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Me percaté además, de que mi manera de avanzar estaba constituida por algo, que pertenecía al orden del no quiero saber nada de eso"

J. Lacan Seminario XX Cap.I

El origen de este trabajo no es otro que el impacto que me causaron algunas afirmaciones taxativas de Lacan acerca del orgasmo, en relación al tema de la angustia, la sexualidad y la muerte. No hace falta buscar mucho para toparse con ciertas verdades, aquellas que la clínica nos ofrece y que permitieron a Freud avanzar más allá de su gran descubrimiento del inconciente y de la indestructibilidad del deseo planteada sobre el final de la traumdeutung; más allá de principio del placer habremos de encontrarnos, con la repetición que conmemora la irrupción del goce, con el oscuro tema de la pulsión de la muerte. ¿De qué se trata ésta dimensión del goce? ¿Cómo incide el significante en el ser que habla?

Si entre el hombre y la mujer "eso no anda" y todo gira en torno al fracaso, no hay duda que el desencuentro fundamental está a nivel de lo sexual. ¿Qué decir entonces de esos encuentros de los cuales sabemos de antemano que serán, una cita fallida? Nos interesa situar en qué podría consistir esa falla, malentendido fundante subrayado una y otra vez.

Abordaremos la sexualidad y la muerte, temas, que asombrosamente y al final de este recorrido de lectura me retornan del ya tan conocido Signorelli, de la psicopatología de la vida cotidiana. Presencia del sexo ligada a la muerte aquella que al igual que la vagina no encuentran desde la letra de Freud representación que de cuenta de las mismas, lugar vacante que interroga una vez más.

Si lo que subrayamos de la escucha son los tropiezos, no hay duda que allí se trata de eso que no anda, de esa satisfacción que rebasa y que se liga de algún modo con la angustia. Hablé de afirmaciones taxativas, es hora de exponer mis preguntas: ¿Qué equivalencia podría haber entre el orgasmo y ciertas formas de la angustia?, afirmar como lo hace Lacan que el orgasmo es "la cúspide de una situación angustiante", que en el fondo del "orgasmo realizado", ése que es difícil de alcanzar hay algo que él llama la "certeza de la angustia" y que el mismo "de todas las angustias es la única realmente completa" ¿Qué querrá decir? Especialmente a la luz de la afirmación que: "La angustia es la verdad de la sexualidad". Como si ésto fuera poco un tiempo después dirá

textualmente (1): "Es necesario saber articular que lo que cuenta del orgasmo, representa exactamente la misma función en cuanto al sujeto, que la angustia". Para agregar luego "El orgasmo es en sí mismo angustia, por cuanto por una hendidura central el deseo estará para siempre separado del goce". Intentaremos situar la relación de la angustia con la castración, teniendo en cuenta que la angustia es la señal de la única relación que no engaña ¿Será esto lo satisfactorio del orgasmo? No se trata de la castración del sujeto, lo que angustia, sino que lo que está en cuestión no es ni más ni menos que la castración del Otro, aquello que subraya una caída, una pérdida, que solo pudo haber sido antecedida por un momento de desfallecimiento.Es este punto de desfallecimiento, el que nos interroga, éste lugar que subraya la similitud de la función de corte entre la angustia y el orgasmo. Pérdida de goce que da lugar al deseo y sin embargo seguimos hablando de desencuentros.

¿Qué depara el encuentro fallido con el cuerpo del otro? ¿Por qué el partenaire podría ser el que amenaza con la castración? Nuevamente la famosa pregunta ¿Qué me quiere? El otro cualquiera sea su rostro, en el fantasma, podría presentificarse como el agente de la castración, sin embargo las posiciones para un hombre y para una mujer en relación a la angustia que podría deparar esta cita, no se igualan.

Para ella la angustia no está sino delante del deseo del Otro, del que al fin de cuentas no sabe qué puede encubrir. De lo que escapa "es de ser el objeto, en el centro de un deseo", si quiere avanzar deberá soportar ese lugar y devenir eso de lo cual se goza. En principio nada indica que ella goce ofreciéndose en ése lugar, aunque, es cierto lo que dice Lacan en la tercera, que para ser semblant de objeto a, "hay que tener condiciones". Es más, que sea semblant de objeto a no necesariamente implica, que sea de su gusto, se ofrece de ese modo al deseo de un hombre ya que si avanza más allá del goce fálico, podrá alcanzar aquel goce suplementario, que le es propio.

Nadie podrá decir de los límites del cuerpo del partenaire, en realidad, los mismos son bastante inciertos, es más, que ella sea el falo, es un espejismo erótico que desaparece rápidamente, tan rápido como cualquier espejismo.

Para él lo angustiante será en cambio "la posibilidad de no poder".

El desfallecimiento fálico, será la marca en relación a éste goce masculino, en el que la pérdida del instrumento le dará la posibilidad, de perder por un instante de vista, el elemento tercero, entre él y ella. La detumescencia subrayará que el placer tiene un límite, es por eso, que el goce masculino se jugará en ese desvanecimiento del ser del sujeto, que le es aportado por el desfallecimiento fálico, pequeña muerte, subrayada en esa función evanescente, allí donde el goce fálico por lo general, le hará de obstáculo al hombre para gozar del cuerpo de ella, en tanto de lo que goza es del goce del órgano.

Si la angustia se presentifica en este margen donde la significación se pierde, nos plantea la pregunta acerca de qué modo, la castración podrá anudar la muerte con la reanudación de la vida y fundamentalmente con la emergencia del deseo. Castración ligada al objeto caduco, que subraya cada uno de los así llamados objetos parciales.

Objetos parciales mediante, podremos explorar los momentos de corte en los cuales la angustia emerge, aquellos donde puede ser esperada.

Para todo neurótico lo que el Otro quiere es suscitar su angustia, ella superará la suya por amor, en cuanto a él, dado que no hay deseo que pueda situarse por fuera de la implicancia de la castración, ella suscitará su angustia en tanto quiere su ser, gozar de él, y ésto solo puede alcanzarlo por la vía de la castración, castrándolo.

¿Qué es lo que se le pide al otro? Lacan dirá: "Demandamos, todavía no dije a quién, pero como siempre hay que demandar algo a alguien,

ocurre que es a nuestro partenaire

una demanda que tiene cierta relación con la muerte. Lo que demandamos no llega muy lejos: es la pequeña muerte" (2)

¿Qué demandamos? Satisfacer

En tanto se pueda apuntar en el cuerpo del otro a un objeto pequeño a, causa de deseo, aparecerá la detumescencia como símbolo mayor de esa caída. Caída de lo más real del sujeto.

Si la propuesta que ofrece el partenaire es gozar sin límite, se convocará al más allá del principio del placer, allí donde el goce sí sigue se liga con la muerte. "Se empieza con las cosquillas y se termina en la parrilla" dirá Lacan.

Nos preguntábamos al comienzo por qué la angustia es la verdad de la sexualidad, la respuesta que encuentro en dicha verdad es que reenvía a

la castración. ¿Cuál sería la angustia si el falo desaparece? ¿Acaso el sujeto identificado a ese falo, podría perderse en el campo del Otro? lo cual, no hace más que subrayar la dialéctica con el mismo. Solo si es posible avanzar se advertirá que no hay garante, que no hay Otro.

Una mujer necesitará el testimonio del amor, es más, mencionábamos antes que supera su angustia por amor, él en cambio necesita el testimonio de que su deseo prosigue, la potencia hará en tal caso tope a su angustia. El falo está allí presente solo para que no haya angustia.

En tanto para el que falla, al no tenerlo, no puede hacer la experiencia de la inexistencia del Otro, el impotente encontrará una transacción un remedio fallido, que si bien puede manifestar angustia, retiene un goce incestuoso, que le impide avanzar.

Precio a pagar que no es otro que el de la castración, allí donde el falo es esperado como instrumento de la potencia, nunca aparece más que como falta, ésto nos permitirá situar entonces de qué se trata cuando la potencia vacila y que subraya sin lugar a dudas la omnipotencia del Otro. Allí donde un sujeto se sustrae frente al mal tan temido de la castración del Otro y le antepone un mal menor: la posibilidad de no poder, ya sea la impotencia o la eyaculación precoz como algunos de los tantos trastornos posibles.

Si el falo está presente, justamente donde no está en situación, podrá tal vez entenderse por qué donde la potencia es esperada, es justamente donde desfallece. De ese órgano se está castrado en y por la relación sexual.

El a será testimonio de la brecha que separa a nivel sexual el goce del deseo y entre ellos inevitablemente es dable esperar la emergencia de la angustia. Por eso la angustia será la verdad de esa falta, señalando que hay una verdad de la falta que nos concierne.

Se trata finalmente de prestarse a un juego, en él reside el coraje del sujeto, jugar el juego del deseo del Otro sin quedar aplastado ni aprisionado.

Que eso no ande, todavía nada dice de lo que se pueda crear o inventar, porque eso no anda, no cesan de escucharse las prohibiciones, las inhibiciones o los lugares comunes en los que se produce el tropiezo, como efecto inevitable del lenguaje, por lo tanto un analista podrá

intervenir allí. No se tratará entonces de evitar este tropiezo sino de situar esta falla, en tanto Edipo mediante cada quién acudirá al lecho, como producto, como el hijo que alguna vez fué, con sus marcas y sus fantasmas.

El intentará abordarla a ella, perversión polimorfa mediante, como objeto a causa de su deseo, con el ya consabido "una por una en tanto ninguna es toda". Si bien con algunas de ellas no tendrá ganas dirá Lacan "porque ellas no consuenan con su inconciente".

Con las que sí consuenan con su inconciente tampoco le será tan fácil arreglárselas, ya sea porque se engañó o porque es justamente la que le hace falta, cuestión de la que se enterará en el mejor de los casos retroactivamente.

Ella en cambio acudirá al encuentro del cuerpo del otro en busca del significante de su deseo, aquel que podrá encontrar en el cuerpo al cual dirige su demanda de amor. En tanto"Un hombre no es otra cosa que un significante", esperará de él además, palabras, versos, de amor y de los otros, que permitan contornear un vacío, inventar un borde propicio para ella, también para él.

Tratamos de situar hasta ahora el desencuentro, el orgasmo y diferentes avatares en torno a la sexualidad, nos resta abordar lo más difícil, aquello que atañe a la muerte, a eso de lo cual generalmente nada queremos saber. Recordábamos en un comienzo las afirmaciones Freudianas respecto a que no hay representación de la vagina como lugar de la falta, sabemos que en el inconciente no hay no, y que no hay representación de la propia muerte nos lo recuerda el chiste Freudiano del señor que le dice a su esposa:

"Cuando uno de los dos haya muerto, iré a París".

De la muerte, la única representación aprehensible para el sujeto es la castración, legado Freudiano, que hoy retomamos subrayando que se trata, de la castración del Otro, solo allí podrá ser leída la caída de un significante.

No hay duda que el análisis le revela al sujeto "la cifra de su destino mortal", pero también el analista está destinado al mismo, aunque a veces como el señor del chiste de eso no quiere saber nada.

Es el significante el que barra al sujeto introduciendo en él, el sentido irremediable de la muerte. Tendencia a la muerte que se presentifica al final de los desfiladeros de una experiencia que no es otra que la experiencia analítica, en tanto ésta es una experiencia de discurso. Ese camino estará delimitado por los vericuetos del goce.

Nos preguntábamos al comienzo ¿cuál será la incidencia del significante en el ser que habla? para responder ahora, que la castración es la operación real y el precio que se paga. Es necesario tal vez, que algo irreductible, como lo atinente a la muerte, no se sepa, finalmente de ella nadie quiere saber nada.

Hace un tiempo situaba, que cada uno hace con sus marcas lo que puede, en el mejor de los casos, análisis mediante, hará la lectura, de sus modos de fallar también de gozar.

Para finalizar y fiel a mis marcas me encontré con un texto escrito hace miles de años, y que algunos atribuyen al sabio rey Salomón:

"Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido.

Nadie se acordará de nuestras obras.

Pasará nuestra vida como rastro de nube

se disipará como niebla acosada por los rayos del sol,

y por su calor vencida.

Paso de una sombra es el tiempo que vivimos

no hay retorno en nuestra muerte,

porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

Venid pues y disfrutemos de los bienes presentes.

Gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes

dejemos por doquier constancia de nuestro regocijo.

Que nuestra parte es ésta

ésta nuestra única herencia" (3).