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506 J. VICENS VIVES LA SOCtEDAD BARROCA La aristocracia. Se ha repetido hasta la saciedad que la nobleza europea perdid su influencia politica en esta centu- ria, Esta afirmacién tiene cierta validez en cuanto se refiere a la organizacién oligfrquica del Estado. Desde luego, ha terminado para siempre la fragmentacién feudalizante del poder, y también finalizan en el sigho XVII los varios intentos de la nobleza para imponer un gobierno aristocra- tico y equilibrar la autoridad de la monarquia absoluta. Pero lo que en general sucede no es que la nobleza pierda su funcién politica, sino que subordina ésta a los intereses de la realeza. En el siglo XVII las clases nobiliarias se convier- ten, precisamente en la mas firme “‘columna” del Estado. La aproximacion definitiva de la nobleza y la monarquia se realiza en ia corte real. Grande y pequefia aristocracia se trasladan a las residencias “estables” de ios soberanos en busca de mercedes, cargos y pensiones. Es un fendmeno importante de esta época la desvinculacién de la nobleza del suelo, Los nobles que permanecen en sus posesiones son escasos; en general, viven una existencia misera y fatigosa, semejante a veces a la de los propios campesinos, En esta nobleza provinciana se desmoronan los Gltimos restos de la caballerfa medieval. Junto a ella figuran los burgueses privilegiados de todas las procedencias. En Francia, la nobleza parlamentaria (de robe) adquiere mas tono que la descendiente de la antigua nobleza de segunda categoria. Sin embargo, se muestra reacia a colaborar en el Trono, y @ pesar de las veleidades absolutistas de algunos de sus miembros, se reserva, en sus camaras de lectura o en sus estudios de trabajo, hacer la implacable critica del Minotau- ro. Los parlamentarios alternan en todas partes con los aristécratas de sangre: en los colegios principescos y en las tertulias de los salones; pero desprecian la brillante vida cortesana, las indtiles y estériles diversiones de los Grandes. Fieles a una tradicién que arranca del canciller L’H6épital, prefieren una existencia tranquila y honesta, en la que se mantienen depuradas las tradiciones ancestrales de la burguesia. a et ee anette HISTORIA GENERAL MODERNA 507 Estado, junto con tierras y pensiones que permitan soste- nerlos con el debido decoro. Ademés, se enriquecen fabulosamente en las especulaciones que dirigen. Le Tellier dejé a su muerte 2 400 000 libras en posesiones muebles; Colbert, el celoso y puritano Colbert, ;10 000 000! Esto explica los enlaces entre esos “‘parvenus” y la gran nobleza. Rancia aristocracia de sangre y nueva nobleza burocratica 0 militar se funden en un todo que dur4 lugar a las altas clases nobiliarias del siglo XVIII. En Rusia el fenOmeno es muy preciso: bajo PedrolI se fusionan los boyardos con la “nobleza de servicio”’. El poder econémico y social de la nobleza es menos firme y definido que en el siglo XVI. Aunque las alteracio- nes econémicas provocadas por los grandes descubrimientos han dado paso a una estabilidad relativa en los precios y el valor de las rentas, el lujo y las diversiones de corte devoran cantidades enormes. Para rehacer las fortunas es un remedio eficaz el enlace con las hijas de la burguesia dorada. De aqui cierta ascension lenta de las clases no privilegiadas de la sociedad. Pero, con todo, la nobleza continia siendo una casta cerrada. Ella prosigue monopolizando los altos cargos y las riquezas de los bienes eclesidsticos en los paises catdlicos. La burgnesia adquiere conciencia de su fuerza. La burguesia medieval se origind con la renovacién del comercio en el mundo mediterraneo. Precisamente en la vida econémica desarrollada por el capitalismo comercial, la burguesia urbana logra, durante el siglo XVII, ocupar una posicién basica en la estructura social del occidente de Europa. Sin acabarse de desprender de su empaque medie- val, los burgueses del siglo XVII adquieren definitiva con- ciencia de su funcidn en el cuadro de los intereses de la nacién. De Jos rangos de la burguesia salen, por vez primera, gobernantes del Estado, como los pensionarios de Holanda, Oldenbarneveldt, De Witt y Hensius. El mundo de los negocios, las aventuras comerciales por lejanos paises y la direccidn de las grandes compafiias por acciones o de una empresa industrial han contribuido a dar a la burguesia los sos J. VICENS VIVES pesa en la vida del Estado y ya durante el siglo XVII manifiesta veleidades revolucionarias: en Holanda, en la oposicién a los Orange; en Francia, en la Fronda de los pariamentarios; en Inglaterra, en la lucha contra la monar- quia absoluta de Carlos I. La burguesia prepondera porque retiene gran parte de la riqueza monetaria de los estados y dirige las especulaciones financieras, bancarias y bursatiles. Ademés, en el transcurso del siglo XVII conquista nuevos reductos. Son los burgue- ses, que buscan una facil inversién de sus capitales, quienes compran las posesiones rurales de la nobleza arruinada o bien las confiscan al no ser resarcidos de los préstamos efectuados. En Inglaterra, como en Francia, este cambio en la propiedad ristica acarrea sensibles transformaciones en la economia y sociedad del campo. El burgués afincado no tiene ninguna de las preocupaciones tradicionales en el viejo sefior feudal; considera que el campo ha de rendir un interés proporcionado al capital invertido, sea por la introduccién de sistemas de cultivo mas remuneradores, sea por la aplicacién a la agricultura de los preceptos claésicos en el mundo comercial capitalista. El farming gentleman inicia en Ja Inglaterra del siglo XVII una serie de innovaciones que provocaran, ulteriormente, la transformacién radical de los métodos ancestrales de la agricultura. Pero si en este aspecto el establecimiento de la burguesia en el campo puede considerarse como un factor positivo, en cambio representa un retroceso para la condicion social de los campesinos. Los burgueses exigen las rentas en especies —gpara qué quieren el dinero? — y reclaman el pago de derechos sefioriales en desuso. De este modo, las clases bajas del campo sufren una nueva etapa de opresion, que se acentaa insensiblemente desde mediados del siglo XVII a la Revolucién francesa. La conquista de la burocracia por la burguesia es paralela, aunque anterior, a su conquista del suelo agricola. La monarquia absoluta confia los puestos privilegiados de la administracién a esos hombres probos e incansables trabajadores, que en la mayoria de ios casos son sus mas fieles defensores. En determinados paises como en Francia, ‘Ine anurne eranAmiene del Estado han legitimado la HISTORIA GENERAL MODERNA 509 publico representaba para el burgaés una buena operacién econémica, pero, sobre todo, la adquisicion de una catego- ria social elevada, casi equiparable a la de la misma nobleza de sangre. Nobles de robe 0 parlamentarios, como han sido bautizados en Francia, forman un escalén intermedio entre la nobleza propia y la burguesia comercial urbana. En categoria inferior y situacibn cada vez menos favorable quedan los pequefios burgueses, antiguos maestros de los gremios, que no han sabido o no han podido aprovechar las oportunidades en el mundo de los negocios comerciales o de la industria naciente. En la mayor parte de las ciudades, esta clase social se mantiene libre y vive modestisimamente; en otros casos, cae bajo la dependencia del gran burgués y del empresario y se transforma en una rueda m4s del mecanismo de la produccién. Igual trayecto- ria social siguen los oficiales y compagnons de los antiguos gremios, unos transformados en simples asalariados y otros integrando las primeras formaciones del proletariado. Lo que mas sorprende en esta clase social, fuera de Inglaterra y Holanda, es la veneracion que profesa a la monarquia absoluta. Es evidente que existen protestas contra la tirania de las reglamentaciones gremiales, los monopolios mercantiles concedidos a las grandes compafifas y los actos de violencia de] Poder; mas son protestas aisladas, que no afectan al formidable prestigio que goza entre ella la realeza. Mejor que prestigio, idolatria, como puede comprobarse no sélo en la Francia estupefacta de 1685 ante la grandeza de Luis XIV, sino en la burguesia hispdnica de 1700 ante la doliente personalidad del mas desgraciado de los Austria, Signos de reverencia espiritual, que sélo alterara la demoledora critica de los intelectuales del siglo XVIII. Obreros y campesinos. Es dificil esbozar un cuadro de la situacién de las clases m4s bajas de la sociedad europea durante el Absolutismo, cuyos trazos convengan al conjun- to de Ja vida occidental e incluso a las distintas regiones de un mismo pais. Sin embargo, en lineas generales los rasgos predominantes no pueden ser mas sombrios. El desarrollo del capitalismo comercial y sus repercusiones en la industria y la agricultura agravaron la situacién de los artesanos en la ciudad y de los aldeanos en el campo. El creciente 510 J. VICENS VIVES predominio de ia economia monetaria, la concepcién de la vida como un negocio, !a ambicién de atesorar riquezas, borraron poco a poco los iltimos rescoldos del espfritu cristiano medieval y precipitaron a la sociedad europea hacia la divisidn en dos grandes categorias de humanidad —de un lado, los obreros; de otro, los empresarios—, que, acentuandose a lo largo del siglo XVIII por la revolucién industrial, habian de desembocar en los grandes conflictos sociales del XIX. Es evidente que entre los obreros existieron unas capas privilegiadas, para las cuales no cuenta la evolucién general. Nos referimos, sobre todo, a los obreros especializados en determinadas industrias de lujo, que eran objeto de una politica de atraccién por parte de los ministros adeptos al mercantilismo. Holandeses, belgas e italianos, particular- mente, hallaban en Francia, Espafia, Inglaterra y Alemania excelentes colocaciones en las industrias de nuevo cufio. Sus salarios eran excepcionales y les daban categoria de aristécratas del mundo del trabajo, afines en muchos aspectos a la burguesia. Pero esto era la excepcién. La inmensa mayoria de los artesanos —incluso los maestros gremiales—, sujetos a la tirania econdmica de los nuevos capitanes de industria, cuyo nico principio era producir a bajo precio, sufren las consecuencias de la ciega proteccién estatal concedida a estos Gltimos. La vida de los maestros gremiales se modifica al quedar definitivamente enmarcada por las detallistas reglamentaciones del poder piblico. Los que escapan a la decadencia y evitan transformarse en simples “‘capataces”, no ven mas ancla de salvacién que agarrarse a la interpretacién literal de jos textos legales constitutivos de los gremios, o bien cerrar las filas y crear pequefios cotos de oligarquias gremiales. Esto destruye la indole esencialmente liberal de las organizaciones corpora- tivas urbanas medievales y las convierte en estructuras de defensa de los intereses de una oligarquia artesana. En este momento, pues, el gremio se fosiliza definitivamente y se convierte en un obstaculo para ei desarrollo de la economia occidental. Los primeros afectados por tal evolucién son los afinialac| In nerindn de anrandizvaia wo onn evamen lec HISTORIA GENERAL MOODERNA sit lo suficientemente ricos para adquirir una “patente de maestro”. De este modo crece sin cesar el nimero de oficiales y aprendices, que empiezan a Nenar las calles mas soérdidas de las grandes capitales y los nacientes barrios industriales de las ciudades. Algunos burlan la legislacién gremial e intentan trabajar por su cuenta, pero son perseguidos por los gremios y el Estado. Sin embargo, los obreros clandestinos —denominados chambrelans en Fran- cia— logran perdurar y constituyen el futuro ejército de la revolucién industrial. En cuanto a la masa de los produc- tores, esta sujeta a un régimen de rigurosa vigilancia, no sdlo en el taller, donde trabaja de once a doce horas, sino incluso en los lugares de diversion, en la taberna y el cabaret. El sueldo es bajo, y cuando se suscitan tumultos por esta candente cuestion, el Estado ayuda a los empresarios a poner orden en la calle o en el negocio. Pero estas medidas sirven de poca cosa, ya que cuando la miseria es profunda ni el latigo ni la c4rcel remedian la situacién. Entonces los empresarios han de transigix y proceden a una relativa mejora de los jornales. Cofradias secretas de obreros dirigen el] movimiento proletario. No puede hablarse todavia de sindicatos, aunque el sindicalismo tenga cierta tradicion en los alzamientos populares campesinos. Lo que predomina durante el si- glo XVI es el compagnonnage, el camaraderismo. Los oficiales franceses se agrupan en esas sociedades, cuyo fin esencial es la mejora del salario mediante la huelga, el tumulto o 1a actuacién contra los patronos o las ciudades hostiles. El Estado las persigue; pero sobreviven, ya que representan la tinica valvula de escape ante la calamitosa situacién dei régimen de trabajo. Existe ain otra solucién: Ja vuelta al espiritu cristiano, el imperio de la caridad en las relaciones entre maestros y obreros. Tal es la que intenta hacer prevalecer en Francia la Compafifa del Santo Sacra- mento, también secreta, pero animada de un ferviente apostolado de justicia y transaccién social. En ella existe, larvado, el germen de los sindicatos catdlicos de los siglos XIX y XX. Respecto de los campesinos, no se registra ninguna Ge ee Ree ON ce ceca Te 512 J. VICENS VIVES proceso: la necesidad de la aristocracia de financiar su lujo y sus caprichos y la introduccién de la mentalidad burguesa en la explotacion de las propiedades agricolas. Cabe afiadir a ello los desastres de la guerra, que durante el siglo XVII afectaron extensas regiones de Europa; la feroz politica represiva de los Austria en Bohemia y Hungrfa; el desarrollo del estatismo en Prusia, Polonia y Rusia; la despreocupacion con que los ministros del Absolutismo —prototipo, Ri- cheliu— consideraron el problema social agrario; en fin, y como corolario, la practica de las usurpaciones de bienes comunales, sensible en todos los pafses de Occidente, pero particularmente grave en Inglaterra y Francia. Infinidad de documentos de la época nos hablan de las quejas de los campesinos contra tales expoliaciones, contra el aumento de las prestaciones sefioriales, contra la extensién de la miseria en las aldeas por la opresién fiscal. Estos hechos provocan sendas alteraciones campesinas, las cuales no desembécan en un verdadero movimiento revolucionario por el carActer local de las reivindicaciones aldeanas y por la falta de un organo comin que las exprese. Pero la inquietud es extraordinaria y los numerosos incidentes regionales prueban la tensidn del momento: el agricultor europeo se yergue contra la supervivencia del feudalismo en et régimen de la propiedad del suelo. Otro fermento a afiadir a los que obraran la gran oleada revolucionaria de fines del si- glo XVIII.