Está en la página 1de 295
[2 hsp Bea seats vec) rail ie lle) La libertad de los | modernos | | Charles Taylor H if } | Amorrortu/editores La presente obra es la traduccién espafiola de: Capitulo1 «Language and Human Natures, Philosophical Papers, Cambridge University Press, 1985, vol. 1: Human Agency and Language, pags. 216-47. Capitulo «Action as Expreasion-, Intention and Intentionality, C. Dis mond y J. Teichman (eds.), © The Harvester Press, 1879. Capitulo «Hegel's Philosophy of Minds, Contemporary Philosophy: a new Survey, G. Floistad (ed), La Haya; Martinus Nijhoff, 1983, vol. 4, pags. 133-55; traducido con autorizacién de Kluwer Academic Publishers. Capitulo 4 , Proceedings of Aristotelian Society, vol. LXXIX, 1978-1979, reimpreso por cortesia del Editor de la Aristotelian Society, © 197 Capitulo «Interpretation and the Sciences of Manx, Philosophical Pa- pers, Cambridge University Press, 1986, vol. 1: Philosophy and the Human Sciences, pags. 15-87. Capitulo6 «Understanding and Ethnocentricitys, Social Theory as Practice, The BN Ganuli Memorial Lectures, 1981, Delhi, © Oxford University Press, 1983. Capitulo? ~Atomism-, Powers, Possessions and Freedom, editado por Alkis Kontos, 1979, pigs. 39-61; reeditado con autorizacién de la University of Toronto Incorporated. Capitulo 8 «What is Wrong with Negative Liberty, The Idea of Free- dom: Essays in Honour of Isaiah Berlin, editado por Alan Ryan, © Oxford University Press, 1979, pags. 175-93. Capitulo 9 La conduite d'une vie et le moment du bien» (editado séloen francés). © Charles Taylor. iografia © Presses Universitaires de France (PUF), para el aparato critico. La libertad de los modernos Charles Taylor Ensayos escogidos y presentados por Philippe de Lara Amorrortu editores Buenos Aires - Madrid Biblioteca de flosofia La liberté des modernes, Charles Taylor © Presses Universitaires de France, Paris, 1997 ‘Traduccién, Horacio Pons La reproduccién total o parcial de este libro en forma idéntica o modificada por cualquier medio mecinico, electrénico o informético, incluyendo foto- ‘copia, grabacién, digitalizacién o cualquier sistema de almacenamiento y recuperacién de informacién, no autorizada por los editores, viola dere- chos reservados, © Todos los derechos de la edicién en castellano reservados por Amorrortu editores S. A., Paraguay 1225, 7” piso (1057) Buenos Aires ‘www. amorrortueditores.com Amorrortu editores Espafta SL (C/San Andrés, 28 - 28004 Madrid Queda hecho el depésito que previene la ley n° 11.723, Industria argentina. Made in Argentina ISBN 950-518-365-8 ISBN 2-13-048251-1, Paris, edicién original Taylor, Charles La libertad de los modernos. - 1* ed. - Buenos Aires : Amorrortu, 2005. 312 p.; 23x14 em, ‘Traduceién de: Horacio Pons ISBN 950-518-365-8 1. Filosofia. I. Pons, Horacio, trad. Il. Titulo DD 100 Impreso en los Talleres Graficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda, provin- cia de Buenos Aires, en mayo de 2005. ‘Tirada de esta edicién: 2.000 ejemplares. Indice general 13 31 7 97 123 141 143 199 223 225, 257 303 Palabras preliminares del autor Introduccién. La antropologia filoséfica de Charles Taylor, Philippe de Lara Primera parte. E] lenguaje de la humanidad 1. El lenguaje y la naturaleza humana 2. La accién como expresion 3. La filosofia del espiritu de Hegel 4. La validez de los argumentos trascendentales Segunda parte. Las ciencias humanas como practica 5. La interpretacién y las ciencias del hombre 6. Comprensién y etnocentrismo Tercera parte. La ciudad del hombre moderno 7, El atomismo 8. {Cual es el problema de la libertad negativa? 9, La conduccién de una vida y el momento del bien Bibliografia Palabras preliminares del autor La aparicién de mis articulos en traduccién francesa* re- presenta, en cierto modo, el regreso de un pensamiento a su lugar de origen. De hecho, mi trabajo filoséfico tuvo en sus inicios la marca de diversos autores franceses. Comencé a apasionarme efectivamente por la filosofia poco después de egresar de Oxford, en la década de 1950. ‘Transcurria por entonces el periodo pospositivista, cuando Ja filosofia analitica de nuestros dias se constituia a partir de sus fuentes, entre las cuales se contaba el positivismo del Cireulo de Viena. Filosofia «lingiifstica» como su antecesora vienesa, ya tomaba un camino de horizontes més amplios y se asignaba moldes de pensamiento menos rigidos. Pero el movimiento apenas se habia iniciado y no podia satisfacer a un joven que todavia no habia conocido a Witt- genstein (cuyas Philosophische Untersuchungen ain no se habian publicado). La lectura de la Fenomenologia de la percepcién de Merleau-Ponty me sefialé la direceién que ‘queria seguir, es decir, una critica del positivismo, no sélo en el dmbito de la filosofia stricto sensu sino en sus prolonga- ciones en las ciencias humanas; una critica que, a la vez que abordaba las raices epistemolégicas de la filosofia moderna, conducfa a la definicién de una nueva antropologia. Por asi decir, Merleau-Ponty fue mi guia y me dio acceso aesa corriente filoséfica del siglo XX que formulé una criti- ca profunda de la gran construcci6n epistemolégica moder- na, esa construccién que, de Descartes a Quine ya través de numerosas transformaciones, marcé intensamente la civili- zacién moderna. Se trata de una filosofia que podriamos ca- * La liberté des modernes, essais choisis, traduits et présentés par Philippe de Lara, Paris: PUF, 1997. La traduccién castellana de los articulos que componen e! libro se hizo sobre la base de los originales en inglés, con la excepcién de estas «Palabras preliminarese, traducidas del francés. (N, del T) lificar de epistemolégica por dos razones: no sélo porque ela- boré una teoria muy vigorosa del conocimiento, sino porque atribuye a esa teoria una especie de primacia; de tal modo que una concepcién de los limites de lo cognoscible termina por circunscribir los limites del ser. Eso es lo que vemos en las diferentes teorias «no realistas» o «antirrealistas», de Hume a Rorty. Donde, seguin nuestra teoria del conocimien- to, somos incapaces de distinguir lo verdadero de lo falso, no hay en realidad diferencia entre uno y otro, no hay verdad en el dominio en cuestién («There is no truth of the matter»), Merleau-Ponty fue mi camino hacia Heidegger, y ambos me permitieron més adelante leer a Wittgenstein como lo leo, asf como apreciar a otros autores en su justa medida, entre ellos Michael Polanyi. A mi juicio, todos estos pensa- dores tienen en comtn no sélo el hecho de haber visto las limitaciones de esa tradicién epistemol6gica, sino también el de haber identificado su aporia central. La tradicién era portadora de cierta esperanza, la que se dio en llamar «fun- dacionalista». La pretensién era poder dar una verdadera convalidacién a las cartas credenciales de los diferentes am- bitos del conocimiento poniendo al descubierto sus funda- mentos, Era preciso partir de lo sélido para avanzar, a tra- vés de inferencias confiables, hacia conclusiones seguras. Esta ambicién domina la tradicién, positiva o negativamen- te: sea porque fija la meta por alcanzar para un Descartes, sea porque la prueba de su imposibilidad justifica una doctrina escéptica o «no realista» en un Hume o un Rorty. ‘Ahora bien, lo que denomino aporia central estriba en que el examen minucioso y escrupuloso del progreso del conocimiento se apoya integramente en ideas amplias y va- gas concernientes a las relaciones del espiritu con el mundo que habita. En la base de todo este rigor aparecen imagenes de la relacién espiritu-mundo: por ejemplo, que el espiritu es la sede de representaciones, huellas del mundo «externo» (las «ideas» de Descartes o de Locke, las «impresiones» de Hume), o que proporciona los moldes que dan forma a la materia recibida en la intuicién. Se trata de las imagenes, evocadas por Hegel en la introduccién de la Fenomenologia del espiritu, del conocimiento adquirido a través de un me- dio o con la ayuda de un instrumento.! 1G. W. F. Hegel, Die Phinomenologie des Geistes (1807), -Enleitung, ‘Hamburgo: Felix Meiner, 1952 [Fenomenologia del espiritu, México: Fon- do de Cultura Econémica, 1966). 10 Pero esas imagenes, justamente, no estén «fundadas». Estén mucho més expuestas a cuestionamientos que los errores puntuales en las diferentes ciencias, contra los cua- les se nos queria precaver mediante el examen metédico de sus presuntas pruebas. La tradicién epistemolégica, en su esfuerzo por liberarse de los errores gratuitos de la imagina- cién desbocada, se entrega atada de pies y manos a image- nes que son tanto menos susceptibles de examen cuanto que ni siquiera se las reconoce como tales. Segiin las eéle- bres palabras de Hegel, el temor al error se ha convertido en un temor a Ja verdad.” Es el modo de ataque que llamo «metacritico», segin la famosa resefia de la Critica de la razén pura de Kant hecha por Hamann. Es el propuesto por Hegel en su Fenomenolo- gia y también el retomado por Heidegger y Merleaw-1 Ponty? Este modo permite pasar de una critica de la .un nuevo cuestionamiento de la ontologia. La epistemolo- gia habia cerrado la puerta al cuestionamiento ontolégico. Seguin Descartes, s6lo reconocia dos modos de ser: el de los entes extensos, materiales, susceptibles de explicacién me- cénica, y el de los entes «mentales». Dentro de ese marco, la gran cuestién que quedaba por resolver era la de las relacio- nes entre cuerpo y mente, el mind-body problem. Las expli- caciones mecanicistas del comportamiento y la inteligencia humana —como las teorias de la inteligencia inspiradas por las computadoras— se mantienen dentro de esa tradicién. Admiten la misma doble gama de posibilidades, fisica y «mental». Y no hacen sino suprimir la segunda, declarando vacio el caso «mental» o pretendiendo explicar todo lo que le compete en términos fisicos. Lo que se pierde con ello es precisamente lo que Mer- leau-Ponty exploré mejor que cualquier otro filésofo del si- glo XX, a saber, el cuerpo viviente y el cuerpo vivido. La in- capacidad de las teorias que tomaron Ja computadora como modelo para hacer justicia a la inteligencia humana encar- nada ha sido bien estudiada por Hubert Dreyfus.* Redescu- 2.Eine Annahme, wodurch das, was sich Furcht vor dem Irrtume nennt, sich eher als Furcht vor der Wahrheit zu erkennen gibt, ibid., pig. 65. 8 Véase M. Heidegger, Sein und Zeit, Tubinga: Max Niemayer Verlag, 1967 IBI ser y el tiempo, México: Fondo de Cultura Econ6mica, 1971). 4H, Dreyfus, What Computers Still Cant Do, Cambridge, Mase.: MIT Press, 1992, u brir lo carnal —la carne», en el lenguaje del ultimo Mer- leau-Ponty— habria de ser una de las primeras tareas filo- ‘86ficas del siglo XX. Muchos consagraron sus esfuerzos a ello. Y ese es el objeto de algunos articulos de esta compi- lacién, sobre todo los capitulos 2 y 3, mientras que en el ca- Ppitulo 4 me refiero a un modo de argumentacién comin a todos esos fildsofos. Redescubrir la carne es también recubrir la sociedad. El espiritu humano encarnado es también el ser humano entre Jos humanos, cuando la relacién con el otro, a través del len- guaje, penetra en la intimidad més profunda de cada uno. Se trata de otra verdad basica ocultada por el pensamiento epistemolégico, que siempre partfa del individuo, atrinche- radoen su fuero intimo y amo de su pensamiento. En el con- texto de una reconstruccién monolégica del conocimiento, el lenguaje aparece ante todo en el papel de instrument, a la vez indispensable y peligroso, que le asignan las teorias de Locke o Condillac. El lenguaje sdlo reencuentra su peso ges- tual y por lo tanto su fuerza constituyente y, més all4, su verdadera naturaleza dialégica, cuando se consagra a pen- sar la encarnacién. Esa relaci6n carne-lenguaje-sociedad es a mi entender un tema capital de la filosofia contemporé- nea, Vemos sus huellas en los capitulos 1, 5 y 6 de este volu- ‘men, asi como algunas de sus prolongaciones hacia el ém! to de la teoria politica en los capitulos de la tercera parte. Me regocijo al ver estos trabajos, rastros de mi camino filoséfico, en la excelente traduccién francesa de Philippe de Lara. Pues, debido a ello, estas ideas, aunque formuladas en inglés, recuperan por asi decirlo la lengua en la cual nacieron en mi espiritu. Ese retorno a las fuentes me lena de dicha. Charles Taylor 12 Introduccién. La antropologia filoséfica de Charles Taylor En el prefacio a sus Philosophical Papers,! Charles Tay- lor justifica la unidad de una obra de temas, empero, muy variados: la versatilidad aparente del indice de esos voli- menes, que va de la filosofia del lenguaje a la filosofia politi- ca, pasando por la epistemologia de las ciencias humanas, esta animada en realidad por la obstinacién monomanfaca del «erizo».2 En efecto, una misma orden del dia vincula to- dos esos textos, la formulacién y puesta a prueba de una an- tropologia filosofica de la modernidad. ¢En qué consiste esta «antropologia»? Ante todo, en dar sentido y existencia a su objeto, es decir, a la condicién del hombre moderno. La idea misma de modernidad, la idea de su unidad y pertinencia, es controvertida, y ya veremos ¢6- mo la justifica Taylor. En segundo lugar, formular una an- tropologia es mostrar el cardcter «ineludible- (inescapable, palabra frecuente en Taylor que en francés sélo puede tra- ducirse imperfectamente por inévitable o inéluctable) de la antropologia filoséfica, pese a las sospechas historicistas o positivistas con respecto a la idea de naturaleza humana, lo que Taylor llama -condiciones invariables dela v idad humans». Tercero, la antropologia no es un dmbito especia- lizado de la filosofia que pueda desarrollarse de manera auténoma, y menos atin una fundacién del conocimiento o la filosofia préctica. Es una dimensién horizontal, que atra- "C. Taylor, Philosophical Papers. dos volimenes, Cambridge: Cambrid- ge University Press, 1985; seis de los nueve capitulos de este volumen co- ‘a.esa obra. 2 Alusion a una oélebre imagen de sir Isaiah Berlin en su ensayo sobre ‘Tolstoi: -La zorra conoce muchas cosas, mientras que el erizo conoce s6lo tuna, pero grande. Que Taylor elija esta imagen es un hecho digno de se- fialarse, pues su maestro y amigo Berlin se reconoce en la zorra, cuya mo- vilidad prefiere al espiritu sistemstico del erizo. Véase I. Berlin, Les pen- seurs russes, Paris: Albin Michel, 1984 [Pensadores rusos, México: Fondo de Cultura Econémica, 1979). viesa una vasta red de cuestiones. En cuarto lugar, es una ‘empresa a la vez filoséfica e histérica. Procede mediante un modo de investigacién particular, los argumentos trascen- dentales. Taylor explica en el capitulo 4 de este libro la filia- cidn de ese tipo de argumento, de Kant a Merleau-Ponty y Wittgenstein. Pero en él lo trascendental no es puramente conceptual, pues nuestro autor procura explicitar las condi- ciones de una experiencia histériea. La misma interpreta- cién filoséfica de la identidad moderna forma parte de la historia del sujeto. Quinto, la antropologia —esta ultima caracteristica ilumina las anteriores— no es simplemente descriptiva o explicativa: su horizonte es prictico. Los anéli- sis de Taylor apuntan a criticar y modificar nuestra auto- comprensién con fines practicos. Las «fuentes» del sujeto moderno son otros tantos recursos morales «que permiten nuevas posibilidades»® frente a los dilemas y tormentos del individuo democratico. Es comprensible que Taylor rei- vindique la herencia de Tocqueville, quien se habia pro- puesto explicar la naturaleza de la democracia con un ob- Jetivo préctico, ayudar a los hombres a desbaratar los peli- gros de la nueva sociedad (la desconexién individualista) y promover lo mejor de ella, la libertad. Los trabajos de Taylor aqui reunidos, escritos entre 1971 y 1996, recorren todo el arco de las preocupaciones antropo- logicas de su obra; me gustaria indicar los conceptos y te- mas cardinales que los ordenan. La evaluaci6n fuerte La polémica contra el naturalismo, el empirismo o la «epistemologia» es muy importante en Taylor, porque no s6- lose refiere a filosofias explicitadas en textos sino al imagi- nario moderno que ellas contribuyeron vigorosamente a for- jar. Su punto de partida es la eritica del intelectualismo —de la primacia de la razén teérica— elaborada por fil6so- fos contempordneos como Merleau-Ponty y Wittgenstein, este ultimo descubierto de buena fuente, en Oxford, junto a 8 .Entretien avec Charles Taylor, Le Débat, 89, 1996, pag. 220. 4 Elizabeth Anscombe.‘ La «gran construccién epistemolé- gica de Descartes a Quine- consagré, con el primado de la filosofia del conocimiento, un eclipse de la raz6n préctica e impuso una concepcién del sujeto «descomprometido», es decir, pura mirada o pura voluntad, que se observa desde afuera. El aporte especifico de Taylor consiste en rastrear esa antropologia empirista en sus obras: en la psicologia behaviorista, en las teorfas contempordneas del lenguaje (capitulo 1), en la ciencia politica (capitulo 5), en la filosofia politica, pero también en la racionalidad utilitarista que im- pregna y deforma nuestros juicios morales y politicos (ca- pitulos 8 y 9). Los argumentos de Taylor son complejos y ramificados, pero creo que puede identificarse su vértice en el concepto de evaluacién fuerte o intrinseca (strong evaluation). La evaluacién fuerte designa la consideracién de un bien que es més que una mera preferencia: «Hablaré de evaluacién fuerte cuando los bienes presuntamente identificados no se consideran buenos por el hecho de que los deseemos, sino mas bien por constituir normas para el deseo» (capitulo 6). Deseamos los bienes intrinsecos porque son buenos. Las evaluaciones de este tipo son irreductibles a la definicién del bien a partir de los deseos del agente, tal como la inau- gura Hobbes. El argumento (trascendental) de Taylor con- siste en mostrar que la evaluacién fuerte es una dimensién necesaria e irreductible de la experiencia humana. Ya se trate de justificar el principio politico de los derechos del hombre o simplemente de describir una accién intencional, «para los seres humanos es poco menos que imposible pres- cindir de alguna idea de valor intrinseco en sus reflexiones morales». En consecuencia, una antropologia o unas ciencias hu- manas incapaces de hacer lugar a esas evaluaciones fuertes omiten reconocer su objeto. Es preciso sefialar que este ar- gumento no implica, como tal, un compromiso sustancial ‘“E, Anscombe: -En 1a filosoffa contemporanea hay una concepcién irremediablemente contemplativa del conocimiento (...) y esto explica la oscuridad total en que nos encontramoss. Véase Intention, Oxford: Black- well, 1957, § 32 Untencidn, Barcelona: Paidés, 1991). 5. Taylor, «Legitimation crisis?», en Philosophy and the Human Scien- ces. Philosophical Papers 2, Cambridge y Nueva York: Cambridge Univer- sity Press, 1985, pag. 269. 15 especifico con respecto al bien, su objetividad, su unidad, etc. Se trata de sostener, simplemente, que la dimensién del bien es parte integrante y constitutiva de la experiencia hu- mana, contra, por ejempio, la tesis de la prioridad de lo justo sobre el bien de John Rawls. La nocién de evaluacién fuerte no desemboca en una tesis moral sobre el bien, como ocurre en los fildsofos tomistas 0 neoaristotélicos, que censuran el subjetivismo de los modernos en nombre de la objetividad del bien. Constituye, antes, una observacién «gramatical» en el sentido wittgensteiniano: ya busque el principio de la moralidad, el fundamento de los derechos, etc., la filosofia practica no puede ignorar la gramética de lo humano, vale decir, la estructura fundamental de la atribucién de un va- lor intrinseco por parte de un sujeto. Esa estructura confiere al sujeto un espesor légico e his- t6rico, ignorado por el utilitarismo, las éticas neokantianas (Rawls, Habermas) y las teorias politicas contemporéneas de la primacia de los derechos. A juicio de Taylor, no se trata, de criticar ni magnificar la subjetividad moderna, sino de mostrar que la antropologia anodina de esas doctrinas no permite dar cuenta de nuestra condicién de sujetos y no tie- ne, para decirlo de algun modo, la multiplicidad logica ade- cuada. Articular, redescribir La filosofia de Charles Taylor es una filosofia dela expre- si6n. Taylor se consagréen primer lugar a hacer un andlisis de la idea de expresién, cuyas connotaciones estéticas y ro- ménticas parecen, sin embargo, oponer un desafio al espiri- tu y los medios del anglisis conceptual. «Algo se expresa cuando se encarna de tal manera que es manifiesto. Y “ma- nifiesto” debe tomarse en un sentido fuerte. Una cosa es manifiesta cuando la posibilidad de verla esté directamente al alcance de todos. No lo es cuando hay meros signos de su presencia, de los cuales podemos inferir que esta alli, como cuando “veo” que usted se encuentra en su oficina porque su automévil esté estacionado afuera» (capitulo 1; este andlisis se desarrolla de manera detallada en el capitulo 2). El hom- bre es un animal expresivo. En un movimiento tipico, Tay- 16 lor desarrolla esta idea, por un lado, en los anélisis filos6fi- cos, sobre todo los referidos al lenguaje y la estructura de la aceién, y por otro, en una historia del expresivismo desde los griegos hasta nuestros dias en la cual muestra que, pese al influjo del cientificismo que parece excluirla, la expresion es <éneludible» para el pensamiento contemporéneo, enfrenta- do al enigma del lenguaje. Lo propio de la expresién obedece: 1) al fenémeno de la inseparabilidad de la significacién y su soporte —particu- larmente notorio en el caso de la obra de arte—, y 2) al ca- récter «constitutivo o emergente de ciertas expresiones, que hacen surgir un objeto (una emocién, por ejemplo) que sin ellas no existiria. El vino no tiene el mismo eabor para quien sélo puede describirlo en cinco palabras y para quien lo describe en cien. Una expresién més articulada modifica, enriquece lo que expresa. La expresion «articula» su objeto. La nocién de articula- ci6n es dificil de traducir en francés. En inglés, to articulate significa expresar (més) claramente. Por consiguiente, no s6lo se trata de designar un objeto sino de revelarlo, desple- garlo, hacerlo més visible que antes. Articulate es un verbo de resultado (como «encontrar») y no de accién (como «bus- car»): la articulacién puede fracasar o realizarse. Por otra parte, el término no se aplica inicamente a la actividad sino también a la capacidad especifica del agente que logra ar- ticular. Taylor explota aqui el inglés corriente para captar la dimensién constitutiva de la expresién li contraste con una concepeién puramente designativa del lenguaje, en la cual lo designado esta separado del medio lingiiistico que lo significa y es indiferente a 6.6 Articular una intencién, un deseo, un pensamiento, es crearlos o, al menos, modificarlos. La nocién de articulacién dilucida la propia empresa filoséfica. En efecto, para Taylor el conoci- © En consecuencia, articulate es un término téenico del vocabulario de ‘Taylor, derivado de un uso corriente. El sentido inglés aparece a veces en francés, como en la expresiGn langage articulé |-lenguaje articulado-), pe- ro en ciertos contextos «articular- seria jergdtico o incomprensible. Por lo tanto, traduje articulate por expliciter |-explicitar-| o exprimer [xexpre- ssar-], sealando el término inglés entre corchetes cuando aparece por pri= mera vez en el texto. [Segtin cl Diccionario de la Real Academia Espanola, - (capitulo 7). Redescripto de este modo, el liberalismo es sin duda més contrahecho y arriesgado que como lo muestra la doctrina simple y calculable del individualismo atomista: Taylor quiere conciliar el valor supremo del individuo y el reconoci- miento de su naturaleza social, lo cual parece contradicto- rio; afirma la primacia del bien, con el riesgo de reabrir los conflictos originados en la pluralidad de definiciones del bien comin; en sintesis, pone a la sociedad liberal en un aprieto. No hay en él, sin embargo, ninguna complacencia hacia la aporia, la tensién irresuelta. Al contrario, esta des- cripcién més «densa» de la sociedad liberal aspira a sacar a la luz recursos morales que deben permitir resolver los dile- mas y los problemas revelados por esa descripcién y que el liberalismo procesal, pese a ignorarlos, no suprime. Se trata de superar la alternativa entre la chatura del «etnocentris- mo del presente», es decir, una filosofia de la democracia encerrada en la ideologia de la sociedad democratica, como la teoria de la justicia de John Rawls, y el punto de vista de los eriticos antimodernos, que aleanza cierta profundidad antropologica pero a costa de un exilio altanero. Taylor abre el camino de una comparacién de sf consigo mismo. Una voz singular En una resefia del primer libro de Taylor, The Explana- tion of Behaviour, de 1964, E. Anscombe escribfa: “También hay que saludar [en él] la ausencia de los rasgos de estilo 0 las actitudes caracteristicas de una escuela filoséfica deter- minada». La independencia filoséfica es, en efecto, un rasgo 27 esencial de Taylor. Al contrario de muchos de sus colegas, jamés admitié la idea de que la filosofia supone un lengua- je particular, y menos atin que la adopcién del estilo y el vocabulario apropiados nos asegura el acierto, como si bas- tara hablar heideggeriano para entrar en contacto con el ser o citar a Gadel para ser «cientifico». El lector se sorprenderd, sin duda, ante la diversidad de tono de los artfculos reunidos en este volumen, desde el es- tilo analitico muy puro del capitulo 2 hasta el comentario hegeliano del capitulo 3 o la confrontacién estratégica que anima el capitulo’. La voz del erizo, sin embargo, es recono- cible en los multiples intereses de la zorra, en particul gracias a su dialogismo. Antes de ser el tema de las investi- gaciones actuales de Taylor, el dialogismo es la marca de su estilo, Sus textos son siempre el objeto de una escritura muy intensa y, sin embargo, estén marcados por el estilo oral de un didlogo con interlocutores o adversarios, con los cuales se trata de concordar al menos en una formulacién comin de sus divergencias, un lenguaje de contrastes transparen- tes. Para Taylor, la filosofia y sus controversias sélo tienen sentido si se enfrentan al imaginario social contemporéneo. De la disponibilidad de Taylor proceden tanto la nobleza co- mo la potencia argumentativa de su obra. Agradecimientos Una buena traduccién debe borrarse ante el original, por eso no se estila que un traductor hable de s{ mismo. Me gus- tarfa, empero, decir una palabra sobre una aventura inicia- da en 1991 con el descubrimiento de los articulos de Taylor. ‘Traducir a un pensador es tener acceso a una intimidad es- pecial con su obra, y més ain cuando ese autor esté vivo y, como Charles Taylor, es de una generosidad y una apertura excepcionales para con su lector, se trate de resolver una dificultad de traduccién (si bien su obra filoséfica est esen- cialmente escrita en inglés, Taylor es bilingue) o de discutir sobre el nacionalismo y la identidad moderna. Querria asimismo agradecer a quienes, en diversos con- ceptos, acompasiaron y sostuvieron esta empresa: Jacques Bouveresse, Monique Canto-Sperber, Vincent Descombes, 28 Renaud Dulong, Edith Heurgon, Guy Laforest, Olivier ‘Mongin y Louis Quéré. Pluma en mano, Héléne Roudier de Lara releyé todas las traducciones. Jean-Fabien Spitz tuvo la amabilidad de facilitarme una traduccién inédita de «What's wrong with negative liberty?» y me ayudé mucho con los capitulos 7 y 8. Philippe de Lara 29 Primera parte. El lenguaje de la humanidad 1. El lenguaje y la naturaleza humana* E} lenguaje es un punto central de interés en el siglo XX. Esto es evidente en todos los aspectos. En primer lugar, nuestro siglo presencié el nacimiento y el crecimiento ex- plosivo de la ciencia de la lingiifstica. ¥ «explosivo» es, en cierto sentido, la palabra adecuada, porque como las otras ciencias del hombre, la lingufstica se desarrolla en una serie de direcciones mutuamente irreductibles, de acuerdo con puntos de vista reciprocamente contradictorios, defendidos por escuelas en conflicto. Entre ellas, los estructuralistas en el sentido de Bloomfield, los partidarios de las teorias trans- formativas y los formalistas. Estas y otras escuelas han tenido una gran influenci Nose trata de meras reuniones de eruditos oscuros que tra- bajan apartados de las miradas del piblico. Nombres como los de Jakobson y Chomsky son conocidos mucho més alld de los limites de su disciplina. Pero atin més sorprendente es la hegemonfa parcial, por decirlo de algtin modo, que la linguiistica ha conquistado so- bre otras disciplinas. A partir de Saussure y los formallistas presenciamos el enorme desarrollo de los estructuralismos cuyo pionero es Lévi-Strauss, que procuran explicar una multitud de cosas diversas: los sistemas de parentesco, las mitologias, la moda (Barthes), el funcionamiento del in- consciente (Lacan), con teorias tomadas en primer lugar del * Titulo original: Language and human natures, en Human Agency and Language. Philosophical Papers 1, Carabridge y Nueva York: Cam- bridge University Press, 1985, pags. 215-47. Este trabajo se presenté como Alan B. Plaunt Memorial Lecture en la Universidad de Carleton, Ottawa, Canadé, en abril de 1978. Una versién abreviada se publie6 con el titulo de “Theories of meaning- en Man and World, 13(3-4), 1980, pgs. 281-302. 33, estudio del lenguaje. Encontramos la utilizacién de térmi- nos como «paradigma», «sintagma», «metéfora» y «metoni- mia» mucho més alld de su ambito original. Debemos agregar, asimismo, que algunos de los movi- mientos filoséficos mas influyentes del siglo atribuyeron un lugar central al lenguaje; no sélo se interesaron en él como uno de los problemas de la filosofia, sino que también fueron lingiifsticos, en cuanto la comprensién filoséfica esta esen- cialmente ligada a la comprensién del medio del lenguaje. Sucede de tal modo no sélo con el positivismo légico y lo que a menudo se denomina «andlisis lingiiistico» en el mundo anglosajén, sino también con la filosofia de Heidegger, por ejemplo —de manera muy diferente—, asi como con las filosoffas surgidas del estructuralismo, entre ellas las de Derrida y Lacan. El interés por el lenguaje como un medio se vincula con la inquietud del siglo XX por la significacién. {En qué radica el cardcter significativo del discurso y, en rigor, de cualquie- ra de las cosas que tienen significacién? Puesto que este in- terrogante se planted no sélo en relacién con el lenguaje, centro del interés de las teorias filoséficas de la significa- cién. También se formulé con agudeza en el caso de las ar- tes, por ejemplo la musica y la pintura. Surgié, por fuerza, con el desarrollo de la pintura no figurativa y de la miisica que se aparté del oédigo aparentemente inamovible de la es- cala tonal. Las revoluciones de comienzos del siglo XX, por ejemplo Schonberg y el cubismo, pusieron estas cuestiones a la orden del dia, y todas las revoluciones que presencia- mos desde entonces las mantuvieron en ella. Y nos ensefia- ron a plantear la pregunta «{qué es la significaci6n?» en un contexto més amplio que el del mero lenguaje. Nos han inducido a ver el lenguaje como una parte del conjunto de medios significativos que los hombres pueden desplegar. Y debido a ello, ese conjunto de medios parece mas proble- mitico. Para colmo, el psicoanilisis freudiano extendié de mane- ra drastica el ambito de lo significativo. Ahora pueden «ana- lizarse», esto es, interpretarse, no sélo el discurso y los obje- tos artisticos, sino también los lapsus, los s{ntomas, las afi- nidades y los gustos. E incluso «interpretacién» se ha convertido en un térmi- no clave. Los enfoques «hermenéuticos» tienen una gran au- 34 diencia en una serie de campos, muy especialmente en his- toria y ciencias sociales. Deello se desprende, creo, que el interés del siglo XX por el lenguaje es un interés por la significacién. Y me parece que ese interés refleja una idea de nosotros mismos larga- mente inarticulada y muy difundida en nuestro siglo, que trataré de formular en dos proposiciones conexas: 1) que la cuestién del lenguaje es en cierto modo estratégica para el problema de la naturaleza humana, y el hombre es sobre todo el animal del lenguaje, y 2) que el lenguaje es muy des- concertante y hasta enigmético, tanto mds si lo entendemos. en un sentido amplio que incluya toda la gama de medios de significacién; algo que parece inevitable cuando lo vemos como el rasgo definitorio del hombre, porque este también ‘se caracteriza por la creacién de misica, arte, danza y toda la serie de «formas simbélicas», para utilizar la expresién de Cassirer. La paradoja inherente a esta situacién es que en una era de grandes avances cientificos, y luego de haber he- cho progresos espectaculares en muchos campos, el lengua- je humano nos parece mucho ms enigmético que a los hom- bres de la Tlustracién. Admito, sin embargo, que este es un punto polémico y mi breve esbozo de la idea que nos hace- mos de nuestra situacién despertaré fuertes resistencias entre quienes creen o quieren creer en la capacidad de los métodos de las ciencias naturales para explicar el compor- tamiento humano. A decir verdad, el inconveniente de ese esbozo radica en que noes neutral en uno de los grandes de- bates de nuestra civilizaci6n, de modo que algunos lo consi- derarén trivial y otros, tendencioso. En consecuencia, ahora deberia intentar hacerlo menos. esquemético para el primer grupo y més plausible para el segundo. Pero esta es una tarea que me parece dificil de abordar mediante un ataque directo. Mi intencién, en cam- bio, es rastrear los origenes y, desde alli, el perfil creciente de nuestro paisaje intelectual. Al hacerlo, espero arrojar su- ficiente luz para alcanzar mis metas por un camino indiree- to: disipar al menos algunas dudas y precisar ciertos con- tornos. Esto implicar4 el entrelazamiento de dos temas: en primer lugar, je6mo llegamos hasta aqui? ;Cémo llegamos a considerar central el lenguaje y enigmitica la significacién? Este es el tema histérico, diacrénico. El segundo es proble- 35 matico: {cual es el problema de la significacién, y por qué es- ta es enigmatica? Para empezar, algunas palabras sobre cada uno de ellos. Sobre el primero: nuestra concepcién tradicional del hombre era Ja de un animal racional. Esa es su definicién segin la principal tradicién filoséfica de nuestra civiliza- cidn, que se remonta a los griegos. {Cémo nos deslizamos desde alli hasta la idea de que el secreto de la naturaleza humana debia encontrarse en el hombre como un «animal de lenguaje» (para usar la expresién de George Steiner)? La respuesta es que ese deslizamiento no fue tan grande. Si nos remontamos, por ejemplo, a la formula original de Aristételes de que el hombre es un animal racional, compro- bamos que dice z6on logon echon, «animal poseedor del lo- gos». Este «logos» es una palabra con la cual ya estamos fa- miliarizados porque se ha incorporado en muchos sentidos a nuestro lenguaje. Est a caballo del discurso y el pensa- miento, porque significa, entre otras cosas, «palabra», «pen- samiento», «razonamiento» y «exposicién razonada», y se utiliza ademds con referencia a las palabras constituyentes de ese tipo de exposicién. Incluye en su gama de significacio- nes, entonces, una idea de la relacién entre el discurso y el pensamiento. Si quisiéramos traducir la formula de Aristételes direc- tamente del griego, sin pasar por el latin animal rationale, y expresarla como «animal poseedor del logos», lo cual equi- vale de hecho a dejarla parcialmente sin traduccién en toda su rica polisemia, no tendriamos que dar un salto tan gran- de entre la formulacién tradicional de la naturaleza del hombre y la que, a mi juicio, subyace a gran parte del pensa- miento y la sensibilidad del siglo XX. Hay un cambio, pero se produce dentro del complejo pensamiento/lenguaje y consiste en el desplazamiento de su centro de gravedad. Un cambio de este tipo en nuestra comprensién del pensamien- to/lenguaje explicaria el paso de la vieja formula ala nueva. Y mi hipétesis es que, en efecto, dicho cambio se ha produci- do. Ese es mi tema histérico. Sobre el segundo, el tema problematico: {cudl es el pro- blema de la significacién? ¢¥ qué significa considerarla enigmatica 0, para el caso, no enigmatica? ;Qué preguntas hacemos cuando preguntamos sobre la significacién? 36 No preguntamos sobre ella en el sentido en que podemos inquirir acerca del significado de la vida o como cuando ha- blamos de un amor o un trabajo plenos de «sentido», Ese es un sentido conexo, pero aqui nos referimos a la significacién que tienen las cosas para nosotros en virtud de nuestras metas, aspiraciones y finalidades. El interrogante al que me refiero aqui es la pregunta radical: ,c6mo es posible que los segmentos de un medio que ponemos en juego al hablar, hacer musica, pintar, emitir se- fiales, construir objetos simbélicos, digan. algo? {Como es posible que podamos completar frases de la siguiente forma: «esto quiere decir que. . », mientras que no podemos decir lo mismo de palos, piedras, estrellas, montafias, bosques, en una palabra, de las cosas que simplemente encontramos en el mundo? O bien, si objetamos este modo de expresarse, porque parece excluir una de las grandes maneras tradicionales de entender el mundo, como signos enviados por Dios o encar- naciones de las Ideas —una concepcién que examinaremos dentro de un momento—, podemos preguntar igualmente: {qué vemos en las cosas cuando las entendemos como signos y no vemos en ellas cuando no las aprehendemos como ta- les, sino como el mero equipamiento de un universo no ex- Presivo? ‘Los objetos significativos tienen dos aspectos o dimensio- nes, cada una de las cuales puede tomarse como hilo con- ductor de la respuesta. La primera dimensién es la que po- driamos llamar designativa: podemos explicar un signo 0 una palabra con significado apuntando a lo que designan en un sentido amplio, esto es, la cosa del mundo a la cual pode- mos hacer referencia con ese signo o esa palabra y lo que so- mos capaces de decir con estos sobre ella. Si digo «el libro es- td en la mesa», emito un discurso significativo, porque «li- bro» designa un tipo particular de objeto y «mesa», otro, mientras que «el» y «la» pueden utilizarse para seleccionar un objeto determinado en algun contexto de referencia y toda la frase retine las dos expresiones referenciales con el fin de aseverar que el designatum de una esta situado en el designatum de la otra. De acuerdo con este punto de vista, damos el significado de un signo o una palabra sefalando las cosas 0 relaciones a las cuales podemos referirnos 0 so- bre las cuales podemos hablar por medio de ellos. 37 Podriamos denominar expresiva la segunda dimensién. La frase «el libro esté en la mesa» designa un libro y una mesa en cierta relacién; pero puede decirse que expresa mi idea, mi percepcién o mi conviecién de que el libro est en la mesa, En un sentido més lato, podriamos decir que expresa mi angustia, si hay algo particularmente ominoso en el he- cho de que el libro esté en la mesa, 0 acaso mi alivio, si el li- bro se habia perdido. tA qué aludimos al hablar aqui de «expresién»? En tér- minos aproximados, creo que a lo siguiente: algo se expresa cuando se encarna de tal manera que es manifiesto. Y «ma- nifiesto» debe tomarse en un sentido fuerte. Una cosa es manifiesta cuando la posibilidad de verla esté directamente al alcance de todos. No lo es cuando hay meros signos de su presencia, de los cuales podemos inferir que esta alli, como cuando «veo» que usted se encuentra en su oficina porque su automévil esta estacionado afuera. En este caso, hay un contraste implicito con otro tipo de situacién en la cual yo pudiera verlo directamente. Ahora bien, consideramos que las cosas son expresiones cuando hacen algo manifiesto en el sentido mas fuerte, un sentido que no puede contrastarse con una manera mis di- recta de presentacién, en la eual las cosas estén frente a no- sotros «en persona», por asi decirlo. ‘Tomemos el ejemplo de las expresiones faciales. Si usted tiene un rostro expresivo, yo podré ver la alegria y la pena en él. No hay aqui ninguna inferencia; puedo ver sus esta- dos de énimo y sentimientos, son manifiestos de la unica manera como pueden serlo en el espacio publico. Contras- temos esta situacién con la de su vecino, que oculta muy bien sus sentimientos: tiene «cara de poker». Sin embar- go, da la casualidad de que sé (porque su madre me lo dijo) que cuando se encoleriza mucho, se le contrae un musculo detrés de la oreja. Observo el miisculo, y advierto que él esté airado. Pero la contraccién del miisculo no equivale a una expre- sin deira. Se trata del mismo caso que antes, cuando yo ad- vertia que usted estaba en su oficina porque veia el automé- vil estacionado en la calle. En estos casos, infiero algo que no veo directamente. Las expresiones, en contraste, hacen manifiestos nuestros sentimientos; nos ponen en presencia de los sentimientos de la gente. 38