Debate: “Nietzsche y la Política” Nicolás González Varela Luis Roca Jusmet Helios Ameal Miranda Hernan Montecinos Alanier

El Catecismo nietzscheano: ¿Conviene forzar a un autor (sea Nietzsche o cualquier otro) a expresarse mutilado o con medias palabras? En suma: ¿es productivo amordazarlo? Voltaire, un autor al que Nietzsche admiraba (y al que le dedicó un libro) decía que la Fe consiste en creer lo que la Razón no cree ni puede creer. He realizado una pequeña y tortuosa investigación sobre el joven Nietzsche, de la cual el artículo “El joven Nietzsche o el instinto aristocrático como política” publicado en Rebelión es la primera parte. Es un intento de liberar a Nietzsche del falso bronce académico burgués, de “situarlo” en las coordenadas de tiempo y espacio, de acercarlo a sus verdaderas intenciones de intervención en la política de su tiempo. Parte de sa investigación dio sus frutos en un libro: Nietzsche contra la Democracia, de Editorial Montesinos de Barcelona, aparecido en mayo de 2010. Es siempre correcto preguntar a cada pensador qué ideología representa, pero quien formula la pregunta debe ofrecer la respuesta. Nietzsche, como cualquier otro, nada podría contestar aunque no estuviera muerto: ignoraba lo que transportaba. Intenté hermeneúticamente “leer” a contrapelo al filólogo como un pensador político reaccionario coherente y unitario. ¡Vade retro! Una tarea, incluso ahora, “escandalosa”, porque Nietzsche (y muchos más del noble Panteón catedricio) es para la Intelligentsia “progresista” una vaca sagrada intocable: quién ose contradecir el canon académico puede retroceder ochenta y siete escalones de reencarnación. Si el centro del Hinduismo es la protección de las vacas, la protección de la reputación de Nietzsche es uno de los más maravillosos fenómenos de la evolución del progresismo europeo. Sabíamos de la previsible y automática reacción fóbica de la corporación de profesores universitarios, ayudantes de cátedra, becarios de investigación, articulistas, directores de revistas literarias de izquierda incluso de algún “gurú” consagrado. El debate se ha organizado en el orden cronológico en que fueron surgiendo críticas y respuestas a esas críticas, a lo largo del año 2008. Presentamos una compilación de este interesante debate sobre Nietzsche y la Política. (NGV)

El joven Nietzsche o el instinto aristocrático como política Por Nicolás González Varela

Miserias del Nietzschéisme: Nietzsche no es que esté de moda: Nietzsche es la moda o mejor dicho es la moda de las modas. El retorno a Nietzsche ya no es exclusiva de los círculos de la vanguardia intelectual o de los departamentos de letras. El retorno a Nietzsche es ya una "gran política" concreta y verificable. El más intempestivo y aristócrata de los filósofos se presenta como un liberal individualista, el paradigma del "buen europeo", incluso un "anarka" simpático e irónico. La hermenéutica de la inocencia permite que en un órdago curioso lo reivindiquen izquierdistas malogrados, anarquistas de cátedra, hasta ex intelectuales comprometidos. Por supuesto del otro lado están los nietzscheanos de siempre, los que lo leyeron correctamente: nazis, neo-fascistas y conservadores de toda la vida. Nietzsche es parte de nuestro sentido común. Lo hayamos leído o no; lo hayamos interpretado bien o no, el Nietzscheísme ha conquistado nuestros corazones y mentes, desde la currícula universitaria al periodismo profundamente cultural y gran parte de la llamada opinión pública. Pero: ¿qué es el Nietzschéisme ? Es parte de la ideología del liberalismo libertario, fase del capitalismo globalizado, del capital posfordista, cuyo elemento distintivo es represión total al productor y libertad total al consumidor. Esta fase "post" del capitalismo se ha liberado del viejo odre del estado asistencial (o populista en América Latina) y ya no necesita extensiones artificiales en su corpus ideológico. Por eso el Nietzschéism es primeramente un revisionismo filosófico (la edulcoración sistemática del Nietzsche real) que permite continuar un combate contra Marx desde un perspectivismo contextual a una pretendida sociedad ideal de consommation. Los symptômes están ahí y son notables: una nueva "Festung" Europa dirigida por una aristocracia natural, la reducción del hombre a su biología, la interpretación étnica del delito y de la geopolítica, la reducción del conocimiento y la ciencia a su rentabilidad, el desprecio de la razón por impulsos emocionales e intuitivos, la justificación de la superioridad moral-racial de Occidente, formas de dandysme cultural, reivindicación y recurso al mito (y a referencias teológicas), las nuevas formas de esclavitud laboral… El Nietzschéism quizá entra en su fin de ciclo histórico, pero vale la pena preguntarse: ¿es válida esta recuperación desde el campo progresista? ¿Es posible encontrar a través de todos los Nietzsches posibles una coherencia política? ¿No existirá una complicidad secreta, vergonzosa, oculta en la asimilación amistosa de Nietzsche en el courant intelectual de la ideología dominante? ¿Es Nietzsche el autor perfecto para combatir estructuralmente al pensamiento de la revolución? Un experimento intelectual: Estamos en Berlín, a fines del año 1872. Caminamos por el boulevard céntrico, la Unter den Linden. Es la capital de un imperio encabezado por Prusia y dirigido por la figura del Bundeskanzler Otto von Bismarck. La Gran Alemania ha dominado y vencido a Austria y derrotado a la gran Francia en sucesivas guerras relámpagos de agresión y rapiña. Ha empezado a construir un pequeño imperio colonial en África. Este Reich bismarckiano era "un despotismo militar emperifollado con formas parlamentarias, mezcla de propiedad feudal e influencia burguesa, con armazón

burocrático y sustentáculo policial" en palabra de Marx. El aparato del estado, el poder político y militar quedan en manos de los príncipes prusianos, Junkers. Nos detenemos en una librería y entramos a ver las últimas novedades. Nos fijamos en un libro que lleva un título extraño: "Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik" ("El Nacimiento de la Tragedia desde el Espíritu de la Música"). Es un libro impreso en octavos, con bandas doradas en tapa dura. Abrimos sus primeras páginas, el editor es una pequeña editorial que imprime las obras del músico Richard Wagner, E. W. Fritzsch de Leipzig, ¡una editora de partituras!, y nos encontramos con un grabado no muy feliz de Prometeo encadenado dentro de un círculo realizado por un escultor, un tal Leopold Rau. Buscamos los datos del autor: se trata de un profesor alemán de filología clásica que enseña en Suiza, en Basilea, su nombre Friedrich Nietzsche. Nunca habíamos oído hablar de él. Lo hojeamos un poco sin que el librero se enoje. Nos detenemos en el prólogo del autor: está dedicado al músico Richard Wagner, es celebrado como una figura legendaria por haber escrito un magnífico escrito sobre Beethoven. El joven autor le llama "mi sublime precursor". ¡Entonces es un libro de homenaje a Wagner! No, no… ¿Un libro de musicología? No, tampoco. Seguimos hojeando y el autor critica a la ópera. ¿O será un libro de crítica musical? ¿Un filólogo del scherzo ? Miramos más detenidamente el libro y observamos que el autor señala que es una contribución a la ciencia de la estética. ¿Un libro de filosofía del arte? No, tampoco. Seguimos leyendo y vemos desfilar a Esquilo, Sófocles, Eurípides, Sócrates, Platón… ¿será un libro sobre la lírica y el arte griego? ¿Una historia de la tragedia antigua? Pero aparece una crítica a la opera moderna... Al mismo tiempo el autor señala que los problemas que expone en el libro "son un problema seriamente alemán", y que su escrito habla de las "esperanzas alemanas". ¿Un libro de política profética? Confundidos nos lo llevamos a ver de qué trata. El librero nos cobra, nos envuelve el libro y nos cuenta que es una edición limitada, rara, que sólo se han impreso 625 ejemplares para la distribución y que en su librería sólo han llegado dos. Nos volvemos a casa sin saber todavía qué quiso transmitir Nietzsche en el libro que llevamos bajo el brazo. No nos preocupemos, la gran mayoría de los nietzscheanos, de Brandes a Onfray, tampoco. Ego ipsissimus: Esta ficción simplemente señala las dificultades (y facilidades) que tiene leer a Nietzsche superficialmente, como un lector ingenuo que sólo barre la superficie. Como toda la obra de Nietzsche su primer libro publicado, hablamos de "El Nacimiento de la Tragedia desde el Espíritu de la Música" es autoconfesional. Nietzsche recordó en sus fragmentos póstumos que "mis escritos hablan únicamente de mis propias vivencias, en esto soy, con el cuerpo y con el alma (¿para qué negarlo?), ego ipsissimus". Ese "libro sobre los griegos", en realidad no habla de la tragedia ática (y por eso fue mal recibido por los colegas de la corporación universitaria). Ni su objetivo era renovar la filología. En absoluto. Esa fue la causa de su pésima recepción y del estupor que causó: lo leyeron quienes no deberían haberlo leído y los lectores que deberían haberlo leído no lo leyeron hasta cincuenta años más tarde. Tampoco el libro se reduce a una elegía dirigida a Richard Wagner, aunque lo es. Por eso es un libro "intempestivo" y con mucho lenguaje esópico: incomprendido e incomprensible para los espíritus cultos de la época. Todos sus libros son manifiestos filosóficopolíticos extraídos de sus vivencias más íntimas. No en vano el propio Nietzsche define a sus libros como "Centauros", híbridos, donde la filosofía, la filología, la

historia de las religiones malviven adosadas al cuerpo de un animal político. Eso desubica al lector especializado o al académico: sus libros en realidad no hablan de lo que parecen hablar o si lo hacen la imagen del tema expuesto es simplemente el atril que el autor utiliza. Como Marx su escalpelo es el concepto de Kritik . Como Marx en "Das Kapital", Nietzsche separa el Forschungwiese , el modo de investigar la cosa, del Darstellungwiese , el modo de exposición del objeto. Su modo de abordar y agotar el objeto es caprichoso, asistemático, volátil; su modo de exponer lo que piensa es siempre un diálogo y una llamada a la acción. Como Marx, Nietzsche es el autor que nunca completa o concluye nada; como Marx, Nietzsche intenta y anhela hacer un sistema pero toda su obra termina transformándose en un gran monólogo frente a un auditorio de amigos, conocidos y admiradores. Como Marx los escritos de Nietzsche son eminentemente políticos o mejor dicho: soportan una lectura en clave políticoideológica. Su primer libro no puede ser considerado atribuyéndole algún mérito a la comprensión de la "grecidad" o una aprehensión más adecuada de la tragedia ática. El propio Nietzsche niega este objetivo en el mismo libro. Su objetivo es de crítica al presente, el Jetzeit burgués liberal, una Kulturkritik , un doble mandoble tanto a la ideología moderna burguesa como al socialismo en auge. La excusa griega le sirve como pretexto para atacar una Weltanschauung cosmopolita optimista, a la que le opone un Pessimismus aristocrático nacional y racial. Su mensaje está dirigido a la "Gran Política", como la llama. Aquí hay poco rigor filológico (basta leer las críticas del eminente filólogo contemporáneo Wilamovitz o de su padrino académico el profesor Rischl que definió al libro como "brillante extravagancia"), poco rigor filosófico (su formación era deficiente y de segunda mano como lo reconocen sus biógrafos), bastante darwinismo social (en una de las pocas recensiones a su obra el cronista declara que se ha "trasplantado el darwinismo con velos musicales") y mucho posicionamiento político. ¿Se trata de un manifiesto político, de un panegírico de partido? Intentemos juntos esa lectura. Bismarck como vino fuerte y espirituoso: Estamos en una época "excitante" según el propio Nietzsche: la fisonomía de la moderna Alemania como la conocemos más o menos hoy data del 18 de enero de 1871, día en que el rey de Prusia aceptó (no sin resistencia) en la bella Galería de los Espejos del palacio imperial de Versailles el título de "emperador alemán". Nacía el Segundo Reich y nacía a consecuencia de una guerra agresiva y se coronaba humillando al enemigo en su propio territorio y en un edificio que simbolizaba el poder de Francia. Se realizaba la unidad de Alemania pero no como la habían soñado los demócratas de 1848 (incluidos Engels y Marx). El artífice de la unión nacional no era ni la burguesía liberal, ni la clase obrera aliada al campesinado pobre del Este, sino un general llamado Bismarck y su cohorte del estado mayor prusiano: Moltke & cia. El Reich se constituía como un cesarismo autoritario aglutinado mediante la fuerza, la guerra de conquista con sus vecinos: "es un despotismo militar emperifollado con formas parlamentarias, mezcla de propiedad feudal e influencia burguesa, con armazón burocrático y sustentáculo policial" (Marx). Prusia además era un moderno estado industrial, con una cámara elegida por el sufragio universal masculino (una rareza en Europa en esa época) pero debajo de la mascarada democrática se escondía una simple dictadura. La cámara sólo sugería y el Bundeskanzler hacía lo que quería sin fiscalización ni control parlamentario. Además las leyes electorales eran muy restringidas y estaban diseñadas para minimizar al máximo el voto urbano. En 1869 en Eisenach se

había creado el Sozialdemokratisches Arbeiterpartei Deutschlands (SPAPD), el partido socialdemócrata bajo los auspicios de Engels y Marx desde Londres. Contaba con diez mil miembros y su programa se inspiraba en el de la Iº Internacional. Era en esos momentos el cuarto partido político alemán con doce diputados. Era el terror personificado a ojos de la burguesía europea. Bismarck, el canciller de hierro, hizo todo lo posible por eliminar al joven partido, hasta llegó a disolver el parlamento. "Gegen Demokraten helfen nur Soldaten" ("contra los demócratas solamente sirven los soldados") decía Bismarck. El entonces diputado August Bebel, tornero autodidacta, quién luego sería uno de los fundadores de la socialdemocracia alemana, decía que "este Reich, penosamente forjado a sangre y fuego, no es lugar propicio para la libertad burguesa y menos aún para la justicia social… El sable ha ayudado al alumbramiento del Imperio y el sable lo acompañará a la tumba". Otro diputado socialista, Wilhelm Liebcknecht (el padre de Karl, el compañero de Rosa Luxemburg) calificaba al nuevo Reich como una "compañía principesca de seguros contra la democracia". Ambos intentaron dentro de la legalidad de hacer escuchar su voz y oponerse a lo que consideraban una política injusta. Obviamente Bismarck ordenó la inmediata prisión de ambos diputados y de todos los miembros del comité central del partido socialdemócrata por haberse opuesto a las guerras imperialistas y votar contra la ampliación de los presupuestos de guerra. Ambos fueron juzgados y castigados con dos años de prisión. Entonces como decíamos el aparato del Estado, el poder político y militar quedaban en manos de los príncipes prusianos, los famosos Junkers y el prusianismo imprimía sus ello ideológico a todo el régimen. Bismarck tenía una frase clara y concisa para explicar la lógica de su política interna y externa: "Las grandes cuestiones no serán resueltas por medios de discursos… sino a sangre y fuego". Bismarck había sido primer ministro de Prusia desde 1862, dotó al reino de un ejército poderoso y una eficaz burocracia, derrotó a Austria en 1866, se anexionó territorios y con la alianza de la aristocracia junker del Este y la burguesía liberal del Oeste, unificó a Alemania económica y socialmente, desde arriba. Hacia 1870 Alemania tenía un solo competidor en Europa: Francia gobernada por Napoleón III. Bismarck maniobró con tal habilidad buscando la guerra en el momento oportuno, hasta que Francia pareció el país agresor. Francia fue derrotada en Sedán y al mismo tiempo la débacle francesa produjo un inesperado levantamiento popular espontáneo en Paris que condujo a la Comuna de París, el primer esbozo de un gobierno obrero y popular. Una dictadura del proletariado. En este contexto "excitante" es en el que el joven filólogo-filósofo Nietzsche escribe su primer libro. Sabemos por cartas a su madre que siempre se consideró a sí mismo un "granadero prusiano", que alaba sin remilgos la gesta de Bismarck contra Austria y Francia como un "gran movimiento político-bélico", que los discursos de Bismarck (que leía compulsivamente) le parecían magníficos: "Bismarck me proporciona inmensas satisfacciones. Leo sus discursos como si bebiese un vino fuerte: reteniendo la lengua para no tragar demasiado de prisa y prolongar el placer. Las maquinaciones de sus adversarios (socialistas y liberales) las concibo sin dificultad, pues es necesario que todo lo pequeño, estrecho y sectario se encabrite contra tales temperamentos y les haga una guerra eterna". No sólo eso: en textos de la misma época anuncia su intento de reconstrucción del espíritu verdaderamente alemán en una síntesis sorprendente entre la "extraordinaria audacia de la filosofía alemana y la fidelidad del soldado alemán experimentada en los últimos tiempos". Nietzsche adora a Bismarck y a su mano

derecha, el genio militar de Moltke. Sabemos que, a pesar de estar en un país neutral (Suiza), la conmoción chauvinista le empujó a presentarse como voluntario para combatir en la guerra contra la Francia decadente y jacobina. El joven Nietzsche estaba ilusionado tanto por el resurgimiento imperial alemán como por la derrota total de la cuna de la subversión plebeya: "Tenemos el éxito, ahí está; pero mientras París continúe siendo el centro de Europa, las cosas seguirán como antes. Es inevitable que hagamos un esfuerzo por trastrocar este equilibrio, o al menos procurar trastrocarlo. Si fracasamos, entonces podemos esperar que caeremos uno tras otro en un campo de batalla, alcanzados por algún obús francés… mis simpatías naturales son con Prusia y entonces veo esto: una acción dirigida con grandeza por un Estado, por un Führer; una acción tallada en la sustancia verdadera que, en fin de cuentas, constituye la historia; no moral, seguramente, pero para el que la contempla, suficientemente edificante y bella…la historia ¿es otra cosa que el Combate sin fin de intereses innumerables y diversos en lucha por al existencia?". No sólo él: toda la línea política nacional-liberal y conservadora se ilusionaba con una Europa bajo la égida alemana y un renacimiento sin parangón de la superioridad racial y cultural aria. Pero Nietzsche tampoco es acrítico con Bismarck, su desconfianza hacia en Segundo Reich es por la extrema derecha: "Prusia está perdida (si sigue en esta línea), los liberales y los judíos lo han arruinado todo con sus comadrerías… han destruido la tradición, la confianza, el pensamiento". Bismarck no es suficientemente bismarckiano, es un prusianismo a medias que necesita del empuje del "partido de la vida". Contra la hagiografía que nos obliga a ver a Nietzsche como un genio filosófico eremita, alejado de la realidad y la coyuntura, impolítico, sus escritos (bien leídos) nos dan la impresión opuesta: son totalmente políticos si se los entiende tal como Nietzsche quería que se leyesen. Son escritos para un "nosotros", escritos de partido. Su libro es el pendant político-filosófico de la plataforma de Richard Wagner, el protegé del rey Luis de Baviera II. Wagner Partei: el joven Nietzsche se encuentra fascinado por el músico Wagner y sus ideas de una regeneración alemana. Wagner era a sus ojos "su sublime precursor", su libro se presenta como "un diálogo con Richard Wagner", elogia su estudio sobre Beethoven, y las alabanzas no paran de brotar… pero: ¿quién era Wagner? Compositor, director de orquesta, poeta, teórico musical alemán pero además un ensayista político que ejercitaba ese género tan particular alemán, la Kulturkritik. Wagner de joven fue un radicaldemócrata y participó en las revoluciones de 1848; en su ensayo "¿Qué es alemán?" (1865), Wagner intenta explicar el fracaso de la Revolución del '48 debido al hecho de que al verdadero auténtico ser alemán se lo representó tan súbitamente por una clase de gente que era totalmente ajena a él y que le traicionó: burgueses y clases populares. Wagner se desengaño totalmente del modernismo liberal y se volvió un "reaccionario revolucionario" (quizá el primer conservador revolucionario). Su producción de óperas era paralela a una Weltanschauung teutómana, basada en una preponderancia de lo nórdico y un furibundo antisemitismo extremo. El wagnerianismo als ideología es hoy considerado como precursor e inspirador de la imaginación antisemita, un protofascismo larvado y todavía inmaduro, que anunciará a futuros ideólogos y políticos reaccionarios y fascistas. El antisemitismo de Wagner se manifiesta en su vergonzoso libro "Das Judenthum in der Musik" ("La Judería en la música") publicado bajo el seudónimo de K. Freigedank y más adelante re editado con

una addenda bajo su auténtico nombre en 1869, casi cuando se encuentre con Nietzsche. En él, Wagner deplora la judaización del arte moderno y sostiene la tesis según la cual "el judío" es realmente incapaz de expresarse artísticamente debido a su raza, a su naturaleza, a debilidades orgánicos y fisiológicas: "naturales". Los judíos incluso están incapacitados para la mera poesía, ya que al ser Heimatloss, carecer de unión a la tierra y a la patria, la mítica figura del "judío errante", no pueden generar artificialmente una relación poética con la vida. Su conclusión es genérica: "el judaísmo es el mal de nuestra civilización moderna". De estas premisas se deducía todo su programa de reformas políticoculturales basadas en una "labor regenerativa de limpieza". En el mismo momento en que Nietzsche terminaba su libro, Wagner editaba un opúsculo de homenaje a Beethoven, un exaltado phamplet germanófilo, donde el músico era el punto de renacimiento estético-político de la nueva Germania. En su prólogo original Nietzsche deja bien claro que es la mano derecha de esta plataforma reaccionaria: "mi libro es el producto de los horrores y sublimidades de la guerra que acababa de estallar" y a los lectores desatentos le llama la atención: "a los que leen realmente este escrito… su objetivo es un problema seriamente alemán (ernschaft deutschen Problem)", prosigue Nietzsche, que de resolverse adecuadamente entonces estará "en el centro de las esperanzas alemanas (deutscher Hoffnungen) ", como "vórtice y punto de viraje". ¿Esencia alemana, esperanzas alemanas, problemas alemanes' ¿No estamos hablando del origen de la tragedia griega? ¿El nacimiento de lo griego se enlaza con la guerra franco prusiana? Pero Nietzsche estudió con detenimiento los escritos teóricos de Wagner, si se los puede llamar de esa manera, se pueso al servicio militante de su causa, luchar por el idela wagneriano contra las tendencias de debilidad de Bismarck, contra las multitudes inertes y estúpidas, contra el socialismo y la democracia liberal, contra los parlamentos y sindicatos… Se ofrece a colaborar en la causa wagneriana con su propio aporte en dinero para agitprop, incluso se ofrece de voluntario como publicista para recorrer Alemania portando el mensaje del maestro y fundar asociaciones, Vereins , futuras semillas del Wagner Partei. Wagner se lo impide. Nietzsche le escribe entusiasmado a su amigo Gersdorff: "¡Dame dos años y verás extenderse una nueva concepción de la Antigüedad, que determinará un nuevo espíritu en la educación científica y moral de Alemania!". El "Nacimiento de la Tragedia" será una adhortatio , una profesión de fe para todos aquelllos "que no se hallan completamente poseídos y oprimidos por las costumbres del tiempo actual… Nuestros libros, de aquí a entonces, no serán sino 'anzuelos' para ganar amigos y un público a nuestra Verein". Nietzsche se consideraba un militante más: "No tenemos el derecho de vivir hoy día, si no somos militantes, militantes que preparan un soeculum [siglo] por venir". A otro amigo, Rohde, le señala que "mucho me gustaría escribir alguna cosa en servicio de nuestra causa, pero no sé qué. Todo lo que proyecto es tan hiriente e irritante que, más que servir, perjudicaría". Nietzsche también intenta atraer a peronajes influyentes hacia la causa: intenta captar al partido wagneriano a Margarita de Saboya. Se propone escribir un artículo para la prensa (el único en toda su obra) en respuesta a un alienista de la época que se había propuesto demostrar que Wagner estaba loco e incluso en Basilea intentó fundar una asociación wagneriana. Estas son las coordenadas de recepción que deben tenerse en cuenta al leer al joven Nietzsche: no puede recuperarse su obra (salvo para malinterpretarlo o distorsionarlo, salvo para construir una hermenéutica de la inocencia) reduciéndola a un equívoco sobre la "grecidad" (Deleuze, Vattimo) o un fallido homenaje a Wagner (Fink).

Nietzsche es un filósofo "totus politicus" en toda su complejidad. Uno de sus primeros divulgadores del '900, Henri Lichtenberger, señala sin tapujos que esta obra era sencillamente "propaganda wagneriana" y que "no es muy seguro que Nietzsche haya comprendido bien a los griegos". El pathos hiperpolítico lo reconoce el propio Nietzsche en su ensayo de autocrítica, insertado como nuevo prólogo en su re edición de 1886: "La base de este libro… es una cuestión de primer rango y máximo atractivo… que surgió durante la excitante época de la guerra franco-alemana de 1870/1871… mientras los estampidos de la batalla de Wörth se expandían sobre Europa… un libro imposible (unmögliches Buch)… construido a base de vivencias prematuras… en el umbral de lo comunicable, colocado en el terreno del arte… un libro altanero y entusiasta, que de antemano se cierra al profanum vulgus de los cultos (Gebildeten), más aún que al del Pueblo (Volk)… y esto en una época en que el 'espíritu alemán' (deutsche Geist), que no hacía mucho tiempo había tenido la voluntad de dominar sobre Europa, la fuerza de guiar a Europa, esa Alemania acababa de presentar su abdicación definitiva e irrevocable, y, bajo la pomposa excusa de fundar un Imperio (Reich), realizaba su tránsito a la 'mediocrización' (Vermittelmässung), a la democracia (Demokratie) y a las 'ideas modernas' (modernen Ideen)". Es claro que si Nietzsche re edita su trabajo en 1886 es que su plataforma ideológicopolítica es válida, actual y operativa; segundo: queda claro el objetivo nietzscheano: no es ningún homenaje, ni al arte ni a la música, ni a la tragedia griega, todos temas que fungen como mediaciones e intermedios hacia el verdadero objeto del deseo: la crítica reaccionaria a la modernidad bourgeoise. Nietzsche, como lo confiesa con sinceridad, tuvo que "colocarlo" en un terreno extraño pero estratégico: el filológico, que podía usarse como martillo en la Kulturkritik a la modernidad. "El nacimiento de la Tragedia" es el "Manifiesto Comunista" del partido wagneriano, su profesión de fe. Su carencia de rigor filosófico, su profetismo desencadenado, su anacronismo y falta de rigor histórico son justamente los límites de una forma de escribir y comunicar políticamente que Nietzsche no repetirá en lo sucesivo. Nietzsche es consciente que su mensaje político-filosófico necesitaba otro Stil : "lo encuentro mal escrito, torpe, penoso, frenético de imágenes y confuso a causa de ellas, sentimental, azucarado hasta lo femenino, desigual en el tempo, sin voluntad de limpieza lógica, muy convencido,… altanero y entusiasta…". Este temerario libro, juvenil, demasiado extenso, con aires sistemáticos, buscaba el nervio de la decadencia en Occidente en sus rasgos más modernistas: la democracia liberal, la nacionalización de las masas, el optimismo burgués y proletario, la felicidad para todos, los derechos del hombre, la igualdad de derechos, el comunismo como amenaza última. El joven filólogo exuda prusianismo, antimodernismo reaccionario y, por supuesto, judeofobia radical. Unmögliches Buch, un libro imposible: "Todo filósofo esta ahí en primer lugar para sí mismo y en segundo lugar para otros: el filósofo nunca puede eludir en modo alguno esa duplicidad de relaciones… aunque se aísle rigurosamente, justo ese aislamiento habría de ser una ley de su filosofía… tal aislamiento se trocaría en una enseñanza práctica, en un ejemplo visible… por ello el producto más genuino de un filósofo es su vida", escribía Nietzsche en el verano de 1874. Como criterio de autocomprensión nos puede ser útil para analizar su primera etapa (la que los especialistas llaman "metafísica del artista"). El auténtico fin y meta (Ziele) de mi investigación, dirá Nietzsche, va más allá de la concreta manifestación del hombre griego de la época trágica: se

trata del conocimiento del "Genio" (Genius) dionisíaco-apolíneo, que es eterno e inmutable. Se trata de capturar la esencia (Wesen) griega y el núcleo (Kern) helénico de tal esencia. Este Kern profundo y remoto, dirá Nietzsche, no es definible a partir de la empiria sensible (los datos físicos del anticuariado) o la apariencia de los restos (la práctica de los filólogos). Primera tarea es pues la "deconstrucción" de la visión ideologizada que la Modernidad burguesa tiene de Grecia. El trabajo de desmonte es inverso: debemos medir nuestros conocimientos sobre los griegos a partir de ese núcleo duro y a partir de él mirar con ojos nuevos a esa civilización y sus autores. Y el Kern de los griegos (por cierto para Nietzsche la antigüedad clásica no es otra cosa que "una flor maravillosa nacida de la ardiente aspiración del Germano hacia el Sur") es una lucha por la existencia cruel, la distinción de Genio y masa y el reconocimiento de la aristocracia natural (que incluye la institución de la esclavitud). Nietzsche a partir de este presupuesto ontológico puede criticar a Sócrates y Eurípides como de carácter antigriego, sintomáticos de la decadencia occidental, "instrumentos de la disolución griega, pseudogriega y antigriega". A este complejo degenerativo que inicia el lento ocaso de la Grecia trágica Nietzsche le llama "Socratismo" (Socratismus): "una perversión de los instintos más profundos de los antiguos helenos". El socratismo tiene su cobertura ideológica: el optimismo (Optimismus) y su figura de la mediación: el "hombre teórico". Así "El Nacimiento de la Tragedia", junto con el corpus de Wagner, se transforma en la denuncia del escándalo actual del mundo, denuncia del presente y es una invocación y transfiguración de un pasado remoto. Porque para Nietzsche (y Wagner) lo que está en juego es, nada más ni nada menos, que la horrenda destrucción de Occidente, la decadénce de la Kultur en manos de la Civilisation. Donde Nietzsche cree que puede atisbarse el verdadero núcleo (Kern) helénico es, por ejemplo, en los mitos, y el paradigmático no es otro que aquel que ilustra su libro. "Prometeo encadenado". Si el renacimiento alemán (ahora que Bismarck ha unificado Alemania y a vencido a Francia, cuna de la degeneración y la corrupción; ahora que ya tenemos una música con arte puramente alemán con Wagner en Bayreuth) depende de un renacimiento de lo trágico, de una nueva "edad trágica" (con todas las consecuencias: aristocracia natural, esclavitud, muerte de los débiles) se exige un "bautismo de fuego" doloroso para retornar al subsuelo dionisíaco ario. El mito de Prometeo encadenado (cuyo inmenso presupuesto es el fuego), señala Nietzsche, es "un himno a la impiedad": el poder del aristócrata natural, el "Gran Genio" que crea y destruye con su "magnífico poder", que domina por su naturaleza superior. Esta leyenda es "posesión originaria de la comunidad entera de los pueblos arios" dice Nietzsche y documento de su aptitud superior para lo trágico y lo profundo: "este mito tiene para la esencia aria el mismo significado caracterísitico que el mito del pecado original para la esencia semítica". Mientras que el mito ario origina el primer problema filosófico al separar el hombre de Dios, contrasta con el mito hebreo, donde se señala como origen del mal la curiosidad, el engaño mentiroso, la seducción, la concupisciencia, en suma: "una serie de aficciones preponderadamente femeninas". La visión aria es la "idea sublime del pecado activo como virtud genuinamente prometeica", heroica, masculina, viril. En ella se encuentra el sustrato ético de la tragedia pesimista y así "los arios conciben el sacrilegio como un varón y los semitas el pecado como una mujer". La conclusión es que el núcleo más intimo de la leyenda de Prometeo (necesidad del sacrilegio impuesta al individuo de aspiraciones titánicas) tiene una dualidad dionisíaca y apolínea que podría ser expresada, para Nietzsche, con

esta fórmula: "Todo lo que existe es justo e injusto, y en ambos caso está igualmente justificado". El único héroe trágico verdadero realmente es Dioniso: en él están "todos los componentes de una consideración profunda y pesimista del mundo". Pero la tragedia griega en su estado puro dionisíaco pereció, nos señala Nietzsche, pero murió suicidándose. La cultura griega se inmoló a sí misma al ser débil y femenina, permitiendo la irrupción del "hombre de la vida cotidiana", las masas plebeyas, la "mediocridad burguesa" (a Nietzsche no le preocupa el anacronismo), ¡caos!: "la multitud entera filosofa", ¡peor!: "el quinto estado, el del esclavo, el que ahora predomina, al menos en cuanto a mentalidad". Esta "jovialidad griega" no es la del héroe dionisíaco, nada que ver: es la jovialidad del esclavo, del inferior, plebeyo que "no sabe hacer responsable de ninguna cosa grave, ni aspira a nada grande, ni tener algo pasado o futuro en mayor estima que el presente". Se expulsó a la tragedia del elemento aristocrático-dionisíaco original y omnipotente y se la reconstruyó desde una nueva ideología de las masas y los esclavos: lo socrático. El verdadero fin de la vida es producir genios, hombres superiores; los pueblos y las civilizaciones no son más que rodeos que toma la naturaleza para producir uno o dos hombres prodigiosos: "la humanidad debe trabajar siempre para dar al mundo individuos de genio, tal es su misión, sin que tenga ninguna otra". La Civilisation debe esforzarse por hacer nacer una raza de héroes, por selección natural, y permitirles su desenvolvimiento sin límites: "el cultivo racional del hombre superior: he aquí una perspectiva llena de promesas". Contra este ideal, que se realizaba en la Grecia trágica, se enfrenta el socratismo. Socratismo que es sinónimo de todo lo malo, femenino, corrupto, degenerado de la sociedad moderna. Socratismus es sinónimo de prensa judía, de sistema de partidos políticos, de los "Derechos del Hombre", de la "Dignidad del Trabajo", de las masas irrumpiendo en el teatro de la historia... Pero en especial Socratismus será el nombre del gran adversario: el Comunismo.

Nietzsche otra vez Por Luis Roca Jusmet

Hace unos días este sitio publicó un artículo extraído de Mosca cojonera y firmado por Nicolás Gonzalez Valera titulado “El joven Nietzsche o el instinto aristocrática como política” en el que se pretende demostrar que los lectores correctos de Nietzsche son “los nazis, neo-fascistas y conservadores de toda la vida”. La pretensión me parece absolutamente fallida ya que a lo máximo a lo que llega es a una interpretación discutible de un libro juvenil de Nietzsche que es El nacimiento de la tragedia. Empezamos por la primera trampa del artículo : aunque en el título sí se habla del joven Nietzsche sus conclusiones se orientan hacia la globalidad de su obra. La verdad es que me molesta la crítica fácil a autores que han estado de moda y a los que posteriormente se les machaca como impostores intelectuales. Y esto se hace siempre de manera falaz, sacando fragmentos de un contexto y de una obra complejas para contentar a un público que ya se han ganado de antemano porque por razones subjetivas quieren sangre sobre dichos autores. Hace ya unos meses publiqué un artículo en la revista El Viejo Topo ( que también apareció en este sitio) en el que intentaba plantear de una forma rigurosa (aunque por supuesto discutible) la relación entre Nietzsche y la política. No quiero repetir los argumentos, que se encuentran en este texto y me parece que son suficientes para criticar el artículo de Gonzalez Valera. Pero sí quiero insistir en que de lo único que critica el autor es una obra de la que el mismo Nietzsche dirá posteriormente “ Para ser justos con el Nacimiento de la tragedia será preciso olvidar algunas cosas. Ha influido e incluso fascinado por lo que tenía de errado, por su aplicación al wagnerismo, como sí este fuese un síntoma de ascensión....” Nietzsche remarca en su madurez el error de confiar en Wagner y en la cultura alemana como renacimiento de los valores afirmativos. Nietzsche desprecia a los círculos pre-nazis de su época, de los que formaban parte su hermana y su cuñado. Por otra parte dudo que alguien haya considerado a Nietzsche un “buen liberal”, un “buen europeo” o un anarka simpático. El mensaje de Nietzsche es trágico y si es cierto que dice cosas que repugnan también dice otras que estimulan a quien quiera apostar por la vida. Estoy totalmente de acuerdo que no hay que dejarse fascinar por Nietzsche pero tampoco por sus enemigos viscerales. De Nietzsche vale la pena entender los matices y seleccionar con criterio e inteligencia. Y apreciar , como decía el antropólogo Manuel Delgado, su crítica a la ideología de la corrección política. Hay que dejarse sacudir por él y luego olvidarse de muchas de sus propuestas pero en ningún caso descalificarlo de esta manera tan simplista. Y que conste que lo digo reconociéndole dos virtudes al artículo : la primera es su la reconstrucción sociopolíticaeconómica en que aparece su obra. La segunda un análisis de “El nacimiento de la tragedia” que es interesante para discutir esta obra ( y nada más porque es de la única de la que habla.)

Nietzsche, tantas veces como haga falta Por Helios Ameal Miranda

Salta, una vez más, la polémica sobre el filósofo mostachudo. ¿Proto-Nazi? ¿Pangermanista? ¿Antisemita?... Es necesario ser muy maniqueo, fiarse demasiado tanto de la propaganda historiográfica como de las bromas pesadas de la Historia y, a la vez, haber leído muy parcial y superficialmente la obra de Nietzsche para acusar a éste de tales cosas. ¿Que los nazis lo utilizaron para dotar a su criminal carnavalada de cierta dignidad/coartada intelectual? Es un hecho. ¿Que Nietzsche consideraba a los antisemitas, pangermanistas y aduladores del Kaiser como la última miseria en el mundo? También es un hecho. …Y no hace falta ir a buscar cartas o escritos póstumos; en su última obra, Ecce Homo -delirantemente lúcida-, aniquilado ya todo lastre wagneriano, Nietzsche suelta perlas tales como equiparar la filosofía alemana (que, dice, sólo puede haber salido de una “digestión pesada”) a la cerveza alemana, o bien exclamar –refiriéndose a la deriva antisemita, nacionalista y cristiana de Wagner- : “¡Pobre Wagner! ¡Si hubiera caído entre puercos!... Pero, ¡entre alemanes!”. No desarrollaré ahora una erudita disertación sobre cómo los escritos de Nietzsche (que murió prácticamente sin ver publicada ni leída su obra) fueron perversamente cercenados y manipulados en manos de su hermana, su cuñado y demás auténticos protonazis. Muchos antes que yo, y con más documentación, lo han hecho ya. Sólo pretendo hacer reflexionar sobre un hecho: culpar a Nietzsche de la barbarie nazi es como culpar a Jesús de Nazareth de las desviaciones morales, intelectuales, políticas… así como de los crímenes cometidos por la Iglesia Cristiana (institución); …o bien culpar a Marx de las desviaciones morales, intelectuales, políticas… así como de los crímenes cometidos por el Stalinismo (institución). ¿No es hora de darles a Jesús, a Marx y a Nietzsche una oportunidad? Cabe hacer notar –para aquellos a quienes se les escape- que la más radical (en sentido etimológico) y rabiosamente moderna (en el mejor de los sentidos) interpretación del marxismo, la de Ernesto Guevara y su hipótesis/anhelo del Hombre Nuevo, está íntimamente emparentada con el Superhombre (SupraHumano) nietzscheano.

El argentino Abel Posse, en su maravillosa meta-novela Los Cuadernos de Praga, recrea muy acertadamente una hipotética reflexión del guerrillero heróico: Nietzsche diría que el socialismo militar y troglodita de la guarnición (soviética) es el “socialismo nihilista”. Hay otro socialismo, el del hombre nuevo. Sin el hombre nuevo no se puede afirmar el socialismo. Y sin el socialismo afirmado en grandeza de señorío y en amor, no podrá edificarse el hombre nuevo. Este breve párrafo -que las mentes mediocres y burócratas considerarán sin duda una burda paradoja- nos recuerda que el comunismo, más que una bandera, un carnet y un millón de libros, es una manera de estar -y de actuaren -y ante- la vida. Es en este punto donde el extremo individualismo propuesto por Nietzsche revela su dimensión infinitamente comunitaria. Como cantaba el gran Ovidi Montllor, “totcomença en un mateix” (todo empieza en uno mismo). Y Nietzsche, desde luego, es una magnífica y completísima herramienta.

Nietzsche, o para que sirve la idea de la igualdad Por Alanier (pseudónimo) En primer lugar, me asombra el método de González Varela al referirse a una única obra de Nietzsche y, sin haberse ocupado de una manera muy detallada por su contenido, describir el tiempo y el país cuando y donde apareció, haciendo mención de Marx y Wagner, y después sacar conclusiones en contra de Nietzsche y de su entera obra. Yo creo que si queremos criticar los pensamientos de alguien tendríamos que ocuparnos con esos pensamientos y no alejarnos de ellos para comprobar su culpabilidad contra unos valores que el autor supuestamente estima. El método que González Varela emplea no es científico, hasta me atrevería a decir que es anticientífico e impone la ética sobre la ciencia. Tiene algo de investigación jurídica en el caso en donde se tiene que comprobar la culpabilidad del reo ante la ley. Quiero decir que mientras González Varela pretende defender la humanidad contra el totalitarismo, a la vez actúa como agente de poder estatal en el campo de la filosofía. Yo aquí no quiero defender a Nietzsche, primero porque si lo hago caería en la misma lógica jurídica como González Varela; segundo, porque Nietzsche no necesita a ningún defensor y; tercero, porque en vez de ocuparse con su persona más merece la pena seguir sus pensamientos. Nietzsche escribe en "Crepúsculo de los Idolos" sobre la Revolución Francesa: "La farsa sangrienta con que se desarrolló esta revolución, su "inmoralidad", no me afecta: lo que odio es su moralidad al estilo de Rousseau – las tales llamadas "verdades" de la revolución que todavía impactan y convencen todo lo que es llano y mediocre. ¡La doctrina de la igualdad! ... Pero no hay veneno más venenoso: porque parece predicado de la justicia misma mientras que en verdad significa el fin de la justicia ... " Ahora, para gente como González Varela la igualdad de los hombres significa un valor sin dudas y sin argumentos. Y Nietzsche es un pro-nazi porque la odia. Vamos a ver qué significa esta igualdad tan elogiada. Ninguna declaración, ni siquiera en el tan ínfimo Socialismo Real ya perteneciente al pasado dice que todos los hombres son iguales. Eso sería una tontería porque todos somos diferentes, ya sea de aspecto o más allá de los intereses creados, necesidades, deseos, etc. Todas las declaraciones a ese respecto hacen constar que los hombres son iguales ante la ley. Así la idea o doctrina de la igualdad reconoce un poder superior, un monopolio de poder que impone sus leyes a los demás que son los súbditos de la ley. En cuanto se declara la igualdad ante la ley este poder reivindica la obediencia de los súbditos al Estado de Derecho, el reconocimiento de su ser de ciudadano. La declaración de la igualdad es un acto de sujeción real y de sumisión mental. Pero tiene más implicaciones.

Al vivir en un mundo donde rige la propiedad privada, establecida por las leyes, los que tienen suficiente propiedad pueden invertirla y servirse de los demás que no tienen nada y así tienen que vender su mano de obra. La igualdad ante la ley asegura el enriquecimiento de los ya ricos al detrimento de los ya bastante pobres. Al rico igual como al pobre las leyes le prohíben asentarse en chozas en suelo ajeno, sólo coincide, – que sorpresa! – que el afortunado no necesita cometer ésta infracción legal. La igualdad famosa de ésta manera establece y garantiza la desigualdad económica. Nietzsche por eso se equivoca en pensar que los conceptos de igualdad y de justicia se contradicen. Al contrario: se necesitan y se complementan. Mientras el súbdito moderno y convencido reconoce las leyes y su propia sujeción, siempre tiene sus dudas si las leyes vigentes son justificadas y su aplicación corresponde a su propio sentido de justicia. El que no tiene ningún poder de decidir de veras en esos asuntos se imagina como el autor espiritual de un orden justo. Es el espacio donde se mezcla la moral con la política, una dialéctica de sueños de poder y conciencia de impotencia que se desarrolla desde discursos borrachos en bares hasta manifestaciones contra los G8. Para volver al artículo de González Varela y sus conclusiones: Los "Derechos del Hombre" declaran que cada persona en el planeta es súbdito de un estado. El hombre o es ciudadano o no existe. Es la reivindicación de sumisión global. Entre los Derechos del Hombre también figura el derecho a la propiedad privada. Estos derechos malditos reivindican y establecen la supremacía de la propiedad sobre los que tienen nada, de los ricos sobre los pobres. De la "Dignidad de Trabajo" hablan los que no trabajan, preferidamente los que pretenden representar la clase obrera, los impostores sindicales. Mencionan esa dignidad para asegurar sus empleos – basados en la pacificación de los trabajadores que es su responsabilidad ante la patronal. El trabajador en el andamio, en la mina o en la cocina no sabe de esa dignidad y no le trae nada. No le protege contra horas plus, accidentes de trabajo etc. Es cierto que Nietzsche no era partidario del comunismo u de la clase obrera. Pero González Varela tampoco lo es.

Reivindicando a Nietzsche Por: Hernán Montecinos INTRODUCCIÓN Sin duda, el pensamiento y obra de Nietzsche ha sido objeto de un sinnúmero de imposturas y mal entendidos. Las investigaciones más contemporáneas han dejado al descubierto, con antecedentes bien documentados este hecho. Sin embargo, a pesar que Nietzsche ha sido reivindicado por la comunidad intelectual contemporánea, respecto de la mayoría de los malentendidos que han circulado desde que empezó a publicar su obra, y reconocido, a la vez, como una de las más altas cumbres intelectuales dentro del campo de la filosofía, sobre todo, por su innegable aporte al crear nuevos modos de pensar, aún existen hoy quienes se empecinan en seguir malinterpretándolo, insistiendo simplísticamente que su pensamiento y obra obedecería a lo más típicamente reaccionario que el pensamiento pueda soportar. Sabemos que este oficio de disparar contra Nietzsche, asociándolo a lo peor, ha sido un prurito que logró permear, en su época, a no pocos de los más reputados filósofos e intelectuales del mundo. Los filósofos de hoy, en cambio, los más prestigiosos y reputados sentirían vergüenza de seguir por ese mismo derrotero. Pero, así y todo, hay algunos pocos que aún persisten en tal empeño. Digo esto, a propósito de un reciente artículo publicado en “Rebelión” y en “La Haine”, titulado, “Nietzsche y la Comuna de Paris”, de Nicolás Alberto González Varela, en donde, según este autor, al igual que lo hizo Lukács, en su época, (El asalto a la razón), y más contemporáneamente John Carey (Los intelectuales y las masas), concluye que el pensamiento de Nietzsche es reaccionario. Hay que reconocer, sin embargo, que es el mismo Nietzsche quien ha ayudado a mantener esta confusión, tanto por su particular forma de escribir y también por las formas en como dice las cosas. Pero, sobre todo, porque los diferentes problemas que él aborda, se muestran muy contradictorios entre un texto y otro. Sin embargo, en mi opinión, hay un hecho mayor que lleva a sus lectores a un mayor estado de confusión, que dice relación con no tener a la vista que el pensamiento del filósofo se desarrolla en un constante proceso de evolución. Así, por ejemplo, por nombrar los dos casos más evidentes, si durante su primera época (de idealismo y juventud), sobran los aforismos para deducir que es nacionalista y antisemita, sin embargo, en sus textos posteriores se ve un claro distanciamiento de ese pensamiento original, para revertirlos y transformarlos después en su inverso. También, hay quienes quedan impresionados, con muchos de los términos que utiliza, entre otros, “la bestia rubia”, “la aristocracia de los instintos”, “¡vive peligrosamente!”, “el populacho”, “la voluntad de poder”, “el hombre superior” (Superhombre), etc. Estos y otros términos reducidos a simples eslóganes, y descontextualizados de la honda profundidad simbólica que representan, ofrecen un material fácil, a los desprevenidos de siempre, para disparar contra el filósofo y su obra una interminable batería de “apostillas”, camino fácil que no le hace ningún mérito al ejercicio del pensar profundo de la filosofía, tal cual lo reclamaba el filósofo. En efecto, divorciados de su real contexto y significado es cuando dichos

conceptos sirven gratuitamente a quienes acostumbran a acarrear aguas para sus propias inclinaciones políticas e ideológicas. Es así, como en el pasado y, también ahora, en el presente, tiempos desdichadamente ideológicos, esos conceptos van a ser irremisiblemente puestos al servicio de las peores causas que menos las merecen. Los que así actúan han hecho caso omiso de las propias advertencias y recomendaciones que hace el filósofo para aquellos que se aprestan a leer sus libros. Para dicho propósito Nietzsche advierte que hay que ser “vacas” para leer sus textos, queriendo señalar con ello que sus libros no pueden leerse en forma literal ni al modo tradicional; sino que hay que “rumiarlos”, esto es, digerirlos constante y persistentemente, volver a ellos una y otra vez, releer sus párrafos y aforismos cuantas veces sea necesario. El que no pueda ser capaz de hacer este ejercicio, el que se sienta incapaz de hacer este mínimo esfuerzo, mejor que cierre el libro y no lo lea, es la propia recomendación que nos hace el filósofo. Afortunadamente hasta hoy, bastante se ha avanzado en las investigaciones que han permitido mejor comprender y transparentar las ideas del filósofo, aquellas que a primera vista parecían ininteligibles o jeroglificas. Es así, como los investigadores más contemporáneos han echado por tierra la mayoría de los supuestos que, desde distintas trincheras muchas veces antagónicas, se daban por ciertos, válido ello por tanto, para las deducciones concluidas, entre otros, por un marxista como Lúkacs así como la de los nazistas Goebbels, Baumler y Rosenberg. En efecto, desde las Investigaciones iniciadas en el pasado por Karl Schlechta, hasta las magníficas y monumentales investigaciones más contemporáneas que hicieron, desde el año 1969, los filósofos Giorgio Colli y Mázzimo Montanari, a partir de los escritos originales del filósofo, existentes en el Archivo Nietzsche, todos los cuentos y mitologías sobre el “malvado” Nietzsche se han venido estrepitosamente abajo. Investigaciones del que han sido tributarios también filósofos de la talla de Fink, Bataille, Klossowski, Deleuze, Derrida, Foucault, etc. Ahora bien, aunque estoy consciente que la tarea de investigación, y sobre todo, de reivindicación del pensamiento de Nietzsche ya ha sido emprendido por una interminable lista de los más prestigiosos filósofos contemporáneos, sobre todo los provenientes de la escuela francesa, quiero permitirme, desde mi modesto sitio, volver a reiterar e insistir en ello, porque nunca será esfuerzo suficiente poner, una y otra vez, de relieve el inmenso aporte hecho a la filosofía por Nietzsche, un pensar que tuvo la osadía de hacerse preguntas allí donde nunca antes nadie las había hecho y poner en duda todas aquellas realidades que se tenían por ciertas. En fin, un Nietzsche que, como pensador, nos incita a caminar por zonas interregnas. .Si eso no es el meollo de la filosofía, entonces, que alguien me explique qué diablos es la filosofía y para qué diablos sirve. Como cierre de esta parte introductoria, quiero traer a colación un reciente artículo de mi autoría, que titulé “Prólogo para un libro no escrito”, en el que intento hacer una aproximación entre las ideas de Marx y Nietzsche. Entre otras cosas allí señalo que hasta antes de Nietzsche y Marx, la filosofía había devenido sólo especulativa y abstracta. Los ejemplos a través de la historia se muestran

bastante demostrativos al respecto: la “idea” de Platón, el “imperativo categórico” de Kant, la “duda metódica” de Descartes, o “el espíritu absoluto” de Hegel, y así sucesivamente. Marx y Nietzsche, en cambio, rompen radical y definitivamente con la filosofía tradicional, abstracta, para dar cuenta ahora, de la existencia de la vida real, la situación del hombre y su entorno en una sociedad que cada vez más deja de satisfacerlo. Desde entonces, y sólo con ellos, la filosofía viene a posicionarse en otro estadio, lo que no por casualidad ha llevado a que el mundo filosófico identifique la filosofía de Nietzsche como “filosofía de la vida”, y para el caso de la filosofía de Marx, como “filosofía de la praxis”. Esto quiere decir que en los corpus filosóficos de ambos encontraremos un gran poder explicativo y visionario en relación a nuestra situación política/social/existencial y una comprensión más cabal respecto de los por qué de la gran involución societaria a que nos ha estado llevando el sistema neoliberal presente. Ahora bien, habiendo producido los pensamientos de estas dos cumbres intelectuales una variada y rica gama de líneas hermenéuticas, muchas de éstas han mostrado la tendencia a visionar a ambos con una visión no abierta, sino claramente reductiva. Por este camino se ha llegado fácilmente a la estigmatización de uno y otro, achacándole todos los grandes y ominosos hechos que convulsionaron a la humanidad en el siglo que recién terminó. Así, mientras a uno se le ha responsabilizado por ser el “mentor teórico” del estalinismo, en la ex Unión Soviética, al otro se le ha responsabilizado ser el “mentor teórico” de las barbaridades del nazi-fascismo. Por la vía de la reducción se ha logrado implantar imágenes de Marx y del marxismo que sólo tienen ese valor, imágenes que no responden a la realidad. A Nietzsche con su ensalzamiento de la “bestia rubia”, o con la famosa frase “la muerte de Dios” se le han construido figuras abominables que ponen muy en entredicho la reflexión filosófica, aquella que necesariamente debe estar revestida de una mínima seriedad. Ambos, por distintas vías se proponen retrotraer al hombre a su verdadera esencia vital, como ente eminentemente creador, aquella que había perdido tras un largo y milenario proceso de alienación. Así, el Superhombre de Nietzsche no es otro que el hombre comunista de Marx. Ambos restituidos por fin a su propia esencia creadora, libres al fin del entrevero de tejidos sociales que una modernidad desafiante y altanera les había impedido ser, lo que realmente debía ser. Con esta analogía concluyo esta parte introductoria, convencido que no puede, de ningún modo, ser un reaccionario aquel que como Nietzsche pone su obra y vida en función de restituir al hombre a su verdadera esencia creadora, como hombre autónomo y libre. En mi opinión, el Superhombre nietzscheano y el hombre comunista de Marx, confluyen como puntos de cristalización para representar el arquetipo de hombre, tal cual debiera ser, Si eso es un pensamiento reaccionario, de acuerdo a lo concluido por el autor de la nota que motiva este escrito, entonces quiere decir que yo también soy reaccionario. A decir verdad, un nuevo descubrimiento del cual yo no me había dado cuenta.

1) MALENTENDIDOS, IMPOSTURAS Erich Fromm, refiriéndose a la doctrina de Carlos Marx señalaba que, “una de las ironías peculiares de la historia intelectual es el que no haya límites para el malentendimiento de las teorías aún en una época donde hay acceso ilimitado a las fuentes…” (Marx y su concepto del hombre”). Ahora bien, creo que si esta referencia la hiciéramos recaer hoy, sobre el pensamiento de Nietzsche, este juicio de Fromm, sin duda, adquiriría mayor significado aún. Lo dicho porque la crítica filosófica se ha acostumbrado a atribuirle a sus ideas innumerables supuestos, lo que llevó en su momento a Erich Podach decir que: “Nietzsche en su vida y obra, ha sido la figura más falseada y desenfocada de la historia de la filosofía contemporánea”. Más aún, -agregaría yo- de toda la historia filosófica hasta ahora conocida. Sin embargo este hecho no tendría por que haber sorprendido al filósofo, puesto que más de una vez, el mismo anunció que sus ideas no iban a ser comprendidas bien del todo: “Nos hemos quejado alguna vez de que nos comprendan mal, de que nos ignoren, de que nos confundan con otros, de que nos calumnien, de que nos escuchen o de que apenas lo hagan? Eso es precisamente lo que nos ha tocado en suerte…¡y lo que nos seguirá tocando mucho tiempo aún! (Gaya Ciencia) En efecto, numerosos intérpretes se han encargado de difundir, respecto de sus ideas, interpretaciones antojadizas y equívocas, dejándose impresionar quizás, por su particular estilo literario, fundamentalmente, los efectos producidos por sus peculiares aforismos. De ello Nietzsche siempre tuvo conciencia, lo que queda testimoniado por las reiteradas advertencias que hace a sus desaprensivos lectores: “Los peores lectores son aquellos que proceden como soldados saqueadores: extraen de su lectura algunas cosas que pueden serles útiles; ensucian y confunden lo restante y lo ultrajan todo”(Cit. Por Richard Wisser. “Nietzsche Actual e Inactual, Vol.2) Así, de acuerdo al sabor que haya dejado tal o cual idea, o mejor aún, tal o cual aforismo, Nietzsche será utilizado como una especie de carta al gusto para las más dispares interpretaciones, las más de las veces a favor de todo aquello que él expresamente combatió. En este orden, por las investigaciones tempranas iniciadas por Kart Schlechta, mayormente investigadas y documentadas después por Giorgio Colli y Mázzimo Montanari, hemos llegado a tener conocimiento, por ejemplo, que su hermana Elizabeth, estando el filósofo aún en vida, mediante falsificaciones en sus escritos, dio inicio a las innumerables leyendas que se han tejido en torno a su persona y pensamiento. Y no sólo ha sido objeto de falsificaciones, sino que también, ha sido plagiado, lo que ha quedado demostrado con un libro que circula por ahí, atribuido supuestamente a su autoría, que lleva por título “Mi hermana y yo”, y cuyo autor real ha quedado demostrado que fue un falsificador profesional de la época, un ruso de nombre George Plotkin. También La famosa “Voluntad de poder”, un libro que circula bajo la autoría de Nietzsche, también ha quedado demostrado que fue un libro que Nietzsche no llegó a escribir. Todo esto, sin perjuicio de las adulteraciones de que fue objeto su último libro “Ecce Homo”,

en lo que fue su primera edición, la que fue rectificada muchos años después de haber quedado al descubierto tal hecho. Sin embargo, de todos los malos manejos que se han hecho sobre su pensamiento y obra, el mayor y más divulgados de todos, ha sido aquella creencia generalizada de que habría sido el mentor, el inspirador filosófico del nacionalsocialismo alemán. Un supuesto atribuido a partir de las manipulaciones que los nazis hicieron de sus ideas con el fin de proveer de fundamentos filosóficos a tan nefasta doctrina. Sacando de contexto algunos aforismos, los propósitos políticos ideológicos promovidos por los nazis lograron finalmente ser socializados al interior, primero, del inconsciente del pueblo alemán, para después divulgarse por toda Europa y el mundo entero. No obstante para que ello pudiera ser posible, tuvo que llevarse a cabo toda una trama cuyos antecedentes originarios se remontan a hechos sucedidos 50 años antes del advenimiento del régimen nazi. Entre los hechos más destacados, caben señalar fundamentalmente dos: por un lado, la fundación por Bernhard Forster, en Paraguay, de la colonia germánica “Nueva Germania” (1887), y por otro, la fundación, por parte de su hermana Elizabeth del “Archivo Nietzsche”, en Weimar (1893) Siendo el propósito de esta nota la desmitificación de ciertas creencias socializadas en la opinión pública, estimo de interés dar a conocer entretelones de ciertos hechos que derivaron posteriormente a desarrollar toda una trama para atribuir supuestos al filósofo, favorables a la interpretación de asociarlo al nacionalsocialismo alemán y a otras de las más abominables de las causas. 2) BERNHARD FORSTER ¿Quién era Bernhard Forster y que importancia tuvo para lo que posteriormente habría de ser la mayor impostura intelectual del pensamiento de Nietzsche? El que llegaría a ser el marido de la hermana del filósofo ejercía desde el año 1870 como profesor de la Escuela de Bellas Artes en un instituto de Berlín. Obligado a dejar su puesto de docente a causa de sus abiertas actividades antisemitas, viajó al Paraguay para estar de regreso en Alemania en la primavera del año 1885. De vuelta fundó una cooperativa de colonización y se dedicó a reclutar emigrantes para regresar al Paraguay y establecer allí una empresa germánica colonizadora. Es en el año 1876 cuando Elizabeth conoce a Bernhard en Bayreuth, quedando desde un principio prendada e influenciada por las ideas germánicas y antisemitas de éste. Y aunque, por cierto, ya abrazaba dichas ideas, fue el fuerte carácter de Bernhard en dicha dirección, lo que la influyó para que sus posiciones en tal sentido se radicalizaran. Estableciéndose una mutua atracción entre ambos, pronto el romance no se hizo esperar, comprometiéndose el uno al otro el año 1883. En un comienzo el que se transformaría en cuñado del filósofo no le resultó del todo antipático, pues veía en las ideas de éste una visión específicamente alemana, en la cual el mismo se había encontrado comprometido en su periodo de juventud. Sin embargo, al poco andar su distanciamiento de él empezó hacerse cada vez más notorio, fundamentalmente, por la radical posición antisemita de éste, cuestión que a esas alturas a Nietzsche le resultaba ser una postura del todo incómoda e insoportable a la vez.

En efecto, a Nietzsche no le resultaba desconocido el antisemitismo imperante en importantes círculos intelectuales de Alemania, encontrándose familiarizado con tal postura, sobre todo, por las estrechas relaciones que mantuvo con el círculo de Wagner. Sin embargo, -y aquí está el punto a diferenciar-, dicha vinculación no dejaba de ser superficial, por tener sus raíces dentro de un ámbito puramente intelectual. Con Forster, sin embargo, se encontró involuntariamente empujado a una proximidad más estrecha con la rama práctico-política del antisemitismo, lo que le permitió comprenderlo en su verdadera dimensión y alcance. Se tienen antecedentes de que Forster, siendo wagneriano, igual que Nietzsche, habría sido el primero en determinadas conferencia que habría hecho referencias hacia Nietzsche como simpatizante antisemita.; a lo menos así se lo contó el propio filósofo a Overbeck en el mes de Marzo del año 1882. Nietzsche molesto por esta vinculación, al parecer, a partir de ese hecho empieza a tomarle distancia a su cuñado, precisamente, por esa licencia que se había tomado de comprometerlo con algo de lo cual él ya se encontraba alejado y que había empezado a despreciar. Forster, además de wagneriano era un fanático naturista que luchó denodadamente contra la bisección de los animales y a favor del vegetarianismo. Sin embargo, es en su trabajo ideológico y político en donde pone su mayor energía, haciendo del nacionalismo alemán y el antisemitismo fuente principal de sus actividades y preocupaciones. Como antisemita lo vemos activamente participando en el grupo de “Los siete alemanes”, por cuya iniciativa en abril del año 1881 se le hizo entrega a Bismarck de una solicitud con 267.000 firmas pidiendo la eliminación de los judíos de los cargos públicos y de los sistemas de enseñanza. Con el mismo grupo fundó el “Partido del pueblo alemán”, el cual, explotando la creciente desilusión del pueblo alemán por la crisis económica que la afectaba, incentivó el nacionalismo y el antisemitismo a través de todo el territorio; “solamente unidos todos –decía este activista- podremos derrotar a la plaga judía”. Para estos confesados propósitos el círculo de Wagner le resultó del todo propicio y apropiado. Siendo Wagner una personalidad influyente en los círculos intelectuales de Alemania, no habría de pasar mucho tiempo para que Forster quedara encandilado con la magia de la palabra del músico. Y mientras Bernhard se encontraba entusiasmado con Wagner, Elizabeth veía en la mujer del músico, Cósima, el símbolo de lo que la mujer alemana podía realizar. Para lo que al caso importa, Forster quedó sumamente influencia por un escrito de Wagner del año 1880, titulado “Religión y arte”. Un escrito en que el músico reivindicaba la necesidad del establecimiento de una colonia puramente alemana en Sudamérica, en la que por cierto los judíos se encontrarían proscritos. Tal idea sería el origen de lo que 7 años más tarde Forster haría en Paraguay fundando la colonia “Nueva Germania”. Una colonia con propósitos bien definidos: servir como Estado de reserva, cuando la Alemania del viejo mundo cayera alguna vez en manos de los rusos, los judíos o los romanos. A propósito de esta empresa Elizabeth dirá: “Encuentro a Fritz cada vez menos comprensivo. Querría que compartiese las ideas de Forster, sus ideales que harán a los hombres mejores y más felices, si son promocionados y llevados a la práctica. Algún día Forster será elogiado como un gran alemán, benefactor de su pueblo.”

No obstante estos deseos de su hermana, Nietzsche se encontraba cada vez más alejado del activista antisemita Forster y con su misma hermana. A esas alturas era pública y notoria toda la desazón que embargaba a Nietzsche por los caminos distintos que iban tomando su hermana y su cuñado: “Ese maldito antisemitismo es la causa de una profunda brecha entre mi hermana y yo”, dejaría oír su queja el filósofo. En efecto, un abismo insondable se había abierto entre ambos hermanos, y tanto fue así, que el día que ésta se casó con Bernhard (22.05.85), Nietzsche se negó a asistir a la boda: sus diferencias eran ya insalvables. 3) LA NUEVA GERMANIA Los planes colonizadores de Bernhard y Elizabeth se encuentran en pleno apogeo. Por medio de una difundida propaganda empiezan a reclutar seguidores para dicha empresa. Como principal requisito se exigía que sus participantes fueran de raza aria de cuya pureza no pudiera existir ni la más mínima duda. Al cabo de un año lograron reclutar a un grupo reducido de 14 familias, todos pioneros pobres. El día de la partida (15.02.87), una gran multitud se apostó en los muelles del puerto de Hamburgo para despedirlos. Nietzsche se negó a estar presente en esa despedida, le parecía inoficioso estar allí en momentos en que todo hacía prever que ya había perdido a Elizabeth. “He perdido a mi hermana, estamos irremisiblemente separados, las ideas de mi cuñado por las que está dispuesta a vivir y a morir son muchos más extrañas para mí que el mismo Paraguay” A bordo del vapor Uruguay el viaje duró más de un mes tras un intenso, caluroso y agotador viaje. En las Bayreuther Blatter, se registra un artículo de Forster (02.05.87) relatando sus impresiones sobre las vicisitudes del viaje: “Hemos hecho nuestra entrada solemne en la nueva región”. Sin embargo, pese al entusiasmo de Forster, al llegar al lugar elegido los colonos enmudecieron frente al desolador e inhóspito paisaje que se les presentaba a su vista. Sin embargo ya era tarde para echar pie atrás y regresar. A los lugareños sólo se les permitió el acceso como sirvientes y trabajadores quedándoles prohibido establecerse en el campamento y sus alrededores más inmediatos. El entusiasmo del matrimonio Forster no podía ser más exultante recurriendo muchas veces a la parafernalia; así lo demuestran crónicas y cartas de la época. En una de las cartas de Elizabeth a su hermano describe la ceremonia de inauguración de la colonia de la siguiente manera: “se habían hechos disparos al aire con armas de fuego, que habían habido caballos adornados, que la gente se alineaba a las puertas de sus casas para regalarles flores y cigarros, y que le pedían a Elizabeth que les bendijera a sus hijos. Se pronunciaron discursos, se recitaron poemas y hubo una procesión que pasó bajo un arco triunfal. A todo ello siguió un desayuno de festejo” (Cit. Por Lesley Chamberlain, en “Nietzsche en Turín”)

Bernhard Förster proclamaba, lo cual superaba cualquier ficción, que Nueva Germania era la verdadera Patria, más aún que la verdadera Alemania que hoy todos conocemos. De acuerdo a Bernhard, Alemania había pasado a ser un triste lugar de paso. Nueva Germania, a pesar de sus modestos comienzos, estaba destinada a ser el centro de un imperio en lo más profundo del corazón de Sudamérica. Pese a la pesada carga de trabajo Elizabeth se hacía tiempo para escribir notas tras notas: “Qué oportunidad estamos ofreciendo a los trabajadores alemanes que malgastan sus vidas en pobreza, enfermedades y desesperanza en muchas partes de la Vieja Patria. Qué idílico cuadro hemos creado, nada es extranjero aquí, todo es casero y alemán” Ya a los pocos meses los colonos empezaron a darse cuenta de lo serio de su situación: contrajeron enfermedades incurables y una nube de insectos de la selva se convirtieron en su peor peligro. El suelo arcilloso y seco, muy difícil de arar, obligaba a los colonos a vivir de una dieta en base a la yuca, lo único cultivable en suelo tan árido y duro. Pronto el ánimo empezó a declinar. Forster había elegido una posición tan alejada de la civilización que la vida de los colonos se hacía cada vez más impracticable. Al borde de la hambruna, y cada vez más desesperados por el aislamiento, los colonos empiezan a manifestar un claro descontento contra los Forster que lo habían involucrado en tan loca aventura. Elizabeth, sin parecer darse cuenta de lo aflictiva de la situación seguía escribiendo notas de intensa propaganda: “Cuando limpiamos los bosques con el sudor de nuestra frente, preparando el fértil suelo para el cultivo, sentimos en nuestros corazones que es precisamente este tipo de trabajo el que nos hace los herederos espirituales de Ricardo Wagner”. Pese a los esfuerzos de los Forster, los problemas se van haciendo cada vez más insoportables para los colonos, agudizado todo ello por la fuerte deuda contraída por Bernhard para dar inicio a su aventura colonizadora. Presionado económicamente se ve obligado a dejar la colonia en manos de Elizabeth para volver a Alemania en busca de más financiamiento. Pero ya todo esfuerzo parecía inútil para salvar del desastre a la colonia. Muchos empiezan a desesperarse y algunos logran volverse a Alemania, pero a su vez, otros pocos logran sumarse a la aventura. Los Forster se ven obligados a poner mano dura para que no cundiera la indisciplina. Un colono que regresó a Alemania escribió un libro detallando las barbaridades y abusos de la pareja, revelaciones que empujaron a Forster a ser víctima de una fuerte depresión. Un día, abandonando inesperadamente la colonia se fue a pasar sus penas al hotel “Del Lago”, cercano de Asunción: la camarera del hotel encontraría su cadáver en su habitación. Se había envenenado con una mezcla de estricnina y morfina (03.06.89) La muerte de Bernhard fue un segundo gran golpe para Elizabeth que acababa de recibir la noticia de la pérdida de lucidez de su hermano filósofo. Frente a una implosión de energía creativa el cerebro de Nietzsche había colapsado. La nueva situación le vino muy a propósito a Elizabeth para desembarazarse de la colonia, justo en los momentos de su mayor crisis. De vuelta, al arribar a la

estación de Nuremberg, ante sus ojos emergió un dantesco espectáculo: su hermano junto a su madre la saludaba sin reconocerla. Atrás quedaba la colonia la que sigue existiendo hasta hoy cambiando muy poco. La Nueva Germania, inviolada por la civilización moderna, tiene muy poco contacto con el mundo exterior. Sus calles aún mantienen el nombre de la mujer que la cofundó. La gente que allí hoy permanece sigue viviendo la misma vida del siglo XIX, sin saber nada de la moderna Alemania. En una zona escogida por su aislamiento, rodeada de una selva espesa y rápidos ríos, la colonia se encuentra sellada para el mundo, fosilizada en el tiempo. Los pocos alemanes que aún se encuentran allí, sólo luchan para sobrevivir y para conservar su identidad racial y cultural. El primer proyecto de Elizabeth había concluido, una nueva etapa estaba por comenzar: “Ahora debo decir adiós a los asuntos coloniales, una gran tarea vital reclama mi tiempo y mi energía, el cuidado de mi único y querido hermano, al filósofo Nietzsche, la protección de sus obras, y la descripción de su vida y de su pensamiento” 4) EL ARCHIVO NIETZSCHE El año 1893, ya sin lucidez el filósofo, su hermana Elizabeth decide que sólo ella podía administrar sus ideas y escritos, para cuyo fin funda el “Archivo Nietzche”. Pretendiendo inmortalizarlo, pero de acuerdo a las propias ideas que ella tenía sobre las de su hermano, llegará a decir: “Tengo el deber de defender, de enmendar las faltas y de representar los hechos y experiencias de la vida de mi hermano con la más escrupulosa exactitud, puesto que nadie estuvo tan cerca de él como yo” Poco a poco, y gracias a su tenaz perseverancia, logró que el nombre de su hermano fuese reconocido, no sólo en Alemania, sino que en toda Europa. Como nunca antes hizo que las ediciones de los libros del filósofo empezaran a conocer el éxito que no tuvo en vida. Como sacerdotisa principal del culto a Nietzsche, su propia fama también empezó a crecer. Años más tarde de la muerte del filósofo (1900), durante el transcurso de la primera Guerra Mundial, la fama de Nietzsche era del todo innegable. Como vivo testimonio han quedado las imágenes de los jóvenes wandervogel, los que antes de partir a batalla guardaban en sus mochilas el libro “Así habló Zaratustra”. Durante la guerra Elizabeth reavivará sus ideas nacionalistas de antaño comprometida en una exhortación a la nación alemana para que participara en la guerra: “Es un gran reto para los alemanes el levantarse y luchar. En cada alemán hay un luchador sin importar a que partido pertenezca y este guerrero interior surge cada vez que la patria se siente amenazada”. No habiendo considerado la posibilidad de la derrota, cuando ésta se produjo mostró una gran contrariedad:

“No pude soportarlo, nuestras tropas en el frente eran invencibles, pero nuestros estúpidos guardias tontos e infantiles, han apuñalado a nuestros valientes soldados por la espalda. Alemania ofrece un espectáculo deplorable. Cada día quisiera morir” Después de la derrota los esfuerzos publicitarios de Elzabeth no cesaron, encontrando gran receptividad en importantes figuras políticas que anunciaban ya el advenimiento del nuevo régimen nazi. Y no sólo logró hacer popular el nombre de su hermano, sino ella misma fue elevada a un lugar destacado en el campo de las letras en Alemania sendo nominada el año 1923, por tercera vez al Premio Nóbel de Literatura, convirtiéndose en la principal letrada de Alemania. La fama del nombre de su hermano, habiendo traspasado las fronteras alemanas atrajo la atención de Benito Mussolini en Italia, a quien Elizabeth consideraba como el nuevo César de Italia: “Ya no puedo privarme de expresar mi admiración por Mussolini. El no sólo es el gobernante preeminente de Europa, sino del mundo entero. Mi hermano habría sentido gran orgullo de admirar a este hombre maravilloso, un hombre alegre, poderoso y triunfador que le ofrece al hombre la esperanza de la salvación” Con regularidad supo mantenerse en contacto con el dictador italiano llegando, en Febrero de 1932, a montar en Weimar una obra escrita por éste. Impedido Mussolini de asistir, sin embargo, como contrapartida, esa noche logró conocer al hombre que ejercería una gran influencia sobre su vida y sobre la reputación de su hermano. Hitler entraba a su palco privado obsequiándole un gran ramo de rosas. Cuando Hitler asumió al año siguiente el poder, Elizabeth no pudo dejar de transparentar su júbilo: “Estamos ebrios de entusiasmo por tener a la cabeza del gobierno a un hombre tan maravilloso, a una persona fenomenal, a nuestro canciller Adolfo Hitler. Al fin hemos encontrado a esa Alemania que durante siglos nuestros poetas han descrito anhelosamente en sus poemas y a la cual todos hemos estado esperando” Pocos meses después, en un nuevo encuentro con Hitler, llegará a decir: “Fue en el teatro, en una representación de Tristán e Isolda, en honor al aniversario de la muerte de Wagner, que tuve la gran fortuna de mantener una conversación personal con nuestro maravilloso Canciller”. Hitler, dándose cuenta del valor propagandístico que el Archivo Nietzsche podría proporcionarle, comienza a visitarlo asiduamente, lo que hace caer a Elizabeth en un gran entusiasmo: “Si mi hermano lo hubiera conocido su más grande deseo se hubiese hecho realidad. El cambiará a Alemania por completo, pero debemos de ser pacientes. Lo que más me agrada de Hitler es su simplicidad y naturalidad. Él no quiere nada para sí mismo, sino todo para Alemania. Lo admiro profundamente”.

Para los nazis, las ideas de Nietzsche les vienen muy a propósito para darle un sentido teórico al esquema de su programa. Hitler y Goebbels se encontraban empeñados por sacar a luz todo lo que consideraban lo mejor de la cultura alemana y destruir todo aquello que consideraban decadente. Los libros de estos últimos fueron incinerados mientras los de Nietzsche se salvan de caer en las llamas; muy por el contrario, fueron colocados junto a las Biblias del nazismo. De este modo, los escritos de Nietzsche, quien había sido el más mordaz exponente contra el antisemitismo, fueron utilizados para respaldar los decretos más abominables en contra de los judíos. A todo esto Elizabeth dirá: “El lazo que une a Nietzsche con el nacionalsocialismo, es el heroísmo que existe en su alma” A esas alturas, Elizabeth se daba el lujo de contar con dos patrocinadores importantes: Hitler y Mussolini. Cuando estos se reunieron en Venecia, el 14 de Junio de 1934, creyó oportuno enviarles el siguiente telegrama: “El espíritu de Nietzsche envuelve este encuentro entre los dos gobernantes más importantes de Europa”. Ambos dictadores agradecieron sus elogiosas palabras reconociendo que habían sentido la presencia espiritual del filósofo, confesando su veneración por Nietzsche y el respeto a ella como custodio de su filosofía A los 88 años, Elizabeth era ya tema frecuente de conversación entre los dos líderes, Hitler, abriendo una vez más espacio en su agenda la visita nuevamente en el “Archivo”. De este encuentro un observador apuntó: “Así como en pasados tiempos una abnegada madre le hubiera dado la bienvenida a su hijo, bajo la sagrada llama de una sacerdotisa vigilante, nadie que lo haya presenciado olvidará nunca cómo el hombre a quien el mundo entero ve con el más agudo interés, saluda a la dama mientras ambos permanecían de pie bajo la radiante luz del sol”. Pero la salud de Elizabeth se empeoraba. Tras la operación a uno de sus ojos le escribió al Fuhrer contándole que había releído su libro “Mi lucha”, durante su convalecencia: “Esas poderosas y profundas percepciones y consideraciones sobre la nueva creación del carácter alemán se apoderaron de mí. Le aconsejaría a cualquier inválido sumergirse en este maravilloso libro y encontrar la fuerza y el valor para luchar contra as adversidades del destino”. Antes de morir Elizabeth consideraba que había una persona que no había recibido aún el reconocimiento por los servicios a la patria. Decide influir en el Fuhrer para reparar tamaña injusticia; Forster estaba a punto de ser elevado a una posición importante dentro de la mítica historiografía nazi. Hitler en reconocimiento de que medio siglo atrás Elizabeth con su esposo habían puesto en práctica las ideas del racismo ario, envía emisarios al cementerio de la selva paraguaya donde Forster había sido enterrado en 1889. Elizabeth lograba al fin el reconocimiento hacia su esposo por el trabajo de toda su vida a favor del nacionalismo germánico y el antisemitismo.

Al fallecer Elizabeth (09.11.35), Hitler tomó su lugar al pie del ataúd. Uno de sus lugartenientes fue el encargado de leer el discurso ceremonial: “UD., mi Fuhrer, nos ha infundido un gran respeto y admiración por esta gran mujer alemana, a quien la eterna providencia se ha llevado para reunirla con su incomparable hermano, el buscador de la verdad, el profeta de la lucha, el heroico y eminente Friedrich Nietzsche. La Alemania socialista nacional protegerá con eterno agradecimiento, el importante legado intelectual del gran filósofo Friedrich Nietzsche. El y su hermana han pasado a la inmortalidad” La inmensa sombra de Elizabeth y la representación fraudulenta que hizo de la filosofía de su hermano, llegaron a engañar a los más reputados intelectuales de la época, los que no dejaron de sustraerse a las imposturas y malinterpretaciones hechos sobre su vida y obra por su hermana. La influencia de las malinterpretaciones de ésta a través del Archivo Nietzsche fueron de tal alcance y magnitud, que llegaron hasta afectar los procesos judiciales en contra de los nazis en Nuremberg. Tal fue así que el fiscal francés durante el juicio en su condena llegará a exclamar: “Si es cierto que las razas superiores deben exterminar a la gente subordinada y decadente, entonces, qué métodos de exterminación usarán para intimidarlos; esto era la moralidad de la inmoralidad, el resultado de la más pura enseñanza de Nietzsche” 5) SUPUESTOS POLÍTICOS Fue Alfred Baumler quien el año 1931, descubriendo la filosofía de Nietzsche concluye desde allí interpretaciones que sirvieran de fundamento teórico a la doctrina nazi. Las dificultades que representaban los innumerables juicios antialemanes del filósofo fueron eliminados de una plumada bajo el fundamento que: “Nietzsche lucha contra el Reich, no porque sea alemán, sino porque es alemán y cristiano. Piensa en una forma más audaz y ambiciosa de ser alemán: Alemania debe volver a dominar Europa”. Así, por voluntad de Baumler, Nietzsche ya no pertenecerá más al Occidente, pasando a ser el Sigfrido del Norte Germánico, el espíritu nórdico, y pertenecerá al espíritu de la Gran Guerra: “La creadora de una Europa que sea algo más que una colonia romana, sólo puede ser la Alemania Nórdica, la Alemania de Holderlin y Nietzsche” A su vez, Alfred Rosenberg, a cargo de la educación e instrucción intelectual del partido nazi, sin encontrarse del todo convencido de los ajustes de las ideas del filósofo para adaptarlas a los propósitos del espíritu alemán que preconizada el nazismo, no escatimará reparos para eclipsar sutilmente el pensamiento de Nietzsche en su libro “El mito del siglo XX”, mencionándolo con marcada hostilidad: “Bajo la bandera de Nietzsche se alinean los rojos estandartes y los predicadores nómadas del marxismo. En su nombre tuvo lugar la contaminación de razas, con la intervención de todos los sirios y negros”

No obstante a pesar de sus dudas y aprehensiones, pudieron más las necesidades políticas e ideológicas del régimen, terminando por acomodar la ideología nazi de modo que esta apareciera impregnada de una atmósfera nietzscheana. No obstante para ajustar las ideas del filósofo a los requerimientos del nazismo, necesariamente tuvo que haber una gran dosis de ignorancia respecto del real significado que había tras el trasfondo de las ideas del filósofo, lo que queda al descubierto en el momento de revelarse los verdaderos entretelones que originaron tan burda trama. En efecto, Carl August Emge –quien había sido director del Archivo Nietzsche- tempranamente pone al descubierto la impostura nazi al confesar que ni Hitler ni Rosenberg jamás nunca se les había ocurrido formularle la más mínima pregunta sobre Nietzsche, expresando al respecto un lapidario juicio: “Estos frutos tan ridículos no son los frutos por los que se puede conocer a Nietzsche”. Y no deja de tener razón, si se considera que Hitler en su libro (Mi lucha”), no menciona ninguna sola vez a Nietzsche. Es más, todo hace presumir que Hitler jamás leyó la obra de Nietzsche, sirviéndose sólo de palabras sueltas en sus discursos según le recomendaran sus asesores de propaganda. A Benito Mussolini también le cabe cierto grado de responsabilidad en lo que dice relación a los supuestos de que fue objeto el pensamiento del filósofo, al confesar, una y otra vez, que sus ideas fueron influenciadas por las ideas de éste. Y quizás tenga cierto grado de razón, porque en honor a la verdad, y a diferencia de Hitler, Mussolini si conoció el pensamiento y obra de Nietzsche. Que las haya mal utilizado para su nefasta causa, ese es un cuento aparte en la que no me voy a detener en esta nota. En efecto, Mussolini se encuentra con la obre del filósofo el año 1908, en Suiza, en el periodo de su exilio. Sintiéndose incomodado en la estructura del partido socialista, demasiado burocratizado y poco abierto para pensar, ve en la obra de Nietzsche la posibilidad de desesquematizar su pensamiento. Lo atraía, entre otros, el poderoso lenguaje y simbolismo cuando en “Así hablaba Zaratustra”, el filósofo hace referencia a un “Superhombre”, un hombre que es capaz de pasar por encima de las instituciones para lograr sus fines. Mussolini ve en Nietzsche un pensamiento liberador que se aviene muy bien con su carácter, por su resistencia a los planteos esquemáticos y puramente intelectualistas que se encontraban en boga. Mussolini concuerda con Nietzsche que la figura del Superhombre fuerte, libre y crítico, transformador de un mundo lleno de tediosa inmovilidad, es lo que permite hacer de la política contingente y corrupta un acto de la Gran política: “No se sorprendan si de cuando en cuando introduzco intersticios literarios en el tratamiento tan árido de esta materia para aligerarles el deber como escuchas, pues como yo, como discípulo de Federico Nietzsche, polaco germánico, he aprendido de él que las cosas difíciles es necesario proceder con paso cauto pero ligero” (Discurso en la cámara de diputados, 1934). En este mismo sentido, evocado episodios de la Primera Guerra Mundial, llegará a concluir la siguiente reflexión: “… entonces elegí el mar Mediterráneo y a Nietzsche como mi gran aliado”….para rubricar, más adelante, “Alemania a regalado al mundo a los dos más grandes espíritus del siglo: Goethe y Nietzsche”. Incluso, es tal su entusiasmo por Nietzsche, que llegó a elaborar un

escrito dedicado al pensamiento del filósofo, bajo el título “La filosofía de la fuerza” Hitler, en cambio, a diferencia de Mussolini, desconocía el pensamiento filosófico de Nietzsche eludiendo referirse a él, a menos que fuera para valerse de ciertas frases sueltas que, tomadas fuera de contexto, pudieran ser usadas para propósitos de la ideología nazi. Por las investigaciones hasta ahora conocidas, todo parece indicar que Hitler no conoció la obra de Nietzsche e, incluso, que ni siquiera leyó una palabra de sus libros. Por fortuna, una vez derrotado el régimen nazi, el armado de este gran fraude se viene estrepitosamente abajo. Y no podía ser de otro modo, del momento que sabemos que Nietzsche fue enemigo declarado de los Estados (de todos los Estados) y de los modernos movimientos de masas; paradójicamente el nazismo hizo del Estado nacionalsocialista su máximo fetiche, y de los movimientos de masas el centro de su fuerza. 6) IMPOSTURAS LITERARIAS En Julio de 1945, cuando el “Ejército Rojo” se hizo cargo de la ciudad de Weimar, ésta se encontraba convertida en un centro de propaganda nazi, cuyo centro lo ocupaba el Archivo Nietzsche. Desde 1947 el Archivo pasa a formar parte de los lugares de conmemoración e investigación de la literatura clásica alemana. No obstante, es sólo a partir del año 1954 cuando éste fue reabierto para la investigación de todos sus documentos. Desde entonces se empezará a contar la historia de cómo se habían modificado los escritos de Nietzsche para confundirlo con propósitos de la ideología nazi. El genio que había estado detrás de toda la trama , había sido nada menos que su hermana Elizabeth. En efecto, el primer objetivo de ésta, estando aún en vida su hermano, en un casi completo estado de locura, era tener acceso a sus escritos para manejarlos a su entera voluntad y arbitrio. Nietzsche, a esas alturas incapaz de sostener un pensamiento lúcido e incapaz para el manejo de sus propios escritos, se dejó llevar por los deseos de su hermana. Pero, aún siendo grandes sus diferencias, los propósitos de Elizabeth requerirían de un gran esfuerzo intelectual, sobre todo, tomando en cuenta el hecho de que sus ideas sobre temas fundamentales eran aborrecidas por el filósofo (cristianismo, moral, metafísica, nacionalismo, antisemitismo, etc). De la diferencias entre ambos existe una variada documentación: “Mi hermana ha descargado con toda su energía la hostilidad de su naturaleza en contra mía… Se ha desligado formalmente de mí, por el asco que le produce mi filosofía y porque yo amo el mal mientras que ella ama el bien …” (carta de Nietzsche a Paul Rée, de fecha posible, el 15.09.82) “…Querer a mi hermano, admirar su obra constituía el deber de mi vida y su centro; cierto que el amor ha quedado pero ya no puedo hacer nada por él: he perdido la fe en los efectos positivos de su filosofía…” (Elizabeth a Peter Gast, Naumburg, 07.01.83)

“Personas como ella tienen que ser irreconocibles adversarios de mi manera de pensar y de mi filosofía. Así lo quiere la naturaleza eterna de las cosas” (A su madre, Niza, febrero 1.884) “¡Cielos! Mi antisemitismo fue hasta ahora un pensamiento tan benigno y pacífico que todos mis amigos sentirán un asombro profundo al saber que éste ha podido ser la causa de nuestra separación…” (Elizabeth a Peter Gast, Naumburg, 26.04.84) Al tener de las notas precedentes se evidencia que la separación entre ambos hermanos no fue sólo por el antisemitismo de Elizabeth, sino más bien, por las profundas diferencias de opinión que ésta tenía respecto del pensamiento filosófico de su hermano. Decidida a borrar la imagen de esta acendrada diferencia, se afana por tratar de aparentar una comunión de ideas con las del filósofo, para cuyo efecto recurre a triquiñuelas no muy santas, entre otros, adulterando cartas elogiosas que su hermano había escrito a otras personas; con raspaduras y borrones en dichas cartas le resultó fácil opacar el develamiento de sus diferencias. Más, lo que Elizabeth ignoraba es que algunos destinatarios conservaron copias de las misivas, con las que se facilitaría más tarde el descubrimientote de las falsificaciones de Elizabeth. Afanada en este mismo propósito, en una popular biografía que escribió sobre su hermano, introdujo una serie de inexactitudes que tendían a aparentar una comunión de intereses e ideas de ella con las de su hermano. Para retratar la intimidad conexión que había entre ambos se permitía afirmar: “Nunca en nuestras vidas nos dijimos una sola palabra ruda”. Pero daba el caso que, primero, en la biografía que escribió y publicó, y luego, en las cartas meticulosamente seleccionadas que dio a conocer, éstas respondían a la leyenda y la imagen que ella quería hacer prevalecer sobre las ideas de su hermano. Incluso, el año 1889, su madre, que podía como nadie leer la ilegible caligrafía de su hijo, descifraba las modificaciones introducidas en un fragmento de los “Ditirambos a Dionisos”; en dicha modificación la calma se convierte en voluntad y la soledad pasa a ser un ping de boxeo, en donde el culto enfermizo a la voluntad se traduce en palabrería altisonante (Cit. Por Richard Wisser en “Malentendidos de una vida filosófica”) Así y todo, la mayor impostura literaria conocida hasta ahora es la publicación bajo las órdenes de Elizabeth, de un libro hasta entonces no conocido bajo el título de “La voluntad de poder”. Este libro se tuvo como obra fundamental del filósofo sirviendo de guía para investigaciones posteriores. Sin embargo, contrariando a la corriente de la época, Karl Schlechta ya no considera dicha obra como autoría del filósofo, al contrario nos entrega la prueba según la cual tal obra nunca existió como obra propia del filósofo. En efecto, la colección de aforismos publicados a instancias de la hermana, no contienen nada de lo que el lector de las obras publicadas por el propio Nietzsche no conozca o pudieran haber conocido insertadas en otros libros. Sobre el particular se sabe que Nietzsche anunció, más de una vez, su intención de una obra que incluyera la totalidad de su pensamiento filosófico. Pero da el caso que, en su momento, Nietzsche desistió de tal proyecto. Tanto es así que parte de las notas acumuladas para dicho fin fueron incorporadas en otros

libros publicados cuando estaba en vida, como, por ejemplo, en “El Ocaso de los ídolos”, en “El Anticristo” y otros textos. Sólo a Schlechta le tocó en suerte acabar con la leyenda de que la Voluntad de Poder, publicada en forma póstuma, fuera la obra fundamental del filósofo., señalando al respecto: “Quien se decida por la hermana de Nietzsche, se decide en contra de Nietzsche”. La Voluntad de Poder no sólo debe su origen a un mal entendido, sino a la completa ignorancia de la Sra. Forster con respecto a la obra y la filosofía de su hermano. Encontraba la falta de una obra capital y sistemática; la necesitaba y como no la encontró la inventó, recomponiendo las notas escritas dejadas por su hermano, la mayoría de ellas ya incorporadas en otros libros. Con el libro “Ecce Homo”, pasó algo parecido. Siendo un libro que efectivamente fue escrito por Nietzsche (1888), su último libro antes de la pérdida completa de su lucidez, su publicación no se hizo efectiva sino 20 años después (1908), sin antes experimentar un sin fin de desventuras. En efecto, Elizabeth al tener conocimiento de la existencia de dicho libro por intermedio de Peter Gast lo mandó a rescatar de manos del editor. Sin embargo, éste al leerlo antes de entregárselo a Elizabeth quedó impresionado por su fuerte tono en los que quedaban mal parada su hermana y hasta su propia madre. Al entregárselo le recomendó que destruyera el original. Elizabeth no haciendo caso a dicha recomendación lo mandó a publicar, claro está, con las debidas omisiones y rectificaciones efectuadas por ella misma, eliminando todo aquello que resultaba molesto. Y para el caso que más importa, el título original que ella tenía en su poder, no incluía el título 3 subtitulado “Por qué soy tan sabio”, ello porque Nietzsche había enviado un nuevo original a su editor, y el que éste le entregó a Elizabeth incluía el título tachado por el filósofo. De este modo Elizabeth no tenía en su poder el total de su original, y si pensamos que lo que tenía fue acondicionado a sus exigencias, tenemos otro dato de flagrante falsificación literaria. Es sólo a partir del año 1969,que se puede tener una edición completa del original tal cual la escribió el filósofo. Esto último, debido a que la reapertura del Archivo Nietzsche, permitió hacer una edición de las obras completas de Nietzsche, de acuerdo a los auténticas notas originales dejadas por éste. Una esforzada y extraordinaria reconstitución que debemos a los esfuerzos de excepción de Giorgio Colli y Mázzimo Montanari. Pero, el engaño literario no se detuvo hasta aquí, porque el libro “Mi hermana y yo”, atribuido a la autoría del filósofo, no figura en ninguna de las ediciones completas y en ninguna bibliografía utilizada por los más reputados de los filósofos que incursionan sobre el tema Nietzsche. Sin duda un plagio, porque nadie ha podido ver el original del cual supuestamente el filósofo lo habría escrito. Ni tampoco hay ninguna nota del filósofo que se refiera a la existencia de este libro, o que haya pensado escribirlo algún día, como sucedió, por ejemplo, con de la Voluntad de Poder, a lo cual ya hice referencia en los párrafos precedentes. Y si bien no existen pruebas, existe el precedente de que habría sido un tal George Plotkin, un falsificador profesional; a lo menos, así lo asegura el prestigioso profesor de la Universidad de Princeton, Walter Kaufmann, quien

habría conocido a Plotkin y escuchado de su propia boca la confesión de éste antes de morir. Ahora, bien por cierto, Nietzsche no se habría asombrado tanto de saber que su pensamiento y obra han pasado por estas vicisitudes que han ayudado a malinterpretarlo, es más lo adivinaba, lo presumía. Con las nuevas investigaciones, y sobre todo, con la reapertura del Archivo Nietzsche, toda el embrollo de la trama suscitada con su pensamiento y obra han quedado al descubierto. Sólo desde entonces el filósofo ha podido quedar libre para hablar por sí mismo: “Os conmino a que os perdáis ya que os encontréis a vosotros mismos: porque sólo cuando todos me hayáis negado, regresaré a vosotros…” (Prólogo, Ecce Homo)

Nietzsche y la Política, una controversia Por: Nicolás González Varela El Catecismo nietzscheano: ¿Conviene forzar a un autor (sea Nietzsche o cualquier otro) a expresarse mutilado o con medias palabras? En suma: ¿es productivo amordazarlo? Voltaire, un autor al que Nietzsche admiraba (y al que le dedicó un libro) decía que la Fe consiste en creer lo que la Razón no cree ni puede creer. He realizado una pequeña y tortuosa investigación sobre el joven Nietzsche, de la cual el artículo “El joven Nietzsche o el instinto aristocrático como política” publicado en Rebelión es la primera parte. Es un intento de liberar a Nietzsche del falso bronce académico burgués, de “situarlo” en las coordenadas de tiempo y espacio, de acercarlo a sus verdaderas intenciones de intervención en la política de su tiempo. Es siempre correcto preguntar a cada pensador qué ideología representa, pero quien formula la pregunta debe ofrecer la respuesta. Nietzsche, como cualquier otro, nada podría contestar aunque no estuviera muerto: ignoraba lo que transportaba. Intenté hermeneúticamente “leer” a contrapelo al filólogo como un pensador político reaccionario coherente y unitario. ¡Vade retro! Una tarea, incluso ahora, “escandalosa”, porque Nietzsche (y muchos más del noble Panteón catedricio) es para la Intelligentsia “progresista” una vaca sagrada intocable: quién ose contradecir el canon académico puede retroceder ochenta y siete escalones de reencarnación. Si el centro del Hinduismo es la protección de las vacas, la protección de la reputación de Nietzsche es uno de los más maravillosos fenómenos de la evolución del progresismo europeo. Sabíamos de la previsible y automática reacción fóbica de la corporación de profesores universitarios, ayudantes de cátedra, becarios de investigación, articulistas, directores de revistas literarias de izquierda incluso de algún “gurú” consagrado. Varios reflejos pavlovianos aparecieron en Rebelión y otros lugares, uno, el de más largo aliento, es el de Luis Roca Jusmet –creo que profesor de filosofía– cuyo título es “Nietzsche otra vez”. Responderé eneste caso, aunque las críticas pueden ser compartidas por los labooriosos nietzscheanos de izquierda que le acompañaron en las críticas. A Luis R. J. no le gusta lo que la Razón descubre en su autor fetiche Nietzsche (aunque veremos que en realidad la herida narcisista no es por Nietzsche en sí mismo), aborrece mi artículo con pasión religiosa. Frente al Nietzsche real, políticamente incorrecto, Luis R. J. prefiere un sistema de creencias basado en la Fe. Mi humilde lectura política de Nietzsche le amarga la existencia y no ahorra ningún adjetivo negativo en su contra. Mi artículo es “descalificador”, “falaz”, “tramposo”, “fallido”, “simplista”… Es una malévola “crítica fácil”. Luis R. J. está indignado: ¡se quieren comer en forma de chuletón a su vaca sagrada! La primera maniobra artera de mí artículo, la “primera trampa”, es que el título no coincide con el contenido del artículo: “González Valera” (sic) (Luis R. J. está tan indignado que se le atraganta mi apellido en el teclado) pretende “globalizar” la tesis del joven Nietzsche a toda su obra. ¡Ah, pillo! Pero su indignación llega al paroxismo cuando señalo que los lectores que lo leyeron “correctamente” han sido “nazis, neo-fascistas y conservadores de toda la vida”. Luis R. J. verá pronto el porqué de esta aseveración en carne propia. Lo que quise señalar es que los lectores de derecha de Nietzsche lo han leído “correctamente”, es decir: sin tergiversar, sin obviar, sin ocultar, sin reprimir,

sin falsificar, sin sofocar al Nietzsche original. Sin inventarse un Nietzsche ad hoc a la medida de nuestras limitaciones y mirada bizca. Como ejemplo allí está el libro del nacionalsocialista Alfred Baeumler, todavía muy valioso; allí está el trabajo de Heidegger, filosóficamente völkische pero importante. Los intelectuales fascistas lo interpretan sin aplicarle una ridícula hermenéutica de la inocencia o negarse a la literalidad de su lectura. Pero no nos adelantemos. Como contrapartida de este método burdo y de bodegón, falsificador y embaucador de lectores desprevenidos, Luis R. J. nos propone su propio artículo –no podría ser menos– que plantea “de forma rigurosa” la relación entre Nietzsche y la Política. Aparte Luis R. J. señala la “distinción” como diría Bourdieu: mientras el artículo de “González Valera”(sic) ha sido “extraído” de un blog con un nombre no muy feliz (¡válgame Dios!), el del noble profesor nietzscheano de izquierda ha sido publicado por una revista decana en la Intelligentsia progresista, hecha y derecha, con comité editorial, panteón de héroes, secretarias, contabilidad y número de seguridad social. Cómo para que quede claro el origen lustroso de uno con la genealogía plebeya del otro. Toda Fe entraña, inevitablemente, negaciones y afirmaciones. El verdadero creyente, cuando se encuentra ante una prueba lógica o una demostración empírica que incurre en contradicción aparente con las exigencias de su sistema de creencias, no tiene más elección razonable que negar lo que vea (y lo que lea), lo que oiga y lo que piense, lo que escriba. La hermenéutica de la inocencia que Luis R. J. aplica a su canon favorito (que incluye a Nietzsche) aunque es muy pernicioso para su tarea confesa (“qué significa ser hoy de izquierdas”) es previsible, muy humana y viene a soldar la distancia entre lo real y lo fantasmagórico, reducir la disonancia cognoscitiva entre el Nietzsche real (íntegro: aristocrático, darwinista, racista, anticomunista, antisemita…) y el Nietzsche imaginado/imaginario (mutilado). La disonancia entre lo que es y lo que debería ser la rellena la ideología del Dilettante. Luis R. J., como buen intelectual profesional “progresista”, debería saber que los cánones son expresión de una escala de valores que responde a unas relaciones sociales concretas, diríamos materiales. Por ello es que aquí ya no está en juego el entendimiento preciso de lo que “realmente quiso decir Nietzsche”, ni ninguna actividad crítica de reapropiación proletaria de la tradición reaccionaria, sino mantener intacto un sistema de creencias. Creo, luego existo. La “lectura” se transforma en un obligado artículo de Fe. Se impone con naturalidad no la voluntad de interpretar, sino la voluntad de olvidar, reprimir, obviar… ¿La prueba del Pudding es que se puede comer? Pues bien analizaremos ese artículo del bravo escudero nietzscheano Luis R. J. que, en contraposición a mi pérfido brulote, aborda “de forma rigurosa” la relación de Nietzsche con la política. No lo hacemos por casualidad, ya que según Luis R. J. sus puntuaciones sobre el tema “serían suficientes para criticar el artículo de González Valera” (sic). Luminosidades imprecisas o la voluntad de olvido: Luis R. J., en su artículo autocalificado por él mismo de “riguroso”, se pregunta por qué existen “múltiples lecturas políticas” de Nietzsche (es decir: reclamaciones desde la extrema derecha al anarquismo). En cambio de encontrar el “error” en la recepción e interpretación de Nietzsche desde el campo intelectual, Luis R. J. con una lógica plana, deduce que la culpa de tanto embrollo en la Querelle debe ser ¡del propio Nietzsche!. ¿Nuestro casi divino Nietzsche es tan contradictorio como para que lo reivindique Mussolini y al mismo tiempo Foucault? Sin sospecharlo ha arrojado al niño junto con el agua sucia de la bañera. Luis R. J.

reacciona rápido e inventa –no le falta imaginación– la siguiente fórmula: lo ambiguo no es el Nietzsche de carne y hueso (¡faltaba más!) sino el “carácter contradictorio de su obra” (sic). O sea: el Nietzsche encarnado en un cuerpo humano no coincide con su obra escrita, en la cual, según Luis R. J., Nietzsche “lo afirma todo y al mismo tiempo lo niega todo”. Por lo tanto, tal como hace Luis R. J., la entera obra nietzscheana es una feria de saldos filosófica en la cual “cada cual puede elegir lo que más le interese”(sic). Allí están todas las negaciones y contra afirmaciones de Nietzsche, para servirnos de ella y orientar la veleta ideológica hacia el Norte que más nos plazca. Así es cómo Luis R. J. ve la entera obra de Nietzsche; no la comprende mucho, le parece que Nietzsche se contradice y luego no, y luego sí, en fin, un embrollo. Exhausto llega a la conclusión que el problema no son las limitaciones del lector Luis J. R. sino las introyecta en el propio Nietzsche. Este hallazgo puede revolucionar la ciencia de la hermenéutica, ya que su método radical de lectura e interpretatio permite que coexistan obras ambiguas (con contradicciones lógicas) con autores coherentes. ¿El estilo no es el hombre? ¿Cómo sabe que Nietzsche era coherente y su obra no? ¿Acaso por su correspondencia, por su praxis o por testimonios de su círculo de familiares y amigos? No lo sabemos, pero el método “riguroso” de Luis R. J. sin duda hará historia. La propia esquizofrenia de Luis R. J. (por favor Nietzsche no tiene nada que ver con esta fantasía) como intelectual escindido, sus propias limitaciones son proyectadas sobre Nietzsche y se presenta este mecanismo primitivo como un método científico no sólo de leer con corrección un autor sino “para profundizar sobre lo que significa hoy ser de izquierdas”. Un espantajo, la escisión contradictoria y ridícula (por inexistente) entre un autor que “rechaza las medias tintas” y una obra “ambigua y contradictoria” se nos vende en el mostrador de las novedades filosóficas como el más avanzado método riguroso para conocer la “verdad política del autor”. ¿Y el método altisonante, anunciado con fanfarria y fuegos de artificio, qué produce finalmente? Nos enteramos que Nietzsche “niega reiteradamente que tenga una posición política en el sentido convencional de la palabra”. Primero el método “riguroso” no nos señala en qué momentos y en que parte de su obra Nietzsche niega tantas veces como Simón Pedro; segundo, Luis R. J. deberá explicarnos qué es para él “sentido convencional de la política”… ¿el sentido en el siglo XIX? ¿el sentido clásico? ¿el sentido del siglo XX? ¿el sentido del propio Luis R. J.? Si entendemos política como esa síntesis de logos más acción, Nietzsche sí tiene una posición política: desea, lucha y escribe para modificar el status quo de Alemania y de Europa. Si nos referimos al sentido en el siglo XIX Nietzsche aborrece la pequeña política, la que conlleva el estado de partidos y la democracia liberal, su utopía es el retorno a una época trágica de Señores y Siervos, incluso instituyendo la institución de la esclavitud y la guerra. Si fue el capitalismo el que escindió la economía y la política, el que creó al bourgeois y al citoyen en esferas separadas y autónomas para asentar su dominio como clase, es obvio que Nietzsche quiere abolirlas definitivamente. Cuando Nietzsche se refiere a sus ideas políticas siempre habla de la “Gran Política” (gross Politik) para diferenciarla de la “keine Politik”, la politiquería de la democracia liberal y el sistema de partidos y sindicatos. Si Nietzsche en su juventud intenta construir un partido (el wagneriano) lo hace para que nunca más existan partidos políticos, ni sufragio universal… Debemos señalar que en su época de Basilea Nietzsche era un nacional-liberal estilo Heinrich von Treitschke, le guste o no al método “riguroso”. ¿No es su declaración de admiración a Bismarck una posición política en el sentido convencional del término? Si yo admiro y elogio a

Franco… ¿no es una posición política convencional o hace falta ponerse la camisa azul y exhibir el carné de afiliado? Pero todo esto a Luis R. J. le parece superfluo, él no quiere trampas, ni artículos falaces, su “filología del futuro” abordará uno de los temas más discutidos sobre Nietzsche: su antisemitismo, su judeofobia. Por supuesto en la época en la cual vivía Nietzsche (la cronología no es el fuerte del método “riguroso”) existían “las primeras semillas de los movimientos nacionalistas y antisemitas que cristalizarán históricamente en el nacional socialismo… estos círculos lo presionan reiteradamente para que se adhiera explícitamente… vienen del que fue su editor hasta 1844, Enst Schmeitzner y sobre todo de su hermana, Elisabeth y del marido de ésta, el dirigente antisemita Bernhard Förster” (todo sic). Obviemos los errores de fechas y tipográficos de los nombres propios. El método de Luis R. J. es curioso: teniendo a su disposición toda la obra escrita de Nietzsche (incluso ahora en español), toda su correspondencia, sus fragmentos inéditos y póstumos, además de testimonios de amigos y colaboradores cercanos, su hermenéutica de la inocencia busca expurgar a Nietzsche con… un par de anécdotas. ¿¡Para qué leer a Nietzsche!? Nos basta con una anécdota y listo, dice la “filología del futuro”. Esto si que es rigurosidad, esto si que es “crítica difícil”, esto es arte de la interpretación… lamentablemente las anécdotas no sólo están mal contadas sino que además son falsas, inexistentes. Primera anécdota falaz: Seguramente Luis R. J. la ha tomado, de buena fe, de una fuente de segunda mano (sí, Bataille también se equivoca) la historia de que Nietzsche rechazó unirse al antisemitismo de su editor y que rompió por ese tema con él. En primer lugar su editor desde 1874, Ernst Schmeitzner, era originalmente amigo y admirador de Nietzsche, luego se metió en el negocio de los libros y finalmente editó los libros de Nietzsche luego de que Fritzsch, el editor anterior de él y Wagner, quebrara. Es parte de la leyenda urbana de los nietzscheanos el mito que su editor dirigía un círculo antisemita que deseaba incorporar a Nietzsche (¿por qué no nos dice Luis R. J. cuál era el nombre de tal asociación?). La verdad es otra y menos épica: en realidad se reducía a un problema de crematística: dinero y derechos de autor. No lo dice “González Valera” sino todos sus biógrafos. La editorial de Schmeitzner empezó editando el librito sobre Schopenhauer y así sucesivamente. Los libros de Nietzsche se vendían muy mal (o no se vendían); Nietzsche no cumplía con los plazos de entrega de originales y con las correcciones. El editor encontró un negocio millonario en la publicación de toda la prensa antisemita de moda en Alemania y Austria; Nietzsche simplemente se dio cuenta que el editor lo dejaba de lado por lo que le generaba dinero. Nietzsche impuso un pleito contra Schmeitzner, ¡en 1885!, con el objetivo de recuperar sus obras, sus derechos editoriales y la libertad de re elaborarlas. Este conflicto financiero judicial privado se presenta en el método “riguroso” de Luis R. J. como un rechazo activo “en contra de este movimiento [antisemita]” (sic). Esto si que es levantar un estropajo para derribarlo con facilidad… No le podemos pedir mucha rigurosidad en este aspecto de la propia historia de la evolución intelectual de Nietzsche, ya que Luis R. J. por ejemplo dice sin sonrojarse que “el único cambio radical en su obra es el paso del entusiasmo a la decepción por la cultura alemana de su época”. Más le valdría repasar al método “riguroso” los estudios escolares que han establecido con base en los propios textos, al menos cuatro “cambios radicales” en Nietzsche.

Segunda anécdota falaz: la “filología del futuro” no necesita recurrir a lo que escribió realmente Nietzsche. Eso es del pasado, pertenece a métodos tramposos, fallidos, simplistas. Luis R. J. prefiere ir a lo seguro y lo seguro es repetir rumores. Si hay un tópico ideológico trillado y que se repite una y otra vez, un verdadero Hoax filosófico del nietzscheano de izquierda, es el del papel monstruoso y distorsionador de su hermana y cuñado. Este topoi se divide en dos leyendas: la primera es sobre el rechazo de Nietzsche a entrar en el proyecto de una colonia alemana aria en Paraguay liderada por su hermana y su cuñado; la segunda leyenda es que la hermana, Elisabeth, cuando creó el “Nietzsche Archiv” editó y tergiversó los escritos de Nietzsche para adaptarlos al nacionalsocialismo. Luis R. J. dice que estas desavenencias contra el antisemitismo se citan claramente “en una carta que envía a su hermana en diciembre de 1887″. La carta de la que habla el método “riguroso” no es a su hermana, va dirigida a su madre, está fechada el 29 de diciembre y le dice lo siguiente: “desde que he leído la ‘Correspondencia Antisemita’ ya no guardo consideración alguna… Éste partido me ha malquistado uno tras otro con mi editor, mi fama, con mi hermana, con mis amigos… nada se opone tanto a mi influjo como el que el nombre de Nietzsche haya sido puesto en relación con antisemitas tales como Eugen Dühring: no tiene que tomárseme a mal si recurro a métodos en defensa propia”. Lo del editor ya lo sabemos, problemas de deudas impagas, pero: ¿y la referencia a Dühring? Desde joven Nietzsche adquiere y lee con detenimiento los libros del filósofo-economista (y antisemita) Eugen Karl Dühring, en especial su “Curso de filosofía considerada como configuración vital y cosmovisión estrictamente científica”, el mismo que demolió Engels y luego Lenin. Dühring calificaba al marxismo como una “aberración racial hebrea”, y él mismo era una mezcla extraña de socialista antisemita. No es lugar para extenderse sobre este tema, pero básicamente Nietzsche pretende distinguirse del antisemitismo burdo (“feudal”) y del antisemitismo “anticapitalista” (que era entendido como germen de la socialdemocracia), ambos activos en su época. Mientras para Dühring la cuestión judía es entendida como “cuestión social”, para Nietzsche la cuestión social debe entenderse como una mera “cuestión judía” (una invención del ressentiment hebreo-cristiano). En cuanto al cuñado de Nietzsche, que sí fue un agitador antisemita, en 1885 publica un libro (sobrio y fundamentado científicamente) titulado ” Die deutsche Kolonie NeuGermanien in Paraguay. Aufruf, Bedingungen und Rathschläge für Ansiedler. Nebst Karte der Kolonie “, que Nietzsche leyó con detenimiento en Niza. El libro era el proyecto de crear colonias alemanas, racialmente puras, transplantando la cultura de la Alemania guillermina del IIº Reich, constituyendo minorías influyentes que pudieran modificar los estados pre existentes y que en un futuro llegaran a ser la clase gobernante/dominante. La tarea de los colonos arios era liberar a los pueblos sudamericanos de la “influencia que el judaísmo hispánico ejerció sobre la estructura moral de esos pueblos”. Trasplante de la cultura germana a un suelo nuevo con el apoyo del gobierno de Paraguay y un futuro dominio racial. Era un proyecto que estaba de moda en la época: los sionistas que escapaban de los pogroms en Rusia tenían un proyecto parecido en Argentina. Nietzsche no apoya el proyecto por razones de gusto aristocráticas: “Soy de sentimientos demasiado aristocráticos para colocarme al mismo nivel, tanto en el plano jurídico como en el social, de veinte familias de campesinos, como está escrito en el programa [de la colonia]“. El antisemita Bernhard Förster era demasiado “igualitario”, demasiado “democrático” a los ojos del rebelde aristocrático de Nietzsche. Sin embargo lo ayudará financieramente

cuando se lo pida y cuando su cuñado se suicide le dejará en su testamento tierras en Paraguay. El “complot” de Elisabeth: toda una serie de biógrafos, comentaristas y scholars repiten sin descanso el aparente papel nefasto de su hermana, Elisabeth Förster-Nietzsche, que habría inventado o manipulado el proyectado libro “Der Wille zur Macht”( “La Voluntad de Poder”), de manera de transformarlo en uno de los pendants ideológicos del IIIª Reich. Una mujer poco dotada intelectualmente, con una formación básica, deviene la inspiradora entre bambalinas de un movimiento político de masas y de una geopolítica racial que desembocará en la Segunda Guerra Mundial. Luis R. J. repite el lugar común de la hermenéutica de la inocencia: “su hermana… manipulará sus escritos póstumos”. A contrariis Elisabeth hizo todo lo posible por presentar a Nietzsche como un crítico del germanismo a ultranza ya desde su piadosa biografía, “Das Leben Friedrich Nietzsches” (1895-1904): allí presenta a Nietzsche como paradigma del “buen europeo por excelencia”, llegándolo a comparar en personalidad político-histórica con el presidente de los EEUU de entonces Theodore “Teddy” Roosevelt (por cierto: Luis R. J. me reprochaba en su crítica que “dudo que alguien haya considerado a Nietzsche un buen europeo”: bueno aquí lo tiene) y en un intento apologético trata (sin lograrlo: ahí están los textos) de separarlo de la judeofobia y el teutonismo que emanan de sus escritos. ¿Y Elisabeth como editora traidora al espíritu de Nietzsche? Lo irónico es que si contrastamos la edición del “Nietzsche Archiv” de “La Voluntad de Poder” con los textos correspondientes de los escritos póstumos, podemos llegar a la conclusión opuesta que sostiene la hagiografía dominante. Una tarea que podía haber hecho Luis R. J. con su método “riguroso”. Contra la leyenda de la hermenéutica de la inocencia, Elisabeth “interpreta” al filo de la censura pasajes demasiados embarazosos e incluso trata de incluir “comentarios positivos” sobre intelectuales judíos (como Heine, Offenbach, Mendelshon, Rahel Varnhagen) para intentar balancear los fragmentos póstumos. Elisabeth protege y feminiza los textos. Y le doy a Luis R. J. un ejemplo: compare el parágrafo § 872 de la edición supuestamente “nazificada” por Elisabeth de 1901 con los fragmentos póstumos y verá el manto de piedad sobre las terribles afirmaciones de Nietzsche sobre la negación del derecho a la existencia de pueblos débiles. Especialistas serios y filonietzscheanos (por ejemplo Mauricio Ferraris) han llegado a la conclusión que la edición de Elisabeth no ha modificado ni distorsionado en profundidad los fragmentos como para comprometer la lectura y la interpretación. Acta est fabula. El método “riguroso” no ha podido sostener ni siquiera un par de anécdotas. Este singular santuario ideológico y mitológico que los intelectuales “progresistas” intenta construir en torno a Nietzsche es muy curioso porque olvida el debate, dentro de la misma izquierda europea del fin del ’900, de las inquietantes tesis reaccionarias de Nietzsche. Basta recordar a un discípulo de Feuerbach, Julios Duboc o sociólogos socialdemócratas como Tönnies o el padre de los socialistas alemanes Franz Mehring o incluso el entonces joven menchevique León Bronstein (Trotsky). Un bolero falaz: un fallax en la antigua Roma era un embustero profesional, un hipócrita, embustero, pérfido, insidioso e hipócrita. Los que acuñaban dinero falso eran acusados de fallax. El método “riguroso” se presenta como un falsificador de monedas magistral: te ofrece oro pero es latón reciclado. Es un

fiasco hermenéutico, mezcla rápida de fuentes de tercera mano con anécdotas sin confirmar. Poco rigor textual, lexicográfico o semántico. El método “riguroso” es además profundamente ahistórico, religioso, una forma de interpretar textos (e interpretar es “comprender” el sentido del que lo escribió) que retrocede incluso detrás de la Reforma. Si analizamos el texto de Luis R. J. coincide con muchos otros en su falta de precisión textual, en su inconfesable atracción por una “vaca sagrada” consagrada en el Olimpo académico, pero en especial que Luis R. J. ha asimilado a Nietzsche a través de las gafas desenfocadas de Bataille, Deluze, Foucalt & Co. Su texto repite los mismos errores de sus padrinos adoptivos, uno tras otro. Pero hay algo más: Luis R. J. se mueve ideológicamente en la esfera de lo que Hegel llamaba la “certeza sensible”, la primera figura de la conciencia, la creencia ingenua según la cual la realidad se da como simple inmediatez. Así cuando se encuentra con palabras claves de Nietzsche (“trágico” o “vida”) no las reconduce al horizonte hermenéutico del propio autor, a su campo intelectual e ideológico, sino que las toma sin más, en su languidez escolar, en su sentido literal de diccionario. Cuando se encuentra en el texto con el concepto “Vida” (Leben) Luis R. J. se alegra y acepta su uso vulgar enciclopédico de que es alguien “que apuesta por la vida… la vida… está del lado de la revolución” (sic); cuando encuentra el concepto “cultura” (Cultur) a Luis R. J. se le ilumina el corazón, ya que el sentido común dice que si alguien quiere transformar la cultura y sus valores debe ser un pensador europeísta, y así sucesivamente. El final del método “riguroso” repite fórmulas gastadas que utilizan los nietzscheanos de izquierda ante la prueba incontrastable de lo que el Nietzsche real escribió y de su práctica concreta. La ultima ratio es negar que escribió. Y es que lo que no se desea es leer literalmente: “Se debe leer a Nietzsche como se escucha la música” (Giorgio Colli); “Quien se toma a Nietzsche al pie de la letra está perdido” (Thomas Mann); “la individualidad de Nietzsche es irreducible [a un análisis histórico y semántico de sus textos]” (Foucault); “No se comprende en absoluto a Nietzsche si se considera lo que ha sido por escrito” (Sloterdijk) y siguen las firmas. Los nietzscheanos coinciden en un importante punto: la reconstrucción históricofilológica es irrelevante. A la Razón le oponen la Fe. El problema es que este “mood” espiritual no sólo está en las cátedras universitarias y en la ideología política de la Intelligentsia “progresista” sino que ha influido en primer grado en las propias traducciones y ediciones en español. Ya este tema a Luis R. J. no le interesa, pero una tarea de crítica ideológica interesante, una verdadera aventura intelectual, sería el “método” consciente de las versiones españolas de Nietzsche (por ejemplo las de Sánchez Pascual, aunque no son las únicas) que re envían constantemente a la preocupación de remover y reprimir, como elemento extraño o espurio, el mundo histórico y político. ¿De qué nos sirve esta pobre aventura intelectual? ¿Cómo reapropiarnos críticamente de un pensamiento al que no se alcanza ni siquiera a leer científicamente? Paul Valery decía con razón “no me leerás si antes no me has comprendido”. Nunca tan válido como para Nietzsche y el método “riguroso”. ----------------------------------------------------------------------------------------------

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