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ASESINOS EN SERIE.

CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS
MÉDICO-FORENSES

Ángel Cuquerella Fuentes 1


Médico forense Barcelona (IMLC), Especialista en Medicina Legal, Master en Psicología Criminal y Forense (UB),
Profesor de la Escuela Judicial

ABSTRACT

El fenómeno de los asesinos en serie (AS) supone un 1 por 100


aproximadamente del total de homicidios en USA, con 150 AS y 3500
víctimas en total. El AS se define por la existencia de tres o más asesina-
tos, en lugares y periodos temporales diferentes, con «fases de refresco»
intermedios, tras descompensaciones emocionales o psicopatológicas en
su caso. El asesino en masa (AM) puede ser clásico (3 víctimas en un
mismo episodio y lugar, y el propio suicidio) o Familiar (4 víctimas sin
suicidio ulterior). Finalmente se describen los asesinos itinerantes, con
2 o más víctimas en diferentes sitios pero en una fase temporal próxima
sin refresco emocional como los AM.
Los AS pueden clasificarse en organizados y desorganizados (Ressler),
localizados o itinerantes, visionarios-misionarios-hedonistas o controla-
dores, entre otras nosologías.
La incompetencia parental, precocida delictiva y vital, con un entor-
no social ineficaz, establecen patrones cognitivos y comportamentales
comunes, cuyo eje central son las fantasías ligadas al sexo y violencia.
Son relevantes en cuanto a su psicopatología, la psicopatía, el trastorno
sádico de personalidad y las parafilias (necrofilia, amputaciones) en la
etapa adulta, así como los trastornos conductuales, por déficit de aten-
ción y/o hiperactividad, el trastorno negativista desafiante o el trastorno
disocial en la etapa infanto juvenil.
Finalmente, se abordan clasificaciones de AS infantiles.

1
Correspondencia: Dr. Ángel Cuquerella Fuentes. Servicio de Clínica Medicoforense,
Instituto de Medicina Legal de Cataluña (IMLC), división Barcelona. Ronda Sant Pere 35, bajos,
08010. Telf: 93 342 67 80, E-mail: 27063acf@comb.es

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ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

PALABRAS CLAVE

Asesino en serie. Asesino en masa. Parafilias. Psicopatía. Trastorno


Sádico de personalidad. Fantasías sexuales. Tríada homicida. Incompetencia
parental. Peligrosidad.

1. INTRODUCCIÓN

El fenómeno de los asesinos en serie (AS) ha tenido desde antaño,


numerosas repercusiones sociológicas, psicológicas, medico forenses, poli-
ciales, biológicas, antropológicas o criminológicas entre otras, que motivan
algunas confusiones, tópicos y imprecisiones que pretendemos aclarar a
partir de la lectura de éste artículo, al menos intencionadamente. La inten-
ción apriorística es la de aclarar o aportar información a un concepto fuer-
temente estereotipado en nuestra sociedad, que despierta a su vez atracción
y fascinación, y del que por supuesto no podemos olvidar la morbosidad
de quienes lo provocan, o de quienes lo explican en ocasiones.
No se nos escapa la repercusión mediática del fenómeno, las abun-
dantes publicaciones, películas o novelas que se refieren a psicópatas
desalmados, locos peligrosos o depredadores sexuales que atemorizan a
la sociedad, generan frecuentemente alarma social injustificada y, en el
fondo, desinforman respecto a la verdadera naturaleza de la delincuencia
serial grave. En este sentido, intentaremos aportar luz y no confusión
al mundo de los asesinos en serie, desde una perspectiva psicológica,
criminológica y medico forense. Asesino en serie, en masa, o itinerante;
Psicópata, esquizofrénico, enfermo mental, violador, parafílico, retraso
mental, inmadurez, fantasía, incompetencia parental, o modelos motiva-
cionales entre otros, serán términos que nos ayudaran a centrar y cono-
cer mejor el mundo de la delincuencia serial.
En la historia conocemos numerosos antecedentes literarios, cientí-
ficos o costumbristas relativos al fenómeno como el aristócrata Gilles
de Rais, quien en el siglo XV secuestraba al parecer niños y los vejaba
para, ulteriormente, matarlos, o la conocida historia criminal de Jack
«The Ripper» («el destripador»), quien a finales del s. XIX generó una ola
de alarma social en Londres matando y descuartizando mujeres de baja
condición social, especialmente, prostitutas. Ed Gein, enfermo de psico-
sis, origino la figura de Norman Bates en «Psicosis», y nombres «ilustres»
como Albert De salvo, Ed kemper, Ted Bundy, Andrew Cunanan, Richard
Chase, Monty Russell, John Gacy, John Joubert o Henry Lee Lucas han
motivado profundos análisis sobre la conducta serial grave, que a conti-
nuación estudiaremos.

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ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

3. ASESINOS EN SERIE. CONCEPTOS, CLASIFICACIONES

El fenómeno de los AS o el fenómeno «serial» (FS) para ser más pre-


cisos 2 empezó a estudiarse de forma sistemática y creciente en los años
’50, en Estados Unidos, donde el Federal Bureau of Investigation (FBI)
detectó una creciente existencia de crímenes sin resolver, de patrones
similares y con gran dispersión geográfica en ocasiones. Se creó en los
años ‘60 la Behavioural Sciences Unit (BSU) o Unidad de Ciencias del
Comportamiento, en la que fueron especialmente relevantes los agente
federales Howard Teten y Pat Mullany, siendo su razón de ser principal
el estudio de la psicopatología, indicios policiales, forenses y de inves-
tigación, que permitieran establecer lazos de conexión entre crímenes
aparentemente desconexos y sin relación alguna.
Así, a mediados de los años ’70 el coronel Ressler i Douglas (años
’70), actualmente retirado, creo la base de datos VICAP (posteriormente
reformada en VICLAS), en la que de forma minuciosa se iban introdu-
ciendo desde cualquier condado, estado o localidad los datos estandardi-
zados sobre unos asesinatos, resolviendo mediante un análisis estadístico
la conexión con otras posibles muertes ligadas a un mismo autor/res.
Veremos más adelante que, desde entonces, es relevante la clasificación
de asesinos/asesinatos en organizados/desorganizados.
La elaboración de perfiles criminales o Criminal Profiling era eficaz
delitos de homicidio, violación en serie, incendios, explosivos, espio-
naje, extorsión, secuestro, terrorismo, acoso sexual o sabotaje, entre los
más importantes. Se define (Salfati y Canter, 1999) como el «proceso de
inferencia de las características de un delincuente a través de los actos
cometidos durante el crimen» (1995).
Actualmente se calcula que existen 150 AS en USA (Griffith) aunque
otros autores lo sitúan en 350, con 1000-3500 víctimas aproximadamente.
Egger sitúa la cifra negra de AS en 600, si bien los criterios de clasifica-
ción varían. Es un fenómeno que explica el 1 por 100 de los homicidios-
asesinatos. Estadísticamente un 89 por 100 son varones, y el 11 por 100
mujeres, con una edad que oscila entre 25 y 35 años. Los subtipos son
(Holmes y De Burguer 1988) (1) Psicópata sádico sexual, (2) asesino por
diversión, (3) crimen organizado, (4) envenenadores que cuidan perso-
nas y (5) supuestamente psicóticos.

2
Hablaremos de delincuencia serial referida a asesinatos, agresiones sexuales y delincuen-
cia violenta grave de forma sistemática y repetida, esto es, de forma reincidente, progresiva y
con víctimas agredidas mas allá del simple requerimiento económico. No incluimos pues a la
delincuencia habitual, organizada o de estructura mafiosa, aunque los rasgos psicopatológicos
de sus componentes coincidan parcialmente con los que describiremos en este artículo

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ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

Actualmente se define al AS como aquel asesino que genera tres o más


víctimas, de forma sucesiva y con periodos de «enfriamiento emocional»
intermuerte. Son, pues, tres o más víctimas, tres o más escenarios de crimen,
tres o más eventos diferentes en el tiempo, cada uno individualizado.
El asesino en masa (AM), a diferencia del anterior, comprende en un
mismo episodio criminal (en un mismo «tiempo») cuatro o más víctimas
en una misma localización, sin periodo de enfriamiento emocional, y
sobre gente próxima en ocasiones. El mecanismo detonante puede ser
frustración laboral en el contexto de una personalidad depresivo para-
noica 3 ( Jim Jones).

Elaboración de Perfiles Criminales (Robert Ressler)

3
Recordemos la masacre en la Guayana francesa de los adeptos de Jim Jones, líder sec-
tario depresivo y con fuertes tendencias paranoides

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ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

El asesinato familiar, subtipo del AM, se divide en AM/suicidio, con


tres o mas víctimas además del suicidio del autor, y el AM Familiar pro-
piamente dicho, con cuatro o más víctimas y SIN el suicidio de su autor.
Pueden no actuar solos y organizarse en pseudocomandos, ser aniqui-
ladores familiares, incendiarios-bombardeos-envenenadores, empleados
insatisfechos o discípulos de líderes carismáticos de sectas (Holmes,
1989; O’Connor, 2002).
Una variedad intermedia entre el AS i AM es el asesino itinerante o
Spree killer (SP), que describe a un/os asesino/s que matan a dos o más
víctimas en un solo tiempo (diferido, no de forma inmediata), en dos o
más sitios de forma consecutiva. No existe tampoco periodo de enfria-
miento, ni «reposo emocional» intercriminal, y suelen ser más jóvenes
que los AM.

El perfil criminal es diferente del perfil geográfico. La utilización del


sistema inductivo para el estudio de perfiles se basa en lo que denomi-
nan pychological profiling, esto es, «generalizaciones sobre el autor de
un crimen, basadas en variables demográficas y conductuales relativas a
criminales ya estudiadas en el pasado». Por ejemplo, ante una violación
en un lugar determinado, se buscaran perfiles de delincuentes que res-
pondan a los datos de todo tipo extraídos de dicho asalto. En cambio,
otros métodos ampliamente utilizados en la investigación de homicidas/

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violadores en serie, denominados Geographic Profilings, se basan en grá-


ficos de diferentes intensidades cromáticas, de cuya lectura se infiere la
probabilidad de ataque y residencia del posible sospechoso, en base a
informaciones sobre los asaltos cometidos de acuerdo a la teoría Circular
(desplazamientos centro-periferia-centro del agresor, ampliando progre-
sivamente el radio). Ambos perfiles –el geográfico y el psicológico– se
intercalan, y en AES organizados, vemos un perfil geográfico creciente
con los diferentes delitos, mientras que en AES desorganizados siempre
aparece un perfil de posible localización del agresor en el epicentro.
Algunos autores hablan de variedades intermedias o MIXTAS 4 cuando
un asesino en serie incluye asesinatos en masa en su «recorrido».
En función del móvil, Holmes y De Burguer (1988) diferencian al AS
en (a) visionario, (b) misionario, (c) hedonista y el relativo a (d) control-
dominio. El visionario, como su nombre indica, muestra pseudopercep-
ciones alucinatorias y psicoticismo de fondo, y el misionario se propone
«limpiar» la sociedad de determinados «elementos nocivos» como prostitu-
tas, vagabundos, mujeres, homosexuales y otros grupos sociales.
Salfati y Canter (1999) obtuvieron una matriz gráfica de las relaciones
estadísticamente significativas (co-ocurrencia de variables) entre agresor-
víctima en la escena del crimen. De esta manera, el gráfico obtenido
mostraba en el centro geométrico las correlaciones entre variables más
potentes, y en la periferia las menos significativas. En base a dicha clasi-
ficación establecieron tres grupos de interacción diferentes 5 en la escena
de los hechos: (a) instrumental-cognitiva (20 por 100), (b) instrumental-
oportunista (20 por 100), y (c) expresiva-impulsiva (26 por 100 casos).
(a) La agresión instrumental-cognitiva conllevan el traslado y ocul-
tación del cuerpo, emisión de pistas policiales equívocas, ausencia de
datos identificativos en el escenario del crimen. En estos casos los ítems
asociados con el sospechoso son los de antecedentes de alistamiento en
cuerpos armados (ejército), y condenas antiguas en prisión.
(b) La escena del crimen instrumental-oportunista implica víctimas
débiles, atacadas usualmente sin armas, con las manos, sin lesiones
incapacitantes (ataduras, cobertura de ojos, boca), con agresión sexual
añadida, y con una finalidad materialista, de robo. Los ítems asociados al
sospechoso son los antecedentes de delitos de robo, sustracción, robos
4
As y AS alternativamente.
5
Observamos paralelismos con conductas psicopáticas (instrumental cognitiva), o de
pérdida de control emocional (expresivo impulsiva), por ejemplo.

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ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

de vehículos, antecedentes policiales, desempleado, familiar con el área


del crimen, y conocía previamente a la víctima.
(c) Tipo expresivo-impulsivo: la escena de los hechos muestra nume-
rosas heridas en la víctima, diferentes tipos de lesiones, y ataque dirigido
especialmente a la región facial, representativa de la persona concreta. A
su vez, los ítems asociados al sospechoso son de antecedentes de delitos
previos violentos, desórdenes públicos, delitos previos de robo o daño a
propiedades, delitos sexuales, delitos contra la seguridad del tráfico, y/o
delitos relacionados con drogas. El estatus civil describe a una persona
casada en el momento de los hechos, con anteriores matrimonios y ante-
cedentes por agresión a mujeres.

CLASIFICACIÓ
CLA
CLASIFICACIÓN
ASIFICACIÓN
ÓN ASESINOS
ASSES
SIN
NOS EN SERIE
MO
MOVILIDAD
OVILIDA
AD (II)
(II))

HIPÓTE
HIPÓ
HIPÓTESIS
H ÓTESIS
ESIS CIRCULAR
CIRCUL
UL R ((CANTER
(C
CANTER
N
NTER
E & LARKIN
LLARKIN,
LARK
RKIN
K N,
N ’93)
93)
93)
9

WINGO:
WINGO
M GAST T (MATA
MEGASTAT ((M
MATA
TA EN ENTORNO URBANO)
URBANO
MEGAMOBIL (MATA
MEGAMOBI
MEGAMOBIL (M
MATA A GRANDES
MATA GRAN
NDES DISTANCIAS)

HOLLMES & DE BURGER


HOLMES BUR
RGER ’88:
’88
88:
GEO
GEOGRÁFICAMENTE
OGR
RÁFI
Á ICAMEN
NTE ESTAB
ESTABLES
BLES
S: ÁREA
Á A DE
E ACTUACIÓN
AC
CTUACIÓN
Ó CONCR
CONCRETA
RETA
A
GEOGRÁF
GEOGRÁFICAMENTE
E F C MEN
MENTE
E TRANSITORIOS
T N TOR OS: VVIAJE
JE CONTINUO
CONTIN
CONT
N NNUO
UO

H KEY
HICKEY
ASSESINO
ASS
SESINO
O MÓVIL
MÓVI
Ó IL (36
(3
36-4
41%):
1%)
%): DE
E CIUDAD EN CIUDAD
AS
ASESINO
SESINO
O LOCAL
LO
OCAL (36-43%):
(3
(36
36 43%):
43%)): CIUDAD
CIIUDAD
ASE
ASESINO
ESINO EN EL MISMO
MIS
SMO
O LUGAR
R (20
( -23
23 % VICT
VIC
VICT.):
CT ):
) RESIDENCIA
RESID
RESIDENCIA,
DENCIA HOSPITAL
HO
HOSPITAL,
OSPITA
AL, CASA
CASA

Wingo y Hickey, una vez sentada la hipótesis circular de desplaza-


miento del AS, establecen respectivamente el megastat-megamóvil, y el
AS móvil, local o «en el mismo lugar». Megastat se refiere a los que se
desplazan en el mismo entorno urbano, y el megamóvil con recorridos a

6
Caso de la «viuda negra» de Hospitalet del Llobregat (Barcelona)
7
Buscan placer y inhibición del dolor
8
Inducción líderes grupales, como en el caso del asesinato de Sharon Tate por sectarias
cuyo líder era Charles Manson

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ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

grandes distancias. El móvil, local o «del mismo sitio» se refieren propia-


mente al ámbito de desplazamiento, de mayor a menor diámetro.
En cuanto a las asesinas en serie, se han descrito hasta un 50 por 100
de casos de envenenamiento (por 10 por 100 de sus congéneres mascu-
linos). Holmes y Holmes (1994) clasifican a la (a) visionaria, materialis-
ta 6, hedonista 7, poder-control y discípulas 8.
En relación a la variable orientación a acto-proceso, los mismos auto-
res agrupan a los process-focused killers, cuyo comportamiento se carac-
teriza por gran violencia, desmembramiento y muerte (sin ser el fin ésta),
y los act-focused killers, que «matan rápido pero de manera eficiente».
Fox-Levin (1999) modificando la clasificación previa de Holmes y De
Burguer, simplificaron la tipología en (a) asesinato «para sentir emociones
fuertes», con los subtipos de sadismo sexual y dominador, el (b) asesi-
nato con «misión a cumplir», subtipos reformista y visionario, y (c) los
asesinatos «por conveniencia», subtipos de lucro y protección.
Son características del AS (a) los homicidios-asesinatos reiterados si
no se los detiene, (b) una víctima/asesinato, (c) la ausencia –normal-
mente– de relación previa con la víctima, (d) desencadenamiento de
las acciones criminales de forma inmotivada, por tensión creciente o
descompensación psicopatológica (no de forma pasional), y ausencia de
móviles claros de sus acciones, al menos desde un punto de vista poli-
cial, no psicopatológico.

ASESINOS EN SERIE:
DINÁMICA CRIMINAL: FASES

FASE 1: COMPORTAMIENTO PRECEDENTE


PREMEDITAN / NO PREMEDITAN
VICTIMAS DESCONOCIDAS
TRUCOS / ENGAÑO
PERSONALIZACIÓN / DESPERSONALIZACIÓN VÍCTIMAS

FASE 2: COMISIÓN REAL DEL CRIMEN


ELECCIÓN VÍCTIMA
ACTOS CRIMINALES:
SECUESTRO TORTURAS MUTILACIÓN MUERTE

FASE 3: ELIMINACIÓN DEL CUERPO

FASE 4: CONDUCTA POSTCRIMEN


PARTICIPACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN

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ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

La investigación del fenómeno serial se ha centrado, fundamental-


mente, en el análisis pormenorizado de la (a) escena del crimen, valo-
rando el método utilizado, el «tipo de abandono» de la víctima (visible o
«invisible» momentáneamente) o los métodos de «dominación» aplicados,
(b) el patrón en serie de asesinatos asociado a un autor, (c) la confesión
del asesino convicto, (d) las entrevistas a víctimas supervivientes.
El estudio de la fenomenología psiquiátrica y psicológica incluida
en la conducta criminal incluirá el estudio de los actos precedentes al
crimen, cuya premeditación orientará a subtipo organizado (O), o des-
organizado (DO) si existe precipitación, ataque «en bombardeo» o activi-
dad postmortal por ejemplo. En la comisión real del crimen o fase 2 la
elección de la víctima sistemáticamente o de forma accidental (O-DO), la
eliminación del cuerpo o la conducta postcriminal (O pueden «participar»
de la investigación») serán variables a tener en cuenta, entre otras. La
criminalidad del asesino en serie evoluciona:

FASES CICLO
ASESINATO EN SERIE

FASE DE AURA:
DISMINUYE CONTACTO CON REALIDAD

FASE DE RODAJE:
SEGUIMIENTO VÍCTIMA, ESTRECHAMIENTO DEL “CERCO”

FASE DE GALANTEO:
ATRACCIÓN DE VÍCTIMA

FASE DE CAPTURA:
“CAÍDA EN LA TRAMPA”

FASE TOTÉMICA/ASESINATO:
ALTO CONTENIDO EMOCIONAL

FASE DEPRESIVA:
POSTMORTEM

Subtipos organizado (O) y desorganizado (DO):

Retomando la clasificación de Ressler y Douglas, cuya diferenciación


en base a la escena del crimen, víctima, datos médico forenses y de

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investigación policial, tipología del asesino o criminalística fundamental-


mente, y que clasifica a los organizados y desorganizados, implica en su
concepción más profunda psicopatología de tipo psicopático en el caso
de los organizados, y psicótica en el de los desorganizados.
La elaboración del perfil criminal en base a los datos mencionados,
es coadyuvante y complementaria a la investigación, que intenta acotar
y centra cuando existen indicios psicológicos del autor en la praxis de
dicho crimen.
Así, a pesar de los datos que autores como Echeburúa ofrecen
(entre un 4-10 por 100 de psicóticos relacionados con homicidios como
autores), continúa siendo válida la inferencia en la escena del crimen
sobre el autor del mismo en base a las pruebas omitidas o dejadas, la
precipitación o no selección de la víctima, la existencia de sufrimiento
vital (aumento deliberado del dolor y el sufrimiento, o ensañamiento en
términos jurídicos).
Así, existen características del AS organizado que son plenamente com-
patibles con la personalidad psicopática (Hare, 1992; 1995), con un agresor
que selecciona a la víctima (en ocasiones con un perfil determinado 9), uti-
liza medios coercitivos y de sujeción («kit del violador»), aplica técnicas de
control y sufrimiento de la víctima, ocultándola cuando la mata y emitiendo
pruebas falsas para desorientar a la policía, por ejemplo.
La dinámica delictiva del AS puede dividirse en el modus operandi,
los ritualismos y la signature behaviour o «sello personal». El modus
operandi, es dinámico, aprendido, cambiante y mejorado conforme pasa
el tiempo, conforme va adquiriendo experiencia en la comisión de los
delitos. La «tarjeta de visita» o signature behaviour implica todos aque-
llos comportamientos durante la acción delictiva que no son necesarios
para la misma, es constante en el tiempo, e identifica personalmente a
su autor de forma muy especial: actividades sexuales repetidamente usa-
das por el autor, específicos tipos de ataduras, similar tipo de lesiones
infligidas a la víctima, disposición del cadáver ante quién se supone lo
descubrirá, torturas y/o mutilaciones a sus víctimas, entre otras.
Finalmente, los ritualismos implican un aumento del tiempo «en esce-
na», aumentando por tanto el riesgo de aprensión. Suponen una diso-
ciación cognitiva del agresor respecto a la realidad, imbuyéndose en las
fantasías que ha ido construyendo y que les permitirán revivir cognitiva
y emocionalmente dicho momento con los «souvenirs y trofeos» conse-
guidos.
9
Ted Bundy buscaba universitarias de pelo largo y morenas, estilizadas

4144
ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

El desorganizado en cambio, no dispone de medio de transporte


propio, participa en actividades solitarias, vive sólo o con un progenitor,
mata a las víctimas como «mal menor» para despersonalizarlas después
(contusiones y lesiones abundantes, múltiples en área facial y tórax
fundamentalmente), puede mantener actividades parafílicas o practicar
desmembramientos, normalmente con actividades fetichistas.
En el albor de su desorganización no suele ocultar el cadáver, puede
volver al lugar del crimen o participar en la ceremonia funeraria para
revivir el «clímax emocional» que vivió previamente, durante o después
del crimen.
Lesiones que no impliquen de ningún modo el posible riesgo de muerte
de la víctima (salvo la ejecución final) y que conlleven gran sufrimiento de
la misma, incluso despertando el agresor a la víctima si pierde la conciencia,
orientan hacia un trastorno sádico de la personalidad, por ejemplo.
Las personalidades psicopáticas, pues, ofrecen versatilidad delictiva,
reincidencia, impulsividad, pérdida de control o intolerancia las frustra-
ciones, encanto superficial, mitomanía 10 compulsiva y ausencia de obje-
tivos vitales, entre otros.

10
Tendencia a mentir como modus vivendi, no esporádicamente

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TIPOLOGIAS ASESINOS EN SERIE


ORGANIZADOS /DESORGANIZADOS (I)
RESSLER (VICAP)

ORGANIZADOS (I)
PREMEDITAN

VICTIMAS DESCONOCIDAS

TRUCOS / ENGAÑO

PERSONALIZACIÓN

ADAPTABILIDAD / MOBILIDAD

APRENDEN PROGRESIVAMENTE

COCHE / FURGONETA

OCULTAN HUELLAS

TRASLADAN CUERPO

“SOUVENIRS” DE LA ESCENA DEL CRIMEN

CONSRVAN VIVA A LA VÍCTIMA EL MAYOR TIEMPO POSIBLE

FAMILIA APARENTEMENTE FUNCIONAL

El organizado mostrará un estado mental de control durante sus accio-


nes, en todo caso con una disociación emocional durante la comisión
del crimen, que puede impregnar de rabia, ira, o descarga emocional, sin
empatía hacia ella ni sentimiento de culpabilidad o reconocimiento de su
responsabilidad sobre las acciones cometidas.

TIPOLOGIAS ASESINOS EN SERIE


ORGANIZADOS / DESORGANIZADOS (I)
RESSLER (VICAP)

DESORGANIZADOS (II)

IRA, AUSENCIA DE ATRACTIVO PERSONAL

BAJA AUTOESTIMA

DISCAPACIDAD, INADAPTACIÓN, AISLAMIENTO

VIVEE SOLO O & 1 PROGENITOR

INTERIORIZA: IRA, TEMOR, HERIDAS

CRIMEN DESCOMPENSACIÓN PSIQUIÁTRICA

POCA ANTISOCIALIDAD PREVIA AL CRIMEN

1/3 TOTAL AS

Determinados actos de canibalismo, amputaciones o rituales con


determinadas partes del cuerpo, masturbación en/cerca del lugar de

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ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

los hechos (O’Connor, 2002) sugieren que el agresor despersonaliza a


la víctima, orientando a cuadros psicóticos. Las mordeduras en el área
del cuello, pectorales, heridas por arma blanca en nalgas, o incluso las
sugilaciones son comunes en el mundo homosexual. Finalmente, actos
claros de dominio hacia la víctima, y sumisión de ésta (lectura de escritos
aportados por el agresor, posiciones humillantes), sugieren una aureola
narcisista en el autor. Cleckley conceptualizó y actualizó las caracterís-
ticas de la psicopatía mediante 16 ítems, que Robert Hare opertivizó
mediante la Psychopathy Checklist (versiones PCL-R o Revised y PCL:SV o
Screening Versión).
Hare, por su lado, estableció los siguientes ítems (PCL:SV 11;1995).

PYCHOPATHY CHECKLIST: SCREENING VERSION (PCL-SV)


FACTOR I

ITEM 1: SUPERFICIALIDAD
ITEM 2: VANIDOSO

11
La Psychopathy Checklist Screening-Version (Hart, Cox y Hare, 1995) es una nueva
herramienta para evaluar la psicopatía, las características psicométricas de la cuál (fiabilidad
interevaluadores, consistencia interna, validez concurrente –escalas SCSR, Karolinska scales of
personality y Questionnaire of psychopathy–) ya se han demostrado en una muestra peniten-
ciaria española11. El PCL-SV es una escala clínica que utiliza información procedente de las
respuestas del individuo a una entrevista semiestructurada, y por otro lado la información
que se obtiene de archivos penitenciarios (datos obtenidos de entrevistas a familiares, informes
psicológicos previos, antecedentes penales, pruebas psicométricas anteriores, informes esco-
lares). La puntuación de los 12 ítems de que consta la prueba oscila entre el 0 (no aplicación
ítem) hasta 2 (total concordancia total con el ítem). La puntuación total oscila entre 0 y 24
puntos, con una línea de corte media de 18 (psicopatía estadísticamente significativa), siendo
el puntaje total la suma de la correspondiente al parcial del primer factor o Factor I (egoísmo,
insensibilidad y ausencia de remordimiento) más la del Factor II (estilo de vida crónicamente
inestable y antisocial) del Análisis factorial. En su utilización, son los propios autores () quienes
recomiendan un período de entrenamiento con casos reales y un supervisor, en orden a homo-
logar (a) el actual concepto de psicopatía (Hare) en el que se basa la PCV-SV, (b) la propia
administración de la entrevista, sin sesgos por parte del entrevistador, y (c) la correcta pun-
tuación de los 12 ítems a evaluar, cuya ponderación real sólo se obtiene evaluando tipología
o perfiles delictivos. Con relación a esta última cuestión, podríamos considerar determinados
perfiles de evaluación, propuestos en este artículo con fines únicamente metodológicos, con
individuos tipo I, cuyo prototipo serían rasgos caracteriales marcados de psicopatía (factor I
de Hare +) sin graves conductas antisociales; tipo II, cuyo perfil respondería al TAP (DSM IV,
1995), con puntuación en factor II de Hare significativa y rasgos caracteriales poco relaciona-
dos con la psicopatía; tipo III, sin puntuaciones significativas en ninguno de los dos factores
(delincuente común, por ejemplo), y tipo IV, cuyas elevadas puntuaciones en ambos factores
orientarían hacia una psicopatía clara y concordante plenamente con el actual concepto que
de ella tenemos actualmente.

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ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

ITEM 3: MENTIROSO
ITEM 4: AUSENCIA DE REMORDIMIENTO
ITEM 5: AUSENCIA DE EMPATÍA
ITEM 6: NO ACEPTACIÓN DE RESPONSABILIDADES

FACTOR II

ITEM 7: IMPULSIVIDAD
ITEM 8: POBRE AUTOCONTROL DE CONDUCTA
ITEM 9: AUSENCIA DE OBJETIVOS
ITEM 10: IRRESPONSABILIDAD
ITEM 11: CONDUCTA ANTISOCIAL EN LA ADOLESCENCIA 12
ITEM 12: CONDUCTA ANTISOCIAL ADULTA 13
La psicopatía, operativizada mediante la PCL-R (Hare, 1991), establece
los patrones modernos de evaluación clínica de psicopatía. Su puntua-
ción final, una vez se correlacionan los datos de la entrevista con los
complementarios, sitúa un punto de corte para un segundo tiempo de
posible aplicación de la PCL:R (si PCL:SV superior a 18) o, en todo caso,
sitúa el «nivel de psicopatía-antisocialidad» de un sujeto en medio, alto o
bajo, siendo igualmente válidas estas categorías con fines pronósticos y
de intervención 14.

12
Versatilidad delictiva, con seis o más tipologías penales diferentes
13
Versatilidad delictiva, con seis o más tipologías penales diferentes
14
Finalmente, también pueden valorarse diferentes «intensidades» en cuanto a la puntuación
total de la escala PCL-SV. Si en el párrafo anterior diferenciábamos cuatro «subtipos» en función
de su peso específico relativo a los factores I (parte 1.ª) o II (parte 2.ª) de la escala, en cuanto a
la puntuación total, los autores7 diferencian alta psicopatía (psicopatía significativa) a partir de un
puntaje de 18, media psicopatía entre 12 y 17, y baja psicopatía cuando la puntuación es inferior a
12. Podríamos decir que no es comparable por ejemplo, una puntuación de 12 sólo en el factor I,
en el que se evidenciarían rasgos caracteriales psicopáticos importantes, sin conductas «antisociales»
objetivables, frente a una puntuación de 12 entre ambos factores, cuyo interés forense o relativo
al diagnóstico de psicopatía quedaría, pues, más diluido. No hay que olvidar, por otro lado, que
se define a la PCL-SV como un instrumento de screening, esto es, un instrumento psicométrico
cuya finalidad es la poder identificar sujetos candidatos al diagnóstico de Psicopatía, originario por
otro lado de la matriz PCL-R. El propio autor de ambas pruebas sugiere que, una vez detectado
un sujeto con posible psicopatía, debería entonces afinarse el diagnóstico aplicando la PCL-R,
mucho más exhaustiva y sin tantos falsos positivos como su versión reducida. Si bien en ámbitos
anglosajones y nacionales (Moltó, Poy y Torrubia, 2000) la utilización tanto de la PCL como de su
versión revisada PCL-R, para evaluación en contextos forenses, ha sido creciente en nuestro país,
la progresiva utilización de la versión PCL-SV y su correlación con variables penitenciarias, socio-

4148
ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

4. PSICOGÉNESIS DEL ASESINO EN SERIE. FANTASIAS SEXUALES

4.1 Determinantes Psicobiológicos:

¿Un asesino en serie nace o se hace? Ésta es obviamente la pregunta a


responder, la pregunta «del millón» que nadie ha podido aún resolver. Las
corrientes actuales sitúan a la criminalidad y a determinados trastornos y
conductas antisociales en una potencialidad genética que hace vulnera-
ble o frágil a determinados sujetos ante las influencias sociales (familia,
entorno, educación, medios audiovisuales, amistades). La «potencialidad»
se torna «realidad» cuando existe un sustrato apropiado, por supuesto.
Existen no obstante determinadas conductas compatibles con antiso-
cialidad que se han denominado pseudopsicopáticas, derivadas funda-
mentalmente de lesiones postraumáticas en lóbulos frontales (traumatis-
mos craneoencefálicos, hemorragias aneurismáticas, lesiones por arma
de fuego) y que muestran conductas de desinhibición, puerilismo, «gro-
sería social», conductas imprudentes o no-finalistas, fatuas, con empeo-
ramiento y disfuncionalidad en un sujeto cuyo estilo vital anterior era
normalizado, eficaz, prosocial.
Hay que recordar el caso del capataz del ferrocarril Phineas Gage,
quien en un descuido durante la maniobra de compactación de pól-
vora con una barra metálica, recibió el impacto (transfixiante) de ésta
a través del hueso malar izquierdo, lóbulos frontales (áreas basales y
ventro-mediales). Tras la superación de las complicaciones lógicas de un
traumatismo de dicha índole, mostró un a pérdida evidente de sus habi-
lidades y capacidades demando, dirección, coordinación, eficiencia en el
trabajo y educación, malviviendo hasta su muerte (s. XIX).

demográficas o delictivas también ha motivado un creciente aumento de su uso en nuestro medio


para su aplicación en ámbitos forenses. Así, variables como edad de abandono del hogar, edad
de la primera relación sexual, variedad de abuso de sustancias, edad del primer arresto, número
de ingresos en prisión, número total de penas cumplidas, o el número total de condenas por año
de libertad correlacionan significativamente con el factor II (conducta persistentemente antisocial,
crónica e inestable).

4149
ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

Desde un punto de vista de la endocrinología, sabida es la relación


entre dominancia territorial, grupal (primates por ejemplo) y cifras ele-
vadas de testosterona, aunque no implique dichas cifras conductas de
agresión directa o muerte, por supuesto. De igual manera, descensos en
los niveles de 5HT-serotonina se han hallado en conductas impulsivas
(suicidios impulsivos, trastornos límite y/o antisocial de la personalidad,
compulsividad): la relación testosterona alta/serotonina baja se postula
como pronóstica en la evaluación del riesgo de agresión en un sujeto. El
cortisol elevado también se ha relacionado con la antisocialidad.
Fisiológicamente (Hare, 1974) se ha comprobado y replicado en
numerosas ocasiones la baja frecuencia cardiaca, baja AED 15 o ralenti-
zación del startle reflex en psicópatas de forma basal o ante estímulos
experimentales. Su implicación en actividades criminales que requieran
control, dominación, necesidad de contenidos emocionales de alta inten-
sidad y búsqueda de sensaciones (SSS 16) es indudable.
La presencia de altos contenidos de Manganeso, Plomo, Cadmio y
Cobre se han postulado como relacionadas empíricamente con altos
niveles de antisocialidad, así como los bajos contenidos en Flúor
(quelante).
15
Actividad electrodermal
16
Zuckeerman: Seeking Sensations Searchers

4150
ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

Tal y como describíamos anteriormente en el caso de Phineas Gage,


las lesiones prefrontales en las áreas ventromedial, dorsolateral y/o late-
rodorsal están relacionadas con la antisocialidad-psicopatía (disminución
de hasta un 11 por 100 de sustancia cortical en asesinos psicópatas).
De igual manera, los núcleos límbicos temporales regulan las emo-
ciones-motivaciones, y están implicados en los que algunos denominan
el «cerebro reptiliano» o la «anestesia emocional» (McCord), «sabiendo la
letra pero no la música» en cuanto a las emociones positivas y adaptati-
vas, claro. Finalmente, el hipotálamo y, concretamente, su núcleo lateral,
son coadyuvantes parcialmente de las conductas agresivas y instintivas
sexuales, en íntima relación con los núcleos límbicos y las deficiencias
funcionales (procesamiento) de las áreas frontales descritas.

4.2 Psicogénesis del AS

El desarrollo infantil psicoafectivo se ha mostrado relevante en el


condicionamiento futuro de la interactuación del menor con el medio,
y la aparición de prosocialidad y tendencias altruistas. El vínculo afec-
tivo materno en la primera infancia, así como el aprendizaje vicario del
modelo paterno en la segunda infancia, dibujan una adaptación progre-
siva del menor ante el medio externo.
En el caso del maltrato infantil de tipo físico, psíquico o sexual
(agresión sexual) condicionan la ausencia de vínculo (y por tanto, de
madurez emocional) y posibles respuestas agresivas o desadaptativas
ante situaciones de presión o estrés, que ya en la etapa de crecimiento
(a partir de los 8-11 años) se objetivan en agresiones (agresión a anima-
les, o semejantes), trastornos conductuales (piromanía, bulling), trastorno
negativista desafiante, explosividad o trastorno disocial. La hiperatividad
y/o déficit atencionales, o TDAH (APA, 1995) favorece el fracaso escolar,
así como determinados déficits como la disfemia, retrasos cognitivos o,
habilidades sociales deficitarias. Durante el período comprendido entre
los 0-6/8 años, el infante y futuro AS, habrá sido sometido en un 100
por 100 de casos a maltrato emocional (materno fundamentalmente), y
en un 40 por 100 (como mínimo) físico o emocional, con ausencia de
«límites» en su descubrimiento del mundo circundante, lo que generará
la perniciosa persistencia del egocentrismo infantil hasta etapas posterio-
res. A partir de los 8-12 años, momento en que las hormonas sexuales
se elevan significativamente, menor puede sufrir aislamiento, ausencia
paterna y autoerotización (80 por 100), que formaran los patrones y fan-

4151
ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

tasías sexuales perversas del adolescente, impidiendo una sexualización


y relaciones interpersonales normales (socialización inadecuada).
El desarrollo y factores ambientales anómalos que estigmatizan patro-
nes de cognición y comportamiento anómalos, podemos resumirlas en
(a) eventos formativos relacionados con los abusos, contacto social anó-
malo o ausencia de modelos de referencia (parental); (b) entorno social
inefectivo, con ausencia de censuras «a tiempo», no intervencionismo,
distorsiones permitidas o ausencia de vínculo, o educación parental
incompetente (negligente, ausente o autoritaria), esquematizadas en el
siguiente gráfico:

HOMICIDIO SEXUAL & FANTASIAS SEXUALES


MODELO MOTIVACIONAL
(RESSLER)

INEFFECTIVE SOCIAL ENVIROMENT

FORMATIVE EVENTS

PATTERNED RESPONSES
FEEDBACK FILTER

ACTIONS TOWARD SELF/OTHERS

Los rasgos o patrones críticos que se establecerán en el adolescen-


te serán el aislamiento social,, preferencia por actividades autoeróticas,
fetichismo, rebeldía, agresividad y mitomanía, con procesos cognitivos
cuya (a) ESTRUCTURA está saturada de pesadillas nocturnas, fantasías
conscientes e inconscientes ligadas al sexo, y sueños nocturnos abun-
dantes; (b) DIÁLOGO INTERNO será de negación y generalización; (c)
TEMÁTICA de dominación, venganza, violencia, violación, tortura, poder
y mutilaciones, aderezado todo ello con (d) NIVELES DE EXCITACIÓN y
arousal (excitación) elevados, ligados a agresión y sexo conjuntamente.

4152
ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

La denominada tríada homicida (Douglas y Obhaker, 1998) se circuns-


cribe a enuresis, piromanía y crueldad en animales, y se ha hallado en
el 71 por 100 de maltratadores (1995) y el 56 por 100 de delincuentes
violentos (2001). Entre el 46-58 por 100 de homicidas sexuales abusan de
animales. De alguna manera, la enuresis traduciría un retraso en la madura-
ción neuroanatómica central (retraso control esfinteriano), piromanía como
simbolización del trastorno de control de los impulsos característico de los
AS, y crueldad con los animales y/o semejantes en calidad de «iceberg» de
ausencia de empatía, que en la etapa adolescente y adulta ya se convertirá
en delitos graves contra la integridad corporal, sexual y vital.

ÍTEMS MAL PRON ÓSTICO INFANTIL


TRIADA (II)
(QUEROL VI ÑAS 2001)

•ENURESIS
•PIROMANÍA
•CRUELDAD CON ANIMALES

•PÉRDIDA AUTOCONTROL, IMPULSIVIDAD, BASE ORGÁNICA


•EMOCIONALIDAD -EMPATIA DISFUNCIONALES

Una segunda tríada pronóstica que me gustaría resaltar en cuanto a la


peligrosidad criminal de los AS es la descrita por J. Pincus (Georgetown,
2001), quien se refiere al maltrato infantil (abuso sexual, psíquico o físico),
junto con el paranoidismo y las lesiones orgánicas cerebrales (traumatismos
craneoencefálicos, secuelas postmeningíticas o post epilépticas, entre otras).
El paranoidismo puede adoptar la modalidad clínica paranoide en
cuanto al estilo de personalidad, trastorno de personalidad, psicosis
esquizofrénica o delirante. Las lesiones orgánicas, a su vez, pueden ser
subclínicas o sin repercusión clínico patológica evidente (pequeños trau-
matismos sin pérdida de conciencia), o severas (contusiones-laceracio-
nes encefálicas frontales y/o temporales por desaceleración, contusiones
repetidas (púgiles, Síndrome del Niño Maltratado 17 o, pilotos profesiona-
les). Finalmente, el abuso sexual o psíquico, debe ser también evaluado
17
Shaken Baby Syndrom

4153
ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

explícitamente en todos aquellos sujetos que muestren conductas espe-


cialmente agresivas o reincidentes, en delitos graves.
Las personalidades límite18 o histriónica, o las conductas adictivas
e impulsivas (drogas, alcohol, ludopatía, anorexia-bulimia) ofrecen un
modelo de vulnerabilidad psicológica (Tarter y Edwards, 1988).

ÍTEMS MAL PRON ÓSTICO INFANTIL


TRIADA (I)
J. PINCUS (Georgetown, 2001)

•ABUSO INFANTIL
•DAÑO CEREBRAL
•ENFERMEDAD PSIQUIÁTRICA:
PARANOIDISMO

•PÉRDIDA AUTOCONTROL, IMPULSIVIDAD, ACTING OUT


•CONDICIONAMIENTO PATRONES VIOLENTOS

4.3 Fantasías sexuales

El AS asocia frecuentemente fantasías sexuales al desarrollo sexual


disfuncional, de tal manera que rasgos de introversión, maltrato afectivo
(físico, sexual, psíquico) y ausencia de vínculo, rechazo parental y/o
social van generando una dinámica de relación con el entorno y con el
propio cuerpo (instintividad) anómalas, restringidas en el primer caso y
autosuficientes en el caso de la sexualidad. Inicialmente la masturbación
compulsiva, la pornografía, el voyeurismo o parafilias menores centraran
el desarrollo, para evolucionar progresivamente al sadomasoquismo,
necrofilia, agresión sexual violenta o amputaciones-desmembramientos,
en las formas más graves.
18
Borderline personality disorder

4154
ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

El trastorno Sádico de personalidad (TSP) fue descrito por Kraft-


Ebing en 1898, y se halla íntimamente relacionado con la psicopatía 19
(Geberth 1990, 1992; Ressler 1988). DSM-IV-TR (APA, 1995) lo define
y operativiza mediante (a) trastornos conductuales como la pérdida de
autocontrol, irritabilidad, cólera e intolerancia a la frustración, y violencia
instrumental-finalista; (b) relaciones interpersonales desadaptativas, por
agresividad y habilidades sociales proclives al dominio (perfil del maltra-
tador), (c) perfil cognitivo rígido, dogmático, con principios autoritarios e
intolerantes, distorsiones cognitivas, perjuicios (paranoidismo) e intereses
inusuales (interés por Nietzche, Sade, toxicología, perversiones sexuales,
magia negra, campos de concentración, atrocidad, o crímenes y asesina-
tos), y (d) afectividad predatoria, fría, «psicopática».
Stone (1998) describe el TSP hasta en un 90 por 100 de AS.
La dinámica del TSP asociado a psicopatía suele iniciarse mediante el
encanto superficial hacia la víctima en una primera fase, a la que progre-
sivamente irá introduciendo en formas leves y aparentemente lúdicas o
estimulantes de sadomasoquismo, hasta que consiga «normalizar» o «acos-
tumbrar» dichas prácticas en la mente y usos de la víctima, aumentando
progresivamente el umbral de exigencias en las prácticas.
Junto con el aislamiento del entorno, irá desatando lazos con gente
próxima que puedan socorrerla o darle soporte emocional en este pro-
ceso de despersonalización persuasiva, hasta una fase final cruel y de
dominio absoluto sobre ella, incluso lesionándola hasta la muerte.
La fantasía homicida se asocia a patrones perversos de conducta, y
posee un fuerte componente visual asociado a ideas de dominación,
venganza, control y vejaciones sexuales, y un esquema cognitivo atribu-
cional 20 externo, de aislamiento y hostilidad extrema, y contacto interper-
sonal antisocial. Las conductas están fuertemente androgenizadas según
los estándares sociales al uso, en su grado extremo obviamente.
Los asesinatos sádicos sexuales (20 por 100 de AES), incluyen el sufri-
miento de la víctima, no estrictamente la provocación de dolor físico o
psíquico: golpes, cortes, amputaciones en pezones, dedos, pabellones auri-
culares, uñas (Knight, 1990), barras de cristal por el meato urinario, objetos
anales o flagelación. Refieren «sentirse como dioses delante del sufrimiento»,
siendo infrecuente que mutilen o cometan actos necrofílicos con las víctimas
tras la muerte (Warren, Hazelwood y Dietz, 1996). Es, pues, un trastorno
progresivo y retroalimentado por los propios crímenes.
19
Psychopatic sexual sadist
20
Exculpatorio, negando las responsabilidades propias sobre la conducta.

4155
ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

Suelen superar las veinticuatro horas de sufrimiento antes de matar a


la víctima, corresponden a agresores blancos (95 por 100) de clase media
(65 por 100), quienes ya han demostrado actitudes de superioridad res-
pecto a inferiores en trabajo o conyugalmente, y suelen asociar otras
parafílias en 20 por 100 (homosexualidad: 43 por 100, transvestismo: 20
por 100; resto 20 por 100: voyeurismo, llamadas obscenas y exhibicio-
nismo).

4.4 Parafílias: Necrofília

Los AS organizados, como hemos visto, suelen prodigarse en actos


de tipo sádico, mientras que los desorganizados conmutan el deseo
sexual adaptativo en maniobras autoeróticas y conductas de sublima-
ción (sexualidad regresiva) como la introducción de objetos fálicos en
la vagina, amputaciones, desmembramien-tos, antropofagia («poseen a la
persona») o necrofilia.
La ablación de pezones o labios externos, o del área genital, suele
corresponder a la desfeminización y despersonalización (extensas lesio-
nes faciales) sobre las víctimas.
El comportamiento necrofílico puede ser progresivo (Rosman y
Resnick, sobre 122 casos), des de la denominada fantasía necrofílica,
necrofilia reguladora del placer sexual, o el homicidio necrófilo, donde
«matan para conseguir un cuerpo». La ausencia de asesinato previo para
disponer de un cadáver suele darse en personas que están relaciona-
das vecinal o profesionalmente con mortuorios, cementerios o lugares
funerarios, llegando incluso a desenterrar cadáveres para pode acceder
carnalmente a ellos una vez celebrados los ritos fúnebres.

4.5 Motivación

El AS suele cometer los asesinatos por tres motivaciones troncales


o profundas: (a) justificación, (b) poder, o (c) vitalidad. En cuanto a la
justificación, llega a sentir agrado por sus actos aunque pueda verbalizar
ante las autoridades o el tribunal lo contrario, se considera a su vez vícti-
ma de sus familiares (venganza por el maltrato recibido), puede vengarse
también por las humillaciones recibidas, sin empatía ni condición alguna
relacionada con el arrepentimiento, culpabilidad o afectos similares.
Difícilmente puede percibir la emocionalidad o la sensación de peligro
ante señales no verbales obvias para el resto de la población (test IAT).

4156
ASESINOS EN SERIE. CLASIFICACIÓN Y ASPECTOS MÉDICO-FORENSES

En cuanto al poder, el dominio sobre la víctima hará que de ser pasi-


vo y victimizado pase a ser activo y victimizador, «creando» aunque de
forma temporal y transitoria ese «mundo irreal» que en las fantasías ha ido
generando desde la infancia. Crea pues, «otra realidad» que le provocará
un clímax emocional no conseguido mediante estímulos «normales».
Finalmente, en relación a la vitalidad, personas caracterizadas por
una baja autoestima, malas habilidades personales y sociales e inseguri-
dad conseguirán,
al menos temporalmente, celebridad y arousal elevados, que librará
la tensión emocional creciente (rabia, ira, furia, temor). Posteriormente,
un período de depresión y abatimiento alejaran al AS de sus potenciales
víctimas, hasta el siguiente episodio.

5. ASESINOS EN SERIE INFANTILES

A lo largo de la historia, la existencia de menores homicidas ha cons-


ternado siempre a la sociedad, negando o atribuyendo de forma causal
dichas conductas a psicopatología grave, penosidad social o conductas
grupal de inducción. La cada vez más precoz actividad criminal de algu-
nos menores, la Ley del Menor y las sanciones que propone, la antisocia-
lidad y aumento de actos críticos en escuelas, barrios y centros de ocio
en los que se ven implicados activamente menores conlleva, pues, a la
reflexión crítica en este sentido.
Ejemplos notorios desde antaño en lo relativo a homicidios. asesinatos
juveniles son Jesse Pomeroy, quien en 1874 ya fue detenido a los cator-
ce años por el asesinato sádico de un niño de cuatro años, después de
anteriores mutilaciones, muertes, violaciones desde los 11 años de edad.
Willie Bosket cometió dos decenas de asesinatos desde los quince años,
en Nueva Cork, siendo hijo de un asesino convicto. Sus crímenes fueron
«agravándose» desde la utilización de arma blanca hasta las de fuego, y
motivó incluso legislación en relación al fenómeno de los «menores peli-
grosos». Cindy Collier (1983), Edmund kemper (1964) o Joshua Phillips,
a los 14-15 años, son ejemplos notorios de carreras criminales iniciadas
en la adolescencia, progresivas y con alta violencia.
Más recientmente, los menores Robert Thompson y Jon Venables ase-
sinaron a James Bulger, de dos años de edad,
En relación a los asesinos en serie menores de edad (ASm) se dife-
rencian categorías en base a sus rasgos, contexto y motivaciones. Así
distinguimos:

4157
ÁNGEL CUQUERELLA FUENTES

1. Bandas juveniles: menores integrados en estructuras piramidales


de poder y obediencia grupal. Tienen poder, relativizan responsabilida-
des y asumen roles violentos como signo de fuerza
2. Asesinos intrafamiliares: menores que asesinan a miembros de la
familia sin que ello sea debido a accidentes, y sí a sentimientos de odio,
abuso o beneficios materiales
3. Asesinos «de culto»: buscan víctimas en el contexto de creencias
místicas, demoníacas o satánicas que les concede la oportunidad de
transgredir las propiedades, integridad corporal o vida de sus semejantes,
para «abrir las puertas del infierno»
4. Asesinos con psicopatología grave: menores con trastornos con-
ductuales, hipereactividad o intolerancia a la frustración elevadas, con
psicopatología psicótica de tipo esquizofrénico (delirios mesiánicos,
paranoides)
5. Asesinos escolares: sujetos maladaptados en el ambiente escolar,
con acumulación de frustraciones y resentimiento que al ser objeto de
burla, desprecio o acoso (bulling) reaccionan violentamente como situa-
ción crítica de «descarga emocional»
6. Asesinos en el contexto de otras actividades delictivas: Asesinatos
ligados a robos (D¡sandy Shaw, 1986)
7. Asesinatos sexuales: despersonalización y desfeminización de víc-
timas ( James Pinkerton)
8. Asesinatos por odio: contra minorías raciales, sexuales
9. Asesinato-suicidio: menores con rasgos depresivos y conductas
solitarias, que deciden «ampliar la salvación del sufrimiento que padecen»
a sus congéneres, antes de suicidarse ellos
10. Asesinos de su prole: frecuente en menores que alegan depre-
sión postpartum y que realmente «experimentan emociones diferentes»
con dichos actos.

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