 Ramón Hernández Martín O.P.

Dialogando: Juan y Pablo Angarmegia: Ciencia, Cultura y Educación

DIALOGANDO: JUAN Y PABLO
Ramón Hernández Martín, O. P

Contenido

Introducción ...................................................................................................................... 5 Texto del Primer diálogo .................................................................................................. 9 CONCLUSIÓN .......................................................................................................... 11 Texto del Segundo Diálogo ............................................................................................ 13 RESUMEN ................................................................................................................. 14 RESUMEN DE RESÚMENES .................................................................................. 15 DESPEDIDA .............................................................................................................. 15

Introducción
- No puede ser, me dirás. Lo digo por el tiempo en que ambos escribieron sus doctrinas. - Lo dejaron escrito, y lo escrito, escrito está. Antes de escribirlo lo vivieron y predicaron. - Parece un desafío entre los apóstoles, que más y mejor hablaron sobre el amor de Dios y de Jesucristo. - Pero fue así, una vez que coincidieron sin muchas prisas, y pudieron con cierta calma dialogar.

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 9

Texto del Primer diálogo
Atardecía en Éfeso el 30 de enero del año 64.

PABLO.- Pues mira qué suerte, encontrarme hoy contigo, Juan. Tanto tiempo lo he deseado. Vengo fatigado del pesado viaje por mar y tierra desde Macedonia, pero muy contento: las comunidades cristianas responden. Están preparadas para todo lo que venga. Mucho se habla de los exabruptos y caprichos y vicios del emperador Nerón. Su mando sobre el Imperio está lleno de asesinatos, de los que no se ha librado ni su madre, ni su mujer (algunos añaden que estaba en cinta), ni su hermanastro. Todo lo que le molesta de cualquier modo que sea, se lo carga. Nadie sabe hasta dónde llegará la sangre. Mis comunidades cristianas están muy prevenidas. JUAN.- Mucho he oído de tu apostolado entre los gentiles: Que has llegado hasta España, el extremo de occidente. Me gustaría mucho oírte, pero vienes cansado. Lo mejor es que tomes algo y te acuestes aprovechando bien estas noches tan largas y frías de mediados del invierno. PABLO.- Eso de ninguna manera. Tomaré algo, sí; pero estoy habituado a largas vigilias por el bien de las Iglesias. Ahora será por mi propio bien. Quiero oírte, pues siempre nuestros pocos encuentros han sido de verte, saludarte y ¡adiós, muy buenas, que nos espera un urgente y duro trabajo! Si no te importa, y si te agrada, podíamos aprovechar ahora, que la noche es larga. Porque mañana, nadie sabe qué otra urgencia nos puede apartar. JUAN.- Yo, encantado. Quiero disfrutar de tus experiencias con Cristo, nuestro Maestro. He oído que se te revela con frecuencia, y que tu amor a Él te da fuerzas para los apostolados más duros, y de mayores peligros. Quizás, para no divagar, podamos centrarnos en esto. Comienza, pues; soy todo oídos. PABLO.- Juan; tú eres mayor. Es fama que eras el discípulo amado, predilecto, del Señor, Jesús; que te recostaste en su pecho durante la Última Cena, aquella Cena

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 10

Pascual por antonomasia. Dicen que es tu tema preferente o casi único, la caridad, el amor cristiano. Hablemos de esto, pues es el motor de todo apostolado. Pero, por esa misma Caridad te lo pido: Empieza tú. JUAN.- Es mi tema; es mi único tema en las predicaciones y exhortaciones a creyentes y no creyentes. Si algún día tengo que escribir, escribiré sobre el AMOR. El Evangelio, que pienso escribir, cuando vea que debo hacerlo, será EL EVANGELIO DEL AMOR. Algunos me dicen que cambie de tema al menos alguna vez. Pero les digo, y redigo: “es el mandato del Señor; si lo cumplimos, nos basta para vivir a Cristo en la tierra y para gozarlo en el Cielo”. PABLO.- Yo soy más práctico. Y se lo digo así a los que me oyen y a los que escribo: “Ayudaos mutuamente; llevad unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo”. Y lo seguiré repitiendo en mis predicaciones y en mis nuevas cartas. Es el tema de la caridad cristiana que nunca nos debe faltar. Pero céntrame más en ese tema. Dime algunas de esas expresiones famosas tuyas que tanto excitan a los oyentes. JUAN.- De acuerdo. La noche avanza y no debemos ser largos. Digamos algo esencial. Mañana u otro día podemos continuar. Sólo te pido ahora que tú me corrijas, y que plasmes también tu pensamiento en frases sencillas y conmovedoras, que sé, y es fama, que lo haces por las comunidades que recorres, y en las que vas fundando por toda Europa. Mira; a mí gusta decir y repetir, y explicar y volver a insistir en el contenido de este mi pensamiento: “En esto está el amor: en que Él nos amó primero”. [[Lo escribirá en I Jn 4, 10]]. PABLO.- Muy fácil, porque Él existió primero. JUAN.- No es eso sólo. PABLO.- Será porque su amor es la causa del nuestro, que es una participación del suyo, que es Infinito y único verdaderamente Pleno. JUAN: Eso es verdad y yo lo predico así, y con toda mi fuerza: “¡Dios es AMOR!” [[lo escribirá en I Jn 4,8]] Pero, volviendo a mi primera frase, hay todavía algo más. Jesucristo nos amó, y esto parece increíble, nos amó cuando nosotros éramos sus enemigos. El pecado nos hace enemigos de Dios. Cuando estábamos hundidos en nuestros pecados, Él dio, el primero, su paso de amor hacia nosotros, para sacarnos del atolladero y ofrecernos su amistad. “Nos amó –y más

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 11

humanamente increíble todavía, Pablo- nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” [[lo escribirá en I Jn 4, 10]]. PABLO: Esto yo también lo he repetido en mis predicaciones: [[Rom 5,8]]: “En esto está el amor de Dios, en que, siendo nosotros pecadores, murió por nosotros”. JUAN: Parecemos gemelos, Pablo; al menos en este tema no sólo estamos de acuerdo, sino que tenemos las mismas vivencias. PABLO: Pero hay matices que no conviene olvidar, Juan. Yo resalto, por ejemplo un matiz, que ha prendido en la mente de los míos, porque les toca el corazón y los une más a nuestro Maestro Jesucristo. Y es que Jesús no sólo dio el primer paso y no sólo nos amó, sino que nos amó hasta la muerte, y no una muerte cualquiera, sino una muerte la más horrenda y humillante: una MUERTE DE CRUZ. JUAN: Esa precisión o esas precisiones, aunque nosotros las tengamos muy presentes, las tenemos que expresar y repetir en nuestros sermones y catequesis, porque traspasan el alma y nos hacen apreciar más el amor de Cristo por nosotros y nos impulsan entregarnos más a Él. PABLO: Es que en verdad podemos preguntarnos: “¿Quién muere por sus enemigos? Por los amigos es más fácil de comprender. Pues bien, nosotros éramos enemigos”, y Jesucristo murió por nosotros. Es muy de noche; después de esto ya puedo dormir tranquilo, como en la misma gloria celestial. Mañana ¿podríamos continuar? JUAN: Yo tampoco puedo más. Esto ha sido tan lleno y tan intenso que es necesario descansar para digerirlo por entero. ¡Hasta mañana!

CONCLUSIÓN
En verdad Juan y Pablo están viviendo la misma realidad; cada uno la expresa a su manera, y nos animan a una conclusión: Dios nos amó según todo su ser; nosotros debemos amarlo según todo nuestro ser.

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 13

Texto del Segundo Diálogo
Amanecía en Éfeso el 31 de enero del año 64. JUAN.- Mucho has madrugado, Pablo. Cansado del viaje, escuchando luego mis ocurrencias nocturnas; es para pensar que algo te inquieta. ¿Alguna pesadilla sobre tus iglesias? Te he oído alguna vez hablar de la “preocupación por las iglesias”. PABLO.- No lo puedo evitar Juan. Desde hace algún tiempo de la subida al trono de Nerón, el recuerdo de sus asesinatos a sangre fría de hombres importantes y de miembros de su familia, me vienen con frecuencia sueños de Nerón con aspecto de un monstruo enfurecido, sediento de sangre, hundiendo su cortante espada en los cuerpos de los cristianos. JUAN.- Los sueños, sueños son, Pablo. Te veo con el hato preparado para un largo viaje. ¡Eres capaz de volver a Roma, a la boca del dragón! PABLO.- Tienes razón Juan. Por eso quiero ir acercándome a Roma, para estar con los míos en los momentos más duros. Pero me acercaré con calma, visitando a las iglesias, para confortarlas en la fe, y pedirles mucha oración por todos por creyentes. No obstante quiero salir de Éfeso con el ánimo bien templado, pensando en el AMOR de Jesucristo, nuestro Maestro. Dame uno de tus pensamientos a este propósito, Juan. JUAN.- No me canso de decirlo: “Hijitos míos; mirad qué amor nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad” [[lo dirá en I Jn 3, 1]]. PABLO.- Por las prisas en que me encuentro, no voy a comentarte. Te corresponderé con otro de mis pensamientos afines al tuyo y que más repito: “Dios nos dio todo lo más grande y lo más apreciado por Él y lo más precioso en absoluto: su propio Hijo”. Lo escribí en Rom 8, 32. JUAN.- También yo he predicado eso mismo con otras palabras: “El amor de Dios hacia nosotros se manifestó en que Dios envió al mundo a su Hijo Unigénito,

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 14

para que nosotros vivamos por Él” [[Lo dirá en Jn 4, 9]]. PABLO.- Lo que me da una intensa y tranquilizante confianza es lo que dije en Rom 8, 28: “Dios hace concurrir todas las cosas en bien de los que lo aman”. Pensando en lo me espera y nos espera en Roma, repetiré en cada iglesia estos puntos de meditación. JUAN.- Te dije ayer noche que pensaba, cuando sienta el momento, escribir El EVANGELIO DEL AMOR. Y pienso empezar de golpe. Nadie ha conocido a Dios, ni el mayor de los filósofos. Éstos han dicho algo, pero no han entrado dentro de lo que verdaderamente es Dios. “Sólo el Verbo, Jesucristo, que ha estado y está en el seno del Padre es quien nos lo ha dado a conocer”. Así de claro lo diré. Dios es esencialmente Padre del Verbo, y a los que creen en su Hijo, Jesucristo, los hace verdaderamente hijos suyos, “hijos de Dios”. PABLO.- Lo he escrito en Rom 8, 15-17 y en Gal 4, 6: “hemos recibido el espíritu de hijos por adopción, por el que podemos llamar a Dios Abba, Padre”. JUAN.- Yo suelo expresarlo con más sencillez y como invitando a la plena confianza e intimidad: “fijaos qué amor tan grande ha tenido Dios con nosotros que le podamos llamar Padre, y que lo sea de verdad” [[lo escribirá en I Jn 3, 1]].

RESUMEN
JUAN.- Pablo; te veo muy inquieto. Te acompañaré siempre con mis oraciones. Te ofrezco como resumen otro de mis pensamientos, esperando que correspondas con uno de los tuyos. Éste es el mío: “En esto está EL VERDADERO AMOR, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos ENVIÓ A SU HIJO como propiciación por nuestros pecados” [[lo escribirá en I Jn 4, 10]]. PABLO.- Voy a atreverme a completar a mi modo ese valiosísimo pensamiento: “Si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo Jesucristo, mucho más, una vez reconciliados, seremos salvos en su Resurrección”. Lo escribí en Rom 5, 10. Pero, por favor, y mejor por caridad, dame en una frase breve y fácil de retener, una especie de resumen de todo resumen. Tú eres de los pocos, o quizás el único que lo sabe hacer.

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 15

RESUMEN DE RESÚMENES
JUAN.- Muchas gracias, Pablo; lo haré. Pero te voy pedir una última cosa. Tengo que visitar ahora a algunos enfermos de esta comunidad. Tú repón ahora fuerzas; recibe lo que te demos para el duro y largo viaje, y espera a que yo vuelva, pues deseo acompañarte hasta la salida de la ciudad; incluso antes has de hablar al menos a los presbíteros y diáconos, que desean saludarte y recibir tus consignas para todos los hermanos. Este es, pues, mi resumen de resúmenes, breve y fácilmente memorizable, tal como me lo has pedido: “Dios es Amor” [[lo escribirá en Jn 4, 16]]. Perdona; ya te lo dije antes, pero no encuentro una frase tan breve y mejor.

DESPEDIDA
Pablo ha enfervorizado a los presbíteros, diáconos y a algunos de los fieles con su invitación fuerte a estar unidos a Cristo en la posible gran adversidad que nos espera a los cristianos, y no pudiendo evitar las lágrimas se despide hasta la eternidad. El contagio fue inevitable. Todos lloraban y pedían a Pablo no los olvidara en su íntima y profunda amistad con Jesús. Pablo iba a salir de Éfeso hacia el norte, pasaría por Esmirna y las otras comunidades, y se trasladaría luego a Grecia, acercándose con calma a Roma. Hasta la salida de Éfeso lo acompañaría Juan; un cristiano muy servicial de la comunidad se prestó para llevarlo con una borrica hasta Esmirna; otro deseaba acompañarlos hasta que se despidieran los dos apóstoles, y se volvería, acompañando a Juan. JUAN.- Dales, Pablo, una consigna de despedida, ahora que tienes a tantos reunidos; eso los confortará en la tristeza de ver que nos abandonas. PABLO.- Os llevo muy dentro del alma. No me olvidaré nunca de vosotros. Nuestro consuelo es Jesús; es su amor indefectible: En efecto “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que Él nos ha dado”. Ese amor no nos falla ni nos fallará jamás.

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 16

Adiós, Pablo; no nos olvides nunca; ruega a Jesús por nosotros. JUAN.- Vamos ya. Los dejas llorando. Dales tu bendición. Emprenden la marcha; saludos con las manos, hasta que se pierden de vista. JUAN.- Buena consigna. El amor mutuo es lo principal. Se lo digo con frecuencia: “Hijitos míos, amaos los unos a los otros”; porque “si Dios nos amó tanto, hasta entregarnos a su Hijo, también nosotros debemos amarnos hasta entregarnos lo que más amamos, la vida” [[lo escribirá más o menos en I Jn 4, 11]. Ya te había dicho; repito muchas veces lo mismo. A la salida de Éfeso, la despedida de los dos apóstoles; sin palabras, por la gran emoción; los acompañantes se percatan de ello y se contagian. Ninguna palabra; bendiciones, gestos con las manos. ¡Adiós… Adiós! De vuelta, después de un buen silencio, el compañero de Juan, su discípulo, suelta su palabra. DISCÍPULO.- ¡Qué maravilloso este Pablo! Da la impresión de tener una sabiduría inagotable! ¿Cómo podría yo conocer más y mejor su doctrina, tan sublime, y al mismo tan íntima, que llega hasta el alma y se queda como exigiendo que la consideres una y otra vez? JUAN.- Él ha dejado en sus cartas algunos pasajes como cánticos que sintetizan su doctrina, y frases lapidarias imborrables, que las puedes parafrasear en cualquier momento, cuando quieras, porque siempre son oportunas. DISCÍPULO.- Dime un solo cántico como esos que tú dices que condensan muy didácticamente su doctrina o una parte importante de ella. Y, si te da tiempo en nuestro camino hasta casa, una sola frase de esas que tú llamas imborrables de la memoria y que siempre es oportuno recordarla para sí mismo o para los demás. JUAN.- Las cartas de Pablo son famosas; las leemos en las iglesias. Su doctrina general la sabemos todos o la mayoría. Es el amor del Padre, es el amor de Cristo hasta la muerte… Pides un solo ejemplo de himnos, entre los varios que tiene. Uno es el que se llama entre nosotros “Himno a la caridad”, que puedes verlo en I Cor 13, sin olvidar su preparación en el cap. 12. Ahí lo tienes; repásalo. Una sola frase lapidaria. Ocurre lo mismo, porque son muchas, pero no viene mal por su practicidad la siguiente: “ayudaos mutuamente, hermanos; llevad unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo”; está escrita en Gal 6, 2. Me la soltó cuando hablábamos los dos a solas. Quizás le pase como a mí: nos

MEDITACIONES - Dialogando: Juan y Pablo por Ramón Hernández Martín, O. P - 17

repetimos. En la doctrina de Cristo está todo tan unido; es un todo muy compacto; niegas un punto, y lo niegas todo; se te graba de verdad un punto en el alma, y lo entiendes todo, por la luz del Espíritu Santo, que invade a los que de verdad creen y aman.
.

 Ramón Hernández Martín O.P. Dialogando: Juan y Pablo Angarmegia: Ciencia, Cultura y Educación

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful