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pensamiento axial

brian eno
1993

La palabra “eje” es una forma de nombrar un continuo de posibilidades entre dos posiciones
extremas: por ejemplo, un eje entre el blanco y el negro es una escala de grises.

Se podría ejemplificar esta idea aplicándola a la descripción de los cortes de pelo. En lugar
de limitarse a decir acerca de un corte de pelo que es, por ejemplo, “masculino” o
“femenino”, podríamos decir que es “bastante masculino”, o “bastante femenino”, o
“unisex” –es decir, situado en algún punto intermedio. Al hacer esto, reconocemos que las
posibilidades sexuales de los cortes de pelo no caen de lleno en una u otra posición polar –
masculino o femenino- sino en algún punto dentro de un amplio rango de híbridos que existen
entre ellas. De hecho, nos sentiríamos limitados si no nos estuviese permitido realizar
descripciones en términos híbridos y difusos.

Sin embargo, si uno tuviese que describir un corte de pelo en particular, probablemente
querría decir algo más que “es bastante femenino” o algún otro comentario sobre sus
connotaciones de género. Probablemente uno querría poder situar también la posición de
dicho corte de pelo en otros ejes –por ejemplo el eje prolijo <> desprolijo –“es levemente
desprolijo” o “es bastante prolijo”. Si ambos ejes proporcionaran un lenguaje descriptivo
suficiente para decir todo lo que uno querría decir sobre los cortes de pelo, uno podría
localizar cada tipo de corte de pelo conocido en un espacio bidimensional –por ejemplo, en
una hoja de papel. Se podría realizar una especie de gráfico – masculino <> femenino en un
eje, prolijo <> desprolijo en el otro. En dicho gráfico, que es una simple cruz en un espacio
bidimensional, todo punto representa una posición particular en relación a cuatro
posibilidades polares:

masculino <> femenino prolijo <> desprolijo

Llamo a cada uno de estos puntos direcciones culturales. Podría también llamarlos
direcciones estilísticas. Se trata de la identificación de un punto particular en el espacio
estilístico, un “corte de pelo posible”.

Aun así, estos cuatro términos constituyen todavía un lenguaje empobrecido para la
descripción de la mayoría de los cortes de pelo y para poder describir un amplio rango de
ellos necesitaríamos varios ejes más: natural <> artificial, rebelde <> conformista, salvaje <>
civilizado, futurista <> nostálgico, formal <> bohemio. Cada uno de estos pares polares
define un nuevo eje en el cual cualquier corte de pelo podría ser localizado. Y cada uno de
estos ejes existe como una “dimensión” en el espacio de los cortes de pelo, que entonces
deviene multidimensional, dejando de resultar fácilmente representable en una hoja de
papel.

No tendríamos que olvidar que ninguno de estos polos tienen un significado absoluto o eterno
sino que, a su propio ritmo, cada polo se va desplazando, elongando el eje del cual constituye
uno de sus puntos extremos. Por ejemplo, tener un corte de pelo verdaderamente natural
debería implicar no cortarse el pelo. Pero cuando usamos la expresión “corte natural” no
pensamos en alguien con el pelo hasta la cintura sino en una persona que fue al peluquero y
le dijo algo así como “¿me podrías hacer un corte que parezca natural, como peinado por el
viento?” por contraste con alguien que le plantee a su peluquero “¿me podrías rapar a 2cm?”
Y existe otra complicación: las resonancias culturales son bastante locales. Un hombre con el
pelo muy corto en East London en 1985 sería considerado como potencialmente peligroso y
“duro” mientras que en San Francisco de lo consideraría gay.

Y si analizamos la cuestión con mayor detalle veremos que muchas de las cosas que
consideramos características simples en realidad son, en sí mismas, espacios multiaxiales.
Para describir el color, por ejemplo, necesitamos mucho más detalles que el eje claro <>
oscuro. Son necesarios un eje de intensidad del rojo, un eje de intensidad del gris, un eje de
homogeneidad cromática, un eje de brillo, etc.

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Lo que resulta interesante cuando uno comienza a pensar a las decisiones estilísticas (o
morales o políticas) como localizables en un espacio multiaxial es que uno termina
reconociendo que algunos ejes no existen… todavía. Por ejemplo, siguiendo con los cortes de
pelo, hasta donde yo sé, no existe un eje limpio <> sucio. Es decir, es altamente improbable
que el peluquero pregunte “¿Qué tan sucio te gustaría el corte?”. Todavía se asume que no
hay discusión posible: el eje todavía no ha sido abierto. Todos queremos nuestro pelo “tan
limpio como sea posible”.

Peter Shmidt solía hablar de “las cosas que nadie pensó nunca no hacer”. Una versión
de esto sucedió con la moda textil. Recientemente surgió un estilo –descrito con
varios nombres “non-fit”, “un-fit”, “anti-fit” (el nombre nunca se estabilizó)- que
consistía en usar ropa en el nunca antes desable polo del recientemente descubierto
eje talla adecuada <> talla inadecuada. Estas prendas se elegían de forma
deliberada para que quedaran mal. Y esto iba mucho más allá del “estilo baggy” que
fue el tímido primer paso sobre ese eje. El mensaje del estilo Baggy es “esta es mi
ropa, pero me gusta usarla suelta” mientras que el estilo non-fit dice “esta es la
ropa de otro” o “estoy loco” o “no puedo ubicarme” o “no entro en esta ropa”.

Con el punk surgió un nuevo eje: corte profesional <> corte realizado por un cretino
descerebrado. Como suele suceder, esto pareció al principio (e intentó ser) un estilo anti-
estilo y resultó chocante porque nadie había previamente considerado la posibilidad de que el
concepto de “estilo” y el concepto de “realizado por un cretino descerebrado” pudiesen
superponerse. Pero, como suele pasar, el efecto no fue el derrocamiento y la eliminación del
concepto de estilo sino su expansión y redefinición. “Realizado por un cretino descerebrado”
no resultó la muerte del estilismo sino el puesto fronterizo de un nuevo continuo de
elecciones posibles para la apariencia del pelo.

Se trata de una transición del pensamiento polar –el tipo de pensamiento que dice “o es esto
o es aquello” o “todo lo que no sea claramente esto debe ser aquello”- al pensamiento axial.
El pensamiento axial no niega que algo pueda ser esto o aquello –pero sugiere que es más
probable que se encuentre en algún punto intermedio. Apenas esta sugerencia es lanzada al
aire, dispara el proceso imaginativo, el intento de localizar y conceptuar las ahora
reconocidas posiciones en la escala de grises.

Me interesan estas transiciones –los momentos en los que una dualidad estable se disuelve en
un mar de híbridos inestable y proliferante. Lo que sucede en esas ocasiones es que todo tipo
de cosas se vuelven posibles: hay una tremenda liberación de energía, un gran estallido de
experimentación. No se trata sólo que las nuevas posiciones posibles en el nuevo eje deban
ser descubiertas, experimentadas y articuladas sino que además deben ser puestas en
contexto con los ejes previamente existentes para explorar las resonancias emergentes.

Un buen –y todavía indigerido- ejemplo de este proceso es la (aparentemente


temporaria) desaparición del socialismo de Estado en Europa del Este. Resulta
extraordinario que, cuando cayó el muro de Berlín, todos asumieron que el mundo
iba a convertirse en una gran economía de mercado funcionando bajo las mismas
reglas. Pero lo que sucedió fue muy distinto. La caída del viejo dualismo socialismo
<> capitalismo terminó revelando una cantidad de híbridos posibles. Hoy sólo los
gobiernos más ideológicos (Inglaterra, Cuba) retienen todavía su compromiso
fundamentalista a uno de los extremos del continuo: la mayoría de los gobiernos
experimentan vigorosamente con complejas hibridaciones específicas entre fuerzas
de mercado e intervención estatal.

Un ejemplo de ese tipo de mixtura compleja es el gasto en defensa, que permite que
gobiernos nominalmente comprometidos con las “fuerzas de mercado” retengan en
su centro una economía de comando completamente intacta con la cual pueden
dirigir el flujo de los recursos sociales.

Los períodos de transición están marcador por el entusiasmo, la experimentación –y la


resistencia. Cuando una dualidad comienza a disolverse, aquellos que se sentían atrapados en
una posición sienten de repente una libertad enorme –ahora pueden redescribirse. Pero, al

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mismo tiempo, aquellos que definían su identidad a través de su lealtad a uno de los polos de
la dualidad (y del rechazo del otro polo) se sienten expuestos. Los muros cayeron y las
separaciones entre el adentro y el afuera han repentinamente desaparecido. Esto puede crear
pánico social a gran escala: vigorosas afirmaciones de la virtud esencial de los “viejos
métodos”, condenas morales a los experimentalistas, campañas de “retorno a las fuentes” y
todos los signos habituales del fundamentalismo.

En esencia, las culturas desean ser capaces de controlar, o al menos canalizar, este tipo de
situaciones de pánico y entusiasmo, transformando lo que podría resultar un estado de
caótica incertidumbre en un poder revolucionario o de consolidación. Esto, por lo general, es
mal manejado. Las campañas de propaganda hostil son buenos ejemplos de fundamentalismo
en acción: están diseñadas para llevar los conceptos de amigo y enemigo hacia posiciones
extremas, sin ningún tipo de ambigüedad, produciendo una rígida identificación entre dos
ejes distintos: el eje nosotros <> ellos y el eje amigo <> enemigo.

Las Zonas de Engaño Pragmático son las invenciones sociales y mentales que existen para
lubricar la fricción entre lo que decimos apoyar (imágenes polares simples) y lo que en
realidad tenemos que hacer para que las cosas funciones (navegar a través de redes axiales).
Estas dos cosas son, con frecuencia, cuestiones bastante distintas, ya que las situaciones
cambian mucho más rápido que las construcciones morales que supuestamente las describen.

Un buen ejemplo de ZEP es el Consulado Norteamericano en Antigua, que posee un


elaborado sistema de disuadir o al menos condicionar a las personas de raza negra
que se proponen viajar a los EEUU sometiéndolos a humillaciones bizarras en el
marco de los procedimientos teóricamente rutinarios de obtención de una visa de
visitante.
La maquinaria de esta humillación está altamente evolucionada: luego de varias
horas de espera, se requiere a los solicitantes que se dirijan a los despectivos y
desinteresados empleados del consulado a través de un grueso panel de vidrio que
tiene un pequeño agujero a casi 2 metros de altura y otra pequeña abertura
horizontal a unos 90 cm del piso. Dado que los empleados habitualmente fingen no
ser capaces de escuchar o comprender lo que los solicitantes dicen, encogiéndose de
hombros y retomando la conversación interminable que tiene entre ellos, los
solicitantes se ven rápidamente forzado a arrodillarse para poder hablar a través de
la pequeña abertura horizontal. Esta inducción hacia la sociedad norteamericana
está diseñada para establecer el tono correcto: nada de “traed a mí los pobres y los
enfermos…” sino “pónganse de rodillas y supliquen”.

Podría afirmarse que la evolución de la cultura consiste en procesos en los cuales toda la
matriz axial va siendo gradualmente repensada: por supuesto, a través del descubrimiento de
nuevos ejes pero también a través del cuidadoso ajuste –por expansión y afinación- de los
ejes ya existentes. Por ejemplo, el eje de “posiciones posibles en las relaciones humanas”
solía extenderse desde “esclavo absoluto” hasta “amo absoluto”. En la actualidad, cada vez
menos culturas están dispuestas a aceptar dichas polaridades extremas como parte de su
definición del comportamiento civilizado, de modo que podría afirmarse que este eje en
particular ha sido reducido –focalizado- en un rango más estrecho.

Lo que caracteriza al fundamentalismo es un conjunto de ejes extremadamente estrechos que


casi no permiten ningún movimiento, ninguna experimentación. Y el liberalismo es, tal vez, el
intento de mantener los ejes tan abiertos como sea posible sin incurrir en una fragmentación
social generalizada. La importancia de las conductas simbólicas como el arte, la religión y las
fantasías sexuales radica en que nos permiten experimentar de forma simbólica posiciones
nuevas e incluso prohibidas dentro de la matriz axial –experimentos que podrían ser
inconvenientes, peligrosos o divisivos en la “vida real”.