Está en la página 1de 3

Con quin habra estado hablando

Flora?, o mejor dicho, quin podra


haberse atrevido, de entre todos los
nmeros posibles, a presionar o girar
siete veces con un ndice seguramente
febril? Evidentemente eso es lo de
menos, porque Flora no haba podido
coger el telfono, o sea que tampoco
haba podido colgarlo; de la misma
forma como el grito no habra hecho
vibrar las antenas de la cucaracha sin
que la zapatilla se hubiera levantado
amenazante. Pero realmente la
zapatilla haba tenido algo que ver?,
realmente a quince centmetros de la
zapatilla haba aparecido esa disonancia
indefinible? Pero decir disonancia es a
la vez definirla, como decir Flora es a la
vez aceptarla, admitir que sigue siendo
Flora aun con esa intemperie de apenas
puntos suspensivos. Ser que en Flora
todava queda algo de Flora? Ser que
el reloj de Flora sigue marcando
minutos y aperturas de botones
rosados? Los botones de esa blusa
color rosado almbar o de esa falda con
encajes melifluo celestes en las que todo
era una bendecida profanacin y
descubrimiento archiconocido en ese
cuarto cuando an no era amargamente
el cuarto del fondo del pasillo, este
pasillo que me lleva de nuevo a la cocina
en medio de un temblor de puertas
cerradas a los lados como cuando el
mastodonte de la basura llega a la es-
quina de la ciudadela y hace aparecer
crculos concntricos que van
devorndose en la superficie del caf
servido en un taza por los pasos de
motor jursico, por las ruedas animales
de esa mquina inmensamente pedorra
que ya se haba ido hace varios minutos
a buscar alimento en otras esquinas de
otras ciudadelas o sea que el temblor no
vena desde afuera hasta el pasillo sino
que brotaba desde muy adentro como
decir desde los intestinos de la tierra o
desde las tripas de Lorenzo o desde la
mdula de los huesos de sus piernas y si
la cucaracha sale volando desde una
bisagra de la puerta del patio y aterriza
blanca como el ojo de un espectro en
esta camisa negra que me regalara
alguna vez Flora cuando todava poda
decirse que era propiamente Flora
aunque si haba contestado el telfono
entonces tal vez, mejor no decirlo y
poner en lugar de palabras los lunares
de Flora esos tres lunares que invitaban
a bajar la mirada