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i CELT Ree ee tee are prereset rane eae Da rnc ee eens Graciela junto a su hijo Bruno, Desde ef comie Dea ean a eee oes ee aT ey ae ran eee eee era er at aes See erences i) an ene en et ener ener eee ee rere ere tiey Shes un eects Pe eet nes E importante de eu vida. En el afl 2004 se integré awe EG INN 4 taller literario de Cecilia Beuchat, al cual sigue asis. r BO N orice eran eat ngetinrsms a L > Panenerenee ye a earns ales > ~ Tne eae Cam Le OG ROS’ Se ee Pee ce isan an. IF OSs Oats pile eae ae iii © WEN : i LA VECINA. DN rerrasrssina ealidscheidiaide casa con tanto apuro que parecia que alguien hubiera gritado “fuego” en alguna parte. Eso era raro en ella, Nor- malmente se conducia con mucha calma, cexagerada calma, casi como si estuviera actuando, con su pelo escarmenado, la ropa anticuada, los cachetes inflados y Ja boca fruncida, Habja legado hace un par de afos al bartio y de inmediato se habia acercado a nosotros para presentarse. Parecia ser muy formal y compuesta, pero yo pude ver cémo por el rabillo del ojo examinaba con avidez todo el living de mi madre y su vestimenta. Mientras las dos conversaban, me dediqué a analizarla. Era una mujer de apariencia muy corriente, de voz suave y pausada, y extremadamente seria. En todo el tiempo que estuvo en la entrada de nuestra casa, en ningtin momento me dirigié la mirada ni la palabra, sin embar- g0, hacia el final de la conversacién me pellizeé con fuerza la mejilla sin mirar- ‘me, gran proeza~, comenté que yo estaba demasiado flaca, que deberia cuidarme, y se marché. En esos pocos minutos logré destacarse, en mi opinién, como una de las personas més antipaticas que conozco, Jo cual fue bastante inconveniente, porque en medio de todo ese palabrerio mi madre terminé invitandola a sus clasicas onces. de cada mes. No tuvo que pasar mucho tiempo para } que mi mamé se arrepintiera. En esas __ocasiones, en que sus amigas acudian para bordar o tejer y “liberar el estrés” por medio del intercambio de infor- macién relevante, y yo ayudaba a servir tostadas con mermelada y té, la vecina desentonaba estrepitosamente. Llegaba puntual a cada cita, es cierto, con un uchen 0 un queque bajo el brazo, pero Iuego se sentaba, se comia todo lo que hubiera a su alcance, no pronunciaba palabra, repartia miradas inquisidoras, enredaba su tejido y hacfa que todas las emis suspiraran incémodas. La verdad es que la vecina aportaba menos que un mueble, pero estoy segura de que ella se consideraba la perla del evento. Al despedirse, invariablemente sefialaba, satisfecha: “Un gusto, como siempre”. Nunca entendimos por qué venia, pero ahi estaba, cada mes, como la luna llena, y yyano haba forma de desinvitarla sin ser des- cortés, que era algo que mi madre en general evitaba a toda costa. Por suerte, tampoco habia ocasién de verla en otros momentos, el resto de su tiempo pasaba recluida. Fue por eso que nos sorprendié tanto que a principios de esa semana, saliéndose de su rutina, se presentara ante nuestra puerta y nos invitara a visitarla, Mi mam intenté excusarse, pero ella insistid, y lo curioso es que ni siquiera entonces fue agradable. Iba a dar una comida el domingo ~celebrar su cumpleafios, ma- trimonio, funeral o aniversario de algo-, y fie imposible convencerla de que no podfamos. Me parecié extrafia su insis- tencia. Me quedé pensando en que quizis se habia aburrido de estar sola -nunca se ve a nadie entrar o salir de su casa, y para nuestra desgracia, probablemente mi mamé era lo més parecido que tenfa a una amiga. Eso me dio un poco de pena, pero después me acordé de su cara al co- merse todos mis panes, intentando que no se notara, tapdndose la boca con una servilleta mientras tragaba, y se me pasé. El sabado volvia sorprenderme cuando via la vecina salir casi corriendo de su casa, vestida con un traje de dos piezas de color morado oscuro y unos zapatos diminutos que obviamente no habian sido hechos para trotar. Se veia incémoda, y mientras yo regaba las plantas, me puse a pensar en el problema de la gente que, al igual que esos zapatos, no ha sido disefiada para hacer deporte; como mis compafieras que se tropiezan en ver de patear la pe- Tota cuando juegan futbol o lanzan hacia un atrds en véleibol, o yo misma que tiendo a ahogarme cuando hago mucho esfuerzo fisico. La reflexién hubiera llegado hasta ahi si no hubiese sido porque en un mo- ‘mento dado pasé al lado mio, golpeando el pavimento con sus tacos, con tan mala suerte que se resbalé en el charco deagua que habfa empezado a formarse y cay6 al suelo lanzando un bufido espantoso, con la gracia de un hipopétamo. Aunque, la verdad sea dicha, un hipopétamo hubiera sabido caer mejor porque habria estado en su elemento. En todo caso, se puso de pie répidamente, mirando hacia todos lados, asegurindose de que nadie la hubiera visto. Al verme ahi con una sonrisa involuntaria, su mirada se llené de enojo, pero no dijo nada y se alejé a paso ligero. ‘Mi madre jamds me perdonaria si llega- baa enterarse de que la dejé ir asi, por lo que con un suspiro corté el agua y parti dispuesta a pedir disculpas, aun cuando en realidad no hubiera sido culpa mia. No pretendia seguirla muy lejos tampoco, si se subfa a una micro no me iba a subir tras ella, Un par de cuadras més adelante repen- tinamente se detuvo y se dio vuelta para mirarme, y me encontré con que no pude decirle nada. Su expresién era pérfida. Luego de algunos segundos de medita- cién, me llamé con su vor pastosa: ~ {Vas al almacén? Le dije que si, por decir cualquier cosa. Gran error. Bien, ;tal vez puedes ayudarme a traer algunas cosas para mafiana? Lo dijo en ese tono que parece pregunta pero que en realidad no deja espacio para 4 negarse. Se puso a caminar como si nada, y yo, sin alternativa, tuve que seguirla. ‘Asa hora andaban unas cuantas personas en la calle, No pude dejar de notar que cada vex que alguien intentaba adelantara a vecina, ella repentinamente se cambia- ba de lado, en un andar zigzagueante, de modo que la persona en cuestidn chocaba con ella. Entonces se daba vuelta, y con tuna sonrisa muy dulce —que a mi me daba escalofrios— pedia disculpas. Pero lo hizo demasiadas veces como para que pasara por casualidad. Me envolvi bien con la chaqueta y lamenté que mis papas no hubieran querido comprarme un celular. No sabia en qué me habia metido, lo mejor seria intentar volver lo mds pronto posible a la casa. Una veren elalmacén, compré seis huevos y mantequilla, porque se me ocurrié que son las cosas que normalmente escasean y ee que asi nadie sospecharia de mi, y ademés porque no mealcanzaba para nada més. Pero hhabria dado lo mismo si hubiera comprado avellanas, jurel y champatia, porque la vecina no me presté la mas minima atencién en todo el proceso. En la caja pude ver lo que Ilevaba ella: botellas varias —de bebidas y de productos de limpieza—, cosas de aperitivo y frutas como si fuera a alimentar a un cuartel completo. Al momento de pagar, se dio cuenta de que se habia olvidado de pesar las naranjas, las peras, los plétanos y las manzanas, 0 sea todo lo que llevaba que habia que pesar. Se demoré un montén en volver. La gente que hacia fila -habfa una sola cajera~ no podia creerlo, Lei en sus labios varios epitetos ofensivos. Cuando por fin salimos de alli, con- vocada por un amoroso “jvamos!”, cada una cargada con sendas bolsas, decidié hablarme de nuevo. 16 -£Tu nombre? Eso no era ni siquiera una pregunta. ;Que- ra saber mi nombre?, pues que aprendicra a preguntar. Ademés, era el colmo que no lo supiera ya. Y mientras tanto, las bolsas no se hacfan més livianas. Segui caminando. He dicho que cudl es tu nombre. No era cierto, eso no era lo que habia dicho, pero su tono no me parecié el de tuna persona que pudiera apreciar la pre- cisidn en el lenguaje. Marta -le respondi. Ningiin comentario al respecto. Tanto mejor. Los brazos se me empezaron a acalambrar y el sudor en las manos hacia que las bolsas se pusieran resbalosas. El paso rapido de la mujer estaba a punto de aniquilarme. Me iba sintiendo cada vez mis insignificante, un piojo escoltando a un matapiojos, pero al igual que todas las cosas malas, la travesia terminé por fin, Josenna nur castnso ~zLe dejo las cosas aqui en la puerta? —pregunté exhausta. ~:No las puedes dejar dentro? ~casi reclamé. Asi que tuve que entrar. Iba a dirigitme alliving, pero ella me detuvo bruscamente: Ahi -y sefialé la puerta de la cocina. ‘Avancé obedientemente y deposité mi carga sobre la mesa. Para mi gran horror, tuna de las bolsas no quedé bien asentada y-su contenido rodé hasta caer al suelo. Y para coronar, el contenido que més rodé y que més fuerte cayé fue una botella de vino que se hizo afiicos contra las baldosas. El terremoto no se hizo espera. ~jNifia estipida! {Mira lo que hiciste! =me grité con un vozarrén ronco y és- pero, muy distinto del tono que le habia conocido hasta ahora. Yo la observaba, incapaz de reaccionar. Queria salir corriendo, pero no podia. La — mujer se habia puesto roja y pronto echaria espuma por la boca: el especticulo mas horripilante que hubiera visto jams. “Qué mujer mas espantosa”, pensé, “parece salida de un cuento de terror...”. Fue entonces que, con un escalofrio tremendo, me di cuenta de que la persona que tenia frente a mi no era un ser humano. Era un ogro, 0 su versi6n femenina, una ogresa con todas las de la ley: odiosa, grotesca, rabiosa y que ademas olfa mal, muy mal. Ahora, tras el paseo y con el calor, podfa advertirlo, Sin verrugas en la cara ni colores verdosos, pero con muchos pelos en el mentén, y no habfa nada que alguien pudiera decir que fuera a convencerme de lo contrario. Todo ccuadraba: vivia sola, habia recomendado a mi madre que me pusiera a engordar, su ‘manera de molestara todos los que podia, su reticencia a dejarme entrar a una pieza donde probablemente se habia dado su Ailtimo festin... {Qué horror! Esta era una verdadera pesadilla. Cualquier experto habria podido ratificar mi conclusién, listima que no conocia a ninguno. y WAN RUTH AX WN (« AN YD (@ ( yy) Una vez que la comprensién vino a mi, el movimiento también lo hizo. Sali cortiendo y no paré hasta llegar a mi casa. En la noche tuve que encender el es- pantacucos que no habja usado en afos. Era imposible dormir, impensable. Tenia que encontrar una excusa para no ira la fiesta del dia siguiente en casa del ogro, para que nadie de mi familia fuera. No queria terminar como plato principal del festejo. No se me ocurrié ningéin plan brillante, y eso que estrujé mis ideas hasta que los pajaros dejaron en claro que se habia hecho de dia. Solo pude levantarme a las doce. Mi mamé no me miré con una cara muy amable que digamos cuando apareci por la cocina, pero realmente, zqué culpa te- nia yo? Todo mi desvelo habia sido por una buena causa. Para liberar tensiones y ponerme creativa, después de almuerzo Ose PP CAST fui ala plaza.a columpiarme. Eso siempre me ayuda a despejar la cabeza. No se veia un alma, lo cual era bueno, porque podia pensar a mis anchas. El problema fue que tan a mis anchas pensé, que los pensamientos terminaron esca- pandose a cualquier lado. Estuve mucho rato dedicada a observar: una nube gorda que parecia un crucero transatlintico, la estela blanca de un avién a chorto, los andariveles que apenas se divisaban en la nieve a lo lejos y también escuché el can- to llamado y respuesta~ de dos péjaros invisibles. En un escenario como este, con un columpio a la mano, zquién podria contemplar algin peligro? Sin duda el paseo sirvié para calmarme, pero no para encontrar una excusa que nos permitiera faltar al compromiso en la noche. Més tarde, camino a la casa, divisé por casualidad el auto de la vecina en el centro 2 dal barrio, Estaba estacionado en fosala vez. Habria pensado que era sino fuera porque ya ka conocia, ‘maneras era intencional. Eso me ‘de bastante mal humor, pero también dio fuerzas para hacer lo tinico sensato ppodia hacer. Hablaria francamente con ‘mi mamé y le expondria la situacién, Sin ‘duda se pondria de mi lado y tal vex hasta irfamos ala comisaria a poner una denuncia. ‘Nuestra conversacién no fue lo que imaging. Me miré con ojos como platos y tuvo que contenerse un poco para decirme: Marta, entiendo que la vecina te caiga mal, yo tampoco la encuentro tan simpé- tica. Pero andar diciendo que es... tuna ‘ogtesa? ;No te parece mucho? Después me miré otro rato y meneé la cabera. —Cualquiera diria que tienes cinco afios. Ahora anda a tu pieza y te pones i 2 {JOSERNA MEP cASTILO algo bonito para celebrar a la vecina. Yo le compré un ramo de flores. Ja. fFlores para un ogro! Seguro las bota- ria ala basura o las usaria para acompafiar el “pernil de Marta al aji”. Por lo menos seria un plato bonito y mi mama podria arrepentirse todo lo que quisiera cuando. se lo pusieran delante. A pesar de la mala recepcién de mis inquietudes, conclu que era la tinica en Ja familia con el conocimiento necesario para mantenernos a salvo. Respiré hondo, tenfa una responsabilidad para con ellos. Mearreglé lo mejor que pude, escondi mi cortaplumas en el calcetin y sali a enfrentar nuestra suerte. 2 LA PETICION (IMPUESTA) BOE cacaeanncialoscaiia els y tocamos el timbre. Nos recibié ella muy circunspecta, su pelo més escarme- nado que nunca, su atuendo tan formal ‘como siempre: otro traje de dos piezas, esta vex, negro, y con collar de perlas. Fue relativamente amable y entramos sin mayor sospecha de que algo raro estuviera sucediendo; por parte de mis JostnNa Herr easTio padres, claro, porque yo estaba en alerta maxima, No sucedié nada interesante hasta que centramosal living. La tiltima vez que estuve ahi no habia podido, pero ahora me fijéa mi antojo y vi que la pieza era alba, relu- ciente, inmaculada, aséptica: sospechosa. ¢Habria estado igual la vez pasada? ;O por alguna raz6n habia tenido que limpiarla? Imposible acordarme, porque esa ver la puerta de acceso al living estaba cerrada. Ahora vefa que hasta los sillones eran de color blanco, y no de ese tono célido que a veces ilumina los espacios, sino frio, tipo invierno, igual de inhéspito que un manicomio. ~iQué casa tan acogedora! —fue el co- mentario de entrada de mi mamé. Muchas gracias, la decoré yo misma =respondié nuestra anfitriona, con gran ceremonia. sirvié alguna bebida a mis padres para mi gran temor, los ue poniendo [no contentos, al menos cada vez més idos. Por ahora éramos solamente ‘cuatro sentados, conversando, no ha- Hegado més invitados. Yo no parti- tba en la conversacién, pero escuchaba atentamente todas las tonterias que iban diciendo: que por qué no habian hecho esto antes, que el tiempo pasa volando, que uno anda siempre apurado y ya ni conoce a sus vecinos, que esto tenia que repetirse, que por qué no organizaban un asado con el resto del barrio, que excétera, excétera. Pero nadie hacia la pregunta mas importante: ;Por qué nos habfa invitado ahora? ;-Y por qué, al parecer, no habia __ invitado a nadie mas? En esas cavilaciones estaba yo, cuando of un ruido que venfa del piso de arriba. ‘Me congelé y miré la cara de la ogresa para i . ver si revelaba algo, si se ponia en guardia ce intentaba evitar que nos enteréramos de que tenia un prisionero en una jaula o algo asf; pero su cara no expresaba nada por el estilo, Mis bien sonrié suavemente y grité: ~Pajarito! -con una vor mintiscula. El personaje que llegé haciendo temblar el piso era lo menos parecido a un pajarito que yo pudiera haber imaginado. Si me hu- bieran dado a clegir, yo lo hubiera llamado agtizaly o pie grande, o al menos gran danés. jarito, saluda por favor —le dijo la mujer. Luego agreg6, dirigiéndose a no- sotros-. Es mi hijo, Bruno. (Su hijo? ;La ogresa, a su edad, tenia un hijo? Jamas lo hubiera pensado. ;Acaso vivia con ella? ¢Cémo no lo habia visto antes? Con creciente miedo vi cémo mi madre me dirigia esa mirada que ya conocia, esa que querfa decir: “Es de tu edad. Por qué no se hacen amigos?”. Rogué para que no Ey nada, para que no verbalizara su crianza. En vano. Marta —dijo, después de que él los era saludado de beso y de mano y ‘mi me hubiera mirado raro-. {No lo joces del colegio? No -contesté ripidamente-. Seguro Jue no vamos al mismo. Si —intervino 4, y se puso rojo. Quedé sorprendida. Volvi a mirarlo y ‘entre las nebulosas de mi cerebro comencé adistinguir una figura: tercer recreo, hace tun par de semanas, un gigante comiendo su colacién detris de uno de los arcos de fitbol, nosotras las mujeres mirando el partido. De pronto, la pelota se desvié y Jedio de lleno en la cara, y todos se rieron, excepto el gigante y yo, que me imaginé cuinto le habia dolido, porque una vez me habfa pasado algo parecido. Fl tomé Ja pelota y de un tremendo puntapié la mandé fuera del patio, tal vez fuuera del colegio. Nadie mis se siguié riendo. Los demas nos faimos répidamente, y yo no volvi.a pensar en él ni en su fuerza desco- munal hasta este instante. fo t i » “Ah... puede ser, pero no nos habiamos topado —dije intentando que no se notara mi confusién. " =Llegué hace poco ~se encogié de Bistros. Después de eso no supe qué més de- “cir, Siguié una pausa incémoda, y mas incémoda todavia porque la ogresa nos miraba a uno y a otro con una ansiedad perturbadora. ;Qué pretendia? Ri, og ” rosea Hem casmiio Por fin, mi padre interrumpid. ~2Y cémo te va en el colegio? :Te gusta? Parece que no fue la pregunta més acer- tada, porque la vecina cambié la cara de inmediato. Casi sufrié un nuevo ataque de furia, pero se contuvo y simuld, en cambio, un ataque de tos. Contesté ella en ver de su hijo: —Llegé hace dos semanas -comenzé a decir-, El problema es que le ha costado adaptarse a su curso. Tuvo que empezar en cl segundo semestre, cuando las clases ya se habfan iniciado, asi que no ha sido tan ficil. Nosotros no esperibamos ese tipo de confesién. Mi papa habia preguntado solamente por cortesia. Ella no se dio ‘cuenta y continud: —Por eso queriamos hablar con ustedes. Chan. El momento de la verdad. Un silencio nos envolvié a todos. ~Pensamos que su hija podria ayudarlo, {que dl dirigié a su madre dejaba que estaba muy lejos de pensar Ja mia, no sé lo que reflejaba. 2 zLo mismo que expresarfa un jo a muerte antes de ser Ilevado mi mam no diga nada, que mi no diga nada”, repeti en mi cabeza, si fuera un mantra, iqué opinas? ~dijo ella. Touché. varios segundos no fui capaz de iar una palabra. Los miré uno a ‘Mi papa apenas podfa disimular su divertido con la situacién, aunque a mis expensas, Evidentemente no cl gran peligro en que me encon- Mi mamé estaba seria, tratando de itirme telepaticamente que esperaba yo hiciera lo correcto. La ogresa, en io, tenga una cara mixta. Por un lado, sme a aceptarel desafio; por otro, Jose weer casuLD prometiendo horrores si no lo hacia. De pronto, los extremos de su boca se curvaron hacia arriba y mostré unos dientes parejos que tenfan un extrafo brillo. “He ahi un arma mortal”, pensé, Pajarito miraba al suelo y se retorcfa las manos. No pude verle la cara, pero me parecié que debfa estar muy molesto. Después de un minuto, pude constatar que tenia razén, porque se puso de pie y se fue del living, El portazo en el segundo piso remecié la casa. —Se-ve que él no quiere que yo lo ayude ~dije, contenta de tener una excusa tan ficil y que a la vez me dejaba tan bien parada. =Cierto -dijo ella, previendo mi respues- ta, Pero ya lo conversamos y estamos de acuerdo en que no hay otra opcién. =No me gusta forzar a la gente. —Pienso pagarte ~agregé la ogresa. EL vil dinero, que puede dar vuelta una situacién tan obviamente inaceptable como {Un celular? {Un paseo de curso in- ble? Muy tentador, pero no podia ionarme a mi misma. No, no podia. siento. En este momento tengo ptioridades, Bueno, de verdad lo lamento ~volvié eter ella, Porque lo cierto es que hijo lo esta pasando muy mal... “No es mi problema”, iba a decir, pero mirada de mi mama me detuvo. En 0, respondi: De nuevo lo siento, pero de todos mo- no sabria cémo empezar a ayudarlo, partida est en un curso més arriba. =No es asi. Esté en tu paralelo. Y por qué no le pide ayuda a alguien de su curso entonces? ~Porque nadie de ellos vive cerca de él y tii vives al frente. Uf lo estaba haciendo parecer como si yo fuera la villana y no ella. =a qué tipo de ayuda necesita? lo dije més que nada para calmar mi conciencia, para ver si conocia a alguien que fuera mas adecuado para esta tarea, pero la cara de la vecina se iluminé, Solo estudiar con él en las tardes. Solo eso. Para historia y geografia y ma- tematicas. A ti te va bien en esos ramos, zo no? ~Muy bien ~expuso mi madre, ~Y ademés es la presidenta de curso ~sentencié mi padre, —Con mayor razén debieras dar el ejem- plo —rematé la ogresa. Cémo es que de pronto me encontraba en este callején sin salida? :Y cémo es que mis padres, en vez de protegerme, me arrojaban a los leones hambrientos? No podia siquiera imaginarme viniendo a esta casa durante la semana, sola, a encontrar quizés qué trampas y espantos... 36 2 gNecesita que conteste ahora? i ltima sada: que pasara el tiempo se olvidaran. importantes que hacer. Jueno, si, tengo que organizarme un \y, Marta, por favor ~dijo mi mama. Traicién, puialada por la espalda, cor- de mi propia sangre. =Ya, pero nos juntamos a estudiar en i casa ~dije al fin, vencida y a punto de yerme a llorar. =Trato hecho ~dijo la ogresa. ‘Me senti como un mono en una jaula negociando con un cientifico. Mi mam pero yo no le devolvi la sonrisa. Después nos sentamos a la mesa a comer arroz amarillo y carne envuelta en hojas verdes. 7 ~2Qué es esto tan bueno? ~pregunté mi papa. =Nifiitos envueltos —respondié la ogresa. Yo me atraganté, ~Es una tipica comida érabe, aunque usted Ia hizo con soya, no con carne, cierto? ~agregé mi mamé, mientras me golpeaba la espalda, La ogresa asintié, pero yo ya me habia descompuesto. ~Me duele la guata -lloré cuando al fin pude hablar-. Me duele demasiado. -Podemos irnos? Normalmente mi mamé no hubiera consentido, pero ahora era evidente que me sentia mal. “Estés verde”, me dijo preocupada; miré a mi papé y decidieron que era hora de irse. Pajarito no aparecié, no pude culparlo por eso. estbamos cruzando la puerta, delos correspondientes agradeci- y disculpas de mis padres, la vecina Wvo por el hombro y murmur6: “Te estar vigilando”, al més puro estilo ‘mafia italiana, Qué destino el mio: ‘que quedara de semestre, tendria a gigante como alumno y a una ogresa lugo. ino a la casa, volvi la cabeza y vi me observaban. Ella, desde la puerta; desde una ventana. 3 3 S CLASES PARTICULARES otro dia amaneci con dolor de ca- Pronto recordé por qué. -Mamé, :me puedo quedar en cama?, me siento bien —le dije. =£Te sigue doliendo la guata? No, ahora creo que tengo fiebre. Aver? Légico. No tenia suficiente fiebre, ast fui tratada con desconfianza. “1 ~{No seré que no quieres estudiar con Bruno en la tarde? Excelente, ahora lo llamabamos Bruno, como si fuera mi amigo de toda la vida. No, mamé, no es eso. Ahora, si me disculpas... -y con la frente en alto me fui a duchar, para que viera que su sospecha me parecia ofensiva. Durante las horas de clase no pude estar tranquila, Ninguna de mis amigas sabia ‘en qué me habia metido, por lo que fue facil no tener que hablar de eso, lo dificil fue dejar de pensar qué iba a acontecer en Ia tarde. zIria la ogresa a dejar a su hijo a la puerta? ;Se convertirian finalmente en mejores amigas con mi mamd? ;Pasariamos todas las siguientes vacaciones juntos? ;Seria Bruno igual de antipitico que su madre? {Resultarfa imposible ayudarlo a estudiar? 2Acarrearfa es0 el enojo y ganas de vengarse 2 IMs vicios Los ocRos 2 Me servirfa con papas fritas ymida de Navidad? Demasiadas tes como para concentrarme en Jejanas como los ntimeros primos -pendencia de Chile. jedida que la tarde avanzaba, mi se fue oscureciendo cada vez més. a Pajarito comiendo su colacién patio durante un recreo, apostado mismo lugar donde recibié esa ver taz0 mientras observaba el partido fitbol. Me dio rabia que se expusiera que se arriesgara a ser golpeado otra porque de ahora en adelante seria- ambos los afectados por las burlas; alguien se enteraba de que yo me habia ynyertido en su tutora, no pararian las . Di media vuelta y me prometi mi misma que nadie lo sabria. O sea se acababan las visitas de mis amigas después del colegio. E ® A las cinco, cuando llegé el vecino, mi humor estaba bastante decaido. Venia solo, por suerte, bien peinado y con un queque. Entorné los ojos. “Qué fresco, ms encima quiere que le demos once”, pensé, Mi mamé vio mi cara y me reté con la mirada. La ignoré y conduje a Pajarito al escritorio, Sacamos los cuadernos sin intercambiar palabra. {Qué te estin pasando en mateméti- le pregunté por fin, una vez que nos amos. =Lo mismo quea ti~me respondié, con n tono que me parecié a la defensiva. Ya, pero no sési estamos al mismo nivel. 2A qué te refieres? —sus ojos de pronto. volvieron duros, de acero. © =Me refiero a que no sé si los dos cursos van al mismo ritmo. 45 ose te caste =Los dos cursos van al mismo ritmo ~dijo, y después de una pausa, agregs—: Estoy seguro de eso. Dejé pasar el comentario, no era mi Animo ponerme a discutir. Tomé mi cuaderno, lo abri en la primera pagina escrita y se lo pasé. ~Puedes ir anotando lo que tengo ahi le dije. Me miré con asombro, pero no dijo nada. Pensé que debia estar muy agradecido, mis cuadernos siempre estan completos y-con letra muy ordenada. Yo me puse a leer el libro que nos habian mandado en enguaje, mientras mordia una manzana. Pasamos asi mucho rato. De pronto, alas scis en punto, se detuvo yse puso de pie. “Gracias”, me dijo. Estaba claro que pretendia irse, pero también era evidente que no podia haber traspasado todo lo que yo tenia escrito. te? “le pregunté. ‘qué te vas, entonces? el trato. Una hora cada dia. verdad? —no pude evitar sonreit. i6 de hombros. acompafio a la puerta. amos hasta la entrada de la casa, caso, la salida. El se detuvo en el y me mird. la peor profesora que he tenido. ‘me dejé asi, sin habla, con la mano picaporte. Estuve un largo rato de pie, mirando sin , pensando. No sabja si sentia rabia, a 0 impotencia; 0 todo junto. ia sido humillada en mi propia casa. Pajarito no me iba a ganar. Para la nxima ver iba a preparar la mejor clase a historia y él iba a tener que pedirme Jose ne easTio disculpas. Con esa decisién me fui a es- ‘cuchar miisica a mi pieza. Veintitrés horas més tarde, todavia no tenia idea de qué iba a hacer para darle a mi vecino una leccién inolvidable, pero al menos habia avanzado en mis conoci- mientos sobre miisica actual, y eso siem- pre es bueno. A las cinco soné el timbre. Esta vex Bruno traia calzones rotos. Hay pocas cosas que me gusten més; lo miré con simpatia, ~Si quieres te los comes mientras yo copio tu cuaderno —me dijo, en respuesta a mi sonrisa, pero serio, sin sonreirme. No supe qué contestarle. Me dirigi al escritorio sabiendo que me seguia. Nos sentamos y él observé a su alrededor, probablemente buscando mi mochila para ponerse a escribir. Hoy dia vamos a hacer algo distinto ~exclamé, siibitamente inspirada, ‘te va tan mal en matemiticas? con curiosidad, pero no res- no entiendes lo ail que es? -le intentando una aproximacién pparecia muy pedagdgica. ‘nome contest, cruzindose entrecetrando los ojos. "ampoco entiendes su utilidad? ja mirandome con una cara ines- ose Hee casran0 Me quedé callada. Qué se dice en una situacién como esta? Creo que ya hemos establecido que no entiendo nada —hablé él al cabo-. Ahora, ame puedes pasar tu cuaderno? ~Ya, pero antes dime algo que si te in- tetese. Tiene que haber algo. = quién dijo que no me interesaba nada? —Bueno, como ui dijiste... =No me dejaste hablar. Y en todo caso, ‘u misidn es solamente intentar ayudarme a pasar de curso, aunque quiz4s sea una misién imposible. Pero mi mamé no te aga para que te importe, jo si? ‘Me puse roja, qué cruel habia sido su comentario. Le pasé mi cuaderno y nos quedamos otra hora en silencio, mientras yo lentamente iba desmigajando un calzn roto. 50 Ms VEeINos 10s oca0s Esa fue la palabra que me quedé lo el cerebro cuando me quedé habia considerado dedicarme a, pero realmente este fracaso a una edad tan temprana, me injusto. ;Por qué de repente me jelta en esta situacién tan desa- le? Tal vez lo mejor seria atravesar le, contarle a la vecina que me habia ido, y devolverme como si esto hubiera pasado. Alcancé a salir al , pero luego me detuve en seco. La a venfa caminando hacia mi. Crucé brazos y me preparé para el golpe rtal, incluso cerré los ojos. uando los abri, no via nadie. Entré a ‘casa y ahi estaba la vecina, en el living, wversando tranquilamente con mi madre, mo nunca antes, de un humor excep- ional. Me quedé un rato escuchando, tener tiempo de practicar mi defensa. st uno me dice que Marta le ha ayu- mucho. De verdad? —no aprecié el tinte de waa en la vor de mi mama. Incluso ahora no me alega cuando anta para ir al colegio. Qué bueno! Jo tiltimo que of. Subi corriendo a ppieza y me encerré, Nuevamente no qué pensar. ;Qué pretendia Bruno? qué estaba jugando? ;Por qué tenia \cida a su madre de que le gustaba nir, cuando aqui se comportaba de manera n molesta? Ni idea, pero lo averiguaria. fiana, cuando viniera, le esperaria una equefia sorpresa “Aunque no sabia qué sorpresa iba a darle. 4 PAJARITO aT cata que ser algo contundente. El fa atacado mis puntos débiles: mi sullo, mi autoestima, mi nunca an- planteada vocacién docente. Habia judado de mis intenciones a la hora de le clases. Pero quién era él, después de todo? El hijo de una ogresa, y por ende, un ogro. Me quedé helada. Eso ‘no se me habia ocurrido antes. {Qué tan 55 JOSE HEP casTILO ‘ogro serfa? ¢Estaria tratando de hacerme engordar, con sus queques y sus calzo- nes rotos fritos en aceite? {Le vendria lo ogro por parte de madre y padre? 0 podria ser humano por la linea paterna? Me di cuenta de que no sabia quién cra su papa. Quizds podria preguntarle majiana, para despejar dudas. Porque si era solo mitad ogro, entonces no seria tan peligroso. Por lo menos hasta ahora, habia comprobado que no era tempera- ‘mental como su madre, sino més bien controlado. Y claro, dispuesto a enterrar el cuchillo en la espalda en el momento menos esperado, pero eso no era una caracteristica necesariamente propia de los ogros, segtin yo. Tampoco olfa mal, al ‘menos no que hubiera notado. Ademas, aqué tan amenazante podia ser alguien a quien su madre llama “Pajarito”? Ahi Jo supe. Esa era mi arma, Ese era su 56 © débil. Porque hay pocas cosas yumillantes que un sobrenombre iar excesivamente intimo que se a del Ambito privado. plan no era que se enterara todo el 0, sino solo que él pensara que era LY que se sintiera avergonzado y me en paz. n mis amigas encontramos que arito” es un apodo un poco infantil nuestra edad —Ie dije al dia siguiente, vvez.que nos sentamos en el escritorio~. jinamos que Bruno es més adecuado. qué tu mami te dice asi? ‘Me miré por una fraccién de segundo y palideci6. Con algo de dificultad se de pie, mir6 a todos lados y salié dela Yo me quedé sentada donde estaba, az de determinar si habia triunfado no. Después de un rato decidi que no y fia buscarlo. :Habria ido al bafio? 37 No estaba por ningtin lado. Lo légico cera que se hubiera ido a su casa. Eslo que yo habria hecho. {Qué hacer ahora? ;Volvera mi pieza? lr ver televisién? Pero sabia que no podria concentrarme, no soporto cuando alguien esté enojado conmigo, me pone de mal humor. Tras varios minutos de vacilacién, con el cuerpo y el alma encorvados; sali ala calle, Igual que ayer, dispuesta a enfrentar ala vecina, pero con la certeza de que esta ver merecia la aniquilacién. En qué estaba pensando cuando le dije eso a su hijo? Toque el timbre. La ogresa me abrié. la puerta. =;Qué pasa? —me grufis. =Necesito hablar con Bruno. Me dijo que se sentia mal. Ya, zpero puedo hablar con él? ~;Por qué? —fruncia el cefio, suspicaz, al acecho. atemblar y a sudar. No queria , queria escapar corriendo, pero recordé lo que habia hecho. ue se me olvidé decirle algo. ué cosa? usted es insuftible”, pensé. dde una tarea que tenemos para ale menti. fin abrié la puerta y se quité de en io. La miré con cara de interrogacién. iba -murmuré, antes de dar media lta y marcharse. ‘Arriba, ;qué2, jla pieza de Bruno?, sla de torturas? Subi lentamente la lera, pegada a la pared, alerta, atenta |quier movimiento 0 ruido. Por eso cuando la vor de Bruno me llegé de \proviso: =; Qué haces? ‘Me arreglé un poco el pelo y le dije: 30 ssc Hur castano ~Estaba mirando los cuadros. Son bo- nnitos, jah? ‘Me di cuenta de que eran puras fotos de aves. El no hizo comentarios, sino que volvié a decir: ~2Qué haces aqui? ~Ah, vine a pedirte disculpas. Cruzé los brazos y esperd. —No le dije a nadie que te dicen Paja- tito. Nunca lo comenté con mis amigas. Era mentira. = para qué me lo dijiste? no me miré mientras hablaba. ~Para molestarte. Ahi si me mir6, con los ojos bien abiertos. ~gPor qué? —pregunté. ~jPorque eso es lo que has hecho ti desde que nos conocimos! -exploté-. jMolestarme y criticarme! Eso no es cierto. -Siloes. Ya me estds molestando de estoy molestando, estoy estable- 10s. No puedes tener siempre No eres una buena profesora, es tan grave. mi silo era. Me gusta hacer bien terminarlas una vez que las he puedo ayudareeigual-me defen probablemente sea cierto ~admitié. =Ni siquiera sé cudnto me va a pagar tu ‘mami. Dehecho no creo que me pague nada. Luego bajé cottiendo las escaleras y casi choco con la ogresa. ~zAdénde vas tan apurada? ~me dijo. En boca de una abuelita habria sonado ‘como un reto bondadoso, pero en la suya sonaba a carabinero enojado. ~A mi casa. ~{Todo bien? Si, gracias. No se impresioné con mis buenos mo- dales, A mi no me engafas ~susurré muy cerca de mi, y un olor nauseabundo me hirié la nariz, Llegué a mi casa sin aliento. Pero a salvo. ~{Todo es tu culpa! -le grité a mi mama, que estaba en el living revisando su com- putador. ~:Qué te pasé? ~pregunté ella, asustada. calmarme un poco y pensar iba a decir. zAcaso le iba a vol- que la vecina era una ogresa? hijo se habfa enojado conmigo yo le habja dicho una mentira? de las dos ideas me presentaba Juz muy favorable. Ast que le dije que podia decirle: ya tengo todas mis tardes ocupadas alcanzo a hacer mis tareas. verdad? jo -grusi. todos modos eso no me lo iba a creer, sabia que hacia las tareas con rapidez, me dedicaba a escuchar miisica 0 a ‘0 jugar en el computador. Mis horas de eran sagradas para mi, y no queria que la primera victima de esta tragedia. :mami entomné los ojos como diciendo lolescentes”, y yo me alejé haciendo jir el piso con cada paso. 6 ‘vez de irme a mi pieza, opté por paseo en bicicleta, Necesitaba aire Juego de todo este encierro forzado, le estaba frfa pero seca, y el viento en mi pelo me cambié el dnimo. en algunos tramos cerré los ojos fui andando con el vuelo. Atras an mis problemas, atrés quedaban preocupaciones. Js Her casTIZE Bueno, quizds no tan atrés. Un poco mas alli, donde se acababan las casas y empezaba al pastizal, divisé la enorme figura de Bruno. ‘Agachado, recogiendo algo. Me detuve y lo observé, Tuve que recordar que él tenfa tanto derecho como yo a estar ahi. Iba a seguir pedaleando cuando él me vio a mi. Luego me ignoré y volvié a agacharse. Ahora si tenia que saber qué estaba haciendo. Hola le dije, cuando estuve junto a él. Hola. ~{Paseando? Si. eY¥ wi? -También. Nos quedamos callados. El viento se- guia corriendo, Qué tienes ahi? =Nada. ~;Cémo que nada? Ahi-sefalé l suelo, donde él estaba hurgando segundos antes. mio. Es un nido al ver mi agregé-: de pajaros. 10 que de pajaros. ;Pero de ~quise saber, como si supiera €s0. Jos habris estado rompiendo, es- dije, por decir algo. iré con una expresién que no ifrar. {Temor de que lo fuera a ~Desafio? ;Desprecio? no los estaba rompiendo-aclaré. dio media vuelta y me dejé sola de feo dejar hablando solo a alguien le mientras lo seguia en la bicicleta. feo acusar a alguien de andar rom- huevos ~me grité de vuelta. ueno, tenia razon. Ya, perdona. {Te gustan mucho los 2 o ‘No me respondié. A mi se me encendié una ampolleta. —;Por eso te dice asi tu mamd? Siguié caminando, y yo tras él, peda- leando. ~Ya, si no te estoy molestando. Es por 50 que te dice asi tu mamé, ;verdad? Si. ¥? ~Nada. Es simpético ~dije, tratando de romper el hielo. A mi todo el mundo me dice Marta. Es muy aburrido. ~Al menos nadie se puede burlar de eso. Certo, En ese instante se oyé un grito fuerte y estridente, y luego vimos una bestia enor- me lanzandose en picada contra nosotros. ~iMejor no te quedes ahi!—grité Bruno. Y se fue corriendo, més répido que un rayo. Tuve que hacer lo mismo. Pedaleé con todas mis fuerzas en la misma direccién o 1a mas maravillosa del mundo. se habia ido, mientras imaginaba titulares en el diario: “Inséli- = re de nina a picotazos”. Y mis con lagrimas en los ojos dando y refiriéndose a m{ como la ia seguia gritando y mi corazén saltaba como loco. Pero no por mucho rato. El pajaro se aburrié de seguirme, al parecer, porque cuando Hegué a la puerta de mi casa, sin aliento y sin mas energias, solo estaba yo. Me abandonaste ayer Ie dije a Bruno cuando llegé a estudiar al otro dia. Se quedé miréndome, con esa cara in- descifrable que ya me estaba empezando a parecer familiar, como si yo le estuviera hablando en chino mandarin y él no pudiera entender una palabra de lo que yo decia. ~{Te abandoné? —Ayer, cuando el pajaro casi nos mata, {Te acuerdas? Se rid. ~:Qué es tan divertido? El queltchue no nos ibaa matar, Marta. Solo estaba protegiendo su nido, Queria asustarnos. ” ‘Ms vemos 1s oats vver que decia mi nombre, te se refa de mi, Las mejillas \dieron. sabes tii? A mi me parecié lo dices, debe ser verdad. ‘una mueca. qué sabes tanto de pajaros? uc los he observado toda mi vida. mi vida... Suena como si fueras hizo ningiin comentario. inde vivias antes? zAntes de que te a vivir con tu mama? 1n mi paps, en el campo. ‘us papas estén... .-Separados. Si. \cio incémodo. Tuve que salvarlo Jo primero que se me ocurrié. 1 Joserma nom east =: en el campo te dedicabas a observar pajaros? Eso y un par de cosas més ~dejé pasar mi pesadez. ~¥ tu papa, geémo es? —ZMi papa? ~me miré raro, de nuevo tratando de entender por qué le hacia esa pregunta, pero yo tenia mis motivos. Si Se parecea ti? ,O se parecea tu mama? —Cémo se va.a parecer a mi mama? No son parientes. =No, pero a veces las parejas terminan pareciéndose... Bueno, mi pap es lo contrario a mi mamé. ~ZEs alto? -Si, es alto, —Tu mama también es alta. —Me referia a su personalidad. ~Ah, :Entonces es simpatico? Volvié a reirse. n lo visto, no encuentras sim- ji mama. Creo que se lo voy a por favor, no le digas! ~casi grité. parecié extrafarse de mi reaccién. tuna broma, Obvio que no le voy de es0 nos quedamos callados famos a estudiar hoy dia, o no? ~pre- finalmente. i eres la que se puso a preguntarme entonces saca tu cuaderno de ria. Vamos a ir leyendo, luego tii me tas lo que entendiste y yo te cortijo olvidaste de algo. asamos la siguiente hora trabajando totalmente concentrados, y solo supe que eran las seis cuando me empezaron a sonar las tripas. Miréa Bruno, triunfante. El disimulé un bostezo. =Me voy ~anuncié. Fui a dejarlo a la puerta, confirmando de paso que soy muy bien educada. Luego corti a la cocina a hacerme unos panes y tuna leche, satisfecha con la conclusién de que podia ser una excelente profesora y dedicarme a eso, si queria, en el futuro. El viernes amanecié radiante. Recordé que hoy daban papas fritas de almuerzo y todo parecié perfecto en mi dia. In- cluso la sesién con Bruno no se veia tan amenazante, La verdad es que no era tan lento para entender y yo puedo explicar bastante bien si me lo propongo. ~:Te gusté la clase de ayer? ~le pregunté cuando llegé a mi casa en la tarde, espe- rando un “si” enérgico ¢ inmediato. 1m: jo, de nuevo esa mirada. ;Qué Normalmente no tengo tantos para entender a las personas. , zacaso te aburriste? —tuve que entretuviste? ype qué contestar. No sé si me , pero tampoco lo pasé tan mal. nneral me encanta aprender co- . Pensé que te podia pasar lo =dije, tratando de parecer muy cen general me encanta aprender jes ~contesté, picado. broma? La historia es muy Gti, por hhas dado cuenta. roma?” ~me remedé-. No en- como puede ser itil aprender algo hace mil afios. ba, evidentemente. Yo respond yocacién: "8 Bueno, quizds cuando madures lo puedas entender. =No creo. {No crees que puedas madurar, 0 no crees que puedas entender? Suspir6. —Lo que ti digas ~respondi6, mirando hacia fuera y apretando los dientes. Me sorprendié el enojo en su voz. jlba ser esto asi, todos los dias? No estaba dispuesta. —;Por qué siempre te enojas conmigo? ~;Por qué crees que soy tonto? Yo no creo que seas tonto. ~Pues lo parece. No... ~dije, y traté de ordenar mis ideas-, No creo eso. Yo en general hablo asi, con pesadeces, mi mamé siempre me lo dice. Disculpa. Esti bien se encogié de hombros. % 'y queria decirle algo mas, pero Asi que decidi hacer algo mne de buen humor a mi. a tomar once primero?, y de ligeramente y yo supe que habia el clavo. :, te recuerdo que tiltimamente se idado traerme cosas para comer. qué?, si nunca las compartes. ‘estoy compartiendo ahora, acaso? icitaciones. fue tan incémodo como pensé. Mi nos hizo una leche con plétano y yo dos marraquetas con mantequilla ite, Bruno se porté bastante bien, \dole a mi mama algunas de sus en el campo, de cmo ordeftaba ‘en las mafanas y cortaba lefia en n sen une castiio ~Le podrias ensefiara Marta algunas de esas cosas —dijo ella. Aunque me con- formo con que le muestres que es bueno levantarse temprano, =Uy, qué amorosa respond, y luego dirigigndome a él-: Muchas gracias. Pero en realidad no me import. Quedé bastante intrigada con esto de la vida en campo y sus ensefianzas. Mas rato, si se daba la oportunidad, le preguntaria a Bruno. Quizés, solo quizas, él también podria ensefiarme un par de cosas, 6 LOS PAJAROS tardes de la semana siguiente pro- ‘mezclar las lecciones con ejemplos jatos, para atraer la atencién de mi . En matemiticas no era muy ficil, al menos en los ejercicios podiamos nas y gorriones en vez de porotos de Pascua, excepto cuando habia trabajar con decimales. Me parecia crudo hablar de un cuarto 0 un y geografia eran otro cuento. 1a. no era la falta de interés, habfa asumido, sino el exceso. distraia con todo: se pregun- é comian las personas antes de cas y trigo, hasta dénde llegaban antes de que los cortaran, ba los derechos de los ani- yo crefa que Chile de verdad diente, y un largo excétera. mente, tenia dificultades para n otra mente divagante. Por es0 taba que esas cosas jamas se las preguntar en una prueba, pero lo celebraba para que no se y Bruno se estaba preparando ir, determiné que era un buen yle JOSEFINA HEP ASTID Estoy segura de que estuvo a punto de decirme “;qué te importa?”, pero no lo hizo. ~Te pregunto porque sivas air de nuevo a ver a tus péjaros, me gustarfa ir contigo. —;Por qué? ~Porque no sé nada de pajaros. =2¥ por qué quieres saber? Me encogi de hombros, insegura de cul seria la respuesta apropiada para esa pregunta. Eres una coleccionista de informacién? -me pregunté. ué es eso? “Algunas personas coleccionan estampi- lias, otros coleccionan monedas, y otros, informacién, como ti. —zEso es malo? =No necesariamente..., pero en algiin ‘momento vasa tener que elegir alguna de tus colecciones. A lo mejor elijo a los pajaros y me convierto en la experta maxima le dije, para molestarlo. No me extrafarfa. —Entonces, ;puedo ir contigo? Salimos y el aire estaba més célido que lotro dia. ~Ya esté empezando a notarse la prima- ‘vera ~dije, para imitar una conversacién de adultos, que siempre parten hablando del tiempo. Van a volver los fio-fios -me contesté 41, a gran distancia de cualquier respuesca normal. {Qué es eso? ~{Como? :No sabes? -se rid, Entorné los ojos. Si, Bruno, ahora te puedes jactar de todo lo que sabes, =No sé si esti lista para eso. 83 ose er cASTIAD “Haz la prueba. Bueno: pero tienes que abrir tu mente y dejar que la sabiduria entre. Aja. Me refiero a la sabiduria de la naturale- za, esa que no se aprende en tu cuaderno. “Ya entendi, Bruno... le contesté, picada. =Lo primero que hay que saber sobre Jos pajaros es que muchos van y vienen de un paisa otro durante el afio. Algunos los puedes ver en las ciudades... Si, yasé. =: Qué sabes? =Lo de los pajaros en las ciudades. =No tienes idea de lo que iba a decir. Ay, Bruno, tampoco es tan dificil, codo el mundo sabe cules se ven aqui le dije, poniendo vor de ligera exasperacién. —A ver, némbrame uno. Bueno, en primer lugar, las palomas... Ya, pero las palomas son introducidas. 84 =2 qué importa? ~Importa porque hay otros pijaros que son de aqui y se conocen menos. = {Como las loicas? Sonrid, a su pesar: Si. ;Cual mas? =ZNo es suficiente? =No, més bien es grave que, teniendo como quinientas especies nativas, solo puedas nombrarme una. Estaba alardeando de nuevo. No le di importancia: jas gaviotas? —De qué especie? Hay varias. Bueno, entonces todas. Eso es trampa. No te sabes ninguna. =No eres un profesor muy estimulante-le lie, devolviéndole su pesader del otro dia. =Ya, perdona, pero te apuesto a que ite digo algunos nombres, te vas a dar. 85 seam MEPPcasTINO —Dale -respondi, dispuesta a perdonar con rapidez. =Los mirlos -empez6 dl. Creo que los conozco —blufeé. —Tienen las plumas de un color negro como azulado, que brillan con el sol. Son muy bonitos. Yo lo miraba con cara de “s, tienes toda larazén”. —La hembra, eso si, es café -continud—. Hay otros pajaros que son parecidos, pero ahi los machos y las hembras son negros y no tienen ese brillo metilico: los tordos. =No sé cuiles son esos. —Vuelan en bandadas y son gritones, se ven por todos lados. ¥ los chincoles, te suenan? Si, es0s si! Mi abuela me ensefid que cuando cantan, en realidad andan pre- guntando “;Ha visto a mi tio Agustin?”, ~Es cierto -asintié-, yo también sabfa eso. —Me gustan los chincoles, aunque no siempre los reconozco —confesé, mirén- dolo de reojo. Es ficil igual. Cuando vea uno te lo muestro, tienen plumas levantadas en la ‘cabeza, como un copete... ~dijo, y se puso ‘a mirar para todos lados. Yo lo imité, pero no pude divisar nada, chincol o no chincol. De repente, Bruno grité: Mira, una loica! —{Dénde? —jAhi, en ese poste! Uy, jqué linda! -exclamé, realmente sorprendida-. ;Tiene el pecho rojo! ~Si, aunque en este caso es “lindo”. El macho es el que tiene ese color, el de la hembra es mucho més pélido. Lo miré para ver si estaba molestindome. Pero no, estaba muy serio. Loser nee cast —Por qué? Porque es el macho el que tiene que llamar la atencién de la hembra, no al Thaa contestarle algo, pero me arrepenti. Su tono habia sido raro, como solemne. Nos quedamos un rato en silencio mi- rando cémo la loica -o el loico— bajaba al suelo a buscar algo, semillas quizas. La noche habia empezado a caer y pronto iba a ser dificil distinguir cualquier cosa. ‘Volvimos caminando hacia nuestras casas. ‘Cuando llegamos, antes de irme, suspiré y le reconoci a Bruno: Eres un muy buen profesor. Gracias me respondié. Con esa luz no pude ver su cara, pero me parecié que estaba contento. —De nada -Ie dije, y me fui a mi casa, satisfecha y ligera como una pluma, pen- sando en todo lo que me faltaba por saber. Decidida a convertirme en una maestra en el arte de péjaros, me puse a estudiar como loca. Después de las lecciones con Bruno, pescaba mi libro de aves y me ponia a mirar las laminas y a memorizar Ja informacién que aparecfa para cada tuna, y luego salia a recorrer las plazas para identificarlos. Ahora veia seres alados que nunca antes habfa siquiera percibido, era como si se me hubieran abierto los ojos, como si me hubieran abierto una puerta y yo hubiera dado un paso hacia un mundo secreto, medio salvaje, que estaba oculto en la ciudad. Hasta disefié una estrategia y me los aprendi por colores: El amarillo predominante para jilgueros y chitihues. El rojo para el pecho de loicas y raras. El negro para los tordos; negro-azulados, » stn MEP ASTD Los cachuditos y fio-fios en tonos de gris. Mencién especial para los zorzales on patas y pico amarillentos. Los picaflores basicamente en verde. Café claro para los chercanes, también para el chincol, aunque con una mancha anaranjada detrds del cuello. Blanco en general para las gaviotas y las garzas chicas. Las golondrinas en blanco y negro-azul, los queltehues en su propia categoria de blanco, gris y negro. Y muchas més combinaciones de colo- res, rayas, manchas, penachos y coronas, acompafiadas de distintos tamafios, cantos yencantos personales, que una persona no podrfa terminar de sorprenderse aunque se dedicara una vida entera. Por fin, después de un tiempo de arduo trabajo, me senti relativamente competente. » Fse da Bruno llegé con un paquete de papas fritas que no pudo dejar de comer en todo el rato que estuvimos estudiando, yal cabo le lancé: ~Ay, Bruno, qué cochino. Pareces pa- Joma, comiendo basura. Mejor harias en comer més sano, estilo vegetariano, como Jas raras ~todo esto para impresionarlo. Lo consegui: me miré fijamente. Bravo! :Quién lo hubiera dicho? Marta, 1a “pajardloga”! ~Perdona, pero se dice ornitéloga. —Uy, jhasta me da leccionest Te dije que te iba a superar. Yo no iria tan lejos. Me miré un rato y una lucecita se le encendid en los ojos. ~Después de la clase, ;vamos afuera tun rato? Podriamos aprovechar de hacer algunos reconocimientos en terreno. —Bueno -respondi, orgullosa, pero aparentando no darle gran importancia. 93 Jos ner casas Pasamos la tarde recorriendo los jardi- nes en busca de nidos. Encontramos uno de chincol, hecho con pasto, y otros dos de zorzales armados con ramitas y barro sobre unos arboles. Mi corazén estaba extrafamente agitado y saltaba con cada descubrimiento. Bruno me mostré desde Iejos la nidada de la loica, la misma que habfa estado observando hacia tanto tiempo atris -me parecia a mila primera sema- nna que fue a mi casa, Estaba procurando que nadie més la descubriera y le hiciera algtin dafio. Fue una buena tarde, En un momento miré a Brino, alias ex Pajarito, y me di cuenta de que desde hacia un tiempo ya no me parecia tan grande, ni menos atemorizante. De hecho, con frecuencia olvidaba que estaba emparentado con cogros. Ahora se le habia caido un mechén de pelo castafio sobre la cara y tenia las mejillas encendidas. Y ahi, sin previo aviso, entendi lo contenta que estaba de haberlo conocido. Aunque eso jamés se lo hubiera dicho. {Qué te pasa? ~me pregunté, cuando vio que lo estaba observando. —Tengo una duda: zi crees que uno es feliz. como perdiz, o feliz como lombriz? =:Qué cosa? Es que creo que, si hago la comparacién, mi felicidad se pareceria més a la de las perdices quea la de las lombrices. Porque para las lombrices, la felicidad consistiria en excavar galerfas bajo el suelo y comer tierra, mientras que para una perdiz, seria corter por el campo, bajo el sol, y buscar semillas. {Tengo 0 no tengo razén? ‘No me respondié, sino que levanté una ceja, confundido, y yo parti caminando, satisfecha con mis reflexiones y segura de ser feliz como una perdiz. 95 Joss Her casi Cuando llegamos de vuelta, la ogresa nos estaba esperando. Bruno la saludé al pasar y subié a su pieza répidamente. Yo también queria irme, pero ella me llam6, ~Supongo que no habrin estado distra- yéndose de nuevo con esos pajaros ~me dijo. -No, sefiora le respondi yo, intentando. no pestafiear. —Entonces por qué venian en esa di- reccién? ~Tuvimos una leccién préctica de geo- metria. 2Y en qué consisti6? En calcular los dingulos y las trayectorias de los objetos—mi cerebro trabajaba a mil, tratando de pensaren algo que sonara muy complejo. Por suerte, al parecer ella no estaba muy al tanto de lo que uno debja ver en matematicas a nuestra edad. -Mmm ~grufié, no muy convencida. Nuevamente intenté irme. —Espera~me detuvo-, Este viernes tengo una comida con algunas amigas. Bruno ‘me pidié que también te invitara a ti. ~Gracias, pero primero tengo que preguntarle a mi mama -le dije, aunque por dentro estaba pensando “ni loca me aparezco”. Voy a hacer pollo frito ~agregs, entrecerrando los ojos y sonriendo con una hilera de dientes brillantes. Yo me alejé corriendo. 9 z LOS OGROS Ecestodladten esntacieranen calma. Al finalizar las clases particulares salfamos a andar un rato en bicicleta, vigilébamos ala distancia que las peque- fias loicas y loicos estuvieran creciendo bien, y nos fijébamos por si aparecia algo interesante. Para mi todo era no- vedoso, mi suefio era ver una garza cuca © un sietecolores. El jueves estébamos ” cansados por todo el trabajo de la semana, asi que al final decidimos sentarnos un rato en la plaza, lejos de los polluclos y sus centinelas. Yo me puse a hacer una corona, él se recosté sobre el pasto y cruzé los brazos detris de la cabeza. ~Viene tormenta ~dijo, de repente. —:Ah? Miré el cielo. No se veian nubes oscuras. Los pdjaros estén volando bajo. Va a Mover -comenté con aire de profeta~. Vas a tener que llevar paraguas mafana. —Tii también. No, a mi me gusta mojarme, ~... Después no alegues si te resfrias. ~Me vas a tener que hacer un té con miel. Bueno, pero solo si traes calzones rotos de nuevo. —Qué patuda. 100 Nos reimos y después nos quedamos un rato callados, =@Sabes lo que me dijo tu mamé el otro dia? -solté de pronto. = Qué ‘Me miré con una cara tan inocente, tan alegre, que no pudearruinarle el momento. Que estabas subiendo tus notas. Ah, ¢s cierto. =2Viste que con un poco de disciplina y una buena profesora se pueden hacer ‘maravillas? Negé con la cabeza, pero se rid. —Eres tan sobrada dijo. Yo también me ref. Pero entonces se me ‘ocurrié algo: zqué diria alguien que nos vieraen este momento? ;Qué pensaria? Me use seria y un poco roja, y dejé de hacer la.corona. Un rato después, me levanté y anuncié que tenia que irme. No sé siél se quedé, porque no miré hacia atris. 101 El viernes efectivamente amanecié chis- peando. En general me gusta lalluvia, pero ese dia habia algo en el aire que me tenia intranquila. Todo transcurrié lentamente, aunque sin problemas. Hacia la tarde me fui relajando, hasta que lleg6 el tltimo recreo y todo se estroped, Me habfa sentado con mis amigas a con- versar en uno de los bancos en el pasillo, y-veia que Bruno estaba inspeccionando de cerca uno de los érboles, indiferente a las gotas. No es que estuviera pendiente de él, pero me tenia intrigada lo que habia encontrado. De repente, su cara se iluminé. Casi fui hacia él, pero me contuve con algo de esfuerzo, pensando en todas mis reflexiones pasadas y las bromas seguras. Dio lo mismo, porque alos dos minutos Bruno se acereé corriendo y me dijo, muy emocionado: Marta, un nido de picaflores! ; Nunca habia visto uno! {Con musgos, telarafias y todo! ;Ven a verlo! Mis amigas se quedaron mirindome con cara de interrogacién severa. No tenian idea qué estaba pasando. ~2Qué onda? ~pregunté una. = Quien es este? ~dijo otra. Yo estaba helada. Todo habia pasado tan répidamente, que de pronto me encontré diciendo: No tengo idea. ;Te conozco? ~dirigién- dome a Bruno, con el tono de voz mas antipatico que tengo, que es bien antipatico. Las nifias que estaban a mi alrededor asintieron y una que otra se rié despacio. El se dio vuelta para que no pudiéramos ver su cara de derrota; los hombros caidos, el nido olvidado. Lo vi alejarse y pensé que algo de mi se alejaba con él. Habia traicionado a 103 Jost mere casrixo mi amigo. Me paré y fui al bafio, para que nadie me preguntara por qué estaba llorando. Esa noche tenfa dos alternativas. Ira la espantosa comida de su mamé y pedirle perdén a Bruno, y morir en el intento, © no asistir, quedarme tranquila en mi pieza y olvidarme de él para siempre. Las dos alternativas me parecian dolorosas. La segunda, con una intensidad que me sorprendié. Finalmente, me dije: ";Cudl sla posibilidad de que ocurra lo primero? Digamos que un noventa por ciento. :¥ lo segundo? Un cien por ciento”. Estaba claro: los niimeros habian hablado. Y de todos modos era posible reducir la posibilidad cde muerte atin més. Con eso en mente, fui donde mi mami, le pedi permiso para ira Ja comida, le dije que si no habia regresado a las nueve llamara alos bomberos. Tomé 04 tun cortaplumas para estar armada y lo guardé en el bolsillo alalcance dela mano. Luego puse mi billetera en el bolsillo de Ja blusa, sobre mi corazén, por si alguien intentaba dispararme a quemarropa. La casa estaba iluminada como nunca antes. Una miisica de opereta salfa por las ventanas, mezclada con risas estruendosas. Estuve a punto de salir corriendo, pero entonces divisé la silueta de Bruno pasedn- dose con una bandeja. De alguna manera eso me dio seguridad, como si no pudiera correr peligro si él estaba ahi ademas, me recordé el motivo de mi visita. Toqué el timbre y salié la ogresa. En la penumbra no distingui bien su expresién, pero me percaté de que no sonreia. Entré sin que me invitaran, antes de que la ogresa me cerrara la puerta en las narices, y entonces las risas cesaron y 105 sem new casrano hubo un momento de silencio. Deben de haber sido unas diez caras las que se volvieron a mirarme, todas la vez. Habia solo mujeres -més Bruno~y no reconoci a nadie del barrio. La timidez me atacé en ese instante. Le entregué a la ogresa el chocolate que habia traido, sin decir una palabra, y fui a sentarme en un sillén. La cara de Bruno se descompuso al verme. No podia culparlo, yo también me hubiera enfermado en su lugar. Pero iba a tener que aguantarse, porque no me pensaba ir hasta que él me escuchara. Desde mi puesto, y ya que nadie me prestaba atencién, me entretuve pensando en que en un momento como este bien se podria desear que la tierra se abriera y la ‘wagara a una, pero que en realidad era una tonteria, porque nadie puede desear un terremoto grado diez y sus consecuencias. En esas estaba, cuando una de las sefioras se me acercé y me ofrecié nueces. Yo las acepté con una sonrisa torcida y tomé va- rias. Luego se acerc6 otra con una fuente de mani y me dijo que me lo comiera todo. Un rato después, volvié la de las nueces. De a poco me fui sintiendo mas tranquila, en realidad las seftoras amigas de la ogresa no eran tan espantosas como habfa imaginado. Bruno no me habia vuelto a mirarsiquie- ra, pero eso significaba que tenfa permiso para observar atentamente a los presentes. ‘A mi amigo me lo sabia de memoria. Su madre habia decidido obsequiar a sus invitadas con un atuendo verde musgo y tuna permanente dramética; pero aparte de eso, no habia nada nuevo en ella. Lo que me llamé la atencién fueron las de- més, quienes curiosamente, se parecian tun poco entre si. A lo mejor eran todas primas lejanas. Y también eran parecidas 107 HEE VS RTRRS i i if t ie hude esr i i f | wt ma ih | ala ogresa, ahora que lo pensaba: mucho | peinado inflado, mucho colorete, mucho traje de dos piezas, casi la misma edad... yuna expresién similar, Pero zque expre- saba qué? i De repente cai en la cuenta del olor que reinaba en la sala, Desodorante ambiental tipo “Aires de montafa”, fuerte. Pero nadie | estaba fumando, Busqué a Bruno con cara de preguntay vi que su cara seguia verdosa. | Iba a decirle que ya era suficiente, pero) | una sensacién rara me impedia hablar. Y entonces lo of decir, con una voz aoa que no le reconoct: ose He cASTILO ~Marta, :me acompazias un rato afuera? Confundida y muda, me levanté para seguirlo, pero una de las invitadas me corté el paso: ~2A dénde crees que vas? Toda la sangre se me agolpé en la cabeza. Vi quea mialrededor todas las mujeres se habfan puesto de pie y yo todavia no alcan- zaba.a comprender lo que estaba pasando. Solo sabia que no podia ser nada bueno, porque Bruno tenfa una expresién que no le habia visto antes, estaba fuera de si {Qué pasa, Bruno? —pregunté, con un hilo de voz. No me respondié él, sino la sefiora de las nueces, quien anuncié: Pasa, quetida, que acabamos de convenir que el menii de hoy serd cazuela nogada. En ese momento entend: habia ido a meterme a una guarida de ogresas. Y me 10 di cuenta de que hasta ahora no lo habia creido, no realmente. Pero esta no era tuna de mis fantasias. La expresin en los rostros era de hambre, porque esta noche, Ja cazuela nogada seria yo. m 8 EL INTENTO Mocereiro cpmensé atrabejae simi “Ojala pudiera escupir todos los manies y las nueces que me comi”, pensé. Para al menos amargarle el sabor a las ogresas, porque honestamente, qué posibilidades tenia de salir viva de aqui? Solo tenia un aliado: Bruno, y parecia més asustado que yo. 20 no? Su semblante habia cambiado, 13 —Bueno ~dijo él-, creo que ya podemos dejar de actuar, cierto, mama? Ella no dijo nada. Al parecer él tampo- co esperaba una respuesta, porque siguié habkindole a su madre con un tono de cevidente exasperacién: ~Ya tienes lo que querias, vas a dejar tranquilo? Si, supongo que si—le respondis ella, de brazos cruzados, —{Necesitas algo mas? -No. —Bueno, zentonces puedo irme a mi pieza ahora? —Claro, haz.lo que quieras. Todo este didlogo se desarrollaba frente a mi, pero yo todavia no podia procesarlo, Bruno habia estado ayudando a la ogresa? dla habia estado ayudando a capturar- ‘me, desde el principio? Habkindome de pajaros, de la vida sencilla en el campo, engatusindome con sus palabras? ;Mirdn- dome con esa cara inocente? ;Ganindose cada tarde mi confianza, mi amistad, para luego entregarme como si fuera un bulto cualquiera? No, no era posible. No era posible, Mi ser entero se rebelaba ante esa alternativa. Lo miré esperando encontrar una sefial de lo contrario. Bruno habia comenzado a subir las escaleras y se alejaba de mi campo de visién. Todavia podia ver sus nas a través de la puerta abierta del living. Desesperada, traté de zafarme, pero una de las ogresas me sostenfa un brazo con una mano de ufas largas y pintadas, mientras discutfa con el resto la mejor forma de preparar los alifios. Todas es- taban enfrascadas conversando y no nos prestaban atencién. Entonces, Bruno se agaché por un segundo, me miré y sefialé una puerta, us esa nee castuo al tiempo que pronunciaba claramente: “anda al bafio”. Luego desaparecié, Mi corazén salté, y sin dudarlo un mo- mento, dije en voz alta: ~;Puedo ir al bafio? Como me observaron con el cefio frun- cido, continué: =No creo que quieran su plato opacado por la urea, sefioras. Se miraron brevemente y luego la dueiia de casa asintié e hizo un gesto para que la mujer de las ufias pintadas me escoltara hacia el segundo piso. Mientras subia los peldafios, of a una que deck ~Es sorprendente lo bien que se lo esta tomando. Entréal bafio y ahi estaba Bruno, sentado enel borde dela tina, con la misma mirada de susto que estaba segura de haberle visto unos momentos atrés. La mujer me habia 16 dicho que tenia maximo cinco minutos, asi que debfamos elaborar répidamente un plan. Pero antes yo necesitaba un par de explicaciones. Encendi el ventilador para poder hablar sin que nos oyeran. —Me puedes decir qué es eso de que estabas actuando? fue lo primero que se me ocurrié preguntarle, hablando de todos modos en susurros. =No, me referfa a que mi mamé estaba actuando ~me respondié en el mismo tono, con una expresién desolada-. Per- dona, Marta. Bila me habia prometido que nunca iba a pasar algo asi. ~ por qué no me dijiste? {Qué cosa? —Que iba a haber esta cena anual de mujeres “malas-como-el-natre”. =No es una cena anual, es una cena mensual, ~:De verdad? ny =Si. Al menos el mes pasad« tuvieron ~2Y por qué te viniste a vivir con ella? otra... —Porque es mi mama, Marta, y me lo Me quedé observéndolo un egundo. pidis. ~Cémo puedes paticipar en eso, Bruno? —Pero tii sabjas quien era! —No patticipo en esto, Mata. ;Se te Mi mamé no es como ti piensas. olvida que hasta ahora habia wvido con Puse mi mejor cara de incredulidad. ‘mi papa? Y la vez pasada no stuve, mi —Perdéname si la ofendi -dije, irénica. mamd me mand6 a mi pieza. No es so. Ella me recogié cuando me ~2Y por qué ahora andabas incluso de abandonaron, Me dejaron en su puerta y mesero? clla me recibid. Me crié como su propio Ella me pidié ayuda. hijo hasta ahora. ~;Para cocinar? ~le pregunté, Ivantando Ante mis ojos aparecié una imagen de una ceja, significativamente. un Bruno pequefio y solo en el mundo, =No, Marta-respondié, con se paciencia enun nido ajeno, sin ninguna posibilidad de siempre-. Si hubiera sabido que ellas de hacer algo al respecto... pretendian... que tt ibas a venir... —Eres como un mirlo, Bruno, y tu mama Apreté los pufiosy se quedé aa silencio. eslachincola que te recibié.... una chincola Su ira me conmovié un poco. mala, en todo caso. =zEntonces tit no le dijiste que me No es mala. invitara? —Ay, Bruno, entiendo que no quieras -Obvio que no. hablar mal de tu mama, pero por favor, 9 al menos concédeme que sus amigas son ‘malas, 0 que son malas todas juntas una ver al mes. —Mmm.... no estoy seguro de qué hacen en sus reuniones mensuales. ~Creo que hoy tuvimos una buena mues- tra. Pero, gpor qué no vivias con ella desde el principio, sila encontrabas tan virtuosa? =No la encuentro tan vircuosa. Tiene un temperamento bastante irascible... ti lo has visto, =lrascible es ponerlo muy suave. ~Bueno, de cualquier forma, no es una persona con la que sea facil vivir. Por eso al principio me quedé con mi papé en el campo. = ahora te pidié otra oportunidad? Si. Dijo que me iba a hacer bien tener amigos. ~,Crees que por eso me pidié que te ayudara con las clases? 120 -Si. Yo no estaba tan segura. Tenia la im- presin de que la ogresa habia planeado todo: las clases, nuestras peleas, nuestra amistad, esta comida, todo, con su propia agenda oculta, pero no quise decirselo a Bruno. ~Pero eréeme que, de haber podido, ha- bria impedido lo de las clases -terminé él. 0 sea hubieras preferido que no nos hiciéramos amigos? —lo acusé. Dejé pasar mi acusacién ridicula y en cambio, pregunté: ~Somos amigos acaso? Con todo lo que habia pasado, se me habia olvidado el incidente de esta tarde, la raz6n por la que habia venido a esta comida. —Por supuesto que somos amigos ~suspiré-. Vine hoy dfa solamente para que lo supieras. 121 ose kr caSTILO ~A ver si algiin dia se lo cuentas a tus ‘otras amigas. -¥ a ver si ti algin dia le dices a tu ‘mami que no me sirva de comida. Negé con la cabeza. Eso no va a suceder. Tengo un plan. ~:Cudl? ~Te vas a descolgar por la ventana, vas a correr a tu casa y te vas a quedar ahi. Yo me encargo de mi mama. Nos quedamos en silencio, y de repente se oyeron unos golpes en la puerta. ~2Ya estis lista? ~grité la mujer desde afuera-. jNo tengo todo el dia! =iNo puedo hacer, estoy nerviosa! le agrité de vuelta y luego murmuré a Bruno-. Esta mujer es increible, ;pretende hacerme creer que soy una desconsideradat —Déjate de hablar tonterias ~respondié Bruno-. Toma esta toalla, deslizate hasta donde puedas y después salta. Yo voy a sostener el otro extremo. ‘Me asoméa la ventana y miré hacia abajo. Pero estamos realmente alto! Si, pero no tenemos alternativa. —Voy a romperme una pierna. —Marta... ~Ya sé, no tenemos alternativa. Tomé la toallay lo miré fijamente. —Bruno, ztti sabes qué les pasa a los pajaritos que se caen del nido? Si, pero tranquila, a ti no te va a pasar nada. Esta toalla es extra grande, es de mi mama. —Ojalé se ensucie harto. ~(Tienes una linterna en tu pieza? —pregunté. Si, gpor? ~tenta todo el kit de supervi- vencia: linterna, costurero, silbato, parches curita, brijula, fésforos y el cortaplumas que andaba trayendo en el bolsillo. Cuando llegues a tu pieza, hazme se- fias con esa linterna, asi voy a saber que estis bien. Bueno -susurré, procurando no mirarlo alos ojos. Los golpes se repitieron, esta vez con mis furia que antes: Voy a entrar! ~iNo, ya estoy casi lista! ;Déjeme lavarme las manos! ‘Abrri el agua fria y la dejé corriendo, Me acerqué a Bruno y casi lo abracé, pero me arrepenti. Estoy segura de que él pensaba hacer algo parecido, porque se puso rojo y carrasped. Si no nos volvemos a ver -me dijo-, quiero que sepas que eres una buena per- sona. Una de las mejores que he conocido, =gPor qué no nos vamos a volver a ver? Vivimos al frente le dije, ignorando lo que me habia dicho, Por toda respuesta, se encogié de hom- bros. En un acto de valentia, le tomé una mano y murmuré: —Ti también eres un buen amigo, el mejor que he tenido. Hubiera afiadido “contigo puedo hablar cosas que no puedo hablar con nadie mas”, pero me parecié excesivo para el momento, Le pasé el otro extremo de la toalla y me senté en el alféizar de la ventana. Cerré los ojos, agarré con fuerza la tela y dejé que Bruno fuera bajéndome por el muro, Cuando senti que ya no descendia mis, Jos abri. Debo haber estado todavia a unos dos metros del suelo, sruno! ~grité, tratando de bajar la vor, al maximo-. jInclinate més! —iNo puedo! jEsto es todo lo que da! ~{Tu plan era pésimo! ;Me voy a torcer el cuellot ~Deja de hablar y concéntrate en buscar un buen lugar para aterrizar! ys super Facil! ;Como no esta nada de oscuro por aqui! 125 —jMartal Miré hacia arriba y noté su cara de es- fuerzo, Estiré los brazos y sacé el cuerpo un poco mis afuera... En mi desespe- racién por aterrizar bien, tanteando a cicgas, aleancé a agarrarme de un tronco que trepaba por la pared. Era bastante delgado, asi que se rompié y terminé por cacrme igual, y un golpe seco me quité el aire de los pulmones. Abri los ojos. Estaba muy incémo- da con algo que se me enterraba en la espalda y me dolia todo el cuerpo. Me levanté a medias y me observé los brazos rasguiiados, A mi alrededor habia pasto y algunas ramas y flores de bugambilia. {Dénde estaba? Entonces recordé: tenia que llegar a mi casa, ya. Comprobé que el resto de mi persona estuviera en buenas condiciones, y gateando avancé hacia el jardin delantero. 127 No contaba con la enorme masa som- borfa de la ogresa, que se aparecié frente a ‘mi, me agart6 de los hombros y me corté definitivamente el paso. 9 AL FINAL 4 Grates queibesacscapartsPieneas que no conozco a mi hijo? ~mascullé, con sus malévolos ojitos entrecerrados. ‘A mi se me habia venido un enorme cansancio encima. Me dolian las manos y la cabeza, y a verdad, no estaba de humor como para lidiar con criaturas mitolégicas que en primer lugar no debieran existir. Queria volver a desmayarme y que todo 19 fuera un suefio 0, ya que estébamos en estas incongruencias, que apareciera una bandurria gigante y me llevara volando hasta mi casa... 2A qué se refiere, sefiora? —Ie dije, en tono débil. Era evidente que mi hijo iba a que- rer ayudarte a escapar. Lo supe desde ef Por supuesto —sonrié, con una mueca de triunfo. -La felicito. ¥ ahora, zqué va a hacer? @Me va a amordazar? Pensé que no era muy inteligente de mi parte provocarla, pero ya no me quedaban muchos recursos y era la mejor manera ‘que conocia para calmar mis nervios. Ella, para mi desconcierto, reper puso seria y me dijo, despacic No tedascuenta de lo que hicise, cierto? ~2Lo que hice yo? ~repliqué, confundida. Si, ui —se refregé los ojos un segundo y luego siguié~. ;Tanto tiempo, los esfuerzos por encajar en el barrio, por entender las costumbres, por pasar inadvertida, todo al tacho de la basural ;Arruinaste lo que habia venido construyendo desde hacia aftos! Qué se supone que debiera hacer ahora? —Construyendo, ja... ;Comiendo nifi- tos! jMujer horrorosa, canibal! ~grité de vuelta, ignorando su pregunta-. A quién se comieron el mes pasado? Era algin nifio del barrio? Ya que estaba en esta ruta, iba a lanzar- me con todo. Al menos asi la mantenia hablando. ~;Silencio! -apremié, mirando hacia todos lados. La observé con suspicacia, ella también volvié sus ojos hacia mi, y habia indecisién 13 oss HERP ASTID cn ellos. Adentro, atin se ofan las voces y Ja miisica de cantos gregorianos. —{Remordimientos de conciencia? ~pre- gunté. =No exactamente. Entonces, zqué? Estoy decidiendo qué hacer contigo. ~{Tiene dificultades para compartir? Las demas se van a enojar con usted. Como si mi frase hubiera sido una sefal, tuna de las mujeres abrié una ventana. Por suerte no alcanzaba a vernos. ~iGraciela! Dénde estis? ~grit6. ~ Estoy... estoy buscando cilantro! ~grité de vuelta mi secuestradora. Graciela? :Asi se llamaba la ogresa? Qué nombre menos apropiado para una mujer tan éspantosa como aquella, eraicomo Jos nombres desafortunados de pijaros preciosos como el churrete, el churtin y el comescbo, solo que al revés. Miré a la ogresa, que seguia cortindome l paso con efectividad, y luego disimu- ladamente miré mi reloj. Eran las ocho y media: todavia faltaban treinta minutos para que mi mamé vinieraa rescatarme, y ‘en ese tiempo podian pasar muchas cosas. El pensamiento me puso infinitamente triste y perdi el coraje. “Uf, sabia que no deberia haber veni- do... -dije, queriendo Morar. Pero tenia que controlarme, asi que me obligué a agregar-: Al menos vine preparada. Estoy dlispuesta a luchar por mi vida. —Saqué mi corraplumas y la levanté, para que pudiera apreciar el filo de la hoja que brillaba a la luz de la luna. ~;Trrajiste un cortaplumas? ~pensé que se iba a reir de mi arma inocente, sobre todo al compararla con sus dientes, pero no se estaba riendo, sino que me miraba con verdadera curiosidad—. ;Por qué? 133, SS ~;Para defenderme, por supuesto! ;O cree que soy tan bruta como para veni acd, indefensa? A nuestro alrededor todo se habia dete- nido: los ruidos de la noche, el viento, los pensamientos, Parecia que solo existfamos la ogresa y yo. Contuve la respiracién, esperando su respuesta. =Si, creo que eres bastante bruta, pero pensaba que acababas de enterarte de esta... situacién. Ahora no me explico: si sabias el peligro que corrias, zpor qué viniste? De partida, usted me invits. —Sabes tan bien como yo que esa no es la razén. Bueno, no quiero entrar en detalles, pero basicamente vine por Bruno. =;Por mi hijo? ~Si, Necesitaba hablar con él. = Para que? 134 En ver de contestarle, dudé unos segun- dos y luego exclamé: ~Yo tengo otra pregunta, sefiora. Por qué hizo que Bruno viniera a vivir con usted? ~Porque lo queria cerca ~me respondid, con tono desafiante. —Su hijo es una buena persona. No es como usted, que solo piensa en si misma. El harfa cualquier cosa por mi, y yo por él. —Ah, si? -se rid, divertida, al parecer, con la idea. Si. —Mmm... -murmuré. Mmm” qué? ~Sabfa que a Bruno le importabas. Lo supe desde que lo encontré espiindote desde su ventana, por eso te invité a hacerle clases. Porque le hacfa falta una amiga, ;sabes? En el campo estaba muy solo, y en su curso no lo estaba pasando 135 bien: esos nifios horripilantes no dejaban -Vamos, andando. de molestarlo... puso cara de furia, Me empujé y yo pensé que se me habia pero luego siguié—: Las notas no me acabado la existencia. Pero ella sefialé mi importaban, me importaba que estuviera casa y dijo “corre”, la palabra més linda contento, y asi fue. Pero no sabia que a que habia ofdo jamas. ti te importaba tanto él. Sinceramente, ‘estoy encantada. Lavidaa veces es dificil, por eso es que Era curioso que dijera que estaba en- cuando me disponia a corter, sucedieron cantada con esa mueca tan horrible y en dos cosas al mismo tiempo: Bruno aparecié un momento como este, casi llegando a corriendo por la puerta de atris y todas batir palmas, como si estuviéramos en las demés ogresas salieron por la puerta una entrega de premios. Y sin embargo, principal, cuando dijo que yo le importaba a Bruno, —;Qué estés haciendo todavia aqui? a m{ también me envolvié el pecho una ~exclamé Bruno, pero luego, cuando vio sensacién tibia. a las demas mujeres, se detuvo en seco. ~Ahora me pones en una situacién bas- —{Qué estan haciendo? -preguntaron tante dificil -continué ella—. Si entro en ellas a su vez. la casa y les digo que te perdi, las demés La ogresa me tomé nuevamente por el no van a volver a dirigitme la palabra. Si hombro y, sin ningiin esfuerzo, me obligé entro contigo, Bruno no volverd.a mirarme a quedarme de pie tras ella. =La vida a veces es dificil. =La vamos a dejar irse —