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PLAN DEL LIBRO IL 41 Se debe concluir de todo ello que el episodio relativo a la pasion de la Sabidurfa no es mas que un ctimulo de inverosimili- tudes y absurdos. 6. La simiente (19,1-7) Buscando la refutacién de las principales tesis valentinianas, Treneo viene a la doctrina relativa a la «simiente espiritual», que los valentinianos se jactan de poseer y que identifican con su ver- dadero yo. Segtin ellos, esta simiente ha sido en primer lugar con- cebida en un estado informe por su Madre Acamoth, a imagen de los angeles que rodean al Salvador, depositada luego en el Demiurgo, sin saberlo él, para que sea sembrada por él en la almas que provienen de él y pueda, a través de toda la vida terre- na, llegar progresivamente a la edad perfecta (cf. I,4,5;5,6). a) El desconocimiento que tenia el Demiurgo de la simiente (19,1-3) En una palabra, después de observar que una simiente, emi- tida en estado informe, supondria que fueran igualmente infor- mes los angeles, a cuya imagen habia sido emitida... aquella, Ire- neo subraya, en primer lugar, la inverosimilitud de la ignorancia atribuida por los herejes al Demiurgo: si esta simiente fuera una realidad y una acci6n, seria a priori cosa extrafia... que pudiese hallarse en el Demiurgo, sin que éste lo supiera. Mas grave atin: al atribuir tal ignorancia al Demiurgo, los herejes introducen una nueva contradiccién en el corazén mismo de su sistema. En efecto, segtin sus creencias, también ellos son espiritua- les y conocen las realidades del Pleroma, por la siguiente raz6n, porque una partfcula de la simiente espiritual ha sido depositada en su alma psfquica. En cuanto al Demiurgo, que es de la misma esencia psiquica, que las almas de los valentinianos, ha recibido de la Madre, de una sola vez, la totalidad de la simiente espiri- 42 PLAN DEL LIBRO IL tual y sin embargo se ha mantenido psiquico y privado de todo conocimiento de las realidades superiores, que ellos, estando atin en Ja tierra, se vanaglorian de conocer. La contradicci6n es importante. b) El crecimiento de la simiente (19,4-7) No menos absurda es la afirmacién de los herejes, segtin la cual, la simiente, por su venida y su estancia en nuestro mundo, realizaria su crecimiento y se prepararfa para «recibir» al Logos perfecto. Ante todo {no es contradictorio decir que la luz del Padre, brillando en el Salvador y sus Angeles, no ha engendrado mas que una simiente informe, en tanto que esa misma simiente por medio de su descendimiento a nuestro mundo de tinieblas, adquirira formacién, crecimiento y perfeccionamiento? De haberse sumergido en las pasiones de donde ha nacido nuestro mundo material, la Madre hubiera perecido sin la ayuda del Padre: jcdmo, en esta misma materia quele es contraria, podré crecer la simiente de la Madre y progresar hacia el estado per- fecto? Otra pregunta: si la simiente ha sido emitida de una sola vez, {c6mo puede ser pequefia y tener necesidad de crecimiento? Y, si ella no ha sido emitida mds que por partes, ;c6mo puede ser a imagen de los Angeles? Otra pregunta mas, ,cdmo es posible que la Madre haya concebido solamente imagenes de los angeles y no primeramente la imagen del Salvador que aventaja a los Angeles en belleza? (19,4,6a). Después de otras muchas cosas inverosimiles, Ireneo hace notar también la contradicci6n siguiente, sin duda la mds impor- tante: Segtin la légica misma del sistema valentiniano, es incon- cebible que la substancia espiritual pueda recibir cualquier cosa que sea de la substancia psiquica, y, menos atin, de la substancia hylica: Asi, un descenso de la simiente espiritual a nuestro mundo material, con objeto de provocar el crecimiento de esta simiente, no puede aparecer mas que un absurdo. Aprovechando la ocasién, que se le ofrece, Ireneo deja entrever aqui en un instante la auténtica doctrina de la fe, de la PLAN DEL LIBRO II 43 que la herejia es una deformacién: en vez de una supuesta simiente espiritual, que desciende a una substancia hylica de la que tiene necesidad para poder desarrollarse y adquirir su estatu- ra perfecta, es el Espiritu Santo mismo el que viene, por pura gra- cia, a habitar en una carne, que tiene necesidad de ser salvada por él y que no lo puede ser, a no ser que su mortalidad sea absorbi- da por la inmortalidad de ese Espiritu (19,6b). He aquf, en fin, una tiltima contradiccién de la teoria heréti- ca. Segtin los valentinianos las almas que habjan recibido la simiente de la Madre eran mejores que las demas y, por ese moti- vo, eran honradas por el Demiurgo con la categoria de reyes y de sacerdotes. ~C6mo, entonces, es posible que el Sefior, cuando vino, no fuera acogido por los sumos sacerdotes, ni por los doc- tores de la ley, ni por el rey Herodes; sino por los pobres y por todo lo que el mundo considera despreciable (19,7)? 7. Conclusién (19,8-9) La segunda parte del Libro II acaba con una conclusién breve, en la que Ireneo comienza por recordar su propésito, tal comolo formulé en el Prefacio, de que no es indispensable beber todo el mar, para saber que su agua es salada; ni hacer pedazos una estatua toda entera, para constatar que es de arcilla; de la misma manera para demostrar la inconsistencia de la herejia, no se requiere de ninguna manera perseguirla hasta sus rincones mas apartados, sino que es suficiente refutar las tesis principales, hasta reducir a la nada la asercién fundamental sobre la que des- cansa cada una de ellas. He aquf por qué Ireneo ha atacado, ante todo, la tesis blasfe- ma, con quelos valentinianos acusan de «fruto de una deficien- cia» al Dios Creador de todas las cosas y afirman elevarse por encima de él, hasta alcanzar a un Padre, que no tiene ninguna relacién con nuestro bajo mundo. Ireneo recuerda también que, haciendo eso, ha refutado, al mismo tiempo, a todos los herejes 44 PLAN DEL LIBRO II que, de una manera o de otra, mucho antes que los valentinianos, habian levantado ya su sistema sobre el mismo rechazo del Dios Creador, en beneficio de un Dios supuestamente superior. TERCERA PARTE REFUTACION DE LAS ESPECULACIONES VALENTINIANAS SOBRE LOS NUMEROS (20-28) Hasta aqui se ha dedicado Ireneo a refutar las tesis, que constituyen el fundamento del sistema valentiniano, mostrando cémo, por poco que se les examine, se revelan llenas de contra- dicciones, de cosas inverosimiles y totalmente inaceptables para todo el que intenta mantenerse en su sano juicio. Si se le ocurre a Ireneo mencionar algtin texto de la Escritu- ra, sobre el que creen poder apoyarse los herejes, lo hace de paso y sin detenerse. Va a ser de otra manera en la tercera parte del Libro II: Desde las primeras lineas del cap. 20, Ireneo anuncia su intencién de criticar el uso erréneo, que los herejes hacen de las Escrituras divinas, cuando «quieren apoyar sus invenciones en pardbolas y acciones del Sefior». De hecho la Escritura sale al encuentro de las preocupaciones de Ireneo, a todo lo largo de esta tercera parte: es evidente que no tiene que esforzarse. Sin embargo, si se mira mas de cerca, se pueden observar dos cosas: en primer lugar, todos los textos de la Escritura, cuya interpretacién va a impug- nar Ireneo, son textos que contienen las indicaciones numéricas, susceptibles de suministrar un apoyo aparente al sistema valenti- niano; en segundo lugar, Ireneo no limitard su critica a las indi- caciones numéricas, que los valentinianos sacan de la Escritura, sino que denunciard también como fantasticas todas aquellas que creen descubrir en nuestro mundo creado (divisiones del tiempo, numero de partes del cuerpo humano, etc.). PLAN DEL LIBRO II 45 Como se ve, el objeto de la critica de Ireneo, a lo largo de esta tercera parte, no es, propiamente hablando, la interpretacién de la Escritura hecha por los herejes, aunque esté constantemen- te presente: lo que trata de mostrar Ireneo es mas bien la incon- sistencia de las conclusiones sacadas por los herejes de los ntime- ros, arbitrariamente sacados de ellos, tanto de las Escrituras, como del mundo que nos rodea. Se descubre sin dificultad la disposicién de esta tercera parte. Una primera seccién refuta largamente las tres exégesis de Ptolomeo muy significativas (cap. 20-23). Una segunda secci6n, mas breve, refuta diversas especula- ciones de Marcos, basadas en los ntimeros (cap. 24). Viene después una tercera y Ultima seccién, que aparece como la conclusién de la tercera parte del libro, una conclusién elaborada de manera singular, en la que Ireneo no contento con estigmatizar el orgullo gnéstico, pone las reglas para una lec- tura correcta de los dos grandes libros, que son: las Escrituras divinas y el universo creado. 1. La exégesis de Ptolomeo (20-23) a) Tres clases (20,1) Ireneo manifiesta, ante todo, su intencién de refutar tres interpretaciones tipicamente gnésticas —que ha sefialado en la «Gran Resefia» del Libro I (cf. I, 3,3). Estas interpretacio- nes se basan en tres acontecimientos, que pertenecen a la manifestacién terrestre del Salvador, acontecimientos en que los valentinianos quieren ver un simbolo revelador de lo que ocurrié dentro del Pleroma: la defeccién del duodécimo Eén de la Dodécada; la Pasién del Sefior ocurrida el duodécimo mes, figura de la pasién que sobrevino a ese mismo duodéci- mo E6n; y en fin, la curacién de la hemorrofsa después de 46 PLAN DEL LIBRO IL doce ajfios de sufrimientos, figura de la curacién de ese mismo duodécimo Eén. b) La defeccién del duodécimo apéstol (20,2-21,2) Como acabamos de decir, los valentinianos quieren ver una figura de la defeccién del duodécimo Eén de la Dodécada en la «apostasia» de Judas, el duodécimo apéstol. Comparaci6n puramente artificial, les contesta Ireneo: Si se observa bien, los dos acontecimientos en cuestién no ofrecen mds que contrastes y divergencias, de manera que uno de ellos no puede ser figura del otro. Primera divergencia: En tanto que la Sabiduria ha sido res- tablecida en su categoria, después de haber sido liberada de su Enthymesis y de su pasion, Judas en cambio ha sido rechazado de su categoria de apéstol y reemplazado por Matias. Otra divergencia: Mientras que la Sabiduria ha sufrido ella misma la pasion, no asi Judas, el traidor, sino que ha sido Cristo el que la ha padecido (20,2). Por lo demas, la pasién de la Sabiduria y la Pasion de Cris- to contrastan también totalmente: Por una parte, una pasién de disolucién en la que un E6n del Pleroma esta a punto de perecer y da origen a un fruto informe, y a su vez es causa de todos los males; y por otra, una Pasi6n Victoriosa por la que el Sefior, lejos de correr el peligro de corromperse, nos libera de la muerte y nos trae la incorruptibilidad (20,3). Hay atin una tercera divergencia: Los nimeros no se corres- ponden tampoco, porque, si Judas es el duodécimo apéstol, la Sabiduria no es el duodécimo, sino el trigésimo E6n del Pleroma (20,4). {Se dird que Judas es la imagen, no de la Sabidurfa misma, sino de su Enthymesis? Mas esta Enthymesis, después de haber sido formada y hecha «Madre» de los valentinianos, debe final- mente volver al Pleroma, en tanto que Judas es rechazado defini- tivamente. {Se dira que Judas es la imagen de la pasién mezcla- da con la Enthymesis? Mas Judas y Matias, que no son mas que PLAN DEL LIBRO Il 47 dos, no podran nunca ser imagenes de estas tres realidades dife- rentes: El E6n, la Enthymesis y la Pasion (20,5). Para mostrar el cardcter arbitrario de la comparacién hecha por los herejes, entre un duodécimo apéstol y un duodécimo E6n. Ireneo hace la siguiente consideraci6n: Si Cristo hubiera querido que sus apéstoles fueran imagenes de los Eones del Pleroma, hubiera debido, ademas de los doce que son imagenes de la Dodécada, instituir otros diez, para que fueran imagenes de la Década y otros ocho para representar la Ogd6ada. Y ,no habra ocurrido en ese caso que los setenta discipulos ser imagenes de otros setenta Eones (21,1)? Y esto no es todo, porque ademas de los doce esta Pablo, el apéstol por antonoma: de qué Eon sera él la imagen? Parece que no puede ser mas que del Salvador, el tiltimo salido de los Eones, aquél que fué constitufdo con la apor- tacién de todos los demas. Cualquiera que sea, los valentinianos deben renunciar a hablar de treinta Eones, tal como se ha dicho ya anteriormente (21,2-22,1a). c) La Pasion del Seftor supuestamente realizada el duodécimo mes (22,1-6) Los valentinianos buscan otra imagen de la pasién del duo- décimo E6n de la Dodécada en la Pasién, que Cristo sufrié el duodécimo mes, después de su bautismo. Segtin ellos en efecto, no predicé él mas que durante un afio, de lo que daba testimonio atribuyéndose la palabra de Isaias... «él me ha enviado... a predi- car un afio de gracia del Sefior y un dia de retribucién (Is,61,2, citado en Lucas, 4,19). Treneo comienza sefialando lo que tiene de arbitraria una tal interpretaci6n del texto de Isaias. Los herejes, segtin él, recortan ese texto: hacen desaparecer la expresién «dia de retribucién», para no retener mas que la expresién «aiio de gracia», y, esta ulti ma expresi6n creen asf poder entenderla literalmente, como si Isafas hubiera querido predecir que la vida ptiblica de Cristo no durarfa mas que un solo ajio. Para interpretar correctamente este versiculo, prosigue Ireneo, es importante cuidar todos los ele- 48 PLAN DEL LIBRO II mentos y hacer que se aclaren los unos por los otros. Ahora bien, el dia de «retribucién», que debe seguir al «afio de gracia», no puede ser mas que el dia del Juicio. Asi, «el afio de gracia», en cuestiOn, se entenderd naturalmente de todo el tiempo, en que resuena el llamamiento del Sefior a la conversién, es decir, de todo el tiempo que trascurre desde su venida hasta su glorioso retorno y consumaci6n final. Asf, por tanto puesta en su contex- to la expresién «afio de gracia», no tiene el sentido que le dan los herejes: lo mismo de esta expresién que de otras expresiones de la Escritura hay que decir que su contexto invita a entender en un sentido figurado y no literalmente (22, 1-2). No contento de corregir a los herejes el texto de Isafas, sobre el que afirman apoyarse, muestra Ireneo que el conjunto del Evangelio de Juan contradice explicitamente la tesis del Gnico afio de predicacién: este evangelio menciona, en efecto, tres subi- das de Jestis a Jerusalén al tiempo de la Pascua (Jn. 2,13; 5,1; 12,12) lo que supone por lo menos dos afios de vida publica (22,3). De hecho, el intervalo de tiempo que separa al bautismo de Cristo y su Pasién ha sido notablemente mas largo. En efecto, cuando se bautiz6, no tenia Cristo mas que treinta afios, es decir, la edad de un hombre todavia joven; en cambio, cuando mas ade- Jante vino a Jerusalén y ensejiaba alli, debid de haber alcanzado la edad requerida para ser un maestro, es decir, por lo menos la edad de cuarenta afios, de manera que no padecié mas que a una edad relativamente avanzada. Esta tesis de la muerte de Cristo a una edad avanzada, cree Ireneo poderla confirmar con la ayuda de un argumento teolégico sacado de la redencién que desarro- llard a continuacién. Comienza asf: asumiendo nuestra condicién humana y haciéndose realmente uno de nosotros, el Hijo de Dios nos ha librado del pecado y de la muerte y nos ha hecho partici- par de su vida divina. Ahora bien, para hacerse realmente como nosotros, ha debido conocer todas las etapas de una vida humana normal: no solamente el nacimiento, la infancia, la adolescencia y la edad madura, sino también ese periodo de la vida en que el hombre desciende hacia la vejez. De suerte que Cristo no ha PLAN DEL LIBRO IL 49 podido por tanto sufrir su Pasi6n mas que a una edad relativa- mente avanzada. Esto no es todo: En apoyo de esta tesis, Ireneo cita también una tradicién concordante, que los presbiteros de Asia han recibido de Juan (22,4-5). Un tiltimo indicio de la edad avanzada, que debia tener Cris- to cuando ensefiaba, ha sido suministrado a Ireneo por la réplica de los jueces: No tienes todavia cincuenta afios ;y has visto a Abraham? (Ju. 8,57). Tal frase, observa Ireneo, seria extrafia, si estuviera dirigida a un hombre que no tuviera mds que treinta afios; para que fuera natural deberfa de estar dirigida a un hom- bre, aproximadamente de cincuenta afios, 0 que hubiera rebasado ya los cuarenta (22,6). d) La hemorroisa curada después de doce afos de sufrimiento La tercera muestra de la interpretacién herética, a que se refiere Ireneo, es la que concierne al episodio de la hemorrojsa, enferma durante doce afios y curada por haber tocado la orla del vestido del Salvador; los valentinianos ven en esta mujer una nueva imagen del duodécimo E6n, cuya substancia se derramé en el infinito y se disolvié sin haber tocado la orla del vestido del Unigénito, es decir, la verdad (f. 1,3,3). Para demostrar el cardcter artificial de esta comparaci6n, Ireneo recuerda ante todo que la Sabiduria no es el duodécimo, sino el trigésimo Edn del Pleroma. Hace observar después que, aun cuando se aceptara la comparacién hecha por los herejes, la imagen no responderfa a la realidad supuesta: serfa preciso para ello que, a los once afios de sufrimiento de la mujer, correspon- dieran once Eones atacados de una pasi6n incurable y que, al duodécimo afio, que fue el de la curacién de la mujer, correspon- diera un E6n curado de la pasién (23,1). Ireneo hace observar también que hay otros milagros en que el Evangelio determina el ntimero de afios de enfermedad: Asi la mujer enferma desde hacfa dieciocho afios (Luc. 13,16) y el hom- bre paralizado desde hacia treinta y ocho afios (Ju. 5,5). Si las acciones del Salvador son imagenes de las realidades del Plero- 50 PLAN DEL LIBRO II ma, deberian los valentinianos, en buena l6gica, afirmar que un dieciochoavo, 0 un treinta y ochoavo Eén han caido igualmente en la pasion. Mas no lo han hecho y demuestran con ello el cardc- ter arbitrario de su interpretaci6n relativa a la hemorrofsa (23,2). 2. Las especulaciones de Marcos (24) a) Ntmeros sacados de las Escrituras (24,1-4) Después de las tres clases de interpretacién de Ptolomeo, que acabamos de ver. Ireneo pasa a la refutacién de las especu- laciones aritméticas practicadas por Marcos el Mago y sus dis- cipulos. Primeramente las de Marcos mismo. Se recuerda que Marcos pretendfa volver a encontrar toda clase de indicaciones, relativas a los Eones y asus trasformacio- nes, al contar las letras de algunas palabras de la Escritura, 0 al sumar los ntimeros correspondientes a las letras de que se com- ponian esas palabras o también al entregarse a diversas manipu- laciones a partir de los nimeros en cuesti6n (cf. I, 14-15). Para mostrar la arbitrariedad de tales procedimientos, Ireneo toma el ejemplo de ntimero 888, obtenido de la suma de los némeros correspondientes a las diferentes letras de la palabra (Iesous). Esta palabra, observa él, pertenece a la lengua hebrea, no a la griega. Asi, no convenja aplicar a este vocablo extranjero la manera de contar propia de los griegos, sino que era necesario: 0 bien utilizar la palabra (Soter), que es, la traduccién griega de la palabra hebrea (Iesous), 0 bien tomar, como punto de partida de los cdlculos, los nimeros correspondientes a las letras hebreas. Marcos rechazaba las dos maneras de actuar, porque ni la una ni la otra le aportaban lo que era conveniente a su sistema. Ahora bien, prosigue Ireneo, una comprobacién idéntica debe ser hecha a propésito de toda la aritmologfa de Marcos: se reserva los voca- blos susceptibles de aportar las indicaciones que van en el senti- do de su sistema, pero descuida los demas, aunque su importan- PLAN DEL LIBRO IL a1 cia sea mds fundamental. La arbitrariedad del procedimiento salta a la vista (24,1-2). Después de las practicas de Marcos vienen las de sus disci- pulos, a los que hemos visto procurando recoger, a través de todas las Escrituras, las indicaciones numéricas con relacién al Pleroma y sus grupos de Eones. Ireneo denuncia otra vez la arbi- trariedad del procedimiento mostrando largamente cémo, por una parte, los herejes se lanzan sobre las menores indicaciones, que parecen apoyar su doctrina, y cémo, por otra, dejan de lado las instituciones mas importantes de la ley mosaica, porque no les aportan ninguna indicaci6n titil. Después, puede concluir Ireneo que todos los ntimeros se encuentran, finalmente, en algdn lugar de la Escritura, no importa lo que se pueda probar con ellos. Y, para ilustrar esta conclusién, toma el ejemplo del nimero cinco, mostrando que este ntimero, completamente extrafio al sistema valentiniano, se encuentra también con frecuencia en las Escritu- ras, mds veces atin, que todos los ntimeros por los que se intere- san los herejes (24,3-4). b) Ntimeros sacados de la creacién (24,5) Mas no son las Escrituras el tnico lugar donde los discipu- los de Marcos buscan los ntimeros que se adaptan a su sistema: estos mismos discipulos afirman que suelen recogerlos también en nuestro mundo creado, que el Demiurgo, secretamente muda- do por la Madre, ha hecho a imagen de las realidades del Plero- ma (cf. I, 17,1-2). Ireneo muestra, por medio de algunos ejemplos, el cardcter fantastico de estas especulaciones. Si el afio hubiera sido hecho como imagen del Pleroma, deberia tener treinta meses, mejor que doce, puesto que hay treinta Eones en el Pleroma; y, para poder hacer de imagen de la divisién del Pleroma en: Ogd6ada, Déca- da y Dodécada, deberfa tener tres estaciones, en vez de cuatro. Por lo demas, los herejes se engafian cuando hablan de meses de 30 dfas y de dias de doce horas: no todos los meses tienen 30 52. PLAN DEL LIBRO II dfas, y no todos los dias tienen doce horas, puesto que son mds largos en verano y mas cortos en invierno. c) Nimeros de izquierda y de derecha (24,6) Ireneo se detiene en la ultima especulacién marcosiana, especialmente tipica, basada en el cémputo digital en uso en la antigiiedad. Se sabe que los antiguos contaban los 99 primeros nimeros con la ayuda de los dedos de la mano izquierda, para pasar, a par- tir del ntimero 100 a los dedos de la mano derecha (cf. I, 16, 2, Ultimas Iineas). Identificaban la izquierda con la perdicién y la derecha con la salvaci6n; los marcosianos concebjan la salvacién de la oveja perdida (Luc. 15,6), como el trénsito de la mano izquierda a la derecha, su reintegracién a las 99 ovejas restantes le permitfan volver a ser centésima. Mas Ireneo objeta a esta construcci6n que si el ntimero 99 es un numero de izquierda, las 99 ovejas que han quedado en el redil son necesariamente las ovejas de perdicién y no ovejas de salva- cién. De la misma manera los marcosianos deberdn, en buena l6gica, considerar como reveladores de la perdicién vocablos tales como agape (=caridad) 0 alezeia (=verdad) porque la suma de los ntimeros que corresponden a sus letras no alcanza el ntime- ro 100. 3. El orgullo gnéstico (25-28) A todo lo largo de los cap. 20-24 Ireneo ha pasado, por la criba de su critica, algunas de las indicaciones numéricas, que los. Ptolomeos y Marcosianos pretendian descubrir, en apoyo de sus sistema, no sélo en las Escrituras, sino también en el mundo de las creaturas. Estas indicaciones descansan en el ntimero de Eones del Pleroma, 0 en los grupos de Eones, o también en la defeccién del duodécimo E6n de la Dodécada. PLAN DEL LIBRO IL 53 Ireneo ha mostrado el cardcter fantastico de las comparacio- nes realizadas asf por los herejes: por una parte, un examen, por poco atento que sea de estas comparaciones, hace ver que no existe verdadera correspondencia entre las realidades del Plero- ma y sus pretendidas imagenes; por otra parte, dado que todos los ntimeros se hallan en la Escritura y en el universo, su eleccién no puede ser mas que arbitraria y se puede recurrir a ellos para pro- bar cualquier cosa. Mas Ireneo piensa que no debe atenerse a una critica pura- mente negativa. Quiere averiguar el motivo profundo que dicta a los herejes su actitud con respecto a los dos libros de la revela- cién divina que son la Escritura y el mundo de las creaturas. Esto no es todo: Al mismo tiempo que denuncia el uso erréneo, que los herejes hacen de esos libros, se verd obligado Ireneo... a reflejar las condiciones de una utilizacién correcta de ellos, segtin el conocimiento profundo de las verdades de fe. De aqui procede la seccién mds rica (cap. 25-28), con la que se acaba la tercera parte del libro II. Es verdad que la riqueza misma de esta seccién ofre- ce un dificultoso andlisis, y por eso deben ser considerados los temas esenciales de una manera global, mas que uno tras otro: sabemos también que las sefiales, que vamos a poner, no son las Uinicas posibles. a) La doctrina fundamental de la verdad Ireneo comienza por denunciar el error fundamental de pers- pectiva, que cometen los herejes, cuando dirigen su mirada hacia las Escrituras 0 hacia el mundo creado. Con este fin, les hace poner la objeci6n siguiente. Si no se puede sacar nada de los ntimeros, tal como se ha dicho en ante- riores capitulos, zhay alguna razén para que el Sefior haya veni- do a bautizarse a la edad de treinta afios, para que haya escogido doce apéstoles, para que el aiio tenga doce meses, etc.? Respon- de Ireneo: Todo lo que ha hecho Dios, lo ha hecho con una sabi- durfa infinita, dando a todas las cosas su ntimero y medida, ya realizando: la creacién en sus origenes; 0 todas las etapas del 54 PLAN DEL LIBRO II Antiguo Testamento, 0 las gestas llevadas a cabo por el Verbo, cuando vino en carne humana. Mas no es ello una raz6n para ver, en nuestro mundo y su historia, la imagen degradada: de un Ple- roma divino, supuestamente superior a Dios Creador, y de acon- tecimientos supuestamente sobrevenidos a este mundo trascen- dente; es legitimo sin duda buscar el reconocimiento de las armonias del plan divino: tanto en el mundo, como en Ia historia, mas a condici6n de que se haga esa busqueda con el respeto mds absoluto a «la doctrina fundamental de la verdad», segtin la cual, no existe mas que un solo Dios todopoderoso, Creador de todas las cosas sin excepcién y Ordenador soberano de todos los acon- tecimientos de nuestra historia (25,1). Para mostrar cémo, de un tinico Dios Creador, ha podido proceder toda la infinita variedad de seres y de cosas, recurre Ire- neo a la comparacién de los sonidos de una citara. Diferentes los unos de los otros, y hasta opuestos entre sf, no por eso dejan de constituir esos sonidos, gracias a su diversidad misma, una melodia tinica cuando, bajo los dedos de un auténti- co artista, se ordenan en un todo armonioso: asi se compone esta melodfa con el mundo y el desarrollo de toda su historia: estar4 permitido admirar la desconcertante variedad de etapas sucesivas (por ejemplo: la época de los patriarcas, la Ley de Moisés, la Nueva Alianza etc.), estara permitido también buscar la com- prensi6n del por qué de cada una de esas etapas y las diferentes relaciones que ellas guardan entre si, mas se cuidard a toda costa, bajo el pretexto que sea, de sospechar a un artista cualquiera fuera o por encima del tinico Dios Creador, de quien procede todo (25,2). b) Pequefiez del hombre frente a la grandeza infinita del Creador (25,3-4) No tiene nada de extrafio que en una biisqueda, que tiene por objeto a Dios y su obra, queden sin respuesta multitud de pre- guntas. PLAN DEL LIBRO II 55 Dios esta, en efecto, infinitamente por encima de este ser sacado de la pura nada que es el hombre, quien, aun cuando haya recibido ya la gracia del Espiritu Santo, no la ha recibido mas que de una manera «parcial» y no es todavia igual a su Creador, como lo sera més adelante, cuando le vea cara a cara y participe de todos sus secretos. Por tanto ocurre que, durante mucho tiempo, el hombre no hace mds que progresar hacia ese estado perfecto, y no puede menos de ignorar una infinidad de cosas, cuyo conocimiento esta reservado a Dios (25,3). En lugar de no aceptar del Verbo mas que la humilde ciencia a la que su estado presente les permite acceder, los herejes, en el colmo de su locura, pretenden rebasar al Dios Creador —insupe- rable por esencia— y elevarse hasta un Dios Superior, que sola- mente ellos serfan del tamafio adecuado para alcanzar (25,4). c) Superioridad de un amor ignorante sobre una ciencia orgullosa (26,1) Esta actitud de los herejes inspira a Ireneo una pagina admi- rable de vigor, en la que, haciéndose eco de una palabra de Pablo (I, Cor.8,1), fustiga una falsa ciencia, que no hace mas que hin- char de orgullo, y coloca por encima de ella a un humilde amor, que acepta no conocer mas que a Cristo Crucificado. Notamos en esta pagina, donde Ireneo desprecia enérgica- mente el orgullo gnéstico, que no trata de repudiar el conoci- miento como tal. Sino al contrario, porque, allf donde Pablo dice simplemente: «La ciencia hincha», Ireneo en el comentario que hace de esta palabra, distingue muy claramente un verdadero conocimiento de Dios, que procede del amor y conduce al amor aquél mismo amor que Pablo posefa mas que cualquiera— y una supuesta ciencia, que no conduce més que al orgullo y al despre- cio de Dios. 56 PLAN DEL LIBRO II d) Investigaciones erréneas (26,2-3) Para justificar sus especulaciones, los gnésticos invocan la Palabra del Sefior: «Buscad y hallaréis» (Mat. 7,7). Mas, les con- testa Ireneo, ,esta palabra les autoriza a emprender la btisqueda de cualquier cosa? Con el pretexto de que estén contados los cabellos de nuestra cabeza {se van a poner ellos a contar los cabe- llos de todas las cabezas, para poder especular sobre los nimeros asi obtenidos? O, con el pretexto de que ningtin pdjaro cae sin la voluntad del Padre {van a tratar de contar todos los que caen cada dia, para poder levantar unos sistemas sobre los nimeros asf obtenidos? O, mas atin, con el pretexto de que Dios sabe el ntime- ro de granos de arena de la tierra y el ntimero de estrellas que hay en el cielo, yvan a intentar en vano hacer su enumeraci6n? Evi- dentemente, ha sido éste un conocimiento de cosas, que Dios no ha juzgado Util para nosotros: un hombre sensato comprende que debe tolerarse el desconocimiento de cosas que rebasan nuestro conocimiento. e) Investigaciones verdaderas (27, 1-3) En cambio, un hombre sensato se aplicard con todo ardor a conocer lo que Dios se ha dignado poner a nuestro alcance. ; Qué es esto? Es ante todo, responde Ireneo, el mundo que nos rodea y del que formamos parte: por todo lo que nos ofrece a nuestra mirada, atestigua que es obra de un solo Dios Creador y Ordena- dor. Después y sobre todo, son las Escrituras que Dios nos ha dado: donde se trata de los profetas y de los Evangelios. Ellas nos ensefian, por medio de toda una serie de textos, que no ofrecen ninguna ambigiiedad, que un solo Dios ha hecho todas las cosas sin excepcién por medio de su Palabra todopoderosa. Tal es la doble roca sobre la que se apoya nuestro conocimiento de Dios y de su economia salvifica. Mas, al lado de estos datos indudables, el mundo y la Escri- tura nos ofrecen también unas indicaciones menos claras, sus- ceptibles de orientar nuestra investigacién en direcciones milti- PLAN DEL LIBRO II 57 ples: Es esto, lo que Ireneo volviendo a tomar un término usado ya mas arriba (cf. II, 10,1-2; 11,20,1), llama aqui «las pardbolas». Los herejes hacen muchisimo caso de estas indicaciones, mas 0 menos oscuras que creen descubrir en el mundo y en las Escritu- ras; estas distintas clases de indicaciones emanan, segtin ellos, del «Padre» que trasciende, y han sido sembradas por él aqui y alli, en la obra del Demiurgo, como otros tantos vestigios, sus- ceptibles de revelar el mundo de arriba a aquellos hombres, que sean capaces de interpretarlos correctamente. Ireneo rechaza de la manera mds categérica una tal dicotomfa: ya se trate del mundo o de las Escrituras, emana todo del tinico Dios Creador y si, en este libro doble de la revelacién divina, se encuentran unos elementos, cuya interpretacién puede ser problematica, se debera comprenderlos a la luz de lo que se halla ensefiado claramente, a saber, precisamente la unicidad del Dios Creador de todas las cosas, y Autor de la Salvacién del hombre. Si se procede de esta manera, insiste Ireneo, no sdlo se evitard el riesgo de las inter- pretaciones erréneas, sino que las pardbolas serdén comprendidas de la misma manera que todos, y el tinico «cuerpo de la verdad» vera respetada por todos su integridad armoniosa; si, por el con- trario, como hacen los herejes, se pretende partir de «pardbolas», susceptibles de interpretaciones diversas, y fundar en ellas su biisqueda de Dios, queda la puerta abierta a toda clase de fanta- sfas de la imaginacién y habra tantas opiniones contradictorias, como individuos haya, y creeran todos estar en posesi6n de la verdad. J) Reservar a Dios el conocimiento de las cosas que nos superan (28, 1-3) Sacando entonces la conclusi6n de todas las consideraciones que preceden, Ireneo es... Ilevado a formular de nuevo el progra- ma de una auténtica reflexién teolégica o, si se prefiere, de una investigacién del verdadero contenido de las Escrituras divinas. Se apoya todo en esta verdad fundamental, atestiguada clara- mente a través de toda la Escritura: Un solo Dios y Padre, des- 58 PLAN DEL LIBRO II pués de haber creado el mundo y al hombre al principio, no ha cesado ni cesa de acompaiiar al hombre, a todo lo largo de su his- toria, encamindndole dia tras dfa, hacia su salvacién, haciéndole crecer sin cesar en su amor, hasta el dia en que, estando el hom- bre maduro para una vida incorruptible, pueda Dios introducirle en su propia morada y le ponga en posesién de sus propios bie- nes divinos. Tal es el contenido global de las Escrituras, a partir de lo cual se esforzard por resolver todas las cuestiones particu- lares, que podran ocultar esas mismas Escrituras (28,1). Y si en el curso de esta investigacién, se encuentra tal 0 cual cuesti6n, a la que la Escritura no da respuesta, no se pondrd en seguida en tela de juicio la doctrina fundamental, que se acaba de recordar, sino que se reservard a Dios el conocimiento de lo que él no ha juzgado util de ensefiarnos al presente. Por otra parte no es de extraiiar —que exista en nosotros esa ignorancia en multitud de cosas de la Escritura— porque tam- bién, en este mundo creado que nos rodea, existe una multitud de fenémenos naturales, cuya explicacién se nos escapa: como las crecidas del Nilo, la migraci6n de las aves, el flujo y el reflujo del mar etc. (28,2). Si reservamos a Dios el conocimiento del por qué de estos fenémenos naturales, con mds razén debemos estar dispuestos a reservarle el conocimiento de los misterios divinos, que é1 no se ha dignado revelarnos en las Sagradas Escrituras: porque —Ire- neo incluye aqui la eternidad misma—, dada la infinita trascen- dencia del Creador con respecto a la creatura, es necesario «que sea siempre Dios el que ensefia y sea siempre el hombre el que sea el discipulo de Dios». Por tanto siempre, incluso en la vida del cielo, permanecen en el hombre la fe, la esperanza, y la cari- dad; porque siempre, incluso cuando el hombre vea a Dios cara a cara, tendrd que aprender de Dios cosas nuevas secretas. Se habra notado la importancia de esta pagina en la polémica antigndstica: al encuentro del orgullo gndstico, Ireneo define aqui, de una manera especialmente vigorosa, el cardcter de receptividad que PLAN DEL LIBRO II 59 posee la actitud cristiana frente a la absoluta gratuidad del amor de Dios (28,3). g) Los herejes no admiten que haya algo reservado a Dios (que sepa Dios algo que nosotros desconocemos) (28,4a) Ireneo va a estigmatizar este orgullo de los gnésticos en el Ultimo desarrollo de su trabajo: su ceguera y su locura provienen, dice él, de que, olvidando sus limitaciones de creaturas, rehusan reservar lo que sea al Dios que los ha creado. Ireneo muestra entonces cémo se verifica esta actitud gnéstica a propésito de tres cuestiones fundamentales. La primera de estas cuestiones se refiere a lo que podemos lamar: la vida intima de Dios y, mas en particular, a la genera- cién del Verbo por el Padre. Esta vida intima de Dios, la conci- ben los Valentinianos bajo la forma de una serie de emisiones, hechas a partir del Padre y acabando en la constitucién de un Ple- roma de entidades divinas 0 Eones; siendo todos de la misma naturaleza espiritual, estos Eones forman un conjunto jerarquico, cuya perfeccién va decreciendo, a medida que se van alejando del Padre; el Verbo es uno de estos Eones: ha salido del Entendi- miento, el cual, a su vez, ha salido del Padre. Tal es la manera como los valentinianos se representan el mundo divino. Volvien- do brevemente a lo que ha desarrollado largamente con anteriori- dad (cf. II, 13,3-8), muestra Ireneo lo que tal concepcién tiene de tosco antropomorfismo. En el hombre, ser compuesto de partes, es licito distinguir: la persona que obra, la inteligencia con la que reflexiona y la palabra por medio de la cual el entendimiento expresa el pensamiento, que ha concebido dentro de si. Mas en Dios, que es totalmente simple, no podra haber dis- tinciones de esta suerte; Dios es todo entero Entendimiento y todo entero Palabra, como es todo entero toda perfeccién; dicho de otra manera, el Entendimiento divino es idéntico a la Realidad divina y el Verbo divino es idéntico a esta misma Realidad divi- na. Se podra notar el vigor con que Ireneo afirma, una vez mas, la total simplicidad del Ser divino, en que no se puede encontrar 60. PLAN DEL LIBRO IL composicién de ninguna clase. {Se sigue de ello que Ireneo des- truye la distincién personal del Padre y del Verbo y la generacién del Verbo por el Padre? De ninguna manera sino que, asi como una tal generacién es indudable, atestiguada por las Escrituras, asi, intenta precisar Ireneo, el modo de esta generacién es inac- cesible a todo entendimiento humano, incluso a todo entendi- miento angélico, tan elevado como sea: porque se trata de un secreto conocido sdlo por el Padre, que ha engendrado y por el Hijo, que ha nacido. Nosotros no sabremos insistir bastante sobre la gran importancia teolégica de esta pagina de Ireneo, demasia- das veces mal comprendida: sin las formulas técnicas, que no vendrén hasta mds adelante, tenemos ya elaborada con mucha lucidez la doctrina de la unidad de la «naturaleza» divina en la distincién de las «personas» (28,4-6). La segunda cuestién esté muy brevemente evocada por Ire- neo: se refiere al origen de la materia. Los valentinianos identifi- cando la materia con el mal, le asignan como su origen a un desorden sobrevenido al interior mismo del Pleroma divino, desorden que se manifiesta después fuera del Pleroma, en toda una serie de episodios en cascada: formacion de la «Madre» pro- duccién del Demiurgo, organizacién del mundo, etc. Saliendo al paso de estas fantasfas, Ireneo hace fijarse a los herejes en los datos de la Escritura: afirma ésta claramente que todo lo que exis- te fuera de Dios, incluida la materia, de que esté hecho nuestro mundo, ha recibido de Dios la existencia misma, mas no nos dice ella nada sobre el comienzo de una produccién semejante y debe- mos reservar a Dios el conocimiento de este misterio (28,7a). La tercera cuestién se refiere al misterio del pecado y de la libertad. En general, y abstraccién hecha de algunas divergencias, piensan los Valentinianos que, si los hombres son buenos o malos, lo son por naturaleza, los unos infaliblemente elegidos y los otros inevitablemente condenados al anonadamiento, Ireneo llama también aqui a los herejes a la humildad. Esto es lo que ensefian las Escrituras, que Dios ha conocido de antemano las trasgresiones futuras, y que ha preparado para los trasgresores un PLAN DEL LIBRO II 61 fuego eterno; mas, por qué unos seres han trasgredido y otros no, es un misterio que debemos saber reservar al conocimiento de Dios, a ejemplo del Sefior que no ha temido reservar al Padre s6lo, con exclusién del Hijo mismo, el conocimiento del dia y de la hora del juicio (28,7b-9). Asi acaba la tercera parte del libro II, dedicada a refutar las especulaciones ptolomeas y marcosianas, que se refieren a los numeros, nombres y silabas, en los que los herejes pretenden des- cubrir la oscura revelacién de un mundo superior. Acaba su refu- tacién con una larga demostracién, en que denuncia sin mira- mientos el orgullo gnéstico y subraya la urgencia de una humilde docilidad a la ensefianza de Dios. Algunas de estas paginas de Ireneo son de las mas sugestivas de toda su obra. CUARTA PARTE REFUTACION DE LAS TESIS VALENTINIANAS QUE SE REFIEREN A LA CONSUMACION FINAL Y AL DEMIURGO (29-30) Las dos primeras partes han estado dedicadas a la refutacién de lo que podemos llamar el «sistema» valentiniano y, mas con- cretamente, las tesis principales que constituyen como el arma- z0n de ese sistema: la existencia de un Pleroma divino, superior al Dios Creador, emisiones sucesivas de Eones, que acaban en la constitucién de ese Pleroma, la pasién del Ultimo Eon, las tras- formaciones de la simiente sembrada por la «Madre», con el des- conocimiento del Demiurgo, en el alma de los valentinianos. A propésito de cada una de estas piezas maestras del sistema, Ire- neo ha mostrado largamente las contradicciones e incoherencias de que estan Ilenas y que bastan para hacerlas inaceptables para todo hombre que reflexiona. En la tercera parte, dejando la critica del sistema propia- mente dicho, ha mostrado Ireneo la nulidad de los apoyos, que 62 PLAN DEL LIBRO II los herejes buscan en favor de este sistema, bien sea en las divi- nas Escrituras, bien sea en las realidades de nuestro mundo visi- ble: Asi cuando los herejes piensan hallar, en las Escrituras 0 en la Creacién, los ntimeros que corresponden a su Pleroma 0 a los acontecimientos, que han tenido lugar en él, no solo no hacen mds que proceder a unas manipulaciones arbitrarias, sino que contradicen a la vez la ensefianza mas clara, que Dios nos da por medio de esas Escrituras y de esa creacion. Parecerd que, después de todo esto, Ireneo ha terminado con la refutacién de las tesis valentinianas. Sin embargo, antes de poner el punto final a esta refutacién, estima titil abordar todavia dos puntos especiales del sistema valentiniano: se trata de la tesis relativa a la suerte final de las tres naturalezas o substancias y de la tesis relativa a la naturaleza psiquica del Demiurgo. Por eso viene esta cuarta parte, mucho mas breve, y que por medio de la tercera se une ldgicamente a las dos primeras. 1. EI destino final de las tres naturalezas o substancias (29,1-3) La tesis herética, a que se refiere aqui Ireneo, ha sido expuesta con detalle en la «Gran Resefia» del libro I (cf. I, 7, 1- 7,1). Ella trata del destino final de las diversas naturalezas 0 subs- tancias. Segtin esta tesis las chispas espirituales, que constituyen el verdadero «yo» de los valentinianos, se desprenderan final- mente de sus envolturas psiquica e hylica, para volver al Plero- ma, su lugar de origen. Por el contrario, los cuerpos, a causa de su naturaleza hylica, desapareceran en el fuego. En cuanto a las almas, segtin la légica del sistema, iran a parar al Intermediario, su lugar connatural, para disfrutar del descanso en compajfifa del Demiurgo. Sin embargo, por una curiosa falta de l6gica, los valentinianos subordinan el destino final de las almas a su comportamiento: Solamente aque- PLAN DEL LIBRO II 63 Ilas, que hayan obrado el mal, compartirdn el destino de la natu- raleza hylica, a la que voluntariamente seran asimiladas. A esta concepcién opone Ireneo una critica triple: 1. Si los herejes profesan que las almas se salvan, no por el hecho de ser almas, sino porque han practicado la justicia, estardén obligados a admitir que los cuerpos deben tener parte también en la salvacién, porque, también ellos han tenido parte en la practica de esa justicia. E Ireneo insiste en esa indisociabi- lidad del cuerpo y del alma en la prdctica de la justicia, indiso- ciabilidad en que ve él el argumento mas convincente en favor de la doctrina de la resurreccién de los cuerpos; porque, si es el hombre todo entero cuerpo y alma, el que camina hacia Dios, por medio de la practica de la justicia, es necesario también: que sea el hombre, todo entero, el que tenga parte en la vida eterna de Dios, 0 dicho de otro modo, que nuestros cuerpos mismos, por medio de la resurreccién, accedan a la vida inmortal e inco- rruptible (29, 1-2). 2. Mas atin, cuando los valentinianos no admiten el acceso al lugar del Intermediario mds que a las solas almas justas, intro- ducen una contradiccién en el seno de su sistema: en efecto, si la substancia espiritual, toda entera, esta destinada, por el mero hecho de ser espiritual, a regresar al Pleroma, y si la substancia hylica, toda entera, est4 destinada de la misma manera a desapa- recer, no hay razon para que la substancia psfquica no vaya tam- bién, toda entera, al lugar del Intermediario con el Demiurgo (29,3a). 3. Esto no es todo. ,Cudl es esa supuesta substancia espiri- tual que constituye el verdadero «yo» de los valentinianos y que esta destinada a volver al Pleroma? En realidad, el hombre se compone de dos elementos, y tinicamente de dos: su alma dotada de entendimiento y capaz de pensar, y un cuerpo de carne. Si, como quieren los valentinianos, el cuerpo desaparece en el fuego y el alma va al lugar del Intermediario, ya no queda nada del hombre que pueda entrar en el Pleroma (29,3b). 64 PLAN DEL LIBRO II 2. La naturaleza supuestamente psiquica del Demiurgo (30,1-9) Si la doctrina valentiniana relativa al destino final de las tres naturalezas se revela Ilena de incoherencias, la que se refiere a la naturaleza psfquica del Demiurgo no es menos absurda. Se sabe en efecto quelos valentinianos identifican su verdadero «yo» con el elemento espiritual que se jactan de poseer en si, no vacilan en colocarse por encima del Demiurgo, del que afirman ser de natu- raleza psfquica y en el que no quieren ver mas que al ordenador presuntuoso y limitado de nuestro mundo material (cf. 1,5,1-4). a) Superioridad del Demiurgo probada por sus obras (30,1-5) Una presunci6n asi de los herejes llena de indignaci6n a Ire- neo. Partiendo de esta verdad de sentido comin, de que aquél que es superior se muestra tal por sus obras y no por fanfarronadas gratuitas, establece una comparaci6n entre los valentinianos y el Creador del universo. Y, para que la argumentacién sea mas con- vincente atin, acepta situarse en el terreno mismo de sus adversa- rios: suponiendo incluso, dice en substancia, que el Dios Creador no sea mas que el instrumento, por medio del cual el Salvador y la Madre hayan hecho el mundo, ;d6nde esta la superioridad auténtica? De una parte esta aquél, por cuyo medio han sido esta- blecidos los cielos, consolidada la tierra, suspendidas las estre- llas, sembradas todas las maravillas de que esta Ileno el universo, producidos todos los seres vivientes, que hay bajo el cielo — inclufdos los herejes mismos— y todos aquellos que estan sobre el cielo. Por otra parte estan los valentinianos, de los que no se sabe que el Salvador o la «Madre» se hayan servido nunca, para hacer cualquier clase de creacién. Esta simple constatacién {no basta para mostrar cudn ridicula es la pretensién de los herejes y, aun cuando el Demiurgo no sea mas que lo que ellos pretenden, cudn por debajo de él estan? (30, 1-3). PLAN DEL LIBRO II 65 Porque, insiste Ireneo, si, para realizar una creaci6n, cual- quiera que sea, a imagen de las realidades del Pleroma, la «Madre» ha utilizado al Demiurgo, mds que su propia simiente, es simplemente porque el Demiurgo era un instrumento apto para realizar las intenciones de la «Madre», en tanto que la simiente en cuesti6n no era buena para nada. Sera en efecto un hecho ente- ramente impensable que un artista, digno de este nombre, venga a rechazar un instrumento excelente, para utilizar uno malo (30,4-5). b) El Demiurgo, autor de los seres espirituales (30,6-8) Quizds los herejes digan que el Demiurgo no ha creado mas que seres materiales, es decir, el cielo visible y todo lo que esta debajo de él; en tanto que la simiente de la «Madre», que es esen- cia espiritual, ha hecho los seres espirituales, que estan situados sobre el cielo: Principados, Potestados, Angeles, Arcangeles, etc. A esto opone Ireneo primeramente el testimonio formal de las Escrituras, mencionado ya anteriormente, segtin el cual todas las cosas sin excepcién, tanto las invisibles como las visibles, han sido hechas por el tinico Dios Creador. Por lo demas, nota él, si los valentinianos hubieran creado a los angeles y demas seres espirituales, deberfan ser capaces de revelar su naturaleza, su nimero y su organizaci6n, lo cual no son ellos capaces de hacer (30,6). Para demostrar que los seres espirituales son también ellos obra del Dios Creador, Ireneo desarrolla después una argumenta- cién, que se basa en el testimonio de Pablo. Este, en efecto, evo- cando las revelaciones mas altas, de que ha sido favorecido, refiere: cémo él fue trasportado hasta el tercer cielo, y cémo entendié allf palabras espirituales, que no es posible expresar con palabras humanas (cf. II Cor. 12,2-4). Ahora bien, sefiala Ireneo, esta declaracién de Pablo apareceria como desprovista de senti- do, si admitiéramos la tesis valentiniana de que el tercer cielo, residencia del Demiurgo psfquico, esta situado muy por debajo de él: porque, para poder beneficiarse de las revelaciones espiri- 66 PLAN DEL LIBRO II tuales, Pablo hubiera debido, segiin la teoria valentiniana, rebasar al Demiurgo y elevarse por lo menos hasta el Intermediario, lugar de residencia de la «Madre». Por tanto, si la declaraci6n de Pablo tiene sentido, hay que admitir que los cielos contienen unos seres espirituales y que aquél, que ha creado los cielos, ha creado tam- bién los seres espirituales que residen alli. Y si Este es el que ha creado los seres espirituales, prosigue Ireneo, se concluira que no puede ser de ninguna manera de naturaleza psiquica, como quie- ren los herejes, sino que tiene que ser necesariamente de natura- leza espiritual, dicho de otra manera, que es aquel mismo de quien el Evangelio dice que es «Espiritu» (cf. Jn. 4,24) (30,7-8). c) Conclusién: El Dios Creador es el tinico Dios verdadero (30,9) Asf, aun cuando no se viera en el Dios Creador mas que el instrumento por medio del cual el Salvador 0 la «Madre» hubie- ran hecho el mundo, se deberfa de sublevar ya contra la preten- sidn de los herejes de remontarse sobre aquél que es su Creador. Mas, se apresura en afiadir Ireneo, el Dios Creador no es este ins- trumento, que pretenden los herejes, porque el Creador es Aquél que por iniciativa propia y libremente ha hecho de la nada todo lo que existe fuera de él. E Ireneo concluye la presente seccién, asi como la refutacién de las tesis propiamente valentinianas, que han sido el objeto de las cuatro primeras partes del libro II, por medio de un himno a la gloria de Aquél que es «el nico Dios, el tnico todopoderoso y el nico Padre». El ha creado, hecho y ordenado todas las cosas visibles e invisibles, por su sola Palabra, y por su sola Sabiduria; El esta sobre todas las cosas, y no existe nada que esté sobre él, ojala no vaya contra los herejes y contra todo lo que éstos han podido gratuitamente imaginar. El es el que, después de haber modelado al hombre, no ha cesado ni cesa de acompajiarle en su camino: El es Aquél a quien han conocido los Patriarcas, que ha anunciado la ley, y Aquél a quien han predicado los profetas, Aquél que se ha hecho visible PLAN DEL LIBRO II 67 en Cristo, Aquél a quien han ensefiado los apéstoles y que es el objeto de la fe de la iglesia. Por medio de su Verbo, que es su Hijo y que esta desde entonces siempre con él se revela no solo a los hombres, sino también a los Angeles y a las Potestades celestes, en una palabra, a todos los que él quiere revelarse. Tal es el Dios que Ireneo entiende vengar de las blasfemias de los herejes. QUINTA PARTE REFUTACION DE ALGUNAS TESIS NO VALENTINIANAS (31-35) Con el capitulo precedente se acaba la tarea que Ireneo se habfa fijado en el prefacio del libro, a saber, la refutacién de las principales tesis de la escuela valentiniana, en particular las de Ptolomeo y de Marcos el Mago. Al hablar de esta escuela valentiniana, que aparece, a los ojos de Ireneo, como el resultado y una especie de recapitulacién de todas las herejfas anteriores, hay que decir que el obispo de Lyon ha tenido la sensacién de que al refutarla, ha refutado a la vez a todas las herejias. Por tanto hubiera podido terminar aqui el libro II. Sin embar- go, temeroso de dejar algtin resquicio al error, juzga conveniente volver sobre algunas tesis mds particulares, propias de sistemas anteriores a la herejia valentiniana: ésta es la raz6n de esta quin- ta parte, dedicada a refutar esas tesis. 1. Preambulo (31,1) Antes de abordar esta refutacién, Ireneo comienza por mos- trar cémo su refutaci6n de las principales tesis valentinianas valia ya contra las demas herejias. Asf, al refutar la tesis, segtin la cual nuestro mundo material esta fuera de la esfera del Dios Supremo, 68 PLAN DEL LIBRO II ha refutado a Marcion, Simén, Menandro y a todos aquéllos, que han profesado una doctrina semejante. De la misma manera, al refutar la tesis segtin la cual nuestro mundo, perteneciendo todo a la esfera del Dios Supremo, con todo no ha sido hecho por él, ha refutado a Saturnino, Basilides, Carpécrates y a los «gnésti- cos»: Asf también, al mostrar la vaciedad de la tesis relativa a las emisiones de los Eones y a una deficiencia ocurrida en su seno, ha refutado a Basilides y a los gnésticos. En una palabra, al mos- trar que el Dios Creador es el tinico Dios verdadero, ha derriba- do por su base a todos los sistemas que, después de Simén Mago, han pretendido descubrir a un Dios Superior al Creador. 2. Tesis de Simén y de Carpécrates (31,2-34,4) a) Prdacticas magicas (31,2-3) Después de esta Ilamada general, Ireneo aborda algunos puntos concernientes mas particularmente a Simén Mago y a Carpécrates. Se propone ciertamente refutar sus doctrinas, mas, como estos heresiarcas son conocidos sobre todo por sus practi- cas magicas, es sobre ellas sobre las que realiza ante todo su exa- men. Ireneo no niega que estos heresiarcas, asi como sus discipu- los, hayan podido o puedan, atin ahora, realizar algunos prodigios mds 0 menos espectaculares; mas, es preciso observar que tales obras no son realizadas por el poder de Dios y que, lejos de ser de alguna utilidad para los hombres, no sirven mas que para engajiarlos y perderlos. Ocurre de manera totalmente diferente en la Iglesia, donde el poder de Dios esta obrando continuamente; para dar vista a los ciegos, ofdo a los sordos, salud a los enfermos y algunas veces también vida a los muertos, en una palabra, para venir misericordiosamente en ayuda de los hombres y proporcio- narles ya en esta vida el comienzo de su salud. Esta simple com- paraciOn es suficiente para mostrar de qué lado estd la mentira y de qué lado la verdad. PLAN DEL LIBRO II 69 b) Supuesta necesidad de entregarse a todas las actividades posibles (32,1-2) Después de las practicas magicas, vienen las costumbres licenciosas (cf. 1,23,3-4). Este libertinaje moral es propio de los Simoniacos (cf. I, 23,3-4) y, mas atin, de los Carpocratianos, que profesan que se deben realizar todas las acciones posibles, inclu- so malas, ya sea en una sola vida humana, ya sea en muchas vidas sucesivas, si se quiere franquear el territorio propio de los Pode- res planetarios después de la muerte y llegar al Dios Supremo situado por encima de ellos (cf. I, 25,4). Profesando una teoria asi, contesta Ireneo, los Carpocratia- nos se contradicen a sf mismos. En efecto, atribuyen por una parte a Jestis el titulo de Maestro, el mds excelente de todos (cf. I, 25,1); y, por otra, vuelven la espalda a la ensefianza mds clara y mas constante de ese mismo Jestis; que, no contento con con- denar el adulterio, el homicidio y toda clase de injusticia 0 vio- lencia, prohibe incluso el deseo y el pensamiento de esos mismos actos, y opone de la manera més clara posible el destino final de los justos, introduciéndolos en el reino de su Padre, y de los injustos, envidndolos al fuego eterno (32,1). Los Carpocratianos se contradicen también de otra manera. Afirman que hay que dedicarse a todas las actividades y compor- tamientos posibles. Mas, en realidad no se les ve nunca dedica- dos a actividades virtuosas y, menos atin, tratando de abrazar toda clase de actividades humanas dignas de estima, como: disciplinas tedricas, artes practicas, y otras profesiones imnumerables; por el contrario, se sumergen en los placeres, la lujuria y todas las vile- zas. Se condenan a si mismos, segtin su doctrina, porque les falta todo lo que ellos mismos han declarado necesario para la salva- cién (32,2). c) Supuesta superioridad sobre Jestis (32,3-5) En la resefia dedicada a Carpécrates, Ireneo ha sefialado expresamente que algunos de sus discipulos, invocando un 70 PLAN DEL LIBRO II parentesco con Jestis, no temen considerarse como iguales, incluso superiores a él (cf. I, 25,2). Es ésta una afirmacién que Ireneo se propone refutar aqui. A este fin, establece una comparacién entre las obras de Jestis y las de los herejes. Jestis ha realizado una serie de mila- gros para el provecho de los hombres; en tanto que los prodigios obrados por los herejes no revelan, tal como se ha visto ya, mas que cosas de magia y de engaiio. Mas atin, Jestis resucité de entre los muertos y ascendié a los cielos, a la vista de sus discipulos; mientras que jamas resucit6 ni uno solo de los herejes después de su muerte, ni se manifest6 a nadie (32,3). Y esto no es todo. El poder del Sefior resucitado no cesa de manifestarse en su Iglesia, ya que por medio de la invocacién del nombre de Jestis, crucificado en otro tiempo bajo Poncio Pilato, sus discfpulos auténticos: expulsan los demonios, predicen el porvenir, curan las enfermedades, resucitan muertos y distribu- yen gratuitamente lo que, ellos gratuitamente reciben de Dios. No hay nada parecido entre los herejes, porque no se ha visto jamas que haya sido curado nadie por la invocacién del nombre de Sim6n, de menandro, de Carpécrates o de cualquier otro (32,4-5). d) Supuesta transmigracion de las almas (33,1-4,1) Los Carpocratianos, tal como acabamos de ver, profesan la doctrina de la metempsicosis, por lo menos en el sentido de que las almas son obligadas a pasar de cuerpo en cuerpo en existen- cias sucesivas, tan largo tiempo como sea necesario, para todas las formas posibles de actividad (cf. I, 25,4). Si las almas, contesta Ireneo, hubieran vivido ya una o mas vidas anteriores, gno deberian acordarse de lo que han hecho? Seria esto tanto mds indispensable cuanto que, segtin la tesis Car- pocratiana, ellas vienen a este mundo precisamente para realizar lo que dejaron de realizar en el curso de sus vidas anteriores; {c6mo sabran ellas lo que les falta por hacer, si no se acuerdan nada de lo que han hecho ya? Por otra parte, un olvido semejan- PLAN DEL LIBRO Il 7 te ni parece posible: porque si el alma, al despertar, se acuerda de lo que ha visto en un instante durante el suefio, con mas razén deberia acordarse de lo que ha visto en el curso de toda una exis- tencia anterior (33,1). Hablar, como lo hace Platén, de un brebaje del olvido, que las almas toman en el momento de entrar en esta vida, es afirmar una cosa imposible de probar, porque, por definicién, ese breba- je harfa olvidar todo, incluso el brebaje mismo (33,2). Afirmar que es el cuerpo el que provoca ese olvido es mds absurdo todavia, porque, en ese caso, el alma seria incapaz de acordarse de nada: en el mismo instante, por ejemplo, en que el ojo se apartara de un objeto, seria éste olvidado totalmente. En realidad no es el cuerpo el que tiene dominio sobre el alma, sino que es el alma la que tiene dominio sobre el cuerpo, es como si el alma, unida al cuerpo, estuviera mds 0 menos dificultada, por el hecho de que su prontitud se mezcla con la lentitud del cuerpo, un poco a la manera en que la prontitud del espiritu de un artista es mas o menos dificultada, por la lentitud del instrumento de que se sirve para realizar una obra de arte (33,3-4). Si el alma no posee ningtin recuerdo de una existencia ante- rior, concluye Ireneo, es porque no ha estado nunca —ni estara— en ningtin otro cuerpo mas que en aquél que al presente es el suyo. Y se vera la realidad de la ensefianza de la Escritura sobre las retribuciones Ultimas: cuando la resurreccién general, aqué- llos, que resuciten para la vida, tendran su propio cuerpo y su pro- pia alma, unidos al Espiritu, que cada uno por su parte habra reci- bido de Dios, y con el que le alabaran; en cuanto a aquéllos, que resuciten para el castigo, tendran también ellos su propio cuerpo y su propia alma, pero privados de ese Espiritu de Dios, que han rechazado ellos culpablemente (33,5). Esta conclusion referente a lo absurdo de la doctrina de la metempsicosis, a la que conduce un poco de reflexién, esta total- mente confirmada por la ensefianza del Sefior. Este al relatar detalladamente la historia de Lazaro y del rico malvado, y al des- cribir el destino del uno y del otro después de su muerte, muestra 72 PLAN DEL LIBRO II claramente que las almas, lejos de pasar a otros cuerpos, guardan la huella del cuerpo que han animado aqui abajo y se les asigna, desde antes de la resurreccién general y el juicio, la mansién que han merecido (34,1). e) Supuesta mortalidad de las almas (34,2-4) Después de su refutaci6n de la doctrina de la metempsicosis, Ireneo juzga til encontrar una objecién, que vaya en contra del espiritu de mds de un hombre cultivado de su tiempo: {cémo un ser que ha comenzado a existir, en este caso el alma humana, es posible que no tenga su fin? Un adagio filoséfico indiscutible dice, en efecto, que sdlo lo que no ha tenido comienzo no tiene tampoco fin; luego, si el alma ha comenzado con el cuerpo, debe también necesariamente acabar con él. No se trata aqui de una doctrina herética particular: se buscarfa en vano, en las resefias del libro I, tal cual es, esta tesis en cuesti6n. Se trata mds bien de una objecién, que surge bastante espontaneamente en este lugar y ala que Ireneo desea responder a continuaci6én. La respuesta de Ireneo consiste en rebasar el horizonte emp{- rico en que se mantiene encerrada, a fin de cuentas, toda la filo- soffa antigua, para elevarse a aquél de la fe en un Dios, que da el ser a todas las cosas sin excepcién. A esta luz de la fe, Dios es el Unico que aparece sin comienzo ni fin, siendo el tinico que se encuentra después perfecto para siempre; en cuanto a todos los dems seres distintos de él, cualesquiera que sean, reciben de él el comienzo de su existencia, y la conservan después el tiempo que Dios lo quiera; por tanto no sdlo durante toda la eternidad, si tal es la voluntad del Donador. Hay que subrayar que, para esta respuesta, Ireneo no hace mas que deshacer una dificultad. La objecion pretendfa concluir que era imposible una duraci6n sin fin en un ser que habja tenido un comienzo: Ireneo se contenta con manifestar que, en la perspectiva de una creacién de todas las cosas por Dios no existe ninguna imposibilidad, porque todo depende de Dios, que da a todos los seres la existencia, que él quiere (34,2). PLAN DEL LIBRO II 3 Lo que Ireneo dice después no afiade nada nuevo a esta res- puesta, pero ilustra por medio de ejemplos. En primer lugar, el don de la simple existencia, que podemos llamar psfquica o natural: a todos los seres que saca de la nada: se trata de nuestro mundo material como tal y de las almas y espi- ritus angélicos, a éstos da Dios ante todo el comienzo de su exis- tencia, después los conserva para siempre en esa existencia que- les ha dado. En segundo lugar, el don de la vida del Espiritu, con cuyo objeto ha sido creado el hombre: esta vida, que no tiene su origen en nosotros ni en nuestra naturaleza, Dios la hace surgir primera- mente en el hombre, por un puro don de su gracia; después la con- serva para siempre en los que no rechazan, por una ingratitud cul- pable, el don que han recibido. Tanto en un caso como en otro se halla un proceso idéntico: inicialmente una existencia 0 una vida son dadas por Dios, después conservadas eternamente por él. Asf es deshecha la objeci6n presentada en la presente secci6n (34,3-4). 3. Tesis de Basilides sobre el gran numero de cielos (35,1) Se ha visto en la relacién del Libro I, dedicada a Basilides, que este habia imaginado entre el Dios supremo y sus emanacio- nes de una parte, y nuestro mundo por otra, 365 cielos que habi- an sido engendrados sucesivamente los unos de los otros (cf. I, 24,3). Ireneo ha hecho critica ya de esta tesis propia de Basilides (cf. II, 16,2-4). Ireneo vuelve aqui con mayor brevedad sobre ella, para subrayar el cardcter totalmente arbitrario del ntimero indicado: como no tiene ninguna raz6n para detenerse en ese ntimero, mejor que en otro, Basilides debe, si quiere ser 6gico con su con- cepcién de cielos derivando los unos de los otros, admitir que una producci6n asi de cielos tiene lugar después siempre, tendra lugar 74 PLAN DEL LIBRO II eternamente, dicho de otra manera, que el ntimero de cielos es infinito. 4. Tesis de los «gnésticos» sobre la pluralidad de los dioses (35,2-3) Ireneo aborda, para terminar, una tesis propia de algunos herejes que, en el libro I, ha designado con el nombre de «gnés- ticos». Seguin ellos, el Dios-Demiurgo habrd constituido con otros seis dioses, salidos de él, una «Santa Hebdomada» que compren- de: Jaldabaot Jao, Sabaoth, Adonai, Elohim, Hor y Astaphese (cf. I, 30,5). A lo largo del Antiguo Testamento, cada uno de estos siete dioses se habré escogido sus propios profetas de entre el pueblo judio, de tal manera que ellos prediquen cada uno a su propio Dios, diferente de los demas (cf. I, 30,10-11). Para mostrar en los libros siguientes, que todos los profetas no han predicado mas que a un solo Dios, Creador de todas las cosas, Ireneo se limita aqui a establecer que los diversos vocablos que figuran en las Escrituras, tales como: Elohim, Adonai, etc., no designan seres diferentes, como pretenden los «gnésticos», sino a un solo y mismo Dios, Creador y Sefior de todas las cosas. Sin seguir en todo a Ireneo en lo referente a sus definiciones y explicaciones, le daremos raz6n en lo esencial de su argumen- tacion. Conclusién «Un solo Dios y Padre que contiene todas las cosas y da el ser a todas ellas» (II, 35,3): tal es la perspectiva sobre la que acaba el libro II. A todo lo largo de él, en efecto, Ireneo ha pues- to en claro las contradicciones e incoherencias de toda clase, que hacen inaceptable, para un hombre sensato, la tesis de los que, de cualquier manera que sea, rebajan al Dios Creador al rango de PLAN DEL LIBRO II 15 Demiurgo subalterno y pretenden descubrir, por encima de él, a otro Dios o mundo divino, el tnico realmente trascendente y sin relacién con nuestro mundo material: mostrando lo absurdo de esta tesis, sobre la que descansan todos los sistemas dualistas, descritos en el libro I, Ireneo ha desempefiado el papel de autor terreno de la gran verdad fundamental proclamada: por los apés- toles, por Cristo, por los Profetas y por la Ley: un solo y mismo Dios Padre es el Creador de todas las cosas. Ademis ha establecido ya, al menos de manera sumaria, esta verdad fundamental, citando algunos textos, los mds explicitos, del Antiguo y del Nuevo Testamento (cf. II, 2, 5-6), sin referirse a las alusiones escriturarias esparcidas por todo el libro. Mas no puede quedar ahi. Le queda por desarrollar toda entera esta verdad fundamen- tal, tal como se expresa a través de las divinas Escrituras, con su inagotable riqueza de contenido. Aparecerd entonces que toda la historia de la salvacién no es, a fin de cuentas, mas que la obra de un tinico Dios y Padre, que obra sin cesar, por medio de su Hijo y de su Espiritu, y que prosigue hasta el fin la realizacién de una tnica decisién creadora, formulada al principio: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» (Gen. 1,26). Este es el programa mismo, que tendrdn por objeto los tres tltimos libros de «adversus haereses». Al manifestar de esta manera la auténti- ca riqueza de la verdad mas fundamental de la fe, Ireneo no aiia- dird a sus dos primeros libros nada que sea extrafio a lo esencial de su trabajo; por el contrario, opondra a la herejia Ja tnica res- puesta realmente eficaz, la que no se conforma con rechazar negativamente el error, sino que pone en su lugar la verdad, que esa herejia desconoce. A. R. Aelin Rouseau, monje de la Abadia de Orval 76 PLAN DEL LIBRO IL SAN IRENEO DE LION CONTRA LAS HEREJIAS Lisro II CAPITULOS. ARGUMENTOS Estos son los capitulos de que consta el segundo libro de refutacién y destruccién del falsamente llamado conocimiento. Explicacién de que ni fuera del Pleroma esta el Dios de todos los seres, ni existe nada fuera de su Plenitud (I,12-15), ni existen dos dioses, separados entre si por un espacio infinito (1,62,63), ni existe ningtin Poder que sea artifice del mundo, que ignore al Padre y esté separado de El con una distancia infinita (2,55-56). Que tampoco entre los seres, que estan contenidos por el Padre, hay ningtin otro que haya construido este mundo (2,13- 15), ni el Padre realiz6 la creacién de este mundo por medio de otras ayudas, sino tan solo por medio de su Palabra (2,54-55); y que el Creador es el Dios que esta sobre todas las cosas, y es el Padre de Nuestro Sefior Jesucristo (2,86-88). Que el Padre es sin ninguna duda invisible, pero no descono- cido (6,4-6); y no podfan ignorarle los angeles, aunque estaban colocados muy por debajo de El (6,6-7). Que es inestable el Pleroma de los discipulos de Valentin (3,1-2). Explicacién de que la creatura del mundo visible no es ima- gen de su Pleroma (7,4-6) ni el Demiurgo de su Unigénito (7,38- 39). De cémo se podria prolongar hasta el infinito la charla acer- ca de sus imagenes (7,132). Que no es verosimil que las cosas que hay aqui sean la som- bra de su Pleroma (8,1). PLAN DEL LIBRO II 77 Cuan falsa y sin sentido se muestra su sombra (8,51-52). Manifestacién de que existe un Dios como Creador del mundo (9,1), pero no aparece por ninguna parte un Padre que sea superior a él (9,21-22). Acerca de algunas averiguaciones y parabolas, cémo sea pre- ciso solucionar lo que se busca (10,6-7). Que no es coherente unir a una falta la existencia de la subs- tancia de la materia, pero es coherente y confia que sea por voluntad y poder de Dios * (10,61-65; 10,53-55). Desacuerdos entre los discipulos de Valentin (11,21-22). De cémo aquél discurso que trata de los treinta Eones falla en ambos casos tanto cuando trata de mas, como cuando trata de menos (12,1-4). Que es imposible que puedan encontrarse separadas entre si aquéllas uniones que estén dentro del Pleroma (12,26-27); pero unidas, es imposible que la Sabidurfa haya sumido sin consorte una deficiencia o haya engendrado algo (12,53-56). Que no podian encontrarse dentro del mismo Pleroma la Palabra y el Silencio (12,85,87). Que se manifiesta como de ninguna importancia el primer plan de emisin de los mismos (13,1-2). Que el entendimiento, que emitia las demas cosas, no podia ser emitido (13,81-84). Que cosa sea emisién (13,109-110) y que, lo que éstos Ila- man emisiones, son mds propias de hombres que de Dios (13,165-171). Acerca de las especies (17, 143). De como los paganos hablaron con mayor verosimilitud y mayor satisfaccién del ori- gen de los seres (14,1-2), y de c6mo se iniciaron con ellos los dis- cipulos de Valentin, y qué normas emplean éstos (14,8ss). 5 En otras palabras: No se debe a una falta la existencia de la materia, sino ala voluntad y poder de Dios. 78 Il: CAPITULOS - ARGUMENTOS Trata de toda clase de emisiones y de la inconsecuencia del Pleroma (17,1 1ss). Qué cosas nos atribuyen, a los que procedemos de la Iglesia, los valentinianos, y a éstos los de Basilides, y a éstos otros gnés- ticos (16,49,54). Que, si alguien fuera trasportado por el Demiurgo, podia per- derse en multitud de dioses e infinitos mundos (16,15-24). Manifestacién de que el Verbo no es producto de una defi- ciencia (17,152). De como, segtin los herejes, fue la voluntad del Padre la que produjo la ignorancia y la deficiencia (17,197-198). Que la Sabiduria no se encuentra nunca en la ignorancia y la deficiencia (18,1-2). Manifestacién de que ni la Enthymesis tuvo existencia pro- pia separada del E6n, ni la pasion separada de la Enthymesis (ten- dencia) (18,56-58). Que el E6n ni se podia partir ni padecer porque era espiritual y moraba entre aquéllos seres que le eran semejantes (18,59-63). Que la btisqueda del Padre y la investigacién de su grandeza no producian en el E6én ni pasion ni defecto, sino tan s6lo per- feccién. Que no concibe que un Eén que se encuentra dentro del Ple- roma pueda sentir deseo de pasi6n (18,103-107). (pueda sentirse apasionado). De cémo toda su charla acerca de su simiente se muestra sin consistencia (19,1). Que el Demiurgo no desconocié la deposicién que se hizo en él de la simiente (19,11-12). Y que, si la simiente fue depositada en él, no podfa ignorar lo que estaba sobre él (19,43-46). De cémo decretaron cosas contradictorias de la Madre y de su deficiencia (19,68-76). Il: CAPITULOS - ARGUMENTOS 79 Manifestacién de que no existié ni la concepcién ni el naci- miento de la simiente (19,80-92). Que hacen impropia e inconveniente la interpretacién de las pardbolas, cuando apoyan en ellas las invenciones de su imagi- nacién (20,1-2). Manifestacién de que el Sefior no predicé solamente durante un afio después del bautismo (22,9-10). De como es refutado su discurso sobre nimeros y nombres (24,1-4). Que segiin la ley no sélo no existen ni imagenes ni figuras de su Pleroma, sino que ni pueden existir (24,61-65). De cémo cualquier numero puede encontrarse en las Escritu- ras y valer para cualquier prueba (24,110-114). Acerca de los dias, horas, meses, vocablos y silabas (24,168ss). De la palabra Amen (24,204) y de las 99 ovejas que queda- ron en el redil y de la que se perdié y fue hallada (24,202). Manifestacién de que ni segtin el modelo de su Pleroma han sido hechas las cosas que han sido hechas (25,8-9), ni tampoco en vano ni segtin salgan (25,2). De que la verdad no puede componerse de ntimeros (25,17). Cuales son las cosas que podemos resolver nosotros y cudles las que tenemos que reservar a Dios Creador (28,61-63). Manifestacién de que el Demiurgo no puede ser superado por nuestra mente, ni existe otro Dios superior a él (25,56-59). Qué significa lo que dice Pablo: La ciencia hincha, el amor en cambio edifica (26,5-6). Cémo es preciso explicar las parabolas (27,8-9). Que no podemos poseer en esta vida toda clase de conoci- mientos (28,31ss). De cémo su tratado sobre sus emisiones presenta al Padre compuesto, y no simple y uniforme (28,133-134). 80 Il: CAPITULOS - ARGUMENTOS De cémo no puede ser verosimil que el Verbo de Dios sea la tercera emisiOn del Padre (28, 136-137). Manifestacién de que el Entendimiento-Verbo y el Verbo- Entendimiento y el Entendimiento mismo es el Padre de todas las cosas (28,131-132). De cémo el Sefior reserva algunas cosas al Padre y cual es la causa por la que dice que ningtin otro fuera del Padre conoce el dia y la hora (28,227-233). De la naturaleza del alma (29,2ss). Que, segtin su teoria, cuando se salvan las almas es preciso que los cuerpos participen también de la salvacién (29,24-28). Manifestacién de que sus almas, segtin sus normas 0 su razo- namiento, no pueden participar de la salvacién (29,70-72). Que su hombre interior no puede ser superior al Demiurgo en nada (30,1-2). Que no es verosimil que éstos sean espirituales y el Demiur- go en cambio animal (30,32-33). Demostraci6n de que el Demiurgo no es un animal (30,137- 138). De la asuncién del apéstol hasta el tercer cielo (30,142-143) y por qué dijo: No sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo (30,175). De cémo lo que se dice contra Valentin destruye toda herejia (31,1-2). Refutacién de todos los herejes en lo que no coinciden con Valentin (31,47ss). Demostracién de que las almas no pasan (transmigran) a otros cuerpos (33,1-2). Demostraci6n de que no deben del olvido tal como decia Pla- t6n (33,24-26). Manifestacién de que el cuerpo no es el olvido (33,41-42). Que el alma no pierde sus virtudes al unirse con el cuerpo (33,72-75).