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El ángel caído

Según algunas tradiciones, cuando Dios creó al hombre todos los ángeles se prosternaro
n ante él, excepto el más hermosos de todos ellos, Lucifer, quien se rebeló diciendo: S
oy superior al hombre, me has creado de fuego, y a él lo has creado de arcilla . Ent
onces Dios lo desterró del cielo diciendo: ¡Baja de aquí, ya no podrás mostrarte orgullos
o en este lugar! ¡Sal! Estarás entre los despreciables Y aña-dió: Estarás entre aquellos
uienes les es dado esperar . Lucifer, o Iblis, dejó su patria celeste y se exiló en lo
más profundo de la tie-rra, o quizá del hombre, sin embargo se llevó con él una chispa
del fuego divino con el que había sido creado.
El fuego en el interior de la tierra
En todas las fiestas populares se recuerda el dramá-tico episodio de la caída del fu
ego celeste. Monstruos que escupen llamas por la boca, dragones y demo-nios, bai
lan y muestran el fuego que guardan en su interior, y que desea volver a su luga
r de origen. Chispas y llamas ardientes se elevan en la noche del mundo buscando
unirse a sus hermanas celestes, las estrellas. Son representaciones simbólicas qu
e re-cuerdan a los hombres el fuego divino que permane-ce oculto en el interior
de la creación.
Lo monstruoso
La mezcla imperfecta que se dio entre la luz pura caída del cielo y las tinieblas
que la encerraron en su seno originó una creación impura y mezclada que, co-mo un og
ro cruel, destruye a sus criaturas después de haberlas engendrado. En esta imagen
del Infierno, la criatura monstruosa que representa a Lucifer, de-vora a los hom
bres, al tiempo que los expulsa por sus partes bajas.
Lo monstruoso
La mezcla imperfecta que se dio entre la luz pura caída del cielo y las tinieblas
que la encerraron en su seno originó una creación impura y mezclada que, co-mo un og
ro cruel, destruye a sus criaturas después de haberlas engendrado. En esta imagen
del Infierno, la criatura monstruosa que representa a Lucifer, de-vora a los hom
bres, al tiempo que los expulsa por sus partes bajas.
Dualidad inarmónica
El signo que representado en esta caligrafía japonesa significa dragón , y simboliza la
dualidad inarmónica entre el cuerpo y el espíritu. Para alcanzar el equilibrio entr
e estos principios se necesita cierta purgación provocada por una nueva conjunción d
el cielo con la tierra.
El dragón y el árbol celeste
El miniado representa el mismo proceso que la ima-gen anterior, pero explicado d
e manera alquímica. Del dragón, que representa la conjunción imperfec-ta del cuerpo y
el espíritu, surgirá, después de una operación misteriosa, que los alquimista denominan r
ectificación , el árbol de vida que dará unos frutos perfectos, simbolizada por los tres
principios o lumi-narias terrestres. Aquí debe recordarse otra divisa alquímica rep
resentada por el acrónimo VITRIOL: Visita el interior de la tierra, rectificando, e
ncon-trarás la piedra oculta .
Luz corporificada
En las dos imágenes se alude al misterio de la ger-minación de la semilla de fuego c
eleste oculta en la tierra. En la de la izquierda, un árbol sembrado de ojos nace
de un niño engendrado en el cuerpo de la visionaria medieval, Hildegard von Bingen
. En la de la derecha, un obelisco, que para los egipcios simbolizaba un rayo de
luz corporificado, se levanta hacia el cielo a partir de la germinación del sol t
e-rrestre. Al igual que en las constelaciones, en él aparecen escritos los secreto
s del cielo y la tierra.