puede sacudirnos el carácter.
mente tuvo un costo muy alto de sacrificio individual y, sobre De todo esto se compone la ética. Y cuando la ética de una comu-
todo, requirió del apoyo comunitario. No fueron armas de fuego nidad es suicida, unos cuantos individuos tienen que hacer acopio
las que consiguieron erosionar los cimientos del tráfico; como de todo su temple para echar por la borda ese lastre mortífero.
nadie ignora, fue la legalización del negocio. De pronto, los delin- Como todo ejercicio del carácter, la voluntad es el motor y no se
activa sin opciones. Se puede optar por ser fiel a una idea sin
amarla, o amarla y serle infiel; incluso delante de nuestra inevita-
todo lo demás», dijo el profesor Alan Elms, de la Universidad de California, «el
límite de la crueldad humana depende de las condiciones». ble muerte se elige la cobardía o el coraje. Sin embargo, no hay

72 73
acciones químicamente puras: lo natural es decidir y actuar ani- La estrategia que desde las capitales (en DF y en DC) manejan
mados por distintos gradientes de concentración de uno mismo. ambos gobiernos tiene como fundamentos la detención selectivay
En condiciones ideales, las circunstancias nos retan alegremente, las extradiciones. Esto lo subraya con entusiasmo el fiscal Michael
nos impulsan a ser creativos; en las catástrofes, nuestra adrenalina Mukasey del Departamento de Justicia de los Estados Unidos:
se dispara y no queremos pensar sino huir. Si estamos prisioneros, «Lasextradiciones de hoy demuestran que los carteles no pueden
huimos hacia nuestro interior: los ensueños y las fantasías hacen operar en la impunidad y que México y Estados Unidos trabajarán
de bálsamos; si nuestra situación es la de campo abierto, corremos juntos sin cesar para derrotarlos» (BBC, 01 de enero de 2009). Lo
alejándonos del peligro. En ambos casos, aquello que coarta nues- cual se oye bien, pero aumenta la amargura que deja la confronta-
tra libertad siempre nos pervierte. La desgracia, en realidad, no nos ción entre esas intenciones y su repercusión pública. Por ejemplo,
hace mejores. «Los desgraciados son egoístas, maliciosos, injustos, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, en el año
crueles y menos capaces aun que los tontos de comprenderse uno 2007 México entregó a 83 personas, entre los que estarían los
al otro», escribió Chéjov en Enemigos, y en seguida: «La desgracia, mayores agentes de droga o de carteles superiores, incluyendo el
en vez de unir, separa a la gente, y allí donde parecería que los cartel del Golfo y el de los Arellano Félix, cuyo jefe de seguridad
hombres debieran estar ligados por el dolor común, se cometen fue Armando Martínez Duarte, un ex funcionario de la fiscalía
más injusticias y crueldades que en un medio relativamente satis- mexicana. La secuela: un incremento de la virulencia criminal, no
fecho». sólo en Ciudad Juárez sino en todo Chihuahua y Baja California,
La carencia de oportunidades, de alternativas reales,sumada a la por la repartición de los vacíos de poder.
escasao nula educación formal y a la pobreza, abastece el caldo de Lo anterior no desautoriza, sin duda, la estrategia de ambos paí-
cultivo de esta ética necrofílica, que es, tal parece, la que se ha ses, pero deja en la superficie su precariedad y también la falta de
diseminado en Ciudad Juárez. Extrañamente, hay pobladores que una voluntad libre de tabúes. Sin ir más lejos, el 06 de enero de
aún la salvan del total desmoronamiento. Son de todas las condi- este 2009 el alcalde de El Paso, John Cook, vetó una resolución
ciones económicas y tienen apego a su terruño. Trabajan con ho- del Concejo de la Ciudad -aprobada por unanimidad- que
nestidad y, sin olvidar que pueden ser las siguientes presas de la pedía al Senado del país un serio debate con respecto a la legaliza-
violencia, no huyen de la adversidad sino que la enfrentan con ción del negocio de narcóticos. ¿Cuál fue la impenetrable justifica-
ahínco. No sé si todavía tienen, Íntimamente, esperanzas. ción del señor Cook? Dijo que pedir ese debate no era realista. En
En Washington, el senado de los Estados Unidos no quiere re- sus propias palabras: «It is not realistic to believe that the United
petir la historia de la legalización,acaso porque los miles de muer- States Congress will seriously consider any broad based debate on
tos no son suyos. Allá que los mexicanos se maten. Quizá la hu- the legalization of narcotics. This position is not consistent with
manidad, para casi cualquier político vinculado con grandes lob- community standards both locally and nationally» (http://news-
bies, sólo implica una parcela muy reducida y bastante adinerada papertree.com/news/3284). Cabe preguntarse cuáles son los es-
que, por supuesto, no contempla a los vecinos del sur del Río tándares locales y nacionales a los que se refirió el alcalde, ya que
Bravo, ya que éstos, de acuerdo con el estereotipo en boga, resul- no dio ninguna explicación al respecto. Parece creer que toda la
tan demasiado tostados, palurdos y sentimentalones. Se trata de gente respetable piensa y se comporta necesariamente como él.
una venenosa caricatura que, semejante a cualquier mala hierba, Sobre todo si tenemos en cuenta lo que, según el concejal Beto
ha cuajado profundamente en el imaginario colectivo de norte- O'Rourke, habría dicho el señor Cook poco después refiriéndosea
américa. Inclusive entre los mismos mexicanos, porque, hablando la resolución del Concejo: «I can't take this into (Sen.) Kay Bailey
por boca de Javier Marías, «no hay nada como estar convencido de Hutchison's office and not expect thern to laugh me out of the
algo para persuadir a los demás de ello». room» (ídem). Sin comentarios.

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4. BETINA GONZÁLEZ
(Argentina)
Paseando por las calles de Ciudad Juárez recuerdo algo que, en
primera instancia, no tiene nada que ver con lo que observo. En J uárez revisited
alguna parte leí que los niños de Santo Stefano Belbo, en Italia,
aprenden desde muy pequeños que allí nació un gran escritor,
Césare Pavese, que nunca fue feliz. Gracias a su fama, también David y yo teníamos un pacto: jamás escribiríamos sobre Ciudad
aprenden desde temprano la palabra suicidio y quizá unos cuantos Juárez. No queríamos ser parte de la ola de oportunistas que -
de ellos crecen con la sensación de que es obligatorio ser desgra- llegadosa la frontera desde cualquier rincón de los Estados Unidos
ciado. o de ese conjunto que llaman Latinoamérica - se lanzaban a com-
Miro alrededor y pienso que la convicción en el Destino ha im- poner poemas, algún short-short, incluso musicales basados en dos
puesto una serie de mitologías; entre ellas, la de que uno es lo que o tres artículos del New Yorker ilustrados con cruces rosas y etno-
es, no lo que quiere ser. Esta convicción es notoria y apropiada en logía multicolor. No. David escribía poemas sobre los clubes noc-
aquellas sociedades sometidas al imperio de un poder único, sin turnos de San Francisco, la alquimia de sus corbatas, los grillos en
debate, hermético y vertical, que dictamina sobre la vida y la los libros y un agua mineral mágica que siempre extrañaba de
muerte de sus integrantes. En este sentido, las sociedades esclavis- regreso a casa. Yo ni siquiera escribía. Los primeros meses en El
tas son ejemplares; también, las paternalistas, que buscan prote- Paso tuve toda clasede alergiasy fiebres extrañas, comenzando por
gernos del trance de nuestras libres decisiones; también, y sobre la del diminutivo. Para mí, el tránsito desde Buenos Aires al de-
todo, las corruptas, que no respetan a los seres humanos por sí sierto fue -sí, caiga con justicia sobre mí la espada del estereoti-
mismos sino por lo que pueden comprar y vender. Lord Acton lo po- un tránsito hacia el centro de mí misma. Allí me volví argen-
dijo con claridad: «Power tends to corrupt; absolute power co- tina. Super- argentina, hasta espantarme a mí misma y a los lecto-
rrupts absolutely».Así, no es nada raro que los juarences crean en res del peor Lugones. Nada me interesaba de esas montañas ocre y
el Destino. su reguero de luces, ese parque de diversionesen medio del desier-
Entro en una farmacia o botica: necesito un antibiótico. Tengo to al que las dos ciudades jugaban todas las noches.
bronquitis y por los síntomas entiendo que se trata de una infec- Recuerdo que recién aterrizada, en el auto de una roommate que
ción bacteriana. La gente que me atiende es amable. Están acos- acababa de conocer (blanca, delgada y cándida hasta reivindicar el
tumbrados al trato con los paseños que no se les antoja, o por lo uso del adjetivo), esas luces interminables me parecieron de buen
general no pueden, pagar por la costosa receta de un médico en augurio: ya verían mis amigos porteños que se burlaban de mis
Estados Unidos. Salgo del local y deambulo hasta llegar a la Cate- decisiones alocadas y se atrevían a preguntar cómo es que había
dral; después, recorro unos cien metros hasta una pequeña librería, una universidad o incluso un aeropuerto en El Paso, Texas. La
en la cual los únicos ejemplares baratos son falsificados.Las farma- ciudad era enorme. No el pueblo fantasma lleno de vaqueros bo-
cias pueden ofrecer medicamentos de bajo precio ya que son gené- rrachos, spanglish y tumbleweeds que ellos me habían vaticinado.
ricos; en cuanto a los libros, aún no hay nada semejante a esa for- La ilusión duró apenas un segundo. Sin apartar los ojos de la 1-10,
ma de producción. Hay cura sin cultura, pienso tontamente. Lynn señaló la línea del alambrado y los lomos radiantes de las
Conviene tener sanos a los maquiladores. Que rindan, no que se montañas en la distancia y dijo "That's Juarez. It's three times
eduquen y adquieran consciencia de su plena humanidad. La me- bigger than El Paso". No sé si eso es exacto. Pero recuerdo que
jor educación produce gente rebelde y de ninguna manera es con- pensé que cualquier ciudad tres veces más pequeña que Ciudad
veniente en las sociedadesesclavistas,o paternalistas, o corruptas. Juárez tenía que parecerse a un pueblo fantasma para alguien que
- como yo - limitara su definición de ciudad no a la arquitectura

76 77
PASEANTES
Y TROTACALLES

II
YURI HERRERA tienen mi trago. (Digo ¿por qué es tan difícil conseguir un simple
(México) BacardíLimón terciado?)
Las hay que han conseguido equilibrar la elegancia con las obli-
La alcurnia extraviada gacionesde los tiempos. El 15 es como un callejón habitado sobre
la Juárez: no más de tres metros de ancho, con espejos hasta el
fondo empotrados en paredes de duela. Al entrar uno sólo ve la
Pistear en lunes. Los viernes son para los maricas. Los bares del barra de madera con la esquina acolchada,pero tras dar unos pasos
centro en Ciudad Juárez se dejan ver mejor al inicio de la semana. adentro y volversedescubre que la pared sobre la puerta y todo el
Uno encuentra en ellos sólo a la Vieja Guardia, los fieles cuya techo están cubiertos de posters de las playmates de varios años
garganta no sabe ayunar. Los antros afirman su carácter más cla- consecutivos. Esta estética de taller mecánico contrasta con la
ramente cuando no simulan esplendor y es posible verles el can- media docena de fotos sobre el espejo de la barra, fotos casi de
sancio en las paredes y en las sucias luces entubadas y en su silen- tamaño natural de media docena de rubias de los años cincuenta
cio. que púdicamente cubren los pechos y la entrepierna. Mismas pul-
Es una posta a mitad de la nada, el Paso del Norte, condenada a siones, diferente código. El cantinero, un hombre que borda los
remendarse perpetuamente las cicatrices del acoso de las tolvane- sesenta y viste corbata, dice que ahí no van mocosos: "La chavale-
ras. Las cantinas atestiguan, cada cual a su modo, cómo se enci- ría está de la Mejía para allá", señala el puente "aquí nomás vienen
man el ansia de modernidad, la nostalgia por una alcurnia remota ingenierosy licenciados".
y la aspereza propia de un pueblo de traficantes. Por más de dos En el Yankees Bar hay gabinetes y flota un aire como de fuente
años las he visto pintarse y deslavarsey, por supuesto, entiendo de sodas de otra época, pero no una que frecuentaran Archie y los
muy poco, pero quiero creer que he presenciado una muestra de la chicos de Riverdale, sino alguna pandilla de pervertidores en vías
resistenciajuarita frente al desgaste, los hábitos que hacen perdu- de jubilación. Es un bar oscuro mas no acogedor, y carece de una
rar la zona, el barniz que quiere dar distinción. cava generosa, sólo tienen añejo y ron Castillo. No es un lugar
Las hay que reniegan de sí mismas, a las que les entra la descon- para dilatar el trago. De salida, uno puede jurar que hay algo pu-
fianza y sienten que hay una nueva categoría por conquistar. El driéndose bajo la alfombra.
Bombín que conocí era paradero de bato hebilludo, servían carne Una sola vez fui al Panamá. Lugar más perverso que el carajo.
asada y charros a la segunda copa, había siempre un partido de No tanto por lo que sucede, que es lo mismo que en muchos otros
futbol en la tele cuya narración era imposible oír porque la rocola antros del centro, sino por cómo lo disimula: juega a ser barcito
tocaba una tras otra canciones de los Tigres, de José Alfredo, de fresa, con sus sillones mullidos en los que se hunde el cliente hasta
Marco Antonio Solís. En una ocasión vi ahí a uno que bailaba un quedar casi recostado en el suelo, con sus muchachitas pintadas de
vallenato con su caguama. rubio que juegan billar como si no trabajaran ahí. Le dan a los
El último lunes el Bombín ya no tenía filo. Se veía Big Brother parroquianos la oportunidad de imaginarse que han ido sólo a
en el televisor, Shakira maltrataba un tango en la rocola, la nueva tomarse un martini y que la mujer que baila a veinte centímetros
clientela era igual de proletaria aunque menos pintoresca. Un de su copa es un holograma sorpresa cortesía de la casa. El mesero
cartel adosado a una columna anunciaba: "Regresa al Bombín jefe es la síntesis del lugar: viejo, de pelo raído engominado hacia
Dekadencia con rock del momento. Nuevos covers!''. Lo único atrás, mirada líquida, turbia, de una elegancia desconcertante: va
que persiste son las meseras regordetasy sensuales,que usan faldas de traje y moño guinda, trata a todo cliente como a un caballero,y
con una raja que asciende hasta la cintura. También persiste su nomás de sentirlo uno sabe que es la clase de persona que puede
eficiencia:al contrario de muchos otros lugares del centro, aquí sí conseguir lo que se le pida.
1

¡11
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Conseguir. También ha cambiado la manera de conseguir reme- torno a un tubo con su canción? Por cierto, en El Rancho Grande
dios en el centro. Es cada vez más fácil. Después del asunto de las no se molestaron en decirme que no tenían BacacháLimón; dije-
torres la mercancía empezó a quedarse del lado mexicano. Hay tal ron sí y luego exprimieron un limón duro sobre un chorro de
sobreoferta que los marchantes han debido buscar nuevos merca- Bacardíblanco.
dos durante los lapsos de paranoia naranja. Por suerte, me dicen, Así es que hay bares para creerseque el maquillajeda resultados
hay tantas escuelas secundarias donde surtir el perico. (¿Han ido al Kentucky? Perfume, teles con cable, cocteles caros.
Existen, también, lugares que no han intentado cambiar su fiso- ¡Por Dios, quemen ese lugar!) y lugarespara terminar de perder la
nomía porque ahí nadie se entera de vanguardias o porque no ilusión. Cada cuál con una pátina distinta frente a la inclemencia
apetecen el lustre añejo o porque más sabiamente nomás han de- de los días.
cidido fluir con la ruina de la ciudad. El Puerto es uno de esos Sí, ya sé, todo suena muy amargoso. Pero es que ya me voy y
salonesjunto al mercado en los que el tequila cuesta quince varos creo que las despedidasno han de ser dulces, que uno ha de repu-
y es servido en vaso de plástico, y la pieza con las muchachas diez. diar el lugar que deja para irse en paz. A lo mejor la amargura me '1111

Nunca he sabido si además de bailar cuartean, porque conviven viene justamente de caer a los antros en lunes y no disfrutar bulli-
entre ellascomo si estuvieran en una reunión familiar: platican, se cio, o del polvo de las calles como un mal presagio, o nomás de
cuentan chismes, ríen; y los hombres las sacan a bailar con una puras ganas de hallar tormento. En todo caso, lo que sí sé es que el
gentilezainsólita, no las jalan y ya, sino que les piden la pieza, y si pisto no tiene la culpa.
la muchacha se niega, se niega y ya, nadie insiste. No hay cenice-
ros, hay pocas mesas,hay un conjunto que ataca corridos y de vez The law is the law is th e law
en cuando cumbias. Este es el lugar que más me gusta, pero siem-
pre que fui me sentí como un invasor. -Cómo crees,no mames -dije-, nunca, nunca he visto que en
El Buen Tiempo es, como su nombre lo indica, otro lugar que se México multen a alguien por estacionarfrente a un hidrante.
quedó atrapado en su propia época. No es un lugar "de ambien- Estacionó. Fuimos. Volvimos. El espacio vacío de la placa texa-
te", en este lugar no está normalizada la diversidad sexual; no es na dolía cual templo saqueado. Antonio se llevó las manos a la
un bar gay, es una cantina de putos. Los hay machotes-machotes, cabeza y se tapó la cara como si acabara de ofrendar sus hijos al
de camisaa cuadros, bota de cocodrilo y sombrero echao patrás, y Señor.
los hay frágiles, flaquitos, pintados algunos. Una mujer, la única -Nooooo! -exclamó, derrumbándose sobre la cajuela-,
del antro, vende cervezaen el centro de una barra circular. Tam- Shit! va a ser una mierda, una mierda, horas y horas, voy a pasar
poco es sitio para sentarse a echar plática: la mirada de los batos todo un día buscando la placa, y luego van a ser como cuatrocien-
sombrerudos dice: o le entras o te vas a la chingada. tos pesos o más, y eso si aparece, porque a lo mejor ni siquiera la
El Rancho Grande es, como el Hollywood, uno de esos table dan- recupero.
ce en los que se aprieta una pista con dos tubos de un lado y una Arrancamos sobre la Juárez para tratar de alcanzar al patrullero y
fila de mesasredondas de metal del otro con una barra estrecha al arreglarlas cosascomo se debe, sobornándolo -iba a ser mi tarea:
fondo. Llevéa un amigo recién llegado al Hollywood, y su cara de mejor chilango que chicano, dijo Antonio. Otro patrullero que se
chavito hizo que un mesero se le acercaraa hacerle la oferta cente- discutía una orden de tacos en calle paralela nos dijo que mejor
naria, con palabras tan dulces como brutales: "Anímate. Ahí te fuéramosahí cerquita del puente Santa Fé, junto a los bomberos, a
tengo una mocita pa cochar". El rasgo moderno en el que este ver si ya habían llevado la placa. Un silencio ominoso dominaba el
lunes reparé en El Rancho Grande es la utilización de música fresa, Camry mientras íbamos a la oficina de Tránsito. ¿Nos dirigíamos
aunque ello no vuelva más fino el lugar. ¿Qué diría Fey si con- a un suplicio infernal a manos de la burocraciajuarita?
templara a esta muchacha con cicatriz de cesárea evolucionar en

144 145
Infierno: cuando llegué a esta frontera me dije: es una puta esta- intentar regresar. Con la cercanía de los Estados Unidos, Antonio
ción del infierno; o peor aún: son dos estaciones del infierno: la se dejaba dominar por el respeto a las normas y cuando quería
una sucia y caótica y ofensiva a la vista, como una ciudad bom- retomar el segundo carril ponía sus direccionales, tiqui-tiqui-tiqui
bardeada: la otra aburrida, en orden y estúpidamente solitaria y y, por supuesto, ante el aviso el carro de la izquierda echaba lámi-
limpia. ¿Quién se viene a la frontera? Me decía, antes de ser feliz na e impedía que saliéramosdel purgatorio.
aquí. Los de a pie nos rebasaban fácilmente, también, y me repetí una
Por fortuna o por afán de darnos ilusiones, tras pagar doscientos vez más una de las coartadas de mi pobreza: Por eso no tengo
sesenta y dos pesos la burocracia nos devolvió la placa en veinte coche. Sobre la máquina, suele ocurrírseme además, pareciera que
minutos, con una eficiencia insólita para este sitio, en el que tanto cruzar tiene algo de contra natura: no se experimenta el tramo que
los dolientes como los burócratas parecían estar pensando en la simbólicamente subraya la cicatriz, cercado por rejasy con armas a
hora feliz de algún bar de la Mariscal. De vuelta en el coche guar- los dos extremos; sino que, en el coche, se va encerrado como
dé mi Bacardí Limón bajo el asiento, ya que ahora no éramos podría irse en cualquier embotellamiento fastidioso. Al menos
sospechosos. (Un rato antes, Antonio había lloriqueado: ni siquie- hasta que algún recordatorio más o menos violento nos recuerda
ra voy a poder manejar allá, porque me van a parar, y ahorita van a que el puente es un nervio de las dos estancias:los vendedores que
preguntarme en el puente por qué no traigo la placa de atrás, y se chiflan para avisar que los tiras ya vienen a recogerlos,una mu-
mejor que sí declares tu botella porque ya somos sospechosos.) jer con el cartel de una desaparecida pidiendo firmas entre los
Avenida Juárez, fila corta; rebasamos la instalación que recuerda automovilistas, two cops persiguiendo a un bato esmirriado que
a las mujeres muertas y que a mí, aunque la mire de lleno, siempre corre hacia México.
me hace sentir como si mirara hacia otra parte, cruzamos la garita Cruzamos la cima del puente donde están las cuatro banderas:
y entramos al puente. El puente como una condena describiendo las de Estados Unidos pequeñas y limpias, las mexicanasgrandotas
una parábola entre los dos países, con un ejército de un lado y con y como con ganas de ser presumidas aunque estén levemente
un puñado de agentes aduanales aburridos del otro, como si de desastradas por el viento. Tras la loma apareció con claridad el
modo distinto se dijera a cada extremo: Antes de entrar, abandona centro de El Paso, luminoso y vertical.Ya en la bajada, al abrirse el
cualquier esperanza. puente, Antonio logró dar un giro audaz a la izquierda, entre los
-No te vayas por el carril derecho -aconsejé-, ya viste lo que claxonazosde una mujer con prisa. Nos dispusimos a cruzar.
nos pasó la otra vez, aunque se vea más corto, es engañoso. Cruzar. Cruzar cruzar cruzar. Un mismo verbo para experiencias
Antonio se llevó la mano a la frente en ademán de Sí señor y tan distintas. Para el que cruza como quien atraviesa la calle, los
tomó el segundo carril. Previsiblemente, el primero empezó a estadunidenses; para quien cruza con la resignación de ser bascu-
avanzar más rápido. Al cabo de unos minutos nuestro punto de leado, los de pasaporte ajeno; y para el que cruza a escondidas,
referencia (una Van con placa de Texas que comenzaba en P) iba dándole nuevo significado a Tornar el cielo por asalto. Cruzar ya
como veinte metros adelante de nosotros. Siempre hay que elegir no define una acción cotidiana, sino las diversasformas que tiene
un punto de referencia al entrar al puente, para calcular cuánto la ley de hacer explícitoslos infiernos.
menos se hubiera uno podrido de haber tomado otro carril. Se Un policía miró mi pasaporte, escuchó el US citizen de Antonio
abrió un espacio en el primer carril, donde iba la Van, y Antonio y miró con indolencia el mugrero en su cajuela. Mientras tanto, yo
preguntó ¿lo tomo? Dije no. Lo tomó. Por tres o cuatro minutos ensoñaba, como siempre, con las múltiples formas que alguien con
pareció haber sido una buena decisión, pero pronto demostró por los güevos que yo no tengo utilizaría para pasar motita por el San-
qué el primero es el Engañoso: el segundo carril aceleró y ya no ta Fé, nomás por joder lo pienso siempre, aunque no se enteren.
dejó de hacerlo durante todo el trayecto mientras el primero se Cruzamos. Cogí mi Bacardí Limón para acariciarlo como un tro-
amodorraba en un sopor de frenazos y smog. No había caso en feo. Acabábamos de violar la ley en ambos países, y con total irn-

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punidad en el más poderoso de ellos. Malotes que somos. Eso me IGNACIO ALVARADOÁLVAREZ
dije aunque, más calladamente, me decía que yo no traficaba al- (México)
cohol ni mota ni nada, que la mía es sangre tibia. Deseé poder
decir, bato romántico, que lo mío es traficar palabras. Pero ya La ciudad del whisky
estoy crecidito como para tragarme mis propias coartadas, o como
para saber que no soy más que un gaje del oficio en el libro de la
ley. Una caravana de cinco autos impecables provenientes de El Paso
atravesó el recién inaugurado puente de concreto de la avenida del
Comercio y se internó hacia la zona de cabarets, en el lado mexi- 1ll1l
cano. El carro guía, negro como todos los demás, viró hacia su
derecha dos calles después de cruzar la frontera para llegar a la
avenida Juárez, en donde condujo brevemente en dirección norte,
hasta quedar frente a las puertas del Nuevo Tívoli.
El grupo de escoltas caminó hacia la acera del lado contrario pa-
ra adentrarse en el entonces famoso Café Lobby, pero muy pocos
se interesaron en identificar al hombre que custodiaba la veintena 1
1

de hombres vestidos con traje y corbata. Oscurecía mientras el ¡11111

reloj marcaba pocos minutos después de las siete de la tarde, hacia
finales de octubre de 1929.
Ciudad Juárez terminaba una primera década de esplendor. Era
el parador obligado de famosos y millonarios de uno y otro país, 11111

una frontera efervescenteen cuyos diarios solían anunciarse peleas 1 i

de toros contra leones al lado de noticias que daban cuenta de
visitas de políticos notables, como José Vasconcelos, entonces
candidato presidencial por el Partido Antireeleccionsta.
Pero no todos estaban de acuerdo con el alucinante sentido de
los días. Presionado por grupos conservadores de Texas y
Chihuahua, las autoridades localesdecretaron una ley para regular
la venta de licor y terminar así con lo que ellos mismos calificaban
como "libertinaje vulgar".
Dos semanas después de ese mandato descendieron de los autos
aquellos hombres trajeados. Y la hora en que lo hicieron pareció la
más adecuada: los transeúntes caminaban de prisa, antes del cierre
de los centros nocturnos, y los que no, se enfrascaban en pláticas
sobre sucesosdel pasado reciente.
Al Capone fue descubierto hasta que tomó posesión en la barra
del café y ordenó una limonada antes de encender un habano, 1

según contó a su hijo el mesero que lo atendió, un hombre llama- l'I
do José Luis Venegas. 11

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MIGUEL ÁNGEL CHÁVEZ DÍAZ DE LEÓN orilla del mercado, se ubicaban los que ofrecían muebles para el
(México) hogar, para la oficina o para equipar un baño.
En otro extremo de los Herrajeros se encontraban los sitios
Salvador Dalí en Ciudad Juárez donde se podían adquirir auto partes de automóviles, abundaban
los de accesorios, que por cierto eran lo que más se robaban en
toda la ciudad.
En los "mercados de pulgas", "segundas" o "ventas de garaje", que Mi centro de búsqueda siempre eran los puestos de chácharas.
se han reproducido como insectos por las calles, barrios y colonias Dos calles con miles y miles de artículos usados a la venta, de to-
de esta metrópoli, adquirí cosas insólitas, necesarias para mí. El dos los tipos y géneros. Objetos desechados, desahuciados o aban-
más auténtico y antiguo es el de los Herrajeros. En él laboraban donados que por fuerza ocultaban las historias de sus primeros
herreros que reparaban herramientas de labranza. La llegada de la propietarios. Siempre me atraía eso... las casualidadesy el destino.
modernidad los hizo cambiar de giro y empezaron a vender artícu- Mi estrategia era recorrer todos los puntos de venta e iba detec-
los usados o de segunda mano, allí el origen del nombre. El otro tando posibles adquisiciones. Era ver, tocar y regatear. Muchos de
lugar de venta era las "Segundas'', de la calle Velarde. Mis excur- los puesteros ya me conocían y hasta me apartaban alguna máqui-
siones datan de los años setenta. Mucha de la mercancía ofrecida na negra que caía en sus manos. Ellos sabían que no me podía
provenía del primer mundo: Estados Unidos de Norteamérica. resistir.
A estos dos mercados les debo, aunado a mi olfato y búsquedas Siempre al asecho en el mar de artículos, ese día de otoño, mis
incesantes, mi colección de máquinas de escribir que adquirí poco ojos se concentraron en una carpeta negra que tenía impreso la
a poco. Eran de color negro, metálicas, antiguas y extravagantes. palabra "DALÍ" con letras doradas. Era la firma de Salvador.
Como todavía no se me daba la escritura, opté por adornar una de Pese a que el ritmo cardiaco se me había acelerado, no quise
las paredes de la sala de mi casa al colgarlas como si fueran cua- mostrar interés alguno por el maravilloso descubrimiento recién
dros, obras maestras de la ingeniería mecánica. Mi desplante van- entrevisto entre licuadoras, jarrones, planchas, radios de transisto-
guardista fue calificado como una chulería por la mayoría de mis res, juguetes y demás chácharas. Razón por la cual continué mi
amigos, pero hubo otros que me lo festejaron. camino con aparente indiferencia, para no advertir al "segundero"
Pasaron los años y la colección de máquinas de escribir se esfu- (vendedor o dependiente) e influenciarlo en el precio.
mó por culpa del trajín de mi vida, de las mudanzas y de mi di- De inmediato imaginé dos cosasdentro de esa carpeta negra: un
vorcio. tesoro o, lo más seguro, es que se encontrara vacía. Viéndolo bien,
Primero me apasioné por la obra pictórica de Salvador Dalí, eso no me importaba, sino convertirme en el poseedor de esa fir-
después quedé embrujado cuando leí varias biografíassuyas. Hasta ma. De cualquier manera yo tenía que hacerme de la carpeta que
la fecha conservo muchos libros que narran sus tropelías y atesoro el destino había puesto delante de mí.
varias reproducciones de sus obras; también tengo películas y do- Me acerqué de nuevo al tendido de objetos diversos, pregunté
cumentales que tratan de explicar tanta locura... "El surrealismo precios a lo tonto de otras chucherías y luego consulté el costo de
soy yo". esa bagatela negra con letras doradas; la respuesta que recibí nunca
Una mañana del otoño de 1978, cuando cursaba la preparatoria, se me olvidará: "Cien dólares, son dos litografías originales de
fui al mercado de los Herrajeros para ver qué me encontraba y Salvador Dalí, un pintor loco español y traen hasta su certificado
adquiría. Recorrí varios puestos, los especializadosen televisiones, de autenticidad".
los de estéreos de 8 tracks, de tocadiscos, los de grabadoras de ca- Me quedé pasmado tras escuchar al "segundero" porque sabía lo
rrete, los de herramientas, los que se dedicaban a la venta de vaji- que estaba vendiendo y sabía de Salvador Dalí; deduje entonces
llas incompletas, siempre atestados de ollas y sartenes. Más a la que las piezaspodían ser originales.

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No completaba los 100 dólares. Me angustié. Era una oportuni- transacción, mi frustración fue inocultable. El vendedor me devol-
dad increíble. Sin embargo, sólo traía en mi cartera el equivalente vió los 20 dólares de anticipo.
a 20 dólares. De regreso a mi casa lloré por la traición de la cual fui objeto...
El desdichado no me dio la opción para regatear; me dijo tajan- Así aprendí que el Mercado Negro de las Obras de Arte en Ciudad
temente que el precio era inamovible ... Dejé mis 20 dólares como Juárez, como en todo el mundo, es tenebroso.
adelanto y me fui a conseguir el resto del dinero. Trabajaba con Depresión y coraje invadieron mi cuerpo un par de meses. Me
mi padre, en la Ruta 2B, como chofer de una rutera del transporte dolía la traición. Así que dejé de ir una temporada a los Herraje-
público (en ese tiempo eran camionetas tipo Van) y conducía tres ros.
horas diarias una Ford, modelo 70. El tiempo lo cura todo. En la primavera de ese mismo año volví
Le dije a mi padre que me prestara ese dinero y a cambio pro- a recorrer los mercados en busca de objetos y chácharas que me
metía trabajar el doble. No pude convencerlo, a mi hermana tam- atraían.
poco. Como última opción recurrí al abarrotero del barrio con Hoy, en pleno 2010, existen noventa y ocho mercados de "se-
fama de prestamista. Pero ni mis explicaciones detalladas sobre el gundas" legalmente registrados y un estimado de doscientos cin-
tesoro ni mi desesperación a flor de piel, pudieron convencerlo. cuenta establecidos de manera ilegal. Trato de recorrerlos todos
Simplemente se negó a entrarle como tratante de obras de arte. pero es imposible, todo mundo vende y compra artículos de se-
Busqué esos dólares con más angustia que esperanza. Le comen- gunda mano en las calles de Juárez. Por cierto, ahora abunda la
té a mi madre (ella sabía mi devoción a la vida y obra a Salvador piratería y los productos chafasMade in China. 'I
Dalí). Tampoco tuvo dinero para darme. Las callesy mercados de Ciudad Juárez siguen llenas de surrea-
Regresé con las manos vacías. Le rogué al vendedor de las obras lismo; yo sigo recorriendo y buscando con mucha atención, por-
de Dalí que me esperara unos días mientras conseguía los dólares. que desde hace treinta años traigo perdidas dos litografíasorigina- 1

Que me apartara la mercancía. Accedió con una cláusula ventajo- les de SalvadorDalí en una carpeta negra con letras doradas. 11

sa: si no volvía en tres días, perdía el monto del enganche.
Era mucho dinero para un pandillero-trabajador de la colonia
··
Del Carmen y apasionado por el surrealista de Figueres, provincia
de Girona.
Durante los siguientes dos días fui a los Herrajeros a contemplar
las dos litografías, las tocaba como si fueran bebés recién nacidas,
con mucho cuidado para no estrujarlas; escudriñé la carpeta para
encontrar los nombres de las obras o de la serie, pero no di con
tales datos; extrañamente, ni siquiera se encontraban en el certifi-
cado de autenticidad. Nada más constaba que las litografías fueron
puestas a la venta por el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
La carpeta negra de DALÍ había desaparecido al tercer día. Ya
no estaba en poder del "traficante de arte". Había reunido 50
dólares y estaba decidido a proponerle un trato: trabajar durante
tres meses en su puesto de segundas a cambio de las litografías.
El traicionero abarrotero-prestamista se adelantó aquella mañana
para comprar las litografías de Dalí. Al darme por enterado de la

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't'

ENRIQUE CORTAZAR -Oros Pulguiento, móchate con una feria para los frajos ...
(México) 1•1c.,etc.
Pero los años pasaron junto con el tiempo (como de costumbre),
Sucedió en un baldío y el Garrote se amanso, se hizo menos carrillero ... Además tantos
,1r1ossin verse.
-Te invito unas birrias mi Garrote
-De chavos el Garrote era muy carrillero, y la neta yo le tenfu -Simón, nomás deja y de paso le llevo estas medicinas a mi je-
miedo ... me traía azorrillado. Aunque nos manteníanos junro« 11ca... ¿Sale?
me daba mucho infierno ... Por el camino, el Pulgas, locuaz pero tenso, fue gozando y pade­
La ciudad en el centro nunca muere, allí los días y las noches, ··iendo la posibilidad de tan oportuno momento... La noche lo
sobre todo las de fin de semana, son casi iguales: Mucha genrc, impregnaba todo, hasta la mente del Pulgas, quién sólo llevaba un
muchas luces, mucho ruido ... El Pulgas siempre se iba por allí, pensamiento zumbándole como mosco atrapado entre oreja y
lustraba sus rieles, almidonaba sus tubos y se fajaba una punta oreja.. Le propuso al Garrote que cortaran camino por un bal­
bien filosa por si había bronca. La rolaba nomás para matar d dío... Con el rencor subiéndole al cuello a borbotones, le dijo:
maldito aburrimiento o por ver si caía algún negocito con algt'.111 -¿Te acuerdas cuando éramos chavos como jodías la borrega?
gabacho, de esos que pagan con esmeraldas de papel cualquier -Simón mi Pulgas, pero tú lo has dicho ... Éramos chavos ... Y,
servicio: desde dónde localizar una tienda de "Mexican Curious", pos, las cosas...
hasta como enganchar un buen reventón con "good floor show No lo dejó terminar, el Garrote sintió que se le rasgaba el cuero
girls" y todo lo demás ... orno ziper. El Pulgas blandía su punta filosa que brillaba como
Allí estaba parado en la esquina de Juárez y Mejía cuando vio luciérnaga enloquecida contra la noche ... Dos, tres, cuatro, cinco,
pasar al famoso y temerario Garrote: seis puntillazos donde cayeran ... Al tiempo que entre gritos y
Hijito de tu reverenda!!!... Si ahí vas... ¡Cómo hace que no lo arreras trastabillantes y súplicas del Garrote, el Pulgas le decía:.
guachaba!. .. pensó para sí. -Sólo me estoy cobrando lo que me debes hijo de la chinga­
Y poniendo las manos en la bocina: da ...
-Garrote! pinche Garrote!!... ¡Cálmala! ¿Cómo te bandoleón Cuando ya no se escuchó más ruido que su propio resuello, el
carnal? Pulgas corrió p' al chante en busca de una pala, pues había que
-Quiubole ese... ¿Qué jais mi Pulgas ... ? enterrar al difunto ... Antes llegó a la cantina del barrio y en el
-¿Onde andabas ese, yo cría que ya morongas? baño se lavó la sangre entre tibia y pegajosa. Dos cervezas y una
-Pos hace ya casi siete años que me fui pa'califas a ganar cueros "corta teórica" con el cantinero fueron suficientes para calmar su
de rana. Allá la hice ese,.. pero vine a ver a mi jefita que está caria­ ánimo acelerado ... Fue por la pala a su casa y sólo dijo que se iba
dona ... a echar un jalecillo nocturno.
Sí, el Garrote estaba sólo de paso, pues su mamacita tenía Ya de regreso en el baldío se llevó el susto de su vida, el cadáver
reumas en todo el cuerpo y las piernas molidas por varices debido no estaba donde lo había dejado, además era tanta la oscuridad
a que jaló por más de 30 años en una tortillería y lavando ajeno. que pensó que se había confundido. Corrió de un lado para otro
El Pulgas era rencoroso, no se le olvidaban las infamantes y arro­ sin encontrar el cuerpo sangrante del Garrote ... Hasta que alcanzó
lladoras peroratas del Garrote cuando chavos: a escuchar:
-Orale, jotete, ponle al jale, límpiame los calcos si no te sur- -¡Ay ... Ay... Me muero ... perdóname ... che Pulgas ... Yo es­
to ... taba muuuy chaa ... vo ...

160 161
Allí estaba el Garrote, untando la vida en el polvo, en la basu­ Lalo, como le decimos sus amigos, es rápido como "la lumbre", •
ra ... Su súplica era constante: el chiste o la noticia del día, indiscutiblemente que lo es más con
-Por favor aaa ... yúdame no seas ... jete .. che ... Pul.. sus manos ...
Y rajas, lo clavó como a los toros después de la estocada letal, en Allí (antes en el Virginia's ahora en el Open) no sólo se suspen­
el mero cerebro, al tiempo que le decía: den las reglas de una sociedad encerrada en sus prejuicios y nor­
-Nel, ese ... estaba muy calota la cuenta, me debías demasia­ mas, sino que las leyes del espacio y la sana causalidad son destrui­
do ... das por los "prestos dedos" de Don Lalo.
El Garrote fue encontrado a medio enterrar, pues unos perros se (... El sigue en el rol y no se reporta con el chivo ... )
encargaron de la exhumación parcial del cadáver. Sólo le encontra­ A más de un despistado bebedor nocturno se la ha cortado de
ron unos cuantos dólares y unas medicinas para las varices y las súbito el sabroso mareo etílico o alguien propicio a perder el sano
reumas en las bolsas traseras del pantalón. "balance con la realidad" está ahora en un lugar más adecuado
El Pulgas declaraba ese mismo día ante la prensa: tratando de poner en orden el rompecabezas .. en fin son los ries­
-Lo lleve al terreno, le leí la cartilla y lo surtí. .. y me caí que si gos lógicos al ver que Lalo se mete un cigarro encendido a la boca
vuelve a nacer lo vuelvo a surtir. sacándolo por la nariz; o bien desagua por la boca el líquido de
una botella vertido por el oído; o amarra cuatro hojas de rasurar
Nada por aquí, nada por allá dentro de la boca con un pequeño cordón; o destruye en el piso el
(Bar Virginia's, por la Mariscal) cigarrillo que algún cliente fumaba apaciblemente para regresárse­
lo en el acto, encendido, extrayéndolo del bolsillo de su pantalón
-¡O'rale! ¡estoy alucinando ... ! ¡Cantinero sírvame otra pa'ver si del mismo tamaño y de la misma marca. Estas y muchas otras
ordeno lo que guacho ... suertes han hecho que Don Lalo vaya cobrando una sólida fama
-N' ombre si es Lalo, él que sí se las trae en cuanto al cotorreo de ilusionista del "underground" juarense.
ese de aparecer y desaparecer fregadera y media ... (... El la golpea por fantasmas y celos ... y pistea más ... )
-Pos será el sereno, pero yo ví como se metió el popote por la Por allí en esas barras, territorio generoso de alucinaciones mul­
nariz y se lo sacó por detroit ... tiplicadas, han sido testigos infinidad de turistas y lugareños de las
(... El era vago decora ... rolarla por ahí, nomás) destrezas de Don Lalo, él, Don Lalo con patrimonio glamoroso de
Eduardo Díaz, cortés y serio, encargado de la barra desde hace sonrisa y caravana, con su corbata de moño, su camisa blanca y su
más de cuarenta años, indiscutible y preclaro psiquiatra práctico , chaleco negro, impecable, revive, no sólo el mundo siempres desa­
combina su diestra y eficiente tarea de cantinero con ese otro ofi­ fiante del truco expuesto con sabiduría, sino que lleva en su acti­
cio que también nos mete en la sorpresa de lo maravilloso e inédi­ tud y su imagen toda una época de cortesía transparente, de caba­
to: la prestidigitación y la magia. llerosa armonía. Don Lalo con sus 70 años y su amabilidad nos
(... El se casó un buen día sin saber cómo ... ) reconcilia, tal vez sin saberlo, con el lado luminoso de la realidad.
Escenario mezcla de lucecillas intermitentes, botellas alineadas (... El que no se compone y ve elefantes color de rosa que lesa­
en multicolor milicia, tintineo de copas y vasos, fragancias deste­ can la trompa en el rincón de su cuarto ... )
ñidas, ojos desvelados, refugiados transitorios, minifaldas, miradas Con los ojos bien abiertos y el alma por delante, aprendiendo
furtivas, vendedores, lipstick, ojeras ... espacio donde los militan­ realmente a mirar, seremos capaces de dar con la maravilla que
tes de la bohemia sienten que la vida tiene paréntesis que sólo "los vive en cada rincón, y no sólo Don Lalo sino innumerables habi­
espíritus privilegiados" conocen y pueden gozar . tantes de la noche: adivinos, clarividentes, gitanas, etc. , aparece­
(El parece que ya casado medio se compone pero nada ... ) rán y desaparecerán múltiples cosas, pero algo que resultará fun­
damental será la total desaparición, al menos por ese rato, del

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"'
tedio y el aburrimiento que como cáncer nocturno nos ataca cada puntos en la I, que si no conocía la píldora y el condón, que si la
día con más ferocidad ... sublimación del sexo, que si abusas se te cae el pelo y las ideas
( ... El llega corriendo, jadeante: ¡ Don Lalo!. .. ¡Don Lalo! ¿Es también, que si dejas la prepa y te pones a jalar, que si. ... que si ...
usted Don Lalo? ¡Ah! pos aparézcame a mi vieja que hace tres días
que me dejó ... ) Pancho Tuercas y el Mali
(Sucedió a principios de los noventa)
Historia fragmentada de un desliz, allá por los '60
(Juaritos era una ciudad pequeña o un pueblo grandote) -Hoy es día de mi cumpleaños y pos voy a ver qué hago ... Ya sé,
iré a regalarme "algo de aquellas" ... Por lo pronto no voy al jale.
Que si el sueño, que si las arañas, que si el verano y aquellas no­ El estacionamiento del Mall intimida, sobre todo cuando se ca-
ches del Bronco en la merita Dieciséis, que si las muchachas con rece de un cuatrollantas Es como acercarse al centro ceremonial
sus minifaldas, que si la copa que relaja en le Kentucky o en el sin taparrabo ni penacho Conjunto simétrico de edificios des-
Malibú, que si tu mano en mi mano, que si un burrito en el Carta comunales donde se suspende la bochornosa cotidianeidad: si es
Blanca, o de perdis en el Tin Tán, que si la música en los altopar­ verano hay un fresco acariciante, si es invierno está bien calientito;
lantes del Drive inn ("Dile que la quiero, que la necesito") ... que es tan apapachante el ambiente, que entra uno a la zona del encan­
si esas risas apretadas llenas de adolescencia y de calor, que si las to a la verdadera tierra de la fantasía (casi una réplica del "America
primeras caricias, que si el copete envaselinado con La Parrot, que way of life"). Además del excelente clima artificial hay olores agra­
si ponemos el radio para oír el Hop de la Seis en la XELO, que si dables, música tranquilizante, gente bonita o casi bonita y una
los mocasines con su penny, que si tu piel llega de visita a mi piel, catarata alucinante de artículos para todos los gustos ...
que si te cansas y te duermes, que si Jerry Lee Lewis, Cesar Costa, -Pero antes me quedo jetón otro rato ... así... gozando la vide­
Little Richard, Bill Halley, Enrique Guzmán y Check Berry, que rrea aunque sea sólo por hoy ... día de mi cumpleaños.
si aquella rola bailada a medios chiles, que si la guera vendrá de Todo en el Mall está perfectamente previsto: si lo asalta el apeti­
vacaciones, que si la beso, que si nos vamos de día de campo, que to hay desde "modestos" puestos de hamburguesas hasta "lujosos"
si le pongo tinta fuerte a mis calcos Tom Mac Ann, que si mi restaurantes para satisfacer cualquier gusto dentro de una amplia
camisa metálica y tu crinolina azul, que si más rock and roll, que si gama de voracidades; si tiene ganas de ir al baño en segundos esta­
ella no quería, que si fue sólo por que es muy seductor, que si ella rá en el preciso lugar donde le urge estar; si lo molesta la prole
sí lo amaba, que si él le responderá, que si el hóspiro, que si le digo mientras escoge su perfume francés o selecciona una camisa ameri­
a mis jefes, que si la friega que me ponen, que si mejor lo aborto, cana, hay un lugar con aparatos electrónicos (elefantitos, caballi­
que si la religión y el pecado, que si el "que dirán", que si me lleva tos, avioncitos, etc.) donde podrán ser distraídos sus pequeños
la chingada, que si por que las luces me encandilan, que si ya no monstruos; si de pronto se acuerda que tiene que llamar a su socio
me gusta fumar, que si el humo me molesta, que si no aguanto el o simplemente a una movida, allí están los eficientes teléfonos
olor, que si lo ve casi se vomita, que si lo rajado fuera contagioso, públicos o los centros de fax e Internet aguardándolo; en pocas
que si le pasó la bacha, que si ella alucinó en el asiento trasero del palabras la antesala del paraíso.
Hot Road, que si así no porque es muy vulgar, que si te avientas -Ah jijo! Si ya son las once ... Me cae que andaba bien caria­
una pinta, que si el reloj se descompuso o el carro se ponchó, que do ... con el carrillón que me da el ruco en el taller ... Ahora sí la
si tu carnal es muy macho, que si nos fallaron la brecas, que si piro pa'l mol a ver que me regalo ...
aquel pisto, que si se hizo tarde y la noche nos voltibocabajeó, que Lo atractivo del Mall no es sólo el conjunto pulcro y suculento
si ya no aguanto, que si todos lo hacen por qué yo no, que si "Lo­ de mercaderías y tiendas, la atmósfera de "paz, hermandad, lim­
ve me tender" y "Nena jugamos a la casita", que si Elvis puso los pieza y armonía", también es la clase de gente que suele visitar sus

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espacios, deslizándose como Juan por su casa: parejas debidamente Pobre pancho Tuercas, está "celebrando" su cumpleaños en el
pulidas, con el atuendo de moda y las maneras adecuadas; moder­ Bote. Entre un olor a orines y un pegajoso y húmedo calor, se le
nas familias en las que es fácil apreciar la bonanza por lo cachetón rueda una lagrima con fuerte sabor a encabronamiento y frustra­
de los vástagos y los anuncios que dan "status" en sus camisetas, ción al tiempo que maldice el día en que nació.
jeans, y zapatos: C.Klein, Tommy y Niké ... ; algunos en franco
despegue discuten con el hijo menor que videocassetera o "dividí­
pleyer" es más conveniente para que pueda gozar en su cuarto las
caricaturas de moda, para así no estropear la del cuarto de televi­
sión o la que tiene papá en su recamara para ver las triple equis
como terapia motivacional; otros sin el impulso suficiente para
poder despegar todavía, se conforman con pasear por allí en un
gesto de envidiosa solidaridad con la gente decente ... Seguros de
que allí es su lugar, y que algún día alcanzarán la felicidad ...
-Hijos de su chepindrema! ... Que ojete el de la rutera, nos ata­
ca como sardinas ... Órale ... no pise! ¡Ya párale güey! ¡Nos aho­
gas!...
Por supuesto dentro de las previsiones del Mall está la seguridad:
es preciso que toda esa masa de espíritus consumistas sientan que
nadie los molestará, que ningún intruso llegará a perturbar el or­
den y la limpieza que define su forma de ser, masa cuyo lema po­
dría rezar: "lncontaminación y pulcritud en el camino del tener".
-Que gachos se ven los calcos con el lodazal del barrio ... Y es­
te chipi-chipi que no para ... ¡Chin parezco sopita ... !
Pancho brinca de la rutera y para evitar la lluvia que ha estado ,1

cayendo persistentemente, corre como de rayo dentro del Mall, va 111111

con tanto vuelo que sin querer se lleva de corbata a Doña Mirinda
1

de Alacoque y Miñaca quien en ese momento salía del Mall ata­
viada como arbolito de navidad: la bolsa voló, los collares también
y ni que decir de sus aretes, su camafeo, sus pulseras, su peluca, su
dentadura, sus tarjetas de crédito, su dignidad ....
Todo el santo rigor de la ley cayó sobre Pancho, entre otros deli­
tos pesan sobre él: Daño en Propiedad Ajena (rompió dos mani­
quís en pose de "Tulatrais" y una vitrina antes de lograr enfre­
nar ... ) Intento de violación (pues con la que finalmente enfrenó
fue con Doña Mirinda en posición no apta para menores); Intenso
de Robo a Mano Armada, (pues llevaba en el bolsillo trasero dell
pantalón unas pinzas y un desarmador); lesiones que tardan en
curar más de quince días y sí ponen en peligro la figura ... etc ...
etc.

166 167
~
J
]OSÉ ÁNGEL LEYVA sin escrúpulos y sin principios, pero con familias amplias, de la
(México) corrupción de quienes gobiernan y administran en permanente
campaña. Iniciativas de impuestos para todos, terrorismo fiscal
Entre el miedo y la esperanza contra la clase media, terrorismo áereo anunciado un día antes a
manos de un pastor boliviano, tormentas en la Ciudad de México
Es la primera vez que cruzo la frontera con Estados Unidos, la que paralizan no sólo el aeropuerto internacional sino la vida de
primera que visito territorio gringo. Desde joven cultivé mi desin- sus habitantes, tormentas que dejan en claro que esta es una urbe
terés por el coloso del norte a donde van a vivir los que nada tie- que ya no puede más, que ha rebasado sus límites desde hace
nen qué perder porque se los han arrebatado todo en su patria, los tiempo, pero sigue creciendo. Violencia, muerte, catástrofes, des-
que no saben leer, los que han perdido la esperanza o los que te- orden, caos nos congelan la sonrisa fácil.
niendo un bienestar sufren los embates de la violencia y la insegu- Llueve también en el desierto. U na lluvia leve que encharca las
ridad y no sienten ya confianza para caminar sin sobresaltos en sus calles de Ciudad Juárez porque es una ciudad acostumbrada a la
calles, o los que llenan sus arcas con la rapacidad y el saqueo para sequía y no prevee que del cielo le caiga el agua. Hace un año,
luego refugiarse en la certidumbre que ofrece la sociedad estadou- cuenta una chica del equipo organizador, una niña cayó en un
nidense. Es la primera vez que más allá de mis prejuicios surgen socavón al descender de un autobús; el drenaje estaba podrido y se
preguntas que me duelen. la llevó la corriente. Encontraron su cuerpo varios kilómetros ade-
Vayamos por partes. El Instituto Chihuahuense de Cultura or- lante. Pero la lluvia, pienso para borrar esa imagen terrible, hará
ganizó el 5to. Festival Internacional Chihuahua de Cultura y en el florecer el desierto.
marco de esa fiesta el encuentro de escritores: Literatura en el Ledo Ivo (de Brasil), Silvestre Clancier (de Francia), Ada Caste-
Bravo. Fueron homenajeados dos escritores, uno local, de proyec- lls (de Cataluña) y yo, asistimos a un programa de radio. Llegamos
ción internacional, Carlos Montemayor, otro internacional de un poco tarde y nos antecedió una entrevista con una mujer de
corazón local, Juan Gelman. Poetas y narradores de más de 12 nombre Lucinda que dijo representar a una organización llamada: 1:1
!i
1

países y de diversas regiones de México visitaron tierras chihua- Pacto en acción. Anunciaba una conferencia a cargo de Sergio
Fajardo Valderrama, ex alcalde de Medellín, Colombia, a quien !¡
huenses. Un festival que ha venido en ascenso. A la inauguración
del Encuentro asistieron las autoridades locales, el gobernador del conocí en su último año de gestión política porque dio un discur-
estado y el presidente Municipal de Ciudad Juárez, el rector de la so breve y hasta literario en la inauguración del Festival de Poesía
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Todos hablaron sobre de Medellín, en el 2007. Un hombre joven que comenzó a cam-
la obra de Montemayor, el hijo pródigo de su tierra, pero también biarle el rostro a una ciudad asolada por la violencia, una ciudad
el crítico. Lo mismo sucedió con Gelman a quien se le rindió un que ahora ofrece como recorrido turístico un paseo por sus biblio-
cariñoso y profundo reconocimiento por parte de sus colegas para tecas. La conferencia se ofrecía en lo que Lucinda calificaba como
destacar las cualidades de su obra, razón esencial por la que es una una situación de extrema violencia en Chihuahua ... y parece que
de las plumas mayores de lengua española. en todo el país. El título de la conferencia: "Del miedo a la espe-
Un festival cultural y un encuentro de escritores en el marco de ranza". Porque la entrevistada confesaba, somos presa ya del te-
una serie de acontecimientos que nos estremecen aunque no nos rror, nos tiene paralizados el miedo y necesitamos romper esta
sorprenden. Lo que significa que no hemos llegado aún al punto inercia que nos arrebata el espacio público, que nos obliga a ence-
de reconocer que nos hemos acostumbrado o insensibilizado ante rrarnos en las casas, que nos despoja de la confianza en nosotros
la muerte, la mentira, la tragedia, la burla y la estupidez. Recortes mismos, que nos borra como ciudadanos. Necesitamos, decía,
presupuestales a la educación y a la cultura del tamaño, como diría actuar, participar, exigir. Sobre todo esto último, exigir que nos
un funcionario, directamente proporcional al despilfarro de quie- devuelvan el país, las instituciones, la confianza y la dignidad ciu-
nes nos representan, los gastos de campaña de partidos políticos dadana, el orgullo de ser. Creció la pobreza y se desvaneció la

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,11¡11

esperanza, creció la corrupción y desapareció la tranquilidad. No muy elevadas; aquí la ley es la ley", remata Irene con su español
podemos dejarnos arrastrar por la resignación y el miedo, no po- fronterizo.
demos huir, debemos atajar el miedo, insistía Lucinda al locutor Mi lectura en Ysleta High School me dejó un buen sabor de bo-
con aplomo y elocuencia. ca. Los alumnos decoraron el salón con versos de mis poemas, con
Crucé la frontera para leer en una High School y en una Univer- líneas de mi biografía, con fotos, con frases de bienvenida. Todos
sidad de El Paso, con Jordi Virallonga y Ada Castells, ambos cata- latinos angloparlantes. "¿Son bilingües?" pregunté al encargado de
lanes. Efraín Bartolomé vendría más tarde. Nuestro anfitrión fue mi traslado, un chicano de ascendencia chihuahuense: "bilingües
el agregado cultural de El Paso, el poeta Enrique Cortazar. No me no, algunos hablan un español entrecortado y corrompido porque
impresionó la imagen dispersa de la ciudad y su evidente bienes- en sus casas aún hablan restos de español, pero ésta es una nación
tar, su alejamiento de la pobreza. Me llamó la atención algo que que exige el inglés como lengua única, nos quiere hacer monolin-
estuvo presente en cada desplazamiento y en cada lectura: la lim- gües, nosotros nos resistimos, por eso es muy importante que los
pieza, el orden, la civilidad y una inmensa mayoría latina. Es decir, escritores en español vengan a platicar con los niños y los jóvenes,
antiguos juarenses o chihuahuenses, mexicanos, latinoamericanos, vengan a leerles sus obras en esa lengua que medio hablan sus
que han plantado sus vidas en este lado del planeta. Me sorprende padres." La experiencia es conmovedora. Adolescentes de 14, 15,
lo que preguntó Ada Castells, narradora y periodista a una de máximo 16 años de edad, piden poemas de amor, de amistad, de
nuestras anfitrionas: "Por qué si sois la misma gente, acá sois dis- la naturaleza. Se notan contentos, agradecidos. Dos lecturas más
tintos, os comportáis de otro modo". Y es absolutamente cierto, en una universidad y en una biblioteca. Los públicos atentos, ávi-
nadie tira basura en las calles, nadie se pasa los semáforos en rojo, dos de preguntar e incluso de adquirir los libros de los escritores
se detienen para dejar pasar al peatón, y numerosas conductas que invitados. Por la noche el retorno a Ciudad Juárez. 1

la misma gente desecha al llegar a Ciudad Juárez. Una frontera nos Cruzamos la frontera y me dejó estupefacto una escena que con-
1

hace diferentes siendo los mismos. ¿No es absurdo? Pero los habi- trastaba con la de la mañana cuando, como a esa misma hora, las
tantes de El Paso ya no quieren volver a Ciudad Juárez, han escu- 23 hs, aún permanecía una larguísima fila de coches que abando-
111'
chado demasiadas historias sobre inseguridad y violencia, secues- naban México para internarse en Estados Unidos. Nadie nos pidió 1

tros, asesinatos de mujeres inocentes, ejecuciones, asaltos, extor- pasaporte, ni siquiera identificación para internanos de nuevo en 'I

siones, el ejército patrullando la ciudad como si estuviésemos en Ciudad Juárez. Cualquiera puede entrar a México, nuestra fronte-
Bagdad o Kabul. Por eso a los texanos hispanos, antes ra está abierta a todo lo que venga de allá, sin requisitos, sin regis-
chihuahuenses, antes mexicanos, les intriga que escritores de todo tro; estamos abiertos y expuestos a lo que entre del otro lado,
el mundo viajen a una ciudad mexicana que gana fama en el es- donde, como dice Irene: "La ley es la ley". Pueden entrar armas,
panto. ¿Cómo se puede mezclar la literatura, la cultura con las delincuentes, toda la basura humana y ni siquiera acusamo recibo.
armas? ¿Cuál ganará esta batalla? ¿Cómo entender un país que cierra su frontera a los países del sur
Irene y Martha, chicanas, nos invitaron a comer a casa de la ma- con la misma o mayor exigencia (virulencia) que la que impone su
dre de la primera. Comentaron mientras nos llevaban a un mira- vecino del norte a los ciudadanos mexicanos?
dor. A ellas les gusta pasar a Ciudad Juárez porque se baila, se Aún me quedó otra inquietud sembrada por la curiosidad de
canta, se divierten, pero reconocen que es una aventura riesgosa Ada Castells por la mañana: "México sorprende por su cultura,
porque desde que pasas la policía no aplica la ley, sino el desorden. por una clase intelectual muy culta ¿cómo os dejáis secuestrar por
"Allá he tenido que pagarle a las autoridades por haber cometido o la ignorancia?" No obstante, hoy es 15 de septiembre, y el pueblo
no una infracción, me han detenido para pedirme mordida", dice dará el grito de independencia con un espíritu patriotero que hará
entre risas Irene. "Acá la policía no es lo mismo, si intentas sobor- olvidar por unos instantes la vergüenza, el miedo, la zozobra.
narla te llevan a la cárcel, si cometes una infracción pagas multas

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<, • .:J'!T'!"'r'j'

ÉLMERMENDOZA de Los Tigres. La de Sabina. U na pizza delgada de carne con acei-
li
(México) tunas negras y queso de cabra. Un solomillo poco hecho. Un atar-
decer en el desierto. Una soprano fabulosa. Un tenor. Un poema
Juárez, Juaritos de Roberto Juarroz. Las tangas negras. Y las roj.
Nos tirábamos al piso o entre la maleza cuando éramos niños.
Soñé a mi amigo enfermo. Soñé que mi amiga era secuestrada por Nos tiramos en el 68, en el 72, en 1910 y en 1810. En el 48 y
una parvada de gansos salvajes. Me levanté, tomé agua, fui al cuar- 1521. Ahora estábamos allí en medio de un feroz tiroteo. No es-
to de la tele para no despertar a mi mujer. Juan Gabriel fue dete- cuchábamos imprecaciones ni ayes de dolor, no vimos que coloca-
nido unas horas por no pagar impuestos, al salir del aeropuerto ran narcomensajes o algún degüello; sólo cientos de tiros destru-
internacional de Ciudad Juárez. Me limpié los mocos. Los Indios yendo cristales, astillando el aire, abriendo las compuertas de la
volvieron a perder: No me digan. No lo vas a creer, dijo la chica, sangre.
cerraron el Kentucky, la policía echó a mi padre y a sus amigos. Que alguien explique cómo pasa el tiempo.
"Qué bonito el contrabando, se gana mucho dinero". Preparo Escuchamos camionetas que se iban a toda velocidad. Poco a
café. Tocan: es la muchacha muerta, ¿me invitas? Reconozco su poco nos pusimos de pie. Ella tenía los labios blancos y el cuerpo
vestido, Leonor lo compró el mes pasado y se lo ha puesto tres laxo, seguramente me encontraba igual. Pálidos. A doce metros se
veces, es rojo, ajustado, a la moda. Ese talle de espiga que me en- quejaban siete cuerpos sangrantes. Tres no habían soltado sus AK-
canta. Vengo a devolvérselo, le sirvo, ¿Azúcar? ¿Para qué? Siéntate. 47. Temblábamos. Escuchamos una sirena y decidimos salir de
No tengo mucho tiempo pero bueno, un minuto no es nada allí. Después de una experiencia como esta careces de valor cívico 11¡¡

cuando estás muerta. Algo está pasando en la ciudad, diría que la y si nos acusaban del atentado pues diríamos que sí, que somos de
estamos perdiendo. Lo sé, hasta allá se oyen los disparos, pero la banda número uno y que nuestro enemiga mortal era la número
!
nosotras no podemos hacer nada, no es mucha gente la que nos tres.
extraña, se puso de pie. Que te cuente Leonor para que me prestó Ya saben lo que pesa a veces ser decente. 111111

el vestido. Debes haber ido a un baile al infierno. Estás zafado. ¿Salió algo en la tele? No lo vi, sólo de Juanga, que debe a Ha-
Plop, desapareció. Mi mujer bajaba la escalera en ese momento, cienda unos cuantos millones y que lo detuvieron para que los
traía ese libro de Vasili Grossman que no suelta últimamente, pague. Me aterró la posibilidad de que quisieras verla. ¿Después de
¿Con quién hablabas? Te dejaron esto, señalé el vestido sobre el vivirla? No lo creo; a qué cosas de mujeres te refieres. Le falta dul-
sofá. Ah, ¿hiciste café? Sólo le pondré un sobre, no creo que debas ce a mi café; una fiesta, un chico, una intención, es de las que
tomar tanto splenda. Cogió el vestido, le sacudió una mota de toma la iniciativa. ¿Hay flirteo en el más allá? Lo quería para el
polvo y se sentó. No sabía que prestaras tu ropa. Es inevitable, de más acá. No me digas. Como nadie hace nada, como jamás se
vez en cuando necesitan vestirse adecuadamente y allá no hay atrapa a un culpable, las chicas están tomando la justicia en sus
tiendas. Dio un sorbo. Dijo que me contaras para qué se lo habías manos, y cada que se ofrece les presto vestidos, pantalones o lo
prestado. Cosas de mujeres. Son tantas. Son todas, sonrió. Bebi- que necesiten para que las inviten a bailar, a dar la vuelta o a estar
mos. ¿Cómo es que la conoces? La raptaron, la violaron, la mata- un rato juntos. Silencio. ¿Tiene que ver con la balacera de ayer?
ron y la dejaron en el desierto; una chica así no tiene misterios. No sé, como te digo, sólo les facilito las prendas. Fue a la cocina y
Cuando escuchas eso no sabes qué hacer con tus manos. Anoche puso otro sobre en su taza. ¿Viste alguien de rojo? Me pareció, fue
soñé a un amigo enfermo. Debe ser la balacera: salíamos del cine cuando dijiste lo de las tangas. ¿Qué padecía tu amigo? Tristeza y
al anochecer, buscábamos nuestro carro en el estacionamiento, mi amiga era conducida al desierto en indeseables condiciones.
conversando, una y una, de las cosas por las que vale la pena vivir: Volvimos a callar. No creo que le queden tus vestidos, es un poco
Las vacaciones. Una copa de vino. Caminar sin prisa. La música gordita. No te preocupes, me contó la chica que todas ganan en

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esbeltez; pero no te alarmes, sólo lo soñaste. En Juárez, Juaritos, MAXPARRA
no puedes soñar violencia porque sucede. Tal vez nadie sueñe otra (México)
cosa y aún así sería demasiado, estoy segura que a tu amiga nada le Universidad de California, San Diego.
ha ocurrido. Nimodo de llamarla, aún no amanece. Debe estar
durmiendo tranquila y creo que deberíamos hacer lo mismo, va- De El Paso a J uárez.
mos. Nos volvimos a la puerta de entrada: tocaban con suma an- Crónica de un cruce fronterizo.
siedad. Abrí. Era mi amigo. Nos paralizamos. Necesito que me
prestes un traje, expresó con voz gelatinosa, y entró flotando.

Perdida en el desierto en una época ya remota, la otrora Paso del
Norte se ubica en un vasto territorio cortado por un río, el Gran-
de, según los lugareños, el Bravo, nos dicen los libros de historia
nacional. Las mutaciones geopolíticas han hecho de este dilatado
espacio dos ciudades, una menor y otra mayor, pero el calor y la
topografía las sigue uniendo. Cuando la hermana menor mira al
otro lado, el río es apenas una burda línea que se pierde, sumergi-
da en el horizonte.
Al norte una ciudad modesta y terrosa, El Paso, con su mirada
fija en el río, como si toda la fuerza y energía de la ciudad se en-
caminara inexorablemente al lado mexicano. El Paso, con sus
montañas Franklin de fondo y su bien apertrechado Fort Bliss,
donde los soldados norteamericanos aguardan acuartelados la
orden, ya esperada, ya imprevista, para desplazarse al Medio
Oriente ... o a México, si se diera el caso. Al sur, informe y dura-
dera, vive Ciudad Juárez, el paradero mayor de la región, lugar de
cruce, de interminables esperas y de asentamientos humanos tran-
sitoriamente permanentes. Ciudad de paso, acogedora y terrible,
henchida de historia; memoriosa ciudad.
Del lado norte del río, en la calle Oregon, existe todavía un edi-
ficio de dos pisos, hecho de ladrillo. En la entrada se advierte una
placa conmemorativa: allí terminó de escribir Mariano Azuela su
novela Los de abajo; allí se publicó, en la imprenta "El Paso del
Norte" de Fernando Gamiochipi, en el inefable año de 1915. Que
un texto clásico de la literatura mexicana se publicara en El Paso 1

no es de sorprenderse, dada la cantidad de imprentas que había del 'I
lado americano en esos años. Lo curioso es lo poco que sabemos
de dichas publicaciones, tan importantes para conocer no sólo la
historia de la región, sino la historia cultural de México. La distan-
cia que media entre este edificio y el puente fronterizo de Santa Fe

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···~
1r

MAGALI VELASCO V ARGAS cultivos virales, las cabezas con costras, a los 16 años me hicieron
(México) encarnar y encarar la absoluta prueba de la maldad.
En aquel viaje, el primer contacto sucedió cuando me dirigía de
Ballenas en el cielo de J uárez Frankfurt rumbo a Polonia. La anciana sentada junto a mí en el
avión, era una sobreviviente. En su antebrazo descubrí los núme-
ros azulados, la marca de Auschwitz, viajaba junto a una mujer
Odette Elina, militante del Partido comunista francés y de la Re- sobreviviente; mientras comprendía lo que esto significaba, mi
sistencia, nacida en París en 191 O y muerta en 1991, publicó Sin sorpresa y admiración creció las siguientes dos horas de vuelo. Ella
flores ni coronas (1947), fragmentos de memoria testimonial que me sonrió y permaneció viendo al frente como si en lugar del
recuperan un año de horror (1944-1945) en el campo de concen- asiento forrado de azul, acaeciera un atardecer. Esa mujer pudo
tración de Auschwitz. En "Un domingo de mayo" Elina relata en haber sido una de las cien que llevaron carriolas.
forma de diario que esa mañana cien mujeres habían sido elegidas, En Ciudad Juárez veo a hombres que llevan carritos de bebés y
entre ellas la escritora, para realizar una pavorosa tarea. Las elegi- los usan para transportar en ellos las latas que pepenan por calles y
das desconocían los motivos, imaginaban que serían llevadas al fraccionamientos; la imagen es un oxímoron: los hombres solos,
horno, al control de piojos o a ocupar otro campo (Lager). Jamás desdibujados, trazados al carbón, empujan carriolas azules o rosas
cruzó por su mente, ni aún la mínima sospecha, lo que les aguar- y el bulto son los deshechos de esta sociedad y su política del
daba: abandono.
El 8 de diciembre del 2008, ocho como símbolo infinito, se
Debíamos conducir hasta Auschwitz cien carritos de bebé. Los cumplieron 349 años de la fundación de Ciudad Juárez. Veo el
había de todo tipo. Grandes, bajos, viejos, modernos, bonitos, cielo preñado de agua nieve, los árboles con las últimas hojas ama-
pobres. Pero aún guardaban la tibieza de los bebés que habían rillas y esa lontananza del bordo y lo que hay detrás de él que
acobijado y que acababan de ser quemados. Las almohadas con- siempre me provoca una extraña, debería decir, ajena, melancolía.
servaban la forma de sus pequeños cráneos. Aquí y allá colgaba Me miro a mí misma y descubro que visto de Juárez en invierno:
un gorro, una manta bordada, un babero. Para hacer aquel tra- pantalón gris y un suéter color mostaza.
yecto habían elegido a cien mujeres. Cien mujeres que eran ma- Ese lunes 8 de diciembre en la Universidad Autónoma de Ciu-
dres o que hubieran podido serlo. Cien mujeres cuya razón de dad J uárez se habló del asesinato del colega Gerardo González
vida hubiera podido ser la maternidad. Cien mujeres temblaron Guerrero; alguien me contó que un día antes del crimen el profe-
de horror al contacto con algo que es suave, siempre encima de sor asistió al baby shower de otra colega, alguien más comentó que
todas las cosas. Cien mujeres tocaron el fondo del desamparo y los juarenses habían perdido esta ciudad; se habló de impunidad,
de la desesperación. de trinchera académica, de amnistía internacional, del miedo, del
valor, de salir en lugar del encierro. Las preguntas fueron: ¿quién
En 1992 visité Auschwitz y me quedé paralizada frente a las mató a Gerardo? ¿Dónde está nuestra alumna Lidia Ramos Man-
enormes vitrinas -albercas del olvido- que almacenaban y mos- cha, desaparecida desde hace semanas?
traban al mundo miles de maletas, miles de anteojos, sombreros de Juntos terminamos de afinar una carta abierta que se publicó en
hombres, entre otros objetos. Recuerdo que me sudaban las manos La jornada; nos retiramos a nuestras casas a las ocho de la noche
y algo, el ansia, oprimía mi pecho. Las fotografías amplificadas y cuando los charcos en las calles iniciaban su proceso de congela-
exhibidas en la galería del terror que es ese museo del holocausto, ción.
me mostraron cuerpos desnudos de hombres y mujeres cuya del- Al día siguiente la lluvia revuelta con nieve lentamente jaspeó los
gadez no era más atroz que sus miradas. Las pieles mancilladas por cerros de Juárez y la montaña Franklin en El Paso. Escucho en mi

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auto un CD que recopila sonidos de las ballenas grises; pienso en BLAS GARCÍA FLORES
la escafandra, en el espacio, en Jonás. La avenida se diluye, para (México)
mí, sólo hay cielo. Ha dejado de nevar, algunas nubes coloradas,
ala de flamingo, se asoman tras los cerros ahora blancos, son las La ciudad chicle y sus héroes menores
cinco de la tarde y casi no hay luz. Hay algo de vampirezco en este
ocaso, hay algo de inquietante en la belleza del cielo y su silencio y ... esta ciudad debería ser la capital del chicle ...

su total indiferencia e incongruencia con lo terrenal y lo mortal.
ROBERTO VILLALOllOS, mientras caminábamos
La noche se avecina y, como si fuera tierra de muertos vivos, me por la banqueta de la López Mareos
apuro a llegar a casa antes de que los espíritus se suban al techo y
al cofre de mi auto. Un cachalote me habla, un saxofón lo acom- Ciudad Juárez_1982: Los tres de la Plaza de Armas
paña. Al dar la vuelta y toparme con la luz roja del semáforo des-
cubro que el cielo, además de flamingos y aves fénix y vampiros, A horas exactas nos levantan, nos peinan,
tiene ballenas: tres nubes en forma de ballena surcan el tramonto, nos mandan a la escuela
entonces respiro.
SALVADOR Novo

Todos los días, a eso de las siete de la mañana, ya uniformado,
medio dormido pero ansioso, cabeceaba frente a la estufa cuidan-
do que la leche no se derramara del vaso de peltre sobre el quema-
dor. Esa maravilla de café natoso me abría los ojos todo el día.
Siempre hacía el mismo recorrido: caminar de la mano de mamá,
por la calle Hidalgo, hacia la escuela Jesús Urueta, pasando por
lugares del primer cuadro de la ciudad, para mí fantásticos: el
Mercado Cuauhtémoc, la Misión de Guadalupe, el Cine Reforma,
la Plaza de Armas y el Monumento a Juárez. En esa zona ronda-
ban tres héroes menores apabullados por la miseria, las minusva-
lías corporales y una aparente locura: el primero, funámbulo de
oficio, caminaba sobre la cuerda floja de la sinrazón; el segundo,
era pedigüeño, se meaba encima y, peor aún, tenía amputados
todos los dedos de los pies; el tercero, pintaba acuarelas sin la ayu-
da de las manos. Pero eso no era una justificación para que ellos
carecieran de una biografía breve, enriquecida con el alfabeto radi-
cal de la calle y con mi benevolencia de niño.

l. El hombre liga, alias Duraflex,
primer héroe menor de la frontera

Durajlex jamás se enfrentó contra vampiros o momias desquicia-
das, promotores del mal y el caos urbano. Como su fuerza era

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mínima, (ésa es la condición sine qua non de todo héroe menor), l:i tas. Más movimientos de mandíbula. Cuando cambiaba de liga,
111
ocupaba sólo para estirar ligas con las manos y construir extraños empezaba el concierto. Las ligas de la muñeca las usaba para crear
instrumentos de cuerda que emitían una música sorda y miserable un instrumento de cuerdas. Las estiraba y aflojaba como un arpa 1

semejante a su identidad. Usaba ligas duraflex. Para aguantar L1 para alcanzar distintas notas que nada más él distinguía. Nunca 1

jornada, decía él mismo. Las reconocía por el grosor. Sabía donde faltaban peatones que se burlaban de su propuesta musical. Para
recolectarlas: afuera de los bancos, junto a las materias primas, en los burlones tenía destinadas las ligas porosas del bolsillo interior:
la esquina de Mariscal y Morelos, donde estaban las dulcerías; y a hacía una pausa y los miraba feo; en cuanto se alejaban, les apun-
lo largo de la Plaza de Armas. En el camino recogía rodas las ligas taba a la cabeza. No fallaba. Reía y continuaba. A veces olvidaba
que encontraba. La gente decía que estaba mal de la cabeza. Men- para qué servían las monedas y el ruido que hacían al caer en el
tira. Mientras observaba el piso buscando como halcón, repasaba bote.
mentalmente las melodías del programa del día: estrenaba a diario A lo largo del día muchas ligas se le reventaban. Los latigazos en
canciones que escuchaba en los camiones de la ruta Centro-San el labio eran fuertes, las heridas terminaban por abrirse nuevamen-
Lorenzo. Y tenía sus preferidas: yo tuve una novia linda! y no La te. Usaba saliva y sólo saliva como remedio. Y cantaba con los
puedo olvidar... dientes rojos, manchados de sangre.
Llegando a la puerta principal del Cine Reforma, iniciaba la fase Hasta que usaba todas las ligas, el gran Duraflex daba por con-
de control de calidad-alguna vez trabajó en la maquila y el con- cluida su hazaña del día y se marchaba con rumbo desconocido,
trol de calidad era la cosa más novedosa entonces, aunque no sabía pronunciando la coplilla de siempre: "Nací el 18 de marzo. Nunca
en absoluto que era eso. El era operador, y a veces no sabía en me dejan entrar a este cine, exprópiese".
absoluto de nada-: extraía las ligas porosas del bolsillo interior de
su chamarra militar. Las grandes se las colocaba en su muñeca II. El Guanayudita,
derecha y las duraflex en la bolsa posterior izquierda de la chama- segundo héroe menor de la frontera
rra. Las ligas estaban todas sucias.
Para iniciar el espectáculo, él siempre usaba la liga más maltrata- El sacristán dejaba que Guanayudita pidiera limosna afuera de la
da de las duraflex; colocaba el bote de aluminio en el piso tapizado Misión de Guadalupe, atestada de turistas de El Paso y Las Cru-
de chicles, movía la mandíbula como boxeador preparándose para ces, porque aseguraba conocerlo desde hacía muchos años. Poseía
el combate, humectaba con la lengua los pequeños cortes del labio dos marcas inconfundibles, que para interpretarlas había que po-
superior que nunca alcanzaban a cicatrizar, y todo en él se trans- seer un profundo conocimiento esotérico sobre el cuerpo y la fe:
formaba: la duraflex sucia de lodo, afianzándose entre los incisivos nunca faltaba a misa de siete y le faltaban todos los dedos de los
superiores e inferiores, de extremo a extremo. El dedo índice iz- pies. En realidad, los turistas cruzaban la frontera para tomar cer-
quierdo tensaba la liga entre ocho y diez centímetros. Entonces, veza en el Mercado Juárez, pero de todas maneras se llevaban la
volteaba a la derecha y a la izquierda: mucha gente circulando. foto del Cristo acostado en su cajita de cristal (sin faltarle ningún
Luego, miraba hacia arriba y abajo para saber si habría lluvia de dedo del pie, por supuesto), que más que inspirar paz, asustaba.
cielo o de charco. Al mismo tiempo que el dedo medio derecho Guanayudita se sentaba en la salida de la iglesia, que da a la calle
pulsaba la liga, la voz entre dientes iniciaba con un clásico: a mi Guerrero. Le decían el Guanayudita porque esa era su frase al
playa nadie viene/ estoy solo junto al mar... Casi siempre, pocas momento de estirar la mano a los gringochos: "guanayudita plis,
monedas y mucho mirón. Cuando las ligas cedían pronto, se to- guanayudita"; un spanglish que resultaba simpático para los turis-
maba un descanso y decía en voz baja: "nunca me dejan entrar a tas y funcionaba con los dólares. Sin embargo, Guanayudita odia-
este cine. Nací un 18 de marzo. No tomaré agua". Observaba el ba a los niños. Era su lado abominable. Quizá era una pose, de
kiosco de la plaza de enfrente, llena de palomas y carritos de pale- esas que suelen adoptar los héroes menores en época de transicio-

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nes emocionales. Cuando me acercaba para dejarle una moneda u insigne Don lnocencio Ochoa, anfitrión de Don Benito J uárez,
saludarlo, empezaba a gruñir y me hacía carantoñas. Nunca le cuando huía de los franchutes; en esa misma arteria estaban los
temí, pero preferí no acercarme más porque olía muy mal. Con las cines Variedades y El plaza.
mujeres era un pedigüeño coqueto. Me tocó verlo varias veces Frente a la Plaza de Armas estaban los populares arcos, que para
comiendo tacos de buche en la Segunda de Ugarte, acompañado mí no tenían nada de especiales, a no ser por el hombre que se
de distintas damas que cobraban a peso la pieza de baile en el bar situaba a la sombra del lado sur. Pintaba paisajes en acuarela, en
El norteño. Su falta de dedos en los pies la compensaba con sus formato grande. Sus pinceles limpísimos, el caballete viejo pero
manos, sobradas de cariño, que se posaban con maestría en los resistente. Vestía overol de mezclilla, camisa blanca, de su pecho
glúteos de las damas que lo acompañaban. colgaba un escapulario de la Virgen del Carmen y usaba guaripa
A eso de las seis de la tarde, cuando ya estaba muy cansado de de palma. Era obeso y moreno, originario de Parral. Correspondía
soportar el sol y de ejercer su oficio como pedigüeño, alrededor del a la versión juarense del gran Diego Rivera. Su rostro estaba acri-
Guanayudita se formaba un charco dorado. El sacristán le repetía billado de lunares. Tenía buena técnica, un trazo fino y largo, y
hasta el cansancio que usara el baño de las oficinas, pero el cansan- más de 20 años de experiencia.
cio lo obligaba a no cumplir con las reglas elementales de urbani- Estoy seguro vendía mucho porque siempre estaba trabajando
dad y se meaba encima como chico. en algo nuevo. La verdad es que sólo pintaba lo que tenía enfrente:
Con las ganancias obtenidas, visitaba todas las noches el Cruz la Misión de Guadalupe, la Plaza de Armas y la Catedral. Nada
Blanca para tomar y jugar a las quinielas, con el entendido que mal para un hombre que pintaba sin las manos.
todo héroe menor debe darse el tiempo para el esparcimiento.
Después de pedir su caguamón obligatorio, elegía los mismos
números de siempre: el 27 y el 04. ¿Cuál cayó?, era la primera
pregunta que le hacía al cantinero, aunque él supiera la respuesta. 1

De repente, dejé de verlo. Años después supe que había obteni- l1¡
do un jugoso premio de la lotería. Pero no lo secuestraron para
quitarle toda la plata sino que desapareció por su coquetería y
presunción. Seguramente la mujer que la acompañaba la última
noche que lo vio el cantinero, quien afirmó que Guanayudita
alardeaba con un fajo de billetes en las manos invitándola a cenar,
le despojo el dinero ganado y hasta la vida misma.

111. Catedral en acuarela, pintada por un mutilado,
tercer héroe menor de la frontera

Regresar a casa era tardado. Saliendo de la escuela mi hermano
Fernando y yo nos quedábamos un rato en el Monumento a juá-
rez, al que subíamos hasta donde estaban las esculturas de mármol
de Carrara. Desde ahí veíamos los cines Premier, Coliseo y Ala-
meda. A pesar de que la escuela estaba rodeada de ellos, jamás nos
llevaron a una función. Al tomar la avenida la 16 de Septiembre,
estaba el cine Victoria, que antes había sido teatro y residencia del

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"'~!!'::<:'-~

ANTONIO MORENO me. Supone que así se les dice en mi tierra a las mujeres de la vida
(México) galante y, de plano, también considera que es una palabra en do-
ble sentido que le es imposible descodificar en ese momento, pero
La ne-brería de Polo o puro juaritos todo puede ser, menos una fruta silvestre. Le digo exagerando que
si la chincuya no aparece en el frutero nacional, tampoco esto
Para Don Enrique Martinez puede ser, en sentido estricto, una nevería o una librería; ¿quizá
una ne-brería?, para no desentonar con el carácter híbrido de la
La reputación de un librero tiene que rayar en lo literario, quiérase frontera, le propongo y ella, con sus ojos de color ámbar, me res-
o no, al tiempo que uno espera de él juicios espontáneos, intuiti- ponde con una mirada buscando al propietario. Y Polo, de espal-
vos y, en ocasiones, pedagógicos. Desde hace décadas la nevería das a nosotros, muestra una aparente indiferencia a nuestra charla,
Acapulco había operado como una librería de viejo, el cementerio mientras ordena libros impúdicamente; por ejemplo: uno del me-
idóneo de enciclopedias, diccionarios, libros de consulta y besr- rolico Cuauhtémoc Sánchez junto a La isla del tesoro de Stevenson,
sellers que familiares remataban una vez que los padres o las abue- otro de Paulo Coelho aledaño a Rojo y negro de Stendhal, o aquel
las con aficiones lectoras habían pasado a mejor vida. De un tiem- de Manú Dornbierer encima de Las palabras y las cosas de Eou-
po a la fecha se ha convertido en una de saldo, y su propietario, el cault.
temible Polo, no da muestras de diferenciar acumulación, buen Las contradicciones constituyen parte del saber oximorónico de
gusto, selección y buena oferta, porque sólo le interesa que su una ciudad que siempre mira hacia el sur con nostalgia, puesto
negocio sea redituable. No es el sumo sacerdote de las librerías que que el norte y sur de México son geografías con alfabetos distintos:
todos quisiéramos, ni el brujo capaz de intuir el libro que busca Frutería Chiapas, situada en la Avenida López Mareos; Abarrotes
afanosamente el lector, pero la presencia de Polo es necesaria. La veracruzana, en la calle Tlaxcala; Tacos Orientales, en la aveni-
Los nombres juegan un papel importante dentro del mecanismo da Lincoln; Bonetería Mérida, en la calle Chapala. Allá, la feraci-
que regula a Ciudad Juárez y me convenzo una vez más que estos dad de la tierra y la variedad de colores. Aquí, el vasto desierto y
jamás se eligen al azar. Por sí mismos revelan, entre otras cosas, un exceso de luz que provoca que ésta sea la tierra de los escépti-
manías, pretensiones, mitos, accidentes o debilidades. No es la cos, tal como lo declara el tÍtulo del mejor poemario que un poeta
primera vez que estoy aquí en la nevería Acapulco. Cada vez que le haya dedicado a esta frontera: Este lugar sin sur, de Miguel Án-
hago acto de presencia me digo que será la última ocasión que gel Chávez Díaz de León. Con estas referencias ambiguas, me da
ponga un pie en este lugar sin sur, porque la Acapulco no es lo la sensación de estar y no estar en una librería que no es una libre-
que parece. ría o en una ciudad de paso que también es para quedarse, o versos
La frase se aplica también a las personas y las ciudades: nada ni de Este lugar sin sur que le niegan a su lector un punto cardinal, el
nadie es lo que parece. La empleada tras el mostrador, al verme más elemental de todos, porque sin él no habría resorte para im-
sediento de tanto caminar, me ofrece horchata de coco, limonada pulsarse y llegar hasta el norte.
o nieve de varios sabores. Le pregunto si tiene nieve de frutas tro- La nevería Acapulco hace esquina entre las calles Vicente Gue-
picales afines a mi paladar, como la guanábana o la chincuya. Me rrero y Perú. Y decidí caminar hasta acá para hermanarme nueva-
dice que no frunciendo el ceño; acto seguido me pide que le des- mente con la ciudad que conocí hace más de 20 años. Al contem-
criba la chincuya. Escucha con atención que la fruta tiene la forma plar desde la ventana del autobús las planicies y las montañas gri-
de un globo erizado de unos 15 centímetros de diámetro y cuyo ses y pelonas como si fueran postales western de Sam Peckinpah,
interior, perfumado y carnoso, está pintado de un anaranjado me pareció que no sólo estaba ingresando a un universo radical-
chillante, color irresistible para los sentidos, e imprescindible, mente opuesto del que yo procedía, con alteraciones distintas y
como el amarillo, en la poesía de Carlos Pellicer. Parece no creer- con un reloj vital que me era absolutamente desconocido, sino que

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de pronto entendí que el relieve de esa geografía proyectaba el cinco libros cuyos tÍtulos anoté en una hoja que ahora extraigo de
color de una realidad que me enseñaría a entender la vida desde la mi bolsillo para dársela a Polo.
entraña. El Coronel Aureliano Buendía contó con su abuelo para Me encaminé hacia el norte, siguiendo la calle Juan Escutia, pa-
llevarlo a conocer el hielo. En mi caso, reconozco que fue mi vo- ra alcanzar la avenida de las Américas. Este verano inexpugnable
luntad de errancia la que me llevó a Ciudad Juárez, donde vi nevar me hizo recordar un haiku de Masaoka: Bosque en verano / Del
por primera vez. No se olvida nunca porque es como el primer que penetra / ni la más mínima huella. Pude hacer atajos para
beso, inicia con frialdad para luego derretirse entre las manos y el llegar lo más pronto posible a mi destino, pero hice rodeos (ésa es
cuello. Pero es incomparable y más sublime la experiencia del mi costumbre, tal vez por eso me gustan las flechas que disparan
desierto, donde uno que viene de lejos, ignorante de su fulgor, los haikus): El Parque Borunda, la avenida de las Américas, el
esperaría ver camellos y dromedarios. Procedente de Ciudad de Parque Hermanos Escobar, volver a la avenida 16 de Septiembre y
México, arribé a la frontera justo el día en que Argentina perdió la dirigirme hacia el norte, pasando por la casona de El divo, y luego
final de furbo! contra Alemania en el mundial de Italia 90, con un doblar hacia la izquierda, por la calle Perú, hasta llegar a la Vicente
penalti inexistente; y yo, meses después, en un gesto reivindicato- Guerrero, donde se ubica la nevería Acapulco.
rio, metÍ un golazo desde media cancha en el corazón de una mu- Ninguna ciudad te deja impune y la mejor decisión, cualquiera
jer que me enseñó los misterios del desierto y me instruyó en la que ésta sea, es recorrerla solo, a sabiendas que lo imprevisto y los
difícil tarea de cazar crepúsculos. atajos son partes fundamentales de la carta de navegación urbana.
Inicio mi caminata desde la calle Arequipa, del fraccionamiento Viajar o desplazarse en solitario, recomienda el peregrino Cees
El dorado, la que quizá sea la calle más pequeña de toda la ciudad, Nooteboom, sirve para conocerse a uno mismo. Pero, ¿qué puede
flanqueada con dos grandes árboles de eucalipto y con solo cinco pasar en una ciudad como Juárez que secreta un exceso de realidad
casas. Todos llevamos una brújula en nuestro interior y nunca y adrenalina únicas? (El periodismo gonzo hace de las suyas mani-
dejamos de construir mapas imaginarios para ubicar cualquier pulando esos excesos con alevosía y una estética desastrosa). Mien-
cosa, desde un kiwi en la superficie del comedor hasta un lucero tras camino por las calles soleadas no descodifico jeroglíficos ni
en el firmamento, o simplemente para saber dónde estamos para- mojones históricos con sus placas que den cuenta de anécdotas:
dos. O bien, podríamos ir a los extremos al momento de cartogra- aquí, en esta casa de la calle Ugarte pasó tres noches Mariano
fiar una ciudad, como la Moll Flanders, de Defoe, novela que Azuela. Sí los hay pero nadie quiere percatarse. Ciudad Juárez,
entreveo a un costado de Años y leguas, de Miró, mientras Polo antes Villa Paso del Norte, fue sede de la presidencia provisional
continúa ordenando libros y más libros con la misma y monótona de Benito Juárez, el 14 de agosto de 1865, cuando el ejército fran-
impudicia que ejerció desde el principio. Recuerdo que la Flanders cés le pisaba los talones al Presidente. Es el dato más tangible que
cataloga las calles de Londres en pleno siglo XVIII, simplemente tengo a la mano y lo leo de un libro que Polo me ha pasado para
por necesidades muy prácticas: las calles donde hace las compras que me entretenga y no le dé carrilla con la búsqueda de mis li-
no tienen que ser las mismas en las que se deja seducir por sus bros. Hay un busto situado frente a la Catedral, pero "escondidi-
amantes. El lector también cartografía sus lecturas unas veces de llo", me dice Polo. El Presidente Juárez pasaba las noches en una
manera compulsiva, o en otras acusa premeditación y astucia, casa contigua al Cine Victoria, hoy en escombros.
según sus necesidades, pero esté donde esté, siempre será un im- A pocos pasos del cine está el Bajarí, entre Madero y 16 de sep-
penitente, aunque Polo le ponga en bandeja de plata los mejores tiembre, un bar donde los bebedores parecen cazadores velando
libros del siglo XX que pueda encontrar en el denso maremágnum armas y las bebedoras te observan con una mirada sicalíptica
de su Acapulco. El lector sabe que es propenso al Síndrome de cuando cruzas el umbral. La fortuna de quien recorre las calles de
Zaid, un raro padecimiento que genera ignorancia por omisión Praga o París (no quiero hacer ninguna comparación odiosa) es
ante los demasiados libros. Decidí caminar hasta acá para comprar que tiene que tener la memoria y la vista en alerta máxima (litera-

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ria, histórica, gastronómica, arquitectónica ...); en el momento la e intuyo que no terminó de leerlo. Debo pagar 500 pesos mexi-
menos esperado puede toparse con que en esa casa vivió Kafka y canos por los libros. En un castellano anorteñado escucho que Polo
esa ventana que da a la calle corresponde a la recámara donde le dice al cliente, antes de que me acerque a saldar la cuenta: Puro
escribió La metamorfosis; o que allá, en esa buhardilla, Jaroslav juaritos.
Seifert escribió "Dance of Girls' Chernises"; o que en esa mesa de De vuelta a la calle, decido pasar por el Parque Borunda; llego
la derecha del café Les Deux Magots, Apollinaire bebía absenta y en línea recta en menos de 15 minutos. El sol pega menos, para
escribía en hojas sueltas ocurrencias maravillosas que se le venían a mi beneficio. Polo no sabrá nada de Stevenson o Stendhal, pero
la mente. ¿Alguien sabe la dirección de la casa donde Jesús Gardea sabe cómo vender sus libros y además tiene mucha experiencia de
escribió El sol que estásmirando, esa novela perfecta que nunca hay la vida. A partir de un comentario suyo deduzco que las ciudades
que olvidar? Polo continúa en la búsqueda. de paso como las ciudades del desierto están condenadas a que sus
¿En qué hotel se hospedaría Porfirio Barba Jacob -de ser cierta habitantes las reconozcan a medias: por la migración y el cultivo
la hipótesis- cuando estuvo de paso en esta frontera? ¿De qué de un nomadismo secular que no permite las sediciones en masa.
barrio habla Willivaldo Delgadillo en su primera y única novela Por un lado, llegan muchos y por otro, unos cuantos deciden cru-
publicada hasta el momento? En "Callejón Sucre", cuento de zar el Río Bravo para instalarse en El Paso, Texas, en el otro lado
Rosario Sanmiguel, los personajes se desplazan por la ciudad: ¿Por de la frontera. El vete lo más lejosposible, pero vuelve cuando no sea
qué no trazar, mapa en mano, dicha ruta? ¿Por qué no husmear en muy tarde, resultaría una proposición gárrula si la comparo con el
los lugares favoritos de los personajes de la novela de Víctor Barto- verso de Rimbaud: La vraíe víe est ailleurs. El verso deriva en uto-
li, Mujer alabastrina, llevada al cine, en 2006, por Rafael Gutiérrez pía y la proposición es asfixiante y caduca para nuestros tiempos.
y Elisa Salinas? Habría que intentarlo, sea por morbo, porque la La verdadera vida está en otro lado no sólo supone un lenitivo
novela de Bartoli, pese a que es deficiente, tuvo la virtud de ser para la especie sino un dogma para los juarenses que tienen la
leída y recomendada por Vicente Leñero para que fuera adaptada posibilidad de vivir en suelo estadounidense. Para éstos, el verso de
al cine; o por simpatías hacia una ciudad que posee uno de los Rimbaud se oiría mejor así: La verdadera vida está en el otro lado.
intersticios culturales más grandes y dinámicos del mundo. No es Recuerdo ahora la frase que me dijo Polo cuando le pregunté cuál
para menos: aquí empieza Latinoamérica. Silencio. Me río de mi era su zona favorita de la ciudad, mientras ahora pido un vasito
propia y mala ocurrencia al decirle a Polo que el edificio principal lleno de granos de elote, pero el dependiente me da tres opciones
del Museo de Arte del INBA se asemeja al casco de un guerrero al instante: que pique mucho, que pique más o menos o que no
sernienterrado, que podría ser el de un samurái o el de un soldado pique. No dudo en elegir la tercera opción, porque la frase de Polo
de la saga de La guerra de lasgalaxias. es demasiado picante: lo mejor de Juárez es El Paso.
Me gustaría saber de qué habla Polo con un cliente que le pide
su opinión sobre los libros que el mismo Polo ha dejado en el
mostrador, tapizado de cajitas llenas de dulces: Este lugar sin sur,
Mujer alabastrina, Crónicas desde elpaís vecino, La virgen del barrio
árabe, El sol que estás mirando y Callejón Sucre y otros relatos. El
libro de crónicas de Luis Arturo Ramos, Crónicas desde el país
vecino, ya lo tengo y lo he leído muchas veces para conocer los
variados matices de este enclave fronterizo visto desde los ojos de
un veracruzano, acostumbrados al mar, pero lo elijo por la dedica-
toria de una lectora anónima, cuya foto sirve de separador. Quizá
lo extravió y por azares llegó a parar a la Acapulco. Se llama Ánge-

230 231
,

NAD!A VILLAFUERTE Tan ida estaba que no me percaté de que las horas se habían ido
(México) rápido y se hacía tarde, tarde para quien conocía los códigos ne-
gros de una ciudad capaz de recibirte amorosamente y clavarte un
Botas texanas cuchillo al dar la espalda.
No me pareció buena idea tomar un taxi que me llevase de vuel-
Fui a Ciudad Juárez porque quería comprarme unas botas vaque- ta al Paso: eran diez dólares que no estaba dispuesta a ceder. Desde
ras. Allá las conseguiré más baratas, supuse. Atravesé el puente la plaza vi titilar una estrella sobre una mancha púrpura que ame-
internacional y tomé un camión de ruta al centro. Siempre ocurría nazaba con oscurecer de golpe el cielo. Me dirigí a los camiones de
así: cuando me sentía sola -que era la mayor parte de las veces- ruta a pesar del temor y su desmesura interna, como cuando la
me acordaba de la frase de Wilde: las mujeres tontas lloran, las naturaleza del cuerpo te comunica un presagio. En garganta y
inteligentes van de compras. Y no es que tuviera mucho dinero nariz sentí la acidez causada por el banquete de comida rápida; en
para gastar, sólo mataba el tiempo rasgando las cortinas de la vida, el estómago, el murmullo de su descomposición.
deteniéndome en sus aparadores. Necesitaba, contra el hastío, las En el fondo era una pesimista y, no obstante, me quedaban res-
calles de Ciudad Juárez atestadas de ambulantes (prefería estar en tos de esperanza: no de que las cosas cambiasen, sino de que al
México con su olor a lana vieja, combustible, carne asada y aguar- menos se mantuvieran del mismo modo. Estaba convencida de
diente, prefería su sonrisa acechante en vez de quedarme en un que el mundo no era más que un bosque y la soledad dentro de él,
edificio gringo cuyo orden y progreso sólo conseguían deprimir- un simple y repetitivo paseo. Pues bien: el itinerario de ese día me
me). había parecido así, y de hecho, toda J uárez se me había revelado
Recorrí el mercado, los sitios de pulgas, las plazas con mercancía como una barranca en cuyos bordes florecían los buitres de carro-
de segunda. Compré un uniforme de mesera (por dentro uno se ña. La frontera, no sólo el traspatio en el que la ciudad vecina
vuelve terco y triste, por fuera servil y cobarde). También una arrojaba su escoria, sino el fundo que elegía el país para mostrar su
peluca azul (una cabeza sin rostro a la que le arrancaron todas las quemadura extensa, la prueba de que las geografías revientan por
sonrisas, eso pensé al tener la cabellera azul en la bolsa de plástico). las costuras.
Pagué diez pesos por un libro titulado Cómo viajar sin mucha plata Rodeaban las paradas de ruta de los camiones, decenas de co-
(aunque viajar para mí fuera tiempo de veda), cincuenta más por mercios con escamocha de comida tibia y taquerías que exhibían
un par de mocasines que me trajeron de vuelta a la niña Heidi de como botín de caza las trompas de cerdo en aceite. Aunque tratara
los Alpes suizos de mi infancia y, finalmente, trescientos para unas de evitarlo, como si un perfume fuera, se quedó en mi ropa el olor
botas tejanas rústicas color chocolate. a cilantro y salsa en molcajete, drenaje, orines, marihuana, hojal-
Me dio hambre y entré a un restaurante. El sol arrojaba largas dres de queso, pasteles de crema y rollos de nuez.
manchas bermejas sobre las sillas y, mientras mordisqueaba mis En un lapso en el que los ojos cortaron fulminantes los cristales
alitas agridulces, me entretuve observando a la gente tras el cristal: protectores de la rutina sobre la urbe, vi ciegos, lisiados, inmigran-
pensé sus rostros llenos de cicatrices; en que, como ellos, también tes enloquecidos por el cruce (la peor arma del cruce es la de la
yo era parte de esa horda de humanos flotando con indolencia resistencia), sureños tirando su pasado como si fuera una maleta,
sobre un lento naufragio, dinamitando el paisaje sin practicar el drogadictos, masturbadores compulsivos ocultos en los visillos,
terrorismo, muriéndonos sin necesidad de ser suicidas. Seguros de desempleados, prostitutas sembrando su cuerpo de vinil en los
que el triunfo no consistía en oponerse, sino en aceptar con estoi- burdeles, niñas envueltas en la nube translúcida de sus vestidos de
cismo la derrota. Aprecié en ellos lo que pocas veces uno se atreve novias, dílers católicos, indígenas infectados de sida sin saberlo,
a reconocer de sí mismo. burócratas con marcas de jeringas en las venas, tracas zumbando
igual que moscardones en las calles, despliegues de acordeón, blas-

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femos entusiastas en la puerta de los bares ... A todos ellos los vi. entender. Excitado, jadeaba furioso, aunque parecía más bien
fragmentos de realidades simultáneas, como si atravesaran un.i insatisfecho, contemplando impotente que hasta dicha hazaña la
lente pulida hasta la transparencia. había realizado con mediocridad. No te esfuerces, quise decirle. La
Agilicé mi andar. Pagué mi cuota, subí, descansé cabeza en el vi- verdad es que no iba a dejarme más dañada de lo que me encon-
drio buscando un objeto que pudiera triunfar en tan desolado tró.
paisaje: cerré los ojos e imaginé el desierto, el sol que caía sobre las ¡Te bendigo, verdugo!, grité, al ver mi piel igual a una grieta en
dunas. la penumbra. El equilibrio y paz anhelados sólo se consiguen con
No me percaté, por tanto, de quiénes habían subido. Luego del la muerte, pensé. Y no vi mi historia, que debía su aleteo a la mo-
desierto, mi mente se trasladó a mi cuarto, al espejo que calaba notonía, pasar en fracción de minutos. Más bien estalló esa terca
cómo me quedarían las botas texanas con un vaquero y una blusa pereza que mantuve ante la vida, ese huir constante que me pro-
con escote. La llevaría a la asada semanal en casa del profesor vocó amargura pero que en ningún momento supe o quise enfren-
German. Comería tacos con guacamole y bebería cervezas hasta tar. Me dio pena ajena el ojo pardo y el otro muy blanco, como
llegar a ese instante en que el alcohol hace posible una mejor exis- una alubia, de mi asesino. Vergüenza por ese cuerpo roto y desco-
tencia, al tiempo que una se desmorona. Miraría a un hombre con nocido en que me había convertido. Una muerte vulgar nos ponía,
la prisa característica de la embriaguez que nos hace confesarnos a él y a mí, en nuestro sitio: tan pobres los movimientos previos a
ante cualquier desconocido. Las botas iban a sostenerme, como un la muerte como el escenario al que pertenecíamos los dos.
marco de hierro forjado sostiene el horror de una fotografía. Conforme perdía sustancia, fui adquiriendo un resplandor in-
Fue adormeciéndome el ritmo bronquítico del bus que avanzaba fantil y hasta un arrojo que nulo antes, ahora se disponía a levar
en carretera. El siseo del motor me extendió sus brazos y cuando anclas frente al trayecto del gran tránsito final. Bendije a mi ver-
me tuvo rendida, me despertó para advertirme que estaba frente a dugo pero de pronto me puse iracunda. Me había muerto por una
la vastedad silenciosa y bajo la noche lacada en negro. ¿Tanto estupidez (ir a comprar unas botas y ser tan poco cauta sabiendo
habíamos avanzado cuando apenas había cerrado los ojos? Una que en Juárez la muerte volaba por el aire, se arrastraba en el suelo,
pátina verde iluminaba los asientos vacíos, el tablero viejo en el se adhería a la piel, atizaba las sospechas y, gris y amorfa, llegaba
que brillaba un cactus. Pero, en el autobús sólo estábamos el cho- para desaparecer sin motivos). El suicidio habría sido más digno.
fer y yo. Entre la el cielo y la tierra se extendía una cicatriz y ahí Un patán, un don nadie, el hambre voraz de un perro delante de
nos deslizábamos nosotros. El tiempo, mudo y liso, nos rodeaba. un plato, me habían encontrado dispuesta, como si hubiese sido
El camión habría de convertirse en un lago en medio de la mor- yo quien se arrojara en medio de carretera para esperar un tráiler.
gue. Me decepcionó saberlo: treinta años eran semejantes a una suce-
El hombre se detuvo. Los cristales insonorizados impedían oír el sión de estupideces. La muerte no había hecho sino evidenciar una
viento exterior que iba cargado de arena. Se detuvo el motor y el leve pero sólida diferencia y, no obstante, parecía confirmarme
hombre se levantó para mostrarme su figura a contraluz, su bigote que pese a todo tenía aún lívidas palpitaciones. Aunque no opuse
a lo Buffalo Bill. Siguieron en orden riguroso la violación y la resistencia, como era de esperarse en mí, morir de todas formas
muerte. El chofer resultó eyaculador precoz y había sido torpe, resultó agotador. ¡Si me hubiera esperado hasta el día siguiente!,
predecible. Intuí en sus maneras su deseo de humillarme: me in- especulé en vano. Si no me hubiese ganado la ansiedad o hubiera
trodujo su puño hasta que en mis piernas rodó una masa sangrien- respetado el toque de queda de dos países que disimulan la bata-
ta; hizo una hendidura en mi cuello, como si pusiera una cadena a lla ... Pero no. Siempre nos damos cuenta del desastre cuando ya
una estatua de mármol, en una pésima declaración de amor.· No: no hay remedio. Paradoja: lo inquietante de mi temperamento
dio primero un navajazo en mi vientre y deslizó luego el cuchillo había aflorado gracias a una módica cuota: seiscientos pesos que
en el escote, escribiendo una frase que sólo él, obrero febril, podía incluía un par de botas, una peluca azul, el uniforme de la sirvien-

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ta que tan bien me habría quedado, el libro llevándome a países Mi padre siempre advirtió: Uno viene solamente a matar o a
exóticos a donde pudiera trasladar mi esterilidad. morir, y entre ambos extremos, no debes darte tanta importancia.
Ésas eran mis reflexiones inútiles, cuando el chofer continúo: ta- Una mujer que se ríe de sí misma, es una mujer inteligente, para-
jó un pecho igual que si fuera un filete, mutiló aquí y allá constru- fraseó a Wilde. Lancé las únicas carcajadas que me eran posibles:
yendo una arqueología dudosa, una señal o un código en eso que torpes y nerviosas. Mientras buscaba en el muro un hoyo por el
seguía siendo mi carne en la fiesta del rígor mortis. Me irritó su cual pasar, allá, cerca del autobús, la noche comenzó a cubrir de
fragilidad e inseguridad crónicas (hipaba; ido de sí, descargó sus polvo mi cadáver.
frustraciones con una desconocida), me aturdió que un extraño
acabase conmigo. La indignación ya era inútil: la piel reventada
con los intestinos asomando. Olía a tequila, a calcetines macerán-
dose en las botas. Con un político, un empresario, un narco o
policía, habría sido igual, salvo el perfume, estoy segura.
Esa franqueza delineándose en el cuerpo desnudo, y un fulgor
sin melancolía en el rostro, me obligaron a decir: se acabó. Salí del
autobús con la levedad de una envoltura vacía. Me dirigí al puente
y carajo. No puede ser, reaccioné temerosa. No llevaba nada. Ya
no digamos las compras hechas, sino mi cartera, las credenciales y
ese tarjetón verde y poderoso llamado PASAPORTE.
Según yo, iba de vuelta a casa, yo, la que había despreciado
siempre un lugar propio. Porque la única patria transitoria eran
mis objetos: ropa, libros, mi agenda, la licuadora, algunas cartas,
los recibos de luz. Y sobre ellos siempre había actuado igual que
una pirómana.
Cientos de fantasmas serpenteaban el Río Grande o el llano de
Leteo o como se llamase: varados, sin poder cruzar, también a los
muertos la tierra prometida se les iba de las manos. La línea fron-
teriza era aún visible: la piel tóxica del muro hacía rebotar de ma-
nera humillante a quien deseara atravesarla. Fui testigo de los que
querían llegar al otro lado, quedándose en el intento: era lo mismo
pero tan gastado que hacía falta agudizar la visión para captar el
contorno de tan comunes biografías. Me volqué eufórica por los
vivos y muertos que lo lograban, y me burlé de la border patrol, tan
equipada y bélica, y a ratos tan imbécil.
Me tocaría intentarlo: o cruzaba, o mi espíritu -o mi alma o
ese puñado de conjeturas que es uno a mitad del éxodo- se que-
daría varado sin nacionalidad ni destino. Lo demás no tenía im-
portancia: mi cuerpo, la materia física tiesa como un brocado de
lodo, mañana sería noticia en los diarios. Una muertita más. Me
pondrían una cruz. Me quedaría atorada en los folios burocráticos.

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