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V I S O R revista literaria

Especial Argentina

Creación: Rita Gardellini / Eduardo Krüger / Mercedes Mo-
reno / Fabián Ostropolsky / Gonzalo Salesky / Emilia Vidal
© Revista Literaria Visor Contenido
ISSN 2386-5695
Revista Literaria de difusión cuatrimestral

Dirección:
Noel Pérez Brey
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com

Consejo Editorial:
Vega Pérez Carmena
Noel Pérez Brey Editorial.................................................................3
Imágenes: Creación.................................................................4
Portada: Fuente: Pinterest.com
Contraportada: Fuente: Pinterest.com Analógica ironía de una triste figura, por Rita Gar-
Contenido: Stampolina / Fuente: Flickr; dellini.............................................................................5
Creación: Rafael Matesanz “Rapheus Photography”
Mi viejo, yo, y las demás cosas, por Eduardo Krü-
Diseño: ger..................................................................................9
Noel Pérez Brey
La Peti Elizalde, por Mercedes Moreno..................15
Carta a la que me ha olvidado, por Fabián Ostropols-
ky.................................................................................20
Esta revista se edita desde Toledo (España) a través de la si-
guiente dirección: Una letra E, por Gonzalo Salesky.............................24
www.visorliteraria.com Ya vista antes, por Emilia Vidal..............................29
Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente direc-
ción de correo electrónico: Colaboraciones..................................................... 34
visorliteraria@gmail.com

Todos los textos e imágenes publicados en este número son
propiedad de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohi-
bida la reproducción total o parcial de los contenidos de esta
publicación en cualquier medio sin el consentimiento expreso
de los mismos. Por otro lado, esta publicación no se respon-
sabiliza de las opiniones o comentarios expresados por los
autores en sus obras.
EDITORIAL

Gracias, Argentina
Echeverría, Sarmiento, Hernández, Arlt, Walsh Bioy Casares, Borges, Sabato,
Cortázar, Piglia, Aira… podría continuar el listado de escritores argentinos hasta
llenar la página y quizá eso fuera suficiente para dejar clara mi intención. Son mu-
chos los grandes autores que comparten dicha nacionalidad, muchos los escritores
argentinos, por tanto, los que han contribuido a fortalecer nuestro idioma y a enri-
quecer la literatura en español. Es algo de lo que Argentina debe sentirse orgullo-
sa. En este sentido, también nosotros nos enorgullecemos de nuestra modestísima
contribución al respecto. Como ya hemos repetido en estas páginas, el objetivo de la
revista es fomentar el relato corto en español, objetivo que lleva implícito el ensal-
zamiento de nuestra literatura y del idioma que compartimos todos los millones
de hablantes del mundo hispánico.
En este objetivo no estamos solos, desde luego, ya que son muchos los autores
que nos ayudan con su trabajo y no pocos los lectores que se acercan a los distintos
números de la revista. En este conjunto, buena parte de los escritores y lectores
son de nacionalidad argentina (de hecho, solo España supera a este país en número
de participantes y usuarios). Muchas gracias a todos por vuestro apoyo. Por otro Creación
lado, quién dice que, entre los escritores argentinos que publican en nuestras pági-
nas, no se encuentra el próximo Sabato, Borges o Cortázar, y que dentro de unos
cuantos años, en otra revista, alguien no comience su texto listando Gardellini,
Krüger, Moreno, Ostropolsky, Salesky, Vidal… Nunca se sabe. Sea como sea, noso-
tros, desde ya, les reconocemos agradecidos su labor y su apoyo.
Estábamos en deuda con ellos (y con tantos otros, claro, con los que esperamos
seguir haciendo gestos similares), pues Argentina, ya lo decíamos, aporta a nuestra
publicación buena parte de sus lectores y narradores. Sirva este número especial
no solo como muestra del actual género corto argentino, sino también como señal
de agradecimiento a todos los seguidores y colaboradores de dicho país. Gracias.

Noel Pérez Brey

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CREACIÓN

Analógica ironía de una triste figura
por Rita Gardellini

Lo remixó con el Rap de su primo, lo aceleró y lo lentificó;
creado el ritmo alucinado, le sumó las voces y las repeticiones.
Volvió a mirar el vídeo y lo presentó. ¿Querían cagarse de risa?
Él proveería las vituallas, un poco sórdidas, algo desprejuicia-
das, pero tenía que compensar la ausencia del lucrativo sexo.
No veía la pantalla, miraba a la Junta, iba bien. Aunque solo
importaba Sánchez. Quijano, Montalvo y los otros no iban a
oponérsele, y menos, el empalagoso Carrasco.
Iniciaba con el magullado jinete trajinando inclinado sobre
el aturdido jamelgo, movimientos cinéfilos: sutiles y raleados,
aguardando la caída que no se producía; intercalando, aparecía
en primer plano, el regordete escudero –un hallazgo histrióni-
co, aun sin pulir–­aplicando repetidas veces que se enderezase
del molimiento o con tanto gusto bebiendo empinado de la bota.
Evidente, detuvo las imágenes publicitando la bodega malague-
ña, estas resultaban imperceptibles al ojo pero lo importante
era que rengueaban en el inconsciente, se tentó en no mostrar
el ardid y luego consultar sobre las apetencias pero no era un
encuentro lúdico, además, esos deslumbramientos a Sánchez
no le interesaban, hacía siglos que había abandonado la inocen-
cia de la profesión.
Seguía con el triste andariego arremetiendo al galope contra
el molino, varias cámaras lentas para el choque, bien desme-
nuzado cada impacto, troceados los pedazos de la lanza con el
opuesto de la anterior altiva y en ristre, y lo mejor: el vuelo
de ambos al quedar enganchados de las aspas, sin perderse
detalle de las expresiones: desorientado el rocín, y estupefacto
el desmontado. El panzón avanzando apurado con los trancos
torpes del asno y el rodamiento de los maltrechos por el cam-
po. Escuchaba las carcajadas, en especial con los congelados de
los gestos. Creó un efecto marioneta de muecas desesperadas y
nubes en noria.
Luego surgía la conversa que precedió, la advertencia de que
¡eran molinos!, y la que continuó, con el altivo discurso com-
pleto «que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a
continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad,
que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros,

© Silvia Castagnino
Fuente: www.silviacastagnino.com.ar visorliteraria.com | 6
CREACIÓN CREACIÓN

ha vuelto estos gigantes en molinos por cuenta del trasfondo de origen. Esa gen- retos vomitivos, lidiando con las patotas que te parió, andá a terapia o al pabe-
quitarme la gloria de su vencimiento: te quiere transparencia. de inadaptados querellando los abusos a llón Insular de…»
tal es la enemistad que me tiene; mas –­Lo modifico, ya tengo ideas para la integridad, pagando monstruosidades Modosito, Carrasco se sentó con el
al cabo al cabo han de poder poco sus realizarla en contra, favoreciendo a la por exhibir lolas, y él saliendo héroe por resto para continuar con la reunión
malas artes contra la voluntad de mi generosa industria contaminante. un show directo del psiquiátrico que re- creativa y barajar las posibilidades.
espada» y aquí, el lucimiento especial: –­Que tanto necesita nuestra mezqui- caudó fondos para un nuevo edificio y Pensó en el porrazo, podrían iniciar con
entrelazado en el monólogo, cinco jue- na ayuda —no pudo evitar la cínica son- audaces terapias. Familiares contentos, los analgésicos, quiroprácticos, spas...
gos de tics cinéticos y tartamudeos de risa, de inmediato correspondida por el médicos, has las que les limpiaban el qué abanico.
desdichos de políticos y celebridades, séquito—. Por ahora dejala así, después culito, felices. Así qué cortala con los –­¿Seguimos?
con dedicado esmero a las lágrimas de vemos si podemos permitirnos el lujo complejos sino te dio la teta la madre –­Vale.
los desamores y las grandilocuencias del lindito toque altruista o seguir con
impúdicas de las promesas en campa- la manada mercenaria.
ña, blanco y negro del mismo elegido. Y –­Según el comprador: la venta.
lo que le llevó solo dejar las cinco más –­Lo importante. ¿Permisos? No quie-
convenientes, un rato en el archivo y ro enredos legales. Rita Gardellini (Rosario, Argentina). Docente investigadora y directora de
tenía para varias secuelas. –­Todo en orden y vigente, ya lo cons- escuela primaria estatal. Autora de varias novelas, poemarios y relatos inéditos.
Al cierre, el nombre peregrino, dul- taté con Jurídica, cada tutor legal de los Ha publicado No dejes que muera (Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2009), y la
ce y musical de su dama Dulcinea del internados, cuando firmó el acuerdo… serie de relatos Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas e
Toboso, cuando era solicitado para que No lo dejó proseguir, hizo el gesto insisten en enamorarse (UNR Editora, Rosario, 2011). Pero es en Educación donde
lo socorriese en el trance, y puntual, el apurado de las cejas, un escueto apro- ha volcado su hacer más conocido, destacándose en la realización permanente de
toque cursi de una «ella» en supuesto bado y se retiró. actividades no aranceladas para mejorar la calidad educativa de las escuelas en
enamoramiento en cantidad de selfies, Carrasco lo palmeaba, en cada alien- donde se desempeña. Autora de Alumnos lectores... alumnos escritores y su seño.
en contrafigura de la real sin los artilu- to se soltaba el sentir de la envidia car- Los soles verdes, anteproyecto de investigación educativa declarado de Interés
gios del photoshop, y arguyendo la an- comida y contenida. Provincial y Legislativo, que incluye una colección de relatos para niños que ya
danada de los estéticos de los que ningu- ¡Pedazo de hijoe!, hace tres años que cuenta con dos ediciones. Ha realizado además un sinnúmero de colaboraciones en
na mujer debe privarse por merecerlos. se finalizó el reality en el manicomio y diferentes libros y revistas de educación y ponencias en congresos relacionados con
Y el complot final: un acercamiento aún logra refritos que generan nuevos esa especialidad, así como también ha recibido premios y menciones honoríficas en
a los aerogeneradores eólicos danzando dineros. Esto se hará viral, por segun- relación a su labor educativa.
limpios y seguros al viento, destacando da vez. Sonrió en mordida hipócrita y
la imposibilidad del volado accidente de se contentó. Como le explicó Machuca
Rocinante y Quijote. con su adaptación tan práctica, «las re-
Silencio. Aguardaron. sentiditas quejas de destronado, te las
–­Lo último, la arenga pro bio, dudo guardás en el oscuro escondido que tenés
que la acepten, no comen vidrio degra- depiladito —¿cómo carajos se enteró?—;
dable —risas rápidas porque siguió ha- si come él, comemos todos, ¿lo querés
blando—. Visión original, simpática, con en la competencia?, ¿quién consigue que
el certero mensaje ambiental. Harto de la muerte de un loco se multipliquen
sabemos que no van a darnos otro pla- las ganancias por las ventas de anti-
neta, así que el verde rescate no admite depresivos? Es un genio, un alud, los
demoras, energías renovables, desarro- otros canales lamiendo el rating, desce-
llo sostenible, lindito el toque altruista rebrándose para que los realitys asom-
pero, ¡no me jodás!... cualquiera se da bren, acuciando a concursos de desafíos,

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CREACIÓN CREACIÓN

ba mi genealogía o la de cualquiera? Mi go tiempo con el viejo. Solo estaría más
ascendencia me ligaba a mi padre con tranquilo mientras eso durara hasta
los lazos de lo vivido y sentido junto a que yo lo decidiera.
él. Pero el lazo se borroneaba después De forma que dejando de lado a Es-
del Mahler abuelo, y terminaba con- teban, ignorante de árboles genealógicos
virtiéndose, de ahí para atrás, en una familiares, yo era en ese momento la
pirámide de datos transmitidos con la cúspide Mahler, sentado en un banco de
forma deleble de los recuerdos de los plaza y tomando mate con mi padre.
Mahler viejos que aún estaban vivos y Mi padre: quince años antes se había
balbuceando lo que recordaban de tiem- ido de casa de un día para el otro, sin
pos idos. explicar nada. Dejó atrás un desastre
Terminé el mate y se lo devolví. Me inesperado que me tocó afrontar como
fijé en su pelo ralo y canoso, su aquies- el mayor de los hermanos. Él solo huyó
cencia resumida en el simple acto de sin tener a donde ni hacia quién. Con el
inclinar el termo y verter agua alrede- tiempo comprendí que esa fue la única
dor de la bombilla. Había una resigna- forma en que pudo alejarse de mi ma-
ción vieja en las arrugas de su cara, en dre, aunque él jamás mencionó eso.
© Marcelo Cugliari la flacidez de sus párpados ejercitados Pero también había huido de noso-
Fuente: Flickr en la introspección y el escepticismo. tros, sus hijos. Mi hermana y yo pre-
En ese momento él tenía cincuenta y tendíamos que nada había pasado, pero
ocho años. Yo, con treinta, estaba casi él dejó tras sí un hueco que se extendía
en la cima de la pirámide Mahler. Casi, desde la puerta de calle hasta donde
porque mi hijo Esteban Mahler había nuestra imaginación nos dejaba ir sin
Mi viejo, yo, y las demás mente antes de volver a mirarme a la nacido un año antes. lastimarnos demasiado.
cara. No porque sintiera vergüenza de
cosas A estas horas Esteban estaría colga- Después seguimos viéndonos a las
pedirme dinero, sino por el desconcierto
por Eduardo Krüger do de la teta de Lucía, mi mujer, en la perdidas, irregularmente. En cada uno
que adivinó en mí al escuchar su pedido. semipenumbra del dormitorio, a apenas de esos encuentros yo tenía la sensación
Me alcanzó el mate. En la forma de diez cuadras del parque. Aletargándose de que la traza de ese hueco se detenía
sus dedos y sus uñas volví a ver mis en un sueño que giraba alrededor de su por un momento ante mí, hablábamos
Nunca imaginé que al viejo podía es-
propias manos y el firme recuerdo de avidez por la vida, ajeno a ascendencias un rato, y luego se reanudaba.
tar yéndole tan mal como para pedirme
su padre, mi abuelo. Ese rasgo personal y apellidos. Ahora el hueco parecía detenerse en
dinero.
se ha mantenido en los Mahler genera- Palpé el celular colgado de mi cin- ese momento y ese banco del Parque
—Un préstamo a corto plazo— aclaró.
ción tras generación. Eran los dedos y turón, especulando con el recurso de Sur. Él volvió a llenar el mate con la
Lo dijo sin mirarme mientras cebaba
las uñas de mi abuelo, de mi tío paterno hacer una llamada a Lucía e inventar vista absorta en el pico del termo y su
un mate. Estábamos sentados frente a
y de mi hermana. cualquier motivo para despedirme del mente en algo más que el emparrado
una pérgola del Parque Sur en el final
Bebí el mate a sorbos breves y es- viejo. Ya otras veces lo había hecho y de la pérgola y los senderos de granza
de una tarde suave y lenta. Su perro
paciados. Reconociendo en los suyos siempre me dejó culpas. Además había rojiza.
olisqueaba alrededor, con la nariz pe-
mis propios dedos reapareció en mí esa avisado a Lucía que volvería más tarde Su ida no fue un desastre económi-
gada al césped. Entre nosotros, sobre el
confusión de encono amargo y a la vez para encontrarme con mi padre. Y si co. Había tenido un empleo acomodado
banco, el viejo había dispuesto el termo,
pertenencia que sentía hacia nuestro algo pasara con mi hijo ella me llama- y nos dejó todos sus ahorros y la casa
la yerbera y un paquete empezado de
propio apellido. El apellido de mis an- ría inmediatamente. Eso no significaba como lavándose la culpa de algo que no
galletas de grasa.
cestros. ¿Cuánto o cuán poco importa- que yo estaba dispuesto a pasarme lar- pudo ni quiso evitar.
Hizo tiempo cebando el mate lenta-

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CREACIÓN CREACIÓN

Mamá se aisló en su propio hueco — ¿Andás sin trabajo? to. Creo que eso fue bueno para su cora- haya heredado el carro del padre y, se-
tratando de llenarlo con nosotros y su —No tanto. Le hice la instalación eléc- zón y su operación de coronarias. Pero guramente, su apellido. Y que solo hace
trabajo. Pero salió del hueco al cabo de trica de la fábrica a un tipo que quiere aquella primera tarde en la vida de mi lo que sabe que tiene que hacer.
unos meses y se hizo cargo de que fué- reprocesar el nylon de las basuras, los hijo yo no pensaba en papá ni me sentí Me sobresalta la mano del viejo abar-
ramos familia otra vez. Sin él. envases plásticos y todo eso. Pero toda- mal por eso. Algo común en mi viejo cando mi nuca y revolviéndome el pelo
En esos quince años nos habían pasa- vía no me pagó, y van quince o veinte era su continuo retorno a las culpas que como si yo tuviera ocho años. Dice:
do muchas cosas. Yo conocía las mías días que terminé. aun estaba pagando, como si eso lo re- —¿Seguís escribiendo? Porque mamá
y él las suyas, cada uno por separado. Estuvimos un largo rato mirando dimiera de ellas. Y mi realidad no tenía me dijo hace mucho que escribías poe-
Lo que cada uno sabía del otro era una el piso, con los brazos apoyados en las tiempo para sus redenciones. sías y reflexiones tuyas en un cuaderno
entrecortada lista de charlas tan sal- piernas y las manos pendiendo inútiles Al fondo de la pérgola cubierta de de tapas negras. Pero yo nunca las leí.
teadas y escuetas como la de esa tarde hacia la granza rojiza, como si sobre santarritas un hombre de blanco vendía ¿Por qué no me dijiste nada?
en el parque. ella hubiera una lata llena de cosas que pororó y manzanas azucaradas. A esa Pensé en mi reclamo: “Mamá me
Solía encontrarse también con mi nos queríamos decir y ninguno de los hora de la tarde todo empezaba a ha- dijo. Mamá me dijo. ¿No podrías haber-
hermana. Mariela se resistía más que dos se atreviera a meter la mano en cerse sombrío y deshabitado. El hombre te dado cuenta vos de que yo escribía?
yo a hacerlo: postergaba o aplazaba ci- ella para traerlas a la luz. empezó a recoger sus cosas y el viejo ¿De que si vos te hubieras dado cuenta
tas con el viejo, inventaba excusas y de- El perro se cansó de olisquear los yu- y yo encendimos unos cigarrillos. Po- a tiempo de que yo escribía todo eso hu-
jaba pasar el tiempo hasta el próximo yos y vino jadeando. Se llamaba Siete. dría haberle repetido que era un pelo- biera sido mucho más importante para
llamado de él. Cuando al fin se reunían, Tirado bajo las piernas del viejo sacudía tudo por seguir fumando, pero preferí mí?”
Mariela traía más noticias del viejo que la cola mirándome. El viejo le acarició estar atento al celular y a una probable Pero solo se me dio por ayudarlo a
yo en seis meses. la cabeza y empezó a darle galletitas. llamada de Lucía. El viejo me preguntó que se justificara ante sí mismo.
De todas formas el resultado era el Mariela odiaba a Siete sin motivos. cómo andaba Esteban. —Lo que pasa es que yo empecé a es-
mismo: ni Mariela ni yo teníamos una Ponía en el perro el enojo que sentía —Diez puntos. Engordando. A esta cribir poco antes de que vos te separa-
idea precisa acerca de quién era el viejo, porque papá se había ido de casa, de no- hora debe estar tomando la teta —Reí—. ras de mamá. Después hubo tantas mu-
en quién se había transformado después sotros y de mamá. Con un poco de suerte, cuando llegue a danzas que ni sé a donde fue a parar
de dejarnos. —Cuando voy a visitarlo —solía decir—, casa estará dormido. el cuaderno negro. Pero no, no escribo
Ahora yo estaba ahí, partido en dos no habla dos palabras sin nombrar al Asintió con la cabeza gacha y las más.
como siempre que me encontraba con perro. Tomamos el té o comemos, y se manos colgando entre las piernas. Son- No se atreve a seguir con el tema.
él. Una parte mía quería saberlo padre; la pasa dándole galletitas. río en silencio y dejó caer la colilla en- Lo único que ha conservado a rajatabla
la otra se rebelaba contra su eterna pa- Habían pasado muchos años y mu- tre sus pies. En esa postura yo podía a través de los años es su biblioteca de
sividad comprensiva. Podría haberlo chas cosas. Yo tenía una esposa, Lucía, mirarlo libremente sin que él me viera. dos metros de alto por cuatro de largo,
puteado por no ser el padre que necesi- y mi primer hijo, Esteban. Fue su pri- Papá alcanzado por su edad; un extra- su retazo de mundo personal en el que
té durante esos quince años. Pero elegí mer nieto. Vino al sanatorio a los dos ño amistoso que era mi padre, aferrado no figura mi cuaderno de tapas negras.
hablar. días del parto con su nueva mujer, la elegantemente a una cuerda que llevaba Asiente con la cabeza, sin hablar. La
Mientras me alcanzaba el mate volví segunda desde el divorcio. el apellido de sus antepasados, el suyo parquedad que heredé de él, la que no
a tener la sensación de que la forma de La mujer era toda una madraza de y el mío. confronta ni consiente. Que no mendiga
sus dedos no era lo único que yo había tres hijos y se le notó cuando Esteban “Y el de Esteban” —recordé. compasión pero sí indulgencia en nom-
heredado de él. Me había transmitido empezó a berrear. Lo levantó del moi- Por sobre las dos hileras de eucalip- bre del apellido que viene de un fondo
también el tono irónico y resignado de sés y lo acunó hasta que el bebé se dur- tos monstruosamente altos la luz de- de la historia que no conozco y él apenas
su escepticismo blando, extendido como mió de nuevo. Lucía le agradeció con caía rápidamente. El vendedor de po- un poco más.
una justificación para todos los blandos una sonrisa gastada por las diez horas roró encaminó su kiosco sobre ruedas La parte de esa historia que conozco,
del mundo, pero primero para él. Pre- de preparto. hacia la avenida del parque. mi viejo, se pone de pie. Y su perro Siete
gunté: El viejo lagrimeó al conocer a su nie- Es posible —pensé— que él también con él, con la vista atenta a sus movi-

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CREACIÓN

mientos. excusa cual-
Hay tres realidades. En una de ellas quiera para
mi viejo levanta una rama seca y la charlar un rato
lanza lejos para que Siete corra a bus- conmigo.
carla y nos permita seguir hablando. Me quedo
En otra, yo estoy sentado en un banco viendo como
del Parque Sur mirando cómo mi pa- se aleja ensi-
dre lanza una rama al aire mientras mismado en la
yo, atento a mi celular, sé que el viejo gravilla roja.
está pensando en mí, en Esteban y en Ya está muy
mi mujer dándole la teta. lejos de mí y
En la tercera realidad, mi viejo y yo Siete lo sigue
vamos dejando el parque haciendo cru- tan cansina-
jir la grava colorada bajo las zapatillas. mente como se
Siete jadea tras nosotros con la rama sigue a un vie-
seca en la boca. Esteban chupa la teta jo, aprovechan-
de su madre en el claroscuro de la pie- do para mear
za. Yo me detengo ante mi auto con la las margaritas
llave en la mano. El del pororó engan- del parque.
cha su kiosco rodante a una camioneta Me meto al
oxidada y se va. tránsito de la
En esta tercera realidad mi viejo avenida tra-
pone su mano derecha sobre mi hom- tando de no ir a
bro, me da un beso y espera a que ponga más ni menos
el auto en marcha. velocidad con
—Lo del préstamo lo seguimos otro la que pasan
día. No es urgente —dice mi viejo desde los otros autos
la ventanilla del acompañante. y las demás
Antes de arrancar me doy cuenta cosas.
de que, otra vez, el viejo ha usado una

nes con relatos unitarios y un primer premio con el único libro que ha publicado,
2010-2012. Veintisiete cuentos y un poema.

Eduardo Krüger (Córdoba, Argentina, 1950). Desde 1953 vive, hasta la fecha,
en la ciudad de Rosario. Es técnico proyectista en ingeniería mecánica.
Casado, divorciado, con tres hijos y un nieto.
En su adolescencia y juventud temprana escribió poemas que no conserva. Cree
que eran pésimos, pero fue el comienzo de una aspiración que se interrumpió por
largos años.
Recién en 2005 comenzó a escribir cuentos cortos. En 2012 obtuvo varias mencio-

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CREACIÓN

La Peti Elizalde
por Mercedes Moreno

El 15 de julio de 2005, después de quince años, volví a Tandil.
No viajé antes por dos motivos. El primero, la distancia. Bari-
loche no queda a la vuelta de la esquina. El segundo, el novio
de mi mamá. Para ser sincera, nunca me cayó bien. Ni siquiera
a los diez años cuando me regalaba chocolates, caramelos y
alfajores.
Regresé a Tandil para despedir a una amiga de la infancia:
¡La Peti Elizalde! Caminar por mis entrañables callecitas me
llenó de nostalgia. Cada cuadra tenía su historia; cada casa,
su recuerdo. Cuando pasé por lo de don Emilio, el viejo cartero
del pueblo, no pude evitar una lágrima. Sí, en un tiempo hubo
cartero. Cada vez que tocaba la puerta ya sabía que venía al-
guna carta de amor. La lectura de aquellas líneas me hincha-
ba el corazón. ¡Para colmo no sabía quién era! La Peti había
conjeturado que mi enamorado era de Tandil porque los sobres
estaban hechos con una hoja Rivadavia y no tenían estampilla.
Durante varios meses recibí aquellas esquelas. Ya eran una
parte de mí. Sin embargo, de un día para el otro dejaron de lle-
gar. Nunca entendí por qué. Hasta que una tarde me crucé en la
plaza con el viejo cartero y, sin que yo le preguntara, me dijo:
«Era el chico Oliva, el mayorcito». ¡Ezequiel Oliva, con razón!
Lloré con tanta congoja que don Emilio me tuvo que acompañar
hasta mi casa.
Creí que, después de tantos años, todo estaría cambiado, que
no reconocería absolutamente nada. Sin embargo, el pueblo
seguía intacto. Los mismos negocios, las mismas viviendas.
¡Hasta la farmacia de los Oliva estaba igual! Bueno ya no per-
tenecía a los Oliva, pero mantenía la puerta giratoria y la mis-
ma ventana blanca con el vidrio roto al costado.
Antes de convertirse en farmacia no era más que una casa
abandonada con un terreno baldío. Ahí jugábamos a la pelota.
Era el lugar perfecto. No rompíamos vidrios, podíamos gri-
tar enardecidos y no atentábamos contra la cabeza de ningún
hermano menor, como nos había pasado una tarde en lo de la
Peti Elizalde. Benjamín tenía que patear al arco para hacer
gol y ganar el partido. Veníamos empatando. Faltaban cinco
minutos. Ramón le pasó la pelota y el enano, de puro agran-

© Marisol
Fuente: Flickr visorliteraria.com | 16
CREACIÓN CREACIÓN

dado, pateó con los ojos cerrados. Te- Después me arrepentí. Nunca más vol- señor Oliva cumplió a la perfección con lo único que se hablaba en las esquinas
nía esa costumbre. Pero la pelota siguió vió a intentarlo. Cuando los Oliva no es- las indicaciones impartidas. Sin embar- era del caso Elizalde. Que Horacio no
una dirección equivocada. Fue directo a taban con nosotros, Ramón preguntaba: go, los mataron. Algunos dijeron que tenía pinta de asesino, que no se podía
la cabeza de Lautaro, el hermano me- «¿Cuál es el colmo de un farmacéuti- Ezequiel había reconocido a uno de sus confiar ni en la propia familia, que lo
nor de la Peti, que en ese entonces tenía co?» y respondíamos a coro: «Tener que captores; otros, que Américo había que- acontecido era de película y no sé cuan-
cinco años y estaba tomando la leche. cerrar la farmacia porque no le queda rido escaparse. Aquella fue la Navidad tas cosas más. Tres meses después de
La señora Elizalde salió echa una furia. otro remedio». Reíamos a carcajadas. más triste de mi vida. Me la pasé llo- la sentencia mi amiga intentó cortarse
Nos prohibió jugar en el jardín. Así que Los martes y jueves, que salíamos del rando. Me daba igual si para cenar ha- las venas. La encontró Lautaro, desva-
nos fuimos al terreno baldío. A pesar de colegio más temprano, nos poníamos a bía lengua a la vinagreta, cordero asado necida en el baño, y la llevó directo al
estar lleno de pastizales, nos gustó más jugar al futbol en el espacio libre que o pollo al horno. Esa noche hubiera de- hospital. La fui a ver. La Peti era mi
que el jardín de nuestra amiga. Era había quedado del terreno baldío. Ar- seado que mi vieja me abrazara fuerte amiga, no podía borrarme como lo ha-
grande, podíamos andar libres como los mábamos dos grupos, uno de tres juga- o que su novio no dijera tantas pavadas. bían hecho Benjamín y Ramón. Me dijo
pájaros y no había ninguna madre que dores y el otro de cuatro. El partido se Para él, la familia Oliva era “rara” y que sentía mucha vergüenza. Preferí no
saliera a retarnos. hacía por la merienda: el equipo perde- estaba seguro de que algo malo habrían hacerle preguntas. No era el momento
El 5 de enero de 1983, Américo Oliva, dor debía agasajar al ganador. ¡Y nada hecho para terminar así. Después largó ni el lugar. En diciembre de 1990 me fui
el hijo de don Abel Oliva, un importan- de andar pijoteando! La mesa tenía que una carcajada estridente, como si fuera de mochilera a Bariloche con dos com-
te productor agropecuario, se mudaba estar repleta de alfajores de chocolate, un payaso de circo, se tomó otra copa pañeras de la facultad y me quedé a vi-
a Tandil con su familia. Quería que sus conitos con dulce de leche y galletitas de vino y aseguró que Américo y su hijo vir allá. No volví más a Tandil. Hasta
hijos anduvieran libres como los pája- rellenas. eran unos pelotudos. «No hables así de que mi mamá me llamó aquel jueves de
ros. De todas las propiedades que vi- Una tarde, tres días antes de la Na- ellos», tartamudeé. «Hablo como quie- julio por teléfono para darme la trágica
sitó, se quedó con la casa abandonada vidad de 1984, fuimos a tomar la me- ro de quien quiero», retrucó jocoso. Mi noticia. Recuerdo que eran las diez de la
y el terreno baldío. En menos de cinco rienda a casa de los Oliva. La noche an- mamá, lejos de pararle el carro, asin- noche y había terminado de cenar.
meses cortó los pastizales, remodeló la terior había llovido veinte milímetros, tió como una muñeca a cuerda y me «Hola hija, tengo que darte una mala
propiedad y construyó, en la parte de por lo que jugar en el terreno se hacía obligó a que le pidiera disculpas. Me ne- noticia, es sobre la Peti, bueno no sé si
adelante, La épica, la primera farma- imposible. Dolores entonces nos hizo dos gué. Entonces me mandó a la pieza a ya te lo han dicho, pero... se pegó un
cia de Tandil atendida por farmacéuti- tortas: una de chocolate y vainilla y la “recapacitar”. Para las doce ya estaba tiro. Fue hoy a la tarde. Lo hizo después
cos recibidos. otra de coco y dulce de leche. A eso de metida en la cama y con una tristeza de la visita de Tobías Oliva, ¿Te acordás
El matrimonio Oliva tenía dos hijos, las seis y media el cielo se puso negro, inconmensurable. de Tobías, no? Bueno parece que el chi-
Tobías y Ezequiel. Enseguida nos hici- como anunciando alguna tragedia, y co- El nueve de febrero de 1985, la se- co se vino hasta Tandil para verla. Le
mos amigos. A la Peti le gustaba To- menzó a llover. Así que la señora Oliva ñora Oliva vendió todo y regresó a la dijo que ella había sido la responsable
bías. Decía que tenía los ojos más lindos nos cargó en la camioneta y nos llevó ciudad, con Tobías. Cinco años después, del secuestro, que Elizalde era un hijo
del mundo. A mí, Ezequiel. Una vez ha- a nuestras casas. La acompañó Tobías. el pueblo amanecía con la noticia de que de puta, que merecía que lo mataran,
bía querido darme un beso pero me ne- Ezequiel se quedó con el papá, en la far- habían detenido en Sierra de los Padres que su familia había quedado destruida.
gué. Tenía la boca llena de chocolate y macia. Yo no sé si todo estuvo preme- a Horacio Elizalde, cabecilla de una Comentan que después del encuentro la
un hilo de baba le corría por la comisu- ditado o fue producto del destino. Pero banda delictiva que además había co- Peti fue al cuarto del padre, buscó la
ra de los labios. Me había dado asco. Y ni bien Dolores dobló en la esquina, un laborado con la dictadura. La Peti de- escopeta que había en el armario y ahí
eso que me gustaba. Pero si aceptaba el grupo de delincuentes ingresó al local y cía que era mentira. Nosotros, al prin- nomás se pegó un tiro. La van a velar
beso en esas condiciones seguro me iban se llevó a Américo y a Ezequiel. Pidie- cipio, le creímos. Sin embargo, cuando el sábado».
a poner un apodo, como le había pasa- ron cien mil dólares. Abel Oliva tenía la justicia dio su veredicto cambiamos Me quedé helada. ¡La Peti, mi ami-
do a la negrita. El Tuqui le había dado dos días para juntar la plata, ponerla en de opinión. Al señor Elizalde lo conde- ga! Recordé a los Oliva, las tardes en el
un chupón con la boca llena de crema y una bolsa de consorcio y tirarla en el ta- naron a veinte años de prisión. La in- terreno baldío, la farmacia, las merien-
desde esa tarde le pusieron “la gorda”. cho de basura de la estación de tren. El formación cayó como una bomba. De das abundantes. También pensé en To-

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CREACIÓN CREACIÓN

bías. Soportar semejantes pérdidas no años, y ahí la veo junto a su hermani-
debió —ni debe— ser fácil. Y menos de to Lautaro, a Ezequiel, Tobías, Matías,
la manera en que sucedieron los hechos. Benjamín, Ramón... Y me llegan desde
Sentí mucha pena. lejos los chistes que hacíamos sobre el
Por eso viajé hasta Tandil. Tenía que señor Oliva: «¿Cuál es el colmo de un
despedir a la Peti. No la podía dejar farmacéutico?». Decía Ramón a boca de
sola. Matías fue el único de los chicos jarro. Todos respondíamos: «Tener que
que me acompañó. El resto dio un paso cerrar la farmacia porque no queda otro
al costado. remedio».
Aún hoy, después de varios meses de Y reíamos, reíamos hasta quedarnos
haber despedido a mi amiga de la in- roncos.
fancia, cierro los ojos, vuelvo a los diez

Mercedes Inés Moreno. (Cañuelas, Buenos Aires, Argentina). Profesora en © Evaristo Cuesta
Letras, recibida en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Se formó también en Fuente: Flickr
cine y teatro con reconocidos profesionales. El último curso de capacitación reali-
zado fue un posgrado virtual de la Flacso, en Escritura.
Trabaja como docente de Literatura en varios colegios de la Provincia de Buenos
Aires y ha colaborado, durante el 2012, con artículos de la actualidad para La
Gazeta de Mar Chiquita. En Noviermbre de 2015 recibió el tercer premio, otorgado Carta a la que me ha olvi- qué va esto, no me refiero al tipo de re-
flexión profunda que, justamente ahora,
por la SADE filial Norte, por el cuento Arrepentido. dado
le pido que tenga en consideración... sino
por Fabián Ostropolsky
a una zapatilla similar, a unas pecas
“del tipo de”, a un piercing en el mismo
sitio insano, a los nombres coincidentes.
Perdone usted si empiezo tan de gol-
¡Ese es buen ejemplo! Un nombre, no
pe... ¿Pero alguna vez se puso a re-
precisamente el mío si acaso el mero
flexionar la de veces que uno piensa en
hecho de que diga eso la enoja, el que
la gente que es o que fue parte de su
quiera... Suena un nombre por ahí y algo
vida? Espere, no quiero enchastrarla
le tiene que chapotear en el cerebro, no
con ese barro que seguro imagina, no
digo que sí o sí salpique nostalgia o pena
estoy disfrazando un anhelo de... “pien-
(amor tampoco, claro que no, y menos
se en mí”. Es un comentario nada más.
si se trata de mi nombre). Digo un sal-
Ojo, tampoco quiero que suponga que no
picón inofensivo pero un pelín cronome-
pienso en usted. En fin, hablo de esos
trable.
pensamientos fugaces, las cachetadas
Yo creo que no nos damos cuenta...
agridulces que suceden entre realidad
pero fuera de la razón pasa mucho por
y cordón de la vereda, entre estornudo
la cabeza en un día, ¿no? Ya sigo con
y bocinazo. No me diga que no sabe de

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CREACIÓN CREACIÓN

a los lagrimones por Penélope Cruz; y otra es mi profesora de ayuda para ma-
cuando el pedazote de tela va buscando temáticas... Y ojo, que esa mujer suce-
espacio entre su pecho, que con gracia dió hace más de veinticinco años, pero
pero con cierta paciencia malhumora- fumaba Imparciales mientras me daba
da, critica a mis manos por ser tan pero la clase, uno atrás del otro, y ese olor
tan respetuosas (“criticaN”, si en vez nunca aprendió a irse para siempre. O
de pecho digo sus tetas), se me arruinan la cara del profesor de fútbol que nos
los fideos, o se me hierve el agua para apaleaba las piernas en algún verano de
el mate. los años 90, que a pesar de no recor-
Pero con los otros momentos hay di- darla, suele aparecer un tipo que me la
ferencia, porque cuando la recuerdo con trae a la cabeza, vaya uno a saber por
cierta fugacidad, sus apariciones son un qué.
susto o una carcajada, digamos que us- La cuestión es la siguiente:
ted se le parece a algo mitad alguien, o Si después del profesor o de la profe-
simplemente a un momento. sora, si antes del olor a madera húme-
Bueno, dejemos el crochet cansino a da que huele igual que algún recoveco
un lado, ni siquiera puedo entender de de Reñaca, o después de una filetto en
© Fernando Gil qué se acaban de tratar estos últimos algún departamento de mi edificio, que
Fuente: Flickr párrafos. Me toca sacarme el barro de casi me obliga a meter un pan imagina-
las suelas para ahondar en la fugacidad rio en la salsa de mi Tía Susana, usted
de esos pensamientos más... inofensivos va y viene con apariciones fantasmagó-
si se quiere, donde tal vez voy a com- ricas (y fugaces eh, fugaces de verdad),
prar leche al mercado abajo de casa, yo ya no sé si son parte de esas cacheta-
esta teoría, que a decir verdad, ni he es no sería muy poética (no se ofenda). temprano y medio, cuando apenas han das del pasado o puntadas sin hilo, que
empezado a relatar. Pero antes quiero La de un personaje no sé, sería como abierto; por lo cual si aparece en un per- aunque también son del pasado, no ha-
aclararle: voy a pisar ese terreno que una canción sin voz ni humo; la suya fume que pasa como un demonio entre cen más que entorpecerme el presente.
simulé evitar más arriba (quizás sin es más bien de muchos dientes y hacia el vuelto y las gracias, no hay profun- No sé la verdad...
perspicacia), le voy a hablar de mis arriba. Otro ejemplo aver (a ver todo didad de reflexión. No me doy cuenta Mi vida pasa cada día entre lo que
otros pensamientos suyos, o de sus junto), el pelo de un personaje es infini- de que ha vuelto a visitarme sin avi- hubo y lo que va pasando, la leche por
otros pensamientos míos... Bueno, de to y serpiente, mientras que su flequi- so entre las ropas de quien está detrás ejemplo, a su vez me encargo de escon-
esa mezcla rara. Voy a procurar dife- llo sobra y desconcierta (me diría usted del mostrador deseándome buenos días. der las agujas de tejer tratando de olvi-
renciarlos, no sea cosa que a pesar de que todo esto no le importa, pero bueno, Además justo al salir puede aparecer un dar sus coordenadas. Aunque no le pue-
mis explicaciones no le acabe de que- yo sigo igual). Después, para que vea, niño que se parece a mi amigo Gustavo, do prohibir que levante la mano entre
dar claro. Porque además, pensándo- dentro de mis cavilaciones reflexivas sí y siendo niño es graciosísimo porque mi esos flashes que encandilan y marean.
lo bien... Usted no puede evitar que la que llega a ser pura poesía, porque ahí amigo Gustavo ya ronda los 40, pero se Eso es... Usted es como el alumno sabi-
piense de vez en cuando. Más arbitrario me pongo como a tejer con el orden y la le parece y de golpe me muero de ga- hondo que no para de levantar la mano,
aún, no me lo puede prohibir. concentración que se necesita para re- nas del café matutino al sentir, como si “yo seño, yo”, y la seño alza la vista
Ahora bien, no crea que todo es de- crear su suéter violeta, que se entrama recién llegase a mi mano, el cartón de casi apretando los dientes mientras sus
voción, a veces la imagino como a un zigzagueando a la manta con la que nos semidesnatada. ojos la ven y no la ven, como que procu-
personaje de un cuento, casi como a una tapamos para ver el primer film en su Imagino que de esos tenemos miles en ran hacer foco en otro lado. Pero usted
musa, pero usted tiene una sonrisa pre- sofá; así esa especie de alfombra per- un día, que por una cosa es mi mamá, y su mano se enardecen, se salen mano
cisa y real, que si la describiese tal como sa se ensambla a “Non ti Muovere” y por otra es mi perra de la niñez, por y cuerpo del pupitre... ¿Por qué se enoja

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CREACIÓN CREACIÓN

la docente si usted no es culpable de la de verde. En cuanto a usted. Usted no
ignorancia del resto? Los alumnos tam- puede evitar que pase una vez por su
poco celebran esa actitud avasalladora, día, y si se siente orgullosa y enfadada
pero a fin de cuentas ellos son solo unos con esto que digo, pongamos por su se-
chicos. Así la seño no-puede-creer estar mana, o si prefiere por su mes. ¡Lo que
diciendo nuevamente su nombre para sea! ¡Por su año!, déjeme terminar...
que de una vez responda y se calme. Y Ojalá que en esas visitas que quizás le
otra vez responde y ahí está la verda- haga yo mientras compra una maceta,
dera y única macana... Porque otra vez o mientras cambia el cierre de un bol-
responde bien. so, su cerebro distraído no mastique ni
Sea como sea, y para ir terminando se embronque mediante sus cejas. Ojalá
esta carta, yo supongo que reduciré tar- que esas visitas se parezcan más bien a
de o... menos tarde mis horas para te- una sonrisa.
jer, es así como funciona el olvido; a su
vez perderé la cuenta de la de veces que
alza la mano omnipresente, o al menos
le prestaré menos atención entre saltar
un charco y esperar a que el semáforo © Rene Magritte
Fuente: www.renemagritte.org

Fabián Ostropolsky (Mendoza, Argentina). 35 años. En este momento vive
en Fuerteventura (España). Participó en tres números de la Revista Crepúsculo Una letra E por el intercomunicador.
(Argentina), fue finalista del Concurso Goat de Relatos Breves con Musica, partí- por Gonzalo Salesky Ese instante es solo de ellos. Nadie
cipe de la antología "Basta. 100 hombres contra la violencia de género", y seleccio- los interrumpe, nadie los molesta.
nado entre los textos a publicar para la antología “Érase una vez un microcuento”, Él no sabe si ella siente lo mismo.
de Diversidad Literaria. También publica asiduamente en su blog: elenchastre. ¿Cuántas veces al día se puede pen- Cree que no. Porque en cuanto ter-
blogspot.com sar en alguien? mina su café, ella vuelve a su pequeño
cubículo, con una sonrisa. Enciende la
Él lava las tazas que ensucian los dos. radio, hojea papeles, usa el teclado de
Algunas veces, usan la pava eléctrica la computadora.
de ella para calentar el agua. Otras, la Desde su silla, él puede verla casi
cafetera blanca de él, recién comprada. todo el tiempo. Y retiene en sus pupi-
Los dos toman el café con edulcorante. las cada gesto, cada guiño, cada mirada
Casi siempre, la rutina los obliga a cómplice.
compartir solamente un momento. A
eso de las ocho de la mañana, cuando ¿Cuántas horas al día? ¿Seis? ¿Ocho?
todos han arrancado su actividad ha- ¿Las horas que sueño con ella tam-
bitual y en la oficina reina un silencio bién cuentan?
único, propio de otro lugar. Nada de te-
léfonos, ni alarmas o llamadas del jefe A veces, él lava las tazas solamente

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CREACIÓN

elige esperar. Espe- que ella dijo en los días anteriores y las
rar por ella. repasa. Las medita. Trata de encontrar
en ellas algún indicio, alguna pista. Una
¿Cuánto tiempo pequeña esperanza.
puede pasar hasta Aún no la encuentra. No sabe si tie-
que la persona más ne tiempo pero va a intentarlo. Aunque
especial entiende lo ella no sospeche nada.
que significa para
uno? ¿Se puede ser amigo del amor de tu
vida?
Ella no usa ma-
quillaje. Ni aros, ni A veces, muy temprano, se encuen-
pulseras. Solamen- tran por casualidad a unas cuadras de
te una pequeña ca- la oficina. Se saludan con un beso. Ella
dena, con una letra sonríe, él se acomoda -nervioso- el nudo
E de color plateado, de su corbata.
alrededor de su cue- Caminan en silencio. Él no sabe de
llo. qué hablar, pese a haber preparado du-
Su ropa es sim- rante la cena un mar de preguntas para
ple, oscura. Nada ella.
que llame la aten- Porque ama preguntarle. Sobre su
ción. Viste botas de vida, sus cosas, su familia. Sus amigos,
color negro, tal vez sus salidas. Sus clases de piano. Lo que
gris. come, lo que bebe, la ropa que le gusta,
Todos los lunes, la música que escucha. Si prefiere leer,
él le regala un cho- bailar o hacer deporte…
colate. Solo ese día. Recuerda que una sola vez la escuchó
Lo deja en su es- cantar, al seguirla a escondidas por uno
critorio, escondido de los pasillos de la empresa. Con su
en el primer cajón voz mágica. Como salida de un cuento
con agua. Solo las enjuaga, pero un día el tercer piso y la observa. En ocasio- de la derecha. Ella nunca le agradece. de hadas.
a la semana baja hasta la cocina de la nes, empapada por la llovizna gris. Pero sabe que es él y le sonríe de una No se cansa de escucharla. Para él,
empresa para usar esponja y detergen- Tal vez ella no se da cuenta de que la manera distinta el día que comienzan el tiempo es infinito al lado de esos
te. Las limpia y las seca con mucho cui- está mirando. De que esos segundos son la semana de trabajo. ojos del color del horizonte. Las horas
dado. Son muy frágiles. Siente que están los únicos que valen la pena para él. Él espera esa sonrisa desde el viernes se congelan cuando mira su boca. Sus
a punto de romperse. Tampoco sabe que él se jura, cada a las siete de la tarde, cuando termi- labios pálidos, el pequeño espacio entre
Como el rostro de ella. Como sus ma- madrugada, empezar a evitarla. No nan su horario. Sus fines de semana se sus dientes, la forma de su lengua, sus
nos, siempre tan frías. buscarla tanto, concentrarse en su tra- han convertido en el prólogo de los lu- pecas.
Algunos días, él la descubre cuando bajo, dejar de distraerse… Pero cada nes. Sábados y domingos, él habla solo Muchas veces sueña. Sueña con ella.
ella se escapa a fumar, detrás del edifi- mañana a las ocho, él vuelve a encen- frente al espejo del baño. En su cabeza, Con su tibio perfume y su aliento a ci-
cio. Puede contemplarla desde su ven- der su cafetera. Y cada día, como en los crea pequeñas listas con temas nuevos garrillo. Con el ruido de sus pasos al
tana. Se asoma, como distraído, desde últimos seis meses, de lunes a viernes, de conversación. Recuerda las frases bajar las escaleras. Con su cintura y sus

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CREACIÓN CREACIÓN

piernas en el mar, en una playa, en una no tenga un compañero enamorado des-
isla desierta. Con su pelo lacio, mecido de el primer momento en que la vio?
por el viento. Si ya es capaz de odiar los viernes, no mática y trabaja como docente. Escribe poesía, teatro y narrativa. Publicó tres
Otras, calla. Aprende a amarla en quiere imaginarse si llega ese día. libros, titulados “2011” (poemas y cuentos, en el año 2009), “Presagio de luz”
silencio. Sabe que, a veces, es mejor de No quiere imaginarse su trabajo sin (poemas, en 2010) y “Ataraxia” (poemas y cuentos, en 2011). Obtuvó distinciones
esa manera. Y abraza el dolor de sa- ella. Su vida sin ella. Sin la esperanza, en certámenes literarios de España, México, Venezuela, Argentina, Colombia, Es-
berse imposible. Imposible él para ella. sin la promesa de ese amor imposible. tados Unidos y Australia.
Imposible ella para él. Son tan distintos,
tienen tan poco en común pero igual- ***
mente… él ama cada segundo compar-
tido. El primer lunes sin ella fue horri-
ble. No pudieron despedirse. Incluso ella
¿Se puede extrañar tanto a alguien faltó a la cena que organizaron en su
hasta que el cuerpo empieza a doler? honor para su último día de trabajo.
Él tampoco fue. No quiso ir y verla
Ella no se imagina lo que él llega a rodeada de otros besos y abrazos.
sentir. No podría creerlo. Jamás lo sa- Ahora solo piensa en cómo organizar
brá. los pedazos de su vida que se fueron de-
Sin embargo, a veces, él se siente rrumbando estos últimos meses.
tan cerca… Sí, ella debe saberlo. Ella lo Él sabe que va a seguir amándola.
sabe. Sabe que él no se anima, que es Soñándola. Esperándola. Lo sabe y se
un cobarde, que ya tiene una familia y muerde la lengua por cada palabra que
nunca va a dejar todo por ella. no se atrevió a pronunciar. Sabe que
O no, tal vez no lo sepa. Tal vez crea va a seguir pensando en ella desde el
en la amistad entre los dos. Tal vez primer suspiro de la mañana hasta la
piense que en la vida hay muchos como noche, cuando saluda a su esposa con
él, que saben escucharla, que pueden ca- miedo de confundir sus nombres.
minar a su lado hablando de sus novios, Solo como nunca, se sienta en su es-
de sus amigos, de todos sus problemas. critorio. Enciende la computadora. Co-
Él nunca va a animarse a pregun- mienza a ordenar sus papeles y en el
tarle si se siente sola. Si alguien más la primer cajón de la derecha encuentra
quiere como él. Y piensa. Piensa mucho. un chocolate, envuelto en papel de re-
Piensa qué va a ser de él cuando ella galo.
termine su pasantía y se reciba. En algo se parecen. Los dos odian las
¿Lo dejará solo? ¿Buscará otro traba- despedidas.
jo? ¿Algún lugar donde le paguen más y

Gonzalo Salesky (Córdoba, Argentina, 1978). Estudió profesorado de mate-

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CREACIÓN

Ya vista antes
por Emilia Vidal

El último trecho de tierra, con sus casas y alambrados, que-
dó atrás en pocos minutos. La llanura que me espera se abre
a ambos lados de una angosta tira de asfalto, un camino sin
nombre por el que debería volver a casa en tres horas, un poco
menos que en la provincial y sin tránsito. Al menos, eso pro-
metió la mujer del almacén antes de salir del pueblo. —Mire,
usté agarra en la esquina a la izquierda y le pega hasta el fon-
do, y cuando ya no queda nada, sigue derecho nomás—. Así dijo
y le agradecí el consejo.
Esto de escribir la columna “Insólitos” me lleva a lugares
perdidos, algunos ni siquiera figuran en el mapa. Elaboro mis
títulos mecánicamente, sé que deben atrapar al lector medio,
el aburrido crónico, no importa el amarillo farolero de su tin-
te. “Increíble, Nace un Ternero Hidra”, “Escalofriante, Niña
Flota en Camisón”, “Comprobado: Gato Teletransportista”. Y
si las palabras no existen, me tomo la licencia de inventarlas.
Muchos lectores afirman que es lo primero que leen en la ma-
ñana, “para lo que hay que enterarse”, admiten al final de sus
comentarios y para mí es suficiente.
Conduzco a ochenta por hora, a esta velocidad puedo distin-
guir las nubes en el cielo, las cigüeñas pasajeras y alguna que
otra perdiz que se esconde entre el pastizal. El tiempo está
agradable, es una de las más bondadosas primaveras y sin
embargo siento un súbito frío que me cala el pie del freno. Sí,
es una sensación fría que va del pie hasta la mitad de la pan-
torrilla, pienso que ha ser alguna tontera, algo así como un ca-
lambre indeciso. Pronto me desentiendo de esa sensación, me
intriga la presencia de unos autos varados al costado, vacíos,
algunos parecen llevar mucho tiempo a la intemperie, tanto
por el óxido de los paragolpes como por las constelaciones de
cagadas de pájaros en los capós. La vista dispara una idea,
nada increíble como pretendo convencer con mis encabezados,
y aún así, por hábito, enciendo el grabador y digo: ruta fantas-
ma, un camino para desaparecer.
En estas soledades, mi única compañía es la voz de Stevie,
que va cantando y yo con ella el verso “so long ago…”, un conju-
ro traicionero que me arroja de un empujón hacia atrás, a cha-

29 | visorliteraria.com © Lacrymosa5
Fuente: Flickr
CREACIÓN CREACIÓN

por la rotación de la tierra o mi espera che al pasar. Aprovecho un elevamiento
dilatada. de tierra para adentrarme en el pasti-
Ningún coche a la vista. Se me ocu- zal y me alejo de las miradas distantes
rre empezar a andar, salir a buscar la de las aves del camino. Me dirijo por el
ayuda que no viene. Tal vez, el último borde del río que se mete en el campo,
sedán rojo que pasé no estaba vacío. El voy en busca de alguna vivienda, trac-
universo de las posibilidades aceptaría tor o cualquier otro vestigio de vida hu-
sin esfuerzo que el conductor de aquel mana. El roce de mis jeans contra los
vehículo hubiese bajado a mirar el po- pastos al pasar hace un ruido áspero y
niente en busca de su propio yo, a abo- reconfortante después de tanto silencio
nar el terreno con la materia orgánica pero, claro, nada bueno dura demasiado
que su cuerpo no necesita o, más plau- y en una distracción meto la pata dere-
sible aún, a pescar en el arroyo. No sé cha de lleno en un charco oculto bajo el
porqué las opciones más probables se yuyal. Es inútil que putee o me lamente,
me ocurren siempre al final. Incluso es me alieno como siempre con la recrea-
posible que el conductor durmiera en el ción de historias, invento detalles para
asiento de atrás de su vehículo mien- mis notas, “para lo que hay que ente-
© Dawn Nakaya tras llegaba la grúa, y yo simplemente rarse”, resuena como una efectiva fra-
Fuente: Flickr no lo vi cuando pasé a su lado. se de aliento. Camino y camino, y solo
Solo el eco de Stevie en mi cabeza veo pasto y más pasto, hasta que llego
acompaña mis pies, nunca había pen- a un camino angosto, de asfalto. Bur-
sado en lo tenebroso que puede ser el lón, el sol se alza a la misma cantidad
silencio, ¡pero si es como la oscuridad! de dedos en el oeste, es posible que un
potear en un recuerdo dudoso en el que en la hierba lindera. Reviso el teléfono Porque aunque es difícil de explicar y dedo más. Irrisorio, no me lo creo. Pero
un dique no alcanzaba a sostenerme el y descubro que está apagado como el co- más aún de entender, esto es El Silencio eso ya no importa, el ruido de un mo-
pecho y un extraño había pintado en la che y la radio. Luego intento encender Total, si me quedo quieta y contengo la tor se aproxima y el entusiasmo disipa
baranda metálica las palabras de amor el motor sin un mínimo carraspeo en respiración y el pensamiento, mis ore- las malditas fantasías que amenazaban
que nadie se animaba a decir. Mientras respuesta y me siento sobre el capó a jas están ciegas. con filtrarse en la realidad de esta tar-
desafino en mi tosco inglés, con los pies la espera, alerta, presta a levantar los A esta distancia ya puedo desani- de. Levanto los brazos y espero, y no sé
perdidos en un borroso ayer, cruzo el brazos, con la esperanza de que algún marme al comprobar que el auto rojo porqué, se me da por pegar unos salti-
Arroyo Caído. Allí hay más cigüeñas conductor pase y me vea. Debería haber está vacío, igual llego hasta él y espío tos ridículos de alegría. No parece venir
aprovechando la tarde a su vera y, por vuelto como siempre, por la provincial, por la ventanilla sucia. Unos papeles de rápido, estoy segura que me verá, más
un segundo, me parece ver al pasar una pienso ahora a destiempo y me desinflo caramelos, una botella de plástico va- haciendo este alboroto. Pero el vehículo
figura humana que se mueve. Pero en- en un suspiro. cía, mugre indefinida y unas tímidas no se detiene, en ningún momento fre-
seguida compruebo en el espejo que no La llanura no revela cambios a mi telarañas. ¡Que lo parió, tenía que ser na. Mi propio auto, conmigo cantando
hay nadie detrás, excepto las tranquilas alrededor y el cálculo del tiempo que che!, en la gaveta abierta descansa un “Seven wonders”, pasa de largo como si
cigüeñas. alguna vez me enseñaron, midiendo la celular apagado, dormido como el mío. no existiera. Dejo los saltitos en el acto
Escapo de esos derroteros en el mo- altura del sol en el oeste, me falla como Ni rastro del supuesto conductor, alre- y fijo la vista en la patente que se aleja.
mento en que el parlante enmudece el mismo reloj, y cualquier otra cosa que dedor el paisaje se ve igual, pasto, cu- Me asalta una sensación de déjà vu y
sin razón alguna y mi auto detiene su debiera moverse. El sol está clavado a neta encharcada y cigüeñas felices junto me pregunto cuántas veces ya salí a mi
marcha, dándome unos segundos ape- tres dedos del horizonte desde que me al Arroyo Caído. encuentro y pasé cantando sin verme.
nas para virar el volante y estacionar fijé en él, sin preocuparse en absoluto Ya no recuerdo si había visto otro co-

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CREACIÓN COLABORACIONES

Emilia Vidal (Mar del Plata, Argentina, 1979). Licenciada en Ciencias Biológi-
cas, filósofa amateur y estudiante de Psicología. Realizó tres años de postgrado en Colaboraciones
microbiología aplicada y es autora, y co-autora, de un par de artículos científicos
y un capítulo de libro. Fuera del ámbito científico, colaboró con algunos relatos –y
otras incursiones– en diferentes revistas electrónicas y obtuvo con sus poemas una
mención especial en el I Concurso Literario de Conurbana.Cult. http://mariavidal- La Revista Literaria Visor se centra en diversos aspectos del relato corto. Está
dom.wix.com/emilia-vidal estructurada en tres bloques fundamentales: reseñas literarias, ensayo y creación.
Toda colaboración será bien recibida en cualquiera de estos campos siempre que
sea original, inédita, escrita en español y relacionada con los distintos aspectos del
relato breve. Los textos deben remitirse en fichero adjunto y en formato Word,
junto a una breve reseña bio-bibliográfica de no más de diez líneas, a la siguiente
dirección de correo electrónico:

visorliteraria@gmail.com

El consejo editorial leerá todas las colaboraciones enviadas, reservándose el de-
recho a su inclusión en la revista. No se informará en ningún caso sobre aspecto
alguno del proceso de selección, y solo se mantendrá correspondencia con aquellos
autores cuyos textos sean elegidos.
Los autores son siempre los titulares de la propiedad intelectual de cada una de
sus obras y solo ceden a la Revista Literaria Visor el derecho a publicar los textos
en el número correspondiente.
Además de responder a los estándares adecuados de calidad artística y de re-
dacción, los requisitos de publicación serán los siguientes: para reseñas literarias,
los textos no sobrepasarán la extensión de una página; para ensayos, no más de
10, y para creación, no se excederán las 12 páginas. En todos los casos, los textos
se redactarán en A4, con letra tamaño 12, doble interlineado y, de haberlas, notas
al final del documento.

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VISOR revista literaria

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