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LAS RELACIONES DE GÉNERO EN LAS FAMILIAS NATIVAS RAIZALES DE SAN ANDRES, ISLAS.

CARIBE COLOMBIANO

ELDA HERAZO DILSON

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE CARIBE- INSTITUTO DE ESTUDIOS CARIBEÑOS UNIVERSIDAD DE CARTAGENA-INSTITUTO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS DEL CARIBE MAESTRÍA EN ESTUDIOS DEL CARIBE – IV COHORTE

LAS RELACIONES DE GÉNERO EN LAS FAMILIAS NATIVA RAIZALES DE SAN ANDRES, ISLAS.

CARIBE COLOMBIANO

Trabajo de tesis presentado para optar el titulo de Magíster en Estudios del Caribe

Presentado por:

ELDA HERAZO DILSON

YUSMIDIA SOLANO SUAREZ Directora

Universidad Nacional de Colombia Sede Caribe- Instituto de Estudios Caribeños Universidad de Cartagena-Instituto Internacional de Estudios del Caribe Maestría en estudios del Caribe – IV Cohorte

Cartagena de Indias, Noviembre de 2009

Firma del jurado

Firma del jurado

Firma del jurado

Cartagena de Indias, Noviembre de 2009

Tabla de contenido

Pág.

INTRODUCCIÓN

11

1. CONTEXTO HISTÓRICO DE SAN ANDRÉS, ISLAS

 

15

2. ASPECTOS

TEÓRICOS-METODOLÓGICOS

 

DE

LA

19

INVESTIGACIÓN.

2.1 Enfoque

Teórico

19

2.2 Enfoque

Metodológico

29

3. FORMAS

FAMILIARES

EN

HOMBRES

Y

MUJERES

32

NATIVOS RAIZLES DE SAN ANDRÉS, ISLAS

 

3.1. La mujer en la socialización de género de hombres y mujeres raizales de San Andrés, islas.

40

3.2 .Religión y autoridad: discursos encontrados en la cotidianidad de las familias nativa raizales de San Andrés, islas.

51

4. LA DISTRIBUCIÓN SEXUAL DE ROLES EN LAS FAMILIAS

59

NATIVAS RAIZALES

DE SAN ANDRÉS, ISLAS.

 

5. USO DEL TIEMPO: EXPRESIÓN DE LAS DESIGUALDADES DE GÉNERO EN LAS FAMILIAS NATIVAS RAIZALES DE SAN ANDRÉS, ISLAS.

72

5.1. El tiempo de hombres nativos raizales en un día laboral.

77

5.2. El tiempo de mujeres laboral.

nativas raizales en un día de

81

5.3. Análisis comparado de la participación y distribución del tiempo entre hombres y mujeres nativas raizales en un día laboral

84

5.4. de

El tiempo

hombres

nativos raizales en un día de

89

descanso.

5.5. de mujeres

El tiempo

nativas raizales en un día de

93

descanso.

5.6. Análisis comparado de la participación y distribución del tiempo entre hombres y mujeres nativas raizales en un

96

día

de descanso.

A MANERA DE CONCLUSION

101

BIBLIOGRAFÍA

106

ANEXOS

114

Lista de Cuadros

Cuadro 1. Características generales de los hombres nativos raizales entrevistados. San Andrés, islas. 2009

Cuadro 2. Características generales de las mujeres nativas raizales entrevistadas. San Andrés, islas. 2009

Cuadro 3. Actividades reportadas por hombres y mujeres nativas raizales de San Andrés, Islas, en un día laboral y de descanso.2009

32

33

76

Lista de Gráficas

Pág.

Grafico 1. Participación y distribución del tiempo de los HOMBRES nativos raizales de San Andrés, Islas, en un día Laboral.

77

Grafico 2. Participación y distribución del tiempo de los hombres nativos raizales de San Andrés Islas, MENORES de 40 años en un día Laboral

80

Grafico 3. Participación y distribución del tiempo de los hombres nativos raizales de San Andrés Islas, MAYORES de 40 años en un día Laboral

80

Grafico 4. Participación y distribución del tiempo de las MUJERES nativas raizales de San Andrés Islas, en un día Laboral.

81

Grafico 5. Participación y distribución del tiempo de las mujeres nativas raizales de San Andrés Islas, MAYORES de 40 años en un día Laboral.

83

Grafico 6. Participación y distribución del tiempo de las mujeres nativos raizales de San Andrés Islas, MENORES de 40 años en un día Laboral.

84

Grafico 7. Participación y distribución del tiempo de mujeres y hombres nativo raizales de San Andrés Islas, en el TRABAJO REMUNERADO en un día laboral.

87

Grafico 8. Participación y distribución del tiempo de mujeres y hombres nativo raizales de San Andrés Islas, en actividades de OCIO en un día laboral.

88

Grafico 9. Participación y distribución del tiempo de mujeres y hombres nativo raizales de San Andrés Islas, en actividades de Trabajo NO remunerado en un día laboral.

89

Grafico 10. Participación y distribución del tiempo de los HOMBRES nativos raizales de San Andrés Islas, en un día de Descanso.

90

Grafico 11. Participación y distribución del tiempo de los hombres nativos raizales de San Andrés Islas, MENORES de 40 en un día de descanso.

92

Grafico 12. Participación y distribución del tiempo de los hombres nativos raizales de San Andrés Islas, MAYORES de 40 en un día de descanso.

92

Grafico 13. Participación y distribución del tiempo de las MUJERES nativas raizales de San Andrés Islas, en un día de Descanso.

93

Grafico 14. Participación y distribución del tiempo de las mujeres nativas raizales de San Andrés Islas, MAYORES de 40 años en un día Laboral.

95

Grafico 15. Participación y distribución del tiempo de las mujeres nativas raizales de San Andrés Islas, MENORES de 40 años en un día Laboral

96

Grafico 16. Participación de hombres y mujeres nativos raizales de San Andrés Islas, en actividades de OCIO en un día de descanso.

98

Grafico 17. Participación de hombres y mujeres nativos raizales de San Andrés Islas, en actividades de PARTICIPACIÓN SOCIAL en un día de descanso.

99

Grafico 18. Participación de hombres y mujeres nativos raizales de San Andrés Islas, en actividades de Trabajo NO remunerado en un día de descanso.

100

Lista de figuras

Figura 1. Patio de la Familia Williams. San Andrés, Islas 2009

36

Figura 2. Distribución de las actividades de hombres y mujeres nativas raizales en un día laboral. San Andrés, Islas 2009.

85

Figura 3. Distribución de las actividades de hombres y mujeres nativas raizales un día de descanso. San Andrés, Islas 2009.

97

Lista de Anexos

Anexo 1 Categorías analíticas.

114

Anexo 2. Instrumento Diario de Actividades.

115

Anexo 3. Libro de Códigos del Instrumento Diario de Actividades

117

INTRODUCCIÓN

El documento que aquí se presenta es un esfuerzo por comprender las realidades familiares y en ellas, las relaciones entre hombres y mujeres nativo raizales de la Isla de San Andrés, a partir de la pegunta de investigación:

¿cómo se construyen y cuales son las relaciones de género entre hombres y mujeres en las familias nativas Raizales de San Andrés, Islas?, producto de un trabajo documental y etnográfico de inmersión al campo, observación participante y entrevistas a profundidad, con las que se exploraron las experiencias de socialización vividas por los hombres y mujeres sujetos(as) de estudio en sus familias de origen y las prácticas cotidianas de relaciones entre los géneros en sus actuales grupos familiares, para las que complementariamente se implementó el uso de la medición del tiempo.

El foco de interés para esta investigación son los grupos familiares nativo Raizales y los roles de género asumidos en ellos, reconociendo la alta participación negra anglo-caribeña en el poblamiento de San Andrés, que explica el profundo enraizamiento de esta población en tradiciones culturales de origen africano, manifiestos en numerosos detalles como la tradición oral, los juegos infantiles, la cocina, los productos cultivados, el comportamiento grupal y la comprensión familiar (Ratter: 106; 2001). Por lo tanto, es un propósito expreso en esta investigación, visibilizar el componente afro en los grupos familiares raizales, con los efectos culturales que en ella dejó la colonización inglesa y que por un lado, la aproxima a las características que estos grupos asumen en el Gran Caribe, y por el otro, la diferencia del Caribe continental colombiano, donde la estructuración de las familias tuvo un fuerte peso no solo de la población afro, sino también del hispano e Indio. (Gutiérrez 1997, 1968). En este sentido se propone ampliar y debatir el planteamiento de autoras como Gutiérrez de Pineda, cuyos análisis del “acervo negro” en el territorio nacional incluyen a Cartagena como centro de comercio esclavista y

la zona minera de Antioquia y Chocó, excluyendo el territorio insular de San Andrés:

El elemento de color (sic) 1 no tocó sino la periferia del país, pintó las zonas mineras y apenas se insinuó en la medula del ámbito colombiano. No se presentó en nuestro país una inmigración masiva como la que se observó en las Guayanas, el Brasil o en los territorios insulares del Caribe… Así, sería injusto señalar que las formas de facto en la unión de los sexos como la relación esporádica, la unión libre y la poliginia, sean la herencia familiar que nos trajo el africano. Es evidente que ellas siguen predominando en las regiones donde el negro pintó el lienzo étnico del país, pero también están presentes en diversos sitios de la comunidad colombiana, donde se viven premisas socioculturales parecidas y abarcan grupos blancos, indios y mestizos” (Gutiérrez:

158;1997).

De acuerdo a esta cita, se entiende que Gutiérrez de Pineda subvalora los aportes culturales de la población de origen afro en la estructuración de las familias en el territorio colombiano, cuestión que es objeto de debate para la Isla de San Andrés, donde no hubo asentamientos indígenas, ni hispanos y prima el poblamiento negro anglo- caribeño. Fue la población afro la que sostuvo la plantación de algodón y coco, quienes una vez liberados de la esclavitud conformaron la sociedad local isleña y por supuesto constituyeron sus formas específicas de relación familiar, como se sustenta en este trabajo investigativo, cercanas al carácter extenso que estas toman en los territorios del gran Caribe, pero no por ello exentas a sus propias particularidades. Son los hombres y mujeres afro caribeños de San Andrés, los que a partir de la constitución de 1991 pasaron a denominarse nativos raizales con fines de protección como grupo étnico cultural.

1 El uso de esta expresión para referirse a la población de origen afro quiere distanciarse de la discriminación cuando se habla de “negros”, pero al utilizar la expresión “el elemento de color” a nuestro parecer todavía se mantiene la sobre valoración del color de la piel en la descripción de las personas.

En este orden de ideas, el documento se estructura en cinco capítulos. El primero hace un recuento del contexto histórico de la Isla de san Andrés fundamentado en fuentes secundarias, en el que se resaltan sus nexos históricos-culturales con el gran Caribe.

El segundo capítulo recoge y explica los aspectos teóricos-metodológicos de la investigación. La perspectiva teórica desde la que se orienta, tiene como punto de partida el debate de las espeficidades socio históricas y culturales de las familias en el espacio del gran Caribe y el entendimiento de estas como hechos culturales, dinámicas y cambiantes, de ahí que hable de formas familiares retomando a Ricardo Cicerchia, para referirme a la pluralidad en su constitución y la imposibilidad de reducirla a “ una unidad natural, sacramentada, permanente, universal, rígida e ideal” (10;1999). La categoría relacional de género la ubico en el ámbito familiar atada a la subjetividad de hombres y mujeres, expresa en sus interacciones y distribución de roles y funciones. Metodológicamente se propone desde un enfoque comprensivo, la triangulación de técnicas etnográficas con el instrumento de medición del tiempo para la “explicación interpretativa” (Geertz; 2005) de la realidad estudiada: las relaciones de género en las formas familiares nativas raizales de San Andrés, islas.

En el capitulo tres, argumento que la construcción de las relaciones de género se hace bajo el carácter extendido que trasnversaliza en términos de estructura las formas familiares entre los(as) nativos raizales de San Andrés, islas, en consideración a la vigencia del “patio familiar raizal” y la red de relaciones sociales - de cooperación y apoyo -que se tejen basadas en el parentesco. En las que por supuesto hombres y mujeres tienen funciones diferenciadas, pero recayendo en estas últimas el papel de tejedoras, transmisoras y sostén de tradiciones lingüísticas, gastronómicas, valores sociales, aprendizajes domésticos y religiosos, lo cual me lleva a plantear una mujer raizal matrona del poder doméstico, en el sentido de organizar y

administrar las funciones familiares, enfrentada a un poder patriarcal religioso, que desde la perspectiva de los hombres nativos raizales, la discrimina y la inhabilita teóricamente en el ejercicio de la autoridad familiar.

Para observar y profundizar en el análisis de género, en los capítulos cuatro y cinco se aborda la distribución sexual de roles en las familias no sólo desde una perspectiva discursiva a través de las entrevistas a profundidad, sino también complementadas con la medición en la organización y distribución del tiempo entre hombres y mujeres nativos raizales en un día laboral y otro de descanso, habida cuenta de las dinámicas diferenciadas que demandan uno y

otro en función al tipo de actividades realizadas con mayor y menor intensidad. Análisis que se enmarca en un esfuerzo por valorar equitativamente el trabajo remunerado y trabajo doméstico entre hombres y mujeres en el ámbito familiar, pero cuyos resultados muestran una brecha significativa entre hombres y mujeres en función al mayor tiempo femenino dedicado al trabajo remunerado

y el mayor tiempo masculino para las actividades de ocio. Demostrándose además, que los hombres no son totalmente marginal a los asuntos domésticos, pues dentro de su cotidianidad se registran tiempos para actividades no remuneradas.

Finalmente, es preciso manifestar que el interés por indagar sobre las relaciones de género desde las familias Raizales, tiene el firme propósito de aportar a los estudios de familia y género en el Caribe, desde la línea de investigación: Espacios, territorios, sociedades y culturas del Caribe, de la Maestría en Estudios del Caribe de la Universidad Nacional de Colombia.

1.

CONTEXTO HISTÓRICO DE SAN ANDRÉS, ISLAS

El departamento archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina se ubica al noroeste de Colombia en el sector occidental del mar Caribe, aproximadamente a 800 Km de la costa norte colombiana, entre los 12° y 82° de latitud norte y 78° y 82° de longitud oeste. Está conformado además por los islotes o bancos Serrana, Serranilla y Quitasueño, y por los cayos principales denominados Alburquerque, Roncador, Hermanos, Rocoso, Rosa. (Rosecay), Santander y Sucre (Johnny Cay).

Las islas de San Andrés y Providencia fueron durante largo tiempo partes alejadas del territorio nacional de Colombia, con una población propia y un desarrollo histórico específico, fueron siempre vistas más cerca del resto del Gran Caribe que del Caribe continental colombiano. San Andrés, la isla de mayor extensión, presenta unos hitos históricos importantes que contribuyen a definir lo que hoy día la define en términos socio-culturales. Para iniciar se resalta su colonización Inglesa y los consecuentes traspasos de poderes entre estos y los Españoles, para quienes este territorio nunca resultó tan atractivo geográficamente como para los Ingleses, que vieron en la posición estratégica de San Andrés y Providencia en el Caribe, su mejor aliado para la piratería. (Parsons 1985; Ratter 2001)

Los primeros pobladores de las Islas fueron puritanos ingleses en el año 1629 y luego cultivadores y leñadores jamaiquinos con sus esclavos (Parsons; 13:

1985). Aunque los puritanos fueron expulsados definitivamente de San Andrés por la Corona española, muchos de ellos escaparon, regresaron y se asentaron en las Islas. Para este periodo se reporta que los pocos habitantes de las islas consiguieron mujeres indígenas de la Misquitia para incrementar su población. (Petersen: 119; 1989). Según Parsons en 1793 “se informó la existencia de 35 familias y de doscientos ochenta y cinco esclavos en la Isla. Habitaban además

varias mujeres Miskitos, compañeras de colonos del continente que se habían trasladado a San Andrés” (50; 1985)

La anexión formal de las Islas a Colombia se da en 1822, anexión que no fue más allá de la presencia de un gobernador. Esta situación unida a los antecedentes poblacionales de Ingleses y jamaiquinos, permitió de acuerdo a Sandner, el despliegue en la Isla de los elementos Caribes, marcada principalmente por el desarrollo de una economía de Plantación 2 con cultivo de algodón, soportada por el trabajo de esclavos. Sin embargo a diferencia del sistema de las Plantaciones en el resto del Caribe, aquí las plantaciones fueron más pequeñas, permitieron en muchas ocasiones el matrimonio entre los dueños blancos y las esclavas, y se alternaban en el mismo grado de importancia económica con el contrabando. (Sandner: 330; 2003).

Otros hitos importantes en la historia de San Andrés lo constituyen la introducción de la iglesia Bautista y la emancipación de la población esclavizada. La Iglesia Bautista a través de Philip Livingston influyó en la primera liberación de la población esclavizada 3 , que fue posible en toda la Isla en 1853 y en la educación de estos hombres y mujeres, que pasaron de esclavizados(as) a convertirse en campesinos propietarios de tierras, algunas por adjudicación de baldíos y otras donadas por sus antiguos amos, de quienes en agradecimiento adoptaron sus apellidos. (Parsons 1985; Petersen 1989; Sandner 2003).

La abolición de la esclavitud y el cultivo de palmas de coco con fuerte participación de antiguos esclavos(as), ocasionaron un cambio en la sociedad

2 El sistema de Plantación es uno de los principales elementos históricos compartidos en el Caribe Insular, que estructuró y transformó radicalmente la dinámica social, económica y cultural de las sociedades Caribeñas. “Mas allá de su naturaleza – azúcar, café, tabaco, algodón, índigo, etc.-, mas allá de la potencia colonialista que la haya fomentado, mas allá de la época en que constituyó la economía dominante en una u otra colonia, la plantación resulta uno de los principales instrumentos para estudiar el área, sino el de mayor importancia”. Esto se debe a la visión capitalista con que fue asumida y montada esta organización productiva por las potencias europeas, orientada a la acumulación de capital con la concentración de la tierra y la producción y la explotación de la mano de obra siempre esclava. (ver:

Benítez: 24; 1998)

3 1853 fue la fecha de liberación definitiva de los esclavos en la Isla, pero varios autores coinciden en anotar que desde 1830 ya se habían presentado liberaciones de esclavos(as) por parte de algunas familias entre ellas Pomaire y Archbold. Ver: Parsons 1985; Petersen 1989; Ratter 2001; Sandner 2003.

isleña: “No había privilegios para los blancos, muchos antiguos poseedores de esclavos y terratenientes, quedaron por ingresos y prestigio, detrás de los propietarios de plantaciones Afro-caribes. Algunas familias blancas emigraron, las otras quedaron en un crisol de mezclas, en el cual prácticamente no quedó ninguna familia blanca, mientras el elemento afro-Caribe prevaleció, y dispuso a las familias según ingreso y prestigio, aunque con los nombres de las viejas familias Archbold, Newball, Forbes, Bowie, etc.” (Sandner: 331; 2003).

La fe Bautista fue la base de la cultura Isleña en lo religioso, intelectual y social, por lo menos hasta finales del siglo XIX, cuando se estimaba que más del 95% de la población era Bautista o simpatizante (Clemente: 185; 1989). Hacia 1902 inicia la misión católica en San Andrés con la llegada del sacerdote Albert Stroebelli, Alemán, enviado por el arzobispo de Cartagena (Cabrera 1980; Clemente1989; Ratter 2001), que posteriormente con la llegada de la misión capuchina remitida por el gobierno central, daría inicio al proceso de hispanización, colombianización y catolización de la población Isleña hasta ese momento completamente Raizal, término con el que actualmente y a partir de 1991, se hace referencia a los hombres y las mujeres descendientes de los primeros pobladores del Archipiélago, que conservan una tradición cultural con fuertes elementos afro-caribes, compartida con otras poblaciones del Caribe Occidental anglófono.

El proceso de colombianización, alcanza su punto máximo con la instauración del Puerto Libre en 1953 y la consecuente llegada masiva de continentales colombianos, inmigrantes chinos y Sirio Libaneses que amplían el panorama cultural Isleño, con profundos cambios en la población, organización y estructura espacial. Para la comunidad nativa Raizal esto significó, entre otras, su segregación territorial en aras de proteger su cultura local, situación que persiste en la actualidad, pues espacialmente los sectores sur de la Isla, San Luis y La Loma, son ampliamente reconocidos como los lugares de habitación principal de los hombres y mujeres Raizales; sin embargo, culturalmente, esta segregación no ha significado un aislamiento total, pues también se reconoce

que para el ámbito familiar, por ejemplo, este entramado cultural significó la conformación de familias interétnicas entre hombres y mujeres Raizales y continentales, que indudablemente tiene sus propias características y formas particulares en el ejercicio de roles y funciones, un tema que desborda los alcances de la presente investigación.

Es innegable entonces, que la Isla de San Andrés históricamente se ha enmarcado en el ethos cultural del gran Caribe, especialmente anglófono, lo cual determinó en este territorio insular unas características culturales propias presentes desde su poblamiento, religión, lengua, organización social y familiar. Pero a pesar de su abundante historiografía, sobre este último aspecto – las familias nativas Raizales - se ha escrito muy poco en la Isla y lo estudiado no hace el análisis de las relaciones de género en el sistema familiar isleño (Price 1954; Parsons 1985; Micolta y Christopher 2007). Solo se destaca para el caso de Providencia, el trabajo etnológico de Peter Wilson de mediados de siglo XX, el cual nos introduce a una definición de los roles de hombres y mujeres Raizales en la familia Providenciana, vista desde su estructura doméstica y de organización social, con los principios de “reputación y respetabilidad”. En la actualidad en la Universidad Nacional Sede Caribe, se adelanta una investigación denominada “Relaciones de Genero en el Caribe. El caso de Providencia”, en donde se analizan los cambios o persistencia de estas características en esta comunidad isleña. (Solano 2009)

2. ASPECTOS INVESTIGACIÓN.

TEÓRICOS

2.1 Enfoque Teórico

Y

METODOLÓGICOS

DE

LA

Las dimensiones que tradicionalmente sostuvieron el ordenamiento familiar

fueron el parentesco, asociado a las uniones matrimoniales o consensuales y

su estabilidad, la reproducción y el hogar o unidad doméstica, la cohabitación

y/o la residencia común. Este ordenamiento fue el que antropólogos y

sociólogos tomaron como guía para sus análisis. Hoy día, el estudio y análisis

de los grupos familiares pasa por las variables sociedad local e internacional y

las cuestiones de género. (Giberti: 183; 2005).

En el Caribe continental colombiano, son variados los estudios sociales sobre

las Familias, diversos autores(as) e investigadores(as), entre ellos Virginia

Gutiérrez de Pineda, Gloria Calvo, Ligia Echeverry Ángel, Alicia Dussan de

Reichel y Hernán Henao Delgado entre otros, han dado cuenta de la

complejidad, evolución, diversidad y características culturales de las Familias.

Investigaciones recientes en el tema incorporan la variable género en las

relaciones familiares, mostrando cómo las funciones maternas y paternas se

mueven entre la permanencia y el cambio, asociado a factores como una

mayor democratización en las relaciones de género, la inserción de las mujeres

a la vida laboral y una mayor diversificación en las formas de unión y

modalidades de convivencia, que permiten hablar de innovación en tales

funciones. (Puyana; 2003).

Se destaca la investigación realizada por la Universidad Nacional de

Colombia, la Universidad de Antioquia, la Universidad Autónoma de

Bucaramanga, la Universidad del Valle y la Universidad de Cartagena, desde

1999 hasta 2001, denominada: “Cambios en las Representaciones Sociales

de la Paternidad y la Maternidad. El caso de Bogotá, Cali, Medellín,

Bucaramanga y Cartagena”, en la cual se identificaron significativas transformaciones respecto a la forma como padres y madres asumen la

proveeduría económica, los trabajos domésticos, las expresiones afectivas y el ejercicio de la autoridad, tareas básicas que dan cuenta de una práctica pero también de significados e imaginarios de ser Padre y Madre, lo que conllevó

a la clasificación de tres grandes tendencias de la paternidad y la maternidad:

Tradicionales, Transición y Ruptura, para mostrar las permanencias y cambios de estas funciones.

Para el caso Cartagena, con el ánimo de seguir avanzando en estos estudios y centrándose en aquellos hombres-padres y mujeres-madres ubicadas en la tendencia de ruptura, donde se rompe parcialmente con el modelo tradicional en el cual hombres y mujeres fueron formados y se incorporan cambios paulatinos en las representaciones, discursos y prácticas en torno a la paternidad y la maternidad, se encuentran los recientes trabajos investigativos de Pilar Morad y Carmenza Jiménez, realizados en 2008 en el marco de la Maestría de Género y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia en convenio con la Universidad de Cartagena.

En ambas tesis la estratificación social y los cambios del contexto cartagenero entre la generación en las que hombres y mujeres entrevistadas fueron hijos e hijas y hoy son padres y madres, fueron tópicos a considerar en el análisis que hacen de la construcción de identidades de género en estos padres y madres innovadores(as) en Cartagena.

En “Maternidad innovadora, significados y prácticas en Cartagena de Indias” Morad destaca que “las identidades de las mujeres innovadoras se están formando de manera diferenciada, en la medida que hacen ruptura-toman distancia de los patrones y discursos tradicionales a partir de sus rechazos, oposición y la transgresión desde la infancia, la adolescencia y la adultez al modelo de madre-padre y hombre-mujer legitimados culturalmente” (236;

2008).

Enfatiza que en mujeres de estratos socioeconómicas altos, aunque en la condición de hijas “sus relaciones familiares se caracterizaron por fuertes controles, por la socialización genérica diferenciada, por relaciones hegemónicas que privilegiaron lo masculino, y por un confinamiento de la mujer al mundo de lo privado” (233; 2008), en el papel de madres son mas críticas y autoreflexibas, conciben el diálogo y los necesarios espacios de libertad con hijos(as) en procuras de unas mejores relaciones familiares y mejor integración al mundo social. Las mujeres de bajos estratos socioeconómicos hacen ruptura con sus historias personales plagadas de opresión y maltrato físico y/o psicológico en la infancia y/o adolescencia, negándose a reproducir tal contexto aunque no sea del todo, pues de acuerdo a la autora, aun se avizoran algunos rezagos tradicionales en su ejercer materno cotidiano.

Jiménez por su parte, en “Relatos Innovadores de la Paternidad en Cartagena de Indias: Un análisis relacional entre el Yo Interpretado y la Generación Anterior” relata los modelos tradicionales del padre-proveedor y portador de autoridad bajo los que fueron socializados los hombres cartageneros sujetos de estudio - con los respectivos matices de acuerdo a su nivel socioeconómico- , para concluir que la construcción de las nuevas identidades masculinas se hacen a partir de la inclusión de funciones antes excluidas, como la afectividad y la domesticidad en un contexto sociocultural de constantes cambios, de ahí que “en el innovar de estos padres se hace evidente la necesidad de autonomía, las relaciones más equitativas entre los géneros, el cierre de las brechas que marca relaciones distantes según la generación, relaciones más afectivas, la liberación de temas anteriormente vedados y, sobre estos ejes, se construyen dinámicas familiares más democráticas y relaciones paterno- materno y filiales más horizontales” (100; 2008).

Estos trabajos se constituyen en un significativo avance en la construcción del conocimiento en el tema de familia y género en el Caribe continental, el cual se propone ampliar con el documento que aquí se presenta sobre las relaciones de género en la Isla de San Andrés, descentrando su análisis de

las funciones paternas y maternas y privilegiando el escenario contrastante

que ofrece la isla caribeña de San Andrés con sus especificidades socio históricas, económicas y culturales.

Desde un contexto más amplio, como elementos constitutivos de la Identidad

de hombres y mujeres en el Caribe continental colombiano, se hace referencia

al aporte de las culturas matrifocales y matrilineales de varios grupos indígenas, el legado africano de la familia extensa, las herencias de las imposiciones españolas como la familia patriarcal monogamica y la heterosexualidad y como resultado de todo esto, las figuras de la matrona y el

machista empollerao (Solano: 2006). El poder doméstico y comunitario, ligado

a las actividades de reproducción, afecto y crianza de hijos(as) son

características que definen a la matrona, mientras que el protagonismo y control en el mundo público y la dependencia de las mujeres en lo doméstico,

caracterizan al machista empollerao. Como se explicitará en el acápite 3.1. “La mujer en la socialización de género de hombres y mujeres raizales de San Andrés, islas”, las diferencias en las formas productivas que se establecieron

en el período de colonización en el Caribe insular colombiano, conlleva a que

la figura de “matrona” en las islas corresponda a otras explicaciones que allí

explicitaremos.

En el Caribe Insular colombiano, son pocos los estudios sobre familias y género. Se destacan la caracterización de la organización social de la Isla de San Andrés realizada por Thomas Price en 1954 donde resalta el sentido comunitario de la familia como organización; la fuerte tradición religiosa, no solo bautista, y la clasificación de las mujeres en cinco categorías teniendo en cuenta el status, la conducta y la elegibilidad matrimonial: sport girls, sweethearts, decent girls, young girls y married women. Sobre este último grupo bastante énfasis se pone ““en aprender a cuidar al marido”, lo que se enseña a la muchacha como su principal misión en la vida, el resultado se observa en el gran cuidado que se da al lavado y aplanchado de la ropa, en la

cantidad de tiempo empleado en preparar las comidas y en el mantenimiento de una casa inmaculada. …la preferencia que se da a la atención del marido y a las habilidades caseras, han dado a la Sanandresana la fama de ser excelente esposa. ….estos buenos atributos están aumentados por su fama de ser fieles, expresada en la siguiente frase: “Only one man should ever know you” (Price: 26; 1954).

En 1980 el estudio de Claudia Cano “Familia y cultura en la comunidad Negra de la Isla de Providencia” enmarca la temática en el legado europeo y africano para la conformación de las familias actuales en el Caribe, hace una clasificación de la familia Providenciana según su estructura y formas de relación a saber: La familia legal nuclear, que constituye el tipo ideal para la respetabilidad de las mujeres, y presenta dos versiones, elemental integrada por padre- madre- hijos y no elemental o extensiva que agrupa a los nietos maternos. Las uniones Libres estables e inestables, de mayor generalidad en la isla de Providencia, y de cuya inestabilidad se desprende el carácter matrifocal del sistema familiar, puesto que según la autora, el carácter efímero de las uniones hace que necesariamente el hijo(a) se sienta mas ligado a la figura materna, ya que ella permanece estable. Las formas poligínicas del hombre casado y el soltero, que generalmente implica la convivencia con tres o más mujeres, y finalmente los hijos de crianza, que pueden darse por parentesco de crianza vecinal o familiar, y por mujeres especializadas que indiscriminadamente se dedican a la crianza de los niños(as) cuyos padres así lo soliciten (Cano;1980).

Peter Wilson en contraposición a los estudios antropológicos en el Caribe Inglés, concentrados en la propiedad y la familia matrilineal - matrifocal, presenta su trabajo etnográfico sobre el sistema social de la isla Caribe de Providencia, entendido a partir de la importancia del agrupamiento informal, pues desde su perspectiva la vida social del Caribe está fuera del alcance de la

estructura institucional formalizada de las agrupaciones, y se sostiene en la identificación e interrelación de los conceptos reputación y respetabilidad, dos valores que de acuerdo al autor expresan la manera como hombres y mujeres se dividen en términos de sus relaciones sociales, en las que el parentesco juega un papel central. Para los hombres es un medio de expresión del sentimiento de igualdad y del dominio jurídico político, y para las mujeres es un medio de organización y expresión emocional de lazos en el dominio doméstico. Este reconocido trabajo de Wilson realizado a finales de los años 50 del siglo XX, pero sólo publicado en Inglés en 1973 y en español en 2003, permitió en palabras de Avella, “revisar aquellos estudios sobre la familia que confunden la organización domestica en donde la mujer es central y el hombre es marginal, con la organización social en donde el hombre es central bajo la figura del macho y la mujer es marginal”. (57; 2007).

Una caracterización sobre la familia nativo Raizal de San Andrés realizada por Investigadoras de la Universidad del Valle, una de ellas Raizal, (Micolta y Christopher 2007), ratifica como elemento cultural propio en la organización familiar su fuerte tradición religiosa y el multilingüismo, y destaca que es en la función biológica donde más se observa y se reproduce la discriminación y la inequidad de género, pues es en la figura femenina en quien mayormente recaen las responsabilidades de esta función. Así mismo realiza un agrupamiento de la organización familiar Raizal de acuerdo a las tipologías:

nuclear, mono parental, reconstituida y extensa, agregándoles cinco subtipologias denominadas emergentes, las cuales son: familias emergentes no tradicionales unipersonales, no tradicionales de hermanos, no tradicionales de primos, no tradicionales de amigos y no tradicionales de hermanos y madrina. Clasificación que si bien se argumenta en la composición familiar, desdibuja el sentido comunitario que la familia tiene para los hombres y mujeres Raizales, expuesta años anteriores por los trabajos de Thomas Price y Peter Wilson.

En el espacio del gran Caribe, la literatura sobre el tema es abundante. Investigaciones en varias de las islas anglófonas han suscitado importantes debates sobre el origen de morfologías familiares distintas a las imperantes en las sociedades europeas. Diferentes autores han atribuido la presencia de un tipo de familia supuestamente inestable y la matrifocalidad a las costumbres africanas, la esclavitud o cuestiones de índole económica. (Ver, entre otros a:

Henriques 1949; Schlesinger 1968; Fraginals 1977; Quiñonez 1997; Ariza y Olivera 1999; Barrow 1996 y 2001; Chevannes 2002; Safa 2007; Robichaux 2007) El foco se ha centrado, desde la antropología y la sociología, en las familias afro-caribeñas de clase baja.

Al respecto Barrow (2001) nos proporciona un interesante análisis de la evolución de los estudios de familia en el gran Caribe a partir de 1940. Enmarcando sus inicios en las posturas teóricas de M. Herscovist y F. Frazier, citados por la autora, cuya principal preocupación era la identificación de los orígenes de la familia caribeña, en términos de condiciones en el pasado responsable de su estructura. Para Herscovist, los orígenes se encuentran en la herencia cultural africana que sobrevivió, no sin modificaciones, al rigor del sistema de la plantación esclavista. Frazier por su parte, plantea que la cultura africana, incluyendo, la familia, fue completamente destruida durante la esclavitud y que las familias negras fueron el producto de las exigencias de vida en las plantaciones y los intentos fallidos de los ex-esclavos para imitar los modelos de la familia blanca. A pesar de sus diferencias, ambos investigadores coincidieron en afirmar que la estructura de la familia negra fué maternal y extendida, con fuertes lazos madre-hijo y que las relaciones conyugales fueron no maritales y sueltas.

Bajo estas teorías dicotómicas, se pueden leer las posiciones de otros autores en el tema de la familia caribeña, como Moreno Fraginals y Helen Safa. El primero manifiesta que la Plantación rompe en lo posible la continuidad de las tradiciones africanas, se cimenta sobre el desgarramiento de todo nexo o unión, incluyendo la familiar, cuando esta surge del hecho incontrolable de la

procreación. Y deja como saldo individual una honda sensación de inestabilidad y discontinuidad, útiles al mantenimiento de la relación esclavista y absolutamente opuesta a lo que se exige del trabajador asalariado industrial (Moreno: 23; 1977). La segunda, sostiene que las bases de la matrifocalidad en el Caribe fueron establecidas durante el periodo colonial. La esclavitud y la herencia africana reforzaron la fuerza del vinculo madre-hijo y la superioridad de los lazos consanguíneos sobre los conyugales en la población afrocaribeña (Safa: 25; 2007).

Tratando de dar respuesta a esta primera discusión teórica, hay que citar a la autora Berena Stolcke: ((1992) 2003) para quien las diversas formas familiares afro caribeñas, ese es su apuesta teórica, “son el resultado de la interacción dialéctica entre la jerarquía socio-racial, los ideales familiares y la ideología de género vigente”, cuestión no puede entenderse sin que necesariamente se tome como punto de partida el sistema esclavista en el que estuvo inmersa la población afro traída a territorios del Caribe, que esta autora estudia incluso en Brasil.

De la preocupación por los orígenes, se pasó a una mirada funcionalista enfocada en cómo la familia cumple o no con las funciones de la sociedad contemporánea. Desde esta perspectiva se interpretó la estructura familiar caribeña como una respuesta funcional a los efectos desorganizados de las condiciones socioeconómicas en las comunidades del Caribe, puesto que solo la familia nuclear, integrada por una pareja, preferiblemente casada, viviendo juntos y en el mismo hogar con sus hijos, podría cumplir eficientemente con las funciones vitales y la socialización de los(as) hijos. Este modelo prescribió un sistema de género patriarcal, con roles femeninos y masculinos diferenciados pero complementarios y la autoridad del hombre-padre claramente establecida.

De ahí que la familia matriarcal caribeña de clase baja, que se sale de esos estándares impuestos por los funcionalistas, fuera vista como una patología social, desviada y desorganizada. Los funcionalistas entonces (entre los que se

destacan Edith Clarke, Fernando Enriques, Raymond Smith y Michael G. Smith entre otros), buscaron explicar la familia negra de clase baja, en términos de matrifocalidad y marginalidad masculina, como una solución culturalmente apropiada a los problemas de pobreza, desempleo e incertidumbre económica en el Caribe (Barrow,2001).

Siguiendo a Barrow (1996; 2001), la más reciente contribución a los estudios de familia en el Caribe, promovida por R.T. Smith plantea la ideología y la cultura originada y definida históricamente por la propia gente del Caribe. Los aportes desde esta línea se encuentran en el descentramiento de los estudios de la familia afro-caribeña de la clase baja hacia la inclusión de la clase alta y media; la apertura hacia una visión propia de familia en el Caribe, consistente internamente y no atada únicamente a la plantación, esclavitud y pobreza en calidad de variable dependiente; y la superación del discurso sincrónico del funcionalismo estructural, situando la historia en el centro de los estudios de familia en el Caribe.

En este contexto, la postura asumida en esta investigación es la interpretación de los grupos familiares Raizales desde sus propias manifestaciones culturales, alejándonos de modelos occidentales y universales, para acercarnos a su cotidianidad, en virtud de sus diferencias socio étnicas como grupo social. Por tanto se tendrán en cuenta las posturas teóricas de Barrow y Robichaux quienes centran lo propio y lo cultural al momento de estudiar la familia como grupo social. Para Barrow escuchando a hombres y mujeres caribeños, cómo ellos discuten, interpretan y evalúan sus propias experiencias familiares, se identifican los principios de la vida familiar en el Caribe en su forma correcta, promoviendo la visibilidad de hombres y mujeres en sus propias imágenes y construyendo una ideología del parentesco y el género en el Caribe desde adentro (424; 2001).

Robichaux por su parte postula que en los distintos abordajes de la familia es necesario introducir la categoría cultura, conceptualizada de tal modo que permita captar las distintas lógicas o dinámicas que subyacen en la formación

de los diversos grupos familiares, y de ahí explicar sus morfologías. Entendiendo por lógica cultural las normas y valores heredados socialmente de generación en generación que dan las pautas para la resolución de problemas específicos de la vida humana, que incluyen, entre otras cosas, las prácticas aprendidas en torno a cómo formar familias, obtener alimentos, controlar disputas y criar a los niños (27; 2007).

Ciñéndonos a estos postulados es necesario precisar entonces, que por Familias Nativas Raizales se entiende el grupo social construido y significado por los hombres y las mujeres descendientes de los primeros pobladores Afro-anglo caribeños del Archipiélago, unidos por lazos afectivos y/o consanguíneos, con o sin hijos (as), contextualizada en el espacio socio- geográfico, histórico y cultural de San Andrés Islas. Y en ella las funciones maternas y paternas como una construcción social, “es decir, la maternidad y la paternidad contienen dimensiones sociales y biológicas que implican considerar la multiplicidad de patrones culturales y la imposibilidad de reducir a una sola las distintas formas de asumir dichas tareas. El padre y la madre se sitúan en la dinámica relacional de los seres humanos, con sus atributos de género, clase, cultura y contexto”. (Puyana: 14; 2003)

Las relaciones de género por su parte, hacen referencia a la forma como interactúan hombres y mujeres en distintos ámbitos (publico/privado, individual/colectivo) de la sociedad isleña, mediadas por las instituciones y prácticas sociales. Con esta perspectiva, las percepciones sobre el género y los significados en torno a la sexualidad y la reproducción son vistos como el resultado de formas específicas de acción y práctica, que a su vez, tienen lugar dentro de distintos modos de organización de la vida social, económica y política (Viveros: 67;2001).

Así concebidas, al preguntarse por su construcción

se asiente, de acuerdo a

desde el espacio familiar,

Bonder, que el género no es una propiedad de los

sujetos ni es un constructo fijo y terminado, condenado a una perpetua repetición, en su defecto, se admite como una categoría atada a la subjetividad, por lo tanto es necesario detectar y explicar cómo los sujetos se en-generan en y a través de una red compleja de discursos, prácticas e institucionalidades históricamente situadas, que le otorgan sentido y valor a la definición de si mismos y de su realidad (6;1998). Se dimensiona entonces el género como un elemento constitutivo de las relaciones sociales, sin desconocer que también es un idioma a través del cual se expresan relaciones de poder en las sociedades.

Nos proponemos entonces reflexionar sobre las subjetividades masculinas y femeninas desde una perspectiva de género relacional a partir de prácticas locales cotidianas en el medio familiar que expresan unas construcciones particulares de la manera de ser hombre y ser mujer en el territorio insular de San Andrés, que como ya se ha dicho, está históricamente ligado al espacio socio-geográfico y cultural del gran Caribe, donde la Plantación esclavista fue el eje articulador de un orden social en el cual se constituyeron y expresarían inicialmente las relaciones/hombre mujer (Quiñonez: 274; 1997). También se dijo que la Plantación no tuvo en San Andrés las mismas dimensiones que tuvo en el gran Caribe, sin embargo lo que se trata de reconocer tanto en uno como en otro espacio, son los contextos históricos que hay que diferenciar, no con el animo de establecer orígenes o continuidades con el presente, sino de comprender holísticamente las particularidades de estas sociedades.

2.2. Enfoque Metodológico.

El análisis de cómo se construyen y cuales son en la actualidad las relaciones de género en las familias nativo Raizales de San Andrés se enmarca en el enfoque de Investigación de tipo comprensiva y método etnográfico, en el horizonte de una descripción densa que se enfrenta a: “una multiplicidad de

estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas

y enlazadas entre sí, estructuras que son al mismo tiempo extrañas,

irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas después” (Geertz:24;2005). Por lo tanto etnográficamente se hizo una aproximación a una “explicación interpretativa” de la realidad estudiada, no en los términos de dilucidar factores causales, sino para desentrañar en lo posible todos los elementos y las posibles interacciones que esos elementos tienen en un hecho social: los grupos familiares. De ahí que se recurriera a la triangulación metodológica (Bericat;1998) de técnicas de recolección de información, que involucró el análisis de documentos históricos de la isla de San Andrés, la inmersión al campo, la observación participante y el uso de los instrumentos:

a) Entrevistas a profundidad, que se concibe como “reiterados encuentros

cara a cara entre el investigador y los informantes, encuentros estos dirigidos hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto

de sus vidas, experiencias o situaciones, tal como las expresan con sus propias

palabras” (Taylor y Bogdan; 2000). Concepción en la cual el propio investigador(a) es el instrumento de la investigación y no lo es un formulario estructurado de entrevista, puesto que lo que se pretende conocer e interpretar son las vivencias, significados, creencias, perspectiva, subjetividades y definiciones que un actor social, en este caso hombres y mujeres Raizales, construye intersubjetivamente en torno a las relaciones de género en la familia.

b) El Diario de actividades: instrumento que complementa el acercamiento a la cotidianidad de los hombres y las mujeres Raizales, en términos de la medición del tipo de actividades realizadas y su tiempo de dedicación en el transcurrir de las 24 horas de un día laboral y otro de descanso, para observar las desigualdades en la organización y distribución del tiempo entre hombres y mujeres nativos raizales.

La unidad de información fue el hombre y la mujer Raizal, la unidad de análisis

la constituyen los grupos

familiares. La indagación estuvo orientada por unas

categorías analíticas ( ver anexo 1) que nos remitieron al relato de los orígenes familiares de los(as) entrevistados(as), su crianza y socialización a través de los periodos de vida: niñez, adolescencia y adultez , hasta la conformación de su grupo familiar actual y cómo desde ese espacio socializador se fueron construyendo y se expresan las relaciones de género, desde algunas funciones como la autoridad, la división sexual de roles, la afectividad, proveeduría, sexualidad y uso de anticonceptivos, entre otras.

Atendiendo al criterio de profundidad y calidad de la información, se planteó un muestreo teórico- intencional que incluyó a 5 mujeres y 5 hombres nativos Raizales nacidos, criados y residentes en San Andrés islas, en el rango de menores y mayores de 40 años de edad, en ejercicio de funciones paternas y maternas y/o convivencia con cónyuge. Los sectores de residencia de los y las informantes entrevistados(as) fueron, en la loma: Barrack, Harmony Hall Hill y Linval ; en San Louis: Sound Bay, Tom Hooker, Ground Road y Hoophie; en el centro: Cotton Tree y Black Dag.

La organización, procesamiento y análisis de la información se realizó a partir de la construcción de matrices cualitativas que facilitaron el análisis intra e ínter textual. El análisis Intratextual (Piña, 1978) consiste en el análisis y compresión hermenéutica de los relatos a partir de su descomposición en unidades mínimas las cuales mantienen entre si diferentes relaciones, esto nos permitirá identificar nuestras categorías orientadoras y emergentes en el relato. Es un tipo de análisis que conserva la versión del discurso del entrevistado(a). El análisis Ínter textual (Puyana, 2003) compara los relatos de hombres y mujeres Raizales para distribuirlos según categoría e iniciar el proceso de elaboración conceptual sobre el tema.

3. FORMAS FAMILIARES EN HOMBRES Y MUJERES NATIVOS RAIZALES DE SAN ANDRÉS, ISLAS

En este capitulo se analizan las experiencias que pasan en la vida de mujeres

y hombres nativos raizales de San Andrés, algunos(as) en ejercicio de roles

paternos y maternos, pero todos(as) integrantes de diversas formas familiares

(ver cuadros 1 y 2). Los contactos sociales y culturales, y las características

de la socialización familiar que cada uno de ellos(as) traen a la memoria en el

recorrido pasado-presente que hacen por las etapas de niñez, adolescencia y

adultez, permiten hacer una lectura comprensiva de los elementos que hoy

día están marcando la concepción y expresión de las relaciones de género en

su grupo familiar, con la pretensión no de explicar relaciones causa-efecto en

la vida de estas mujeres y hombres, sino de captar primero para comprender

después, las interpretaciones que ellos(as) dan a sus vidas a través del

lenguaje, motivados por unas categorías generadoras de diálogo, reflexión y

evocación de la memoria individual (Rosa, Belleli y Bakhurst: 45;2000)

enmarcada socialmente en los grupos familiares y demás contactos

interculturales que ellos y ellas refieren en sus relatos.

Cuadro 1. Características generales de los hombres nativos raizales entrevistados. San Andrés, islas. 2009

ID

Edad

Estado

de

Nivel

Ocupación

Sector

de

Entrevista

Conyugalidad

educativo

residencia

1

M-VID

39

Casado

con

Universitario

Trabajador

Harmony

hijos(as)

incompleto

independiente

Hall Hill

como profesor

a domicilio.

2

M-EMER

61

Casado

con

Técnico

Administra

Ground

hijos(as)

negocio

Road

propio(posada

nativa)

3

M-CARL

49

Casado

con

Técnico

Almacenista

Tom

hijos(as)

Hooker

4

M-FRED

32

Casado

sin

Profesional

Psicólogo

Hoophie

hijos(as)

especializado

5

M-NARSA

31

Casado

con

Bachiller

Inspector

Loma

hijos(as)

completo

Linval

Fuente: construcción de la investigadora a partir de las entrevistas a profundidad realizadas. San Andrés islas, 2009.

Cuadro 2. Características generales de las mujeres nativas raizales entrevistadas. San Andrés, islas. 2009

ID

Edad

Estado

de

Nivel

Ocupación

Sector

de

Entrevista

Conyugalidad

educativo

residencia

1

F-JULI

40

Casada

sin

Técnico

Secretaria

Black Dag

hijos(as)

ejecutiva

2

F-ANA

32

Casada

con

Bachillerato

Ama de casa

Loma

hijos

completo

Barrack

3

F-LORI

42

Madre soltera

Técnico

Trabajadora

Harmony

independiente

Hall Hill

en

oficios

domésticos.

4

F-ENE

52

Madre soltera

Bachillerato

Trabajadora

Sound Bay

incompleto

independiente

en

oficios

domésticos

5

F-ELI

45

Madre soltera

Técnica

Trabajadora

Cotton Tree

independiente

en

modistería

y belleza.

Fuente: construcción de la investigadora a partir de las entrevistas a profundidad realizadas. San Andrés islas, 2009.

Para empezar se reconoce que las familias son un hecho cultural, un conjunto

de prácticas y relaciones que expresan un sistema de códigos y símbolos

culturales cambiantes, de ahí que retome el concepto de formas familiares que

propone Cicerchia, lo cual “implica instalar al grupo familiar como sujeto social

– determinado y determinante del contexto global – y como sujeto histórico

complejo – receptor de una multiplicidad de sobre determinaciones étnicas, de

clase, de género, regionales, etc.” (Cicerchia: 51; 1999). En virtud a esto, se

reafirma el contexto en San Andrés caracterizado por los fuertes nexos

histórico-culturales con el espacio del gran Caribe – con la plantación como

regularidad- y por la inestabilidad de su pertenencia política-territorial, que

culmina con la fuerte campaña de colombianización y sus ya conocidas

consecuencias de orden socio espacial, económico, político y cultural. Para

entonces si enmarcar, en sintonía a ese contexto, el carácter extendido que

transversaliza las formas familiares insulares, como lo argumento aquí, con la

vigencia del patio familiar.

Los hallazgos etnográficos permiten distinguir, según su composición, las

siguientes formas familiares hoy entre las mujeres y hombres entrevistados:

a) las parejas sin hijos por decisión y aplazamiento de funciones paternas-

maternas; b) las nucleares integradas por madre, padre e hijos(as), que en las

mujeres asume una característica especial: la ausencia de la figura del hombre-

padre por largos periodos de tiempo debido a su “embarque 4 ” como actividad

productiva; c)las de jefatura femenina constituidos por la diada madres-

hijos(as) y c) las extendidas, en las que abuelos(as) , padres, madres y

nietos(as) conforman un mismo hogar. Se resalta que en las mujeres

predominan los grupos familiares constituidos por la diada madres-hijos(as), en

cuyo caso los embarazos tempranos y la irresponsabilidad masculina ante ese

hecho, es un hito que las declara “mujeres luchadoras” con la consecuente

independencia económica que les convierte en accesoria la presencia

masculina.

“El papel de las mujeres pues es enseñar que uno también sí puede, que uno puede luchar por lo que uno quiere, uno no puede estar dependiéndose siempre del hombre, que el hombre dé todo, que no, soy casada y no voy a trabajar, tengo que esperar hasta que mi marido me de todo, que trabaje y que traiga la plata para la comida, pues yo nunca he sido así!, nunca, nunca, nunca! yo siempre me he luchado por lo que yo quiera, no estar pendiente de ningún hombre que me de nada” (Lori,42 años).

Estos mismos hallazgos permiten también identificar un denominador común: la

fuerte tendencia por conservar las redes de apoyo familiar paternas y/o

maternas, porque aunque el hombre y la mujer constituyan su grupo

independiente, esa independencia se desdibuja con la figura del patio familiar

o la ubicación de la residencia a muy poca distancia de la de suegros y/o

padres, lo cual depende a su vez del terreno adquirido a través de herencia

por el hombre o la mujer según sea la condición económica de sus familias de

origen, un hecho también presente en la hermana isla de providencia según

4 Hace referencia al trabajo en un barco turístico de una compañía naviera determinada que recorre mares internacionales. Un trabajo masculino que suele durar entre 8 a 12 meses y que es muy frecuente entre isleños por el manejo del inglés.

trabajo de Wilson (2003). Ese es el elemento que transversa toda forma familiar

entre los(as) entrevistados(as) y los acerca a la condición de “extendida”

como en el gran Caribe.

Las redes de apoyo familiar constituyen recursos importantes para satisfacer

las necesidades cotidianas de los(as) miembros del grupo, un atributo que en

la práctica fue observado con mucha regularidad especialmente entre las

mujeres de las familias, en actividades como cuidado de niños(as), lavado de

ropa y preparación de alimentos a hermanos, y que es resaltado por

algunas(os) entrevistadas(os) en sus relatos:

“Gracias al señor que nunca hemos dormido una noche y decir que acostamos con hambre, aquí nosotros vivimos con mis hermanos, y si yo no tengo y Vía tiene , ahí tenemos y si yo tengo y Vía no tiene ahí está, porque así es como vivimos acá en este patio” (Ene,52 años).

“Por donde yo vivo es una zona multifamiliar, ahí hay tíos, tías, primos hermanos, primos segundos, pues la forma de vivir de los sanandresanos es como familiar, todos construyen su casita en el mismo lote y también intercambiamos lo que es la parte de la dormida, si yo quiero dormir en la casa de mi tía, yo duermo en la casa de mi tía, si quiero dormir donde mi abuela lo hago también, si quiero ir a comer donde mi hermana, mi hermano, o sea es una forma de vivir” (Vid, 39 años)

Los patios constituyen porciones de tierra en los que se organiza un grupo

familiar a partir de una vivienda principal, que suele ser la del padre y/o la

madre y alrededor de la cual cada hijo(a) bajo la figura de la herencia edifica su

propia casa y grupo familiar. Cada vivienda diferencia las unidades domésticas,

pero su distribución en el patio, que depende de cuan temprano decidan

organizarse los(as) hijos(as) y de sus posibilidades económicas para la

construcción de la vivienda, las convierte en un mismo grupo familiar con una

dinámica propia de comunicación e interacción, visible desde el

intercambiando de alimentos, el préstamo de implementos de cocina (ollas,

calderos, moldes para tortas, etc.), el uso colectivo de cisternas y reservas de

agua, hasta las acostumbradas reuniones nocturnas en la casa principal o las reuniones en las tardes en torno a la telenovela de turno.

Figura 1. Patio de la Familia Williams. San Andrés 2009

Hija 3
Hija 3
Hija 1
Hija 1
Casa principal
Casa principal
Hijo 2
Hijo 2
Hijo 5
Hijo 5

PATIO

Hija 4
Hija 4

La figura 1 dibuja el patio de la familia Williams en Sound Bay, cuya casa principal la habita Miss Elaine en su figura de gran madre, por su avanzada edad y la muerte hace dos años de su esposo, es acompañada por su hija Enélida, cuya casa es la numero 4, última en el patio y actualmente no usada. Las demás viviendas que integran el patio, corresponden a sus otros cuatro hijos(as). Es interesante detallar que el material de construcción entre una y

otra varía, según preferencias y posibilidades económicas de sus propietarios (as), aunque tradicionalmente en la isla son construidas en madera, frente al mar resulta más costoso el mantenimiento de una casa en madera que en el llamado “material” (bloques de concreto). Así, las casas 1, 4 y 2 son de material, la casa principal y la numero 5 son de madera. La casa 3 es en material, pero está en avanzado estado de deterioro por el abandono en el que se encuentra desde que su propietaria se fue hacia Estados Unidos. La vivienda dos está también desocupada por la misma razón, pero es administrada por la hija mayor que estableció una droguería en ella, y quien económicamente constituye un fuerte apoyo para los(as) demás en el patio, esto se debe a que a diferencia de sus otros(as) hermanos, alcanzó a profesionalizarse y a pensionarse. Con la droguería, da trabajo a su sobrina y suministra la alimentación diaria de Miss Elaine. El hijo-propietario de la casa 5, tiene preponderancia para el desplazamiento de la familia, pues bajo su responsabilidad está el vehículo que dejó el hijo de la casa 2. En la terraza de la casa principal que da al mar, se suelen reunir todos(as) en las tardes y fines de semana, es la casa que da acceso físicamente a las demás en el patio, pues en términos de decisiones que afecten a todos(as) los que residen en él, es la casa de la hija 1 quien tiene la mayor participación, por ejemplo, es ella quien recibe y distribuye las encomiendas que envían trimestralmente los(as) hermanos(as) que residen en Estados Unidos.

El espacio entre las viviendas, que físicamente constituye el patio, es lo que se usa como la zona de labores comunes para todas las familias, allí se tiende la ropa recién lavada y se juega entre primos, entre otros. Es un espacio que aunque pudiese ser público por que su uso implica exponerse ante los(as) demás miembros del grupo, al parecer se considera privado para las familias, porque es el único lugar donde se puede ver a los hombres tendiendo la ropa o preparando –nunca sirviendo- el tradicional rondón 5 .

5 Comida típica de la isla, hecha a base de leche de coco con pescado, caracol, pigtail (cola de cerdo), acompañado de ñame, yuca, plátano, bread fruit (fruta de pan) y dumpling (panecillo de harina de trigo).

Los grupos familiares son definidos, desde la experiencia y visión de los

hombres con una connotación religiosa que les otorga supremacía ante

cualquier otro tipo de organización social. Para las mujeres es también un

valor importante, pero desde el peso que tiene para el desarrollo de la persona

y la sociedad, la unidad familiar es, en términos de lazos relacionales y

afectivos, una responsabilidad femenina, como se detallará mas adelante.

Hombres:

“Para mi es lo mas sagrado, sagrado en todos los sentidos, en cuanto a la parte afectiva, amorosa, religiosa, espiritual, emocional”.(Vid,39 años)

“Después de Dios es el todo de un hombre, porque Dios no creó a Adán solamente, también creó a Eva, ese es un Dios de familia. Después de Dios la familia es lo más importante”. (Fred,32 años)

Mujeres:

“Es lo mas importante, porque la familia es lo que constituye la sociedad. … si tenemos mas familias raizales separadas entonces vamos a tener una sociedad muy dispersa, la unidad empieza en la familia” (Juli,40 años)

“La familia para uno significa bastante, porque que tal si uno se queda solito sin nadie en la vida, no tiene a nadie, es como si uno no tuviera rumbo fijo a donde coger, pero teniendo una familia reunida uno se siente feliz.(Ana,32 años)

Pero tanto en uno como en otro género la definición que hacen de esta

categoría - en su mayoría - no nos lleva a la identificación desde sus propias

voces, de unos atributos culturales específicos y propios del grupo étnico

cultural raizal del que hacen parte. De hecho, solo Juli, mujer y además

activista del grupo AMEN (Archipelago Movement for Ethnic Native Self-

Determination), en la definición que hace de las familias resalta la importancia

de su unidad enlazada a la necesidad política de asegurar la permanencia y

pureza cultural del elemento raizal, objetivo de la organización de la que hace

parte, reclamando la urgencia por uniones “solo entre nativos raizales”. Lo

cierto es que cada vez es más frecuente encontrar en San Andrés, en los

lugares considerados más tradicionales y enraizados culturalmente, uniones

entre una mujer raizal y un cartagenero, o una barranquillera y un hombre

raizal, con las consecuentes amalgamas culturales que este hecho social

implica en las distintas funciones y relaciones familiares. Lo que por supuesto

Juli identifica como un riesgo para su grupo étnico:

“Si la familia le inculca a sus hijos esa unidad, ese amor propio por lo raizal, entonces ese hijo cuando tenga sus hijos le va a inculcar eso mismo a sus hijos y entonces la cadena no se va a romper, pero si las familias se separan entonces esa cadena se rompe, es lo mismo que pasa cuando, por ejemplo, un raizal se casa con una persona que no es raizal, ya son dos culturas que chocan, porque esa persona llega con sus costumbres y no es fácil convivir dos costumbres distintas, entonces cuando tienen un hijo va a ser un problema porque entonces esa persona va querer inculcarle lo de él… debemos casarnos con nuestra propia raza” (juli,40 años)

El relato de Emer en el intento por una reflexión desde su experiencia familiar

sobre la raizalidad, lo lleva también a la separación política del término:

“En ese época nosotros no teníamos la figura de raizal, sino simplemente nosotros somos de aquí, ese es el concepto de raizal porque somos de aquí, pero no, el termino raizal no existía hasta el 91, desde el 91 que surgió ese término raizal en la constitución colombiana”. (Emer,61 años)

Desde la visión de estos hombres y mujeres se puede afirmar que lo raizal es

menos un determinante de formas y relaciones familiares y quizás mas una

construcción socio-política, validando entonces los planteamientos que al

respecto hace Valencia (2002):

“Hacer referencia a lo raizal tiene una significación política implícita, que está presente en el concepto mismo y en los escenarios en que es utilizado. Puede decirse que utilizar el término raizal como tal se hace en escenarios políticos, ya que el discurso de la identidad raizal se ha construido desde el campo de lo política, haciendo que entre éste y la construcción de identidad raizal exista una relación mutuamente

determinante. Esto ha sucedido ya que el discurso sobre la identidad raizal se ha construido como una respuesta frente al choque socio- cultural que produjo la colombianización, y que ha encontrado en la política el mejor canal de expresión e instrumentalización. Como consecuencia de este largo proceso se puede establecer que la identidad raizal como identidad étnica se hace manifiesta en el ejercicio de la política, y esto se puede demostrar en la existencia de las innumerables organizaciones sociales raizales (sic 6 ) y la manera en que se han apropiado del discurso de la diferencia cultural.”

3.1 La mujer en la socialización de género de hombres y mujeres raizales de San Andrés, islas.

La tesis que argumento es el carácter extendido que trasnversaliza en

términos de estructura, las formas familiares entre los(as) nativos raizales de

San Andrés, en consideración a la red de relaciones sociales - de

cooperación y apoyo -que se tejen basadas en el parentesco. En las que por

supuesto hombres y mujeres tiene funciones diferenciadas, pero recayendo en

estas ultimas el papel de tejedoras y sostén de esa red de relaciones.

Importante función que Silva (2004) en sus indagaciones sobre los procesos de

identidad raizal en la Isla ejemplifica con la siguiente textualidad de una mujer

líder isleña:

“Un aspecto que podría completar el entendimiento de que es un ser Raizal, visto desde la perspectiva de la mujer, de la participación de la mujer y del significado de la mujer dentro de la cultura, realmente es la constructora de muchos elementos culturales, es la persona que cohesiona el contexto de Raizalidad dentro de la familia y que la fortalece….Desde su punto de vista de la Iglesia, desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista gastronómico, desde el punto de vista de la participación en los escenarios públicos y sociales está marcado por el matriarcado(sic 7 ) que se ha mantenido de alguna forma en la tradición, es lo que nosotros conocemos aquí como las matronas isleñas,

6 Sobre las “innumerables organizaciones raizales” que menciona la autora, se anota que de acuerdo al estudio de Castellanos y Solano (2007) sobre los procesos participativos en la Isla de San Andrés se concluye que la principal organización raizal es la Iglesia Bautista, desde la cual se desprenden sus acciones comunitarias. 7 No coincido con el concepto de matriarcado expresado en la cita, puesto que tal concepto supone un real ejercicio del poder de la mujer fuera de lo doméstico, cuestión que contra-argumento desde la religión y la respetabilidad masculina, proponiendo el de la mujer matrona solo en el plano doméstico.

que son las mujeres que dominan la familia, que marcan la pauta en muchos aspectos” (Silva:54;2004).

Las evidencias etnográficas me hacen coincidir con el relato en la

identificación de la mujer raizal como matrona solo del poder doméstico, y de

acuerdo a Solano, con “poca participación reconocida oficialmente en las

decisiones de trascendencia”, puesto que ese es el papel del hombre,

quedando así la mujer como organizadora y administradora de las funciones

familiares. Afirmación que nos pone frente al paralelismos entre lo que Solano

caracteriza como la identidad del “tipo ideal” de las mujeres en el Caribe

continental colombiano y lo que asumo como una expresión de la función

femenina raizal en la trama de relaciones sociales entre los géneros en los

grupos familiares de San Andrés. Solano lo sostiene desde los aportes

discursivos de las culturas matrilocales y matrilineales de varios grupos

indígenas, el legado africano de la familia extensa y la transgresión a las

normas de la familia patriarcal de las mujeres castellanas que vinieron a

América (Solano: 41; 2006). En el Caribe insular colombiano lo sustento a

partir de las prácticas esclavistas afro-caribeñas en las plantaciones - de las

que San Andrés no fue ajena- reconociendo su peso en las formas de

relaciones hombre-mujer, que según Quiñonez forjaron el carácter

autonómico en la mujer, debilitaron los sistemas de cohesión social por los

constantes traslados y separaciones a las que eran sometidos hombres y

mujeres esclavas y fortalecieron la diada mujer –hijo(a). (276; 1997)

Los patrones de socialización en los periodos de infancia y juventud expuestos

por hombres y mujeres en sus relatos, enfatizan la separación de los sexos en

las familias y la preponderancia de la mujer en su rol de madre o abuela para

el aprendizaje de las prácticas religiosas y las tareas domésticas, entre ellas la

tradición raizal de elaborar panes y tortas.

En los hombres el contexto de crianza estuvo marcado mayormente por el patio

y su constante interacción con abuelos(as), tíos(as) y primos(as). Se resalta la

historia de Fred y Carl, cuya primera infancia les significó a uno el

desplazamiento con padre y madre de San Andrés hacia Barranquilla y a otro

que el grupo familiar de su hermano mayor, por la ausencia de hijos(as),

asumiera su crianza durante algunos años, una decisión consentida por su

padre, pero que no implicó su desconexión con las figuras paternas y maternas

pues según relata, alternaba tiempo con ellos(a) de uno a dos meses. Para

aquel que salió de San Andrés hasta entrada la etapa de su adolescencia, los

nexos con su raizalidad, estuvieron centrados en la lengua inglesa y creol

que su madre se encargó de conservar y trasmitir, y la alimentación, a través

del envío que hacían abuelos(as) de productos típicos de la Isla como los

panes y embutidos. Así se refiere en sus relatos:

“Yo me acuerdo muy bien que en muchas ocasiones nos enviaban alimento de acá y nosotros nos lo comíamos con ansia allá en

Barranquilla. Por ejemplo el famoso “bomm” que nosotros conocemos,

es

riquísimo, me acuerdo bien de los “hot dog” o sea de las salchichas

de

aquí netamente, no los enviaban, también el salchichón isleño, el que

es

pesado, lo enviaban mucho. Siempre había ese contacto por teléfono,

veníamos aquí de vez en cuando, otros iban de pronto y se hospedaban

en la casa, la casa era muy amplia y teníamos siempre ese contacto

con nuestros familiares. Llegó una temporada de mi infancia que no sabía hablar español, solamente sabía hablar inglés, claro que después con el colegio y eso, volteó la cara de la moneda, después no sabía hablar casi inglés y después español, pero no, son cosas que se van pues rescatando” (Fred,32 años)

“Yo vivía con mi abuela, que en paz descanse, porque mi mamá tuvo

que dejarme a los seis meses y salir a trabajar, a buscar el sustento mío.

en

Ahí mismo donde vivía, en la casa de mi abuela, ahí vivía mi mamá

mi casa yo no tenía ese patrón, ese modelo de hombre como papá, yo

tenía como cuatro, tres tías, y una cantidad de primos y primas

alrededor mío, sino después de un tiempo que mi abuela se casó con

un señor, ahí tuve yo un patrón de un hombre, porque yo soy un hijo

fuera del matrimonio de mi padre, entonces yo me crié en ese ambiente de raizal casi en un hogar matriarcado, en un patio, cerca del mar.” (Emer, 61 años)

“Me crié en San Luis en el sector de Elsy Bar con mi mamá, vivía allá con mi papá, con mi abuela, yo nací allá. Era la casa de dos pisos, pero tenía un patio atrás”.(Narsa,31 años)

En las mujeres el patio tuvo igualmente preponderancia como espacio en la

primera crianza y socialización, con la experiencia similar en una de ellas, de

haber sido cedida amigable y consensualmente a cuidados del grupo familiar

de un tío durante algunos años de su infancia, también por su ausencia de

hijos(as). Dos asuntos se resaltan en sus relatos: primero, la comparación de

contextos que hacen a modo de “todo tiempo pasado fue mejor” para señalar

los cambios físicos y de organización que ha tenido San Andrés y segundo, la

radicalidad raizal con la que se asume fue criada una de ellas en aras de la

preservación del legado cultural.

“Tengo 7 hermanos, me críe en un contexto de familia numerosa, muy religiosa, bautista, muy unida y a todos nos criaron de una forma un poquito radical, todos estamos casados con raizales. (Juli,40 años)

“A mi quien me crió fue mi mamá y mi papá normalmente, aquí mismo en este patio, con dos primas también y unos primos, pues aquí vivía una tía mía, que en paz descanse que ya se murió, con sus hijos, los vecinos si son los tíos que vivían alrededor también. Pues era bien, me gustó, me parece que era mas sanito todo, éramos mas felices, porque no había tanto tráfico, no había tanta gente, ni tantas cosas como las que existen ahora, ejemplo, por acá no existía luz todavía, tampoco no había el hotel, no estaba ese señor (el mexicano 8 ), y no sé, las cosas eran mejor, pero ahora todo ha cambiado no es como antes, las cosas son tan diferentes” (Lori,42 años)

“Me crié muy feliz, con mis padres, mi papá y mi mamá, mi papá siempre salía a trabajar, mi mamá nunca trabajó en la calle, mi papá tenía finca, nosotros éramos muy felices en la niñez, no era como el tiempo de hoy, uno jugaba mucho con todos los niños de la vecindad, hacíamos cocinados, jugábamos, no es como ahora con la televisión y todo” (Eli,45 años).

Las actividades compartidas con padres y madres o quienes ejercieron esas

funciones dan cuenta de los aprendizajes adquiridos en torno al género, del

modelo relacional bajo el cual se socializaron, que bien pueden replicar o

transformar en la construcción de su propio proyecto familiar. Son dos los

8 Se refiere a un acaudalado extranjero que se hizo a una amplia porción de tierra en el sector de Harmony Hall Hill, donde tiene su lujosa residencia.

espacios en las que la mujer- madre tiene significancia en las vidas de las

entrevistadas: las labores domesticas y la formación religiosa. En los hombres

a estos se suma la escolaridad formal. La realización de las labores

domésticas fue un comportamiento femenino observado y aprendido por los

dos géneros en el ámbito familiar, incluso algunos hombres mencionan cómo

les correspondía ayudar a sus madres en el cumplimiento de tales tareas, por

ejemplo con la recolección de agua, alimentar a los cerdos, rayar los cocos,

arreglar pescado, entre otras.

Mujeres:

“Los quehaceres de la casa, mucho los quehaceres de la casa, el ir a reuniones de la iglesia siempre era con ella” (Juli,40 años)

“Mi mamá todos los sábados hacia el pan, esa es una costumbre de aquí de la isla y entonces yo me quedaba al lado de ella mirando como hacia su pan, entonces yo me jalaba mi pedacito aprendiendo hacer el pan también, cuando iba lavando, la misma cosa, yo cogía los pantis y las medias, yo me lavaba yo misma para aprender hacer algo”(Ene,52 años)

“Yo la ayudaba a ella a hacer todas esas cosas. Ehhh… yo aprendí a hacer muchas cosas de la isla. O sea, yo aprendí a hacer rondón, a hacer las comidas típicas de aquí de la isla” (Ana,32 años)

Hombres:

“Cuando regresaba del colegio almorzaba, y me tocaba después entrar los animales, alimentar los animales otra vez, buscar leña para que mi mamá cocine el día siguiente, además de eso me tocaba ir a la finca a buscar lo que es bastimento para que ella cocine para llevar a vender” (Vid,39 años)

“Con mi abuela compartíamos muchas cosas, ella me contaba muchas cosas, muchas historietas y muchas cosas de la época, de lo que pasaba. Muchas cosas aprendí, a trabajar el machete, el hacha, a cocinar, a hacer una cantidad de cosas, a respetar, a tener un valor grandísimo, que siempre las abuelas nos enseñan y también las abuelas siempre han sido unas cariñosas con uno”.(Emer,61 años)

“Mi madre más que todo estaba en casa, solía ayudarla en algunas labores de casa, por ejemplo, solía ayudarla a hacer los mandados, solía

hacer de pronto… ayudarla a hacer algunas tortas, algunos panes, que ella inclusive me enseñaba, cosas por el estilo.” (Fred, 32 años)

El relato de Emer nos introduce a la figura materna como símbolo de

afectividad. Lo cual merece resaltarse dada la “afectividad plana” que se

evidencia en la convivencia familiar nativa raizal actual. Mujeres y hombres son

muy poco dados a la expresión pública de afectos, pocos besos, pocos

abrazos; quizás esta función es mas evidenciable y fácil de expresar con

los(as) niños(as) en fechas especiales como los cumpleaños o se

sobreentienda su expresión en la cotidiana respuesta a las necesidades de

subsistencia, que giran en torno a la mujer-madre. En general la tendencia

observada en los relatos de ambos géneros sobre esta función es superficial,

sin mayor profundidad, mencionando la celebración de fechas especiales, lo

muy poco que contar al respecto, dada la poca expresividad que vieron en sus

padres y madres.

Destaco sin embargo los relatos de dos mujeres que convierten esa

afectividad plana” vivida en su niñez en la principal ruptura que hace al

conformar su propio grupo familiar. Y el relato de un hombre, el único entre los

entrevistados en expresar abiertamente sus vivencias desde la afectividad, en

lo que creo el contacto intercultural que experimentó en su niñez con el tiempo

que residió en Barranquilla puede tener mucho que ver, y para quien la figura

materna en ejercicio de autoridad, es entendida como expresión afectiva .

“la familia raizal a pesar de que te demostraban mucho cariño, querían mucho a los niños, no eran dada al abrazo, al beso, al detalle, por ejemplo, ellos son muy unidos pero ellos no saben ni cuando cumple el uno ni cuando cumple el otro, porque no se dan detalles ni nada de eso y yo cambié. Sabes cuándo me di cuenta yo de eso, un día pa’ el día de la madre, o sea como te digo yo le compraba su detalle y todo, pero yo fui a comprar una tarjeta y yo no pude comprarle una, yo vi una tarjeta tan bonita y yo no la pude comprar porque yo decía eso no era, o sea, no son palabras de uno, pero tuve que comprar una tarjeta que decía

feliz día mamá no sé, porque la otra se sentía como… yo no podía darle eso a mi mamá, porque no era que uno abrazaba y que besaba. A pesar de que te dan cariño pero no son de abrazo, o sea yo cambié eso con mis hijos, mis hijos me abrazan, me besan donde sea, o sea se sientan en la pierna así de grande.”(Eli, 45 años)

“Pues no, el mismo papel no, yo hablo mucho con él(hijo), no como esos tiempos pues que mi papá casi no hablaba, con mi hijo si hablo bastante, yo siempre le explico, le digo y pues le inculco y mejor dicho, como a veces el dice: yo soy muy cansona.” (Lori,42 años)

“Mi mamá era más dada a expresar su afecto, no quiere decir que mi papá no lo expresaba, también lo expresaba, pero mi madre era más dada a expresar esos afectos, más dada, más de abrazo, más de caricias, más de palabras bonitas, más de también de autoridad porque también eso es expresión de afecto”. (Fred, 32 años)

La participación de los hombres durante el periodo de su niñez y temprana

adolescencia en las labores domésticas, aun cuando sea en calidad de

colaboración, contribuye a estrechar los lazos madre – hijo y con esto a

reforzar la figura mujer-matrona en el grupo familiar. Chevannes (2001) en su

estudio sobre la socialización y la identidad masculina en una comunidad

Jamaiquina relata esta situación, en la que además hace referencia a la calle

y los grupos de pares como espacio de afirmación de las masculinidades.

Para los hombres el acompañamiento escolar es otra actividad compartida con

la figura mujer-madre, según lo muestran estos relatos:

Hombres:

“Venía del colegio y me quitaba la ropa, mi mamá me tenía la comida servida, cuando terminaba, dormía, me relajaba un rato, porque eso mi mamá constantemente lo dice, ella dice que cuando uno viene del colegio es comer y después vas a dormir y cuando nos levantábamos hacíamos la tarea, o sea, ella nos ponía a hacer la tarea y normalmente ya cuando uno termina, la sopita. (Narsa, 31 años)

“Era mi acudiente en el colegio (la madre), me acuerdo bien que cuando de pronto me iba mal, tenía miedo que ella se enterara o algo por el estilo, pero los recuerdos que tengo de ella son muy lindos, hay de

pronto algunos escasos recuerdos de momentos que me pegaba bien duro por hacer mi… era muy malito por ese entonces”. (Fred,32 años).

La formación religiosa es una función femenina al interior de las familias, a

ellas corresponde introducir

o bautistas 9 , una tarea que con la participación pública colectiva en los ritos

religiosos, toma al hombre como figura principal en su papel de sacerdote o

pastor. Los recuerdos que hombres y mujeres tienen de estas actividades

compartidas con las figuras femeninas, destacan la marginalidad del hombre-

padre e introducen la categoría de cambio en estas prácticas religiosas,

manifiestas en el sentido festivo que ha tomado el domingo – tradicional día de

guarda según el discurso religioso - debido en gran parte al boom turístico

iniciado en la isla desde mediados del siglo pasado, que junto a la fuerte ola

migratoria dibuja el lienzo multicultural que se percibe hoy en San Andrés y

que podría estar detrás de la actual tendencia hacia la secularización de las

familias. Entre los(as) 10 entrevistados(as), cuatro hoy no se reconocen

activos en las prácticas religiosas.

al hijo(a) en los valores cristianos, sean católicos

Hombres:

“Ella (mamá) nos contaba, nos relataba la biblia, rezaba con nosotros y estaba pendiente de ver que uno lo hacía, y que uno guardara un día

bautista entre

que era el día domingo, que guardaba ella. Papá era eh

comillas, entre comillas porque el comía, masticaba las palabras de la

biblia, pero no las tragaba” (Carl,45 años)

“En la parte religiosa más bien era mi abuela, la mamá de mi mamá, como vivo cerca de mi abuela materna, entonces ella nos cogía y nos llevaba todos los domingos a la iglesia, era obligación ir a la iglesia los domingos, iglesia bautista. Nos tocaba ir a la escuela dominical y de ahí a la parte de la alabanza y la prédica. Eso era casi obligatorio diría yo, por lo que eso le tocaba a uno, esa eran las normas en ese entonces.

9 Hago referencia solo aquí de Bautistas y Católicos por ser estas las dos congregaciones religiosas a las que mujeres y hombres entrevistados(as) manifestaron pertenecer, sin embargo, es preciso aclarar que en San Andrés Islas, además hay presencia de adventistas, que de acuerdo a Cabrera Ortiz (1980) llegaron a la Isla a principios del siglo XX.

Domingo la iglesia y uno no podían jugar, ni salir a playa y eso los domingos. (Vid,39 años)

“En la casa la formación religiosa era, no casi, era obligatorio ir a la misa y a todas las funciones que tenía la iglesia católica. Toda mi familia de parte de mi madre somos católicos.” (Emer,61 años)

Mujeres:

“Mi mamá porque yo recuerdo cuando yo estaba pequeña, o sea los domingos; lo único que hacíamos nosotros los domingos era ir a la Iglesia, nos íbamos a la Iglesia normal y ya cuando uno regresaba de la Iglesia, uno no podía poner música, uno no podía ir a playa ni nada de esas cosas. Pero hoy eso ya ha cambiado bastante” (Ana, 32 años)

“Mi mamá toda su vida ha sido religiosa pues ella siempre asistía a su iglesia católica, pues mi papá era bautista pero como el siempre se mantenía trabajando entonces nosotros siempre éramos mas con mi mamá, bueno así entonces siempre estábamos con ella, pues íbamos a la iglesia, siempre ahí metidos en la iglesia católica y así seguimos en la católica creciendo” (Lori, 42 años)

“Desde pequeña ella nos llevaba a la iglesia con ella, eso es tradición de familia, entonces las familias que son bautistas cuando nace el hijo y cuando tenga ya una cierta edad empiezan a llevarlo a la iglesia bautista, a si mismo los católicos”(Juli,40 años)

Con el hombre-padre por su parte, en los entrevistados las actividades

compartidas están relacionadas con aquellas propias del trabajo remunerado

del padre. Mientras que para las mujeres las actividades compartidas con esta

figura son casi nulas, pues prevalece el recuerdo de padre trabajador, lo cual

limita los tiempos para el disfrute entre la diada padre- hija, salvo las dos

entrevistadas que para compartir espacios con el padre, le acompañaban en

su faena laboral:

Mujeres:

“Pues con mi papá cuando el venia de la pesca yo iba con un cuchillito ayudándole a limpiar el pescado cuando llegaba, íbamos al monte también con él a trabajar en la finca, a cortar caña y moler caña.” (Ene, 52 años)

“Muchas cosas de campo yo compartí con mi papá, porque como mi papá tenía finca, tuvo muchas cosechas de patilla, melón y cuando era cosecha de eso entonces, por ejemplo, los domingos esa era una actividad que yo hacía con él, los domingos él se iba pa’ la finca, empezaba a recoger las patillas y yo iba pa’ la iglesia, cuando yo salía de la iglesia, almorzaba, me ponía mi ropa, iba pa’ la finca y aquí era muy respetuoso eso, yo salía por todo el monte y yo me encontraba los señores: vas a busca a tu papá?, coge este camión mejor! y cuando yo llegaba allá, el llenaba los caballos y yo traía el caballo lleno de patillas por todo el camino, llegaba y bajaba las patillas, volvía a llevar y recogía, esa era una cuestión que en tiempo de patilla era muy bonito.” (Eli, 45 años)

Hombres:

“Con mi papá pues, los fines de semana me tocaba ir a la finca con el a trabajarla, a trabajar en la parte de la agricultura”. (Vid, 39 años)

“El hacia finca y lo acompañaba a la finca a sembrar y a coger cosecha y cosas así”.(Carl, 45 años)

“Él tenía un carro también y el me sacaba cuando iba a trabajar, asi yo iba con él constantemente” (Narsa, 31 años)

Las ocupaciones de madre y padre se relacionan con la disponibilidad de

tiempos y actividades compartidas con los entrevistados(as), constituyente

también del modelo socializador recibido, por eso es importante reconocerlas.

En el caso de las mujeres, las figuras paternas todas realizaban actividades

remuneradas, relacionadas con el campo y la pesca, aun cuando algunos

tuviesen además una vinculación formal laboral con entidades públicas. La

única entrevistada que no tuvo figura paterna permanente en su crianza es la

que hace expresa el trabajo remunerando de su madre en servicios

domésticos. En el caso de los hombres, solo dos relatan que la figura

materna realizaba trabajos remunerados, una en el sector de la venta de

artesanías y otra en calidad de cocinera. De la figura paterna, que en un

entrevistado estuvo representada por el abuelo, todos reportaron actividad

económica formal remunerada. Por tanto la función de proveeduría económica

en las familias de orígenes de los(as) entrevistados(as) fue mayormente una

tarea masculina, información que deja abierta la posibilidad hacia una

preponderancia femenina en la administración de los recursos, cuestión que

solo una entrevistada expresa en su relato:

“Mi mamá le reclamaba el cheque, mi mamá era la que iba y buscaba el cheque, hasta era la que lo firmaba, o sea, mi mamá era la que manejaba la plata, el nunca, nunca decía nada. Mi papá no opinaba mucho, no se metía mucho, el trabajaba, traía su plata y sabía que todo estaba bien, pero él no se metía en esas cosas, o sea nunca decía que no, que si uno quería un lápiz, un cuaderno, uno no tenía que ir donde papá, uno siempre iba donde mamá.”(Eli, 45 años)

Frente a esta información, hay que llamar la atención sobre las dos mujeres

entrevistadas que refieren su vinculación temprana al trabajo remunerando –

desde la adolescencia- dadas las necesidades económicas de las familias:

“Yo también trabajaba con ella. Yo cuando venia del colegio y no tenia muchas tareas yo salía a donde ella a trabajar con ella, yo tenia de catorce a quince años. Cuando llegaba del colegio tenia que poner hacer el trabajo que encontraba en la casa pa hacer, hacer los oficios, a veces veníamos del colegio y nos tocaba cocinar porque a veces mi mamá salía a trabajar temprano y ella no le daba tiempo a veces de cocinar. Nosotros nos tocaba trabajar duro pa’ ayudar a mi mamá, porque como ella no tenia quien la ayudara, entonces nosotros teníamos que ayudarla” (Ana, 32 años).

“Yo a los 12 años empecé a trabajar allá en el Decamerón lavando losa de noche, iba para el colegio en la mañana, regresaba a las 12, después íbamos otra vez a las 2 y a las 5 de la tarde salíamos o 6, entonces venia, yo tiraba los libros a un lado y arranco allá para el Decamerón a trabajar” (Ene, 52 años).

Estas actividades que como se dijo antes son vistas desde y para los hombres

como una especie de campo de entrenamiento para su masculinidad, pero

no así para las mujeres, pues este tipo de actividades en ellas les implicaba

prestar un servicio para terceros con remuneración de por medio, situación

que desde el enfoque de derechos podría ser tipificada como trabajo infantil.

Asunto que desborda los limites de esta investigación cultural.

3.2 Religión y autoridad: discursos encontrados en la cotidianidad de las

familias nativas raizales

de San Andrés, islas.

Inicio este aparte con la frase: “la cabeza de la mujer en la familia es el

hombre, pero este escucha” autoría del Sr. Pomaire, hombre nativo raizal y

bautista de San Andrés, porque muestra la jerarquización entre los sexos

desde el pensamiento religioso-masculino sobre la autoridad familiar, que

soporta su respetabilidad ante los demás grupos sociales pero se encuentra

con la centralidad doméstica femenina en la práctica cotidiana. Así, aquello de

pero este escucha”, se puede leer como el reconocimiento y perpetuación de

la ya tradicional separación entre espacio privado femenino -de las puertas

hacia dentro- y espacio publico masculino -de la puerta hacia fuera- y por

consiguiente de la mujer matrona en lo doméstico.

¿No es la autoridad una función familiar del plano privado y doméstico? Como

entender la invisibilidad femenina y la visibilidad masculina en tal función?. En

Providencia es explicado por Wilson (2003) bajo el entendimiento de la

existencia de dos esferas sociales distintas en los que se mueve la

socialización femenina y masculina: la reputación y la respetabilidad, y la

distinción que eso conlleva, según Avella (2007), entre familias como

organización doméstica y como organización social. Wilson refiere que “en la

respetabilidad, la autoridad se anexa a las posiciones más que a las personas”

(2003; 258), desde la experiencia etnográfica en San Andrés en el ámbito

familiar propongo una autoridad masculina aparente referida a las cualidades

inherentes de superioridad adscritas a su condición de género, así

contemplado por los cánones de la iglesia y fuente directa de respetabilidad

ante los(as) demás. Y una mujer raizal matrona del poder doméstico en la

práctica, en el sentido de organizar y administrar las funciones familiares,

entre ellas la autoridad, entendiendo la existencia de formas familiares

transversalizadas culturalmente por su carácter extenso y en donde la mujer

es la tejedora y transmisora de tradiciones lingüísticas, gastronómicas, valores

sociales, aprendizajes domésticos y religiosos, encontrando precisamente en

ese discurso religioso, el poder ideológico que la discrimina y la inhabilita

frente a la autoridad familiar, pero cuyo ejercicio masculino no se pone en discusión desde la fé religiosa, bautista o católica. El siguiente registro etnográfico ayuda a contextualizar:

Julio 5 de 2009, en la primera Iglesia Bautista Hispana el Pastor Manuel dedica la prédica de este día a la familia, a partir del pasaje bíblico de Mateo capitulo 5 versículos: 14-16, referido al hombre como la luz en la familia. Retomo tres puntos de su emotivo discurso: a) su entendimiento sobre la relación hombre mujer en el seno familiar: “somos mujeres que nos sometemos a nuestros maridos, que no irrespetamos a nuestros maridos, y somos hombres que no maltratamos a nuestras mujeres, que tratamos a nuestras mujeres como piezas mas frágiles.” b) su llamado hacia la necesidad del castigo físico:

“sino castigas con vara, no morirás, y no me importa lo que digan los Psicólogos”. Vara que en su discurso no solo se aplica a la corrección de conductas en hijos(as) sino que también se extiende a “sacar el espíritu malo de la homosexualidad, a punta de palo podemos traerlos a este lado.” c) las palabras que muy especialmente dirige a las mujeres: “cuantas de ustedes se les niegan a sus maridos? La biblia dice no se nieguen el uno al otro” frente a lo cual se escucha en unísono un “amen” masculino en el salón y mas adelante continúa: “las mujeres pueden decirles mijo por cariño a sus maridos, pero no su hijo” reiterando con ello la natural autoridad masculina en el seno familiar.

En San Andrés la religión es un hito importante en la vida familiar e identidad de la población nativa raizal, con sólida influencia puritana desde sus primeros colonos ingleses y la posterior instalación de la primera iglesia Bautista en la isla, que direccionó la educación de la sociedad isleña hasta la llamada campaña de colombianización a principios del siglo XX, cuando se introdujeron desde el continente las primeras misiones católicas. Así resaltaba Clemente la importancia cultural de la religión: “La educación religiosa se dirigía a fortalecer a la iglesia como institución rectora de toda la vida social: negocios y relaciones familiares eran considerados como

competencia de la iglesia y el pastor-maestro aparecía así naturalmente como

el arbitro de todas las cuestiones, el líder de la comunidad. (189; 1989).

Desde mucho antes, Price en 1954, mencionaba cómo el poder central de la

iglesia desborda el plano familiar para relacionarla con las actividades de

desarrollo comunitario en la Isla, refiriendo: “se relaciona la tradición de

actividad comunal ocasionada por proyectos en beneficio de la comunidad

entera, como por ejemplo reparar caminos. Frecuentemente tales proyectos

emanan de los miembros más activos de la iglesia Baptista y se extiende a

toda la comunidad, dando la iglesia las directivas y los materiales. (21; 1954).

Más recientemente, Micolta y Christopher (2007) reafirman la influencia

religiosa, protestante y católica, como una característica de las formas

familiares nativas raizales. Castellanos y Solano (2007) por su parte, destacan

el papel de la religión en la dinamización de los procesos de participación entre

nativos(as) raizales en San Andrés “ligados más a procesos identitarios y

reivindicativos que como consecuencia de la apertura de espacios y

mecanismos de participación.” (25; 2007).

Mujeres y hombres entrevistados, desde sus experiencias de socialización en

los grupos familiares de orígenes, reconocen un modelo de autoridad

masculina - que puede estar relacionado con la ya mencionada función

proveedora también masculina - con una participación diferenciada de la

mujer como castigadora expresada en algunos relatos. Desde las vivencias de

las mujeres, esos relatos están reforzando el modelo hombre-autoridad, que

puede recaer incluso en la figura del tío. En los hombres involucra a la figura

del abuelo(a), nótese como Fred hace la diferencia en este aspecto a su

regreso a San Andrés.

Mujeres:

“A mi papá no le gustaba casi llamarnos la atención, la que siempre nos llamaba la atención era mi mamá y si había que pegarnos o algo era mi mamá, mi papá nunca nos pegaba, pues porque él con solo mirarlo a

uno, uno ya sabia que tenia que comportarse, uno estaba haciendo algo

por ejemplo y la mamá regañaba y hablaba, y uno

caso a la mamá, pero el simple hecho que él le pusiera una mirada así

de pronto

le hacia

fea

a uno, uno ya sabia que tenia que comportarse.” (Juli, 40 años)

“La

autoridad en la casa era mi mamá, ella era la que manejaba todo, mi

papá era muy tranquilo, o sea él se iba pa’ su finca, entonces cuando uno hacía algo, alguna cosa, mi mamá llamaba a mi tío, al hermano de

ella

y él era el que nos pegaba a nosotros. Quien nos pegaba a nosotros

era

mi tío pero porque mi mamá le decía. Si, el era del patio siguiente,

mi tío el hermano de mi mamá, entonces cualquier cosa ella llamaba a

mi tío y pelaban los ramos de tamarindo…y era a darnos nuestros

latigazos” (Eli,45 años)

Hombres:

“Los castigos eran de mamá, tú sabes que las mamás no son como los papás, ellos son más relajaos con uno, ellos se sientan y le dicen las cosas a uno, pero suave, a lo justo”. (Narsa, 31 años)

“Mi abuelastro mandaba a que no nos castigaran, él siempre se paraba

que no quería que nos castigaran, que nos pegaran. Pues, mi abuela no tanto, tampoco ella nos defendía, y si yo te dijera que las abuelas siempre son cariñosas con uno, o sea siempre… Ahhh! son de latigazos, a latigazos” (Emer, 61 años)

“Cuando nos castigaban, no salíamos o si no, nos pegaban de vez en cuando, son cosas que de pronto lo van a uno formando como individuo

y van pues fortaleciendo la parte de los principios y los valores ¿no es

cierto? Pero la que pegaba más era mi mamá, era la que pegaba más…Al regreso a San Andrés las autoridades se extendieron, no cambiaron sino que se extendieron, porque ahora no solamente mamá y papá ejercían autoridad sino también los abuelos de parte materna y como vivíamos en la casa de ellos en una temporada, ehh! ya ellos ejercían su autoridad, y uno no podía hacer la cara o gruñir la cara o hacer un gesto porque ya tú sabías que era disciplina corrida” (Fred,32 años)

Al contrastar estos relatos con la práctica cotidiana hoy de hombres y mujeres

en sus propias formas familiares, se podría afirmar en las mujeres un

predominio de autoridad femenina. Contribuyendo a ello el hecho que tres

entrevistadas sean cabeza de hogar y otra con largas ausencias del hombre-

padre en el núcleo familiar, coyuntura que le demanda auto reconocerse,

aunque temporalmente, en tal función, relato que destaco seguidamente:

“Bueno la autoridad más es el marido mío, bueno, cuando él no está yo soy la que pongo la autoridad aquí, porque él cuando se va dura ocho meses por fuera. Y es lo que yo digo lo que tienen que hacer mis hijos” (Ana, 32 años)

Si el patio transversaliza sus formas familiares, podría pensarse en alguna

participación de los/las que lo integran en el ejercicio de la autoridad, lo cual no

fue así reconocido por estas mujeres. Al parecer las bondades del patio para

las mujeres están más dadas desde el plano económico y en el apoyo a

labores domesticas, sin transgredir los límites mas privados de cada grupo

familiar en la autoridad.

Para los hombres el ejercicio de la autoridad en sus actuales formas familiares,

incluso para aquel que reside en pareja sin hijos, les significa el

reconocimiento de la participación femenina ya no en términos de mujer-

castigadora, como fue así vivenciado por algunos en sus familias de orígenes,

sino como opuesto complementario (Gutiérrez 1999), en el marco del discurso

religioso sobre la supremacía masculina, cuyo aprendizaje en el periodo de

su niñez y adolescencia estuvo acompañado paradójicamente por la mujer-

madre, pero dirigida públicamente por el pastor o el sacerdote.

“El hombre es el que manda en la casa ,o sea uno organiza, uno programa las cosas, como conjuntamente con la esposa, pero si uno como hombre ve que algo no está bien, que algo no se puede hacer, entonces uno como hombre es el que manda y dice: eso no debe ser así por “x” o “y” motivo, porque el hombre es la primera creación de este universo, del ser humano fue el hombre primero y después del hombre creció la mujer, entonces se está demostrando que el hombre es el primero y vamos a otro ejemplo: en el momento de Adán y Eva cuando supuestamente el fruto que comieron, es el hombre que manda, es el hombre que debe tener mas capacidad de dirigir y debe tomar decisiones, cuando el señor vino no preguntó por Eva, preguntó por Adán, Adán donde estas? porque él sabe que Adán es el que puede controlar la situación. La mujer manda en las cosas que le competen mas por leyes del mundo, que el mundo le ha asignado, el mundo le ha

asignado a las mujeres, unas cosas, quehaceres como el trabajo doméstico, la cocina y de la casa, entonces ella manda en eso”(carl,45 años).

“Bíblicamente el hombre es cabeza, eso no es que a un hombre machista se le ocurrió, eso está escrito en la biblia, vino del corazón de Dios, pero la cabeza necesita su ayuda idónea, ella toma decisiones, yo también tomo decisiones, en ese sentido si consideramos que una decisión es válida y que es buena la aceptamos, si ella lo dice, bien, si yo lo digo, bien” (Fred, 32 años)

La religión expresa formas de ver al mundo y pautas de comportamiento,

desde el género es un poder patriarcal que oprime a la mujer y un signo de

respetabilidad en el hombre nativo raizal en cuanto realza su jerarquía frente a

la mujer en cada sermón que se predica, otorgándole reconocimiento y

autoridad en el ámbito familiar. De ahí que desde el discurso religioso sea

incuestionable el papel del hombre en la autoridad, aun cuando esta en la

práctica cotidiana sea solo aparente, ante la figura de la mujer matrona. Por

consiguiente, podría plantearse la existencia de un lenguaje contradictorio entre

el deber ser en torno a la autoridad que impone la religión y lo que demanda

la práctica cotidiana de estos hombres y mujeres raizales. Lo que sería: el

ideal hombre- padre dueño de autoridad en el plano religioso frente a la mujer

matrona en el plano doméstico.

Hoy día las creencias religiosas, protestantes o católicas, se encuentra

también con las presiones económicas del alto costo de vida y la reducida

oferta laboral en San Andrés, con especial marginalización económica y social

de la etnia nativa raizal como lo expone Meisel 10 (2003), además de las cada

10 De acuerdo a este autor, “el efecto más negativo de la expansión en la actividad económica y la población a que llevó el boom turístico del período del puerto libre, 1953-1991, fue que se marginó a la población local, los raizales, de las principales actividades económicas relacionadas con el comercio y el turismo. Una consecuencia adicional fue que las actividades económicas que eran las más importantes en 1951, la agricultura del coco y la pesca, dejaron de ser competitivas, debido a los nuevos precios relativos que trajo el puerto libre, y casi desaparecieron”. (28;2003)

vez mas frecuentes mujeres cabeza de hogar y las uniones inter-étnicas, lo cual dificulta mantener la concepción hegemónica del hombre proveedor y portador único del poder familiar que sí profesa la religión. Por lo tanto se puede plantear como hipótesis el camino progresivo hacia una secularización de las familias, donde la religión pasa de ser el elemento organizador de las relaciones familiares, por lo menos en el plano de una autoridad pensada desde el hombre como proveedor, a ser una actividad más de participación social 11 para la satisfacción de necesidades espirituales.

Micolta y Christopher (2007) en la caracterización de las familias nativas raizales que hacen en San Andrés anotan los bajos ingresos familiares que apenas logran sobrepasar en algunos el salario mínimo legal, haciendo referencia a la prostitución masculina y femenina como consecuencia y a la vez respuesta a la exclusión de los beneficios del desarrollo.

Son tres las mujeres entrevistadas cuyas prácticas religiosas tienen poca participación en su cotidianidad, aun cuando todas al igual que los hombres se hayan criado en un contexto de fuerte formación religiosa. Hay que decir que son ellas mujeres cabezas de hogares, para señalar que quizás en esa dimisión religiosa no solo tienen que ver los tiempos dedicados a sus actividades remuneradas, como se expone en el capitulo de la medición del tiempo, sino también a la sanción social que ideológicamente hace la religión a esas formas familiares. Entre los hombres solo uno de ellos manifiesta su lejanía de las prácticas religiosas – entiéndase asistencia a cultos-, pero todos refirieron en algún momento de su relato la participación femenina en la autoridad y la economía familiar, aunque sea desde el modelo complementario que profesa el pensamiento patriarcal religioso.

Hombre:

11 En el capítulo de la medición del tiempo, explico que por actividades de participación social concibo aquellas asociadas a voluntariados y servicios comunitarios, que para el caso de San Andrés, por lo menos entre los(as) entrevistados(as) se restringen a la asistencia a cultos religiosos, que incluye las escuelas dominicales y las prácticas de coros.

“El isleño neto es machista, el hombre es el que manda, es mas para ellos las mujeres no deben trabajar porque ellos son los que deben mantener la casa, mantener la familia y la mujer es la que se encarga de cuidar a la hija y de hacer los quehaceres. En mi caso yo pensaba igual, ahora últimamente por lo que ella trabaja y yo trabajo, no pienso lo mismo ahora, pero ese era mi pensar y mi actuar, yo estaba antes en eso, pero se que uno no es dueño de otra persona, eso es lo que me ha conllevado a cambiarme un poquito”. (Vid, 39 años)

Mujer:

“Él se quería casar conmigo, pero yo siempre estaba indecisa, entonces yo hablé con el pastor y el me dijo estas palabras: “yo soy un pastor y de pronto te va a parecer raro que te diga esto, pero si no estás segura no te cases, porque uno siempre corre a casarse porque está en la iglesia, por taparle la boca a otra persona, yo te aconsejaría que te casaras sino hubieras hecho lo que ya has hecho, pero ya estás viviendo con él, vive con él, y si tú decides si, cásate, pero tú estás viviendo con él, ya cometiste el error, no te cases ni por la iglesia, que porque estás metida en la iglesia, ni por taparle la boca a los chismosos, o sea la gente que va a opinar, eso si , nunca dejes de ir a la iglesia, de asistir a la iglesia, tú sabes muy bien que no puedes participar en la última cena y en todas las cosas de la iglesia, pero tú puedes seguir”, y a mí me gustó mucho eso. Yo no estoy actualmente activa en la iglesia porque o sea han pasado muchas cosas y yo he estado en el mundo, o sea como te explico, yo tengo mis dos hijos sin casarme”. (Eli, 45 años)

4.

LA DISTRIBUCIÓN SEXUAL DE ROLES EN LAS FAMILIAS NATIVAS

RAIZALES

DE SAN ANDRÉS, ISLAS.

Las experiencias de crianza y socialización familiar vivenciadas y traídas a la

memoria por mujeres y hombres destacan formas familiares diversas pero

transversas por su carácter extenso en la forma de patio, con una central figura

femenina en la formación religiosa, las labores domésticas, la tradición

gastronómica y lingüística. De ahí que hable de una matrona en lo doméstico

que se encuentra con la figura masculina en la proveeduría y la autoridad

familiar así realzada por el discurso patriarcal de la religión, el cual se

mantiene en los hombres a la hora de explicar el modelo de autoridad

aparente asumida en sus actuales grupos familiares, que deja entrever desde

su perspectiva la participación complementaria femenina.

En las entrevistadas parece predominar la autoridad femenina enlazada al

hecho que mayormente conforman formas familiares integrados por la diada

madre – hijos(as). Para finalmente exponer que en ese encuentro entre las

ideologías patriarcales de la religión - soporte de la respetabilidad masculina- y

la mujer como figura central en lo doméstico, puede tener lugar la hipótesis de

una secularización de los grupos familiares, si se tiene en cuenta además el

contexto socio-económico de San Andrés, que con el puerto libre y la

consecuente llegada masiva de inmigrantes, el boom turístico, las pocas

oportunidades laborales, las cada vez mas frecuentes mujeres cabeza de

hogar y las uniones inter-étnicas no solo hicieron de la isla un espacio

multicultural sino que marginalizaron económica y socialmente la etnia nativa

raizal, haciendo insostenible el modelo de hombre proveedor y portador único

del poder familiar que profesa la religión.

En este capitulo se pasa a analizar la distribución sexual de roles entre

hombres y mujeres en su actual grupo familiar, entendiendo que la

convivencia familiar, en sus distintas formas, demanda el desarrollo de ciertas

tareas de cuidado, alimentación y atención a quienes los(as) integran, además

de la proveeduría económica que las garantice. Las prácticas tradicionales han asignado las funciones domésticas a la mujer y las de proveeduría al hombre, asunto que desde el feminismo o desde la equidad de género es el principal cuestionamiento que se hace en reconocimiento a las asimétricas relaciones de poder que contiene esa división esencialista de tareas entre hombres y mujeres, y por consiguiente la necesaria desvinculación como natural e instintiva de los comportamientos y actitudes implícitos a los roles femeninos y masculinos al interior de las familias.

La distinción entre trabajo no remunerado y remunerado (Picchio 2001; Aguirre 2005; Beneria 2006) da cuenta desde la teoría feminista, de la necesaria conexión entre la naturaleza y el papel de la reproducción social y el sistema económico, dado que “las prácticas cotidianas se engarzan en el mercado de trabajo y con las formas de acceso a la renta que regulan la movilidad, los tiempos y las condiciones laborales. La división entre hombres y mujeres en el seno de los núcleos de convivencia, del trabajo de reproducción social no remunerado constituye el núcleo central de la diferencia de género” (Picchio: 3;

2001).

El trabajo remunerado hace referencia al trabajo productivo asalariado, que formal o informalmente, constituye la fuente de ingreso para el ejercicio de la proveeduría, permitiendo a las familias adquirir los bienes y servicios indispensables para su subsistencia. El trabajo no remunerado o de reproducción social de acuerdo a Picchio, abarca el cuidado y mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de las relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia. En palabras de Puyana “del trabajo doméstico depende buena parte de la reproducción en la fuerza de trabajo, ya que se producen bienes útiles paran la subsistencia de los miembros del hogar y son indispensables para mantener bajos los costos sociales de reproducción de la fuerza laboral” (272; 2007)

Estas consideraciones sirven de encuadre analítico para entender e interpretar la exploración etnográfica y discursiva sobre la distribución sexual de roles entre hombres y mujeres nativas raizales en sus actuales formas familiares, hecha a partir de las categorías de proveeduría económica, trabajo doméstico, formación sexual y acompañamiento a la escolaridad de hijos(as) para los(as) que son padres y madres.

Meternos en los análisis discursivos de estos hombres y mujeres, demanda primeramente tener en cuenta dos cuestiones: los(as) integrantes de sus grupos familiares y los contactos interculturales de los(as) entrevistados(as). Lo primero, nos lleva a destacar el predominio de las entrevistadas que ejercen la jefatura de su hogar, por la doble jornada que les toca asumir entre trabajo remunerado y no remunerando, que ellas matizan con los favores que reciben del patio para el cuidado de hijos(as) y la preparación de alimentos, pero que se hizo visible en la medición del tiempo de sus actividades en un día laboral y de descanso. Lo segundo, referido a la salida temporal de la isla hacia el continente por diversos motivos, entre ellos el estudio principalmente, porque supone la posibilidad de alimentar y contrastar creencias y prácticas culturales distintas.

De acuerdo a los relatos, esos contactos fueron fundamentales para la educación técnica o universitaria en los hombres, lo cual les potencia mejores oportunidades laborales a su regreso a San Andrés, pero no se observa un impacto en la configuración de las relaciones que establecen entre géneros hoy día en el ámbito familiar. Los relatos están mostrando que en la distancia se reforzaban los nexos religiosos, discurso que oprime a la mujer, y las tradiciones lingüísticas y gastronómicas que los define e identifica como grupo étnico. Quizás mientas mas temprana e intensa sea la salida de San Andrés mas marcadas y profundas podrían llegar a ser esos cambios, asunto que si bien amerita mayores desarrollos investigativos, encuentra un punto de arranque en la experiencia del único hombre que vivió una parte de su infancia

fuera de la isla y que hace la diferencia positiva frente al resto de los

entrevistados en el tema de la formación sexual recibida.

También es importante precisar, el nivel educativo y el tipo de trabajo

remunerado realizado por los hombres y mujeres entrevistadas. Entre los

hombres el mínimo nivel educativo alcanzado fue bachiller académico completo

y el máximo la formación posgraduada en la modalidad de especialización.

Todos realizan trabajo remunerado, tres de ellos desempeñándose de forma

dependiente como: Psicólogo, Inspector y almacenista y dos trabajadores

independientes, uno como profesor a domicilio y el otro administrador de

posada nativa. Entre las mujeres, el mínimo grado educativo alcanzado fue

bachillerato incompleto y el máximo nivel, técnico. Una de ellas labora de forma

dependiente como secretaria ejecutiva, tres trabajan como independientes en

los servicios domésticos, manicurista y modistería, y una no realiza trabajo

remunerado. Este panorama aquí descrito se constituye en si mismo en un

primer indicador de las desigualdades existentes entre los hombres y mujeres

entrevistados(as).

Desde las prácticas y experiencias en sus respetivos grupos familiares, en los

hombres el ejercicio de la proveeduría económica incluye inevitablemente la

participación femenina como oportunidad para subsistir en medio de los

cambios socioeconómicos que ha sufrido la isla, afirmación que hacen tanto

los menores como mayores de 40 años y que significa más el reconocimiento

de los necesarios ingresos para la economía familiar que la valoración de esa

función como responsabilidad también femenina, evidenciable en la distribución

diferenciada que hacen de los ingresos en el hogar. Tal situación implica una

transición frente al modelo de proveeduría masculina recibido en la infancia y

una práctica en contravía frente a las ideologías religiosas. Seguidamente

algunas de sus expresiones textuales:

“Al principio era yo solo, pero ahora los dos trabajamos, entonces entre los dos. La distribución de la plata, pues yo a veces gasto en cierta cosa y ella en cierta cosa, esa cosa puede ser lo de la educación de mi hija, la parte de la comida, los servicios, en el transporte de mi hija,

compartimos, a veces yo gasto mas que ella, a veces ella gasta mas que yo, todo depende”. (Vid,39 años)

“Ambos, gracias a Dios trabajamos. Eso lo hemos hablado ella y yo, nos colaboramos mucho en ese sentido, por lo general ella se encarga de lo que es directamente la parabólica, que sale muy económico, lo que es la luz que también sale muy económico, colabora con lo que son los bastimentos, me colabora mucho con eso! y lo que son los utensilios del hogar, o sea lo que es jabón, papel higiénico y eso. Pues ya yo voy con la carga en ese sentido, con lo que es el alquiler del apartamento, lo que es pagar a la muchacha de servicio, lo que es lo demás de la comida, lo que son carnes y eso.” (Fred, 32 años)

“Mujer y hombre. Quizás decidimos en un momento determinado que las cosas económicamente se ponen difíciles, uno dice no, yo voy a pagar los estudios del niño y el teléfono y ella dice no, yo voy pagar la luz y comprar el gas y cosas así”. (Carl, 45 años)

Por el lado de las mujeres se manifiesta una proveeduría mayoritariamente

femenina, en correspondencia a las formas familiares con jefatura femenina

que predomina entre las entrevistadas. Para aquella que convive en pareja la

proveeduría es un ejercicio compartido entre hombre y mujer. Y para la que

convive con esposo e hijos(as) es una función masculina, relato que transcribo

a continuación, no sin antes contextualizar que es una mujer cuyo nivel

educativo alcanza el bachillerato completo y que aun cuando trabajó desde la

infancia para ayudar económicamente a la familia, hoy no ejerce trabajo

remunerado, desempeñándose como administradora de los ingresos

masculinos en el hogar. Lo cual resulta interesante, pues nos estaría

confirmando la sospecha sobre la preponderancia femenina en la

administración de los recursos, enunciada cuando se analizaban los modelos

masculinos proveedores observados por los(as) entrevistados(as) en sus

familias de orígenes. Y por supuesto el papel de mujer-matrona en el ámbito

familiar.

“Él es el que trae la plata a la casa, o sea yo cuando él me manda la